Logo Passei Direto
Buscar

Fenómeno suicida Un acercamiento transdisciplinar

Ferramentas de estudo

Mês do Cliente Passei Direto

Quer receber 70% de desconto para assinar o PasseIA?

Material
páginas com resultados encontrados.
páginas com resultados encontrados.

Prévia do material em texto

Fenómeno suicida: 
Un acercamiento transdisciplinar
FRANCISCO
Máquina de escribir
https://www.facebook.com/rojoamanecercapsic/
EL LIBRO MUERE CUANDO LO FOTOCOPIA
AMIGO LECTOR:
La obra que usted tiene en sus manos posee un gran valor.
En ella, su autor ha vertido conocimientos, experiencia y mucho trabajo. El editor
ha procurado una presentación digna de su contenido y está poniendo todo su empe-
ño y recursos para que sea ampliamente difundida, a través de su red de comerciali-
zación.
Al fotocopiar este libro, el autor y el editor dejan de percibir lo que corresponde a la
inversión que ha realizado y se desalienta la creación de nuevas obras. Rechace
cualquier ejemplar “pirata” o fotocopia ilegal de este libro, pues de lo contrario
estará contribuyendo al lucro de quienes se aprovechan ilegítimamente del esfuer-
zo del autor y del editor.
La reproducción no autorizada de obras protegidas por el derecho de autor no sólo
es un delito, sino que atenta contra la creatividad y la difusión de la cultura.
Para mayor información comuníquese con nosotros:
Editor responsable:
Lic. Santiago Viveros Fuentes
Editorial El Manual Moderno
Fenómeno suicida: 
Un acercamiento transdisciplinar
Teresita Morfín López
Doctorante en Métodos de Investigación 
Universidad Complutense de Madrid
Armando Martín Ibarra López
Doctor en Ciencias Sociales
Organización Universitaria Interamericana (OUI)
Coordinadores
Editorial El Manual Moderno, S.A. de C.V.,
Av. Sonora núm. 206,
Col. Hipódromo,
Deleg. Cuauhtémoc,
06100 México, D.F.
(52-55)52-65-11-62
(52-55)52-65-11-00
info@manualmoderno.com@
Nos interesa su opinión,
comuníquese con nosotros:
FAX
Fenómeno suicida: Un acercamiento transdisciplinar
D.R. ©2015 por Instituto Tecnológico y de Estudios 
Superiores de Occidente (ITESO)
ISBN: 978-607-9361-70-9 (versión impresa)
ISBN: 978-607-9361-69-3 (versión electrónica)
Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO,
C.P. 45604 Tlaquepaque, Jalisco, México.
Fecha de edición: 30 de marzo de 2015
En coedición:
Editorial El Manual Moderno S.A. de C.V.
ISBN: 978-607-448-488-5 (versión impresa)
ISBN: 978-607-448-487-8 (versión electrónica)
Miembro de la Cámara Nacional
de la Industria Editorial Mexicana, Reg. núm. 39
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación puede 
ser re pro ducida, almacenada en sistema alguno o transmitida por otro 
medio —electrónico, mecánico, fotocopiador, etcétera— sin permiso 
previo por escrito de la Editorial.
Este libro es producto de la investigación “Un acercamiento transdisci-
plinar al fenómeno suicida en adultos jóvenes de la zona metropolitana 
de Guadalajara: alternativas para su prevención y tratamiento y el Ob-
servatorio por la Vida: Construcción de un modelo de atención para la 
prevención del suicidio en Jalisco” con clave 2011-01-162752. Financia-
do por el Fondo Mixto CONACYT y Gobierno del Estado de Jalisco.
IMPRESO Y HECHO EN MÉXICO/PRINTED IN MEXICO
Para mayor información en:
* Catálogo de producto
* Novedades
* Pruebas psicológicas en línea y más
www.manualmoderno.com
 Morfín López, Teresita, autor
 Fenómeno suicida : un acercamiento transdisciplinar / Teresita Mor-
 f í n López, Armando Martín Ibarra López. –- Tlaquepaque, Jalisco : Ins-
 t i t u t o Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente ; México, D.F.
 : Editor ia l El Manual Moderno, 2015. 
 x i i , 1 7 2 p á g i n a s ; 2 3 c m . 
 ISBN 978-607-9361-70-9 (versión impresa ITESO)
 ISBN 978-607-9361-69-3 versión electrónica ITESO)
 ISBN 978-607-448-488-5 (versión impresa, E d i t o r i a l El Manual
 Moderno)
 ISBN 978-607-448-487-8 (versión electrónica, Editorial El Manual
 Moderno)
 Inc luye índice 
 
 1 . S u i c i d i o. 2. Suicidio – Factores de r iesgo. 3. Suicidio – Preven-
 ción. 4. Conducta suic ida – Tra t amien to. I . Ibarra López, Armando 
 Martín, autor. I I . I n s t i t u t o Tecnológico de Estudios Superiores de 
 Occidente. III. Título. 
 
 364.1522scdd21 Bibl ioteca Nacional de México
Director editorial y de producción:
Dr. José Luis Morales Saavedra
Editora asociada:
LCC Tania Uriza Gómez
Diseño de portada:
LCS Adriana Durán Arce
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
 V
Colaboradores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .x
Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
PARTE I
Factores de riesgo y prevención del fenómeno suicida
CAPITULO 1
Catalina Francisca González Forteza
José Alberto Jiménez Tapia
Develar la problemática suicida: un compromiso para su prevención.
Cédula de indicadores de riesgo suicida como instrumento de detección . . 9
Consideraciones sobre la conducta suicida . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
Sobre los factores de riesgo en la conducta suicida. . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
Suicidio en la República Mexicana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
Conductas de riesgo suicida en adolescentes de población general . . . . . . 12
Conductas de riesgo suicida en estudiantes adolescentes 
 (Instrumento de registro: Cédula de Indicadores de Riesgo 
 Suicida -CIRIS-) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12
Conductas suicidas en estudiantes de Pachuca, Hgo.: 1997 . . . . . . . . . . 13
Conductas suicidas en estudiantes en la Ciudad de México, 
 DF: 1997, 2000, 2003, 2006 y 2009. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14
Conductas suicidas en estudiantes en el estado de Guanajuato: 2003. . . 15
Conductas suicidas en estudiantes en el estado de Campeche: 2005 . . . . 15
Tipos de conductas suicidas en adolescentes estudiantes, con la CIRIS. . 18
Intentos de suicidio en adolescentes. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 18
Intentos de suicidio ambiguos en estudiantes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .20
Autolesiones en estudiantes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21
A modo de reflexión. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .23
Retos y perspectivas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24
Hacia la prevención . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .25
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 26
Contenido
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
VI CAPITULO 2
Armando Martín Ibarra López
Luis Miguel Sánchez Loyo
Andrés Sainz Márquez
Beatriz Guadalupe Echeveste García de Alba
Prevención y atención a los comportamientos suicidas: 
programas y estrategias de prevención del suicidio y su evaluación. . . . . . 29
Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
Programas de prevención del suicidio, una definición operativa. . . . . . 30
Estrategias recomendadas para la prevención del suicidio 
a nivel nacional . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . 31
Estrategias recomendadas internacionalmente 
para la atención del suicidio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 32
Políticas y estrategias de prevención y atención del suicidio 
 a nivel nacional . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .34
Investigación evaluativa de los programas y las estrategias 
 de prevención y atención del suicidio. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 36
Modelo de investigación evaluativa para los programas 
 de prevención y atención del suicidio. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39
Reflexiones finales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 42
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 44
CAPITULO 3
María Cristina Lima Ojeda
Reflexiones sobre el suicidio infantil. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .52
CAPITULO 4
Luis Miguel Sánchez Loyo
Everardo Camacho Gutiérrez
Claudia Vega Michel
Hugo Delfino Castellanos Martín
Factores biológicos, psicológicos y sociales
asociados a las conductas suicidas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55
Factores biológicos de riesgo para comportamiento suicida. . . . . . . . . . 56
Factores de riesgo psiquiátricos y comportamiento suicida . . . . . . . . . . .57
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
CONTENIDO
 VIIDepresión y comportamiento suicida . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .57
Trastorno bipolar y comportamiento suicida. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .58
Alcoholismo y otras adicciones y comportamiento suicida . . . . . . . . . . .58
Trastornos psicóticos y comportamiento suicida . . . . . . . . . . . . . . . . . . .58
Trastornos de ansiedad y comportamiento suicida . . . . . . . . . . . . . . . . 59
Factores psicológicos de riesgo para el comportamiento suicida . . . . . . 59
Factores psicosociales de riesgo para comportamiento suicida . . . . . . . 62
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65
PARTE II
Perspectivas conceptuales y metodológicas de abordaje 
del fenómeno suicida
CAPITULO 5
Elba Noemí Gómez Gómez
Sofía Cervantes Rodríguez
Casimiro Arce Arriaga
Una perspectiva transdisciplinar en el abordaje del suicidio
Una mirada más allá del estigma y la exclusión. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71
Un breve recuento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 72
Transdisciplinariedad: una puesta en escena . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 76
Transdisciplinariedad. Un lugar, una mirada, un posicionamiento. . . . .83
Algunas conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 86
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 88
CAPITULO 6
Teresita Morfín López 
Luis Miguel Sánchez Loyo 
Influencia de la cultura en el comportamiento suicida: 
acercamientos teórico-metodológicos y hallazgos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .91
Influencia de aspectos socioculturales en el suicidio . . . . . . . . . . . . . . . 92
Psicología cultural . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 92
Orientaciones psicoculturales al suicidio. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 94
Acercamiento psicocultural al comportamiento suicida 
 desde el consenso cultural . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 98
Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 100
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 100
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
VIII CAPITULO 7
Javier Eduardo García de Alba García 
Ana Leticia Salcedo Rocha
Uso del cuestionario estructurado para explorar creencias 
en personas y el análisis de consenso cultural . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .105
Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .105
Instrumento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .105
Teoría . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 106
Resultados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .107
Consideraciones finales. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 110
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 110
PARTE III
Perspectivas de intervención psicológica con personas 
con intento suicida
CAPITULO 8
Andrés Sainz Márquez
Juan Enrique Sánchez Ochoa
Reflexiones en torno al suicidio posfactum desde la filosofía de la 
ciencia a la investigación terapéutica y estructuración de la atención 
médico-psicológica del suicidio en la zona alteña del estado de Jalisco . . . 113
Introducción histórica al suicidio, su dimensión y filosofía . . . . . . . . . . 113
Positivismo: un paradigma fallido para la investigación y atención 
 del suicidio en el sistema de “orden y progreso” en México. . . . . . . . . . 117
Paul Meehl y Gregory Bateson: el conflicto de paradigmas 
entre la subordinación científica del saber del psicólogo 
y sus aportaciones de investigación dentro del paradigma
 legal y dominante de la dirección médica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 118
Reto de investigar el suicidio desde afuera del sistema positivista 
 y legalista de la psiquiatría y la psicología cognitivo-conductual . . . . . . 123
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
X 
t� Arce Arriaga, Casimiro: Estudiante de Psicología de la Universidad ITESO. Asistente 
de investigación en proyectos sobre organizaciones populares, emociones sociales, y el 
abordaje trasdisciplinar del Fenómeno suicida en Jalisco. Líneas de interés: Psicoanáli-
sis, la investigación e intervención desde las ciencias sociales y literatura. CAPÍTULO 
5. Correo: casimiroarce@live.com
t� Camacho Gutiérrez, Everardo: Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 
I. Doctor en Ciencias del Comportamiento; opción Análisis de la Conducta por la Uni-
versidad de Guadalajara. Es profesor investigador titular del Departamento de Salud, 
Psicología y Comunidad de la Universidad ITESO. Ha coordinado con otros colabora-
dores 4 libros, ha publicado 8 capítulos de libros y 22 artículos en revistas arbitradas 
nacionales e internacionales. CAPÍTULO 4. Correo: ecamacho@iteso.mx
t� Castellanos Martín Hugo Delfino: Postgrado en Psiquiatría Universidad Autónoma de 
Guadalajara (Hospital San Juan de Dios). Médico Cirujano y partero Universidad de 
Guadalajara. Encargado de la Clínica de Trastornos Orgánicos Hospital San Juan de 
Dios, 2011-2012. Encargado de la coordinaciónmédica Hospital San Juan de Dios, 
2012-2013. Director médico Hospital San Juan de Dios, 2013 a la fecha. Maestro parcial 
externo Universidad Autónoma de Guadalajara, 2011 a la fecha. Práctica Privada en 
Psiquiatría 2009 a la fecha. CAPÍTULO 4. Correo: drhugocastellanos@hotmail.com
t� Cervantes Rodríguez, Sofía: Cursa estudios doctorales en Educación, maestría en Cien-
cias de la Educación por el ISIDM, Licenciatura en Psicología por la Universidad ITE-
SO. Línea de investigación: “Emociones y procesos de vincularidad”. Ha publicado ar-
tículos relacionados con emociones. Profesora del Departamento de Salud, Psicología 
y Comunidad”, ITESO. CAPÍTULO 5. Correo: sophiacr@iteso.mx
t� Echeveste García de Alba, Beatriz Guadalupe: Candidata a Doctora en Ciencias del De-
sarrollo Humano por la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA), Maestra en Edu-
cación. Actualmente Jefa de Planeación y Evaluación de la UNIVA. Experiencia en pro-
cesos de evaluación institucional. CAPÍTULO 2. Correo: beatriz.echeveste@univa.mx
t� García de Alba García, Javier Eduardo: Miembro del Sistema Nacional de Investigado-
res, nivel 2. Doctor en Antropología. Maestro en Salud Pública y Administración Médi-
ca. Médico Cirujano. Co-Coordinador del postgrado en Socio medicina de la Universi-
dad de Guadalajara, e Investigador del Instituto Mexicano del Seguro Social, adscrito a 
la unidad de investigación social, epidemiológica y de servicios de salud (UISESS). 
Centro Médico de Occidente. Guadalajara, Jalisco. México. CAPÍTULO 7. Correo: ja-
vier.garciaal@imss.gob.mx
t� Gómez Gómez, Elba Noemí: Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, 
nivel I. Doctora en Estudios Científico Sociales por Universidad ITESO, Maestría 
en Investigación Educativa en ITESO, Licenciatura en Psicología. Investigadora del 
Departamento de Salud, Psicología y Comunidad, del Instituto Tecnológico y de 
Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Línea de investigación: actores educati-
vos como actores sociales, diferenciales de actoría. Ha publicado trabajos sobre la 
investigación de corte interpretativa. CAPÍTULO 5. Correo: ngomez@iteso.mx
Colaboradores
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
COLABORADORES
 XIt� González Forteza, Catalina Francisca: Miembro del Sistema Nacional de investigado-
res, nivel 2. Doctorado en la UNAM. Obtuvo las Medallas al Mérito Universitario de la 
UNAM: Gabino Barreda por sus estudios de Maestría en Psicología Social y la Medalla 
Alfonso Caso por sus estudios de Doctorado. Investigadora de la Dirección de Investi-
gaciones Epidemiológicas y Psicosociales del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón 
de la Fuente Muñiz. Jefa de proyecto de investigación psicosocial en torno al estado 
emocional y la problemática suicida en adolescentes; promoción del bienestar y la salud 
en niños y adolescentes. Investigadora en Ciencias Médicas F. CAPÍTULO 1. Correo: 
catiartes@gmail.com
t� Ibarra López, Armando Martín: Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, ni-
vel I. Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara /CIESAS, Maestro 
en Educación y licenciado en Sociología. Asesor y conferencista de la Organización 
Universitaria Interamericana (OUI), cuenta con trabajos publicados en revistas y li-
bros. Líneas de investigación: Suicidio e internet y Percepción de la ciencia y cultura 
científica. CAPÍTULO 2. Correo: armandoibarra60@hotmail.com
t� Jiménez Tapia, José Alberto: Doctorado y Maestría en Psicología Social en la UNAM, 
licenciatura en Psicología. Actualmente es Investigador en Ciencias Médicas en la Di-
rección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales del Instituto Nacional de 
Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz. Trabaja temas sobre suicidio, depresión, vio-
lencia, drogas y masculinidad en jóvenes. CAPÍTULO 1. Correo: alberj@imp.edu.mx
t� Lima Ojeda, María Cristina: Candidata a Doctora en Educación por la Universidad 
ITESO, Maestrante en Ciencias de la Salud Pública con especialidad en Salud Mental 
y Salud Materno Infantil por la Universidad de Guadalajara (UDG), Maestra en Filoso-
fía por UNIVA, estudios de administración educacional por Universidad Anáhuac, Li-
cenciada en Psicología Educativa por UNIVA. Presidenta de SYDISAS A.C. (Segui-
miento y detección de Intento Suicida y Abuso sexual A.C.); 27 años de experiencia en 
psicoterapia con infantes: educación especial, psicopatología. Cuenta con publicacio-
nes previas sobre dibujo libre. CAPÍTULO 3. Correo: cristy_psic_13@hotmail.com
t� Moreno López, Salvador: Doctor en Psicología, profesor investigador en la Universidad 
ITESO del Departamento de Salud, Psicología y Comunidad. Psicoterapeuta y Consul-
tor en Desarrollo Humano. Ha publicado tres libros y numerosos artículos sobre temas 
de psicoterapia, educación y desarrollo humano. Instructor certificado de Focusing. 
CAPÍTULO 10. Correo: smorenol@iteso.mx
t� Morfín López, Teresita: Candidata a Doctora en el programa de Métodos de Investiga-
ción en Sociología Comunicación y Cultura de la Universidad Complutense de Madrid. 
Maestría en Desarrollo Humano. Especialidad en Educación Cognoscitiva y Licenciatu-
ra en Ciencias de la Comunicación por la Universidad ITESO. Profesora investigadora 
de la Universidad ITESO. Ha publicado diversos capítulos de libro y artículos científi-
cos sobre psicología cultural y suicidio, consenso cultural del suicidio, factores de ries-
go y factores protectores del suicidio. CAPÍTULO 6. Correo: teremor@iteso.mx
t� Sainz Márquez, Andrés: Candidato a Doctor en Ciencias del Desarrollo Humano y Maes-
tro en Terapia Familiar Sistémica por la Universidad del Valle de Atemajac. Licenciatura 
en Psicología, por la Universidad del Valle de Atemajac. Director de la Clínica de Salud 
Mental: Salud Integral de los Altos A.C. Ha participado en diversos congresos tanto nacio-
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
XII nales como internacionales con el producto de sus investigaciones del Fenómeno Suicida. 
CAPÍTULO 2 y CAPÍTULO 8. Correo: andressainzmarquez@hotmail.com
t� Salcedo Rocha, Ana Leticia: Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel I. 
Doctora en Ciencias Sociales, Maestra en Salud Pública, Médica Cirujana. Co-Coordi-
nadora del postgrado en Socio medicina de la Universidad de Guadalajara, e Investiga-
dora del Instituto Mexicano del Seguro Social, adscrita a la unidad de investigación 
social, epidemiológica y de servicios de salud (UISESS). Centro Médico de Occidente. 
Guadalajara, Jalisco. México. CAPÍTULO 7. Correo: ana.salcedo@imss.gob.mx
t� Sánchez Antillón, Antonio: Doctor en Psicología por la universidad en Ciencias Socia-
les (CIES), Buenos Aires, Argentina. Maestro en Teoría Psicoanalítica por el CIEE, Li-
cenciatura en Psicología por la Universidad Iberoamericana, Campus Sta. Fe. Jefe del 
Departamento de Salud Psicología y Comunidad de la Universidad ITESO. Psicoana-
lista, autor de múltiples artículos en revistas y de capítulos de libro. Autor del libro 
“Introducción al discurrir ético en Psicoanálisis”. Ed. ITESO. México. Profesor investi-
gado de ITESO. CAPÍTULO 9. Correo: antonios@iteso.mx
t� Sánchez Loyo, Luis Miguel: Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 
I. Doctor en Ciencia del Comportamiento y Maestría en Lingüística Aplicada por la 
Universidad de Guadalajara (UDG). Especialidad en Educación Cognoscitiva, Uni-
versidad ITESO. Diplomado en Docencia Universitaria, con énfasis en Diagnóstico 
y Evaluación Curricular, UDG. Licenciatura en Psicología, UDG. Profesor investiga-
dor de la Universidad de Guadalajara. Desde 1994,se desempeña como psicólogo 
clínico en intervención en crisis con conductas suicidas. CAPÍTULO 2, CAPÍTULO 
4 y CAPÍTULO 6. Correo: sanchezloyo@gmail.com
t� Sánchez Ochoa, Juan Enrique: Doctorados en Metodología de la Enseñanza (IMEP) y 
Ciencias del Desarrollo Humano por la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA). 
Maestrías en Terapia familiar sistémica, Educación, Filosofía, Psicología analítica. Mé-
dico cirujano y partero UDG. Posgrado en Medicina Legal. Licenciado en Psicología 
(UNIVER). CAPÍTULO 8. Correo: eldoctordelcrimen@yahoo.com.mx
t� Vázquez Isaac, Xóchitl Jovita: Realiza estudios de Doctorado en la Universidad Inter-
continental en convenio con la Universidad Autónoma de Zacatecas. Maestra en Psico-
logía Clínica por la Universidad de Guadalajara (UDG). Formación como Psicoanalista 
en el Círculo Psicoanalítico Mexicano. Licenciada en Psicología por UDG. Experiencia 
como docente a nivel Licenciatura y como Psicoterapeuta desde 1987. CAPÍTULO 9. 
Correo: xochitlvi@iteso.mx
t� Vega Michel, Claudia: Realiza estudios de Doctorado en Ciencias del Comportamiento, 
Maestra en Ciencias del Comportamiento (opción Neurociencias) por la Universidad 
de Guadalajara. Es profesora investigadora del Departamento de Salud, Psicología y 
Comunidad del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). 
Su línea de investigación se enfoca en parámetros biológicos y psicológicos de la salud. 
CAPÍTULO 4. Correo: clavemi@iteso.mx
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
 1Introducción
Teresita Morfín López
El suicidio es un tema que requiere de un acercamiento desde su propia complejidad 
para generar soluciones sencillas y al alcance de quien lo necesite. Este volumen re-
cupera esta visión del problema, plantea diferentes perspectivas para su compren-
sión e intenta encontrar nuevas explicaciones al suicido, cuya magnitud va en au-
mento año con año. Se aborda así desde una perspectiva transdisciplinar; ello 
implica una concepción holista que incorpora diferentes enfoques y miradas desde 
variados y diversos campos de conocimiento, a partir de la urgencia que demanda 
entender de manera adecuada dicho fenómeno.
La devastante decisión de un individuo de suprimir por voluntad propia su existen-
cia representa un juicio implícito a la sociedad en su conjunto, acerca de la incapacidad 
para generar condiciones favorables de desarrollo positivo de las personas, tanto en los 
niveles macroestructurales como en la vida cotidiana de miles de individuos en una 
dimensión microsocial. 
Se vuelve así un imperativo ético abordar este problema de salud desde los mejo-
res recursos que se tengan a la mano. Este libro surge desde la certeza de que una 
mejor comprensión y concepción del fenómeno suicida orienta y encamina a un 
abordaje más eficiente y eficaz de intervención y a la disminución de esta problemá-
tica mediante su prevención. 
Se ofrece aquí un agradecimiento tanto al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnolo-
gía (CONACYT) como al Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología del Estado de Jalisco 
(COECYTJAL), por el apoyo brindado para el desarrollo de este proyecto. Los resulta-
dos generados de esta investigación servirán para comunicar de forma accesible a la 
población en condiciones de riesgo suicida, los factores que están presentes y que 
pueden actuar como precipitadores del hecho. De igual forma se busca dar a conocer 
aquellos que funcionan como protectores y favorecen la prevención del comporta-
miento suicida.
Los estudios más recientes sobre el suicidio lo consideran un problema multicau-
sal por la interacción de diversos factores de riesgo que afectan de manera diferencia-
da en las diversas etapas de la vida en la cual se presentan. Entre las principales causas 
se identifican aspectos biológicos, en específico los genéticos y neurobiológicos; en el 
ámbito psicológico, se encuentra impulsividad, poca tolerancia a la frustración, senti-
mientos de soledad y desesperanza; algunos de tipo situacional como desempleo, rui-
na económica, pérdida de un ser querido y eventos de estrés agudo, también son 
considerados importantes; por último, entre los factores sociales y culturales asocia-
dos al suicidio se reconocen las creencias que legitiman el suicidio y el estigma social 
que se genera por buscar ayuda en profesionales de la salud mental, entre otros 
(WHO, 2012).
Durkheim (2004) define el suicidio como todo caso de muerte que resulte de ma-
nera directa o indirecta de un acto positivo o negativo, realizado por la víctima misma, 
quien sabe que debía producir este resultado. Este autor estudió factores sociales im-
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
2 plicados en dicho fenómeno en distintos países y se centró en el estudio de las condi-
ciones que pueden generar una tendencia al suicidio en la sociedad, a que en el estudio 
de las condiciones que pueden intervenir en cada hecho particular. Según Durkheim, 
los suicidios se relacionan más con el tipo de sociedad en la cual se presentan, que con 
las circunstancias particulares de los individuos. Una de las condiciones sociales que él 
identifica para explicar las tasas de suicido en distintas culturas y épocas es la desinte-
gración social.
A pesar de su importancia como problema de salud pública, el suicidio presenta 
dificultades en su definición conceptual y en la elaboración de un modelo capaz de 
explicarlo. El término fenómeno suicida, es la expresión más incluyente y general de 
todo lo que está asociado con el suicidio. Referirse al comportamiento suicida es hablar 
de tentativa suicida, es decir del acto deliberado de quitarse la vida sin un resultado 
letal y suicidio consumado significa el acto de quitarse la vida en forma exitosa (Rosa-
les, 2010). Porkorny (1986) habla de tres categorías de conductas suicidas: suicidio 
consumado, intento e ideas suicidas. Por su parte, Van Heeringen (2001) considera 
que este conjunto de comportamientos se puede agrupar bajo el término de suicidabi-
lidad e incorporan aspectos cognitivos y conductuales suicidas. El componente cogni-
tivo incluye cualquier pensamiento de conducta autodestructiva, en tanto que el con-
ductual corresponde al comportamiento de intencionalidad autodestructiva, donde se 
puede incluir el gesto e intento suicida o bien el suicidio consumado.
Este primer libro presenta diversos abordajes teórico-metodológicos de investigado-
res del fenómeno suicida en Jalisco, con la intención de generar conocimiento trans-
disciplinar respecto de este objeto de estudio. Tanto las concepciones teórico-metodo-
lógicas como los procedimientos investigativos son objeto de diálogo entre los 
investigadores, a través del cual se pretende ir más allá de visiones unidisciplinares e 
identificar aspectos biológicos, psicológicos, culturales y sociales implicados en el fenó-
meno suicida. 
El presente volumen está conformado por diez capítulos, agrupados en tres partes 
que se diferencian entre sí sólo por el énfasis en alguno de los aspectos que se tratan 
en cada una de ellas. En la primera se explicitan y delimitan algunos factores que en 
términos de probabilidad son de riesgo suicida, para la prevención de dicha problemá-
tica. En una segunda sección se explica de forma clara el acercamiento transdisciplinar 
y cómo se concibe de manera diversa y complementaria el fenómeno suicida, la forma 
en que se derivan estrategias de estudio congruentes con estas concepciones del pro-
blema y se hace énfasis en la importancia de métodos alternativos para su análisis, que 
se interesen por la subjetividadde quien es sujeto de estudio, es decir, la persona que 
ha intentado suicidarse. En consecuencia y de manera explícita en la tercera parte se 
abordan perspectivas específicas y diversas de intervención psicológica para personas 
que han intentado quitarse la vida.
La primera parte del libro se titula Factores de riesgo y prevención del fenómeno suicida y en 
ella se exponen las circunstancias y aspectos relacionados con el fenómeno suicida que es 
posible identificar como factores de riesgo y de vulnerabilidad psicológica a cometerlo. 
Entre los determinantes más sobresalientes están la depresión y la sintomatología depre-
siva, pero también figuran problemas relacionados con conflictos familiares, en especial 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
INTRODUCCIÓN
 3con los padres y la pareja, control de la impulsividad, ansiedad generalizada, proble-
mas financieros, consumo de sustancias, baja autoestima y autolesiones previas. 
En el primer capítulo titulado Develar la problemática suicida: un compromiso para su 
prevención. Cédula de indicadores de riesgo suicida como instrumento de detección, Catalina 
Francisca González Forteza y José Alberto Jiménez Tapia presentan resultados de una 
investigación realizada con el objetivo de identificar la magnitud de la problemática 
suicida en población escolar de secundaria y preparatoria en algunas ciudades mexica-
nas. Algunas de sus reflexiones señalan que los niños y adolescentes con conductas 
suicidas, con ideación y, o depresión, muchas veces pasan desapercibidos, pues se 
trata de emociones y conductas estigmatizadas, internalizadas y ocultadas. Los meno-
res no suelen buscar ayuda por sí mismos, por lo que los autores consideran importan-
te que estén acompañados de al menos un padre/madre o tutor(a) adulto para recibir 
la atención en problemas de salud mental. 
En el segundo capítulo, Armando Martín Ibarra López, Luis Miguel Sánchez Loyo, 
Andrés Sainz Márquez y Beatriz Guadalupe Echeveste García de Alba hablan de la 
Prevención y atención a los comportamientos suicidas: programas y estrategias de prevención 
del suicidio y su evaluación; aquí exponen los principales hallazgos surgidos de las eva-
luaciones realizadas a los programas y estrategias para prevenir a nivel internacional 
este hecho, así como las recomendaciones emitidas al respecto por la Organización 
Mundial de la Salud.
Consideran también la importancia de la investigación evaluativa para la identifica-
ción de elementos para prever esta situación. En su trabajo, la investigación se orienta 
al diagnóstico evaluativo, mediante técnicas y herramientas que permitan valorar y 
explicar lo que sucede en los diferentes procesos de prevención y de atención del sui-
cidio a nivel institucional, con objeto de conocer la labor realizada en diversos espa-
cios que brindan servicios de prevención y atención a los comportamientos suicidas 
en el es tado de Jalisco.
Reflexiones sobre el suicidio infantil se titula el trabajo de María Cristina Lima Ojeda 
que conforma el tercer capítulo del libro, en donde señala que en ocasiones los intentos 
suicidas en los niños son confundidos con accidentes, descuidos o simples llamadas 
de atención. La autora manifiesta que el fenómeno suicida necesita ser estudiado des-
de miradas cualitativas y metodologías de corte social que favorezcan la explicación de 
lo ocurrido en los niños desde una perspectiva fenomenológica. Asimismo, considera 
que el suicidio infantil, al igual que otros comportamientos de la infancia, han sido 
explicados a partir de la información que se ha encontrado en investigaciones realiza-
das con adultos. Para entender el por qué de estas conductas autolesivas en marcos 
propios del desarrollo infantil, Lima Ojeda cree importante contar con información de 
la subjetividad del menor que vive esta problemática.
En el capítulo cuarto, Factores biológicos, psicológicos y sociales asociados a las conductas 
suicidas, Luis Miguel Sánchez Loyo, Everardo Camacho Gutiérrez, Claudia Vega Michel y 
Hugo Delfino Castellanos Martín, analizan y sintetizan las variables que diversas investiga-
ciones han identificado, las cuales anteceden y acompañan a los comportamientos suicidas. 
Estos autores, pretenden orientar la evaluación empírica sobre el fenómeno suicida en el 
contexto del estado de Jalisco, para que posibilite desarrollar procedimientos de interven-
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
4 ción preventiva y la construcción de un modelo que considere la interrelación comple-
ja de las variables biopsicosociales que determinan la prevalencia actual del fenómeno 
suicida en la entidad.
En la parte II del libro titulada Perspectivas conceptuales y metodológicas de abordaje del 
fenómeno suicida, el énfasis se centra en la importancia de métodos alternativos para el 
estudio de este fenómeno, interesados por la subjetividad de quien es sujeto de estu-
dio, es decir, la persona que ha intentado suicidarse.
Una perspectiva transdisciplinar en el abordaje del suicidio. Una mirada más allá del es-
tigma y la exclusión, es el quinto capítulo escrito por Elba Noemí Gómez Gómez, Sofía 
Cervantes Rodríguez y Casimiro Arce Arriaga y abre esta segunda sección con el fin de 
dirigir la mirada al propio suicida, para darle voz. 
En este trabajo se plantea el debate sobre una sola manera de hacer ciencia, la cual 
iguala la realidad social con la natural, pretende la formulación de leyes generales y 
desconoce el papel de la subjetividad y la interpretación. Los autores señalan cómo el 
debate actual sobre la forma de hacer ciencia ha favorecido los acercamientos cualitati-
vos para el estudio de fenómenos diversos, entre ellos el suicidio. Asimismo, éstos 
consideran que las preguntas de investigación sobre los significados subjetivos empie-
zan a ser relevantes, así como la necesidad de trascender la unidisciplinariedad e inter-
disciplinariedad para arribar a lo que en este capítulo los autores llaman abordajes 
transdisciplinares.
En el sexto capítulo, Teresita Morfín López y Luis Miguel Sánchez Loyo desarrollan 
el trabajo Influencia de la cultura en el comportamiento suicida: acercamientos teórico-me-
todológicos y hallazgos en donde abordan los aspectos socioculturales asociados al suici-
dio que permitan entender las representaciones y los significados de las situaciones 
relacionadas con las conductas suicidas. Los autores identifican dos grandes orienta-
ciones teórico-metodológicas: la primera trata de comprender la influencia sociocultu-
ral de los valores, el cambio cultural y diversas variables socioeconómicas y las relacio-
na con la tasa de suicidios en cada país. La segunda perspectiva busca identificar 
significados y actos de las personas con conductas suicidas desde el punto de vista de 
los propios sujetos suicidas, sus familiares y los profesionales de la salud.
Uso del cuestionario estructurado para explorar creencias en personas y el análisis del con-
senso cultural se denomina el séptimo capítulo elaborado por Javier Eduardo García de 
Alba García y Ana Leticia Salcedo Rocha, quienes presentan el uso de diversas técnicas 
como la observación, el cuestionario y la entrevista para obtener información específica 
sobre cuestiones culturales. Abordan el uso de esta última técnica de investigación 
como principal recurso metodológico para obtener datos de carácter subjetivo; ya que, 
como ellos señalan, la persona entrevistada puede expresar de manera directa y espon-
tánea, con sus propias palabras, los significados y sentidos del área de interés investiga-
da. Para concluir estaobra, la tercera parte se denomina: Perspectivas de intervención 
psicológica con personas con intento suicida, en la que se presentan formas de manejo 
terapéutico con personas con intento suicida y sobrevivientes de suicidio consumado.
El octavo capítulo, Reflexiones en torno al suicidio posfactum desde la filosofía de la cien-
cia a la investigación terapéutica y estructuración de la atención médico-psicológica del suici-
dio en la zona alteña del estado de Jalisco de Andrés Sainz Márquez y Juan Enrique 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
INTRODUCCIÓN
 5Sánchez Ochoa abre esta tercera sección con la crítica al modelo único de estudio mé-
dico-científico y realiza su aproximación del suicidio conforme a la perspectiva filosófi-
ca y fenomenológica aprobada por otros investigadores y suma la orientación crítica e 
historicista inspirada en los trabajos de investigación del sociólogo alemán Georg Sim-
mel (Simmel, 1977). El marco de trabajo y circunstancias se encuadran en México, en 
particular en la región de Los Altos del estado de Jalisco. 
Antonio Sánchez Antillón y Xóchitl Jovita Vázquez Isaac en el noveno capítulo Fun-
damentación teórico-metodológica desde el psicoanálisis sobre el intento suicida, presentan 
el marco teórico-metodológico de la narrativa metapsicológica que usa Freud para ex-
plicar el funcionamiento psíquico y se centran en la vinculación que éste hace entre el 
fenómeno suicida y la melancolía. Los investigadores exponen también una síntesis 
del método Algoritmo David Líberman (ADL) que utilizarán para analizar las entrevis-
tas de los analizantes en tratamiento. Este marco teórico-metodológico lo aplican en el 
desarrollo de un subproyecto de investigación del fenómeno suicida en Jalisco, inscrito 
en una investigación más amplia.
Para cerrar esta tercera parte se presenta el décimo capítulo: Significados simboliza-
dos y cambio personal en un proceso de acompañamiento psicoterapéutico individual, a mu-
jeres con intento suicida: una perspectiva experiencial de Salvador Moreno López, quien 
refiere a un proceso de acompañamiento psicoterapéutico y de investigación con mu-
jeres adultas que han intentado suicidarse.
Este capítulo centra su interés en conocer qué ocurre con las simbolizaciones de las 
participantes y cómo ello incide en su modo de estar en la vida y en su ideación suicida. 
Asimismo, se describe la dimensión metodológica del proyecto de investigación que el 
autor desarrolla desde una perspectiva fenomenológica. Los resultados de este proceso 
pretenden orientar la atención a personas en esta situación, y la posible prevención de 
comportamientos suicidas.
Con la esperanza de que el lector tenga una comprensión más completa del tema 
del suicidio mediante la integración de múltiples miradas que integran este volumen, 
se le invita a conocer este fenómeno humano y social desde formas diferentes de estu-
diarlo, de analizarlo, que se interesan por una comprensión distinta, desde una pro-
puesta transdisciplinar. Por ello, son abordados tanto los parámetros cuantitativos 
como los cualitativos, el dato duro, las cifras y estadísticas, así como la subjetividad 
humana, las constantes en todos los casos, las similitudes y las diferencias así como las 
particularidades que configuran la complejidad de este fenómeno humano y social. 
PARTE I
Factores de riesgo y prevención 
del fenómeno suicida
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
 9
CAPÍTULO 1 
Develar la problemática suicida: 
un compromiso para su prevención. 
Cédula de indicadores de riesgo suicida 
como instrumento de detección
Catalina Francisca González Forteza
José Alberto Jiménez Tapia
Consideraciones sobre la conducta suicida
Cuando se hace referencia al suicidio y a la conducta suicida, se debe considerar la 
necesidad de contar con una definición global de lo que se puede entender con refe-
rencia al tema. Hacia el final del siglo XIX, Emil Durkheim definió al suicidio en 
términos de un acto personal, con un propósito definido y que se realiza de manera 
consciente, con el fin de terminar con la propia vida (Durkheim, 1974). Con sus 
aportaciones, el sociólogo amplió la perspectiva individualista de la tradición médica 
al incluir en la reflexión factores más allá de lo individual. Desde su perspectiva, en 
el acto suicida actúan diferentes condiciones que se generan en la desintegración 
social, lo cual explicaría las tasas de suicidios en distintas culturas y épocas históri-
cas. De este modo, muchos de los investigadores dedicados a estudiar e identificar 
las circunstancias relacionadas con la conducta suicida han señalado que existe cier-
ta vinculación entre los niveles de desintegración social, violencia, consumo de alco-
hol y drogas, inestabilidad familiar, así como factores interpersonales y sociológicos 
que influyen en el número de suicidios dentro de cualquier grupo o subgrupo cultu-
ral (Heacock, 1990).
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
10 Desde esta perspectiva, la conducta suicida es un fenómeno complejo para estu-
diar, comprender, atender y prevenir. En los últimos años, su constante tendencia al 
aumento en México lo coloca como un problema de salud pública. Sin embargo, esta 
perspectiva podría resultar limitada si no se incluyen otros elementos que tienen 
impacto sobre ella; en términos ecológicos (Bonfenbrenner, 1986) hay factores pre-
cipitantes o predisponentes de índole social, cultural, económica, institucional, del 
entorno familiar y de pares, biológicos, y genéticos enmarcados en condiciones es-
tructurales de pobreza, violencia, desempleo, migración, consumo de sustancias, 
criminalidad e inseguridad.
Durante diferentes periodos de la historia se han generado debates y opiniones 
acerca de la forma de concebir al suicidio como fenómeno de investigación para co-
nocer sus motivaciones y los factores que lo predisponen y conducen a una persona 
a su ejecución. El estudio del suicidio ha generado planteamientos explicativos desde 
diferentes perspectivas teóricas: la sociología considera las variaciones en las tasas de 
suicidio a partir de diversas manifestaciones sociales; la psiquatría adjudica su ori-
gen a factores asociados con la enfermedad mental; el psicoanálisis lo conceptualiza 
como una suerte de pulsión de muerte autodirigida al encontrar cancelada la posibi-
lidad de dirigirlo hacia el exterior; y, por último, la perspectiva psicosocial pretende 
comprender y atender la problemática suicida inserta en sus contextos sociales cer-
canos y significativos (Gillin, en Durkheim, reedición 1974).
Los elementos que configuran a la conducta suicida están insertos en un fenóme-
no complejo que posee características dinámicas, ya que lo relativo a un evento sui-
cida no constituye un hecho aislado. Entre los aspectos vinculados con éste como 
objeto de estudio, se han identificado momentos específicos que lo conforman (Rich, 
Kirkpatrick-Smith, Bonner y Jans, 1992): ideación suicida pasiva, contemplación ac-
tiva del propio suicidio, planeación y preparación, ejecución del intento suicida y el 
suicidio consumado (Maris, 2002). Estas etapas se pueden suceder unas a otras o 
detenerse antes del suicidio, pero también éste se puede consumar sin la sucesión de 
todas ellas. Cada una es parte de la conducta suicida como un proceso y conlleva su 
propio monto de riesgo, donde la ideación suicida y el haberse tratado de quitar la 
vidason factores potenciales para el suicidio consumado (Bridge, Goldstein & Brent, 
2007).
Se puede decir, entonces, que la conducta suicida es un proceso dinámico que 
involucra etapas emocionales, cognitivas y conductuales. Además de ser un proble-
ma multifactorial, tiene un curso más o menos definido, con diferentes instancias y 
categorías de análisis (Diekstra, 1993), además de objetivos diferentes a la muerte 
como tal. Ahora se cuenta con datos que señalan que, en ocasiones, la meta es llamar 
la atención, acabar con el sufrimiento o tomar venganza de alguna figura de autori-
dad (González-Forteza, Villatoro, Alcántar & Medina-Mora, 2002), aunque para ello 
cueste la propia vida.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
DEVELAR LA PROBLEMÁTICA SUICIDA: UN COMPROMISO PARA SU PREVENCIÓN
 11Sobre los factores de riesgo en la conducta suicida
 
Como ya se mencionó, el estudio de la conducta suicida es complejo; los trabajos en 
dicho sentido deben considerar la importancia de identificar, con la mayor amplitud 
posible, las circunstancias y aspectos relacionados con el fenómeno. En México se ha 
estudiado el suicidio consumado, el intento de éste y la ideación suicida, por lo que 
se ha logrado un panorama bastante certero en cuanto al fenómeno.
La investigación que se ha realizado en el país ha permitido la identificación de 
algunos factores que predisponen a los individuos a verse involucrados en un evento 
suicida. Entre los determinantes más sobresalientes está la depresión y la sintomato-
logía depresiva, pero también figuran problemas relacionados con conflictos familia-
res, en particular con los padres y la pareja, control de la impulsividad, ansiedad ge-
neralizada, problemas financieros, consumo de sustancias, baja autoestima y 
autolesiones. Se sabe que la mayoría de quienes lo intentan (75%) tienen anteceden-
tes de algún trastorno psiquiátrico (Borges, Benjet, Medina-Mora, Orozco & Nock, 
2008), por lo que es necesario trabajar más a fondo en la identificación de los indivi-
duos con este tipo de problemática.
Por otro lado, el sexo parece ser un factor que juega un papel determinante en la 
conducta suicida. Las mujeres suelen presentar porcentajes significativos más eleva-
dos de ideación e intento de suicidio (Jiménez, Mondragón & González-Forteza, 
2007); sin embargo, como lo muestran los datos, los hombres consiguen la muerte 
por este medio en una proporción de casi 5 a 1 con relación a las mujeres. Hasta 
ahora, los factores más importantes para poder identificar a una persona que inten-
tará suicidarse son el registro de la ideación, la planeación y los intentos previos 
(Borges, 2008).
El suicidio no se puede explicar sólo en términos patológicos, sino como un hecho 
que forma parte de un proceso biológico, psicológico, social y cultural, por lo que es 
imperioso trabajar en el campo de la prevención primaria (con la identificación de 
factores protectores) y secundaria (a través de la detección de elementos de riesgo), a 
través de intervenciones y programas de promoción para la salud mental.
Suicidio en la República Mexicana
La magnitud de la problemática suicida en nuestro país ha crecido de manera consis-
tente en los últimos treinta años hasta alcanzar proporciones de reto para la salud 
pública (Borges, Medina-Mora, Zambrano & Garrido, 2006). De acuerdo con la Or-
ganización Mundial de la Salud, México ha mostrado una tendencia constante al 
aumento en la prevalencia de suicidios desde el decenio 1990-99 (World Health Or-
ganization, 2000). A partir del 2000, el incremento se ha acentuado en la población 
más joven: 150% en personas de 5 a 14 años de edad y 74% entre los adolescentes de 
15 a 24 años (Secretaría de Salud, 2013).
El suicidio es una de las cinco principales causas de muerte hasta los 34 años de 
edad y la tercera entre los jóvenes de 15 a 24 años. De los 44 años en adelante esta 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
12 cifra baja para ubicarse entre las 10 primeras causas de muerte (Borges et al., 2006; 
Borges, Orozco, Benjet, & Medina-Mora, 2010).
Conductas de riesgo suicida en adolescentes de población general
El suicidio no sólo se agrava por las defunciones, sino porque existe otro grupo de 
personas que sobreviven a los intentos de suicidio o a las autolesiones de cualquier 
tipo, las cuales pueden ser bastante graves como para requerir atención médica o ser 
recurrentes. Se ha estimado que los costos económicos asociados con la muerte por 
suicidio, con las conductas suicidas o relacionadas con el suicidio suman miles de 
millones de dólares al año (OPS, 2005).
En la mayor parte de los países, los reportes de intentos de suicidio tienden a ser 
subrregistrados debido a la carga social, moral, religiosa, legal y cultural que implica 
su estigma, y a que casi 75% de quienes lo intentaron no acudieron a un servicio de 
urgencias, ya sea porque el método que emplearon no fue letal o porque eran meno-
res de edad y necesitaban acudir en compañía de un adulto responsable (Mondra-
gón, Borges & Gutiérrez, 2001). Aun así, se sabe que los intentos suicidas tienen 
mayor prevalencia en los jóvenes menores de 25 años y que es de dos a tres veces 
más frecuente en mujeres que en varones, mientras que en éstos es más frecuente 
el suicidio consumado (OPS, 2005).
Conductas de riesgo suicida en estudiantes adolescentes 
(Instrumento de registro: Cédula de Indicadores de Riesgo Suicida -CIRIS-)
Con el objetivo de identificar la magnitud de la problemática suicida en población 
escolar se diseñó la Cédula de Indicadores de Riesgo Suicida -CIRIS- (González-
Forteza, Mariño, Mondragón & Medina-Mora, 1998) que es de fácil aplicación grupal 
y se presenta en formato de autorreporte.
Como ya se mencionó, el suicidio es cualquier caso de muerte que resulte de for-
ma directa o indirecta de un acto cometido por la propia víctima, a sabiendas que se 
va a producir un resultado fatal (Durkheim, 1897 en 1974, p. 16). Esta definición 
distingue a la muerte por suicidio de los comportamientos autodestructivos involun-
tarios o inconscientes también fatales; sin embargo, en la literatura científica se ob-
servan discrepancias acerca de la terminología para denominar y describir a los com-
portamientos suicidas y no suicidas. Por ello, la Organización Panamericana de la 
Salud propuso los términos: comportamiento suicida mortal para referirse al suici-
dio consumado y comportamiento suicida no mortal para las acciones suicidas que 
no resulten mortales como los intentos de suicidio (término común en EUA); o las 
conductas parasuicidas o lesiones autoinfligidas de manera deliberada, ambos térmi-
nos son comunes en Europa (OPS, 2005).
Las conductas suicidas son factores de riesgo para el suicidio consumado y tam-
bién indicadores de malestar emocional extremo, pues comparten factores de riesgo 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
DEVELAR LA PROBLEMÁTICA SUICIDA: UN COMPROMISO PARA SU PREVENCIÓN
 13sociales comunes como la violencia, la alienación social y el consumo de sustancias, 
además de aspectos de vulnerabilidad psicológica como depresión, desesperanza e 
ideación suicida (Gómez, Lolas & Barrera, 1991). 
En este sentido, la CIRIS inicia el registro de la conducta suicida a partir de la 
respuesta afirmativa a la pregunta “¿Alguna vez te has cortado, intoxicado o hecho 
daño a propósito con el fin de quitarte la vida?”, la cual circunscribe el actoal propó-
sito de morir o dejar de vivir. Esta pregunta inicial omite la palabra intento que se 
utiliza con frecuencia para indagar la tentativa de suicidio, porque en entrevistas y 
grupos focales (González-Forteza, 1996) se detectó la confusión semántica que este 
término provoca en los adolescentes, ya que al preguntarles “¿Alguna vez has inten-
tado suicidarte?”, hubo quienes respondieron de manera afirmativa por haber tenido 
la intención (“Me subí a la barda pero no me aventé”) o bien porque sí llevó a cabo la 
conducta suicida (“Junté muchas pastillas y me las tragué”); por ello se concluyó que 
en idioma español se confundía “haber tenido la intención” con “haberlo intentado”.
En un inicio las conductas suicidas se detectaron en forma global y a lo largo del 
desarrollo del instrumento de la CIRIS se han incorporado reactivos para distinguir 
su letalidad, lo que ha permitido identificar las conductas autolesivas específicas aca-
da conducta suicida: Intento de suicidio, intento ambiguo y autolesión (cuadro 1-1).
CUADRO 1-1. CONDUCTAS SUICIDAS DE LA CIRIS
Conductas suicidas CS Indicador de letalidad
Intento de suicidio IS Querer dejar de vivir / querer morir
Intento ambiguo IA Da igual morir o vivir
Autolesión AL No querer morir / seguir con vida
A continuación se presenta la reseña de resultados obtenidos mediante la CIRIS 
con respecto a las conductas suicidas en global; y más adelante se reseñan los estu-
dios de acuerdo a las frecuencias de cada tipo en particular.
Conductas suicidas en estudiantes de Pachuca, Hgo.: 1997
El primer estudio fue realizado en 1997 para indagar sobre la problemática suicida 
en estudiantes adolescentes en el que se aplicó la CIP en formato de autorreporte y 
administración grupal fue en una muestra representativa de estudiantes de secunda-
ria y bachillerato de la ciudad de Pachuca, Hgo. La prevalencia de conductas suicidas 
fue de 8.3% con una proporción de 2 mujeres por cada varón: 13.3% y 6.3%, de ma-
nera respectiva; y la edad de inicio en que se llevó a cabo esta conducta fue a los 13 
años en ambos sexos (González-Forteza et al., 1998).
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
14 Conductas suicidas en estudiantes en la Ciudad de México, DF: 
1997, 2000, 2003, 2006 y 2009
 
A partir de 1997 se incorporó la CIRIS en las encuestas sobre consumo de alcohol, 
tabaco y otras drogas en la Ciudad de México que realiza el Instituto Nacional de 
Psiquiatría, a fin de monitorear las conductas suicidas cada tres años en los niveles 
educativos de secundaria y bachillerato.
Las encuestas de 1997 y 2000 (González-Forteza et al., 2002) y de 2003 (Villatoro, 
Hernández, Hernández, Fleiz, Blanco & Medina-Mora, 2004) mostraron las preva-
lencias de conductas suicidas con una marcada tendencia al aumento: 8.3% en 1997, 
9.5% en 2000 y de 11.1% en 2003. Esta conducta fue más frecuente en casi tres 
mujeres por cada varón. En el nivel de secundaria en 1997 la prevalencia fue de 
7.6%, en 2000 de 8.7% y en 2003 incrementó 10.6%; las prevalencias de conductas 
suicidas en bachillerato fueron más altas que en secundaria y también en aumento: 
8.8%, 10.9% y 12.2%, de manera respectiva. Las edades de inicio de las conductas 
suicidas en dichas mediciones refieren al último año escolar de primaria (12 años de 
edad) y primeros de secundaria (13 y 14 años de edad). 
Si bien la problemática suicida en la población escolar fue más frecuente en las 
mujeres, se observó que en ambos sexos el perfil de las características de las conduc-
tas suicidas fue similar; en cuanto a los motivos hay un claro predominio en la esfera 
interpersonal (problemas familiares), seguidos por la esfera emocional (sentimien-
tos depresivos); en relación a los métodos, el más frecuente en proporciones cerca-
nas al 50% fue cortarse con un objeto punzocortante (con frecuencia con el cutter o 
un pedazo de vidrio), seguido de la ingesta de medicamentos sobre todo en mujeres; 
respecto a la letalidad, casi la tercera parte de los estudiantes reportaron haber desea-
do morir y cerca de la mitad indicó que no le importaba si vivía o moría y la propor-
ción restante de hombres y mujeres se autolesionó de manera deliberada para seguir 
con vida.
Sin embargo, los resultados de la encuestas de estudiantes de 2006 (Villatoro, 
González, Gutiérrez & Fonseca, 2006) y de 2009 (Villatoro, García, Moreno, Gutié-
rrez, Oliva, Bretón, López, Bustos & Medina-Mora, 2010) muestran un panorama 
contrastante, pues mientras en el 2006 las prevalencias de conductas suicidas man-
tuvieron su tendencia al aumento, en 2009 bajaron a niveles similares a los de 2003. 
En 2006 la prevalencia de conductas suicidas fue de 16.6% y en 2009 de 11.2%, con 
predominio en las mujeres en una proporción de 2:1 en 2006 y de 3:1 en 2009. La 
prevalencia de IS en 2006 ha sido la más alta en todas las mediciones con 4.1%, 
mientras que en 2009 fue de 3.4% similar a las de otras encuestas.
Otro dato que llama la atención es que en la medición de 2006 la prevalencia de 
conductas suicidas fue mayor en secundaria que en bachillerato (18.1% vs. 13.8%), a 
diferencia de las mediciones anteriores y de la posterior de 2009 en que la prevalencia 
de secundaria fue menor que en bachillerato (10.8% vs. 11.3%) como se identifica de 
forma consistente también en las demás encuestas. El hecho de que las prevalencias 
sean más altas en bachillerato responde a un efecto acumulativo de las conductas sui-
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
DEVELAR LA PROBLEMÁTICA SUICIDA: UN COMPROMISO PARA SU PREVENCIÓN
 15cidas que tienden a repetirse en el transcurso de la vida, en tanto la prevención y trata-
miento de esta problemática en los estudiantes de secundaria no sean efectivos.
Resulta desafortunado que en estas dos últimas encuestas la información respec-
to a la edad de inicio de las conductas suicidas no esté disponible.
Conductas suicidas en estudiantes en el estado de Guanajuato: 2003
La prevalencia de conductas suicidas en estudiantes de bachillerato de los planteles 
de la Universidad de Guanajuato fue de 7.2%, con una proporción de tres mujeres 
por cada varón: 10.7% y 3.1%, de forma respectiva. Al distinguir las conductas suici-
das, la prevalencia global de intento suicida fue 2.2%, 4.2% de intento ambiguo y 
2.2% de autolesión y en todas hubo predominio de las mujeres sobre los varones.
Respecto a la edad de inicio de las conductas suicidas, los resultados mostraron 
un perfil similar tanto en hombres como en mujeres, ya que la única o primera con-
ducta suicida aconteció a los 13.0+2.6 y a los 13.3+1.8 años, de manera respectiva y en 
quienes reportaron conducta suicida recurrente (dos o más veces), el promedio de 
edad de la última vez también fue similar en ambos sexos: a los 13.7+2.2 y 14.0+1.7, 
en forma respectiva. El lapso entre la primera y la última conducta suicida fue menor 
a un año en ambos sexos, en edades en que, como estudiantes, por lo regular se cur-
san los últimos dos años de la educación básica o primaria (5° y 6° grado), y se trans-
curre por la educación media o secundaria (1°, 2° y 3° grado). Los motivos más fre-
cuentes se refirieron al ámbito emocional: 53% hombres y 46% mujeres, y a 
problemas interpersonales: 31% y 44%, de manera respectiva. Los métodos predomi-
nantes fueron el uso de objetos punzocortantes: 56% varones y 46% mujeres, y pas-
tillas/fármacos: 22% y 44%, respectivamente.
Conductas suicidas en estudiantes en el estado de Campeche: 2005
La encuesta de estudiantes de secundaria y bachillerato en el estado de Campeche 
realizadaen 2005 (Villatoro, González, Gutiérrez, Fonseca et al., 2006), en la que se 
aplicó la CIRIS, mostró una prevalencia de conductas suicidas CS de 8.5% con pre-
dominio de tres mujeres por cada varón: 10.7% y 3.1%, respectivamente. Al distin-
guir por nivel educativo, la prevalencia de CS fue de 7.9% en secundaria y de 9.4% 
en bachillerato (cuadro 1-2).
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
16 
CU
A
D
RO
 1
-2
. E
ST
U
D
IO
S 
EP
ID
EM
IO
LÓ
G
IC
O
S 
SO
BR
E 
CO
N
D
U
CT
A
S 
SU
IC
ID
A
S 
EN
 A
D
O
LE
SC
EN
TE
S 
Y 
ES
TU
D
IA
N
TE
S 
EN
 M
ÉX
IC
O
 (
CI
RI
S)
: 
IN
TE
N
TO
S 
D
E 
SU
IC
ID
IO
 (
IS
),
 IN
TE
N
TO
S 
D
E 
SU
IC
ID
IO
 A
M
BI
G
U
O
S 
(I
A
) 
Y 
A
U
TO
LE
SI
O
N
ES
 (
A
)
RE
FE
RE
N
CI
A
PO
BL
A
CI
Ó
N
( M
U
ES
TR
A
 
RE
PR
ES
EN
TA
TI
VA
)
LU
G
A
R
A
Ñ
O
PR
EV
A
LE
N
CI
A
ED
A
D
 D
E 
CS
G
on
zá
le
z-
Fo
rt
ez
a,
 M
ar
iñ
o,
 
R
oj
as
, M
on
dr
ag
ón
, M
ed
in
a 
M
or
a,
 1
9
9
8
E
st
ud
ia
n
te
s 
de
 s
ec
un
da
ri
a 
y 
ba
ch
ill
er
at
o
Pa
ch
uc
a,
 H
go
.
19
9
7
G
lo
ba
l 
 
 
 
H
om
br
es
 
 M
uj
er
es
C
P
 8
.3
%
 
 
 
 6
.3
%
 
 
 
 1
3.
3%
Ú
n
ic
a 
/ 
úl
tim
a 
C
P
 =
13
 
añ
os
 e
n
 h
om
br
es
 y
 
m
uj
er
es
G
on
zá
le
z-
Fo
rt
ez
a,
 V
ill
at
o-
ro
, A
lc
án
ta
r, 
M
ed
in
a-
M
or
a,
 
et
 a
l.,
 2
0
0
2
E
st
ud
ia
n
te
s 
de
 s
ec
un
da
ri
a 
y 
ba
ch
ill
er
at
o
C
iu
da
d 
de
 
M
éx
ic
o,
 D
F
19
9
7
G
lo
ba
l 
 
 
 
H
om
br
es
 
 M
uj
er
es
C
P
 
8.
3%
 
 
 4
.3
%
 
 
 
 1
2.
1%
Se
cu
n
da
ri
a 
 
 
 
 
B
ac
hi
lle
ra
to
C
P
 
7.
6
%
 
 
 
 
 
 8
.8
%
C
S 
Ú
n
ic
a 
/ 
úl
tim
a
H
om
br
es
=1
2.
7+
2.
9
M
uj
er
es
= 
 1
3.
1+
2.
4
G
on
zá
le
z 
Fo
rt
ez
a,
 V
ill
at
or
o,
 
A
lc
án
ta
r, 
M
ed
in
a 
M
or
a,
 
et
 a
l.,
 2
0
0
2
E
st
ud
ia
n
te
s 
de
 s
ec
un
da
ri
a
 y
 b
ac
hi
lle
ra
to
C
iu
da
d 
de
 
M
éx
ic
o,
 D
F
20
0
0
G
lo
ba
l 
 
 
 
H
om
br
es
 
 M
uj
er
es
C
P
 9
.5
%
 
 
 
3.
9
%
 
 
 
 1
5.
5%
IS
 
 3
.4
%
 
 
 
1.
3%
 
 
 
 
 5
.6
%
IA
 
 4
.5
%
 
 
 1
.9
%
 
 
 
 
 7
.4
%
A
L 
 1
.6
%
 
 
 0
.7
%
 
 
 
 
 2
.5
%
Se
cu
n
da
ri
a 
 
 
 
 
B
ac
hi
lle
ra
to
C
P
 
 
8.
7%
 
 
 
 
 1
0
.9
%
C
S 
Ú
n
ic
a 
/ 
úl
tim
a
H
om
br
es
=1
2.
6
+2
.9
M
uj
er
es
= 
 1
3.
3+
2.
3
V
ill
at
or
o,
 H
er
n
án
de
z,
 
H
er
n
án
de
z,
 F
le
iz
, B
la
n
co
, 
M
ed
in
a 
M
or
a,
 2
0
0
4
E
st
ud
ia
n
te
s 
de
 s
ec
un
da
ri
a 
y 
ba
ch
ill
er
at
o
C
iu
da
d 
de
 
M
éx
ic
o,
 D
F
20
0
3
G
lo
ba
l 
 
 
 
 H
om
br
es
 
 M
uj
er
es
C
P
 1
1.
1%
 
 
 
 5
.8
%
 
 
 
 1
6
.5
%
IS
 
 3
.4
%
 
 
 
1.
6
%
 
 
 
 
5.
2%
IA
 
 5
.5
%
 
 
 
3.
1%
 
 
 
 
 7
.9
%
A
L 
 
2.
2%
 
 
 
1.
1%
 
 
 
 
 3
.4
%
Se
cu
n
da
ri
a 
 
 
 
 
 B
ac
hi
lle
ra
to
C
P
 
10
.6
%
 
 
 
 
 
12
.2
%
E
sc
 P
úb
lic
a 
 
 
 
 
 P
ri
va
da
C
P
 
10
.9
%
 
 
 
 
 
8.
5%
C
S 
Ú
n
ic
a 
/ 
1ª
 v
ez
H
om
br
es
=1
2.
6
+3
.2
M
uj
er
es
= 
 1
2.
8+
2.
3
C
S 
Ú
lti
m
a 
ve
z
H
om
br
es
=1
4.
2+
2.
2
M
uj
er
es
= 
 1
4.
3+
2.
0
G
on
zá
le
z-
Fo
rt
ez
a,
 C
há
ve
z,
 
A
lv
ar
ez
, S
al
da
ñ
a,
 C
ar
re
ñ
o,
 
Pé
re
z,
 2
0
0
5
E
st
ud
ia
n
te
s 
de
 b
ac
hi
lle
ra
to
E
st
ad
o 
de
 
G
ua
n
aj
ua
to
20
0
3
G
lo
ba
l 
 
 
 
 H
om
br
es
 
 M
uj
er
es
C
P
 
 7
.2
%
 
 
 3
.1
%
 
 
 
 1
0
.7
%
IS
 
 2
.2
%
 
 
 0
.9
%
 
 
 
 
3.
4%
IA
 
 3
.6
%
 
 
 2
.1
%
 
 
 
 
 5
.1
%
A
L 
 
1.
4%
 
 
 0
.1
%
 
 
 
 
 2
.2
%
C
S 
Ú
ni
ca
 /
 1ª
 v
ez
H
om
br
es
 y
 M
uj
er
es
=1
3 
añ
os
 
C
S 
Ú
lti
m
a 
ve
z
H
om
br
es
=1
3 
añ
os
M
uj
er
es
= 
 1
4 
añ
os co
nt
in
úa
...
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
DEVELAR LA PROBLEMÁTICA SUICIDA: UN COMPROMISO PARA SU PREVENCIÓN
 17
(c
on
tin
ua
ci
ón
) 
CU
A
D
RO
 1
-2
. E
ST
U
D
IO
S 
EP
ID
EM
IO
LÓ
G
IC
O
S 
SO
BR
E 
CO
N
D
U
CT
A
S 
SU
IC
ID
A
S 
EN
 A
D
O
LE
SC
EN
TE
S 
Y 
ES
TU
D
IA
N
TE
S 
EN
 M
ÉX
IC
O
 (
CI
RI
S)
: 
IN
TE
N
TO
S 
D
E 
SU
IC
ID
IO
 (
IS
),
 IN
TE
N
TO
S 
D
E 
SU
IC
ID
IO
 A
M
BI
G
U
O
S 
(I
A
) 
Y 
A
U
TO
LE
SI
O
N
ES
 (
A
)
RE
FE
RE
N
CI
A
PO
BL
A
CI
Ó
N
(M
U
ES
TR
A
 
RE
PR
ES
EN
TA
TI
VA
)
LU
G
A
R
A
Ñ
O
PR
EV
A
LE
N
CI
A
ED
A
D
 D
E 
CS
V
ill
at
or
o,
 G
on
zá
le
z,
 G
ut
ié
-
rr
ez
, F
on
se
ca
, 2
0
0
6
E
st
ud
ia
n
te
s 
de
 s
ec
un
da
-
ri
a 
y 
ba
ch
ill
er
at
o
E
st
ad
o
de
 C
am
pe
ch
e
20
0
5
G
lo
ba
l 
 
 
 
 H
om
br
es
 
 M
uj
er
es
C
P
 
8.
5%
 
 
 4
.8
%
 
 
 
 1
2.
2%
IS
 
 2
.1
%
 
 
 
1.
0
%
 
 
 
 
 3
.3
%
IA
 
 4
.2
%
 
 
 2
.2
%
 
 
 
 
6
.1
%
A
L 
 2
.2
%
 
 
 1
.6
%
 
 
 
 
 2
.8
%
Se
cu
n
da
ri
a 
 
 
 
 
 Bac
hi
lle
ra
to
C
P
 
7.
9
%
 
 
 
 
 
 
9
.4
%
IS
 
1.
7%
 
 
 
 
 
 
 2
.8
%
IA
 
4.
2%
 
 
 
 
 
 
 4
.2
%
A
L 
 2
.0
%
 
 
 
 
 
 
 2
.4
%
 
In
fo
rm
ac
ió
n
 
n
o 
di
sp
on
ib
le
V
ill
at
or
o,
 G
ut
ié
rr
ez
, Q
ui
ro
z,
 
M
or
en
o,
 G
ay
tá
n
, G
ay
tá
n
, 
A
m
ad
or
, M
ed
in
a-
M
or
a,
 
20
0
7
E
st
ud
ia
n
te
s 
de
 s
ec
un
da
-
ri
a 
y 
ba
ch
ill
er
at
o
C
iu
da
d 
de
 
M
éx
ic
o,
 D
F
20
0
6
G
lo
ba
l 
 
 
 
H
om
br
es
 
 
M
uj
er
es
C
P
 1
6
.6
%
 
 1
0
.1
%
 
 
 
 
23
.0
%
IS
 
 4
.1
%
 
 
 
2.
1%
 
 
 
 
 6
.1
%
IA
 
 7
.8
%
 
 
 4
.8
%
 
 
 
 1
0
.8
%
A
L 
 4
.7
%
 
 
 3
.2
%
 
 
 
 
 6
.1
%
Se
cu
n
da
ri
a 
 
 
 
 
B
ac
hi
lle
ra
to
C
P
 
18
.1
%
 
 
 
 
 
13
.8
%
IS
 
 
4.
6
%
 
 
 
 
 
 3
.4
%
IA
 
 8
.3
%
 
 
 
 
 
 6
.9
%
A
L 
 
5.
2%
 
 
 
 
 
 3
.5
%
In
fo
rm
ac
ió
n
 
n
o 
di
sp
on
ib
le
V
ill
at
or
o,
 G
ar
cí
a,
 M
or
en
o,
 
G
ut
ié
rr
ez
, O
liv
a,
 B
re
tó
n
, 
Ló
pe
z,
 B
us
to
s,
 M
ed
in
a-
M
or
a,
 2
0
10
E
st
ud
ia
n
te
s 
de
 s
ec
un
da
-
ri
a 
y 
ba
ch
ill
er
at
o
C
iu
da
d 
de
 
M
éx
ic
o,
 D
F
20
0
9
 
G
lo
ba
l 
 
 
 
H
om
br
es
 
 
M
uj
er
es
C
P
 1
1.
2%
 
 
 5
.5
%
 
 
 
 
16
.1
%
IS
 
 3
.4
%
 
 
 
1.
5%
 
 
 
 
 4
.4
%
IA
 
 5
.5
%
 
 
 
3.
1%
 
 
 
 
 8
.1
%
A
L 
 2
.3
%
 
 
 
0
.9
%
 
 
 
 
3.
6
%
Se
cu
n
da
ri
a 
 
 
 
 
 B
ac
hi
lle
ra
to
C
P
 1
1.
1%
 
 
 
 
 
 1
1.
3%
IS
 
 2
.8
%
 
 
 
 
 
 
3.
2%
IA
 
 5
.5
%
 
 
 
 
 
 
5.
9
%
A
L 
 2
.5
%
 
 
 
 
 
 
1.
9
%
In
fo
rm
ac
ió
n
 
n
o 
di
sp
on
ib
le
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
18 Tipos de conductas suicidas en adolescentes estudiantes, con la CIRIS
La Cédula de Indicadores de Riesgo Suicida -CIRIS- permite identificar las siguien-
tes conductas suicidas conforme a la letalidad y establecer niveles de riesgo de suici-
dio como se muestra en el siguiente cuadro cuadro 1-3.
CUADRO 1-3. CONDUCTAS SUICIDAS EN LA CIRIS Y NIVELES DE RIESGO SUICIDA
CONDUCTA SUICIDA CS LETALIDAD NIVELES DE RIESGO SUICIDA
Intento de suicidio IS Querer dejar de vivir/querer morir Alto
Intento ambiguo IA Da igual morir o vivir Moderado
Autolesión AL No querer morir Alerta
Dado que el intento de suicidio es uno de los predictores más importantes para el 
suicidio consumado, el riesgo de suicidio atribuido es alto. A continuación se rese-
ñan en específico resultados encontrados en adolescentes.
Intentos de suicidio en adolescentes
A partir de la categoría de intento de suicidio conforme el indicador de letalidad, en 
el cuadro 1-4 se aprecia que el perfil de prevalencias de intento de suicidio global, en 
hombres y en mujeres muestra una tendencia similar tanto en los estudios realiza-
dos en la Ciudad de México, como en los estados de Guanajuato y Campeche.
Las fluctuaciones en las prevalencias de intento de suicidio en los estudios en la 
Ciudad de México en los diferentes años del levantamiento de datos son consistentes 
con una ligera tendencia al aumento, ya que en el año 2000 la prevalencia global fue 
de 3.4% (5.6% en las mujeres y 1.3% en los hombres). En el 2003 también la preva-
lencia global fue de 3.4%, (5.2% en mujeres y 1.6% en hombres). El perfil fue similar 
en 2009 con 3.4% global (4.4% en mujeres y 1.5% en hombres). Sin embargo, en la 
encuesta de 2006 las prevalencias salen del perfil, pues la global fue mayor a todas 
las demás con 4.1% (6.1% en mujeres y 2.1% en los hombres).
Las prevalencias de IS en los estados de Guanajuato y Campeche fueron menores 
a las de la Ciudad de México, acotando el año de la encuesta para su comparación. En 
2003 la prevalencia de IS global en la Ciudad de México fue de 3.4% mientras que en 
Guanajuato fue de 2.2%. En las mujeres fue de 5.2% (Ciudad de México) y 3.4% 
(Guanajuato); y en los hombres fue de 1.6% y 0.9%, de forma respectiva.
Al comparar los resultados de la encuesta levantada en el estado de Campeche se 
observa que las estimaciones fueron muy similares a las del estado de Guanajuato. 
La prevalencia global en este último fue de 2.2% y en el primero fue de 2.1% y en el 
caso de las mujeres de Guanajuato fue de 3.4% y en Campeche de 3.3%; y en los 
hombres fue de 0.9% y 1.0%, respectivamente.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
DEVELAR LA PROBLEMÁTICA SUICIDA: UN COMPROMISO PARA SU PREVENCIÓN
 19Por nivel educativo, y según los datos disponibles, en bachillerato las prevalencias 
son un poco mayores que las de secundaria tanto en el estado de Campeche como en 
la Ciudad de México, efecto que se explica por el acumulado de intentos a lo largo de la 
vida. La prevalencia de intentos de suicidio en Campeche durante 2005 en secundaria 
fue de 1.7% y en bachillerato fue de 2.8%; mientras que en la Ciudad de México en 
2009 la prevalencia en secundaria fue de 2.8% y en bachillerato de 3.2%. Otro panora-
ma muestra la encuesta en la Ciudad de México realizada en 2006, en que la prevalen-
cia de intento de suicidio en secundaria fue de 4.6%, cifra mayor a la del bachillerato 
con 3.4%. 
CUADRO 1-4. PREVALENCIAS DE INTENTO DE SUICIDIO (IS) 
EN ADOLESCENTES Y ESTUDIANTES
REFERENCIA POBLACIÓN 
(MUESTRA RE-
PRESENTATIVA)
LUGAR AÑO PREVALENCIA
González Forteza, 
Villatoro, Alcántar, 
Medina-Mora,et al., 
2002
Estudiantes 
de secundaria 
y bachillerato
Ciudad de 
México, DF
2000 Global Hombres Mujeres
IS 3.4% 1.3% 5.6%
Villatoro, Hernán-
dez, Hernández, 
Fleiz, Blanco, Medi-
na-Mora, 2004
Estudiantes 
de secundaria 
y bachillerato
Ciudad de 
México, DF
2003 IS 3.4% 1.6% 5.2%
González-Forteza, 
Chávez, Alvarez, 
Saldaña, Carreño, 
Pérez, 2005
Estudiantes de 
bachillerato
Estado de 
Guanajuato
2003 IS 2.2% 0.9% 3.4%
Villatoro, González, 
Gutiérrez, Fonseca, 
2006
Estudiantes 
de secundaria 
y bachillerato
Estado de 
Campeche
2005 IS 2.1% 1.0% 3.3%
Secundaria Bachillerato
IS 1.7% 2.8%
Villatoro, Gutiérrez, 
Quiroz, Moreno, 
Gaytán, Gaytán, 
Amador, Medina-
Mora, 2007
Estudiantes 
de secundaria 
y bachillerato
Ciudad de 
México, DF
2006 IS 4.1% 2.1% 6.1%
Secundaria BachilleratoIS 4.6% 3.4%
Villatoro, García, 
Moreno, Gutiérrez, 
Oliva, Bretón, 
López, Bustos, 
Medina Mora, 2010
Estudiantes 
de secundaria 
y bachillerato
Ciudad de 
México, DF
2009 IS 3.4% 1.5% 4.4%
Secundaria Bachillerato
IS 2.8% 3.2%
CONDUCTA SUICIDA LETALIDAD NIVEL DE RIESGO SUICIDA
Intento de suicidio Querer dejar de vivir/querer 
morir
Alto
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
20 Intentos de suicidio ambiguos en estudiantes
Dado que la CIRIS provee información sobre otras conductas suicidas como los in-
tentos de suicidio ambiguos (en que da igual si se muere o se vive cuando se lleva a 
cabo el daño autoinfligido de manera deliberada) que conllevan un riesgo suicida 
moderado, en el cuadro 1-5 se presentan las prevalencias de IA que se han reportado.
Se observa que el perfil de prevalencias de intentos ambiguos IA global, en hom-
bres y en mujeres muestra una tendencia sostenida en la Ciudad de México, con ex-
cepción de la medición del 2006 en que resultó la más alta. Las prevalencias globales 
de IA en 2000, 2003 y 2009 fueron de 4.5%, 5.5% y 5.5% respectivamente; mientras 
que en 2006 fue de 7.8%. En mujeres las prevalencias para 2000, 2003 y 2009 
fueron de 7.4%, 7.9% y 8.1% respectivamente; y en 2006 fue de 10.8% que sale del 
perfil. Si bien en todas las encuestas las prevalencias fueron mayores en las mujeres 
que en los hombres, también en éstos se observó el mismo perfil referido: en 2000, 
2003 y 2009 las prevalencias de IA fueron 1.9%, 3.1% y 3.1% respectivamente; en 
2006 la prevalencia fue la mayor con 4.8%.
Cabe destacar que en los estados de Guanajuato y Campeche, las prevalencias de 
intento ambiguo fueron menores en comparación con las de los estudiantes en la 
Ciudad de México al circunscribir la comparación por el año de la encuesta. En 2002 
la prevalencia en Guanajuato fue de 3.6% y en la Ciudad de México de 5.5%; y en 
2005 la prevalencia de IA en Campeche fue de 4.2%; en tanto que en la Ciudad de 
México en 2003 fue de 5.5%, en 2006 de 7.8%, y en 2009 fue de 5.5%.
Al comparar los resultados de las encuestas de Guanajuato y de Campeche (con-
siderar que son distintos años), las prevalencias globales de IA están cercanas entre 
sí: 3.6% en Guanajuato 2003 y 4.2% en Campeche 2005; con mayores proporciones 
en las mujeres -como en todas las encuestas-, pero con las prevalencias más bajas en 
relación a la Ciudad de México.
Por nivel educativo, Campeche muestra las prevalencias más bajas en compara-
ción con las de la Ciudad de México, tanto en secundaria como en bachillerato. En 
secundaria la prevalencia de IA en Campeche fue de 4.2%, mientras que en la Ciu-
dad de México fue de 8.3% en 2006 y 5.5% en 2009. En bachillerato el perfil fue si-
milar: 4.2% de IA en Campeche, en comparación con el 6.9% en la Ciudad de Méxi-
co en 2006 y 5.9% en 2009.
La medición en la Ciudad de México de 2006 sale del perfil al mostrar las preva-
lencias de IA más altas de todas las encuestas, y al indicar mayor prevalencia en se-
cundaria que en bachillerato.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
DEVELAR LA PROBLEMÁTICA SUICIDA: UN COMPROMISO PARA SU PREVENCIÓN
 21
CUADRO 1-5. PREVALENCIAS DE INTENTOS AMBIGUOS (IA) EN ESTUDIANTES
REFERENCIA POBLACIÓN
(MUESTRA RE-
PRESENTATIVA)
LUGAR AÑO PREVALENCIA
González Forte-
za, Villatoro, 
Alcántar, Medi-
na-Mora, et al., 
2002
Estudiantes de 
secundaria y 
bachillerato
Ciudad 
de México, DF
2000 Global Hombres Mujeres
IA 4.5% 1.9% 7.4%
Villatoro, Her-
nández, Her-
nández, Fleiz, 
Blanco, Medina 
Mora, 2004
Estudiantes de 
secundaria y 
bachillerato
Ciudad 
de México, DF
2003 IA 5.5% 3.1% 7.9%
González-Forte-
za, Chávez, 
Alvarez, Salda-
ña, Carreño, 
Pérez, 2005
Estudiantes de 
bachillerato
Estado de 
Guanajuato
2003 IA 3.6% 2.1% 5.1%
Villatoro, Gon-
zález, Gutié-
rrez, Fonseca, 
2006
Estudiantes de 
secundaria y 
bachillerato
Estado
 de Campeche
2005 IA 4.2% 2.2% 6.1%
Secundaria Bachillerato
IA 4.2% 4.2%
Villatoro, Gutié-
rrez, Quiroz, 
Moreno, Gay-
tán, Gaytán, 
Amador, Medi-
na Mora, 2007
Estudiantes de 
secundaria y 
bachillerato
Ciudad 
de México, DF
2006 IA 7.8% 4.8% 10.8%
Secundaria Bachillerato
IA 8.3% 6.9%
Villatoro, García, 
Moreno, Gutié-
rrez, Oliva, Bre-
tón, López, 
Bustos, Medina 
Mora, 2010
Estudiantes de 
secundaria y 
bachillerato
Ciudad 
de México, DF
2009 IA 5.5% 3.1% 8.1%
Secundaria Bachillerato
IA 5.5% 5.9%
CONDUCTA SUICIDA LETALIDAD NIVEL DE RIESGO SUICIDA
Intento ambiguo Da igual morir o vivir Moderado
Autolesiones en estudiantes
Por lo que respecta a las autolesiones (AL) (en que no se quiere morir cuando se 
realiza el daño autoinfligido deliberado, éstas implican un riesgo de suicidio alerta); 
en el cuadro 1-6 se presentan las prevalencias de AL para su comparación. Es impor-
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
22 tante señalar que en todas las encuestas las prevalencias de AL fueron las menores 
con respecto a las otras conductas suicidas (IS e IA) y de manera fundamental esto 
se debe a que la pregunta: “¿Alguna vez te has herido, cortado, intoxicado o hecho 
daño a propósito con el fin de quitarte la vida?” busca indagar sobre los intentos de 
suicidio en primera instancia; de cualquier manera hubo respuestas positivas que al 
cruzar con la letalidad “¿lo hiciste para…. Seguir con vida” (como respuesta) que 
queda definida la categoría de autolesión (AL).
Como en las prevalencias de los intentos de suicidio y de los intentos ambiguos, las 
prevalencias de autolesiones presentaron un perfil similar a las anteriores, aunque en 
menor proporción, como ya se indicó. En la Ciudad de México 2000, 2003 y 2009, las 
prevalencias de AL son de 1.6%, 2.2% y 2.3% respectivamente; mientras que en 2006 
fueron mayores en forma considerable, con 4.7%. Como en los demás perfiles, en las 
mujeres las prevalencias de AL también fueron más elevadas con 2.5%, 3.4% y 3.6% 
para 2000, 2003, y 2009; cuyo máximo nivel fue en 2006 con 6.1%. En los hombres, 
por tanto, el perfil fue de 0.7%, 1.1% y 0.9 respectivamente, y de 3.2% para 2006.
Como en las otras conductas suicidas, Guanajuato y Campeche mostraron las 
prevalencias más bajas al considerar los años de las encuestas con referencia a las de 
la Ciudad de México. Guanajuato se observa con las prevalencias más bajas de AL 
global con 1.4% y Campeche con 2.2% que está al nivel de las identificadas en la 
Ciudad de México, salvo la medición de 2006 que fue la mayor de todas.
Por nivel educativo, tanto en secundaria como en bachillerato las prevalencias de 
Campeche 2005 y de la Ciudad de México en su medición 2009 fueron similares 
entre sí; en nivel secundaria de dicho estado fue de 2.0% y en la capital del país fue 
de 2.3%; en tanto que bachillerato fue de 2.4% y 1.9% respectivamente.
CUADRO 1-6. PREVALENCIAS DE AUTOLESIONES (AL) EN ESTUDIANTES
REFERENCIA
POBLACIÓN
(MUESTRA 
REPRESENTATIVA)
LUGAR AÑO PREVALENCIA
González Forteza, 
Villatoro, Alcántar, 
Medina Mora, et al., 
2002
Estudiantes 
de secundaria 
y bachillerato
Ciudad 
deMéxico, 
DF
2000 Global Hombres Mujeres
AL 1.6% 0.7% 2.5%
Villatoro, Hernández, 
Hernández, Fleiz, 
Blanco, Medina 
Mora, 2004
Estudiantes 
de secundaria 
y bachillerato
Ciudad 
de México, 
DF
2003 AL 2.2% 1.1% 3.4%
González-Forteza, 
Chávez, Alvarez, 
Saldaña, Carreño, 
Pérez, 2005
Estudiantes 
de bachillerato
Estado de 
Guanajuato
2003 AL 1.4% 0.1% 2.2%
Villatoro, González, 
Gutiérrez, Fonseca, 
2006
Estudiantes 
de secundaria 
y bachillerato
Estado 
Campeche
2005 AL 2.2% 1.6% 2.8%
Secundaria Bachillerato
AL 2.0% 2.4%
continúa...
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
DEVELAR LA PROBLEMÁTICA SUICIDA: UN COMPROMISO PARA SU PREVENCIÓN
 23(continuación) 
CUADRO 1-6. PREVALENCIAS DE AUTOLESIONES (AL) EN ESTUDIANTES
REFERENCIA
POBLACIÓN
(MUESTRA 
REPRESENTATIVA)
LUGAR AÑO PREVALENCIA
Villatoro, Gutiérrez, 
Quiroz, Moreno, 
Gaytán, Gaytán, 
Amador, Medina-
Mora, 2007
Estudiantes 
de secundaria 
y bachillerato
Ciudad de 
México, DF
2006 AL 4.7% 3.2% 6.1%
Secundaria Bachillerato
AL 5.2% 3.5%
Villatoro, García, 
Moreno, Gutiérrez, 
Oliva, Bretón, López, 
Bustos, Medina 
Mora, 2010
Estudiantes 
de secundaria 
y bachillerato
Ciudad de 
México, DF
2009 AL 2.3% 0.9% 3.6%
Secundaria Bachillerato
AL 2.5% 1.9%
CONDUCTA SUICIDA LETALIDAD NIVEL DE RIESGO SUICIDA
Autolesión No querer morir Alerta
A modo de reflexión
Los niños y adolescentes no suelen buscar ayuda por sí mismos y es requisito que estén 
acompañados de al menos un padre/madre o tutor(a) adulto para recibir la atención en 
problemas de salud mental. El reto es establecer sistemas de vigilancia epidemiológica 
para monitorear sus necesidades de salud mental y establecer campañas de promoción 
de la salud y prevención del malestar, a fin de que se identifiquen de manera oportuna 
los problemas incipientes y sensibilizar a los adultos de su responsabilidad para la aten-
ción de la salud mental de los menores de 18 años de edad. A diferencia de los trastornos 
de la conducta o el déficit de atención con hiperactividad, que suelen provocar molestias 
a los padres de familia y, o a los maestros, en los salones de clase, los niños y adolescentes 
con conductas suicidas, con ideación y, o depresión, muchas veces pasan desapercibidos, 
pues se trata de emociones y conductas estigmatizadas, internalizadas y ocultadas.
Dado que el sistema escolar se configura como un recurso importante para la 
promoción del bienestar, la detección de los problemas de salud mental y su referen-
cia oportuna a tratamiento en los servicios de salud, resulta entonces imprescindible 
la conjunción de esfuerzos de los sistemas educativo y de salud para optimizar la 
calidad de vida de los adolescentes, al menos mientras son estudiantes. Si se consi-
dera que una proporción importante de la población adolescente estudia en virtud de 
la obligatoriedad hasta nivel de educación media o bachillerato, cabe entonces propi-
ciar el monitoreo de la problemática suicida y sus concomitantes para identificar 
tendencias epidemiológicas, factores asociados e implementar estrategias de detec-
ción y prevención oportunas en los grupos vulnerables (González-Forteza, Arana & 
Jiménez, 2008). 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
24 Retos y perspectivas
Si bien el reto de develar la problemática suicida en la población escolar adolescente 
es ya una realidad gracias a la Cédula de Indicadores de Riesgo Suicida -CIRIS- que es 
un instrumento práctico y económico porque es de fácil aplicación grupal en formato 
de autorreporte que ha demostrado ser útil para monitorear las tendencias epidemio-
lógicas, por supuesto aún resta mucho por hacer. 
El registro de la categoría de intento de suicidio IS en términos generales se ha 
mantenido en las prevalencias entre 1.4% y 4.6% con predominio en las mujeres 
adolescentes.
El intento ambiguo IA presenta en todos los estudios prevalencias más altas fluc-
tuando entre 3.6% a 8.3%, con predominio de las mujeres en proporción de 2:1 en 
todos los estudios.
La conducta suicida de autolesiones AL registrada con la CIP muestra prevalen-
cias bajas dado que este instrumento en primera instancia pretende detectar intento 
de suicidio e intento ambiguo con la primera pregunta que es: “¿Alguna vez te has 
cortado, intoxicado o hecho daño a propósito con el fin de quitarte la vida?, pero al 
cruzar con el indicador de letalidad: “¿Qué querías….” y se responde la opción “Se-
guir viviendo, no quería morir” se registra la categoría de autolesión AL, que debe 
ser considerada también importante por el riesgo autodestructivo que conlleva y 
que ha mostrado prevalencias entre 1.4% y 4.7% en proporciones de 2 mujeres por 
cada varón.
En términos operacionales, para las conductas suicidas la CIRIS resulta una he-
rramienta adecuada para la vigilancia epidemiológica de las conductas suicidas, y 
puede ser una realidad su detección oportuna, lo que pone de manifiesto la necesi-
dad de implementar estrategias de prevención. Aquí es donde el reto está pendiente 
y resulta apremiante la prevención en todos los niveles: primaria / universal (para 
evitar que surja la problemática parasuicida y sus concomitantes emocionales y cog-
nitivos), y secundaria / selectiva (evitar que se agraven). Y esto no sólo es tarea del 
sector salud sino de otros más como el de la educación, medios de comunicación 
masiva, legal, laboral, social, entre otros, que tienen mucho qué contribuir si asumen 
la responsabilidad compartida por la multifactorialidad involucrada.
Cabe resaltar que la CIRIS, como instrumento de detección, es muy conveniente 
por su brevedad y porque no requiere de personal especializado para su aplicación y 
calificación, lo que representa un bajo costo y un elevado beneficio, ya que puede 
utilizarse en contextos ajenos a la práctica clínica, como lo son la población general, 
grupos escolares, centros de reclusión, albergues temporales y en centros de salud 
del primer nivel de atención.
Un pendiente más es el predominio de la población femenina en las conductas 
parasuicidas como los intentos de suicidio, la ideación suicida y la depresión, que por 
su magnitud no cabe duda de la prioridad que ameritan. Pero es en cuestión de in-
tensidad donde la población masculina cobra una relevancia sin igual, pues el suici-
dio consumado es predominante en los hombres; y este referente epidemiológico va 
más allá de fronteras geográficas, políticas y económicas y religiosas. 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
DEVELAR LA PROBLEMÁTICA SUICIDA: UN COMPROMISO PARA SU PREVENCIÓN
 25Si bien condiciones emocionales de riesgo como la depresión y la ideación suicida 
son más prevalentes en las mujeres, en los hombres el costo de estas condiciones 
repercute no en cantidad, pero sí en intensidad, pues es en la gravedad de estas con-
diciones emocionales que los hombres que optan por el suicidio, lo consuman. En 
esto, el reclamo social de género por cuanto a que la masculinidad obliga a ocultar y 
enmascarar estas condiciones emocionales consideradas como ‘muestras de debili-
dad’ en los hombres, les cobra un costo muy alto: la vida.
Las perspectivas quedan entonces enmarcadas en el trabajo transdisciplinario, de 
responsabilidadcompartida hacia una problemática multifactorial que atañe a una 
muerte prematura no natural, y por ello, meritoria de prevención y atención.
Hacia la prevención
La problemática suicida amerita atención urgente, pues la tendencia al riesgo suicida 
es cada vez mayor. La prevención puede dirigirse a diferentes niveles. A un nivel 
primario, cuando las problemáticas no han acontecido y para evitar que sucedan; y a 
uno secundario, cuando existen factores de riesgo e indicios de las problemáticas y 
antes de que las condiciones empeoren y las consecuencias sean fatales.
En prevención primaria, la educación es un componente clave, la cual se puede 
establecer, además de en las escuelas, en los espacios públicos de socialización y 
tránsito de la población. 
La estrategia se complementaría con la instalación de equipos de salud mental en 
espacios estratégicos de las instalaciones y que éstos funjan como agentes de preven-
ción al realizar una labor en educación para la salud mental, atención o canalización 
y seguimiento de los casos que se detecten.
En cuanto a la prevención secundaria, con los indicadores protectores y de riesgo 
que se han identificado en las investigaciones, se puede contribuir al diseño y cons-
trucción de instrumentos para la detección temprana y oportuna de población con 
riesgo suicida, con el propósito de habilitar al personal de salud mental asignado con 
herramientas eficaces y fáciles de aplicar. 
Es importante también orientar esfuerzos para identificar factores protectores con 
el fin de contribuir a la elaboración de programas de promoción para la educación 
mental, ya que al hacerlo se potencia el esfuerzo preventivo, dado que éstos, al inte-
ractuar con los factores de riesgo, pueden minimizar el riesgo suicida o prevenir la 
incidencia de otros factores de riesgo asociados con la conducta suicida.
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
26 Referencias 
Borges, G. (2008). Por qué estudiar la conducta suicida en México. Revista Jóvenes, 32, 2-11.
Borges, G.; Medina-Mora, M.E.; Zambrano, J. & Garrido, G. (2006). Epidemiología de la 
conducta suicida en México. En Informe Nacional sobre Violencia y Salud (pp. ). México: 
Secretaría de Salud. 
Borges, G., Benjet, C., Medina-Mora, M.E., Orozco, R. & Nock, M. (2008). Suicide ideation, 
plan, and attempt in the Mexican adolescent mental health survey. Journal of the 
American Academy of Child and Adolescence Psychiatry, 47, 41-52.
Borges, G., Orozco, R., Benjet, C. & Medina-Mora, M.E. (2010). Suicidio y conductas suicidas 
en México: Retrospectiva y situación actual. Salud Pública de México, 52, 292-304. Consul-
tado el 1 de marzo de 2013: http://www.scielo.org.mx/pdf/spm/v52n4/v52n4a05.pdf 
Bridge, J.A., Goldstein, T.R. & Brent, D.A. (2007). Adolescent suicide and suicidal behavior. 
Journal of Child Psychology and Psychiatry, 47, 372-394.
Bronfenbrenner, U. (1986). Ecology of the family as a context for human development. 
Research Perspectives, 22 (6), 723-742.
Diekstra, R. (1993). The epidemiology of suicide and parasuicide. Acta Psychiatrica Scandi-
navica, 371 (supl.), 9-20.
Durkheim, E. (1897 en 1974). El Suicidio. México: Universidad Nacional Autónoma de Mé-
xico, de la versión original: Durkheim, E. (1897). Le suicide. Etude de sociologie. XII-462, 
Alcan, París.
Gómez, A., Lolas, F. & Barrera, A. (1991). Los condicionantes psicosociales de la conducta 
suicida. Salud Mental, 14 (1), 25-31.
González-Forteza, C. (1996). Factores protectores y de riesgo de depresión e intentos de suicidio 
en adolescentes. Tesis para obtener el grado de Doctora en Psicología, México: Facultad de 
Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México.
González-Forteza, C., Mariño, M.C.; Rojas, E.; Mondragón, L. & Medina-Mora, M.E. (1998). 
Intento de suicidio en estudiantes de la ciudad de Pachuca, Hidalgo y su relación con el 
uso de sustancias y el malestar depresivo. Revista Mexicana de Psicología, 15 (2), 165-175.
González-Forteza, C.; Villatoro, J.; Alcántar, I. & Medina-Mora, M.E. (2002). Prevalencia de 
intento suicida en estudiantes adolescentes de la Ciudad de México: 1997 y 2000. Salud 
Mental, 25 (6), 1-12.
González-Forteza, C., Arana, D. & Jiménez, A. (2008). Problemática suicida en adolescen-
tes y el contexto escolar: Vinculación autogestiva con los servicios de salud mental. Salud 
Mental, 31 (1), 23-27.
Heacock, D (1990). Suicidal behavior in black and Hispanic youth. Psychiatric Annals, 20 
(3), 134-142.
Jiménez, A., Mondragón, L. & González-Forteza, C. (2007). Self-esteem, depressive symp-
tomatology, and suicidal ideation in adolescents: results of three studies. Salud Mental, 
30 (5), 20-26.
Maris, R.W. (2002). Suicide. Lancet, 360 (9329), 319-326.
Mondragón, L., Borges, G. & Gutiérrez, R. (2001). La medición de la conducta suicida en 
México: Estimaciones y procedimientos. Salud Mental, 24 (6), 4-15. 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
DEVELAR LA PROBLEMÁTICA SUICIDA: UN COMPROMISO PARA SU PREVENCIÓN
 27Organización Panamericana de la Salud. (2005). La violencia autoinfligida. Revista Futuros-
OPS, 3 (9), 201-231.
Rich, A.R., Kirkpatrick-Smith, J., Bonner, R.L. & Jans, F. (1992). Gender differences in the 
psychosocial correlates of suicidal ideation among adolescents. Suicide and Life-
Threatening Behavior, (22) 3, 364-373.
Secretaría de Salud. (2013). Sistema Nacional de Información en Salud: Mortalidad 2000 y 
2005. Consultado el 30 enero de 2013 en http://sinais.salud.gob.mx/mortalidad. Villato-
ro, J., Hernández, I., Hernández, H., Fleiz, C.; Blanco, J. & Medina-Mora, M.E. (2004). 
Encuestas de Consumo de Drogas de Estudiantes 2003. SEP-INPRFM. Disco Compac-
to. SEP- INPRFM. México. ISBN-968-7652-43-8. Consultado 11 de febrero de 2013 en
http://www.uade.inpsiquiatria.edu.mx/pagina_contenidos/investigaciones/
estudiantes_df/2006/cd_2003/Estudiantes/Encuesta%202003/Globales/Global%20
Secundarias.html 
Villatoro, J., González, R., Gutiérrez, M., Fonseca, S. & Medina-Mora, M.E. (2006). Resul-
tados Adicionales de la Encuesta de Campeche 2005. Instituto Nacional de Psiquiatría 
Ramón de la Fuente Muñiz. México DF. Consultado el 25 de abril de 2013 en http://
www.uade.inpsiquiatria.edu.mx/pagina_contenidos/investigaciones/estudiantes_
df/2006/resultados_adicionales_df_2006.pdf 
Villatoro, J., García, F., Moreno, M., Gutiérrez, M.L., Oliva, N., Bretón, M., López, M.A., Bus-
tos, M., & Medina-Mora, M.E. (2010). Consumo de alcohol, tabaco y otras drogas en la 
Ciudad de México. Medición 2009. Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente 
Muñiz. México, DF ISBN: 968-7652-59-4. Consultado el 11 de febrero de 2013 en http://
www.uade.inpsiquiatria.edu.mx/pagina_contenidos/investigaciones/estudiantes_
df/2009/resultados_adicionales.pdf y el 13 de febrero de 2013 en http://www.uade.
inpsiquiatria.edu.mx/pagina_contenidos/investigaciones/estudiantes_df/2009/otras_
conductas_evaluadas.pdf World Health Organization. (2000). The World Health Report 
2000: Health Systems: Improving Performance. Geneva: World Health Organization.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
 29
CAPÍTULO 2
Prevención y atención 
a los comportamientos suicidas: 
programas y estrategias 
de prevención del suicidio 
y su evaluación
Armando Martín Ibarra López
Luis Miguel Sánchez Loyo
Andrés Sainz Márquez
Beatriz Guadalupe Echeveste García de Alba
Introducción
En losúltimos decenios, el suicidio ha presentado una constante tendencia al incre-
mento. En México, durante 1990 a 2011, la tasa de suicidios aumentó para la pobla-
ción en general de 2.2 a 4.9 suicidios por cada 100 mil habitantes (INEGI, 2013; Ji-
ménez y Cardiel, 2013). En 2011 se registraron 5 mil 718 suicidios. 80.8% de los 
decesos fueron en hombres y 19.2% en mujeres. 
Este incremento ha modificado la percepción del suicidio, el cual se ha transfor-
mado en un problema social y de salud pública en este país que debe ser analizado 
como un fenómeno multidimensional que requiere de estrategias que reviertan o 
disminuyan su incidencia. Las cifras señalan la importancia de asumir medidas pre-
ventivas y evitar su aumento. 
Este trabajo intenta poner a consideración un acercamiento a una de las variables 
que inciden en la atención y en la prevención de los comportamientos suicidas; es 
decir, a los programas y estrategias de prevención del suicidio.
Los planes, programas y estrategias1 de prevención del suicidio en el mundo, han 
sido considerados como la forma en la que por lo general, desde una visión clínica, 
se previene y atiende a las personas con comportamientos suicidas.
1 Plan: es el principal instrumento de planeación en la administración pública, define las prioridades me-
diante objetivos, estrategias y acciones. Programa: define los objetivos, las estrategias y las líneas de acción 
en materia de salud (Programa sectorial de salud). Estrategias: son líneas de acción que se piensa tendrán 
una mayor probabilidad de éxito, debe tener objetivos (targets) claros (WHO 2004).
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
30 Entre estos programas y estrategias se encuentran los que se crearon a partir de 
iniciativas oficiales internacionales, estatales o a otros niveles, como los regionales o 
más pequeños como los municipales; también los hay, aunque pocos, emanados de 
acciones de grupos privados, grupos de la sociedad civil y de organizaciones religio-
sas. Todos estos grupos se han hecho presentes en la sociedad al proponer soluciones 
y diversas estrategias para atacar el problema del suicidio2. 
En este capítulo se abordan los principales hallazgos emanados de las evaluaciones 
realizadas a los programas y estrategias de prevención del suicidio a nivel internacio-
nal, así como las recomendaciones emitidas por la Organización Mundial de la Salud 
para la prevención del suicidio.
También se considera la importancia de la investigación evaluativa para la identi-
ficación de elementos para la prevención del suicidio, así como la fundamentación y 
enfoque metodológico para abordar el proceso de investigación-evaluativa utilizados 
aquí para conocer el trabajo que se realiza en las instituciones que brindan servicios de 
prevención y atención a los comportamientos suicidas en el estado de Jalisco3.
Programas de prevención del suicidio, una definición operativa
Programas de prevención es un concepto utilizado para denominar aquellas accio-
nes dedicadas a atender o desarrollar algún proceso de intervención en el riesgo o en 
el comportamiento suicida, en sus formas individualizada o social, desde su etapa 
preventiva, de detección, intervención, hasta la fase final o de evaluación del impacto. 
Éstos pueden especializarse o dedicarse a alguna de las fases mencionadas o de 
manera integral y, en su mayoría, se llevan a cabo desde una visión médico-asisten-
cial. Las instituciones encargadas de llevarlos a cabo son de distinta índole: guberna-
mentales, tanto internacionales como nacionales –en México en los tres niveles de 
gobierno-, particulares, de la sociedad civil y, las de las iglesias.
Los programas de prevención pueden estar incluidos en las acciones que desarro-
llan los hospitales o clínicas; los que, además, ofrecen otros servicios y entre los que 
se encuentran departamentos especializados o entes encargados de atender solicitu-
des específicas o, dar seguimiento a individuos o familias en situación de suicidio. 
Asimismo, pueden ser llevados a cabo en organizaciones que atienden sólo algunas 
partes del proceso de atención, tales como la intervención en crisis o, proyectos o 
acciones particulares de prevención o de promoción de la salud mental. 
Los programas de prevención del suicidio tienen objetivos, propósitos y misión de 
acuerdo a su fuente inspiradora, ya sea ésta normativa, ideológica o política. Sus 
procesos siguen procedimientos establecidos desde esa perspectiva, y muestran tam-
2 �Ŷ�Ğů�ĞƐƚĂĚŽ�ĚĞ�:ĂůŝƐĐŽ�ĞƐ�ŶĞĐĞƐĂƌŝŽ�ƌĞǀŝƐĂƌ�ĐŽŶ�ƵŶĂ�ŵŝƌĂĚĂ�ĐƌşƟĐĂ�ůŽƐ�ƉƌŽŐƌĂŵĂƐ�LJ�ĞƐƚƌĂƚĞŐŝĂƐ�
ĚĞ�ƉƌĞǀĞŶĐŝſŶ�ĚĞů�ƐƵŝĐŝĚŝŽ͕�ůŽƐ�ŵŽĚĞůŽƐ�ƚĞſƌŝĐŽƐ�ƋƵĞ�ůĞƐ�ƐƵďLJĂĐĞŶ�LJ�ƐƵƐ�ĨŽƌŵĂƐ�ĚĞ�ŝŶƚĞƌǀĞŶĐŝſŶ͕�
ĂƐş�ĐŽŵŽ�ĞǀĂůƵĂƌ�ƐƵƐ�ƉƌŽĐĞƐŽƐ�LJ�ƌĞƐƵůƚĂĚŽƐ�ĐŽŶ� ůĂ�ĮŶĂůŝĚĂĚ�ĚĞ�ƌĞƚƌŽĂůŝŵĞŶƚĂƌůŽƐ͕�ƐŽďƌĞ�ƚŽĚŽ�
ŵĞũŽƌĂƌůŽƐ�ƉĂƌĂ�ƉŽĚĞƌ�ƌĞĚƵĐŝƌ�ĞŶ�ůĂ�ŵĞĚŝĚĂ�ĚĞ�ůŽ�ƉŽƐŝďůĞ�ůĂ�ŝŶĐŝĚĞŶĐŝĂ�ĚĞ�ůŽƐ�ĐŽŵƉŽƌƚĂŵŝĞŶƚŽƐ�
suicidas.
3 WƌŽLJĞĐƚŽ�ĚĞ�ŝŶǀĞƐƟŐĂĐŝſŶ�ĮŶĂŶĐŝĂĚŽ�ƉŽƌ�ĨŽŶĚŽ�ŵŝdžƚŽ��KE��zdͲ��K��zd:�>͘
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
PREVENCIÓN Y ATENCIÓN A LOS COMPORTAMIENTOS SUICIDAS
31 bién características particulares de infraestructura y capacidad profesional de los en-
cargados o de quienes ofrecen el apoyo en estos organismos entre los que destacan: 
médicos, psicólogos, psiquiatras, voluntarios o donantes de servicios de otras profe-
siones. 
Este trabajo también pretende resaltar la importancia que tiene para los progra-
mas de prevención del suicidio comprender los comportamientos suicidas desde la 
perspectiva social para enriquecer los enfoques de prevención y atención de las per-
sonas en situación de suicidio, que de manera predominante emplean un paradigma 
médico-asistencial, con la intención de proporcionar elementos que favorezcan estos 
programas.
Estrategias recomendadas para la prevención 
del suicidio a nivel nacional 
Ante la evidencia científica recabada por la Organización Mundial de la Salud y otros 
investigadores en el tema de las conductas suicidas, se ha propuesto una serie de linea-
mientos para la implementación de programas nacionales en múltiples niveles para la 
prevención y la atención de las personas con comportamiento suicida. Para la pre-
vención del suicidio, a la población en general se recomienda estrategias como la 
restricción de acceso a medios para el suicidio, implementar políticas para reducir el 
abuso de alcohol, apoyar y fomentar los reportes responsables de los casos de suici-
dio en los medios de comunicación (WHO, 2008; WHO, 2010; WHO, 2012). 
Entre las estrategias de prevención a población en riesgo se recomiendan: entrena-
miento, supervisión y evaluación a vigilantes en entornos no médicos; los centros de 
intervención en crisis deben colaborar con los servicios de salud como un punto de en-
trada para aquellos que necesitan apoyo médico; fomentar la creación de redes de pro-
fesionales para compartir aprendizajes en el tema; promover la búsqueda de apoyo y 
proveer asistencia adecuada en tiempo y forma a las personas necesitadas; asimismo, es 
conveniente la vinculación con redes de apoyo social ya existentes para poder llegar a 
personas en condición de vulnerabilidad; ofrecer servicios de posvención a los dolientes 
por suicidio (WHO, 2012). Además de éstos, otros grupos vulnerables reconocidos son 
la comunidad lésbico-gay-bisexual-transexual y transgénero, jóvenes, indígenas y pobla-
ción carcelaria (WHO, 2013).
En cuanto a las estrategias de prevención a nivel individual se recomiendan: iden-
tificación y tratamiento de trastornos mentales; enfatizar la necesidad de proveer un 
servicio desalud mental integral desde el primer nivel de atención en salud; poner 
atención a la falta de servicios de salud mental; señalar la necesidad de educar con 
regularidad a los profesionales de la salud en la prevención del suicidio en la identi-
ficación, manejo, apoyo y referencia de las personas en riesgo (WHO, 2012).
En este sentido, es recomendable que cualquier persona mayor de 10 años que 
experimente: conductas autolesivas, depresión, abuso de alcohol o drogas, trastorno 
bipolar, psicosis, epilepsia, trastornos del desarrollo y del comportamiento en niños 
y adolescencia, demencia moderada o quejas emocionales o médicas inexplicables, 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
32 dolor crónico o estrés emocional agudo, sea evaluada sobre la presencia de pensa-
mientos o planes suicidas en el último mes y acerca de actos autolesivos en el último 
año (WHO, 2012).
Estrategias recomendadas internacionalmente para la atención del suicidio
Para la atención a las personas en riesgo inminente o que han intentado suicidarse 
se ha recomendado iniciar con una evaluación de: antecedentes de conductas para-
suicidas o de riesgo a su salud; riesgo inminente de actos suicidas; antecedentes de 
pensamientos, planes o actos suicidas o autolesivos; desesperanza, agitación, con-
ducta violenta, falta de comunicación con el entorno y aislamiento; la prioridad en 
atención en salud mental, neurológica, toxicológica, dolor crónico o estrés emocional 
grave (WHO, 2010; WHO, 2012); preguntar de manera abierta las razones para in-
tentar el suicidio (WHO, 2010). Previo a la evaluación se recomienda tratar de esta-
blecer una relación empática con la persona (WHO 2010). Además, de observar po-
sibles signos de intoxicación, sangrado, pérdida de conciencia, somnolencia o sopor 
anormal. Ante cualquiera de estos signos se debe preguntar de manera directa si la 
persona ha hecho algo para terminar con su vida (WHO, 2010).
Se considera que el riesgo es inminente cuando: hay planes para cometer el suici-
dio, actos suicidas en los últimos treinta días, agitación, violencia o falta de comuni-
cación. Ante ello se deben quitar de su alcance medios para lesionarse, crear un en-
torno de apoyo, separarlo del resto de personas y alojarlo en un espacio silencioso; no 
dejar a la persona sola, supervisar y asignar a un familiar o profesional de salud para 
cuidarle; atender los síntomas psiquiátricos y de estrés emocional; ofrecerle apoyo 
psicosocial mediante primeros auxilios psicológicos o intervención en crisis y con-
sulta con un especialista en salud mental (WHO, 2010). La hospitalización en entor-
nos no adecuados para la atención a la salud mental no es recomendable (WHO, 
2010). Si requiere la prescripción de fármacos se recomienda usar aquellos menos 
dañinas en caso de sobredosis y sólo dar prescripciones por corto tiempo, como una 
semana (WHO, 2010).
Cuando la persona reconoce que ha intentado suicidarse y requiere hospitaliza-
ción para atender sus lesiones se recomienda: colocarla en un lugar seguro; no dejar-
la sola; remover los medios para el suicidio del entorno inmediato y mediato; elimi-
nar del entorno posibles estresores; orientar y asignar a un cuidador especial; ofrecer 
apoyo psicosocial mediante primeros auxilios psicológicos o intervención en crisis; 
mantener contacto regular y seguimiento; realizar una evaluación por un especialis-
ta en salud mental (WHO 2010; WHO, 2012). La intervención breve ha mostrado su 
efectividad en reducir la mortalidad suicida entre individuos con intento suicida y es 
adecuado para instancias con poca capacidad humana y económica (WHO, 2012; 
Fleischmann et al., 2008). Se recomienda orientar a los familiares en la restricción 
de acceso a medios para el suicidio en el hogar o el trabajo, la reducción de estresores 
y elementos ansiógenos en el entorno inmediato, evitar la crítica y la hostilidad hacia 
la persona (WHO, 2010). 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
PREVENCIÓN Y ATENCIÓN A LOS COMPORTAMIENTOS SUICIDAS
33 El seguimiento de la persona con riesgo suicida es recomendado. Se sugiere: man-
tener contacto regular de manera personal, por teléfono o por correo electrónico; este 
contacto debe ser frecuente al principio y disminuir con base en la mejoría de los 
síntomas. De manera eventual es necesario mantener un contacto intenso y duradero 
en razón de que persista la conducta suicida; en cada contacto se debe preguntar so-
bre pensamientos e ideas suicidas, alteraciones emocionales o conductuales impor-
tantes y en general, acerca de la sensación de bienestar emocional del individuo 
(WHO, 2010). 
La atención psicológica o los tratamientos recomendados para las personas con 
conductas suicidas son diversos y debe tenerse especial énfasis en el posible trastorno 
mental de fondo (WHO, 2010; Mann et al., 2005). En particular se recomienda la te-
rapia cognitivo-conductual (TCC) (WHO, 2010; Mann et al., 2005; Beautrais et al., 
2007) y la psicoterapia interpersonal (WHO, 2010). 
La atención psicológica se recomienda según el trastorno mental. Para personas 
con trastornos afectivos se sugiere: activación comportamental, TCC, psicoterapia in-
terpersonal, terapia basada en la solución de problemas y entrenamiento en técnicas 
de relajación. Para personas con trastorno psicótico se sugiere la TCC, terapia familiar 
o enfocada a las habilidades sociales. Con personas con quejas emocionales o médicas 
no específicas se recomienda la activación comportamental, terapia basada en la solu-
ción de problemas, entrenamiento en técnicas de relajación. Con personas con tras-
torno adictivo se sugiere TCC, terapia basada en el manejo de contingencias, terapia 
familiar, de facilitación emocional (Motivational Enhancement Therapy) o terapéutica 
basada en la solución de problemas (WHO, 2010). Para personas con trastorno límite 
de la personalidad y trastornos de la conducta alimentaria es útil la terapia dialéctica 
comportamental y la que se basa en la solución de problemas (Mann et al., 2005). 
Para fortalecer un programa de prevención del suicidio resulta conveniente elabo-
rar un registro y un procedimiento claros para reportar suicidios e intentos de suicidio 
con información sobre los medios usados, las características sociodemográficas y clí-
nicas de las personas (WHO, 2012; WHO, 2013). La inclusión de preguntas sobre 
comportamiento suicida en encuestas nacionales de salud y salud mental es una opción 
para conocer la magnitud del problema (WHO, 2012).
También se recomienda un proceso de evaluación de los programas, para conocer 
su efectividad y costo-beneficio; para ello es necesario contar con indicadores medi-
bles de cualquier fase de realización del programa y del resultado final. 
Algunos indicadores son: localización y facilidad de acceso a los servicios de pre-
vención y atención del suicidio, evaluación de la aceptabilidad de la estrategia, partici-
pación de la comunidad en las actividades de prevención, cambios en las actitudes y 
el estigma social al suicidio, evaluación de las tasas de intentos de suicidio, de realiza-
ción de éste y de muerte violenta (Arensman et al., 2010; WHO, 2012).
Otra estrategia para fortalecer la realización de un programa de prevención del 
suicidio en múltiples niveles es contar con la supervisión de un grupo de expertos 
durante todo el proceso. También, las personas participantes en el programa deben 
interesarse por objetivos o en grupos sociales específicos para que el programa fun-
cione mejor (Harris et al., 2013). 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTOTRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
34 Políticas y estrategias de prevención y atención 
del suicidio a nivel nacional
El incremento en las tasas de suicidio en los últimos 25 años, como se señaló al inicio 
de este trabajo, indica la importancia de establecer acciones para prevenir el suicidio en 
México. 
A nivel nacional, los principales esfuerzos encaminados a resolver el problema 
del suicidio se han realizado a través de instancias gubernamentales del sector salud, 
las universidades y las instituciones asistenciales. Además, de la intervención por 
parte de la iglesia católica, con sus programas de pastoral de la salud. Cada una de 
estas instancias, intentan entender el fenómeno del suicidio desde su propio mode-
lo, por lo que se han generado estrategias distintas.
Para iniciar, se tiene el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 que en su apartado 
de Salud, menciona que “Una de las principales causas de defunción por grupo de 
edad en México en el 2011 entre los 12 y 19 años fue por lesiones autoinfligidas de ma-
nera intencional (suicidio) 8.6%” (PND, 2013-2018). 
Este mismo Plan, en las estrategias para disminuir las muertes por lesiones, en 
su número 3.5.3 sólo refiere una estrategia, la cual se describe de la siguiente mane-
ra: “mejorando el marco jurídico para la prevención de suicidios y homicidios con 
base en evidencia científica” (PND, 2013-2018). 
En los foros de consulta celebrados el 4 de abril del 2013, una de las principales 
propuestas de los presidentes municipales fue…“implementar programas de preven-
ción de suicidios, autolesiones y depresión infantil” (PND, 2013-2018).
El Programa Sectorial de Salud 2013-2018 señala dos estrategias relacionadas con 
la prevención y atención a las conductas suicidas. La primera consiste en fortalecer 
acciones de prevención y control para adoptar conductas saludables en la población 
adolescente. En ella, se propone una línea acción: “Promover la detección y atención 
oportuna de trastornos mentales y el riesgo suicida en adolescentes” (Programa Sec-
torial de Salud, 2014). Sin embargo, en sus indicadores para evaluar sus resultados 
no se incluye la tasa de suicidios o intentos de éstos en esta población.
La segunda estrategia es contribuir a disminuir las muertes por lesiones de causa 
externa. En ella se proponen dos líneas de acción relacionadas con las conductas 
suicidas: a) “Contribuir a mejorar el marco jurídico para la prevención de suicidios y 
homicidios con base en evidencia científica” en concordancia con el Plan Nacional de 
Desarrollo; y b) “Fortalecer los mecanismos de colaboración multisectorial para la 
prevención de lesiones de causa externa intencionales y no intencionales” (Programa 
Sectorial de Salud, 2014). Tampoco se incluyó la tasa de suicidios como indicador de 
eficacia y eficiencia para la estrategia. Checar si se deja este año o 2013-2018.
El Programa Sectorial de Educación 2013-2018 no menciona en sus objetivos o en 
sus acciones la prevención del suicidio .A nivel nacional, a partir de 2004, la Secre-
taría de Salud creó el Consejo Nacional de Salud Mental (CONSAME) para impulsar 
la atención en salud mental y favorecerla a lo largo de la vida de los individuos, así 
como para coordinar los servicios de salud mental en todo el país. Se ha desarrollado 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
PREVENCIÓN Y ATENCIÓN A LOS COMPORTAMIENTOS SUICIDAS
35 un modelo comunitario de atención a la salud mental. Sin embargo, sobre la preven-
ción del suicidio no se ha generado algún programa específico. 
Las principales instituciones a nivel nacional que atienden este fenómeno son: el 
Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la Secretaría de Salud, el Instituto de 
Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y la Comi-
sión Nacional de los Derechos Humanos. 
El IMSS le ha otorgado importancia al suicidio en el diagnóstico y tratamiento de 
la depresión 
En todo paciente deprimido se deberá investigar riesgo suicida haciendo énfasis 
en aquellos que manifiestan los siguientes síntomas y factores de riesgo: ideas de 
muerte, pérdida del sentido de la vida, desesperanza, intentos previos, vivir solo, 
historia familiar de suicidio, historia familiar y personal de abuso de sustancias entre 
otras. Se considera como urgencia psiquiátrica: ideación suicida persistente. Inten-
tos de suicidio previos y con ideas de muerte o suicidas actuales. (Castellanos, 2014).
En el IMSS y el ISSSTE se atiende a las personas con ideación suicida después de 
una detección de riesgo en las clínicas familiares, las cuales son derivadas a una clí-
nica de segundo nivel. Después de una valoración, éstas pueden ser enviadas a un 
hospital de tercer nivel para atención psiquiátrica o ser atendidas en el segundo nivel 
de atención por un médico psiquiatra.
La atención en el segundo nivel consiste en tratamiento psiquiátrico con fármacos 
junto con manejo psicológico: manejo en crisis y psicoeducación (consciencia de la 
enfermedad, tratamiento y el seguimiento que debe tener). Una vez que el riesgo ha 
disminuido, se da el seguimiento por consulta, sea psiquiátrica o a través de fárma-
cos o en terapia cognitivo-conductual, de manera reciente se ha puesto en práctica el 
modelo sistémico. Se invita a la familia a participar en grupos psicoeducativos sobre 
el padecimiento de su paciente. 
Existen organismos de la sociedad civil que atienden el problema del suicidio, tal 
es el caso de Salvemos una vida A.C.. en Mérida Yucatán, donde se realizan acciones 
de prevención mediante cursos, pláticas, programas de radio y artículos en la prensa, 
así como el Centro de Salud Integral de los Altos A.C. ubicado en Tepatitlán, Jalisco 
que brinda atención integral a la familia y al individuo con riesgo o intento suicida.
Otras organizaciones no gubernamentales con influencia y reconocimiento por 
su aportación y profesionalismo de atención al suicidio con los lineamientos de 
OMS/PNUD, son: CODEPSIQUE-CICE, Sociedad PSIQUE, Federación Nacional de 
Colegios, Sociedades y Asociaciones de Psicólogos de México, A. C. y la Unión Lati-
noamericana de Entidades de Psicología. 
En el estado de Jalisco en particular, el fenómeno suicida presenta dimensiones 
propias que le confieren características como un fenómeno complejo diferenciado 
por género, grupo etario y clase social, cuya magnitud, trascendencia y vulnerabili-
dad es difícil de cuantificar dadas las implicaciones jurídicas, éticas, técnicas y socia-
les de su diagnóstico. 
Desde el punto de vista de la mortalidad, Jalisco se ubica en el segundo lugar na-
cional por número de muertes, precedido sólo por el Estado de México. Al considerar 
estas tasas, dicho estado se encuentra por encima de la media nacional y en específi-
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
36 co el suicidio representa la tercera causa de muerte entre la población adolescente de 
la entidad. 
El Instituto Jalisciense de Salud Mental cuenta con una red estatal para la preven-
ción del suicidio, la cual tiene presencia en las trece regiones sanitarias de la entidad, 
a través de los módulos de salud mental que operan en estas regiones sanitarias. De 
igual manera, se encuentra en algunas regiones sanitarias como los Centros Integra-
les de Salud Mental (CISAME), operados por los municipios.
Además, el Instituto Jalisciense de Salud Mental ofrece servicio deintervención 
en crisis vía telefónica las 24 horas, los 365 días del año, con especialistas capacitados 
que escuchan y orientan, y sobre todo, informan dónde pueden ser atendidas las 
personas con riesgo suicida. 
De manera particular, en la ciudad de Tepatitlán opera una clínica de salud mental 
(Salud Integral de los Altos A.C.) en la que se ha dado un espacio privilegiado a la 
atención interdisciplinar a las personas con ideación o intento suicida, también se ha 
atendido a más de sesenta familias que han perdido a un ser querido por suicidio, 
mediante terapia familiar, talleres de tanatología. Aunado a esto ha organizado foros 
y mesas de trabajo.
El 22 de agosto de 2013, el diputado Elías Octavio Iñiguez Mejía, presentó una 
iniciativa de ley mediante la cual propone la creación de la Ley de Salud Mental para 
el Estado de Jalisco; en uno de sus incisos señala que el suicidio es un problema 
creciente en Jalisco (Dictamen de Decreto Ley de Salud Mental para el Estado de Ja-
lisco, 2013).
Sobre el suicidio considera en su artículo 15 fracción XIII que el instituto de salud 
mental debe instrumentar acciones de comunicación social para proporcionar infor-
mación enfocada a la detección, atención y prevención de algún tipo de trastorno 
mental que induzca al suicidio.
Los datos previos permiten señalar que en Jalisco existen instituciones públicas y 
privadas que implementan estrategias para la prevención y la atención de las conduc-
tas suicidas. Sin embargo, no se dispone de información sobre su efectividad en la 
reducción de éstas entre los usuarios que atienden. Así, surge la pregunta, ¿cómo 
sería posible evaluar los programas y las estrategias de prevención del suicidio?
Investigación evaluativa de los programas y las estrategias 
de prevención y atención del suicidio
Para entender y solucionar un problema es necesario contar con información objeti-
va y confiable, así como con procesos de investigación o de evaluación que den cuen-
ta de las múltiples interpretaciones que desde el análisis de la realidad se pueden 
hacer del problema. Así, el uso y la aplicación de instrumentos, herramientas y téc-
nicas de evaluación han ayudado a conocer y entender el fenómeno del suicidio de 
una manera más especializada y objetiva desde los paradigmas cuantitativos y posi-
tivistas. 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
PREVENCIÓN Y ATENCIÓN A LOS COMPORTAMIENTOS SUICIDAS
37 En otras naciones donde el problema del suicidio alcanza las estadísticas más altas 
del mundo, -tales como algunos países europeos, sobre todo del Este, y algunos países 
asiáticos localizados más al oriente-, la investigación y la evaluación se han perfeccio-
nado como instrumentos de valoración, comparación y explicación de esta problemá-
tica, lo cual provoca que mejoren sus propios procesos de acercamiento a la realidad 
y los procedimientos de atención, pero sobre todo de prevención; además, se ha pro-
fesionalizado su estudio y el análisis de las causas e impacto de este fenómeno, pero 
de manera especial las formas de abordar el complicado objeto de análisis.
De esta manera, los programas de prevención del suicidio en otras latitudes por lo 
regular son sometidos a escrutinio de acuerdo a recomendaciones emanadas por 
organismos mundiales de la salud (OMS, 2000, 2003, 2009; Beautrais et al., 2005) 
y con base en sus propios resultados como ya se mencionó. Sin duda, tener protoco-
lizados o reglamentados los procesos para la prevención del suicidio a personas, fa-
milias, empresas y escuelas ha generado nuevas formas de relación y seguimiento de 
las situaciones de suicidio.
La evaluación ayuda a comparar el ideal con el funcionamiento real. Ésta opera con 
criterios cuantitativos y cualitativos que generan información para la definición de es-
tándares de calidad de las acciones realizadas para la prevención y la atención del sui-
cidio, los cuales se construyen por la experiencia en la operación y su comparación con 
las de otros países, de tal manera que la evolución histórica de los programas y las es-
trategias para la prevención y la atención a este tipo de problemática, desde diferentes 
enfoques teórico-metodológicos, permite mejorar de manera integral todos los proce-
sos implicados en la prevención del suicidio. 
En cambioLas fuentes de información con que se cuenta para estudiar el fenóme-
no del suicidio en México son, básicamente, los registros de estadísticas vitales en los 
que se recogen las defunciones que ocurren en las entidades federativas que confor-
man el país y que son recopiladas por (las oficinas) del registro civil. Aunque en el 
pasado los datos que recopilaban no eran del todo confiables, con el tiempo indiscu-
tiblemente su calidad se ha elevado y cada vez captan mejor las diferentes causas de 
muerte, incluyendo dentro de éstas el suicidio (Hernández & Flores, 2011, p. 72). 
Sin embargo, en el país no existe un organismo evaluador o investigador, que dé 
seguimiento de manera sistemática a los planes, los programas, las estrategias o las 
acciones para la prevención y la atención al suicidio. 
Por ello, es importante generar una propuesta de acercamiento a este fenómeno 
desde la perspectiva social de atención, en la cual la investigación se oriente al diag-
nóstico evaluativo, mediante técnicas y herramientas de valoración y explicación de 
lo que sucede en los diferentes procesos de la prevención y de la atención de esta 
problemática. 
Evaluar, en un sentido estricto, significa comparar una situación actual con un 
modelo ideal; sin embargo a la luz del enfoque de la investigación evaluativa el pro-
pósito se amplía y enfoca su atención en la obtención de elementos que permitan 
describir, explicar y proponer alternativas. 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
38 La descripción de una situación, hace posible explicar su origen, causas, relacio-
nes y contexto. La información que resulte proporcionará información que justifique 
la toma de decisiones. (Escudero, 2003).
Hurtado (2000) menciona que la investigación evaluativa requiere de la existen-
cia de un programa en operación y la valoración de la efectividad de sus resultados; 
la investigación evaluativa trabaja con relaciones explicativas y causales, parte de un 
diagnóstico y después se valora.
De manera general se puede señalar que la evaluación es una herramienta que, a 
través de la definición de criterios y la aplicación de diversas técnicas, mide, analiza 
y valora proyectos, procesos y sus resultados; de igual manera, permite generar cono-
cimiento e información para la toma de decisiones, la mejora y el cumplimiento de 
los objetivos propuestos. (Perea, s/f)
La investigación evaluativa se sustenta y gesta su objeto de estudio, desde la nece-
sidad misma de su aplicabilidad en la resolución del problema a atender, para este 
caso en la prevención y la atención a los comportamientos suicidas. La investigación 
es investigación-evaluación-intervención y tiene sus raíces en las concepciones de los 
campos de la educación, psicología social, medicina social y estudio de las organiza-
ciones (Savall & Zardet, 1996), así como de la investigación-acción de la sociología de 
la comunidad.
La investigación así entendida, se ubica en la perspectiva de transformación del 
objeto de estudio. Uno de sus principios fundamentales es la interacción entre inves-
tigadores y profesionales de la salud, o entre lo investigado y la resolución o el acer-
camiento a la solución del problema.
En esta forma de hacer investigación evaluativa se considera la necesidadde dia-
logar con el paradigma médico-asistencial prevaleciente, los organismos guberna-
mentales ejecutores de los programas, las estrategias y las acciones que se aplican 
para la prevención del suicidio desde diferentes disciplinas, pero que se resume so-
bre todo en las ciencias de la salud. Este paradigma tiene como finalidad preservar la 
vida, al evitar o disminuir el potencial daño físico a sí mismo o a otras personas, para 
ello se ayuda al paciente a desarrollar una respuesta constructiva ante la crisis. 
El objeto de estudio de la investigación evaluativa que aquí interesa señalar se 
encuentra en aquellas acciones o estrategias que reducen o previenen situaciones de 
riesgo del suicidio ya sea a nivel social o personal, mediante la intervención en pro-
blemas concretos, o mediante la promoción de una mayor calidad de vida. 
La atención o la intervención a la situación del suicidio se han clasificado desde 
diferentes puntos de vista; en este trabajo se busca resaltar la perspectiva de atención 
colectiva e individual.
La intervención colectiva se basa en la atención a distintos grupos de la población 
mediante diferentes estrategias. Las que van encaminadas a adolescentes se realizan 
de manera primoridal a través del sistema educativo. Otras que se relacionan con el 
comportamiento autolesivo tienen como objeto el control del acceso a las armas de 
fuego, a sustancias venenosas y a medicamentos. También se recomienda la limita-
ción y responsabilidad de la información que al respecto se difunde en los medios de 
comunicación. La intervención en el ámbito individual intenta detectar los factores 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
PREVENCIÓN Y ATENCIÓN A LOS COMPORTAMIENTOS SUICIDAS
39 de riesgo que están asociados a conductas suicidas. En esta labor están implicados 
los psicólogos, los maestros, los trabajadores sociales, etc. (Prevención del suicidio. Un 
tema para discutir, 2009).
En el proceso de atención no se puede dejar de mencionar la relación estrecha con 
el proceso de promoción de la salud y la prevención de riesgos a la conducta suicida, 
ya que éste se encuentra en la búsqueda de sensibilización en la población en general 
sobre el problema de suicidio; y de concientización y educación para la vida en los 
posibles suicidas . 
Por su parte, la prevención se entiende en este trabajo como un proceso donde la 
atención o intervención se retroalimentan. Por otro lado, la prevención permite co-
municar los resultados de la investigación en formas más divulgativas y digeribles, 
mediante mensajes, información y conocimientos procesados y operacionalizados 
en técnicas y métodos de concientización social.
Los resultados que generará la investigación evaluativa, permitirán obtener infor-
mación necesaria para enfocar campañas, datos, mensajes, tipos de públicos y mejo-
rar la prevención; al igual que detectar modelos de atención, servicios y característi-
cas de los profesionales de la salud que intervienen en el proceso de detección y 
atención de la ideación y riesgo suicida. 
Así, el tema de la prevención del suicidio forma parte de la atención por lo que se 
debe tener en cuenta que al prevenir se aminoran los costos que producen las inter-
venciones y la atención en todos los sentidos. 
Debido a que la prevención va más allá del acto suicida, de manera primordial su 
objetivo debe fijarse en la atención de las diversas manifestaciones del comporta-
miento suicida. Los tipos de intervención deben ser planificados según las necesida-
des locales detectadas, mediante una valoración específica. La interinstitucionalidad 
facilita la ejecución de las actividades preventivas y la evaluación continua de su im-
pacto (Chávez, Medina & Macías, 2008).
Modelo de investigación evaluativa para los programas 
de prevención y atención del suicidio
Se busca desarrollar una investigación evaluativa que permitirá identificar y descri-
bir una problemática social existente alrededor de los programas con los que se 
afronta las conductas suicidas, con la intención de generar conocimiento sobre el 
particular y proponer alternativas y mejoras a los programas de prevención y aten-
ción al suicidio en el estado de Jalisco.
Por un lado, hacer investigación evaluativa de los programas de prevención del 
suicidio implica reconocer al suicidio como un problema social. Durkheim le otorgó 
a la problemática del suicidio explicaciones e interpretaciones con base en los ele-
mentos contextuales y sociales que lo enmarcan. Esto implica que el suicidio rebasa 
los significados individuales hacia los de interacción y carácter social.
Los estudios desde la perspectiva de las ciencias sociales han incorporado varia-
bles de análisis donde los marcos valorales y los modelos de vida que tienen las per-
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
40 sonas suicidas entran en contradicción con la realidad (Jiménez & González, 2003). 
Sus premisas de vida se ven rebasadas por las propuestas que propone el proyecto 
neoliberal, capitalista y globalizador que ha sido precursor de la lucha individualiza-
da del hombre por la supremacía económica. En la doctrina neoliberal se le concede 
un valor económico a los sujetos, su esencia carece de identidad y tiene como fin 
último la competitividad. De forma que los comportamientos suicidas están signa-
dos por la globalización y pueden ser el resultado de la desesperanza y angustia que 
siente el individuo ante su contexto.
El suicidio es un asunto del Estado, de los programas de prevención pero también 
de las familias, grupos sociales, instituciones, iglesias, y de la sociedad en general; ya 
que, entre otros factores de su explicación, se encuentra una forma de valorar la cali-
dad de vida, la felicidad y el crecimiento de las personas. 
Las formas de prevenir y atender a quienes presentan comportamientos suicidas 
deberán ser vistas desde una perspectiva más integral, aun cuando la psicología y la 
psiquiatría han monopolizado las formas de responder, con un dejo patrimonialista 
(Espinoza, 2007). Se deberán abrir las puertas a discusiones interdisciplinares y 
puestas en común más estrechas para abordar este problema social actual.
Para su prevención es central entender cuáles son las causas sociales, los significa-
dos de vida y muerte, las emociones envueltas en la decisión de acabar con la propia 
vida, entender las situaciones socioeconómicas y cómo éstas impactan; por qué el sui-
cidio se presenta de manera diferente por género, grupo etario y estrato social e identi-
ficar las situaciones de crisis económica como un factor detonante; en fin, identificar 
cuáles son los significados y valores construidos por la sociedad que responden ante 
una situación de suicidio. Es momento de incorporar visiones encontradas y conflic-
tuadas para llegar al fondo de lo que ocurre entre la concepción de vida y muerte que 
puedan tener estos seres humanos, que deciden por su propia mano dejar de convi-
vir con sus semejantes. 
Por otro lado, en la investigación evaluativa de los programas de prevención del 
suicidio se parte del hecho que la prevención y la atención del suicidio se otorga des-
de una entidad denominada Programas de prevención, los cuales conjuntan diversos 
elementos: personal, infraestructura, normatividad, programas y protocolos de aten-
ción; la identificación de sus finalidades y su operación permitirán conocer sus sin-
gularidades, pero también permitirán establecer las generalidades sobre las formas 
en que se desarrolla en la prevención y atención al suicidio.
El proceso de evaluacióninvestigativa se aplicará, entonces, en los programas, estra-
tegias o acciones de prevención y de atención existentes en el estado de Jalisco, donde 
se consideren aquellos en los que se detecta una operación regular y permanente.
Por lo anterior, la investigación evaluativa que se pretende realizar tendrá por ob-
jetivo identificar y describir los elementos que intervienen alrededor del proceso de 
atención a la persona suicida, los resultados obtenidos, los programas de prevención 
del suicidio establecidos para conocer los programas de prevención del suicidio exis-
tentes en el estado de Jalisco, valorar sus resultados y proporcionar información para 
la mejora de los programas de prevención y atención, así como la definición de polí-
ticas públicas (figura 2-1).
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
PREVENCIÓN Y ATENCIÓN A LOS COMPORTAMIENTOS SUICIDAS
41 
A partir de la premisa de un proceso ideal, se consideran tres elementos que sur-
gen de la detección de una situación de suicidio en una persona: a) la promoción y la 
prevención del suicidio, b) la detección y la atención de la persona con riesgo suicida 
y, c) los resultados de la implementación del programa. 
Se considera también como un elemento transversal que permite identificar el 
enfoque del problema, a la concepción antropológica (concepción del ser humano, 
de la vida y de la muerte), como el sustento filosófico que, en ocasiones no de mane-
ra explícita, orienta el trabajo operativo de prevención y atención al suicidio, y cuya 
influencia llega hasta las políticas públicas e influye en los programas internaciona-
les y nacionales de atención al suicidio. 
En este modelo destacan los tres agentes sobre los que se considera impactan, de 
manera particular y definitiva, las situaciones de suicidio: el individuo suicida o con 
deseos suicidas, su familia (entre la que se incluye a los más allegados como parejas 
sentimentales y amigos) y la comunidad en general.
Cada uno de los elementos del programa será estudiado a partir de la definición 
de variables e indicadores específicos que permitan observar, comprobar y obtener 
evidencias de su existencia o su manifestación.
FIGURA 2-1. MODELO DE ATENCIÓN.
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
42 En el caso de la promoción de la salud mental, se verificará si el programa estudia-
do establece acciones de comunicación hacia el exterior e identifica el tipo de mensa-
je, los medios de comunicación utilizados y a qué público se dirige.
Para obtener información sobre el elemento denominado detección y atención, el 
cual es la parte medular, se establecieron un mayor número de variables e indicado-
res, entre ellos se considerará: la solicitud de ayuda, de quién proviene, cómo se 
realiza y quién la proporciona, identifica aquí el personal con el qué cuenta el centro 
para responder ante una situación de intento de suicidio.
Otra variable medular es la que se refiere a la atención de manera particular, es 
decir a la intervención o estrategias utilizadas para prestar el apoyo ante una situa-
ción de riesgo o de intento suicida. De igual manera se determinará el tipo o nivel de 
atención prestado mediante el programa.
En cada uno se señalará el tipo de financiamiento, su infraestructura, la regla-
mentación que se observa y la existencia de protocolos para su funcionamiento. 
Para el elemento Resultados, se buscará identificar la existencia de registros, se-
guimientos y resultado final de la intervención, así como de estudios publicados o 
reportes internos que den cuenta de la labor del programa y su impacto en la comu-
nidad.
Es necesario también señalar la importancia de reconocer la concepción antropo-
lógica del suicidio en los programas, por eso, será necesario solicitar a los entrevista-
dos que describan el problema, su origen y su posible solución.
Dadas las características de la investigación evaluativa se requiere escuchar a los 
principales actores de este proceso, entre los que se consideran: los administradores 
de los programas y profesionales de la salud que atienden o detectan los riesgos e 
intentos suicidas; este grupo manifestará lo relativo a la operación del programa y las 
estrategias que se aplican. El otro grupo importante está conformado por las perso-
nas con conductas suicidas usuarias de los programas.
Se utilizarán diversas técnicas de recopilación de información, entre las que resal-
tan la entrevista y el acopio documental.
Reflexiones finales
El suicidio es un problema cuya magnitud aún se ignora y un fenómeno que requie-
re de un gran esfuerzo para ser explicado. Las cifras, estimadas en años de vida 
perdidos por los suicidios consumados, si bien son bastante bajas en relación a 
otros problemas de salud, como los accidentes y los actos violentos, sus costos indi-
rectos por intentos fallidos, alteración de la funcionalidad familiar y productiva, no 
se han estimado de manera cabal, pero se considera que son altos ya que la mayoría 
de los implicados han considerado la posibilidad del suicidio como una salida a su 
problemática. 
Es necesario generar explicaciones desde acercamientos interdisciplinares de la 
forma en que el fenómeno ha sido atendido por diversas instituciones de salud. 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
PREVENCIÓN Y ATENCIÓN A LOS COMPORTAMIENTOS SUICIDAS
43 Resulta desafortunado que la promoción de la investigación se enfoque al hecho 
consumado y no al fenómeno suicida como un proceso sociocultural, que traspasa 
estratos y grupos sociales. 
Por otra parte, la visión con que se ha enfocado el problema, casi en la mayoría de 
los casos, ha sido revisado desde acercamientos unidisciplinares y con el enfoque del 
paradigma biológico-clínico, lo cual ha hecho que el conocimiento y la tecnología 
generados para explicar y resolver el problema, tengan escasa implicación social, aún 
dentro de la masa crítica de investigadores.
Así, buscar formas de evaluar y explicar los programas de prevención del suicidio, 
quiere responder a la necesidad de aprender de lo caminado en la resolución de este 
problema de salud y acercarse al conocimiento de los elementos socioculturales que 
configuran factores y condiciones de riesgo y de protección al fenómeno suicida en 
la población del estado de Jalisco; por lo que se requiere un acercamiento a la com-
prensión del funcionamiento de los programas de prevención del suicidio en la enti-
dad con el objetivo de identificar no sólo los factores causales, sino también sus im-
plicaciones, aciertos, debilidades, áreas de oportunidad y entenderlos en la medida 
de lo posible, desde los diferentes enfoques que se han utilizado para atender y gene-
rar políticas de prevención e intervención del suicidio en esta región.
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
44 Referencias 
Asociación Psiquiátrica de América Latina (2009). Prevención del suicidio. Un tema para 
discutir. Recuperado de: http://www.apalweb.org/docs/foro1.pdf 
Beautrais, A., Collings, S., Ehrhardt, P., et al. (2005) Suicide Prevention: A review of evidence 
of risk and protective factors, and points of effective intervention. Wellington: Ministry of 
Health.
Castellanos, H. D. Coordinador del Área de Psiquiatría delHospital Psiquiátrico San Juan 
de Dios en Guadalajara, Jalisco. Entrevista personal realizada el 7 de abril de 2014 
Chavéz, A. M., Medina, M. C., Macías, L. F. (2008). “Modelo psicoeducativo para la pre-
vención del suicidio en jóvenes”, Recuperado de: http://www.inprf-cd.org.mx/pdf/
sm3103/sm3103197.pdf
Colegio Oficial de Psicólogos (1999). Psicología de la intervención social. Recuperado de: 
http://www.cop.es/perfiles/contenido/is.htm
Dictamen de Decreto que expide la Ley de salud mental para el estado de Jalisco (2013) 
Recuperado de: http://www.pdfhost.net/index.php?Action=Download&File=ec888aff6
1f9c74fa121671a06a53dd3 
Durkheim, E. (1897/1951) (Edición 2004), El Suicidio. México: Grupo editorial Tomo
Escudero-Escorza, T. (2003). Desde los tests hasta la investigación evaluativa actual. Un 
siglo, el XX, de intenso desarrollo de la evaluación en educación. RELIEVE, v. 9, n. 1, p. 
11 – 43. Recuperado de http://www.uv.es/RELIEVE/v9n1/RELIEVEv9n1_1.htm
Espinoza, Y. A. (2007). Notas sobre los indicadores de desarrollo humano y de suicidio: La 
lucha por las clasificaciones. El cotidiano, mayo-junio, año/vol. 22, núm. 143, pp. 26-34. 
D. F. México: Universidad Autónoma Metropolitana, Azcapotzalco, 
Hernández-Bringas, H.H., y Flores, R. (2011). El suicidio en México. Papeles de población, 
vol. 17, núm. 68, abril-junio de 2011, pp. 69-101. Toluca, México: Universidad Autóno-
ma del Estado de México.
Hurtado, J. (2000) Metodología de la investigación Holística. Caracas: Fundación Sypal.
Instituto Mexicano del Seguro Social (2009). Guía de Práctica Clínica Diagnóstico y Trata-
miento de Trastorno Depresivo en el Adulto. México: IMSS
Instituto Nacional De Estadística y Geografía (INEGI) (2013) Recuperado de: http://www.
inegi.org.mx/inegi/contenidos/espanol/prensa/Contenidos/estadisticas/2013/suici-
dio.pdf 
Jiménez-Ornelas, R. A., y Cardiel-Téllez, L. (2013). El suicidio y su tendencia social en Mé-
xico: 1990-2011. Papeles de población, vol. 19, núm. 77, julio-septiembre de 2013, pp. 
205-229. Toluca México: Universidad Autónoma del Estado de México.HERNÁNDEZ-
BRINGAS, René FLORES-ARENALES.El suicidio en México
Jiménez, A., y González-Fortez, C. (2003). Veinticinco años de investigación en suicidio en 
la Dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales del Instituto Nacional 
de Psiquiatría Ramón de la Fuente. Salud mental, diciembre, año/vol. 26, núm. 006, pp. 
35-46. D. F. México: Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente.2, pp. 69-101,
Organización Mundial de la Salud (OMS) (2000) Prevención del suicidio, un instrumento 
para médicos generalistas, trastornos mentales y cerebrales. Recuperado de http://www.who.
int/mental_health/media/general_physicians_spanish.pdf?ua=1
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
PREVENCIÓN Y ATENCIÓN A LOS COMPORTAMIENTOS SUICIDAS
45 Organización Mundial de la Salud (2003). Informe mundial sobre la violencia y la salud. Re-
cuperado de http://www.paho.org/Spanish/AM/PUB/capitulo_1.pdf
Perea, O. (s/f) Guía de Evaluación de Programas y Proyectos Sociales. Plataforma de ONG 
de Acción Social. Madrid, España. Recuperado de http://www.plataformaong.org/
planestrategico/ARCHIVO/documentos/6/6.pdf
Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 (2013) Gobierno de la República. México. Recupe-
rado de http://pnd.gob.mx/wp-content/uploads/2013/05/PND.pdf
Programa Sectorial de Educación 2013-2018 (2013) Diario Oficial de la Federación, Viernes 
13 de diciembre de 2013, segunda sección. México.
Programa Sectorial de Salud 2013-2018 (2013) Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, Se-
cretaria de Salud. México: IEPSA.
Savall, H., y Zardet, V. (1996). La dimensión cognitiva de la investigación-intervención: La 
producción de conocimientos por medio de la interactividad cognitiva. Revue Internationale de 
sistemique, Vol.10, no. 1-2, pp. 157-189. Recuperado de: http://desinuam.org/desin/pdf-
seminario2006/seminario-2006-06b.pdf
World Health Organization (1999) Figures and facts about suicide, Introduction, Recuperado 
de:http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/66097/1/WHO_MNH_MBD_99.1.pdf?ua=1
World Health Organization (2009) Health statistics and health information systems, death and 
daly estimates for 2004, by cause for WHO Member States, Recuperado de: http://www.who.
int/entity/healthinfo/global_burden_disease/gbddeathdalycountryestimates2004.xls.
World Health Organization (2004) Mental health policy, plans and programmes. Singapur: 
World Health Organization.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
 47
CAPÍTULO 3
 
5HÁH[LRQHV�VREUH� 
el suicidio infantil
María Cristina Lima Ojeda
“La naturaleza no ha dado al hombre nada 
 mejor que la brevedad de su vida.”
Pinio el Viejo
Al hablar del fenómeno suicida, el pensamiento del colectivo social se remite a la 
población adolescente, adulta o de adultos mayores, sin imaginar que el suicidio ha 
extendido sus redes hacia los más pequeños, dado que resulta difícil creer que un 
niño de entre 5 y 11 años piense en terminar con su vida por propia mano. Autores 
como Lucio (2014) han externado que en los últimos 15 años esta situación se ha 
presentado en niños de 5 a 14 años, y habla de un crecimiento en un 150% del fenó-
meno en los que se ubican en este rango etario, es decir en la edad escolar (6 a 12 
años). Sin embargo, es importante tomar en cuenta que los datos estadísticos revelan 
la presencia de un problema, pero el hecho de que se sitúen en determinados contex-
tos socioculturales y temporales implica que éstos adquieran diferentes sentidos y 
matices, por lo que no pueden ser consideradas de manera similar las tasas de suici-
dio de hace 10 años a las actuales, en función a la dinámica social que implica el paso 
de los años, así como una visión de que el problema va en aumento; pero con esta 
información es imposible dar explicaciones sobre el fenómeno o pretender com-
prender la complejidad del espectro suicida en los grupos más jóvenes. 
Un elemento que resulta de relevancia es que para estudiosos como Chávez 
(2008) y Pérez (2010) los intentos suicidas en los niños son confundidos con acci-
dentes, descuidos o simples llamadas de atención. Los panoramas cuantitativos siem-
pre son interesantes, porque permiten medir la magnitud de la problemática, pero el 
fenómeno suicida necesita ser estudiado desde miradas cualitativas por encima de las 
de primer orden, con metodologías de corte social, que favorezcan la explicación de lo 
que ocurre en los niños, sin que por ello se deban desdeñar las miradas cuantitativas 
que han permitido valorar su impacto.
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
48 Por otro lado, el motivo por el que el suicidio infantil, al igual que otros propios de 
la infancia, ha sido explicado a partir de la información que se ha encontrado en in-
vestigaciones realizadas en adultos, que en ciertos momentos resultan pertinentes y 
coherentes sobre lo que ocurre con el niño; sin embargo, en diversos casos no se lo-
gra entender la causa de estas conductas autolesivas en marcos que explican la pro-
blemática adulta. Este procedimiento, es decir, dar explicaciones adultas sobre fenó-
menos infantiles, ha sido una constante en la historia descriptiva de la patología 
infantil, pero también ha enseñado a los profesionales de la salud y de las ciencias 
sociales que resulta importante conocer al menor en cuestión y sus significados.Se debe tomar en consideración que sí existen indicadores del espectro suicida que 
se repiten, en especial los tendientes a explicar el suicidio como el conjunto de com-
portamientos en los que se implican cogniciones y conductas, ambos ligados a la au-
todestrucción (Ellis, 2006). La literatura expresa que los niños suicidas tienen pensa-
mientos que invitan a la muerte, tales como: “me quiero morir porque nadie me 
quiere”, “ojalá me muera, porque no sirvo para nada”; además de que en algunos 
menores de edad se observan comportamientos autolesivos; sin embargo, es poco lo 
que se conoce en relación a cómo se construyen estos significados, de ahí la relevancia 
del acercamiento al fenómeno suicida desde una mirada cualitativa fenomenológica.
Otro de los componentes que se han tomado del comportamiento suicida adulto 
y se ha ligado a la conducta autolesiva infantil es la denominada desesperanza, que 
consiste en la presencia de sentimientos de indefensión, de desprotección y desam-
paro, que genera pensamientos imposibilitantes para salir adelante (Quiroga, 2010 y 
Bottero, 2007). Esta condición también implica que el menor deba tener habilidades 
cognitivas que le permitan poseer una visión de futuro, y por ende contar con la con-
ciencia de las categorías espacio temporales, que son propias del pensamiento con-
creto. Aunque esta cualidad ha sido estudiada en menor cuantía, la evaluación que se 
realiza del riesgo suicida en adultos y en niños implica la aplicación de escalas de 
desesperanza como un indicador del riesgo suicida.
Un componente clave de las características propias de los niños suicidas, que 
hasta el momento ha sido estudiado, es la condición de si los niños pueden ser con-
siderados suicidas y a qué edad; dicha particularidad es conocida como el concepto 
de muerte que pueda poseer el niño, en relación a la finitud de la vida, la irreversibi-
lidad de la muerte y la expresión del deseo por morir. Este concepto de muerte es el 
que limita al número de niños que pudiesen presentar el fenómeno suicida, porque 
ocurre que los más pequeños pueden ubicarse en un desarrollo cognoscitivo de tipo 
preoperacional, caracterizado por la presencia de pensamiento mágico, condición 
que favorece que el niño entre 4 y 7 años considere la muerte como reversible. Ello 
en conjunto con la posición de los adultos, a quienes les resulta difícil creer que los 
niños deseen morir, impide un diagnóstico oportuno y preciso sobre la acción auto-
lesiva (Páramo, 2010, Cohen, 2007, Quintanilla, 2003 y Casullo, 2000).
Por otro lado, a diferencia del adulto o del adolescente que dejan notas suicidas 
que permiten el acercamiento a las causas que los llevan a suicidarse y de que el acto 
por lo general lo realizan de manera privada. Los niños, por el contrario, no acostum-
bran dejar notas suicidas, aunque Páramo (2010) realizó una investigación en la que 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
REFLEXIONES SOBRE EL SUICIDIO INFANTIL
 49analizó 29 de las realizadas por niños de Guanajuato y expresó que “el suicidio viene 
siendo la voz del niño agredido” reflejado en dichos elementos. Otra característica es 
que el acto autolesivo, en el caso de los niños se presenta de manera pública, por lo 
que no resulta extraño escuchar sobre menores que murieron por lanzarse del se-
gundo piso de su escuela, ante la mirada atónita de sus compañeros y maestros; de 
aquellos que ingirieron veneno en supermercados en presencia de otros niños y de-
pendientes, o por otra parte de niños que realizan acciones como aventarse del se-
gundo piso de su casa delante de sus padres, hermanos y abuelos. Ante estas condi-
ciones se vuelve pertinente la acción de conocer los significados infantiles ligados al 
suicidio, que en ocasiones son distintos a los de los adultos o adolescentes. 
Al hacer una revisión minuciosa de las investigaciones que se han realizado en 
torno al suicidio infantil desde el año 2005, se pudo apreciar que existe un marcado 
interés por explicar el concepto, por conocer las causas ligadas al suicidio, los resul-
tados obtenidos a través de la aplicación de modelos de intervención, factores de 
riesgo y protectores que se encuentran cercanos al proceso autolesivo, explicaciones 
sociales acerca del acto en niños. Analizar y ordenar esta información permitió reali-
zar agrupamientos en vertientes de acercamiento al fenómeno suicida infantil.
1. Se pudo observar una vertiente social en la que los investigadores explican el 
suicidio con una base epistemológica durkhemiana, en donde sobresale que 
el suicidio es un acto que se genera en la relación del individuo con el grupo 
social. 
2. Por otro lado hay un acento en una vertiente a la que se denomina psicológica, 
en la que las explicaciones se hacen sobre el comportamiento suicida a par-
tir de modelos y teorías que aluden a trastornos infantiles como la principal 
causa de las acciones autolesivas, revisa los factores protectores y de riesgo 
ligados al fenómeno suicida, así como también coloca el acento en las técni-
cas de evaluación del riesgo suicida en la infancia; en el cual, la existencia de 
una retroalimentación negativa lleva al infante a la pérdida de autoestima y a 
obtener creencias negativas sobre la valoración de su persona, condición que 
terminan por ubicarlo en una situación de susceptibilidad emocional que lo 
vuelve un candidato al suicidio. En esta vertiente el marco de la violencia cobra 
relevancia, trátese de violencia sexual, física, emocional o por negligencia, tal y 
como lo refiere Mendoza (2012), quien demostró que las víctimas de bullying y 
del abuso sexual, tienen como consecuencia a largo plazo, depresión, ideación 
suicida o incluso su consumación. 
3. Y por último, se observan investigaciones del orden de las ciencias de la salud, 
en donde el acento se coloca en los aspectos intrínsecos de la persona, o sea 
una respuesta anormal del organismo por alteraciones a nivel bioquímico que 
propician determinados comportamientos ante las demandas del medio. 
De la información que se analizó resulta relevante reconocer que existen sínto-
mas de alarma que permiten a los padres, docentes y adultos responsables darse 
cuenta de que el niño puede estar en condición de riesgo, entre los cuales destacan 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
50 los siguientes: dejan de jugar, pasan tiempo en solitario, tienen alteraciones de sue-
ño, presentan terrores nocturnos, muestran conductas autolesivas (como golpes o 
rascado compulsivo), sufren accidentes domésticos reiterados, llaman la atención de 
manera negativa, tienen bajo rendimiento escolar muestran conductas regresivas y 
problemas en la concentración y atención (Espinoza, 2008).
Una tendencia común entre los investigadores de las ciencias de la salud radica en 
considerar que el niño suicida presenta rasgos de psicopatología, por lo que es res-
ponsabilidad del especialista y de los padres de familia la contención del menor y la 
tarea de preservar la vida del mismo. Sin embargo, esta mirada impide ver que el 
suicidio infantil es un fenómeno en el que de diferentes maneras participan los di-
versos miembros sociales, al colocar a los más pequeños en condiciones de vulnera-
bilidad extrema y dejarlos a la deriva, sin tratar de establecer soluciones de corte so-
cial e institucional, porque en última instancia el bienestar infantil es una 
responsabilidad del Estado y es función de las instituciones educativas la consolida-
ción de su desarrollo integral. 
La investigación cuantitativa ha demostrado que no sólo losniños con psicopato-
logía se suicidan, sino que existen menores con rasgos de impulsividad y baja tole-
rancia a la frustración que realizan actos autolesivos que terminan con su vida sin 
que sea necesario que presenten un trastorno particular tipificado. De ahí la necesi-
dad de no generar explicaciones simplistas que dejan a los niños y a sus padres en 
condiciones de indefensión. Por ello, se vuelve pertinente la necesidad de generar 
programas de corte preventivo que permitan al menor ser feliz, resolver problemas y 
lograr sobrevivir; para lo cual es necesaria la generación de esfuerzos multidiscipli-
narios e interdisciplinarios que permitan el reconocimiento del problema desde di-
ferentes miradas. 
La revisión bibliográfica permitió una conversación con los autores que explicita 
la necesidad de realizar investigaciones de tipo cualitativo, inter y multidisciplina-
rias, y la importancia de reconocer que no existen suficientes estudios sobre preven-
ción, evaluación y tratamiento de los niños que muestren indicadores del comporta-
miento suicida, así como la necesidad de conocer qué es lo que piensan los niños de 
menor edad. 
Una vez que se ha establecido un panorama en torno a las características del sui-
cidio infantil y a los ámbitos de investigación sobre el tema, resulta relevante dar a 
conocer que la autora ha decidido optar por una investigación de corte cualitativo 
para conocer la construcción de significados infantiles ligados al intento suicida en 
menores de 8 a 10 años, con el supuesto base de que para develar el proceso consti-
tutivo de los significados implicados en la toma de decisiones de los niños es necesa-
rio asumir una mirada, un método que pudiera ser útil para comprender e interpre-
tar los significados de esos actos, por lo que se optó por el método fenomenológico. 
Los orígenes de éste se ubican en las teorías de filósofos como Husserl y en sociólo-
gos como Max Weber, Schutz, Berger y Luckmann. Esta metodología privilegia la 
comprensión a partir de las experiencias subjetivas y se ubica en el enfoque cualita-
tivo de la investigación con la intención de comprender el fenómeno desde la pers-
pectiva de las personas, en este caso de los niños. Para realzar un análisis compren-
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
REFLEXIONES SOBRE EL SUICIDIO INFANTIL
 51sivo de la vida cotidiana de éstos se requiere de un acercamiento tal y como lo 
experimentan. El investigador se enfoca a investigar los objetos de pensamiento del 
sentido común.
Al ser la sociología fenomenológica la guía y sostén de este procedimiento, se 
poseen mayores posibilidades de aproximación profunda a la experiencia infantil. En 
esta opción es necesario establecer de primera mano los tipos ideales, objetivo logra-
do al realzar una revisión teórica, para después identificar tipos concretos de carne y 
hueso que cumplan con los atributos generales derivados del avance de la ciencia con 
relación a los significados de acción autolesiva de los niños catalogados con compor-
tamiento suicida, para que a partir de sus significados se puedan construir tipos 
ideales; es decir, generar constructos teóricos. 
Los criterios seguidos para definir a los niños de carne y hueso que cumplan con 
las tipificaciones ideales se retomaron los aportes teóricos realizados por Borges 
(2010), Martínez (2007), Quintanar (2007), Gutiérrez (2006) Chávez (2005) y Quin-
tanilla (2003). Dichos criterios incluyen la selección de menores entre 8 y 10 años 
que poseen el significado de irreversibilidad en la concepción de muerte, que han 
llevado a cabo actos autolesivos. Por otra parte, es pertinente considerar a aquellos 
que no muestren condiciones de psicopatología o discapacidad, por la existencia de 
la vinculación de la conducta suicida con la presencia de indicadores de diagnóstico 
de patología psicológica, condición expresada por autores como Piedrahita (2011), 
Dubugras (2007) y Campo (2003). 
Las mayores limitaciones al realizar este tipo de estudios se pudieron localizar en 
los siguientes pasos del procedimiento:
a) Localización de los menores que cubran los criterios de inclusión.
b) Las consideraciones éticas y bioéticas en este tipo de investigación, que impli-
can la participación de actores externos, como comités bioéticos externos, que 
brinden orientaciones sobre el trabajo a realizar, para preservar por encima de 
todo el bienestar supremo infantil. 
c) Los diseños de orden fenomenológico privilegian los encuentros cara a cara en 
donde por medio del lenguaje, la realidad de la vida cotidiana se aprehende y se 
objetiva, condición que puede verse como limitada en función al rango etario 
elegido. 
d) La generación de entrevistas de tipo fenomenológico requiere de un verdadero 
esfuerzo por parte del investigador, dado que es necesario un entrenamiento 
continuo que rinde sus frutos después de la aplicación del instrumento en 
diferentes ocasiones.
e) El logro de la epojé por parte del investigador, que le permita evitar prejuicios 
y supuestos que permitan la adquisición de información del infante, sin inter-
pretaciones previas del investigador. 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
52 Referencias 
Bottero, M., Oliver, E., Zanola, M. (2007). La indefensión aprendida. En la búsqueda de cami-
nos frente a los cambios. Uruguay: Psicolibros Waslala. Borges, G. & Orozco, R. (2010). 
Suicidio y conductas suicidas en México: retrospectiva y situación actual. Salud Pública, 
(52), 292-304.
Campo, G., Roa, J.A., Pérez, A. (2003). Intento de suicidio en niños menores de 14 años 
atendidos en el Hospital Universitario del Valle, Calli. Colombia Médica, 34 (001), 9-16.
Casullo, M., y Bonaldi, P. (2000). Comportamientos suicidas en adolescentes. Morir antes de la 
muerte. Argentina. 
Cohen, D. (2007). Por mano propia. Estudios sobre las prácticas suicidas. Argentina: Fondo de 
Cultura Económica.Chávez, H. & Macías, L. (2003). El fenómeno del suicidio en el Es-
tado de Guanajuato. En Chávez, H. (2003). Suicidio Infantil. Una realidad en Guanajuato 
(170-199). México: Editorial Graffos. Chávez-Hernández, A.M. (comp.) (2005). Elección 
final. Ensayos sobre suicidio y eutanasia en el mundo contemporáneo. Universidad de Gua-
najuato: México.
Chávez-Hernández, A. & Medina-Núñez, M. (2008, mayo-junio). Modelo psicoeducativo 
para la prevención del suicidio en jóvenes. Salud Médica, 31 (003), 197-203.
Dubugras-Sá, S. & Guevara Werlang, B. (2007, mayo-agosto,). Homicidio seguido de suici-
dio. Pontificia Universidad Javeriana, 6 (0029), 231-244.
Ellis, T. (2006). Cognición y suicidio. México: Editorial El Manual Moderno.
Gutiérrez-García, A. & Contreras, C. (2006). El suicidio. Conceptos actuales. Salud Mental, 
29 (005), 66-74.
Lucio-Gómez, E., Heredia y Ancoca, M.C. (2014). Psicopatología riesgo y tratamiento de los 
problemas infantiles. México: Editorial El Manual Moderno. Martínez, C. (2007). Intro-
ducción a la suicidología. Teoría, investigación e intervenciones. Argentina. 
Mendoza, B. (2012). Bullyng. Los múltiples rostros del acoso escolar. México: Editorial PAX.
Páramo-Castillo, D., Chávez-Hernández, A. (2007, mayo-junio). Maltrato y suicidio infantil 
en el estado de Guanajuato. Salud Mental, 30 (003), 59-67.
Pérez-Amezcua, B. & Rivera-Rivera, L. (2010). Prevalencia y factores asociados a la ideación 
suicida en adolescentes de educación media superior de la República Mexicana. Salud 
Pública, 52 (4), 324-333.
Pérez-Barrero, S. (2005). Los mitos sobre el suicidio, la importancia de conocerlos. Revista 
Colombiana de Psiquiatría.34, 386-394.
Pérez-Olmos, I., Rodríguez-Sandoval, E., Dussán-Buitrago, M. & Ayala-Aguilera, J. (2007, 
junio). Caracterización psiquiátrica y social del intento suicida atendido en una clínica 
infantil, 2003-2005. Revista de Salud Pública, 9 (2) 230-240. 
Piedrahita, L. y García, M. (2011). Identificación de factores relacionados con el intento 
suicida en niños y adolescentes a partir de la aplicación del proceso de atención de en-
fermería. Colombia Médica, 42 (3), 334-341.
Quintanar, F. (2007). Comportamiento suicida. Perfil psicológico y posibilidades de tratamiento. 
México: Editorial Pax.
Quintanilla, M., Haro, J., Flores, V., Celis de la Rosa, A. y Valencia, A. (2003). Desesperanza 
y tentativa suicida. Investigación en Salud. 5 (002), 1-8.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
REFLEXIONES SOBRE EL SUICIDIO INFANTIL
 53Quintanilla, M.R., Valadez. F. I., Valencia, A.S., González de Mendoza, J.M. (2005). Estra-
tegias de afrontamiento en pacientes con tentativa suicida. Investigación en Salud, 7 (2), 
112-116.
Quiroga, S y Cryan, G. (2010). Evolución de la desesperanza en grupos de terapia focalizada 
en adolescentes violentos. Perspectivas en psicología, (7),103-111.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
 55
CAPÍTULO 4
Factores biológicos, psicológicos y sociales 
asociados a las conductas suicidas
Luis Miguel Sánchez Loyo
Everardo Camacho Gutiérrez
Claudia Vega Michel
Hugo Delfino Castellanos Martín 
A nivel internacional, las conductas suicidas son un problema de salud pública. En 
la actualidad se presentan más de un millón de muertes al año por suicidio en el 
mundo y se considera que por cada uno de los que se realizan se presentan de 10 a 
20 intentos fallidos (WHO, 2014). 
El incremento en las tasas de suicidio ha provocado un creciente interés en iden-
tificar factores de riesgo asociados a los comportamientos suicidas, en diferentes 
países y culturas, con propósitos preventivos. Se reconoce que la problemática del 
suicidio es compleja e involucra dimensiones sociales, psicológicas y biológicas, las 
cuales se interrelacionan entre sí y, generan como efecto el intento de quitarse la 
propia vida. 
En el presente trabajo se analizarán y sintetizarán las variables identificadas en 
diversas investigaciones, que anteceden y acompañan a los comportamientos suici-
das, con el objetivo de que en el futuro sean incorporadas para orientar la evaluación 
empírica sobre el fenómeno suicida en el contexto del estado de Jalisco. Se pretende 
que su vez, esto posibilite el desarrollo de procedimientos de intervención preventiva 
y a la casa de un modelo que considere la interrelación compleja de las variables 
biopsicosociales que determinen la prevalencia actual de dicho fenómeno y que 
aporte a una comprensión mejor del suicidio en la entidad.
De manera general, entre los factores de riesgo para cometer suicidio se pueden 
enumerar: padecer enfermedades mentales, trastornos de conducta o personalidad, 
como agresividad e impulsividad y, el abuso de drogas y, o alcohol, o ambos, entre 
otros. Los antecedentes de conductas suicidas personales y familiares, así como ha-
ber tenido padres adictos o enfermos mentales se encuentran entre los factores de 
riesgo más importantes.
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
56 Los aspectos sociodemográficos asociados a las conductas suicidas son: proble-
mas económicos, cuando no se satisfacen las necesidades básicas, el desempleo, la 
ruina económica, la exposición a suicidios cercanos de manera geográfica, no tener 
pareja estable, vivir solo, falta de afiliación religiosa, entre otras.
Entre los factores socioculturales se encuentran el estigma social asociado a la 
búsqueda de ayuda profesional, difícil acceso a los servicios de salud mental, creen-
cias que legitiman el suicidio ante ciertas situaciones y exposición al comportamien-
to suicida en los medios de comunicación.
También se han relacionado a las conductas suicidas las experiencias estresantes 
en la infancia o la adolescencia como la pérdida de un ser querido, ser víctima de 
abuso sexual, físico o emocional.
Factores biológicos de riesgo para comportamiento suicida
Entre los aspectos biológicos asociados a las conductas suicidas se han estudiado 
diversos marcadores biológicos, para tratar de encontrar valores sensibles y específi-
cos con la conducta suicida.
Diversos estudios han encontrado resultados contradictorios respecto a los niveles 
de cortisol en pacientes con intento suicida, los cuales pueden ser en exceso altos o 
bajos pero nunca normales (Coryell & Schlesser, 2001; Lindqvist, Isaksson, Träskman-
Bendz & Brundin, 2008; van Heeringen, 2003; Jokinen & Nordström, 2008, 2009). 
Se ha observado que la desregulación en el eje Hipotalámico-Pituitario-Adrenal 
(HPA), tiene predicciones en la conducta suicida en pacientes con desórdenes del esta-
do de ánimo (Jokinen & Nordström, 2008). La hiperactividad del eje HPA parece ser 
un riesgo para que se dé la conducta suicida. Esto se ha demostrado con claridad con 
la prueba de supresión de dexametasona (DST, por sus siglas en inglés), con la cual a 
pesar de inhibir por medio de un fármaco la síntesis de cortisol, los pacientes con ries-
go de intento de suicidio no muestran esta supresión de la hormona; por el contrario, 
presentan elevados niveles de ésta, con lo que se demuestra la hiperactividad del eje 
HPA (Coryell & Schlesser, 2001).
La desregulación del eje HPA y el sistema noradrenérgico también pudieran ju-
gar un rol en la conducta suicida. Se han encontrado niveles bajos de un metabolito 
de la noradrenalina en fluido cerebroespinal (CSF MHPG, por sus siglas en inglés) 
en pacientes con riesgo de conducta suicida por de alta letalidad; en pacientes con 
intento de suicidio comparados con aquellos que no tienen intentos, con depresión 
mayor. Estudios posmortem documentan alteraciones en el sistema noradrenérgico 
central en víctimas de suicidio. Los niveles bajos en la respuesta noradrénergica se 
han asociado con el riesgo suicida (Jokinen, Ouda & Nordström, 2010). Asimismo, 
se han examinado los sistemas neurotransmisores de serotonina, noradrenalina y 
dopamina, donde encontraron baja actividad de neuronas presinápticas serotonérgi-
cas (5-HT) en corteza prefrontal, hipotálamo, corteza occipital y tallo cerebral. En el 
sistema noradrenérgico, se han observado bajos niveles de noradrenalina. El sistema 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
FACTORES BIOLÓGICOS, PSICOLÓGICOS Y SOCIALES ASOCIADOS A LAS CONDUCTAS SUICIDAS
 57dopaminérgico se ha visto alterado durante el trastorno depresivo, y existen pocos 
estudios para determinar cómo pudiera estar implicado en el suicidio (Mann, 2003).
Parece que ninguna variable biológica por sí sola es un predictor de la conducta 
suicida, aunque al combinarlas con el resto de los factores de riesgo, pudiera ser 
evidencia suficiente para desarrollar programas de prevención de este fenómeno.
Factores de riesgo psiquiátricos y comportamiento suicida
Los factores de riesgo psiquiátricos relacionados con el comportamiento suicida son 
múltiples y complejos de acuerdo con la enfermedad en el eje psiquiátrico y su inte-
racción con variables sociodemográficas, físicas, biológicas y culturalespropias de 
cada individuo.
Las enfermedades con las cuales se ha relacionado un riesgo elevado a presentar 
comportamiento suicida son: depresión mayor, trastorno bipolar, esquizofrenia, 
alco holismo, abuso de sustancias y ansiedad como patología primaria o comorbili-
dad. Si bien es cierto que no todos los pacientes que padecen alguna enfermedad 
psiquiátrica presentarán comportamiento suicida, se ha demostrado que padecer 
una enfermedad de este tipo o tener factores genéticos predisponentes, aumenta el 
riesgo suicida en comparación con la población en general. 
Depresión y comportamiento suicida
La depresión o el trastorno depresivo es una enfermedad multifactorial cuya presen-
tación clínica se caracteriza por al menos cinco de los siguientes síntomas: ánimo 
deprimido la mayor parte del día, casi todos los días, indicado por el paciente o por 
observación hecha por terceros (familiares o personas cercanas a él), un marcado 
desinterés y pérdida del placer en todas, o casi todas las actividades; pérdida o au-
mento significativo en el peso, sin estar llevando a cabo una dieta (cambio de más del 
5% en el peso corporal en un periodo de un mes), aumento o disminución del apeti-
to, insomnio o aumento en las necesidades del sueño, agitación psicomotriz o dismi-
nución en movimientos, fatiga o pérdida de energía, sensación de minusvalía o cul-
pa excesiva o inapropiada, dificultad o disminución en la habilidad para concentrarse 
casi todos los días y pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida recurren-
te sin planeación específica, intento suicida o un plan específico para cometer suici-
dio (DSM V, 2014).
La sintomatología causa impedimento en el área social, ocupacional u otras áreas 
de su funcionamiento y no es debido a efectos fisiológicos directos de una enferme-
dad o sustancia. Además de presentarse la mayor parte del día y de los días durante 
un periodo de al menos dos semanas consecutivas.
Los pacientes que se encuentran en un trastorno depresivo mayor, tienen varios 
factores de riesgo para presentar comportamientos suicidas. Un ejemplo de esto es 
la personalidad agresiva/impulsiva, eventos negativos tempranos en la vida, historial 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
58 familiar de trastornos afectivo o suicidios consumados, intentos de suicidio previos, 
inicio temprano del cuadro depresivo, síntomas psicóticos comórbidos y la desespe-
ranza propia de la depresión (Gonda, et al., 2012).
Trastorno bipolar y comportamiento suicida
El trastorno bipolar o el trastorno afectivo bipolar es una patología psiquiátrica que 
pertenece al grupo de enfermedades afectivas y su particularidad es que dentro del 
historial del paciente se identifican periodos de depresión los cuales están alternados 
por periodos de manía o hipomanía.
El diagnóstico se efectúa al encontrarse periodos depresivos identificables durante 
el historial del paciente y sintomatología maniaca o hipomaniaca como lo sería la si-
guiente (DSM V, 2014): ideas de grandiosidad y autoestima elevada, disminución en la 
necesidad de sueño del paciente, referencia a descansar después de dos o tres horas de 
sueño, verborrea (necesidad de hablar más allá de lo acostumbrado por la persona), se 
distrae con facilidad, agitación psicomotriz e ideas sobrevaloradas. Se identifica tam-
bién por aumento en las actividades, expansividad, incremento de la energía, irritabili-
dad; este lapso dura más de una semana, la mayor parte del día y de los días.
En los pacientes con trastorno bipolar, el riesgo de suicidio aumenta 15 veces más 
que en la población general y en los periodos depresivos del individuo, existe mayor 
riesgo de suicidio.
Alcoholismo y otras adicciones y comportamiento suicida
El uso de alcohol y drogas tienen una íntima relación con los comportamientos suici-
das (Borges, Walter & Kessler, 2000). Se estima que cerca de un tercio de los hombres 
y una quinta parte de las mujeres que intentaron suicidarse abusaron del alcohol, y una 
décima parte de los alcohólicos terminarán muertos por suicidio (Koller, Preuss, 
Bottlender, Wenzel & Soyka, 2002).
Los trastornos relacionados con el uso o abuso de alcohol o drogas ilegales se rela-
cionan con el daño directo al sistema nervioso central, ocasionado por el uso continuo 
del tóxico o por las enfermedades secundarias al consumo o supresión del tóxico, tales 
como la depresión, los estados psicóticos o de ansiedad. Los trastornos de abuso de 
alcohol y drogas producen un deterioro paulatino de los mecanismos de control cog-
noscitivo y alteraciones en la regulación emocional; lo cual incrementa la posibilidad 
de aparición de comportamiento suicida (Sánchez-Loyo & Ramos-Loyo, 2013).
Trastornos psicóticos y comportamiento suicida
La esquizofrenia comprende un grupo de enfermedades mentales, las cuales tienen 
una íntima relación con la forma de presentación y cronicidad del cuadro; se refiere 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
FACTORES BIOLÓGICOS, PSICOLÓGICOS Y SOCIALES ASOCIADOS A LAS CONDUCTAS SUICIDAS
 59una prevalencia mundial de 1.2% e incluyen los siguientes síntomas (DSM V, 2014): 
ideas delirantes, alucinaciones, lenguaje desorganizado, comportamiento desorgani-
zado o catatónico, síntomas negativos (expresión emocional disminuida o abolida).
Se observa que el nivel de funcionamiento del paciente en el trabajo, relaciones 
interpersonales y autocuidado han disminuido de manera marcada en comparación 
al existente antes de la enfermedad y los síntomas continúan por lo menos durante 
6 meses.
El suicidio y los intentos suicidas se ven de forma común en las personas con 
diagnóstico de esquizofrenia (Radomsky, Haas, Mann & Swenney, 1999). Algunos 
factores de riesgo para los comportamientos suicidas en estos pacientes son compar-
tidos por otras enfermedades psiquiátricas y son: síntomas depresivos, ideas de mi-
nusvalía, abuso de sustancias e ideación suicida (Barrett et al., 2010a). Otros factores 
de riesgo son propios del grupo de patologías psicóticas crónicas e incluyen recaídas 
frecuentes en síntomas positivos (alucinaciones y delirios) y negativos, un largo pe-
ríodo de síntomas psicóticos no tratados, alucinaciones y un inicio temprano de la 
enfermedad (Barrett et al., 2010a; 2010b).
Trastornos de ansiedad y comportamiento suicida
Los trastornos de ansiedad están entre las patologías psiquiátricas que presentan 
mayor prevalencia, se estima que entre un 10 y 30% de la población occidental en 
algún momento de su vida presentará un trastorno de ansiedad ya sea puro o en co-
morbilidad (Michael, Zetsche & Margraf, 2007). Su relación con el comportamiento 
suicida ha sido estudiada con amplitud y la gran comorbilidad con los trastornos 
afectivos, psicóticos y por uso de sustancias dificulta tener una cifra real del impacto 
sobre el comportamiento suicida, pero se ha observado que la ansiedad es uno de los 
elementos en común en muchos de los suicidios consumados.
Para realizar un diagnóstico de los trastornos de ansiedad es preciso hacer hinca-
pié en los síntomas comunes, el grado de repercusión sobre el paciente, la duración 
y el o los eventos desencadenantes que se presentan: el DSM V (2014) refiere que los 
trastornos de ansiedad se caracterizan por compartir una presentación persistente de 
miedo excesivo, alteraciones en el ciclo de sueño, alteraciones en el comportamiento, 
como angustia, ansiedad anticipatoria, conductas de evitación al estresor, síntomas 
físicos como tensión muscular, disnea, palpitaciones, sudoración excesiva, pérdida 
de peso, entreotras.
Factores psicológicos de riesgo para el comportamiento suicida
Algunos aspectos de procesamiento cognoscitivo y emocional han sido asociados a 
las conductas suicidas como: poco control de interferencia y de flexibilidad cognosci-
tiva, errores en la toma de decisiones, mayor atención hacia estímulos negativos, 
estado de ánimo de fracaso, sensación subjetiva de no poder afrontar los problemas, 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
60 desesperanza, pobre memoria autobiográfica, poca capacidad para afrontar los pro-
blemas, fallas para identificar aspectos positivos en la solución de los problemas, 
distanciamiento emocional con otros, limitada capacidad de dependencia a la recom-
pensa para lograr su bienestar emocional, evitación de la mayoría de los contactos 
sociales, impulsividad general y problemas en la regulación de respuestas agresivas 
(Mann, et al., 2005; Van Heeringen, 2001).
Los pacientes con intento suicida han mostrado tener un pobre desempeño en 
tareas de funciones ejecutivas; en particular en el control de interferencia, la flexibi-
lidad cognoscitiva, la fluidez verbal y la toma de decisiones (Keilp et al., 2001; Jollant 
et al., 2005; Van Heeringen et al., 2011). 
Respecto a la rigidez cognoscitiva se ha observado que estos pacientes cometen más 
errores perseverativos durante la prueba de clasificación de tarjetas de Wisconsin, en 
especial cuando aún presentan ideación suicida activa (Marzuk et al., 2005). En pruebas 
de ensayo (trial making test) los participantes con conducta suicida tienen mayor tiempo 
en la escala B menos A (Marzuk et al., 2005), más comisión de errores en la parte B 
(King et al., 2000) mayor tiempo de elaboración en la parte A (Ellis & Berg, 1992).
La mayor dificultad para el control de la interferencia se ha podido observar en 
pruebas de Stroop y en la prueba de clasificación de tarjetas de Wisconsin. En el 
primer caso, los pacientes con conducta suicida muestran menor número de colores 
denominados en condición de interferencia que sujetos deprimidos y que controles 
sanos (Sánchez-Loyo et al., 2013; Keilp et al., 2001; Keilp et al., 2008); así como se ha 
observado también que el número de errores en la condiciones de interferencia co-
rrelaciona con el número de intentos de suicidio (Malloy-Diniz et al., 2009). En la 
prueba de Clasificación de Tarjetas de Wisconsin, los pacientes muestran fallos para 
mantener el set (Keilp et al., 2001).
Sobre la fluidez verbal y diseño de figuras se ha observado que los pacientes con 
intento de suicidio muestran menor capacidad para generar palabras y diseños que 
sujetos con dolor idiopático o sujetos sanos (Bartfai, et al., 1990). También se ha ob-
servado menor desempeño en tareas de fluencia verbal de fonema y de categoría se-
mántica, particularmente aquellos pacientes con intento suicida de alta letalidad 
(Keilp et al., 2001) y aquellos con conducta suicida y trastorno bipolar tipo I (Harkavy-
Friedman et al., 2006). 
En la toma de decisiones se ha observado que los pacientes con intento de suicidio 
de mayor letalidad realizan más elecciones riesgosas y a la postre desventajosas en la 
Tarea de Juego de Apuesta de Iowa (Iowa Gambling Task) (Jollant et al., 2005), así como 
estos mismos pacientes mostraron menor número de elecciones de bajo riesgo y a la 
postre ventajosas al comparar el primer bloque de ensayos con el último (Sánchez-Lo-
yo et al., 2013). Esta tendencia se ha observado en pacientes con trastorno bipolar tipo 
I con intento de suicidio en comparación con otros pacientes sin tentativa suicida (Ma-
lloy-Diniz et al., 2009). Cuando existe una alteración en la toma de decisiones, quizá 
debido a una disfunción emocional (Jollant et al., 2005), o alguna disfunción en la 
corteza prefrontal (Mann 2003), los pacientes con intento de suicidio muestran poca 
sensibilidad ante las consecuencias futuras de sus decisiones.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
FACTORES BIOLÓGICOS, PSICOLÓGICOS Y SOCIALES ASOCIADOS A LAS CONDUCTAS SUICIDAS
 61En particular en tareas de toma de decisiones con aprendizaje probabilístico, los 
pacientes con intento de suicidio muestran un desempeño basado en el ensayo in-
mediato anterior y no en todo lo que ha pasado en la tarea; esto provoca que su toma 
de decisiones se centre en el presente e ignore experiencias pasadas positivas o nega-
tivas, lo que provoca que comenta errores en la toma de decisiones en situaciones 
novedosas pero semejantes a las previas (Dombrovski et al., 2010).
La memoria autobiográfica es la capacidad de recolectar información de experien-
cias personales durante eventos pasados (Williams et al., 2007). Se ha señalado que 
los pacientes con tentativa suicida muestran mayor facilidad para recuperar informa-
ción negativa que positiva (Williams & Broadbent, 1986) y así como tienden a cate-
gorizar eventos más que a recordar sólo un episodio de vida (Williams et al., 2007).
En tareas tipo Stroop con estímulos con contenido emocional se ha observado que 
los estímulos asociados al suicidio (Becker, Strohbach & Rinck, 1999) muestran ma-
yor interferencia en los pacientes que han cometido tentativa suicida, así como aque-
llos que muestran mayor interferencia tienen cierta capacidad de predicción nuevos 
intentos suicidas (Cha et al., 2010). 
Se ha observado que pacientes con tentativa suicida o ideación suicida muestran 
menos habilidades para la solución de problemas (Pollock & Williams, 2001). El 
problema parece ser mayor en especial cuando se trata de solución de problemas 
interpersonales después de un cambio de estado de ánimo (Williams, Barnhofer, 
Crane & Beck, 2005); en la aplicación de inventarios de habilidades para la solución 
de problemas sociales, los pacientes con intento de suicidio perciben sus problemas 
de forma más negativa y con menor capacidad para hacerles frente (Gibbs, et al., 
2009) también se perciben con menor capacidad para hacer cambios adaptativos al 
entorno social (Sánchez Loyo et al., 2013).
Otros factores de riesgo para cometer un intento de suicidio son las alteraciones 
emocionales que padecen los pacientes, entre otras la labilidad (Jollant et al., 2005) y 
disfunción emocional (Conwell et al., 2000; Jollant et al., 2008) identificó incremen-
to en la activación de la corteza cerebral orbitofrontal derecho ante emociones nega-
tivas, en pacientes eutímicos con antecedentes de intento de suicidio, lo que se inter-
pretó como alta susceptibilidad a estímulos sociales de desaprobación y al castigo en 
contextos sociales. En adolescentes con tentativa suicida y depresión se observó ma-
yor capacidad para reconocimiento de la expresión de enojo y mostraron mayor acti-
vidad en el giro del cíngulo anterior; esto implica una falta de regulación atencional 
al observar expresiones de enojo, si bien son hipervigilantes a esta emoción en los 
demás (Pan et al., 2013). Szanto, Dombrovski, Sahakian y colaboradores (2012), iden-
tificaron que los sujetos suicidas, cometían más errores en reconocimiento facial 
emocional de otro; esta medida correlacionó con fallos en la solución de problemas, 
relaciones interpersonales restringidas y rompimientos frecuentes.
El acto de intentar el suicidio se ha relacionado con mayor actividad en la red cor-
tical del estriado y la corteza motora sensorial, lo cual se ha asociado con mayor im-
pulsividad, sin embargo, no está vinculado con síntomas depresivos o con ideación 
suicida activa, que más bien se han asociado a una mayor activación de una red cor-
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
62 tical del estriado y la región anterior bilateral y en el hemisferio izquierdo, en forma 
respectiva (Marchand, et al., 2013).
Factores psicosociales de riesgo para comportamiento suicida 
La mayor parte de las investigaciones orientadas a identificar factores de riesgo con 
fines de utilidad preventiva han desarrollado la metodología de encuestas a muestras 
de participantes con objeto de predecir a las poblaciones que dichas muestras repre-
sentan (Guilbert & Del Cueto, 2003; Herrera & Avilés, 2000). Más adelante se han 
realizado análisis correlacionales o pruebas estadísticas que comparan las diferen-
cias respecto de algún atributo que tengan la muestra de participantes con antece-
dentes de intento suicida o de suicidio de algún familiar, en comparación con mues-
tras de participantes controles. Este tipo de estudios no están exentos de algunas 
dificultades de tipo metodológico (p. ej., el problema de la deseabilidad social o las 
respuestas poco sinceras cuando lo que se quiere evitar es regresar al recuerdo desa-
gradable de la experiencia de intento suicida). 
Estos estudios están orientados a una primera caracterización de un perfil del 
suicida o de la persona que intenta suicidarse, en un plano sólo descriptivo, sin in-
tentar identificar factores causales de riesgo, que implicarían una cuidadosa medi-
ción del factor de riesgo analizado.
La dimensión social como influencia de riesgo, se puede dividir en un nivel ma-
crosocial, y otro microsocial. En la primera categoría se incorporan aspectos más de 
tipo sociodemográfico como el hecho de que hay más suicidios en hombres que en 
mujeres, pero más intentos en éstas respecto de aquéllos. Los estudios epidemioló-
gicos mexicanos también reportan que el período entre los 15 y los 24 años es el de 
mayor prevalencia en el país, en desempleados y personas con menor nivel educativo 
(Borges et al., 2009), tanto para suicidio como para comportamientos parasuicidas 
(intento fallido, ideación suicida o autoagresión) y que por lo general, la mayoría de 
las personas que intentan suicidarse pertenecen a un nivel económico bajo.
Es evidente que la poca capacidad de satisfactores básicos en dicho sector (Arlaes, 
Hernández, Álvarez & Cañizares, 1998; Martínez, Moracen, Madrigal & Alomenares, 
1998), en un país como México, en que la mitad de la población vive en pobreza; y la 
certeza de que ello no cambiará en un futuro ni inmediato ni mediato, genera en algu-
nos individuos de estos grupos, una condición de vida muy aversiva y llena de privacio-
nes, así como un estado crónico de depresión, en la que el recurso de escapar median-
te la finalización de la vida es una opción plausible y en algunos momentos en sumo 
deseable. Guilbert & Roldan (2001) por ejemplo, encontraron una mayor incidencia en 
intentos suicidas en personas desempleadas en Cuba, debido a su contexto.
Los segmentos de adolescentes que tienen modelos de adultos poco atractivos, la 
posmodernidad que acabó con los grandes proyectos e ideales sociales, la dificultad 
para tener medios de trabajo y productividad que permitan tener un mínimo nivel de 
vida decoroso, son factores generan malestar en la población y de manera especial, 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
FACTORES BIOLÓGICOS, PSICOLÓGICOS Y SOCIALES ASOCIADOS A LAS CONDUCTAS SUICIDAS
 63en la población joven. Por otra parte, esta condición de malestar orienta a las perso-
nas a vivir la inmediatez del momento, con poca visión de futuro y con poca toleran-
cia a la frustración. Algunos autores plantean que una personalidad impulsiva, con 
poco desarrollo de las estructuras pre-frontales que inhiben los arranques emociona-
les inmediatos, en un contexto social como el descrito, es el caldo de cultivo para que 
emerjan fenómenos como los comportamientos suicidas (Turecki, 2005).
A nivel microsocial, la dinámica familiar juega un rol preponderante en términos 
del grado de apoyo social presente o pasado que se ha brindado al individuo. Esta 
dinámica familiar puede actuar como factor de riesgo (Herrera & Avilés, 2000). Al 
respecto Guilbert y Roldán (2001) señalan que cuando las relaciones en la familia en 
términos emocionales son cálidas y cooperativas, sus integrantes se fortalecen y se 
fomenta la evolución personal. 
En cambio, una familia disfuncional o con bajo nivel de cohesión (Pérez-Amez-
cua et al., 2010) propicia un riesgo más elevado de comportamientos suicidas con 
mayor prevalencia en mujeres, el cual está presente cuando la familia afronta crisis 
como por ejemplo: divorcio de los padres o abandono, muerte de uno de los hijos o 
cónyuge, infertilidad, enfermedad de alguno de sus miembros, agresiones, abuso 
sexual dentro del núcleo familiar. Ante la imposibilidad de resolver la crisis, en la fa-
milia se generan múltiples expresiones de aversividad (González-Forteza, Ramos-Li-
ra, Vignau-Brambila & Ramirez-Villarreal, 2001; Brown, Cohen, Johnson & Smailes, 
1999). 
También, influye la ausencia de apoyo familiar en el presente, expresado como 
falta de comunicación y desinterés por el joven, o abierto rechazo de los padres y 
cuando el individuo no tiene otros vínculos afectivos y se enfrenta a la soledad 
(Guilbert y Del Cueto, 2003; Martínez et al., 1998, Borges et al., 2009).
Según Pérez-Amezcua y colaboradores (2010), la prevalencia de hombres con 
abuso sexual que se suicidan es mayor, aunque las mujeres en esta situación lo in-
tentan más veces sin concretarlo. Antecedentes familiares de conducta suicida es 
otro factor de riesgo importante (Arlaes et al., 1998).
Pareciera que los factores identificados en este nivel microsocial tienen tres ele-
mentos en común: 1. Las experiencias de pérdida implican condiciones en sumo 
aversivas, que en lo inmediato generan estrés en cualquier individuo, ya sea de for-
ma intensa y aguda pero corta en el tiempo, o de baja intensidad pero extendida du-
rante años. Cuando estas condiciones son crónicas pueden desembocar en ansiedad 
generalizada y depresión mayor que pudiera ser la antesala al comportamiento sui-
cida como se analizó en el segmento de las variables psiquiátricas como factor de 
riesgo, en líneas arriba. 2. Un segundo elemento es que los individuos bajo esta 
condición tienen pocas competencias sociales para sustituir los apoyos que no se 
tienen en un contexto como el familiar, con otros apoyos, como los amigos. 3. Por 
último, como efecto de estar expuesto a este tipo de condiciones se produce la inca-
pacidad para disfrutar o experimentar gozo y placer aun cuando se esté en contacto 
con objetos, actividades o personas que antes sí habían producido estos efectos. Este 
análisis aunque parezca lógico, espera la validación de datos empíricos en nuestro 
entorno.
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
64 El aporte de estos elementos tanto en el nivel micro como macrosocial orienta a 
diferentes estrategias preventivas, enfocadas sobre todo al núcleo familiar, así como 
también al desarrollo de diversas hipótesis respecto a cómo se relacionan entre sí 
todos los factores señalados y analizados.
Los conocimientos recientes han permitido la construcción de nuevos modelos 
teóricos para entender las conductas suicidas, al incorporar elementos biológicos, 
psicológicos y sociales. Estos modelos teóricos suponen un sistema dinámico entre 
los factores biológicos, psicológicos y psiquiátricos. A su vez, estesistema está en 
intercambio constante con los sistemas socioculturales y el entorno ambiental. 
(Mann et al., 1999; Van Heeringen, 2001; O’Connor, Platt & Gordon, 2011).
Mann y colaboradores (1999) propusieron el modelo de Diatesis-Estrés, en el cual 
el riesgo suicida está determinado por una enfermedad mental y una vulnerabilidad 
preexistente a la propia enfermedad mental. Las características de agresividad, impul-
sividad y personalidad emocional inestable son claves. Estas mismas características 
pueden ser causadas por factores genéticos o experiencias tempranas de maltrato y 
abuso sexual, las cuales se reflejan en alteraciones funcionales del sistema serotoninér-
gico. Esta predisposición genética o epigenética necesita una situación de estrés psico-
social importante o un trastorno mental como la depresión para que se pueda expresar 
la conducta suicida. El modelo propuesto por Mann incorpora aspectos biológicos, 
psicológicos y ambientales para la explicación del comportamiento suicida.
Van Heeringen (2001) retoma el trabajo de Mann y cols. (1999) y considera tam-
bién la diátesis estrés, que implica una predisposición o vulnerabilidad biológica, 
psicológica y psiquiátrica para desarrollar comportamientos suicidas. Van Heerin-
gen organiza la diátesis en dos componentes funcionales: interacción social e inhibi-
ción conductual. El primero considera la respuesta del individuo ante cambios en su 
entorno, lo que provoca la ruptura de vínculos interpersonales. El componente de 
inhibición conductual mediado por los sistemas dopaminérgico y serotoninérgico 
del sistema nervioso, en condiciones anormales implica fallos en el control de la 
impulsividad y la preponderancia de respuestas agresivas. Estos dos componentes de 
la diátesis se presentan por factores genéticos y epigéneticos (hechos traumáticos en 
la infancia y adolescencia). El estrés implica fenómenos biológicos, psicológicos y 
psiquiátricos en respuesta a un evento estresante. En la medida que aumenta la vul-
nerabilidad, se afecta la resistencia a estresores y se produce una disminución del 
umbral para que se dispare la respuesta de estrés y, en consecuencia genera una 
conducta suicida.
Otro modelo explicativo del comportamiento suicida es el propuesto por O’Connor 
(2011), denominado Modelo motivacional-volitivo integrado del comportamiento 
suicida (IMV, por sus siglas en inglés). Considera que el comportamiento suicida es 
caracterizado por la interacción compleja de aspectos biológicos, psicológicos, am-
bientales y culturales. Su modelo se divide en 3 fases: a) premotivacional que incluye 
la vulnerabilidad biológica propuesta por Mann y colaboradores (1999), en el entor-
no y haber vivido eventos estresantes; b) motivacional, en la que se presenta la idea-
ción y los planes suicidas a consecuencia de sentimientos de derrota, humillación y 
falta de salida los ante problemas, facilitados por las formas de afrontarlos, además 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
FACTORES BIOLÓGICOS, PSICOLÓGICOS Y SOCIALES ASOCIADOS A LAS CONDUCTAS SUICIDAS
 65de aspectos motivacionales como falta de pertenencia, deseos y objetivos futuros 
irreales, normas sociales y actitudes que incrementan el malestar emocional; c) fase 
volitiva, en la que se presenta la conducta suicida mediatizada por la impulsividad, 
acceso a medios para el suicidio, la imitación, entre otros aspectos. 
Con base en lo anterior es posible considerar que el comportamiento suicida y sus 
diversas expresiones (ideas de muerte, ideación suicida activa planeación de un acto 
suicida, comisión de una tentativa suicida y suicidio consumado) son el resultado de 
una serie de factores de riesgo de diversa índole y expresiones distintas en diferentes 
momentos de un proceso. 
Estos factores de riesgo pueden ser biológicos, psicológicos, psiquiátricos, cultu-
rales y sociales. Ninguno de los que hasta ahora se han identificado es una condición 
necesaria y suficiente para presentar comportamientos suicidas. Estos factores en-
tran en interacción de manera compleja e interactúan con la edad y el sexo de los 
individuos que presentan comportamiento suicida. 
Sin embargo, en términos de prevención es importante identificar los factores 
determinantes en los planos biológicos, psicológicos, psiquiátricos y sociales, así 
como su peso relativo con objeto de desarrollar modelos de prevención o atención 
que permitan derivar estrategias eficientes para la anticipación o corrección a este 
problema. 
Referencias
Arlaes Nápoles, L., Hernández Sorí, G., Álvarez Concepción, D., & Cañizares García, T. 
(1998). Conducta suicida: factores de riesgo asociados. Revista Cubana de Medicina Ge-
neral Integral, 14 (2), 122-126.
Barrett, E., Sundet, K., Faerden, A., Nesvag, R. et al. (2010). Suicidality before and in the 
early phases of first episode psychosis. Schizophrenia Resesarch, 119 (1–3),11–17.
Barrett, E., Sundet, K., Faerden, A., Agartz, I. et al. (2010). Suicidality in first episode 
psychosis is associated with insight and negative beliefs about psychosis. Schizophrenia 
Resesarch, 123 (2–3), 257–262.
Becker, E., Strohbach, D., & Rinck, M. (1999). A specific attentional bias in suicide 
attempters. Journal of Nervous and Mental Disease, 187 (12), 730-735.
Bartfai, A., Winborg, I.M., Nordström, P., & Asberg, M. (1990). Suicidal Behavior and 
Cognitive Flexibility: Design and Verbal Fluency after Attempted Suicide. Suicide and 
Life-Threatening Behavior, 20 (3), 254–266.
Borges, G., Walters, E. & Kessle, R.C. (2000). Associations of substance use, abuse, and 
dependence with subsequent suicidal behavior. American Journal of Epidemiology, 151 
(8), 781-789, 2000.
Borges, G., Medina-Mora, M. E., Orozco, R., Ouéda, C. et al., (2009). Distribución y determi-
nantes sociodemográficos de la conducta suicida en México. Salud mental, 32 (5), 413-425.
Brown, J., Cohen, P., Johnson, J. & Smailes, E. (1999). Childhood abuse and neglect: 
specificity of effects on adolescent and Young depression and suicidality. Journal of 
American Academic Child and Adolescent Psychiatry, 38 (12), 1490-1496.
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
66 Cha, C.B., Najmi, S., Park, J.M., Finn, C.T. et al. (2010) Attentional Bias toward suicide-related 
stimuli predicts suicidal behavior. Journal of abnormal psychology, 119 (3), 616-622.
Conwell, Y., Lyness, J.M., Duberstein, P., Cox, C. et al. (2000). Completed suicide among 
older patients in primary care practices: A controlled study. D. Journal of the American 
Geriatrics Society, 48 (1), 23-29.
Coryell, W., & Schlesser, M. (2001). The Dexamethasone Suppression Test and Suicide 
Prediction. American Journal of Psychiatry, 158, 748–753.
DSM V (2014). Diagnostic and statistical manual of mental disorders Fith Edition. American 
Psychiatric Association.
Dombrovski, A.Y., Clark, L., Siegle, G.J., Butters et al. (2010). Reward/Punishment learning 
in older suicide attempers. American Journal of Psychiatry, 167, 699-707.
Ellis, T., & Berg, R. (1992). Neuropsychological performance and suicidal behavior in adult 
psychiatric inpatients. Perceptual and motor skills, 75, 639-347.
Gibbs, L.M., Dombrovski, A.Y., Morse, J., Siegle, G.J. et al. (2009). When the solution is 
part of the problem. Problem solving in elderly suicide attempters. International Journal 
of Geriatric Psychiatry, 24, 1396-1404.
Gonda, X., Pompili, M., Serafini, G., Montebovi, F. et al. (2012). Suicidal behavior in bipo-
lar disorder:Epidemiology,characteristics and major risk factors. Journal of Affective Di-sorders, 143,16–26.
González-Forteza, C., Ramos-Lira, L., Vignau-Brambila, L. E., & Ramírez-Villarreal, C. 
(2001). El abuso sexual y el intento suicida asociados con el malestar depresivo y la idea-
ción suicida de los adolescentes. Salud Mental, (24) 6, 16-25.
Guibert Reyes, W., & Alonso Roldán, A. P. (2001). Factores epidemiológicos y psicosociales 
que inciden en los intentos suicidas. Revista Cubana de Medicina General Integral, (17) 2, 
155-163.
Guibert Reyes, W., & Del Cueto de Inastrilla, E. R. (2003). Factores psicosociales de riesgo 
de la conducta suicida. Revista Cubana de Medicina General Integral, 19 (5).
Harkavy-Friedman, J.M., Keilp, J.G., Grunebaum, M.F., Sher, L. et al. (2006). Are BPI and 
BPII suicide attempters distinct neuropsychologically? Journal of Affective Disorders, 94, 
255–259.
Herrera Santí, P. M., & Avilés Betancourt, K. (2000). Factores familiares de riesgo en el 
intento suicida. Revista Cubana de Medicina General Integral, 16 (2), 134-137.
Jokinen, J. & Nordström, P. (2008). HPA axis hyperactivity as suicide predictor in elderly 
mood disorder inpatients. Psychoneuroendocrinology, 33 (10), 1387-1393.
Jokinen, J., & Nordström, P. (2009). HPA axis hyperactivity and attempted suicide in 
young adult mood disorder inpatients. Journal of affective disorders, 116 (1-2), 117-120.
Jokinen, J., Ouda, J., & Nordström, P. (2010). Noradrenergic function and HPA axis 
dysregulation in suicidal beaviour. Psychoneuroendocrinology, 35, 1536-1542.
Jollant, F., Bellivier, F., Leboyer, M., Astruc, B. et al. (2005). Impaired decision making in 
suicide attempters. American Journal of Psychiatry, 162, 304-310.
Jollant, F., Lawrence, N.S., Giampietro, V., Brammer, M.J. et al. (2008). Orbitofrontal 
Cortex Response to Angry Faces in Men with Histories of Suicide Attempts. American 
Journal of Psychiatry, 165, 740-748.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
FACTORES BIOLÓGICOS, PSICOLÓGICOS Y SOCIALES ASOCIADOS A LAS CONDUCTAS SUICIDAS
 67Keilp, J., Sackeim, H., Brodsky, B., Oquendo, M. et al. (2001). Neuropsychological 
dysfunction in depressed suicide attempters. American Journal of Psychiatry, 158, 735-741
Keilp, J.G., Gorlyn, M., Oquendo, M.A., Burke, A.K. et al. (2008). Attention Deficit in 
Depressed Suicide Attempters. Psychiatry Research, 159 (1-2), 7-17.
King, D., Conwell, Y., Cox, C. D., Henderson, R. et al. (2000). A neuropsychological 
comparison of depressed suicide attempters and nonattempters. Journal of Neuropsychiatry 
and Clinical Neuroscience, 12 (1), 64-70.
Koller, G., Preuss, U. W., Bottlender, M., Wenzel, K. et al. (2002).Impulsivity and aggres-
sion as predictors of suicide attempts in alcoholics. European Archives of Psychiatry 
Clinical Neuroscience, 252 (4), 155-160. 
Lindqvist D, Isaksson A, Träskman-Bendz L, & Brundin L. (2008). Salivary cortisol and 
suicidal behavior-a follow-up study. Psychoneuroendocrinology, 33 (8), 1061-1068.
Malloy-Diniz L.F., Silva Neves, F., Silva Costa Abrantes, S. Fuentes., D. et al., (2009). Suicide 
behavior and neuropsychological assessment of type I bipolar patients. Journal of Affective 
Disorders, 112, 231–236.
Mann, J., Waternaux, C., Haas, G., & Malone, K. (1999). Toward a clinical model of suicidal 
behavior in psychiatric patients. American Journal of Psychiatry, 156, 181-189.
Mann J. (2003). Neurobiology of suicidal behaviour. Nature Reviews Neuroscience, 4, 819–
828.
Mann, J., Apter, A., Bertolote, J., Beautrais, A. et al. (2005). Suicide prevention strategies a 
systematic Review. JAMA, 294 (16), 2064-2074. 
Marchand, W.R., Lee, J.N., Johnson, S., Thatcher, J. et al. (2013). Striatal and cortical midli-
ne circuits in major depression: Implications for suicide and symptom expression. 
Progress in Neuro-Psychopharmacology and Biological Psychiatry, 36 (2), 290-299.
Martínez Jiménez, A., Moracén Disotuar, I., Madrigal Silveira, M., & Almenares Aleaga, M. 
(1998). Comportamiento de la conducta suicida infanto-juvenil. Revista Cubana de Me-
dicina General Integral, 14 (6), 554-559.
Marzuk, P. M., Hartwell, N., Leon, A.C., & Portera, L. (2005). Executive functioning in de-
pressed patients with suicidal ideation. Acta psychiatrica Scandinavica, 112 (4), 294-301.
Michael,T., Zetsche, U. & Margraf, J. (2007). Epidemiology of anxiety disorders. p.136-142 
doi: 10.1016/j.mppsy.2007.01.007. 
O’Connor, R.C. (2011). Toward an integrated motivational-volitional model of suicidal be-
havior. En O’Connor, R.C., Platt, S., Gordon, J. International Handbook of Suicide 
Prevention: Research, Policy and Practice. Chichester, UK: Wiley & Blackwell.
Pan, L. A., Hassel, S., Segreti, A. M., Nau, S. A. et al. (2013). Differential patterns of activity 
and functional connectivity in emotion processing neural circuitry to angry and happy 
faces in adolescents with and without suicide attempt. Psychological medicine, 43 (10), 
2129-2142.
Pérez-Amezcua, B., Rivera-Rivera, L., Atienzo, E. E., Castro, F. D. et al. (2010). Prevalencia 
y factores asociados a la ideación e intento suicida en adolescentes de educación media 
superior de la República mexicana. Salud Pública de México, 52 (4), 324-333.
Pollock, L. R., & Williams, J. M. G. (2001). Effective problem solving in suicide attempters 
depends on specific autobiographical recall. Suicide and Life-Threatening Behavior, 31, 
386–396.
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
68 Radomsky, E., Haas, G., Mann, J. & Sweeney, J.A. (1999). Suicidal behavior in patients with 
schizophrenia and other psychotic disorders. American Journal of Psychiatry, 156 (10), 
1595.
Sánchez Loyo, L.M., Martínez-Velázquez, E.S., & Ramos-Loyo, J. (2013). Influence of 
Emotions on Executive Functions in Suicide Attempters. Suicidology Online, 4, 42-55.
Sánchez-Loyo, L.M., Ramos-Loyo, J. (2013). Relación entre el comportamiento suicida y las 
adicciones. En González Garrido, A.A., Matute, E. (Eds.) Cerebro y drogas (162-173). Mé-
xico: Editorial El Manual Moderno.
Szanto, K., Dombrovski, A.Y., Sahakian, B.J., Mulsant, B.H. et al. (2012). Social emotion 
recognition, social functioning, and attempted suicide in late-life depression. American 
Journal of Geriatric Psychiatry, 20 (3), 257-65.
Turecki, G. (2005). Dissecting the suicide phenotype: the role of impulsive-aggressive 
behaviours. Journal of Psychiatry Neuroscience, 30 (6), 398-408.
Van Heeringen, K. (2001). Towards a psychobiological model of the suicidal process. En K. 
van Heeringen (Ed.), Understanding suicidal behaviour. The suicidal process approach to 
research, treatment and prevention (136-159). England: Wiley.
Van Heeringen, K. (2003). The neurobiology of suicide and suicidality. Canadian Journal of 
Psychiatry, 48 (5), 292-300.
Van Heeringen, K., Godfrin, K., & Bijttebier, S. (2011). Understanding the suicidal brain: 
Review of neuropsychological Studies of suicide ideation and bahavior. En O’Connor, 
R.C., Platt, S., Gordon, J. (Eds.) International handbook of suicide prevention. Research 
Policy and Practice. Chichester, U.K.: Wiley-Blackwell.
Williams, J.M., Barnhofer. T., Crane, C., Herman, D. et al. (2007). Autobiographical 
memory specificity and emotional disorder. Psychological Bulletin, 133 (1), 122-48.
Williams J. M. G., & Broadbent K. (1986). Autobiographical memory in suicide attempters. 
Journal of Abnormal Psychology, 95, 144–149.
Williams J. M. G., Barnhofer T., Crane C., & Beck A. T. (2005). Problem solving deteriorates 
following mood challenge in formerly depressed patients with a history of suicidal 
ideation. Journalof Abnormal Psychology, 114, 421–431.
World Health Organization (2014). Suicide Prevention (SUPRE). Consultado el 27 de mar-
zo de 2014. http://www.who.int/mental_health/prevention/suicide/suicideprevent/en/
Young, A. H. (2004). Cortisol in mood disorders. Stress, 7 (4), 205-208.
PARTE II
Perspectivas conceptuales y metodológicas 
de abordaje del fenómeno suicida
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
 71
CAPÍTULO 5
Una perspectiva transdisciplinar 
en el abordaje del suicidio. 
Una mirada más allá del estigma 
\�OD�H[FOXVLyQ
Elba Noemí Gómez Gómez
Sofía Cervantes Rodríguez
Casimiro Arce Arriaga
“Muñequita, le dijo el ratón,
ya no llores tontita, no tienes razón,
tus amigos no son los del mundo,
porque te olvidaron en este rincón…”
(La muñeca fea, Gabilondo Soler, CRI CRI)
Uno de los hechos que más se evidencian cada día es que la realidad está en constan-
te cambio y se caracteriza por la incertidumbre que la sensación de inseguridad y 
desprotección acompañan la vida de millones de habitantes de este mundo globali-
zado. Es en este contexto donde el suicidio, más que ser una estadística, una serie de 
causas o un listado de formas utilizadas para quitarse la vida, es un correlato entre la 
vida y la muerte; es un misterio y es un tabú. Asimismo, es un problema de múlti-
ples aristas que atraviesa edades y condiciones sociales y económicas. Es la biografía 
de muchos y es una voz preservada al silencio y la exclusión. 
El aumento de casos de suicidio en México es un hecho, también lo es que, pese 
a los esfuerzos de implementar estrategias de prevención y tratamiento, el problema 
no ha disminuido y se ha colocado como un importante asunto de salud pública. Ello 
ha demandado el impulso de investigaciones para entender la problemática, y aun-
que han aumentado las indagaciones, la mayoría de los estudios localizados en torno 
al estudio del suicidio son de corte positivista, es decir, están inscritos en el método 
hipotético deductivo, con diversas variantes. 
El privilegio de una sola perspectiva metodológica, teórica y epistémica como cri-
terio de cientificidad o la centralización en una arista del problema para desde ahí 
plantear generalizaciones, conlleva el riesgo de reducir el problema del suicidio a un 
nivel descriptivo, explicativo, taxonómico, sin abonar a un entendimiento más com-
plejo, con más posibilidades. De ahí que se plantee la importancia de ir más allá de 
las generalizaciones para centrarse en el individuo como un actor inmerso en redes 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
72 sociales y también como un sujeto de su tiempo y de su cultura. Los acercamientos 
transdisciplinares ofrecen la posibilidad de transitar entre el dato duro y la narrativa 
para evidenciar la forma de resignificar el acto suicida, para verlo como una matriz 
de significación que incluye constelaciones vinculares y emocionales. La transdisci-
plinariedad permite voltear la mirada al propio suicida, para darle voz, en un diálogo 
abierto donde los a prioris y los prejuicios se pongan en resguardo.
El presente trabajo parte de un breve recuento del estado de conocimiento sobre 
el fenómeno suicida, para más adelante abrir una discusión sobre la necesidad de 
realizar estudios “de frontera”, es decir, abordajes transdisciplinares. Para ello se con-
tó con el apoyo de una conversación con una psicoterapeuta alrededor del tema. Por 
último, se recuperaron algunas categorías sobre transdisciplinariedad en la preten-
sión de contestar a la pregunta de cómo sería el estudio e intervención del suicidio, 
desde la mirada del suicida en sus intentos de vida y muerte.
Un breve recuento
A pesar de que a finales de la década de los sesentas e inicio de la siguiente se inició 
un fuerte cuestionamiento al privilegio de una sola manera de hacer ciencia, el lla-
mado método científico, que iguala la realidad social con la natural, pretende la for-
mulación de leyes generales, desconoce el papel de la subjetividad y la interpretación 
y traduce la realidad a estadísticas. Dicho debate ha favorecido la proliferación de 
acercamientos cualitativos que en su última edición pretenden la complementarie-
dad entre lo cualitativo y lo cuantitativo; de ahí que se ha formulado que la realidad 
es cambiante, heterogénea, compleja; se reivindica el papel de los procesos de signi-
ficación, simbolización y comunicación, así como de la subjetividad y los sujetos son 
su circunstancia. Desde esta lectura ha llamado la atención que existan pocos traba-
jos investigativos que aborden al suicidio desde la perspectiva cualitativa, y por ende, 
que incluyan la integración de diversos métodos y perspectivas. Aunque cabe señalar 
que esto constituye un parteaguas, donde las preguntas sobre los significados empie-
zan a proliferar, lo cual trae consigo la necesidad de abordajes que trasciendan la 
unidad unidisciplinar, que en este texto serán llamados abordajes transdisciplinares. 
En México, los datos duros señalan al suicidio como un problema importante de 
salud en el país y reportan que este fenómeno adquiere dimensiones que han ido en 
aumento con el paso de los años y se presenta en poblaciones, edades y contextos 
sociales o personales diversos. La problemática de salud pública que esto representa 
impulsa a los profesionales y a las instancias encargadas a redoblar esfuerzos para su 
entendimiento y atención. Bajo este esquema, la preservación de la vida se torna el 
centro de las acciones y de la mayoría de las intervenciones. Ésta y otras regulaciones 
sociales orientan el proceder del profesional de la salud, quien acaba por ser el depo-
sitario de la responsabilidad de influir en la disminución de los índices de suicidio. 
En este contexto, dicho fenómeno es colocado primero en el campo de la medicina, 
luego en el de la psiquiatría y más tarde en el de la psicología y la sociología. Cabe 
señalar que las intervenciones frente al suicidio por parte de los diferentes profesio-
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
UNA PERSPECTIVA TRANSDISCIPLINAR EN EL ABORDAJE DEL SUICIDIO
 73nales de la salud –médicos, psiquiatras, psicólogos y sociólogos- no suelen estar ins-
critos en esfuerzos interdisciplinares. 
El suicidio ha sido abordado desde diversas perspectivas y estrategias metodológi-
cas. Sobresalen los acercamientos de corte cuantitativo que se caracterizan por la 
búsqueda de generalidades, estadísticas y lo cuantificable (Borges, Medina, Orozco, 
Ouéda, Villatoro & Fleiz, 2009; Miranda, Cubillas, Román & Valdez, 2009; Villalo-
bos, 2009; Vázquez, Fonseca, Padilla, Pérez & Gómez, 2005; Becerra, Páez, Robles-
García & Vela, 2004; Quintanilla, Valadez, González, Vega, Flores & Valencia, 2004; 
y Quintanilla, Haro, Flores, Celis & Valencia, 2003). Ese tipo de estudios tienen 
como objetivo reconocer factores asociados o correlacionados con el suicidio y el in-
tento suicida, tales como la depresión, la ideación suicida, algunas características de 
personalidad, adicciones, condiciones psicosociales de las situaciones de vida y otros 
más en distintos factores biológicos (Coffin, Jiménez, Béjar, Béjar & Alvarez, 2009; 
Quintanilla et al., 2004; y González-Forteza, Ramos, Caballero & Wagner, 2003). En 
los últimos tiempos también han proliferado estudios que profundizan en campos 
genéticos, psicofisiológicos o neurobiológicos concomitantes del suicidio (Currier & 
Mann, 2008; Gutiérrez& Contreras, 2008; Kiecolt-Glaser & Glaser, 1992).En rela-
ción con los métodos y técnicas empleados para estudiar el fenómeno suicida, sobre-
salen el uso de pruebas psicométricas (Borges et al. 2009; Miranda et al. 2009; Vi-
llalobos, 2009; Vázquez et al. 2005; Becerra et al. 2004; Quintanilla et al. 2003 y 
2004), como la aplicación de encuestas, cuestionarios y en menor medida entrevis-
tas (Lara & Letechipía, 2009; Borges, Wilcox, Medina-Mora, Zambrano, Blanco, 
Walters, 2005; González-Forteza et al. 2003; y González-Forteza, Ramos, Vignau & 
Ramírez, 2001).
Es importante mencionar que con respecto al fenómeno suicida, se encontraron 
pocas investigaciones que se sirvan de los métodos cualitativos, como son los estu-
dios de caso, la fenomenología, la hermenéutica, la teoría fundamentada, los méto-
dos biográficos y la etnografía. Son escasos los acercamientos al fenómeno suicida 
desde la perspectiva de los actores. Aquí se asume que el acto y el intento suicida 
pueden comprenderse mejor si se recupera la subjetividad del actor implicado en 
relación con su contexto; es decir, si se describe y conoce el modo como las personas 
que intentan suicidarse se posicionan frente a sus situaciones cotidianas, a su vida y 
al otro.
Entre los ejemplos de investigaciones que pretenden el rescate de las personas, se 
encuentra la perspectiva cognitivo-conductual que habla de la atención plena, que 
Williams y otros (2006), plantean en relación con la atención a individuos que han 
intentado suicidarse, lo que han llamado reactividad cognitiva. Desde el campo de la 
autopsia psicológica, Gavin y Rogers (2006) afirman que se obtendrían datos de 
gran valor acerca de temas victimarios o agénticos si se escucharan las narrativas de 
los sujetos suicidas, así como las de aquéllos cercanos a éstos. Asimismo, Gilboa-
Schechtman, Mark, Lubin, Bodner, Cohen y King (2007), reconocen la utilidad de las 
narrativas para alcanzar una mejor comprensión de los suicidas y del fenómeno en 
que son actores. El psicoanálisis aporta otra forma de ver el fenómeno del suicidio, 
centrado en el reconocimiento de la pulsión hacia la muerte como una tendencia 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
74 intrínseca del individuo hacia su propia destrucción, pero donde el camino del sujeto 
no está predeterminado, sino que se escucha su particularidad. 
En los estudios revisados se distinguen dos ejes en los que la mayoría suelen cen-
trar la investigación del fenómeno suicida: el grupo poblacional (infantil, en adoles-
centes, adultos) y las teorías explicativas y correlacionales, como depresión, esquemas 
cognitivos, conductas suicidas y adicciones, entre otros, que se ven involucradas con 
el acto e intento suicida. En torno a estas temáticas relacionadas al suicidio, destaca la 
asociación que se hace de este fenómeno con la depresión (Montés & Montés, 2009;, 
Vázquez et al. 2005; Hernández, Marín & Buendía, 2001; Berman & Jobes, 1991; 
Sours, 1972), ya que además se le adjudica ser una de sus principales causas. De esta 
manera, se ha fortalecido la idea de que la depresión y el suicidio van de la mano, 
asunto que también aquí se plantea como sospecha y no como una certeza.
Por su parte, lograr el entendimiento del suicidio infantil ha originado diversos 
esfuerzos dado el aumento de casos de intento suicida en niños. Tal es el caso de lo 
realizado por Miranda y colaboradores (2009), quienes enfocaron la ideación suicida 
presente en los menores, con base en tres elementos: depresión, autoestima y ansie-
dad. Sus resultados identifican a la depresión como un factor de riesgo, pero que 
bien puede estar presente o no, y a una baja autoestima que cuenta con mayor rele-
vancia respecto a la ansiedad. Una conclusión derivada de lo anterior es que el con-
texto social juega un papel importante en la conducta suicida, en la creación de idea-
ciones suicidas y en la posibilidad de llevar a cabo el acto. La pretensión es detectar 
el potencial suicida desde temprana edad, con el objeto de lograr una prevención 
adecuada y el desarrollo de programas que brinden orientación a los niños. De ahí 
que se sugiere que la intervención siga esta línea: conocer cómo se gestan las ideas 
suicidas desde la niñez. 
Macías, Colín, Juárez y Rivera (2010), si bien se centran en la intervención en 
busca de la prevención y el cuidado de los menores, también pretenden identificar 
las causas del suicidio infantil y apelan al concepto de angustia enmarcado en la 
teoría de Freud. Su propósito incluye la promoción de una cultura de protección in-
fantil y la enseñanza del autocuidado. Lo cierto es que estos y otros esfuerzos en 
cuanto a la comprensión de este fenómeno en los niños arriban a conclusiones ge-
neralizadas y caen en el lugar común, como es que el contexto social incide en los 
esquemas cognitivos, el estado emocional y biológico de los menores que atentan o 
cometen suicidio. Si bien esto arroja algunas luces en el terreno, también deja exten-
sas zonas de oscuridad. 
Se presume que la mayor parte de las investigaciones revisadas se acercan a la 
población de adolescentes debido a la alta recurrencia del suicidio en esta etapa de la 
vida. Las cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI, 
2010), confirman dicha recurrencia. Debido a ello es que se ha realizado un gran 
número de estudios donde, si bien, cada propuesta enfatiza un matiz diferente, tam-
bién hay puntos de coincidencia, como la relación cercana del suicidio con la depre-
sión, problemas familiares, adicciones, variables psicológicas, procesos psicoafecti-
vos y esquemas cognitivos del adolescente, lo que le hace más propenso a cometer el 
acto suicida. 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
UNA PERSPECTIVA TRANSDISCIPLINAR EN EL ABORDAJE DEL SUICIDIO
 75Han sido significativos los esfuerzos por esclarecer el hecho de que en la adoles-
cencia, donde despunta el impulso vital, sea donde se infrinja con mayor frecuencia 
el atentado contra la vida propia y los frutos no han sido equitativos a los esfuerzos. 
En el desconcierto que esto produce al entendimiento, se buscan nociones que den 
alguna certeza y que ayuden a desembarazarse del asunto. Tal vez por ello el empeño 
por localizar responsables (¿o culpables?), sean éstos interacciones afectivas con la 
familia, contexto económico, manejo de conflictos, dinámica de pareja o la comuni-
cación, entre otros. Lo cierto es que esto no esclarece de manera suficiente lo que 
transcurre en la vida del joven que quiere, intenta o logra su muerte. 
En cuanto a la etapa adulta y el suicidio, se encontraron pocas investigaciones. Por 
ejemplo, Becerra y colaboradores (2004), buscaron correlacionar perfiles de perso-
nalidad de los sujetos adultos con intento suicida. Encontraron que hay relación en-
tre el intento suicida y la conducta dedicada a la búsqueda de la novedad, evitación 
del daño y autotrascendencia, así como una disminución de autodirección y coopera-
tividad. Por lo demás, no se proporciona mucha información de cómo es el suicidio 
en la etapa adulta, por lo que se considera conveniente realizar más estudios que se 
enfoquen a esta etapa del desarrollo. Se encontraron trabajos más esporádicos que 
hablan acerca del suicidio colectivo. Erdely (2000), menciona que el suicidio colecti-
vo se ve influenciado por el contexto social y los ritos culturales que se viven en cada 
cultura, más que por factores individuales.
No es interés de este trabajo desvirtuar lo que otros han hecho, sino abrir brechas 
de indagación. Catalogar al fenómenosuicida como una entidad, nosología o cuadro 
psicopatológico equivale a acreditarle existencia sólo como una enfermedad, lo que 
favorece su estigmatización y lo coloca como un foco de exclusión social. Es posible 
que el camino no sea buscar una causa, erradicar una enfermedad o la extinción del 
fenómeno. El embrollo ocasionado por la condensación que se hace de causas, mó-
viles y detonantes del acto suicida, no favorece la indagación ni la comprensión res-
peto a lo sucedido, lo vivido, lo significado y simbolizado por el protagonista, quien 
habrá de conformarse con las versiones que otros se hacen de él. La simbólica que 
fragua una persona, mucho antes de cualquier atentado contra la propia vida, queda 
por lo regular asfixiada por la postura de la disciplina o la perspectiva metodológica, 
teórica o epistémica. 
Tal vez otras averiguaciones sean válidas, en particular, cuando le reconocen exis-
tencia a alguien que no la ha tenido, cuando le ofrecen un espacio, un tiempo y una 
relación que favorezcan su exposición. Cuando se plantean preguntas y no sólo res-
puestas. Cuando la búsqueda es por el significado no sólo sobre la muerte, sino 
también sobre la vida. ¿A qué le llama vida un suicida? ¿Cuál es la vida a la que se le 
quiere atar? ¿Lo que vive es vida? ¿Qué piensa de la muerte? 
La colocación de un problema complejo, sea el suicidio o cualquier otro, como 
exclusivo de un campo, de una perspectiva, deja con escasas posibilidades a la cola-
boración de otras nociones y saberes que podrían ampliar la perspectiva. Lo cierto es 
que el suicidio todavía es una interpelación, en particular cuando está en contextos 
que habrían de caracterizarse por el impulso a la vida, como son la niñez y la adoles-
cencia. La comprensión que este dilema entraña queda rebasada sobre todo cuando 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
�
 �
d
��
o
r�
al
 �
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
76 el empeño es que ésta emane sólo de la estadística. La mayor parte de las investiga-
ciones realizadas suelen atender a los criterios causales, deterministas, clasificato-
rios y de ponderaciones respecto a ciertos estándares y entidades nosológicas. 
Es ahí donde una lectura desde la complejidad y la transdisciplinariedad se presu-
me imprescindible, ya que reivindica la importancia de reconocer la existencia de 
alguien que no ha tenido voz en la doxa académica, en la política pública, en la fami-
lia, en sí, en la sociedad. En particular, en el campo de la psicoterapia, darle voz al 
suicida implica ofrecerle un espacio, un tiempo y una relación que favorezca la mul-
tiplicidad y la riqueza de sus expresiones; además de plantear preguntas, más que 
respuestas; significa la búsqueda del significado sobre la muerte, pero también sobre 
la vida; cuestionarse ¿qué sostiene con vida a un suicida? ¿Cuál es la vida que se pre-
tende salvarle? ¿Lo que el individuo vive es vida? ¿Cuál es su anhelo respecto a la 
muerte? Y por último, ¿por qué asusta tanto la posibilidad de su muerte? 
La transdisciplina como postura y como discusión teórica es palabrería si no se 
aborda desde la práctica. En esta línea se presenta el siguiente acápite, producto del 
diálogo con una psicoterapeuta quien comparte sus reflexiones en torno a sus en-
cuentros con el suicidio y con el suicida, a propósito de una práctica caracterizada 
por el arribo a la transdisciplina. 
Transdisciplinariedad: una puesta en escena
El proyecto de investigación titulado El proceso de simbolización y el cambio personal en 
mujeres adultas jóvenes con intento suicida, a partir de su participación en un proceso de 
acompañamiento psicoterapéutico individual, pretende dar cuenta de una experiencia 
transdisciplinar a partir de la atención psicoterapéutica a seis personas con intento 
suicida, junto con un espacio colectivo donde los psicoterapeutas comparten semana 
a semana su experiencia en torno a la atención de los casos. En este proceso lo inves-
tigativo y lo psicoterapéutico confluyen, se contraponen, demandan rigor y respeto 
para cada campo y para cada estilo terapéutico. Desde este espacio es que se estable-
ce la siguiente conversación con una psicoterapeuta que además tiene experiencia en 
el ámbito investigativo. 
Entrevistador: la base de la entrevista es la transdisciplinariedad en relación con el 
abordaje del suicidio, para ello te planteamos un par de preguntas: ¿por qué es im-
portante un acercamiento transdisciplinar al fenómeno suicida? y ¿qué implicacio-
nes tiene el construir conocimiento desde esta perspectiva? 
Psicoterapeuta: el paradigma de la formación impacta en la posición en que una 
se coloca, tanto para intervenir como para investigar. La primera vez que me encon-
tré con una persona, que bajo diferentes modalidades atentaba contra su vida, fue en 
el campo clínico y desde entonces no pude desligar el tema del suicidio de mi activi-
dad como psicoterapeuta. Pero también me encontré con que la práctica te obliga a 
cambiar la mirada y a moverte, incluso para sobrevivir. Parafraseando a Touraine 
(2002), los esfuerzos han de ser por encontrar a este individuo y reconocer que es 
sujeto de su tiempo y sus circunstancias. 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
UNA PERSPECTIVA TRANSDISCIPLINAR EN EL ABORDAJE DEL SUICIDIO
 77E:¿En qué consistió ese movimiento?
P: Llega un momento en que considerar a la teoría, y en particular a la psicología clíni-
ca como columna vertebral, resulta insuficiente. Porque el intento y la consumación del 
suicidio rebasan todos los diques que me había puesto, todos los secretos y los silencios; mis 
adscripciones se vieron cuestionadas. De manera simple, me encontré con que mi marco 
explicativo era insuficiente para abatir un poco la disonancia cognoscitiva entre lo que sa-
bía y lo que me presentaba la realidad. En ese entonces, yo no sabía qué era transdisciplina, 
ni interdisciplina. Fueron las situaciones las que me llevaron a abandonar aquellas prime-
ras certezas clínicas y a incorporar nuevos saberes. Pienso que ese trastocamiento fue lo más 
valioso; ahora sé que a eso le llaman transdisciplina. 
E: Dices: “A mí me llevó a trastocar mi postura, mi marco interpretativo era insu-
ficiente”; en general, ¿consideras que a los psicoterapeutas les pasa lo mismo?
P: No lo sé. Lo que sí creo que marcó una diferencia es que de las 15 personas que en un 
inicio llegamos a trabajar en el psiquiátrico, en un lapso de tres años sólo quedamos cuatro 
psicólogos y, al poco tiempo, los otros tres renunciaron. Del personal que laborábamos, dos 
tuvieron intento de suicidio, otros desarrollaron adicciones y para qué te cuento lo demás. 
De muchas maneras captábamos lo contaminante y lo complejo del trabajo; con el paso del 
tiempo, de manera metafórica me fugué del campo. Abogamos muchos años por evidenciar 
lo que llamábamos el contagio psicológico y emocional, pero no conseguimos nada…
E: Fíjate que una de las conclusiones a las que hemos llegado en la investigación 
que realizamos es que la implicación del psicoterapeuta tiene que ser diferente cuan-
do se trabaja con personas con intento suicida. Éste es uno de los ejes del estudio, en 
el que documentamos seis casos de mujeres, adultas con intento de suicidio que 
participan en un proceso psicoterapéutico. ¿Qué nos puedes comentar sobre eso?
P: Te platicaba sobre mi “fuga del campo” (risas). Esa “fuga” me quitó del lugar del 
deber ser, que se traduce en que yo tengo que dar solución al problema del suicidio. En el 
trabajo con el suicida hay mucho riesgo, ya que el psicoterapeuta no puede escaparse de una 
fuerte implicación con el otro: toca su persona,su relación con la muerte, con la vida, en sí, 
la construcción de sentido. Me refiero a la resonancia con el otro, la cual no sólo le sucede 
al psicoterapeuta, sino a cualquiera que se acerque al campo del suicidio. Esto no es un 
asunto sencillo de manejar, tal vez es por eso que se suele abandonar al suicida, quien en 
general no tiene un lugar claro en la sociedad, en la política pública, entre los profesionales 
de la salud, ni en las instituciones sociales. En cambio, cuando tú le abres un espacio para 
el encuentro, se establece una resonancia emocional que favorece que ambos coloquen sobre 
la mesa los temas sobre la vida y la muerte, donde el acto suicida no es el único foco.
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
�
 �
d
��
o
r�
al
 �
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
78 E: ¿Lo que dices es que moverte de tus trincheras también toca el tema de la impli-
cación?, ¿dices que asumir una fuerte implicación no es opcional?, ¿que fue un asunto 
de sobrevivencia? O sea, ¿que si tú no te hubieras movido de tu nicho de seguridad, de 
tus comodidades, la contaminación emocional hubiera sido más intensa?
P: Sí, y además ese desplazamiento trajo consigo otros requerimientos: la actualización 
constante, llevar un proceso psicoterapéutico, tener un equipo de trabajo, tener supervisión 
de casos y la revisión de la implicación personal; si bien estas cuestiones son inherentes a la 
labor del profesional de la psicoterapia, cuando el tema es el suicidio, resultan imprescindi-
bles; además le confieren a la práctica un carácter transdisciplinar. 
E: La medicina aún ocupa un lugar protagónico en el tratamiento del suicidio, en 
particular la rama de la psiquiatría, ¿frente a esta realidad, qué papel juega el psico-
terapeuta? 
P: Es curioso, es un tema controvertido porque, si bien el médico toma a su cargo la 
corporeidad, en el sentido de salvaguardar la vida del Otro, luego no sabe qué hacer con lo 
demás; es decir, con la persona y su vida. El suicidio todavía resulta una entidad muy mis-
teriosa, lo que te obliga a aceptar que existen áreas o reductos inimaginables. Además, creo 
que la transdisciplinariedad te obliga a trabajar con otros y el suicidio, en particular lo 
amerita. El psiquiatra suele trabajar solo. 
E: ¿Por qué?
P: Lo decía antes, por nuestras limitaciones para desentrañar ese misterio. Para mí, esto 
se evidenciaba en casos en que la persona en apariencia no había dado señales de una tenden-
cia suicida y de repente efectuaba el acto. Entonces constatar, estar cerca del fenómeno, te re-
mite a tus propias limitaciones, a tus fragilidades, a tu relación con la vida y con la muerte. 
E: En relación a los estudios que se han realizado en torno al intento suicida y del 
suicidio en sí, aparece una fuerte tendencia por buscar de manera acuciosa sus cau-
sas. Pero nos hemos encontrado con esfuerzos de estudiosos y profesionales, cada 
vez más frecuentes, por preguntarse por los significados. ¿Qué relación tiene con lo 
que estás diciendo?
P: El paradigma de la causalidad nunca me ha convencido y no sólo en relación al sui-
cidio. Pongo el ejemplo de un psiquiatra que decía: “es que ya entendí que el problema que 
tengo con las mujeres es mi madre”. Y luego agregaba; “¿y?, ¡mi problema sigue igual!” El 
conocimiento de las causas, que además son volubles, variables y escurridizas, no arroja 
suficientes luces. Me parece que ha sido una postura explicativa insuficiente. Además se 
confunden las causas con los detonantes del suicidio, que no es lo mismo; lo que solemos ver 
son estos últimos, que en realidad son eventos concomitantes, lo que no equivale a conocer 
sus causas. Creo que acercarte a los significados del Otro te ofrece más posibilidades de 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
UNA PERSPECTIVA TRANSDISCIPLINAR EN EL ABORDAJE DEL SUICIDIO
 79apreciar las modalidades suicidales. Aquí entramos en el terreno de la contextualización 
del fenómeno: ¿a qué le llamamos suicidio? 
E: ¿Y, para ti, qué es el suicidio?
P: La categoría de suicidio está muy “hurgada”; lo interesante es acercarnos a su com-
prensión desde la vida cotidiana. Por ejemplo, la psicopatología de las personas internas por 
intento suicida en instituciones públicas de salud es muy acuciante; te da en cara por lo 
burdo: ver que una persona se está desangrando en tus narices y que a pesar de todos los 
cuidados, de los filtros y vigilancias, de todas maneras lo vuelve a intentar y muchas veces 
hasta consumar su muerte. Llega un momento en que llamarle suicidio, a mí remite a algo 
en apariencia muy sabido, “¿suicidio de qué?” Lo interesante es averiguar ¿cuál es el canto 
de esta persona? ¿Cuál melodía se sabe y conoce? Y cuando alguien me habla del suicidio 
lo primero que le digo es: “¿de qué me estás hablando?”. Hay que romper con el paradigma 
desde donde se entiende al suicidio como el acto de quien toma una pistola y se dispara. 
E: Entonces ¿qué sí es?
P: Pues cuando menos hemos de reconocer que el suicidio es un fenómeno complejo, de 
muchas dimensiones, multicausal y en sí, que es una expresión de su época. Se trata de 
reconocer cómo son esas ganas de morir y sus manifestaciones en términos de lo que pode-
mos llamar la vida cotidiana de la adhesión a la muerte. Es decir, no reducir la manifesta-
ción de “querer morirse” a una psicopatología, sino perseguir el sentido que tiene para la 
persona. Cuando te acercas realmente, la mayoría de las veces, no te sorprende que esta 
gente...
E: Se quiera morir. 
P: ¡Y muchas veces, se muere! Ya no te sorprende su muerte.
E: ¿Como si el tejido de la vida se construyera en una simbólica de la muerte? ¿Eso 
planteas?
P: No sé, pero el tejido de la vida incluye la muerte. En algunas ocasiones es el tendido, 
en algunas otras es el significado de la vida. 
E: ¿Quieres decir que es el tendido existencial y que va más allá de la literalidad de 
morirse?, es decir, ¿que a la mejor te mueres diario? 
P: Sí, y de ahí esa dificultad hasta para nombrarlo. Porque no se quedó en el pasado, es 
un gerundio: te sigue matando - te sigues matando. 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
�
 �
d
��
o
r�
al
 �
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
80 E: ¿Aquello que te mató y que te sigue matando y por lo tanto te matas? ¡Pues ya 
nos rompiste aquí todos nuestros esquemas! ¡Ya aumentaron las preguntas!
P: Se trata de una postura interrogante, de recibir y estar dispuesto a que la realidad te 
sorprenda, la realidad del otro e ir aprendiendo con ello. Y luego la dificultad de que, ¿con 
qué esquemas lo explico, cuál es la explicación que le puedo dar a esto? Y no dar una reso-
lución. Porque también ése es otro asunto que tiene que ver con la formación, creer que tú 
eres el resolutivo y por lo tanto que tienes el poder de evitar el suicidio. Esto es una trampa, 
un autoengaño.
E: ¿Dices que cuando se va tejiendo este asunto de la muerte como simbólica se 
hace acopio de todos los recursos? y bueno, me voy a atrever con esta pregunta: ¿el 
suicidio te habla de algún grado de libertad, de voluntad, de actoría?
P: Sí, y ahí es donde las categorías a priori que tiene uno se superponen a los significados 
del otro. Al Otro ni voz le diste, y en ese sentido, colocarte con esta actitud de ignorancia 
frente al Otro, te da más chance de oír su voz. En el entendido que uno no le da ni le quita 
la voz al otro, pero a veces sí se la arrebatas; el ejercicio terapéutico es intrusivo, implanta 
y hay una violencia. Eso lo aprendícon el suicida: hacer todos los esfuerzos en un aparente 
resguardo de la vida, cuando muchas de las veces, la vida del Otro no es vida.
E: Claro, cuál vida se preserva, si eso no es vida. Decías tú, muchos psicoterapeu-
tas, muchos profesionales se acercan al Otro con sus predisposiciones, con sus pre-
juicios, con sus escalas valorales, con su valor o simbólica sobre la vida y la muerte, 
pero ¿qué tanto tener enfrente a una persona con intento suicida también transgrede 
tus propias concepciones? ¿Qué tanto te proteges? ¿Qué tanto te atrincheras y buscas 
esquemas tradicionales de atención para preservar tu propio sentido?
P: Sí, yo creo que la psicoterapia es una transgresión mutua. Cuando le decía a María 
Elena, una mujer con varios intentos de suicidio: “Tu opción me cuesta trabajo” y ella me 
decía: “pues a mí la tuya también”. 
E: ¿Y cuál era su opción?
P: Morir, morir, ella lo sabía. En el encuentro con un suicida, necesariamente la indivi-
dualidad se ve tocada, se ve cuestionada, interpelada. 
E: ¿Estás afirmando que muchas veces se abstrae la vida de la persona?, ¿sugieres 
que nos encontramos frente a un proceso de simbolización sobre la muerte que se 
ha instalado como referente identitario? 
P: Sí, sí. Por ejemplo, los estándares y las regulaciones sociales hacen que el suicida no 
tenga con quién hablar, que quede enmudecido. Porque la religión, la familia, las normas 
sociales y la estigmatización de que es objeto, hace que se agrave la situación. Pero si habla-
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
UNA PERSPECTIVA TRANSDISCIPLINAR EN EL ABORDAJE DEL SUICIDIO
 81mos de legitimidades, el suicida tiene derecho a legitimar que lo que vive no es vida. Enton-
ces esto toca nuestras incapacidades de orden psicoterapéutico y la carencia de recursos, no 
se diga, los personales. 
E: Y como asunto de salud pública, más, ¿verdad?
P: ¡Claro! A mí me queda una certeza: que a las instituciones públicas no les importa 
la gente. 
E: Es que lo que tú estás cuestionando de fondo es la consigna con la que suelen 
funcionar las instituciones públicas de salud frente al suicida: mantén tu vida, man-
tente con vida, aunque tu vida no sea vida, ¿cierto? ¿Insinúas que la persona que in-
tentó suicidarse tiene algún grado de actoría?
P: Claro. El albedrío le permite a la persona, ésta y múltiples expresiones. Para el psico-
terapeuta es importante reconocer la dignidad del Otro. Como dice un amigo: “Frente al 
suicidio, descálzate porque entras en el terreno del Otro. Sé respetuoso, ¡pisas terreno sagra-
do!” Y me parece que esta conciencia está muchas veces carente en los terapeutas. Porque 
tenemos muy incrustada la idea de que hay que buscar el desarrollo del Otro y, ¿qué entien-
des por esto y por bienestar, su bienestar? Esto yo creo que se aprende más con la gente que 
en los libros. Por supuesto que hay que teorizar, reflexionar y revisar tus marcos explicati-
vos, los que al irse ampliando, te llevan a reconocer tus alcances y limitaciones en la com-
prensión del fenómeno. No se trata de entenderlo todo, sino de colocarte a manera de Bau-
man, como caminante por la vida y la profesión; un caminante que busca las maneras de 
acercarse cada vez más a la comprensión del Otro y de sus significados.
E: De regreso al tema de la transdisciplina ¿Cómo crees que habría que confor-
marse el fenómeno suicida como objeto de estudio transdisciplinar?
P: En primer lugar creo que es más liberador que se haga desde múltiples miradas y 
junto con otros, no en solitario. El reconocimiento de las incapacidades propias es impor-
tantísimo. También es central otorgarle al suicidio y al suicida un lugar y una voz propia. 
De la otra manera, los caminos se cierran. Te puedo decir, que como psicoterapeuta, cuan-
do estás frente a un suicida, ganar tiempo es clave: ganar tiempo para que el sujeto aparez-
ca, para que emita su voz. Se trata de un contrato terapéutico sin prisas, para que el suici-
da tenga la vivencia de que puede construir una relación, que puede construir un espacio 
en la vida, que es posible que alguien no lo abandone. Y también que es importante estable-
cer y cuidar el vínculo.
E: Hablabas acerca de acercarte a las personas con intento suicida como algo sa-
grado. ¿Puedes ahondar en esto? es muy metafórico, ¿no?, muy irónico, muy paradó-
jico. Cuando existe tal estigma sobre alguien que atenta contra su vida y que tú su-
gieras atender estas problemáticas, estas situaciones desde la sacralidad… 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
�
 �
d
��
o
r�
al
 �
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
82 P: Me refiero a que es muy frecuente una postura soberbia de tu saber sobre el Otro. Y 
esto ha favorecido una práctica psicoterapéutica impositiva e investigaciones sesgadas. Los 
estudios de Foucault abonan al cuestionamiento sobre el uso del poder por parte del profe-
sional de la psicoterapia; por otra parte Bourdieu habla de la violencia simbólica que im-
plica el encuentro con el Otro. Cuando menos a mí, lo que más me ha ayudado en la 
comprensión del suicida, ha sido cuando escucho su voz. Una voz que permite el habla del 
acto y no solamente el acto silencioso y a escondidas, como suele darse en el suicidio. Cuan-
do el suicida expresa ante el Otro qué le pasa, cómo lo vive, qué le sucede, y cuáles son sus 
convicciones, es distinto. Para mí el suicidio es un fenómeno que se encuentra presente en 
la condición humana y que se expresa de múltiples formas. 
E: Sí, ya que en los esfuerzos por dar cuenta de las causas del suicidio desde están-
dares de medición, se ha abaratado el término. Pero también proliferan los intentos 
de los profesionales y del Estado por entender para controlar. Pero lo único que se 
hace es oscurecer más el problema. ¿Quisieras decir algo más? 
P: Me quedé pensando en el asunto de la depresión. Es que a cualquier cosa le estamos 
llamando depresión. Y luego te das cuenta de que hay una industria farmacéutica, ¡suma-
mente interesada en la venta de antidepresivos! De las experiencias más frustrantes que he 
tenido, han sido cuando se les aplicaba antidepresivos a los suicidas, porque se les callaba 
nuevamente. Y estos silenciamientos siguen siendo frecuentes al día de hoy. Y luego, esta 
asociación rápida que solemos hacer entre suicidio y depresión, cuando un depresivo te dice: 
“bueno, es que no le encuentro chiste a la vida”, y lo traduces en que se quiere morir… 
E: Claro, pero esto no lo coloca como un…
P: Suicida, claro que no. Incluso existen estudios que afirman que “el depresivo” no tiene 
la energía suficiente para quitarse la vida. Quiero cerrar diciendo que en el campo del sui-
cidio la transdisciplinariedad extiende su reino para involucrar la vida del terapeuta, desde 
esta perspectiva, se acepta que hay otros mundos, otros lenguajes, otras maneras de vivir y 
de morir. 
E: Muchas gracias. Entonces podemos afirmar que la atención al fenómeno suici-
da demanda el abandono de una postura unidisciplinar, así como el recuento de los 
recursos propios y la honestidad para reconocer que éstos, muchas de las veces resul-
tan insuficientes para enfrentar la problemática. En esa línea, la posición salvífica en 
la que caen en diversas ocasiones los profesionales, resulta un engaño. El suicidio es 
un misterio por resolver, es un campo abierto, es una oportunidad para la transdisci-
plinariedad. 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
UNA PERSPECTIVA TRANSDISCIPLINAR EN EL ABORDAJE DEL SUICIDIO
 83Transdisciplinariedad.Un lugar, una mirada, un posicionamiento
Todo lo anterior lleva a afirmar que entender y desarrollar estrategias de atención al 
fenómeno suicida implica un nuevo posicionamiento y tomar una actitud transdisci-
plinar. Para ello habrá que contestarse a la pregunta ¿qué es la transdisciplina?
Un antecedente importante en torno al tema es la llamada Carta de la transdisci-
plinariedad, que es producto de la reflexión del Primer Congreso Mundial sobre 
transdisciplinariedad, llevado a cabo en el convento de Arrábida, en Portugal en 
1994. Dicho documento se conforma por un conjunto de principios alrededor del 
quehacer transdisciplinario y constituye un contrato moral en donde se plantean las 
directrices que responden a lo que se denominó empobrecimiento intelectual, resul-
tado de las construcciones monodisciplinares, que llevan a un saber acumulativo que 
no incluye el diálogo. De una ciencia tecnológica que sólo da cuenta de la eficiencia 
por sí misma, que no reconoce la complejidad, tiene una perspectiva lineal, genera 
desigualdad, compartamentaliza, individualiza y fragmenta. Para ello se propuso 
realizar una mutación en el uso del saber y reconocer a los distintos saberes. 
En el artículo número 2 de esta Carta se plantea que: “El reconocimiento de la 
existencia de los diferentes niveles de realidad, gobernados por diferentes tipos de 
lógica, es inherente a la actitud transdisciplinar” (De Freitas, Morin, Nicolescu et al., 
1994, p. 3). No se puede hablar de transdisciplina sin hablar de complejidad. En el 
caso de los esfuerzos por dar cuenta del fenómeno suicida se ha tendido a la genera-
lización, como ejemplo de ello está la proliferación de estudios tendientes a la cons-
trucción de perfiles de riesgo suicida y la identificación de causas. Abordar el proble-
ma del suicidio desde la complejidad implica incluir los diversos ámbitos de la 
existencia, para ir más allá de lo cognitivo y lo conductual; por ejemplo, considerar la 
trayectoria de vida, el papel de la imaginación, las representaciones en torno a la vida 
y la muerte, las matrices emocionales y vinculares y la identidad. Aceptar la existen-
cia de otras dimensiones de la vida, otras manifestaciones y expresiones, lo que abre 
nuevas perspectivas de entendimiento sobre la realidad y, por lo tanto, mayores posi-
bilidades de intervención. 
En el conocimiento complejo, la unidad disciplinar toca sus límites al evidenciar-
se su incapacidad para abarcar los diferentes niveles de la realidad. En consecuencia, 
se tiene que dar la apertura de sus fronteras, sus saberes y sus métodos. El reconoci-
miento de estos límites no significa su desaparición, más bien, indica la necesidad 
de construir un conocimiento de frontera, que de manera paradójica, abona al forta-
lecimiento de las mismas disciplinas. Así lo consigna el artículo número tres de la 
Carta de la transdisciplina: 
La transdisciplinariedad es complementaria al enfoque disciplinario; hace 
emerger de la confrontación de las disciplinas nuevos datos que las articulan 
entre sí, y nos ofrece una nueva visión de la naturaleza y de la realidad. La 
transdisciplinariedad no busca el dominio de muchas disciplinas, sino la 
apertura de todas las disciplinas a aquellos que las atraviesan y las trascienden 
(De Freitas et al., 1994, p. 3).
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
�
 �
d
��
o
r�
al
 �
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
84 El entendimiento del suicidio que se circunscribe a determinados límites no tiene 
posibilidad de existencia más allá de éstos. Una de las limitaciones más grandes im-
puestas a la comprensión en torno al suicidio y al suicida es haberlos colocado como 
una alteración de la salud mental o como una entidad patológica a priori; por lo tanto, 
de esta manera son tratados, tanto en lo social como en el ámbito profesional. 
Por ello, aquí se propone que para abordar el suicidio es necesario ir más allá de 
lecturas y tratamientos apriorísticos emanados de estrategias de medición y compa-
ración que generalizan y atrapan en una lógica causal, determinista y lineal tanto al 
fenómeno, como al propio investigador y al profesional, cuando la vida no corre por 
esos caminos.
Es imprescindible abatir el ocultamiento, el silenciamiento y la no existencia de 
aquel que como un sacrilegio decide no desear su vida y realiza acciones para acabar 
con ella. Es aquí donde se considera importante afirmar que una perspectiva transdis-
ciplinar en torno al suicidio ofrece mayores posibilidades para su comprensión. Nico-
lescu (1996), señala que la realidad es discontinua y posee diversos niveles simultá-
neos; por lo tanto, su abordaje invita a colocarse en un espacio transdisciplinario 
caracterizado por su discontinuidad. La realidad es multideterminada, multireferen-
cial, heterogénea; no es lineal ni obedece a lógicas causales, ni deterministas. La rea-
lidad está desbordada, diría Giddens, (1999). Hablar del suicidio y del acto suicida no 
puede hacerse al margen de esta discusión. Si los hombres y mujeres de este mundo 
construyen su vida entre los riesgos, si caminan en las fronteras y en los quiebres 
identitarios, entonces es necesario abordar el tema desde planteamientos complejos, 
transdisciplinares. A manera de paráfrasis de lo dicho por Martín Barbero y Nicoles-
cu (1996), habrá que construir conocimiento y alternativas en ese lugar donde las 
fronteras se erigen y se rompen. 
Para construir conocimiento social, es menester hacerlo desde las fronteras 
entre las disciplinas, desde acercamientos complejos y desde la creatividad 
metodológica, atributos, todos ellos, de la transdisciplinariedad. Desde esta 
perspectiva, el papel del investigador de lo social se ve impactado, se le de-
manda colocarse como actor social en el interjuego entre la ética, la vigilancia 
epistemológica y el rigor metodológico (Gómez, 2011, p. 377).
La transdisciplina es un diálogo entre disciplinas, entre epistemes, entre procesos 
de conceptualización y de explicación. La actitud transdisciplinar busca comprender 
las relaciones complejas de los sujetos y los objetos (Pérez Luna, Alfonzo Moya, Cur-
cu Colón, 2012, p. 25). Como dice Martín Barbero, Jesús. Seminario “Comunicación 
y culturas en globalización” marzo 22 de 2004, ITESO, Guadalajara, Jalisco, México, 
se vuelve necesario juntar el conocimiento disperso. En la transdisciplina, no se trata 
de antagonizar los esfuerzos disciplinares, sino de complementarlos, de articular el 
conocimiento.
La transdisciplina es producto de un rompimiento paradigmático, relacionado 
con la forma de construir conocimiento que condujo a la proliferación de plantea-
mientos de corte cualitativo en complementariedad con los cuantitativos. Para efec-
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
UNA PERSPECTIVA TRANSDISCIPLINAR EN EL ABORDAJE DEL SUICIDIO
 85tos de la visión transdisciplinar, la postura cualitativa permite establecer una relación 
dialéctica entre sujeto y objeto de conocimiento. En esa relación interviene la subje-
tividad de ambas partes, el objeto estudiado no se puede entender con independencia 
de los sujetos y de los contextos en que esta realidad es conocida.
La metodología cualitativa rescata la subjetividad tanto del investigado como 
del investigador, rescata también los procesos de interpretación y de subjeti-
vación. En este tipo de investigación se concibe al objeto de estudio como una 
realidad construida socialmente, y los objetos son sujetos sociales que se au-
toconstituyen (Dávila, 1995).
El investigador y el psicoterapeuta colocados en una perspectiva transdisciplinaria 
pugnan por la fidelidad a lasconstrucciones y significados propios de los sujetos, de 
los suicidas, en el tema aquí tratado. La vida conlleva una riqueza y complejidad que 
impele a apreciar el valor que tiene la existencia de aquel que quiere y busca morir. 
Preguntas como: ¿De qué hablan cuando hablan de suicidio? ¿Qué significado tiene 
la propia muerte? ¿Es acaso una denuncia, una manera particular de decir algo? 
¿Con quién o con qué se quiere acabar? ¿Se quiere se y puede conceder dignidad a 
aquel que insiste en acabar consigo mismo? A pesar de los múltiples esfuerzos para 
esclarecer estas interrogantes pareciera que el suicida sigue relegado; es decir, el su-
jeto, para sólo quedar como deficiencia, carencia, estadística y desviación que hay 
que corregir. De esta manera, la persona que no quiere vivir queda abandonada en 
un rincón, en la nada, como la muñeca fea de CRI CRI. Si en verdad se quiere enten-
der lo que le sucede al suicida, es menester rescatarlo desde su capacidad de actoría. 
La transdisciplina formula un nuevo modo de abordar los fenómenos desde una 
forma distinta de pensar e imaginar lo impensado, y el proceso creador; toma como 
referencia a los saberes disciplinares, pero los trasciende para llegar a los transabe-
res, donde se juega con lo ilimitado, lo inédito, lo no conocido (Pérez Luna et al., 
2012, p. 16). Estos transaberes surgen mediante la superación de lo constituido, de 
la crítica a las dicotomías perpetuadas por los saberes oficiales, del diálogo de los di-
ferentes saberes, así como por el movimiento de conceptos y categorías.
Lo transdisciplinario permite incorporar saberes extraacadémicos: identidades, 
formas de aprender, maneras de concebir el conocimiento, hibridaciones culturales 
y transmisión de experiencias, entre otras. Los transaberes implican una forma di-
versa y heterogénea de pensar la realidad que es compleja y está inacabada. Para que 
se dé la producción de un saber nuevo debe desplegarse la creatividad (Pérez Luna et 
al., 2012, p. 17) y hablar del encuentro, de la realización y apertura a los transaberes, 
del diálogo entre los saberes del investigador y del investigado, del psicoterapeuta y 
el suicida.
En un posicionamiento transdisciplinar, de cara a la relación con el Otro, tanto el 
investigador como el psicoterapeuta se encuentran inmersos en lo político; ambos 
son actores que tienen un lugar en la crítica social, que en el caso del suicidio se 
ejerce desde una doble indignación: frente al estigma y la exclusión. El investigador 
del suicidio tendrá el compromiso de dar cuenta de las construcciones y los signifi-
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
�
 �
d
��
o
r�
al
 �
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
86 cados de los sujetos a los que estudia, así como de la propia postura teórico-metodo-
lógica, ahora móvil y flexible. El camino de la transdisciplina es la construcción co-
lectiva del conocimiento social pertinente, lo que da cabida a las diversas expresiones, 
puntos de referencia, anclajes e intermitencias de los sujetos.
Algunas conclusiones
Estudiar el tema del suicidio desde la transdisciplinariedad perfila una manera de 
acercarse a la realidad, la cual pretende ir de acercamientos nominativos a perspecti-
vas en permanente construcción. Se asume de base la posibilidad de incluir múlti-
ples inscripciones en campos de conocimiento y epistemes. La transdisciplinariedad 
reivindica la flexibilidad de los planteamientos que integran saberes de otros campos 
disciplinares, de la filosofía, de las artes, entre otros y, por ende, modos distintos de 
entender la construcción de la realidad y de intervenirla.
En los estudios transdisciplinares, el conocimiento se construye a partir de nudos. 
Es un tejido en red con énfasis en la reflexividad, en lo dialógico, en la intersubjetivi-
dad y en el trabajo colaborativo; rompe con la dicotomía entre objeto y sujeto para 
incluirse en la circularidad entre ambos para salir del dualismo que resulta reduccio-
nista y simplificador: el investigador es productor y producido. “ Se trata de reincor-
porar la subjetividad en el quehacer investigativo, para formar parte de la compren-
sión compleja de la realidad” (Carrizo, Espina & Klein, 2004, p. 51). De manera 
metafórica, el sujeto observado cambia al ser observado, como también lo hace el 
observador. 
El abordaje transdisciplinar de problemáticas complejas, como es el caso del sui-
cidio, requiere de una constante vigilancia epistemológica por parte del investigador 
y del psicoterapeuta, lo que conlleva al cuestionamiento sobre sus paradigmas y le 
demanda la construcción de nuevas redes y circuitos de comunicación con los suje-
tos implicados. Operación durante la cual, su identidad resulta trastocada:
“En la relación entre objeto de estudio y sujeto investigador se produce una rela-
ción de sentido. La construcción de conocimiento, desde esta perspectiva, remite a 
una relación puesta en escena donde el investigador es al mismo tiempo sujeto in-
vestigado, que participa de la subjetividad-objetividad, en la intersubjetividad” (Gó-
mez, 2011, p. 383).
La manera en que se entiende al suicida matiza la práctica psicoterapéutica y los 
alcances en la producción de conocimiento, en el caso del investigador. Si éste no es 
capaz de abandonar sus certezas, quedará condenado a ser parte de los dispositivos 
sociales que excluyen al sujeto suicida, el cual se caracteriza, de por sí, por ser escu-
rridizo y ambiguo en sus demandas y respuestas frente a los ofrecimientos de ayuda. 
La transdisciplinariedad se erige contra los sesgos y reduccionismos en el enten-
dimiento de la realidad; se coloca en el desmontaje, en la frontera, en la fisura, en el 
movimiento constante, para dar lectura a los flujos de significados, metáforas, repre-
sentaciones e identidades. La realidad se mantiene abierta y no es lineal, por lo tanto, 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
UNA PERSPECTIVA TRANSDISCIPLINAR EN EL ABORDAJE DEL SUICIDIO
 87la mirada sobre el sujeto cambia, se le concibe como actor protagónico, con la centra-
lidad en su voz, en su proceso de significación y en su acción frente al mundo. 
Se trata de enfrentar la incertidumbre, de ir armando nuevos esquemas y marcos 
explicativos, con todo y su provisionalidad. El que aborde el fenómeno suicida habrá de 
colocarse en otro lugar y colocar al Otro también en distinto sitio: un lugar de respeto 
y de reconocimiento, donde la alteridad y la interculturalidad confluyan. Es entrar en 
el terreno de la reflexividad que promueve el reposicionamiento, entonces es difícil 
hablar de “esto se debe de hacer”, para dar lugar a la pregunta de ¿quién es el Otro? Las 
prácticas habrán de responderlo. 
En el constructo de abogar por la vida, herencia del campo de la medicina, suele no 
darse voz al lenguaje de la muerte, cuando ésta forma parte de la identidad suicida. Las 
supuestas causas del suicidio sólo suelen ser detonantes que en la literatura terminan 
por aparecer como un listado que intenta explicar el problema del suicidio y pretende 
controlarlo. Entre las “causas” más comunes se incluyen los conflictos amorosos, los 
estados depresivos, problemas familiares, falta de comunicación, violencia, problemas 
económicos, de salud o adicciones. Con ello, todavía se desconoce que el suicida elabo-
ra una simbólica sobre la muerte que ha construido a lo largo de su vida, con distintos 
gradientes, matices y expresiones.
No se trata de sacralizar y trabajar para la muerte, el asunto es indagar dónde se en-
cuentra al sujeto suicida entre sus propias ruinas y en sus edificaciones. Encontrarlo y 
descubrir que ahí se manifiestan losmatices de su actoría, sus ofrendas, sus decisiones. 
Porque en un intento suicida se encuentra una persona con capacidad de actoría y auto-
ría. Aunque en el suicidio ésta aparezca a primera vista como reducida a una mínima 
expresión, habrá que ir contra corriente y recordar que se trata de una persona con una 
historia, un sufrimiento y una voz que se ha irrumpido con este acto. Reconocer que al 
dar el espacio se mueve todo el texto
La transdisciplinariedad es un acercamiento al servicio del fenómeno, a su entendi-
miento, su tratamiento; todo ello implica una reconceptualización, donde es un gran 
reto lograr que los deseos de morir tengan voz, sean escuchados y legitimados. El sui-
cida es un sujeto de su tiempo. 
La naturaleza propia del suicidio llama a los acercamientos transdisciplinares, ya 
que una sola perspectiva no puede dar cuenta de su complejidad. La convocatoria a 
otros saberes abre posibilidades de una comprensión más amplia del fenómeno, y por 
lo tanto, diseñar e implementar estrategias más pertinentes de intervención. Los acer-
camientos transdisciplinares reivindican una postura ética y política, un compromiso 
con la realidad estudiada y con los sujetos implicados; es una práctica comprometida 
desde donde el profesional y el investigador se pronuncian y se responsabilizan de lo 
producido de manera social. En un ejercicio transdisciplinar se construyen nuevos ri-
gores, donde lo político y lo ético entran en juego, puesto que ni la práctica, ni la pro-
ducción de conocimiento son disciplinares ni neutrales. La experiencia ha mostrado 
los alcances y limitaciones existentes en torno al suicidio, por lo que todavía valen la 
pena otros esfuerzos.
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
�
 �
d
��
o
r�
al
 �
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
88 Referencias
Becerra, B., Páez, F., Robles-García, R. & Vela, G. (2004). Perfil de temperamento y carácter 
de personas con intento suicida. Actas españolas de Psiquiatría, 32 (5), 259-263.
Berman, A. & Jobes, D. (1991). Adolescent Suicide Assessment and Intervention. EUA: Ameri-
can Psychological Association.Borges, G., Medina, M., Orozco, R., Ouéda, C. et al. 
(2009). Distribución y determinantes sociodemográficos de la conducta suicida en Mé-
xico. Salud Mental, 32 (5), 413-425.
Borges, G., Wilcox, H., Medina-Mora, M., Zambrano, J. et al. (2005). Suicidal behavior in 
the Mexican National Comorbidity Survey (M-NCS): Lifetime and 12-month prevalence, 
psychiatric factors and service utilization. Salud Mental, 28 (2), 40-47.
Carrizo, L., Espina Prieto, M. & Klein, J. T. (2004). Documento de Debate MOST sobre 
Transdisciplinariedad y Complejidad en el Análisis Social. : Organización de las Naciones 
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Coffin, C. N., Jiménez, M. 
del L., Béjar, F. Béjar, C. & Álvarez, M. (2009) Comorbilidad de la depresión y la idea-
ción suicida en los usuarios de una clínica escuela de México. Revista electrónica de Psi-
cología Iztacala, 12 (1), 117-129.
Currier, D. & Mann, J. J. (2008). Stress, genes and the biology of suicidal behavior. Psychia-
tric Clinics of North America, 31 (2): 247–269.
Dávila, A. (1995). Las perspectivas metodológicas cualitativa y cuantitativa en las ciencias 
sociales: Debate teórico e implicaciones praxeológicas. En Delgado, J. & Gutiérrez, J. 
Métodos y técnicas cualitativas de investigación en Ciencias Sociales. España: Editorial Sín-
tesis.
De Freitas, L., Morin, E., y Nicolescu, B. et al. (1994). Carta de la transdisciplinariedad. De-
claración del Primer Congreso Mundial de Transdisciplinariedad. Convento de Arrábida, 
Portugal. Primer Congreso Internacional de Transdisciplinariedad.
Gavin, M. & Rogers, A. (2006) Narratives of suicide in psychological autopsy: Bringing lay 
knowledge back in. Journal of Mental Health 15 (2), 135-144.Gilboa-Schechtman, O. E., 
Mark, M., Lubin, G., Bodner, et al. (2007) A chronological perspective on suicide- The 
last days of life. Death studies, 31. 909-932. DOI: 10.1080/07481180701603394.
Gómez, E. (20119. La investigación transdisciplinar y el posicionamiento del investigador 
como actor social. Revista Educación Física y Deporte, 30 (1), 377–386.
González-Forteza, C., Ramos, L., Caballero, M., & Wagner, F. (2003). Correlatos psicosocia-
les de depresión, ideación e intento suicida en adolescentes mexicanos. Psicothema, 15 
(4), 524-532.
González-Forteza, C., Ramos, L., Vignau, L. & Ramírez, C. (2001). El abuso sexual y el in-
tento suicida asociados con el malestar depresivo y la ideación suicida de los adolescen-
tes. Salud Mental 24 (6), 16-25.
Gutiérrez, A. & Contreras, C. (2008). El suicidio y algunos de sus correlatos neurobiológi-
cos. Primera parte. Salud Mental, 31 (4), 321-330.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
UNA PERSPECTIVA TRANSDISCIPLINAR EN EL ABORDAJE DEL SUICIDIO
 89Hernández, J.A., Marín, R. y Buendía J. (2001).Construcción de un indicador de riesgo de 
tentativa de suicidio en adolescentes con alta sintomatología depresiva. Psiquis, 22 (3), 
37-48. ISSN: 02108348
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2010). Estadísticas de Mortalidad. 
Consultado en http://www.inegi.org.mx/sistemas/sisept/default.
aspx?t=mvio39&c=5603&s=est&e=14
Kiecolt-Glaser, J., & Glaser, R. (1992). Psychoneuroimmunology: Can psychological Interven-
tions modulate immunity? Journal of Consulting and Clinical Psychology, 60 (4): 569-575.
Lara, M. & Letechipía, G. (2009). Ideación y comportamiento suicida en embarazadas. 
Salud Mental, 32 (5), 381-387.
Macías, M., Colín, A., Juárez, K. & Rivera, A. (2010). Vidas breves. Suicidio y accidentes de 
niños. México: Fontamara.
Miranda, I., Cubillas, M., Román, R. & Valdez, E. (2009). Ideación suicida en población esco-
larizada infantil: factores psicológicos asociados. Salud Mental, 32(6), 495-502.
Montes, G. & Montes, F. (2009). El pensamiento social sobre el suicidio en estudiantes de ba-
chillerato. Enseñanza e Investigación en Psicología, 14 (2), 311-324.
Nicolescu, B. (1996). La transdisciplinariedad: manifiesto. México: Multiversidad Mundo 
Real Edgar Morin, A.C.
Pérez Luna, E., Alfonso Moya, N. & Curcu Colón, A. (2012).Transdisciplinariedad y educa-
ción. Revista Venezolana de Educación. (56) 17. Universidad de Oriente, Venezuela. 
ISSN: 1316-4910.
Quintanilla, R., Haro, L., Flores, M., Celis, A. & Valencia, S. (2003). Desesperanza y tenta-
tiva suicida. Investigación en Salud, (5) 2. Quintanilla, R., Valadez, I., González, J., Vega, 
J. et al. (2004) Tipos de personalidad y conducta suicida. Investigación en salud 6 (2), 
108-113.
Ramsay, R. (2004). New Developments in Suicide Intervention Training. Suicidologi, 9 (3), 
10-12.
Sours, J. A. (1972). Perturbaciones psíquicas del adolescente. Buenos Aires: Paidós.
Vázquez, E., Fonseca, I., Padilla, J., Pérez, M. et al. (2005). Diagnóstico de depresión con la 
escala de Birleson en adolescentes con intento de suicidio y sanos. Boletín Clínico Hospital 
Infantil del Estado de Sonora, 22 (2), 107-118.Villalobos, F. (2009). Situación de la con-
ducta suicida en estudiantes de colegios y universidades de San Juan de Pasto, Colom-
bia. Salud Mental, (2)32, 165-171.
Watzlawick, P. (1986). El cambio: formación y solución de los problemas humanos. Barcelona: 
Herder.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
 91
CAPÍTULO 6
,QÁXHQFLD�GH�OD�FXOWXUD�
en el comportamiento suicida: acercamientos 
teórico-metodológicos y hallazgosTeresita Morfín López 
Luis Miguel Sánchez Loyo 
Los estudios más recientes sobre el suicidio consideran que se trata de un problema 
multicausal debido a la interacción de diversos factores de riesgo que afectan de ma-
nera diferenciada en las diversas etapas de la vida en la cual se presentan. Entre sus 
causas se identifican aspectos biológicos, en específico los genéticos y neurobiológi-
cos; algunos factores psicológicos relacionados son impulsividad, poca tolerancia a la 
frustración, sentimientos de soledad y desesperanza. También son considerados im-
portantes elementos situacionales tales como desempleo, ruina económica, pérdida 
de un ser querido y eventos de estrés agudo; por último, entre los rubros sociales y 
culturales asociados al suicidio se encuentran las creencias que lo legitiman y el es-
tigma social que se genera por buscar ayuda en profesionales de la salud mental, 
entre otros (WHO, 2012). 
En este capítulo se pondrá atención a los factores socioculturales asociados al 
suicidio, ya que éstos permiten entender las representaciones y los significados de 
las situaciones relacionadas con las conductas suicidas. Por ejemplo, los hombres 
europeos se sienten agobiados por los problemas económicos (Nock et al. 2009), en 
tanto las mujeres mexicoamericanas experimentan lo mismo ante conflictos familia-
res (Zayas & Pilat, 2008). ¿Cuáles son los aspectos socioculturales que podrían expli-
car estas diferencias entre ambas poblaciones?, ¿las personas suicidas tienden a per-
cibir el riesgo en diversas circunstancias, según la cultura a la cual pertenecen?
En los estudios culturales sobre el suicidio se pueden identificar dos grandes 
orientaciones teórico-metodológicas. La primera trata de comprender la influencia 
sociocultural de los valores, el cambio cultural y diversas variables socioeconómicas 
para relacionarlas con la tasa de suicidios en cada país. La segunda orientación busca 
identificar los significados y los actos de las personas con conductas suicidas desde 
la perspectiva de estos mismos sujetos, sus familiares y los profesionales de la salud. 
Entre algunos estudios con esta perspectiva es posible ubicar a la teoría del consenso 
cultural; este modelo teórico y metodológico, originado en la antropología cognitiva, 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
92 considera que la cultura es conocimiento compartido por los miembros de una socie-
dad o un grupo social. Ha sido usado sobre todo en el campo de las ciencias de la 
salud, a fin de tener una comprensión desde los pacientes de los problemas que les 
aquejan en este ámbito, el seguimiento a sus tratamientos y los cuidados generales 
sobre su salud y su enfermedad.
Se considera que la teoría del consenso cultural puede proveer de un marco teórico 
y metodológico para el estudio del suicidio a partir del conocimiento de los participan-
tes, para determinar la influencia cultural en su conocimiento sobre el suicidio, de las 
personas que han atentado contra su vida así como de quienes no lo han hecho.
Influencia de aspectos socioculturales en el suicidio 
Clasificar un acto como suicida está relacionado con lo que cada sociedad concibe 
por suicidio (Villardón, 1993). En este sentido, considerar una muerte como suicidio 
será más fácil si la persona estaba enferma mental o aislada de su grupo social, a 
diferencia de una persona sana (Douglas 1966). Sobre esto mismo, para Durkheim, 
los suicidios se relacionan más con el tipo de sociedad en la cual se presentan que 
con las circunstancias particulares de los individuos (Durkheim, 2003).
En términos generales han existido dos formas de estudiar el suicidio: la social y 
la individual. La primera lo hace desde la influencia de los factores sociales y la se-
gunda a partir de las características personales del individuo. De manera reciente se 
han realizado estudios que vinculan ambos aspectos, individual y social, con distin-
tas metodologías por lo que se les denomina psicosociales (Villardón, 1993).
La mayor parte de las investigaciones sobre el suicidio que incluyen aspectos so-
ciales son epidemiológicas. Desde la vertiente individual se utiliza sobre todo el estu-
dio de caso.
A diferencia de los enfoques social-epidemiológico o individual, desde la perspec-
tiva psicosocial la mayoría de los estudios se enfocan en identificar factores cultura-
les que relacionan el aspecto cognitivo individual y social, así como los procesos 
psicológicos que se producen en la interiorización y apropiación de la cultura y en la 
comunicación de la misma.
Psicología cultural
El estudio de los procesos psicológicos que toman en cuenta la interacción del indi-
viduo con su contexto sociocultural y a la cultura no como una variable o un factor 
para explicar el comportamiento, sino como constituyente de la mente y el compor-
tamiento humanos, ha avanzado de forma más intensa a partir del decenio de 1990-
99 y en la actualidad se conoce como psicología cultural.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
INFLUENCIA DE LA CULTURA EN EL COMPORTAMIENTO SUICIDA
 93De forma independiente, algunos autores han desarrollado propuestas teóricas y 
metodológicas para proponer la construcción del pensamiento, ideas, procesos psi-
cológicos, sentimientos y emociones a partir de la interacción del individuo con su 
medio ambiente natural y social, mediada por la cultura. Este enfoque interactivo 
individuo-cultura en sociedad se ha desarrollado desde:
t� El interaccionismo simbólico desarrollado por George Mead (1968).
t� El construccionismo social: Alfred Schütz filósofo y sociólogo (1995) así como 
Berger y Luckmann (1983) sociólogos del conocimiento.
t� La perspectiva histórico-cultural del desarrollo de Vygotsky (1987) y Cole 
(1999).
t� Los cognitivistas sociales como Goodenough (1964), quienes consideran a la 
cultura como información.
t� Romney, Weller y Batchelder (1986) que desarrollan el modelo del consenso 
cultural y consideran el conocimiento cultural como una competencia indivi-
dual y social. 
 
En la formación de procesos de pensamiento y esquemas cognitivos, las interac-
ciones sociales y el contexto cultural juegan un papel fundamental, así como el grupo 
social en cual la persona desarrolla su existencia. Estudiosos de estos factores propo-
nen diversas formas de relación del individuo y su contexto sociocultural. Las emo-
ciones pueden ejemplificar este procedimiento.
En el suicidio, el elemento emocional se encuentra presente de forma relevante. 
James Averill (1992) sugiere que la respuesta emocional está basada en la interpreta-
ción que el sujeto hace de la situación. Para Belli (2009), las emociones son narrativas, 
relatos de acciones y expresiones corporales, por consecuencia éstas reciben influencia 
social. Dichas respuestas emocionales ocurren en contextos sociales y en las experien-
cias cotidianas, que median el tipo de respuesta emocional; por lo que las emo ciones 
pueden ser comprendidas al incorporar el componente social.
Las emociones se sienten en el cuerpo y luego se expresan en contextos sociales 
que influyen en la manera cómo las emociones se entienden y se expresan; por ejem-
plo, ya se había mencionado el hecho de que los varones europeos se emocionan en 
forma negativa ante problemas económicos y las mujeres mexicoamericanas por los 
conflictos familiares (Nock et al., 2009; Zayas & Pilat, 2008).
Si el suicidio es un fenómeno en el que participan aspectos socioculturales y la psi-
cología cultural puede dar cuenta de los procesos psicológicos presentados en ciertos 
entornos,entonces es posible investigarlo desde una perspectiva psicocultural. 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
94 Orientaciones psicoculturales al suicidio 
Existen diferentes orientaciones metodológicas para conocer la influencia psicocul-
tural en el comportamiento suicida. Por un lado existen estudios de corte cuantitati-
vo y por otro, se realizan desde un enfoque cualitativo.
Respecto a la línea apoyada en la metodología cuantitativa se identifican en prime-
ra instancia los estudios que pretenden comprender la influencia de los factores so-
cioculturales en el comportamiento suicida, a partir del estudio de valores y del cam-
bio cultural en grandes muestras poblacionales de diferentes países. Para ello se 
aplican encuestas en muestras estadísticas representativas, como por ejemplo, la 
Encuesta Mundial de Valores (World Values Survey. WVS, por sus siglas en inglés) y 
la Encuesta Europea de Valores; ambas relacionan las variables culturales evaluadas 
en la encuesta con la tasa de suicidio de cada país y con la aceptabilidad social de los 
comportamientos suicidas. 
La segunda orientación privilegia acercamientos cualitativos, ya que busca cono-
cer los significados y los actos de las personas desde su propia perspectiva y no desde 
el punto de vista del investigador. Con esta metodología se han realizado estudios 
desde la antropología cognitiva, la teoría de las representaciones sociales, la fenome-
nología, la investigación acción participativa y el construccionismo social.
A fin de profundizar en el enfoque cuantitativo de los estudios psicoculturales del 
suicidio, se han retomado los trabajos del cambio cultural en las investigaciones 
realizadas por Inglehart (2000), Hofstede (2001), Schwartz (2007).
En el decenio de 1980-89 del siglo pasado se aplicó la Encuesta Mundial de Valo-
res en varios países (Inglehart, 2000) y se reconocieron dos factores culturales pri-
mordiales: la identificación de los individuos con valores tradicionales o seculares 
racionales y su relación con los asociados a la libertad de expresión o la búsqueda de 
la seguridad material. 
La oposición de valores tradicionales vs. secular-racionales contrasta países, socie-
dades o grupos sociales con un fuerte énfasis en creencias religiosas, identidad na-
cional, educación autoritaria y la tendencia a la dominación masculina en la vida 
económica y política (denominados valores tradicionales), con países, sociedades o 
grupos sociales orientados hacia la organización racional, la motivación hacia el lo-
gro y el sistema legal secular (conocidos como valores seculares-racionales).
El contraste de valores de libertad de expresión vs. la búsqueda de la seguridad 
material considera que los primeros se observan en países, sociedades o grupos so-
ciales que enfatizan la importancia de la libertad de expresión, dan prioridad a las 
manifestaciones individuales, tienen orientaciones participativas hacia lo político y 
social, favorecen la equidad de género, son tolerantes con extranjeros, homosexuales 
y otros grupos externos y donde existe confianza entre los ciudadanos. Por el contra-
rio, los valores de búsqueda de la seguridad material se observan en países, socieda-
des o grupos sociales que prefieren la estabilidad económica y la seguridad en el 
funcionamiento de las instituciones sociales (el estado, la religión y la familia) en 
lugar de las libertades individuales.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
INFLUENCIA DE LA CULTURA EN EL COMPORTAMIENTO SUICIDA
 95En el estudio de Hofstede (2001) se recabaron datos culturales en varias naciones 
y con los resultados se elaboraron cuatro dimensiones básicas para el análisis de la 
cultura:
1. Individualismo/colectivismo. El primero es la preferencia por el acuerdo 
social de los individuos por cuidar de sí mismos y de sus familias. Por el con-
trario, el segundo supone que los individuos pueden esperar cuidados de sus 
parientes, clan o grupo a cambio de lealtad incuestionable.
2. Distancia del poder. Es la medida en la que individuos aceptan que el poder 
en las instituciones y organizaciones esté distribuido en forma inequitativa.
3. Masculinidad/feminidad: La masculinidad enfatiza el logro, el heroísmo, la 
asertividad y éxito material. Por el contrario, la feminidad realza relaciones 
amigables, modestia, cuidado del débil y calidad de vida.
4. Evitación de la incertidumbre. Es el grado en que los individuos se sienten 
incómodos con la incertidumbre y la ambigüedad, lo cual alienta la necesidad 
de tener certezas y mantener la conformidad con las instituciones.
Los trabajos de Schwartz (2007) en más de setenta naciones desde finales del 
decenio de 1980-89 del siglo XX señalaron siete orientaciones culturales
1. Autonomía intelectual. Es el énfasis en la creatividad personal y la libertad de 
pensamiento.
2. Autonomía afectiva. Tendencia a buscar el placer individual y la variedad en 
la vida.
3. Arraigo. Orientación a mantener el status quo y restringir las acciones que 
pudieran afectar la solidaridad del grupo o el orden tradicional.
4. Igualitarismo. Visión de igualdad moral de todas las personas, sin importar 
los roles prescritos y la clase social, en cooperación con una búsqueda del 
bien común.
5. Jerarquía. Necesidad de sistemas jerárquicos de roles atribuidos para asegurar 
un comportamiento responsable y productivo. Define la distribución desigual 
de poder, roles, y recursos de manera legítima.
6. Armonía. Énfasis en la adaptación a condiciones naturales y sociales en lugar 
de cambiarlas.
7. Maestría. Alienta la autoafirmación activa para dominar, dirigir y cambiar el 
entorno natural y social para alcanzar objetivos grupales o personales.
En la investigación sobre el suicidio, estos valores culturales fueron empleados 
por Lenzi, Colucci & Minas (2012). Este estudio identificó correlación de las tasas de 
suicidio con indicadores sociales como: la dinámica de cambio poblacional evaluada 
mediante el promedio de tasa de cambio generacional, porcentaje de población me-
nor de 15 años, porcentaje de población mayor a 60 años, tasa de divorcios, porcen-
taje de población urbana. Así como con algunos indicadores de salud: tasa de fertili-
dad, expectativa de vida, mortalidad hasta los 5 años. También, se consideraron las 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
96 siguientes variables educativas: tasa de escolaridad, número de televisiones y de ac-
ceso a Internet por cada mil habitantes. A su vez, se incluyeron indicadores econó-
micos como ingreso per cápita, porcentaje de población económicamente activa por 
sector productivo (agrícola, industrial y servicios). Entre los factores culturales eva-
luados se consideraron: comportamientos y creencias religiosas, aceptación del sui-
cidio y la eutanasia, porcentaje de miembros pertenecientes a asociaciones religio-
sas, recreacionales, utilitarias y sociales y por último las dimensiones de Inglehart 
(2000) sobre valores culturales: tradicional vs secular racional y libertad de expresión 
vs sobrevivencia de la WVS, y los valores culturales según Hofstede (2001) y Schwartz 
(2007). Como un indicador de bienestar subjetivo se consideró el índice de felicidad. 
La tasa de suicidio se correlacionó de manera negativa con el porcentaje de pobla-
ción joven y de forma positiva con la tasa de divorcio, proporción de personasen el 
sector industrial, los años de escolaridad y el porcentaje de la población mayor de 60 
años (Lenzi, Colucci & Minas, 2012). 
En especial fue observada una correlación positiva entre la tasa de suicidio con los 
valores culturales de individualismo, autonomía intelectual y afectiva, valores secula-
res y racionales y la aceptación de la eutanasia; en tanto que correlacionó en forma 
negativa con la integración económica y social, el porcentaje de felicidad, el igualita-
rismo, el comportamiento y las creencias religiosas (Lenzi, Colucci & Minas, 2012).
Con base en la orientación de acercamiento psicocultural al suicidio mediante 
dicha perspectiva cuantitativa se han realizado estudios para identificar la relación 
entre las variables culturales y la aceptabilidad del suicidio. 
La metodología para evaluar la aceptabilidad del suicidio ha sido mediante pre-
guntas explícitas al respecto. Se ha preguntado si el suicidio es justificado o no (Stack 
& Kposowa, 2011a, 2011b; Boyd & Chung, 2012); si está bien cometer suicidio por 
cansancio o falta de motivo de vida (Joe, Romer & Jamieson, 2007); se ha evaluado la 
repulsión a la muerte y a la vida, así como la atracción a una u otra (Peltzer, Cherian 
& Cherian, 2000), también se ha empleado el inventario de razones para vivir de M. 
Linehan y colaboradores (1983) (Kamal & Loewnthal, 2002).
La variable cultural más relacionada con la aceptabilidad del suicidio ha sido la 
religiosidad y la afiliación religiosa (Stack & Kposowa, 2011a, 2011b; Boyd & Chung, 
2012; Joe, Romer & Jamieson, 2007; Kamal & Loewnthal, 2002). Se ha observado 
que las personas con mayor religiosidad mostraron menor aceptabilidad al suicidio 
(Boyd & Chung, 2012; Stack & Kposowa, 2011a, 2011b); los musulmanes mostraron 
menor aceptabilidad al suicidio que otras religiones (Stack & Kposowa, 2011a; Kamal 
& Loewnthal, 2002); las personas con más valores de libertad de expresión conside-
raron el suicidio más aceptable (Boyd & Chung, 2012; Stack & Kposowa, 2011b); en 
tanto que los sujetos con comportamiento suicida tuvieron actitudes favorables hacia 
el suicidio y desfavorables hacia la vida (Peltzer, Cherian & Cherian, 2000). 
Desde la segunda orientación psicocultural al suicidio se privilegia el uso de me-
todología cualitativa para conocer los significados desde la perspectiva de los propios 
sujetos y no la de los investigadores. Como ya se ha mencionado, en estos estudios 
hay gran diversidad de sustentos teóricos; todos ellos comparten su intención de 
entender este fenómeno según los actores sociales más que de quien lo estudia. Se-
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
INFLUENCIA DE LA CULTURA EN EL COMPORTAMIENTO SUICIDA
 97gún Hjelmeland (2010) para su comprensión es necesario partir de lo que los indivi-
duos de esa cultura piensan y expresan en torno al suicidio. Por lo anterior, estas 
investigaciones se pueden organizar según los actores sociales de interés: aquellos 
que han evaluado población en general, profesionales de la salud y personas con 
comportamiento suicida. 
Asimismo, la opinión de jóvenes ha sido evaluada mediante entrevistas semies-
tructuradas acerca de buscar ayuda psicológica ante estrés emocional y comporta-
miento suicida. La interpretación de los datos se realizó a través de un debate entre 
los investigadores. Se identificaron elementos que dificultan la búsqueda de ayuda 
en este sector: falta de confianza en los miembros de la comunidad, estigma del sui-
cidio, límites en el conocimiento y responsabilidad de la comunidad acerca de esta 
problemática (Gilchrist & Sullivan, 2006).
Las representaciones sociales acerca del suicidio (Santos de Morais & Cavalcanti 
de Sousa, 2011) fueron estudiadas mediante cuestionarios y entrevistas sobre casos 
de suicidio en la comunidad, para después hacer análisis de contenido, las cuales se 
organizaron en las siguientes categorías: significados, causas y percepción, así como 
comprensión de la comunidad sobre el suicidio. 
Dentro de las investigaciones con población general están aquellas que tratan de 
identificar procesos, factores, significados y representaciones psicosocioculturales 
relacionadas con los comportamientos suicidas. Se examinaron las actitudes y la 
forma de concebir el acto suicida por personas relacionadas con dicho acto (Osafo, 
Hjelmeland, Akotia & Knizek, 2011) y la percepción de hombres sobre las causas y 
cómo prevenir el suicidio; además de sus actitudes, incluido el papel de la religión 
(Knizek, Kinyanda, Owens & Hjelmeland, 2011) 
Algunos de los trabajos que han estudiado a los profesionales de la salud han sido 
desde las representaciones sociales y la fenomenología.
 Los tópicos principales observados a través de entrevistas fueron: inquietud al 
atender personas con tentativa suicida; la conducta suicida tiene una intención de 
manipulación, llamar la atención o fue algo sin pensar y no una intención letal; con-
sideran a los suicidas una molestia ya que por sus propios actos requieren atención 
médica, la atención a los pacientes es mediada por valores y conceptos personales 
hacia el suicidio; no comprenden los motivos que llevan al suicidio; las emociones 
que les generan son de temor y tristeza por no saber cómo tratarlos; se perciben con 
falta de preparación para atender este tipo de pacientes; consideran que éstos deben 
ser tratados con imparcialidad y para ello deben de pensar que tienen otro padeci-
miento (Liégio Matão, Borges Miranda, Faria Campo, De Sousa Borges & Rodrigues 
Pereira, 2012).
En otro estudio de esta categoría que también realizó entrevistas semiestructura-
das a profesionales de la salud se hizo un análisis fenomenológico sobre los temas 
de: percepción de la frecuencia del suicidio, veracidad de los reclamos en la ideación 
suicida, factores causales percibidos, constructos religiosos relacionados al suicidio y 
recursos de apoyo para las conductas suicidas. Los hallazgos fueron que en este sec-
tor se subestima la frecuencia de la conducta suicida y consideraron que la ideación 
suicida no representa una verdadera intencionalidad suicida; fallan en reconocer el 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
98 suicidio como un problema de salud serio, consideran que el sistema de salud está 
mal equipado para responder a las demandas del comportamiento suicida; encontra-
ron también que la perspectiva religiosa es una influencia en las actitudes hacia el 
suicidio: los católicos consideran al suicidio como inaceptable y un pecado (Haga-
man et al., 2013).
Por último, en la categoría que estudian la perspectiva de las personas que han 
intentado suicidarse está el trabajo de Cleary (2012), quien hizo una aproximación a 
la manera de pensar, sentir y actuar de hombres deprimidos con tentativa suicida. El 
trabajo describe las narraciones de hombres que vivían altos niveles de dolor emocio-
nal y tenían problemas para identificar los síntomas de estrés elevado y para hablar 
con otros, ya que es considerado un signo de vulnerabilidad emocional; en cambio, 
se promueve el uso del alcohol y las drogas, lo cual incrementa la vulnerabilidad al 
estrés vivido. La conducta suicida es una manera para salir de sus problemas, en lu-
gar de hablar o buscar ayuda. 
De igual forma, en el estudio de Marecek & Senadheera (2012) se recabaron las 
narraciones sobre qué pasó, cuáles fueron las circunstancias alrededor de y las con-
secuencias del intento suicida en adolescentes con intento de suicidio y sus madres. 
Los episodios que provocaron el intento suicida involucraron reclamos y disputasrespecto del comportamiento sexual y relaciones de las adolescentes con hombres; 
estos reclamos involucraban violencia física por parte de los padres. Las adolescentes 
mencionaron enojo, decepción, culpa y estrés agudo; estos jóvenes consideraron el 
intento de suicidio como una expresión hacia otros y no se consideraban responsa-
bles de sus acciones. 
En resumen se tienen dos grandes orientaciones en los estudios psicoculturales 
sobre el suicidio. Por un lado, aquella que busca la relación de las tasas de incidencia 
o la aceptabilidad del fenómeno con valores culturales mediante metodología cuan-
titativa. Por otro lado, aquella que busca comprender los significados de los compor-
tamientos suicidas dados por las personas mediante metodología cualitativa. 
Acercamiento psicocultural al comportamiento suicida 
desde el consenso cultural 
En la segunda orientación de estudios psicoculturales se encuentran los trabajos de 
la antropología cognitiva basados en el modelo del consenso cultural, los cuales bus-
can identificar el conocimiento compartido por los individuos en una comunidad o 
grupo social. 
Asimismo combina herramientas de metodología cualitativa como la entrevista 
semiestructurada y de enfoque cuantitativo mediante un análisis probabilístico para 
determinar la existencia de uno o más modelos culturales para medir la competencia 
cultural de los informantes (véase García de Alba en el capítulo 7 de este volumen). 
El modelo del consenso permite medir la competencia cultural de los informantes en 
una variedad de dominios, dicho modelo permite distinguir entre los informantes que 
tienen un conocimiento especializado o especialización en un dominio cultural de 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
INFLUENCIA DE LA CULTURA EN EL COMPORTAMIENTO SUICIDA
 99aquellos que no lo tienen (Romney, Weller & Batchelder, 1986); así como permite 
reconocer si un grupo social comparte conocimientos con respecto a un dominio 
cultural y reconocer cómo es su estructura y organización en uno o varios modelos 
semánticos (Bogartti, 1994). 
El concepto de dominio cultural consiste en una serie de términos semánticos orga-
nizados en un conjunto de palabras, oraciones o conceptos que forman una sola esfera 
conceptual (Weller & Romney, 1988). Este acercamiento ha sido usado para describir 
el conocimiento social de grupos sobre problemas en salud (Salcedo-Rocha, García-de-
Alba & Contreras-Marmolejo, 2010; Weller et al., 1999; Weller et al., 2002).
Una forma de recabar información sobre un dominio cultural es por medio de 
entrevistas semiestructuradas, que deben ser aplicadas de manera independiente 
para cada informante, con preguntas claras y sencillas sobre el dominio cultural (We-
ller, 2007). De éstas se obtiene una serie de palabras o frases relacionadas con la 
pregunta, denominadas listas libres, las cuales se organizan en categorías en las que 
se respeta lo más posible lo dicho por los informantes y la manera en que ellos mis-
mos organizan el conocimiento (Weller & Romney, 1988).
Con base en las listas libres de un dominio cultural se obtiene el nivel de conoci-
miento y el grado de consenso cultural por medio de un análisis de componentes, 
mediante el software Anthropac (Borgatti 1994). Así como la estructura semántica de 
dicho dominio en uno o varios modelos.
El análisis del consenso cultural se realiza de manera semejante al de factores. En 
éste, la estructura de un conjunto de variables es descrita mediante la clasificación de 
reactivos “de alguna manera”. Cuando se obtiene una solución de un solo factor impli-
ca que las respuestas entre los informantes tuvieron un grado de semejanza, sin que 
hubiera otro factor que explicara mejor los resultados (de manera estadística) (Baer et 
al., 2003). El análisis de consenso considera los tres primeros factores de las listas li-
bres del dominio cultural. Cuando se obtiene un factor que explica un mayor porcen-
taje de la variabilidad de las respuestas de los informantes, implica que si se entrevista 
a otro informante es más probable que dé respuestas agrupadas en el factor más im-
portante, del resto de ya considerados, a lo que se le llama consenso cultural. Cuando 
los tres primeros factores tienen un porcentaje de variabilidad semejante, implica que 
es probable que los informantes formen parte de diferentes subculturas y que no com-
partan el mismo conocimiento sobre el dominio estudiado (Caulkins, 1998), por lo 
cual el grado de consenso cultural entre todos los entrevistados es bajo.
El modelo del consenso cultural se ha aplicado en el estudio del dominio cultural 
del intento de suicidio en adolescentes en Guadalajara, Jalisco, quienes mostraron 
un solo modelo cognitivo, es decir, un conocimiento cultural compartido sobre las 
causas del intento de suicidio en adolescentes, ellos consideraron los problemas fa-
miliares como la causal de la conducta suicida (García de Alba García et al., 2011, 
Sánchez Loyo et al., 2014).
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
100 Conclusiones
El estudio del suicidio como fenómeno cultural es una vertiente que ha sido explora-
da desde que Durkheim señaló que los factores sociales eran los que determinaban 
las tasas de suicidio en los distintos países europeos en los que realizó sus investiga-
ciones.
Si se considera que la cultura configura el pensamiento, los sentimientos y las 
emociones, lo cual se manifiesta en las acciones de las personas, es posible valorar 
los factores culturales relacionados con el fenómeno suicida. 
Esta perspectiva abona al interés del trabajo que los autores de este capítulo han 
realizado desde hace varios años y contribuye a sustentar la elección del modelo de 
consenso cultural, ya que están interesados en conocer los factores culturales vincu-
lados al fenómeno suicida en Jalisco, en particular en la zona metropolitana de Gua-
dalajara (ZMG). Este tipo de estudios se ha realizado en la ZMG con distintos grupos 
etarios por García de Alba García, J.E et al., (2011), Sánchez-Loyo et al., (2014); Mor-
fín-López T., Sánchez-Loyo, L.M., García de Alba García, J.E. & Quintanilla R., (2013).
Conocer los aspectos culturales relacionados con el fenómeno suicida posibilita 
identificar tanto los factores de riesgo como los protectores y plantear formas de 
prevenir el suicidio de manera diferenciada, de acuerdo a los resultados encontrados 
y ajustados a la cultura de un determinado grupo social.
Referencias 
Averill, J. R. (1992). The structural bases of emotional behavior. En M.S. Clark (Ed.), Emo-
tion (pp. 1-24). Newbury Park, CA: Sage.
Baer, R. D., Weller, S. C., García de Alba García, J. E., Glazer, M. et al. (2003). A Cross-cul-
tural Approach to the Study of the Folk Illness Nervios. Culture, Medicine and Psychiatry, 
27, 315-337. 
Belli, S. (2009). La construcción de una emoción y su relación con el lenguaje: revisión y 
discusión de un área importante de las ciencias sociales. Theoria, 18 (2): 15-42.
Berger. T., & Luckmann, P. (1983). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amo-
rrortu editores.
Borgatti, S. P. (1994). Cultural Domain Analysis. Journal of Quantitative Anthropology, 4, 
261-278.
Boyd, K. A., & Chung, H. (2012). Opinions toward suicide: Cross-national evaluation of 
cultural and religious effects on individuals. Social Science Research, 41, 1565–1580.
Caulkins, D. (1998). Consensus Analysis: Do Scottish Business Advisers Agree on Models 
of Success? En V.C. de Munck & E.J. Sobo (Eds.) Methods in the Field: A Practical 
Introduction and Casebook(pp. 179-195). Walnut Creek, EUA: Altamira Press.
Cleary, A. (2012). Suicidal action, emotional expression, and the performance of masculini-
ties. Social Science & Medicine, 74, 498-505.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
INFLUENCIA DE LA CULTURA EN EL COMPORTAMIENTO SUICIDA
 101Cole, M. (1999). Psicología Cultural: Una disciplina del pasado y del futuro, Madrid: Ediciones 
Morata.
Douglas, J. (1966). The Sociological Analysis of Social Meaning of Suicide. En A. Giddens, 
the Sociology of Suicide. Londres: Frank Cass and Limited Company.
Durkheim, E. (2003). El Suicidio, estudio de sociología. Madrid: Akal.
García-de-Alba-García, J.E., Quintanilla-Montoya, R., Sánchez-Loyo, L.M., Morfín-López, 
T., et al. (2011). Consenso cultural sobre el intento de suicidio en adolescentes. Revista 
Colombiana de Psicología, 20 (2), 167-179.
Gilchrist, H., & Sullivan, G. 2006. Barriers to Help-seeking in Young People: Community 
Beliefs about Youth Suicide. Australian Social Work, 59 (1), 73-85. 
Goodenough, W. H. (1964). Cultural Anthroplogy and Linguistics. En D. Hymes, (Ed.) 
Language in Culture and Society. EUA: Harper & Row.
Guitart, E. M. (2008). Hacia una psicología cultural. Origen, desarrollo y perspectivas. Fun-
damentos en Humanidades, 9 (2), 7-23.
Hagaman, A. K., Wagenaar, B. H., McLean, K. E., Kaiser B. N., et al. (2013). Suicide in rural 
Haiti: Clinical and community perceptions of prevalence, etiology, and prevention. 
Social Science & Medicine, 83, 61-69.
Hjelmeland, H. (2010). Cultural Research in Suicidology: Challenges and Opportunities. 
Suicidology Online, 1, 34-52.
Hofstede, G. H. (2001). Culture’s consequences: Comparing values, behaviors, institutions and 
organizations across nations. EUA: Sage. Inglehart, R. (2000). Globalization and 
Postmodern Values. The Washington Quarterly, 23 (1), 215–228.
Joe, S., Romer, D., Jamieson, P. E. (2007). Suicide Acceptability is Related to Suicide Plan-
ning in U.S. Adolescents and Young Adults. Suicide Life & Threating Behavior. 37 (2), 
165–178
Kamal, Z., & Loewenthal, K. M. (2002). Suicide beliefs and behaviour among young 
Muslims and Hindus in the UK. Mental Health, Religion & Culture, 5 (2), 111-118.
Knizek, B.L., Kinyanda, E., Owens, V. & Hjelmeland, H. (2011). Ugandan Men’s Perceptions 
of What Causes and What Prevents Suicide. Journal of Men, Masculinities and Spirituality, 
5 (1), 4-21.
Lenzi, M., Colucci, E., & Minas, H. (2012). Suicide, Culture and Society from a Cross Na-
tional Perspective. Cross Cultural Research, 46 (1), 50-71.
Liégio Matão, M. E., Borges Miranda, D., Faria Campo, P. H., De Sousa Borges, O., et al. 
(2012) Suicide Attempts: Social Representations of Health Workers. Journal of Nursing 
UFPE Online, 6 (5), 1077-1085.
Linehan, M. M., Goodstein, J. L, Nielsen, S. L., & Chiles, J. A. (1983). Reasons for staying 
alive when you are thinking of killing yourself: The Reasons for Living Inventory. Journal 
of Consulting and Clinical Psychology, 51 (2), 276–286.
Marecek, J., & Senadheera, C. (2012). ‘I drank it to put an end to me’: Narrating girls’ 
suicide and self-harm in Sri Lanka. Contributions to Indian Sociology, 46, 1-2, 53–82.
Mead, G. H. (1968). Espíritu, Persona y Sociedad desde el punto de vista del conductismo social. 
Argentina: Paidós.
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
102 Morfín López, T., Sánchez-Loyo, L. M., García de Alba García, J.E., & Quintanilla R. (2013). 
Consenso cultural sobre el intento de suicidio en padres de adolescentes. Guadalajara: ITESO 
(no publicado).
Nock, M. K., Hwang, I., Sampson, N., Kessler, R. et al. (2009). Cross National Analysis of 
the Associations among mental Disorders and suicidal behaviors: findings from the 
WHO World Mental Health Surveys. PloSMed, 6 (8) e1000123. doi:10.1371/journal.
pmed.1000123. 17 p.
Osafo, J., Hjelemeland, H., Akotia, Ch. S., & Knizek, B. L. (2011). Social injury: An interpre-
tative phenomenological analysis of the attitudes towards suicide of lay persons in Gha-
na. International Journal of Qualitative Studies on Health and Well-being, 6 (4). doi: 
10.3402/qhw.v6i4.8708. 
Peltzer, K., Cherian, V. I., & Cherian, L. (2000). Cross-cultural attitudes towards suicide 
among South African secondary school pupils. East African Medical Journal, 77 (3), 165-
167.
Romney, A. K., Weller, S. C., & Batchelder, W. H. (1986). Culture as consensus: A theory of 
culture and informant accuracy. American Anthropologist, 81 (2), 313-338.
Salcedo-Rocha, A. L., García-de-Alba, J.E. & Contreras-Marmolejo, M. (2010). Presión arte-
rial en adolescentes mexicanos: clasificación factores de riesgo e importancia. Revista de 
Salud Pública, 12 (4), 612-622.
Sánchez-Loyo, L. M., Morfín-López, T., García de Alba García, J. E., Quintanilla Montoya, 
R., et al. (2014). Intento de suicidio en adolescentes mexicanos: perspectiva desde el 
consenso cultural. Acta de Investigación Psicológica, 4 (1), 1446-1458. 
Santos de Morais, S. R., & Cavalcanti de Sousa, G. M. (2011). Representações Sociais do 
Suicídio pela Comunidade de Dormentes – PE. Psicologia: Ciência e Profissão, 31 (1), 160-175. 
Schültz, A. (1995). El problema de la realidad social. Argentina: Amorrortu editories.
Schwartz, S. H. (2007). Universalism Values and the Inclusiveness of Our Moral Universe. 
Journal of Cross-Cultural Psychology, 38 (6), 711-728.
Stack, S., & Kposowa, A. J. (2011a). The effect of survivalism & self-expressionism culture 
on black male suicide acceptability: A cross-national analysis. Social Science & Medicine, 
72, 1211-1218.
Stack, S., & Kposowa, A. J. (2011b). Religion and Suicide Acceptability: A Cross-National 
Analysis. Journal for the Scientific Study of Religion. 50 (2), 289–306.
Vigotsky, L. (1987). Pensamiento y lenguaje. Teoría del desarrollo cultural de las funciones psí-
quicas. Argentina: La Pléyade.
Villardón, L. (1993). El pensamiento de suicidio en la adolescencia. Bilbao: Universidad de 
Deusto.
Weller, S. C., & Romney, A. K. (1988). Systematic Data Collection. EUA: Sage.
Weller, S. C., Baer, R. D., García-de-Alba, J. E. Glazer, M., et al. (2002). Regional Variation 
in Latino Description of Susto. Culture, Medicine & Psychiatry, 26 (4), 449-472. 
Weller, S., Baer, R., Pachter, L. M., Trotter, R., et al. (1999). Latino Beliefs about Diabetes. 
Diabetes Care, 22 (5), 721-728.
Weller, S. C. (2007). Cultural Consensus Theory: Applications and Frequently Asked 
Questions. Field Methods, 19 (4), 339-368.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
INFLUENCIA DE LA CULTURA EN EL COMPORTAMIENTO SUICIDA
 103Wexler, L.M. (2006). Inupiat youth suicide and culture loss: Changing community 
conversations for prevention. Social Science & Medicine, 63, 2938–2948.
World Health Organization (2008). The global burden of disease: 2004 update. Recuperado de 
http://www.who.int/healthinfo/global_burden_disease/
World Health Organization (2012). Public health action for the prevention of suicide: a 
framework. Geneva: WHO Press.
Zayas, L. H., & Pilat, A. M. (2008). Suicidal Behavior in Latinas: Explanatory Cultural 
Factors and Implications for Intervention. Suicide Life Threating Behavior, 38 (3), 334–
342.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
 105
CAPÍTULO 7Uso del cuestionario estructurado 
SDUD�H[SORUDU�FUHHQFLDV�HQ�SHUVRQDV�
y el análisis de consenso cultural
Javier Eduardo García de Alba García 
Ana Leticia Salcedo Rocha
Introducción
Para obtener información específica sobre cuestiones culturales, la an-
tropología acude al uso de diversas técnicas como serían la observa-
ción, el cuestionario y la entrevista.
Cuando la información a obtener es de carácter subjetivo, la forma más válida para 
rescatarla es a través del lenguaje del informante donde se privilegia la técnica de la 
entrevista en sus diversas modalidades, sobre las demás otras técnicas, ya que de esta 
manera la persona entrevistada puede expresar de manera directa y espontánea, con 
sus propias palabras, los significados y sentidos del área de interés investigada.
La situación anterior obliga a considerar aspectos teóricos y prácticos que armoni-
cen al sujeto y objeto de estudio, así como el instrumento y las estrategias analíticas a 
utilizar.
Instrumento
El enfoque a desarrollar para estos casos se inscribe dentro del proceso constructivis-
ta y para el efecto se requiere una etapa inicial de carácter exploratorio, con el propó-
sito de obtener una serie de reactivos relevantes para el área de interés; en este caso 
lo que interesa es un tema o dominio cultural que el sujeto de estudio maneja de 
forma natural; a manera de ejemplo, es posible explorar las causas para realizar un 
intento de suicidio. 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
106 Cabe señalar que con las respuestas a lograr es posible obtener un conjunto de 
reactivos que permitan estructurar un modelo descriptivo del conocimiento cultural 
que comparten las personas investigadas, sobre el dominio de las causas para reali-
zar un intento de suicidio.
Elaborar una entrevista estructurada para obtener información antropológica sobre 
las creencias que tiene un grupo de personas sobre un tema en particular, puede coadyu-
var a modificar materiales educativos o escalas interculturales existentes (Weller, 1998). 
Dada la necesidad de información válida, es imperativo utilizar una técnica que 
en una entrevista produzca la menor distorsión en la expresión de la subjetividad 
explorada, de ahí que se utilice la de las listas libres; es decir, una de las formas más 
frescas de la entrevista estructurada, donde dentro de la rigidez de una pregunta 
formulada por el entrevistador, se permite, la libre expresión y asociación de ideas 
sin restricciones y en la cual la espontaneidad por parte del sujeto entrevistado cons-
tituye el componente primordial .
Por lo antes señalado, las preguntas deben ser breves, precisas y, en ocasiones, 
proyectivas. Un ejemplo es el siguiente: ¿Cuáles son las causas por las que una per-
sona puede realizar un intento de suicidio? 
Una vez que las respuestas obtenidas han sido codificadas, ofrecerán una lista de 
reactivos, que por un lado reflejen la riqueza semántica de los sujetos entrevistados 
y por otro, los límites del dominio cultural explorado del grupo investigado.
Teoría
El rescate de la subjetividad sólo se puede realizar a través del lenguaje. De ahí que 
sea necesario partir de algunos supuestos para su rescate. En este caso es básico el 
supuesto estructuralista que señala que “toda forma es fondo” (Schweizer, 1998). Así 
entonces, la estructura semántica del lenguaje expresado en forma verbal puede re-
flejar las vivencias, significados y sentidos de la experiencia subjetiva; mismos que 
estructuran una especie de gramática o términos aprendidos en el medio donde se 
desarrolla el sujeto de estudio.
Por otra parte si bien existen múltiples definiciones de cultura, se requiere aquella 
que de manera operativa resulte más aplicable para el problema de estudio y se refie-
ra a las creencias o conocimientos que el sujeto tiene acerca de las causas por las que 
una persona puede realizar un intento de suicidio.Por lo tanto la definición que más 
se adapta para el caso, es la que utiliza la antropología cognitiva, donde la cultura se 
define como conocimiento compartido; definición que da sustento a la teoría del 
consenso cultural, donde la búsqueda de similitudes representa la base de dicha 
teoría, pues su validez puede demostrarse mediante técnicas que utilizan modelos 
de análisis de componentes para determinar la variabilidad entre varios modelos se-
mánticos posibles. Asimismo, el análisis de correspondencia ayuda a observar simi-
litudes y diferencias en graficas multidimensionales de los reactivos expresados 
(Borgatti, 1992).En su aplicación, la teoría del consenso agrega otros criterios de ri-
gor, los cuales se asumen como los siguientes supuestos: 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
USO DE CUESTIONARIO ESTRUCTURADO PARA EXPLORAR CREENCIAS 
 107El investigador ignora la(s) respuesta(s) correcta(s) a las preguntas formuladas.
El investigador conoce el dominio o área temática en cuestión y expresa sus res-
puestas de manera independiente (cuadro 7-1).
Resultados
Éstos se pueden obtener de manera automática mediante el software Anthropac®. 
El primer resultado a obtener es la estructura del modelo semántico expresado por 
el grupo de personas investigado, como exponentes de una subcultura determinada. 
Por ejemplo, adolescentes asistentes a escuelas públicas de enseñanza media superior.
CUADRO 7-1. ESTRUCTURA DEL MODELO SEMÁNTICO
LUGAR REACTIVO REFERIDO NÚMERO DE VECES P PORCENTAJECEN-
TAJE
1 Nombre 20 40
2 Nombre 15 30
3 Nombre 10 20
4 Nombre 3 6
5 Nombre 2 4
Total Nombre 50 100
El segundo resultado debe ofrecer las razones de variabilidad para determinar la 
existencia de consenso cultural alrededor de un modelo semántico. 
Aquí es posible confirmar o no la existencia de un consenso cultural en torno a la 
estructura antes descrita, a manera de modelo semántico. 
En el cuadro 7-2 se ejemplifica cómo la razón de varianzas entre los modelos no 
es igual o mayor a 3; es decir, la variabilidad se distribuye, además del modelo 1, entre 
otros posibles modelos el 2 y el 3. 
CUADRO 7-2. EJEMPLO DE NO EXISTENCIA DE CONSENSO CULTURAL EN TORNO
 A UN SOLO MODELO SEMÁNTICO
FACTOR
(MODELO 
SEMÁNTICO)
VALOR
(DE A VARIANZA 
CORRESPONDIEN-
TE)
PORCENTAJE
(QUE ABARCA LA 
VARIANZA)
PORCENTAJE 
ACUMULATIVO
RAZÓN
(DE VARIANZAS 
CORRESPONDIENTE 
SOBRE LA ANTERIOR)
1 2.608 64.6 64.6 2.819
2 0.925 22.9 87.5 1.839
3 0.503 12.5 100.0
4.036 100.0
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
108 En el cuadro 7-3, se ofrece un ejemplo de consenso cultural porque la razón de 
varianzas es igual o mayor a 3, debido a que la mayor variabilidad se concentra en el 
modelo 1.
CUADRO 7-3. EJEMPLO DE CONSENSO CULTURAL
FACTOR
(MODELO 
SEMÁNTICO)
VALOR
(DE A VARIAN-
ZA CORRES-
PONDIENTE)
PORCENTAJE
(QUE ABARCA LA 
VARIANZA)
PORCENTAJE 
ACUMULATIVO
RAZÓN
(DE VARIANZAS 
CORRESPONDIENTE 
SOBRE LA ANTERIOR)
1 4.708 87.2 87.2 6.819
2 0.50 9.3 96.5 2.63
3 0.19 3.5 100.0
5.398 100.0
Una vez detectado consenso, el tercer resultado será obtener el conocimiento cul-
tural de los informantes, en torno al modelo analizado, que se expresa a manera de 
correlación desde el desconocimiento total = 0.0 al conocimiento completo = 1.0.
En el cuadro 7-4 se ofrece un ejemplo de conocimiento cultural en 10 personas.
 Nótese que elinformante 9, es quien tiene mayor conocimiento cultural del mo-
delo analizado. 
Obsérvese también que el promedio de conocimiento grupal es de 0.625.
CUADRO 7-4. CONOCIMIENTO CULTURAL ESTIMADO PARA CADA INFORMANTE
Informante Conocimiento
1 0.61
2 0.16
3 0.71
4 0.67
5 0.73
6 0.76
7 0.80
8 0.46
9 0.85
10 0.83
Promedio grupal : 0.625
Desviación estándar : 0.283
El cuarto resultado, proviene de establecer de manera gráfica la ubicación de los 
reactivos que conforman el modelo consensado. Esto se logra mediante la técnica de 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
USO DE CUESTIONARIO ESTRUCTURADO PARA EXPLORAR CREENCIAS 
 109los agrupamientos jerarquizados de Johnson, que ayuda a ubicar de manera especí-
fica el nivel de profundidad y las relaciones de los reactivos del modelo analizado, a 
manera de un corte transversal de su estructura total.
En el caso del cuadro 7-5 se observa que los reactivos 3 y 4 están agrupados en un 
nivel superficial, luego se les agrega un nivel más profundo, el reactivo 2; después el 
1 se añade a los anteriores, y por último el 5 queda acomodado en el nivel de la base.
CUADRO 7-5. AGRUPAMIENTO JERARQUIZADO
NIVEL REACTIVO 1 2 3 4 5
4 x x x
3 x x x x
2 x x x
1 x x x
El quinto y último resultado es obtener una gráfica virtual de los ítems, a manera 
de una vista panorámica a vuelo de pájaro. Cabe señalar que el programa de grafica-
ción realiza un ajuste virtual entre los diferentes ítems, de acuerdo con el escala-
miento más apropiado para el modelo en cuestión. Este ajuste lo efectúa, después de 
realizar múltiples corridas hasta que encuentra el ajuste menos forzado (Stress) para 
mostrarlo en una gráfica de distancias virtuales entre los reactivos numerados. El 
cuadro 7.6 muestra la impresión de los reactivos numerados, tal y como salen en la 
gráfica multidimensional, después de dar “print”.
CUADRO 7-6. IMPRESIÓN DE LOS REACTIVOS COMO SALEN DEL PROGRAMA
El siguiente paso, para dar sentido a la gráfica de los reactivos numerados, es re-
lacionarlos de acuerdo con los resultados del agrupamiento jerarquizado, englo-
bando los reactivos, con ayuda de elipses para poder hacer una interpretación de si-
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
110 militudes y diferencias, así como de centralidad y periferia (como se plantean en la 
figura 7.1).
FIGURA 7-1. PRESENTACIÓN DE RESULTADOS INTERPRETADOS
Nótese que hay reactivos (elementos semánticos) más relacionados y también 
centrales y periféricos, como el caso de los reactivos 3 y 4 y el 5.
Consideraciones finales
Con estos cinco resultados se puede establecer el análisis de consenso cultural sobre 
un dominio semántico específico de la realidad, debido a que puede aportar elemen-
tos de conocimiento estratégicos para realizar acciones de promoción de salud y, o 
prevención relacionados al fenómeno suicida, o ambos, desde el enfoque de la antro-
pología cognitiva.
Referencias
Borgatti S. P. ANTHROPAC. Versión 4.93. 1992. Columbia SC. Analytic Technologies.
Romney A. K., Weller S.C. Batchelder W. H. Culture as Consensus. A Theory of Cultural 
and Informant Accuracy. American Anthropologist. 1986. (88) 2, 313-338.
Schweizer T. Epistemology. The nature and validation of anthropological knowledge. En H 
Russell Bernard Editor. Handbook of Methods in Cultural Anthropology (1998), (pp. 39-
87). EUA: Altamira Press. Weller S. C. Structured Interviewing and Questionnaire 
Construction. En H Russell Bernard Editor. Handbook of Methods in Cultural 
Anthropology. (1998), (pp. 365 409). EUA: Altamira Press. 
PARTE III
Perspectivas de intervención psicológica 
con personas con intento suicida
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
 113
CAPÍTULO 8
5HÁH[LRQHV�HQ�WRUQR�DO�VXLFLGLR�SRVIDFWXP
GHVGH�OD�ÀORVRItD�GH�OD�FLHQFLD�D�OD�LQYHVWLJDFLyQ�
terapéutica y estructuración de la atención 
médico-psicológica del suicidio en la zona 
alteña del estado de Jalisco
Andrés Sainz Márquez
Juan Enrique Sánchez Ochoa
Introducción histórica al suicidio, su dimensión y filosofía
El suicidio es una práctica inmemorial de la humanidad. Los primeros casos de este 
tipo que se conocen como una práctica social extendida entre la población, se descri-
ben con mayor data en los anales de la historia del antiguo Egipto. Situación social 
inicial registrada por sus escribas en las inscripciones de las tumbas y templos que 
se data entre la 4° y 7° dinastías, en periodos de sequías, guerras y otras situaciones 
de conmoción social y cuya práctica era vista en esa cultura como un hecho al prin-
cipio que motivó al escándalo. 
Después, en el antiguo Egipto el suicidio deja de ser una causa de conmoción so-
cial y de mencionarse en las diferentes dinastías con escarnio, era visto como algo 
usual y una decisión respetable. Quizás entre ellos, el más famoso y conocido con 
posterioridad fuese el suicidio de la reina Cleopatra (Donadoni, 1957). Como antaño, 
el suicidio fue y aún lo es, una acción individual y de presencia social polémica, en 
especial en la cultura de occidente. Se ha visto como una acción aprobada, justificada 
o rechazada por los diferentes credos religiosos y códigos ético-sociales, el debate que 
se dio inicio antaño y a la época actual sobre este tema, sigue sin definir si es consi-
derable suicidarse como una acción lícita o no. Su calificación axiológica, entre estar 
situado en la comisión de algo ubicado en el maniqueísmo de la buena y la mala ac-
ción, de consciencia y como tema a polemizar, no cambia a través de la historia y es 
objetable por ello tomar una postura en contra o a favor. Es intenso el debatir al opi-
nar del suicidio como tema, al igual que fue discutido por los sabios y líderes de 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
114 opinión de las civilizaciones y pueblos extintos de la antigüedad no cambia sobre su 
validez o no entre sus exégetas del presente siglo y milenio en curso. 
El estudio y debate en torno al suicidio al día de hoy, se diferencia del de antaño. 
En la posmodernidad se plantea su actual interés situándose sólo desde el cientificis-
mo médico. Los códigos religiosos o deontológicos tradicionales son considerados 
por los científicos posmodernos como textos obsoletos. Sin embargo, es innegable la 
aportación nosológica de los estados emocionales intensos y anímicos que en ellos se 
describen y que se usan en las descripciones clínicas de la literatura especializada en 
el tema y de su abordaje terapéutico para entender las razones de sufrir del discur-
sante y su terapeuta (Roudinesco, 2007). 
El suicidio ha pasado su baremo de legitimidad y, o abominación, o ambas, para 
fundamentar su debate desde el siglo XVIII sólo como tema científico. El cientificis-
mo dominante se vislumbra de forma incipiente con el auge del movimiento intelec-
tual de la Ilustración y el enciclopedismo, en que se ofreció luego de la Revolución 
francesa, la solución a los problemas sociales e injusticias de los regímenes monár-
quicos europeos. La figura y pensamiento del filósofo francés FrançoisMarie Arouet, 
Voltaire, es decisiva tanto en sus escritos políticos como en sus obras de teatro para 
ilustrar al pueblo. Cándido y Micromegas (García, 1997), quizá estas sean sus obras de 
mayor impacto en las mentes de aquella época y se destacan en este terreno de inves-
tigación filosófica sobre el suicidio. Asimismo, fue quien insistió en el suicidio como 
un grave problema para la seguridad y supervivencia del Estado y un tema de salud 
pública relevante, al dar a conocer su opinión sobre el tema a través de la voz Suicidio 
(Voltaire, 2000), contenida dentro de su opus, el célebre Diccionario filosófico, el 
cual fue leído con interés por los precursores y futuros libertadores de América 
(Hobsbawm, 1997). 
El nacimiento político de la República francesa inicia su abordaje de cambio de 
paradigmas de investigación con el principio político de asumir la Razón de Estado 
(Del Águila, 2007) y retomar lo relativo a los ciudadanos como punto de partida de 
la seguridad nacional y una razón de ser por el Estado y para este. Toda investigación 
es un asunto prioritario y al supeditar el tema de lo social en pro de esta nueva filo-
sofía de supervivencia y perennidad de la organización política se ve amenazada por 
el espectro de las ideas del hombre libre e independiente, de los derechos del hombre 
y el ciudadano que se oponía al control a perpetuidad de las monarquías, del papado 
o las federaciones protestantes. 
La Razón de Estado es invocada como antecesora del nuevo dogma, de control y 
supresión de los inconformes de manera paradójica, con el ideal del hombre libre y 
derechos del ciudadano, inspirado por las ideas de la Ilustración. Surgen aquí los 
bandos liberal y conservador, pero ambos están de acuerdo en eliminar las conductas 
suicidas de su sistema político y de control social. Por ello, el tema del suicidio en 
que con antelación imperaba la opinión teológica, filosófica y del ritual religioso, es 
asumido a la caída de la monarquía dentro del nuevo Estado laico francés, para dejar-
lo como tema a abordar solo con fundamentos dentro del contexto de las ciencias de 
la salud y conducta humana. 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
REFLEXIONES EN TORNO AL SUICIDIO POSFACTUM
 115A partir de la influencia de la crítica de Voltaire al sistema penal francés durante 
el reinado de los Luises y su caída, los legisladores de jóvenes repúblicas americanas 
desarrollaron en sus códigos las ideas que aquél tuvo Voltaire respecto al suicidio y 
que han evolucionado hasta llegar por último a ser inscritas para su atención exclu-
siva al campo de la salud mental y en concreto sólo a cargo de los psiquiatras. Los 
países de legislación con inspiración jurídica anglosajona, entre los que se encuentra 
EUA, asumieron la perspectiva volteriana como válida para sus sistemas legales de 
defensa del Estado democrático y para preservar la salud social y la convivencia y la 
cultura. 
Años más tarde, el sociólogo norteamericano Talcott Parsons (Parsons, 1976), al 
estudiar el sistema social y político, definió al suicidio como un hecho social y una 
situación que rebasaba las capacidades de los investigadores médicos, quienes en su 
mayoría permanecían encerrados junto con sus pacientes en las clínicas y aislados 
del conglomerado social de donde procedían los males que aquejaban los relatos de 
aquéllos. Parsons contribuyó desde el campo de la sociología a la epistemología cien-
tífica médica, con el término fenómeno social, que si bien tiene un cariz científico, 
es incapaz de explicar algo. 
El modelo médico clásico de atención (Castro, 2003) basado en esta premisa y que 
se deriva de la estructuración autorizada del empleo de la metodología científica, 
define la situación mental intensa del paciente con ideación suicida para evocar la 
justificación del fenómeno y abordar la prevención del hecho; así, asume la validez 
científica de los tres momentos que establece de atención y reclusión forzada hospi-
talaria: prevención primaria, secundaria y terciaria. Sin embargo, resulta paradójico 
que no se enfoca a investigar el concepto vivencial del fenómeno en sí del paciente, 
como línea de investigación científica que por su amplitud y diferenciación no puede 
ser sólo sectorizada a un factor hipotético exclusivo experimental como permite el 
método, sino que conlleva a un sistema. 
Aun así, el método científico de investigación al ser confrontado con las estadísti-
cas de suicidio posfactum, señala su lamentable fracaso y error de aplicación metódi-
ca del que da cuenta sólo de cifras y precarios resultados. Como ya señalaron Paul 
Feyerabend (2003) en la filosofía de la ciencia y Larry Laudan(1994), el apego irre-
flexivo de los investigadores lleva al error cuando estos dogmatizan preservar tradi-
ciones de investigación que son inútiles a un tema cuya utilidad no es suficiente y, 
sin embargo, buscan, a toda costa forzarlo e incorporarlo al método. 
Los investigadores mexicanos que trabajan sobre el suicidio parecen no notarlo. 
Diferentes foros en torno a este proceso social se han desarrollado en el medio, aun-
que estos no trascienden para revisar si la metodología científica establecida de ma-
nera legal y el exclusivismo médico como forma de investigación influyen en la pre-
valencia en aumento del fracaso terapéutico (CUALTOS, 2013). El doctor Alfonso 
Petersen Farah (2010), quien fuese secretario de salud en Jalisco, en alusión a la 
frase del sociólogo Talcott Parsons, resaltó durante su gestión la actualidad y el valor 
del término fenómeno social y en concordancia con otros investigadores (Corpas 
Nogales, 2011) afirmó que el suicidio debía ser tratado como un fenómeno social y 
no sólo en el ámbito médico. 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
116 El abordaje de este tema y su dinámica queda excluida de lex Iure y de facto a otras 
perspectivas epistemológicas y gnoseológicas de investigación y desarrollo. Por ello, 
en este trabajo se aborda la crítica al modelo único de estudio médico-científico y se 
realiza su aproximación del suicidio conforme a la perspectiva filosófica fenomeno-
lógica, ya aprobada por otros investigadores y que suma la orientación crítica e histo-
ricista inspirada en los trabajos de investigación del sociólogo alemán Georg Simmel 
(Simmel, 1977). El marco de trabajo y circunstancias se encuadran en México y están 
focalizados en la región de Los Altos, en el estado de Jalisco; en la actualidad repre-
senta una de las entidades con mayor cantidad de suicidios del país, además de que 
se encuentra entre las primeras diez causas de muerte juvenil en este estado. De 
acuerdo a datos estadísticos, el mayor número de este tipo de eventos es realizado 
por varones hombres y en menor cantidad por las mujeres (relación de cuatro varo-
nes a una mujer) y la prevalencia de las edades oscila entre los 18 a 39 años, donde el 
ahorcamiento es el método de autolisis de mayor empleo. Los fallecimientos por esta 
causa, se incrementaron en el último decenio más del 15% entre la población de Ja-
lisco. Los municipios que tenían el mayor índice de suicidios eran los municipios de 
Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá, Puerto Vallarta. Tlajomulco de Zúñiga, 
Lagos Moreno (CUCS, 2012). Sin embargo, en últimas fechas, las cifras recientes 
apuntan a que la mayor tasa de suicidios se registra en el municipio jalisciense de 
Tepatitlán de Morelos, conocido en la localidad con el nombre de Zona de Los Altos; 
en la actualidad ésta cuenta con el 9.06% de suicidios por cada cien mil habitantes, 
cifra que supera con casi cuatro puntos porcentualesel promedio del resto del esta-
do, que es de 5.10%. 
El perfil fenomenológico descrito se atribuye a un “choque” entre una sociedad 
conservadora y la alta migración que existe en la zona que sea el factor que pueda 
explicarlo. El perfil etario y psicosocial registrado se encuentra comprendido entre 
los 15 a 60 años, predomina en el sexo masculino y se encuentra en edad productiva, 
en soltería y sin apoyo social y familiar, ausencia de práctica de algún deporte y se ha 
asociado al proceso del suicidio.
El tema suicidio posfactum, se aborda en torno a la filosofía fenomenológica por-
que se considera una alternativa que aporta ideas para repensar en los modelos de 
atención que se han empleado sin éxito y que no lograron su propósito de contención 
o que fueron insuficientes una vez logrado el proceso de autolisis. Para ello es me-
nester que los investigadores realicen una revisión en retrospectiva de los factores 
que se asociaron y si bien ya fueron descritos en la literatura como desencadenantes 
involucrados, no fueron advertidos dentro de los modelos en uso para ser oportunos 
frente a los fenómenos psicosociales implicados.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
REFLEXIONES EN TORNO AL SUICIDIO POSFACTUM
 117Positivismo: un paradigma fallido para la investigación y atención 
del suicidio en el sistema de “orden y progreso” en México 
Durante el virreinato en el reino de la Nueva España, de la cual el actual México era 
una colonia, la investigación y la ciencia estuvo sujeta a la inspección de la Compañía 
de Jesús, situación que perduró durante los años de la guerra en el periodo de tran-
sición hacia una nación independiente. 
Una vez que las jóvenes repúblicas americanas estuvieron separadas del vínculo 
de control imperial colonial español, quedó eliminado el comité inquisitorial y su 
supervisión del campo de las ciencias; esto permitió a los legisladores abordar el 
tema del suicidio inspirado desde el código napoleónico, mismo que le da sustento y 
desarrollo a los nuevos códigos legales (Ramos, 1994). 
En el periodo posterior a la intervención francesa, el presidente Juárez impulsó la 
innovación a la Ley de Educación, derivada en forma directa de la filosofía política del 
positivismo. A la fecha, ésta se ha convertido en el eje exclusivo de la investigación 
científica. Para comprender la estrechez de la investigación nacional mexicana en el 
tema del suicidio, es necesario exponer que su desarrollo está limitado a dicha direc-
ción de investigación; esta inamovilidad, además de responder a causas histórico-
políticas y médicas, priva a los investigadores del libre empleo de otros paradigmas 
más actuales y aplicables en este campo. Dentro de los marcos legales y de las insti-
tuciones, estos se ven obligados a elaborar su trabajo fuera de otras concepciones fi-
losóficas, epistémicas, metodológicas y técnicas protocolarias más útiles. Sin embar-
go, resulta lamentable que en México, como señala Enrique Villalba Pérez (1985, p. 
24), la pluralidad en investigación en México nunca haya existido. 
El ordenamiento legal para sujetarse a la opción única del positivismo (Blanquel, 
1984, p. 3) como paradigma de investigación oficial en México inicia desde el siglo XIX. 
Su concepción y desarrollo se da a partir del trabajo del francés Isidore Marie Auguste 
François Xavier Comte (1798-1857), cuya filosofía designó con el nombre de positivis-
mo (Atencia, 1994). Su distintiva apertura, además de su originalidad, se debe a que 
incorpora el empleo del término científico frente al tradicional empirismo. 
El positivismo científico era promisorio y de resolutiva actualidad en la investiga-
ción y consistía en dar validez científica sólo a aquellos conocimientos procedentes 
de la experiencia; por tanto, rechazaba cualquier noción a priori y todo concepto uni-
versal y absoluto. Con ello, Comte instituyó un cambio en el imaginario cultural y 
estructural, tanto académico como popular y en los paradigmas en investigación en 
todo el mundo occidental, los cuales habían rivalizado con la perspectiva de las cul-
turas orientales y, en especial, con el pragmatismo norteamericano. 
Uno de los alumnos mexicanos de Comte fue el médico y educador Gabino Barre-
da, quien incorporó las ideas comtianas en el nuevo sistema político educativo y de 
investigación en el emergente sistema republicano de México y que permanece 
como método absoluto. 
El problema del suicidio, desde el enfoque jurídico y científico del positivismo 
continuará irresoluble, máxime que desde la perspectiva médico-legal de la que se 
asesoran los juristas para legislar sobre el tema y autorizar amplitud en investigacio-
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
�
 �
d
��
o
r�
al
 �
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
118 nes protocolares y alternativas de atención en salud, el suicidio es la forma de muer-
te más difícil de investigar y demostrar de forma indubitable (Vargas Alvarado, 
1996). Esta acción presenta desde el punto de vista positivista todas las dificultades 
inherentes al problema que de la muerte y los hechos involucrados que se investigan 
y de manera automática se le transfieren sólo a la misma víctima.
En contraste, fuera de los márgenes de las legislaciones y del dogmatismo de los 
comités académicos de investigación sujetos al positivismo, está el amplio reconoci-
miento del valor útil y servicio de apoyo que hace la filosofía de la ciencia al pensa-
miento del investigador el innovar. Gregory Bateson lo defiende desde la teoría sisté-
mica como un recurso útil, inigualable e indispensable. Para este autor, la filosofía de 
la ciencia es similar al investigador como lo es el oxígeno al cerebro, por ello es en-
fático en contra de los escépticos hacia esta ciencia y su utilidad. El señala con agu-
deza que: “El aspirante a científico de la conducta que no sabe nada de la estructura 
básica de la ciencia y nada de los 3 000 años de cuidadoso pensamiento filosófico y 
humanístico sobre el hombre […] haría mejor en guardar silencio”(1976, p. 21). 
Al tenor y antes de Bateson, el sociólogo francés Durkheim había ya señalado su 
crítica al empleo del positivismo al escribir en contra del fundamentalismo legal que 
primó sólo al campo psiquiátrico. En su obra El suicidio señala: 
El suicidio ha sido presentado como el producto de cierto temperamento, como 
un episodio de la neurastenia, sometido a la acción de los mismos factores que ella. 
Más nosotros no hemos descubierto ninguna relación inmediata y regular entre la 
neurastenia y el proceso social de los suicidios (Durkheim, 1994). 
Sin embargo, pese a las advertencias de este teórico a los expertos de otras áreas y 
hacia los mismos psiquiatras contemporáneos a él acerca de las limitaciones que sus 
métodos de investigación les permiten, no se mantuvo la influencia volteriana por el 
Estado. En la actual legislación vigente en Jalisco, contraria al consejo de Durkheim, 
se marca sólo la pauta de investigación y tratamiento orientada en la dirección posi-
tivista médico-psiquiátrica (Fracción IX, Ley de Salud mental del Estado de Jalisco, 
2013).
Para la investigación permitida en la actualidad sobre el suicidio, éste es un tema 
que queda encerrado de manera histórica y sin lógica de encuadre desde la misma 
ciencia con que se presenta y expone debido a los márgenes metodológicos de inves-
tigación ordenados por el Estado. De esta manera, el tema del suicidio se ha conver-
tido desde entonces en objeto sólo de observación y estudio, con resultados fallidos 
que perduran y por Razón de Estado, aún es irresoluble de manera terapéutica por la 
psiquiatría, elderecho, la filosofía, la sociología y en último lugar, la psicología. 
Hay diferentes perspectivas para conocer la etiología del suicidio que, a lo sumo, 
se logra establecer que el deceso fue provocado de manera intencional por su autor. 
No se obtiene mayor avance de lo que ya ha logrado el método científico riguroso 
positivista aplicado a estas ciencias y por ende, no hay todavía un consenso sobre la 
mejor forma de definir, legislar o de abordar con éxito la extinción de los pacientes 
con esta peculiar disposición a la autodestrucción. La definición realizada en el siglo 
XIX por Emile Durkheim, que se acepta como pionera en el campo de las ciencias 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
REFLEXIONES EN TORNO AL SUICIDIO POSFACTUM
 119del hombre para definir este acto anota que el suicidio es: «todo caso de muerte que 
resulta directa o indirectamente de un acto positivo o negativo realizado por la vícti-
ma misma, y que, según ella sabía, debía producir este resultado» (Durkheim, 2008). 
La clasificación del suicidio que este autor ofrece sintetiza en tres ejes sus obser-
vaciones realizadas de los suicidas en París en colaboración con el policiólogo Al-
phonse Bertillón y con la que desarrollará una tipología (la cual es útil todavía) para 
clasificar los móviles de este tipo de hecho social como: suicidio egoísta, altruista, y 
anómico (Durkheim, 2008) y que es empleada como un sistema descrito en los ana-
les para la clasificación de que se sirven los investigadores actuales para el estudio de 
esta peculiar forma de decisión del propio cierre vital de un individuo. 
La definición posmoderna interdisciplinar manejada por la Organización Mun-
dial de la Salud del suicidio incluye, además, la incorporación policiológica que seña-
la el intento suicida o acción parasuicidio, situación que define la ambigüedad o el 
fracaso de la comisión del acto y que es definido como:
Un acto con una consecuencia no fatal en la cual el individuo realiza delibera-
damente una conducta no habitual con amenaza de muerte, que sin la inter-
vención de otros le causará autodaño, o ingiere una sustancia superior a las 
dosis terapéuticas generalmente reconocidas y cuyo objetivo es producir cam-
bios que él o ella desean a través de las consecuencias físicas y psíquicas reales 
o esperadas cercanas a la muerte (Rodríguez et al., 1997).
Paul Meehl y Gregory Bateson: el conflicto de paradigmas entre la sub-
ordinación científica del saber del psicólogo y sus aportaciones de in-
vestigación dentro del paradigma legal y dominante de la dirección 
médica 
El Dr. Paul Everett Meehl (Grove & Llod, 2006) fue el pionero en la psiquiatría nor-
teamericana en abordar el problema de separar la perspectiva médica como una for-
ma unida de trabajo médico, independiente, unívoca y a salvo del resto de las pers-
pectivas filosóficas y psicológicas que parecían complicar la visión entre los médicos 
psiquiatras en EUA. 
Paul Meehl propuso que la psiquiatría dejara de ocupar una torre de Babel entre 
las teorías contradictorias de la personalidad, caracterología o biológico-conductistas 
de las que no había acuerdo entre sus expositores. Para este autor, la psiquiatría debía 
estar libre de influencias y explicaciones elucubrativas sobre los procesos mentales y 
dejar atrás los comentarios filosóficos especulativos derivados de los pensamientos e 
influencia de investigadores afines a otras escuelas psicológicas con inspiración filo-
sófica y a su vez en mutuo conflicto. Las agrias disputas de los defensores del psicoa-
nálisis ante el conductismo, el humanismo y la fenomenología, la psicología de la 
Gestalt o el existencialismo en el campo psiquiátrico no lograban un avance. Para el 
Dr. Meehl, la perspectiva psiquiátrica debía ser exclusiva por su raíz desarrollada en 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
�
 �
d
��
o
r�
al
 �
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
120 una sola perspectiva biomédica y científica plural, ajena a las barras de los naciona-
lismos que hacían gala en señalar “Escuelas” y lineamientos de psiquiatría sobre 
cómo tratar en general con los pacientes. 
De acuerdo a la postura dada por Meehl, la psiquiatría debía asumir la necesidad de 
introducir en sus procesos un orden y forma de trabajo con sistemas comprobados 
de algoritmos y estandarizar las decisiones terapéuticas, de armonizar los diagnósti-
cos y depurar los tratamientos. Este autor afirmaba que la sistematización estadística 
era la forma más precisa de validar entre los psiquiatras aquello que el pensamiento 
clínico individual aislado y en poder de unas cuantas personas cualificadas, infería. 
Esto, si la forma de establecer y definir los criterios se instrumenta y utiliza como 
herramienta en la predicción matemática de la mecánica del proceso intelectivo hu-
mano. 
Esta perspectiva tuvo gran aceptación y la formulación del nuevo modelo científi-
co-profesional médico en apoyo de los psiquiatras fue desarrollado con base en el 
trabajo de la neuro-investigación y bajo la dirección metodológica del conductismo. 
Los trabajos de formación profesional impulsados por el norteamericano David 
Shakow (1942) incluyeron el entrenamiento práctico, así como la instrucción en los 
fundamentos y procedimientos científicos de las disciplinas cognitivo-conductuales 
emergentes. De la dirección combinada de estos paradigmas se desarrolla el modelo 
Boulder de profesionalización y estandarización de capacitación de los futuros psicó-
logos clínicos, a fin de emparentarlos con los psiquiatras de esta misma área. El 
modelo surge luego de la conferencia de la APA en la localidad de Boulder, Nevada, 
EUA (1949), donde se delineó el nuevo modelo científico profesional del psicólogo 
que se empleó en los siguientes treinta años en ese país para regular la formación de 
psicólogos y psiquiatras clínicos (Altman, 1996). 
Sin embargo, las escuelas de psiquiatría y psicología excluidas en el estudio apor-
taron críticas nada desdeñables acerca de que la observación minuciosa de los casos 
individuales, así como sus hipótesis y trabajos no científicos, en realidad eran la 
fuente de avenamiento para esta dirección. 
Por otra parte, el punto más endeble de la utilidad terapéutica y social que sellaba 
la ineficacia de esta dirección, provino del estudio del sociólogo canadiense Erwin 
Goffman (1961) 
Las instituciones psiquiátricas no valen para lo que fueron concebidas; el in-
ternamiento, con sus características y consecuencias, es más un método de 
desajuste que de ajuste y organización del yo del paciente(…) Posiblemente la 
ventaja más interesante del estudio sea que si bien la mayor parte de los tra-
bajos sobre el tema han sido escritos por psiquiatras, éste, sin embargo, se 
sitúa en una perspectiva externa; es decir, a cierta distancia del mundo profe-
sional, en una perspectiva sociológica (Goffman, 1972).
El debate y la superioridad de una dirección sobre otra, no ha sido todavía supera-
do y aunque la metodología preponderante del paciente en potencia suicida todavía 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
REFLEXIONES EN TORNO AL SUICIDIO POSFACTUM
 121es la directriz clínica, sigue sin cambio y continua su atención basada en el discurso 
correlativo y la inferencia analítica obtenida entre el personal designado de cubrir el 
caso y el paciente; modalidad que es la utilizada a la fecha por investigadores recono-
cidos en la psicología y en las que el control médico, ha sido requisito necesario al 
servicio de estasprácticas. (Frank, 1984). 
El reconocimiento del antropólogo inglés Gregory Bateson como investigador en 
el campo de la salud mental, se sustentó en el desarrollo integrado a la antropología 
que desarrolló con base en las teorías de la ecología, la cibernética y en especial del 
trabajo del biólogo austriaco Ludwig Von Bertalanffy (1901-1972) acerca de la con-
cepción de la Teoría General de Sistemas, con la que concibió una explicación alterna 
al dualismo cartesiano-leibiziano. Con ello Bateson tuvo los elementos para criticar al 
movimiento positivista científico francés y sentó las bases teóricas para inscribir que 
en un solo paradigma se abordase el estudio unificado de la vida y la naturaleza en un 
complejo sistema, sujeto a interacciones dinámicas. El trabajo de Bateson en las cien-
cias de la salud y en particular el campo de la psiquiatría, estuvo avalado de mane-
ra previa por el afamado psiquiatra Jürgen Rüesch, quien le dio el espacio y reco-
nocimiento en los comités científicos para que Bateson, quien era antropólogo, 
llegase a ser valorado como pionero en la investigación de la psiquiatría con una 
perspectiva innovadora culturalista en los EUA desde la antropología (Calero, 
2000).En una de sus obras Espíritu y Naturaleza, Gregory Bateson expone como 
critica a los futuros psiquiatras unidimensionados en el positivismo, y educados en 
el modelo Boulder: 
A los psiquiatras les planteé un desafío en la forma de un pequeño examen 
escrito, diciéndoles que cuando el curso finalizara tenían que comprender las 
preguntas allí formuladas. En la primera pregunta se pedían breves definicio-
nes de: a) sacramento, y b) entropía. Los jóvenes psiquiatras de ese decenio 
eran incapaces, en general, de responder a cualquiera de las dos preguntas 
(…) Les estaba proporcionando a mis alumnos las nociones cardinales de 2 
500 años de reflexión sobre la religión y la ciencia. Pensé que si iban a ser 
médicos del alma humana, debían tener al menos una base acerca de cada 
una de estas antiguas argumentaciones, estar familiarizados con las ideas 
centrales de la religión y de la ciencia (Bateson, 1993).
 
Esta anécdota dentro del trabajo de este autor señala que la atención del personaje 
con ideación suicida y su situación en el mundo, sin duda es un reto para redefinir 
la labor neutral que en el campo de la investigación del devenir de la vida humana, 
deben de asumir de manera fundamental los terapeutas. La falta de investigación de 
otras corrientes de pensamiento en las universidades que siguen el modelo médico 
positivista dirigidos a la atención a este tipo en especial de pacientes están basadas en 
un exclusivismo radical como señaló Bateson y de manera epistemológica en este me-
dio está mal dirigido y peor comprendido, además que excluye de su currículo las 
metodologías de investigación alternas no positivistas.Luego del trabajo del Dr. Meehl 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
�
 �
d
��
o
r�
al
 �
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
122 y las críticas del Dr. Bateson y otros muchos investigadores inconformes con el exclu-
sivismo y reduccionismo para la investigación e innovación (Sentis, 2010) en EUA la 
psicología pasa a dividirse en dos áreas de investigación: terapéutica y de estudio, 
ambas impactan a los psiquiatras que optan por continuar sus estudios y especiali-
zarse o doctorarse en una de las dos corrientes presentes: la psicología psicológica y la 
cognitivo-conductual, las cuales son las dos grandes ramas dentro de la teoría e inves-
tigación en que hoy día se divide el paradigma de la psicología como ciencia y su 
oferta de capacitación en terapia. 
Al centrarse en el tema de las personas con problemas de autolisis, éste se aborda 
de manera directa en ellas de forma indistinta de la perspectiva y conflictos asociados 
a sus peculiares orientaciones de autodaño. En la práctica, ambas direcciones han 
dejado atrás el problema de resolver las cuestiones referentes a la cientificidad o no de 
sus constructos. Sus conflictos emocionales aunque pareciesen ser similares al res to 
de la población, marcan pautas diferentes dado el carácter de su investidura y repre-
sentación social que va implícita en la petición de atención. Con la excepción de la 
investigación del desaparecido Dr. Carl Gustav Jung (Hart, 1999), para quien la inves-
tigación y terapéutica en el suicidio junto con los temas de la religión y la espiritualidad 
del paciente con este tipo de ideación, son fundamentales en su manejo y atención 
conjunta. Con antelación, Durkheim en su estudio señala lo acertado de la observa-
ción del psiquiatra suizo cuando describe que el suicidio es menor entre judíos, que 
entre católicos y protestantes (Rodríguez, 1990). 
En el campo de la investigación sobre el suicidio con el uso del método fenome-
nológico de Edmund Husserl destaca la figura del psiquiatra Ludwig Binswanger, de 
nacionalidad suiza. Discípulo de Eugen Bleuler y amigo de Sigmund Freud, Bin-
swanger complementó el trabajo de Husserl con la filosofía del existencialismo de 
Martin Heidegger para introducirlo a la clínica médica. Su obra es controvertida 
dado que este filósofo fue señalado de nazi, aunque Binswanger emplea los elemen-
tos más fuertes en su argumentación terapéutica. 
Para Binswanger (Binswanger, 1998), el problema del suicida es asumir que tomar 
la consciencia del para-que-se-es-inauténtico, es un modo de acceder a la verdadera 
realización del propio sujeto; que por lo habitual transcurre entre el-ser-ahí-y-enton-
ces-aquí, sin tener verdadera consciencia de por qué existe y actúa en conformidad a 
un derrotero de autoencubrimiento y que en el desconocimiento de sí mismo le lleva 
a vivir en el fracaso. En síntesis, este modelo de manejo que ofrece bus ca que el indi-
viduo aprenda a obtener uno propio para conocerse. 
Por su parte, el experto en suicidio y dirección fenomenológica-existencial, el neu-
ropsiquiatra austriaco Viktor Emil Frankl, afina las ideas de Jung y Binswanger. Ade-
más, escribió de su propia vivencia de ideación suicida mientras estaba preso en un 
campo de exterminio nazi en su libro El hombre en busca de sentido (2004) en donde 
escribe que: “en multitud de ocasiones, son las circunstancias excepcionalmente ad-
versas o difíciles las que otorgan al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente 
más allá de sí mismo.”
Para Frankl, la causa del suicidio es la neurosis noógena, una peculiar forma de 
inconvivencia del paciente y su entorno que se origina con la amplificación emocio-
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
REFLEXIONES EN TORNO AL SUICIDIO POSFACTUM
 123nal de una frustración existencial que conforme se complementa en el psiquismo, le 
impide encontrar la manera de satisfacer su necesidad de dar un contenido coheren-
te a su escala de significados, valores y trascendencia y valor de su propia vida. El 
problema de este original autor y de otros más, es estandarizar sus propuestas bajo 
la férula del positivismo y la legalidad de sus teorías y técnicas de manejo.
Reto de investigar el suicidio desde afuera del sistema positivista 
y legalista de la psiquiatría y la psicología cognitivo-conductual
De acuerdo a la OMS (1978), el principal riesgo para la realización del suicidio pro-
viene de la familia y de la disolución del sistema familiar. Este concepto engloba una 
situación peculiar derivada de la sobrecarga de los padres o a la pérdida de los siste-
mas de apoyo para los miembros de la familia. La desorganización familiar puede 
contribuir a la pérdida de los controles sociales que la familia suele imponer a sus 
miembros. Esto se refleja en loque algunos de los investigadores latinoamericanos 
(Jerson Muñoz et al., 2005; Valadez-Figueroa, 2005) señalan como factores desenca-
denantes. Los investigadores consultados coinciden en sus trabajos de investigación 
en afirmar que están presentes fallas en el consenso familiar de observación de nor-
mas internas, sentimientos de los integrantes de falta de comunicación y hostilidad 
compartida entre sus miembros, las disensiones al interior del sistema familiar de 
forma constante y la resolución de los conflictos con base en la superioridad de la 
agresión física o psicológica, sumado o no al abandono físico o emocional de alguno 
de los padres o de ambos y la presencia frecuente en éstos de sentimientos de deses-
peranza y pesimismo seguidos de actitudes y conductas pasivas ante la propia vida y 
el resto de los integrantes de la familia (Pérez Martínez, 2004) .
De acuerdo a la postura materialista y científica, la familia actúa como un factor 
socializador primario del niño y le infringe controles sociales que exceden de mane-
ra clara a los que éste necesita para hacer su camino en la carrera de obstáculos que 
le plantean los agentes externos; además, ésta deposita en el niño un elaborado sis-
tema de tabúes, lo cual se lleva a cabo como la enseñanza de los controles sociales, 
mediante la implantación de la culpa. Algunos tabúes son por ejemplo que la comu-
nicación interpersonal se reduce a lo audiovisual; el tabú acerca de la ternura (que 
puede sentirse pero no expresarse), entre otros (Engels, 1884).
El desarrollo de un modelo alterno de terapia que involucra a la familia inició en 
1921 con el Dr. J.C. Flügel a través de su libro Psicoanálisis de la familia (1968). Desde 
el psicoanálisis y la sociología, se gestan nuevas orientaciones con que ha girado el 
debate en dar origen a diversas opiniones, teorías y escuelas para el trabajo con fami-
lias y sus diversos problemas, entre ellos de integrantes con ideación suicida. Sin 
embargo, es destacable la influencia de investigación cualitativa de la trabajadora 
social norteamericana Virginia Satir (Satir, 2000), quien observa cómo datos de alte-
ración que indican los síntomas de un individuo en un ambiente de detención del 
crecimiento y agotamiento emocional y espiritual del miembro familiar en peligro, 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
�
 �
d
��
o
r�
al
 �
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
124 se suma el aumento del sentimiento de ser explotado y abandonado; el cual, sin em-
bargo, a menudo no es admitido ni comunicado a sus allegados. Se agregan los 
sentimientos de soledad, abandono, imposibilidad de hablar, una desolación, deses-
peranza y desamparo; los cuales suelen ser asimismo retenidos y no percibidos por 
los demás integrantes de la familia. Por ello, señala Satir, que el error de intervención 
radica en que el individuo debe ser preminente en el modelo de atención. Su funda-
mento epistemológico es crear un modelo de terapia basado en principios comuni-
cativo-existenciales confeccionados desde los principios sistémicos-cibernéticos. 
Al ceñirse al camino de la psicología psicológica, los términos que definen estados 
de ánimo límites como los describió el psiquiatra y filósofo alemán Karl Jaspers (Ali-
na, 2011); es decir, las situaciones que impiden el goce de la vida se han nombrado 
con palabras tales como desesperación, angustia, melancolía o depresión. Su existen-
cia forma los arquetipos presentes en los seres humanos y lo que se describe a nivel 
de la comunicación con las palabras anteriores, son en realidad, vocablos insuficien-
tes y plantean lo difícil de describir en su magnitud los tipos de vivencia emocionales 
que definen como señalo Frankl, el paso previo a la acción suicida. Por ende son di-
fíciles de analizar desde una perspectiva científica. 
Si bien sentir una emoción resulta de comprensión universal al ser humano, es 
insuficiente para expresar lo que a nivel corpóreo y anímico se experimenta en la 
realidad del sujeto afligido. Tiempo atrás las palabras melancolía y hastío por la vida 
sirvieron para explicar el suicidio, y de hecho, fueron de uso general entre literatos y 
filósofos (Lerate de Castro, 2006). 
Desde la injerencia de las ciencias médicas como exclusivas en el tema del suici-
dio a través de la influencia del Dr. Paul Meehl, en la psiquiatría se emplea hoy el 
epígrafe de la depresión. Esta palabra engloba el universo mismo de las emociones 
intensas que se sintetizan en el vocabulario de médicos y psicólogos de orientación 
cognitivo-conductual. En torno a la cual se agrupan y son consideradas diversas ex-
presiones emocionales de los individuos. Este término facilita los indicadores del 
estado de la salud en el mundo y permite evaluar en forma estadística las historias de 
vida en el reducido consenso epidemiológico mental que le ha sido dado por la pers-
pectiva médica. El eventual progreso a la alza de esta palabra en los anuarios estadís-
ticos de salud mental y asociado a la acción autodestructiva humana, ha hecho de la 
depresión y el suicidio, una mancuerna inextricable de la dinámica explicativa suici-
da mundial. (OMS. 2007). 
Durante el pasado siglo XX, la mayor incidencia suicida estaba en el rango etario 
superior a 74 años. En la tendencia actual se ha convertido en un progresivo aumen-
to de frecuencia en la morbilidad y mortalidad por suicidios en adolescentes y los 
adultos jóvenes, en especial de sexo masculino, tanto en Europa como en América 
Latina. En este último continente, la tasa de suicidio aumentó entre jóvenes (15 a 24 
años) desde 4.5 en 1950, a 13.2 en el 2000. Mientras en la primera mitad del siglo XX 
el suicidio aumentó conforme la edad, hoy, en cambio, en un tercio de países con 
información confiable, las tasas son superiores para los de menos de 45 años que 
para quienes están sobre esta edad, lo cual es independiente del nivel de riqueza o 
industrialización del país (WHO. 2006) 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
REFLEXIONES EN TORNO AL SUICIDIO POSFACTUM
 125La anomia, palabra señalada por Durkheim (Durkheim, 275) para designar el fra-
caso del sistema de orden y progreso de la Francia de su época, dio paso con posteri-
dad al actual concepto clínico de la depresión, avalado desde las ciencias médicas; 
mismas que han sido delimitadas como exclusivas por el Estado político para ser las 
únicas autorizadas en exponer sobre el tema del suicidio. A través de la influencia del 
Dr. Paul Meehl, este término engloba el universo mismo de las emociones intensas 
que se sintetizan en el vocabulario de médicos y psicólogos de orientación cognitivo-
conductual la tragedia de la vivencia individual humana en el fracaso existencial y 
sus razones. 
En torno a la depresión se agrupan las individualidades de cada caso y son sólo 
consideradas las diversas expresiones emocionales de los individuos; además, este 
concepto facilita la comunicación entre profesionales y calibra los indicadores del 
estado de la salud mental en el mundo y permite evaluar de manera estadística las 
historias de vida en el reducido consenso epidemiológico de la enfermedad mental, 
que al suicidio le ha sido dado por la perspectiva médica. 
La depresión y el suicidio son una mancuerna inextricable de la dinámica explicati-
va suicida mundial. (OMS. 2007). Sin embargo, queda por valorar el cambio en la 
imaginación al poder del Estado y sus detentadores, para dar cabida a otras perspecti-
vas que tiene el mismo derecho a ser tenidas en cuenta y que por ser posteriores a la 
legislación vigente, al ser revaloradas, pueden ayudar en grado sumo a resolver esta 
problemática social,al margen del esquema político y científico del fallido orden y 
progreso que tiene que ahondar en el problema de la situación familiar en México, 
desde las lecciones de vida, de la anomia y del fracaso existencial del suicida posfactum. 
Referencias
Altman, I. A. (1996). Higher education and psychology in the millennium. American 
Psychologist, 51, 371-378. 
Atencia, J. M. (1994). Augusto Comte y la metafísica (pp. 25-31). España: Philosophica 
Malacitana, 7.
Bateson, G. (1976). Espíritu y Naturaleza, Buenos Aires: Amorrortu editores.
Bateson, G. (1993), op. cit.
Binswanger, L. (1988). Tres formas de la existencia frustrada. Buenos Aires: Amorrurtu editores. 
Blanquel, E. et al. (1984). Tiempo de México, (17, 19 y 20). México: SEP. 
Calero, J. L. (2000). Investigación cualitativa y cuantitativa. Problemas no resueltos en los 
debates actuales. Rev. Cubana Endocrinología, 11 (3), 192-8.
Castro M. et al. (2003). El modelo preventivo Chimalli: la autoevaluación y el empodera-
miento mediante un movimiento comunitario con componentes científicos y de desa-
rrollo humano. LiberAddictus. 75, 7–12.
Centro Universitario de Ciencias de la Salud (2012, septiembre). Riesgo suicida: clasifica-
ción e intervención. Boletín del CUCS. 
Centro Universitario de Ciencias de la Salud (2013, noviembre). Encabeza Tepatitlán índice 
de suicidios en Jalisco, Boletín del CUCS.
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
�
 �
d
��
o
r�
al
 �
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
126 Centro Universitario de los Altos (2013). V Foro de salud mental, políticas públicas y progra-
mas institucionales de atención a la salud mental: avances y retos. 
Corpas Nogales, J. M. (2011) Aproximación social y cultural al fenómeno del suicidio. Co-
munidades étnicas amerindias, Gazeta de Antropología, 27 (2), artículo 33.
Del Águila Tejerina, R. (2007, noviembre). Política, Derecho y Razón de Estado, Erytheis, 2. 
Donadoni, S. (1957). Storia della letteratura egiziana antica.. Italia: Editorial Milano, Nuova 
Accademia, Letter, D. Mondo.
Durkheim, É. (1994). Extracto del Libro El suicidio, México: Ediciones Coyoacán, Átopos XI.
Durkheim, E. El Suicidio (2008). España: Editorial Akal.
Engels, F. (1979). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, México: Ediciones 
de Cultura Popular.
Frank, G. (1984). The Boulder Model: History, rationale, and critique. Professional Psychology: 
Research and Practice. 
Frankl, V. E. (2004). El hombre en busca de sentido. España: Herder.
Feld, A. N. (2003). Melancholy and the Otherness of God: A Study of the Hermeneutics of 
Depression. Lexington Books, 2011. 
Feyerabend, P. K. (2003). Tratado contra el método, Madrid:Tecnos. 
Flügel, J.(1968). Psicoanálisis de la familia. Buenos Aires: Editorial Paidós.
García León, E. (1997) Intertextualidad en un relato de Voltaire. Anuario de estudios 
filológicos, XX, 129-143.
Gobierno del Estado de Jalisco (2000). Estatuto de Estudios de Posgrado de la Secretaría de 
Educación del Estado de Jalisco. En La Tarea, Revista de Educación y Cultura de la Sección 
47 del SNTE/Jalisco (13-14). Guadalajara, Jalisco, México.
Goffman, E. (1961/1972). Internados: Ensayos sobre la situación social de 10 enfermos mentales. 
Buenos Aires: Amorrortu editores.
Grove W. M. y Llod M. (2006). Meehl’s contribution to clinical versus statistical prediction, 
Journal of abnormal Psychology, (115) 2, pp. 192-194.
Hart, D. (1999) La escuela junguiana clásica. En Young-Eisendrath y Dawson (Eds.). 
Introducción a Jung (pp. 147-160). Madrid: Cambridge University Press.
Hobsbawm, E. (1997). La era de la Revolución, 1789-1848. Barcelona: Editorial Crítica.
Jerson Muñoz M. et. al. (2005, oct. /dic.). Ideación suicida y cohesión familiar en estudian-
tes preuniversitarios entre 15 y 24 años. Revista peruana de medicina experimental y salud 
pública, (23) 4. 
Laudan, L. (1994) La ciencia y el relativismo, Alianza Editorial, España, 1994.
Lerate de Castro, J. (2006). El suicidio en la novela norteamericana: de la Ilustración 
al Romanticismo. Cuadernos de ilustración y romanticismo, (14) 65-84. 
OMS (1978). La salud y la familia. Estudios sobre la demografía de los ciclos de vida de la familia 
y sus implicaciones en la salud. Ginebra: Serie de Informes Técnicos, (62) p. 34.
Organización Panamericana de la Salud (2007). Informe Mundial sobre la Violencia y la Sa-
lud Publicación, Científica y Técnica. 588, 20. EUA: Of. Secretaría Panamericana, Of. 
Regional de la OMS.
Parsons, T. (1976). El Sistema Social, Revista de Occidente, Madrid.
Pérez Martínez, V., Lorenzo Parra, Z. (2004, sep.-dic.). Revista Cubana de Medicina General 
Integral (20) 5-6. 
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
REFLEXIONES EN TORNO AL SUICIDIO POSFACTUM
 127Petersen Farah, A. (2010). Redes regionales de prevención del suicidio. México: Secretaría de 
Salud de Jalisco.
Ramos Núñez, Carlos (1994). El Código de Napoleón en América, Latinidad, 6 enfoques actua-
les (pp. 25-37). Perú: Unión Latina. 
Robinson, N. Daniel (1982). Historia crítica de la psicología (pp. 3-23). España: Salvat.
Rodríguez Cano, Julián (1990) Características y tendencias metodológicas en El suicidio de 
Durkheim, Revista de Sociología de la Universidad de Chile.
Rodríguez F, González F, Marrero C, Darias C. D. (1997). Las personas con autolesiones. 
En Rodríguez F, Vázquez JL, Desviat M, eds. Psiquiatría social y comunitaria I. Madrid: 
ICEPSS.
Roudinesco, E. (2007) La batalla de cien años: Historia del psicoanálisis en Francia 1885-1939. 
Editorial Fundamentos, 1, 366.
Sandoval Díaz, J. A. (2013). El Congreso Del Estado Decreta: Ley de Salud mental del Estado de 
Jalisco, fracción IX y artículo 12. 24809/LX/13.
Satir, V. (2000). Terapia familiar paso a paso. México. Editorial Pax. 
Shakow, D. (1942). The training of the clinical psychologist. Journal of Consulting Psychology, 
6, 277-288.
Sentis Vikrant A. S. (2010). De Esalen a Poona: Osho y el camino de la Psicología Humanista-
Transpersonal. editorial: J.C. Sáez Editor.
Simmel, Georg (1977). Sociología: Estudios sobre las formas de socialización, Revista de Occi-
dente, Madrid, 1977, 2 vols.
Valadez-Figueroa I. et al. (2005). Familia e intento suicida en el adolescente de educación 
media superior, Archivos en Medicina Familiar, México, (7) 3, 69-78.
Vargas Alvarado, E. (1996). Medicina legal, 2ª Ed. México: Editorial Trillas. 
Voltaire, Jean Marie (2000). Diccionario Filosófico, (II), 555. España: Editorial Temas de 
Hoy. Checar en cotejo se encontró esta obra fechada en 1995.
Villalba Pérez, E. (1985). Consecuencias Educativas de la Expulsión de los Jesuitas de América. 
España: Editora del Instituto Antonio de Nebrija de Estudios sobre la Universidad, Uni-
versidad Carlos III. 
World Health Organization (WHO, 10 de abril de 2004). Prevention suicide. Suicide rates 
and absolute numbers of suicide by country. p.14.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
 129
CAPÍTULO 9
 
Fundamentación teórico-metodológica 
desde el psicoanálisis sobre el intento suicida
Antonio Sánchez Antillón
Xochitl Jovita Vázquez Isaac
Algunas investigaciones realizadas mediante encuestas o entrevistas sobre riesgo 
suicida señalan como causales: relaciones conflictivas y dañinas como abuso sexual, 
violencia o situaciones traumáticas como separación o abandono de los padres (Man-
dal & Zalewska, 2012) o consumos de sustancias, trastornos depresivos o cambio 
rápido en laescala social (Ocampo; Bojorquez & Cortés, 2009). Mientras que las 
investigaciones psicoanalíticas reportan, a través de estudios de caso, situaciones de 
indefensión o traumáticas donde los sujetos se sienten atrapados y buscan la desin-
tegración del sí mismo (Maltsber & Weinberg, 2006). Éstos tratan de innovar la teoría 
al pesquisar el papel del masoquismo en el intento suicida y dar respuestas a por qué 
sólo se introyectan los factores malos (Berg, 1990); además, reportan que la vivencia 
de desestimación de parte de alguna figura parental provoca incredulidad y descon-
fianza (Kiviranta, 2003). Otros exponen que la vivencia de angustia la descargan en 
el cuerpo al suponerlo causante de las mismas. El odio y la envidia así como los im-
perativos de un superyó arcaico son lanzados hacia el propio cuerpo (Bell, 2001). Es 
importante decir que en la historia del psicoanálisis el estudio de caso es fundamen-
tal en tanto que es un modo de reportar la intervención que se hace en la consulta en 
contraste con la teoría. 
El presente trabajo tiene por objeto la exposición del marco teórico-metodológico 
que se utilizará en el análisis de un sujeto en el subproyecto simbolización del fenó-
meno suicida. 
Para ello primero se desarrollará la importancia que tiene el estudio de caso como 
modo clásico de análisis del tratamiento de los analizantes y se ponderará, además, 
su utilidad en el campo de la trasmisión(1)1. 
1. Freud (1989I:171) discurre acerca de la posibilidad de que el psicoanálisis pueda enseñarse 
en la universidad y advierte que la enseñanza quedará enmarcada en la teoría, porque sabía 
que la formación en psicoanálisis no puede reducirse a la trasmisión teórica. Por lo tanto, es 
necesario transmitirlo como “experiencia práctica, que aparte de adquirirla a través de su pro-
pio análisis, podrá lograrla mediante tratamientos efectuados bajo el control y la guía de los 
FENÓMENO SUICIDA: UN ACERCAMIENTO TRANSDISCIPLINAR
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
130 En un segundo momento, como parte del marco teórico, se desarrollará la narra-
tiva metapsicológica usada por Freud para explicar el funcionamiento psíquico, con 
énfasis en la vinculación que éste hace entre el fenómeno suicida y la melancolía. Por 
último, se presentará una síntesis del método Algoritmo David Líberman (ADL) que 
se utilizará para analizar las entrevistas. El elemento diferencial de esta propuesta 
metodológica radica en que la presentación del caso se hace mediante un análisis del 
discurso (relatos y actos del habla). 
Se advierte al lector que el manejo de estos apartados deja como encargo para un 
capítulo posterior desarrollar cómo es la instrumentación del método, así como su 
aplicación, presentación de resultados y conclusiones de los casos analizados.
Estudio de caso
La escritura de Freud, propia de un gran literato, le permite abordar las sesiones de 
sus consultantes como estudios de caso, forma singular que todavía resulta impor-
tante en la trasmisión psicoanalítica. El caso clínico es un instrumento epistémico en 
la formación del analista (Laurent, 2006).
Al discurrir sobre el inicio de la sesión clínica, Lacan se pregunta “¿qué es la clíni-
ca psicoanalítica? No es complicado, la clínica tiene una base: es lo que se dice en un 
psicoanálisis” (Lacan, 1977, p.7). La construcción y presentación del caso clínico es 
una herramienta fundamental en la formación y transmisión del psicoanálisis, ade-
más de una práctica que sirve para el control, no sólo del caso sino del acto del ana-
lista y de la implicación de éste en su práctica (Laurent, 2006). Por su parte Nasio 
(2007) asevera que un caso es el relato de una experiencia singular, escrita por un 
terapeuta para dar testimonio de su encuentro con un paciente en miras de innova-
ción teórica. De forma independiente al propósito con el que se escribe, un caso 
apunta siempre a ser leído y discutido y puede tratarse del informe de una sesión o de 
manera amplia el desarrollo de una cura; puede incluir un estudio de los síntomas 
del analizado o extenderse a la presentación de su vida y sus transformaciones. El 
caso, es un escrito que pone en escena una situación clínica que ilustra una elabora-
ción teórica y que es presentado de un modo narrativo. Por ello, es posible conside-
rarlo como el paso de una demostración inteligible a una presentación sensible.
El punto de partida de Freud al escribir un caso siempre se trata de la aprehensión 
de éste en su singularidad, en parte en eso consiste su invención, su descubrimiento 
(Freud, 189O). 
En un inicio el relato del caso freudiano siguió el modelo de la novela goethiana. 
Los sufrimientos de Dora deben mucho, en su forma de expresión, a los sufrimien-
tos del joven Werther que habría atravesado el idealismo alemán. El modelo del rela-
to sigue al sueño y sus asociaciones, tal y como Freud lo explicita en su libro Interpre-
psicoanalistas más reconocidos.” Freud (1989Q, p. 249). El legado freudiano ha dejado como 
marco para la de la transmisión lo que se conoce como el trípode: análisis – supervisión – es-
tudio de la teoría.
©
 E
d
it
o
ri
al
 E
l m
an
u
al
 m
o
d
er
n
o
 F
ot
oc
op
ia
r 
si
n 
au
to
riz
ac
ió
n 
es
 u
n 
de
lit
o.
&hE��D�Ed��/ME�d�MZ/�KͳD�dK�K>M'/�����^����>�W^/�K�E�>/^/^�^K�Z���>�/Ed�EdK�^h/�/��
 131tación de los sueños. Éste, logra dar una forma narrativa a la estructura, liberada de los 
constreñimientos del ideal, así como integrar la sesión analítica, en esencia anudada 
en la disimetría del analista y del analizante, en un mismo relato continuo del diálo-
go del sujeto con su inconsciente (Laurent, 2006).
La importancia e innovación en la investigación desarrollada radica no sólo en 
usar el estudio de caso para la enseñanza, supervisión o trasmisión, sino además con 
intención investigativa; ya que recurrir a instrumentos metodológicos bajo procesa-
miento de la información de manera ordenada puede dar mayor soporte a los repor-
tes de investigación. Además de recurrir al recuerdo de la sesión y las notas se utilizó 
el análisis discursivo, lingüístico vía la transcripción del texto; esto en consonancia 
con las investigaciones psicoanalíticas del lenguaje realizadas por Maldavsky (2004; 
2008; 2013) y sus colaboradores.
Marco teórico
“El saber es lo que hace que la vida se detenga en un cierto 
límite frente al goce…el camino hacia la muerte no es más 
que lo que llamamos goce”
 (Lacan 1992, p. 17).
Antes de iniciar el desarrollo del marco teórico se harán algunas consideraciones 
sobre los supuestos antropológicos de Freud. Éste atribuye al humano un estado de 
indefensión desde el nacimiento, así como una gran capacidad de autoplastía y alo-
plastía. Si bien la fuente de los sufrimientos puede devenir de la naturaleza, la con-
dición y limitación corpórea y de las relaciones entre los individuos, estos últimos 
dejan huellas muy significativas en la vida psíquica del individuo (Freud, 1989N). 
Freud reconoce que a diferencia de los animales, el hombre no sólo tiene la capaci-
dad de adaptarse sino también de alterar el mundo; con base en este postulado es 
posible agregar otro atributo que subyace en su propuesta, a saber: el humano tiene 
tanto la capacidad de obrar sobre las cosas y los otros como también sobre sí mismo. 
De esta última frase se puede derivar que el sujeto enuncia, es enunciado y puede 
tomarse como objeto pasivo o activo de sus propios impulsos o anhelos introyectados 
de los padres y, o ideales de su época en sus enunciaciones y relatos, o ambos.
Dada la influencia de la ciencia de su tiempo, Freud reconoce al humano como un 
producto de la evolución y del desarrollo de las culturas