Logo Passei Direto
Material
¡Estudia con miles de materiales!

Vista previa del material en texto

SANANDO
A LA PANDILLA
QUE VIVE ADENTRO
 
 
Cómo el EMDR puede
sanar nuestros roles internos
de Esly Regina Carvalho, Ph.D
 
 
 
Índice
Prefacio ...
La Metáfora del Trauma: Recuerden a la Mujer de Lot...
El trauma y sus consecuencias...
EMDR – Eye Movement Dessensitization and Reprocessing...
Play of Life y EMDR:Negociando la inter-relación de la Pandilla Interna...
La Sesión de Mariana: Habla la Pandilla Interna...
Conclusiones ...
Sobre este libro...
Acerca de la Autora ...80
Formación e Información...
 
Prefacio
Todos tenemos “personas” que viven adentro de nosotros. Si nos detenemos a
escuchar, podemos oír las “voces” de muchas de ellas. Hay una que nos dice “burra,
burra” cuando nos equivocamos; otra que tiene miedo y nos impide hacer las cosas, la
Miedosita. Algunos tienen un Ansioso para que nadie se queje, que nos hace tomar
pésimas decisiones con la esperanza de acabar con la ansiedad en vez de resolver el
problema con prudencia y sabiduría. Y todos tenemos un Médico Interno.
Todos los días la Pandilla Interna está presente en nuestra vida. Existen
algunos roles que nos resultan evidentes: estamos conscientes de ellos. Sin embargo,
existen otros que rigen nuestra vida sin que nos demos cuenta. El que ocupa el “asiento
del conductor” de nuestra vida es quien toma las decisiones en determinados momentos.
Si nuestro Niño Interno toma las decisiones que debe tomar el Adulto, puede provocar
más embrollos que soluciones.
 
Cierta vez, tuve una paciente que me preguntó si yo pensaba que ella sería
capaz de estudiar una lengua extranjera en otro país. Yo le dije:
- Depende...
- ¿Depende de qué, doctora?
- Depende de quién estudie...
- ¿Cómo así?
- Si va la Adulta, ingeniera, joven capaz y madura, pienso que no habrá
ningún problema de quedarse un mes estudiando afuera. Pero si la que viaja es su
Niña Interna de siete años, que vive agarrada a la falda de su mami, en 24 horas
vuelve a su casa...
-Ah, creo que entendí...
 
Hay roles de los que tenemos conciencia y otros sobre los que debemos poner
atención (o hacer terapia) para entender qué nos pasa. Muchas veces, cuando no
entendemos por qué hacemos ciertas cosas, es probable que algún rol escondido se
haya colado al asiento del conductor de nuestra vida.
Cierta vez, oí decir que en la homeopatía la diferencia entre el remedio y el
veneno es la dosis. Pues con nuestra Pandilla Interna también es así. En algunos casos
extremos, encontramos personas que llegan a tener “personalidades” distintas. (Vamos a
tratar esto más adelante cuando hablemos acerca de la disociación). Esas personas
intentan navegar por la vida sin tener conciencia de algunas otras partes. Aunque son
confrontadas con la realidad de sus actos, no logran recordar lo que hicieron cuando
estuvieron en el otro rol. Esto es muy raro. Lo más común es tener una Pandilla formada
por roles que quedaron bloqueados en su desarrollo mientras crecíamos.
En los últimos años, el énfasis de mi trabajo ha sido ayudar a las personas a
curar sus traumas y recuerdos dolorosos oriundos de situaciones adversas. Cuanto más
trabajo esa cuestión, más me convenzo de que los traumas –los grandes y los
pequeños– van afectando nuestra vida actual y nuestra capacidad de elegir respuestas y
reacciones sabias para las situaciones que enfrentamos todos los días. Fuimos creados
para un mundo perfecto, y realmente no sabemos lidiar con la imperfección, la
violencia, la muerte, el rompimiento de las relaciones interpersonales, la decepción y
la pérdida de nuestros sueños y esperanzas de un futuro mejor.
Espero que este libro pueda esclarecer la existencia de esa Pandilla Interna, la
forma en que sus roles nacen y se desarrollan adentro de nosotros, cuál es la función
que cumplen en nuestra vida y cómo son sus interacciones. Además, trataré de proveer
algunas formas de sanar a aquellos personajes heridos de nuestra Pandilla Interna que
nos impiden vivir plenamente. También aprenderemos a celebrar aquellos que nos
edifican, nos lanzan hacia arriba y adelante, y nos proveen recursos positivos.
Nuestra propuesta es desarrollar una “política de buena convivencia”, pero
ahora con los personajes que viven dentro de nosotros, nuestra Pandilla Interna.
Introducción
 
Este libro fue escrito para que el público en general pueda tomar contacto con
sus roles internos: la Pandilla que vive dentro de nosotros. Por esa razón, he procurado
escribir en un lenguaje sencillo y accesible a todos.
De una manera especial, los terapeutas de Eye Movement Dessensitization and
Reprocessing (Desensibilización y Reprocesamiento por medio de los Movimientos
Oculares - EMDR) podrán sacar provecho de los conceptos psicoterapéuticos que se
presentan aquí y podrán identificar los pasos a seguir de los respectivos protocolos.
Las personas que desean entender qué es EMDR pueden leer aquellos capítulos
primero (EMDR será explicado más adelante y no al inicio del libro), ya que esto
puede ayudarles a entender las observaciones casuísticas que aparecen en los capítulos
iniciales.
Quiero dejar claro que no creo que los roles que representan nuestra Pandilla
Interna sean “personas” internas. La Pandilla Interna es una conceptualización creativa
para ayudarnos a entender nuestros roles y como estos guían nuestros pensamientos,
emociones y conductas. Así pues, se trata de construcciones internas que todos tenemos.
Los casos aquí presentados son verídicos, pero tuve el cuidado de disfrazar
toda la información identificadora. Todos los nombres y datos personales fueron
modificados para proteger la identidad de las personas que comparten sus historias. La
mayoría de estos casos ocurrieron en otros lugares, ya que he vivido y trabajado en
cuatro países diferentes, y he tratado pacientes en muchos otros más.
Siempre elegí nombres distintos para los casos, pero es imposible evitar
nombres comunes. En ningún caso fue utilizado el nombre real del paciente. Mis
clientes (pasados y presentes) pueden estar seguros de que, si encuentran un caso con un
nombre parecido al suyo, ellos no son el sujeto descrito en la viñeta. Cualquier
semejanza entre los nombres de mis clientes y los casos presentados es mera
coincidencia. La esencia de las historias fue mantenida para fines de ilustración de lo
que las nuevas terapias de reprocesamiento pueden hacer en la vida de las personas.
Lastimosamente, en esos relatos la emoción y las expresiones físicas de los pacientes
se pierden en la escritura, pero aún así tengo la esperanza de que puedan tener una idea
de cómo es la sesión, y de la rapidez y el impacto del EMDR.
 
Dicho esto, ¡empecemos a conocer a la Pandilla Interna!
Presentación de la Pandilla
que Vive Adentro
 
Todos tenemos una “Pandilla que vive adentro”. Son nuestros roles internos
que se van desarrollando durante nuestra vida. Esa Pandilla tiene algunos elementos en
común:
1. En primer lugar, la Pandilla Interna existe. Existe de verdad, pero sólo
dentro de nosotros. El Bebé Recién-nacido, el Niño Interno de tres años, la Niña en
Crisis de 13 años, el Adolescente Rebelde, (mi) Madre o (mi) Padre, y el Médico
Interno, son todos roles que de cierta manera vinieron a vivir adentro de nosotros a
través de las experiencias que tuvimos en el transcurso de la vida.
Cada vez que algún incidente se queda emocionalmente mal digerido, o
“archivado” en nuestro cerebro de una manera disfuncional, se forma dentro de nuestra
existencia psíquica (y neuroquímica) alguien de nuestra Pandilla Interna. Estos son
roles que se formaron adentro de nosotros. Esto constituye un desarrollo normal y no
debe sorprendernos.
Ana Emilia: yo tengo la sensación de que vive mucha gente aquí adentro...
así, de la manera que usted habla de la Pandilla Interna. Hay una enorme
Miedosita... ella parece una gatita asustada. Cuando se asoma, me da frio en la
barriga, por el pánico. Estoy segura que no voy a poder enfrentar las situaciones
más sencillas. Cuando se asoma la Adulta otra vez, yo no entiendo cómo fue que
aquella Miedosita pudo tener tanto temor a una situacióntan banal, tan fácil de
resolver. Pero cuando la Miedosita se asoma, no hay nada que la pueda calmar.
Pienso que ella necesita un abrazo, de alguien que le cuide...
Lázara: Tengo una Llorona - ¿Conoce aquel árbol que tiene ramas largas y
parece que llora al lado de los ríos...? ¿Un sauce? Pues... hay una Llorona que vive
dentro de mí. Ella tiene unos 13 años y me contó que en donde vive dentro de mí, no
hay UN adulto cerca…
2. La Pandilla Interna también existe adentro de los otros. ¿Quién no ha
tenido la experiencia de conversar con alguien y de repente tiene la sensación de que
deja de ser aquella persona a la que estamos acostumbrados? ¿Por qué se enfurece
desmedidamente, o hace una escena de celos o se pone frío y calculador, o se porta
como un niño con actitudes bien infantiles...?
Betty me comentaba con una sonrisa en los labios: Imagínate que llegué de
viaje y los nenes que viven adentro de mi marido vinieron toditos a ver qué había
traído en la maleta... y comenzó a quejarse que ¡había traído más regalos para las
otras personas que para él! 
 
 
3. Arrastramos a la Pandilla Interna con nosotros por dondequiera que
vamos. Lo peor es que a veces hay gente asustada adentro, o enojada, o totalmente
perdida, que de repente se asoma. Entonces, puede impedirnos hacer las cosas
importantes que queremos.
Me tomó mucho tiempo entender que el préstamo del banco es solamente
papel, dijo Juan, cierta vez en una consulta. Cada vez que yo tenía que lidiar con
esas cuestiones de alquiler, burocracia, o préstamos de banco, me daba un pánico
total. Yo perdí buenos negocios y hasta vendí un departamento precipitadamente,
porque la ansiedad interna vinculada a estos procesos me impedía tomar buenas
decisiones con tranquilidad. Cuando finalmente entendí que era uno de mis Niños
Internos, el que entraba en acción cada vez que yo tenía que hacer esto, pude
asegurarle que el préstamo era cosa del adulto y que yo, Juan Adulto, iría a
encargarme de ello. En una sesión de psicoterapia con EMDR, pude dimensionar la
ansiedad infantil y transformar la “catástrofe burocrática” en una realidad adulta.
Yo venía de una familia de inmigrantes, donde tuvimos que aprender una lengua
extranjera y todos en casa se encontraban medio perdidos con la cultura y
soterrados bajo un mundo de información que no tenía sentido para un extranjero. A
veces en la escuela, yo entendía las palabras, pero no entendía el sentido o contexto.
Nunca me olvido de ir al banco diciéndome suavecito, “Juan. El préstamo es
solamente papel. Es solamente papel. Un papel tras otro... es solamente papel...”,
pero finalmente pude lograr hacerlo sin tener un ataque de ansiedad.
4. La Pandilla se forma a partir de las interrelaciones con otras personas,
roles y contra-roles. En la medida en que vamos creciendo vamos “introyectando”
(poniendo adentro) aspectos de las personalidades de aquellos con quienes
convivimos. Vamos desarrollando nuestro rol de “madre” en función de cómo fue
nuestra madre, aun cuando juramos que jamás vamos a ser/hacer igual a ella. Vamos
desarrollando una “Madre Interna” que tiene mucho que ver con la “Madre Externa”
que nos crió. Cuando tenemos hijos, es probable que imitemos muchos de los aspectos
que aprendimos con la Madre Externa.
Marilyn suspiró y dijo: Llegó la hora de devolver a mi Madre Externa todas
esas cosas que venía arrastrando adentro de mí, en mi Madre Interna. ¡Veo porqué
era tan difícil tomar decisiones! Cada vez que yo resolvía hacer alguna cosa, mi
madre hacía problema. Ahora me di cuenta que quien me complica el tomar mis
decisiones es esa Madre Interna. Entones hoy decidí devolverle a mi Madre Externa
todo lo que le pertenece, y de ahora en adelante yo voy a decidir esas cosas; yo, y yo
misma.
Adentro de nuestra Pandilla Interna vive también aquella “Madre Externa” que
todavía nos “habla” y dispara cosas adentro. Ella es parte de los roles que van
formándose adentro de nosotros. Pasa a formar parte de nuestra Pandilla Interna. La
Madre Externa puede haber fallecido hace 20 años, pero ella sigue viva y activa
adentro, a través de mi Pandilla Interna.
 
En una sesión de EMDR con María Antonia, ella comentó que había tenido
una madre muy crítica, que nunca le dio elogios ni palabras positivas. El primer
recuerdo que ella tenía, a los cuatro años, era de la madre reclamando que ella había
hecho algo malo. Le pedí a María Antonia que entrara en el rol de esa niña interna
de cuatro años, y fuimos procesando ese recuerdo con EMDR. Quejándose
llorosamente que la madre siempre le decía cosas críticas, le dije que todos tenemos
un botón para regular el volumen, y que ella podría controlar el volumen de la
comunicación de la madre o incluso, ponerla en “mute”. Después de una serie de
movimientos bilaterales típicos del EMDR, ella comentó:
- Pero los niños tienen – ¡deben! – oír la voz de la madre. Entonces le dije:
- Pero usted puede elegir qué oye.
Pensando una vez más, María Antonia me contestó:
- Ah, ¿puedo usar un filtro? ¿Y elegir oír lo que me hace bien y no oír lo que
me hace daño?
- Ahora puede...
 
5. Las heridas de la Pandilla Interna pueden hacer daño a la Pandilla
Externa. Los traumas son como astillas en el corazón de cada cual. Pero además, puede
ser que las astillas de una persona hieran a otras personas. Cada vez que nos acercamos
a otras personas nuestras astillas pueden hacer daño (¡y las astillas de los otros también
nos hieren!). ¿Ha intentado abrazar a un puercoespín? Pues hay personas en la Pandilla
llenas de astillas, y cuando intentan abrazarse, se hieren más de lo que se aman... 
6. También hay roles positivos en nuestra Pandilla Interna. Muchas
personas consideradas “fuertes” o resistentes, tuvieron la posibilidad de desenvolver
miembros de su Pandilla Interna que les ayudaron a vencer los desafíos de la vida.
Algunas tuvieron infancias envidiables, y por lo tanto, poseen naturalmente un
repertorio natural de roles positivos. Otras, lograron desarrollar una Pandilla Interna de
roles positivos a pesar de sus circunstancias. A veces tuvieron una persona significativa
en su medio, que invirtió mucho en su crecimiento emocional. O quién sabe si nacieron
con un temperamento o disposición interna que les permitió vencer las adversidades en
que se encontraron. Lo cierto es que, en mayor o menor grado, en todos existen estos
roles positivos. Así pues, una de las propuestas psicoterapéuticas debe ser ayudar a los
clientes a rescatar y desenvolver a los miembros positivos de su Pandilla Interna.
Cierta vez Rosita me dijo: “Recuerdo que en medio del caos que fue mi
familia, yo tenía una profesora de corte y confección. Durante cuatro años yo fui a
sus clases, todas las tardes. A veces me sentía molesta, porque mi madre me había
dicho que la condición para que yo pudiera hacer el curso, era que tenía que coser
también para mi hermana. Me sentía enojada porque cuando tenía que hacer un
vestido de fiesta… era desesperante terminar mi vestido y el de mi hermana también.
¡Encontraba todo aquello tan injusto! Pero Doña Fátima me ayudaba, tenía
paciencia conmigo, me explicaba las cosas, y hoy me doy cuenta que aquellas clases
eran un oasis de estabilidad y aprecio en mi vida de adolescente. Veo que todavía hoy
hago cosas como ella me enseñó. A veces hasta me pregunto qué haría ella en tal o
cual situación...
7. Podemos aprender a oír a nuestra Pandilla Interna. Todos tenemos estos
diálogos internos entre los miembros de nuestra Pandilla. En la medida en que vamos
aprendiendo a prestar atención a aquello que nos quieren decir, a sus necesidades, a
como se formaron, lo que necesitan para calmarse y vivir mejor, tendremos más salud
en la vida. Aprender a escucharnos es un gran don. Si se nos enseña a escuchar a los
otros, ¿porqué no aprender a escucharnos a nosotros mismos?
Cuando yo era adolescente me sentía igual que Betty la Fea, ¿la recuerdan?
Anteojos, aparatos dentales, cabello atado… pues sí, me sentía una extranjera en la
vida: observadora, pero no participante. Ahora que me escucho,¡me doy cuenta que
era linda! Muchas de las cosas que me gustan hoy en día (como la música clásica,
poesía, literatura) fueron cosas que mi adolescente me enseñó. Hoy estoy muy
agradecida con ella… ¡y veo que soy linda!
8. Porque estos roles viven adentro de nosotros y son fruto de nuestra
percepción, podemos cambiar su contenido. No tenemos que pensar que estamos
condenados a vivir eternamente amarrados y atrapados a una infancia infeliz o a
experiencias que nos atormentaron la vida entera y nos continúan perjudicando en el
presente. Las percepciones de los miembros de nuestra Pandilla Interna pueden
cambiar. Además, pueden ser liberados para hacer nuevas elecciones y opciones, y
tomar decisiones que nos traigan salud, realización personal, y una mayor satisfacción
con la vida.
Jennifer: yo me acuerdo que cuando era pre-adolescente y toda larguirucha,
un día íbamos a un festejo. Dentro del auto, mi tío y otros niños empezaron a
burlarse de mí, y me sentí tan molesta con eso, que acabe bajándome del auto. Volví
a la casa a pie. Sentí que era como un bebé abandonada al borde del camino. Me
sentí muy lastimada con todo aquello. Imaginen que mi madre, que estaba también en
el carro, ¡permitió que me hicieran esto!
La terapeuta dijo a Jennifer que ahora podría rehacer la escena en términos
ideales, de la manera en que a ella le hubiera gustado que sucediera. Luego de 
reprocesar con los movimientos bilaterales de EMDR, Jennifer dijo: Pero ahora estoy
viendo que yo, la Adulta, puedo rescatar a esa niña que necesita la protección de
padre y madre. (MBs[1]) Además, recuerdo que mi madre comentaba que ella – mi
madre – había sido muy ridiculizada en la adolescencia. (MBs) Ahora yo puedo
hacer las cosas de forma distinta. Puedo decirle a mi Adolescente Larguirucha lo que
quería que mi madre le dijera: “Tu eres mi hijita querida, y voy a volver contigo”.
Ah! Veo a mi madre haciéndolo, volviendo conmigo para no dejarme volver sola y me
siento defendida y amparada. (MBs) No tengo más odio. Comprendo lo que pasó: ella
también fue víctima como yo. (MBs) Ella volvió conmigo y le dijo a mi tío que ya no
íbamos a la fiesta. Ella y yo nos fuimos conversando por el camino, ella pasó por una
tienda y fuimos comiendo caramelos.
9. Los miembros de nuestra Pandilla Interna pueden cambiar de dirección.
Esto significa que no están obligados a vivir eternamente en nuestro pasado con su
forma original. Podemos rescatarlos de donde viven dentro de nosotros y traerlos al
presente. Podemos curarlos, y darles lo que les faltó (llenar lo que llamamos su déficit
de desarrollo, “agujeros” emocionales que surgieron como consecuencia de la falta de
satisfacción emocional). Ahora, nuestro Adulto Interno puede ser la “madre” o el
“padre” que tanto anhelábamos tener cuando crecíamos. Ellos pueden instruir a nuestro
presente con su sabiduría, inocencia o alegría. La realidad es que no estamos
condenados a vivir en ese pasado que nos hizo tanto mal. Podemos buscar a nuestro
Niño Interno de siete años, sacarlo de ese hogar desastroso, y llevarlo a pasear por el
Jardín Zoológico de nuestro presente interno Es una cuestión de percepción… y la
percepción lo es todo. Cómo hacer esto es parte del propósito de este libro.
La Metáfora del Trauma: 
Recuerden a la Mujer de Lot
Una de las mejores metáforas del trauma viene de la Biblia. Se trata de una
historia muy antigua y bastante conocida de los estudiosos de las Escrituras judío-
cristianas. La historia es más o menos así (versión Carvalho)[2]:
 
El antepasado de los judíos, Abraham, tenía un sobrino que se llamaba Lot.
Ambos tenían muchas ovejas y cabritos, y sus sirvientes comenzaron a pelear por los
pastos. Para que no hubiera desacuerdos en la familia, Abraham le propuso a Lot que se
separaran y que Lot escogiera a qué lado quería ir. Lot estuvo de acuerdo y
eventualmente fue a vivir en una ciudad llamada Sodoma. Según la narración bíblica,
Dios decidió destruir esa ciudad, pero como se había comprometido con Abraham a
salvar a los justos, él mandó un ángel a avisar a Lot de que saliera corriendo de allá
con su familia. Lot llevó a los ángeles a su casa, pensando que eran seres humanos, y
los ángeles le dieron el aviso. El mensaje divino incluía la instrucción de que huyesen y
que no mirasen hacia atrás hasta llegar a su destino.
Los novios de las hijas de Lot no creyeron en el mensaje – pensaron que se
trataba de una broma – y se quedaron en la ciudad, mientras que Lot, su esposa y sus
dos hijas salieron corriendo hacia la planicie. Apenas habían recorrido cierta distancia,
cuando comenzó a llover azufre del cielo sobre la ciudad. Todos juntitos, siguieron
huyendo, pero por alguna razón que nadie puede explicar, la mujer de Lot decidió mirar
hacia atrás ¡y se convirtió en estatua de sal!
 
Esa es la metáfora del trauma: de cierta manera nos transforma en estatuas de
sal, eternamente congeladas mirando hacia atrás donde está ocurriendo la tragedia y la
destrucción. No logramos ver para adelante hacia el presente o el futuro, y tampoco huir
de lo que ocurrió.
Parte de nosotros se queda congelado, viendo hacia la muerte y destrucción,
paralizado emocional y neurobiológica-mente también. Vamos arrastrando las estatuas
de sal por la vida y cuando intentamos hacer algo para resolver la situación interna, las
estatuas se quedan aterrorizadas porque sólo logran ver muerte y destrucción.
Cuando queremos hacer algo diferente, ellas se aterran y dicen que “¡No! ¡Mira
el peligro! ¡Mira la destrucción! ¡Meternos en esto será un desastre!” Lo que resulta
más interesante es que recientes estudios de neurobiología confirman y explican cómo
esos recuerdos se atascan y se congelan en las redes asociativas de la memoria que hay
adentro de nuestro cerebro. No sólo es la metáfora la que nos atrapa. Nuestro propio
cerebro archiva los recuerdos de forma mal-adaptativa en esos casos. La memoria no
resuelta se queda guardada en las redes neuronales de forma desconectada de las
herramientas mentales que podrían ayudar a metabolizarlas y digerirlas.
Hoy en día podemos ver esto en las tomografías cerebrales sofisticadas. El
recuerdo traumático del pasado queda sin resolverse en el cerebro de la misma manera
en que la estatua queda congelada viendo la destrucción.
La verdad es que de cierta forma, podemos decir que fuimos creados para un
mundo perfecto y nunca nos acostumbramos a la maldad o a la imperfección. La vida y
los traumas nos rompen a todos, y cuando estos ocurren, dentro de nosotros se van
formando pequeñas “estatuas de sal”. Pasamos el resto de la vida arrastrando esas
estatuas hasta el día – si es que llega – en que finalmente logramos visitar esos
recuerdos, esas estatuas, y descongelarlas. ¿Cómo ocurre esto? Es el tema de este libro,
pero vale decir que la relación terapéutica es una de las maneras más interesantes de
conseguir “abrazar” esas estatuas y descongelarlas a través del amor y del afecto.
Hay muchas técnicas, enfoques, sugerencias y terapias. En los capítulos que
siguen, presentaremos algunas de esas posibilidades. Pero en último análisis, lo que
cura es el amor, especialmente cuando se da en una relación de protección, seguridad y
sintonía con otra persona. Es el amor el que derrite el invierno interminable de la
estatua presa en su visión de terror y destrucción.
El trauma y sus consecuencias
 
El trauma nos perjudica de muchas maneras... más de lo que muchas personas
imaginan. Y no sólo los “traumas obvios” como secuestros, violaciones, muertes
violentas, experiencias de guerra, terremotos, huracanes destructores. Cuando hablamos
de traumas hablamos también de aquellos que se encuadran en experiencias dolorosas
que no necesariamente encajan en los diagnósticos oficiales de médicos y psicólogos.
Los traumas light también hacen daño.
Por ejemplo, un paciente que se queja que todos los días durante la infancia y
adolescencia, el padre criticaba su forma de comer en la mesa porque sin querer
derramaba una taza de leche, el tenedor caía al suelo, no sabía manejarlos cubiertos, su
conversación era tonta… y hoy reclama que tiene dificultad para salir a comer con sus
amigos. Tomar una cerveza, lo hace con dificultad, ¿pero sentarse a la mesa a cenar?
¡Jamás es diversión! La ansiedad le revuelve el estomago, el corazón se le dispara,
llega a sudar frío ¡porque va a comer con los amigos! No podemos decir que este
paciente tiene un diagnóstico de Trastorno de Estrés Pos-Traumático (TEPT), pero
definitivamente esos recuerdos crean situaciones difíciles para él y limitan su vida
cotidiana.
Entonces hablemos un poco sobre las consecuencias de experiencias y
recuerdos dolorosos y traumáticos:
1. El trauma congela los recuerdos en las redes cerebrales a nivel
neuroquímico. Los estudios más recientes con tomografías sofisticadas (CAT, PET,
SPECT, fMRI, etc.) demuestran que el contenido vinculado de forma disfuncional
compromete la actividad neurocerebral. Hay partes de nuestro cerebro que poseen
redes llenas de contenido guardado de forma neuroquímicamente disfuncional.
Susan respiró hondo y dijo: yo soy una heroína de hielo – resuelvo la vida de
todos los demás, pero estoy paralizada para ayudarme a mi misma desde que aquello
sucedió...
Las partes “congeladas” no se comunican con las partes funcionales. A veces
no hay palabras para explicar lo que sucedió porque el trauma reside en el hemisferio
derecho del cerebro y las palabras se encuentran en el hemisferio izquierdo (área de
Broca) que es el hemisferio del lenguaje.
Los dos hemisferios no se están “hablando”, por lo tanto no hay forma de
atribuirle significado a aquello que sucedió. La información mal adaptativa se
encuentra disociada de las herramientas que podrían ayudar a procesar y resolver
adaptativamente aquel mal recuerdo.
Selena compartió con enorme tristeza: yo tuve una hermanita que nació
muchos años después que los demás. Luego que me quedé embarazada de mi primer
hijo, ella murió. Se contagió de una de esas enfermedades comunes de la época y
murió a los siete años. En ese entonces no había antibióticos ni remedios para esas
enfermedades de niños. Mi madre nunca más fue la misma. Antes ella se vestía de
seda y joyas, se hacía peinar el cabello todas las semanas en la peluquería, y andaba
siempre arreglada. Después que murió mi hermana, nunca más se puso esas ropas,
desistió de las joyas y nunca más frecuentó al peluquero. Se dejó crecer el cabello y
usaba un moño como era común en aquel tiempo. Ella nunca superó la muerte de mi
hermanita.
2. Lo que va a ayudar a sanar esos recuerdos es justamente la posibilidad
de reprocesar e integrar adaptativamente el contenido de ellos. Es lo que hacen las
nuevas terapias de reprocesamiento. Crean nuevas conexiones cerebrales que permiten
el surgimiento de nuevas informaciones e insights, y transforman los recuerdos
traumáticos en nuevas percepciones resolutivas.
Eliana comento: Solté a mi niña interna para que pudiera jugar en un lugar
seguro. Hacía dos años que no experimentaba esto… yo antes era una muñeca de
yeso.
De hecho, hay estudios que proponen la hipótesis de que el trauma es mucho
más un disturbio del sueño que de la memoria (Stickgold, 2007[3]). En cuanto
dormimos, procesamos. Esta es la función normal del ciclo del sueño: soñamos,
procesamos, “digerimos”, y al procesar guardamos los recuerdos de forma adaptativa.
El trauma se va formando - organizándose como un recuerdo disociado y/o vinculado
de forma mal adaptativa – en función del hecho que el cerebro no logra cumplir su
función normal de procesamiento.
En casos más extremos, los recuerdos no procesados adecuadamente se
vuelven un recuerdo disociado al cual no tenemos acceso en condiciones normales.
Entonces ni siquiera el sueño es capaz de resolver el trauma porque el mecanismo de
procesamiento está trabado. El resultado es que tenemos pesadillas, sueños malos, nos
despertamos sobresaltados; el sueño no es reparador ni restaurador. Es como si toda la
noche estuviésemos intentando resolver asuntos internos sin conseguirlo. Damos vueltas
en la cama y no “progresamos” en el camino de nuestras resoluciones internas de
recuerdos dolorosos porque el mecanismo está trabado y congelado.
3. El trauma es la secuela de vivencias de peligro (real y/o percibido) que
no conseguimos resolver adecuadamente. Es conocido que cuando nos enfrentamos
con una situación de peligro es probable que reaccionemos en alguna de las siguientes
tres formas normales: huir, luchar o congelarnos.[4] Cuando un zorro encuentra un
conejo en el bosque, el conejo sabe que hay que reaccionar o se va a convertir en la
cena. Si se ve acorralado, lucha porque es la única oportunidad de salir vivo de las
garras del zorro. Si piensa que puede correr más que el zorro, el conejo huye. Pero a
veces, en la carrera, cuando el zorro se aproxima, el conejo puede congelarse: cae
como muerto en un estado fisiológico que hace creer al zorro que murió de susto. Como
la carne muerta no le interesa al zorro, éste se retira. Cuando el conejo percibe que el
peligro pasó, empieza a temblar y sacudirse que es su manera de salir del estado de
congelamiento. Este riesgo es tan alto, que si no lo hace correctamente, puede llegar a
morir de verdad. Terminado el proceso de descongelamiento, el conejo vive para ver
otro día sin secuela del trauma.
En los seres humanos hay muchas de esas mismas reacciones, y las estatuas de
sal muchas veces son sólo un rol adentro de nosotros que no conseguimos “sacudir” de
forma apropiada. La experiencia es que “no pasó” y el peligro se siente eternamente
presente.
De cierta manera podemos decir, según el sabio Job (aquel mismo de la
paciencia), que Dios colocó la eternidad en nuestros corazones. Hoy en día, una forma
de esa “eternidad” que se manifiesta en nuestra vida puede ser llamada el inconsciente
en el que, además, no hay noción de tiempo. El trauma está eternamente repitiéndose
dentro de nosotros mismos. No termina, por eso nuestro cerebro sigue activo.
Está en hipervigilancia porque el cerebro profundo (podemos decir que de
cierta manera es nuestro inconsciente) continua queriendo protegernos del peligro. Y
como hay una parte que todavía no “sabe” que el peligro pasó, nos quedamos en un alto
nivel de ansiedad, con la expectativa de que algo malo puede o nos va a suceder. Hay
alguien adentro que está viviendo y reviviendo el trauma… que no sabe que ya pasó.
Son esas estatuas de sal, congeladas en el trauma, que miran eternamente la destrucción
ocasionada por el trauma.
Mi hermana me contó este fin de semana que aquel nuestro vecino tan
extraño, había perdido todo-todo-todo debido a un rayo que cayó en su casa. Quemó
TODO. Él tenía un montón de hijos, y perdió todo, la casa, el caballo, la cosecha,
todo. Ella dijo que este vecino nunca más logró hacer algo después de aquello.
Nunca más fue él mismo.
4. Una de las cosas que el trauma nos quita es la capacidad de elegir. 
Fuimos creados para tener libre albedrío. La salud siempre implica la posibilidad de
elegir cómo voy a responder o actuar. El trauma acaba con esa capacidad de elección y
nos obliga a repetir comportamientos. Esto nos ayuda a entender por qué ciertas
personas repiten conductas destructivas, aunque no quieran hacerlo. (¿Quién no conoce
la mujer que se queda en una relación violenta? ¿Quién sabe qué traumas anteriores le
impiden romper este vínculo dañino…?) Vale la pena averiguar su historia de vida y
ver en qué momento esos recuerdos comenzaron a congelarse. Las estatuas no nos
ofrecen alternativas de conducta.
5. El trauma hace que creamos en mentiras sobre nosotros. Una de las
cosas que suceden cuando vivimos una experiencia dolorosa y no logramos procesarla 
(o “digerirla”) es que los recuerdos se quedan guardados no sólo con el dolor, pero
también con lo que pensamos, sentimos físicamente, los olores, sonidos, colores - todo
eso queda vinculado en ese recuerdo, en los archivos de nuestro cerebro. Esos
pensamientos suelen ser irracionales y falsos. Hay una parte dentro de nosotros que
dice que todo esto es mentira, pero laparte que vivió la experiencia y continua
“viendo” la destrucción no logra creer en la verdad sobre lo que sucedió y permitir que
soltemos los recuerdos. La estatua no cree en lo que decimos en nuestro rol adulto.
Leticia: Yo no pienso que soy una persona interesante. Desde que me sucedió
aquello a los 10 años, yo pienso que soy pobre, fea y que nadie iba a querer quedarse
conmigo. Además, ya tengo casi 40 años y no logro casarme. Mis relaciones duran
poco, y eso cuando logro tener algún enamorado. De verdad yo no creo que merezca
cosas buenas…
Por ejemplo, a veces llegan mujeres que fueron violadas por un hombre
armado. Saben que si no se hubiesen sometido a lo que él les impuso, corrían un
verdadero riesgo de vida.
Pero hay una parte que piensa que “la culpa es mía”. Piensan: ¿quizá si hubiera
hecho esto o aquello...? ¿O si no hubiera hecho esto o aquello...? ¿O si no me hubiera
vestido de esa manera? ¿O si hubiera bajado del bus en otro lugar? Y así va… la
mentira es pensar que es culpable.
La verdad es creer que ella hizo lo mejor que pudo para sobrevivir, que ella no
tenía muchas opciones, y que podría haber sido asesinada si el hombre perdiera el
control del arma. Necesitamos ayudar a las personas a descongelar la mentira y creer
en la verdad, ya que esto las va a liberar. Pero esto no se da a través de un argumento o
convencimiento. La disolución de esta mentira se da a través del reprocesamiento del
trauma a nivel neuroquímico.
Además, una de las características poco reconocidas de los eventos
traumáticos es que se trata de respuestas normales a situaciones anormales. Anormal
es ser asaltada, secuestrada y violada a mano armada. Normal es sentirse aterrada
pensando que ese peligro nunca va a pasar. A veces, las personas logran digerir y
metabolizar todo esto espontáneamente a través de sus recursos y resistencias internas...
pero no siempre es posible, y es ahí que existe el peligro del congelamiento traumático.
Tener estatuas internas derivadas de esas cosas es común, pero limitante. Nuestro
cerebro sencillamente no logró procesar la enormidad de lo que nos sucedió. Bessel
van der Kolk[5], comenta que la dificultad del trauma es enfrentar la verdad de lo que
sucedió: es manejarse con la verdad.
6. El trauma nos trae pensamientos obsesivos e intrusivos. No logramos
dejar el trauma en el pasado. Nos perturba diariamente. Me digo a mi misma: “No voy
a pensar más en esto. Voy a cambiar de asunto interno” y cambia… por poco tiempo. De
repente cuando se da cuenta, otra vez está ahí, ñe-ñe-ñe, y listo, el asunto en pauta
vuelve a ser la experiencia difícil.
 Es difícil lidiar con estos pensamientos intrusivos. En los momentos más
inesperados, cuando estamos tranquilos, de repente algo dispara uno de esos
pensamientos y estamos de vuelta en el pasado. No “llamamos” al evento ni estamos
pensando en aquello. A veces es más sutil. No entendemos por qué cambiamos de
humor, por qué nos sentimos tristes sin razón aparente, o irritados. Es que alguna cosa
en el presente disparó algo que nos ocurrió en el pasado y alguien de nuestra Pandilla
Interna vino a hacer una visita de manera inesperada e indeseada.
 7. Desarrollamos conductas de evitación. Las experiencias difíciles hacen que no
queramos acercarnos a “aquello” otra vez. Si fue en aquella esquina en la que tuvimos
un accidente de automóvil, entonces comenzamos a tomar otro camino para el trabajo.
Si fue en aquel restaurante donde tuvimos la pelea final que acabó con nuestro
matrimonio, entonces evitamos comer allá otra vez. El problema es cuando esa
conducta evasiva comienza a generalizarse y tratamos de evitar un número cada vez
mayor de lugares, cosas o hasta personas.
Las fobias comienzan así. Tenemos una pésima experiencia en un vuelo, y no
queremos volver a viajar en avión. Necesitamos presentarnos delante de un grupo, y las
personas hacen bromas de nuestro modo de hablar o de vestir o gesticular. Ya no
queremos volver a subir a una platea para evitar el riesgo de la humillación.
Priscilla: Doctora, cuando yo tengo que viajar en avión, me siento pequeñita
y con miedo. Necesito de alguien que sea más fuerte que yo. Yo me encojo, sé que
tengo que ser más racional, pero ¡parece que no hay ningún adulto que acompañe a
esa pequeñita en el viaje...!
T: ¡Una niña no puede viajar en avión sola! Necesita de un Adulto. ¿Dónde
está el adulto para acompañar a la niña asustada?
P: Ah, yo tengo la sensación que no hay nadie
T: Dile a la pequeñita que con ella hay una adulta que siempre le acompaña
en sus viajes, ¡su Adulta Interna! Y que siempre le va a tomar de la mano. Ahora
piensa en esto y acompaña los movimientos…
8. Nuestra capacidad para el aprendizaje está bloqueada/ afectada. Las
personas traumatizadas no logran aprender bien. No hay espacio cerebral y emocional
para esto, es muy común recibir pacientes que dicen que son burros. Nunca les fue bien
en la escuela. Cuando yo pregunto cómo era su vida en aquel entonces me cuentan una
larga historia de humillaciones escolares, los padres que se separaron, había falta de
apoyo y amparo, y así sucesivamente. Yo les explico que donde hay ese nivel de “ruido
interno” no hay espacio para aprender. El problema no fue que les faltó inteligencia. Lo
que faltó fue la posibilidad de poder oír la lección externa porque el ruido interno era
tan alto. Cuando curamos el ruido interno, abrimos espacio para un aprendizaje real.
Las estatuas de sal estaban ocupando el espacio del álgebra.
9. El trauma abre la puerta a la maldad. ¿Qué significa esto? En términos
más sencillos, la violencia genera violencia. No es simplemente que las personas sean
malas o malvadas. Examine sus historias de vida. Acostumbran tener historias
traumáticas de abuso, de violencia, explotación, injusticias, de falta de cuidado. No es
gratuito que están en un rol de bandido o delincuente: no conocen otra cosa. La buena
noticia es que muchas veces, si conseguimos sanar el jardín de infantes que forma parte
de nuestra Pandilla Interna, tenemos la posibilidad de rescatar lo que la persona tiene
de bueno. No siempre es posible, pero vale la pena intentarlo si la persona está
dispuesta a pagar el precio de su cura emocional.
10. La vida nos rompe a todos, pero algunos se vuelven estatuas de sal.
Todos tenemos lugares adentro de nosotros que se congelaron y se convirtieron en
estatuas. Una vez más, es una cuestión de dosis. Cuanto más tengamos roles congelados,
más afectada queda nuestra vivencia. La vida no es equitativa en la distribución de
traumas y experiencias dolorosas. Cómo lidia cada uno con esas cosas también depende
de quién es, de su temperamento, de su desarrollo (y de los déficits en ese desarrollo, a
medida en que fue creciendo), en su contexto familiar (o falta de…), en fin, de las
peculiaridades de cada uno, su temperamento y su historia de vida.
11. La vida también rompe a quien ve la tragedia. No quedan traumatizados
sólo aquellos que viven la catástrofe, sino también los que hicieron las intervenciones y
acompañaron los resultados. Por ejemplo, la persona que lo llevó al hospital, la que
estuvo junto a alguien cuando agonizaba. Fácilmente nos olvidamos de bomberos,
policías, médicos y enfermeras que acompañan estos casos innumerables veces y viven
la impotencia de no salvar a un niño, o alguien que le ruega por ayuda y aun así se
perdió. El sufrimiento vicario también deja secuelas en aquellos que ayudan. Se llama
fatiga de compasión: Es el cansancio de quien no aguanta más acompañar tanta
desgracia y se traumatiza también.
 12. Finalmente, sin cura para el corazón no hay calidad de vida. ¡Imagine
intentar vivir arrastrando esas estatuas de sal por la vida! Cuanto más curados, cuanto
más integrados estuvieran los miembros de nuestra Pandilla Interna, mejor es nuestra
vida, mayor nuestra calidad de vida también. Quién sabe si esa sea la razón principal
por la que buscamos esa integración emocional de la Pandilla Interna: para que
podamos hacer mejores elecciones en la vida; que podamosresponder de forma más
adecuada a los desafíos que la vida y las personas nos traen; que podamos disfrutar de
las alegrías y los triunfos alcanzados; amar mejor y aprender a dejarnos amar. El trauma
nos roba esas posibilidades. Cuando curamos a nuestra Pandilla, rescatamos aquello
que hay de esencial e importante para el ser humano: la convivencia saludable en la
relación de amor y respeto mutuos – adentro y afuera de nosotros.
Teoría de los roles
 
Mi hija de 13 años tiene Síndrome de Down. Como toda adolescente, intenta
burlar las reglas y, aun sabiendo lo que puede o no puede hacer, insiste y desafía lo
acordado. Cuando cuestioné una de esas “contravenciones”, respondió:
“Pero, mamá, no fui yo la que hizo eso. Fue mi pensamiento. En verdad, ¡fue
mi cerebro!”
A lo que nuevamente cuestioné:
“¡Pero tu cerebro es parte tuya!”
Y ella me contestó: “Entonces tendremos que conversar con este cerebro
para que no me ponga en estos líos porque si no, salgo castigada…”
Entonces, “conversamos” con ese cerebro y ella hizo un “acuerdo” con él
(¡palabras de ella!). Ahora, ¡trabajan juntos para intentar atender los deseos y
respetar las reglas!
La teoría de los roles fue desarrollada de una forma revolucionaria por J. L.
Moreno, el genial creador del Psicodrama. En el concepto de él, los roles son
“unidades culturales de conducta” (Garrido, 1978). Poseen características y
particularidades propias de la cultura en que fueron estructurados. La palabra “rol” o
“role” vienen de “rollo” y se refiere a los pergaminos que eran enrollados al alrededor
de un cilindro. Se trata de libros primitivos hechos de esa manera para que los actores
pudiesen memorizar sus partes en las representaciones teatrales.
Podemos decir también que el rol es una “estructura dinámica dentro de un
individuo (basada en las necesidades, creencias y valores) que toma vida bajo la
influencia del estimulo social o posiciones definidas”[6]. La manifestación de un rol
está basada en las expectativas de un individuo en relación consigo mismo y con los
otros, y en su interacción con determinados grupos y situaciones.
Yo me di cuenta que en mi vida siempre tuve los dos extremos: muy bueno o
muy malo. Terminé volviéndome muy pesimista, mirando sólo el lado malo, pero el
lado bueno siempre estuvo ahí, olvidado. Por ejemplo yo tengo la imagen del Niño
Abandonado, pero existe también el Niño Muy Querido, el Niño Mimado. Hay un
Descuidado, pero hay un Estudioso. Uno que comía compulsivamente en la
adolescencia, pero el otro es Saludable, y durante mucho tiempo supo lidiar bien con
el alimento. También hay el Tímido/Quieto/Cerrado, así como el Extrovertido.
 
Todos nacemos en una cultura existente o en una red social. La realidad de tal
cultura es definida personal y colectivamente. Podemos decir que el rol es una forma
tangible de ser. No constituye el yo de la persona y no es la persona. Esto significa que
si quisiéramos definir el yo de una manera experimental, debemos recurrir a los roles
que la persona desempeña.
Según Moreno, el yo nace de los roles y no al contrario. Esto significa que
vamos por la vida integrando esos roles que van surgiendo para poder alcanzar una
sensación cada vez mayor de un yo integrado. Por esto tenemos esa experiencia de
Pandilla Interna: son nuestros roles que hablan y actúan dentro de nosotros y que
debemos procurar integrar cada vez más, siguiendo una “política de buena
convivencia” interna. Para vivir feliz, nuestros roles necesitan llevarse bien entre sí.
Moreno decía que desarrollamos roles a través del desempeño de los mismos.
Inicialmente comenzamos con los roles psicosomáticos; i. e., roles de las funciones
fisiológicas indispensables relacionados con el medio, tales como comer, dormir,
defecar, orinar, etc.
Después, poco a poco se comienzan a desarrollar los roles sociales que
corresponden a las funciones que desarrolla cada individuo y por medio de las cuales
se relaciona con su ambiente. Los roles van apareciendo en función de la identidad de
los grupos a los que pertenecemos (familia, escuela, trabajo, etc.). En términos ideales
vamos desarrollando cada vez más roles sociales, tales como el rol de hija, hermano,
alumno del jardín de infantes, sobrino, nieta, y eventualmente roles cada vez más
adultos: alumno, profesional, madre/padre, abuela, conductor de coche, profesor, etc.
Nuestros roles internos surgen en función de los contra-roles, es decir, según la
forma en que me relaciono con las personas de mi medio ambiente, familia, escuela,
etc. Como yo soy tiene mucho que ver con como es el otro o me enseña a ser, por la
instrucción (padre y madre) o por la experiencia de vida (escuela, trabajo, amigos).
El número y características de estos roles dependen de la posibilidad de
“oferta” de desarrollo de los mismos. Por ejemplo, una persona que fue criada en el
campo a la antigua, tendrá acceso al desarrollo de menos roles sociales que una
persona criada en un centro urbano actual. A esto llamamos el repertorio de roles. Se
trata de la “lista” de los diferentes roles que poseemos en la vida.
Cuando tenemos muchos papeles, hablamos de riqueza de roles; cuando son
pocos, hablamos de pobreza de roles. La importancia de tener una variedad de roles
tiene que ver con la flexibilidad para enfrentar la vida y una comprensión más
apropiada de los otros.
También es importante tener la habilidad de identificar una variedad de roles
que no sean sólo los propios, ya que hay roles que muchos jamás aprenderán, tales
como astronauta, presidente de la república, ganador del Premio Nobel, etc.
Cada persona tiene múltiples roles que puede cumplir. Cuando los grupos o las
personas cambian, los roles también lo hacen. Esta es una de las cosas maravillosas de
trabajar con los roles de las personas: no tenemos que vivir confinados a los roles que
aprendemos y tampoco a la forma de desempeñarlos (ni cantidad ni calidad de rol).
Todo esto es posible cambiarlo en función de una búsqueda de calidad de vida mejor:
roles mejores, desempeños mejores, es decir, roles desarrollados de forma más
saludable y adecuada.
Pasamos la vida aprendiendo roles: nadie nace sabiendo. Ese aprendizaje es de
suma importancia, ya que algunos roles son esenciales para nuestra sobrevivencia. Se
trata de roles que tienen que ver con vida y muerte, como por ejemplo, saber
protegerse del peligro, cuidar de los bebés y los niños, saber encontrar formas de
proveer comida, trabajar y reproducirse. Los roles necesitan tener adecuación social.
Tienen que ser desempeñados de forma saludable en el medio en que convivimos.
Vale la pena recordar que no siempre lo que funciona en una cultura, funciona
en otra, y tenemos diferentes roles que nacen de situaciones distintas que enfrentamos.
Te quería escribir y comentar un poquito sobre la metáfora que me salió
espontáneamente sin haberlo pensado antes. Te dije que fue muy duro para mí pasar
de un estado de salud a un estado de enfermedad. Pasar de estar sana a estar
enferma era como una emigración: era como irse de un país y llegar a otro. Debía
dejar detrás de mí la seguridad de lo familiar y la pertenencia a mi grupo de
personas - los sanos - y de repente mis puntos de referencia eran completamente
distintos. La sala de quimioterapia, donde acudía (y sigo acudiendo tres viernes al
mes durante cuatro horas y medía) se convirtió de ser un lugar extraño, lejano y
amenazante, en uno acogedor con gente que me entendía, y a quienes yo podía
entender.
Los que quedaron atrás - en el país de origen, los sanos, aparecieron,
muchos, pero no todos, como lejanos. No me sentía comprendida. Cuando me
relacionaba con ellos o emergía de un mundo interno mío, donde la angustia de la
muerte rivalizaba con la esperanza de que todo fuera para bien, y me encontraba con
personas que a menudo me inundaban con consejos bien intencionados, pero a la vez
tantas veces ofensivos, porque pretendían saber más de mí que yo misma, como si no
sólo estuviera enferma, sino que fuera una persona desautorizada por la vida. El
otropaís era entonces el de antes, al que regresaba después de haber pasado mil
peripecias en otro mundo. Lo que siempre se dice… cuando uno se va, cambia, y los
que deja atrás también cambian. Hubo otros que siempre estuvieron allí, que no
pretendían saber más que yo, que escuchaban pacientemente, que sabían consolarme,
estar conmigo. Tengo amigas y amigos maravillosos, que son cosmopolitas, que
saben estar en todos los países conmigo y aunque les sea difícil, humildemente lo
intentan y a menudo lo consiguen.
Hoy ya no es tan duro estar enferma… es una realidad que puedo asumir. No
sé cómo pasó, simplemente pasó, y el mundo de antes me parece ahora lejano. Ya no
sé lo que quiero de mi vida. Estoy en una especie de inmanencia, en la que sólo
cuenta lo que hay ahora y de lo que pueda salir de este ahora.
Otro aspecto interesante de los roles es que son distintos a la personalidad
general de la persona. Por ejemplo, que una persona sea arquitecto no significa que
sólo se vea como tal. La persona es mucho más que uno de los roles que desempeña en
la vida. Una persona no solo se reduce a su rol profesional. Mis colegas de profesión
pueden identificarse con las innumerables veces en que nos sentamos al lado de alguien
que descubre que somos psicólogos y dicen algo así: “¡Ah, necesito cuidar lo que digo
en frente suyo porque es psicóloga!” Lo que no entienden es que cuando estamos
sentados en el avión leyendo un libro no nos estamos desempeñando de psicólogos, ni
tampoco pasamos la vida evaluando (y juzgando) a todos a nuestro alrededor. Tenemos
muchos otros roles en la vida además del rol profesional.
 
A veces, puede suceder que algunos roles se vuelven tan fuertes, que la persona
tiene dificultad para separar los roles que desempeña. Esto sucede en adultos que
vienen de familias disfuncionales. Es posible continuar desempeñando los roles que
desarrollaron en su infancia. Por ejemplo, lo hijos adultos de familias alcohólicas, a
veces siguen interpretando el rol de héroe, de chivo expiatorio, del niño perdido o la
mascota,[7] aún después que ya no viven en casa. Infelizmente, en tales circunstancias
las personas pueden quedar atrapadas en ciertos roles y modos de interacción que las
perjudican en casi todas sus relaciones. De ahí la importancia de identificar los roles
que desempeñamos en la vida a fin de evaluar si es de este modo que queremos vivir
para siempre.
 
Cuando hablamos del impacto de los traumas en nuestros roles, debemos
recordar que el trauma “forma y congela” los roles. Recordemos a la mujer de Lot.
Cuando algo impactante nos sucede – y puede ser un trauma grande o un “trauma” del
tipo que pensamos que no dejaría mayor secuela, como por ejemplo, un regaño del
padre – a veces formamos roles a partir de la interrupción del desarrollo normal.
“Alguien” de nuestra Pandilla Interna se forma a partir de esas experiencias. Por eso,
los distintos roles tienen diferentes edades y contenidos emocionales - porque quedaron
atrapados en alguna etapa del desarrollo.
Chuck Pierce, comenta que[8] ... muchas veces estamos fragmentados en
nuestra alma y tenemos pedazos de nuestra vida regados aquí y allá...partes de la
persona que deberíamos ser - íntegra o “entera”- quedan desparramadas por los
caminos de nuestra vida.
Si entendemos el trauma nos rompe a todos, podemos entender esa
fragmentación como la que forma nuestros roles internos. Por ejemplo, a veces, las
personas comentan que ellas están “saboteando” sus vidas. Se quejan porque saben lo
que tienen que hacer o dejar de hacer, pero no logran cambiar el comportamiento.
Según la teoría de los roles, podemos entender que esto se debe al hecho que hay una
parte congelada (disociada) que no logra subir al camión de la vida y acompañar a la
Pandilla del Yo.
Es necesario tener cuidado de no culpar a la víctima. Cuando hablamos de
auto-sabotaje, manipulación o conductas que llevan a ganancias secundarias, es
importante recordar que realmente hay miembros de nuestra Pandilla Interna que no se
han dado cuenta de que deben recorrer juntos el camino de la vida. No es mala voluntad
ni maldad; es que realmente no lo logran. Tienen limitaciones. Los terapeutas necesitan
tener cuidado de no cargar a sus clientes con más culpa de la que ya sienten por que
perciben su limitación. Debemos procurar entender lo que ese miembro de la Pandilla
Interna necesita para sanar, perder el miedo, sentirse seguro, adquirir nuevas
habilidades, permitir una integración mayor y mejor de sus roles. Cuando alcanza ese
nivel de cura, la conducta cambia automáticamente y la persona pasa a tener una mayor
posibilidad de alcanzar sus metas.
Tenemos que aprender a negociar la convivencia con nuestra Pandilla Interna
de roles, sanar las heridas que algunos roles contienen y descongelar esas estatuas de
sal. Cada parte/rol contiene información importante, aspectos y contenidos que
contribuyen algo a la personalidad y a la integridad del yo. Esa perspectiva debe
llenarnos de esperanza. Ya no estamos obligados a vivir de forma fragmentada o
disfuncional. Podemos cambiar nuestros roles tanto en cantidad como en contenido
interno. Este hecho debe llenarnos de esperanza, sabiendo que no estamos eternamente
condenados a repetir las historias difíciles, sino que podemos encontrar nuevas
soluciones para problemas antiguos por medio de la sanidad de nuestros roles internos.
Habla la Pandilla Interna
 
Sigue una pequeña porción de un encuentro terapéutico. Vea cómo Anabella
encontró a su Niña Bailarina y con ella, toda su feminidad. También ejemplificamos
como podemos “rematrizar”, es decir, rehacer un antiguo camino disfuncional a través
de la relación terapéutica. Es sumamente importante para el desarrollo de los
individuos que una persona nos vea y nos confirme nuestra existencia en amor.
Como en nuestro inconsciente no hay noción de tiempo cronológico, aunque la
reparación se dé hoy día, si el niño interno del pasado puede oír y recibir esa
confirmación en la actualidad, puede validar y sanar aquello que había quedado
desarreglado en el pasado. David Grand[9] comentó cierta vez que el niño que vive
dentro de nosotros tiene que oír lo que necesita de nuestro adulto interno y no
necesariamente de las figuras externas. Todo está dentro de nuestro cerebro: sanar a la
Pandilla, cambiar de percepción, etc. Lo que está dentro de nosotros es lo que tiene que
cambiar y puede cambiar – porque podemos cambiar la percepción que hay dentro de
nuestro cerebro.
 
Relato parcial de una sesión de EMDR
Anabella compartía sobre una situación de infancia que todavía le molestaba y
estructuramos el EMDR tradicional para reprocesarlo con movimientos bilaterales.
Hay silencio mientras se hacen los movimientos. Anabella comparte después de cada
tanda de los mismos. El tiempo total de esa sesión fue de una hora, pero lo que sigue es
apenas una parte relevante del relato ejecutado.
A: Todavía me siento atrapada en la escena de la infancia. No he logrado
desconectarme de ese conjunto de imágenes. Todavía me afecta mucho como persona,
me siento insegura. Soy una mujer sin fuerzas. (MBs)
A: Ahora logré tranquilizar a la niña que se sentía en peligro. Logré tomarla de
la mano y sacarla de la escena. Ella salió por una puerta (MBs). Estoy más emotiva.
(MBs)
A: ¡Que chistoso! Cuando yo era pequeña me gustaba mucho el ballet. Mis
recuerdos más felices son de mí, bailando, vestida de bailarina. (MBs) Acaba de
caerme el veinte de que yo restringí mi lado femenino porque pensé que ese lado estaría
siempre vinculado a la violencia. Hoy ni bailar puedo. Pienso que me quedé con mucho
miedo de la violencia contra la mujer después de lo que vi al crecer en mi hogar. 
(MBs)
A: Ahora me siento mejor, parece que finalmente entendí. Pienso que tenía
disociado todo esto. Necesito volver a la clase de ballet urgentemente. Estoy con un
sentimiento de estar libre, de tener libertad dentro de mí.
T: Tengo una propuesta: ¿Podemos ver juntas a esa niñita bailar ballet?
A: ¡Vamos! (Terapeuta y cliente miran juntasa la barra de luz de estimulación
bilateral, “viendo” a la niña pequeña bailar ballet.) (MBs) Fue genial, estoy libre, sin
preocupaciones. Mi Niña Bailarina está vestida con un vestido color rosa. Estoy bien,
ella esta súper feliz, orgullosa de sí misma. Humm, todavía falta tener más amor en la
escena… amor por mí. (MBs) Ay, yo… ¡me amo! ¡Yo soy una persona buena! Vi a esa
niña de cinco años. Estamos en comunión. Yo la amo mucho. Le digo que siempre la he
amado mucho, y que todo va a estar bien, que estamos bien. Ahora ya no tengo
perturbaciones al pensar en todo esto. Creo que soy amada. ¡Yo me amo! Siento que
estoy rescatando a esa niña y su feminidad.
T: ¿Qué significa todo esto para usted, una mujer adulta?
A: Yo soy una mujer completa. Me voy a inscribir en la clase de danza...
La Pandilla Interna y
la Teoría de la Disociación
 
Todos hemos tenido la experiencia de estar conduciendo el auto tan absortos en
nuestros pensamientos, que perdemos la salida correcta en la carretera. O en vez de ir a
donde queríamos, nos distraemos y el “carro hace el camino de siempre”. A veces,
estamos en “la luna” mientras la profesora da su clase y no recordamos lo que enseñó
durante esos momentos. Todos estos son ejemplos normales de disociación.
En verdad, existe lo que podemos llamar disociación adaptativa. Cuando
vamos a hacer una resonancia magnética, no hay ninguna justificación para que
tengamos que pensar que estamos siendo metidos dentro de un pasadizo de acero con
1-2 cms. de espacio para respirar. Nada impide que a propósito pensemos que estamos
en una linda playa, con el sol brillando, escuchando las olas del mar mientras
aguantamos el procedimiento. Esa es una forma saludable de lidiar con situaciones
difíciles: una disociación adaptativa.
Como dijimos anteriormente, la cuestión de la disociación es un asunto de
dosis. Cuando nuestra Pandilla Interna comienza a perder la conciencia de la existencia
de algunos de sus miembros (que es diferente del desconocimiento terapéutico de los
mismos) entonces comenzamos a hablar de una disociación patológica. Los “bordes” de
los roles quedan cada vez más rígidos y “compartimentalizados” y existe cada vez
menos flexibilidad y conciencia entre ellos.
Se trata de un trastorno serio que necesita ayuda profesional – y generalmente
auxilio medicamentoso – para poder lidiar con un proceso largo y difícil de sanar. Las
personas con Trastorno Disociativo de Identidad (antiguamente denominado Trastorno
de Personalidad Múltiple) tienen una serie de limitaciones que perjudican su vida
cotidiana. Acostumbran tener lagunas de memoria – no recuerdan pedazos enteros de su
vida, o no recuerdan cómo hicieron ciertas cosas o que tuvieron ciertos diálogos, y la
amnesia para algunos roles es total. Como fue algo que sucedió cuando estaban en otro
rol, no hay acceso al contenido de aquel rol por estar disociado de la vivencia total del
individuo. Hasta hace poco tiempo se creía que esto sucedía solo en el cine. Pero la
verdad es que estos trastornos son más comunes de lo que se imaginaba, y casos de
disociación leve son bastante frecuentes en el consultorio (¡a pesar de que
diagnosticarlos no es tan común!). Uno de los problemas actuales es lograr un
diagnostico apropiado para casos de disociación, ya que pocos profesionales estudian
este tema y menos todavía reconocen este tipo de dificultad. 
En nuestra Pandilla Interna, vamos “disociando” ciertas experiencias difíciles
que experimentamos en el transcurrir de nuestras vidas. Es de esta forma que se
desarrollan esos “miembros” de nuestra Pandilla. El rol interno que se vuelve un
aspecto de nuestra Pandilla no acostumbra desarrollarse a propósito, pero no deja de
cumplir cierta función de protegernos o ayudarnos a sobrevivir. Como dice Silvia
Guz[10], nuestra colega de profesión, disociación es aquel momento en que se “baja el
interruptor”. De la misma manera que el interruptor detiene el flujo energético para
evitar un incendio, la persona se disocia para evitar un infarto emocional.
Nadie tiene una personalidad completamente integrada. El concepto de
Pandilla Interna es una manifestación normal de los roles que se desarrollan dentro de
nosotros. Pero cuando hay una desconexión extrema entre estos roles, con eventuales
incógnitas de lo que está sucediendo con ciertas partes de la persona, es probable que
nos encontremos delante de un caso de Trastorno Disociativo de Identidad (TDI). En
estos casos, las partes o roles de la personalidad son más rígidos y se presentan de
formas distintas e “independientes”. En verdad es casi como si tuviesen vida propia. En
estos casos, cuando los roles son rígidos y poco flexibles, llamamos a esos roles
“alteres”. La propuesta en este tipo de trabajo terapéutico - en términos simplificados
– es encontrar una forma en que esos roles (o “alteres” en los casos de diagnósticos
graves) aprendan a tener conciencia unos de los otros, sanar sus heridas del pasado,
aprender a andar juntos en vez de jalar cada uno para un lado, y procesar una
integración que permita una vida más normal. Pero debido a la severidad de este tipo
de diagnóstico, comúnmente el progreso se mide en milímetros terapéuticos.
Es común que en la disociación traumática ocurra una total desconexión entre
la conciencia y los hechos ocurridos. En nuestro cerebro, el evento queda disociado de
las herramientas neuronales que podrían ayudar a procesar esos recuerdos. Por ello,
parece que el trauma ocurrió recientemente, cuando en realidad, a veces ya han pasado
años. Pero debido al hecho de que está disociado, es difícil recordar lo que sucedió, y
cuando se recuerda, a veces viene en diluvio. En el trabajo con trastornos disociativos,
estamos delante de personas muy frágiles (y muy fuertes ya que lograron sobrevivir a
tamañas tragedias). La persona debe ir recordando en la medida en que soporte, para
evitar el riesgo de retraumatización o revictimización.
Algunas personas con situaciones graves de trauma crónico y continuo,
especialmente durante la infancia, pueden desarrollar un trastorno disociativo. Esto
puede ocurrir cuando el niño es sometido a situaciones abusivas durante largos
periodos. Describen su estado como que estuviera en una neblina, otros dicen que es
como estar en un estado etéreo. (Haddock[11], 2011, p. 2). Parece que están
funcionando en “piloto automático” – sólo que para todo en la vida. Están
desconectados del mundo que los rodea. Pueden llegar a distorsionar el tiempo o hasta
perder la noción de la hora en casos extremos. Un sobreviviente de trauma con
trastorno grave puede no recordar algunas partes de lo sucedido durante el día.
La disociación se manifiesta de diferentes formas. Podemos decir que la
disociación es disfuncional (Haddock, 2001, p. 2) cuando:
- una persona no tiene conciencia o no es capaz de controlar sus respuestas
disociativas;
- esas respuestas disociativas ocurren en situaciones inapropiadas;
- la intensidad y duración de la disociación dificulta severamente la vida diaria
de la persona.
Debemos recordar que la disociación es una defensa emocional que nos
protege cuando no logramos soportar el sufrimiento emocional. Es una estrategia de
sobrevivencia, pero en los casos de disociación grave, es como cuando eventualmente
el hechizo se vuelve contra el hechicero: la disociación “protege” del sufrimiento, pero
impide que sea procesado, porque desconecta la experiencia de las herramientas
neurobiológicas (y emocionales) que permitirían su resolución adaptativa.
Según Haddock (2001, p. 11) el “propósito de la disociación es tomar ese
recuerdo o emoción que está directamente asociado con el trauma y encapsularlo, o
separarlo del yo consciente.[12] Se trata de una forma creativa de mantener aquello que
es inaceptable fuera de la conciencia. Ayuda el sistema disociativo (TDI) a proteger sus
secretos y adaptarse continuamente al medio ambiente. Permite que un vinculo con el
abusador se mantenga, y finalmente, hace que las emociones fuertes y muchas veces
conflictivas se mantenganen compartimentos separados de la mente.”
P: Doctora, que extraño… hoy mis ojos están lagrimeando mucho… no entiendo
porqué, dijo Pedro inocentemente, y se limpió los ojos con un pañuelo durante una
sesión de EMDR donde estábamos trabajando una situación muy dolorosa de su
infancia.
T: ¿Quizá sus ojos están lagrimeando porque está llorando? ¿Será que las lágrimas
son un llanto?
P: ¿Usted piensa que es eso? ¿Qué estoy llorando? (limpiándose los ojos otra vez con
un pañuelito…)
 
Aunque una persona y su comportamiento se encuentren dentro de la categoría
de disociación, la persona no debe sentirse avergonzada o humillada por esto. Esa
disociación cumplió una función muy importante, una función adaptativa en un
determinado momento de su vida. No es un exageración decir que gracias a la
disociación, la persona no murió de “infartos emocionales” (que pueden llevar hasta a
intentos suicidas - para detener el dolor emocional vinculado a la experiencia
traumática. No siempre la persona quiere morir: sencillamente quiere que el sufrimiento
pare.) El problema es que una vez que el trauma termina y la amenaza ya no existe, la
disociación comienza a interferir en la vida cotidiana del individuo. En este sentido, la
disociación se vuelve una estrategia mal-adaptativa para vivir el presente.
Con el nuevo tratamiento de reprocesamiento de recuerdos dolorosos y
traumáticos como EMDR, somos cada vez más capaces de ayudar a las personas a
lidiar con sus disociaciones de forma que consigan integrar sus experiencias de forma
saludable. Situaciones más graves de disociación, tales como los Trastornos
Disociativos, necesitan de un especialista en disociación para que los acompañe, y no
todos esos casos graves tienen indicación para EMDR, pero dentro del aspecto
disociativo, muchos diagnósticos responden bien a esas nuevas terapias.
 
EMDR – Eye Movement
Dessensitization and Reprocessing
 
Tamara se levantó de la mesa, respiró hondo y subió la escalera eléctrica por
primera vez en 58 años de vida. María Helena llegó al consultorio y contó que logró
entrar en el aparato de resonancia magnética con tranquilidad. Rodrigo volvió a
manejar su carro después del accidente en que murieron sus amigos. Patricia se hizo los
exámenes de sangre después de haber perdido el miedo a las agujas. Juan Pedro
comentó del asalto armado a su casa que duró 5 horas y cuyo trauma le impidió trabajar
por un año: “Ah, esa es una historia para contar en el happy hour”.
 
EMDR
Lo que esas personas tienen en común es que se sometieron a una psicoterapia
revolucionaria llamada EMDR Eye Movement Dessensitization and Reprocessing
(Desensibilización y Reprocesamiento por Medio del Movimiento Ocular) descubierta
en Estados Unidos por la Dra. Francine Shapiro en 1987. Desde entonces, más de cien
mil terapeutas han sido capacitados mundialmente en el enfoque que hoy representa un
cambio de paradigmas en la psicoterapia.
Entendiendo que los traumas y recuerdos dolorosos se almacenan de forma
mal-adaptativa en las redes cerebrales, el EMDR es capaz de reprocesar los miedos,
fobias, terrores y ansiedades vinculadas a los recuerdos difíciles que mantienen a sus
víctimas atrapadas a los fantasmas del pasado. Esto se da a través de la integración de
la información que se encuentra separada en los dos hemisferios cerebrales.
De forma acelerada y adaptativa, el EMDR “imita” de cierta manera lo que
sucede en las personas durante la etapa de sueño -movimiento ocular rápido (REM –
Rapid Eye Movement – Movimiento Rápido Ocular) en que el cerebro procesa la
información diaria y archiva adaptativamente el pasado.
Por alguna razón todavía no completamente comprendida, en determinadas
situaciones las personas no logran realizar este procesamiento de forma normal y
saludable, de donde probablemente vienen las pesadillas, sobresaltos, pensamientos
intrusivos y obsesivos, ataques de pánico y en casos más graves el Trastorno de Estrés
Pos-Traumático (TEPT) y sus consecuencias. En casos excepcionales pueden llegar los
Trastornos Disociativos de Identidad (TDI) cuando las personas poseen historias de
traumas crónicos, repetitivos y constantes, especialmente en la infancia.
Para aplicar el EMDR, el psicoterapeuta debe capacitarse por medio de cursos
acreditados donde se le enseñará de forma teórica y práctica a manejar el protocolo de
ocho fases que estructura el tratamiento. Comenzando con la primera fase, el paciente
comparte su historia clínica y el terapeuta identifica los traumas y recuerdos dolorosos
del paciente que serán los objetivos del tratamiento en futuras sesiones. En la segunda
fase, se instalan recursos positivos para ayudar al paciente a enfrentar los momentos
difíciles dentro y fuera de la sesión, y se prueban diferentes movimientos bilaterales
(visuales, auditivos y táctiles) y se instruye al paciente en el proceso del EMDR. En la
tercera fase, “se abre” el archivo cerebral a ser trabajado a través de los rescates de
imagen, creencias emocionales y sensaciones vinculadas al evento clave en cuestión.
Asimismo, se toman medidas en dos escalas diferentes. La primera es la escala
SUDS (Subjective Units of Disturbance Scale), una escala que mide unidades
subjetivas de perturbación. Preguntamos al paciente, “En una escala de cero a diez,
donde cero es ninguna perturbación y diez es la máxima perturbación que puede
imaginar, ¿cuánta perturbación siente ahora cuando piensa en esa experiencia difícil?”
Esto nos permite ir acompañando el nivel de resolución (o no) de la experiencia
mientras vamos aplicando los movimientos bilaterales. Esa escala fue inicialmente
desarrollada por Joseph Wolpe, quien trabajó durante muchos años con la
desensibilización, y fue una forma que él descubrió para poder evaluar experiencias
subjetivas estadísticamente.
También se pide al paciente que imagine una situación ideal o de resolución y
se le pregunta: “En una escala de uno a siete, donde siete se siente como completamente
verdadero y uno es completamente falso, ¿qué tan verdaderas siente que son esas
palabras positivas con respecto a usted ahora?” Esa es una escala que Francine Shapiro
desarrolló para que se pudiera medir también y acompañar la resolución deseada al
problema en cuestión. Es decir que con esas medidas, Shapiro creó un protocolo que
permite el estudio estadístico de su nuevo enfoque, lo que ya resultó en la publicación
de más de 200 estudios científicos con metodología rigurosa y una revista indexada
específicamente dedicada al estudio de EMDR (Journal of EMDR Practice and
Research). Actualmente, la confirmación de la eficacia del EMDR es innegable.
En la cuarta fase, el terapeuta aplica los estímulos bilaterales que darán el
“arranque” al cerebro para que pueda desarrollar el reprocesamiento que resultará en
la desensibilización de los recuerdos dolorosos.
Una de las cosas que pasa comúnmente en el reprocesamiento es el surgimiento
de emociones intensas o ab-reacciones. Si entendemos que un recuerdo fue archivado
con la emoción, sensación, imagen y pensamientos originales de aquella experiencia, no
es de sorprender que cuando abrimos este archivo cerebral, venga el recuerdo con todo
el impacto emocional de la experiencia original. Esto es normal. Abrimos el archivo y
salen todos los elementos que estuvieron viviendo en este pozo de recuerdos. Cuando
esto sucede, no significa que la persona está volviendo a ser traumatizada, sino que la
carga negativa vinculada al recuerdo está siendo liberada, reprocesada y transformada
en un contenido adaptativo y funcional. El pasado se está volviendo pasado y dejando
de vivir en el presente a través de esa transformación neuroquímica del
reprocesamiento.
Por otro lado, debemos tener en consideración que las ab-reacciones excesivas
pueden impedir el reprocesamiento. Cada parte o rol traumatizado es una parte
congelada y disociada. Cuando nos conectamos con esa parte, se dispara todo lo
congelado, guardado y vivido en aquel lugar, en el contenido de aquel rol. Por eso
decimos que la vivencia es un estadodependiente. Cuando topamos ese lugar aparece
todo lo que fue vivido y sentido en ese momento. En general son partes o roles del niño
que no tuvo los recursos emocionales para enfrentar lo que estaba sucediendo. Los
circuitos quedan sobrecargados y la disociación fue la defensa que encontró para
sobrevivir. Pero si es excesiva la ab-reacción o la vivencia de la emoción es
demasiado intensa, la persona puede volver a disociarse y ahí no hay reprocesamiento.
El individuo no logra hacer las conexiones cerebrales o neuronales necesarias para
reprocesar hasta llegar a una resolución adaptativa porque la emoción es demasiado
fuerte y la persona (y su Pandilla Interna) se asusta y “huye” (se vuelve a disociar) a sus
lugares congelados de nuevo para “protegerse”. A través de la disociación, van a esos
lugares internos donde se tiene la ilusión de estar protegidos. Pero en esos casos, la
estrategia de supervivencia se convierte de nuevo en una prisión de congelamiento.
Vemos la importancia de tratar esto dentro de un camino de cuidado. Ab-
reacción no significa que automáticamente hay procesamiento. Hay ciertos enfoques de
psicoterapia que creen en la idea que cuanto más “fuerte la catarsis o ab-reacción” más
está procesando, resolviendo y sanando su dificultad. Esto no es necesariamente cierto.
Ab-reacción no es igual a cura. Esto hace parte del paradigma que dice que las
personas deben tener ab-reacciones fuertes para sanar. No.
En la quinta fase es posible sustituir las creencias negativas y falsas surgidas a
partir de aquello que fue vivido, por creencias positivas que llevarán al paciente a
encontrar percepciones adaptativas en relación a aquello que había sido archivado de
manera mal adaptativa y, muchas veces, patológica.
En la sexta fase se averigua la existencia (o no) de perturbaciones corporales y
la sesión termina en la séptima fase con instrucciones específicas sobre qué esperar
entre sesiones.
En la octava fase el paciente vuelve, se hace una evaluación de los resultados,
y se continúa con la evolución del tratamiento: un nuevo objetivo de tratamiento en caso
de que el anterior ya haya sido resuelto de manera satisfactoria, o la elaboración más
profunda y completa del objetivo inicial.
 
Para poder procesar con eficacia es necesario sentirnos protegidos y seguros.
Gran parte de esa seguridad proviene de la relación terapéutica. Si no confiamos en la
persona que nos acompaña en esa peregrinación terapéutica – ya que a veces hay
pasajes aterradores – no nos entregamos al proceso sanador. Al fin y al cabo, hay toda
una Pandilla Interna en nuestro interior por la que somos responsables y a la que
tenemos que proteger. Si cualquiera de las partes internas -alguien de mi Pandilla
Interna– no se siente cómoda, segura y protegida, o se asusta, o no está de acuerdo en
seguir adelante, no pasa nada. El reprocesamiento se estanca.
Por eso, siempre enfatizamos que lo que cura… es el amor. Tal vez suena
extraño hablar de esto en un libro sobre psicoterapia, pero es el amor, el afecto, el que
da seguridad a las personas para que busquen la valentía de embarcarse en el navío de
la sanidad y soporten el viaje hasta el final. Es la seguridad de la aceptación
incondicional del paciente por parte el terapeuta la que anima a las personas a hacer
ese viaje hacia adentro de sí mismas y visitar a los miembros de la Pandilla Interna.
Conocer la pandilla herida por los traumas de la infancia permite que sean curadas por
las nuevas herramientas psicoterapéuticas, pero sin amor, nadie encuentra la valentía
para el viaje.
 
¿Qué es lo que hace que el EMDR sea percibido como un cambio de
paradigmas? Primero, no es necesario hablar para sanar. Durante 120 años se nos
enseñó que el paciente debía conversar y hablar sobre sus dificultades como una forma
de “desahogar” sus penas y que esto iba a ayudarle a resolver sus dificultades (es el
“talking cure” que describía Breuer). Pero con el EMDR, el hablar puede ser mínimo
durante el período de reprocesamiento cerebral, lo que permite que el paciente pueda
trabajar sus recuerdos en privado. Teniendo en cuenta que muchos traumas son de
carácter sexual o de humillación, el hecho de no tener que entrar en detalles gráficos
muchas veces permite que el paciente enfrente el recuerdo sin tanta vergüenza.
Segundo, la resolución de la dificultad se da por la integración de la
información neuronal inicialmente disociada en los hemisferios cerebrales. Es común
que el recuerdo doloroso esté archivada en el hemisferio derecho y sabemos que el
habla (área de Broca) que permite la atribución de sentido al evento está en el
hemisferio izquierdo. Los recuerdos están desvinculados de aquello que permitiría al
paciente describir en palabras lo que sucedió (“no tengo palabras para explicar lo que
me sucedió” es un discurso común entre personas traumatizadas porque literalmente no
las tienen). O los recuerdos están desvinculados del sistema límbico y el paciente vive
en un eterno estado de ansiedad y peligro sin saber por qué y sin poder explicar a su
cerebro que el peligro pasó. (Esto se constata a través de tomografías cerebrales
sofisticadas tales como tomografías PET o SPECT, o resonancias magnéticas
funcionales - fMRI). El EMDR integra esas informaciones y permite que se pueda
atribuir sentido a lo ocurrido y calmar el sistema límbico atorado.
 
Una de las mejores cosas que oímos de nuestros pacientes al terminar el
reprocesamiento es…
- Acabó. Ahora está distante. Está en el pasado.
Y cuando vuelven en las sesiones siguientes dicen así:
- Lo recuerdo, pero ya no me molesta.
- Ya no recuerdo como era antes.
- Quedó borroso. Perdí la nitidez del recuerdo.
- ¿Es normal sentir tanto alivio en tan poco tiempo?
- A veces me dicen o me hacen cosas molestosas y ya no me importa. Ya no es
más importante como antes.
- ¡Estoy durmiendo bien por primera vez en años...!
- No pensé más en ese asunto. Ni me vino a la mente.
- Es tan chistosa esa cosa del EMDR… es como que nunca existió aquella
experiencia. Parece que el EMDR lo pone en un lugar donde nunca existió el
problema. Es como si antes yo veía un cuarto todo abarrotado y ahora no hay nada
de eso. Está todo organizado y ni me imagino ¡cómo era con todo el
abarrotamiento...!
 
- ¡Este EMDR es mágico...!
Sesión de EMDR
María Clara vino a terapia para resolver algunos recuerdos de su infancia. Ella
relató que cuando era pequeña, ella y sus hermanas oían a la madre teniendo relaciones
sexuales en el cuarto de al lado. Ella sabía que había habido una etapa en la vida de su
madre donde eran tan pobres, que su madre se prostituía para poder proveer a las
necesidades básicas de las hijas. La madre no tenía instrucción, era analfabeta, había
sido abandonada por el marido con tres hijas pequeñas y la única forma que encontró
para pagar las cuentas había sido esa, ya que era extranjera y no tenia familia de origen
a la cual recurrir.
María Clara relataba que tenía mucha dificultad para dormir, sufría de
insomnio, y atribuía esto al hecho de que se asustaba mucho en la noche cuando era
pequeña y se despertaba con los ruidos y gemidos del cuarto de al lado. Se sentía
ansiosa y no lograba más dormir. Las hermanas dormían tranquilamente, pero ella,
como la mayor, se preocupaba que sucediera alguna cosa mala.
Cuando estructuramos el protocolo clásico de EMDR, María Clara describió el
objetivo de trabajo para esa sesión, es decir, ese recuerdo de la infancia. La imagen era
de ella acostada en la cama, con la almohada tapándole los oídos, con frio en el
estómago y con mucho miedo de que algo malo fuera a ocurrir. Su creencia negativa
era: “Estoy desamparada” y quería que la creencia positiva fuera: “Estoy cuidada.” La
validez de la creencia era cinco (en una escala de uno a siete donde siete significa que
creo completamente que esa expresión es verdadera en relación a la situación en
cuestión.) Las emociones eran de tristeza, miedo, inseguridad al extremo, con un nivel
de perturbación (SUDS) de siete en una escala de cero a diez donde diezes la máxima
perturbación y cero es ninguna. Sentía escalofríos en todo el cuerpo.
Después de dos o tres series de movimientos bilaterales visuales, María Clara
comentó que ya no oía los ruidos que la incomodaban tanto como al comienzo de la
sesión, que ya no sentía miedo ni ansiedad. Dijo que el nivel de perturbación había
caído a cero.
Cuando le pregunté sobre la creencia positiva, ella comentó que varias cosas
habían cambiado. Después de algunas series de movimientos bilaterales, ella dijo que
ahora lograba ver el lado positivo de esto: en verdad, su madre había sido una
vencedora, que luchó para proveer para la supervivencia de sus hijas, y por un tiempo
esta fue la manera que encontró para dar ropa, comida y estudio a sus hijas. Recordó
que más adelante, la madre había conseguido otro trabajo de empleada doméstica y
había dejado completamente ese tipo de vida. Y finalmente comentó que ninguna de las
hermanas se volvió hacia esa vida.
Visiblemente aliviada, dijo que no entendía como aquello ya no le molestaba
más. Comentó su recelo de volver a tener miedo y ansiedad. Yo le expliqué sobre la
Pandilla Interna y le propuse que ella, Adulta, fuera a conversar con aquella niña de
seis años que había vivido todo aquello, y que le explicara todo a esa niña asustada,
diciéndole que ahora ella, Adulta, podría cuidar de ella cuando era Niña. En realidad,
esa niña pequeña ahora sólo existía dentro de María Clara Adulta.
María Clara cerró los ojos en cuanto continuamos con los movimientos
bilaterales táctiles, y cuando me miró, dijo: “Yo fui a conversar con ella porque estaba
con miedo de dormir y de oír los ruidos de nuevo. Le dije que no necesitaba tener
miedo, que todo iba a terminar bien, que yo, Adulta, estaría cuidando de ella mientras
durmiera, que ella estaba bien cuidada. Es chistoso… vi que mis hermanas también
estaban bien y dormían tranquilamente. Ahí mi Niña Interna volvió a dormir y yo estoy
velando su sueño.”
 
Con esas nuevas percepciones de sus recuerdos de infancia, María Clara dijo
que a su validez de creencia (VoC) ahora era siete. Creía completamente que estaba
cuidada, ya que ella como Adulta podía cumplir esa función ahora. “La verdad es que
nunca había visto el lado positivo de todo eso. Mi madre fue una persona que salió en
busca de nuestra sobrevivencia y me da tristeza pensar que tuvo que pagar un precio tan
alto. Este fue el recurso que ella tuvo en esa época. Pero ella hizo todo eso por amor,
para cuidar de nosotras, para darnos una vida mejor que la de ella. Nunca pasamos
hambre ni necesidad. Realmente fue una mujer luchadora”.
Le pedí a María Clara que pensara una vez más en la escena de infancia y ella
dijo, “Volví al cuarto y estamos las tres durmiendo tranquilamente. Fue bueno haber
explicado todo esto a la niña, porque ahora ella puede dormir en paz”.
Nunca deja de impresionarme la rapidez de respuesta que tienen muchos de
nuestros pacientes. María Clara logró resolver una situación que le había preocupado
durante años, en apenas una sesión. En el inicio, ella habló de la enorme vergüenza que
tenía al contar esa historia sobre su madre, pero cuando terminamos, ella sentía hasta
orgullo de esa madre que hizo de todo para cuidar a sus hijas
 
Descubriendo a la Pandilla
a través del Play of Life
 
El Play of Life (literalmente Juego de la Vida) fue desarrollado por Dr. Carlos
Raimundo, médico-psiquiatra y psicodramatista, emigrante de Argentina a Australia en
la década de los 80. Se trata de un juego de muñecos, escenarios y objetos que permiten
la visualización de relaciones, roles y vínculos que promueven una oportunidad de ver
alternativas y cambios que traen a la persona la posibilidad de un futuro mejor.
El Play of Life se basa en la teoría y práctica de la sociometría y del
psicodrama desarrollados por Jacob Levy Moreno, un médico europeo que emigró para
los Estados Unidos antes de la Segunda Guerra Mundial. Es una forma práctica de
colocar los pensamientos, ideas y situaciones internas en una forma visual, dinámica,
concreta y externa.
Según Raimundo (2000, p. 1) hay varias metas que podemos alcanzar con estos
ejercicios:
- Permite ver cómo las emociones afectan a uno, ya que podemos colocar hasta
las emociones en el escenario externo.
- Permite pasar la información verbal (uni-dimensional, lineal) a la
información visual (tri-dimensional).
- Los clientes pueden visualizar cómo se perciben a sí mismos en relación con
otras personas.
- Se pueden ver las situaciones actuales en que se encuentran y ensayar
cambios y alternativas sabiendo que pueden volver atrás si la posibilidad no se logra
(de cierta manera esto es lo que Freud llamaba pensamiento operacional – la capacidad
que tienen los seres humanos de poder ensayar nuevas conductas sólo con el
pensamiento).
- Se pueden grabar visualmente (fotos o videos) de forma que la persona puede
llevar consigo sus nuevas posibilidades.
De una forma singular y clara, el Play of Life se presta a visualizaciones
concretas de nuestra Pandilla Interna. Podemos “ver” externamente los roles y
personajes que viven dentro de nosotros.
A través del Play of Life podemos dar “voz y vida” no sólo a los diferentes
roles que viven adentro, sino también a las emociones, sentimientos, enfermedades,
alternativas, sueños y posibilidades. En las manos de un psicoterapeuta hábil, se puede
identificar, diagnosticar y hasta tratar a nuestra Pandilla Interna. Al oír las quejas,
necesidades, y sueños de nuestros personajes internos, podemos comenzar a pensar en
cómo darles lo que necesitan, sanar sus heridas, soñar juntos y permitir que crezcan y
alcancen la vida adulta en una integración emocional que lleve a una salud mental cada
vez más confortable.
 
Sesión de Play of Life
Leandro comentó al inicio de la sesión: “Yo estoy siempre reiniciando, pero
con recelo que todo me va ir mal”.
Terapeuta (T): ¿Podemos mirar quién está allí adentro de su Pandilla? Es que
parece que hay gente que no está jugando en su equipo, y le está impidiendo su éxito.
Armamos el Play of Life[13] y pedí a Leandro que mirara hacia adentro,
identificara a los miembros internos cómo él sentía que estaban dentro de sí. “Coloque
sus personajes según quien juega en el equipo de acá y quien juega en el equipo de
allá”.
Leandro tomó un muñequito con traje y corbata y lo colocó en el mini-
escenario mirando hacia afuera. Después tomó una niña vestida de rosa y dijo, “Ella
representa a mi infancia.” Y finalmente tomó un muñeco rojo barbado, de uniforme, y lo
colocó de espaldas a ambos. La “Infancia” quedó entre los dos, mirando en la misma
dirección que el Leandro de Traje y Corbata, un poco atrás de él. “Ella está más atrás,
pero no está en contra”.
Con respecto al Leandro de Traje y Corbata dijo: “Este representa quien soy
yo, gris con traje, comprometido, portándome de manera más responsable.
Sobre el Leandro Policía: “Él parece policía, rojo, con cara rabiosa y un modo
rebelde, como era yo en la adolescencia. Representa el Leandro Frustrado. Siempre me
frustré con mis decisiones, con mis actitudes. Parece que mi cabeza y emociones son
seres totalmente diferentes uno del otro. Me fue mal en la escuela. Yo quisiera volver al
pasado, vivir todo aquello otra vez, pero tomar decisiones diferentes. En verdad, tengo
mucho miedo de comenzar este proyecto nuevo y quedar a la mitad otra vez.
 
 
 
 
T: Leandro, ¿usted se percató de que los dos “Leandros” están de espaldas uno
al otro?
L: Sí, yo quería ir para adelante y el otro se quedaba mirando hacia atrás, a lo
que fue, a lo que no fue. Hay un dicho que dice que si continúas mirando hacia atrás,
nunca vas a ver lo que hay al frente. Acaba cayéndose en un agujero. Yo querría poder
aceptar lo que pasó, y que lo que vivo ahora no tiene que ver con lo que ocurrió, pero
no lo logro. Quisiera poder vislumbrar un mínimo de felicidad en el camino. Quisiera
poder andar hacia adelante, sin quedarme mirando hacia atrás, porque si hubiera un
agujero, yo me voy a caer, y cuando caigo, necesito mucho tiempopara levantarme otra
vez.
Este Policía sólo quiere mirar para atrás, no ve el presente ni el futuro. Mira
para atrás, al pasado que nunca va a lograr alcanzar. Quisiera poder volver allá y hacer
todo diferente, pero no puedo. Tengo miedo de mirar al frente. Mi pasado es trágico,
pero por lo menos yo lo conozco.
T: Estos muñecos representan su vida. Aquí usted puede cambiar lo que quiera
porque todo lo que describe, existe, pero solamente dentro de usted.
L: ¿Puedo cambiar el muñeco?
T: Por supuesto, aquí usted puede cambiar lo que quiera, puede ensayar
cambios, y si no le gusta, puede volver a como era antes.
Leandro escogió un muñeco azul, con sombrero. Retiró al Policía del
escenario, y colocó al muñeco azul mirando hacia adelante como están la Infancia y el
Leandro de Traje y Corbata.
 
 
 
L: Escogí una figura más cómica porque representa mi parte más chistosa.
Pienso que es la primera forma de solucionar el problema… voy a tomar la ropa interna
de la ira y rebeldía en relación al mundo que aquel Policía representa y transformar un
poquito la vida en una cosa más ligera.
T: Qué bueno, porque de hecho, si usted continua con ese Policía ahí dentro,
usted va a continuar fracasando. Lo que él mejor sabe es fracasar, como usted se dio
cuenta. Cuando usted crezca y sea grande (dijo la terapeuta jocosamente) -usted va a ser
el fracasado que acaba de describir… Además, muy parecido a su padre, a quien usted
vive describiendo aquí en la terapia como un gran fracasado. Usted aprendió la lección
tan bien con él que ya está bien encaminado. Qué bueno que usted está dispuesto a
probar algo nuevo, alguien que mira hacia adelante y juega en su equipo.
(Leandro levanta el muñeco azul y lo coloca al lado de la muñequita que
representa la Infancia).
L: Yo cargo una preocupación emocional inmensa, soy absurdamente
preocupado. No sé si esto va a funcionar. Estoy intentando estar más pendiente de las
cosas, porque soy imprevisible hasta para mí mismo. Tengo el deseo de llegar y
comenzar este nuevo proyecto, estudiar, pero tengo recelo de llegar al primer obstáculo
y rendirme. Tengo confianza en mí ahora, pero no tengo confianza en quien fui.
T: Pienso que usted tiene razón en no confiar en ese Policía. Él mira hacia atrás
y no ve los agujeros. ¡No vale la pena crecer y ser igual a él!
Leandro se calla… pensando… y reprocesando mientras mira fijamente al
escenario.
T: Es chistoso, usted estaba describiendo este muñeco azul, y del modo que él
es, me recuerda mucho a un cowboy, no sé por qué...
L: Caray, yo anduve jugando un videojuego estos días… era un videojuego del
oeste americano, con un personaje que le gustaba jugar, y que se vuelve una persona
tranquila. Ya hice muchas burradas en la vida, pero quiero tener éxito ahora. El
Cowboy (y apunta al muñeco azul) trata de resolver las cosas con más autoconfianza.
¿Cómo hago para ser así?
T: Usted debe elegir. Ahora usted puede elegir, si usted quiere ser el Policía –
y esa vida la conoce demasiado bien – o si usted quiere intentar ser más como el
Cowboy, más ligero, más confiable. Usted puede elegir minuto a minuto, y después hora
por hora, día por día hasta que todo se vuelve automático, y el Cowboy se vuelve una
parte de usted, más que el Policía. ¿Quizás ya es hora de hacer una maratón de videos
del oeste americano, poner atención a los cowboys, ver si ellos sirven como mejor
modelo que el Policía?
 
L: Caray, nunca me di cuenta que yo podía elegir…
 
 
Play of Life y EMDR:
Negociando la inter-relación de la Pandilla Interna
Paulina llego a la sesión muy desanimada con su peso. Había engordado unos
10 kilos en el último año y medio, y sabía que necesitaba adelgazar. Ella tenía una
próxima boda a la que quería asistir en ocho meses, y era importante para ella estar más
delgada y entrar en su bonito vestido.
Decidimos trabajar con las figuras del Play of Life para que ella pudiera
identificar los roles que estaban en conflicto dentro de ella. Ella identificó dos roles: el
de la Gordita, que era como ella se sentía en ese momento, y la Futura Delgada, que era
como ella quería ser para poder viajar y asistir al matrimonio de su mejor amiga en
otro país.
 
 
Yo Gordita (figura blanca acostada) y
Futura Delgada (figura oscura acostada)
 
Estructuramos el protocolo de EMDR conforme a la imagen, creencias,
emociones y sensaciones físicas:
Imagen #1 = la Gordita (figura blanca) sentada.
Creencia Negativa = yo no logro controlarme.
Creencia Positiva = yo puedo controlarme
Validez de la Creencia (VoC) = 2
Emociones (al mirar a la Gordita) = rabia, tristeza, miedo
(Nivel de perturbación) SUDS = 9
Sensación física = en la barriga, en la cadera
Utilizando la estimulación táctil mientras Paulina miraba la escena de la
Gordita y la Futura Delgada, el reprocesamiento se dio de la siguiente forma:
Paulina/Gordita, pensando en voz alta:
- Las otras personas logran hacer dieta. Yo estoy varios kilos arriba de mi
peso. (MBs). Los otros pierden y yo no. (MBs). Es feo tener que cerrar la boca, soy
golosa, pero si lo dejo para más adelante puede ser peor. (MBs). Engordé cuando
comencé a quedarme sin tiempo para almorzar bien, comencé a comer en la calle, y
dejé de caminar y hacer ejercicio.
Terapeuta [T]: Ahora cuando usted mira esa escena, ¿cuánta perturbación 
siente en una escala de cero a diez, donde cero es ninguna perturbación y diez e la
máxima perturbación que usted puede imaginar?
Paulina [P]: De la Gordita, 5, pero si ella adelgaza…
T: ¿Qué desea decirle a la Gordita?
P: Gordita, usted va a cerrar la boca, entrar al gimnasio, tener más fuerza de
voluntad y controlar los dulces. (MBs). Gordita, usted ya comenzó… yo puedo ingerir
menos comida. Puedo dejar de repetir las porciones. (MBs). Además, ayer me senté al
lado de alguien que come mucho, y logré esperar hasta el fin, sin repetir las porciones y
sin comer dulce.
Medición del nivel de perturbación (SUDS):
T: En un escala de cero a diez, donde diez es la máxima perturbación que usted
puede imaginar, ¿cuánta perturbación siente ahora al mirar a la Gordita?
P: Está en 3, porque mientras no me vea delgada, me molesta. Hasta que
desaparezca la barriga, es difícil sentir que estoy bien.
Como el nivel de perturbación no llegaba a cero, intuimos que sería importante
explorar otros factores que estaban contribuyendo a mantener la perturbación.
T: ¿Podemos a hablar con la Futura Delgada? Recuerde que su Creencia
Positiva es: “Yo logro controlarme”.
Paulina, a la Futura Delgada: Si, logré ser menos golosa, puedo verme bonita
en el espejo. Logré llegar a mi peso para entrar en el vestido de fiesta.
T: ¿Cuáles son las emociones que usted siente al mirar a la Futura Delgada?
P: Felicidad, satisfacción, orgullo…
T: En una escala de 1 a 7, donde uno es completamente falso y siete
completamente verdadero, ¿qué tan verdaderas siente que son esas palabras; “Yo puedo
controlarme”, cuando usted mira para ella ahora?
P: Es 4,5
Hicimos más movimientos bilaterales (MBs).
P: Pensándolo bien, yo aprendí con mis amigas que cuando la persona engorda
uno o dos kilos, en ese momento es que hay que cerrar la boca. (Aquí notamos que el
reprocesamiento está llevando a nuevos contenidos positivos).
T: Muy bien, y ahora cuán tan verdadero siente que son esas palabras, “Yo
puedo controlarme”, cuando mira a la Futura Delgada, en una escala de 1 al 7?
P: Umm, 5,5. Pero… yo no tengo deseo de volver al gimnasio. No sé hasta
cuándo voy a aguantar comer poquito. Me levanto de la mesa con la sensación de tener
el estómago vacío, sin sensación de llenura. Yo tengo deseo de abrir el cajón y
buscarme un chocolate.
Una vez más, vemos que hay progreso en el reprocesamiento, pero también
surgen obstáculos para alcanzar la meta deseada. La terapeuta recurre al uso de un
entretejido cognitivo, una técnica avanzada del EMDR, para explorar la posibilidad de
que existan otros roles en la Pandilla Interna que le están impidiendo progresar.
T: Yo tengo la impresión… parece que hay una Hormiga[14] que vive allí
adentro también…¿Qué cree usted?
P: ¡Así es! ¡Yo amo el dulce hecho hormiga!
T: Entonces escoja una figura para representar la Hormiga.
Paulina escoge una figura grande, alta, de sombrero, y la coloca de pie en el
escenario.
P: Hay la hormiga que le gusta el dulce. Ella dice que el chocolate es
delicioso, que relaja, es muy rico comer ciertos tipos de mousse... es difícil resistir...
pastel de chocolate.
En mi casa todo mundo come un dulcecito después de almorzar o cenar…
estamos acostumbrados a eso. Me gustaría haber sido acostumbrada de otra manera…
pero me gusta mucho un dulcecito después de comer...
T: Paulina, mira el tamaño de la hormiga.
P: Si, ella es muy grande, ¿verdad? Es difícil pisarla (MBs). Pero quién sabe si
ella puede dormir durante la semana, y ¿despertar sólo un poquito durante el fin de
semana…? (MBs). Darle un calmante a la Hormiga durante la semana y ¿sólo dejarla
pellizcar un poco en el fin de semana…?
T: ¿Re-educar a la hormiga?
P: ¡Eso! Sí, yo puedo conseguir hacer eso.
T: Entonces, ahora mira otra vez a la Delgada. ¿Qué es lo que percibes ahora?
P: Me veo en una foto sacada en la fiesta, en un portarretrato, delgada.
T: Y en aquella escala de 1 a 7, donde 7 es completamente verdadero, ¿cuán
verdadero usted siente que son esas palabras, “Yo puedo controlarme”?
P: Ahora yo pienso que es 7. Yo voy a entrar en el gimnasio y gastar más
calorías porque así puedo comer dulce sin estrés.
T: Nuestro tiempo se está acabando. ¿Vamos a despedirnos de las figuras?
¿Qué quisiera decirles antes de irse?
P: Yo voy a decirle a la Hormiga: tienes que dejarme en paz por un tiempo, al
menos durante la semana. Yo me puedo controlar, y durante el final de la semana yo
puedo dar sólo una probadita al dulce. Usted me hizo engordar mucho, en vez de
adelgazar. Quiero hacer esto porque representa salud para mí.
Paulina para a la Gordita: ¡En breve serás pasada!
Paulina para la Futura Delgada: Usted va a volver a estar activa y estar así por
mucho tiempo hasta hacerse viejita, más bonita y más saludable.
Sanando a la Pandilla que vive adentro:
Por qué podemos sanar…
 
Llegamos a la parte sobre cómo podemos buscar formas de sanar a la Pandilla
que vive adentro de nosotros. Este capítulo no pretende dar todas las soluciones y
alternativas, pero esperamos dar un mapa suficientemente claro como para que las
personas puedan entender mejor lo que sucede con nuestros roles, nuestras “estatuas de
sal”, nuestras dificultades, al punto de poder buscar un nivel de entendimiento y
recuperación que nos permita una mejor calidad de vida.
Quizás antes de embarcarnos en esa gran aventura vale la pena comentar que es
necesario encontrar a alguien adentro que tenga un compromiso con la salud y que
pueda hacer una alianza terapéutica con los demás miembros de la Pandilla Interna
hacia la sanidad y salud. Si no hay este compromiso interno, no hay sanidad. No todas
las personas están dispuestas a pagar el precio de la cura emocional.
A veces el terror de lo que están “viendo” internamente – las antiguas escenas
de horror y destrucción que siguen asustándonos en el presente – hacen que no tengan la
valentía o los recursos emocionales para enfrentar a la Pandilla Interna. Nadie debe ser
culpabilizado por esto. Todos vivimos de la mejor manera que podemos. Nadie vive
peor si puede vivir mejor. Pero no todos logran buscar una forma más funcional de
llevar su vida. Debemos tener comprensión y permitir que las personas vivan con sus
fantasmas internos, aunque esto les cueste caro a ellas así como a las personas que las
rodean. ¡No todos quieren sanar! Debemos respetar las limitaciones de cada persona
aunque esto implique que vivan por debajo de sus posibilidades.
 
Es común – todavía más para nosotros los psicoterapeutas – querer que las
personas vivan con más cuando ellas mismas quieren vivir con menos. Pero no es ético
imponer nuestro nivel de exigencia en términos de calidad de vida para los otros. 
Entonces, para quienes quieren considerar la opción de vivir mejor, ¡vamos a
ver…!
 
1. ¿Quién vive adentro de mi? Sucede que muchas veces no conocemos ni
reconocemos a quienes viven adentro. Entonces el primer paso es descubrir e
identificar a quienes realmente viven adentro de nosotros. Si prestamos atención,
muchas veces logramos oír las voces de la Pandilla Interna, pero otras veces
necesitamos de ayuda externa (como por ejemplo, la psicoterapia). La terapia de roles
es especialmente útil en este sentido, y el Play of Life™ posee un poder extraordinario
de aclarar estos roles como vimos en el capítulo anterior.
Juana me contaba, muriéndose de risa: Pues sí, anoche comí un montón de
comida que me hace daño. Encendí la luz adentro de mí y me pregunté: “¡¿Quien acá
adentro quiso comer porquerías?!”
2. Una vez identificados los roles, comienza uno de los primeros pasos de la
recuperación emocional: encontrar la forma de sanar a los miembros heridos de
nuestra Pandilla. Muchos tienen astillas en su corazón y no saben de dónde viene el
dolor emocional. Es importante oír lo que cada uno necesita para sanar, y si prestamos
atención, ellos nos revelan sus necesidades. Esto no es locura. Son nuestros roles
internos los que nos hablan sobre sus experiencias. Cada uno de ellos sabe qué sucedió
y cómo pueden hacer para sanarse, pero a veces es necesaria cierta habilidad (hasta
profesional) para aclarar la función y el secreto de la cura de cada uno. Es más: no
siempre ellos entregan sus secretos en la bandeja. De hecho, a veces es otro rol el que
entrega “el oro para el bandido”.
Cierta vez, en una sesión de terapia grupal, estábamos investigando los
diferente roles de una muchacha universitaria. Parecía que no tenía nada que
trabajar hasta que invirtió de rol quien con quien hacía de su padre. Ella, en el rol de
él, comentaba: “Estoy muy preocupado por mi hija… desde que murió un novio que
tenia a los 15 años, ella nunca más se interesó por otro chico. Hoy tiene casi 27 años,
y me temo que nunca se va a casar. Pienso que ella quedó traumatizada con la muerte
de él, ya que el murió en otro país y ella era muy joven para viajar sola para
despedirse de él”. Lo que María José no “sabía” en su rol de adulta, es que “su
padre interno” conocía su dolor y delató su dificultad. Sabía que si no resolvía ese
duelo no iba haber casamiento.
 
Un paciente me comentó que tenía un niño interno muy afectado. Ese señor
había sufrido mucho con un padre difícil y amenazador, una enfermedad de la
infancia que le obligó a vivir durante meses lejos de su familia entre personas
extrañas para recibir tratamiento, y finalmente un diagnóstico de una enfermedad
grave en su vida adulta. Cuando le pregunté qué era realmente lo que el niño interno
necesitaba, el me respondió: “Necesita que yo cuide de él, que lo lleve a jugar en el
parque. Voy a comprar un camioncito que él siempre quiso en su infancia, pero sus
padres eran demasiado pobres para poder dárselo. Ahora yo tengo dinero para
comprar buenos juguetes para él y vamos a jugar juntos.” Y durante varios meses, se
encerraba en su cuarto y jugaba con sus carritos y camiones hasta que el niño
interno entendió que ya no necesitaba más de aquello. Había recibido el cuidado y
cariño que necesitaba y ahora podía dejar esa etapa atrás.
 
 
3. Además, es importante saber que no podemos brincarnos ninguna etapa.
Podemos “comprimir” el tiempo – terapéuticamente – pero hay ciertas cosas que los
miembros de nuestra Pandilla Interna necesitan vivir, ya sea interna (en la imaginación)
o externamente (como el ejemplo de arriba) y que necesitan ser hechas en el orden
cronológico del desarrollo psicológico. Necesitamos ser niños antes de ser
adolescentes. Es verdad que en la Pandilla Interna viven los roles internos de diferentes
edades, y hay días que todos hablan a la vez. (¿Recuerdan aquel día que pasamos por un
millón de emociones diferentes, hicimos cosas hasta incomprensibles, salió pelea o
apareció una depresión sin sentido, y llegamos al final del día exhaustos? ¡Vaya a saber
cuántos miembros de laPandilla Interna desfilaron por nuestra conciencia…!) Vale la
pena sanar a los niños primero, porque ese es el orden en que aparecieron en nuestra
vida.
4. En general, en el transcurrir del proceso psicoterapéutico, llega un
momento en que tengo que decidir quién va a “mandar” en mi vida. No tiene sentido
ir al trabajo y dejar que la niña interna tome las decisiones en la reunión con el jefe. Es
una tontería, por supuesto. Cierta vez le expliqué a una paciente que ella necesitaba
dejar a sus niños en el Jardín de Infantes Interno de su vida para poder comportarse
como adulta en el trabajo. El lugar del niño es en su casa, y no estorbando el servicio
del adulto. Cuando ella lo entendió, logró que sus relaciones en el trabajo se
desarrollasen de una forma mucho más funcional, y aprendió a lidiar con el jefe de
forma madura.
5. La Pandilla sana al paso del más frágil. No vale atropellar el proceso.
Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, eran casi tres millones de personas. Tenían
ovejas y cabras, viejos y niños, mujeres que acababan de dar a luz. Si la multitud
hubiera ido muy aprisa, los más frágiles – humanos o animales – morirían o quedarían
atrás y serían devorados por los enemigos o animales salvajes. No tendrían acceso a
comida o agua – esencial en el desierto. Más que nunca, era necesario entender que la
unión les daba fuerza, pero que sólo funcionaría si iban al paso del más frágil. La
Pandilla Interna sólo aguanta sanar de sus cosas al paso del miembro más precario. A
veces es necesario ir frustrantemente despacio, pero la prisa puede ser mortal.
6. Uno de los mayores problemas de nuestra Pandilla Interna se da cuando
no hay una “política de buena vecindad”. Es decir, la Pandilla que vive adentro no
sabe cómo vivir en armonía. Cuando un rol o parte interna toma el asiento del
conductor del viaje de la vida, y no es apto para conducir ese automóvil vital, tenemos
problemas. Nuestros niños internos no tienen por qué estar conduciendo el auto de la
vida. Estas son cosas para nuestros roles adultos.
Entonces, el secreto de sanar es conseguir que la Pandilla de roles aprenda a
vivir bien, todos juntos. Porque, en verdad, nadie puede ser excusado, ni botado, ni
maltratado sin que todos sufran. Cuando una parte sufre, todas sufren. Bien o mal, todos
tienen que vivir juntos. No hay alternativa ni escapatoria. Van a vivir en un cielo o en un
infierno, pero van a vivir juntos, y todo va a depender de nuestras negociaciones
internas. Por esto es esencial aprender a negociar esas relaciones.
Por ejemplo, es común que alguien llegue al consultorio con conflictos
internos: queriendo dejar de fumar, o adelgazar, o dejar conductas que le hacen mal, y
viven con estos conflictos internos. Pero acostumbro comentar que hay alguien adentro
que no quiere colaborar - de cierta manera – con la opción saludable, y tiene sus
razones para ello.
A “Alguien” le gusta comer y no tiene el menor interés en privarse para
adelgazar. “Alguien” encuentra que fumar está bien, especialmente con un café. Y por
más que el Adulto argumente con estos roles, no logra avanzar. Mientras no se logra
entender por qué come, fuma o bebe, “Alguien” no va a renunciar a su placer percibido.
7. Es importante tener en consideración que no podemos “matar” los roles
que hay adentro de nosotros.
- Doctora, hay un niño de 6 años que vive aquí adentro de mi y que sufre
tanto, tanto, tanto, que intenté matarlo muchas veces a través de las drogas y el
alcohol.
- Pero, muchacho, si él muere, ¡mueren todos allí adentro!
Tenemos que encontrar el camino de salida a través de la sanidad y de la
negociación interna, pero que no pase por la muerte, porque si uno muere, todos
mueren. Es verdad que el suicida en potencial no quiere necesariamente morir: lo que
quiere es que pare el dolor. Es mejor sanar que morir.
 
8. En este proceso de negociación debemos recordar que a veces alguien
adentro hizo cosas que realmente no fueron buenas. Puede ser que hayan hecho algo
que daña/dañó nuestros propios valores éticos-morales. De nada vale intentar
convencer a quien está equivocado, de que no lo está. Él o ella saben las cosas que
hicieron y saben que metieron la pata. Entonces, en este caso, necesitamos ayudar en la
negociación.
Cuando hacemos algo que para nosotros está mal, respondemos en una de dos
formas: nos castigamos o nos perdonamos. Hay mucha gente que reclama que tiene
“síndrome de miedo a ser feliz”, cuando en realidad hay alguien adentro que está
castigando a la Pandilla por algún disparate que hizo en el pasado. Todos conocen a
nuestro Atormentador o Crítico Interno. Podemos preguntar al individuo: ¿qué fue lo
que usted hizo tan grave que no merece ser feliz? A veces la respuesta nos demuestra
que la culpa es falsa y que el castigo es completamente desproporcionado al supuesto
“crimen”. La culpa falsa se deshace con terapia de reprocesamiento.
Pero no la culpa verdadera. Entonces podemos preguntar cuál fue la sentencia
que recibió al ser enviado a la Prisión Interna. (¿Usted pensaba que no había una cárcel
adentro?) Es frecuente que las personas no sepan responder porque nunca fue dictada
la sentencia. “¿Es prisión perpetua? ¿Nunca podrá salir? ¿Es pena máxima? ¿Cuántos
años serian entonces? ¿Cuántos años usted ya cumplió de su sentencia? ¿Cuántos años
todavía le faltan? ¿O será que allí adentro hay sentencia de muerte y usted se está
suicidando lentamente por esto?” 
Entonces la persona empieza a darse cuenta de que el castigo no es siempre una
solución funcional para los problemas indebidos, a no ser que algún día se pueda
finalmente cumplir la pena y dejar de “deber” por el acto cometido. (Cuando sale de la
cárcel, un ladrón ya “pagó” su deuda para con la sociedad y no debe nada más por el
robo.)
Pero si el castigo no soluciona, entonces, ¿qué hacer con la culpa verdadera?
Aquí entra la cuestión del perdón. Necesitamos aprender a perdonar a los miembros de
nuestra Pandilla Interna que hicieron cosas que no aprobamos. Perdón no significa
hacer de cuenta que aquello no sucedió. Significa que reconocemos el mal que hicimos,
pero en vez de quedar en el castigo, nos vamos a relacionar con los miembros de la
Pandilla Interna (y/o con otros en la Pandilla Externa) a través del perdón y reparación
en vez del dolor y del resentimiento. Necesariamente estaremos vinculados a nuestros
roles internos y/o a las personas de nuestro mundo. Pero yo puedo elegir si voy a
hacerlo a través de la venganza (Shakespeare decía en una de sus piezas que la
venganza es como tomar veneno y ¡esperar que otro muera…!) o a través del perdón.
El perdón es una decisión y es un proceso. Significa reconocer la enormidad
de lo que se hizo (o de lo que fue hecho contra nosotros) y aun así cancelar las cuentas
en el Libro de Contabilidad Vital. Es tomar el borrador de la vida y borrar el saldo
pendiente. Significa que es hora de salir de la cárcel interna. El indulto llegó.
9. Una de las diferencias importantes que no siempre las personas saben
hacer está entre la aceptación y la aprobación. Mucha gente dice que no “acepta”
ciertas conductas –las que vienen desde adentro o que llegan desde afuera, cuando en
verdad quieren decir que no las aprueban.
Ciertas cosas suceden y no hay modo de cambiar el pasado. Es necesario
llegar al punto en que sea posible aceptar los hechos, pero… ¡no es necesario
aprobarlos! No vamos a aprender a aprobar el hecho de que el marido se fue con otra,
pero podemos aceptar que sucedió y ni modo. Nunca vamos a aprobar el abuso sexual
de un niño (¡o de cualquier otra persona!), pero tenemos que aceptar que esas cosas
forman parte de este mundo (y de las personas) tan imperfecto en que vivimos.
Leí, cierta vez (no recuerdo dónde) que un problema bien definido esta medio-
resuelto. Cuando aceptamos las situaciones a las que estuvimos expuestos, estamos
“definiendo” el problema. Ahí podemos comenzar a buscar las soluciones.
10. Consulte a la Pandilla Interna. Una de las cosas que podemos aprender a
hacer es consultara nuestra Pandilla Interna. Todos tienen en mayor o menor grado
cierta sabiduría lograda por las vivencias y experiencia en el transcurrir de la vida.
Algunas personas tienen intuiciones afiladas. Otras aprenden lo que funciona y no
funciona con los golpes de la vida. (Mi tía me contaba que tenía una profesora que
decía que todos nacemos con la cabeza cuadrada y ¡golpeamos! ¡golpeamos!
¡golpeamos! por la vida hasta que se hace redonda.) Hay personas que tienen
habilidades perceptivas agudas, pero no confían en lo que sienten, ven o aprendieron.
A veces, nuestro aprendizaje también puede estar distorsionado por los traumas
de la vida, y en la medida en que vamos sanando esas distorsiones, podemos confiar
cada vez más en lo que experimentamos.
Por ejemplo, todos tienen un Médico Interno que suele entender bien sus
enfermedades. (Los Médicos Externos suelen reclamar mucho de los Médicos Internos
de sus pacientes ¡porque a veces se quedan discutiendo con ellos sobre sus
diagnósticos y tratamientos!) Cuando tenemos dudas sobre lo que nos sucede adentro,
vale la pena consultar a la Pandilla Interna. Podemos sorprendernos con sus respuestas
y su sabiduría.
11. Podemos descartar roles que no sirven más. Este es otro aspecto
maravilloso de la recuperación emocional. Como dijimos anteriormente, la salud nos
trae posibilidades de escoger. A medida que los miembros de nuestra Pandilla Interna
van sanando, podemos ir descartando roles que ya no nos sirven. No estamos obligados
a cargarlas eternamente. Si ya no nos sirven, podemos botarlos en la gran Lata de
Basura de la vida. 
Es eso, quiero sacar mis “fotos emocionales” malas que estaban en mi Libro
de Fotografías de la Vida y sólo quedarme con las buenas. La lista es muy grande…
de cosas que debo botar, de lo que “quiero” y “no quiero”…pero hay muchas cosas
que quiero guardar. Me viene mucho a la mente el miedo. Siempre estuvo muy
presente en mi, miedo de equivocarme, miedo de triunfar… el miedo no me deja ir
para adelante… Pienso que es la hora de botar el miedo…
 
 
12. Por otro lado, podemos adquirir nuevos roles. Yo puedo aprender a
desarrollar roles que me traigan mas adecuación y funcionalidad en la vida. En vez de
vivir peleando agresivamente para lograr lo que necesito, puedo aprender el rol de
Persona Bien Educada que pide lo que necesita de forma fina y asertiva. Puedo
aprender los roles de ser feliz, aprender las cosas buenas de la vida. Uno de los
mejores roles es el de la Gratitud. Es impresionante como todo cambia cuando somos
capaces de agradecer por lo que tenemos en vez de reclamar por lo que nos falta.
También podemos probar algunos roles para ver si “caben” con nosotros. A
veces encontramos que ciertas cosas nuevas son óptimas y queremos más de ellas. Pero
otras, encontramos que este no es nuestro camino, y podemos usar del sentido común y
no insistir. No todo lo que es nuevo es bueno.
 
13. Finalmente, el pasado no cambia, pero la percepción puede cambiar. Los
hechos serán siempre los mismos, pero nosotros podemos cambiar. Los miembros de
nuestra Pandilla Interna pueden aprender a tener nuevas perspectivas sobre lo que
sucedió. En vez de pensar que estaremos eternamente marcados por la tragedia o el
desastre o la vergüenza o el terror, podemos cambiar nuestra perspectiva (las nuevas
terapias de reprocesamiento son especialmente útiles para esto), de tal forma que el
pasado pierde el poder de herirnos. Podemos derretir nuestras estatuas de sal y
convertirnos en gente.
La Sesión de Mariana: Habla la Pandilla Interna
A continuación vamos a relatar algunos aspectos significativos de una sesión
con Mariana. Ella nació en China durante la transformación radical que ocurrió en ese
país con la revolución comunista de Mao Tse-Tung. Varios miembros de su familia
fueron víctimas de la crueldad durante la implantación del nuevo régimen. Mariana vio
a su abuelo ser ejecutado delante de sus ojos cuando todavía era muy niña y a otros
miembros de su familia los vio morir de hambre. El peligro era tal, que sus padres
encontraron la forma de huir para Brasil, pero el precio fue dejar varios hijos atrás,
inclusive a Mariana, con la esperanza de que estableciéndose en un nuevo país, en
algún momento conseguirían buscarlos, lo que eventualmente sucedió.
Mariana fue criada durante algunos años por sus abuelos y una tía, pero cuando
llegó a Brasil, encontró a sus padres muy traumatizados, con dificultades para
demostrar amor o aceptación. Su padre a veces tenía arrebatos de ira y mandaba a sus
hijos fuera de la casa. En una de esas ocasiones, Mariana salió definitivamente de casa
y tuvo la suerte de encontrar amigas que le ayudaron: inicialmente con un lugar para
vivir, y eventualmente hasta pagaron sus estudios en un país extranjero para que ella
pudiera graduarse de psicóloga.
Años más tarde, se casó, pero el matrimonio también fue un fracaso y el esposo
la dejó con tres niños pequeños a quienes amparar y educar. Mariana logró vencer
todos esos obstáculos, pero actualmente luchaba con mucha depresión y ansiedad sin
razón aparente. No encontraba un motivo para vivir. Llegó a la sesión con muchos de
esos temas ya trabajados en terapias anteriores, pero esta vez pidió hacer una sesión
mas “light”, ya que no tenía energía emocional para luchar con tantos dragones del
pasado en ese día.
En esa sesión la terapeuta usó varias intervenciones positivas con el fin de
alertar a sus roles internos de que el peligro ya había pasado, y que Mariana había
vencido en la vida. Como Mariana hablaba varios idiomas, y sus recuerdos estaban
vinculados a los idiomas en que ocurrieron, la terapeuta tuvo el cuidado de tener esto
en consideración en el trabajo que sigue.
Aquí podemos ver ilustrado cómo podemos usar la información del presente
para instruir a los roles del pasado con el objeto de colocar el poder del pasado en el
pasado, y estructurar el presente en términos positivos.
Como fue una sesión de EMDR, damos algunos datos limitados del protocolo
clásico para informar a los terapeutas EMDR que acompañan esa lectura.
 
En una sesión anterior, Mariana había descrito muchos de los detalles de su
dolor, especialmente lo que ella había vivido y visto a los 5 años. Entonces, el punto de
partida para la integración actual de sus roles pasados comenzó con el rol más antiguo,
el de Mariana Niña.
Terapeuta (T): Mariana, hoy me gustaría que usted pusiera atención a aquella
Mariana de 5 años que vio tanta tragedia. Descríbame como esta ella ahora.
Mariana (M): Pues yo la traje a vivir conmigo en mi casa, donde yo vivo ahora.
Entonces yo la veo en mi casa de hoy.
T: ¿Y cuando usted piensa en esto, qué recuerda al respecto de usted que sea
falso, negativo e irracional?
M: Estoy abandonada. (Creencia negativa)
T: Y si yo tuviese una varita mágica, ¿qué le gustaría pensar de sí misma que
fuera positivo en relación a esa experiencia?
M: Que yo soy fuerte, que yo tengo personas que me aman.
T: Y en una escala de 1 a 7, donde 7 es completamente verdadero, y uno es
completamente falso, ¿qué tan verdaderas siente usted que son esas palabras positivas
ahora en relación a esa experiencia?
M: Yo siento que es siete, que yo soy fuerte.
T: Cuando usted piensa en esa imagen de usted en su casa con Mariana Niña,
¿qué emociones siente?
M: Tristeza.
T: En una escala de cero a diez, donde cero es ninguna perturbación y diez es la
máxima perturbación que usted puede imaginar, ¿cuánta perturbación siente usted en
relación a esa experiencia ahora?
M: Seis.
T: ¿Y dónde siente usted esto en su cuerpo?
M: En el corazón, siento palpitaciones.
T: Ok. Mariana, hoy vamos a hacer una cosa un poco diferente. Ya que su niña
está viviendo con usted ahora en su casa, necesitamos informarle sobre algunas cosas
que ella tal vez no sepa. Esa niña de cinco años sólo habla chino, ¿cierto? ¿Cómo es su
nombre chino?
M: An-yon.
T: Muy bien. Entonces en cuanto yo haga algunos movimientos bilaterales, me
gustaría que usted hablase con An-Yon en chino – ya que ella no sabe portugués.M: ¡Es verdad!
T: Hable con ella en chino y cuéntele que ahora ella ya no vive más en China, y
que ahora vive con usted. Me gustaría que usted le mostrase a ella su nueva casa y le
explicase todo a ella, porque los niños se asustan si no entienden lo que les está
sucediendo.
M: Muy bien. Mariana cerró los ojos mientras la terapeuta hizo estimulación
bilateral táctil. De repente, muy bajito, Mariana empezó a hablar en chino, una lengua
que Mariana Adulta no hablaba desde hacía mucho tiempo.
Después de unos minutos hablando así, Mariana abrió los ojos y me dijo:
M: Yo hablé con An-Yon, y le mostré mi casa a ella: el cuarto donde ella va a
dormir, los adornos que yo traje conmigo de mi viaje a China hace pocos años. Le
expliqué que aquí ella está protegida, y que yo voy a cuidar de ella. Yo tengo mi hogar y
yo tengo dinero para cuidar de nosotros. Entonces An-Yon puede ser niña, jugar,
divertirse, ir a la escuela, y yo, Mariana Adulta, voy a cuidarla. ¡An-Yon se quedó muy
feliz!
T: ¡Qué lindo! Vea, cuando dejamos un lugar, un país, dejamos muchas cosas
malas atrás, como fue el caso de An-Yon. Pero hubo también cosas buenas, y hubo
personas buenas también. Yo quiero que usted imagine que hay una ventana mágica en
su casa y que a través de esa ventana mágica An-Yon puede ver China por unos
instantes, solo para traer a su casa lo que a ella le gustaría que viniera junto con ella. 
Como An-Yon hoy solo existe adentro de usted, ella puede traer a quien ella quiera a
vivir con ustedes, claro, si usted está de acuerdo.
Mariana cerró los ojos nuevamente, y otra vez habló en chino mientras que la
terapeuta hacia movimientos bilaterales táctiles. Después de varios minutos, Mariana
abrió los ojos y dijo:
M: Trajimos a mis abuelos a vivir con nosotros, y una tía que me cuidó y que
me amaba mucho. An-Yon les mostró su dormitorio, y yo les dije que podían quedarse
conmigo. Les conté a ellos lo que me había pasado, que ahora yo soy una psicóloga de
renombre, y ¡los llevé a que conociesen mi consultorio!
¡Estaban muy orgullosos de mí! Todos estamos felices de que todo aquello
acabó y que ahora podemos vivir juntos. Antes, yo me sentía que estaba muy sola en mi
casa, pero vea ¡cuánta gente está viviendo conmigo ahora!
T: (Muy conmovida). Parece que no hay más razón para sentirse deprimida con
la soledad, ¿cierto? ¡Hay muy buena gente viviendo con usted ahora!
T: ¿A quienes más necesitamos avisar que usted vive en ese departamento
bonito, que ahora usted tiene su hogar, su dinero, su profesión?
M: A mi adolescente de 13 años. En esa época, ya vivíamos en Brasil. Yo
había conseguido salir de China. Ya hablaba portugués, pero mis padres eran muy
difíciles. Mi madre me decía cosas feas – ¡terribles! Y mi padre me echaba de la casa. 
La joven tiene mucha rabia.
T: Entonces avisemos a Mariana Adolescente como termina su historia.
M: ¡Vamos!
Y otra vez, Mariana cierra sus ojos mientras la terapeuta hace movimientos
bilaterales táctiles. Ahora Mariana habla en portugués, y cuenta sobre su departamento
e invita a la Adolescente a que venga vivir con ella en su presente.
M: Mostré el cuarto a Mariana Adolescente, a donde ella va a vivir conmigo. 
Usted sabe, ¡a las adolescentes les gusta tener su propio espacio! Le conté todo a ella,
en quiénes nos volvimos. Ella se sintió bien contenta. Me dijo que entendió que su
madre también había tenido una vida muy difícil, que sus padres eran complicados, que
ella sufrió mucho, y que no lograba ser mejor madre.
En verdad, la madre de ella, mi abuela, murió cuando mi madre tenía tan solo
10 años… hubo momentos en que mi propia madre quiso matarme… mi madre sufrió
mucho cuando tuvo que dejar a sus hijos atrás en China para poder escapar del
comunismo, sabiendo que sus hijos iban a sufrir con el nuevo régimen, hasta que logró
traerles a Brasil… pero ahora yo entiendo lo que ella pasó. Fue muy fuerte, ella hizo lo
mejor que pudo y la Adolescente ya no le tiene más rabia.
T: Muy bien… ¿quién más vive allí adentro que necesita saber de su éxito
actual?
M: Hmm... la Madre Divorciada. Ella tiene 36 años, tiene mucha preocupación
financiera porque hay tres hijos pequeños y no sabe si va a lograr pagar las cuentas…
cómo es que va a educar a los hijos.
T: Entonces, vamos a avisarle que usted ya venció, que los hijos ya están
crecidos, todos estudiaron y están muy bien en la vida…
M: OK. (Mariana cierra los ojos mientras la terapeuta hace movimientos
bilaterales táctiles.) Ah, yo le mostré las fotos de mis hijos grandes. Cada uno tiene una
profesión, ya están casados y comienzan a tener hijos. Mis hijos le dijeron que ella ya
no necesita preocuparse más por ellos, que cuando ella quiera jubilarse, todos van a
cuidar de ella, y ¡que quieren cuidar de ella!
T: Entonces ¿ella puede relajarse y pensar en el futuro?
M: Si... pero tengo mucho miedo del futuro… de no tener para qué vivir, de
deprimirme, de quedarme sola, de tener mucha soledad, de no tener buena salud…
T: Entonces, vamos a mirar hacia el futuro con lo que usted logró hoy. ¿Qué es
lo que usted tiene ahora que puede ayudarle a enfrentar el futuro?
M: ¡Ya no vivo más en China! ¡Eso es un alivio enorme! No estoy más en
peligro. No vivo más con mi padre que vivía echándome de la casa. Un día yo decidí
no volver más a la casa y una gran amiga me ayudó a estudiar y tener profesión. Pagó
mis estudios, ¡¿se imagina?! Y hasta hoy somos amigas... yo tengo muchos buenos
amigos... ¡esto es muy bueno! Yo tengo mi propia casa, ¡de donde nadie me puede
expulsar! Tengo mi propio dinero… no soy rica, pero tengo para vivir y sé que no me
va a faltar nada. 
Soy muy conocida en mi profesión. Otros profesionales me remiten sus
pacientes porque confían en mi trabajo. Estoy muy orgullosa de quien me volví
profesionalmente… así es… ¡yo tengo mucho! ¡Tengo mucho!
T: Entonces, ¿cómo queda su vida ahora?
M: Ah, ¡hay mucha gente buena en mi casa! Está An-Yon, mi Adolescente, la
Madre Divorciada que puede descansar de sus tareas ahora, mis abuelos, mi tía… ¡hay
mucha gente viviendo en mi casa! ¡No estoy sola…! ¡No estoy desamparada!
T: Entonces, ahora que usted tiene tanta gente viviendo con usted y un futuro
amparado, ¿cuáles son las palabras positivas que le gustaría vincular a esa
experiencia?
M: Yo soy fuerte.
T: En una escala de uno a siete donde siete es completamente verdadero y uno
es completamente falso, ¿cuán verdaderas siente usted que son esas palabras, “Yo soy
fuerte”, cuando usted piensa en esa experiencia?
M: Siete. (La terapeuta hace unos movimientos bilaterales para instalar la
creencia positiva.)
T: Vamos a comprobar otros conceptos. ¿Qué tal –“yo tengo gente que me ama
y me ampara”?
M: Siete. (La terapeuta hace unos movimientos bilaterales para instalar la
creencia positiva.)
T: ¿Yo soy valiente?
M: Siete. (La terapeuta hace unos movimientos bilaterales para instalar la
creencia positiva.)
T: ¿Tengo mi propio hogar?
M: Siete. (La terapeuta hace unos movimientos bilaterales para instalar la
creencia positiva.)
T: Tengo mi dinero.
M: Siete. (La terapeuta hace unos movimientos bilaterales para instalar la
creencia positiva.)
T: Tengo ayuda.
M: Siete. (La terapeuta hace unos movimientos bilaterales para instalar la
creencia positiva.)
T: Tengo mi espacio.
M: ¡Ocho! Y se ríe… (La terapeuta hace unos movimientos bilaterales para
instalar la creencia positiva.)
T: Tengo un buen futuro.
M: Hmm, 5,5... Tengo miedo de quedarme desamparada.
T: Entonces piense en esto y siga mis movimientos. (La terapeuta hace más
movimientos bilaterales de reprocesamiento.)
M: Yo tengo a mis hijos que me van a amparar y nunca van a dejar que me falte
algo. No quiero ser un estorbo para ellos, pero sé que no estoy desamparada. Tengo
hasta nietos que ya son jóvenes y les gusto y me quieren cuidar. Sí, yo estoy amparada.
Es siete.
T: Entonces piense en esto. (La terapeuta hace unos pocos movimientos
bilaterales para instalar la creencia positiva.)
T: Entonces, vamos a finalizar la sesión por aquí. Usted hizoun lindo trabajo,
tiene mucho de qué enorgullecerse. Usted venció muchos desafíos y muchas tragedias
en la vida, pero usted ya no vive más aquellas situaciones de sufrimiento. Aquello
acabó para siempre. Ahora usted tiene un hogar, su hogar, su dinero, muchos buenos
amigos, hijos excelentes que la amparan, y tiene toda esa Pandilla Interna que vive con
usted en su casa. Realmente, ¡no está sola! ¡Usted es una persona a quien le salieron
bien las cosas de su vida! 
 
En esa sesión podemos ver el uso del EMDR aplicado a la terapia de roles en
la función reparativa. Aquí Mariana pudo crear un nuevo mundo interno positivo, soltar
las tragedias del pasado, y aprender a disfrutar de lo mucho que ella tiene y que
conquistó. Quién sabe si muchas veces la psicoterapia tiende a enfatizar y trabajar lo
que salió mal. A veces es importante trabajar y enfatizar lo que estuvo bien para que
las personas puedan tener una mayor esperanza para la vida. Habiendo vencido tantos
obstáculos, era importante que Mariana consiguiera comunicar todo esto a sus roles
internos -que todavía no habían recibido las buenas noticias de todo lo que ella alcanzó
en la vida. El EMDR ayuda a descongelar los roles, pero ayuda también a desarrollar
una nueva percepción interna –y positiva– de cómo puede ser la vida bien tratada.
 
Unos días después, Mariana me escribió un e-mail y me contó:
Dos noches después de nuestra sesión soñé que estaba en un hospital
intentando cuidar de un niño. Después me vi en la casa de una amiga de mi infancia
con quien todavía estoy en contacto. Ella tiene la misma edad que yo, vive sola y es
soltera. Cierta ocasión en mi adolescencia, en el último año secundario, mi padre
me echó de la casa, en una de las explosiones que le comenté a usted. Esa amiga
estaba presente…
Entonces, volviendo al sueño, yo estaba muy ansiosa porque estaba tan
ocupada que no podía terminar de cocinar una comida para unos niños pobres que
me estaban esperando en un bus que iba a llevarlos de paseo. Pero llegó una señora
y me ayudó a terminar de cocinar y me pude juntar a los niños para comer. 
Le cuento este sueño para que usted vea cuán integradora fue nuestra
sesión. Veo en mi sueño que yo pude alimentar a todos esos niños necesitados (los
roles internos que reparamos durante la sesión) a pesar de que me atrasé porque
estaba muy ocupada (sucedió cuando tenía más edad). Me sorprendí con este sueño
tan iluminador.
Te mandan saludos, Afui, la sobrina de An-Yon, y Mariana.
 
 
Conclusiones
Esperamos haber conseguido explicar quién es nuestra Pandilla Interna y cómo
podemos aprender a convivir mejor con los roles que hay adentro de nosotros. Hay
muchas personas que al entender esto mejor, tendrán la oportunidad de buscar la ayuda
que necesitan. De hecho, la psicoterapia no es para locos; es para las personas que
tienen Pandilla Interna con roles indóciles, asustados, rebeldes y traumatizados, y que
quieren negociar su proceso de reparación y cura. Es nuestro deseo que este libro traiga
una gran dosis de esperanza: que no tenemos por qué vivir presos a las experiencias de
nuestro pasado, sino que podemos entender qué pasó, y sanar. Podemos encarar un
nuevo futuro con nuevas oportunidades de elección. Contamos algunos pedacitos de las
historias de quienes ya anduvieron por este proceso de sanar los rollos internos para
ilustrar como se puede viabilizar esta propuesta psicoterapéutica. Quizá en el futuro
nos animemos a lanzar otro libro con historias más completas.
 
Esperamos que les haya gustado la peregrinación por los corredores de la
Pandilla Interna y la Pandilla Externa (¡la de los otros!) y que puedan creer en el poder
de las nuevas terapias de reprocesamiento para sanar su propia Pandilla Interna, así
como en los terapeutas expertos cuyo amor y empatía ayudan a derretir las estatuas de
sal del terror pasado.
 
 
 
Como regalo por haber terminado este libro, ofrecemos un e-curso gratuito de
tres lecciones sobre como identificar su Pandilla Interna. Clicar aquí.
Si pudiese dejar sus comentarios donde Amazon sobre este libro, otras
personas podrán beneficiarse de su opinión.
 
 
https://app.e2ma.net/app2/audience/signup/1754349/1732906/?v=a
http://www.amazon.com/Sanando-Pandilla-que-Vive-Adentro/dp/1475171056/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1390925627&sr=8-1&keywords=sanando+la+pandilla+que+vive+adentro
Sobre este libro...
 
Este libro nace de treinta años de práctica profesional escuchando y viendo a
las personas en el trabajo psicoterapéutico. Mi primera formación fue en el psicodrama
y terapia de grupo, donde me enamoré perdidamente del escenario terapéutico y de la
terapia de roles. Recuerdo muy bien el primer día que pisé un escenario, y pensé: "Nací
para hacer esto". De hecho, estudié todo lo que pude en Brasil y Estados Unidos. Fui
acreditada como Entrenadora (EE.UU.) y Supervisora (Brasil) de Psicodrama, y ​​fundé
la primera asociación de psicodrama de Ecuador. 
Quince años después de conocer el psicodrama, en Estados Unidos descubrí el
EMDR como cliente y lo que puedo decir es que cambió mi vida - tanto en lo personal
como en lo profesional. Más tarde hice el entrenamiento completo (terminé el
entrenamiento básico con Dra. Francine Shapiro, la brillante psicóloga que descubrió el
EMDR) y me convertí en entrenadora de entrenadores del EMDR Institute y EMDR
Iberoamérica. Me siento muy privilegiada de ser parte del movimiento formativo de
EMDR. 
Durante mi tiempo de peregrinación también conocí a Carlos Raimundo, MD,
psiquiatra y psicodramatista argentino-australiano que ha desarrollado el trabajo de
Play of Life, que consiste en un micro-escenario que nos permite estudiar y tratar los
roles que desempeñamos en la vida, e identificar de una forma más concreta nuestros
roles internos y sus interacciones. 
Soy muy agradecida a cada miembro de la Pandilla Externa quienes han
influenciado el desarrollo de mi trabajo y el surgimiento de este libro. Mi vida y mi
trabajo son mejores por ellos.
Acerca de la autora…
 
Esly Regina Carvalho, Ph.D, doctora en psicología clínica, Trainer of
Trainers de EMDR por el EMDR Institute de los Estados Unidos y EMDR
Iberoamérica; presidente de la EMDR Entrenamiento y Consultoría Ltda., la
organización que ofrece el entrenamiento básico en Brasil; presidente da EMDR Ibero-
América (EMDR IBA, trienios 2007-2010 y 2010-2013); aprobada como Trainer,
Educator, Practitioner (TEP) por el American Board of Examiners in Psychodrama,
Sociometry and Group Psychotherapy (con distinción); Fellow de la American Society
of Group Psychotherapy and Psychodrama (ASGPP); miembro honorario y fundadora
de la Asociación de Psicodrama y Sociometría de Ecuador (APSE); autora de muchos
libros; es fluente en tres idiomas. Esly ofrece talleres de formación en esa nueva
perspectiva terapéutica y puede ser contactada por e-mail.
mailto:esly@emdriberoamerica.org
 
Formación e Información
 
EMDR
Los cursos de formación en EMDR ofrecidos por los países miembros de
EMDR Iberoamérica (EMDR IBA) son reconocidos también por el EMDR Institute de
los Estados Unidos. Más informaciones se encuentran en las páginas web de
www.emdriberoamerica.org
 
 
Links:
www.emdriberoamerica.com
www.emdrbrasil.com.br (en portugués)
www.emdr.com (en inglés)
www.playoflife.com (en inglés)
 
http://www.emdriberoamerica.org
http://www.emdriberoamerica.com
http://www.emdrbrasil.com.br
http://www.emdr.com
http://www.playoflife.com
Bibliografía y referencias:
- Amen, D. G. (2000). Transforme su cerebro: transforme su vida. Editora Mercuryo.
- Badenoch, B. (2008). Being a Brain-Wise Therapist: A Practical Guide to
Interpersonal Neurobiology. Norton, New York.
- Garrido, Martín, E. ( 1978) A Psicologia do Encontro. Sao Paulo: Livraria
Duas Cidades.
- Grand, D. J. (2010). Definindo e Redefinindo EMDR. EMDR Treinamento y
Consultoria. En portugués.
- Grand, D.J (2013). Curación emocional a velocidad máxima: El poder de
EMDR. EMDR Treinamento e Consultoria Ltda.
- Grand, D. (2002) Treating survivorsof the world trade center disaster with
natural flow EMDR resourcing, EMDRIA Conference Lecture.
- Haddock, D. B. (2001). The Dissociative Identity Disorder Sourcebook. New
York: Contemporary Books/ McGraw Hill Companies.
- Levine, P. (1999). O Despertar do Tigre. São Paulo: Summus Editorial. En
portugués.
- Moreno, J. L. (1987). Psicodrama. Buenos Aires: Editorial Paidós.
- Moreno, J. L (1995). Las Bases de la Psicoterapia. Buenos Aires: Lunar-
Hormé.
- Raimundo, C. (2000). The Play of Life: a Lifeskills kit for problem evaluation
and conflict resolution. Australia: C. & C. Associates.
- Rojas-Bermudez, J. (1984) ¿Qué es el Psicodrama? Buenos Aires: Editora
Celcius.
- Scaer, R. (2005). The Trauma Spectrum, Hidden Wounds and Human
Resiliency. New York: Norton Books.
- Shapiro, F. (2001). Eye movement desensitization and reprocessing: Basic
principles, protocols and procedures (2nd ed.). New York: Guilford Press.
- Shapiro, F. (2002) EMDR as an Integrative Psychotherapy Approach.
Washington: American Psychological Association.
- Shapiro, F. (1997). EMDR: the Breakthrough Therapy. New York: BasicBooks
- Siegel, D. (2010). The Mindful Therapist. New York: W.W. Norton.
http://www.amazon.com/Bonnie-Badenoch/e/B001JRRJ48/ref=sr_ntt_srch_lnk_1?_encoding=UTF8&qid=1276182856&sr=1-1
Sanando a la Pandilla que Vive Adentro:
Cómo el EMDR puede sanar nuestros roles internos
 
ID: 3764676
ISBN-13: 978-1475171051
 
© 2012, 2013 Esly Regina Carvalho, Ph.D
Segunda edición
Todos los derechos reservados
Prohibida la reproducción de este contenido por cualquier medio. Éxodo 20:15. “No hurtarás”.
 
Portada: Cássio Eduardo Moraes Barbosa y Rodrigo Scheel
Traducción al castellano: Glenda Villamarin e Isabel Fernandez Crawford
Revisión: Elizabeth Cantú de Marquez
Foto de la autora: Selma Pikcius
Ilustración: Esly Regina Carvalho
 
Un agradecimiento especial a Dr. André Maurício Monteiro, quien me animó a utilizar mis propios dibujos.
 
 
 
 
Esly Regina Carvalho, Ph.D
SEPS 705/905 Ed. Santa Cruz sala 441
70.080-055 Brasília, DF Brasil
www.eslycarvalho.com
www.emdrbrasil.com.br
info@emdrbrasil.com.br
 
 
[1]MBs = movimientos bilaterales, utilizados en las sesiones de EMDR para reprocesar recuerdos difíciles.
[2]Quien quiera leer la historia original puede encontrarla en Génesis 19:1-29.
[3]Stickgold, R., &Walker, M. P (2007). Sleep-dependent memory consolidation and reconsolidation. SleepMed.
Jun; 8(4): 331-43.
[4]Levine, P. & Frederick, A. (1999). Curar el Trauma (Waking the Tiger). Ediciones Urano.
[5] Van der Kolk, B., McFarlane, A., Weisaeth, L. (1996). Traumatic Stress: The Effects of Overwhelming
Experience on Mind, Body and Society. New York: Guildford Press.
http://www.eslycarvalho.com
[6]Munich and Astrachan, 1983, p. 20 – Group dynamics, en H.I, Kaplan & B.J. Sadock (Eds), Comprehensive
Group Psychotherapy (2nd edition, pp, 15-23) Baltimore: Williams and Wilkins in Gladding, S.T., 1999 p. 59. Group
Work: A Counseling Specialty, 3rd Ed., NJ:Prentice-Hall.
[7] Harris, S. A. & MacQuiddy, S. (1991). Childhood roles in group therapy: The lost child and the mascot. Journal
for Specialists in Group Work, 16, 223-229; y Wegscheider, S. (1981). Another Chance: Hope & Health for the
Alcoholic Family. Palo Alto, CA: Science and Behavior Books.
[8]Glory of Zion International, www.gloryofzion.org, Chuck Pierce, 22 de julio, 2010, traducción de la autora; con
permiso del autor.
[9] Brasilia, 16 abril, 2010, comunicación personal
[10] Comunicación personal, 20 de marzo, 2011, en Sao Paulo, SP, Brasil.
[11]Haddock, D. B. (2001).The Dissociative Identity Disorder Sourcebook.New York: ContemporaryBooks/
McGraw Hill Companies.
[12] Traducción de la autora.
[13]Desarrollado por Carlos Raimundo, MD. Trata-se de un kit con tres mini-escenarios, muñecos y objetos que
sirven para descubrir, entender y modificar aspectos de los vínculos de las personas.
[14] En Brasil, la hormiga representa un insecto al cual le gusta mucho el dulce, especialmente el azúcar. Personas a
quien les gusta el dulce se dice que son como “hormigas”.
http://www.gloryofzion.org
	Prefacio ...
	La Metáfora del Trauma: Recuerden a la Mujer de Lot...
	El trauma y sus consecuencias...
	EMDR – Eye Movement Dessensitization and Reprocessing...
	EMDR – Eye Movement Dessensitization and Reprocessing...
	Play of Life y EMDR:Negociando la inter-relación de la Pandilla Interna...
	Play of Life y EMDR:Negociando la inter-relación de la Pandilla Interna...
	La Sesión de Mariana: Habla la Pandilla Interna...
	Conclusiones ...
	Sobre este libro...Acerca de la Autora ...80
	Formación e Información...