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Índice
Portada
Dedicatoria
1. Antes de empezar
2. Desde pequeños ¿podemos verlos?
3. Un breve apunte sobre las ECM
4. Los seres extradimensionales nos dan la respuesta
5. ¿Dioses o seres extradimensionales?
6. Evidencias dispersas
7. La parálisis del sueño y los visitantes de dormitorio
8. La gente sombra
9. Slenderman, ¿un tulpa?
10. Cómo defenderse de fantasmas, gente sombra y otras apariciones
11. Para finalizar
Fuentes
El autor
Notas
Créditos
file:///tmp/calibre_5.12.0_tmp_dr5o9e7w/i4eczt2o_pdf_out/OPS/portada.htm
Para Encarni, mi hermana,
porque tú me animaste a
hacerlo, y por estar siempre ahí.
Y para Dunia, mi mujer, por
acompañarme, aguantarme y
apoyarme en este camino.
1. ANTES DE EMPEZAR
Siempre me he considerado un curioso de los temas del misterio. Durante
más de veinte años he recibido clases magistrales de los mejores maestros
que cabe imaginar, a razón de un mínimo de dos horas semanales; expertos
como Jiménez del Oso, Miguel Blanco, Bruno Cardeñosa, Miguel Pedrero,
Iker Jiménez, Santiago Camacho, Josep Guijarro, Juan José Revenga,
Manuel Carballal, Lorenzo Fernández Bueno, y otros tantos que me dejaré,
no ya en el tintero, porque a estas alturas nadie los usa, pero sí en ese lugar
endiablado del que salen los bits, que en mi supina ignorancia desconozco.
Con semejante poso de sabiduría en mi subconsciente, no es de
extrañar que en un determinado momento de la vida me lanzara a hacer mis
pinitos con viajes e investigaciones en los que traté de contrastar de primera
mano qué había de cierto en todo lo que me habían contado.
Todas esas experiencias cristalizaron en un libro, el primero (y hasta el
día de hoy el único) que había escrito sobre temas del misterio.
Había escuchado contar a muchos de estos grandes investigadores
cómo, cuando uno entraba en sintonía con el misterio, cuando buceaba en él
con pasión y veracidad, este te iba dejando señales en el camino.
Una de esas extrañas sincronicidades a las que puso nombre Jung me
ocurrió días antes de publicar ese primer libro sobre estos temas, Lo poco
que sé del misterio.
Era de noche, y me hallaba en el dintel de la puerta de mi dormitorio,
conversando con mi pareja, que estaba recostada en la cama, en el otro
extremo del cuarto.
Conversábamos sobre algo intrascendente que ahora no recuerdo. Esa
habitación, como tantas otras en el mundo, dispone de tres interruptores
para la luz, uno a cada lado de la cama y otro justo en la puerta, junto al que
me encontraba yo. Son interruptores de plástico, ordinarios, como los de
cualquier casa, pero con una característica peculiar. Son un poco duros. Por
eso, para pulsarlos hay que aplicar algo de fuerza, y al activarse hacen un
«clonc» muy característico y bastante audible.
Pues bien, uno de ellos hizo el «clonc», y se fue la luz.
—Se ha apagado la luz —me comentó ella, incrédula y con la voz algo
temblorosa.
—Sí, ¿y? —respondí haciéndome el impertérrito, para quitarle hierro
al asunto, antes de pulsar el interruptor que tenía a mi vera.
La luz volvió a la estancia, indicándonos que no se trataba de un corte
general o de que hubiera saltado el diferencial por sobrecarga.
Pero eso ya lo sabíamos.
Lo sabíamos porque habíamos oído que el «clonc» provenía
directamente del interruptor del lado de la cama en que estaba mi pareja.
La extrañeza comenzó a flotar en el ambiente.
Con gran apuro tratamos de encontrar una explicación lógica. Moví el
cabecero e hice vibrar la cama, para ver si la vibración se podía haber
transmitido al muelle del interruptor, pero no se activó. Y ganas le puse.
Pensamos que quizá una cucaracha forzuda, que nunca antes había
hecho su aparición en los cuatro años que llevábamos viviendo en el piso,
lo había activado desde dentro.
Tampoco colaba.
Nos decantamos entonces por tratar de elaborar complejas
combinaciones físicas de fuerzas potenciales acumuladas por quién sabe
qué proceso, pero como ninguno de los dos somos físicos, seguía sin sonar
convincente.
Finalmente, nos rendimos ante la evidencia. No teníamos explicación
para lo que había pasado.
Ante la pregunta de ella «Y ahora ¿qué?», mi respuesta fue:
—Y ahora nada. Solo es una luz que se ha apagado, no le des más
importancia, que ya sabes que a estas cosas cuanto menos caso les hagas,
menos fuerza cogen.
Y me eché a dormir.
Publiqué el libro, y fue toda una experiencia. Gracias a él conocí a
gente que admiraba, como a Lorenzo Fernández Bueno, a Laura Falcó, a la
que aprovecho desde estas líneas para agradecerle la oportunidad que me ha
dado con este libro, o a Miguel Blanco, que incluso me invitó a participar
en su programa.
Sin duda, interpreté esa señal junguiana como una palmadita en la
espalda que me daba el misterio por haberme adentrado en su senda.
Y con esa sensación continúo mientras escribo las primeras líneas de
este libro, porque eso es lo maravilloso que tiene el misterio, que hace que
la vida resulte más interesante y exótica.
¿No sería insulso conocer todas las respuestas? ¿No se convertirían
entonces todos los fenómenos de la existencia en meros parámetros
controlables y rutinarios? ¿No se perdería la intriga y el placer de la
búsqueda de lo oculto?
Con ese espíritu, te pido que me acompañes por estas páginas al
encuentro de lo desconocido.
No te extrañes, querido lector, querida lectora, si en mitad de mis
disertaciones se cuela algún exabrupto o comentario irónico en exceso.
Aunque pueda parecer una excentricidad, soy de la opinión de que,
para convertir lo sobrenatural en algo natural y cotidiano, sacándolo del
armario de los tabúes y los cuentos de vieja, precisamente esa es la clave,
tratar estos asuntos con naturalidad. Por eso considero que estos temas es
mejor desdramatizarlos y, por qué no, tratarlos en un tono desenfadado, en
la medida de lo posible, para que resulten más amenos.
Además, no sé a ti, pero a mí los profesores que más huella me dejaron
fueron aquellos que trataban sus materias con gracia y soltura, mientras que
aquellos que intentaban revestirse de importancia usando un lenguaje
academicista y afectado pasaron directamente a la papelera de reciclaje de
mi subconsciente.
Y con ello no quiero decir que esté yo en posición de darte lección
alguna, la providencia me libre, pero sí espero que el espacio que
compartamos en estas páginas sea relajado para los aprensivos, divertido
para los escépticos e interesante para los aficionados a estos temas, y solo
se me ocurre una forma de lograrlo: disipando la tensión del ambiente de
vez en cuando con algo de sano humor.
Espero que no te importe que me tome esta licencia.
Porque, créeme, algunos de los lugares, las criaturas y los testimonios
que conoceremos nos harán pasar algún que otro momento inquietante.
Pero, tal como te contaba antes, en mi aproximación al misterio
siempre intento, en la medida de lo posible, contrastar por mí mismo qué
hay de verdad o hasta dónde puedo experimentar yo el fenómeno.
Mi aproximación a estos temas es, por lo tanto, no científica, porque
nadie puede aproximarse a ellos desde un punto de vista científico, y quien
diga que lo hace miente, sino filosófica.
Me explico.
Por desgracia, la ciencia, para investigar estos temas, se queda corta.
No se puede aplicar el sistema de revisión por pares, porque estos
fenómenos no se dejan domeñar, no son reproducibles en un laboratorio, no
son predecibles.
Son indómitos e impredecibles. Son ellos quienes ponen las normas y
suceden de forma espontánea cuando lo estiman oportuno, y no cuando el
experimentador quiere.
Es imposible, además, investigar estos temas de forma científica para
una sola persona, pues son tantas las áreas del conocimiento que
normalmente se ven implicadas en ellos, que se necesitaría un equipo
multidisciplinar con su aparataje correspondiente para poder hacerlo.
Por eso digo que mi aproximación en estas páginas será filosófica,
tratando de guiarme por los conocimientos científicos cuando sea posible, y
cuando no lo sea, tratando de aplicar el juicio crítico y la lógica, y en última
instancia, laintuición.
Y teniendo siempre en cuenta que las apariencias son traicioneras, y
que «no es misterio todo lo que reluce». Para dar fe de ello te cuento dos
casos en los que, si las personas implicadas se hubieran dejado llevar por la
credulidad sin juicio crítico, o por el pensamiento mágico, habrían tomado a
alguna de las entidades de las que hablaremos en el libro como causa de los
hechos.
El primer caso lo refirió una persona que había estado trabajando como
teleoperador en el 061, el teléfono de emergencias.
Era habitual que la misma mujer llamara para pedir ayuda, porque
decía que oía voces de niños en su casa, cuando en realidad vivía sola.
Las llamadas de esta mujer se convirtieron en algo frecuente, y
siempre con la misma terrorífica petición de ayuda: «Oigo niños que
corretean por mi casa y ríen».
La lógica hacía que quien me refirió la historia y sus compañeros
toleraran las llamadas de la mujer con gran paciencia, presuponiendo que
tendría algún problema mental o que simplemente era una persona mayor
que se sentía sola y que no sabía con qué excusa llamar para conversar con
alguien.
Cuando la señora se ponía muy insistente, le decían que lo denunciara
a la policía, pues esa era la única ayuda que le podían dar.
Pues bien, un día, tras acceder a la petición de la señora y conectarla
con la policía local, estos se volvieron a poner en contacto con el operador
que me contó la historia. Habían entrado en la casa en pleno día, para que la
mujer se calmara, y tras efectuar un registro rutinario habían encontrado a
varios niños ocultos debajo de la cama.
Al parecer los niños se colaban por una ventana rota en la enorme y
vieja casa de pueblo, y se entretenían con el «subidón» de adrenalina que
les daba allanar la casa de la vieja.
La segunda historia que nos demuestra que tenemos que poner en
cuarentena los hechos, hasta comprobar que las causas naturales no son la
explicación para el fenómeno, ocurrió en Jaén.
Una pareja de amigos míos acababa de alquilar una casa antigua a muy
buen precio. Era espaciosa, el alquiler barato y estaba en pleno centro. Una
de esas gangas que hacen sospechar que estamos ante el principio de una
historia de terror. Llevaba muchos años cerrada y contenía enseres de
anteriores ocupantes, lo que le confería un aspecto lóbrego.
Durante los días que estuvieron habilitándola mediante labores de
limpieza para ser ocupada de nuevo, en un par de ocasiones, la luz se apagó.
Era extraño. Los cables parecían estar bien, así como las bombillas.
Sin embargo, el fenómeno se repetía. De vez en cuando la luz se
apagaba y encendía a voluntad.
A pesar de que el fenómeno empezaba a inquietarles, y de que el chico
había revisado la instalación de la casa, decidió, en última instancia, llamar
a un amigo electricista.
Este comprobó que la instalación de la casa estaba en perfecto estado,
pero el cuadro general estaba fuera de la casa, en la fachada.
Al abrirlo descubrieron que había un cable en mal estado y un nido de
cucarachas. A veces, las cucarachas se movían haciendo que el cable en mal
estado dejara de hacer contacto. Una causa mucho más terrenal de lo que
ellos pensaban.
Por eso, a lo largo de estas páginas intentaré mantener el enfoque antes
mencionado.
Aunque lo más importante no es el enfoque que yo adopte, sino que tú
apliques el juicio crítico y extraigas tus propias conclusiones.
No sé si coincidirán con las mías, pero espero que disfrutes y aprendas
algo por el camino.
R. R. LÓPEZ
2. DESDE PEQUEÑOS
¿PODEMOS VERLOS?
Antes de comenzar con el catálogo de supuestos visitantes de otros planos y
de cómo estos interactúan con nosotros, me gustaría abordar una cuestión
clave: nuestra capacidad para percibir estos fenómenos.
¿Todo el mundo puede tener este tipo de experiencias? ¿Estamos todos
dotados de ese sexto sentido que nos permite ver más allá del velo?
A priori podría pensarse que solo unos cuantos dotados pueden, pero
¿y si te dijera que, en principio, todos tenemos estas facultades? ¿Me
creerías?
¿Y si te dijera que, muy probablemente, de pequeño tú también los
viste?
Sigue leyendo y verás que quizá esta premisa no sea tan descabellada.
Un fenómeno aparentemente normal
No es infrecuente que los niños pequeños tengan amigos imaginarios o,
antes, cuando todavía son bebés, se queden mirando hacia sitios en los que
no hay nada, como si estuvieran viendo algo o a alguien.
Todo el que haya tenido niños pequeños en su familia habrá vivido
experiencias similares.
Un amigo mío, que es padre primerizo, me contaba hace poco cómo su
hijo, que apenas pasa del año, se queda a veces mirando a un lugar concreto
de la habitación y saluda con la manita.
Él sabe perfectamente que es un gesto que solo hace cuando ve a
alguien, pues todavía es tan pequeño (empezó a andar hace unos meses y
aún no habla), que no tiene conocimiento para inventar ningún tipo de
historia. Tan solo responde a los estímulos que percibe del medio con las
respuestas que le han enseñado para cada estímulo específico.
Yo mismo tengo un sobrino que, de pequeño, se plantaba en mitad del
pasillo señalando a la oscuridad y comenzaba a gritar: «¡Monono pital,
malo, vete! ¡Fuera!», con el consiguiente encogimiento de esfínter de todos
los adultos presentes.
Los amigos imaginarios, ¿lo son realmente?
Al parecer, sus padres afirmaban que lo que quería decir con «monono
pital» era «mono espacial», pues había una imagen de un mono astronauta
que le gustaba mucho.
Por supuesto, una vez el niño ha crecido ya no recuerda nada, por lo
que la anécdota queda perdida en ese espacio desconocido que es la mente
de los niños pequeños.
Este trance tan común durante la infancia no sería digno de ser
incluido en un libro de estas características si no fuera porque, a veces,
estos episodios vienen acompañados de sucesos inquietantes que nos
podrían hacer pensar que sí hay un misterio digno de ser estudiado.
Y es que, a veces, los niños reciben a visitantes extraños e inesperados.
Para demostrártelo, lector, aportaré dos casos.
La historia de Leonor
El primero es el de un conocido, al que nombraré por la inicial de su
nombre de pila, A., para salvaguardar su intimidad. Este hombre, que estaba
casado y tenía una hija, se divorció. Comenzó el tiempo de la custodia
compartida. Bien es cierto que él siempre había tenido experiencias
inquietantes en su piso, que no vienen al caso, pero a partir del divorcio su
hija comenzó a tener una amiga imaginaria. Según ella, incluso tenía un
nombre. Yo la llamaré Leonor.
Él sospechaba algo así, porque veía a la niña hablando sola mientras
jugaba, pero la forma en que el padre conoció el fenómeno fue un tanto
escalofriante.
Un día, cuando terminaba su turno de custodia, antes de irse con su
madre, la niña tuvo el detalle de decirle al padre:
—Papá, me voy, pero sé que vas a estar bien, porque Leonor se queda
aquí para cuidarte.
Al hombre la idea no le hizo mucha gracia, pero no le dio más
importancia.
Con el tiempo, incluso hablaron con un sicólogo que les dijo que era
normal. Se trataba de un mecanismo sicológico que había desarrollado la
chiquilla para lidiar con el trauma de la separación de sus padres.
Sin embargo, pasaría algo que le haría dudar de la normalidad de este
fenómeno. A. se había dado cuenta de que su perro se comportaba de
manera extraña cuando su hija estaba en casa. Gruñía a la nada o huía
asustado sin motivo aparente.
Un día el protagonista de nuestra historia tenía prisa porque habían
quedado, y la niña todavía no se había vestido. Estaba jugando en el salón y
no le hacía caso.
El padre la apremió porque no quería llegar tarde y, para que la niña le
hiciera caso, se le ocurrió una estratagema. Le dijo que fuera a su cuarto,
que la estaba esperando Leonor.
La niña fue al cuarto y, con total naturalidad, le recriminó:
—Papá, no seas mentiroso. Leonor estaba conmigo. Se ha quedado en
el salón y está haciendo rabiar al perro.
En ese momento en el salón se oyó un gañido del perro, que acto
seguido pasó corriendo por delante de la puertadel cuarto como alma que
lleva el diablo, con el rabo entre las patas.
Una historia de familia bastante inquietante
El segundo caso es aún más impactante. Me lo contó una familiar.
Esta mujer vivió con su madre hasta que esta murió.
Como la casa era muy grande, la dividió en dos mitades, una para ella
y otra para su hija.
La protagonista de la historia, como comento, tenía una hija y un hijo,
ambos adultos. El varón tenía, a su vez, dos hijos, un niño y una niña, la
mayor, a los que la abuela cuidaba muchas tardes.
Una de esas tardes, estando ella a solas con su nieto en la casa, el niño
se quedó mirando por la puerta del salón hacia el patio de luz, y le comentó:
—Abuela, una mujer ha entrado en el patio.
Algo alarmada, pero sabiendo que aquello era imposible, la señora se
asomó al patio. Como había supuesto, no había nadie.
Otro día en que se hallaba de nuevo con los nietos y no sabía con qué
entretenerlos, decidió enseñarles fotos antiguas.
Los niños estaban embelesados buceando en el pasado y viendo a sus
padres y abuelos de jóvenes, cuando llegaron a una foto de la madre de la
protagonista.
—Esta —les dijo ella señalándola con nostalgia— es la bisabuela, que
murió antes de que vosotros nacierais.
—Abuela —comentó el niño—, esta es la mujer que vi el otro día
entrando en el patio.
—Esta mujer —dijo ahora su nieta— vino a verme a mi habitación
cuando estuve malita con fiebre.
Te puedes imaginar el frío helador que le recorrió la espalda en ese
instante. El mismo que sentí yo el día que me contaron la historia.
¿Cómo funciona la mente del niño?
Para continuar examinando este fenómeno, veamos qué nos dice la ciencia.
El pensamiento del niño se desarrolla en diferentes etapas.
Las dos que nos interesan para estudiar este fenómeno son la del
pensamiento preoperacional, que se da entre los dos y los siete años, y la
del pensamiento de operaciones concretas, que va de los seis a los doce
años.
En la primera etapa, la del pensamiento preoperacional, aparece la
función simbólica, es decir, el niño ya es capaz de representar la realidad
mediante símbolos, y su pensamiento puede retroceder y avanzar en el
tiempo, pero es todavía rudimentario.
En la segunda etapa, la del pensamiento de operaciones concretas, el
niño va adquiriendo mayores nociones, y su pensamiento se convierte en
lógico, y este es un hecho clave en todo este asunto, como te explicaré más
adelante. En esta etapa comienza el razonamiento, y los pensamientos dejan
de ser intuitivos y se basan en dicho razonamiento. Se aplica la lógica y se
comienza a pensar en lo posible.
Vemos, por lo tanto, que en la primera etapa el niño todavía no razona
y su pensamiento es intuitivo, lo que indica una mayor actividad del
hemisferio derecho del cerebro, que se asocia con la intuición, las
capacidades artísticas, los sentimientos y, sí, con la percepción
extrasensorial.
En la siguiente etapa, al predominar el pensamiento lógico, el
aprendizaje del lenguaje, es el hemisferio izquierdo, asociado a la lógica y
al lenguaje verbal, el que está más activo.
Pero sigamos viendo qué más nos dice la ciencia sobre el fenómeno.
Hechos y anécdotas como los que te refería al principio del capítulo
son explicados por la ciencia mediante un fenómeno sicológico: el
eidetismo.
Tomás de Andrés Tripero, en su artículo «Eidetismo: los niños y los
preadolescentes, en ocasiones, ven fantasmas», nos lo explica así:
La imaginería eidética consiste en la posibilidad de «volver a
ver» con absoluta claridad sensorial y con una gran sensación de
realidad, escenas, fenómenos u objetos que anteriormente fueron
percibidos, durante algún tiempo; poseen una gran calidad
pictórica, incluso más rica que otras imágenes propias de la
memoria. Esta situación se da raramente en los adultos pero suele
ser relativamente frecuente en la infancia, a los cuatro años en
más de un 60 %, aunque si el niño es muy pequeño la fiabilidad
del testimonio es dudosa.
Suele ser bastante normal que los pequeños, desde una edad
bastante temprana, tengan tendencia a vivir con intensidad los
acontecimientos propios de su imaginación de una forma
altamente representativa. Y, como son incapaces de controlar esa
imaginación mágica, la situación suele venir acompañada de
reacciones de angustia, miedo y ansiedad, ya que el niño cree en
la apariencia de realidad de tales representaciones.
A veces la imagen mental sirve como símbolo personal, tal es
el caso de los «amigos imaginarios» que forman parte también de
estas creaciones eidéticas en la infancia, pero en este caso el
compañero suele ser un alter ego aliado y amigable, en otros
casos puede evocar un sustituto protector de la figura paterna.
A veces se puede proyectar sobre un juguete —un muñeco de
peluche— con el que se establece una comunicación, o
simplemente sobre un fantasma que «habla» moviendo los dedos
de la mano como si fueran labios.
[...]
Los amigos nacidos de una imagen mental suelen aparecer en
la vida entre los cuatro y los cinco años, pero en algunos casos
pueden acompañarles más tiempo. A veces se trata de un
personaje que representa un papel compensador, incluso, de las
incertidumbres y temores infantiles.
Pero también puede ser una característica típica de los estados
de conciencia alterados en la prepubertad (entre los diez y los
catorce años), edades en las que hasta más de un 40  % de los
sujetos se manifiestan eidéticos.
Debido a este fenómeno los preadolescentes pueden revivir con
una visión muy realista secuencias cinematográficas de alto
contenido estresante o terrorífico.
Aunque esta explicación encaja bastante con el fenómeno, quedan
ciertos cabos sueltos, como, por ejemplo, cómo podían los nietos de mi
familiar identificar a la mujer a partir de la fotografía de su bisabuela, pero
un siquiatra supongo que lo atribuiría a una fabulación de esa «imaginación
mágica».
Podría ser, pero ¿cómo se explicaría en el testimonio de «Leonor» que
el perro fuera atacado por algo, cuando la niña estaba en otra habitación con
el padre? ¿Será la «imaginación mágica» del perro?
¿Los perros tienen de eso?
Habría que preguntarle a un etólogo, pero me da que va ser que no...
Atando cabos o, más bien, «cortándolos»
Recapitulando, tenemos una primera etapa del pensamiento infantil que
coincide con la edad a la que los niños experimentan estos fenómenos, que
está regida por el pensamiento intuitivo, el hemisferio derecho del cerebro y
el lenguaje simbólico.
Es decir, el niño todavía no sabe distinguir lo que es real de lo que no,
o más bien, lo que la lógica dice que es real…
Si le damos la vuelta a la cuestión, podemos plantearnos la siguiente
pregunta: ¿y si es al contrario, y todos nacemos con estas capacidades, pero
las perdemos en cuanto comenzamos a poner filtros a nuestra percepción de
la realidad mediante el pensamiento racional y la lógica, y aprendemos a
rechazar determinadas percepciones condicionados por nuestra educación y
nuestro entorno?
Junto al desarrollo cognitivo, en estas primeras etapas de la vida el
cerebro sufre, obviamente, un desarrollo neurológico que también tiene sus
fases.
En este proceso de desarrollo neurológico existe un fenómeno
fascinante, la poda sináptica, que podría explicar por qué la mayoría de los
niños pierden en la segunda etapa de su desarrollo cognitivo (la del
pensamiento de operaciones concretas) estas supuestas capacidades
extrasensoriales para ver a entidades, bien sean estas del más allá o de otras
dimensiones.
La poda sináptica es un proceso por el cual el cerebro elimina las
conexiones neuronales que menos se utilizan para reforzar las que se usan
con más frecuencia.
Al parecer hay dos grandes podas sinápticas, una se da en la niñez y
otra en la adolescencia, que es en la que nos quedamos ya tontos del todo.
Bueno, en realidad con esa no nos quedamos tontos (solo algunos),
pero venía «a huevo» para hacer el chiste.
El cerebro del niño, en sus primeros años de desarrollo, crea trillones
de conexiones neuronales, hasta el punto de que se dice que está
sobrecargado.Esta es la etapa en la que el niño lo absorbe todo como una esponja.
En ese punto de la niñez el cerebro infantil tiene un potencial de aprendizaje
muy superior al del cerebro adulto.
Baste observar, por ejemplo, que el niño tiene la potencialidad de
aprender cualquier idioma tan solo escuchando hablar. En esta etapa los
niños de padres bilingües pueden aprender dos idiomas a la vez tan solo con
oír hablar a sus padres, cosa que para un adulto sería imposible, hecho bien
conocido por las academias de idiomas.
Lo curioso es que la ciencia aún no tiene claro si la poda sináptica es
un proceso normal o si en realidad se trata de una pérdida debida a la falta
de ejercitación de esas conexiones que se podría evitar mediante el
entrenamiento del cerebro y que, de ser evitada, incrementaría nuestra
inteligencia y capacidad cerebral, dotándonos de, y cito textualmente el
artículo de Félix Caballero García «La poda sináptica en el cerebro
humano», «[...] posibilidades con las que no podríamos ni soñar, algunos
científicos dicen que si entrenamos el cerebro desde pequeños podemos
tener más capacidades que otros humanos».
Por lo tanto, vemos que, en esta categoría de capacidades que se
pierden con la poda sináptica, la percepción extrasensorial encajaría
bastante bien.
De hecho se piensa que las grandes mentes de la humanidad podrían
haber carecido de dicho proceso de poda sináptica o haberlo sufrido en
menor grado, motivo por el que sus cerebros, al estar más desarrollados y
tener mayor número de neuronas y de conexiones neuronales, serían
extraordinarios.
Se sabe, por ejemplo, que la neurocientífica Marian Diamond analizó
muestras de distintas partes del cerebro de Albert Einstein y encontró que
había un número significativamente mayor de células en la región parietal,
comparado con los cerebros de varones normales.
Esta hipótesis se refuerza si, además, tenemos en cuenta que el criterio
del cerebro para ver qué conexiones se pierden se basa en el proceso de
educación del niño, puesto que se adapta a los estímulos ambientales que
recibe.
Se puede apreciar, por lo tanto, que las conexiones neuronales que
conserva el cerebro son las que se usan con frecuencia, y dentro de estas,
las que han sido potenciadas por el proceso educativo y los estímulos
ambientales.
En el artículo «¿Por qué la estimulación temprana?», de la web
cosasdelainfancia.com, se nos explica esto con mayor detalle:
Si el ambiente en que vive el niño no brinda las condiciones
óptimas para su desarrollo (nutrición, estimulación sensorial,
salud de la madre, apego madre/hijo, etc.) no se reforzarán ni la
cantidad ni el tipo de vías neuronales adecuadas, y por ende, la
poda neuronal será mayor y más perjudicial para el desarrollo
saludable del niño. La carencia de estos estímulos inhibe el
desarrollo de dendritas de las neuronas, dejando secuelas que
posteriormente dificultarán el proceso de aprendizaje. A mejor
ambiente, mayor cantidad y calidad de las vías neuronales
conservadas para el futuro, y menor número y calidad de
neuronas eliminadas.
[...]
La estimulación que se recibe del medio ambiente es la que
condiciona el desarrollo general del cerebro, a partir de los
«circuitos o redes neuronales».
Si tenemos en cuenta, por lo tanto, que en nuestra sociedad no se da
crédito a este tipo de cuestiones, se entiende que el niño no reciba ningún
estímulo para desarrollar estas capacidades extrasensoriales.
En algunos casos incluso serán reprimidas por los padres o por los
profesionales de la salud, que pueden llegar a confundirlas con problemas
mentales del niño si dichas facultades son muy acusadas.
Sobre esta base, parece factible pensar en la posibilidad de que casos
como los que te he contado al principio del capítulo tengan un sustrato real,
y que la mayoría traigamos «de serie» esta capacidad para ver el más allá, o
lo que sea que ven los niños, pero que la educación que recibimos, basada
en el pensamiento lógico y racional, y las carencias de estímulo de las
mismas acaben condenándolas a ser víctimas de la poda neuronal.
Sin embargo, habrá circunstancias que, ya en la adultez, faciliten el
contacto con esas criaturas que moran más allá de nuestras cuatro
dimensiones (anchura, altura, profundidad y tiempo), como veremos en los
capítulos siguientes.
3. UN BREVE APUNTE SOBRE LAS ECM
En mi anterior libro, Lo poco que sé del misterio, te hablaba de este
fenómeno, las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), y de la curiosa
similitud de los testimonios de personas que las habían sufrido con una
serie de cuadros de El Bosco, concretamente una pieza constituida por un
cuadrante formado por tablas o paneles llamados: El paraíso terrenal, La
caída de los condenados, El infierno y Subida al empíreo.
Este conjunto pictórico refleja la concepción del más allá de acuerdo
con la tradición teológica judeocristiana, describiendo el transitar del alma
hacia otra dimensión, después de la muerte.
De alguna forma da la sensación de que El Bosco había sufrido en sus
propias carnes una ECM o que alguna persona que la había experimentado le
había contado su testimonio.
No voy a profundizar en el tema en este capítulo, pues poco puedo
aportar a lo ya dicho por grandes expertos como el siquiatra forense
Raymond Moody o nuestro compatriota el doctor José Miguel Gaona.
Pero sí quiero tocar brevemente el tema, porque en el último año ha
ocurrido algo sorprendente al respecto.
Podríamos estar hablando del primer fenómeno «paranormal» de cuya
existencia hay evidencias científicas.
También te contaba en el libro un testimonio de una de estas ECM que
fue percibida como demoníaca por la persona que la experimentó, y mi
hipótesis de que este tipo de experiencias tan traumáticas podrían deberse a
la presencia de entidades parasitarias del bajo astral, a las que conoceremos
más adelante, que consiguen de alguna forma captar la conciencia de los
afectados y atraerla a dimensiones de baja vibración para causarles esas
experiencias tan acongojantes, pues estos entes se alimentan, al parecer, de
la energía mental que emitimos cuando experimentamos emociones
negativas como el miedo, la ira o la pena.
En el testimonio que ofrecía la testigo, al estar a punto de morir por
una dolencia muy grave era arrastrada a un lugar sombrío en el que solo
veía siluetas de lo que parecían ser personas que le transmitían sentimientos
de ira y agresividad hacia ella, causándole un miedo y una aversión
terribles.
Este dato, el de las siluetas que parecían personas, será clave en
capítulos posteriores para entender la vinculación de fenómenos como este
con los seres extradimensionales que te presentaré en breve.
Por eso es importante hablar puntualmente de ello, puesto que, al
parecer, las ECM son una de esas situaciones que puede permitirnos volver
a entrar en contacto con esas otras dimensiones a las que podíamos acceder
de niños.
Pero antes, por si lo desconocías, haré una rápida introducción para
que entiendas el alcance de este descubrimiento científico.
¿Qué son las ECM?
Son experiencias en las que una persona que está a punto de morir por una
enfermedad o un trauma físico grave, y que está inconsciente o en coma, se
ve a sí misma fuera de su cuerpo, puede oír las conversaciones a su
alrededor, y normalmente tras esto asciende a una especie de túnel de luz, al
final del cual hay familiares o amigos difuntos, que lo instan a que regrese a
la vida, porque aún no es su momento.
Esta vivencia suele ir acompañada de una sensación de plenitud y paz.
Cuando regresan pueden contar con pelos y señales los detalles que
han visto desde fuera de su cuerpo y las conversaciones de la gente que
había a su alrededor.
De acuerdo con las estadísticas, solo entre un 10 y un 20 % de las
personas experimentan este proceso.
La ciencia achaca estas vivencias a la falta de oxígeno en el cerebro,
que desencadena una serie de procesos neurológicos que originarían estas
«alucinaciones».
Sin embargo, hay estudiosos del tema, como el Dr. Pim van Lommel,
que afirman que personasa las que se estaba monitorizando, y que
mostraban un encefalograma plano, que es indicativo de que no hay
actividad cerebral, han experimentado ECM.
Para aclarar toda esta controversia, y con el fin de tratar de objetivar
las investigaciones sobre el fenómeno, el Dr. Sam Parnia desarrolló el
proyecto Aware (acrónimo que en inglés forma una palabra que significa
‘ser consciente’).
Los resultados del proyecto Aware
Cuando escribí mi anterior libro, la fase de experimentación de este
proyecto había terminado, y estaba en la etapa de confirmación de los
resultados.
Pues bien, el proceso de revisión por pares del experimento, requisito
del método científico para que cualquier experimento sea validado ante la
comunidad científica y sus conclusiones puedan ser publicadas en revistas
científicas, ha terminado y sus resultados han sido publicados.
Lo que más me sorprende es que, durante los años que duró la fase de
la experimentación, este proyecto era mencionado en muchos programas de
misterio, pero ahora que se tienen los resultados apenas se ha hecho
mención a los mismos.
Y esto sí que es un misterio, porque dichos resultados han arrojado
conclusiones sorprendentes que por fin supondrían la confirmación a nivel
científico de la existencia de un más allá.
Pero antes, permíteme que te cuente en qué consistió el proyecto
Aware.
Aware (Awareness during Resuscitation) ha consistido en un estudio
intensivo de tres años sobre las experiencias fuera del cuerpo en el que han
colaborado veinticinco centros médicos de Estados Unidos, Canadá y
Europa.
Se han estudiado 1500 casos de supervivientes a ataques cardíacos.
Para ello, entre otras cosas, en las salas de reanimación y los
quirófanos de urgencia de diversos hospitales del mundo se colocaron
objetos e imágenes en lo alto del mobiliario, de forma que tan solo se
pudieran ver desde el techo.
Por supuesto los enfermos no tenían ni idea de ello ni podían saber qué
objetos se habían colocado.
Luego, mediante entrevistas a los sujetos que afirmaron haber
experimentado ECM, se contrastó si de verdad habían visto estos objetos.
Los resultados del estudio pueden consultarse en la web
www.horizonresearch.org.
La revisión del estudio por pares ha finalizado, y ha sido publicado en
Resucitation, la revista médica oficial del Consejo Europeo de
Resucitación.
A continuación te traduzco las conclusiones sobre el estudio de la
Universidad de Southampton.
El estudio concluye lo siguiente:
http://www.horizonresearch.org/
Los temas relativos a la experiencia de la muerte parecen abarcar
más de lo que ha sido comprendido hasta ahora, o lo que ha sido
descrito como ECM.
En algunos casos de ataque cardíaco, los recuerdos de
conciencia visual compatibles con las llamadas experiencias
extracorporales pueden corresponderse con hechos reales.
Un porcentaje más alto de personas pueden haber tenido
experiencias de muerte lúcida, pero no lo recuerdan después
debido a los efectos del daño cerebral o el efecto de los sedantes
en los circuitos de memoria.
Los términos científicamente imprecisos ampliamente usados
aún, tales como ECM o experiencias extracorporales, pueden ser
insuficientes para describir la experiencia real de la muerte.
Estudios futuros deberán centrarse en el ataque cardíaco, que es
biológicamente equivalente a la muerte, más que en los estados
médicos de enfermedades a los que a veces se hace referencia
como «cercanos a la muerte».
[…]
Un 39 % de los pacientes que sobrevivieron al ataque cardíaco
y que estaban en condiciones de participar en entrevistas
estructuradas describían una percepción de conciencia, pero no
tenían ningún recuerdo explícito de los hechos.
Entre los que informaron de una percepción de conciencia y
completaron las entrevistas, el 46  % experimentaron un amplio
rango de recuerdos relacionados con la muerte que no fueron
compatibles con el término comúnmente usado para las ecm.
Estos incluyen experiencias persecutorias atemorizantes. Solo un
9 % tuvo experiencias compatibles con las ECM y el 2 % mostró
plena conciencia compatible con experiencias extracorporales con
recuerdos explícitos de «ver» y «oír» acontecimientos.
Un caso fue validado y medido usando estímulo auditivo
durante el ataque cardíaco. El Dr. Parnia concluyó: «Esto es
significativo, dado que a menudo se ha asumido que las
experiencias relacionadas con la muerte son alucinaciones o
ilusiones, que ocurren incluso antes de la detención del corazón o
después de que el corazón haya sido reanimado con éxito, pero no
una experiencia correspondiente a hechos reales cuando el
corazón no estaba latiendo. En este caso, la consciencia parece
ocurrir durante el período de tres minutos durante el cual no había
latido. Es paradójico, puesto que el cerebro deja de funcionar
entre veinte y treinta segundos después de que se pare el corazón
y la actividad cerebral no vuelve hasta que el corazón ha sido
reanimado. Por otra parte, los recuerdos detallados de la
percepción visual en este caso fueron consistentes con eventos
verificados».
Por lo tanto, si bien no ha sido posible probar absolutamente la
realidad o el significado de las experiencias y menciones de
consciencia de los pacientes debido a la muy baja incidencia (2 %
de recuerdo explícito de consciencia visual o de experiencias
extracorpóreas), también fue imposible descartarlos, y se necesita
más trabajo en esta área. Claramente, la experiencia recordada
que rodea a la muerte merece ahora una investigación genuina
más amplia y sin prejuicios.
Vemos, por lo tanto, que un 2  % de las ECM estudiadas han sido
demostradas científicamente como experiencias objetivas.
Quizá sea este el primer paso que nos abra las puertas hacia el otro
lado.
Parece ser, por lo tanto, que la hipótesis de que la conciencia no radica
en el cerebro tiene visos de ser cierta. Esto explicaría las experiencias
extracorpóreas como las propias ECM o los viajes astrales. Durante ambas,
si hacemos caso a las tradiciones esotéricas y a los testimonios de soñadores
lúcidos, viajeros astrales y personas que han experimentado ECM, la
consciencia humana puede acceder a otras dimensiones que están pobladas
por multitud de entidades, de las que pretendo hablarte en este libro.
Hemos visto, por lo tanto, que interactuamos con estas otras realidades
desde las etapas más tempranas de nuestro desarrollo como individuos, pero
déjame que te muestre, en el capítulo siguiente, cómo parece que estas
entidades también han estado presentes en la «infancia» de la humanidad,
determinando el desarrollo de culturas y civilizaciones a través de la
religión y las creencias, o través de las «inspiraciones divinas».
4. LOS SERES EXTRADIMENSIONALES
NOS DAN LA RESPUESTA
Desde antiguo en las artes y otros saberes se ha hablado siempre de la
inspiración divina y de seres como las musas, entidades invisibles que
acuden a inspirar a los artistas.
De alguna forma el inconsciente colectivo ha querido dejar constancia
de que en ciertos estados alterados de conciencia parece ser que estas
criaturas irrumpen en la esfera de lo humano confiriéndonos pequeños
destellos de claridad para permitir que la humanidad avance hacia lo
creativo.
Inspiraciones divinas
Jesús Callejo y Carlos Canales, en su libro Seres y lugares en los que usted
no cree, nos cuentan que el mismísimo Frederick Banting, creador de un
descubrimiento tan importante para la humanidad como ha sido la insulina,
afirmaba que seres angélicos del más allá le habían dado las pautas para
descubrir este maravilloso medicamento.
El propio Sócrates afirmaba tener contacto con un daimón, término
que usaban los griegos para designar a criaturas no humanas que eran
intermediarios entre el mundo de los dioses y el mundo de los hombres, tal
y como narra Platón en su obra Apología de Sócrates.
El libro rojo, de Carl Gustav Jung, uno de los padres de la siquiatría
moderna, nos cuenta los contactos de Jung con Filemón (y me consta que
Jung no leía tebeos de Ibáñez), una entidad espiritual que se le presentaba
bajo la formade un sabio anciano con barba blanca y alas (descrito así
parecería más Mortadelo disfrazado) y que, según siempre el propio Jung,
le había revelado muchos de sus descubrimientos sobre la mente humana,
como el concepto de los arquetipos, por citar un ejemplo.
Sócrates consultaba al daimón, que le aconsejaba en forma de voz
interior, asesorándole sobre si su proceder era correcto o incorrecto, y si
desagradaba o no a los dioses.
Pero hay uno de estos casos que puede resultar clave para entender el
fenómeno al que nos enfrentamos.
De alguna forma parece que ciertas entidades del conjunto que
veremos más adelante quieren hacernos comprender cómo llegar a su
mundo.
Hay otras, por supuesto, que en lugar de hacernos avanzar, según los
expertos, pretenden mantenernos atados a la cárcel del miedo y la materia
para seguir cebándose con nosotros igual que han hecho desde los albores
de la humanidad, como podrás comprobar en los siguientes capítulos.
El caso de Srinivasa Ramanujan
Srinivasa Ramanujan fue uno de los matemáticos más grandes de todos los
tiempos.
Sin duda es un personaje interesantísimo. Era un indio muy pobre que
consiguió ser admitido en Cambridge, lo cual ya es en sí un logro.
Aún no se sabe muy bien cómo pudo hacerlo, pero a lo largo de su
vida, a pesar de las carencias de su formación en matemáticas al no haber
recibido educación universitaria formal en este campo, generó cerca de tres
mil novecientos postulados matemáticos, entre ecuaciones, identidades y
teoremas. Eso es más de lo que muchos matemáticos consiguen en toda su
vida, y él lo consiguió en tan solo unos años.
Pero, a esta historia, ya de por sí extraordinaria, hay que añadir un par
de detalles que te harán entender el porqué de incluir su historia en este
libro.
El primero es que fue el descubridor de la teoría de cuerdas que, como
verás más adelante, puede ser una de las piezas fundamentales para
entender este tipo de fenómenos.
Pero hay otro detalle que siempre se omite: según sus propias palabras,
sus grandes logros matemáticos no fueron en realidad suyos, sino que le
fueron transmitidos por… ¿lo adivinas?
Sí, una entidad que podría calificarse como extradimensional.
Un poco de historia
Ramanujan nació el 22 de diciembre de 1887 en la ciudad de Erode, del
estado de Tamil Nadu, en la India.
Su madre era hija de un brahmán, que estaba preocupado por la
aparente infertilidad de su hija, por lo que no cesaba de rezar a la diosa
Namagiri para que le concediera un nieto.
El padre de Ramanujan era dependiente en una tienda de saris.
Según se cuenta, la víspera del nacimiento de Ramanujan su madre
tuvo una visión en la que se le apareció la diosa hindú Namagiri para
anunciarle que su hijo sería extraordinario.
A la edad de cinco años el pequeño ingresó en la escuela local.
A los doce años ya dominaba la trigonometría, y comenzó a trabajar
por su cuenta en matemáticas, sobre todo en geometría y aritmética.
Ramanujan era autodidacta; tenía una capacidad sorprendente para aprender
matemáticas.
Allí donde cualquier persona necesitaría de un profesor, él elaboraba
conclusiones por intuición.
Con quince años, descubrió un libro publicado en 1856, titulado
Sinopsis de los resultados elementales en matemática pura, gracias al cual
aprendió matemáticas por su cuenta, aunque eran unas matemáticas
bastante básicas y ya algo obsoletas a principios del siglo XX.
Sin embargo, la explicación que el propio Ramanuján daba para sus
extraordinarias capacidades, aunque ignorada por los historiadores oficiales,
era otra bien distinta.
Según él, la diosa Namagiri se le había aparecido para explicarle los
cálculos más difíciles.
A menudo decía que sus teoremas matemáticos eran inspirados
directamente por la diosa Namagiri, durante sus sueños. Algunos de sus
numerosos teoremas han resultado ser en realidad incorrectos. Se
desconocen los métodos mentales empleados por Ramanujan para
desarrollar sus intuiciones matemáticas, la mayoría de las veces correctas.
Ramanujan seguía una estricta vida de brahmán, la casta hindú de más
elevada espiritualidad, con un estricto autocontrol y una frugalidad ascética,
que excluía de su dieta todos los productos animales e incluso muchos
vegetales, como el ajo y la cebolla. Siguió haciéndolo durante toda su vida.
Él afirmaba que hacía sus descubrimientos en sueños en los que se le
aparecían gotas de sangre que simbolizaban a Narasimha, el consorte
masculino de la diosa Namagiri, recibiendo a continuación visiones de
rollos de contenido matemático complejo que se desarrollaban ante sus
ojos.
A pesar de que a los diecisiete años superó los exámenes de
matriculación en la Universidad de Madrás y al hecho de obtener, gracias a
su destreza en matemáticas, obtuvo otra beca, comenzó a estar cada vez
más absorto en las matemáticas, descuidando el resto de las asignaturas,
hasta el punto de no llegar a superar los exámenes del resto de las materias.
Esto conllevó la pérdida de su beca.
Durante los dos años siguientes, al borde de la miseria, continuó sus
investigaciones matemáticas por su cuenta, anotando sus resultados en unos
grandes cuadernos, que se han hecho famosos.
En unos momentos entenderás por qué.
A los veintidós años contrajo matrimonio, concertado por su madre, y
comenzó a trabajar en el puerto de Madrás.
Desesperado por no poder continuar con sus investigaciones,
Ramanujan dio en 1910 un paso audaz, y solicitó una entrevista con el
fundador de la Sociedad Matemática India, a quien impresionó al mostrarle
sus cuadernos. Bajo su recomendación, visitó a Ramachandra Rao, un
hombre culto e inteligente, rico y muy influyente. Posteriormente, el propio
Ramachandra Rao describiría así su primer encuentro con este enigmático
personaje:
Una figura corta y tosca, sin afeitar y no demasiado limpia [...]
entró con un cuaderno deshilachado bajo el brazo. Era
miserablemente pobre. [...] Abrió su libro y comenzó a explicar
sus descubrimientos. [...] Paso a paso, me llevó a las integrales
elípticas y las series hipergeométricas y finalmente a la teoría de
series divergentes todavía no anunciada al mundo. [...] Le
pregunté qué deseaba. Dijo que quería una ayuda de la que vivir
para así poder proseguir sus investigaciones.
Gracias a esta jugada consiguió un estipendio por parte de Rao que le
permitió continuar con sus estudios.
Pasado un tiempo, animado por sus amigos y protectores, Ramanujan
escribió a tres profesores de Cambridge.
Dos de ellos no le respondieron, pero Godfrey Harold Hardy, de
Cambridge, sí lo hizo al ver las fórmulas matemáticas que le había enviado
adjuntas a la carta.
Tal y como explicaría más tarde el propio Hardy:
Pronto resultó obvio que Ramanujan conocía algunos teoremas
mucho más generales y que se los guardaba en la manga. Algunas
de las fórmulas me desconcertaron por completo. Jamás había
visto nada ni remotamente parecido. Un simple vistazo bastaba
para darse cuenta de que habían sido escritos por un matemático
de la más alta categoría. Debían ser ciertas, ya que si no lo eran,
nadie podría haber tenido la imaginación suficiente para
inventarlas.
Hardy también escribió:
Las limitaciones de sus conocimientos eran tan sorprendentes
como su profundidad. Ramanujan resolvía teoremas y ecuaciones
modulares yendo más allá que cualquier matemático del mundo,
encontrando por sí mismo soluciones a problemas jamás
resueltos. Lo increíble es que nunca había oído hablar de una
función periódica o del teorema de Cauchy.
Hardy reconoció que no sabía cómo Ramanujan lo había logrado, que
era una especie de inducción, que nunca había visto nada igual y que era
comparable en genialidad a Euler.
En cierta forma estaba admitiendo, tímidamente, que las capacidades
matemáticas de Ramanujan eran un inexplicable misterio.
Inexplicable si no se le hacía caso al propio Ramanujan, que ya había
contado de dónde procedía la inspiración para sus descubrimientos.
Según Hardy, los métodos de Ramanujan eran tan concisos y
novedosos, y su presentación tan falta de claridad y precisión,que el lector
ordinario, desacostumbrado a semejante gimnasia intelectual, difícilmente
podía seguirle. Nunca fue un matemático ortodoxo.
Ramanujan jamás pudo adaptarse a la vida europea. Durante sus seis
años de estancia en Inglaterra, cometió varios intentos de suicidio y pasó la
mayor parte del tiempo enfermo, complicándosele una úlcera gástrica con la
tuberculosis que acabaría finalmente con su vida.
En 1917 fue admitido en la Royal Society de Londres y en el Trinity
College, con lo que se convirtió en el primer indio que lograba tal honor.
El matemático indio embarcó el 27 de febrero de 1919 rumbo a su
país, al que llegó el 13 de marzo bastante enfermo y deprimido.
Al poco tiempo murió de una amebiasis complicada con la
tuberculosis que ya lo aquejaba.
Sin embargo, en este último periodo de su vida, continuó sus
investigaciones, que anotaba en sus característicos cuadernos de tapas rojas.
Por desgracia, con su muerte dichos conocimientos parecieron haberse
perdido.
Pero esta misteriosa y fabulosa historia no acaba aquí.
Los cuadernos perdidos de Ramanujan
En 1976 aparecieron, en unas cajas de cartón, cuatro cuadernos suyos de los
que no se tenía noticia. Contenían más de cuatro mil fórmulas.
Esto significaba que en su último año de vida Ramanujan hizo casi un
descubrimiento diario. Algunos de ellos han sido fundamentales para
realizar nuevos estudios sobre la teoría de cuerdas. Pero todavía hay
teoremas que no han sido interpretados.
Otros podrían contener el conocimiento para trascender las
singularidades, abrir portales a otras dimensiones y viajar por los
multiversos.
Dicen que parte de los teoremas que descubrió en sus últimos años de
vida desvelan la verdadera cara de dios. El Modelo Estándar explica que la
materia está formada por protones, neutrones y otras partículas, todas ellas,
a su vez, compuestas por otras más pequeñas llamadas quarks, que se unen
mediante el intercambio de pequeños paquetes de energía, llamados
gluones. Sin embargo, el Modelo Estándar es incompleto. No tiene en
cuenta la gravedad, por lo que sirve como una interpretación aproximada de
una realidad mucho más compleja. La teoría de cuerdas, sin embargo,
explica a la vez la esencia de la materia y del espacio-tiempo, al afirmar que
la materia se compone de pequeñas cuerdas vibrantes cuya longitud sería
aproximadamente cien trillones de veces más pequeña que un protón. Cada
modo de vibración representaría una resonancia o partícula diferente.
La función modular de Ramanujan contiene características numéricas
inauditas que constituyen la base de la teoría de cuerdas. Las matemáticas
de Ramanujan son una anomalía científica que parte de conceptos
absolutamente innovadores y originales, como si hubiese logrado saltarse
una serie de pasos intermedios necesarios para sus deducciones que, a la
fuerza, tendrían que haberse descubierto cientos de años más tarde.
¿Y qué implica todo esto?
Podría pensarse, en vista de estos hechos, que hay entidades
extradimensionales que quieren darnos las claves de su mundo.
Quizá coexistimos con criaturas más evolucionadas que viven en otra
dimensión paralela a la nuestra, desde la que nos observan, y a la que
pueden hacer incursiones por tiempo limitado, a causa de algún motivo que
desconocemos, tal vez impedidos por barreras energéticas que solo pueden
burlar temporalmente y que les impiden actuar con plena libertad en nuestra
realidad.
Esto encajaría con algunas de las nuevas teorías sobre las dimensiones
múltiples que nos está proporcionando la física cuántica.
Los físicos cuánticos llevan mucho tiempo intentando desvelar los
secretos sobre la esencia de la materia y el funcionamiento del universo.
Viendo sus resultados, puede pensarse que la realidad en que vivimos solo
es apariencia y que existen universos paralelos. En ellos podría haber
alguna clase de inteligencias que quizá habrían conseguido dominar el
espacio-tiempo, por lo que serían capaces de penetrar en nuestro universo y
manejar la materia a voluntad. Si una de esas inteligencias se presentase
ante una persona, sin duda podría pensar que está ante un dios.
Miguel Pedrero, en su libro El universo no es plano, hace referencia a
una explicación basada en la ciencia que podría ayudarnos a entender esta
cuestión.
Steven Weinberg, premio Nobel de Física, lo explicaba comparando el
universo múltiple con una radio. A nuestro alrededor hay cientos de ondas
de radio distintas, emitidas desde emisoras que operan a kilómetros de
distancia de nosotros. Sin embargo, si encendemos la radio, solo podremos
escuchar una frecuencia cada vez; las demás están en decoherencia. Cada
emisora de radio tiene una energía diferente, una frecuencia diferente. Por
eso solo podemos sintonizar una emisora cada vez. Nosotros, nuestro
cerebro, está «sintonizado» con una frecuencia que corresponde a la
realidad física.
Pero hay un gran número de realidades paralelas que conviven con
nosotros en el espacio que ocupamos ahora mismo, aunque no podamos
«sintonizarlas».
Parece ser que, ya sea sin quererlo o de forma premeditada, en
determinadas ocasiones estas entidades, que como veremos en el capítulo
siguiente, en la Antigüedad eran llamadas dioses, entran en contacto con
nuestra realidad.
5. ¿DIOSES O SERES EXTRADIMENSIONALES?
El doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad
Complutense de Madrid, especialista en Antropología Social y Cultural,
José Luis Cardero López, en su artículo «Dioses oscuros. Una filosofía
oculta de lo sagrado», se refiere a «lo sagrado» con unas elocuentes
palabras con las que me gustaría abrir este capítulo:
Lo sagrado se muestra ante nosotros como una fuerza fiel aunque
extraña, como una presencia que, en sí, quiere despertar menos
temor que reverencia, como un proyecto posible para que en él se
integren algunas vidas. Sin embargo, por detrás de ese telón de
convencionalismos y sentimientos pactados, persiste una oscura
sensación que bien puede bordear orillas de un mar desconocido
en el que residen peligrosas criaturas.
Esta frase, que sería digna del mismísimo H. P. Lovecraft, nos hace ver
que, desde el inicio de la humanidad, el Homo sapiens ha interactuado con
algo que no conoce bien, y que ha tratado de manejar creando las diferentes
religiones que han acompañado a las culturas en su desarrollo a lo largo del
tiempo.
De lo humano y lo divino
La religiosidad parece ser un fenómeno inmanente a las diferentes
civilizaciones que han existido a lo largo de la historia y la prehistoria.
En su origen todas las religiones aparecen como construcciones
mitológicas con las que cada cultura intenta dar explicación a los enormes
misterios que se le plantean al ser humano en cuanto hace gala de su
autoconciencia, y que el grupo Siniestro Total resumió con gran acierto en
su canción «¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos?».
Desde que en el siglo XVIII, rebautizado como el Siglo de las Luces, se
impusiera la razón, parece que estos antiguos dioses han sido reemplazados
por la ciencia.
Sin embargo, en la actualidad, se describen otro tipo de encuentros con
seres que parecen venir de otros planetas o dimensiones, que contactan con
algunos humanos iluminándolos, lo que no puede dejar de recordarnos a los
grandes profetas de la Antigüedad.
¿Han desaparecido los dioses? ¿Los dioses de las distintas religiones
tenían algún tipo de relación entre sí? ¿Existe alguna conexión entre estos
dioses antiguos y los «mitos modernos»?
Aunque en principio pudieran parecer preguntas ilógicas o absurdas, si
sigues leyendo comprobarás que algunos investigadores han intentado
responderlas, han llegado a conclusiones sorprendentes y se han topado una
vez más con… sí, has acertado: los seres extradimensionales.
El verdadero rostro de los «dioses»
Son varios los investigadores que coinciden en que detrás del origen de
muchas religiones se esconde el contacto con seres de otras dimensiones.
La propia existencia de las mismas religiones parece, por lo tanto, una
evidencia más de la existencia deestas entidades desde el principio de los
tiempos.
De acuerdo con esta tesis, los dioses serían entidades físicas
compuestas de materia más sutil que la humana que estaría en estados
vibratorios diferentes a los de la materia ordinaria tal y como la conocemos,
conjetura que encajaría con su pertenencia a otras de esas dimensiones
generadas por la vibración de las «cuerdas» que componen el universo,
según las nuevas teorías físicas que intentan explicar la naturaleza de la
realidad.
Estas criaturas estarían dotadas de capacidades electromagnéticas que
escapan a nuestra comprensión, y que les permiten modificar tanto su
propia materia como la del entorno, pudiendo revelarse ante nuestros
sentidos cuando así lo desean y cuando la configuración energética de
nuestras cuatro dimensiones se lo permite.
A priori, y sin más fundamento, estas afirmaciones podrían resultar
estrafalarias, pero hay investigadores que han analizado la historia de las
religiones humanas con resultados bastante inquietantes.
El dios de la religión judeocristiana
En primer lugar, por afinidad cultural e histórica, podemos revisar las bases
sobre las que se plantea la religión dominante en nuestro entorno
sociocultural.
Si acudimos a fuentes bíblicas, podemos ver en el Antiguo Testamento
en qué consistieron los primeros contactos entre los humanos y las
entidades divinas.
En él se nos cuenta cómo un ser llamado Yahvé se aparece en una nube
desde la que se comunica con las tribus elegidas.
El investigador Salvador Freixedo, que además de exjesuita es experto
en teología, por lo que algo sabrá del tema, en su libro Defendámonos de
los dioses realizó un análisis comparado de las teofanías de diversas
culturas humanas.
Teofanía no es un travesti que antes se llamaba Teo y después de la
operación opta por ser llamado Estefanía, dando la media aritmética el
término resultante.
No, señor.
Por teofanía entendemos el término que viene del griego antiguo
(theos, ‘dios’, y faino, ‘manifestación’) y que hace referencia a la
manifestación local de una deidad a los seres humanos, aplicándose en el
contexto del cristianismo a las diversas apariciones de Dios o de seres
angélicos que se narran en distintos episodios bíblicos.
Según este magnífico investigador, la experiencia de haber sido
«adoptados» por un «dios» es casi común a todos los pueblos de la
Antigüedad, aunque esta protección conllevaba, también de forma común a
todos los pueblos elegidos, la exigencia de sacrificios de sangre.
En principio podría parecer un mecanismo antropológico común que
tuviera su fundamento en patrones sicológicos de conducta inherentes a
cualquier sociedad humana, pero si revisamos las conclusiones a las que
llegó, puede verse que estas coincidencias trascienden lo casual planteando
poderosas incógnitas.
Yahvé versus Huitzilopochtli
En su obra, Freixedo compara dos pueblos tan dispares como el pueblo
judío y la cultura azteca, separados geográficamente por 10 000 kilómetros
y por unos tres mil años en el tiempo, que, evidentemente, hacen imposible
el contagio cultural entre ellos.
Para esto comparó uno de los cinco primeros libros que componen la
Biblia, el libro del Éxodo, con las tradiciones del pueblo azteca.
Estas fueron algunas de las similitudes que encontró:
- El pueblo hebreo vagó por orden de Yahvé durante muchos años
antes de entrar en la tierra prometida. En el caso de los aztecas, el dios
Huitzilopochtli se apareció hace aproximadamente ochocientos años
para decirles que tenían que desplazarse hacia el sur «hasta que
encontrasen un lugar en el que verían un águila devorando a una
serpiente».
Así, los confiados aztecas comenzaron una migración desde algún
punto entre los actuales estados de Arizona y Utah hasta Tenochtitlán,
situado a unos 3000 kilómetros de distancia a través de extensos
desiertos y frondosas junglas.
- Yahvé y Huitzilopochtli tenían una personalidad (o diosonalidad,
según se mire) muy parecida: eran paternalistas, protectores,
tremendamente exigentes, implacables en sus frecuentes castigos e
irascibles en grado sumo.
- Los dos acompañaron presencialmente a sus protegidos a lo largo de
toda la peregrinación, intercediendo directamente cuando tenían que
superar dificultades.
- Yahvé acompañó a los hebreos en forma de una extraña columna de
fuego y humo, mientras que Huitzilopochtli hizo lo propio con los
aztecas en forma de una gran águila blanca.
- La peregrinación de ambos pueblos fue dilatada en el tiempo. En el
caso judío, Yahvé tuvo vagando al pueblo judío por el inhóspito
desierto del Sinaí durante cuarenta años (para recorrer una distancia
que podían haber cubierto en tres meses). La peregrinación impuesta
por Huitzilopochtli duró alrededor de dos siglos antes de que llegaran a
la actual ciudad de México.
- Ambos «pueblos elegidos» tuvieron que enfrentarse a muchas tribus
que ocupaban previamente la «tierra prometida» en el momento de su
llegada.
- Bajo el auspicio de sus respectivos dioses, ambos pueblos crecieron
rápidamente y dominaron las regiones en las que establecieron su
«tierra prometida». Ambos pueblos llegaron a la cúspide de su
desarrollo aproximadamente a los dos siglos de haberse establecido en
estas regiones.
- Ambos pueblos fueron adoctrinados en un rito tan raro como es la
circuncisión. No comment.
- Yahvé y Huitzilopochtli exigían a sus pueblos sacrificios de sangre.
En el caso hebreo, sangre de animales; en el azteca, con frecuencia,
sangre humana.
En la religión hebrea tenemos constancia del sacrificio de la hija de
Jefté (Jue 13), caudillo israelita que le prometió a Yahvé que mandaría
sacrificar al primer ser viviente que se le presentase a la vuelta al
campamento, si Yahvé le concedía la victoria sobre los ammonitas.
Tras vencer, la primera persona que le salió al encuentro para
felicitarle fue su propia hija. Yahvé, que con tanta facilidad le
comunicaba sus deseos a su pueblo, no se manifestó en esta ocasión,
permitiendo que Jefté ejecutase el sacrificio. A esta muerte habría que
sumar las que Yahvé ocasionó al obligar a los hebreos a batallar con
otros pueblos, cuando no era él mismo quien los masacraba con alguna
maldición bíblica en un arrebato de ira.
- Ambos dioses abandonaron a sus pueblos en los momentos de mayor
necesidad, sin dar la más mínima explicación, a saber: a la llegada de
los romanos a Palestina, y con la colonización de los españoles.
- Ambos pueblos fueron instruidos detalladamente acerca de cómo
habían de construir un gran templo en el lugar en donde
definitivamente se instalasen.
- Otra de estas similitudes la narra fray Diego Duran, en una de las
muchas las crónicas del descubrimiento de las Américas, escritas por
los monjes franciscanos basándose en los testimonios de los propios
indios aztecas.
Según recoge el religioso, cuando el pueblo entero avanzaba hacia el
sur, siguiendo a la gran águila blanca, lo primero que harían al llegar a
su destino sería construir un pequeño templo para depositar en él un
arca que transportaban mediante la cual se comunicaban con su dios,
semejanza sorprendente con el arca de la alianza que portaba el pueblo
judío.
Al igual que los hebreos, concedían a este objeto gran importancia
por ser el vínculo que tenían con su dios protector.
- El Yahvé de los hebreos tuvo un avatar, Cristo, mientras que
Huitzilopochtli tuvo a Quetzalcóatl. Ambos hombres fueron
mensajeros de un dios instructor y salvadores del pueblo, aparecieron
en el mundo de manera misteriosa y se fueron de la tierra de una
manera igualmente mística: prometiendo que algún día volverían.
Los dioses en la actualidad
Aparte de Freixedo, otros investigadores como John Keel aseguran que las
manifestaciones de estas entidades extradimensionales se adaptan al
Zeitgeist de cada época.
Como te he mencionado anteriormente, el siglo XIX y sus avances
debilitaron la creencia en los dioses y los seres sobrenaturales, por lo que
debía llegar un nuevo fenómeno bajo el que estas entidades pudieran
aparecérsenos en un marco conceptual que nos resultara aceptablepara
seguir creyendo en ellas.
Así, la llegada de la carrera espacial insufló en el inconsciente
colectivo la posibilidad de la existencia de otros planetas habitados, junto
con la prueba fehaciente de que los viajes en el espacio eran
tecnológicamente posibles.
Y es, curiosamente, a partir del principio del desarrollo de la carrera
espacial cuando empieza a darse a conocer el fenómeno ovni.
Este fenómeno comparte muchos puntos en común con las antiguas
teofanías. A través del fenómeno del contactismo, entidades «superiores» se
presentaron a humanos elegidos para crear movimientos y sectas que, a fin
de cuentas, no han hecho otra cosa que rendirles culto.
Muchas de las manifestaciones del fenómeno, las luces en el cielo, los
contactos con humanoides, podrían ser lo que en la Antigüedad se tomaba
por contactos angélicos y manifestaciones de la presencia divina, porque
ese era el marco conceptual en el que el ser humano podía interpretarlos.
En una época en la que predominaba la religión y la superstición, solo
podían interpretarse en alguno de estos sentidos. Por tanto sería lógico
pensar que actualmente, en una época en la que imperan el raciocinio y la
ciencia, las personas que sufren este tipo de encuentros como experiencias
reales e innegables, al menos para ellos como testigos directos, les busquen
una explicación basada en la lógica y crean que podrían ser entidades
biológicas que vienen de otros puntos del cosmos.
La ampliación de los conocimientos de la raza humana corre paralela a
la de su conciencia, así como a la expansión del fenómeno, por lo que, en el
punto en que estamos, el saber de nuestro tiempo, al haber penetrado en los
universos multidimensionales y en los misterios de la física subatómica, nos
hace contemplar a estos entes desde otra perspectiva, la de visitantes de
otras dimensiones, que posiblemente no sea sino otro disfraz que se han
colocado en un intento de adaptarse a nuestras creencias, pero que
posiblemente tampoco sea la opción acertada, aunque actualmente sí es, al
menos, la más coherente.
Hay investigadores que han llegado a la conclusión de que toda esta
extraña casuística podría ser originada por diferentes manifestaciones de
una misma «Inteligencia-Origen» que parece querer modificar nuestras
conciencias de forma progresiva con un último propósito que no llegamos a
comprender.
¿Por qué todo este tinglado?
En un ejercicio de sagacidad, Freixedo hace uso de la empatía, tratando de
extrapolar cuáles podrían ser las motivaciones de estos seres para injerir de
tal manera en el devenir de la raza hu-mana.
Para ello parte de cómo nosotros, cual seres conscientes e
intelectualmente superiores, nos comportamos con el resto de los seres
vivos de nuestro entorno.
Este enfoque, personalmente, me parece muy acertado.
Te explico por qué.
Imagínate que tú llegas a un mundo cuyos habitantes solo existen en
dos dimensiones. Desde tu tercera dimensión de la altura, podrías ver lo que
pasa en diversos puntos de su mundo, incluso anticipando acontecimientos
que ellos no podrían percibir hasta pasados unos instantes.
Si tú intentaras interactuar con ellos, ellos solo percibirían una lámina
de ti, un segmento bidimensional de tu totalidad.
Un ejemplo de este tipo de seres podrían ser las hormigas, cuyo mundo
está casi reducido a estas dos dimensiones y están intelectualmente menos
desarrolladas que nosotros.
¿Cómo te comunicarías con una hormiga? ¿Cómo podrías hacerle
entender cuáles son tus intenciones? ¿Podría una hormiga entender que un
niño la quema con una lupa solo por diversión?
Pues tengo malas noticias: ahora tú eres la hormiga.
Y seres que tienen acceso a una quinta dimensión (o quizá a más) en la
cual el tiempo no transcurre de forma lineal y que pueden hacer cosas que
para ti son imposibles, como viajar entre dimensiones y modificar el
espacio, el tiempo y la materia, coexisten contigo y a veces se manifiestan
en estas tres dimensiones.
Por eso no entiendes el porqué de su comportamiento y, quizá, aunque
quisieran explicarse para que los entendieras, no podrían hacerlo en los
limitados términos humanos.
Por lo tanto, atendiendo la validez de la hipótesis de trabajo en la que
se basó Salvador Freixedo, analicemos cuáles fueron sus conclusiones sobre
los motivos de la interacción de estas entidades con los seres humanos.
Por necesidad o curiosidad
Es posible que estos seres extradimensionales obtengan de su interacción
con nosotros algo que les sea necesario, o que simplemente sientan la
misma curiosidad que experimenta un niño pequeño cuando le arranca las
patas y antenas a una hormiga para ver cómo reacciona, o la de un
entomólogo que estudia desde un punto de vista científico a seres inferiores.
Por placer
Hay quien postula que estas criaturas obtienen algún tipo de placer, no
sabemos si nutricional o estético, de su interacción con las personas.
Freixedo, entre otros autores, apunta a que las ondas que emite el
cerebro en determinados estados de conciencia distintos del ordinario
(vigilia consciente) podrían atraer a estas criaturas.
La actividad eléctrica que producen los impulsos cerebrales es de una
magnitud medible. A partir de la frecuencia con que se repiten dichas ondas
cerebrales en un segundo (según los hercios de estas ondas), vemos que se
dividen en:
- Ondas delta (1-3 Hz)
- Ondas theta (3,5-7,5 Hz)
- Ondas alpha (8-13 Hz)
- Ondas beta (12-30 Hz)
- Ondas gamma (25-100 Hz)
Cada uno de estos tipos de ondas está asociado a un estado de
conciencia del cerebro.
El cerebro de un humano alterado por la excitación, la exaltación
mística o religiosa o el dolor emite un tipo de onda diferente a las ondas
beta, que son las que emite nuestro cerebro cuando estamos en el estado
normal de vigilia consciente.
De acuerdo con el propio Salvador Freixedo, según este postulado una
de las finalidades de las manifestaciones de estos seres sería alterar nuestro
cerebro mediante el dolor, el miedo o la exaltación mística o religiosa, para
que emitamos estas ondas que les nutren o les dan gustito.
Algo así como cuando los humanos van a los toros para hacer sufrir a
un animal «porque les gusta».
De acuerdo con el propio autor:
De todos estos estados anímicos, parece que el que más energía
produce, aparte de ser el más fácil de conseguir, y al mismo
tiempo del que se puede conseguir de una manera más rápida —
podríamos decir que casi instantánea— es el de dolor.
Freixedo, en su tesis, va más allá, argumentando que otra de las
«esencias» perseguidas por estos seres podría ser la energía vital que se
libera cuando un ser vivo muere, así como la liberada cuando se destruye
cualquier tipo de materia orgánica.
A ojos del autor, esto explicaría las continuas exigencias de los dioses
antiguos de rituales de sangre, ya fuera humana o animal.
En el Antiguo Testamento, sin ir más lejos, se detalla a menudo cómo
deben ser realizados los sacrificios rituales.
De nuevo, Freixedo nos lo explica de forma magistral haciendo gala de
sus extensos conocimientos sobre los textos sagrados:
Nos imaginamos el pasmo de Moisés cuando tras haberle
preguntado a Yahvé cómo quería ser adorado, oyó que este le
contestó dándole una serie de pormenores y de órdenes
minuciosas de cómo debía degollar a los diferentes animales, qué
es lo que debería hacer con las diferentes vísceras, y sobre todo
cómo tenía que manipular la sangre. Moisés, que seguramente
conocía muy bien cómo eran los sacrificios que los egipcios y los
pueblos mesopotámicos hacían constantemente a sus respectivos
dioses, debió quedarse de una pieza, viendo que su «Único Dios»
le pedía exactamente lo mismo que los otros «falsos» dioses
pedían. Copiaremos aquí varios pasajes del Pentateuco en los que
Yahvé alecciona a Moisés acerca de cómo debe ser adorado:
«Quien ofrezca un sacrificio pacífico, si lo ofreciera de ganado;
mayor, macho o hembra sin defecto, lo ofrecerá a Yahvé. Pondrá
la mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará a la entrada
del tabernáculo; y los sacerdotes, hijos de Arón, derramaránla
sangre en torno del altar.
»De este sacrificio se ofrecerá a Yahvé en combustión el sebo y
cuanto envuelve las entrañas y cuanto hay sobre ellas, los dos
riñones y los lomos y el que hay en el hígado sobre los riñones...»
(Lev 3, 1 y sig.).
Durante los capítulos 4, 5, 6, 7 y 8 del libro del Levítico,
continuaba Yahvé instruyendo detalladamente a Moisés; he aquí
cómo la Biblia describe los primeros sacrificios ofrecidos por Ai
y sus hijos después de haber terminado de recibir todas las
instrucciones:
«[...] Trajeron ante el Tabernáculo todo lo que había mandado
Moisés y toda la asamblea se acercó poniéndose ante Yahvé....
Moisés dijo: “Esto es lo que ha mandado Yahvé; hacedlo y se
mostrará la Gloria de Yahvé”. [Note el lector que en la Biblia se
llama “la gloria de Yahvé” a la famosa nube en que Yahvé se
manifestaba y desde la que les hablaba].
»Arón se acercó al altar y degolló el novillo... sus hijos;
presentaron la sangre y mojando él su dedo, untó con ella las
esquinas del altar y la derramó al pie del mismo. Quemó en el
altar la grasa, los riñones y la redecilla del hígado de la víctima
por pecado, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. Pero la
carne y la piel las quemó fuera del campamento. Degolló el
holocausto y sus hijos le presentaron la sangre, que él derramó en
torno al altar […]».
Pero lo grave es que Baal, Moloc, Dagón, etc., les pedían
exactamente lo mismo a los pueblos mesopotámicos; y Júpiter-
Zeus les pedía los mismos sacrificios a griegos y romanos; y si
saltamos a América nos encontramos con que Huitzilopochtli les
pedía lo mismo a los aztecas y con el agravante de que este les
exigía que la sangre fuese humana en ocasiones.
La mayoría de las tribus negras en las que no ha penetrado el
cristianismo o el islam siguen todavía hoy día ofreciendo
sacrificios de sangre a sus dioses; los ozugus del centro de África,
en el día de la gran solemnidad, se tumban en el suelo, mientras el
supremo brujo-sacerdote los rocía abundantemente con la sangre
de los animales sacrificados...
Como comentábamos antes, en la actualidad el fenómeno parece haber
adaptado su apariencia al espíritu de los tiempos, pero todavía conserva su
sangrienta esencia.
Cualquier aficionado a la ufología sabrá que hay un fenómeno
asociado a la casuística ovni, el de las inexplicables mutilaciones de
ganado, que se da en diversas zonas del mundo con unas características
similares: la muerte de animales, la extirpación de determinados órganos y,
en algunos casos, la incineración de sus restos. Con frecuencia los
cadáveres de estas reses aparecen exanguinados, como si les hubieran
chupado la sangre, circunstancia que ha generado otro mito moderno de la
ufología, otro extraño ser de otra dimensión, el chupacabras.
Esta coincidencia es más que curiosa, tal y como expone el propio
Freixedo:
[…] hay vísceras como los pulmones, el corazón el estómago, los
intestinos, o miembros como la cabeza y las patas que apenas si
son nombradas alguna que otra vez [en la Biblia] y que cuando
son nombradas, con frecuencia se ordena que «sean quemadas
fuera del campamento»; y sin embargo, los riñones, y la envoltura
de los riñones y del hígado, son mencionados constantemente y
sin excepción en todos los sacrificios, lo mismo que se puede
decir del sebo o grasa y sobre todo de la sangre: «No comas
nunca la grasa ni la sangre; la grasa y la sangre son para Yahvé»,
(Deut 12, passim).
Pues bien, solo como anécdota curiosa, tendremos que decir
que ha habido casos en que los ovnis, además de llevarse la
sangre del animal, cosa en la que nunca fallan, se han llevado
precisamente estas vísceras en las que tanto énfasis se hace en el
Levítico Uno.
Sin embargo, para que estas energías sean emitidas en cantidades
suficientes, deben ser más de un puñado las personas que experimenten los
estados cerebrales alterados.
Según esta hipótesis, dichas entidades preferirían las grandes
concentraciones de personas en un mismo espacio para que experimenten
estos estados cerebrales alterados, como el granjero que mete a las vacas en
el establo para poder ordeñarlas más cómodamente.
Con esta finalidad, según los defensores de esta propuesta, los dioses
crearon determinados mecanismos sociológicos que lo facilitan, como las
guerras y las religiones, cuando no se encargaban directamente de cobrarse
estas vidas:
«Y Yahvé envió un fuego que devoró a 250 hombres» (¡que
estaban ofreciéndole incienso!)» (Num 16,35).
«Yahvé se enfadó, “y murieron 14 700 tragados por la tierra”»
(Num 17-14).
¡Ahí va, la Virgen!
Dice la sabiduría popular que «a los tontos y a los pastores se les aparece la
Virgen». En las líneas que siguen voy a intentar mostrarte, querido lector,
que puede que ni siquiera sea la Virgen la que se les aparece a estos dos
subconjuntos del género humano.
¿Te has preguntado alguna vez por qué se adora a tantas vírgenes
distintas en la geografía nacional y en el mundo, hasta tal punto que, para
los más blasfemos, llevar a la práctica el exabrupto de «cag#rs3 en la
Virgen» se convertiría en una hazaña digna del mismísimo Phileas Fogg?
A pesar de que, en teoría, son todas manifestaciones de la misma
entidad, la gente habla de «mi Virgen», como si fuera una entidad
individual.
Repasando el fenómeno de las manifestaciones marianas que ha dado
origen a esta virginal multiplicidad, encontramos una serie de patrones
comunes.
La Virgen es encontrada siempre en medio de la naturaleza, casi
siempre asociada a un árbol, una cueva o un arroyo. Pero, por lo visto, esta
no es una costumbre exclusiva de la Virgen. Otras divinidades antes que
ella gustaban de aparecerse en entornos florales, como por ejemplo
Artemisa, diosa griega asociada a los bosques, selvas y criaturas salvajes.
Muchos antropólogos e investigadores apuntan a que la diversidad de
vírgenes corresponde a una forma de politeísmo solapado, recuerdo
ancestral del legado de nuestros antepasados, que se manifiesta de forma
inconsciente en su versión más moderna.
Así, la diversidad de vírgenes se correspondería con ninfas, deidades
menores de la mitología griega que cuidaban de estos entornos naturales,
pues todas ellas eran asistentas de la diosa Artemisa.
Y no era la única. Isis, que era el nombre que los griegos daban a la
diosa egipcia Ast, conocida también como Gran Diosa Madre, progenitora
de los dioses del panteón egipcio, a la que, por tanto, se asociaba a la
maternidad y el nacimiento, también presenta características similares.
Astarté era la madre del hijo del Dios Toro que, para los fenicios, era el
padre de todas las cosas. Algunos autores van todavía más allá,
pretendiendo que todas estas diosas vienen a su vez de un arquetipo más
antiguo y profundo, que representa el culto pagano a las diosas madre, a las
diosas de la fertilidad, la vegetación y la sexualidad, siendo sus principales
festividades celebradas durante mayo, el mes del florecimiento primaveral;
no en vano es el mes escogido para la celebración del día de la Madre.
En su libro Intervención extraterrestre en Fátima, los autores Fina
D’Armada y Joaquim Fernandes cuentan su investigación sobre los hechos
acaecidos en Fátima el 13 de mayo de 1917. Hurgando en los archivos
históricos del Santuario de Fátima encontraron las primeras declaraciones
de los videntes, así como los retratos robot confeccionados a partir de las
mismas, que habían sido omitidos por las autoridades eclesiásticas durante
todo el proceso de difusión del fenómeno.
La ilustración mostraba, tal y como describieron los contactados, un
ser de rasgos femeninos que irradiaba mucha luz. Su cuerpo, de baja
estatura, estaba cubierto por unas prendas y una capa sobre los hombros
atravesadas por una serie de costuras a lo largo y ancho que conferían al
tejido, que según los testimonios tenía tonos blancos y dorados, una textura
acolchada.
El misterio detrás de las apariciones marianas
El investigador Marcelino Requejo, en su magnífico trabajo de
investigación Apariciones marianas, la respuesta definitiva, da una vuelta
de tuerca más al fenómeno,desvelándonos datos muy reveladores sobre la
naturaleza de la entidad que se hace pasar por la Virgen María.
Investigando un caso de supuesta aparición de la Virgen en la localidad
lucense de As Pardellas, que había tenido lugar en 1949, una de las cosas
que llamó la atención del investigador fue que el testigo decía que la
aparición tenía unas manos anormalmente grandes, de unos veintitrés
centímetros de longitud.
Requejo revisó los testimonios de apariciones marianas y la
iconografía de la Virgen de los últimos siglos, buscando datos que pudieran
respaldar este testimonio, y encontró una serie de rasgos comunes en la
mayoría de los encuentros con la Virgen y de representaciones de la misma
en el arte sacro.
Le llamó la atención que, en el caso de la Virgen de Lourdes, cuando a
la vidente Bernardette Soubirous le mostraron imágenes de la Virgen para
ver cuál se asemejaba más a la visión que había tenido, había escogido
como la que más se parecía a la señora avistada en la cueva el cuadro Icono
de nuestra señora de la Gracia, originario de la ciudad francesa de
Cambrai. La mano izquierda, con la que María sujeta al niño, tenía todos
los dedos de igual longitud, anómalamente largos. La otra mano solo
presentaba esta desproporción en los dedos índice y corazón.
A medida que continuó investigando, comprobó que esta extraña
simbología se repetía a lo largo del tiempo. Algunas veces tan solo era el
dedo índice el que dejaba un traza de esta extraña conexión, como en el
caso de Virgen Eléousa, pintura rusa del siglo XVII, en Madonna con el niño,
que alberga la Galería Nacional de Umbría, en Perugia, o en el Tríptico de
Londres, que se halla en la National Gallery. La lista de representaciones de
la Santa Madre que comparten estas características es larga. Por citar tan
solo algunas, por si quieres comprobarlo por ti mismo, aunque en su libro
encontrarás muchos más ejemplos, tenemos:
Pinturas:
• Madonna del Buon Convento, pintada en 1295 por Duccio.
• Óleo del siglo XIV sobre madera realizado por Paolo Veneziano.
• Icono de la Madonna de Oumelenije.
• Fresco de la Iglesia de Čajniče que muestra a La Virgen de Peribleptos.
• Icono pintado sobre madera del siglo XII titulado Madonna con el Niño.
• Iconos bizantinos, mosaicos, en el Icono Akathist del siglo VII…
Esculturas:
• Notre Dame de Vernouillet.
• La Virgen de la Llana de Soria, la Virgen Negra de Marsat.
• La Notre Dame de la Ronde de Chazeuil.
• La Virgen Negra de Auvergne.
• La Virgen Negra de Dorres.
Todas ellas muestran a vírgenes con manos descomunales.
Antiguo icono ucraniano sobre madera de Madonna con niño. En él puede apreciarse la
desproporción anatómica de los dedos.
Algunos autores atribuyen esta extraña coincidencia a la
representación del signo de Tauro, asociado con la iconografía de la diosa
madre y su hijo-amante.
Su investigación fue más allá y estudió la representación de otras
diosas madre de la Antigüedad.
Tras estudiar imágenes de la diosa fenicia Astarté, encontrada en las
excavaciones de Cástulo, en Jaén, de finales del Neolítico, diversas
esculturas de diosas minoicas, la estatuilla Isis amamanta a Horus, del año
2040 antes de Cristo, representaciones pictóricas de la diosa Artemisa
etrusca, esculturas sumerias de la diosa Inanna encontradas en la ciudad
siria de Mari, La Dama de Auxerre y la diosa Hathor fenicia, entre otras,
descubrió tres rasgos distintivos que se repetían:
• Estas diosas eran representadas con frecuencia con unas manos
extremadamente largas.
• A menudo se las representaba cubiertas con atuendos en forma de red,
cuadrícula, estampados romboidales o pequeñas esvásticas.
Según este autor, esta simbología está asociada a la idea de «La
hilandera universal», arquetipo de deidad que teje el hilo de la vida y crea la
red que conecta todas las cosas.
Esta Diosa Madre universal, la Madre Naturaleza, la Madre Tierra, era
adorada ya en el Paleolítico como la «Hilandera del universo».
Hay teorías que exponen que las sociedades humanas en su origen
fueron matriarcales. En ellas se adoraba a diosas femeninas, por su
capacidad de dar la vida, que es el don más divino que existe.
Durante un tiempo, dichas divinidades incluso coexistieron con las
deidades de las más modernas religiones monoteístas de dioses masculinos.
La diosa Aserá de los cananeos coexistió durante siglos con el mismísimo
Yahvé en el templo de Jerusalén, sin ir más lejos.
Sin embargo, alrededor de dos mil años antes de Cristo, hacia finales
de la Edad del Bronce, estas religiones monoteístas masculinas acabaron
imponiéndose, denigrando todo el concepto de lo femenino, asociando a la
figura de la mujer todas las connotaciones negativas y misóginas de
debilidad, ineptitud, cobardía, e imponiendo así una cultura basada en la
violencia y la dominación, que relegó a la «Diosa Blanca» del Paleolítico a
un segundo plano.
Parece ser que esta Diosa Madre consiguió pervivir en nuestra cultura
subyugándose a estas deidades masculinas, al adoptar el papel de la Madre
de Dios, pero manteniendo su identidad original mediante esta simbología,
como si se ocultara bajo diversos disfraces para permanecer siempre a
nuestro lado, sin ser del todo olvidada.
Vemos por lo tanto que son varias las entidades a las que se ha
considerado «dioses», y que las relaciones entre ellas no han sido
necesariamente cordiales.
Estas similitudes entre diosas de todos los tiempos no han escapado a
otros investigadores.
Carlos Canales y Jesús Callejo resumen los aspectos de la
fenomenología relacionados con las apariciones marianas en un conjunto de
grandes temas comunes que se repiten en todas ellas, a saber:
• La conversión de los pecadores.
• La necesidad de rezar el rosario.
• El arrepentimiento de los pecados.
• La obligación de construir un santuario.
• Profetizar algún acontecimiento futuro con tintes sombríos.
• Sanar a enfermos y tullidos.
• Producir algún fenómeno lumínico y oloroso.
Y por si no bastara, afirman lo siguiente:
Si estas manifestaciones no se producen para hacernos un bien o
un daño deliberado ¿para qué entonces? Todo indica que las
apariciones que están detrás de esa «obra de teatro sobrenatural»
persiguen aprovecharse de la energía emanada por los seres
humanos sumidos en determinados estados de conciencia [...].
El ufólogo Guilbert Cornu intentó demostrar que existe una
correlación estrecha entre las visiones de la Virgen y los
avistamientos ovni. Cornu toma 230 casos de visiones que se
suponen ocurrieron entre 1928 y 1975 y los transporta a un
gráfico, junto con estadísticas de objetos volantes no identificados
durante el mismo período. De esta manera observa que existen
unos paralelismos sorprendentes.
Algunos investigadores, como Paul Thomas, incluso llegan a encontrar
paralelismos entre los avistamientos ovni y las danzas del sol que
acompañan frecuentemente a las apariciones marianas, discos planos de luz
que brillan, zigzaguean en el cielo y lanzan destellos multicolor.
Como vemos, tanto Dios como la Virgen no están exentos de sospecha,
y parecen ser manifestaciones de algo mucho más antiguo que juega con
nosotros a un juego cuya lógica se nos escapa, adoptando ante nuestros ojos
diferentes formas en función de nuestro contexto histórico y sociocultural.
Por lo tanto, nos hallamos en un universo multidimensional cuyas
dimensiones están constituidas por cuerdas que vibran a determinada
frecuencia.
Así pues, sería lógico pensar que la materia de esos seres de otras
dimensiones, compuesta por partículas subatómicas, que tienen una
frecuencia de vibración determinada, de existir, como parece que es el caso,
vibraría también en la misma frecuencia de esas otras dimensiones.
Cabría también plantearse el hecho de que si uno de estos seres, ya
fuera intencionalmente o por las características del entorno, pudiera adaptar
dicha vibración de su materia a otras frecuencias, quizá podría aparecerse
en dimensiones paralelas, como las cuatro (alto, ancho, profundidad y
tiempo) que habitamos nosotros.
Esto encajaría con ciertas teoríasesotéricas que nos hablan de diversos
niveles de existencia con vibraciones más altas o más bajas.
De acuerdo con estos saberes ancestrales, los seres más evolucionados
espiritualmente tienen una «vibración más alta» y habitan en «niveles
vibratorios» (o dimensiones) más elevados o superiores, mientras que los
seres menos evolucionados, más apegados a lo material, las pasiones y los
instintos, vivirían en niveles vibratorios inferiores al humano, siendo
normalmente criaturas bastante desagradables e incluso peligrosas para el
ser humano.
Es curioso que, en parasicología, se usen los ultrasonidos, que son
ondas de alta frecuencia (por lo que se podría afirmar, haciendo una
extrapolación a esta «jerga espiritual», que se trata de vibraciones elevadas)
para ahuyentar fantasmas, y que, por otro lado, se haya demostrado que los
infrasonidos (ondas sonoras de baja frecuencia /vibraciones bajas o densas,
por analogía) causen en el cerebro humano efectos parecidos a las
sensaciones que dicen sufrir quienes han sido testigos de apariciones
fantasmales o han presenciado fenómenos anómalos en casas encantadas; a
saber: sensación de ver figuras sombrías por el rabillo del ojo, sensación de
ser observado por una presencia, miedo, escalofríos, etc.
Esta idea será desarrollada en detalle más adelante, pues la considero
fundamental para entender la naturaleza de algunos habitantes de estos
otros mundos con los que a veces ciertas personas han tenido la mala suerte
de cruzarse y que, si sigues leyendo, estás a punto de conocer...
6. EVIDENCIAS DISPERSAS
Permíteme, lector, que, de nuevo, comience este capítulo caminando a
hombros de gigantes, citando a los antes mencionados Jesús Callejo y
Carlos Canales.
Estos magníficos investigadores, con la sabiduría y erudición que les
caracteriza, compendian en su libro Seres y lugares en los que usted no cree
todas (o casi todas) las entidades de otros planos con las que podemos
toparnos y que en este libro nombramos como «seres extradimensionales»,
de las cuales me centraré solo en algunas, pues un estudio completo de
todas resultaría inabarcable.
De acuerdo con estos autores, este catálogo de lo anómalo y lo extraño
se compondría de:
• Extraterrestres que nos visitan de planetas cercanos o lejanos al nuestro.
• Seres de otras dimensiones
• Intraterrestres y habitantes de los mundos internos y subterráneos.
• Entidades demoníacas, luciferinas y religiosas.
• Seres humanos recién fallecidos que no acaban de despedirse de este
plano, llamados desencarnados o fantasmas.
• Formas de pensamiento que flotan en el éter procedentes del aura
planetaria.
Todo esto podría quedar relegado al ámbito de la superstición o la
religiosidad de no ser porque múltiples testigos afirman haber tenido
experiencias relacionadas con estas criaturas extradimensionales.
Esto demuestra que algún tipo de fenómeno hay, bien sea explicable o
inexplicado. Eso tendrás que juzgarlo tú, pues la abundancia de los casos es
llamativa.
Comenzaré por un caso clásico del que hubo muchos testimonios, y
que nos indica que este es un fenómeno que ha ido dejando evidencias
dispersas a lo largo y ancho de nuestro planeta en épocas recientes, lo que
lo hace medianamente contrastable al no estar perdido entre las brumas de
la historia.
El inefable hombre polilla
Si eres aficionado al misterio conocerás el caso.
Si no, quizá te suene por la película de 2002 que protagonizó Richard
Gere, y que, aunque mucha gente lo ignora, no es una película de ficción,
sino que se basa en hechos reales, aunque estos fueron dramatizados y
guionizados.
Los acontecimientos que dieron lugar al guion se extrajeron del libro
Las profecías del Mothman, escrito por el ufólogo e investigador de lo
paranormal John Keel.
Al ser un caso clásico, hay mucha información disponible, por lo que
te haré un breve resumen de los eventos que dieron lugar a lo que se ha
convertido en uno de nuestros mitos contemporáneos.
El 15 de noviembre de 1966, dos matrimonios que se desplazaban
juntos en el mismo coche denunciaron a la policía de la localidad
estadounidense de Point Pleasant, en Virginia Occidental, que su coche
había sido perseguido por un humanoide alado de más de dos metros de
altura que tenía ojos rojos, y que les siguió insistentemente a pesar de que
huían de él a más de 150 kilómetros por hora, según afirmó la testigo Linda
Scarberry.
Esta señora incluso afirma (y lo sigue manteniendo) que durante la
persecución podía oír cómo las alas de la criatura golpeaban el techo del
coche.
Te puedes imaginar la cara de los policías que estaban de guardia en la
comisaría.
Todo hubiera quedado como un intento de broma o una alucinación
fruto de una noche loca coronada por el consumo de drogas recreativas si
no fuera porque los testimonios se fueron multiplicando como setas en el
período que transcurrió desde ese día hasta el 15 de diciembre del mismo
año.
En este lapso se recogieron cerca de un centenar de encuentros con el
Mothman.
Todos los testimonios coincidían en describir a la criatura con algunas
características comunes: un ser de más de cien kilos, con la forma de un
humanoide fornido, con alas de gran envergadura, entre tres y cuatro
metros, una altura de más de dos metros y un pelaje ralo grisáceo u oscuro.
La característica más inquietante eran sus ojos rojos, que refulgían en
la oscuridad.
La criatura demostró poder volar más rápido que cualquier animal
conocido y, según algunos de los testigos, podía emitir un potente grito
agudo capaz de inducir mareos y vómitos en quienes lo escuchaban.
Los escépticos trataron de explicar el fenómeno como el avistamiento
de un búho (eso sí, crecidito), una grulla canadiense (que tendría que haber
sido aficionada a inyectarse esteroides para encajar con la descripción) o
algún extraño animal mutado por la radioactividad.
También hubo quien, en un afán folclorista, atribuyó estos fenómenos
a una maldición secular lanzada por el jefe Hokolesqua, de la tribu de los
shawnee, después de que los colonos blancos de la zona se la jugaran.
El fenómeno se vio acompañado de otras anomalías, como visión de
extrañas luces en el cielo que fueron interpretadas como ovnis, o el hecho
de que la periodista local Mary Hyre afirmara que, al investigar el caso,
había empezado a ser acosada por los clásicos y enigmáticos hombres de
negro que se asocian frecuentemente a los casos ufológicos.
Aunque lo lógico habría sido espantarlo con una bola de alcanfor de
dimensiones megalíticas, no fue así como terminó el fenómeno.
En su lugar, la actividad de este críptido terminó cuando el puente de
Silver Bridge se hundió el 15 de diciembre del mismo año, ocasionando la
muerte de 46 personas.
Todo podría haber quedado como un extraño caso de histeria colectiva,
de no ser porque el Mothman volvió a aparecerse en otros puntos del globo.
Algunos investigadores encontraron un antecedente al fenómeno en un
desastre acaecido en China en 1926. El 19 de enero de ese año la presa
Xiaon Te Dam, una de las más grandes del mundo, se derrumbó y causó
unas 15 000 muertes.
Algunos testigos aseguraron haber presenciado la aparición de una
criatura por los alrededores de la presa a la que denominaron «el hombre
dragón».
Asimismo, en los días previos al terremoto que tuvo lugar en Chicago
en 1951 varios habitantes afirmaron haber visto por el río Michigan un gran
ser de color grisáceo que sobrevolaba los edificios de la ciudad, a modo de
siniestro augurio.
Existen fuentes no contrastadas, por lo que habría que poner esta
información en cuarentena, que afirman que, en el período entre 1976 y
1978, al menos seis personas vieron lo que se denominó «el hombre-búho
de Cornualles».
Según los testigos, la criatura que se dejó ver por la región homónima
de Inglaterra, en las cercanías de la localidad de Mawnan, respondía a la
descripción de un búho peludo de tamaño monstruoso y ojos oblicuos y
rojos, que bien podría ser el primo británico del Mothman.
También dentro de este período, la mañana del 10 de septiembre de
1978,unos mineros que se disponían a entrar en una mina de carbón en
Friburgo, Alemania, se encontraron el acceso a la explotación bloqueado
por una extraña criatura que extendía sus enormes alas.
Bravos por naturaleza como son los alemanes, los testigos aseguran
que algunos de los obreros intentaron avanzar hacia la criatura, porque no
hay nada que le dé más coraje a un alemán que el que le bloqueen el paso
en cualquier tipo de vía o acceso, pues supone romper una norma cívica, y
ya sabemos que para las normas son muy suyos, y esto lo he experimentado
en mis carnes cuando vivía en Alemania.
Me puedo imaginar al enorme señor rubicundo con la intención de
aproximarse a escasos metros de la criatura para, a continuación, detenerse
dedicándole una mirada de desaprobación, que es como te indican que
quieren pasar.
El caso es que es que no pudieron realizar tan alemana maniobra,
porque la criatura comenzó a soltar berridos tan agudos que los paralizó.
Estos gritos fueron descritos como el ruido que hace un tren al frenar.
A las ocho de esa misma mañana la mina se incendió. De no haber
sido por la filial alemana del Mothman veinte personas habrían perecido en
la catástrofe.
Posteriormente, en abril de 1986, este misterioso personaje haría su
aparición ni más ni menos que en la central eléctrica nuclear Memorial
Vladímir Ilich Lenin, en Chernóbil, o al menos así lo afirmaron doce de sus
trabajadores, que describieron el avistamiento de un extraño ser grisáceo,
una forma abigarrada que parecía no tener cabeza y que poseía un par de
brillantes ojos rojos.
Los avistamientos, siempre según los testigos, tuvieron lugar antes de
la explosión que acaeció la mañana del 26 de abril de 1986, en la que
murieron treinta personas.
La radiación se cobraría con posterioridad otras diez víctimas.
Y se ve que el Mothman está on fire, porque sus apariciones no cesan
ahí.
De acuerdo con el programa televisivo Monster Quest, del History
Channel, en 2006 tuvo lugar un avistamiento en Lacrosse, Wisconsin.
Awohali, un descendiente de los cherokee con toda la pinta de Gandalf el
blanco, cayado incluido, fue perseguido por una criatura con alas de cuatro
metros de envergadura y pelo gris mientras conducía junto a su hijo.
El testigo la describió como un hombre murciélago que, antes de dejar
de perseguirlos, emitió un chillido agudo que les causó náuseas.
Según una leyenda del folclore local, hay criaturas aladas que viven en
la montaña Trempealeau, situada en el condado del mismo nombre, al norte
de Lacrosse, una región de este Estado, donde se han registrado
avistamientos desde hace más de un siglo.
En dicho programa también citan, aunque no indican la fuente,
avistamientos del Mothman en Nueva York antes del atentado del 11 de
septiembre de 2001; en México, antes del brote del virus H1N1 de la gripe
A, en el que fallecieron 103 personas, y un mes antes de la caída del puente
de la carretera 35 interestatal en Minnesota, en 2007.
En agosto de 2009, en Sacramento, California, el fotógrafo Lamont
Greer afirmó que había visto una criatura similar al Mothman en lo alto de
un puente, pero que se marchó a gran velocidad, por lo que no le dio tiempo
a fotografiarla, mira tú por dónde.
Según el portal de noticias online El Mejicano, en un artículo escrito
para el periódico El Heraldo de Chihuahua por el periodista Jesús Manuel
Ruiz Sánchez, el 6 de marzo de 2009 Humberto Erivez Cera, de veintitrés
años de edad, afirmó haber sido perseguido mientras conducía por un ser
que respondía a la siguiente descripción:
Es enorme, sus dos alas abiertas están casi de lo ancho de los dos
carriles de la carretera, tiene pelo en la cara, ojos grandes y tiene
una especie de bulto a la altura de la frente, parece humano, pero
como que no tiene cuello, no se parece en nada a un murciélago.
El avistamiento más reciente data de 2013, y tuvo lugar en Santiago de
Chile, donde un testigo lo relató para el programa de televisión Mañaneros,
de la cadena La Red, que por el tonillo del presentador diría yo que es
similar a nuestro España directo.
La descripción que ofreció el testigo es la de una criatura de dos
metros y de largas alas, que sobrevolaba el parque Bustamante de
Providencia.
Otros testigos lo vieron ese mismo día en diferentes zonas de la
ciudad.
Con semejante trayectoria, no es de extrañar que, más que de color gris
ceniza, se describa a esta criatura como cenizo, porque su presencia parece
ir acompañada de eventos trágicos, igual que la de la gafe epic level Jessica
Fletcher, personaje de ficción de ominosa presencia que protagonizara la
serie Se ha escrito un crimen.
Sin embargo, hay quienes piensan que precisamente lo que intenta este
esperpéntico ser es advertirnos con su presencia de que sucederá algún
acontecimiento trágico, como si fuera una especie de Lassie del
ultramundo.
Seres extradimensionales en el islam
Esta aparición de misteriosas criaturas no solo se limita a la existencia de
este archiconocido críptido.
En mi investigación he vivido la impactante experiencia de recoger
testimonios directamente de testigos que para mí son totalmente fiables,
algunos de ellos personas de mi entorno más cercano, que tuvieron otros
encuentros con lo absurdo.
Tras publicar mi primer libro sobre estos temas, Lo poco que sé del
misterio, muchas de las personas de mi entorno y otras que lo leyeron se
animaron a contarme sus propias experiencias con lo extraño.
El más reciente de estos testimonios lo recopilé una semana antes de
escribir estas líneas.
Un conocido de un familiar, al que llamaré P. E. G., para salvaguardar
su intimidad, me contó un par de historias chocantes.
Cuando le interrogué respecto a su opinión sobre estos temas, me
contestó que era pragmático y racionalista, pero que era consciente de que a
veces había cosas que escapan a cualquier explicación lógica.
Cuando le pedí que me pusiera algún ejemplo, pues me interesaba
calibrar qué experiencias podían desafiar su talante escéptico, me contó que
sus suegros, durante un viaje a Gabón, habían presenciado un juicio
popular.
Al parecer, los habitantes del pueblo donde estaban habían detenido a
una persona acusándola de un robo.
Para comprobar si era verdad, apareció un hombre.
Mientras el resto de la concurrencia retenía al supuesto ladrón, este
hombre ató una cuerda con un nudo de horca al cuello del supuesto criminal
y realizó un extraño ritual derramando la sangre de un pollo.
El hombre dijo que, si era culpable, los espíritus lo sabrían y harían
justicia.
Según me contó P.E.G., su suegro afirmó que, ante sus sorprendidos
ojos, la cuerda se tensó en el aire como si estuviera siendo izada por manos
invisibles y el hombre empezó a ser ahorcado.
A pesar de no dar crédito a lo que veía, el suegro de mi testigo salió de
entre la multitud rogando que pararan aquel juicio que iba camino de
convertirse en una ejecución.
P.E.G. me confesó que interrogó con incredulidad a su pariente, pero
ante la insistencia de este y su esposa en jurar que lo vieron con sus propios
ojos, no pudo hacer otra cosa que aceptarlo como uno de esos encuentros
con lo inexplicable.
Una vez definidas las bases de su rasero para estos temas, procedió a
contarme su propia experiencia.
Él, que es de nacionalidad francesa, residió durante muchos años en la
colonia marroquí de Alhucemas.
A principios de los años setenta, no pudo concretar la fecha exacta,
viajaba en coche hacia la localidad de Chichaoua acompañado de otro
ciudadano francés y de un marroquí, ambos compañeros de trabajo.
Él era el conductor
Viajaban de noche. En un momento determinado, mientras atravesaban
un páramo entre poblaciones, un erial baldío, el compañero marroquí
comenzó a referir que por aquella zona la gente se había encontrado con la
Aisha Kandisha, una especie de espíritu malvado del folclore marroquí, un
ser legendario que se aparece cerca de las fuentes de agua o los caminos y
que intenta seducir a los hombres o, según las versiones del mito que
consultes, hacerles daño.
También es usada con los niñoscomo si fuera el Coco o el Hombre del
saco.
P.E.G., haciendo gala de su escepticismo, le recriminó a su
acompañante que aquello no eran más que supersticiones y tonterías.
A pesar de las protestas del conductor, el marroquí insistió y le
reprochó su incredulidad.
De repente, como surgido de la nada, apareció un ser de pesadilla.
El testigo lo describió como una mujer muy alta, de más de dos
metros, delgada hasta el extremo de lo desproporcionado, y que tenía, y cito
textualmente, «cara de espanto».
La aparición sostenía en las manos un hacha y se lanzó hacia el coche
intentando golpearlo.
Nuestro testigo reaccionó instintivamente esquivándola con un
volantazo que casi les hace tener un accidente.
El súbdito marroquí comenzó a reprenderle, diciéndole que lo que se
les había aparecido era la Aisha Kandisha para castigarlos por su
incredulidad.
Continuaron conduciendo en silencio hasta que, al llegar a Chichaoua,
tuvo que parar y tomarse un té, pues le temblaban las manos.
Los tres comentaron el suceso. Los tres lo habían presenciado. Cuando
el otro francés preguntó a P.E.G qué creía él que había sido, este le dijo que
no lo sabía, que era muy raro.
Con la frialdad que da la distancia en el tiempo, me confesó que,
aunque intentó racionalizar aquel extraño encuentro, pensando que sería
una loca que se había escapado de algún sitio, su propia racionalidad le
indicaba que aquello carecía de lógica.
Una mujer sola de madrugada era algo bastante infrecuente en el
contexto sociocultural de Marruecos en aquella época.
El hecho de que estuviera en mitad de la nada tampoco contribuía a
aclarar los hechos, pues no había ninguna razón plausible para que nadie
anduviera en mitad de aquel lugar desértico a aquellas horas.
El que la mujer llevara en las manos un hacha y les atacara sin razón,
como salida de la nada, convertía el suceso en algo inquietante.
Si a esto le sumamos las extrañas características anatómicas de la
agresora, su altura excesiva y su constitución famélica, el asunto cobraba
tintes grotescos.
A priori, aplicando el principio de la navaja de Ockham e ignorando la
coincidencia en el tiempo entre la conversación sobre este ser y esta extraña
aparición y el resto de los extraños factores, podría parecer que solo se trata
de un encuentro con una persona un tanto peculiar, pero el siguiente
testimonio, que también involucra a esta «señora», adquiere ya tintes más
extraños.
Hay personas cuyas vidas parecen marcadas por el misterio. El
siguiente testigo es una de ellas. M. M. es una persona de mis círculos más
cercanos, nacido en la colonia española de Alhucemas.
En sus años de juventud en esta tierra tuvo un par de episodios que
procedió a contarme al saber que estaba interesado en estos temas.
El primero sucedió una noche subiendo del puerto de Alhucemas al
pueblo, allá por 1965.
M. M. iba en su coche junto con otras cuatro personas cuando la
carretera se vio alumbrada por una potente luz que venía de arriba, tan
potente que detuvieron el coche y se bajaron a observar qué era.
Entonces el testigo y sus acompañantes vieron un objeto circular que
emitía una luz centelleante e intermitente, de colores rojo, amarillo y azul.
El extraño objeto describió círculos sobre el coche y salió volando a
gran velocidad.
La experiencia fue tan impactante que uno de los presentes se orinó
encima.
Pero al llegar al pueblo decidieron, como suele ser frecuente en estos
casos, no relatar nada a sus padres, por miedo a que les reprendieran por
contar cosas extrañas que se salían de lo común o a ser objeto de burla en el
pueblo.
Curiosamente, hace poco volví a ver Encuentros en la tercera fase, y la
descripción que da el testigo coincide sorprendentemente con los ovnis que
vuelan por una carretera en una de las escenas, emitiendo luces justo de los
colores descritos por mi testigo.
Estamos hablando de una película que se rodaría doce años más tarde,
por lo que el testimonio es anterior, pero es bien sabido que Spielberg se
documentó extensamente sobre el fenómeno ovni para rodar esta película,
en la que uno de los personajes se inspira en el famoso ufólogo Jacques
Vallée, que además fue uno de los asesores de Spielberg en este filme.
Posteriormente, supieron que otras personas que estaban despiertas a
esas horas, concretamente unos pescadores, también habían visto luces
extrañas en el cielo.
Pero no fue este el único encuentro que tuvo M. M. en su tierra natal.
Aunque, como hemos visto, muchos investigadores relacionan el
fenómeno ovni con los seres extradimensionales, en 1971 este testigo sufrió
otra experiencia que casa mejor con lo que se expone en este capítulo.
M. M. regresaba a Alhucemas desde Tetuán por la noche en su turismo
Simca 1100.
Había viajado a esta población para realizar unas gestiones en el
consulado español, junto con otros cuatro españoles, también vecinos de
Alhucemas.
En un momento del viaje se encontraron un control de carretera, en el
que les avisaron de que no continuaran por esa vía.
Acababan de cortar la carretera debido a una nevada.
Conocedor de la zona como era, el protagonista de nuestra historia
sabía que, si acababa de empezar a nevar, la nieve sería todavía nieve en
polvo, al no haber dado tiempo a que se compactara.
Esto significaba que la carretera seguía siendo transitable, así que, tras
consultar con sus acompañantes, decidieron tomar un desvío para eludir el
control y continuar su viaje.
Cuando pasaban a la altura de la población de Ketama vieron en la
cuneta a una mujer muy hermosa, sola, de pie, en mitad de la noche nevada.
M. M. transmitió a sus acompañantes su intención de parar para ver
qué le pasaba a la mujer, porque, de nuevo, era anómalo que se encontrara
allí sola, en mitad de la nada, bajo la nevada.
Sin embargo, uno de sus acompañantes empezó a ponerse nervioso.
Según él, podía tratarse de la Aisha Kandisha, pues había oído a muchos
lugareños comentar que se les había aparecido de noche en la carretera, y
que adoptaba la forma de una mujer muy hermosa, pero que tenía patas de
cabra.
El hombre se exaltó hasta tal punto que hizo dudar a M. M. sobre la
conveniencia de parar para asistir a la viandante, por lo que, mientras se
decidía, aminoró la velocidad al pasar a la altura de la mujer.
Mientras me contaba lo que te transcribiré a continuación, me enseñó
su antebrazo, y pude constatar que, recordándolo, todavía se le ponía la piel
de gallina a pesar de haber transcurrido más de cuarenta y cinco años del
encuentro.
Porque, una vez vio más de cerca a la mujer que, parada de pie en
mitad de la carretera, les saludó con la mano al pasar, se dio cuenta de que
era una chica muy guapa, con un hermoso cuerpo, vestida con una túnica
blanca que le llegaba hasta la rodilla, motivo por el que pudo ver que, aquel
ser, tenía patas de cabra.
M. M. afirma que esta entidad estaba rodeada de una especie de aura
dorada que impedía que la nieve la tocara, manteniéndola impoluta.
Por supuesto, y como es natural, al reparar en estos detalles desistió
por completo de recogerla y aceleró peligrosamente, poniendo kilómetros
de por medio entre ellos y la extraña figura.
De nuevo otro caso en el que todos los ocupantes del coche vieron a
este extraño personaje.
Lo que me resulta llamativo de los dos casos que implican a este mito
islámico es que a los colonos se les apareciera como Aisha Kandisha,
cuando en realidad, aunque residentes de Marruecos, en teoría su base
cultural era judeocristiana.
Es cierto que en nuestro propio acervo cultural tenemos leyendas y
criaturas similares.
Lorenzo Fernández Bueno, en su libro La España maldita, aporta
prueba de ello a través de la historia de José Pancho Campo, un habitante de
la localidad extremeña de Garganta la Olla que en 1948 tuvo un encuentro
muy particular.
Mientras transitaba por los montes en la oscuridad de la noche lo
sorprendió un aguacero, lo que le indujo a guarecerse en un refugio para el
ganado que había en mitad del monte y a encender una hoguera.
Tras unos minutos en el refugio oyóun ruido extraño en el exterior y,
al salir para comprobar qué era, se encontró con una persona de baja
estatura vestida de negro.
Pensando que era una monja, la invitó a entrar al refugio. Tras avivar
el fuego hizo un descubrimiento impactante: bajo las ropas negras aquel ser
tenía unas patas de animal rematadas por pezuñas de cabra.
El cabrero profirió una exclamación en el nombre de Dios, pues pensó
que se trataba de una manifestación del mismo demonio, y la criatura huyó
corriendo. El investigador comprobó la existencia real de este hombre y
contrastó con sus descendientes la historia.
Las coincidencias con los dos testimonios antes citados, salvando las
diferencias culturales, no dejan de ser curiosas.
Sin embargo, M. M. asimilaba este extraño encuentro, a su entender, a
una transposición cultural del fenómeno de la chica de la curva.
Esta es una hipótesis interesante pues, si bien es cierto que en muchos
casos de avistamientos de «chicas de la curva» se puede identificar la
identidad de la aparición como una persona concreta con nombres y
apellidos que falleció en dicho punto, quizá, en los casos en los que esta
condición no se cumple, estaríamos hablando de la misma manifestación de
este ente milenario, aunque parece poco probable, dadas las características
de «Aisha» que veremos a continuación, y que la diferencian bastante de
este fenómeno.
¿Quién o qué es Aisha Kandisha?
Juan Román, en su libro El mundo invisible de los Yenún, recopilación
etnográfica de leyendas de la zona del Rif, recoge esta leyenda sobre el
misterioso personaje:
Extrañas cosas las que suceden en este invierno en el poblado. La
lluvia ha sido mucha y la tierra y los campos están empapados.
Extraños visitantes nos frecuentan.
Ali encontró en los parajes, casi podridos de tanta agua, una
hermosa mujer que, revolcándose en la paja, mostraba sus pies de
cabra y sus tobillos pelosos. Antes de que reaccionar pudiera,
Aisha Kandisha —que no era otra la tal— se abalanzó sobre él, le
estrujó el cuello hasta asfixiarlo y lo llevó después despedazado a
su mundo subterráneo donde terminó de devorarlo
tranquilamente.
Su mujer lo esperaba aquella noche junto a la ventana del
porche. La lluvia era incansable y la oscuridad tan densa y
obstinada que el candil apenas llegaba a parecer una calabaza.
Oyó ruido en el desván y creyó ver a su marido entrar por el
muro del corral. Creyó igualmente reconocerlo aunque lo
encontró muy extraño. Sus ojos parecían encendidos por una luz
opaca y rajados en vertical como los de los gatos.
En este mismo volumen, Román describe a la Aisha Kandisha como
un yin (o jina) que toma la forma de una mujer bellísima, casi siempre
rubia, con largas melenas y patas de cabra que aparece cerca de las fuentes
y seduce a los hombres haciéndolos enloquecer.
Yenún es el plural de yin.
Los yin, djinnas o jinas, según el Corán, son los seres sobrenaturales e
invisibles que Dios creó antes de poner al hombre sobre la tierra. La sura IV
del Corán dice que el yin ha sido hecho de fuego sin humo. A su vez, la sura
XVIII dice que los yenún derivan de Satán y los demás demonios. Se les
considera portadores del mal, peligrosos y maliciosos.
La leyenda de Aisha Kandisha se cuenta en las largas noches de
invierno, desde Tánger hasta el sur de Marruecos, para asustar tanto a niños
como a mayores.
Así nos describe la leyenda Abdellatif Bouziane en su blog sobre
Marruecos Tánger express:
Por las noches sin luna nadie debe aventurarse solo, en aquellos
bosques abiertos y solitarios que bordean las playas del
Mediterráneo o del Atlántico, sobre todo si es joven o casado.
Te encontrarás delante de una mujer tan bella y fascinante que te
sentirás atraído y obligado a seguirla, pero, sobre todo, no debes
olvidar proveerte de un arma, no importa cuál, pero debe estar
bien afilada ya que sus pies terminan en pezuñas, unas veces de
cabra, otras veces de camella y otras, incluso, en uñas como las de
una gallina. Delante de ella no debes sucumbir a su encanto
irresistible. Su aparición es mágica. Su belleza incomparable. Su
cabello es del color del fuego dejándose caer sobre sus blancos
hombros desnudos, pues apenas va vestida. Se acerca y te susurra
al oído, con voz baja y seductora, repitiendo varias veces tu
nombre, su próxima víctima a quien parece que conoce, e incluso
se atreve a recordarte algún detalle secreto de tu vida, como lo
infeliz que empiezas a sentirte en tu familia, cayendo rápidamente
bajo sus encantos. Y la sigues al más allá, inconsciente de lo
peligrosa que es: ¡No volverás a reunirte jamás con los tuyos!
[...]
Aisha Kandisha es un personaje carnal, atemorizador, un ser de
ultratumba, a veces vestida de novia con relucientes caftanes, a
veces semidesnuda, incluso se la puede ver sobre la superficie del
agua. Es una genio poderosa que aparece, incluso en las noches
sin luna, alrededor de los pozos o en los callejones más oscuros
de las medinas. Seduce a los viajeros desprevenidos que quedan
perdidamente enamorados de ella, y «perdidamente» significa que
caen en sus manos de un modo enfermizo, melancólico y
depresivo.
[...]
A los pequeños les causa tal pavor que solo el nombrarla les
induce a terminar rápidamente la cena, a portarse bien y a ir a
dormir sin rechistar. Aisha Kandisha es una atractiva djinn, es el
personaje más fascinante que recuerdo actualmente, con una
mezcla de temor, cariño y nostalgia al mismo tiempo. Es uno de
los mitos más antiguos del Magreb, a través del cual el poder de
la mujer sobre el hombre destaca, al igual que en todos los relatos
maléficos de la mitología.
[...]
Aisha Kandisha es también llamada popularmente Lala Aisha,
Aisha Sudaniya o Aicha Elgnauia. Su figura aparece en varios
rituales y actos folklóricos de gnawa, isawa, jillala, hmatcha e
incluso en algunos actos de tuareg y beréberes del norte y del sur
de Marruecos. Su música y su baile llevan a las personas al
trance, y a moverse hasta perder la conciencia. Era una mujer
cautivadora y fascinante, pero a la vez temible. También es
considerada como una sagrada prostituta, seductora incansable.
Aisha Kandisha es una realidad social, es una figura compleja que
condensa no solamente los fantasmas masculinos proyectados,
sino también los fantasmas femeninos reflejados bajo el prisma
figurativo de la fatal belleza, rivalidad invisible y atracción
embrujada que hace perder la cabeza a más de uno.
Yo nunca la he visto, pero recuerdo que mi madre me contó y
me confesó, en varias ocasiones, una de sus historias. No estoy
seguro de si fue a un amigo o a algún familiar lejano; es la
historia de un músico de la orquesta andalusí de Tánger, al que de
vuelta a su casa de madrugada, después de tocar con su grupo en
la celebración de una boda, alrededor del campo de fútbol de
Marshan, le abordó una bellísima mujer y cautivado se dejó
llevar. Más tarde se dio cuenta de que las piernas de tan bella
mujer eran de cabra: era Aisha Kandisha. Se llevó tal susto que se
desmayó perdiendo el conocimiento. Se despertó en la cama de su
casa sano y salvo sin saber más nada de aquel fugaz encuentro,
pero él ya estaba «habitado», endemoniado. Había perdido la
razón. Se quedó trastornado y seguramente enamorado de ella
para el resto de su vida. Jamás volvió a tocar con sus compañeros.
Desde entonces cumplí a rajatabla el consejo de mi madre: «Evita
andar solo por la vida de noche».
Digo yo que, a lo mejor, también tiene este mito algo que ver con la
zoofilia, porque por muy guapa que sea de cintura para arriba, muy
desesperado hay que estar para entrarle a una mujer con patas de cabra...
Lo más curioso de la leyenda de la Aisha Kandisha es que se sabe cuál
es su origen histórico.
Para algunos historiadores, el origen de la leyenda de la Aisha
Kandisha se remonta a la llegada de los musulmanes al norte de África,
concretamente la región de Tánger en el año 712.
La génesis de este mito surge del episodio histórico en el que el conde
don Julián ofreció su ayuda al militar árabe Tarik Ibn Ziad para conquistar
España, aprovechandolas querellas internas de los godos con los cristianos.
Tarik impuso como condición para aceptar la alianza que el conde
español dejase a su hija en poder de los árabes como garantía en contra de
posibles traiciones.
La condesa fue instalada en una casa cercana a la playa y, dado que ese
fue un verano muy caluroso, todas la noches se bañaba en el mar, llamando
la atención de todos los habitantes del lugar, que debían de estar muy
aburridos, pues siempre acudían a contemplar a la mujer cristiana bañarse
en la playa.
A lo mejor se creían que eran «los vigilantes de la paya».
Chistes malos metidos con calzador aparte, lo cierto es que a ese lugar
se le conoce actualmente como La Condesa.
Dice esta versión histórica que los lugareños comenzaron a llamarla
«Aisha, la Condesa», que con el paso del tiempo se transformó,
popularmente, en «Aisha Kandisha» como una derivación de la
transcripción fonética de la palabra condesa.
Otro supuesto origen histórico atribuye la versión real de la leyenda de
Aïcha Kandicha, que también así se la llama, a una mujer que participó en
la resistencia contra la invasión de los portugueses del siglo XVII según unas
fuentes, en el siglo XVI según otras, situándola cerca de Essaouira.
Se trataba de una joven que había sido violada por los soldados
portugueses tras perder a toda su familia durante la invasión. Al no tener
más armas que su belleza, la utilizaba para seducir a los soldados y después
los mataba.
Otras versiones, sin embargo, afirman que la Aisha Kandisha es una
extensión del mito hebreo de Lilith, la primera mujer de Adán, anterior a
Eva, que abandonó el paraíso al considerar que Adán no la trataba como
una igual. Según el mito, se refugió en el mar Muerto, adonde fueron a
buscarla los ángeles para que volviera. Como se negó, Dios la castigó
matando a sus hijos, motivo por el que desde entonces rapta a los niños de
sus cunas para vengarse y mata a aquellos menores de ocho días que no
estén circuncidados. También tiene la costumbre de seducir a los hombres
en sueños.
¿Se trata entonces de un ser extradimensional que penetra en nuestra
dimensión, o podría tratarse de una leyenda que ha tomado la forma de una
entidad como proyección de una creencia?
Estaríamos en este caso ante un tulpa, una proyección mental
individual o del inconsciente colectivo que, alimentada por la fuerza de la
creencia de miles de personas, acaba tomando forma física en nuestra
realidad.
Aunque esto pueda parecer improbable, más adelante analizaremos un
caso que, por su cercanía en el tiempo, nos permitirá examinar mejor este
tipo de fenómeno.
La única certeza que tenemos al respecto es que, para algunas
personas, este mito es una realidad innegable con la que tuvieron un
encuentro que nunca olvidarán.
Seres extradimensionales… ¿en el Teide?
El 17 de mayo de 2015, en el programa de radio dirigido por Iker Jiménez,
Milenio 3, Isabel Santos prestó testimonio de un extraño encuentro ocurrido
en febrero del mismo año en el pico del Teide.
La testigo se hallaba realizando una ascensión para coronar el Teide,
que llevó a cabo en los días 16 y 17 de dicho mes.
Realizaba dicha ruta de alta montaña en las desérticas coladas de lava
volcánica solidificada que forman esa zona, por encima de los 3200 metros
de altitud, en un tramo conocido como El lomo tieso. La testigo y sus
acompañantes vislumbraron a unos doscientos metros de distancia una
silueta bastante grande, de color negro, sin ningún tipo de atuendo o
equipación de montañero.
La silueta descendía deslizándose de forma anormal y con gran rapidez
por una zona en la que los montañeros expertos tienen que avanzar con
cuidado por el riesgo de caída.
La mujer describió a la criatura como una silueta humanoide negra que
doblaba en altura a un hombre, que continuó deslizándose hasta perderse de
vista.
En un capítulo posterior te explicaré qué tipo de criatura puede ser
esta.
En el tramo final se cruzaron con el guarda forestal y escucharon unos
sonidos a la derecha que Isabel describe como gemidos muy agudos
bastante inquietantes.
Esto tuvo lugar a unos 3500 metros de altitud, a una altura de la
montaña en la que no hay fauna.
Las leyendas guanches hablaban de gigantes en la zona, y fray Alonso
de Espinosa en el siglo XV ya hablaba en las crónicas de que los
conquistadores veían seres huidizos de gran tamaño que encajarían con esta
descripción.
El investigador Nando Hernández González, autor del libro Taucho. La
memoria de los antiguos, afirma que en el folclore guanche existía el
concepto de «Abezan», que significaba ‘lo oscuro’ o ‘lo innombrable’, y
que representaba, según el autor, a las formas energéticas del bajo astral.
Esto encaja bastante bien, como te contaré en el capítulo dedicado a la
gente sombra, con la descripción de la criatura que vio Isabel Santos.
En el Teide se hablaba de la existencia de unos seres demoníacos, los
tibicenas, que adoptaban la forma de enormes perros negros que se
aparecían en los lugares sagrados, como si los guardaran de la presencia
humana.
Según este autor, con la llegada de los primeros monjes franciscanos a
Canarias, la mitología guanche incorporó el concepto del demonio. De
acuerdo con esta nueva mitología, Echeide, que es como llamaban al Teide,
era la puerta al infierno donde vivía el demonio de su tradición cultural,
Guayota, conocido como el destructor, que manejaba las erupciones del
volcán a voluntad.
Vemos, por lo tanto, cómo esta zona era ya la puerta a otros mundos en
las tradiciones prehispánicas.
«Terrock» en la carretera
Me gustaría cerrar esta ronda de testimonios y evidencias dispersas con un
caso que resulta llamativo por haber acontecido a unos artistas ilustres y,
además, paisanos míos.
Los protagonistas contaron el caso tanto en Milenio 3, el programa
radiofónico conducido por Iker Jiménez, como en su hermano televisivo
Cuarto Milenio, y también fue reflejado por mi otro paisano, el investigador
José Manuel Morales Gajete, en el apartado que dedicó a los encuentros en
la carretera en su libro Enigmas y misterios de Córdoba.
El 1 de abril de 2012, mientras regresaban de dar un concierto, los
integrantes del grupo de rock Medina Azahara tuvieron un encuentro con lo
insólito.
Circulaban por la carretera N-432 y, a la altura de la localidad de
Zafra, vieron una figura humanoide flotando en el arcén. Era
extremadamente alta y delgada, características que a estas alturas
comienzan a resultarnos algo común, y se cubría con una especie de sotana
negra con capucha. La mandíbula le colgaba del pálido rostro, como si la
tuviera desencajada.
Por supuesto, y en contra de lo que pudiera pensarse de unos viejos
roqueros, los testigos aseguraron que no habían consumido alcohol ni
ningún otro tipo de sustancia sicoactiva que pudiera servir para explicar el
evento.
El encuentro con los seres adimensionales deja testimonios a lo largo y
ancho del mundo, en el presente y en el pasado, que sirven como indicio
para la mente avispada y libre de prejuicios de que ciertos sucesos ocurren.
Estos indicios han sido estudiados por mentes tan brillantes como el
astrofísico Jacques Vallée, al que mencioné anteriormente en este mismo
capítulo, un investigador que aplica métodos científicos al estudio de este
tipo de anomalías pues, si bien comenzó estudiando el fenómeno ovni,
acabó trazando un paralelismo entre las experiencias con supuestos
extraterrestres y el resto de los eventos paranormales, y halló elementos
comunes entre ellos que le llevaron a pensar que todos forman parte de
algún tipo de sistema de control que busca alterar la conciencia de los seres
humanos con los que interactúa, siendo percibido por estos de una forma u
otra según el filtro de sus creencias personales y entorno cultural.
John Keel, otro gran investigador de estos fenómenos, pensaba que
tras manifestaciones de este tipo había inteligencias que escapaban a
nuestra comprensión, a las que denominaba «los imitadores del hombre».
Otros investigadores les dan otros nombres. Hilary Evans los
denominó «enigmaentidad»; Brad Steiger, «los embaucadores».
Estos investigadores y otros grandes pensadores como Carl Gustav
Jung, Patrick Harpur o Roso de Luna parecen coincidir en que todo esto
forma parte de un extraño plan que escapa a la lógica humana, en el que los
actores principales actúan, según Ignacio Darnaude, bajo el «principio de
elusividad», que implica que, en sus interacciones con los humanos, estas
entidades nunca aportan información o pruebas totalmente demostrables
sobre su existencia o la de los otros planos a los que pertenecen, creando
una especie de «cortina de humo» que impide avanzar en el estudio sobre su
naturaleza e intenciones.
Tras esta mirada general, en los siguientes capítulos centraremos el
análisis en algunos de estos seres que han demostrado interactuar con
relativa frecuencia con las personas.
7. LA PARÁLISIS DEL SUEÑO Y LOS VISITANTES DE
DORMITORIO
Estos dos fenómenos, aunque no son exactamente lo mismo, están
íntimamente relacionados, y con frecuencia han sido asociados a terroríficas
visitas de seres de pesadilla que llevan acompañando a la humanidad desde
el albor de los tiempos.
Comencemos por el que tiene una explicación más mundana. Para que
lo entiendas bien, empezaré con un testimonio que te hará entender qué es y
qué no un episodio de parálisis del sueño.
La parálisis del sueño
—Eso me ha pasado a mí —me dijo ella, mientras veíamos en la
tele Cuarto Milenio.
Estaban hablando de la parálisis del sueño.
Mi testigo, una familiar, me sorprendió, pues nunca me había
contado esa historia.
—Es algo muy frecuente —contesté—. A mí me ha pasado.
Sueñas que no puedes moverte, y despiertas angustiado. Con
sensación de alarma.
—Pero en mi caso fue diferente. Yo me desperté porque se
movía la cama.
—Espera, espera. ¿Cómo que se movía la cama?
Entonces ella procedió a contarme una historia que me dejó
patidifuso.
El extraño episodio sucedió mientras pasaba unos días junto a
unos amigos en la Toscana.
—Habíamos alquilado una casa rural, pero era la típica casa
que te alquilan tal cual estaba cuando la habitaban sus anteriores
inquilinos.
»Era una casa antigua, y la presencia de fotos y pertenencias de
la gente que vivía en ella anteriormente le daba cierto toque
siniestro. Debido a la distribución de las habitaciones, uno de los
dormitorios quedaba aislado del resto de la casa por un solitario
pasillo.
»Como el resto de los asistentes estaban emparejados, me
ofrecí a dormir sola en aquel cuarto, aunque la idea no me
entusiasmaba.
»La primera noche, me desperté porque la cama comenzó a
vibrar bruscamente, como si alguien la estuviera zarandeando.
—Bueno —comenté—, sería una alucinación hipnopómpica,
dado que todavía no estabas despierta del todo.
—No lo creo. Pasaron varios minutos y, estando ya totalmente
despierta, seguían moviendo la cama.
—¿Y te podías mover?
—Sí.
—¿Y qué hiciste?
—Pues me quedé muy quieta y me tapé con la manta. Durante
el tiempo que estuve viviendo sola en XXXX, aprendí que,
cuando oía ruidos por la noche en el piso tan enorme que tenía
alquilado, si me tapaba con la sábana y me quedaba quieta, al
final no pasaba nada. Al día siguiente pregunté a los demás si
habían notado algo, por si había sido un temblor de tierra o algo
así, pero me miraron extrañados. Nadie había notado nada.
—¡Qué fuerte ! —exclamé.
—Pero lo peor es que, en las dos noches siguientes me volvió a
pasar.
—¿Y no hiciste nada?
—Pues no, la verdad. Me daba miedo comentárselo al resto de
la gente, se hubieran burlado de mí, así que recurrí a la técnica de
taparme con la sábana y aguantar hasta que la cama dejaba de
moverse.
—No sé cómo pudiste aguantar. Yo me habría muerto de
miedo… Que sepas que eso que te pasó no es un episodio de
parálisis del sueño.
Y realmente no lo era.
La parálisis del sueño es un fenómeno que tiene una explicación
fisiológica.
El cerebro, durante determinadas fases del sueño profundo, desconecta
algunos centros nerviosos responsables de la motricidad.
Si por algún motivo despertamos durante esa fase, en la que se supone
que tendríamos que permanecer dormidos, durante los instantes que el
cerebro tarda en reconectar dichos centros motrices sufriremos la angustiosa
sensación de que estamos paralizados.
Las víctimas de la parálisis del sueño sienten gran angustia durante estas experiencias.
A los noventa minutos de dormirnos, aproximadamente, entramos en
la fase de sueño REM (Rapid Eyes Movement).
En esta etapa del sueño el cerebro inhibe el movimiento de la mayoría
de nuestros músculos para evitar que nos lesionemos de forma involuntaria
mientras soñamos.
Al despertar, el cerebro vuelve a activar los músculos, pero en los
casos de parálisis del sueño los neurotransmisores que bloquean los
músculos siguen activos.
Para acelerar este proceso, el propio cerebro genera una señal de
alarma, para que la alerta nos haga reaccionar más rápido.
Con este fin puede generarnos visiones hipnopómpicas en las que
veremos a criaturas que nos atemorizan, sombras, o simplemente nos
induce una fuerte sensación de estar siendo observados.
Según los científicos, este fenómeno sería el origen de experiencias
supuestamente paranormales como las abducciones que dicen haber
experimentado algunas personas mientras dormían o el haber presenciado
visitantes de dormitorio que adoptan la forma de alienígenas, demonios o,
como veremos un poco más abajo, de sombras espectrales que nos observan
al pie de la cama.
Pero todo a su tiempo.
De momento continuemos con este fenómeno.
Como vemos, la variedad de entidades que la gente ve durante el
fenómeno es abundante, y de nuevo ha variado con las épocas.
Antiguamente las personas veían demonios.
Posteriormente, conforme el contexto cultural ha ido mutando, los
informes de personas que sufrían la parálisis del sueño hablaban de visiones
de humanoides que coincidían con la descripción de la supuesta raza
extraterrestre de «los grises» o de sombras de siluetas humanas.
Este fenómeno suele venir acompañado con frecuencia de dos
trastornos del sueño, los terrores nocturnos y las pesadillas.
La propia etimología de la palabra pesadilla procede de la huella que
este fenómeno ha dejado en nuestra cultura.
Hasta el siglo XVIII la sabiduría popular consideraba que las pesadillas
eran causadas por seres sobrenaturales.
Según esta creencia, estas entidades se sentaban sobre el pecho de los
durmientes, oprimiéndolo con su peso, lo que originó el término pesadilla,
palabra cuya raíz está obviamente relacionada con la palabra peso.
Este constructo cultural enraíza con la creencia desarrollada desde el
medievo en la existencia de íncubos y súcubos, demonios que visitaban a
sus víctimas por la noche para forzarlas a tener relaciones sexuales
echándose sobre su cuerpo para paralizarlas.
La propia palabra íncubo en latín significa ‘acostarse’ o ‘posarse sobre
algo’ (comparte raíz con la palabra incubar).
Su versión femenina, el súcubo, del latín succŭbus, del verbo
succubare, ‘reposar debajo’, adoptaba la forma de una moza de buen ver
que se presentaba por la noche en los aposentos de monjes y adolescentes
(mira tú qué casualidad) para extraer su energía vital manteniendo
relaciones sexuales con ellos o, como se diría vulgarmente, para matarlos
como a las ratas, a base de polvos.
La pesadilla, de Henry Fuseli.
Te dejo ahora un dato que debes recordar, pues te llamará la atención
más adelante: a estas criaturas se les atribuía la capacidad de succionar la
energía vital de sus víctimas, dejándolas debilitadas u ocasionándoles la
muerte por un paro cardíaco.
Este sería el origen de la palabra en nuestra cultura, pero, si
investigamos, podemos ver que esta creencia se hace extensiva también al
mundo anglosajón.
Henry Fuseli plasmó esta concepción cultural en su obra The
Nightmare, creada en 1781, en la que podemos ver a una mujer dormida
con un íncubo sentado en su pecho y la cabeza de un caballo.
En inglés el término nightmare (pesadilla) se compone de night,
‘noche’ y mare, ‘yegua’.
En las leyendas germanas, laspesadillas las causaban caballos o brujas
que visitaban a los durmientes, aunque lo de los caballos puede ser una
malinterpretación más moderna, puesto que el término mare, según algunos
lingüistas, proviene de la palabra Mara, término de la mitología
escandinava utilizado para designar a un espíritu enviado a atormentar o
sofocar a los durmientes.
Pesadillas que matan
Cuando oímos hablar de entidades malignas que visitan a las personas
durante el sueño para torturarlas y matarlas es muy difícil que, por
asociación de ideas, no acuda a nuestro cerebro la imagen de Freddy
Krueger, personaje del cine de terror convertido en un icono de nuestra
cultura.
Pero ¿qué me dirías si te cuento que el personaje nació en la mente de
Wes Craven a raíz de una noticia de prensa que contaba la muerte de un
joven debido a las pesadillas?
El director de cine estadounidense confesó en una entrevista que la
idea del personaje de Freddy le surgió al leer la noticia de la muerte de un
joven de veintidós años. El chico sufría de horribles pesadillas. Tras pasar
varios días sin pegar ojo, pues temía que si se quedaba dormido moriría
durante el sueño, sus padres le suministraron somníferos. Tras cuatro o
cinco días, el joven fue encontrado muerto.
Y no es el único caso.
En julio de 1977 comenzaron a detectarse casos de ciudadanos
procedentes del Sudeste Asiático y refugiados en Estados Unidos,
miembros de la etnia hmong, procedentes de Laos, que morían durante el
sueño de forma inexplicable.
A medida que el número de muertes aumentó comenzaron a conectarse
los casos que habían tenido lugar en ciudades diferentes, pensando que
podría haber un factor común.
Se realizaron autopsias de dieciocho corazones de las víctimas y se
detectaron ciertas anomalías anatómicas en los tejidos que conducen los
impulsos eléctricos a través del corazón, probablemente hereditarias, como
posibles inductoras de un latido desordenado. Sin embargo, esta disfunción
fisiológica por sí misma no explica la causa de una muerte súbita.
La comunidad médica acuñó para esta extraña epidemia el término
síndrome de muerte súbita nocturna inesperada, cuyas siglas en inglés
responden al acrónimo SUNDS.
Tal y como nos cuenta el investigador Juan José SánchezOro en su
artículo «Sueños que matan. La muerte súbita de la etnia hmong»:
Otra vía de estudio profundizó en la experiencia onírica. Al
encuestar a los familiares de algunas víctimas de SUNDS
residentes en campos de refugiados, los investigadores
comprobaron que muchos de los fallecidos habían tenido
episodios de terrores nocturnos y visitas de espíritus malignos
días antes de producirse la muerte. En 1984 el equipo de doctores
dirigidos por Neil Holtan del St. Paul Ramsey Medical Center
identificaron cinco rasgos muy peculiares en el trastorno onírico
que afectaba a los hmong: una sensación de pánico o miedo
extremo; una parálisis parcial o completa del cuerpo; una fuerte
presión sobre el pecho; la sensación de que un ser extraño —
animal, humano o espíritu— estaba en la habitación y, finalmente,
cierta perturbación sensorial de la vista, oído o tacto.
Desde julio de 1977 hasta los inicios de los años noventa, más de cien
personas, la mayoría hombres, fallecieron por esta extraña patología.
En la cultura hmong, las pesadillas son causadas por un ente diabólico
que visita al durmiente mientras sueña. Al principio perciben una presencia
extraña junto a su mano, tras lo que son invadidos por una sensación de
horror. Es entonces cuando comienzan a sentir una fuerte presión sobre el
pecho que les dificulta la respiración.
Los demonios causantes de semejantes episodios son los tsog,
entidades que, según la tradición, habitan en cuevas oscuras y que son los
encargados de castigar a aquellos que no cumplen los preceptos y los ritos
de su religión.
A medida que se ha ido estudiando esta realidad se ha encontrado que
se repite en diversos puntos de Asia.
En Filipinas se registran casos similares desde 1917.
En este país se atribuyen dichas muertes al bangungut, que traducido
del tagalo significa ‘levantarse y gemir en sueños’. El bangungut ocasionó
la muerte de 722 personas entre los años 1948 y 1982, siendo el 96 % de los
fallecidos hombres, con una media de edad de treinta y tres años y sin
enfermedades reconocibles.
En esta cultura, la criatura causante del bangungut es el batibat,
nombre que bien podría haber sido ideado por un batmaníaco redundante,
pero que en realidad es una dama gorda, vieja y grande que habita en los
árboles. Este ser se sienta sobre el pecho del durmiente hasta provocarle la
asfixia.
En Japón también se detectaron casos de esta enfermedad, donde
recibe el nombre pokkuri.
Aunque en el país nipón hay otro ente al que tradicionalmente se le
achacan los episodios de parálisis del sueño.
Puede, por lo tanto, comenzar a apreciarse la relación, a veces mortal,
que se da entre la parálisis del sueño y los visitantes de dormitorio.
Un fenómeno transcultural
Aparte del fenómeno de la muerte durante el sueño al que los japoneses
llaman pokkuri, en el país nipón hay otra palabra, kanashibari, utilizada
para designar la parálisis del sueño no mortal. Tradicionalmente achacan los
episodios de parálisis del sueño a diferentes tipos de yokai, entidades
sobrenaturales.
Se dice, por ejemplo, que a veces estos desagradables episodios se
deben a que un yûrei, un tipo de fantasma japonés, te atrapa, colándose por
debajo de las sábanas del futón. Con su energía sobrenatural paraliza el
cuerpo de su víctima, mientras la sujeta fuerte por las piernas o los brazos,
tirando de ella en dirección de alguna ventana abierta o algún peligro
aparente.
Otro causante del kanashibari es el makura-gaeshi, una entidad
sobrenatural con la forma de un niño pequeño que se sienta sobre el pecho
de los durmientes presionándolo, hasta que estos despiertan paralizados.
En este mito, por ejemplo, vemos una clara conexión con la tradición
europea.
Cada cultura tiene términos parecidos para designar este fenómeno:
unihalvaus en Finlandia; lidércnyomás en Hungría; Shaitan (Satán) en
Pakistán; bakhtak en Irán; boba en Bangladesh; phi Am en Tailandia; pinyin
gui ya chuang (fantasma que presiona sobre el cuerpo) en China.
En Mongolia (si sigues leyendo verás que esta es una coincidencia
muy curiosa) llaman al fenómeno khar darakh o kara darahu, que se
traduce por ‘ser oprimido por el Negro’ o ‘cuando el Oscuro presiona’.
Kara en Mongol significa ‘negro’, y se usa a veces para referirse a la
personificación del lado oscuro de las personas o de la realidad.
Uno de los tipos de criatura más comunes durante estos episodios es el
de las sombras humanoides.
Hay quien afirma que la mayoría de las muertes provocadas por este
síndrome se dan alrededor de las tres de la madrugada, aunque no he podido
encontrar una fuente fiable que confirme este punto.
De ser esto cierto, se establecería otro curioso paralelismo, puesto que
la mayoría de las personas aquejadas de parálisis del sueño y que dicen
tener experiencias con visitantes de dormitorio cuentan que sufren estos
episodios alrededor de las tres de la mañana.
Muchos de estos testigos dicen recibir a los incómodos visitantes de
los que te hablaré a continuación.
Los visitantes de dormitorio
Como hemos visto, con frecuencia los terrores nocturnos y la parálisis del
sueño van acompañados de una extraña sensación de que un ser maligno o
amenazante está junto a nosotros en el dormitorio cuando despertamos.
Como te contaba al principio del capítulo, la ciencia explica esto como
una sensación de alarma creada por el propio inconsciente para activar los
sistemas motrices del cuerpo, que estaban inhibidos por el cerebro para
evitar que el durmiente sufra daños por movimientos involuntarios durante
las fases del sueño profundo.
Sin embargo, muchas de las personas que sufren este mal parecen no
estar de acuerdo con esta explicación por encontrarla insuficiente.
Un testimonio nacional muy revelador
Como dije anteriormente, hacía años había oído hablar del temade la gente
sombra en algunos programas de misterio, pero pensaba que habían tocado
el tema sin mucho rigor, así que para mí era una especie de leyenda urbana.
Esta concepción cambió el 10 de junio de 2012. El programa
radiofónico Espacio en blanco dedicó un episodio a los «Agresores del más
allá. Visitantes de dormitorio».
En él, el investigador Miguel Pedrero expuso una serie de testimonios
de personas que habían sufrido fenómenos de esta índole.
Una de estas historias me impactó de forma especial. Es un caso que
me impresionó porque, al contrario de lo que se suele decir de espíritus y
fantasmas, deja patente que estas entidades sí pueden causar daño físico a
las personas.
La propia testigo contaba, en la entrevista grabada por este
investigador, que entre 1997 y 1998, en su época de estudiante, vivía en un
colegio mayor de una ciudad del sur de España.
Durante los dos primeros años de estancia en el colegio mayor, la
testigo notaba por las noches cómo algo la agredía, en algunas ocasiones
llegando casi a asfixiarla, pero nunca podía ver al causante de los ataques.
La entidad le presionaba la cara contra el colchón de la cama, y podía sentir
el crujido de los muelles del colchón y el peso de algo, de una presencia.
El cuarto en que residía la testigo tenía un baño que se comunicaba con
otra de las habitaciones.
Al parecer, los fenómenos comenzaron en esta otra estancia.
Al principio la testigo oía ruidos en dicho dormitorio, como si hubiera
alguien dentro, y se asustaba porque le constaba que aquella habitación
estaba vacía. Movimiento y arrastrar de muebles y crujidos del colchón
fueron los primeros síntomas del mal que la acosaría pasado un tiempo.
Poco a poco comenzó a escuchar también pasos. La testigo afirmó que
se levantaba, abría las dos puertas del cuarto de baño, y podía ver
perfectamente que la otra habitación estaba vacía, sin nadie que pudiera ser
el causante de aquellos ruidos.
Semanas después, durante un período de quince días, comenzó a
encenderse sola la luz del otro cuarto.
La puerta de dicha habitación estaba cerrada por dentro, por lo que
solo ella podía acceder a través del baño que comunicaba con su dormitorio.
La evolución de los incidentes continuó, de tal forma que comenzó a
encenderse la luz del cuarto de baño.
El miedo de la mujer, que por aquel entonces era una chica de algo
más de veinte años, iba en aumento a medida que se recrudecían los
fenómenos.
El siguiente episodio en la escalada de sucesos ocurrió un día, tras la
cena, mientras se lavaba los dientes. Tenía abierta la puerta del baño que
daba a su habitación y pudo ver de refilón a una persona que entraba en el
dormitorio. Lo describió como un hombre de entre cincuenta y cincuenta y
cinco años que andaba por la habitación, muy alto, de unos dos metros, muy
delgado, vestido con un traje y una capa negros. Las ropas parecían
antiguas.
Incluso pudo ver su cabello y su rostro, que era huesudo y muy pálido.
La aparición del ser hizo que la habitación se quedara helada.
Las indeseadas visitas comenzaron a sucederse en el tiempo. Cuando
estaba acostada, antes de dormir, aún despierta, sentía el frío, la presencia, y
su cuerpo quedaba paralizado.
Tras las apariciones de esta entidad la testigo se sentía cansada, como
si le hubieran drenado la energía.
En una de las ocasiones, harta ya de la situación, intentó revelarse
contra la parálisis que parecía inducirle aquel extraño ser, pero tan solo
pudo ver los zapatos que brillaban a la luz de la estufa que tenía en el
cuarto; era incapaz de girar la cabeza para poder mirar al intruso a la cara.
Esta situación se prolongó durante dos años. En algún punto de dicho
período la escalada de agresiones aumentó a un nivel más preocupante,
pues en una ocasión la chica sintió como si aquel ser la obligara a salir de
su cuerpo, a que su yo astral abandonara su cuerpo físico. Se sentía
empujada hacia lo que ella describe como «una espiral de luz» que parecía
querer absorberla.
La testigo intuía que esa luz era el túnel que describen las personas que
tienen experiencias cercanas a la muerte, por lo que se resistió con todas sus
fuerzas, pues pensaba que, de ser absorbida por el vórtice de luz, moriría.
Al día siguiente de la experiencia, en el brazo izquierdo, el más
próximo a la entidad, sufrió una inflamación y un extraño eccema que le
recorría todo el brazo. Preocupada, acudió al médico, que le explicó que se
trataba de un herpes que había aparecido debido a una bajada drástica de las
defensas de su cuerpo.
Ella nunca había tenido este tipo de infecciones. El análisis de sangre
que le hicieron arrojó un dato preocupante: padecía un déficit serio de
glóbulos blancos.
Esto la obligó a seguir un tratamiento con vitaminas y antibióticos
contra los herpes.
Una compañera nueva se alojó en la habitación que hasta aquel
momento había permanecido vacía, y comenzó a describir a un ser similar
al que veía la testigo.
Una noche, durante uno de estos episodios, la desesperación y la
indignación que sentía le hicieron perder el miedo a la criatura, y comenzó
a experimentar una sensación de agresividad y odio hacia el ente, hasta el
punto de que la rabia la empujó a resistirse con todas sus fuerzas.
En ese momento pudo abrir los ojos y vio sobre ella una especie de
nube formada por manchas sucias, grisáceas, como la textura de la estática
de una televisión.
Con las pocas fuerzas que tenía, increpó a aquella cosa, diciéndole que
se fuera, y el extraño ente desapareció. Las experiencias no volvieron a
repetirse.
Esta descripción concuerda con la de otras muchas personas que han
sufrido episodios de visitantes de dormitorio.
Este testimonio me parece interesantísimo, porque recoge algunas
claves del fenómeno que no había escuchado antes, y conectan con mucha
de la información que te he mostrado a lo largo de los anteriores capítulos.
Vemos cómo estas entidades cobran fuerza a medida que el miedo de
sus víctimas se intensifica, como si dicha emoción fuera la emanación
mental que las alimenta.
Es curioso también el hecho de que la aparición del ser se viera
acompañada de bruscos descensos de temperatura.
Hay investigadores que afirman que esto se debe a que estas
manifestaciones extraen la energía de la temperatura ambiente y la usan
para generar efectos, como hacerse visibles, hacer vibrar las ondas del aire
para generar sonidos y demás parafernalia de la que se hacen acompañar.
La inmunodepresión que causa la criatura a la víctima parece indicar
que este intruso de alguna manera le extrae la vitalidad, por lo que no solo
se alimenta de su miedo. Esto entronca con la tradición de demonios de los
sueños que hemos visto anteriormente, como si de alguna forma el ser
humano supiera de la existencia de este tipo de entidades que se alimentan
de la energía vital de los durmientes.
El hecho de que al final la testigo viera una masa informe también
encajaría con el precepto de que estos visitantes de otras dimensiones
adoptan formas arquetípicas en función del contexto sociocultural de los
testigos o de sus patrones de pensamiento y arquetipos del subconsciente.
La pesadilla, el documental
Otra persona que sufrió estas experiencias fue Rodney Ascher, quien, tras
haber padecido este trastorno, decidió rodar un documental en un intento de
dar con respuestas a las aterradoras sensaciones que había experimentado.
Para ello convocó en YouTube a personas que hubieran sufrido
parálisis del sueño, para entrevistarlas. El documental fue estrenado el 26 de
enero de 2015 en el Festival de Sundance. En él se analizan ocho casos de
personas que han sufrido este trastorno.
A lo largo de sus noventa minutos de duración, el documental recoge
los testimonios en primera persona. Todos han sufrido lo que la ciencia
denomina parálisis del sueño.
Chris C., de Nueva York, cuenta que su experiencia comenzó de una
forma muy extraña. A los cinco años tuvo la sensación de que la tele le
hablaba. El presentador del programa que estaban emitiendo en aquel
momento le decía: «Chris, volveremos».Posteriormente, siendo un poco mayor, comenzó a sentir que la cama
se elevaba, como si se inclinara hacia delante, y en ese momento veía una
luz en el pasillo por el que entraba una persona con sombrero seguida de
otros dos humanoides más, sin rostro ni rasgos, pues solo veía el contorno
oscuro de sus cuerpos recortados a contraluz, completamente negro.
Al despertar, las siluetas habían desaparecido.
Intentó buscar ayuda psiquiátrica, sin éxito.
A posteriori comenzó a vivir episodios en los que sentía dolor mientras
estaba paralizado.
Una noche, durante la visita de una amiga que se quedó a dormir, vio
una silueta sombría, enorme, de ojos rojos, que llegaba hasta el techo. La
siniestra forma le susurraba: «Tú me conoces, vas a morir».
La visita despertó gritando y le dijo que sobre su pecho se había
posado un gato con ojos rojos, que miraba en dirección a Chris y hablaba en
un lenguaje que la mujer no comprendía.
En Saint Louis, Michigan, Jeff R. contó que, diez años antes del rodaje
del documental, su novia le comentó un día que tenía episodios de visitantes
de dormitorio acompañados de parálisis del sueño.
A la semana comenzó a pasarle a él. Lo describía como si su cuerpo se
hiciera pesado y se durmiera pero justo en ese momento despertaba.
La experiencia venía acompañada de visiones de un vórtice de colores
y parálisis, y le causó un ataque de pánico.
Tras intentar moverse despertó.
Esto se convirtió en algo frecuente durante un mes.
Buscó ayuda médica, le hicieron escáneres, electroencefalogramas, y
todo era normal, por lo que le diagnosticaron parálisis del sueño debida al
estrés.
Elizabeth, de New Jersey, una noche, cuando tenía veintinueve años,
comenzó a sentir cosquillas que se expandían de la punta de los pies a todo
el cuerpo y empezó a oír zumbidos parecidos a los de las abejas. Tras unos
momentos sintió una presencia a su lado.
No se podía mover.
La vivencia se repitió durante años e incluso llegaba a tener
experiencias extracorpóreas en las que se veía a sí misma de forma borrosa
tumbada en la cama.
Según la testigo, tenía la sensación de que la presencia intentaba
llevársela.
En otra ocasión se sintió violada por esta entidad, lo que encajaría
perfectamente con la descripción de los íncubos medievales, aunque la
testigo afirma que no la veía, que solo la sentía encima.
Tras la muerte de su madre, Elizabeth sufrió una depresión. Un día,
tras trabajar en el turno de noche, regresó a casa y se echó a dormir.
Mientras cogía el sueño, comenzó a sentir cómo su cuerpo se entumecía y
se quedaba paralizada, pero esta vez tuvo una sensación diferente. Escuchó
pasos que se aproximaban y una presencia que se acercó y la abrazó por
detrás; incluso pudo sentir cómo el colchón se hundía bajo el peso de algo,
como si hubiera un cuerpo junto a ella en la cama. En ese momento escuchó
a su madre susurrarle al oído: «Cariño, estoy aquí».
Sintió calor, felicidad y una sensación de seguridad. La experiencia
duró un par de segundos y luego se desvaneció.
Desde entonces siente que es visitada por dos entidades diferentes, o la
misma que intenta alternar su esencia real con la forma de su madre para
que no se alarme.
En Nueva York, Kate A. cuenta en este documental que, cuando tenía
veinte años, durante una época de estrés agudo en su vida por cambios
laborales, comenzó a ver siluetas sombrías, episodios durante los cuales no
se podía mover.
Su primer pensamiento fue que alguien había entrado a robar. Estas
experiencias le generaron un profundo terror.
Korine W., de Covington, Kentucky, cuenta cómo, con dos o tres años
de edad una lámpara de colores que había en su dormitorio se tornaba roja
en algunas ocasiones, y tenía la sensación de que algo malo iba a pasar.
Durante la edad adulta continuaba con problemas de sueño. Cuando
iba a dormir, su cuerpo se quedaba totalmente paralizado y sentía una
especie de vibración eléctrica que la recorría, y a continuación comenzaba a
oír gritos y lamentos de muchas personas. Tras eso, un personaje que ella
describe como un humanoide de sombra tridimensional entraba en la
habitación, emitiendo una especie de vibración que la aterraba, acompañada
de lo que la testigo describía como «los sonidos del infierno».
Otro de los testigos, Stephen P., de Mánchester, Inglaterra, afirmaba
que con frecuencia sentía que se quedaba dormido mientras experimentaba
un shock eléctrico, para despertar paralizado y sentir una especie de
energía, como de electricidad estática, que invadía toda la estancia. Luego
aparecían dos siluetas de sombras, una que el testigo describe como
genérica, una silueta negra tridimensional, acompañada de otra de esas
siluetas tridimensionales, pero en la que se podía distinguir que llevaba un
sombrero. Esta última era una figura que transmitía autoridad y un
sentimiento amenazador.
Una noche, al ir a acostarse junto a su novia en un estado de gran
cansancio físico, se quedó dormido de inmediato.
Despertó en mitad de la noche y sintió una atmósfera muy opresiva,
una sensación de malignidad. Se vio a sí mismo junto a su novia en la cama.
Estaba teniendo una experiencia extracorpórea.
Sentía confusión y miedo. En ese momento vio en la esquina del
cuarto a tres seres de sombras. De nuevo el hombre del sombrero y detrás
otras dos siluetas sin rasgos distintivos. Se acercaron hacia él, y el testigo y
los humanoides comenzaron a forcejear. Tan pronto como les opuso
resistencia, las entidades cejaron completamente en su empeño y
retrocedieron. Las figuras sin rasgos distintivos retrocedieron detrás del
hombre del sombrero, como escudándose en él.
Animado por este gesto, el testigo confiesa que quiso ir hacia ellos
para averiguar más, pero que en ese momento escuchó una voz en su cabeza
que le decía que volviera a la cama.
Se giró y vio un hilo plateado que lo unía con su cuerpo durmiente que
yacía en la cama.
Decidió volver a su cuerpo, y en ese momento despertó.
Esa fue la última vez que tuvo una experiencia de ese tipo.
Personalmente encuentro este testimonio muy interesante porque
aporta dos datos que serán clave en el capítulo siguiente.
El hecho de que viera un cordón de plata que lo unía con su cuerpo
concuerda con la afirmación que hacen muchas tradiciones esotéricas de
que el ser humano posee un cuerpo físico y un cuerpo etérico o astral, que
se desprende del primero durante el sueño, permitiéndole realizar viajes
astrales y vivir experiencias extracorpóreas, y que ambos están unidos por
lo que se conoce como «el cordón de plata».
La segunda es que, al dejar de temer a estas criaturas y enfrentarse a
ellas, parecen perder el poder sobre sus víctimas.
Otro caso muy revelador es el de Connie Y., de Costa Mesa,
California.
En su infancia, con cinco o seis años, y luego con quince, la testigo
afirma que despertó sintiendo tras de sí una presencia maligna, pero no
podía girarse. Estaba paralizada y aterrada. Sentía frío, y que aquella cosa la
estaba mirando, como si quisiera asustarla.
Incluso en su época universitaria, cuando compartía cuarto con otra
estudiante en el colegio mayor, experimentaba episodios en los que veía
unas burbujas negras flotantes que aparecían y se metían debajo de su cama.
Ella intentaba gritar, pero estaba paralizada y no era capaz de emitir
sonido alguno.
Una noche Connie estaba durmiendo y oyó un ruido estridente, que
describe como gritos de demonios o espíritus, acompañado de un zumbido
y de la sensación de una presencia en el cuarto, de pie junto a su cama, y
como si alguien le estuviera gritando en el oído.
La testigo describe que el ser llevaba ropajes rojos, pero debido a la
parálisis no podía mover la cabeza para ver su cara. En ese momento invocó
a Jesús, según describe, para tratar de expulsar a la presencia, que
finalmente desapareció. Desde ese momento las experiencias terminaron y
la testigo, que hasta aquel día no tenía creencias religiosas, se convirtió al
cristianismo.
El último y más sorprendente testimonio lo aporta Forrest B., de Los
Ángeles, California.
Forrest afirma que,cuando era bebé, residía en una granja en Vermont.
El testigo recordaba estar en la cuna de noche y ver entrar formas
humanoides, con piel que lucía como la estática de la televisión, como el
ruido blanco. Sus cuerpos eran altos y delgados, con ojos negros enormes y
almendrados y una sonrisa malévola. Las criaturas se acercaban a su cuna y
lo tocaban, dejándolo paralizado.
Resulta aterrador, pues el testigo afirma que este es el primer recuerdo
del que es consciente.
Cuando creció, las experiencias continuaron; sentía voces que lo
llamaban por la noche, y le susurraban cosas.
De mayor, al ver la película Communion, el testigo identificó el
parecido de las criaturas que veía en la televisión con las que le visitaban.
En este punto es necesario aclarar, por si no lo sabes, quién es Whitley
Strieber, autor de la novela homónima en la que se basa la película.
En 1987 Whitley Strieber publicó Communion, un libro en el que
contaba sus experiencias con unos seres a los que denominaba «los
visitantes», humanoides macrocéfalos de cráneo alargado, corta estatura y
ojos completamente negros, sin esclerótica.
Contado así, podría parecer que se trata del vídeo de la comunión de tu
primo el de los ojos malos, pero lo cierto es que la película, que describe las
abducciones a las que lo sometían estas criaturas, se ha convertido en un
referente en el estudio de los fenómenos ufológicos y de los casos de
abducidos.
Desde entonces han devenido en la imagen arquetípica del alien en la
cultura popular, hasta el punto de afirmarse que constituyen una raza
concreta de alienígenas, los grises, asociados con frecuencia a los
fenómenos de abducción.
Descripción arquetípica del aspecto de los grises.
Tras esto, Forrest comenzó a pensar que era abducido por alienígenas.
El testigo asociaba el fenómeno a la casa de sus padres, donde las
experiencias eran más intensas, llegando incluso a ver a un anciano que lo
acusaba, textualmente, de haber tenido poluciones nocturnas en las sábanas
de su madre.
Un temita.
Durante una época en la que estuvo saliendo con una chica muy
excéntrica y algo hippie que tenía creencias new age y que decía sentir las
energías espirituales, tuvo una experiencia esclarecedora.
Fueron a pasar un fin de semana a una cabaña en el bosque, intuyo que
con la idea de fornicar como bonobos puestos de éxtasis, aunque el testigo
no deja claro este punto en el documental.
Durante un paseo al anochecer, su novia le propuso hacer un círculo de
piedras y lo invitó a «ser receptivo».
La chica se colocó algo por delante de él y se tapó los ojos con las
manos. Pasados unos instantes, ella comenzó a decir: «Ya viene, ya viene».
Entonces, el testigo vio en el bosque a una forma azul, una especie de
silueta, que le transmitió una sensación de paz.
Su acompañante, aún tapándose los ojos, exclamó: «¡Oh, es azul!»,
tras lo cual comenzó a reír de forma alocada.
Al poco, la chica se dirigió a él, todavía con los ojos tapados, para
decirle: «Ella dice que no te preocupes por los demonios que tienes detrás».
Forrest se volvió, incrédulo, y pudo ver a las extrañas criaturas de su
niñez de grandes ojos completamente negros, sonrisas malévolas y piel
como de ruido blanco de televisión. De nuevo reparó en la semejanza de la
cara de estos seres con la de la arquetípica descripción de los grises.
En ese momento tuvo la extraña certeza de que el miedo le confería
poder a las entidades malignas, y que tener miedo en ambientes negativos
solo hacía que estas cosas fueran más fuertes. Según declara el testigo, llegó
a la conclusión de que este tipo de entidades debían de ser algún tipo de
fuerza de la naturaleza, otro dato interesantísimo, pues encaja con algunos
de los postulados que exploraremos en el siguiente capítulo, y que
relacionan a este tipo de entidades con elementales del bajo astral.
Entonces la luz azul se disipó.
Si analizamos el conjunto de los testimonios, y los comparamos con
las experiencias usuales de parálisis del sueño según las describe la ciencia,
podemos apreciar una serie de elementos que no son claramente atribuibles
a este fenómeno fisiológico.
Yo mismo alguna vez he tenido algún episodio de parálisis del sueño, y
desde luego no he experimentado los siguientes factores:
• Luces que iluminan la estancia como anunciando el fenómeno.
• Visiones de colores.
• Experiencias fuera del cuerpo.
• Oír zumbidos o gritos y lamentos.
• Sentir sacudidas eléctricas.
Otro elemento casi constante en todos los testimonios es la presencia
de siluetas humanoides que parecen sombras.
Pero esto último lo analizaremos con más detalle en el siguiente
capítulo.
8. LA GENTE SOMBRA
Carl Gustav Jung, uno de los padres de la siquiatría moderna, afirmaba la
existencia del inconsciente colectivo, un sustrato común al conjunto de la
humanidad de todos los tiempos, constituido por símbolos atávicos con los
que se expresan contenidos del siquismo humano que están más allá de la
razón.
Estos símbolos son conocidos como arquetipos.
Uno de los arquetipos junguianos principales es conocido como La
sombra.
Decía Jung sobre La sombra:
La figura de la sombra personifica todo lo que el sujeto no
reconoce y lo que, sin embargo, una y otra vez le fuerza, directa o
indirectamente, así por ejemplo, rasgos de carácter de valor
inferior y demás tendencias irreconciliables.
La sombra es [...] aquella personalidad oculta, reprimida, casi
siempre de valor inferior y culpable que extiende sus últimas
ramificaciones hasta el reino de los presentimientos animales y
abarca, así, todo el aspecto histórico del inconsciente [...]. Si hasta
el presente se era de la opinión de que la sombra humana es la
fuente de todo mal, ahora se puede descubrir en una investigación
más precisa que en el hombre inconsciente justamente la sombra
no solo consiste en tendencias moralmente desechables, sino que
muestra también una serie de cualidades buenas, a saber, instintos
normales, reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad,
impulsos creadores, etc.
La plasmación en la cultura humana de este arquetipo, de acuerdo con
Jung, se da a través de símbolos como la serpiente, el dragón, los monstruos
y los demonios.
Quedémonos con estos dos últimos, porque los invitados inesperados
que a veces se cuelan en nuestra realidad, de los que vamos a hablar a
continuación, encajan bastante bien con este arquetipo y con los
mencionados símbolos.
Gente con muy mala sombra
Me gustaría empezar este apartado con dos testimonios de personas de mi
círculo más cercano que conectan la parálisis del sueño y los visitantes de
dormitorio con el tipo de entidades extradimensionales que trataré a
continuación: la gente sombra.
Debo confesar que, hace tiempo, escuché hablar en algún programa de
misterio sobre la gente sombra, y lo descarté como un mito moderno que
carecía de base pero, tras investigar sobre el tema, mi percepción ha
cambiado de forma drástica.
Un amigo mío, bastante escéptico, me comentó una vez que, estando
solo en el piso de alquiler en el que vivía, se hallaba sentado en el escritorio
de su habitación, de espaldas a la puerta que daba al pasillo. Era un piso
viejo, situado en una céntrica calle de Sevilla capital.
En aquel momento, sin saber exactamente por qué, se volvió y miró a
la puerta. En ese momento vio pasar una silueta enorme, una sombra
grotesca, alta hasta llegar al techo, a la que no se le distinguían brazos, pero
que parecía llevar una sotana o algún tipo de túnica.
La visión se limitó a pasar por el pasillo delante de sus narices, sin
interactuar con él lo más mínimo.
Siendo una persona racional como es, me confesó que quizá fuera una
ilusión óptica debida a la vista cansada conjugada con la miopía que
padece.
Podría ser. Este tipo de testimonios es más común de lo que parece.
El siguiente caso, de una persona de mi entorno más cercano, conecta
las apariciones de estas sombras con la parálisis del sueño y los visitantes
de dormitorio, que vimos en el capítulo anterior.
La historia hunde las raíces en su infancia,años en los que, durante
algunos períodos, padeció terrores nocturnos debidos a lo que ella creía un
visitante de dormitorio: una sombra enorme, anormalmente alta, que se
encorvaba, escuálida como era, para no golpearse con el techo, un
esperpento con algún tipo de sotana o traje talar, de rasgos indistinguibles,
que acercaba una mano hacia ella intentando cogerla.
Según la testigo, la sombra tenía una cabeza extrañamente alargada
que le recordaba vagamente a la mitra de un obispo.
En el transcurso de las visitas del ser de sombras, que, según aseguraba
ella, no eran fragmentos de pesadilla, la testigo permanecía paralizada,
intentando moverse y proferir alguna llamada de socorro, hasta que el ser se
desvanecía como una pesadilla y el alarido de terror salía de su garganta.
Sus padres y hermanos irrumpían alarmados en la habitación, hasta que la
frecuencia hizo que se acostumbraran, acudiendo a la petición de ayuda con
ánimo de reconfortar, pero sin angustia.
Un día el ser se apareció, pero había mudado su negrura en luz. Ahora
la silueta, por una única vez, se manifestó blanca. Y no volvió nunca más.
Aunque los terrores nocturnos quedaron para atestiguar el poso de
miedo que la terrible experiencia había dejado en su subconsciente.
Al final la historia quedó relegada al olvido.
Pero un día, durante una reunión con su familia, el tema volvió a salir
a colación entre varias anécdotas de la familia relacionadas con
experiencias supuestamente inexplicables.
En esta ocasión, sus hermanos, todos mayores que ella, añadieron un
dato revelador: recordaban cómo habían dejado de practicar la ouija antes
de que ella, la protagonista de esta historia, hubiera nacido. Lo hicieron tras
una sesión especialmente terrorífica.
Fue tal la impresión que decidieron romper el tablero y tirarlo a la
basura.
Era una vieja historia que ya habían contado en anteriores ocasiones.
Después de aquello, habían sucedido algunas cosas, como si hubieran
traído algo a la casa. Un día, al entrar uno de ellos en el domicilio familiar,
en un momento en el que no había nadie, se había encontrado un taburete de
la cocina en mitad del pasillo, encima del cual había colocadas unas tijeras.
Pero en esta ocasión dieron un dato que nunca habían contado antes.
La sesión de ouija la habían llevado a cabo en el cuarto que, años después,
ocuparía su hermana al nacer, y en el que tuvieron lugar las apariciones de
aquel ser de sombras.
La historia de este fenómeno
Aunque las tradiciones esotéricas y los sistemas religiosos a lo largo de la
historia nos han hablado de seres de sombra como representaciones
antropomórficas del mal, y con frecuencia se habla de formas humanoides
sombrías en el folclore que rodea a las historias de fantasmas, la
popularización del término «gente sombra» es relativamente reciente y
originaria del mundo anglosajón.
Algunas fuentes sitúan la primera mención a estas criaturas el 12 de
abril de 2001, en el programa radiofónico Coast to Coast AM, que realizó
una emisión en la que se abordaba el tema en profundidad.
En él, el presentador Art Bell entrevistó a un anciano nativo
americano, Harley «SwiftDeer» Reagan, y durante la entrevista animaron a
los oyentes a enviar dibujos de los seres de sombras con los que hubieran
tenido encuentros.
El público envió gran cantidad de dibujos en los que parecía haber
ciertos modelos que se repetían, como si hubiera varias categorías de
sombra o personajes diferenciados.
Posteriormente el fenómeno fue cobrando popularidad gracias a las
apariciones en dicho programa de la autora e investigadora paranormal
Heidi Hollis, que publicó un libro sobre el tema en octubre de ese mismo
año.
Ella fue la que nombró a las criaturas avistadas durante estos
encuentros con seres con forma de silueta como «la gente sombra», creando
la idea de una especie de colectivo que vinculaba entre sí lo que hasta el
momento habían sido interpretados como sucesos inconexos, apariciones
espectrales aisladas o simples alucinaciones.
En sus intervenciones en este programa, Hollis sentó las bases que
definirían esta realidad, para algunos, o mito moderno, para otros,
describiendo la fenomenología sobre la base de los testimonios que había
recopilado, que los describían como siluetas oscuras con formas humanas
que pueden avistarse fugazmente por el campo de visión periférica; también
aportaba testimonios de personas que afirmaban que algunas de estas
figuras habían intentado saltar sobre el pecho de sus víctimas y
estrangularlas.
Para Hollis, estas entidades son claramente malévolas aunque, como
veremos a continuación, existe controversia al respecto, pues hay quienes
afirman que son entidades neutrales, y otros incluso piensan que les velan
durante el sueño, como si fueran una especie de ángel de la guarda.
Vemos que, de nuevo, se repite la historia pues, al igual que con el
Mothman, el ser humano no es capaz de entender la lógica y el
comportamiento de seres que parecen regirse por parámetros no humanos.
Clasificación de la gente sombra según su apariencia
El de la gente sombra es un misterio que aúna varios tipos de entidades
diferentes y, de hecho, como verás a continuación, podría responder a
diversas causas.
En principio la mayoría tienen algunas características en común.
Podría afirmarse que en la mayor parte de los casos, al menos en los
primeros estadios de su interacción con los humanos, son percibidas como
siluetas o manchas fugaces que se captan en el campo de visión periférica,
pero que, una vez volvemos la cabeza para mirarlas, desaparecen
rápidamente de nuestra vista.
Se han descrito encuentros con estas criaturas tanto de día como por la
noche, pues, de acuerdo con los testigos, la luz no parece afectarles.
Sus cuerpos tienen forma humanoide, aunque varían en tamaño: desde
siluetas de altura humana o con formas de enanos hasta entes gigantescos
que pueden llegar a medir varios metros de altura.
Algunas veces se distinguen sus extremidades, en determinados casos
de dimensiones grotescas, aunque en otras ocasiones pueden no
diferenciarse los brazos, o incluso los brazos y las piernas, como suele pasar
en el caso de las sombras que adoptan la forma de seres que parecen llevar
una túnica con capucha.
En algunos avistamientos, sin embargo, las entidades de este tipo han
sido descritas como seres amorfos o flexibles columnas de humo negro.
Se ha descrito que se mueven con una velocidad y agilidad
sorprendentes, y los testigos dicen de ellas que son «más oscuras que la
propia noche» y no reflejan la luz, o incluso parece que la absorben. Una
vez divisadas, con frecuencia desaparecen a través de las esquinas, o
internándose en armarios y lugares oscuros, fundiéndose con las tinieblas.
En muchas ocasiones sus movimientos son descritos como
espasmódicos y desordenados, realizados a gran velocidad, como si su
naturaleza fuera la de un fluido en lugar de la de un cuerpo sólido,
movimientos antinaturales a los que los testigos se han referido como si las
sombras bailaran o saltaran de una pared a otra.
Para poder entenderlo mejor, intentaremos abordar el fenómeno de
forma ordenada.
Para ello, realizaremos primero una clasificación de estos seres en
función del aspecto que los testigos les atribuyen tras toparse con ellos.
Estas criaturas podrían agruparse en cinco grandes arquetipos:
Sombras amorfas o vaporosas
A este tipo las llamaría yo «sombras cutres», «pedos de Satán», o algo
similar, por darle un poco de vidilla al asunto, que se está poniendo el tema
de un serio que acongoja, pero mejor que no, que luego se me enfadan los
sombrólogos serios.
Aquí incluiríamos a entidades de este tipo que han sido descritas como
seres amorfos o flexibles columnas de humo negro, es decir, sin una forma
definida.
En algunas ocasiones se las denomina masas sombrías.
Deben de ser las que tienen más mala leche, por aquello de estar
acomplejadas respecto de sus congéneres de las otras categorías, que
parecen tener algo más de estilo o, al menos, una forma definida.
Sombras humanoidessin rasgos diferenciados
Sombras humanoides tridimensionales sin rasgos distintivos, ya sean
faciales o de sexo, aunque a veces se perciben como cuerpos masculinos
(por su constitución corporal, no seas malpensado).
Sombras antropomórficas sin rasgos distinguibles aparecen a veces como visitantes de
dormitorio.
Sombras humanoides de encapuchados, también conocidas como «el
encapuchado› o «el monje»
Normalmente se aparecen como una figura muy alta, encapuchada; a veces
no se le distinguen las extremidades, como si llevara una túnica que llega
hasta el suelo y le tapara los pies. También es indistinguible el rostro, y en
la mayoría de los casos suele causar aprensión en los testigos, que a
menudo perciben este tipo de sombras como entidades negativas o
malignas.
El monje, una de las manifestaciones más temibles de la gente sombra.
Buceando en la historia, encontramos una figura en algunas culturas
antiguas cuya descripción encaja perfectamente con la de estas criaturas: el
Genius cucullatus.
Los Genii cucullati son representaciones de figuras cubiertas con un
manto y una capucha (cucullus).
También llamados espíritus encapuchados o genios encapuchados, el
término surge de tallas encontradas en las regiones celtas en época del
Imperio romano.
Han sido encontrados fundamentalmente en tallas, muchas veces casi
abstractas, de contenido religioso, en toda la región celta romana, desde la
Britania romana hasta Panonia, que se correspondería actualmente con la
parte occidental de Hungría y parcialmente con Croacia, Serbia, Bosnia-
Herzegovina, Eslovenia, Austria y Eslovaquia.
También se han hallado representaciones de estas figuras esculpidas en
altares de templos, como el templo de Wabelsdorf, en Carintia, donde a la
imagen la acompaña la inscripción Genius cucullatus (genio encapuchado),
de la que surge la denominación común dada por historiadores y
arqueólogos a estas representaciones.
Se pueden encontrar en Europa, Suiza y Alemania.
En Gran Bretaña se encuentran representadas en forma de triple
deidad.
Relieve romano de Genii cucullati, Corinium Museum, Cirencester.
En la época romana la capa con capucha se asociaba sobre todo a los
pueblos galos o celtas, pudiendo ser estas figuras representaciones del dios
de la salud Telesforo, aunque en realidad se desconoce su significado
religioso.
El manto también es con frecuencia un símbolo sobrenatural asociado
a algunos mitos en los que confiere la capacidad de otorgar la invisibilidad
de los seres divinos a sus portadores.
Otros investigadores afirman que podrían tratarse de representaciones
de espíritus de la fertilidad, puesto que algunas de las tallas de Genii
cucullati incluyen formas fálicas u ovoides, símbolos de la vida y el
renacimiento o reencarnación, por lo que se las relaciona con la salud; el
grueso de la comunidad científica, eso sí, descarta la idea de que sean
representaciones de los repartidores de dildos de la antigüedad.
Los que defienden esta tesis se basan también en el hecho de que los
relieves de Genii cucullati se encontraron cerca de pozos que tenían fama
de contener aguas salutíferas, de ahí su conexión con las propiedades
curativas. En otras ocasiones se les muestra asociados a otras divinidades,
las Matres o Matronae, que estaban vinculadas a la salud y la curación.
Sin embargo, hay casos en los que se representa a los Genii cucullati
portando rollos de pergaminos que podrían representar la duración de la
vida, por lo que serían también divinidades ligadas al mundo de la muerte,
lo cual encajaría mejor con los encuentros con gente sombra.
Como vemos, las propuestas de los investigadores no pasan de ser
conjeturas. Lo que está claro es que el parecido de estas representaciones
con las descripciones de testigos de encuentros con las siluetas de sombra
de «el monje» o «el encapuchado» es, cuando menos, inquietante.
Sombra humanoide con ojos rojos
Esta entidad adopta la forma de una silueta humanoide tridimensional,
totalmente negra, con unos ojos que brillan con un fulgor antinatural de
color rojo o, en ocasiones, verde.
Un tipo de sombra es una silueta humanoide que tiene unos brillantes ojos rojos, o en
ocasiones verdes.
Suele causar a sus víctimas una tremenda sensación de angustia y
terror y parece ser percibida como una entidad maligna.
«Hat man» u «hombre del sombrero»
Además del sombrero, en ocasiones puede distinguirse que viste un traje. A
veces, además, completa su atuendo con una capa.
Suele ser de gran altura, y emana una sensación de malignidad y
amenaza que es fácilmente perceptible por los testigos, tal y como viste en
el capítulo anterior.
Algunas personas han atestiguado encuentros con entidades de estas
características tocadas con un sombrero fedora (el sombrero clásico
popularizado por el personaje Indiana Jones). Este sería el Hat man.
El hombre del sombrero ha sido visto por multitud de personas en distintas partes del
mundo.
En otras ocasiones el sombrero es percibido como un sombrero de copa
alta, como si se tratara de la silueta de un caballero decimonónico. A este lo
llaman Tall hat man (hombre del sombrero de copa).
Tampoco es que se hayan roto la cabeza.
Al Tall hat man hay quien le atribuye una serie de características
adicionales, aunque no siempre se cumplen:
• Ojos rojos o amarillos, que incluso llegan a parpadear.
• Ropa definida, entre la que se incluyen gabardinas, trajes antiguos y/o
capas.
• Facciones distinguibles.
• Refleja la luz.
• Es corpóreo.
Como vemos, esta entidad encajaría plenamente con la descripción que
dio la testigo mencionada en el capítulo anterior, víctima de una criatura de
estas características que, aparentemente, le estaba succionando la energía
vital hasta causarle una inmunodepresión acompañada de un herpes.
Fue denominada por primera vez Hat man por la investigadora Heidi
Hollis.
Una de las personas que tuvo contacto con esta entidad quedó tan
impactada que ha fundado una web, thehatmanproject.com, cuya única
finalidad es recoger testimonios de todas las personas que han tenido
encuentros con el hombre del sombrero para tratar de investigar el
fenómeno.
Tim Brown, responsable del sitio web, nos cuenta la experiencia que
tuvo con esta entidad:
Mi experiencia con el hombre del sombrero aconteció en 1994,
cuando tenía unos catorce años. Vivía con mi abuela y mi
tatarabuela en mi casa en Nashville, y había estado despierto
hasta muy tarde, alrededor de las dos de la madrugada, y me
quedé dormido en la cama mientras veía la tele. Las luces
estaban apagadas y la única fuente de luz era la pantalla del
televisor.
[...]
Mirando hacia mis pies podía ver perfectamente el cuarto de mi
abuela (que era paralelo al mío) dado que no había puerta entre
mi habitación y la suya. También podía ver el pasillo. [...] oí algo
en la tele que me hizo abrir los ojos y percibí algo por el rabillo
del ojo.
Siempre he tenido miedo a los asaltantes y a qué haría si alguien
entrara en mi casa. Por un momento pensé que lo que había visto
era a mi abuela que se había levantado para ir al baño.
Pero cuando enfoqué la mirada hacia el pasillo en dirección a la
habitación de mi abuela, me di cuenta rápidamente de que eso no
era mi abuela.
http://thehatmanproject.com/
Lo que vi me llenó inmediatamente de pavor. Vi una forma
humanoide alta que parecía un hombre. No tenía rasgos
distintivos. No pude distinguir ojos, nariz o boca, solo negrura.
Parecía una sombra, solo que más oscura, mucho más oscura.
Tenía un sombrero con el ala muy ancha y una gabardina larga
que se agitaba a medida que se movía. Empecé a temblar. Mi
corazón se disparó. En ese momento, tuve la convicción de que
había un intruso en mi casa.
[...]
Seguí mirando al pasillo. Él se quedó en el umbral, entre la
habitación de mi bisabuela y la de mi abuela. Inclinó la cabeza y
el cuerpo dentro de la habitación de mi bisabuela y miró dentro,
volviendo luego la cabeza hacia mí. Entrecerré los ojos lo justo
para poder verle pero de forma que pareciera que estaba
dormido. Se quedó allí depie lo que a mí se me antojó una
eternidad, y entonces se movió sin hacer ruido y desapareció de
mi vista por el pasillo.
[…]
A estas alturas no sabía qué más hacer. Estaba convencido de
que había entrado algún ladrón en la casa, así que reuní todo el
coraje que pude, salté de la cama gritando, e irrumpí en el
pasillo listo para pelear. Recorrí el pasillo y… se había ido.
Obviamente, mi abuela y mi bisabuela se despertaron
sobresaltadas. Les conté lo que había pasado y no hace falta
decir que ninguno de nosotros volvió a acostarse durante un buen
rato, y cuando lo hicimos fue con la luz encendida.
[...] al día siguiente [...] me sorprendió saber que no era el único
en aquella casa que había visto al hombre del sombrero y la
capa. También mi abuela y mi bisabuela habían visto aquella
cosa, aunque ellas la describían de otra forma...
En este punto, es interesante resaltar que son frecuentes los casos de
niños con amigos imaginarios que los describen como un hombre mayor
con un sombrero, por lo que, tal y como te proponía en el capítulo segundo,
puede ser que estemos en contacto con estos seres desde nuestra más tierna
infancia.
El arquetipo del hombre del sombrero vestido con ropas antiguas y, a
veces, capa, parece estar presente en multitud de culturas, y en algunas es
identificado como el mismo demonio.
Clasificación de la gente sombra según su comportamiento
Sombras espectrales (no interactúan con el testigo)
No son necesariamente negativas, y se comportan como los espectros, es
decir, se limitan a desplazarse por un lugar ignorando a los testigos, como si
no fueran siquiera conscientes de la presencia de estos. Da la sensación de
que representan una escena de forma repetitiva, como si fueran fragmentos
de imágenes de otro tiempo. Pueden darse encuentros con estas entidades
tanto por la noche como a plena luz del día, en el interior de las casas o en
el exterior, y pueden ser vistas simultáneamente por más de un testigo.
Los dos tipos que vienen a continuación parecen alimentarse o verse
atraídos por las emociones negativas de sus víctimas, principalmente el
miedo.
Cuando se presentan al testigo, la mayoría de las veces no
interaccionan con él; se limitan a dejarse ver, como si estuvieran
acechándolo y asustándolo.
Visitantes de dormitorio
Ya he expuesto diversos testimonios de encuentros de este tipo en el
capítulo anterior.
Principalmente suelen ser protagonistas de los casos de visitantes de
dormitorio y parálisis del sueño las entidades con mayor carga negativa, que
siempre son percibidas como amenazantes por los testigos; a saber: el
hombre del sombrero y las sombras con ojos rojos, aunque también pueden
aparecerse, solas o acompañando a estos dos terribles personajes, tal y
como vimos en el capítulo anterior, sombras humanoides del tipo
«indiferenciado».
El principal problema con estas entidades es que en la mayoría de los
casos aparecen en el interior de las casas durante el sueño, y solo suelen ser
vistas por el testigo, por lo que es más difícil objetivar la realidad de estos
encuentros, y tenemos que limitarnos a la gran abundancia de testimonios
recogidos a lo largo y ancho del mundo.
Algunos testigos afirman que, tras haber sido tocados por estas
entidades, les han surgido manchas en la piel que tardaron años en
desaparecer. En otras ocasiones las víctimas del contacto con estas criaturas
aseguran que les han ocasionado arañazos, moratones o quemaduras.
Sombras errantes
También generan gran pánico entre las personas que las contemplan, y
suelen aparecerse en carreteras o caminos, o incluso deambulando por las
calles de los pueblos como signos de un mal agüero, aunque de manera
infrecuente no han sido percibidas como amenazantes.
En otras ocasiones son avistadas en el interior de los edificios.
A veces parecen observar a las personas y desaparecen al ser
descubiertas.
Uno de los testimonios más impactantes de este tipo de encuentros lo
recogió mi paisano, el escritor e investigador José Manuel Morales Gajete,
que entrevistó en su programa de televisión Córdoba misteriosa, en el que
participo ocasionalmente como colaborador, a un testigo que había tenido
un encuentro asombroso con una de estas siluetas.
Tuvo lugar en el antiguo hospital militar de San Fernando, un lugar
que ya arrastraba cierta historia paranormal, pues fue construido sobre los
restos de un convento allá por el año 1928.
En los años noventa había cesado su actividad, y la vigilancia del
edificio corría a cargo de los reclutas que realizaban el servicio militar,
alguno de los cuales había referido sucesos anómalos: máquinas de escribir
que emitían sonidos durante las guardias nocturnas, como si las estuviera
utilizando alguien en momentos en que las oficinas estaban vacías, o
avistamientos de monjas que aparecían en las ventanas.
El impactante caso que está relacionado con los seres de sombra tuvo
lugar en octubre de 1993. Emilio Fernández era por aquel entonces un joven
de dieciocho años que realizaba el servicio militar y fue destinado a hacer
guardias nocturnas a aquel centro.
Durante la noche decidió dejar su puesto de guardia para echar una
cabezada, por lo que se dirigió a los dormitorios de los barracones. Al pasar
por delante de la puerta que daba al comedor y a las cocinas del edificio vio
que, en los fregaderos, había un compañero lavando los platos.
Como eran las dos de la madrugada y el hombre estaba un poco
aburrido, decidió acercarse sigilosamente por la espalda para darle un susto.
Al irse aproximando pudo distinguir que la persona tenía la cabeza rapada y
las orejas algo despegadas del cráneo. Incluso podía oír el ruido de los
platos al ser manipulados.
Pero al ir a tocarle la espalda, Emilio se convirtió en el cazador cazado,
pues su mano atravesó la figura como si fuera una proyección holográfica.
Entonces el ser inmaterial se volvió, quedando a pocos centímetros del
rostro del testigo.
¿Adivinas cómo era la figura?
Exacto, una silueta que el testigo describe como «de una oscuridad
inmensa, no tenía rostro, ni ojos, ni boca, ni ningún atisbo de humanidad».
El ser lo encaró durante unos segundos, tras lo cual se dio media vuelta
y se marchó con celeridad hacia la puerta, para desaparecer en la oscuridad
del pasillo.
Huelga decir que esta experiencia le impactó sobremanera y cambió
para siempre su concepción de la realidad.
Dentro de este arquetipo de gente sombra me gustaría incluir un
subtipo, recogido por José Manuel Morales Gajete en su libro Enigmas y
misterios de Córdoba, perteneciente al folclore popular de la provincia: «el
enlutao» o «La Maranga»
«El enlutao» o «La Maranga»
La mayoría de las veces suelen adoptar la forma del encapuchado, y suelen
ser siluetas muy altas, por encima de los dos metros, a las que no se les
distinguen los pies, y en ocasiones tampoco los brazos.
El investigador cordobés enmarca este fenómeno en el área geográfica
de la provincia de Córdoba, aunque, como veremos un poco más adelante,
no parece ser patrimonio exclusivo de esta zona.
De acuerdo con sus investigaciones, desde los años treinta del pasado
siglo, titulares de prensa como el aparecido el 8 de febrero de 1935 en La
Vanguardia, «En Peñarroya los fantasmas tienen indignado al vecindario»,
testimonian la actividad de estos seres.
La noticia hablaba de la aparición en la población de rumores acerca
de la presencia de fantasmas a los que se achacaban todo tipo de tropelías.
Otras pruebas de esta actividad son más impactantes, como el
testimonio que el escritor Alejandro López Andrada aportó en el programa
de radio Milenio 3, y posteriormente en su versión televisiva, Cuarto
Milenio, testimonio que también fue recogido por el investigador cordobés
en el mencionado libro.
Este reconocido escritor cordobés, oriundo de la localidad de
Villanueva del Duque, afirma que el 1 de noviembre de 2002, día de Todos
los Santos, mientras transitaba en su vehículo en dirección a la localidad de
Alcaracejos, pasadas las seis de la madrugada, en compañía de su hija y una
estudiantede intercambio para llevarlas a que cogieran un autocar para ir de
excursión con el instituto, tuvo un encuentro sorprendente con esta siniestra
aparición.
En la carretera que va de Hinojosa del Duque a Pozoblanco se detuvo
en un stop y vio en la lejanía, a un centenar de metros, una gigantesca
figura, la silueta de un encapuchado que se dirigía hacia ellos suspendida a
varios centímetros del suelo.
En principio, para no alertar a las jóvenes que le acompañaban, no dijo
nada sobre la extraña silueta, hasta que su hija le preguntó si estaba viendo
lo mismo que ella.
El conductor tuvo reflejos suficientes como para preguntarle qué era lo
que veía ella.
La respuesta confirmó sus temores: su hija también veía una silueta
gigantesca que se aproximaba hacia ellos.
La estudiante de intercambio extranjera que se hallaba en los asientos
traseros, que no entendía el castellano, sufrió un ataque de pánico,
supuestamente por haber visto algo por la ventanilla.
El escritor intentó tranquilizarse y, con gran sangre fría, trató de
esperar a que la figura pasara de largo.
Cuando se hallaba a unos diez metros del coche, Alejandro observó
que el ente, que calculó que medía alrededor de los dos metros y medio,
llevaba una sotana parecida a la de un monje y carecía de rostro. En ese
momento el escritor emprendió la huida, presa del pánico, y pudo
comprobar por el retrovisor que la criatura todavía les perseguía, hasta que
un coche que circulaba por el carril contrario la atravesó, y la extraña
entidad se desvaneció sin más.
Pero no ha sido este el único informe de avistamientos de esta entidad
con denominación de origen.
En 2007 cuatro jóvenes del municipio de El Higuerón, que se dirigían
en coche por la noche a la localidad de La Carlota, tuvieron un reventón,
por lo que se bajaron y llamaron a la grúa.
Como el servicio de asistencia les solicitaba el kilómetro exacto de la
carretera donde se hallaba el turismo, echaron a andar en mitad de la
oscuridad de la noche, al tratarse de una vía interurbana no iluminada, para
buscar algún poste que indicara el kilometraje, alumbrándose únicamente
con la luz de sus teléfonos móviles.
En un momento determinado vieron aparecer en el arcén de la
carretera un bulto negro que se dirigía hacia ellos.
A medida que se acercaba tuvieron una terrible visión. Aquella forma
oscura se desplazaba sin tocar el suelo.
La extraña aparición se detuvo a unos diez metros de los viandantes,
flotando, inmóvil.
Antonio Gómez, uno de los tres chicos, le preguntó a la entidad quién
era, pero el extraño ser no reaccionó. El testigo lo describe como un bulto
negro en el que no se distinguían cuello ni extremidades, de más de dos
metros de altura, con una tela negra echada por encima. Cuando le iluminó
la capucha con el móvil y vieron que no tenía rostro, los tres jóvenes
emprendieron la huida. Al llegar al coche lo arrancaron y se pusieron en
marcha sin importarles que la llanta del neumático tocara el asfalto, viendo
aterrorizados por el espejo retrovisor que la criatura continuaba avanzando
hacia ellos, aunque, por suerte para los testigos, cejó en su empeño tras
perseguirlos durante unos doscientos metros.
Otro de los casos más notorios de apariciones de estas sombras
errantes, en la forma de «La Maranga», fue recogido por Gonzalo Pérez
Sarró en su libro Huellas de otra realidad. Es conocido como el caso del
fantasma de Saucedilla.
En 1983, según narra el autor, se dieron varios avistamientos de un
extraño ser en la localidad de Saucedilla, en Cáceres, cerca de la central
nuclear de Almaraz.
El primer testigo fue una mujer joven, Mari Carmen, que, mientras
caminaba al atardecer por la avenida de Juan José González, observó a un
extraño viandante que avanzaba por la otra acera en sentido contrario.
Según sus declaraciones, se trataba de la silueta de una persona, pero
vestida con ropajes largos y de una estatura descomunal.
Lo peor vino cuando, al llegar a su altura, el ser cruzó la calle y se
situó a unos cinco metros de ella.
Fue entonces cuando pudo fijarse mejor en aquel esperpéntico ser, que
quedó grabado de forma indeleble en su memoria.
Así lo describió la testigo:
«Creo que podía medir los tres metros de estatura. Sus ropas eran
extrañas, a modo de túnica negra, muy holgada, que le caía a
plomo hasta el suelo. No parecía que tuviese pies o, al menos, no
los vi. Pero es que, además, tampoco se le notaban las piernas,
que se deberían dibujar en el tejido al caminar. De cualquier
forma, aquel ser no se desplazaba como nosotros, iba como
flotando a ras del suelo. Se deslizaba siempre a la misma
velocidad, uniforme y muy lenta, sin hacer movimiento alguno
con el cuerpo. Al llamarme la atención precisamente esto que
digo, miré a hacia donde deberían estar sus pies y observé algo
que me sigue intrigando ahora. La parte baja de su vestimenta se
agitaba como si tuviera algo que echara aire debajo de esos
faldones, ¡vaya, que parecía que tuviera dentro un ventilador!».
También pudiera ser que tuviera gases, apostillo yo. No sé cómo se les
pudo escapar esa posibilidad, pero sigamos con la descripción de la testigo:
«En la cabeza parecía llevar un tocado, pero su rostro no lo
pude distinguir, no sé si porque el gorro hacía sombra o porque la
luz ya era casi inexistente. También llevaba una especie de bolso
o algo colgado. No tenía brazos o no se le apreciaban, tal vez los
llevara pegados a los costados».
La criatura desapareció por la esquina de la bocacalle perpendicular a
la vía en la que se hallaba la testigo. Cuando dobló la esquina, no había ni
rastro de aquel ser de sombras.
Pero lo que hace excepcional este caso es que, al igual que sucedió con
el Mothman, el fenómeno se apareció durante varios días y a diferentes
testigos.
A los cuatro días, la misma chica, acompañada esta vez de dos
muchachos más jóvenes que ella, tuvieron otro encuentro con la que,
suponen, era la misma criatura:
«Estaba allí, parecía observarnos, asomado a la otra esquina.
Solo se le veía la cara, una cara redonda y blanca. Se distinguía
perfectamente en la oscuridad, a pesar de la distancia. Era un
rostro resplandeciente y sus ojos, también».
Hay que añadir que los dos acompañantes de la chica, valientemente,
pusieron pies en polvorosa.
Los perros del pueblo aullaron durante toda la noche…
Otra joven del pueblo, María del Mar Mariscal, de trece años de edad,
según nos cuenta el autor, también tuvo dos encuentros con esta siniestra
entidad:
El primero tuvo de lugar de noche, de nuevo en la avenida de Juan
Antonio González.
La niña avistó al ser que también describió como una silueta alta, con
ropajes oscuros y largos. La criatura permaneció inmóvil, observándola.
Ella apartó la vista un instante de la entidad y cuando volvió a mirar había
desaparecido.
Esa misma noche, al ir a tirar la basura, volvió a ver a aquella figura en
el jardín de su casa. El cuerpo del ser superaba por un tercio la altura de los
postes de la verja del jardín, que medían dos metros.
En esta ocasión sí pudo distinguírsele un miembro, por suerte para
María, un brazo.
El esperpento le hacía un gesto con la mano derecha para que se
acercara. La testigo afirmó que tenía la cara «apepinada» y surcada por lo
que parecía ser una cicatriz.
Como es obvio, la muchacha huyó gritando hacia su casa. El padre,
alarmado, salió armado con un cuchillo, pero allí no había nadie, tan solo el
silencio roto por el incesante aullido de los perros.
Estos encuentros con lo extraño desataron la alarma de los vecinos,
que desembocó en batidas organizadas por la Guardia Civil con grupos de
voluntarios, aunque fueron infructuosas.
Y repitiendo comunidad autónoma, las Hurdes extremeñas también
han sido una localización en la que se ha desarrollado este fenómeno, al que
allí denominan «Pantaruja».
En la localidad de Vegas de Coria, al norte de la provincia de Cáceres,
sus habitantes fueron testigos de extrañas sombras errantes.
El 10 de noviembre de 1982 dos testigos, Eusebio Iglesias y su hijo
Florián, a eso de la una de la madrugada,mientras descargaban materiales
de construcción en una vivienda, escucharon un ruido que más tarde
describirían como lamentos.
Vieron una llamarada de color azul que iluminó la carretera durante
unos instantes para, acto seguido, desaparecer.
El día siguiente, otro testigo tuvo un encuentro inusual.
El 11 de noviembre, como otra noche cualquiera, Nicolás Sánchez
Sánchez se dirigía a su casa, cercana al primer avistamiento del extraño
fuego fatuo, sobre las diez menos cuarto de la noche.
Antes de entrar en su vivienda, escuchó un lamento que provenía de la
carretera. Al mirar en la dirección del sonido vio un bulto oscuro de unos
treinta centímetros, que, para su asombro, comenzó a crecer hasta alcanzar
algo más de dos metros, con un sonido que el testigo describió como de
«rechinar de dientes». Nicolás se acercó y, para su asombro, vio una silueta
humanoide de grandes proporciones y complexión fornida, vestida con una
túnica negra que le caía por debajo de las rodillas.
Como es natural, el testigo retrocedió, y el ente comenzó a seguirle.
Nicolás, que debía de tenerlos muy bien puestos, no tuvo otra cosa que
hacer que coger dos grandes piedras y lanzárselas al ser.
La sombría entidad se alejó flotando en dirección opuesta hasta
desaparecer.
Pero regresemos al testigo inicial. A los dos días de estos
acontecimientos, Eusebio Iglesias volvió a encontrarse con este ser entre las
nueve y media y las diez de la noche.
Se hallaba intentando recolocar un saco que se le había caído del
burro, cuando sintió detrás de él una presencia. Al volverse, la sangre se le
heló en las venas: una figura muy grande, enlutada de pies a cabeza, se le
aproximaba lentamente con los brazos extendidos.
Incluso pudo escuchar una voz que le exhortó: «¿Es que no me
conoces?».
Eusebio salió por patas, pero mientras huía pudo ver cómo aquel ser de
pesadilla se arrojaba por el terraplén que bordea la carretera, una caída de
más de veinte metros.
No ocurrió nada más hasta el 3 de febrero de 1983, cuando otro de los
testigos iniciales, esta vez Florián, el hijo de Eusebio, junto con Cristino,
Germán Domínguez y Joaquín Sánchez, vieron a un ser azul oscuro que se
precipitaba por un terraplén.
Fueron más las gentes del pueblo que dijeron haber tenido encuentros
con este extraño individuo, hasta el punto de que, también en este caso, la
Guardia Civil organizó batidas, pero una vez más, siendo fiel al principio de
elusividad, el ser no hizo acto de presencia, y quedó en la sutil frontera que
hay entre la leyenda, los fenómenos paranormales y la histeria colectiva.
¿Qué explicación da la ciencia?
Como siempre, la ciencia acude al rescate para actuar como una tabla de
salvación que nos permita tener una sensación de control y evitar que este
tipo de experiencias destrocen nuestros esquemas sobre lo posible y lo
imposible.
Estas son algunas de las explicaciones que los científicos aportan para
explicar el fenómeno.
Alucinaciones hipnagógicas o hipnopómpicas
Aunque ya hablamos de este tipo de síntoma en el capítulo precedente, no
está de más recapitular para sintetizar conceptos.
Estos fenómenos suelen estar asociados a los trastornos del sueño y, en
el contexto de las apariciones de gente sombra, más concretamente,
asociados a la parálisis del sueño y a los terrores nocturnos.
Las alucinaciones hipnopómpicas son aquellas que se producen en un
estado intermedio entre el sueño y la vigilia, es decir, tienen lugar cuando
nos estamos despertando, y pueden ser tanto visuales como auditivas y
táctiles. El sujeto las percibe como experiencias reales que experimenta en
estado de vigilia a pesar de que su vínculo con la realidad objetiva no es
claro, y suelen mezclar elementos reales con elementos oníricos.
Las alucinaciones hipnagógicas pueden ser auditivas, visuales o
táctiles, y se producen poco antes del inicio del sueño, en una situación de
tránsito entre la vigilia y el sueño
Tienen lugar en las fases 1 y 2 del sueño profundo no REM, durante
las cuales el cerebro envía señales a la médula espinal, que paraliza las
extremidades para que no imitemos los movimientos de las acciones que
estamos realizando en los sueños. En esta fase intermedia entre sueño y
vigilia es común pensar que se está despierto, hasta tal punto que se tiene
seguridad de tener los ojos abiertos, de ver y oír cosas alrededor, pero no se
puede uno mover. Las personas pueden ser conscientes o inconscientes de
su entorno, siendo en el último caso donde pueden percibir imágenes del
subconsciente, visualizando luces o sombras que se mueven alrededor.
Como ya viste anteriormente, los episodios de parálisis del sueño
tienen lugar en las ocasiones en que la persona, que está durmiendo en ese
estado, se despierta.
Un tercer tipo de alucinaciones vinculadas a los trastornos del sueño
que podrían originar estas experiencias son las causadas por privación del
sueño durante períodos prolongados, aunque normalmente, para llegar a
estos extremos es necesaria la intervención de algún factor que induzca
dicho insomnio, como te explico más abajo.
Proyección de nuestra conciencia del arquetipo junguiano de la sombra
La siquiatría atribuye la naturaleza de estas visiones, independientemente
de que sean causadas por los efectos fisiológicos descritos en el punto
anterior, o por otras causas físicas de las que se explican más adelante, a
una proyección del arquetipo junguiano de la sombra presente en el
inconsciente colectivo, lo que explicaría la abundancia de casos a nivel
mundial que trascienden diferencias culturales y sociales.
Alucinaciones provocadas por circunstancias fisiológicas o sicológicas
Algunas enfermedades mentales, como la esquizofrenia o algunos
trastornos sicóticos pueden ocasionar alucinaciones.
Asimismo, hay enfermedades no siquiátricas, como infecciones
cerebrales, y tumores que pueden originar sicosis de tipo orgánico que
podrían conllevar como síntomas alucinaciones visuales.
El uso y abuso de sustancias sicoactivas y drogas como la cocaína y la
metanfetamina, así como los efectos secundarios de algunas medicaciones,
también se señalan como posibles responsables de este tipo de
avistamientos.
Por ejemplo, es frecuente en los adictos a la anfetamina sufrir
alucinaciones a causa de la privación de sueño cuya descripción encaja con
los patrones de la gente sombra.
Defectos o fallos en la visión
La retina del ojo humano está compuesta de dos tipos de células, los conos
y los bastones. Los bastones son las células predominantes en este tejido;
son mucho más sensibles a la luz y están más adaptados a la visión
periférica y a la detección del movimiento.
Los conos se ubican en la fóvea, que es la zona central de la mácula
del ojo, que tiene la forma de una pequeña mancha de color amarillo que se
encuentra en el interior de la retina. Los conos son los responsables de la
visión en color y la agudeza visual.
Cuando enfocamos un objeto, la fóvea se encarga de percibir sus
detalles, mientras que los bastones del resto del ojo captan los movimientos
de objetos que pudieran darse en el campo periférico de nuestra visión
aunque no podamos distinguir su forma en detalle.
Otro fenómeno que puede causar que veamos manchas o formas en
nuestro campo de visión son las densificaciones de los humores oculares, es
decir, que en algunas partes, los líquidos internos del ojo (humor vítreo) se
hacen más espesos, por lo que refractan la luz ocasionando la percepción de
manchas oscuras.
Por eso, los escépticos afirman que estas formas percibidas son
simplemente objetos comunes que son captados por nuestro campo de
visión periférica a los que, por sugestión, podemos atribuir formas
humanoides debido a un proceso de pareidolia.
Como sabes, la pareidolia consiste en que el cerebro asigna patrones
reconocibles por él a formas que son fruto del azar.
En este caso interpretaría incorrectamente los patrones al azar de la
luz, la sombra o la textura.
En cuanto a las imágenes y los vídeos obtenidos de estos seres, la
vertiente escéptica atribuye su origena estas pareidolias, efectos visuales y
fotográficos (saturación de luz, imágenes superpuestas, figuras en
movimiento…), defectos de las cámaras, etc.
Yo mismo tuve una experiencia de este tipo. En mi libro Lo poco que
sé del misterio cuento cómo, en una investigación algo atribulada que
realizamos en la planta alta del restaurante Viandas, en la que se suponía
que se daban fenómenos paranormales varios, entre ellos la aparición de un
fantasma, pues una persona se había suicidado allí, capté en vídeo lo que
parecía ser una sombra que asomaba la cabeza al final del pasillo para
volver a esconderla, pero, analizando detenidamente el vídeo entre todos los
presentes, vimos que en realidad se trataba de un efecto de la cámara que
proyectaba una especie de sombra especular de mi silueta que causaba en
los píxeles ese juego de sombras y luces que generaba una pareidolia.
Para fenómenos como La Maranga, la causa aducida por la ciencia es
la hipnosis de la carretera, provocada por el cansancio visual derivado de
pasar varias horas sin retirar la vista de la calzada.
Sin embargo, en los testimonios citados, los testigos, o bien no estaban
conduciendo, como en el caso los jóvenes que habían pinchado la rueda, o
bien acababan de coger el coche, como en la experiencia narrada por
Alejandro López Andrada.
Interacción de agentes externos sobre el cuerpo humano
En capítulos anteriores viste cómo algunas radiaciones electromagnéticas,
como los infrasonidos, podían estimular ciertas áreas del cerebro generando
diversas percepciones que a menudo se asocian con los fenómenos
paranormales, como la visión de formas en el campo de visión periférica,
angustia y miedo de origen indeterminados, mareos, cosquilleos, y la
sensación de ser observado por una presencia invisible.
Se sabe, por ejemplo, que cuando a una persona se le estimula el
lóbulo tempo-parietal observa imágenes en el campo de visión periférica.
Estas evidencias experimentales han llevado a muchos científicos a
plantear la hipótesis de que fenómenos como el avistamiento de sombras
humanoides podrían estar generados por la influencia de ciertos sitios con
presencia de radiaciones electromagnéticas que influirían en los circuitos
eléctricos de nuestro cerebro e inducirían estas alucinaciones.
Los campos electromagnéticos pueden interferir con los impulsos
eléctricos y las sinapsis del cerebro humano. Edificios con cableados
defectuosos, zonas con grandes concentraciones de metales en sus estratos
geológicos o la presencia de corrientes de agua subterráneas pueden alterar
los campos magnéticos y generar este tipo de alteraciones de la percepción.
De acuerdo con el periódico 20 minutos, un estudio de la Universidad
Hospital de Ginebra (Suiza) ha concluido que estos fenómenos podrían
tener su explicación en ciertas actividades cerebrales, lo cual es lo mismo
que no decir nada, puesto que cualquier fenómeno experimentado por un
ser vivo se debe, obligatoriamente, a una actividad cerebral, sin que por ello
sea más o menos verídico.
Pero si continuamos analizando la noticia, vemos que el estudio,
publicado originalmente por la revista británica Nature, analiza el caso de
una chica de veintidós años, sin antecedentes de problemas siquiátricos, con
la que estaban probando un tratamiento para la epilepsia.
Durante el proceso, la chica sujeto de estudio recibía estimulación
eléctrica en determinadas áreas del cerebro.
Al recibir estimulación en una de ellas, describió que veía a una
«persona sombra», a la que describió como joven y de sexo indeterminado,
una sombra que no hablaba ni se movía y cuya posición era idéntica a la del
«perseguido», pues imitaba todos sus movimientos.
Olaf Blanke, coautor del estudio, afirmó que «los estímulos, aplicados
repetidamente, producían en ella la sensación de una presencia en el espacio
cercano».
Sin embargo, esto no explicaría por qué en otras ocasiones aparecen
las sombras vestidas, por qué a veces tienen ojos rojos ni por qué, en
algunos casos, se mueven a su libre albedrío.
La intuición me dice, tal y como hemos visto a lo largo de este trabajo,
que estas entidades de alguna forma están relacionadas con las vibraciones
electromagnéticas y parece que adaptan su forma al contexto cultural del
testigo.
Podría ser que tuvieran la capacidad de manipular el
electromagnetismo para estimular esa área cerebral, haciendo que las
veamos de determinada manera.
Puede que incluso esa sea su forma de comunicarse con nosotros, pero
por supuesto esto son solo apreciaciones personales.
Algunos investigadores, adentrándose ya en el terreno de la
seudociencia, afirman que la presencia de estos campos electromagnéticos
genera en el cerebro humano estados alterados de conciencia que
favorecerían nuestra percepción de otras realidades o de las otras
dimensiones del universo.
Siguiendo esta premisa, no contrastable científicamente hoy en día, la
visión de las mencionadas entidades en zonas de este tipo podría deberse a
que estos campos electromagnéticos alterados serían las puertas que usarían
para acceder a nuestra dimensión.
Otras de estas posibles entradas serían los cruces de Hartmann.
La radiestesia es una disciplina seudocientífica que se basa en la
detección de radiaciones electromagnéticas mediante el uso de varillas o
péndulos.
Es un método que se usa a menudo con el fin de detectar fuentes de
agua subterránea para cavar pozos.
En esta disciplina se afirma que la tierra está dividida por unas líneas
causadas por el geomagnetismo. Dichas líneas pueden ser de dos
polaridades distintas según tengan dirección Norte-Sur (polaridad negativa)
o Este-Oeste (polaridad positiva).
El cruce de las mismas generaría una cuadrícula de fuerza telúrica que
abarca toda la superficie terrestre.
En la zona donde dos líneas de polaridad distinta se cruzan se crea un
cuadrado de veintiún centímetros de lado, conocido como cruce de
Hartmann, en el que los campos electromagnéticos se alteran, pudiendo por
lo tanto ser otro de los motivos para, dependiendo del grado de
escepticismo, tener alucinaciones con estas entidades, o para que se abran
puertas que conecten las dimensiones facilitando la presencia de estas
criaturas.
Ya cada cual que saque sus conclusiones.
¿Por qué no es suficiente la explicación científica?
Es evidente que, leyendo los párrafos anteriores, este fenómeno tiene todas
las papeletas de ser un cúmulo de sucesos explicables por las leyes
naturales que han sido malinterpretados por el pensamiento mágico de
muchas personas hasta convertirlo en un mito moderno.
Sin embargo, la abundancia de encuentros con estas criaturas está
dejando huella en nuestra cultura.
Si eliminamos las alucinaciones hipnagógicas, las enfermedades
mentales, los fallos visuales, las anomalías fotográficas, las alucinaciones
inducidas por campos magnéticos alterados, nos sigue quedando un
pequeño porcentaje de experiencias a las que estas causas no pueden dar
explicación.
En vista de la gran cantidad de testimonios recogidos por iniciativas
como la anteriormente mencionada thehatmanproject.com o por otras como
www.shadowpeople.org puede afirmarse que se trataría de un porcentaje de
casos inexplicados nada despreciable.
Testimonios como los de Alejandro López Andrada en el que varias
personas vieron el mismo fenómeno, episodios tan terroríficos como el que
experimentaron Antonio Gómez y sus amigos con La Maranga o casos
como el fantasma de Saucedilla siguen arrojando, continuando con el
principio de elusividad del que hemos hablado, tenues pistas cuya única
evidencia tangible es la huella que dejaron en los testigos que las vivieron,
que aún hoy se preguntan qué les pasó.
Casos en los que varios testigos coinciden en describir lo mismo, lo
que sitúa estos fenómenos fuera del campo de la subjetividad de sus mentes
y relega las explicaciones científicas a enrevesados e improbables
fenómenos siquiátricos de histerias colectivas y alucinaciones compartidas,
incluso entre personas que no hablan previamente entre ellas, como el caso
de la hijadel mencionado escritor y su amiga que, de español, no entendía
ni jota.
Es entonces cuando la ciencia se queda corta, y debemos acudir a la
intuición y el conocimiento empírico, pero siempre tratando de aplicar el
filtro de la lógica, por inverosímil que parezca, para no caer en las garras de
la superstición, aunque en estos extremos es complicado discernir.
¿Qué otras explicaciones hay?
Si acudimos a la parasicología, las tradiciones religiosas y el esoterismo,
podemos encontrar diferentes explicaciones alternativas para esta supuesta
realidad.
La mayoría de estas explicaciones parecen coincidir en que el
fenómeno puede comenzar a manifestarse en la forma de estas sombras
esquivas que se aparecen en el campo de visión periférica y que, a medida
que van aumentando su energía, alimentadas por el miedo de sus víctimas y
por las emociones negativas que floten en el ambiente (casas en las que
habitan familias desestructuradas o disfuncionales, lugares en los que se
llevan a cabo rituales oscuros, emplazamientos en los que han acontecido
eventos trágicos) van tomando formas más definidas, como si este
incremento energético les permitiera manifestarse en nuestra realidad con
mayor fuerza y soltura.
En cualquiera caso, las explicaciones dadas por las tradiciones
esotéricas, las religiones y la parasicología y otras seudociencias podrían
sintetizarse en las siguientes.
Apariciones fantasmales o almas en pena de difuntos
El espiritismo y la parasicología plantean la existencia de los fantasmas,
almas desencarnadas de los difuntos que quedan atrapados en una interfase
entre la vida y la muerte, bien por no ser conscientes en el momento de la
muerte, por lo que piensan que continúan con vida, o bien por tener un
vínculo en forma de apego (por una persona o posesión) que les impide
trascender a otros planos de existencia o, en último caso, por tener alguna
misión pendiente que deben cumplir en este mundo.
También se informa con frecuencia de la aparición de formas
sombrías, ya sean masas de sombras o siluetas definidas, asociadas a casos
de poltergeist y casas encantadas.
En mi anterior libro, Lo poco que sé del misterio, contaba el caso de
una vivienda en la provincia de Barcelona en la que se estaban viviendo
fenómenos paranormales que no se podían clasificar claramente como casa
encantada o poltergeist.
Como sabes, de acuerdo con la parasicología, la fenomenología de las
casas encantadas está causada supuestamente por entidades espirituales,
mientras que los poltergeist son ocasionados por personas que de alguna
manera liberan su estrés síquico mediante un proceso conocido como
sicorragia.
Sea como fuere, un pariente de los testigos totalmente ajeno al caso
que se hallaba en el jardín de la vivienda de enfrente, perteneciente a
miembros de la misma familia, agarró un cuchillo y entró en la casa de los
fenómenos, porque, según les contó más tarde, había visto claramente la
silueta de una persona entrando en ella.
Pensando que era un ladrón, registraron la casa, pero no encontraron a
nadie.
Llegados a este punto, habría que diferenciar entre espíritus o
fantasmas, que en teoría serían manifestaciones de estas almas
desencarnadas, con voluntad propia e inteligencia, por lo que pueden
interactuar con las personas de diversas formas, y los espectros, que serían
manifestaciones que simplemente repiten una acción delante de los testigos,
como si fueran un retazo de otro tiempo que ha quedado atrapado por un
fenómeno de impregnación en un lugar, pero sin ser conscientes de los
testigos o interactuar con ellos.
Algunos investigadores defienden que las apariciones fantasmales no
explicarían el fenómeno de la gente sombra, puesto que los fantasmas
supuestamente toman la apariencia de gente difunta con rasgos
distinguibles, orbs o niebla. Sin embargo, esto se contradice con el hecho de
que estas formas sombrías aparecen usualmente junto a fenómenos de
poltergeist y casas encantadas, sin excluir que se presenten también
manifestaciones fantasmales clásicas, por lo que, de ser dos fenómenos
distintos, podrían coexistir y producirse en paralelo.
Proyecciones astrales de gente dormida
Los practicantes de los sueños lúcidos y viajes astrales afirman que estas
sombras pueden responder a la proyección de la conciencia de una persona
que duerme y que, ya sea de forma consciente o inconsciente, está
realizando un viaje astral.
Si durante dicho viaje astral visita lugares habitados por otras
personas, pudiera ser que estas perciban la presencia de su cuerpo astral
como una silueta sin rasgos diferenciados, aunque esto no explicaría
fenómenos como el de La Maranga o el hombre del sombrero.
Los expertos en estas prácticas también afirman que, tanto en el
mundo onírico como en el astral, existen entidades parasitarias que intentan
alimentarse de la energía de los viajeros astrales o de los onironautas,
atribuyendo el fenómeno de la gente sombra a encuentros con este tipo de
entidades.
Esta hipótesis coincide con otra que veremos a continuación y que
también hace referencia a los distintos planos de existencia planteados por
doctrinas esotéricas como la teosofía.
Emanaciones síquicas
Hay quienes explican este fenómeno afirmando que estos seres son una
manifestación de la energía mental liberada por los pensamientos negativos
de las personas.
Se trataría de una acumulación de energías mentales negativas que
toman forma, como materialización de las proyecciones mentales.
Esto es lo que se conoce como un egregor o tulpa en diversas ramas
del saber esotérico, y las abordaré en detalle en el siguiente capítulo.
Por ahora, baste decir que un egreror, según estas filosofías, es una
manifestación de la mente colectiva creada por las personas que se unen
conscientemente para un propósito común.
Esto implicaría que determinadas personas han proyectado su energía
mental para generar a estas entidades.
Carlos Castaneda, antropólogo y escritor que afirmaba haberse
convertido en un chamán Nagual tolteca, autor de muchos libros sobre
magia y antropología, llamaba a este tipo de criaturas «seres inorgánicos».
En otras disciplinas mágicas o religiones, como la santería, se los
conoce como «los muertos» y, siempre de acuerdo con estas doctrinas,
pueden ser manipulados mediante trabajos de magia, normalmente de
magia negra, para enviarlos a otras personas con el objetivo de
perjudicarlos.
Pero te describiré esto con más detalle en el punto siguiente.
Elementales del bajo astral o larvas astrales
Aunque entra totalmente en el terreno de la creencia, por lo que no puede
ser demostrada por parámetros objetivos, la siguiente explicación es la que,
junto con la hipótesis de los seres extradimensionales, mejor explicaría, a
mi entender, el fenómeno de la gente sombra en todas sus variantes.
La gente sombra encaja perfectamente con la descripción que nos dan
la teosofía y algunas otras doctrinas esotéricas de unas entidades
particularmente nocivas y molestas, los elementales del bajo astral.
Aun a riesgo de parecer la Bruja Lola, para que puedas entender mejor
este planteamiento permíteme explicarte primero cómo entiende la teosofía
la configuración de la realidad y de los diferentes planos que la componen,
y las relaciones de los habitantes de dichos planos entre sí.
La teosofía es un movimiento filosófico esotérico que vivió su apogeo
en el siglo XIX y que trata de sintetizar de forma ecléctica todas las
religiones y tradiciones esotéricas con los conocimientos científicos para
intentar explicar de forma coherente la evolución cósmica, planetaria y
humana, fundiendo en un todo armonioso religión, ciencia y mitología.
De acuerdo con esta filosofía esotérica, el universo se divide en
distintos planos de existencia, los subplanos astrales, que son como
dimensiones o capas superpuestas que los seres vivos pueden percibir o
habitar en función del grado de evolución de su conciencia.
Dichos subplanos astrales están compuestos de la misma energía que, a
medida que se va densificando, toma diferentes formas y propiedades(como el agua, que a medida que se enfría pasa de vapor a líquida y luego a
hielo).
De acuerdo con la teosofía, las personas pueden ascender o descender
a lo largo de su vida dentro de los subplanos astrales, en función de la
mayor o menor densidad de sus vibraciones energéticas.
Este cuerpo de conocimiento se basa en que, de acuerdo con la ciencia,
la materia se compone de energía, lo cual es totalmente cierto, según nos
demuestra la teoría de la relatividad, que afirma que la energía es igual a la
masa por la velocidad de la luz al cuadrado: E = mc2
También es cierto que las partículas subatómicas que componen la
materia vibran según sus niveles de energía, lo cual se manifiesta, por
ejemplo, con la temperatura, puesto que la temperatura mide el grado de
energía de la materia; cuanto mayor es la temperatura de una sustancia,
mayor es su energía, y más rápido vibran los átomos que la componen.
La teosofía extrapola este principio y lo aplica tanto a la materia como
a las energías espirituales.
Así, las vibraciones de mayor densidad o vibraciones bajas se asocian
con sentimientos, pensamientos y actos negativos, materialistas y
relacionados con los más bajos instintos.
Las vibraciones sutiles o elevadas, por contra, se relacionan con
sentimientos, pensamientos y actos de naturaleza opuesta, bondadosos,
desinteresados y espirituales, desapegados de lo material, y conducen a la
persona a vincularse con los subplanos astrales más elevados.
En los planos elevados, por lo tanto, habitan entidades espirituales
positivas, mientras que, como es obvio, en los planos astrales inferiores, que
en su conjunto forman el bajo astral, habitan seres de carácter negativo,
vinculados a las energías densas.
Como te comentaba algunos capítulos atrás, me llama mucho la
atención cómo la física ha demostrado que los infrasonidos, que son
vibraciones de baja frecuencia, causan en el cerebro los típicos efectos
asociados a los fenómenos paranormales, y las entidades que supuestamente
los causan en la teosofía son consideradas entidades con una vibración
energética baja.
Por contra, de acuerdo con los parasicólogos, los ultrasonidos
(radiaciones electromagnéticas no ionizantes de alta frecuencia) sirven para
eliminar a estas entidades de baja vibración.
Nosotros podemos acceder a los diferentes planos a través de estados
alterados de la conciencia o mediante los viajes astrales, en los que nuestro
cuerpo astral sale del físico, aunque queda unido a él por el cordón de plata.
Con este cuerpo astral sutil o inmaterial, podemos darnos un paseíto por
estos otros planos.
Normalmente, según estos niveles de vibración, se dibujan diagramas
para facilitar y organizar estos planos astrales que los sitúan unos encima de
otros, el más denso abajo y el más sutil arriba, lo que puede inducir a pensar
que se trata de realidades separadas, pero en realidad se interpenetran los
unos con los otros, como si fueran una especie de muñecas rusas: unos
están dentro de otros, es decir, estos planos están en el mismo espacio en el
que vivimos, solo que tienen otros niveles de vibración y por eso no todos
los vemos o percibimos.
Esto encajaría también con las teorías de la física cuántica que
plantean un universo multidimensional, estando cada dimensión
conformada por un nivel de vibración de la materia.
En teoría, cada plano tiene una función dentro del universo.
La del bajo astral consiste en crear y mantener la materia. Sin los seres
que lo habitan, esta regresaría a su estado sutil y no podría existir el mundo
físico que conocemos.
El bajo astral está compuesto por los subplanos astrales kármico y
pránico.
Dicen los esoteristas que la gente que realiza magia negra manipula las
energías densas del bajo astral para influir sobre la realidad del plano físico
o primer plano.
Algunos autores interpretan que este bajo astral es el que ha dado
origen al mito cultural del infierno, pues en él se manifiestan las peores
energías espirituales: toda la gama de emociones y sentimientos negativos,
como el odio, el rencor, la ira, el egoísmo, las tendencias homicidas, los
apegos insanos y obsesivos y las perversiones.
Y es en este plano donde podemos encontrar un supuesto origen y
explicación para la gente sombra.
Como verás, me he metido en todo un «jardín astral», porque son
muchas las interpretaciones y teorías que hablan de estos planos, y si
intentas acudir a la fuente, el libro La doctrina secreta, escrito por Madame
Blavatsky, te darás cuenta de que es un batiburrillo tal que parece que lo
escribió estando borracha, como a lo mejor piensas de mí al leer este libro.
Intentaré sintetizar las principales ideas para que puedas entender cuál
podría ser el origen que el esoterismo atribuye a estas fastidiosas entidades.
En el bajo astral podemos encontrar a tres posibles causantes del
fenómeno de la gente sombra:
1. La sombra (cascarones astrales)
Por si esta historia de los planos astrales no fuera suficientemente
complicada, la teosofía nos dice que el ser humano no tiene uno, sino
siete cuerpos sutiles, además del cuerpo físico.
Menos mal que, al ser sutiles, no se ven, de lo contrario no
ganaríamos para comprar ropa.
Estos cuerpos sutiles serían:
1.- Físico
2.- Etérico
3.- Astral
4.- Mental
5.- Causal
6.- El Alma
7.- Espiritual
Cuando morimos, en el lapso entre la muerte y la siguiente
encarnación, nuestra conciencia va dejando atrás estos cuerpos, de los
menos sutiles a los más sutiles, hasta quedarse en el Cuerpo Espiritual.
Según esta hipótesis, cuando la conciencia deja atrás el cuerpo astral
para pasar al mental, la mayoría de las veces el cuerpo astral se
desintegra.
Sin embargo, a veces eso no ocurre si la persona estaba muy
apegada a lo material por haber tenido una vibración espiritual muy
baja debido a haberse centrado en las emociones negativas, por tener
adicciones fuertes a las drogas, al sexo, ser una persona violenta, etc.
En estos casos, el cuerpo astral está demasiado animado por esas
energías negativas e incluso conserva suficiente energía síquica
(debido a que tiene algo de materia del Cuerpo Mental pegada) como
para tener cierto grado de conciencia y autonomía, por lo que no se
desintegra.
Este «cadáver astral» toma la forma de una especie de versión
negativa del individuo, algo así como su lado oscuro personificado…
su sombra. Esta entidad, constituida por energías astrales (y un poco de
energía del cuerpo mental) negativas, intentará alimentarse de miedos,
emociones y tendencias nocivas para continuar existiendo y retrasar su
proceso de desintegración.
En otras ocasiones, este cascarón o cadáver astral queda inerte por
no poseer la suficiente vitalidad y carecer del más mínimo rastro de
materia mental, por lo que no tiene consciencia, inteligencia o
autonomía, es un simple ente pasivo que flota como nube en el mundo
astral.
Este sería el caso de los cascarones astrales de personas
sicológicamente equilibradas y sanas.
Sin embargo, antes de que dicho cascarón astral se desintegre, puede
darse el caso de que sea animado artificial e intencionadamente por
médiums o practicantes de magia, que utilizan a estas entidades para
sus fines.
Un ejemplo de esto serían los rituales de Palo Mayombé, una
variante de la santería afrocaribeña en la que el brujo o palero roba los
huesos de un difunto, los introduce en un caldero llamado nganga y
realiza un ritual para atar al espíritu del difunto al que pertenecían los
huesos.
Supuestamente alimenta al espíritu con su propia sangre a cambio
de que este realice trabajos mágicos para el hechicero, que
normalmente consisten en perjudicar a otras personas.
Hay otra variante de esta explicación que es de traca.
Según algunas vertientes esotéricas, si se eyacula fuera de una
vagina, ese semen engendra, en lugar de un ser humano, una especie
de embrión esotérico, un ente parasitario que se alimenta de la energía
vital de los humanos, debilitándolos.
Personalmente no me cuadra mucho esta posibilidad. De ser esto
cierto pocos adolescentes habrían vivido másallá de los catorce años,
a no ser que les tuvieran las manos permanentemente atadas a la
espalda. Sus habitaciones serían verdaderos criaderos de estas
entidades...
Como vemos, los posibles candidatos del bajo astral son entes
parasitarios.
Si, como afirman algunos, es cierto que sus manifestaciones se dan
con frecuencia de tres a cuatro de la mañana, y viendo su tendencia a
drenar la energía vital de sus víctimas, podríamos realizar conexiones
obvias con los casos de muerte súbita durante el sueño o SUNDS,
como los casos de la etnia hmong que relataba en el capítulo anterior.
Entidades demoníacas
Algunos exégetas de estos fenómenos establecen una conexión entre el
humo negro y los jinn del islam. Como viste en capítulos anteriores, los jinn
o jinas son descritos como seres invisibles a los ojos humanos, y en caso de
manifestarse físicamente obtienen la apariencia de una nube de humo negro.
Hay quienes vinculan esta fenomenología con la realización de rituales
de corte satánico o de magia negra, en los que se ha invocado a demonios
que de alguna forma han quedado vinculados al lugar tras el ritual.
Testimonios como los que leíste en el capítulo sobre la parálisis del
sueño, en los que la visión de la gente sombra venía precedida por gritos de
multitud de personas, unido a la sensación de malevolencia percibida por
los testigos, podrían apuntar en esta dirección, pero no debemos perder de
vista que, a menudo, las entidades extradimensionales parecen adoptar su
forma en función de las creencias o el contexto cultural de sus víctimas.
Seres de dimensiones paralelas que penetran temporalmente en la nuestra
Llegamos por fin a los seres extradimensionales.
Hay quienes piensan que la gente sombra son entidades que provienen
de otras dimensiones paralelas a la nuestra.
Podrían penetrar en nuestras cuatro dimensiones intencionadamente o
por error.
En el segundo caso, se trataría de seres que desconocen cómo
desenvolverse en nuestras cuatro dimensiones, lo que explicaría su extraño
comportamiento.
Pero ¿por qué las vemos como sombras? En el espectro visible el
negro es la ausencia de color por la no existencia de luz.
Aparte de la simbología que obviamente podría asociarse a esta
ausencia de luz como una representación antropomórfica del mal o la
oscuridad, hay otra hipótesis a tener en cuenta.
Si estas entidades provienen de dimensiones o realidades ajenas a la
nuestra, podría ser que su color no estuviera dentro del espectro visible de
nuestra realidad, motivo por el que, al no poder ser procesado por nuestra
retina, veríamos su cuerpo de color negro, como un infinito vacío en el
espectro visible, como la ausencia de color absoluta.
Una variante bastante crazy de esta hipótesis multidimensional
especula con la posibilidad de que se tratara de viajeros del tiempo que
vienen del futuro a estudiarnos, quién sabe si de turismo o a traernos el
secreto del «Neutrex del futuro», pero, llegado el momento, sienten
vergüenza y se quedan ahí, amohinados, los pobres.
La verdad es que después de leer esta gran variedad de interpretaciones
quizá llegues a esta conclusión: la gente (y entre ellos me incluyo) tiene
demasiado tiempo libre.
Pero sigamos con la última de las explicaciones a las que se podría
atribuir el origen del fenómeno.
Extraterrestres o entidades asociadas al fenómeno ovni
A muchos investigadores avezados no se les escaparon las múltiples
similitudes que hay entre los casos de testimonios de abducciones que
comenzaron a proliferar como setas desde la década de los noventa y los
casos de visitantes de dormitorio.
Si sustituimos al Hat man o las siluetas de sombras por enanitos grises
cabezones, se puede apreciar que ambos encajan bastante bien en el patrón:
criaturas maliciosas que irrumpen en los aposentos de las víctimas que están
despiertas pero no pueden moverse, y son sometidas a experiencias
estresantes.
En esta década, el escritor Michael Lindemann entrevistó a personas
cuyos padres habían trabajado para el sector de la industria bélica
estadounidense.
Estas le comentaron que sus familias se habían visto «plagadas» por
fenómenos paranormales como consecuencia de dicha asociación. En su
obra UFOs and the Alien Presence (1995) Lindemann cuenta la historia de
Marty, de treinta y un años de edad.
Este testigo tuvo experiencias con siluetas fugaces, que solo podía
distinguir en el campo de visión periférica, y que se produjeron a partir de
su vinculación a proyectos secretos relacionados con la aviación militar.
En dicha obra se recoge su testimonio:
Pienso que hay una presencia alienígena en esto… durante siete
años, desde que comencé a trabajar con los aviones, cosas raras se
vienen sucediendo en mi hogar y a mi alrededor. Mueven cosas,
abren y cierran puertas, me desaparecen las llaves… durante mi
ausencia del hogar mi esposa ha experimentado los mismos
movimientos en la casa: libros que estaban en los anaqueles
aparecen sobre una mesa y las puertas se cierran solas.
Ya hemos analizado a estos inquietantes seres que pueden hacernos la
vida imposible.
Por si sirviera de algo, en el último capítulo te daré algunas pautas que
supuestamente sirven para deshacerse o protegerse de estas molestas
entidades.
Pero antes de eso aún nos queda otro curioso fenómeno por analizar.
Te lo cuento en el siguiente capítulo.
A modo de broche para terminar, y a pesar de todo lo expuesto en este
capítulo y los anteriores, debo confesarte que las entidades a las que más
temo siguen siendo las entidades bancarias.
9. SLENDERMAN, ¿UN TULPA?
Antes de contarte qué métodos puedes usar, según el consejo de algunos,
para lidiar con algunas de las entidades extradimensionales más fastidiosas,
déjame que te hable de un último personaje.
Este capítulo servirá para que los más escépticos entiendan cómo
pueden llegar a generarse estos mitos y, a los lectores y lectoras de mente
más abierta, cómo uno de estos mitos podría cobrar vida en nuestra
realidad.
Este caso es, además, muy interesante porque, al contrario de lo que
ocurre con otros fenómenos, es tan reciente en el tiempo que su origen tiene
fecha, nombre y apellidos.
Pocas veces tiene uno la oportunidad de ver cómo se fragua un mito
moderno, de ver cómo una ficción cobra vida y acaba teniendo
repercusiones en el mundo real, y nos plantea cuestiones muy interesantes.
La historia de Slenderman
La aparición y popularización del uso de internet ha cambiado nuestra
sociedad, pues ha creado nuevas subculturas, nuevos hábitos de ocio,
consumo, investigación y ha variado por completo nuestra forma de
relacionarnos.
Uno de los fenómenos culturales que ha surgido a la sombra de la red
de redes es el de los creepypastas.
Este término proveniente del inglés es un juego de palabras fruto de la
alteración de copy y paste, que designan en inglés los comandos ‘copiar’ y
‘pegar’, por creepy (‘horripilante’, ‘que da miedo’) y la deformación de
paste, ‘pasta’.
Este palabro hace alusión a ficciones cortas de terror que normalmente
se extienden de forma viral por la red, sin que necesariamente se conozca el
autor, de forma que acaban convirtiéndose en leyendas urbanas.
Suelen ser historias de corta extensión, que los usuarios de foros de
terror o foros específicos de creepypasta copian si les gustan para pegarlas a
su vez en otros foros o páginas web, ya sea respetando la versión original,
modificándola o añadiendo material derivado de todo tipo (vídeos,
ilustraciones, fotos o audios) para enriquecerla o hacerla más creíble.
El 8 de junio de 2009, cuando el portal de internet de humor y
entretenimiento Something Awful (Algo Horrible) convocó en uno de sus
foros el concurso «Creación de imágenes paranormales», nadie podía
imaginar que se estaba originando lo que más tarde sería denominado por la
BBC como «el primer gran mito de internet».
El concurso consistía en crear una imagen terrorífica que pareciese una
fotografía paranormal real y que incluyera una historia.
Dos días más tarde, el usuario Victor Surge (de nombre real Eric
Knudsen) presentóuna foto de su autoría que sería la primera aparición del
Slenderman y que sería el origen del mito.
La foto original presentada por Surge, en blanco y negro, que por
cierto está sujeta a copyright, muestra un grupo de catorce niños jugando en
un parque. Al fondo puede verse una figura inquietante. Un humanoide
altísimo, escuálido, de miembros grotescamente alargados, que viste un
traje negro de chaqueta y corbata, con una cabeza pálida sin rostro y con
unos extraños tentáculos que brotan de su espalda.
En la foto se percibe que la actitud de los niños es de total normalidad,
indiferentes a la aparición, como si no pudieran verla.
La foto se acompañaba de la siguiente cita, a modo de pie de foto:
No queríamos ir, no queríamos matarlos, pero su persistente
silencio y sus extendidos brazos nos horrorizaban y nos
confortaban al mismo tiempo...
1983, fotógrafo desconocido, dado por muerto.
Knudsen colgó a su vez una segunda foto de temática similar
acompañada del siguiente texto:
Una de las dos fotografías recuperadas del incendio de la
biblioteca de Stirling City. Notable por haber sido tomada el
mismo día en que catorce niños desaparecieron por lo que se
conoce como el “Slender Man”. Deformidades citadas por
oficiales como defectos de cámara. El incendio en la biblioteca
ocurrió una semana después. Fotografía real confiscada como
evidencia.
1986, fotógrafo: Mary Thomas, desaparecida desde el 13 de junio
del mismo año.
El desarrollo completo de la historia que explicaba la foto, creada ad
hoc para el concurso, no pierdas esto de vista, contaba que dicha imagen
había sido encontrada en la década de los ochenta entre los restos de un
incendio ocurrido en una biblioteca de la ciudad de Stirling, en California,
Estados Unidos.
La ficción continuaba diciendo que los niños desaparecieron sin dejar
rastro y también Mary Thomas, la autora de la fotografía, sin que se
encontraran sus cadáveres.
Posteriormente, el autor declararía en varios medios que, para idear el
concepto de Slenderman, se había inspirado en las historias de la gente
sombra (que has tenido la oportunidad de conocer en el capítulo anterior),
los escritos de H. P. Lovecraft, Zack Parsons, Stephen King y el surrealismo
de William S. Burroughs, así como en el personaje de «el hombre alto» de
la serie de películas Phantasm.
Con el paso del tiempo alguien borró todos los registros del
Slenderman de este foro, para potenciar la leyenda, pero su creación está
suficientemente documentada, aunque haya entusiastas del mito que
intenten defender lo contrario en las redes.
Sin embargo, esto fue solo el principio. La historia ganó el concurso, y
se ve que gustar, lo que se dice gustar, gustó, porque miles de fans
comenzaron a elaborar material adicional sobre la misma, lo que hizo que
se fuera extendiendo por la red sin control.
Comenzaron a aparecer montajes fotográficos que mostraban al
Slenderman en entornos solitarios y abandonados, como bosques, recintos
industriales en ruinas, imágenes nocturnas de calles desiertas, etc.
Incluso se crearon grabados supuestamente medievales que apuntaban
a un origen histórico del mito, una leyenda alemana, también inventada, que
hablaba de Der Grossman (el hombre grande), y un grabado titulado Der
Ritter, que muestra a un caballero luchando contra una especie de demonio
esquelético con múltiples brazos anómalamente largos que está intentando
llevarse a un niño.
Der Grossman era, en teoría, un humanoide de elevada estatura y
aspecto aterrador que vivía en los bosques y se llevaba a los niños que se
portaban mal.
Sin embargo, si investigas sobre dicha leyenda, apenas hay fuentes
fiables que ratifiquen su existencia. Incluso llegué a buscar en webs
alemanas, porque tengo algunos conocimientos de este idioma, pero no hay
ninguna fuente a la que se pueda atribuir veracidad histórica alguna (de
hecho apenas hay entradas en alemán al respecto en los motores de
búsqueda de internet).
Según este bulo, la autoría de estos grabados se atribuye a Hans
Freckenberg, que los crearía en 1540 para, posteriormente, desaparecer sin
razón aparente en 1543.
La información se completa diciendo que los grabados fueron hallados
en el castillo de Halstberg en 1883.
Para darle verosimilitud, los fans han intentado vincular el Slenderman
con otras leyendas, algunas existentes en el folclore de diversas culturas,
otras más falsas que un billete de once euros. Una de las leyendas usadas
como referencia es The Black Man, mito escocés que habla de una entidad
de aspecto parecido al de Slenderman, que merodea por los bosques de
noche en busca de presas.
Se trata, en este caso, de una leyenda que se empleaba para asustar a
los niños y evitar que salgan de noche sin compañía.
Para añadir más rancio abolengo a este ser, lo han relacionado también
con el Clutchbone, mito inglés originado en el siglo XIX, al que se vinculaba
con desapariciones, muertes por incineración y desmembramiento, que en
realidad eran debidas al fenómeno de los rayos globulares, y que más que al
Slenderman se parecía al Motorista Fantasma, porque, a pesar de ser
también un humanoide anormalmente alto, su cabeza estaba prendida en
llamas.
Otros parientes forzosos del Slenderman han sido el Wendigo, leyenda
de los nativos americanos que hizo famosa el relato homónimo de Algernon
Blackwood, y que está vinculada con el tabú del canibalismo; los hupía,
criaturas mitológicas de las culturas precolombinas de algunas islas del
Caribe, espíritus difuntos que se llevaban a las personas por la noche; y
algunos fantasmas de la mitología japonesa y demonios de la cultura acadia.
Quienes afirman la relación de estos mitos con el Slenderman lo hacen
buscando siempre la existencia de algunos elementos comunes entre ellos y
el Slenderman, aunque poseen otras tantas características que establecen
claras diferencias.
Se ha intentado vincular también la figura del Slenderman a pinturas
rupestres de dudosa autenticidad y a jeroglíficos egipcios que, por su
aspecto, recordaban vagamente a este personaje.
La expansión del mito continuó, y comenzaron a crearse decenas de
blogs y webs alrededor de la figura del Slenderman, noticias falsas u
hoaxes, vídeos, canales temáticos de YouTube, videojuegos, cortometrajes y
películas.
Para que te hagas una idea de la dimensión que ha alcanzado esta
historia, baste decir que una de las obras derivadas de esta ficción, la web
serie de YouTube Marble Hornets, basada en el personaje, ha llegado a
tener 250000 seguidores y cincuenta y cinco millones de reproducciones.
A este respecto, una de mis anécdotas de investigador flichornoso*
tiene que ver con mi indagación sobre el asunto.
En una web en inglés, Empire News, encontré noticia de que una
investigación había arrojado datos sobre la presencia del Slenderman a lo
largo de la historia.
En la noticia se afirmaba que John Gray, director del Museo Nacional
de Historia Americana, había llevado a cabo una investigación sobre el
Slenderman en la que afirmaba que había informes que situaban durante el
atentado de las torres gemelas del 11 de septiembre de 2001 a una figura
alta sin rostro que permanecía en mitad del caos con los brazos abiertos, y
que había sido avistada por numerosos testigos.
Tras esto el hombre había encontrado documentos de avistamientos del
Slenderman durante la Segunda Guerra Mundial, la guerra de Vietnam, y
evidencias en cartas fechadas alrededor del año 1400.
Casi nada.
El siguiente paso era obvio: investigué si el tal Gray era una persona
real y, evidentemente, aparecía en la página web del Museo Nacional de
Historia Americana, así que ni corto ni perezoso, les envié un email a través
del formulario de contacto de dicha web pidiendo que me confirmaran la
autoría del artículo del señor Gray.
Te puedes imaginar la cara que debió de poner la secretaria o el
becario de turno que se encargara de gestionar los emails.
Por supuesto, aún no he obtenido respuesta, pero tampoco hace falta
porque, abundando en la cuestión, en el apartado del aviso legal de la webse lee:
Empire News solo busca el entretenimiento. El contenido de
nuestra web y redes sociales solo usa nombres ficticios, excepto
en casos de parodia y satirización de figuras públicas y
celebridades.
Slenderman, ese «hombre»
A estas alturas quizá te estés preguntando dónde está el misterio, pero
aguanta un poco, que te aseguro que lo hay.
Para que puedas entender mejor las implicaciones de los hechos que te
contaré, permíteme que te describa en detalle al personaje, pues algunas de
sus cualidades son relevantes para esta historia.
Mientras escribo estas líneas, no deja de sonar en mi cabeza una
cancioncilla:
El Slenderman es un bicho muy malo,
no se mata con piedra ni palo...
¿Significará esto que ya viene a por mí?
¡Oh my God!
Bueno, a lo que íbamos. Es una convención describir al Slenderman
como un humanoide muy alto, que puede superar los tres metros,
extremadamente delgado, con tentáculos que le salen de la espalda y brazos
anormalmente largos que puede extender a voluntad para capturar a sus
presas. Su rostro es blanco, sin rasgos distintivos, y viste un traje negro de
chaqueta y corbata.
Suele rondar por los bosques y puede treletransportarse y escalar
edificios como si fuera un enorme arácnido. Puede causar a las víctimas a
las que acosa un mal conocido como la enfermedad de Slenderman, que les
ocasiona hemorragias nasales, delirios, paranoia y pesadillas.
Entre sus capacidades están las de hacerse invisible de forma selectiva
(solo puede verlo quien él quiera dentro de un mismo grupo de personas),
puede alterar el funcionamiento de dispositivos electrónicos, puede
controlar a las personas mentalmente, inducirlos a la locura u ocasionarles
trastornos mentales y comunicarse con ellas de forma telepática.
Su modus operandi consiste en acechar a sus víctimas, preferiblemente
niños, durante días o meses, alternando apariciones con períodos en los que
los afectados tan solo tienen la fuerte impresión de estar siendo observados.
Estas características beben de muchos arquetipos y figuras
mitológicas, lo que explica el enorme éxito que ha tenido esta leyenda, que
le ha permitido expandirse e incrustarse en el inconsciente colectivo con
tanta rapidez.
Entre otros, los motivos de su éxito se deben a que Slenderman es una
actualización de figuras míticas de antaño que actualmente han perdido
vigencia, como, por ejemplo, el hombre del saco (salvo los albañiles, ¿quién
usa hoy en día un saco para transportar cosas?).
Algunos piensan que la vestimenta del Slenderman representa la
alienación a la que se ve sometido el individuo en las sociedades
occidentales, al ser un ente que viste un traje, lo que le da cierto aire de
profesional, y carecer de rostro, lo cual sería una metáfora del trato
impersonal que reciben los trabajadores y los ciudadanos en general por
parte del sistema sociolaboral, que los reduce a meras cifras.
Por otro lado, la ausencia de rostro hace que en nuestro cerebro se
dispare la alarma, puesto que este automáticamente intenta leer los rasgos
de las personas para detectar sus intenciones y ver si son conocidos, y una
cabeza sin cara le resulta anómala, y activa nuestros miedos inconscientes.
La ausencia del rostro está relacionada también con el miedo al otro, con el
temor a los desconocidos, puesto que en las sociedades modernas las
relaciones interpersonales se han deteriorado, y en los grandes núcleos de
población predomina el aislamiento y el individualismo hasta el punto de
que apenas conocemos a nuestro vecino.
Por supuesto, también hay que tener en cuenta que Slenderman es otra
manifestación de ese arquetipo junguiano de la sombra del que te hablé en
el capítulo anterior, la antropomorfización de la oscuridad, del mal, de
nuestros impulsos más bajos.
A esto hay que sumarle su aspecto extraño, con los tentáculos que
salen de su cuerpo y que acrecientan la idea de la corrupción del cuerpo
humano, su aspecto alienígena y lo desconocido de sus motivaciones, que
apelan a nuestro miedo atávico más profundo, el miedo a lo desconocido.
Pero hay otro factor que ha sido determinante en el éxito de este
«meme».
El cierre del paréntesis de Gutenberg
Si las leyendas urbanas fueron la adaptación de los mitos y leyendas
feéricas al medio urbano cuando, en la revolución industrial, se dio el
fenómeno del éxodo rural que aumentó considerablemente el tamaño de la
población en las ciudades, Slenderman podría ser clasificado como una
leyenda virtual, como consecuencia de la aparición de internet.
Slenderman es una evolución de mitos como el del hombre del saco,
que tienen una funcionalidad social, infundir a los niños el miedo a los
extraños, para enseñarles a desconfiar de los desconocidos.
Las leyendas urbanas, que en ocasiones constituyen una exploración
colectiva de los límites sociales, en cuanto a qué puede convenirse como
real y qué no, parecen adquirir vida propia, para lo cual es necesario que
sean verosímiles, y pierden mucha fuerza cuando se imprimen en papel,
puesto que se puede constatar su origen como leyenda urbana, así como
comprobarse las variaciones que incluyen las personas que las cuentan para
hacerlas más creíbles o adaptarlas a su entorno.
Sin embargo, este control sobre las historias y la información que
proporcionaba el medio impreso ha muerto con el nuevo paradigma: el
cierre del paréntesis de Gutenberg.
El paréntesis de Gutenberg es un concepto que afirma que la
información, antes de la creación de la imprenta, circulaba de forma
descontrolada. Los conocimientos se transmitían de manera oral y en menor
grado mediante manuscritos que se copiaban a mano, y en los que cada
autor podía introducir sus variaciones, interpretaciones o errores.
La invención de la imprenta por parte de Gutenberg consiguió que la
información se fijara en un medio estático y se reprodujera sin variaciones,
de forma mecánica, cortando este flujo libre y descontrolado.
Pero esto ha terminado, según algunos expertos, con la irrupción de
internet, que permite actualizar y modificar la información con suma
facilidad, difundiéndola a una velocidad asombrosa y de forma global, de
tal manera que el flujo de la información vuelve a ser incontrolable.
Esto supone un regreso a las más primitivas formas de narración, como
la tradición oral, de manera que la información puede ser difundida,
reinterpretada y redifundida por diferentes narradores, expandiéndola y
haciéndola evolucionar con el tiempo.
Hasta aquí hemos visto la creación de un mito moderno, lo cual no
carece de interés sociológico, pero te estarás preguntando…
¿Dónde está el misterio?
Basándote en todo lo expuesto, podrías pensar que se trata de una pamplina
más para adolescentes y personas con mucho tiempo libre en busca de
miedo y dosis de adrenalina.
Pero el 31 de mayo de 2014 comenzó a torcerse la cosa.
En Waukesha, Wisconsin, un ciclista encontró a chiquilla gravemente
herida en el bosque. La habían cosido a puñaladas, nada menos que
diecinueve cuchilladas.
Por suerte la muchacha no falleció, y pudo identificar a sus agresoras,
Morgan Geyser y Anissa Weier, que en aquel momento tenían doce años.
Las niñas declararon que habían intentaron asesinarla después de leer
ficciones del Slenderman en internet.
Decían que el asesinato, que llevaban meses planeando, era necesario
para que el Slenderman se las llevara a su cabaña del bosque, donde las
convertiría en sus acólitas.
Condujeron a la víctima, que era amiga de ellas, al bosque, donde la
sujetaron y la apuñalaron.
Con el asesinato también pretendían demostrar que el Slenderman era
real.
Como una chota estaban las niñas, vamos.
Ambas fueron juzgadas como adultas, con cargos de sesenta y cinco
años de prisión, aunque una, corroborando mi afirmación anterior, fue
declara no apta para ser juzgada tras afirmar que había conversado con Lord
Voldemort (el archienemigo de Harry Potter) y con una de las tortugas
ninja.
Pero no termina ahí la cosa.
Un mes más tarde, el 6 de junio de 2014, el canal de televisión WLWT
cubrió la noticia de que una madre,que había querido permanecer en el
anonimato, había sido atacada por su hija de trece años, que también estaba
obsesionada con el personaje de Slenderman.
Cuando la mujer regresó a casa del trabajo se encontró a la hija con
una máscara blanca y esta la atacó en la cocina con un cuchillo.
La madre declaró que, durante el ataque, la chica parecía una persona
totalmente distinta. Los indicios apuntan a que el detonante fue que la
chica, que contaba con antecedentes de problemas mentales, había
escuchado el caso de las dos adolescentes de Waukesha.
Espero que la madre la haya dejado sin paga lo que le queda de
adolescencia.
Prosiguiendo con esta ola de slendermaníacas homicidas, el 5 de
septiembre de 2014 apareció la noticia de una adolescente de catorce años
que había prendido fuego a su casa en Port Richey, Florida, con su madre y
su hermano de nueve años dentro, supuestamente inspirada por este funesto
personaje.
Más adelante, el New York Times publicó el 1 de mayo de 2015 una
enigmática noticia en la que se hablaba de una ola de suicidios entre los
jóvenes de la reserva india de Pine Ridge, donde desde diciembre de 2014
nueve personas de entre doce y veinticuatro años se habían suicidado.
A eso había que añadir 103 intentos de suicidio fallidos de personas en
esa franja de edad entre diciembre de 2014 y marzo de 2015.
Según la noticia, varias fuentes oficiales con conocimiento de los casos
declararon que al menos uno de los jóvenes que se habían suicidado estaba
influido por Slenderman.
Un párroco de la zona que presta ayuda a los jóvenes, Chris Carey,
afirma que los indios tienen en su cultura un espíritu del suicidio parecido al
Slenderman, y en la noticia afirma textualmente: «Lo llaman el Espíritu del
Hombre Alto. Se les está apareciendo a estos chicos y les está diciendo que
se maten».
El cura afirma que los jóvenes de la zona comparten vídeos
perturbadores que incitan al suicidio y en los que se explica cómo hacer
nudos de horca, y otros en los que se indica dónde hay cuerdas escondidas
fuera de la ciudad, exhortándoles: «¡Id a usarlas!».
Los sicólogos achacan esta misteriosa epidemia al estrés social de
estos jóvenes derivado de las duras condiciones de vida y a la marginalidad
en la reserva de los Lakota a causa de la pobreza, el alcoholismo, la falta de
oportunidades para la juventud, etc.
El inconsciente colectivo parece haberse visto infectado por el virus
del Slenderman de tal forma, y aquí es donde el misterio alcanza su apogeo,
que ya se está informando de avistamientos del Slenderman.
El 25 de enero de 2015, el portal de noticias de internet Metro publicó
un artículo titulado «Avistamientos fantasmales del Slenderman notificados
en una ciudad del Reino Unido».
Según el artículo, varios habitantes de Cannock Chase, en
Staffordshire, informaron haber visto a este personaje, un espectro de más
de dos metros y de constitución extremadamente delgada. Algunos
habitantes lo han descrito como un espíritu extremadamente delgado, una
figura sombría vestida con ropas victorianas y de ojos rojos.
Esta descripción encajaría más con alguna de las criaturas que viste en
el capítulo anterior, pero uno de los testimonios recogidos en la noticia,
proporcionado por otro de los habitantes de Staffordshire que tuvo un
encuentro extraño el 14 de diciembre, sí parece adecuarse más al canon del
Slenderman:
Justo antes de las dos de la madrugada me despertó un extraño
ruido de arañazos en mi dormitorio.
Para mi sorpresa, allí estaba lo que parecía una sombra esférica
justo al lado del armario.
Cuando traté de salir de la cama para investigar más, la sombra
comenzó a estirarse hacia el techo. En ese momento me encontré
frente a la criatura más terrorífica y desagradable que se pueda
imaginar. Medía ocho pies de altura [casi dos metros y medio] y
tenía una cara blanca con colmillos afilados como navajas.
Un investigador local, Lee Brickley, afirma que una de las
explicaciones, tal y como vimos en el capítulo anterior, podrían ser
episodios de parálisis del sueño.
Y, para rizar el rizo, como si se tratara de una película, tenemos al
padre Swope, un cura evangelista exorcista de Pennsylvania, que se hace
llamar The paranormal pastor y que recopila en su blog testimonios reales
de personas que se dirigen a él para pedirle consejo porque dicen haber
tenido encuentros con el Slenderman.
En su blog podemos encontrar casos como el de «JoAnne», que se
puso en contacto con él en agosto de 2009 y le contó lo siguiente:
Desde niña he visto a esta figura demoníaca. Es una sombra alta.
No tiene cara, pero tiene los brazos largos. Lo veo algunas noches
por el rabillo del ojo y parece intentar alcanzarme con los brazos,
pero cuando me vuelvo a mirarlo se ha ido. Tengo la sensación de
que si no me giro a mirarlo me atrapará con los brazos y moriré.
Me temo que me está acechando, y que un día no seré capaz de
pillarlo intentando cogerme. Esto me llena de un miedo
indescriptible. Algunas veces pienso que me estoy volviendo
loca. Siento que vendrá a cogerme cuando menos me lo espere.
Algunas noches no puedo dormir, los ruidos de la calle me hacen
dar un respingo. Cuando sopla el viento y las cosas empiezan a
agitarse tengo mucho miedo. ¡Necesito ayuda!
Pero no hay ente que se resista al pastor paranormal, que le recomendó
«algunas oraciones y órdenes simples para que la entidad la dejara en paz».
El pastor confiesa en su blog que en este caso pensó que quizá pudiera
tratarse de un episodio sicótico, pero que la historia ha empezado a
preocuparle cuando ha recibido más testimonios similares, como estos:
«Mi nombre es ______. He sido acosada por una criatura de
sombras. Es alta e intenta cogerme con sus largos brazos. Lo vi en
un sueño, y ahora es real. Todo lo que veo en la cara son dos ojos,
y cuando los miro esos brazos intentan cogerme».
«Cada noche desde principios de junio, entre las doce y las cuatro
de la mañana recibo una llamada de teléfono de mi exnovia. Ella
ha sido atacada o acosada por un fantasma u otra cosa. [...] Ella
tenía depresión severa e insomnio. También tiene algunos
traumas, no te diré de qué tipo, porque eso es algo entre ella y yo
pero, hasta donde yo sé, esa podría ser la razón por la que esto
está ocurriendo. [...] una persona que ella llama "El Hombre" la
ha estado molestando. Aparentemente él la ha estado rondando
desde mucho antes de que yo la conociera, pero dice que no era
tan malo cuando ella era más joven. Tuvo su primera experiencia
con "El Hombre" cuando tenía siete u ocho años; pudo ver a un
hombre sin rostro, un cuerpo y una masa blanca en el lugar de la
cara, de pie, junto a la verja en el patio trasero de su casa. Como
no creía en fantasmas, se asustó y llamó a su madre, diciéndole
que había una persona fuera; cuando llegó su madre vio la forma
de una persona que desaparecía detrás de la verja. No sé
realmente cuánto de esto es verdad, su familia me contaba estas
historias cada vez que iba a su casa. Hace un año me llamó
alrededor de medianoche, quejándose de "El Hombre". Decía que
podía sentir que alguien la vigilaba a través de las ventanas [...].
Creo que la observa cada vez más. Cada noche la observa a través
de su ventana o la vigila desde los árboles cuando ella camina
hacia su casa...».
El comportamiento de esta última entidad coincide a la perfección con
el comportamiento que se atribuye al Slenderman cuando acecha a sus
víctimas en las diferentes ficciones de las que es protagonista.
El señor Swope recoge en su blog multitud de estos casos, incluyendo
testimonios de gente que dice llegar a tener la enfermedad de Slenderman.
El pastor paranormal ha escrito un libro sobre este fenómeno,
Slenderman: From Fiction to Fact (Slenderman, de la ficción a los hechos),
aún no traducido al castellano. Esta multitud de testimonios se dispararon a
raíz de la participación de Robin Swope en el programa de radio Coast to
Coast.
Teniendo en cuenta estas evidencias, podría pensarse que el mito solo
ha calado en el mundo anglosajón, pero en realidad Slendermanse ha
convertido en un constructo transcultural, y el material elaborado por fans
puede encontrarse en todos los idiomas y lugares; pero ¿pasa lo mismo con
las evidencias reales de sus «manifestaciones»?
Parece que sí, a juzgar por la noticia publicada el 11 de julio de 2012
por la edición digital de el diario argentino El Sol:
Una mujer, identificada como Claudia, que paseaba con su esposo
en la mañana del domingo 24 de junio, asegura que observó la
aparición, prácticamente de la nada, de una extraña criatura,
vestida de negro, altísima, que, finalmente, desapareció sin dejar
rastros.
La aparición tuvo lugar en el Aeródromo Comodoro Pierrestegui, en la
zona de los aparcamientos, que, de acuerdo con el testimonio de la testigo,
estaba totalmente vacía y sin tráfico de vehículos, por lo que el hombre
había aparecido de la nada.
Con estas palabras describía Claudia al diario su experiencia:
Quedé sorprendida por su extremada altura, estaba todo vestido
de negro, con anteojos redondos negros, dos maletines, uno en
cada mano, y él era muy blanco, tenía forma humana, pero
caminaba como automatizado, hacía pasos supercontrolados y no
giraba la cabeza para ningún lado, como un robot.
Nosotros estábamos a un metro y medio o dos, y nos pareció muy
extraño que no se inmutaba por nada, nosotros tenemos un perro
grande que ni siquiera ladró y él tampoco giró la cabeza para
mirarlo.
Este personaje era super erguido, caminaba siempre derecho, se
dirigió hacia la puerta, entró, después salió, se dirigió a otro lado,
a una avioneta, que nosotros no habíamos percibido, levantó una
parte de la avioneta, puso un maletín, puso el otro, y siempre con
movimientos supercontrolados.
[…] giramos con mi marido, yo le dije que me parecían extraños
sus movimientos, su vestimenta, incluso que fuera un día
domingo en que uno va a pasear, es decir, era algo fuera de
contexto, así que le dije que no parecía una persona, sino un
extraterrestre, eso es lo que percibí en ese momento.
Era como que si él se manejase solo, como si considerara que ahí
no había nadie, él no nos percibió. Cuando volvimos a mirar, ya
no estaba más, incluso nos quedamos un ratito más y no vimos
que despegara ninguna avioneta ni nave alguna, así que apareció
de la nada y desapareció de la nada.
Yo esto no lo iba a contar, porque uno duda de contar este tipo de
cuestiones por los prejuicios que tiene la gente, algunos no creen,
otros te tratan como si deliraras o inventaras; pero, después de
realizar una nota radial, me contactaron desde Visión Ovni, de la
ciudad de Victoria, Andrea Simondini, quien hizo un paralelo con
algo que, supuestamente, habría sucedido años anteriores con
estos hombres de negro.
Vemos cómo, una vez más, cada investigador arrima el ascua a su
sardina en función de su campo de experiencia, pues la ovníloga citada en
la noticia relaciona esta aparición con un fenómeno asociado al tema ovni,
los hombres de negro, extraños personajes que se aparecen en las zonas
donde ha habido avistamientos ufológicos, y que en ocasiones incluso
interactúan con los testigos interrogándolos o haciéndose pasar por
miembros de las fuerzas de seguridad de algún país, tal y como describió el
investigador John Keel en algunas de sus obras.
Slenderman, los tulpas y la ostensión
De acuerdo con Bill Ellis, profesor de la Penn State University y experto en
folclore y ocultismo, la ostensión es un concepto relacionado con el folclore
social, que podría resumirse como la extensión dramática en la realidad de
elementos de ficción, o, hablando en plata, el proceso por el cual una
leyenda cobra vida y acaba materializándose.
Existen distintos tipos de ostensión:
• Ostensión sensu stricto
Consiste en la representación literal de una leyenda, que en el
caso que nos ocupa sería el hecho de que alguien se ponga un
disfraz de Slenderman.
• Pseudo ostensión
Se da cuando se crean pruebas falsas para intentar demostrar la
autenticidad de la leyenda, como en el caso de los supuestos
grabados medievales de Der Ritter que vimos anteriormente, o
como grabar un falso vídeo en el que aparece el Slenderman.
• Proto ostensión
Se da cuando se produce una confusión de hechos que tienen una
explicación lógica o natural y que ocurren de forma fortuita pero
son confundidos con una leyenda.
Un ejemplo de este tipo de ostensión lo constituiría el hecho de
que, por ejemplo, se confundiera a un hombre muy alto vestido de
traje con el Slenderman.
• Súper ostensión
Cuando la gente se apropia de leyendas convirtiéndolas en
experiencias personales.
Este sería el caso de la gente que dice haber tenido encuentros
con el Slenderman.
A estos cuatro tipos, el sociólogo Pablo Vergel añade un quinto tipo
que a mí es el que me parece más interesante.
Algunos de los investigadores más osados, como el propio señor
Swope, el pastor paranormal que te presenté antes, especulan con la
posibilidad de que el Slenderman sea un caso particular de este tipo e
ostensión:
• La superostensión
Sucede cuando el pensamiento colectivo hace que se materialice
una leyenda.
Dicho así parece una majadería, pero existe un concepto en ocultismo
que podría explicar el proceso por el que la energía de los pensamientos de
miles de personas generaría una vasta fuerza creadora capaz de dar forma a
un concepto en el mundo real.
En el capítulo anterior te hablé del egreror, un concepto del ocultismo
que responde a una manifestación de la mente colectiva creada por las
personas que se unen conscientemente para un propósito común.
También viste cómo, de acuerdo con estos corpus de conocimiento, es
posible manipular determinadas energías sutiles para animarlas y crear
entes que los practicantes de magia dominan a voluntad.
Quizá esto no dejaría de ser una entelequia si no hubiera testimonios
de personas que dicen haber sido testigos de experiencias parecidas,
abriendo un pequeño resquicio a la posibilidad de su existencia real.
Un concepto emparentado con el de egregor es el tulpa.
Luisa Eugenia Alejandrina Marie David, también conocida como
Alexandra David-Néel, fue una escritora, exploradora y corista francesa,
que recorrió Asia a principios del siglo pasado, llevando a cabo hazañas
como ser la primera mujer en llegar a Lhasa, la tierra prohibida de los
budistas, en 1924.
Fue una de las primeras en describir el concepto del tulpa.
Alexandra David-Néel en su adolescencia.
Esta mujer investigó profundamente las enseñanzas espirituales de
Asia, sobre todo el budismo.
Llegó a vivir largos períodos en monasterios budistas. Durante uno de
dichos periodos, según afirma en sus obras, se interesó por una práctica
concreta, la creación de un tulpa.
En el budismo tibetano, aunque esta práctica existe también en el yoga,
la creación de un tulpa es un ejercicio que los aprendices realizan como
parte de su dominio de las doctrinas místicas.
El tulpa es una construcción mental que el místico materializa en el
mundo físico mediante técnicas de meditación a través de su imaginación y
su voluntad, de forma que genera un fenómeno dotado de consistencia
física, que es capaz incluso de emitir olores y sonidos, entre otras cosas.
Su creador puede darle la forma que escoja, sea un animal, un objeto o
una persona.
Según el budismo vajrayāna, la creación de los tulpas es posible
porque el universo es un flujo de conciencia y, por lo tanto, no hay ningún
fenómeno que exista fuera de la conciencia.
Esto entroncaría con algunos postulados de la física cuántica que
afirman que, en el universo, los fenómenos son determinados por la
conciencia del observador, de forma que la materia se define en función de
la conciencia que la observa, tal y como postulan la paradoja de
Schrödinger o experimentos como el de la doble rendija.
Por simplificar, la paradoja de Schrödinger afirma que las diferentes
posibilidades de que un mismo evento se produzca o no dependen de que
haya una conciencia que los observe. Para ilustrarlo Schrödinger ponía el
ejemplo de un gato al que se metía en una caja, en la que había un veneno
quetenía un 50 % de probabilidades de liberarse, lo que mataría al gato. El
científico afirmaba que, hasta que un observador no abre la caja y define
esa posibilidad, dado que la probabilidad de que el gato muera es del 50 %,
el gato se halla en un estado indeterminado entre ambas posibilidades, en el
que no está ni vivo ni muerto.
El experimento de la doble rendija demuestra que, si un haz de
electrones bombardea una placa de metal con dos rendijas, y detrás se
coloca una placa fotográfica, en función de si observamos o no, los
electrones pasaran por las rendijas, dejando solo dos marcas en la placa, o
ignoraran la placa de metal y marcarán la placa fotográfica con una línea,
debido a la dualidad onda-corpúsculo de los electrones, es decir, la
capacidad de estos de comportarse como fragmentos de materia o como
ondas simultáneamente.
Son conceptos bastante complejos de asimilar, pero solo te los cuento
para indicar que, de alguna forma, la física cuántica también afirma que la
conciencia puede, en cierto modo, modificar la realidad.
El misticismo budista afirma que estos tulpas, cuando son fruto de un
pensamiento o sentimiento particularmente intenso, y si se dan tras una
larga meditación, generarán un tulpa que permanecerá durante más tiempo
en el mundo físico.
Quienes apoyan la hipótesis de que Slenderman es un tulpa se basan
en que los budistas afirman que, a través de una fuerte creencia en ellos y su
visualización, estos entes van aumentando su poder a medida que aumenta
el número de personas que creen en su existencia.
Pero volvamos a Alexandra David-Néel. Según afirmaba ella misma,
tras los debidos ejercicios de meditación fue capaz de generar un tulpa, a
pesar de que los monjes le advirtieron que estas creaciones debían generarse
solo como ejercicio para mejorar las habilidades mentales, pero no debía
intentar que existieran por tiempo prolongado, puesto que podían cobrar
conciencia y volverse autónomas, llegando a ser peligrosas o incontrolables.
La escritora afirma que creó la forma de un monje sonriente que
obedecía todos sus mandatos, pero que, con el tiempo, comenzó a actuar de
forma independiente, como si tuviera voluntad propia, por lo que tuvo
miedo y la eliminó.
Y no fue la única.
Nikolái Roerich fue un afamado pintor, filósofo, escritor y arqueólogo
ruso que, además, cuenta entre sus logros con la creación del primer
convenio internacional sobre la protección de los tesoros culturales,
también conocido como Pacto Roerich, y que sirvió de base para la
«Convención Internacional de La Haya sobre la protección de valores
culturales en caso de conflictos armados».
Este brillante personaje realizó una de las mayores expediciones a Asia
de la época, que duró de 1925 a 1928.
En dicha expedición estudió la etnografía y cultura de muchos países,
entre ellos del Tíbet, así como aspectos de las religiones, pues era un
hombre muy interesado en la espiritualidad.
Durante sus viajes por Oriente, Roerich también afirmó haber
contemplado a lamas iniciados realizar el ritual del tulpa y materializar
seres vivos de la nada.
Para finalizar este capítulo
Como siempre, al cerrar otro capítulo nos volvemos a hallar en la dicotomía
de explicar el fenómeno por la vía escéptica o por la heterodoxa.
¿Se trata de una conjunción de alucinaciones y trastornos colectivos
que rodean a la actualización cultural de uno de los arquetipos del
inconsciente colectivo?
¿Se trata de la personificación de un concepto animado por la fuerza
de miles de mentes hasta el punto de corporeizarlo?
A mí me gustaría añadir otra vía de reflexión, sobre la base de todo lo
que te he mostrado a lo largo de este libro.
Si partimos de la premisa de que algunos de los testimonios de
avistamientos de esta entidad son reales, deberíamos tener en cuenta lo que
se dijo en los primeros capítulos: las entidades extradimensionales parecen
adaptar su apariencia al contexto sociocultural y a las creencias de los
testigos.
¿Podría, por lo tanto, tratarse de una manifestación de «ese otro algo»
cuya forma real desconocemos, que se está adaptando a los gustos y las
creencias de las nuevas generaciones?
La respuesta, me temo, nadie la sabe con total certeza. Ahora te toca a
ti formular tu propia explicación.
10. CÓMO DEFENDERSE DE FANTASMAS, GENTE SOMBRA
Y OTRAS APARICIONES
A lo largo del viaje por los capítulos anteriores en el que me has
acompañado hemos sido testigos de todo tipo de criaturas y entidades que
parecen querer irrumpir en nuestra realidad para manipularnos de diversas
formas.
A modo de curiosidad, y por si a alguien pudiera servirle de ayuda o
consuelo, me gustaría incluir en este capítulo, con un tono desenfadado,
para relajarnos tras todos los horrores que hemos contemplado, una serie de
métodos que, según afirman algunos, sirven para poder defendernos de
estos molestos visitantes y no ser víctimas impotentes vapuleadas a su
antojo.
Cada cual que los aplique bajo su propia responsabilidad, pues en este
capítulo se recogerán desde recomendaciones de sentido común hasta trucos
ofrecidos por el saber popular, cuyo límite con la superstición es tan tenue y
difícil de determinar como el que separa la reanimación boca a boca de la
necrofilia.
Si pruebas alguno de ellos y te funciona, te agradecería que me lo
hicieras saber a través de los métodos de contacto que pongo a tu
disposición en mi web www.historiasquenocontariaamimadre.com.
Me gustaría comenzar el capítulo dándote información útil sacada de
diversas fuentes sobre cómo actuar en caso de enfrentarse a un fenómeno
extraño, incluido un protocolo de actuación en diez pasos. ¿Me acompañas?
Desde el mismo día de la presentación de mi primer libro sobre estos
temas, cuyo título te comenté en los capítulos anteriores, por lo que no lo
repetiré para no hacerme pesado, no han dejado de llegarme testimonios de
personas que han tenido encuentros con lo extraño, situaciones que
consideran tocadas por la mano de lo sobrenatural, algunos de los cuales
has podido leer en este libro.
http://www.historiasquenocontariaamimadre.com/
Pensando en esto me di cuenta de que son muchas las personas
afectadas por este tipo de fenómenos, y he querido aportar algo de
conocimiento práctico, por si pudiera servir para aliviar a alguien que se
encontrara en una de estas situaciones.
Pero ante todo voy a ser honesto contigo. Tal y como contaba en mi
primer libro sobre misterio, son solo dos las ocasiones en las que he tenido
una experiencia directa que pudiera clasificarse como anómala: en un caso
consistió en la captación en vídeo de extrañas esferas durante la visita a la
casa de las caras de Bélmez, y en el otro una experiencia que algunos
podrían explicar por causas naturales, pero que a mí me dejó un extraño
regusto.
Con esto quiero aclarar que no es que yo sea una autoridad en la
materia, y que nunca me he tenido que enfrentar a fenómenos de esta índole
que tuvieran una elevada intensidad, pero sí que quiero resumir lo que he
aprendido a lo largo de mis investigaciones, lecturas y horas escuchando
programas de misterio, por si pudiera servir a alguien de algo.
Existe en mi familia una antigua broma que parodiaba un método para
cerciorarse de que uno se encuentra ante un fenómeno paranormal, y que
constituye todo un ejemplo de cómo aplicar el pensamiento lateral a los
fenómenos paranormales.
Habrá quien incluso piense que fenómenos paranormales y
pensamiento son dos términos antitéticos, dado que los primeros son una
patraña. No voy a entrar en la eterna disquisición.
En este caso, el artífice de dicho logro no es otro que mi señor padre.
Es común entre los padres tener que ayudar a los hijos a hacer frente a sus
miedos, sean estos racionales o no (los miedos, no los padres).
A mí, mi padre me proveyó de un arma que aún hoy conservo, un
método para saber cuándo estaba ante un verdadero fenómeno paranormal.
Es algo así como un Predictor de las apariciones espectrales: si salen
las dos rayitas, entonces tienes razones para tener miedo de verdad.
Pero es que, además,aunque un poco absurdo, este método te permite
afrontar la aparición del más allá con humor, lo cual siempre da un valor
añadido.
La cuestión es simple.
Imagínate que estás en casa, por la noche, y ves la silueta de una
sombra pasar por el umbral de la puerta u oyes ruidos extraños. Y estás solo
en casa. O que un objeto se mueve de forma inexplicable.
En esta situación en la que comienzas a notar cómo se comprime tu
esfínter, lo que tienes que hacer es algo sencillo.
En lugar de soltar el proverbial «¿Hay alguien ahí?», pide lo siguiente:
«Si eres del otro mundo, di Pamplona».
Si, para tu desgracia, oyes una voz espectral y cavernosa diciendo
«¡Paaaamplooonaaaaa!», entonces tendrás la certeza de que te hallas ante
un fenómeno inexplicable.
Porque sería demasiada coincidencia.
Y de paso también te echarás unas risas.
Porque no me digas que no sería una situación absurda.
Así suavizas el susto.
Pero, anécdotas grotescas aparte, me gustaría proveerte de algunos
métodos más serios (o no, porque si eres escéptico pensarás que solo se
trata de majaderías).
En este capítulo, por lo tanto, quiero hablarte de lo que dicen los
expertos (y otros que se autoproclaman como tales) sobre qué hacer cuando
se dé alguno de estos casos.
Dado que, como cuentan, hay soluciones que difieren según el caso,
dividiré la información en tres grandes bloques:
• Las diez cosas que hay que tener en cuenta en caso de vivir un
fenómeno paranormal.
• Cómo defenderse de entidades extradimensionales, de las que pueden
intentar contactar contigo para engatusarte e «iluminarte».
• Cómo prevenir y defenderse de la gente sombra.
Por supuesto, las pautas que te daré a continuación están recogidas de
diversas fuentes e incluso entre los que aceptan este tipo de fenómenos hay
diferentes explicaciones y una falta de consenso al respecto bastante
preocupante.
Los expertos no se ponen de acuerdo
Por poner un ejemplo, si escuchas a la médium Marilyn Rossner, en la que
se inspiró la sensitiva que aparece en la versión original de la película
Poltergeist, los espíritus desencarnados son seres de luz. Para otra gran
sensitiva, como es la española Paloma Navarrete, la cosa cambia, y los
espíritus pueden ser buenas o malas personas, tanto como lo fueran en vida,
por lo que podrán fastidiar a los vivos, pero nunca llegar a hacerles daño.
La televisiva Paloma Navarrete.
En la Semana del misterio de Sevilla 2015, a la que asistí como
público, tuve la oportunidad preguntar a Laura Falcó Lara (otra reconocida
sensitiva) si en su opinión los fenómenos paranormales relativos a
fantasmas y apariciones podían causar daño físico a las personas, a lo que
ella contestó que, en su opinión, el único peligro era el sicológico.
Sin embargo, hay multitud de testimonios de personas que han tenido
encuentros con entidades paranormales, llámeseles espíritus, seres
extradimensionales, demonios o lo que cada uno crea conveniente, que
contradirían (sí, suena raro, pero es la conjugación correcta del condicional
simple de contradecir) estas afirmaciones.
Mama, Chicho de ultratumba me toca
Hay algunos testimonios de personas a las que los supuestos fenómenos
paranormales han causado heridas.
Fue famoso en los años setenta el caso real de Doris Bither, que sufría
agresiones delante de toda su familia, y que dio lugar a la película El ente.
En cualquier caso, sean o no reales, no está de más saber lo que dicen
los investigadores, los expertos y la tradición sobre ellas, para estar
preparado.
Las diez cosas que hay que tener en cuenta en caso de vivir un
fenómeno paranormal
1. Que no cunda el pánico.
Puede parecer una tontería, pero perder los nervios puede
hacernos acabar mal.
Lo primero siempre es calmarse, y tratar de racionalizar el
hecho, porque la mayoría de las veces se tratará de algún
fenómeno explicable mezclado con sugestión.
Además, de no ser el caso, tener miedo solo empeoraría las
cosas, puesto que los investigadores siempre afirman que, de
alguna forma, estos fenómenos se alimentan de las emociones
negativas de los testigos que los sufren, siendo más violentos y
frecuentes cuanto más miedo manifiestan los afectados.
Ya hemos visto en los capítulos anteriores a algunas criaturas
que parecen perseguir ese tipo de emociones negativas como si
las consideraran un elixir.
Por otro lado, la hipótesis que clasifica como poltergeist estos
fenómenos postula que son causados por la energía mental que
proyectan los humanos, normalmente durante períodos de estrés y
elevada emotividad.
De ser cierta esta hipótesis, dejarse llevar por emociones
negativas podría contribuir a dar más fuerza al fenómeno.
Según la tesis esotérica, si se atribuyen las causas a entidades
del bajo astral, estamos en las mismas, puesto que estas entidades
se piensa que se alimentan de las emociones negativas que
generan en los humanos.
A mí me gusta hacer un símil de estos fenómenos con un niño
que se aburre y quiere llamar tu atención. Si le haces caso, el niño
se pondrá todavía más pesado, pero si lo ignoras, al cabo de un
tiempo te dejará tranquilo al ver que sus acciones no tienen efecto
en ti.
Piensa que lo que te da miedo no es el hecho en sí. Un objeto
moviéndose o un ruido no son un peligro o una amenaza. El
miedo surge del desconocimiento de la causa que los origina.
Simplemente tenemos miedo a lo desconocido, pero si alguien te
pudiera explicar qué causa el fenómeno, seguramente la angustia
se vería reducida, pues, de alguna forma, identificar las cosas nos
da sensación de control.
Muchos sensitivos coinciden en afirmar que estas entidades
solamente tienen poder sobre los vivos si estos se lo conceden
cayendo en estados de pánico y de pérdida de autocontrol.
2. Descarta siempre las posibles causas naturales antes de pensar en lo
sobrenatural.
Ya lo he dicho antes. La mayoría de estos fenómenos rara vez
soportan un análisis detallado basado en la lógica. Antes de apelar
a entidades del más allá, piensa si no habrá una causa más
mundana para el misterio ante el que te encuentras.
3. Cruza los brazos sobre el pecho.
Esto se lo escuché una vez a una médium en el programa de radio
Espacio en blanco, por lo que en realidad no sé si servirá de algo,
pero ella decía que los espíritus pueden entrar en contacto con las
personas a través del pecho.
Esto daría para hacer muchos chistes, pero son demasiado
obvios.
Supongo que, con ello, la mujer se referiría a hacer esta
maniobra justo en el momento en que presenciemos o sintamos
algo extraño.
Deambular por casa todo el día con los brazos cruzados sobre
el pecho puede resultar no solo bastante cansado sino harto
ridículo.
4. Pon rock duro a todo trapo.
Esto se lo leí a Sol Blanco Soler, del grupo Hepta, en su libro
¿Hay alguien aquí?: Fantasmas, Poltergeist y casas encantadas
de España y el mundo. La investigadora no aclara el motivo, pero
al parecer los infrasonidos que genera este tipo de música no son
gratos para estas supuestas entidades y contribuyen a que se
marchen.
Ya has podido ver que existe una extraña relación entre la
frecuencia vibracional de la energía y determinadas entidades
parasitarias del bajo astral. Esta afirmación es solo una pieza más
de ese extraño puzle en el que intuyo que está encerrada la clave
sobre estos temas.
Ponerlos a parir e increparlos violentamente para que se vayan
y te dejen en paz, por lo visto, también funciona. Sol Blanco Soler
dixit.
5. Pon una foto del dios Bes en tu casa.
Una vez le escuché a Juanje Vallejo, investigador granadino y
antiguo colaborador del programa de radio Milenio 3, que poner
una foto de este tiete achaparrao tan simpático y, según la
representación de él que elijas, bien dotado, podía contribuir a
librar los hogares de influencias negativas.
Supongo que el secreto radicará en que este Dios amenazará a
los espíritus con sodomizarlos, pues se le suele representar con un
gran falo por ser un dios asociado al amor y al placer sexual, o
que les gritará «Bes-te a la mierda», para alejarlos de nuestro
hogar (¡madre mía, me estoy luciendocon los gracejos de este
capítulo!).
No deja de ser una superstición más, pero no come pan.
No en vano Bes era una deidad protectora de los hogares en el
antiguo Egipto, que alejaba a los genios malignos que podían
perturbar a sus habitantes durante el sueño (esos jinas o jinns,
como nuestra querida Aisha Kandisha, la gente sombra, los
súcubos y demás ralea).
Además, siempre puede servirte para tener tema de
conversación con las visitas.
6. Irradia tu casa con ultrasonidos.
Fue también en el libro de Sol Blanco Soler que te he mencionado
antes donde leí que en el grupo Hepta usaban aparatos de
ultrasonidos para mitigar los fenómenos paranormales.
A pesar de que he intentado investigar cuál es el fundamento de
esto, no he encontrado información por ningún lado, pero digo yo
que alguien tuvo que ser el que lo descubriera por algún motivo o
investigación concreta.
En un ejercicio de friki-coñazo de los míos, incluso llegué a
escribir a la autora para que me diera información al respecto,
pero, como me suele pasar, obtuve de nuevo esto:
Sí, el consabido silencio de planta rodadora.
Lo que sí he podido constatar es que otros parasicólogos los
usan también, aunque nadie parece conocer en qué fundamentos
se basa su funcionamiento.
Lo cierto es que en el fenómeno de la fantasmogénesis y las
apariciones hay ciertas claves curiosas.
Una de ellas es que, de alguna forma, son fenómenos
vinculados al electromagnetismo. Estas causas paranormales
pueden alterar con su presencia los campos magnéticos e
interactúan con aparatos electrónicos.
Como ya te he comentado, se sabe también que los
infrasonidos en determinadas frecuencias pueden estimular ciertas
áreas del cerebro y causar alucinaciones y efectos similares a los
de los fenómenos paranormales (visiones de sombras y siluetas,
sensación de ser observado, etc.).
Otro elemento que hay que tener en cuenta es que en los textos
esotéricos se habla de las entidades espirituales negativas como
entidades que tienen baja vibración, mientras que las
espiritualmente elevadas tienen vibraciones elevadas.
El sonido no es ni más ni menos que la vibración de las
partículas que causan las ondas al transmitirse por el aire.
La intuición me dice, por lo tanto, que quizá las ondas de alta
frecuencia de vibración (ultrasonidos) podrían amortiguar las de
baja (infrasonidos, o en este caso, entidades de baja frecuencia
vibracional) o aumentar su nivel de vibración creando, de alguna
manera, una disrupción en la composición energética de estas
entidades.
He intentado hablar con físicos para que me confirmen si
realmente una onda de alta frecuencia puede cancelar a una de
baja frecuencia, pero no han sabido contestarme, aunque al menos
han tenido la deferencia de no descojonarse en mi cara…
En fin, espero algún día poder aclarar esta hipótesis, porque
pienso que el motivo por el que en teoría funcionan los
ultrasonidos podría estar relacionado con todo este galimatías que
me he formado en la cabeza…
7. Nunca utilices la ouija.
Usar el celebérrimo tablero para intentar averiguar si los ruidos
que hay en tu casa los causa tu abuelo porque está dando clases
para bailar la yenka en el más allá nunca es buena idea. Solo
servirá para desatar fuerzas que desconoces y que no controlas, y
que únicamente pueden añadir caos a la situación sugestionándote
de forma negativa.
8. Nunca tomes como verdades inamovibles posibles mensajes del más
allá o de seres extradimensionales.
Este se deriva del anterior. Si, a pesar de lo dicho en el punto 4,
eres una persona de naturaleza brava y utilizas la ouija o grabas
sicofonías, no tomes como verdades absolutas lo que te digan las
entidades.
La comunicación con el más allá es parecida a la comunicación
online.
Piensas que estás chateando con una rubia tremenda, y a lo
mejor resulta que es un señor gordito de Cuenca que te está
tomando el pelo con intenciones poco honestas.
Hay mucha mentira en internet.
Pues igual pasa con los espíritus, que lo mismo te dicen que
son tu tía Frasquita la del pueblo que te dicen que son entidades
extraterrestres, y te están tomando el pelo, mira tú por dónde.
Siempre tengo en mente una cosa que le escuché al ilustre
parasicólogo Germán de Argumosa. En una entrevista contó que,
en una ocasión, hizo una sicofonía preguntando si debía confiar
en la veracidad de una información que había captado en otra
anterior. No lo recuerdo bien, pero creo que era algún tipo de
amenaza contra su persona.
La respuesta que vino del supuesto más allá fue: «Aquí
también se miente».
Por lo tanto, a este respecto, aplica el viejo proverbio árabe
«No creas todo lo que escuches, o podrías creer cosas que no son
ciertas».
Sí, venga, escéptico irredento, ya hago yo el chiste por ti:
«Empezando por estas chorradas».
9. No aceptes ayuda de nadie que te pida dinero a cambio.
Huye de médiums y videntes que te pidan dinero a cambio de
su ayuda. Posiblemente sean farsantes que solo sirvan para añadir
problemas financieros a tu ya de por sí problemática situación.
En la historia televisiva casposa de nuestro país tenemos varios
ejemplos de ellos: brujas de tarot televisivas, naturistas que llevan
ramas de apio en las orejas, señores obesos y calvos con túnicas
de astrólogo y gafas de fantasía que se autoproclaman
«cinéfagos» y demás ralea, entre ellos un parasicólogo que se
dedicaba a pedir financiación para crear pistolas de agua hi-tech
(que según él servían para cazar fantasmas), a las que llamaba
«Boby», como un perro que tenía mi tía. Qué cosas.
10. Busca la ayuda de un investigador honesto.
Si, hecho todo lo anterior, el fenómeno no remite, recurre a un
investigador honesto solo cuando estés totalmente seguro de que
tienes un problema de origen inexplicable, no hagas que la gente
pierda su valioso tiempo.
El primer indicio para asegurarte de que estás tratando con
alguien fiable es el punto 9, es decir, que no te exija dinero por su
ayuda.
A este respecto, que a mí me conste, programas como Cuarto
Milenio, Córdoba Misteriosa o Espacio en Blanco suelen prestar
ayuda si consideran que el caso es veraz, poniendo a los afectados
en contacto con expertos de confianza.
Si no, siempre puedes contactar directamente con el grupo
Hepta, que investigará el fenómeno con seriedad y eficiencia.
A mi juicio, este grupo de investigación, creado por el jesuita y
radiestesista padre Pilón, es uno de los más serios de España, y
actúan de forma desinteresada.
Eso sí, no nos confundamos. Si vives lejos de Madrid, tendrás
que hacerte cargo tú del coste del desplazamiento, que una cosa es
poner al servicio de los demás de forma desinteresada tu tiempo,
conocimientos y equipo, y otra que te cueste dinero, lo cual me
parece totalmente lógico y honesto.
Cómo defenderse de entidades extradimensionales
En su libro Defendámonos de los dioses, haciendo honor al título, Salvador
Freixedo nos ofrece ciertas pautas que, según él, deberían servirnos como
medidas de precaución contra seres extradimensionales. Recordarás que
este autor, tras realizar una comparación entre textos sagrados de distintas
culturas y ver la semejanza entre ellos, llegó a la conclusión de que estos
mal llamados dioses parecían ser entidades de otras dimensiones que
jugaban con el ser humano a voluntad, usándolo para sus fines como si
fuera ganado, no en vano, a otro libro posterior en el que profundizaba en el
tema lo tituló La granja humana.
Se podrá estar de acuerdo en mayor o menor medida con todos los
postulados que expone, pero considero que estas siete pautas configuran un
listado que todo el mundo debería leer, pues son una llamada al ejercicio del
juicio crítico y la libertad de pensamiento.
Estos son los consejos que nos ofrece el autor:
1.º No debemos trascender los límites de nuestro ambiente humano,
o dicho en otras palabras, no debemos tratar de entrar en el terreno
de ellos.
Con este consejo, Salvador nos insta a evitar todas las experiencias
espirituales que busquen la trascendencia mediante estados alterados
de conciencia que induzcan cualquiertipo de trance.
«Los que se suben a lo alto de ciertas montañas en ciertas épocas
para entrar en contacto con ellos; los que preparan su mente con ritos
mágicos o religiosos (no tenemos que olvidarnos de que la magia es la
otra cara de la religión); todas estas personas están entrando en el
terreno de los dioses; y si no precisamente entrando, por lo menos se
están acercando a los límites del terreno humano, en donde los dioses
se manifiestan más fácilmente, y en el que los hombres ya no pueden
usar con eficacia su gran arma defensiva, que es la inteligencia.»
Personalmente, opino que este tipo de experiencias son necesarias
para el desarrollo de la conciencia, por lo que no las considero
negativas, aunque quizá coincido en que, para adentrarse en estos
terrenos, la mente humana debe estar preparada y en equilibrio.
Piensa en las hormigas o los insectos que entran en tu cocina.
Seguramente no sientes aversión u odio hacia ellos, pero no puedes
conminarlos a que se vayan por su propia voluntad de ninguna forma,
y en ese espacio no podéis coexistir porque es tu territorio y su
presencia te molesta.
Igual puede pasarle a los «dioses». Recuerda que, para ellos, tú eres
la hormiga.
2.º No entregues jamás la mente a nadie.
Con este consejo el autor nos insta a ejercer el pensamiento crítico de
forma constante, incluso con las propias creencias heredadas de la
cultura o el ambiente.
Para ello no hay que aceptar ningún credo o idea como un axioma
incuestionable, ni aceptar incondicionalmente lo que nos digan
autoridades, líderes políticos o religiosos, ídolos deportivos, estrellas
del mundo de la cultura o médicos que te estén tratando, pues, como
bien señala el autor, todo el mundo puede equivocarse o, en un
momento determinado, actuar solo en beneficio de sus propios
intereses.
Este camino implicaría evitar la manipulación a la que nos someten
los medios de comunicación.
Uno de los aspectos clave lo explica este elocuente párrafo:
«Es el caso de todos los fanáticos religiosos y no solo fanáticos, sino
de la gran mayoría de creyentes de todas las religiones. Aceptaron de
niños una fe que les fue implantada en el alma como un instinto y
como un elemento cultural más, y ya no fueron capaces en toda su vida
de cuestionarla ni de someterla a juicio; sencillamente la aceptaron
como aceptaron el idioma, las costumbres, los gustos o el amor
patrio».
3.º No invoques a nadie.
El ejercicio de esta recomendación pasaría por no postrarse ante
ningún ídolo, dios, religión ni profeta, ningún enviado, contactado o
iluminado, y a no adorarlos mediante ritos.
De nuevo el escritor hace una reflexión valiosa e inigualable, que
merece la pena ser reproducida textualmente para que no se pierda la
fuerza de sus palabras:
«El verdadero Dios del Universo, la Suprema Inteligencia,
totalmente incognoscible en su totalidad por la mente humana, no anda
exigiendo, como un amante celoso, que sus criaturas le rindan
constantemente adoración, o le den muestras de amor. Esto sí encaja
con la idea que en el cristianismo se tiene de Dios: Un «fulano» muy
poderoso que se parece muchísimo a nosotros, en nuestros aspectos
positivos y en nuestros aspectos negativos. Un dios así, es lógico que
exija entrega, alabanzas y hasta regalos. Pero el Dios verdadero no es
ningún pobre mendigo; el Dios verdadero continúa en su interminable
tarea de crear, y de complacerse viendo cómo sus criaturas se
desenvuelven cada una según su naturaleza, sin que tengan que estar
constantemente volviéndose hacia Él para darle gracias o para pedirle
que no las condene a algún castigo eterno».
La lógica de esta aseveración, a ojos del autor, parte del hecho de
que, cuando se invoca a algo, se le está llamando, de alguna forma se
está reclamando su presencia, animándole a que se manifieste.
El autor sostiene la idea de que la energía mental de los acérrimos
adoradores podría fortalecer las capacidades de estas criaturas para
manifestarse en nuestra realidad, tal y como hemos visto que sostienen
otros autores.
Basándonos en este precepto, habría que evitar prácticas como la
ouija, denostada una vez más por representar un medio de contacto con
otras realidades peligroso y poco fiable.
4.º No les ofrezcas tu dolor. No te brindes a sufrir. Rechaza el dolor
por el dolor y no lo busques nunca.
Para ilustrar este principio, que nos empuja a la búsqueda de la
felicidad y de la autovaloración evitando mortificaciones de todo tipo,
usa un término ingenioso, al hablar de que hay que evitar el «sacro
masoquismo», ese sentido de culpa inherente a los practicantes de
algunas religiones y que, de algún modo, podría justificar el maltrato y
la negación de uno mismo.
5.º Prescinde de dogmas y ritos. Deja de lado las creencias
tradicionales que tienen que ver con el más allá y con la manera de
concebir esta vida.
Evitar la fe ciega y la creencia exenta de reflexión.
6º Destraumatízate.
De acuerdo con el autor, debemos intentar liberar el alma de todos los
miedos, de todas las angustias y de todas las creencias erróneas y
limitantes.
Algunas doctrinas religiosas crean en sus practicantes un
sentimiento de culpa inherente al mero hecho de existir.
En los capítulos precedentes has visto que este tipo de emanaciones
mentales podrían incluso atraer visitantes indeseables, así que no
estaría de más interiorizar esta sentencia del investigador orensano:
«Esta limpieza tiene que comenzar por todos los falsos axiomas que
traemos en buena parte ya implantados cuando venimos al mundo y
que más tarde, las religiones, las patrias y las familias —tres
instituciones «sagradas»— nos remachan en el alma y en la mente».
7.º Instituye un nuevo orden de valores.
Aquí se nos anima a construir nuestra propia escala de valores
basándonos en nuestro propio criterio, y no de acuerdo a los deseos de
ninguna deidad.
Eso podría lograrse mediante una reinterpretación de los diferentes
credos y mandamientos desde un punto de vista humanista, que
defienda las necesidades de las personas desde el sentido común y la
dignidad.
Y termina su heptálogo con una frase lapidaria, que bien deberíamos
grabar a fuego en nuestro cerebro:
«¡Mírate! ¡Eres un auténtico hijo de dios! No por redenciones ni por
salvaciones que nadie te haya regalado, sino por tú misma naturaleza
que participa de la divinidad y que tu tienes que hacer evolucionar
mediante el buen uso de tu inteligencia y de tu vida tan larga; pero,
aparte, del corazón».
Si te paras a pensarlo, el cristianismo afirma que Dios nos hizo a su
imagen y semejanza, y según el budismo todos tenemos la naturaleza
de Buda, es decir, todos somos manifestaciones de la divinidad.
Esto reforzaría la creencia de algunos esoteristas de que ninguna de
las criaturas que hemos visto podría hacernos daño si no les
entregamos el control sobre nosotros teniéndoles miedo, porque todos
somos dioses en potencia.
No sé a ti, pero a mí me gusta esta idea.
Cómo prevenir y defenderse de la gente sombra
Como viste en el correspondiente capítulo, estas supuestas entidades
parecen estar haciendo de las suyas alrededor del mundo atormentando al
personal, ya sea en sueños, ya sea en oscuras carreteras solitarias.
Ha quedado patente que los investigadores no se ponen de acuerdo
sobre su naturaleza, aunque sí en que presentan una serie de características
definitorias muy especiales.
Por ese motivo he creído que sería interesante dedicarles un apartado
específico, en el que he tratado de recopilar todos los remedios y consejos
que he encontrado para evitar su presencia o, cuando tal extremo no sea
posible, enfrentarnos a las sombras.
Por supuesto, aquí se recogen saberes y recomendaciones que, en
muchas ocasiones, escapan a toda lógica y entran en el campo de la magia o
la superstición, por lo que no recomiendo dar por sentado su eficacia, a
pesar de lo cual las incluyo a modo de curiosidad y, por qué negarlo, en
algunos casos, por lo pintoresco de su naturaleza, y por si a alguien
pudieran aportar algo de alivio o consuelo, ya que el saber nunca está demás.
Contra la gente sombra, Heidi Hollis, la investigadora que acuñó el
término, afirma que estas sombras pueden ser repelidas usando «el nombre
de Jesús».
Supongo que basta con invocarlo, no creo que se refiera que tengas
que ir al Registro Civil a cambiarte de nombre.
Aparte de la invocación divina, esta sombróloga aboga por:
• Aprender a dejar de lado nuestro miedo.
• Mantenerse firmes y negarles el acceso a nuestra persona.
• Centrarse en pensamientos positivos.
• Mantener una luz encendida.
• Bendecir la casa con agua de manantial embotellada.
Eso sí, parece que, respecto al agua, no importa la marca que elijas.
De estas sugerencias, de acuerdo con los testimonios que hemos visto,
la única que parece irrefutable es la que nos anima a no temer a estas
criaturas y afrontarlas, pues todos los testigos que pudieron vencer su
miedo, al final, lograron expulsarlas.
Otros autores apuntan en la dirección de las entidades del bajo astral,
por lo que nos vuelven a remitir a la correspondencia intuitiva entre las
bajas vibraciones (electromagnéticas o «espirituales») y estas criaturas,
abogando por «limpiezas energéticas».
Para ello se puede aumentar el nivel de vibración ambiental, es decir,
de nuestro entorno, mediante el cultivo de la armonía sicológica de los
habitantes de dicho espacio.
Lámparas de sal, musicoterapia y demás parafernalia new age
entrarían en esta categoría.
Mantener la calma, usar la lógica y racionalizar la experiencia, y tratar
de no mostrar emociones negativas (porque supuestamente eso solo hace
que la entidad cobre más fuerza) son otros de los consejos más comunes en
lo que respecta a este tema.
Según el programa de YouTube Señales ocultas, conducido por Juan
Ramón Rodríguez y Luis Hernández, hay una serie de remedios que nos
pueden ayudar a defendernos de esta gente sombra.
En primer lugar, afirman que dormir con una luz ultravioleta encendida
en el cuarto aleja estas entidades, aunque dudo mucho que alguien pueda
dormir en semejantes condiciones. Por el parecido con un after que
adquiriría el cuarto, más bien darían ganas de ponerse un cubata.
Además, los investigadores no explican el porqué de su efectividad.
En segundo lugar, afirman que portar polvo de azufre o poner en el
dormitorio un plato de agua con un poco de azufre también sirve, porque,
en teoría, el azufre quema las larvas astrales de las que hablamos
anteriormente.
¿El motivo? Vete tú a saber...
Tener semillas de mostaza y cogerlas cuando aparezca la entidad, si es
que eres capaz de moverte, es otra de las soluciones que aportan. De nuevo
tenemos que realizar un acto de fe para confiar en la eficacia de esta
técnica.
Otra práctica que puede servirnos consiste en cantar el sonido Om.
En teoría este sonido eleva nuestra frecuencia de vibración espiritual y
espanta a estas entidades parasitarias que da gusto. Además, de funcionar,
tendría la ventaja de que podemos emitir esta vibración desde la garganta
incluso estando en mitad de un episodio de parálisis del sueño. De nuevo
carecemos de fuentes o referencias que respalden estas afirmaciones.
La explicación a esta recomendación puede tener un origen esotérico.
Om (que se pronuncia aum) es uno de los mantras más sagrados de las
religiones dhármicas (como el hinduismo y el budismo).
Om es el símbolo de lo esencial en el hinduismo, y representa la
unidad con lo supremo, con la divinidad y con el cosmos, la unión mente-
cuerpo, la combinación de lo físico con lo espiritual. Es la sílaba sagrada, el
primer sonido del Todopoderoso, el sonido del que emergen todos los
demás sonidos, ya sean de la música o del lenguaje divino.
En los Upanishad (textos sagrados hinduistas) se explica que todo, lo
existente y lo no existente, puede ser controlado al pronunciar la sílaba
sagrada Om.
De acuerdo con algunos esoteristas, por si profesas una religión de
origen judeocristiano y pronunciar un mantra te hace sentir incómodo, en
lugar de esta sílaba podrías pronunciar la palabra Amén, pues son
sinónimos.
Para los practicantes de yoga, la pronunciación de esta sílaba tiene
efectos sobre el cuerpo y la mente, dado que ralentiza el sistema nervioso y
calma la mente, como una especie de trance meditativo. Esta relajación
mental implica también una disminución de la presión arterial.
Como curiosidad habría que añadir que la frecuencia de Om es una
octava de la frecuencia de rotación de la Tierra respecto al Sol (multiplicada
por 224 hasta ser audible).
Hay quien pretende relacionar esto con el hecho de que las ondas alfa,
que son las que emite el cerebro cuando está en estado de meditación o
concentración, van de 8 a 13 Hz.
Los materiales, incluido el del cuerpo humano, tienen lo que se
denomina frecuencia natural de un cuerpo, por lo que pueden experimentar
el efecto conocido como fenómeno de resonancia acústica (frecuencia
mecánica en la física), que se produce cuando un cuerpo recibe una
vibración que se encuentra en su frecuencia natural.
Algunos practicantes de yoga afirman, por lo tanto, que Om, cuya
frecuencia de vibración sonora es de 432 Hz, es la frecuencia de vibración
del cosmos.
Podría inferirse, por lo tanto, que es en esta naturaleza divina que le
confieren los esoteristas donde radicaría su poder para expulsar a estas
entidades supuestamente malignas.
Otros de los métodos propuestos por este par de investigadores son tan
pintorescos como colocar en nuestro dormitorio un vaso de agua sobre una
servilleta blanca; tener semillas de mostaza negra en la casa; o colocar unas
tijeras abiertas bajo la cama y, según ellos, bajo el colchón (aunque la lógica
dicta que esto último no es muy recomendable, salvo que uno tenga
aspiraciones de faquir).
Otros autores e investigadores, al menos así se autodenominan,
recomiendan las siguientes medidas para evitar que estas entidades lleguen
a nuestras vidas:
- Evitar las expresiones violentas o intensas de nuestros estados
anímicos: discusiones, gritos, peleas, llantos, estados depresivos, estados de
angustia y sufrimiento.
- Mantener una buena higiene personal, con baños diarios y limpieza
cuidadosa del cabello.
Esto no sé si servirá para repeler a la gente sombra pero, desde luego,
no hacerlo servirá para repeler al resto de tus congéneres.
- Mantener la casa limpia, sobre todo en los rincones y tras los
muebles grandes y pesados.
Me reafirmo en lo anterior.
- Realizar una limpieza del ambiente y renovación de las energías, al
menos una vez cada quince días.
Entre los métodos recomendados para ello se encuentra quemar ruda,
salvia y romero u otras hierbas como el laurel y cedro.
- Evitar lugares donde puedan «transferirse» este tipo de entidades
parasitarias.
Entre ellos se citan los cementerios (malas noticias, señor sepulturero),
medios de transporte público, cárceles o tanatorios.
Amantes del taxi, ya tenéis una excusa más para no coger el autobús.
- En el caso de no poder evitar estos sitios, se recomienda, una vez en
casa, colocar la ropa usada al sol durante dos horas, pasar una barrita de
azufre por la suela de los zapatos y rociarse uno con una solución de agua
con limón, al 5 %.
Yo no puedo evitar que esto me suene a ritual de obsesivo compulsivo.
Flipante el dato del 5 % de la dilución. Si es al 6 o al 4 % ya no funciona…
- No arrojar los abrigos sobre la cama, esto es algo que hacemos
frecuentemente cuando volvemos de la calle.
Sin duda tiene mucha lógica, sí.
- No recostarnos en la cama con los zapatos puestos, idealmente
deberíamos dejarlos lejos de la cama… incluso afuera.
Hombre, esto es recomendable, pero por sentido común e higiene
básica.
- Encender sahumerios y quemar aceites aromáticos cuando tenemos
visitas o cuando estas se marchan.
Sobre todo si dichas visitas no tienen por costumbre el uso de
desodorante.
- Evitar prácticas mágicas en nuestro entorno si no tenemos los
conocimientos suficientes.
Y yo diría que si los tenemos, también, pero bueno, a unos les da por
chupar candados, a otros por peinar bombillas…
- Adopta un gato.
Según se dice, el perro esel guardián de lo material, el gato de lo
inmaterial. Si hay algo negativo lo neutralizará, o te avisará de su
existencia.
Si es que eres capaz de enseñarle a hablar, o que te lo escriba en un
pizarrín.
Y así, con estos consejos tan imaginativos, llegamos al final del
recorrido.
Pero antes, permíteme unas palabras a modo de epílogo...
11. PARA FINALIZAR
Como has visto, hemos analizado todo un catálogo de fenómenos y
prodigiosas criaturas, conocemos sus características, e incluso sabemos
cómo protegernos, en teoría, de sus perniciosos efectos.
Hemos penetrado en la mente humana, y luego en el origen del
hombre, para comprobar la posible existencia de otras realidades que nos
han acompañado desde la génesis de la humanidad.
Solo a ti te corresponde determinar si se trata de una serie de ilusiones
y delirios originados por fallos de la percepción, enfermedades mentales o
simples invenciones legendarias, si en realidad son seres de otros planos
que nos visitan, dioses u aspectos del inconsciente colectivo que se han
materializado en nuestro mundo, porque, como hemos visto, de acuerdo con
la física cuántica, al fin y al cabo es la conciencia del observador la que
define la realidad. ¿Cómo quieres definirla y percibirla tú?
En cualquier caso, hemos aprendido más de lo que sabíamos cuando
empezamos esta andadura, hemos visitado lugares distantes, culturas
exóticas, conocido aspectos del folclore y la etnografía del mundo.
Ojalá este periplo haya servido para que expandas tu visión de la
realidad o para que, al menos, te hayas formulado algunas preguntas o
cuestionado algunos aspectos de la misma, y, por supuesto, espero y deseo
que el viaje te haya resultado grato.
A más ver,
R. R. LÓPEZ
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• «Parálisis del sueño, terrible trastorno que hace realidad tus peores
pesadillas», rolloid.net.
• «Slenderman», leyendas-urbanas.com.
• «Slenderman Research Shows Sightings Throughout History», 15 de junio
de 2014, empirenews.net.
• thehatmanproject.com.
• «¿Ves a los hombres sombra?», lamentiraestaahifuera.com.
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Notas
 
* Neologismo acuñado por el escritor Macoco G. M. que aúna los adjetivos ‘flipante’ y ‘bochornoso’
en una sola palabra.
Seres de otra dimensión
R. R. López
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© del texto: R. R. López, 2017.
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Primera edición en libro electrónico (epub): marzo de 2017
ISBN: 978-84-16694-54-9 (epub)
Conversión a libro electrónico: Newcomlab, S. L. L.
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	Dedicatoria
	1. Antes de empezar
	2. Desde pequeños ¿podemos verlos?
	3. Un breve apunte sobre las ECM
	4. Los seres extradimensionales nos dan la respuesta
	5. ¿Dioses o seres extradimensionales?
	6. Evidencias dispersas
	7. La parálisis del sueño y los visitantes de dormitorio
	8. La gente sombra
	9. Slenderman, ¿un tulpa?
	10. Cómo defenderse de fantasmas, gente sombra y otras apariciones
	11. Para finalizar
	Fuentes
	El autor
	Notas
	Créditos