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Universidad Veracruzana 
 
 
Instituto de Investigaciones 
Lingüístico-Literarias 
 
Libra astronómica y filosófica: entre la ciencia y la 
literatura de los Siglos de Oro 
 
Tesis 
Que para obtener el Grado de 
Maestro en Literatura Mexicana 
 
Presenta 
Sebastian Heinrich Welke Laborde 
 
Director 
Dr. Marcos Cortés Guadarrama 
 
 
 
Xalapa, Veracruz, México Diciembre, 2019 
2 
 
 En la más encumbrada y gloriosa 
época de Roma, un poco antes 
de que cayera el poderoso Julio, 
Inhabitadas quedáronse las tumbas, 
y envueltos en sus mortajas los muertos 
aullaron y dieron voces confusas 
por las calles de Roma; 
viéronse estrellas de encendidas colas, 
desastres en el sol, lluvia de sangre, 
y la húmeda estrella, bajo cuyo influjo 
se sostiene el imperio de Neptuno 
padeció eclipse cual si fuera el Día del 
Juicio. 
Y parecido anuncio de terribles sucesos, 
cual precursores que anteceden siempre 
y prólogo a los hados y a las 
calamidades 
que van a acontecer, 
han mostrado juntos cielo y tierra 
a este país y a nuestros compatriotas. 
 
 Shakespeare 
Hamlet 
 
 
Menos solicitó veloz saeta 
destinada señal, que mordió aguda; 
agonal carro por la arena muda 
no coronó con más silencio meta, 
que presurosa corre, que secreta, 
a su fin nuestra edad. A quien lo duda 
(fiera que sea de razón desnuda) 
cada Sol repetido es un cometa. 
Confiésalo Cartago, ¿y tú lo ignoras? 
Peligro corres, Licio, si porfías 
en seguir sombras y abrazar engaños. 
Mal te perdonarán a ti las horas, 
las horas que limando están los días, 
los días que royendo están los años. 
 
Luis de Góngora y Argote 
 
 
3 
 
 
Hay quienes estudian y comentan los calendarios y 
alegan autoridad en cuanto ocurre. Hablan tanto 
que por fuerza aciertan y se equivocan. 
 Montaigne 
Ensayos, Capítulo XI 
 
 
Ellos dicen que los eclipses presagian desgracias, 
porque las desgracias son ordinarias, de suerte que 
sucede tan a menudo el mal, que aquéllas ocurren 
a menudo; si en lugar de eso dijeran que presagian 
felicidad mentirían a menudo. Ellos no atribuyen la 
felicidad más que a reencuentros raros en el cielo; 
así yerran pocas veces en la adivinación. 
 Pascal 
Pensamientos 
 
Yo también soy astrólogo y sé muy bien cuál es el 
pie de que la astrología cojea y cuáles los 
fundamentos debilísimos sobre que levantaron su 
fábrica. 
Carlos de Sigüenza y Góngora 
Libra astronómica y filosófica 
 
4 
 
Índice 
 
Introducción………………………………………………………………………….……6 
 
CAPÍTULO PRIMERO. Los modelos del mundo y la astronomía-astrología en la 
Nueva España 
1.1 Los tres modelos del mundo……………………………………………………….9 
1.2 La corrupción de los cielos: La supernova de 1572 y el cometa de 
1577…………………………………………………………………………………..….20 
1.3 De heraldos infaustos……………………………………………………………...25 
1.4 El Gran Cometa de 1680………………..……………………………………..….30 
1.5 La astronomía en la Nueva España…………………………………………..….33 
 
CAPÍTULO SEGUNDO. La hermenéutica del cielo 
2.1 Libra Astronómica ante la crítica………………………………………………..…53 
2.2 La hermenéutica del cielo en Libra Astronómica………………………………..66 
2.2.1 Astrónomos-astrólogos: hermeneutas del cielo……………………………....71 
2.2.2 El Barroco en la hermenéutica del cielo……………………………………….75 
 
5 
 
 
CAPÍTULO TERCERO. Carlos de Sigüenza y Góngora y la lectura del cometa de 
1680/81 
3.1“Manifiesto filosófico”: política y hermenéutica del cielo…………………..……..79 
3.2 La desemantización del cielo………………………………………………..…..112 
CONCLUSIONES……………………………………………………………….……...132 
ANEXOS………………………………………………………………………...………136 
BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………………138 
 
6 
 
Introducción 
 
La introducción es, emulando a Jorge Luis Borges, aquel rato de la investigación en 
que el autor es menos autor. Es leyente de un trabajo que realizó a lo largo de 
rutinarios desvelos y discusiones con fantasmas. La introducción está al inicio de 
una tesis, pero su tiempo está atado al fin de un ciclo de investigación. 
 Escribir sobre Carlos de Sigüenza y Góngora ha presentado para mí un gran 
reto y deleite. Su obra Libra astronómica y filosófica me celaba un mundo oculto de 
oráculos, desastres y cometas maléficos que desconocía. Después de dos años de 
lectura sobre historia de la astronomía y la medicina, sobre la estética del Barroco 
y su época, después de revisar diferentes tratados del siglo XVI y XVII del Viejo 
Mundo y del Nuevo Mundo, en particular, de la Nueva España, comenzó a aclararse 
el cielo de Libra astronómica y logré leerlo un poco más con los ojos de la época y 
pude, en efecto, comprender mejor los documentos astronómicos-astrológicos que 
surgieron en torno a la aparición del cometa de 1680-1681. Varias ideas que 
presento en mi investigación encuentran su origen en las lecturas que realicé de los 
trabajos de Alicia Mayer, Ernesto Priani y Miruna Achim, quienes son de los pocos 
estudiosos que han examinado el tema de la astrología-astronomía en Libra 
astronómica y los tratados astronómicos astrológicos que surgieron en torno al 
cometa, desde una perspectiva que considera tanto la ciencia de la época como el 
contexto histórico y la estética del Barroco. Cabe destacar que el doctor Marcos 
Cortés Guadarrama fue quien me inició en la lectura de Libra astronómica y a quien 
7 
 
le debo gran parte de mi formación como investigador en el ámbito de la 
historiografía literaria. 
 Ahora bien, mi investigación tiene una división tripartita. En el capítulo 
primero, emprendo un recorrido por la historia de la astronomía, desde la Antigua 
Grecia hasta Newton. Cabe destacar que la literatura y la ciencia están abrazadas 
desde el inicio de estas teorías que presento. Expongo, al comienzo, los tres 
modelos del mundo que fueron predominantes en la Historia del Occidente. Hablo, 
en efecto, del modelo aristotélico-tolemaico, del copernicano y del ticónico. 
Posteriormente hablo de los cambios que sufre la concepción del cielo a finales del 
siglo XVI, la simbología con la que se carga a los cometas en la Historia occidental 
y el contexto histórico del avistamiento del Cometa de 1680-1681. Al no haber 
encontrado una historia detallada de la astrología-astronomía en México, termino 
este capítulo con una línea del tiempo sobre ésta en la Nueva España, la cual trazo 
desde el primer posible documento de astronomía-astrología publicado en estos 
lares hasta la toma de Sigüenza y Góngora de la cátedra de matemáticas en la Real 
y Pontificia Universidad de México. Asimismo, expongo aquí el contexto 
novohispano de la astrología-astronomía del siglo XVII y el ambiente competitivo en 
el que se situaban estos astrólogos-astrónomos. La estructura del primer capítulo 
se conforma como un recorrido a través de la historia de la astronomía, iniciando 
desde la parte propiamente más “científica” para desembocar en la más literaria. 
 En el segundo capítulo, reviso los diferentes trabajos que se han hecho sobre 
Libra astronómica y finalizo este apartado con una reflexión sobre el encanto literario 
de algunos postulados científicos que surgieron en torno del avistamiento del 
8 
 
cometa de 1681. Propongo, asimismo, que se estudié esta obra de Sigüenza desde 
una perspectiva literaria, considerándola inserta, por lo tanto, en una hermenéutica 
del cielo y en el periodo Barroco. En el tercer capítulo, emprendo el análisis de Libra 
astronómica. He divido en dos apartados este capítulo: a) antes de la afrenta entre 
Eusebio Kino y Sigüenza -es decir, aquí me enfoco principalmente en el Manifiesto 
filosófico y en su relación con el contexto social durante el virreinato de don Tomás 
Antonio de la Cerda-; b) después de la ofensa de Kino –cuando fue escrito Libra 
astronómica. En la segunda parte expongo las diversas teorías de cometas que 
yacen en los textos de Sigüenza y Góngora, Eusebio Kino y Salmerón y Castro. 
Escribo, asimismo, sobre el papel que ha tenido elcometa como recurso literario 
en la hermenéutica del cielo del periodo Barroco y reflexiono sobre la lectura que 
realizó Sigüenza del cometa de 1680-1681 y la crítica que efectúa sobre las diversas 
teorías que existían en su época. 
 En la conclusión recapitulo la tesis y enfatizo la importancia de leer Libra 
astronómica no sólo desde la perspectiva de la historia de la ciencia, sino que, como 
he mencionado, se debe considerar el contexto político-social en que se 
circunscribe, es decir, que se puede leer también como una producción literaria 
propiamente del ámbito astrológico-astronómico novohispano. 
 
 
 
 
Xalapa-Enríquez, Veracruz, 25 de junio de 2019 
9 
 
CAPÍTULO PRIMERO. Los modelos del mundo y la astronomía-astrología en la 
Nueva España 
1.1 Los tres modelos del mundo 
 
 
 
 
 
 
Quizá la historia de la astronomía occidental, desde Aristóteles hasta antes de 
Kepler, es la historia sobre la variación de una obstinada idea: el arduo y constante 
reajuste de un sistema de esferas y círculos.1 Anaximandro, en el siglo VI a.C., decía 
que “el universo infinito era una fuente de infinidad de mundos, de los cuales el 
nuestro era sólo un ejemplo” (North: 2001, p. 52) y que la Tierra era una suerte de 
disco flotante. Pitágoras decía que “el universo fue producido cuando el cielo inhaló 
el infinito para formar grupos de números” (p. 53).2 Lactancio aseveraba que la 
Tierra era plana, pero ya Parménides de Elea, en el siglo V a.C., había dicho que 
la Tierra era esférica y que el brillo de la luna era producido por el Sol. Esta idea de 
la esfericidad cautivó la imaginación de los pensadores atenienses del siglo ulterior. 
 
1 En este capítulo, expondré brevemente los tres modelos del universo que, según John D. North, convivían 
en el siglo XVII. Éstos eran los siguientes: el modelo aristotélico-tolemaico, el copernicano y el ticónico. 
2 Los pitagóricos, señala North, proponían un modelo del universo donde los cuerpos celestes giraban 
alrededor de un fuego central, fuego que no era el Sol. Consideraban, asimismo, la existencia de una Contra-
Tierra para explicar el origen de los eclipses. 
 
No ves cuán erguidas hacia las estrellas hizo Dios 
Las cabezas de los hombres y cuán sublimes modeló sus rostros; 
Mientras a las bestias y al género de los pájaros y a los cuerpos de las fieras 
Hizo abatirse indistintamente sobre su vientre torpe e inmundo-. 
Silio Tálico, citado por Carlos de Sigüenza y Góngora en Manifiesto Filosófico 
 
De ese punto dependen el cielo y la naturaleza toda. Mira aquel círculo que está 
más próximo a él, y sabe que su movimiento es tan veloz por el encendido amor 
que le da impulso. 
Dante Alighieri 
 
 
 
10 
 
Platón la introduce en el libro décimo de la República con el mito de Er y Eudoxio 
de Cnido la utiliza para explicar su sistema homocéntrico, sistema construido a partir 
de esferas concéntricas que rodean a la Tierra. El astrónomo de Cnido fue maestro 
de Polemarco, quien fue a su vez maestro de Calipo, quien fue maestro de 
Aristóteles. Estos últimos dos discípulos completaron el sistema de Eudoxio, 
incrementándole el número de esferas concéntricas.3 
 Cabe aclarar que, desde este subcapítulo hasta el 1.4, ofreceré un estado de 
la cuestión sobre la literatura astronómica-astrológica desde sus raíces grecolatinas 
hasta la publicación de Philosopiae naturalis principia mathematica (1687) de Isaac 
Newton y de las diversas posturas que tuvieron los astrónomos-astrólogos en torno 
a las apariciones de cometas. Ulteriormente, en el subcapítulo 1.5 aterrizaré las 
ideas de los subcapítulos anteriores en el contexto de la Nueva España. Esta 
revisión de las diversas posturas tomadas a lo largo de los siglos será exhaustiva y 
espero no cansar al lector. Sin embargo, ante la escasa investigación de la literatura 
astronómica-astrológica en México, se vuelve indispensable trazar una línea que no 
sólo contextualice los modelos del cosmos predominantes en la Historia del 
Occidente, de los cuales Sigüenza y Góngora es heredero, sino que perfile el 
contexto de la astronomía-astrología en la Nueva España. Las ideas que 
prevalecían durante el periodo novohispano, la postura de los astrónomos-
astrólogos de la Nueva España, la literatura que consumían éstos, el lugar que 
 
3 Las esferas concéntricas, señala Allen G. Debus, eran utilizadas para explicar la rotación diurna de las estrellas 
y los movimientos de la Luna, el Sol y las estrellas. Mientras el esquema de Eudoxio tenía 26 esferas, el de 
Calipo constaba de 33 y el de Aristóteles de 55. Para una explicación detallada acerca de las esferas 
transportadoras, las transportadas y contra-actuantes, véase Historia Fontana… de North, p. 64-68. 
11 
 
ocupaban en la sociedad, serán algunos de los aspectos que se revisarán en este 
apartado. 
 Estos capítulos que he presentado brevemente son fundamentales para 
entender la propuesta hecha por Sigüenza y Góngora en Libra astronómica y 
filosófica, obra que se debe a una tradición de gran interés para la filología. Espero 
que este primer capítulo permita no sólo esclarecer algunos aspectos de la 
astronomía-astrología en Libra…, sino en los estudios posteriores que se hagan de 
la literatura astronómica-astrológica de la Nueva España y que abra un debate en 
torno a la literatura de este tipo, que ha sido leída por mucho tiempo desde una 
perspectiva reduccionista, la cual ha considerado este tipo de textos sólo como 
documentos de carácter científico. Cabe señalar que en Alemania y Francia existe 
una perspectiva de investigación que estudia los textos astronómicos-astrológicos 
de la Edad Media, Renacimiento y Barroco considerando los aspectos literarios que 
hay en estos documentos, pues la división entre ciencia y literatura es algo que 
sucede posteriormente, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Es un error 
considerar que estos textos son puramente científicos o puramente literarios; mas 
bien, son una quimera en donde la Historia, la literatura, el folclor, la mitología, la 
filosofía, los avances científicos se entremezclan para formar un todo, el cual trataba 
de explicar, en gran parte por medio de la imaginación, el mundo en estos siglos. 
El astrónomo-astrólogo desarrollaba, en efecto, una serie de imaginerías que se 
explicaban por los parámetros de esta misma literatura astronómica y no 
necesariamente por la realidad. 
12 
 
Ahora bien, ¿cómo era el universo que concibió Aristóteles? Imaginemos una 
serie de esferas concéntricas y sólidas, una dentro de otra -como si fuesen las capas 
de una cebolla-, hasta llegar a un centro inmóvil, el cual es la Tierra. No son los 
planetas los que se mueven alrededor de ésta, sino las esferas que transportan a 
aquéllos. Es decir, cada esfera concéntrica tenía, por decirlo de una manera, 
planetas adheridos a su superficie, los cuales eran transportados por el movimiento 
circular de éstas. Aristóteles dividía el cosmos en dos regiones: la supralunar y la 
sublunar. La primera comprendía los cuerpos celestes, que estaban compuestos 
por el quinto elemento: el éter.4 La segunda región estaba compuesta por los cuatro 
elementos: Tierra, agua, aire y fuego. La primera región es perfecta e inmutable; la 
segunda, imperfecta y mutable. En la primera región los movimientos son circulares; 
en la segunda son hacia arriba o hacia abajo. En Acerca del cielo, Aristóteles 
escribe: 
De modo que ni ahora hay múltiples cielos ni los hubo ni es posible que los llegue 
a haber, sino que este cielo es uno, único y perfecto. 
Está claro, a la vez, que no existe lugar ni vacío ni tiempo fuera del cielo. 
Pues en todo lugar puede llegar a haber algún cuerpo; el vacío, por otro lado, dicen 
que es aquello en lo que no hay ningún cuerpo pero puede llegar a haberlo; yel 
tiempo es el número del movimiento: y no hay movimiento sin cuerpo natural. 
Ahora bien, se acaba de demostrar que fuera del cielo no existe ni puede generarse 
cuerpo alguno. Luego es evidente que fuera 〈del universo〉 no hay lugar ni vacío ni 
tiempo. 
 
4 Para Platón, refiere North, las estrellas eran dioses visibles a los que un Ser Supremo les había dado vida. 
Esta concepción fue muy influyente en el pensamiento cristiano. Aristóteles, asimismo, defendió la divinidad 
de las estrellas. Los babilonios (“caldeos”) afirmaban que podían pronosticar fenómenos meteorológicos a 
partir de los signos del cielo, así como el destino de las naciones y los individuos. 
13 
 
 Por eso las cosas de allá 〈arriba〉 no están por su naturaleza en un lugar, ni 
el tiempo las hace envejecer, ni hay cambio alguno en ninguna de las cosas 
situadas sobre la traslación más externa, sino que, llevando, inalterables e 
impasibles, la más noble y autosuficiente de las vidas, existen toda la duración 〈del 
mundo). (Aristóteles: 1996, p. 88) 
El cielo es, por lo tanto, uno, único y perfecto.5 La teoría de Aristóteles, señala North, 
es “la explicación mecanicista de un universo formado por capas con diversas 
funciones” (North, p. 68), donde los movimientos se postulan en términos de una 
física de causa y efecto. ¿Cuál es, entonces, el principio de todo movimiento? 
Aristóteles dice: “Y es suficiente que haya un único moviente, el primero de los 
inmóviles, que al ser eterno será para todas las demás cosas el principio de 
movimiento” (Aristóteles: 2014, p. 271). En efecto, el primer motor, autónomo y 
eterno, transmite su movimiento circular perpetuo a las esferas inferiores. Indica 
North que Aristóteles da a entender que cada movimiento de tipo “eudoxiano” tiene 
su propio primer motor, “así que habría 55 (o 47) de ellos, a los cuales finalmente 
aceptó como dioses” (North, p. 69). Ciertos glosadores, en la Antigüedad tardía y 
en la Edad Media, consideraron aberrante e intolerable la idea y decidieron sustituir 
la palabra “dioses” por “inteligencias” o “ángeles”.6 
 Sin embargo, el sistema aristotélico, indica Allen G. Debus, en El hombre y 
la naturaleza en el Renacimiento, no explicaba la variación de distancias que tenían 
periódicamente el Sol, la Luna y las estrellas con respecto a la Tierra, pues variaban 
 
5 En Metafísica de Aristóteles se encuentran los aspectos técnicos del sistema de esferas concéntricas. 
6 En la Divina Comedia, en el canto vigesimoctavo de “El paraíso”, Dante habla sobre el noveno cielo: “Este 
círculo, pues, que lleva consigo los más sublimes del universo, corresponde a aquel en que más se ama y se 
sabe más; por lo que si aplicas tu medida a la virtud, no a la extensión de las sustancias que se te ofrecen en 
esa forma de círculos, verás una admirable conformidad entre las inteligencias de cada cielo” (Dante 1982, p. 
476). 
14 
 
su brillo y sus dimensiones ante el ojo de quien los observaba. Los astrónomos 
alejandrinos (especialmente Apolonio e Hiparco), en los siglos II y III a.C., 
“refundieron los datos disponibles en un nuevo sistema” (Debus: 1985, p. 140). 
Posteriormente, Claudio Ptolomeo (siglo II a.C.) revisó y amplió este sistema 
configurando así un sistema astronómico complejo, matemático -mas no del todo 
preciso-, que podía predecir y explicar con bastante exactitud los movimientos 
celestes.7 Debus explica algunas de las precisiones que realizó Ptolomeo al modelo 
de las esferas concéntricas: 
La astronomía de Ptolomeo conservaba las antiguas esferas, pero añadía una 
serie de círculos (preservando así el movimiento “perfecto” de los cielos) para 
explicar con mayor precisión los fenómenos observados. En el caso más simple 
un planeta podía localizarse en un círculo deferente o mayor -si parecía moverse 
alrededor de la Tierra con perfecta circularidad. Sin embargo, semejante 
perfección -salvo en lo que se refería a las estrellas- no existía. En vista de ello se 
introdujo otra serie de círculos. El epiciclo, con su centro situado en la 
circunferencia del deferente, giraba mientras avanzaba con el movimiento del 
deferente. Este movimiento dual explicaba tanto las variaciones aparentes de las 
distancias como las retrogresiones planetarias. Otras irregularidades obligaron a 
Ptolomeo a situar a la Tierra a cierta distancia del Sol y a utilizar círculos 
excéntricos (“fuera del centro”) y círculos ecuantes. Con la ayuda de estos últimos 
se explicaban los aparentes cambios de velocidades de los planetas. (Debus, p. 
142). 
Alrededor del año 850 d.C., según North, el esquema tolemaico, a través de un 
resumen del Almagesto escrito por Al-Farghani, se convirtió en una materia 
 
7 El modelo tolemaico está expuesto en el libro Almagesto, libro que tuvo como seguidores a la mayor parte 
de los astrónomos del mundo islámico y el occidental hasta el siglo XVII, según indica Allen G. Debus. Su 
catálogo de 1022 estrellas en las 48 constelaciones proporcionó un marco de trabajo para abordar gran parte 
de los temas astronómicos de la época. 
15 
 
estándar del plan de estudios de las universidades de la Edad Media europea. 
Asimismo, el Tetrabiblos de Tolomeo entró a la conciencia europea a través del 
Islam.8 
 En Astrología y astronomía en el Renacimiento¸ Juan Vernet indica que el 
Almagesto fue sumamente importante para la formación de Copérnico: 
 la lectura del De revolutionibus prueba que Copérnico dominaba a la perfección 
todos los métodos matemáticos utilizados por Tolomeo, lo cual implica una lectura 
muy atenta y una larga meditación del Almagesto. Es más: la mayoría de las 
observaciones de la Antigüedad que conoce y utiliza le han llegado -a él al igual 
que a los autores medievales- a través de dicho libro. (Vernet: 2000, p. 71). 
Si leemos atentamente el título De revolutionibus orbium coelestium libri sex 
observamos, como bien señala Vernet, que la obra trata del movimiento de las 
esferas celestes y no del desplazamiento de los planetas, pues éstos, para el 
astrónomo polaco eran transportados por aquéllas. A diferencia de lo que 
generalmente se ha dicho sobre el sistema copernicano, que es heliocéntrico, 
Debus, Vernet y North abundan en que se trata más bien de un sistema 
“heliostático”. Asimismo, Copérnico no situó el Sol exactamente en el centro. El 
modelo copernicano atentaba contra el sentido común y el dogma religioso, que 
durante años había dictado que la Tierra era fija y se encontraba situada en el centro 
del universo. Tolomeo, según North, consideraba que una Tierra en rotación 
ocasionaría movimientos tan violentos que “ésta se fragmentaría y se despedazaría 
 
8 North indica que esta obra funcionó como un manual de astrología compartido por pueblos de diversas 
creencias. Cabe recordar que este arte tiene hondas raíces babilonias: los griegos “cuando utilizaban ideas 
tomadas de Egipto, en realidad estaban utilizando materiales de segunda mano que originalmente provenían 
de Babilonia” (North, p. 97). Aunque la astrología, con el ascenso del cristianismo, fue reprimida, “se convirtió 
en una actividad aceptada en la Europa cristiana hasta los días presentes” (p. 97). 
16 
 
a través de los cielos” (North, p. 219). Sin embargo, Copérnico indicaba que, debido 
a la estabilidad de la esfera celeste, esto no podría suceder. Debus resume algunos 
de los puntos principales del modelo copernicano: 
En suma, se trataba de una refundición del sistema de Ptolomeo. El Sol, ahora en 
reposo, estaba cerca (pero realmente no en él) del centro matemático del universo 
y circundando por los planetas (entre los cuales se consideraba a la Tierra, con su 
Luna girando en epiciclo) incrustados en sus esferas cristalinas. El sistemaincluía 
la tradicional esfera de las estrellas fijas. […] [S]i el sistema copernicano 
conservaba mucha de la complejidad del universo ptolemaico, en cierta medida lo 
simplificaba. No sólo se eliminaban los círculos ecuantes, sino que también se 
consideraban superfluos los epiciclos, con los que se explicaba el movimiento 
retrógrado de los planetas contra el fondo de las estrellas fijas, en forma de rizo, 
podía explicarse ahora como el resultado de las posiciones y velocidades relativas 
de la Tierra y los planetas observados. (Debus, p. 156). 
Aunque el Commentariolus de hypothesibus motuum coelestium a se constitutis¸ 
obra en la que desarrolla Copérnico primeramente su concepción de un universo 
heliocéntrico, llevara la palabra “hipótesis” para disimular la realidad física que 
admitía este astrónomo, los teólogos protestantes no se dejaron engañar. El 
rechazo al modelo de Copérnico fue feroz. Juan Vernet cita, como ejemplo, un 
fragmento de Conversaciones de sobremesa de Lutero: “El loco quiere cambiar toda 
la Astronomía, pero las Sagradas Escrituras muestran que Josué dijo al Sol y no a 
la Tierra que se parara” (p. 94). La reacción católica, aunque más tardía, no fue 
menos violenta. 
 Escribe Juan Vernet que la supervivencia del sistema heliocéntrico 
copernicano, a lo largo de los siglos XVI y XVII, se debió a su contenido matemático 
más que al ideológico: 
17 
 
El De revolutionibus permitía calcular las tablas y los almanaques, tan necesarios 
a los astrónomos y astrólogos de la época, y, por tanto, debía ser utilizado con tal 
fin sin entrar en discusiones […] de si Copérnico había expuesto una teoría o se 
trataba de simples hipótesis (p. 156). 
Refiere el historiador North que el orden de los planetas nunca había sido 
establecido de manera concluyente en el pensamiento astronómico. Mercurio y 
Venus eran los planetas más problemáticos. Mientras Platón los situó encima del 
Sol, Tolomeo los colocó debajo. En el sistema copernicano, el orden de los planetas 
alrededor de un Sol estacionario era el siguiente: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, 
Júpiter y Saturno.9 
 Las doctrinas del De revolutionibus eran conocidas en España desde el 
momento de su publicación: “Salamanca precedió así a la misma Cracovia en la 
difusión del sistema heliocéntrico sin sufrir intromisiones ni del poder real ni de la 
Inquisición” (Vernet, p. 160). Las doctrinas del sistema copernicano se aplicaron, 
desde 1582, al cálculo de efemérides. El director de la Academia de Matemáticas, 
Juan de Herrera, pidió en 1584 al embajador de Venecia “un lote de libros entre los 
cuales figuraba el de Copérnico” (p. 160). Incluso, en la cátedra de astrología de la 
Universidad de Salamanca, indica Vernet, se llegó a estudiar a Copérnico. Sin 
embargo, en 1616, el Santo Oficio califica a la teoría heliocéntrica de: 
necia y absurda filosóficamente, y formalmente herética, por cuanto expresamente 
contradice las doctrinas de las Sagradas Escrituras en muchos puntos, tanto 
conforme a su sentido literal como conforme a la común exposición e interpretación 
de los santo Padres y Doctores (Debus, p. 177). 
 
9 Véase Historia Fontana…de North, páginas 218-228, y Astrología y astronomía… de Juan Vernet para una 
explicación más detallada del sistema copernicano. 
18 
 
Semanas después, el De revolutionibus fue enclaustrado en la lista de libros 
prohibidos; el mismo año, Galileo Galilei fue advertido por el Santo Oficio. En 1642, 
tras la muerte del astrónomo italiano, el sistema copernicano aún no había sido 
aceptado. Escribe Juan Vernet que después de la condena de Galileo, tanto la 
Iglesia católica como las reformadas dificultaron la difusión del nuevo sistema, 
sistema que sólo podía ser considerado como una hipótesis. Los astrónomos, en 
consecuencia, tendrían únicamente las siguientes opciones: 
1) Someterse a la autoridad eclesiástica y seguir con el sistema geocéntrico; 2) 
inventar o aceptar otros sistemas que no se opongan a las Sagradas Escrituras; y, 
3) defender a ultranza, bien como teoría, bien como hipótesis, el heliocentrismo. 
Pero todos ellos utilizan, cuando les conviene, los procedimientos de cálculo 
divulgados por Copérnico (Vernet, p. 166). 
Ante la acumulación de evidencias durante el siglo XVI y XVII en contra del sistema 
tolemaico, muchos astrónomos, autores europeos y defensores del geocentrismo 
encontraron refugio en el sistema ticónico, pues “no sólo no contradecía las 
Sagradas Escrituras (aunque sí a Aristóteles) sino que facilitaba unos modelos 
matemáticos capaces de representar muy bien las realidades observadas” (Vernet, 
p. 167). Tycho Brahe ideó un nuevo sistema donde armonizaba la ciencia y la 
religión. La defensa del sistema tolemaico y de la física aristotélica se había 
debilitado: el astrónomo danés había desterrado para siempre el dogma de las 
esferas cristalinas del sistema aristotélico. Y sin embargo, para sus 
19 
 
contemporáneos, según indican North, el mayor logro de Brahe fue dejar a la 
humanidad en el centro del universo.10 
 En 1687, tras la publicación de Philosopiae naturalis principia mathematica, 
Isaac Newton asestó un golpe mortal a las teorías geocéntricas. “El triunfo definitivo 
del copernicanismo en cada país”, refiere Vernet, “es el de la introducción de los 
Principia” (Vernet, p. 171). Hacia 1732, en Francia, Maupertius difunde la obra de 
Newton; en Italia, Capelli lo hará un año después con su obra Astrophianumerica; 
en España, Jorge Juan, a mediados de siglo, se colocó a la cabeza del movimiento 
renovador de la astronomía: “El triunfo del sistema copernicano en la Península 
influyó en la expansión del mismo por Hispanoamérica” (p. 171). 
 A lo largo de la Historia occidental el cosmos sufre de una expansión que irá 
de lo finito a lo infinito. El avance de la ciencia en los siglos XVI y XVII rompió la 
parcela celeste trazada por el modelo aristotélico-ptolemaico. Conforme la 
astronomía-astrología se desarrollaba, Dios se fue alejando cada vez más del centro 
del mundo hasta quedar, en el modelo de Newton, relegado a su orilla. En el 
Barroco, en efecto, el hombre se sentirá un ser que yace entre dos abismos infinitos. 
 
10 En el sistema ticónico, la Tierra se encuentra en el centro del mundo, es decir, del universo. El Sol y la Luna 
giran alrededor de ésta. El Sol, a su vez, está rodeado por las órbitas de los planetas. North señala que Tycho 
a pesar de sus innovaciones, era en otros aspectos un tradicionalista: su descripción física del universo, aunque 
liberada de la esfera del fuego, era muy parecida a la de Aristóteles y a la astrología tradicional; estaba 
convencido en la eficacia de la astro-meteorología; realizó, como muchos otros astrónomos, estudios de los 
horóscopos de los famosos. 
20 
 
1.2 La corrupción de los cielos: La supernova de 1572 y el cometa de 1577 
 
Hay, en la armonía de los cielos, una minúscula disonancia que fascinó y aterrorizó 
al hombre durante años. La supuesta irregularidad de estas apariciones arremetía 
directamente contra la perfecta maquinaria aristotélica. El cometa, ornitorrinco de 
las clasificaciones celestes, causaba dolores de cabeza a los teólogos y 
astrónomos-astrólogos de la tradición medieval, mientras que, para los de la nueva 
escuela, era un fuerte argumento que corroboraba la ausencia de las esferas 
celestes.11 Asimismo, los avances tecnológicos en la astronomía, como la invención 
del telescopio, permitieron observar fenómenos y detalles que antes eran ignorados 
por el ojo desnudo del astrónomo, y con ello confirmar la imperfección de los 
cielos.12 
Entre los últimos años del siglo XVI y los albores del XVII, una serie de 
fenómenos celestes formaron parte del proceso de destrucción de la cosmología 
aristotélica y medieval. Como señala Víctor NavarroBrotons en su artículo “Las 
novedades celestes en España entre 1572 y 1618”,13 la referencia a la supernova 
 
11 La tradición medieval sostenía que el cielo estaba dividido en 10 esferas. La tierra era inmóvil y ocupaba el 
centro del universo. En torno giran nueve esferas concéntricas. Las primeras siete son los cielos planetarios. 
La octava era denominada como la “esfera de las estrellas fijas”; en la novena se encontraba el Primer móvil 
y, más allá, en la décima, estaba el Empíreo. 
12 Refiere North que se ha atribuido la invención del telescopio a diversos académicos del siglo XVII, tales como 
Giambattista de la Porta, John Dee y Thomas Digges. No obstante, estas afirmaciones carecen de fundamento. 
Se sabe, por medio de una carta datada el 25 de septiembre de 1608, que en la Provincia de Zelanda, Holanda, 
había un fabricante de anteojos llamado Hans Leippershey, quien construía este tipo de artefactos. A 
mediados de julio del año 1609, Galileo se enteró de su existencia y fabricó uno por su cuenta. Si el primer 
telescopio amplificaba dos o tres veces el cielo, el del astrónomo italiano tenía un poder de amplificación de 
20 o 30. Con el nuevo aparato, Galileo observó los valles y montañas de la Luna y las manchas del Sol. Esto le 
permitió argumentar a favor de la corruptibilidad de los cielos. 
13 El artículo de Víctor Navarro Brotons se encuentra en el libro Novas y cometas entre 1572 y 1618. 
Revolución cosmológica y renovación política y religiosa, cuyo compilador es Miguel Ángel Granada. 
21 
 
de 1572 se ha vuelto ya un clásico en la historia de la astronomía moderna. Para 
dar un contexto general de las posturas que había en el ámbito astronómico-
astrológico, presento una breve y modesta relación de algunas observaciones 
realizadas en 1572 y en 1577. 
Cuando Tycho Brahe regresaba de su laboratorio de alquimia en Dinamarca, 
el 11 de noviembre de 1572, descubrió una nueva estrella en la constelación de 
Casiopea. Durante meses, midió y registró sus variaciones de brillo y color, hasta 
que la supernova se apagó. Escribe G. Debus que el astrónomo danés intentó 
determinar su paralaje, pero no lo obtuvo. Por lo tanto, este astro debía hallarse a 
una enorme distancia respecto a la Tierra. En efecto, se encontraba en la región 
supralunar y no sublunar como indicaban los postulados aristotélicos. A este 
fenómeno se le adhirió la aparición del cometa de 1577, visto también por Tycho 
Brahe, quien determinó que estaba más allá de la órbita de Venus. Su observación 
sobre la nova y el cometa lo llevaron a descartar la incorruptibilidad de los cielos y 
la existencia de las esferas aristotélicas. 
 Tanto la nova como el cometa fueron vistos por innumerables astrónomos. 
Había dos grandes posturas: una sostenía que se habían originado en la región 
sublunar; otra que se habían originado en la supralunar. La última afirmación no 
sólo atentaba contra el modelo tolemaico-aristotélico, sino contra la misma 
concepción católica del cielo, pues éste era inmutable, único y perfecto, mientras 
que los cometas eran fenómenos imperfectos, producidos por exhalaciones marinas 
22 
 
y provenientes, por lo tanto, de la región sublunar. Aristóteles explica la generación 
de los cometas en Meteoros:14 
Así, pues, cuando a causa del movimiento superior un principio ígneo entra en 〈un 
grado de〉 condensación tal, pero no tan excesivamente grande como para 
consumirse casi todo enseguida ni tan débil como para extinguirse rápidamente, 
sino lo bastante grande y 〈presente〉 en la mayor parte 〈de la región〉, y coincide 
que al mismo tiempo asciende desde abajo una exhalación lo bastante fuerte, 
〈entonces〉 se forma ese astro con cabellera según la forma que venga a adquirir 
la 〈masa〉 exhalada; pues cuando 〈se extiende〉 igual por todas partes, 〈el astro〉 se 
llama cometa, pero cuando 〈se extiende solo〉 en longitud, se llama 〈astro〉 con 
barba (Aristóteles: 1996, p. 268) 
En España, el astrónomo, matemático, geógrafo y helenista, Jerónimo de Muñoz, 
científico de enorme importancia para la península ibérica del siglo XVI, observó 
también la supernova de 1572. 
Que las ideas de Muñoz eran antiaristotélicas, desde antes de este 
impresionante avistamiento, queda demostrado en sus manuscritos.15 Escribe 
Navarro Brotons que Muñoz, en Utrum sint plures orbes celestes necne. Questio 
prima (hacia 1569-1570), expone una serie de testimonios y argumentos que 
arremetía contra el agrietado cristal de las esferas celestes. Uno de los argumentos 
se basa en los cometas: “dice Muñoz que estos, como han observado muchos 
autores, tienen una paralaje inferior a la Luna y dado que se engendran en el aire, 
 
14 Cabe destacar el título del libro de Aristóteles, pues el significado etimológico de “meteoro”, “que está en 
el aire” -es decir, fenómenos meteorológicos-, nos da una noción general de la idea que tenía el filósofo 
estagirita sobre los cometas. 
15 Véase en “Las novedades celestes de España entre 1572 y 1618” de Víctor Navarro Brotons. Este 
investigador señala que las ideas de Muñoz se pueden calificar afines a la tradición estoica. 
23 
 
este debe extenderse más allá de ella” (Granada 2012, p. 20).16 Por lo tanto, los 
cometas son cuerpos celestes. “Y sobre este tema, Muñoz insistió en que no había 
que dar crédito a Aristóteles, sino a los matemáticos, que estaban más capacitados 
para considerar el asunto con argumentos sólidos” (p. 19). Al astrónomo y 
matemático valenciano, indica Navarro Brotons, le debemos el mejor estudio 
realizado en España de la supernova de 1572 y uno de los más importantes de toda 
Europa.17 
 El catedrático y teólogo barcelonés Micó, en Diario y juicio del grande 
cometa¸ expone sus observaciones sobre el cometa de 1577. Considera que el cielo 
de los astros se compone de orbes contiguos y que, por lo tanto, el cometa los 
rompería si pasara por ellos.18 Rechaza, asimismo, la idea del vacío entre las 
esferas.19 El cometa se originó, por lo tanto, entre la esfera de fuego y el orbe lunar. 
El médico aragonés Francisco Fernández Raxo estudia el cometa de 1577 desde 
una perspectiva aristotélica, es decir, considera a los cometas como productos de 
exhalaciones terrestres y por lo tanto sublunares. El dominico Juan de Victoria 
abunda en la misma idea de Raxo. No obstante, comenta que algunos cometas se 
 
16 Señala Brótons que Hagecius le proporcionó a Tycho Brahe las carta sobre la supernova de Jerónimo de 
Muñoz. Vernet comenta que Tycho Brahe, en varias de sus obras, citaba con elogio y admiración al 
astrónomo valenciano. 
17 Señala Navarro Brotons que Muñoz concluyó que la nova se trataba de un cometa de naturaleza y origen 
celeste. Clasificarlo como cometa implicaba considerar el génesis de este fenómeno en términos de causas 
naturales. Esto formaba parte de la herencia astrológica. Por otro lado, los autores que consideraron este 
fenómeno como una estrella recurrieron a la idea de la omnipotencia divina, es decir, el surgimiento de la 
estrella se consideraba como un milagro. En la página 19 del mismo artículo, Navarro Brotons sintetiza el 
modelo cósmico de Muñoz. 
18 Los ejemplos que expongo son tomados del artículo de Navarro Brotons. 
19 La idea del vacío horrorizaba a los astrónomos del siglo XVI y XVII. Este rechazo respondía a la herencia del 
filósofo estagirita, quien no concebía la idea del vacío. Cabe recordar que el mundo, es decir, el universo, era 
un conjunto de esferas sólidas sobrepuestas. Ante el terror al vacío, Tycho Brahe, principal destructor de las 
esferas, llegó a colocar cometas entre planeta y planeta de manera casi impulsiva. 
24 
 
engendran en el cielo y que éste no es totalmente incorruptible ni ingenerable. Éstos 
son sólo algunos de los tantos ejemplos que hay en los debates suscitadospor la 
supernova de 1572 y el cometa de 1577. 
 Aunque entre 1572 y 1618 muchos fueron los astrónomos españoles que 
defendieron la tradición aristotélica y atacaron las ideas defendidas por Jerónimo de 
Muñoz, sus discípulos, que ocuparon cátedras en Salamanca, Alcalá y Sevilla, 
continuaron las ideas del astrónomo valenciano. Por esos años, Kepler defendía el 
heliocentrismo de Copérnico y destruyó los rezagos de una larga herencia de 
círculos, pues indicaba el astrónomo alemán que las órbitas de los planetas eran 
elípticas. Sin embargo, fuera del medio académico, había una gran exaltación en el 
espíritu y ánimo de la población europea. Catástrofes naturales, enfermedades y 
guerras habían desatado las quimeras en la población. 
 
 
 
25 
 
Satan stood 
Unterrified, and as a Comet burned 
That fired the length of Ophiuchus huge 
In th’ arctic sky, and from its horrid hair, 
Shakes pestilence and war. 
John Milton 
1.3 De heraldos infaustos 
 
 
 
 
 
. 
 
En el Tapiz de Bayeux se encuentra una imagen donde seis personas miran con 
pavor un objeto en el cielo. Es el cometa Halley. Del lado derecho aparece el rey 
Harold sobre su trono. Arriba, junto a la ancha cauda del cometa, resaltan las 
palabras “Isti mirant Stella”. Howard Robinson señala que Odericus Vitalis en su 
Ecclesiastical History of England and Normandy escribe que el cometa de 1066 fue 
un signo de mal augurio. Lo fue, al menos, para Inglaterra.20 
El carácter irregular de los cometas y su asociación a infaustos eventos 
históricos, que coincidían con su aparición, fueron cargando de un significado 
negativo a los visitantes celestes. Surgió, en efecto, toda una literatura del miedo 
inspirada en los astros.21 Algunos creían que los cometas eran heraldos de 
 
20 El Tapiz de Bayeux, bordado a finales del siglo XI, registra los hechos previos a la conquista normanda de 
Inglaterra. 
21 Resulta interesante ver cómo el temor a las estrellas y cometas se ha enraizado en la palabra “desastre”, 
cuya etimología proviene del occitano “desastre” que viene del prefijo latino “dis” y la palabra “astrum”. Por 
otro lado, la palabra “cometa” proviene del griego “kóme” que significa “cabellera”. De este modo, los 
cometas son astros con cabellera, la cual, ya sea que tuviese un tamaño descomunal o una forma particular 
perteneciente a alguna de las clasificaciones del tipo de cabellera comética, desataba quimeras y temores en 
26 
 
infortunios; otros, que eran los causantes mismos del mal. Basta sólo con revisar 
algunos ejemplos de estas fatídicas coincidencias: Refieren Howard Robinson y 
Elías Trabulse que en la Ilíada la guerra y la caída de Troya fueron anunciadas por 
una “errática estrella” y que un cometa con cauda de cuerno apareció el año en el 
que Jerjes invadió Grecia; que el cometa de 1348 arrastró consigo la Muerte Negra, 
y el de 1453 prologó la caída de Constantinopla; que la muerte de Carlos V fue 
anunciada por un cometa en 1556; que la estrella volante de 1618 inauguró la 
Guerra de los Treinta Años.22 Los cometas, por lo tanto, han sido cómplices 
infundados de muertes de príncipes, caídos de reinos, derramamientos de sangre, 
pestes, terremotos, enfermedades y hambres. Los prejuicios y las fatídicas 
coincidencias fueron labrando durante años el carácter maldito de los visitantes 
celestes y, en consecuencia, la espesa superstición cometaria del siglo XVII. Los 
cometas son, en efecto, símbolo de una narrativa del desastre.23 
Este siglo, asimismo, fue particularmente fértil en avistamientos de cometas. 
El cometa Halley, longevo testigo de atrocidades, lo visitó dos veces: primero, en 
1607, cuya aparición observó Kepler; después, en 1682, examinado por Edmund 
Halley. El cielo fue surcado por otros cometas en 1604, 1618, 1652, 1661, 1665, y 
cada uno de éstos presenció enormes catástrofes que cicatrizaron en el alterado 
 
las mentes de los astrónomos-astrólogos y la población en general de la Edad Media, Renacimiento y Siglos 
de Oro. 
22 En Alemania, la fiebre apocalíptica fue enorme. Hay una canción protestante suiza del mismo año que 
registra el pavor de la época. Ésta se llegó a cantar en las escuelas alemanas: “Hay ocho cosas que trae un 
cometa,/ Cuando se encuentra en las alturas desata una tremenda furia;/ Aire, hambruna, plaga y muerte de 
reyes;/ Guerra, terremoto, inundaciones y atrocidades.” La traducción es mía. 
23 En el soneto “De la brevedad engañosa de la vida” de Luis de Góngora, por ejemplo, la figura del cometa 
es precisamente símbolo de un mal presagio. 
27 
 
espíritu de la época. Cabe destacar los tres cometas de 1618, que, como he 
mencionado, fueron el sanguinario prólogo de la Guerra de los Treinta Años. 
 Ante la admiración cometaria, nace el impulso de registrar y describir estos 
fenómenos. Señala Howard Robinson, en The Great Comet of 1680: A Study in the 
History of Rationalism, que a finales del siglo XV aparecen algunas evidencias de 
este tipo de actividad. Sin embargo, es en el siglo XVII cuando la literatura 
astronómica-astrológica alcanza un gran auge.24 La astrología judiciaria y la 
astronomía matemática eran prácticamente dos caras de la misma moneda. No 
había astrónomo de la primera mitad de siglo que no volteara hacia la astrología. 
Preocupados por el devenir del hombre, los astrólogos derramaron ríos de tinta para 
leer los cielos y descifrar el oculto significado de estos ígneos mensajeros. 
Proliferaron libros de astrología y, en la mayoría de estos, había una sección 
dedicada al estudio de los cometas. Grandes ejemplos de este tipo de publicaciones 
son el Speculum (1661) de Weigel, y El Theatrum cometicum (1667) de 
Lubienietsky. Ambas obras reúnen un extenso catálogo de cometas y sus 
pronósticos.25 En el siglo XVII, la interpretación cometaria es altamente desarrollada 
y sus hermeneutas, incluyendo a grandes astrónomos como Tycho Brahe y Kepler, 
usaban métodos de la astrología judiciaria para desentrañar los significados de 
estos portentos: 
 
24 En “Presentación” del libro Novas y cometas: Entre 1572 y 1618, Miguel A. Granada comenta que los tres 
cometas de 1618 suscitaron una nueva oleada de escritos e interpretaciones justo en el momento en que 
estallaba la Guerra de los Treinta Años. 
25 Señala Robinson que Lubienietsky enlista la aparición de 404 cometas antes del año de 1600 y, 
prácticamente, cada uno está relacionado con alguna desgracia acontecida a la humanidad. 
28 
 
Even the greatest of the astronomers were not yet free from astrological learnings. 
Tycho Brahe took the horoscope of the emperor Rudolph II. Indeed, the ruler had 
astrologers and alchemist around him constantly. The apparition of Halley’s Comet 
in 1607 greatly terrified him. Kepler was enough of an astrologer to go even as far 
as to take the horoscope of the last Comet of 1618 (Robinson: 1916, p. 13). 
Elías Trabulse, en Ciencia y religión en el siglo XVII, profundiza en este punto. 
Escribe que eruditos como Causino, Vossius, Dietrich, Beutel, Torreblanca, Kircher, 
Lubienetzky, entre otros, intentaron adaptar los supuestos de la astrología judiciaria 
a la astrología cometaria. Mientras la primera trataba sobre los movimientos 
regulares de los planetas, el Sol y la Luna, la segunda se encargaba de los 
movimientos irregulares e impredecibles de los cometas: 
Una nueva reglamentación y codificación astrológica logró establecer las 
relaciones entre las características físicas aparentes de los cometas y su posición 
con respecto a otros cuerpos celestes y los posibles acontecimientos futuros que 
de ahí se desprenden (Trabulse:, 1974, p. 8).26 
El color del cometa indicaba el tipo de desgracia que sobrevendría: si tenía un color 
saturnal pálido, indica Robinson, adquiría las cualidadesdel planeta Saturno y, en 
consecuencia, traía plagas; si su apariencia era rojiza, tenía las cualidades bélicas 
de Marte. Los colores variaban de astrólogo a astrólogo, cuyos ojos, la mayoría de 
las veces, estaban impregnados de quimeras. La conjunción del cometa con 
planetas o constelaciones pronosticaba también el tipo de mal por venir: si el cometa 
aparecía primero cerca de cierto planeta, aquél adquiría cualidades de éste. La 
relación del cometa respecto a las diferentes constelaciones, especialmente a las 
doce casas del zodiaco, era también un factor importante que se tomaba en cuenta: 
 
26 Estos métodos tuvieron un gran auge en el siglo XVII, incluso durante sus últimos años. 
29 
 
si el cometa cortaba la cabeza de Escorpio, indicaba una gran desgracia; si cortaba 
el brazo de Virgo, en el que sostenía la gavilla, pronosticaba una mala cosecha. La 
dirección de la cauda, asimismo, señalaba en qué país o continente ocurrirían las 
desgracias. Otro rasgo importante era la duración de la visibilidad del cometa. No 
había, escribe Robinson, un acuerdo en común con respecto a este punto. Sin 
embargo, muchos astrólogos llegaron a pensar que un día equivalía a un año de 
influencia y catorce días, a siete años. Se desarrolló, asimismo, un minucioso 
método comparativo, donde se relacionaban los nuevos cometas con los antiguos: 
si sus cursos o rasgos eran parecidos, el nuevo cometa era heredero de las 
desgracias de su antepasado.27 
 Como se ha podido observar, la literatura astronómica desarrollaba una serie 
de imaginerías que se explicaban por los parámetros de esta misma literatura y 
tradición astronómica-astrológica y no necesariamente por la realidad. Por ello, 
estas imaginerías se pueden adscribir a la categoría de lo maravilloso, pues se 
adhieren a un mundo que se explica a partir de sus propias reglas, tal y como lo 
hacen narraciones maravillosas del Mundo Clásico, de la Edad Media, del 
Renacimiento y del Barroco. 
 
 
27 Una variante, escribe Trabulse, “fue la de hacer árboles genealógicos cometarios asociados a las diversas 
dinastías europeas. Se pensaba que con un tipo determinado de cometa se propiciaba la muerte de algún 
príncipe de determinada casa reinante” (Trabulse, p. 8). 
30 
 
1.4 El Gran Cometa de 1680 
 
Cuenta el teólogo e historiador Howard Robinson que el astrónomo y escritor de 
almanaques Gotffried Kirch fue quien por vez primera vislumbró el gran cometa de 
1680. Fue una mañana del catorce de noviembre, cuando el astrónomo alemán, 
mientras observaba la Luna y Marte, se percató de esta aparición. Después de que 
el cometa hubo rodeado el Sol y desaparecido por el intervalo de algunos días, 
regresó nuevamente a la vista de sus espectadores. Ahora, contaba con una larga, 
maravillosa e ígnea cabellera que reverberó en los abiertos y atónitos ojos del 
europeo y americano. Apareció, primeramente, en el signo de Leo; después, dejó 
de verse en Perseo. Señala Robinson que muchos astrónomos, incluido Kirch, 
pensaron que se trataba de dos cometas distintos: uno visto en noviembre; otro en 
diciembre. Sin embargo, la órbita indica que era el mismo fenómeno.28 
 Un espeso aire de superstición asediaba la Europa del siglo XVII. Refiere 
Benjamin Gerlach, según Robinson, que la mayoría de la gente, especialmente en 
los países protestantes, le tenía más miedo al cometa que a Dios.29 Guerras, plagas, 
terremotos, gélidos inviernos, inundaciones, concordancias con rasgos de pretéritos 
cometas, bolas de fuego y otros infortunios exaltaron la malevolencia del heraldo 
 
28 Diferentes fueron los nombres que recibió este cometa de enorme cauda. Se le conoce como el Cometa de 
Kirch, el Gran Cometa de 1680, Heaven’s charriot, Cometa de Newton, entre otros. Actualmente, en el medio 
científico, lleva el nombre de C/1680 V1. 
29 Hay una medalla-amuleto, según Robert S. McIvor, que fue acuñada en 1681 en Alemania, cuyo anverso 
lleva en relieve la figura del cometa sobre un fondo estrellado y registra, en la parte inferior, la fecha en que 
fue visto; su reverso tiene la siguiente rima: “Der Stern droht Boese Sachen. Trau nur! Gott wirds wol machen”. 
He realizado la siguiente traducción: “La estrella amenaza cosas fatales. ¡Confía solamente! Dios traerá el 
bien”. 
31 
 
infausto. Y sin embargo, el portento que confirmó irrevocablemente la malignidad 
del cometa de 1680 fue un huevo descubierto en Roma, en cuyo cascarón 
reverberaban las amenazantes barbas del astro. Las cartas llegaron a Francia y 
Alemania, describiendo el maravilloso suceso. Asimismo, numerosos panfletos, una 
de las varias materialidades textuales por donde corría esta literatura, con imágenes 
de la gallina y el huevo fueron difundidos en el país teutón.30 Escribe Robinson que 
éste no fue el primer huevo con bajorrelieve de portento, pues en 1678 una gallina 
de Montpellier había puesto uno cuyo cascarón llevaba las sílabas “ou, pa, re, ma, 
ne, pa”. Cuenta el historiador estadounidense que el astrólogo Kostradamy 
interpretó el gallináceo mensaje del modo siguiente: “ova parturito, regnum manebit 
pacificum” (Robinson, p. 28). La concordancia entre huevos y cometas, en Europa, 
fue un tópico recurrente.31 
 Nunca en la historia habían corrido tantos ríos de tinta en torno a un cometa. 
El año de 1681 presenció un desbordamiento de escritos y la disputa entre razón y 
superstición. Se publicaron textos a favor y en contra de la superstición cometaria, 
se imprimieron numerosos folletos, se reimprimieron obras como las de Weigel y 
Lubienetzky: 
France saw some of its ablest writers turn to the subject. England, America, Italy, 
Spain, Holland, all made their contributions […] the struggle between the two 
diametrically opposed views, the theological-astrological on the one hand, and the 
 
30 Cabe mencionar que este tipo literatura se expresaba no sólo en panfletos, sino en cartas, tratados, 
diálogos, entre otros, todos adscritos a los géneros menores del canon literario. El panfleto corría de mano en 
mano pregonando todo tipo de calamidades y monstruosidades, como malformaciones de fetos humanos o 
de animales, cometas con forma de espada, barbados o crinitos, etc. En este tipo de formato escribió, por 
ejemplo, parte de su literatura médica, especialmente sobre las monstruosidades y los prodigios, uno de los 
más importantes cirujanos del siglo XVI: Ambroise Paré. 
31 Consultar las figuras A y B en la parte de anexos de esta investigación. 
32 
 
philosophical and scientific on the other, engaged in keen combat. With the attack 
of the philosophers and scientists at this time begins the rapid break-up of the 
superstition in intellectual circles (Robinson, p. 29). 
Cabe destacar que en 1680, según Elías Trabulse, entre el ámbito intelectual 
europeo, los cometas habían sido despojados de su carácter maligno. Sin embargo, 
éste no era el caso en la Nueva España. Aunque gran parte de los dedicados a la 
observación celeste pertenecían al paradigma medieval, hubo excepciones como el 
matemático Diego Rodríguez y don Carlos de Sigüenza y Góngora. Temerosa ante 
la aparición del cometa, la virreina María Luisa de Gonzaga Manrique de Lara buscó 
consejo del polígrafo mexicano, quien le dedica su Manifiesto filosófico. La tarea 
principal de este folleto fue la de quitar el carácter monstruoso de los cometas y 
demostrar que no eran ni mensajeros de males ni causa de ellos. 
Manifiesto filosófico desató críticas contra Sigüenza. Los opositores del 
polígrafo mexicano fueron Josef Escobar Salmerón y Castro, Martín de la Torre y 
el padre Eusebio Kino, jesuita bávaro que había llegado de misionero a la Nueva 
España. Libra astronómica es la obra con que Sigüenza pesay critica los 
argumentos de los opositores y, principalmente, del jesuita de origen bávaro, quien 
defendía la tesis de que los cometas eran mensajeros de infortunios. Refiere 
Cristina Beatriz Fernández que Sigüenza no quiso sacar a luz esta respuesta contra 
el padre Kino, aun cuando tenía el permiso de publicación. Y es que el polígrafo 
mexicano evitaba enfrentarse a este miembro prestigioso de la Compañía de Jesús. 
Sin embargo, su editor, Sebastián de Guzmán y Córdoba, ante la visita de otro 
cometa en 1689, aprovecha para publicar, en 1690, Libra astronómica. 
 
33 
 
1.5 La astronomía en la Nueva España 
En 1539 llegó la imprenta a la Nueva España. Fray Juan de Zumárraga fue su 
signatario y Juan Pablos su ejecutor. Gracias al primero se abrió la universidad por 
mandato real (1551-1553), la cual obtuvo su carácter pontificio años después.32 En 
ésta hubo facultad de leyes, teología, medicina y artes o filosofía. El toledano Alonso 
Gutiérrez, instruido en gramática y retórica por la universidad de Alcalá y en teología 
y filosofía por Salamanca, tomó el hábito en Veracruz y se volvió agustino. De ahí, 
como bien se sabe, adoptó el nombre de fray Alonso de la Veracruz. Fue uno de los 
primeros catedráticos de la Real Universidad de México y editó, según Beuchot, el 
primer curso filosófico del Nuevo Mundo para enseñar a sus estudiantes 
conocimientos de lógica y física. Dentro de ese curso, se encontraba el libro Physica 
Speculatio, obra que nació en la imprenta de Juan Pablos, en el año de 1557. 
 El De Caelo o Libro del Cielo, una de las partes del Physica Speculatio de 
fray Alonso, puede clasificarse como una obra de astrología y cosmografía, “lo que 
ahora denominamos astronomía y geografía” (Beuchot 2012, p. 13). Indagué en 
Bibliografía mexicana del siglo XVI de Joaquín García Icazbalceta y no hallé una 
publicación más antigua relacionada con esta ciencia. Es muy probable que el Libro 
del Cielo haya sido la primera obra de astronomía publicada en la Nueva España. 
 En el Libro del Cielo, Fray Alonso aborda en quince especulaciones los 
temas que había tratado Aristóteles en Sobre el cielo (también conocido como De 
Caelo). Sin embargo, destaca Mauricio Beuchot que el catedrático de teología no 
 
32 Mauricio Beuchot Puente. Fray Alonso de la Veracruz. México: UNAM, 2012, p. 11. 
34 
 
se reduce a comentar solamente el texto del estagirita, sino que aborda temas 
nuevos, como aspectos de la geografía relacionados con los recientes 
descubrimientos. Resumo, ahora, algunos puntos que señala Mauricio Beuchot 
sobre el libro de Fray Alonso de la Veracruz: a) el agustino indica que el universo-
mundo es uno y perfecto, el Nuevo Mundo forma parte de éste, el fin último del 
universo es Dios y el mediato es el hombre; b) el cielo no consta de los cuatro 
elementos, sino que es un quinto elemento, pero aún así es materia y forma; c) el 
cielo no se mueve por su forma, sino que lo mueve el ángel o inteligencia que Dios 
le asignó para ello;33 d) el cuerpo simple puede tener varios movimientos, pero al 
cielo le pertenece el circular, el cual es perpetuo sólo en potencia;34 e) hay tantas 
inteligencias (ángeles) cuantos orbes o cielos; f) la Tierra y el cielo son esféricos; g) 
combate la idea tolemaica “de que hay zonas deshabitadas por ser antípodas de los 
europeos, ya que los descubrimientos recientes las han mostrado habitadas” (p. 16); 
h) comenta que en la Nueva España existen los mismos climas que en Europa y 
llega a decir que es un paraíso terrenal, pues hay frutas todo el año; i) describe los 
 
33 En el Flos sanctorum con sus etimologías, editado por Marcos Cortés Guadarrama, encontramos un 
ejemplo del diálogo narrativos entre la literatura astronómica y la hagiográfica de la Baja Edad Media: 
Ca cuenta rabí Mose, muy grand filosofo, que qualqquier cerco de qualquier planeta ha en grueso, e 
en redondo, tanto espacio quanto podría andar un omne en quinientos años por carrera llana. E ha 
en longura como tanto en el cielo e la ti[f. 109d]erra, e entre cerco e cerco, otro tanto. E por ende, 
commo sean siete cielos, segunt dize este filósofo, que de medio de la tierra fasta el seteno cielo de 
Saturno, que es el sétimo cielo, ay andadura de siete mil e quenientos años si o,ne visquiese para lo 
andar. Así, enpero que qualquier de los años sea conpuesto de CCC e LXVI días, e el camino de cada 
día que sea de XL milias, e cada milia de dos mil pasos que de cada día ande su jornada. E aquesto 
que sea verdat Dios lo sabe, ca él sabe esta medida, que fizo todas las cosas e las fizo por peso o por 
medida: pues queste fue grant salto que fizo Jhesu Christo de la tierra al cielo. E de aqueste salto, e 
de todos los otros, dize sant Anbrosio así: “E un salto vino Jhesu en aqueste mundo, del Padre vino 
en la Virgen, traspasó al pisebre, descendió en Jordán, subió en la cruz, decendió al sepulcro, 
levantose dél e see a la diestra del padre” (Cortés Guadarrama: 2018; p. 373). 
34 A diferencia de Aristóteles, indica Beuchot, Alonso sostiene que, en acto, el movimiento circular del cielo 
podría ser detenido por algo contrario: “Porque Dios lo ha comenzado en el tiempo y la Escritura dice que 
cesará” (p. 15). 
35 
 
lugares del Nuevo Mundo que se han hallado (desde la península del Labrador, en 
América del Norte, por el Atlántico, hasta el estrecho de Magallanes y luego por la 
parte del Pacífico hasta California); j) se pregunta por el número y orden de los cielos 
y sostiene que hay once cielos (el décimo es el primer móvil y el undécimo, el cielo 
empíreo); k) el paraíso no se puede hallar en un monte inaccesible y alto, “ya que 
los españoles han navegado hacia todas partes: norte, sur, oriente y occidente, y 
en ninguna parte han visto ese lugar” (Beuchot: 2012, p. 19). 
 Aunque Sobre el Cielo de Fray Alonso pertenezca a la tradición aristotélica-
ptolemaica, se advierten, para su época, algunos rasgos de la avanzada del arte 
astronómico, como se ha podido observar en el resumen anterior. Mauricio Beuchot 
incluso llega a denominarlo como uno de los pioneros de la ciencia en México, pues 
aprecia “el saber empírico, según lo hemos visto decir en varios lugares, anotando 
que él mismo lo había comprobado o que se había consultado a los que habían 
tenido experiencia de ello. Es, por eso, uno de los iniciadores de la ciencia 
mexicana” (p. 20). 
 El veintiséis de febrero de 1637, a petición de los estudiantes de la Facultad 
de Medicina, se abre la cátedra de matemáticas y astrología en la Real Universidad 
de México, quedando al frente de dicha asignatura el padre mercedario fray Diego 
Rodríguez, quien fue maestro ininterrumpidamente durante más de treinta años.35 
La proposición fue la siguiente: 
 
35 Martínez Hernández escribe sobre Rodríguez la siguiente breve biografía: “Nació este sabio fraile en el 
pueblo de Atitalaquia, actual estado mexicano de Hidalgo, hacia 1596. Su familia era de escasos recursos, lo 
que no fue impedimento para que mandaran al joven Diego a estudiar a la capital del virreinato, en donde se 
incorporó a la Orden de la Merced en 1613. Con los mercedarios cursó los estudios que se acostumbraban en 
36 
 
En la ciudad de México a veinte y dos días del mes de febrero de mil seis cientos 
treinta y siete años, en la Universidad Real de la dicha ciudad, en la sala de los 
actos de ella se juntaron a claustro pleno de consiliarios en virtud de cédula de 
antediem, dada por el señor Agustín de Barrientos, canónigo de la santa iglesia 
catedral y rector de la dicha universidad, con su merced de los señores consiliarios, 
y juntos y congregados en el lugar dicho, habiendo visto lo pedido por el padre 
presentado fray Diego Rodríguez, de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, 
bachiller enlas facultades de artes y teología por esta Real Universidad y el 
estatuto de Salamanca, título treinta y tres de las provisiones de las cátedras 
párrafo once, y el ofrecimiento que hace a esta dicha universidad de leer en ella la 
cátedra de matemática, y así mismo lo pedido por los cursantes de la Facultad de 
Medicina, en esta razón y ser como es la dicha cátedra de tanta utilidad y provecho 
para los dichos cursantes y universidad, dijeron que aceptaban y aceptaron el 
dicho ofrecimiento en nombre de la dicha Real Universidad y atendiendo a la 
suficiencia que el dicho padre presentado tiene en la dicha facultad de matemática 
y a sus grandes letras y partes, le daban licencia para que públicamente lea en la 
dicha universidad (Martínez Hernández: 2014, p. 316) 
La apertura de esta cátedra representa un hecho realmente significativo para la 
ciencia mexicana. Por vez primera, se expusieron en México teorías astronómicas 
sumamente modernas como las de Copérnico, Kepler, Tycho Brahe y Galileo, entre 
otras. En palabras de Trabulse: “marca un hito en la historia de la ciencia 
novohispana. Fue el primer curso que incorporaba a los estudios tradicionales otros 
de corte totalmente moderno’” (Trabulse: 1984; p. 30). 
En el siglo XVII, la medicina novohispana se practicaba bajo los dictados de 
una tradición hipocrática-galénica-arabizante, cuya característica principal es que 
 
la dicha provincia. Más tarde, en la Universidad obtuvo los grados de bachiller en artes y teología. 
Posteriormente, se adentró en el estudio de los números, lo que lo condujo a la cátedra universitaria de 
matemáticas y astrología” (Martínez Hernández: 2014, p. 325). Por otro lado, escribe Tena Villeda que la 
cátedra de astrología en la Universidad de Lima fue establecida en 1657, por el virrey Luis Henríquez de 
Guzmán, Conde de Alva de Aliste. 
37 
 
en la Nueva España no echó raíces la verdadera avanzada de la época planteada 
por Vesalio, quien publica De humani corporis fabrica en el mismo año que 
Copérnico, y Paré. La medicina en la Nueva España sería arcaizante, basada en 
las teorías de las principales médicas bajomedievales.36 En ésta, la salud del 
hombre depende del equilibrio de los cuatro fluidos o humores (la bilis amarilla, la 
bilis negra, la sangre y la flema). Los factores que podían alterar este equilibrio eran 
principalmente las condiciones climáticas y ambientales, la actividad del individuo, 
la dieta y el influjo de los astros.37 Se tenía la creencia de que la posición de los 
planetas y las estrellas causaban enfermedades, así como ciertas configuraciones 
planetarias indicaban el procedimiento curativo que se debía usar (la purga, el 
sangrado o la administración de algunos medicamentos).38 Los médicos 
novohispanos requerían, por lo tanto, de un conocimiento especializado para 
estudiar el cielo y, así, tomar algunas decisiones terapéuticas o de diagnóstico: “ese 
estudio no podía ser llevado a cabo por cualquiera, puesto que para ello era 
necesario hacer cálculos muy sofisticados y precisos que estaban más allá de la 
preparación común del médico” (Priani: 2016, p. 64). Esto explica no sólo la relación 
entre medicina y astrología que existió en la cátedra de matemáticas de la Facultad 
de Medicina, sino que ésta fuese ocupada no por un médico ni un astrólogo 
tradicional, sino por un matemático. 
 
36 M. C. Tratado breve de medicina, Iberoamericana/Vervuert, Colección El paraíso en el Nuevo Mundo (en 
prensa). 
37 Ibid. 
38 Véase La medicina en La Nueva España, siglos XVI y XVII de Martínez Hernández. El autor explica con detalle 
la relación entre astronomía y medicina en las páginas 322-330. 
38 
 
 Asimismo, la denominación “astrología y matemáticas” tenía otra connotación 
en la Edad Moderna. En La medicina en la Nueva España, Gerardo Martínez 
Hernández explica que, desde la Edad Media hasta finales del siglo XV, “los 
estudiantes de artes de las universidades fueron introducidos en el estudio de la 
filosofía y la física (ciencias naturales) mediante el aprendizaje de las artes liberales 
del trívium y el quadrivium” (p. 317). El primero agrupaba las disciplinas de la palabra 
(gramática, lógica y retórica); el segundo, los conocimientos correspondientes a las 
artes de los números (aritmética, geometría, astronomía y música). Con el correr 
del tiempo, hubo ciertas variaciones en la clasificación e importancia de estos 
conocimientos. En el caso del quadrivium, la especialización del estudiante 
desembocaba en la astronomía.39 Esta disciplina no sólo se convirtió en una 
herramienta imprescindible para la medicina, sino también para la navegación y la 
agricultura.40 
 La corona española tuvo un profundo interés en el estudio de las matemáticas 
y la astronomía. Martínez Hernández escribe al respecto lo siguiente: 
En el último tercio del siglo XVI, el rey Felipe II había establecido la Academia de 
Matemáticas en Madrid. Por su parte, la Casa de Contratación en Sevilla mantuvo 
una constante atención por el saber matemático y astronómico. En 1552 se 
estableció en ella una cátedra de navegación, en la cual el conocimiento 
cosmográfico servía de fundamento teórico al arte de navegar. (Hernández, p. 
318). 
 
39 Señala Martínez Hernández que, en el siglo XVI, las universidades hispánicas que enseñaban matemáticas 
eran Valencia, Salamanca, Alcalá y, a finales de esa centuria, también Sevilla. 
40 En los virreinatos americanos fue fundamental su difusión mediante sumarios que permitían la rápida 
contabilidad del oro y la plata extraídos de las minas. Ejemplo de ello es el Sumario compendioso de las 
cuentas, de Juan Diez Freyle, de 1556, impreso en la Nueva España. 
39 
 
Los siglos XVI y XVII fueron de gran esplendor en los estudios matemáticos y 
astronómicos de España. Jerónimo Muñoz (1520-1591), quien enseñó en las 
universidades de Valencia y Salamanca, fue un sobresaliente matemático, 
astrónomo, geógrafo, topógrafo, helenista y hebraísta. Sus alumnos, Gabriel 
Serrano, Diego Pérez de Mesa (1563-1632) y Antonio Núñez de Zamora (c. 1565-
1640) continuaron y expandieron los conocimientos de su maestro, tanto en 
Salamanca, Alcalá, como en la Academia de Matemáticas de Madrid. Si bien en la 
segunda mitad del siglo XVI la astronomía estaba en estrecha relación, según 
Martínez Hernández, con las corrientes del humanismo, la cosmografía, la medicina 
y la filosofía natural, en el siglo XVII hubo un declive en el estudio científico de esos 
campos. No obstante, durante el siglo XVII existieron grandes astrónomos y 
matemáticos en España “en cuyos escritos es posible detectar el conocimiento de 
las nuevas teorías del universo, del movimiento de los planetas y de la bóveda 
celeste, derivadas de autores como Copérnico, Kepler, Tycho Brahe, Galileo, 
Nieremberg, etcétera” (p. 322). Algunos de éstos fueron Andrés García Céspedes, 
Juan Cedillo Díaz, Juan Bautista Vélez, Juan Caramuel, Tomás Vicente Tosca, 
entre otros. 
 Refiere Martínez Hernández, con base en las investigaciones de Elías 
Trabulse, que en la Nueva España, a partir del segundo tercio del siglo XVII, la 
ciencia se torna en un estímulo para marcar una diferencia entre los criollos y los 
peninsulares, diferencia en la que se exaltó, en diversos documentos, entre ellos 
astronómicos, el ingenio de los primeros. Fray Diego Rodríguez realizó 
precisamente esto en su Discurso ethereológico de los cometas, donde, por medio 
40 
 
del estudio del cometa de 1652, reivindica y enaltece el ingenio universitario 
novohispano. Asimismo, Rodríguez rechaza la arraigada idea del cometa como 
mensajero de calamidades y su origen sublunar y refuta la teoría de las 
“exhalaciones secas”, la cual estaba muy en boga en esos años. 
Gracias a los escritos del mercedariose puede realizar un esbozo de su perfil 
científico.41 Estos trabajos muestran a Diego Rodríguez como un astrónomo-
astrólogo que estaba en la vanguardia de su época y como un conocedor de las 
obras de Copérnico, Kepler, Tycho Brahe, Longomontano, William Gilbert, Pedro 
Apiano, Cornelius Gemma, entre otros. Escribe Martínez Hernández que el 
mercedario se adhirió a la idea geoheliocéntrica de Tycho Brahe. Esto era algo 
común entre los astrónomos de este siglo, pues evitaban tener problemas con los 
dogmas de la Iglesia. Cabe recordar que una práctica entre los astrónomos de este 
siglo era tomar del modelo copernicano sólo el aspecto matemático y no el 
ideológico, es decir, la concepción heliocéntrica del cielo. De esta manera, según 
Martínez Hernández, “el fraile rechazaba el principio aristotélico, pero mantenía un 
sistema geostático” (p. 326). 
Tras la muerte de Fray Diego Rodríguez en 1668, el predicador dominico 
Fray Ignacio Muñoz se queda a cargo de la materia de Astrología y Matemáticas. 
Menciona Rosalba Tena Villeda en Astrónomos-Astrólogos en la Nueva España del 
siglo XVII que el dominico fue el único que presentó oposición para obtener la 
cátedra, la cual ocuparía durante cuatro años. El 13 de marzo de 1672 presentó 
 
41 Según Martínez Hernández, son seis los manuscritos y un impreso que se conservan del mercedario. Véase 
nota al pie 67 en la página 325 del libro La medicina en la Nueva España, siglos XVI y XVII para encontrar la 
lista de las obras. 
41 
 
oposición para obtener la cátedra el matemático, astrónomo y apologista 
guadalupano Luis Becerra Tanco, quien, según Tena Villeda, presentó su 
exposición intitulada Zodiaco Círculo est aluis circulus in Sphera de la Sphera de 
Sacrobosco. 
Cabe destacar que, en la Baja Edad Media, según Martínez Hernández, el 
tratado de Sphera (siglo XIII) del inglés John of Hollywood, conocido como 
Sacrobosco, se leía en las cátedras de matemáticas y astrología de las 
universidades europeas. Este texto estaba asentado en el Almagesto de Ptolomeo 
y su finalidad era “explicar, de manera conjunta, los fundamentos de los 
movimientos planetarios” (Martínez Hernández, p. 318). Resulta interesante ver 
cómo, normativamente, la Sphera de Sacrobosco continuaba vigente en la Real 
Universidad de México. En la oposición de Becerra y, posteriormente, en la de 
Carlos de Sigüenza y Góngora se mandó que “se abriese en tres partes la Sphera 
de Juan se Sacro Vosco” (p. 318). Sin embargo, “la realidad de los estudios 
astronómicos en el mundo hispánico”, indica Martínez Hernández, “era otra puesto 
que a partir del siglo XVI los matemáticos y astrónomos españoles se vieron 
influenciados por los recientes descubrimientos y nuevas teorías acerca del cosmos 
que se estaban generando en Europa” (p. 318). Los postulados de las corrientes 
renacentistas llegaron a la Nueva España en el siglo XVI y, en el siglo posterior, los 
mecanicistas. Refiere Martínez Hernández que estos paradigmas fueron asimilados 
tempranamente por los círculos científicos novohispanos: 
se puede afirmar que una parte de la comunidad científica novohispana del siglo 
XVII llevó a cabo un temprano rompimiento con la concepción aristotélica del 
universo. Así, la recepción y difusión de la ciencia moderna en México fue, como 
42 
 
en Europa, un movimiento intelectual de largo alcance, que comenzó impugnando 
la visión arcaica de un cosmos jerarquizado, y terminó siglo y medio más tarde, 
cuestionando la también arcaica sociedad de jerarquías inmutables (p. 325). 
Sin oponente alguno, la cátedra le fue asignada de manera vitalicia a Becerra. Sin 
embargo, el dominico falleció en junio de ese año. Es muy probable, escribe Tena 
Villeda, que Becerra continuara la línea de Fray Diego, pues en la cátedra de la 
Universidad comentaba las obras de Cardana, Tartaglia, Galileo, Descartes y 
Kepler, obras que expuso, con anterioridad, el fraile mercedario. No obstante, a 
pesar de los modernos autores que presentaba en dicha cátedra, el dominico, como 
gran parte de los astrónomos de esta época, es, para nuestros días, un personaje 
paradójico en el que se imbrican religión y ciencia: “antes que astrólogo soy 
guadalupano” (Tena Villeda, p. 73). 
 El 20 de julio de 1672, Juan de Saucedo, José de Salmerón y Carlos de 
Sigüenza y Góngora fueron opositores para obtener la cátedra de Astrología y 
Matemáticas de la Real y Pontificia Universidad de México. Al primero, según Tena 
Villeda, le tocó exponer la parte relativa al lugar ocupado por la Tierra en De Sphera 
de Sacrobosco; al segundo, el quinto capítulo del mismo libro, el cual trataba de los 
círculos del zodiaco; al tercero, el tema relacionado con las constelaciones, situado 
también en De Sphera. Escribe Pérez de Salazar, según Tena Villeda¸ que el 
Rector, Antonio de la Torre y Arellano, fue “sacando votos a puños como lo dispone 
la constitución” y contó catorce a favor de José de Salmerón, siete a favor de 
Saucedo y setenta y cuatro a favor de Sigüenza y Góngora, “con que parece 
haberse llevado la dicha cátedra en propiedad con el salario de cien pesos” (p. 79). 
43 
 
Sigüenza retuvo la cátedra hasta 1697, año en el que fue jubilado.42 Cabe destacar 
que antes de estos resultados, José de Salmerón se declaró por único opositor 
legítimo, de acuerdo, según Tena Villeda, con la Constitución 163 de la Universidad, 
la cual disponía que los interesados fueran doctores, maestros, licenciados o 
bachilleres universitarios y “no siéndolo sus contrincantes, sólo él tenía derecho a 
la cátedra” (Tena Villeda, p. 78). Sin embargo, Sigüenza supo defenderse y comentó 
al respecto de Salmerón lo siguiente: 
que el susodicho [don José] intenta con todos sus esfuerzos la consecución de dicha 
cátedra sin estar versado (como es público y notorio) en dicha facultad y teniendo 
como tengo noticias de que pretende valerse de otras personas para hacer dicha 
lición [sic] (p. 78). 
Según Pérez de Salazar, Salmerón no aceptó la victoria de Sigüenza y apeló ante 
la Real Audiencia. A pesar de esto, el polígrafo mexicano comenzó a profesar la 
materia. 
 Ahora bien, refiere Achim que el titular de la cátedra de astrología tenía la 
obligación de publicar anualmente unos pequeños libritos -de unas veinte páginas 
e impresas, generalmente, en octavo-. En éstos se encontraban los pronósticos 
astrológicos anuales: “una especie de calendarios impresos bajo nombres diversos, 
como lunario, diario, almanaque, pronóstico o efemérides” (Achim: 2011, p. 598). 
Comenta Miruna Achim, en “Lecturas para todos: pronósticos y calendarios en el 
México Virreinal”, que fueron una de las publicaciones más populares de la Nueva 
España. Al parecer, tenían un público bastante variopinto en el que había médicos, 
 
42 Señala Tena Villeda que Sigüenza estuvo a punto de ser despedido “por acumular faltas consecutivas y no 
presentarse a clases por largo periodo” (p. 141). 
44 
 
navegantes, agricultores, mujeres embarazadas,43 nuevas madres, cortesanos y 
comerciantes. Asimismo, los escritores de los pronósticos formaban un grupo 
también heterogéneo, donde no sólo había profesores de astrología (Diego 
Rodríguez, Becerra Tanco, Sigüenza y Góngora, etc.), sino también otros astrólogos 
como Enrico Martínez, Joaquín Velázquez de León, el impresor Juan Ruíz, Gabriel 
López de Bonilla, Fray Felipe de Castro. Además, comenta Achim, hubo autores de 
pronósticos que provenían de diversas profesiones, como médicos, agrimensores, 
boticarios, impresores, entre otros. 
Los pronósticos resultaban ser una fuente importante de ingresos. El 
ambiente entre los astrólogos de la Nueva España no siempre fue cordial, sino que 
llegaba a dominar en él la competencia y los celos y, por lo tanto, resultaba ser 
muchas veces hostil, pues había detrás un prestigioy un ingreso monetario que 
defender. Es común encontrar vestigios, en diversos documentos, de las diferentes 
riñas que tuvieron entre sí. Por ejemplo, refiere Tena Villeda que en 1687 Juan de 
Avilés Ramírez realizó una denuncia ante el Santo Oficio debido a la publicación de 
un pronóstico que estaba bajo el pseudónimo de “Michael Enrico Romano”, nombre 
que no portaba nadie del gremio, según el acusador. Juan de Avilés solicitó que el 
texto fuese retirado hasta que apareciera el autor real del mismo. Cuenta Tena 
Villeda que la imprenta firmante resultó ser de doña Gerónima Delgado y Cervantes 
quien, en cuanto supo la denuncia, aclaró al Santo Oficio que ignoraba la prohibición 
del uso de pseudónimos y “suplicó que se le permitiera vender el Pronóstico para 
recuperar la inversión en el papel empleado porque era muy caro” (Tena Villeda, p. 
 
43 Cabe destacar que estos pronósticos incluso traían consejos para las embarazadas y las nuevas madres. 
45 
 
147). Afortunadamente para ella, la petición fue aceptada. No obstante, para el 
siguiente año, el autor de dicho pronóstico debía rubricar su nueva obra con su 
nombre real. 
El astrónomo que estaba detrás del nombre de “Michael Henrico Romano” 
era José de Saldaña. 44Tena Villeda escribe que incluso Saldaña le acuñó una 
biografía al tal “Henrico Romano”, de quien dijo que era un extranjero recién llegado 
al reino y que vivía en Michoacán. Al parecer, según sospecha la autora, Saldaña 
tenía inseguridad de presentarse con su verdadero nombre, pues era recién 
egresado de la Facultad de Medicina y sus contrincantes eran nada menos que 
Sigüenza y Salmerón de Castro.45 Otro gran ejemplo de estas riñas fueron las 
diversas burlas que lanzaba Carlos de Sigüenza y Góngora a los escritores de 
Pronósticos. Aguilar Cantú, según Tena Villeda, intentó detener las calumnias que 
le lanzaba el polígrafo mexicano “por medio de peticiones que insertó al final de las 
solicitudes para impresiones de 1690, 1691 y 1692”, donde 
pedía a las autoridades que ‘no permitiera[n] a [los] concurrentes [o] escritores, 
objeciones, ni calumnias en contra e ninguno’, específicamente de Sigüenza, quien 
‘abusando de la paciencia y el silencio que a los nuevos astrólogos impone la 
dignidad del sacerdocio, nos a tratado afrentosamente, de palabras y por escrito, 
como parece por los Lunarios que imprimió los dos años próximos passados’ (p. 
159). 
 
44 Señala Tena Villeda que el resentimiento que tuvo José Saldaña contra Avilés le duró un año. El resentido 
astrónomo escribió en su Pronóstico de 1688 lo siguiente: “pues sin valerme el privilegio de Romano lo han 
perseguido como hereje” (p. 153). Avilés tuvo que rendir cuentas ante la Inquisición y aclarar que la 
persecución que sintió no fue del Santo Oficio, sino de sus colegas médicos-astrónomos. 
45 El uso de pseudónimos, para evitar pugnas, resultó ser algo bastante común en el siglo XVII. Comenta Villeda 
que Diego Rodríguez escribió trabajos con los nombres de “Martín de Córdoba” o “el Cordobés” y Carlos de 
Sigüenza y Góngora con el de “Juan de Torquemada”. 
46 
 
Aguilar Cantú llegó a decir que la situación “era odiosa y que yo no he estilado ni 
motivado jamás” (p. 159). 
Escribe Miruna Achim que la mayoría de los pronósticos se abrían con una 
sección titulada “Notas cronológicas”, donde se exponía un recuento de los 
principales sucesos del mundo cristiano y “se inscribía la historia local como parte 
de la teología cristiana” (Achim, p. 599).46 Asimismo, la mayoría de los pronósticos 
finalizaban con un calendario, donde cada día -hasta la segunda mitad del siglo 
XVIII-, “presentaba copiosa información de índole agrícola, que abarcaba desde 
consejos médicos (como los días propicios para ciertas prácticas -sangrías, purgas, 
o, menos frecuentemente, lavado de cabeza o del cuerpo entero-) hasta avisos 
meteorológicos sobre lluvias, heladas, chubascos u otros fenómenos” (p. 600). El 
pronóstico, por lo tanto, fue un género sumamente híbrido: 
[E]n el límite entre la cultura élite y la popular, entre símbolo esotérico y abstracto 
y el chisme de todos los días y en el punto de convergencia de la ciencia, la política, 
la ley, la tecnología, la literatura de autoayuda y el calendario. Al mismo tiempo, la 
esencia polifacética y flexible de los pronósticos astrológicos les permitió servir 
como medio privilegiado de comentario y de crítica local en un momento en el que 
los vehículos posibles para tales comentarios eran muy escasos (p. 600). 
Ahora bien, el tema de las influencias celestes sobre la tierra y la actividad humana 
llegó a ser para el Concilio de Trento un punto importante de discusión: “Entre otras 
críticas, señalaba que la astrología violaba la doctrina del libre albedrío y el 
monopolio de la Iglesia sobre el milagro” (p. 600). En efecto, el papa Sixto V dictó 
 
46 Indica Achim que Joseph Mariano de Medina, en Meridiano de la Puebla de los Ángeles (1752), señala que 
habían pasado 5718 años desde el génesis del mundo, 2501 desde la formación de Roma y 221 desde la 
fundación de Puebla. 
47 
 
en 1586 la bula que dividiría la astrología en dos ramas: la natural y la judiciaria. La 
primera -la única permitida por el Concilio de Trento- podía dar noticia de causas 
naturales “como movimientos planetarios, heladas, tormentas y tendencias a 
enfermedades” (p. 600); la segunda era la rama prohibida de la astrología, la cual 
comprendía cuanto pudiese atentar contra el libre albedrío del hombre, es decir, la 
astrología que predecía la fortuna, el matrimonio y la fecha de la muerte de un 
individuo. “La astrología judiciaria”, señala Achim, “estaba agrupada con otras artes 
divinatorias, como la hidromancia, la geomancia, la quiromancia y la necromancia” 
(p. 601). 
En la Nueva España las censuras llegaron a un grado casi paranoico. La 
Inquisición temía que estos textos provocaran inquietudes públicas y que atentara 
contra el libre albedrío del Hombre. En 1647, la Inquisición española decretó que el 
Tribunal del Santo Oficio sería la única institución encargada para autorizar la 
publicación y la distribución de los pronósticos.47 Los inquisidores se encontraban 
sumamente preocupados por estos textos, pues consideraban que su público 
consistía de: 
hombres rústicos e ignorantes y los menos prudentes que creen (de) ligero, dan 
crédito y tienen por cierto lo contenido en dichos pronósticos aunque conozcan que 
los juicios que en ellos se hacen dependen de la humana voluntad y libre albedrío 
(Tena Villeda, p. 25). 
 
47 Señala Tena Villeda que antes de 1649 los escritores novohispanos de pronósticos, lunarios, almanaques o 
de algún folleto de astronomía tenían que pedir permiso a la Real Audiencia. Posteriormente a esa fecha, la 
petición debía realizarse a la Inquisición. 
48 
 
En México, las primeras fechas de revisiones se dieron poco antes de 1649, según 
señalan las investigadoras Tena Villeda y Miruna Achim.48Como indica el auto de la 
inquisición, los pronósticos sólo podían hablar sobre tres cuestiones: medicina, 
navegación y agricultura. Todo aquello que no tratase sobre asuntos naturales, 
acababa en los linderos de la astrología judiciaria. 
Aunque el cambio de jurisdicción encarnó una medida sumamente represiva 
tanto para los impresores como para los escritores de pronósticos, la división entre 
astrología judiciaria y astrología natural no se dio de manera tajante. En la Nueva 
España muchos autores de pronósticos cruzaron a los terrenos de la astrología 
 
48 Cito a continuación el auto de la Inquisición fechado en 1647 en Madrid: 
Auto de inquisición de 1647 
La experiencia hademostrado los inconvenientes que resultan de no guardarse la regla nona del 
Catálogo y Apéndice de los libros prohibidos publicados el año de 1640, como lo disponen los breves 
de los Sumos Pontífices Sixto V y Urbano VII, en que se da la forma que se debe guardar y tener en 
las materias de astrología judiciaria y pronósticos, nacimientos, levantamientos de figuras, 
interrogaciones y elecciones en que se afirman o dan reglas con vanísima advertencia y 
consideración de los tiempos y momentos. Con lo cual, los hombres rústicos e ignorantes y los 
menos prudentes que creen (de) ligero, dan crédito y tienen por cierto lo contenido en dichos 
pronósticos aunque conozcan que los juicios que en ellos se hacen dependen de la humana 
voluntad y libre albedrío, para cuyo remedio y para que cesen los inconvenientes que se están 
experimentando. Consultado con el Ilustrísimo Señor Obispo de Placencia, Inquisidor General, ha 
parecido ordenaros que luego que recibáis ésta, hagáis se notifique a las personas que tratan de 
componer, escribir o imprimir pronósticos y a los impresos de esa ciudad y demás del distrito de 
esa Inquisición que de aquí en adelante no escriban ni impriman pronóstico alguno más de tan 
solamente en lo tocante a la navegación, la agricultura y medicina, juicios de tiempo que proviene 
necesaria y frecuentemente de causas naturales como son los eclipses, lluvias, pestes, tiempos 
sernes o secos, en conformidad de las cartas acordadas de 12 de mayo de 1615 y 14 de febrero de 
1617 y breves referidos de los dichos pontífices, apercibiéndoles que, lo contrario haciendo, serán 
castigados y se ejecutarán sin consentir se vendan, ni distribuyan hasta que, vistos en ese tribunal, 
se provea lo que fuere de justicia, y se vea si han excedido de los dispuesto por los dichos breves y 
reglas del expurgatorio, y resultando algún inconveniente daréis de ello cuenta al Consejo. Dios os 
guarde. Madrid, a 26 de octubre de 1647 (Tena Villeda, p. 27). 
 
49 
 
prohibida y fueron llamados por la Inquisición. Algunos de ellos fueron: Gabriel 
López de Bonilla, Luis Becerra Tanco, José de Salmerón y Castro, Juan Ruiz, Diego 
Rodríguez, Sigüenza y Góngora, entre otros. A Becerra Tanco, señala Achim, un 
censor le solicitó que dejase fuera la parte de su pronóstico de 1671 donde prometía 
“todo gusto y prosperidad al sexo femíneo”. Sobre esto, explicaba el censor lo 
siguiente: “Lo cual es anuncio […] para la fragilidad de las mujeres (siempre mal 
entendidas) suficiente a que por este tiempo se esfuerzan a esperar y solicitar el 
gusto y prosperidad pronosticada la cual Dios les niegue si ha de ser a costa de 
ofensas suyas” (Achim, p. 602). Salmerón, quien solía ser fiel a los postulados 
escolásticos, cayó también en terrenos de la astrología judiciaria. En un pronóstico 
de 1681 insertó, refiere Tena Villeda, párrafos sobre el morbo gálico, y el censor 
dominico Agustín Dorantes señaló que resultaron contener “voces equívocas e 
indecentes, indignas de la pureza cristiana” (Tena Villeda, p. 82). Asimismo, 
Sigüenza y Góngora no escapó de estos señalamientos. En su pronóstico de 1673, 
indica Tena Villeda, le solicitaron que quitara las palabras “muertes repentinas” y 
“enfermedades de gente noble”, pues los revisores inquisitoriales “decían que los 
astros no hacían distinciones sociales ni nobiliarias” (p. 143); en su pronóstico del 
año siguiente lo acusaron de judiciario al sostener que “personas de determinada 
actividad morirían” (p. 144). 
He decidido detenerme un momento en el caso de los pronósticos para 
demostrar lo imbricado que estaba el astrónomo con la sociedad novohispana y 
señalar que los textos producidos por estos intelectuales no deben ser leídos 
solamente como vestigios históricos de la ciencia mexicana, sino como textos 
50 
 
literarios, textos adheridos a un contexto socio-cultural y que, por lo tanto, tenían 
una preocupación tanto política y de identidad como ideológica y teológica. Esa 
misma idea la mantengo en el caso de los manifiestos y tratados escritos en torno 
a los cometas vislumbrados durante el siglo XVII en la Nueva España, idea que, 
asimismo, late en las páginas de Libra Astronómica. 
Los astrónomos funcionaban como una suerte de hermeneutas del cielo, 
eran el vínculo entre los mensajes de Dios y el oído del hombre novohispano.49 
Descifrar los caracteres de fuego requería, en el caso del astrónomo intelectual, no 
sólo una comprensión refinada de las matemáticas, sino tener un gran conocimiento 
de la literatura astrológica, de la historia occidental y sus diversas mitologías, de la 
teología y el contexto político tanto de la península como de la Nueva España. 
Necesitaban, en efecto, un gran manejo de las artes liberales, no sólo las del 
quadrivium, sino las del trívium, pues debían de persuadir a sus lectores. Es por ello 
que este arte aún no puede comprenderse como la ciencia contemporánea: guarda 
entrañables vínculos con la ejecución de un arte preocupado por seguir una moda, 
tal y como lo hace el arte literario, el pictórico, el arquitectónico. 
Cabe señalar que los médicos de la Nueva España debían titularse, primero, 
como bachiller en artes para poder matricularse posteriormente en la Facultad de 
Medicina: 
La Facultad Menor de Artes representaba la antesala para los estudiantes de 
medicina. En ella los futuros médicos obtenían el grado de bachiller que a la postre 
les permitía matricularse en la facultad de medicina. Desde los primeros claustros 
 
49 Esta idea me fue sugerida por las lecturas que realicé del artículo “Construyendo la ciencia propia…” de 
Ernesto Priani y la tesis Astrónomos-Astrólogos en la Nueva España de Tena Villeda. 
51 
 
hasta los estatutos de Palafox esta disposición siempre estuvo presente. Sin 
embargo, la tradición de que un estudiante en medicina fuera primero competente 
en artes viene desde las primeras facultades médicas europeas. La relación que 
guardaban estas dos facultades tenía que ver con el contenido teórico así como con 
el contexto institucional del saber médico. Las autoridades clásicas de la medicina 
afirmaban que todas las artes liberales y la filosofía natural eran necesarias para la 
medicina. Además la competencia de latín y algunos conocimientos de lógica, 
astrología y filosofía natural eran una preparación práctica para el tipo de educación 
médica proporcionado por las universidades. La medicina era racional y requería, 
en el contexto del pensamiento contemporáneo, de razonamiento y de coherencia 
dialéctica. 
Al obtener el grado, el bachiller artista podía matricularse en la Facultad de 
Medicina para poder continuar con su formación. Por ejemplo, el bachiller Diego 
García Daza obtuvo su grado de bachiller en artes el 22 de junio de 1633 y el de 
medicina el 21 de febrero de 1637. Se entiende que entre estos cuatro años que 
separan los grados de García Daza, éste cumplió con los cursos en la Facultad de 
Medicina (Martínez Hernández: 2014, p. 345). 
Diego Rodríguez en Discurso Ethereológico concibe los fenómenos celestes como 
signos que requieren ser descifrados, pues son portadores de mensajes decisivos 
para la humanidad. Sobre el cometa de 1652, escribe lo siguiente: “Gran signo, sin 
señal de culpa; gran señal sin rastro de tinieblas; reseña prodigiosa de la gracia; 
enigma celestial, a un tiempo oscuro y claro; dichoso certamen de los siglos; 
hipérbole de luz…” (Priani: 2010, p. 581). En estas líneas se pueden observar los 
encuentros dialogales de la literatura astrológica-astronómica con otros géneros 
literarios, como la literatura oracular, la cual fue perseguida por la inquisición 
novohispana. Los textos producidos por el astrónomo-astrólogo eran herederos de 
una gran tradición tanto literaria como científica. El exégeta celeste hacía uso de un 
tipo de recursos literarios que respondían, involuntariamente,más que a una 
52 
 
verdadera y científica avanzada de la astronomía, a la composición de una 
hermenéutica del cielo, muchas veces desapercibida por la historiografía literaria. 
 
 
53 
 
CAPÍTULO SEGUNDO. La hermenéutica del cielo 
2.1 Libra Astronómica ante la crítica 
 
Si bien no abundan los estudios dedicados a Libra Astronómica desde la historia de 
la ciencia, son escasos los dedicados a esta obra desde la historiografía literaria. 
Elías Trabulse, Alicia Mayer, Ernesto Priani y Héctor Rafael pertenecen a la primera; 
Cristina Beatriz Fernández, a la segunda. Es importante señalar que la mayoría de 
los estudios se centran en la querella que hubo entre astrólogos tradicionales y 
astrólogos-astrónomos modernos, en el tema de la defensa del intelecto criollo o en 
el contexto histórico, científico y religioso del siglo XVII de la Nueva España. A 
continuación, resumo las principales ideas que desarrollan los investigadores que 
he mencionado. 
Elías Trabulse en la introducción de Ciencia y religión en el siglo XVII realiza 
un breve pero conciso recorrido en la historia de la superstición cometaria, desde la 
Antigua Grecia hasta el avistamiento -tanto en Europa como en América- del cometa 
de 1680. Debido a que el avistamiento de este cometa simboliza la cima de una 
gran crisis ideológica que sufrió la humanidad -pues el astro errante impactó contra 
las bases más profundas de los paradigmas religiosos de occidente-, Trabulse 
decide dividir en dos partes su investigación: la primera está dedicada a estudiar la 
mentalidad científica de Sigüenza, Kino y Bayle; la segunda, a estudiar la 
mentalidad religiosa de los mismos autores. En esta dicotomía, Trabulse emprende 
un diálogo entre la astrología judiciaria y la astronomía mecanicista, diálogo y 
54 
 
disputa que encarna el polígrafo mexicano Carlos Sigüenza y Góngora como punto 
medular del libro. En efecto, la dualidad ideológica de Sigüenza, y la oscilación que 
realiza de un polo a otro, es un tema sumamente importante para comprender el 
espíritu de esta época. Cabe destacar que dicha explicación la efectúa Trabulse no 
sólo comparando la figura del polígrafo criollo con la de Kino y Bayle, sino con la de 
Isaac Newton. Con estos casos particulares, Ciencia y religión expone la disputa 
entre la fantasía y la matemática, entre la credulidad y el espíritu racional de una 
época que heredará sus bases científicas a la Ilustración. 
A continuación, resumo los puntos principales que Trabulse señala tanto del 
pensamiento de Kino como el de Sigüenza. Eusebio Kino, hombre profundamente 
comprometido con el credo religioso, es ajeno a cualquier paradigma científico que 
atente contra su visión cristiano medieval del cosmos. Lo interesante, resalta 
Trabulse, es que Kino era un hombre de ciencia y un buen matemático, es decir, se 
interesaba por estudiar los problemas de la realidad física: 
En Kino lo sagrado y lo profano se mezclan de manera inseparable o, mejor dicho, 
lo profano y vulgar de la vida común se ha visto sacralizado por su imagen religiosa 
de la vida. No hay contradicciones entre lo que se cree y lo que se ve, ya que lejos 
de oponerse, se complementan (Trabulse: 1974, p. 107). 
Kino creía en el misterio de la Santísima Trinidad y en la encarnación, en el cielo y 
en el infierno, en la redención y en la salvación. Cabe destacar el valor que el jesuita 
bávaro le asignaba a los fenómenos milagrosos y proféticos, pues los consideraba 
como “los signos palpables de una divinidad siempre vigilante y amorosa de sus 
criatura” (p. 109). Sin embargo, Kino sabía distinguir los milagros y profecías falsos 
de los reales. Un ejemplo de esto es el caso de los cometas, los cuales consideraba 
55 
 
como fenómenos naturales y no sobrenaturales. Aunque sean enviados por Dios, 
no los veía como sucesos milagrosos: 
Los cometas son fenómenos cósmicos, de carácter infralunar, que advierten 
invariablemente de sucesos malignos, pero no son fenómenos sobrenaturales. Más 
aún, son susceptibles de ser medidos astronómica y matemáticamente. Los 
cometas no causan los males, sólo advierten de los mismos. Los cometas no caen 
dentro de ninguna de las diversas clases de milagros que Dios ejecuta en el mundo 
sublunar (p. 109). 
Carlos de Sigüenza y Góngora, por otro lado, exploró un nuevo mundo sin 
abandonar el antiguo. Mientras Sigüenza midió los paralelajes del cometa de 1680 
para comprobar su carácter ultralunar, Newton pasó a demostrar “el carácter 
parabólico de las órbitas cometarias así como su sujeción indudable a las leyes de 
la gravitación universal” (p. 71). En consecuencia, recalca Trabulse, el paradigma 
mecanicista logró únicamente una maduración parcial en Sigüenza. 
El polígrafo mexicano supo, sin entrar en conflicto con su fe, percibir entre la 
ciencia revelada y la natural. Creía, al igual que Kino, en los milagros y profecías. 
Dios, origen de esos sucesos, tenía que violentar el orden que había impuesto. Por 
otro lado, los sucesos extraordinarios y no milagrosos, como la aparición de los 
cometas, son científicamente interpretables. Si Kino creía en una explicación causal 
“apriorística”, Sigüenza buscaba una explicación causal empírica. Con todo, “ambos 
coinciden en que no existe explicación para los acontecimientos sobrenaturales; 
sólo la existe para los naturales” (p. 120). 
 Sigüenza guardaba un indiscutible apego a la aparición guadalupana, pero 
no creía en la relación causal entre los cometas y los vaticinios de males que les 
56 
 
asignaba Kino. Comenta Trabulse que la fe y el saber del polígrafo mexicano vivían 
en constante lucha. La “heterodoxia”, en la obra de Sigüenza, está formada de 
silencios, de reticencias. El polígrafo mexicano enmudece frente a la incertidumbre: 
Poco a poco los asuntos velados y reservados a los letrados de fe intachable y a los 
clérigos de ortodoxia reconocida, fueron ventilados por espíritus más accesibles al 
dulce amargor de la duda. Los navíos llegaban con obras que se leían con avidez. 
Los libros de astrología, cometología y artes ocultas, en general, nos revelan al 
pequeño heterodoxo, temeroso y sumido en sus ensueños astrológicos. Los libros 
de temas religiosos también entraban: biblias protestantes, obras luteranas, tratados 
de los humanistas del Renacimiento, libros de historia calificados de heterodoxos. 
Todas estas obras nos descubren al letrado que estudia y duda (p. 127). 
No cabe duda, escribe Trabulse, que Sigüenza tuvo acceso a libros prohibidos por 
la Inquisición. 
 Ahora bien, Trabulse hace la siguiente pregunta: ¿Cuál es la influencia que 
tuvieron estas obras en el autor novohispano? Ciertos destellos de “heterodoxia”, 
comenta Trabulse, se revelan en Sigüenza. Éste niega los prodigios pero no los 
milagros, pues los primeros son creados por el hombre y los segundos por Dios. 
Asimismo, dos facetas viven en el espíritu de Sigüenza: La primera es la del “hombre 
medieval que conoce las maravillas que Dios ejecuta en un mundo que le 
pertenece”; la segunda es la del “hombre moderno que conoce un cosmos 
inalterable, en el cual Dios interviene sin excepción y sólo bajo ciertos requisitos que 
no invaliden el carácter armónico de ese universo” (p. 135). Dios es causa del 
milagro, ya sea en el primer caso o en el segundo: en aquél “no se conoce el 
carácter del orden que se altera por la intervención sobrenatural”; en éste “sí se 
conoce el carácter de dicho orden” (p. 135). Tres son los grandes silencios 
57 
 
heterodoxos de Sigüenza: El silencio en torno a la Biblia, a la autoridad y a los 
milagros y profecías. Soñar, escribe Trabulse, es la salvación del intelectual barroco, 
pues se le ha negado el acceso a la nueva verdad, al nuevo mundo. Como 
consecuencia, la “realidad inalcanzable” se mezcla con la “fantasía creadora”. 
Trabulse, con relación a este punto, cita a Jiménez Rueda: 
Un mundo de conceptos encubreel verdadero pensamiento de los autores. La línea 
curva sustituye a la recta como medio de creación plástica y aun literaria. La 
parábola y la elipse tienen su correspondencia en el verso y la prosa. ¿Qué es la 
metáfora sino la manera de eludir la línea recta para expresar el pensamiento? (p. 
138). 
La razón de Sigüenza encuentra su refugio en la imaginación y la fantasía. En “’No 
quiero latines en lo que pretendo vulgar’: La querella sobre los cometas entre los 
universitarios, médicos y astrólogos novohispanos en la segunda mitad del siglo 
XVII”, Héctor Rafael Aparicio Sedano y Ernesto Priani escriben un esclarecedor 
contexto sobre la astrología-astronomía de la Nueva España del siglo XVII, el 
ámbito universitario en la Real Universidad y la relación entre la astrología, las 
matemáticas y la medicina. Asimismo, en este artículo los autores se centran en dos 
aspectos: El duelo literario entre Sigüenza y Kino y la defensa del ingenio criollo 
ante el europeo, que efectúa Sigüenza tanto en su Manifiesto como en Libra. 
Derribar la idea de que los cometas eran portadores de mensajes implica negar el 
argumento que tanto repetían los europeos: El lugar y el clima afecta el 
entendimiento de los habitantes de América. De este modo, en Libra Astronómica…, 
destacan los autores, Sigüenza llega a la siguiente conclusión: “Si los cometas no 
tienen ningún significado, tampoco se sostiene que el lugar geográfico afecte la 
capacidad de pensamiento” (Priani: 2016, p. 80). 
 En “Análisis de la controversia novohispana sobre el cometa de 1680-1681. 
Una aproximación histórica desde el campo científico”, Ernesto Priani y Héctor 
Rafael Sedano realizan una revisión directa de las fuentes dentro de la querella 
58 
 
sobre los cometas de 1680-1681. Esta investigación la efectúan para entender las 
diversas estrategias empleadas por los astrólogos-astrónomos de la disputa, 
quienes buscan no sólo ganar en cuanto al saber, sino en cuanto al prestigio social. 
Señalan Sedano y Priani que los investigadores de historia de la ciencia en 
México han visto la justa comética como “el enfrentamiento entre una cosmovisión 
escolástica y anquilosada en temas cualitativos (con Kino, de la Torre y Salmerón 
como protagonistas) frente a otra renovadora, moderna y fundamentada en ideas 
cuantitativas para el estudio de la naturaleza (personificada por el erudito Sigüenza 
y Góngora)” (2015, p. 238). Contrariamente a esta perspectiva, los autores señalan 
que la discusión en torno al cometa no se desenvuelve en lo que otros consideran 
como una revolución científica o el nacimiento de una comunidad dedicada a la 
ciencia o “que está conectada con la emergencia de ciencia nacional y sea un 
antecedente del científico mexicano” (Priani y Sedano: 2015, p. 251). Indican los 
autores que estos personajes no formaban una comunidad científica donde hubiese 
un intercambio de ideas solidario y cuyos integrantes compartieran una visión 
idealista del mundo científico, sino un estamento de astrónomos-astrólogos donde 
había “superaciones de un estado menos racional a otro más racional”. 
Durante mucho tiempo, indican Priani y Sedano, el Manifiesto cristiano en 
favor de los cometas mantenidos en su natural significación de Martín de la Torre 
se daba por perdido. Esto, de hecho, declaraba Trabulse en Ciencia y Religión. Sin 
embargo, comentan los autores que han encontrado el auténtico Manifiesto 
cristiano. El documento está en el Archivo General de la Nación bajo la signatura 
Virreinal Universidad, expediente 22, caja 5583, 1681. 
59 
 
 No existe, hasta la fecha, señalan Priani y Sedano, alguna investigación que 
indique las fuentes que utilizó Salmerón y Castro. Sus ideas, probablemente, son 
muy cercanas al aristotelismo y escolasticismo. Sin embargo, algunas ideas no 
estaban alejadas de las del polígrafo mexicano. Salmerón y Sigüenza ya habían 
estado en contienda desde antes, pues en 1672 compitieron por la cátedra de 
astrología y matemáticas de la Real Universidad, contienda en la que ganó 
Sigüenza. Los autores, por lo tanto, consideran que Sigüenza tomó la respuesta de 
Salmerón como un intento de desprestigio -pues ambos intelectuales pertenecían 
al ámbito universitario- o como un reto. 
 Por último, escriben Priani y Sedano, la confrontación entre Kino y Sigüenza 
es evidente, pues el primero responde al Manifiesto filosófico. Si se revisan las 
relaciones entre los personajes, comentan los autores, es difícil leer la disputa como 
una contribución a la tradición científica mexicana. Considerando las circunstancias 
en que el debate se originó, resulta más viable que el enfrentamiento sea “una 
querella política entre dos intelectuales que buscaban mecenazgo y protección (es 
oportuno recordar que un año antes de la llegada del misionero acababan de 
nombrar Cosmógrafo Real a Sigüenza y Góngora)” (2015, p. 247). Incluso, llegan a 
sospechar los autores que Sigüenza fue el provocador del debate, pues Kino se 
carteaba mucho antes con la duquesa. 
Desde la perspectiva de los estudios literarios, Cristina Beatriz Fernández 
analiza el duelo literario entre Kino y Sigüenza en el artículo intitulado “De los cielos 
a los textos: el duelo hermenéutico de la ‘Libra astronómica y filosófica’ de Carlos 
de Sigüenza y Góngora”. Escribe la autora que la entrada de Sigüenza a la disputa 
60 
 
comética se debe a una cuestión de honor, pues el autor -como he mencionado 
anteriormente- había sido retado por Kino; menciona que el carácter belicoso de 
Sigüenza es notorio desde el título de la obra, donde “libra” hace referencia a la 
valoración de los argumentos de los contrincantes. Persuadir y convencer, según 
Cristina Fernández, es el objeto de Libra Astronómica. 
 Sigüenza coloca un tópico que recorrerá toda la obra bajo la máscara de la 
justa de los cometas: La inferioridad de los criollos. Esta cuestión había causado, 
como mencionan también Priani y Sedano, bastantes debates. Señala David 
Brading, según la autora, que el patriotismo de Sigüenza alcanza “su más polémica 
manifestación en este texto” (2017, p. 5). Sigüenza dice que debe defenderse a sí 
mismo y a su patria, ya que tiene una posición prestigiosa por la cual recibe salario 
del rey: “De esta manera convierte su defensa personal en una cuestión de 
patriotismo y un servicio al rey, otorgándole a su persona la representación de todo 
un grupo, transformando la supuesta ofensa de Kino en un problema 
supranacional”. En consecuencia, “reviste a las letras y al proceder científico de 
subjetividad y de responsabilidad civil” (2017, p. 5). 
Ahora bien, Cristina Beatriz Fernández dice que la prueba fáctica en aquel 
entonces o el experimento no eran todavía la demostración irrefutable de certeza 
de una hipótesis, sino que la retórica y las reglas de la lógica jugaban un papel 
primordial en cuanto a determinar lo verdadero. Por eso mismo, la autora esboza 
algunas estrategias empleadas por Sigüenza para desmantelar el discurso de Kino. 
Expongo a continuación las estrategias que observa Beatriz Fernández en Libra 
Astronómica: a) Sigüenza critica el sistema de citas de autoridad. No desautoriza el 
61 
 
uso de las citas, sino que cuestiona el darle una mayor importancia a los autores 
clásicos: “darles a los profanos autores la misma autoridad que a los sagrados 
oráculos” (p. 8); b) Sigüenza fractura la presupuesta solidaridad entre la persona y 
sus actos, pues califica a Kino como “verídico” pero a sus opiniones como “falsas”; 
c) la construcción del lector o del auditorio es otra de sus estrategias. Si el Manifiesto 
se trataba de una suerte de texto de difusión dirigido al vulgo, Libra se dirige a un 
auditorio letrado, de élite, no sólo de la Nueva España, sino del “orbe literario”; d) 
Sigüenza revierte la herejía de des-semantizar el cosmos tratando algunos augurios 
de Kino “a la luz de soberbia” y lo alinea en las filas de aquelloshermeneutas 
fatalistas; e) el polígrafo mexicano utiliza un vocabulario de marcada connotación 
histriónica al cual recurre para señalar el carácter pseudocientífico empleado por 
Kino; f) Sigüenza, en su afán de hacer caer al adversario, utiliza el recurso de 
emplear momentáneamente sus opiniones y llevarlas hasta el punto de la 
contradicción; g) utiliza la estrategia barroca de “quien mientras dice que ignora 
muestra lo que sabe” (p. 10); i) realiza objeciones de índole lógica y gramatical. 
En “Carlos de Sigüenza y Góngora: las letras, la astronomía y el saber criollo”, 
Cristina Beatriz Fernández destaca la poca atención que han recibido, desde la 
perspectiva de los estudios literarios, el cuerpo de documentos “más o menos 
científicos” escritos en territorio americano durante el periodo novohispano. Refiere 
que la mayoría de éstos están inscriptos dentro del género de tratado, género dentro 
del cual incluye Libra Astronómica y Filosófica. 
Hay, en el breve repaso histórico que emprende Beatriz Fernández, puntos que 
valen la pena rescatar. Escribe la autora que el cometa de 1680 fue estudiado por 
62 
 
Edmund Halley, quien determinó que no se trataba de un nuevo visitante de los 
cielos, sino de un viejo conocido que retornaba con regularidad. Comenta que la 
astronomía y las matemáticas se encontraban en la cúspide jerárquica de la filosofía 
natural, pues eran consideradas un saber especulativo, saber alcanzado no 
mediante la práctica experimental, sino mediante el razonamiento puro. Subraya la 
autora que la creencia en los cometas funestos adquiere, en tierras mexicanas, un 
tinte especial, pues es una combinación entre la tradición grecolatina, la religión 
católica y los mitos y relatos prehispánicos. Brevemente, expone la autora algunos 
ejemplos de su propuesta: En Códice Florentino (textos de los informantes de 
Sahagún) ‒manuscrito 218-220 de la Colección Palatina‒, una crónica náhuatl, 
escrita antes de la llegada de Cortés, relata lo siguiente: “Apareció como un presagio 
en el cielo: una como espiga de fuego, una como llama de fuego, una como aurora... 
Se mostraba como si estuviera punzando en el cielo... comenzó a mostrarse en el 
año 12 Casa equivalente a 1517 ” (Fernández: 2004, p. 3); Bernardino de 
Sahagún, dice Cristina Beatriz, “nos informa que entre los aztecas se tenía a los 
cometas por ‘prenóstico de la muerte de algún príncipe o rey, o de guerra o de 
hambre’” (p. 3); señala la autora que cabe recordar también el mito de Quetzalcóatl, 
pues éste, al morir, se transforma en estrella o cometa. Por último, cita Beatriz 
Fernández un fragmento de Repertorio de los tiempos e historia natural de esta 
Nueva España de Henrico Martínez: 
Poco tiempo antes que viniesen los cristianos a este reino [...] una vez, siendo el día 
claro, corrió un gran cometa de poniente a levante, echando de sí muchas centellas, y 
dicen que era a manera de una cola muy larga y que tenía al principio tres como 
cabezas con que hacía figura espantable (p. 3). 
 
63 
 
Escribe Beatriz Fernández que Libra Astronómica, al igual que Respuesta a Sor 
Filotea de Sor Juana Inés de la Cruz, es una autodefensa. En torno a esto, da una 
breve relación del contexto en que se originó la disputa entre Kino y Sigüenza, 
donde explica que la redacción de Libra fue la manera en que Sigüenza salvó su 
honor ante el círculo letrado novohispano y los virreyes. Indica la autora que Libra 
no es sólo uno de los textos principales de la versión americana sobre el debate 
comético librado en 1680, sino que es también un modelo de prosa argumentativa: 
un texto cuya retórica oscila entre el peso barroco de las autoridades teológicas y el 
incipiente racionalismo que iluminaría el siglo XVIII, un claro exponente de la forma 
en que se conjugaban una retórica barroca y saberes dispares en un debate con 
presunciones científicas así como de la modalidad peculiar mediante la cual el 
discurso de las nacientes ciencias experimentales u observacionales iba siendo 
apropiado en las colonias americanas (p. 4). 
Sostiene Beatriz Fernández que en Libra “las ideas científicas de Sigüenza no sólo 
conviven con sino que se realizan en el ejercicio escriturario del tratado barroco; es 
decir, que gracias a las formas demostrativas del lenguaje y a la retórica 
argumentativa se genera el discurso del conocimiento científico” (p. 4). Además, 
Libra es un texto de “proyección social” que no sólo combate la superstición 
cometaria, sino “el juego de relaciones personales e institucionales que se 
desataron en torno de ella” (p. 4). 
 Beatriz Fernández, asimismo, se interesa por contextualizar el origen del 
título de Libra Astronómica y Filosófica. Para ello expone brevemente la disputa 
entre el matemático jesuita Orazio Grassi y Galileo Galilei. Cuenta ella que aquél, 
tras recibir una severa crítica por parte de éste, publica en 1619, bajo el pseudónimo 
de Lotario Sarsi Sigensano, su Libra astronómica ac philosophica, “cuyo subtítulo 
64 
 
aclaraba que el propósito del libro era refutar las opiniones de Galileo” (p. 5). 
Guillermo Boido, citado por la autora, explica lo siguiente sobre el título de dicha 
obra: 
El término libra (balanza) que se menciona en el título tiene un doble sentido, pues 
se refiere a la constelación en la que habrían aparecido los cometas pero a la vez a 
la necesidad de sopesar cuidadosamente los argumentos antes de ser aceptados 
(p. 6). 
Vale la pena resaltar, señala la autora, que el título empleado por Sigüenza 
retomaba el del antagonista jesuita de Galileo, gesto que “reforzaba el significado 
de haber colocado como árbitro de la polémica a los jesuitas” (p. 6). 
 Ahora bien, Beatriz Fernández señala, como escribe también en el artículo 
“De los cielos a los textos…”, que el punto medular de la argumentación en Libra es 
la defensa de la racionalidad criolla, defensa que introduce Sigüenza bajo la 
máscara de la discusión comética. Expone la autora que para muchos tratadistas 
del periodo “la inferioridad moral e intelectual de los criollos era cosa comprobada, 
lo cual se explicaba mediante la influencia del cálido clima americano que arruinaba 
el carácter de los europeos nacidos o criados en América” (p. 7). Había, detrás de 
esta explicación pseudocientífica, un interés sectorial, pues era la excusa perfecta 
para mantener a los criollos alejados de los altos cargos. No obstante, los criollos, 
indica Fernández, fueron adquiriendo ciertos dominios en la sociedad, como el 
universitario. “Es en este contexto, entonces, que debemos leer la polémica 
científica desatada en la Libra” (p. 7). Por lo tanto, Sigüenza instaura en Libra una 
voz criolla que, entre criterios cualitativos y cuantitativos, defiende no sólo la 
capacidad racional de quien la enuncia sino la de todos los criollos: 
65 
 
Así, Sigüenza adoptaba la modalidad escolástica de argumentación, signada por la 
remisión a «las autoridades de poetas, astrólogos, filósofos y santos 
padres» (Libra, 256), mientras desarrollaba un habilísimo ejercicio de lógica 
discursiva a lo largo de todo el texto, tratando de desmontar la argumentación de 
la Exposición de Kino. Este ejercicio de lógica, que involucraba análisis de la retórica 
empleada por Kino o dudas sobre la validez de las autoridades citadas por su 
adversario para el tema que se estaba debatiendo, se complementaba con una 
exhibición de sus destrezas matemáticas al final del texto, donde compendiaba sus 
observaciones sobre el cometa y sus cálculos sobre la ubicación de la ciudad de 
México ofreciéndolos a “los matemáticos de la Europa”, quienes quedaban 
equiparados así a ese auditorio universal que Sigüenza buscaba cuando apelaba 
a “cuantos supieren leer, que sean de la nación que fueren” (p. 9). 
Como he mencionado en la parte liminar de este subcapítulo, la mayoría de las 
investigaciones que se han hecho sobre Libra Astronómica y Filosóficase han 
realizado desde una perspectiva histórica y científica. La querella entre Kino y 
Sigüenza, la defensa de la racionalidad criolla, el contexto histórico, científico y 
religioso, son los temas principales que examinan los artículos que he venido 
exponiendo. Aunque Cristina Beatriz Fernández realice un interesante estudio de 
las diversas estrategias discursivas empleadas por Sigüenza en Libra, su análisis 
se enfoca más en la perspectiva del género del tratado y no estudia la 
representación del cielo, ni el diálogo que mantienen los autores novohispanos de 
la querella comética con otras tradiciones del campo de la astronomía-astrología. 
Por lo tanto, es en este aspecto poco tratado que quiero enfocar la presente 
investigación. 
 
 
 
66 
 
2.2 La hermenéutica del cielo en Libra astronómica 
 
Esta investigación, cuya metodología se ancla en la historiografía literaria, está 
pensada para contribuir en los estudios que abordan dos campos teóricamente 
lejanos entre sí: el de la filología y el de la ciencia. Sin embargo, confieso que mi 
principal propósito es mostrar el encanto literario de algunos antiguos postulados 
científicos que, de ser tan arcaicos, han terminado por llegar a los lindes del mundo 
literario, “aterrizando suavemente en sus fértiles campos de lo estético y lo poético” 
(Cortés Guadarrama)50. Hay, en la historia de la ciencia, teorías que hoy en día 
resultan tan encantadoras y fascinantes por su potencia literaria, como es el 
maravilloso caso del flogisto o de la forma líquida de la electricidad y del empeño de 
algunos científicos por embotellarla.51 Es nuestra tarea, como estudiosos de la 
literatura, realizar el rescate de estas formas particulares de ver el mundo y 
entenderlo en su contexto. En efecto, aquí estudio algunas de las teorías del cielo 
latentes en Libra astronómica que llegan a parecer para el lector contemporáneo 
tanto extrañas como maravillosas. 
 Mi objeto de estudio es la hermenéutica del cielo en Libra astronómica, arte 
interpretativo que radica en la observación y exégesis de los fenómenos 
supralunares y sublunares y que bebe de la estética del Barroco, del Renacimiento 
y de la Edad Media. La literatura astronómica-astrológica del siglo XVII 
 
50 Debo esta perspectiva de mi investigación al Dr. Marcos Cortés Guadarrama quien ha influenciado, con sus 
trabajos sobre el mundo de la medicina novohispana, en mi manera de leer e interpretar los textos 
correspondientes al mundo de la astrología-astronomía de la Nueva España. 
51 Consultar en La estructura de las revoluciones científicas (2004) de Thomas Kuhn, páginas 93 y 106. 
67 
 
conceptualizaba el cielo. Mi propuesta concibe que los textos de astronomía-
astrología, ya sean almanaques, pronósticos, tratados o folletos, son escritos que 
marcan el quehacer de un arte preocupado por conformar y configurar la salud, el 
acontecer o el destino del individuo y su sociedad.52 
 Cabe señalar que las interpretaciones y pronósticos del cielo que 
encontramos en los documentos escritos alrededor del cometa de 1681, se deben 
más a una conceptualización del arte astronómico-astrológico que al de la ciencia 
astronómica. La ciencia, como la comprendemos hoy en día, es un concepto 
reciente que se basa en la experiencia y “sólo puede tener valor de experiencia lo 
que puede someterse a un control” (Gadamer: 1996; p. 17). Lo que profundizaba el 
joven aprendiz en las universidades no era sólo su capacidad práctica o técnica, 
sino su capacidad dialéctica y una alta argumentación lógica para poder afirmar o 
contradecir posturas de diversas tradiciones astronómicas-astrológicas. Aunque la 
astronomía-astrología era la ciencia más avanzada durante el siglo XVII, la frontera 
entre ciencia y arte era aún muy delgada. 
Los términos “arte” y “ciencia” poseían una mayor capacidad, según Cortés 
Guadarrama, para exhortar y aglutinar otras nociones. Es decir, englobaban una 
serie de consideraciones y prácticas que no deben emparentarse con nuestra 
especializada y contemporánea división entre uno y otro concepto.53 Al respecto, 
 
52 Debo parte de esta idea a la lectura que realicé del ensayo del Dr. Cortés Guadarrama intitulado “Curiosidad 
y censura en el arte del cirujano Alonso López de Hinojosos: Una poética médica novohispana de finales del 
siglo XVI”. 
53 Refiere Cortés Guadarrama que George Minois atiende esta cuestión “remontándose a las nociones de 
‘ciencia’ y ‘sabiduría’ presentes en uno de los libros más ‘científicos’ y de marcada influencia helenística de la 
literatura del Antiguo Testamento: en Libro de Sabiduría” (Cortés Guadarrama). La ambigüedad del concepto 
“ciencia” está dirigido para glorificar la sabiduría con el fin de acercarse a las maravillas de Dios. 
68 
 
escribe Gadamer en El estado oculto de la salud lo siguiente: “’Arte’ se refiere aquí, 
pues –en el sentido de la antigua techne-, al saber y al hacer-sabiendo a partir de 
los cuales la Antigüedad griega dio el primer paso hacia la capacidad de hacer y 
hacia la ciencia que abarca todo nuestro mundo de hoy” (Gadamer: 1996; p. 103). 
Escribe Guy Serbat respecto a Plinio el viejo que la Historia natural no es 
una ‘historia natural’ en el sentido moderno de la expresión, sino una colección de 
datos (res) ilustrada con historia (historiae) –es decir, y por lo general, con 
anécdotas contemporáneas o más antiguas-, no es sorprendente que se puedan 
sacar de ella enseñanzas que poco tienen que ver con la ‘naturaleza’, y sí mucho 
con el hombre: anécdota de toda suerte, documentos para la historia. Considero 
que esto sucede tanto en Libra astronómica y filosófica como en otras publicaciones 
que se hicieron en torno del cometa de 1681. En el caso de Libra, podemos 
encontrar ejemplos a lo largo de esta obra. Esta misma situación se presenta 
también en Exposición Astronómica de Eusebio Kino y Especulación astrológica y 
physica de la naturaleza de los cometas de Gaspar Juan Evelino. Hay, en esta 
literatura astronómica-astrológica, un interés por relacionar el todo, la naturaleza, 
con el hombre o, por decirlo de otro modo, colocar el hombre ante la naturaleza. El 
fin de esta literatura no era sólo estudiar el movimiento de los cielos, sino ver las 
posibles influencias del macrocosmos en el microcosmos. 
Aclaro desde ahora que no es tarea de mi investigación el estudiar la justa 
de los cometas entre Kino y Sigüenza, pues ya ha tenido gran atención por parte de 
Elías Trabulse, Cristina Beatriz Fernández, Alicia Mayer, Juan Manuel Gauger, entre 
otros. Mi tarea, en cambio, es indagar y comprender, desde la perspectiva de los 
69 
 
estudios literarios, la factura y la intención de Libra astronómica, en especial el 
folleto incluido por Sigüenza en éste, intitulado “Manifiesto filosófico”. No comparto 
completamente la línea de Trabulse, quien asegura que en la justa comética y con 
la escritura de Libra… inicia la transición de la ciencia medieval a la moderna ciencia 
mexicana, cuyo protagonista, Sigüenza y Góngora acaba con la “seudociencia que 
cegaba las mentes de los habitantes de la Nueva España” (Priani y Sedano: 2015, 
p. 248). Mi visión se apuntala en la del historiador Ernesto Priani, quien sostiene 
que los estudiosos y participantes en la querella cometaria de 1681 
formaban un grupo social que tal vez pueda catalogarse como el estamento de los 
astrónomos-astrólogos, pero no parece claro que fueran una comunidad científica 
en la que el intercambio de ideas fuera solidario, con base en una visión idealista 
del mundo científico, donde no había luchas, sino simplemente superaciones de un 
estado menos racional a otro más racional (p. 251). 
Con base en esto, argumento al igual que Priani, que cada uno de los participantes 
de la querella comética y sus obras se encuentran en un campode batalla, donde 
se enfrentan diversos agentes, los cuales son partidarios de instituciones 
académicas y clericales, al igual que de diferentes naciones, donde “el valor 
otorgado a la propia obra es la base para enfrentar la de los otros, con estrategias 
argumentativas, retóricas y veritativas” (p. 252). Asimismo, señala Priani que cada 
astrónomo-astrólogo utiliza diversas estrategias sociales, como lo son “la 
publicación de los textos, a quién están dedicados, a qué autoridades apelan, en un 
sentido que es en realidad más bien práctico” (p. 252). 
 Particularmente, he decidido estudiar en Libra astronómica el “Manifiesto 
filosófico” y “Pónese en las balanzas de la Libra Astronómica y filosófica lo que es 
70 
 
proprio del reverendo padre en su Exposición Astronómica”, pues es donde he 
encontrado un cúmulo de elementos astronómicos-astrológicos que sirven no sólo 
a la historia de las mentalidades, sino que potencian la cabal comprensión de un 
estilo nacido en el periodo estético e histórico conocido como Barroco.54 Asimismo, 
he decidido comparar Libra astronómica con Discurso cometológico y relación del 
nuevo cometa de Salmerón y Castro, Exposición Astronómica de Eusebio Kino y 
Especulación astrológica y physica de la naturaleza de los cometas de Gaspar Juan 
Evelino, textos con los cuales dialoga y combate. La poca atención que han recibido 
este conjunto de documentos “más o menos científicos”, como señala Cristina 
Beatriz Fernández, y más bien artísticos, me han motivado a estudiarlos. La 
selección de éstos permite analizar los aspectos del mundo maravilloso donde se 
configuran estos tratados, mundo que se explica “a partir de sus propias reglas, tal 
y como lo hacen las narraciones maravillosas del Mundo Clásico, de la Edad Media, 
del Renacimiento y del Barroco; narraciones que son producto de la imaginación y 
de la tradición occidental” (Cortés Guadarrama). Así pues, esta investigación 
procura examinar e interpretar el concepto de mundo que yace detrás de las 
nociones astrológicas y astronómicas y su relación con la sociedad novohispana. 
 
 
54 Si prestáramos más atención a los textos astronómicos-astrológicos, se nos podrían ofrecer, como bien 
señalaba el rumano Mircea Eiade, oportunidades inestimables para la comprensión de la capacidad mental 
de una época o para la definición más exacta de un estilo. 
71 
 
2.2.1 Astrónomos-astrólogos: hermeneutas del cielo 
 
Aunque la astronomía-astrología era una de las pocas prácticas en la antigüedad 
que se ejecutaba mediante el razonamiento y la abstracción, el velo de lo sagrado, 
que recubría al astrólogo, no fue sino quitado hasta la aparición del Principia de 
Newton, proceso que no fue del todo inmediato, como señalo en el primer capítulo. 
La astrología-astronomía hunde sus raíces en la cosmogonía griega, egipcia y 
babilonia. A esto se le agrega las teorías de Eudoxio, Aristóteles, Ptolomeo, entre 
otros. La teoría aristotélica se le invistió de un simbolismo y alegoría que reforzaban 
los postulados y prácticas del credo cristiano. Cabe recordar, por ejemplo, que 
Tycho Brahe fue más reconocido, en su época, no por comprobar la inexistencia de 
las esferas celestes, sino por dejar el planeta en el centro del universo. Si Copérnico 
concibe un sistema heliostático, Brahe emprende una síntesis entre el sistema 
aristotélico y copernicano. De este modo, el sistema del mundo católico y su 
simbolismo no se veía afectado por el sistema de Copérnico. 
 Libra astronómica se sitúa en este imbricado sistema del cielo, donde las 
reglas de una hermenéutica astrológica-astronómica, anclada en elementos de la 
cosmología cristiana, determinan qué y qué no puede escribir el astrónomo. El cielo 
durante el siglo XVII, como he expuesto en el capítulo primero, sufría de una 
expansión que derribaba las viejas concepciones del cristianismo. La Iglesia 
buscaba actualizar y adaptar sus ideas con los recientes descubrimientos del 
cosmos. Que el cielo era una suerte de libro con caracteres de fuego 
incomprensibles para el vulgo, se observa en los almanaques y tratados 
72 
 
astronómicos. El astrónomo-astrólogo es un hermeneuta del cielo y había diversos 
fenómenos que éste examinaba. En cuanto a los cometas, su trabajo no sólo 
consistía en estudiar a éstos de un modo aislado, sino que consultaba las diversas 
apariciones de los heraldos infaustos a través de la historia. El examen lo realizaba 
con un método comparativo, donde se observaban la forma del cometa, su tamaño, 
proporción de la cauda y a dónde apuntaba, conjunción con otros planetas y 
constelaciones. Asimismo, se revisaban las catástrofes y muertes que habían 
ocurrido durante el avistamiento de los diversos cometas. 
 Aunque cada vez el estudio del cielo se volvía más sofisticado y preciso por 
el avance tecnológico, la astronomía y las matemáticas eran muchas veces siervas 
de la astrología. Grandes astrónomos, en la historia, recurrían a métodos 
sumamente modernos y refinados para medir la trayectoria de los cometas o la 
aparición de novas para así descifrar en el cielo el destino de algún soberano o 
alguna nación.55 Si bien es cierto que Sigüenza se encuentra en un momento de 
transición y de cambio en los paradigmas de la astronomía-astrología, era aún 
necesario que escribiese muchas veces desde esta hermenéutica del cielo que he 
venido explicando. 
 La astrología llegó a tener un gran poder en la antigüedad, la Edad Media, el 
Renacimiento y parte del Barroco. Batallas, curaciones, siembras, decisiones 
políticas, levantamientos de palacios, se emprendían con base en las 
interpretaciones del firmamento que realizaban estos hermeneutas. Para el 
astrólogo-astrónomo del medievo y renacimiento, el destino de las naciones y del 
 
55 Este fue el caso tanto de Galileo como de Kepler y Tycho Brahe. 
73 
 
hombre podía leerse en la bóveda celeste. Ante el peligro de que el astrólogo se 
convirtiese en amanuense de Dios y determinara, en efecto, las influencias celestes 
sobre la tierra y la actividad humana, llegó a ser un tema realmente preocupante 
para el Concilio de Trento, pues, como he mencionado en apartados anteriores, la 
astrología violaba la doctrina del libre albedrío y el monopolio que tenía la Iglesia 
sobre el milagro. En consecuencia, el papa Sixto dicta la bula papal de 1586 y, 
posteriormente, la Inquisición escribe el auto de 1647, ambos documentos dividen 
la astrología judiciaria de la natural e indicarán la prohibición de la primera. Sin 
embargo, la escisión entre ambas no se dio de manera tajante. Éste es el caso de 
Sigüenza y Góngora, Eusebio Kino, Salmerón y Castro, Gaspar Juan Evelino, 
quienes continuaron ejerciendo la astrología-astronomía entre la frontera de lo 
prohibido y lo lícito. Cabe destacar que Sigüenza al no concebir el cometa como 
causante o mensajero de infortunios se encuentra más del lado de la postura oficial, 
es decir, la permitida por la Inquisición. Eusebio Kino, por otro lado, pisa los terrenos 
de la astrología judiciaria al sostener que el cometa de 1681 trae ya sea infortunios 
o fortuna. 
 Sin embargo, lo cierto es que la imaginación fue la responsable de construir 
y argumentar el estudio del macrocosmos y el microcosmos, del cielo y del hombre. 
Es en esta imaginación de la que he venido hablando donde hoy reside el valor de 
la literatura astrológica-astronómica representada aquí por Libra, obra de carácter 
barroco que no sólo es resultado de la tradición heredada del occidente, sino del 
sometido y reinventado Nuevo Mundo. De este modo, la imaginación que surgió en 
la astronomía de la Antigua Grecia para explicar los cielos, perdurará en la Edad 
74 
 
Media, sufrirá cambios, saturaciones, adiciones y llegará a manos del astrónomo 
renacentista y posteriormente aldel periodo Barroco. Es la imaginación, vale repetir, 
la que acerca el arte astronómico con el arte literario: 
Lo que un día fuera estamento ‘científico’, hoy no es tal, y nos maravilla por haber 
explicado una realidad determinada casi como lo hace la poética literaria de la prosa 
hagiográfica, u otras prosas, como la del bestiario; prosas que mediante la categoría 
textual de lo milagroso o lo maravilloso se lanzan a la dilucidación de la naturaleza 
en beneficio del hombre (Cortés Guadarrama). 
Comparto la idea de varios especialistas de estudiar los tratados, relaciones y 
crónicas coloniales como “procesos comunicativos donde participan factores 
culturales, sociales e ideológicos en los que cobra especial relevancia la 
imaginación del sujeto que los engendra” (Cortés Guadarrama).56 Algunos de los 
estudiosos que sostienen esta idea, ya sea de modo directo o indirecto, son: Marcos 
Cortés Guadarrama, Hayden White, José Pascual Buxó, Roger Bartra, Edmundo 
O’Gorman, entre otros. 
 Ahora bien, Libra astronómica, cuyo valor es innegable para la historia de la 
ciencia, no debe ser estudiado desde una óptica que restrinja sus diversas lecturas, 
óptica que, por una parte, estudie únicamente a Libra ya sea desde una perspectiva 
que busque una pureza literaria u otra que considere el texto sólo como un 
documento que pertenece a la historia de la ciencia. Libra astronómica no puede 
sustraerse de su tiempo, de sus circunstancias tanto políticas, sociales, como 
históricas, teológicas y filosóficas. En Libra astronómica, Sigüenza hace uso de 
 
56 Por imaginación entiendo a la producción textual que surge de “ese fondo invisible que en realidad 
somos” (Ortega y Gaset: 1971, p. 71) 
75 
 
elementos propios de la estética literaria, donde aparecen la metáfora, la 
sinécdoque, etcétera, elementos característicos de la obra literaria, tal y como lo 
señala Hayden White, quien estudia el texto histórico como artefacto literario (White: 
2003, 107-139). 
 Los documentos astronómicos-astrológicos que surgen alrededor del cometa 
de 1681 se construyen mediante ciertos medios retóricos para relacionar el 
macrocosmos con el microcosmos, las estrellas con el destino del hombre y su 
sociedad. Dichos medios retóricos son la sinécdoque y la metáfora. El cometa, en 
efecto, es utilizado por los astrónomos como una alegoría y sinécdoque del mal en 
la sociedad o conclusión de un reinado tanto en Europa como la Nueva España. El 
cometa es una justificación histórica de los acontecimientos. Sólo basta con explorar 
los anales de la historia para encontrar que tras cada muerte de un monarca fue 
visto un cometa. En efecto, los cometas cierran ciclos históricos y justifican 
acontecimientos. Desde este arte interpretativo, Kino y Sigüenza emplean a su 
beneficio la figura del cometa. 
 
2.2.2 El Barroco en la hermenéutica del cielo 
La hermenéutica del cielo de la que he venido hablando se circunscribe, en efecto, 
en el Barroco. Éste, refiere Maravall, “es un concepto de época que se extiende, en 
principio, a todas las manifestaciones que se integran en la cultura de la misma” 
(Maravall: 1972, p. 29), donde una serie de factores “tanto estilísticos como 
ideológicos, políticos y sociales se combinan y forman una realidad única” (p. 33). 
76 
 
Ante la crisis que vive el siglo XVII, el Barroco es “una cultura que consiste en la 
respuesta, aproximadamente durante el siglo XVII, dada por los grupos activos en 
una sociedad que ha entrado en una dura y difícil crisis” (p. 55), tanto económica 
como social. 
La conciencia de malestar y de inquietud se manifiesta en la sociedad 
barroca. Sigüenza y Góngora, hombre de la modernidad, no permanece pasivo ante 
esta crisis, sino que postula una intervención: “se pasa a reflexionar –y en ello está 
lo más caracterizador de quienes ya son hombres ‘modernos’– cómo, con qué 
remedios se podrían eliminar o paliar tales males” (p. 58). En el caso del astrónomo-
astrólogo y matemático, se cuestionan los viejos fundamentos, se emprende una 
búsqueda de la verdad y se critica tanto la falta racional de otros astrónomos-
astrólogos como su aceptación sin cuestionamiento de las apariencias de los 
fenómenos y la fundamentación que hacen de éstas con el sistema de autoridades. 
No busco definir el Barroco. Ya Diógenes Laercio demostró el absurdo al que 
pueden llegar las definiciones al arrojar una gallina desplumada en la Academia 
para burlarse de la definición que había dado Platón del hombre, quien consideraba 
a éste como un bípedo implume. Aclaro que mi punto de vista sobre el Barroco está 
apuntalado por la perspectiva de Echeverría y la de Maravall. Ambos autores 
advierten, asimismo, lo vano de realizar una lista de las diversas y variadas 
estrategias que llamamos “barrocas”, pues éstas son múltiples.57 Sin embargo, en 
el arte, específicamente en la música, pueden encontrarse palabras que alumbren 
 
57 Cabe destacar que sí hay, como señala Echeverría, ejemplos paradigmáticos de comportarse del barroco, 
sobre todo en la historia del arte. 
77 
 
un poco este problema y nos permita comprender mejor el comportamiento del 
Barroco. Claudio Monteverdi escribe sobre su arte lo siguiente: “se trata –dice- de 
lograr en la pronunciación de las palabras el gesto capaz de ‘despertar la pasión 
que está dormida’ en ellas, de encontrar el drama escondido en el significado del 
texto” (Echevería: 2000, p. 93). 
Maravall escribe que el Barroco emplea las formas del mundo clásico 
grecolatino. Echeverría abunda en esta opinión y señala que éste hereda el universo 
grecorromano y sus formas. El Barroco, escribe Echeverría, procura “’sacudir’ las 
formas –las proporciones clásicas aceptadas como perfectas- para despertar así la 
vida que dormita o está congelada en ellas” (p. 88). En efecto, lo que busca el 
ornamentalismo del arte barroco no es un mero regodeo ostentoso, hedonista a lo 
fácil, sino que busca “provocar una proliferación de subformas parasitarias que, al 
rodear a una determinada forma y revolotear en torno a ella, la someten a un juego 
de reflejos multiplicados que la potencian virtualmente, la obligan a dar más de sí, 
a encontrar la fidelidad a su designio profundo” (p. 88). El ornamentalismo es una 
“táctica de persecución y huida de lo esencial, a la vez deseado y temido” (p. 89). 
Si bien he mencionado que Sigüenza y Góngora emprende una búsqueda de 
la verdad, cabe señalar que ésta le es de cierto modo negada, pues un mundo de 
conceptos encubre el verdadero pensamiento del autor. Es en esta crisis donde la 
razón de Sigüenza encuentra su refugio en la imaginación y la fantasía, la cual se 
despliega y encuentra su forma a través de la hermenéutica del cielo y del Barroco, 
en los cuales el polígrafo mexicano se encuentra inserto. 
78 
 
La razón de Sigüenza que encuentra su refugio en la imaginación será el 
tema a explorar en las páginas siguientes. 
79 
 
Con mis propios ojos he presenciado que en 
los trastornos públicos, los hombres, inseguros 
de su suerte, se lanzan, como en otra 
superstición cualquiera, a buscar en el cielo las 
antiguas causas y amenazas de su desdicha. 
Montaigne 
 
CAPÍTULO TERCERO. Carlos de Sigüenza y Góngora y la lectura del cometa de 
1680/81 
3.1“Manifiesto filosófico”: política y hermenéutica del cielo 
 
 
 
 
 
El siglo XVII en Europa fue un tiempo de enormes crisis y convulsiones. 
Grimmelshausen publica en 1668 su novela Simplicius Simplicissimus, cuyas líneas 
preliminares resumen el espíritu apocalíptico de la época: “En los tiempos que 
corren, que muchos consideran como los últimos” (Grimmelshausen; 1996; p. 51). 
Refiere el historiador Peter H Wilson que en la Guerra de los Treinta años murieron 
ocho millones de personas. Hubo territorios, como Bohemia, que perdierondos 
tercios de sus habitantes. En España, señala Maravall, la peste termina con 
aproximadamente una cuarta parte de su población. A esto se le sumó el hambre y 
la miseria, levantamientos internos, la depresión económica e invasiones externas. 
En una carta fechada el 30 de Julio de 1638, escriben los jesuitas que “las 
necesidades y hambres son tan sin ejemplo que se llegan a comer los más 
cercanos” (Maravall: 1975, p. 308). En 1635 inicia la guerra entre España y Francia; 
en 1640 se rebelan Portugal y Cataluña; en 1659 se firma la Paz de los Pirineos con 
80 
 
lo que España pierde su hegemonía sobre Europa. Se difunde en las mentes de 
esta época un pesimismo inspirado por estas calamidades y sucesos: “Son unos 
hombres tristes […] esos que empiezan a ser vistos sobre el suelo de Europa, en 
los últimos lustros del siglo XVI que seguirán encontrándose hasta bien entrada la 
segunda mitad del siglo siguiente” (p. 308). El Seiscientos, escribe Maravall, es una 
época trágica. 
 La Nueva España, según Alicia Mayer, “gozó en cambio, y sólo si se compara 
con la metrópoli, de una relativa estabilidad entre 1590 y 1700” (Mayer: 1998, p. 56). 
Sin embargo, no se deben pasar por alto los numerosos ataques de piratas y 
levantamientos de indios que se dieron durante este periodo. Asimismo, escribe 
Hausberger, en “Nueva España: Los años de autonomía”, que para 1650 “las 
epidemias redujeron la población autóctona de toda Nueva España a más o menos 
1.9 millones” (Hausberger, p. 263). El fenómeno de la piratería se desarrolló en el 
Golfo de México, desde Texas hasta la península de Yucatán. Escribe Antonio 
García León que los ataques más documentados en los pueblos de los litorales 
sucedieron hacia 1672.58 En el norte del país, el once de agosto de 1680 aconteció 
la rebelión o revuelta de los indios, bajo el mando de Popé. A finales de este año 
llegará el nuevo virrey don Tomás Antonio de la Cerda, conde de Paredes y 
marqués de la Laguna. 
Desde noviembre de 1680, los cielos del mundo occidental fueron divididos 
por un gran cometa de portentosa cauda. El avistamiento del fenómeno celeste 
 
58 El ataque más conocido, no obstante, se dio en mayo de 1683, cuando 300 piratas, según Antonio 
García León, comandados por Laurens de Graff, Lorencillo, atacaron y sitiaron el puerto de Veracruz 
durante varios días. 
81 
 
provocó ríos de reportes, descripciones e interpretaciones tanto en Europa como en 
América. Este acontecimiento extraordinario, según Mayer, significó un reto para la 
vida intelectual de la Nueva España: “Motivó un debate académico que puede 
definirse como uno de los discursos científicos de mayor riqueza en la historia 
colonial de América” (Mayer: 1998, p. 82). La coincidencia de la llegada del virrey 
conde de Paredes y la aparición del terrible cometa causó temor e inquietud en la 
población novohispana: 
El cometa fue tomado por el común como un signo de futuros y negativos presagios. 
En ese mundo tan desmesurado y extravagante, calificado por ello como “barroco”, 
no podía pasar desapercibido aquel espectacular fenómeno celeste, al que se 
relacionaba con los hechos políticos. La entrada del marqués de la Laguna, justo 
ese mes, las sublevaciones de indios en el norte, los estragos de la piratería en las 
costas hicieron que se escucharan voces pronosticando calamidades. Sigüenza lo 
observó con una mentalidad totalmente distinta a la de sus conciudadanos. 
Fascinado por la belleza de la cauda y con su característica avidez por explicarse 
científicamente el origen, la disposición y el eventual comportamiento del cuerpo 
errante, anotó sus conclusiones, las cuales, después quiso mostrar a través de un 
tratado titulado: Manifiesto filosófico contra los cometas despojados del imperio que 
tenían sobre los tímidos (1681). Su primordial intención fue disipar los temores que 
surgieron por la ignorancia de creer que los cometas eran presagios de infortunios 
(p. 83). 
Carlos de Sigüenza y Góngora dedicó el Manifiesto filosófico a la virreina María 
Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, quien se encontraba inquieta por el astro 
funesto.59 En contra de creencias y supersticiones, don Carlos escribe, en efecto, lo 
siguiente: 
 
59 Este folleto de 12 páginas se publicó, según Sigüenza y Góngora, el 13 de enero de 1681. Sin embargo, no 
se han encontrado ejemplares de esta edición. Sigüenza incorporó, afortunadamente, el Manifiesto en Libra 
astronómica y ésta se imprimió en 1690. 
82 
 
Y siendo esto así, como verdaderamente lo es, lo que en este discurso procuraré 
(sin que por ello se me perjudique mi modo de opinar), será despojar a los cometas 
del imperio que tienen sobre los corazones tímidos de los hombres, manifestando 
su ninguna eficacia y quitándoles la máscara para que no nos espanten (Sigüenza 
y Góngora: 1984, p. 11). 
El terror que causaba el cometa en la población novohispana y europea responde 
a un viejo tópico literario heredado de la tradición interpretativa de astrólogos e 
historiadores griegos y romanos, donde estos visitantes celestes eran, la mayoría 
de las veces, heraldos infaustos. La aparición de un cometa en el cielo pronosticaba 
la caída de un reino, la muerte de un rey, pestes, guerras o el inicio de un nuevo 
reinado. Los eclipses y las estrellas jugaban también un papel fundamental en la 
adivinación. Escribe Howard Robinson que, entre los antiguos, Plinio el viejo era el 
que más influía en asignarle a los cometas su carácter malévolo: “The tracts 
resulting from the cometary appearance of 1680 not infrequently refer to Pliny’s 
opinions” (Robinson: 1916, p. 5). El mismo Sigüenza glosa en su Manifiesto un 
pasaje de Historia Natural, lo cual desarrollaré más adelante en mi investigación. 
 Desde la Antigua Grecia hasta el siglo XVII, el pensamiento supersticioso que 
se tenía acerca de los cometas y fenómenos celestes no había cambiado mucho. 
La historia está plagada de coincidencias entre muertes de reyes, pestes, sequías, 
hambrunas y avistamientos de cometas o estrellas. Howard Robinson escribe que 
en el año de 480 a. C. apareció un gran cometa con una cauda corniforme, y en ese 
año Jerjes invade Grecia. Otro astro similar, en 431 a. C, inauguró la Guerra del 
Peloponeso. Señala Trabulse que el cometa de 371 a. C. “produjo males a los 
aqueos y a los romanos y, según Diódoro de Sicilia, se desplegaba en un arco que 
abarcaba la sexta parte del firmamento” (Trabulse: 1974, p. 4). La estrella de Belén 
83 
 
fue interpretada por muchos escritores, según Robinson, como un cometa. Este 
signo celeste vaticinaría la muerte de un reino y el nacimiento de otro. 
Plinio el viejo escribe, en Historia Natural, acerca del cometa que se vio a la 
muerte de Julio César: 
The only place in the whole world where a comet is the object of worship is a temple 
at Rome. His late Majesty Augustus had deemed this comet very propitious to 
himself; as it had appeared at the beginning of his rule, at some games which, not 
long after the disease of his father Cesar, as a member of the college founded by 
him, he was celebrating in honor of Mother Venus. In fact, he made public the joy 
that it gave him in these words: On the very days of my Games a comet was visible 
for seven days in the northern part of the sky. It was rising about an hour before 
sunset, and was visible for seven days in the northern part of the sky. It was rising 
about one hour before sunset, and was a bright star, visible from all lands. The 
common people believed that this star signified the soul of Caesar received among 
the spirits of the immortal gods, and on this account the emblem of a star was added 
to the bust of Caesar that we shortly afterwards dedicated in the forum (Pliny; 1967, 
p. 237). 
Suetonio, en Vida de los doce Césares, describe el mismo acontecimiento:En efecto, durante los juegos que su heredero Augusto daba por primera vez en su 
honor después de haber sido divinizado, un cometa, apareciendo hacia la hora 
undécima, brilló durante siete días seguidos, y se creyó que era el alma de César 
acogido en el cielo (Suetonio; 1992, p. 167). 
En la Nueva España encontramos también documentos que registran avistamientos 
de estos heraldos de infortunios. El franciscano Bernardino de Sahagún escribe en 
el libro octavo de Historia general de la cosas de Nueva España que un cometa 
pronosticó la llegada de los españoles: 
Diez años ante que llegasen los españoles a esta tierra, y según otros once o doce 
años, apareció una gran cometa en el cielo, en la parte de oriente, que parecía como 
84 
 
una gran llama de fuego muy resplandeciente y que echaba de sí centellas de fuego; 
este cometa era de forma piramidal, ancho de abajo e íbase ahusando hacia arriba, 
hasta acabarse en una punta; aparecía en medio del oriente, comenzaba a aparecer 
un poco después de la medianoche y llegaba hasta la mañana; la luz del sol lo 
encubría, de manera que saliendo el sol, no parecía más. Según algunos viose un 
año entero, y según otros cuatro años arreo. Cuando aparecía de noche este cometa 
todos los indios daban grandísimos alaridos y se espantaban, esperando que algún 
mal había de venir (Sahagún: 1938, p. 288). 
Asimismo, Sahagún menciona que los indígenas tenían a los cometas por 
“pronóstico de la muerte de algún príncipe o rey, o de guerra, o de hambre” (p. 262). 
En Historia natural y moral de las Indias, refiere José de Acosta que “[v]ieron, otrosí, 
salir un cometa siendo de día claro, que corrió de Poniente a Oriente, echando gran 
multitud de centellas; dicen que era su figura de una cola muy larga, y al principio 
tres como cabezas” (Acosta: 1985, p. 362). En Monarquía indiana, Fray Juan de 
Torquemada menciona, al igual que Sahagún y Acosta, que el cuarto pronóstico fue 
“una cometa que cayó hacia la tierra, que tenía tres cabezas y una cola muy larga 
[…] y de la novedad de esta cometa hubo grande espanto entre todos los que la 
vieron” (Torquemada: 1975, p. 321). En Crónicas de la Nueva España de Francisco 
Fernández de Salazar encontramos también un cometa que pronostica la caída de 
Moctezuma y la llegada de los españoles.60 
La homogeneidad de los presagios descritos por Torquemada, José de 
Acosta, Sahagún y Fernández de Salazar resulta sospechosa. Estos autores, en mi 
opinión, beben de la tradición astrológica occidental, donde se refiere que los 
cometas son causantes o presagios de pestes, guerras, muertes de reyes y caídas 
 
60 Consultar “Capítulo XXXII: De los pronósticos que los indios tenían de la venida de los españoles a esta 
tierra” de Crónica de la Nueva España de Francisco Fernández de Salazar. 
85 
 
de imperios. Hay, como se puede observar, una clara convergencia entre los 
cronistas españoles de las Indias y las obras clásicas del mundo antiguo, como es 
el caso de Plinio el viejo y Tolomeo, convergencia que, asimismo, existe también 
con los astrólogos del siglo XVII de Europa. Del mismo modo, considero que 
Sigüenza responde con su Manifiesto a esta tradición astrológica occidental. 
 Cabe destacar que entre las producciones judiciarias del siglo XVI, existió un 
cometa anterior al de 1680 que causó furor entre los astrólogos y la población de 
Europa. Hablo del cometa de 1577, hoy en día llamado C1/1577 v1. Refiere Jesús 
Usunáriz, en “El discurso judiciario sobre Don Sebastián y el cometa de 1577”, que 
a finales de ese año se publicaron los primeros estudios sobre su avistamiento en 
Dinamarca, Paises Bajos, Alemania, Portugal, España, Francia e Italia. Entre los 
astrónomos y físicos que intervinieron, encontramos al danés Tycho Brahe, el 
alemán Michael Maestlin, el español Jerónimo de Muñoz, el catalán Josep Micó y el 
aragonés Francisco Fernández Raxo y Gómez. “El citado Tycho Brahe”, señala 
Usunáriz, “predijo, dado que el cometa había aparecido bajo el signo de Sagitario, 
la muerte de un rey y de autoridades en España, así como una guerra civil por 
divisiones religiosas” (Usunáriz: 2016, p. 78). Muñoz vaticinará 
plagas de sabandijas, luchas ‘entre principales señores y deudos, grandes revueltas, 
disensiones y guerra’, por su forma de bocina; rencillas entre gente popular y muerte 
de príncipes, daños grandes a las preñadas y paridas, corrupción de los frutos de la 
tierra’ además del peligro de hambres, pestes y enfermedades ‘melancólicas’ (‘como 
son catarros, zaratanes, cancros, sarna, lepra, mal francés, almorranas’) (p. 79). 
Gracias a esta larga tradición interpretativa, como he mencionado con anterioridad, 
los cometas eran identificados, mayormente, como causantes o mensajeros de 
86 
 
infortunios y, en efecto, no podían ser buenos. Los astrólogos-astrónomos 
realizaban sus exégesis observando las características del cometa: el tamaño y 
forma de su cauda y la dirección a la que apuntaban, el signo zodiacal en el que 
más brillaba, los planetas que estaban a su alrededor, entre otros aspectos. Escribe 
Usunáriz que la astrología judiciaria estaba anclada a unos “esquemas basados en 
la tradición interpretativa clásica, en los testimonios históricos, y en las 
‘observaciones empíricas’ a lo largo de los siglos” (p. 83). Mientras que Eusebio 
Kino escribe en resonancia con esta tradición interpretativa, Sigüenza y Góngora 
opta por desenmascarar al cometa y despojarlo de su parecer y rancia prosapia de 
heraldos maléficos. Los astrólogos-astrónomos han sido parte fundamental del 
mecanismo de control político y social y han utilizado los fenómenos celestes como 
estrategias discursivas para realizar interpretaciones de la Historia. 
 Ahora bien, el cometa de 1577 se vuelve un paradigma en la historia de la 
exégesis celeste, pues el 4 de agosto de 1578, según Usunáriz, muere en la batalla 
de Alcázarquivir el monarca Sebastian I de Portugal, su aliado, el sultán Moulay 
Mohammed al-Mutawakkil y varios miles de portugueses: “Desde la trágica muerte 
del rey, aquel cometa que meses antes había atravesado los cielos, se convirtió en 
el símbolo y seña por antonomasia de la muerte de un rey: ‘el cometa sebástico’” 
(p. 81). Fue Fernández Rajo, en De Cometis et prodigiosis eorum portentis, libri 
quatuor, señala Usunáriz, quien predijo con indudable acierto las consecuencias 
que traería el cometa de 1577: 
Los cometas anuncian muerte de reyes y reinas y de varones ilustres. Pues además 
de lo que antes en el libro 2º dijimos según S. Juan Damasceno y otro, cuando 
apareció distaba del sol en once signos; y se le vio primero en el ángulo de 
87 
 
occidente, lo que viene a confirmarse con la sentencia de Ptolomeo. De lo cual 
pueden hacerse deducciones. Y aunque mientras escribimos esto, se nos anuncia 
la muerte de la serenísima reina de Portugal [el 12 de febrero de 1578], no creemos 
que basta ello para tan gran prodigio. No es tan cierto que amenace a nuestros 
católicos reyes de Castilla, pues no ha estado perpendicular a estas regiones, no se 
que tengan lugar alguno en Sagitario. Lo que no quiere decir que amenace a los 
seculares de Portugal. Y a los príncipes eclesiásticos amenaza desde luego más 
que a cualquiera españoles (p. 80). 
Como he mencionado con anterioridad, Sigüenza y Góngora responde a esta 
tradición, donde los cometas pronosticaban muertes de reyes. Cabe recordar que 
el virrey conde Paredes llegaba por las fechas en que apareció el cometa de 1680. 
La posible muerte de un monarca, indicada por el heraldo celeste, era una idea que 
palpitaba en la conciencia tanto de los españoles como de los novohispanos. Si bien 
existía entre los intelectuales un movimiento de astrólogo-astrónomos que 
consideraban estas ideas como falacias e ideas caducas, había otros que todavía 
se adherían al modelo tolemaico-aristotélico. En elprimer grupo se encuentra 
Sigüenza y Góngora; en el segundo, Eusebio Kino, Salmerón y Castro, entre otros. 
Cabe aclarar que esta división que realizo es totalmente artificial y esquemática, 
porque en esta fase de la ciencia no existían los túneles de la especialización que 
hoy en día dividen la visión del mundo. El astrónomo era un ser más cercano al 
hombre del renacimiento, un humanista amante del conocimiento, quien debía 
conocer bien de Historia, de mitología griega, saber de matemáticas, de retórica, 
lógica y gramática. No existía ciencia sin teología, astronomía sin alquimia o 
astrología. Sigüenza, menciona Trabulse, vive en un periodo importante de 
transición de la ciencia y el polígrafo mexicano es uno de sus principales impulsores 
en la Nueva España. Y sin embargo, entre el grueso de la población tanto europea 
88 
 
como de la Nueva España, aun imperaban los cometas malvados sobre el ánimo 
de los tímidos. Escribe el padre Juan de Mariana, en Historia general de España 
(1685), según Usunáriz, que “la opinión del vulgo […] es que el cometa pronostica 
mudanza de rey” (p. 83). Otra prueba que nos demuestra esta creencia en la 
población novohispana la encontramos en el mismo Manifiesto: “responderé a los 
primeros que, como poetas, ponderaron la cosa más de lo que debieron, o que 
hablaron según las opiniones del vulgo” (Sigüenza y Góngora: 1992, p. 14). 
 Durante el virreinato de Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, 
Conde de Galve, por ejemplo, el fenómeno que causó terror en la gente fue el 
conocido eclipse de 1691, signo infausto que anunció diversas desgracias que 
culminarían en el posterior motín del 8 de junio del mismo año. En 1693, Sigüenza 
escribe un Almanaque y una carta (Alboroto y motín de los indios de México), donde 
defiende al virrey y donde rechaza el carácter funesto del eclipse: 
Es el caso de su Almanaque para 1693, que fue entregado a la Inquisición el 16 de 
octubre de 1692 y aprobado para publicación el 29 del mismo mes, sin 
observaciones o cambios. Compuesto entre junio y octubre de 1692, este pronóstico 
ofrece comentarios sobre uno de los periodos más críticos en la historia 
novohispana: más de un año de catástrofes naturales, epidemias, cosechas 
insuficientes y hambrunas, que culminaron en el motín de los indios el 8 de junio de 
1692. Estas calamidades cumplían –de manera general y no específica– las 
predicciones de otros astrólogos contemporáneos, que asociaban las desdichas con 
un eclipse total del Sol de 23 de agosto de 1691. Había también quienes atribuían 
las desgracias al mal gobierno. En cambio, en su Almanaque Sigüenza y 
Góngora negó la primera versión, por estar basada en “principios quiméricos y 
fantásticos”, y redujo la comprensión del eclipse a un asunto de cálculos 
astronómicos y matemáticos; quedaba invalidada así la asociación entre el eclipse 
y los padecimientos de la capital, o el uso político y potencialmente subversivo del 
http://elem.mx/autor/datos/3772
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89 
 
eclipse como reflejo del gobierno virreinal. Al mismo tiempo que 
el Almanaque, Sigüenza escribió una carta (“Alboroto y motín de los indios de 
México”) en defensa del virrey, donde regresó al tema del eclipse como augurio 
funesto, caracterizando el miedo al eclipse como fenómeno social despreciable o 
como chisme vulgar, y señalando que un buen par de telescopios y unos cálculos 
confiables eran las mejores armas contra las supersticiones del pueblo (Achim: 
2011, p. 607). 
Cito a continuación el fragmento de Alboroto y motín… donde encontramos un 
testimonio del punto de vista de Sigüenza ante el eclipse y del ambiente de pánico 
y terror que reinaba en los pobladores, en este caso, según el polígrafo mexicano, 
en los indígenas: 
En estas cosas se llegó el día veinte y tres de agosto en que, según lo habían 
prevenido los Almanaques y Pronósticos, se eclipsaba el sol. Si Vmd. supiera alguna 
cosa de astronomía, le dijera aquí, con sus propios términos, mil cosas buenas y 
primorosas, que observé este día, de ser no sólo total, sino uno de los mayores que 
ha visto el mundo. Se siguió que, a muy poco más de las ocho y tres cuartos de la 
mañana, nos quedamos, no a buena, sino a malas noches, porque ninguna habrá 
sido, en comparación de las tinieblas en que, por el tiempo de casi medio cuarto de 
hora, nos hallamos más horrorosa. Como no se esperaba tanto como esto, al mismo 
instante que faltó la luz; cayéndose las aves que iban volando, aullando los perros, 
gritando las mujeres y los muchachos, desamparando las indias sus puestos en que 
vendían en la plaza fruta, verdura y otras menudencias, por entrarse a toda carrera 
en la Catedral, y tocándose a rogativa al mismo instante, no sólo en ella, sino en las 
más iglesias de la Ciudad, se causó de todo tan repentina confusión y alboroto que 
causaba grima. 
Yo, en este ínterin, en extremo alegre y dándole a Dios gracias repetidas por 
haberme concedido ver lo que sucede en un determinado lugar tan de tarde en tarde 
y de que hay en los libros tan pocas observaciones, que estuve con mi cuadrante y 
anteojo de larga vista contemplando el sol (Sigüenza y Góngora: 1986, p. 173). 
http://elem.mx/autor/datos/3772
90 
 
Sigüenza, ante los acontecimientos conflictivos que vivía la Nueva España y ante 
las posibles interpretaciones negativas del cometa, escribe el Manifiesto no sólo con 
un fin “científico” para despojar de significado a los cometas, sino político y 
teológico. Como menciona Mayer, el polígrafo mexicano critica, por un lado, la 
astrología, pero, por otro, “aun refleja ciertos vestigios de la importancia e influencia 
que la astrología tenía no sólo en las mentes de la época, sino en la suya” (Mayer: 
1998, p. 200). Después de reflexionar dos años sobre el Manifiesto, he llegado a 
concluir que éste es una suerte de prólogo positivo al nuevo virreinato y alabanza 
para el nuevo virrey de la Nueva España, quien, ante el peligro de interpretaciones 
fatídicas sobre el cometa, es protegido por Sigüenza. El polígrafo mexicano toma y 
tuerce diversos elementos discursivos propios de la astrología judiciaria para 
defender con los mismos recursos al nuevo virrey. 
Es necesario observar que los siglos XVI y XVII fueron siglos de inmensos 
cambios en la manera de vivir y experimentar el mundo. La estabilidad y perfección 
de los cielos fue puesta en duda y parcialmente derribada. Hay, según Maravall, 
diversos tópicos, como el del mundo al revés, que pueden observarse en los 
productos culturales del Barroco, los cuales expresan esta incertidumbre y angustia 
que el hombre experimenta en este periodo. El mundo ya no es un ser hecho, 
“terminado y en reposo, sino que posee una “consistencia” –empleo esta palabra en 
el sentido de Ortega– dinámica, inestable, contradictoria. El mundo es una lucha de 
opuestos, el lugar en que se trama la más compleja red de oposiciones” (Maravall: 
1972, p. 322). Para el hombre barroco el mundo es malo, dominado por la fatalidad 
y las fuerzas oscuras, pues hay amenazas por todas partes: “Terrible avenida de 
91 
 
maldades se ha esparcido por el mundo” (p. 318), advierte, según Maravall, Suárez 
Figueroa. Sin embargo el Barroco es también la época de la fiesta y el brillo. El 
hombre de este periodo vive no sólo en un mundo mutable y mixto, de contradicción 
y de cambios, sino que él mismo no es algo acabado, sino un hacerse: 
Dentro de ese universo hallamos cobijada a una criatura variable, frágil, dramática, 
esa criatura incierta y flotante, como la llamaría Pascal, el hombre, al que de pronto, 
como al Andrenio de la obra gracianesca, le acontece verse puesto en el mundo, 
teniendo que hacerse en él y teniendo a la vez que conseguir hacer del mundo un 
sostén seguro que apoyarse (p. 320). 
Si bien la teoría aristotélica sobre el papel del “asombro” se ha leído en el Renacimiento, se 
lee también en el Barroco. Ysin embargo, escribe Maravall, en este segundo periodo se 
busca el asombro –palabra que se liga con frecuencia la de “espanto”- no como un acceso 
o introducción al saber, sino como “un efecto psicológico que provoca una retención de las 
fuerzas de la contemplación o de la admiración durante unos instantes, para dejarlas actuar 
con más vigor al desatarlas después” (p. 434). Por eso, señala el autor, “va referido al gusto 
por lo nuevo, lo inusitado, el prodigio, lo maravilloso, aquello que espanta, en el sentido de 
que sorprende en su grandeza o extrañeza” (p. 434). Quizás esto responde al porqué en 
un periodo donde hubo grandes avances en los terrenos de la astronomía, los cometas aún 
causaban grande sensación en la sociedad. El hombre barroco le gusta lo nuevo y lo 
maravilloso. La aparición de un fenómeno celeste que atentaba la estabilidad de los cielos 
causó asombro y espanto en los pobladores del Nuevo Mundo y Europa. Cabe recordar 
que el cometa de 1681 desató ríos de escritos astronómicos-astrológicos como nunca antes 
se había visto. 
92 
 
Los textos astronómicos-astrológicos tenían un fuerte impacto tanto en 
diversos sectores de la población como en la clase dirigente.61 En efecto, la 
producción de éstos respondía tanto a un fin científico y social, como uno literario. 
El público consumía este tipo de literatura, ya sea que supiese o no leer: 
Dada la importancia que la voz seguía teniendo en la transmisión de textos, el 
público de la literatura escrita no se limitaba a sus lectores, en el sentido moderno 
de la palabra, sino que pudo haberse extendido a un elevado número de oyentes, 
de todos los estratos sociales, incluida la población analfabeta. Cada ejemplar de 
un impreso o manuscrito era virtual foco de irradiación, del cual podían emanar 
incontables recepciones, ya por su lectura oral, ya porque servía de base a la 
memorización o a la repetición libre. Bastaba con que en una familia o en una 
comunidad hubiese una persona que supiese leer para que, virtualmente, cualquier 
texto llegara a ser disfrutado por muchos (Margit Frenk: 2005, p. 57). 
Cabe recordar lo que menciona Miruna Achim en “Lectura para todos: pronósticos 
y calendarios en el México virreinal”: Con respecto a la publicación de pronósticos, 
se sabe, menciona la autora, que era una industria masiva tanto en Francia como 
en Inglaterra. En Inglaterra llegaron a producirse algunos millones al año en el siglo 
XVIII. Es difícil determinar el número de pronósticos impresos en la Nueva España. 
Sin embargo, es muy probable que 
el número de usuarios sobrepasaba no sólo el número de ejemplares impresos sino 
también el de personas alfabetizadas. Es fácil imaginar cómo las noticias 
sensacionalistas o los consejos más útiles ofrecidos en cada pronóstico podían 
circular de boca en boca (Achim: 2011, p. 598). 
 
61 Refiere Miruna Achim que los almanaques salían al final de cada año y sus lectores conformaban un grupo 
completamente variopinto, donde había médicos, pilotos de navegación, agricultores, mujeres embarazadas, 
cortesanos y comerciantes. 
93 
 
Gaspar Juan Evelino menciona, en Especulación astrológica y physica de la 
naturaleza de los cometas, obra publicada un año después del Manifiesto, lo 
difundido que fue el texto de Sigüenza en su momento: 
y si este fundamento, cuya especificación calló el muy erudito matemático, no fue 
otro sino la conjunción de Saturno y Júpiter, que está sucediendo, como es posible 
creer, que de todo su corazón y sin sentir en su conciencia lo contrario, escribió 
contra los cometas un manifiesto filosófico que anda en mano de todos (Trabulse: 
1986, p. 154). 
El polígrafo mexicano conocía profundamente la tradición astrológica, conocía el 
peso e importancia que tenía en la interpretación de la Historia y cómo podía afectar 
ésta en el presente, conocía las debilidades de esta seudociencia, pues sabe “muy 
bien cuál es el pie de que la astrología cojea y cuáles los fundamentos debilísimos 
sobre que levantaron su fábrica” (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 14). Por las mismas 
fechas, por ejemplo, según Mayer, en su Teatro de Virtudes Políticas, Sigüenza 
afirma, al hablar de la entrada del nuevo virrey, el Marqués de la Laguna, que 
“siendo luminarias grandes de nuestros excelentísimos príncipes, no podían dejar 
de asistirles Mercurio y Venus porque median estos dos planetas entre el sol y la 
luna en todos los sistemas que hay de los cielos”. 
Al final de “Manifiesto filosófico” hay varios vestigios de astrología y del 
mundo grecorromano. Sigüenza sacude las formas de la tradición y les da un nuevo 
brillo correspondiente al periodo Barroco en el que ese circunscribe: 
27. Pero por no dejar de mencionar algo de este cometa, digo que su formación o 
aparecimiento fue casi entre las estrellas de Cáncer y pies del León, pasando de allí 
a la mano izquierda de la Virgen, cerca de cuya espiga fue la vez primera que le 
vide; desde allí le atravesó el resto del cuerpo y se entró por entre el fiel de las 
94 
 
balanzas de Libra a cortar el brazo derecho de Escorpión, los muslos y la serpiente 
de Ofiuco; y entrándose en la Vía Láctea, cobró tanta pujanza que la cauda, que 
antes se había observado de sólo 10" se extendió a 65° como observé a 30 de 
diciembre de 1680. Prosiguió por la imagen de Antinoo o Ganimedes, por debajo del 
Delfín, por el hocico del Equículo o Caballo Menor, por los pechos del Pegaso y de 
allí a la cabeza de Andrómeda; y se acabará al salir de esta constelación entre el 
Triángulo y la cabeza de Medusa. Su movimiento ha sido directo, primero muy veloz, 
de casi 6°; después ha corrido cada día proporcionalmente hasta 4° y al fin andará 
menos. La cauda siempre ha estado opuesta al Sol, como es ordinario, aunque sus 
extremidades no han sido rectas, sino arqueadas en forma de palma. El canto 
superior se ha observado limpio y no así el inferior que ha estado como las 
extremidades de la crin de un caballo, por donde esté cometa se denomina Hípeo. 
De los signos ha andado el de Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, 
Acuario, Piscis, Aries y acabará en Tauro; y aunque su declinación fue meridional al 
principio, cortó después la equinoccial al salir de la imagen de Ganimedes y pasó 
sobre nuestras cabezas el martes 7 de enero de este año de 1681, y su crecimiento 
fue estando en Capricornio, signo predominante de esta Nueva España (Sigüenza 
y Góngora: 1984, p. 17). 
Hay varios aspectos aquí que me gustarían analizar y que, considero, han sido 
descuidados por los estudios sobre esta obra. Si bien a lo largo de “Manifiesto 
filosófico” se exponen las teorías sobre cometas predominantes de la época y se 
realiza una crítica a la tradición de asignarle significados malignos a éstos, al final 
del folleto se realiza una interpretación del cometa que es propiamente astrológica. 
Cabe recordar que la exégesis cometaria en el siglo XVII, como he mencionado en 
el capítulo primero, es altamente desarrollada y sus hermeneutas, como Brahe y 
Kepler, utilizaban métodos de la astrología judiciaria. Para descifrar un cometa, se 
establecían relaciones entre sus características físicas y su posición con respecto a 
cuerpos celestes. No sostengo que Sigüenza haya tenido el fin de leer los posibles 
infortunios que vaticinaría el cometa. Sin embargo, creo que “Manifiesto…” contiene 
95 
 
algunos elementos que cruzan los lindes de la astrología judiciaria y el fin de éste 
es más político que científico. Las características físicas, menciona Howard 
Robinson, eran indispensables para el desciframiento de los cometas. Algunos de 
estos eran los siguientes: El color del cometa, el cual indicaba el tipo de desgracia 
que vendría; su conjunción con planetas o constelaciones; su relación con las 
diferentes constelaciones, pues si cortaba la cabeza de Escorpio, por ejemplo, 
indicaba un enormeinfortunio; la dirección de la cauda señalaba al país o continente 
donde las desgracias ocurrirían; la duración de la visibilidad del cometa, pues entre 
más días fuese visible, más años de influencia tendría el cometa sobre la región 
condenada del mundo. 
Hay, en “Manifiesto…”, una mezcla entre astronomía-astrología natural y 
judiciaria. Sigüenza habla de la formación de este fenómeno celeste, del recorrido 
que realiza entre las diferentes casas del Zodiaco, las partes por donde el cometa 
pasa: en Leo, entre sus pies; en Virgo, por la mano izquierda, cerca de la espiga, 
luego el resto del cuerpo; en Pegaso, por sus pechos; en Andrómeda, por su 
cabeza, etcétera. Señala Howard Robinson que, si el cometa cortaba la mano de 
Virgo, en la que sostenía una espiga, era un signo de desgracia para las cosechas. 
Asimismo, encontramos la idea de la espiga de Virgo y la mala cosecha en Alboroto 
y motín, donde escribe Sigüenza que el chahuistle había consumido todo el trigo: 
Extendióse esta peste de los trigos con la misma actividad con que el fuego 
lo abrasaba todo y, si no fue el rubigo de los latinos, tuvo por lo menos con él un 
común principio, porque, si éste se causa de detenerse el rocío en las plantas por 
mucho tiempo sin que en él sople viento alguno que lo consuma, ¿ quién duda 
haberse originado nuestro chiahuixtle así de las muchas aguas de el mes de julio, 
como de las nubes y neblinas casi continuas y de la calma que siempre hubo; y 
96 
 
sobreviniendo a este mal aparato en que los sembrados se hallaban al eclipsarse el 
sol, se siguió el que así, por razón de resfriarse la tierra por esta causa, mucho más 
sin comparación de lo que ya lo estaba, como por suceder aquel en el signo de 
Virgo, donde está la espiga (razón según Messahalac para que se pierdan los 
trigos), llegase la fatalidad del año a su complemento? (Sigüenza y Góngora: 1986, 
p. 174). 
Una descripción similar de la trayectoria del cometa de 1680 la leemos también en 
Exposición astronómica…de Kino: 
Con este su movimiento y curso propio por espacio de casi cuatro meses, contando 
desde noviembre de 1680 hasta mediado de febrero de 81 anduvo y pasó el cometa 
ocho y más casas o signos del Zodiaco, cuales son las que se siguen: Virgo, Libra, 
Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario, Piscis, Aries y algo más, y por esta 
misma razón cerca de la entrada de diciembre subiendo más desde el Austro hacia 
el Ecuador o procediendo desde la espiga de Libra hacia las constelaciones de Libra 
y serpentario pasó la Eclíptica… (Trabulse: 1992, p. 143). 
La inmensidad y el misterio de la bóveda celeste impulsaron al hombre a descifrarla 
y adivinar los movimientos de sus astros, trazándole un escenario finito, cercado por 
los signos zodiacales, signos que no sólo cuentan diversas historias, como la del 
gigante Orión –quien murió por el piquete de escorpio, muerte que fue grabada en 
caracteres de fuego sobre el enorme lienzo celeste y que hasta hoy en día 
observamos cada noche al ver al gigante ocultándose del escorpión que emerge del 
horizonte–, sino que guardan la cosmovisión de la Antigua Grecia, su necesidad por 
explicar el mundo que los rodeaba. El estilo del discurso en la descripción del cielo 
y su exégesis que realizan tanto Sigüenza como Kino corresponden a una antigua 
tradición que podemos encontrar, por ejemplo, ya en los siglos IV y III a.C. en 
Fenómenos de Arato de Solos: 
Tal, y como guardián, bajo su espalda sobrevolante 
97 
 
 mírase el Can estando sobre una y otra pata apoyado, 
matizado él, empero, no todo lúcido, mas por su mismo 
vientre viéndose obscuro cumple su giro; la extremidad 
del hocico está herida por un terrible lucero que harto 
punzante arde cual cirio: de ahí los hombres lo denominan 
Sirio. Al tiempo en que sale él con el Sol, ya no lo engañan 
los huertos y viñedos, hojas echando pálidamente: 
fácil, él los distingue yendo punzante por sus hileras (Arato: 2000, p. 11). 
Después de señalar la trayectoria del cometa, Sigüenza pasa a hacer una 
descripción de su cauda, exégesis indispensable en la astrología judiciaria. El 
polígrafo mexicano escribe que el canto superior, es decir, la extremidad superior 
de la cauda, “se ha observado limpio y no así el inferior que ha estado como las 
extremidades de la crin de un caballo, por donde esté cometa se denomina Hípeo” 
(Sigüenza y Góngora: 1984, p. 17). Sigüenza, en esta descripción, realiza una glosa 
del capítulo XXII, libro segundo, de Historia Natural de Plinio el viejo: “hippeus 
equinas iubas celerrimi motus atque in orbem circa se euntes” (Pliny: 1967, p. 
232).62 Cuya traducción sería la siguiente: Hípeo es como la crin de un caballo; tiene 
un movimiento muy rápido, como un círculo que gira sobre sí mismo.63 Plinio 
identificó doce formas de cometas y los clasificó de acuerdo a sus formas: 
The Greeks name these stars comets; we name them Crinite, as if shaggy with 
bloody locks, and surrounded with bristles like hair. Those stars, which have a mane 
 
62 Sospecho que Sigüenza realiza la glosa de una versión en latín de Historia Natural de Plinio. 
63 Ante mis pocos conocimientos de latín, he tenido que buscar diferentes traducciones. Me apoyé, en efecto, 
en dos traducciones del inglés. Transcribo las fuentes en las que me basé: “Hippias is like a horse´s mane; it 
has a very rapid motion, like a circle revolving on itself” (p. 56); “the ‘Horse-star’ horses manes in very rapid 
motion and revolving circle” (Pliny, 1967, p. 233) 
98 
 
hanging down from their lower part, like a long beard, are named Pogoniae. Those 
that are named Acontiae virbrate like a dart with a very quick motion. It was one of 
this kind which the Emperor Titus described in his very excellent poem, as having 
been seen in his fifth consulship; and this was the last of these bodies which has 
been observed. When they are short and pointed they are named Xiphiae; these are 
the pale kind; they shine like a sword and are without any rays; while we name those 
Discei, which, being of an amber color, in conformity with their name, emit a few rays 
from their margin only. A kind named Pitheus exhibits the figure of a cask, appearing 
convex and emitting a smoky light. The kind named Cerastias has the appearance 
of a horn; it is like the one which was visible when the Greeks fought at Salamis. 
Lampadias is like a burning torch; Hippias is like a horse´s mane; it has a very rapid 
motion like a circle revolving on itself. There is also a White comet, with silver hair, 
so brilliant that it can scarcely be looked at, exhibiting, as it were, the aspect of the 
Deity in a human form. There are some also that are shaggy, having the appearance 
of a fleece, surrounded by a kind of Crown. There was one, where the appearance 
of a mane was changed into that of a spear; it happened in the 109th Olympiad, in 
the 398th year of the City. The shortest time during which any one of them has been 
observed to be visible is 7 days, the longest 180 days (Pliny; 1855, p. 56). 
Cometas aterradores con formas de cuernos, de espada, de hacha encendida, unos 
barbados, otros con forma de antorcha, son descripciones sumamente literarias de 
estos fenómenos celestes. Sigüenza no es el único astrólogo-astrónomo de la 
disputa sobre el cometa de 1680 en la Nueva España que bebe de esta tradición 
comética, sino también Eusebio Kino quien, en Exposición astronómica de el 
cometa, explica tres tipos de cometas que provienen también de la Historia Natural 
de Plinio: 
Y así de los cometas, a unos llamados Caudatos, a otros Barbados y a otros Crinitos. 
Los primeros son los que tienen mayor o más tendido el follaje luciente, como la tuvo 
el nuestro principalmente cerca de diciembre y al principio de enero. Los segundos 
son los que tienen breve el cabello y tendida luz a manera de barba. Los últimos o 
crinitos son losque por todas partes de lo que llamamos cabeza del cometa (y vulgo 
99 
 
estrella) en forma de corona o cerco radiante vibra sus plateados cabellos (Trabulse: 
1992, p. 141). 
Asimismo, Gaspar Juan Evelino señala, en Especulación astrológica (1682), los 
tipos de cometas que se han registrado en la historia: 
De su forma, según consta por las sucesivas historias, y lo que han escrito 
astrólogos y filósofos, se han observado siempre varias especies y diferencias, 
porque unos aparecieron con caudas o colas excesivas, como fue el pasado de 
1681, otros cabelludos u melenudos que llaman crinitos, otros con mucho menor 
efluvio que llaman barbatos, otros en forma de flecha, espada, escoba (como es el 
presente) hacha encendida y lanza, que siempre han sido los más fatales (p. 153). 
Sigüenza escribe en las últimas líneas del “Manifiesto…” que el cometa “pasó sobre 
nuestras cabezas el martes 7 de enero de este año de 1681, y su crecimiento fue 
estando en Capricornio, signo predominante de esta Nueva España” (Sigüenza y 
Góngora: 1984, p. 17). Como he mencionado con anterioridad, un punto importante 
en la exégesis de los cometas era su relación con las constelaciones. El crecimiento 
del cometa, es decir, el momento en que más brilló, fue en el signo de Capricornio. 
Hay dos posibles caminos interpretativos que podemos hacer: El primero es que 
Sigüenza describe de modo sistemático el recorrido del cometa y el lugar donde 
tuvo mayor brillo durante su viaje (éste sería desde la perspectiva de la astrología 
natural); el segundo es que Sigüenza realiza lo anterior y además dialoga con la 
astrología judiciaria. Me parece bastante sospechoso que la última línea de 
“Manifiesto…” señale que Capricornio, en esos momentos, es el signo predominante 
de la Nueva España. 
100 
 
 He investigado en Lunario, y pronóstico perpetuo, general y particular de 
Gerónimo Cortés lo que podrían significar estas últimas palabras de Sigüenza.64 
Gerónimo Cortés escribe sobre el signo de Capricornio lo siguiente: 
Este signo es figurado por una cabra, animal que se va encaramando y 
subiendo por los árboles y las breñas mas altas que halla. Asi el sol cuando 
entra en este signo se va subiendo hácia nosotros, y comienzan á crecer los 
dias. Es de naturaleza de tierra, frio y seco, y es femenino y nocturno, y móvil, 
porque sale el otoño, y entra el invierno. […] El varón que naciere debajo del 
subimiento de este signo, será iracundo, vano y mentiroso: denota que irá 
muchas veces hablando entre sí, será algo melancólico, animoso é inclinado 
a la guerra (Cortés: 2003; p. 125). 
Me gustaría destacar la naturaleza fría y seca de Capricornio, su naturaleza de tierra 
y el aspecto de melancolía que menciona Gerónimo de Cortés. Escribe Martínez 
Hernández que, entre los médicos y filósofos griegos, la naturaleza se ofrecía bajo 
dos facetas: una de carácter universal o macrocósmico; otra de índole individual o 
microcósmica. Mientras que la primera se ocupaba de un conjunto de fuerzas y 
fenómenos que componen el universo, la segunda se encargaba de la naturaleza 
humana. Ambas entidades se encontraban estrechamente vinculadas: 
La naturaleza macrocósmica y microcósmica eran principios actantes en ámbitos 
diferenciados y delimitados, pero al mismo tiempo se hallaban en permanente 
relación, al punto de que la primera determinaba a la segunda, no sólo en su 
esencia, sino también en aspectos de peculiar índole. El médico, por lo tanto, debía 
estar atento al funcionamiento e interacción de ambas naturalezas y al equilibrio que 
debía guardarse entre ellas, ya que esta armonía era lo que permitía un correcto 
desempeño del cuerpo humano. Galeno insistía en que el conocimiento médico 
 
64 No encontré la fecha exacta de nacimiento del autor. Sin embargo, se sabe que este astrólogo-astrónomo 
vivió entre finales del siglo XVI y principios del XVII en España. 
101 
 
debía ir más allá del cuerpo; subrayaba la importancia que tenía el conocimiento de 
la filosofía natural en la formación médica. 
Por tanto, la concepción que antiguamente se tenía del cuerpo humano no 
era la de una sustancia descontextualizada de su entorno, sino la de una entidad 
natural que cumplía una función análoga, mediante el equilibrio, dentro de una 
naturaleza de mayores dimensiones. Por esta razón, los médicos escolásticos se 
mostraban más interesados en mirar los astros y el ambiente en general que en 
conocer físicamente el cuerpo humano (Martínez Hernández: 2014, p. 69). 
El galenismo, escribe Martínez Hernández, señalaba que las partes del cuerpo 
humano estaban compuestas por cuatro humores: sangre, bilis negra, flema y bilis 
amarilla. La bilis negra era fría y seca, su elemento es la tierra, su cualidad es frío y 
seco y su temperamento es melancólico.65 La descripción de Sigüenza señala que 
el signo predominante de la Nueva España es Capricornio, signo de la Melancolía. 
¿Acaso Sigüenza realiza una interpretación astrológica en las últimas líneas de 
Manifiesto? ¿Habrá escrito esto por mera formalidad con el sector médico que 
consultaba aún este tipo de textos? ¿Dialoga con los acontecimientos recientes que 
hubo tanto en España como en la Nueva España (enfermedades en la población, 
guerras, desastres naturales, muertes, la rebelión y alzamiento de Nuevo México, 
ataques de piratas, invasiones extranjeras)? ¿Intenta Sigüenza proteger la figura 
del virrey ante las posibles amenazas del cielo o de otros astrólogos? Resulta muy 
interesante el silencio total de la palabra “melancolía” en toda Libra Astronómica, 
 
65 Martínez Hernández expone los humores y sus correspondencias en el siguiente cuadro : 
 
Humor Elemento Cualidad Temperamento 
Sangre Fuego Caliente/seco Sanguíneo 
Bilis negra Tierra Frío/seco Melancólico 
Flema Agua Frío/húmedo Flemático 
Bilis amarilla Aire Caliente/húmedo Colérico 
 
102 
 
idea predominante en el Renacimiento y Barroco.66 Antes de argumentar mi postura 
ante esto, doy el testimonio de un lector del Manifiesto en esa época. Encontré en 
Gaspar Juan Evelino una lectura de Manifiesto que ilumina un poco estas 
interrogantes. Un año después de este cometa, Evelino relaciona el signo de 
Capricornio con el cometa de una manera negativa, pues trajo “enfermedades y 
otros malos sucesos”: 
[C]onviene a saber que el mayor crecimiento del año de 1681 fue estando en 
Capricornio, signo predominante en la Nueva España da a entender, que conoció muy 
bien las enfermedades y otros malos sucesos que en ella se han experimentado de que 
después hablaré” (Trabulse: 1992, p. 154). 
Más adelante habla de los temblores que “causó” el cometa de 1681 por haber 
tenido su mayor crecimiento en Capricornio y de las enfermedades que causó por 
ser de naturaleza de Júpiter: 
Si es jovial, de naturaleza de Júpiter, plateado y reluciente, fertilidad, pero males de 
costado, pulmonías, cólicos, letargos y muertes súbitas. […] Que esto sea verdad, 
se comprueba en el cometa pasado de 1681, pues habiendo sido de naturaleza de 
Júpiter, bastantemente se han reconocido sus efectos en la casi peste que se ha 
experimentado en estas partes de dolores de costado, pulmonías y cólicos, como 
yo lo previne y se vio suceder en ciudad de La Habana, donde asistía yo entonces, 
como también los temblores que han horrorizado a esta ciudad de México, no sólo 
por lo que tuvo de marcial, sino por haber sido su mayor crecimiento en Capricornio, 
como lo advirtió don Carlos de Sigüenza” (p. 155). 
 
66 Hay, en el emblemático grabado de Durero, Melancolía I, una alegoría de esta enfermedad. En el primer 
plano un ángel se acoda sobre su regazo y contempla hacia su lado diestro. Rodeado de un famélico perro, un 
querubín desanimado, una campana, un reloj de arena que señalala brevedad de la vida, figuras geométricas, 
el ángel sufre de melancolía, pues tiene todo para poder efectuar algo, mas es incapaz de hacerlo. Lo más 
interesante para esta investigación se encuentra al fondo, en el tercer plano, donde fulgura, entre un arco, un 
cometa descendente de cauda ancha y larga. Éste representaba en el Renacimiento y el Barroco no sólo el 
mal y las catástrofes, sino también la melancolía. 
103 
 
Carlos de Sigüenza y Góngora escribió el Manifiesto filosófico para criticar la 
astrología y las ideas de la influencia del cielo sobre la tierra no sólo con un fin 
científico, sino con uno extracientífico, que define, como señala Miruna Achim, la 
intervención y postura del autor en esferas políticas, sociales y culturales de la 
capital de la Nueva España a finales del siglo XVII. Los historiadores, influenciados 
por las ideas de Elías Trabulse, se han empeñado en limpiar, como señala la 
investigadora, el “estigma” de la astrología de la trayectoria científica de Sigüenza. 
Se ha dejado muchas veces de lado el aspecto astrológico -y, en consecuencia, 
literario- de los textos del sabio criollo para resaltar las características puramente 
astronómicas, quizás con el afán de continuar la tesis de Trabulse para demostrar 
las cualidades científicas de Sigüenza. No pretendo negarlas, pero me parece que 
realizar esta separación ocasiona una lectura sumamente anacrónica, artificial, 
reduccionista. Sigüenza era poeta y astrónomo, astrólogo y científico, historiador y 
matemático. 67 
 Mi sospecha es que Carlos de Sigüenza y Góngora, adherido a esta 
hermenéutica del cielo y sumergido en un contexto barroco, previene diversas 
lecturas del cometa que podrían afectar la figura del virrey, pues, si pensamos desde 
este sistema, el macrocosmos –el cielo– influye en el microcosmos, es decir, en el 
conde de Paredes y su virreinato. Este arte de lecturas celestes para pronosticar la 
fortuna de un rey se afianza en el Renacimiento, donde adquiere su máximo 
esplendor y donde grandes figuras como Kepler, Galileo y Tycho Brahe lo 
 
67 Cabe recordar el primer capítulo de esta investigación, donde señalo cómo se formaba el Bachiller en Artes 
en las Universidades de la época. 
104 
 
practicaban usualmente. El Barroco llega a heredar este arte de exégesis celeste. 
En Astrología y astronomía en el Renacimiento, Juan Vernet escribe sobre los 
pronósticos de Kepler, Galileo y John Heydon hacia sus protectores: 
Kepler murió creyendo en la astrología, cosa que no podemos decir de Galileo, que 
tuvo la mala suerte de predecir el 16 de enero de 1609 larga vida a su protector el 
gran duque de Toscana, Fernando I de Médicis (nacido en 1549), quien murió pocas 
semanas después. En cambio, Kepler, en su primer pronóstico, afirmaba que haría 
un invierno frío, estallarían sublevaciones de campesinos y se entraría en guerra 
con los turcos. Y tuvo la suerte de que todo se cumpliera al pie de la letra, con lo 
cual quedó acreditado para el resto de sus días […]. Del mismo modo, John Heydon 
quedó desacreditado cuando Oliver Cromwell murió de muerte natural, pero 
recuperó el favor del público cuando el cadáver del Lord Protector fue desenterrado 
y ahorcado (conforme él había previsto) por regicida (Vernet: 2000, p. 20). 
Hubo, entre el cielo de la Nueva España y la llegada del virrey, varias series de 
coincidencias que se prestaban a funestos pronósticos por parte de los astrólogos. 
Tomás Antonio de la Cerda y Aragón fue nombrado virrey de la Nueva España el 7 
de mayo de 1680 y dos días después se le concedió una prórroga del periodo 
virreinal por una Real Cédula secreta.68 El día 7 de noviembre de 1680 toma 
posesión y realiza la entrada solemne el sábado 30 del mismo mes, pasando bajo 
el arco de triunfo ideado por Sigüenza y Góngora. El Gran Cometa fue visto, según 
el sabio criollo, “desde casi mediado noviembre del año pasado de 1680” (Sigüenza 
y Góngora: 1984, p. 10), lo cual, como he mencionado, causó angustia y terror en 
el pueblo novohispano y seguramente significó, entre la población, un mal presagio 
para la figura del virrey: “lo que en este discurso procuraré, (sin que por ello se me 
 
68 Nuchera, Patricio Hidalgo, Tomás Antonio de la Cerda y Aragón, en Real Academia de la Historia, Diccionario 
Biográfico (en red, www.rah.es). 
http://www.rah.es/
105 
 
perjudique mi modo de opinar), será despojar a los cometas del imperio que tienen 
sobre los corazones tímidos de los hombres” (p. 10). 
 A esto mismo, se juntó otra serie de infortunios a la figura del virrey. Cuando 
de la Cerda llegó a la Nueva España, había iniciado el 10 de agosto de 1680 un 
alzamiento en el norte que fue, según Hidalgo Nuchera, el desastre más grave en 
la historia de la frontera, pues no sólo fallecieron trescientos ochenta colonos y 
veintiún misioneros franciscanos, sino que los hispanos tuvieron que abandonar las 
tierras que habían controlado con tanto esfuerzo durante cien años. Asimismo, la 
Nueva España había sufrido varios ataques de piratas en el litoral del Golfo. 
Relacionar los cometas con otros infortunios era una práctica común en la astrología 
judiciaria, pues eran una manera de confirmar y verificar el significado maléfico del 
heraldo celeste. Howard Robinson habla de algunos fenómenos que magnificaron 
el mal del cometa de 1680 en Europa: 
In addition to the comet, as if that were not sufficient cause for trouble, many people 
reported other remarkable contemporary occurrences and discoveries. These 
confirmatory portents tended to verify and magnify the significance of this star. The 
winter was a very col done, with an abundance of snow in places where it seldom 
appeared. Wagner reported several earthquakes along the Rhine, and some severe 
cases of travail in childbirth at Augsburg. He regards these as but additional 
evidences of approaching evil. Dörfel records a grievous pestilence in Leipzig, and 
he sympathizes with the poor Leipzigers who may have been studying the heavens 
for recreation (Robinson: 1916, p. 27). 
Cabe recordar que en Europa, como señalo en el primer capítulo, uno de los 
mayores portentos que confirman el carácter malévolo del Gran Cometa fue el 
huevo con bajo relieve de estrella infausta que se descubrió en Roma. 
106 
 
 Hay, asimismo, un dato que se ha pasado por alto en los estudios sobre 
Sigüenza y el cometa de 1680-1681. Hablo de la fecha de nacimiento del virrey 
conde de Paredes, quien nace el viernes 24 de diciembre de 1638. Las últimas 
líneas del Manifiesto señalan que el cometa tuvo su crecimiento “estando en 
Capricornio, signo predominante de esta Nueva España” (Sigüenza y Góngora: 
1984, p. 17). El signo zodiacal del virrey es el de Capricornio, pues éste comienza 
el 22 de diciembre. Si leemos la descripción que realiza Gerónimo de Cortés sobre 
los hombres que nacen bajo este signo, veremos que no son muy afortunados: 
El varón que naciere debajo del subimiento de este signo, será iracundo, 
vano y mentiroso: denota que irá muchas veces hablando entre sí, será algo 
melancólico, animoso é inclinado á la guerra, et gaudebit bonis alienis. Y 
finalmente habebit curam de animalibus quadrupedibus; y que padecerá 
algunas tribulaciones mulierum causa. Vivirá enfermizo, el cual promete, 
según su naturaleza, 77 años de vida (Cortés: 2003, p. 125). 
En la astrología los cometas adquieren influencias ya sea por parte de los planetas 
con los que hacen conjunción o por las constelaciones que cruzan o en las que más 
llegan a brillar. 69Trabulse señala que hay dos categorías de predicción:70 
[L]a que se norma por la influencia de los signos del Zodiaco y […] la que tiene su 
base en la imitación que hace cada cometa de las características esenciales de 
algún planeta. En este caso la predicción se funda en los efectosde tales 
características, siempre dirigidos a los destinatarios que están regidos por el planeta 
imitado (Trabulse: 1992, p. 154). 
 
69 Revisar The Great Comet of 1680… de Howard Robinson, páginas 13-15, e Historia de la ciencia en México, 
volumen 2, páginas 154 y 155. 
70 Otro ejemplo de las influencias que causan tanto los planetas como las constelaciones lo encontramos en 
Especulación astrológica de Evelino quien dice sobre los cometas lo siguiente: “Su naturaleza es varia, por 
serlo la de los planetas cuyas especies y colores imitan, y la de los signos en que aparecen” (Trabulse: 1992, 
p. 154). 
107 
 
Refiere Roger Bartra, en Cultura y melancolía. Las enfermedades del alma en el 
Siglo de Oro, que los españoles del Siglo de Oro fueron los primeros en investigar 
las formas en que los humores y los temperamentos podían influir en la esfera 
política y en la social. Asimismo, la melancolía fue considerada una enfermedad 
recurrente en la vida cortesana. En España, escribe Bartra, existía el sentimiento de 
que la vida en la corte era causante de esta enfermedad.71Muchos hidalgos 
consideraron la melancolía como una enfermedad diabólica que “atacaba a los 
adoradores de los poderes y de los placeres mundanos” (Bartra: 2001, p. 49). 
Asimismo, la melancolía, continúa el autor, solía considerarse no sólo una 
enfermedad judía, sino también se relacionaba con la capacidad de adivinar el futuro 
y, en consecuencia, convertía a los enfermos mentales en posibles víctimas de 
posesión satánica. 
La relación entre astrólogo y rey, como lo ha demostrado la historiografía 
literaria, ha existido durante mucho tiempo. Grandes monarcas, durante siglos, han 
tenido a su astrólogo de cabecera como consejero de guerra, de gobierno y de 
 
71 Durante el Siglo de Oro la melancolía fue una idea fundamental que rebasó con creces los límites 
de la medicina y permeó tanto la cultura como la política. Era tan importante esta idea que, por 
ejemplo, muchos creyeron que el propio Felipe II terminó sus días como un rey melancólico recluido 
en el Escorial. Se ha dicho que El melancólico, la famosa obra de teatro de Tirso de Molina, tomó al 
mismo rey de España como modelo para su héroe, Rogerio […]. El caso de Dom Duarte, triste y 
efímero rey de Portugal en el siglo XV, es un precedente ejemplar. El mismo rey reconoció su 
melancolía y escribió diversos consejos para que los miembros de su corte estuviesen prevenidos. 
Dom Duarte fue invadido por la melancolía de joven, cuando su padre el rey Juan I lo cargó de 
trabajo administrativo al punto que no tenía tiempo ni para las visitas o la cacería. Para colmo de 
males, una gran plaga diezmó las amistades del joven Duarte, que adquirió un terror a la muerte y 
una intensa preocupación por la brevedad de la vida. […] La melancolía de Dom Duarte, en cierta 
medida, procede de los problemas típicos de la corte: deshonra, saña, deseos no satisfechos, 
prisiones. A estas causas se agregan el miedo a la muerte, el sufrimiento espiritual, el humor 
melancólico y la suydade, como él llama a lo que se convertirá en la famosa saudade portuguesa 
(Bartra: 2001, p. 41). 
108 
 
salud.72 La toma de posesión del virrey en el mismo mes en que el cometa apareció, 
el crecimiento de éste bajo el signo de Capricornio –melancólico por excelencia-, la 
influencia que causa este signo sobre el cometa, la coincidencia entre la fecha de 
nacimiento del virrey y el signo zodiacal predominante, la confirmación del mal 
presagio con los demás portentos (la rebelión del norte, temblores y los ataques de 
piratas), fueron factores suficientes para poder afectar la imagen del conde de 
Paredes entre “las voces inadvertidas del vulgo” (Sigüenza: 1984, p. 10). Mientras 
Libra astronómica, como señala Beatriz Fernández, era un texto dirigido a un 
auditorio letrado y de élite novohispano y europeo, el Manifiesto era un texto de 
difusión dirigido no sólo a la virreina o al virrey, sino al vulgo. Alicia Mayer escribe: 
El cometa fue tomado por el común como un signo de futuros y negativos presagios. 
En ese mundo tan desmesurado y extravagante, calificado por ello como “barroco”, 
 
72 Refiere Howard Robinson que Enrique IV tuvo un astrólogo, el cual estuvo presente durante el nacimiento 
de Luis XIII. Asimismo, continúa el autor, cuando Ana de Austria dio a luz a Luis XIV, el astrólogo Morin 
permaneció en el cuarto para escribir el horóscopo del futuro monarca. Escribe Alicia Mayer que el Rey Sol 
pidió que Carlos de Sigüenza y Góngora trabajase en su corte. Gran ejemplo de esto en la literatura es el rey 
Basilio de La vida es sueño, quien fue ferviente practicante de la astrología: […] Ya sabéis que son las ciencias/ 
que más curso y más estimo,/ matemáticas sutiles,/ por quien al tiempo le quito,/ por quien a la fama rompo/ 
de enseñar más cada día;/ pues cuando en mis tablas miro/ presentes las novedades/ de los venideros siglos,/ 
le gano al tiempo las gracias/ de contar lo que yo he dicho./ Esos círculos de nieve,/ Esos doseles de vidrio/ 
que el sol ilumina a rayos,/ que parte la luna a giros;/ esos orbes de diamantes,/ en cuadernos de zafiro,/ 
escribe con líneas de oro,/ en caracteres distintos/ el cielo nuestros sucesos,/ ya adversos o ya benignos./ 
Estos leo tan veloz,/ que con mi espíritu sigo/ sus rápidos movimientos/ por rumbos y por caminos./ […] Los 
cielos se oscurecieron,/ temblaron los edificios,/ llovieron piedras las nubes,/ corrieron sangre los ríos./ En 
aqueste, pues, del sol,/ ya frenesí o ya delirio/ nació Segismundo, dando/ de su condición indicios,/ pues dio 
la muerte a su madre,/ con cuya fiereza dijo:/ Hombre soy, pues que ya empiezo/ a pagar mal beneficios./ Yo, 
acudiendo a mis estudios,/ En ellos y en todo miro/ que Segismundo sería/el hombre más atrevido,/el príncipe 
más cruel/ y el monarca más impío,/ por quien su reino vendría/ a ser parcial y diviso,/ escuela de las 
traiciones/ y academia de los vicios […]/ Pues dando crédito yo/ a los hados que divinos/ me pronosticaban 
daños/ en fatales vaticinios,/ determiné de encerrar/ la fiera que había nacido,/ por ver si el sabio tenía/ en 
las estrellas dominio (Pedro Calderón de la Barca: 1962; p. 50). 
 
109 
 
no podía pasar desapercibido aquel espectacular fenómeno celeste, al que se 
relacionaba con los hechos políticos (Mayer: 1998, p. 81). 
 Sigüenza despoja el significado maléfico de los cometas no sólo con una intención 
científica, sino con un interés de salvaguardar al nuevo virrey, pues él será el 
protector del polígrafo mexicano. Cabe destacar que en la sociedad novohispana 
era fundamental este tipo de relaciones entre súbdito y mecenas. Es por eso que 
Sigüenza le dedica su Manifiesto a la virreina María Luisa Manrique de Lara y 
Gonzaga no sólo para apagar sus inquietudes, sino para llegar, de manera sutil, a 
los oídos del virrey y así mantener una posición de prestigio ante la corte. 
 La sociedad novohispana era una sociedad estamental, donde las diferencias 
jerárquicas eran justificadas por la ideología dominante. Los diferentes estratos 
sociales respondían a un orden querido por Dios y gobernado por el rey. Cada 
individuo, en efecto, tenía que aceptar sus limitaciones y privilegios que le asignaba 
la Corte. Escribe Enrique González González, en “Mecenazgo y literatura: los 
destinos dispares de Juan Narváez y de Sigüenza y Góngora”, que el grado de 
doctor era un distintivo de la casta criolla, la cual otorgaba una situación comparable 
a la nobleza: “la investidura del grado era una ceremonia calcada del ritual para 
armar a un caballero” (González: 2004, p. 20). Sin embargo, cabe recordar que si 
bien el sabio criollo había alcanzado una cátedra, no tenía el grado de doctor, pues 
dejó los estudios de la Universidad y fue expulsadode la Compañía de Jesús. 
Señala Enrique González que el titular de la cátedra de astrología y matemáticas no 
“tenía la obligación de graduarse, pero tampoco podía ascender a las cátedras de 
ninguna facultad” (p. 20). El salario de Sigüenza era el más bajo de la Real y 
Pontificia Universidad. Aunque fuese catedrático con nombramiento vitalicio, no 
110 
 
tenía, según el investigador, oportunidad de obtener alguna promoción interna. 73El 
sabio criollo, en consecuencia, tuvo que buscar caminos alternos para sostenerse 
por sus propios medios: 
El prestigio literario alcanzado no le bastó para conquistar las más altas dignidades: 
la irregularidad de su carrera académica, sus insuficientes medios económicos y la 
escasa influencia social de su familia se lo impidieron. 
 Ni duda cabe, don Carlos sacó provecho de su pluma para elevar su posición 
y su prestigio como hombre de letras. No obstante, aquella sociedad lo confinó a un 
papel de subalterno. Antes que promover actos de mecenazgo, debió ponerse al 
servicio de quienes tenían medios para llevarlos a cabo (p. 32). 
Asimismo, Sigüenza y Góngora había adquirido, tiempo antes de la aparición del 
cometa, el cargo de Cosmógrafo real por orden del rey Carlos II, posición que debía 
defender y que explica, por una parte, el porqué de la justa comética que tendrá 
posteriormente con Eusebio Kino: 
Además de esto, hallándome yo en mi patria con los créditos tales cuales, que me 
ha granjeado mi estudio con salario del rey nuestro señor, por ser su catedrático de 
matemáticas en la Universidad mexicana, no quiero que en algún tiempo se piense 
que el reverendo padre vino desde su provincia de Baviera a corregirme la plana 
(Sigüenza y Góngora: 1984; p. 6). 
 
73 Señala María Luisa Rodríguez Sala, en “Los estatutos de Palafox y Mendoza para la Real y Pontificia 
Universidad de México: Revisión histórica y consideración de sus aspectos académicos”, que las cátedras se 
pagaban anualmente y que las más antiguas eran las que mayor salario tenían: 
[L]as de “Prima de teología”, “Prima de cánones” y “Prima de leyes” con 700 pesos; le seguían en 
orden decreciente, las titulares de “Vísperas de sagradas escrituras” y la temporal de “Decreto” con 
600 pesos; luego la de la propiedad de “Prima de medicina” con 500 pesos; después la de “Vísperas 
de leyes” con 450 pesos y la de “Vísperas de cánones” con 400; […] las menos pagadas, con sólo 100 
pesos fueron las de “Cirugía y anatomía”, “Método medendi” y la propiedad de “Astrología y 
matemáticas”. Como puede observarse se seguía una cotización relacionada con la antigüedad en su 
lectura, ya que las últimas aprobadas, las vinculadas con la facultad de medicina, cirugía y anatomía, 
método medendi y astrología recibieron los salarios más bajos (María Luisa Rodríguez Sala: 2016; p. 
332). 
 
111 
 
Resulta interesante, en este punto, la lectura que realiza Beatriz Fernández sobre 
la defensa de la racionalidad criolla que emprende el polígrafo mexicano. Sigüenza, 
escribe Fernández, introduce esta defensa bajo la máscara de la discusión 
comética. Muchos fueron los tratadistas que argumentaban a favor de la inferioridad 
intelectual de los criollos, cuyo raciocinio, según teorías de la época, era afectado 
por el clima americano y el influjo de las constelaciones. Hubo, en este sentido, una 
reinvención del cielo novohispano que funcionaba como medio y justificación de la 
inmensa maquinaria burocrática de la corona para mantener, según Beatriz 
Fernández, a los criollos fuera de altos cargos, única manera en que podían 
ascender socialmente. Sin embargo, esta casta, a la que pertenecía Sigüenza y 
Góngora, por ejemplo, fue adquiriendo ciertos dominios en este laberinto social del 
mundo Barroco, como el universitario, en donde llegan, según la autora, a 
imponerse como gran mayoría. El polígrafo mexicano, al desenmascarar de 
significados maléficos al cometa, señala lo débil que son los fundamentos de la 
astrología y, en efecto, ataca en Libra lo absurdo de la teoría de la zona tórrida: “Si 
los cometas no tienen ningún significado, tampoco se sostiene que el lugar 
geográfico afecte la capacidad de pensamiento” (Priani: 2016, p. 80). 
Por lo tanto, Libra astronómica… despoja la carga simbólica que tenía el cielo 
novohispano e instaura, de este modo, una voz que defiende no sólo la propia 
capacidad racional de su autor, sino la de todos los criollos. 
 
112 
 
El dar crédito ligeramente a pronósticos y señales, es 
vanidad y aun superstición prohibida por la ley de nuestro 
Dios; mas en cosas muy grandes y mudanzas de 
naciones, y reinos y leyes muy notables, no es vano sino 
acertado, creer que la sabiduría del Altísimo, ordena o 
permite cosas que den como alguna nueva de lo que ha 
de ser, que sirva, como he dicho, a unos de aviso y a otros 
de parte de castigo, y a todo de indicio, que el Rey de los 
Cielos tiene cuenta con las cosas de los hombres. 
 
José de Acosta 
 
 
Les facilitan el juego los autores oscuros, ambiguos y 
fanáticos de jerga profética, pues no habiendo dado 
ningún sentido cabal a su obra permiten a la posteridad 
que la explique como le plazca. 
 
Montaigne 
3.2 La desemantización del cielo 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Tras la publicación del Manifiesto filosófico llegaron las feroces respuestas. La justa 
de los cometas había dado inicio. Escribe Sigüenza y Góngora que el primero entre 
todos fue el caballero flamenco, don Martín de la Torre, quien escribió un tratado 
breve intitulado Manifiesto cristiano en favor de los cometas mantenidos en su 
natural significación. El segundo en tomar las armas contra el sabio criollo fue José 
de Escobar Salmerón y Castro, médico y catedrático de anatomía de la Real 
Universidad, quien escribió Discurso cometológico y relación del nuevo cometa. El 
113 
 
tercero fue el jesuita tirolés Eusebio Kino, matemático, astrónomo y futuro 
explorador, quien publicó el libro Exposición Astronómica y Filosófica. Al caballero 
flamenco, Sigüenza le dedica el Belerofonte matemático contra la quimera 
astrológica; al médico y catedrático de anatomía, prefiere no responderle, “por no 
ser digno de ello su extraordinario escrito y la espantosa proposición de haberse 
formado este cometa de lo exhalable de cuerpos difuntos y del sudor humano” 
(Sigüenza y Góngora: 1984, p. 19); al jesuita tirolés le responde con la Libra 
Astronómica y Filosófica, obra publicada una década después, gracias a los 
empeños de su amigo y editor don Sebastián de Guzmán y Córdova. 
 Refiere Alicia Mayer que, en 1681, Eusebio Kino había llegado de Europa a 
las costas mexicanas. En Sevilla, antes de embarcarse, había observado el Gran 
Cometa y cuando llegó a la capital del virreinato, Sigüenza lo recibió en su casa, 
intercambió con él conclusiones sobre el cometa, lo presentó a sus amigos de las 
altas esferas y le prestó sus cartas geográficas y otros documentos que le fueran 
útiles para su viaje al norte de la Nueva España. Escribe Mayer que, poco tiempo 
después, Kino publicó su libro Exposición Astronómica del Cometa “sin darle aviso 
ni crédito a su informante, y Sigüenza quedó sorprendido y dolido ante la ingratitud 
de quien había sido su afamado huésped” (Mayer: 1998; p. 84). El sabio criollo, tras 
114 
 
la lectura de la obra, tomó la pluma para defenderse y escribió Libra Astronómica,74 
donde Sigüenza se dedicó a la réplica de manera sumamente meticulosa.75 
 El mundo Barroco es un mundo de crisis y de cambios, un mundo fenoménico 
donde las cosas son apariencias, donde cuanto escuchamos o vemos no se parece 
a lo que vemos y escuchamos. El hombre Barroco se encuentra ante un mundo 
coloreado, “condicionado por los intereses de cada uno” (Maravall: 1975; p. 391). 
Escribe Maravall que “el ojo tiñe al mirar, todos ejercemos de ‘tintoreros’ al observar 
las cosas, diráGracián, todos, al contemplar el mundo, ‘le dan el color que les está 
bien al negocio, a la hazaña, a la empresa y al suceso” (p. 390). Por eso escribe 
Sigüenza al inicio de su carta, dirigida a su amigo don Andrés de Pez, lo siguiente: 
El que mira un objeto, interpuesto entre él y los ojos un vidrio verde, de necesidad, 
por teñirse las especies que el objeto envía en el color del vidrio que está intermedio, 
lo verá verde. Los anteojos que yo uso son muy diáfanos, porque, viviendo 
apartadísimo de pretensiones y no faltándome nada, porque nada tengo (como dijo 
Abdolomino a Alejandro Magno), sería en mí muy culpable el que así no fueran; con 
que, acertando el que no hay medios que me tiñan las especies de lo que 
 
74 En las páginas liminares de Libra Astronómica y Filosófica, Sigüenza y Góngora explica el porqué del título 
de su obra: “Y ya que no en esto (que no es justo), por lo menos en intitular esta obra Libra astronómica y 
filosófica quise imitar al reverendo padre Horacio Grassis, que con el mismo epígrafe rotuló el libro que publicó 
contra lo que del cometa del año de 1618 escribieron Mario Guiducio y Galileo de Galileis” (Sigüenza y 
Góngora: 1984; p. 7). 
 
75 En Libra Astronómica y Filosófica escribe Sigüenza y Góngora que la critica que hará contra Eusebio Kino 
debe entenderse como un duelo literario: 
Y si como en semejante empeño dijo el padre Tomás Hurtado, clérigo menor, en el Duplex 
Antidotum: «En el campo literario siempre ha sido lícito que corrija el uno al otro en las ocasiones 
debidas», desde luego me prometo el que los muy reverendos padres y doctísimos padres de la 
Compañía de Jesús, como patrocinadores de la verdad, no tendrán a mal esta disputa, que sólo es de 
persona a persona y de matemático a matemático, sin extenderse a otra cosa; y más cuando son tan 
Comunes estos literarios duelos, que me fuera muy fácil hacer un largo catálogo de autores de la 
sagrada Compañía de Jesús que no sólo han escrito impugnaciones y apologías contra clérigos, 
religiosos y seculares, sino aun contra los de su mismo instituto, y algunos con más ásperas palabras 
que las que aquí se hallarán. (Sigüenza y Góngora: 1984; p. 7). 
 
115 
 
cuidadosamente he visto y aquí diré, desde luego me prometo, aun de los que de 
nada se pagan y lo censuran todo, el que dará asenso a mis palabras por muy 
verídicas (Sigüenza y Góngora: 1986, p. 152). 
Quien vive aquí y no quiere perderse entre la apariencia de las cosas debe elegir 
una postura ante la crisis: aceptar la apariencia como la verdad única o considerar 
el parecer como parte de las cosas: “Apariencia y manera no son falsedad, sino algo 
que de algún modo pertenece a las cosas. Apariencia y manera son la cara de un 
mundo que para nosotros es, en cualquier caso, un mundo fenoménico” (Maravall: 
1972, p. 393). La experiencia que tenemos sobre las cosas es su apariencia, pues 
es el modo en que se nos muestran y, en efecto, lo que conocemos de ellas: 
“Conocer es descifrar el juego de las apariencias, ‘salvar las apariencias’, conforme 
a la pretensión del moderno espíritu científico” (Maravall: 1975, p. 393) 
El cometa no es malo, pero sí se ha registrado como maligno en la Historia. 
La concatenación histórica de desgracias y muertes han forjado una máscara de 
monstruo sobre este fenómeno celeste. Los autores adheridos al modelo 
escolástico se fundamentan en autoridades y coincidencias históricas. En Libra 
Astronómica, Sigüenza se propone despojar a los cometas de aquella sucesión de 
máscaras infaustas y símbolos que la encubren. “Para llegar al término de la verdad” 
(Sigüenza y Góngora: 1984; p. 11), Sigüenza utiliza el camino de la filosofía y realiza 
un análisis sistemático y riguroso a partir de teorías existentes sobre los cometas y 
de los mismos anales de la historia que registran la coincidencia entre muertes de 
príncipes y catástrofes con apariciones de cometas. Y sin embargo, aunque 
Sigüenza proceda con un espíritu científico, sostiene que nadie sabe con 
116 
 
certidumbre en dónde y qué engendra a los cometas. Asimismo, sostiene que éstos 
son obra del supremo Artífice: 
 Pero antes de proponer lo que pretendo probar, es necesario advertir que nadie 
hasta ahora ha podido saber con certidumbre física o matemática, de qué y en dónde 
se engendran los cometas; con que mucho menos podrán pronosticarse; aunque no 
faltará en el mundo quien quiera persuadir lo contrario, con que se sujetará a la 
irrisión, que es consiguiente a tan pueril desvarío. Con este presupuesto y con ser 
los cometas cosa que puede ser no se sujete a lo regular de la naturaleza, por 
proceder inmediatamente de Dios con creación rigorosa, afirmo desde luego 
cristianamente el que deben venerarse como obra de tan supremo Artífice, sin pasar 
a investigar lo que significan, que es lo proprio que querer averiguarle a Dios sus 
motivos (p. 10). 
Escribe Pascal que los efectos son sensibles y las causas, visibles solamente al espíritu. 
La fe, continúa el filósofo francés, dice lo que los sentidos no dicen y que está por encima, 
y no en contra de éstos. “Es menester saber dudar donde sea preciso, augurar donde sea 
preciso, someterse donde sea preciso. Quien no hace eso no comprende la fuerza de la 
razón” (Pascal: 1984, p. 163). Dios es infinitamente incomprensible, pues al no tener límites, 
no tiene ninguna relación con nosotros. Desde este sistema de pensamiento, resultaría 
prepotente e ingenuo querer descifrar un símbolo que Dios ha enviado a la tierra. Sigüenza 
arremete aquí contra los astrólogos judiciarios que ejercían como una suerte de exégetas 
y amanuenses de Dios. 
Si el cielo medieval era perfecto, estable, finito y estaba hecho, el cielo barroco es 
imperfecto, mutable, infinito y está realizándose. Ante esta mudanza de los cielos, los 
astrónomos-astrólogos del Barroco, buscaban un punto de apoyo, una estabilidad. Así 
como Galileo Galilei indagaba la eternidad de las leyes naturales, escribe Maravall que la 
mente barroca cree en un mundo regido por leyes generales y mantenido por Dios. Otro 
gran ejemplo en el Barroco de colocar la estabilidad debajo de la mudanza del mundo, es 
117 
 
Giambattista Vico, quien, según Maravall, “pretende extraer de la historia una legalidad 
equivalente a la legalidad geométrica que gobierna el mundo físico en el sistema cartesiano, 
con esa simplicidad, uniformidad, generalidad, con que se produce providencialmente el 
encadenamiento de las causas en los sistemas de los pensadores del XVII” (Maravall: 1975, 
p. 371). 
Ahora bien, Sigüenza, después de mencionar que los cometas proceden de 
Dios, expone las dos teorías que había sobre el origen de estos visitantes celestes 
en aquella época. La primera es la teoría del origen sublunar de los cometas: 
Si sublunares, será su formación la que les atribuyen los Peripatéticos, con su 
príncipe Aristóteles, en el libro I de los Meteoros, […], Claramonsio en el el Anty-
Tycho, y otros muchos astrólogos y filósofos, cuya opinión es que el cometa es un 
meteoro encendido y engendrado de nuevo de una copia grande de exhalaciones 
levantadas del mar y de la tierra hasta la suprema región del aire, donde, encendidas 
por la antiperístasi, y ya por medio de ésta con mayor consistencia y condensación, 
son arrebatadas del primer moble, cuyo impulso llega hasta allí al cual se mueven, 
hasta que aquella materia unctuosa, pingüe, crasa sulfúrea y salitrosa, se va 
disminuyendo, al paso que el fuego la consume, con que se acaba el cometa 
(Sigüenza y Góngora: 1984, p. 11). 
La teoría del origen sublunar, como expongo en el primer capítulo, era la que más 
peso tuvo en la Edad Media y parte del Renacimiento. Ésta sufrió un duro golpe con 
la aparición de la nova de 1577, donde se quebró el modelo aristotélico en el que 
el mundo, es decir, el universo, se componía por diversas esferas y los cometas 
sólopodían ser de origen sublunar debido a que eran imperfectos. En el siglo XVII 
la teoría de los cometas supralunares ya coexistía con la anterior. Sin embargo, aún 
había autores que se adherían a la antigua idea. Sigüenza se burla de la postura 
astrológica que señala que los cometas son causa o señal de muerte de príncipes, 
118 
 
asignándole una jerarquía mayor al cometa y otra menor a las estrellas volantes: los 
primeros matan príncipes; los segundos sólo “a la plebe”, y los llega a bautizar, más 
adelante en “Pónese en las balanzas de la Libra astronómica y filosófica…” como 
los “cometillas matapobres”: 
Si ya no es [que] se le antoja a alguno que, así como el cometa difiere de las estrellas 
volantes en ser más copiosas las exhalaciones que lo componen, de la misma 
manera, distinguiéndose los príncipes de sus inferiores en la mayoría de su dominio 
y autoridad, habrán de pronosticar las muertes de éstos los cometas, por ser 
mayores, y las de la plebe, las estrellas volantes, como cometas pequeños. Pero 
como quiera que afirmar esto es un gentil desatino, no sé que se les deba otra 
censura a cuantos aseveraren lo primero, a que dan tanto asenso los ignorantes 
(Sigüenza y Góngora: 1986, p. 12). 
A esto Sigüenza añade que lo cometas no sólo no causan daño a los cuerpos 
elementados, es decir, de la región sublunar, sino que “antes son pronóstico de 
fertilidad y salud”, pues las exhalaciones nitrosas y sulfúreas que los causan habrían 
de “esterilizar las tierras, corromper las plantas y alterar los humores, si no se 
elevasen a la región superior” (p. 12), donde la esfera del fuego las consume. El 
cometa es una suerte de purga de las cualidades malas de la tierra. 
 En Discurso cometológico, señala Salmerón, con elementos de lo 
maravilloso, el origen sublunar del Gran Cometa. Indica el catedrático de anatomía 
que su causa material se conforma a partir de toda la materia evaporable que hay 
en la región sublunar: “como agua, tierra, todo cuerpo viviente, plantas, y aun los 
mismos cuerpos muertos sepultados en la tierra” (Trabulse: 1992, p. 130). El 
catedrático nos narra el extraordinario viaje de las exhalaciones y vapores que se 
119 
 
desprenden de los cuerpos elementados que suben y atraviesan la esfera del aire 
y luego llegan a la región del fuego, en donde se incendia y origina el cometa: 
Y como la región del aire según tenemos dicho estuvo débil y sin fuerzas para la 
expulsión de dichas exhalaciones, a quienes dio buen pasaje hasta que llegaron a 
la región del fuego, en donde se encendió según está explicado…, y este incendio 
o llama fue la causa formal de nuestro cometa (p. 133). 
Transcribo a continuación las reflexiones del catedrático acerca de la primera 
jornada del viaje vertical que emprende el sudor humano a través de las esferas del 
aire y del fuego: 
Es asimismo, como se propuso arriba, causa material del cometa, el hombre, son 
sus espíritus y humores;76 y aunque el primer aviso parezca dificultoso, desata la 
duda el ver que la lluvia tiene por su materia, de que se forma, al mismo sudor del 
hombre, pues el Sol le arrebata para sí, subiéndole a la región primera, en donde 
recibiendo la forma de agua, cae a la tierra en tanta abundancia; y que arrebate en 
sí este sudor el Sol, se confirma aun en los mismos caminantes, en quienes en las 
partes que toca el Sol no se ve el sudor, porque lo arrebata para lo alto con su calor; 
y las partes que van abrigadas y no las toca sudan en abundancia, como se ve en 
lo alto de la frente que ocupa el sombrero (p. 130).77 
 
76 Salmerón era médico antes que astrólogo, y ambas carreras se hallaban muy unidas. Sus conceptos 
medicinales de espíritus, humores y su equilibrio pertenecen al cuerpo de doctrina de Galeno. 
77 Cabe aclarar que Salmerón y Castro se basa en el libro De aere aquis et locis, según el mismo autor, de 
Hipócrates. Cito a continuación al catedrático, quien cita a su vez al médico griego: 
En la lección de las aguas dice por estas palabras, dignas de toda admiración por su curiosidad y 
singular filosofía: 'Pero lo que es tenuísimo, el Sol lo arrebata hacia arriba a causa de la ligereza. Y 
arrebata tal cosa no sólo de las aguas estancadas, sino también del mismo mar y de todo aquello en 
lo que hay algo de humedad (y lo hay en rodas las cosas). Y de los mismos hombres saca un tenuísimo 
y levísimo vapor. La mayor señal de esto puede tomarse del hecho de que cuando el hombre hace un 
viaje o se sienta al sol arrebata hacia arriba todo lo que aparece de sudor; pero las que están cubiertas 
bajo el vestido o bajo cualquier otra cosa, éstas sudan, pues el sudor es sacado y reducido por el sol, 
mas es conservado por los vestidos para que no sea disipado por el sol; pero cuando ha llegado a la 
sombra, rodo el cuerpo por igual fluye en sudor'. Citada queda porque no parezca fingida la 
autoridad» (Trabulse: 1992, p. 57). 
120 
 
Salmerón y Castro recurre, a lo largo de su escrito, a varias metáforas. El autor 
señala que el movimiento del vapor es “como se ve en una olla de agua hirviendo, 
cuyos vapores suben arriba, a quienes si se interpone cuerpo denso, resuda la 
misma agua” (p. 132). Salmerón compara el cometa con una purga y el mundo con 
el cuerpo humano: 
la otra es causa final física y natural y esta causa suponen algunos autores, 
intentada de la naturaleza para guardar y purificar el globo de la tierra de las 
exhalaciones venenosas y pestíferas, que en ella excitaron algunas conjunciones 
de los superiores, como en las conjunciones antecedentes al nuestro, cono en las 
conjunciones antecedentes al nuestro, y elevados estos vapores y exhalaciones de 
la máquina terrestre o por lo menos de las partes donde tuvieron predominio las 
conjunciones y eclipses, quemándose todas estas superfluidades dañosas, dejan a 
la Tierra sana, limpia, purificada y libre, de tempestades, guerras, sediciones, 
incendios, pestilencias, inundaciones y terremotos, que antes de cometa se 
pudieron seguir, por no haberse expurgado y purificado de los recrementos dichos; 
en donde el fin de esta causa física intentando de la naturaleza es conservar el 
universo y repurgar la Tierra de dichas exhalaciones venenosas, que pudieran ser 
causa de su corrupción (p. 133). 
Sin embargo, Salmerón considera que la purificación de la tierra no es completa, 
pues hay partes del cometa que se esparcen por el aire bajando de “peor calidad 
[…], infestando vivientes, plantas y semillas, y esto como sea maligno, no caen 
debajo de los sentidos sus efectos, sino que paulatinamente, después de algún 
moderado tiempo se manifiesta. (p. 133). En efecto, para Salmerón y Castro el 
cometa sí se debe temer, pero, como hemos podido observar, desde una 
perspectiva médica: “Y si todo esto es lo que sucede en el cometa, no sé yo por qué 
no se han de atemorizar tanto los hombres (como repugnan otros)” (p. 134).78 
 
78 Aquí el ataque, como señala también Trabulse, es directo a las opiniones de Sigüenza 
121 
 
Posteriormente, con base en la idea del microcosmos y el macrocosmos y con el 
influjo, según Trabulse, de las doctrinas herméticas y los conocimientos alquímicos 
de la época, el catedrático trata de comprobar su hipótesis por medio de una 
analogía que hace del hombre con el universo, en específico, compara el mar y el 
cielo con el estómago y cerebro del ser humano: 
Toda mi respuesta se confirma en el mundo pequeño u hombre, en el cual sucede, 
que del estómago como parte abundante de superfluidades, suben dos géneros de 
vapores, los cuales, si son calientes los llaman nidorosos, que se levantan cuando 
el vientre padece alguna desteplanza caliente o inflamatoria, y los más procedidos 
del hígado, riñones, corazón, estuanto por [sic.] por las venas y arterias, llegan al 
vértice de la cabeza o cerebro […] si es calientela materia evaporada de lo ínfimo 
suscita inflamación del mismo cerebro, volviendo a caer a las misma partes 
inferiores, de peor calidad la materia que antes había subido más benigna; y 
cayendo lo derretido a diversas partes, hace diversos achaques. De bastante 
consideración, pues los más son mortales, como pulmonía, dolor de costado, angina 
o esquilencia y otros a este modo (p. 133).79 
Asimismo, compara Salmerón el cometa con un pedazo de estopa: “Parece 
increíble, como lo es, que no se encienda un pedazo de estopa junto a la lumbre o 
en la misma lumbre y se encienda a distancia de mil leguas” (p. 135). El cometa, 
concluye el catedrático de anatomía, no se origina de las manchas del sol, ni de la 
materia celeste, sino que es sublunar.80 
 
79 En Primero Sueño, Sor Juana Inés de la Cruz comparte esta teoría de los vapores del estómago que ascienden 
al cerebro: “ésta, pues, si no fragua de Vulcano,/templada hoguera del calor humano,/ al cerebro enviaba/ 
húmedos, mas tan claros los vapores/ de los atemperados cuatro humores,/ que con ellos no sólo no 
empeñaba/ los simulacros que la estimativa dio a la imaginativa […]” (Sor Juana Inés de la Cruz: 2004; p. 18) 
80 Cabe señalar que el argumento de Salmerón es totalmente contrario al argumento de Sigüenza, pues éste 
señala que el origen de los cometas es celeste y que sus influjos se derraman sobre la tierra de manera pura. 
122 
 
En Libra Astronómica, Sigüenza y Góngora se limita a responder, de manera 
burlona y precisa, la réplica de Castro sólo en la sección “Expónense las respuestas 
del padre Kino en su Exposición Astronómica y se les hace instancia”, donde el 
sabio criollo lleva al absurdo los argumentos del catedrático: 
Hasta aquí son las palabras formales de dicho doctor Salmerón, de que se infiere el 
que en tiempo de mucha seca y de falta de agua procuren sudar los hombres cuanto 
más pudieren y con eso les lloverá copiosamente y tendrán buen año. Como también 
el que de aquí adelante se entierren los cuerpos muertos en sepulturas muy hondas 
porque no arrebate el sol la corrupción que exhalaren y se formen cometas que nos 
peguen las enfermedades de que murieron aquéllos (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 
57). 
Ahora bien, más adelante en “Manifiesto filosófico”, medita Sigüenza sobre el origen 
supralunar de los cometas y expone tres posibles orígenes: 1) los cometas se 
forman de varios humos crasos y pingües que exhalan las estrellas; 2) los cometas 
son formados por las exhalaciones del sol: “que son las que le forman manchas [al 
sol], las cuales, arrojadas más allá de su atmósfera por alguna vehemente 
ebullición, […] se encienden allí hasta que se resuelven y acaban” (p. 13); 3) los 
cometas se forman de “los hálitos y evaporaciones de todas las errantes” de las 
cuales se hace un conglobado “que consume el fuego celeste” (p. 13).81Sigüenza 
pone en duda nuevamente la malicia de los cometas y afirma su posible benignidad: 
“Y siendo cualquiera de estas tres causas la que origina el cometa, ¿cómo puede 
ser éste infausto cuando antes sirve de medio para que, purificada la aura etérea, 
se derramen más puros sobre la Tierra los celestiales influjos?” (p. 13). 
 
81 En la primera hipótesis, Sigüenza se apoya en las ideas de Kepler; en la segunda, en las ideas de 
“Wiliambroldo Snellio, Ericio Puteano, Juan Camillo Glorioso, Liberto Fromondo y el padre Cysato”, Atanasius 
Kircher y “Cristóbal Scheiner” (p. 13); en la tercera, en las ideas Baltasar Téllez. 
123 
 
 El sabio criollo considera que la segunda hipótesis es la más viable. En esta 
sección, el autor argumenta la idea de los cometas causados por las manchas 
solares con base en una vivencia que tuvo en sus años de infante. Considero que 
Sigüenza recurre a la imaginación en este argumento, pues resulta difícil de creer 
que haya podido observar las manchas del sol a la edad de seis años: 
y es haber sucedido por algunos días no verse el Sol, ni otra estrella en el cielo […] 
lo cual no sería por otra cosa, sino por los muchos vapores y hálitos celestes que, 
ocupando gran parte de la aura etérea, impedían el tránsito de los solares rayos. 
Advirtióse esto antes que se viera el cometa de 1652, según lo refiere Kirchero en 
su Itinerario extático y Pedro Gassendo en sus Comentarios; y yo me acuerdo, 
aunque entonces era de solo seis años, el que fue así; y que de estas evaporaciones 
se formen los cometas, se prueba invictamente habiendo reconocido que, después 
de acabado el de 1664 y 1665, no se le observaron manchas algunas al Sol por 
muchos meses (p. 13). 
En Exposición astronómica, Eusebio Kino sostiene que el cometa tiene un origen 
celeste, se forma a partir de las exhalaciones de los planetas o “vapores del globo 
terráqueo” (Trabulse: 1992, p. 145) y es enviado como una suerte de heraldo que 
comunica la indignación de Dios:82 
Débese advertir lo tercero que es más verosímil, que de los cometas celestes (cual 
fue el nuestro) usa la Divina Providencia, como de señales horribles de su justa 
indignación, con cuya significadora severidad amaga y conmina desusadas cuitas a 
los mortales, aunque comúnmente las ignoremos y no sea imposible, sin divina 
revelación saberlas (p. 143). 
El cometa no es causa, sino señal, presagio y mensaje de Dios. La postura que 
tiene el jesuita tirolés a lo largo de Exposición astronómica resulta ambigua. Al inicio, 
escribe que existen cometas benignos y cometas malignos. Kino toma las palabras 
 
82 Un gran número de folletos se difundieron en Alemania con esta misma idea, donde Dios enviaba el 
cometa o como señala de indignación o como castigo de la sociedad. 
124 
 
de Bodino, quien cita a Demócrito, y dice que los cometas de carácter maligno son 
almas heroicas y “generosos espíritus de ilustres varones, que después de haber 
vivido muchos siglos en la tierra, al expedirse para la inmortalidad, agitaban los 
últimos triunfos, o se restituían como astros de allá al cielo de las estrellas” (p. 139). 
A esto, escribe Kino, según Bodino, le siguen las hambres, epidemias y disturbios 
debido a la falta de los grandes gobernantes, quienes tranquilizaban al pueblo y 
aplacaban la ira de Dios. En los apartados posteriores, Kino habla del carácter 
infausto de los cometas. Del mismo modo que el Manifiesto filosófico, la Exposición 
astronómica debe leerse en clave política. La parte inicial del texto de Kino está 
totalmente dedicada a exaltar la figura del virrey para conseguir, seguramente, por 
medio de tales alabanzas, futuros favores del gobernante. Las máscaras infaustas 
que habían sido adheridas al cometa a través de la Historia por generaciones de 
astrólogos son ahora sustituidas por máscaras de buen presagio. Kino escribe que 
el cometa es un prólogo positivo y un fausto mensajero de este virreinato. Asimismo, 
exalta la figura del virrey colocándola al mismo nivel de los emperadores romanos 
y comprueba con “hechos históricos” la benignidad de estos fenómenos celestes: 
Quisiera entre tanto la divina majestad condescender mis deseos y los de todos 
concediéndonos su logro en la felicidad de cuantos atributos acompañan a la 
perfecta que deseamos a V.E. y que como en opinión de gravísimos autores, el gran 
Alejandro, a Mitrídates y Octaviano Augusto antedijeron semejantes encendidas 
lenguas, felices sucesos, así a Vuestra Excelentísima casa a cuanto de presente la 
ilustre ditados, dignidades y personas y en lo futuro esclarecieren, como no 
dudamos esclarecerán, haya sido el Cometa de mi asunto de buen peinado prólogo, 
del felicísimo proceder, discurso y entero volumen de nuestra vida y acciones, 
concediéndonos la edad para lograr en la amable sujeción de nuestro Virreinato el 
sosiego, paz y tranquilidad (p. 139). 
125 
 
Un recurso argumentativode la astrología judiciaria era “comprobar”, por medio de 
la literatura comética, la malignidad de los cometas. Se escribían, en efecto, listas 
de cometas, desde el más antiguo del que había registro, hasta el más reciente, 
donde coincidían muertes de reyes y apariciones de estos fenómenos celestes. 
Refiere Howard Robinson que en 1681 se reimprimió el Theatrum Cometicum de 
Stanislaus Lubienietzky, probablemente el libro más famoso de cometas que 
apareció durante este siglo.83 Sigüenza y Góngora adquirió el Theatrum Cometicum 
con inmediatez. Refiere Rafael López, en el artículo “Libros de Sigüenza y Góngora 
en la Universidad Nacional”, que el sabio criollo compró el libro al precio de 12 
pesos en el año de 1682, libro que viajó desde Holanda hasta el puerto de Veracruz, 
con destino final a la Ciudad de México. En Theatrum Cometicum se encuentra una 
de estas listas de cometas. El sabio criollo, con cierta ironía, da una breve 
descripción de Theatrum en Libra astronómica: 
[P]ara el II tomo citado de Teatro comético de Lubienietzki, donde hallará desde el 
principio del mundo hasta el año de 1665, curiosa y precisamente relacionados, no 
algunos, sino 415 cometas, con lo acontecido en el universo cuando se vieron, que 
fue lo mismo que cuando no se ven y es lo que siempre se advierte en todos los 
siglos (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 83). 
 Eusebio Kino recurre precisamente a esta forma argumentativa en Exposición 
astronómica. En Libra astronómica, Sigüenza destroza cada una de estas 
 
83 La primera edición del Teatrum Cometicum, según Robinson, fue la de 1667, impresa en Ámsterdam. La 
reimpresión de 1681, según Rafael Paz, se hizo en Leiden por el librero Petri van der Meersch. Sobre 
Lubienietkzy, Howard Robinson nos da una breve semblanza: 
 The author was a Polish nobleman, and a celebrated minister in the Socinian Church. A sturdy 
advocate of religious liberty, he suffered persecution; his death was said to be caused by poisoning. 
The “Theatrum Cometicum” exhibits some freedom from the older beliefs. Lubieniestzky is certain 
that favorable as well as unfavorable occurrences follow the appearance of comets. (p. 18). 
126 
 
argumentaciones y las lleva hasta un reductio ad absurdum. Bien conocido, entre la 
astrología-astronomía, era, por ejemplo, el caso de la muerte de Carlos V, 
anunciada por el brillante cometa de 1558. Eusebio Kino quiere comprobar lo fatal 
que fue este cometa para el emperador y, en efecto, recurre a la autoridad de Fabián 
de Estrada. Sin embargo, existe ya sea un error de cómputo o una enorme 
exageración del tiempo en que brilló el cometa en el cielo, pues el historiador señala 
que poco después de que Carlos V empezara a enfermar, fue 
visto en España un cometa, al principio no muy brillante, pero que al recrudecerse 
la enfermedad, conforme a los mismos avances, aumentaba la luz, hasta que, vuelta 
la funesta melena hacia el convento de San Jerónimo, a la hora en que Carlos dejó 
de vivir, aquél dejó de verse (p. 83). 
Sigüenza desenmascara la argumentación de Kino de manera mordaz y apuntala 
sus ideas con el Teatro comético de Lubienietski: 
De ella infierno haber mentido Cornelio Gemma, afirmando en su Cosmocritices el 
que se apareció y le observó en Lovaina a 17 de agosto del propio año; porque si 
desde que empezó a enfermar el emperador se apareció el cometa y el principio de 
su siempre mortal dolencia fue el año de 1550, síguese que desde entonces, y no 
desde 17 de agosto de 1558, se vio el cometa. 
162. ¡Oh, cometa, Matusalén de los cometas y el más admirable de todo el mundo, 
pues ocho años continuos lo hospedó el cielo! Y, ¡oh, malos historiadores y 
matemáticos los de aquel tiempo que ni lo escriben, ni lo observaron! Pero, ¿cómo 
habían de observar y escribir lo que nunca fue? Digno es de insertarse aquí para 
refuerzo de lo que digo lo que acerca de esto se halla en Lubienietzki: «La muerte 
de Carlos V -aun cuando él mismo, porque era supersticioso, haya dicho según el 
sentir popular que le era anunciada por medio del cometa (lo que en cierto modo 
concedemos también que debe aceptarse)- lo produjo o significó, más que el 
cometa, la larga enfermedad de gota que desde los cincuenta años (combínese esto 
con el 'poco después de que empezó a enfermar, fue visto en España un cometa' 
del padre Fabián de Estrada) le aquejaba, no a intervalos sino continuamente, por 
127 
 
cuya violencia en ocasiones se moría y por la cual Andrés Vesalio, médico en jefe, 
había predicho que no sería larga la vida del César, enfermedad que se agravaba 
cada vez más y presagiaba los últimos momentos» (p. 83). 
La no concordancia entre los años de avistamiento y los sucesos infaustos en la 
obra de Kino es algo común, según argumenta Sigüenza. Que Felipe IV viese un 
cometa antes de la muerte de su padre es invención de Kino, según el sabio criollo, 
pues Felipe III muere el 31 de marzo de 1621, mientras que el cometa cruza el cielo 
por noviembre de 1618: “no sé cómo se sincoparon, o dónde se consumieron 2 años 
y 4 meses para que coincidiese el tiempo de la aparición del cometa con el de la 
muerte del rey” (p. 84). Sigüenza cita nuevamente a Lubienietzki, quien escribe que 
Felipe III había sobrepasado los sesenta años y padecía múltiples síntomas y 
enfermedades. Concluye, nuevamente, el sabio criollo con un tono socarrón el 
examen que realiza al fundamento de Kino: 
De este cometa le pido a Dios me libre y a todos los míos, y con más instancia de 
disenterías, tabardillo, dolor de costado y sus semejantes, que son los verdaderos 
cometas, que así a reyes y ricos, como a particulares y pobres, quitan la vida (p. 84). 
Las burlas hacia los cálculos arreglados de Kino continúan. El caso más interesante 
es el de la intrusión de bandidos en Pekín y la muerte del emperador Zungchinio en 
el año de 1644. Según Kino, ambos incidentes fueron vaticinados por el cometa de 
1652, presagio totalmente imposible, argumenta el sabio criollo. Kino se basa en 
Tártaros en China del padre Martín Martinio, libro que revisa, asimismo, Sigüenza. 
Cito el fragmento en el que se narra la invasión de Pekín y la muerte del emperador: 
Se lee esto: «En el mes de abril de 1644, antes del alba entraron en la ciudad» de 
Pekín los salteadores y bandidos chinos, acompañando al intruso Licungzo, «a pie 
llano por la puerta que voluntariamente les franquearon los cómplices confidentes». 
Y después de decir el alboroto y confusión de los ciudadanos, prosigue así: 
128 
 
«Tornando» el infeliz y desgraciado emperador Zungchinio «una espada, pasó el 
pecho a una hija doncella que tenía en edad para casarse porque no cayese en 
manos del bandolero con afrenta; y hecho esto, entró en su jardín y de un árbol de 
él, se colgó con su misma liga» (p. 87). 
Sigüenza no se limita a señalar solamente la falta de concordancia entre los sucesos 
y la aparición del cometa, sino que vuelve a arremeter contra la idea de Kino en la 
que los cometas son señales horribles de la divina Providencia, donde Dios 
demuestra su indignación a los mortales. Transcribo la crítica que hace el sabio 
criollo al argumento de Kino: 
 
Si las conminaciones y amenazas que hace Dios a los mortales, usando de los 
cometas como dos voces, es para que se aparten de lo malo y sigan lo bueno, 
¿cómo después de 8 años y 8 meses que estaba el desgraciadísimo emperador 
Zungchinio en el infierno por idólatra, por homicida, por desesperado, por avariento; 
cómo después de 11 años que habían experimentado los vecinos de la ciudad de 
Cainfung aquellas calamidades, horrorosas aun a leerlas, se habían de enmendar 
de sus desafueros con las voces del cometa del año de 1652, cuando no podía dejar 
de haber sido (pues ya había sido) la muerte del emperador y su hija y el destrozo 
de la ciudad' Acción ociosa fuera de Dios pretender con voces cométicas reduciral 
gremio de su Iglesia y a su gracia a los que ya hacía años estaban condenados y 
destruidos para siempre por sus maldades (p. 89). 
Posteriormente, Eusebio Kino cita en Exposición astronómica la carta que escribe 
en Cádiz para la Duquesa de Aveiro y los padres Pedro de Escuderos y Luis de 
Espinosa, donde responde a las preguntas que le hicieron acerca de la significación 
del cometa. En la epístola, Kino examina la apariencia física del cometa, apariencia 
que está cargada de elementos simbólicos de la astrología judiciaria: el padre 
describe la dirección de la cauda, la cual indica qué reino presentará males y 
desgracias; habla del tamaño del cometa y señala que por su enorme tamaño no 
puede señalar sólo muertes de príncipes, sino que es signo de universales 
129 
 
desgracias, como esterilidades, tempestades, temblores, guerras y pestes; habla de 
la duración del cometa, la cual era directamente proporcional a la cantidad de años 
de influencias sobre la tierra:84 
Siendo este cometa tan desusadamente grande, que según creo no le ha visto el 
mundo mayor, es probable que indica, significa y amaga muchas y grandes 
calamidades a muchos reinos y provincias, especial a tres o cuatro de las de Europa, 
en alguna manera más septentrionales, pues, según se deja ver más dilata el lúcido 
follaje de su cauda hacia aquella parte y está como perpendicular sobre su punto 
vertical. Lo que más comúnmente suelen indicar los cometas, suele ser muertes de 
príncipes. Pero este cometa siendo tan grande y habiendo durado tanto, parece que 
significa más universales desgracias como son esterilidades, penuria de 
bastimentos, tempestades, inundaciones y en algunas partes temblores de tierra, 
tormentosos vientos exorbitantes, así fríos como calores, notables alteraciones de 
humores en los cuerpos humanos, y como consiguientemente (pero sin perjuicio del 
humano libre albedrío) discordias y guerras entre algunas naciones. Presagia 
también a lo que parece enfermedades y de verdad no poco contagiosas, y lo que 
de aquí suele originarse, cuál es la muerte de innumerables mortales, cuyos 
calamitosos efectos, todos tanto más durarán o alcanzarán de años, cuanto por más 
días o meses duró el cometa (p. 144). 
La ambigüedad de Kino encuentra nuevamente una feroz réplica en Libra astronómica. 
Sigüenza llega a denominar las cláusulas de su carta como oráculos de Apolo. Critica el 
sabio criollo la parte donde Kino advierte que el tamaño del cometa es directamente 
proporcional a los males que acontecerán sobre la tierra. Incluso, invita al lector de Libra… 
 
84 En la astrología judiciaria, según Howard Robinson, por cada día de visibilidad del cometa, habría medio 
año de influencias: “Thus, if a comet was visible for fourteen days, it was expected to be a bane to the earth 
for the next seven years, and to portend all the misfortunes occurring within that period” (Robinson, p. 15). 
En Especulación astrológica, Gaspar Juan Evelino realiza una exégesis similar del cometa de 1682, donde 
pronostica “guerras, con destrucción y muerte de muchos reyes” para California, China y Japón; guerras para 
Inglaterra, Holanda y Alemania. Asimismo, señala que habrá mudanza de religión en Japón. Incluso da una 
recomendación política a los españoles para que no abandonen la conquista del norte de la Nueva España: 
“Lo que yo ruego a los señores españoles es que no dejen de la mano la conquista de la California, porque 
ahora el cielo les ayuda y en lo de adelante, Dios sabe lo que será y es lástima que allí se pierdan tantas almas; 
de el Nuevo México no hablo, lo veo” (Trabulse: 1992, p. 155). 
130 
 
a que revise la carta de Kino y que la compare con el Manifiesto, en la parte donde Sigüenza 
habla de los “cometillas matapobres”. “¿Qué dice más el oráculo?”, escribe el sabio criollo 
con sarcasmo y continúa con la crítica. Posteriormente, señala de nuevo lo ridículo que son 
los vaticinios del padre jesuita, pues en el mundo hay, habrá y hubo tanto guerras y muertes 
como pestes, vientos y terremotos, ya sea con o sin cometas. En la recta final de “Pónese 
en las balanzas…”, la burla llega a su clímax cuando Sigüenza compara las palabras de la 
epístola con las de la dedicatoria de Exposición astronómica, donde Kino adula al virrey, 
marqués de la Laguna, y señala que el cometa de 1680-1681 es un heraldo de faustos 
designios, pues anuncia el buen gobierno que tendrá este príncipe. En efecto, señala 
Sigüenza que, cuando se trata de adular al virrey, los cometas son benignos, pero son 
fatales los autores que “hacen pronóstico de prosperidades, y en el cuerpo de su volumen, 
por lastimarme y ofenderme a mí, que dije otro tanto, estos propios gravísimos autores son 
nada, son locos y se pagan y enamoran de las lagañas astrosas” (Sigüenza y Góngora: 
1984, p. 109). 
El sabio criollo termina el examen de los fundamentos de Kino con dos 
poemas de Caramuel de Lobkowitz “para concluir con algo bueno el examen de 
estos fundamentos tan en extremo malos, como para que se vea que sin temor de 
errar se puede decir de los cometas lo que se quisiere” (p. 109). Sigüenza señala 
así lo absurdo de los argumentos de Kino e inserta dos poemas retrógrados de 
Caramuel intitulados “Presagios triste de un cometa” y “Anuncios alegres del mismo 
cometa”.85 De factura totalmente barroca, el segundo poema comparte las mismas 
palabras del primero, sólo que están escritas de modo inverso y presentan cambios 
ligeros. De este modo, el polígrafo mexicano representa la contradicción de Kino. 
 
85 En las observaciones que realizo del poema, me he basado en el ensayo “Carlos de Sigüenza y Góngora: las 
letras, la astronomía y el saber criollo” de Cristina Beatriz Fernández. 
131 
 
Cito, a manera de ejemplo, los versos liminares del primero y los últimos del 
segundo. El primero dice: “Irradiando muerte este astro, no anuncia el nacimiento/ 
de un príncipe: ¡Retrocede! No vaticino bienes.” El segundo responde: “Vaticino 
bienes. ¡No retrocedas! El nacimiento de un príncipe/ anuncia, no irradiando muerte 
este astro” (p. 110). 
Hay, asimismo, al pie de “Anuncios alegres del mismo cometa” una 
advertencia del editor don Sebastián Guzmán, quien se mofa también de Eusebio 
Kino y defiende, en este sentido, el posible intento de desprestigio que intenta 
jesuita alemán contra Sigüenza.86 Recuerda el editor que Eusebio Kino había 
criticado que el “astrólogo de Madrid echase sobre el turco los infortunios que 
significaban aquel cometa” y que pronostica catástrofes para “las provincias algo 
más septentrionales que las del turco”. Sin embargo, señala Guzmán, Kino hierra 
en ambos pronósticos, porque los turcos tuvieron mala fortuna y los polacos buena, 
pues el “señor emperador y rey de Polonia y sus auxiliares se hallan poseedores de 
más tierras y ciudades que las que antes tenían y con excesivas riquezas, 
acompañadas de muy buena salud y en todo triunfantes y victoriosos”. Guzmán 
termina este capítulo con un comentario mordaz y burlón sobre Exposición 
Astronómica y Filosófica: “Mala venta tuviera de pronósticos el padre, si los hiciera 
y le salieran como éste” 
 
 
 
86 Consultar “Análisis de la controversia novohispana sobre el cometa de 1680-1681. Una aproximación 
histórica desde el campo científico” de Ernesto Priani y Héctor Rafael Sedano. 
132 
 
CONCLUSIONES 
 
Como se ha podido observar a lo largo de esta investigación, el cometa es el recurso 
literario perfecto en la astrología-astronomía para mover voluntades: 
Lo oscuro y lo difícil, lo nuevo y lo desconocido, lo raro y lo extravagante, lo exótico, 
todo ello entra como resorte eficaz en la preceptiva barroca que se propone mover 
las voluntades, dejándolas en suspenso, admirándolas, apasionándolas por lo queantes no habían visto. […] Esa amplia extensión de los resortes que utiliza la cultura 
barroca, hasta llegar a extensas capas de población y alcanzar bajos niveles 
sociales, son una confirmación de ese carácter de ciudadano masivo –es normal la 
apelación al numeroso vulgo urbano- en los productos de aquélla (Maravall: 1972, 
p. 462). 
 La figura del cometa fue utilizada por gran parte de los astrólogos-astrónomos como 
una sinécdoque de la ambivalencia e inestabilidad del cielo barroco. Es así como 
estos autores recurren a ésta para que su “idea, propia, forme parte de la otra 
figurada” (Beristáin: 2013; p. 474). Esta estructura tropológica nos permite 
demostrar cómo un discurso histórico se asemeja a la narrativa literaria (White: 
2003, p. 162). Asimismo, el cometa se vuelve una alegoría del mal del mundo. 
Todas las catástrofes que habían experimentado Europa y la Nueva España, toda 
duda e incertidumbre, todo cambio y movimiento social, se aglutinaron, en una 
sucesión de máscaras maléficas, a lo largo de los siglos en estos símbolos 
celestes.87Los cometas, ya sean barbados, ya con forma de espada, de antorcha o 
de crin de un caballo, siempre produjeron fascinación en la historia por la ruptura 
 
87 La figura del cometa es un motivo frecuente que se halla en las producciones literarias del 
Renacimiento y el Barroco. Grandes ejemplos son Shakespeare, Calderón de la Barca, Francisco y 
Quevedo, Luis de Góngora, entre otros. 
133 
 
que causaban en la perfección de las esferas. Porque son prodigio, novedad y 
maravilla para quien los contempla, porque causan asombro y espanto, porque son 
oposición de lo perfecto y crisis de la armonía celeste, porque señalan que el mundo 
ya no es un mundo medieval, una superposición de esferas cristalinas y “un ser 
hecho, terminado y en reposo, sino que posee una ‘consistencia’ dinámica, inestable 
y contradictoria” (Maravall: 1972, p. 332), por esto y más los cometas responden muy 
bien al espíritu del barroco. El cielo de los siglos XVI y XVII es un ser agitado, una 
máquina que se expande y quiebra el corsé establecido por el modelo aristotélico-
ptolemaico. Con su expansión y por el avance de la ciencia, Dios se aleja cada vez 
más del mundo. El hombre barroco, en efecto, se siente entre dos abismos infinitos. 
Asimismo, la figura del cometa es una justificación histórica de los 
acontecimientos. Sólo basta con explorar el teatro de los siglos XVI y XVII, los libros 
de cometomancia y las publicaciones como las de Lubienietzky para encontrar una 
enorme lista de coincidencias, donde, tras cada caída de un reino o muerte de un 
monarca, fue visto un cometa. Esta tradición astrológica llega, como he expuesto 
en el apartado anterior, al Nuevo Mundo para inventar su cielo y, de este modo, 
utiliza este nuevo mito para situar el continente “descubierto” bajo el cielo occidental. 
El cometa fue un recurso literario que servía, indica Jesús M. Usunáriz, como una 
referencia sobrenatural para los hechos históricos: 
Pero, el pronóstico o, si se prefiere, el signo, fue utilizado como un factor de 
legitimación política. Los errores de un rey imprudente, augurados por fenómenos 
celestes y eventos extraordinarios, servían para dar más peso, más autoridad a los 
hechos posteriores. Si para los autores portugueses del siglo XVII, especialmente 
tras 1640, la muerte del rey Sebastián, anunciada por el cometa, fue el vaticinio de 
la pérdida de la independencia, “de la pérdida de Portugal”, para muchos de los 
134 
 
españoles testigos directos o indirectos de los hechos, sirvió para dar apoyo, frente 
a sus críticos, a la toma de decisiones que acabaron con la conquista de Portugal 
por las tropas encabezadas por un anciano duque de Alba y de la que don 
Sebastián, por su inmadura osadía, era el máximo responsable (Usunáriz: 2015, p. 
91). 
En la literatura astrológica-astronómica de la Edad Media, el Renacimiento y parte 
del Barroco, los cometas concluyen reinados, cierran ciclos y justifican 
acontecimientos. Desde esta interpretación del mundo, Kino y Sigüenza emplean a 
su provecho la figura del cometa. Si bien el segundo se acerca más a una 
perspectiva científica – o pasa, como escribe Priani, de un estado menos racional a 
uno más racional-, no deja de recurrir al sistema astrológico para discutir dentro de 
este sistema y concepción del mundo. Kino, por otro lado, tiene la vista más nublada 
por las letras, pues ve el cielo a través del lente quimérico de la tradición medieval. 
En Libra astronómica, Sigüenza y Góngora despoja al cosmos de su 
simbología. Desde esta hermenéutica del cielo, con diversas estrategias discursivas 
y con la confrontación de textos y argumentos, desarma no sólo las estrategias 
persuasivas de sus contrincantes en la justa comética, sino los supuestos de la 
astrología. Al final, Sigüenza y Góngora demuestra que el cielo no comunica los 
designios divinos a través de oráculos celestes, ni que los astrólogos son exégetas 
y amanuenses de Dios. Por lo tanto, atrás de cada constelación, planeta, estrella y 
cometa no hay ningún significado, sino sólo el vacío. Quizá la ausencia de un 
simbolismo en el firmamento sea la causante de llenar el microcosmos de 
apariencias y espejos, pues ahora sólo queda la realidad del hombre, donde los 
astros han perdido su fulgor significativo, donde la hermenéutica celeste ha sido 
135 
 
progresivamente sustituida por la precisión y objetividad de la ciencia moderna. Esto 
es parte de la crisis que imperaba en el hombre del Barroco. 
 
 
136 
 
ANEXOS 
 
Figura A: 
 
 
Documento impreso por el artista y librero Johann Hoffmann en la ciudad de 
Núremberg en el año de 1680, tras el avistamiento del Gran Cometa sobre el cielo 
de esta ciudad. 
137 
 
Figura B: 
 
 
138 
 
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