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Universidad Veracruzana Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias Libra astronómica y filosófica: entre la ciencia y la literatura de los Siglos de Oro Tesis Que para obtener el Grado de Maestro en Literatura Mexicana Presenta Sebastian Heinrich Welke Laborde Director Dr. Marcos Cortés Guadarrama Xalapa, Veracruz, México Diciembre, 2019 2 En la más encumbrada y gloriosa época de Roma, un poco antes de que cayera el poderoso Julio, Inhabitadas quedáronse las tumbas, y envueltos en sus mortajas los muertos aullaron y dieron voces confusas por las calles de Roma; viéronse estrellas de encendidas colas, desastres en el sol, lluvia de sangre, y la húmeda estrella, bajo cuyo influjo se sostiene el imperio de Neptuno padeció eclipse cual si fuera el Día del Juicio. Y parecido anuncio de terribles sucesos, cual precursores que anteceden siempre y prólogo a los hados y a las calamidades que van a acontecer, han mostrado juntos cielo y tierra a este país y a nuestros compatriotas. Shakespeare Hamlet Menos solicitó veloz saeta destinada señal, que mordió aguda; agonal carro por la arena muda no coronó con más silencio meta, que presurosa corre, que secreta, a su fin nuestra edad. A quien lo duda (fiera que sea de razón desnuda) cada Sol repetido es un cometa. Confiésalo Cartago, ¿y tú lo ignoras? Peligro corres, Licio, si porfías en seguir sombras y abrazar engaños. Mal te perdonarán a ti las horas, las horas que limando están los días, los días que royendo están los años. Luis de Góngora y Argote 3 Hay quienes estudian y comentan los calendarios y alegan autoridad en cuanto ocurre. Hablan tanto que por fuerza aciertan y se equivocan. Montaigne Ensayos, Capítulo XI Ellos dicen que los eclipses presagian desgracias, porque las desgracias son ordinarias, de suerte que sucede tan a menudo el mal, que aquéllas ocurren a menudo; si en lugar de eso dijeran que presagian felicidad mentirían a menudo. Ellos no atribuyen la felicidad más que a reencuentros raros en el cielo; así yerran pocas veces en la adivinación. Pascal Pensamientos Yo también soy astrólogo y sé muy bien cuál es el pie de que la astrología cojea y cuáles los fundamentos debilísimos sobre que levantaron su fábrica. Carlos de Sigüenza y Góngora Libra astronómica y filosófica 4 Índice Introducción………………………………………………………………………….……6 CAPÍTULO PRIMERO. Los modelos del mundo y la astronomía-astrología en la Nueva España 1.1 Los tres modelos del mundo……………………………………………………….9 1.2 La corrupción de los cielos: La supernova de 1572 y el cometa de 1577…………………………………………………………………………………..….20 1.3 De heraldos infaustos……………………………………………………………...25 1.4 El Gran Cometa de 1680………………..……………………………………..….30 1.5 La astronomía en la Nueva España…………………………………………..….33 CAPÍTULO SEGUNDO. La hermenéutica del cielo 2.1 Libra Astronómica ante la crítica………………………………………………..…53 2.2 La hermenéutica del cielo en Libra Astronómica………………………………..66 2.2.1 Astrónomos-astrólogos: hermeneutas del cielo……………………………....71 2.2.2 El Barroco en la hermenéutica del cielo……………………………………….75 5 CAPÍTULO TERCERO. Carlos de Sigüenza y Góngora y la lectura del cometa de 1680/81 3.1“Manifiesto filosófico”: política y hermenéutica del cielo…………………..……..79 3.2 La desemantización del cielo………………………………………………..…..112 CONCLUSIONES……………………………………………………………….……...132 ANEXOS………………………………………………………………………...………136 BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………………138 6 Introducción La introducción es, emulando a Jorge Luis Borges, aquel rato de la investigación en que el autor es menos autor. Es leyente de un trabajo que realizó a lo largo de rutinarios desvelos y discusiones con fantasmas. La introducción está al inicio de una tesis, pero su tiempo está atado al fin de un ciclo de investigación. Escribir sobre Carlos de Sigüenza y Góngora ha presentado para mí un gran reto y deleite. Su obra Libra astronómica y filosófica me celaba un mundo oculto de oráculos, desastres y cometas maléficos que desconocía. Después de dos años de lectura sobre historia de la astronomía y la medicina, sobre la estética del Barroco y su época, después de revisar diferentes tratados del siglo XVI y XVII del Viejo Mundo y del Nuevo Mundo, en particular, de la Nueva España, comenzó a aclararse el cielo de Libra astronómica y logré leerlo un poco más con los ojos de la época y pude, en efecto, comprender mejor los documentos astronómicos-astrológicos que surgieron en torno a la aparición del cometa de 1680-1681. Varias ideas que presento en mi investigación encuentran su origen en las lecturas que realicé de los trabajos de Alicia Mayer, Ernesto Priani y Miruna Achim, quienes son de los pocos estudiosos que han examinado el tema de la astrología-astronomía en Libra astronómica y los tratados astronómicos astrológicos que surgieron en torno al cometa, desde una perspectiva que considera tanto la ciencia de la época como el contexto histórico y la estética del Barroco. Cabe destacar que el doctor Marcos Cortés Guadarrama fue quien me inició en la lectura de Libra astronómica y a quien 7 le debo gran parte de mi formación como investigador en el ámbito de la historiografía literaria. Ahora bien, mi investigación tiene una división tripartita. En el capítulo primero, emprendo un recorrido por la historia de la astronomía, desde la Antigua Grecia hasta Newton. Cabe destacar que la literatura y la ciencia están abrazadas desde el inicio de estas teorías que presento. Expongo, al comienzo, los tres modelos del mundo que fueron predominantes en la Historia del Occidente. Hablo, en efecto, del modelo aristotélico-tolemaico, del copernicano y del ticónico. Posteriormente hablo de los cambios que sufre la concepción del cielo a finales del siglo XVI, la simbología con la que se carga a los cometas en la Historia occidental y el contexto histórico del avistamiento del Cometa de 1680-1681. Al no haber encontrado una historia detallada de la astrología-astronomía en México, termino este capítulo con una línea del tiempo sobre ésta en la Nueva España, la cual trazo desde el primer posible documento de astronomía-astrología publicado en estos lares hasta la toma de Sigüenza y Góngora de la cátedra de matemáticas en la Real y Pontificia Universidad de México. Asimismo, expongo aquí el contexto novohispano de la astrología-astronomía del siglo XVII y el ambiente competitivo en el que se situaban estos astrólogos-astrónomos. La estructura del primer capítulo se conforma como un recorrido a través de la historia de la astronomía, iniciando desde la parte propiamente más “científica” para desembocar en la más literaria. En el segundo capítulo, reviso los diferentes trabajos que se han hecho sobre Libra astronómica y finalizo este apartado con una reflexión sobre el encanto literario de algunos postulados científicos que surgieron en torno del avistamiento del 8 cometa de 1681. Propongo, asimismo, que se estudié esta obra de Sigüenza desde una perspectiva literaria, considerándola inserta, por lo tanto, en una hermenéutica del cielo y en el periodo Barroco. En el tercer capítulo, emprendo el análisis de Libra astronómica. He divido en dos apartados este capítulo: a) antes de la afrenta entre Eusebio Kino y Sigüenza -es decir, aquí me enfoco principalmente en el Manifiesto filosófico y en su relación con el contexto social durante el virreinato de don Tomás Antonio de la Cerda-; b) después de la ofensa de Kino –cuando fue escrito Libra astronómica. En la segunda parte expongo las diversas teorías de cometas que yacen en los textos de Sigüenza y Góngora, Eusebio Kino y Salmerón y Castro. Escribo, asimismo, sobre el papel que ha tenido elcometa como recurso literario en la hermenéutica del cielo del periodo Barroco y reflexiono sobre la lectura que realizó Sigüenza del cometa de 1680-1681 y la crítica que efectúa sobre las diversas teorías que existían en su época. En la conclusión recapitulo la tesis y enfatizo la importancia de leer Libra astronómica no sólo desde la perspectiva de la historia de la ciencia, sino que, como he mencionado, se debe considerar el contexto político-social en que se circunscribe, es decir, que se puede leer también como una producción literaria propiamente del ámbito astrológico-astronómico novohispano. Xalapa-Enríquez, Veracruz, 25 de junio de 2019 9 CAPÍTULO PRIMERO. Los modelos del mundo y la astronomía-astrología en la Nueva España 1.1 Los tres modelos del mundo Quizá la historia de la astronomía occidental, desde Aristóteles hasta antes de Kepler, es la historia sobre la variación de una obstinada idea: el arduo y constante reajuste de un sistema de esferas y círculos.1 Anaximandro, en el siglo VI a.C., decía que “el universo infinito era una fuente de infinidad de mundos, de los cuales el nuestro era sólo un ejemplo” (North: 2001, p. 52) y que la Tierra era una suerte de disco flotante. Pitágoras decía que “el universo fue producido cuando el cielo inhaló el infinito para formar grupos de números” (p. 53).2 Lactancio aseveraba que la Tierra era plana, pero ya Parménides de Elea, en el siglo V a.C., había dicho que la Tierra era esférica y que el brillo de la luna era producido por el Sol. Esta idea de la esfericidad cautivó la imaginación de los pensadores atenienses del siglo ulterior. 1 En este capítulo, expondré brevemente los tres modelos del universo que, según John D. North, convivían en el siglo XVII. Éstos eran los siguientes: el modelo aristotélico-tolemaico, el copernicano y el ticónico. 2 Los pitagóricos, señala North, proponían un modelo del universo donde los cuerpos celestes giraban alrededor de un fuego central, fuego que no era el Sol. Consideraban, asimismo, la existencia de una Contra- Tierra para explicar el origen de los eclipses. No ves cuán erguidas hacia las estrellas hizo Dios Las cabezas de los hombres y cuán sublimes modeló sus rostros; Mientras a las bestias y al género de los pájaros y a los cuerpos de las fieras Hizo abatirse indistintamente sobre su vientre torpe e inmundo-. Silio Tálico, citado por Carlos de Sigüenza y Góngora en Manifiesto Filosófico De ese punto dependen el cielo y la naturaleza toda. Mira aquel círculo que está más próximo a él, y sabe que su movimiento es tan veloz por el encendido amor que le da impulso. Dante Alighieri 10 Platón la introduce en el libro décimo de la República con el mito de Er y Eudoxio de Cnido la utiliza para explicar su sistema homocéntrico, sistema construido a partir de esferas concéntricas que rodean a la Tierra. El astrónomo de Cnido fue maestro de Polemarco, quien fue a su vez maestro de Calipo, quien fue maestro de Aristóteles. Estos últimos dos discípulos completaron el sistema de Eudoxio, incrementándole el número de esferas concéntricas.3 Cabe aclarar que, desde este subcapítulo hasta el 1.4, ofreceré un estado de la cuestión sobre la literatura astronómica-astrológica desde sus raíces grecolatinas hasta la publicación de Philosopiae naturalis principia mathematica (1687) de Isaac Newton y de las diversas posturas que tuvieron los astrónomos-astrólogos en torno a las apariciones de cometas. Ulteriormente, en el subcapítulo 1.5 aterrizaré las ideas de los subcapítulos anteriores en el contexto de la Nueva España. Esta revisión de las diversas posturas tomadas a lo largo de los siglos será exhaustiva y espero no cansar al lector. Sin embargo, ante la escasa investigación de la literatura astronómica-astrológica en México, se vuelve indispensable trazar una línea que no sólo contextualice los modelos del cosmos predominantes en la Historia del Occidente, de los cuales Sigüenza y Góngora es heredero, sino que perfile el contexto de la astronomía-astrología en la Nueva España. Las ideas que prevalecían durante el periodo novohispano, la postura de los astrónomos- astrólogos de la Nueva España, la literatura que consumían éstos, el lugar que 3 Las esferas concéntricas, señala Allen G. Debus, eran utilizadas para explicar la rotación diurna de las estrellas y los movimientos de la Luna, el Sol y las estrellas. Mientras el esquema de Eudoxio tenía 26 esferas, el de Calipo constaba de 33 y el de Aristóteles de 55. Para una explicación detallada acerca de las esferas transportadoras, las transportadas y contra-actuantes, véase Historia Fontana… de North, p. 64-68. 11 ocupaban en la sociedad, serán algunos de los aspectos que se revisarán en este apartado. Estos capítulos que he presentado brevemente son fundamentales para entender la propuesta hecha por Sigüenza y Góngora en Libra astronómica y filosófica, obra que se debe a una tradición de gran interés para la filología. Espero que este primer capítulo permita no sólo esclarecer algunos aspectos de la astronomía-astrología en Libra…, sino en los estudios posteriores que se hagan de la literatura astronómica-astrológica de la Nueva España y que abra un debate en torno a la literatura de este tipo, que ha sido leída por mucho tiempo desde una perspectiva reduccionista, la cual ha considerado este tipo de textos sólo como documentos de carácter científico. Cabe señalar que en Alemania y Francia existe una perspectiva de investigación que estudia los textos astronómicos-astrológicos de la Edad Media, Renacimiento y Barroco considerando los aspectos literarios que hay en estos documentos, pues la división entre ciencia y literatura es algo que sucede posteriormente, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Es un error considerar que estos textos son puramente científicos o puramente literarios; mas bien, son una quimera en donde la Historia, la literatura, el folclor, la mitología, la filosofía, los avances científicos se entremezclan para formar un todo, el cual trataba de explicar, en gran parte por medio de la imaginación, el mundo en estos siglos. El astrónomo-astrólogo desarrollaba, en efecto, una serie de imaginerías que se explicaban por los parámetros de esta misma literatura astronómica y no necesariamente por la realidad. 12 Ahora bien, ¿cómo era el universo que concibió Aristóteles? Imaginemos una serie de esferas concéntricas y sólidas, una dentro de otra -como si fuesen las capas de una cebolla-, hasta llegar a un centro inmóvil, el cual es la Tierra. No son los planetas los que se mueven alrededor de ésta, sino las esferas que transportan a aquéllos. Es decir, cada esfera concéntrica tenía, por decirlo de una manera, planetas adheridos a su superficie, los cuales eran transportados por el movimiento circular de éstas. Aristóteles dividía el cosmos en dos regiones: la supralunar y la sublunar. La primera comprendía los cuerpos celestes, que estaban compuestos por el quinto elemento: el éter.4 La segunda región estaba compuesta por los cuatro elementos: Tierra, agua, aire y fuego. La primera región es perfecta e inmutable; la segunda, imperfecta y mutable. En la primera región los movimientos son circulares; en la segunda son hacia arriba o hacia abajo. En Acerca del cielo, Aristóteles escribe: De modo que ni ahora hay múltiples cielos ni los hubo ni es posible que los llegue a haber, sino que este cielo es uno, único y perfecto. Está claro, a la vez, que no existe lugar ni vacío ni tiempo fuera del cielo. Pues en todo lugar puede llegar a haber algún cuerpo; el vacío, por otro lado, dicen que es aquello en lo que no hay ningún cuerpo pero puede llegar a haberlo; yel tiempo es el número del movimiento: y no hay movimiento sin cuerpo natural. Ahora bien, se acaba de demostrar que fuera del cielo no existe ni puede generarse cuerpo alguno. Luego es evidente que fuera 〈del universo〉 no hay lugar ni vacío ni tiempo. 4 Para Platón, refiere North, las estrellas eran dioses visibles a los que un Ser Supremo les había dado vida. Esta concepción fue muy influyente en el pensamiento cristiano. Aristóteles, asimismo, defendió la divinidad de las estrellas. Los babilonios (“caldeos”) afirmaban que podían pronosticar fenómenos meteorológicos a partir de los signos del cielo, así como el destino de las naciones y los individuos. 13 Por eso las cosas de allá 〈arriba〉 no están por su naturaleza en un lugar, ni el tiempo las hace envejecer, ni hay cambio alguno en ninguna de las cosas situadas sobre la traslación más externa, sino que, llevando, inalterables e impasibles, la más noble y autosuficiente de las vidas, existen toda la duración 〈del mundo). (Aristóteles: 1996, p. 88) El cielo es, por lo tanto, uno, único y perfecto.5 La teoría de Aristóteles, señala North, es “la explicación mecanicista de un universo formado por capas con diversas funciones” (North, p. 68), donde los movimientos se postulan en términos de una física de causa y efecto. ¿Cuál es, entonces, el principio de todo movimiento? Aristóteles dice: “Y es suficiente que haya un único moviente, el primero de los inmóviles, que al ser eterno será para todas las demás cosas el principio de movimiento” (Aristóteles: 2014, p. 271). En efecto, el primer motor, autónomo y eterno, transmite su movimiento circular perpetuo a las esferas inferiores. Indica North que Aristóteles da a entender que cada movimiento de tipo “eudoxiano” tiene su propio primer motor, “así que habría 55 (o 47) de ellos, a los cuales finalmente aceptó como dioses” (North, p. 69). Ciertos glosadores, en la Antigüedad tardía y en la Edad Media, consideraron aberrante e intolerable la idea y decidieron sustituir la palabra “dioses” por “inteligencias” o “ángeles”.6 Sin embargo, el sistema aristotélico, indica Allen G. Debus, en El hombre y la naturaleza en el Renacimiento, no explicaba la variación de distancias que tenían periódicamente el Sol, la Luna y las estrellas con respecto a la Tierra, pues variaban 5 En Metafísica de Aristóteles se encuentran los aspectos técnicos del sistema de esferas concéntricas. 6 En la Divina Comedia, en el canto vigesimoctavo de “El paraíso”, Dante habla sobre el noveno cielo: “Este círculo, pues, que lleva consigo los más sublimes del universo, corresponde a aquel en que más se ama y se sabe más; por lo que si aplicas tu medida a la virtud, no a la extensión de las sustancias que se te ofrecen en esa forma de círculos, verás una admirable conformidad entre las inteligencias de cada cielo” (Dante 1982, p. 476). 14 su brillo y sus dimensiones ante el ojo de quien los observaba. Los astrónomos alejandrinos (especialmente Apolonio e Hiparco), en los siglos II y III a.C., “refundieron los datos disponibles en un nuevo sistema” (Debus: 1985, p. 140). Posteriormente, Claudio Ptolomeo (siglo II a.C.) revisó y amplió este sistema configurando así un sistema astronómico complejo, matemático -mas no del todo preciso-, que podía predecir y explicar con bastante exactitud los movimientos celestes.7 Debus explica algunas de las precisiones que realizó Ptolomeo al modelo de las esferas concéntricas: La astronomía de Ptolomeo conservaba las antiguas esferas, pero añadía una serie de círculos (preservando así el movimiento “perfecto” de los cielos) para explicar con mayor precisión los fenómenos observados. En el caso más simple un planeta podía localizarse en un círculo deferente o mayor -si parecía moverse alrededor de la Tierra con perfecta circularidad. Sin embargo, semejante perfección -salvo en lo que se refería a las estrellas- no existía. En vista de ello se introdujo otra serie de círculos. El epiciclo, con su centro situado en la circunferencia del deferente, giraba mientras avanzaba con el movimiento del deferente. Este movimiento dual explicaba tanto las variaciones aparentes de las distancias como las retrogresiones planetarias. Otras irregularidades obligaron a Ptolomeo a situar a la Tierra a cierta distancia del Sol y a utilizar círculos excéntricos (“fuera del centro”) y círculos ecuantes. Con la ayuda de estos últimos se explicaban los aparentes cambios de velocidades de los planetas. (Debus, p. 142). Alrededor del año 850 d.C., según North, el esquema tolemaico, a través de un resumen del Almagesto escrito por Al-Farghani, se convirtió en una materia 7 El modelo tolemaico está expuesto en el libro Almagesto, libro que tuvo como seguidores a la mayor parte de los astrónomos del mundo islámico y el occidental hasta el siglo XVII, según indica Allen G. Debus. Su catálogo de 1022 estrellas en las 48 constelaciones proporcionó un marco de trabajo para abordar gran parte de los temas astronómicos de la época. 15 estándar del plan de estudios de las universidades de la Edad Media europea. Asimismo, el Tetrabiblos de Tolomeo entró a la conciencia europea a través del Islam.8 En Astrología y astronomía en el Renacimiento¸ Juan Vernet indica que el Almagesto fue sumamente importante para la formación de Copérnico: la lectura del De revolutionibus prueba que Copérnico dominaba a la perfección todos los métodos matemáticos utilizados por Tolomeo, lo cual implica una lectura muy atenta y una larga meditación del Almagesto. Es más: la mayoría de las observaciones de la Antigüedad que conoce y utiliza le han llegado -a él al igual que a los autores medievales- a través de dicho libro. (Vernet: 2000, p. 71). Si leemos atentamente el título De revolutionibus orbium coelestium libri sex observamos, como bien señala Vernet, que la obra trata del movimiento de las esferas celestes y no del desplazamiento de los planetas, pues éstos, para el astrónomo polaco eran transportados por aquéllas. A diferencia de lo que generalmente se ha dicho sobre el sistema copernicano, que es heliocéntrico, Debus, Vernet y North abundan en que se trata más bien de un sistema “heliostático”. Asimismo, Copérnico no situó el Sol exactamente en el centro. El modelo copernicano atentaba contra el sentido común y el dogma religioso, que durante años había dictado que la Tierra era fija y se encontraba situada en el centro del universo. Tolomeo, según North, consideraba que una Tierra en rotación ocasionaría movimientos tan violentos que “ésta se fragmentaría y se despedazaría 8 North indica que esta obra funcionó como un manual de astrología compartido por pueblos de diversas creencias. Cabe recordar que este arte tiene hondas raíces babilonias: los griegos “cuando utilizaban ideas tomadas de Egipto, en realidad estaban utilizando materiales de segunda mano que originalmente provenían de Babilonia” (North, p. 97). Aunque la astrología, con el ascenso del cristianismo, fue reprimida, “se convirtió en una actividad aceptada en la Europa cristiana hasta los días presentes” (p. 97). 16 a través de los cielos” (North, p. 219). Sin embargo, Copérnico indicaba que, debido a la estabilidad de la esfera celeste, esto no podría suceder. Debus resume algunos de los puntos principales del modelo copernicano: En suma, se trataba de una refundición del sistema de Ptolomeo. El Sol, ahora en reposo, estaba cerca (pero realmente no en él) del centro matemático del universo y circundando por los planetas (entre los cuales se consideraba a la Tierra, con su Luna girando en epiciclo) incrustados en sus esferas cristalinas. El sistemaincluía la tradicional esfera de las estrellas fijas. […] [S]i el sistema copernicano conservaba mucha de la complejidad del universo ptolemaico, en cierta medida lo simplificaba. No sólo se eliminaban los círculos ecuantes, sino que también se consideraban superfluos los epiciclos, con los que se explicaba el movimiento retrógrado de los planetas contra el fondo de las estrellas fijas, en forma de rizo, podía explicarse ahora como el resultado de las posiciones y velocidades relativas de la Tierra y los planetas observados. (Debus, p. 156). Aunque el Commentariolus de hypothesibus motuum coelestium a se constitutis¸ obra en la que desarrolla Copérnico primeramente su concepción de un universo heliocéntrico, llevara la palabra “hipótesis” para disimular la realidad física que admitía este astrónomo, los teólogos protestantes no se dejaron engañar. El rechazo al modelo de Copérnico fue feroz. Juan Vernet cita, como ejemplo, un fragmento de Conversaciones de sobremesa de Lutero: “El loco quiere cambiar toda la Astronomía, pero las Sagradas Escrituras muestran que Josué dijo al Sol y no a la Tierra que se parara” (p. 94). La reacción católica, aunque más tardía, no fue menos violenta. Escribe Juan Vernet que la supervivencia del sistema heliocéntrico copernicano, a lo largo de los siglos XVI y XVII, se debió a su contenido matemático más que al ideológico: 17 El De revolutionibus permitía calcular las tablas y los almanaques, tan necesarios a los astrónomos y astrólogos de la época, y, por tanto, debía ser utilizado con tal fin sin entrar en discusiones […] de si Copérnico había expuesto una teoría o se trataba de simples hipótesis (p. 156). Refiere el historiador North que el orden de los planetas nunca había sido establecido de manera concluyente en el pensamiento astronómico. Mercurio y Venus eran los planetas más problemáticos. Mientras Platón los situó encima del Sol, Tolomeo los colocó debajo. En el sistema copernicano, el orden de los planetas alrededor de un Sol estacionario era el siguiente: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno.9 Las doctrinas del De revolutionibus eran conocidas en España desde el momento de su publicación: “Salamanca precedió así a la misma Cracovia en la difusión del sistema heliocéntrico sin sufrir intromisiones ni del poder real ni de la Inquisición” (Vernet, p. 160). Las doctrinas del sistema copernicano se aplicaron, desde 1582, al cálculo de efemérides. El director de la Academia de Matemáticas, Juan de Herrera, pidió en 1584 al embajador de Venecia “un lote de libros entre los cuales figuraba el de Copérnico” (p. 160). Incluso, en la cátedra de astrología de la Universidad de Salamanca, indica Vernet, se llegó a estudiar a Copérnico. Sin embargo, en 1616, el Santo Oficio califica a la teoría heliocéntrica de: necia y absurda filosóficamente, y formalmente herética, por cuanto expresamente contradice las doctrinas de las Sagradas Escrituras en muchos puntos, tanto conforme a su sentido literal como conforme a la común exposición e interpretación de los santo Padres y Doctores (Debus, p. 177). 9 Véase Historia Fontana…de North, páginas 218-228, y Astrología y astronomía… de Juan Vernet para una explicación más detallada del sistema copernicano. 18 Semanas después, el De revolutionibus fue enclaustrado en la lista de libros prohibidos; el mismo año, Galileo Galilei fue advertido por el Santo Oficio. En 1642, tras la muerte del astrónomo italiano, el sistema copernicano aún no había sido aceptado. Escribe Juan Vernet que después de la condena de Galileo, tanto la Iglesia católica como las reformadas dificultaron la difusión del nuevo sistema, sistema que sólo podía ser considerado como una hipótesis. Los astrónomos, en consecuencia, tendrían únicamente las siguientes opciones: 1) Someterse a la autoridad eclesiástica y seguir con el sistema geocéntrico; 2) inventar o aceptar otros sistemas que no se opongan a las Sagradas Escrituras; y, 3) defender a ultranza, bien como teoría, bien como hipótesis, el heliocentrismo. Pero todos ellos utilizan, cuando les conviene, los procedimientos de cálculo divulgados por Copérnico (Vernet, p. 166). Ante la acumulación de evidencias durante el siglo XVI y XVII en contra del sistema tolemaico, muchos astrónomos, autores europeos y defensores del geocentrismo encontraron refugio en el sistema ticónico, pues “no sólo no contradecía las Sagradas Escrituras (aunque sí a Aristóteles) sino que facilitaba unos modelos matemáticos capaces de representar muy bien las realidades observadas” (Vernet, p. 167). Tycho Brahe ideó un nuevo sistema donde armonizaba la ciencia y la religión. La defensa del sistema tolemaico y de la física aristotélica se había debilitado: el astrónomo danés había desterrado para siempre el dogma de las esferas cristalinas del sistema aristotélico. Y sin embargo, para sus 19 contemporáneos, según indican North, el mayor logro de Brahe fue dejar a la humanidad en el centro del universo.10 En 1687, tras la publicación de Philosopiae naturalis principia mathematica, Isaac Newton asestó un golpe mortal a las teorías geocéntricas. “El triunfo definitivo del copernicanismo en cada país”, refiere Vernet, “es el de la introducción de los Principia” (Vernet, p. 171). Hacia 1732, en Francia, Maupertius difunde la obra de Newton; en Italia, Capelli lo hará un año después con su obra Astrophianumerica; en España, Jorge Juan, a mediados de siglo, se colocó a la cabeza del movimiento renovador de la astronomía: “El triunfo del sistema copernicano en la Península influyó en la expansión del mismo por Hispanoamérica” (p. 171). A lo largo de la Historia occidental el cosmos sufre de una expansión que irá de lo finito a lo infinito. El avance de la ciencia en los siglos XVI y XVII rompió la parcela celeste trazada por el modelo aristotélico-ptolemaico. Conforme la astronomía-astrología se desarrollaba, Dios se fue alejando cada vez más del centro del mundo hasta quedar, en el modelo de Newton, relegado a su orilla. En el Barroco, en efecto, el hombre se sentirá un ser que yace entre dos abismos infinitos. 10 En el sistema ticónico, la Tierra se encuentra en el centro del mundo, es decir, del universo. El Sol y la Luna giran alrededor de ésta. El Sol, a su vez, está rodeado por las órbitas de los planetas. North señala que Tycho a pesar de sus innovaciones, era en otros aspectos un tradicionalista: su descripción física del universo, aunque liberada de la esfera del fuego, era muy parecida a la de Aristóteles y a la astrología tradicional; estaba convencido en la eficacia de la astro-meteorología; realizó, como muchos otros astrónomos, estudios de los horóscopos de los famosos. 20 1.2 La corrupción de los cielos: La supernova de 1572 y el cometa de 1577 Hay, en la armonía de los cielos, una minúscula disonancia que fascinó y aterrorizó al hombre durante años. La supuesta irregularidad de estas apariciones arremetía directamente contra la perfecta maquinaria aristotélica. El cometa, ornitorrinco de las clasificaciones celestes, causaba dolores de cabeza a los teólogos y astrónomos-astrólogos de la tradición medieval, mientras que, para los de la nueva escuela, era un fuerte argumento que corroboraba la ausencia de las esferas celestes.11 Asimismo, los avances tecnológicos en la astronomía, como la invención del telescopio, permitieron observar fenómenos y detalles que antes eran ignorados por el ojo desnudo del astrónomo, y con ello confirmar la imperfección de los cielos.12 Entre los últimos años del siglo XVI y los albores del XVII, una serie de fenómenos celestes formaron parte del proceso de destrucción de la cosmología aristotélica y medieval. Como señala Víctor NavarroBrotons en su artículo “Las novedades celestes en España entre 1572 y 1618”,13 la referencia a la supernova 11 La tradición medieval sostenía que el cielo estaba dividido en 10 esferas. La tierra era inmóvil y ocupaba el centro del universo. En torno giran nueve esferas concéntricas. Las primeras siete son los cielos planetarios. La octava era denominada como la “esfera de las estrellas fijas”; en la novena se encontraba el Primer móvil y, más allá, en la décima, estaba el Empíreo. 12 Refiere North que se ha atribuido la invención del telescopio a diversos académicos del siglo XVII, tales como Giambattista de la Porta, John Dee y Thomas Digges. No obstante, estas afirmaciones carecen de fundamento. Se sabe, por medio de una carta datada el 25 de septiembre de 1608, que en la Provincia de Zelanda, Holanda, había un fabricante de anteojos llamado Hans Leippershey, quien construía este tipo de artefactos. A mediados de julio del año 1609, Galileo se enteró de su existencia y fabricó uno por su cuenta. Si el primer telescopio amplificaba dos o tres veces el cielo, el del astrónomo italiano tenía un poder de amplificación de 20 o 30. Con el nuevo aparato, Galileo observó los valles y montañas de la Luna y las manchas del Sol. Esto le permitió argumentar a favor de la corruptibilidad de los cielos. 13 El artículo de Víctor Navarro Brotons se encuentra en el libro Novas y cometas entre 1572 y 1618. Revolución cosmológica y renovación política y religiosa, cuyo compilador es Miguel Ángel Granada. 21 de 1572 se ha vuelto ya un clásico en la historia de la astronomía moderna. Para dar un contexto general de las posturas que había en el ámbito astronómico- astrológico, presento una breve y modesta relación de algunas observaciones realizadas en 1572 y en 1577. Cuando Tycho Brahe regresaba de su laboratorio de alquimia en Dinamarca, el 11 de noviembre de 1572, descubrió una nueva estrella en la constelación de Casiopea. Durante meses, midió y registró sus variaciones de brillo y color, hasta que la supernova se apagó. Escribe G. Debus que el astrónomo danés intentó determinar su paralaje, pero no lo obtuvo. Por lo tanto, este astro debía hallarse a una enorme distancia respecto a la Tierra. En efecto, se encontraba en la región supralunar y no sublunar como indicaban los postulados aristotélicos. A este fenómeno se le adhirió la aparición del cometa de 1577, visto también por Tycho Brahe, quien determinó que estaba más allá de la órbita de Venus. Su observación sobre la nova y el cometa lo llevaron a descartar la incorruptibilidad de los cielos y la existencia de las esferas aristotélicas. Tanto la nova como el cometa fueron vistos por innumerables astrónomos. Había dos grandes posturas: una sostenía que se habían originado en la región sublunar; otra que se habían originado en la supralunar. La última afirmación no sólo atentaba contra el modelo tolemaico-aristotélico, sino contra la misma concepción católica del cielo, pues éste era inmutable, único y perfecto, mientras que los cometas eran fenómenos imperfectos, producidos por exhalaciones marinas 22 y provenientes, por lo tanto, de la región sublunar. Aristóteles explica la generación de los cometas en Meteoros:14 Así, pues, cuando a causa del movimiento superior un principio ígneo entra en 〈un grado de〉 condensación tal, pero no tan excesivamente grande como para consumirse casi todo enseguida ni tan débil como para extinguirse rápidamente, sino lo bastante grande y 〈presente〉 en la mayor parte 〈de la región〉, y coincide que al mismo tiempo asciende desde abajo una exhalación lo bastante fuerte, 〈entonces〉 se forma ese astro con cabellera según la forma que venga a adquirir la 〈masa〉 exhalada; pues cuando 〈se extiende〉 igual por todas partes, 〈el astro〉 se llama cometa, pero cuando 〈se extiende solo〉 en longitud, se llama 〈astro〉 con barba (Aristóteles: 1996, p. 268) En España, el astrónomo, matemático, geógrafo y helenista, Jerónimo de Muñoz, científico de enorme importancia para la península ibérica del siglo XVI, observó también la supernova de 1572. Que las ideas de Muñoz eran antiaristotélicas, desde antes de este impresionante avistamiento, queda demostrado en sus manuscritos.15 Escribe Navarro Brotons que Muñoz, en Utrum sint plures orbes celestes necne. Questio prima (hacia 1569-1570), expone una serie de testimonios y argumentos que arremetía contra el agrietado cristal de las esferas celestes. Uno de los argumentos se basa en los cometas: “dice Muñoz que estos, como han observado muchos autores, tienen una paralaje inferior a la Luna y dado que se engendran en el aire, 14 Cabe destacar el título del libro de Aristóteles, pues el significado etimológico de “meteoro”, “que está en el aire” -es decir, fenómenos meteorológicos-, nos da una noción general de la idea que tenía el filósofo estagirita sobre los cometas. 15 Véase en “Las novedades celestes de España entre 1572 y 1618” de Víctor Navarro Brotons. Este investigador señala que las ideas de Muñoz se pueden calificar afines a la tradición estoica. 23 este debe extenderse más allá de ella” (Granada 2012, p. 20).16 Por lo tanto, los cometas son cuerpos celestes. “Y sobre este tema, Muñoz insistió en que no había que dar crédito a Aristóteles, sino a los matemáticos, que estaban más capacitados para considerar el asunto con argumentos sólidos” (p. 19). Al astrónomo y matemático valenciano, indica Navarro Brotons, le debemos el mejor estudio realizado en España de la supernova de 1572 y uno de los más importantes de toda Europa.17 El catedrático y teólogo barcelonés Micó, en Diario y juicio del grande cometa¸ expone sus observaciones sobre el cometa de 1577. Considera que el cielo de los astros se compone de orbes contiguos y que, por lo tanto, el cometa los rompería si pasara por ellos.18 Rechaza, asimismo, la idea del vacío entre las esferas.19 El cometa se originó, por lo tanto, entre la esfera de fuego y el orbe lunar. El médico aragonés Francisco Fernández Raxo estudia el cometa de 1577 desde una perspectiva aristotélica, es decir, considera a los cometas como productos de exhalaciones terrestres y por lo tanto sublunares. El dominico Juan de Victoria abunda en la misma idea de Raxo. No obstante, comenta que algunos cometas se 16 Señala Brótons que Hagecius le proporcionó a Tycho Brahe las carta sobre la supernova de Jerónimo de Muñoz. Vernet comenta que Tycho Brahe, en varias de sus obras, citaba con elogio y admiración al astrónomo valenciano. 17 Señala Navarro Brotons que Muñoz concluyó que la nova se trataba de un cometa de naturaleza y origen celeste. Clasificarlo como cometa implicaba considerar el génesis de este fenómeno en términos de causas naturales. Esto formaba parte de la herencia astrológica. Por otro lado, los autores que consideraron este fenómeno como una estrella recurrieron a la idea de la omnipotencia divina, es decir, el surgimiento de la estrella se consideraba como un milagro. En la página 19 del mismo artículo, Navarro Brotons sintetiza el modelo cósmico de Muñoz. 18 Los ejemplos que expongo son tomados del artículo de Navarro Brotons. 19 La idea del vacío horrorizaba a los astrónomos del siglo XVI y XVII. Este rechazo respondía a la herencia del filósofo estagirita, quien no concebía la idea del vacío. Cabe recordar que el mundo, es decir, el universo, era un conjunto de esferas sólidas sobrepuestas. Ante el terror al vacío, Tycho Brahe, principal destructor de las esferas, llegó a colocar cometas entre planeta y planeta de manera casi impulsiva. 24 engendran en el cielo y que éste no es totalmente incorruptible ni ingenerable. Éstos son sólo algunos de los tantos ejemplos que hay en los debates suscitadospor la supernova de 1572 y el cometa de 1577. Aunque entre 1572 y 1618 muchos fueron los astrónomos españoles que defendieron la tradición aristotélica y atacaron las ideas defendidas por Jerónimo de Muñoz, sus discípulos, que ocuparon cátedras en Salamanca, Alcalá y Sevilla, continuaron las ideas del astrónomo valenciano. Por esos años, Kepler defendía el heliocentrismo de Copérnico y destruyó los rezagos de una larga herencia de círculos, pues indicaba el astrónomo alemán que las órbitas de los planetas eran elípticas. Sin embargo, fuera del medio académico, había una gran exaltación en el espíritu y ánimo de la población europea. Catástrofes naturales, enfermedades y guerras habían desatado las quimeras en la población. 25 Satan stood Unterrified, and as a Comet burned That fired the length of Ophiuchus huge In th’ arctic sky, and from its horrid hair, Shakes pestilence and war. John Milton 1.3 De heraldos infaustos . En el Tapiz de Bayeux se encuentra una imagen donde seis personas miran con pavor un objeto en el cielo. Es el cometa Halley. Del lado derecho aparece el rey Harold sobre su trono. Arriba, junto a la ancha cauda del cometa, resaltan las palabras “Isti mirant Stella”. Howard Robinson señala que Odericus Vitalis en su Ecclesiastical History of England and Normandy escribe que el cometa de 1066 fue un signo de mal augurio. Lo fue, al menos, para Inglaterra.20 El carácter irregular de los cometas y su asociación a infaustos eventos históricos, que coincidían con su aparición, fueron cargando de un significado negativo a los visitantes celestes. Surgió, en efecto, toda una literatura del miedo inspirada en los astros.21 Algunos creían que los cometas eran heraldos de 20 El Tapiz de Bayeux, bordado a finales del siglo XI, registra los hechos previos a la conquista normanda de Inglaterra. 21 Resulta interesante ver cómo el temor a las estrellas y cometas se ha enraizado en la palabra “desastre”, cuya etimología proviene del occitano “desastre” que viene del prefijo latino “dis” y la palabra “astrum”. Por otro lado, la palabra “cometa” proviene del griego “kóme” que significa “cabellera”. De este modo, los cometas son astros con cabellera, la cual, ya sea que tuviese un tamaño descomunal o una forma particular perteneciente a alguna de las clasificaciones del tipo de cabellera comética, desataba quimeras y temores en 26 infortunios; otros, que eran los causantes mismos del mal. Basta sólo con revisar algunos ejemplos de estas fatídicas coincidencias: Refieren Howard Robinson y Elías Trabulse que en la Ilíada la guerra y la caída de Troya fueron anunciadas por una “errática estrella” y que un cometa con cauda de cuerno apareció el año en el que Jerjes invadió Grecia; que el cometa de 1348 arrastró consigo la Muerte Negra, y el de 1453 prologó la caída de Constantinopla; que la muerte de Carlos V fue anunciada por un cometa en 1556; que la estrella volante de 1618 inauguró la Guerra de los Treinta Años.22 Los cometas, por lo tanto, han sido cómplices infundados de muertes de príncipes, caídos de reinos, derramamientos de sangre, pestes, terremotos, enfermedades y hambres. Los prejuicios y las fatídicas coincidencias fueron labrando durante años el carácter maldito de los visitantes celestes y, en consecuencia, la espesa superstición cometaria del siglo XVII. Los cometas son, en efecto, símbolo de una narrativa del desastre.23 Este siglo, asimismo, fue particularmente fértil en avistamientos de cometas. El cometa Halley, longevo testigo de atrocidades, lo visitó dos veces: primero, en 1607, cuya aparición observó Kepler; después, en 1682, examinado por Edmund Halley. El cielo fue surcado por otros cometas en 1604, 1618, 1652, 1661, 1665, y cada uno de éstos presenció enormes catástrofes que cicatrizaron en el alterado las mentes de los astrónomos-astrólogos y la población en general de la Edad Media, Renacimiento y Siglos de Oro. 22 En Alemania, la fiebre apocalíptica fue enorme. Hay una canción protestante suiza del mismo año que registra el pavor de la época. Ésta se llegó a cantar en las escuelas alemanas: “Hay ocho cosas que trae un cometa,/ Cuando se encuentra en las alturas desata una tremenda furia;/ Aire, hambruna, plaga y muerte de reyes;/ Guerra, terremoto, inundaciones y atrocidades.” La traducción es mía. 23 En el soneto “De la brevedad engañosa de la vida” de Luis de Góngora, por ejemplo, la figura del cometa es precisamente símbolo de un mal presagio. 27 espíritu de la época. Cabe destacar los tres cometas de 1618, que, como he mencionado, fueron el sanguinario prólogo de la Guerra de los Treinta Años. Ante la admiración cometaria, nace el impulso de registrar y describir estos fenómenos. Señala Howard Robinson, en The Great Comet of 1680: A Study in the History of Rationalism, que a finales del siglo XV aparecen algunas evidencias de este tipo de actividad. Sin embargo, es en el siglo XVII cuando la literatura astronómica-astrológica alcanza un gran auge.24 La astrología judiciaria y la astronomía matemática eran prácticamente dos caras de la misma moneda. No había astrónomo de la primera mitad de siglo que no volteara hacia la astrología. Preocupados por el devenir del hombre, los astrólogos derramaron ríos de tinta para leer los cielos y descifrar el oculto significado de estos ígneos mensajeros. Proliferaron libros de astrología y, en la mayoría de estos, había una sección dedicada al estudio de los cometas. Grandes ejemplos de este tipo de publicaciones son el Speculum (1661) de Weigel, y El Theatrum cometicum (1667) de Lubienietsky. Ambas obras reúnen un extenso catálogo de cometas y sus pronósticos.25 En el siglo XVII, la interpretación cometaria es altamente desarrollada y sus hermeneutas, incluyendo a grandes astrónomos como Tycho Brahe y Kepler, usaban métodos de la astrología judiciaria para desentrañar los significados de estos portentos: 24 En “Presentación” del libro Novas y cometas: Entre 1572 y 1618, Miguel A. Granada comenta que los tres cometas de 1618 suscitaron una nueva oleada de escritos e interpretaciones justo en el momento en que estallaba la Guerra de los Treinta Años. 25 Señala Robinson que Lubienietsky enlista la aparición de 404 cometas antes del año de 1600 y, prácticamente, cada uno está relacionado con alguna desgracia acontecida a la humanidad. 28 Even the greatest of the astronomers were not yet free from astrological learnings. Tycho Brahe took the horoscope of the emperor Rudolph II. Indeed, the ruler had astrologers and alchemist around him constantly. The apparition of Halley’s Comet in 1607 greatly terrified him. Kepler was enough of an astrologer to go even as far as to take the horoscope of the last Comet of 1618 (Robinson: 1916, p. 13). Elías Trabulse, en Ciencia y religión en el siglo XVII, profundiza en este punto. Escribe que eruditos como Causino, Vossius, Dietrich, Beutel, Torreblanca, Kircher, Lubienetzky, entre otros, intentaron adaptar los supuestos de la astrología judiciaria a la astrología cometaria. Mientras la primera trataba sobre los movimientos regulares de los planetas, el Sol y la Luna, la segunda se encargaba de los movimientos irregulares e impredecibles de los cometas: Una nueva reglamentación y codificación astrológica logró establecer las relaciones entre las características físicas aparentes de los cometas y su posición con respecto a otros cuerpos celestes y los posibles acontecimientos futuros que de ahí se desprenden (Trabulse:, 1974, p. 8).26 El color del cometa indicaba el tipo de desgracia que sobrevendría: si tenía un color saturnal pálido, indica Robinson, adquiría las cualidadesdel planeta Saturno y, en consecuencia, traía plagas; si su apariencia era rojiza, tenía las cualidades bélicas de Marte. Los colores variaban de astrólogo a astrólogo, cuyos ojos, la mayoría de las veces, estaban impregnados de quimeras. La conjunción del cometa con planetas o constelaciones pronosticaba también el tipo de mal por venir: si el cometa aparecía primero cerca de cierto planeta, aquél adquiría cualidades de éste. La relación del cometa respecto a las diferentes constelaciones, especialmente a las doce casas del zodiaco, era también un factor importante que se tomaba en cuenta: 26 Estos métodos tuvieron un gran auge en el siglo XVII, incluso durante sus últimos años. 29 si el cometa cortaba la cabeza de Escorpio, indicaba una gran desgracia; si cortaba el brazo de Virgo, en el que sostenía la gavilla, pronosticaba una mala cosecha. La dirección de la cauda, asimismo, señalaba en qué país o continente ocurrirían las desgracias. Otro rasgo importante era la duración de la visibilidad del cometa. No había, escribe Robinson, un acuerdo en común con respecto a este punto. Sin embargo, muchos astrólogos llegaron a pensar que un día equivalía a un año de influencia y catorce días, a siete años. Se desarrolló, asimismo, un minucioso método comparativo, donde se relacionaban los nuevos cometas con los antiguos: si sus cursos o rasgos eran parecidos, el nuevo cometa era heredero de las desgracias de su antepasado.27 Como se ha podido observar, la literatura astronómica desarrollaba una serie de imaginerías que se explicaban por los parámetros de esta misma literatura y tradición astronómica-astrológica y no necesariamente por la realidad. Por ello, estas imaginerías se pueden adscribir a la categoría de lo maravilloso, pues se adhieren a un mundo que se explica a partir de sus propias reglas, tal y como lo hacen narraciones maravillosas del Mundo Clásico, de la Edad Media, del Renacimiento y del Barroco. 27 Una variante, escribe Trabulse, “fue la de hacer árboles genealógicos cometarios asociados a las diversas dinastías europeas. Se pensaba que con un tipo determinado de cometa se propiciaba la muerte de algún príncipe de determinada casa reinante” (Trabulse, p. 8). 30 1.4 El Gran Cometa de 1680 Cuenta el teólogo e historiador Howard Robinson que el astrónomo y escritor de almanaques Gotffried Kirch fue quien por vez primera vislumbró el gran cometa de 1680. Fue una mañana del catorce de noviembre, cuando el astrónomo alemán, mientras observaba la Luna y Marte, se percató de esta aparición. Después de que el cometa hubo rodeado el Sol y desaparecido por el intervalo de algunos días, regresó nuevamente a la vista de sus espectadores. Ahora, contaba con una larga, maravillosa e ígnea cabellera que reverberó en los abiertos y atónitos ojos del europeo y americano. Apareció, primeramente, en el signo de Leo; después, dejó de verse en Perseo. Señala Robinson que muchos astrónomos, incluido Kirch, pensaron que se trataba de dos cometas distintos: uno visto en noviembre; otro en diciembre. Sin embargo, la órbita indica que era el mismo fenómeno.28 Un espeso aire de superstición asediaba la Europa del siglo XVII. Refiere Benjamin Gerlach, según Robinson, que la mayoría de la gente, especialmente en los países protestantes, le tenía más miedo al cometa que a Dios.29 Guerras, plagas, terremotos, gélidos inviernos, inundaciones, concordancias con rasgos de pretéritos cometas, bolas de fuego y otros infortunios exaltaron la malevolencia del heraldo 28 Diferentes fueron los nombres que recibió este cometa de enorme cauda. Se le conoce como el Cometa de Kirch, el Gran Cometa de 1680, Heaven’s charriot, Cometa de Newton, entre otros. Actualmente, en el medio científico, lleva el nombre de C/1680 V1. 29 Hay una medalla-amuleto, según Robert S. McIvor, que fue acuñada en 1681 en Alemania, cuyo anverso lleva en relieve la figura del cometa sobre un fondo estrellado y registra, en la parte inferior, la fecha en que fue visto; su reverso tiene la siguiente rima: “Der Stern droht Boese Sachen. Trau nur! Gott wirds wol machen”. He realizado la siguiente traducción: “La estrella amenaza cosas fatales. ¡Confía solamente! Dios traerá el bien”. 31 infausto. Y sin embargo, el portento que confirmó irrevocablemente la malignidad del cometa de 1680 fue un huevo descubierto en Roma, en cuyo cascarón reverberaban las amenazantes barbas del astro. Las cartas llegaron a Francia y Alemania, describiendo el maravilloso suceso. Asimismo, numerosos panfletos, una de las varias materialidades textuales por donde corría esta literatura, con imágenes de la gallina y el huevo fueron difundidos en el país teutón.30 Escribe Robinson que éste no fue el primer huevo con bajorrelieve de portento, pues en 1678 una gallina de Montpellier había puesto uno cuyo cascarón llevaba las sílabas “ou, pa, re, ma, ne, pa”. Cuenta el historiador estadounidense que el astrólogo Kostradamy interpretó el gallináceo mensaje del modo siguiente: “ova parturito, regnum manebit pacificum” (Robinson, p. 28). La concordancia entre huevos y cometas, en Europa, fue un tópico recurrente.31 Nunca en la historia habían corrido tantos ríos de tinta en torno a un cometa. El año de 1681 presenció un desbordamiento de escritos y la disputa entre razón y superstición. Se publicaron textos a favor y en contra de la superstición cometaria, se imprimieron numerosos folletos, se reimprimieron obras como las de Weigel y Lubienetzky: France saw some of its ablest writers turn to the subject. England, America, Italy, Spain, Holland, all made their contributions […] the struggle between the two diametrically opposed views, the theological-astrological on the one hand, and the 30 Cabe mencionar que este tipo literatura se expresaba no sólo en panfletos, sino en cartas, tratados, diálogos, entre otros, todos adscritos a los géneros menores del canon literario. El panfleto corría de mano en mano pregonando todo tipo de calamidades y monstruosidades, como malformaciones de fetos humanos o de animales, cometas con forma de espada, barbados o crinitos, etc. En este tipo de formato escribió, por ejemplo, parte de su literatura médica, especialmente sobre las monstruosidades y los prodigios, uno de los más importantes cirujanos del siglo XVI: Ambroise Paré. 31 Consultar las figuras A y B en la parte de anexos de esta investigación. 32 philosophical and scientific on the other, engaged in keen combat. With the attack of the philosophers and scientists at this time begins the rapid break-up of the superstition in intellectual circles (Robinson, p. 29). Cabe destacar que en 1680, según Elías Trabulse, entre el ámbito intelectual europeo, los cometas habían sido despojados de su carácter maligno. Sin embargo, éste no era el caso en la Nueva España. Aunque gran parte de los dedicados a la observación celeste pertenecían al paradigma medieval, hubo excepciones como el matemático Diego Rodríguez y don Carlos de Sigüenza y Góngora. Temerosa ante la aparición del cometa, la virreina María Luisa de Gonzaga Manrique de Lara buscó consejo del polígrafo mexicano, quien le dedica su Manifiesto filosófico. La tarea principal de este folleto fue la de quitar el carácter monstruoso de los cometas y demostrar que no eran ni mensajeros de males ni causa de ellos. Manifiesto filosófico desató críticas contra Sigüenza. Los opositores del polígrafo mexicano fueron Josef Escobar Salmerón y Castro, Martín de la Torre y el padre Eusebio Kino, jesuita bávaro que había llegado de misionero a la Nueva España. Libra astronómica es la obra con que Sigüenza pesay critica los argumentos de los opositores y, principalmente, del jesuita de origen bávaro, quien defendía la tesis de que los cometas eran mensajeros de infortunios. Refiere Cristina Beatriz Fernández que Sigüenza no quiso sacar a luz esta respuesta contra el padre Kino, aun cuando tenía el permiso de publicación. Y es que el polígrafo mexicano evitaba enfrentarse a este miembro prestigioso de la Compañía de Jesús. Sin embargo, su editor, Sebastián de Guzmán y Córdoba, ante la visita de otro cometa en 1689, aprovecha para publicar, en 1690, Libra astronómica. 33 1.5 La astronomía en la Nueva España En 1539 llegó la imprenta a la Nueva España. Fray Juan de Zumárraga fue su signatario y Juan Pablos su ejecutor. Gracias al primero se abrió la universidad por mandato real (1551-1553), la cual obtuvo su carácter pontificio años después.32 En ésta hubo facultad de leyes, teología, medicina y artes o filosofía. El toledano Alonso Gutiérrez, instruido en gramática y retórica por la universidad de Alcalá y en teología y filosofía por Salamanca, tomó el hábito en Veracruz y se volvió agustino. De ahí, como bien se sabe, adoptó el nombre de fray Alonso de la Veracruz. Fue uno de los primeros catedráticos de la Real Universidad de México y editó, según Beuchot, el primer curso filosófico del Nuevo Mundo para enseñar a sus estudiantes conocimientos de lógica y física. Dentro de ese curso, se encontraba el libro Physica Speculatio, obra que nació en la imprenta de Juan Pablos, en el año de 1557. El De Caelo o Libro del Cielo, una de las partes del Physica Speculatio de fray Alonso, puede clasificarse como una obra de astrología y cosmografía, “lo que ahora denominamos astronomía y geografía” (Beuchot 2012, p. 13). Indagué en Bibliografía mexicana del siglo XVI de Joaquín García Icazbalceta y no hallé una publicación más antigua relacionada con esta ciencia. Es muy probable que el Libro del Cielo haya sido la primera obra de astronomía publicada en la Nueva España. En el Libro del Cielo, Fray Alonso aborda en quince especulaciones los temas que había tratado Aristóteles en Sobre el cielo (también conocido como De Caelo). Sin embargo, destaca Mauricio Beuchot que el catedrático de teología no 32 Mauricio Beuchot Puente. Fray Alonso de la Veracruz. México: UNAM, 2012, p. 11. 34 se reduce a comentar solamente el texto del estagirita, sino que aborda temas nuevos, como aspectos de la geografía relacionados con los recientes descubrimientos. Resumo, ahora, algunos puntos que señala Mauricio Beuchot sobre el libro de Fray Alonso de la Veracruz: a) el agustino indica que el universo- mundo es uno y perfecto, el Nuevo Mundo forma parte de éste, el fin último del universo es Dios y el mediato es el hombre; b) el cielo no consta de los cuatro elementos, sino que es un quinto elemento, pero aún así es materia y forma; c) el cielo no se mueve por su forma, sino que lo mueve el ángel o inteligencia que Dios le asignó para ello;33 d) el cuerpo simple puede tener varios movimientos, pero al cielo le pertenece el circular, el cual es perpetuo sólo en potencia;34 e) hay tantas inteligencias (ángeles) cuantos orbes o cielos; f) la Tierra y el cielo son esféricos; g) combate la idea tolemaica “de que hay zonas deshabitadas por ser antípodas de los europeos, ya que los descubrimientos recientes las han mostrado habitadas” (p. 16); h) comenta que en la Nueva España existen los mismos climas que en Europa y llega a decir que es un paraíso terrenal, pues hay frutas todo el año; i) describe los 33 En el Flos sanctorum con sus etimologías, editado por Marcos Cortés Guadarrama, encontramos un ejemplo del diálogo narrativos entre la literatura astronómica y la hagiográfica de la Baja Edad Media: Ca cuenta rabí Mose, muy grand filosofo, que qualqquier cerco de qualquier planeta ha en grueso, e en redondo, tanto espacio quanto podría andar un omne en quinientos años por carrera llana. E ha en longura como tanto en el cielo e la ti[f. 109d]erra, e entre cerco e cerco, otro tanto. E por ende, commo sean siete cielos, segunt dize este filósofo, que de medio de la tierra fasta el seteno cielo de Saturno, que es el sétimo cielo, ay andadura de siete mil e quenientos años si o,ne visquiese para lo andar. Así, enpero que qualquier de los años sea conpuesto de CCC e LXVI días, e el camino de cada día que sea de XL milias, e cada milia de dos mil pasos que de cada día ande su jornada. E aquesto que sea verdat Dios lo sabe, ca él sabe esta medida, que fizo todas las cosas e las fizo por peso o por medida: pues queste fue grant salto que fizo Jhesu Christo de la tierra al cielo. E de aqueste salto, e de todos los otros, dize sant Anbrosio así: “E un salto vino Jhesu en aqueste mundo, del Padre vino en la Virgen, traspasó al pisebre, descendió en Jordán, subió en la cruz, decendió al sepulcro, levantose dél e see a la diestra del padre” (Cortés Guadarrama: 2018; p. 373). 34 A diferencia de Aristóteles, indica Beuchot, Alonso sostiene que, en acto, el movimiento circular del cielo podría ser detenido por algo contrario: “Porque Dios lo ha comenzado en el tiempo y la Escritura dice que cesará” (p. 15). 35 lugares del Nuevo Mundo que se han hallado (desde la península del Labrador, en América del Norte, por el Atlántico, hasta el estrecho de Magallanes y luego por la parte del Pacífico hasta California); j) se pregunta por el número y orden de los cielos y sostiene que hay once cielos (el décimo es el primer móvil y el undécimo, el cielo empíreo); k) el paraíso no se puede hallar en un monte inaccesible y alto, “ya que los españoles han navegado hacia todas partes: norte, sur, oriente y occidente, y en ninguna parte han visto ese lugar” (Beuchot: 2012, p. 19). Aunque Sobre el Cielo de Fray Alonso pertenezca a la tradición aristotélica- ptolemaica, se advierten, para su época, algunos rasgos de la avanzada del arte astronómico, como se ha podido observar en el resumen anterior. Mauricio Beuchot incluso llega a denominarlo como uno de los pioneros de la ciencia en México, pues aprecia “el saber empírico, según lo hemos visto decir en varios lugares, anotando que él mismo lo había comprobado o que se había consultado a los que habían tenido experiencia de ello. Es, por eso, uno de los iniciadores de la ciencia mexicana” (p. 20). El veintiséis de febrero de 1637, a petición de los estudiantes de la Facultad de Medicina, se abre la cátedra de matemáticas y astrología en la Real Universidad de México, quedando al frente de dicha asignatura el padre mercedario fray Diego Rodríguez, quien fue maestro ininterrumpidamente durante más de treinta años.35 La proposición fue la siguiente: 35 Martínez Hernández escribe sobre Rodríguez la siguiente breve biografía: “Nació este sabio fraile en el pueblo de Atitalaquia, actual estado mexicano de Hidalgo, hacia 1596. Su familia era de escasos recursos, lo que no fue impedimento para que mandaran al joven Diego a estudiar a la capital del virreinato, en donde se incorporó a la Orden de la Merced en 1613. Con los mercedarios cursó los estudios que se acostumbraban en 36 En la ciudad de México a veinte y dos días del mes de febrero de mil seis cientos treinta y siete años, en la Universidad Real de la dicha ciudad, en la sala de los actos de ella se juntaron a claustro pleno de consiliarios en virtud de cédula de antediem, dada por el señor Agustín de Barrientos, canónigo de la santa iglesia catedral y rector de la dicha universidad, con su merced de los señores consiliarios, y juntos y congregados en el lugar dicho, habiendo visto lo pedido por el padre presentado fray Diego Rodríguez, de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, bachiller enlas facultades de artes y teología por esta Real Universidad y el estatuto de Salamanca, título treinta y tres de las provisiones de las cátedras párrafo once, y el ofrecimiento que hace a esta dicha universidad de leer en ella la cátedra de matemática, y así mismo lo pedido por los cursantes de la Facultad de Medicina, en esta razón y ser como es la dicha cátedra de tanta utilidad y provecho para los dichos cursantes y universidad, dijeron que aceptaban y aceptaron el dicho ofrecimiento en nombre de la dicha Real Universidad y atendiendo a la suficiencia que el dicho padre presentado tiene en la dicha facultad de matemática y a sus grandes letras y partes, le daban licencia para que públicamente lea en la dicha universidad (Martínez Hernández: 2014, p. 316) La apertura de esta cátedra representa un hecho realmente significativo para la ciencia mexicana. Por vez primera, se expusieron en México teorías astronómicas sumamente modernas como las de Copérnico, Kepler, Tycho Brahe y Galileo, entre otras. En palabras de Trabulse: “marca un hito en la historia de la ciencia novohispana. Fue el primer curso que incorporaba a los estudios tradicionales otros de corte totalmente moderno’” (Trabulse: 1984; p. 30). En el siglo XVII, la medicina novohispana se practicaba bajo los dictados de una tradición hipocrática-galénica-arabizante, cuya característica principal es que la dicha provincia. Más tarde, en la Universidad obtuvo los grados de bachiller en artes y teología. Posteriormente, se adentró en el estudio de los números, lo que lo condujo a la cátedra universitaria de matemáticas y astrología” (Martínez Hernández: 2014, p. 325). Por otro lado, escribe Tena Villeda que la cátedra de astrología en la Universidad de Lima fue establecida en 1657, por el virrey Luis Henríquez de Guzmán, Conde de Alva de Aliste. 37 en la Nueva España no echó raíces la verdadera avanzada de la época planteada por Vesalio, quien publica De humani corporis fabrica en el mismo año que Copérnico, y Paré. La medicina en la Nueva España sería arcaizante, basada en las teorías de las principales médicas bajomedievales.36 En ésta, la salud del hombre depende del equilibrio de los cuatro fluidos o humores (la bilis amarilla, la bilis negra, la sangre y la flema). Los factores que podían alterar este equilibrio eran principalmente las condiciones climáticas y ambientales, la actividad del individuo, la dieta y el influjo de los astros.37 Se tenía la creencia de que la posición de los planetas y las estrellas causaban enfermedades, así como ciertas configuraciones planetarias indicaban el procedimiento curativo que se debía usar (la purga, el sangrado o la administración de algunos medicamentos).38 Los médicos novohispanos requerían, por lo tanto, de un conocimiento especializado para estudiar el cielo y, así, tomar algunas decisiones terapéuticas o de diagnóstico: “ese estudio no podía ser llevado a cabo por cualquiera, puesto que para ello era necesario hacer cálculos muy sofisticados y precisos que estaban más allá de la preparación común del médico” (Priani: 2016, p. 64). Esto explica no sólo la relación entre medicina y astrología que existió en la cátedra de matemáticas de la Facultad de Medicina, sino que ésta fuese ocupada no por un médico ni un astrólogo tradicional, sino por un matemático. 36 M. C. Tratado breve de medicina, Iberoamericana/Vervuert, Colección El paraíso en el Nuevo Mundo (en prensa). 37 Ibid. 38 Véase La medicina en La Nueva España, siglos XVI y XVII de Martínez Hernández. El autor explica con detalle la relación entre astronomía y medicina en las páginas 322-330. 38 Asimismo, la denominación “astrología y matemáticas” tenía otra connotación en la Edad Moderna. En La medicina en la Nueva España, Gerardo Martínez Hernández explica que, desde la Edad Media hasta finales del siglo XV, “los estudiantes de artes de las universidades fueron introducidos en el estudio de la filosofía y la física (ciencias naturales) mediante el aprendizaje de las artes liberales del trívium y el quadrivium” (p. 317). El primero agrupaba las disciplinas de la palabra (gramática, lógica y retórica); el segundo, los conocimientos correspondientes a las artes de los números (aritmética, geometría, astronomía y música). Con el correr del tiempo, hubo ciertas variaciones en la clasificación e importancia de estos conocimientos. En el caso del quadrivium, la especialización del estudiante desembocaba en la astronomía.39 Esta disciplina no sólo se convirtió en una herramienta imprescindible para la medicina, sino también para la navegación y la agricultura.40 La corona española tuvo un profundo interés en el estudio de las matemáticas y la astronomía. Martínez Hernández escribe al respecto lo siguiente: En el último tercio del siglo XVI, el rey Felipe II había establecido la Academia de Matemáticas en Madrid. Por su parte, la Casa de Contratación en Sevilla mantuvo una constante atención por el saber matemático y astronómico. En 1552 se estableció en ella una cátedra de navegación, en la cual el conocimiento cosmográfico servía de fundamento teórico al arte de navegar. (Hernández, p. 318). 39 Señala Martínez Hernández que, en el siglo XVI, las universidades hispánicas que enseñaban matemáticas eran Valencia, Salamanca, Alcalá y, a finales de esa centuria, también Sevilla. 40 En los virreinatos americanos fue fundamental su difusión mediante sumarios que permitían la rápida contabilidad del oro y la plata extraídos de las minas. Ejemplo de ello es el Sumario compendioso de las cuentas, de Juan Diez Freyle, de 1556, impreso en la Nueva España. 39 Los siglos XVI y XVII fueron de gran esplendor en los estudios matemáticos y astronómicos de España. Jerónimo Muñoz (1520-1591), quien enseñó en las universidades de Valencia y Salamanca, fue un sobresaliente matemático, astrónomo, geógrafo, topógrafo, helenista y hebraísta. Sus alumnos, Gabriel Serrano, Diego Pérez de Mesa (1563-1632) y Antonio Núñez de Zamora (c. 1565- 1640) continuaron y expandieron los conocimientos de su maestro, tanto en Salamanca, Alcalá, como en la Academia de Matemáticas de Madrid. Si bien en la segunda mitad del siglo XVI la astronomía estaba en estrecha relación, según Martínez Hernández, con las corrientes del humanismo, la cosmografía, la medicina y la filosofía natural, en el siglo XVII hubo un declive en el estudio científico de esos campos. No obstante, durante el siglo XVII existieron grandes astrónomos y matemáticos en España “en cuyos escritos es posible detectar el conocimiento de las nuevas teorías del universo, del movimiento de los planetas y de la bóveda celeste, derivadas de autores como Copérnico, Kepler, Tycho Brahe, Galileo, Nieremberg, etcétera” (p. 322). Algunos de éstos fueron Andrés García Céspedes, Juan Cedillo Díaz, Juan Bautista Vélez, Juan Caramuel, Tomás Vicente Tosca, entre otros. Refiere Martínez Hernández, con base en las investigaciones de Elías Trabulse, que en la Nueva España, a partir del segundo tercio del siglo XVII, la ciencia se torna en un estímulo para marcar una diferencia entre los criollos y los peninsulares, diferencia en la que se exaltó, en diversos documentos, entre ellos astronómicos, el ingenio de los primeros. Fray Diego Rodríguez realizó precisamente esto en su Discurso ethereológico de los cometas, donde, por medio 40 del estudio del cometa de 1652, reivindica y enaltece el ingenio universitario novohispano. Asimismo, Rodríguez rechaza la arraigada idea del cometa como mensajero de calamidades y su origen sublunar y refuta la teoría de las “exhalaciones secas”, la cual estaba muy en boga en esos años. Gracias a los escritos del mercedariose puede realizar un esbozo de su perfil científico.41 Estos trabajos muestran a Diego Rodríguez como un astrónomo- astrólogo que estaba en la vanguardia de su época y como un conocedor de las obras de Copérnico, Kepler, Tycho Brahe, Longomontano, William Gilbert, Pedro Apiano, Cornelius Gemma, entre otros. Escribe Martínez Hernández que el mercedario se adhirió a la idea geoheliocéntrica de Tycho Brahe. Esto era algo común entre los astrónomos de este siglo, pues evitaban tener problemas con los dogmas de la Iglesia. Cabe recordar que una práctica entre los astrónomos de este siglo era tomar del modelo copernicano sólo el aspecto matemático y no el ideológico, es decir, la concepción heliocéntrica del cielo. De esta manera, según Martínez Hernández, “el fraile rechazaba el principio aristotélico, pero mantenía un sistema geostático” (p. 326). Tras la muerte de Fray Diego Rodríguez en 1668, el predicador dominico Fray Ignacio Muñoz se queda a cargo de la materia de Astrología y Matemáticas. Menciona Rosalba Tena Villeda en Astrónomos-Astrólogos en la Nueva España del siglo XVII que el dominico fue el único que presentó oposición para obtener la cátedra, la cual ocuparía durante cuatro años. El 13 de marzo de 1672 presentó 41 Según Martínez Hernández, son seis los manuscritos y un impreso que se conservan del mercedario. Véase nota al pie 67 en la página 325 del libro La medicina en la Nueva España, siglos XVI y XVII para encontrar la lista de las obras. 41 oposición para obtener la cátedra el matemático, astrónomo y apologista guadalupano Luis Becerra Tanco, quien, según Tena Villeda, presentó su exposición intitulada Zodiaco Círculo est aluis circulus in Sphera de la Sphera de Sacrobosco. Cabe destacar que, en la Baja Edad Media, según Martínez Hernández, el tratado de Sphera (siglo XIII) del inglés John of Hollywood, conocido como Sacrobosco, se leía en las cátedras de matemáticas y astrología de las universidades europeas. Este texto estaba asentado en el Almagesto de Ptolomeo y su finalidad era “explicar, de manera conjunta, los fundamentos de los movimientos planetarios” (Martínez Hernández, p. 318). Resulta interesante ver cómo, normativamente, la Sphera de Sacrobosco continuaba vigente en la Real Universidad de México. En la oposición de Becerra y, posteriormente, en la de Carlos de Sigüenza y Góngora se mandó que “se abriese en tres partes la Sphera de Juan se Sacro Vosco” (p. 318). Sin embargo, “la realidad de los estudios astronómicos en el mundo hispánico”, indica Martínez Hernández, “era otra puesto que a partir del siglo XVI los matemáticos y astrónomos españoles se vieron influenciados por los recientes descubrimientos y nuevas teorías acerca del cosmos que se estaban generando en Europa” (p. 318). Los postulados de las corrientes renacentistas llegaron a la Nueva España en el siglo XVI y, en el siglo posterior, los mecanicistas. Refiere Martínez Hernández que estos paradigmas fueron asimilados tempranamente por los círculos científicos novohispanos: se puede afirmar que una parte de la comunidad científica novohispana del siglo XVII llevó a cabo un temprano rompimiento con la concepción aristotélica del universo. Así, la recepción y difusión de la ciencia moderna en México fue, como 42 en Europa, un movimiento intelectual de largo alcance, que comenzó impugnando la visión arcaica de un cosmos jerarquizado, y terminó siglo y medio más tarde, cuestionando la también arcaica sociedad de jerarquías inmutables (p. 325). Sin oponente alguno, la cátedra le fue asignada de manera vitalicia a Becerra. Sin embargo, el dominico falleció en junio de ese año. Es muy probable, escribe Tena Villeda, que Becerra continuara la línea de Fray Diego, pues en la cátedra de la Universidad comentaba las obras de Cardana, Tartaglia, Galileo, Descartes y Kepler, obras que expuso, con anterioridad, el fraile mercedario. No obstante, a pesar de los modernos autores que presentaba en dicha cátedra, el dominico, como gran parte de los astrónomos de esta época, es, para nuestros días, un personaje paradójico en el que se imbrican religión y ciencia: “antes que astrólogo soy guadalupano” (Tena Villeda, p. 73). El 20 de julio de 1672, Juan de Saucedo, José de Salmerón y Carlos de Sigüenza y Góngora fueron opositores para obtener la cátedra de Astrología y Matemáticas de la Real y Pontificia Universidad de México. Al primero, según Tena Villeda, le tocó exponer la parte relativa al lugar ocupado por la Tierra en De Sphera de Sacrobosco; al segundo, el quinto capítulo del mismo libro, el cual trataba de los círculos del zodiaco; al tercero, el tema relacionado con las constelaciones, situado también en De Sphera. Escribe Pérez de Salazar, según Tena Villeda¸ que el Rector, Antonio de la Torre y Arellano, fue “sacando votos a puños como lo dispone la constitución” y contó catorce a favor de José de Salmerón, siete a favor de Saucedo y setenta y cuatro a favor de Sigüenza y Góngora, “con que parece haberse llevado la dicha cátedra en propiedad con el salario de cien pesos” (p. 79). 43 Sigüenza retuvo la cátedra hasta 1697, año en el que fue jubilado.42 Cabe destacar que antes de estos resultados, José de Salmerón se declaró por único opositor legítimo, de acuerdo, según Tena Villeda, con la Constitución 163 de la Universidad, la cual disponía que los interesados fueran doctores, maestros, licenciados o bachilleres universitarios y “no siéndolo sus contrincantes, sólo él tenía derecho a la cátedra” (Tena Villeda, p. 78). Sin embargo, Sigüenza supo defenderse y comentó al respecto de Salmerón lo siguiente: que el susodicho [don José] intenta con todos sus esfuerzos la consecución de dicha cátedra sin estar versado (como es público y notorio) en dicha facultad y teniendo como tengo noticias de que pretende valerse de otras personas para hacer dicha lición [sic] (p. 78). Según Pérez de Salazar, Salmerón no aceptó la victoria de Sigüenza y apeló ante la Real Audiencia. A pesar de esto, el polígrafo mexicano comenzó a profesar la materia. Ahora bien, refiere Achim que el titular de la cátedra de astrología tenía la obligación de publicar anualmente unos pequeños libritos -de unas veinte páginas e impresas, generalmente, en octavo-. En éstos se encontraban los pronósticos astrológicos anuales: “una especie de calendarios impresos bajo nombres diversos, como lunario, diario, almanaque, pronóstico o efemérides” (Achim: 2011, p. 598). Comenta Miruna Achim, en “Lecturas para todos: pronósticos y calendarios en el México Virreinal”, que fueron una de las publicaciones más populares de la Nueva España. Al parecer, tenían un público bastante variopinto en el que había médicos, 42 Señala Tena Villeda que Sigüenza estuvo a punto de ser despedido “por acumular faltas consecutivas y no presentarse a clases por largo periodo” (p. 141). 44 navegantes, agricultores, mujeres embarazadas,43 nuevas madres, cortesanos y comerciantes. Asimismo, los escritores de los pronósticos formaban un grupo también heterogéneo, donde no sólo había profesores de astrología (Diego Rodríguez, Becerra Tanco, Sigüenza y Góngora, etc.), sino también otros astrólogos como Enrico Martínez, Joaquín Velázquez de León, el impresor Juan Ruíz, Gabriel López de Bonilla, Fray Felipe de Castro. Además, comenta Achim, hubo autores de pronósticos que provenían de diversas profesiones, como médicos, agrimensores, boticarios, impresores, entre otros. Los pronósticos resultaban ser una fuente importante de ingresos. El ambiente entre los astrólogos de la Nueva España no siempre fue cordial, sino que llegaba a dominar en él la competencia y los celos y, por lo tanto, resultaba ser muchas veces hostil, pues había detrás un prestigioy un ingreso monetario que defender. Es común encontrar vestigios, en diversos documentos, de las diferentes riñas que tuvieron entre sí. Por ejemplo, refiere Tena Villeda que en 1687 Juan de Avilés Ramírez realizó una denuncia ante el Santo Oficio debido a la publicación de un pronóstico que estaba bajo el pseudónimo de “Michael Enrico Romano”, nombre que no portaba nadie del gremio, según el acusador. Juan de Avilés solicitó que el texto fuese retirado hasta que apareciera el autor real del mismo. Cuenta Tena Villeda que la imprenta firmante resultó ser de doña Gerónima Delgado y Cervantes quien, en cuanto supo la denuncia, aclaró al Santo Oficio que ignoraba la prohibición del uso de pseudónimos y “suplicó que se le permitiera vender el Pronóstico para recuperar la inversión en el papel empleado porque era muy caro” (Tena Villeda, p. 43 Cabe destacar que estos pronósticos incluso traían consejos para las embarazadas y las nuevas madres. 45 147). Afortunadamente para ella, la petición fue aceptada. No obstante, para el siguiente año, el autor de dicho pronóstico debía rubricar su nueva obra con su nombre real. El astrónomo que estaba detrás del nombre de “Michael Henrico Romano” era José de Saldaña. 44Tena Villeda escribe que incluso Saldaña le acuñó una biografía al tal “Henrico Romano”, de quien dijo que era un extranjero recién llegado al reino y que vivía en Michoacán. Al parecer, según sospecha la autora, Saldaña tenía inseguridad de presentarse con su verdadero nombre, pues era recién egresado de la Facultad de Medicina y sus contrincantes eran nada menos que Sigüenza y Salmerón de Castro.45 Otro gran ejemplo de estas riñas fueron las diversas burlas que lanzaba Carlos de Sigüenza y Góngora a los escritores de Pronósticos. Aguilar Cantú, según Tena Villeda, intentó detener las calumnias que le lanzaba el polígrafo mexicano “por medio de peticiones que insertó al final de las solicitudes para impresiones de 1690, 1691 y 1692”, donde pedía a las autoridades que ‘no permitiera[n] a [los] concurrentes [o] escritores, objeciones, ni calumnias en contra e ninguno’, específicamente de Sigüenza, quien ‘abusando de la paciencia y el silencio que a los nuevos astrólogos impone la dignidad del sacerdocio, nos a tratado afrentosamente, de palabras y por escrito, como parece por los Lunarios que imprimió los dos años próximos passados’ (p. 159). 44 Señala Tena Villeda que el resentimiento que tuvo José Saldaña contra Avilés le duró un año. El resentido astrónomo escribió en su Pronóstico de 1688 lo siguiente: “pues sin valerme el privilegio de Romano lo han perseguido como hereje” (p. 153). Avilés tuvo que rendir cuentas ante la Inquisición y aclarar que la persecución que sintió no fue del Santo Oficio, sino de sus colegas médicos-astrónomos. 45 El uso de pseudónimos, para evitar pugnas, resultó ser algo bastante común en el siglo XVII. Comenta Villeda que Diego Rodríguez escribió trabajos con los nombres de “Martín de Córdoba” o “el Cordobés” y Carlos de Sigüenza y Góngora con el de “Juan de Torquemada”. 46 Aguilar Cantú llegó a decir que la situación “era odiosa y que yo no he estilado ni motivado jamás” (p. 159). Escribe Miruna Achim que la mayoría de los pronósticos se abrían con una sección titulada “Notas cronológicas”, donde se exponía un recuento de los principales sucesos del mundo cristiano y “se inscribía la historia local como parte de la teología cristiana” (Achim, p. 599).46 Asimismo, la mayoría de los pronósticos finalizaban con un calendario, donde cada día -hasta la segunda mitad del siglo XVIII-, “presentaba copiosa información de índole agrícola, que abarcaba desde consejos médicos (como los días propicios para ciertas prácticas -sangrías, purgas, o, menos frecuentemente, lavado de cabeza o del cuerpo entero-) hasta avisos meteorológicos sobre lluvias, heladas, chubascos u otros fenómenos” (p. 600). El pronóstico, por lo tanto, fue un género sumamente híbrido: [E]n el límite entre la cultura élite y la popular, entre símbolo esotérico y abstracto y el chisme de todos los días y en el punto de convergencia de la ciencia, la política, la ley, la tecnología, la literatura de autoayuda y el calendario. Al mismo tiempo, la esencia polifacética y flexible de los pronósticos astrológicos les permitió servir como medio privilegiado de comentario y de crítica local en un momento en el que los vehículos posibles para tales comentarios eran muy escasos (p. 600). Ahora bien, el tema de las influencias celestes sobre la tierra y la actividad humana llegó a ser para el Concilio de Trento un punto importante de discusión: “Entre otras críticas, señalaba que la astrología violaba la doctrina del libre albedrío y el monopolio de la Iglesia sobre el milagro” (p. 600). En efecto, el papa Sixto V dictó 46 Indica Achim que Joseph Mariano de Medina, en Meridiano de la Puebla de los Ángeles (1752), señala que habían pasado 5718 años desde el génesis del mundo, 2501 desde la formación de Roma y 221 desde la fundación de Puebla. 47 en 1586 la bula que dividiría la astrología en dos ramas: la natural y la judiciaria. La primera -la única permitida por el Concilio de Trento- podía dar noticia de causas naturales “como movimientos planetarios, heladas, tormentas y tendencias a enfermedades” (p. 600); la segunda era la rama prohibida de la astrología, la cual comprendía cuanto pudiese atentar contra el libre albedrío del hombre, es decir, la astrología que predecía la fortuna, el matrimonio y la fecha de la muerte de un individuo. “La astrología judiciaria”, señala Achim, “estaba agrupada con otras artes divinatorias, como la hidromancia, la geomancia, la quiromancia y la necromancia” (p. 601). En la Nueva España las censuras llegaron a un grado casi paranoico. La Inquisición temía que estos textos provocaran inquietudes públicas y que atentara contra el libre albedrío del Hombre. En 1647, la Inquisición española decretó que el Tribunal del Santo Oficio sería la única institución encargada para autorizar la publicación y la distribución de los pronósticos.47 Los inquisidores se encontraban sumamente preocupados por estos textos, pues consideraban que su público consistía de: hombres rústicos e ignorantes y los menos prudentes que creen (de) ligero, dan crédito y tienen por cierto lo contenido en dichos pronósticos aunque conozcan que los juicios que en ellos se hacen dependen de la humana voluntad y libre albedrío (Tena Villeda, p. 25). 47 Señala Tena Villeda que antes de 1649 los escritores novohispanos de pronósticos, lunarios, almanaques o de algún folleto de astronomía tenían que pedir permiso a la Real Audiencia. Posteriormente a esa fecha, la petición debía realizarse a la Inquisición. 48 En México, las primeras fechas de revisiones se dieron poco antes de 1649, según señalan las investigadoras Tena Villeda y Miruna Achim.48Como indica el auto de la inquisición, los pronósticos sólo podían hablar sobre tres cuestiones: medicina, navegación y agricultura. Todo aquello que no tratase sobre asuntos naturales, acababa en los linderos de la astrología judiciaria. Aunque el cambio de jurisdicción encarnó una medida sumamente represiva tanto para los impresores como para los escritores de pronósticos, la división entre astrología judiciaria y astrología natural no se dio de manera tajante. En la Nueva España muchos autores de pronósticos cruzaron a los terrenos de la astrología 48 Cito a continuación el auto de la Inquisición fechado en 1647 en Madrid: Auto de inquisición de 1647 La experiencia hademostrado los inconvenientes que resultan de no guardarse la regla nona del Catálogo y Apéndice de los libros prohibidos publicados el año de 1640, como lo disponen los breves de los Sumos Pontífices Sixto V y Urbano VII, en que se da la forma que se debe guardar y tener en las materias de astrología judiciaria y pronósticos, nacimientos, levantamientos de figuras, interrogaciones y elecciones en que se afirman o dan reglas con vanísima advertencia y consideración de los tiempos y momentos. Con lo cual, los hombres rústicos e ignorantes y los menos prudentes que creen (de) ligero, dan crédito y tienen por cierto lo contenido en dichos pronósticos aunque conozcan que los juicios que en ellos se hacen dependen de la humana voluntad y libre albedrío, para cuyo remedio y para que cesen los inconvenientes que se están experimentando. Consultado con el Ilustrísimo Señor Obispo de Placencia, Inquisidor General, ha parecido ordenaros que luego que recibáis ésta, hagáis se notifique a las personas que tratan de componer, escribir o imprimir pronósticos y a los impresos de esa ciudad y demás del distrito de esa Inquisición que de aquí en adelante no escriban ni impriman pronóstico alguno más de tan solamente en lo tocante a la navegación, la agricultura y medicina, juicios de tiempo que proviene necesaria y frecuentemente de causas naturales como son los eclipses, lluvias, pestes, tiempos sernes o secos, en conformidad de las cartas acordadas de 12 de mayo de 1615 y 14 de febrero de 1617 y breves referidos de los dichos pontífices, apercibiéndoles que, lo contrario haciendo, serán castigados y se ejecutarán sin consentir se vendan, ni distribuyan hasta que, vistos en ese tribunal, se provea lo que fuere de justicia, y se vea si han excedido de los dispuesto por los dichos breves y reglas del expurgatorio, y resultando algún inconveniente daréis de ello cuenta al Consejo. Dios os guarde. Madrid, a 26 de octubre de 1647 (Tena Villeda, p. 27). 49 prohibida y fueron llamados por la Inquisición. Algunos de ellos fueron: Gabriel López de Bonilla, Luis Becerra Tanco, José de Salmerón y Castro, Juan Ruiz, Diego Rodríguez, Sigüenza y Góngora, entre otros. A Becerra Tanco, señala Achim, un censor le solicitó que dejase fuera la parte de su pronóstico de 1671 donde prometía “todo gusto y prosperidad al sexo femíneo”. Sobre esto, explicaba el censor lo siguiente: “Lo cual es anuncio […] para la fragilidad de las mujeres (siempre mal entendidas) suficiente a que por este tiempo se esfuerzan a esperar y solicitar el gusto y prosperidad pronosticada la cual Dios les niegue si ha de ser a costa de ofensas suyas” (Achim, p. 602). Salmerón, quien solía ser fiel a los postulados escolásticos, cayó también en terrenos de la astrología judiciaria. En un pronóstico de 1681 insertó, refiere Tena Villeda, párrafos sobre el morbo gálico, y el censor dominico Agustín Dorantes señaló que resultaron contener “voces equívocas e indecentes, indignas de la pureza cristiana” (Tena Villeda, p. 82). Asimismo, Sigüenza y Góngora no escapó de estos señalamientos. En su pronóstico de 1673, indica Tena Villeda, le solicitaron que quitara las palabras “muertes repentinas” y “enfermedades de gente noble”, pues los revisores inquisitoriales “decían que los astros no hacían distinciones sociales ni nobiliarias” (p. 143); en su pronóstico del año siguiente lo acusaron de judiciario al sostener que “personas de determinada actividad morirían” (p. 144). He decidido detenerme un momento en el caso de los pronósticos para demostrar lo imbricado que estaba el astrónomo con la sociedad novohispana y señalar que los textos producidos por estos intelectuales no deben ser leídos solamente como vestigios históricos de la ciencia mexicana, sino como textos 50 literarios, textos adheridos a un contexto socio-cultural y que, por lo tanto, tenían una preocupación tanto política y de identidad como ideológica y teológica. Esa misma idea la mantengo en el caso de los manifiestos y tratados escritos en torno a los cometas vislumbrados durante el siglo XVII en la Nueva España, idea que, asimismo, late en las páginas de Libra Astronómica. Los astrónomos funcionaban como una suerte de hermeneutas del cielo, eran el vínculo entre los mensajes de Dios y el oído del hombre novohispano.49 Descifrar los caracteres de fuego requería, en el caso del astrónomo intelectual, no sólo una comprensión refinada de las matemáticas, sino tener un gran conocimiento de la literatura astrológica, de la historia occidental y sus diversas mitologías, de la teología y el contexto político tanto de la península como de la Nueva España. Necesitaban, en efecto, un gran manejo de las artes liberales, no sólo las del quadrivium, sino las del trívium, pues debían de persuadir a sus lectores. Es por ello que este arte aún no puede comprenderse como la ciencia contemporánea: guarda entrañables vínculos con la ejecución de un arte preocupado por seguir una moda, tal y como lo hace el arte literario, el pictórico, el arquitectónico. Cabe señalar que los médicos de la Nueva España debían titularse, primero, como bachiller en artes para poder matricularse posteriormente en la Facultad de Medicina: La Facultad Menor de Artes representaba la antesala para los estudiantes de medicina. En ella los futuros médicos obtenían el grado de bachiller que a la postre les permitía matricularse en la facultad de medicina. Desde los primeros claustros 49 Esta idea me fue sugerida por las lecturas que realicé del artículo “Construyendo la ciencia propia…” de Ernesto Priani y la tesis Astrónomos-Astrólogos en la Nueva España de Tena Villeda. 51 hasta los estatutos de Palafox esta disposición siempre estuvo presente. Sin embargo, la tradición de que un estudiante en medicina fuera primero competente en artes viene desde las primeras facultades médicas europeas. La relación que guardaban estas dos facultades tenía que ver con el contenido teórico así como con el contexto institucional del saber médico. Las autoridades clásicas de la medicina afirmaban que todas las artes liberales y la filosofía natural eran necesarias para la medicina. Además la competencia de latín y algunos conocimientos de lógica, astrología y filosofía natural eran una preparación práctica para el tipo de educación médica proporcionado por las universidades. La medicina era racional y requería, en el contexto del pensamiento contemporáneo, de razonamiento y de coherencia dialéctica. Al obtener el grado, el bachiller artista podía matricularse en la Facultad de Medicina para poder continuar con su formación. Por ejemplo, el bachiller Diego García Daza obtuvo su grado de bachiller en artes el 22 de junio de 1633 y el de medicina el 21 de febrero de 1637. Se entiende que entre estos cuatro años que separan los grados de García Daza, éste cumplió con los cursos en la Facultad de Medicina (Martínez Hernández: 2014, p. 345). Diego Rodríguez en Discurso Ethereológico concibe los fenómenos celestes como signos que requieren ser descifrados, pues son portadores de mensajes decisivos para la humanidad. Sobre el cometa de 1652, escribe lo siguiente: “Gran signo, sin señal de culpa; gran señal sin rastro de tinieblas; reseña prodigiosa de la gracia; enigma celestial, a un tiempo oscuro y claro; dichoso certamen de los siglos; hipérbole de luz…” (Priani: 2010, p. 581). En estas líneas se pueden observar los encuentros dialogales de la literatura astrológica-astronómica con otros géneros literarios, como la literatura oracular, la cual fue perseguida por la inquisición novohispana. Los textos producidos por el astrónomo-astrólogo eran herederos de una gran tradición tanto literaria como científica. El exégeta celeste hacía uso de un tipo de recursos literarios que respondían, involuntariamente,más que a una 52 verdadera y científica avanzada de la astronomía, a la composición de una hermenéutica del cielo, muchas veces desapercibida por la historiografía literaria. 53 CAPÍTULO SEGUNDO. La hermenéutica del cielo 2.1 Libra Astronómica ante la crítica Si bien no abundan los estudios dedicados a Libra Astronómica desde la historia de la ciencia, son escasos los dedicados a esta obra desde la historiografía literaria. Elías Trabulse, Alicia Mayer, Ernesto Priani y Héctor Rafael pertenecen a la primera; Cristina Beatriz Fernández, a la segunda. Es importante señalar que la mayoría de los estudios se centran en la querella que hubo entre astrólogos tradicionales y astrólogos-astrónomos modernos, en el tema de la defensa del intelecto criollo o en el contexto histórico, científico y religioso del siglo XVII de la Nueva España. A continuación, resumo las principales ideas que desarrollan los investigadores que he mencionado. Elías Trabulse en la introducción de Ciencia y religión en el siglo XVII realiza un breve pero conciso recorrido en la historia de la superstición cometaria, desde la Antigua Grecia hasta el avistamiento -tanto en Europa como en América- del cometa de 1680. Debido a que el avistamiento de este cometa simboliza la cima de una gran crisis ideológica que sufrió la humanidad -pues el astro errante impactó contra las bases más profundas de los paradigmas religiosos de occidente-, Trabulse decide dividir en dos partes su investigación: la primera está dedicada a estudiar la mentalidad científica de Sigüenza, Kino y Bayle; la segunda, a estudiar la mentalidad religiosa de los mismos autores. En esta dicotomía, Trabulse emprende un diálogo entre la astrología judiciaria y la astronomía mecanicista, diálogo y 54 disputa que encarna el polígrafo mexicano Carlos Sigüenza y Góngora como punto medular del libro. En efecto, la dualidad ideológica de Sigüenza, y la oscilación que realiza de un polo a otro, es un tema sumamente importante para comprender el espíritu de esta época. Cabe destacar que dicha explicación la efectúa Trabulse no sólo comparando la figura del polígrafo criollo con la de Kino y Bayle, sino con la de Isaac Newton. Con estos casos particulares, Ciencia y religión expone la disputa entre la fantasía y la matemática, entre la credulidad y el espíritu racional de una época que heredará sus bases científicas a la Ilustración. A continuación, resumo los puntos principales que Trabulse señala tanto del pensamiento de Kino como el de Sigüenza. Eusebio Kino, hombre profundamente comprometido con el credo religioso, es ajeno a cualquier paradigma científico que atente contra su visión cristiano medieval del cosmos. Lo interesante, resalta Trabulse, es que Kino era un hombre de ciencia y un buen matemático, es decir, se interesaba por estudiar los problemas de la realidad física: En Kino lo sagrado y lo profano se mezclan de manera inseparable o, mejor dicho, lo profano y vulgar de la vida común se ha visto sacralizado por su imagen religiosa de la vida. No hay contradicciones entre lo que se cree y lo que se ve, ya que lejos de oponerse, se complementan (Trabulse: 1974, p. 107). Kino creía en el misterio de la Santísima Trinidad y en la encarnación, en el cielo y en el infierno, en la redención y en la salvación. Cabe destacar el valor que el jesuita bávaro le asignaba a los fenómenos milagrosos y proféticos, pues los consideraba como “los signos palpables de una divinidad siempre vigilante y amorosa de sus criatura” (p. 109). Sin embargo, Kino sabía distinguir los milagros y profecías falsos de los reales. Un ejemplo de esto es el caso de los cometas, los cuales consideraba 55 como fenómenos naturales y no sobrenaturales. Aunque sean enviados por Dios, no los veía como sucesos milagrosos: Los cometas son fenómenos cósmicos, de carácter infralunar, que advierten invariablemente de sucesos malignos, pero no son fenómenos sobrenaturales. Más aún, son susceptibles de ser medidos astronómica y matemáticamente. Los cometas no causan los males, sólo advierten de los mismos. Los cometas no caen dentro de ninguna de las diversas clases de milagros que Dios ejecuta en el mundo sublunar (p. 109). Carlos de Sigüenza y Góngora, por otro lado, exploró un nuevo mundo sin abandonar el antiguo. Mientras Sigüenza midió los paralelajes del cometa de 1680 para comprobar su carácter ultralunar, Newton pasó a demostrar “el carácter parabólico de las órbitas cometarias así como su sujeción indudable a las leyes de la gravitación universal” (p. 71). En consecuencia, recalca Trabulse, el paradigma mecanicista logró únicamente una maduración parcial en Sigüenza. El polígrafo mexicano supo, sin entrar en conflicto con su fe, percibir entre la ciencia revelada y la natural. Creía, al igual que Kino, en los milagros y profecías. Dios, origen de esos sucesos, tenía que violentar el orden que había impuesto. Por otro lado, los sucesos extraordinarios y no milagrosos, como la aparición de los cometas, son científicamente interpretables. Si Kino creía en una explicación causal “apriorística”, Sigüenza buscaba una explicación causal empírica. Con todo, “ambos coinciden en que no existe explicación para los acontecimientos sobrenaturales; sólo la existe para los naturales” (p. 120). Sigüenza guardaba un indiscutible apego a la aparición guadalupana, pero no creía en la relación causal entre los cometas y los vaticinios de males que les 56 asignaba Kino. Comenta Trabulse que la fe y el saber del polígrafo mexicano vivían en constante lucha. La “heterodoxia”, en la obra de Sigüenza, está formada de silencios, de reticencias. El polígrafo mexicano enmudece frente a la incertidumbre: Poco a poco los asuntos velados y reservados a los letrados de fe intachable y a los clérigos de ortodoxia reconocida, fueron ventilados por espíritus más accesibles al dulce amargor de la duda. Los navíos llegaban con obras que se leían con avidez. Los libros de astrología, cometología y artes ocultas, en general, nos revelan al pequeño heterodoxo, temeroso y sumido en sus ensueños astrológicos. Los libros de temas religiosos también entraban: biblias protestantes, obras luteranas, tratados de los humanistas del Renacimiento, libros de historia calificados de heterodoxos. Todas estas obras nos descubren al letrado que estudia y duda (p. 127). No cabe duda, escribe Trabulse, que Sigüenza tuvo acceso a libros prohibidos por la Inquisición. Ahora bien, Trabulse hace la siguiente pregunta: ¿Cuál es la influencia que tuvieron estas obras en el autor novohispano? Ciertos destellos de “heterodoxia”, comenta Trabulse, se revelan en Sigüenza. Éste niega los prodigios pero no los milagros, pues los primeros son creados por el hombre y los segundos por Dios. Asimismo, dos facetas viven en el espíritu de Sigüenza: La primera es la del “hombre medieval que conoce las maravillas que Dios ejecuta en un mundo que le pertenece”; la segunda es la del “hombre moderno que conoce un cosmos inalterable, en el cual Dios interviene sin excepción y sólo bajo ciertos requisitos que no invaliden el carácter armónico de ese universo” (p. 135). Dios es causa del milagro, ya sea en el primer caso o en el segundo: en aquél “no se conoce el carácter del orden que se altera por la intervención sobrenatural”; en éste “sí se conoce el carácter de dicho orden” (p. 135). Tres son los grandes silencios 57 heterodoxos de Sigüenza: El silencio en torno a la Biblia, a la autoridad y a los milagros y profecías. Soñar, escribe Trabulse, es la salvación del intelectual barroco, pues se le ha negado el acceso a la nueva verdad, al nuevo mundo. Como consecuencia, la “realidad inalcanzable” se mezcla con la “fantasía creadora”. Trabulse, con relación a este punto, cita a Jiménez Rueda: Un mundo de conceptos encubreel verdadero pensamiento de los autores. La línea curva sustituye a la recta como medio de creación plástica y aun literaria. La parábola y la elipse tienen su correspondencia en el verso y la prosa. ¿Qué es la metáfora sino la manera de eludir la línea recta para expresar el pensamiento? (p. 138). La razón de Sigüenza encuentra su refugio en la imaginación y la fantasía. En “’No quiero latines en lo que pretendo vulgar’: La querella sobre los cometas entre los universitarios, médicos y astrólogos novohispanos en la segunda mitad del siglo XVII”, Héctor Rafael Aparicio Sedano y Ernesto Priani escriben un esclarecedor contexto sobre la astrología-astronomía de la Nueva España del siglo XVII, el ámbito universitario en la Real Universidad y la relación entre la astrología, las matemáticas y la medicina. Asimismo, en este artículo los autores se centran en dos aspectos: El duelo literario entre Sigüenza y Kino y la defensa del ingenio criollo ante el europeo, que efectúa Sigüenza tanto en su Manifiesto como en Libra. Derribar la idea de que los cometas eran portadores de mensajes implica negar el argumento que tanto repetían los europeos: El lugar y el clima afecta el entendimiento de los habitantes de América. De este modo, en Libra Astronómica…, destacan los autores, Sigüenza llega a la siguiente conclusión: “Si los cometas no tienen ningún significado, tampoco se sostiene que el lugar geográfico afecte la capacidad de pensamiento” (Priani: 2016, p. 80). En “Análisis de la controversia novohispana sobre el cometa de 1680-1681. Una aproximación histórica desde el campo científico”, Ernesto Priani y Héctor Rafael Sedano realizan una revisión directa de las fuentes dentro de la querella 58 sobre los cometas de 1680-1681. Esta investigación la efectúan para entender las diversas estrategias empleadas por los astrólogos-astrónomos de la disputa, quienes buscan no sólo ganar en cuanto al saber, sino en cuanto al prestigio social. Señalan Sedano y Priani que los investigadores de historia de la ciencia en México han visto la justa comética como “el enfrentamiento entre una cosmovisión escolástica y anquilosada en temas cualitativos (con Kino, de la Torre y Salmerón como protagonistas) frente a otra renovadora, moderna y fundamentada en ideas cuantitativas para el estudio de la naturaleza (personificada por el erudito Sigüenza y Góngora)” (2015, p. 238). Contrariamente a esta perspectiva, los autores señalan que la discusión en torno al cometa no se desenvuelve en lo que otros consideran como una revolución científica o el nacimiento de una comunidad dedicada a la ciencia o “que está conectada con la emergencia de ciencia nacional y sea un antecedente del científico mexicano” (Priani y Sedano: 2015, p. 251). Indican los autores que estos personajes no formaban una comunidad científica donde hubiese un intercambio de ideas solidario y cuyos integrantes compartieran una visión idealista del mundo científico, sino un estamento de astrónomos-astrólogos donde había “superaciones de un estado menos racional a otro más racional”. Durante mucho tiempo, indican Priani y Sedano, el Manifiesto cristiano en favor de los cometas mantenidos en su natural significación de Martín de la Torre se daba por perdido. Esto, de hecho, declaraba Trabulse en Ciencia y Religión. Sin embargo, comentan los autores que han encontrado el auténtico Manifiesto cristiano. El documento está en el Archivo General de la Nación bajo la signatura Virreinal Universidad, expediente 22, caja 5583, 1681. 59 No existe, hasta la fecha, señalan Priani y Sedano, alguna investigación que indique las fuentes que utilizó Salmerón y Castro. Sus ideas, probablemente, son muy cercanas al aristotelismo y escolasticismo. Sin embargo, algunas ideas no estaban alejadas de las del polígrafo mexicano. Salmerón y Sigüenza ya habían estado en contienda desde antes, pues en 1672 compitieron por la cátedra de astrología y matemáticas de la Real Universidad, contienda en la que ganó Sigüenza. Los autores, por lo tanto, consideran que Sigüenza tomó la respuesta de Salmerón como un intento de desprestigio -pues ambos intelectuales pertenecían al ámbito universitario- o como un reto. Por último, escriben Priani y Sedano, la confrontación entre Kino y Sigüenza es evidente, pues el primero responde al Manifiesto filosófico. Si se revisan las relaciones entre los personajes, comentan los autores, es difícil leer la disputa como una contribución a la tradición científica mexicana. Considerando las circunstancias en que el debate se originó, resulta más viable que el enfrentamiento sea “una querella política entre dos intelectuales que buscaban mecenazgo y protección (es oportuno recordar que un año antes de la llegada del misionero acababan de nombrar Cosmógrafo Real a Sigüenza y Góngora)” (2015, p. 247). Incluso, llegan a sospechar los autores que Sigüenza fue el provocador del debate, pues Kino se carteaba mucho antes con la duquesa. Desde la perspectiva de los estudios literarios, Cristina Beatriz Fernández analiza el duelo literario entre Kino y Sigüenza en el artículo intitulado “De los cielos a los textos: el duelo hermenéutico de la ‘Libra astronómica y filosófica’ de Carlos de Sigüenza y Góngora”. Escribe la autora que la entrada de Sigüenza a la disputa 60 comética se debe a una cuestión de honor, pues el autor -como he mencionado anteriormente- había sido retado por Kino; menciona que el carácter belicoso de Sigüenza es notorio desde el título de la obra, donde “libra” hace referencia a la valoración de los argumentos de los contrincantes. Persuadir y convencer, según Cristina Fernández, es el objeto de Libra Astronómica. Sigüenza coloca un tópico que recorrerá toda la obra bajo la máscara de la justa de los cometas: La inferioridad de los criollos. Esta cuestión había causado, como mencionan también Priani y Sedano, bastantes debates. Señala David Brading, según la autora, que el patriotismo de Sigüenza alcanza “su más polémica manifestación en este texto” (2017, p. 5). Sigüenza dice que debe defenderse a sí mismo y a su patria, ya que tiene una posición prestigiosa por la cual recibe salario del rey: “De esta manera convierte su defensa personal en una cuestión de patriotismo y un servicio al rey, otorgándole a su persona la representación de todo un grupo, transformando la supuesta ofensa de Kino en un problema supranacional”. En consecuencia, “reviste a las letras y al proceder científico de subjetividad y de responsabilidad civil” (2017, p. 5). Ahora bien, Cristina Beatriz Fernández dice que la prueba fáctica en aquel entonces o el experimento no eran todavía la demostración irrefutable de certeza de una hipótesis, sino que la retórica y las reglas de la lógica jugaban un papel primordial en cuanto a determinar lo verdadero. Por eso mismo, la autora esboza algunas estrategias empleadas por Sigüenza para desmantelar el discurso de Kino. Expongo a continuación las estrategias que observa Beatriz Fernández en Libra Astronómica: a) Sigüenza critica el sistema de citas de autoridad. No desautoriza el 61 uso de las citas, sino que cuestiona el darle una mayor importancia a los autores clásicos: “darles a los profanos autores la misma autoridad que a los sagrados oráculos” (p. 8); b) Sigüenza fractura la presupuesta solidaridad entre la persona y sus actos, pues califica a Kino como “verídico” pero a sus opiniones como “falsas”; c) la construcción del lector o del auditorio es otra de sus estrategias. Si el Manifiesto se trataba de una suerte de texto de difusión dirigido al vulgo, Libra se dirige a un auditorio letrado, de élite, no sólo de la Nueva España, sino del “orbe literario”; d) Sigüenza revierte la herejía de des-semantizar el cosmos tratando algunos augurios de Kino “a la luz de soberbia” y lo alinea en las filas de aquelloshermeneutas fatalistas; e) el polígrafo mexicano utiliza un vocabulario de marcada connotación histriónica al cual recurre para señalar el carácter pseudocientífico empleado por Kino; f) Sigüenza, en su afán de hacer caer al adversario, utiliza el recurso de emplear momentáneamente sus opiniones y llevarlas hasta el punto de la contradicción; g) utiliza la estrategia barroca de “quien mientras dice que ignora muestra lo que sabe” (p. 10); i) realiza objeciones de índole lógica y gramatical. En “Carlos de Sigüenza y Góngora: las letras, la astronomía y el saber criollo”, Cristina Beatriz Fernández destaca la poca atención que han recibido, desde la perspectiva de los estudios literarios, el cuerpo de documentos “más o menos científicos” escritos en territorio americano durante el periodo novohispano. Refiere que la mayoría de éstos están inscriptos dentro del género de tratado, género dentro del cual incluye Libra Astronómica y Filosófica. Hay, en el breve repaso histórico que emprende Beatriz Fernández, puntos que valen la pena rescatar. Escribe la autora que el cometa de 1680 fue estudiado por 62 Edmund Halley, quien determinó que no se trataba de un nuevo visitante de los cielos, sino de un viejo conocido que retornaba con regularidad. Comenta que la astronomía y las matemáticas se encontraban en la cúspide jerárquica de la filosofía natural, pues eran consideradas un saber especulativo, saber alcanzado no mediante la práctica experimental, sino mediante el razonamiento puro. Subraya la autora que la creencia en los cometas funestos adquiere, en tierras mexicanas, un tinte especial, pues es una combinación entre la tradición grecolatina, la religión católica y los mitos y relatos prehispánicos. Brevemente, expone la autora algunos ejemplos de su propuesta: En Códice Florentino (textos de los informantes de Sahagún) ‒manuscrito 218-220 de la Colección Palatina‒, una crónica náhuatl, escrita antes de la llegada de Cortés, relata lo siguiente: “Apareció como un presagio en el cielo: una como espiga de fuego, una como llama de fuego, una como aurora... Se mostraba como si estuviera punzando en el cielo... comenzó a mostrarse en el año 12 Casa equivalente a 1517 ” (Fernández: 2004, p. 3); Bernardino de Sahagún, dice Cristina Beatriz, “nos informa que entre los aztecas se tenía a los cometas por ‘prenóstico de la muerte de algún príncipe o rey, o de guerra o de hambre’” (p. 3); señala la autora que cabe recordar también el mito de Quetzalcóatl, pues éste, al morir, se transforma en estrella o cometa. Por último, cita Beatriz Fernández un fragmento de Repertorio de los tiempos e historia natural de esta Nueva España de Henrico Martínez: Poco tiempo antes que viniesen los cristianos a este reino [...] una vez, siendo el día claro, corrió un gran cometa de poniente a levante, echando de sí muchas centellas, y dicen que era a manera de una cola muy larga y que tenía al principio tres como cabezas con que hacía figura espantable (p. 3). 63 Escribe Beatriz Fernández que Libra Astronómica, al igual que Respuesta a Sor Filotea de Sor Juana Inés de la Cruz, es una autodefensa. En torno a esto, da una breve relación del contexto en que se originó la disputa entre Kino y Sigüenza, donde explica que la redacción de Libra fue la manera en que Sigüenza salvó su honor ante el círculo letrado novohispano y los virreyes. Indica la autora que Libra no es sólo uno de los textos principales de la versión americana sobre el debate comético librado en 1680, sino que es también un modelo de prosa argumentativa: un texto cuya retórica oscila entre el peso barroco de las autoridades teológicas y el incipiente racionalismo que iluminaría el siglo XVIII, un claro exponente de la forma en que se conjugaban una retórica barroca y saberes dispares en un debate con presunciones científicas así como de la modalidad peculiar mediante la cual el discurso de las nacientes ciencias experimentales u observacionales iba siendo apropiado en las colonias americanas (p. 4). Sostiene Beatriz Fernández que en Libra “las ideas científicas de Sigüenza no sólo conviven con sino que se realizan en el ejercicio escriturario del tratado barroco; es decir, que gracias a las formas demostrativas del lenguaje y a la retórica argumentativa se genera el discurso del conocimiento científico” (p. 4). Además, Libra es un texto de “proyección social” que no sólo combate la superstición cometaria, sino “el juego de relaciones personales e institucionales que se desataron en torno de ella” (p. 4). Beatriz Fernández, asimismo, se interesa por contextualizar el origen del título de Libra Astronómica y Filosófica. Para ello expone brevemente la disputa entre el matemático jesuita Orazio Grassi y Galileo Galilei. Cuenta ella que aquél, tras recibir una severa crítica por parte de éste, publica en 1619, bajo el pseudónimo de Lotario Sarsi Sigensano, su Libra astronómica ac philosophica, “cuyo subtítulo 64 aclaraba que el propósito del libro era refutar las opiniones de Galileo” (p. 5). Guillermo Boido, citado por la autora, explica lo siguiente sobre el título de dicha obra: El término libra (balanza) que se menciona en el título tiene un doble sentido, pues se refiere a la constelación en la que habrían aparecido los cometas pero a la vez a la necesidad de sopesar cuidadosamente los argumentos antes de ser aceptados (p. 6). Vale la pena resaltar, señala la autora, que el título empleado por Sigüenza retomaba el del antagonista jesuita de Galileo, gesto que “reforzaba el significado de haber colocado como árbitro de la polémica a los jesuitas” (p. 6). Ahora bien, Beatriz Fernández señala, como escribe también en el artículo “De los cielos a los textos…”, que el punto medular de la argumentación en Libra es la defensa de la racionalidad criolla, defensa que introduce Sigüenza bajo la máscara de la discusión comética. Expone la autora que para muchos tratadistas del periodo “la inferioridad moral e intelectual de los criollos era cosa comprobada, lo cual se explicaba mediante la influencia del cálido clima americano que arruinaba el carácter de los europeos nacidos o criados en América” (p. 7). Había, detrás de esta explicación pseudocientífica, un interés sectorial, pues era la excusa perfecta para mantener a los criollos alejados de los altos cargos. No obstante, los criollos, indica Fernández, fueron adquiriendo ciertos dominios en la sociedad, como el universitario. “Es en este contexto, entonces, que debemos leer la polémica científica desatada en la Libra” (p. 7). Por lo tanto, Sigüenza instaura en Libra una voz criolla que, entre criterios cualitativos y cuantitativos, defiende no sólo la capacidad racional de quien la enuncia sino la de todos los criollos: 65 Así, Sigüenza adoptaba la modalidad escolástica de argumentación, signada por la remisión a «las autoridades de poetas, astrólogos, filósofos y santos padres» (Libra, 256), mientras desarrollaba un habilísimo ejercicio de lógica discursiva a lo largo de todo el texto, tratando de desmontar la argumentación de la Exposición de Kino. Este ejercicio de lógica, que involucraba análisis de la retórica empleada por Kino o dudas sobre la validez de las autoridades citadas por su adversario para el tema que se estaba debatiendo, se complementaba con una exhibición de sus destrezas matemáticas al final del texto, donde compendiaba sus observaciones sobre el cometa y sus cálculos sobre la ubicación de la ciudad de México ofreciéndolos a “los matemáticos de la Europa”, quienes quedaban equiparados así a ese auditorio universal que Sigüenza buscaba cuando apelaba a “cuantos supieren leer, que sean de la nación que fueren” (p. 9). Como he mencionado en la parte liminar de este subcapítulo, la mayoría de las investigaciones que se han hecho sobre Libra Astronómica y Filosóficase han realizado desde una perspectiva histórica y científica. La querella entre Kino y Sigüenza, la defensa de la racionalidad criolla, el contexto histórico, científico y religioso, son los temas principales que examinan los artículos que he venido exponiendo. Aunque Cristina Beatriz Fernández realice un interesante estudio de las diversas estrategias discursivas empleadas por Sigüenza en Libra, su análisis se enfoca más en la perspectiva del género del tratado y no estudia la representación del cielo, ni el diálogo que mantienen los autores novohispanos de la querella comética con otras tradiciones del campo de la astronomía-astrología. Por lo tanto, es en este aspecto poco tratado que quiero enfocar la presente investigación. 66 2.2 La hermenéutica del cielo en Libra astronómica Esta investigación, cuya metodología se ancla en la historiografía literaria, está pensada para contribuir en los estudios que abordan dos campos teóricamente lejanos entre sí: el de la filología y el de la ciencia. Sin embargo, confieso que mi principal propósito es mostrar el encanto literario de algunos antiguos postulados científicos que, de ser tan arcaicos, han terminado por llegar a los lindes del mundo literario, “aterrizando suavemente en sus fértiles campos de lo estético y lo poético” (Cortés Guadarrama)50. Hay, en la historia de la ciencia, teorías que hoy en día resultan tan encantadoras y fascinantes por su potencia literaria, como es el maravilloso caso del flogisto o de la forma líquida de la electricidad y del empeño de algunos científicos por embotellarla.51 Es nuestra tarea, como estudiosos de la literatura, realizar el rescate de estas formas particulares de ver el mundo y entenderlo en su contexto. En efecto, aquí estudio algunas de las teorías del cielo latentes en Libra astronómica que llegan a parecer para el lector contemporáneo tanto extrañas como maravillosas. Mi objeto de estudio es la hermenéutica del cielo en Libra astronómica, arte interpretativo que radica en la observación y exégesis de los fenómenos supralunares y sublunares y que bebe de la estética del Barroco, del Renacimiento y de la Edad Media. La literatura astronómica-astrológica del siglo XVII 50 Debo esta perspectiva de mi investigación al Dr. Marcos Cortés Guadarrama quien ha influenciado, con sus trabajos sobre el mundo de la medicina novohispana, en mi manera de leer e interpretar los textos correspondientes al mundo de la astrología-astronomía de la Nueva España. 51 Consultar en La estructura de las revoluciones científicas (2004) de Thomas Kuhn, páginas 93 y 106. 67 conceptualizaba el cielo. Mi propuesta concibe que los textos de astronomía- astrología, ya sean almanaques, pronósticos, tratados o folletos, son escritos que marcan el quehacer de un arte preocupado por conformar y configurar la salud, el acontecer o el destino del individuo y su sociedad.52 Cabe señalar que las interpretaciones y pronósticos del cielo que encontramos en los documentos escritos alrededor del cometa de 1681, se deben más a una conceptualización del arte astronómico-astrológico que al de la ciencia astronómica. La ciencia, como la comprendemos hoy en día, es un concepto reciente que se basa en la experiencia y “sólo puede tener valor de experiencia lo que puede someterse a un control” (Gadamer: 1996; p. 17). Lo que profundizaba el joven aprendiz en las universidades no era sólo su capacidad práctica o técnica, sino su capacidad dialéctica y una alta argumentación lógica para poder afirmar o contradecir posturas de diversas tradiciones astronómicas-astrológicas. Aunque la astronomía-astrología era la ciencia más avanzada durante el siglo XVII, la frontera entre ciencia y arte era aún muy delgada. Los términos “arte” y “ciencia” poseían una mayor capacidad, según Cortés Guadarrama, para exhortar y aglutinar otras nociones. Es decir, englobaban una serie de consideraciones y prácticas que no deben emparentarse con nuestra especializada y contemporánea división entre uno y otro concepto.53 Al respecto, 52 Debo parte de esta idea a la lectura que realicé del ensayo del Dr. Cortés Guadarrama intitulado “Curiosidad y censura en el arte del cirujano Alonso López de Hinojosos: Una poética médica novohispana de finales del siglo XVI”. 53 Refiere Cortés Guadarrama que George Minois atiende esta cuestión “remontándose a las nociones de ‘ciencia’ y ‘sabiduría’ presentes en uno de los libros más ‘científicos’ y de marcada influencia helenística de la literatura del Antiguo Testamento: en Libro de Sabiduría” (Cortés Guadarrama). La ambigüedad del concepto “ciencia” está dirigido para glorificar la sabiduría con el fin de acercarse a las maravillas de Dios. 68 escribe Gadamer en El estado oculto de la salud lo siguiente: “’Arte’ se refiere aquí, pues –en el sentido de la antigua techne-, al saber y al hacer-sabiendo a partir de los cuales la Antigüedad griega dio el primer paso hacia la capacidad de hacer y hacia la ciencia que abarca todo nuestro mundo de hoy” (Gadamer: 1996; p. 103). Escribe Guy Serbat respecto a Plinio el viejo que la Historia natural no es una ‘historia natural’ en el sentido moderno de la expresión, sino una colección de datos (res) ilustrada con historia (historiae) –es decir, y por lo general, con anécdotas contemporáneas o más antiguas-, no es sorprendente que se puedan sacar de ella enseñanzas que poco tienen que ver con la ‘naturaleza’, y sí mucho con el hombre: anécdota de toda suerte, documentos para la historia. Considero que esto sucede tanto en Libra astronómica y filosófica como en otras publicaciones que se hicieron en torno del cometa de 1681. En el caso de Libra, podemos encontrar ejemplos a lo largo de esta obra. Esta misma situación se presenta también en Exposición Astronómica de Eusebio Kino y Especulación astrológica y physica de la naturaleza de los cometas de Gaspar Juan Evelino. Hay, en esta literatura astronómica-astrológica, un interés por relacionar el todo, la naturaleza, con el hombre o, por decirlo de otro modo, colocar el hombre ante la naturaleza. El fin de esta literatura no era sólo estudiar el movimiento de los cielos, sino ver las posibles influencias del macrocosmos en el microcosmos. Aclaro desde ahora que no es tarea de mi investigación el estudiar la justa de los cometas entre Kino y Sigüenza, pues ya ha tenido gran atención por parte de Elías Trabulse, Cristina Beatriz Fernández, Alicia Mayer, Juan Manuel Gauger, entre otros. Mi tarea, en cambio, es indagar y comprender, desde la perspectiva de los 69 estudios literarios, la factura y la intención de Libra astronómica, en especial el folleto incluido por Sigüenza en éste, intitulado “Manifiesto filosófico”. No comparto completamente la línea de Trabulse, quien asegura que en la justa comética y con la escritura de Libra… inicia la transición de la ciencia medieval a la moderna ciencia mexicana, cuyo protagonista, Sigüenza y Góngora acaba con la “seudociencia que cegaba las mentes de los habitantes de la Nueva España” (Priani y Sedano: 2015, p. 248). Mi visión se apuntala en la del historiador Ernesto Priani, quien sostiene que los estudiosos y participantes en la querella cometaria de 1681 formaban un grupo social que tal vez pueda catalogarse como el estamento de los astrónomos-astrólogos, pero no parece claro que fueran una comunidad científica en la que el intercambio de ideas fuera solidario, con base en una visión idealista del mundo científico, donde no había luchas, sino simplemente superaciones de un estado menos racional a otro más racional (p. 251). Con base en esto, argumento al igual que Priani, que cada uno de los participantes de la querella comética y sus obras se encuentran en un campode batalla, donde se enfrentan diversos agentes, los cuales son partidarios de instituciones académicas y clericales, al igual que de diferentes naciones, donde “el valor otorgado a la propia obra es la base para enfrentar la de los otros, con estrategias argumentativas, retóricas y veritativas” (p. 252). Asimismo, señala Priani que cada astrónomo-astrólogo utiliza diversas estrategias sociales, como lo son “la publicación de los textos, a quién están dedicados, a qué autoridades apelan, en un sentido que es en realidad más bien práctico” (p. 252). Particularmente, he decidido estudiar en Libra astronómica el “Manifiesto filosófico” y “Pónese en las balanzas de la Libra Astronómica y filosófica lo que es 70 proprio del reverendo padre en su Exposición Astronómica”, pues es donde he encontrado un cúmulo de elementos astronómicos-astrológicos que sirven no sólo a la historia de las mentalidades, sino que potencian la cabal comprensión de un estilo nacido en el periodo estético e histórico conocido como Barroco.54 Asimismo, he decidido comparar Libra astronómica con Discurso cometológico y relación del nuevo cometa de Salmerón y Castro, Exposición Astronómica de Eusebio Kino y Especulación astrológica y physica de la naturaleza de los cometas de Gaspar Juan Evelino, textos con los cuales dialoga y combate. La poca atención que han recibido este conjunto de documentos “más o menos científicos”, como señala Cristina Beatriz Fernández, y más bien artísticos, me han motivado a estudiarlos. La selección de éstos permite analizar los aspectos del mundo maravilloso donde se configuran estos tratados, mundo que se explica “a partir de sus propias reglas, tal y como lo hacen las narraciones maravillosas del Mundo Clásico, de la Edad Media, del Renacimiento y del Barroco; narraciones que son producto de la imaginación y de la tradición occidental” (Cortés Guadarrama). Así pues, esta investigación procura examinar e interpretar el concepto de mundo que yace detrás de las nociones astrológicas y astronómicas y su relación con la sociedad novohispana. 54 Si prestáramos más atención a los textos astronómicos-astrológicos, se nos podrían ofrecer, como bien señalaba el rumano Mircea Eiade, oportunidades inestimables para la comprensión de la capacidad mental de una época o para la definición más exacta de un estilo. 71 2.2.1 Astrónomos-astrólogos: hermeneutas del cielo Aunque la astronomía-astrología era una de las pocas prácticas en la antigüedad que se ejecutaba mediante el razonamiento y la abstracción, el velo de lo sagrado, que recubría al astrólogo, no fue sino quitado hasta la aparición del Principia de Newton, proceso que no fue del todo inmediato, como señalo en el primer capítulo. La astrología-astronomía hunde sus raíces en la cosmogonía griega, egipcia y babilonia. A esto se le agrega las teorías de Eudoxio, Aristóteles, Ptolomeo, entre otros. La teoría aristotélica se le invistió de un simbolismo y alegoría que reforzaban los postulados y prácticas del credo cristiano. Cabe recordar, por ejemplo, que Tycho Brahe fue más reconocido, en su época, no por comprobar la inexistencia de las esferas celestes, sino por dejar el planeta en el centro del universo. Si Copérnico concibe un sistema heliostático, Brahe emprende una síntesis entre el sistema aristotélico y copernicano. De este modo, el sistema del mundo católico y su simbolismo no se veía afectado por el sistema de Copérnico. Libra astronómica se sitúa en este imbricado sistema del cielo, donde las reglas de una hermenéutica astrológica-astronómica, anclada en elementos de la cosmología cristiana, determinan qué y qué no puede escribir el astrónomo. El cielo durante el siglo XVII, como he expuesto en el capítulo primero, sufría de una expansión que derribaba las viejas concepciones del cristianismo. La Iglesia buscaba actualizar y adaptar sus ideas con los recientes descubrimientos del cosmos. Que el cielo era una suerte de libro con caracteres de fuego incomprensibles para el vulgo, se observa en los almanaques y tratados 72 astronómicos. El astrónomo-astrólogo es un hermeneuta del cielo y había diversos fenómenos que éste examinaba. En cuanto a los cometas, su trabajo no sólo consistía en estudiar a éstos de un modo aislado, sino que consultaba las diversas apariciones de los heraldos infaustos a través de la historia. El examen lo realizaba con un método comparativo, donde se observaban la forma del cometa, su tamaño, proporción de la cauda y a dónde apuntaba, conjunción con otros planetas y constelaciones. Asimismo, se revisaban las catástrofes y muertes que habían ocurrido durante el avistamiento de los diversos cometas. Aunque cada vez el estudio del cielo se volvía más sofisticado y preciso por el avance tecnológico, la astronomía y las matemáticas eran muchas veces siervas de la astrología. Grandes astrónomos, en la historia, recurrían a métodos sumamente modernos y refinados para medir la trayectoria de los cometas o la aparición de novas para así descifrar en el cielo el destino de algún soberano o alguna nación.55 Si bien es cierto que Sigüenza se encuentra en un momento de transición y de cambio en los paradigmas de la astronomía-astrología, era aún necesario que escribiese muchas veces desde esta hermenéutica del cielo que he venido explicando. La astrología llegó a tener un gran poder en la antigüedad, la Edad Media, el Renacimiento y parte del Barroco. Batallas, curaciones, siembras, decisiones políticas, levantamientos de palacios, se emprendían con base en las interpretaciones del firmamento que realizaban estos hermeneutas. Para el astrólogo-astrónomo del medievo y renacimiento, el destino de las naciones y del 55 Este fue el caso tanto de Galileo como de Kepler y Tycho Brahe. 73 hombre podía leerse en la bóveda celeste. Ante el peligro de que el astrólogo se convirtiese en amanuense de Dios y determinara, en efecto, las influencias celestes sobre la tierra y la actividad humana, llegó a ser un tema realmente preocupante para el Concilio de Trento, pues, como he mencionado en apartados anteriores, la astrología violaba la doctrina del libre albedrío y el monopolio que tenía la Iglesia sobre el milagro. En consecuencia, el papa Sixto dicta la bula papal de 1586 y, posteriormente, la Inquisición escribe el auto de 1647, ambos documentos dividen la astrología judiciaria de la natural e indicarán la prohibición de la primera. Sin embargo, la escisión entre ambas no se dio de manera tajante. Éste es el caso de Sigüenza y Góngora, Eusebio Kino, Salmerón y Castro, Gaspar Juan Evelino, quienes continuaron ejerciendo la astrología-astronomía entre la frontera de lo prohibido y lo lícito. Cabe destacar que Sigüenza al no concebir el cometa como causante o mensajero de infortunios se encuentra más del lado de la postura oficial, es decir, la permitida por la Inquisición. Eusebio Kino, por otro lado, pisa los terrenos de la astrología judiciaria al sostener que el cometa de 1681 trae ya sea infortunios o fortuna. Sin embargo, lo cierto es que la imaginación fue la responsable de construir y argumentar el estudio del macrocosmos y el microcosmos, del cielo y del hombre. Es en esta imaginación de la que he venido hablando donde hoy reside el valor de la literatura astrológica-astronómica representada aquí por Libra, obra de carácter barroco que no sólo es resultado de la tradición heredada del occidente, sino del sometido y reinventado Nuevo Mundo. De este modo, la imaginación que surgió en la astronomía de la Antigua Grecia para explicar los cielos, perdurará en la Edad 74 Media, sufrirá cambios, saturaciones, adiciones y llegará a manos del astrónomo renacentista y posteriormente aldel periodo Barroco. Es la imaginación, vale repetir, la que acerca el arte astronómico con el arte literario: Lo que un día fuera estamento ‘científico’, hoy no es tal, y nos maravilla por haber explicado una realidad determinada casi como lo hace la poética literaria de la prosa hagiográfica, u otras prosas, como la del bestiario; prosas que mediante la categoría textual de lo milagroso o lo maravilloso se lanzan a la dilucidación de la naturaleza en beneficio del hombre (Cortés Guadarrama). Comparto la idea de varios especialistas de estudiar los tratados, relaciones y crónicas coloniales como “procesos comunicativos donde participan factores culturales, sociales e ideológicos en los que cobra especial relevancia la imaginación del sujeto que los engendra” (Cortés Guadarrama).56 Algunos de los estudiosos que sostienen esta idea, ya sea de modo directo o indirecto, son: Marcos Cortés Guadarrama, Hayden White, José Pascual Buxó, Roger Bartra, Edmundo O’Gorman, entre otros. Ahora bien, Libra astronómica, cuyo valor es innegable para la historia de la ciencia, no debe ser estudiado desde una óptica que restrinja sus diversas lecturas, óptica que, por una parte, estudie únicamente a Libra ya sea desde una perspectiva que busque una pureza literaria u otra que considere el texto sólo como un documento que pertenece a la historia de la ciencia. Libra astronómica no puede sustraerse de su tiempo, de sus circunstancias tanto políticas, sociales, como históricas, teológicas y filosóficas. En Libra astronómica, Sigüenza hace uso de 56 Por imaginación entiendo a la producción textual que surge de “ese fondo invisible que en realidad somos” (Ortega y Gaset: 1971, p. 71) 75 elementos propios de la estética literaria, donde aparecen la metáfora, la sinécdoque, etcétera, elementos característicos de la obra literaria, tal y como lo señala Hayden White, quien estudia el texto histórico como artefacto literario (White: 2003, 107-139). Los documentos astronómicos-astrológicos que surgen alrededor del cometa de 1681 se construyen mediante ciertos medios retóricos para relacionar el macrocosmos con el microcosmos, las estrellas con el destino del hombre y su sociedad. Dichos medios retóricos son la sinécdoque y la metáfora. El cometa, en efecto, es utilizado por los astrónomos como una alegoría y sinécdoque del mal en la sociedad o conclusión de un reinado tanto en Europa como la Nueva España. El cometa es una justificación histórica de los acontecimientos. Sólo basta con explorar los anales de la historia para encontrar que tras cada muerte de un monarca fue visto un cometa. En efecto, los cometas cierran ciclos históricos y justifican acontecimientos. Desde este arte interpretativo, Kino y Sigüenza emplean a su beneficio la figura del cometa. 2.2.2 El Barroco en la hermenéutica del cielo La hermenéutica del cielo de la que he venido hablando se circunscribe, en efecto, en el Barroco. Éste, refiere Maravall, “es un concepto de época que se extiende, en principio, a todas las manifestaciones que se integran en la cultura de la misma” (Maravall: 1972, p. 29), donde una serie de factores “tanto estilísticos como ideológicos, políticos y sociales se combinan y forman una realidad única” (p. 33). 76 Ante la crisis que vive el siglo XVII, el Barroco es “una cultura que consiste en la respuesta, aproximadamente durante el siglo XVII, dada por los grupos activos en una sociedad que ha entrado en una dura y difícil crisis” (p. 55), tanto económica como social. La conciencia de malestar y de inquietud se manifiesta en la sociedad barroca. Sigüenza y Góngora, hombre de la modernidad, no permanece pasivo ante esta crisis, sino que postula una intervención: “se pasa a reflexionar –y en ello está lo más caracterizador de quienes ya son hombres ‘modernos’– cómo, con qué remedios se podrían eliminar o paliar tales males” (p. 58). En el caso del astrónomo- astrólogo y matemático, se cuestionan los viejos fundamentos, se emprende una búsqueda de la verdad y se critica tanto la falta racional de otros astrónomos- astrólogos como su aceptación sin cuestionamiento de las apariencias de los fenómenos y la fundamentación que hacen de éstas con el sistema de autoridades. No busco definir el Barroco. Ya Diógenes Laercio demostró el absurdo al que pueden llegar las definiciones al arrojar una gallina desplumada en la Academia para burlarse de la definición que había dado Platón del hombre, quien consideraba a éste como un bípedo implume. Aclaro que mi punto de vista sobre el Barroco está apuntalado por la perspectiva de Echeverría y la de Maravall. Ambos autores advierten, asimismo, lo vano de realizar una lista de las diversas y variadas estrategias que llamamos “barrocas”, pues éstas son múltiples.57 Sin embargo, en el arte, específicamente en la música, pueden encontrarse palabras que alumbren 57 Cabe destacar que sí hay, como señala Echeverría, ejemplos paradigmáticos de comportarse del barroco, sobre todo en la historia del arte. 77 un poco este problema y nos permita comprender mejor el comportamiento del Barroco. Claudio Monteverdi escribe sobre su arte lo siguiente: “se trata –dice- de lograr en la pronunciación de las palabras el gesto capaz de ‘despertar la pasión que está dormida’ en ellas, de encontrar el drama escondido en el significado del texto” (Echevería: 2000, p. 93). Maravall escribe que el Barroco emplea las formas del mundo clásico grecolatino. Echeverría abunda en esta opinión y señala que éste hereda el universo grecorromano y sus formas. El Barroco, escribe Echeverría, procura “’sacudir’ las formas –las proporciones clásicas aceptadas como perfectas- para despertar así la vida que dormita o está congelada en ellas” (p. 88). En efecto, lo que busca el ornamentalismo del arte barroco no es un mero regodeo ostentoso, hedonista a lo fácil, sino que busca “provocar una proliferación de subformas parasitarias que, al rodear a una determinada forma y revolotear en torno a ella, la someten a un juego de reflejos multiplicados que la potencian virtualmente, la obligan a dar más de sí, a encontrar la fidelidad a su designio profundo” (p. 88). El ornamentalismo es una “táctica de persecución y huida de lo esencial, a la vez deseado y temido” (p. 89). Si bien he mencionado que Sigüenza y Góngora emprende una búsqueda de la verdad, cabe señalar que ésta le es de cierto modo negada, pues un mundo de conceptos encubre el verdadero pensamiento del autor. Es en esta crisis donde la razón de Sigüenza encuentra su refugio en la imaginación y la fantasía, la cual se despliega y encuentra su forma a través de la hermenéutica del cielo y del Barroco, en los cuales el polígrafo mexicano se encuentra inserto. 78 La razón de Sigüenza que encuentra su refugio en la imaginación será el tema a explorar en las páginas siguientes. 79 Con mis propios ojos he presenciado que en los trastornos públicos, los hombres, inseguros de su suerte, se lanzan, como en otra superstición cualquiera, a buscar en el cielo las antiguas causas y amenazas de su desdicha. Montaigne CAPÍTULO TERCERO. Carlos de Sigüenza y Góngora y la lectura del cometa de 1680/81 3.1“Manifiesto filosófico”: política y hermenéutica del cielo El siglo XVII en Europa fue un tiempo de enormes crisis y convulsiones. Grimmelshausen publica en 1668 su novela Simplicius Simplicissimus, cuyas líneas preliminares resumen el espíritu apocalíptico de la época: “En los tiempos que corren, que muchos consideran como los últimos” (Grimmelshausen; 1996; p. 51). Refiere el historiador Peter H Wilson que en la Guerra de los Treinta años murieron ocho millones de personas. Hubo territorios, como Bohemia, que perdierondos tercios de sus habitantes. En España, señala Maravall, la peste termina con aproximadamente una cuarta parte de su población. A esto se le sumó el hambre y la miseria, levantamientos internos, la depresión económica e invasiones externas. En una carta fechada el 30 de Julio de 1638, escriben los jesuitas que “las necesidades y hambres son tan sin ejemplo que se llegan a comer los más cercanos” (Maravall: 1975, p. 308). En 1635 inicia la guerra entre España y Francia; en 1640 se rebelan Portugal y Cataluña; en 1659 se firma la Paz de los Pirineos con 80 lo que España pierde su hegemonía sobre Europa. Se difunde en las mentes de esta época un pesimismo inspirado por estas calamidades y sucesos: “Son unos hombres tristes […] esos que empiezan a ser vistos sobre el suelo de Europa, en los últimos lustros del siglo XVI que seguirán encontrándose hasta bien entrada la segunda mitad del siglo siguiente” (p. 308). El Seiscientos, escribe Maravall, es una época trágica. La Nueva España, según Alicia Mayer, “gozó en cambio, y sólo si se compara con la metrópoli, de una relativa estabilidad entre 1590 y 1700” (Mayer: 1998, p. 56). Sin embargo, no se deben pasar por alto los numerosos ataques de piratas y levantamientos de indios que se dieron durante este periodo. Asimismo, escribe Hausberger, en “Nueva España: Los años de autonomía”, que para 1650 “las epidemias redujeron la población autóctona de toda Nueva España a más o menos 1.9 millones” (Hausberger, p. 263). El fenómeno de la piratería se desarrolló en el Golfo de México, desde Texas hasta la península de Yucatán. Escribe Antonio García León que los ataques más documentados en los pueblos de los litorales sucedieron hacia 1672.58 En el norte del país, el once de agosto de 1680 aconteció la rebelión o revuelta de los indios, bajo el mando de Popé. A finales de este año llegará el nuevo virrey don Tomás Antonio de la Cerda, conde de Paredes y marqués de la Laguna. Desde noviembre de 1680, los cielos del mundo occidental fueron divididos por un gran cometa de portentosa cauda. El avistamiento del fenómeno celeste 58 El ataque más conocido, no obstante, se dio en mayo de 1683, cuando 300 piratas, según Antonio García León, comandados por Laurens de Graff, Lorencillo, atacaron y sitiaron el puerto de Veracruz durante varios días. 81 provocó ríos de reportes, descripciones e interpretaciones tanto en Europa como en América. Este acontecimiento extraordinario, según Mayer, significó un reto para la vida intelectual de la Nueva España: “Motivó un debate académico que puede definirse como uno de los discursos científicos de mayor riqueza en la historia colonial de América” (Mayer: 1998, p. 82). La coincidencia de la llegada del virrey conde de Paredes y la aparición del terrible cometa causó temor e inquietud en la población novohispana: El cometa fue tomado por el común como un signo de futuros y negativos presagios. En ese mundo tan desmesurado y extravagante, calificado por ello como “barroco”, no podía pasar desapercibido aquel espectacular fenómeno celeste, al que se relacionaba con los hechos políticos. La entrada del marqués de la Laguna, justo ese mes, las sublevaciones de indios en el norte, los estragos de la piratería en las costas hicieron que se escucharan voces pronosticando calamidades. Sigüenza lo observó con una mentalidad totalmente distinta a la de sus conciudadanos. Fascinado por la belleza de la cauda y con su característica avidez por explicarse científicamente el origen, la disposición y el eventual comportamiento del cuerpo errante, anotó sus conclusiones, las cuales, después quiso mostrar a través de un tratado titulado: Manifiesto filosófico contra los cometas despojados del imperio que tenían sobre los tímidos (1681). Su primordial intención fue disipar los temores que surgieron por la ignorancia de creer que los cometas eran presagios de infortunios (p. 83). Carlos de Sigüenza y Góngora dedicó el Manifiesto filosófico a la virreina María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, quien se encontraba inquieta por el astro funesto.59 En contra de creencias y supersticiones, don Carlos escribe, en efecto, lo siguiente: 59 Este folleto de 12 páginas se publicó, según Sigüenza y Góngora, el 13 de enero de 1681. Sin embargo, no se han encontrado ejemplares de esta edición. Sigüenza incorporó, afortunadamente, el Manifiesto en Libra astronómica y ésta se imprimió en 1690. 82 Y siendo esto así, como verdaderamente lo es, lo que en este discurso procuraré (sin que por ello se me perjudique mi modo de opinar), será despojar a los cometas del imperio que tienen sobre los corazones tímidos de los hombres, manifestando su ninguna eficacia y quitándoles la máscara para que no nos espanten (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 11). El terror que causaba el cometa en la población novohispana y europea responde a un viejo tópico literario heredado de la tradición interpretativa de astrólogos e historiadores griegos y romanos, donde estos visitantes celestes eran, la mayoría de las veces, heraldos infaustos. La aparición de un cometa en el cielo pronosticaba la caída de un reino, la muerte de un rey, pestes, guerras o el inicio de un nuevo reinado. Los eclipses y las estrellas jugaban también un papel fundamental en la adivinación. Escribe Howard Robinson que, entre los antiguos, Plinio el viejo era el que más influía en asignarle a los cometas su carácter malévolo: “The tracts resulting from the cometary appearance of 1680 not infrequently refer to Pliny’s opinions” (Robinson: 1916, p. 5). El mismo Sigüenza glosa en su Manifiesto un pasaje de Historia Natural, lo cual desarrollaré más adelante en mi investigación. Desde la Antigua Grecia hasta el siglo XVII, el pensamiento supersticioso que se tenía acerca de los cometas y fenómenos celestes no había cambiado mucho. La historia está plagada de coincidencias entre muertes de reyes, pestes, sequías, hambrunas y avistamientos de cometas o estrellas. Howard Robinson escribe que en el año de 480 a. C. apareció un gran cometa con una cauda corniforme, y en ese año Jerjes invade Grecia. Otro astro similar, en 431 a. C, inauguró la Guerra del Peloponeso. Señala Trabulse que el cometa de 371 a. C. “produjo males a los aqueos y a los romanos y, según Diódoro de Sicilia, se desplegaba en un arco que abarcaba la sexta parte del firmamento” (Trabulse: 1974, p. 4). La estrella de Belén 83 fue interpretada por muchos escritores, según Robinson, como un cometa. Este signo celeste vaticinaría la muerte de un reino y el nacimiento de otro. Plinio el viejo escribe, en Historia Natural, acerca del cometa que se vio a la muerte de Julio César: The only place in the whole world where a comet is the object of worship is a temple at Rome. His late Majesty Augustus had deemed this comet very propitious to himself; as it had appeared at the beginning of his rule, at some games which, not long after the disease of his father Cesar, as a member of the college founded by him, he was celebrating in honor of Mother Venus. In fact, he made public the joy that it gave him in these words: On the very days of my Games a comet was visible for seven days in the northern part of the sky. It was rising about an hour before sunset, and was visible for seven days in the northern part of the sky. It was rising about one hour before sunset, and was a bright star, visible from all lands. The common people believed that this star signified the soul of Caesar received among the spirits of the immortal gods, and on this account the emblem of a star was added to the bust of Caesar that we shortly afterwards dedicated in the forum (Pliny; 1967, p. 237). Suetonio, en Vida de los doce Césares, describe el mismo acontecimiento:En efecto, durante los juegos que su heredero Augusto daba por primera vez en su honor después de haber sido divinizado, un cometa, apareciendo hacia la hora undécima, brilló durante siete días seguidos, y se creyó que era el alma de César acogido en el cielo (Suetonio; 1992, p. 167). En la Nueva España encontramos también documentos que registran avistamientos de estos heraldos de infortunios. El franciscano Bernardino de Sahagún escribe en el libro octavo de Historia general de la cosas de Nueva España que un cometa pronosticó la llegada de los españoles: Diez años ante que llegasen los españoles a esta tierra, y según otros once o doce años, apareció una gran cometa en el cielo, en la parte de oriente, que parecía como 84 una gran llama de fuego muy resplandeciente y que echaba de sí centellas de fuego; este cometa era de forma piramidal, ancho de abajo e íbase ahusando hacia arriba, hasta acabarse en una punta; aparecía en medio del oriente, comenzaba a aparecer un poco después de la medianoche y llegaba hasta la mañana; la luz del sol lo encubría, de manera que saliendo el sol, no parecía más. Según algunos viose un año entero, y según otros cuatro años arreo. Cuando aparecía de noche este cometa todos los indios daban grandísimos alaridos y se espantaban, esperando que algún mal había de venir (Sahagún: 1938, p. 288). Asimismo, Sahagún menciona que los indígenas tenían a los cometas por “pronóstico de la muerte de algún príncipe o rey, o de guerra, o de hambre” (p. 262). En Historia natural y moral de las Indias, refiere José de Acosta que “[v]ieron, otrosí, salir un cometa siendo de día claro, que corrió de Poniente a Oriente, echando gran multitud de centellas; dicen que era su figura de una cola muy larga, y al principio tres como cabezas” (Acosta: 1985, p. 362). En Monarquía indiana, Fray Juan de Torquemada menciona, al igual que Sahagún y Acosta, que el cuarto pronóstico fue “una cometa que cayó hacia la tierra, que tenía tres cabezas y una cola muy larga […] y de la novedad de esta cometa hubo grande espanto entre todos los que la vieron” (Torquemada: 1975, p. 321). En Crónicas de la Nueva España de Francisco Fernández de Salazar encontramos también un cometa que pronostica la caída de Moctezuma y la llegada de los españoles.60 La homogeneidad de los presagios descritos por Torquemada, José de Acosta, Sahagún y Fernández de Salazar resulta sospechosa. Estos autores, en mi opinión, beben de la tradición astrológica occidental, donde se refiere que los cometas son causantes o presagios de pestes, guerras, muertes de reyes y caídas 60 Consultar “Capítulo XXXII: De los pronósticos que los indios tenían de la venida de los españoles a esta tierra” de Crónica de la Nueva España de Francisco Fernández de Salazar. 85 de imperios. Hay, como se puede observar, una clara convergencia entre los cronistas españoles de las Indias y las obras clásicas del mundo antiguo, como es el caso de Plinio el viejo y Tolomeo, convergencia que, asimismo, existe también con los astrólogos del siglo XVII de Europa. Del mismo modo, considero que Sigüenza responde con su Manifiesto a esta tradición astrológica occidental. Cabe destacar que entre las producciones judiciarias del siglo XVI, existió un cometa anterior al de 1680 que causó furor entre los astrólogos y la población de Europa. Hablo del cometa de 1577, hoy en día llamado C1/1577 v1. Refiere Jesús Usunáriz, en “El discurso judiciario sobre Don Sebastián y el cometa de 1577”, que a finales de ese año se publicaron los primeros estudios sobre su avistamiento en Dinamarca, Paises Bajos, Alemania, Portugal, España, Francia e Italia. Entre los astrónomos y físicos que intervinieron, encontramos al danés Tycho Brahe, el alemán Michael Maestlin, el español Jerónimo de Muñoz, el catalán Josep Micó y el aragonés Francisco Fernández Raxo y Gómez. “El citado Tycho Brahe”, señala Usunáriz, “predijo, dado que el cometa había aparecido bajo el signo de Sagitario, la muerte de un rey y de autoridades en España, así como una guerra civil por divisiones religiosas” (Usunáriz: 2016, p. 78). Muñoz vaticinará plagas de sabandijas, luchas ‘entre principales señores y deudos, grandes revueltas, disensiones y guerra’, por su forma de bocina; rencillas entre gente popular y muerte de príncipes, daños grandes a las preñadas y paridas, corrupción de los frutos de la tierra’ además del peligro de hambres, pestes y enfermedades ‘melancólicas’ (‘como son catarros, zaratanes, cancros, sarna, lepra, mal francés, almorranas’) (p. 79). Gracias a esta larga tradición interpretativa, como he mencionado con anterioridad, los cometas eran identificados, mayormente, como causantes o mensajeros de 86 infortunios y, en efecto, no podían ser buenos. Los astrólogos-astrónomos realizaban sus exégesis observando las características del cometa: el tamaño y forma de su cauda y la dirección a la que apuntaban, el signo zodiacal en el que más brillaba, los planetas que estaban a su alrededor, entre otros aspectos. Escribe Usunáriz que la astrología judiciaria estaba anclada a unos “esquemas basados en la tradición interpretativa clásica, en los testimonios históricos, y en las ‘observaciones empíricas’ a lo largo de los siglos” (p. 83). Mientras que Eusebio Kino escribe en resonancia con esta tradición interpretativa, Sigüenza y Góngora opta por desenmascarar al cometa y despojarlo de su parecer y rancia prosapia de heraldos maléficos. Los astrólogos-astrónomos han sido parte fundamental del mecanismo de control político y social y han utilizado los fenómenos celestes como estrategias discursivas para realizar interpretaciones de la Historia. Ahora bien, el cometa de 1577 se vuelve un paradigma en la historia de la exégesis celeste, pues el 4 de agosto de 1578, según Usunáriz, muere en la batalla de Alcázarquivir el monarca Sebastian I de Portugal, su aliado, el sultán Moulay Mohammed al-Mutawakkil y varios miles de portugueses: “Desde la trágica muerte del rey, aquel cometa que meses antes había atravesado los cielos, se convirtió en el símbolo y seña por antonomasia de la muerte de un rey: ‘el cometa sebástico’” (p. 81). Fue Fernández Rajo, en De Cometis et prodigiosis eorum portentis, libri quatuor, señala Usunáriz, quien predijo con indudable acierto las consecuencias que traería el cometa de 1577: Los cometas anuncian muerte de reyes y reinas y de varones ilustres. Pues además de lo que antes en el libro 2º dijimos según S. Juan Damasceno y otro, cuando apareció distaba del sol en once signos; y se le vio primero en el ángulo de 87 occidente, lo que viene a confirmarse con la sentencia de Ptolomeo. De lo cual pueden hacerse deducciones. Y aunque mientras escribimos esto, se nos anuncia la muerte de la serenísima reina de Portugal [el 12 de febrero de 1578], no creemos que basta ello para tan gran prodigio. No es tan cierto que amenace a nuestros católicos reyes de Castilla, pues no ha estado perpendicular a estas regiones, no se que tengan lugar alguno en Sagitario. Lo que no quiere decir que amenace a los seculares de Portugal. Y a los príncipes eclesiásticos amenaza desde luego más que a cualquiera españoles (p. 80). Como he mencionado con anterioridad, Sigüenza y Góngora responde a esta tradición, donde los cometas pronosticaban muertes de reyes. Cabe recordar que el virrey conde Paredes llegaba por las fechas en que apareció el cometa de 1680. La posible muerte de un monarca, indicada por el heraldo celeste, era una idea que palpitaba en la conciencia tanto de los españoles como de los novohispanos. Si bien existía entre los intelectuales un movimiento de astrólogo-astrónomos que consideraban estas ideas como falacias e ideas caducas, había otros que todavía se adherían al modelo tolemaico-aristotélico. En elprimer grupo se encuentra Sigüenza y Góngora; en el segundo, Eusebio Kino, Salmerón y Castro, entre otros. Cabe aclarar que esta división que realizo es totalmente artificial y esquemática, porque en esta fase de la ciencia no existían los túneles de la especialización que hoy en día dividen la visión del mundo. El astrónomo era un ser más cercano al hombre del renacimiento, un humanista amante del conocimiento, quien debía conocer bien de Historia, de mitología griega, saber de matemáticas, de retórica, lógica y gramática. No existía ciencia sin teología, astronomía sin alquimia o astrología. Sigüenza, menciona Trabulse, vive en un periodo importante de transición de la ciencia y el polígrafo mexicano es uno de sus principales impulsores en la Nueva España. Y sin embargo, entre el grueso de la población tanto europea 88 como de la Nueva España, aun imperaban los cometas malvados sobre el ánimo de los tímidos. Escribe el padre Juan de Mariana, en Historia general de España (1685), según Usunáriz, que “la opinión del vulgo […] es que el cometa pronostica mudanza de rey” (p. 83). Otra prueba que nos demuestra esta creencia en la población novohispana la encontramos en el mismo Manifiesto: “responderé a los primeros que, como poetas, ponderaron la cosa más de lo que debieron, o que hablaron según las opiniones del vulgo” (Sigüenza y Góngora: 1992, p. 14). Durante el virreinato de Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, Conde de Galve, por ejemplo, el fenómeno que causó terror en la gente fue el conocido eclipse de 1691, signo infausto que anunció diversas desgracias que culminarían en el posterior motín del 8 de junio del mismo año. En 1693, Sigüenza escribe un Almanaque y una carta (Alboroto y motín de los indios de México), donde defiende al virrey y donde rechaza el carácter funesto del eclipse: Es el caso de su Almanaque para 1693, que fue entregado a la Inquisición el 16 de octubre de 1692 y aprobado para publicación el 29 del mismo mes, sin observaciones o cambios. Compuesto entre junio y octubre de 1692, este pronóstico ofrece comentarios sobre uno de los periodos más críticos en la historia novohispana: más de un año de catástrofes naturales, epidemias, cosechas insuficientes y hambrunas, que culminaron en el motín de los indios el 8 de junio de 1692. Estas calamidades cumplían –de manera general y no específica– las predicciones de otros astrólogos contemporáneos, que asociaban las desdichas con un eclipse total del Sol de 23 de agosto de 1691. Había también quienes atribuían las desgracias al mal gobierno. En cambio, en su Almanaque Sigüenza y Góngora negó la primera versión, por estar basada en “principios quiméricos y fantásticos”, y redujo la comprensión del eclipse a un asunto de cálculos astronómicos y matemáticos; quedaba invalidada así la asociación entre el eclipse y los padecimientos de la capital, o el uso político y potencialmente subversivo del http://elem.mx/autor/datos/3772 http://elem.mx/autor/datos/3772 89 eclipse como reflejo del gobierno virreinal. Al mismo tiempo que el Almanaque, Sigüenza escribió una carta (“Alboroto y motín de los indios de México”) en defensa del virrey, donde regresó al tema del eclipse como augurio funesto, caracterizando el miedo al eclipse como fenómeno social despreciable o como chisme vulgar, y señalando que un buen par de telescopios y unos cálculos confiables eran las mejores armas contra las supersticiones del pueblo (Achim: 2011, p. 607). Cito a continuación el fragmento de Alboroto y motín… donde encontramos un testimonio del punto de vista de Sigüenza ante el eclipse y del ambiente de pánico y terror que reinaba en los pobladores, en este caso, según el polígrafo mexicano, en los indígenas: En estas cosas se llegó el día veinte y tres de agosto en que, según lo habían prevenido los Almanaques y Pronósticos, se eclipsaba el sol. Si Vmd. supiera alguna cosa de astronomía, le dijera aquí, con sus propios términos, mil cosas buenas y primorosas, que observé este día, de ser no sólo total, sino uno de los mayores que ha visto el mundo. Se siguió que, a muy poco más de las ocho y tres cuartos de la mañana, nos quedamos, no a buena, sino a malas noches, porque ninguna habrá sido, en comparación de las tinieblas en que, por el tiempo de casi medio cuarto de hora, nos hallamos más horrorosa. Como no se esperaba tanto como esto, al mismo instante que faltó la luz; cayéndose las aves que iban volando, aullando los perros, gritando las mujeres y los muchachos, desamparando las indias sus puestos en que vendían en la plaza fruta, verdura y otras menudencias, por entrarse a toda carrera en la Catedral, y tocándose a rogativa al mismo instante, no sólo en ella, sino en las más iglesias de la Ciudad, se causó de todo tan repentina confusión y alboroto que causaba grima. Yo, en este ínterin, en extremo alegre y dándole a Dios gracias repetidas por haberme concedido ver lo que sucede en un determinado lugar tan de tarde en tarde y de que hay en los libros tan pocas observaciones, que estuve con mi cuadrante y anteojo de larga vista contemplando el sol (Sigüenza y Góngora: 1986, p. 173). http://elem.mx/autor/datos/3772 90 Sigüenza, ante los acontecimientos conflictivos que vivía la Nueva España y ante las posibles interpretaciones negativas del cometa, escribe el Manifiesto no sólo con un fin “científico” para despojar de significado a los cometas, sino político y teológico. Como menciona Mayer, el polígrafo mexicano critica, por un lado, la astrología, pero, por otro, “aun refleja ciertos vestigios de la importancia e influencia que la astrología tenía no sólo en las mentes de la época, sino en la suya” (Mayer: 1998, p. 200). Después de reflexionar dos años sobre el Manifiesto, he llegado a concluir que éste es una suerte de prólogo positivo al nuevo virreinato y alabanza para el nuevo virrey de la Nueva España, quien, ante el peligro de interpretaciones fatídicas sobre el cometa, es protegido por Sigüenza. El polígrafo mexicano toma y tuerce diversos elementos discursivos propios de la astrología judiciaria para defender con los mismos recursos al nuevo virrey. Es necesario observar que los siglos XVI y XVII fueron siglos de inmensos cambios en la manera de vivir y experimentar el mundo. La estabilidad y perfección de los cielos fue puesta en duda y parcialmente derribada. Hay, según Maravall, diversos tópicos, como el del mundo al revés, que pueden observarse en los productos culturales del Barroco, los cuales expresan esta incertidumbre y angustia que el hombre experimenta en este periodo. El mundo ya no es un ser hecho, “terminado y en reposo, sino que posee una “consistencia” –empleo esta palabra en el sentido de Ortega– dinámica, inestable, contradictoria. El mundo es una lucha de opuestos, el lugar en que se trama la más compleja red de oposiciones” (Maravall: 1972, p. 322). Para el hombre barroco el mundo es malo, dominado por la fatalidad y las fuerzas oscuras, pues hay amenazas por todas partes: “Terrible avenida de 91 maldades se ha esparcido por el mundo” (p. 318), advierte, según Maravall, Suárez Figueroa. Sin embargo el Barroco es también la época de la fiesta y el brillo. El hombre de este periodo vive no sólo en un mundo mutable y mixto, de contradicción y de cambios, sino que él mismo no es algo acabado, sino un hacerse: Dentro de ese universo hallamos cobijada a una criatura variable, frágil, dramática, esa criatura incierta y flotante, como la llamaría Pascal, el hombre, al que de pronto, como al Andrenio de la obra gracianesca, le acontece verse puesto en el mundo, teniendo que hacerse en él y teniendo a la vez que conseguir hacer del mundo un sostén seguro que apoyarse (p. 320). Si bien la teoría aristotélica sobre el papel del “asombro” se ha leído en el Renacimiento, se lee también en el Barroco. Ysin embargo, escribe Maravall, en este segundo periodo se busca el asombro –palabra que se liga con frecuencia la de “espanto”- no como un acceso o introducción al saber, sino como “un efecto psicológico que provoca una retención de las fuerzas de la contemplación o de la admiración durante unos instantes, para dejarlas actuar con más vigor al desatarlas después” (p. 434). Por eso, señala el autor, “va referido al gusto por lo nuevo, lo inusitado, el prodigio, lo maravilloso, aquello que espanta, en el sentido de que sorprende en su grandeza o extrañeza” (p. 434). Quizás esto responde al porqué en un periodo donde hubo grandes avances en los terrenos de la astronomía, los cometas aún causaban grande sensación en la sociedad. El hombre barroco le gusta lo nuevo y lo maravilloso. La aparición de un fenómeno celeste que atentaba la estabilidad de los cielos causó asombro y espanto en los pobladores del Nuevo Mundo y Europa. Cabe recordar que el cometa de 1681 desató ríos de escritos astronómicos-astrológicos como nunca antes se había visto. 92 Los textos astronómicos-astrológicos tenían un fuerte impacto tanto en diversos sectores de la población como en la clase dirigente.61 En efecto, la producción de éstos respondía tanto a un fin científico y social, como uno literario. El público consumía este tipo de literatura, ya sea que supiese o no leer: Dada la importancia que la voz seguía teniendo en la transmisión de textos, el público de la literatura escrita no se limitaba a sus lectores, en el sentido moderno de la palabra, sino que pudo haberse extendido a un elevado número de oyentes, de todos los estratos sociales, incluida la población analfabeta. Cada ejemplar de un impreso o manuscrito era virtual foco de irradiación, del cual podían emanar incontables recepciones, ya por su lectura oral, ya porque servía de base a la memorización o a la repetición libre. Bastaba con que en una familia o en una comunidad hubiese una persona que supiese leer para que, virtualmente, cualquier texto llegara a ser disfrutado por muchos (Margit Frenk: 2005, p. 57). Cabe recordar lo que menciona Miruna Achim en “Lectura para todos: pronósticos y calendarios en el México virreinal”: Con respecto a la publicación de pronósticos, se sabe, menciona la autora, que era una industria masiva tanto en Francia como en Inglaterra. En Inglaterra llegaron a producirse algunos millones al año en el siglo XVIII. Es difícil determinar el número de pronósticos impresos en la Nueva España. Sin embargo, es muy probable que el número de usuarios sobrepasaba no sólo el número de ejemplares impresos sino también el de personas alfabetizadas. Es fácil imaginar cómo las noticias sensacionalistas o los consejos más útiles ofrecidos en cada pronóstico podían circular de boca en boca (Achim: 2011, p. 598). 61 Refiere Miruna Achim que los almanaques salían al final de cada año y sus lectores conformaban un grupo completamente variopinto, donde había médicos, pilotos de navegación, agricultores, mujeres embarazadas, cortesanos y comerciantes. 93 Gaspar Juan Evelino menciona, en Especulación astrológica y physica de la naturaleza de los cometas, obra publicada un año después del Manifiesto, lo difundido que fue el texto de Sigüenza en su momento: y si este fundamento, cuya especificación calló el muy erudito matemático, no fue otro sino la conjunción de Saturno y Júpiter, que está sucediendo, como es posible creer, que de todo su corazón y sin sentir en su conciencia lo contrario, escribió contra los cometas un manifiesto filosófico que anda en mano de todos (Trabulse: 1986, p. 154). El polígrafo mexicano conocía profundamente la tradición astrológica, conocía el peso e importancia que tenía en la interpretación de la Historia y cómo podía afectar ésta en el presente, conocía las debilidades de esta seudociencia, pues sabe “muy bien cuál es el pie de que la astrología cojea y cuáles los fundamentos debilísimos sobre que levantaron su fábrica” (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 14). Por las mismas fechas, por ejemplo, según Mayer, en su Teatro de Virtudes Políticas, Sigüenza afirma, al hablar de la entrada del nuevo virrey, el Marqués de la Laguna, que “siendo luminarias grandes de nuestros excelentísimos príncipes, no podían dejar de asistirles Mercurio y Venus porque median estos dos planetas entre el sol y la luna en todos los sistemas que hay de los cielos”. Al final de “Manifiesto filosófico” hay varios vestigios de astrología y del mundo grecorromano. Sigüenza sacude las formas de la tradición y les da un nuevo brillo correspondiente al periodo Barroco en el que ese circunscribe: 27. Pero por no dejar de mencionar algo de este cometa, digo que su formación o aparecimiento fue casi entre las estrellas de Cáncer y pies del León, pasando de allí a la mano izquierda de la Virgen, cerca de cuya espiga fue la vez primera que le vide; desde allí le atravesó el resto del cuerpo y se entró por entre el fiel de las 94 balanzas de Libra a cortar el brazo derecho de Escorpión, los muslos y la serpiente de Ofiuco; y entrándose en la Vía Láctea, cobró tanta pujanza que la cauda, que antes se había observado de sólo 10" se extendió a 65° como observé a 30 de diciembre de 1680. Prosiguió por la imagen de Antinoo o Ganimedes, por debajo del Delfín, por el hocico del Equículo o Caballo Menor, por los pechos del Pegaso y de allí a la cabeza de Andrómeda; y se acabará al salir de esta constelación entre el Triángulo y la cabeza de Medusa. Su movimiento ha sido directo, primero muy veloz, de casi 6°; después ha corrido cada día proporcionalmente hasta 4° y al fin andará menos. La cauda siempre ha estado opuesta al Sol, como es ordinario, aunque sus extremidades no han sido rectas, sino arqueadas en forma de palma. El canto superior se ha observado limpio y no así el inferior que ha estado como las extremidades de la crin de un caballo, por donde esté cometa se denomina Hípeo. De los signos ha andado el de Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario, Piscis, Aries y acabará en Tauro; y aunque su declinación fue meridional al principio, cortó después la equinoccial al salir de la imagen de Ganimedes y pasó sobre nuestras cabezas el martes 7 de enero de este año de 1681, y su crecimiento fue estando en Capricornio, signo predominante de esta Nueva España (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 17). Hay varios aspectos aquí que me gustarían analizar y que, considero, han sido descuidados por los estudios sobre esta obra. Si bien a lo largo de “Manifiesto filosófico” se exponen las teorías sobre cometas predominantes de la época y se realiza una crítica a la tradición de asignarle significados malignos a éstos, al final del folleto se realiza una interpretación del cometa que es propiamente astrológica. Cabe recordar que la exégesis cometaria en el siglo XVII, como he mencionado en el capítulo primero, es altamente desarrollada y sus hermeneutas, como Brahe y Kepler, utilizaban métodos de la astrología judiciaria. Para descifrar un cometa, se establecían relaciones entre sus características físicas y su posición con respecto a cuerpos celestes. No sostengo que Sigüenza haya tenido el fin de leer los posibles infortunios que vaticinaría el cometa. Sin embargo, creo que “Manifiesto…” contiene 95 algunos elementos que cruzan los lindes de la astrología judiciaria y el fin de éste es más político que científico. Las características físicas, menciona Howard Robinson, eran indispensables para el desciframiento de los cometas. Algunos de estos eran los siguientes: El color del cometa, el cual indicaba el tipo de desgracia que vendría; su conjunción con planetas o constelaciones; su relación con las diferentes constelaciones, pues si cortaba la cabeza de Escorpio, por ejemplo, indicaba un enormeinfortunio; la dirección de la cauda señalaba al país o continente donde las desgracias ocurrirían; la duración de la visibilidad del cometa, pues entre más días fuese visible, más años de influencia tendría el cometa sobre la región condenada del mundo. Hay, en “Manifiesto…”, una mezcla entre astronomía-astrología natural y judiciaria. Sigüenza habla de la formación de este fenómeno celeste, del recorrido que realiza entre las diferentes casas del Zodiaco, las partes por donde el cometa pasa: en Leo, entre sus pies; en Virgo, por la mano izquierda, cerca de la espiga, luego el resto del cuerpo; en Pegaso, por sus pechos; en Andrómeda, por su cabeza, etcétera. Señala Howard Robinson que, si el cometa cortaba la mano de Virgo, en la que sostenía una espiga, era un signo de desgracia para las cosechas. Asimismo, encontramos la idea de la espiga de Virgo y la mala cosecha en Alboroto y motín, donde escribe Sigüenza que el chahuistle había consumido todo el trigo: Extendióse esta peste de los trigos con la misma actividad con que el fuego lo abrasaba todo y, si no fue el rubigo de los latinos, tuvo por lo menos con él un común principio, porque, si éste se causa de detenerse el rocío en las plantas por mucho tiempo sin que en él sople viento alguno que lo consuma, ¿ quién duda haberse originado nuestro chiahuixtle así de las muchas aguas de el mes de julio, como de las nubes y neblinas casi continuas y de la calma que siempre hubo; y 96 sobreviniendo a este mal aparato en que los sembrados se hallaban al eclipsarse el sol, se siguió el que así, por razón de resfriarse la tierra por esta causa, mucho más sin comparación de lo que ya lo estaba, como por suceder aquel en el signo de Virgo, donde está la espiga (razón según Messahalac para que se pierdan los trigos), llegase la fatalidad del año a su complemento? (Sigüenza y Góngora: 1986, p. 174). Una descripción similar de la trayectoria del cometa de 1680 la leemos también en Exposición astronómica…de Kino: Con este su movimiento y curso propio por espacio de casi cuatro meses, contando desde noviembre de 1680 hasta mediado de febrero de 81 anduvo y pasó el cometa ocho y más casas o signos del Zodiaco, cuales son las que se siguen: Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario, Piscis, Aries y algo más, y por esta misma razón cerca de la entrada de diciembre subiendo más desde el Austro hacia el Ecuador o procediendo desde la espiga de Libra hacia las constelaciones de Libra y serpentario pasó la Eclíptica… (Trabulse: 1992, p. 143). La inmensidad y el misterio de la bóveda celeste impulsaron al hombre a descifrarla y adivinar los movimientos de sus astros, trazándole un escenario finito, cercado por los signos zodiacales, signos que no sólo cuentan diversas historias, como la del gigante Orión –quien murió por el piquete de escorpio, muerte que fue grabada en caracteres de fuego sobre el enorme lienzo celeste y que hasta hoy en día observamos cada noche al ver al gigante ocultándose del escorpión que emerge del horizonte–, sino que guardan la cosmovisión de la Antigua Grecia, su necesidad por explicar el mundo que los rodeaba. El estilo del discurso en la descripción del cielo y su exégesis que realizan tanto Sigüenza como Kino corresponden a una antigua tradición que podemos encontrar, por ejemplo, ya en los siglos IV y III a.C. en Fenómenos de Arato de Solos: Tal, y como guardián, bajo su espalda sobrevolante 97 mírase el Can estando sobre una y otra pata apoyado, matizado él, empero, no todo lúcido, mas por su mismo vientre viéndose obscuro cumple su giro; la extremidad del hocico está herida por un terrible lucero que harto punzante arde cual cirio: de ahí los hombres lo denominan Sirio. Al tiempo en que sale él con el Sol, ya no lo engañan los huertos y viñedos, hojas echando pálidamente: fácil, él los distingue yendo punzante por sus hileras (Arato: 2000, p. 11). Después de señalar la trayectoria del cometa, Sigüenza pasa a hacer una descripción de su cauda, exégesis indispensable en la astrología judiciaria. El polígrafo mexicano escribe que el canto superior, es decir, la extremidad superior de la cauda, “se ha observado limpio y no así el inferior que ha estado como las extremidades de la crin de un caballo, por donde esté cometa se denomina Hípeo” (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 17). Sigüenza, en esta descripción, realiza una glosa del capítulo XXII, libro segundo, de Historia Natural de Plinio el viejo: “hippeus equinas iubas celerrimi motus atque in orbem circa se euntes” (Pliny: 1967, p. 232).62 Cuya traducción sería la siguiente: Hípeo es como la crin de un caballo; tiene un movimiento muy rápido, como un círculo que gira sobre sí mismo.63 Plinio identificó doce formas de cometas y los clasificó de acuerdo a sus formas: The Greeks name these stars comets; we name them Crinite, as if shaggy with bloody locks, and surrounded with bristles like hair. Those stars, which have a mane 62 Sospecho que Sigüenza realiza la glosa de una versión en latín de Historia Natural de Plinio. 63 Ante mis pocos conocimientos de latín, he tenido que buscar diferentes traducciones. Me apoyé, en efecto, en dos traducciones del inglés. Transcribo las fuentes en las que me basé: “Hippias is like a horse´s mane; it has a very rapid motion, like a circle revolving on itself” (p. 56); “the ‘Horse-star’ horses manes in very rapid motion and revolving circle” (Pliny, 1967, p. 233) 98 hanging down from their lower part, like a long beard, are named Pogoniae. Those that are named Acontiae virbrate like a dart with a very quick motion. It was one of this kind which the Emperor Titus described in his very excellent poem, as having been seen in his fifth consulship; and this was the last of these bodies which has been observed. When they are short and pointed they are named Xiphiae; these are the pale kind; they shine like a sword and are without any rays; while we name those Discei, which, being of an amber color, in conformity with their name, emit a few rays from their margin only. A kind named Pitheus exhibits the figure of a cask, appearing convex and emitting a smoky light. The kind named Cerastias has the appearance of a horn; it is like the one which was visible when the Greeks fought at Salamis. Lampadias is like a burning torch; Hippias is like a horse´s mane; it has a very rapid motion like a circle revolving on itself. There is also a White comet, with silver hair, so brilliant that it can scarcely be looked at, exhibiting, as it were, the aspect of the Deity in a human form. There are some also that are shaggy, having the appearance of a fleece, surrounded by a kind of Crown. There was one, where the appearance of a mane was changed into that of a spear; it happened in the 109th Olympiad, in the 398th year of the City. The shortest time during which any one of them has been observed to be visible is 7 days, the longest 180 days (Pliny; 1855, p. 56). Cometas aterradores con formas de cuernos, de espada, de hacha encendida, unos barbados, otros con forma de antorcha, son descripciones sumamente literarias de estos fenómenos celestes. Sigüenza no es el único astrólogo-astrónomo de la disputa sobre el cometa de 1680 en la Nueva España que bebe de esta tradición comética, sino también Eusebio Kino quien, en Exposición astronómica de el cometa, explica tres tipos de cometas que provienen también de la Historia Natural de Plinio: Y así de los cometas, a unos llamados Caudatos, a otros Barbados y a otros Crinitos. Los primeros son los que tienen mayor o más tendido el follaje luciente, como la tuvo el nuestro principalmente cerca de diciembre y al principio de enero. Los segundos son los que tienen breve el cabello y tendida luz a manera de barba. Los últimos o crinitos son losque por todas partes de lo que llamamos cabeza del cometa (y vulgo 99 estrella) en forma de corona o cerco radiante vibra sus plateados cabellos (Trabulse: 1992, p. 141). Asimismo, Gaspar Juan Evelino señala, en Especulación astrológica (1682), los tipos de cometas que se han registrado en la historia: De su forma, según consta por las sucesivas historias, y lo que han escrito astrólogos y filósofos, se han observado siempre varias especies y diferencias, porque unos aparecieron con caudas o colas excesivas, como fue el pasado de 1681, otros cabelludos u melenudos que llaman crinitos, otros con mucho menor efluvio que llaman barbatos, otros en forma de flecha, espada, escoba (como es el presente) hacha encendida y lanza, que siempre han sido los más fatales (p. 153). Sigüenza escribe en las últimas líneas del “Manifiesto…” que el cometa “pasó sobre nuestras cabezas el martes 7 de enero de este año de 1681, y su crecimiento fue estando en Capricornio, signo predominante de esta Nueva España” (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 17). Como he mencionado con anterioridad, un punto importante en la exégesis de los cometas era su relación con las constelaciones. El crecimiento del cometa, es decir, el momento en que más brilló, fue en el signo de Capricornio. Hay dos posibles caminos interpretativos que podemos hacer: El primero es que Sigüenza describe de modo sistemático el recorrido del cometa y el lugar donde tuvo mayor brillo durante su viaje (éste sería desde la perspectiva de la astrología natural); el segundo es que Sigüenza realiza lo anterior y además dialoga con la astrología judiciaria. Me parece bastante sospechoso que la última línea de “Manifiesto…” señale que Capricornio, en esos momentos, es el signo predominante de la Nueva España. 100 He investigado en Lunario, y pronóstico perpetuo, general y particular de Gerónimo Cortés lo que podrían significar estas últimas palabras de Sigüenza.64 Gerónimo Cortés escribe sobre el signo de Capricornio lo siguiente: Este signo es figurado por una cabra, animal que se va encaramando y subiendo por los árboles y las breñas mas altas que halla. Asi el sol cuando entra en este signo se va subiendo hácia nosotros, y comienzan á crecer los dias. Es de naturaleza de tierra, frio y seco, y es femenino y nocturno, y móvil, porque sale el otoño, y entra el invierno. […] El varón que naciere debajo del subimiento de este signo, será iracundo, vano y mentiroso: denota que irá muchas veces hablando entre sí, será algo melancólico, animoso é inclinado a la guerra (Cortés: 2003; p. 125). Me gustaría destacar la naturaleza fría y seca de Capricornio, su naturaleza de tierra y el aspecto de melancolía que menciona Gerónimo de Cortés. Escribe Martínez Hernández que, entre los médicos y filósofos griegos, la naturaleza se ofrecía bajo dos facetas: una de carácter universal o macrocósmico; otra de índole individual o microcósmica. Mientras que la primera se ocupaba de un conjunto de fuerzas y fenómenos que componen el universo, la segunda se encargaba de la naturaleza humana. Ambas entidades se encontraban estrechamente vinculadas: La naturaleza macrocósmica y microcósmica eran principios actantes en ámbitos diferenciados y delimitados, pero al mismo tiempo se hallaban en permanente relación, al punto de que la primera determinaba a la segunda, no sólo en su esencia, sino también en aspectos de peculiar índole. El médico, por lo tanto, debía estar atento al funcionamiento e interacción de ambas naturalezas y al equilibrio que debía guardarse entre ellas, ya que esta armonía era lo que permitía un correcto desempeño del cuerpo humano. Galeno insistía en que el conocimiento médico 64 No encontré la fecha exacta de nacimiento del autor. Sin embargo, se sabe que este astrólogo-astrónomo vivió entre finales del siglo XVI y principios del XVII en España. 101 debía ir más allá del cuerpo; subrayaba la importancia que tenía el conocimiento de la filosofía natural en la formación médica. Por tanto, la concepción que antiguamente se tenía del cuerpo humano no era la de una sustancia descontextualizada de su entorno, sino la de una entidad natural que cumplía una función análoga, mediante el equilibrio, dentro de una naturaleza de mayores dimensiones. Por esta razón, los médicos escolásticos se mostraban más interesados en mirar los astros y el ambiente en general que en conocer físicamente el cuerpo humano (Martínez Hernández: 2014, p. 69). El galenismo, escribe Martínez Hernández, señalaba que las partes del cuerpo humano estaban compuestas por cuatro humores: sangre, bilis negra, flema y bilis amarilla. La bilis negra era fría y seca, su elemento es la tierra, su cualidad es frío y seco y su temperamento es melancólico.65 La descripción de Sigüenza señala que el signo predominante de la Nueva España es Capricornio, signo de la Melancolía. ¿Acaso Sigüenza realiza una interpretación astrológica en las últimas líneas de Manifiesto? ¿Habrá escrito esto por mera formalidad con el sector médico que consultaba aún este tipo de textos? ¿Dialoga con los acontecimientos recientes que hubo tanto en España como en la Nueva España (enfermedades en la población, guerras, desastres naturales, muertes, la rebelión y alzamiento de Nuevo México, ataques de piratas, invasiones extranjeras)? ¿Intenta Sigüenza proteger la figura del virrey ante las posibles amenazas del cielo o de otros astrólogos? Resulta muy interesante el silencio total de la palabra “melancolía” en toda Libra Astronómica, 65 Martínez Hernández expone los humores y sus correspondencias en el siguiente cuadro : Humor Elemento Cualidad Temperamento Sangre Fuego Caliente/seco Sanguíneo Bilis negra Tierra Frío/seco Melancólico Flema Agua Frío/húmedo Flemático Bilis amarilla Aire Caliente/húmedo Colérico 102 idea predominante en el Renacimiento y Barroco.66 Antes de argumentar mi postura ante esto, doy el testimonio de un lector del Manifiesto en esa época. Encontré en Gaspar Juan Evelino una lectura de Manifiesto que ilumina un poco estas interrogantes. Un año después de este cometa, Evelino relaciona el signo de Capricornio con el cometa de una manera negativa, pues trajo “enfermedades y otros malos sucesos”: [C]onviene a saber que el mayor crecimiento del año de 1681 fue estando en Capricornio, signo predominante en la Nueva España da a entender, que conoció muy bien las enfermedades y otros malos sucesos que en ella se han experimentado de que después hablaré” (Trabulse: 1992, p. 154). Más adelante habla de los temblores que “causó” el cometa de 1681 por haber tenido su mayor crecimiento en Capricornio y de las enfermedades que causó por ser de naturaleza de Júpiter: Si es jovial, de naturaleza de Júpiter, plateado y reluciente, fertilidad, pero males de costado, pulmonías, cólicos, letargos y muertes súbitas. […] Que esto sea verdad, se comprueba en el cometa pasado de 1681, pues habiendo sido de naturaleza de Júpiter, bastantemente se han reconocido sus efectos en la casi peste que se ha experimentado en estas partes de dolores de costado, pulmonías y cólicos, como yo lo previne y se vio suceder en ciudad de La Habana, donde asistía yo entonces, como también los temblores que han horrorizado a esta ciudad de México, no sólo por lo que tuvo de marcial, sino por haber sido su mayor crecimiento en Capricornio, como lo advirtió don Carlos de Sigüenza” (p. 155). 66 Hay, en el emblemático grabado de Durero, Melancolía I, una alegoría de esta enfermedad. En el primer plano un ángel se acoda sobre su regazo y contempla hacia su lado diestro. Rodeado de un famélico perro, un querubín desanimado, una campana, un reloj de arena que señalala brevedad de la vida, figuras geométricas, el ángel sufre de melancolía, pues tiene todo para poder efectuar algo, mas es incapaz de hacerlo. Lo más interesante para esta investigación se encuentra al fondo, en el tercer plano, donde fulgura, entre un arco, un cometa descendente de cauda ancha y larga. Éste representaba en el Renacimiento y el Barroco no sólo el mal y las catástrofes, sino también la melancolía. 103 Carlos de Sigüenza y Góngora escribió el Manifiesto filosófico para criticar la astrología y las ideas de la influencia del cielo sobre la tierra no sólo con un fin científico, sino con uno extracientífico, que define, como señala Miruna Achim, la intervención y postura del autor en esferas políticas, sociales y culturales de la capital de la Nueva España a finales del siglo XVII. Los historiadores, influenciados por las ideas de Elías Trabulse, se han empeñado en limpiar, como señala la investigadora, el “estigma” de la astrología de la trayectoria científica de Sigüenza. Se ha dejado muchas veces de lado el aspecto astrológico -y, en consecuencia, literario- de los textos del sabio criollo para resaltar las características puramente astronómicas, quizás con el afán de continuar la tesis de Trabulse para demostrar las cualidades científicas de Sigüenza. No pretendo negarlas, pero me parece que realizar esta separación ocasiona una lectura sumamente anacrónica, artificial, reduccionista. Sigüenza era poeta y astrónomo, astrólogo y científico, historiador y matemático. 67 Mi sospecha es que Carlos de Sigüenza y Góngora, adherido a esta hermenéutica del cielo y sumergido en un contexto barroco, previene diversas lecturas del cometa que podrían afectar la figura del virrey, pues, si pensamos desde este sistema, el macrocosmos –el cielo– influye en el microcosmos, es decir, en el conde de Paredes y su virreinato. Este arte de lecturas celestes para pronosticar la fortuna de un rey se afianza en el Renacimiento, donde adquiere su máximo esplendor y donde grandes figuras como Kepler, Galileo y Tycho Brahe lo 67 Cabe recordar el primer capítulo de esta investigación, donde señalo cómo se formaba el Bachiller en Artes en las Universidades de la época. 104 practicaban usualmente. El Barroco llega a heredar este arte de exégesis celeste. En Astrología y astronomía en el Renacimiento, Juan Vernet escribe sobre los pronósticos de Kepler, Galileo y John Heydon hacia sus protectores: Kepler murió creyendo en la astrología, cosa que no podemos decir de Galileo, que tuvo la mala suerte de predecir el 16 de enero de 1609 larga vida a su protector el gran duque de Toscana, Fernando I de Médicis (nacido en 1549), quien murió pocas semanas después. En cambio, Kepler, en su primer pronóstico, afirmaba que haría un invierno frío, estallarían sublevaciones de campesinos y se entraría en guerra con los turcos. Y tuvo la suerte de que todo se cumpliera al pie de la letra, con lo cual quedó acreditado para el resto de sus días […]. Del mismo modo, John Heydon quedó desacreditado cuando Oliver Cromwell murió de muerte natural, pero recuperó el favor del público cuando el cadáver del Lord Protector fue desenterrado y ahorcado (conforme él había previsto) por regicida (Vernet: 2000, p. 20). Hubo, entre el cielo de la Nueva España y la llegada del virrey, varias series de coincidencias que se prestaban a funestos pronósticos por parte de los astrólogos. Tomás Antonio de la Cerda y Aragón fue nombrado virrey de la Nueva España el 7 de mayo de 1680 y dos días después se le concedió una prórroga del periodo virreinal por una Real Cédula secreta.68 El día 7 de noviembre de 1680 toma posesión y realiza la entrada solemne el sábado 30 del mismo mes, pasando bajo el arco de triunfo ideado por Sigüenza y Góngora. El Gran Cometa fue visto, según el sabio criollo, “desde casi mediado noviembre del año pasado de 1680” (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 10), lo cual, como he mencionado, causó angustia y terror en el pueblo novohispano y seguramente significó, entre la población, un mal presagio para la figura del virrey: “lo que en este discurso procuraré, (sin que por ello se me 68 Nuchera, Patricio Hidalgo, Tomás Antonio de la Cerda y Aragón, en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico (en red, www.rah.es). http://www.rah.es/ 105 perjudique mi modo de opinar), será despojar a los cometas del imperio que tienen sobre los corazones tímidos de los hombres” (p. 10). A esto mismo, se juntó otra serie de infortunios a la figura del virrey. Cuando de la Cerda llegó a la Nueva España, había iniciado el 10 de agosto de 1680 un alzamiento en el norte que fue, según Hidalgo Nuchera, el desastre más grave en la historia de la frontera, pues no sólo fallecieron trescientos ochenta colonos y veintiún misioneros franciscanos, sino que los hispanos tuvieron que abandonar las tierras que habían controlado con tanto esfuerzo durante cien años. Asimismo, la Nueva España había sufrido varios ataques de piratas en el litoral del Golfo. Relacionar los cometas con otros infortunios era una práctica común en la astrología judiciaria, pues eran una manera de confirmar y verificar el significado maléfico del heraldo celeste. Howard Robinson habla de algunos fenómenos que magnificaron el mal del cometa de 1680 en Europa: In addition to the comet, as if that were not sufficient cause for trouble, many people reported other remarkable contemporary occurrences and discoveries. These confirmatory portents tended to verify and magnify the significance of this star. The winter was a very col done, with an abundance of snow in places where it seldom appeared. Wagner reported several earthquakes along the Rhine, and some severe cases of travail in childbirth at Augsburg. He regards these as but additional evidences of approaching evil. Dörfel records a grievous pestilence in Leipzig, and he sympathizes with the poor Leipzigers who may have been studying the heavens for recreation (Robinson: 1916, p. 27). Cabe recordar que en Europa, como señalo en el primer capítulo, uno de los mayores portentos que confirman el carácter malévolo del Gran Cometa fue el huevo con bajo relieve de estrella infausta que se descubrió en Roma. 106 Hay, asimismo, un dato que se ha pasado por alto en los estudios sobre Sigüenza y el cometa de 1680-1681. Hablo de la fecha de nacimiento del virrey conde de Paredes, quien nace el viernes 24 de diciembre de 1638. Las últimas líneas del Manifiesto señalan que el cometa tuvo su crecimiento “estando en Capricornio, signo predominante de esta Nueva España” (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 17). El signo zodiacal del virrey es el de Capricornio, pues éste comienza el 22 de diciembre. Si leemos la descripción que realiza Gerónimo de Cortés sobre los hombres que nacen bajo este signo, veremos que no son muy afortunados: El varón que naciere debajo del subimiento de este signo, será iracundo, vano y mentiroso: denota que irá muchas veces hablando entre sí, será algo melancólico, animoso é inclinado á la guerra, et gaudebit bonis alienis. Y finalmente habebit curam de animalibus quadrupedibus; y que padecerá algunas tribulaciones mulierum causa. Vivirá enfermizo, el cual promete, según su naturaleza, 77 años de vida (Cortés: 2003, p. 125). En la astrología los cometas adquieren influencias ya sea por parte de los planetas con los que hacen conjunción o por las constelaciones que cruzan o en las que más llegan a brillar. 69Trabulse señala que hay dos categorías de predicción:70 [L]a que se norma por la influencia de los signos del Zodiaco y […] la que tiene su base en la imitación que hace cada cometa de las características esenciales de algún planeta. En este caso la predicción se funda en los efectosde tales características, siempre dirigidos a los destinatarios que están regidos por el planeta imitado (Trabulse: 1992, p. 154). 69 Revisar The Great Comet of 1680… de Howard Robinson, páginas 13-15, e Historia de la ciencia en México, volumen 2, páginas 154 y 155. 70 Otro ejemplo de las influencias que causan tanto los planetas como las constelaciones lo encontramos en Especulación astrológica de Evelino quien dice sobre los cometas lo siguiente: “Su naturaleza es varia, por serlo la de los planetas cuyas especies y colores imitan, y la de los signos en que aparecen” (Trabulse: 1992, p. 154). 107 Refiere Roger Bartra, en Cultura y melancolía. Las enfermedades del alma en el Siglo de Oro, que los españoles del Siglo de Oro fueron los primeros en investigar las formas en que los humores y los temperamentos podían influir en la esfera política y en la social. Asimismo, la melancolía fue considerada una enfermedad recurrente en la vida cortesana. En España, escribe Bartra, existía el sentimiento de que la vida en la corte era causante de esta enfermedad.71Muchos hidalgos consideraron la melancolía como una enfermedad diabólica que “atacaba a los adoradores de los poderes y de los placeres mundanos” (Bartra: 2001, p. 49). Asimismo, la melancolía, continúa el autor, solía considerarse no sólo una enfermedad judía, sino también se relacionaba con la capacidad de adivinar el futuro y, en consecuencia, convertía a los enfermos mentales en posibles víctimas de posesión satánica. La relación entre astrólogo y rey, como lo ha demostrado la historiografía literaria, ha existido durante mucho tiempo. Grandes monarcas, durante siglos, han tenido a su astrólogo de cabecera como consejero de guerra, de gobierno y de 71 Durante el Siglo de Oro la melancolía fue una idea fundamental que rebasó con creces los límites de la medicina y permeó tanto la cultura como la política. Era tan importante esta idea que, por ejemplo, muchos creyeron que el propio Felipe II terminó sus días como un rey melancólico recluido en el Escorial. Se ha dicho que El melancólico, la famosa obra de teatro de Tirso de Molina, tomó al mismo rey de España como modelo para su héroe, Rogerio […]. El caso de Dom Duarte, triste y efímero rey de Portugal en el siglo XV, es un precedente ejemplar. El mismo rey reconoció su melancolía y escribió diversos consejos para que los miembros de su corte estuviesen prevenidos. Dom Duarte fue invadido por la melancolía de joven, cuando su padre el rey Juan I lo cargó de trabajo administrativo al punto que no tenía tiempo ni para las visitas o la cacería. Para colmo de males, una gran plaga diezmó las amistades del joven Duarte, que adquirió un terror a la muerte y una intensa preocupación por la brevedad de la vida. […] La melancolía de Dom Duarte, en cierta medida, procede de los problemas típicos de la corte: deshonra, saña, deseos no satisfechos, prisiones. A estas causas se agregan el miedo a la muerte, el sufrimiento espiritual, el humor melancólico y la suydade, como él llama a lo que se convertirá en la famosa saudade portuguesa (Bartra: 2001, p. 41). 108 salud.72 La toma de posesión del virrey en el mismo mes en que el cometa apareció, el crecimiento de éste bajo el signo de Capricornio –melancólico por excelencia-, la influencia que causa este signo sobre el cometa, la coincidencia entre la fecha de nacimiento del virrey y el signo zodiacal predominante, la confirmación del mal presagio con los demás portentos (la rebelión del norte, temblores y los ataques de piratas), fueron factores suficientes para poder afectar la imagen del conde de Paredes entre “las voces inadvertidas del vulgo” (Sigüenza: 1984, p. 10). Mientras Libra astronómica, como señala Beatriz Fernández, era un texto dirigido a un auditorio letrado y de élite novohispano y europeo, el Manifiesto era un texto de difusión dirigido no sólo a la virreina o al virrey, sino al vulgo. Alicia Mayer escribe: El cometa fue tomado por el común como un signo de futuros y negativos presagios. En ese mundo tan desmesurado y extravagante, calificado por ello como “barroco”, 72 Refiere Howard Robinson que Enrique IV tuvo un astrólogo, el cual estuvo presente durante el nacimiento de Luis XIII. Asimismo, continúa el autor, cuando Ana de Austria dio a luz a Luis XIV, el astrólogo Morin permaneció en el cuarto para escribir el horóscopo del futuro monarca. Escribe Alicia Mayer que el Rey Sol pidió que Carlos de Sigüenza y Góngora trabajase en su corte. Gran ejemplo de esto en la literatura es el rey Basilio de La vida es sueño, quien fue ferviente practicante de la astrología: […] Ya sabéis que son las ciencias/ que más curso y más estimo,/ matemáticas sutiles,/ por quien al tiempo le quito,/ por quien a la fama rompo/ de enseñar más cada día;/ pues cuando en mis tablas miro/ presentes las novedades/ de los venideros siglos,/ le gano al tiempo las gracias/ de contar lo que yo he dicho./ Esos círculos de nieve,/ Esos doseles de vidrio/ que el sol ilumina a rayos,/ que parte la luna a giros;/ esos orbes de diamantes,/ en cuadernos de zafiro,/ escribe con líneas de oro,/ en caracteres distintos/ el cielo nuestros sucesos,/ ya adversos o ya benignos./ Estos leo tan veloz,/ que con mi espíritu sigo/ sus rápidos movimientos/ por rumbos y por caminos./ […] Los cielos se oscurecieron,/ temblaron los edificios,/ llovieron piedras las nubes,/ corrieron sangre los ríos./ En aqueste, pues, del sol,/ ya frenesí o ya delirio/ nació Segismundo, dando/ de su condición indicios,/ pues dio la muerte a su madre,/ con cuya fiereza dijo:/ Hombre soy, pues que ya empiezo/ a pagar mal beneficios./ Yo, acudiendo a mis estudios,/ En ellos y en todo miro/ que Segismundo sería/el hombre más atrevido,/el príncipe más cruel/ y el monarca más impío,/ por quien su reino vendría/ a ser parcial y diviso,/ escuela de las traiciones/ y academia de los vicios […]/ Pues dando crédito yo/ a los hados que divinos/ me pronosticaban daños/ en fatales vaticinios,/ determiné de encerrar/ la fiera que había nacido,/ por ver si el sabio tenía/ en las estrellas dominio (Pedro Calderón de la Barca: 1962; p. 50). 109 no podía pasar desapercibido aquel espectacular fenómeno celeste, al que se relacionaba con los hechos políticos (Mayer: 1998, p. 81). Sigüenza despoja el significado maléfico de los cometas no sólo con una intención científica, sino con un interés de salvaguardar al nuevo virrey, pues él será el protector del polígrafo mexicano. Cabe destacar que en la sociedad novohispana era fundamental este tipo de relaciones entre súbdito y mecenas. Es por eso que Sigüenza le dedica su Manifiesto a la virreina María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga no sólo para apagar sus inquietudes, sino para llegar, de manera sutil, a los oídos del virrey y así mantener una posición de prestigio ante la corte. La sociedad novohispana era una sociedad estamental, donde las diferencias jerárquicas eran justificadas por la ideología dominante. Los diferentes estratos sociales respondían a un orden querido por Dios y gobernado por el rey. Cada individuo, en efecto, tenía que aceptar sus limitaciones y privilegios que le asignaba la Corte. Escribe Enrique González González, en “Mecenazgo y literatura: los destinos dispares de Juan Narváez y de Sigüenza y Góngora”, que el grado de doctor era un distintivo de la casta criolla, la cual otorgaba una situación comparable a la nobleza: “la investidura del grado era una ceremonia calcada del ritual para armar a un caballero” (González: 2004, p. 20). Sin embargo, cabe recordar que si bien el sabio criollo había alcanzado una cátedra, no tenía el grado de doctor, pues dejó los estudios de la Universidad y fue expulsadode la Compañía de Jesús. Señala Enrique González que el titular de la cátedra de astrología y matemáticas no “tenía la obligación de graduarse, pero tampoco podía ascender a las cátedras de ninguna facultad” (p. 20). El salario de Sigüenza era el más bajo de la Real y Pontificia Universidad. Aunque fuese catedrático con nombramiento vitalicio, no 110 tenía, según el investigador, oportunidad de obtener alguna promoción interna. 73El sabio criollo, en consecuencia, tuvo que buscar caminos alternos para sostenerse por sus propios medios: El prestigio literario alcanzado no le bastó para conquistar las más altas dignidades: la irregularidad de su carrera académica, sus insuficientes medios económicos y la escasa influencia social de su familia se lo impidieron. Ni duda cabe, don Carlos sacó provecho de su pluma para elevar su posición y su prestigio como hombre de letras. No obstante, aquella sociedad lo confinó a un papel de subalterno. Antes que promover actos de mecenazgo, debió ponerse al servicio de quienes tenían medios para llevarlos a cabo (p. 32). Asimismo, Sigüenza y Góngora había adquirido, tiempo antes de la aparición del cometa, el cargo de Cosmógrafo real por orden del rey Carlos II, posición que debía defender y que explica, por una parte, el porqué de la justa comética que tendrá posteriormente con Eusebio Kino: Además de esto, hallándome yo en mi patria con los créditos tales cuales, que me ha granjeado mi estudio con salario del rey nuestro señor, por ser su catedrático de matemáticas en la Universidad mexicana, no quiero que en algún tiempo se piense que el reverendo padre vino desde su provincia de Baviera a corregirme la plana (Sigüenza y Góngora: 1984; p. 6). 73 Señala María Luisa Rodríguez Sala, en “Los estatutos de Palafox y Mendoza para la Real y Pontificia Universidad de México: Revisión histórica y consideración de sus aspectos académicos”, que las cátedras se pagaban anualmente y que las más antiguas eran las que mayor salario tenían: [L]as de “Prima de teología”, “Prima de cánones” y “Prima de leyes” con 700 pesos; le seguían en orden decreciente, las titulares de “Vísperas de sagradas escrituras” y la temporal de “Decreto” con 600 pesos; luego la de la propiedad de “Prima de medicina” con 500 pesos; después la de “Vísperas de leyes” con 450 pesos y la de “Vísperas de cánones” con 400; […] las menos pagadas, con sólo 100 pesos fueron las de “Cirugía y anatomía”, “Método medendi” y la propiedad de “Astrología y matemáticas”. Como puede observarse se seguía una cotización relacionada con la antigüedad en su lectura, ya que las últimas aprobadas, las vinculadas con la facultad de medicina, cirugía y anatomía, método medendi y astrología recibieron los salarios más bajos (María Luisa Rodríguez Sala: 2016; p. 332). 111 Resulta interesante, en este punto, la lectura que realiza Beatriz Fernández sobre la defensa de la racionalidad criolla que emprende el polígrafo mexicano. Sigüenza, escribe Fernández, introduce esta defensa bajo la máscara de la discusión comética. Muchos fueron los tratadistas que argumentaban a favor de la inferioridad intelectual de los criollos, cuyo raciocinio, según teorías de la época, era afectado por el clima americano y el influjo de las constelaciones. Hubo, en este sentido, una reinvención del cielo novohispano que funcionaba como medio y justificación de la inmensa maquinaria burocrática de la corona para mantener, según Beatriz Fernández, a los criollos fuera de altos cargos, única manera en que podían ascender socialmente. Sin embargo, esta casta, a la que pertenecía Sigüenza y Góngora, por ejemplo, fue adquiriendo ciertos dominios en este laberinto social del mundo Barroco, como el universitario, en donde llegan, según la autora, a imponerse como gran mayoría. El polígrafo mexicano, al desenmascarar de significados maléficos al cometa, señala lo débil que son los fundamentos de la astrología y, en efecto, ataca en Libra lo absurdo de la teoría de la zona tórrida: “Si los cometas no tienen ningún significado, tampoco se sostiene que el lugar geográfico afecte la capacidad de pensamiento” (Priani: 2016, p. 80). Por lo tanto, Libra astronómica… despoja la carga simbólica que tenía el cielo novohispano e instaura, de este modo, una voz que defiende no sólo la propia capacidad racional de su autor, sino la de todos los criollos. 112 El dar crédito ligeramente a pronósticos y señales, es vanidad y aun superstición prohibida por la ley de nuestro Dios; mas en cosas muy grandes y mudanzas de naciones, y reinos y leyes muy notables, no es vano sino acertado, creer que la sabiduría del Altísimo, ordena o permite cosas que den como alguna nueva de lo que ha de ser, que sirva, como he dicho, a unos de aviso y a otros de parte de castigo, y a todo de indicio, que el Rey de los Cielos tiene cuenta con las cosas de los hombres. José de Acosta Les facilitan el juego los autores oscuros, ambiguos y fanáticos de jerga profética, pues no habiendo dado ningún sentido cabal a su obra permiten a la posteridad que la explique como le plazca. Montaigne 3.2 La desemantización del cielo Tras la publicación del Manifiesto filosófico llegaron las feroces respuestas. La justa de los cometas había dado inicio. Escribe Sigüenza y Góngora que el primero entre todos fue el caballero flamenco, don Martín de la Torre, quien escribió un tratado breve intitulado Manifiesto cristiano en favor de los cometas mantenidos en su natural significación. El segundo en tomar las armas contra el sabio criollo fue José de Escobar Salmerón y Castro, médico y catedrático de anatomía de la Real Universidad, quien escribió Discurso cometológico y relación del nuevo cometa. El 113 tercero fue el jesuita tirolés Eusebio Kino, matemático, astrónomo y futuro explorador, quien publicó el libro Exposición Astronómica y Filosófica. Al caballero flamenco, Sigüenza le dedica el Belerofonte matemático contra la quimera astrológica; al médico y catedrático de anatomía, prefiere no responderle, “por no ser digno de ello su extraordinario escrito y la espantosa proposición de haberse formado este cometa de lo exhalable de cuerpos difuntos y del sudor humano” (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 19); al jesuita tirolés le responde con la Libra Astronómica y Filosófica, obra publicada una década después, gracias a los empeños de su amigo y editor don Sebastián de Guzmán y Córdova. Refiere Alicia Mayer que, en 1681, Eusebio Kino había llegado de Europa a las costas mexicanas. En Sevilla, antes de embarcarse, había observado el Gran Cometa y cuando llegó a la capital del virreinato, Sigüenza lo recibió en su casa, intercambió con él conclusiones sobre el cometa, lo presentó a sus amigos de las altas esferas y le prestó sus cartas geográficas y otros documentos que le fueran útiles para su viaje al norte de la Nueva España. Escribe Mayer que, poco tiempo después, Kino publicó su libro Exposición Astronómica del Cometa “sin darle aviso ni crédito a su informante, y Sigüenza quedó sorprendido y dolido ante la ingratitud de quien había sido su afamado huésped” (Mayer: 1998; p. 84). El sabio criollo, tras 114 la lectura de la obra, tomó la pluma para defenderse y escribió Libra Astronómica,74 donde Sigüenza se dedicó a la réplica de manera sumamente meticulosa.75 El mundo Barroco es un mundo de crisis y de cambios, un mundo fenoménico donde las cosas son apariencias, donde cuanto escuchamos o vemos no se parece a lo que vemos y escuchamos. El hombre Barroco se encuentra ante un mundo coloreado, “condicionado por los intereses de cada uno” (Maravall: 1975; p. 391). Escribe Maravall que “el ojo tiñe al mirar, todos ejercemos de ‘tintoreros’ al observar las cosas, diráGracián, todos, al contemplar el mundo, ‘le dan el color que les está bien al negocio, a la hazaña, a la empresa y al suceso” (p. 390). Por eso escribe Sigüenza al inicio de su carta, dirigida a su amigo don Andrés de Pez, lo siguiente: El que mira un objeto, interpuesto entre él y los ojos un vidrio verde, de necesidad, por teñirse las especies que el objeto envía en el color del vidrio que está intermedio, lo verá verde. Los anteojos que yo uso son muy diáfanos, porque, viviendo apartadísimo de pretensiones y no faltándome nada, porque nada tengo (como dijo Abdolomino a Alejandro Magno), sería en mí muy culpable el que así no fueran; con que, acertando el que no hay medios que me tiñan las especies de lo que 74 En las páginas liminares de Libra Astronómica y Filosófica, Sigüenza y Góngora explica el porqué del título de su obra: “Y ya que no en esto (que no es justo), por lo menos en intitular esta obra Libra astronómica y filosófica quise imitar al reverendo padre Horacio Grassis, que con el mismo epígrafe rotuló el libro que publicó contra lo que del cometa del año de 1618 escribieron Mario Guiducio y Galileo de Galileis” (Sigüenza y Góngora: 1984; p. 7). 75 En Libra Astronómica y Filosófica escribe Sigüenza y Góngora que la critica que hará contra Eusebio Kino debe entenderse como un duelo literario: Y si como en semejante empeño dijo el padre Tomás Hurtado, clérigo menor, en el Duplex Antidotum: «En el campo literario siempre ha sido lícito que corrija el uno al otro en las ocasiones debidas», desde luego me prometo el que los muy reverendos padres y doctísimos padres de la Compañía de Jesús, como patrocinadores de la verdad, no tendrán a mal esta disputa, que sólo es de persona a persona y de matemático a matemático, sin extenderse a otra cosa; y más cuando son tan Comunes estos literarios duelos, que me fuera muy fácil hacer un largo catálogo de autores de la sagrada Compañía de Jesús que no sólo han escrito impugnaciones y apologías contra clérigos, religiosos y seculares, sino aun contra los de su mismo instituto, y algunos con más ásperas palabras que las que aquí se hallarán. (Sigüenza y Góngora: 1984; p. 7). 115 cuidadosamente he visto y aquí diré, desde luego me prometo, aun de los que de nada se pagan y lo censuran todo, el que dará asenso a mis palabras por muy verídicas (Sigüenza y Góngora: 1986, p. 152). Quien vive aquí y no quiere perderse entre la apariencia de las cosas debe elegir una postura ante la crisis: aceptar la apariencia como la verdad única o considerar el parecer como parte de las cosas: “Apariencia y manera no son falsedad, sino algo que de algún modo pertenece a las cosas. Apariencia y manera son la cara de un mundo que para nosotros es, en cualquier caso, un mundo fenoménico” (Maravall: 1972, p. 393). La experiencia que tenemos sobre las cosas es su apariencia, pues es el modo en que se nos muestran y, en efecto, lo que conocemos de ellas: “Conocer es descifrar el juego de las apariencias, ‘salvar las apariencias’, conforme a la pretensión del moderno espíritu científico” (Maravall: 1975, p. 393) El cometa no es malo, pero sí se ha registrado como maligno en la Historia. La concatenación histórica de desgracias y muertes han forjado una máscara de monstruo sobre este fenómeno celeste. Los autores adheridos al modelo escolástico se fundamentan en autoridades y coincidencias históricas. En Libra Astronómica, Sigüenza se propone despojar a los cometas de aquella sucesión de máscaras infaustas y símbolos que la encubren. “Para llegar al término de la verdad” (Sigüenza y Góngora: 1984; p. 11), Sigüenza utiliza el camino de la filosofía y realiza un análisis sistemático y riguroso a partir de teorías existentes sobre los cometas y de los mismos anales de la historia que registran la coincidencia entre muertes de príncipes y catástrofes con apariciones de cometas. Y sin embargo, aunque Sigüenza proceda con un espíritu científico, sostiene que nadie sabe con 116 certidumbre en dónde y qué engendra a los cometas. Asimismo, sostiene que éstos son obra del supremo Artífice: Pero antes de proponer lo que pretendo probar, es necesario advertir que nadie hasta ahora ha podido saber con certidumbre física o matemática, de qué y en dónde se engendran los cometas; con que mucho menos podrán pronosticarse; aunque no faltará en el mundo quien quiera persuadir lo contrario, con que se sujetará a la irrisión, que es consiguiente a tan pueril desvarío. Con este presupuesto y con ser los cometas cosa que puede ser no se sujete a lo regular de la naturaleza, por proceder inmediatamente de Dios con creación rigorosa, afirmo desde luego cristianamente el que deben venerarse como obra de tan supremo Artífice, sin pasar a investigar lo que significan, que es lo proprio que querer averiguarle a Dios sus motivos (p. 10). Escribe Pascal que los efectos son sensibles y las causas, visibles solamente al espíritu. La fe, continúa el filósofo francés, dice lo que los sentidos no dicen y que está por encima, y no en contra de éstos. “Es menester saber dudar donde sea preciso, augurar donde sea preciso, someterse donde sea preciso. Quien no hace eso no comprende la fuerza de la razón” (Pascal: 1984, p. 163). Dios es infinitamente incomprensible, pues al no tener límites, no tiene ninguna relación con nosotros. Desde este sistema de pensamiento, resultaría prepotente e ingenuo querer descifrar un símbolo que Dios ha enviado a la tierra. Sigüenza arremete aquí contra los astrólogos judiciarios que ejercían como una suerte de exégetas y amanuenses de Dios. Si el cielo medieval era perfecto, estable, finito y estaba hecho, el cielo barroco es imperfecto, mutable, infinito y está realizándose. Ante esta mudanza de los cielos, los astrónomos-astrólogos del Barroco, buscaban un punto de apoyo, una estabilidad. Así como Galileo Galilei indagaba la eternidad de las leyes naturales, escribe Maravall que la mente barroca cree en un mundo regido por leyes generales y mantenido por Dios. Otro gran ejemplo en el Barroco de colocar la estabilidad debajo de la mudanza del mundo, es 117 Giambattista Vico, quien, según Maravall, “pretende extraer de la historia una legalidad equivalente a la legalidad geométrica que gobierna el mundo físico en el sistema cartesiano, con esa simplicidad, uniformidad, generalidad, con que se produce providencialmente el encadenamiento de las causas en los sistemas de los pensadores del XVII” (Maravall: 1975, p. 371). Ahora bien, Sigüenza, después de mencionar que los cometas proceden de Dios, expone las dos teorías que había sobre el origen de estos visitantes celestes en aquella época. La primera es la teoría del origen sublunar de los cometas: Si sublunares, será su formación la que les atribuyen los Peripatéticos, con su príncipe Aristóteles, en el libro I de los Meteoros, […], Claramonsio en el el Anty- Tycho, y otros muchos astrólogos y filósofos, cuya opinión es que el cometa es un meteoro encendido y engendrado de nuevo de una copia grande de exhalaciones levantadas del mar y de la tierra hasta la suprema región del aire, donde, encendidas por la antiperístasi, y ya por medio de ésta con mayor consistencia y condensación, son arrebatadas del primer moble, cuyo impulso llega hasta allí al cual se mueven, hasta que aquella materia unctuosa, pingüe, crasa sulfúrea y salitrosa, se va disminuyendo, al paso que el fuego la consume, con que se acaba el cometa (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 11). La teoría del origen sublunar, como expongo en el primer capítulo, era la que más peso tuvo en la Edad Media y parte del Renacimiento. Ésta sufrió un duro golpe con la aparición de la nova de 1577, donde se quebró el modelo aristotélico en el que el mundo, es decir, el universo, se componía por diversas esferas y los cometas sólopodían ser de origen sublunar debido a que eran imperfectos. En el siglo XVII la teoría de los cometas supralunares ya coexistía con la anterior. Sin embargo, aún había autores que se adherían a la antigua idea. Sigüenza se burla de la postura astrológica que señala que los cometas son causa o señal de muerte de príncipes, 118 asignándole una jerarquía mayor al cometa y otra menor a las estrellas volantes: los primeros matan príncipes; los segundos sólo “a la plebe”, y los llega a bautizar, más adelante en “Pónese en las balanzas de la Libra astronómica y filosófica…” como los “cometillas matapobres”: Si ya no es [que] se le antoja a alguno que, así como el cometa difiere de las estrellas volantes en ser más copiosas las exhalaciones que lo componen, de la misma manera, distinguiéndose los príncipes de sus inferiores en la mayoría de su dominio y autoridad, habrán de pronosticar las muertes de éstos los cometas, por ser mayores, y las de la plebe, las estrellas volantes, como cometas pequeños. Pero como quiera que afirmar esto es un gentil desatino, no sé que se les deba otra censura a cuantos aseveraren lo primero, a que dan tanto asenso los ignorantes (Sigüenza y Góngora: 1986, p. 12). A esto Sigüenza añade que lo cometas no sólo no causan daño a los cuerpos elementados, es decir, de la región sublunar, sino que “antes son pronóstico de fertilidad y salud”, pues las exhalaciones nitrosas y sulfúreas que los causan habrían de “esterilizar las tierras, corromper las plantas y alterar los humores, si no se elevasen a la región superior” (p. 12), donde la esfera del fuego las consume. El cometa es una suerte de purga de las cualidades malas de la tierra. En Discurso cometológico, señala Salmerón, con elementos de lo maravilloso, el origen sublunar del Gran Cometa. Indica el catedrático de anatomía que su causa material se conforma a partir de toda la materia evaporable que hay en la región sublunar: “como agua, tierra, todo cuerpo viviente, plantas, y aun los mismos cuerpos muertos sepultados en la tierra” (Trabulse: 1992, p. 130). El catedrático nos narra el extraordinario viaje de las exhalaciones y vapores que se 119 desprenden de los cuerpos elementados que suben y atraviesan la esfera del aire y luego llegan a la región del fuego, en donde se incendia y origina el cometa: Y como la región del aire según tenemos dicho estuvo débil y sin fuerzas para la expulsión de dichas exhalaciones, a quienes dio buen pasaje hasta que llegaron a la región del fuego, en donde se encendió según está explicado…, y este incendio o llama fue la causa formal de nuestro cometa (p. 133). Transcribo a continuación las reflexiones del catedrático acerca de la primera jornada del viaje vertical que emprende el sudor humano a través de las esferas del aire y del fuego: Es asimismo, como se propuso arriba, causa material del cometa, el hombre, son sus espíritus y humores;76 y aunque el primer aviso parezca dificultoso, desata la duda el ver que la lluvia tiene por su materia, de que se forma, al mismo sudor del hombre, pues el Sol le arrebata para sí, subiéndole a la región primera, en donde recibiendo la forma de agua, cae a la tierra en tanta abundancia; y que arrebate en sí este sudor el Sol, se confirma aun en los mismos caminantes, en quienes en las partes que toca el Sol no se ve el sudor, porque lo arrebata para lo alto con su calor; y las partes que van abrigadas y no las toca sudan en abundancia, como se ve en lo alto de la frente que ocupa el sombrero (p. 130).77 76 Salmerón era médico antes que astrólogo, y ambas carreras se hallaban muy unidas. Sus conceptos medicinales de espíritus, humores y su equilibrio pertenecen al cuerpo de doctrina de Galeno. 77 Cabe aclarar que Salmerón y Castro se basa en el libro De aere aquis et locis, según el mismo autor, de Hipócrates. Cito a continuación al catedrático, quien cita a su vez al médico griego: En la lección de las aguas dice por estas palabras, dignas de toda admiración por su curiosidad y singular filosofía: 'Pero lo que es tenuísimo, el Sol lo arrebata hacia arriba a causa de la ligereza. Y arrebata tal cosa no sólo de las aguas estancadas, sino también del mismo mar y de todo aquello en lo que hay algo de humedad (y lo hay en rodas las cosas). Y de los mismos hombres saca un tenuísimo y levísimo vapor. La mayor señal de esto puede tomarse del hecho de que cuando el hombre hace un viaje o se sienta al sol arrebata hacia arriba todo lo que aparece de sudor; pero las que están cubiertas bajo el vestido o bajo cualquier otra cosa, éstas sudan, pues el sudor es sacado y reducido por el sol, mas es conservado por los vestidos para que no sea disipado por el sol; pero cuando ha llegado a la sombra, rodo el cuerpo por igual fluye en sudor'. Citada queda porque no parezca fingida la autoridad» (Trabulse: 1992, p. 57). 120 Salmerón y Castro recurre, a lo largo de su escrito, a varias metáforas. El autor señala que el movimiento del vapor es “como se ve en una olla de agua hirviendo, cuyos vapores suben arriba, a quienes si se interpone cuerpo denso, resuda la misma agua” (p. 132). Salmerón compara el cometa con una purga y el mundo con el cuerpo humano: la otra es causa final física y natural y esta causa suponen algunos autores, intentada de la naturaleza para guardar y purificar el globo de la tierra de las exhalaciones venenosas y pestíferas, que en ella excitaron algunas conjunciones de los superiores, como en las conjunciones antecedentes al nuestro, cono en las conjunciones antecedentes al nuestro, y elevados estos vapores y exhalaciones de la máquina terrestre o por lo menos de las partes donde tuvieron predominio las conjunciones y eclipses, quemándose todas estas superfluidades dañosas, dejan a la Tierra sana, limpia, purificada y libre, de tempestades, guerras, sediciones, incendios, pestilencias, inundaciones y terremotos, que antes de cometa se pudieron seguir, por no haberse expurgado y purificado de los recrementos dichos; en donde el fin de esta causa física intentando de la naturaleza es conservar el universo y repurgar la Tierra de dichas exhalaciones venenosas, que pudieran ser causa de su corrupción (p. 133). Sin embargo, Salmerón considera que la purificación de la tierra no es completa, pues hay partes del cometa que se esparcen por el aire bajando de “peor calidad […], infestando vivientes, plantas y semillas, y esto como sea maligno, no caen debajo de los sentidos sus efectos, sino que paulatinamente, después de algún moderado tiempo se manifiesta. (p. 133). En efecto, para Salmerón y Castro el cometa sí se debe temer, pero, como hemos podido observar, desde una perspectiva médica: “Y si todo esto es lo que sucede en el cometa, no sé yo por qué no se han de atemorizar tanto los hombres (como repugnan otros)” (p. 134).78 78 Aquí el ataque, como señala también Trabulse, es directo a las opiniones de Sigüenza 121 Posteriormente, con base en la idea del microcosmos y el macrocosmos y con el influjo, según Trabulse, de las doctrinas herméticas y los conocimientos alquímicos de la época, el catedrático trata de comprobar su hipótesis por medio de una analogía que hace del hombre con el universo, en específico, compara el mar y el cielo con el estómago y cerebro del ser humano: Toda mi respuesta se confirma en el mundo pequeño u hombre, en el cual sucede, que del estómago como parte abundante de superfluidades, suben dos géneros de vapores, los cuales, si son calientes los llaman nidorosos, que se levantan cuando el vientre padece alguna desteplanza caliente o inflamatoria, y los más procedidos del hígado, riñones, corazón, estuanto por [sic.] por las venas y arterias, llegan al vértice de la cabeza o cerebro […] si es calientela materia evaporada de lo ínfimo suscita inflamación del mismo cerebro, volviendo a caer a las misma partes inferiores, de peor calidad la materia que antes había subido más benigna; y cayendo lo derretido a diversas partes, hace diversos achaques. De bastante consideración, pues los más son mortales, como pulmonía, dolor de costado, angina o esquilencia y otros a este modo (p. 133).79 Asimismo, compara Salmerón el cometa con un pedazo de estopa: “Parece increíble, como lo es, que no se encienda un pedazo de estopa junto a la lumbre o en la misma lumbre y se encienda a distancia de mil leguas” (p. 135). El cometa, concluye el catedrático de anatomía, no se origina de las manchas del sol, ni de la materia celeste, sino que es sublunar.80 79 En Primero Sueño, Sor Juana Inés de la Cruz comparte esta teoría de los vapores del estómago que ascienden al cerebro: “ésta, pues, si no fragua de Vulcano,/templada hoguera del calor humano,/ al cerebro enviaba/ húmedos, mas tan claros los vapores/ de los atemperados cuatro humores,/ que con ellos no sólo no empeñaba/ los simulacros que la estimativa dio a la imaginativa […]” (Sor Juana Inés de la Cruz: 2004; p. 18) 80 Cabe señalar que el argumento de Salmerón es totalmente contrario al argumento de Sigüenza, pues éste señala que el origen de los cometas es celeste y que sus influjos se derraman sobre la tierra de manera pura. 122 En Libra Astronómica, Sigüenza y Góngora se limita a responder, de manera burlona y precisa, la réplica de Castro sólo en la sección “Expónense las respuestas del padre Kino en su Exposición Astronómica y se les hace instancia”, donde el sabio criollo lleva al absurdo los argumentos del catedrático: Hasta aquí son las palabras formales de dicho doctor Salmerón, de que se infiere el que en tiempo de mucha seca y de falta de agua procuren sudar los hombres cuanto más pudieren y con eso les lloverá copiosamente y tendrán buen año. Como también el que de aquí adelante se entierren los cuerpos muertos en sepulturas muy hondas porque no arrebate el sol la corrupción que exhalaren y se formen cometas que nos peguen las enfermedades de que murieron aquéllos (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 57). Ahora bien, más adelante en “Manifiesto filosófico”, medita Sigüenza sobre el origen supralunar de los cometas y expone tres posibles orígenes: 1) los cometas se forman de varios humos crasos y pingües que exhalan las estrellas; 2) los cometas son formados por las exhalaciones del sol: “que son las que le forman manchas [al sol], las cuales, arrojadas más allá de su atmósfera por alguna vehemente ebullición, […] se encienden allí hasta que se resuelven y acaban” (p. 13); 3) los cometas se forman de “los hálitos y evaporaciones de todas las errantes” de las cuales se hace un conglobado “que consume el fuego celeste” (p. 13).81Sigüenza pone en duda nuevamente la malicia de los cometas y afirma su posible benignidad: “Y siendo cualquiera de estas tres causas la que origina el cometa, ¿cómo puede ser éste infausto cuando antes sirve de medio para que, purificada la aura etérea, se derramen más puros sobre la Tierra los celestiales influjos?” (p. 13). 81 En la primera hipótesis, Sigüenza se apoya en las ideas de Kepler; en la segunda, en las ideas de “Wiliambroldo Snellio, Ericio Puteano, Juan Camillo Glorioso, Liberto Fromondo y el padre Cysato”, Atanasius Kircher y “Cristóbal Scheiner” (p. 13); en la tercera, en las ideas Baltasar Téllez. 123 El sabio criollo considera que la segunda hipótesis es la más viable. En esta sección, el autor argumenta la idea de los cometas causados por las manchas solares con base en una vivencia que tuvo en sus años de infante. Considero que Sigüenza recurre a la imaginación en este argumento, pues resulta difícil de creer que haya podido observar las manchas del sol a la edad de seis años: y es haber sucedido por algunos días no verse el Sol, ni otra estrella en el cielo […] lo cual no sería por otra cosa, sino por los muchos vapores y hálitos celestes que, ocupando gran parte de la aura etérea, impedían el tránsito de los solares rayos. Advirtióse esto antes que se viera el cometa de 1652, según lo refiere Kirchero en su Itinerario extático y Pedro Gassendo en sus Comentarios; y yo me acuerdo, aunque entonces era de solo seis años, el que fue así; y que de estas evaporaciones se formen los cometas, se prueba invictamente habiendo reconocido que, después de acabado el de 1664 y 1665, no se le observaron manchas algunas al Sol por muchos meses (p. 13). En Exposición astronómica, Eusebio Kino sostiene que el cometa tiene un origen celeste, se forma a partir de las exhalaciones de los planetas o “vapores del globo terráqueo” (Trabulse: 1992, p. 145) y es enviado como una suerte de heraldo que comunica la indignación de Dios:82 Débese advertir lo tercero que es más verosímil, que de los cometas celestes (cual fue el nuestro) usa la Divina Providencia, como de señales horribles de su justa indignación, con cuya significadora severidad amaga y conmina desusadas cuitas a los mortales, aunque comúnmente las ignoremos y no sea imposible, sin divina revelación saberlas (p. 143). El cometa no es causa, sino señal, presagio y mensaje de Dios. La postura que tiene el jesuita tirolés a lo largo de Exposición astronómica resulta ambigua. Al inicio, escribe que existen cometas benignos y cometas malignos. Kino toma las palabras 82 Un gran número de folletos se difundieron en Alemania con esta misma idea, donde Dios enviaba el cometa o como señala de indignación o como castigo de la sociedad. 124 de Bodino, quien cita a Demócrito, y dice que los cometas de carácter maligno son almas heroicas y “generosos espíritus de ilustres varones, que después de haber vivido muchos siglos en la tierra, al expedirse para la inmortalidad, agitaban los últimos triunfos, o se restituían como astros de allá al cielo de las estrellas” (p. 139). A esto, escribe Kino, según Bodino, le siguen las hambres, epidemias y disturbios debido a la falta de los grandes gobernantes, quienes tranquilizaban al pueblo y aplacaban la ira de Dios. En los apartados posteriores, Kino habla del carácter infausto de los cometas. Del mismo modo que el Manifiesto filosófico, la Exposición astronómica debe leerse en clave política. La parte inicial del texto de Kino está totalmente dedicada a exaltar la figura del virrey para conseguir, seguramente, por medio de tales alabanzas, futuros favores del gobernante. Las máscaras infaustas que habían sido adheridas al cometa a través de la Historia por generaciones de astrólogos son ahora sustituidas por máscaras de buen presagio. Kino escribe que el cometa es un prólogo positivo y un fausto mensajero de este virreinato. Asimismo, exalta la figura del virrey colocándola al mismo nivel de los emperadores romanos y comprueba con “hechos históricos” la benignidad de estos fenómenos celestes: Quisiera entre tanto la divina majestad condescender mis deseos y los de todos concediéndonos su logro en la felicidad de cuantos atributos acompañan a la perfecta que deseamos a V.E. y que como en opinión de gravísimos autores, el gran Alejandro, a Mitrídates y Octaviano Augusto antedijeron semejantes encendidas lenguas, felices sucesos, así a Vuestra Excelentísima casa a cuanto de presente la ilustre ditados, dignidades y personas y en lo futuro esclarecieren, como no dudamos esclarecerán, haya sido el Cometa de mi asunto de buen peinado prólogo, del felicísimo proceder, discurso y entero volumen de nuestra vida y acciones, concediéndonos la edad para lograr en la amable sujeción de nuestro Virreinato el sosiego, paz y tranquilidad (p. 139). 125 Un recurso argumentativode la astrología judiciaria era “comprobar”, por medio de la literatura comética, la malignidad de los cometas. Se escribían, en efecto, listas de cometas, desde el más antiguo del que había registro, hasta el más reciente, donde coincidían muertes de reyes y apariciones de estos fenómenos celestes. Refiere Howard Robinson que en 1681 se reimprimió el Theatrum Cometicum de Stanislaus Lubienietzky, probablemente el libro más famoso de cometas que apareció durante este siglo.83 Sigüenza y Góngora adquirió el Theatrum Cometicum con inmediatez. Refiere Rafael López, en el artículo “Libros de Sigüenza y Góngora en la Universidad Nacional”, que el sabio criollo compró el libro al precio de 12 pesos en el año de 1682, libro que viajó desde Holanda hasta el puerto de Veracruz, con destino final a la Ciudad de México. En Theatrum Cometicum se encuentra una de estas listas de cometas. El sabio criollo, con cierta ironía, da una breve descripción de Theatrum en Libra astronómica: [P]ara el II tomo citado de Teatro comético de Lubienietzki, donde hallará desde el principio del mundo hasta el año de 1665, curiosa y precisamente relacionados, no algunos, sino 415 cometas, con lo acontecido en el universo cuando se vieron, que fue lo mismo que cuando no se ven y es lo que siempre se advierte en todos los siglos (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 83). Eusebio Kino recurre precisamente a esta forma argumentativa en Exposición astronómica. En Libra astronómica, Sigüenza destroza cada una de estas 83 La primera edición del Teatrum Cometicum, según Robinson, fue la de 1667, impresa en Ámsterdam. La reimpresión de 1681, según Rafael Paz, se hizo en Leiden por el librero Petri van der Meersch. Sobre Lubienietkzy, Howard Robinson nos da una breve semblanza: The author was a Polish nobleman, and a celebrated minister in the Socinian Church. A sturdy advocate of religious liberty, he suffered persecution; his death was said to be caused by poisoning. The “Theatrum Cometicum” exhibits some freedom from the older beliefs. Lubieniestzky is certain that favorable as well as unfavorable occurrences follow the appearance of comets. (p. 18). 126 argumentaciones y las lleva hasta un reductio ad absurdum. Bien conocido, entre la astrología-astronomía, era, por ejemplo, el caso de la muerte de Carlos V, anunciada por el brillante cometa de 1558. Eusebio Kino quiere comprobar lo fatal que fue este cometa para el emperador y, en efecto, recurre a la autoridad de Fabián de Estrada. Sin embargo, existe ya sea un error de cómputo o una enorme exageración del tiempo en que brilló el cometa en el cielo, pues el historiador señala que poco después de que Carlos V empezara a enfermar, fue visto en España un cometa, al principio no muy brillante, pero que al recrudecerse la enfermedad, conforme a los mismos avances, aumentaba la luz, hasta que, vuelta la funesta melena hacia el convento de San Jerónimo, a la hora en que Carlos dejó de vivir, aquél dejó de verse (p. 83). Sigüenza desenmascara la argumentación de Kino de manera mordaz y apuntala sus ideas con el Teatro comético de Lubienietski: De ella infierno haber mentido Cornelio Gemma, afirmando en su Cosmocritices el que se apareció y le observó en Lovaina a 17 de agosto del propio año; porque si desde que empezó a enfermar el emperador se apareció el cometa y el principio de su siempre mortal dolencia fue el año de 1550, síguese que desde entonces, y no desde 17 de agosto de 1558, se vio el cometa. 162. ¡Oh, cometa, Matusalén de los cometas y el más admirable de todo el mundo, pues ocho años continuos lo hospedó el cielo! Y, ¡oh, malos historiadores y matemáticos los de aquel tiempo que ni lo escriben, ni lo observaron! Pero, ¿cómo habían de observar y escribir lo que nunca fue? Digno es de insertarse aquí para refuerzo de lo que digo lo que acerca de esto se halla en Lubienietzki: «La muerte de Carlos V -aun cuando él mismo, porque era supersticioso, haya dicho según el sentir popular que le era anunciada por medio del cometa (lo que en cierto modo concedemos también que debe aceptarse)- lo produjo o significó, más que el cometa, la larga enfermedad de gota que desde los cincuenta años (combínese esto con el 'poco después de que empezó a enfermar, fue visto en España un cometa' del padre Fabián de Estrada) le aquejaba, no a intervalos sino continuamente, por 127 cuya violencia en ocasiones se moría y por la cual Andrés Vesalio, médico en jefe, había predicho que no sería larga la vida del César, enfermedad que se agravaba cada vez más y presagiaba los últimos momentos» (p. 83). La no concordancia entre los años de avistamiento y los sucesos infaustos en la obra de Kino es algo común, según argumenta Sigüenza. Que Felipe IV viese un cometa antes de la muerte de su padre es invención de Kino, según el sabio criollo, pues Felipe III muere el 31 de marzo de 1621, mientras que el cometa cruza el cielo por noviembre de 1618: “no sé cómo se sincoparon, o dónde se consumieron 2 años y 4 meses para que coincidiese el tiempo de la aparición del cometa con el de la muerte del rey” (p. 84). Sigüenza cita nuevamente a Lubienietzki, quien escribe que Felipe III había sobrepasado los sesenta años y padecía múltiples síntomas y enfermedades. Concluye, nuevamente, el sabio criollo con un tono socarrón el examen que realiza al fundamento de Kino: De este cometa le pido a Dios me libre y a todos los míos, y con más instancia de disenterías, tabardillo, dolor de costado y sus semejantes, que son los verdaderos cometas, que así a reyes y ricos, como a particulares y pobres, quitan la vida (p. 84). Las burlas hacia los cálculos arreglados de Kino continúan. El caso más interesante es el de la intrusión de bandidos en Pekín y la muerte del emperador Zungchinio en el año de 1644. Según Kino, ambos incidentes fueron vaticinados por el cometa de 1652, presagio totalmente imposible, argumenta el sabio criollo. Kino se basa en Tártaros en China del padre Martín Martinio, libro que revisa, asimismo, Sigüenza. Cito el fragmento en el que se narra la invasión de Pekín y la muerte del emperador: Se lee esto: «En el mes de abril de 1644, antes del alba entraron en la ciudad» de Pekín los salteadores y bandidos chinos, acompañando al intruso Licungzo, «a pie llano por la puerta que voluntariamente les franquearon los cómplices confidentes». Y después de decir el alboroto y confusión de los ciudadanos, prosigue así: 128 «Tornando» el infeliz y desgraciado emperador Zungchinio «una espada, pasó el pecho a una hija doncella que tenía en edad para casarse porque no cayese en manos del bandolero con afrenta; y hecho esto, entró en su jardín y de un árbol de él, se colgó con su misma liga» (p. 87). Sigüenza no se limita a señalar solamente la falta de concordancia entre los sucesos y la aparición del cometa, sino que vuelve a arremeter contra la idea de Kino en la que los cometas son señales horribles de la divina Providencia, donde Dios demuestra su indignación a los mortales. Transcribo la crítica que hace el sabio criollo al argumento de Kino: Si las conminaciones y amenazas que hace Dios a los mortales, usando de los cometas como dos voces, es para que se aparten de lo malo y sigan lo bueno, ¿cómo después de 8 años y 8 meses que estaba el desgraciadísimo emperador Zungchinio en el infierno por idólatra, por homicida, por desesperado, por avariento; cómo después de 11 años que habían experimentado los vecinos de la ciudad de Cainfung aquellas calamidades, horrorosas aun a leerlas, se habían de enmendar de sus desafueros con las voces del cometa del año de 1652, cuando no podía dejar de haber sido (pues ya había sido) la muerte del emperador y su hija y el destrozo de la ciudad' Acción ociosa fuera de Dios pretender con voces cométicas reduciral gremio de su Iglesia y a su gracia a los que ya hacía años estaban condenados y destruidos para siempre por sus maldades (p. 89). Posteriormente, Eusebio Kino cita en Exposición astronómica la carta que escribe en Cádiz para la Duquesa de Aveiro y los padres Pedro de Escuderos y Luis de Espinosa, donde responde a las preguntas que le hicieron acerca de la significación del cometa. En la epístola, Kino examina la apariencia física del cometa, apariencia que está cargada de elementos simbólicos de la astrología judiciaria: el padre describe la dirección de la cauda, la cual indica qué reino presentará males y desgracias; habla del tamaño del cometa y señala que por su enorme tamaño no puede señalar sólo muertes de príncipes, sino que es signo de universales 129 desgracias, como esterilidades, tempestades, temblores, guerras y pestes; habla de la duración del cometa, la cual era directamente proporcional a la cantidad de años de influencias sobre la tierra:84 Siendo este cometa tan desusadamente grande, que según creo no le ha visto el mundo mayor, es probable que indica, significa y amaga muchas y grandes calamidades a muchos reinos y provincias, especial a tres o cuatro de las de Europa, en alguna manera más septentrionales, pues, según se deja ver más dilata el lúcido follaje de su cauda hacia aquella parte y está como perpendicular sobre su punto vertical. Lo que más comúnmente suelen indicar los cometas, suele ser muertes de príncipes. Pero este cometa siendo tan grande y habiendo durado tanto, parece que significa más universales desgracias como son esterilidades, penuria de bastimentos, tempestades, inundaciones y en algunas partes temblores de tierra, tormentosos vientos exorbitantes, así fríos como calores, notables alteraciones de humores en los cuerpos humanos, y como consiguientemente (pero sin perjuicio del humano libre albedrío) discordias y guerras entre algunas naciones. Presagia también a lo que parece enfermedades y de verdad no poco contagiosas, y lo que de aquí suele originarse, cuál es la muerte de innumerables mortales, cuyos calamitosos efectos, todos tanto más durarán o alcanzarán de años, cuanto por más días o meses duró el cometa (p. 144). La ambigüedad de Kino encuentra nuevamente una feroz réplica en Libra astronómica. Sigüenza llega a denominar las cláusulas de su carta como oráculos de Apolo. Critica el sabio criollo la parte donde Kino advierte que el tamaño del cometa es directamente proporcional a los males que acontecerán sobre la tierra. Incluso, invita al lector de Libra… 84 En la astrología judiciaria, según Howard Robinson, por cada día de visibilidad del cometa, habría medio año de influencias: “Thus, if a comet was visible for fourteen days, it was expected to be a bane to the earth for the next seven years, and to portend all the misfortunes occurring within that period” (Robinson, p. 15). En Especulación astrológica, Gaspar Juan Evelino realiza una exégesis similar del cometa de 1682, donde pronostica “guerras, con destrucción y muerte de muchos reyes” para California, China y Japón; guerras para Inglaterra, Holanda y Alemania. Asimismo, señala que habrá mudanza de religión en Japón. Incluso da una recomendación política a los españoles para que no abandonen la conquista del norte de la Nueva España: “Lo que yo ruego a los señores españoles es que no dejen de la mano la conquista de la California, porque ahora el cielo les ayuda y en lo de adelante, Dios sabe lo que será y es lástima que allí se pierdan tantas almas; de el Nuevo México no hablo, lo veo” (Trabulse: 1992, p. 155). 130 a que revise la carta de Kino y que la compare con el Manifiesto, en la parte donde Sigüenza habla de los “cometillas matapobres”. “¿Qué dice más el oráculo?”, escribe el sabio criollo con sarcasmo y continúa con la crítica. Posteriormente, señala de nuevo lo ridículo que son los vaticinios del padre jesuita, pues en el mundo hay, habrá y hubo tanto guerras y muertes como pestes, vientos y terremotos, ya sea con o sin cometas. En la recta final de “Pónese en las balanzas…”, la burla llega a su clímax cuando Sigüenza compara las palabras de la epístola con las de la dedicatoria de Exposición astronómica, donde Kino adula al virrey, marqués de la Laguna, y señala que el cometa de 1680-1681 es un heraldo de faustos designios, pues anuncia el buen gobierno que tendrá este príncipe. En efecto, señala Sigüenza que, cuando se trata de adular al virrey, los cometas son benignos, pero son fatales los autores que “hacen pronóstico de prosperidades, y en el cuerpo de su volumen, por lastimarme y ofenderme a mí, que dije otro tanto, estos propios gravísimos autores son nada, son locos y se pagan y enamoran de las lagañas astrosas” (Sigüenza y Góngora: 1984, p. 109). El sabio criollo termina el examen de los fundamentos de Kino con dos poemas de Caramuel de Lobkowitz “para concluir con algo bueno el examen de estos fundamentos tan en extremo malos, como para que se vea que sin temor de errar se puede decir de los cometas lo que se quisiere” (p. 109). Sigüenza señala así lo absurdo de los argumentos de Kino e inserta dos poemas retrógrados de Caramuel intitulados “Presagios triste de un cometa” y “Anuncios alegres del mismo cometa”.85 De factura totalmente barroca, el segundo poema comparte las mismas palabras del primero, sólo que están escritas de modo inverso y presentan cambios ligeros. De este modo, el polígrafo mexicano representa la contradicción de Kino. 85 En las observaciones que realizo del poema, me he basado en el ensayo “Carlos de Sigüenza y Góngora: las letras, la astronomía y el saber criollo” de Cristina Beatriz Fernández. 131 Cito, a manera de ejemplo, los versos liminares del primero y los últimos del segundo. El primero dice: “Irradiando muerte este astro, no anuncia el nacimiento/ de un príncipe: ¡Retrocede! No vaticino bienes.” El segundo responde: “Vaticino bienes. ¡No retrocedas! El nacimiento de un príncipe/ anuncia, no irradiando muerte este astro” (p. 110). Hay, asimismo, al pie de “Anuncios alegres del mismo cometa” una advertencia del editor don Sebastián Guzmán, quien se mofa también de Eusebio Kino y defiende, en este sentido, el posible intento de desprestigio que intenta jesuita alemán contra Sigüenza.86 Recuerda el editor que Eusebio Kino había criticado que el “astrólogo de Madrid echase sobre el turco los infortunios que significaban aquel cometa” y que pronostica catástrofes para “las provincias algo más septentrionales que las del turco”. Sin embargo, señala Guzmán, Kino hierra en ambos pronósticos, porque los turcos tuvieron mala fortuna y los polacos buena, pues el “señor emperador y rey de Polonia y sus auxiliares se hallan poseedores de más tierras y ciudades que las que antes tenían y con excesivas riquezas, acompañadas de muy buena salud y en todo triunfantes y victoriosos”. Guzmán termina este capítulo con un comentario mordaz y burlón sobre Exposición Astronómica y Filosófica: “Mala venta tuviera de pronósticos el padre, si los hiciera y le salieran como éste” 86 Consultar “Análisis de la controversia novohispana sobre el cometa de 1680-1681. Una aproximación histórica desde el campo científico” de Ernesto Priani y Héctor Rafael Sedano. 132 CONCLUSIONES Como se ha podido observar a lo largo de esta investigación, el cometa es el recurso literario perfecto en la astrología-astronomía para mover voluntades: Lo oscuro y lo difícil, lo nuevo y lo desconocido, lo raro y lo extravagante, lo exótico, todo ello entra como resorte eficaz en la preceptiva barroca que se propone mover las voluntades, dejándolas en suspenso, admirándolas, apasionándolas por lo queantes no habían visto. […] Esa amplia extensión de los resortes que utiliza la cultura barroca, hasta llegar a extensas capas de población y alcanzar bajos niveles sociales, son una confirmación de ese carácter de ciudadano masivo –es normal la apelación al numeroso vulgo urbano- en los productos de aquélla (Maravall: 1972, p. 462). La figura del cometa fue utilizada por gran parte de los astrólogos-astrónomos como una sinécdoque de la ambivalencia e inestabilidad del cielo barroco. Es así como estos autores recurren a ésta para que su “idea, propia, forme parte de la otra figurada” (Beristáin: 2013; p. 474). Esta estructura tropológica nos permite demostrar cómo un discurso histórico se asemeja a la narrativa literaria (White: 2003, p. 162). Asimismo, el cometa se vuelve una alegoría del mal del mundo. Todas las catástrofes que habían experimentado Europa y la Nueva España, toda duda e incertidumbre, todo cambio y movimiento social, se aglutinaron, en una sucesión de máscaras maléficas, a lo largo de los siglos en estos símbolos celestes.87Los cometas, ya sean barbados, ya con forma de espada, de antorcha o de crin de un caballo, siempre produjeron fascinación en la historia por la ruptura 87 La figura del cometa es un motivo frecuente que se halla en las producciones literarias del Renacimiento y el Barroco. Grandes ejemplos son Shakespeare, Calderón de la Barca, Francisco y Quevedo, Luis de Góngora, entre otros. 133 que causaban en la perfección de las esferas. Porque son prodigio, novedad y maravilla para quien los contempla, porque causan asombro y espanto, porque son oposición de lo perfecto y crisis de la armonía celeste, porque señalan que el mundo ya no es un mundo medieval, una superposición de esferas cristalinas y “un ser hecho, terminado y en reposo, sino que posee una ‘consistencia’ dinámica, inestable y contradictoria” (Maravall: 1972, p. 332), por esto y más los cometas responden muy bien al espíritu del barroco. El cielo de los siglos XVI y XVII es un ser agitado, una máquina que se expande y quiebra el corsé establecido por el modelo aristotélico- ptolemaico. Con su expansión y por el avance de la ciencia, Dios se aleja cada vez más del mundo. El hombre barroco, en efecto, se siente entre dos abismos infinitos. Asimismo, la figura del cometa es una justificación histórica de los acontecimientos. Sólo basta con explorar el teatro de los siglos XVI y XVII, los libros de cometomancia y las publicaciones como las de Lubienietzky para encontrar una enorme lista de coincidencias, donde, tras cada caída de un reino o muerte de un monarca, fue visto un cometa. Esta tradición astrológica llega, como he expuesto en el apartado anterior, al Nuevo Mundo para inventar su cielo y, de este modo, utiliza este nuevo mito para situar el continente “descubierto” bajo el cielo occidental. El cometa fue un recurso literario que servía, indica Jesús M. Usunáriz, como una referencia sobrenatural para los hechos históricos: Pero, el pronóstico o, si se prefiere, el signo, fue utilizado como un factor de legitimación política. Los errores de un rey imprudente, augurados por fenómenos celestes y eventos extraordinarios, servían para dar más peso, más autoridad a los hechos posteriores. Si para los autores portugueses del siglo XVII, especialmente tras 1640, la muerte del rey Sebastián, anunciada por el cometa, fue el vaticinio de la pérdida de la independencia, “de la pérdida de Portugal”, para muchos de los 134 españoles testigos directos o indirectos de los hechos, sirvió para dar apoyo, frente a sus críticos, a la toma de decisiones que acabaron con la conquista de Portugal por las tropas encabezadas por un anciano duque de Alba y de la que don Sebastián, por su inmadura osadía, era el máximo responsable (Usunáriz: 2015, p. 91). En la literatura astrológica-astronómica de la Edad Media, el Renacimiento y parte del Barroco, los cometas concluyen reinados, cierran ciclos y justifican acontecimientos. Desde esta interpretación del mundo, Kino y Sigüenza emplean a su provecho la figura del cometa. Si bien el segundo se acerca más a una perspectiva científica – o pasa, como escribe Priani, de un estado menos racional a uno más racional-, no deja de recurrir al sistema astrológico para discutir dentro de este sistema y concepción del mundo. Kino, por otro lado, tiene la vista más nublada por las letras, pues ve el cielo a través del lente quimérico de la tradición medieval. En Libra astronómica, Sigüenza y Góngora despoja al cosmos de su simbología. Desde esta hermenéutica del cielo, con diversas estrategias discursivas y con la confrontación de textos y argumentos, desarma no sólo las estrategias persuasivas de sus contrincantes en la justa comética, sino los supuestos de la astrología. Al final, Sigüenza y Góngora demuestra que el cielo no comunica los designios divinos a través de oráculos celestes, ni que los astrólogos son exégetas y amanuenses de Dios. Por lo tanto, atrás de cada constelación, planeta, estrella y cometa no hay ningún significado, sino sólo el vacío. Quizá la ausencia de un simbolismo en el firmamento sea la causante de llenar el microcosmos de apariencias y espejos, pues ahora sólo queda la realidad del hombre, donde los astros han perdido su fulgor significativo, donde la hermenéutica celeste ha sido 135 progresivamente sustituida por la precisión y objetividad de la ciencia moderna. Esto es parte de la crisis que imperaba en el hombre del Barroco. 136 ANEXOS Figura A: Documento impreso por el artista y librero Johann Hoffmann en la ciudad de Núremberg en el año de 1680, tras el avistamiento del Gran Cometa sobre el cielo de esta ciudad. 137 Figura B: 138 BIBLIOGRAFÍA Achim, Miruna. (2011). “Lecturas para todos: pronósticos y calendarios en el México Virreinal”. En Historia de la literatura mexicana. Vol. 3: Cambios de reglas, mentalidades y recursos retóricos en la Nueva España (p. 598-618). México: Siglo XXI. Achim, Miruna. (2002). “De dragones y astrólogos”. Fractal nº 27, años 7, volumen VII, p. 129-142. Acosta, José de. 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