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Las voces Astronomía y Astrología 
en el siglo XVIII español 
 
Matteo De Beni, 
Università degli Studi di Verona 
 
 
[...] a distinción de los catedráticos de prima y vísperas, 
que tienen qué comer, y a excepción del catedrático jubilado 
de astrología, que es rico por sus extravagancias y trabajos, 
todos los demás doctores, licenciados, bachilleres y escolares 
viven sumidos en una estrechez muy lastimosa [...]. 
(Diego de Torres Villarroel, Vida, 1743-1758) 
 
 
 
Introducción 
El siglo XVIII es una etapa de adelantos de los saberes técnicos y 
científicos. Una de las áreas de conocimiento más interesantes del período es la 
Astronomía, esto es, según la definición ofrecida por la Real Academia en la 
época, “La ciencia que trata de la grandeza, medida, y movimiento de los astros, 
y de los demas cuerpos celestes” (RAE A 1770). 156 Para comprender la 
importancia de dicha disciplina, es suficiente traer a la memoria el paulatino 
afianzamiento del heliocentrismo en el siglo XVIII, a raíz de la aceptación –más 
o menos explícita, según los casos– de las teorías copernicanas y de la 
publicación de tratados de gran envergadura, como las Observaciones 
astronómicas (1748) de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, capitanes de fragata de 
la Real Armada. Dicha obra es el resultado de la participación de los autores en 
una importante expedición a Quito en 1734 –organizada por la Académie Royale 
 
156 En las citas se mantienen la ortografía y la acentuación originales. Los diccionarios 
académicos desde Autoridades hasta el de 1992 se han consultado en el Nuevo Tesoro 
lexicográfico de la Lengua española (<http://buscon.rae.es/ntlle/SrvltGUILoginNtlle>); los 
citamos con la sigla RAE, acompañada por A (Autoridades), H (Histórico), M (Manual) y U 
(Usual) y por el año correspondiente. En cambio, la sigla RAE U 2001 se refiere a la 22.ª 
edición del diccionario académico (<http://rae.es/drae/>). 
 
 
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des Sciences de París–, gracias a la cual se pudo establecer que la forma de la 
Tierra no es perfectamente esférica y se consiguió medir el grado de 
achatamiento de nuestro planeta.157 
El objetivo de este trabajo es el de analizar las voces Astronomía y 
Astrología, dos términos que –como veremos– en el siglo XVIII conviven en una 
relación compleja, entre lo simbiótico y lo antitético. Como sugieren cuantiosos 
ejemplos textuales ofrecidos por el inacabado Diccionario histórico de la lengua 
española (1933-1936), a lo largo de la Edad Media e incluso bien entrada la 
Edad Moderna, Astrología no se empleaba solo con el significado de actividad 
divinatoria y de predicción a través de los astros, sino también con el sentido de 
estudio de los movimientos de los cuerpos celestes, esto es, de Astronomía.158 
Incluso existen contextos en que la voz Astronomía se refiere a prácticas 
astrológicas y a predicciones.159 
La razón por la que los respectivos alcances y límites de las dos 
disciplinas no se delimitan claramente hasta fechas relativamente tardías se 
debe al hecho de que ambas voces se refieren en origen –como sugiere su 
etimología– a la ciencia de los cuerpos celestes. Como señala el Oxford English 
Dictionary, en griego antiguo ἀστρολογία y ἀστρονομία son sinónimos. Bajo la 
influencia de los egipcios y los caldeos, los griegos del período helénico empiezan 
 
157 Jorge Juan (1713-1773) es una figura de primera fila de la Astronomía española del siglo 
XVIII. Es autor de otros tratados sobre la navegación y el estudio del cosmos (como 
Compendio de navegación, de 1757, y Estado de la astronomía en Europa, de 1774) y es, 
además, inspirador del Real Observatorio de Madrid y del de la Armada en Cádiz. 
158 A propósito de esta relación de sinonimia, RAE H 1933 registra ejemplos de obras señeras 
entre las cuales los Libros del saber de astronomía alfonsíes (“La astrología fabla de los 
movimientos de los cielos et de las estrellas”) y la novela áurea La vida del escudero Marcos de 
Obregón (1618), de Vicente Espinel (“Que los que tratan de la verdadera astrología de 
movimientos, éstos son destos que saben las matemáticas con fundamento”), además de la 
versión española (1624-1629) de la Naturalis Historia de Plinio realizada por Gerónimo de 
Huerta (“Es, pues, astrología (como significa el nombre) ciencia de las estrellas; y llamóse assí 
porque de la contemplación dellas alcançaron los hombres el conocimiento de los cuerpos 
celestes”). Más ejemplos se ofrecen en el Corpus del Nuevo Diccionario Histórico 
(<http://www.frl.es/Paginas/Corpusdiccionariohistorico.aspx>); es de esperar que el aún 
incompleto Nuevo Diccionario Histórico de la Lengua Española (1960- ) arroje más luz sobre la 
historia de las dos voces en cuestión. 
159 Da prueba de ello el Corpus del Nuevo Diccionario Histórico, que incluye ejemplos de varias 
épocas, desde la Edad Media (“[…] aquesta segunda part es dicta astronomia, que quiere dezir 
ley et regla de las strellas, o quier dezir sçiençia de los iudiçios”; Juan Fernández de Heredia, 
De secreto secretorum, 1376-1396) hasta la Edad Moderna (“[…] no puede ser obra de una tan 
rústica Astronomía dirigida sólo a pronósticos astrológicos”; Carlos Andrés, traducción del 
italiano de Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, de Juan Andrés, 1793). 
Fuera del ámbito hispánico, Rey 2006 señala que en el francés primitivo la voz Astronomía se 
emplea para denotar la predicción y los pronósticos. 
 
 
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a dedicarse a predicciones basadas en observaciones astronómicas y la voz 
ἀστρολογία se comienza a emplear con esta acepción. En latín astrologia se 
utiliza antes que astronomia y sobre todo para indicar la ciencia de los cuerpos 
celestes. El Oxford English Dictionary apunta también que el primer autor que 
intenta establecer una distinción semántica entre las dos voces es Isidoro de 
Sevilla en sus Etymologiae: define astronomia como la disciplina que estudia la 
posición y el movimiento de los astros, astrologia naturalis como el estudio de 
los fenómenos celestes y astrologia superstitiosa como la práctica de predecir el 
futuro a través de la observación de los cuerpos celestes. 
En el presente trabajo estudiamos tanto la trayectoria de las voces 
Astronomía y Astrología dentro de la lexicografía del siglo XVIII, como el 
estatus conceptual y semántico que ambos términos tienen en obras científicas y 
divulgativas del setecientos, para demostrar que en plena época ilustrada la 
Astronomía aún no se ha emancipado totalmente de la Astrología. Para realizar 
este propósito, emplearemos un corpus lexicográfico que incluye los vocabularios 
de la Real Academia desde Autoridades (1726-1739) hasta las primeras 
ediciones decimonónicas del DRAE y, además, el interesantísimo Diccionario 
castellano con las voces de ciencias y artes (1786 [1767]) de Esteban de Terreros 
y Pando. 160 Asimismo, haremos alguna breve referencia a los datos 
proporcionados acerca de las voces en cuestión por importantes obras 
lexicográficas de los idiomas francés, italiano e inglés (con particular atención a 
los diccionarios históricos y a los de la Académie Française), lo cual permitirá 
ponderar el desarrollo de los términos en cuestión en la lengua española en 
relación con su evolución y alcance en otros contextos europeos. Nos parece 
provechoso, además, comprobar los resultados encontrados en los diccionarios 
con los significados que las voces Astronomía y Astrología tienen en obras 
científicas, divulgativas y también en otros géneros dentro del período señalado. 
Ha sido posible consultar algunos de estos textos a través de la base de datos 
CORDE, una herramienta que, a pesar de sus limitaciones y lagunas, resulta 
valiosa y útil. 
En nuestro trabajo tendremos en cuenta aspectos de la historia de la 
ciencia y del pensamiento del siglo XVIII español, abordando “el conocimiento 
de la evolucióndel léxico en relación con la historia social y la historia de las 
ideas” (Álvarez de Miranda 2005:1042), de acuerdo con las aportaciones de 
 
160 Terreros concluyó su Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes antes de su 
expulsión (1767), pero la publicación de la edición completa se empezó, póstuma, tan solo en 
1786; por ello, citamos esta obra con ambas fechas. 
 
 
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eminentes historiadores de la lengua española, en concreto Rafael Lapesa y 
Pedro Álvarez de Miranda, quienes han puesto en evidencia la estrecha 
vinculación que subyace entre palabras e ideas (cfr., entre otros, Lapesa 1966-
1967 y 1989; Álvarez de Miranda 1992). Si bien nos centraremos en el siglo 
XVIII, es provechoso no establecer límites temporales demasiado rígidos. En 
particular, el terminus a quo de nuestro trabajo, atendiendo a la periodización 
que se viene aplicando en los últimos estudios históricos, es el entorno cultural 
de las postrimerías del siglo XVII (1680), época del nacimiento de la corriente 
intelectual de los llamados novatores, que reaccionan contra el atraso de 
España en los ámbitos científicos: se trata, así pues, de una fase importante que 
introduce la ebullición de la época ilustrada dentro del campo de las ciencias. 
Asimismo, para perfilar la evolución de las voces Astrología y Astronomía se 
tendrán en cuenta también los diccionarios académicos decimonónicos, en 
particular los de las primeras décadas del siglo. 
Las razones de nuestro interés por la historia de las denominaciones de 
las disciplinas matemáticas en el setecientos son dos fundamentalmente. En 
primer lugar, la confusión que, como veremos, todavía existe en este período 
entre las designaciones de las ramas del saber científico e incluso entre los 
mismos ámbitos de competencia que dichos nombres indican. En segundo lugar, 
el hecho de que, aunque el XVIII es una época de desarrollo técnico-científico, 
dicho siglo revela también una faceta más “misteriosa”, acientífica, 
supersticiosa, como se verá en particular a través del examen de la voz 
Astrología.161 De hecho, como evidencia López Santos, 
la preocupación por las brujas y toda la parafernalia de 
elementos supersticiosos, así como la creencia extendida en 
la intervención de los espíritus sobrenaturales en la vida 
cotidiana del siglo XVIII, lejos de ser entendida como un 
fenómeno aislado, era común y propia a la época de 
referencia y se sustentaba en una serie de publicaciones que, 
al margen de lo estipulado y recomendable, ahondaban en 
aspectos tales como la magia, lo sobrenatural, las artes 
adivinatorias, la alquimia que habían recogido a su vez del 
bagaje popular [...]. Desde las altas esferas del iluminismo, 
 
161 Véase Carnero 1983, una monografía que pone en evidencia la existencia, al lado de la “cara 
racional” del siglo XVIII, de una “cara oscura”, esto es, emocional e irracional, de la que forman 
parte elementos como el erotismo de la poesía rococó, la recuperación de lo medieval, la 
incidencia de lo macabro y la difusión de la novela gótica. 
 
 
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ante la envergadura que tomaba la situación, se comenzó 
una cruzada antisupersticiosa [...]. (López Santos 2010:19-20) 
 
AAstronomía y Astrología 
En la lexicografía académica desde el Diccionario de Autoridades (1726-
1739) hasta el vocabulario académico de 1817, se considera que una de las 
partes de la Astrología, la natural, es “la que solo se empléa en el conocimiento 
de las influéncias celestes por observaciones de cosas naturales” (RAE A 1729), 
mientras que la otra parte, la Astrología judicial, se relaciona con la 
adivinación.162 Esta segunda rama de la Astrología se critica y se considera 
“ilícita, vana y supersticiosa” (RAE A 1729). Es llamativo que en diccionarios 
académicos posteriores –ya a partir de la segunda edición (parcial) de 
Autoridades (1770)– se considere la Astrología como una ciencia163: 
Ciencia congetural, que enseña á juzgar de los efectos, é 
influencias de los astros, y á pronosticar los sucesos por la 
situacion de los planetas, y sus diferentes aspectos. Quando 
trata de efectos naturales, como lo son las lluvias, vientos, 
tempestades &c. se llama astrología natural (RAE A 1770). 
Es solo bien entrado el siglo siguiente, y concretamente a partir de RAE 
U 1822, cuando la Academia quita la referencia a la Astrología natural y la voz 
Astrología pasa a indicar tout court la Judiciaria, que es, se dice en el mismo 
diccionario, una “vana ciencia” 164 que “en otros tiempos se creyó que servia 
 
162 El compuesto Astrología judiciaria se difunde también en otras lenguas europeas: el Oxford 
English Dictionary registra judicial astrology y señala además el equivalente francés 
astrologie judiciaire con fecha de 1533. En cambio, Rey 2006 apunta la presencia del 
compuesto astrologie judiciaire en 1549, en los ataques de Calvino contra esta actividad. Por 
lo que concierne al italiano, Battaglia 1961 señala cierta variedad en la formación del 
compuesto: astrologia giudiziaria, astrologia giudicatoria y astrologia giudicativa. Además, en 
algunos casos, se hace hincapié en la necesidad de emplear el término judiciario para que el 
vulgo no se desoriente: “Como el pueblo a veces confunde la Astronomía con la Astrología, 
estas se distinguen dándole a la Astrología el epíteto de Judiciaria” (Académie Française 
1762. “Comme le public confond quelquefois l'Astronomie avec l'Astrologie, on les distingue en 
donnant à l'Astrologie l'épithéte de Judiciaire”). 
163 En los primeros diccionarios académicos, ciencia se define como “conocimiento cierto de 
algúna cosa por sus cáusas, y principios” (RAE A 1729) y “sabiduría de las cosas humanas por 
principios ciertos” (RAE U 1780). 
164 Dicha definición se mantiene hasta RAE U 1869. Señalamos de paso que, a lo largo de la 
época ilustrada, la Académie Française describe la voz astrologie con expresiones similares a las 
empleadas por la Real Academia: “Art conjectural” (1694), “Art chimérique” y “science vaine” 
 
 
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tambien para pronosticar los sucesos por la situacion y aspecto de los 
planetas”.165 En cambio, en fechas anteriores la relación entre la meteorología y 
la Astrología natural tiene cuantiosas atestiguaciones, no solo en la lexicografía, 
sino también en la tratadística. Un ejemplo son las palabras del autor 
novohispano Carlos de Sigüenza y Góngora: 
La razon de ello es, porque las observaciones todas de los 
antiguos [...] fueron hechas en la Zona templada boreal, 
donde [...] la repetida experiencia quizas los hizo poseedores 
de algunas pocas verdades (hablo de la Meteorologia y 
Astrologia racional, no de la Judiciaria, por cuyo medio 
pronostican guerras &c., los Cometologos) las quales, por 
individuas de aquel clima, de ninguna manera son 
adaptables, no solo à la Zona tórrida que habitamos, pero ni 
aun à la templada austral [...]. (1690:168) 
No es una casualidad que la desaparición de Astrología natural del 
diccionario académico sea casi contemporánea a la incorporación de la voz 
meteorología, la cual –aunque existía desde hacía siglos en la lengua española– 
aparece por primera vez tan solo en la edición de 1803. De hecho, a medida que 
el estudio de la atmósfera y los meteoros se va afianzando como auténtica 
disciplina científica y como rama independiente de estudio, se abandona la 
denominación de Astrología para referirse a la predicción del tiempo 
atmosférico. Antes de la fecha señalada, la Academia recoge solamente, desde 
Autoridades en adelante, el adjetivo meteorológico y el sustantivo meteoro (o 
metéoro, “que se engendra en el ayre; como son las lluvias, nieves, granizo, 
exhalaciones y otras cosas que aparecen en él”, RAE U 1791). De ahí la 
importancia, como hemos señalado al comienzo de este trabajo, de tener en 
cuenta el vínculo que relacionaestrechamente las palabras y las ideas, así como 
 
(1762). Todo ello, naturalmente, con el propósito de marcar la diferencia entre los respectivos 
ámbitos de la Astronomía y la Astrología. Más tarde, Féraud describe Astrología y Astronomía 
en su diccionario atendiendo al mismo criterio: “Ambas tienen que ver con los Astros; pero la 1a 
no es más que un arte quimérico y gracias a sus normas se cree poder predecir el futuro a través 
de la observación de los Astros. — La 2a es una verdadera ciencia, basada en principios ciertos y 
en observaciones verdaderas o probables” (1787-1788. “Tous deux ont raport aux Astres; mais le 
1er n'exprime qu'un art chimérique, sur les règles duquel on croyait pouvoir prédire l'avenir par 
l'inspection des Astres. — Le 2d est une vraie science, fondée sur des principes sûrs, et des 
observations ou vraies ou probables”). 
165 Esta información perdura en los diccionarios académicos hasta fechas recientes (RAE M 
1989). Actualmente se define de la manera siguiente: “Estudio de la posición y del movimiento 
de los astros, a través de cuya interpretación y observación se pretende conocer y predecir el 
destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres” (RAE U 2001). 
 
 
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los avances técnico-científicos de la época estudiada; de hecho, no solo nacen 
palabras nuevas relacionadas a conceptos nuevos, sino también va menguando 
el empleo de términos vinculados a ideas o prácticas obsoletas, como es el caso 
de la Astrología natural. 
Por lo que se refiere a Astronomía, se registra en el primer diccionario 
académico con esta definición: 
La ciencia que trata del movimiento de los Cielos y Astros, 
prediciéndolos en lo futúro, en que procéde por cálculos 
arithméticos y trigonométricos, fundados en las repetidas 
observaciones de los Phenómenos, ò apariéncias que 
sucéden siempre (RAE A 1726). 
Sin embargo, ya a partir de la segunda edición de Autoridades, la 
Academia modifica la entrada, definiendo Astronomía como “La ciencia que 
trata de la grandeza, medida, y movimiento de los astros, y de los demas 
cuerpos celestes” (RAE A 1770).166 
En el siglo XVIII la Astronomía forma parte, junto con la Geografía, de la 
Cosmografía. Baste con consultar el Diccionario de Autoridades (1729), que 
define la Cosmografía como la “descripción del mundo”, esto es, el mundo como 
sinónimo de universo, recalcando una idea difundida en la época, según la cual 
“Distinguese [la Cosmografía] de la Geographia, como el todo de la parte: 
porque la Geographia solo describe la situacion de la tierra; y la Cosmographia 
explica todo lo elemental y esphéra celeste” (RAE A 1729). En resumen, en el 
siglo XVIII la Cosmografía es un ámbito muy amplio, que reúne en sí la 
Geografía y la Astronomía, como confirma también el examen de importantes 
tratados de la época, como Espejo Geographico (1690) de Pedro Hurtado de 
Mendoza.167 
 
166 Dicha descripción no cambia de manera sustancial hasta RAE U 1884, cuando la voz pasa a 
tener la descripción todavía vigente: “Ciencia que trata de cuanto se refiere á los astros, y 
principalmente a las leyes de sus movimientos”. Como es sabido, entre 1869 y 1899 –y, en 
particular, precisamente en la edición de 1884– la Real Academia registra por primera vez 
cuantiosas voces científicas, además de precisar el significado de otras ya incluidas 
anteriormente. 
167 Al periclitar el siglo XIX en la lexicografía académica se asiste a un cambio jerárquico entre 
las voces Cosmografía y Astronomía, cambio que refleja una mutación de las acepciones dadas 
a estos términos en la literatura científica decimonónica. De hecho, en RAE U 1899 
Cosmografía se registra con una descripción nueva, todavía vigente: “Descripción astronómica 
del mundo, o astronomía descriptiva”. De dicha definición se infiere que el concepto de 
Cosmografía se restringe: ahora dicha voz pasa a indicar una rama concreta de la Astronomía, 
 
 
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En su Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes, Esteban de 
Terreros y Pando subraya de manera tajante –mucho más que los primeros 
vocabularios académicos– la incompatibilidad entre la Astronomía y la 
Astrología, obviamente a detrimento de la segunda. Este jesuita plantea 
decididamente una distinción entre las dos voces en cuestión: describe Astrolojia 
con una definición casi idéntica a la del Diccionario de Autoridades, pero 
añadiendo que se trata de una ciencia no solo “conjetural”, sino también “falaz”, 
enfatizando así su falta de cientificidad. Terreros también registra en su 
diccionario el sustantivo judiciario, que es “lo mismo que Astrologo”.168 Además, 
para Terreros la Astrología tampoco sirve en el campo meteorológico, poniendo 
así en tela de juicio incluso la Astrología natural: 
Los efectos naturales de lluvias, tempestades, &c. juzgan 
algunos que se pueden predecir por medio de esta arte; pero 
á la verdad no se encuentra mas proporcion en la 
cuadratura de un Planeta, que en la oposicion para efecto 
alguno; y pienso que es una ciencia, aun acerca de estos 
efectos naturales, del todo vana. (1767 [1786]) 
Por el contrario, según Terreros, 
La Astronomia es una ciencia alta, y sublime, y el mayor 
esfuerzo natural que puede hacer el entendimiento humano: 
debese, pues, distinguir sumamente de la Astrolojia, y mas 
de la Judiciaria, y de prediciones vanas, y conjeturales. En la 
antiguedad se tomaba por lo mismo Astrolojia que 
Astronomia, y Astronomo que Astrologo; pero hoi se 
distinguen sumamente, como se vé en las definiciones (1767 
[1786]). 
El ahínco de Terreros en subrayar la escisión entre los respectivos 
campos de la Astronomía y la Astrología sugiere que dicha distinción todavía no 
estaba lo suficientemente marcada en 1767, año en que este autor termina su 
 
mientras que anteriormente, como acabamos de ver, era esta última la que formaba parte de 
la Cosmografía. 
168 También Feijoo emplea el término con el mismo significado (1989:136, 148). Por lo que a la 
Academia se refiere, la voz judiciario se registra a partir de Autoridades, sea como adjetivo, 
sea como sustantivo: “adj. que se aplica à los que exercitan el arte de adivinar por los Astros, 
de que se jactan vanamente los Astrólogos, que tambien se dice Astrologia Judiciaria” y 
“Usado solo como substantivo, significa el Astrologo que se jacta del Arte de adivinar por los 
Astros” (RAE A 1734). Además, desde comienzos del siglo XIX hasta la actualidad, la 
Academia precisa que judiciaria también es sustantivo femenino: “Lo mismo que ASTROLOGÍA 
JUDICIARIA” (RAE U 1803, mayúsculas en el texto). 
 
 
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obra antes de su expulsión por jesuita. De hecho, se encuentran pruebas de ello 
en varios textos del siglo XVIII, en que la Astrología se relaciona con la 
Astronomía y con las demás ciencias matemáticas. 
Por ejemplo, fray Gaspar de San Agustín en su Conquistas de las Islas 
Filipinas (1698) relata que, para determinar si las Malucas pertenecían al reino 
de Castilla o al de Portugal, 
con intervenciones del Sumo Pontífice y de otros cristianos 
príncipes, se convinieron a la demostración matemática de 
hombres doctos en la Astrología y Cosmografía que para 
ello se juntaron entre Badajoz y Yelves en 15 de abril de 
1524; y fueron Pedro Ruiz de Villegas, Sebastián Caboto, 
Juan Vespuchi, Fray Tomás Durán, Don Hernando Colón, 
Nuño García y Juan Sebastián del Cano; los cuales vieron y 
declararon pertenecer a la demarcación de Castilla las 
Malucas (54, cursiva nuestra). 
Ya bien entrado el siglo XVIII, Francisco Máximo de Moya Torres y 
Velasco, en su obra Manifiesto universalde los males envejecidos que España 
padece (1730), deja constancia de que para él la Astrología forma parte de las 
artes liberales y la cita en lugar de la Astronomía como componente del 
cuadrivio: “los Artes liberales los usaban los libres, de lo qual nace el nombre 
liberales, que los reducen à la Gramatica, Rethorica, Logica, Arithmetica, 
Musica, Geometria, y Astrologia: Lingua, tropus, ratio, numerus, tonus, angulos, 
astra” (Moya Torres y Velasco 1992:233). 
Aún más tardío es el caso del jesuita chileno Diego Alquízar (¿1733-35?-
1812), quien en su tratado Elementos cosmológicos (¿1791-1793?) intenta 
resumir con propósitos didácticos los componentes, fenómenos y leyes del 
cosmos. Según este autor, la Astrología es una disciplina científica, una materia 
en la cual los sabios deben estar versados, hasta el punto de que “En la 
Alemania, Francia, è Inglaterra yà se reputa por persona medio barbara aquella 
que en la conversacion no contesta al discurso tocandose algun punto de 
Astrologia” (s.a.:1). 
Es evidente que, en general, los autores no se refieren en absoluto a la 
Astrología Judiciaria, sino que, en cambio, su empleo de la voz Astrología remite 
al significado etimológico del término: “estudio de los astros”. Sin embargo, 
llama la atención que, en ocasiones, se vinculen disciplinas científicas no solo 
con la Astronomía sino también con los “Pronósticos”, esto es, con las 
 
 
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predicciones, que sí pertenecían al campo de la adivinación. Es el caso de 
Manuel Lanz de Casafonda, quien, reflexionando sobre el estado de la cultura 
en el reinado de Fernando VI, 169 entre los estudios mayores, pone los de 
“Matemática, donde un Maestro leerá por la mañana la Esfera, Astrología, 
Astronomía, Astrolabio, Perspectiva y Pronósticos” (1972:62, cursiva nuestra). 
Significativas son también las palabras de Diego de Torres Villarroel en 
Anatomía de todo lo visible e invisible (1738-1752), que recalcan una vez más la 
conexión entre Astronomía y Astrología: “Volvamos, pues, al Zodiaco á exâminar 
los movimientos y condiciones de los Planetas y de los Signos, y quedarán 
instruidos Vmds. con estas últimas noticias de todo lo que se llama Astronomía 
y Astrología” (1794:227). No es una casualidad que Torres Villarroel (1694-
1770), que fue profesor sustituto de la Cátedra de Astrología y Matemáticas de 
la Universidad de Salamanca, sea la figura del setecientos español más 
asociada con la práctica astrológica y uno de los protagonistas de una polémica 
encarnizada acerca de esta disciplina. De hecho, don Diego es el autor de una 
célebre serie de almanaques, titulada Gran Piscator de Salamanca, que fue un 
éxito editorial enorme, como atestiguan las varias imitaciones y plagios. En el 
número de 1724 de dicha serie, Torres Villarroel profetizó la muerte del joven 
rey Luis I, quien murió de verdad durante el verano de aquel año, 
contribuyendo así a la fama de astrólogo del profesor salmantino. En realidad, 
en ocasiones Torres da constancia en sus escritos de tener una visión 
distanciadora e irónica con respecto a la práctica astrológica. 
A lo largo del siglo XVIII la Astrología sigue teniendo cabida dentro de 
compendios científicos, incluso de autores que se suelen adscribir a la ideología 
ilustrada y al grupo de los novatores. Un caso llamativo es el de Tomás Vicente 
Tosca, quien, a pesar de poner en tela de juicio los fundamentos de la Astrología 
judiciaria, no omite tratar los principios de dicha práctica en su Compendio 
Mathematico: 
Las doze Casas celestes son casi todo el fundamento de la 
Astrologia Judiciaria; y de la variedad, e imperfeccion con 
que las establecieron en diferentes tiempos los Astrologos, 
consta bastantemente la vanidad de dicha ciencia, si 
merece tal nombre la que carece de principios ciertos. Todos 
concuerdan en dàr principio à las Casas en el Orizonte 
Oriental, siguiendo el orden de los signos; pero en todo lo 
 
169 De ahí el título de su obra: Diálogos de Chindulza: sobre el estado de la cultura española en 
el reinado de Fernando VI (1761). 
 
 
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demàs, vàn discordes: esto, no obstante, explicarè los cinco 
modos que ay de disponerlas. (Tosca 1757:I, 127) 
A este propósito, hay estudiosos que han recalcado la porosidad de 
algunos de los baluartes del pensamiento renovador respecto a prácticas y 
creencias supersticiosas y a la misma Astrología. El ejemplo del ya mencionado 
Tosca es significativo, puesto que este erudito es 
habitualmente incluido, gracias a los encendidos elogios de 
Mayans, en el grupo de los novatores [...]. El Compendio 
matemático de Tosca (1710-15, reimpreso varias veces hasta 
1784) incluye un tratado de astrología ampliamente 
receptivo y crédulo, en su asumido eclecticismo, respecto a 
las capacidades pronosticatorias de tal ciencia. (Pérez López 
2000:32) 
 
LLa polémica sobre la Astrología 
Desde la vertiente de la historia de las ideas –aspecto fundamental para 
analizar la historia de las palabras–, es significativa la polémica sobre la 
Astrología que estalla en 1726, cuando el médico Martín Martínez ataca a 
Torres Villarroel en Juicio Final de la Astrología y el catedrático salmantino le 
responde con Entierro del Juicio Final y Posdatas de Torres a Martínez. El 
objeto de la disputa es el estatus de la Astrología: “Torres no puede aceptar que 
Martínez niegue algo tan comprobable como la influencia de «los cielos» (sol, 
luna, cambio de las estaciones, clima...) sobre mares, tierras, animales y salud 
humana” (Pérez López 2000:47). En su negación del influjo de los astros, esto es, 
de la Astrología, Martínez llega incluso a negar el papel de la luna en el cambio 
de las mareas.170 
En el mismo año 1726 en la polémica intervino también Benito Jerónimo 
Feijoo, auctoritas máxima de su época, quien escribe el texto Astrología 
judiciaria y almanaques para su Theatro crítico. Como siempre, la intención de 
Feijoo es la de destruir un idolum, una falsa creencia, a través de 
razonamientos lógicos y el empleo de fuentes acreditadas: aquí el blanco es 
naturalmente la Astrología, de ahí que el benedictino traiga a colación la bula 
 
170 Informaciones detalladas acerca de la polémica sobre la Astrología se ofrecen en Pérez López 
2000. 
 
 
284 
 
 
del papa Sixto V de 1586, que condena la práctica judiciaria. 171 Feijoo no 
condena el estudio de los astros, sino solo la Astrología, esto es, las predicciones 
respecto a los sucesos venideros,172 aunque duda también de las capacidades de 
los astrólogos en cuanto a predicciones meteorológicas, puesto que “marineros y 
labradores [...] pronostican harto mejor que todos los astrólogos del mundo” 
(Feijoo 1989:147). Si el autor del Theatro crítico acomete a la Astrología es 
porque en la primera mitad del siglo XVIII la creencia en las prácticas 
astrológicas seguía vigente, aunque había perdido valor científico: “Antes de 
1700 la Astrología había perdido credibilidad intelectual en Occidente, pero 
seguía teniendo atractivo popular” (Oxford English Dictionary).173 
Feijoo reitera en más escritos sus críticas a la Astrología, llegando en 
ocasiones a sopesar el significado y alcance de dicha voz: 
Los nombres de todas las Artes Divinatorias, y aun de otras 
algunas que no lo son, están ociosos en los Diccionarios por 
falta de objetos. ¿Qué significa esta voz Astrología? Un Arte 
de pronosticar, ò conocer los sucessos futuros por la 
inspeccion de los Astros. Gran cosa sería tal Arte si la 
huviesse. Pero la lástima es, que solo existe en la fantasía 
de hombres ilusos. (Feijoo 1781:38, cursiva en el texto) 
 
 
 
 
171 En cambio, Torres Villarroel “escribía en la Carta a Barroso, que se lee al frente de sus 
Postdatas: «Dexese de escribir [Feijoo] contra Médicos y Astrólogos, que pues nos consiente la 
Iglesia no seremos el pecadonefando; y no quiera apostárselas a los Santos Concilios, que nos 
sufren y nos gastan...»” (citamos por Feijoo 1989:148, cursiva en el texto). El 5 de enero de 1586 
el pontífice Sixto V dictó una bula contra la astrología y la superstición. El Papa impuso a los 
obispos y a los miembros del poder inquisitorial de perseguir adivinos y astrólogos. La bula se 
insertaba dentro de un contexto de disposiciones y preceptos contra algunos juegos, las 
apuestas, la inmoralidad y el no respeto del descanso festivo. 
172 De hecho, según Feijoo, dicha práctica negaría el libre albedrío: si todo estuviera 
determinado de manera previa, las acciones de los seres humanos no dependerían de su 
libertad, de su elección entre lo bueno y lo malo. Todo estaría supeditado no tanto a acciones 
contingentes, sino necesarias, inevitables. Para demostrar la falacia de la Astrología, Feijoo 
ofrece también explicaciones menos doctrinales y más pragmáticas: “Es seguro que si algunos 
hombres, vendados los ojos un año entero, estuviesen sin cesar disparando flechas al viento 
matarían algunos pájaros. ¿Quién hay –decía Tulio– que flechando aun sin arte alguna todo 
el día no dé tal vez en el blanco? [...] Pues esto sucede a los astrólogos” (1989:129). 
173 “By 1700 astrology had lost intellectual credibility in the West, but continued to have 
popular appeal”. 
 
 
285 
 
 
CConclusión 
A pesar de los progresos en la transmisión del pensamiento científico, en 
la centuria ilustrada no todos los ámbitos de conocimiento están bien 
diferenciados, como hemos visto en el caso de las voces Astronomía y Astrología. 
De hecho, por un lado, en el siglo XVIII se difunde la escisión entre la 
Astronomía como rama del saber científico y la Astrología como ámbito de la 
predicción y la superstición, pero, por otro lado, sigue vigente cierta confusión 
entre los dos respectivos campos de competencia. Además, en la centuria 
ilustrada aún no ha desaparecido totalmente la vieja distinción entre la 
Astrología natural –que algunos autores del siglo XVIII siguen considerando 
lícita y digna de fe, mientras que otros la ponen también en tela de juicio– y la 
Astrología judiciaria, la cual, en cambio, se suele considerar –aunque con 
matices distintos– como un conjunto de creencias sin fundamento. Como se ha 
demostrado, dicha situación se puede apreciar sea en la lexicografía del siglo 
ilustrado, sea en otros escritos de la misma época. Además, algunos autores 
incluso siguen empleando la voz Astrología con su añejo valor de “estudio 
científico de los astros”, o sea, de Astronomía. 
Por último, cabe destacar que en el ámbito de las disciplinas científicas la 
falta de univocidad no se aprecia solo en las denominaciones de dichas materias 
y en los significados que a estas se atribuyen, sino también en la dificultad de 
clasificación y estructuración que a veces encuentran algunos tratadistas, como 
se desprende de las palabras que Manuel Díez dirige a Pedro Rodríguez 
Campomanes en una carta de 1773: 
Van ya en estos códices los principios de la Mecánica, 
Estálica [sic], Balística, o Tormentaria y Astronomía; los 
demás irán en su lugar. Pero en cuanto a la Astronomía, 
deseo que V. S. I. me diga si tiene oportuno lugar en la Física 
General; porque, aunque yo en esto he seguido a autores muy 
grandes, bien veo, se puede colocar en la Particular [...]. 
(Rodríguez de Campomanes 1983) 
En resumen, de ejemplos textuales como el referido –y como los demás 
que hemos citado a lo largo de este trabajo– se infiere que la confusión 
terminológica en los campos de los saberes científicos, vigente todavía en pleno 
siglo XVIII, es una señal de que los mismas disciplinas y su filiación presentan 
a veces límites borrosos, como hemos visto con la Astronomía y la Astrología. 
 
 
286 
 
 
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