Prévia do material em texto
273 Las voces Astronomía y Astrología en el siglo XVIII español Matteo De Beni, Università degli Studi di Verona [...] a distinción de los catedráticos de prima y vísperas, que tienen qué comer, y a excepción del catedrático jubilado de astrología, que es rico por sus extravagancias y trabajos, todos los demás doctores, licenciados, bachilleres y escolares viven sumidos en una estrechez muy lastimosa [...]. (Diego de Torres Villarroel, Vida, 1743-1758) Introducción El siglo XVIII es una etapa de adelantos de los saberes técnicos y científicos. Una de las áreas de conocimiento más interesantes del período es la Astronomía, esto es, según la definición ofrecida por la Real Academia en la época, “La ciencia que trata de la grandeza, medida, y movimiento de los astros, y de los demas cuerpos celestes” (RAE A 1770). 156 Para comprender la importancia de dicha disciplina, es suficiente traer a la memoria el paulatino afianzamiento del heliocentrismo en el siglo XVIII, a raíz de la aceptación –más o menos explícita, según los casos– de las teorías copernicanas y de la publicación de tratados de gran envergadura, como las Observaciones astronómicas (1748) de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, capitanes de fragata de la Real Armada. Dicha obra es el resultado de la participación de los autores en una importante expedición a Quito en 1734 –organizada por la Académie Royale 156 En las citas se mantienen la ortografía y la acentuación originales. Los diccionarios académicos desde Autoridades hasta el de 1992 se han consultado en el Nuevo Tesoro lexicográfico de la Lengua española (<http://buscon.rae.es/ntlle/SrvltGUILoginNtlle>); los citamos con la sigla RAE, acompañada por A (Autoridades), H (Histórico), M (Manual) y U (Usual) y por el año correspondiente. En cambio, la sigla RAE U 2001 se refiere a la 22.ª edición del diccionario académico (<http://rae.es/drae/>). 274 des Sciences de París–, gracias a la cual se pudo establecer que la forma de la Tierra no es perfectamente esférica y se consiguió medir el grado de achatamiento de nuestro planeta.157 El objetivo de este trabajo es el de analizar las voces Astronomía y Astrología, dos términos que –como veremos– en el siglo XVIII conviven en una relación compleja, entre lo simbiótico y lo antitético. Como sugieren cuantiosos ejemplos textuales ofrecidos por el inacabado Diccionario histórico de la lengua española (1933-1936), a lo largo de la Edad Media e incluso bien entrada la Edad Moderna, Astrología no se empleaba solo con el significado de actividad divinatoria y de predicción a través de los astros, sino también con el sentido de estudio de los movimientos de los cuerpos celestes, esto es, de Astronomía.158 Incluso existen contextos en que la voz Astronomía se refiere a prácticas astrológicas y a predicciones.159 La razón por la que los respectivos alcances y límites de las dos disciplinas no se delimitan claramente hasta fechas relativamente tardías se debe al hecho de que ambas voces se refieren en origen –como sugiere su etimología– a la ciencia de los cuerpos celestes. Como señala el Oxford English Dictionary, en griego antiguo ἀστρολογία y ἀστρονομία son sinónimos. Bajo la influencia de los egipcios y los caldeos, los griegos del período helénico empiezan 157 Jorge Juan (1713-1773) es una figura de primera fila de la Astronomía española del siglo XVIII. Es autor de otros tratados sobre la navegación y el estudio del cosmos (como Compendio de navegación, de 1757, y Estado de la astronomía en Europa, de 1774) y es, además, inspirador del Real Observatorio de Madrid y del de la Armada en Cádiz. 158 A propósito de esta relación de sinonimia, RAE H 1933 registra ejemplos de obras señeras entre las cuales los Libros del saber de astronomía alfonsíes (“La astrología fabla de los movimientos de los cielos et de las estrellas”) y la novela áurea La vida del escudero Marcos de Obregón (1618), de Vicente Espinel (“Que los que tratan de la verdadera astrología de movimientos, éstos son destos que saben las matemáticas con fundamento”), además de la versión española (1624-1629) de la Naturalis Historia de Plinio realizada por Gerónimo de Huerta (“Es, pues, astrología (como significa el nombre) ciencia de las estrellas; y llamóse assí porque de la contemplación dellas alcançaron los hombres el conocimiento de los cuerpos celestes”). Más ejemplos se ofrecen en el Corpus del Nuevo Diccionario Histórico (<http://www.frl.es/Paginas/Corpusdiccionariohistorico.aspx>); es de esperar que el aún incompleto Nuevo Diccionario Histórico de la Lengua Española (1960- ) arroje más luz sobre la historia de las dos voces en cuestión. 159 Da prueba de ello el Corpus del Nuevo Diccionario Histórico, que incluye ejemplos de varias épocas, desde la Edad Media (“[…] aquesta segunda part es dicta astronomia, que quiere dezir ley et regla de las strellas, o quier dezir sçiençia de los iudiçios”; Juan Fernández de Heredia, De secreto secretorum, 1376-1396) hasta la Edad Moderna (“[…] no puede ser obra de una tan rústica Astronomía dirigida sólo a pronósticos astrológicos”; Carlos Andrés, traducción del italiano de Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, de Juan Andrés, 1793). Fuera del ámbito hispánico, Rey 2006 señala que en el francés primitivo la voz Astronomía se emplea para denotar la predicción y los pronósticos. 275 a dedicarse a predicciones basadas en observaciones astronómicas y la voz ἀστρολογία se comienza a emplear con esta acepción. En latín astrologia se utiliza antes que astronomia y sobre todo para indicar la ciencia de los cuerpos celestes. El Oxford English Dictionary apunta también que el primer autor que intenta establecer una distinción semántica entre las dos voces es Isidoro de Sevilla en sus Etymologiae: define astronomia como la disciplina que estudia la posición y el movimiento de los astros, astrologia naturalis como el estudio de los fenómenos celestes y astrologia superstitiosa como la práctica de predecir el futuro a través de la observación de los cuerpos celestes. En el presente trabajo estudiamos tanto la trayectoria de las voces Astronomía y Astrología dentro de la lexicografía del siglo XVIII, como el estatus conceptual y semántico que ambos términos tienen en obras científicas y divulgativas del setecientos, para demostrar que en plena época ilustrada la Astronomía aún no se ha emancipado totalmente de la Astrología. Para realizar este propósito, emplearemos un corpus lexicográfico que incluye los vocabularios de la Real Academia desde Autoridades (1726-1739) hasta las primeras ediciones decimonónicas del DRAE y, además, el interesantísimo Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes (1786 [1767]) de Esteban de Terreros y Pando. 160 Asimismo, haremos alguna breve referencia a los datos proporcionados acerca de las voces en cuestión por importantes obras lexicográficas de los idiomas francés, italiano e inglés (con particular atención a los diccionarios históricos y a los de la Académie Française), lo cual permitirá ponderar el desarrollo de los términos en cuestión en la lengua española en relación con su evolución y alcance en otros contextos europeos. Nos parece provechoso, además, comprobar los resultados encontrados en los diccionarios con los significados que las voces Astronomía y Astrología tienen en obras científicas, divulgativas y también en otros géneros dentro del período señalado. Ha sido posible consultar algunos de estos textos a través de la base de datos CORDE, una herramienta que, a pesar de sus limitaciones y lagunas, resulta valiosa y útil. En nuestro trabajo tendremos en cuenta aspectos de la historia de la ciencia y del pensamiento del siglo XVIII español, abordando “el conocimiento de la evolucióndel léxico en relación con la historia social y la historia de las ideas” (Álvarez de Miranda 2005:1042), de acuerdo con las aportaciones de 160 Terreros concluyó su Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes antes de su expulsión (1767), pero la publicación de la edición completa se empezó, póstuma, tan solo en 1786; por ello, citamos esta obra con ambas fechas. 276 eminentes historiadores de la lengua española, en concreto Rafael Lapesa y Pedro Álvarez de Miranda, quienes han puesto en evidencia la estrecha vinculación que subyace entre palabras e ideas (cfr., entre otros, Lapesa 1966- 1967 y 1989; Álvarez de Miranda 1992). Si bien nos centraremos en el siglo XVIII, es provechoso no establecer límites temporales demasiado rígidos. En particular, el terminus a quo de nuestro trabajo, atendiendo a la periodización que se viene aplicando en los últimos estudios históricos, es el entorno cultural de las postrimerías del siglo XVII (1680), época del nacimiento de la corriente intelectual de los llamados novatores, que reaccionan contra el atraso de España en los ámbitos científicos: se trata, así pues, de una fase importante que introduce la ebullición de la época ilustrada dentro del campo de las ciencias. Asimismo, para perfilar la evolución de las voces Astrología y Astronomía se tendrán en cuenta también los diccionarios académicos decimonónicos, en particular los de las primeras décadas del siglo. Las razones de nuestro interés por la historia de las denominaciones de las disciplinas matemáticas en el setecientos son dos fundamentalmente. En primer lugar, la confusión que, como veremos, todavía existe en este período entre las designaciones de las ramas del saber científico e incluso entre los mismos ámbitos de competencia que dichos nombres indican. En segundo lugar, el hecho de que, aunque el XVIII es una época de desarrollo técnico-científico, dicho siglo revela también una faceta más “misteriosa”, acientífica, supersticiosa, como se verá en particular a través del examen de la voz Astrología.161 De hecho, como evidencia López Santos, la preocupación por las brujas y toda la parafernalia de elementos supersticiosos, así como la creencia extendida en la intervención de los espíritus sobrenaturales en la vida cotidiana del siglo XVIII, lejos de ser entendida como un fenómeno aislado, era común y propia a la época de referencia y se sustentaba en una serie de publicaciones que, al margen de lo estipulado y recomendable, ahondaban en aspectos tales como la magia, lo sobrenatural, las artes adivinatorias, la alquimia que habían recogido a su vez del bagaje popular [...]. Desde las altas esferas del iluminismo, 161 Véase Carnero 1983, una monografía que pone en evidencia la existencia, al lado de la “cara racional” del siglo XVIII, de una “cara oscura”, esto es, emocional e irracional, de la que forman parte elementos como el erotismo de la poesía rococó, la recuperación de lo medieval, la incidencia de lo macabro y la difusión de la novela gótica. 277 ante la envergadura que tomaba la situación, se comenzó una cruzada antisupersticiosa [...]. (López Santos 2010:19-20) AAstronomía y Astrología En la lexicografía académica desde el Diccionario de Autoridades (1726- 1739) hasta el vocabulario académico de 1817, se considera que una de las partes de la Astrología, la natural, es “la que solo se empléa en el conocimiento de las influéncias celestes por observaciones de cosas naturales” (RAE A 1729), mientras que la otra parte, la Astrología judicial, se relaciona con la adivinación.162 Esta segunda rama de la Astrología se critica y se considera “ilícita, vana y supersticiosa” (RAE A 1729). Es llamativo que en diccionarios académicos posteriores –ya a partir de la segunda edición (parcial) de Autoridades (1770)– se considere la Astrología como una ciencia163: Ciencia congetural, que enseña á juzgar de los efectos, é influencias de los astros, y á pronosticar los sucesos por la situacion de los planetas, y sus diferentes aspectos. Quando trata de efectos naturales, como lo son las lluvias, vientos, tempestades &c. se llama astrología natural (RAE A 1770). Es solo bien entrado el siglo siguiente, y concretamente a partir de RAE U 1822, cuando la Academia quita la referencia a la Astrología natural y la voz Astrología pasa a indicar tout court la Judiciaria, que es, se dice en el mismo diccionario, una “vana ciencia” 164 que “en otros tiempos se creyó que servia 162 El compuesto Astrología judiciaria se difunde también en otras lenguas europeas: el Oxford English Dictionary registra judicial astrology y señala además el equivalente francés astrologie judiciaire con fecha de 1533. En cambio, Rey 2006 apunta la presencia del compuesto astrologie judiciaire en 1549, en los ataques de Calvino contra esta actividad. Por lo que concierne al italiano, Battaglia 1961 señala cierta variedad en la formación del compuesto: astrologia giudiziaria, astrologia giudicatoria y astrologia giudicativa. Además, en algunos casos, se hace hincapié en la necesidad de emplear el término judiciario para que el vulgo no se desoriente: “Como el pueblo a veces confunde la Astronomía con la Astrología, estas se distinguen dándole a la Astrología el epíteto de Judiciaria” (Académie Française 1762. “Comme le public confond quelquefois l'Astronomie avec l'Astrologie, on les distingue en donnant à l'Astrologie l'épithéte de Judiciaire”). 163 En los primeros diccionarios académicos, ciencia se define como “conocimiento cierto de algúna cosa por sus cáusas, y principios” (RAE A 1729) y “sabiduría de las cosas humanas por principios ciertos” (RAE U 1780). 164 Dicha definición se mantiene hasta RAE U 1869. Señalamos de paso que, a lo largo de la época ilustrada, la Académie Française describe la voz astrologie con expresiones similares a las empleadas por la Real Academia: “Art conjectural” (1694), “Art chimérique” y “science vaine” 278 tambien para pronosticar los sucesos por la situacion y aspecto de los planetas”.165 En cambio, en fechas anteriores la relación entre la meteorología y la Astrología natural tiene cuantiosas atestiguaciones, no solo en la lexicografía, sino también en la tratadística. Un ejemplo son las palabras del autor novohispano Carlos de Sigüenza y Góngora: La razon de ello es, porque las observaciones todas de los antiguos [...] fueron hechas en la Zona templada boreal, donde [...] la repetida experiencia quizas los hizo poseedores de algunas pocas verdades (hablo de la Meteorologia y Astrologia racional, no de la Judiciaria, por cuyo medio pronostican guerras &c., los Cometologos) las quales, por individuas de aquel clima, de ninguna manera son adaptables, no solo à la Zona tórrida que habitamos, pero ni aun à la templada austral [...]. (1690:168) No es una casualidad que la desaparición de Astrología natural del diccionario académico sea casi contemporánea a la incorporación de la voz meteorología, la cual –aunque existía desde hacía siglos en la lengua española– aparece por primera vez tan solo en la edición de 1803. De hecho, a medida que el estudio de la atmósfera y los meteoros se va afianzando como auténtica disciplina científica y como rama independiente de estudio, se abandona la denominación de Astrología para referirse a la predicción del tiempo atmosférico. Antes de la fecha señalada, la Academia recoge solamente, desde Autoridades en adelante, el adjetivo meteorológico y el sustantivo meteoro (o metéoro, “que se engendra en el ayre; como son las lluvias, nieves, granizo, exhalaciones y otras cosas que aparecen en él”, RAE U 1791). De ahí la importancia, como hemos señalado al comienzo de este trabajo, de tener en cuenta el vínculo que relacionaestrechamente las palabras y las ideas, así como (1762). Todo ello, naturalmente, con el propósito de marcar la diferencia entre los respectivos ámbitos de la Astronomía y la Astrología. Más tarde, Féraud describe Astrología y Astronomía en su diccionario atendiendo al mismo criterio: “Ambas tienen que ver con los Astros; pero la 1a no es más que un arte quimérico y gracias a sus normas se cree poder predecir el futuro a través de la observación de los Astros. — La 2a es una verdadera ciencia, basada en principios ciertos y en observaciones verdaderas o probables” (1787-1788. “Tous deux ont raport aux Astres; mais le 1er n'exprime qu'un art chimérique, sur les règles duquel on croyait pouvoir prédire l'avenir par l'inspection des Astres. — Le 2d est une vraie science, fondée sur des principes sûrs, et des observations ou vraies ou probables”). 165 Esta información perdura en los diccionarios académicos hasta fechas recientes (RAE M 1989). Actualmente se define de la manera siguiente: “Estudio de la posición y del movimiento de los astros, a través de cuya interpretación y observación se pretende conocer y predecir el destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres” (RAE U 2001). 279 los avances técnico-científicos de la época estudiada; de hecho, no solo nacen palabras nuevas relacionadas a conceptos nuevos, sino también va menguando el empleo de términos vinculados a ideas o prácticas obsoletas, como es el caso de la Astrología natural. Por lo que se refiere a Astronomía, se registra en el primer diccionario académico con esta definición: La ciencia que trata del movimiento de los Cielos y Astros, prediciéndolos en lo futúro, en que procéde por cálculos arithméticos y trigonométricos, fundados en las repetidas observaciones de los Phenómenos, ò apariéncias que sucéden siempre (RAE A 1726). Sin embargo, ya a partir de la segunda edición de Autoridades, la Academia modifica la entrada, definiendo Astronomía como “La ciencia que trata de la grandeza, medida, y movimiento de los astros, y de los demas cuerpos celestes” (RAE A 1770).166 En el siglo XVIII la Astronomía forma parte, junto con la Geografía, de la Cosmografía. Baste con consultar el Diccionario de Autoridades (1729), que define la Cosmografía como la “descripción del mundo”, esto es, el mundo como sinónimo de universo, recalcando una idea difundida en la época, según la cual “Distinguese [la Cosmografía] de la Geographia, como el todo de la parte: porque la Geographia solo describe la situacion de la tierra; y la Cosmographia explica todo lo elemental y esphéra celeste” (RAE A 1729). En resumen, en el siglo XVIII la Cosmografía es un ámbito muy amplio, que reúne en sí la Geografía y la Astronomía, como confirma también el examen de importantes tratados de la época, como Espejo Geographico (1690) de Pedro Hurtado de Mendoza.167 166 Dicha descripción no cambia de manera sustancial hasta RAE U 1884, cuando la voz pasa a tener la descripción todavía vigente: “Ciencia que trata de cuanto se refiere á los astros, y principalmente a las leyes de sus movimientos”. Como es sabido, entre 1869 y 1899 –y, en particular, precisamente en la edición de 1884– la Real Academia registra por primera vez cuantiosas voces científicas, además de precisar el significado de otras ya incluidas anteriormente. 167 Al periclitar el siglo XIX en la lexicografía académica se asiste a un cambio jerárquico entre las voces Cosmografía y Astronomía, cambio que refleja una mutación de las acepciones dadas a estos términos en la literatura científica decimonónica. De hecho, en RAE U 1899 Cosmografía se registra con una descripción nueva, todavía vigente: “Descripción astronómica del mundo, o astronomía descriptiva”. De dicha definición se infiere que el concepto de Cosmografía se restringe: ahora dicha voz pasa a indicar una rama concreta de la Astronomía, 280 En su Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes, Esteban de Terreros y Pando subraya de manera tajante –mucho más que los primeros vocabularios académicos– la incompatibilidad entre la Astronomía y la Astrología, obviamente a detrimento de la segunda. Este jesuita plantea decididamente una distinción entre las dos voces en cuestión: describe Astrolojia con una definición casi idéntica a la del Diccionario de Autoridades, pero añadiendo que se trata de una ciencia no solo “conjetural”, sino también “falaz”, enfatizando así su falta de cientificidad. Terreros también registra en su diccionario el sustantivo judiciario, que es “lo mismo que Astrologo”.168 Además, para Terreros la Astrología tampoco sirve en el campo meteorológico, poniendo así en tela de juicio incluso la Astrología natural: Los efectos naturales de lluvias, tempestades, &c. juzgan algunos que se pueden predecir por medio de esta arte; pero á la verdad no se encuentra mas proporcion en la cuadratura de un Planeta, que en la oposicion para efecto alguno; y pienso que es una ciencia, aun acerca de estos efectos naturales, del todo vana. (1767 [1786]) Por el contrario, según Terreros, La Astronomia es una ciencia alta, y sublime, y el mayor esfuerzo natural que puede hacer el entendimiento humano: debese, pues, distinguir sumamente de la Astrolojia, y mas de la Judiciaria, y de prediciones vanas, y conjeturales. En la antiguedad se tomaba por lo mismo Astrolojia que Astronomia, y Astronomo que Astrologo; pero hoi se distinguen sumamente, como se vé en las definiciones (1767 [1786]). El ahínco de Terreros en subrayar la escisión entre los respectivos campos de la Astronomía y la Astrología sugiere que dicha distinción todavía no estaba lo suficientemente marcada en 1767, año en que este autor termina su mientras que anteriormente, como acabamos de ver, era esta última la que formaba parte de la Cosmografía. 168 También Feijoo emplea el término con el mismo significado (1989:136, 148). Por lo que a la Academia se refiere, la voz judiciario se registra a partir de Autoridades, sea como adjetivo, sea como sustantivo: “adj. que se aplica à los que exercitan el arte de adivinar por los Astros, de que se jactan vanamente los Astrólogos, que tambien se dice Astrologia Judiciaria” y “Usado solo como substantivo, significa el Astrologo que se jacta del Arte de adivinar por los Astros” (RAE A 1734). Además, desde comienzos del siglo XIX hasta la actualidad, la Academia precisa que judiciaria también es sustantivo femenino: “Lo mismo que ASTROLOGÍA JUDICIARIA” (RAE U 1803, mayúsculas en el texto). 281 obra antes de su expulsión por jesuita. De hecho, se encuentran pruebas de ello en varios textos del siglo XVIII, en que la Astrología se relaciona con la Astronomía y con las demás ciencias matemáticas. Por ejemplo, fray Gaspar de San Agustín en su Conquistas de las Islas Filipinas (1698) relata que, para determinar si las Malucas pertenecían al reino de Castilla o al de Portugal, con intervenciones del Sumo Pontífice y de otros cristianos príncipes, se convinieron a la demostración matemática de hombres doctos en la Astrología y Cosmografía que para ello se juntaron entre Badajoz y Yelves en 15 de abril de 1524; y fueron Pedro Ruiz de Villegas, Sebastián Caboto, Juan Vespuchi, Fray Tomás Durán, Don Hernando Colón, Nuño García y Juan Sebastián del Cano; los cuales vieron y declararon pertenecer a la demarcación de Castilla las Malucas (54, cursiva nuestra). Ya bien entrado el siglo XVIII, Francisco Máximo de Moya Torres y Velasco, en su obra Manifiesto universalde los males envejecidos que España padece (1730), deja constancia de que para él la Astrología forma parte de las artes liberales y la cita en lugar de la Astronomía como componente del cuadrivio: “los Artes liberales los usaban los libres, de lo qual nace el nombre liberales, que los reducen à la Gramatica, Rethorica, Logica, Arithmetica, Musica, Geometria, y Astrologia: Lingua, tropus, ratio, numerus, tonus, angulos, astra” (Moya Torres y Velasco 1992:233). Aún más tardío es el caso del jesuita chileno Diego Alquízar (¿1733-35?- 1812), quien en su tratado Elementos cosmológicos (¿1791-1793?) intenta resumir con propósitos didácticos los componentes, fenómenos y leyes del cosmos. Según este autor, la Astrología es una disciplina científica, una materia en la cual los sabios deben estar versados, hasta el punto de que “En la Alemania, Francia, è Inglaterra yà se reputa por persona medio barbara aquella que en la conversacion no contesta al discurso tocandose algun punto de Astrologia” (s.a.:1). Es evidente que, en general, los autores no se refieren en absoluto a la Astrología Judiciaria, sino que, en cambio, su empleo de la voz Astrología remite al significado etimológico del término: “estudio de los astros”. Sin embargo, llama la atención que, en ocasiones, se vinculen disciplinas científicas no solo con la Astronomía sino también con los “Pronósticos”, esto es, con las 282 predicciones, que sí pertenecían al campo de la adivinación. Es el caso de Manuel Lanz de Casafonda, quien, reflexionando sobre el estado de la cultura en el reinado de Fernando VI, 169 entre los estudios mayores, pone los de “Matemática, donde un Maestro leerá por la mañana la Esfera, Astrología, Astronomía, Astrolabio, Perspectiva y Pronósticos” (1972:62, cursiva nuestra). Significativas son también las palabras de Diego de Torres Villarroel en Anatomía de todo lo visible e invisible (1738-1752), que recalcan una vez más la conexión entre Astronomía y Astrología: “Volvamos, pues, al Zodiaco á exâminar los movimientos y condiciones de los Planetas y de los Signos, y quedarán instruidos Vmds. con estas últimas noticias de todo lo que se llama Astronomía y Astrología” (1794:227). No es una casualidad que Torres Villarroel (1694- 1770), que fue profesor sustituto de la Cátedra de Astrología y Matemáticas de la Universidad de Salamanca, sea la figura del setecientos español más asociada con la práctica astrológica y uno de los protagonistas de una polémica encarnizada acerca de esta disciplina. De hecho, don Diego es el autor de una célebre serie de almanaques, titulada Gran Piscator de Salamanca, que fue un éxito editorial enorme, como atestiguan las varias imitaciones y plagios. En el número de 1724 de dicha serie, Torres Villarroel profetizó la muerte del joven rey Luis I, quien murió de verdad durante el verano de aquel año, contribuyendo así a la fama de astrólogo del profesor salmantino. En realidad, en ocasiones Torres da constancia en sus escritos de tener una visión distanciadora e irónica con respecto a la práctica astrológica. A lo largo del siglo XVIII la Astrología sigue teniendo cabida dentro de compendios científicos, incluso de autores que se suelen adscribir a la ideología ilustrada y al grupo de los novatores. Un caso llamativo es el de Tomás Vicente Tosca, quien, a pesar de poner en tela de juicio los fundamentos de la Astrología judiciaria, no omite tratar los principios de dicha práctica en su Compendio Mathematico: Las doze Casas celestes son casi todo el fundamento de la Astrologia Judiciaria; y de la variedad, e imperfeccion con que las establecieron en diferentes tiempos los Astrologos, consta bastantemente la vanidad de dicha ciencia, si merece tal nombre la que carece de principios ciertos. Todos concuerdan en dàr principio à las Casas en el Orizonte Oriental, siguiendo el orden de los signos; pero en todo lo 169 De ahí el título de su obra: Diálogos de Chindulza: sobre el estado de la cultura española en el reinado de Fernando VI (1761). 283 demàs, vàn discordes: esto, no obstante, explicarè los cinco modos que ay de disponerlas. (Tosca 1757:I, 127) A este propósito, hay estudiosos que han recalcado la porosidad de algunos de los baluartes del pensamiento renovador respecto a prácticas y creencias supersticiosas y a la misma Astrología. El ejemplo del ya mencionado Tosca es significativo, puesto que este erudito es habitualmente incluido, gracias a los encendidos elogios de Mayans, en el grupo de los novatores [...]. El Compendio matemático de Tosca (1710-15, reimpreso varias veces hasta 1784) incluye un tratado de astrología ampliamente receptivo y crédulo, en su asumido eclecticismo, respecto a las capacidades pronosticatorias de tal ciencia. (Pérez López 2000:32) LLa polémica sobre la Astrología Desde la vertiente de la historia de las ideas –aspecto fundamental para analizar la historia de las palabras–, es significativa la polémica sobre la Astrología que estalla en 1726, cuando el médico Martín Martínez ataca a Torres Villarroel en Juicio Final de la Astrología y el catedrático salmantino le responde con Entierro del Juicio Final y Posdatas de Torres a Martínez. El objeto de la disputa es el estatus de la Astrología: “Torres no puede aceptar que Martínez niegue algo tan comprobable como la influencia de «los cielos» (sol, luna, cambio de las estaciones, clima...) sobre mares, tierras, animales y salud humana” (Pérez López 2000:47). En su negación del influjo de los astros, esto es, de la Astrología, Martínez llega incluso a negar el papel de la luna en el cambio de las mareas.170 En el mismo año 1726 en la polémica intervino también Benito Jerónimo Feijoo, auctoritas máxima de su época, quien escribe el texto Astrología judiciaria y almanaques para su Theatro crítico. Como siempre, la intención de Feijoo es la de destruir un idolum, una falsa creencia, a través de razonamientos lógicos y el empleo de fuentes acreditadas: aquí el blanco es naturalmente la Astrología, de ahí que el benedictino traiga a colación la bula 170 Informaciones detalladas acerca de la polémica sobre la Astrología se ofrecen en Pérez López 2000. 284 del papa Sixto V de 1586, que condena la práctica judiciaria. 171 Feijoo no condena el estudio de los astros, sino solo la Astrología, esto es, las predicciones respecto a los sucesos venideros,172 aunque duda también de las capacidades de los astrólogos en cuanto a predicciones meteorológicas, puesto que “marineros y labradores [...] pronostican harto mejor que todos los astrólogos del mundo” (Feijoo 1989:147). Si el autor del Theatro crítico acomete a la Astrología es porque en la primera mitad del siglo XVIII la creencia en las prácticas astrológicas seguía vigente, aunque había perdido valor científico: “Antes de 1700 la Astrología había perdido credibilidad intelectual en Occidente, pero seguía teniendo atractivo popular” (Oxford English Dictionary).173 Feijoo reitera en más escritos sus críticas a la Astrología, llegando en ocasiones a sopesar el significado y alcance de dicha voz: Los nombres de todas las Artes Divinatorias, y aun de otras algunas que no lo son, están ociosos en los Diccionarios por falta de objetos. ¿Qué significa esta voz Astrología? Un Arte de pronosticar, ò conocer los sucessos futuros por la inspeccion de los Astros. Gran cosa sería tal Arte si la huviesse. Pero la lástima es, que solo existe en la fantasía de hombres ilusos. (Feijoo 1781:38, cursiva en el texto) 171 En cambio, Torres Villarroel “escribía en la Carta a Barroso, que se lee al frente de sus Postdatas: «Dexese de escribir [Feijoo] contra Médicos y Astrólogos, que pues nos consiente la Iglesia no seremos el pecadonefando; y no quiera apostárselas a los Santos Concilios, que nos sufren y nos gastan...»” (citamos por Feijoo 1989:148, cursiva en el texto). El 5 de enero de 1586 el pontífice Sixto V dictó una bula contra la astrología y la superstición. El Papa impuso a los obispos y a los miembros del poder inquisitorial de perseguir adivinos y astrólogos. La bula se insertaba dentro de un contexto de disposiciones y preceptos contra algunos juegos, las apuestas, la inmoralidad y el no respeto del descanso festivo. 172 De hecho, según Feijoo, dicha práctica negaría el libre albedrío: si todo estuviera determinado de manera previa, las acciones de los seres humanos no dependerían de su libertad, de su elección entre lo bueno y lo malo. Todo estaría supeditado no tanto a acciones contingentes, sino necesarias, inevitables. Para demostrar la falacia de la Astrología, Feijoo ofrece también explicaciones menos doctrinales y más pragmáticas: “Es seguro que si algunos hombres, vendados los ojos un año entero, estuviesen sin cesar disparando flechas al viento matarían algunos pájaros. ¿Quién hay –decía Tulio– que flechando aun sin arte alguna todo el día no dé tal vez en el blanco? [...] Pues esto sucede a los astrólogos” (1989:129). 173 “By 1700 astrology had lost intellectual credibility in the West, but continued to have popular appeal”. 285 CConclusión A pesar de los progresos en la transmisión del pensamiento científico, en la centuria ilustrada no todos los ámbitos de conocimiento están bien diferenciados, como hemos visto en el caso de las voces Astronomía y Astrología. De hecho, por un lado, en el siglo XVIII se difunde la escisión entre la Astronomía como rama del saber científico y la Astrología como ámbito de la predicción y la superstición, pero, por otro lado, sigue vigente cierta confusión entre los dos respectivos campos de competencia. Además, en la centuria ilustrada aún no ha desaparecido totalmente la vieja distinción entre la Astrología natural –que algunos autores del siglo XVIII siguen considerando lícita y digna de fe, mientras que otros la ponen también en tela de juicio– y la Astrología judiciaria, la cual, en cambio, se suele considerar –aunque con matices distintos– como un conjunto de creencias sin fundamento. Como se ha demostrado, dicha situación se puede apreciar sea en la lexicografía del siglo ilustrado, sea en otros escritos de la misma época. Además, algunos autores incluso siguen empleando la voz Astrología con su añejo valor de “estudio científico de los astros”, o sea, de Astronomía. Por último, cabe destacar que en el ámbito de las disciplinas científicas la falta de univocidad no se aprecia solo en las denominaciones de dichas materias y en los significados que a estas se atribuyen, sino también en la dificultad de clasificación y estructuración que a veces encuentran algunos tratadistas, como se desprende de las palabras que Manuel Díez dirige a Pedro Rodríguez Campomanes en una carta de 1773: Van ya en estos códices los principios de la Mecánica, Estálica [sic], Balística, o Tormentaria y Astronomía; los demás irán en su lugar. Pero en cuanto a la Astronomía, deseo que V. S. I. me diga si tiene oportuno lugar en la Física General; porque, aunque yo en esto he seguido a autores muy grandes, bien veo, se puede colocar en la Particular [...]. (Rodríguez de Campomanes 1983) En resumen, de ejemplos textuales como el referido –y como los demás que hemos citado a lo largo de este trabajo– se infiere que la confusión terminológica en los campos de los saberes científicos, vigente todavía en pleno siglo XVIII, es una señal de que los mismas disciplinas y su filiación presentan a veces límites borrosos, como hemos visto con la Astronomía y la Astrología. 286 RReferencias Bibliografía crítica y tratados Alquízar Herrera, D., s.a. Elementos cosmológicos distribuidos en ochenta lecciones para mejor instrucción y enseñanza de la estudiosa y noble juventud. Obra del Abate Don Diego Alquizar. Manuscrito del Archivo Histórico Nacional de Madrid, legajo 3234. Álvarez de Miranda, P., 1992. Palabras e ideas: el léxico de la Ilustración temprana en España. BRAE (Anejo LI), Madrid. Álvarez de Miranda, P., 2005. El léxico español, desde el siglo XVIII hasta hoy. En: Cano, R. (Coord.), Historia de la lengua española. Ariel, Barcelona, pp. 1037-1064. Carnero, G., 1983. La cara oscura del Siglo de las Luces. Madrid, Fundación Juan March / Cátedra. Feijoo, B. J., 1989. Astrología judiciaria y almanaques. En: Feijoo, B. J., Teatro crítico universal. Ed. de Á.-R. Fernández González. Cátedra, Madrid, pp. 122-149. Feijoo, B. J., 1781 [1733]. Theatro Critico Universal, ò Discursos varios en todo genero de materias, para desengaño de errores comunes, tomo V. Blas Román, Madrid. Juan, J., Ulloa, A. de, 1748. Observaciones astronomicas, y phisicas hechas de orden de S. Mag. en los reinos del Perù. Juan de Zuñiga, Madrid. Lanz de Casafonda, M., 1972 [1761]. Diálogos de Chindulza: sobre el estado de la cultura española en el reinado de Fernando VI. Ed. de F. Aguilar Piñal. Universidad de Oviedo, Oviedo. [Consulta en el CORDE: febrero de 2013]. Lapesa, R., 1966-1967. Ideas y palabras: del vocabulario de la Ilustración al de los primeros liberales. Asclepio. Archivo Iberoamericano de Historia de la Medicina XVIII-XIX [Homenaje a Pedro Laín Entralgo], pp. 189-218. Lapesa, R., 1989. Palabras y cosas. El vocabulario de la vida social y la indumentaria durante en Romanticismo. En: Estudios. Homenaje al Profesor Alfonso Sánchez Sáez, Universidad de Granada, Granada, pp. 397-412. 287 López Santos, M., 2010. La novela gótica en España (1788-1833). Academia del Hispanismo, Vigo. Moya Torres y Velasco, F. M. de, 1992 [1730]. Manifiesto universal de los males envejecidos que España padece. Ed. de A. Domínguez Ortiz. Instituto de Estudios Fiscales, Madrid. [Consulta en el CORDE: febrero de 2013]. Pérez López, M. M., 2000. Introducción. En: D. de Torres Villarroel, Correo del otro mundo. Sacudimiento de mentecatos. Ed. de M. M. Pérez López, Cátedra, Madrid. Rodríguez de Campomanes, P. 1983. Epistolario. Ed. de M. Avilés Fernández y J. Cejudo López. Fundación Universitaria Española, Madrid. [Consulta en el CORDE: febrero de 2013]. San Agustín, G. de, 1975 [1698]. Conquistas de las Islas Filipinas. Ed. de M. Merino, CSIC, Madrid. [Consulta en el CORDE: febrero de 2013]. Sigüenza y Góngora, C. de, 1690. Libra astronomica y philosophica. Herederos de la viuda de Bernardo Calderón, México. Torres Villarroel, D. de, 1794 [1738-1752]. Anatomía de todo lo visible e invisible. Imprenta de la viuda de Ibarra, Madrid. [Consulta en el CORDE: febrero de 2013]. Tosca, T. V., 1757. Compendio Mathematico. 3.ª Impresión. Joseph García, Valencia. Diccionarios Académie Française, 1694. Dictionnaire de l'Académie Française [1.ª ed.], <http://artfl-project.uchicago.edu/node/17/> [consulta: febrero de 2013]. Académie Française, 1762. Dictionnaire de l'Académie Française [4.ª ed.], <http://artfl-project.uchicago.edu/node/17/> [consulta: febrero de 2013]. Battaglia, S., 1961-. Grande dizionario della lingua italiana. UTET, Torino. Féraud, J.-F., 1787-1788. Dictionaire critique de la langue française, <http://artfl-project.uchicago.edu/node/17/> [consulta: febrero de 2013]. 288 Oxford English Dictionary, <http://www.oed.com/> [consulta: febrero de 2013]. Real Academia Española, 2001. Diccionario de la lengua española [22.ª ed.], <http://rae.es/drae/> [consulta: febrero de 2013]. Real Academia Española. Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española, <http://buscon.rae.es/ntlle/SrvltGUILoginNtlle> [consulta: febrero de 2013]. Real Academia Española, Seminario de Lexicografía, 1960- . Diccionario histórico de la lengua española. [s.n.], Madrid. Rey, A., 2006. Dictionnaire historique de la langue française. Dictionnaires LeRobert, Paris. Terreros y Pando, E. de, 1786 [1767]. Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas, francesa, latina é italiana. Imprenta de la Viuda de Ibarra, Hijos y Compañia, Madrid. Corpus Corpus del Nuevo Diccionario Histórico del Español. <http://www.frl.es/Paginas/Corpusdiccionariohistorico.aspx> [consulta: febrero de 2013]. Real Academia Española. Corpus diacrónico del español (CORDE). <http://corpus.rae.es/cordenet.html> [consulta: febrero de 2013].