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REINO DE DIOS Y KÉNOSIS EN EL MAESTRO ECKHART Lineamientos para una reflexión teológica contemporánea REINO DE DIOS Y KÉNOSIS EN EL MAESTRO ECKHART Lineamientos para una reflexión teológica contemporánea Edith González Bernal Reservados todos los derechos © Pontificia Universidad Javeriana © Facultad de Teología © Edith González B. Primera edición: Bogotá, D.C., septiembre de 2019 ISBN: 978-958-781-409-5 Impreso y hecho en Colombia Facultad de Teología Oficina de Publicaciones Carrera 5 No. 39-00 Edificio Pedro Arrupe, S. J. Bogotá, D.C. Colección Monografías y Tesis No. 37 Decano Víctor Martínez M., S. J. Directora y editora jefe Edith González B. Edición y corrección de estilo Leonardo Núñez A. Diagramación Xiomara León R. Impresión Javegraf Pontificia Universidad Javeriana | Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento de personería jurídica: Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933 del Ministerio de Gobierno. Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S. J. Catalogación en la publicación González Bernal, Edith, autora Reino de Dios y Kénosis en el Maestro Eckhart : lineamientos para una reflexión teológica contemporánea / Edith González Bernal -- Primera edición. -- Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología, 2019. -- (Colección Monografías y Tesis No. 37). 102 páginas; 24 cm Incluye referencias bibliográficas. (97-101) ISBN: 978-958-781-409-5 1. ECKHART, MAESTRO, M. 1327. 2. ESPIRITUALIDAD. 3. MISTICISMO. 4. REINO DE DIOS. 5. KÉNOSIS. 6. INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA. I. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. CDD 189.5 edición 21 inp. 19/09/2019 Quien no entienda este discurso no debe afligirse en su corazón; pues, mientras el ser humano no se haga semejante a esta verdad, no la entenderá; es una verdad desvelada que ha surgido directamente del corazón de Dios. Maestro Eckhart Introducción 11 Capítulo 1 El Maestro Eckhart. Un Maestro de vida espiritual 19 1. Un Maestro que interpela 21 1.1 Un Maestro de la analogía 23 1.2 Un Maestro de vida 30 2. La huella mística del Maestro 31 3. El Maestro Eckhart y los movimientos espirituales 34 3.1 Movimientos espirituales femeninos 37 3.2 Movimientos espirituales bajo sospecha 38 4. El Maestro Eckhart y las categorías fundantes de su pensamiento 40 Capítulo 2 “El Reino de dios es Dios mismo en la totalidad de su plenitud” 49 1. El Reino de Dios es comunicación abierta con los seres humanos 50 2. El Reino de Dios es una vivencia espiritual aquí y ahora 54 3. El Reino de Dios es felicidad de un cielo prometido 56 4. El Reino de Dios es obediencia a la voluntad de Dios 61 Índice de contenidos Capítulo 3 La kénosis o el desasimiento. El mejor camino para la divinización del ser humano 67 1. La kénosis configura una decisión libre por Jesús 67 2. La kénosis es cercanía del Dios revelado 74 3. La kénosis es aceptación de la condición humana 79 4. En la kénosis se encuentra el consuelo divino 84 Capítulo 4 Lineamientos para una reflexión teológica contemporánea 91 Bibliografía 97 Introducción La teología contemporánea va mostrándose cada vez más, en su dis- curso, en sus vertientes y métodos, como una teología que recupera la experiencia de fe en el Dios uno y trino. El deseo de una expe- riencia personal de encuentro con el Misterio nos lleva a retomar el pensamiento de los místicos, que han sido testigos e intérpretes de la revelación. Ellos han dejado una teología que habla de Dios a partir de la analogía, el silencio, el sufrimiento, la kénosis, pero también des de la alegría, la felicidad, el consuelo y la plenitud que produce el reconocimiento de hallarse habitado por Dios. Así, el encuentro con quienes la tradición cristiana reconoce como místicos es indispensable para dilucidar una experiencia perso- nal de fe en Dios y para aprender lo que supone hacer teología hoy. Ello implica un ejercicio constante de análisis y de comprensión de la experiencia de Dios que, como sucede con un oficio, se tiene que aprender, y estar en contacto con las fuentes del conocimiento, para reflexionar sobre la propia experiencia y encontrar la mejor ma - nera de transmitirla. La teología mística es una teología biográfica, en la que varones y mujeres hablaron de Dios mediante un leguaje analógico y poético. Al decir de De Certeau: Su literatura posee todos los rasgos de lo que combate y postula: es la prueba, en el lenguaje, del ambiguo paso de la presencia a la ausencia; atestigua una lenta transformación de la escena religiosa en escena amorosa, de la fe en erótica; cuenta cómo un cuerpo marcado por el deseo y grabado, herido, escrito por el otro, reemplaza la palabra reveladora e instructiva. Así luchan los místicos con el duelo, ese án- gel nocturno. Pero la propedéutica medieval de una asimilación de la verdad se convierte en ellos en un cuerpo a cuerpo.1 Mientras Searle reconoce que, si bien los místicos ponen el cuerpo es escena para comunicar, ellos se encuentran con las limita- ciones del lenguaje: 1 De Certeau, La fábula mística: (siglos XVI-XVII), 14. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 12 Pero, incluso en casos donde es imposible de hecho decir exactamente lo que quiero decir, es imposible en principio llegar a ser capaz de decir exactamente lo que quiero decir […]. Puedo, al menos en prin- cipio, enriquecer el lenguaje introduciendo en él nuevos términos u otros recursos.2 Aunque esta es una teología que asume las limitaciones del leguaje y la escasez de las palabras, que no comunican lo que real- mente los místicos quieren decir, es una teología que toma en cuenta las vivencias personales y las expresiones simbólicas derivadas de la condición humana, como el nacimiento, la comida, la organización colectiva, la pobreza, el poder de lo natural, la dicha y el sufri miento; y, por supuesto, la muerte forma parte de ese sistema simbólico. De esta manera, ellos fueron creando los rasgos constitutivos de una corriente mística que dio a conocer la experiencia con el Misterio, a partir de la vida diaria y de las vicisitudes personales. En este con texto, el Maestro Eckhart, de la Orden dominicana, hace una teología a partir de dos temas básicos de la teología neotestamen- taria: el Reino de Dios y la kénosis. Para explicar el Reino de Dios, como acontecimiento en lo más íntimo del ser humano, el Maestro acude al Evangelio de Lucas, a fin de hacer comprender que el Reino está cerca y está en el hombre con toda su riqueza: “Sabed que el Reino de Dios está cerca de vosotros” (Lc 21,31). A esa cercanía, Eckhart da calificativos como el fondo del alma, la chispa divina, algo sin nombre dando el ser, para dar a entender que Dios acontece siempre en el hombre dando vida, engendrando y sosteniendo. En su tratado de El hombre noble, el Maestro invita al ser humano a que sea capaz de reconocer que el Reino de Dios realmen- te lo hace feliz: …el hombre noble recibe, toma y crea todo su ser, vida y bienaven- turanza únicamente de Dios, junto a Dios, en Dios; no del conocer a Dios, contemplarlo, amarlo o cosas similares. Por eso dice nuestro Señor, de todo corazón, que la vida eterna es conocer solamente a 2 Searle, Actos de habla, 29. introducción 13 Dios como al Dios uno verdadero ( Jn 17,3) y no conocer que se co- noce a Dios.3 El Reino de Dios es también justica que se arraiga en el in terior de la persona, pero el Maestro advierte que la persona justa no solo procura el bien, sino que reconoce en sí misma la tendencia al mal y se retrae en una inacción positiva. Incluso si en total liber- tad una persona elige el pecado, esta acción no eliminala posi bi li dad del Reino y la salvación, sino que por vía negativa la confirma. El reconoci miento del pecado no niega en este sistema de pensa- miento la posibilidad de que este camino no pueda conducir, en últimas, al encuentro con Dios por la vía del arrepentimiento, es decir, del re-pensar y re-plantear la acción. En otras palabras, las posi bi li dades de la gracia son infinitas, superiores, de manera que el pecado no va a tener nunca la última palabra. Ahora bien, la kénosis, o el desasimiento, es vista desde el pen samiento paulino como aniquilación de la voluntad humana a la voluntad divina. La kénosis es una actitud asumida por el ser humano cuando este, por puro desasimiento de sí, deja que el amor de Dios penetre en su interior y le haga semejante a él. Así, el desasimiento no es producto de una voluntad puramente individual, sino la afir- mación de la supremacía del amor y del conocimiento de Dios. Esto significa un retorno hacia el interior de la persona, para desprenderse de todo: sentidos, facultades e imágenes, y así estar libre y receptiva al amor gratuito de Dios. Con estas premisas, quisimos preguntarnos: ¿Qué linea- mientos teológicos encontramos en el pensamiento eckhartiano sobre las categorías Reino de Dios y kénosis, para una contribución a la reflexión teológica contemporánea? Queremos evidenciar desde estas categorías teológicas una manera de hacer teología que influye considerablemente en la comprensión de un Dios que habita en el fondo del ser hu ma- no y cuya acción es de engendramiento. Es notorio que Reino de Dios y kénosis son columnas vertebrales del entramado teológico del Maestro Eckhart y que sus fundamentos o bases se hallan en la 3 Eckhart, El fruto de la nada, 163. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 14 Biblia, especialmente en el Nuevo Testamento, en la teología pau - lina, y luego en la de Dionisio el Areopagita y la de los Padres de la Iglesia, especialmente San Agustín. De ahí que sea posible describir algunas pistas de reflexión teológica para ampliar las herramientas episte mológicas a las que se recurre cada vez que surge la pregunta por el ser humano y su relación con Dios, a fin de interpretar su expe- riencia e incidencia en la vida cotidiana. Con base en el estudio de los sermones y tratados del Maestro Eckhart, se pudo identificar que todo conocimiento de la acción de Dios en el ser humano implica diferenciar modos de cono- cer, bien sea a partir de las facultades o capacidades sensitivas del ser humano, o bien a partir de la atención a la vida diaria, al sufrimiento y a las tristezas y alegrías, para descubrir que la bienaventuranza es la felicidad de un hombre y que en dicha felicidad está en el Reino de Dios. La pregunta que nos hicimos permitió analizar e interpretar, en los sermones y tratados, los aportes que el Maestro ofrece hoy a una teología que busca dar razón de la experiencia de fe y que toma como punto de partida la disponibilidad del creyente para con Dios. El pensamiento del Maestro turingio es vigente, atrayente, cuestio- nador y sugerente, así lo pudimos constatar en el estudio de sus obras. Su agudeza para profundizar en las fuentes bíblicas, la tradición y el magisterio, con respecto a Reino de Dios y kénosis especialmente, se constituye, a la vez, en una fuente importante para hacer teología. Para el Maestro, nuestra vida cotidiana es fundamental; en ella podemos darnos cuenta de que “quien renuncia a su voluntad y a sí mismo, ha renunciado tan efectivamente a todas las cosas como si hubieran sido de su libre propiedad y él las hubiese poseído con pleno poder”4. La renuncia implica un estado de atención permanente a la vida, al progreso espiritual, a la capacidad de estar en conexión inte- rior, para descubrir allí el ser, antes que el hacer. Su pensamiento nos permitió profundizar en una teología que parte de la expe riencia de la cercanía del Reino de Dios en el ser humano, mediante un lenguaje comprensible, propositivo y narrativo que tiene como fondo la ex pe- riencia de Dios. 4 Eckhart, Tratados y sermones, 90. introducción 15 De esta manera, quisimos responder a algunos propósi- tos para interpretar en clave teológica las categorías Reino de Dios y kénosis en el Maestro Eckhart, y así ofrecer algunos lineamientos que enriquezcan la reflexión teológica contemporánea. Para ello, descri- bimos su pensamiento teológico en el contexto de la teología mística medieval; analizamos de manera crítica estas categorías presentes en sus tratados y sermones; y, finalmente, propusimos algunos linea- mientos de reflexión que desde su pensamiento pueden aportar al enriquecimiento de la teología contemporánea. El método con el cual transitamos este camino fue el herme- néutico, por cuanto nos permitió la comprensión del sentido de los textos del Maestro Eckhart que estudiamos. La hermenéutica nos llevó a la comprensión de que la teología es, en palabras de Geffré, “siempre un fenómeno de reescritura a partir de escritos anteriores”5. Por consiguiente, la teología es un esfuerzo por hacer más inteligible y más significativo para hoy el lenguaje ya constituido de la reve- lación; y es, por tanto, un camino inacabado, hacia una verdad más plena. De ahí que llevar a cabo esta investigación significó transitar un camino de lectura, interpretación y comprensión de la palabra, que se desarrolla en medio de un leguaje. En este sentido, Gadamer6 puntualiza que la interpretación pertenece a la unidad esencial de la comprensión, y la comprensión se produce en el trato concreto con un texto cuando lo dicho en él puede expresarse en el propio lenguaje del intérprete. En otras pala- bras, la hermenéutica ayuda a los intérpretes a hacer de la conciencia histórica el fundamento de la comprensión de cualquier mensaje. De ahí que interpretar es una parte de todo el conjunto de elementos que forman la intensa y compleja condición humana. Interpretar un texto no es solo una manera de informarse, sino que constituye un modo de conocer; en palabras de Gadamer: “El que intenta comprender un texto hace siempre un proyecto […] La comprensión del texto consiste en la elaboración de tal proyecto, siempre sujeto a revisión como resul- tado de una comprensión del sentido”7. 5 Geffré, El cristianismo ante el riesgo de la interpretación, 74. 6 Gadamer, Verdad y método, 130. 7 Habermas, Teoría de la acción comunicativa I, 65. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 16 Como es habitual en la hermenéutica, el proceso de inter- pretación arranca desde las “pre-comprensiones” que en nuestro ámbito cultural predominan en lo que se refiere a la condición huma- na8. La explicitación de esta precomprensión es fundamental por cuanto domina los contenidos mentales de quienes investigan y de los destinatarios de esas investigaciones. En el caso particular de esta investigación, la precomprensión incluye la doctrina, en especial la más reciente, acerca de Reino de Dios y kénosis en el Maestro Eckhart. En este camino recorrimos varios momentos: (a) el de las preguntas que nos hicimos frente a una obra distante no solo por la diferencia de época y lengua, sino por las preocupaciones de las vivencias espirituales; y (b) la contextualización que nos permitió captar de manera genérica el clima intelectual, espiritual y social en el que el Maestro escribió. Estos dos pasos ayudaron a adentrarnos en el momento decisivo de la lectura textual de la obra del Maestro, a explicitar los rasgos particulares de una teología destinada a la orien- tación pedagógica y con un interés específico en el aprendizaje de los seres humanos. En la relectura de su obra pudimos tomar conciencia de que ésta pertenece a una tradición vigente, relevante no solo para la his toria de la teología, sino que también hace parte de la vida espi- ritual de la Iglesia, de lo cual da testimonio el renovado interés que aquella despierta en el común de los cristianos. No obstante,con la relec tura, también fuimos conscientes de la diferencia que media entre esa obra y el estado actual de la teología mística. En efecto, fue nece- sario comprender el impacto de esta obra en el conjunto de la tradición de la cual hace parte. De esta manera, efectuamos una constante relación dialógica entre el lector y el texto, entre el texto y su contexto, entre la obra y la tradición en la que se inscribe, entre el conjunto del pensamiento del autor y las enseñanzas particulares. Esta circularidad nos ayudó a enunciar la experiencia de fe compartida entre la obra y sus lectores y, aún más, la necesidad de una cierta empatía para que el lenguaje religioso de la mística conserve su valor simbólico y salvífico. Como 8 Ibíd., 63. introducción 17 lo indica Gadamer, “la confluencia de todos los detalles en el todo es el criterio para la rectitud de comprensión. La falta de tal confluencia significa el fracaso de tal comprensión”9. De esta manera, recorrimos el camino, mediante un ejerci- cio permanente de interrogarse por el ser que experimenta a Dios, a partir de una experiencia interior que no podemos rechazar, que puede ser comunicada y descrita por cada creyente en forma distinta, como cada artista describe su propia experiencia. Pues no se trata de demostrar a Dios sino de mostrarlo, y para ello, Eckhart es el Maes- tro del desasimiento, del nacimiento del Hijo de Dios en el alma, como una operación incesante de Dios y de su Reino que se nos da como ofrecimiento permanente. Recorrido este camino, presentamos tres capítulos y un apar tado dedicado a la explicitación de los lineamientos que pueden contribuir a la reflexión teológica. El primer capítulo contextualiza el pensamiento del Maestro Eckhart, quien desde sus convicciones antropológicas fue mostrando una manera de entender la relación Dios-hombre como relación de conocimiento profundo en el que el Reino de Dios se hace presen- te, y el hombre, mediante el desasimiento o la kénosis, llega a ser uno en él. Como Maestro de vida, supo escoger géneros literarios adecuados al público en general: el homilético, en que priman las interpelaciones y las analogías, y el tratado breve, bus cando con esto acercar hasta la máxima intimidad posible el misterio de Dios a los hombres. En el segundo capítulo desarrollamos la categoría Reino de Dios presente en el pensamiento del Maestro, cuya intencionalidad es la de mostrar la cercanía de Dios en nosotros. En este sentido, afirma que en el interior del ser humano está el cielo presente como “el aquí y el ahora”. De esta manera, la invitación es a que todo ser humano llegue a caer en la cuenta de que su ser es habitación de una presencia viva, y para ello debe abrirse al Reino de Dios. En el tercer capítulo profundizamos en la kénosis, o el desasi- miento, como un camino de aprendizaje que el Maestro propone. 9 Ibíd., 64. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 18 Entre menos se esté aferrado al mundo, a los otros, a sí mismo, más podrá el creyente sentirse engendrado y sostenido por Dios. De esta manera, la kénosis es obediencia a la voluntad de Dios, lo cual no es un hecho puntal, sino una actitud de vida, que está sostenida por el que la ha dado. Solo porque se reconoce que hay un dador de la vida, hay una respuesta entregada y confiada en Dios. Eckhart comparte con otros místicos que, para hablar de Dios, la vía de la negación es el mejor camino, ya que la “negación de toda negación, de toda limitación o delimitación supone la pleni- tud de la afirmación. Dios es, por tanto, Uno, simple e indistinto y puritas essendi”10. Con esta comprensión, el Maestro usa en todos sus escritos un lenguaje analógico y alegórico que nos permite entender que, cuando el ser humano es despojado de su imagen –kénosis o desasimiento–, es trasfigurado en la imagen del Hijo, por la acción del Espíritu Santo, de modo que Dios penetra en el fondo de su alma y opera en ella un engendramiento continuo del Hijo. Hemos dedicado un apartado final a explicitar los linea- mientos que encontramos en el pensamiento del Maestro Eckhart, y que se presentan como puntos de referencia para tener en cuenta en el fortalecimiento y profundización de la teología contemporánea. Para Eckhart es importante que toda reflexión teológica se funda- mente en la experiencia mística de unión en Dios, esto implica asumir una vida contemplativa en la que la comprensión del Reino de Dios y la kénosis pasan por el reconocimiento de la condición humana, ligada a las condiciones de una gracia transformadora. 10 Bara Bancel, Teología mística alemana, 405. Capítulo 1 EL MAESTRO ECKHART. UN MAESTRO DE VIDA ESPIRITUAL El Maestro Eckhart1 es uno de los grandes inspiradores y teóricos de la corriente mística renana o mística dominicana. Esta se carac- teriza por hacer presente la reflexión sobre la manera como Dios se comunica y actúa en el ser humano. También es una mística fundamentada especialmente en el Nuevo Testamento, en la teolo- gía paulina, en la de Dionisio Areopagita y en la de san Agustín. Eckhart encarna la tradición de la llamada escuela albertina o de san Alberto Magno, de Colonia, en tierras alemanas2. Sobre todo, es sabido que Eckhart tiene influencia en los místicos del Rin, y se ha 1 Nació en Hochheim, Turingia, en 1260, y murió en 1328. Perteneció a la Orden do- minicana y se destacó por ser intelectual y maestro predicador. Fue provincial de Saxe en 1304; maestro de enseñanza en París y Colonia, hacia 1311; y autor de varios textos que condensan su pensamiento y su doctrina, sobre la creación, el desasimiento, el su- frimiento y el consuelo divino, entre otros. El Maestro hace una teología que mueve y suscita en sus oyentes adhesiones, y también profundos rechazos. De sus sermones se sabe que algunos fueron escritos por él mismo, y otros recopilados por personas que los escuchaban. Respecto de la ortodoxia de sus escritos, Eckhart fue acusado de hereje por miembros de su misma Orden; tuvo que defenderse de las acusaciones, y en el proceso muere. La bula In agro dominico, que Juan XXII promulga luego de su muerte, condena de heréticos y sospechosos veintiocho de sus artículos. Sin embargo, en el papado de Benedicto XVI, los dominicos solicitaron, a través del Maestro de la Orden, Timo- thy Radcliffe, la revisión de la condena del Maestro Eckhart; y el papa se pronuncia diciendo que su doctrina no necesita de ninguna rehabilitación, porque está en per- fecta consonancia con la doctrina católica. Así lo manifestó Radcliffe: “…y se nos dijo que no había realmente ninguna necesidad, ya que nunca había sido condenado por su nombre, solo por algunas proposiciones que se suponía haber tenido; por lo que so- mos perfectamente libres de decir que es un buen teólogo y ortodoxo” (Maestroeckhart. org, “Vida de Eckhart”). 2 Moliner, Espiritualidad medieval: los mendicantes, 229-237. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 20 dicho que, a través de ellos, influye en la llamada teología dutch, ger- mano-flamenca, y en el sentido de “moderna” (que llega a Lutero), que se asocia a Tomás de Kempis3. Ahora bien, para Eckhart son fundamentales las preguntas que el ser humano se plantea en relación con la acción de Dios, y las aprovecha para hacer caer en la cuenta de que Dios habita en el ser humano, y que este lo único que debe hacer es emprender un camino de seguimiento, que necesariamente pasa por la kénosis o el desasimiento, lo que implica estar atento al sufrimiento humano. Decir que Eckhart es un místico significa que tuvo una ex periencia de encuentro y unión con Dios, la cual dio sentido y dinamizó su quehacer teológico, predicación, vida comunitaria, aten- ción y acompañamiento espiritual a las personas. De esta manera, la vida del Maestro fue entendida como la unión fe y vida, teoría y práctica, reflexión filosófica y teológica. En palabras de Martín Velas- co, un místico es aquel que tiene una experiencia interior,inmediata, fruitiva, en un nivel de conciencia que supera la que rige en la experiencia ordinaria y objetiva, [experien- cias] de la unión −cualquiera que sea la forma en que se la viva− del fondo del sujeto con el todo, el universo, el absoluto, lo divino, Dios o el Espíritu.4 Eckhart fue designado como Maestro, no solo de teología, sino de vida: consideraba que la meta de la teología y de la vida es la fe licidad del ser humano. Los rasgos más significativos de su mística se evidencian en su lenguaje simbólico, cargado de sentido, y el uso de la metáfora y de la parábola, con la que pone a disposición del público su teología. Es una teología llena de imágenes, fresca, cálida y viva. Quienes escu- chaban sus sermones podían comprender que la acción de Dios podía ser conocida e interpretada en las vicisitudes de la vida cotidiana; que Dios se ocupaba del sufrimiento humano y de nuestra condición siempre expuesta y proclive al mal. El Maestro buscaba que las perso- nas entendieran que, dentro de sí mismas, Dios había puesto el deseo 3 Beuchot, Hermenéutica analógica, filosofía de la religión y teología fundamental, 26. 4 Martín Velasco, El fenómeno místico: estudio comparado, 57. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 21 de seguirlo con fe y esperanza, deseo que como don hemos heredado y nos mueve a un encuentro con Él. Silvia Bara, investigadora de habla hispana que más ha estudiado al Maestro Eckhart, lo presenta como discípulo de San Alberto Magno (†1280), quien inició la escuela de Colonia, en la cual estudió también Santo Tomás de Aquino (†1274) y luego el mismo Eckhart. Fue profesor de la Universidad de París y de la Sorbona; además, Maestro de teología del Studium Generale de Colonia. En París ocupó la cátedra de teología reservada para los no franceses, honor equiparable al que disfrutó Santo Tomás. El contexto social medieval en el que vivió fue duro y sufriente, marcado por grandes convulsiones sociales, políticas, económicas y religiosas. Un mundo sumido en una crisis general, caracterizada por la decadencia de la idea de Imperio, el desprestigio de la autoridad pontificia, los nacio- nalismos incipientes, pero también un mundo con una intensa búsque da espiritual, nuevas formas de religiosidad, nuevas actitudes ante la vida y una nueva mentalidad5. En este contexto, su ense- ñanza tuvo una repercusión extraordinaria en la vida espiritual de la Edad Media, y una incidencia en las formas de vida religiosa y con- sagrada de la época. 1. Un Maestro que interpela El Maestro Eckhart fue un fraile teólogo que interpelaba con su compromiso de vida y su sabiduría para hablar de Dios. Su pensa- miento desafió abiertamente las convenciones sociales, políticas y religiosas de su tiempo. Cuestionó las suposiciones clasistas, dualistas y aristocráticas sobre el ser humano, desde una concepción religiosa y bíblica, en la que la unidad del ser humano, su integridad e integra- lidad, prevalecían frente a otras consideraciones de índole ideológica o económica. Al decir de Fromm, “Eckhart describió y analizó la di ferencia entre los modos de la existencia de tener y de ser con una penetración y claridad no superada por ningún Maestro”6. Este aporte es notorio cuando se analizan sus obras y se descubre en 5 Bara Bancel, “Para entender al Maestro Eckhart y la mística alemana”, 456. 6 Fromm, Del tener al ser, 69. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 22 ellas un pensamiento novedoso y que interroga nuestro quehacer teológico. Rudolf Otto reconoce que el Maestro “tiñe de misticismo todos sus conceptos. El ser del que habla debe ser salvación, ese ser es uno, sin segundo, indiviso, sin añadidos ni predicados, sin cómo ni modo, no está enunciando meros hechos metafísicos, sino también hechos salvíficos”7. Esto es que nuestra función es ser y, en la medida que nuestra vida es ser, en esa misma medida estaremos en Dios, como lo dice el Maestro “Esta unión es mucho más estrecha de lo que [sería] si alguien vertiera una gota de agua en un tonel de vino: allí habría agua y vino; y esto será transformado de tal modo en una sola cosa que todas las creaturas juntas no serían capaces de descubrir la diferencia”8. La clave está en la capacidad que tiene el ser humano para poseer a Dios, pues esto solo puede darse mediante su capa- cidad intelectiva y su autorreflexión. Con los sermones, que generalmente eran cortos para el pú blico y más extensos para los frailes en formación, el Maestro hizo un ejercicio mistagógico y de interrogación permanente. Buscaba que las personas se fueran cuestionando sobre las palabras de Jesús y lo que éstas les decían en las circunstancias que estaban viviendo. Buscaba, además, llevar a las personas a una experiencia espiritual profunda y plena; que cada uno cayera en la cuenta de su fe y de su práctica sacramental: El hombre que quiere y puede acercarse despreocupadamente a Nues- tro Señor, en primer lugar, debe averiguar si tiene la conciencia libre de todo reproche en cuanto al pecado. En segundo lugar, la voluntad del hombre ha de estar dirigida hacia Dios, de manera que no pre- tenda ni apetezca nada que no sea Dios ni completamente divino, y que le disguste aquello que no es compatible con Dios. Justamente en este aspecto el hombre debe darse cuenta de lo alejado o cerca- no de Dios que se halla: depende de si posee mucho o poco de tal disposición. En tercer lugar, al hacerlo [comulgar con frecuencia] ha de notarse en él que el amor del sacramento y de Nuestro Señor va 7 Otto, Mística de Oriente y Occidente. Sankara y Eckhart, 39. 8 Eckhart, Tratados y sermones, 132. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 23 creciendo cada vez más y que la veneración temerosa no disminuye a causa de las frecuentes comuniones.9 Su interpelación es constante –frente al Maestro nadie podía quedar indiferente–, sus palabras cuestionaban profundamente las creencias y las expresiones religiosas del momento. Interroga una vida cristiana que además no lleve al compromiso real y efectivo con el más pobre y necesitado. No basta con la dedicación a la contem- plación, pues la vida cristiana se vive en una relación de renuncia a aquello que nos lleve a encerrarnos en nosotros mismo, y nos exte- rioriza hacia la práctica de la caridad: “Si el hombre se hallara en un arrobamiento tal como San Pablo, y supiera de un hombre enfermo que necesitara de él una sopita, yo consideraría mucho mejor que tú, por amor, renunciaras [al arrobamiento] y socorrieras al necesitado con un amor más grande”10. Y advierte el Maestro que, cuando se deja algo al proceder en algún hábito o práctica, no se pierde ninguna gracia, al contrario, lo que se deja por amor lo recibirá multiplicado, como lo dijo Jesús: “Quien dejare una cosa por mí recibirá cien veces tanto y heredará la vida eterna” (Mt, 19-29). 1.1 Un Maestro de la analogía El Maestro Eckhart, continuador de la corriente apofática, defiende la incognoscibilidad de Dios, toda vez que la naturaleza del Ser di vi- no supera cualquier clase de formulación que el ser humano puede hacer11. Por eso, asume el lenguaje propio del apofatismo, desde la convicción de que sólo se puede decir algo positivo sobre Dios a través de la negación de la negación; llega a la conclusión de que la negación de la negación es la afirmación12. La cuestión del lenguaje y del habla ocupa un lugar especial en su pensamiento, tal y como lo muestra su preferencia por desarrollar su quehacer teológico 9 Ibíd., 129. 10 Ibíd., 106. 11 “Cuanto se enuncia de Dios no es verdad, y lo que no se enuncia de él esto es verdad. Cualquier cosa de la que se dice que es Dios, no lo es; lo que no se enuncia de él, lo es más verdaderamente que aquello de lo cual se dice que lo es” (Eckhart, Tratados y sermo- nes, 437). 12 Farrely, Eckhart, Tauler y Seuze, 31. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 24 en la lengua materna y no en latín13. En efecto, el idiomacomún a las personas de un mismo territorio no solo es una herramienta de expresión, sino que tiene que ver con la dimensión interior de cada persona. Conforme a ello, el latín, en su calidad de lengua oficial de la Iglesia, es apto para las obras sistemáticas que tienen como desti- natarios a personas letradas y cultas, pero no para la enseñanza co tidiana a los cristianos del común14. Entre los diferentes usos de la dimensión comunicativa del ser humano, Eckhart se vale tanto de la paradoja como de la analo- gía para expresar las intuiciones teológicas que adquiere como fruto de sus reflexiones15. Respecto a la paradoja, el Maestro la integra en sus obras de manera recurrente, cuando explica las dinámicas de la vida cristiana desde la dualidad dada por lo interno y lo externo del sujeto. Por ejemplo, en el caso de la conversión, sostiene que esta se hace posible cuando la persona sale de sí misma, pero dicha sali- da no ocurre hacia el exterior (entendido en términos físicos). En cuanto a la analogía se refiere, Eckhart acude a ella para expresar aquello que es intermedio entre lo totalmente otro (la diferencia) y lo exactamente idéntico (la igualdad) 16. La analogía funciona, entonces, como el mecanismo adecuado para construir ejemplos cercanos a la comprensión del público oyente/lector, ya que permite acercarse en 13 El Maestro escribió en latín para los frailes y otros estudiosos que acudían a sus lec- ciones, y en lengua vernácula para el pueblo que asistía a sus sermones. Más allá de la diferencia de lengua y de público, que tiene sus importantes consecuencias, hay también una diferencia de contenido y de orientación en sus obras. En lengua latina desarrolló tópicos de corte más académico relacionados con Dios, como el desasimiento, el alma y la creación; en alemán, en cambio, temas de estilo más pedagógico y pastoral, como la situación del hombre en el mundo, el pecado y el sufrimiento como producto de la acción humana. 14 Eckhart, El fruto de la nada, 15. 15 “La altura máxima del ensalzamiento reside justamente en el profundo fondo de la humillación. Porque, cuanto más hondo y bajo sea el fondo, tanto más altas e incon- mensurables serán la elevación y la altura, y cuanto más hondo sea el pozo, tanto más alto es, a la vez; la altura y la profundidad son una sola cosa” (Eckhart, Tratados y sermones, 23). 16 Farrely, Eckhart, Tauler y Seuze, 32. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 25 cierta medida a lo que es indecible por naturaleza, esto es, el Miste- rio divino17. En este punto, conviene resaltar la ruptura que la teología de Eckhart representa frente al ambiente teológico que la escuela franciscana de la Edad Media había instaurado. Los frailes meno- res elaboraron su pensamiento alrededor la concepción de mundo y naturaleza desde una postura ejemplarista. En contraposición, el Maestro cree que la única manera de llegar a Dios es la experiencia del ser en su interioridad. Así, la metafísica del ser llega a ser el molde dentro del que Eckhart elabora su pensamiento ontológico con miras a la interpretación de la mediación divina en la historia18. Además de las fuentes citadas más arriba, retoma las ense- ñanzas consignadas en El libro de los veinticuatro filósofos. De hecho, en sus sermones recurre frecuentemente a la doctrina allí compartida. Por lo anterior, conviene hacer evidente, al menos, tres nociones de Dios en las que Maestro coincide con los filósofos o Maestros: (a) Dios es mónada19: aunque el dogma cristiano crea en un Dios que es Uno y Trino a la vez, Eckhart reconoce que el punto de partida para acercarse a la comprensión de la esencia divina es la mónada, ya que en la naturaleza la unidad es muestra de la perfección y está en una mejor condición que lo múltiple, es decir, que lo creatural20. 17 “La naturaleza enseña –y me parece muy justo– que debemos explicar a Dios me- diante símiles, ya sea este, ya sea aquel. Sin embargo, Él no es ni esto ni aquello, y por lo tanto el Padre no se contenta con ello; antes bien, regresa a lo primigenio, a lo más íntimo, al fondo y al núcleo del ser Padre, donde ha estado adentro eternamente en sí mismo, en la paternidad, y donde disfruta de sí mismo, el Padre como Padre, de sí mismo en el Hijo único” (Eckhart, Tratados y sermones, 678). 18 Eckhart, El fruto de la nada, 18. 19 “Esta definición está formulada de acuerdo con la representación de la primera causa, en tanto que se multiplica numéricamente en sí misma, de modo que el multiplicante sea concebido como el uno, el multiplicado como el dos, y lo que se refleja como el tres. Así ocurre, en cambio, con los números: cada unidad posee un número propio, ya que es reflejada en un número diverso por los demás” (Lucentini, ed., El libro de los veinticuatro filósofos, 45). 20 “Lo que tiene ser, tiempo o lugar, no toca a Dios; él está por encima de ello. Es cier- to que Dios se halla en todas las criaturas en cuanto tienen el ser y, sin embargo, está por encima de ellas. Justamente con todo cuanto él es en todas las criaturas, se halla reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 26 (b) Dios es independiente21: en la medida en que Dios está en un plano diferente al de los seres limitados, él no depende de algo o alguien. Al contrario, en su calidad de fuente misma de la exis- tencia, se encuentra lejano a todo y todos22. (c) Dios es infinito23: el acto creador de Dios es independiente a su existencia metatemporal, razón por la cual el Creador no está sujeto a los mismos avatares históricos que los distintos seres de la naturaleza24. De otro lado, es preciso anotar que el término ser es del todo relevante en el pensamiento teológico del Maestro, porque es asumi- do desde una perspectiva creatural. Así, el ser de Dios se entiende como intelecto capaz de conocer lo creado, con lo cual se abre la posi- bilidad para que el intelecto humano elabore, por vía intelectiva, una comprensión de Dios25. La independencia de Dios lo convierte en un ser en pleno sentido, mientras que las creaturas son un no-ser, debido a su dependencia de la divinidad26. Se llega, entonces, a una por encima de ellas; aquello que es uno en muchas cosas, debe estar necesariamente por encima de las cosas” (Eckhart, Tratados y sermones, 336). 21 “El engendrador, en verdad, tiene dignidad de principio en virtud de la generación, y existe en principio sin tener un antes. El engendrado procede en la generación hacia el fin, pero no experimenta mudanza en su naturaleza de término medio. El texto quiere decir de hecho que el fin es idéntico para el verdadero engendrador y el verdadero en- gendrado, puesto que la vida divina no es más que una sola vida en común; pero no es un fin con respecto a una obra, como la quietud con respecto al movimiento” (Lucen- tini, ed., El libro de los veinticuatro filósofos, 59). 22 “Dios es uno solo en sí mismo y se halla apartado de todo. Dios no pertenece a nadie, y nadie pertenece a él; Dios es un solo” (Eckhart, Tratados y sermones, 451). 23 “Todo ser manifiesta la perfección de una finitud, y son finitas sus operaciones del centro al ser. No es así en el ser divino; antes bien, del centro pasan afuera y al acto obras infinitas. De modo que su perfección es infinita, y no es imposible en acto, puesto que existe necesariamente. De donde se sigue que, también en el retorno, la vía más segura del ser a la unidad del centro es la bondad ilimitada” (Lucentini, ed., El libro de los veinticuatro filósofos, 63). 24 “Dios no creó el cielo y la tierra tal como nosotros decimos en el transcurso del tiem- po: ‘¡Hágase esto!’, porque todas las criaturas están enunciadas en la palabra eterna […] Esto significa lo mismo que él, que es inmutable en sí mismo, me ha enviado” (Eckhart, Tratados y sermones, 246). 25 Eckhart, El fruto de la nada, 17. 26 Farrely, Eckhart, Tauler y Seuze, 30. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 27 afirmación neurálgica: en lugar de sostener que Diosconoce porque es, Eckhart asegura que Dios es porque conoce. Por lo tanto, por cuanto el conocimiento se convierte en el fundamento del ser, es válido decir que Dios es conocimiento27. A pesar de esto, Dios permanece como misterio, como aquello que excede las condiciones de posibilidad del conocer humano y, por tanto, nunca será alcanzado cognoscitiva- mente de forma absoluta28. “Todo cuanto el conocimiento puede aprehender y el anhelo puede desear no es Dios. Ahí donde termi- nan el conocimiento y el anhelo, ahí está oscuro, ahí luce Dios”29. Dado que la sustancia divina ha tenido el beneplácito de asumir la naturaleza humana a través de la encarnación del Logos, ha sido posible que en la historia humana se configure la persona de Cristo de manera integral, esto es, la unión perfecta entre la ca beza ( Jesús) y los miembros (los cristianos) de su Cuerpo. Gracias a esta unión, todos los santificados en esa unión tienen la posi- bilidad de participar de la verdadera vida: es el Cristo completo quien se ofrece al Padre como ofrenda de reconciliación y puente hacia la eternidad. Por eso, todos los bautizados reciben los dones divinos según la providencia del Padre, sin necesidad de alguna clase de mediación. De hecho, esta recepción de los dones ocurre de ma nera directa tal y como sucede con la aceptación de las facultades del alma en el momento de la creación30. Otro aspecto importante a destacar en el Maestro fue su capa- cidad para hacer síntesis entre el pensamiento platónico y aris totélico, entre los postulados filosóficos y las profesiones de fe teológicas y, sobre todo, entre teoría y práctica de la vida interior, en la comu- nicación con Dios. Con él se inaugura una corriente de mística renana que hasta nuestros días es fuente de inspiración, porque revela una ge nuina experiencia mística de encuentro unitivo con Dios y se expresa mediante un lenguaje teológico que actualiza el misterio de la revelación en cada época y lugar. Por ello su mensaje siempre va a ser actual y novedoso. 27 Eckhart, El fruto de la nada, 16. 28 Farrely, Eckhart, Tauler y Seuze, 132. 29 Eckhart, Tratados y sermones, 607. 30 Eckhart, Commento al Vangelo di Giovanni, 257. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 28 En su pensamiento se hace presente la influencia neopla- tónica y la de Pseudo Dionisio Areopagita, que se puede apreciar en sus sermones mediante la interpretación alegórica, poética, simbólica y metafórica de la Sagrada Escritura, a lo que Beuchot denomina “exégesis muy anagógica o mística, rasguñando el misterio, para hacerlo hablar”31. Esta característica alegórica de su predicación hace de él un Maestro que actualiza el mensaje a través de las semejanzas y las diferencias; a Eckhart se le puede considerar uno de los grandes pensadores de la diferencia, ya que resaltó la diferencia abismal que existe entre el ser humano y Dios cuando el alma está llena de vicio y de ignorancia. La idea de él era ir haciéndose más semejante a Dios, purificando el alma (vía catafática), eliminando los vicios para borrar la diferencia en momento negativo (vía apofá- tica) hasta lograr la unión.32 De esta manera, su teología anagógica muestra que el inte- lecto y su conocimiento están supeditados al cuerpo, puesto que el cuerpo es condición para conocer a Dios y albergarlo. La condición humana, tan discutida en la Edad Media y en la tradición humanista es, para Eckhart, la que posibilita el conocimiento de Dios, puesto que lo humano recibe una iluminación especial, una revelación divina que se capta mediante la razón: “Pero el alma, en su luz natural, se eleva en su parte suprema [como una chispa] por encima del tiempo y del espacio a la semejanza con la luz del ángel, y con ella opera de manera cognoscitiva hasta [llegar] al cielo”33. Dios como luz que hace partícipe al ser humano con su chispa divina o intelecto y el hombre que tiene la capacidad de recibir esa luz. De esta manera, equilibra el sentido literal y el sentido alegórico, para introducir la metáfora y demás recursos literarios que dejan ver la profundidad de su vida mística. 31 Beuchot, La hermenéutica en la Edad Media, 55. Aclara el autor en esta misma obra que la “alegoría significa, porque se dice una cosa y se significa otra. Se subdivide en alegoría simple y anagogía. Hay alegoría simple cuando por un hecho visible se significa otro hecho invisible. La anagogía es la conducción hacia arriba, se da cuando por un hecho visible se declara uno invisible” (ibíd., 79). Cursivas mías. 32 Alcalá Mendizábal, “La hermenéutica analógica en los símbolos religiosos”, 79. 33 Eckhart, Tratados y sermones, 704. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 29 Su estilo analógico, el cual apreciamos en sus sermones, permitía hacer presente el mensaje de la Palabra pedagógicamente con fuerza y veracidad. Beuchot reconoce en la escritura del Maes- tro “la superación de la rigidez univocista y el desenfreno equivocista […]. Se buscó la analogía para permitir el juego vivo de la ale go- ría sin perder el freno de la literalidad”34 Su sensibilidad por acercar el mensaje al público en general le trajo serías consecuencias para su vida como intelectual y como predicador. No podemos dejar de mencionar el impacto de su doctrina en la propia vida del Maestro, que se relaciona con su enseñanza espiritual a través de sermones y otros escritos. En efecto, sus predi- caciones fueron deformadas varias veces al sacarlas de contexto, lo que le trajo graves problemas con la Iglesia. Fue acusado hasta el punto de ser denunciado y sometido a un proceso por la Inquisición, que culminaría con la bula In agro dominico, con 26 tesis condenadas, 17 señaladas heréticas y 11 equívocas. Farrely, se refiere a este suceso de la siguiente manera: El uso de expresiones paradójicas o difíciles de interpretar pudo dar ocasión, junto con el resentimiento de algunos dominicos castigados, para que se desencadenara en torno al Maestro un furioso vendaval […]. Una primera averiguación acerca de la ortodoxia de Eckhart fue llevada a cabo por una comisión nombrada por Juan XXII […]. El tribunal nombrado por el arzobispo presentó varias listas de proposiciones censurables; la primera contenía 37 artículos y la se- gunda 49, tomados del Benedictus Deus, a las que se añadió una tercera con textos sacados de los sermones en lengua vulgar.35 A pesar de esto, el Maestro se mantuvo fiel a la Iglesia, obediente a ella, y se defendió haciendo notar que sus palabras habían sido mal interpretadas. Atendió al proceso de condena, y murió espe- rando el veredicto del tribunal inquisitorio. Consecuente con sus enseñanzas, el Maestro fue dejando huellas en las personas con las que tuvo contacto; también dejó huellas mediante los escritos que hoy siguen fijando horizontes de sentido y dando pistas para actua- lizar el mensaje cristiano. 34 Beuchot, Hermenéutica analógica y del umbral, 102. 35 Farrely, Eckhart, Tauler y Seuze, 23. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 30 1.2 Un Maestro de vida Un aspecto que debemos tener en cuenta respecto a su condición de Maestro es que el origen de los sermones de Echkart se relaciona con la misión que le fue otorgada en el acompañamiento espiritual de la vida religiosa femenina consagrada. Aunque también, como forma- dor de los frailes, es importante hacer notar que habla a personas ya iniciadas en el camino de la vida espiritual, cuya finalidad era asumir desde la condición humana un camino de desasimiento para con sa- grar la vida. En sus conversaciones con los novicios dominicos sobre el discernimiento, el Maestro advierte: Debe aprender a penetrar en las cosas y aprehender a nuestro Dios ahí dentro, y por un vigoroso esfuerzo interior ser capaz de imprimir la imagen de Dios en su fuero íntimo, de manera sustancial. Se puede comparar con la persona que quiere aprender a escribir: está claro que, si quiere lograr esta destreza, tiene que ejercitarsemucho y a menudo en esta actividad, por más penoso y difícil que le resulte o por impo- sible que le parezca; si está dispuesto a ejercitarse asiduamente y con frecuencia, lo aprenderá y dominará este arte. Primero tiene que fijar sus pensamientos en cada letra individual y grabársela muy firme- mente en la memoria. Pero más tarde, cuando ya domina el arte de escribir, no le hacen falta en absoluto la representación de la imagen ni la reflexión; escribe despreocupada y libremente.36 Las enseñanzas del Maestro penetraban tanto en el campo académico-teológico, como en el ámbito de las predicaciones y el acompañamiento espiritual. El Maestro advierte que el verdadero Maestro es aquel cuyo conocimiento viene de la experiencia pade- cida, reflexionada y hecha vida. A propósito, escribió: Más valdría un Maestro de vida que mil Maestros de lectura; pero leer y vivir en Dios no lo puede conseguir nadie. Si tuviera que buscar un Maestro de escritura lo buscaría en París, en las escuelas superiores, a causa de su gran saber. Pero si quisiera preguntarle por la vida per- fecta, no sabría que decirme.37 36 Bara Bancel, Silvia. “Las raíces de la felicidad, según la mística dominicana (el Maes- tro Eckhart y Enrique Suso)”, 11-28. 37 Eckhart, El fruto de la nada, 90. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 31 En este sentido, no se trata de ir a ninguna parte a buscar- lo, porque solo el desasimiento, o la kénosis, será el medio que nos enseña y conduce a la vida perfecta. Y continúa afirmando: “Toda perfección reside en aceptar sufrir la pobreza, la miseria, el oprobio, las contrariedades y todo aquello que pueda suceder bajo la presión de las circunstancias, de forma voluntaria, jovial y libre, con placer y apaciblemente”38. El Maestro enseña que nuestra condición de ser creatura está precedida por el amor de Dios, que él ha puesto en nuestro ser. Dios nos ha hecho con una tendencia a Él, con esto nos enseña a tomar en serio nuestra dependencia con respecto a Dios, pues todo nos ha sido dado; esto es, ir al sentido ontológico de la pregunta de san Pablo: “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1Co 4,7). El Maestro exhorta que, si bien los seres humanos tenemos capacidades, potencialidades, y además podemos hacer cosas, es necesario ir al fondo de uno mismo para descubrir que todo fue donado, que algo similar, por nuestros méritos, no lo podemos dar a nadie. Que, a pesar de contar con nues- tro intelecto como lo más elevado, “Dios hace ser al alma humana al hacerla entender. Esta iluminación divina es la causa de la exis- tencia humana, al mismo tiempo que de su conocimiento”.39 2. La huella mística del Maestro El Maestro presenta una gran obra que se clasifica en dos corpus doctrinales: uno correspondiente a sus escritos en latín y otro concer- niente a sus escritos en alemán. La mayor parte de su obra latina se ha extraviado. Por ejemplo, de la Opus propositionum (Obra de las proposiciones) solo se tiene el prólogo. En este trabajo, el Maestro se había propuesto desarrollar su teoría del ser mediante su res - pues ta a más de mil preguntas. De la Opus quaestionum (Obra de las cues tiones), donde se había planteado responder a “Cuestiones” esco- gidas de la Suma Teológica de Tomás de Aquino, solo se con serva la ter cera parte. Lo mismo ha sucedido con la Opus expositionum (Obra 38 Ibíd., 191. 39 Beuchot, “La hermenéutica mística y metafísica del Maestro Eckhart”, 258ss. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 32 de las exposiciones), correspondiente a sermones y a notas sobre algunos textos de la Biblia40. En cambio, de sus escritos en alemán (alto-alemán medio) se conserva la mayor parte. Josef Quint fue el encargado de adaptar la obra al alemán moderno, y desde ahí se ha traducido a diferentes idiomas: inglés, francés, holandés, italiano, japonés, lenguas escan- dinavas, español y checo41. Ilse M. de Brugger traduce gran parte de su obra del alemán al castellano, a través de la cual podemos conocer las huellas de su pensamiento en Die rede der underscheidunge (Dis- cursos instructivos), Daz buoch der goetlichen troestunge (El libro de la consolación divina), Von dem edlen menschen (Del hombre noble) y Von abegescheidenheit (Del desasimiento); sus sermones “El libro de la consolación divina” y “Del hombre noble” pertenecen al lla mado “Liber Benedictus”, mientras que “Del desasimiento” es un breve tratado42. Para el análisis de las categorías Reino de Dios y kénosis, acu- diremos a los Tratados y sermones del Maestro en una traducción realizada por Ilse M. de Brugger y la traducción crítica de Amador Vega titulada El fruto de la nada y otros escritos, debido a que en estas dos obras se condensan los escritos del Maestro en lengua germana. El Maestro deja las huellas de su pensamiento filosófico-metafísico y teológico a través del desarrollo de temas tales como: “si en Dios se identifican el ser y el entender”; “si el entender del Ángel, en cuanto supone una actividad, es su propio ser”; “si la alabanza de Dios en el cielo es más noble que el amor del mismo en la tierra”; “si la exis- tencia de un movimiento sin término implica contradicción”; “si las formas de los elementos quedaron en el cuerpo de Cristo cuando este murió en la cruz”43. También hereda la profundidad de su pensamiento teoló- gico mediante la producción temática acerca de la imagen desnuda de Dios, el Reino de Dios en nosotros, las raíces de la felicidad y el 40 Eckhart, Tratados y sermones, 19-20. 41 Farrely, Eckhart, Tauler y Seuze, 27. 42 Eckhart, Tratados y sermones, 20. 43 Eckhart, Cuestiones parisienses, 47. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 33 desasimiento44. A su vez, gran parte de su teología la ocupa la Tri ni- dad y la filiación divina, el eterno nacimiento del Hijo de Dios en el alma, el retorno del alma a Dios45. En todos sus sermones, el Maes- tro pone como eje principal de su enseñanza la Sagrada Escritura. Sigue un esquema en el que, en primer lugar, está el texto bíblico, le sigue una interpretación alegórica y termina con una súplica a Dios para que le ayude a entender el texto del cual se hizo la interpretación. El Maestro, además de mostrarse afín con el pensamiento, la esencia, el intelecto, la metafísica del espíritu46 y el horizonte de la libertad del cristiano47, lleva a la cuestión de que la teología no es un discurso que se circunscribe a los libros y a las grandes disertaciones de los Maestros parisienses, sino que, su teología, tiene que ver con la vida cotidiana donde Dios hace presencia, y su lenguaje no es ajeno a la razón y al sentido común. Esta es, además, una teología contem- plativa y práctica, que invita al ser humano a colocarse ante Dios en una actitud de aprendizaje, libertad y desnudez48. En el pensamiento del Maestro encontramos un proceso místico que comienza con el reconocimiento de que Dios ha engen- drado a su Hijo en el alma. Dicho engendramiento se hace vida en las vicisitudes humana, pues en ellas el ser humano va encon- trándose con una presencia viva que lo lleva a participar en la vida 44 Eckhart, El fruto de la nada, 67. 45 McGuin, The Mystical Thought of Meister Eckhart. The Man from Whom God Hid Nothing. Este autor, además de mostrar la versatilidad del pensamiento del Maestro en metafísica, desarrolla el concepto de Gelassenheit ‘abandono’ que constituye la columna ver- tebral de su teología. También profundiza en los temas centrales del eterno naci miento del Hijo de Dios en el alma y del retorno del alma a Dios. Para esta investigación, el nacimiento de Dios en el alma fundamenta la categoría Reino de Dios. Esta es la acción constante de Dios que se da al ser humano en forma de donación y de engendramiento. 46 Hackett, A Companion to Meister Eckhart, 241. 47 Della Volpe, Eckhart o della filosofía mistica, 81-271. Los principales temas que desa- rrolla el autor son la esencia, el intelecto y el horizonte de la libertad del cristiano.Con ello nos invita a pensar en serio el tema del desasimiento, puesto que, en la medida que el ser humano se vacíe de sí mismo, va a encontrar la libertad de ser hijo de Dios. Ahora bien, para llegar al desasimiento, el hombre, por su capacidad intelectiva, conoce cómo es Dios, pero tiene que ir más allá de la imagen que de él se pueda hacer. 48 De Libera, Eckhart, Suso, Tauler y la divinización del hombre, 57. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 34 trinitaria. Esto es lo que Eckhart llama nacimiento continuo, divini- zación constante y presencia permanente de Dios. Por eso digo que la naturaleza del Padre consiste en engendrar al Hijo, y la naturaleza del Hijo, en que yo nazca en Él y luego de Él; y la naturaleza del Espíritu Santo consiste en que yo sea quemado y completamente fundido en Él y que llegue a ser todo amor. Quien vive así en el amor, siendo todo amor, este se imagina que Dios no ama a nadie fuera de él; y no sabe de nadie que ame o [sea amado] por nadie, fuera de Él.49 Este engendramiento es una presencia que permite descu- brir la gracia divina; y para llegar a este encuentro con la presencia viva, la kénosis o el desprendimiento es el mejor camino, porque se trata de abandono total en la filiación de quien ha sido engendrado en nuestra alma. Eckhart acude a textos bíblicos para mostrarnos que la esencia del alma es su naturaleza creada: “Más por la gracia de Dios, soy lo que soy” (1Co 5,10), esto es, que la dinámica del alma engendrada es sostenida en su ser por Dios50, es Dios mismo quien nos mantiene, y nosotros, por caer en la cuenta del engendramien- to, podemos desprendernos o desasirnos de nuestro propio yo, para que Dios siga engendrando. 3. El Maestro Eckhart y los movimientos espirituales La vida del Maestro transcurrió entre enseñanzas, sermones y acom- pañamiento a las comunidades religiosas femeninas. Este oficio de acompañar a las religiosas era encomendado por el papa a la Orden 49 Eckhart, Tratados y sermones, 587. 50 Soto Posada, “El Maestro Eckhart: filosofía y mística”, 165-187. El autor, al referirse en Eckhart a la dinámica del alma creada, interpreta que “el alma es sostenida en su ser por Dios, lo que la sitúa entre la eternidad y el tiempo, le permite ser iluminada por Dios y recibir la vida divina, ser espiritualizada en la divinidad; en su desnudez psicológica despliega sus velas, para anclarse en Dios en el desierto del silencio y el ser indiferenciado de la divinidad como desierto silencioso (ruego a Dios que me vacíe de Dios), gracias a que el alma es templo de Dios y puede purificarse de sus impurezas, en su marcha hacia el más allá; en esta marcha se hace una con Dios, más allá del tiem- po y del espacio”, 170. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 35 de Predicadores mediante el decreto sobre la cura monialium51. Se trataba de cuidar y velar por la vida espiritual de las religiosas de clausura, y de las demás organizaciones de vida apostólica femenina, entre ellas al movimiento de las beguinas. Aquel era un momento de búsqueda espiritual intensa, especialmente en los ámbitos feme ninos. La mujer manifestaba gran inquietud por la experiencia religiosa, y demostraba también una formación intelectual importante. Prueba de ello es la enorme actividad de las monjas como copistas, gracias a la cual podemos conocer y estudiar muchas de las obras de la mís- tica renana, entre ellas las del Maestro Echkart. Según los datos históricos, el Maestro Eckhart no solamente se dedicó a la predicación itinerante, sino a la atención de las monjas y las beguinas en la provincia de Teutonia, especialmente la región de Alsacia y Suiza, desde su convento en Estrasburgo (1314-1322). Eckhart, muy cercano al pensamiento femenino considera: “No basta con que el ser humano se haga totalmente receptivo a Dios, es que Dios se vuelva fecundo en él. Pues hacer fecundo el don no es otra cosa que el agradecimiento por el don recibido... para hacer nacer a Jesús en el corazón”52. Frente a los movimientos de espiritualidad que surgían en su momento, centra la atención en el seguimiento de Jesús, inde- pendientemente del camino que se transite; basta con reconocer que la vía será siempre de desasimiento y libertad. Hay que tener en cuenta que no todas las personas son llamadas a Dios por el mismo camino. […] si uno puede sentir que no está siguiendo adecuadamente a Dios en la ejecución de las obras de gran mortificación y privación, entonces, si hallas que este camino no es para ti, tómalo con calma, y aban- dónalo. […] Porque Dios no ha vinculado la salvación de los seres humanos a ningún modo especial.53 51 Decreto del año 1298. Bonifacio VIII promulgó la decretal Periculoso, en que ordenó el enclaustramiento de todas las monjas; la clausura se convirtió en una práctica obliga- toria para las mujeres consagradas a la vida religiosa. 52 Rivas Rebaque (ed.), Iguales y diferentes: interrelación entre mujeres y varones cristianos a lo largo de la historia, 119. 53 Eckhart, Tratados y sermones, 82-86. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 36 Así que las vías para seguir al Señor no se oponen, porque Dios siempre está perfeccionando incluso lo que ya es bueno. Sea cual fuere el camino, o el modo en el seguimiento de Jesús, para el Maestro es importante un camino de vida en el que el ser humano asume como condición la humildad. Humildad para reconocer que en su cuerpo está la presencia divina de un Dios que se entrega y que lo llama a asumir la condición de Hijo, en un seguimiento que necesariamente pasa por la kénosis o el desasi- miento, por el camino de la cruz, por la renuncia al propio yo humano. De ahí que este camino de vida es poco comprensible a la razón humana… entre más uno se reduzca a la nada, más podrá reproducir los rasgos de Jesús en su vida. De esta manera se vivi- rá en un permanente estado de apertura, de gratuidad y de amor que pone de manifiesto la irrupción de Dios en el ser humano. Un Dios que siempre es más y que despierta en el ser humano el deseo de vaciamiento. De modo que cada uno podrá hablar de un Dios ofe rente que actúa de manera diferente en el ser humano, esto es saber dar razón de la experiencia que acontece en lo más profundo de nues- tro ser. Ahora bien, es necesario tener también en cuenta que el pen samiento teológico del Maestro fue enriquecido por el contacto que tuvo con las mujeres, especialmente, como dijimos, con el mo vi- miento de las beguinas54. Hans Küng, al hacer un análisis sobre la mística bajo sospecha, reconoce que en la mística alemana o renana, las mujeres tuvieron un protagonismo importante dejado de lado por hombres como el Maestro Eckhart, Juan Taulero, Enrique Susón y Juan de Ruysbroek55. La sospecha de Küng era que la aparición de la corriente mística estuvo acompañada por temores y conflictos con la Iglesia, debido a que estos movimientos amenazaban con conver- tirse en un elemento enriquecedor, si no en la experiencia más im portante del cristianismo entonces. 54 “Lo que sí puede afirmarse es que fue el contacto con las beguinas y monjas do- minicas lo que motivó a Eckhart a desarrollar una teoría sobre la unidad del hombre con Dios, y de esta manera el surgimiento de una corriente mística” (Mañón Garibay, “Eckhart y la espiritualidad de las beguinas”, 185). 55 Küng, La mujer en el cristianismo, 68-70. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 37 La Iglesia oficial católica romana temía perder el monopolio en la administración de la Palabra y el sacramento. […] Los escritos de místicas y místicos fueron mal recibidos, e incluso los del Maestro Eckhart fueron perseguidos por la Inquisición. […] La beguina Mar- garita Porete, que había escrito el libro Le Miroir des âmes (espejo de las almas), fue condenada como hereje y quemada en París en 1310. […] El escrito, después de su condena, conoció, aunque sin firma, seis ediciones y la traducción a cuatrolenguas, y al parecer ejerció un importante influjo en el Maestro Eckhart.56 Temas desarrollados por Margarita Porete, como el abandono o renuncia al yo, la unidad del hombre con Dios, el anonadamiento y la perfección humana, hallan una gran similitud con el pensamiento del maestro turingio. El encargo que había recibido Eckhart de atender espiritualmente a las religiosas hizo que su público fuera mayorita- riamente femenino y que se dejara él impregnar por su pensamiento, pues con ellas compartió reflexiones teológicas que se fundamenta- ban en el estudio y la interpretación de la Sagrada Escritura. 3.1 Movimientos espirituales femeninos Entre los muchos movimientos espirituales que hacían presencia en la Edad Media, destacamos aquí el grupo de las beguinas, que tuvo una cercanía con el Maestro Eckhart. Las beguinas fue un grupo de mujeres que floreció entre los siglos XII y XIII, justamente al mismo tiempo en que se crearon las órdenes mendicantes de los franciscanos y de los dominicos. El movimiento beguinal estaba constituido tanto por mujeres como por hombres, aunque la rama masculina, denominada como begardos, siempre fue menos numerosa. Este movimiento femenino estaba arraigado en el deseo de una vida apostólica, pobreza voluntaria, mendicidad y predicación. El movi- miento se hizo atractivo porque recogía las aspiraciones religiosas de las mujeres que no querían ser monjas en el sentido estricto, o que no tenían bienes suficientes para aportar una dote que les permitiera mantenerse de por vida. En el contexto de la sociedad medieval, en que las mujeres te - nían ámbitos definidos, las beguinas buscaron vivir una espiritualidad 56 Ibíd., 69. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 38 laica, sin compromisos que se derivaran de una vida religiosa monás- tica. Optaron por trabajar, rezar, vivir los sacramentos y servir a las demás, movidas por una profunda convicción de seguimiento de Jesús, de manera libre y en la gratuidad de ser mujeres. Buscaron ser fieles a sí mismas, no renunciaron a la pertenencia a la Igle- sia, pero tampoco se sometieron a ninguna regla. Asumieron una pos tura crítica frente a la jerarquía eclesiástica, que en muchas oca- siones se mostraba dominada por la atracción al poder y, en nombre de Jesús, abusaba y oprimía57. Estas mujeres se dedicaron a la atención a los más necesi- tados, viviendo una espiritualidad de servicio. Comprendieron que el cristianismo no es un llamado al intimismo o a la vivencia de una espiritualidad que aísle a las personas del mundo, sino que es experiencia de apertura a la divinidad, a prójimo y a la creación. En este sentido, ellas comprendieron que la Palabra de Dios expre- sada en la Sagrada Escritura es palabra para todo tiempo y lugar, que ser imagen y semejanza de Dios significa la vivencia de una espiritualidad caracterizada por una particular cercanía al herma- no pobre y necesitado y a la creación en general. Esta comprensión de la revelación de Dios en la historia es lo que en la teología con- temporánea se refiere a una espiritualidad entendida como una de las manifestaciones privilegiadas a través de la cual se experimenta con mayor nitidez la cercanía con Dios58. 3.2 Movimientos espirituales bajo sospecha Estos movimientos femeninos fueron radicales en la opción de vida centrada en la libertad y el servicio a los más débiles. La libertad con la que las mujeres se organizaron y con la que hablaban de Dios despertó sospechas. Al respecto, el obispo de Germania, Bruno de Olmütz escribe: “Estas mujeres se sustraen por igual a la obe dien- cia de los clérigos y a las obligaciones del yugo matrimonial, y no se dejan sujetar por las reglas de un orden, se sugiere hacer de ellas 57 González Bernal, “Principios sobre el Dios trinitario en la teología de las beguinas”, 94. 58 Guardini, Il rosario della Madonna, 69. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 39 esposas o meterlas en una orden aceptada”.59 Así mismo, el dominico Humberto de Romans, que no estaba de acuerdo con la praxis de estas mujeres, sostiene: “…existen además mulieres religiosae pau peres que, para recoger lo estrictamente necesario, recorren las ciudades y los pueblos, cosa que no es conveniente y para una mujer es peligroso”60. Fueron muchos los ataques que se dieron contra estas muje- res para debilitarlas y exterminarlas, ellas soportaban y resistían. A pesar de que su estilo de vida no constituía escándalos en aspec- tos morales, sí fueron desafiantes en su manera de interpretar la Biblia, en enseñar sobre la misericordia y en criticar la estructura jerárquica de la Iglesia: “De todas formas, ciertas tendencias de las beguinas, su culto ferviente y místico de la continencia, así como la pobreza, eran motivos suficientes para ser sospechosas de herejía”61. La praxis de estas mujeres tristemente en la historia de la Iglesia, no ha sido dada a conocer. Estudios recientes buscan reivindicar el pensamiento y las acciones que estas mujeres protagonizaron y que en nuestros días en fuente de inspiración. Además, estas mujeres contribuyeron a la sociedad con una forma de organización econó- mica que ponía en acción sus capacidades de trabajo y de producción: The beguines’ specific understanding of apostolic poverty, for exam- ple, entailed that each member was required to earn her own keep through low paying work. City governments, aware of the advanta- ges of a local reservoir of cheap, non-guild regulated labor, endowed beguine communities with generous land grants to enlist their ser- vices. In some places, such as the city of Herentals, beguines at one point produced no less than 37.6 percent of all linen.62 Con este movimiento se inaugura una nueva manera de vivir la espiritualidad cristiana para las mujeres, como la describo en uno de mis trabajos previos63: es una espiritualidad que nace del cora- zón de ellas mismas, de las vivencias personales y comunitarias; que 59 Cirlot y Garí, La mirada interior: escritoras místicas y visionarias en la Edad Media, 23. 60 Ibíd., 24. 61 Van Mierlo, “Béguins, béguines, béguinages”, 1344. 62 Simons, Cities of Ladies: Beguine Communities in the Medieval Low Countries, 1200-1565, 346. 63 González Bernal, Místicas medievales: el rostro femenino de la teología, 84. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 40 les exige un compromiso radical, desde el ser mujer y desde la propia libertad. Estas mujeres fueron mostrando a la Iglesia el rostro fe me- nino de una teología que se encarna en cuerpos concretos de varones y mujeres, y que balbucea sobre Dios desde lo cotidiano de la vida. Así mostraron un Dios que cuestiona el sufrimiento, el abandono y la discriminación de los seres humanos. En el ámbito de la Iglesia, la espiritualidad de la mujer era aceptada, pero tenía que ser sometida a la guía y orientación de algún religioso varón experto en la sabiduría de Dios. Se trataba de guiar a la mujer en su rol como monja, esposa y madre abnegada. La par ticularidad del movimiento de las beguinas está en que, sien- do mujeres, supieron mantener en lo posible buenas relaciones con los religiosos de las órdenes mendicantes, quienes fueron sus confe- sores, directores espirituales y las apoyaron en sus escritos. Por otra parte, ellas supieron hablar de Dios a través de un lenguaje aceptado en su época: poemas, cartas, visiones y canciones. De hecho, se apropiaron de los instrumentos de la escritura para hablar de sí mismas y de Dios, pues Dios fue lo único que encon- traron en sus recámaras, en sus moradas, en los castillos del alma, rompiendo las barreras de un mundo que las había condenado al silencio64. Uno de estos instrumentos fue la escritura trovadoresca del amor cortés, con el cual expresaron sus experiencias más profundas de la acción de Dios en su vida65. 4. El Maestro Eckhart y las categorías fundantes de su pensamiento La teología del Maestro no puede entenderse adecuadamente sino se tienen en cuenta, por lo menos, tres de sus grandes influencias. En primer lugar, el Maestro bebe directamente de la tradición que la Orden dominicana constituía paulatinamente, de manera especial se fija en la obra de Alberto Magno. Además, como se dijo ante- riormente, sigue la línea marcada por la teología negativa, corriente de pensamiento que, para la época, era el método teológico por 64 Cirlot y Garí, La mirada interior, 11. 65 González Bernal, Místicas medievales, 32-122. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 41 excelencia en la tradición cristiana oriental. Igualmente, Eckhart elabora sus reflexiones teniendo en cuenta el marco referencial dado por la espiritualidad monástica. El hecho de que la teología del Maestro se desen vuelva dentro de estas tres aristas permite comprender su predilección por enseñar a través de la predicación, ya que ella es la reproducción de la encarnación: si el Verbo de Dios ha tomado forma para comu- nicar la voluntad divina, de manera análoga el verbo humano toma forma para dar a conocer el mensaje evangélico66. La historia de la teología ha incluido a Eckhart en la lista de autores considerados místicos. Empero, la atribución de este tí tu- lo al Maestro no estuvo libre de discusiones, sobre todo, porque los escasos elementos biográficos que hay sobre él no dan cuenta de algún tipo de experiencia de corte sobrenatural o extrasensorial. Aun así, sus defensores arguyeron la necesidad que existe de entender el fenómeno místico en un sentido más amplio que avale una interpre- tación ligada a la metafísica de la interioridad67. En este sentido, el Maestro Eckhart es el representante de una mística de la experiencia, por cuanto la finalidad de lo que enseña promueve una unión en Dios que, antes de ser un acto de tipo extático, es una experiencia diná mica68. Al hablar de dinamismo en la unión con Dios, subraya necesario que el alma del creyente sea escenario de la permanente generación del Hijo de Dios69. Si fuera preciso establecer características a una suerte de método del Maestro, uno de los presupuestos fundamentales a tener en cuenta es la inclinación del autor por rechazar las formula ciones teóricas que estaban en boga en su tiempo, relacionadas con los mecanismos que el cristiano tiene a su disposición para ser partí- cipe de la gracia y así acceder a la salvación70. El alejamiento de las tesis comunes lleva a Eckhart a realizar tres acciones: primero, buscar nuevos argumentos filosóficos que permitan encontrar respuestas 66 Eckhart, El fruto de la nada, 14. 67 Bara Bancel, “El Reino de Dios en nosotros, según el Maestro Eckhart”, 147. 68 Bara Bancel, “Las raíces de la felicidad, según la mística dominicana”, 13. 69 Eckhart, El fruto de la nada, 24. 70 Ibíd., 15. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 42 diferentes a las preguntas tradicionales; segundo, recurrir a ejemplos de la ciencia de la época a la hora de dar razón de los fundamentos de la fe; tercero, articular los presupuestos de la filosofía con las afirma- ciones que provienen de la teología, para lo cual resulta del todo útil la alegorización de los textos de la Sagrada Escritura71. Su pensamiento teológico se fundamenta en varias catego- rías que representaron en su momento una gran novedad; y hoy, para nuestro quehacer teológico, sigue siendo vigente, actual y novedoso. En su teología hay un horizonte de sentido que nos lleva a seguir profundizando, puesto que sus palabras continúan siendo sugerentes y referentes en el quehacer teológico. Eckhart ha sido considerado el mayor exponente de la corriente de la mística renana, y la novedad de su pensamiento se puede apreciar en ciertos desarrollos conceptuales. Aquí destacamos algunas categorías que se constituyen en eje de su teología; respecto del tema que trataremos en los capítulos siguientes, desde luego hay muchas más, pero por delimitación en este traba- jo nos referimos a estas de manera general y solo desarrollaremos las dos primeras: − Reino de Dios, como cielo, felicidad, justicia; − desasimiento, anonadamiento, vaciamiento o kénosis; − condición humana; − engendramiento o nacimiento del Hijo de Dios en el alma; y − unión en Dios72. Con relación al desarrollo de la teología del Reino de Dios, el Maestro enseña que este Reino es felicidad, es encuentro con una presencia viva que desde siempre ha estado ahí, y que mediante el desasimiento podemos llegar a reconocerla. El Reino es fruto de la libertad que brota del corazón que ha logrado desasirse, el cual no necesita mediaciones o intervenciones externas, porque bien sabe que 71 Bara Bancel, “El Reino de Dios en nosotros, según el Maestro Eckhart”, 14. 72 En gran parte de sus sermones y tratados, el Maestro utilizó la expresión unión en Dios, para decir que en Dios ya fuimos asumidos desde siempre. Que la unión no es un esfuerzo que el hombre hace para unirse con Dios, sino que Dios ya se ha donado al ser humano, desde siempre, y este lo único que debe hacer es asumir el desasimiento o la kénosis. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 43 Dios ya lo dio todo: “la virtud suprema y óptima por la que el hombre es capaz de vincularse y acercarse lo más posible a Dios es el desasi- miento”73. De esta manera, el Maestro articula kénosis o desasimiento como condición para la unión en Dios, y afirma que la finalidad del ser humano, su felicidad y realización plena, consiste en “ser en Dios”, de manera que el hombre podrá conocer las cosas en Dios y recibir de Él el ser. En la teología del Maestro, la unión en Dios, o el nacimiento del Verbo en el alma, tiene co- mo condición previa el desprendimiento, la total receptividad, que se alcanza, a su juicio y al de toda la tradición cristiana, a través del seguimiento de Jesús; las personas “buenas y perfectas” han integrado y asimilado hasta tal punto las virtudes que la vida venerable de nues- tro Señor Jesucristo y su noble enseñanza vive en ellos.74 Por consiguiente, la unión en Dios a la que el hombre aspira es el saborear internamente la presencia divina y, a su vez, el sufrir para que esa presencia se dé en el fondo del alma, sufrir que conlleva el vaciamiento del yo para dar paso al engendramiento de Dios en el alma. Así, una teología construida a partir del desasimiento llevará a ver que estamos creados para la unión en Dios y que esta unión produce felicidad, la cual no está fuera del ser humano: reside dentro de cada uno. De ahí que el imperativo es ir al interior de sí mismo, para encontrar la fuente de gozo y de plenitud. Hay un aspecto importante que el Maestro destaca en la unión en Dios, se trata de la capacidad intelectiva con la que estamos dotados para entrar en relación con Él, para captar y comprender su Palabra. De este modo, el hombre y la mujer han de prestar atención al mensaje de Jesús como el Verbo encarnado que hace posible llegar a la unión en Dios. Aquí hay que precisar que para el Maestro el inte- lecto humano es mucho más que la capacidad de abstracción a partir de los sentidos, es la parte más íntima y más elevada del ser humano que le capacita para recibir a Dios75. 73 Eckhart, Tratados y sermones, 237. 74 Bara Bancel, Teología mística alemana. Estudio comparativo del “Libro de la Verdad” de Enrique Suso y la obra del Maestro Eckhart, 420. 75 Bara Bancel, “Las raíces de la felicidad, según la mística dominicana”, 131-144. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 44 El Maestro pone en evidencia que la condición humana está expuesta permanentemente al pecado, pero ve en el pecado una ense- ñanza de que el arrepentimiento profundo, intenso, lleva al hombre a reconocer el amor de Dios. De esta manera, para el Maestro, la inclinación al pecado resulta de provecho al creyente, puesto que le lleva a reflexionar sobre su propia condición y sobre las inmen- sas posibilidades de hacer el bien y de alejarse del mal. Porque, como bien lo dice el Maestro,La inclinación al pecado no es pecado, pero querer pecar, esto sí es pecado, querer encolerizarse, esto sí es pecado. En verdad, si aquel que está bien encaminado tuviera el poder de desear, no se le ocurriría desear que perdiera la inclinación al pecado, pues sin ella el hombre estaría inseguro en todas las cosas y en todas sus obras y no sentiría preocupación frente a las cosas, y carecería también del honor ganado con la lucha, de la victoria y de la recompensa.76 Ahora bien, para el Maestro el desasimiento o kénosis lleva al ser humano a caer en la cuenta de su ser creatural, al reconoci- miento del don de la vida, de la dependencia que tiene con Creador y su obediencia a él. En este sentido, el desasimiento está relacionado con la obediencia a la voluntad de Dios, como la mayor virtud que logra la perfección de toda gran obra. No una obediencia a normas y mandatos, sino a la aceptación de la voluntad de Dios en la vida del ser humano. “Siendo obediente, un hombre se purifica a sí mismo, y Dios penetra en él; ya que, al no tener voluntad propia, Dios dispon- drá para él lo que dispondría para sí mismo, Dios elije por mí”77. De esta manera, presenta el desasimiento como un camino para llegar a ser imagen y semejanza de Dios. En su doctrina del desasimiento hay un aspecto importante, esperanzador para el ser humano, y es que “Dios hace ser al alma humana al mismo tiempo que la hace entender. De esta forma, la iluminación es lo divino en el alma y la causa de nuestra existencia. Y, por ello mismo, la razón es lo primordial del alma y del hombre 76 Eckhart, Tratados y sermones, 72. 77 Ibíd., 64. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 45 entero”78. Con esto, el ser humano comprende que su relación con Dios es de despojo, rendición, dependencia y obediencia: Redúcete a lo que eras antes incluso de haber nacido sobre la tierra, empobrécete y empequeñécete hasta desnacer, deshazte del exceso de contacto con el mundo no divino, hasta el punto que ni siquiera seas tú, sino nada más que la acción inmanente de la Trinidad, en la que el abismo de la divinidad se refleja principalmente en la sabi- duría eterna.79 La radicalidad de su pensamiento induce a tomar una postu- ra clara en el seguimiento a Jesús: No basta con que el ser humano se haga totalmente receptivo a Dios, es que Dios se vuelva fecundo en él. Pues hacer fecundo el don no es otra cosa que el agradecimiento por el don recibido. Y así el espíritu [humano] se hace “mujer”: en esta gratitud que, en retorno, engendra, y en la cual [el espíritu humano] hace nacer a Jesús en el corazón paterno de Dios.80 El Maestro va tejiendo una teología que parte del desasi- miento, en el sentido primero de reconocer la creaturalidad (creados a imagen y semejanza de Dios) y, junto a ella, la condición hu ma- na, signada por el sufrimiento, las tribulaciones, los infortunios y las pérdidas. Pero también estas situaciones encuentran un consuelo divino, cuando la creatura en su ser y en su obrar renuncia a sí misma y a su voluntad, y se abre a la acción divina. La condición humana es también, para el Maestro, el lugar del bien moral, el cual consiste en la entrega total y absoluta a la voluntad de Dios, y al desapego de toda realidad exterior. Por lo tanto, entra también en su pensamiento teológico la culpa y el pecado, que es fruto de la condición humana, y se da por el deseo de posesión y la pérdida de la conciencia de la interioridad divina. Aun así, el Maestro descubre que en el pecado el hombre siente la angustia de la nada, y al sentir y comprender la angustia le lleva a recogerse en su interior y a recomponerse por dentro, puesto que 78 Saranyana, Historia de la filosofía medieval, 370. 79 García-Baró, De estética y mística, 49. 80 Rivas Rebaque (ed.), Iguales y diferentes, 119. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 46 el círculo espiritual no se afianza si él no reconoce el llamado de la angustia y, con un acto de amor y de entrega, no se libera del golpe de su pecaminosa aflicción y de sus motivos prácticos y se adhiere con un acto de voluntad a la voluntad de Dios identificándola con ésta.81 Los tratados y sermones del Maestro Eckhart son re flejo de la unión mística, del desasimiento y del abandono en las manos de Dios. El Maestro establece una relación justa y equitativa con Dios, en la que, entre más salimos nosotros de sí mismos, más Dios viene hacia nosotros; entre más nos perdamos, él más nos en cuentra. Nos muestra la riqueza que presenta para la teología hablar de la unidad-Trinidad y del fondo del alma.82 En el presente capítulo esbozamos unas pinceladas sobre la teología del Maestro Eckhart. Como lo venimos señalando, su pensa- miento se inscribe en la denominada teología mística. Esta teología revela una genuina experiencia de encuentro unitivo con Dios y se expresa mediante un lenguaje teológico que actualiza el misterio de la revelación en cada época y lugar; por ello su mensaje siempre va a ser actual y novedoso. Su teología enfatiza la apertura del hombre a Dios y el reconocimiento de ser creatura, que en su libertad puede asumir el seguimiento a Jesús como un camino que pasa por la obedien- cia, la kénosis y el sufrimiento. En este caminar, el Maestro advierte que el hombre está siempre sostenido por Dios, y que llega a saber de Él mediante el desasimiento. En toda su teología encontra- mos que Dios tiene un lugar preferido para habitar: el alma del hombre que ha renunciado a su propio yo, y en esa renuncia Dios se mani fiesta y se da a conocer. La preocupación del Maestro es enseñar que el hogar de Dios es el ser humano. A Dios le gusta habitarlo, se siente cómodo allí; por eso se ha donado y solo pide qui audit me, ser escuchado. “Quien me escucha a mí, no se avergüenza. Quien ha de escuchar la eterna sabiduría del Padre tiene que hallarse adentro y estar en su casa y ser una sola cosa, luego podrá escuchar la eterna sabiduría del Padre”83. La escucha, para el Maestro, es la obediencia de un alma libre y 81 Faggin, Meister Eckhart y la mística medieval alemana, 70-71. 82 Eckhart, Tratados y sermones. Tema que encontramos a lo largo de esta obra. 83 Ibíd., 366. el maestro eckhart. un maestro de vida espiritual 47 desasida. Es la entrega permanente del ser humano confiado a Dios y que ha descubierto una particular manera de situarse ante la vida, en un ejercicio continuo de vaciamiento. Un vaciamiento que no im plica anulamiento alguno del ser, ni rechazo de la condición hu mana, sino un saberse habitado, perfeccionado y sostenido en Dios. El Maestro Eckhart hace que toda su teología se funda mente en el desasimiento, para llevar al ser humano a no ser susceptible a nada que no sea Dios. Así, el desasimiento viene a significar liber- tad y unión en Dios. Para que el ser humano llegue a sentirse libre, es necesario que no aspire a nada, ni siquiera a recibir gracias o dones de Dios, “que uno aprenda a desasirse de sí mismo hasta no tener ya nada propio”84. En los dos siguientes capítulos nos ocupamos del desarrollo de las categorías Reino de Dios y kénosis o desasimiento. 84 Ibíd., 695. Capítulo 2 “EL REINO DE DIOS ES DIOS MISMO EN LA TOTALIDAD DE SU PLENITUD” En este capítulo hacemos un acercamiento a la teología del Maestro Eckhart en torno a la comprensión de Reino de Dios. Para ello, presentamos cuatro apartados que recogen los aspectos más re levantes de la noción de Reino de Dios y que sirven como marco referencial para acceder a las líneas generales de su teología: (1) el Reino de Dios es comunicación abierta con los seres humanos; (2) el Reino de Dios es una vivencia espiritual aquí y ahora; (3) el Reino de Dios es felicidad de un cielo prometido; (4) el Reino de Dios es obediencia a la voluntad de Dios. Es importante destacar que Eckhart insiste en el Reino de Dios como conocimiento, es caer en la cuenta de la presencia viva que está en nosotros. Como en Jacob, “Diosestá aquí y yo no lo sabía” (Gn 28-16) o como en el Evangelio, “Mirad la higuera y todos los demás árboles. Cuando veis que retoñan, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabéis que el Reino de Dios está cerca” (Lc 21,29). Así el Reino de Dios está entre nosotros; y el Maestro agrega: “Pablo dice: ¡Alegraos todo el tiempo!; esto quiere decir: por encima del tiempo; y ¡No os preo- cupéis más, el Señor está acá y cerca!”1, esto es, que el Reino está más cerca de lo que nosotros creemos. 1 Eckhart, Tratados y sermones, 548. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 50 1. El Reino de Dios es comunicación abierta con los seres humanos El Maestro Eckhart pone como centralidad del Reino de Dios el encuentro con Él mismo, así lo representa al interpretar alegóri- camente el pasaje de Jesús y la samaritana ( Jn 4,5-43): Ya no creemos por tus palabras, sino porque nosotros mismos hemos oído. Ni tu propio saber, ni la ciencia de las criaturas pueden condu- cirte a un punto donde estés en condiciones de conocer a Dios de modo divino. Tu saber debe volverse pura ignorancia, en la omisión de ti mismo y de todo lo creado.2 Su pensamiento resulta ser una fuente de riqueza absoluta para el quehacer teológico actual, puesto que no se conformó con elaborar una doctrina que satisficiera el ambiente académico de su época3, sino que se esforzó por ofrecer a los cristianos del común las herramientas teológicas necesarias para reinterpretar su experien- cia de Dios4. La teología de Eckhart sobresale, además, porque retoma principios fundamentales de un método teológico que en Occiden- te fue relegado, a saber, el que representa el apofatismo de autores como Pseudo Dionisio Areopagita5 y Gregorio de Nisa6. 2 Eckhart, Vida eterna y conocimiento divino, 96-97. 3 “El hombre no debe tener un Dios pensado ni contentarse con él, pues cuando se desvanece el pensamiento, también se desvanece ese Dios. Uno debe tener más bien un dios esencial que se halla muy por encima de los pensamientos de los hombres y de todas las criaturas. Este Dios no se desvanece, a no ser que el hombre volunta- riamente se aparte de Él” (Eckhart, Tratados y sermones, 93). 4 “Si no se debe enseñar a la gente iletrada, nunca nadie llegará a letrado, y en conse- cuencia nadie sabrá enseñar o escribir. Porque se enseña a los iletrados, para que de iletrados se conviertan en letrados. Si no hubiera cosas nuevas, nada llegaría a ser nuevo” (ibíd., 215). 5 “No es nuestro propósito explicar aquí el Ser supraesencial, en cuanto supraesencial, pues es inefable, imposible de conocer, totalmente inexplicable, y es superior a toda unidad” (Pseudo Dionisio Areopagita, Los nombres divinos, 207). 6 “Lo contrario a la piedad lo concebimos como tiniebla, y el apartamiento de la tiniebla se produce mediante la participación en la luz. Pero al seguir la mente avanzando en la comprensión del conocimiento de los seres mediante una atención siempre mayor y más perfecta, cuanto más avanza en la contemplación, tanto más percibe que la natura- leza divina es invisible” (De Nisa, Sobre la vida de Moisés, 162). el reino de dios es dios mismo en la totalidad de su plenitud 51 El Maestro sabe que, desde siempre, Dios le ha hablado al hombre, que, como bien narra la experiencia del Pueblo de Israel, Dios es deseoso de entrar en comunicación abierta con los seres humanos7. El movimiento libre y amoroso de Yahveh, que los israe- litas descubren paulatinamente en su historia, se convierte, de forma necesaria, en el lente por medio del cual toda creencia religiosa debe ser leída: aquello en lo que se cree es aquello que se ha revelado. Al ser un proceso, la mostración de Dios implica un esfuerzo herme- néutico por parte de los seres humanos, de tal forma que, con el paso del tiempo, se haga posible dilucidar la estructura de salvación que se le propone a la humanidad. Así, Israel entiende que Dios se relaciona con él a partir de una dinámica contractual específica: la Alianza. Dicha dinámica es el andamio que permite al Pueblo acceder a la amistad ofrecida por Dios8. En sus escritos, Eckhart deja ver su amplio conocimiento de la Sagrada Escritura, especialmente sobre el Reino de Dios en el Antiguo Testamento y la relevancia que la Alianza va a asumir en la vida del colectivo israelita. El Maestro acude a un lenguaje analó- gico para mostrarnos cómo la influencia de culturas y religiones ajenas a la experiencia de Israel genera una especie de contamina- ción: el Pueblo elegido vivirá entre la aspiración de mantenerse fiel al pacto realizado con Yahveh y el impulso a aceptar costumbres que, al estar inspiradas en otras deidades, lo alejan de la relación de amor con Dios9. Así, los profetas, cada uno desde su contexto, reaccionan ante la tendencia permanente de Israel a darle la espalda a la oferta gra tuita de Dios, por buscar beneficios particulares gracias al culto de otros dioses o a prácticas contrarias a Ley dada por Moisés. El mensaje profético es claro: la Alianza es la base sobre la cual se cons- tituye el Reino de Dios, entendido este como el gobierno permanente que el Señor establece en medio de quienes le aman. Entonces, la fidelidad es la actitud que se debe guardar con celo para lograr hacer efectivo tanto el cumplimiento de la Alianza como el testimonio 7 Beaucamp, Los profetas de Israel o el drama de una alianza, 13-14. 8 Alviar, “Hacia una teología personalista del Reino de Dios”, 754. 9 Todo el texto de las pláticas instructivas en Eckhart, Tratados y sermones, 85-158. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 52 del Reino. Frente a la continua desobediencia de los israelitas, los pro fetas defienden sin trastabillar la fortuna que representa la predi- lección divina, la cual no puede ser mancillada sin más10. Ahora bien, la centralidad del Reino de Dios es para el Maestro la presencia permanente de Dios en nosotros, es el naci- miento del Hijo en el alma humana, y es Palabra recibida: San Pablo dice: “En la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo” (Ga 4,4). San Agustín explica qué es “la plenitud del tiempo”. “Allí, donde ya no hay tiempo, se da la plenitud del tiempo […]. Al prin- cipio, cuando la palabra es recibida por mi entendimiento, ella es tan acendrada y sutil que es una palabra verdadera antes de ser configu- rada en mi pensamiento.11 En la teología cristiana, Jesús muestra que el Reino tiene una dialéctica propia. Efectivamente, la soberanía divina actúa de manera germinal a lo largo de la historia. Es como una semilla que, aunque tiene en sí misma la potencialidad de echar raíces y crecer hasta dar fruto, necesita de un ambiente propicio en el cual desarrollarse (Mc 4,3-8). Es también como un grano de mostaza que, a pesar de ser minúsculo en el presente, en el futuro puede llegar a ser el más grande de los árboles (Lc 13,18-21). Oscar Cullmann12 entiende la relación entre actualidad y futuro como lo que ya ha sido hecho gracias a la vida de Cristo (Mc 1,15) frente a lo que falta por hacer (Mt 4,17). En la perspectiva del Maestro, el Reino de Dios es funda- mentalmente cristológico: “Si mi alma estuviera tan dispuesta como el alma de nuestro Señor Jesucristo, el Padre obraría en mi interior tan puramente –y nada menos– como en su Hijo unigénito; porque me ama a mí con el mismo amor con el que se ama a sí mismo”13. Lo que significa que el Reino de Dios es Dios mismo en nosotros. Como lo dice Ratzinger, Jesús muestra que los límites del Reino no están relacionados con un espacio físico o un área geográfica de dominio: 10 Sicre, Introducción al Antiguo Testamento, 193-194. 11 Eckhart, Tratados y sermones, 572. 12 Ruiz de la Peña, La pascua de la creación: escatología, 102. 13 Eckhart, Tratados y sermones, 609. el reino de dios es dios mismo en la totalidad de su plenitud 53 el Reino de Dios se enmarca en su persona y en sus acciones14. Nocke nos ayuda a comprender queJesús es el acontecimiento por exce- lencia desde el cual se inaugura un nuevo tiempo: en Jesús el Reino llegó a la tierra, pero su evolución se debe concretar en el caminar de la Iglesia15. En consonancia con la teología paulina, que asume la exis- tencia del Reino como un cambio en el télos que orienta la historia16, el Maestro se refiere en estos términos: Por amor de Dios, san Pablo deseaba ser apartado de Cristo por [la salud de] sus hermanos (Rm 9,3). […] sabía que era la volun- tad de Dios… cuanto más tiempo, tanto más querida, y cuanto mayor [el] suplicio, tanto mayor [la] alegría; porque cumplir con la voluntad divina es el Reino de los cielos; y cuánto mayor [sea] el su- plicio [sufrido] de acuerdo con la voluntad divina, tanto mayor [será] la bienaventuranza”.17 Así, se presenta el Reino de Dios como un llamado al inte- rior del ser humano para tomar la cruz y seguir a Jesús, para ayudar a los otros en sus sufrimientos. La concepción de que el cumplimiento del Reino se logra por medio de la vivencia de las leyes establecidas se trastoca, puesto que el criterio de verificación de la realidad del Reino es, más bien, la evidencia de actitudes que expresan fehaciente mente el testimonio cristiano en medio del mundo18. Como Vaticano II también lo expresa, el Reino hace las veces de télos que orienta el devenir histórico de toda la humanidad hacia la experiencia salvífica plena. El nuevo Pueblo de Dios se enmarca en una perspectiva inte- gral y global del proyecto que Dios diseñó para que la humanidad alcanzara la salvación que esperaba desde antaño19. 14 Ratzinger, Jesús de Nazaret: del bautismo en el Jordán a la transfiguración, 77. 15 Nocke, Escatología, 53-54. 16 Miller, “A Study of the Theme of ‘Kingdom’. The Gospel According to Thomas: Lo- gion 18”, 53. 17 Eckhart, Tratados y sermones, 107. 18 Shogren, “Is the Kingdom of God about Eating and Drinking or Isn’t It? (Romans 14:17)”, 239. 19 “A todos los elegidos, el Padre, desde la eternidad, los ‘conoció y los predestinó a ser conformes a la imagen de su Hijo, para que este sea el primogénito de muchos reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 54 2. El Reino de Dios es una vivencia espiritual aquí y ahora Para el Maestro Eckhart, el Reino de Dios es presentado por Jesús en un acto de apertura de las puertas del cielo, como lo afirma el Maes- tro en el sermón 87, traducido por Bara Bancel: Él ha anulado las guardas simbólicas que impedían al ser humano lle- gar al Paraíso, en referencia a Gn 3,24. Ha traído inocencia y pureza a la naturaleza humana, el amor ardiente de Dios, y ha cargado con nuestros dolores y pecados. Ahora [concluye], el Reino de los cielos está abierto sin ningún tipo de guarda: por eso puede el ser humano ir audazmente hacia Dios.20 Es alentadora la concepción de Reino de Dios que presenta el Maestro, pues el Reino se halla entre nosotros, el Reino es Dios que se hace presente en su Hijo y este nos invita a participar de un banquete; esto es vivir en Jesús. “Quienes son mis seguidores, se sentarán a mi mesa en el reino de mi Padre y comerán mi comida y tomarán mi bebida que mi Padre me ha preparado; así os la he preparado yo también” (cfr. Mt 19,28 y Lc 22,29ss). Bienaventurado es el hombre que ha llegado a recibir junto con el Hijo de lo mismo de lo cual recibe el Hijo. Justamen- te ahí recibiremos nosotros también nuestra bienaventuranza, y allí donde reside su bienaventuranza, en el interior donde Él tiene su ser, en ese mismo fondo todos sus amigos recibirán y sacarán su biena- venturanza. Esta es la “mesa en el Reino de Dios”.21 Así, el Reino de Dios está “aquí y ahora”, y esta concepción traspasa los límites del tiempo mediante el desasimiento o la kénosis, lo que viene a significar “plenitud del tiempo”. Acudiendo a la expli- cación paulina (Ga 4,4), el Maestro recrea su lenguaje de la siguiente hermanos’ (Rm 8,29). Dispuso convocar a los creyentes en Cristo en la santa Iglesia. Esta aparece prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la antigua Alianza; se constituyó en los últimos tiempos, se manifestó por la efusión del Espíritu y llegará gloriosamente a su plenitud al final de los siglos” (Concilio Vaticano II, Documentos. “Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium” 2). 20 Bara Bancel, “El Reino de Dios en nosotros, según el Maestro Eckhart”, 147-167. 21 Eckhart, Tratados y sermones, 630. el reino de dios es dios mismo en la totalidad de su plenitud 55 manera: “En la plenitud del tiempo Dios envió a su Hijo: [lo envía] al alma una vez que ella haya ido más allá del tiempo. Cuando el alma se ha liberado del tiempo y del espacio, el Padre envía a su Hijo al alma”22. En sus investigaciones, Bara Bancel lo fundamenta como la irrupción de todo lo divino en el “ahora”: Si alguien tuviera la habilidad y el poder, de modo que pudiese con- centrar en un “ahora” presente el tiempo, y todo cuanto jamás ha sucedido en el tiempo durante seis mil años y lo que todavía habrá de acontecer hasta el final, esto sería “plenitud del tiempo”. Ese es el “ahora” de la eternidad en el que el alma conoce en Dios todas las cosas como nuevas y lozanas y presentes…”23 Así, la propuesta espiritual del Maestro parte de una reali- dad fundamental: Dios, por su ser y naturaleza, es diametralmente opu esto al ser humano. De hecho, el alma de cada persona se encuen- tra alejada de Dios por los límites ontológicos que ella posee24. Aun así, el amor de Dios ha sido tan grande que, con la encarnación, decidió superar la brecha que dividía ambas realidades (divina y humana) para posibilitar la comunión entre el Creador y la creación25. Con esta noción, Eckhart retoma la tradición patrística de la deifi- cación, asumiendo la estructura tradicional de sus etapas. Cada cristiano, en su camino de encuentro perfecto con el Señor, pasa por varios niveles subsiguientes, a saber: (a) vía purgativa/principiantes, cuando recién ocurre el primer anuncio y la conversión que ayuda a cambiar las estructuras de vida; (b) vía iluminativa/proficientes, en donde se avanza paulatinamente en la realización de los efec- tos transforma dores del Evangelio; (c) vía perfectiva/perfectos, que tiene lugar cuando se alcanza la plenitud de la experiencia de Dios en la tierra26. 22 Ibíd., 295. 23 Bara Bancel, “El Reino de Dios en nosotros, según el Maestro Eckhart”, 153. 24 Farrely, Eckhart, Tauler y Seuze. Vida y doctrina del Maestro y sus dos mejores discípulos, 119. 25 Dios se hizo hombre y, gracias a ello, todo el género humano ha sido elevado y enno- blecido. Con razón debemos regocijarnos de que Cristo, nuestro hermano, por fuerza propia haya ascendido al cielo por encima de todos los coros angelicales, y esté sentado a la diestra del Padre” (Eckhart, Tratados y sermones, 304). 26 Farrely, Eckhart, Tauler y Seuze, 30. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 56 La espiritualidad que presenta el Maestro es, ante todo, trini- taria. En virtud de la acción de la gracia presente en el ser humano y de las obras de caridad que este realiza, sustentado en la ayuda divina, la Trinidad misma habita en la persona y la hace avanzar en el camino de la santidad. La experiencia de la gracia, lejos de depen- der del mérito del individuo, es un regalo que Dios da por el hecho mismo de que la persona exista. Por eso, la Trinidad misma es la que se encuentra presente en la vida del ser humano, en lo más íntimo de sí mismo. Desde allí, ofrece los medios necesarios para que ocurra una renovación permanente en el espíritu limitado del cristiano. Eckhart diferencia la acción concreta que cada Persona divina efec- túa en el creyente: el Padre es la fuente que le da sentido a la filiación adoptiva, el Hijo realiza con su misterio pascual dicha filiación y el Espíritu Santo promueve la transformación del ser con la experiencia del amor supremo27. 3. El Reino de Dios es felicidadde un cielo prometido En términos generales, el Reino de Dios no es algo diferente de la presencia misma de Dios, o sea, de Dios mismo. Por ende, la fe li- cidad prometida a aquel que participe del Reino redunda en ser felicidad de relación con Dios. La imagen y la semejanza de Dios, que hacen las veces de vestigios en la persona, fortalecen sus rasgos distintivos cuando son trabajados de manera constante. Tal trabajo solo ocurre por medio del desapego de los ídolos construidos en el interior de cada uno28: “quien de tal manera tiene presente a Dios en todas las cosas y quien domina y usa su entendimiento en lo más elevado, sólo este conoce la verdadera paz y posee el legítimo Reino de los cielos”29. La historia del cristianismo ha relacionado el término Reino de Dios con el de cielo. Por eso, al adentrarse en lo que Eckhart 27 Ibíd., 123-124. 28 Bara Bancel, “El Reino de Dios en nosotros, según el Maestro Eckhart”, 151. 29 Eckhart, Tratados y sermones, 100. el reino de dios es dios mismo en la totalidad de su plenitud 57 entiende por este último, cabe destacar que recurre a su uso de ma nera alegórica: el cielo físico es un símbolo del cielo no-físico (el Reino). Ambos son puros, claros, carentes de manchas, ajenos al tiempo y despojados de lo corporal. Ya que Dios es todo bondad, ofrece el cielo a los seres humanos para que tengan la posibilidad no solo de vivir en él, sino también de experimentar lo que los ángeles y los santos sienten: “los bienaventurados en el reino de los cielos cono- cen a las criaturas desnudas de toda imagen, pues las conocen por medio de una sola imagen que es Dios y en la cual Dios conoce y ama y quiere a sí mismo y a todas las cosas”30. El amor de Dios ha hecho que el paraíso cerrado para el ser humano vuelva a abrirse. Por eso, envía a su Hijo amado a que asuma la historia y anule el pecado, el dolor y la muerte31. La pregunta por cuándo llegará el Reino de Dios debe ser entendida a la luz de las consideraciones del Maestro en torno al tiempo y la eternidad. Tradicionalmente se ha pensado que la eternidad es aquel momento de la historia en que el tiempo dure para siempre. Sin embargo, Eckhart hace una reflexión diferente. Partiendo de la seguridad de que Dios es un eterno presente32, afir- ma: “¿Cuándo es el tiempo? Cuando ya no existe el tiempo. Cuando uno, en medio del tiempo, ha puesto su corazón en la eternidad y todas las cosas temporales han muerto en su fuero íntimo, entonces es ‘la plenitud del tiempo’”33. Al relacionar la eternidad con la plenitud, Eckhart abre la posibilidad de que el presente humano, con todo y sus limitaciones, tenga instantes eternos: “una cosa está ‘plena’ cuando se halla en su punto final, así como el día está ‘pleno’ anochece. Del mismo modo, cuando todo el tiempo se desprende de ti, el tiempo ‘está pleno’”34. En este sentido, el Reino de Dios llega en el aquí y el ahora, no en un momento futuro indeterminado. Y ya que en Dios todos los opuestos se unifican, la lejanía y la cercanía del Reino, lo celestial y lo terrenal, 30 Ibíd., 172. 31 Bara Bancel, “El Reino de Dios en nosotros, según el Maestro Eckhart”, 150. 32 Farrely, Eckhart, Tauler y Seuze, 51. 33 Eckhart, Tratados y sermones, 358. 34 Ibíd., 481. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 58 lo actual y lo venidero y lo propio de los seres humanos y lo carac- terístico de la divinidad, se hacen realidad en el presente35. La fe es el motor que le permite al ser humano alcanzar a Dios. Sin embargo, la fe humana es imperfecta, ya que la natu- raleza creada es limitada y carente. Por eso, la historia de cada persona requiere permanentemente la ayuda divina. La dependencia del hombre hacia Dios se justifica al entender que, si bien es cier- to que la creatura, al ser creada, toma su ser por completo de Dios, el Creador no tiene nada propio fuera de la creatura36. El misterio pascual ha dado origen a la esperanza de que en algún momento de la historia la diferencia entre Creador y creación sea aniquilada. Por lo tanto, Jesús se postula como el camino a través del cual el creyente debe andar para así alcanzar a Dios y, consecuentemente, al Reino. La persona de fe es, al mismo tiempo, una imitadora de Cristo, en la medida en que no solo reconoce la voluntad de Dios para su vida, sino que actúa en consonancia con tal voluntad, con miras a lograr una comunión teándrica37. Cuando Jesús entra en contacto con el alma humana, se encarga de revelar ya no un mensaje cualquiera, sino a sí mismo. Al hacerlo, el Hijo cumple de manera radical la misión que le enco- mendó el Padre, esta es la de anunciar el contenido de amor que Dios, desde la eternidad, ha tenido preparado para el ser humano. El Espíritu ayuda a Jesús en su labor de proclamar a los que le rodean la soberanía paterna, con la fuerza inconmensurable que le debe caracterizar38. Pero el coloquio que Jesús quiere entablar con el alma humana solo se hace efectivo si la persona no tiene a otro interlo- cutor en su interioridad. Eckhart alegoriza el alma, al afirmar que ella es como un templo al que el Hijo quiere entrar y que, por tanto, re quiere no tener a nadie más ocupándolo. Si la persona no es capaz de preparar el templo para la visita del Señor, entonces la reve- lación del Reino no se hará realidad39. 35 Bara Bancel, “El Reino de Dios en nosotros, según el Maestro Eckhart”, 152. 36 Eckhart, Commento al Vangelo di Giovanni, 126-130. 37 Farrely, Eckhart, Tauler y Seuze, 141. 38 Eckhart, Tratados y sermones, 259-267. 39 Ibíd., 266. el reino de dios es dios mismo en la totalidad de su plenitud 59 El ser humano se hace uno con Cristo, conformando el único Cuerpo real y material del Señor. En virtud de la relación estrecha entre el Señor y sus discípulos, estos últimos ofrecen sus oraciones a Jesús, en Jesús y a través de Jesús. Más aún, los cristianos hablan en su nombre y actúan con su autoridad. Así, la comunión de los santos es una realidad que va más allá de la unidad invisible. Tiene que ver con una real incorporación a la dinámica existencial del Resucitado, lo cual descarta la viabilidad de una acción independiente. El cris- tiano es parte del Cuerpo de Cristo en la misma forma en que el ojo y la oreja hacen parte del ser humano: no es que el ojo vea y la oreja escuche, sino que el ser humano ve con el ojo y escucha con la oreja. En este horizonte de sentido, el amor a los demás cobra una mayor fuerza, ya que el prójimo es un miembro más del mismo Cuerpo al que pertenecemos todos y, en consonancia, todos los bienes, méritos y premios que algún cristiano tenga son baluarte de toda la Iglesia40. El alma del cristiano, al estar desprovista de cosas accesorias que le estorban, tiene la posibilidad de ser morada de Dios. Con todo, la persona no debe tener otro interés más que la unión con Dios, ya que, si llegase a albergar un deseo de provecho adicional, desvir- tuaría la acción divina41. En último término, ni siquiera el anhelo por hacer parte del Reino de Dios debe ser excusa para que el amor debido a Dios se desoriente: “no se debe amar a Dios ni por su reino de los cielos ni por ninguna cosa, sino que hay que amarlo por la bondad que es Él en sí mismo”42. Eckhart reconoce en los mercaderes del templo la tipificación de cristianos que perdieron el rumbo al querer negociar con Dios. Por eso, advierte: Todos aquellos que se preservan de los pecados graves y a quienes les gustaría ser gente de bien y hacer buenas obras para agradar a Dios, como ayunar, velar, rezar y cosas por el estilo, todo tipo de obras bue- nas, y las cumplen con el fin de que nuestro Señor les dé algo a cambio o que Dios haga algo por ellos que sea de su agrado: todos ellos son mercaderes.43 40 Eckhart, Commento al Vangelo di Giovanni, 251-255. 41 Eckhart, Tratados y sermones, 264. 42 Ibíd., 590. 43 Ibíd., 360. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 60 La vida de gratuidad y desinterés del cristiano es el punto departida para emprender el camino hacia el Reino: “poseería un verdadero reino de los cielos aquel hombre que por amor de Dios sería capaz de renunciar a todas las cosas, sea cual fuera lo que Dios diera o no diera”44. A partir de ahí, es viable empezar cierto es cape del tiempo y del espacio con miras a alcanzar la experiencia inefable de Dios. El desasimiento y la humildad se relacionan profun- damente, en la medida en que cuando se sale de sí mismo es posible reconocer la grandeza de Aquel que está por encima de todo el mundo. En tonces, surge naturalmente un deseo de entregar la historia personal a las manos amorosas de Dios45: “si llegáramos a desprendernos ínte- gramente de nuestra voluntad y nos animáramos a renunciar a todas las cosas, exterior e interiormente, por amor de Dios, entonces ha bría- mos hecho todo y antes no”46. Eckhart no ignora la condición antropológica heredada del Génesis que sostiene que el ser humano es imagen de Dios. Cada uno de nosotros debe esforzarse por fortalecer esta imagen y así corres- ponder al regalo que el Señor se ha dignado a ofrecer a todos: “el hombre de Dios debe estar inscrito en nosotros. Hemos de llevar en nuestro interior la imagen de Dios, y su luz ha de alumbrar dentro de nosotros si queremos ser ‘Juan’”47. En consonancia con la importancia que le da al intelecto, a la hora de reflexionar acerca de la natura leza de Dios, el Maestro asegura que la imagen de Él presente en las personas se manifiesta, de manera especial, en el intelecto48. Es allí en donde la chispa divina actúa: Si Dios, cuando creó todas las criaturas, no hubiera engendrado an- teriormente algo que era increado y que llevaba en sí las imágenes primigenias de todas las criaturas, esto es, la chispa –como dije ya en el convento de los Santos Macabeos, si lo recordáis aún por no haber estado allí inútilmente–, esta chispita es tan afín a Dios que es un uno 44 Ibíd., 151. 45 Bara Bancel, “El Reino de Dios en nosotros, según el Maestro Eckhart”, 153-156. 46 Eckhart, Tratados y sermones, 109. 47 Ibíd., 376. 48 Bara Bancel, “Las raíces de la felicidad, según la mística dominicana (el Maestro Eckhart y Enrique Suso)”, 18. el reino de dios es dios mismo en la totalidad de su plenitud 61 único sin diferenciación y, sin embargo, lleva en sí las imágenes pri- migenias de todas las criaturas, o sea, imágenes primigenias carentes de imagen, e imágenes más allá de la imagen.49 El cristiano está llamado a ser un hombre celeste. El cielo físico se presenta como algo inmóvil y firme; así debe ser la persona que conoce a Dios y decide entrar en comunión con Él50. Se debe alcanzar un estado de apatía que aparte a la persona de cualquier perturbación, pequeña o grande: “a excepción de Dios, nada debe mover a tu ánimo para que sienta placer o amor, ¡ha de estar por enci- ma de todas las demás cosas!”51. El término ecuanimidad, tan famoso en la tradición budista, es asumido por Eckhart desde una perspec- tiva teocéntrica: “otra cosa que, más que nada, convierte al hombre en hijo es la ecuanimidad. Si está enfermo, que le guste tanto estar enfermo como sano, y sano como enfermo. Si se le muere su amigo… ¡sea en el nombre de Dios!”52. Aunque el reto de llegar a ser alguien ecuánime no es sencillo, quien lo consiga podrá ser considerado un alma noble y justa, es decir, un habitante del Reino53: Justo es aquello que es igual en el amor y en el sufrimiento, y en la amargura y en la dulzura, justo es aquel a quien no lo estorba ninguna cosa para hallarse como uno en la justicia. El hombre justo es uno en Dios. La igualdad es amada. El amor siempre ama a lo igual; por eso, Dios ama al hombre justo como igual a Él mismo.54 4. El Reino de Dios es obediencia a la voluntad de Dios Otro elemento importante de la teología de Eckhart para com pren- der su interpretación del Reino de Dios es la obediencia. Conforme a lo dicho, la obediencia del ser humano encuentra su punto de partida en el acto de abajamiento o de kénosis. La conciencia de la grandeza de la divinidad, frente a la pequeñez de la creación, permite 49 Eckhart, Tratados y sermones, 462. 50 Bara Bancel, “El Reino de Dios en nosotros, según el Maestro Eckhart”, 158-159. 51 Eckhart, Tratados y sermones, 125. 52 Ibíd., 495. 53 Bara Bancel, “Las raíces de la felicidad, según la mística dominicana”, 17. 54 Eckhart, Tratados y sermones, 355. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 62 al ser humano caer en la cuenta de la necesidad de estar debajo de Dios. Como acto posterior a dicho reconocimiento, debe haber una apertura a la iluminación proveniente de lo alto, tal y como suce- dió con la Virgen María, por ejemplo, en el texto del magníficat (Lc 1,46-55). Quien no es humilde no puede acceder a la luz del Señor. Dios se acerca solamente a los que tienen por opción fun da- mental estar dedicados solo a él, para lo cual han debido abandonar previamente cualquier clase de bien propio55. Eckhart es consciente de que el transitar histórico del ser humano no es nada sencillo, pero reconoce, al mismo tiempo, que la virtud hace acto de presencia de manera refulgente en los momentos en los que las circunstancias son contrarias y se hace más fuerte la adversidad. El hombre ha de soportar los ataques provenientes de la adversidad por cuanto sirven como protectores de peligros peores y, consecuentemente, brindan acceso a bienes mayores56. El ser huma- no no debe de dejar de pedir por que se haga la voluntad de Dios. Como lo enseñó Jesús en el padrenuestro, es menester que dicha voluntad se haga efectiva tanto en el cielo (en la vida divina) como en la tierra (en la realidad humana), ya que así es posible llegar a Dios. Para Eckhart es importante subrayar que, por cuanto sola- mente tiene el valor de seguir a Jesús la persona que ha abandonado el interés de pensar en sí mismo, el discípulo de Cristo no se ve nunca perturbado por un mal que lo aleje de la comunión permanente y vivificante con el Señor: “si el hombre bueno y justo sufre un daño exterior y permanece inmutable con ecuanimidad y paz en el corazón, entonces es verdad lo que acabo de decir, que al justo no lo entristece nada de todo cuanto le sucede”57. El ser humano está llamado a dejar todo lo que tiene y lo que es, para ir detrás de Dios. Las razones aducidas por Eckhart para justificar este imperativo en la vida humana son cuatro58; a saber: (a) Dios no es una cosa entre tantas otras, sino que en él se encuentra todo lo que una persona pueda necesitar; (b) Dios está sobre todas las 55 Eckhart, Commento al Vangelo di Giovanni, 94-102. 56 Ibíd., 85. 57 Eckhart, Tratados y sermones, 165. 58 Eckhart, Commento al Vangelo di Giovanni, 175. el reino de dios es dios mismo en la totalidad de su plenitud 63 cosas, por lo que cualquier apego a lo terrenal o inferior resultaría del todo inútil y superfluo; (c) en Dios están todas las cosas, ya que él es el origen de todo lo que existe; (d) Dios es el ser puro y simple, razón por la que excluye todo lo que sea múltiple y complejo. El cristianismo se convierte en un camino para que cada persona, gradualmente, se haga consiente de la urgencia de despren- derse de todos aquellos elementos que le estorban para el encuentro con Dios, esto es, los que proceden de los atributos de la persona- lidad y los que nacen de la ignorancia natural. Si se logra soltar de estas cadenas, el individuo puede gozar del resplandor que ilumina las sombras del mundo, teniendo en cuenta que dicho resplandor procede de la intervención del Dios increado y misericordioso, mas no de la luz limitada propia59. El vaciamiento se convierte en una tarea urgente, por medio de la cual el cristiano ejerce la humildad y la estabilidad del justo: “cualquiera que sea el estado en que nos encontremos, sea en la capa- cidad o en la incapacidad, sea en el amor o en la pena, cualquier cosa hacia la cual nos veamos inclinados, de todo esto debemos despojar- nos”60. El sentidodel vaciamiento no es otro que recuperar el espacio del alma que las criaturas y sus apegos ocupan, a fin de dejarlo libre para que Dios lo llene. Así lo explica el Maestro: Si quiero escribir sobre una tablilla de cera, entonces no puede haber nada escrito sobre ella, por muy noble que sea, de forma que me im- pida escribir sobre ella; y si a pesar de todo quiero escribir, entonces debo borrar y vaciar todo lo que está sobre la tabla, y esta nunca se me presenta tan bien para escribir como cuando no hay absolutamente nada. De forma muy parecida, si Dios en lo más elevado debe escribir en mi corazón, entonces debe salir todo de mi corazón, sea esto o lo otro, así son las cosas con el corazón separado. Por eso Dios puede actuar en él en lo más alto y según su más alta voluntad. De ahí que el objeto del corazón separado no es ni esto ni lo otro.61 De acuerdo a lo enseñado por el Maestro, es posible diferen- ciar seis etapas del desarrollo del creyente desde que conoce a Dios 59 Eckhart, Tratados y sermones, 465. 60 Ibíd., 362. 61 Ibíd., 305-320. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 64 hasta que llega a la comunión con Él62: (a) la existencia de la imagen de Dios en cada persona, con lo cual se le da la posibilidad de ser buena y santa; (b) el rechazo a la humanidad, con la intención de aumentar el aprendizaje de la sabiduría divina; (c) la búsqueda más estrecha de la unidad con Dios; (d) el enraizamiento en el amor divino, que le capacita para enfrentar la tribulación; (e) la experiencia de la paz continua, gracias al gozo que emana de Dios; y (f ) la trans- figuración del ser, tras el olvido de la imagen personal y todo lo que estaba atado a ella. Quien llega al sexto nivel, según Eckhart, ha alcanzado la bienaventuranza, la cual se entiende como la felicidad plena, pues- to que es el momento de contemplar a Dios al desnudo63. Así, la feli cidad no depende de las acciones que la persona pueda hacer o dejar de hacer. Más bien, tiene que ver con la experiencia de Dios64. En este sentido, debe comprenderse lo dicho por Jesús en el Evan- gelio respecto a que los pobres de corazón verán a Dios, ya que ellos son los que han dejado de lado todas las cosas del mundo para refu- giarse en lo único que tienen, esto es, Dios mismo65. El objetivo de la vida cristiana es convertir el alma del indivi- duo en el escenario perfecto para que Dios nazca, siempre y cuando el alma esté desnuda66. Se encuentra aquí una de las ideas más carac- terísticas del pensamiento del Maestro: la posibilidad de que Dios habite tan internamente en la persona que realmente se hable de un nacimiento, y una vida compartida. El Reino ocupa un lugar impor- tante en este planteamiento, puesto que, si Dios nace realmente en la persona, el Reino se encuentra también en su interior. Ocurre así que el ser humano alcanza la plenitud justo cuando se une a Dios o, en otras palabras, cuando se haga uno con el Uno67. Por eso el Maestro no duda en decir lapidariamente: “‘Nuevo’ se llama aquello 62 Ibíd., 219-233. 63 Eckhart, Tratados y sermones, 567. 64 Bara Bancel, “Las raíces de la felicidad, según la mística dominicana”, 16. 65 Eckhart, Tratados y sermones, 684. 66 Ibíd., 222. 67 Farrely, Eckhart, Tauler y Seuze, 91-92. el reino de dios es dios mismo en la totalidad de su plenitud 65 que no está ejercitado o se halla cerca de su comienzo. Dios es nues- tro comienzo. Cuando estamos unidos a Él, nos tornamos ‘nuevos’”68. Una vez la persona alcanza una experiencia del Reino de Dios, en su interior no puede haber otra sensación que la de la alegría que los santos experimentan ante la presencia de la santa Trinidad69. No hay lenguaje adecuado para expresar este sentimiento de jú bi- lo, puesto que escapa a toda lógica humana. Sin embargo, Eckhart se atreve a decir que, “cuando Jesús se revela con esa plenitud y esa dulzura y se une al alma, entonces el alma fluye, con esa riqueza y esa dulzura, en sí misma y fuera de sí misma y por encima de sí misma y por encima de todas las cosas con el concurso de la gracia, con poder y sin mediación, y retorna a su primer origen”70. La persona tiene conciencia así de lo que es la verdadera felicidad y la eternidad (en el sentido que quedó dicho previamente): Quien ama a Dios como ha de amarlo y también debe amarlo, quié- ralo o no, y como lo aman todas las criaturas, tiene que amar a su semejante como a sí mismo, y regocijarse de sus alegrías como de sus propias alegrías, y [debe] ansiar la honra del otro tanto como la suya propia y [amar] al forastero tanto como al pariente. Y procediendo de esta manera, el hombre se halla siempre en [un estado de] alegría, honra y ventaja, y así está verdaderamente como en el reino de los cielos y siente alegría más a menudo que si se regocijara únicamente de su propio bien. Y sabed, por cierto: si tu propia honra te hace más feliz que la de otro, eso está mal.71 El Reino de Dios es, entonces, un don y, al mismo tiempo, una tarea, ya que la experiencia de hacer parte de él resultaría incon- clusa si el cristiano se queda únicamente en el amor a Dios y no conoce el amor al otro72. Evidentemente, la primacía del sentimiento del creyente se dirige hacia la Trinidad, ya que Él hace que la histo- ria personal y colectiva tenga sentido. Pero en un segundo momento 68 Eckhart, Tratados y sermones, 721. 69 Bara Bancel, “El Reino de Dios en nosotros, según el Maestro Eckhart”, 165. 70 Eckhart, Tratados y sermones, 267. 71 Ibíd., 292. 72 Bara Bancel, “El Reino de Dios en nosotros, según el Maestro Eckhart”, 162. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 66 hay que mirar al hermano de forma desinteresada y con-moverse, es decir, amarlo de manera desinteresada: La intención primaria de tu amor debe dirigirse puramente hacia Dios y luego hacia tu prójimo como a ti mismo y no menos que a ti mismo. Y si amas la bienaventuranza tuya más que la de otro, está mal hecho; pues, si amas la bienaventuranza más en ti que en otro, te amas a ti mismo.73 73 Eckhart, Tratados y sermones, 526. Capítulo 3 LA KÉNOSIS O EL DESASIMIENTO. EL MEJOR CAMINO PARA LA DIVINIZACIÓN DEL SER HUMANO La teología del Maestro Eckhart enfatiza en la apertura del hombre a Dios y en el reconocimiento de ser creatura, que en su libertad puede asumir el seguimiento a Jesús como un camino que pasa por la obediencia, la kénosis y el sufrimiento. En este caminar, Eckhart advierte que el hombre está siempre sostenido por Dios, y que llega a saber de Él mediante el desasimiento. En toda su teología encontramos que Dios tiene un lugar preferido para habitar: el alma del hombre que ha renunciado a su propio yo, y en esa renuncia Dios se manifiesta y se da a conocer. Así la kénosis es atención permanente a la vida, para que Dios sea en ella; en la kénosis somos sostenidos por Dios; esta es seguimiento a Jesús y sufrimiento como límite del ser humano. Con este horizonte de comprensión desarrollamos la categoría de kénosis. 1. La kénosis configura una decisión libre por Jesús Como buen lector e intérprete de la Biblia, el Maestro encontró entre sus textos aquellos que dan cuenta de lo que significa el seguimiento a Jesús. La kénosis paulina (Flp 2,5-11) configura una decisión libre por el seguimiento de Cristo, un vaciamiento del ser que toma la condición de esclavo, donde no se tiene nada y tampoco se perte- nece; es el ser dejado1 y confiado solo en Dios. La kénosis en Mateo 1 Parte del tema desarrollado en este capítulo ha sido publicado en Edith González Bernal, Nelson Mafla Terán y José Santos Torres Muñoz, “La kénosis del ‘ser dejado’ en el Maestro Eckhart” (Teología y Vida 59/4 (2018): 573-596. https://doi.org/10.4067/ S0049-34492018000400573). reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 68 invita a seguir a Jesús, dejándolo todo. Esto significa la atención a la vida, que no cuestiona sobre quien lo llama y a qué lo llama, simple- mente se reconoce a Jesús y se le obedece(Mt 4,20). Es también una clara esperanza en la promesa de que, quien lo deja todo, recibirá cien veces más y la vida eterna (Mt 19, 29). En este sentido, el Maestro es enfático en afirmar que “se trata de una compensación equitativa y un negocio justo: en la medi- da en que sales de todas las cosas, en esa medida, ni más ni menos, entra Dios con todo lo suyo, siempre que salgas completamente de lo tuyo en todas las cosas”2. La kénosis es una actitud sostenida por Dios para llegar a negarse a sí mismo y tomar la cruz y seguir a Jesús (Lc 9,23). La kénosis es la atención a Jesús como el paradigma del vaciamiento total, quien lo deja todo para ir al Padre ( Jn 16,28); es un asentimiento de fe, de que Jesús viene del Padre al mundo, lo deja todo y vuelve al Padre. En este sentido, el Maestro fundamen- ta su teología de la kénosis en que Dios hace parte constitutiva del ser humano y este lo único que debe hacer es “dejar”, desasirse, desprenderse de todo aquello que no sea de Dios. Un análisis profundo del término Gelassenheit y su evolu- ción en la teología del Maestro Eckhart, lo hace Bara Bancel: [En él hay una] transformación en el concepto de “dejar”; se pasa de haberlo dejado todo (gelâzen hân), en el sentido de una renuncia activa de toda posesión, a tener un “ser dejado” […] “desprendido”, “entregado” o “abandonado” (gelâzen sîn) –un ser tal que se pone en manos de Dios hasta el extremo de vaciarse de todo y permanecer inalterable en toda situación.3 Así, el “ser dejado” viene a significar una profunda toma de conciencia por parte del ser humano para “dejarlo todo” y saber que nada le pertenece porque todo le ha sido dado, y lo único que puede hacer es dejarse en Dios para que él sea y obre a través suyo. Pero para llegar a “ser dejados” necesitamos aprender a reconocer la presencia viva de Dios, y desprendernos de toda representación, 2 Eckhart, Tratados y sermones, 342. 3 Bara Bancel, Teología mística alemana. Estudio comparativo del “Libro de la Verdad” de Enrique Suso y la obra del Maestro Eckhart, 304. la kénosis o el desasimiento. el mejor camino para la divinización 69 seguridad, intención y voluntad, a fin de estar libres y vacíos de tal manera que Dios nos tome por completo. El desasimiento se presenta como un camino para llegar a ser “imagen y semejanza” de Dios. Es un camino en el que el hom- bre es informado de haber sido creado a “imagen y semejanza” (Gn 2,7), de ser hijo adoptivo: “Y vosotros no habéis recibido un espí- ritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, habéis reci bido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar Abbá, Padre. El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios” (Rm 8,15-16), y de haber sido llamados por Jesús: “Permaneced en mi” ( Jn 15,9). El Maestro lo dice de la siguiente manera: Permaneced en mí. […] ¿Qué es lo que debe tener el hombre que ha de morar en Él? Quiero decir, en Dios. Debe tener tres cosas: La primera, que haya renunciado a sí mismo y a todas las cosas, y que no quede apegado a las cosas que afectan a los sentidos interiormente, y que no se detenga tampoco frente a ninguna creatura que se halle en el tiempo o en la eternidad […] La segunda es que no ame ni este bien ni aquel, sino que ame el Bien del cual fluye todo bien. […] La tercera cosa consiste en que no debe tomar a Dios en cuanto es bueno o justo, sino que lo ha de aprehender en la sustancia pura y desnuda en la cual él mismo se concibe con pureza.4 El Maestro busca persuadir al hombre de que en él está la presencia viva de Dios y lo que hemos de hacer es dejar a Cristo que se manifieste. Por lo tanto, “ser imagen y semejanza” es para el hombre noticia de que alguien pensó en él, lo hizo semejante y lo invita a permanecer en su semejanza. Una persona que quiera vivir el desasimiento debe poner- se en una condición de vaciamiento, algo poco comprensible a la razón humana. Dicha condición es necesaria, puesto que entre más alguien se reduzca a la nada, más podrá reproducir los rasgos de Jesús en su vida. Llegar a esta comprensión exige una capacidad inte lectiva, en la que se pone en juego la razón, de manera que no es suficiente “renunciar una sola vez a nosotros mismos y a todo cuanto poseemos y podemos, sino que debemos renovarnos con frecuencia 4 Eckhart, Tratados y sermones, 589-590. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 70 y hacer que nosotros mismos seamos simples y libres en todas las cosas”5. Toda la insistencia sobre el ser dejado recae en el desasi- miento para permanecer en Dios. El Maestro insiste en que es tal el desasimiento, que el hombre puede llegar a “mantenerse despojado y libre, de modo que ni sepa ni conozca que Dios opera en él”6, a la vez despojado de toda imagen que de Dios tiene. El vaciamiento de toda imagen de Dios hace que él se le revele, como se reveló a su Hijo: Cuando el hombre desnuda y de-vela la imagen divina que Dios ha creado en él por naturaleza, entonces la imagen de Dios llega a re- velarse en él. Pues en el nacimiento se conoce la revelación de Dios; porque el que el Hijo se llame nacido del Padre, se debe a que el Padre le revela su secreto al modo paternal. Y por eso, cuanto más y más claramente el hombre desnuda en sí la imagen de Dios, tanto más claramente nace Dios en él.7 El Maestro desarrolla este tema del nacimiento de Dios en el alma, para reafirmar que nuestra condición humana es capaz de Dios y que Él constantemente está naciendo en nosotros. Al respecto Hackett traduce a Eckhart de la siguiente manera: I can be a human person only in his specific quality as Son. In other words without the birth of the Son there is no rational human exis- tence. Through the birth of God in the soul, I become the Son: The father gives birth to his Son, equal to himself, in eternity. The Word was with God, and God was the Word ( Jn 1:1). I was the same in the same nature. More than this, God has given birth to the Son in my soul. Not only is my soul with him and he with it as equals, but he is in it; and the Father gives birth to his Son in the same way as he gives birth to him in eternity...The Father gives birth to his Son without ceasing, and I say more. He gives birth to me as his Son, and as the same Son.8 5 Ibíd., 139. 6 Ibíd., 689. 7 Ibíd., 591. 8 Hackett, A Companion to Meister Eckhart, 241. la kénosis o el desasimiento. el mejor camino para la divinización 71 Pero, ¿cómo lo dejamos nacer en el alma? Rudolf Otto inter- preta que, por la obediencia renovada del alma, surge la iustificatio. El Hijo es, a la vez, la propia justicia esencial, y el alma vuelve a alumbrar al Hijo, en la medida en que, devenida homo nobilis, homo iustificatus en virtud de un nacimiento interior, florece en las buenas y perfectas obras de la justicia, en la acción, la intención, la obe dien- cia, el amor y la virtud, que son entonces el Hijo renacido9. Este nacimiento de Dios en el alma guarda estrecha relación con el tema de la filiación divina, puesto que entre más el hombre asuma la kénosis, más podrá obrar como Cristo lo hizo y recibir la filiación que nos ha sido dada a través de él. El Maestro se iden- tifica con el pensamiento paulino de que el desasimiento tiene un sentido profundo de renuncia en función de la voluntad divina y de la experiencia de filiación. Si nos detenemos en la teología paulina, la kénosis (κένωσις) aparece primariamente como una forma de despojo, de vaciamiento, y no como una cualidad inherente a algo o alguien. Es la tematización de una preocupación paulina proba- blemente más antigua, y en la cual el Mesías se autodespojaba de cualquier característica que lo hiciera ajeno a la condición humana, tal como aparece en el himno de la carta a los Filipenses (Flp 2,7). Este mismo tema aparece en algunas cartas de Pablo, con el sentido de participar de la situación del empobrecido (2Co 8,9) o de estar sujeto incluso a la Ley (Ga 4,4).Empobrecimiento y suje- ción muestran que la solidaridad divina es total y que no está ligada a privilegios en cuanto a la situación social, política o religiosa. De esta manera, podemos comprender la concreción de la acción salvífi- ca de Dios y la necesidad de la realidad humana de hallar redención, o de ser asumida en Cristo. Igualmente, indica la calidad de la condi- ción humana, que en su fragilidad es receptora de la donación que el Padre hace de su Hijo a su pueblo. Este mismo asunto aparece tematizado en la tradición paulina de Hebreos (Hb 5,1-0) en que el camino de la obediencia conduce a la comunión perfecta con Dios. Con el desasimiento o kénosis, el hombre busca el vacia- miento de no querer nada para asumir la voluntad o querer de Dios. Sin embargo, el Maestro precisa que no se trata de buscar 9 Otto, Mística de Oriente y Occidente. Sankara y Eckhart, 230. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 72 el absoluto en la distancia, sino en la realidad del ser uno en Él. “El corazón desasido no desea nada en absoluto, tampoco tiene nada en absoluto de lo cual quisiera ser librado”10 Porque la libertad deviene de un corazón que ha logrado desasirse, el cual no necesita media- ciones o intervenciones externas, porque bien sabe que ya Dios lo dio todo: He investigado con seriedad y perfecto empeño cuál es la virtud suprema y óptima por la que el hombre es capaz de vincularse y acer- carse lo más posible a Dios […], y no encuentro sino que el puro desasimiento supera todas las cosas, pues todas las virtudes implican alguna atención a las creaturas, en tanto que el desasimiento se ha- lla libre de todas las creaturas, […] y no es susceptible de nada que no sea Dios.11 Así, el Maestro revela una cosmovisión, una comprensión de la condición humana, una experiencia de Dios, en la que Dios es todo en todos y las creaturas están unidas a él por el acto de creación y por la respuesta del amor. El autodespojo es también una donación, un dar de sí, un enriquecimiento en favor del ser humano (cfr. Is 53, 1-12)12, que revela una vinculación total y una obediencia a su volun- tad de modo que el aspecto sacrificial queda superado por la oblación u ofrenda de sí. La preocupación del Maestro es mostrar que el ser humano debe estar informado de su condición humana, que halla en el Hijo la filiación divina, y de la capacidad que tiene para la habitación de Dios. Esto solo es posible en tanto que viva el desasimiento como un asunto de liberación de su condición humana, que busca retener, apegarse y ser pasiva ante su capacidad intelectiva: Cuando predico, suelo hablar del desasimiento y del hecho de que el hombre se libre de sí mismo y de todas las cosas. En segundo término [suelo decir] que uno debe ser in-formado otra vez en el bien simple que es Dios. En tercer término, que uno recuerde la gran nobleza que Dios ha puesto en el alma para que el hombre, gracias a ella, 10 Eckhart, Tratados y sermones, 250. 11 Ibíd., 237. 12 Thiedke y Link, “Vacío, vano (κένωσις)”, 310. la kénosis o el desasimiento. el mejor camino para la divinización 73 llegue hasta Dios de manera milagrosa. En cuarto término [me re- fiero] al resplandor que hay en la naturaleza divina, es cosa inefable.13 El ser humano puede llegar a comprender y convencerse de que al desasimiento o kénosis le es inherente el sufrimiento, porque todo develamiento implica renuncia del propio ser y de las ten dencias a obrar prescindiendo de su propia filiación divina. Sin embargo, el Maestro advierte que “la inclinación al pecado no es pecado, pero querer pecar, esto sí es pecado, querer encolerizarse, esto sí es pe - cado”14. Esa inclinación al mal o al pecado, como lo llama Eckhart, muestra la condición del hombre que se experimenta pasivo e im potente, proclive a la tribulación, a la tentación del pecado; pero justamente esta condición inclinada, débil e impulsada al pecado es positiva, porque encuentra que Dios sostiene al hombre y per ma- nece dentro como el gozne que no lo deja derrumbar15. De esta manera, el ser humano no se encuentra arrojado en la soledad devenido de la nada, sino que, de la postura que tenga frente a Dios, de ella deriva la realización del pecado o la vivencia de una recta conducta de vida16. Aquella persona capaz de vivir conforme a la vida cristiana debe estar exenta de cualquier clase de mentira o pecado. De hecho, toda forma de mal ha de estar relegada al olvido, porque el mismo hábito de la virtud genera repugnancia alrededor de lo que sea contrario a Dios17. Eckhart considera que el hombre que alcance este estilo de vida es un iluminado y que solo los ilumi- nados tienen la capacidad de dar testimonio de la luz que orienta su existencia18. Así, el ser humano es informado de que su vida halla sentido siempre y cuando en su libertad lo deja todo para hacer posible el camino hacia Dios y para atender al llamado de Jesús de “permane- cer” en él. No obstante, insiste en que el desasimiento no es un hecho puntual, sino un modo de vivir soportado, porque es engendramiento 13 Eckhart, Tratados y sermones, 695. 14 Ibíd., 72. 15 Hass, Maestro Eckhart: figura normativa para la vida espiritual, 54-55. 16 Eckhart, Commento al Vangelo di Giovanni, 265. 17 Ibíd., 268. 18 Ibíd., 128. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 74 de Dios en el alma, como lo señala en toda su obra; por tanto, es un nacer constante. Así lo dice: “A fe mía, no es suficiente que el ánimo del hombre se halle desasido en el momento actual cuando uno quie- re unirse con Dios, sino que uno debe disponer de un desasimiento bien ejercido que tanto precede como perdura”19. 2. La kénosis es cercanía del Dios revelado Toda la teología del Maestro está fundamentada en la reflexión bíblica, en la perspectiva cristocéntrica y en la doctrina de la Igle- sia. Es una teología que, como lo hemos venido afirmando, tiene su tema central en el desasimiento o kénosis, con muchos sinónimos: desprendimiento, vaciamiento, desvinculamiento. Mientras más ahondamos en su pensamiento, más encontramos la radicalidad de sus enseñanzas, que van orientadas al total desprendimiento. Lo que le interesa al Maestro es que el ser humano tome conciencia de que, en la encarnación, Dios le mostró plenamente su preferencia y le otorgó sus dones. El Dios revelado por Cristo manifiesta su cercanía al ser humano. Si Dios se hace hombre, como repetían los antiguos Padres, fue para posibilitar que el hombre se haga cercano a Dios. Basán- dose en Agustín de Hipona, Eckhart20 sostiene que el acto de amor del Creador ha llegado a tal punto que no solo ha moldeado al ser humano a su imagen y semejanza, sino que le ha otorgado vida a los mortales, ha generado la renovación de la esfera celeste, ha hecho efectiva la purificación del mundo, ha abierto las puertas del paraíso antaño cerradas y, por último, ha liberado de sus ataduras al alma de todos los seres humanos. La conciencia de la grandeza de la divinidad frente a la pe queñez de la creación permite al ser humano caer en la cuenta de su necesidad de dependencia de Dios. Como acto posterior a dicho reco- nocimiento, debe haber una apertura a la iluminación pro ve niente de lo alto, tal y como sucedió con la Virgen María, por ejemplo, en 19 Eckhart, Tratados y sermones, 139. 20 Eckhart, Commento al Vangelo di Giovanni, 215-216. la kénosis o el desasimiento. el mejor camino para la divinización 75 el texto del magníficat (Lc 1,46-55)21. Dios se acerca solamente a los que tienen por opción fundamental estar dedica dos solo a él, para lo cual han debido abandonar previamente cualquier clase de bien propio22. Por lo tanto, la creatura está suspendida, pende de la presen- cia de la dádiva divina de ser, la creatura es purum nihil. “Cuando el ser humano se da cuenta de que no posee el ser a partir de sí mismo, sino que se lo debe cada vez de nuevo a la gracia de Dios, percibe que Dios le es más interior que él mismo”23. Estosignifica dos cosas: (a) reconocer que Dios le ha dado al hombre muchos dones, pero que estos no son propiedad de él; y (b) que Dios mismo es don que se da siempre. Para lo primero, el hombre no puede hacer alarde de sus dones, habilidades o competencias como si fueran una conquista humana, y guardarse para sí mismo sus capacidades. Tampoco debe esperar que aquello que haga, por más justo que sea, le deba repre- sentar algún mérito o reconocimiento. Si piensa así, ya está dominado por el apego, la vanagloria y la soberbia; esto, para el Maestro, es seguir vinculado a las cosas. Para lo segundo, el hombre es capaz de reconocer que todo lo que tiene le ha sido dado, así podrá valorar la vida como don y existir como tal para los demás. De ahí Eckhart acude al texto sagrado para recordarnos: “¿Qué tienes que no hayas recibido de Dios? (1Co 4,7). Comprender que la vida es don signi- fica caer en la cuenta de la condición de filiación, y, como tal, de la exigencia de llevar una vida kenótica, obediente y entregada. Esto requiere de un ejercicio constante de desasimiento que consiste en morir al egoísmo y al apego, para recuperar la vida en la dinámica de la relación con el absoluto. A partir de la concepción de que nada de lo que tenemos es nuestro, puesto que todo nos ha sido dado, el Maestro enfatiza en que la vida ha sido originada en la creación, pero dada la fragilidad huma- na, fue ensombrecida por el pecado y restaurada por la encarnación. En su Sermón V, recuerda: 21 Ibíd., 94. 22 Ibíd., 102. 23 Hass, Maestro Eckhart, 70. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 76 Dice san Juan: “En esto se nos ha manifestado el amor de Dios: en que ha enviado al mundo a su Hijo para que vivamos por él” (1Jn 4,9) y con él, y de esta manera nuestra naturaleza humana se halla incon- mensurablemente enaltecida por el hecho de que el Altísimo haya llegado, adoptando la naturaleza humana.24 Así, la revelación de Dios en Jesús es la máxima plenitud de lo humano, y al mismo tiempo la máxima desapropiación, es decir, que lo humano por excelencia aparece designado como la máxima apertura, la mayor obediencia y escucha, la máxima kénosis, la máxima donación, la plenitud del amor, del conocer, del ser humano. En una palabra, la realización hu- mana pasa por la acogida del don de Dios, de su infinitud, hasta el punto de ser totalmente sostenida y llevada por Otro. Pero, al mis- mo tiempo, solo se llega a ella asumiendo la fragilidad, la limitación y la contingencia, como Jesús.25 La acogida del don de Dios significa para el Maestro obe - diencia, donación y seguimiento como apertura y respuesta al misterio. Caer en la cuenta de que la vida nos ha sido donada, y que junto a ello somos hijos en el Hijo, que compartimos la filiación divina, es también profundizar en que Dios como creador ha llama- do a las cosas a ser en él. Como lo dicen Grossi y otros tomando las palabras de Eckhart: “Ha llamado las cosas de la nada, es decir, del no ser, ya que tenían que hallar, recibir y tener el ser en él. El ser es Dios y los seres creados permanecen en Dios, porque permanecen en el ser”26. De este modo, la existencia del ser humano halla su perfec- ción en Jesucristo, el Verbo encarnado, el ser donado. En su Sermón X, el Maestro profundiza sobre la unidad del alma en Dios, en el sentido de conocimiento interior, es decir, el hombre por su capacidad intelectiva puede hacer un ejercicio de introspección para darse cuenta de que Dios lo habita, para cono- cerlo y saber cómo es él. “Pero el hombre que no está acostumbrado para nada a las cosas interiores, no sabe lo que es Dios. Es como una 24 Eckhart, Tratados y sermones, 297. 25 Bara Bancel, Teología mística alemana, 476. 26 Grossi y otros, El hombre y su salvación, 64. la kénosis o el desasimiento. el mejor camino para la divinización 77 persona que tiene vino en su bodega, pero no lo ha bebido ni catado, luego no sabe que es rico”27. Somos sostenidos por Dios, es el mensaje que el Maestro quiere dar, porque en la creación Dios ordena a todas las creaturas para que le sigan, para que se reconozcan en él: “Dios dispone que todas las creaturas tengan por fin de su existencia seguirle y obe de- cerle, ya que él es la causa primera de su ser concreto”28. Así, “todas las cosas sirven a Dios como un acontecimiento ontológico, todo lo que está sirviendo a Dios tiene ya a Dios en él, esto es, este servir hace a la creatura un ser con Dios; por ello, el universo no es otra cosa que el movimiento de las cosas hacia Dios”29. En esta dirección, el Maestro desarrolla una teología de la do nación y del engendramiento de Dios. Una teología trinitaria en la que la gracia que nos ha sido dada nos hace partícipes de la comu- nión trinitaria. Con este tema afirma que el desasimiento es disposición para acoger a Dios y hacerlo nacer en nuestra alma. Al respecto, von Balthasar, en su estudio sobre Eckhart, dice: El seno de María recibe la semilla del Padre y, puesto que el Padre está eternamente y siempre en el acto de la generación del Hijo, la receptividad de María hace posible el engendramiento eterno del Hijo. Si Dios encontrase un hombre desvalido en esa misma acti- tud, “Dios cumpliría su obra y el hombre experimentaría a Dios”, “y el Padre engendraría en él a su Hijo unigénito, de una manera tan verdadera como en sí mismo, y el Espíritu engendraría junto con el Padre al mismo Hijo unigénito y a sí mismo como al mismo Hijo, y el mismo Hijo está en esta luz y es la verdad”.30 El Maestro vuelve al tema del desasimiento como condición para que Dios nazca en el alma, y con esto vincula el tema de la dona- ción como engendramiento permanente de Dios: Los profesores elogian grandemente el amor, como hace san Pablo, quien dice: “Cualquier obra que yo haga, si no tengo amor, no soy nada” (1Co 13,1s). Yo, en cambio, elogio al desasimiento antes que a 27 Eckhart, Tratados y sermones, 348-349. 28 Eckhart, Commento al Vangelo di Giovanni, 169. 29 Reyes, “La ontología mística de Meister Eckhart”, 117. 30 Von Balthasar, Gloria: una estética teológica, 43-44. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 78 todo el amor. En primer término, porque lo mejor que hay en el amor es el hecho de que me obligue a amar a Dios; el desasimiento, empero, obliga a Dios a amarme a mí. Ahora bien, es mucho más noble que yo lo obligue a Dios [a venir] hacia mí, en lugar de que me obligue a mí [a ir] hacia Dios”31 En este sentido, que Dios llegue a mí es lo mejor y más conve- niente, puesto que la iniciativa de crear y de habitar en el hombre es de Dios; por lo tanto, el desasimiento pone al ser humano en total libertad para que Dios tome posesión completa de él. Somos sostenidos por Dios, y en este sentido el Maestro hace caer en la cuenta de que el ser dejado encuentra no solo un punto de referencia en Jesucristo, sino en la autodonación trinitaria: cada una de las personas de la trinidad dialogan entre sí y se entregan. El Maestro busca hacer una reflexión para mostrar que lo creado tiene una estructura trinitaria, al respecto dice: Los Maestros y los santos dicen, por lo general, que el alma tiene tres potencias en las cuales se asemeja a la Trinidad. La primera potencia es la memoria, que significa un saber secreto y escondido; esta designa al Padre. La otra potencia se llama inteligencia, esta es una represen- tación, un conocimiento, una sabiduría. La tercera potencia se llama voluntad, [o sea] un flujo del Espíritu Santo.32 De esta manera, reconoce que en la estructura del ser hu ma- no, creada y donada por Dios, hay una semejanza con la Trinidad, en su capacidad de pensar y obrar. Hay, pues, un marcado acento en su teología trinitaria, al mostrar al Padre como el origen y la fuente de las procesiones trini- tarias: el Padre engendra al Hijo y, junto con él, espira el Espíritu Santo; con ello presenta que en la vida trinitaria surge la creación y, como tal, esta debe retornar a ella. “Unmanantial del que surge la gracia se halla allí donde el Padre engendra a su Hijo unigénito; de ese [manantial] surge la gracia, y allí ella emana de esa misma fuen- te. Otro manantial es aquel donde las creaturas emanan de Dios”33. 31 Eckhart, Tratados y sermones, 74. 32 Ibíd., 387. 33 Ibíd., 579. la kénosis o el desasimiento. el mejor camino para la divinización 79 En discursos teológicos contemporáneos, la Trinidad sigue siendo un acto de donación; al respecto Coakley dice: El Padre se dona al Hijo en perfecto amor; y así el Hijo, por encarnar- se, continua su donación y es obediente a la voluntad de Padre hasta la muerte en la cruz, por lo cual el Hijo continua su donación en la tierra como lo hace en el cielo, conservando en tiempo y eternidad su condición y obrar divino. Por lo anterior, las relaciones divinas ad intra desbordan en las acciones ad extra.34 3. La kénosis es aceptación de la condición humana En sus pláticas y sermones, el Maestro insiste en que el seguimiento a Jesús significa obediencia a él y, para ello, acude a los pasajes bíbli- cos y en los que, a través de alegorías, enseña a caer en cuenta de las ventajas que tiene una vida en obediencia. La obediencia es, princi- palmente, una aceptación de la condición humana, que advierte que la vida es un don. Así el hombre sabe que es creatura dependiente de Dios, y que en una actitud de escucha se siente impelido a obede- cerle. El Maestro enseña que la obediencia verdadera y perfecta es una virtud por sobre todas las virtudes y sin ella no puede haber, ni ser realizada, ninguna obra por grande que sea […]; si se la hace en verdadera obediencia, es más útil que decir misa, asistir a ella, rezar, contemplar o hacer cualquier cosa que te puedas imaginar.35 La obediencia es, por lo tanto, una actitud permanente de quien sabe despojarse o desasirse, para llegar a ser la imagen de Jesu- cristo y reflejar en ella el querer y el actuar de Dios, puesto que “cuando no quiero nada para mí mismo, entonces Dios debe querer en mi lugar, y si, al hacerlo, descuida alguna cosa para mí, la descuida al mismo tiempo para él mismo. Así sucede con todas las cosas: donde yo no quiero nada para mí, Dios quiere en mi lugar”.36 34 Coakley, “Kénosis: significados teológicos y connotaciones de género”, 255. 35 Eckhart, Tratados y sermones, 85. 36 Ibíd., 86. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 80 El hombre obediente es aquel que se abandona en las manos del Padre hasta el extremo, esto es, como Jesús. Así el hombre asume su condición en la fragilidad, contingencia y labilidad de quien ha caído en la cuenta de que su humanidad es apertura, obediencia y escucha. De esta manera, Eckhart enfatiza que “el hombre que de tal modo se conserva apegado a la voluntad de Dios no quiere nada fuera del ser divino y de la voluntad de Dios. […] es libre y se ha desa- sido de sí mismo y debe ser libre de todo cuanto ha de recibir”37. En este sentido, la relación del hombre con Dios va más allá de la reli- gación, por cuanto el hombre, como lo dice el Maestro, está en Dios, o mejor, a través de la kénosis, obliga a Dios a estar en él. Como posteriormente diría Zubiri, el hombre “tampoco va hacia Dios bosquejando algo que hacer con Él, sino que está viniendo desde Dios”38, esto es, siendo desde Dios. Ahora bien, en sus enseñanzas, el Maestro insiste en la condición de dependencia que tiene el ser humano frente a Dios: un hombre tan necesitado de Dios que Jesús tiene que entrar para expulsar todos los obstáculos, todo aquello que hace ruido y no deja que Dios lo habite. Para el Maestro, Jesús es el paradigma del ser humano que ha logrado vaciarse de todo, para obedecer solo a Dios. En el vaciamiento de su ser ha llegado a la unión, es decir, a parecerse a Dios, a ser uno con él. Jesús ayuda al ser humano a caer en la cuen- ta de que él es templo de Dios y, por lo tanto, mediante continuos procesos de vaciamiento, puede llegar a quitar todo obstáculo. Así lo explica: Leemos en el santo Evangelio (Mt 21,12) que Nuestro Señor entró en el Templo y echó fuera a quienes compraban y vendían, y a los otros que ofrecían en venta palomas y otras cosas por el estilo les dijo: “¡Quitad esto de aquí, sacadlo!” ( Jn 2,16). ¿Por qué echó Jesús a los que compraban y vendían, y a los que ofrecían palomas les mandó que las sacaran? Quiso significar tan solo que quería tener vacío el templo, exactamente como si hubiera dicho: Tengo derecho a este templo y quiero estar solo en él y tener poder sobre él. Esto ¿qué quiere decir? Este templo donde Dios quiere reinar poderosamente, según su vo- luntad, es el alma del hombre que él ha formado y creado exactamente 37 Ibíd., 371. 38 Zubiri, Naturaleza, historia, Dios, 376-377. la kénosis o el desasimiento. el mejor camino para la divinización 81 a su semejanza, según leemos que dijo Nuestro Señor: “¡Hagamos al hombre a Nuestra imagen y semejanza!” (Gn 1,26).39 El sermón se enmarca en el texto de Filipenses 2,7, donde el llamado de Pablo es a vaciarse de todo para obedecer sólo a Dios. Y para obedecer es necesario escuchar, porque, como bien lo dice el Maestro, “es más fácil obligar a Dios a venir a mí, que uno mismo ir a él”40. El Maestro insiste en mantener el templo vacío, lo que implica un vaciamiento de todo aquello que nos asemeja a los vendedores y mercaderes apegados al propio yo; hay que ser libre y desasido tal como Nuestro Señor Jesucristo. Para todo cristiano, Jesús es quien puede ayudarnos a des po- jar de nuestro templo todo aquello que no nos deja estar solos con Dios. Se trata de un vaciamiento interior para no querer nada, para quitar los obstáculos. En esto consiste la kénosis, en llegar a la má xima simplificación personal para poder ser libre, porque cuanto más desprendimiento se tiene, más capacidad se obtiene para recibir la gracia de Dios. La kénosis requiere de la audacia y de la capaci- dad cognoscitiva del ser humano, porque, como lo dice el Maestro, “el alma se ha arriesgado a ser aniquilada […], para que Jesús en el templo y a solas pueda hablarle. El alma debe callar y escuchar”41. Despejar el templo significa, para el Maestro, darle vida y llenarlo de hermosura, porque “cuando este templo se libera así de todos los obstáculos, es decir, del apego al yo y de la ignorancia, entonces resplandece con tanta hermosura y brilla tan pura y claramente por sobre todo”42. La imagen que nos ofrece es la del cuidado del templo, esto es, el cuidado de nuestra vida, el conocimiento de nuestro propio templo y la capacidad que tenemos para no dejar ir al único habitante que puede estar allí, que es Dios. Porque “cuando Jesús se revela y se une con el alma […], el hombre exterior obedece al hombre inte- rior hasta la muerte y se mantiene al servicio de Dios”43. 39 Eckhart, Tratados y sermones, 295. 40 Ibíd., 238. 41 Ibíd., 264. 42 Ibíd., 263. 43 Ibíd., 267. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 82 El Maestro busca persuadir al hombre para que viva de manera kenótica, desasida, porque solo así puede conocerlo, debido a que “Dios no le puede hacer al espíritu desasido otra cosa que dárse- le él mismo”44. Esto significa que el desasimiento honra al hombre cuando este libremente no busca nada suyo en ninguna cosa, sino que su kénosis es una entrega que devuelve a Dios lo que él le dio. El cultivo del vaciamiento y de la obediencia, en cuanto ejercicio del ser sobre otras posibilidades humanas, implica una primacía absoluta de lo que se recibe de él, el Creador, frente a las cosas o las personas, o creaturas, a las que el ser humano se apega. En otras palabras, impli- can la preeminencia del ser sobre el tener45. De esta manera, el hombre asume su vida en obediencia y sumisión a la voluntad de Dios, que no debe entenderse como la renuncia a mi propia voluntad en favor de una voluntad opuesta, sino como el perfeccionamiento que de mi voluntad hace Dios; yo renuncio realmente a mi voluntad,pero la vuelvo a encontrar perfecta y plena, en la voluntad de Dios. Esta es la única vía hacia la verdad y la comunicación con Dios.46 El Maestro insiste en que el hombre solo existe para Dios en la medida en que está dentro de Él, es decir, despojado de toda su creatura, porque donde termina la creatura, ahí Dios comienza a ser. Pues bien, lo úni- co que Dios te exige es que salgas de ti mismo, en cuanto a tu índole de creatura, y que permitas a Dios ser Dios dentro de ti. Él desea tanto que tú salgas de ti mismo, en cuanto a tu índole de creatura, como si de ello dependiera toda su bienaventuranza. ¿Qué daño te hace si le permites a Dios que sea Dios dentro de ti?47 La repetición que encontramos en el salir de sí mismo tiene la fuerza y poder para llegar al ámbito interno del ser humano y ha cerle tomar conciencia de que por esta vía se llega a ser uno con Dios. Esta impronta del Maestro se deriva de un ejercicio perma- nente de reflexión que en sus sermones se convierte en un imperativo 44 Ibíd., 242. 45 Fromm, Del tener al ser, 16. 46 Flórez Flórez, La ética de Meister Eckhart, 25. 47 Eckhart, Tratados y sermones, 308-309. la kénosis o el desasimiento. el mejor camino para la divinización 83 para enseñar y para conducir a las personas espiritualmente. Sus enseñanzas no estaban limitadas a un público en especial, sino que eran para todo aquél que quería escuchar, como lo describe Ruh: Si spiega cosi il fatto che Eckhart non sia semplicemente un teologo e un predicatore storicamene importante, ma anche un pensatore e un Maestro di spiritualitá, in grado di rivolgere a noi, uomini del progre- dito ventesimo secolo, la sua parola e il suo invito.48 El eje de la obediencia, según Eckhart, es el seguimiento que pasa por la kénosis, porque solo en ella el ser humano se hace total- mente receptivo, se vacía de toda expectativa, de toda exigencia, de toda voluntad, de todos sus conceptos, y se pone en una actitud bási- ca ante Dios. Así lo decía: “Se trata de un trueque equivalente y un negocio justo: hasta donde sales de todas las cosas, hasta ahí, ni más ni menos, entra Dios con todo lo suyo, siempre y cuando en todas las cosas abandones completamente lo tuyo”49. Sin embargo, el Maes- tro deja en claro que el salir de sí mismo no constituye un esfuerzo personal y solitario del hombre, porque por nuestras propias fuerzas e iniciativas no emprendemos el camino del desasimiento, es Dios mismo quien nos conduce y nos atrae hacia Él: Nadie debe pensar que es difícil llegar, aunque al oír hablar de ello parece grande y difícil. Bien es cierto que al principio el desprendi- miento es un poco difícil, pero cuando se avanza nunca la vida fue tan fácil, ni tan alegre, ni tan amable, y Dios se emplea a fondo en permanecer constantemente cerca del hombre, en instruirlo, con el fin de conducirle, si el hombre quiere seguirle.50 De este modo, el Maestro presenta una teología encarnada donde Dios lo ha revelado todo en Jesús, que es el paradigma de la obediencia, como se expresa en el Evangelio de Mateo, que Eckhart traduce de la siguiente manera: “¡Hágase tu voluntad! (Mt 6,10). Mas sería mejor: ¡Hágase tuya [la] voluntad!; para que mi voluntad llegue a ser su voluntad, que yo llegue a ser él: esto es lo que quiere decir el 48 Ruh, Meister Eckhart. Teologo, predicatore, mistico, 46. 49 Eckhart, Tratados y sermones, 91. 50 Bara Bancel, “Las raíces de la felicidad, según la mística dominicana (el Maestro Eckhart y Enrique Suso)”, 144. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 84 padrenuestro”51. También el Evangelio de Marcos pone como eje la obediencia de Jesús al Padre, como el complimiento del mandamien- to que llega a su plenitud del tiempo (Mc 1,15), y en que Jesús invita a dejarlo todo como promesa de recibir el ciento por uno (Mc 10,30). Una interpretación realizada por Keerankeri dice: Jesus as object of absolute obedience is most profoundly united with God as object of integral love. Indeed, because of the divine identity of Jesus and his most profound union with God, decisively clarified in 9, 7. Jesus as object of absolute obedience is identical to God as object of integral love.52 En esta comprensión, Jesús exige un cambio de mentali- dad para entender que la obediencia es más que el cumplimiento de normas y preceptos, porque se trata de una obediencia a su manda- to. El Maestro lo dice de la siguiente manera: “Nadie escuchará mi palabra ni mi doctrina a no ser que haya renunciado a sí mismo (Lc 14,26) […] porque para escuchar debe estar completamente desasido”53. 4. En la kénosis se encuentra el consuelo divino La comprensión que el Maestro tiene del sufrimiento está unida a la comprensión de la condición humana. Para Eckhart, la condición humana, de la cual participa toda creatura creada a imagen y seme- janza de Dios, está signada por el sufrimiento, las tribulaciones, los infortunios y las pérdidas. Pero también estas situaciones encuentran un consuelo divino, cuando la creatura en su ser y en su obrar renuncia a sí misma y a su voluntad, y se abre a la acción divina. El ser humano experimenta en su corporalidad felicidad, éxtasis, deseos, búsque- das, anhelos, dolores y sufrimientos, entre otros. Este con junto de elementos que lo constituyen son los que entran en relación con su Creador y con todo lo que lo rodea. Eckhart, como buen observa- dor y conocedor de la condición humana, sabía del sufrimiento que 51 Eckhart, Tratados y sermones, 525. 52 Keerankeri, The Love Commandment in Mark: An Exegetico-Theological Study of Mk 12:28-34, 182-183. 53 Eckhart, Tratados y sermones, 367. la kénosis o el desasimiento. el mejor camino para la divinización 85 acompaña al hombre en el camino de la vida, y buscó a través de sus palabras ofrecer alivio y consuelo. Un aspecto importante en la vida del Maestro fue su misión, encomendada mediante la cura monialium, a través de la cual entró en relación de atención y cuidado espiritual de las mujeres (monjas y amas de casa), y se dejó impregnar por ellas en su lenguaje y cosmo- visión. Esto lo podemos constatar en las expresiones propias de sus sermones y pláticas. Gran parte de las alegorías están compuestas por términos de la espiritualidad femenina, lo que indica que también era lector de lo que las mujeres escribieron. Términos ya elabo- rados como viriditas, de Hildegarda de Bingen; desnudez espiritual, de Matilde de Magdeburgo; o no voluntad, de Margarita Porete54, se hacen presentes en sus discursos. Ahora bien, en El libro de la consolación divina, dedicado a una mujer: la reina Agnes de Hungría que había sufrido la pérdida de sus seres queridos y le ocasionaba un inmenso dolor, la reflexión del Maestro se convierte en pautas para que el desasimiento sea una actitud de vida, pues lo que le causa sufrimiento es el deseo de posesión y la pérdida de la conciencia de la interioridad divina. Aquí señala tres causas que llevan al ser humano a sufrir: “Una proviene del daño sufrido en los bienes exteriores, otra del daño hecho a sus parientes y amigos, y la tercera del daño que soporta él mismo a causa del menosprecio e infortunio, de dolores físicos y hondos pesa- res”55. ¿Entonces de dónde procede el sufrimiento? De poner el amor en aquello que me ha dañado. De poner la feli- cidad en manos de las creaturas. Entonces, el remedio se impone: amar solo a Dios […]. Pero advierte también que es voluntad de Dios que la naturaleza humana tenga sus flaquezas. […] En el infortunio hay bienestar: por muy mal que se esté, se puede estar peor, pero de- jarse afectar por el dolor causa más dolor”.56 El Maestro es consciente de que el hombre siente la angustia de la nada, y sentirla y comprenderla le lleva a recogerse en su interior y a recomponerse por dentro, puesto que 54 Eckhart, El fruto de la nada. Y otros escritos, 187. 55 Eckhart, El libro del consuelo divino, 9. 56 Ibíd., 15. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 86 el círculoespiritual no se afianza si él no reconoce el llamado de la angustia y, con un acto de amor y de entrega, no se libera del golpe de su pecaminosa aflicción y sus motivos prácticos y se adhiere con un acto de voluntad a la voluntad de Dios identificándola con esta.57 Para comprender que el sufrimiento es un camino asistido o sostenido por Dios, el Maestro, mediante un lenguaje analógico, hace referencia al sentido de la virginidad, para mostrar que ser virgen es “hallarse libre y desasido según la voluntad divina, y [dispuesto] a cumplirla sin cesar: entonces, en verdad, yo sería virgen sin que me estorbase ninguna imagen”58. Todo apego quita libertad y causa sufrimiento, por ello el Maestro insiste en la condición virginal que va más allá de lo que normalmente se puede comprender sobre este concepto. El sufrimiento puede darse por la misma libertad que tiene el ser humano. Sin embargo, Eckhart indica que el sufrimiento solo tiene sentido si se vive en Dios: “Si sufres por Dios y sólo por Dios, este sufrimiento no te duele y tampoco te resulta pesado porque Dios sobrelleva la carga”59. Habrá que saber identificar de dónde proviene el sufrimiento, y en este sentido coloca al ser humano frente al conocimiento de sí mismo y frente a su relación con Dios: “Cómo saber si tu sufrimiento es tuyo o de Dios. Tuyo, cuando se hace insopor- table. De Dios, cuando no duele; porque Dios sobrelleva la carga”60. El sufrimiento, para el Maestro, solo tiene sentido a partir del camino recorrido por Jesús como camino de Dios, como obediencia y reconocimiento de la bondad divina: “Hay que cargar con el sufri- miento y seguir al Cordero en lo penoso como en lo agradable”61. En esta perspectiva, el sufrimiento conduce a la humildad, y la humildad es desasimiento; de ahí que “cuando tú te humillas, Dios baja desde arriba y entra en ti”62. “El hombre humilde y Dios son uno; el hombre humilde tiene tanto poder sobre Dios como sobre 57 Faggin, Meister Eckhart y la mística medieval alemana, 70-71. 58 Eckhart, Tratados y sermones, 272. 59 Ibíd., 277. 60 Ibíd. 61 Ibíd., 377. 62 Ibíd., 387. la kénosis o el desasimiento. el mejor camino para la divinización 87 sí mismo […], por ello dijo Nuestro querido Señor: ‘Aprended de mí, porque yo soy manso y humilde de corazón’ (Mt 11,29)”63. “Si un hombre fuera verdaderamente humilde, Dios, o tendría que perder toda su divinidad y despojarse del todo de ella, o tendría que verterse y esparcirse totalmente en el hombre”64. El sufrimiento es un camino donde se aprende a reconocer al Dios que revela Jesús mediante su abandono y a recorrer con él su humanidad y su divinidad. De esta manera, es un sufrimiento que no sufre, porque si el hombre se halla libre y desasido encuentra el sentido en la kénosis como la máxima expresión de ser uno en Dios. Lombana Villalba, en Sufrimiento que no sufre, traduce las enseñanzas de Eckhart sobre el sufrimiento que el ser humano experimenta, de la siguiente manera: No quería haber sufrido y haber superado la pena y el sufrimiento; quiere y quería sufrir en todo momento, sin interrupción, por amor de Dios y por hacer el bien. Por amor de Dios toda su felicidad reside en el sufrimiento y no en el haber sufrido. Y por eso dice Nuestro Señor, y ello es muy digno de consideración: Bienaventurados los que sufren a causa de la justicia (Mt 5,10). No dice los que han su frido. Semejante hombre odia haber sufrido, pues el haber sufrido no es el sufrimiento amado por él; lo único que ama es el sufrimiento amado por él; lo único que ama es la superación y una pérdida del sufrimiento por amor de Dios. Y por eso digo que semejante hombre odia también el sufrir en el futuro, porque tampoco es sufrimiento. Sin embargo, odia menos el sufrir en el futuro que el haber sufrido, porque este último se halla más lejos del sufrimiento y se le asemeja menos, ya que pasó del todo. Pero si va a sufrir, este hecho no lo priva completamente del sufrimiento amado por él.65 Para el Maestro, el sufrimiento va más allá de las concep- ciones espirituales propias de la Edad Media, en las que el sufrimiento tenía una implicación fuerte de ascética corporal. Lo que el Maestro hace es invitar a usar el intelecto para comprender que el sufrimiento es un camino de kénosis, de actitud de vida, de opción fundamental, 63 Ibíd., 389. 64 Ibíd. 65 Lombana Villalba, Sufrimiento que no sufre: la ética intelectualista del Maestro Eckhart (1260-1327), 111. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 88 de aceptación de la voluntad divina; porque es aceptación gozosa de la voluntad divina y entendimiento de su Palabra: A esto se refiere el Evangelio al decir: “Bienaventurados son los pobres en espíritu” (Mt 5,3) quiere decir: en la voluntad, y por ello pedimos a Dios que se “haga su voluntad”, “en la tierra” quiere decir: dentro de nosotros, “como en el cielo” quiere decir: en Dios mismo. Seme- jante hombre comparte una sola voluntad con Dios de modo tal que quiere todo cuanto quiere Dios y de la misma manera que lo quiere Dios.66 No es el sufrimiento que reclama a Dios justicia o recom- pensa por lo padecido. Esa no es la voluntad de Dios para con el hombre: Todos los días exclamamos y gritamos en el padrenuestro: “¡Señor, hágase tu voluntad!” (Mt 6,10). Mas luego, cuando se hace su volun- tad, tenemos ganas de enojarnos y su voluntad no nos satisface. Sin embargo, cualquier cosa que Él hiciera debería gustarnos más que nada. Quienes lo aceptan así, como lo mejor, permanecen en perfecta paz con respecto a todas las cosas.67 El sufrimiento es un tema transversal en la Biblia, pro ducto de la condición humana que se pone a prueba, como lo describe Isaías: “Te purifiqué, pero no como plata, te afiné en el crisol de la aflicción” (Is 48,10). Jesús lo experimenta como tristeza: “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo” (Mt 26,38). Pedro lo presenta como restablecimiento de relacio- nes: “El Dios de toda gracia que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo, después de breves sufrimientos, os restablecerá, afianzará, robustecerá y os consolidará” (1P 5,10). Pablo, por su parte, es cons- ciente del sufrimiento que lleva en sí la glorificación: “Soy consciente de que los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que se ha de manifestar en nosotros. Incluso la creación espera ansiosa y desea vivamente el momento en que se revele nues- tra condición de Hijos de Dios” (Rm 8,18-19). Asumir el sufrimiento en clave de kénosis nos lleva a tener como punto de referencia a 66 Eckhart, Tratados y sermones, 172. 67 Ibíd., 290. la kénosis o el desasimiento. el mejor camino para la divinización 89 Jesucristo crucificado, criterio de nuestras vidas y, como lo dice Moltmann, criterio definitivo de la teología68. 68 Moltmann, El Dios crucificado: la cruz de Cristo como base y critica de toda teología cris- tiana, 13-14. Capítulo 4 LINEAMIENTOS PARA UNA REFLEXIÓN TEOLÓGICA CONTEMPORÁNEA El pensamiento eckhartiano evidencia la preocupación por llevar al ser humano hacia un conocimiento de sí mismo y de la fuente de sus creencias. Para el Maestro Eckhart, el conocimiento de sí mismo, aunque está en consonancia con los postulados socráticos, va más allá de la máxima del “conócete a ti mismo”, pues así es entendido como una habilidad que permite a cada quien servirse del propio entendi- miento para decidir en todos los aspectos de la existencia humana, sin someterse a autoridad, costumbre o moda alguna. No obstan- te, conocimiento al que Eckhart nos invita es al descubrimiento de una presencia viva que fundamenta nuestra existencia. Para descubrir esa presencia viva, los seres humanos estamos dotados de una capacidad intelectiva que nos permite entrar en rela- ción con Dios, a fin de captar y comprender su Palabra. La capacidad intelectiva es más que la mera abstracción a partir de los sentidos, es la parte más íntima y más elevadadel ser humano, que le capacita para recibir a Dios1. De esta manera, en la teología del Maestro pode- mos descubrir las siguientes pistas para un trabajo teológico: 1. Hacer teología significa estar en permanente diálogo con Dios. Este diálogo encuentra su fundamento en la unión trinitaria; es Dios quien se presenta comunitariamente unido, participado, dado en re lación y comunicado con la criatura. De esta manera hay un cons- tante diálogo de Dios con el hombre; Dios le habla al hombre, se complace en él y lo sostiene, le habla con amor, en términos de 1 Bara Bancel, “Las raíces de la felicidad, según la mística dominicana (el Maestro Eckhart y Enrique Suso)”, 131-144. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 92 amistad, de reconocimiento y de entrega. Esto es pura ebullitio del amor, gratuito, sin medida y desbordado para todos. Así puede darse la comprensión del Reino de Dios que es Palabra pronunciada por toda la eternidad. El Maestro nos dice que esa Palabra permanece oculta en el alma, es decir, que el hombre puede no darse cuenta de ella, ni conocerla, ni escucharla. Para oírla, nos dice que debemos apagar todas las voces y sonidos, para que predomine la quietud y la calma, porque Dios es serenidad2, y esto solo se logra mediante un ejercicio de oración, diálogo y atención a la vida diaria. En el diálogo continuo con Dios, el hombre descubre el Reino de Dios, en la medida en que asume lo que significa “revestirse del Señor Jesucristo” (Rm 13,14), lo que para el Maestro es confor- midad con Cristo. Para el cristiano, Jesús asume la condición humana y la reviste a la manera de Dios, es decir, que somos asumidos en él. El mejor camino para Eckhart es el desasimiento, que viene a signi- ficar el rehacimiento de las imágenes y de las cosas para acceder a la dicha y la felicidad perfecta de la que Jesús nos anunció: “Os con- viene que yo me vaya, porque, si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré” ( Jn 16,7). El Maestro invita a despojarse, a purificar y a clarificar el entendimiento, para reconocer el espíritu y llegar a unirse en Dios. 2. Hacer teología implica renuncia a sí mismo, abajamiento y ké - nosis. Para el Maestro es primordial asumir la vida a partir de lo que representa ser dejado. Esto significa un ser despojado, desasido, el cual se ha convertido en un obediente a la voluntad divina. El des pojo tiene especial relevancia en el himno de la carta a los Filipenses, en la que Cristo se despoja de sí y se somete obedientemente a las condiciones del hombre justo (Flp 2,6-7). Este desasimiento no es producto de una voluntad o capricho puramente individual, sino que es la afirmación de la supremacía del amor y del conocimiento de Dios. Esto significa un retorno hacia el interior de la persona, para desprenderse de todo, sentidos, facultades e imágenes, y así estar libre y receptivo al amor gratuito de Dios. 2 Eckhart, Vida eterna y conocimiento divino, 41. lineamientos para una reflexión teológica contemporánea 93 El Maestro nos invita a ser lectores e intérpretes de la Pala- bra. En sus sermones podemos encontrar referencias explícitas a algunas cartas de Pablo, con el sentido de participar de la situa- ción del empobrecido (2Co 8,9) o de estar sujeto incluso a la Ley (Ga 4,4). Empobrecimiento y sujeción muestran que la solidaridad divina es total y que no está sujeta a privilegios en cuanto a la situa- ción social, política o religiosa. Con la kénosis se indica la concreción de la acción salvífica de Dios y la necesidad de la realidad humana de hallar redención. Igualmente indica la calidad de la condición huma- na que, en su fragilidad, es objeto de la donación que el Padre hace de su Hijo a su pueblo. En este sentido, el ser dejado es una forma de hacerse hombre en dependencia y obediencia, como Jesús, que tuvo la consecuencia de la cruz3. Así la kénosis, leída como desasimiento o desprendimiento, subraya la asunción de la condición humana, en su incertidumbre y debilidad, como una apertura a la voluntad divina mediante la liber- tad que provee la obediencia. 3. Hacer teología es vivir una vida interrogada. Es asumir un camino de aventura y de interpelación permanente. El Maestro nos lleva a preguntarnos: ¿Desde dónde hacemos teología? ¿Para qué hacemos teología? Con estas preguntas y con la comunicación de la experiencia de cada persona podemos hablar hoy de una interpela- ción mística y profética; lo que nos llevaría a una teología que acoge la propia humanidad y vulnerabilidad en un camino de conoci miento personal y de descubrimiento de un Dios que ocupa los deseos humanos y nos mira con misericordia. Así mismo, el Maestro nos lleva una renovación del lenguaje que comunica la experiencia de Dios; a la creatividad y a la imaginación; a la analogía y a la poéti- ca. Es la capacidad de hacer una teología que exterioriza la fuerza, la energía y luz que nos viene de Dios para hablar de él y ser sus profetas. 4. Hacer teología es tomarse en serio el encuentro con Dios. Este constituye el fundamento de nuestra fe. Según el Maestro, la teología 3 González Faus, La humanidad nueva: ensayo de cristología, 181-189. reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 94 debe ser el resultado de la experiencia del ser humano con Dios. No hace falta ser un conocedor profundo de la situación que vivimos como cristianos, para entrever la crisis, carencia y fragilidad de nues- tra fe. Un drama quizá disfrazado de racionalismo, en el que no nos hemos dejado conmover ante el misterio de Dios, y en el que lo otro del prójimo y de la naturaleza ya no nos habla el lenguaje de la verdad y la salvación. El ser humano se convierte en homo mysticus en el momento en el que abre el misterio de su libertad a la oferta salvífica y con ello fortalece el vínculo que nos une al todo y a Dios. La fe en Jesús nos invita a acoger su llamado a una permanente conver- sión que nos permita captar la novedad del Evangelio del Reino (Mc 1,14-15). Jesús acoge la fe de todas las personas que vienen a su encuentro y la transforma en una irrestricta confianza en el bien y en el amor solidario, como ocurre en las bienaventuranzas (Mt 5,1-12). La propuesta de Eckhart ha reactivado el núcleo cordial de una teología que por siglos permaneció demasiado ceñida a las tauto- logías doctrinales. Se hace necesario hoy volver a la experiencia del núcleo cordial que cultiva, por igual, la sabiduría ancestral y la unici- dad de la persona. Nos invita a imaginar una teología que no riña con la plegaria y con la liturgia, con la alabanza y la lamentación, sino que sepa darle su lugar a la experiencia de fe en la que se ancla su dis- curso. Porque solo la experiencia de fe del cristiano es la que lo lleva a dar testimonio del paso de Dios por la historia mediante la renova- ción de la esperanza en un mundo mejor y en un compromiso con el amor solidario. 5. Hacer teología es sentir y saborear la presencia de Dios. Ese sentir la presencia de Dios conlleva al desarrollo de una vida ética en la que el ser humano siempre va a procurar el bien y hará suya la justicia. El Maestro era enfático en sus sermones al mostrar que la vida del creyente o del que está unido a Dios se revela en los actos de com pro- miso solidario, de atención a la justicia, de renuncia a los propios egoísmos y de servicio incondicional con los hermanos. También deja en claro que Dios mismo ha puesto en el alma el deseo de cono- cerlo y de llevar una vida ética de compromiso. Esto implica por parte del hombre realizar un ejercicio mayéutico que permita conocerse a lineamientos para una reflexión teológica contemporánea 95 sí mismo para poder conocer a Dios. Así la mayéutica nos ayuda a comprender que podemos identificarnos, parecernos o unirnos con lo que recibimos, siempre y cuando nos despojemos de todo aquello que hace ruido en nuestras vidas. 6. Hacer teología es reconocer la condición humana, ligadaa las con- diciones de una gracia transformadora. El Maestro pone en evidencia que hacemos teología a partir de nuestra condición humana, siempre frágil y expuesta permanentemente al pecado. Pero también pone en evidencia la capacidad del hombre de reconocer el amor de Dios, para reorientar la vida mediante una reflexión cuyo aprendizaje le per mite empezar siempre de nuevo y descubrir la novedad del encuentro amoroso con Dios. En el pensamiento medieval y en la tradición humanista, la “condición humana” es motivo de reflexión permanente, ya que tanto en la Escritura como en la misma sabiduría de cada pueblo se reflexiona desde diferentes puntos de vista sobre la realidad primigenia y constitutiva del ser humano. En el Maestro Eckhart y otros pensadores medievales, esa condición recibe una iluminación especial, al colocarla bajo la luz de la razón natural y de la revelación divina. Así, el desasimiento o despojo, y la primacía de la escucha sobre los otros sentidos, consti- tuyen un dato primario de la existencia humana. Esto posibilitaría el vaciamiento y la obediencia sobre otras posibilidades humanas, debi- do a que podemos reconocer la superioridad absoluta de un Dios dador de la vida y fuente de todas las cosas. También, en el reconoci- miento de nuestra condición humana, podemos percibir la soberanía de Dios que actúa de manera germinal a lo largo de la historia. Como una semilla que, aunque tiene en sí misma la potencialidad de echar raíces y crecer hasta dar fruto, necesita de un ambiente propicio en el cual desarrollarse (Mc 4,3-8). Fruto de ello será una teología que acoge la propia humanidad y vulnerabilidad en un camino de cono- cimiento personal y de descubrimiento de un Dios que ocupa los deseos humanos y nos mira con misericordia. 7. Hacer teología es dejar a Dios mostrarse. A mayor presencia de Dios en la vida humana, mayor fortalecimiento de la vida y mayor capacidad discursiva para hablar de él. El ser humano se convierte en reino de dios y kénosis en el maestro eckhart 96 homo mysticus en el momento en el que abre el misterio de su liber- tad a la oferta salvífica y con ello fortalece el vínculo que nos une al todo y a Dios. La fe en Jesús nos invita a acoger su llamado a una permanente conversión que nos permita captar la novedad del Evan- gelio del Reino (Mc 1,14-15). Jesús acoge la fe de todas las personas que vienen a su encuentro y la transforma en una irrestricta confianza en el bien y en el amor solidario, como ocurre en las bienaventu- ranzas (Mt 5,1-12). Sin un permanente cambio de mentalidad, la fe se esclerotiza en las formulas garantizadas de algún rito ininteligible. La fe enten- dida como experiencia límite y fundamento de la vida coti diana, que lleva al cristiano a ir más allá de una creencia subjetiva y que lo compromete con la vivencia de las virtudes teologales y la dimen- sión vivencial de conversión y acogida del Evangelio (paenitemini et credite evangelio, Mc 1,15). Puesto que de la credibilidad que le demos al Evangelio depende la credibilidad de nuestra fe y de nues- tras acciones. Bibliografía Abdelmalak, Ashraf N. I. Haciéndose obediente hasta la muerte, y muer- te de cruz: R. Guardini y H. U. von Balthasar ante el sentido teológico de la muerte en cruz de Jesucristo. Bogotá: Universidad de San Buenaventura, 2016. 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Fue compuesto en caracteres Adobe Caslon Pro, e impreso en papel bond de 70 gramos, en el mes de septiembre de 2019 en Bogotá, D. C., Colombia. Introducción Capítulo 1 El Maestro Eckhart. Un Maestro de vida espiritual 1. Un Maestro que interpela 1.1 Un Maestro de la analogía 1.2 Un Maestro de vida 2. La huella mística del Maestro 3. El Maestro Eckhart y los movimientos espirituales 3.1 Movimientos espirituales femeninos 3.2 Movimientos espirituales bajo sospecha 4. El Maestro Eckhart y las categorías fundantes de su pensamiento Capítulo 2 “El Reino de Dios es Dios mismo en la totalidad de su plenitud” 1. El Reino de Dios es comunicación abierta con los seres humanos 2. El Reino de Dios es una vivencia espiritual aquí y ahora 3. El Reino de Dios es felicidad de un cielo prometido 4. El Reino de Dios es obediencia a la voluntad de Dios Capítulo 3 La kénosis o el desasimiento. El mejor camino para la divinización del ser humano 1. La kénosis configura una decisión libre por Jesús 2. La kénosis es cercanía del Dios revelado 3. La kénosis es aceptación de la condición humana 4. En la kénosis se encuentra el consuelo divino Lineamientos para una reflexión teológica contemporánea Bibliografía _GoBack _GoBack _GoBack _GoBack _GoBack _GoBack