Prévia do material em texto
El libro del pastor Fernando Angelim llega en un momento importante.
Durante décadas se difundió la información errónea de que los bautistas no
tenían nada que ver con la doctrina calvinista de la salvación. Tras el
derrumbe de este frágil muro, con la aparición de innumerables libros y
documentos confesionales que demostraban exactamente lo contrario, se
levantó un nuevo muro y surgió rápidamente una nueva afirmación. Ahora, se
reconocía el calvinismo de los bautistas, pero se negaba que formaran parte
de la tradición reformada. "Los bautistas no son reformados" llegó a
escucharse en muchas partes. Eso también era una falacia, y de nuevo los
hechos demostraron lo contrario. Los bautistas forman parte de la gran
tradición de las iglesias reformadas que surgieron en el siglo XVII, y la
armonía doctrinal de las Confesiones de Fe de 1689, Westminster y Savoy
son solo parte del conjunto de pruebas que lo atestiguan.
En tiempos más recientes, la teología pactual bautista ha sido cuestionada.
La negación del pactualismo bautista ha provenido principalmente de los
sectores paidobautistas, y para muchos bautistas esto no era una cuestión
importante que mereciera una respuesta; otros incluso han estado de acuerdo
con los paidobautistas y han unido sus voces a las de ellos. Pero, después de
todo, ¿los bautistas son pactualistas o no? En Teología Bíblica Bautista
Reformada, el pastor Fernando Angelim ayuda a aclarar esta cuestión y a
deshacer otra falacia. Los lectores de habla portuguesa han obtenido un libro
valioso y sencillo que puede ser de gran ayuda para los bautistas brasileños,
especialmente los bautistas reformados. Recomiendo que esta obra no solo se
lea, sino que se utilice en las iglesias como recurso didáctico.
Marcus Paixão
Pastor de la Iglesia Bautista Buen Samaritano - Teresina, Piauí
Fundador del Curso de Historia y Teología Bautista (CHTB)
Director Académico del Seminario Bautista Confesional de Brasil (SBCB)
*************
Es difícil describir brevemente lo indispensable que es el libro Teología
Bíblica Bautista Reformada, de mi amigo, el pastor Fernando Angelim, para
la Iglesia Bautista brasileña, especialmente para las iglesias bautistas
reformadas cuya identidad se ha perdido. En medio del mar de confusión
eclesiástica y teológica en el que vivimos, el confesionalismo es el antídoto
germinado desde la Reforma Protestante. Aprendemos en esta obra que ser
una iglesia bautista reformada va mucho más allá de las Cinco Solas de la
Reforma o de los Cinco Puntos del Calvinismo, y que ser pactualista no
significa necesariamente ser paidobautista. Por tanto, asumir la
confesionalidad consolidada por los bautistas puritanos del siglo XVII
proporcionará la identidad, solidez y seguridad histórico-teológica que
nuestras iglesias necesitan con urgencia. ¡Disfruta de cada página y consolida
tu identidad eclesiástica!
Elivando Mesquita
Pastor de la Iglesia Bautista Reformada en Russas - Ceará
*************
Como un cometa que crece en la densa oscuridad, este volumen nos devuelve
una parte importante de nuestra tradición bautista reformada: ¡El pactualismo
como fundamento hermenéutico de nuestra teología! La Confesión de
Londres de 1689 (originalmente de 1677) adoptó este enfoque hermenéutico,
poniéndose del lado de Westminster y Saboya. El Rev. Fernando Angelim
nos ilumina con un estudio serio y profundo de nuestro pactualismo bautista
con sus similitudes y distintivos. Para quienes conocen poco de nuestra
historia, esta obra será una antorcha de luz. ¡Que Cristo Jesús siga
iluminando nuestros días con obras de este calibre!
Prof. Dr. D. B. Riker, Ph.D.
Presidente Pastor, Primera Iglesia Bautista de Pará
*************
Fue con gran alegría que recibí la noticia de que mi amigo, el pastor
Fernando Angelim, vería publicada su obra sobre el valiosísimo tema del
federalismo bautista reformado por la respetada editorial “O Estandarte de
Cristo”. Angelim se ha mostrado como un fiel ministro del Evangelio tanto
en su predicación como en sus libros, señalando siempre a Cristo como el
medio para llegar a Dios y vivir para su honor. Una de sus características es
escribir de forma sencilla, didáctica y directa sobre temas esenciales y
difíciles, lo que los hace accesibles a un gran número de personas.
Ahora bien, el tema de la presente obra es fundamental, más aún para
nuestros tiempos de gran confusión en esta materia. De hecho, la doctrina de
los pactos es básica para la correcta interpretación de las Escrituras, tocando
todo el cuerpo teológico y las áreas de la vida de la iglesia. Estoy convencido
de que la línea seguida por Angelim es bíblica, y es exactamente la más
descuidada, incluso entre los bautistas, lo que ha traído un gran daño a las
iglesias. Rescatar estas verdades es fomentar la restauración de la buena
doctrina en todos los aspectos. El libro del pastor Angelim cumple ese papel.
Y aquí se pone de manifiesto una vez más el talento para la sencillez del
noble escritor. Desarrolla el tema basándose en las Escrituras de forma
lógica, dejándolo claro a medida que se lee, incluso para aquellos que tratan
el tema por primera vez. Por lo tanto, me complace mucho recomendar esta
obra, creyendo que esta publicación se convertirá en una importante
introducción para aquellos que quieran conocer el federalismo bíblico
bautista reformado. Ruego que así sea, para gloria de nuestro amado
Redentor y el bien de su Iglesia, que Él rescató con su sangre.
Manoel Coelho Jr.
Pastor de la Congregación Bautista Reformada de Belém - Pará
*************
Esta obra que el lector tiene en sus manos ofrece una valiosa visión del marco
interpretativo empleado por los precursores del movimiento bautista. El
pastor Fernando Angelim transita entre textos clásicos de los bautistas
particulares del siglo XVII, la Confesión de 1689 (1677) y obras
contemporáneas de gran relevancia para el debate hermenéutico en cuestión,
ofreciendo un amplio retrato de la lectura bautista reformada de las
Escrituras. Todos los elementos principales que se esperan de una teología
bíblica y reformada están presentes: el pacto de obras, el pacto de gracia, el
pactum salutis. La relación entre el Antiguo y el Nuevo Pacto, presente a lo
largo de toda la obra, recibe un tratamiento especial y didáctico, abordando
un tema que todavía suscita dudas en los círculos bautistas. La obra aterriza
en una importante discusión sobre el papel de la Ley y en una exposición y
defensa del bautismo de los creyentes profesos basada en una teología bíblica
reformada. Todo ello hace que este libro sea de lectura indispensable para
todo aquel que desee saber más sobre la contribución de los bautistas en este
campo. ¡Mi deseo es que surjan nuevas obras que pisen el camino allanado
por el pastor Fernando!
Pedro Issa
Anciano de la Iglesia Bautista de la Palabra - São Paulo
*************
Este excelente texto de Fernando Angelim presta un gran servicio al pueblo
bautista al traer a la memoria una parte crucial de nuestra tradición teológica,
relegada durante mucho tiempo al olvido. El autor documenta, con datos muy
fidedignos, los vínculos del movimiento bautista con los reformadores
puritanos de Inglaterra, situando así a los bautistas en el panteón de los que se
atrevieron a defender las gloriosas doctrinas de la gracia de las que tan bien
presume la Confesión de Fe Bautista de 1689.
Cleyton Gadelha
Director Ejecutivo de la Escuela Charles Spurgeon
Título original: Teología Bíblica Batista Reformada.
Subtítulo original: Uma Introdução Baseada na Confissão de Fé Batista de 1689.
Autor: Fernando Angelim.
Copyright © 2020 Fernando Angelim.
Primera edição, 2020.
Segunda edição, 2021.
Primera edición en español, 2022.
Traducción íntegra al español por Andrés Velázquez Ortega.
Revisión (portugués-español) por Javier Martínez Pinto.
Lectura de prueba por Luis J. Torrealba.
Diseño de portada por Jorge A. Rodríguez Vega.
Traducido y publicado por © Editorial Legado Bautista Confesional (Santo Domingo, Ecuador, 2022),
con la autorización de la editorial© O Estandarte de Cristo.
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o copiada, ya sea de
manera electrónica o mecánica, incluyendo fotocopias, grabaciones, digitalización o archivo de
imágenes electrónicas, excepto cuando sean autorizados por la editorial.
Traducción de Las Santas Escrituras: LA BIBLIA DE LAS AMÉRICAS. Copyright © 1986, 1995,
1997. La Habra, CA: Editorial Fundación, Casa Editorial para La Fundación Bíblica Lockman; a menos
que se indique otra versión.
ISBN 978-9942-605-05-4
Clasificación Decimal Dewey: 230
Cristianismo. Teología Cristiana.
Versión Digital / E-book.
E
AGRADECIMIENTOS
l contenido de este libro se basa en una serie de conferencias que grabé
para el canal de la Escuela Teológica Charles Spurgeon en un módulo de
Introducción a la Teología Bíblica Bautista Reformada. Su contenido ha sido
revisado y adaptado al formato de libro. Por lo tanto, agradezco a la Escuela,
especialmente al pastor Cleyton Gadelha, que me invitó a grabar sobre este
tema tan importante. Además, estoy muy agradecido a la editorial O
Estandarte de Cristo, que decidió lanzar el libro junto a la selecta y excelente
lista de obras publicadas por esta editorial.
Algunos grandes amigos fueron muy importantes en el proceso de revisión
del material. Ellos son: William Teixeira, Pedro Issa, Elivando Mesquita,
D.B. Riker, Janyson Ferreira, Marcus Paixão, Talita do Vale y mi padre,
Antônio Caxinauá, entre otros que vieron y leyeron el contenido antes de la
publicación. Agradezco a todos los hermanos de la Iglesia Bautista
Reformada de Belem, donde tengo el privilegio de servir al Señor junto a tan
queridos hermanos que siempre me ayudan en la oración.
Estoy agradecido con mi querida esposa, Alana, con mi madre, Cléa, y con
toda la familia que siempre me apoya. Además, doy gracias a Dios por los
escritos de hombres como Nehemiah Coxe, John Owen, Charles Spurgeon,
A.W. Pink, Paul Washer, Jeffrey Johnson, Pascal Denault, Samuel Renihan,
James Renihan, Richard Barcellos, entre muchos otros que me han ayudado
grandemente a entender el contenido aquí presentado.
Sobre todo, doy gracias a mi Señor y Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Soli Deo Gloria
ÍNDICE DE CONTENIDOS
Prólogo a la versión portuguesa original
Introducción
1. ¿Qué es la Teología Bíblica?
2. ¿Quiénes son los bautistas?
3. Un resumen de la trama de las Sagradas Escrituras
4. El Pacto de Obras
5. El Pacto de Gracia
6. El Pacto de Redención
7. El Antiguo y el Nuevo Pacto
8. La Ley de Dios
9. El Día del Señor
10. Una comparación entre la Teología Credobautista
y la Teología Paidobautista
Conclusión
Bibliografía
L
PRÓLOGO A LA VERSIÓN PORTUGUESA
ORIGINAL
as Sagradas Escrituras y nuestra Confesión revelan que «la distancia
entre Dios y la criatura es tan grande que, aunque las criaturas racionales
le deben obediencia como su Creador, aun así, estas nunca habrían podido
alcanzar la recompensa de la vida a no ser por alguna condescendencia
voluntaria por parte de Dios, que a Él le ha agradado expresar en forma de
pacto» (CBF1689 7.1).[1] Por lo tanto, una correcta comprensión de estos
pactos y de cómo, a través de estos, Dios condesciende a relacionarse con los
hombres, es de la mayor importancia para todos aquellos que, con un corazón
dispuesto y sincero, desean interpretar y aplicar correctamente las Escrituras
para la gloria de Dios y para la edificación de su pueblo pactual, la Iglesia.
Por lo tanto, cuando hablamos de pactualismo, estamos hablando de un
método de interpretación de la Biblia, o, para usar un lenguaje moderno,
estamos hablando de un método de hacer teología bíblica, pero que, al mismo
tiempo, tiene en cuenta la sistematización de todo el consejo de Dios
declarado en la «palabra de verdad» (2 Tim. 2:15).
Sobre la importancia vital de este tema, así como el alcance de su
influencia y su relación con otras doctrinas bíblicas, el querido pastor Jeffrey
Johnson dijo acertadamente:
Cuando se trata de una visión sistemática y holística de la Escritura, nada es más vital que una
comprensión adecuada de la relación entre los pactos divinos, principalmente la relación entre el
Antiguo y el Nuevo Pacto. La teología pactual da forma a la comprensión de la soteriología, la
eclesiología y la escatología; y en particular, a la visión de la naturaleza y el futuro de Israel, el
Reino de Dios, la Iglesia, las ordenanzas y la naturaleza del retorno de Cristo. Además, es
primordial para el teólogo sistemático ver cómo la Biblia está dividida en dos Testamentos (el
Antiguo y el Nuevo) y entender la continuidad y discontinuidad entre estos.[2]
Particularmente, estoy convencido de la extrema necesidad y urgencia de
que la iglesia brasileña, especialmente los bautistas, recuperen una
comprensión bíblica profunda y piadosa de los pactos de Dios. Y estoy
igualmente convencido de que este excelente libro, del querido pastor
Fernando Angelim, tiene mucho que aportar a ese fin.
Escrito de forma clara y didáctica, y sobre todo bíblica, este libro resultará
útil tanto para el padre de familia que quiera conocer mejor la Biblia y guiar
piadosamente a su familia, como para el que ha sido llamado a «presentar[se]
a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja
con precisión la palabra de verdad» (2 Tim. 2:15).
El autor comienza definiendo qué es la teología bíblica y, más
concretamente, qué es la teología bíblica reformada, así como su método y
características. A continuación, nos lleva de la mano y nos conduce a un
paseo por la historia de la iglesia, mostrando cómo los bautistas surgieron en
el contexto de la Inglaterra del siglo XVII, a partir del separatismo. Estos
bautistas ingleses confesaban una teología bíblica que era distintivamente
reformada y pactual.
Luego, se nos lleva a comprender cómo Dios estructuró la gran historia de
la Biblia a través de pactos, desde la revelación del Pacto de Gracia, en la
promesa del Salvador en Génesis 3:15, hasta su cumplimiento en el Nueva
Pacto, en Cristo Jesús. Así, entonces, el libro pasa a tratar los tres grandes
pactos de Dios. En primer lugar, el Pacto de Obras, que se refiere al pacto
hecho por Dios con Adán en el Edén antes de la caída. Adán era el
representante de toda la humanidad, por lo que su caída en el pecado nos
afectó a todos. Pero Cristo es el Segundo Adán, quien cumple perfectamente
las exigencias divinas en lugar de su pueblo creyente, aquel nos libra de la
maldición y nos concede la vida eterna. En segundo lugar, el Pacto de Gracia,
que surge del eterno Pacto de Redención, es revelado progresivamente en el
Antiguo Pacto y se establece formalmente en la cruz del Calvario, en el
derramamiento de la sangre del Mediador Prometido. En tercer lugar, el
Pacto de Redención, que fue hecho en la eternidad y consiste en un acuerdo
entre las personas de la Trinidad para la redención de los elegidos en el
tiempo.
Después de tratar bíblicamente estos tres grandes pactos, entonces surge la
oportunidad para tratar el asunto fundamental de la naturaleza del Antiguo y
del Nuevo Pacto, y de la distinción entre estos. El Antiguo Pacto se refiere
particularmente al pacto legal hecho por Dios con Israel, mediado por
Moisés, pero también puede referirse, a groso modo, a todo el período
anterior a la muerte y resurrección de Cristo. Y el Nuevo Pacto, que según las
Escrituras equivale al Evangelio y al Pacto de Gracia, es la manera en que
Dios salva a los pecadores, la descendencia caída de Adán, mediante la obra
redentora del Hijo.
Los capítulos 8 y 9 están dedicados a mostrar la relación del cristiano con
la ley de Dios, especialmente el Cuarto Mandamiento del Decálogo. La
comprensión reformada, puritana y confesional de la ley es explicada a la luz
de las Escrituras y se nos exhorta a obedecer la ley moral de Dios con amor y
gratitud, siguiendo el ejemplo del Señor Jesús, evitando tanto el
antinomianismo como el legalismo.
El último capítulo aporta una comparación en la que se trazan las
similitudes y los contrastesentre la teología pactual credobautista y la
paidobautista. El libro concluye con unas breves reflexiones sobre los temas
bíblicos estudiados, en las que el escritor expresa la esperanza de que su obra
sea útil para promover en los lectores un aumento de su amor a Dios y al
prójimo, y de que todo el conocimiento adquirido en estas páginas se
traduzca en una vida piadosa para la gloria de Dios.
William Teixeira
Director de la editorial O Estandarte de Cristo
Francisco Morato, São Paulo, Brasil
E
INTRODUCCIÓN
n nuestros estudios bíblicos pueden surgir preguntas importantes, como,
por ejemplo: ¿Cómo entendemos la trama de las Sagradas Escrituras?
¿Cuál es el tema principal del Antiguo y del Nuevo Testamento? ¿Qué es un
pacto? ¿Qué significan los pactos mencionados en la Biblia? ¿Cuál es la
relación entre el Antiguo y el Nuevo Pacto? ¿Son válidas para nosotros hoy
las ceremonias y leyes que regían a Israel en el Antiguo Testamento? ¿Por
qué sí o por qué no? ¿Cómo se relaciona un cristiano con los Diez
Mandamientos?
Estas son solo algunas de las preguntas que un cristiano que comienza a
estudiar la Biblia puede plantearse, y la teología bíblica tendrá que lidiar con
ellas. El propósito de este libro es ayudarle a comprender mejor la trama de
las Escrituras, a tener un sentido adecuado del plan de redención revelado en
la Biblia, y a entender cuál es su posición en esta gran historia. Haremos un
breve repaso de las Escrituras y consideraremos cómo, a lo largo de los
siglos, se ha desarrollado este maravilloso guión divino. Además, trataremos
de extraer del texto bíblico, con la ayuda de grandes teólogos antiguos y
contemporáneos, la correcta comprensión de las preciosas verdades que
contiene. Estos estudios deben llevarlo a adorar a Dios y a cultivar una vida
piadosa en gratitud y obediencia a Él.
Otro elemento que estudiaremos es la teología bíblica «reformada», en sus
diversas manifestaciones, un sistema teológico bíblico que tiene sus raíces en
la Reforma Protestante. Actualmente, hay un notable redescubrimiento de la
teología reformada y un renovado interés por parte de muchos en la
predicación expositiva, las doctrinas de la gracia y las Solas de la Reforma, lo
cual es excelente. Sin embargo, la teología reformada va más allá de estos
puntos. Todavía quedan otras zonas importantes por redescubrir y recuperar.
La herencia reformada, representada por lo que ahora llamamos teología
bíblica, también tiene mucho que aportar, y ese será un tema que será
explorado en este libro.
Además, el propósito de este libro es presentar una teología bíblica
«bautista» reformada, ya que pretendemos rescatar tesoros de la herencia
teológica de los bautistas particulares del siglo XVII y demostrar la solidez de
su teología. Esto es importante porque, desgraciadamente, muchos bautistas
de hoy desconocen su propia historia y teología. Hay una pérdida de
identidad doctrinal en medio de muchas iglesias que se llaman a sí mismas
«bautistas». Hoy es posible entrar en una iglesia local cuya placa destaca la
denominación «bautista» y, sin embargo, encontrar que es una iglesia con
tendencias neopentecostales o caracterizada por otras doctrinas que no
corresponden a las raíces de la teología bautista. En este sentido, Phillip D.R.
Griffiths tiene razón cuando afirma que «los bautistas reformados necesitan
redescubrir su rica herencia, que les proporcionará una comprensión más
profunda de la Palabra de Dios y, que esperamos, los llevará a caminar más
cerca de Dios».[3]
Así, con el fin de rescatar la preciosa herencia teológica e histórica de los
bautistas, muchos argumentos presentados en este libro se basan en la
Confesión de Fe Bautista de Londres de 1689. Presentaremos algunos
aspectos de la teología bíblica de esta Confesión, siempre a la luz de las
Sagradas Escrituras, que deben ser la norma que rige cualquier documento
confesional. Cuando los credos y confesiones están de acuerdo con la Biblia
y exponen correctamente sus preceptos, no quedan obsoletos, ni siquiera con
el paso de los años. Por eso, una Confesión tan antigua tiene todavía tanto
que enseñarnos.
Por lo tanto, hay mucho que trabajar en este pequeño libro. Debe servir de
aperitivo, de introducción al tema, de arranque para sus estudios. Siendo esto
así, tenga en cuenta que no vamos a ser exhaustivos. Sin embargo, hay otros
libros que serán mencionados y referenciados para que usted se sumerja en el
tema que será introducido aquí.
C
1
¿QUÉ ES LA TEOLOGÍA BÍBLICA?
uando empezamos a estudiar la Biblia, podemos tener dificultades para
entender cómo se desarrollan las historias de su gran relato. Muchas
personas tienen problemas para entender cuál es el punto unificador de la
trama bíblica y cuáles son los principales acontecimientos que provocan
cambios significativos en esta historia. Surgen algunas preguntas, como:
¿Cuáles son los puntos de continuidad y discontinuidad entre el Antiguo y el
Nuevo Testamento? ¿Cómo interfiere cada pacto que Dios hizo en el
conjunto de la historia? ¿Qué nos ha aportado la venida de Cristo? ¿Cuál es el
mensaje central de las Escrituras?
De esto se ocupa la teología bíblica, de ahí su importancia. Es la disciplina
que nos ayuda a resolver estos problemas. Su estudio nos ayudará a
comprender la secuencia de los acontecimientos en su contexto adecuado y a
entender en qué punto nos encontramos hoy en el panorama total de la Biblia.
Ese cuadro puede resumirse como Creación, Caída, Redención y
Consumación. La teología bíblica nos ayudará a comprender mejor cómo
encaja cada pieza en el registro divino, es decir, cómo contribuye cada libro
de la Biblia a su historia más amplia y al plan de Dios que se nos ha revelado
de forma sublime desde el Génesis hasta el Apocalipsis.
Cuando estudiamos los acontecimientos en su contexto adecuado, nos
damos cuenta de cómo cada detalle glorifica a Dios, trayendo alegría a
nuestros corazones y un mayor deseo de conocer al Señor, estar con Él y vivir
para su gloria.
Estudiaremos la teología bíblica reformada, que, como explicaremos más
adelante, sigue un modelo pactual. Sobre la importancia de este modelo,
William Teixeira afirma que «la teología del pacto es al cuerpo de la teología
bíblica lo que es la columna vertebral al cuerpo humano».[4] Siguiendo con
este tema, el teólogo bautista A.W. Pink señaló que los pactos divinos tienen
protagonismo en las Sagradas Escrituras:
Los pactos ocupan un lugar destacado en las páginas de la revelación divina, incluso si solo
hacemos una lectura superficial de la Escritura. La palabra pacto se encuentra al menos
veinticinco veces en el primer libro de la Biblia y aparece muchas otras veces en el Pentateuco,
los Salmos y los Profetas. Tampoco es una palabra poco común en el Nuevo Testamento. Al
instituir el gran memorial de su muerte, el Salvador dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi
sangre, que es derramada por vosotros» (Luc 22:20). Al enumerar las bendiciones especiales que
Dios había dado a Israel, Pablo dijo que les pertenecían «los pactos» (Rom 9:4). A los gálatas,
Pablo les expuso dos pactos (4:24-31). A los santos de Éfeso, les recordó cuando andaban en sus
días como no regenerados, «extraños a los pactos de la promesa». Toda la epístola a los Hebreos
es una exposición acerca del mejor pacto, del cual Cristo es el Mediador (8:6).[5]
Nehemiah Coxe, un renombrado bautista del siglo XVII, al hablar sobre
las transacciones pactuales de Dios, afirmó que, si alguien no entiende
correctamente las transacciones del pacto de Dios con Adán, seguramente
estará desorientado en todas sus búsquedas posteriores de la verdad que
procura conocer.[6]
Siendo así, una vez que la teología del pacto se encuentra en el corazón de
la verdad bíblica, nos resulta difícil exagerar su importancia para una sana
comprensión de las doctrinas bíblicas. El príncipe de los predicadores, Charles
Haddon Spurgeon, señaló que la doctrina del pacto divino está en la raíz de
toda la verdadera teología. Para Spurgeon, quien entiende bien la distinción
entreel Pacto de Obras y el Pacto de Gracia es un maestro en teología. Él
estaba convencido de que la mayoría de los errores cometidos por los
hombres sobre la doctrina de las Escrituras se derivan de errores
fundamentales sobre los pactos de la Ley y la Gracia.[7]
Por lo tanto, se trata de un asunto central que, si no se entiende
correctamente, puede afectar negativamente la comprensión de todas las
demás doctrinas. Entonces, el estudio en profundidad de la teología bíblica
reformada nos aporta una serie de beneficios, pues:
1) Nos ofrece una mejor comprensión de toda la trama de la Biblia y de
nuestro papel en ese gran cuadro;
2) Es esencial para la hermenéutica, es decir, para la correcta
interpretación de la Palabra de Dios;
3) Enseña cómo el Antiguo Testamento se relaciona con la persona de
Cristo;
4) Nos ayuda a comprender los aspectos de continuidad y discontinuidad
entre los pactos divinos, previniéndonos de muchos malentendidos y sus
nefastas consecuencias;
5) Nos ayuda a entender cómo cada parte de la Escritura contribuye al
plan de Dios;
6) Enseña sobre la herencia teológica que se encuentra en importantes
confesiones de fe históricas;
7) Presenta una noción elevada sobre nuestro Señor Jesucristo, el
Mediador;
8) Nos lleva a glorificar a Dios en la contemplación de su obra redentora.
1. ¿QUÉ ES LA TEOLOGÍA BÍBLICA?
La teología es el estudio de la revelación de Dios. El profesor Heber Carlos
de Campos explica que «el hombre estudia a Dios a través de lo que Dios
revela de sí mismo. Por tanto, la teología debe entenderse como la ‘ciencia de
la revelación’ o la ‘ciencia de la Escritura’».[8] Existen algunas modalidades
de estudio de la teología:
Teología Sistemática. Se ocupa de la sistematización de las doctrinas bajo
ciertos títulos, también es llamada dogmática. Se ocupa de ordenar, en un
sistema completo de doctrinas, lo que los cristianos creen sobre diversos
temas, como Dios, la salvación, el pecado, la Iglesia, el bautismo, la cena,
etc.
Teología histórica. Trata de estudiar, históricamente, cómo la iglesia
cristiana ha hecho teología a lo largo de los siglos, abordando los conflictos,
los grandes debates y los concilios que se han producido a lo largo de la
historia de la Iglesia, así como los credos establecidos por el pensamiento
cristiano.
Teología exegética. Estudia el proceso de extracción del mensaje de un
texto a partir de su contexto original. La teología bíblica se considera a veces
parte de esta disciplina más amplia llamada teología exegética.
Teología pastoral. Se interesa por el estudio de la aplicación práctica de
la Palabra de Dios en la vida de los cristianos. Su énfasis está en el ministerio
y la atención pastoral de la iglesia local.[9]
Teología bíblica. La teología bíblica trata de entender la trama de la
Escritura como un solo libro. Geerhardus Vos la define como «la rama de la
teología exegética que se ocupa del proceso de autorrevelación de Dios
registrado en la Biblia».[10] Para Vos, sería preferible usar el nombre de
«historia de la revelación especial», ya que esta nomenclatura expresa, con
mayor precisión y de forma totalmente aceptable, lo que esta ciencia se
propone. Sin embargo, es difícil cambiar un nombre ya consagrado por el
uso.[11] James M. Hamilton Jr., en su libro ¿Qué es la teología bíblica?,
explica:
En resumen, con la expresión teología bíblica me refiero a la perspectiva interpretativa reflejada
en la forma en que los autores bíblicos presentaron su comprensión de las Escrituras anteriores,
la historia redentora y los acontecimientos que describen, relatan, celebran o tratan en las
narraciones, poemas, proverbios, cartas y apocalipsis.[12]
Otra definición de esta área se encuentra en el libro Teología Bíblica de
Nick Roark y Robert Cline, quienes la definen así:
La teología bíblica es una forma de leer la Biblia como un único relato de un único autor divino,
que culmina en quién es Jesucristo y lo que ha hecho; entonces, cada parte de la Escritura se
entiende con relación a Él. La teología bíblica nos ayuda a entender la Biblia como un gran libro
compuesto por varios libros más pequeños que cuentan una única gran historia. El héroe y punto
central de esa historia, de principio a fin, es Jesucristo.[13]
Por lo tanto, la teología bíblica es la forma en que observamos la
revelación de Dios, la secuencia de acontecimientos en la gran narrativa
bíblica. Es una forma de leer la Escritura como un único gran libro
compuesto por varios libros más pequeños en una historia que culmina en
Cristo. Él es el punto central de la historia y cada parte debe entenderse con
relación a Él. Graeme Goldsworthy explica correctamente que la teología
bíblica es un medio para comprender la Biblia en su conjunto, de modo que
podamos entender el desarrollo del plan de salvación etapa por etapa. Llega a
la conclusión de que la teología bíblica se ocupa del mensaje de Dios para
nosotros en la forma que realmente adopta en las Escrituras.[14]
De manera que podemos preguntar: ¿Cuál es el tema central de esta trama
bíblica? ¿Cuál es el elemento unificador que se encuentra en este gran relato?
¿Cómo podemos entender la historia revelada en el Antiguo y el Nuevo
Testamento?
El tema central y unificador de la historia bíblica se encuentra en la
persona de Jesucristo. Toda la Escritura habla de Él. La Biblia revela cómo el
Dios Todopoderoso ha redimido a un pueblo, mediante el sacrificio de su
Hijo unigénito, por el poder del Espíritu Santo, con el fin de vivir para su
gloria. Durante el Antiguo Testamento, el Mesías fue anunciado y
prefigurado de diversas maneras, y en el Nuevo Testamento, Él vino al
mundo para salvar a su pueblo de sus pecados. Después de cumplir su misión,
se le presenta como aquel a quien se le ha dado toda la autoridad y que ya
reina a la diestra de Dios, como cabeza de su Iglesia y que volverá en el
momento señalado por Dios para la consumación de todas las cosas. El
príncipe de los puritanos, John Owen, añade:
Este principio debe retenerse siempre en nuestras mentes cuando leemos la Escritura, a saber,
que la revelación y la doctrina de la persona de Cristo y su oficio son el fundamento sobre el
cual se edifican todas las demás instrucciones de los profetas y apóstoles, para la edificación de
la Iglesia, y por el cual se aclaran... Por lo tanto, el mismo Señor Jesucristo manifestó esto de
manera general en Lucas 24:26-27, 45-46. Si se deja de lado esta consideración, las Escrituras
dejan de ser lo que pretenden, es decir, una revelación de la gloria de Dios en la salvación de la
Iglesia...[15]
Owen destaca la revelación y la doctrina de Cristo expresada por el propio
Señor Jesucristo en el camino de Emaús, que puede verse en el siguiente
relato: «¿No era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara
en su gloria? 27 Y comenzando por Moisés y continuando con todos los
profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras». (Luc 24:26-27).
William Hendriksen comenta lo sucedido allí:
Es razonable suponer que nuestro Señor, al interpretar en todas las Escrituras lo que se refiere a
Él, mostró cómo todo el Antiguo Testamento, de diversas maneras, apunta a Él.[16]
Goldsworthy añade:
Dado que Cristo es la síntesis de toda la revelación bíblica, lo que se revela de Él rige nuestra
forma de hacer teología bíblica. Jesús de Nazaret es la autorrevelación más completa de Dios a
la humanidad. Él aporta plena luz a lo que, desde el principio, se presentaba en el Antiguo
Testamento como una sombra.[17]
Por lo tanto, la teología bíblica trata de comprender cómo se desarrolla la
gran historia bíblica, que Roark y Cline resumen así: «Dios el Padre, envió a
su Hijo por medio del Espíritu para ganar un pueblo para Su propia gloria».
[18]
2. ¿CUÁL ES EL MODELO DE LA TEOLOGÍA BÍBLICA
REFORMADA?
Al estudiar la teología bíblica, observaremos la existencia de diferentes
corrientes de interpretación sobre la historia de la redención. Matt Perman, al
hablar de la teología de John Piper, explica que hay tres campos teológicosprincipales que tratan los temas de la Ley, el Evangelio y la estructuración de
la relación redentora de Dios con la humanidad:
- El dispensacionalismo;
- La Teología Pactual;
- La Teología del Nuevo Pacto.[19]
Nuestro objetivo en este libro es estudiar la teología bíblica reformada, la
cual sigue el modelo pactual. La doctrina pactual era la columna vertebral
que caracterizaba la teología reformada, estuvo en la esencia del pensamiento
reformado sobre el trato de Dios con los hombres.[20]
Podemos identificar las primeras formulaciones y sistematizaciones de la
teología pactual a partir del siglo XVI en los teólogos reformados de
Heidelberg: Zacharius Ursinus (1534-1583), Caspar Olevianus (1536-1587),
Franciscus Junius (1591-1677); así como en los puritanos ingleses: Thomas
Cartwright (1634-1689) y Dudley Fenner (1558-1587).[21] Al mismo tiempo,
los teólogos suizos Heinrich Bullinger (1504-1575) y Ulrico Zwinglio (1484-
1531) también estudiaban este concepto teológico pactual. Como afirmó
Bullinger: «la relación entre Dios y la humanidad es una relación de pacto».
[22]
Posteriormente, la teología pactual puede ser expresamente observada en
las principales confesiones de fe que han dado forma a la teología de las
denominaciones históricas, como la de los presbiterianos, los
congregacionales y los bautistas, a saber, la Confesión de Fe de Westminster,
la Declaración de Fe de Saboya y la Confesión Bautista de Fe de 1689,
respectivamente.
Aunque las confesiones de fe, a diferencia de las Escrituras, no son
infalibles, su objetivo es declarar públicamente lo que un determinado grupo
de cristianos de una determinada época cree, predica y enseña. Las
confesiones buscan guiar y definir principios claramente delineados a partir
de las Escrituras para advertir al pueblo de Dios contra el error y la herejía.
Es importante señalar que todas estas confesiones mencionadas siguen el
modelo pactual, el cual fue un consenso entre estas. Las tres confesiones
entendieron la estructura pactual en la revelación y la relación de Dios con su
pueblo, a pesar de que hubo algunos distintivos en cada una que se
mencionarán más adelante.
2.1 Características de la Teología Bíblica Reformada
2.1.1 Sigue una hermenéutica clásica
La hermenéutica reformada, según Richard Barcellos,[23] sigue cuatro
principios fundamentales:
2.1.1.1 El primer principio puede resumirse en la siguiente expresión: «El
Espíritu Santo es el único intérprete infalible de la Sagrada Escritura», es
decir, cuando la Escritura se interpreta a sí misma, lo hace de manera
infalible. Por lo tanto, los textos posteriores que hacen uso de los textos
anteriores arrojan luz interpretativa sobre estos. Agustín de Hipona demuestra
este importante principio hermenéutico cuando afirma: «El Nuevo está en el
Antiguo velado; el Antiguo está en el Nuevo revelado»[24], y Nehemiah Coxe
resume este punto magistralmente: «...el mejor intérprete del Antiguo
Testamento es el Espíritu Santo que nos habla a través del Nuevo
Testamento».[25]
2.1.1.2 El segundo principio es la «Analogía de la Escritura» (Analogia
Scripturae). Se trata del entendimiento de que los pasajes más oscuros deben
interpretarse a la luz de los pasajes más claros sobre el mismo tema. Este
principio fue claramente adoptado por la Confesión de Fe Bautista de 1689:
La regla infalible de interpretación de la Escritura es la propia Escritura; por lo tanto, cuando
surge alguna duda acerca del verdadero y pleno significado de cualquier pasaje bíblico
(significado que no es múltiple, sino uno solo), debe buscarse en otros pasajes que hablen más
claramente.[26]
Esta cita de la Confesión de Londres también presenta el tercer principio:
2.1.1.3 «La analogía de la fe (Analogia Fidei)». Barcellos explica sobre
este punto que «la regla de la fe inspirada e infalible es el conjunto de la
Escritura, cuyas partes textuales deben entenderse a la luz de su conjunto
textual-teológico». Él ejemplifica:
Un ejemplo de una comprensión adecuada del uso de la analogía de la fe sería la identificación
de la serpiente de Génesis 3. Podemos decir con absoluta certeza que la serpiente es el diablo y
Satanás. Lo sabemos porque Dios nos lo dice a través de la Escritura posterior en Apocalipsis
12:9.[27]
2.1.1.4 Por último, «El alcance {o meta} de la Escritura (Scopus
Scripturae)» se refiere a una interpretación de la Escritura a la luz de su
alcance {o meta} general, el objetivo que tiene toda la Escritura. En este
particular, Barcellos explica:
Para los teólogos federalistas o pactuales del siglo XVII, el escopo {u objetivo} de la Escritura
era la gloria de Dios en la obra redentora del Hijo de Dios encarnado. Su visión del alcance de la
Escritura era en sí misma una conclusión hecha a partir de la Escritura, no una presuposición
traída desde fuera, y esto condicionaba toda la interpretación posterior.[28]
La Segunda Confesión de Londres menciona, con respecto a las
Escrituras: la «armonía de todas sus partes, el escopo de esta en su conjunto
(que es dar toda la gloria a Dios)».[29] Así, la hermenéutica reformada se ocupa
de la interpretación de cada parte de las Escrituras a la luz de su historia
completa y considera cada texto a la luz del gran alcance de las Escrituras.
2.1.2 Es Pactual
Este modelo se denomina «pactual» porque entiende que el desarrollo de los
acontecimientos bíblicos tiene lugar a través de los pactos que Dios ha hecho.
La Confesión de Fe Bautista de Londres así lo atestigua:
La distancia entre Dios y la criatura es tan grande que, aunque las criaturas racionales le deben
obediencia como su Creador, aun así, estas nunca habrían podido alcanzar la recompensa de la
vida a no ser por alguna condescendencia voluntaria por parte de Dios, que a Él le ha agradado
expresar en forma de pacto.[30]
Es a través de los pactos que Dios revela su plan progresivamente en la
historia. John Owen define el pacto como un convenio o acuerdo en
determinados términos, estipulado mutuamente por dos o más partes. Sin
embargo, señala que el Nuevo Pacto es un pacto incondicional, porque no se
menciona ninguna condición por parte del hombre, sino que consiste
únicamente en el regalo de la promesa divina:
Un pacto, propiamente dicho, es un convenio o acuerdo, en determinados términos estipulados
mutuamente por dos o más partes. Así como las promesas son el fundamento y el origen de este,
como lo es entre Dios y el hombre, también comprende preceptos, o leyes de obediencia, que
son prescritos para que el hombre los observe. Pero en la descripción del pacto aquí mencionado
[el Nuevo Pacto], no se menciona ninguna condición por parte del hombre, ni ningún término de
obediencia prescrito, sino que todo consiste en la promesa libre y gratuita, como se verá en su
explicación.[31]
Otra posible definición de pacto, expresada por Meredith G. Kline, sería:
«un compromiso con sanciones divinas entre un señor y un siervo».[32]
2.1.3 Cree en la existencia de dos representantes pactuales
Dios trata con los hombres a través de dos representantes (jefes federales):[33]
Adán y Cristo. Charles Spurgeon declaró:
La justicia de Adán sería nuestra mientras la mantuviera, y su pecado pasó a ser nuestro en el
momento en que pecó. Del mismo modo, todo lo que el Segundo Adán es, o todo lo que hace,
nos pertenece, ya que es nuestro representante.[34]
La Confesión de Fe Bautista de 1689 corrobora esta idea:
Además, al haberse colocado el hombre bajo la maldición de la ley por su Caída, agradó al
Señor hacer un Pacto de Gracia, en el cual libre y gratuitamente ofrece vida y salvación por
medio de Jesucristo a los pecadores, demandándoles fe en Él para ser salvos, y prometiendo dar
Su Espíritu Santo a todos aquellos que están ordenados a vida eterna, con el fin de darles la
disposición y capacidad para creer.[35]
Por lo tanto, desde esta perspectiva, o alguien está en Adán, tratando
inútilmente de salvarse por sus obras, o está en Cristo, siendo salvado por un
Pacto de Gracia. «Porque así como por la desobedienciade un hombre los
muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno
los muchos serán constituidos justos» (Rom. 5:19).
2.1.4 Culmina en Cristo
El clímax de estos pactos tiene lugar en el Nuevo Pacto, cuando Dios, en
Cristo, cumple la promesa que había hecho a los padres de enviar al Salvador.
Jesucristo es el Mesías prometido que cumplió toda la justicia divina en lugar
de su pueblo, murió sacrificialmente en la cruz del Calvario, fue sepultado y
al tercer día resucitó. La confesión de Londres continúa:
Este pacto es revelado en el evangelio; en primer lugar, a Adán en la promesa de salvación por
medio de la simiente de la mujer, y después, mediante pasos adicionales hasta completarse su
plena revelación en el Nuevo Testamento; y tiene su fundamento en aquella transacción del
Pacto Eterno que hubo entre el Padre y el Hijo acerca de la redención de los elegidos; y solo por
la gracia de este pacto es que todos los que en cualquier tiempo han sido salvos de entre la
posteridad del Adán caído han obtenido vida y una bendita inmortalidad, siendo el hombre ahora
totalmente incapaz de hacerse aceptable para Dios bajo aquellas condiciones en las que estuvo
Adán en su estado de inocencia.[36]
La Confesión demuestra que la promesa revelada en Génesis 3:15 se
fundamenta en el Pacto eterno de la Redención y fue revelada en etapas
sucesivas hasta su culminación en el Nuevo Testamento. Esta afirmación
corrobora la declaración del propio Señor Jesús, en el Evangelio de Lucas, de
que todo el Antiguo Testamento hablaba de Él:
Y les dijo: Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que
se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los
salmos. Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: Así está
escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día; y que en su
nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones,
comenzando desde Jerusalén. (Luc. 24:44-47).
Charles Spurgeon afirma que «si quisiéramos resumir todas las
bendiciones espirituales, tenemos que decir: “Cristo es todo.” Él es su materia
y Él es su sustancia; y aunque se podría decir mucho en lo tocante a las
glorias del pacto, no podría decirse nada que no fuera encontrado en esa sola
palabra: “Cristo”».[37]
2.1.5 La salvación se concede sobre la base del Nuevo Pacto
Todos los que se han salvado en todas las épocas han sido salvados por Cristo
y su sangre derramada. Los creyentes del Antiguo Testamento creían en la
promesa de un Mesías venidero, los creyentes del Nuevo Testamento creen
en el Cristo que ha venido, ha establecido el Nuevo Pacto y que volverá.
Como dijo John Owen:
Daré por sentado el hecho de que ningún hombre se ha salvado jamás sino en virtud del Nuevo
Pacto, y de la mediación de Cristo para ello... Todo el conocimiento de Dios en Cristo es
revelado claramente y comunicado salvíficamente en virtud del Nuevo Pacto a los que creen.[38]
La Confesión Bautista explica:
Agradó a Dios, en Su propósito eterno, escoger y ordenar al Señor Jesús, Su Hijo unigénito,
conforme al pacto hecho entre ambos, para que fuera el Mediador entre Dios y el hombre; el
Profeta, Sacerdote y Rey; la Cabeza y el Salvador de Su Iglesia, el Heredero de todas las cosas y
Juez del mundo. A quien dio, desde toda la eternidad, un pueblo para que fuera Su simiente, y
para que fuera redimido, llamado, justificado, santificado y glorificado por medio de Él en el
tiempo.[39]
A este respecto, el apóstol Pablo resumió: Porque hay un solo Dios, y
también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre (1
Tim. 2:5).
CONCLUSIÓN
En esta introducción se han trabajado algunos puntos importantes, a saber:
1) El estudio de la teología bíblica influye en nuestra comprensión de toda
la Escritura y otras doctrinas bíblicas.
2) La teología bíblica tiene como objetivo estudiar la historia de la
revelación especial de Dios, la historia de la redención, la forma de ver toda
la Biblia como un solo libro.
3) La doctrina pactual era la columna vertebral que caracterizaba la
teología reformada.
4) La teología bíblica reformada sigue una hermenéutica clásica, que es
pactual, cree en la existencia de dos representantes federales (Adán y Cristo),
culmina en Cristo y entiende que la salvación se otorga sobre la base del
Nuevo Pacto.
En los siguientes capítulos prestaremos más atención a la teología bíblica
bautista pactual que se encuentra en la Confesión de Fe Bautista de Londres
de 1689. También consideraremos los distintivos de la teología pactual
bautista, que, como posición robusta y profundamente bíblica, debe ser
considerada cuidadosamente.
P
2
¿QUIÉNES SON LOS BAUTISTAS?
ara entrar en el tema más específico de la teología bíblica bautista
reformada debemos responder algunas preguntas importantes, entre
estas: ¿Quiénes son los bautistas? ¿Cómo surgió este grupo? ¿Cuáles son sus
raíces teológicas? ¿Qué podemos aprender de su historia? ¿Cuál era la
teología bíblica que defendían?
Una vez obtenidas estas respuestas, podremos examinar su teología a la
luz de las Escrituras, como los bereanos en Hechos 17:11, para comprobar su
veracidad, ya que nuestro objetivo no debe ser defender corrientes teológicas
como los hinchas de un equipo de fútbol, sino conocer, de hecho, la verdad
bíblica.
1. EL ORIGEN DE LOS BAUTISTAS[40]
La denominación bautista tiene sus orígenes en la Reforma, especialmente en
los separatistas de Inglaterra. El libro The Baptist Story dice:
[...] la mejor explicación del desarrollo de las convicciones e ideas bautistas se encuentra en el
movimiento separatista inglés, que surgió del movimiento puritano de finales del siglo XVI [...]
Como ha afirmado el historiador bautista inglés Barrie R. White, dado que la explicación del
surgimiento de las convicciones bautistas está clara en el contexto del movimiento puritano-
separatista inglés, la carga de la prueba recae en quienes sostienen que el anabaptismo
continental desempeñó un papel decisivo en el surgimiento de los bautistas. Los bautistas son
hijos de los puritanos, un movimiento cuyas raíces se remontan a la Reforma europea del siglo
XVI.[41]
Por lo tanto, para entender el origen de los bautistas, debemos conocer un
poco su contexto más amplio, es decir, la Reforma inglesa.
1.1 La Reforma en Inglaterra
Aunque hombres piadosos como William Tyndale pueden haber preparado el
terreno para la Reforma inglesa,[42] la ruptura con la Iglesia Católica Romana
se produjo principalmente a través de una reconfiguración política
introducida por el rey Enrique VIII (1509-1547) y confirmada por su hija
Isabel I (1558-1603). G.R. Elton, en su clásico capítulo sobre la Reforma
inglesa en The New Cambridge Modern History, afirma:
Inglaterra, como es notorio, consumó su Reforma con una diferencia. Mientras que en otros
lugares una revuelta religiosa condujo, en su despertar, a una reconstrucción política y
constitucional, la marcha de Inglaterra lejos de Roma fue dirigida por el gobierno por razones
que tenían poco que ver con la religión o la fe. Pero hay factores — circunstancias, sentimientos
y pasiones, además de indiferencias — que explican la Reforma inglesa.[43]
G. R. Elton explica que el verdadero origen de esta reforma fue político y
que todas las objeciones a la injerencia de un papa extranjero en Inglaterra no
habrían conducido a una ruptura con la Iglesia de Roma si la Corona no
hubiera considerado necesario ocuparse del control papal de la Iglesia.[44]
Así que, a pesar de los grandes problemas que involucraban a la Iglesia
Católica Romana de su tiempo, el punto que motivó al rey Enrique VIII a
romper con Roma fue bastante peculiar. Inglaterra acababa de salir de una
larga y devastadora guerra civil, la Guerra de las Dos Rosas (1455-85), y se
encontraba en una situación financiera muy difícil. Romper con Roma
significaría dejar de pasar los diezmos a la Iglesia Católica, así comola
confiscación de las numerosas riquezas y tierras que la Iglesia poseía en
Inglaterra. Enrique VIII formó parte del proceso de establecimiento de
monarquías absolutistas en Europa, proceso que había comenzado en
Inglaterra con su padre. La ruptura con Roma fue, en sentido estricto, la
proclamación de la supremacía real (de ahí el nombre de Acta de
Supremacía) sobre la Iglesia de Inglaterra. Más que una ruptura con Roma,
fue una afirmación del poder de Enrique VIII sobre la iglesia. Enrique VIII
solicitó la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, alegando que
ella había consumado sexualmente su anterior matrimonio con el hermano de
Enrique VIII y que, por tanto, ese matrimonio era ilegítimo a los ojos de
Dios, por lo que tampoco Dios les concedería un hijo varón. El Papa denegó
la anulación porque estaba muy unido a los padres de Catalina, Fernando e
Isabel de España, los llamados «Reyes Católicos».[45]
Enrique VIII rompió con el papado y fundó la Iglesia de Inglaterra.
Inicialmente era una iglesia nacional inglesa con una clara orientación
romana.[46] Elton explica que «Enrique VIII parece haber pensado que la
ruptura con Roma podía llevarse a cabo sin un cambio en la doctrina y el
culto de la Iglesia inglesa».[47]
El rey contó entonces con el apoyo del arzobispo de Canterbury, Thomas
Cranmer, que le ayudó en el proceso de distanciamiento teológico de Roma.
Sin embargo, Elton continúa explicando que la reforma política empezaba a
causar algunas turbulencias religiosas. El pequeño pero notable grupo de
teólogos que adoptó las doctrinas de Lutero y Tyndale sintió que había
llegado su hora, y Cranmer se sintió inclinado a apoyarlos. La secuencia de
los acontecimientos mostraría que, dado que Inglaterra había roto con Roma,
a los inicios puramente políticos de la Reforma se uniría pronto una fuerza
verdaderamente religiosa e incluso espiritual.[48]
Tras la muerte de Enrique VIII, le sucedió su hijo Eduardo VI. En esta
época, los partidarios de una reforma más profunda de la Iglesia inglesa
tenían mayor influencia sobre el rey, lo que permitió que la Iglesia de
Inglaterra se volviera protestante. G. R. Elton explica que «Cranmer pronto
produjo una revisión del Libro de Oración (1552), que desechó lo que había
quedado de la doctrina católica en su versión anterior y adoptó una posición
totalmente alineada con el protestantismo».[49]
Sin embargo, este período fue breve, ya que Eduardo VI gobernó solo seis
años (1547-1553) y fue sucedido por su hermana, María Tudor (1553-1558),
hija de Catalina de Aragón. La reina llegó a ser conocida como «María la
sanguinaria» por su crueldad al perseguir a los protestantes. Elton aclara:
A lo largo de 1553 quedó claro que a Eduardo VI le quedaba poco tiempo de vida. Si no se hacía
algo, lo sucedería su hermana María, hija de Catalina de Aragón y seguidora inquebrantable de
la Iglesia de Roma. Para los contemporáneos, esta sucesión significó un giro completo de la
política religiosa [adoptada por Eduardo VI] [...].[50]
Durante su reinado, María intentó restaurar la Iglesia Católica Romana en
Inglaterra y persiguió ferozmente a los líderes protestantes, hasta el punto de
ejecutar a más de 270 mártires, entre ellos Thomas Cranmer (†1556). Otros
huyeron al continente (Ginebra, Zúrich, Frankfurt), entre ellos John Knox y
William Whittingham (principal responsable de la Biblia de Ginebra). En este
periodo surgieron las primeras congregaciones autónomas en Londres.[51] El
relato del martirio de muchos cristianos protestantes de esta época se recoge
en el Libro de los Mártires, escrito por John Foxe.
Tras el reinado — también breve — de María I, se produjo un largo
reinado bajo Isabel I (1558-1603). Al principio, los puritanos se
entusiasmaron con su ascenso, pero pronto se sintieron decepcionados, ya
que la reina tenía principalmente preocupaciones políticas. Para mantener el
control sobre las iglesias y asegurar cierta estabilidad política, trató de
garantizar un sistema de gobierno episcopal, es decir, la reina insistió en
controlar la iglesia y se reservó el nombramiento de los obispos.
Entonces, los protestantes que pedían una reforma más profunda de la
Iglesia de Inglaterra pasaron a ser conocidos como «puritanos», un nombre
peyorativo dado por el alto clero anglicano. El nombre se impuso
especialmente en el contexto de la «Controversia de las vestimentas» (1563-
1567), una protesta que se hizo contra el uso de las vestimentas clericales.
Los puritanos afirmaban que la iglesia no estaba totalmente reformada, ya
que conservaba muchos vestigios del catolicismo romano, por lo que
necesitaba ser purificada. Esta lucha se intensificó durante los reinados de
Jacobo I (1603-1625) y Carlos I (1625-1649). El puritanismo es una
mentalidad o actitud religiosa que comenzó a principios de la historia de la
Reforma inglesa. Al principio, se identificaba con la Iglesia de Inglaterra, sin
embargo, muchos puritanos se separaron posteriormente de esta, dando lugar
a diversos grupos como: bautistas, congregacionalistas y presbiterianos.
En su libro The Puritans: Their Origins and Their Successors, D. M.
Loyd-Jones explica que «la mentalidad puritana busca anteponer la verdad a
las cuestiones de tradición y autoridad, y se caracteriza por la insistencia en la
libertad de servir a Dios de la manera como cada uno juzgue correcta».[52]
1.2 Los separatistas ingleses
Entre los puritanos que no se conformaban con la situación de la iglesia, una
parte de ellos se conoció como los «separatistas ingleses». Estos fueron los
que abandonaron la Iglesia de Inglaterra y fundaron congregaciones
autónomas. B. R. White, en su libro The English Separatist Tradition, afirma
que:
Bajo el reinado de María, los anglicanos eduardianos se convirtieron en separatistas porque
consideraban que la Iglesia Romana y sus costumbres eran falsas y su culto, idolátrico.
Posteriormente, el separatismo en Inglaterra desarrollaría la misma aversión por la iglesia
establecida considerándola como anticristiana, esto debido a que sus formas eran contrarias a las
Escrituras y porque se organizaron como un grupo de congregaciones cuyas prácticas estaban
más en línea con las enseñanzas de las Escrituras.[53]
B. R. White afirma que el factor culminante para que los separatistas
abandonaran la Iglesia de Inglaterra y se reunieran fuera de la iglesia estatal
fue su búsqueda de una alineación con las Sagradas Escrituras. White
atestiguó que la comprensión de la naturaleza de la Iglesia de Cristo dada por
el separatismo inglés no era una novedad de la Reforma, sino una enseñanza
extraída directamente de la Biblia, principalmente, del Nuevo Testamento.[54]
Sobre los separatistas ingleses, Chris Traffanstedt afirma:
Esta exigencia de conformidad por parte de las fuerzas políticas y religiosas de Inglaterra dio
lugar a un grupo conocido como los «separatistas». Los principios en los que se basaba este
movimiento eran la separación de la Iglesia y el Estado; la doctrina pura, libre de intereses
políticos, y la reforma general de la Iglesia. Los separatistas se tomaban la Biblia en serio y
estaban decididos a entregar sus vidas por sus enseñanzas. Afirmaban que la Iglesia estaba
formada por los redimidos, no por personas politizadas.
[...] Además, valoraban una liturgia sencilla que hiciera hincapié en el Dios Santo. Consideraban
que las formas de culto impuestas por el Estado y los escritos auxiliares de la Iglesia de
Inglaterra llevaban al pueblo a enfatizar la forma en lugar de la Soberanía de Dios [sustancia];
por lo tanto, este tipo de «ayuda» era despreciada.
Fue a partir de este llamado a la pureza en la iglesia, tanto en el culto
como en la práctica diaria, que se originaron los «bautistas».
1.3 Los bautistas generales
Los bautistas surgieron en dos grupos distintos: los primeros se conocieron
como «bautistas generales», y recibieron este título porque creían en la
expiación general, a diferencia de los «bautistas particulares», que surgieron
tres décadas más tarde y se mantuvieron firmes a favorde la expiación
limitada (definida), estando influenciados por la teología de hombres como
Juan Calvino.[55]
Sobre los bautistas generales, la obra A History of the Bapstists de Robert
B. Torbet afirma que fue en Holanda donde se produjo el inicio de la historia
de los bautistas ingleses. Afirma que el refugiado religioso John Smyth llegó
a ser conocido por algunos como el «fundador de las iglesias bautistas
modernas» porque adoptó el credobautismo y compuso un principio bautista
en su histórica Confesión.[56]
Debido a la persecución de los inconformistas por parte del gobierno,
muchos emigrantes religiosos encontraron refugio en Holanda. A partir de
1595, Holanda acogió a los separatistas ingleses que habían quedado en la
miseria tras la ejecución de sus líderes en 1594. El primer grupo que salió de
Inglaterra, hacia finales de 1607, fue el de Gainsborough, dirigido por
Thomas Helwys y Smyth.[57] Sin embargo, entre finales de 1608 y principios
de 1609, explica Torbet, Smyth se hizo anabaptista, bautizándose a sí mismo
y a su congregación:
Smyth, sin duda bajo la influencia de los menonitas de Waterlander, se hizo anabaptista. Había
llegado a la decisión de que los niños no deben ser bautizados, porque (1) no hay ningún
precepto ni ejemplo en el Nuevo Testamento de niños bautizados por los discípulos de Juan y de
Cristo, y (2) Cristo les ordenó hacer discípulos enseñándoles y luego bautizándolos. Sin
embargo, aunque teológicamente estaba preparado para pasarse a los menonitas, se bautizó a sí
mismo por efusión, y luego también bautizó a Helwys y a quienes lo desearon de entre el resto
de su congregación, un total de cuarenta personas.[58]
Siguiendo con los bautistas generales, Torbet afirma que su testimonio
solo ha sido conservado por un pequeño número de personas:
[...] la organización de las iglesias bautistas generales (es decir, las que sostienen el punto de
vista arminiano de una expiación general o ilimitada) en suelo inglés data de 1611 o principios
de 1612, cuando Thomas Helwys y su puñado de seguidores regresaron a Londres. Habían
regresado al país del que habían huido de la persecución unos años antes con un objetivo en
mente: propagar su fe. Así, el testimonio bautista fue preservado y perpetuado por no más de
diez valientes.[59]
Torbet atestigua que la congregación parece haberse reunido
clandestinamente en Spitalfield, a las afueras de las murallas de Londres. Esta
fue la primera iglesia bautista en suelo inglés cuyo origen tiene evidencia
histórica.[60]
1.4 Los bautistas particulares
El otro grupo que proviene de los puritanos ingleses separatistas son los
«bautistas particulares». Sin embargo, son distintos de los bautistas generales.
Torbet lo explica:
[...] Los bautistas particulares no tenían ninguna relación con los anabaptistas continentales. Más
bien, representaron un paso más en el movimiento del independentismo inglés
(congregacionalismo) hacia su conclusión lógica en el bautismo de los creyentes profesantes. El
origen de las iglesias bautistas particulares en Inglaterra puede datarse en torno a 1638.[61]
Sobre el surgimiento de los bautistas particulares, A. C. Underwood, en su
libro A History of the English Baptists, comenta:
Surgieron de una iglesia independiente y mantuvieron una teología calvinista. Y, como creían en
una expiación restringida, por tanto, particular, solo para los elegidos, se les llamaba
«particulares».[62]
Esta iglesia, de la que más tarde surgirían los bautistas particulares, es
conocida como la JLJ y fue iniciada en 1616 por Henry Jacob en su regreso a
Inglaterra. Es importante señalar que los bautistas particulares compusieron
dos confesiones de fe siguiendo una línea teológica reformada. Sobre la
primera Confesión Bautista de Londres de 1644, Torbet explica:
En aquel año, para aclarar su posición sobre el modo adecuado de bautizar, quince ministros
bautistas particulares, entre los que se encontraban Spilsbery, Kiffin y Knollys, incorporaron una
definición del bautismo por inmersión en una confesión de cincuenta artículos de fe, en la que
estamparon sus firmas. Siete iglesias bautistas particulares adoptaron esta Confesión de Londres,
como se llamaba, que expresaba la teología calvinista, estipulaba el bautismo por inmersión y
defendía la libertad religiosa. Con el consiguiente resurgimiento de la inmersión, los bautistas se
alejaron un poco más de sus antepasados anabaptistas.[63]
En la misma línea, sobre las dos confesiones elaboradas por los bautistas
particulares, Chris Traffanstedt añade:
En 1644, los bautistas particulares publicaron la Primera Confesión de Fe Bautista. Esta
confesión era calvinista y rechazaba todas las insinuaciones de que eran «anabaptistas». Aunque
esta Confesión no fue muy clara, fue un documento importante que ayudó a unir a todos los
bautistas particulares. Luego, en 1677, se redactó una Segunda Confesión que reflejaba la
Confesión de Westminster (1647) y la Declaración de Saboya (1658). En su mayor parte, este
nuevo documento siguió la Confesión de Westminster, pero en su posición con respecto al
gobierno de la iglesia, la Confesión Bautista siguió la Declaración de Saboya. La Confesión de
Fe de los Bautistas estableció las cuestiones sobre el tipo de poder que tenían los representantes
de las asociaciones eclesiásticas sobre las iglesias locales. Además, trató el tema del bautismo
manifestando su posición a favor del bautismo de creyentes y no del bautismo de niños.
Debemos tener en cuenta que las discusiones sobre este tema no se produjeron a causa de los
«anabaptistas», sino que surgieron de un intenso deseo de reflejar la Escritura tal y como nos fue
entregada.[64]
La Segunda Confesión de Fe Bautista de Londres se publicó de forma
anónima en 1677, debido a la persecución que sufrían los bautistas
particulares. Se volvió a publicar abiertamente en 1688, pero no obtuvo una
mayor difusión y reconocimiento general hasta 1689. En su libro ¿Quiénes
eran los puritanos? Erroll Hulse afirma lo siguiente:
Cuando las condiciones mejoraron, en 1688, se pudo publicar la Confesión que se había
formulado antes [es decir, en 1677], pero la persecución sufrida impidió que tuviera una amplia
difusión. La Confesión de 1677 se conoció como La Confesión de Fe de 1689 solo por la mayor
difusión que tuvo en esa época.[65]
Sobre la doctrina y los importantes distintivos de estos bautistas, el
profesor de teología histórica, Tom Nettles, señaló:
Hemos visto que estos influyentes portavoces de la vida bautista abrazaron la Biblia como
revelación divina infalible. Se sometieron a su autoridad a la luz de la comprensión puritana del
principio regulador. Las doctrinas históricas, incluso la forma como fueron formuladas, del
trinitarismo y la cristología ortodoxos, establecieron a los bautistas sobre una base sólida. Las
pérdidas de estas doctrinas se consideraron trágicas y destructivas para la fe cristiana y la unidad
bautista. Además de la autoridad bíblica y la ortodoxia histórica, los bautistas afirmaban la
concepción protestante del Evangelio. Ellos se alejaron del sacramentalismo católico romano
más que cualquier otro grupo protestante, tanto en doctrina como en eclesiología. Las opiniones
firmes sobre la iluminación, la convicción y la regeneración del Espíritu Santo dieron forma
fuerte y definida al perfil bautista. La justificación por la fe, con un compromiso claro y firme
con la imputación de la justicia de Cristo, concretó su testimonio evangélico. Esta teología
prevaleció en toda la comunidad bautista. Estas doctrinas son un testimonio irrefutable de la
posición histórica evangélica de estos bautistas ingleses de los siglos XVII y XVIII.[66]
Sobre este tema, es importante destacar que muchos desconocen las raíces
reformadas de la teología bautista e incluso piensan erróneamente que no hay
bautistas reformados, como podemos ver en el sincero relato del presbiteriano
Solano Portela sobre el tema, en su prefacio al libro {trad. no oficial} Las
implicaciones prácticas del calvinismo:
Unos meses más tarde,viajé dos horas con otros colegas a una iglesia en la que predicaría el
pastor Martin. En Ocean City, Nueva Jersey, conocí su poderosa oratoria y me impresionó su
doctrina y la profundidad y sinceridad de sus palabras. Conociendo un poco más su persona,
vinieron algunas sorpresas: «¿Pero bautista?»; «¿Acaso los bautistas no están en contra de la
teología reformada?». Y así se iba aclarando mi falta de conocimiento; estaba aprendiendo que
los bautistas históricos eran todos reformados; que el abandono de las doctrinas de la gracia era
algo reciente en su historia — había ocurrido hace menos de cien años —; que uno de los más
grandes predicadores reformados de la historia — Charles Spurgeon — era bautista; que la
Confesión de Fe de los antiguos bautistas — la Confesión de Fe de Londres (1689) — era
prácticamente idéntica a la Confesión de Fe de Westminster; y así sucesivamente.[67]
Por lo tanto, es innegable que, en sus raíces confesionales, los bautistas
son reformados. Y, como hemos visto en el capítulo anterior, las principales
confesiones de fe reformadas eran todas pactuales en su estructura de teología
bíblica, con muchas similitudes en varios aspectos, pero había un punto
distintivo que culminaba en una diferencia con respecto al bautismo, como
explica Pascal Denault:
Los puritanos del siglo XVII podían dividirse en tres grupos: presbiterianos, congregacionalistas
y bautistas. Los dos primeros grupos eran paidobautistas, mientras que el tercero era
credobautista. La división sobre la teología del pacto fue causada por la cuestión del bautismo.
Los paidobautistas sostenían una interpretación de la teología del pacto y los bautistas otra.[68]
Veremos, más adelante, que los bautistas reformados creían que solo los
elegidos regenerados estaban en el Pacto de Gracia, en el que se puede entrar
solo por la fe. Los bautistas consideraban que ningún otro pacto más que el
Nuevo Pacto era el Pacto de Gracia. Reconocieron que el Pacto de Gracia se
reveló bajo todos los pactos desde la Caída, pero hicieron una distinción entre
la verdadera sustancia de esos pactos y el Pacto de Gracia en sí.[69] Estos
distintivos se examinarán en detalle en capítulos posteriores.
Lo que debemos saber hasta este punto es que los bautistas particulares
eran reformados y, en su confesión, seguían una teología bíblica pactual que
tenía algunos distintivos en relación con la teología paidobautista, los cuales
estudiaremos en detalle más adelante.
2. NOTABLES BAUTISTAS PACTUALES[70]
Algunos nombres importantes del pasado han defendido una teología del
pacto idéntica o muy similar a la que se encuentra en la Confesión de Fe
Bautista de 1689. En esa lista encontramos nombres como:
John Spilsbery (1598-1668). Perteneció a la primera generación de
bautistas calvinistas, fue uno de los primeros pastores entre los bautistas
particulares y pastoreó una iglesia bautista calvinista, fundada en 1638. Fue
firmante de la Primera Confesión de Fe de Londres de 1644 y de su versión
revisada dos años después. Un año antes de la publicación de ese documento,
publicó un tratado sobre el bautismo titulado «A Treatise Concerning The
Lawful Subjet o Baptisme» {Un Tratado sobre los sujetos legítimos al
bautismo}. Allí presenta una comprensión de la doctrina del pacto que es
diferente de la de sus contemporáneos paidobautistas. Es de suma
importancia que uno de los primeros tratados de los bautistas particulares en
defensa del credobautismo lo haga sobre la base de la teología del pacto. Esto
demuestra que la identidad bautista ha mantenido desde el principio un
federalismo diferente al de los paidobautistas y que el bautismo de los
creyentes es el resultado de una comprensión diferente de los pactos bíblicos.
Henry Lawrence (1600-1664). Fue un dirigente puritano asociado a
Oliver Cromwell, publicó un tratado llamado «On Baptism» {Sobre el
bautismo}, abogó por el federalismo según el credobautismo y criticó el
paidobautismo.
Thomas Patient (†1666). Firmante de la Primera Confesión de Fe de
Londres, fue enviado como misionero a Irlanda por el gobierno de Cromwell,
estableciendo allí la primera comunidad de convicción bautista, la Iglesia
Bautista de Waterford. Escribió el tratado «The Doctrine of Baptism, And the
Distinction of the Covenants» {La Doctrina del Bautismo y la Distinción de
los Pactos} (1654).
John Bunyan (1628-1688). Es sin duda uno de los puritanos más
conocidos, si no el más conocido, autor del libro «El Peregrino». Bunyan
también escribió un tratado sobre la teología del pacto que se encuentra en la
colección de sus obras publicada en tres volúmenes por The Banner Of Truth,
titulada «The Doctrine of the Law and Grace Unfolded» {La Doctrina de la
Ley y la Gracia Desplegada}.
Nehemiah Coxe (†1688). Posiblemente el teólogo bautista más
significativo en lo que respecta a la teología del pacto. Fue hijo de Benjamin
Coxe, uno de los firmantes de la Primera Confesión de Fe de Londres. Su
tratado «A Discourse of the Covenants that God made with men before the
Law» {Un discurso de los Pactos que Dios hizo con los hombres antes de la
Ley} (1681) esboza las diferencias fundamentales entre presbiterianos y
bautistas basadas en sus respectivas interpretaciones del pacto abrahámico.
Benjamin Keach (1640-1704). Fue el principal teólogo bautista de la
segunda mitad del siglo XVII. Los distintivos fundamentales de los bautistas
están presentes en sus tratados.
Charles Haddon Spurgeon (1834-1892). El príncipe de los predicadores
fue un heredero de los bautistas particulares, incluso reeditó la Confesión de
Fe de los Bautistas de 1689, declarando esa ocasión declaró:
Me ha parecido correcto reimprimir en forma económica esta excelente lista de doctrinas, que
fueron suscritas por los ministros bautistas en el año 1689. Necesitamos una norma para la causa
de la verdad; puede ser que este pequeño volumen ayude a la causa del glorioso Evangelio,
testificando claramente cuáles son sus principales doctrinas [...].[71]
Sobre la teología del pacto, Spurgeon dio la siguiente cita:
La doctrina del Pacto divino está en la raíz de toda verdadera teología. Ya se ha dicho que quien
entiende bien la distinción entre el Pacto de Obras y el Pacto de Gracia es un maestro de
teología. Estoy convencido de que la mayoría de los errores que los hombres cometen sobre las
doctrinas de la Escritura se derivan de errores fundamentales en relación con los pactos de la
Ley y la Gracia.[72]
Es notable que, para Spurgeon, la teología del pacto estaba en la raíz de
toda la verdadera teología, y que subrayara la importancia de la Confesión de
Fe de 1689, hasta el punto de promover su reimpresión.
En nuestros días, nombres como Pascal Denault, Richard Barcellos,
Samuel Renihan, James Renihan, Samuel Waldron, Brandom Adams,
Thomas Nettles y Jeffrey Johnson son algunos de los varios nombres que han
formado parte del legado de los bautistas pactuales y han publicado varios
libros sobre el tema. Incluso el renombrado predicador Paul Washer presenta
una posición muy similar en sus libros.
Terminamos este breve resumen sobre la identidad histórica de los
bautistas con las palabras de Torbet sobre el legado que dejaron aquellos
primeros bautistas:
Así fueron los inicios de los bautistas ingleses. A pesar de la persecución, hicieron importantes
contribuciones a su época y a las generaciones futuras. Ellos estaban entre los cristianos que
descubrieron al individuo en la religión. Se tomaron la iglesia en serio, construyeron
comunidades de fe reunidas mediante un compromiso personal simbolizado por el bautismo de
los creyentes. Al igual que sus antepasados puritanos separatistas, trataron de hacer realidad el
ideal de una iglesia pura sin abandonar su participación en el orden social. Se mantuvieron
pacientes pero valientes, con la convicción fundamental de que la verdadera religión debe ser
voluntaria para ser válida.[73]
CONCLUSIÓN
Hemos examinado brevemente el origen de los bautistas y su identidad
pactual histórica. Mencionamos verdades importantes como:
1)Los bautistas tienen sus orígenes en la Reforma, especialmente en los
separatistas en Inglaterra.
2) Los bautistas surgieron inicialmente como dos grupos distintos, los
«bautistas generales», que creían en la expiación general, y los «bautistas
particulares», que tenían una fuerte posición a favor de la expiación particular
y estaban influenciados por la teología de hombres como Juan Calvino.
3) Los bautistas particulares compusieron sus confesiones de fe siguiendo
las líneas teológicas reformadas.
4) Las principales confesiones de fe reformadas eran todas pactuales en su
estructura de la teología bíblica, con muchas similitudes en varios aspectos,
pero había un distintivo señalado que culminaba en una diferencia con
respecto al bautismo.
5) Nombres notables como John Spilsbery, Henry Lawrence, Thomas
Patient, John Bunyan, Nehemiah Coxe, Benjamin Keach, Charles Haddon
Spurgeon forman parte de esta historia de los bautistas.
En lo que sigue, haremos un breve repaso de la trama de las Sagradas
Escrituras, antes de examinar algunos de los principales términos teológicos
utilizados para expresar conceptos importantes de la teología pactual bautista.
E
3
UN RESUMEN DE LA
TRAMA DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS
n este capítulo daremos una mirada panorámica a la Biblia para tener
una idea general de su trama, además veremos cómo la Confesión de Fe
de 1689 presenta y entiende esta gran trama. Examinaremos, a la luz de las
Sagradas Escrituras, un pasaje crucial de la Confesión de 1689, en el que
encontramos de forma sintetizada una parte importante de su teología bíblica.
En su capítulo Sobre el Pacto de Dios, la Confesión de Fe Bautista de
Londres explica:
Este pacto es revelado en el evangelio; en primer lugar, a Adán en la promesa de salvación por
medio de la simiente de la mujer, y después, mediante pasos adicionales hasta completarse su
plena revelación en el Nuevo Testamento; y tiene su fundamento en aquella transacción del
Pacto Eterno que hubo entre el Padre y el Hijo acerca de la redención de los elegidos; y solo por
la gracia de este pacto es que todos los que en cualquier tiempo han sido salvos de entre la
posteridad del Adán caído han obtenido vida y una bendita inmortalidad, siendo el hombre ahora
totalmente incapaz de hacerse aceptable para Dios bajo aquellas condiciones en las que estuvo
Adán en su estado de inocencia.[74]
La Confesión de Londres habla de un pacto que se reveló en el
protoevangelio, primero a Adán, mediante una promesa de salvación a través
de un descendiente de la mujer, promesa que se desarrolla a lo largo del
Antiguo Testamento. Además, se reveló a través de sucesivas etapas,
alcanzando su consumación solo en el Nuevo Testamento. La confesión
también afirma que este pacto se fundamenta en una transacción realizada
entre las personas de la Trinidad, concretamente entre el Padre y el Hijo, en la
eternidad, para la salvación de un pueblo elegido, y que solo por la gracia de
este pacto pueden salvarse los pecadores de la posteridad caída de Adán, ya
que se encuentran en un estado de incapacidad para ser aceptados en los
mismos términos que Adán mientras estaba en su estado de inocencia.
A lo largo de este libro, examinaremos las Escrituras para ver si
encontramos tales afirmaciones en el relato bíblico. Comenzaremos ahora con
un breve panorama de las Sagradas Escrituras.
1. ANTIGUO TESTAMENTO
Dios creó todas las cosas (Gén. 1:1). Hizo al ser humano a su imagen y
semejanza (Gén. 1:26). El Señor hizo un pacto condicional con Adán en el
Edén, según el cual, si obedecía, podría comer del árbol de la vida y vivir
eternamente, pero si desobedecía, moriría (Gén. 3:22, 3:3), con todas las
implicaciones de esa muerte (física, espiritual y eterna). Adán y Eva,
seducidos por la serpiente (el Diablo, Apo. 12:9), pecaron contra Dios y
rompieron este pacto, sufriendo las consecuencias de la caída (Gén. 3:17;
Ose. 6:7). Por ser Adán la cabeza federal (un individuo que representa a un
grupo) de la humanidad, todos sus descendientes se vieron afectados por su
pecado (Rom. 5:12). Sin embargo, el Señor prometió que un descendiente de
la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente y que esta le heriría el talón (Gén.
3:15).
Obsérvese que la promesa divina relativa a un descendiente de la mujer
que daría el golpe mortal en la cabeza de la serpiente es la primera promesa
del Evangelio en las Escrituras (protoevangelio), que apunta al Mesías, el que
vendría a deshacer las obras del Diablo (1 Jn. 3:8). A lo largo del Antiguo
Testamento, la promesa relativa al descendiente de la mujer se desarrolla a
través de sombras, signos y tipos que apuntaban a Cristo (Luc. 24:27; Col.
2:16-17; 2 Tim. 3:14-15).
Tras la caída, toda la creación se vio afectada (Rom. 8:18). Los
descendientes de la primera pareja son los protagonistas de una historia
trágica: Caín mata a Abel. Luego, Lamec, descendiente de Caín, también se
convierte en asesino y la inmoralidad se multiplica enormemente en la tierra
(Gén. 6). Ante la perversidad del corazón humano, el Señor emite un juicio,
envía un diluvio, pero preserva un remanente, Noé y su familia se salvan de
la muerte en un arca. Después del diluvio, el Señor hace un pacto con Noé,
cuya señal sería un arco en el cielo (Gén. 9:12) y cuya promesa divina era la
preservación de la humanidad, por la que el Señor garantiza que ya no
destruiría la tierra mediante un diluvio. Esta garantía aporta una estabilidad
física al desarrollo de la promesa. Sin embargo, después del diluvio, la
corrupción humana permanece. Observamos luego, que los hombres en
rebelión directa contra Dios, en lugar de honrarlo y obedecerlo, buscan unirse
para engrandecerse, erigiendo una torre que llegue hasta el cielo para hacerse
famosos. El Señor interviene una vez más, lo que culmina en su dispersión
por la tierra después de que el Señor confundió su lenguaje hasta el punto de
que no se entendían entre sí (Gén. 11:4-9).
En el transcurso de la historia, el Señor llama a Abram desde Ur de los
Caldeos (Gén. 12), a quien hace promesas sobre una tierra, una descendencia
y que, a través de su descendencia, todas las naciones de la tierra serían
bendecidas. Estas promesas tenían aspectos físicos y espirituales, aspectos
terrenales y celestiales, aspectos condicionales e incondicionales (Gén. 12 y
17). Los aspectos físicos del pacto con Abraham se cumplirían en la nación
de Israel,[75] siendo la señal de este pacto la circuncisión física; la tierra
prometida era Canaán y el desarrollo de este pacto tendría lugar con su
descendencia física en la nación de Israel bajo el Antiguo Pacto (Gál. 4:24-
31). Sin embargo, los aspectos espirituales del pacto con Abraham se referían
a Cristo, el descendiente de Abraham (Gál. 3:16), y se cumplirían en el
Nuevo Pacto. La circuncisión en el Nuevo Pacto es del corazón, los herederos
de estas promesas son los que creen en Cristo, los que tienen la fe de
Abraham (Gál. 3:29).
Observamos una vez más la guía del Señor en la historia. Recordando el
pacto que hizo con Abraham, Dios rescata al pueblo de Egipto de forma
milagrosa bajo el liderazgo de Moisés. El Señor endurece el corazón del
Faraón, envía diez plagas y, después de la última, los saca de Egipto con
mano fuerte, abriendo el mar rojo para que pase el pueblo hebreo, y cerrando
el mar en juicio contra Faraón y su ejército.
Con la nación de Israel, a través de Moisés, Dios también hace un pacto en
el Sinaí (Éxo. 20). El Antiguo Pacto (el pacto hecho en el Sinaí) tiene
aspectos condicionales, como el pacto hecho con Adán en el Edén (obedece y
vive, desobedece y muere). Es un pacto nacional, condicional y temporal. La
nación de Israel se constituye por medio de las leyes ceremoniales, civiles y
morales del pacto sinaítico. Sirve para preservar el linaje del Mesías, apunta a
Él a través de sus sombras, sacrificios y ceremonias, muestra la necesidad de
una obediencia perfecta a la ley, la expiación de los pecados, la necesidad de
un mediador, y sirve de tutor para conducir a Cristo (Gál. 3:24-25).
Tras la muertede Moisés, el Señor levanta a Josué para que poseyeran la
tierra que les había prometido, Canaán, y de forma sobrenatural derriban los
muros de Jericó y conquistan la tierra. Después de la muerte de Josué, el
Señor levanta jueces para guiar a la nación de Israel, los cuales hicieron lo
malo ante el Señor, siguiendo la costumbre de las naciones paganas.
Entonces el pueblo de Israel, aun sabiendo que el Señor era su Dios, desea
un rey como los de otras naciones, y elige a Saúl. Este rey, sin embargo, se
convierte en un transgresor. Entonces, un rey según el corazón de Dios, de la
línea de Judá, fue elegido según la profecía de Jacob (Gén. 49:9-12). Dios
hace un pacto con David y le promete que un descendiente suyo heredará el
trono para siempre. Esta promesa también se refería a Jesucristo (Hch. 2:25-
35). Tras la muerte de David, su hijo Salomón asume el reinado e Israel vive
un periodo de gran prosperidad. Sin embargo, Salomón no era todavía, en
última instancia, el descendiente prometido. Tras su muerte, su hijo Roboam
actuó de forma insensata y el reino se dividió en dos. Ante tantas
transgresiones e inmoralidades, los dos reinos que ahora existían acaban
siendo llevados al cautiverio. El reino del norte, al cautiverio asirio, y el reino
del sur, al cautiverio babilónico.
Durante el cautiverio en Babilonia, el rey Nabucodonosor tiene un sueño
que le revela acontecimientos futuros, en el que ve una gran estatua que tiene
la cabeza de oro, el pecho y los brazos de plata, el vientre y las caderas de
bronce, y las piernas y los pies en parte de hierro, en parte de barro. En el
sueño se cortó una piedra sin ayuda de ninguna mano, la cual golpeó la
estatua sobre sus pies de hierro y barro, y los aplastó (Dan. 2:31-34). Daniel,
por medio de una revelación divina interpreta el sueño del rey afirmando que
la cabeza representaba al rey de Babilonia, Nabucodonosor, y las otras partes,
a las dinastías subsiguientes, hasta que, en los días de esos reyes, el Dios del
cielo establecerá un reino que nunca será destruido, y ese reino no pasará a
otro pueblo, sino que romperá en pedazos y consumirá todos esos reinos,
pero permanecerá para siempre (Dan. 2:44).
Muchos intérpretes entienden que los reinos mencionados por Daniel
corresponden al siguiente orden: la cabeza de oro representa al rey babilónico
Nabucodonosor; el pecho y los brazos de plata, el imperio medo-persa; el
vientre y las caderas de bronce, el imperio griego bajo Alejandro Magno; las
piernas y los pies, el imperio romano; y la piedra que derriba la estatua
representa a Cristo y el avance del reino de Dios.[76]
Además, los profetas anuncian la venida del Mesías, afirman que nacería
en Belén (Miq. 5:2-3), explican que sería la salvación divina hasta el final
de la tierra (Isa. 49:6), declaran su obra sacrificial y victoriosa para el
rescate de su pueblo (Isa. 53), sería un descendiente de David, el reino y la
justicia serían entregados en sus manos (Jer. 23:5-6), hablan de un pacto
superior por venir, pero no según el pacto que se hizo en Egipto, ya que el
pueblo lo rompió. A través de este Nuevo Pacto, el Señor imprimirá sus
leyes en el corazón de su pueblo particular y todos los que formen parte de
este pacto conocerán al Señor que promete perdonar sus pecados y no
recordar sus iniquidades (Jer. 31:31-34), el Señor anuncia que traerá la
salvación a su pueblo (Mal. 4:2).
2. EL NUEVO TESTAMENTO
A través de su providencia, el Señor ha conducido la historia, ha levantado y
derrocado reinos, ha hecho promesas y pactos, pero no hay que perder de
vista un propósito central: John Owen comprendió bien que «Cristo es [...] el
fin principal de toda la Escritura».[77] William Ames tiene razón al señalar que
«el Antiguo y el Nuevo Testamento pueden resumirse en estas dos cosas: ‘el
Antiguo promete al Cristo que iba a venir, y el Nuevo da testimonio de que
ha venido’».[78]
Por eso, en la plenitud de los tiempos, viene Cristo Jesús, nacido bajo la
Ley (Gál. 4:4), del linaje de Abraham y David, el Hijo de Dios, el Verbo
hecho carne (Jua. 1:14), como cumplimiento de todas las profecías, para
redimir a su Iglesia, a los que fueron elegidos antes de la fundación del
mundo (Efe. 1:4), para consumar la obra que el Padre le encomendó realizar
(Jua. 17:4), para pagar el precio de todos los pecados de su pueblo (Mat.
1:21), de todos los que creen en Él (Jua. 3:16). Cristo Jesús es la sustancia a
la que apuntaban todas las sombras, es la revelación superior (Heb. 1:1-2). La
señal de Jonás apuntaba a su resurrección (Mat. 12:39-40), la serpiente en el
desierto, a su sacrificio (Jua. 3:15), el maná señalaba el pan de vida (Jua. 6),
Melquisedec, su sacerdocio real (Heb. 7). Él es el Sumo Sacerdote superior,
el Rey superior, el Profeta superior (Heb. 1:1-4). Es el descendiente de la
mujer, el último Adán (Rom. 5:19). Los acontecimientos de la época de Noé
demuestran cómo será su segunda venida (Mat. 24:37-39). Es el descendiente
de Abraham por el que todas las naciones serían bendecidas (Gál. 3:16), es el
cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jua. 1:29), es el descendiente
de David que se sienta en el trono (Hch. 2:25-36). El Nuevo Pacto en Cristo
Jesús es superior al Antiguo Pacto. La Ley fue dada por Moisés; la gracia y la
verdad vinieron por medio de Jesucristo (Jua. 1:17).
El Nuevo Pacto es incondicional, todos los que forman parte de él conocen
al Señor y tienen sus pecados perdonados, es decir, este pacto es un Pacto de
Gracia y se hace con los salvos (Heb. 8; Gál. 4; Luc. 22:20). La sangre de los
machos cabríos y de las ovejas no tenía poder para pagar los pecados (Heb.
9:12), solo la preciosa sangre de Cristo Jesús nos redime de todo pecado (1
Ped. 1:18-19). El Nuevo Pacto se establece con todos los que han sido
regenerados, todos los que están en Cristo, porque en Él no hay ni judío ni
griego, Él es todo en todos (Gál. 3:28). Los gentiles convertidos están
injertados en el olivo (Rom. 11), son parte del pacto, como afirma el apóstol
Pablo en Efesios 2:14-16:
Porque Él mismo es nuestra paz, quien de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared
intermedia de separación, aboliendo en su carne la enemistad, la ley de los mandamientos
expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un nuevo hombre, estableciendo así
la paz, y para reconciliar con Dios a los dos en un cuerpo por medio de la cruz, habiendo dado
muerte en ella a la enemistad.
Por tanto, el Nuevo Pacto se establece con los creyentes, los elegidos,
tanto judíos como griegos, con todos los que se rinden a Cristo. La Iglesia de
Dios está formada por judíos y gentiles convertidos a Cristo.
Entendemos que el reino de Dios ya está entre nosotros (Luc. 17:21; Mat.
3:2). Toda la autoridad ha sido entregada a Cristo (Mat. 28:18). Él se ha
sentado a la diestra de la Majestad en las alturas (Heb. 1:3); pero aún no en su
plenitud, que será en su segunda venida y en la consumación de todas las
cosas (Apo. 21:1). Estamos en el período de la proclamación del Evangelio
en toda la tierra (Mat. 28:18-19), en el que llamamos a los rebeldes a
rendirse, mientras haya tiempo, al gran Rey que ha de venir. El Señor
Jesucristo vendrá de nuevo, descendiendo del cielo con un estruendo y con
voz de arcángel, con trompeta de Dios; y los que hayan muerto en Cristo
resucitarán primero. Entonces los que queden vivos serán arrebatados con
ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre
con el Señor (1 Tes. 4:16-17). Entonces vendrá el fin, cuando Él entregue el
reino al Dios y Padre, cuando haya destruido todo principado, y toda potestad
(1 Cor. 15:24). En la consumación de todas las cosas, Satanás y sus demonios
serán arrojados al lago de fuego junto con todos los malvados, para sufrir
eternamente en justa condenación (Apo. 20:10); los justos, por su parte,
vivirán eternamente con Dios, serán su pueblo y vivirán en los cielos y la
tierra nueva, donde mora la justicia (Apo. 21:1). Finalmente, el Dios trino
reinará absolutamente en majestad y gloria.
Así podemos observarla trama de la Escritura de forma muy resumida,
siguiendo la línea: Creación, Caída, Redención y Consumación. En última
instancia, uno está en Adán, tratando de salvarse por sus propias obras, o está
en Cristo, siendo salvado a través de Él. Cristo es la cabeza federal de la
Iglesia. En la consumación de los tiempos, el Señor reinará plenamente con
su pueblo al que ha redimido por su maravillosa gracia. Ante esto podemos
decir con el apóstol Pablo: ¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría
y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e
inescrutables sus caminos! Pues, ¿quién ha conocido la mente del Señor?, ¿o
quién llego a ser su consejero?, ¿o quién le ha dado a Él primero para que se
le tenga que recompensar? Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas.
A Él sea la gloria para siempre. Amén.[79]
Pacto de Dios con: Pasajes bíblicos:
Adán Génesis 2:15-17; 3:22; 3:3; 3:17 /
Oseas 6:7 / Romanos 5:12
Noé Génesis 6:18, 9-17; 9:12
Abraham Génesis 12:1-3; 15:12-21; 17:1-14
Moisés (nación de
Israel) Éxodo 19:6-8; 15:12-21; 17:1-14
David 2 Samuel 7:8-16; 23:5 / Salmo 89:3;
132:12 / 2 Crónicas 13:5
Jesucristo
Hebreos 8:6-12; 9:15; 13:20 / 1
Corintios 11:25 / Gálatas 4:24-26 / 2
Corintios 3:6
3. PACTOS EN LAS ESCRITURAS
En este breve resumen también hemos podido observar algunos pactos que se
mencionan en las Escrituras, sobre los que profundizaremos más adelante.
Sin embargo, ya podemos identificarlos:
CONCLUSIÓN
En este capítulo, hemos tenido la oportunidad de pasearnos por las Escrituras
y anotar varios pasajes importantes para que entendamos el desarrollo de su
trama. Algunos de estos eventos marcantes fueron destacados por la
Confesión de Fe de 1689, como:
1) La caída de Adán afectó a todos sus descendientes, pues era el
representante federal de la humanidad.
La Confesión de Fe Bautista de 1689 está de acuerdo: «Nuestros primeros
padres, por este pecado, cayeron de su justicia original y de su comunión con
Dios, y nosotros en ellos, por lo cual la muerte sobrevino a todos; viniendo a
estar todos muertos en pecado y enteramente corrompidos en todas las
facultades y partes del alma y del cuerpo».[80]
2) Se ha prometido un Salvador desde Génesis 3:15.
La Confesión de Fe Bautista de 1689 afirma: «Este pacto es revelado en el
evangelio; en primer lugar, a Adán en la promesa de salvación por medio de
la simiente de la mujer».[81]
3) Esta promesa se desarrolló a lo largo del Antiguo Testamento,
en etapas sucesivas.
Micah y Samuel Renihan afirman que la promesa de redención informa y
une toda la historia redentora.[82] La Confesión de Fe Bautista de 1689 cita:
«y después, mediante pasos adicionales».[83] Observamos varias sombras,
tipos y figuras que señalaban a Cristo y varios pactos que Dios hizo, que
prepararon el camino para la venida del Mesías en la plenitud de los tiempos.
4) El cumplimiento de esta promesa solo tuvo lugar en el Nuevo
Pacto en Cristo.
La Confesión de Fe Bautista de 1689 está de acuerdo: «hasta completarse
su plena revelación en el Nuevo Testamento».[84]
5) El Nuevo Pacto es el cumplimiento completo en la historia del
pacto eterno de la Redención.
El Nuevo Pacto, el pacto de la Gracia, ocurrió con base en el pacto eterno
entre las personas de la Trinidad antes de la fundación del mundo. La
Confesión de Fe Bautista de 1689 explica: «y tiene su fundamento en aquella
transacción del Pacto Eterno que hubo entre el Padre y el Hijo acerca de la
redención de los elegidos».[85]
6) Solo hay dos posiciones en las que el ser humano puede
encontrarse, o bien condenado en Adán o bien salvado en Cristo.
La Confesión de Fe de los Bautistas de 1689 afirma: «y solo por la gracia
de este pacto es que todos los que en cualquier tiempo han sido salvos de
entre la posteridad del Adán caído han obtenido vida y una bendita
inmortalidad, siendo el hombre ahora totalmente incapaz de hacerse aceptable
para Dios bajo aquellas condiciones en las que estuvo Adán en su estado de
inocencia».[86]
Observamos que la enseñanza de la Confesión de Fe Bautista de 1689 ha
sido fielmente extraída de las Sagradas Escrituras y expone en forma
condensada su gran trama.
En el próximo capítulo examinaremos estas cuestiones de manera más
específica y teológica. Vamos a elaborar el significado de algunos términos,
como «tipo» y «antitipo», «cabeza federal», «pacto de obras», «pacto de
gracia», «pacto de redención», etc., y a descubrir cómo se corresponden con
las verdades que se encuentran en la Escritura.
P
4
EL PACTO DE OBRAS
acto de obras, pacto de gracia, pacto de redención. ¿Qué significan estos
términos? ¿Qué necesidad tenemos de utilizar términos que no se
encuentran en las Sagradas Escrituras? ¿Es esto correcto? En este capítulo
comenzaremos a tratar estas cuestiones y aprender más sobre la teología
bíblica bautista pactual en sus términos teológicos y confesionales,
comenzando por el Pacto de Obras. Pero antes, descubramos el significado de
algunos términos importantes.
1. DEFINICIÓN DE TÉRMINOS
Hay algunos términos que utilizamos para comprender mejor la teología
bíblica y resumir puntos importantes. Estos términos, cuando se utilizan,
sirven para expresar realidades bíblicas. Aunque algunos no están expresados
literalmente en las Escrituras, expresan conceptos tomados de allí, como, por
ejemplo, el término «Trinidad», que no se encuentra literalmente en las
Escrituras, pero expresa algo que se encuentra claramente en la Biblia, es
decir, el Dios que es, al mismo tiempo, uno y tri-personal (Padre, Hijo y
Espíritu Santo). John Owen defiende el uso de tales términos afirmando:
[…] habrá que hacer uso de algunas palabras y expresiones que, tal vez, no estén contenidas
literal y formalmente en la Escritura; pero estas palabras y expresiones, para nuestras
concepciones y apreciaciones, solo servirán para exponer lo que está contenido en las Escrituras.
Negar la libertad para esto, e incluso la necesidad de ello, es negar toda interpretación de la
Escritura, todo esfuerzo por expresar el sentido de las palabras para la comprensión de cada uno,
lo cual es, en una palabra, hacer que la Escritura misma sea totalmente inútil. Porque si es
ilegítimo que yo hable o escriba lo que concibo como el sentido de las palabras de la Escritura, y
la naturaleza de su significado y lo expresado por estas, también es ilegítimo que yo piense o
conciba en mi mente el sentido de las palabras o la naturaleza de las cosas, lo cual implica que
nos estamos embruteciendo a nosotros mismos, que estamos frustrando todo el designio de Dios
al darnos el gran privilegio de su Palabra.[87]
Por lo tanto, es importante que definamos algunos de estos términos antes
de seguir adelante para evitar malentendidos.
1.1 Pacto/Acuerdo
Sobre los pactos realizados por Dios con los hombres, Kline define un pacto
como «un compromiso con sanciones divinas entre un Señor y un siervo».
Sin embargo, el Nuevo Pacto (Pacto de Gracia), siendo más una concesión
unilateral que un pacto bilateral, es incondicional para los hombres ya que es
Dios quien toma la iniciativa y Cristo cumple las condiciones en el lugar de
su pueblo.[88]
1.2 Promesa
Además, es importante distinguir entre promesa y pacto. John Spilsbery
destaca la diferencia entre ambas, mostrando que una promesa sin respuesta
no es un pacto, esta comprensión será útil para evitar ciertos malentendidos a
medida que se desarrolla el estudio. A continuación, Spilsbery define lo que
entendemos por «promesa»:
Sabemos que toda promesa no es un pacto: hay una gran diferencia entre una promesa y un
pacto. Consideremos bien lo que aquí se entiende por promesa, que es el Mesías enviado por
Dios, o la descendencia en la que han de ser bendecidas las naciones; y por tanto la promesa
consiste en el envío de un Salvador o Redentor para Israel.[89]
1.3 El federalismo de 1689
La palabra «federal» viene del latín «foedus» y significa pacto o acuerdo. Por
ejemplo, «República Federativa de Brasil» significa una república de estados
confederados, es decir,estados que tienen un pacto entre sí, que están en un
compromiso. El número 1689 proviene del año 1689 y se refiere a un tipo de
pacto que se encuentra en esta confesión. Más concretamente, este término se
acuñó para distinguir el federalismo de Westminster y el federalismo bautista
del siglo XX, que era un federalismo similar al de la Confesión de
Westminster. El distintivo principal del federalismo bautista es que entiende
que hay una diferencia sustancial entre el Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto, es
decir, que el Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto no son simplemente
administraciones del Pacto de Gracia, sino que son pactos sustancialmente
distintos. Esta es la distinción fundamental del Federalismo de 1689 con
respecto al modelo del Federalismo de Westminster y de Saboya, que
entienden el federalismo bajo un pacto con dos administraciones. El
Federalismo del Siglo XX también vio el federalismo de esta manera, pero
sus proponentes se adhirieron al credobautismo no por el modelo del pacto en
sí, sino por el principio regulativo del culto, es decir, porque en las Escrituras
no había ningún mandamiento de bautizar a los bebés. Por lo tanto, la
diferencia entre el Federalismo de 1689 y los otros tipos de federalismos
credobautistas es que el credobautismo en el Federalismo de 1689 se da por
su comprensión del pacto, mientras que el federalismo en los otros modelos
se da no por su modelo de pacto sino por el principio regulativo del culto.
1.4 Cabeza Federal
Samuel Renihan define cabeza federal como «un individuo que representa a
un grupo», y fundamenta:
Una parte esencial de un pacto es la cabeza federal. Una cabeza federal es un individuo que
representa a un grupo. El padre es el jefe de familia. Habla y actúa en nombre de la familia. De
la misma manera que la cabeza habla por el cuerpo, el padre habla por la familia, etc. Aquí
utilizamos la palabra «cabeza» de la misma manera. Dios siempre hace o trata, en sus pactos,
con una cabeza federal. Ese individuo representa a un grupo y Dios decide y determina a quién
representa el individuo. Es así con Adán, Noé, Abraham, Moisés, David y Cristo. Todos eran
representantes de un grupo. Esto es importante porque cuando analizamos o investigamos la
asociación de un pacto, lo único que tenemos que hacer es preguntar a quién representa la
cabeza federal. O desde otra perspectiva, ¿quiénes son los que pertenecen a la cabeza federal?
La pertenencia a un pacto depende de la cabeza federal.[90]
1.5 Tipo/Antitipo
Richard Barcellos define el tipo como «una persona, lugar, institución o
acontecimiento histórico designado por Dios para señalar alguna persona,
lugar, institución o acontecimiento histórico futuro». Por ejemplo:
En primer lugar, un tipo es una persona, lugar, institución o evento histórico diseñado por Dios
para señalar a una persona, lugar, institución o evento histórico en el futuro. Un ejemplo de esto
sería el sistema de sacrificios que nos es revelado en el Antiguo Testamento. Esa institución fue
diseñada por Dios para señalar el sacrificio de Cristo que fue ofrecido “una vez para siempre”.
En segundo lugar, los tipos siempre apuntan a algo mayor que sí mismos. Por ejemplo, “la
sangre de toros y de machos cabríos” podría señalar a Cristo, pero no pudo hacer y no hizo lo
que el sacrificio de Cristo sí hizo: quitar los pecados (Heb. 10:4, 11-14). En tercer lugar, los tipos
son similares y diferentes a sus antitipos. La sangre de los animales fue derramada; la sangre de
Cristo fue derramada. La sangre de los animales no quitó los pecados; la sangre de Cristo quita
los pecados. En cuarto lugar, los antitipos nos dicen más acerca de cómo funcionan sus
antecedentes típicos como tipos. La sangre de Cristo quita los pecados; la sangre de los animales
apuntaba a ese hecho.[91]
El antitipo es la sustancia de lo que fue prefigurado por el tipo, es la
realidad a la que el tipo apuntaba. Por ejemplo, la sangre y el sacrificio de
animales en el Antiguo Testamento era el tipo que señalaba el antitipo, el
sacrificio de Cristo.
2. LA TEOLOGÍA PACTUAL EN LA CONFESIÓN DE FE
DE LONDRES DE 1689
Ahora que conocemos la definición de algunos términos importantes,
avancemos en nuestro estudio de la teología del pacto que se encuentra en la
Segunda Confesión de Fe Bautista de Londres de 1689. Jeffrey Johnson
resume la enseñanza sobre el federalismo bautista en la Confesión:
Históricamente, los bautistas reformados son pactuales. Aunque difieren de sus hermanos
presbiterianos en algunas cuestiones claves, según la Confesión de Fe Bautista de Londres de
1689, los bautistas estaban igualmente comprometidos con un sólido marco de pacto de la
historia redentora. De hecho, cada capítulo de la Confesión está construido sobre una matriz
pactual. Aunque el capítulo 7 está dedicado por completo a los pactos, los capítulos sobre la
creación, la providencia, la caída del hombre, Cristo, la justificación, el arrepentimiento, el
evangelio, las buenas obras y la perseverancia se explican desde una perspectiva pactual.
Para nuestros antepasados bautistas, una alteración de la doctrina de los pactos es una
alteración del Evangelio de Jesucristo. El Evangelio, en su contexto más amplio, incluye el
cumplimiento del Pacto de Obras por parte del Segundo Adán, Jesús el Cristo, que fue roto por
el primer Adán; el Segundo Adán llevó sus maldiciones y aseguró sus bendiciones para todos
aquellos que son elegidos por Dios para ser representados por el Segundo Adán en el Pacto de
Gracia. Teniendo esto en cuenta, el capítulo 7 de la Confesión subraya tres verdades esenciales
relacionadas con su marco pactual. El párrafo 1 confiesa un Pacto de Obras pre-lapsariano. El
párrafo 2 confiesa un Pacto de Gracia pos-lapsariano.[92] El párrafo 3 confiesa un Pacto de
Redención eterno.[93]
Observamos, pues, que al estudiar la teología pactual bautista encontramos
la existencia de tres grandes pactos: El Pacto de Obras, el Pacto de Gracia y
el Pacto de Redención. A continuación, consideraremos el Pacto de las
Obras.
2.1 Pacto de obras
El Pacto de Obras se refiere al pacto hecho por Dios con Adán en el Edén
antes de la caída. Aunque el término «pacto» no se expresa literalmente, se
observa claramente un compromiso con sanciones divinas entre un Señor y
un siervo.
Observamos que el pacto con Adán exigía que no comiera del árbol del
conocimiento del bien y del mal. Si violaba este precepto, moriría (Gén. 2:16-
17). Romper estos términos traería consecuencias, como no poder comer del
árbol de la vida y obtener la vida eterna, es decir, no tendría las bendiciones
que recibiría por su obediencia (Gén. 3:22). El pecado de Adán afectó a todos
los seres humanos, ya que él era la cabeza federal de toda la raza (Rom.
5:12). Romanos 5:13 dice que la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, y
que Adán era la figura de otro que vendría. Romanos 5:19 dice que por la
desobediencia de Adán muchos se convirtieron en pecadores. Romanos 5:18
dice que la ofensa de Adán trajo el juicio sobre todos los hombres para
condenación. Isaías 24:5-6 afirma que la maldición que se extiende por toda
la tierra se produjo por la transgresión de las leyes, el cambio/violación de los
estatutos; y Oseas compara la ruptura del pacto del pueblo con la transgresión
de Adán (Oseas 6:7). Así que observamos que este concepto es bíblico y ha
sido extraído de las Escrituras. La Confesión de Londres informa:
Dios dio a Adán una ley de obediencia universal, escrita en su corazón, y un precepto en
particular de no comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal; por medio de los
cuales obligó a Adán y a toda su posteridad a una obediencia personal, completa, exacta y
perpetua; prometió la vida por su cumplimiento y amenazó su transgresión con la muerte; y lo
dotó de poder y capacidad para guardarlos.[94]
Nehemiah Coxe, explica:
Esta era una ley eterna y una regla invariable de justicia por la que se exigía todo lo que estaba
en consonancia con la santidad y la justicia de la naturaleza divina, y se prohibía todo lo que era
contrario aella. Esta ley era interna y subjetiva para Adán, ya que le fue comunicada por su
naturaleza racional, y estaba escrita en su corazón, de modo que no necesitaba ninguna
revelación externa para perfeccionar su conocimiento de esta. Por tanto, en la historia de su
creación no hay más relato que el dicho (repetido dos veces) de que fue hecho a imagen de Dios.
El apóstol nos enseña que [la imagen de Dios] consiste en la justicia y la verdadera santidad
(Efe. 4:24). El resumen de esta ley fue dado posteriormente en Diez Palabras en el Monte Sinaí
y aún más brevemente por Cristo, quien los redujo a dos grandes mandamientos sobre nuestro
deber tanto con Dios como con el prójimo (Mat. 22:37-40). Y esta, como ley y regla de justicia,
es inmutable e invariable en su naturaleza, como lo es la naturaleza y la voluntad de Dios
mismo, cuya santidad está estampada en ella y representada por ella.
Le agradó a la soberana Majestad Celestial añadir a esta ley eterna un precepto ceremonial en
el que ordenó al hombre no comer del fruto de un árbol en medio del Jardín del Edén. Ese árbol
se llamaba árbol del conocimiento del bien y del mal (Gén. 2:16-17, 3:3). Comer esa fruta no era
malo en sí mismo, sino que se hacía por la prohibición divina. Por lo tanto, era necesario que la
voluntad de Dios al respecto fuera explícitamente revelada y declarada al hombre.[95]
Los puritanos consideraban que la presencia de una promesa y una
amenaza coexistiendo con un mandamiento era una indicación de que este
mandamiento no era una simple ley, sino un pacto.[96] Como vemos en
Génesis 2:15, 17: «pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no
comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás». Samuel
Renihan señala:
El árbol de la ciencia del bien y del mal era un testimonio visual para Adán de que la
desobediencia conduce a la muerte. La paga del pecado es la muerte. Por eso entendemos que lo
contrario se ve en el otro árbol, que lleva el nombre de «árbol de la vida». El árbol de la vida era
un testimonio visual para Adán de que, si obedecía, recibiría la vida eterna.[97]
Nehemiah Coxe corrobora la alusión de Cristo en el Nuevo Testamento en
Apocalipsis 2:7:
[…] allí promete una recompensa eterna al que vence: «Le daré a comer del árbol de la vida, que
está en medio del paraíso de Dios». Esto es así porque Dios ha designado este árbol como
garantía de vida eterna para Adán en los términos y condiciones de un Pacto de Obras, y por
analogía con la recompensa que Cristo da a sus fieles bajo otro pacto.[98]
Observamos este punto en Génesis 3:22-23: «Entonces el SEÑOR Dios
dijo: He aquí, el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, conociendo el
bien y el mal; cuidado ahora no vaya a extender su mano y tomar también del
árbol de la vida, y coma y viva para siempre. Y el SEÑOR Dios lo echó del
huerto del Edén, para que labrara la tierra de la cual fue tomado». Además,
los textos de los libros posteriores parecen tratar este acontecimiento como
una ruptura del pacto, como podemos observar en Isaías 24:5-6 y Oseas 6:7.
Meredith G. Kline lo explica:
De hecho, es posible que la propia Biblia, en referencias posteriores a Génesis 1-3, aplique el
término berith [es decir, pacto] a esta situación, ya que 2 Samuel 23:5 y Salmos 89:3 se refieren
a la revelación del pacto de Dios a David como un berith, aunque el término no se emplea en el
relato de 2 Samuel 7. Se han sugerido Isaías 24:5 y Oseas 6:7 como ejemplos de esto. Aunque el
significado de ambos pasajes es discutido, el pacto eterno de Isaías 24:5 parece referirse
definitivamente a los acontecimientos de la creación y Oseas 6:7 probablemente se refiere a
Adán como el quebrantador del pacto.[99]
Por lo tanto, observemos el texto de Isaías 24:5-6 que explica que la
maldición que se extendió a toda la tierra se produjo por la transgresión de las
leyes, la violación de los estatutos y la ruptura del pacto:
También la tierra es profanada por sus habitantes, porque traspasaron las leyes, violaron los
estatutos, quebrantaron el pacto eterno. Por eso, una maldición devora la tierra, y son tenidos por
culpables los que habitan en ella. Por eso, son consumidos los habitantes de la tierra, y pocos
hombres quedan en ella.
John N. Oswalt explica de este texto que su referencia más amplia es al
pacto implícito entre el Creador y la criatura, en el que el Creador promete
vida abundante a cambio de que la criatura viva de acuerdo con las normas
establecidas en la creación.[100] El texto de Oseas compara la ruptura del pacto
del pueblo con la transgresión de Adán. Barcellos explica que «la traducción
de este texto está en disputa. En mi opinión, la NASB8 es la que mejor lo
traduce. La traducción “like Adam” (como Adán) tiene un largo pedigrí que
se remonta, al menos, hasta Jerónimo».[101] Benjamín Warfield comenta:
Ninguna objeción exegética como tal [previamente discutida por Warfield] se sostiene contra
«como Adán». Cualquier dificultad que pueda aparecer en contra de esta traducción, de hecho,
se trae desde fuera de la propia frase. La traducción es completamente natural. La transgresión
de Adán, como el gran acto normativo de ruptura del pacto, se convirtió naturalmente en el
estándar con el que se podía comparar la audacia de Israel al violar el pacto. Y Oseas, que ama
especialmente las alusiones a la historia antigua de Israel (cf. 2:3, 9:10, 11:8, 12:4) fue el profeta
que consideró aquí el pecado de nuestro primer padre.[102]
El texto de Oseas 6:7 dice: «Pero ellos, como Adán, han transgredido el
pacto; allí me han traicionado». Barcellos afirma que «esto prueba que los
teólogos del pacto del siglo XVII no inventaron el concepto de un pacto con
Adán, ni el uso de Oseas 6:7 como apoyo bíblico para esta supuesta novedad
conceptual».[103] Así es como los teólogos reformados entendieron el Pacto de
Obras hecho con el hombre en el Edén, como afirma Pascal Denault:
Para comprender adecuadamente la caída del hombre, es necesario explicar el marco teológico
en el que tuvo lugar, es decir, el Pacto de Obras. Este pacto, aunque no se nombra, está
claramente implícito en el primer párrafo del capítulo 6 y en varios otros lugares de la Confesión
de Fe [1689]: (Apartado 1) Dios creó al hombre justo y perfecto, y le dio una ley justa, que era
para la vida si la cumplía, o para la muerte si la desobedecía. Sin embargo, el hombre no
mantuvo por mucho tiempo su honor.[104]
Por lo tanto, observamos que Dios estableció un pacto (un compromiso
con sanciones) con la humanidad, y era un Pacto de Obras, es decir, dependía
de la perfecta obediencia de Adán. La vida eterna debía ser dada a Adán, y en
él a su posteridad, bajo la condición de una perfecta obediencia personal. Por
lo tanto, si obedecía los términos de este pacto, viviría eternamente, comería
del árbol de la vida y estaría perpetuamente en un estado de bendición y
gloria con Dios (Gén. 3:22). Sin embargo, si desobedecía, comiendo del árbol
del conocimiento del bien y del mal (Gén. 2:17), sería maldecido, moriría y
sufriría todas las implicaciones de esa muerte, pues la paga del pecado es la
muerte. Richard Barcellos define el Pacto de Obras como:
Aquel compromiso o relación divinamente sancionada que Dios impuso a Adán en el huerto del
Edén. Adán era un representante sin pecado de la humanidad (es decir, una persona pública), un
hijo de Dios y portador de Su imagen. Este pacto estaba condicionado a la obediencia de Adán,
con un castigo por la desobediencia, y todo ello para mejorar el estado del hombre.[105]
Otro factor importante es que una parte esencial de un pacto es la cabeza
federal (un individuo que representa pactualmente a un grupo). En este caso,
Adán representaba a toda la humanidad. Sabemos por la Escritura que Adán
rompió el pacto hecho con Dios al comer del árbol del conocimiento del bien
y del mal (Ose. 6:7; Rom. 5:14; Gén. 3:17) y, como era el representante del
pacto de la humanidad, toda su descendencia se vio afectada por su pecado.
John Owen resumió el concepto puritano del Pacto de Obras después dela
Caída de la siguiente manera: «El hombre continuó bajo la obligación de
depender de Dios y someterse a su voluntad en todas las cosas. [...] Pero la
relación especial de interés mutuo en virtud del primer pacto cesó entre
ellos».[106] La Confesión de Londres explica:
Siendo ellos la raíz de todo el género humano, y estando por designio de Dios en lugar y en
representación de toda la humanidad, la culpa del pecado fue imputada y la naturaleza
corrompida fue transmitida a toda su posteridad, que desciende de ellos por generación
ordinaria, siendo ahora concebidos en pecado, y siendo por naturaleza hijos de ira, esclavos del
pecado, estando sujetos a la muerte y a todas las demás miserias espirituales, temporales y
eternas, a no ser que el Señor Jesús los libre.[107]
Así pues, el pecado de Adán afectó a todos los seres humanos, ya que él
era la cabeza pactual de la raza.
2.1.1 El Pacto de Obras y el Evangelio
Tras la Caída, el pecado original afectó a todos los hombres. Con Adán como
representante, toda la humanidad quedó manchada por su pecado. Romanos
5:12 testifica: «Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un
hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos
los hombres, porque todos pecaron».
Además, el texto de Romanos 5:14 habla de que: «Sin embargo, la muerte
reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado con una
transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir»,
Adán era un «tipo» de Cristo. Más adelante, el texto de Romanos 5:18 afirma
que la ofensa de un solo hombre (Adán) trajo juicio a todos los hombres para
condenación, pero por la justicia de uno solo (Cristo) vino la gracia para
justificación de vida a los hombres: «Así pues, tal como por una transgresión
resultó la condenación de todos los hombres, así también por un acto de
justicia resultó la justificación de vida para todos los hombres».
Luego, Romanos 5:19 atestigua que por la desobediencia de Adán muchos
fueron hechos pecadores, y por la obediencia de Cristo muchos serán hechos
justos: «Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos
fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los
muchos serán constituidos justos». Barcellos destaca en este texto el Pacto de
Obras:
Se llama el “pacto de obras” por el hecho de que estaba condicionado a la obediencia de Adán, o
a sus obras. El término “obras” en la frase “pacto de obras” es sinónimo de obediencia. Es un
término que refleja la reflexión bíblica posterior y —por lo tanto— infalible, sobre la vocación
Edénica de Adán (véase Rom. 5:12-21). Romanos 5:19 justifica este término cuando dice:
Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos
pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos.
(Énfasis añadido).[108]
Nehemiah Coxe lo explica:
El pacto de Dios con Adán no debe considerarse como si se refiriera únicamente a ese individuo.
Por el contrario, Dios lo trató como la raíz y el representante de toda la humanidad que nacería
de él, según el curso ordinario de la naturaleza, él sería contado como su raíz natural y federal.
De esta manera, si Adán permaneciera en el pacto, toda la humanidad permanecería, pero, en su
caída, todos pecaron y cayeron en él. «Porque así como por la desobediencia de un hombre los
muchos fueron constituidos pecadores» (Rom. 5:19). Y en relación con esto se dice que es el
tipo (y Cristo es el antitipo) o figura del que había de venir. Pues, así como el pecado de Adán
fue imputado a todos los que estaban en Adán, la obediencia de Cristo es imputada a todos los
que están en Cristo.[109]
Por lo tanto, entender correctamente el «Pacto de Obras» nos lleva a una
comprensión bíblica de la Caída y sus efectos en la humanidad, nos presenta
el marco legal en el que entendemos lo que es el pecado y sus implicaciones
para toda la creación. Esta comprensión será esencial para nuestro
entendimiento del Evangelio. Añade Jeffrey Johnson:
La teología pactual bautista, en cambio, entiende que la salvación y la justificación siempre han
pertenecido al Pacto de Gracia. Sin embargo, también entiende que el juicio y la condenación
siempre han venido como resultado del Pacto de Obras. El Pacto de Obras no cesó después de
que fue roto por la caída de Adán; más bien, permaneció en operación y continúa manteniendo al
hombre caído en esclavitud hasta que es transferido espiritualmente, por la fe solamente, a la
membresía del Pacto de Gracia. La ley de Dios debe prevalecer sobre el hombre hasta que sea
satisfecha, tanto en sus penalidades como en sus exigencias.[110]
Siendo así, observamos la necesidad de una obediencia perfecta, sin
ninguna transgresión de la Ley de Dios, que ninguno de nosotros, de la
posteridad caída de Adán, podría cumplir. He aquí el gran dilema: ¿cómo
podría el Dios todopoderoso, soberano y justo salvar a los pecadores como
nosotros sin dejar de ser un juez justo y condenar a los que transgreden sus
leyes santas, justas y buenas? Había que pagar un precio por nosotros y
satisfacer las exigencias divinas. Esta es la razón por la que el último Adán,
Jesucristo, se hizo «obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Flp. 2:8).
[111]
Cristo Jesús, el Hijo de Dios, obedeció perfectamente todas las exigencias
divinas en lugar de su pueblo. Queda claro, pues, el contraste entre la
desobediencia de Adán y la obediencia de Cristo. La obediencia de Adán fue
probada en su encuentro con la serpiente (el Diablo) en el jardín y por su acto
de desobediencia, la condenación y la maldición vinieron sobre todos los
hombres y afectaron todo su ser. Ahora bien, los seres humanos caídos están
muertos en sus delitos y pecados (Efe. 2:1), sin ninguna condición para
justificarse, aunque las exigencias de la obediencia perfecta siguen vigentes.
Por lo tanto, todos necesitan escapar de la ira venidera y de la condenación
que les espera, todos necesitan un salvador.
La buena noticia es que el prometido «descendiente de la mujer que
aplastaría la cabeza de la serpiente», el que vendría a deshacer las obras del
Diablo y resolver el problema del pecado, Jesucristo, vino al mundo, cumplió
toda la justicia, fue tentado por el Diablo en el desierto sin incurrir en pecado,
se entregó como sacrificio a Dios, tomando sobre sí mismo, en el madero, la
copa de la ira de Dios en lugar de los pecadores.
Y siendo Dios-Hombre, Jesucristo pudo aplacar la ira divina y salvar a una
gran multitud de personas «de toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Apo.
5:9), colocándose como el perfecto Mediador entre Dios y los hombres.
Mediante el sacrificio de Cristo se produce la reconciliación entre Dios y
todos los que son llevados al arrepentimiento y la fe para la salvación.
Jesucristo fue muerto, sepultado, pero al tercer día resucitó para la
justificación de los creyentes (1 Cor. 15:1-5). Cristo es el último Adán que
representa y redime a su pueblo, es la cabeza federal de la Iglesia. Barcellos
explica que «Cristo, el antitipo de Adán, ganó la vida eterna para nosotros y
es Él quien nos la da. La calidad de vida que Cristo alcanzó para nosotros y
que Él nos da, no es lo que Adán tuvo y perdió, sino lo que Adán no pudo
alcanzar».[112] El texto de Romanos 5:6-11, dice:
Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. Porque a duras
penas habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el
bueno. Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo
murió por nosotros. Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre,
seremos salvos de la ira de Dios por medio de Él. Porque si cuando éramos enemigos fuimos
reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados,
seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio
de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación.
Así que hay dos posiciones posiblesen las que puede estar cada ser
humano. O estás en Adán, tratando inútilmente de salvarte por tus propias
obras, o estás en Cristo, en un pacto de gracia, salvado por su obra redentora.
¿Estás en Adán o en Cristo? Charles Spurgeon afirma que:
Jesús es la cabeza de sus elegidos. En Adán todo heredero de carne y sangre tiene un interés
personal, porque es la cabeza del pacto y el representante de la raza considerada bajo la ley de
las obras. Bajo la ley de la gracia cada alma redimida está en unión con el Señor, ya que Él es el
Segundo Adán, el Fiador y el Sustituto de todos los elegidos en la Nuevo Pacto de amor.[113]
Estamos de acuerdo con la conclusión de Richard Barcellos:
Como había un pacto impuesto sobre Adán en el huerto, entonces era por su bien, para un mejor
estado de existencia, para él y para todos los que representaba. Adán fue creado moralmente
recto, pero mutable. No fue creado en un estado que podría llamarse “gloria”, como se indicó
anteriormente. Como Adán pecó, no entró en la gloria. ¡Pero hay esperanza! Nuestro Señor es el
último Adán que sufrió y entró en la gloria por nosotros y para nuestra salvación. Entender el
pacto de obras nos ayuda a comprender mejor la vocación de nuestro Señor y el evangelio con
más claridad y profundidad teológica.[114]
CONCLUSIÓN
Examinamos el significado de varios términos importantes para el estudio de
la teología bíblica y, en concreto, destacamos el «Pacto de Obras», tratando
de comprender sus implicaciones en la historia de la salvación. Observamos
que:
1) El Pacto de Obras se refiere al pacto hecho por Dios con Adán en el
Edén antes de la caída.
2) Adán fue creado moralmente justo, pero mutable.
3) Adán debía obedecer perfectamente la ley de Dios y no comer del árbol
del conocimiento del bien y del mal; si obedecía, viviría y podría comer del
árbol de la vida, si desobedecía, moriría, con todas las implicaciones de esa
muerte.
4) Adán era el representante de toda la humanidad, por lo que la caída de
Adán afectó a todos sus descendientes.
6) Los descendientes de Adán siguen obligados a obedecer perfectamente
la ley de Dios, aunque ahora estén incapacitados para hacerlo.
7) Cristo es el Segundo Adán que cumple perfectamente las exigencias
divinas en lugar de su pueblo.
8) El pecado de Adán fue imputado a todos los que estaban en Adán, y así
la obediencia de Cristo es imputada a todos los que están en Él.
9) El ser humano solo puede salvarse por gracia mediante la fe en Cristo
Jesús.
10) La comprensión del Pacto de Obras nos ayuda a entender mejor la
vocación de nuestro Señor y el Evangelio con más claridad y profundidad
teológica.
Ahora continuaremos nuestros estudios hablando de un tema muy
importante, el Pacto de Gracia.
E
5
EL PACTO DE GRACIA
n nuestro estudio de la teología bautista reformada, destacamos tres
pactos principales, a saber: 1) Pacto de obras: se refiere al pacto
condicional hecho por Dios con Adán en el Edén antes de la caída. 2) Pacto
de gracia: se refiere al desarrollo del plan redentor en la historia. Se trata de
un pacto revelado progresivamente en la historia redentora y concluido {o
establecido} formalmente en el Nuevo Pacto. 3) Pacto de Redención: se
refiere al acuerdo eterno realizado entre las personas de la Trinidad, antes de
la creación del mundo, para la salvación del pueblo elegido.
En este capítulo veremos en qué consiste el Pacto de Gracia.
1. EL PACTO DE GRACIA
El Pacto de Gracia se refiere a la forma pactual por medio de la cual Dios
eligió salvar a los pecadores de la posteridad caída de Adán, es decir, por la
gracia mediante la fe en Cristo Jesús. Pascal Denault lo resume así:
El Pacto de Gracia es simplemente la salvación en Jesucristo; la vida eterna gratuita a través del
Evangelio. Lo llamamos «Pacto de Gracia» porque la salvación se da en forma de un pacto que
procede exclusivamente de la gracia incondicional de Dios. Todos los hombres están bajo el
Pacto de Obras en Adán, pero sólo los elegidos llegan a ser partícipes del Pacto de Gracia.[115]
Hay muchos textos de la Escritura que hablan de este precioso Evangelio de
salvación en Cristo que fue dado en forma de pacto divino. Tras la caída del
primer Adán, el Señor promete, en Génesis 3:15, que el descendiente de la
mujer aplastaría la cabeza de la serpiente. Es notable que en 1 Juan 3:8 el
apóstol afirme que el Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del
diablo. Observamos en Lucas 24:27, 44 y Juan 5:39 que Jesús era el mesías
prometido a través de todas las Escrituras, que dan testimonio de él. En
Colosenses 2:16, Pablo demuestra que todo el sistema ceremonial era como una
sombra de las cosas futuras y señalaba a Cristo. En Juan 17, observamos que el
Hijo ha venido a cumplir la misión que le encomendó el Padre antes de la
fundación del mundo (Juan 17:4-6). En 1 Corintios 15:45 y en todo el
capítulo 5 de Romanos, entendemos que Jesucristo es el último Adán, que
cumple su misión y justifica a su pueblo. Él es la cabeza de la Iglesia (Efe.
4:15). Jesús murió en la cruz del Calvario soportando la ira divina en lugar de
los pecadores, tomó sobre sí la pena de muchos e intercedió por ellos (Isa.
53). Venció la muerte y resucitó al tercer día (1 Cor. 15:4, 55-56) para la
justificación de todos los que creen en Él (Jua. 3:16). 1 Timoteo 2:5 afirma
que hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo
hombre. Hebreos 12:24 afirma que Jesucristo es el mediador de un Nuevo
Pacto. En Hebreos 8, vemos que el Nuevo Pacto en Cristo es sustancialmente
superior al Antiguo Pacto y se basa en promesas superiores, y 1 Corintios 11:25
nos informa que durante Su última cena, el Señor Jesús explicó que la copa
representa el Nuevo Pacto en Su sangre. En Efesios 2:1-10 Pablo afirma que,
en Cristo, los creyentes se salvan por gracia mediante la fe. En 2 Corintios
3:6, Pablo afirma que los cristianos son ministros de un Nuevo Pacto.
Estos son solo algunos textos sobre el tema. Observamos, por tanto, que la
buena nueva de salvación en Cristo se encuentra claramente en las Escrituras
como un plan eterno de Dios revelado a lo largo de la Biblia, primero como una
promesa en el Antiguo Testamento, pero que tiene su establecimiento en el
Nueva Pacto. Jesucristo es el Segundo Adán, el Mediador del Nuevo Pacto que
fue confirmado con su propia sangre, Cristo es el representante de su pueblo. De
manera que los que están en este pacto se salvan no por sus propios méritos,
sino por la gracia mediante la fe en Cristo, su cabeza federal. Este Nuevo Pacto,
por el que Dios salva a su pueblo a través de un Mediador, y que se menciona
claramente en las Escrituras, es lo que llamamos el Pacto de Gracia. Pasemos
entonces a observar algunas características de este pacto.
1.1 El Pacto de Gracia surge del Pacto de Redención
Es importante mencionar que el Pacto de Gracia se desprende del Pacto de
Redención, es decir, del acuerdo eterno hecho entre las personas de la
Trinidad antes de la fundación del mundo para salvar a su pueblo elegido en
la historia. La Confesión Bautista de 1689 habla del Pacto de Gracia como un
pacto que «tiene su fundamento en aquella transacción del Pacto Eterno
[Pacto de Redención] que hubo entre el Padre y el Hijo acerca de la redención
de los elegidos».[116]
Estas verdades extraídas de las Escrituras se observan claramente en los
textos que hablan de la salvación en Cristo antes de los tiempos eternos, o
antes de la fundación del mundo. Por ejemplo, en 2 Timoteo 1:9 se dice que
Dios «nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según
nuestras obras, sino según su propósito y según la gracia que nos fue dada en
Cristo Jesús desde la eternidad», y en Tito 1:2 se habla de la «esperanza de
vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde los tiempos
eternos». Citamos estos dos textos, entre varios otros que podrían
mencionarse, para observar vislumbres del acuerdo divino que se produjo en
la eternidad pasada para la salvación de su pueblo. Nos detendremos más en
este punto cuando estudiemosespecíficamente el Pacto de Redención. Lo que
tenemos que saber aquí es que el Pacto de Gracia es la manifestación en el
tiempo y el espacio del Pacto Eterno de Redención que fue hecho antes de la
fundación del mundo. Por lo tanto, entendemos que el Pacto de Gracia tiene
su base en el Pacto de Redención, que fue hecho en la eternidad entre las
personas de la Santísima Trinidad.
Mike Renihan complementa esta idea afirmando que la expresión «Pacto
de Gracia» se «utiliza para explicar cómo el decreto eterno de Dios en el
Pacto de Redención se estableció entre los hombres en el espacio y el tiempo.
Por tanto, hay que distinguir el Pacto de Gracia del Pacto de Redención».[117]
1.2 El Pacto de Gracia fue revelado progresivamente en el Antiguo
Pacto y establecido formalmente en el Nuevo Pacto
El Pacto de Gracia fue revelado en el Antiguo Testamento como una promesa
relativa a un descendiente de la mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente.
Esta promesa se desarrolló a lo largo del Antiguo Testamento y se cumplió en
el Nuevo Pacto en Cristo, consumando el plan divino de redención que se
estableció antes de la fundación del mundo. Esta enseñanza se expresa en la
Confesión de Fe Bautista de Londres de 1689 como sigue:
Este pacto [el Pacto de Gracia] es revelado en el evangelio; en primer lugar, a Adán en la
promesa de salvación por medio de la simiente de la mujer, y después, mediante pasos
adicionales hasta completarse su plena revelación en el Nuevo Testamento.
Así que el Pacto de Gracia se refiere al desarrollo del plan redentor de
Dios en la historia a través de un Pacto que fue revelado progresivamente en
el Antiguo Testamento y concluido {o establecido} formalmente en el Nuevo
Testamento. Como hemos señalado, el Pacto de Gracia se reveló en Génesis
3:15 como una promesa que se desarrolló a través de sucesivas etapas y
diversos pactos que Dios hizo en el Antiguo Testamento, que sirvieron como
sombras que señalaban a Cristo y prefiguraban tipológicamente su venida.
Ninguno de estos, sin embargo, era todavía sustancialmente el Pacto de
Gracia completado, pues la consumación de ese Pacto en la historia ocurre
solo en el Nuevo Pacto en Cristo (de hecho, John Bunyan intercambia el
término Nuevo Pacto y Pacto de Gracia en uno de sus tratados).[118]
Pascal Denault explica que los bautistas «entendían el pacto de gracia de
la siguiente manera: anunciado en el AT / cumplido en el NT; parcialmente
revelado en el tiempo de la Ley / plenamente revelado en el tiempo del
Evangelio; una promesa futura / un pacto consumado por la sangre».[119]
Jeffrey Johnson lo corrobora:
El Pacto de Gracia prometido a lo largo del Antiguo Testamento no pudo cumplirse en el Nuevo
Pacto hasta que se cumplió el Pacto de Obras por la vida y muerte de Cristo Jesús.
Sencillamente, el pacto abrahámico prometió el Evangelio, el pacto mosaico explicó el costo del
Evangelio, y el Nuevo Pacto estableció el Evangelio. Para entender la teología pactual bautista,
es importante ver que el Evangelio se revela en todo el Antiguo Testamento.[120]
En la misma línea de razonamiento, John Owen explica sobre el Pacto de
Gracia:
Le faltaba su confirmación solemne y su establecimiento mediante la sangre del único sacrificio
que le correspondía. Antes de que esto se hiciera en la muerte de Cristo, el pacto no tenía la
naturaleza formal de un pacto o testamento, como lo demuestra nuestro apóstol (Heb. 9:15-23).
Porque, como muestra en ese pasaje, la ley dada en el Sinaí no habría sido un pacto si no se
hubiera confirmado con la sangre de los sacrificios. Para ello, la promesa no existía antes de un
pacto formal y solemne. Por lo tanto, el pacto de gracia existía solo como una promesa antes de
convertirse en un pacto formal y solemne.[121]
Spurgeon, de una manera muy poética y bíblica, habló del Pacto de Gracia
como si fuera una carta que, aunque ya existía, recibió su sello o ratificación
solo a través del derramamiento de la sangre del Hijo amado en la cruz del
Calvario:
Mucho de la validez de una Carta Magna depende de la firma y del sello, y, hermanos míos,
cuán segura es la Constitución del pacto de gracia. La firma es de la propia mano de Dios, y el
sello es la sangre del Unigénito. El pacto está ratificado con sangre, la sangre de Su propio
amado Hijo.[122]
Sin embargo, si el Pacto de Gracia no se había establecido aún como un
pacto formalmente instituido, sino que se reveló solo como una promesa en
Génesis 3:15, puede surgir una pregunta pertinente: ¿de qué manera se
salvaron los creyentes del Antiguo Testamento? La respuesta es: por gracia,
mediante la fe en la promesa del Cristo que vendría. Porque, ¿qué dice la
Escritura? Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia (Rom. 4:3). La
justicia les fue imputada, aunque el pago por los pecados de todos los
creyentes se consumó solo en la cruz del Calvario, como podemos ver en
Romanos 3:24-26:
Siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús,
a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como
demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos
anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que
justifica al que tiene fe en Jesús.
El reformador Juan Calvino lo explica correctamente:
Pablo simplemente enseña que hasta la muerte de Cristo no se pagó ningún precio para satisfacer
a Dios, y que esto no fue realizado o consumado por los tipos legales —por lo tanto, la verdad
fue aplazada hasta la plenitud del tiempo. Podemos decir, además, que aquellas cosas que nos
involucran en la culpa deben ser consideradas bajo la misma luz, ya que hay una sola
propiciación para todos.[123]
Los creyentes del Antiguo Testamento creían en la promesa de un Cristo
venidero, los creyentes del Nuevo Testamento creen en la obra expiatoria del
Cristo que ya ha venido y volverá. Unos y otros se salvan de la misma
manera, por la gracia, mediante la fe en Cristo Jesús, por tanto, solo hay una
propiciación para todos. Cristo murió por su Iglesia, que está compuesta por
todos los creyentes de todos los tiempos. La sangre de los machos cabríos y
de las ovejas no quitaba los pecados, solo señalaba el sacrificio perfecto de
Cristo. Únicamente la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios que quita
el pecado del mundo, puede salvar al pecador. Por lo tanto, el Nuevo Pacto
tiene un efecto retroactivo que alcanza incluso a los creyentes del Antiguo
Testamento, como explican Micah Renihan y Samuel Renihan:
El hecho de que veamos esta redención prometida y tipificada a partir de la caída ha llevado a
los teólogos reformados a entender que la gracia de Dios se extiende a través de la historia hasta
antes de la encarnación y muerte de Cristo. Donde la gracia de Dios se extendía hacia el pasado,
y eso por medio de pacto, la sangre del Nuevo Pacto de Cristo se aplicó retroactivamente a los
que creyeron en la promesa, y esta retroactividad del Nuevo Pacto fue y sigue siendo distinta del
Antiguo Pacto. Así, el pueblo de Cristo siempre ha estado formado por aquellas personas que le
fueron prometidas por el Padre, es decir, aquellas personas por las que derramó su sangre.[124]
Geerhardus Vos afirma que «el Nuevo Pacto, en su estado celestial
preexistente, se remonta y extiende sus alas sobre el Antiguo».[125] Herman
Bavinck lo explica:
Aunque Cristo completó su obra en la tierra en el curso de la historia, y aunque el Espíritu Santo
no fue derramado hasta el día de Pentecostés, Dios pudo, sin embargo, ya en los días del Antiguo
Testamento, distribuir plenamente los beneficios que debían adquirirse y aplicarse por medio del
Hijo y del Espíritu. Los creyentes del Antiguo Testamento no fueron salvos de ninguna otra
manera diferente a nosotros. Hay una fe, un mediador, un camino de salvación y un pacto de
gracia.[126]
Además, el renombrado teólogo bautista John Gill también explicó cómo
los que vivieron antes de la muerte de Jesús se beneficiaronde su legado:
Todas las promesas del pacto estaban a condición de que Cristo hiciera de su alma una ofrenda
por el pecado, y de que derramara su alma hasta la muerte [...] todas las bendiciones de la gracia
otorgadas a los santos del Antiguo Testamento, como se heredaron en este testamento, se dieron
en virtud de la sangre del pacto, que tenía una virtud que se extendía hacia atrás.[127]
La Confesión Bautista de Londres {de 1689} expresa esta misma verdad
en los siguientes términos:
Aunque el precio de la redención no fue pagado por Cristo actualmente hasta después de Su
encarnación, aun así, la virtud, la eficacia y el beneficio de esta fueron comunicados a los
elegidos en todas las épocas sucesivamente, desde el principio del mundo, en y mediante
aquellas promesas, tipos y sacrificios en los cuales Él fue revelado y señalado como la simiente
de la mujer que heriría la cabeza de la serpiente, y como el Cordero inmolado desde la fundación
del mundo; siendo el mismo ayer y hoy y por los siglos.[128]
Por lo tanto, entendemos que los creyentes del Antiguo Testamento fueron
salvados por gracia a través de la fe en la promesa del Mesías que vendría.
Sus pecados fueron pagados por Él en la cruz del Calvario, al igual que los de
todos los demás creyentes de todos los tiempos. En su libro Covenant
Theology: A Reformed Baptist Perspective, Phillip D.R. Griffiths explica:
Además, yo no podía aceptar la idea de que el Nuevo Pacto fuera simplemente otra
administración del Pacto de Gracia. Según mi comprensión de Jeremías, el Nuevo Pacto parecía
demasiado radical para ser simplemente una manifestación más amplia y completa de lo que ya
existía. Tampoco tiene sentido sostener la opinión tan ampliamente aceptada de que los santos
del Antiguo Testamento estaban de alguna manera excluidos de estas bendiciones. Entiendo que,
por un lado, el Nuevo Pacto consumado o ratificado en la muerte de Cristo, y que las
bendiciones aseguradas por su obra redentora fueron comunicadas a los creyentes desde el
principio. En otras palabras, todo el pueblo de Dios, desde la primera promesa (Gén. 3:3) fue
partícipe del Nuevo Pacto en Cristo y recibió las bendiciones de este.[129]
En este punto, el federalismo bautista coincide plenamente con la
afirmación de John Owen: «Daré por sentado el hecho de que ningún hombre
se ha salvado jamás sino en virtud del Nuevo Pacto y de la mediación de
Cristo para ese fin».[130]
Procederemos ahora a hablar de las sucesivas etapas en que se reveló este
Pacto de Gracia, señalando principalmente los otros pactos que Dios hizo con
el hombre en el Antiguo Testamento antes de la venida de Cristo. En este
sentido, A.W. Pink declaró:
Estos pactos subordinados eran la forma en que el Señor manifestaba, de manera pública y
especial, el gran Pacto [de Gracia]: dando a conocer algunas cosas de su glorioso contenido,
confirmando su propia participación personal en este, y asegurándoles que Cristo, la gran
Cabeza pactual del pacto eterno, debería darse por ellos mismos y que provendría de su linaje.
[131]
Es notable que el apóstol Pablo, al mencionar los diversos pactos que se
encuentran en el Antiguo Testamento, los llame «pactos de la promesa» (Efe.
2:12).
2. EL PACTO DE GRACIA REVELADO EN LOS PACTOS
QUE DIOS HIZO CON LOS HOMBRES
El pacto que Dios hizo con Adán ya fue estudiado en detalle en el último
capítulo, así que empezaremos con los pactos posteriores que desarrollan la
promesa relativa al descendiente de la mujer que aplastaría la cabeza de la
serpiente.
2.1 El pacto de Dios con Noé
Cuando estudiamos la trama de las Escrituras en los capítulos anteriores,
notamos que el pecado afectó a la humanidad hasta tal punto que, ante tanta
inmoralidad, el Señor envió un diluvio sobre la tierra. Sin embargo, Dios
preservó un remanente para que se cumpliera la promesa relativa a un
descendiente de la mujer. Preservó a Noé y su familia, ocho personas (1 Ped.
3:20) en un arca, y el mundo fue inundado por el diluvio.
Después del diluvio, Dios hizo un pacto con Noé (Gén. 9:8-13), que se
tradujo en una preservación física para el desarrollo de la promesa: el Señor
no volvería a destruir la tierra con un diluvio, y la señal de este pacto fue el
arco en el cielo. Además, esta era también la forma de preservar un
remanente fiel que formaría parte de la genealogía que culminaría en Cristo.
Douglas Van Dorn en su libro Covenant Theology: A Reformed Baptist
Primer, comenta sobre el pacto que Dios hizo con Noé:
Dios está reafirmando a la humanidad que todavía espera que el hombre cumpla con las
obligaciones del pacto hecho con Adán en el Edén, aunque la prueba del árbol ya no esté
presente. No obstante, a la luz de esto, es sumamente curioso que Noé plante un árbol de vid, se
encuentre desnudo y caiga en el pecado inmediatamente después de salir del arca. Ha habido
muchos que han visto más de una conexión entre esta historia y la caída de Adán. Noé no es
Jesucristo. Es defectuoso como su padre, Adán.[132]
Observamos, en el Nuevo Testamento, que este acontecimiento también
señalaba, tipológicamente, a Cristo y el Evangelio. Nehemiah Coxe lo
explica:
Esto también fue útil para servir como un tipo para instruirlos acerca de la redención del hombre
del diluvio de la venganza divina que luego sería derramada en ira eterna sobre el mundo de los
incrédulos, porque debemos observar lo siguiente en cuanto al estado de la Iglesia antes de la
venida de Cristo en la carne: el Evangelio fue predicado por medio de tipos y sombras, y las
instrucciones de esta naturaleza les fueron dadas no solo por ciertas ordenanzas del culto
ceremonial, sino también por muchas obras extraordinarias de la providencia de Dios. Estas
obras fueron así ordenadas por la sabiduría divina para que alimentaran una relación tipológica
con las cosas espirituales y fueran una representación adecuada de estas.[133]
El texto de 1 Pedro 3:20-21 presenta el episodio del diluvio como una
figura y lo relaciona con el bautismo. Coxe comenta:
En cuanto a esto, el apóstol Pedro hace del bautismo el antitipo del arca (1 Ped. 3:20-21). El arca
era un extraordinario sacramento, o prefiguración, de la redención y salvación de la Iglesia por la
muerte y resurrección de Cristo, y de su unión y comunión con él, que murió, pero resucitó, para
disfrutar de todos los beneficios de su muerte y resurrección.[134]
El Señor Jesucristo también relacionó los días del Diluvio con los días de
su segunda venida en Mateo 24:37-39:
Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Pues así como en
aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en
matrimonio, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no comprendieron hasta que vino el
diluvio y se los llevó a todos; así será la venida del Hijo del Hombre.
2.2 El pacto de Dios con Abraham
Posteriormente, desde Ur de los Caldeos, Dios llamó a Abram, con quien
también hizo un pacto. Dios le prometió una tierra y una descendencia
bendecida; además, a través del pacto con Abraham, Dios creó la nación de
Israel y le dio la tierra de Canaán, siendo el signo de este pacto la
circuncisión. El Señor también prometió que todos los pueblos de la tierra
serían bendecidos a través de sus descendientes. Pascal Denault explica que
el pacto hecho con Abraham implicaba «una posteridad física y una
posteridad espiritual (Rom. 9:6-8; Gál. 4:22-31); hay una circuncisión
externa, de la carne, y una interna, del corazón (Rom. 2:28-29); hay una tierra
prometida aquí en este mundo y hay un reino celestial (Heb. 11:8-10)».[135]
Nehemiah Coxe llama la atención sobre este punto:
Abraham debe ser considerado de dos maneras: es el padre de todos los verdaderos creyentes, y
el padre y origen de la nación de los israelitas. Dios hizo con Abraham un pacto que implicaba
ambas descendencias, y como son formalmente distintas entre sí, su participación en el pacto
debe ser necesariamente diferente, y entendida de forma distinta. Las bendiciones que
corresponden a cada uno de los descendientes debenser transmitidas según su respectiva y
peculiar participación en el pacto. Estas cosas no pueden confundirse sin poner en peligro las
verdades más importantes de la religión cristiana.[136]
Este punto sobre la dualidad en el pacto Abrahámico puede observarse en
Gálatas 4, cuando el apóstol Pablo utiliza la alegoría de Sara y Agar, dos
mujeres relacionadas con Abraham, mostrando alegóricamente que
representaban dos pactos. Nehemiah Coxe explica el significado del texto:
Agar era un tipo del Monte Sinaí y del pacto de la ley establecido allí. Ismael era un tipo de la
descendencia carnal de Abraham bajo ese pacto. Sara era un tipo de la nueva Jerusalén, la Iglesia
de los tiempos del Evangelio fundada en el pacto de la gracia. Isaac era un tipo de los verdaderos
miembros de esa Iglesia nacida del Espíritu, convertida por el poder del Espíritu Santo al
cumplimiento de la promesa del Padre a Jesucristo, el Mediador. La expulsión de Agar e Ismael
prefiguraba la abrogación del pacto sinaítico y la disolución de la iglesia-estado judía, para que
la herencia de las bendiciones espirituales pudiera ser claramente otorgada a los hijos de Dios de
Dios mediante la fe en Jesucristo.[137]
Sobre los dos descendientes de Abraham, Paul Washer comenta:
Bajo el Antiguo Pacto, Dios hizo de Israel su pueblo. Sin embargo, no debemos pensar que todos
los que descienden de Israel son verdaderamente Israel (Rom. 9:6). El Israel que salió de Egipto
estaba compuesto por los descendientes físicos de Abraham, pero no todos eran creyentes. De
hecho, el relato bíblico demuestra lo contrario. Aunque había un remanente piadoso en la nación,
una pequeña minoría que estaba verdaderamente regenerada y justificada por la fe, la mayoría
no estaba regenerada; más bien, eran incrédulos e idólatras. El autor de Hebreos nos dice que la
gran mayoría de los que salieron de Egipto guiados por Moisés murieron en el desierto a causa
de su incredulidad (Heb. 3:16-19). Incluso en el tiempo de los reyes, el remanente de verdaderos
creyentes en Israel era tan pequeño que Elías gritó: «Han matado a tus profetas a espada; y yo he
quedado solo, y buscan quitarme la vida» (Rom. 11:3; cf. 1 Rey. 19:10, 14). La respuesta de
Dios al desanimado profeta no solo demostró que había quedado un remanente, sino también
que era bastante pequeño en comparación con el número de los hijos de Israel. Declaró: «He
retenido en Israel siete mil, todas las rodillas que no se han doblado ante Baal».[138]
Por último, las promesas del pacto con Abraham culminarían en el
descendiente de Abraham por quien serían benditas todas las naciones de la
tierra, es decir, Jesucristo. Y los que creen en Cristo son herederos de las
promesas espirituales hechas a Abraham: «Ahora bien, las promesas fueron
hechas a Abraham y a su descendencia. No dice: y a las descendencias, como
refiriéndose a muchas, sino más bien a una: y a tu descendencia, es decir,
Cristo» (Gál 3:16).
2.3 El pacto de Dios con Moisés
Posteriormente, a través de los descendientes físicos de Abraham, se creó la
nación de Israel. El pueblo hebreo fue sacado por Dios con mano fuerte de
Egipto, bajo el liderazgo de Moisés, con quien Dios también hizo un pacto en
el Sinaí, dándoles leyes morales, ceremoniales y civiles, y desarrollando todo
el sistema levítico.
El Antiguo Pacto era nacional, hecho con el Israel teocrático, bajo el cual
había creyentes y no creyentes; se entraba a formar parte de esa nación a
través de la circuncisión física poco después de nacer; a su vez, ese pacto era
condicional, es decir, si uno obedecía, sería bendito, y si desobedecía, sería
maldito. Charles Spurgeon afirma, en la misma línea de razonamiento, que
«el primer pacto dependía de la condición de la obediencia de los hombres. Si
guardaban la ley, Dios los bendeciría; pero fallaron por desobediencia, y
heredaron la maldición».[139]
Todo el sistema ceremonial y de sacrificios señalaba a Cristo —el Cordero
de Dios — que nació bajo la Ley, la cumplió perfectamente y se entregó
como sacrificio para pagar el precio del pecado de su pueblo de una vez por
todas, también para ser su perfecto Sumo Sacerdote. El pacto mosaico servía
para preservar el linaje del Mesías, lo señalaba a través de sus sombras,
sacrificios y ceremonias, mostraba la necesidad de la obediencia perfecta a la
ley, de la expiación de los pecados, de la necesidad de un mediador, y servía
de ayuda para conducir a Cristo (Gál. 3:24-25). Trataremos con más
profundidad este pacto más adelante, cuando hablemos específicamente de la
diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Pacto.
2.4 El pacto de Dios con David
Observamos que Dios también hizo un pacto con David, prometiéndole que
un descendiente suyo heredaría el trono para siempre. Esta promesa también
se refería a Jesucristo (Hch. 2:25-35). El apóstol Pedro declaró:
Hermanos, del patriarca David os puedo decir confiadamente que murió y fue sepultado, y su
sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que Dios le
había jurado sentar a uno de sus descendientes en su trono, miró hacia el futuro y habló de la
resurrección de Cristo, que no fue abandonado en el Hades, ni su carne sufrió corrupción.
C. H. Spurgeon, citado por A.W. Pink, afirmó que «David fue el elegido
del Señor, y con él se hizo un pacto que corrió en la línea de su descendencia
hasta recibir un cumplimiento final e interminable en ‘el Hijo de David’,
Jesucristo».[140]
2.5 El Nuevo Pacto
El Nuevo Pacto es el cumplimiento de la promesa, el establecimiento del
Pacto de Gracia, que fue prometida desde el Génesis y cumplida en Cristo
Jesús. Todas las promesas y profecías mesiánicas que se desarrollaron a lo
largo del Antiguo Testamento apuntaban a ello. Cristo Jesús es el Mediador
del Nuevo Pacto. El Nuevo Pacto para los creyentes es incondicional porque
Cristo actuó como Mediador y Fiador, cumpliendo todos los requisitos en
nuestro lugar, como afirma Benjamin Keach:
Cristo, como Fiador de ese Pacto, se comprometió a renovar nuestros corazones, a regenerar
nuestras almas o crear de nuevo la imagen de Dios en nosotros. Y de su plenitud hemos de
recibir todos gracia sobre gracia, ya que en Él habita toda plenitud (Jua. 1:16; Col. 1:19)... así
como Cristo compró toda la gracia para nosotros, también, como un acto del favor de Dios y de
la compra y los méritos de Cristo, nos da el Espíritu y la fe, con el propósito de que seamos
verdaderamente partícipes de todas las bendiciones del Pacto. Así, todo esto se obtiene por
medio de la justicia, en lo que respecta a Cristo, pero en lo que respecta a nosotros todo esto se
obtiene según la misericordia y la libre gracia.[141]
Por lo tanto, nos convertimos en participantes del Nuevo Pacto por medio
del Espíritu Santo que nos concede la fe en Cristo. Micah Renihan y Samuel
Renihan afirman que:
[...] La Escritura enseña que Cristo atrae para sí a los que le pertenecen por obra del Espíritu, y
que habita en los suyos por el Espíritu. Por lo tanto, sin el Espíritu, nadie pertenece a Cristo. Si
perteneces a Cristo, estás en el Pacto de Gracia. Pero si no perteneces a Cristo, estás en el Pacto
de Obras. No puedes estar en ambos (cf. Rom 7:4-6).[142]
En el Nuevo Pacto, la entrada es a través de la circuncisión del corazón, el
nuevo nacimiento. Todos los que forman parte de este pacto conocen al Señor
y tienen sus pecados perdonados, además el Señor les promete la vida eterna
y un reino celestial. No es un pacto nacional solamente, sino con todos los
verdaderos creyentes de todas las naciones. Charles Spurgeon destacó la
distinción entre el Antiguo y el Nuevo Pacto:
Pero en la actualidad el Señor, en Cristo Jesús, ha hecho con la verdadera simiente de Abraham,
con todos los verdaderos creyentes, un nuevo pacto; no según el tenor del antiguo, ni con la
posibilidad de ser quebrantado como aquel. Hermanos, tengan cuidado de distinguir entre el
Antiguo y el Nuevo Pacto, pues nunca debe haber confusión entre estos.[143]
Paul Washer explica que en el Antiguo Pacto había una nación física
llamadapor Dios de la simiente de Abraham en la que solo un remanente fue
regenerado, mientras que en el Nuevo Pacto la verdadera Iglesia es el
remanente, todos conocen al Señor:
[…] el punto del Nuevo Pacto es que no sería lo mismo que el Antiguo. En el Antiguo Pacto,
Dios llamó a una nación física, descendiente de Abraham, para ser su pueblo, pero dentro de esa
gran multitud de individuos, solo unos pocos eran verdaderamente regenerados y creyentes. Los
demás eran no regenerados y carnales, y hoy sufren la condenación eterna. En el Nuevo Pacto,
Dios llama a una nación espiritual, compuesta por judíos y gentiles, y todos son creyentes
regenerados. No hay un remanente piadoso en la verdadera Iglesia: esa verdadera Iglesia es el
remanente piadoso.[144]
Por lo tanto, el Pacto de Gracia se establece en la historia en el Nuevo
Pacto en Cristo Jesús.
Pascal Denault explica que la distinción de un pacto revelado y luego
concluido {o establecido}, en la comprensión de los bautistas del Pacto de
Gracia, demuestra tanto una continuidad, porque el Pacto de Gracia fue
revelado desde Génesis 3:15 hasta su completa revelación en el Nuevo
Testamento, como una discontinuidad, porque el Pacto de Gracia no se
concluyó {o estableció} antes de la muerte y resurrección de Cristo; los
pactos formales que precedieron a ese evento tenían una sustancia diferente y,
por lo tanto, fueron abolidos y reemplazados por el Nuevo Pacto.[145] Este
gráfico, elaborado por Denault,[146] explica bien lo que se ha visto hasta ahora:
Gráfico 1. En Pascal Denault, Os Distintivos da Teologia Pactual Batista, 114.
Dios hizo un Pacto de Obras con Adán, quien pecó y trajo una maldición
sobre toda su descendencia. Sin embargo, en Génesis 3:15 Dios hizo una
promesa, el Pacto de Gracia fue revelado, y a lo largo del Antiguo
Testamento esa promesa se hizo cada vez más clara a través de los pactos que
Dios realizó, y de sombras, tipos y señales que apuntaban a Cristo. Sin
embargo, el Antiguo Pacto en sí no era todavía el Pacto de Gracia
establecido, pues era un pacto condicional, nacional y distinto. En la plenitud
de los tiempos, Cristo vino en cumplimiento de la promesa y, en su obra
redentora, estableció el Pacto de Gracia en su sangre. El Nuevo Pacto es el
Pacto de Gracia completado, que trae la salvación al pueblo de Dios de todas
las edades, a su Iglesia que Él compró con su sangre en la consumación de la
obra que fue planeada antes de la fundación del mundo.
Por tanto, Cristo es más grande de lo que podemos imaginar, es el Verbo
que estaba en el principio con Dios, y era Dios (Jua. 1:1). Por medio de Él fue
creado el universo (Heb. 1:2) Él es el resplandor de la gloria de Dios y la
expresión exacta de su ser, quien sostiene todas las cosas con su poderosa
palabra (Heb. 1:3). Es el descendiente de la mujer que aplastaría la cabeza de
la serpiente (Gén. 3:15). Todas las Escrituras dan testimonio de Él (Luc.
24:27, 24:44; Jn 5:39). Es el Segundo Adán que cumple la misión y justifica
a su pueblo (Rom. 5). Como fue en los días de Noé, será en su segunda
venida (Mat. 24:37). Es el descendiente prometido de Abraham (Gál. 3:16).
Él cumple perfectamente la ley (Mat. 5:17). Es nuestro cordero pascual (1
Cor. 5:17). Las ceremonias, sombras y señales del Antiguo Pacto apuntaban a
Él (Col. 2:16-17). La señal de Jonás señalaba a Cristo (Mat. 12:39-40). La
serpiente en el desierto señalaba a Cristo (Jua. 3:14-15). El maná señalaba a
Cristo (Jua. 6:41). Él es nuestro sumo sacerdote (Heb. 2:17) Es el cordero de
Dios que quita el pecado del mundo (Jua. 1:29). Es el descendiente de David
que se sentaría en el trono (Hch. 2:30-31). Murió en lugar de los pecadores en
cumplimiento de profecías específicas (Isa. 53). Es el enviado de Dios, que
cumplió la misión encomendada por el Padre antes de la fundación del
mundo, murió en la cruz del Calvario para la justificación de todo el que cree
en Él (Jua. 3:16). Venció la muerte (1 Cor. 15:55-56, 15:4). Los profetas, los
apóstoles e innumerables mártires cristianos a lo largo de la historia dan
testimonio de Él (Efe. 2:20).
Estas son solo algunas de las grandes verdades sobre Jesucristo, faltaría
tiempo y espacio para hablar de sus milagros, atributos, carácter y acciones.
Como dijo Juan: «Y hay también muchas otras cosas que Jesús hizo, que si se
escribieran en detalle, pienso que ni aun el mundo mismo podría contener los
libros que se escribirían» (Jua. 21:25). Por eso: «Al que está sentado en el
trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los
siglos de los siglos» (Apo. 5:13).
Terminemos con el texto de la Confesión de Londres[147]:
Además, al haberse colocado el hombre bajo la maldición de la ley por su Caída, agradó al
Señor hacer un Pacto de Gracia, en el cual libre y gratuitamente ofrece vida y salvación por
medio de Jesucristo a los pecadores, demandándoles fe en Él para ser salvos, y prometiendo dar
Su Espíritu Santo a todos aquellos que están ordenados a vida eterna, con el fin de darles la
disposición y capacidad para creer.
CONCLUSIÓN
Aprendimos en este capítulo sobre el Pacto de Gracia, que en la visión
bautista equivale al Nuevo Pacto en Cristo Jesús. Sobre este Pacto de Gracia
aprendimos importantes verdades:
1) El Pacto de Gracia se deriva del Pacto de Redención.
2) El Pacto de Gracia fue revelado progresivamente en el Antiguo Pacto y
establecido formalmente en el Nuevo Pacto en Cristo Jesús.
3) El Nuevo Pacto tiene un efecto retroactivo que alcanza incluso a los
creyentes del Antiguo Testamento.
4) Los creyentes del Antiguo Testamento fueron salvos por gracia a través
de la fe en la promesa del Mesías que vendría.
5) Los creyentes del Nuevo Testamento son salvados por gracia a través
de la fe en el Cristo que ya ha venido, ha establecido el Nuevo Pacto y
volverá.
6) Para los creyentes, el Nuevo Pacto es incondicional, porque Cristo
cumplió todos los requisitos en nuestro lugar. Por lo tanto, participamos en
este Pacto por gracia, mediante la fe en Cristo.
Ante todo lo expuesto, te invito a reflexionar sobre las palabras de C.H.
Spurgeon: « La pregunta para ustedes, y para mí y para cada quien esta
noche, es: “¿Tengo un interés en Cristo? ¿Suplió Cristo mi lugar?”».[148]
H
6
EL PACTO DE REDENCIÓN
emos estudiado el Pacto de Obras y el Pacto de Gracia, ahora
concluiremos esta etapa hablando del Pacto de Redención. ¿En qué
consiste este pacto? R.C. Sproul explica que:
El pacto de redención es un corolario de la doctrina de la Trinidad. Al igual que la palabra
trinidad, la Biblia no lo menciona explícitamente en ninguna parte. La palabra trinidad no
aparece en la Biblia, pero el concepto de la Trinidad es afirmado en toda la Escritura. Asimismo,
la frase «pacto de redención» no aparece explícitamente en la Escritura, pero el concepto se
anuncia a lo largo de ella.[149]
Muchos se oponen a la teología del pacto, y especialmente al Pacto de
Redención, porque no lo encuentran expresa y literalmente en la Sagrada
Escritura. Sin embargo, el teólogo bautista A.W. Pink les responde
categóricamente:
[...] Permítenos señalar que, así como no hay ningún versículo en la Biblia que diga
expresamente que hay tres personas divinas en la Deidad, que son co-eternas, co-iguales, co-
gloriosas, sin embargo, cuando comparamos cuidadosamente la Escritura con la Escritura,
entendemos que esto es así; de la misma forma, no hay un versículo en la Biblia que declare
categóricamente que el Padre entró en un acuerdo formal con el Hijo, que al realizar cierta obra
debería recibir cierta recompensa, pero un estudio cuidadoso de diferentes pasajes nos obliga a
llegar a esta conclusión. Las Sagradas Escrituras no entregan sus tesoros a los indolentes [...].
[150]
Como dijo Pink, aunque la expresión «Pacto de Redención» no se enuncia
literalmente en la Biblia, al examinar sus páginas y comparar sus textos,
notamos claramente que hubo un acuerdo entre las personas de la Trinidad,
antes de la fundación del mundo, para la salvación de un pueblo elegido. A
continuación, consideraremosalgunos textos que pueden aclarar nuestra
comprensión sobre este tema.
En Juan 17:4-6, Jesucristo dice que ha terminado la obra que el Padre le
dio para hacer y pide ser glorificado con la gloria que tenía antes de que
existiera el mundo. Tito 1:2 habla de la esperanza de la vida eterna que Dios
prometió antes de los tiempos y de los siglos. El texto de 1 Pedro 1:18-20
dice que hemos sido redimidos por la preciosa sangre de Cristo, como el
cordero sin mancha que fue conocido antes de la fundación del mundo y
manifestado en los últimos tiempos. En Apocalipsis 13:8, leemos sobre el
libro de la vida del Cordero que fue sacrificado desde la fundación del
mundo. Hebreos 13:20 manifiesta la existencia de un pacto eterno. Efesios
3:11 menciona que hay un propósito eterno. Isaías 46:10 afirma que Dios
anuncia el fin desde el principio. En Efesios 1:4, el apóstol Pablo dice que
Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo. Efesios 1:11
revela la predestinación de los creyentes según el plan de Dios. Hechos 4:28
habla del sacrificio de Cristo como algo que el poder y la voluntad de Dios ya
habían decidido de antemano que sucedería. Lucas 22:22 registra que «el
Hijo del Hombre va según se ha determinado». En Juan 6:37, Jesús dice que
los que «el Padre me da» irán a Él. Y en 2 Timoteo 1:9, está escrito que Dios
«nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según
nuestras obras, sino según su propósito y según la gracia que nos fue dada en
Cristo Jesús desde la eternidad». Se podrían utilizar muchos otros textos para
elaborar aspectos de este plan redentor.
Por lo tanto, el Pacto de Redención se describe en el texto de la Confesión
Bautista de 1689 (7:3) como aquella transacción de pacto que tuvo lugar
entre el Padre y el Hijo para la redención de los elegidos:
Este pacto es revelado en el evangelio; en primer lugar, a Adán en la promesa de salvación por
medio de la simiente de la mujer, y después, mediante pasos adicionales hasta completarse su
plena revelación en el Nuevo Testamento; y tiene su fundamento en aquella transacción del
Pacto Eterno que hubo entre el Padre y el Hijo acerca de la redención de los elegidos; y solo
por la gracia de este pacto es que todos los que en cualquier tiempo han sido salvos de entre la
posteridad del Adán caído han obtenido vida y una bendita inmortalidad, siendo el hombre ahora
totalmente incapaz de hacerse aceptable para Dios bajo aquellas condiciones en las que estuvo
Adán en su estado de inocencia.
Este pacto eterno es llamado por muchos teólogos el «Pacto de
Redención». La Confesión afirma que es sobre la base de la gracia de ese
pacto que los pecadores de la posteridad caída de Adán pueden ser salvados.
A. W. Pink afirma que «todo lo que en la Escritura se dice que es nuestro por
medio de Cristo significa que lo es en virtud del Pacto que Dios ha hecho con
Cristo como cabeza de su cuerpo místico».[151] R.C. Sproul subraya la
importancia de este pacto:
Hoy se oye hablar muy poco en la iglesia sobre el Pacto de Redención, pero yo lo considero uno
de los aspectos más importantes de la teología sistemática. Dios no hizo un pacto de redención
con los seres humanos, sino que lo hizo consigo mismo; es un acuerdo de pacto que se hizo en la
eternidad pasada entre las tres personas de la Divinidad.[152]
Carl Trueman define el Pacto de Redención y las funciones de cada
miembro de la Deidad en ese pacto como sigue:
En una breve definición, el Pacto de Redención establece a Cristo como Mediador; define la
naturaleza de su mediación y asigna funciones específicas a cada miembro de la Deidad. El
Padre designa al Hijo como mediador de los elegidos y establece los términos de su mediación.
El Hijo acepta voluntariamente el papel de Mediador y la ejecución de la tarea en la historia. El
Espíritu acepta ser el agente de la concepción en la encarnación y sostener a Cristo en la
ejecución exitosa de su función de Mediador.[153]
Observemos, pues, algunas características del Pacto de Redención:
1. EL PACTO DE REDENCIÓN SIRVE DE BASE PARA EL
PACTO DE GRACIA
El Pacto de Redención sirvió de base para el Pacto de Gracia, ya que este es
la manifestación en el tiempo y el espacio del Pacto de Redención eterna.[154]
Gary Marble informa que «el Pacto de Redención es lógicamente anterior al
Pacto de Gracia, ya que es el pacto anterior, pero ambos cumplen juntos la
redención de los elegidos».[155] Shedd explica que «el Pacto de Gracia y el
Pacto de Redención son dos modos o fases de un Pacto evangélico de
misericordia».[156]
Samuel Waldron afirma que este Pacto entre Dios Padre y Cristo, el
Redentor, se revela plenamente en el Nuevo Pacto (Heb. 7:18-22, 10:12-18).
[157] Podemos observar este punto en el texto de 2 Timoteo 1:9-10 donde el
apóstol Pablo habla de:
Quien nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según nuestras obras, sino
según su propósito y según la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad, y que
ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien abolió la
muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio.
Charles Spurgeon comenta:
«La gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes del comienzo del mundo». El amor de Dios
por su pueblo no es cosa de ayer. Los amó antes de que el mundo fuera hecho y los amará
cuando el mundo deje de existir. «Nos fue dado en Cristo Jesús antes de los siglos de los siglos».
[158]
William Hendriksen comenta sobre estos versículos que la gracia que se
nos dio en Cristo Jesús antes de los siglos significa literalmente «antes de los
siglos». El tiempo, «como una corriente continua», transcurre sin
interrupción. Antes de que comenzara, ya estábamos incluidos en el
propósito de la gracia divina.[159] Herman Bavinck explica que «el Pacto de
Gracia no se estableció por primera vez en el tiempo, sino que tiene su
fundamento en la eternidad, se basa en el pacto de salvación, y es en primer
lugar un pacto entre las tres personas del propio ser divino».[160]
Por lo tanto, el Pacto de Redención es la base a partir de la cual se
produciría el Pacto de Gracia en la historia.
2. EL PACTO DE REDENCIÓN FUE HECHO EN LA
ETERNIDAD
Así, observamos que desde la eternidad pasada hubo un acuerdo entre las
personas de la Trinidad para realizar el Pacto de Gracia que garantizaría la
salvación y la vida eterna a un pueblo elegido. Este pacto se revela en la
Escritura mediante la doctrina de la elección y la misión eterna que Cristo
recibió del Padre.[161]
Veamos algunos textos bíblicos que abren una grieta a la eternidad pasada
y revelan un poco sobre este acuerdo redentor eterno.
Efesios 1:3-5 afirma que el Dios y Padre nos eligió en Cristo antes de la
fundación del mundo y nos predestinó para la adopción por medio de Jesús,
según el buen deseo de su voluntad:
Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios: A los santos que están en Éfeso y que son
fieles en Cristo Jesús: Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor
Jesucristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con
toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en Él antes de la
fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos
predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su
voluntad (Efe. 1:1-5).
El término griego «proorisas» (predestinado) significa «marcado de
antemano». Es solo una palabra más que expresa el hecho de que el plan de
Dios para su pueblo viene de la eternidad.[162] El teólogo bautista John L.
Dagg habla de la eternidad del pacto redentor:
Que este pacto sea eterno es algo que puede apoyarse por la eternidad, inmutabilidad y
omnisciencia de las partes, así como en las afirmaciones de la Biblia que se refieren directa o
indirectamente a este: «mediante la sangre del pacto eterno» (Heb. 13:20); «conforme al
propósito eterno que llevó a cabo en Cristo Jesús nuestro Señor» (Efe. 3:11);«con la esperanza
de vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde los tiempos eternos» (Tit. 1:2);
«según su propósito y según la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad» (2
Tim. 1:9).[163]
Además, en 1 Pedro 1:18-20, el apóstol afirma que no fuimos redimidos
por medio de cosas corruptibles, sino por medio de la sangre de Cristo
conocido antes de la fundación del mundo:
Sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres
con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha
y sin mancha, la sangre de Cristo. Porque Él estaba preparado desde antes de la fundación del
mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a vosotros.
Con razón, Simon Kistemaker comenta este versículo:
Pedro se refiere al tiempo en términos que podemos entender. Escribe: «[Cristo] estaba
preparado desde antes de la fundación del mundo». La creación está relacionada con el
comienzo de la historia, pero Cristo fue elegido antes de ese momento. Dios no creó el mundo y
luego decidió elegir a Cristo para que asumiera el papel de redentor. Dios lo designó en la
eternidad, «antes de la fundación del mundo».[164]
Estamos de acuerdo con la afirmación de Simon Kistemaker de que
«debemos observar que Dios eligió a Cristo para la tarea de redimir a su
pueblo antes de que el mundo fuera creado (1 Ped. 1:20). Y esa tarea
implicaba que finalmente sería asesinado en el momento señalado por Dios
para Él».[165]
Además, el texto de Apocalipsis 13:8 presenta al Señor Jesucristo como el
cordero inmolado desde la fundación del mundo: «Y la adorarán todos los
que moran en la tierra, cuyos nombres no han sido escritos, desde la
fundación del mundo, en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado».
Pascal Denault comenta que el apóstol Juan nos permite comprender que la
redención de los creyentes por la muerte de Jesús ya estaba prevista
eternamente por Dios. Es lo que llamamos el Pacto Eterno de Redención.[166]
Y, sobre este pasaje, A.W. Pink afirma:
Esto deja claro que, antes de la caída, Dios ya había previsto la redención de su pueblo que
apostató en Adán, y los medios por los que llevaría a cabo la redención, que serían coherentes
con su santidad y justicia. Todos los detalles y resultados de ese plan de misericordia fueron
acordados y estipulados desde el principio, por la sabiduría divina. Esa provisión de gracia que
Dios hizo para su pueblo desde la fundación del mundo comprendía la elección de su Hijo como
mediador y la obra que debía realizar como tal. Él, a su vez, tomaría la naturaleza humana y se
ofrecería a sí mismo en expiación por el pecado, y sería exaltado desde esa condición a la diestra
de Dios en el cielo, obtendría la supremacía en su Iglesia y, sobre todo, en su nombre dispensaría
bendiciones, haciendo efectiva su obra redentora para la salvación de las almas. Todo era parte
de un asunto acordado y definido entre el Padre y el Hijo bajo los términos del Pacto Eterno.[167]
Siendo así, observamos que este acuerdo redentor eterno tuvo lugar en la
eternidad pasada, es decir, antes de la fundación del mundo.
3. EL PACTO DE REDENCIÓN ES UN ACUERDO ENTRE
LAS PERSONAS DE LA TRINIDAD
El tercer punto para destacar sobre el Pacto de Redención es que se realiza
entre las personas de la Trinidad. El Padre determinó la salvación de un
pueblo elegido en Cristo antes de la fundación del mundo, el Hijo ejecutó el
plan redentor, y el Espíritu Santo aplicó y aplica la salvación a los corazones
de los salvos.
En esta misma línea de razonamiento, John L. Dagg afirma que las tres
personas de la Trinidad cooperan en la salvación del hombre según un pacto
eterno (Sal. 2:8, 40:6-8, 89:3; Isa. 49:3-12; Jua. 17:6; Heb 13:20; Tit. 1:2), y
explica:
La salvación del hombre es una obra en la que participan todas las personas divinas. Se realiza
según un propósito eterno, y en este propósito, así como en la realización de la obra, las personas
divinas cooperan entre sí, siendo esta cooperación su pacto eterno.[168]
Berkhof define la transacción de este pacto como «el acuerdo entre el
Padre, dando al Hijo como Cabeza y Redentor de los elegidos, y el Hijo,
tomando voluntariamente el lugar de aquellos que el Padre le había dado».[169]
Sobre los términos de esta transacción, Pascal Denault explica:
El Hijo debía asumir una naturaleza humana y venir al mundo como un verdadero hombre
nacido bajo la Ley (Flp. 2:7; Gál. 4:4). Debía llevar una vida sin pecado, observando la voluntad
de Dios expresada en la ley moral e igualmente en cualquier otra cosa que el Padre le exigiera
(Mat. 5:17, 26:42; Jua. 8:29). Debía convertirse en el representante sacrificial de todos los
creyentes y sufrir la maldición de la ley (la muerte) en lugar de ellos, muriendo en la cruz (Gál.
3:13; Flp. 2:8; Heb. 2:14-17). A cambio, el Padre debía darle la vida resucitándolo de entre los
muertos, exaltarlo a su diestra y someter a Él todas las cosas, darle un pueblo que le sirviera y
heredara con Él la vida eterna (Hch. 2:24; Flp. 2:9-11; Tit. 2:14). Este es el Pacto de Redención
entre el Padre y el Hijo.[170]
Por lo tanto, observemos el siguiente resumen de las atribuciones de cada
persona de la Trinidad en la estructura del Pacto de Redención:
3.1 Por parte del Padre (planea y elige):[171]
- Elaborar el plan de redención y su ejecución (Gén. 3:15; Efe. 1:3-14; Jua.
17:4, 7-8, 25-26);
- Enviar al Hijo como su representante (Jua. 3:16; Rom. 5:18-19);
- Aceptar solo al Hijo como representante de su pueblo (Heb. 9:24);
- Dar al Hijo toda la autoridad (Mat. 28:18; Flp. 2:9-11; Tit. 2:14; Efe.
1:20-23), incluyendo la autoridad de derramar su Espíritu con todo el poder
para aplicar la redención a su pueblo (de Dios) (Hch. 1:4, 2:33);
- Preparar un cuerpo para que el Hijo habitara como hombre (Col. 2:9;
Heb. 10:5);
- Dar al Hijo un pueblo al que redimir para ser de su propiedad (Jua. 17:2,
6);
- Resucitar y glorificar al Hijo cumpliendo su obra (Hch. 2:24, 32; 3:15;
Jua. 17:5, 24);
3.2 Por parte del Hijo (ejecuta y redime):
Este Pacto de Redención incluía un acuerdo de que el Hijo:
- Vendría al mundo como un hombre y como un hombre bajo la ley
mosaica (Gál. 4:4; Flp. 2:7; Heb. 2:14-18);
- Pondría su vida en sacrificio (Jua. 10:18; Mat. 26:53-26; Tit. 2:14);
- Sería perfectamente obediente a todos los mandamientos del Padre.
Obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Heb. 10:7-9; Flp. 2:8; Mat.
5:17; 26.42; Jua. 8:29; Gál. 3:13; Heb. 2:14-17);
- Aceptaría reunir a un pueblo para representarlo y guardarlo, para que no
se perdiera nada de lo que el Padre le había dado (Jua. 17:12);
3.3 Por parte del Espíritu Santo (guardar, santificar y aplicar):
En este Pacto de Redención, el papel del Espíritu Santo, aunque a menudo
se subestima, fue único y esencial:
- El Espíritu Santo acordó y ejecutó la voluntad del Padre al conceder al
Hijo, el Cristo, su plenitud (del Espíritu Santo), facultando al Hijo para
ejecutar su parte del Pacto en la tierra (Mat. 3:16; Luc. 4:1, 14, 18; Jua. 3:34);
- El Espíritu Santo aceptó aplicar los beneficios de la obra redentora del
Hijo a su pueblo después de que Él subiera al cielo (Jua. 14:16-17, 26; Hch.
1:8; 2:17-18, 33). R. C. Sproul resume:
El Padre inició el plan de redención; esto significa que el Padre está detrás de los decretos
eternos de elección, y envió al Hijo al mundo para realizar nuestra redención. El Hijo realizó la
redención por nosotros. Por último, la redención se aplica a nuestra vida personal a través del
Espíritu Santo.[172]
A. W. Pink señala tres cosas que debemos considerar:
1. Cristo había recibido una misión y una tarea específica del Padre; 2. Se comprometió
solemnemente a realizar su tarea; 3. El propósito contemplado en este acuerdo no era
simplemente el anuncio de bendiciones espirituales, sino el derramamiento real de las mismas
sobre todos aquellos que el Padre le dio.[173]
Siendo así, el Pacto Eterno de Redención se refiere a un acuerdo realizado
entre las personas dela Trinidad en el que el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo estaban completamente de acuerdo en cuanto a la salvación del
hombre.[174]
4. EL PACTO DE REDENCIÓN SE HIZO PARA LA
SALVACIÓN DE LOS ELEGIDOS
En última instancia, este pacto se hizo para la redención de los elegidos.
Samuel Waldron afirma que esta obra de Cristo es la única fuente, en todas
las épocas, de salvación, y está arraigada en una relación de Pacto entre
Cristo y Dios, el Padre. Existe un pacto hecho por Dios, el Padre, con Cristo,
el Redentor.[175] Dios planeó rescatar a un «remanente» de la humanidad caída
y llevarlo al reino y a la gloria.[176] Samuel Renihan explica que «nadie podía
escapar de la maldición del Pacto de Obras a menos que Dios lo colocara en
un Nuevo Pacto, y nadie podía reclamar una participación en la obra
mediadora de Cristo excepto aquellos que habían sido prometidos al Hijo en
el Pacto de Redención y que habían creído la promesa de salvación contenida
en el Pacto de Gracia».[177] Tom Hicks concluye que « Los beneficios
salvíficos del pacto de redención vienen a los elegidos en unión a Él en el
pacto de gracia».[178]
Es notable que el Evangelio de Juan presente a Jesucristo como el Verbo
encarnado, la Palabra que estaba con Dios en el principio, que era Dios (Jua.
1:1) y que vino al mundo para cumplir la misión redentora encomendada por
el Padre. Observemos el texto de Juan 6:38-39: «Porque he descendido del
cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es
la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado yo no pierda
nada, sino que lo resucite en el día final». El reformador Juan Calvino
comenta sobre este texto que «Cristo declara que se ha manifestado al mundo
para ratificar realmente lo que el Padre ha decretado sobre nuestra salvación».
[179] Además, podemos observar este punto en la oración sacerdotal de nuestro
Señor Jesucristo:
Estas cosas habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu
Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti, por cuanto le diste autoridad sobre todo ser humano para
que dé vida eterna a todos los que tú le has dado. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el
único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo
terminado la obra que me diste que hiciera. Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la
gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera. He manifestado tu nombre a los hombres
que del mundo me diste; eran tuyos y me los diste, y han guardado tu palabra (Jua. 17:1-6).
El Señor Jesucristo ora al Padre en nombre de aquellos por los que quiere
redimir con su sangre. Afirma que ha consumado la misión que el Padre le
encomendó para que conceda la vida eterna a todos los que le ha dado, y pide
ser glorificado con la gloria que tenía antes de que existiera el mundo. El plan
eterno de redención que el Padre decretó, el Hijo ejecutó y el Espíritu aplica,
tiene en vista la salvación de un pueblo elegido y redimido para la gloria de
Dios. El Hijo llevó a cabo la obra que el Padre le había encomendado como
rescate por muchos, murió en la cruz del Calvario en lugar de un pueblo que
fue elegido antes de la fundación del mundo. Tom Hicks explica los aspectos
temporales y lógicos relativos al Pacto de Redención:
Desde el punto de vista temporal, el Pacto de Redención se hizo en la eternidad pasada, pero
Cristo realmente obedeció sus términos en su vida encarnada (2 Tim. 1:9-10). Pero, desde el
punto de vista de la lógica, el Pacto de Redención es posterior al Pacto de Obras porque Cristo
deshace lo que Adán hizo en la Caída. Por eso Pablo habla de Adán como cabeza federal de la
raza humana y luego de Cristo como cabeza federal de su pueblo: «Porque así como por la
desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la
obediencia de uno los muchos serán constituidos justos» (Rom. 5:19). Cristo responde al
problema que Adán creó en el Pacto de Obras. Por eso Pablo llama a Cristo el «último Adán» (1
Cor 15:45), refiriéndose a su obra en el Pacto de Redención.[180]
Samuel Renihan concluye mostrando que podemos ver el cumplimiento
del Pacto de Redención de los elegidos en la historia en el Nuevo Pacto:
¿Dónde vemos el cumplimiento de la redención de los elegidos en la historia mediante la
encarnación y la muerte de Cristo? En el Nuevo Pacto, hecho con la sangre de Cristo. ¿Qué dice
Cristo que vino a hacer? Afirma que ha venido a redimir a los que el Padre le ha dado. Su
propósito es consumar el Pactum Salutis en el tiempo y la historia. El Nuevo Pacto no va más
allá del Pactum Salutis, no solo porque Cristo dijo específicamente que su misión era redimir a
los elegidos, sino también porque el Nuevo Pacto es hecho en la sangre de Cristo, la sangre de la
remisión cuyos beneficios salvadores nunca han sido ni serán aplicados a nadie más que a los
elegidos. Esto significa que los participantes en el Nuevo Pacto no son otros que Dios y Cristo, y
los elegidos en Él.[181]
Por lo tanto, el Pacto de Redención sirvió de base al Pacto de Gracia, fue
hecho en la eternidad pasada, en un acuerdo perfectamente concertado entre
las personas de la Trinidad, por el cual el Padre eligió a un pueblo, el Hijo
realizó la obra redentora y el Espíritu Santo aplica la salvación a los elegidos.
John Owen señaló: «Todos los elegidos de Dios fueron, en su eterno
propósito y designio, en el pacto eterno entre el Padre y el Hijo, confiados a
Él, para ser liberados del pecado, la ley y la muerte, y para ser llevados al
disfrute de Dios».[182] Charles Spurgeon concluye:
Permítanme asegurarles solemnemente que ahora no hay tal cosa en el cielo como las
misericordias no pactadas; no hay tal cosa bajo el cielo de Dios ni por encima de él, como una
gracia no pactada para con los hombres. Todo lo que pudieran recibir y todo lo que pudieran
esperar jamás, debe ser a través del pacto de la gracia inmerecida, y solamente a través de ese
pacto.[183]
UN BREVE RESUMEN
Este gráfico, elaborado por el pastor Elivando Mesquita, resume bien lo que
hemos visto hasta ahora:
Gráfico 2: Gráfico preparado por Elivando Mesquita para las clases de EBD en la Iglesia
Bautista Reformada de Russas-CE: O Estandarte de Cristo, 2020. Disponible en:
https://oestandartedecristo.com/2020/01/01/um-grafico-sobre-teologia-biblica-batista
Siendo así, percibimos en la teología bíblica bautista del pacto la
existencia de tres grandes pactos. Primero, el Pacto de Redención, que se
refiere a ese acuerdo eterno entre las personas de la Trinidad para la salvación
de un pueblo elegido en la historia. Segundo, el Pacto de Obras, que es el
pacto condicional que se hizo con Adán en el Edén por el cual, si obedecía,
comería del árbol de la vida y viviría eternamente; pero, si transgredía,
moriría, con todas las implicaciones de esa muerte. Hemos visto que Adán y
Eva fueron engañados por la serpiente (el Diablo) y pecaron; pero, siendo
Adán la cabeza federal de la humanidad, todos sus descendientes fueron
afectados por su caída. Sin embargo, el Señor prometió en Génesis 3:15 que
un descendiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente. Tercero, el
Pacto de Gracia, que es revelado entonces como una promesa, y esa promesa
se desarrolla a lo largo del Antiguo Testamento a través de los pactos que
Dios hizo con Noé, Abraham, Moisés y David, y de varios tipos, señales y
sombras que apuntaban a Cristo. Estos pactos no eran todavía la consumación
del Pacto de Gracia, aunque lo señalaban tipológicamente. El Pacto de Gracia
se consumó solo en el Nuevo Pacto en Jesucristo. Por lo tanto, el Nuevo
Pacto en Cristo es superior al Antiguo Pacto (Heb. 8).
Cristo ya reina a la diestra del Padre, pero aún no en su plenitud, lo que
ocurrirá en la consumación de todas las cosas. En este momento
proclamamos a los rebeldes la buena nueva del Salvador, se hace el llamado a
rendirse, mientras haya tiempo, al gran Rey que viene. ¿Eres ya cristiano? Si
no es así, ríndete a Cristo. Laúnica manera de tener paz con Dios, perdón de
los pecados y salvación es a través del sacrificio de Cristo y su mediación.
Ruega al Señor para que te salve, pues solo Él tiene palabras de vida eterna.
La Escritura afirma que el fin vendrá, cuando Cristo entregue el reino a
Dios, el Padre, después de que haya destruido todo dominio, potestad y
poder. Porque es necesario que Él reine hasta que absolutamente todos sus
enemigos sean puestos bajo sus pies (1 Cor. 15:24-25).
Llegados a este punto, nos queda tratar un poco el desenlace de la historia.
Gran parte de lo que hemos visto hasta ahora se ha referido al pasado o se
refiere al presente. Sin embargo, la Escritura va más allá, mostrándonos lo
que, en cierto nivel, aún nos espera en el futuro. La Biblia habla de días de
intensa tribulación (Mar. 13:19-20), de apostasía, de la aparición del hombre
de la iniquidad (2 Tes. 2:3-8). Además, hace hincapié en la segunda venida
del Señor Jesucristo (Mar. 13:26-27), la resurrección de los muertos (1 Tes.
4:16-18), el juicio final (Mat. 25:31-43), la salvación de los justos, la condena
de los impíos (Apo. 20:11-15), la glorificación del cuerpo (1 Cor. 15:42-44),
el establecimiento de nuevos cielos y una nueva tierra (Apo. 21:1), etc.
Varios libros de la Escritura contienen pasajes escatológicos, es decir,
textos que tratan de acontecimientos relacionados con el fin del mundo y la
consumación de todas las cosas. Sin embargo, en el libro del Apocalipsis,
observamos a mayor escala la resolución de la gran historia iniciada en el
libro del Génesis. Con respecto a esto, William Hendriksen, en su libro
«More Than Winners [Más que Vencedores]», afirma que «existe una
hermosa conexión entre el primer libro de la Biblia y el último».[184]
Basándome en su libro,[185] presentaré algunas de estas interesantes
comparaciones.
Así como el primer libro de la Biblia nos habla de la creación, cuando
leemos: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Gén. 1:1), en el
último libro encontramos la descripción de una creación renovada, es decir,
«cielo nuevo y tierra nueva». El apóstol Juan dice: «Y vi un cielo nuevo y
una tierra nueva» (Apo. 21:1).
En el Génesis, el Señor crea las luminarias, el sol, la luna y las estrellas:
«Entonces dijo Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para
separar el día de la noche» (Gén. 1:14), mientras que, en el Apocalipsis,
observamos que ya no serán necesarios, pues es el Cordero quien iluminará la
Ciudad Celestial: «La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que la
iluminen, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera»
(Apo. 21:23).
En el Génesis, vemos la astucia de la Serpiente, el Diablo, al tentar a Eva y
Adán: «Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del
campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha
dicho: ‘No comeréis de ningún árbol del huerto’?» (Gén. 3:1), mientras que
en el Apocalipsis vemos el destino de la serpiente: «Prendió al dragón, la
serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años» (Apo.
20:2), y más tarde, «y el diablo que los engañaba fue arrojado al lago de
fuego y azufre, donde también están la bestia y el falso profeta; y serán
atormentados día y noche por los siglos de los siglos» (Apo. 20:10).
En el Génesis, vemos a Adán y Eva escondiéndose de Dios y luego siendo
expulsados del jardín (Gén. 3:23a), en el Apocalipsis, vemos al pueblo de
Dios habitando eternamente con el Señor: «Entonces oí una gran voz que
decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres,
y Él habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre
ellos» (Apo. 21:3).
En el Génesis, observamos la prohibición de comer del árbol de la vida:
«Entonces el Señor Dios dijo: He aquí, el hombre ha venido a ser como uno
de nosotros, conociendo el bien y el mal; cuidado ahora no vaya a extender su
mano y tomar también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre»
(Gén. 3:22), en el Apocalipsis observamos el permiso a los vencedores,
salvados por Cristo, para comer del árbol de la vida: «El que tiene oído, oiga
lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré a comer del árbol de
la vida, que está en el paraíso de Dios» (Apo. 2:7).
En el Génesis, vemos la entrada de la contaminación y la mentira por el
pecado. En el Apocalipsis, en la Ciudad Celestial, se dice que: «Jamás entrará
en ella nada inmundo, ni el que practica abominación y mentira, sino solo
aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero»
(Apo. 21:27).
En el Génesis observamos el paraíso perdido, en el Apocalipsis el paraíso
es restaurado, en el Génesis se promete un Salvador, en el Apocalipsis el
Salvador triunfa sobre todos sus enemigos.
William Hendriksen hace la siguiente conclusión sobre el libro del
Apocalipsis:
¿Cuál es el tema de este libro? Es este: Cristo, y no el diablo, es el vencedor; el plan de Dios,
aunque por un tiempo aparentemente derrotado, se ve al final en su completo triunfo. Somos
vencedores. Mejor, somos más que vencedores, porque no solo hemos sido liberados de una
gran maldición, de hecho, de toda maldición, sino que también hemos obtenido la más gloriosa
de las bendiciones (Apo. 21:3).[186]
La gloria y la eternidad que el primer Adán no logró conquistar, el último
Adán, Jesucristo, las ha conquistado para su pueblo (Rom. 5:15). La vida
eterna con el Señor en la ciudad que tiene fundamentos, de la que el artífice y
constructor es Dios (Heb. 11:10), la bendición de las naciones (Apo. 21:24) y
la patria celestial esperada por Abraham y los profetas, se disfrutarán en su
plenitud (Heb. 11:16; Apo. 21). Estamos de acuerdo con Jeffrey Johnson en
la siguiente afirmación: «En la Primera Venida, Cristo estableció Su reino
espiritual en los corazones de Su pueblo; en la Segunda Venida, Cristo
establecerá Su reino físico en un universo perfectamente restaurado».[187] En
vista de ello, esperamos con impaciencia la segunda venida de Cristo y la
consumación de todas las cosas, como dilucida Samuel Renihan:
[P]ero llegará un día cuando Cristo regrese, que los muertos serán resucitados, la humanidad
será juzgada, y algunos entrarán a la bendición eterna, mientras que otros son lanzados a la
maldición eterna (Mat. 25:31-46; Apo. 20:15). Entonces, Jesús entregará el reino al Padre (1
Cor. 15:24); y los hijos de Dios, los hijos del Pacto y del reino de Jesucristo, disfrutarán de una
creación consumada, liberada del caos del pecado y envuelta en un cosmos de gloria. Los santos
llegarán a su herencia, la nueva creación, el templo de Dios, y morarán por siempre en la ciudad
de Dios (Apo. 21:1-7, 22-27). Están allí la plenitud de los judíos (Apo. 21:12), las naciones
benditas (Apo. 21:26), y el árbol de la vida (Apo. 22:2); pero, sobre todo, está allí el Cordero, el
novio, el Cristo, Jesús nuestro Dios y Salvador. Su gloria es el resplandor de la nueva creación
(Apo. 21:23; 22:5). Su nombre es el cántico de los santos (Apo. 5:9-10). Su presencia es la
consolación de los hijos de Dios (Apo. 21:3-4). La gloria que el primer Adán no alcanzó, brillará
en la faz del postrer Adán, en la faz de Jesucristo; y los hijos de la eternidad disfrutarán de Su
majestad infinita por los siglos de los siglos (Apo. 22:4).[188]
Por lo tanto, en el libro del Apocalipsis encontramos la conclusión de la
gran historia bíblica. Es importante destacar que existen diferentes corrientes
escatológicas que discuten estas cuestiones.[189] Varios teólogos difieren en
los detalles sobre cómo ocurrirán estos acontecimientos relacionados con el
fin del mundo a la luz de las profecías. No es nuestro propósito entrar aquí en
esos debates. Sin embargo, hay una cosa en común que une todas las
posiciones, y es que: ¡Al final, Cristo gana! R.C. Sproul Jr. tenía razón al
decir:
Pero, ¿se ha dado cuenta de lo que tienen en común cada uno de estos puntos de vista? Sea cual
sea la posición de cada uno, al final todos estamos de acuerdo en una cosa: Jesús vence. Cuando
lahistoria llegue a su fin, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el
Señor. Cuando la historia llegue a su fin, todos tus enemigos habrán sido puestos bajo el estrado
de sus pies. Cuando la historia llegue a su fin, no habrá más lágrimas, ni enfermedad, ni muerte.
Cuando la historia termine, lo que ahora estamos llamados a buscar, el reino de Dios, será
consumado. Lo que buscamos se encontrará en toda su gloria, en toda su plenitud.[190]
Así, pues, concluimos con la orientación de la Confesión de Londres
{32:3} sobre cómo debemos vivir a la luz de tales promesas sobre el futuro:
Así como Cristo quiere que estemos ciertamente persuadidos de que habrá un Día de juicio,
tanto para disuadir a todos los hombres de pecar, como para la mayor consolación de los
piadosos en su adversidad, también quiere que los hombres no sepan cuándo será ese Día, para
que se desprendan de toda seguridad carnal y estén siempre velando, porque no saben a qué hora
llegará el Señor, y estén siempre preparados para decir: -Ven Señor Jesús, ven pronto. Amén.
CONCLUSIÓN
En este capítulo hemos estudiado «el Pacto de Redención», y sobre este
hemos destacado las siguientes verdades:
1) El Pacto de Redención sirve de base al Pacto de Gracia;
2) El Pacto de Redención se hizo en la eternidad;
3) El Pacto de Redención es un acuerdo entre las personas de la Trinidad;
4) El Pacto de Redención se hizo para la salvación de los elegidos.
Con esto concluye la definición de los tres grandes pactos. En los
siguientes capítulos trabajaremos el tema de la Ley de Dios y sus
mandamientos, desde una perspectiva bíblica, bautista y pactual, además de
algunos aspectos de continuidad y discontinuidad entre el Antiguo y el Nuevo
Pacto.
¿E
7
EL ANTIGUO Y
EL NUEVO PACTO
n qué consisten el Antiguo y el Nuevo Pacto? ¿Cuáles son sus
características? ¿Cuáles son sus diferencias? ¿Qué dicen las Sagradas
Escrituras al respecto? Estos términos, que escuchamos a menudo, pero que a
veces no entendemos claramente su significado, son los que vamos a trabajar
en este capítulo.
El Antiguo Pacto se refiere específicamente al pacto hecho por Dios con
Israel a través de Moisés. Sin embargo, el Antiguo Pacto también abarca todo
el período posterior a la Caída en el Antiguo Testamento, hasta el
establecimiento del Nuevo Pacto. El Nuevo Pacto equivale al Pacto de Gracia,
el Evangelio, siendo la forma en que Dios salva a los pecadores de la
posteridad caída de Adán mediante la obra redentora de Cristo. Hemos visto
que este Pacto de Gracia fue planeado en la eternidad pasada, prometido a lo
largo del Antiguo Testamento y completado solo en la plenitud de los tiempos,
en Jesucristo. Por lo tanto, desde la perspectiva bíblica y bautista reformada, el
Pacto de Gracia es el Nuevo Pacto. Expongamos ahora algunos de estos
aspectos.
1. EL ANTIGUO PACTO
1.1 ¿Qué es el Antiguo Pacto?
En el libro Os Distintivos da Teologia Pactual Batista {Título oficial: Un
Mejor Pacto}, Pascal Denault explica que la Escritura utiliza la expresión
«Antiguo Pacto para designar el pacto celebrado entre Dios e Israel en el
éxodo de Egipto, pacto del que Moisés fue mediador». Sin embargo, afirma
que también se refiere a algo más que eso, ya que, según la mayoría de los
pactualistas del siglo XVII, el Antiguo Pacto también incluía todo el período
del Antiguo Testamento, es decir, desde la Caída hasta el establecimiento del
Nuevo Pacto en Cristo. Como tal, atestigua que «la teología pactual veía el
Antiguo Pacto como algo acumulativo».[191] Denault corrobora este punto en
las Escrituras al afirmar que:
Jesús y Pablo vincularon inextricablemente la circuncisión dada a Abraham con la ley dada a
Moisés (Jua. 7:22-23; Gál. 5:3). Esteban comenzó su relato del Antiguo Pacto con Abraham y
también incluyó allí los pactos mosaico y davídico (Hch. 7). Los apóstoles asociaron la
circuncisión con la carga de la Ley de Moisés (Hch. 15:5, 10-11). La epístola a los Hebreos
afirma que Cristo pagó por los pecados cometidos bajo el primer pacto (Heb. 9:15), es decir,
todos los pecados cometidos antes de la muerte de Cristo desde la Caída. El primer pacto, por
tanto, abarcaba todo el periodo desde la Caída hasta el establecimiento del Nuevo Pacto.[192]
De manera que el escritor dilucida por qué los teólogos reformados
entendieron que los «pactos de la promesa» mencionados en Efesios 2:12
establecidos a lo largo del Antiguo Testamento estaban interconectados,
como pactos acumulativos, que se extendían a todo el período desde la caída
de Adán y Eva hasta el establecimiento del Nuevo Pacto en Cristo.
Geerhardus Vos, en su libro {título oficial} Teología Bíblica del Antiguo y
del Nuevo Testamento, explica que, aunque el Antiguo Pacto se refiere al
período que va de Moisés a Cristo, el período que le precede, es decir, desde
la caída de Adán hasta Moisés, también puede incluirse bajo el título de
Antiguo Pacto:
[…] por pacto «antiguo» se entiende no todo el período desde la caída del hombre hasta Cristo,
sino el período desde Moisés hasta Cristo. Sin embargo, lo que precede al período mosaico en el
relato del Génesis puede incorporarse apropiadamente bajo el «Antiguo Pacto». En el
Pentateuco, tiene la función de prefacio a la narración de las instituciones mosaicas y el prefacio
pertenece a la portada del libro.[193]
Para entender mejor el Antiguo Pacto, veamos la dualidad en el pacto que
Dios hizo con Abraham.
1.2 Los dos pactos hechos con Abraham (cf. Gal 4:24)
En el Antiguo Testamento, el pacto de gracia se reveló como una promesa en
Génesis 3:15 y luego por etapas sucesivas hasta su plena revelación en el
Nuevo Testamento. Dios hizo un pacto con Noé por el que aportó estabilidad
física al desarrollo de la promesa y posteriormente hizo otro pacto con
Abraham. El pacto con Abraham tenía una naturaleza dicotómica,
conteniendo aspectos físicos y espirituales, aspectos terrenales y celestiales,
aspectos condicionales e incondicionales (Gén. 12 y 17). Los aspectos físicos
del pacto con Abraham se cumplirían en la nación de Israel, la señal de ese
pacto era la circuncisión física, la tierra prometida era Canaán y su desarrollo
tuvo lugar con su descendencia física en la nación de Israel bajo el Antiguo
Pacto (Gál. 4:24-31). Esto, a su vez, también sirvió para preservar la
genealogía del Mesías, prefigurando tipológicamente su venida y
funcionando como soporte para conducir a Cristo, al demostrar la
pecaminosidad humana y la necesidad de un salvador.
El Antiguo Pacto tenía una función tipológica, sobre la que escribió
Jonathan Edwards:
Esa nación [Israel] era una nación típica. Había literalmente una tierra, que era un tipo del cielo,
la verdadera morada de Dios; una ciudad exterior, que era un tipo de la ciudad espiritual de Dios;
y un templo exterior de Dios, que era un tipo de su templo espiritual. Así que había un pueblo
externo y una familia de Dios, por generación carnal, que era un tipo de su descendencia
espiritual. Y el pacto por el cual fueron hechos pueblo de Dios, era un tipo del pacto de gracia;
por eso se representa a veces como un pacto matrimonial.[194]
El Antiguo Pacto era un tipo que apuntaba al antitipo en Cristo, como
aclara Renihan:
Cada elemento de la economía mosaica revelaba tipológicamente y ponía ante los ojos de los
judíos el Pacto de Gracia, en el que se puede encontrar la verdadera justicia, el verdadero perdón
de los pecados y la verdadera santidad. Sin embargo, las promesas espirituales del pacto con
Abraham se referían a Cristo, el descendiente de Abraham (Gál. 3:16), y se cumplieron en el
Nuevo Pacto. La circuncisión en el Nuevo Pacto tiene lugar en los corazones de los salvos, los
herederos de estas promesas son los que creen en Cristo, aquellos que tienen la fe de Abraham
(Gál. 3:29).[195]
John Spilsbery afirmó: «Había en Abraham al mismo tiempo una
descendencia espiritual y otra carnal, entre las cuales Dios siempre hizo una
distinción a través de sus generaciones».[196] En esta misma línea de
razonamiento, Pascal Denault explica que:Abraham poseía una posteridad física, así como una posteridad espiritual (Rom. 9:6-8; Gál.
4:22-31); hay una circuncisión externa de la carne y una circuncisión interna del corazón (Rom.
2:28-29); hay una tierra prometida aquí en el mundo y un reino celestial (Heb. 11:8-10).[197]
Para profundizar en este punto, veamos el diagrama que aparece en el
libro de Jeffrey Johnson:
Gráfico 3. [Adaptado de] Jeffrey Johnson. El Defecto Fatal, p. 322.
Johnson demuestra que el Nuevo Pacto se estableció con los descendientes
espirituales de Abraham, mientras que el Antiguo Pacto se estableció con los
descendientes naturales de Abraham. El Pacto de Gracia se revela a Abraham
como una promesa, mientras que el pacto establecido con sus descendientes
físicos en el Sinaí era un pacto de obras, tenía condiciones y prometía
bendiciones y maldiciones según la obediencia o desobediencia del pueblo.
Pablo afirma que «la circuncisión es de valor si tú practicas la ley, pero si
eres transgresor de la ley, tu circuncisión se ha vuelto incircuncisión» (Rom.
2:25). Paul Washer explica que:
Esta es la gran diferencia entre la nación física de Israel bajo el Antiguo Pacto y la verdadera
Iglesia de Jesucristo bajo el Nuevo. La nación de Israel estaba compuesta por individuos que
compartían una genealogía física común, como descendientes de Abraham. Sin embargo, la
mayoría eran «meros hombres», u hombres «naturales», desprovistos del Espíritu (1 Cor. 2:14,
3:3). Permanecieron en la imagen caída de su padre Adán. Estaban esclavizados por la
depravación de sus corazones, e impulsados por los deseos de su carne (Gén. 5:3; Jua. 8:33-34,
Efe. 2:3). En su mayoría, no tenían la fe de su padre Abraham, sino que eran no regenerados,
incrédulos y desobedientes. El fundamento de la enseñanza del apóstol Pablo a la iglesia de
Roma era que la mayoría de los descendientes de Israel no eran israelitas en absoluto (Luc. 3:7-
8; Rom. 9:6-8). En cambio, la verdadera Iglesia bajo el Nuevo Pacto está compuesta por
hombres y mujeres de toda tribu, lengua, pueblo y nación, ya no hay distinción entre griegos y
judíos, circuncisos e incircuncisos, bárbaros, escitas, esclavos y libres (Col. 3:11; Apo. 5:9). Su
unidad no consiste en tener la misma sangre que Abraham, sino en poseer la misma fe. Creen en
el testimonio de Dios sobre su Hijo, y esto les ha sido imputado como justicia (Gén. 15:6; Rom.
4:3, 16; Gál. 3:6; Stg. 2:23)".[198]
Es importante recordar que el Pacto de Gracia aún no se había establecido
formalmente con Abraham, sino que se le había prometido. El texto de
Gálatas 4:22-31 expresa muy bien los puntos que hemos mencionado hasta
ahora:
Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos, uno de la sierva y otro de la libre. Pero el hijo
de la sierva nació según la carne, y el hijo de la libre por medio de la promesa. Esto contiene una
alegoría, pues estas mujeres son dos pactos; uno procede del monte Sinaí que engendra hijos
para ser esclavos; este es Agar. Ahora bien, Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la
Jerusalén actual, porque ella está en esclavitud con sus hijos. Pero la Jerusalén de arriba es libre;
esta es nuestra madre. Porque escrito está: Regocíjate, oh estéril, la que no concibes; prorrumpe
y clama, tú que no tienes dolores de parto, porque más son los hijos de la desolada, que de la que
tiene marido. Y vosotros, hermanos, como Isaac, sois hijos de la promesa. Pero así como
entonces el que nació según la carne persiguió al que nació según el Espíritu, así también sucede
ahora. Pero, ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la sierva y a su hijo, pues el hijo de la sierva no
será heredero con el hijo de la libre. Así que, hermanos, no somos hijos de la sierva, sino de la
libre.
Gálatas Agar Sara
4:22 Esclava (Agar) Libre (Sara)
4:24 Antiguo Pacto Nuevo Pacto
4:25-27
Corresponde al Monte
Sinaí y a la Jerusalén
actual.
Corresponde
a la Jerusalén celestial.
4:22, 28 Hijo de la esclava(Ismael).
Hijo de la libre (Isaac).
4:23
Nació según la carne
(Posteridad física de
Abraham).
Nació según el Espíritu,
mediante la promesa
(Posteridad espiritual de
Abraham).
4:29 Persigue. Es perseguido.
4:30 Es desechada junto a suhijo.
Permanece y hereda las
promesas con su hijo.
4:31 Esclavitud Libertad en Cristo
El apóstol Pablo presenta a las dos mujeres vinculadas a Abraham, es decir,
Agar y Sara, como representantes de dos pactos. Agar era una esclava, la
madre de Ismael, y dio a luz a hijos en la esclavitud, lo que corresponde al
Monte Sinaí en Arabia y a la actual Jerusalén. La otra, Sara, es libre, madre de
Isaac, el hijo de la promesa, y representa la Jerusalén que viene de arriba. La
esclava es despedida con su hijo y la libre se queda. Los teólogos bautistas del
siglo XVII entendían que este texto demostraba la dicotomía del pacto
abrahámico y la relación entre el Antiguo y el Nuevo Pacto. Agar representa el
Antiguo Pacto, Sara el Nuevo Pacto; sus hijos representan a los que están bajo
estos pactos; y el hecho de que la esclava sea expulsada se refiere a la abolición
del Antigua Pacto y al establecimiento del Nuevo. En la siguiente tabla
observamos el contraste presentado por Pablo, tal como lo entienden muchos
bautistas reformados:
Pascal Denault lo explica:
A la luz de Gálatas 4:22-31, los teólogos de 1689 consideraron que los dos pactos que procedían
de Abraham (Agar y Sara) eran el Antiguo y el Nuevo Pacto. El pacto de la circuncisión, Agar,
correspondía al Antiguo Pacto, un pacto de obras establecido con la posteridad física de
Abraham. El pacto de la promesa, Sara, correspondía al Nuevo Pacto, el Pacto de Gracia
revelado a Abraham y concluido con Cristo y la posteridad espiritual de Abraham (Gál. 3:29).
[199]
Este entendimiento del pacto que ellos tenían con respecto a la posteridad
física y espiritual de Abraham también se basó en textos como:
Romanos 9:6-8: Pero no es que la palabra de Dios haya fallado. Porque no
todos los descendientes de Israel son Israel; ni son todos hijos por ser
descendientes de Abraham, sino que por Isaac será llamada tu descendencia.
Esto es, no son los hijos de la carne los que son hijos de Dios, sino que los
hijos de la promesa son considerados como descendientes.
Romanos 2:28-29: Porque no es judío el que lo es exteriormente, ni la
circuncisión es la externa, en la carne; sino que es judío el que lo es
interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la
letra; la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios.
Mateo 3:9: Y no presumáis que podéis deciros a vosotros mismos:
«Tenemos a Abraham por padre», porque os digo que Dios puede levantar
hijos a Abraham de estas piedras.
Gálatas 3:29: Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de
Abraham, herederos según la promesa.
Siendo así, vemos que los bautistas pactuales entendieron una dicotomía
en el pacto que Dios hizo con Abraham, y que sus aspectos físicos y
condicionales se desarrollaron en el Antiguo Pacto (pacto del Sinaí). Por lo
tanto, el pacto hecho en el Sinaí fue una progresión del pacto de Abraham y
surgió a través de ese pacto, mientras que las promesas espirituales e
incondicionales hechas a Abraham se cumplen solo en el Nuevo Pacto.
1.3 ¿Cuál es el propósito del Antiguo Pacto?
El Antiguo Pacto, a pesar de abarcar todo el periodo del Antiguo Testamento,
corresponde, más concretamente, al pacto hecho con Moisés en el Sinaí.
Observamos que este pacto se hizo con los descendientes físicos de Abraham
que heredarían la tierra prometida, siendo un pacto nacional, tipológico y
temporal que no concedía la vida eterna.
Dios sacó al pueblo hebreo de Egipto con mano fuerte, lo condujo por el
desierto, entró en pacto con este pueblo, formó la nación de Israel, dirigida
por Moisés, y la organizó bajo una teocracia, dándole leyes civiles,
ceremoniales y morales. Dios también ordenó la construcción del tabernáculo
y se instituyó todo el sistema levítico, con diversas ceremonias, rituales y
profecías, dirigiendo así al pueblo de Israel. Este pacto poseía bendicionessi
se obedecía, y maldiciones si el pueblo desobedecía. Para formar parte de la
nación y del pacto, se exigía la circuncisión física a todos los hombres de esa
nación, que a su vez estaban obligados a circuncidar a sus hijos varones al
octavo día. Bajo este pacto nacional había creyentes y no creyentes, pero los
no creyentes resultaron ser la mayoría. Sobre la finalidad del Antiguo Pacto,
Pascal Denault señala:
El propósito del pacto con la posteridad física de Abraham (es decir, el Antiguo Pacto o la Ley)
no era inútil, ya que conducía a Cristo. Ese propósito se logró al menos de tres maneras:
(1.) Al preservar tanto el linaje mesiánico como el Pacto de Gracia;
(2.) Señalando tipológicamente a Cristo;
(3.) Encerrando todas las cosas bajo el pecado, de modo que el único medio de obtener la
herencia prometida fuera mediante la fe en Cristo.[200]
1.3.1 Preservación del linaje mesiánico y del Pacto de Gracia
Observamos que el Pacto de Gracia se revela a Abraham y se completa en el
Nuevo Pacto en Cristo. Dios prometió a Abraham y sus descendientes que su
heredero sería el Mesías prometido. El privilegio de la nación de Israel era
traer a ese Mesías prometido. Las leyes dadas a Israel, además de servir para
la organización de ese pueblo, también ayudaron a distinguir esa nación de
otros grupos étnicos y preservar la descendencia mesiánica prometida a
Abraham, así como a conservar su genealogía. Muchos pueblos, al mezclarse
con otras naciones, han perdido totalmente su identidad y apenas han
conservado la genealogía de su pueblo. Jeffrey Johnson explica que «sin la
meticulosa documentación de los registros familiares, habría sido imposible
probar que el Señor Jesús era de la familia de David. Providencialmente,
Dios hizo una provisión {sic.} para esto en el Pacto Mosaico».[201] John Owen
explica que este pacto tenía un propósito temporal y que cesaría después de
su cumplimiento:
Que esta separación y privilegio [es decir, la separación de Israel y su preservación por medio
del pacto] debía cesar cuando se cumpliera su objetivo y se revelara al Mesías, la propia
naturaleza de la cosa lo declara; ¿con qué propósito debían continuar, ya que era totalmente
efectivo para lo que fueron designados?[202]
Por lo tanto, una de las razones de la existencia del Antiguo Pacto era
preservar el linaje mesiánico, del descendiente de Abraham por el que serían
bendecidas todas las naciones de la tierra, Jesucristo (Gál. 3:16). Es notable
que el Evangelio de Mateo comience con la genealogía de Jesús y lo presente
como hijo de David e hijo de Abraham (Mat. 1:1). Además, el Antiguo Pacto
preservó la promesa relativa a este Pacto de Gracia que se establecería en la
historia como el Nuevo Pacto; como afirma Pablo en Romanos 3:2 con
respecto a los beneficios de los judíos sobre otros pueblos, «les han sido
confiados los oráculos de Dios».
1.3.2 El Antiguo Pacto apunta tipológicamente a Cristo
El segundo propósito destacado es que el Antiguo Pacto señala
tipológicamente a Cristo. Jeffrey Johnson lo explica:
El Pacto Mosaico apuntaba a Cristo con una luz intensa: (1) al mostrar la necesidad universal
que tiene el hombre de un Salvador; y (2) como ya hemos explicado con cierto detalle, al
representar a Cristo con varias sombras y tipos.[203]
Todo el sistema de sacrificios, el oficio del sumo sacerdote y el
tabernáculo demostraban que el Señor es Santo, que su presencia estaba
restringida, que la transgresión de la ley exigía el derramamiento de sangre.
Los diversos tipos, signos y figuras prefiguraban al que es más grande que
ellos, es decir, Jesucristo, nuestro cordero pascual (1 Cor. 5:7). Puedes
examinar las Escrituras y encontrar numerosos tipos, en el Antiguo
Testamento, que apuntaban a Jesús. Cristo es el Segundo Adán (Rom. 5:12-
21), el cordero de Dios (Jua. 1:29), el pan de vida (Jua. 6:31-35), etc.
1.3.3 El Antiguo Pacto manifiesta el pecado de los hombres y los
conduce a Cristo
El tercer propósito del Antiguo Pacto es que manifiesta la culpa y encierra
todas las cosas bajo el pecado. Romanos 3:19-20 dice: «Ahora bien, sabemos
que cuanto dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca
se calle y todo el mundo sea hecho responsable ante Dios; porque por las
obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él; pues por
medio de la ley viene el conocimiento del pecado».
La Ley hace explícita esa norma que ya existía en la conciencia, que ya
estaba puesta en el hombre desde el principio; la conciencia simplemente
expone y manifiesta claramente el pecado del hombre. Por ejemplo, incluso
antes de que Moisés recibiera las tablas de la Ley en el Sinaí, los hombres ya
mataban, cometían adulterio y transgredían la conciencia que Dios había
puesto en ellos. La norma de la ley grabada en el interior de los hombres
siempre ha existido, pero en el Sinaí se expresa claramente y se expone su
pecado, como explica John Bunyan:
La sustancia misma de los Diez Mandamientos fue dada en el Jardín antes de que fueran
recibidos en el Sinaí; sin embargo, [los Mandamientos] estaban tan oscurecidos en el corazón del
hombre de manera que sus pecados no se mostraron tan claramente como después. «La ley fue
añadida (o dada más claramente en el Sinaí, en tablas de piedra) para que el pecado abundara»,
es decir, para que se manifestara y apareciera más claramente.
El pacto mosaico manifestaba la condenación del hombre. Sirve como una
radiografía que muestra el problema, pero no lo resuelve, solo manifiesta la
condición en la que se encuentra la persona y conduce el paciente al médico,
que es quien realmente puede tratar el problema identificado. En este caso, el
médico es Jesucristo. Pascal Denault lo aclara:
[…] los sacrificios del Antiguo Pacto no podían cumplir eficazmente la justicia de la ley; por eso
tenían un valor tipológico y temporal. Mientras se ofrecían, estos sacrificios eran un recordatorio
de que los requisitos de la ley no se habían cumplido, ya que el pecado seguía subsistiendo y que
esta ley pesaba sobre los miembros del Antiguo Pacto como una maldición (cf. Heb. 10:1-14).
Entonces, Cristo nació (Gál. 4:4) bajo la ley para cumplirla en su perfecta obediencia (Mat. 5:17;
Rom. 5:19-20; Gál. 3:13). Por lo tanto, Cristo cumplió perfectamente la ley tal como fue
revelada en el Antiguo Pacto; los términos que Él cumplió fueron los de Su Pacto de Obras, que
es el Pacto de Redención entre el Padre y el Hijo para la redención de los elegidos.[204]
De este modo, el Antiguo Pacto era condicional, tenía bendiciones y
maldiciones, y dependía de la obediencia del pueblo. Por ejemplo, en Éxodo
19:5-6 observamos una de las condiciones:
Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre
todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y
una nación santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.
En este caso, la condición sería guardar el pacto. Sabemos por la historia
que la nación desobedeció continuamente a Dios y quebrantó el pacto varias
veces (Heb. 8:9). Además, como hemos visto, era un pacto nacional, hecho
con Israel bajo una teocracia, la entrada en el pacto era mediante la
circuncisión física, prometía recompensas terrenales y, en este pacto, había
tanto creyentes como incrédulos. Por lo tanto, a pesar de estar relacionado
con el Pacto de Gracia y apuntar tipológicamente a este, el Antiguo Pacto
sigue siendo sustancialmente distinto del Pacto de Gracia, como veremos en
el siguiente tema.
Por lo tanto, según la comprensión de muchos bautistas reformados, el
Antiguo Pacto, aunque revelaba tipológicamente la obra redentora de Cristo,
seguía siendo en sí mismo un Pacto de Obras, aunque conservaba cierta
distinción del primero que se había hecho con Adán, como explica Benjamin
Keach:
Es cierto que hubo otra edición o administración del mismo [el Pacto de Obras] dado a Israel,
que, aunque era un pacto de obras, es decir, haz esto y vive, no fue dado por el Señor con el
mismo finy propósito que el pacto dado a nuestros primeros padres, es decir, no fue dada para
justificarlos, ni para darles la vida eterna.[205]
Pascal Denault lo aclara: «esta especificación constituyó una característica
esencial del federalismo bautista, especialmente que el Pacto de Obras,
después de la caída, nunca más fue utilizado, para los descendientes de Adán,
como ‘una ley que pudiera vivificar’ (Gál. 3:21)».[206] Además, Denault
concluye que «el Antiguo Pacto era, para el pueblo de Israel, un pacto
figurado, terrenal y condicional, que debía conducirlos a Cristo recordándoles
el Pacto de Obras». Así que el Antiguo Pacto era sustancialmente diferente
del Nuevo, nunca concedió la vida a sus participantes, como expone John
Owen:
Este pacto así hecho [el Antiguo Pacto], con tales objetivos y promesas, nunca salvó ni condenó
a ningún hombre eternamente. Todos los que vivieron bajo su administración alcanzaron la vida
eterna, o perecieron para siempre, pero no en virtud de ese pacto formalmente como tal. De
hecho, revivió la autoridad y la sanción del primer Pacto de Obras; en ese sentido, como habla el
apóstol Pablo, fue «el ministerio de la condenación» (2 Cor. 3:9); porque «nadie será justificado
por las obras de la ley» [Rom. 3:20; Gál. 2:16]. Por otro lado, también se dirigía a la promesa,
que era el instrumento de vida y salvación para todos los que crean.[207]
En este punto, la teología de John Owen se asemeja mucho a la teología de
los bautistas pactualistas de 1689, como señala Samuel Renihan:
Owen argumentó que el Antiguo Pacto no era de la misma sustancia que el Nuevo Pacto; los dos
pactos diferían en sustancia. El Antiguo Pacto era un pacto de obras para la vida en la tierra de
Canaán, reviviendo el pacto original de obras y dirigiendo a los pecadores al Pacto de Gracia.
[208]
2. El Nuevo Pacto
Ya hemos señalado que en la perspectiva bautista reformada, la expresión
Pacto de Gracia equivale al Nuevo Pacto y se refiere a la manifestación del
eterno plan redentor en la historia, la promesa salvadora revelada en el
Antiguo Testamento y establecida en la plenitud de los tiempos en Cristo
Jesús. Este es uno de los puntos en los que la teología pactual bautista se
distingue de la teología pactual paidobautista. El Pacto de Gracia fue revelado
como una promesa en Génesis 3:15 y establecido en la historia solo en el
Nuevo Pacto en Cristo, por lo que el Nuevo Pacto es equivalente al Pacto de
Gracia establecido y ratificado en la sangre de Cristo. En el Antiguo Pacto,
aunque el Pacto de Gracia estaba prometido, aún no se había establecido. Así,
los bautistas entienden que hay una diferencia sustancial entre el Antiguo y el
Nuevo Pacto, mientras que los paidobautistas lo entienden de otra manera.
Para los paidobautistas, el Pacto de Gracia se estableció en Génesis 3:15 y
se administró de diversas maneras a lo largo del Antiguo Testamento. Es
decir, todos los pactos realizados en el Antiguo Testamento son
administraciones del pacto de gracia, el Nuevo Pacto sería una administración
más de este pacto. Por lo tanto, no creen que el Nuevo Pacto sea
sustancialmente diferente del Antiguo Pacto. Trabajaremos en este punto más
adelante.
Los bautistas, por su parte, han entendido que el texto de Hebreos 8:6-13
presenta claramente la distinción entre el Antiguo y el Nuevo Pacto:
Pero ahora Él ha obtenido un ministerio tanto mejor, por cuanto es también el mediador de un
mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Pues si aquel primer pacto hubiera sido sin
defecto, no se hubiera buscado lugar para el segundo. Porque reprochándolos, Él dice: “Mirad
que vienen días, dice el Señor, en que estableceré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la
casa de Judá; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para
sacarlos de la tierra de Egipto; porque no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de
ellos, dice el Señor. Porque este es el pacto que yo haré con la casa de Israel después de aquellos
días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y las escribiré sobre sus corazones. Y
yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y ninguno de ellos enseñará a su conciudadano ni
ninguno a su hermano, diciendo: «Conoce al Señor», porque todos me conocerán, desde el
menor hasta el mayor de ellos. Pues tendré misericordia de sus iniquidades, nunca más me
acordaré de sus pecados”. Cuando Él dijo: Un nuevo pacto, hizo anticuado al primero; y lo que
se hace anticuado y envejece, está próximo a desaparecer.
El texto presenta a Jesucristo como el Mediador de un pacto mejor, basado
en mejores promesas. También explica que si el pacto anterior (el Antiguo
Pacto) no tenía defectos, no se buscaría lugar para otro. Pero el autor de la
carta a los Hebreos continúa citando el texto de Jeremías 31, mostrando que,
desde el Antiguo Testamento, existía la promesa de un pacto superior y
nuevo.
La función del Antiguo Pacto era demostrar que todos estaban bajo el
pecado y conducirlos, mediante tipos, sombras y promesas, a Cristo. En su
exégesis de Hebreos 8, John Owen destaca la superioridad del Nuevo Pacto
sobre el Antiguo:
Aquello que antes estaba oculto en promesas y en muchas cosas oscuras —y cuando los
principales misterios eran un secreto oculto en Dios mismo— han salido ahora a la luz; y ese
pacto que invisiblemente, en forma de promesa, mostró su eficacia bajo tipos y sombras, ha sido
ahora solemnemente sellado, ratificado y confirmado en la muerte y resurrección de Cristo.
Antes, [el Pacto de Gracia o Nuevo Pacto] había sido confirmado en forma de promesa, que es
un juramento; ahora, ha sido confirmado como un pacto, que es la sangre. Lo que antes no tenía
un culto visible y externo, propio y peculiar, se convierte ahora en la única regla e instrumento
de culto para toda la Iglesia, no se admite ahora nada más que lo que le pertenece y es designado
por el Nuevo Pacto. Esto es lo que el apóstol pretende al utilizar el término νενομοθέτηται, es
decir, el “establecimiento legal” del Nuevo Pacto, con todas las ordenanzas de su adoración. En
esto, el otro pacto queda anulado y abolido; y no solo el pacto mismo, sino todo el sistema de
culto sagrado según el cual fue administrado. […] Cuando el Nuevo Pacto se dio solo en forma
de promesa, no introdujo ni el culto ni los privilegios que le corresponden. Por lo tanto, era
consistente con una forma de adoración, ritos y ceremonias y todas esas otras instituciones del
Antiguo Pacto que en conjunto constituían un yugo de esclavitud, pues todo esto no pertenecía al
Nuevo Pacto. Así también estas, si fueran añadidas después del establecimiento del Nuevo
Pacto, aunque no anulan su naturaleza como promesa, son inconsistentes con este, siendo ya
concluido como un pacto; porque entonces todo el culto de la Iglesia debe proceder y ser
conformado a este. Entonces se estableció.[209]
Por lo tanto, Owen entendió que en el Antiguo Pacto se había revelado el
Pacto de Gracia, y en el Nuevo Pacto se estableció legalmente con sus
ordenanzas de culto y se selló con sangre. Así que las ceremonias y sombras
del Antiguo Pacto serían abolidas una vez que encontraran su consumación
en Cristo. Por ejemplo, supongamos que tienes un billete de un gran premio.
Una vez que hayas recibido el premio, ya no necesitas el billete, pues ya ha
cumplido su función. Desde que Cristo estableció el Nuevo Pacto, ya no
necesitamos aferrarnos a las ceremonias que lo anunciaban, pues han
cumplido su función. Una vez que tenemos al Sumo Sacerdote del orden de
Melquisedec, el sacerdocio levítico ya ha cumplido su función, ya no hay
necesidad de sacrificios de animales, ni de otro sacerdote, porque Cristo es el
Mediador de un pacto superior.
Además, el Nuevo Pacto no sería como el pacto mosaico, que era
condicional, y cuyos participantes no cumplieron sus condiciones —al
contrario, quebrantaron el pacto. A diferencia del Antiguo Pacto, en el que
encontramos condiciones como «si haces esto», «entonces yo haré aquello»,
el Nuevo Pacto es incondicional para todos sus participantes,aquellos que
son verdaderamente salvos por la fe en Cristo. Stuart Ollyot comenta:
En el Antiguo Pacto, Dios decía, en efecto, «Si tú... entonces Yo...». Las bendiciones del pacto
estaban condicionadas a la obediencia humana. En el Nuevo Pacto, Dios dice: «Yo haré...». Es
interesante observar cuántas veces ocurre esto en los versículos de Hebreos 8:7-12. Aunque no
está claro, sino solo implícito, en estos versículos, el hecho es que tales bendiciones están
condicionadas a la obediencia de Cristo. Él es el Mediador del Nuevo Pacto.[210]
Charles Spurgeon afirma que la promesa del Nuevo Pacto, anunciada en
Jeremías 31:31, pone de relieve la distinción sustancial entre el Antiguo y el
Nuevo Pacto, subrayando que este último tiene un carácter incondicional e
inquebrantable y que su membresía se compone únicamente de verdaderos
descendientes de Abraham, es decir, de verdaderos creyentes. Afirma:
En el capítulo 31 de Jeremías, versículo 31, este pacto se llama «nuevo pacto». Esto contrasta
con el pacto anterior que el Señor hizo con Israel cuando lo sacó de Egipto. Es nuevo en cuanto
al principio en el que se basa. El Señor había dicho a los suyos que, si guardaban sus leyes y
caminaban en sus estatutos, los bendeciría. Les puso delante una larga lista de bendiciones, ricas
y plenas; todas ellas serían su porción si escuchaban al Señor y obedecían su ley. Pero hoy el
Señor, en Cristo Jesús, ha hecho con la verdadera simiente de Abraham, con todos los
verdaderos creyentes, un Nuevo Pacto; no según el tenor del Antiguo, ni con la posibilidad de
ser quebrado, como aquel. Hermanos, tened cuidado de distinguir entre el Antiguo y el Nuevo
Pacto, pues nunca debe haber confusión entre estos. Muchos nunca entienden la verdadera
naturaleza del pacto de gracia; no entienden un pacto de pura promesa. Hablan de la gracia, pero
la consideran dependiente del mérito. Hablan de la misericordia de Dios, pero la mezclan con
condiciones que la hacen más justicia que gracia. Hermanos, distingan entre cosas diferentes. Si
la salvación es por gracia, no es por obras, pues de lo contrario la gracia dejaría de ser gracia; y
si es por obras, no es por gracia, pues de lo contrario las obras dejarían de obras (según Rom.
11:6). El Nuevo Pacto es todo por gracia, desde la primera letra hasta su última palabra.[211]
El Nuevo Pacto es incondicional para sus participantes. Dado que Cristo
cumplió todas las condiciones en nuestro lugar, todos los participantes de este
pacto son salvos, todos conocen al Señor. Los que están en el Nuevo Pacto
son los que están en Cristo, son los herederos de las promesas espirituales
hechas a Abraham (Gál. 3:29). Paul Washer afirma correctamente que:
El Nuevo Pacto nos asegura a los creyentes que, a pesar de nuestra incapacidad, hemos entrado
en un pacto eterno e incondicional con Dios. Todo es obra suya, y por eso tenemos una palabra
segura en la que apoyarnos, no solo en esta vida, sino también en todas las épocas venideras. Por
eso reconocemos unánimemente que hemos sido salvos por gracia, no por nosotros mismos, ni
por las obras, para que nadie se gloríe (Efe. 2:8-9). Las promesas del Antiguo Testamento sobre
la naturaleza eterna e incondicional del Nuevo Pacto no se limitan al profeta Jeremías, sino que
se revelan igualmente en las palabras del profeta Isaías. A través de él, Dios declara a su pueblo:
«Inclinad vuestro oído y venid a mí; escuchad y vuestra alma vivirá, porque haré con vosotros
un pacto eterno, consistente en las misericordias fieles prometidas a David» (Isa. 55:3).[212]
Otro factor a considerar es que en el Antiguo Pacto la ley estaba grabada
en tablas de piedra, mientras que, en el Nuevo Pacto, la ley está grabada en la
mente y el corazón del pueblo de Dios (Heb. 8:10). El Antiguo Pacto muestra
el pecado, el Nuevo Pacto resuelve el problema del pecado a través de la obra
del Mediador, Jesucristo, que derramó su sangre que nos limpia de todo
pecado. En Hebreos 8:12 el Señor dice: «Pues tendré misericordia de sus
iniquidades, y nunca más me acordaré de sus pecados». Jeffrey Johnson
explica muy bien estos puntos:
La principal diferencia entre los dos pactos era que mientras el Antiguo Pacto fue quebrado, el
Nuevo Pacto sería inquebrantable. Por ejemplo, el Antiguo Pacto tenía la ley escrita en piedra,
pero no podía cambiar un corazón de piedra. En cambio, el Nuevo Pacto escribe la ley en el
corazón (Jer. 31:33). El Antiguo Pacto requería un corazón circuncidado, pero el Nuevo Pacto
proporciona un corazón circuncidado. Algunos miembros del Antiguo Pacto estaban alejados de
Dios, pero todos los miembros del Nuevo Pacto son preservados en una relación amorosa y
personal con Dios (Jer. 31:34). La ley condenaba a los miembros del Antiguo Pacto, mientras
que los miembros del Nuevo Pacto son justificados en Cristo.[213]
Por lo tanto, hemos visto que la entrada en el Antiguo Pacto era por la
circuncisión, justo después del nacimiento, pero la entrada en el Nuevo Pacto
es por la circuncisión del corazón, por el nuevo nacimiento. El Antiguo Pacto
era como una sombra, el Nuevo Pacto, la sustancia; con el establecimiento
del Nuevo Pacto, el Antiguo envejece. Micah y Samuel Renihan aciertan al
afirmar:
El Antiguo Testamento o pacto, era un tipo y una sombra de la plenitud que había de venir. Esa
plenitud estaba envuelta en el misterio y en los tipos que esperaban ser revelados en Cristo. Con
la venida de Cristo, ahora tenemos esa plenitud. Los elementos externos y tipológicos del
Antiguo Pacto quedan abolidos. El misterio y las sombras han desaparecido.[214]
Paul Washer afirma correctamente que:
Es imposible que la sangre de toros y machos cabríos quite los pecados o perfeccione la
conciencia del adorador (Heb. 9:9, 10:4). Es imposible que la ley, debido a la debilidad de la
carne humana, cambie los afectos de una persona, transformándola en pensamiento y acción
(Rom. 8:3). Por esta razón, Dios declara, a través de Jeremías, la buena nueva de un pacto nuevo
y superior, establecido sobre mejores promesas (Heb. 8:6). Poseería y demostraría una plenitud
de la que el Antiguo Pacto era solo un tipo o sombra. Exigiría al pueblo de Dios mucho más de
lo que Moisés le había entregado, pero le proporcionaría una transformación y un poder que le
permitiría obedecer.[215]
Micah y Samuel Renihan lo complementan:
Con el Nuevo Pacto llega la irrupción del tiempo escatológico en su forma «ya — todavía no».
El pueblo del Antiguo Pacto fue engendrado naturalmente y marcado por la circuncisión de la
carne. El pueblo del Nuevo Pacto es engendrado espiritualmente y también circuncidado de
corazón —es el antitipo de la circuncisión. Por lo tanto, el bautismo debe ser administrado solo a
aquellos que han nacido espiritualmente en el pacto, que han entrado en el Nuevo Pacto a través
de la fe en Cristo naciendo de nuevo. La única manera prescrita en las Escrituras para evaluar si
alguien está en el pacto es una profesión de fe. Tras la profesión de fe, se administra el bautismo.
Este es precisamente el modelo que vemos en el Nuevo Testamento: el bautismo tiene lugar
después de una profesión de fe.[216]
Antiguo Pacto Nuevo pacto
Entrada por nacimiento físico Entrada por el nuevo nacimiento
La circuncisión era física y un acto externo en la
carne Circuncisión del Espíritu en el corazón
La ley estaba escrita en piedra La ley escrita en el corazón
Culto ceremonial al aire libre Adoración en espíritu y en verdad
Un reino físico Un reino espiritual
Herencia terrenal Ciudad celestial (Heb. 11.10)
Temporal Eterno
En esta cita, los hermanos Renihan demuestran porqué los bautistas, según
esta comprensión del Nuevo Pacto, solo bautizan a los que hacen una
profesión de fe en Cristo. En el Nuevo Pacto todos conocen al Señor y tienen
sus pecados perdonados, y la entrada a este pacto no es por nacimiento físico,
sino por el nuevo nacimiento. La única forma prescrita en la Escritura para
evaluar este punto es la profesión de fe. Por lo tanto, los bautistas entienden
que solo deben ser bautizados aquellos que demuestranarrepentimiento y fe
en Cristo, pues esta es la señal de que forman parte del Pacto de Gracia.
Fred Malone, añade:
¿Quiénes son los «descendientes» de Cristo, a quienes pertenecen las promesas del pacto
abrahámico? Son los que pertenecen a Cristo (Gál. 3:29) y estos solo se revelan por su fe. Los
únicos que tienen derecho a la herencia de Dios son los hijos de Dios por la regeneración del
Espíritu. (Rom. 8:9, 14-17; Jua. 1:12-14). Por lo tanto, nadie es considerado heredero de las
promesas de Abraham hasta que, por la fe, dé pruebas de ser «descendiente» de Abraham por
medio de Cristo, que es el cumplimiento literal de la descendencia de Abraham. Y
«pertenecemos a Cristo» solo a través de la fe que evidencia la regeneración (Gál. 3:22, 29).[217]
Jeffrey Johnson también destaca las diferencias sustanciales entre el
Antiguo y el Nuevo Pacto en la siguiente tabla:[218]
Por lo tanto, lo que se prometió en el Antiguo Testamento se cumple en
Cristo. En el Nuevo Pacto Cristo ha subido al cielo y está a la diestra del
Padre, su reino ya está entre nosotros, pero esperamos su segunda venida y la
consumación de todas las cosas, cuando el Señor hará cielos y tierra nueva,
donde habite la justicia, y disfrutaremos plenamente, tanto espiritual como
físicamente, de las bendiciones prometidas por Dios. Concluye Johnson:
Entonces, después de que Cristo regrese, el cielo y la tierra se unirán en los nuevos cielos y la
nueva tierra por venir, donde solo mora la justicia. En ese momento, el pueblo de Dios recibirá
cuerpos nuevos y glorificados, y encontrará el descanso escatológico donde la plenitud de los
aspectos naturales y espirituales del pacto de Dios con Abraham se cumplirán en la consumación
del reino de Dios en la eternidad venidera. El reino prometido a Abraham era de naturaleza tanto
espiritual como física, pero consiste solo en aquellos que se han unido a Cristo por la fe.[219]
Así, la plenitud de las promesas divinas será heredada tanto física como
espiritualmente en la consumación de todas las cosas por todos los que se han
unido a Cristo por la fe. Como dijo el apóstol Pablo: «Y si sois de Cristo,
entonces sois descendientes de Abraham y herederos según la promesa» (Gál.
3:29).
CONCLUSIÓN
Aquí aprendemos algunas verdades importantes sobre la definición del
Antiguo y del Nuevo Pacto, y la relación entre estos:
1) Hay una dicotomía en el pacto Abrahámico: sus aspectos físicos y
condicionales se desarrollan en el Antiguo Pacto y sus promesas espirituales
e incondicionales se cumplen en el Nuevo Pacto.
2) El Antiguo Pacto fue un pacto temporal, condicional, nacional, cuya
entrada era a través de la circuncisión física, bajo el cual estaban tanto los
creyentes como los incrédulos.
3) El Antiguo Pacto señalaba tipológicamente a Cristo, preservaba el
linaje del Mesías, mostraba que todos están bajo el pecado y señalaba a un
salvador.
4) Aunque esté relacionado de esta manera con el Nuevo Pacto, el Antiguo
Pacto es sustancialmente distinto del Nuevo.
5) El Nuevo Pacto es el Pacto de Gracia que fue prometido en el Antiguo
Testamento y establecido en la plenitud de los tiempos en Cristo.
6) El Nuevo Pacto para los creyentes es incondicional, porque Cristo, el
Mediador, cumplió todas las condiciones exigidas por este en nuestro lugar.
7) El Nuevo Pacto es eterno e inquebrantable, todos los que están bajo este
pacto son salvos y conocen al Señor. Promete bendiciones espirituales y su
entrada es a través del nuevo nacimiento.
Reflexiona sobre esta buena noticia y sobre tan preciosas promesas. Nunca
confundas el significado del Antiguo y el Nuevo Pacto; este es un tema de
supremo valor. Esperamos que este capítulo te haya ayudado a comprender
mejor este tema.
En el próximo capítulo trabajaremos el tema de la ley de Dios. ¿Sabes
cómo se relacionan los cristianos del Nuevo Pacto con la ley de Dios?
E
8
LA LEY DE DIOS
n este capítulo trataremos específicamente acerca de la ley de Dios: qué
es, cómo se presenta a lo largo de la historia bíblica, cuáles son sus usos
y cómo se relacionan con la ley los cristianos del Nuevo Pacto. Este es un
tema muy importante en nuestros días, en los que hay una gran confusión en
lo que se refiere a la moral, a lo que está bien y lo que está mal. Por ejemplo:
¿Cuál es la relación de los cristianos con los Diez Mandamientos? ¿Debe un
cristiano seguir observándolos? Las respuestas a estas y otras preguntas se
tratarán a continuación.
1. LA LEY DE DIOS
Dado que el objetivo de este libro es presentar la teología bíblica bautista
reformada y demostrar sus distintivos, también es importante mencionar que
los puntos de unidad entre las confesiones reformadas son mucho mayores
que sus diferencias. Y en este caso, en lo que respecta a la ley de Dios, las
confesiones reformadas son muy similares. Samuel Waldron señala:
La evidente unidad entre la Confesión de Westminster, la Declaración de Saboya y la Confesión
de 1689 en este capítulo [sobre la Ley de Dios] manifiesta claramente que no había ninguna
diferencia consciente entre los presbiterianos, los congregacionales y los bautistas particulares
sobre esta cuestión. Todos ellos sostenían, con la misma firmeza, la doctrina puritana de la ley de
Dios.[220]
Por lo tanto, entendemos que tanto los bautistas reformados como los
presbiterianos y los congregacionalistas han mantenido en sus confesiones la
doctrina puritana de la Ley de Dios, es decir, el sistema de reglas que refleja
el carácter de Dios, que se basa en el orden creado y se revela en las
Escrituras.[221] Los reformados suelen entender que la ley mosaica se divide
en tres dimensiones:
- Ley moral: Corresponde a las normas que reflejan el carácter de Dios y
que se expresan con mayor claridad en el Decálogo (Diez Mandamientos).
- Leyes ceremoniales: Se refieren a las ceremonias y sacrificios instituidos
en el sistema levítico y que apuntaban a Cristo.
- Leyes civiles/judiciales: Son las leyes que regían en Israel bajo una
teocracia.
Algunos teólogos se oponen a la triple división de la ley porque no la
encuentran explícitamente expresada en la Escritura. Sin embargo, vemos que
la Biblia no es un libro de Teología Sistemática en el que las doctrinas están
ya separadas por temas, la dogmática tiene esta tarea. La Sagrada Escritura es
como una mina de oro que hay que excavar. Como afirma acertadamente
Herman Bavinck:
La Escritura no es dogmática. Contiene todo el conocimiento de Dios que necesitamos, pero no
en forma de formulaciones dogmáticas [...] La Escritura es una mina de oro: es la Iglesia la que
extrae el oro, le pone su sello y lo convierte en dinero circulante.[222]
Esta comprensión bíblica de los mandamientos de Dios en sus diferentes
aspectos se remonta al Antiguo Testamento, al igual que la noción de la
superioridad del aspecto interior, moral, sobre el aspecto exterior, ceremonial.
Obsérvese el texto de Jeremías 7:22-23, en el que el Señor afirma:
Porque yo no hablé a vuestros padres, ni les ordené nada en cuanto a los holocaustos y
sacrificios, el día que los saqué de la tierra de Egipto. Sino que esto es lo que les mandé,
diciendo: «Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y andaréis en
todo camino que yo os envíe para que os vaya bien».
Es notable que no se trataba simplemente de practicar sacrificios, sino de
servir a Dios de corazón, de obedecer su voz. No se trata simplemente de
ofrecer holocaustos o de practicar algo mecánico y religioso, sino de amar a
Dios sobre todas las cosas y demostrar ese amor a Dios amando al prójimo.
En varios otros textos del Antiguo Testamento también se puede observar
esta distinción, como por ejemplo en Isaías 15:11-15, que muestra que el
Señor estaba cansado de los sacrificios, los holocaustos y las ceremonias, ya
que el pueblo seguía incumpliendo los preceptos morales. En la misma línea,
el texto de Oseas 6:6 afirma que el Señor quiere misericordia más que
sacrificios, y conocimiento de Dios más que holocaustos. Y el texto de
Miqueas 6:6-8 lo complementa, mostrandola superioridad de los preceptos
morales e internos sobre los ceremoniales. El Señor no solo requería ofrendas
externas, sino el corazón del pueblo.
Sin embargo, la ley moral, que fue colocada dentro de cada ser humano
(Rom. 2:15) y más tarde codificada en tablas de piedra por el propio dedo de
Dios en diez mandamientos (Éxo. 31:18) —que después de ser quebrados
fueron reescritos y depositados en el arca del pacto (Deut. 10.1-4)— se
presenta claramente en la Escritura como teniendo prominencia sobre los
otros aspectos (ceremoniales y civiles/judiciales) del conjunto de códigos
legales que gobernaron a Israel y sirvieron como leyes positivas a lo largo del
Antiguo Pacto. A. W. Pink afirma que ninguno de los preceptos ceremoniales
o civiles recibió tanta prominencia y distinción.[223] Una de las principales
promesas del Nuevo Pacto es que la ley moral quedaría grabada en la mente y
escrita en el corazón de sus practicantes, los que tienen fe en Cristo (Heb.
8:10).
En Marcos 12:28-34, encontramos registrada una conversación de Cristo
con un escriba sobre la ley que puede arrojar luz sobre el tema que estamos
tratando:
Cuando uno de los escribas se acercó, los oyó discutir, y reconociendo que les había contestado
bien, le preguntó: ¿Cuál mandamiento es el más importante de todos? Jesús respondió: El más
importante es: «Escucha, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es; y amarás al Señor tu
Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza». El
segundo es este: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No hay otro mandamiento mayor que
estos. Y el escriba le dijo: Muy bien, Maestro; con verdad has dicho que Él es uno, y no hay otro
además de Él; y que amarle con todo el corazón y con todo el entendimiento y con todas las
fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y los
sacrificios. Viendo Jesús que él había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de
Dios. Y después de eso, nadie se aventuraba a hacerle más preguntas.
La respuesta del escriba demuestra que las preocupaciones morales tenían
importancia sobre los aspectos ceremoniales, y Cristo aprobó esta respuesta.
Los dos mandamientos que resumen la ley fueron mencionados por Cristo y
exaltados por el escriba por encima de las ceremonias y los holocaustos.
Además, Jeffrey Johnson también explica que la ley de Moisés puede y
debe dividirse entre mandamientos morales, ceremoniales y judiciales.
Menciona que Samuel separó la ley ceremonial de la ley moral cuando dijo a
Saúl: «¿Se complace el Señor tanto en holocaustos y sacrificios como en la
obediencia a la voz del Señor? He aquí, el obedecer es mejor que un
sacrificio» (1 Sam. 15:22). Algo muy importante para tener en cuenta es que
el propio Señor Jesucristo también hizo una distinción entre los aspectos de la
ley cuando dijo: «Habiendo dicho arriba: Sacrificios y ofrendas y
holocaustos, y sacrificios por el pecado no has querido, ni en ellos te has
complacido (los cuales se ofrecen según la ley), entonces dijo: He aquí, yo he
venido para hacer tu voluntad» (Heb. 10:8-10).
Johnson entiende que en estas afirmaciones la ley moral es exaltada por
encima de la ley ceremonial, lo que significa, por tanto, que la ley moral no
fue abrogada solo porque los aspectos ceremoniales y judiciales de la ley
fueron abrogados.[224] Samuel Waldron afirma que, cuando el Nuevo
Testamento contempla la ley de la Antiguo Pacto como una revelación
permanente del principio moral, son ciertamente los Diez Mandamientos los
que se destacan (Rom. 2:14-23; 3:19-20, 31; 7:12; 13:8-10; Efe. 6:1-3; 1 Tim.
1:8-10). Esta observación justifica la insistencia de las confesiones
reformadas en una triple división de la ley del Antiguo Pacto en sus
dimensiones moral, civil y ceremonial.[225] Richard Barcellos, en la misma
línea de razonamiento, explica la triple división de la ley:
La triple división de la ley comprende la ley moral como basada en la creación, por lo tanto,
inexorable para todos los hombres (aunque en diferentes formas); y las leyes ceremoniales y
judiciales del Antiguo Pacto como suplementarias al Decálogo bajo el pacto mosaico (cf. CBF
19.1-4 y el esquema de 19.1-7 supra). Las leyes ceremoniales y judiciales del pacto mosaico son
leyes positivas, leyes añadidas a la ley moral con fines histórico-redentores.[226]
Así, Barcellos también entiende la triple división de la ley mosaica y
distingue la ley moral de las leyes ceremoniales y judiciales. Explica que la
ley moral es perenne, basada en la creación, mientras que las leyes civiles y
ceremoniales son leyes positivas, es decir, no son necesariamente universales
o perpetuas, sino que están condicionadas a un propósito divino y eran
complementarias al pacto mosaico, por lo que podían y debían cesar cuando
cumplieran sus fines histórico-redentores.
La Confesión de Fe Bautista de 1689 resume magistralmente el
pensamiento reformado clásico sobre la ley que hemos discutido hasta ahora.
Veamos el texto del capítulo 19, Sobre la ley de Dios, y observemos cómo se
presentan estos tres aspectos de la ley y cuáles son los usos de la ley en la
Escritura tanto para los creyentes como para los impíos.
1.1 La ley de Dios en Adán
Dios dio a Adán una ley de obediencia universal, escrita en su corazón, y un precepto en
particular de no comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal; por medio de los
cuales obligó a Adán y a toda su posteridad a una obediencia personal, completa, exacta y
perpetua; prometió la vida por su cumplimiento y amenazó su transgresión con la muerte; y lo
dotó de poder y capacidad para guardarlos (2CBF 19.1).
El Señor Dios, desde la creación del hombre, demostró que es el regulador de
la vida y le ordenó tener dominio sobre la creación (Gén. 1:26-27). Aunque
todavía no se manifestaron expresamente todos los mandamientos, el Señor
dotó a los seres humanos de la conciencia de «una ley de obediencia
universal escrita en sus corazones», también llamada «ley natural». Juan
Calvino lo explica:
Ahora bien, todo lo que hay que aprender de las dos Tablas, nos lo dicta y enseña en cierto modo
esa ley interior que se ha dicho que está inscrita y como grabada en los corazones de todos.
Porque nuestra conciencia no permitirá que durmamos un sueño perpetuo, desprovisto de
sensibilidad, sin ser el testigo y el vigilante interior de lo que debemos a Dios, sin señalarnos la
diferencia entre el bien y el mal, y acusarnos así cuando nos apartamos de nuestro deber.[227]
Calvino afirma que todo lo que enseñan las dos tablas de la ley se
encuentra ya de alguna manera en la ley interior puesta en todos los hombres.
El texto de Romanos 2:14-15 aclara este punto, demostrando que incluso
aquellos que no han tenido acceso a la ley escrita, tienen una ley en su
interior demostrada por la conciencia que ha sido dada por Dios a todos:
Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los dictados de la ley,
ellos, no teniendo la ley, son una ley para sí mismos, ya que muestran la obra de la ley escrita en
sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y
otras defendiéndolos.
Además, el Señor también dio expresamente a Adán el mandamiento de
no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, prometiendo
bendiciones y maldiciones dependiendo de la obediencia o desobediencia de
Adán. Ya hemos aprendido que el pacto condicional hecho con Adán como
cabeza federal de la humanidad se llama Pacto de Obras. Es importante que
tengamos en cuenta que Adán, antes de la caída, estaba dotado del poder y la
capacidad de guardarlo, lo que significa que Adán podría no haber pecado,
pero ya sabemos cuál fue su elección.
1.2 La ley moral
La misma ley que fue escrita primero en el corazón del hombre continuó siendo una regla
perfecta de justicia después de la Caída; y fue dada por Dios en el monte Sinaí, en Diez
Mandamientos, y escrita en dos tablas de piedra; los cuatro primeros mandamientos que
contienen nuestro deberpara con Dios, y los otros seis que contienen nuestro deber hacia el
hombre (2CBF 19:2).
La Confesión Bautista explica que esta ley grabada en el corazón del hombre
sigue vigente incluso después de la caída. El ser humano caído se encuentra
en una situación diferente: ahora «no puede dejar de pecar», pero las
exigencias de la ley siguen siendo una regla perfecta para él. Así como las
prescripciones de salud no son anuladas por la enfermedad, la norma de Dios
para el buen comportamiento no ha sido anulada por el pecado.[228]
Los descendientes de Adán también poseían los preceptos grabados en su
interior. Caín, por ejemplo, sabía que no debía matar a Abel y cometió un
pecado incluso sin poseer los mandamientos expresados explícitamente en
tablas de piedra. Al asesinar, mentir y adorar a los ídolos, los hombres ya
estaban pecando contra Dios, pues violaban la ley interior, la conciencia
puesta por el Señor en ellos. Sin embargo, en el Sinaí esta ley se expresó con
mayor claridad: «Y Él escribió sobre las tablas, conforme a la escritura
anterior, los diez mandamientos que el Señor os había hablado en el monte de
en medio del fuego el día de la asamblea; y el Señor me las dio» (Deut. 10:4).
El Señor codificó y expresó claramente su ley en dos tablas de piedra, en
las que grabó los Diez Mandamientos. Los cuatro primeros mandamientos
contienen nuestro deber hacia Dios, y los otros seis, nuestro deber hacia los
hombres. En cuanto a los deberes para con Dios y para con los hombres, su
similitud se desprende de la respuesta de nuestro Señor Jesucristo a un
intérprete de la ley que le preguntó cuál es el gran mandamiento de la ley:
Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? Y Él le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo
tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento.
Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos
mandamientos dependen toda la ley y los profetas (Mat. 22:36-40).
La totalidad de los mandamientos de Dios es resumida por Cristo en estos
dos mandamientos. Siguiendo la misma línea, el {título oficial} Catecismo de
Spurgeon, compilado por Charles Spurgeon, presenta la siguiente pregunta:
Pregunta 41: ¿Cuál es la suma de los Diez Mandamientos?
Respuesta: La suma de los Diez Mandamientos es amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro
corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente; y a nuestro
prójimo como a nosotros mismos.[229]
Si uno ama al Señor Dios de esta manera, en consecuencia, no adorará a
otros dioses que no sean Él, no pronunciará su nombre en vano, etc., porque
si uno lo ama, obedecerá sus mandamientos. Asimismo, si uno ama a su
prójimo como a sí mismo, en consecuencia, no lo matará, no robará sus
bienes, no codiciará su mujer, etc. Charles Spurgeon comenta la relación de
los dos grandes mandamientos con los diez:
Los Diez Mandamientos significan todo lo que expresan los Dos Grandes Mandamientos. Sin
embargo, si ignoramos este hecho y solo prestamos atención a las palabras utilizadas, entonces
es más difícil que el hombre ame a Dios con todo su corazón, con toda su alma, con toda su
mente y con todas sus fuerzas y a su prójimo como a sí mismo, que simplemente no matar, robar
y dar falso testimonio. Cristo, por tanto, no anuló ni facilitó la ley para satisfacer nuestra
impotencia. Ha dejado en ella toda la espléndida perfección, como debe ser siempre; y ha
subrayado cuán profundos son sus cimientos, cuán elevadas son sus cumbres, cuán
inconmensurables son sus longitudes y anchuras.[230]
El apóstol Pablo también demuestra este punto en Romanos 13:8-10:
No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama a su prójimo, ha
cumplido la ley. Porque esto: No cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no codiciarás, y
cualquier otro mandamiento, en estas palabras se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
El amor no hace mal al prójimo; por tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.
Por eso, los Diez Mandamientos se llaman también «ley moral», y la
esencia de la ley moral se cumple en el amor a Dios y al prójimo.
1.3 La ley ceremonial
Además de esta ley, comúnmente llamada ley moral, agradó a Dios dar al pueblo de Israel leyes
ceremoniales que contenían varias ordenanzas típicas; en parte, de adoración, prefigurando a
Cristo,6 Sus virtudes, acciones, sufrimientos y beneficios; y, en parte, dando diversas
instrucciones sobre deberes morales; leyes ceremoniales todas estas que, al haber sido
establecidas solo hasta el tiempo de reformar las cosas, han sido abrogadas y quitadas por
Jesucristo, el verdadero Mesías y único Dador de la ley, quien fue investido con poder del Padre
para ese fin. (2CBF 19.3).
Observamos aquí otro aspecto de la ley enunciada en la Confesión. Además
de la ley moral, las leyes ceremoniales también fueron dadas para prefigurar a
Cristo, como hemos considerado anteriormente. Todo el sistema levítico, sus
sacrificios y ceremonias eran como sombras que señalaban a Cristo. Sin
embargo, solo se impusieron hasta el «tiempo de la reforma» (cf. Heb. 9:10),
es decir, el Nuevo Pacto. Las leyes ceremoniales se cumplieron en Cristo y su
uso fue abrogado. Como explica el apóstol Pablo en Colosenses 2:17: «cosas
que solo son sombra de lo que ha de venir, pero el cuerpo pertenece a
Cristo». Y el autor de Hebreos añade:
Pues ya que la ley solo tiene la sombra de los bienes futuros y no la forma misma de las cosas,
nunca puede, por los mismos sacrificios que ellos ofrecen continuamente año tras año, hacer
perfectos a los que se acercan (Heb. 10:1).
Siendo así, observamos claramente que los aspectos ceremoniales de la ley
han cumplido su función y su uso ya no está en vigor en el Nuevo Pacto.
1.4 Leyes civiles / judiciales
Dios también dio a los israelitas varias leyes judiciales, las cuales caducaron junto con el estado
de aquel pueblo, no siendo ahora obligatorias para nadie en virtud de aquella institución; siendo
solo sus principios generales de equidad de utilidad moral (2CBF 19.4).
Además de las leyes ceremoniales, Dios también dio a Israel leyes
civiles/judiciales para gobernar la nación. Aunque toda la Escritura es útil y
siempre tiene algo que enseñarnos hoy (Rom. 15:4), y tanto las leyes
ceremoniales como las civiles enseñan varios principios fundamentales que
contienen un valor histórico inestimable, es importante observar el desarrollo
de la trama bíblica y el papel de cada una de estas leyes en este gran
panorama.
En este punto la Confesión afirma que las leyes civiles «caducaron junto
con el estado de aquel pueblo». Van Dixhoorn explica que, al igual que las
leyes ceremoniales, estas leyes civiles ya no están en vigor para el pueblo de
Dios hoy, ni para nadie del pueblo de Dios desde la época de Cristo y la
destrucción de la antigua nación judía en los días de los apóstoles.[231]
Así que podemos aprender importantes principios morales de las leyes
civiles, pero ya no están normativamente en vigor en el Nuevo Pacto, pues
expiraron con la nación de los israelitas.
1.5 La perpetuidad de la ley moral
La ley moral obliga para siempre a todos, tanto a los justificados como a los demás, a que se la
obedezca, y no solo en lo referente a la materia contenida en esta, sino también en lo que se
refiere a la autoridad de Dios el Creador, quien la dio. Tampoco Cristo, en el evangelio, cancela
de ninguna manera esta obligación, sino que la refuerza mucho (2CBF 19.5).
Hasta ahora hemos visto que tanto las leyes civiles como las ceremoniales
cumplían su función de leyes positivas. Las leyes ceremoniales, como
sombras, apuntaban a Cristo y su uso cesó con la llegada de la sustancia a la
que apuntaban, el Mediador del Nuevo Pacto, Jesucristo. Y las leyes civiles
que gobernaban a Israel como nación bajo el Antiguo Pacto también
expiraron con esa nación. Sin embargo, la ley moral permanece, pues es
perenne. La ley natural, grabada en la conciencia de los hombres y expresada
con mayor claridad en el Decálogo, no se anula.Benjamin Keach comenta
sobre la perpetuidad de la ley moral:
No debemos tener la preocupación de guardar toda la ley, pues para ello Cristo la observó; es
decir, no somos justificados por la ley, pues en ese sentido está abolida; pero en cuanto a la ley
moral, como regla perfecta de justicia, nos sigue obligando a una obediencia perpetua y es, por
tanto, una ley inmutable.[232]
La Confesión afirma que Cristo no abroga la ley, sino que la confirma. El
Señor Jesús afirma en Mateo 5:17-19:
No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para
cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la
letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla. Cualquiera, pues, que anule
uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado
muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, este será
llamado grande en el reino de los cielos.
William Hendriksen comenta sobre estos versículos: «Sin embargo, insiste
en que hay que cumplir todos los mandamientos de lo que es verdaderamente
la ley moral de Dios —la misma ley que tratará con más detalle en 5:21ss—.
Nada debe ser anulado o cancelado».[233] Charles Spurgeon comenta sobre la
perpetuidad de la ley de Dios:
En primer lugar, la ley de Dios debe ser eterna. No hay ni anulación ni enmienda. No debe ser
suavizada o ajustada a nuestra condición caída, sino que cada uno de los justos juicios del Señor
permanece para siempre. Destacaré tres razones que fundamentan esta enseñanza. En primer
lugar, nuestro Señor Jesús declara que no ha venido a abolir la ley. Sus palabras son
absolutamente acertadas: «No penséis que he venido a destruir la ley o los profetas; no he venido
a abolir, sino a cumplir». Y Pablo nos habla del Evangelio: «¿Anulamos entonces la ley por
medio de la fe? ¡De ningún modo! Al contrario, confirmamos la ley» (Rom. 3:31). El Evangelio
es el medio para el establecimiento firme y la reivindicación de la ley de Dios. Jesús no vino a
cambiar la ley, sino a explicarla, y este mero hecho demuestra que permanece, porque no es
necesario explicar algo que está anulado.[234]
Los creyentes, incapaces de cumplir las exigencias de la ley, ya no están
bajo su maldición, puesto que Cristo la cumplió en su lugar y asumió su pena,
pero esto no significa que, para los salvos, la ley ya no tenga ningún valor. Ni
mucho menos. En el Nuevo Pacto la ley moral no se anula, sino que se
escribe en el corazón de los creyentes, según la profecía de Jeremías resaltada
en Hebreos 8:10: «Porque este es el pacto que yo haré con la casa de Israel
después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de
ellos, y las escribiré sobre sus corazones. Y yo seré su Dios, y ellos serán mi
pueblo». Charles Spurgeon explica el significado de esta promesa
comentando Jeremías 31:33:
La siguiente bendición es: «y lo escribiré en tu corazón». Eso es más que conocer la ley,
infinitamente más. «Pondré mi ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; y seré su
Dios, y ellos serán mi pueblo». Hermanos y hermanas, el Espíritu Santo hace que los hombres
amen la voluntad de Dios, los lleva a deleitarse en todo lo que Dios se deleita y a aborrecer lo
que el Señor aborrece. Está bien dicho en el texto que Dios lo hará, pues seguramente nadie
puede hacerlo por sí mismo.[235]
Sobre esta misma profecía encontrada en Jeremías 31, Samuel Waldron
afirma:
En Jeremías 31:33, se dice que la ley escrita en piedra ha sido reescrita en los corazones del
pueblo de Dios del Nuevo Pacto. Hay que señalar claramente que no se trata de una nueva ley,
sino de la misma ley escrita en un lugar diferente. Con esta alusión a Jeremías 31:33, Pablo
sugiere una conexión entre la ley escrita en el corazón de los hombres por la creación, la ley
escrita en piedra en el Antiguo Pacto y la ley reescrita en el corazón de los hombres por la gracia
y el poder del Nuevo Pacto.[236]
Paul Washer añade:
La ley ya no estaría escrita en tablas de piedra, impuesta en corazones de piedra, resultando en
condenación y muerte. En el Nuevo Pacto, Dios quitaría la iniquidad de su pueblo a través de
alguien más grande que Moisés; convertiría sus corazones en carne viva, capaz de responder; y
escribiría su ley en ellos (Heb. 3:1-3).
[…] Todo verdadero miembro del cuerpo de Cristo es una recreación sobrenatural por el
Espíritu de Dios. Cada uno ha sufrido una transformación radical en el núcleo de su ser, y tiene
la ley de Dios escrita en su corazón. Para los que son nuevos en el pacto, la ley ya no es un
código externo y contrario a su naturaleza, al que se oponen. En cambio, esa ley se ha convertido
en parte de ellos. Ya no es una carga, sino una delicia. Ya no es un catalizador para la condena y
la muerte, sino una guía eficaz para una mayor piedad.[237]
Así que la diferencia es que, en el Antiguo Pacto, las leyes fueron escritas
por el dedo de Dios en tablas de piedra y fueron colocadas en el Arca del
Pacto. Mostraron el pecado del pueblo, lo condenaron y presentaron la
necesidad de un salvador. Cristo es el Salvador, el Mediador del Nuevo
Pacto, que cumple la ley en lugar de los suyos y así los salva, liberándolos de
la maldición de la ley. Por lo tanto, en el Nuevo Pacto las leyes están
grabadas en la mente y el corazón de los creyentes. Aquellos que tienen fe en
Cristo y que han sido regenerados ya no están bajo el yugo de la ley para su
condenación, sino que por gracia guardan la ley para su santificación.
Veremos más de cerca estas verdades en el siguiente tema, que presenta los
usos de la ley tanto para los creyentes como para los impíos.
1.6 Usos de la ley
Aunque los verdaderos creyentes no estén bajo la ley como un pacto de obras para ser
justificados o condenados por esta, aun así, la ley es de gran utilidad tanto para ellos como para
otros, en el sentido de que, como una regla de vida que les informa acerca de la voluntad de Dios
y su deber, los dirige y los obliga a andar en conformidad con esta; revelándoles también las
contaminaciones pecaminosas de sus naturalezas, corazones y vidas; para que, al examinarse a sí
mismos a la luz de esta, puedan llegar a una mayor convicción de pecado, humillación por el
pecado y odio contra el pecado; junto con una visión más clara de la necesidad que tienen de
Cristo y de la perfección de Su obediencia. La ley también es útil para los regenerados, para
restringir sus corrupciones, en el sentido de que prohíbe el pecado; y sus amenazas sirven para
mostrar lo que sus pecados todavía merecen y qué aflicciones pueden esperar por estos en esta
vida, aunque estén libres de la maldición y del rigor implacable de la ley. Las promesas de la ley
también muestran a los regenerados que Dios aprueba la obediencia, y qué bendiciones pueden
esperar por el cumplimiento de la ley, aunque no como si se les debiera por la ley como un pacto
de obras; de manera que hacer lo bueno y abstenerse de lo malo porque la ley anima a hacer lo
uno y disuade de lo otro no es evidencia de que un hombre esté bajo la ley y no bajo la gracia
(2CBF 19.6).
Aquí la Confesión demuestra que los creyentes ya no están bajo la ley como
Pacto de Obras, es decir, bajo un pacto condicional para intentar inútilmente
alcanzar la salvación por su propia obediencia, o sea, alcanzar la salvación
sobre la base de nuestra propia obediencia a la ley, pues esto es imposible.
Las Escrituras dejan claro que todos los hombres han pecado, han
transgredido la ley y que solo podemos salvarnos mediante el sacrificio de
Cristo, que cumple perfectamente todos los requisitos divinos y nos ha
redimido de la maldición de la ley (Gál. 3:13). A. W. Pink afirma que «es
cierto, el cristiano no está bajo la Ley como un Pacto de Obras, ni como un
ministerio de condenación, pero está bajo esta como una regla de vida y un
medio de santificación».[238]
Por lo tanto, la ley sigue teniendo un gran valor para los salvos. Benjamin
Keach ha explicado correctamente que,aunque la ley como Pacto de Obras
(«haz esto y vive») ha sido eliminada; sin embargo, como ley o regla de
obediencia perfecta, permanece para siempre.[239]
Alguien ha dicho correctamente que la ley nos lleva a Cristo para la
justificación y Cristo nos lleva a la ley para la santificación. La ley expone
nuestro pecado, así notamos la necesidad de un salvador y venimos a Cristo,
siendo justificados. Ahora bien, no hay condenación para los que están en
Cristo. Sin embargo, no debemos seguir viviendo en el pecado; al contrario,
el Señor nos ha salvado con sangre para vivir para su gloria, ahora debemos
procurar seguir sus mandamientos tal como los vimos en el resumen de la ley
que hizo Cristo: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a
nosotros mismos.
El creyente se encuentra ahora en una condición diferente, está regenerado
y «no puede pecar», y, aunque todavía no alcance la perfección en esta vida,
ahora lucha contra el pecado y crece en un proceso de santificación. Charles
Spurgeon declaró:
La ley debe cumplirse en nosotros, personalmente, mediante una percepción espiritual y
evangélica. «Bien», dirás, «pues lo que era imposible para la ley, en cuanto estaba enferma por
la carne», lo ha hecho y lo hace Cristo por medio del Espíritu Santo «para que la justicia de la
ley se cumpla en nosotros, que no andamos según la carne, sino según el Espíritu» [Rom. 8:3-4].
La regeneración es una obra a través de la cual se cumple la ley, porque cuando un hombre nace
de nuevo, se pone en él una nueva naturaleza que ama la ley de Dios y se conforma
completamente a esta.[240]
Ahora los cristianos, en agradecimiento a Dios por tan gran salvación,
procuran seguir los preceptos del Señor por amor. Amamos a quien nos amó
primero, y la forma en que mostramos nuestra gratitud y amor es
obedeciendo sus mandamientos. Cristo declaró en Juan 14:21: «El que tiene
mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será
amado por mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré a él».
Finalmente, Richard Barcellos explica que en este párrafo de la Confesión
hay seis usos de la ley, tres comunes a creyentes y no creyentes, y tres solo
para los creyentes:
Usos comunes para creyentes y no creyentes
Como regla de vida: «les informa de la voluntad de Dios y de su deber, les dirige y obliga a
caminar en conformidad con ella (Rom. 3:20, 7:7, etc.)».
Descubre el pecado interior: «descubriendo también las contaminaciones pecaminosas de
su naturaleza, de su corazón y de su vida; así como, examinándose a sí mismos de este modo,
pueden llegar a una mayor convicción, humillación por —y odio contra— el pecado».
Señala un remedio externo: «junto con una visión más clara de su necesidad de Cristo y la
perfección de su obediencia».
Usos comunes para los creyentes
Frena la corrupción de los creyentes al prohibir el pecado: «También es útil para que los
regenerados frenen sus corrupciones, pues prohíbe el pecado».
Muestra lo que merece el pecado de los creyentes, y las aflicciones que les esperan en
esta vida por sus amenazas: «sus amenazas sirven para mostrar incluso lo que merecen sus
pecados, y las aflicciones que les pueden esperar en esta vida, aunque estén liberados de la
maldición y del rigor inflexible de la ley».
Muestra a los creyentes la aprobación de Dios y las bendiciones que podemos esperar a
través de la obediencia a sus promesas: «las promesas de la ley muestran la aprobación de
Dios a la obediencia y las bendiciones que los hombres pueden esperar recibir si guardan la ley;
aunque no les corresponden por la ley como pacto de obras (Rom. 6:12-14; 1 Ped. 3:8-13)».[241]
1.7 La Ley y el Evangelio
Tampoco los usos de la ley mencionados anteriormente son contrarios a la gracia del evangelio,
sino que obedecen a esta dulcemente;16 el Espíritu de Cristo subyugando y capacitando la
voluntad del hombre para que haga libre y alegremente lo que la voluntad de Dios revelada en la
ley requiere que se haga (2CBF 19.7).
En esta parte, la Confesión demuestra que los usos de la ley mencionados
anteriormente no contradicen el Evangelio; sino que, por el contrario, el
Espíritu Santo permite al creyente obedecer la ley con alegría. Hemos visto
que, en el Nuevo Pacto, la ley está grabada en la mente y el corazón del
pueblo de Dios, y que la observancia de la ley, en los términos descritos en el
punto anterior, no es contraria a la gracia.
Hay personas que creen que los cristianos ya no deben pensar en la ley ni
obedecer a Dios motivados por la bendición a causa de la obediencia y el
castigo a causa de la desobediencia. Piensan así porque entienden que esto
sería contrario a la gracia y el Evangelio. Sin embargo, es importante señalar,
sobre estos usos de la ley para los creyentes, que no se refieren a la condición
de un criminal en el banquillo de los acusados contra un juez implacable cada
vez que peca. Más bien, el cristiano que ha sido unido a Cristo, regenerado y
justificado, está bajo el cuidado paternal de Dios. Está ante un Padre que
disciplina y corrige al hijo que ama. El hijo busca por amor obedecer a su
Padre, pues lo ama y no desea defraudarlo, sabe que seguir sus instrucciones
es caminar con seguridad y que gozará de las bendiciones del Padre, y
también sabe que no será agradable ser disciplinado a causa de la
desobediencia. Tales usos son bíblicos y están plenamente de acuerdo con la
enseñanza de las Escrituras.
En estas cuestiones, hay dos extremos peligrosos e igualmente
equivocados. Por un lado, el antinomianismo, que entiende que la ley moral
ya no tiene ningún valor en la actualidad. A esto, Charles Spurgeon responde:
Se han cometido grandes errores con respecto a la ley. No hace mucho tiempo había quienes
cerca de nosotros afirmaban que la ley está totalmente anulada y abolida. Enseñaron
abiertamente que los creyentes no estaban obligados a tomar la ley moral como norma de su
vida. Lo que hubiera sido pecado en otros hombres, no fue considerado pecado en ellos. ¡Que
Dios nos libre de semejante antinomia! No estamos bajo la ley como medio de salvación, sino
que nos deleitamos en verla de la mano de Cristo y deseamos obedecer al Señor en todo.[242]
Por otro lado, igualmente equivocados están los legalistas, que son
aquellos que piensan que llegarán a ser aceptables para Dios por su propia
observancia de la ley, como en un pacto de obras. Suelen añadir leyes y
mandamientos humanos como si fueran divinos y buscan su propia salvación
en estos términos. A estos, Spurgeon exhorta: «Sin el Evangelio de
Jesucristo, la ley no es más que la voz condenatoria de Dios, tronando contra
la humanidad».[243] Y el apóstol Pablo concluye: «Pero la Escritura lo encerró
todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuera
dada a todos los que creen» (Gál. 3:21-22).
Para ilustrar este punto, adaptaré una historia que leí una vez, que dice
algo así: había un profesor de una asignatura muy difícil, en la que nadie
podía aprobar. Un día, decidió que iba a aprobar a sus alumnos. Ante esto,
algunos estudiantes rechazaron tal regalo. Pensaron: «No quiero eso, no lo
aceptaré; quiero ganar mis propias notas, me las arreglaré para ganar por mis
propios méritos». Estos son los legalistas, los que buscan la aprobación
inútilmente, por su propio esfuerzo.
Otros alumnos pensaron: «Ya que va a poner una nota de diez, entonces
no volvamos al aula; ya estamos aprobados, hagamos otra cosa». Estos serían
los antinomianos, que no prestarían atención a lo que el maestro tuviera que
enseñar, puesto que ya estaban «aprobados». Los dos grupos no entendieron
ni valoraron el don del maestro.
Finalmente, otros estudiantes dijeron: «¡Qué maravilla! Muchas gracias,
profesor. Ahora podremos disfrutar de su clase y de la disciplina sin el peso
de la nota». Estos han entendido la lección del profesor. En esta ilustración,
estos últimos serían los cristianos que han entendido cómo relacionarse
correctamente con la ley del Señor: no como un intento de salvarse por medio
de esta, ni como algo que hay que descartar,sino como un deleite, una guía
para una vida en gratitud a Aquel que los salvó del gran reproche. Turretini
resume este punto con claridad:
Una cosa es estar bajo la ley como pacto para la adquisición de la vida por medio de esta (como
lo estuvo Adán), como pedagogo y prisión para custodiar a los hombres hasta el advenimiento
de Cristo; y otra es estar bajo la ley como regla de vida para regular nuestra vida moral piadosa y
santa. Una cosa es estar bajo la ley porque se opone al evangelio en cuanto a la rígida y perfecta
exigencia de obediencia y la terrible maldición con la que amenaza a los pecadores; y otra es
estar bajo la ley porque está subordinada al evangelio en cuanto a su suave dirección. En el
primer sentido, Pablo dice: «No estamos bajo la ley, sino bajo la gracia» (Rom 6:14) en cuanto a
la relación federal y en cuanto a la maldición y rigor, porque Cristo, por su mérito, nos ha
librado de lo primero y por su Espíritu nos ha librado de lo segundo. En el segundo sentido, sin
embargo, siempre estamos sujetos a esta, aunque con un fin diferente. En el primer pacto, el
hombre estaba obligado a hacerlo para poder vivir (merecer la vida); en este, sin embargo, está
igualmente obligado a hacerlo (no para vivir, sino porque vive) para la posesión de la vida
comprada por Cristo y el testimonio de una mente agradecida (como el apóstol, en el mismo
lugar, exhorta a los creyentes a la obediencia).[244]
En el Nuevo Testamento la ley siempre se presenta de forma subordinada
al Evangelio. Si anulas la ley, entonces anulas la condena, pues, como hemos
visto, la ley sigue siendo válida incluso para los incrédulos. ¿Cuál es la razón
por la que un incrédulo va al infierno? La razón es que ha roto la ley de Dios.
Si no hubiera ley, no habría pecado, ya que el pecado es la transgresión de la
ley (cf. 1 Jua. 3:4-9). Por lo tanto, quitar la ley es quitar la predicación del
Evangelio. La ley muestra que somos pecadores, pero que Cristo vino y llevó
la maldición de la ley en nuestro lugar, y creyendo en Él tenemos la
salvación. Si confiamos en la ley para la salvación, y no en Cristo, entonces
estamos perdidos.
Por otro lado, la ley también es de suma importancia para el creyente. Si
Dios salvara al creyente para vivir sin ley, viviría en la anarquía. Como dice
el apóstol Pablo: ¿Anulamos entonces la ley por medio de la fe? ¡De ningún
modo! Al contrario, confirmamos la ley» (Rom. 3:31).
Cristo nos salva, no para que vivamos sin ley; nos salva de la maldición de
la ley, para que en agradecimiento obedezcamos su voluntad, que se expresa
en la ley, que es buena, justa y perfecta. En Cristo estás completamente
liberado de la maldición de la ley y del poder del pecado, por lo que ahora
puedes obedecer sus mandamientos. No obedeces para intentar salvarte por
tus méritos, sino por amor al Señor, como dijo el Señor Jesús: «Si me amáis,
guardaréis mis mandamientos» (Jua. 14:15).
2. LA LEY DE MOISÉS Y LA LEY DE CRISTO
Algunas escuelas de pensamiento actuales entienden que la ley de Cristo
mencionada por Pablo en Gálatas 6:2 es algo totalmente distinto de la ley
moral. Entre estos grupos encontramos a los que apoyan la TNP (Teología
del Nuevo Pacto), que, en este punto, se distancia de la teología bíblica
bautista del pacto. Jeffrey Johnson explica cuál es, entonces, la relación
correcta entre la «Ley de Moisés» y la «Ley de Cristo»:
La diferencia está en que Moisés transgredió la ley, mientras que Cristo la cumplió (Mat. 5:17-
18). La razón por la que Pablo se refiere a la ley como la «ley de Cristo» es que la ley está
encarnada en la Persona y la vida de Cristo. Cristo vivió perfectamente todas las exigencias de la
ley. Por lo tanto, Dios no solo nos exige que sigamos la ley moral en su forma propositiva o
escrita, sino también el ejemplo de Cristo. Su vida ejemplar es una ley para nosotros. Su vida
nos instruye, nos reprende y nos exhorta a vivir con rectitud {o de manera justa}.
La diferencia está en que la Ley de Moisés puede ser leída, mientras que la Ley de Cristo puede
ser vista: «Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros» ¿Cómo es un
mandamiento nuevo, cuando Moisés ordenó lo mismo (Lev. 19:18, 34)? Cristo explica: «que os
améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros»
(Jua. 13:34-35, cursivas añadidas). La diferencia es que los miembros del Nuevo Pacto tienen en
Cristo el ejemplo a seguir; algo que Moisés no pudo demostrar. De nuevo, dice el Señor: «Este
es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros, así como yo os he amado...» (Jua. 15:12-
13, cursivas añadidas). «Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también
debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho,
vosotros también hagáis» (Jua. 13:14-15, cursivas añadidas).
El apóstol Juan explica esto con más detalle cuando dice: «Amados, no os escribo un
mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo, que habéis tenido desde el principio...» {1
Jua. 2:7}. Es decir, nada nuevo está siendo demandado de nosotros que no sea lo {que ya ha
sido} expresado por Moisés, pues Juan continúa diciendo: «...el mandamiento antiguo es la
palabra que habéis oído». Sin embargo, en el versículo siguiente escribe: «Por otra parte, os
escribo un mandamiento nuevo...» {1 Jua. 2:8}. ¿Juan está confundido? No, porque continúa
explicando que la novedad no está en lo que se ordena, sino en la realidad de que esos
mandamientos se ejemplifican o se cumplen en Cristo. Por eso Juan dice: «Por otra parte, os
escribo un mandamiento nuevo, el cual es verdadero en El...» (1 Jua. 2:8, cursivas añadidas).
En resumen, la Ley de Cristo es nada menos que la Ley de Moisés cumplida en la vida de Cristo.
Por lo tanto, obedezcamos la Ley (moral) de Moisés, siguiendo el ejemplo de Cristo.[245]
En la misma línea, A. W. Pink señala que «Cristo mismo rindió una
obediencia perfecta a la ley, dejándonos así un ejemplo cuyas huellas
debemos seguir».[246] Charles Spurgeon afirma que:
[…] Para mostrar que nunca quiso revocar la ley, nuestro Señor Jesús personificó todos estos
mandamientos en su propia vida. Había, en su propia persona, una naturaleza que se ajustaba
perfectamente a las leyes y se ajustaba a su vida. Podría preguntar: «¿Quién de vosotros me
convence de pecado?» Y también: «He guardado los mandamientos de mi Padre, y en su amor
permanezco».[247]
El discipulado de la Heart Cry Missionary Society, en una de sus
lecciones, afirma que en Mateo 5:17 Jesús declaró que había venido a
cumplir la ley, y a través de este texto podemos ver que como hombre Jesús
vivió según la ley. A través del estudio de la ley podemos ver algo del
carácter de Jesús que debemos imitar:
1) Jesús adoraba y servía a un solo Dios. Ninguna cosa o persona usurpó el lugar de Dios en su
vida.
2) Jesús no tenía imágenes ni ídolos, sino que adoraba a Dios en espíritu y en verdad.
3) Jesús tenía el más alto respeto por Dios y su Nombre, rindiéndole reverencia y nunca
tomando su Nombre en vano.
4) Jesús reservó tiempo para descansar y honrar a Dios.
5) Jesús obedeció a sus padres terrenales, dándoles respeto y honor.
6) Jesús nunca mató a nadie ni albergó ira en su corazón hacia otra persona.
7) Jesús nunca cometió adulterio ni miró a una persona del sexo opuesto con lujuria.
8) Jesús nunca robó la propiedad de nadie.
9) Jesús nunca mintió por ninguna razón.
10) Jesús nunca codició la propiedad de otro ni tuvo envidia.[248]
CONCLUSIÓN
En el presente capítulo hemos estudiado la ley de Dios en varios aspectos y
cómo se presenta en la Segunda Confesión de Londres. Se destacaron
algunos puntos:
1) Las confesiones reformadas son muy similares con respecto a la ley de
Dios.
2) En el Antiguo Pacto, las leyes estaban grabadas en tablas de piedra; en
el Nuevo Pacto, las leyes están grabadas en la mente y el corazón del pueblo
de Dios.
3) Los teólogos reformados entendían la triple división de la ley como:
moral, ceremonial y civil.
4) Las leyes civiles fueron dadas para la naciónde Israel, por tanto,
cesaron y expiraron con la nación de ese pueblo.
5) Las leyes ceremoniales apuntaban a Cristo y su uso también se
consumó en Cristo.
6) Desde Adán, el Señor creó al ser humano con la norma de la ley
grabada en él.
7) Estos mandamientos fueron claramente expresados en las dos tablas de
la ley entregadas a Moisés en el Sinaí.
8) La ley expone el carácter ético de Dios, demuestra su voluntad, expone
el pecado del hombre y muestra la necesidad de un salvador.
9) Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciéndose maldición en
nuestro lugar (Gál. 3:13).
10) Hay dos extremos erróneos que hay que evitar: el antinomianismo y el
legalismo.
11) El cristiano, en agradecimiento a Dios, observará la ley de Dios en
amor a quien lo amó primero.
12) La ley de Cristo es nada más y nada menos que la ley de Moisés
cumplida en la vida de Cristo. Obedezcamos, pues, la ley moral siguiendo el
ejemplo de Cristo.
En el próximo capítulo estudiaremos el Cuarto Mandamiento tal como se
presenta en la Confesión de Fe Bautista de 1689.
A
9
EL DÍA DEL SEÑOR
hora consideraremos específicamente el Cuarto Mandamiento del
Decálogo, es decir, el sabbat, el día de descanso para la adoración a
Dios. Observaremos cuáles son las implicaciones de este mandamiento que se
presentan en las Escrituras y cómo los bautistas reformados, en consonancia
con sus hermanos presbiterianos y congregacionales, fueron unánimes en este
asunto, lo que se demuestran en sus confesiones de fe. Sin embargo, antes de
continuar, veamos qué son los Diez Mandamientos, tal como se expresan en
Éxodo 20:
1 No tendrás otros dioses delante de mí.
2
No te harás ídolo, ni semejanza alguna
de lo que está arriba en el cielo, ni abajo
en la tierra, ni en las aguas debajo de la
tierra. No los adorarás ni los servirás;
porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy Dios
celoso, que castigo la iniquidad de los
padres sobre los hijos hasta la tercera y
cuarta generación de los que me
aborrecen, y muestro misericordia a
millares, a los que me aman y guardan
mis mandamientos.
3
No tomarás el nombre del SEÑOR tu
Dios en vano, porque el SEÑOR no
tendrá por inocente al que tome su
nombre en vano.
Acuérdate del día de reposo para
4
santificarlo. 9 Seis días trabajarás y
harás toda tu obra, mas el séptimo día es
día de reposo para el SEÑOR tu Dios;
no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo,
ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu
ganado, ni el extranjero que está
contigo. Porque en seis días hizo el
SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y
todo lo que en ellos hay, y reposó en el
séptimo día; por tanto, el SEÑOR
bendijo el día de reposo y lo santificó.
5
Honra a tu padre y a tu madre, para que
tus días sean prolongados en la tierra
que el Señor tu Dios te da.
6 No matarás.
7 No cometerás adulterio.
8 No hurtarás.
9 No darás falso testimonio contra tu
prójimo.
10
No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su
siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su
asno, ni nada que sea de tu prójimo.
Entendemos que Cristo no vino a abolir la ley y que el cristiano no está
bajo la ley como pacto de obras, ya no está bajo la condenación o maldición
de la ley. Por tanto, Cristo no abolió la ley moral, sino que la cumplió y
confirmó. Pero no solo eso, sino que también corrigió la mala interpretación
de los fariseos, su hipocresía y legalismo, mostrando el verdadero significado
de la ley. El problema no son los mandamientos en sí, sino la tergiversación
de estos, como hicieron los legalistas añadiendo normas y dando más peso a
estas de lo que se exigía al pueblo en las Escrituras.
Además, Cristo también explicó en el Sermón de la Monte que la raíz de
los mandamientos es más profunda de lo que se imagina; Cristo expone el
verdadero significado de la ley. Por ejemplo, muestra que el mandamiento
«No matarás» no solo consiste en no asesinar literalmente, sino que, a partir
del odio en el corazón y el insulto con los labios, el mandamiento ya se está
incumpliendo y el transgresor se convierte en un acusado del juicio divino.
De la misma manera, el mandamiento «No cometerás adulterio» no se limita
a la consumación del adulterio, sino que el mandamiento ya se rompe por la
lujuria con los ojos y el deseo del corazón, etc. Cristo expone la
interpretación correcta de la ley.
Además, el cristiano debe entender que los mandamientos de Dios son
para su propio bien, y protegen lo más valioso: la vida, el matrimonio, la
gloria de Dios, entre otras cosas. Por ejemplo, el mandamiento «No matarás»
protege la vida. Si alguien mata a una persona, está destruyendo a otro ser
humano creado a imagen y semejanza de Dios, trayendo malas consecuencias
para su propia vida. El mandamiento «No cometerás adulterio» protege el
matrimonio, ya que, si alguien comete adulterio, puede destruir su propia
familia y no demostrará correctamente la relación de Cristo con la Iglesia,
que el matrimonio debe expresar. Además, si alguien trabaja de domingo a
domingo, sin tomarse un día libre para descansar, adorar y tener una mayor y
más profunda comunión con Dios, traerá, como consecuencia, un daño a su
propia vida, tanto física como espiritualmente, perjudicándose así en su
propósito principal, vivir para la gloria de Dios. La obediencia a los
mandamientos acabará produciendo beneficios para los propios creyentes y
los privará de mucho sufrimiento. En consecuencia, la ley no exige más que
lo que es bueno para nosotros. Charles Spurgeon subrayó este punto:
No hay ningún mandamiento de la Ley de Dios que no signifique una señal de peligro, como el
que se coloca en el hielo fino. Cada uno, por así decirlo, afirma con certeza: «¡Peligro!». Hacer
lo que Dios prohíbe nunca resulta bueno para el hombre. Dejar un mandato de Dios incompleto
nunca resulta en su felicidad última y verdadera. La guía más sabia para la salud espiritual y para
evitar el mal es la que proporciona la Ley de Dios sobre el bien y el mal.[249]
1. FUNDAMENTOS SOBRE EL DÍA DEL SEÑOR
Siendo así, observemos el cuarto mandamiento, que se refiere al sábado. El
término traducido como «sábado» en el Decálogo es «sabbath», y significa el
día de descanso para adorar a Dios, es decir, el hombre debe trabajar seis días
en la semana y guardar un día santo, tal como hizo el Señor después de la
creación de los cielos y la tierra (Gén. 2:2).
Sin embargo, el sabbath va más allá del beneficio religioso de observar el
día, pues tiene un aspecto escatológico que apunta a Cristo y al descanso
eterno prometido a los creyentes ganado por Él, como explica Geerhardus
Vos:
La ley universal del Sabbath ha recibido una importancia modificada bajo el Pacto de Gracia. La
obra que lleva al descanso ya no puede ser el trabajo del propio hombre. Se convierte en la obra
de Cristo. Esto tienen en común el Antiguo y el Nuevo Testamento. Pero difieren en cuanto a la
perspectiva en la que cada uno ve la aparición del trabajo y el descanso. Dado que el Antiguo
Pacto todavía esperaba la realización de la obra mesiánica, naturalmente los días de trabajo
vienen primero, el día de descanso está al final de la semana. Nosotros, bajo el Nuevo Pacto,
miramos hacia atrás, hacia la obra cumplida de Cristo. Por lo tanto, celebramos primero el
descanso sobre el principio obtenido por Cristo, aunque el Sabbath sigue siendo también un
signo que apunta al descanso escatológico final.[250]
Vos subraya que los cristianos ya celebran el descanso obtenido por
Cristo, aunque el sábado sigue teniendo un aspecto que apunta al descanso
escatológico final, sobre el cual, el autor a los Hebreos señaló: «Queda, por
tanto, un reposo sagrado para el pueblo de Dios» (Heb. 4:9). Veamos el texto
de la Confesión de Fe Bautista de Londres de 1689 sobre el Cuarto
Mandamiento:
Así como la ley de la naturaleza es que, en general, una proporción de tiempo sea apartada por
designio de Dios para la adoración a Dios, también por Su Palabra, con un mandamiento
positivo, moral y perpetuo que obliga a todos los hombres en todas las edades, Dios ha señalado
particularmenteun día de cada siete como día de reposo, para que sea guardado santo para Él; el
cual, desde el principio del mundo hasta la resurrección de Cristo, fue el último día de la
semana, y desde la resurrección de Cristo fue cambiado al primer día de la semana, que es
llamado «el día del Señor»; y debe continuar siendo guardado hasta el fin del mundo como el día
de reposo cristiano, habiéndose abolido la observancia del último día de la semana. (2CBF 22.7).
La Segunda Confesión de Londres presenta el día de descanso para adorar
a Dios (Sabbat) no solo como una institución judía, sino como algo instituido
por Dios en la creación (Gén. 2:1-3). Es un regalo de Dios para la humanidad
(Mar. 2:27). Por ello, destaca que debemos reservar una parte de nuestro
tiempo para adorar a Dios.
El día de descanso para adorar a Dios se encuentra en la ética de la
creación, la ley moral, que es perpetua y trasciende las culturas, por lo que es
válida para todos los hombres en todas las épocas. La Confesión explica que
Dios designó un día de los siete para ser un día de descanso, para ser
santificado para Él, y que, desde el principio del mundo hasta la resurrección
de Cristo, era el último día de la semana, pero a partir de la resurrección de
Cristo el día fue cambiado al primer día de la semana. Así, los cristianos han
entendido que, a partir del establecimiento del Nuevo Pacto, el mandamiento
moral continúa, aunque con un cambio en el día. C. H. Spurgeon declaró,
sobre esto:
Nos reunimos el primer día de la semana en lugar del séptimo, porque la redención es una obra
aún más grande que la creación, y más digna de ser conmemorada, y porque el descanso que
siguió a la creación es superado por el descanso que sigue a la consumación de la redención. Nos
reunimos el primer día de la semana, como los apóstoles, esperando que Jesús esté en medio de
nosotros y nos diga: ¡Paz a vosotros! (Luc. 24:36). Nuestro Señor arrebató el día de descanso de
sus viejas y oxidadas bisagras en las que había sido colocado por la ley, desde tiempos antiguos,
y lo colocó en las nuevas bisagras de oro que su amor había ideado. Colocó nuestro día de
descanso, no al final de una semana de trabajo, sino al principio del descanso que le queda al
pueblo de Dios. Cada primer día de la semana debemos meditar en la resurrección de nuestro
Señor y debemos tratar de entrar en comunión con Él en su vida de resurrección.[251]
Spurgeon comenta que a partir de la resurrección de Cristo hubo un
cambio del día de descanso para adorar a Dios del séptimo día al primer día
de la semana, el día en que Jesucristo, el Señor del sábado, resucitó de entre
los muertos (Mar. 2:23-28). Geerhardus Vos añade:
No percibimos suficientemente el profundo sentido que la iglesia primitiva tenía de la
extraordinaria importancia de la aparición, y especialmente de la resurrección, del Mesías. Esto
último era para ellos nada menos que la llegada de otra creación, la segunda creación. Y
consideraron que esto debía tener expresión en la ubicación del sábado con respecto a los demás
días de la semana. Los creyentes se veían a sí mismos, en cierta medida, como participantes en
el cumplimiento del sábado. Si la creación de uno requirió una secuencia, la creación del otro
requirió otra sucesión.[252]
Vos explica que la obra redentora de Cristo, que había sido tipificada en el
Antiguo Testamento y realizada en el Nuevo, especialmente su resurrección,
fue entendida por la iglesia primitiva de forma sorprendente como una nueva
creación, un acontecimiento histórico que celebrar, a saber, la entrada de
Cristo y su pueblo en un estado de descanso sin fin. Esta comprensión los
llevó a celebrar el sábado el primer día de la semana, el día de la resurrección
del Mesías. François Turretini afirma que «el día del Señor (kyriakē hēmera),
en el uso cristiano, se aplica al primer día de la semana, designado para el
culto público a Dios en memoria de la resurrección de Cristo».[253] Chad Van
Dixhoorn explica que los puritanos entendían que había en el Cuarto
Mandamiento un aspecto ceremonial que, como ley positiva, estaría sujeto a
cambios, y un aspecto moral que permanecería hasta el fin del mundo:
Los puritanos distinguían lo que era ceremonial de lo que era moral en el Cuarto Mandamiento.
El día que se debía guardar se consideraba un aspecto «ceremonial», por tanto, estaba sujeto a
cambios. El ritmo de descanso (un día de cada siete) era una ordenanza moral, que debía ser
guardada por todos hasta el fin del mundo. En otras palabras, el mandamiento no contiene la
observancia del séptimo día (en orden), sino de un séptimo día (en frecuencia).[254]
Además, Dixhoorn también comenta que:
[...] Los cristianos hace tiempo que se dieron cuenta de que no era casualidad que Aquel que
«habitó entre nosotros» (Jua. 1:14), Aquel que era las primicias de una gran cosecha (1 Cor.
15:23), Aquel que se llamaba a sí mismo el pan de vida (Jua. 6:35), Aquel que volverá al mundo
al sonido de la trompeta del cielo, Aquel que era el cumplimiento de cada celebración y cada
sábado del Antiguo Testamento, fue resucitado de entre los muertos el primer día de la semana.
Esa es la razón por la que los cristianos empezaron a rendir culto especialmente el primer día de
la semana.[255]
A continuación, veremos algunos hechos importantes para entender cómo
el primer día de la semana llegó a ser observado como «el día del Señor». El
Señor Jesucristo afirmó ser Señor del día de reposo/sábado (Mar. 2:27-28),
Cristo resucitó el primer día de la semana (Mat. 28:1; Mar. 16:2; Jua. 20:1),
el Señor resucitado se reunió con sus discípulos el primer día de la semana
(Jua. 20:19), Jesús reaparece el domingo siguiente (Jua. 20:26), Pentecostés
ocurrió el primer día de la semana (Lev. 23:15-16; Hch. 2:14), los primeros
cristianos adoraban a Dios el primer día de la semana (Hch. 20:7), Pablo pide
que se haga la colecta el «primer día de la semana» (1 Cor. 16:2), el apóstol
Juan, en el libro del Apocalipsis, habla del «día del Señor» (Apo. 1:10). Los
documentos históricos muestran que esta era la práctica de los primeros
cristianos. Analicemos más detenidamente cada uno de estos puntos.
1.1 El Señor Jesucristo afirmó ser el Señor del sábado
En Marcos 2:27-28, el Señor Jesús afirmó que el sábado fue establecido por
causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado; de modo que el Hijo
del Hombre es también Señor del sábado (Mar. 2:27-28). Augustus
Nicodemus, en su exposición de este pasaje, afirmó:
Aquí tienes una de las justificaciones que utilizaban los primeros cristianos para dejar de guardar
el sábado (séptimo día). Ya en el siglo I los cristianos comenzaron a considerar el primer día de
la semana, el domingo, como el cumplimiento del cuarto mandamiento. ¿Por qué fue así? En
primer lugar, porque Jesús dijo que es más grande que el sábado y que está por encima del
sábado, y en segundo lugar porque resucitó el primer día. Ahora, ¿qué es el día del Señor? Es el
día de su resurrección. Por lo tanto, el domingo reemplaza al sábado en la nueva dispensación,
porque Cristo es el Señor del sábado y el día de Cristo es el día de su resurrección. Ya en el
primer siglo, los cristianos observaban el domingo como la observancia propia del día de reposo
[Sabbath]. No entendemos que estamos rompiendo el Cuarto Mandamiento cuando descansamos
y observamos el domingo, entendemos que estamos dando al sábado un cumplimiento real. El
sábado señalaba la resurrección de Jesús. Es en el descanso del Señor Jesús donde encontramos
también el descanso eterno.[256]
Así, Nicodemus señala que Cristo es más grande que el sábado y que el
sábado señalaba la resurrección de Cristo. Por lo tanto, después del
cumplimiento de este evento en el Nuevo Pacto, el día de la resurrección de
Cristo se convierte en el día de descanso y adoración para su pueblo.
Nicodemus también señala que, desde el siglo I, los cristianos observan el
domingo como la observancia propia del sábado.
1.2 Cristo resucitó el primer día de la semana
Mateo 28:1, Marcos 16:2 y Juan 20:1relatan que el primer día de la semana
(domingo) María Magdalena fue al sepulcro de madrugada, cuando todavía
estaba oscuro, y vio que la piedra estaba removida. En Marcos 16:9 se relata
que, habiendo resucitado de madrugada el primer día de la semana, se
apareció primero a María Magdalena, de quien había expulsado siete
demonios. Por lo tanto, no hay duda de que la resurrección de Cristo ocurrió
el primer día de la semana. William Hendriksen comenta que «no hay duda
sobre cuál día resucitó el Señor Jesús: definitivamente fue el primer día de la
semana».[257] Y fundamenta:
Poco importa si se concibe el plural griego de sabbath como referido al día o a toda una semana
(el tiempo que va de un descanso a otro). Si se trata de lo primero, la idea es que este era el
primer día por contar desde el sábado, por lo tanto, el primer día después del sábado. Si se
pretende la segunda, el resultado es el mismo; el día indicado no es entonces el último de la
semana, sino el primero. En ambos casos, la intención es el domingo.[258]
1.3 El Señor resucitado se encuentra con sus discípulos el primer
día de la semana
El texto de Juan 20:19 afirma que, al caer la tarde de aquel día, el primero de
la semana, cerradas las puertas de la casa donde se alojaban los discípulos por
miedo a los judíos, Jesús se puso en medio y les dijo: ¡La paz esté con
vosotros! Hendriksen señala que el énfasis del apóstol en el «primer día de la
semana» destaca claramente ese día:
Nótese el énfasis que se pone en el día concreto en que Jesús se apareció a los discípulos, con la
excepción de Tomás. Juan podría haber escrito: «Al anochecer del primer día». Pero es mucho
más específico. Está claro que quiere subrayar que no era otro día que el primer día de la
semana. Así, comienza diciendo: «Cuando cayó la tarde de aquel día». Eso ya marca el día como
el primer día, a la luz del contexto (20:1). Pero no se conforma con eso. Así que continúa: «en
ese día, el primer día de la semana». El Nuevo Testamento destaca en todas partes el día de la
resurrección de Cristo como principal entre los días de la semana (véase Mat. 28:1; Mar. 16:2;
Lc 24:1; Jua. 20:1, 19, 26; Hch. 20:7; 1 Cor. 16:2; Apo. 1:10).[259]
1.4 Jesús reaparece el domingo siguiente
En Juan 20:26 leemos: «Ocho días después, sus discípulos estaban otra vez
dentro, y Tomás con ellos. Y estando las puertas cerradas, Jesús vino y se
puso en medio de ellos, y dijo: Paz a vosotros». Comenta Hendriksen:
Para la expresión «ocho días después», véase también en 12:1. Empleando el método inclusivo
de cómputo del tiempo —el método según el cual, por ejemplo, el martes sería tres días después
del domingo—, Juan afirma que, después de ocho días, se repitió el suceso del domingo anterior
por la noche. La hora y el lugar eran, con toda probabilidad, los mismos. ¿Había esperado el
Señor hasta el domingo por la tarde para animar a sus discípulos a observar ese día —y no otro
— como día de descanso y adoración? Eso parece probable.[260]
John Bunyan estaba convencido de que la frase «después de ocho días»
(Jua. 20:26) confirma que este día es el nuevo sábado elegido y establecido
por el Espíritu Santo.[261]
1.5 Pentecostés tuvo lugar el primer día de la semana
Solano Portela, en su libro {título no oficial} «La Ley de Dios hoy», también
llama la atención sobre el día de Pentecostés, que fue cuando descendió el
Espíritu Santo, y explica que este día también fue un domingo (Lev. 23:15-16
—el día inmediato al sábado). Ese mismo domingo fue predicado por Pedro
el primer sermón sobre la muerte y resurrección de Cristo (Hch. 2:14), con
3.000 nuevos conversos.[262]
1.6 Los primeros cristianos adoraban el primer día de la semana
El texto de Hechos 20:7 afirma que «el primer día de la semana, estando
reunidos para partir el pan, Pablo, que debía partir al día siguiente, los
exhortó y prolongó su discurso hasta la medianoche». Simon Kistemaker
comenta:
«El primer día de la semana» (es decir, el domingo; esta es la primera referencia al culto
dominical en el Nuevo Testamento), los cristianos se reunían para la celebración de la Santa
Cena, a la que seguía la comida comunitaria, «fiesta del amor» o «ágape». En el libro de
Hechos, la expresión partir el pan significa celebrar la comunión (2:42; y véase 2:46). El
servicio comenzó con la predicación de la Palabra y Lucas informa que Pablo predicó hasta la
medianoche.[263]
En la misma línea de razonamiento, Wern de Boor afirma:
Se celebra «el primer día de la semana», es decir, el domingo. Además de la observación de 1
Corintios 16:2, encontramos aquí, por primera vez, una indicación de que en las iglesias
cristianas gentiles el primer día de la semana se celebraba de manera especial, porque era el día
de la resurrección del Señor Jesús.[264]
François Turretini concluye:
¿Por qué se nos dice que los apóstoles se reunían para la proclamación de la Palabra y la
administración de la eucaristía en este día más que en otros (o en el conocido sábado de los
judíos), a no ser que en ese momento ya hubiera prevalecido la costumbre de celebrar reuniones
restituidas, desapareciendo gradualmente la ceremonia del sábado judío? Tampoco hay que decir
que mian sabbaton no designa aquí el primer día de los siete, sino solo uno (es decir, alguno de
los siete), pues la expresión no se usa en otro sentido (Luc. 24:1; Mar. 16:2). Lo que se deduce
de Lucas 5:17 (cf. 8:22) no se aplica aquí, porque una cosa es decir en mia ton hēmerōn que
denota un tiempo indeterminado) y otra es decir en te mia, con el artículo que determina el día.
[265]
1.7 Pablo pide que la colecta sea hecha «el primer Día de la
semana»
En 1 Corintios 16:2, Pablo exhorta: «Que el primer día de la semana, cada
uno de vosotros aparte y guarde según haya prosperado, para que cuando yo
vaya no se recojan entonces ofrendas». François Turretin expone el contexto
del versículo mostrando que los cristianos empezaron a hacer en el primer día
de la semana sus asambleas públicas y contribuciones, que los judíos estaban
acostumbrados a hacer en el día de reposo:
El apóstol desea que los creyentes hagan colectas todos los primeros días de la semana (es decir,
el día en que debían celebrar sus asambleas públicas), lo que extrae de la costumbre de los judíos
que, según Filón (cf. Las leyes especiales I. 14.76-78 [Loeb, 7:145]) y Josefo (AJ 18.312 [Loeb,
9:180-181]), cada sábado en que se reunían tenían la costumbre de hacer colectas en las
sinagogas, de los diezmos y otras ofrendas voluntarias, y enviarlas luego a Jerusalén para uso del
templo y de los levitas. A causa de la persecución de los judíos, de la llegada de muchos
extranjeros y su continuo celo por propagar el Evangelio, la iglesia de Jerusalén se encontró muy
apurada por las necesidades, y el apóstol desea que los creyentes promuevan colectas en su
beneficio. Así como ordena colectas cada primer día de la semana, también se considera, por
paridad de razón, que ha ordenado asambleas en las que se acostumbraba a hacer dichas colectas
(o que las ha aprobado por su voto como ya ordenadas).[266]
John Gill comenta este mismo pasaje, destacando la conveniencia de que
la colecta se haya fijado, pues era el día en que los cristianos se reunían para
otros actos de culto, como escuchar la Palabra y observar las ordenanzas de
Cristo. Afirma:
La razón por la que se fijó en el primer día de la semana fue porque en ese día los discípulos de
Cristo y las primeras iglesias se reunían para el culto divino, para escuchar la Palabra y observar
las ordenanzas de Cristo (Jua. 20:19, 26; Hch. 20:7).[267]
Kistemaker lo corrobora:
«El primer día de la semana». Esta es la expresión judía habitual para lo que hoy llamamos
domingo (Mat. 28:1 y paralelos; Hch. 20:7; véase también Apo. 1:10). Al atardecer del primer
día de la semana, los cristianos se reunían para partir el pan, es decir, la Cena del Señor (Hch.
20:7). Los primeros cristianos conmemoraban el primer día de la semana como el día de la
resurrección de Jesús. También habían elegido ese día para el culto y la convivencia.[268]1.8 El libro del Apocalipsis habla del «Día del Señor»
En Apocalipsis 1:10 el apóstol Juan afirma: «Estaba yo en el Espíritu en el
día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz, como sonido de trompeta».
Varios teólogos, de diferentes corrientes doctrinales en otros aspectos,
coinciden en que, en este texto, «el día del Señor» se refiere al primer día de
la semana, el día en que Cristo resucitó. Por ejemplo, Simon Kistemaker
afirma que:
Juan escribe que estaba en el Espíritu en el día del Señor. Este es el único pasaje del Nuevo
Testamento en el que se describe ese día de esta manera, ya que en otros lugares se le llama el
primer día de la semana. Es el día de la resurrección del Señor, y a finales del primer siglo los
cristianos habían comenzado a referirse a este no como el primer día de la semana, sino como el
día del Señor (compárese la expresión la cena del Señor en 1 Cor. 11:20). Es el día dedicado al
Señor. El pasaje no se refiere a la futura venida del Señor y al día del juicio, sino al hecho de que
Jesús se le apareció a Juan el primer día de la semana, un día consagrado a Cristo.[269]
Este es el comentario de John Gill sobre la expresión «día del Señor» en
Apocalipsis 1:10:
[La expresión «día del Señor»] aquí, no se refiere aquí al sábado judío, pues ya estaba abolido;
además, nunca se llamó el día del Señor, y si Juan lo hubiera querido decir, habría dicho el día de
reposo... [más bien] es el primer día de la semana que se designa... y se llama [por el nombre del
Señor], así como la ordenanza de la cena se llama la cena del Señor, siendo instituida por el
Señor y la mesa del Señor (1 Cor. 10:21, 11:20); y esto porque fue el día en que nuestro Señor
resucitó de entre los muertos (Mar. 16:9) y en el que se apareció en diferentes ocasiones a sus
discípulos (Jua. 20:19, 26).[270]
Turretini, también lo corrobora:
[...] ciertamente no en el día de reposo judío, pues sin duda lo habría mencionado; no en algún
otro día entre los siete, pues en ese caso el título sería ambiguo, prestándose más a confundir que
iluminar; sino en aquel día en que Cristo había resucitado, en el que los apóstoles solían reunirse
para celebrar el culto sagrado, y en el que Pablo había ordenado que se hicieran colectas, como
era costumbre en la iglesia primitiva. Dado que habla de ese día como conocido y observado en
la Iglesia, no hay duda de que se distinguía con ese nombre sobre la base del uso aceptado en la
Iglesia. De lo contrario, ¿quién de los cristianos habría entendido lo que Juan tenía en mente con
esta designación, si acaso pretendía designar algún otro día?[271]
John MacArthur lo entiende de la misma manera:
Esta expresión aparece en muchos escritos cristianos primitivos y se refiere al domingo, día de la
resurrección del Señor. Algunos han sugerido que esta expresión se refiere al «día del Señor»,
pero el contexto no apoya esta interpretación, y la forma gramatical de la expresión «día del
Señor» es adjetiva, por tanto, «el día del Señor».[272]
George Eldon Ladd lo interpreta de la misma manera:
Es mucho más probable que tengamos aquí la forma en que los cristianos comenzaron a
distinguir el Día del Señor como un día apartado para el culto y la devoción. Por otras
referencias, sabemos que el primer día de la semana era muy importante para los cristianos. Se
reunían para partir el pan el primer día de la semana (Hch. 20:7) y preparaban regalos de amor el
primer día (1 Cor. 16:2). Estas son las primeras evidencias de que este día se tenía como
especialmente consagrado al Señor, por ser el día de su resurrección. La preferencia por la
observancia del domingo en lugar del sábado judío fue el resultado de un proceso histórico
gradual, y aquí tenemos el comienzo de ese proceso.[273]
Richard Barcellos comenta:
En sus dos usos en el Nuevo Testamento, κυριακός (kyriakos [«Señor»] se refiere a algo que
pertenece al Señor Jesús. Por lo tanto, aquí en Apocalipsis 1:10, Juan se refiere a un día que
pertenece al Señor resucitado y ascendido. El día del Señor es un día que pertenece
particularmente a Cristo como el Señor resucitado que ahora está en el cielo (es decir, el Hijo del
Hombre, que también es el Señor del sábado). Este uso de la frase y su significado no parecen
ser nuevos para Juan, como se observa en Pablo y la frase «Cena del Señor» en el capítulo 12.
En otras palabras, Juan no acuñó la frase mientras escribía. Si no fuera así, sus lectores no
sabrían a qué se refiere. En cambio, parece que se utiliza porque era conocido y estaba en uso
antes de ser escrito por Juan.[274]
Siendo así, observamos que, aunque las cuestiones relacionadas con el
Cuarto Mandamiento y el Día del Señor son temas que han implicado debate
y controversia, en ciertos puntos, las evidencias bíblicas son tan claras que no
pasan desapercibidas incluso para teólogos de diferentes líneas, como vimos
con relación a la comprensión de muchos estudiosos sobre el significado del
«Día del Señor» mencionado en Apocalipsis 1:10.
Otro factor es que, entre los que entienden el sábado en la forma en que se
establece en las confesiones reformadas, es decir, que el cuarto mandamiento
pasó a ser observado, en el Nuevo Pacto, el primer día de la semana, el
domingo, hay algunos estudiosos que creen que este cambio ocurrió por
institución directa del propio Señor Jesucristo, mientras que otros llegan a la
conclusión de que el día del Señor fue una institución apostólica. Por
ejemplo, Jonathan Edwards llegó a la siguiente conclusión:
Es evidente que Cristo honró a propósito el primer día de la semana, el día en que resucitó de
entre los muertos, apareciendo en ese día de vez en cuando a los apóstoles. También eligió ese
día para derramar el Espíritu Santo sobre ellos, como leemos en el segundo capítulo de los
Hechos. Pues esto ocurrió en Pentecostés, que tuvo lugar el primer día de la semana, como
vemos en Levítico 23:15-16. Y honró ese día derramando su Espíritu sobre el apóstol Juan,
dándole visiones, como leemos en Apocalipsis 1:10: «Yo estaba en el Espíritu en el día del
Señor», etc. Ahora, sin duda, con esto, Cristo quiso claramente honrar ese día.[275]
Por otro lado, François Turretini ve el día del Señor como una institución
apostólica:
Aunque se puede decir que el día del Señor es de institución apostólica, sin embargo, la
autoridad sobre la que descansa es divina, porque [los apóstoles] fueron influenciados por el
Espíritu Santo no menos en las instituciones sagradas que en el establecimiento de las doctrinas
del Evangelio, ya sea oralmente o por escrito. Por lo tanto, la ordenación divina se reclama aquí
con razón; no ciertamente de manera formal e inmediata por la institución de Cristo, sino
mediante la sanción y la práctica de los apóstoles inspirados (theopneustōn).[276]
Es posible que las dos visiones no se excluyan mutuamente, sino que se
complementen, ya que lo instituido por los apóstoles fue dirigido por el
Señor, como admite Turretini. De modo que una ordenanza apostólica posee
autoridad divina, como afirma Pablo: «Si alguno piensa que es profeta o
espiritual, reconozca que lo que os escribo es mandamiento del Señor» (1 Cor
14:37). Como afirmó Gallasius, un colega de Calvino y Beza:
Recibimos esto como establecido: que el día del Señor habría reemplazado el sábado, no por los
hombres, sino directamente por los apóstoles, es decir, por el Espíritu de Dios, que los dirigió.
[277]
1.9 Los documentos históricos demuestran que esta era la práctica
de los primeros cristianos
Por último, algunos documentos históricos demuestran que esta era la
práctica de los primeros cristianos. Kistemaker explica que los primeros
cristianos de finales del siglo I llamaban al primer día de la semana «Día del
Señor» para conmemorar el día en que Jesús resucitó de la tumba (Apo. 1:10;
el documento del siglo I Didaché 14.1). Kistemaker llama la atención sobre
el hecho de que, en la actualidad, el calendario griego enumera los días de la
semana como: día del Señor, segundo, tercero, cuarto, quinto, día de
preparación y sábado.[278] La Didajécitada por Kistemaker es un documento
histórico del primer siglo de la era cristiana, en el que también se observa la
referencia al domingo en el capítulo 14.1: «Reúnanse todos los domingos del
Señor, partan el pan y den gracias, confesando antes sus faltas, para que su
sacrificio sea puro».
En su comentario a la Didajé, Niederwimmer explica que «el día del
Señor» era un término familiar, con el que los cristianos ya estaban
acostumbrados:
Cf. Ignacio Magn. 9.1: μηκέτι σαββατίζοντες, ἀλλὰ κατὰ κυριακὴν ζῶντες («No celebréis más el
sábado, sino vivid el día del Señor») Κυριακή aquí, como en este pasaje de la Didajé, es ya un
término familiar para designar el día de la semana consagrado por la resurrección del Señor. La
comunidad acostumbra a reunirse ese día.[279]
Solano Portela también aclara que:
Los escritos de la iglesia primitiva, desde la Epístola de Bernabé (100 d.C.) hasta las obras del
historiador Eusebio (324 d.C.), confirman que la iglesia cristiana, compuesta inicialmente por
judíos y gentiles, mantenía juntos el sábado y el domingo. Esta práctica fue cambiando
paulatinamente hasta llegar a la observancia específica del domingo, ya que se entendía que este
era propiamente el día de descanso, en sustitución del sábado. Del mismo modo, la circuncisión
y el bautismo se observaban conjuntamente al principio, existiendo, posteriormente, la
conservación solo del bautismo en la iglesia cristiana. Por lo tanto, el domingo no fue
establecido por el emperador Constantino en el siglo IV, como afirman los adventistas.
Constantino solo formalizó lo que ya era una práctica de la Iglesia.[280]
El {trad. no oficial} Diccionario Bíblico Almeida sigue la misma línea de
pensamiento sobre el «día del Señor»:
Primer día de la semana, en el que se conmemora la resurrección de Jesús (Jua. 20:1-25).
Después de la ascensión de Jesús, los cristianos se reunían tanto en el séptimo día de la semana
(sábado) como en el primero (domingo), pero gradualmente el domingo se convirtió en el día de
guardar (Hch. 20:7; 1 Cor 16:2; Apo. 1:10).[281]
Con el mismo entendimiento, Vos afirma:
Indudablemente, los cristianos judíos empezaron observando ambos días, y solo gradualmente la
percepción instintiva del carácter sagrado del día de la resurrección del Señor comenzó a hacerse
sentir.[282]
Turretini también presenta el testimonio de los primeros padres de la
Iglesia sobre el tema, demostrando que el Día del Señor:
[...] se ve favorecido por la autoridad de los padres más cercanos al tiempo y la época de los
apóstoles. Entre ellos está Ignacio (Pseudo-Ignacio, “Ad Magnesianos”, 9.4 en Patres Apostolici
[org. F.X. Funk, 1913], 2:125; “Ad Trallianos”, 9.5, ibid, 2:104-107); Justino Mártir (Primera
Apología 67 [ANF 1:185,186]); Dionisio de Corinto, según Eusebio (Historia Eclesiástica 4.23
[FC 19:259]); Melito, según el mismo (Eusebio, ibid, 4.26, p. 262); Ireneo (Contra los herejes
5.23 [ANF 1:551,552]); Tertuliano (Capilla [FC 40:237]); Orígenes (cf. In Exodum Homily 7.5-
6 [PG 12.345-347]) y muchos más.[283]
La observancia del día del Señor se convirtió, en efecto, en uno de los
distintivos del discipulado cristiano en la época de los mártires, como destaca
Stuart Olyott:
A lo largo de la historia de la Iglesia, el domingo se ha observado como el «Sabbat» de los
cristianos. Las pruebas documentales son unánimes y se remontan al año 74. Durante las peores
persecuciones, a los sospechosos de ser cristianos se les preguntaba: “¿Dominicum Servasti?”
(¿Guardas el día del Señor?). Los verdaderos creyentes responderían: «¡Soy cristiano, no puedo
evitarlo!».[284]
2. ¿CÓMO OBSERVAR EL DÍA DEL SEÑOR?
Debemos observar el ejemplo del Señor Jesucristo sobre el día de reposo. El
Señor reprendió el legalismo de los fariseos, mostrando que es lícito hacer el
bien en el Sabbat (Mat. 12:12). Cristo explicó que el Sabbat {o reposo} fue
hecho para el hombre y no el hombre para el Sabbat; es decir, nuestra
observancia no debe ser legalista sino un regocijo, un deleite. Stuart Olyott lo
explica:
El día de descanso tiene su origen en la Creación. Durante un tiempo, se vistió con los ropajes
del Antiguo Testamento. Sin embargo, ahora está en el ropaje del Nuevo Testamento. Esto
significa que no podemos imponer al día de descanso las reglas mosaicas que han pasado, como
las que se encuentran en Éxodo 35:2-3 o Números 15:32-36. No debemos tener en mente una
lista de lo que hay que hacer y lo que no, como leemos en Mateo 12:1-2. Los fariseos añadieron
a la legislación de Moisés todo tipo de normas propias. Para los fariseos, frotar el grano en la
mano era lo mismo que trillarlo. También tenían normas sobre el peso que se debía llevar y la
distancia que se podía caminar en el día de descanso. Detrás de todas las reglas de los fariseos
había una mentalidad que no tiene lugar en la vida de un creyente del Nuevo Testamento.
En la misma línea, Charles Spurgeon añade:
Con respecto a una particularidad sobre la cual había un poco de ceremonialismo involucrado —
en otras palabras, guardar el sábado— nuestro Señor se extendió sobre este y mostró que el
pensamiento judío no era verdadero. Los fariseos prohibieron incluso las obras de necesidad y
misericordia, como trillar espigas para matar el hambre y curar a los enfermos. Nuestro Señor
Jesús demostró que prohibir estas actitudes no se ajustaba en absoluto a la mente de Dios. Al
distorsionar la Palabra y llevar al extremo una observancia externa, perdieron el sentido de la ley
del sábado, que sugería las obras de misericordia como la verdadera santificación del día.
Demostró que el descanso sabático no era una mera inactividad: «Mi Padre hasta ahora trabaja, y
yo también trabajo».[285]
Por lo tanto, es importante notar que hay trabajos de necesidad que deben
realizarse en ese día, hay ciertos oficios que deberán tener lugar,
necesariamente, y esto no es una violación del mandamiento —al contrario.
Por ejemplo, en el Antiguo Testamento los sacerdotes «quebrantaban el
sábado» y eran irreprochables porque trabajaban en el servicio del culto. Se
necesita sentido común para evitar el legalismo sobre nuestra observancia del
día del Señor y no caer en el mismo error que los fariseos, siendo demasiado
meticulosos y creando reglas minúsculas e imponiéndolas a los demás. Más
que el «no hagas esto», lo importante es lo que uno debe hacer: dedicarse a
actividades de adoración, necesidad y misericordia. Por otro lado, también
debemos evitar el antinomianismo que desprecia el mandamiento. Turretini
evita caer en uno de estos extremos cuando atestigua:
En cuanto a la observancia del día del Señor también hay no poca controversia. Algunos (con
exceso) se inclinan por el rigor y la severidad extrema, acercándose así al judaísmo. Otros, por el
contrario (con insuficiencia), utilizan una relajación excesiva, con lo que abren la puerta a la
profanidad y la licencia. Sin embargo, el camino del medio nos parece más seguro.[286]
Sobre el tema, Albert Mohler afirma que:
El mejor enfoque que deben adoptar los creyentes con respecto al Cuarto Mandamiento es el
conocido como la observancia del Día del Señor [...]. Esta posición enfatiza que el asunto central
de la iglesia es reunirse y adorar en el Día del Señor [...] esta posición se centra en el contenido
positivo de la observancia del Día del Señor, más que en las actividades prohibidas.[287]
Creemos que la forma correcta de tratar el tema es observar las directrices
y el ejemplo del Señor del Sabbat, Jesucristo, y los apóstoles sobre el tema.
Para ellos el día de descanso no era un descanso de total inactividad, sino un
descanso en Dios, un descanso espiritual, un descanso en el Señor, por lo
tanto, servirle siendo activo en la adoración, la piedad y la misericordia.
Cuando miramos el ejemplo de cómo el Señor guardaba el Sabbat, lo vemos
muy activo, sanando, enseñando a sus discípulos realizando actos de
misericordia y adoración a Dios, mientras que, los que guardaban
meticulosamente prohibiendo varias cosas eran los fariseos y las leyes
rabínicas.
De maneraque se trata más de lo que se debe hacer en ese día que de crear
una lista de prohibiciones. El culto religioso en el Día del Señor debe ser para
el cristiano un deleite, y no una carga, un preludio del descanso eterno que se
dará en la consumación de todas las cosas (Heb. 4:9). La Confesión Bautista
de Fe de 1689 nos muestra cómo disfrutar de ese día:
Entonces, el día de reposo es guardado santo para el Señor cuando los hombres, después de una
debida preparación de su corazón y haber ordenado de antemano debidamente sus asuntos
cotidianos, no solo observan un santo reposo, durante todo el día, de sus propias labores,
palabras y pensamientos acerca de sus ocupaciones y recreaciones en este mundo, sino que
también se dedican todo el tiempo a los ejercicios públicos y privados de la adoración a Dios, y
a los deberes que son por necesidad y por misericordia.[288]
Los puritanos entendían que en el Día del Señor debíamos realizar
actividades de:
- Culto: Devoción y adoración a Dios,
- Necesidad: actividades que son indispensables de realizar.
- Misericordia: Acciones deliberadas de misericordia hacia el prójimo y
ayuda a los necesitados.
A.W. Pink resume las tres clases de trabajo que corresponden al «santo
Sabbat»:
Los trabajos de necesidad son aquellos que no se han podido hacer el día anterior y no se pueden
relegar al día siguiente —como cuidar el ganado—. Las obras de misericordia son aquellas que
la compasión nos obliga a realizar en favor de otras criaturas —como atender a los enfermos—.
Las obras de piedad son el culto a Dios en público y en privado.[289]
Es un día entero para adorar a Dios de una manera única, que no podemos
hacer de la misma manera en otros días cuando estamos trabajando.[290]
La Confesión nos llama a preparar nuestros corazones para el culto a Dios
en ese día, arreglando otros asuntos y cuidando que los asuntos ordinarios no
minen la utilidad espiritual del día. El día del Señor es un descanso sagrado
que debe aprovecharse para hacer el bien, siguiendo el ejemplo de nuestro
Señor, tanto en actividades públicas como privadas de culto, deberes de
necesidad y misericordia.
John Owen da consejos muy útiles para ayudarnos a preparar nuestros
corazones a fin de disfrutar bien de ese día:
Medita en la majestuosidad, santidad y grandeza de Dios. Recuérdalo como el autor de nuestro
descanso sabático. Recuerda su obra que nos lleva a celebrar sus ordenanzas, especialmente la
redención por medio de nuestro Señor Jesucristo. Reflexiona sobre la importancia, las razones y
los propósitos del próximo Día del Señor. Reflexiona sobre sus santos privilegios, beneficios y
deberes. Un conocimiento profundo de estas cosas nos ayuda a valorarlas más que aquellos que
simplemente saben que el domingo es un tiempo sagrado. Una meditación voluntaria sobre Dios
y su amor, como esta, nos libera para adorar en nuestro mejor momento y sin distracciones.[291]
Sobre los deportes y el ocio, John Owen apela con razón al sentido común:
Ten cuidado con los deportes y las actividades recreativas: El buen sentido sobre eso en el
domingo se encuentra en la antigua legislación de los emperadores y las naciones. Podemos
resumir los mejores sentimientos recordando que el día del Señor debe estar lleno de alegría para
que Él sea alabado y glorificado.[292]
Concluye Van Dixhoorn:
Si recordamos el día del Señor, adorándolo y procurando hacer el bien, si ese es el anhelo de
nuestro corazón, con la ayuda de Dios, no estaremos muy equivocados. Pero si todavía nos
equivocamos, podemos recurrir al Señor del sábado, que resucitó en la mañana del domingo
para que los pecadores encontraran la vida y miraran hacia un descanso eterno con Él y con todo
su pueblo.[293]
3. OBJECIONES COMUNES AL DÍA DEL SEÑOR
Algunos teólogos se oponen a la observancia del Día del Señor haciendo uso
de textos como Colosenses 2:16-17 y Romanos 14:5-6, alegando que ya no
hay ningún día que observar en el Nuevo Pacto, por lo tanto, no se debe
observar el «Día del Señor». Sin embargo, tenemos que considerar estos
textos más de cerca y ver de qué tratan en sus contextos adecuados. En
Colosenses 2:16-17, el apóstol afirma:
Por tanto, que nadie se constituya en vuestro juez con respecto a comida o bebida, o en cuanto a
día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo; cosas que solo son sombra de lo que ha de venir,
pero el cuerpo pertenece a Cristo.
Pablo atestigua que, al igual que las demás ceremonias, los sábados judíos
eran también como una sombra que señalaba a Cristo. El teólogo bautista
reformado James M. Renihan, citando el comentario de Lightfoot sobre este
capítulo, explica el significado de «días de fiesta, días de luna nueva o días de
reposo» en este contexto:
Siete veces en la Biblia estos mismos tres términos se utilizan juntos, y en todos los casos se
refieren al número total de días religiosos de obligación para Israel. Los textos son 1 Crónicas
23:31 (27-31), Nehemías 10:33, 2 Crónicas 2:4 y 31:3, Isaías 1:13-14, Ezequiel 45:17 y Oseas
2:11. En todos estos casos, las palabras se refieren a la plenitud de las observancias relacionadas
con el tiempo ordenadas a Israel. A la luz de Levítico 23, sabemos que había otros sábados
además del séptimo día —los días asociados a las fiestas eran designados como sábados,
independientemente del día de la semana en que cayeran. Por eso, la palabra «sábados»
[sabbaths], se refiere a todos los días, el séptimo día y todos los demás sábados, que debían ser
observados por Israel.[294]
En vista de esto, James M. Renihan aclara que al leer Colosenses 2:16-17,
y ver estas palabras juntas, uno recuerda que el apóstol Pablo fue entrenado a
fondo por eruditos de primer nivel en teología del Antiguo Testamento, por lo
tanto, estaba familiarizado con todas sus complejidades y detalles técnicos.
Así que, cuando estos términos exactos se encuentran en este lugar, debemos
entender que Pablo los emplea exactamente de la misma manera que se
utilizan en otras partes de las Escrituras inspiradas. Dado que estos términos
aparecen juntos en todos estos lugares, todas las reglas de la exégesis apoyan
la opinión de que también forman un conjunto aquí. Siendo así, James M.
Renihan concluye:
Y así podemos decir con Pablo, en los términos más fuertes: Todos los días asociados con el
Antiguo Pacto han desaparecido. No debemos celebrar fiestas, lunas nuevas o sábados —el
séptimo día, la pascua, los tabernáculos, etc. Se han ido. La sustancia corporal es Cristo. Él ha
venido y nosotros entramos en la plenitud de su venida. Cuando examinamos Colosenses 2:16-
17 a la luz de la analogía de las Escrituras, y vemos que el lenguaje técnico exacto se utiliza en
otro lugar para describir un conjunto de días del Antiguo Testamento, nuestro problema se
resuelve. El apóstol no está hablando del fin absoluto de guardar cualquier día; más bien, está
hablando de la abrogación de todos los días judíos. Los gentiles e incluso los cristianos judíos no
tenían absolutamente ninguna obligación de observar estos días del Antiguo Pacto.[295]
Joseph Pipa resume: «En otras palabras, Pablo anula la observancia del
séptimo día, pero no el principio implicado en la ley del sábado».[296] Así
pues, lo que Pablo objeta aquí no es el descanso semanal de un día a la
semana; lo que trata de abordar es el problema de la imposición de los
rituales y el culto judíos a otros creyentes, especialmente a los gentiles. De
manera similar debe interpretarse el texto de Romanos 14:5-6, que dice:
Uno juzga que un día es superior a otro, otro juzga iguales todos los días. Cada cual esté
plenamente convencido según su propio sentir. El que guarda cierto día, para el Señor lo guarda;
y el que come, para el Señor come, pues da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se
abstiene, y da gracias a Dios.
John Murray aclara que en este contexto Pablo se refiere a los reglamentos
ceremoniales judíos, ya que todavía había escrúpulos de algunos conversos
entre los judíos sobre ciertas costumbres:
Los días festivos ceremoniales caen en la categoría sobrela que el apóstol dijo: «Un hombre
hace diferencia entre día y día; otro, estima todos los días iguales». Muchos judíos aún no habían
comprendido todas las implicaciones del Evangelio y todavía tenían escrúpulos con respecto a
estas ordenanzas mosaicas. Sabemos que Pablo era completamente tolerante con tales
escrúpulos; y estos se ajustan a los términos exactos del texto en cuestión.[297]
Sobre estos asuntos, Vos aclara:
No hay que olvidar que el sábado era, bajo el Antiguo Testamento, parte integrante de un ciclo
de fiestas que ya no están en vigor. El tipo expresado en este se profundizó con el Año Sabático
y el Año del Jubileo. En el sábado, el hombre y la bestia descansan; en el año sabático, la tierra
misma descansa; en el año del jubileo, la idea del descanso se despliega en su plena
significación positiva a través de la restauración de todo lo que fue perturbado y perdido por el
pecado. Hemos sido liberados de todo esto a través de la obra de Cristo, pero no hemos sido
liberados del Sabbat instituido en la creación. Es a la luz de esta realidad que debemos
interpretar ciertas afirmaciones del Nuevo Testamento como Romanos 14:5,6; Gálatas 4:10,11;
Colosenses 2:16-17.[298]
Examinando la cita de Vos, Richard Barcellos comenta el modo en que
debemos interpretar esos textos:
Vos reconoce enfáticamente que nos hemos liberado de cualquier elemento típico relacionado
con el sábado en el Antiguo Testamento, «pero no del Sabbat tal como fue instituido en la
Creación. Es a la luz de esto, que debemos interpretar ciertas declaraciones del Nuevo
Testamento, como Romanos 14:5-6; Gálatas 4:10-11; Colosenses 2:16-17».[299]
Así las cosas, estamos de acuerdo con la conclusión de James M. Renihan:
Podemos decir, a la luz de la analogía de la Escritura, que tenemos un día diferente, un día que
expresa la plenitud de nuestra redención en Cristo. Tenemos el primer día de la semana, un día
que nos recuerda la Nueva Creación en Cristo a través de su resurrección de entre los muertos.
Observémoslo para gloria de Dios.[300]
CONCLUSIÓN
Hemos estudiado el cuarto mandamiento de la ley y su relación con el «día
del Señor» mencionado en Apocalipsis 1:10. Merece la pena destacar algunos
puntos:
1) Observamos la ley moral en el Nuevo Pacto, no como un intento de
salvarnos a nosotros mismos, sino por amor a Dios que nos amó primero.
2) El día de reposo para adorar a Dios (Sabbat) fue algo instituido por
Dios en la creación (Gén. 2:1-3), y el sábado no fue hecho solo para el judío,
sino para el hombre (Mar. 2:27).
3) El cuarto mandamiento también tenía un aspecto ceremonial que fue
cumplido. Sin embargo, el aspecto moral de la ley, que es guardar un día de
cada siete, permanece.
4) Guardar el primer día de la semana (domingo) como día del Señor
radica en dos cuestiones principales: El Señor es más grande que el Sabbat
(Mar. 2:28), y el Señor resucitó en ese día, como afirman las Escrituras (Luc.
24:1-6).
5) Los apóstoles se reunieron ese día. En el Apocalipsis se menciona el
término «día del Señor», los documentos de los primeros cristianos
mencionan ese día, los mártires cristianos observaban ese día y las grandes
confesiones de fe reformadas mencionan el «día del Señor» como el primer
día de la semana (domingo).
6) El reposo del día del Señor no es una inactividad total, sino descansar
en Dios mientras le servimos adorando, ayudando al prójimo y haciendo lo
que hizo Jesús. Tenemos en el Señor Jesús, y no en los fariseos, el modelo de
cómo guardar el cuarto mandamiento.
7) Así como hay una prescripción de que se debe descansar un día, hay
una directiva implícita de que se debe trabajar seis.
8) El día del Señor debe ser para el creyente un deleite, un anticipo del
descanso eterno, no una carga.
Vale la pena señalar que, en este punto, los bautistas confesionales tienen
un acuerdo sustancial con otros reformados, como los presbiterianos y los
congregacionalistas confesionales, grupos que surgieron del movimiento
reformado puritano inglés del siglo XVII.
En el próximo capítulo estudiaremos cuáles son los distintivos de la
teología bautista del pacto en relación con los paidobautistas y cuáles son los
puntos de unidad y diversidad entre dos importantes confesiones de fe, a
saber, la Confesión Bautista de Londres de 1689 y la Confesión de
Westminster.
E
10
UNA COMPARACIÓN ENTRE LA TEOLOGÍA
CREDOBAUTISTA Y LA TEOLOGÍA
PAIDOBAUTISTA
stamos llegando al final de este libro, y ya hemos aprendido muchas
cosas sobre la teología bíblica del pacto bautista. En el capítulo anterior
hablamos del Día del Señor, un tema unánime entre las confesiones
reformadas. Ahora trabajaremos tanto las similitudes como las diferencias
entre la teología bautista bíblica y la paidobautista.
Mucha gente piensa que la teología pactual bautista es idéntica a la
paidobautista y que, por lo tanto, los bautistas siguen el credobautismo de
manera inconsistente. Incluso los pastores bautistas a menudo solo han tenido
contacto con la teología pactual paidobautista y acaban siguiendo
exactamente la misma estructura que esta, modificando solo la parte del
bautismo, lo que, de hecho, podría considerarse una incoherencia. Sin
embargo, ya hemos señalado los rasgos distintivos de la teología pactual
bautista y cómo su estructura redunda lógica e ineludiblemente en el
credobautismo.
A continuación, consideraremos cómo las diferencias con respecto al
bautismo entre los bautistas pactuales y sus hermanos paidobautistas
surgieron debido a su comprensión del pacto. Para los bautistas reformados,
antes de preguntar «¿Quién puede ser bautizado?» hay una pregunta más
fundamental: «¿Quién está en el pacto?»,[301] es decir, quiénes conforman el
pueblo de Dios.
Notaremos la diferencia en las dos confesiones de fe, la Confesión de Fe
Bautista de Londres de 1689 y la Confesión de Westminster, y cuáles son los
puntos de similitud y diferencia entre estas con respecto a los pactos divinos.
Así, veremos que el debate sobre el bautismo en el siglo XVII implicaba algo
más que la ordenanza en sí misma: implicaba, principalmente, la forma en que
cada grupo entendía la relación de Dios con su pueblo del pacto.
Como hemos señalado a lo largo del libro, las similitudes entre ambas
confesiones son enormes y mucho mayores que sus diferencias. De hecho, los
bautistas se han esforzado por mantener la unidad y la armonía con sus
hermanos en la fe, incluso estructurando su confesión sobre la base de otras
confesiones reformadas, especialmente la de Westminster. La mayoría de los
bautistas reformados eran irénicos y trataban de mantener una fuerte
comunión con sus hermanos paidobautistas.
Por lo tanto, al estudiar los distintivos de la teología pactual credobautista,
nuestro objetivo no es en modo alguno separarnos de nuestros hermanos en la
fe que tienen un pensamiento diferente a este respecto, sino solo aclarar un
punto que puede resultar oscuro para muchos y demostrar cuál es la razón por
la que los bautistas pactuales entienden que la forma bíblica correcta de
observar la ordenanza es el credobautismo. Llegaron a esta conclusión
gracias a su comprensión de los aspectos de continuidad y discontinuidad
entre los pactos bíblicos.
Además, muchos bautistas de hoy han redescubierto la teología reformada
y, en consecuencia, su estructura de pacto, entonces piensan que
necesariamente tendrán que hacerse paidobautistas o abandonar sus iglesias,
llegando a estas conclusiones porque desconocen la confesionalidad histórica
de los bautistas y su preciosa herencia pactual. Por lo tanto, es necesario
presentarlo.
Por otro lado, hay quienes están en contra del paidobautismo y se alejan de
la teología bautista pactual porque piensan que «la teología del pactual es
sinónimo de bautismo infantil», y luego a veces critican a los bautistas
confesionales por entendimientos que en realidad pertenecen a la teología
paidobautista. También lo hacen porque desconocen los distintivos de la
teología pactual de los bautistas confesionales.
Por lo tanto, para dilucidar estas cuestiones,examinaremos el tema un
poco más de cerca, comparando las confesiones de fe y destacando las
similitudes y diferencias entre estas. Empezaremos por señalar los puntos
comunes.
1. SIMILITUDES ENTRE LA TEOLOGÍA PACTUAL
BAUTISTA Y LA PAIDOBAUTISTA[302]
Hay varias similitudes entre las dos confesiones a este respecto. Por ejemplo,
ambas coinciden en la existencia de un Pacto de Obras realizado con Adán
antes de la Caída. Micah Renihan afirma que «no hay disputa sobre el Pacto
de Obras, afirmado plenamente por las confesiones bautistas de Londres y
Westminster, y no hay disputa sobre la definición de un pacto, que según la
definición básica formulada por Meredith G. Kline es un compromiso con
sanciones divinas entre un amo y un siervo».[303] Además, ambas prevén un
único pueblo elegido en los dos Testamentos, como afirma Pascal Denault:
Por lo tanto, no hay una dualidad entre Israel y la Iglesia, como ocurre en el dispensacionalismo,
ni hay una sustitución de Israel por la Iglesia. La Iglesia existía desde el principio del Pacto de
Gracia; la diferencia entre las iglesias del Antiguo y el Nuevo Testamento consistía en la
extensión de las naciones a las que se anunciaba el Pacto de Gracia, y no en que la identidad de
la Iglesia fuera diferente de un Testamento a otro.[304]
Pascal explica que los reformados entendieron que Dios tiene un solo
pueblo y que no hay dualidad entre Israel y la Iglesia, ni una sustitución de
uno por otro, sino una sustitución de un pacto por otro. Es decir, en el Nuevo
Pacto los gentiles son injertados en el olivo, el Señor derriba los muros de
separación que existían entre judíos y gentiles, y el Evangelio se extiende a
todas las naciones. Observemos su comentario:
Los dispensacionalistas han acusado a los reformados de crear una teología de sustitución al dar
a la Iglesia el lugar que debería haber pertenecido a Israel de forma permanente. De hecho,
históricamente, los reformados no enseñaron que la Iglesia reemplazó a Israel, sino que los
paganos se unieron a Israel en el Pacto de Gracia en el momento en que el Nuevo Pacto
reemplazó al Antiguo Pacto. Así, las promesas de un pacto perpetuo entre Israel y Dios no solo
se mantuvieron, sino que se cumplieron y se extendieron a los paganos. Por lo tanto, no se trata
de que un pueblo sustituya a otro pueblo, sino de que un pacto sustituya a otro pacto, ya que las
promesas reveladas por el Pacto de Gracia en Génesis 3:15 se cumplieron cuando el Antiguo
Pacto llegó a su fin y un gran grupo de judíos y no judíos entraron en el Nuevo Pacto. Hay que
rechazar la oposición entre Israel y la Iglesia y destacar el alcance del Pacto de Gracia en el
Antiguo Testamento (Israel) y el alcance del Pacto de Gracia en el Nuevo Testamento (todas las
naciones). Los gentiles no sustituyen a Israel, sino que son añadidos como herederos de las
bendiciones de Israel. La oposición que se encuentra en el Nuevo Testamento es entre el Antiguo
y el Nuevo Pacto, no entre Israel y la Iglesia, que en realidad es una oposición artificial
originada en el dispensacionalismo.[305]
La relación entre Israel en el Antiguo Testamento y la Iglesia en el Nuevo
Testamento puede ilustrarse con la metáfora del andamiaje que se utiliza en la
construcción de un edificio. El andamio que se utiliza para la construcción
tiene su valor y utilidad, pero desde el momento en que se construye el
edificio, el andamio se desmonta y se guarda. Samuel Renihan lo explica así:
El reino de Israel y el reino de Cristo (la Iglesia), aunque se distinguen por sus pactos, están tan
relacionados como lo está un andamio con un edificio. Los descendientes naturales de Abraham
eran jornaleros, constructores, recibieron la promesa del nacimiento del Mesías y se encargaron
de preparar el camino para su llegada (Mat. 20:1-16, 21:33-46). Sin embargo, aunque el Mesías
pertenecía a Israel, Israel no pertenecía automáticamente al Mesías. El reino de Israel terminó en
el reino de Cristo y se deshizo, como un andamio. Jesús no era la piedra angular del reino de
Israel, ni los apóstoles su fundamento (Sal. 118:22; Isa. 28:16; Mat. 21:42; Hch. 4:11; Ef 2:20; 1
Ped. 2:6-7). Jesús estableció el reino de Dios sobre la base de la regeneración, el arrepentimiento
y la fe. Predicó a su propio pueblo, Israel, pero su verdadero y permanente pueblo era de un
reino que no es de este mundo. Jesús acoge como propios a todos los que creen en él, y los
demás son condenados por su pecaminosa incredulidad. La fe en Cristo, dada solo por Dios,
define el pueblo de Cristo.[306]
Otra similitud entre ambas confesiones es la comprensión de la revelación
progresiva del Pacto de Gracia que comienza en Génesis 3:15, pues ambas
entienden y unifican la salvación a través de la promesa del Evangelio a lo
largo de la historia. Además, ambas entienden que en el Antiguo Pacto había
regenerados y no regenerados. Los regenerados estaban bajo el Pacto de
Gracia y el Antiguo Pacto, y los no regenerados solo estaban bajo el Antiguo
Pacto (Rom 9:6-8). En resumen:
Creencias comunes de las confesiones
credobautista y paidobautista
Las dos coinciden en el Pacto de Obras antes de la Caída.
Las dos están de acuerdo en la definición de un pacto.
Las dos entienden que solo hay un pueblo de
Dios en ambos Testamentos.
Las dos entienden una revelación progresiva del Pacto de
Gracia.
Las dos unen la salvación mediante la promesa del
Evangelio a lo largo de la historia.
Las dos entienden que en el Antiguo Pacto había
regenerados y no regenerados.
2. LAS DIFERENCIAS ENTRE LA TEOLOGÍA PACTUAL
DE LOS BAUTISTAS Y DE LOS PAIDOBAUTISTAS
2.1 El Cuadro Paidobautista:
Gráfico 4. En Pascal Denault: Os Distintivos da Teologia Pactual Batista, p. 114.
En cuanto a las diferencias entre los dos modelos, están relacionadas
principalmente con el Pacto de Gracia. Para los paidobautistas, el Pacto de
Gracia se refiere a todo lo que vino después de la Caída. Entienden que el
Pacto fue establecido en Génesis 3:15 y que los dos pactos, el Antiguo y el
Nuevo, son como dos administraciones del mismo Pacto de Gracia, no dos
pactos sustancialmente diferentes. Es decir, no entienden que haya una
diferencia sustancial entre el Antiguo y el Nuevo Pacto, pues solo son dos
administraciones diferentes del mismo Pacto. Así, en esta perspectiva, hay
una estrecha continuidad entre estas administraciones.
Por lo tanto, los paidobautistas adoptan una teología del pacto cuyo
modelo puede describirse de la siguiente manera: un único pacto, el Pacto de
Gracia, administrado a través de otros dos pactos, especialmente el Antiguo y
el Nuevo. Siguiendo esta línea, John Murray, en su libro «The Covenant of
Grace» {trad. no oficial: El Pacto de Gracia}, expresa su entendimiento de
que las características del Antiguo y el Nuevo Pacto son sustancialmente las
mismas:
Sin embargo, la prueba más concluyente proviene de un estudio del Nuevo Testamento sobre la
naturaleza del Nuevo Pacto. Veremos que las características de este pacto son las mismas que las
relacionadas con el pacto del Antiguo Testamento.[307]
Turretini también explica la visión paidobautista de su tiempo, sobre el
Pacto de Gracia, de forma clara:
Los ortodoxos sostienen que la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento (ampliamente
considerada) es solo accidental, no esencial (como la circunstancia, la manera y el grado del
asunto); no como el asunto mismo, que era el mismo en ambos.[308]
Observemos entonces el texto de la Confesión de Fe de Westminster sobre
el tema:
Ese pacto en el tiempo de la Ley no se administraba como en el tiempo del Evangelio. Bajo la
Ley se administraba por medio de promesas, profecías, sacrificios, por la circuncisión, el cordero
pascual y otros tipos y ordenanzas dadas al pueblo judío, prefigurando, todo ello, a Cristo que
había de venir; en aquel tiempo estas cosas, por la operación del Espíritu Santo, eran suficientes
y eficaces para instruir y edificar a los elegidos en la fe del Mesías prometido, por el cual tenían
la plena remisión de los pecados y la vidaeterna: esa dispensación se llama Antiguo Testamento.
Bajo el Evangelio, cuando Cristo se manifestó, la sustancia, [...] se llama el Nuevo
Testamento. Por lo tanto, no hay dos pactos de gracia diferentes en sustancia, sino uno y el
mismo bajo varias dispensaciones.[309]
2.2 El cuadro Credobautista:
Gráfico 5. En Pascal Denault: Os Distintivos da Teologia Pactual Batista, p. 114.
En relación con el modelo credobautista, los bautistas reformados
entendían que el Antiguo Pacto no era ni el Pacto de Gracia ni una
administración de ese pacto. Aunque el Pacto de Gracia fue revelado en
Génesis 3:15 como una promesa, solo en el Nuevo Pacto se estableció
plenamente y se selló con la sangre de Cristo. Sin embargo, es importante
notar que, aunque el Antiguo Pacto no es en sí mismo una administración del
Pacto de Gracia, sí fue efectivamente administrado bajo el Antiguo Pacto a
los elegidos, aunque no a través de este. Esto es lo que llamamos el efecto
retroactivo del Pacto de Gracia, consumado y establecido solo en la muerte y
resurrección de Cristo; es decir, aunque el Nuevo Pacto, o Pacto de Gracia,
fue establecido solo en el Calvario y en la tumba vacía, sus efectos fueron
administrados retroactiva y soberanamente a los creyentes de épocas pasadas,
que miraban al Mesías venidero y lo contemplaban por la fe. Sobre esto, la
Confesión de 1689 {8.6} afirma:
Aunque el precio de la redención no fue pagado por Cristo actualmente hasta después de Su
encarnación, aun así, la virtud, la eficacia y el beneficio de esta fueron comunicados a los
elegidos en todas las épocas sucesivamente, desde el principio del mundo, en y mediante
aquellas promesas, tipos y sacrificios en los cuales Él fue revelado y señalado como la simiente
de la mujer que heriría la cabeza de la serpiente (1 Cor. 10:4. Heb. 4:2; 1 Ped. 1:10,11), y como
el Cordero inmolado desde la fundación del mundo (Apo. 13:8); siendo el mismo ayer y hoy y
por los siglos (Heb. 13:8).
Este es un punto fundamental de la comprensión pactual por parte de los
bautistas: para ellos, el Pacto de Gracia corresponde al Nuevo Pacto, y solo a
este. Así, los bautistas entendieron que hay una diferencia sustancial entre el
Antiguo y el Nuevo Pacto. Los bautistas tenían una comprensión muy similar
a la que John Owen esbozó en su exégesis de Hebreos 8 sobre este punto. Es
notable que uno de los bautistas más influyentes del siglo XVII, Nehemiah
Coxe, dejara de publicar un tratado sobre el pacto sinaítico a causa de la
publicación del comentario de John Owen sobre Hebreos, el cual señaló a sus
lectores, especialmente el capítulo 8:
La noción (que a menudo se alega en este discurso) de que el Antiguo y el Nuevo Pacto difieren
en la sustancia y no meramente en el modo de su administración, ciertamente requiere un
enfoque más amplio y particular para librarlo de esos prejuicios y objeciones lanzados contra
este por muchas personas dignas, pero que pensaban de manera diferente. Por ello, tenía previsto
dar un relato adicional de este tema en el tratado sobre el pacto hecho con Israel en el desierto y
sobre el estado de la Iglesia bajo la ley. Pero, mientras terminaba este tratado y me proveía de
algunos materiales para lo que también escribiría a continuación, me di cuenta de que mi trabajo
que iba a tratar este tema se vio afortunadamente impedido por la publicación del tercer volumen
del comentario del Dr. Owen sobre la epístola a los Hebreos. Allí se discute ampliamente el
tema, y se responde plenamente a las objeciones que parecen oponerse a este, especialmente en
la exposición del capítulo 8. Ahora remito a mi lector a esa obra donde podrá aprender
satisfactoriamente sobre la diferencia sustancial entre el Antiguo y el Nuevo Pacto, tal obra
cumple completamente con las expectativas que uno podría tener sobre tan eminente y erudita
persona.[310]
En su comentario, Owen señaló claramente que el Nuevo Pacto era
sustancialmente distinto del Antiguo:
Si la reconciliación y la salvación por medio de Cristo se obtuvieron, no solo bajo el Antiguo
Pacto, sino en virtud de este, entonces debería ser lo mismo que el Nuevo, en cuanto a su
sustancia. Pero esto no es así; porque ninguna reconciliación con Dios ni la salvación podían
obtenerse en virtud del Antiguo Pacto, o de la administración de este, según lo que nuestro
apóstol generalmente sostiene [...] He mostrado así en qué sentido el Pacto de Gracia es llamado
“el nuevo pacto”, en esta distinción y oposición al antiguo o primer pacto. Luego propondré
varias cosas que se relacionan con la naturaleza del primer pacto, que manifiestan que es un
pacto distinto, y no una mera administración del Pacto de Gracia.[311]
Por lo tanto, Owen enseñó la diferencia esencial entre el Nuevo Pacto y
todos los demás pactos hechos en el Antiguo Testamento, ya que el Nuevo
Pacto está sellado en la sangre de Cristo y produce la salvación y la
reconciliación con Dios. Al igual que Owen, los bautistas han entendido que
este pacto es diferente y superior a todos los pactos del Antiguo Testamento
porque es el Pacto de Gracia completado, no solo otra administración de este.
Pascal Denault demuestra cómo se ha extraído de las Escrituras esta
comprensión:
Ya hemos visto que la lectura bautista del Pacto de Gracia (un pacto progresivamente revelado y
formalmente concluido bajo el Nuevo Pacto) se explicaba por la exégesis de Hebreos 8:6: antes
del Nuevo Pacto, el Pacto de Gracia solo estaba revelado; cuando se introdujo el Nuevo Pacto, el
pacto fue νενομοθετηται. Este verbo se utiliza solo dos veces en las Sagradas Escrituras; una
para hablar de la promulgación del Antiguo Pacto (Heb. 7:11) y otra para relatar la promulgación
del Nuevo Pacto (Heb. 8:6). Estos dos pactos se establecieron (νενομοθετηται) sobre dos bases
completamente diferentes. El primero fue establecido (νενομοθετηται) en el sacerdocio levítico
con la sangre de los becerros y los machos cabríos (Heb. 8:18-19), mientras que el segundo fue
establecido (νενομοθετηται) en el sacerdocio eterno, según el orden de Melquisedec y con la
misma sangre de Cristo (Heb. 9:12). ¿Cómo podrían tener la misma esencia dos pactos con
fundamentos tan diferentes? ¿No es el objetivo del autor de la Epístola a los Hebreos demostrar
que el Antiguo Pacto no era más que una sombra de lo que estaba por venir, un pacto tipológico,
temporal y terrenal, mientras que la realidad se encuentra en el Nuevo Pacto en Jesucristo?[312]
Veamos el texto de la Confesión de Fe Bautista de Londres de 1689:
Este pacto es revelado en el evangelio; en primer lugar, a Adán en la promesa de salvación por
medio de la simiente de la mujer, y después, mediante pasos adicionales hasta completarse su
plena revelación en el Nuevo Testamento; y tiene su fundamento en aquella transacción del
Pacto Eterno que hubo entre el Padre y el Hijo acerca de la redención de los elegidos; y solo por
la gracia de este pacto es que todos los que en cualquier tiempo han sido salvos de entre la
posteridad del Adán caído han obtenido vida y una bendita inmortalidad, siendo el hombre ahora
totalmente incapaz de hacerse aceptable para Dios bajo aquellas condiciones en las que estuvo
Adán en su estado de inocencia. (2CBF 1689 7.3)
3. COMPARACIÓN ENTRE LOS DOS MODELOS
Este gráfico, preparado por Brandon Adams, muestra una comparación entre
la teología pactual bautista (federalismo 1689) y la de Westminster
(federalismo CFW). En el centro, encontramos los puntos en los que ambos
están de acuerdo:
Gráfico 6. Preparado por Brandon Adams y publicado en el sitio web 1689Federalism.com.
Traducido {al portugués} por: RupertTeixeira.com. Estandarte de Cristo, 2016.
3.1 Ambos están de acuerdo en el Pacto de Obras y en que los
santos del Antiguo y el Nuevo Testamento se salvan mediante el
Pacto de Gracia.
Tanto los bautistas como los paidobautistas están de acuerdo en que hubo un
Pacto de Obras hecho con Adán antes de la caída (pre-lapsariano). Además,
ambos están de acuerdo en que los creyentes del Antiguo y el Nuevo
Testamento se salvan a través del Pactode Gracia. No hay otro camino de
salvación para el pecador que la gracia por la fe en Cristo. Los creyentes del
Antiguo Testamento creían en la promesa del Mesías que vendría, los
creyentes del Nuevo Testamento creen en el Cristo que ya ha venido y
volverá; ambos se salvan por la fe en Cristo a través de los beneficios del
Pacto de Gracia.
3.2 Para los credobautistas el Pacto de Gracia fue revelado en
Génesis 3:15 y concluido en el Nuevo Pacto, para los
paidobautistas el Pacto de Gracia fue establecido en Génesis 3:15 y
administrado en pactos posteriores.
Sin embargo, observamos que hay una diferencia en cuanto a la comprensión
del Pacto de Gracia. Los bautistas afirmaron la unidad de la sustancia del
Pacto de Gracia desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Sin embargo,
observaron la discontinuidad de fondo entre el Antiguo y el Nuevo Pacto.
Entendieron que el Pacto de Gracia fue revelado en Génesis 3:15 como una
promesa y completado solo en el Nuevo Pacto en Cristo, y como la entrada
en el Nuevo Pacto es por el nuevo nacimiento, entonces solo los elegidos
están en el Pacto de Gracia. Los paidobautistas, por su parte, entendían que el
Pacto se estableció en Génesis 3:15 y que los otros pactos realizados eran
administraciones de ese mismo pacto; por lo tanto, para ellos, no hay
diferencia sustancial entre el Antiguo y el Nuevo Pacto, solo son
administraciones diferentes de un mismo pacto.
3.3 Los credobautistas entienden que los miembros del Pacto de
Gracia son solo los regenerados; los paidobautistas entienden que
la membresía del Pacto de gracia es Gracia, compuesta por
regenerados y no regenerados.
Así que, en este punto, la membresía del Pacto de Gracia es diferente en las
dos confesiones. Westminster habla de Cristo, los creyentes y sus hijos.[313]
Los paidobautistas separaron la sustancia interna de la administración externa
de ese pacto, es decir, la administración interna concierne a los que están
espiritualmente en el pacto, y la administración externa consistía en todos los
que participaban externamente en el sacramento, sin ser necesariamente
regenerados, ya que esto incluía a sus bebés. Vieron una naturaleza mixta en
el pueblo del pacto.
Por otro lado, en la Confesión Bautista de 1689 el Pacto de Redención se
convierte en el patrón del Pacto de Gracia, lo que significa que los miembros
del Pacto de Gracia son aquellos a los que Cristo trae hacia sí, aquellos que el
Padre le prometió y comisionó para ir y conquistar a través de su vida y
muerte, y atraer hacia sí a través del Espíritu Santo —es decir, los elegidos. Y
la manifestación prescrita en la Escritura para que identifiquemos quién está
en el pacto es la respuesta que ellos dan al Evangelio.
Cristo ordenó a sus discípulos que hicieran discípulos de todas las
naciones y los bautizaran en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo, los candidatos al bautismo son los que responden al Evangelio con
arrepentimiento y fe. Este punto está en consonancia con la naturaleza del
Nuevo Pacto y el ejemplo de los apóstoles a lo largo del Nuevo Testamento
(Mat. 28:18-10; Hch. 2:41).[314] Paul Washer afirma correctamente que «la
verdadera Iglesia se compone solo de aquellos que han sido regenerados, los
que se arrepienten y creen, que están siendo conformados a la imagen de
Cristo. Esa es la principal diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Pacto, y
debemos mantenerla y proclamarla».[315]
Por lo tanto, los bautistas entendían que solo aquellos que demostraran
arrepentimiento y fe en Cristo debían ser bautizados según las instrucciones
del Nuevo Testamento. Como ya hemos visto, los bautistas entendían que la
entrada en el Antiguo Pacto se producía mediante la generación natural y la
circuncisión de la carne al octavo día, mientras que la entrada en el Nuevo
Pacto se produce por el nuevo nacimiento y mediante la generación espiritual,
es decir, la circuncisión del corazón, la regeneración. Siendo así, el bautismo
debe aplicarse solo a quien hace una profesión de fe creíble en el Evangelio.
Concluye Renihan:
La única manera prescrita en las Escrituras para evaluar si uno está en el pacto es una profesión
de fe. Tras la profesión de fe, se administra el bautismo. Ese es precisamente el modelo que
vemos en el Nuevo Testamento: el bautismo tiene lugar después de una profesión de fe.[316]
La Confesión de 1689 entiende que los miembros del Pacto de Gracia son
los elegidos, es decir, los regenerados. Por lo tanto, este es el pueblo del
reino, los que tienen derecho a participar en las ordenanzas del reino, es decir,
el bautismo y la cena. El Nuevo Pacto es entre Cristo y los elegidos, por lo
que solo aquellos que demuestran arrepentimiento y fe, los frutos de la
regeneración que tendrán todos los elegidos, son las personas que deben ser
bautizadas.
Alguien podría preguntar sobre las falsas conversiones, los falsos
creyentes que acaban entrando en la membresía de las iglesias. Samuel
Renihan responde:
No, no estoy diciendo que los bautistas reformados puedan saber quiénes son los elegidos,
porque debemos tratar con los hombres a través de las profesiones, a través del fruto que
producen, y a través de nuestras perspectivas falibles. Haremos todo lo posible por bautizar a los
que profesan la fe y se arrepienten. Si alguien lo hace falsamente, con un corazón incrédulo e
impenitente, el castigo caerá sobre su cabeza por haber hecho una falsa profesión. Por ejemplo,
si voy a un país y obtengo ilegalmente la ciudadanía de ese país, cuando se descubra que soy un
ciudadano ilegal, se me tratará como tal. Alguien me dirá: “Usted nunca fue ciudadano de
nuestro país” y entonces se me declarará culpable de ello. No me van a echar sin más. En ese
país me castigarán por haber violado sus leyes. De la misma manera, cuando alguien viene a la
iglesia, profesa falsamente una fe y un arrepentimiento que no posee y se bautiza, un juicio cae
sobre él. Hay un juicio real para eso. Sin embargo, nosotros como ministros, como poseedores
de las llaves del reino, debemos tratar con los hombres a través de las profesiones de fe que ellos
hacen.[317]
Por lo tanto, no porque haya ciudadanos ilegales en los países hay que
fomentar esta práctica; al contrario, hay que evitarla.
3.4 El modelo paidobautista utiliza el Antiguo Testamento para
entender el Nuevo. El modelo credobautista utiliza el Nuevo
Testamento para entender el Antiguo.
Otro punto de divergencia es que el modelo paidobautista acaba, en cierto
modo, utilizando el Antiguo Testamento para interpretar el Nuevo en lo que
respecta a la cuestión del bautismo. Observemos lo que el renombrado
paidobautista B. B. Warfield ha argumentado a favor del bautismo de niños:
Es cierto que no hay ningún mandato expreso de bautizar a los niños en el Nuevo Testamento,
no hay ningún registro expreso del bautismo de niños, y no hay pasajes que impliquen
estrictamente que debamos inferir de allí que los niños fueron bautizados. Si ese motivo es
necesario para justificar la práctica, deberíamos dejarla completamente sin justificar. Pero la falta
de tal mandato expreso está muy lejos de prohibir el rito; si se considera y consulta la
continuidad de la Iglesia a través de todas las épocas pasadas, se verá que el mandamiento para
el bautismo de niños debe buscarse no en el Nuevo Testamento, sino en el Antiguo Testamento,
cuando se instituyó la Iglesia, y nada menos que una prohibición real del mismo en el Nuevo
Testamento implicaría un mandato para que abandonemos el bautismo de niños ahora.[318]
Warfield admite que no hay ninguna prescripción para el bautismo de
infantes en el Nuevo Testamento y argumenta que hay que encontrarla en el
Antiguo Testamento.[319] Los bautistas no estarían de acuerdo con la
conclusión de Warfield, ya que entendían que tenemos que mirar el Nuevo
Testamento para entender la práctica correcta de esta ordenanza. El bautista
del siglo XVII Nehemiah Coxe explicó que «el mejor intérprete del Antiguo
Testamento es el Espíritu Santo hablando a través del Nuevo Testamento»,
[320] y los bautistas reformadoshan defendido el principio interpretativo de la
prioridad del Nuevo Testamento, como explica Tom Hicks:
El principio interpretativo de la prioridad del Nuevo Testamento se deriva del examen de las
propias Escrituras. Al leer la Biblia, nos damos cuenta de que los textos anteriores nunca
interpretan explícitamente los textos posteriores. Los textos anteriores proporcionan el contexto
interpretativo de los textos posteriores, pero los textos anteriores nunca citan los textos
posteriores ni los explican directamente. En cambio, lo que encontramos es que los textos
posteriores hacen referencia explícita a los textos anteriores y ofrecen explicaciones sobre estos.
Además, la parte posterior de cualquier libro siempre aclara la parte anterior. Cuando empiezas a
leer una novela, por ejemplo, todavía estás conociendo los personajes, el escenario, el contexto,
etc., pero más tarde, a medida que la historia avanza, las cosas que sucedieron al principio del
libro tienen más sentido y adquieren un nuevo significado. Los misterios se resuelven. Las
conversaciones anteriores entre los personajes adquieren un nuevo significado a medida que se
desarrolla la novela. Las partes posteriores de la historia tienen el principal poder explicativo
sobre las anteriores.[321]
Micah Renihan y Samuel Renihan lo explican: «si seguimos a Warfield y
miramos el Antiguo Testamento como base para saber cómo debemos
administrar el bautismo, violaremos este principio fundamental de la
hermenéutica».[322] Tom Hicks comenta que, con esta interpretación, los
paidobautistas entienden que el texto de Génesis 17:7 se refiere al Pacto de
Gracia hecho con Abraham y todos los que son sus hijos físicos. Esta visión
los lleva al bautismo de niños en el Nuevo Testamento y a las iglesias con
una membresía intencionalmente mixta compuesta por creyentes y no
creyentes.[323] Hicks continúa:
Sin embargo, si permitimos que el Nuevo Testamento interprete Génesis 17:7, entonces
evitaremos el error cometido por el dispensacionalismo y el paidobautismo. Gálatas 3:16 dice:
«Las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. No dice: Y a las descendencias,
como hablando de muchas, sino como de una: Y a tu descendencia, que es Cristo». Nótese que
Gálatas 3:16 niega explícitamente una descendencia plural. La promesa es solo para un hijo y no
para muchos. No dice: «Y a las descendencias» (Gál. 3:16).
Por lo tanto, a la luz de la clara enseñanza del Nuevo Testamento, debemos concluir que tanto
los dispensacionalistas como los paidobautistas interpretan mal el Antiguo Testamento porque no
permiten que el Nuevo Testamento tenga la prioridad de la interpretación. Ambos sistemas
concluyen que la promesa a la descendencia de Abraham es una promesa a los descendientes
físicos, no a Cristo.
Este error lleva a los paidobautistas a sobre enfatizar una iglesia visible propagada por una
generación natural con su lectura de las Escrituras y lleva a los dispensacionalistas a sobre
enfatizar a Israel, cuando el Nuevo Testamento nos enseña claramente a enfatizar a Cristo. La
promesa de la «descendencia» es una promesa para Cristo, no para los hombres.
Esto no es una negación de cualquier aspecto colectivo con relación a la descendencia; más
bien, reconoce que la descendencia es Cristo y que, mediante la unión salvífica con Él, los
elegidos son también descendientes en Él (Gál. 3:7, 14, 29). Así, todas las promesas hechas a
Abraham en Génesis 17:7 fueron hechas a Cristo y a todos los que están salvíficamente unidos a
Él, judíos y gentiles. Por lo tanto, la promesa está centrada en Cristo, no en el hombre, como
siempre han enseñado los bautistas históricos.[324]
Hicks explica que, si nos fijamos en lo que el texto del Nuevo Testamento
explica sobre la profecía del Antiguo Testamento, y no a la inversa,
encontramos la forma adecuada de entender el texto —en este caso, que el
descendiente de Abraham por el que todas las naciones de la tierra serían
bendecidas es Cristo, y los que están en Cristo son los que heredan las
promesas hechas a Abraham (Gál. 3:29).
Dado que los paidobautistas no veían ninguna diferencia sustancial entre
el Antiguo y el Nuevo Pacto, solo diferentes administraciones, entendían que
sus descendientes naturales estaban incluidos en el pacto de la misma manera
que en el Antiguo Pacto. Así, Denault reitera que entendían que «la iglesia
normal incluye, como parte de la institución, a los creyentes profesos que
pueden ser regenerados y no regenerados, así como a los descendientes
naturales de dichas personas».[325]
Samuel Renihan explica que los bautistas han entendido que existe una
dificultad para incluir a los hijos de los creyentes en este pacto. Plantearon
preguntas como: ¿Cuál es la naturaleza de esta unión pactual entre los no
regenerados y Jesucristo? ¿Cuál es la naturaleza de su unión federal con
Jesucristo? Dado que uno está ligado a Cristo o a Adán como cabeza federal,
no hay manera de mezclar las membresías. Los bautistas han entendido que
no hay posibilidad de estar en ambas cabezas federales al mismo tiempo; es
decir, alguien que no está regenerado y forma parte de la «administración del
pacto de gracia» está bajo la representación de Adán porque lleva la
maldición del pecado. Sin embargo, ¿cómo puede estar en esta condición y al
mismo tiempo bajo el Pacto de Gracia, bajo la representación de Cristo? Los
bautistas han comprendido que en este punto hay una incoherencia en la
teología pactual paidobautista y que no hay claridad respecto a la unión del
pacto con Jesucristo de quien no ha sido regenerado, ya que la Biblia dice en
Romanos 9:8b: «Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él».[326]
3.5 Los paidobautistas sostenían el modelo de un Pacto de Gracia
bajo dos administraciones, los credobautistas entendían la
diferencia sustancial entre el Antiguo y el Nuevo Pacto.
Basándose en pasajes bíblicos como Gálatas 4:24-31, Hebreos 8, Jeremías 31,
etc., los bautistas no estaban de acuerdo con la concepción paidobautista de
un pacto bajo dos administraciones, ya que entendían que contradecía la
terminología bíblica que habla claramente de dos pactos. Como observamos
en la alegoría mencionada por Pablo sobre las dos mujeres relacionadas con
Abraham y los pactos que representaban, el primer pacto representado por
Agar, y el otro, representado por Sara. El pacto representado por Agar se
refiere al pacto del Sinaí, del que Moisés fue mediador, y el pacto
representado por Sara, que engendra los hijos de la promesa como Isaac, se
refiere al Nuevo Pacto, establecido en la sangre de Cristo Jesús, el Mediador
supremo.
Por lo tanto, los bautistas entienden que las Escrituras los tratan como dos
pactos diferentes, no simplemente como administraciones del mismo pacto, y
por eso han tenido problemas con la terminología paidobautista. Los
paidobautistas intentan reconciliar los pactos históricos de la Biblia,
entendiéndolos como consustanciales, administraciones del mismo Pacto de
Gracia, mientras que los bautistas han reconocido que hay diferencias
significativas y sustanciales entre estos pactos y que hay una progresión
histórica de uno a otro. Pascal Denault lo resume:
Tener a Dios según los términos definidos por el Antiguo Pacto estaba condicionado a la
obediencia de Israel. Bajo el Nuevo Pacto, Dios también prometió ser el Dios de su pueblo, y
que este sería: «[...] pueblo escogido, real sacerdocio, nación santa» (1 Ped. 2:9), pero a
diferencia del Antiguo Pacto, bajo el Nuevo Pacto esta promesa es incondicional: «Yo seré su
Dios y ellos serán mi pueblo. […] Porque perdonaré su iniquidad y no me acordaré más de sus
pecados» (Jer. 31:33-34). Ser el pueblo de Dios, bajo el Nuevo Pacto, es tener garantizado el
perdón de los pecados obtenido por el mediador de este pacto; por eso se presenta a Cristo como
único garante (Heb. 7:22). Ser el pueblo de Dios, bajo el Antiguo Pacto, estaba condicionado a la
obediencia de este pueblo. Además, tener al Señor como Dios en el Antiguo Pacto no
garantizaba las mismas bendiciones del NuevoPacto: la primera garantizaba bendiciones
terrenales; la segunda, bendiciones celestiales, la vida eterna.[327]
Los bautistas, como ya hemos considerado, abordan la teología del pacto
con el entendimiento de que el Pacto de Gracia fue prometido en el Antiguo
Testamento, pero no se consumó formalmente hasta el Nuevo Pacto en
Cristo, por lo que equiparan el Pacto de Gracia con el Nuevo Pacto. El Nuevo
Pacto es el pacto que se reveló progresivamente a través de etapas sucesivas
desde Génesis 3:15 hasta su consumación en el Nuevo Pacto en Cristo. El
Pacto de Gracia no concluyó antes de la muerte y resurrección de Cristo; los
pactos formales que precedieron a ese acontecimiento tenían una esencia
diferente, por tanto, fueron abolidos y sustituidos por el Nuevo Pacto.
Johnson afirma:
La teología pactual paidobautista lleva al bautismo de infantes porque no logra mantener
separados el Antiguo y el Nuevo Pacto. Por eso combina los aspectos físicos y externos de la
nación de Israel con el Reino espiritual de Dios: la Iglesia. Al combinar estos dos pactos, mezcla
la circuncisión de infantes (la señal de haber nacido en una nación física) con el bautismo en
agua (la señal de haber nacido en una nación espiritual). Añadir el Pacto Mosaico a la
manifestación del Pacto de Gracia es una pieza principal del rompecabezas de la teología pactual
paidobautista, pero es también su defecto fatal.[328]
Pascal Denault afirma que en el modelo bautista hay continuidad y
discontinuidad en la distinción revelado/concluido del Pacto de Gracia:
Hay continuidad, porque el Pacto de Gracia fue revelado desde Génesis 3:15 hasta su completa
revelación en el Nuevo Testamento; pero también hay discontinuidad, porque el Pacto de Gracia
no se concluyó antes de la muerte y resurrección de Cristo; los pactos formales que precedieron
a ese evento tenían una sustancia diferente, por lo tanto, fueron abolidos y reemplazados por el
Nuevo Pacto.[329]
Estamos de acuerdo con la conclusión de Samuel Renihan:
En conclusión, todo comienza y termina con Jesucristo. Debemos ser fieles a su Pacto y sus
ordenanzas. Los bautistas creen que las Escrituras enseñan que el Pacto de Cristo perdona los
pecados de todos sus miembros, que las ovejas falsas son simplemente ovejas falsas, y que el
bautismo es un símbolo de las realidades objetivas del Nuevo Pacto y de la participación de los
creyentes en este. Sabiendo que todos los que invocan el nombre del Señor se salvarán,
esforcémonos junto con nuestros hermanos paidobautistas, cualesquiera que sean nuestras
diferencias sobre este punto, para proclamar este precioso nombre al mundo.[330]
Hasta aquí hemos señalado las similitudes y diferencias entre
credobautistas y paidobautistas en relación con la teología del pacto. Hemos
visto que su comprensión difiere principalmente en relación con el Pacto de
Gracia y la comprensión de la diferencia sustancial entre el Antiguo y el
Nuevo Pacto. Esto ha dado lugar a una comprensión diferente de la
membresía en el Pacto de Gracia y, en consecuencia, a quién debe
administrarse el bautismo. Para los paidobautistas, los creyentes y sus bebés
deben ser bautizados, y para los credobautistas solo los que profesan la fe en
Cristo deben participar en esta ordenanza. Sin embargo, a pesar de sus
diferencias, ambos son hermanos y deben cooperar por el bien de la difusión
del Evangelio de Jesucristo.
CONCLUSIÓN
Tras esta breve comparación entre el modelo credobautista y el paidobautista
de la teología del pacto, destacamos los siguientes puntos:
1) Hay muchas más similitudes que diferencias entre Westminster y
Londres, y esto debe tenerse en cuenta para promover nuestra unidad como
hermanos en Cristo.
2) Los paidobautistas entienden que el Pacto de Gracia existe bajo varias
administraciones y que el Nuevo Pacto es otra administración del Pacto de
Gracia; por lo tanto, entienden que no hay diferencia sustancial entre el
Antiguo y el Nuevo Pacto.
3) Los credobautistas entienden que el Pacto de Gracia fue revelado en
Génesis 3:15 como una promesa, pero establecido solo en el Nuevo Pacto.
4) Los bautistas entienden la diferencia sustancial entre el Antiguo y el
Nuevo Pacto.
5) Los paidobautistas comparan la entrada en el Pacto de Gracia con la
circuncisión física al nacer; por tanto, entienden que sus hijos recién nacidos
deben ser bautizados y forman parte del Pacto de Gracia.
6) Los bautistas entienden que la entrada en el Nuevo Pacto es por la
circuncisión del corazón. La regeneración es el antitipo correcto de la
circuncisión; por lo tanto, solo los regenerados están en el Pacto de Gracia y
solo ellos pueden participar en las ordenanzas de ese pacto.
7) La diferencia entre el credobautismo y el paidobautismo surge de una
comprensión diferente de los pactos divinos.
8) Independientemente de nuestras diferencias, los credobautistas y los
paidobautistas somos hermanos en Cristo y debemos trabajar juntos para la
propagación del Evangelio de Cristo.
H
CONCLUSIÓN
emos llegado al final de este libro. Te hemos dado un empujón a tus
estudios sobre el tema de la teología del pacto. Si algo no está tan claro
o si todavía tienes muchas dudas al respecto, te animamos a que leas los otros
materiales indicados y busques profundizar en el tema. Procura siempre
examinar todo lo que se presenta a la luz de las Escrituras, y retén siempre lo
que es bueno y bíblico. He aquí algunas reflexiones sobre nuestros estudios:
1) El estudio de la teología bíblica bautista pactual nos ayuda a
comprender mejor la trama de las Sagradas Escrituras. Observamos que la
Biblia no es un enredo de historias inconexas, sino que los sesenta y seis
libros de la Biblia presentan el plan redentor de Dios para rescatar a un
pueblo para su gloria. El Antiguo Testamento promete la venida del Mesías,
el Nuevo Testamento atestigua que ha venido.
2) Conocer mejor la teología bíblica nos ayuda a comprender la relación
entre los testamentos y los aspectos de continuidad y discontinuidad.
Entendemos por qué ya no observamos las ceremonias y rituales que servían
de sombra y señalaban a Cristo, y podemos entender correctamente la
relación entre tipos y antitipos.
3) Aprendimos un poco sobre la historia de los bautistas, que surgieron
durante el período posterior a la Reforma, específicamente de los puritanos
separatistas ingleses, y que los bautistas en particular abogaban por una
teología del pacto en sus confesiones de fe.
4) El estudio de la teología bíblica nos presenta una visión exaltada con
respecto a Cristo como el cordero que fue sacrificado desde la fundación del
mundo, que fue prometido desde el Génesis, prefigurado a lo largo de la
historia, que viene en la plenitud de los tiempos al rescate de su pueblo, que
cumplió las exigencias divinas, se sacrificó por su Iglesia, resucitó, fue
exaltado y reina hasta que todos sus enemigos sean puestos bajo sus pies. Él
volverá para la consumación de todas las cosas.
5) Aprendemos que ya no estamos bajo la maldición de la ley, sino que
por amor a Dios procuramos obedecer su ley. En el Nuevo Pacto, las leyes
están grabadas en la mente y el corazón del pueblo de Dios, y amamos a
quien nos amó primero. El Señor nos quita el corazón de piedra y nos da uno
de carne, sensible a Él. El Espíritu Santo nos regenera, cambiando nuestras
disposiciones y capacitándonos para servir a Dios. Por lo tanto, el cristiano se
complace en la ley del Señor. La ley nos lleva a Cristo para la justificación y
Cristo nos lleva a la ley para la santificación.
6) Entendemos que el Cuarto Mandamiento, que trata de los seis días de
trabajo y la santificación de un día de cada siete, para descansar de nuestras
labores y adorar a Dios, pasó en el Nuevo Pacto a ocurrir en el primer día de
la semana, el día en que Cristo resucitó. Guardar el día del Señor no debe ser
una carga para el creyente, sino un descanso santo; no es un día de total
inactividad, sino de dedicación en obras de adoración, necesidad y
misericordia. Aprovecha la oportunidad de deleitarte en el Señor, tantoindividualmente como con la Iglesia del Señor en el culto público, como
antesala del descanso eterno (Heb. 4:9).
7) Entendemos que nadie en toda la historia se ha salvado sino por la
gracia a través de la fe en Cristo. Reflexiona sobre tu condición, y si te das
cuenta de que aún no eres cristiano, arrepiéntete y cree en Cristo hoy mismo,
ora al Señor y clama por la salvación. Y si ya eres cristiano, encuentra ánimo
en estas preciosas verdades y comparte este precioso Evangelio con otros.
8) Hemos visto que los bautistas reformados han comprendido la
diferencia sustancial entre el Antiguo y el Nuevo Pacto. Por lo tanto, son los
participantes de este pacto quienes deben disfrutar de sus ordenanzas, lo que
significa que solo los creyentes deben ser bautizados.
9) Por último, aprendimos que hay muchas más similitudes que
diferencias entre las confesiones reformadas, y que por encima de las
diferencias debemos centrarnos en nuestra unidad y esforzarnos juntos por la
causa del Evangelio.
Así como Pablo, al escribir los primeros 11 capítulos de Romanos, con
mucho contenido doctrinal, terminó exaltando a Dios por sus grandes
maravillas,[331] espero que toda esta exposición doctrinal que hemos tenido a
lo largo de este libro nos lleve a adorar a Dios ante sus maravillosos hechos.
Y al igual que Pablo continuó en el resto de la carta hablando de las
aplicaciones prácticas a la luz de esta preciosa doctrina, a partir del capítulo
12, también espero que estas preciosas verdades aprendidas aquí nos lleven a
una vida cada vez más dedicada al Señor. Así que espero que este libro
aumente de alguna manera tu amor por el Señor y por el prójimo, y que todo
el conocimiento se traduzca en piedad. Que Dios te bendiga mucho. Mi deseo
para ti es el mismo que el apóstol Pablo pidió para los filipenses:
Y esto pido en oración: que vuestro amor abunde aún más y más en conocimiento verdadero y
en todo discernimiento, a fin de que escojáis lo mejor, para que seáis puros e irreprensibles para
el día de Cristo; llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y
alabanza de Dios. (Flp. 1:9-11).
Gracia y Paz,
Fernando Angelim
BIBLIOGRAFÍA
A CONFISSÃO DE FÉ BATISTA DE 1689 & Um Catecismo Puritano Compilado por C.H. Spurgeon.
9ª ed. Francisco Morato: O Estandarte de Cristo, 2019.
BARCELLOS, Richard C. “Response to Schreiner on the Sabbath: #3”. Covenant Baptist Theological
Seminary, disponible en: https://cbtseminary.org/response-to-schreiner-on-the-sabbath-3/. Fecha de
acceso: 19 de diciembre de 2020.
_____. “The Translation of the Phrase «the Lord’s Day»”. RBAP, 2016. Disponible en:
<https://www.rbap.net/the-translation-of-the-phrase-the-lords-day/>. Acesso em: 05 de nov. de
2019.
_____. “Como Os ‘usos da lei… harmoniosamente condizem com… a graça do Evangelho’ (CFB1689
19.7)”. Disponible en: <https://oestandartedecristo.com/2019/03/21/como-os-usos-da-lei-
harmoniosamente-condizem-com-a-graca-do-evangelho-cfb1689-19-7-por-richard-barcellos/>.
Consultado el 16 de enero de 2020.
_____. :O Pacto de Obras: Suas Bases Confessionais e Bíblicas”. 1ª ed. São Paulo: O Estandarte de
Cristo, 2019. Edição Kindle.
_____. “Quatro Princípios da Hermenêutica Clássica”. El Estandarte de Cristo, 2019. Disponible en:
<https://oestandartedecristo.com/2019/03/22/quatro-principios-da-hermeneutica-classica-richard-
barcellos/> Consultado el 26 sep. 2019.
BAVINCK, Herman. Dogmática Reformada: Prolegómenos. Vol. 1. São Paulo: 1ª ed. Cultura Cristã,
2012.
BÍBLIA, Bíblia de Estudo Macarthur, Almeida Revista e Atualizada. Barueri: SBB, 2010. p. 1780.
BOOR, Werner de. Comentário Esperança: Atos dos Apóstolos. Curitiba: Editora Evangélica
Esperança, 2002.
BUNYAN, John. The Works of John Bunyan, 2 ed. Edinburg: Banner of Truth, 1991. p. 374. Apud
MCNAUGHTON, Ian. Shabbath: El día del Señor Disponible en:
<http://www.monergismo.com/texts/dez_commands/shabbath-day-Lord_McNaughton.pdf>.
Consultado el 29 de febrero de 2020.
CALVINO, John. As Institutas. Edición clásica, vol. 2. 2ª ed. São Paulo: Editora Cultura Cristã, 2006.
_____. Evangelho segundo João. Vol 1. São José dos Campos: Editora Fiel, 2015.
_____. Romanos. São José dos Campos: Editora Fiel, 2013.
CAMPOS, Heber C. A Teologia é uma ciência? Voltemos ao Evangelio. São José dos Campos, 2019.
Disponible en: <https://voltemosaoevangelho.com/blog/2019/04/a-teologia-e-uma-ciencia/>.
Consultado el: 24 sep. 2019.
CHUTE; Anthony.L.; FINN, Nathan A.; HAYKIN, Michael A.G. The Baptist Story: From English Sect
https://cbtseminary.org/response-to-schreiner-on-the-sabbath-3/
https://www.rbap.net/the-translation-of-the-phrase-the-lords-day/
https://oestandartedecristo.com/2019/03/21/como-os-usos-da-lei-harmoniosamente-condizem-com-a-graca-do-evangelho-cfb1689-19-7-por-richard-barcellos/
https://oestandartedecristo.com/2019/03/22/quatro-principios-da-hermeneutica-classica-richard-barcellos/
http://www.monergismo.com/texts/dez_commands/shabbath-day-Lord_McNaughton.pdf
https://voltemosaoevangelho.com/blog/2019/04/a-teologia-e-uma-ciencia/
to Global Movement. Nashville: B&H Academic, 2015.
CONFESIÓN DE FE DE WESTMINSTER 25.2 y 28.4. Monergismo. Disponible en:
<http://www.monergismo.com/textos/credos/ cfw.htm>. Consultado el: 02 Mar. 2020.
COLLINS, B. Lei de Deus. En: ELLIS, B.; WARD, M. & PARKS, J. (Eds.). Resumen de teología de
Lexham. Bellingham: Lexham Press, 2018.
Comentario bíblico: Vida Nova / D. A. Carson... [et al.] - São Paulo: Vida Nova 2009.
COXE & OWEN, Covenant Theology: from Adam to Christ, ed. Ronald D. Miller, James M. Renihan y
Francisco Orozco. Palmdale: Reformed Baptist Academic Press, 2005.
DAGG, John L. Manual de Teología. 3ª ed. São José dos Campos: Editora Fiel. São José dos Campos,
2003.
DENAULT, Pascal. Os Distintivos da Teologia Pactual Batista: Uma Comparação entre o
Federalismo dos Batistas Particulares e dos Pedobatistas do Século XVII. 1ª ed. São Paulo: O
Estandarte de Cristo, 2018.
_____. “Os Três Pactos de Deus: Pacto de Obras, Pacto da Graça e Pacto da Redenção”. São Paulo: O
Estandarte de Cristo, 2017. Disponible en: <https://oestandartedecristo.com/2017/09/03/tres-pactos-
de-deus-pacto-de-obras-pacto-da-graca-e-pacto-da-redencao-por-pascal-denault/>. Consultado el
13 de octubre de 2019.
DISCIPULADO HEARTY CRY. A Vida Cristã. {Trad, no oficial: La Vida Cristiana} Lição 14, s.d.
DIXHOORN, Chad Van. Guia de Estudos da Confissão de Fé de Westminster. São Paulo: Editora
Cultura Cristã, 2017. p. 253.
DORN, Douglas Van. Covenant Theology a Reformed Baptist Primer. Colorado: Waters of Creation
Publishing, 2014.
EDWARDS, Jonathan. A Mudança a Perpetuidade do Sabbath. O Estandarte de Cristo, 2015.
Disponible en: <https://oestandartedecristo.com/https:/oestandartedecristo/loja/a-mudanca-a-
perpetuidade-do-sabath-por-jonathan-edwards/>. Acesso em: 14 de nov. de 2019.
ELTON, G.R. The New Cambridge Modern History. Vol. II. 1520-1559. Cambridge At The University
Press, 1958.
FOULKES, Francis. Efésios — Introdução e comentário. Série Cultura Bíblica. São Paulo: Vida Nova,
2011.
GIBSON, David.; GIBSON, Jonathan. Do Céu Cristo Veio Buscá-la. A Expiação Definida na
Perspectiva Histórica, Bíblica, Teológica e Pastoral. São José dos Campos: Editora Fiel, 2018.
GILL, John. Exposição da Bíblia. Disponible en:
<https://www.biblestudytools.com/commentaries/gills-exposition-of-the-bible/1-corinthians-16-
2.html>. Acesso em 30 de jan. de 2020.
GOLDSWORTHY, Graeme. Introdução à Teologia Bíblica. O Desenvolvimento do Evangelho em
Toda a Escritura. São Paulo: Vida Nova, 2018.
GONZÁLEZ, Justo. Breve Dicionário de Teologia. São Paulo: Hagnos, 2009.
http://www.monergismo.com/textos/credos/%20cfw.htm
https://oestandartedecristo.com/2017/09/03/tres-pactos-de-deus-pacto-de-obras-pacto-da-graca-e-pacto-da-redencao-por-pascal-denault/
https://oestandartedecristo.com/https:/oestandartedecristo/loja/a-mudanca-a-perpetuidade-do-sabath-por-jonathan-edwards/
https://www.biblestudytools.com/commentaries/gills-exposition-of-the-bible/1-corinthians-16-2.htmlGRIFFITHS, Phillip D.R. Covenant Theology: A Reformed Baptist Perspective. Eugene, Oregon: Wipf
and Stock, 2016. Edição Kindle.
HAMILTON JR., James M. O que é Teologia Bíblica?: Um guia para a história, o simbolismo e os
modelos da Bíblia. São José dos Campos: Editora Fiel. 2016. Edição Kindle.
HENDRIKSEN, William. Comentário do Novo Testamento — Lucas. 2ª ed. v. 2. São Paulo: Editora
Cultura Cristã, 2014.
_____. Comentário do Novo Testamento — 1 e 2 Timóteo e Tito. C.A.B. Marra (Org.). 2ª ed. São
Paulo: Editora Cultura Cristã, 2011.
_____. Comentário do Novo Testamento — João. 2ª ed. São Paulo: Editora Cultura Cristã, 2014.
_____. Comentário do Novo Testamento — Mateus. 2ª ed. São Paulo: Editora Cultura Cristã, 2010.
_____. Mais que Vencedores; traducido por Wadislau Martins Gomes. São Paulo: Cultura Cristã. 2008.
2ª ed. p.229.
HICKS, Tom. “Hermenêutica: A Prioridade do Novo Testamento”. O Estandarte de Cristo, 2017.
Disponible en: <https://oestandartedecristo.com/2017/07/08/hermeneutica-a-prioridade-do-novo-
testamento-por-tom-hicks/>. Acesso em: 24 de set. de 2019.
_____. “Teologia Pactual: A Lei, a Justificação e a Santificação”. Disponible en:
<https://oestandartedecristo.com/2020/01/04/teologia-pactual-a-lei-a-justificacao-e-a-santificacao-
%E2%94%82-por-tom-hicks/>. Consultado el 07 de enero de 2020.
HULSE, Erroll. “Como os Batistas se Relacionam com os Puritanos?” (Anexo II). In: Quem Foram os
Puritanos?… e o que eles ensinaram? 1ª ed. São Paulo: Editora PES, 2004.
JOHNSON, Jeffrey D. “A Confissão de 1689 e a Teologia Pactual”. O Estandarte de Cristo, 2019.
Disponible en: <https://oestandartedecristo.com/2019/03/22/a-confissao-de-1689-e-a-teologia-
pactual-jeff-johnson/>. Acesso em: 02 de jan. de 2020.
_____. A Falha Fatal da Teologia por Trás do Batismo Infantil e o Dicotomismo Pactual:
Continuidade e Descontinuidade dos Pactos de Deus. São Paulo: 1ª ed. O Estandarte de Cristo,
2018.
_____. Os 5 pontos do Amilenismo. São Paulo: 1ª ed. O Estandarte de Cristo, 2021.
_____. The Kingdom of God: A Baptist Expression of Covenant Theology. Conway: Free Grace Press,
2016. Edição Kindle.
KASCHEL, W.; ZIMMER, R. En: Dicionário da Bíblia de Almeida. 2 ed. Barueri: Sociedade Bíblica
do Brasil, 1999.
KEACH, Benjamin. “Cristo: O Nosso Fiador no Pacto da Graça”. Disponible en:
<https://oestandartedecristo.com/2020/01/15/cristo-o-nosso-fiador-no-pacto-da-graca-poor-
benjamin-keach/>. Acesso em 07 de fev. de 2020.
KISTEMAKER, S. J. Comentário do Novo Testamento — Epístolas de Pedro e Judas. São Paulo:
Editora Cultura Cristã, 2006.
_____. Comentario del Nuevo Testamento - Apocalipsis. 2ª ed.
_____. Comentario del Nuevo Testamento - Hechos. 2ª ed. São Paulo: Editora Cultura Cristã, 2016. p.
https://oestandartedecristo.com/2017/07/08/hermeneutica-a-prioridade-do-novo-testamento-por-tom-hicks/
https://oestandartedecristo.com/2020/01/04/teologia-pactual-a-lei-a-justificacao-e-a-santificacao-%E2%94%82-por-tom-hicks/
https://oestandartedecristo.com/2019/03/22/a-confissao-de-1689-e-a-teologia-pactual-jeff-johnson/
https://oestandartedecristo.com/2020/01/15/cristo-o-nosso-fiador-no-pacto-da-graca-poor-benjamin-keach/
LADD, George. Apocalipsis. Serie Cultura Bíblica. São Paulo: Vida Nova, 2006.
LLOYD-JONES, David Martyn. Los puritanos: Sus Orígenes y sus sucesores. São Paulo: PES, 1993.
MALONE, Fred. Um Cordão de Pérolas Soltas. Uma Jornada Teológica no Batismo de Crentes.
Disponible en: <https://oestandartedecristo.com/2015/08/06/um-cordao-de-perolas-soltas-uma-
jornada-teologica-no-batismo-de-crentes-por-fred-a-malone/>. Acesso em 07 de jan. de 2020.
MARBLE, Gary. Um Comentário da Confissão de Fé Batista de 1689 — Capítulo 7, A Aliança de
Deus. São Paulo: O Estandarte de Cristo, 2015. Disponible en:
<https://oestandartedecristo.com/2019/03/21/um-comentario-da-confissao-de-fe-batista-de-1689-
por-gary-marble-capitulo-7-sobre-a-alianca-de-deus/>. Acesso em: 02 mar. 2020.
MARTIN, Albert N. As Implicações Práticas do Calvinismo. Recife: Os Puritanos, 2001.
MATOS, Alderi. Confesión de fe de Westminster. Centro Presbiteriano de Posgrado Andrew Jumper,
São Paulo-SP, 2019. (Notas personales).
MINISTÉRIO FIEL. “O fim de todas as escatologias”. Disponible en:
<http://www.ministeriofiel.com.br/artigos/detalhes/703/O_Fim_de_todas_as_Escatologias>.
Acesso em abril/2016.
MURRAY, J. Romanos: Comentario bíblico. São José dos Campos, SP: 1ª ed. Editora Fiel, 2016.
NETTLES, Thomas J. The Baptists: key people involved in forming a baptist identity. Fearn: Christian
Focus Publications, 2005.
NICODEMUS, Augustus. “O Senhor do Sábado”. 2017. Vídeo (37 min). Publicado pelo canal:
Primeira Igreja Presbiteriana de Goiânia. Disponible en: <https://www.youtube.com/watch?
v=HVho123arr0&fbclid=IwAR0JJJxiCdRW8vpJ4BKLtY2v2DFWxbUAO_n_SvgwjZGwLDbfdip7piPC0
Acesso em: 06 de nov. de 2019.
NIEDERWIMMER, K; ATTRIDGE, H.W. (ed.). La Didaché: Un comentario. Minneapolis: Fortress
Press, 1998.
OLYOTT, Stuart. A Carta aos Hebreus bem explicadinha. São Paulo: Editora Cultura Cristã, 2012.
_____. “O Uso Correto do Dia do Senhor”. Ministerio Fiel, 2006. Disponible en:
<https://ministeriofiel.com.br/artigos/o-uso-correto-do-dia-do-senhor/>. Consultado el 05 de
noviembre de 2019.
OSWALT, John. Isaías. Vol. 1. São Paulo: Editora Cultura Cristã, 2011.
OWEN, John. A Doutrina da Trindade Provada pela Bíblia. São Paulo: O Estandarte de Cristo, 2019.
_____. “Como Observar o Dia do Senhor”. O Estandarte de Cristo, 2016. Disponible en:
<https://oestandartedecristo.com/https:/ oestandartedecristo/loja/como-observar-o-dia-do-senhor-
por- john -owen/>. Acesso em: 05 de nov. de 2019.
PERMAN, Matt. “What Does John Piper Believe About Dispensationalism, Covenant Theology, and
New Covenant Theology?” Desiring God, 2006. Disponible en:
<https://www.desiringgod.org/articles/what-does-john-piper-believe-about-dispensationalism-
covenant-theology-and-new-covenant-theology?lang=pt>. Acesso em: 24 de set. de 2019.
https://oestandartedecristo.com/2015/08/06/um-cordao-de-perolas-soltas-uma-jornada-teologica-no-batismo-de-crentes-por-fred-a-malone/
https://oestandartedecristo.com/2019/03/21/um-comentario-da-confissao-de-fe-batista-de-1689-por-gary-marble-capitulo-7-sobre-a-alianca-de-deus/
http://www.ministeriofiel.com.br/artigos/detalhes/703/O_Fim_de_todas_as_Escatologias
https://www.youtube.com/watch?v=HVho123arr0&fbclid=IwAR0JJJxiCdRW8vpJ4BKLtY2v2DFWxbUAO_n_SvgwjZGwLDbfdip7piPC0
https://ministeriofiel.com.br/artigos/o-uso-correto-do-dia-do-senhor/
https://oestandartedecristo.com/https:/%20oestandartedecristo/loja/como-observar-o-dia-do-senhor-por-%20john%20-owen/
https://www.desiringgod.org/articles/what-does-john-piper-believe-about-dispensationalism-covenant-theology-and-new-covenant-theology?lang=pt
PINK, A.W. As Alianças Divinas: De Redenção e de Obras. Edição Kindle.
_____. Divine Covenants. Reformed Church Publications 2009. Edición Kindle.
_____. O Pacto com Davi: Uma resposta à literalidade dos milenaristas. Edição do Kindle. Edición
Kindle.
_____. Os Dez Mandamientos. Edições Calcedônia, 2015. Edición Kindle
PIPA, Joseph A. O Dia Mudado; A Obrigação Não Mudada (Colossenses 2:16,17). Monergismo,
Disponible en: <http://www.monergismo.com/tex-tos/dez_mandamentos/dia_mudado.htm>.
Acesso em: 05 nov. 2019.
PORTELA, Solano. A Lei de Deus hoje. Recife: Os Puritanos, 2004.
RENIHAN, James M. “Resolving Problems in Colossians 2:16-17”. IBRS Theological Seminary,
Disponible en: https://irbsseminary.org/resolving-problems-colossians-216-17-2/. Acesso em: 19
dez. 2020.
RENIHAN, James; RENIHAN, Samuel; BARCELLOS, Richard. “Federalismo bautista - El
federalismo bautista frente al federalismo de Westminster (tercera parte)”. Vídeo (13 min).
Publicado por el canal: Batista 1689. Disponible en: <https://www.youtube.com/watch?
v=fkzUXsvo3GM>. Consultado el 22 de noviembre de 2019.
RENIHAN, Micah; RENIHAN, Samuel. Teologia Bíblica Reformada Batista Pactual. São Paulo: O
Estandarte de Cristo, 2016. Disponible en: <
https://oestandartedecristo.com/https:/oestandartedecristo/loja/teologia-biblica-batista-reformada-pactual-micah-renihan-e-samuel-renihan/>. Acesso em: 03. de jan. de 2020.
RENIHAN, Mike. “O Pacto da Graça”. São Paulo: O Estandarte de Cristo, 2014. Disponible en:
<https://oestandartedecristo.com/data/OPactodaGraC_aMikeRenihanCartaCircularARBCA2001.pdf
Acesso em: 15 de out. de 2019.
RENIHAN, Sam. From Shadow to Substance: The Federal Theology of the English Particular Baptists
(1642-1704). Macon: Centre for Baptist History and Heritage, 2018.
_____. “O Argumento em Favor do Credobatismo”. O Estandarte de Cristo, 2019. Disponible en:
<https://oestandartedecristo.com/2019/03/21/o-argumento-em-favor-do-credobatismo- │ -por-
samuel-renihan/>. Acesso em: 22 de nov. de 2019.
_____. Teología Pactual Bautista Reformada. Disponible en:
<https://founders.org/2017/04/13/particular-baptist-covenant-theology/>. Consultado el: 07 Ene.
2020.
_____. Reinos y Pactos: Curso de la teología del pacto. Seminario William Carey: Córdoba, Argentina,
2014.
_____. RENIHAN, Samuel. O Mistério de Cristo, seu Reino e seu Pacto. São Paulo. 1 ed. O Estandarte
de Cristo, 2021.
ROACH, David; ROBINSON, Jeff. “The Lord’s Day must be devoted to worship, Mohler says in Ten
Commandments series”. Disponible en: <https://news.sbts.edu/2006/10/05/the-lords-day-must-be-
http://www.monergismo.com/tex-tos/dez_mandamentos/dia_mudado.htm
https://irbsseminary.org/resolving-problems-colossians-216-17-2/
https://www.youtube.com/watch?v=fkzUXsvo3GM
https://oestandartedecristo.com/https:/oestandartedecristo/loja/teologia-biblica-batista-reformada-pactual-micah-renihan-e-samuel-renihan/
https://oestandartedecristo.com/data/OPactodaGraC_aMikeRenihanCartaCircularARBCA2001.pdf
https://oestandartedecristo.com/2019/03/21/o-argumento-em-favor-do-credobatismo-│-por-samuel-renihan/
https://founders.org/2017/04/13/particular-baptist-covenant-theology/
https://news.sbts.edu/2006/10/05/the-lords-day-must-be-devoted-to-worship-mohler-says-in-ten-commandments-series/
devoted-to-worship-mohler-says-in-ten-commandments-series/>. Acesso em 07 de fev. de 2020.
ROARK, Nick. Teologia Bíblica: como a igreja ensina o evangelho com fidelidade. São Paulo: Vida
Nova, 2018
SHEDD, William G.T. Dogmatic Theology II. Nova York: Windham Press, 2013. p. 360 apud
BERKHOF, Louis. Teologia Sistemática. 4ª ed. São Paulo: Cultura Cristã, 2012.
SPROUL, R.C. Somos todos teólogos: Uma introdução à Teologia Sistemática. São José dos Campos:
Editora Fiel, 2017
SPROUL, R.C. “What Is the Covenant of Redemption?” Ligonier Ministries, 2018. Disponible en:
<https://www.ligonier.org/blog/what-covenant-redemption/>. Acesso em: 05 de mar. de 2019.
SPURGEON, C.H. “Pacto”. Disponible en:
<http://www.monergismo.com/texts/chspurgeon/alianca_spurgeon.htm>. Consultado el 07 de enero
de 2020.
_____. “Cristo en el Pacto Eterno”, por C. H. Spurgeon. El estandarte de Cristo. Edición Kindle.
_____. 26 de diciembre Devocional diario. Voltemos ao Evangelho, 2016. Disponible en:
<https://voltemosaoevangelho.com/blog /2016/12/26-December-26-daily-devotional-charles-
spurgeon/>. Consultado el 09 de octubre de 2019.
_____. Spurgeon's Verse Expositions of the Bible - 2 Timothy 1. Study Light, 2011. Disponible en:
<https://www.studylight.org/ commentaries/spe/2-timothy-1.html>. Fecha de acceso: 14 de enero
de 2020.
_____. “El Maravilloso Pacto”. El Estandarte de Cristo. Disponible en:
<https://oestandartedecristo.com/2019/03/21/o-maravilhoso-pacto-por-c-h-spurgeon/>. Fecha de
acceso: 15 de enero de 2020.
_____. “Siguiendo a Cristo Resucitado”. Escuela Charles Spurgeon. Disponible en:
<http://www.escolacharlesspurgeon.com.br/files/pdf/Seguindo_Ao_Cristo_Ressurreto-
Sermao_de_Spurgeon.pdf>. Consultado el 05 de noviembre de 2019.
_____. Sermón nº 1024, “El Trono de la Gracia”. Disponible en
<https://oestandartedecristo.com/https:/oestandartedecristo/loja/sermao-no-1024-o-trono-da-graca-
por-c-h-spurgeon/>. Consultado el 07 de enero de 2020.
_____. “La Perpetuidad de la Ley de Dios”. Proyecto Spurgeon (Sermón predicado el domingo 21 de
mayo de 1882 - Nº 1660), [s. d.]. Disponible en: <http://www.projetospurgeon.com.br/wp-
content/uploads/2013/06/ebook_perpetuity_law_of_God_spurgeon.pdf>. Consultado el 07 de
febrero de 2020.
_____. “Pacto”. Disponible en: <http://www.monergismo.
com/texts/chspurgeon/alianca_spurgeon.htm>. Consultado el 16 de enero de 2020.
_____. “Devocional - 1 Corintios 15:45”. 1ª Iglesia Bautista de Lapa, 2017. Disponible en:
<https://1ibl.org.br/palavra-do-dia/devocional-1-corintios-1545/>. Consultado el: 06 Ene. 2020.
TORBET. Robert B. A History of the Baptists. Chicago, Los Angeles: Valley Forge the Judson Press.
https://www.ligonier.org/blog/what-covenant-redemption/
http://www.monergismo.com/texts/chspurgeon/alianca_spurgeon.htm
https://voltemosaoevangelho.com/blog%20/2016/12/26-December-26-daily-devotional-charles-spurgeon/
https://www.studylight.org/%20commentaries/spe/2-timothy-1.html
https://oestandartedecristo.com/2019/03/21/o-maravilhoso-pacto-por-c-h-spurgeon/
http://www.escolacharlesspurgeon.com.br/files/pdf/Seguindo_Ao_Cristo_Ressurreto-Sermao_de_Spurgeon.pdf
https://oestandartedecristo.com/https:/oestandartedecristo/loja/sermao-no-1024-o-trono-da-graca-por-c-h-spurgeon/
http://www.projetospurgeon.com.br/wp-content/uploads/2013/06/ebook_perpetuity_law_of_God_spurgeon.pdf
http://www.monergismo.%20com/texts/chspurgeon/alianca_spurgeon.htm
https://1ibl.org.br/palavra-do-dia/devocional-1-corintios-1545/
1982.
TRAFFANSTEDT, Chris. Uma Introdução à História dos Batistas. O Estandarte de Cristo, 2019.
Disponible en: <https://oestandartedecristo.com/https:/oestandartedecristo/loja/uma-introducao-a-
historia-dos-batistas-por-chris-traffanstedt/>. Acesso em: 02 de jan. de 2020.
TURRETINI, Compêndio de Teologia Apologética. Vol. 2. São Paulo: 1ª ed. Editora Cultura Cristã,
2010.
UNDERWOOD, A.C. A History of The English Baptists. Londres: The Baptist Union Publication Dept.
(Kingsgate Press), 1947.
VOS, Geerhardus. Teologia Bíblica: Antigo e Novo Testamentos. São Paulo: 1ª ed. Editora Cultura
Cristã, 2010.
WALDRON, Samuel. A Modern Exposition of the 1689 Baptist Confession of Faith. 5 ed. Darlington:
EP Books, 2016.
WALLACE, D. D., Jr. “Federal Theology”. In: Encyclopedia of the Reformed Faith. Louisville, KY;
Edinburgh: Westminster/John Knox Press; Saint Andrew Press, 1992.
WASHER, Paul. El llamado al Evangelio y la Verdadera Conversión. 1ª ed. São José dos Campos:
Editora Fiel, 2014.
WHITE, Barrington R. The English Separatist Tradition: From the Marian Martyrs to the Pilgrim
Fathers. Oxford University Press. 1971.
https://oestandartedecristo.com/https:/oestandartedecristo/loja/uma-introducao-a-historia-dos-batistas-por-chris-traffanstedt/
Sitios web importantes
https://www.oestandartedecristo.com
https://www.rastrodeagua.com
https://www.chtb.com.br
http://www.1689federalism.com
https://www.rbap.net
https://www.founders.org
https://www.thecalvinist.net/1689
https://www.cbtseminary.org
https://www.oestandartedecristo.com/
https://www.rastrodeagua.com/
https://www.chtb.com.br/
http://www.1689federalism.com/
https://www.rbap.net/
https://www.founders.org/
https://www.thecalvinist.net/1689
https://www.cbtseminary.org/
[1] A Confissão De Fé Batista De 1689 & Um Catecismo Puritano Compilado por C.H. Spurgeon.
{Trad. no oficial: La Confesión de Fe Bautista de 1689 & un Catecismo Puritano compilado por C. H.
Spurgeon}, (9ª ed. Francisco Morato: O Estandarte de Cristo, 2021), 46-47. Notas de los traductores:
para la traducción de los textos de la confesión bautista de fe de 1689 se tomaron de la Segunda
Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689 (Santo Domingo, Ecuador: Legado Bautista Confesional,
2021).
[2] Jeffrey D. Johnson, El Defecto Fatal de la Teología Detrás del Bautismo de Infantes (Santo
Domingo, Ecuador: Legado Bautista Confesional, 2021), p. 285.
[3] Phillip D.R. Griffiths., Covenant Theology: A Reformed Baptist Perspective. {Trad. no oficial:
Teología Pactual: Una Perspectiva Bautista Reformada} (Eugene, Oregon: Wipf