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Egiptología 2.0 | 1
Nº8 - Julio de 2017 / Revista online gratuita. www.egiptologia20.es
EL LIBRO DE
LOS MUERTOS
Egipto
durante el período ptolemaico (II)
Visiones de Egipto
Oxirrinco: Ayer y hoy
Anubis
la llave de la inmortalidad
Ciencia y Egiptología 
El buen uso del método
La Esfinge de Guiza
Horus en el Horizonte 
Khepri-Ra-Atum
2 | Egiptología 2.0
Os presentamos la octava entrega de la Revista Egiptología 
2.0, correspondiente al mes de julio de 2017. 
Abrimos este nuevo número, con un artículo de Verónica 
Reyes Barrios: ‘‘Literatura funeraria en el Antiguo Egipto: El 
libro de los muertos’’. El Libro de los Muertos, un texto reli-
gioso egipcio que se escribía en las paredes de las tumbas 
o en rollos de papiro, qué se depositaba junto al fallecido. 
Realmente los egipcios no lo denominaban así, sino que 
hacían referencia al Pert em hru, que se ha traducido como 
el Libro de la salida al día, Saliendo del día o Manifiesto a 
la luz. Tampoco escribieron un libro como tal, sino que eran 
una serie de papiros y capítulos extraídos en los frescos 
de las tumbas y pirámides, sarcófagos y envoltorios de las 
momias.
Como norma general ilustra cuatro fases tras la muerte: La 
protección del cadáver, el viaje al mundo de ultratumba, el 
juicio de los dioses y el Más Allá. Los principales dioses que 
se mencionan son Ra, Seb, Nut, Osiris, Isis, Horus, Set, 
Nephthys, Ptah, Thot, Khnemun y Tum, y se habla de cuatro 
versiones: La editada por los sacerdotes de la escuela de 
Annu, la versión tebana: Escrita sobre papiro en jeroglífico, 
otra versión escrita en papiro con caracteres hieráticos y 
jeroglíficos, y la versión saïta, donde los capítulos se orde-
naron y fue usada desde la dinastía XXVI hasta los Ptolo-
meos.
En la sección de entrevistas, hablaremos con Nacho Ares 
de su nueva novela: ‘‘La hija del sol’’. Ambientada hace más 
de mil años antes de Cristo, en Uaset, la próspera capital 
del imperio Egipcio. Azotada por una plaga inclemente que 
estaba diezmando a la población y por la corrupción de los 
sacerdotes del culto a Amón, hábiles manipuladores de la 
letal enfermedad, donde la ciudad vivía sumida en la des-
gracia. 
Julio López Saco nos hablará del tiempo y la mitologización 
de la historia en el Egipto antiguo, conoceremos al dios So-
bek ‘‘señor de las aguas’’, Sandra Pajares nos guiará por 
la gran Esfinge de Guiza, jugaremos al Mehen, el juego de 
la serpiente, desvelaremos la segunda parte del antiguo 
Egipto durante el período ptolemaico, Irene Santamaría 
nos explicará en que consiste la denominada ‘‘llave de la 
inmortalidad’’, nos adentraremos en las tumbas privadas de 
la colina tebana de la XVIII dinastía, María Isabel Cubas 
nos hablará de las antiguas egipcias y el trabajo, desvela-
remos las consecuencias de Actium, hablaremos de ciencia 
y Egiptología, conoceremos los aspectos simbólicos de la 
representación del faraón sobre el carro de guerra durante 
el Reino Nuevo, continuaremos con los 100 años de gestión 
francesa del Consejo Supremo de Antigüedades, recorrere-
mos las antiguas salas del Museo de antigüedades egipcias 
de El Cairo, visitaremos la exposición: Visiones de Egipto. 
Oxirrinco: Ayer y hoy, y finalizaremos viajando al Medamut, 
donde Bartomeu Egea nos mostrará todos sus rincones. 
Todo ello, junto con nuestros contenidos habituales y un ar-
tículo especial de Alberto Fernández Boo: El Horizonte de 
Keops y la meseta de Gizeh.
Imagen de portada: Fragmento del Libro de los Muertos de Hunefer. British Museum. | David Lao 
Castro.
Dirección
Moisés González Sucías
moibcn@hotmail.com
Edición
Moisés González Sucías (Barcelona).
Diseño gráfico y maquetación
David Claros Lozano
Jordi Romera Sevillano
Documentación
Sara López Caiz
Colaboradores
Sandra Pajares Sotillo
Bartomeu Egea Resino
María Isabel Cubas Contreras
Laura Huertas López
Marian Romero Gil
Heródoto de Halicarnaso
Gerardo P. Taber
Aroa Velasco
Hipólito Pecci Tenrero
Julio López Saco
Irene Santamaría Linares
Alberto Fernández Boo
Verónica Reyes Barrios
Gabriela Kostesky Bertoni
Alexandra Bast
ISSN: 2444-6254
www.egiptologia20.es 
https://www.facebook.com/egiptologia20
https://twitter.com/egiptologia20
Egiptología 2.0 es una marca registrada. 
Todos los derechos reservados. Esta publi-
cación no puede ser reproducida ni total ni 
parcialmente ni registrada o tramitada en nin-
guna forma ni por ningún medio sin permiso 
previo por escrito de la editorial. Egiptología 
2.0 no se hace responsable de los juicios, crí-
ticas y opiniones expresadas en los artículos 
publicados.
Egiptología 2.0 ha hecho lo posible por locali-
zar los derechos de autor de todas las imáge-
nes. Cualquier posible omisión no es intencio-
nada y se agradecerá culaquier información 
sobre los mismos.
Contacto: egiptologia2.0@hotmail.com
Editorial
Egiptología 2.0 | 3
Sumario
6. Entrevistas - Nacho Ares: ‘‘Egipto me ha fascinado desde 
niño. Es casi una atracción fatal.’’
9. Testimonios del pasado - Estatua sedente de Kefrén.
13. Textos religiosos - Literatura funeraria en el Antiguo Egipto: 
El libro de los muertos.
18. Historia - El tiempo y la mitologización de la historia en el 
Egipto antiguo.
24. Mitología - Sobek ‘‘el señor de las aguas’’.
27. Arquitectura - La Esfinge de Guiza, Horus en el Horizonte 
Khepri-Ra-Atum.
35. Vida cotidiana - Mehen, el juego de la serpiente.
39. Faraones - Egipto durante el período ptolemaico (II).
46. Dioses - Anubis, la llave de la inmortalidad.
52. Sociedad - Las tumbas privadas de la colina tebana de la 
XVIII dinastía.
57. Mujer en el Antiguo Egipto - Las antiguas egipcias y el tra-
bajo: de Señoras de la casa a prostitutas.
62. Historia - Las consecuencias de Actium. Roma en Egipto.
70. Egiptología - Ciencia y Egiptología. El buen uso del método.
74. Historia militar - Restaurar Ma’at a galope. Una mirada a los 
aspectos simbólicos de la representación del faraón sobre el 
carro de guerra durante el Reino Nuevo (II).
86. Colecciones - 100 años de gestión francesa del Consejo 
Supremo de Antigüedades (CSA).
91. Museos - El Museo de antigüedades egipcias de El Cairo.
103. Exposiciones - Visiones de Egipto. Oxirrinco: Ayer y hoy.
108. Hoy viajamos a... - El Medamut.
112. Especiales - El Horizonte de Keops y la meseta de Gizeh.
123. Novedades editoriales - Cuando la naturaleza hablaba a 
los egipcios / La hija del sol.
124. Noticias - Noticias destacadas del trimestre.
Historia - Las consecuencias de Actium.
Historia - El tiempo y la mitologización de la 
historia en el Antiguo Egipto.
Entrevistas - Nacho Ares.
Historia Militar - Restaurar Ma’at a 
galope.
Arquitectura - La Esfinge de Guiza, Horus en 
el Horizonte Khepri-Ra-Atum.
Vida cotididana - Mehen, el juego de la 
serpiente.
Sociedad - Las tumbas privadas de la colina 
tebana de la XVIII dinastía.
Egiptología - Ciencia y Egiptología. El buen 
uso del método.
Faraones - Egipto durante el 
período ptolemaico.
4 | Egiptología 2.0
El Libro de los muertos fue una obra funda-
mental de la cultura del antiguo Egipto. Era 
un texto muy extenso: algunos ejemplares 
conservados en rollos de papiro alcanzan 
cuarenta metros. 
También era un producto caro, por el que se 
podía pagar un deben de plata, la mitad de 
la paga anual de un campesino. Pero, para 
los egipcios, el valor de este texto era incal-
culable, ya que sus fórmulas permitían a los 
difuntos alcanzar el Más Allá.
Tales fórmulas se inscribían en rollos de pa-
piro y en las vendas de lino de las momias, 
las paredes de las tumbas, los sarcófagos y 
los elementos del ajuar funerario del difun-
to. Sin ellas, la persona fallecida podía sufrir 
una segunda muerte que significaría su total 
aniquilación.
Era el sacerdote quien recitaba las primeras 
fórmulas del Libro durante la ceremonia fu-
neraria, cuando se trasladaba el sarcófago a 
la tumba. Una vez allí, se practicaban ritua-
les para revitalizar los sentidos, entre los que 
se contaba el de la apertura de la boca, por 
el que se abrían mágicamente los ojos, lasorejas, la nariz y la boca del difunto, quien, 
una vez recuperados los sentidos, empren-
día su viaje por el Más Allá. 
Para los egipcios éste era un momento de 
esperanza, como se expresa en la fórmula 
nueve del Libro de los muertos, que los egip-
cios llamaban Libro para la salida al día.
Los egipcios creían que el difunto empren-
día un viaje subterráneo desde el oeste ha-
cia el este, como Re, el sol, que tras ponerse 
vuelve a su punto de partida. Durante ese 
trayecto el fallecido, montado en la barca de 
Re, se enfrentaría a seres peligrosos que in-
tentarían impedir su salida por el este y su 
renacimiento.
En
 p
or
ta
da
 Fragmento del Libro de los muertos. XVIII dinastía. 
Michael C. Carlos Museum, Atlanta. | Gary Todd.
Egiptología 2.0 | 5
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6 | Egiptología 2.0
Entrevistas
Marian Romero Gil
Nacho Ares: ‘‘Egipto me ha fas-
cinado desde niño. Es casi una 
atracción fatal.’’
Nacio en León el 27 de agosto de 1970. 
Tras licenciarse en Historia Antigua por la 
Universidad de Valladolid, ha dedicado todo 
el tiempo que he podido, a la investigación y 
divulgación en diferentes medios de comuni-
cación de los enigmas históricos que rodean 
al mundo del antiguo Egipto. 
Como echaba de menos el mundo académi-
co y los estudios en la universidad, se ma-
triculó en el certificado en egiptología en el 
KNH de la University of Manchester (2009-
2012), en donde acabó con un proyecto de 
investigación dedicado a rastrear los restos 
del culto osiriano en los ushebtis de la época 
de Amarna.
Hasta la fecha ha publicado dieciséis libros, 
diez de los cuales están dedicados a la cul-
tura egipcia. 
 Nacho Ares en el Museo Egipcio de Barcelona. 
| Que aprendemos hoy.
Además de autor, también ha traducido, revisado y prologado numerosas obras del inglés como La Cámara Se-
creta y El misterio de Orión, de Robert Bauval; Escrito en las Rocas y El viaje de los constructores de pirámides, 
ambas de Robert M. Schoch; El Libro Egipcio de los Muertos de Albert Champdor o El Libro de los Muertos de 
Ramsés Seleem.
Hasta enero de 2012 que el grupo MC Ediciones cerró la publicación, dirigió durante 10 años Revista de Ar-
queología, que durante casi tres décadas fue todo un referente del estudio de la Antigüedad y la Arqueología, 
con un Comité Científico presidido por Su Majestad la Reina Doña Sofía.
Son más de 300 los artículos que ha publicado en diferentes revistas especializadas de arqueología y enigmas 
históricos como Ancient Egypt Magazine, Misterios de la Arqueología, Boletín de la Asociación Española de 
Egiptología, Historia y Vida, Más Allá, Año Cero, Enigmas o la propia Revista de Arqueología.
Todos los años realiza varios viajes al país de los faraones. Allí recopila información que luego publica en forma 
de libros o dará a conocer por medio de guiones de televisión o radio. Durante años ha colaborado en diversos 
medios radiofónicos pero desde octubre de 2009 trabaja en la Cadena SER en donde dirije y presenta el pro-
grama SER Historia. En 2010 comenzó una nueva aventura profesional al unirse al equipo de reporteros del 
programa de televisión Cuarto Milenio, además de continuar participando con él en Milenio 3 hasta su desapa-
rición en 2014.
También ha colaborado en la realización de programas televisivos de Antena 3, Tele 5, Canal 9 y Telemadrid. En 
Televisión Castilla y León dirigió y presentó durante cinco años el programa Enigmas y Misterios. 
Egiptología 2.0 | 7
Coincidiendo con la edición de este número 
hemos tenido la suerte de que un buen amigo 
nuestro publicara un nuevo libro y otra vez, para 
suerte nuestra y valga la redundancia, su tema 
es el Antiguo Egipto. Nacho Ares bienvenido a 
Egiptología 2.0. 
Muchas gracias por la invitación. Un placer estar con 
vosotros.
Su título ‘‘La hija del sol’’ ¿porque otra vez Egip-
to? 
Egipto me ha fascinado desde niño. Es casi una 
atracción fatal. Me siento muy cómodo escribiendo 
novela. Es otra manera de hacer historia intentando 
recrear cómo era la vida cotidiana en la época de 
los faraones, qué causas llevaron a que ciertos mo-
mentos históricos se desarrollaran de una manera 
determinada, sus protagonistas, etc. La novela per-
mite otra visión de la historia.
En tu anterior libro ‘‘El sueño de los faraones’’ 
nos hablabas del descubrimiento y saqueo de la 
DB320 un tema un poco delicado pero, en este te 
metes con Akhenatón y su reforma monoteísta, 
¿eres atrevido no?
La reforma atoniana se ha idealizado en exceso. Hay 
tópicos que parecen haber quedado grabados casi a 
fuego en el inconsciente de los egiptólogos o de la 
cultura popular y son irreales. Esa irrealidad viene de 
la mano de los dos bandos, tanto el de Atón como el 
de Amón. 
El reinado de Akhenatón no se convirtió en heréti-
co hasta la época ramésida y eso de que solo se 
adoraba a Atón en la época de Amarna es otro mito. 
Prueba de ello son los nombres que nos han llegado 
de aquella época. En el Museo Británico tenemos el 
shabti de una cantora de Atón llamada Isis. Es cierto 
que se persiguió el culto a Amón y la figura de Osi-
Nacho Ares. | Gonzalo Pérez Sarró.
ris decayó como referente del mundo funerario, pero 
hay que matizar muchos aspectos.
¿Nos puedes dar un adelanto de tu libro para que 
nuestros lectores se animen?
La novela está protagonizada por Isis, una de las 
hermanas de Akhenatón, La Hija del Sol. No conser-
vamos prácticamente nada de ella. Solo han llegado 
hasta nosotros unos pocos relieves muy deteriora-
dos con su nombre. Sabemos que se casó con su 
padre Amenofis III casi al final de su reinado y que 
luego desapareció sin dejar rastro. 
Yo aprovecho ese vacío para tomarla como hilo con-
ductor de esta historia que cuenta el desarrollo de la 
época de Amarna, creo, que desde un punto de vita 
original. Abordo causas para el abandono de Tebas, 
como la existencia de una plaga, que van más allá 
de la simple animadversión hacia el clero de Amón 
tal y como se ha visto hasta ahora.
¿Es un libro basado en hechos históricos? Por-
que claro, al ser el faraón hereje borraron mu-
chas huellas relacionadas con el...
En efecto, todo lo que cuento tiene su referente his-
tórico. Lógicamente es una novela, no tiene mayor 
pretensión, pero muchos personajes son reales, las 
circunstancias que protagonizan, el escenario políti-
co y social, etc. 
Como sucede siempre, los puristas verán objeciones 
en todo, pero insisto que es una novela histórica que 
empieza con la muerte de Amenofis III y finaliza con 
el ascenso al trono de Tutankhatón; una de las eta-
pas más apasionantes de la historia de Egipto por 
la cantidad de enigmas que posee y lo cautivadores 
que son sus protagonistas, Akhenatón, Nefertiti, Tiyi, 
Ay, etc.
Cuando hablamos hace tiempo ya estaban ha-
ciendo estudios en la tumba de Tutankhamón 
diciendo que tras una de sus paredes se encon-
traba la tumba de Nefertiti, ¿tú crees que la reina 
se encuentra allí? 
No lo creo, pero sí creo que hay algo detrás de esos 
muros. Abre una nueva posibilidad de investigación 
en el Valle de los Reyes. En tumbas que han llegado 
hasta nosotros saqueadas como la de Horemheb, 
vemos que hay muros hoy abiertos sobre los que 
había pinturas: señal inequívoca de que allí había un 
muro de cierre que hoy desaparecido, deja ver una 
habitación. 
En Amenofis II pasa lo mismo. Tutankhamón no sé 
por qué tiene que ser una excepción. Además, el he-
 
8 | Egiptología 2.0
cho de que aún hoy se siga trabajando en ello con 
técnicas sofisticadas es una prueba más que de-
muestra el interés de los científicos por la propuesta 
de Nicholas Reeves.
¿Has viajado a Egipto para documentarte para 
este libro?
Siempre lo hago. Conozco los espacios que descri-
bo en el libro muy bien. Y eso es algo que llega a la 
gente porque me comentan que al leer parece que 
se sienten viajando de mi mano por aquellos lugares 
Nacho Ares sosteniendo un ushebti. |Nacho Ares.
que recreo. Lógicamente no he estado en la villa de 
Hat en Amarna, pero sé dónde pudo estar y cómo 
eran los palacios y templos de la nueva capital, 
Akhetatón.
Cuando estabas presentando tu anterior libro, 
este que nos presentas ahora ya estaba en mar-
cha. ¿Tienes algún nuevo proyecto del que nos 
puedas dar un adelanto?
Tengo un nuevo proyecto, pero no os puedo dar un 
adelanto.
¿El próximo libro estará ambientado también en 
el Antiguo Egipto? 
Tengo dos cosas entre manos. Una nueva novela 
que solamente tengo en la cabeza y en notas en una 
carpeta que tratará el tema egipcio como de costum-
bre. Además tengo muy avanzado un libro que no 
sé cuándo sacaré, imagino que el año próximo con 
textos y dibujos míos sobre arqueología en gene-
ral. Algo que me apetecía mucho hacer desde hace 
años y que voy escribiendo a ratos.
Pues Nacho Ares, muchas gracias por haber es-
tado con nosotros y te deseamos mucho éxito 
con este nuevo libro. 
Gracias.
Sobre el autor
Marian Romero Gil, Directora, productora y presen-
tadora del programa de radio: ‘’Las enseñanzas de 
Maat’’, donde podrás encontrar todo tipo de temas re-
lacionados con el antiguo Egipto. Todo ello de la mano 
de Marian Romero Gil y su equipo de colaboradores.
El programa se emite todos los domingos a las 20:00 
horas, en:
http://portalzona.com/maat.html
Media
http://xn--lasenseanzasdemaat-t0b.es
https://www.facebook.com/LasEnsenanzasDeMaat/
timeline
https://twitter.com/marian_egipto?lang=es
http://www.ivoox.com/podcast-ensenanzas-maat_sq_
f146256_1.html
Sobre ‘‘La Hija del Sol’’
Más de mil años antes de 
Cristo, Uaset, la próspera y 
bulliciosa capital del imperio 
Egipcio, vive unos días con-
vulsos. Azotada por una plaga 
inclemente que está diezman-
do a la población y por la co-
rrupción de los sacerdotes del 
culto a Amón, hábiles manipu-
ladores de la letal enfermedad, 
la ciudad parece vivir sumida 
en la desgracia.
http://www.nachoares.com/
http://www.nachoares.com/libros/la-hija-del-sol/
http://cadenaser.com/programa/ser_historia/
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https://twitter.com/nachoares
 
Egiptología 2.0 | 9
Testimonios del pasado
Moisés González Sucías
Estatua sedente de Kefrén
Nos encontramos ante una escultura de bulto redondo, 
realizada en diorita y tallada a partir de un bloque. Ac-
tualmente, por encontrarse expuesta, no está adosada 
al muro; aunque originalmente sí lo estaba en el templo 
del valle. La presencia del bloque de piedra a partir del 
cual fue realizada, es muy importante, ya que la figura 
humana se encuentra fuertemente sujeta a la masa cú-
bica que conforma el trono de Kefrén. 
Los antiguos escultores egipcios partían de un bloque 
cúbico de piedra para realizar las esculturas de bulto re-
dondo. Grababan una cuadrícula sobre cada una de las 
caras y sobre estas, realizaban en cada lado del cubo, el 
dibujo correspondiente al aspecto que debía presentar 
la escultura finalizada vista desde ese lado. La figura 
humana era dibujada de acuerdo a ciertas proporciones 
que respetaban estrictamente.
Esta técnica de trabajo imprime una marcada ortogona-
lidad a la escultura final e impone ciertos límites a la 
forma, ya que impide tallar siguiendo ejes oblicuos o si-
nuosos, dando por resultado figuras hieráticas y rígidas. 
La vista principal de la escultura es la frontal. Presenta 
una frontalidad estricta ya que los aspectos fundamen-
tales de la escultura aparecen en su parte anterior. Por 
otra parte, la postura de la cabeza y del cuerpo están 
alineadas hacia el frente y no presentan inclinaciones, 
giros o torsiones. Un elemento fundamental a tener en 
cuenta es la dirección de la mirada del faraón que se 
encuentra fija hacia adelante y en el infinito, acentuando 
la frontalidad de la pieza. 
El aspecto de la escultura es absolutamente compac-
to. Predominan los espacios positivos o convexos. Los 
espacios negativos o cóncavos resultan ser poco pro-
fundos y no se observan huecos o perforaciones que 
Diorita. Dimensiones: Altura 168 cm, anchura 57 cm, longitud: 96 cm. Descubierta en una fosa enlosada del 
templo del valle de Kefrén (Guiza), en las excavaciones de Auguste Mariette en 1860. IV dinastía, Reinado de 
Kefrén (2520-2494 a.C.). Localización actual: Museo Egipcio de El Cairo, JE 10062, Planta Baja, Sala 42.
Estatua sedente del faraón Kefrén. | Wikimedia 
Commons.
atraviesen la piedra de lado a lado. Tanto la figura humana como el trono forman parte de un único bloque y 
se encuentran sólidamente unidos. Como veremos más adelante, estas características influirán tanto en la luz 
como en la dinámica de la obra. No hay relaciones, la escultura está en un estado de aislamiento, cada una de 
sus partes está encerrada en sí misma. 
En la pieza se impone la axialidad. El eje central vertical divide prácticamente a la escultura en dos partes casi 
iguales. 
Las direcciones rectoras de la pieza son las verticales en primer lugar, y las horizontales en segundo lugar. La 
 
10 | Egiptología 2.0
Reconstrucción del complejo funerario de Kefrén. En el 
extremo inferior derecho, puede apreciarse el templo del 
valle. | Wikimedia Commons.
primacía de las direcciones ortogonales im-
prime a la escultura un marcado carácter 
estático y una fuerte sensación de perma-
nencia en el tiempo. Como ya hemos dicho, 
la escultura se encuentra inscripta en for-
mas cúbicas (prisma regular) y podría re-
solverse mediante una sucesión de cubos 
de tamaño decreciente. Predominan los án-
gulos rectos. 
El equilibrio de la escultura se ha logrado 
mediante la idéntica distribución de los vo-
lúmenes a ambos lados del eje central ver-
tical. Por lo tanto la obra es perfectamente 
simétrica. La simetría es la manera más 
elemental de obtener el equilibrio. Cuando 
el equilibrio se impone a partir de la simetría 
estricta la obra presenta poca variedad y su 
dinámica y tensión son mínimas. La sime-
Ejes y composición de la escultura. | Wikimedia Commons / Weepingredorger.
tría contribuye al carácter marcadamente estático de 
la escultura egipcia. 
La sensación es de una gran pasividad, percepción 
inmediata de un bloque muy geometrizado y com-
pacto. Gran unidad, pocos detalles todos los volú-
menes están inscriptos dentro del mismo esquema 
geométrico. 
Los ritmos más sobresalientes son los que se ob-
servan en la falda y en el tocado. En esas regiones 
las incisiones producen una sucesión regular de zo-
nas de luz y de sombra. Otros ritmos aparecen en la 
repetición de otros elementos como los brazos, las 
piernas, los pies, etc. también en este caso los rit-
mos son regulares. 
La figura humana se encuentra idealizada. Kefrén 
aparece como un hombre joven y esbelto en la ple-
nitud de la vida. Sus hombros son anchos, la cintura 
es estrecha y las piernas son fuertes. 
Si bien se buscaba un cierto parecido con la reali-
dad, la imagen de los faraones siempre se embe-
llecía de modo que la representación fuese perfec-
ta. Por lo tanto los rasgos del rostro y la forma del 
cuerpo están tipificados y no reproducen la auténtica 
fisonomía del faraón. 
La identificación de la escultura con Kefrén no pro-
viene de la similitud entre los rasgos del faraón y los 
de la escultura, sino de la inscripción que aparece 
en la estatua. Las proporciones de la figura humana 
se ajustan a ciertas reglas estrictas que se aplica-
ban también a la pintura y derivaban de ella. Efec-
tivamente, la figura humana se dibujaba sobre la 
cuadrícula inscripta en cada lado del bloque, y las 
proporciones de la figura humana se ajustaban a 
 
 
Egiptología 2.0 | 11
esa cuadrícula. Así, por ejemplo, el puño se inscribía en un cuadrado, el pie ocupaba dos cuadrados, y la altura 
de la figura estando de pie alcanzaba 18 o 21 cuadros, dependiendo de la época. En el Imperio Antiguo la altura 
de la figura humana de pie equivalía a 18 cuadros.
Estatua sedente del faraón Kefrén. Ludwig 
Borchardt (1863-1938) - Catalogue Généraldes Antiquités Égyptiennes du Musée du 
Caire. | Wikimedia Commons.
En esta obra no encontramos perspectiva jerárquica ya 
que la figura del faraón no está acompañada por las de 
otros personajes. Pero este recurso fue empleado asi-
duamente en el Antiguo Egipto, tanto en la escultura de 
bulto como en el relieve y en la pintura. 
La representación de Kefrén obedece a ciertas conven-
ciones: se encuentra sentado con ambos pies juntos, las 
manos sobre la falda, una mano hacia la mesa de ofren-
das y la otra sosteniendo el rollo de autoridad. La vista 
se posa rígidamente en el infinito. Esta posición consti-
tuía una regla o canon, y por esa razón se la denomina 
posición canónica. También el atuendo es convencional: 
Kefrén luce el tocado ritual (klaft) que lo identifica como 
faraón, y una túnica que le cubre la parte inferior del 
cuerpo hasta las rodillas, dejando el torso descubierto. 
Las diferentes texturas o diferentes tratamientos de las 
superficies se traducen en una diferente incidencia de 
la luz, las áreas pulidas se observan lisas y brillantes 
mientras que las áreas rugosas se perciben opacas; las 
texturas con patrones repetitivos producen zonas en las 
que la luz y la sombra se alterna.
La superficie de la obra aparece, en general, muy lisa, 
pulida y brillante, con excepción de las texturas ya men-
cionadas del tocado y la falda, realizadas con incisiones 
paralelas y regulares. El material en el que está realiza-
da la escultura -diorita negra- admite un acabado liso y 
brillante por tratarse de un material muy duro. 
La pieza presenta el color natural de la piedra. No se 
observan restos de policromía.
Parte superior de la estatua 
sedente de Kefrén. | Algargos.
Si bien las esculturas egipcias se caracterizan por su estatismo y por su 
baja tensión, en este caso existen ciertos elementos dinámicos que de-
ben ser tenidos en cuenta al analizar la obra. En primer lugar, por tratarse 
de una escultura cuya superficie se encuentra bien pulida, la luz produce 
cierta reverberación generando reflejos que son más intensos en algu-
nos lugares que en otros. 
Por esa razón, aún cuando no existen zonas de tallado profundo que 
produzcan efectos intensos de claroscuro, el tratamiento brillante de la 
superficie introduce ciertos sutiles efectos dinámicos. En segundo lugar, 
la propia coloración de la piedra, cuya veta cambia de tonalidad pasando 
del negro al gris claro, también introduce cierta variedad y cierta dinámi-
ca visual. 
Kefrén está representado con algunos de los símbolos que lo identifican 
como faraón: la barba postiza y el tocado ritual llamado klaft, que cae 
sobre sus hombros. 
Su mano derecha, apoyada en la falda, se dirige hacia la mesa de las 
ofrendas. En su puño cerrado sostendría un cilindro que simboliza la 
concentración del poder divino, pero que en este caso se ha perdido. Por 
 
 
12 | Egiptología 2.0
detrás del tocado se encuentra la figura de Horus, hijo de Osiris y protector de la monarquía faraónica, repre-
sentado como un halcón. 
El faraón vivo es un Horus. Las cabezas de león en los bordes y las patas del trono se asocian con el simbolis-
mo de este animal: la fuerza y la inmortalidad. También se vinculan con la idea de protección ya que el faraón 
es el supremo guardián del pueblo egipcio. A los costados del trono hay diseños de plantas de papiro (norte) y 
de loto (sur) en unión que significan la unidad del Alto y Bajo Egipto. 
A los pies figuran los jeroglíficos con su nombre y jerarquía. La presencia del nombre resultaba fundamental 
para la sociedad egipcia ya que el nombre significaba la persona en su totalidad. Además, el nombre era esen-
cial para la vida después de la muerte ya que el Ka reconoce al difunto también por su nombre escrito. Esta 
escultura formaba parte de las 23 esculturas del faraón del templo del valle. Tiene una postura solemne y se 
encuentra dispuesto a recibir el Ka. 
Vista lateral de la estatua sedente del faraón Kefrén. | Wikimedia Commons.
Según E. Panofsky “La iconología es.... un método de interpretación que procede más bien de una síntesis que 
de un análisis”. Más adelante agrega: “...el análisis correcto de las imágenes, historias y alegorías es el requisito 
previo para una correcta interpretación iconológica...” 
(El significado en las artes visuales, p. 51).
El análisis iconográfico de la escultura de Kefrén aporta un gran número de símbolos y alegorías a partir de los 
cuales podemos sintetizar el significado intrínseco de la imagen:
La escultura de Kefrén es la apoteosis de la majestad divina. Kefrén es la encarnación de Horus.
 
Egiptología 2.0 | 13
Literatura funeraria en el 
Antiguo Egipto: El libro 
de los muertos
Textos religiosos
Verónica Reyes Barrios
El Libro de los Muertos es un texto religioso egipcio que se escribía en las paredes de las tumbas o en un rollo 
de papiro y se depositaba junto al fallecido. Realmente los egipcios no lo denominaban así, sino que hacían 
referencia al Pert em hru, que se ha traducido como el Libro de la salida al día, Saliendo del día o Manifiesto 
a la luz. Tampoco escribieron un libro como tal, sino que era una serie de papiros y capítulos extraídos en los 
frescos de las tumbas y pirámides, sarcófagos y envoltorios de las momias. 
Como norma general ilustra cuatro fases tras la muerte:
- La protección del cadáver. 
- El viaje al mundo de ultratumba. 
- El juicio de los dioses.
- El Más Allá. 
Libro de los muertos de Pinedyem II. | Wikimedia Commons.
Los principales dioses que se mencionan son Ra, 
Seb, Nut, Osiris, Isis, Horus, Set, Nephthys, Ptah, 
Thot, Khnemun y Tum. 
Se habla de cuatro versiones:
a) Editada por los sacerdotes de la escuela de Annu, 
pero que se perdió. Según lo que se ha estudiado 
fue escrita en jeroglíficos. Se conoce por el estudio 
de cinco copias que han aparecido en las paredes 
de las cámaras y pasadizos de las pirámides de los 
reyes de la dinastía V, VI y XI.
b) Versión tebana: Escrita sobre papiro en jeroglífico. 
Se usó en la dinastía XVIII a la XIX. 
c) Otra versión escrita en papiro con caracteres hie-
ráticos y jeroglíficos. Fue usada por la dinastía XX. 
d) Versión saïta: Los capítulos se ordenaron y fue 
usada desde la dinastía XXVI hasta los Ptolomeo, 
incluidos. 
 
14 | Egiptología 2.0
Embalsamamiento y ceremonia
Los egipcios creían que el cuerpo estaba formado 
por tres elementos:
- Ba: Era el anima, el alma que daba al muerto la 
posibilidad de desplazarse después de la muerte. 
Podía salir de la tumba y deambular a su antojo. El 
ba también lo poseía los dioses y algunos animales 
y objetos. 
- Ka: Fuerza vital, energía que posibilita la vida del 
individuo. Si el ka desaparecía, el individuo moría. 
Para sobrevivir necesitaba alimentarse y beber tras 
la muerte. Al morir, el ka necesitaba el cuerpo para 
poder ir al Más Allá por ello, tenían mucho cuidado 
en preservar el cuerpo mediante procesos de em-
balsamiento. De hecho, muchas fórmulas que apare-
cían en el Libro de los Muertos, eran para conservar 
y reanimar el cadáver. 
- Aj: Fuerza divina que se identifica con la luz. Estaba 
vinculado a la inmortalidad que poseían los dioses. 
Para poder conseguir la vida eterna era necesario 
tener el cuerpo embalsamado de manera correcta. 
Existían muchos procesos diversos a la hora de mo-
mificar que dependían de factores como la época, 
lugar y clase social. El cuerpo se colocaba sobre una 
mesa con un recipiente para ir recogiendo los líqui-
dos que sobraban de los procedimientos que se le 
realizaban al cuerpo. 
Se rompía el tabique nasal y mediante un gancho 
se extraían ácidos que disolvían el cerebro. En el 
interior del cuerpo se vertía vino de palma con sus-
tancias aromáticas. Otro procedimiento más barato 
era licuar los órganos con un aceite corrosivo que se 
extraía por el ano, se rellenaba el cuerpo y se cosía. 
Posteriormente, el cuerpo se dejaba en reposo du-
rante 7 días. Durante estos días se lavaba, adornabay vendaba, las vendas se intercalaban con amule-
tos y se pegaban con resina. Las vísceras -intestino, 
pulmones, estómago e hígados- se introducían en 
canopes -cuatro vasos-. La tapa de cada uno tenía 
forma de cabeza de los hijos de Horus o de Osiris. 
El corazón aunque también se momificaba, se colo-
caba en el pecho del difunto. Por último, se cubría el 
cuerpo con un sudario y con la máscara funeraria. 
Anubis en el proceso de embalsamamiento y ejemplo de vaso canope. | Wikimedia Commons / British Museum.
Cuando se iba a depositar el cuerpo en la tumba se procedía simultáneamente a la ceremonia. Un sacerdote 
recitaba fórmulas del Libro de los Muertos hasta que el sarcófago llegaba a la tumba. Iba acompañado de los 
parientes del fallecido que cantaban o recitaban oraciones. Creían que estas oraciones ayudarían a la persona 
a superar cualquier peligro en el Más Allá. 
Tras la momificación el sacerdote procedía a ‘‘Cumplir la Apertura de la Boca en el Castillo del Oro’’: Se condu-
cía mágicamente al difunto desde el estado de bebé al de adulto para que pudiera enfrentarse a las pruebas y 
peligros del Más Allá. El setem -un tipo de sacerdote- entraba en estado de trance se encargaba de buscar el 
ka del difunto para hacerlo regresar a la tumba y “despertara”: 
“Mi boca ha sido abierta por Ptah. El dios local de mi pueblo desatará las vendas que ciñen mi boca. Toth acu-
dirá ostentando todos sus hechizos mágicos, con lo cual desatará las vendas de Set que enmudecen mi boca 
 
Egiptología 2.0 | 15
Escena del Libro de los muertos 
de Ani. | Wikimedia Commons.
 
16 | Egiptología 2.0
[…]” (Brier, 2008: 132).
El difunto viajaba a través de la barca de Re por el Amaunet o Duat -tierra de los muertos- y tenía que ir supe-
rando una serie de obstáculos hasta llegar al juicio del alma. 
El juicio de Osiris
Cuando el difunto llegaba al inframundo, se encontraba con un laberinto por el que deambulaba enfrentándose 
a diversos peligros. Era guiado por el dios de la necrópolis, Anubis, hacia la Sala de las dos verdades, ya que 
era sometido a un juicio dividido en varias fases.
El juicio de Osiris. | Wikimedia Commons.
La escena era presidida por el dios 
de la resurrección, Osiris, sentan-
do en su trono; un tribunal de cua-
renta y dos jueces o dioses -según 
las fuentes-, el dios de la escritura 
Toth, -con figura de babuino- para 
realizar por escrito la sentencia, 
Anubis se sentaba cerca para com-
probar el indicador de la balanza, 
cerca se situaba Shai -el destino-, y 
tras él Meskhent y Renenet -diosas 
que presidían el nacimiento y la 
educación de los niños-. Las esce-
nas varían en algunos elementos 
según los papiros. 
El difunto era sometido la confe-
sión negativa, para ello primero ne-
gaba una lista de pecados a través 
de una serie de preguntas, como 
por ejemplo:
- ¿Aprovechó el difunto suficiente-
mente la vida como para ser capaz de vivir de nuevo después de la muerte?
- ¿Desarrolló el difunto un fuerte carácter como para continuar con su personalidad?
- ¿Cuántas semillas de eternidad plantó el fallecido en su vida terrenal?
- ¿Hizo el fallecido una realidad de las palabras de la verdad en cada día de su vida, poniéndolas en práctica? 
(Sleem, 2004:21).
Posteriormente, el individuo se sometía a una declaración exculpatoria ante cada uno de los cuarenta y dos 
jueces que presidían el juicio. Por ejemplo, el difunto se dirigía a uno de los dioses y le decía: ‘‘Salud a ti, devo-
rador de sombras que vienes de las cavernas, no he cometido homicidio’’. 
A continuación, se procedía a la psicostasia. Se pesaba el corazón del difunto en una balanza para evaluar la 
pureza del mismo, para ello Anubis extraía el corazón para depositarlo en una parte de la balanza. En el otro 
plato de la balanza se colocaba una pluma de avestruz, la pluma de Maat -representaba la justicia y la verdad-. 
Thot anotaba el resultado y Osiris se encargaba de dictar la sentencia.
Si la pluma y el corazón quedaban en equilibrio, suponía una sentencia positiva. Pero, si el corazón pesaba más 
que la pluma significaba que estaba lleno de maldad por lo que el difunto era sometido a una “segunda muerte” 
que sería una muerte ‘‘definitiva’’. Por ello, su corazón era arrojado a Ammyt o Amam “la devoradora de corazo-
nes” o “devoradora de malvados” -representada con cuerpo de leona, cabeza y patas delanteras de cocodrilo 
y cuartos traseros de hipopótamo-. Cuando finalizaba el juicio, el difunto realiza un segundo viaje, en el cual el 
individuo se enfrentaba a los guardianes de las puertas, que podía superar con ayuda de los textos funerarios. 
 
Egiptología 2.0 | 17
De hecho, algunos textos hacen referencia que tras las confesiones de inocencia debía contar a los dioses sus 
poderes mágicos y para ello contaban la siguiente historia: “Yendo hacia el norte y al pasar cerca de un mato-
rral, a las afueras de una aldea, vio una pierna y un muslo. Y le dieron una llama y una bandeja de cristal, todo 
lo cual enterró junto con otras <<cosas de la noche>> cerca del palacio de las dos verdades. También encontró 
allí al lado un centro de piedra cuyo nombre era El que causa los vientos. A lo cual pronunció un encantamiento 
sobre ambos y la llama expiró, y luego se utilizó la bandeja en un acto de magia para crear un estanque” (Briter, 
2008:134).
El Aaru en El libro de los muertos. | Wikimedia Commons.
Finalmente, superado este periplo alcanzaba 
la vida eterna en el aalu, campos de laru o 
campos de los juncos. En el Aaru -Aalu- reina-
ba Osiris y otros dioses. Los textos describen 
el lugar como un lugar fértil con cañas, cebada 
-a veces aparece el nombre Campo de Juncos 
o Campos que produce las cosechas divinas- 
y donde la pesca y la caza eran favorables. 
Los campos estaban rodeados por un muro 
de hierro, con varias puertas y les atravesaba 
un río. En la vida en Aaru el individuo traba-
jaba en los campos de cebada. Necesitaba 
de los consejos del Libro de los Muertos y de 
la ayuda de sus parientes en la tierra que se 
encargaban de la conservación de su cuerpo, 
ponerle alimento y bebida, realizar sacrificios 
y oraciones. Durante el Imperio Nuevo na-
cen otros libros relacionados con El libro de 
los Muertos como son el Libro de los dos Caminos, el Libro del Am Duat o el Libro de las Puertas. La idea del 
duat representaba para los egipcios el inframundo. 2008:134).
Bibliografía
ELIADE, M. (2014). Lo Sagrado y lo profano. Paidós.
Barcelona.
BRODRICK, M.; MORTON, A. (1999). Diccionario de 
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BRIER, B. (2008). Los misterios del Antiguo Egipto. 
Ediones Robinbook.
CHAMPDOR, A. (1982). El libro egipcio de los muer-
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dad oculta del antiguo Egipto. Saber Más. Libsa.
SELEEM, R. (2004). El libro egipcio de los muertos 
ilustrado. Edaf. 
WALLIS BUDGE, E. A. (2007). El libro egipcio de los 
muertos: El papiro de Ani. Editorial Sirio.
Sobre el autor
Nació en 1987 en Las Palmas de Gran Canaria. Se 
graduó en Historia en la Universidad de Las Palmas 
de Gran Canaria (ULPGC) y realizó un máster interu-
niversitario en Religiones y Sociedades en la Univer-
sidad Pablo de Olavide (UPO) y la Universidad Inter-
nacional de Andalucía (UNIA). 
En el trabajo fin de grado se centró en la figura de Se-
rapis; mientras que en el trabajo de fin de máster en la 
de Osiris. Actualmente, está realizando el doctorado 
Islas Atlánticas: Historia, Patrimonio y Marco Jurídi-
co en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria 
(ULPGC). 
Su propuesta de tesis es realizar una comparación en-
tre los dioses Serapis y Osiris. Además, ha realizado 
cursos sobre religión egipcia en el Centro de Estudios 
del Próximo Oriente y la Antigüedad Tardía de la Uni-
versidad de Murcia.
 
18 | Egiptología 2.0
El tiempo y la mitologización de 
la historia en el Egipto antiguo
Tiempo inicial y maat
El tiempo era experimentado en Egipto estrechamente asociado a los ciclosde la naturaleza y del cosmos, a los 
astros (luna, Sol, estrellas) y al río Nilo. Al margen del carácter cualitativo, se trataba de una realidad vinculada 
con la atemporalidad del accionar divino detrás de los fenómenos. Los cuerpos físicos, que marcaban el discu-
rrir temporal, se entendían como formas exteriores de las deidades. La temporalidad mundana era trascendida 
a través de la ritualidad y su carácter sacro. El tiempo, por lo tanto, se proyectaba sobre el ordenamiento eterno 
que se encontraba más allá del tiempo físico.
La idea de Tiempo Primigenio y de Verdad (maat), relacionados con la actitud egipcia respecto a su propia his-
toria, también se vinculaban con la forma de entender la finalidad y las funciones del reinado, en el marco del 
cual se institucionalizaba una fusión entre lo eterno y lo temporal. 
La mítica temporalidad cíclica supone que el tiempo se 
imbrica, en ocasiones, con el orden transtemporal, di-
mensión en la que llevan a cabo su accionar las entida-
des divinas. Debió existir un tiempo en el que se fijaron 
los modelos divinos de acción, el inicio de una tempo-
ralidad supramundana (la temporalidad primaria) que 
trasciende el flujo histórico en el tiempo físico (Frankfort, 
H., 1998a: 19, 45 y ss.; Clark, R., 1966: 263). En este 
tiempo primigenio tienen lugar los prototipos espirituales 
de lo que puede desarrollarse en tiempo externo o “real”, 
de forma que los hechos del tiempo externo alcanzan 
realidad al actualizar los acontecimientos del tiempo pri-
migenio.
Esta primera vez del tiempo inicial supone el paso de 
la no existencia a la existencia, de Nun a Atum-Ra. Co-
mienza desde aquí una época plenamente divina. Des-
de el momento del despertar de Atum y hasta la victoria 
de Horus, la mitología egipcia se despliega en esta era. 
Únicamente después del tiempo primigenio ocurre la 
historia, produciéndose los hechos de modo efímero y 
único, a los que siguen otros, diferentes, en las mismas 
condiciones. Los acontecimientos del tiempo primero 
siempre se puede repetir y recuperar (mítica y ritualmen-
te hablando). Este primer tiempo, sagrado, es un tiempo 
previo al tiempo (profano), que existió hace mucho, así 
como una dimensión existencial anterior, desde el pun-
to de vista ontológico, al tiempo mundano. Se trata, por 
consiguiente, de la época de las realidades metafísicas 
vivenciadas como mitos e imágenes simbólicas (Eliade, M., 2014: 69). Es un momento paradigmático, modéli-
co, cuyo reflejo en la mundanidad permite el aporte de la sacral fuerza prototípica en los hechos de este mundo. 
En el tiempo primigenio no todo es paz y armonía, pues puede haber conflicto, disensión, antagonismo, si bien 
con la particularidad que la resolución de desavenencias acontece en el marco de la justica, el orden y la verdad 
Maat. Fragmento de pintura mural procedente 
de la tumba de Seti I. Museo Arqueológico de 
Florencia. | Wikimedia Commons. 
 
Historia
Julio López Saco
Egiptología 2.0 | 19
de esa época primordial. Es un tiempo perfecto, una 
edad idílica, una época dorada.
Este tiempo inicial lleva implícito maat (justicia, ver-
dad, derecho), el orden de la época mítica y el accio-
nar de los dioses. Es un concepto, principio universal, 
intrínseco a la emanación divina primigenia, cuya na-
turaleza ordenada es ordenadora y no caótica. Maat 
se personifica, y se convierte en una deidad (hija de 
Atum-Ra y hermana de Shu). Su sustancia es el nu-
trimento que hace funcionar armoniosamente a los 
poderes divinos. Es el orden interno del universo.
En el tiempo primigenio el desorden está sometido 
(no erradicado), mientras que en el mundano, la so-
ciedad humana esa continuamente expuesta al des-
orden, a la arbitrariedad, a la descomposición moral. 
La contingencia del mundo temporal no existe en el 
ámbito del prototipo primordial espiritual, y por eso 
maat debe continuamente ser renovada y restableci-
da en el ámbito social humano (Frankfort, H., 1998b: 
54-56; Morenz, S., 1973: 112-115). En Egipto era el 
faraón el que tenía la obligación de establecer maat 
en el marco del ordenamiento social. A cada diso-
lución social, a cada desorden que aconteciera, co-
rrespondía una restitución de maat, en virtud de que 
la tendencia natural humana era apartarse de maat. 
La discordia civil, el abandono de los templos y de 
la justicia eran características básicas del desorden. 
El rey, como ser humano pero también divino, era el 
encargado de armonizar el orden social con el uni-
versal, una función relevante por su carácter sacro.
A través de maat la esfera mundana podía proyec-
tarse en el tiempo primordial. Para lograrlo había 
que destruir a isfet (desorden y falsedad). Isfet no 
adquiere un aspecto de deidad, y permanece como 
un concepto abstracto. Su modo de hacerse patente 
es como un atributo de las divinidades. Así, un atri-
buto de Nun es el desorden cosmológico, mientras 
que uno de Set es la degeneración moral.
Maat también está presente, además, en la dimen-
sión moral humana, en su accionar. Por tal motivo, 
hacer maat, hablar de él, implicaba acercarse a lo 
divino y trascender lo contingente de la humanidad. 
Este mundo, profano, debía ser realineado con el 
espiritual, con el divino; es decir, rearmonizado con 
maat.
Cronología y ciclicidad temporal cósmica
En el Egipto antiguo el tiempo se consideraba de-
generativo, y el futuro no se veía como perfecto. En 
realidad, era el pasado más remoto la edad dorada, 
esa del tiempo primigenio. El tiempo mundano se 
asociaba con épocas de grandes duraciones, cada 
una gobernada por una deidad. Las grandes etapas 
temporales seguían los ritmos estelares, particular-
mente de Sirio. Era un modo en que la temporali-
dad mundana reflejase la sacra. Antes del primer rey 
mortal, humano, en Egipto, existió una larguísima 
época (de casi catorce mil años) bajo el dominio de 
diecinueve dioses o semidioses. Conforme se pasa 
del gobierno de un dios al otro, va disminuyendo la 
extensión de los reinados. En algunos esquemas 
cronológicos, tal disminución se observa cuando la 
realeza pasa de los dioses a los humanos, específi-
Representación de Maat como diosa alada. Museo 
del Louvre, París. | Wikimedia Commons.
 
20 | Egiptología 2.0
camente a dioses encarnados en cuerpo mortal, es decir, a los faraones. Cuanto más cerca del presente, más 
humana se hace la escala, aunque no se pierdan las correspondencias cósmicas. Ello significa que los regis-
tros cronológicos de los egipcios de la antigüedad no solamente eran históricos, sino metafísicos, simbólicos, 
míticos.
Se usaba el ciclo sóthico, de mil cuatrocientos sesenta años, y otro de diecinueve (ciclo sóthico lunar). Tanto 
en Manetón, como en el canon del Papiro de Turín, los soberanos se disponen en grupos de diecinueve (19 
monarcas de Menes a Zoser en el Papiro turinés, por ejemplo). Este número, empleado en la organización de 
los años de reinado de un faraón, o en las agrupaciones dinásticas, se debía a que se entendía que existía una 
conexión entre Sirio y el rey, tal y como aparece plasmado en, por ejemplo, los Textos de las Pirámides (O’Mara, 
P., 1980: 19-21; 35; Parker, R.A., 1950: 60-61). Así, la estrella era la mediadora celestial entre las esferas ma-
terial y espiritual, mientras que el soberano era el mediador terrenal, al conjuntar en sí mismo atributos divinos 
y humanos. En esencia, los antiguos egipcios referían los reinados de sus mandatarios a los ciclos cósmicos. 
Los períodos temporales de faraones y dinastías formaban parte de una construcción geométrica.
Fragmento del Papiro regio de Turín, descubierto por Bernardino 
Drovetti en 1822. Museo Egipcio de Turín. | Wikimedia Commons. 
El ciento cuarenta y cuatro era tam-
bién un número cosmológicamente 
relevante. Vendría a ser el equivalen-
te de un siglo, y se relacionaba con el 
ciclo sóthico. Cada año tendría treinta 
y seis semanas. Tanto la Piedra de Pa-
lermo como el Papiro de Turín refieren 
períodos completos de ciento cuarentay cuatro años referidos a totales dinás-
ticos. La detallada presencia de ana-
les, diarios faraónicos y listas de reyes, 
atestiguan, por tanto, la capacidad 
egipcia por registrar de modo concien-
zudo, si bien algunos de tales registros 
estaban asociados a aspectos simbó-
licos, en tanto que la precisión mítica 
precedía a la exactitud real (Redford, 
D.B., 1986: 259; 270 y ss.; O’ Mara, 
P., 1980: 36 y ss.). No deja de ser un 
mecanismo para vincular, de modo estrecho, el tiempo profano con el sacro.
De modo análogo a nuestra orientación histórica cristiana, los antiguos egipcios también databan los hechos 
ocurridos en referencia a la encarnación divina (el faraón, de Horus) en el seno de la humanidad mortal. Mien-
tras la encarnación de Cristo, en nuestra temporalidad, es irrepetible, y hace el curso de la historia lineal, para 
el egipcio la encarnación de Horus era un acontecimiento que solía repetirse de continuo. Cada nuevo soberano 
coronado iniciaba un nuevo ciclo temporal (que culminaba con el fin del reinado), lo que implicaba que el tiem-
po histórico se establecía en función del año del reinado de un determinado faraón (Naydler, 2003: 122-123). 
Debe recordarse que el rey garantizaba la armonía de los mundos natural y social con maat, lo cual suponía 
que a su muerte el país quedaba al margen de maat. Un interregno, en el sentido estricto del término, suponía 
la exposición de Egipto al desorden, al caos, a la degeneración. Un interregno es un final del tiempo, de una 
era ordenada por las divinidades, de tal manera que la nueva coronación es una re-creación. La instalación del 
nuevo soberano (antes de la coronación), e inmediatamente después del fallecimiento del anterior monarca, 
se producía con el orto solar, en clara asociación con el triunfo de Ra sobre las poderosas fuerzas del caos 
nocturno. El faraón es Horus encarnado, pero el prototipo regio es Ra, deidad creadora. Como vástago de Ra, 
el soberano, es el sucesor de la deidad genésica. Este peligro concluía con la coronación, un acto simbólico y 
cósmico, de un nuevo faraón, iniciándose, de tal manera, un nuevo ciclo histórico.
Historia mitologízada
En un estado teocrático como el egipcio la historia se centraba en el soberano; era el eje de la misma. En este 
sentido, la historia aparece sometida al ordenamiento mítico superior. De esta manera, adquiere plena validez. 
El tiempo histórico, que se adaptaba al ciclo de cada reinado, presidido por una deidad, Horus, implicaba que 
los acontecimientos propiamente reales (históricamente hablando) eran asumidos en un modelo mítico de ca-
 
Egiptología 2.0 | 21
Maat. Museo del Louvre, París. | Jacques 
Pasqueille
 
22 | Egiptología 2.0
rácter prototípico. Tanto el actual faraón, como el ya 
fallecido, eran dioses. Los muertos se unían con Osi-
ris o con Ra. Los ancestros no pertenecían, de modo 
estricto al pasado, sino que estaban presentes, si 
bien en un plano diferente, el celestial, que encaja-
ba a la perfección con el terrestre. De tal manera, 
su presencia era activa entre los vivos, interviniendo 
en los asuntos de éstos. En este sentido, la muerte 
para el egipcio de la antigüedad no era más que un 
presente eterno que estaba, por descontado, allende 
la historicidad.
Algunos hechos que entenderíamos históricamente 
relevantes, como las obras públicas o ciertas festivi-
dades, podían ser considerados efímeras, transito-
rias y poco dignas de ser registradas. En buena me-
dida, los anales reales, al menos aquellos del Reino 
Antiguo, eran memoriales religiosos, en los que la 
humana moralidad del soberano era absorbida por 
un auténtico prototipo mitológico (Gardiner, A., 1994: 
54-56).
El carácter simbólicamente dual de la monarquía 
(Horus y Osiris en relación recíproca), suponía que 
sus funciones se desplegaban, en buena medida, en 
la esfera mítica, al margen las contingencias históri-
cas. Los escritos faraónicos ahondan, precisamente, 
en dicha espera mitológica. De ahí se infiere que las 
listas regias tuvieron un objetivo cultual, relacionado 
con los antepasados de los monarcas. 
Piedra de Palermo. Probablemente, de la época 
del reinado de Neferirkara (V Dinastía). Museo 
Arqueológico de Palermo. | Wikimedia Commons. 
Los hechos históricos en las listas reales egipcias 
estaban sometidos, como se comentó previamen-
te, a las exigencias de la religión. Del mismo modo, 
los episodios sobre las batallas o las hazañas de un 
soberano victorioso se organizaban, claramente, en 
función del mito. En consecuencia, la intención pro-
piamente histórica era, prácticamente, inexistente. 
Hubo una poderosa mitologización de la historia. La 
lista de las conquistas asiáticas de Ramsés III, por 
ejemplo, es una réplica de la anterior de Ramsés II, 
que ya había empleado una previa de Tutmosis III, 
de hacía tres siglos. Asimismo, los jefes libios del 
templo funerario de Sahure (Dinastía V), aparecen 
posteriormente reseñados en un templo de la Di-
nastía VI, y dos milenios después también se repre-
sentaron en el templo nubio del Taharka etíope (Wi-
lson, J.A., 1956: 130; 267-269; Redford, D.B., 1986: 
272-275). La copia, casi mimética, de recuerdos o 
aspectos históricos implicaba su deshistorización 
(metafísica y simbólicamente hablando) y, por lo tan-
to, su mitologización. Los enemigos son siempre los 
mismos, aunque en realidad hayan sido poblaciones 
diferentes (libios, etíopes, nubios, asiáticos); un ene-
migo estereotipo al que el faraón vence una y otra 
vez. Desde una perspectiva mítica ese “enemigo” es 
Set, síntoma permanente de destrucción, desorden 
y caos. Estos pueblos extranjeros y enemigos del 
país, son adornados con atributos setianos. De ahí, 
por tanto, su continuada repetición.
Si bien algunas escenas que muestran las victorias 
militares del faraón sobre los enemigos de Egipto pu-
dieran, eventualmente, representar, conmemorar o 
celebrar acontecimientos verosímilmente históricos, 
no dejan de ser proyectados hacia el arquetipo de 
un rey-dios eternamente vencedor. Únicamente en el 
Reino Nuevo cierto realismo puede contemplarse en 
los relieves de los templos, aunque siempre sujetos 
al prototipo mitológico. Tal escenografía, en la que el 
faraón es parte ejecutante recuerda, míticamente, el 
orden primigenio establecido en el Tiempo Primor-
dial. El rey es Horus que hace frente a Set, y es, 
además, la viva imagen de Ra en el mundo terrenal, 
siendo capaz de reactualizar el acto genésico y de 
reducir el caos al necesario orden. 
El mantenimiento del orden establecido por parte del 
mandatario es independiente de lo contingente, de 
lo circunstancial de la historia. En este sentido, el ac-
cionar del faraón está imbuido de poder mitológico y, 
por ello, no son acciones históricas propiamente ha-
blando. La armonía del faraón con la esfera del mito 
impone su sello en los aspectos históricos concretos 
en los que se haya enmarcado. Las grandes con-
quistas, las espectaculares cazas, el apresamiento 
de cautivos o la reducción de enemigos por parte del 
faraón poseen evidentes atisbos míticos, de mitos 
entendidos como posibilidades históricas pero im-
 
Egiptología 2.0 | 23
Bibliografía
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Sobre elautor
Julio López Saco (Caracas, 1966), es profesor e in-
vestigador titular en la Universidad Central de Vene-
zuela y en la Universidad Católica Andrés Bello. 
Ex-coordinador del Doctorado en Historia en la UCV y 
ex-coordinador Académico en la Escuela de Historia. 
Doctorado en Historia y doctor en Ciencias Sociales. 
Es miembro asociado activo de varios centros de in-
vestigación, entre ellos el Centro de Estudios de Áfri-
ca y Asia (ULA-Mérida), perteneciente a la Asociación 
Latinoamericana de Estudios de Asia y África, y el 
Centro de Investigaciones Filosóficas y Humanísticas 
de la UCAB, además de autor de más de una decena 
de libros y múltiples artículos en publicaciones perió-
dicas cuyas temáticas se centran en los ámbitos cul-
turales de la historia antigua. 
Se ha especializado en el estudio de las antiguas tra-
diciones míticas y sus referentes iconográficos, de-
sarrollando una línea de investigación que lleva por 
nombre: El mito como sustrato de la cultura.
http://asiahistoria.blogspot.com.es/
http://www.investigacioneshistoricaseuroasiati-
cas-ihea.com/
https://www.facebook.com/julio.saco.1?fref=ts. 
pactadas por lo divino. Aquello ordinario se entrelaza con lo extraordinario; la realidad del reyes distinta a la del 
común de la gente.
Probablemente uno de los más nítidos, esclarecedores ejemplos de una realidad histórica común transida de 
realidad prototípica y mitológica, por mediación de la figura del faraón, haya sido el relato sobre la célebre ba-
talla de Kadesh, en la que se encuentran egipcios e hititas. Se conocen detalles históricos relevantes, y existe 
profusión de inscripciones y relieves sobre la misma, sin embargo se encuentra más allá de lo histórico (Parker, 
R.A., 1950: 63 y ss.; Naydler, J. 2003: 145-146). La presencia del rey supone que los acontecimientos ocurrie-
ron no solamente en el marco de la historia y el tiempo mundano, sino también en un plano mítico.
En la decisiva batalla el faraón, sin ayuda alguna de sus soldados, derrota al enemigo. En los relieves de Luxor 
puede apreciarse la secuencia de la batalla, plena de elementos míticos y simbólicos. Inicialmente en un trono 
dorado (relacionado con el Sol), mira hacia el oeste, entra en el Otro Mundo en su carro, pero en el momento 
álgido se vuelve hacia el este, a la salida del sol, atacando, así, de oeste a este, devastando enemigos hititas 
de un modo análogo a como Ra hace con la sierpe Apep. Así, detrás de las descripciones históricas subyace 
el episodio mítico que determina los hechos y asegura el éxito en la batalla librada. Se trata de un conflicto que 
se lleva a cabo, por tanto, en el tiempo mítico y en el común, en el histórico. Existía, en fin, una unidad básica, 
fundamental, de las dimensiones mítica e histórica en el Egipto de la antigüedad. Es de esta manera que los 
egipcios experimentaron la historia.
24 | Egiptología 2.0
Sobek ‘‘el señor de las aguas’’
Mitología
Gabriela Kostesky Bertoni
Sobek. Fragmento de una relieve del templo de Kom 
Ombo. | Wikimedia Commons. 
 
Cuando nos referimos al dios cocodrilo Sobek, 
deidad fundamental en el Panteón Egipcio, no 
podemos dejar de considerar que su importancia 
obedecería a su vinculación con la fuente de agua 
más importante que tiene y tuvo Egipto, el sagrado 
rio Nilo.
El río Nilo constituyó una fuente de productividad 
en todo aspecto, resultando ser un regulador de la 
vida de la milenaria civilización egipcia, en función 
de lo beneficioso que eran sus crecidas anuales 
para la fertilización de la tierra. Su relevancia de-
terminó, que el antiguo Egipto fuera denominado 
“Kemet”, en alusión a toda la región que era inun-
dada anualmente por la mentada fuente pluvial. 
“Kemet”, o “tierra negra”, aludiendo a un “fango os-
curo muy nutritivo que quedaba cubriendo el suelo 
una vez que retiraban las aguas y el río volvía a 
su cauce”. Cinco Pasos para conocer la antigua 
cultura egipcia, Lorena C. Olhausen. 
La trascendencia de esta fuente de agua, llevó a 
que se celebrara un himno en su nombre: “Te salu-
do oh Nilo, que has venido para hacer vivir a Egip-
to”, según una copia de un texto del Reino Nuevo.
Entre los propios habitantes que tenía el rio, se 
encontraba entre otros, el cocodrilo.
Momias de cocodrilo. | Wikimedia Commons. 
Egiptología 2.0 | 25
El referido animal fue venerado y 
temido por los antiguos egipcios, 
debido a su gran ferocidad y por 
revestir el carácter de transmutador 
de las impurezas de las aguas, pu-
rificando las mismas, limpiando el 
ambiente, al alimentarse de los res-
tos de otros animales. Por ser esca-
sa las fuentes de agua en Egipto, el 
cuidado del río era clave.
Fue considerado el guardián del río, 
y se le asociaba con la fecundidad, 
la fertilidad y la vida misma, consti-
tuyendo un símbolo de la creación, 
creyendo que habría emergido de 
las aguas primigenias.
Se le vinculó a diferentes deidades 
del Panteón Egipcio y fue objeto 
del proceso de solarización, en un 
sincretismo con el dios Ra, dando 
lugar a Sobek-Ra. Se le ha relacio-
nado entre otros dioses, con Seth, 
cado como el propio río Nilo, que según los antiguos egip-
cios, era un “netjeri” (seres divinos que si bien no son dio-
ses, trabajan para ellos y se encuentran en todos los ni-
veles de la creación, como también en el inframundo) que 
habitaba las aguas del río. 
Iconografía
En cuanto a la iconografía de esta deidad, se expresa que 
la misma podría representarse como:
“… cocodrilo / Cocodrilo con cabeza de halcón. Hombre con 
cabeza de halcón. Hombre con cabeza de cocodrilo. Sobre 
la cabeza lleva cuernos retorcidos de los que emerge en 
dos plumas, un disco solar y dos ureos. Puede adornarse 
con la corona atef. En Época Baja es posible localizarlo con 
cabeza de toro, halcón, carnero o león. En su templo de 
Dahamsha aparece también portando un disco solar sobre 
la cabeza…”
Origen del mito
Se expresa que su origen se remonta a tiempos antiguos, 
es decir ya en la I dinastía se tienen vestigios de su culto, 
incluso se lo ha emparentado con una deidad anterior de la 
vegetación. 
Posteriormente, en el Reino Medio, en particular en las di-
Escena de una ofrenda al Dios Sobek. | Walters Art Museum. 
Osiris, Horus, y en función de ello se le ha atribuido en algunas visiones aspectos benéficos y destructores.
Asimismo, se le otorgó el carácter de protector del dios Hapy, identificado como el propio río Nilo, que según los 
antiguos egipcios, era un “netjeri” (seres divinos que si bien no son dioses, trabajan para ellos y se encuentran 
en todos los niveles de la creación, como también en el inframundo) que habitaba las aguas del río. 
Sobek. Fragmento de una relieve del tem-
plo de Kom Ombo. | Wikimedia Commons. 
 
26 | Egiptología 2.0
nastías XII y XIII adquirió singular relevancia, a tal punto que los gobernantes de las mismas adoptaron su nom-
bre, como es el caso de la reina Sobekneferu del 1799-1795 a.C. y de los reyes Sobekhotep II hacia 1750 aCc., 
Sobekhotep III hacia el 1745 a.C. y Sobekhotep IV hacia el 1730-1720 a.C.
Es de señalar que el nombre adoptado de Sobekhotep, significa: “Sobek está satisfecho”.
En el Segundo Período Intermedio, figuran los reyes Sobekemsaf I del 1619-1630 a.C. y Sobekmsaf II hacia 
1570 a.C. En este caso, su nombre se traduciría como: “Sobek es su protección”.
Lugares de adoración
En cuanto a los lugares de adoración del Dios Sobek, desde sus inicios la mentada deidad contaba con dife-
rentes centros de culto.
Durante el Reino Medio, fue destacado en Shedet, en el Fayum, y en época grecorromana, fue destacado el 
templo de Kom Ombo, donde fue venerado en conjunto con el Dios Horus.
Estatuilla de un cocodrilo. Dinastía 
XII. | Wikimedia Commons. 
 
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gua cultura egipcia.
 
OLHAUSEN, C. L. Las Enseñanzas del Dios Sobek.
Sobre el autor
Gabriela Kostesky Bertoni, es Doctora en Derecho y 
Ciencias Sociales por la Universidad de la República 
Oriental del Uruguay, artista visual y profesora de His-
toria del Arte.
Realizó el curso de Arquitectura Egipcia a cargo de 
Víctor Capuchio, en el Museo de Historia del Arte MU-
HAR de la República Oriental del Uruguay. Forma par-
te del grupo de estudio de Filosofía Egipcia y Lectura 
de Jeroglíficos, impartido por Lorena C. Olhaussen.
En 2016 realiza un viaje de estudio a Egipto, donde 
finaliza el curso de “Introducción a la Egiptología”, ex-
pedido por el Consulado de la Unión Económica Ára-
be y la Federación Árabe de Guías de Turismo.
Egiptología 2.0 | 27
La Esfinge de Guiza, Horus en 
el Horizonte Khepri-Ra-Atum
Arquitectura
Sandra Pajares Sotillo
En la meseta de Guiza encontramos una de las obras de arte más famosas, misteriosas e impresionantes de 
todos los tiempos, la Esfinge. Poseedora de su propio simbolismo e historia, este ser, protector de la necrópolis 
donde descansaron Keops, Kefrén y Micerinos, monarcas de la IV dinastía (2575-2465 a.C.), se yergue majes-
tuosa desde hace más de 4.500 años. 
Esfinge de Guiza. | Roderick Eime. 
Mapa del antiguo Egipto. 
| Sandra Pajares Sotillo.
 
La autoría de la Esfinge ha sido motivo de división entre quienes opinaban que 
fue obra de Keops, propietario de la primera de las pirámides que se edificaron 
en Guiza, y quienes le otorgaban el mérito a Kefrén, hijo de éste. El hecho de no 
poseer documentos ni inscripciones que hablen del autor de la obra, ponía más 
en duda quién fue el responsable de su talla. Aun así, en la actualidad cada vez 
son más los expertos que aseguran que el faraón que ordenó su realización fue 
Kefrén, ya que los edificios que acompañan a la Esfinge pertenecen a la época 
de este monarca.
La ciencia también ha ayudado a concretar quién fue el autor de la Esfinge, y 
el geólogo Thomas Aigner lo demostró en sus investigaciones en 1980 llevadas 
a cabo junto al egiptólogo Mark Lehner. Varios estudios estratigráficos realiza-
dos por el científico de la geología donde se ubica la Esfinge y de los bloques 
de caliza que se utilizaron para construir el templo del valle de Kefrén, llevaron 
al experto a asegurar que los bloques del templo fueron extraídos de la parte 
superior del cuerpo de la escultura. Por si esto fuera poco, parte de los bloques 
empleados en el propio templo de la Esfinge son reconocibles (por una serie 
de bandas de color) como procedentes de la parte de debajo de su pecho. Con 
28 | Egiptología 2.0
estos datos se demuestra que los 
bloques que se iban eliminando du-
rante los trabajos de talla de la Es-
finge, fueron utilizados para la edifi-
cación de, al menos, los templos de 
Kefrén que se situaron junto a ella.
Conociendo estos hechos, pare-
ce más que claro que es Kefrén a 
quien debemos agradecerle la crea-
ción de semejante obra. Este mo-
narca fue faraón de las Dos Tierras 
entre 2.572 y 2.546 a.C., y sucesor 
de Djedefre, hermano,al menos, por 
parte de padre. 
A diferencia de Djedefre, para su 
complejo funerario Kefrén eligió 
descansar cerca de su padre, en la 
meseta de Guiza, y aquí erigió su 
complejo piramidal, con la segunda 
pirámide más grande de Egipto, así 
como la Esfinge y el templo de esta. Vista frontal de la Esfinge de Guiza. | Wikimedia Commons. 
Ubicación
Situada al este de la meseta, la Esfinge fue tallada junto al lado norte del 
principio de la calzada de Kefrén, la cual unía el templo funerario y el tem-
plo del valle del monarca. Este último se encuentra, a su vez, al lado del 
propio templo de la Esfinge (frente a la escultura). 
Con 20 m de altura y 73 m de largo, la Esfinge es una escultura gigante ta-
llada en la roca de la necrópolis. A simple vista podemos apreciar una clara 
desproporción entre la cabeza y el cuerpo, debido a que la propia roca en 
la que está tallada tiene diferentes calidades y grietas que hicieron a los 
artesanos responsables de tallarla variar sus proporciones, evitando así 
algunas grietas que pudiesen acabar dañando la escultura. 
La cabeza, más pequeña de lo que debería, está tallada sobre una parte 
de la roca de mejor calidad, mientras que el cuerpo, más alargado de lo 
normal, está sobre roca blanda. Por si esto fuera poco, la geología de la 
base de la escultura es de gran dureza debido a que está formada por una 
base petrificada de arrecifes y fósiles marinos. 
Planta del complejo funerario de 
Kefrén. | Sandra Pajares Sotillo.
 Detalle de la Esfinge de Guiza. 
| Wikimedia Commons.
 
Egiptología 2.0 | 29
Vista frontal de la Esfinge de Guiza. 
| Ana Paula Hirama.
 
30 | Egiptología 2.0
Vista panorámica de Esfinge de Guiza. | Wikimedia Commons. 
Simbología
La Esfinge, con forma de león con cabeza humana, representaría, 
al menos de manera idealizada, a Kefrén. En su cabeza aún se ven 
algunos de los emblemas de la realeza, como el nemes (el tocado) 
y el uraeus (la cobra Uadyet) sobre su frente. Antiguamente habría 
contado además con la barba, hoy desaparecida y conservada una 
parte en el British Museum de Londres. 
Para los antiguos egipcios el león, además de representar a la mo-
narquía, era un arquetipo solar e incluso, en muchas ocasiones, fue 
considerado como el guardián de los lugares sagrados. En Heliópo-
lis, además de adoptar esta creencia y convertir al león en guardián 
de las puertas del inframundo de los horizontes este y oeste, creían 
que el faraón, una vez muerto, se transformaba en dios-sol. Por 
este motivo la Esfinge podría querer representar al monarca tanto 
como dios solar como al león guardián de la necrópolis de Guiza.
Además de esta consideración solar y de guardián, es incuestio-
nable el hecho del poder del león como animal. Uniendo al animal 
con la cabeza del monarca también se podría querer inmortalizar 
el poder de la naturaleza salvaje del león unido al raciocinio del 
faraón, quien controlaría ese poder natural y sería el garante, gra-
cias a estos dos polos opuestos, de que se cumpliera la maat (el 
Fragmento de la barba de la Esfinge 
conservado en el British Museum. 
| British Museum.
 
monarca era el responsable de que este orden cósmico estuviera garantizado en todo Egipto). 
Hay autores que afirman, a su vez, que el hecho de tener un templo (con connotaciones solares) frente a ella, 
hace que la esfinge, como imagen del faraón, muestre al monarca en actitud de entregar ofrendas al dios sol 
(representado en el templo). Sería una interpretación, a gran escala, de las esfinges que, con un recipiente 
entre sus patas, simbolizan la ofrenda del contenido de este.
En el solsticio de verano, y en los días cercanos a él, el sol, visto desde el templo de la Esfinge, se pone justo 
entre las pirámides de Keops y Kefrén, formando, de manera deliberada o por azar, el signo jeroglífico del akhet, 
“horizonte” (un sol entre dos montañas). Algo curioso de este hecho es que la pirámide de Keops era conocida 
en la antigüedad como Akhet Khufu, “el Horizonte de Khufu” (Keops), y que este nombre también fue dado, en 
determinadas ocasiones, a toda la necrópolis de Guiza.
La Esfinge en la Antigüedad
Tallada durante el Reino Antiguo, se cree que el culto a la Esfinge nunca llegó a realizarse durante la IV dinas-
tía, por lo que después de su creación cayó, en cierta forma, en el olvido. Más tarde, durante el Reino Nuevo 
(unos 1000 años después de su creación) los egipcios comienzan a denominarla Hor-em-akhet, “Horus en el 
Egiptología 2.0 | 31
Parte posterior de Esfinge de Guiza. | Wikimedia Commos. 
Horizonte”, adquiriendo así el papel de representa-
ción del dios solar Horus (aunque este simbolismo 
solar es muy probable que estuviera presente en el 
Reino Antiguo).
De estaforma, la Esfinge se relaciona con el dios 
Horus, pero no sólo estará relacionada con él, sino 
que su unión con el astro solar hace que también 
sea Khepri, el dios solar del amanecer, así como Ra, 
el dios solar del mediodía, y Atum, el sol del atarde-
cer. De hecho, esto se hace patente en la “Estela 
del Sueño” de Tutmosis IV, donde la Esfinge le dice 
al monarca: “Yo soy tu padre, Horus en el Horizonte 
Khepri-Ra-Atum”. Confirmando, de esta manera, su 
carácter solar absoluto.
Durante el Reino Nuevo las inscripciones llaman al 
santuario de la Esfinge, situado entre sus patas, Se-
tepet, “el Elegido”, y se sabe que, a partir de este 
momento en el primer año de reinado los monarcas 
acudían a él a adorar a la Esfinge y ser confirmados 
en su posición de poder (comenzando una tradición 
que durará hasta el Imperio Romano). 
En época de Ramsés II, XIX dinastía (1307-1196 
a.C), la Esfinge se convierte en centro de peregri-
nación donde todo egipcio que se lo pudiera permitir 
acude al lugar y deja en él estelas conmemorativas 
de su viaje. Algunas de estas estelas muestran una 
estatua entre las patas de la Esfinge, configuración 
típica de la XVIII dinastía. En la actualidad nada que-
da de esa posible estatua pero, de haber existido, 
ésta habría tenido unos 6 metros de altura.
La Estela del Sueño
Datada del primer año de reinado de Tutmosis IV 
(1401-1391 a.C.) esta estela, de granito rojo y con 
3’5 m de altura y 15 T, relata cómo Tutmosis, siendo 
un joven príncipe, hijo de Amenhotep II, y no des-
tinado a gobernar el trono de Egipto, visita la zona 
durante unas jornadas de cacería. 
Uno de esos días decide dormir a la sombra de la 
Esfinge y se tumba a la altura de su cuello (lo que 
nos demuestra que ésta se encontraba casi total-
mente enterrada). Durante su sueño la Esfinge se le 
aparece y, a cambio de que libere su cuerpo de las 
arenas del desierto, le promete concederle el trono 
de Egipto. 
Tras este relato la estela se rompe, por lo que no 
sabemos cómo continua el texto, lo que sí tenemos 
claro es que Tutmosis IV llegó a gobernar después 
de Amenhotep II. Además de desenterrar la Esfinge, 
Tutmosis IV realiza la primera restauración añadien-
do bloques en algunas partes dañadas del animal, y 
manda edificar el santuario que encontramos entre 
las patas de la misma. 
Si nos fijamos en la estela, algo que nos llama la 
atención es que la Esfinge está sobre lo que parece 
ser un templo. Hay quienes consideran esta repre-
sentación un recurso gráfico que ayuda a situar a los 
dos personajes a la misma altura, pero también ha 
contribuido a generar algunas de las leyendas que 
rodean a la escultura, las cuales hablan de un tem-
32 | Egiptología 2.0
Esfinge de Guiza. Facchinelli, Beniamino 
(1829?-1895?). | Bibliothèque nationale 
de France.
 
Egiptología 2.0 | 33
Ubicación de la Estela del Sueño y detalle. | Hiro Komae / Archaeology Archive Project. 
plo y cámaras secretas ocultas debajo de su cuerpo (algo desmentido por la egiptología).
El templo de la Esfinge
Como hemos visto, la Esfinge de Guiza cuenta con su propio templo, situado frente a ella y alineado al templo 
del valle de Kefrén. Aunque los primeros templos solares, en Abu Gurob, aparecen más tarde, durante la V di-
nastía (2465-2323 a.C.), es el templo de la Esfinge el primer templo de orientación solar asociado a un complejo 
piramidal (el de Kefrén), así como el único templo de la IV dinastía no edificado para la celebración de cultos 
funerarios.
Templo de la Esfinge de Guiza. | Sandra Pajares Sotillo. 
34 | Egiptología 2.0
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WILKINSON, R. H. (2002). Los templos del antiguo 
Egipto. Destino. Barcelona.
Sobre el autor
Sandra Pajares se licenció en Arquitectura Superior 
mostrando especial interés por la Historia de la Arqui-
tectura. El antiguo Egipto es su mayor pasión, lo que 
le ha llevado a realizar diversos cursos sobre el mun-
do faraónico (especialmente sobre su arte). 
Creadora del blog “Bajo las arenas de Kemet” donde 
analiza y estudia la Arquitectura del antiguo Egipto. 
Especializarse en esta materia y un futuro Máster en 
Egiptología son dos de sus grandes metas.
https://bajolasarenasdekemet.wordpress.com
https://www.facebook.com/Bajo-las-arenas-de-Ke-
met-962643477111733/timeline/
https://twitter.com/BajoArenasKemet?lang=es
Situado unos 2’5 metros por debajo de la terraza en la que se esculpió la Esfinge, el templo nunca fue termi-
nado, ya que al ser excavado se encontraron restos de escombros en su interior. La inexistencia de tumbas 
de sacerdotes en Guiza en las que se mencione que alguno de ellos realizó sus labores de culto en el templo, 
también es una muestra de que no llegó a terminarse su construcción, quizá por la muerte de Kefrén. 
Una de las características principales de este edificio es que consta de dos santuarios, uno al este y otro al oes-
te, separados por un patio hipóstilo (patio muy similar al del templo funerario de Kefrén, tanto en su forma con 
pilares monolíticos de caliza revestidos en granito rojo y con espacios frente a ellos para colocar 10 estatuas 
del monarca, así como por el uso de alabastro en su pavimento). En la década de 1960 Herbert Ricke estudió el 
templo, y la presencia de dos santuarios (probablemente techados, al menos en parte, en la antigüedad), y de 
un altar en el patio central, le llevó a la conclusión de que éste estaba dedicado al dios sol en sus tres formas 
como Khepri, Ra y Atum. Si esto era así, los santuarios dedicados a Khepri y a Atum (al este y al oeste respec-
tivamente) techados y en penumbra, habrían contrastado con el patio abierto, repleto de luz y dedicado, según 
esta teoría, al dios Ra. 
El eje frontal del templo de la Esfinge se alinea con el lado sur de la pirámide de Kefrén, mientras que la propia 
Esfinge está desviada 7’3 m al norte. Esto provoca que durante los equinoccios, el sol se esconda por el lado 
sur de la pirámide y consiga entrar por el santuario este del templo de la Esfinge, iluminando así la estatua de 
culto que habrá estado en el santuario.
Majestuosa como pocas, no cabe duda de que la Esfinge de Guiza sigue siendo la mejor protectora de la ne-
crópolis donde descansaron los más famosos monarcas de la IV dinastía.
Esfinge de Guiza. | Wikimedia Commons. 
Egiptología 2.0 | 35
Mehen, el juego de la serpiente
Vida cotidiana
Aroa Velasco
Los juegos de mesa en el Antiguo 
Egipto
Los juegos de mesa, conocidos por to-
dos nosotros, tienen mucha historia, y 
precisamente en Egipto tenemos la prue-
ba más antigua de ellos. Gracias al clima 
árido de la tierra del Nilo se nos han con-
servado juegos de tableros de casi todos 
los materiales: fayenza, madera, arcilla, 
marfil… En numerosas tumbas egipcias, 
entre el ajuar funerario, han aparecido 
sets de juegos, desde el Reino Antiguo 
hasta el final de la época dinástica. Como 
complemento también contamos con re-
presentaciones en tumbas y textos. 
La arqueología nos confirma que estos 
juegos no solo eran para la elite social, 
sino que se podían adaptar a todos, 
encontrando desde lujosos tableros de 
marfil hasta sencillos tableros de piedra 
o arcilla; mientras la etnología nos mues-
tra como los jugadores modernos pue-Tablero de Mehen. Dinastía I. | British Museum. 
den jugar con el trazo del tablero en la misma arena. Con piedras como fichas y astrágalos como dados, todos, 
ricos o pobres, adultos o niños, podían disfrutar de un juego de mesa. 
Por desgracia, las reglas de los juegos de tablero se trasmitían de manera oral, por lo que no tenemos ningún 
tratado de reglas de los juegos egipcios. Para poder saber más de ellos,los especialistas se han basado en el 
análisis de los diálogos de los jugadores que aparecen en la iconografía, y en la observación etnográfica. 
Tablero de Mehen de Peribsen. Dinastía I. 
Museo del Louvre. | Wikimedia Commons.
 
Para el caso de los juegos de mesa egipcios, sabemos que 
éstos combinaban la estrategia con la suerte, moviendo las 
fichas a través del tablero que avanzan al arrojar palos o 
astrágalos, ya que los dados no se conocen hasta la época 
grecorromana.
En esta ocasión vamos a ver el llamado juego de la serpien-
te, o como los egipcios lo conocían, mHn.
La serpiente enrollada
El nombre egipcio de este juego, mHn se deriva de la su-
perficie del tablero de dicho juego, que es una serpiente 
enroscada sobre sí misma. El término mHn significa “la que 
se enrosca”.
El nombre de mHn es el de una divinidad serpiente cuya 
función es proteger la barca solar donde viaja Re/Osiris, 
36 | Egiptología 2.0
durante su pasaje nocturno en el mundo 
subterráneo, y lo hacía formando con su 
propio cuerpo una cabina mágica sobre el 
dios. Gracias a su agresividad y veneno, 
era capaz de repeler todos los ataques 
nocturnos, consiguiendo que Re/Osiris pu-
diera renacer a la mañana siguiente. Se 
trata de una divinidad que siempre apa-
rece como una serpiente, nunca en forma 
antropomorfa. 
¿Cuándo aparece?
Este juego va a estar muy limitado en el 
tiempo, pues solo aparecerá durante el Pe-
riodo Predinástico y el Reino Antiguo, des-
apareciendo a finales del Primer Periodo 
Intermedio. Los ejemplares más antiguos 
encontrados provienen de yacimientos 
La serpiente Mehen en la tumba de Seti I. Valle de los 
Reyes. | Wikimedia Commons.
 
predinásticos como Nagada o Ballas, en tumbas de niños o adultos, que lo incluían dentro de las distracciones 
funerarias que acompañaban al difunto al más allá. También tenemos fragmentos del tablero de este juego en 
tumbas reales de Abydos, como en la del faraón Peribsen de la II Dinastía. En algunas tumbas de las XXVI 
Dinastía, en su deliberada decoración arcaica, incluyen escenas con este juego, aunque no hay evidencia de 
que se volviera a jugar. 
Su desaparición de manera tan brusca ha dado lugar a diversas conjeturas. Algunos investigadores opinan que 
fue prohibido por motivos religiosos, debido a la divinidad serpiente que con el mismo nombre protegía a Re/
Osiris, siendo ésta una manera de ridiculizarlo. Otros opinan que simplemente el juego pasó de moda, ganando 
plaza el juego del senet, cuyo ámbito cronológico y espacial es mucho más amplio. 
Aunque desaparece en Egipto a finales del Primer Periodo Intermedio, durante el III milenio nos encontramos el 
juego de la serpiente en la isla de Chipre, en el Líbano, Siria y en Creta, con tableros mucho más rudimentarios, 
formados solo por una placa de calcita.
Ficha en forma de León. Reino Antiguo. 
| Wikimedia Commons.
 
El tablero y las fichas
El tablero de este juego adopta la forma circular, ya que repre-
senta el cuerpo de una serpiente enrollada sobre sí misma in-
diferentemente en un sentido u otro. Dicho cuerpo está dividido 
en secciones que conforman las casillas del juego por donde se 
desplazan las fichas. No hay un número fijo de casillas como en 
otros juegos egipcios, pudiendo aparecer desde 30 hasta 400 
en algunas representaciones iconográficas, por tanto tenemos 
tableros de muchos y diversos tamaños. El tablero no tenía nin-
guna decoración salvo que pudiera ser pintado, como nos apa-
rece en la representación de la tumba de Hesire (III Dinastía), 
que aparece pintado de amarillo y negro. 
El movimiento de las fichas también varía: se puede empezar 
en la cola para acabar en la cabeza, que sería el centro del ta-
blero, o también se puede realizar el camino a la inversa. 
Respecto a las fichas de juego tenemos un problema y es que 
no ha sido encontrada ninguna pieza en relación directa con los 
tableros hallados. Gracias a la representación en la tumba de Hesire de este juego (junto a otros) junto a las 
fichas, y hallazgos ocasionales de las mismas de manera descontextualizada, podemos afirmar que las fichas 
tomaban dos formas: canicas y figuras animales, muy a menudo leones y leones acostados. 
Egiptología 2.0 | 37
Jugando al Mehen. Tumba de Idu. Dinastía VI. | Aroa Velasco. 
Estas figuritas de leones son 
muy numerosas en época pre-
dinástica, realizadas en calci-
ta y de muy baja calidad; y en 
época tinita, mucho más nu-
merosas, realizadas en marfil 
y de muy buena fabricación. 
Mientras, las canicas, que han 
aparecido en gran número, tie-
nen una dimensión de 1 cm. 
de diámetro y son realizadas 
en diversos materiales: cuarzo, 
gres, calcita…lisas o motea-
das. 
En general, tanto los leones 
como las canicas suelen apa-
recen asociadas entre sí en el 
contexto arqueológico, y con 
los palos arrojadizos. Por lo 
tanto, podemos afirmar que el 
movimiento de las fichas se 
realizaría arrojando estos pa-
los arrojadizos, aunque no se haya hallado ningún tablero de este juego en relación con dichos palos. Pero 
¿Cómo funcionan estos palos? Se suelen utilizar 4 palos arrojadizos de dos caras: una cara es lisa y la otra 
suele tener alguna marca. Al arrojar los palos se cuentan las caras con alguna marca y ese es el número que la 
ficha debe avanzar por el tablero. 
Por otro lado, otros investigadores creen que, al no haberse hallado palos arrojadizos junto a tableros de este 
juego, el movimiento de las fichas se realizaría al adivinar cuántas canicas tenía en su mano escondida su 
contrincante. 
Palos arrojadizos. Reino Nuevo. | Museo del Louvre. 
¿Cómo se juega?
Respecto al modo de jugar, 
las instrucciones y los movi-
mientos de las fichas de este 
juego son todas conjeturas, 
debido a que no se han con-
servado reglas del juego. 
Gracias a las fuentes ico-
nográficas y a la etnografía, 
podemos intentar averiguar 
algo más sobre este juego.
La iconografía de las tumbas 
del Reino Antiguo nos llama 
la atención respecto al nú-
mero de jugadores del jue-
go de la serpiente, pudiendo 
llegar a ser hasta un máximo 
de seis, a diferencia del resto 
de juegos de mesa egipcios, 
en donde solo vemos a dos contrincantes. 
Y respecto al movimiento de las fichas y el objetivo real del juego nos iremos hasta Sudán, de la mano de Cor-
celle-Bellesort, quien establece una aproximación con un juego aún practicado hoy en día. Se trata del llamado 
38 | Egiptología 2.0
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rrection from the coiled serpent”. JARCE, 27: 43-52.
Sobre el autor
Nació en Madrid en 1986. Es licenciada en Historia, 
con un máster interuniversitario en Historia y Ciencias 
de la Antigüedad, especialidad Egipto y Oriente anti-
guos, y actualmente doctorándose en la Universidad 
Autónoma de Madrid. Enamorada del país de Kemet 
desde pequeña, es titulada en lengua y escritura jero-
glífica por el Seminario George Posener, y ha escrito 
numerosos artículos para revistas nacionales e inter-
nacionales. 
Desde Enero de 2014 dirige el proyecto Papiros Per-
didos, con el propósito de acercar el Antiguo Egipto de 
una manera amena, divulgativa y científica, llevando a 
cabo un enorme trabajo de investigación y documen-
tación, clave para la elaboración de una Historia para 
todos.
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Juego de la hiena, que curiosamente tiene también 
un tablero en espiral,con agujeros marcados a modo 
de casillas. 
En este juego no tenemos una serpiente, sino que 
tenemos, en el centro la casilla de un oasis, y la pri-
mera representando un poblado. Las fichas que re-
corren el trayecto son bolas y hienas. Las bolas son 
denominadas “madre” y parten del poblado al oasis, 
volviendo luego al poblado. Cuando la “madre” re-
gresa al poblado, el mismo jugador saca a la “hiena”, 
otra ficha que se mueve de dos en dos, y en sus 
movimientos va devorando al resto de “madres” de 
los demás jugadores.
Es interesante remarcar que estas hienas guardan 
cierta similitud con las fichas en forma de leones, 
pues ambas son muy alargadas, ocupando dos casi-
llas del tablero a la vez. 
Este juego de la hiena refleja algunas características 
típicas de la vida de los baggara, pues en Sudán co-
rresponde a las mujeres el abastecimiento del agua, 
exponiéndose a los peligros del viaje.
Una diferencia importante entre ambos juegos es 
el número de fichas por jugador. Mientras que en el 
juego de la hiena solo son dos fichas (una “madre” y 
una “hiena”), en el mehen cada jugador posee varias 
canicas (unas 6) y un león. 
Una hipótesis más reciente de Pusch comenta que 
las fichas empleadas para avanzar sobre el tablero 
son las figuras animales, mientras que las canicas 
servirían para avanzar, mediante el cual el jugador 
debe adivinar cuantas canicas esconde en su mano 
el adversario. 
Si seguimos la idea de que se asemeja al juego de 
la hiena, podemos afirmar que el objetivo del juego 
es recorrer cuanto antes todo el tablero, en dos via-
jes (ida y vuelta) y “comerse” a todos los adversarios 
posibles. 
Sin embargo, todo esto son conjeturas, y aún nos 
queda mucho por saber de este juego. Su desapa-
rición tan repentina a finales del Primer Periodo In-
termedio, su semejanza con el juego de la hiena de 
Sudán, o su aparición en tumbas muy tardías son 
cuestiones que aún están abiertas a la investigación.
Tablero de Mehen. Abydos. 3000 a.C. 
| Wikimedia Commons.
 
Egiptología 2.0 | 39
Egipto durante el período 
ptolemaico (II)
se conoce como periodo ptolemaico a la etapa de la Historia antigua de 
Egipto que comprende entre el 332 y el 30 a.C., abarcando desde la con-
quista de Egipto por Alejandro Magno hasta la muerte de Cleopatra VII. 
Estos tres siglos se caracterizan por la coexistencia de dos mundos egip-
cios totalmente antagónicos: por un lado, un mundo marcado por la ines-
tabilidad política, la mala administración de la dinastía ptolemaica (305-30 
a.C.), y la crisis económica; y por otro lado, un mundo en el que la cultura 
alcanzó un desarrollo sin precedentes, convirtiendo a ciudades como Ale-
jandría en la capital mundial de la erudición y el conocimiento. Además, 
hay que tener en cuenta el contexto internacional en el que se desarrolla 
el periodo, con la gran expansión territorial de la Roma republicana y el 
dominio en Próximo Oriente del Imperio Seléucida. 
Economía y sociedad
Una vez que llegó al poder, la dinastía ptolemaica no alteró la compleja, 
estructurada y jerarquizada administración económica del Estado egipcio, 
puesto que era mucho más fácil adaptarse y heredar unas instituciones 
que para los egipcios habían funcionado eficazmente durante muchos 
siglos. Sin embargo, eso no significó que no hubiera cambios, con el ob-
jetivo de maximizar la eficacia y rendimiento de la economía. 
En busca de esa meta, por debajo del rey vamos a encontrar una estruc-
tura que cuenta con todos los rasgos del sistema egipcio, pero con la 
impronta particular de la cultura macedónica y griega. El funcionario más 
importante del Estado ptolemaico va a ser el dioiketes, el gerente jefe de 
la administración financiera del reino. Éste era ayudado por una gran can-
tidad de subordinados, incluidos el eklogistes, una especie de contable, y 
el idios logos, el responsable de los recursos privados del rey. El Estado 
Ptolomeo IV. Deir el Medina. 
| Wikimedia Commons.
 
Cronología de los soberanos de la Dinastía ptolemaica. | Shaw, 2014. 
Faraones
Heródoto de Halicarnaso
40 | Egiptología 2.0
vigilaba todo proceso productivo de la actividad eco-
nómica para poder obtener el máximo beneficio po-
sible, siendo una de las medidas estrellas el notable 
incremento de la presión fiscal. De hecho, se estima 
que en el Egipto de la dinastía ptolemaica existían 
más de trescientos impuestos diferentes ligados a 
las actividades económicas. Para realizar tal activi-
dad tributaria, los soberanos ptolomeos introdujeron 
una importante novedad, la acuñación de monedas 
propias. 
No era la primera vez que se usaba la moneda en 
Egipto, puesto que ya se habían utilizado monedas 
importadas para pagar a los soldados mercenarios, 
aunque sí era la primera vez que no solo se acuñaba 
en territorio egipcio, sino que se obligaba a que el 
pago de los impuestos fuera en moneda. El enfoque 
económico de la administración ptolemaica también 
se encuentra en los gobiernos locales, basados en 
los tradicionales nomos, de los cuales sabemos que 
existían unos cuarenta en esta época. 
Dentro de cada uno de estos distritos administrati-
Tetradracma con la efigie de Ptolomeo I. | Wikimedia 
Commons.
 
vos, la actividad económica más importante era la producción agrícola. A nivel teórico, toda la tierra pertenecía 
a la Corona. Sin embargo, a nivel práctico, toda la tierra estaba dividida en dos categorías: basilike ge, la tierra 
del rey que era explotada por granjeros con un contrato de arrendamiento y un pago anual de renta; y la ge en 
aphesei, “la tierra remitida”, con varias categorías: hiera ge, la tierra entregada a los templos para su sustento 
económico; klerouchike ge, la “tierra trabajada por los clerucos”, es decir, las parcelas distribuidas por todo el 
país entregadas a soldados a cambio de su servicio militar; ge en doreai, la tierra asignada a sirvientes de la 
Corona como regalo por el ejercicio de un cargo gubernamental; idioktetos ge, la tierra por así decirlo privada 
que pertenecía a los ciudadanos corrientes y particulares; y por último, politike ge, la tierra asignada a las muy 
escasas ciudades helenizantes existentes en Egipto. Este férreo control estatal no solo se centraba en la pro-
ducción agraria, sino que abarcaba todas las formas de actividad económica: la explotación de las minas y can-
teras, la producción de papiro, las operaciones del nuevo sistema bancario ptolemaico, el control de la moneda 
y el comercio tanto interno como externo...
Si por algo se caracteriza la sociedad egipcia de la dinastía ptolemaica es por la gran diversidad de las gentes 
que la integraban, aunque estuvieran incluidos dentro de unos grupos sociales que no cambiaron mucho res-
pecto a épocas anteriores. Por debajo del faraón, de la estructura del gobierno y de todo el aparato religioso 
estaban los artesanos, tanto los que mostraban su talento en los templos como los “autónomos” de ambos se-
xos que producían por su cuenta en los grandes centros de población para la venta al por menor. Les seguían 
por abajo los machimoi, es decir, los milicianos en su mayoría egipcios que actuaban como soldados o policías. 
Moneda egipcia de bronce acuñada en época ptolemaica. 
| Mi Historia Universal.
 
El hecho de que los lotes de tierra que 
recibían fueran considerablemente más 
pequeños que los de los mercenarios ex-
tranjeros (la mayor no llegaba a los 5000 
metros cuadrados, en comparación con 
los 50000 metros cuadrados a los que 
podía llegar para los mercenarios grie-
gos) da a entender que su posición so-
cioeconómica no era muy alta. 
De hecho, la productividad de estas tie-
rras era tan baja que ni siquiera podían 
permitirse contratar trabajadores que 
los suplantaran cuando eran llamados 
al servicio militar, por lo que solían te-
Egiptología 2.0 | 41
ner muchos problemas económicos. No muy lejos en la escala social se hallaba el conjunto de los campesinos 
egipcios, constantemente enfrascados en la producciónagrícola. Entre otras cosas, tenían que llevar a cabo la 
creación y mantenimiento del sistema de irrigación, la cría del ganado, la arboricultura o las tareas relacionadas 
con la producción de cereales y pienso. A pesar de que también hubo emprendedores exitosos que llegaron a 
arrendar parcelas a grandes terratenientes, lo más normal entre el campesino egipcio era trabajar la tierra como 
arrendatarios de terrenos de la Corona o del templo, o en grandes heredades, dejando poco o nada para algo 
que no fuera la subsistencia marginal. 
Si bien es cierto que la escala social no se vio demasiado alterada, sí lo fue en el caso de la diversidad, al llegar 
a Egipto soldados macedonios, inmigrantes y mercenarios griegos, nuevos grupos de judíos y nubios, o nuevos 
conjuntos de esclavos de origen sirio por lo general. Esta diversidad se manifiesta en el hecho, por ejemplo, de 
la pluralidad de derechos, ya que no se va a juzgar por igual a un egipcio que a un heleno. De este modo, va a 
existir una jurisdicción diferente para cada uno de ellos, con tribunales propios que conservan su tradición jurí-
dica. No obstante, ya sean nativos o extranjeros, todos son iguales ante la única ley común, la del rey, que es el 
que decide quién puede o no ser ciudadano egipcio. Asimismo, la diversidad de pueblos y culturas en un mismo 
territorio no se tradujo en una integración plena o una aculturación por parte de los dos grupos, como prueba 
el hecho de que los matrimonios mixtos fueran escasos o que solo los griegos pudieran acceder al gimnasio.
Expansión militar
La Guerra de los Sucesores (321-280 a.C.), que había enfrentado a los antiguos generales de Alejandro Magno 
(los llamados diádocos) por mantener unido o dividir el imperio, acabó teniendo como consecuencia el naci-
miento de tres grandes reinos: Macedonia, con su pretensión de volver a la grandeza de antaño; el Imperio 
Seléucida, asentado en Siria y Mesopotamia; y el Imperio egipcio de la dinastía ptolemaica, asentado en Egipto 
y la Cirenaica. Estos van a ser los protagonistas de los conflictos militares por el poder y la expansión territorial 
que dominarían el Mediterráneo hasta la caída de Egipto en manos de los romanos en el año 30 a.C.
Desde el principio de la dinastía, los soberanos ptolomeos centraron sus campañas de expansionismo militar 
hacia dos focos: los antiguos centros de cultura griega en el Mediterráneo oriental, como Asia Menor y el Egeo, 
y toda la franja sirio-palestina. El primer caso era bastante problemático para los egipcios, ya que los reyes ma-
cedonios mantenían y luchaban por la hegemonía en la región desde los tiempos de Filipo II, por lo que la con-
sideraban zona indudablemente macedonia por derecho de conquista. La gran baza de los ptolomeos en este 
campo fue contar con la ayuda de las principales fuerzas políticas del mundo griego, como Atenas, Esparta y 
Epiro, las cuales ayudaron a los egipcios a mantener bases en el Egeo, a lo largo de la costa sur de Asia Menor, 
y a mantener alianzas con Chipre y Rodas. Al principio de la dinastía, durante el reinado de los tres primeros 
ptolomeos, las victorias egipcias se sucedieron, momento tras el cual la región acabó siendo para macedonios 
y seléucidas, de tal modo que la presencia egipcia en el mundo griego era mínima a finales del siglo III a.C. 
Mapa del Mediterráneo oriental y Próximo Oriente a mediados del siglo III a.C. | Geacron. 
42 | Egiptología 2.0
El mismo patrón sucedido en el mundo griego, el 
de una expansión inicial seguida de una gran rece-
sión después, se dio también en Siria-Palestina, a 
comienzos del siglo II a.C. Las razones por las que 
se quería controlar esta región eran muchas: en pri-
mer lugar, por su posición geo estratégica para la 
defensa de Egipto y de Chipre; en segundo lugar, por 
los grandes beneficios económicos y fiscales que su-
ponía el control de Fenicia, el gran centro mercantil 
de Petra, y los recursos madereros del Líbano; y en 
tercer lugar, por haber sido desde hacía muchos si-
glos un tradicional lugar de conquista y explotación 
egipcia. El fundador de la dinastía, Ptolomeo I, llegó 
a doblegar la zona (probablemente hasta el río Éu-
frates) unos años en el último tercio del siglo IV a.C., 
a pesar de que el territorio se le había concedido a 
Seleuco. Esto fue el origen de una gran cantidad de 
guerras (al menos seis diferentes solo durante el rei-
nado de Ptolomeo II, 285-246 a.C.) contra los seléu-
cidas en territorio sirio hasta el reinado de Ptolomeo 
VI (180-145 a.C.).
En ambos casos, las grandes victorias del principio 
se debieron a una serie de condicionantes clave que 
no estuvieron presentes en los grandes fracasos del 
final: un ejército y una armada eficaz, una base eco-
nómica amplia para nutrir esas fuerzas armadas, y 
una situación interna en Egipto favorable a este tipo 
de empresas expansionistas. El ejército de la dinas-
tía ptolemaica, al ser su fundador un general de Ale-
jandro Magno, contaba con las características que 
definieron a éste último. Los principales elementos 
que formaban este ejército eran una falange de in-
fantería pesada armada con picas de gran longitud 
(de 5.5 metros como mínimo), una fuerza de choque 
basada en una caballería pesada de escuadrones de 
macedonios, tesalios y aliados, y una infantería lige-
ra de élite, llamada hypaspists, que se encargaban 
de rellenar los huecos que aparecían en la formación 
en combate entre los dos primeros cuerpos. Ade-
más, estas fuerzas de combate estaban reforzadas 
por una gran cantidad y variedad de tropas ligeras, la 
mayoría mercenarias, y tanto a caballo como a pie.
Reconstrucción de cómo serían los hipaspistas del ejército 
macedónico. | Wikimedia Commons.
 
Uno de los primeros cambios que 
se puede apreciar en el ejército pto-
lemaico de los primeros tiempos, 
al final del siglo IV y en el siglo III 
a.C., es la progresiva desaparición 
de los macedonios dentro de las filas 
de las fuerzas de combate, primero 
a favor de los mercenarios y luego 
a favor de los machimoi. Por lo que 
sabemos a partir de fuentes de co-
nocimiento antiguas, en la batalla de 
Rafia (217 a.C.) Ptolomeo IV dispo-
nía de un ejército formado por 3000 
jinetes de élite, de los cuales más de 2000 eran libios o egipcios, y por 45000 soldados de falange, de los cuales 
al menos 20000 eran egipcios. Además, contó con unos 12000 jinetes mercenarios provenientes de Grecia, 
Creta, Libia y Tracia, por lo que los descendientes de los macedonios que conquistaron Egipto habrían sido una 
minoría.
No obstante, el ejército de tierra no era la única fuerza de combate de la que disponía el Egipto ptolemaico 
para sus ambiciones expansionistas, ya que también contaban con una poderosa flota para realizar la guerra 
naval. La tremenda importancia estratégica de contar con una buena flota ya se había visto con anterioridad 
Disposición inicial de ambos bandos en la 
Batalla de Rafia del 217 a.C. | Arrecaballo.
 
en el mundo macedonio, siendo la batalla de Salamina 
(306 a.C.) entre Ptolomeo I y Demetrio en las costas de 
Chipre, con desastroso resultado para el bando egip-
cio, el mejor ejemplo. En esa ocasión Ptolomeo con-
taba con unos 140 barcos de guerra, que al final no 
pudieron hacer frente a los 180 barcos de su enemigo. 
Demetrio confió el mayor peso al ala izquierda, la que 
dirigía personalmente, con el objetivo de envolver las 
líneas de Ptolomeo para empujarlas hacia la costa, 
donde estaba su cuerpo de caballería. Por el contrario, 
el centro y el ala derecha eran relativamente ligeras, 
por lo que Ptolomeo centró sus mayores esfuerzos en 
el bando izquierdo y acabó derrotado. A pesar de los 
Egiptología 2.0 | 43
grandes esfuerzos que se hicieron en los primeros cincuenta años de la dinastía por construir una flota naval 
a la altura del mundo griego, lo cierto es que el poder marítimo ptolemaico en el Mediterráneo oriental se va a 
disminuir gradualmente, acumulando derrotas una detrás de otra. 
Ocaso dela dinastía
La situación política egipcia estaba muy deteriorada desde finales del siglo III a.C. El mensaje de integración 
entre egipcios y griegos que había propugnado Alejandro Magno nunca tuvo consecuencias trascendentales 
en el Egipto de la dinastía ptolemaica, desprovisto de sus posesiones en Palestina y los puertos del Egeo, y 
con reyes tan poco acertados en sus medidas de política y seguridad estatal como Ptolomeo IV o Ptolomeo V 
(221-180 a.C.). 
La decadencia de la dinastía ptolemaica en Egipto se debió a una conjunción de factores que combinados me-
llaron la frágil estabilidad política y económica por la que se habían caracterizado esos tres últimos siglos de 
Historia egipcia previa a la ocupación romana: la decadencia de la realeza como institución, no solo por sus pér-
didas territoriales y de prestigio, sino también por sus guerras de poder; las crecientes tensiones sociales entre 
nativos y extranjeros, sobre todo contra los griegos, usados a modo de chivo expiatorio; y el gran aumento de la 
Árbol genealógico de la dinastía ptolemaica en 
Egipto. | Wikimedia Commons.
 
conflictividad interna entre los propios egipcios, 
generada por la mala situación socioeconómica y 
política vivida. 
Los casi setenta años que existen entre la abdi-
cación de Ptolomeo I a favor de Ptolomeo II (285 
a.C.) y la ya mencionada batalla de Rafia (217 
a.C.), durante el reinado de Ptolomeo IV, suponen 
el momento de mayor desarrollo y prosperidad de 
Egipto a nivel interno y externo durante la dinastía 
ptolemaica. 
Son unos años en los que el helenismo en tierras 
egipcias se mantiene casi íntegro y en los que 
Egipto es sin duda el más rico, prospero y acti-
vo de los reinos helenísticos recién creados tras 
la muerte de Alejandro Magno y la Guerra de los 
Sucesores. 
Desde el principio los soberanos ptolomeos van a 
reinar en Egipto llevando a cabo un gran equilibrio 
entre los dos mundos: no podían defraudar las ex-
pectativas de sus seguidores greco-macedónicos, 
pero tampoco podían decepcionar y fallar en las 
exigencias que implicaba la monarquía egipcia. 
Por tanto, siempre van a tener que gestionar sa-
biamente las diferentes sensibilidades y desarro-
llar estrategias de poder que les permitieran tener satisfechos a ambos mundos, por lo que, una vez que eso 
falló, toda la estructura institucional empezó a desmoronarse.
Los problemas generados por las luchas internas de poder en la propia dinastía se vieron agravados por el in-
contenible crecimiento de la conflictividad social, sobre todo en la capital de la dinastía, Alejandría. Al menos en 
el caso de esta ciudad, esto se tradujo en violentas turbas que empezaron cuando se produjo el linchamiento 
y asesinato de Agátocles y sus familiares, uno de los altos cargos del gobierno egipcio de Ptolomeo IV tras la 
muerte de éste en el 205 a.C. 
A partir de ese momento, esta turba alejandrina va a ejercer un gran poder de influencia en las decisiones po-
líticas, hasta tal punto que tomaron parte en el conflicto entre Ptolomeo VI y Ptolomeo VIII e incluso llegaron a 
asesinar al propio Ptolomeo XI en el 80 a.C. pocos días después de su coronación. Los niveles de caos y su 
propensión a la anarquía alcanzaron cotas tan altas que fue necesaria la intervención romana de Julio César en 
44 | Egiptología 2.0
el 48/47 a.C. para poder pararla. 
Este recurrente descontento civil ha sido considerado muchas veces en la historiografía solo como una reacción 
nacionalista de los egipcios contra los griegos y macedonios, aunque lo cierto es que es mucho más complejo. 
No solo se trataba de nativos contra extranjeros, sino de pequeñas guerras civiles y rebeliones entre los propios 
egipcios, como fue el caso del conflicto entre las ciudades de Hermontis y Cocodrilópolis en época de Ptolomeo 
VIII (170-116 a.C.) o el de la creación en la Tebaida de un Estado independiente al egipcio gobernado de forma 
sucesivo por dos reyes nativos, Harannofris y Caonnofris, entre el 205 y el 186 a.C. Más allá de la política a gran 
escala, la población egipcia tenía muchos motivos para la insatisfacción: huelgas, hambrunas, la agobiante 
presión fiscal, éxodos masivos, bandolerismo, ataques de forajidos, expolios de templos... 
Relieve de Ptolomeo VI en el templo de Edfú y relieve de Ptolomeo VIII en el templo de Kom Ombo. 
| Wikimedia Commons / Borrego Gallardo, 2005.
 
Hay que tener en cuenta que todo esto estaba pasando en Egipto en un contexto internacional en el que la repú-
blica romana extendía cada vez más su influencia cultural y política en territorios como el Mediterráneo oriental. 
La desaparición del reino egipcio de los ptolomeos fue el último paso de una expansión romana que ya había 
conseguido la desaparición del reino de Macedonia (167 a.C.), la consecución del reino de Pérgamo (133 a.C.), 
y la erosión y anexión de lo que quedaba del imperio seléucida (64 a.C.). 
Sin embargo, dicha expansión no se había producido rápidamente, sino que había sido la consecuencia inevi-
table de las relaciones con la tierra egipcia desde el principio de la dinastía. Se pasó de unas relaciones diplo-
máticas de cortesía y respeto mutuo del reinado de Ptolomeo II, incluyendo el envío de una embajada a Roma 
en el 273 a.C., a una relación en la que la independencia de Egipto dependía completamente del apoyo político 
y militar romano. 
Desde mediados del siglo II a.C., Roma se convirtió en el mediador y protagonista de los conflictos egipcios, 
tanto en la lucha dinástica entre Ptolomeo VI y Ptolomeo VIII, como en las revueltas de la turba alejandrina con-
tra Ptolomeo XII y en las guerras de poder entre Cleopatra VII y sus hermanos Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV. 
El resto es Historia. Roma conquistó la Cirenaica en el 96 a.C., Chipre en el 58 a.C. y Egipto finalmente cayó 
en el año 30 a.C. tras uno de los enfrentamientos más famosos de la Historia antigua.
Egiptología 2.0 | 45
Sobre el autor
Heródoto de Halicarnaso nació en Tenerife en 1990, 
mostrando desde pequeño su afición por el conoci-
miento de lo sucedido en el pasado. Se licenció en 
Historia por la Universidad de La Laguna en 2013, 
mostrando interés sobre todo por la historia antigua 
de Egipto y Próximo Oriente, la Historia del Siglo XX, 
la creación de la imagen real en la edad moderna, y 
la Historia militar antigua y contemporánea. Desde fe-
brero de 2014 lleva el blog “Historiae”, en el que trata 
de enseñar la Historia de la Humanidad, independien-
temente del nivel de conocimientos del lector, y de una 
forma en la que se trata de combinar el rigor, la pro-
fesionalidad y la veracidad, con la sencillez, la ameni-
dad y la visualidad. Además, es redactor habitual en la 
sección de Historia de la web “Que Aprendemos Hoy”.
https://historiae2014.wordpress.com
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9GhQ-4lNeFVhb0Kg
https://www.facebook.com/groups/394312347417735
https://twitter.com/HistoriaeBlog
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Commons.
 
46 | Egiptología 2.0
Anubis, la llave de 
la inmortalidad
Dioses
Irene Santamaría Linares
Uno de los dioses más conocidos del antiguo Egipto es Anubis, divinidad vinculada con el mundo de los muer-
tos desde los albores de la historia egipcia. Hasta el Reino Nuevo era por excelencia el dios del Inframundo, 
aquel ante el que había que presentar las ofrendas pertinentes y realizar las plegarias correspondientes, pues 
de esa forma el difunto podía alcanzar la eternidad. Sin embargo el propio fruto de su creación, Osiris, será el 
que ocupe su lugar como dios de los muertos, incluyendo no solo el protagonismo sino también algunos em-
blemas, como el imy-wt.
Anubis. Templo de Hatshepsut. | Wikimedia 
Commons.
 
Genealogía, roles y centros de culto
Dios vinculado al chacal o al perro salvaje de color ne-
gro. El nombre de Anubis (Inpw), como indica el papiro 
Jumilhac, puede entenderse como una forma de Horus 
Niño en su apariencia de Wadjet o diosa cobra, o incluso 
de Osiris; el hecho de que pueda evocar la figura de un 
niño puede ser que esté vinculado con el concepto de 
nacimiento, de salir del útero materno y, en última ins-
tancia, con el niño que, en el futuro, se convertirá en rey. 
En el documento mencionado unas líneas más arriba se 
encuentran explicados otras hipótesis sobre el origen de 
este dios (VI 3-16). Brunner, por ejemplo, defiende que 
el origen de Inpw es “hijo real” o “hijo de la casa real”, 
es decir, que tiene un marcado carácter principesco; Du-
quesne comparte ese origen, pero Hart lo relaciona con 
la palabra “putrefacto”, de tal forma que el dios evocaría, 
en su nombre, la misma descomposición del cadáver 
que se debe frenar a través del embalsamamiento. 
La genealogía de Anubis también tiene varias interpre-
taciones. Una versión defiende que es fruto de una rela-
ción incestuosa entre Osiris y Neftis; Isis, compadecida 
por el infante, decide adoptarlo como su propio hijo, de 
ahí que en ocasiones se denominara como “hijo de Isis”. 
Puede que haya una alusión a esa relación en Plutarco, 
donde él relata que […] de ahí que Isis engrendró legíti-
mamente a Horus, mientras que Neftis clandestinamen-
te a Anubis […]. De época romana se tiene constancia de una mortaja (S.II d.C.) conservada en el museo Pus-
hkin (Moscú) donde aparece el difunto acompañado por un Anubis tocado con el disco solar; esa excepción 
en su iconografía puede interpretarse como un indicio del vínculo existente con Isis, pues ese tocado es muy 
similar al de Hathor, la cual se asimiló también en tiempos grecorromanos a Isis. En los Textos de los Ataúdes 
se menciona que Anubis es hijo de la vaca celeste Hesat -cuyo vínculo quedó plasmado en el templo funerario 
de Hatshepsut en Deir el-Bahari- o de la diosa gata Bastet. La idea de un Anubis cuyo origen es celeste se 
desprende a su vez del mito de Osiris e Isis que nos relata Plutarco (44):
[…] Cuando Neftis dio luz a Anubis, Isis lo tomó a su cuidado; pues Neftis es lo que está bajo tierra y lo invisible, 
Isis, en cambio, lo que está sobre la tierra y lo visible; y el círculo que los toca y se denomina horizonte por ser 
común a ambos, es llamado Anubis y es representado bajo la forma de un perro; pues también el perro usa 
igualmente de la vista, tanto por la noche como por el día; y Anubis parece tener entre los egipcios el mismo 
Egiptología 2.0 | 47
poder que Hécate entre los griegos, por ser a la vez 
ctónico y olímpico […].
El hecho de que Anubis se viera como un dios que 
conectara el mundo superior e inferior puede ser la 
razón por la que, en época romana, se sincretiza-
ra con la divinidad grecorromana conocida como 
Hermes/ Mercurio. En Apuleyo (Metamorfosis XI 
11) también está recogida esa idea de Anubis como 
nexo entre, en este caso, el cielo y el infierno:
[…] Inmediatamente detrás accediendo a caminar 
sobre piernas humanas, marchan ahora los dioses. 
El primero, de aspecto sobrecogedor, era el gran 
mensajero que enlaza el cielo y el infierno: rostro 
negro o dorado, pero ciertamente sublime, sobre su 
largo y erguido cuello de perro; se llama Anubis: lleva 
un caduceo en la mano izquierda y agita con la dere-
cha una palma verdosa. […]
Mas, ante todo, es conocido por su papel como dios 
de los muertos, pese a que su rol dentro del enorme 
elenco de deidades egipcias vaya mucho más allá: 
se encargaba de supervisar los trabajos de momifi-
cación, así como acompañar al difunto ante el Jui-
cio de Osiris. Es por eso que Anubis adquiriera una 
forma animal de chacal, animal cuya naturaleza era 
merodear por las necrópolis y, en ocasiones, profa-
nar los enterramientos para alimentarse de los cuer-
pos. No es hasta el Reino Nuevo que adquiere una 
segunda forma como dios antropomorfo con cabeza 
de chacal.
Su principal centro de culto se encontraba en Asyut –
aunque también era adorado en Tinis (Abidos) desde 
periodos muy remotos-, ciudad del nomo XIII del Alto 
Egipto, cuyo templo se situaba, junto con el de Ha-
thor, Osiris y Tot -nótese que todas estas divinidades 
tienen un papel en el Inframundo egipcio-. Que este 
fuera el emplazamiento elegido para ser el centro de 
culto de Anubis y Upuaut puede responder al sim-
bolismo del paisaje, que muchas veces olvidan los 
egiptólogos: estaba situada en el centro de Egipto, 
como puerta de entrada a los oasis -como Upuaut, 
“abridor de caminos”-, y además como frontera en-
tre el Alto y Bajo Egipto. Para saber algo más sobre 
el culto o los festivales realizados en Asyut se debe 
acudir a la tumba de Djefaihapu (reinado de Senusret 
I, XII dinastía), príncipe de la región de Asyut, entre 
cuyos títulos poseía el de Supervisor de los Profetas 
del Dios Upuaut. También se dice que tiene respon-
sabilidades en el templo de Anubis, donde realiza in-
tercambios de ofrendas muy frecuentes entre ambos 
santuarios.
Formas de Anubis
En la iconografía Anubis se puede presentar, grosso 
modo, de dos formas: como dios antropomorfo con 
cuerpo humano y cabeza de chacal, o como chacal 
sedente. No obstante, hay una tercera forma: puede 
estar representado como dios con cuerpo humano 
completo, pudiendo ser identificado solo porque su 
nombre aparezca en las inmediaciones. 
En su apariencia de chacal de color negro sentado 
se apoya, por lo general, sobre un pedestal. La re-
presentación más antigua de Anubis en esa forma 
Anubis antropomorfo -el primero empezando por la izquierda-. Se distingue 
únicamente por la inscripción que lo acompaña: Inpw nb tA Dsr (“Anubis, 
señor de la tierra sagrada”). | Wikimedia Commons.
 
48 | Egiptología 2.0
se puede apreciar en una pieza del Museo de Bellas Artes de Boston (11.721), situada en el templo funerario 
del rey Menkaure, como si fuera el eterno vigilante de los cultos realizados al monarca. El pedestal mencionado 
a su vez estaba relacionado con Upuaut en su forma de chacal sedente, por lo que a veces se hace muy difícil 
diferenciar a ambos dioses cánidos. El empleo del color negro es significativo, pues se asociaba a la fertilidad 
y, por tanto, con el renacimiento, con la vida. Puede que estuviera inspirado también con el color que tomaban 
los cuerpos tras el tratamiento con natrón y la aplicación de resina. Suele estar acompañado por el cetro shm 
(sekhem) -flagelo de Osiris, significa “poder”, “poderío”- y el ojo W3dt (wedjat)- o una combinación de ambos-.
Detalle de la tumba de Nefertari (QV 66), esposa de Ramsés II. 
| Wikimedia Commons.
 
Sin embargo, el chacal no estaba adscrito 
solo a Anubis, sino que se suceden toda 
una serie de divinidades que también se 
vinculan con este animal del desierto. 
Se encuentra Upuaut, ya mencionado, 
deidad cuyo papel se centraba en prote-
ger al rey y a su territorio en vida, mien-
tras que Anubis hacía lo mismo, pero en 
el Más Allá -en PT 1867b se menciona 
a Anubis como protectordel palacio itrt 
del Sur-. Durante mucho tiempo se creyó 
que los dos eran manifestaciones de una 
misma deidad, hasta el descubrimiento 
de una viñeta en el Libro de la Salida al 
Día donde aparece Anubis con el estan-
darte del Sur y Upuaut con el estandarte 
del Norte. 
Asociado, en menor medida, a Khen-
Viñeta del Capítulo CXXXVIII del Libro 
de la Salida al Día de Nu, XVIII dinas-
tía, Egipto, papiro y tinta. Conservado 
en el Museo Británico (EA10477,19). 
| ROMER, J. 2008.
 
tyamentiu, dios cánido vinculado con el mundo funerario, cuyo epí-
teto podía aparecer solo o como una descripción de Anubis -Reino 
Antiguo-, mientras que, con el paso del tiempo, se asimiló al dios 
Osiris; a Anupet, contrapartida femenina de Anubis; a Duamutef, uno 
de los cuatro hijos de Horus, al que los egipcios llegaron a vincular 
con Anubis; y, para finalizar, a los bAw de Pe y Nekhen, que se pue-
den ver representados en la tumba de Inher Kha, arrodillados y en 
posición hnw -una mano en el pecho y la otra en la espalda, gesto 
que formaba parte del “Ritual de Alabanza”-.
En época romana se produce una sincretización entre Anubis y Her-
mes, dios griego del comercio, de los ladrones y heraldo de los dio-
ses -entre otros cometidos-. Así nace el dios Hermanubis, conside-
rado como un nombre politeofórico característico del Egipto romano, 
atestiguado entre los siglos IV-II a.C. Su culto se extendía entre los 
miembros de las clases media y alta en ciudades como Hermópolis. 
La unión puede resultar “curiosa”, pues Hermes se relacionada mu-
cho más con el dios egipcio Tot -con el cual también se sincretizó-; 
sin embargo, hay un elemento que une a estas dos divinidades: am-
bas tienen un papel de psicopompos, de acompañantes del difunto 
en el más allá. 
Además Anubis adquiere un nuevo papel en época ptolemaica, pues 
se transforma en un heraldo de los dioses, hecho que lo acerca aún 
más a Hermes. En Alejandría se han encontrado esculturas de la 
época donde se representa a un dios masculino flanqueado por 
chacales, animales vinculados a Anubis, además de llevar el tocado 
kalathos y, en otras ocasiones, el báculo rodeado por serpientes emblema del dios grecorromano. Incluso en 
época romana siguió presente su iconografía debido al estrecho vínculo que creó con la diosa Isis, la cual po-
seía un culto muy arraigado en la capital del Imperio.
Egiptología 2.0 | 49
Estatua del dios Hermanubis, época 
romana (S. I-II d.C.), 155 cm. de alto, 
mármol, Museos Vaticanos (22840). 
| Wikimedia Commons.
 
Anubis y el imy-wt
Imy-wt alude tanto al epíteto de Anubis, “el que está en la sala de 
embalsamamiento” como al fetiche o emblema que de igual modo 
está vinculado al dios cánido. Nos centraremos en su simbolismo 
como emblema para ver un poco su significado y evolución a lo 
largo del tiempo.
Se tiene constancia del mismo ya en el Reino Antiguo -IV dinas-
tía- o incluso en tiempos predinásticos, usándose sin interrupciones 
hasta la época romana. El nombre se divide en dos componentes, 
de los cuales el segundo, wt, puede hacer referencia a los venda-
jes que se empleaban para recubrir el cuerpo del difunto una vez 
embalsamado, por lo que se vincula con el papel de Anubis como 
embalsamador por excelencia. Su forma es la de un palo que tiene 
como base un vaso o cerámica similar y al que se le “ata” un pellejo 
de animal que servía como estandarte. 
Este emblema estaría relacionado con el mito de Anti, divinidad hal-
cón cuyo culto se centra en los nomos XIII y XVIII ya desde tiempos 
predinásticos. En dos etiquetas encontradas en la tumba de Aha 
en Abidos se aprecia con claridad la representación de ese fetiche 
-junto con el de Neith, consistente en un escudo con flechas entre-
cruzadas- en un contexto de procesión del difunto monarca. En los 
Textos de las Pirámides se menciona que los peldaños del monarca 
estaban compuestos por “piel de imiwf”, escrito con un signo sim-
plificado que representaba dicho fetiche; en el templo mencionado 
unas líneas más arriba, se halló representado el imy-wt en cuatro 
bloques de caliza, lo que puede ser una prueba de su vinculación 
con el festival Sed. 
En el Reino Nuevo se convirtió en un componente esencial de la 
iconografía funeraria, más concretamente en las escenas de jui-
cio del Libro de la Salida al Día, siempre próximo al dios Osiris –
momento en el que ya Osiris se alza como dios de los muertos y 
Etiqueta del rey Horus Aha, I dinastía, Abidos, 
madera de ébano. Una de las representaciones 
más antiguas del emblema jmj-wt, el cual se pue-
de observar en el registro superior, muy cerca del 
serekh del rey. Si giramos un poco más hacia la 
derecha, en ese mismo registro, encontramos el 
emblema de la diosa Neith. ¿Tienen alguna co-
nexión entre sí, ya desde tiempos predinásticos?. 
| Wikimedia Commons.
 
Anubis se queda con el papel de embalsamador-. El em-
blema que antes estaba relacionado a la deidad chacal se 
“transfiere” a Osiris, conservando no obstante el mismo 
significado.
Este vínculo con el Inframundo puede estar relacionado 
con un mito que se narra en el Papiro Jumilhac, docu-
mento cuya datación se cree que es de finales del periodo 
ptolemaico, contiene numerosos mitos del nomo XVII del 
Alto Egipto, importante centro de culto a Anubis. En uno 
de los relatos nos habla como Hezat, madre de Anubis, 
separó los huesos del dios Anti de sus órganos internos, 
para colocarlos a continuación como la silueta del jmjwt y 
derramar leche sobre él, provocando que Anti resucitara. 
Lo que vemos en este mito es un concepto de resurrec-
ción que se encuentra presente a su vez en los Textos de 
las pirámides, por lo que este emblema debe entenderse 
como un poderoso símbolo de curación y renacimiento.
En el Museo Metropolitano de Nueva York se conserva 
una estela funeraria del rey Netcherjet, cuya localización 
era en el patio sur del complejo piramidal de dicho monar-
ca, donde se encontraron un buen número de estelas de-
50 | Egiptología 2.0
Fetiche jmj-wt, Reino Medio, dinastía XII, mastaba de Imhotep (Lisht), 68.5 cm. x 10 cm., 
calcita, cedro, aceite. (14.3.19). | Metropolitan Museum.
 
Egiptología 2.0 | 51
dicadas al monarca y a las “hijas del rey”. En la estela que nos atañe, a la derecha del serekh con el nombre 
Horus del rey se distingue con claridad un jmj-wt, que por su posición puede simbolizar vida y fuerza para el rey. 
Encima de esta escena se encuentra el dios Anubis, en forma de chacal sedente, junto a uno de sus epítetos: 
“El que preside sobre la Sagrada Tierra”. 
Otro ejemplo de este fetiche se encuentra en el área circundante a la pirámide de Senusret I en Lisht, donde en 
una construcción de adobe se halló una capilla de madera en cuyo interior se dispuso el jmj-wt (Museo Metro-
politano de Nueva York, 14.3.19-20). Todo esto se encontraba vigilado por dos guardianes de madera, estatuas 
de un monarca tocado con la Corona Roja (Museo Metropolitano de Nueva York, 14.3.17). 
Aquí acaba el pequeño recorrido a la figura de Anubis, deidad importante el panteón egipcio pues, a fin de 
cuentas, sin él no se hubiera confeccionado la primera momia de la historia y los egipcios no podrían haber 
disfrutado de sus conocimientos para poder aspirar a una vida más allá de la muerte. Por eso, Anubis se alza 
con el título indiscutible de la llave de la inmortalidad.
Sobre el autor
Irene Santamaría Linares nació en Madrid en 1993. 
Gracias a su familia desde pequeña tuvo el gusani-
llo de la lectura, empezando ya con adaptaciones de 
obras clásicas como la Odisea o la Ilíada. 
Fue a partir de los 12 años que empezó a sentir una 
atracción por el antiguo Egipto -a la par que seguía 
sintiendo una gran pasión por el mundo grecorroma-
no-, lo que la llevó a realizar el grado de Ciencias y 
Lenguas de la Antigüedad (UAM) y, posteriormente, el 
máster de Egiptología (UAB). 
También el arte siempre ha sido algo que la ha atraí-
do, sobre todo porque muchos autores toman referen-
ciasclásicas que reinterpretan en sus obras y que uno 
debe saber desentrañar.
“Mi gran sueño es poder transmitir los conocimientos 
que vaya aprendiendo a los demás, porque solo así se 
podrá construir una sociedad igualitaria y justa. Todos 
tenemos el derecho a aprender”.
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52 | Egiptología 2.0
Las tumbas privadas de la
colina tebana de la XVIII dinastía
Cientos de tumbas se hallan por 
toda la geografía sagrada del país de 
Kemet. Si pensamos en estas resi-
dencias de la eternidad, seguramente 
lo primero que nos viene a la mente 
son los enterramientos de los reyes 
más ilustres del Antiguo Egipto, ya 
sean con forma de mastaba, de pirá-
mide o de hipogeo como las más pro-
fundas tumbas del Valle de los Reyes.
Sin embargo, a pesar de que las tum-
bas de los soberanos del Antiguo Egip-
to son las más ricas en construcción, 
no solo estos tuvieron el privilegio de 
poder ser enterrados en hermosas 
construcciones, sino que, otro grupo 
de personas, también han conseguido 
el privilegio de tener una morada para 
la eternidad que bien te pueden dejar 
con la boca abierta.
Nobles, funcionarios o cortesanos de 
Tebas son algunos de estos privilegia-
dos que quisieron seguir los pasos de 
sus monarcas construyéndose unas Plañideras. Tumba de Ramose (TT55). | Wikimedia Commons. 
tumbas dignas de su estatus. 
Si bien podemos decir que el Valle de los Reyes y de las Reinas, son 
las necrópolis por excelencia de los soberanos de la XVIII dinastía en 
adelante, podemos decir lo mismo de la colina tebana como lugar de 
enterramiento para altos dignatarios. 
El Reino Nuevo es clave para señalar algunos cambios que se van a 
producir en el ámbito mortuorio. Para empezar, entre los siglos XVI y 
XIV a.C (XVIII dinastía), Tebas comienza a ser la nueva capital del es-
tado faraónico. 
Una de las consecuencias que provoca este hecho es que los sobera-
nos trasladan su lugar de residencia a esta ciudad y deciden buscar un 
lugar íntimo y aislado para reposar eternamente. Encuentran este lugar 
en la orilla oeste del Nilo (Occidente se entendía como el lugar de los 
muertos), un lugar hoy conocido como el Valle de los Reyes. 
Que los soberanos tomasen la orilla oeste para descansar eternamente, 
conlleva a que los altos cortesanos quieran seguir sus pasos y buscar 
Mujer con aves y flores de 
Loto. Tumba de Menna (TT69). 
| Wikimedia Commons.
 
Sociedad
Alexandra Bast
Egiptología 2.0 | 53
un lugar próximo a sus tumbas con el mismo fin. Por ello no es de extrañar que se hallan localizado diferentes 
tumbas en la montaña tebana que correspondan a enterramientos privados. 
Las necrópolis halladas son numerosas, diferentes, pero que están próximas entre sí, entre las que más des-
tacan nos encontramos con Qurnet Murai, Khoha, Asasif, Sheikh Abd el-Gurna o Dra Abu el-Naga, entre otras.
Mapa de las necrópolis más importantes de la colina tebana durante el Imperio Nuevo. | Alexandra Bast. 
Las tumbas 
A diferencia de las tumbas reales, las cuales tenían 
dos construcciones claramente diferenciadas: la 
tumba en sí y lo que conocemos hoy en día como 
“el templo de millones de años” donde se le rendía 
culto después de muerto y se dejaban las ofrendas 
pertinentes al soberano. En las tumbas de los no-
bles, sucede todo lo contrario. Puesto que su poder 
adquisitivo era infinitamente menor al de un sobe-
rano, estos tan solo contaban con una construcción 
para todo. Es decir, tanto su lugar de enteramiento, 
como su lugar de culto se encontraban en la mis-
ma construcción, un hipogeo excavado en la roca. 
Sin embargo, tanto la capilla funeraria para el culto, 
como la cámara de enteramiento, estaban bien dife-
renciadas. 
Otra de las grandes características que vamos a ver 
a lo largo de la Dinastía XVIII es la planta y distribu-
ción de estas tumbas. Si durante el Imperio Medio 
estábamos acostumbrados a ver tumbas privadas 
con una forma que se le ha denominado saff (en ára-
be: muchas puertas) llamadas así debido a la serie 
de pilares tallados en la pared occidental de la tumba 
que simulaban múltiples puertas. En la XVIII dinas-
tía, serán las tumbas con forma de T invertida las 
que primen, en las que además, se pueden distinguir 
tres niveles claramente diferenciados: el superior, el 
intermedio y el inferior. 
Como consecuencia, cada nivel tiene un cometido 
concreto y simbólico. Por ello, en el nivel superior 
se encuentra el patio exterior y una capilla o estruc-
tura con forma piramidal o de nicho en la fachada. 
Esta forma piramidal tiene relación con la adoración 
al culto solar. 
En el nivel intermedio, tras la entrada, se hallan las 
cámaras interiores, donde es frecuente encontrar-
54 | Egiptología 2.0
se con un pasillo transversal, paralelo a la fachada y otro pasillo perpendicular a la puerta que conduce a la 
capilla funeraria. Este nivel se le considera el terrenal, ya que era una zona de acceso público para presentar 
los respetos al fallecido y además, seguramente fuese reservada para celebrar el culto y las festividades que se 
llevaban a cabo en momentos determinados, como el “Bello Festival del Valle”, donde familiares y amigos del 
difunto se reunían, haciendo partícipe de este modo a aquellos que ya no estaban.
Por otro lado, la capilla funeraria era el punto de contacto entre vivos y muertos, ya que se encontraba en un 
lugar de transición entre el nivel medio y el tercer nivel, el inferior, donde se hallaba la cámara funeraria, muchas 
veces a varios metros bajo tierra. El nivel inferior, se asociaba con el duat, el más allá donde reinaba el Dios 
Osiris.
Ejemplo de planta de tumba privada de la dinastía XVIII conocida como ‘’T’’ invertida. | Alexandra Bast. 
Programa decorativo 
Los recursos artísticos de las tumbas también refle-
jan una serie de novedades. A diferencia de lo que 
sucede con las tumbas reales, las tumbas de los no-
bles están pensadas para ser visitadas. Sus tumbas 
se decoraban en función a la idea de perpetuar su 
memoria, de recordar quién había sido el difunto en 
sociedad, qué hizo y sus logros; escenas no solo con 
contenido religioso o simbólico, sino que también se 
representaban otros tipos de escenas que transmi-
tían los ideales del momento, acciones y compor-
tamientos que les permitían el acceso al más allá. 
Además, estas escenas debían poder entenderse 
con tan solo verlas debido al alto número de gente 
iletrada. 
Su programa decorativo podía ser en pintura o en 
relieve, todo dependía del poder adquisitivo del 
propietario de la tumba. Por otro lado, el tema que 
se presenta entre sus lienzos era limitado, muchos 
artistas copiaban escenas de unas tumbasa otras, 
pero siempre cambiando pequeños detalles, hacién-
dola a su vez únicas. 
Las escenas que nos vamos a encontrar están ínti-
mamente ligadas al lugar de la tumba. La sala trans-
versal era un lugar estratégico, pensado como “espa-
cio público”, por eso, seguramente se reservaba este 
espacio para disponer las escenas más relevantes; 
escenas relacionadas con su dimensión social. 
Las escenas decorativas se organizaban de este a 
Egiptología 2.0 | 55
oeste, entendiéndose el este como el lado de los vivos y el oeste como el de los muertos, simbolizando así el 
transcurso de la vida. 
Para los antiguos egipcios, todo aquello que se representaba tenía la capacidad de recobrar vida, por eso te-
nían especial cuidado en cómo lo hacían, al igual que seleccionar cuidadosamente las escenas que escogían 
para ser recordados, ya que éstas al conservarse para siempre garantizaban la existencia eterna del dueño de 
la tumba. 
Por ello, podemos hacer una recopilación de algunos temas que proliferaba en las tumbas privadas del Imperio 
Nuevo: 
De vida cotidiana y profesional, las cuales guardaban relación con la profesión del difunto y podían considerarse 
biográficas. Servían para recordar los hecho más destacados en vida del difunto y que servían, además, como 
reconocimiento de sus acciones hacia sus familiares y amigos. En algunas de estas escenas podía verse repre-
sentado el faraón, en relación al cargo otorgado del fallecido, era así una vez más, uno reflejo de los grandes 
logros conseguidos por el difunto en vida. 
La caza en los pantanos y en concreto la caza en el desierto es un tipo de escena que se sitúa en la pared de-
recha del corredor, próximo a la entrada o en las paredes del fondo de la sala transversal, es decir, en la parte 
“pública”. Este tipo de escenas tiene un carácter simbólico donde el difunto se representa como cazador y con-
servador del orden, donde el hombre domina los elementos salvajes de la naturaleza y demuestra su autoridad.
Caza en el pantano. Tumba de Nebamun. 
| Wikimedia Commons.
 
El ritual diario de presentación de ofrendas es un 
tipo de escenas que refleja la vida cotidiana del di-
funto, por eso, tal vez, no llame la atención la inclu-
sión de animales domésticos en sus representacio-
nes. Sin embargo, la representación de mascotas 
estaba sometido bajo un alto contenido simbólico. 
Por ejemplo, encontrarse con un galgo bajo la silla 
de un hombre, tiene relación con la potencia o vigo-
rosidad. Mientras que los gatos u monos se suelen 
encontrar bajo las sillas de las mujeres, vinculándo-
las con la fecundidad, en el caso de los gatos o con 
en deseo sexual, en el caso de los monos. 
Por último, pero no por ello menos importante, es 
frecuente encontrarse con escenas vinculadas con 
el más allá, como el juicio de Osiris, la ceremonia 
de enterramiento o la apertura de la boca. En las 
escenas de enterramiento y de apertura de la boca, 
se representan los pasos a seguir una vez el propie-
tario de la tumba ha fallecido, aunque no en todas 
las tumbas se representan todas las fases de en-
Procesión funeraria. Tumba de Roy (TT255). | David Lojo. 
56 | Egiptología 2.0
tierro: proceso de momificación, procesión hacia la morada eterna, ritual de la apertura de la boca, etc. Por ello 
se piensa que el propietario debía escoger las escenas que quería de algún tipo de catálogo. 
En conclusión, las tumbas privadas sufren una evolución a partir de la XVIII dinastía, tanto a nivel de planta 
como decorativo. La planta en forma de T invertida se convierte en la tumba tipo para altos dignatarios. Por 
otro lado, la decoración estará íntimamente ligada con la vida del fallecido, gran diferencia que se aprecia en 
referencia a las tumbas reales, donde priman diferentes textos funerarios, que le ofrecían al soberano las pistas 
necesarias para poder atravesar sin problemas el inframundo, llegar a superar el juicio de Osiris y ganarse así 
la vida eterna, meta final de cualquier egipcio.
Tumba de Roy (TT255), donde se puede ver a Roy 
junto con su esposa en la famosa escena del “peso 
del corazón” y frente a Osiris. | David Lojo.
 
Bibliografía
GALÁN, J. M. (2006). En busca de Djehuty: crónica 
de una excavación arqueológica en Luxor. RBA. Bar-
celona. 
PARRA, J. M. (2006). Eso no estaba en mi libro de 
Historia del Antiguo Egipto. Almuzara. España.
VIVAS SAINZ, I. (2016). “Identidad religiosa e iden-
tidad social: innovaciones en el programa decorativo 
de las tumbas tebanas privadas de la XVIII Dinastía”, 
en. J. Torres, S.Acerbi, (eds.), La religión como factor 
de identidad, Ediciones Escolar y Mayo, Madrid, pp. 
21-34. 
WEEKS, K. y DE LUCA, A. (2002). El valle de los Re-
yes. Las tumbas y templos funerarios de Tebas. Círcu-
lo de Lectores. Madrid. 
Sobre el autor
Licenciada en historia del arte con la especialidad en 
historia del arte antigua y medieval y protección del 
patrimonio cultural. Además, se dedica a la ilustración 
y creación de infografías, cualidad que complementa 
con su formación en historia del arte.
Desde que tiene uso de razón adquiere especial inte-
rés y cariño por el país de Kemet, lugar que la motiva 
e influye a la hora de crear la mayoría de sus ilustra-
ciones, las cuales, siempre contienen pinceladas de 
Pasado.
Además, colabora con diferentes entidades y blogs 
culturales, como redactora, ilustradora e infografista.
https://alexandrabast.wordpress.com
https://www.facebook.com/crealexandrabast/?fre-
f=ts&locale=es_ES
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Egiptología 2.0 | 57
Las antiguas egipcias y el 
trabajo: de Señoras de la 
casa a prostitutas
La mujer egipcia disfrutó de una libertad que pocas en la Antigüedad tuvieron. No obstante, su principal objeti-
vo en la vida era casarse jóvenes y tener hijos; su lugar de trabajo fue fundamentalmente la casa, ya fuese una 
rica villa o una humilde casita urbana. De ahí, por ejemplo, la diferenciación de colores en las representaciones 
masculinas y femeninas: la mujer suele ser más pálida que el hombre, como señal de su menor exposición a 
los rayos del sol.
Rahotep y Nofret. | Wikimedia Commons. 
La señora de la casa
Cuando una antigua egipcia se casaba, generalmen-
te después de su primera menstruación, comenzaba 
a ser conocida por el título de Señora de la casa (ne-
bet per, en egipcio). Entonces adquiría una serie de 
obligaciones, además de la de procurar una numerosa 
descendencia a su cónyuge, para mantener bien orga-
nizado su hogar, mientras el marido trabajaba fuera. 
En las Instrucciones de Any se aconseja al marido lo 
siguiente:
No controles a tu esposa en su casa, cuando sabes 
que es eficaz; no le digas: << ¿Dónde está esto? ¡Có-
gelo!>>. Cuando ella lo ha puesto en el lugar correcto. 
Que tu ojo observe en silencio, entonces reconocerás 
su habilidad.
Podríamos decir, por tanto, que Señora de la casa es 
nuestro equivalente a ama de casa; y aunque muchos 
no consideren a éstas verdaderas trabajadoras, sin 
duda es uno de los trabajos más difíciles y poco reco-
nocidos que han existido en la Historia. 
Pero no debemos pensar en la egipcia como una mujer 
recluida en ciertas habitaciones del hogar, como ocu-
rría en otras civilizaciones, sino que, al igual que hoy 
en día, podía salir de su casa y tener un trabajo extra 
que aportase un beneficio económico a su familia, especialmente entre las clases menos favorecidas. 
¿Cómo era el entorno de una egipcia? Esto dependía de su posición social. El hogar del matrimonio podía estar 
situado en una urbe grande y cosmopolita como Tebas o Per Ramsés, en una pequeña aldea o ciudad, o en el 
campo, independientemente de su estatus social; lo que variaba significativamente era el tamaño y lujos con 
que estuviera construido el hogar propiamente dicho. 
Incluso podemos hablar de varios lugares de residencia en el caso de los más acaudalados, que podían tener 
una mansión en la ciudad y una lujosa hacienda en la campiña,donde relajarse.
Mujer en el Antiguo Egipto
María Isabel Cubas Contreras
58 | Egiptología 2.0
Matrimonio noble junto a sus 
hijos. | Wikimedia Commons.
 
De las antiguas ciudades egipcias han quedado pocos 
restos arqueológicos, pues no solo se ha ido constru-
yendo encima a lo largo de los siglos, sino que además 
las casas y palacios eran construidos con ladrillos de 
adobe, mucho menos resistentes que los grandes blo-
ques de piedra empleados en la construcción de tem-
plos y tumbas.
 
Sin embargo, tenemos algunos ejemplos como la aban-
donada ciudad de Amarna, la ciudad de los constructo-
res de tumbas en Deir el-Medina, o la ciudad de Kahun 
que sirven para hacernos una ligera idea de cómo podía 
ser una antigua ciudad egipcia y las casas y mansiones 
que la componían. Otra fuente de información sobre el 
hogar de los egipcios son las representaciones en las 
tumbas o las maquetas de su casa que acompañaban 
al difunto. 
Podemos distinguir varios tipos de casas:
-Casas grandes, consistentes en un recinto mayor o menor dependiendo de si era urbana o rural, rodeadas 
de un muro (imagen 3 y 4). La casa propiamente dicha estaba formada por una habitación central sujeta por 
columnas donde se recibía a las visitas, habitaciones anexas, dormitorios y baños. Una escalera podía llevar a 
un segundo piso y una terraza, donde dormir en las noches más calurosas. Jardines, huertas y un lago artificial 
completaban la zona de recreo de la familia.
La zona de trabajo estaba formada por la cocina, mataderos, talleres (hilado, tejido, carpintería, etc.), pana-
derías y cervecerías y graneros, donde almacenar y elaborar los productos necesarios para mantener a los 
habitantes de la casa.
Villa del visir Nakht y Casa del visir Nakht. Amarna. | Britannica / Coursera. 
-Casas pequeñas urbanas, compuestas de una zona de acceso que podía o bien albergar un altar, o bien uti-
lizarse para guardar animales y realizar la molienda y otros trabajos, una sala de recepción sujeta también por 
una columna y un dormitorio. Atrás del todo había un pequeño hogar u horno para cocinar y un sótano. También 
podían tener una terraza o segundo piso. 
-Los campesinos, pescadores, y gentes más humildes vivirían en sencillas chozas, cerca de su lugar de trabajo.
¿Qué labores desempeñaba una Señora de la casa en su hogar? Aunque en teoría todas eran las responsa-
bles de llevar la dirección de su casa, a la hora de la verdad los trabajos que una mujer desempeñaba eran 
distintos según perteneciesen a las clases altas o a las más humildes. Y esto es así por la sencilla razón de que 
Egiptología 2.0 | 59
las damas ricas podían permitirse 
tener todo un ejército de servidores 
(ya fuesen libres o no) a su dispo-
sición, mientras que cuanto más 
humilde fuese la mujer y su mari-
do, menos sirvientes podrían tener. 
Algunas deberían realizar todas las 
tareas por sí mismas o, como mu-
cho, con la ayuda de otras mujeres 
del núcleo familiar; y eso sin olvi-
darnos de que probablemente pa-
sarían embarazadas gran parte de 
su vida.
En el caso de las mujeres peor si-
tuadas socialmente, las campesi-
nas, casadas con pequeños propie-
tarios o arrendatarios y jornaleros, 
además de realizar las tareas del 
hogar y cuidar de sus hijos más 
Reconstrucción de una casa de la ciudad de Amarna. 
| Las mujeres en el antiguo Egipto.
 
pequeños, ayudaban a su marido y a sus hijos mayores en las labores agrícolas: guiando a los animales que 
tiraban del arado, recolectando lino, recogiendo los manojos de espigas de trigo en cestas tras la siega, aven-
tando el grano en la era, o llevándoles la comida a sus esposos. Además, cuidaban de las aves de corral (ána-
des y gansos) y como el vino era muy caro, fabricaban diariamente la cerveza que la familia iba a consumir en 
el día, además del pan.
Hombres y mujeres realizando labores agrícolas 
bajo la atenta mirada de su señor. Tumba de Nakht. 
| Wikimedia Commons.
 
Por el contrario, cuando la Señora de la casa era 
una noble o una mujer acomodada, apenas rea-
lizaría trabajo físico, pues sus responsabilidades 
serían exclusivamente vigilar el correcto desarro-
llo de las tareas domésticas por parte de sus cria-
dos: la preparación de la comida, la molienda del 
grano, la fabricación de pan y cerveza, el hilado y 
confección de telas, además de ir al mercado. No 
obstante, teniendo en cuenta que para una ha-
cienda grande debían trabajar un número elevado 
de sirvientes y esclavos los conflictos y trifulcas 
debían ser relativamente corrientes, por lo que 
era de vital importancia que la señora lo arreglara 
todo para mantener el orden en su hogar. 
Al disponer, además, de niñeras y nodrizas que 
cuidaran de sus hijos, las damas ricas tendrían 
mucho más tiempo libre que el resto de sus com-
patriotas. Por lo que podían dedicarse a acudir a 
banquetes y fiestas, supervisar a las trabajado-
ras de los talleres que surtían al Palacio, o ejercer 
como sacerdotisas en el templo de su ciudad. 
Aunque era más reducido que el masculino, exis-
tía un clero compuesto por mujeres, encargadas 
de cantar y tocar instrumentos musicales durante 
los ritos diarios a la divinidad. 
Otra manera de o bien ganar un beneficio extra 
que ayudara a la economía familiar, o bien abas-
tecerse de productos que necesitaban, era ven-
diendo los excedentes de la producción casera 
60 | Egiptología 2.0
(vestidos, cerveza, hortalizas, peces, etc.) en los mercados, situados en las orillas del Nilo. 
Oficios fuera de casa
Aunque la situación ideal de las antiguas egipcias era permanecer en sus casas, ya hemos visto que no les 
estaba prohibido salir libremente al exterior. Esto era así especialmente en el caso de las mujeres de las clases 
bajas, pues tenían que encargarse de ciertas tareas como acudir al mercado, para lo que era necesario acer-
carse a la orilla del Nilo, como ya hemos visto.
Fuesen Señoras de la casa, es decir, mujeres casadas, o jóvenes solteras, podían desempeñar un trabajo fue-
ra de su lugar de residencia. De nuevo, esta situación era más común entre las mujeres con menos recursos 
económicos. 
Uno de los empleos más comunes para el sexo femenino, sino el que más, sería el de sirvienta. Las jóvenes 
abandonaban la casa familiar, e incluso su aldea o ciudad, para emplearse en las grandes casas de los ricos y 
nobles. Entre estas empleadas se incluían las peluqueras, masajistas y maquilladoras encargadas de acicalar 
a su señora. La limpieza y preparación de la comida, curiosamente, parece haber sido cosa de los empleados 
varones.
Sirvienta atendiendo a una noble. Tumba 
de Rejmire. | Egiptoantiguo.
 
Las mujeres estaban excluidas del trabajo en la burocracia oficial, 
es decir, no había mujeres escribas trabajando para el Estado. Sin 
embargo, esto no quiere decir que algunas no pudiesen aprender a 
leer y escribir, siendo esto más frecuente en las clases altas y me-
dias. De manera que una mujer alfabetizada sí que podía trabajar 
como escriba para un particular, aunque no sería muy común.
Especialmente durante el Reino Antiguo (2686-2125 a.C.) nos en-
contramos ejemplos de camareras al cargo de almacenes, teso-
reras y administradoras de tierras, tejedoras y supervisoras en ta-
lleres, cantantes y bailarinas o, incluso, médicos; en su mayoría al 
servicio de otras mujeres. Sorprendentemente, en la VI dinastía se 
sabe de la existencia de una mujer juez y visir, la dama Nebet, que 
poseyó el único alto título administrativo conocido para una fémina.
Un título importante durante el Reino Nuevo era el de “Nodriza del 
rey”, que reportaría importantes beneficios a la familia de la dama. 
Aunque de menor influencia, también existían nodrizas y niñeras 
para los hijos de las familias de clase alta y media.
En cuanto a las corveas de trabajo para el Estado que estaban 
obligados a realizar los hombres egipcios, tampoco se libraban las mu-
jeres. Si bien se desconoce si realizaban los mismos trabajos. Los pri-
vilegiadossimplemente pagaban para librarse de ello. 
En el culto femenino encontraban una ocupación muchas señoras ocio-
sas, de modo que tenemos damas de la alta sociedad con títulos como 
Hemet Netyer, es decir, sacerdotisa de Hathor o también de Neith du-
rante el Reino Antiguo y Medio; durante el Reino Nuevo nos encontra-
mos con instrumentistas y cantantes en las ceremonias de diversos 
dioses, ya que a partir de la XVIII dinastía, o antes, desaparecen los 
títulos sacerdotales femeninos. 
Otros tipos de sacerdotisas que se mencionan en el Reino Antiguo son 
las wabet (puras), que parecen ser de otro estatus social e, incluso, 
sacerdotisas funerarias, hemut ka. También relacionado con el mundo 
funerario estaba el oficio de plañidera, profesionales pagadas por los 
familiares del fallecido, que acompañaban la procesión del difunto has-
ta su tumba entre llantos y lamentos.
Plañidera en la tumba de Roy, Luxor.
| Wikimedia Commons.
 
Egiptología 2.0 | 61
Bibliografía
PARRA, J. M. (2015). La vida cotidiana en el antiguo 
Egipto. La esfera de los libros. Madrid.
PARRA, J. M. (2001). La vida amorosa en el antiguo 
Egipto. Alderabán. Madrid.
ROBINS, G. (1996). Las mujeres en el antiguo Egipto. 
Akal. Madrid.
CIMMINO, F. (2002). Vida cotidiana de los egipcios. 
Edaf. Madrid.
DESROCHES NOBLECOURT, C. (1999). La mujer en 
tiempos de los faraones. Complutense. Madrid.
JACQ, C. (2000). Las egipcias. Planeta. Barcelona.
Sobre el autor
Mª Isabel Cubas Contreras nació en la localidad tole-
dana de Talavera de la Reina en 1989.
Su afición por el antiguo Egipto comenzó desde pe-
queña y fue lo que la llevó a estudiar la licenciatura en 
Historia en la Universidad de Alcalá de Henares entre 
2007 y 2012.
Actualmente es bloguera de ‘’El templo de Seshat’’, 
dedicado al mundo del antiguo Egipto, y del blog de 
reciente creación ‘’La gaceta de Menfis’’, donde se 
pueden encontrar las últimas noticias egiptológicas. 
Además es colaboradora esporádica en el blog sobre 
Historia Universal ‘’Historiae’’.
http://eltemplodeseshat.blogspot.com.es
https://www.facebook.com/eltemplodeSeshat?fref=nf
Prostitutas
La mayoría de las fuentes que se conservan sobre el 
“oficio más antiguo del mundo” en el antiguo Egipto 
proceden del Reino Nuevo (1550-1069 a.C.), pero 
sin duda debió existir desde antes. Al igual que hoy 
en día, debía de estar también mal visto solicitar los 
servicios de estas mujeres, como parece indicar la 
confesión 19 del capítulo 125 del Libro de los muer-
tos: en dicho capítulo, el difunto niega haber cometi-
do toda una serie de “pecados”, entre los que están 
precisamente “comerciar” con prostitutas. Además, 
el sabio Ptahhotep en sus Máximas también previe-
ne al hombre de cometer estas “acciones reproba-
bles”.
Son bien conocidas durante el Reino Nuevo las lla-
madas Casas de la cerveza, unas tabernas donde 
acudían hombres de todas las clases sociales para 
beber y mantener relaciones sexuales con las mu-
chachas que allí vendían sus servicios. 
Sin embargo, el hecho de que tanto los estableci-
mientos donde trabajaban como las mujeres que 
ejercían la prostitución estuvieran mal vistos por el 
resto de la sociedad, hasta el punto de que pare-
ce que eran enterradas en secciones concretas de 
las necrópolis, no era porque el sexo se viera como 
algo inmoral en sí mismo, sino porque los egipcios 
consideraban que estas mujeres eran una distrac-
ción perjudicial para los jóvenes estudiantes, y que el 
consumo excesivo de alcohol hacía perder la razón y 
el buen comportamiento a los hombres.
En cuanto a la apariencia de estas mujeres de vida 
alegre, parece ser que en su mayoría eran extran-
jeras y que solían llevar tatuajes, como por ejemplo 
del dios Bes. Aunque hay que aclarar que no sólo las 
prostitutas se tatuaban, pues hay ejemplos de baila-
rinas y sacerdotisas que también lucían tatuajes.
Muchas de ellas eran cautivas compradas por mer-
caderes sirios fuera de Egipto, los llamados shutyu, 
que eran los principales proveedores de las casas 
de la cerveza; recordemos a la pérfida babilonia Ne-
fer Nefer Nefer, tormento del Sinuhé de Waltari. Sin 
embargo, no hay que descartar que también hubiera 
mujeres egipcias vendiendo sus servicios para ga-
narse la vida, tanto dentro como fuera de Egipto.
Ostracón que representa una escena erótica.
| British Museum.
 
62 | Egiptología 2.0
Las consecuencias de Actium. 
Roma en Egipto
Cleopatra. Museo Egipcio Rosacruz, 
San José (California). | Wikimedia 
Commons.
 
Los imperios, las naciones, los reinos, como si de un ser vivo se 
tratara, poseen su propia estructura, su propia organización vital. 
Nacen, se desarrollan y alcanzan su clímax, para, tiempo después, 
ir adentrándose, inexorablemente, en la frialdad del invierno, en su 
decrepitud, hasta marchitarse completamente y fenecer, bien por 
su propia inercia, por su propia desidia, bien por ser victima de un 
último empellón. 
Egipto fue uno de esos territorios que, tras disfrutar de una larga y 
próspera existencia, marcada en algunos momentos por diversos 
brotes de fiebre, recibiría los espasmos de la muerte a través de un 
factor exógeno, una postrera contribución de la mano de una ciudad 
lejana, desconocida hasta hacía poco tiempo por los habitantes del 
Valle.
En efecto, el juego y las luchas de poder que se estaba llevando a 
cabo en Roma, trajo consigo este resultado nefasto, para las tierras 
egipcias, a finales del I m. a. C., pues supuso su fin como territorio 
independiente. 
A la altura del 79 a.C., Roma se encuentra en una situación caótica, 
teniendo que hacer frente en estos años a la sublevación de His-
pania, donde Sertorio, partidario de Mario, se había hecho fuerte, 
a la famosa rebelión de los esclavos dirigida por Espartaco, a le-
vantamientos en Asia Menor, Siria y Palestina, a la Conjuración de 
Catilina, ...
La República no era más que una simple expresión para designar 
una forma de gobierno que ya no existía en la urbe, de tal forma que 
en el año 60 a.C. el Senado se había convertido en una mera com-
parsa, pues quien realmente detentaba el poder político es el cono-
cido como Primer Triunvirato, formado por Cneo Pompeyo Magno, 
Marco Licinio Craso y Cayo Julio César. 
Durante unos años los triunviros se repartieron las zonas de influen-
cia, tanto política como territorial, pero era inevitable que se produ-
jese un enfrentamiento entre ellos, sobre todo a partir de la muerte 
de Craso en el año 53 a. C., tras ser derrotado por los partos en 
Carrhae, momento en que Pompeyo se convierte en el dueño abso-
luto de Roma, mientras César se encuentra finalizando la conquista 
de la Galia. 
La República iba a emitir su particular canto de cisne cuando tras 
una serie de acontecimientos, en el 49 a.C. Cayo Julio César dirigía 
sus tropas hacia Roma, cruzando el río Rubicón el día 11 de enero, 
límite entre la Galia Cisalpina e Italia, el cual no podía ser atravesa-
Historia
Hipólito Pecci Tenrero
Egiptología 2.0 | 63
do por las legiones sin el previo consentimiento del 
Senado.
Este hecho conllevó la declaración de una guerra ci-
vil, que conduciría a los dos supervivientes del Triun-
virato a enfrentarse el año siguiente en Farsalia, 
resultando derrotado Pompeyo, que no tuvo otra al-
ternativa que huir hacia Egipto, en donde, finalmen-
te, sería asesinado por Ptolomeo XIII.
César, tras eliminar todos los focos de resistencia 
que aún permanecían activos, se convierte en el úni-
co dominador de Roma, obteniendo del Senado los 
títulos de “Dictador Perpetuo”, “Imperator”, “Pontifex 
Maximus” y “Padre de la Patria”. 
No obstante, estos epítetos ocultaban una manzana 
envenenada, pues, ante el temor a que se sintiera 
tentado a erigirse soberano del pueblo, monarca de 
la ciudad, se originó un movimiento encaminado a 
finalizar con esta situación. 
Y es así, como se promovería una conjura contra su 
persona, siendo asesinado en los famosos idus (15) 
de marzo del año 44 a.C., en lo que Goethe denomi-
nó“el crimen más estúpido de la Historia”, ya que su 
eliminación no haría más que agravar el estado de 
las cosas, pues su desaparición no hizo más que en-
grasar la maquinaria que causaría una precipitación 
en los acontecimientos. 
Como curiosidad, cabe decir que los investigadores 
creen que el crimen se produjo entre las diez y las 
once de la mañana, recibiendo César 23 puñaladas, 
de las que, únicamente, una, propinada por la espal-
da y llegándole al corazón, fue mortal.
La chispa ya se había prendido, sobre todo cuando 
Marco Antonio, cónsul en ese año y lugarteniente del 
general, reveló su testamento, hecho que, junto a la 
lealtad de las tropas, facilitaría, durante los funerales, 
las acusaciones del militar y su arremetida contra los 
asesinos, que optaron por huir de Roma, quedando 
los cesarianos como dueños de la situación. 
En estas circunstancias, se produjo un reparto de las 
provincias entre Marco Emilio Lépido, jefe de la ca-
ballería de César, Antonio y Dollabela, el otro cónsul 
del 44 a.C., si bien el escenario iba a complicarse 
cuando apareció en Roma un nuevo personaje, el 
cual, hasta ese momento, había carecido de impor-
tancia. 
No era otro que Cayo Octavio Turino, nombrado hijo 
adoptivo y heredero por su tío abuelo Julio César en 
el año 45 a.C. 
El joven no perdería el tiempo, y tras poner el pie en 
la capital, comenzaría a introducirse en los resortes 
del poder, por lo que su primera actuación sería la de 
abandonar su nombre y adoptar el de Cayo Julio Cé-
sar Octaviano, acción que le reportaría la admiración 
y simpatía de los cesarianos.
No obstante, el enfrentamiento entre los dos líderes 
no se haría de esperar, aunque, durante un corto pe-
riodo de tiempo, ya que, reunidos en Bononia (Bolo-
nia) en noviembre del 43 a. C., llegarían finalmente 
a un acuerdo, formando, junto a M. Emilio Lépido, 
el conocido como Segundo Triunvirato, cuyo marco 
legal se apoyaría en la “Lex Titia”, precepto que, en 
la práctica, significaba el colofón de la República y la 
pérdida de poder del Senado, y que, junto a la victo-
ria el año siguiente en Filipos, Macedonia, sobre los 
conspiradores que atentaron contra César, les lleva-
ría al reparto de las zonas bajo control romano y a 
detentar el poder durante una década.
Egipto
La campaña que puso en marcha Alejandro Magno 
contra los territorios persas, le conduciría, después 
de enfrentarse a Darío III Codomano en Issos en el 
año 333 a. C., a irrumpir como triunfador en Men-
fis, fundar Alejandría en el asentamiento de Rakotis, 
cuya ubicación se localizaba en el Delta Occidental, 
y hacer que, por medio del oráculo, Amón le recono-
ciera en el oasis de Siwa como su hijo y, por tanto, 
su sucesor.
A la muerte del gran rey en junio del 323 a. C., aún se 
desconocen las causas, pues la fiebre, escalofríos y 
vómitos que sufrió, han hecho que se especule con 
diferentes disyuntivas, aunque la que cobra, pare-
ce ser, mayores visos de realidad es la perspectiva 
del envenenamiento, todo el imperio alejandrino se 
sumió en un maremágnum, puesto que, los lugarte-
nientes y generales, los Diádocos, se enzarzarían en 
luchas intestinas por el control del territorio, ya que el 
monarca macedonio expiró sin haber encomendado 
un sucesor, a lo que hay que sumar el hecho de que 
su hijo no nacería hasta finales de ese año o princi-
pios del siguiente, o haber redactado una herencia.
Los primeros repartos de tierras, supusieron la de-
signación, por parte del regente Pérdicas, de Ptolo-
meo como gobernador de Egipto y Libia, el cual, de 
manera bastante inteligente, llevó a cabo una polí-
tica de afianzamiento de su poder en estos territo-
rios, a la vez que se enfrentaba a aquellos que, en 
tiempos pasados, habían sido sus compañeros de 
armas. Con el asesinato de Alejandro IV y su madre, 
Roxana, en el año 310 a. C., los últimos rescoldos de 
la familia real son totalmente eliminados. 
Los enfrentamientos continuaban sucediéndose, no 
64 | Egiptología 2.0
División de los Diádocos. | Wikimedia Commons. 
obstante, en los últimos años del siglo IV a. C., los 
generales, paulatinamente, fueron proclamándose 
reyes de las tierras que ocupaban, de tal forma que, 
Ptolomeo se investiría monarca de Egipto en el año 
305 a. C.
Durante el siglo I a. C. la influencia romana en el 
país del Nilo se iba haciendo cada vez más evidente, 
hasta el punto de controlar la política regional, inter-
viniendo y extendiendo su dominio sobre sus mo-
narcas. Baste el ejemplo de Ptolomeo XII Auletes, 
padre de Cleopatra VII, que perdió el trono debido a 
un levantamiento del pueblo por la pérdida de Chipre 
a manos de Roma, ciudad a la que huyó en el año 
58 a. C. 
El sitial quedaría en manos de su hija Berenice IV 
hasta que, aproximadamente tres años más tarde, 
Ptolomeo regresaba apoyado por un ejército romano 
y, tras hacerse de nuevo con el poder, la ejecutaba.
A finales de la década, ante su inminente muerte, 
el soberano hacía que sus hijos Ptolomeo XIII, a la 
sazón, todavía un niño, y Cleopatra VII, con dieci-
siete o dieciocho años, fueran nombrados regentes 
y herederos bajo control de Roma, y acto seguido, 
contrajeran matrimonio.
No obstante, en los siguientes años las cosas no 
irían mucho mejor, ya que Cleopatra sería obligada 
a exiliarse, debido a sus enfrentamientos con su es-
poso-hermano, a lo que se sumaba el rechazo de 
su hermana Arsinoe a sus políticas filorromanas, no 
teniendo más remedio que confinarse en Siria. 
Pero, durante este periodo, Roma vivía su odisea 
particular en forma de guerra civil, que terminaría por 
enfrentar a los supervivientes del Primer Triunvirato, 
César y Pompeyo, en Farsalia en agosto del año 48 
a. C., sufriendo este último una clamorosa derrota 
que le obligó a huir con dirección a Egipto.
Cneo Pompeyo, en una reflexión equivocada, enten-
dió que aquí encontraría algún tipo de apoyo; craso 
error, pues Ptolomeo XIII pretendía un acercamiento 
a César, así que no vaciló en eliminarle y remitirle su 
cabeza, actuación que causó una gran conmoción 
en el general romano, que entraba en Alejandría en 
pos de su antiguo aliado.
No obstante, Roma seguía siendo la representante 
legal de Ptolomeo XII, por lo que intercedió entre 
Cleopatra y Ptolomeo para entablar conversaciones, 
si bien, la reina, no confiada totalmente, arribó a Ale-
jandría con “nocturnidad”, ganándose, como es harto 
sabido, el favor de Julio César. 
Ante esta situación los partidarios del rey egipcio, 
junto a su hermana Arsinoe, continuaron con la gue-
rra hasta la muerte de Ptolomeo.
El camino de la reina quedaba expedito para recupe-
rar el trono. Su hermano, muerto, su hermana, cau-
tiva en Roma, su otro hermano Ptolomeo XIV, que 
contaba con unos diez años, casado con ella...
Cuando Julio César es asesinado, Cleopatra, que se 
encontraba en la “Città Eterna”, marcha de nuevo a 
Egipto, y, ante el temor de que su hermano, que ya 
contaba con unos quince años, quisiera tener mayor 
protagonismo en el gobierno, decidió envenenarlo y 
colocar en el trono al hijo fruto de la relación con el 
militar, Ptolomeo XV, conocido como Cesarión. 
Egiptología 2.0 | 65
Busto de Cleopatra. Altes Museum (Berlín). 
| Wikimedia Commons.
 
El fin 
Entre el 43 y el 33 a. C. Cayo Julio César Oc-
taviano y Marco Antonio, fueron consolidando 
su poder, sin embargo, al igual que el anterior 
triunvirato, éste estaba también condenado al 
fracaso y al enfrentamiento de sus componen-
tes más importantes.
Parece ser que la relación entre Antonio y 
Cleopatra comenzaría en el 41 a. C., cuando el 
romano, en el enfrentamiento que mantenían 
contra sus adversarios, solicitó la ayuda de la 
reina egipcia, teniendo un primer encuentro 
en la ciudad cilicia de Tarso, y tras pasar un 
tiempo en el Valle, tuvo que retornar a Roma 
para refrendar, junto a los otros miembros del 
Triunvirato, el Tratado de Brindisi, por el que 
se dividían las regiones, quedándose Antonio 
con el Oriente, mientras África permanecíaen 
manos de Lépido y Octavio se convertía en 
dueño del Occidente. 
Para que este acuerdo tuviera un mayor re-
fuerzo y sostén, Marco Antonio se unía a la 
hermana de Octaviano, Octavia la Menor, que, 
posteriormente, sería abandonada por su ma-
rido en el año 36 a. C. para marchar con su 
amante, y centrarse, fundamentalmente, en 
las políticas orientales.
La cuerda se iba tensando poco a poco, hasta 
que, un par de años más tarde se quebraba totalmente, cuando en una serie de medidas sin precedentes, co-
nocidas como “Las Donaciones de Alejandría”, Antonio repartía los territorios orientales, algunos de ellos fuera 
de la influencia egipcia, entre la prole nacida de su relación con Cleopatra. 
Por estas cesiones, Alejandro Helios pasaba a controlar Armenia y Partia, mientras que su hermana gemela, 
Cleopatra Selene II, se coronaba reina de Cirenaica y Libia, y, por último, el pequeño, Ptolomeo Filadelfo, reci-
bía Siria y Cilicia. 
Pero, aún iría más allá, cuando declaraba a Cesarión (Ptolomeo XV), sucesor y heredero de su padre, Julio 
César, suponiendo la gota que colmaba el vaso. 
Octaviano emprendía una campaña de acoso y derribo contra Antonio, acusándole de haber adquirido ideas 
del todo ajenas a la moral y vida romana, como consecuencia de su relación con la reina egipcia, consiguiendo 
que se le retiraran todos sus títulos y se declarara la guerra contra el usurpador.
El choque era inevitable, ya que ambos generales no podían aceptar la existencia del otro por la animadversión 
que se había establecido entre ellos, pero sobre todo porqué la existencia de ambos constituía un impedimento, 
pues privaba del poder absoluto a uno de los dos.
La tormenta se desencadenaba en el año 31 a. C. 
El 2 de septiembre las fuerzas navales de ambos contendientes, unos doscientos mil hombres, se enfrentaban 
en Actium (Accio, Grecia) en un combate narrado por múltiples autores.
Antonio se retiraba y volvía a hacer frente a las tropas romanas al años siguiente, esta vez en tierras egipcias, 
pero, no pudiendo aguantar el ímpetu del enemigo, y, dando todo por perdido, incluso la vida de su reina, se 
66 | Egiptología 2.0
Octavio Augusto. | Wikimedia 
Commons.
 
Egiptología 2.0 | 67
quitó la vida, camino que seguiría Cleopatra poco tiempo después. 
Octavio había conseguido lo que llevaba tanto tiempo anhelando, convertirse en el dueño absoluto de Roma y 
sus territorios.
Sin embargo, aún quedaban ciertas contrariedades que solventar, ciertas puertas que cerrar, un asunto nada 
baladí, y no era otra cosa que el obstáculo que suponían los hijos de Cleopatra.
Pero, como suele decirse, todo tiene solución, de tal forma que el nuevo hombre fuerte de Roma ordenó la 
muerte de Cesarión, Ptolomeo XV, el hijo de César, con lo que ponía fin al problema sucesorio.
Por su parte, se cuenta que la descendencia de Antonio fue utilizada por Octavio en el 29 a. C. en su ceremonia 
del triunfo a su retorno a Roma, quizás como una forma de represalia hacia los padres ya desaparecidos. 
Mas tarde, Ptolomeo Filadelfo y Alejandro Helios, debieron de tener un final violento, ya que, aunque no es un 
hecho contrastado, desaparecieron totalmente de la historia, mientras que Cleopatra Selene sería entregada al 
futuro rey númida Juba II.
Cleopatra y Cesarión. Templo de Dendera. | Wikimedia Commons. 
Provincia de Roma 
El destino de Egipto estaba escri-
to.
Con el fin de no terminar como 
sus antecesores, Octavio mantu-
vo, de forma aparente, los viejos 
modos republicanos. 
Con todo, paulatinamente iría 
acumulando poderes, hasta que 
en el año 27 a.C. el Senado le 
otorgaba un Imperium proconsu-
lar por diez años, además del títu-
lo de Augustus y Princeps, lo que 
suponía, de facto el fin de la Re-
pública, cuya desaparición total 
se produjo cuatro años después, 
cuando obligaba a los senadores 
a concederle nuevos poderes, 
lo que significa el verdadero co-
mienzo del Principado.
A partir de este momento la for-
ma de gobierno pasaba a conver-
tirse en unipersonal, y aunque la 
Asamblea senatorial se conservó 
como institución, en la práctica 
carecía de poder.
Augusto, que había sometido al 
control del pueblo romano el país 
africano, se cuidaría mucho, y se 
reservaba un derecho especial sobre estos territorios, que convertiría en propiedad personal, para lo que se 
vetaba la estancia en él a los personajes más influyentes que pudieran crear algún tipo de alteración, ya que 
buscaba mantener en su posesión las riquezas y cosechas de trigo que atracaban en la capital. 
Esta nueva forma de gobierno no se encontraba exenta de dificultades, pues el nuevo dueño del Mediterráneo 
residía a miles de kilómetros de distancia, lo que significaba una dificultad añadida para la administración de 
68 | Egiptología 2.0
sus posesiones, mas, conseguiría solucionar este escollo, nombrando a un delegado, salvando las distancias, 
un “virrey” afincado en Alejandría.
Este cargo estaría ocupado por un gobernador de rango ecuestre que hubiera ocupado, previamente, la función 
de Pretor, es decir, un magistrado romano, inmediatamente inferior al Cónsul, que ejercía jurisdicción en Roma 
o en las provincias, y que recibiría el título de “Praefectus Aegypti”.
Esta investidura, si bien, no aparecía como una magistratura, la ley comicial, esto es, propuesta que un cónsul, 
magistrado, etc., entregaba al pueblo para que se llegara a un acuerdo, y los edictos que el pueblo establecía, 
le concedía “Similitudem Proconsulis”.
Para alejar las ambiciones de los integrantes del orden senatorial o de los caballeros que contaban con altos 
rangos, se les prohibía ocupar este ministerio, excepto si contaban con una autorización personal de Princeps. 
Una particularidad era la inexistencia de límite de tiempo para ocupar el mandato, al ser directamente selec-
cionado por Octavio, con todo, el período normal del gabinete abarcaba, normalmente, entre tres y cinco años, 
salvo el caso de P. Ostorio Escápula, que se mantuvo al frente de Egipto entre los años 3 y 11.
El primer cargo de Prefecto lo ocuparía C. Cornelius Gallus, residente en Egipto inmediatamente después de 
la desaparición de Antonio y Cleopatra, en el año 30 a. C., desempeñando las funciones propias del destino 
durante tres años, hasta que, finalmente, fue destituido y condenado por crimen de lesa majestad, suicidándose 
en el 27 a. C.
Busto de cleopatra. Colección François Antonoich, Paris. | Wikimedia Commons. 
Egiptología 2.0 | 69
Bibliografía
DE RUGGIERO, E. (1900). Dizionario epigráfico de 
antichitá romana. 877 págs. 
HUSSON, G. ; VALBELLE, D. (1998). Instituciones de 
Egipto. Cátedra. París.
FÈVRE, F. (1999). Ptolomeo I. El faraón de Alejandría. 
Aldebarán. París. 
PARRA, M. ; GUGEL, B. ; NAVAJAS, A. I. (2008). 
Egipto. El culto a la muerte junto al río de la vida. Edi-
mat. Madrid. 
 
PECCI, H. Nerón. Los años sombríos. Grandes Biblio-
grafías. Edimat. Madrid.
 
PFLAUM, H. (1982). Les Carriers procuratoriennes 
equestres sous le Haut-Empire. 185 págs. Prosopo-
graphia Imperii Romani (Saec. I, II, III).
SASTRE, M. (1994). El Oriente romano : Provincias y 
Sociedades provinciales. Akal. 672 págs.
STEIN, A. (1950). Die Praefekten Von Ägypten in der 
Römischen Kaiserzeit.
Sobre el autor
Doctor en Prehistoria y Arqueología por la Universidad 
Nacional de Educación a Distancia (UNED). Magís-
ter en Museografía y Exposiciones por la Universidad 
Complutense de Madrid (UCM). Diplomado en Estu-
dios Avanzados (D.E.A.) por la Universidad Complu-
tense de Madrid (UCM). Miembro del Laboratorio de 
Estudios Paleolíticos de la Universidad Nacional de 
Educación a Distancia (UNED), y de la Red de Exper-
tos del Proyecto Campus de Excelencia Internacional 
en Patrimonio, concedido a las universidades andalu-
zas coordinadas por la Universidad de Jaén.
Entre los años 1998 y 2008 ha participado en diferen-
tes campañas arqueológicas: Yacimiento de la Cova 
D’en Pardo (Planes, Alicante), La Peña de Estebanve-
la (Ayllón,Segovia), excavación y estudio de la Cue-
va de Ambrosio (Vélez-Blanco, Almería), trabajos ar-
queológicos en Perales del Río (Getafe), Proyecto de 
Investigación, estudio y documentación en la Cueva 
de la Fuente del Trucho (Asque-Colungo, Huesca) y 
dirección arqueológica para la realización de trabajos 
de prospección y excavación arqueológica en el Cerro 
de San Isidro (Domingo García, Segovia). Entre los 
años 2008 y 2011 Arqueólogo de la Unidad de Pro-
moción y Desarrollo V y VI de la Diputación de Toledo.
Es también autor de diferentes artículos relacionados 
con el antiguo Egipto.
www.reflejosdelpasado.blogspot.com
Posteriormente, durante la regencia de Octavio Augusto, ocuparían este despacho diferentes personajes, como 
Aelius Gallus (27-25 a. C., amigo de Estrabón y con el que viajó por la geografía egipcia, llevando a cabo ex-
pediciones a Arabia Félix (Yemen), C. Petronius (24-21 a. C.) que consiguió llegar hasta la IV Catarata en su 
lucha contra los etíopes, P. Rubrius Barbarus (13-12. a. C.), en el cambio de era P. Octavius (2 a. C.-3 d. C.), P. 
Ostorius Scápula (3-11) o Aemilius Rectus (14).
El Prefecto, asesorado por un Consilium, y en su condición de representante de la autoridad máxima, era el en-
cargado de numerosas acciones, trámites y actividades, invistiendo, entre otros a Magistrados y al Estrategos, 
el gobernador del nomos o provincia en que se dividía el país, ejerciendo el control sobre las aldeas y ciudades, 
la elección de magistrados, control de la seguridad, etc., grado en donde, comúnmente, se localizaba a un grie-
go o un romano, pero, en muy contadas oportunidades habría ocupado el sillón un egipcio.
Junto a este “hombre fuerte”, aparecían otros actores, cuyas ocupaciones, en multitud de ocasiones, es mal co-
nocida, de tal forma, que nos encontramos con Epistrategos (se procedió a dividir Egipto en Epistrategias), cuya 
elección procedía directamente de Augusto, dentro del ámbito militar los Praefectus Legionis y Legati Legionis...
Las estructuras de poder romanas, como si de una tela de araña se tratara, habían extendido, desde su centro 
neurálgico, Alejandría, sus conexiones a todos los resortes y rincones de Egipto, que veía como su pasado 
esplendoroso llegaba a su fin. 
70 | Egiptología 2.0
Ciencia y Egiptología. 
El buen uso del método
Egiptología
Laura Huertas López
El lector no especializado puede cometer el error de volver sus ojos a la intimidante producción hollywoodiense 
al pensar sobre el antiguo Egipto. También suele relacionar el trabajo del egiptólogo con un sinfín de aventuras 
escapando del villano para llevar un preciado objeto a un museo (eso sí destrozando mientras tanto cualquier 
dato estratigráfico o contexto arqueológico de valor) o adentrándose a un mundo desconocido y mágico donde 
lo paranormal se hace evidente. 
Limpieza y consolidación de una colección de ushebtis.
| Proyecto Djehuty.
 
Gran parte del público de hecho suele 
seguir la incipiente e ingenua idea de 
que en egiptología hay dos mundos, el 
del prestigioso y mentiroso egiptólogo 
que vive para su ego y por ello niega 
la existencia de extraterrestres que vi-
nieron de otros mundos para construir 
las pirámides, y aquellos “investigado-
res independientes” que heroicamente 
arriesgan su nombre para llegar a la 
exuberante verdad de que venimos de 
un experimento genético anunnaki, por 
ejemplo. 
Claro, que la metodología científica en 
historia es un tema que solo aquellos 
que lleguen a ciertas universidades 
pueden llegar a comprender puesto que 
la historia en los colegios sigue siendo 
una materia caduca lejana al trabajo 
del historiador o el arqueólogo. Preci-
samente aquellos que de algún modo estamos 
detrás de las evidencias para poder decir algo 
verídico y contrastable. Pero el tema de la his-
toria en la educación es un tema que da para 
ríos de tinta y que no nos concierte en este 
caso. 
Esta revista que tienes ante tus ojos es un buen 
medio para explicártelo y pensé esta vez que 
en lugar de hablar de reinas y reyes te contaría 
qué hay detrás de la divulgación que llega a tus 
manos. Puesto que antes de divulgar hay cien-
tos de miles de personas encerradas en sus 
áreas de trabajo investigando y publicando artí-
culos y monografías científicas para que la co-
munidad especializada pueda avanzar y acla-
rar pequeñas oscuridades en cualquier área 
del conocimiento, incluyendo la egiptológica. 
Curiosamente, en mi canal de YouTube, mi me- Aspiración de las paredes de la tumba de Djehuty.
| Proyecto Djehuty.
 
Egiptología 2.0 | 71
dio personal para divulgar la historia de Egipto, aquellos vídeos focalizados en la metodología son los menos 
populares. ¡Claro! Con solo decir metodología ya hay varias personas en el mundo que bostezan. La historia de 
Egipto es fascinante, sí, nadie lo duda, pero no sería posible sin esa metodología que se esconde tras las puer-
tas de las bibliotecas universitarias y que si te atreves a conocer te fascinará mucho más que el mejor documen-
tal de History Channel o que el vídeo más simpático y divertido que puedas encontrar en internet sobre Egipto. 
Hay tanto trabajo, tantas publicaciones científicas y tantas claves encerradas en esas bibliotecas especializa-
das en egiptología a lo largo del mundo, que internet se te quedaría corto, como nos pasa a cualquiera que 
hayamos metido las narices un poquito en ese mundo cuadriculado pero fascinante. 
Bueno, ya está bien. He dicho la palabra metodología ya varias veces, pero… ¿qué es el método científico en 
egiptología? Te lo diré con esta frase: Nada que digas sobre Egipto y que no tenga detrás el respaldo de algo 
que haya llegado desde el antiguo Egipto producido por los antiguos egipcios tendrá valor. Este es el primer 
mandamiento, el básico, para distinguir un trabajo egiptológico especializado de uno de divulgación. En divul-
gación, como suelo decir, no es necesario poner referencias y citas. Con la bibliografía basta. Por eso puedes 
encontrar obras publicadas por buenos egiptólogos que son divulgativas, como muchos libros publicados por 
Richard H. Wilkinson, profesor de arqueología egipcia en la universidad de Arizona. 
José Miguel Serrano en la biblioteca de Egiptología de La Fa-
cultad de Geografía e Historia de Sevilla. | ABC.
 
La razón para no colocar citas es muy sen-
cilla. Básicamente se trata de no confundir 
o aburrir al lector con tanta referencia, ya 
que como obra divulgativa está destinada 
a un público no especializado cuyo obje-
tivo es aprender más que investigar. Por 
esa misma razón no es recomendable 
para ningún investigador hacer referencia 
a este tipo de obras en sus trabajos de in-
vestigación, ya que le quita rigurosidad. 
Esa rigurosidad que proviene de este 
primer mandamiento que hemos dicho. 
Siempre debemos explicar de qué fuente 
egipcia original parte nuestra idea o in-
terpretación. Esta realidad querido lector, 
es fascinante. Sin darte cuenta acabas leyendo artículos en los 
que las referencias ocupan más que el mismo texto o bien te ves 
durante horas encerrado en un paraíso de libros egiptológicos, 
catálogos museísticos y scientific journals analizando cada pa-
labra escrita por su autor y recurriendo a los libros utilizados por 
ese mismo autor para completar su tesis. ¡Es una red de conoci-
miento entre investigadores que al más investigar más grande se 
hace! Por eso es un trabajo que aunque se haga muchas veces 
en solitario no deja de ser en equipo. 
El segundo mandamiento debe ser grabado a fuego en la piel del 
investigador: la honestidad. 
Sí, has leído bien. La honestidad en el proceso de investigación 
incluye no citar obras que no has consultado, respetar el copyri-
ght de otros colegas, y siempre decir las fuentes de donde pro-
cede la información que estás manejando. Esto no solo incluye 
mencionar por ejemplo el ostracon, el papiro o la pared de la 
tumba (fuentes primarias) sino también por supuesto mencio-
nar aquellos artículos y monografías escritospor otros (fuentes 
secundarias). Como ves todo está relacionado, decir de donde 
viene tu información y la honestidad de hacer referencias. Estas 
referencias a su vez van a ser el principal instrumento del lector 
especializado, ya que manejará las informaciones allí plasmadas 
para llegar a las conclusiones de su propia tesis. 
Dibujo de una pieza hallada en la 
excavación del Proyecto Qubbet
el-Hawa. | Proyecto Qubbet el-Hawa.
 
72 | Egiptología 2.0
Aquí es cuando viene el tercer mandamiento. El sistema de referencias. No hay un solo sistema de referencias 
válido, pero sí es cierto que no cualquier sistema es admisible. Bien sea el método Harvard o el método de la 
Journal of Egyptian Archaeology, el objetivo es que haya coherencia interna y organización a la hora de men-
cionar las fuentes. Esto, que parece una tontería, no lo es en absoluto. Este sistema estandariza el método de 
citación de los autores y agiliza el trabajo al lector especializado o investigador. Por esta regla de tres, si veis 
algún trabajo que no utilice las fuentes adecuadamente o bien que ni siquiera nombre de donde viene su hipó-
tesis o su teoría, ya sabéis que hay gato encerrado. O bien el autor no sabe cómo hacerlo, lo que delata su falta 
de formación o bien está ocultando algo… sospechoso. 
De nuevo os recuerdo que esto se aplica al método de trabajo de la egiptología como ciencia y no a la divulga-
ción para el gran público. Pero bueno, sigamos pues. Esto que os he dicho es muy general. Pero es el primer 
pasito para distinguir fuentes divulgativas de fuentes especializadas. ¿Qué más? Mucho más, la egiptología 
bebe de muchas disciplinas y ciencias auxiliares, desde la propia medicina, por ejemplo para tomografías a mo-
mias, pasando por antropología física, astronomía, botánica y hasta entomología (siendo esta última la ciencia 
que estudia a los insectos). Cada vez las ciencias se apoyan más unas a otras para completar sus estudios. 
¿No es fascinante? 
Clasificación de materiales cerámicos hallados 
en el Proyecto Qubbet el-Hawa. 
| Proyecto Qubbet el-Hawa.
 
Sin embargo si queremos simplificar un poco, la egip-
tología es una ciencia que bebe de dos áreas principa-
les de estudio. Ambas áreas deben ser manejadas por 
el egiptólogo: la arqueología y la filología. Y es que en 
Egipto ambas van de la mano, ya que te encuentras tex-
tos escritos en cualquier ámbito arqueológico. No pue-
des entender una cultura si no conoces su escritura, si 
es que dispone de ella, claro. 
Por lo tanto, es imprescindible para el investigador po-
der leer por él mismo los textos egipcios en los que se 
basa su tesis, sin necesidad de utilizar traducciones de 
otros. De lo contrario limita muchísimo su comprensión 
sobre su objeto de estudio. En la traducción, que el in-
vestigador mismo debe publicar junto con su artículo si 
es preciso, debe además haber unos estándares que 
respeten en la medida de lo posible la gramática egipcia 
utilizada. 
Esto significa que debe reflejar lo mejor posible la trans-
literación, que a su vez debe reflejar con exactitud la 
gramática textual. Esto se hace para respetar el texto 
original y para ayudar al investigador con el manejo del 
texto in situ. Si bien muchas veces las interpretaciones 
de la gramática egipcia son versátiles y diversas, esto 
debe ser también indicado en la publicación. Existen 
estándares para la transliteración egipcia, lo que pue-
des ver en el vídeo número 3 de “Cómo leer jeroglíficos 
egipcios” en mi canal (https://www.youtube.com/watch?-
v=srTLKB0fSJ8). Seguir las pautas es necesario, repito, 
pues agiliza el trabajo para autores y lectores además de aportar coherencia y sentido. Si ves una transliteración 
del egipcio que no siga las pautas en algún artículo por ahí, ya sabes que de nuevo tenemos gato encerrado.
 
Saltemos ahora a los libros de divulgación, que son los que probablemente más te interesen. ¿Cómo puedes 
saber si un libro de divulgación es bueno o no? Muy posiblemente no verás notas a pie de página, pero siempre 
encontrarás una sección dedicada a la bibliografía. Es aquí donde tienes que echar un vistazo. ¿Está utilizando 
libros especializados o utiliza libros divulgativos con nombres sospechosos? Si no lo tienes muy claro, siempre 
puedes buscar quién es el autor en caso de que no lo conozcas. Ahí sabrás si este autor tiene sus estudios 
terminados, si publica ciencia o no y mirando algún artículo científico suyo podrás saber si utiliza referencias, 
si las utiliza bien, si acude a libros especializados serios o no, etc. La mejor manera de saberlo también es 
leyendo. Muchas veces puedes encontrar autores que publican con notas a pie de página y bibliografía más o 
Egiptología 2.0 | 73
Sobre el autor
Laura Huertas López, nacida en Algeciras en 1991. 
Máster en Egiptología por la Universidad de Liverpool, 
graduada en Historia por la Universidad de Sevilla, 
actualmente estudiante de Antropología Social y Cul-
tural. 
Especializada en la administración política durante el 
reinado de Hatshepsut, su investigación se centra en 
las diferentes áreas administrativas y sus conexiones 
entre sí a lo largo del inicio de la Dinastía XVIII. 
Consciente de la gran importancia de la labor divul-
gadora de cualquier historiador, ofrece vídeos de di-
vulgación egiptológica en su canal de Youtube: Lau-
ra-Egiptologia. 
https://www.youtube.com/channel/UCkgDVOO3Q-
Ta8A0vRJtQPgPg
https://www.facebook.com/Lauraegiptologia?fref=ts
https://twitter.com/NiloLaura?lang=es
menos aceptable pero que en la narración del texto da por sentado ideas que no tienen base en documentos 
egipcios originales, por lo que se salta el primer mandamiento del que hemos hablado. Si te encuentras con 
esto empieza a sospechar. 
En definitiva y como conclusión, las tres reglas principales para un trabajo especializado de egiptología son las 
documentación en base a evidencias, la honestidad y el uso de los sistemas estandarizados. Espero no haberte 
aburrido demasiado y que ahora mismo te de mucha más curiosidad conocer cómo se trabaja en egiptología. 
Un mundo que puede parecer cuadriculado pero que te da las columnas para sostener un río de conocimiento 
fluido y adaptable a las nuevas evidencias. Si quieres saber más te recomiendo leer Egyptology Today de Ri-
chard H. Wilkinson. 
Recuperación de un carnero momificado de la disnastía XVII. | Proyecto Djehuty. 
74 | Egiptología 2.0
Restaurar Ma’at a galope. 
Una mirada a los aspectos 
simbólicos de la 
representación del faraón 
sobre el carro de guerra durante 
el Reino Nuevo (II)
Historia Militar
Gerardo P. Taber
Las escenas bélicas, grabadas en los muros de los templos del Reino Nuevo, que muestran a un faraón co-
mandando una épica batalla desde su carro de guerra tirado por majestuosos corceles, cuentan con el poder 
visual y narrativo de evocar grandes sucesos de conquista en los cuales, casi invariablemente, se proclama 
que el soberano actuó de forma heroica y que él fue el único artífice de la victoria. Al observar con detenimiento 
las mencionadas escenas, algunas de las preguntas que surgen para el interesado pueden ser: ¿por qué el 
faraón se representó con un arma de los pueblos invasores? ¿por qué el monarca se figura de una manera 
diferenciada a los otros efectivos del ejército? ¿las acciones registradas fueron reales? ¿las inscripciones que 
se encuentran aunadas a éstas, pueden ser consideradas como fuentes históricas? Con el fin de tratar de res-
ponder a estos cuestionamientos en este artículo -que constituye la segunda parte y conclusión al texto que se 
presentó en el número anterior de esta publicación- expongo, de manera general, la historia de la introducción 
y desarrollo del carro de guerra en el antiguo Egipto y los distintos aspectos simbólicos aunados a su represen-
tación, la cual se encuentra presente en gran parte de los programas iconográficos del Reino Nuevo.
El faraón Ramsés II ataca al ejército hitita durante la batalla de Kadesh.Detalle de un relieve en el interior del gran 
templo de Abu Simbel. 1279-1213 a.C., dinastía XIX, Reino Nuevo. Piedra arenisca tallada. | National Geographic.
 
Egiptología 2.0 | 75
La guerra de reconquista y la propaganda políti-
ca del Reino Nuevo
Siguiendo los argumentos de casus belli de Kamose 
(c. ¿?-1540 a.C.) y las exitosas campañas militares 
en contra de Avaris (actual Tell el-Dab’a) en las cua-
les el mencionado monarca probablemente murió, 
en su tercer o cuarto año de reinado, quien tomó las 
riendas de la guerra de reconquista de Egipto fue la 
reina Ahhotep I (c. ¿1560-1530? a.C.) hasta que su 
hijo Ahmose I (c. 1539-1515 a.C.) tuvo la edad su-
ficiente para gobernar (cfr.: Dodson & Hilton, 2004: 
124-126). Ahmose I, el primer monarca del Reino 
Nuevo, continuó con las campañas militares en la 
reconquista del territorio dominado por los Hyksos. A 
diferencia de Kamose, parece que Ahmose I se tomó 
algún tiempo para planear una estrategia más efecti-
va para recuperar todo el Bajo Egipto. Algunos datos 
de sus acciones bélicas se encuentran registrados 
en unas lacónicas notas en hierático al reverso del 
papiro matemático Rhind -que se resguarda en el 
British Museum, UK (NI: EA 10057 y EA 10058) y 
en el Brooklyn Museum, USA (NI: 37.1784E)- y gra-
cias a ellas se ha podido reconstruir parcialmente el 
curso de las campañas; una de las inscripciones en 
cuestión reza:
Undécimo año de reinado, segundo mes de shemu, Helió-
polis fue penetrada. Primer mes de akhet, día 23. Él, el del 
sur, ataca contra Tyaru. (Redford, 1993: 128)
De acuerdo a esta nota, las tropas de Ahmose I mar-
charon primero hacía iwnw (iunu) “Heliópolis” 
la ciudad sagrada del dios Ra y luego se movilizaron 
hacia la parte oriental del delta del Nilo para tomar 
la fortificación fronteriza de Tyaru (probablemente el 
actual Tell el-Habua) con el fin de controlar el w3t ḥr 
 (uat hor) “camino de Horus”, la 
principal vía de comunicación entre el Bajo Egipto y 
la tierra de Canaán. Al parecer, la estrategia de Ah-
mose I fue primero bloquear la línea de suministros 
y posible ayuda de aliados para Avaris, la ciudad 
capital del reino de los Hyksos. Posteriormente, se 
tiene registro de la continuación de la guerra de re-
conquista en los muros de la tumba EK5 de la necró-
polis de la actual localidad de el-Kab (cuyo nombre 
faraónico fue Nekhen) perteneciente a Ahmose hijo 
de Abana (c. ¿1580-1520? a.C.) jefe de los marinos 
de la armada egipcia (ver figura 1) quien en su au-
tobiografía anotó que el rey Ahmose I comandó tres 
ataques fallidos contra Avaris y que solamente hasta 
el cuarto asalto pudo ser conquistada. Sin embargo, 
no todos los Hyksos fueron muertos o capturados en 
este ataque y los sobrevivientes, incluyendo a su rey 
Khamudy (c. ¿1534-1522? a.C), huyeron hacía la 
fortaleza de Sharuhen (probablemente los actuales 
sitios Tell el-Farah o Tell el-Ajjul) en el desierto de 
Néguev. Ahmose I los persiguió hasta este enclave, 
el cual asedió por tres años más, hasta que las hues-
tes del rey tebano vencieron y expulsaron a los últi-
mos Hyksos de Egipto (cfr.: Spalinger, 2005: 22-23).
Relieve que representa a Ahmose hijo de Abana y 
a su nieto Paheri (quien mando a construir este ce-
notafio). Muro este de la tumba EK5 de la necrópo-
lis de el-Kab, gobernación de Asuán, Egipto. 1500 
a.C., dinastía XVIII, Reino Nuevo. Caliza tallada 
con restos de policromía. | Wikimedia Commons.
 
Por primera vez, en más de 220 años, lo que duró el 
Segundo Período Intermedio (c. 1759-1539 a.C.), el 
país del Nilo volvió a unificarse y a ser dirigido por un 
faraón, cuya labor era restaurar e imponer 
 m´3t (ma’at) “orden, verdad y justicia” 
que los egipcios creían había sido alterada por los 
extranjeros que habían ocupado el Bajo Egipto. Al 
parecer, desde finales de la dinastía XIII (c. 1759-
1630 a.C.) se empezó a relacionar el vocablo:
 hḳ3 ḫ3swt (heqa khasut) “gobernantes 
de tierras extranjeras” con los inmigrantes proceden-
tes de la actual región de Siria-Palestina; a los cua-
les también se les denominada: 
styw (setyu) “asiáticos”. Cabe señalar, que la primera 
locución mencionada se utilizó desde el Reino Anti-
guo para referirse indistintamente a los caciques y 
jefes tribales nubios, libios o semitas con los que el 
Estado faraónico realizaba intercambios o alianzas 
76 | Egiptología 2.0
y continuó en uso, pero ya con una acepción peyorativa, hasta la época helenística transcribiéndose al griego 
como: Ὑκσώς (hiksós). Durante el Reino Nuevo, la palabra hḳ3 ḫ3swt paso de convertirse de 
un simple adjetivo gentilicio a ser un vocablo despectivo que simbolizó el caos y la ruina de las instituciones 
nativas. En este contexto, los monarcas de la dinastía XVIII (c. 1539-1292 a.C.) se valieron del recuerdo, aún la-
tente, del desasosiego -real, imaginario o una mezcla de ambos- por el que transitó la sociedad egipcia durante 
el Segundo Período Intermedio para revitalizar el discurso del poder faraónico sobre el país del Nilo y las tierras 
circundantes. Sobre la particular concepción que los egipcios tenían de su soberano Barry J. Kemp comenta:
La armonía dentro del Estado emanaba de una única fuente, el monarca, y por medio de funcionarios leales llegaba hasta 
el pueblo. El rey representaba el papel de supremo mantenedor del orden, que abarcaba no sólo la responsabilidad de la 
justica y la piedad sino también la conquista del desorden. Los textos filosóficos del Imperio Medio describen este último 
tanto desde el punto de vista de una agitación social, como también de una catástrofe natural y cósmica. La garantía defi-
nitiva de una armonía dentro de la sociedad y el orden natural de las cosas no residía en el equilibrio entre contrarios. Una 
de las fuerzas tenía que ser superior. (Kemp, 1996: 67).
De tal manera, se contó con un renovado argumento de casus belli para las nuevas campañas militares cuya 
justificación era restituir a Egipto los territorios perdidos y reivindicar el statu quo de supremacía sobre los pue-
blos circundantes. Se reinterpretó el escenario y los actores que desde antaño habían sido definidos; así los 
Hyksos fueron identificados como uno de los psḏt (pesedjet) “los nueve arcos” que simboliza-
ban a los enemigos tradicionales de Egipto sobre los que el faraón ejercía, o pretendía ejercer, su dominio. Este 
claro ejercicio de propaganda política partió de sucesos históricos reales pero, como es usual en estos casos, 
parece que se exageraron las afrentas y se busco despertar una especie de “nacionalismo” que más bien fue 
alentado desde w3st (waset) “Tebas”, ciudad que buscó legitimar su hegemonía en todo el país enarbo-
lando un discurso político-religioso que la presentó como la “guardiana y libertadora” de todo Egipto. De este 
modo, la misión sagrada de imn (imn) “Amón”, su dios tutelar, fue la de volver a instaurar Ma’at para 
restaurar el orden establecido desde las épocas míticas. Un ejemplo de esta concepción se encuentra en las 
inscripciones de la llamada estela poética de Thutmose III, procedente del templo de Karnak y que actualmente 
se resguarda en el Museo de Antigüedades Egipcias de El Cairo (NI: CG 34010 y JE 3425). En ella, el faraón 
Thutmose III (c. 1479-1425 a.C.) es elogiado por Amón, quien lo congratula por sus victorias militares; de es-
pecial interés son la treceava y catorceava líneas de texto de la estela en cuestión. Con el objetivo de que el 
avezado lector conozca mejor la retorica de esta inscripción, recurro nuevamente a un extracto de la magnífica 
obra Middle Egyptian Grammar through Literature (2013) de Gabor Toth:
Líneas 13 y 14 de la estela poética de Thutmose III. Jeroglíficos y caracteres de transliteración generados con 
JSesh, an Open Source Hieroglyphic Editor (2014) de Serge Rosmorduc. | Toth, 2013: 167.Egiptología 2.0 | 77
La traducción, actualizada por Rodrigo A. Cervantes 
Navarro y quien estas líneas escribe, de la anterior 
inscripción es:
(13) Vine [Amón] para hacer que pisotees a los grandes 
de Djahi, los extiendo bajo tus pies ante sus tierras [ex-
tranjeras];
hago que vean a tu majestad [Thutmose III] como el señor 
de los rayos [del Sol] y que brilles en sus caras como mi 
imagen.
(14) Vine para hacer que pisotees a los que están en Asia, 
que golpees las cabezas de los asiáticos de Rechenu;
hago que vean tu majestad provista con tus insignias 
cuando recibes las armas para combatir sobre el carro de 
guerra. (Taber & Cervantes, 2017).
Al final de la catorceava línea aparecen la palabra: 
 wrryt (ureryt) “carro de gue-
rra” la cual indica que para la época del “Napoleón 
de Egipto” ya se empleaba en las campañas milita-
res en Asia. Sin embargo, aún no es muy claro el 
momento exacto en que éste comenzó a utilizarse 
en el ejército y tampoco son muy claras las razones 
puntuales de las incursiones egipcias en la zona de 
la actual Siria-Palestina en los inicios de la dinastía 
XVIII; a este respecto José Ramón Pérez-Accino Pi-
catoste opina:
Sólo cabe pensar en una razón para justificar una impor-
tancia del evento como la que se produjo con posteridad 
si la zona que controlaron los gobernantes hyksos, el del-
ta, era si no la más extensa en kilómetros cuadrados al 
menos la más importante cualitativamente y el verdadero 
motor y corazón del mundo egipcio. La práctica totalidad 
del valle del Nilo quedó en manos de príncipes locales 
y sin embargo la humillación de un gobierno “extranje-
ro” pesó como una losa a los gobernantes tebanos. La 
reacción nacionalista a este episodio está en la cuna de 
la supuesta implicación política y militar de los gobernan-
tes egipcios de las dinastías XVIII y XIX en el corredor 
sirio-palestino según la mayoría de los autores que cons-
tituyen la ciencia normal en este aspecto, expresada en 
síntesis históricas generales y cuyas fuentes se hayan 
recogidas en grandes recopilaciones de textos y sin em-
bargo, va dibujándose cada vez mejor un escenario en el 
que las razones y principios para esta intervención radi-
can más en las propias características socioeconómicas 
internas del llamado Segundo Período Intermedio que en 
una continuación del impulso nacionalista de liberación 
nacional y de creación de un colchón defensivo en Pales-
tina. Si las razones para esta intervención radicaran más 
en un anhelo de establecer una situación defensiva que 
en poderosas razones de índole estructural emanadas de 
la situación anterior, entonces podría vislumbrarse desde 
un primer momento esta voluntad de intervención desde 
los primeros momentos de la monarquía de un estado re-
unificado por la fuerza de las armas. La notable falta de 
documentos que nos ilustren esta circunstancia ha sido 
explicada desde varias posiciones. Desde la simple su-
posición de que aunque no se disponga de esos docu-
mentos debió existir esa voluntad decidida a la vista de 
lo que ocurrió después, hasta quien habla de una fase de 
necesario preludio preparatorio para la que habría de ser 
la gran gesta imperial que daría comienzo con Tutmosis 
III y se extendería con altibajos no exentos de gloria has-
ta alcanzar los campos de Kadesh. (Pérez-Accino, 1997: 
70-71).
Aspectos simbólicos de la representación del fa-
raón y el carro de guerra
La representación del faraón sobre el carro de gue-
rra se convirtió en un novedoso programa iconográ-
fico que se sumó al repertorio utilizado para procla-
mar la naturaleza sobrehumana y divina del rey. En 
este sentido, este elemento foráneo se transformó 
rápidamente en un símbolo de poder para el dis-
curso propagandístico del Estado faraónico el cual 
comenzó, en la dinastía XVIII, a convertirse en un 
imperio. En términos generales, un imperio (del la-
tín imperivm “poder, comando”) es un Estado mul-
tiétnico y multicultural que conforma su territorio por 
medio de la conquista militar o políticas expansivas. 
El imperio impone su posición hegemónica sobre 
otros territorios, aunque cada uno de ellos recibe y 
aporta, de manera dialéctica, elementos particulares 
en el ámbito social, económico, político y religioso. 
Por lo general, la autoridad del imperio recae en una 
sola persona, real o figurada, que representa a una 
o varias instituciones; al respecto Lawrence Krader 
(1919-1998) señala:
Existe una gran relación entre los gobernantes y los impe-
rios, sobre todo en la etapa de expansión y consolidación, 
al parecer no pudo existir nunca lo uno sin lo otro y esto 
es correcto, ya que ¿cómo se puede crear o sostener un 
imperio sin una buena administración? Otro factor de im-
portancia dentro del imperio es la ideología, la cual es un 
factor motivante en la expansión imperial, el rol de la ideo-
logía puede proveer legitimación y explicaciones para las 
no igualitarias condiciones entre los gobernantes y las po-
blaciones sujetas. Los cambios ideológicos, suelen ocurrir 
en las personas subordinadas, las cuales tratan de buscar 
una nueva posición social. (Krader, 1975: 240).
De tal manera, el Egipto del Reino Nuevo experi-
mentó cambios en su manera de relacionarse con 
sus vecinos; si bien, desde el Reino Antiguo se pro-
mulgaba que el faraón era la encarnación del dios 
 ḥr (hor) “Horus” cuya tarea era repeler y 
someter a las fuerzas del caos que se representa-
ban por hordas de extranjeros hostiles que ponían 
en constante peligro a la tierra del Nilo; ahora el mo-
narca se aventuraba más allá de las fronteras tradi-
cionales y se encontraba con personas extrañas de 
usos y costumbres diferentes con las cuales tenia 
que luchar, y vencer, en todos los terrenos; tanto en 
el físico como en el metafísico. En este contexto his-
tórico fue que el carro de guerra se reinterpretó ya 
no como algo que representase a los Hyksos, sino 
78 | Egiptología 2.0
como un elemento plenamente egipcio que ayudó a la imposición de Ma’at.
Fragmento de relieve que representa una batalla contra soldados asiáticos; bloque reutilizado en la cimentación del 
templo funerario de Ramsés IV (c. 1156-1150 a.C.) en El-Assasif. c. 1427-1400 a.C., dinastía XVIII, probablemente 
reinado de Amenhotep II, Reino Nuevo. Arenisca tallada con restos de policromía. (NI: 13.180.21). 
| Metropolitan Museum.
 
Existen varios puntos de vista sobre el uso táctico del carro de guerra que han sido expuestos en trabajos espe-
cializados como: War in Ancient Egypt. The New Kingdom (2005) de Anthony J. Spalinger, “Chariotry to Cavalry: 
Developments in the Early First Millenium” (2010) de Robin Archer, “Vehicle of the Sun: The Royal Chariot in 
the New Kingdom” (2013) de Amy M. Calvert y The Chariot: A Weapon that Revolutionized Egyptian Warfare 
(2014) de Richard Carney, entre muchos otros. Inclusive, existe un capítulo de la serie de TV documental esta-
dunidense NOVΛ titulado: “Building Pharaoh’s Chariot” (2013) en donde un equipo multidisciplinario integrado 
por Martin O’Collins, Stephen Harvey, Bela Sandor, et. al. recreó y probó un carro de guerra. Algunos de los 
mencionados autores señalan que los egiptólogos de finales del siglo XIX y principios del XX d.C. consideraron 
al carro de guerra como un arma de choque. Sin embargo, estudios recientes señalan que al parecer se utilizó 
más bien como una especie de plataforma móvil para transportar a los arqueros hacia posiciones de ataque 
óptimas.
Recreación de un carro de guerra del TV documental Building Pharaoh’s Chariot, dirigido por Martin O’Collins. 
Transmitido el 6 de Febrero de 2013. Fotograma del programa NOVΛ, temporada 40, episodio 5. TV6. 
| WGBH-TV & Public Broadcasting Service, USA.
 
Egiptología 2.0 | 79
Más allá de su desempeño en el campo de batalla, parece que el carro de guerra fue una poderosa “arma 
psicológica” que utilizaron los efectivos de alto rango del ejército egipcio para amedrentar a sus enemigosy 
también para enarbolar a sus ocupantes durante y después de las campañas militares. En este contexto es 
que deben interpretarse las representaciones del faraón sobre el carro de guerra que, junto a otros elementos 
iconográficos y a las inscripciones asociadas, tenían por objetivo transmitir un mensaje propagandístico que 
no buscó registrar fehacientemente los eventos “reales”; sino presentarlos de manera “dramática” para resaltar 
la fuerza, poder y destreza sobrehumana del monarca, quien era asistido por los dioses durante el fragor de 
los combates. A continuación, se analizarán, brevemente, algunos ejemplos representativos de este programa 
iconográfico y sus variantes, que se encuentran plasmados en distintos soportes, con el objetivo de tratar de 
comprender mejor sus aspectos simbólicos.
El primer ejemplo se encuentra en el “pescante” de un carro de guerra del faraón Thutmose IV (c. 1400-1390 
a.C.) que actualmente se resguarda en el Museo de Antigüedades Egipcias de El Cairo (NI: CG 46097), el cual 
fue descubierto en su tumba (KV43) del “Valle de los Reyes” por el arqueólogo británico Howard Carter el 18 de 
Enero de 1903. En el panel exterior derecho del “pescante” se figura al mencionado monarca tensando su arco 
mientras los caballos y las ruedas del carro aplastan a varios enemigos asiáticos (ver figura 5). Un elemento re-
levante de esta composición es que también se figura a mnṯw (menchu) “Montu”, dios solar asocia-
do a la guerra quien brindaba protección al faraón durante las batallas. Montu acompaña y asiste -sosteniendo 
y dirigiendo los brazos de Thutmose IV- en el acto de disparar una flecha; la cual ayudará a la imposición de 
Ma’at. En este caso, la composición es aún más “hierática” que lo que puede apreciarse a simple vista si se 
toman en cuenta varios aspectos: Montu se muestra casi oculto tras el faraón; como si el dios fuese “absorbido” 
por el cuerpo de Thutmose IV. Esta interpretación se refuerza si se considera que tras las dos figuras se en-
cuentra un flabellum “abanico” semicircular que también se oculta parcialmente tras la cabeza del dios y que es 
sostenido por un ´nḫ (ankh) “ankh” personificado. El motivo del flabellum puede leerse como el vocablo: 
 šwyt (shuyt) “sombra”, el cual hace referencia a una de las esencias espirituales con las que contaban 
los hombres y los dioses (cfr.: Faulkner, 1962: 263). En este sentido, la disposición de esta parte de la com-
posición es un rebus cuya “lectura alusiva” es: «La sombra de Montu está con Thutmose IV» la cual es similar 
a la fórmula: «Entonces su majestad apareció en el carro de guerra como Montu en su gloria» que se utilizó 
frecuentemente para referirse al faraón en combate (cfr.: Calvert, 2013: 49-50).
Sobre Montu y Thutmose IV se encuentra un buitre -que representa a Nekhbet, la diosa patrona del Alto Egipto-
que abre sus alas sobre la cabeza y espalda del faraón. El ave sujeta en sus garras el šn (shen) “circunfe-
rencia, eternidad”, logograma que alude a la “protección eterna” que el monarca recibía por parte de la diosa y 
también por el disco solar del que emergen dos cobras -que representa al “ojo de Ra”- que se encuentra direc-
tamente sobre la corona de Thutmose IV.
La esencia del descrito programa iconográfico también se encuentra presente en las caras exteriores del llama-
do “cofre pintado con panoramas miniatura” del faraón Tutankhamón (c. ¿1334?-1324 a.C.) que actualmente 
se resguarda en el Museo de Antigüedades Egipcias de El Cairo (NI: JE 61467) y que fue descubierto en la 
antecámara de su tumba (KV62) del “Valle de los Reyes” también por Howard Carter, entre Diciembre de 1922 
y Enero de 1923. En los laterales de este cofre el “rey niño” se figura como un vigoroso líder que conduce a 
un contingente de carros de guerra en contra de enemigos asiáticos, en el lado derecho, y nubios, en el lado 
izquierdo. La composición general de ambas caras es básicamente la misma -aunque con pequeñas y obvias 
diferencias- y permite comprender otro importante aspecto simbólico de este tipo de representación: el faraón 
siempre se figura de mayor tamaño que los otros personajes en una escena, tanto para indicar su jerarquía 
política como su status divino. 
Pero, también existe una razón apotropaica -es decir de orden mágico para repeler y proteger del mal- para que 
el monarca se represente más grande; ya que él fungía como una barrera entre el ordenado cosmos egipcio y 
el caos que se encontraba al acecho fuera del país del Nilo (cfr.: Wilkinson, 1994: 45-48). Esta concepción se 
hace evidente al observar la disposición de los personajes que se encuentran a los lados de Tutankhamón: los 
enemigos extranjeros se figuran como un amasijo desordenado que huye despavorido; en contraposición con 
las tropas egipcias que avanzan en orden marcial sobre tres registros horizontales. La figura del faraón es la 
que evita que ambas “realidades” se mezclen; pero él no sólo se levanta como una barrera, sino que lleva Ma’at 
80 | Egiptología 2.0
Detalle del panel exterior derecho del pescante del carro de 
guerra del faraón Thutmose IV. c. 1400-1390 a.C., dinastía 
XVIII, Reino Nuevo. Madera tallada con restos de estuco y 
lino. (NI: CG 46097). Museo de Antigüedades Egipcias de El 
Cairo, Egipto. | Amy M. Calvert.
 
Egiptología 2.0 | 81
a las tierras regidas por el caos. Esta acción se refuerza por la presencia del logograma que es el de-
terminativo del vocablo: pt (pet) “cielo”, el cual se encuentra sobre Tutankhamón y su carro de guerra; y 
que indica que el rey recibe la protección de las deidades celestes como Nekhbet, Ra y la propia Nut y que al 
mismo tiempo también extiende el “cielo egipcio” hacía nuevos horizontes.
Detalle del lado derecho del “cofre pintado con panoramas miniatura” del faraón Tutankhamón. c. ¿1334?-1324 
a.C., dinastía XVIII, Reino Nuevo. Madera tallada, estucada y policromada. (NI: JE 61467). Museo de Antigüeda-
des Egipcias de El Cairo, Egipto. | Wikimedia Commons.
 
Detalle del lado izquierdo del “cofre pintado con panoramas miniatura” del faraón Tutankhamón. c. ¿1334?-1324 
a.C., dinastía XVIII, Reino Nuevo. Madera tallada, estucada y policromada. (NI: JE 61467). Museo de Antigüeda-
des Egipcias de El Cairo, Egipto. | Wikimedia Commons.
 
En el caso de Tutankhamón se puede decir que los programas iconográficos de su “cofre pintado con panora-
mas miniatura”, así como otros similares, son puramente propagandísticos; ya que no se conocen fuentes his-
tóricas que atestigüen campañas militares efectuadas por el “rey niño” en su corto reinado. En contraposición, 
en la dinastía XIX se tiene constancia de varias incursiones de verdaderos “faraones guerreros” como Sethy 
I (c. 1290-1279 a.C.) quien desde los primeros años de su reinado lideró hasta tres campañas militares en la 
región de Canaán, en donde logró apoderarse de la ciudad de Kadesh (actual Tell Nebi Mend) lo que ocasionó 
tensiones con el pujante imperio hitita; hasta que se estableció un frágil tratado de paz con el rey Muwatalli II 
(c. 1295-1272 a.C.), situación que le permitió a Sethy I emprender otras incursiones punitivas en las fronteras 
egipcias en contra de los libios y los nubios. La mayor parte de estas campañas se encuentran registradas en 
82 | Egiptología 2.0
el exterior del muro norte de la gran sala hipóstila de ỉpt swt (ipet sut) “el más secreto de los lu-
gares”, es decir el templo de Karnak, en donde se presentan varios programas iconográficos que incluyen la 
representación del faraón sobre el carro de guerra. En este caso, se encuentra una variante más al repertorio: 
el monarca se figura en una actitud pasiva sobre el “pescante” del carro sosteniendo, con sus manos, las bridas 
de los caballos. En este caso, probablemente se trate de una representación un tanto más “naturalista”; ya que 
durante las procesiones triunfales el monarca podía conducir elcarro sin la ayuda del kṯn (kechen) 
“auriga”. Pero, la situación era muy diferente cuando se entablaba combate; durante el cual el faraón fungía 
como el snny (seneny) “soldado arquero” y necesitaba a un auriga para conducir el carro. 
Sin embargo, en todas las representaciones el rey se figura solo, con las riendas de los caballos anudadas al-
rededor de su cintura, con el objetivo de tener las manos libres para disparar el arco o blandir otra arma. Este 
detalle por lo general se pasa por alto y es uno de los elementos que muestran la “irrealidad” de este programa 
iconográfico. Al parecer, este rasgo fue otro recurso para no permitir que nada distrajese el mensaje de la glo-
riosa fuerza, poder y destreza sobrehumana del monarca (cfr.: Wilkinson, 1992: 172).
El faraón Sethy I regresa de su “primera campaña de la victoria” y conduce prisioneros a la ciudad fronteriza de 
Tyaru (probablemente actual Tell el-Habua). Detalle del registro medio del lado oeste del muro exterior norte de la 
gran sala hipóstila de Karnak. c. 1290-1279 a.C., dinastía XIX, Reino Nuevo. Piedra arenisca tallada. Gobernación 
de Luxor, Egipto. | The Karnak Great Hypostyle Hall Project.
 
El faraón Sethy I conduce prisioneros libios hacia Egipto. Detalle del registro medio del lado oeste del muro exterior 
norte de la gran sala hipóstila de Karnak. c. 1290-1279 a.C., dinastía XIX, Reino Nuevo. Piedra arenisca tallada. 
Gobernación de Luxor, Egipto. | The Karnak Great Hypostyle Hall Project.
 
Egiptología 2.0 | 83
El tiempo pasó, el gran faraón Sethy I murió y el país de Hatti continuo siendo una amenaza para los intereses 
egipcios en la región de Canaán hasta que en el año de c. 1274 a.C. un joven Ramsés II (c. 1279-1213 a.C.), 
hijo de Sethy I, movilizó las cuatro divisiones de su ejército (consagradas a los dioses Amón, Ra, Ptah y Seth) 
hacia las riveras del Orontes para alcanzar la ciudad de Kadesh. En contra de los consejos de sus generales, 
el impetuoso faraón adelantó la posición de una de sus divisiones, la de Amón, dejando al resto de sus fuerzas 
atrás, ya que creía que tenía una ventaja táctica sobre el ejército hitita por la información que le proporcionaron 
dos shasu, nómadas del desierto, que en realidad eran espías del rey Muwatalli II quien le tendió una trampa a 
Ramsés II. Las fuerzas hititas atacaron a la división comandada por el inexperto faraón y cortaron su comuni-
cación con las divisiones restantes. 
Ante tal emboscada, Ramsés II suplicó al dios Amón para que le asistiese en el campo de batalla; la respuesta 
del dios y el curso de acción del faraón se registraron en los llamados Poema de Pentaur y el Boletín de Guerra 
que se encuentran inscritos en los muros de los templos de Luxor, Abydos, Karnak, Abu Simbel y el Rames-
seum. Al respecto, recurro a un fragmento de la ya clásica traducción de Miriam Lichtheim (1914-2004), quien 
anota:
«…Entonces, oré en la tierra distante,
Mi voz resonó en la sureña Iunu (Heliópolis).
Y encontré que Amón vino cuando le llamé,
Me tendió su mano y yo me regocijé.
Él clamó por detrás como si estuviera cerca:
“Adelante, yo estoy contigo.
Yo, tu padre, mi mano está contigo,
Yo prevalezco sobre cientos de miles de hombres,
¡Yo soy el señor victorioso, amante del valor!”
Yo encontré mi corazón resuelto, mi pecho henchido,
Todos mis actos fueron provechosos, yo fui como Montu,
(130) Disparé con la derecha y sujeté con la izquierda,
Yo estuve ante ellos como Seth en su hora,
Yo encontré la masa de carros de guerra en cuyo medio yo estaba
Dispersándolos con mis caballos;
Ninguno de ellos encontró su mano para combatir,
Sus corazones fallaron en sus cuerpos al tener miedo de mí.
Sus brazos desfallecieron, ellos no pudieron disparar,
Ellos no tuvieron corazón (valor) para empuñar sus lanzas;
Yo los hice hundirse en las aguas como los cocodrilos se hunden,
Ellos cayeron sobre sus rostros uno sobre el otro.
(140) Yo masacré entre ellos a mi voluntad,
Nadie había conmigo,
Nadie se volvió,
El que caía no se volvía a levantar…» (Lichtheim, 1976: 66).
Como puede apreciarse en este fragmento del Poema de Pentaur, Ramsés II declaró que él solo derrotó al ejér-
cito enemigo. En este sentido, este tipo de retórica constituye un claro ejemplo, tal vez el más célebre, de como 
las acciones “reales” eran “ajustadas” para efectos de la propaganda imperialista; lo cual también corresponde 
al programa iconográfico que nos ocupa en este texto. En este sentido, existe otro importante aspecto simbólico 
de este tipo de representación que aún es necesario discutir: el faraón invariablemente se figura, cuando dispa-
ra su arco, tensando la cuerda del mismo mas lejos de lo posible. Aunque un arco puede tensarse de la manera 
en que se representa, la forma real y práctica de usarlo consiste en sostener la flecha y la cuerda delante de la 
oreja para evitar que el arquero sea golpeado por la energía potencial de la cuerda al liberarse. 
Aún más importante, el proyectil no puede apuntarse correctamente si se disparase de la manera en que se 
representa, ya que la mano tensora del arquero debe ser dirigida a un punto de la cara, usualmente a la barbilla, 
nariz u oreja, lo que le provee el elemento trasero de visión radial necesario para calcular la trayectoria de la 
flecha. Evidentemente, los militares y escultores egipcios sabían como se disparaba un arco, pero decidieron 
representar la mano tensora del faraón a un lado de su rostro para dejar este último al descubierto. Otro detalle 
que muestra como “la realidad fue ajustada” es la flecha que sostiene el monarca: si la longitud de las saetas 
que se encuentran contenidas en el carcaj del carro de guerra se compara con la que se encuentra en el arco 
tensado, se observa que ésta es mucho más larga que las otras, lo que dificultaría su uso (cfr.: Wilkinson, 1992: 
172).
84 | Egiptología 2.0
El faraón Ramsés II ataca al ejército hitita durante la batalla de Kadesh. Detalle de un relieve en el interior del gran 
templo de Abu Simbel. c. 1279-1213 a.C., dinastía XIX, Reino Nuevo. Piedra arenisca tallada. Gobernación de 
Asuán, Egipto. | Wikimedia Commons.
 
El faraón Ramsés II ataca a un contingente de nubios. Detalle de un relieve del templo de Beit el-Wali. c. 1279-1213 
a.C., dinastía XIX, Reino Nuevo. Facsímile en yeso moldeado y policromado por Joseph Bonomi por comisión de 
Robert Hay en 1825 para el British Museum. Londres. | Hans Ollermann.
 
Comentarios finales
En las páginas precedentes realicé una breve reseña histórica de la adopción y uso del carro de guerra en el 
ejército egipcio. Este elemento foráneo a la tierra del Nilo rebasó los meros ámbitos funcionales y se transformó 
en un símbolo de poder para el discurso propagandístico del Estado faraónico, que durante el Reino Nuevo 
llego a convertirse en un imperio que dominó gran parte del medio oriente. Tal vez, por esta razón el programa 
iconográfico del faraón sobre el carro de guerra trascendió más allá de las fronteras egipcias y se reinterpretó 
a lo largo del tiempo; sólo basta recordar los desfiles triunfales romanos para escuchar un eco con notas de la 
tierra del Nilo. Inclusive, en el mundo contemporáneo aún resuenan el galopar de los caballos y el crujir de las 
ruedas en el imaginario colectivo; ya sea con el simpático “Klicky” de Playmobil -creado por Hans Beck (1929-
2009)- quien ha sido ataviado como un faraón del Reino Nuevo y conduce «como Montu en su gloria» su propio 
carro de guerra (ver figura 12); o bien en la maravillosa ilustración del artista Wojciech Ostrycharz (ver figura 
13) que evoca el momento, hace más de 3,290 años, en que un joven Ramsés II condujo a su ejército por el 
Bajo Egipto hacía los campos de Kadesh, en donde se forjaría su mote de “el grande”. Como última reflexión, 
creo que vale la pena revalorar un pasaje de la obra clásica Égypte (1912) de Gaston Camille Charles Maspero 
(1846-1916) en donde, casiintuitivamente, uno de los padres de la egiptología contemporánea señaló el cam-
bio que los Hyksos produjeron en el antiguo país del Nilo:
Egiptología 2.0 | 85
Carro Egipcio (set 4244) de Playmobil. 2008. Plástico policromado. | Klickypedia. Geobra Brandstätter GmbH & 
Co.KG. Zirndorf, Bavaria.
 
Chariot, obra de Wojciech Ostrycharz para el proyecto “Secrets Of Egypt”. 2009-2010. Ilustración digital. | Art Way, 
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Sobre el autor
Gerardo P. Taber realizó sus estudios de arqueolo-
gía en la Escuela Nacional de Antropología e Histo-
ria (ENAH) y se ha especializado en el estudio de las 
culturas del antiguo medio oriente y el Mediterráneo, 
con especial énfasis en el Egipto faraónico. Ha impar-
tido numerosos cursos y conferencias sobre el arte, la 
religión y el sistema de escritura del Egipto faraónico, 
así como de historia general e historia de los museos 
en México, en diversas instituciones como: la ENAH, 
ENCRyM, UNAM, UAM, UASLP, Universidad Pontifi-
cia de México, Universidad Anáhuac México Norte y la 
Fundación José Ortega y Gasset México, entre otros.
También se ha desempeñado como investigador de 
las exposiciones internacionales: Persia fragmentos 
del paraíso, tesoros del Museo Nacional de Irán en los 
años 2005-2006; Isis y la Serpiente Emplumada, Egip-
to faraónico/México prehispánico en los años 2007-
2008; Pompeya y una villa romana, arte y cultura alre-
dedor de la bahía de Nápoles en los años 2009-2010; 
muestras que se presentaron en el Museo Nacional 
de Antropología.
Actualmente se desempeña como investigador del 
Museo Nacional de las Culturas, en el área de investi-
gación y curaduría del Egipto faraónico y el Mediterrá-
neo antiguo y se encuentra trabajando en el proyecto 
Kemet en Anáhuac, que busca analizar y contextuali-
zar las obras egipcias que se encuentran en México.
http://museodelasculturas.academia.edu/GerardoP-
Taber
https://kemetenanahuac.wordpress.com
Por poco civilizados que estuviesen los Hyksos en el comienzo de su dominación, habían llevado consigo no sólo elemen-
tos materiales de progreso como el caballo, el carro, el carcaj, la coraza de escamas de bronce, armas de nueva forma, 
sino también maneras de pensar y de ver extrañas al Egipto del tiempo pasado. La levadura de originalidad que introduje-
ron en la masa antigua, no fue, ciertamente, tan activa que cambiase enteramente su naturaleza, pero no por ello careció 
de la energía necesaria para hacer saltar los antiguos moldes por muchas partes. (Maspero, 1912: 136).
Egiptología 2.0 | 87
100 años de gestión francesa 
del Consejo Supremo de 
Antigüedades (CSA)
Colecciones
Bartomeu Egea Resino
No fue hasta mediados del siglo XIX, que se empezó a regular el comercio de antigüedades en Egipto. Cien-
tos de miles de objetos, desde joyas y estatuillas a relieves e incluso estructuras enteras, fueron separados de 
sus contextos y enviados a museos y colecciones privadas de todo el mundo. 
La demanda occidental de antigüedades del antiguo Egipto se intensificó con la campaña napoleónica a Egipto 
y Siria (1798-1801) y la posterior publicación de los múltiples volúmenes de la obra Descripción de l’Egypte, 
resultado de la vertiente científica de la expedición, lograda por sus 167 científicos, estimuló el interés mundial 
por Egipto y de sus antiguos monumentos.
Sala principal Museo Boulaq. 
| Album du Musée de Boulaq.
La primera medida para el control de antigüedades egipcias 
fue decretada en agosto de 1835, por el valí o gobernador 
de Egipto, representante del sultán del Imperio Otomano, 
Mehmet Alí, considerado el fundador del Egipto moderno, 
que emitió un decreto que prohibía la extracción no autori-
zada de antigüedades del país. Este decreto también desig-
naba un edificio al lado del lago y de los jardines Ezbekiah, 
en El Cairo, para servir como almacén de antigüedades.
Por desgracia, estas antigüedades se daban a menudo 
por los gobernantes de Egipto a los dignatarios extranjeros 
como regalos, y a mediados de la década de 1800, la co-
lección era tan pequeña que cabía en una habitación de la 
Ciudadela. 
En 1855 lo que quedaba de la colección fue entregada por 
Muhammad Sa’id Pasha como un regalo al archiduque aus-
triaco Fernando Maximiliano de Habsburgo.
Tres años mas tarde, en 1858, el mismo virrey Sa’id Pasha, 
aprueba la creación del Servicio de Antigüedades, oficial-
mente el Service de conservation des Antiquités de l’Égypte 
para detener el ilícito y continuado comercio de antigüe-
dades egipcias, nombrando al académico francés Auguste 
Mariette como su director. 
Este nuevo departamento gubernamental fue el responsable de llevar a cabo sus propias excavaciones, y tam-
bién de la aprobación y supervisión de las misiones arqueológicas extranjeras. Mariette creó el primer museo 
nacional en 1863 en un antiguo edificio de la Autoridad de Tránsito de la ciudad en el distrito de Boulaq en Az-
bakeya, al lado del centro.
Es así como se inicio, durante casi un siglo, una saga de directores formada por estudiosos franceses, al frente 
del Servicio de Antigüedades, hasta bien entrada la década de 1950, cuando las tropas coloniales británicas 
finalmente salieron de Egipto, y la institución de protección del antiguo legado, paso a ser una organización 
totalmente egipcia.
 
88 | Egiptología 2.0
François Auguste Ferdinand Mariette 
(Boulogne-sur-Mer, 11 de febrero de 1821 - El Cairo, 18 
de enero de 1881).
Se apasionó por la egiptología mientras visitaba la Ga-
lería egipcia del Museo de Boulogne y clasificaba las 
notas que Néstor El Hôte había recogido en su viaje con 
la misión franco-toscana en la tierra de los faraones. 
Aprende escritura jeroglífica e idioma copto. Va a Egipto 
en 1850, en un viaje financiado por el Louvre, para ad-
quirir manuscritos coptos. El propósito no se realizó y 
utilizó losfondos para excavar en Saqqara.
Transitando por la meseta de Saqqara observó, sur-
giendo de la arena, la cabeza de una esfinge; pensó 
entonces en la descripción, hecha por Estrabón, de una 
avenida (dromos) con más de ciento cuarenta esfinges, 
que conducía al Serapeum, el resultado fue inmediato: 
Descubrió y excavó entre 1851 y 1854, el Serapeum de 
Menfis y también numerosas mastabas fechadas en el 
Imperio Antiguo. En 1857 volvió de nuevo a Egipto Ex-
cavó en Dra Abu el-Naga (Tebas). 
Creó el Service de conservation des Antiquités de 
l’Égypte, y el Museo de Boulaq, donde se convirtió en 
el director el 1 de junio de 1858. En 1860, descubre y Auguste Mariette. | Wikimedia Commons.
trabaja en el templo de Edfu que hace desenterrar. Mariette tenía en 1872, bajo su dirección, 2780 obreros tra-
bajando en Egipto; encontró y trasladó unos 15.000 objetos de numerosos lugares en Egipto y Nubia. Excavó 
unas 300 tumbas en Saqqara y Giza.
Fue nombrado miembro de la Académie des Inscriptions et Belles-Lettres (Academia de Inscripciones y Len-
guas Antiguas) en 1878. Enfermó gravemente, debido a su diabetes, y murió en 1881, en El Cairo, donde fue 
enterrado. Los egipcios, agradecidos, erigieron una estatua de Auguste Mariette en los jardines del Museo 
Egipcio de El Cairo.
Gaston Maspero. | Bibliothèque 
nationale de France.
Gaston-Camille-Charles Maspero
(París, 23 de junio de 1846 a 30 de junio de 1916).
Alumno excepcional, pronto demuestra tener una gran aptitud para la 
historia. Auguste Mariette, introdujo al joven Maspero en el estudio de los 
jeroglíficos, despertando su interés.
En noviembre de 1880 se fue a Egipto como jefe de una misión arqueo-
lógica que años mas tarde, y de forma estable, se convirtió en el Institut 
français d’archéologie orientale (Instituto Francés de Arqueología Orien-
tal- IFAO).
Como profesor, impartió clases de egiptología en la École des Hautes 
Études, y de filología y arqueología egipcia en el Collège de France, 
desde 1869 hasta 1874.
Fue amigo de Amelia Edwards, fundadora de la Egypt Exploration Fun-
dation, y gran impulsor de los trabajos de Flinders Petrie. 
Dirigió el Service de Antiquités Egyptienne de 1881 a 1914. Vivió en la 
 
Egiptología 2.0 | 89
Eugene Grebaut. | Pi-
nacoteques du Paris.
época de uno de los eventos más importantes de la egiptología, el descubrimiento de la tumba DB320 en Deir 
el-Bahari, y evitó su expoliación.
Eugene Grebaut
(Paris 1 de junio de 1846 - 8 de enero de 1915).
Eugene Grebaut estudio derecho y licenciatura en letras, coincidiendo con Gaston 
Maspero en 1869 en la Escuela de Estudios Avanzados, aprendió árabe y se espe-
cializo en el estudio de papiros. Publicando en 1874 la transcripción con traducción 
y comentario detallado de la primera mitad del “Himno a Amón-Ra”.
Seis años más tarde, dirige el Colegio de Francia y la Escuela de Estudios Avan-
zados entre 1881-1883. En 1883 fue nombrado director del Instituto de El Cairo 
(IFAO). Viaja a Egipto en 1884 y en enero de 1886 recibió la insignia de Caballero 
de la Legión de Honor. 
Entonces Maspero lo llevó al Alto Egipto, lo que hace se impregne del país y de su 
pasado. En 1889, es requerido para supervisar una operación importante: mover las antigüedades del museo 
Boulaq (ahora demasiado pequeño, demasiado inseguro para los tesoros que contiene) al palacio de Giza. El 
museo fue inaugurado 12 de enero de, 1890 y las obras, que se exhiben en 91 habitaciones, hace las delicias 
de los numerosos visitantes que acuden allí. 
Maspero delega en el, la limpieza de la esfinge, excavaciones del Valle de los Reyes en las tumbas de Ramsés 
VI y IX, facilitando el acceso y mejorando la iluminación. El momento mas extraordinario de su trayectoria es el 
descubrimiento en 1891 de la segunda caché en Deir el-Bahari. Dentro de ella, una tumba de la dinastía XXI, 
hallo 160 sarcófagos y momias de los altos sacerdotes de Amón del templo de Karnak, divinas adoratrices y sus 
familias. Termino su carrera en la Sorbona como profesor de historia antigua de Oriente.
Jacques Morgan. | Wikimedia Commons.
Jacques Jean Marie Morgan 
(Huisseau-sur-Cosson 3 de junio de 1857 - Loir-et-Cher 14 de 
junio de 1924).
Antes de convertirse en responsable de las excavaciones en Per-
sia, fue designado para la dirección del Departamento de Anti-
güedades de Egipto, puesto que ocupó seis años (1892-1897). 
Excavo en Memphis y Dahshur, también trabajó en Stonehenge, 
y Persépolis. En Egipto tuvo la ocasión de excavar entre 1894 
y 1895, la pirámide de Amenemhat II en Dahshur (la pirámide 
blanca).
Adquiriendo notoriedad por ser quien descubrió y superviso el lla-
mado “tesoro de Dahshur” una joyería mas que admirable en las 
tumbas de las princesas Ita, Itaoueret y Sithathormeret, de finales 
de la dinastía XII y situadas en el recinto al oeste de la pirámide. 
Fue nombrado en 1897, representante general y agente especial 
del Ministerio de Educación del Gobierno de Francia en Persia.
Fue promovido en 9 de marzo de 1906 a Commandeur de la Lé-
gion d’Honneur, la más conocida e importante de las distinciones 
francesas.
Victor Climent Georges Philippe Loret 
(Paris 1 de septiembre 1859 - Lyon 3 de febrero de 1946).
Estudió con Maspero en la Escuela de Altos Estudios y el Colegio de Francia. Se convirtió en miembro del Insti-
tuto Francés de Arqueología de El Cairo en 1881, donde comenzó a trabajar entre las tumbas reales y privadas 
 
 
90 | Egiptología 2.0
de Tebas. Fue director en 1886. Fue lector en la Universidad de 
Lyon entre 1886 y 1929, donde fundó la escuela de la egiptología. 
Entre 1897 y 1899, fue director general del Servicio de Antigüeda-
des de Egipto excavando en el Valle de los Reyes, con resultados 
impresionantes. También excavo en Saqqara.
Loret era en realidad uno de los primeros miembros de la misión 
arqueológica francesa en El Cairo, y con Maspero, Loret viajó por 
el Nilo, quedando prendado del país. Trabajando en la Ribera Oc-
cidental de Luxor durante 1883 con Eugene Lefebure, copió las 
decoraciones y estudió las inscripciones de varias tumbas reales 
y privadas. 
Este fue su primer contacto con el Valle de los Reyes, donde quince 
años más tarde, haría los mayores descubrimientos de su vida, las 
tumbas de Tutmosis III (KV34) y Amenhotep II (KV35), esta tumba 
demostró ser una “cachette” de varios de los más importantes re-
yes del Imperio Nuevo, faraones como Tutmosis IV, Amenhotep III 
y Ramsés III, junto con otros faraones y reyes. Momias Reales que 
habían sido depositadas allí para protegerlos, en tiempos de la 21 
dinastía por el gran sacerdote de Amón, Pinedyem. Se interesó por 
la música y los instrumentos de la época faraónica. Etnomusicólo-Victor Loret. | Wikimedia Commons.
go, transcribió melodías y bailes del Sur Valle de los Reyes. 
Pierre Lacau. | Wikimedia Commons.
Pierre Lacau
(Brie-Comte-Robert 25 de noviembre de 1873 - 26 de marzo de 
1963).
Desempeñó la dirección de antigüedades entre 1914 y 1936, su-
pervisando en 1922 el descubrimiento de la tumba de Tutankha-
món en el Valle de los Reyes por Howard Carter.
El primer encargo a Lacau, fue, la redacción del catálogo general 
del Museo de El Cairo. Siendo en 1912 nombrado director del Ins-
tituto Francés de Arqueología Oriental, continuando los trabajos de 
excavación de nuevas estructuras dentro de Abu Roash, el com-
plejo funerario de Djedefre al este de las pirámides de Giza. 
Ya en la dirección general del Departamento de Antigüedades, de 
inmediato anuncia que las concesiones de excavación limitadas 
a los representantes de las instituciones públicas y a sociedades. 
A continuación, reinterpreta la ley, referente a la división de los ha-
llazgos de modo que el Museo Nacional Egipcio podría quedarse 
todos los hallazgos únicos y dar a la entidad excavadora todo el 
resto. En 1938 fue nombrado profesor en el Collège de France en París, donde ocupa la silla en egiptología 
hasta 1947, en 1939 fue elegido para la Académiedes Inscriptions et Belles-Lettres. 
Étienne Marie Felix Drioton
(Nancy 21 de noviembre 1889 - Montgeron 17 de enero de 1961).
Étienne Drioton se licencia en literatura y filosofía griega a la pronta edad de dieciséis años. Posteriormente 
ingresa en el seminario de Nancy donde se hace sacerdote en 1912. 
Parte a Roma para asistir a unos estudios más especializados obteniendo los doctorados en filosofía por la Aca-
 
 
Egiptología 2.0 | 91
Sobre el autor
Bartomeu Egea (Barcelona 1953), después de una lar-
ga trayectoria empresarial, dedica toda su atención al 
estudio del antiguo Egipto, estudia prehistoria e histo-
ria antigua y etnoarqueología, colabora habitualmente 
en blogs y foros que promuevan el conocimiento de la 
egiptológica, así como en docencia, acercando el AE 
a los escolares. 
Desde 2005 administra el sitio web: egipte.cat, don-
de a manera de repositorio gráfico, recopila el legado, 
que del antiguo Egipto, exista en la Mediterránea oc-
cidental.
http://egipte.org
https://www.facebook.com/egipte-org-Projecte-Ue-
mot-62080254459
https://twitter.com/projecteuemot
https://instagram.com/projecte_uemot
Étienne Drioton. | Le Parisien.
demia de Santo Tomás y el de teología por la Pontificia Uni-
versidad Gregoriana. Se graduó en Ciencias Bíblicas en la 
Pontificia Comisión Bíblica de el Vaticano en 1914 y se gra-
duó en la Escuela Libre de Lenguas Orientales del Instituto 
Católico de París, en Egipcio y Copto en 1918.
Progresa y ejerce varias responsabilidades docentes y de 
investigación, como las excavaciones en Medamud, hasta 
que en 1936 es nombrado por el gobierno egipcio Direc-
tor de Antigüedades de Egipto, cargo que ocuparía durante 
dieciséis años, junto con la plaza de profesor en el Instituto 
de Egiptología de la Universidad Fuad I en El Cairo. 
En 1945, su rápida intervención logró rescatar del mercado 
negro de antigüedades los Manuscritos de Nag Hammadi.
En 1952 es designado conservador jefe por el Museo del 
Louvre y director del CNRS. 
En 1957 es profesor en el Collège de France. Fue conde-
corado como Officier de la Légion d’honneur, y entre otros 
designado miembro de la Ordre des Arts et des Lettres. 
Esta considerado como uno de los mas notables egiptólo-
gos de todos los tiempos. 
92 | Egiptología 2.0
El Museo de antigüedades 
egipcias de El Cairo
Museos
Sara López Caiz / Moisés González Sucías
Vista aérea del Museo de antigüedades egipcias de El Cairo. | Wikimedia Commons.
Conocido comúnmente como Museo Egipcio de El Cairo, custodia en la actualidad, la mayor colección de 
objetos procedentes de la antigua civilización egipcia. Posee más de 270.000 antigüedades clasificadas de di-
ferentes periodos de la historia del valle del Nilo: Tinita, Imperio Antiguo, Imperio Medio, Imperio Nuevo, Tercer 
Período Intermedio, Período Tardío, Helenístico y Romano, destacando sobre otras instituciones, no solo por la 
cantidad, sino también por la importancia y calidad de las piezas conservadas. Más de dos millones y medio de 
personas visitan el museo anualmente.
El edificio se encuentra en el centro de El Cairo, en la plaza Tahrir. Fue encargado por Abbas II Hilmi, al arqui-
tecto francés Marcel Dourgnon, quien lo proyectó en estilo neoclásico. Fue diseñado con una planta en forma 
de “T” para permitir posteriores ampliaciones, y esta dividido en dos pisos, contando además con unos amplios 
sotanos de acceso restringido. Las obras se iniciaron 1897 y concluyeron en 1902. 
La luz natural entra principalmente por los grandes ventanales del primer piso y por las luciérnagas de vidrio de 
los techos. La distribución de los objetos expuestos y la disposición de las escaleras, salas y pasillos estaban 
pensadas para facilitar el acceso y el desplazamiento de los visitantes de principios del siglo XX. 
En el piso inferior se encuentra la tienda y las piezas de grandes dimensiones, como sarcófagos, estelas, gran-
des esculturas y relieves, todas distribuidas por épocas y por temas. En el piso superior (primer piso) están las 
exposiciones temáticas y los objetos más delicados, como momias reales, papiros, objetos de la vida cotidiana, 
objetos rituales y ajuares funerarios entre otros.
En la actualidad las salas más visitadas de la colección permanente, son las que custodian los objetos proce-
dentes de la tumba del faraón Tutankhamón, expuestos en el primer piso. En el patio o jardín de acceso, se 
exponen algunas esculturas, estelas y sarcófagos de piedra.
 
Egiptología 2.0 | 93
Planos del Museo de antigüedades egipcias de El cairo. | Wikimedia Commons. 
Primer piso
Planta baja
Tronos reales
Objetos funerarios
Joyas
Tesoro de Tutankhamón
Estatuas pequeñas
Objetos cotidianos
Época Predinástica
Imperio Antiguo
Imperio Medio
Imperio Nuevo
Periodo de Amarna
Bajo Imperio
Época Greco-romana
94 | Egiptología 2.0
Esfinge de Amenemhat III. XII dinastía y cabeza de una princesa amarniense. | Wikimedia Commons. 
Ungüentario. Baja época y estatua de Kai y sus hijos. Imperio Antiguo. | Wikimedia Commons. 
Egiptología 2.0 | 95
Con la fundación del Service des Antiquités del 
Egypte (predecesor del Consejo Supremo de Anti-
güedades) en 1835, organismo creado para proteger 
los tesoros del Antiguo Egipto, el gobierno egipcio 
comenzó a recoger y recuperar objetos prehistóricos 
y del Egipto faraónico. 
A falta de un lugar donde almacenarlos, estos obje-
tos se guardaron en un pequeño edificio del parque 
Esbekiah (Ciudad de El Cairo), poco después se tu-
vieron que trasladar a la Fortaleza de Saladino. 
En 1855, el gobernador Abbás Pachá regaló la co-
lección a Maximiliano de Austria. 
En 1858 Auguste Mariette, fue nombrado Conserva-
dor de los Monumentos Egipcios por el gobernador 
Ismail Pachá, consiguió fondos del gobierno y el mis-
mo año inauguró un museo en el barrio de Boulaq, 
que también dirigiría. Desde esta posición llevó a 
Jedive Abbas II Hilmi. | Wikimedia Commons. 
cabo varias campañas de exploración, excavación y 
recuperación de monumentos y tesoros en todo el 
país, los objetos que no se quedaban en su lugar 
de origen se trasladarían al museo, que rápidamente 
amplió la colección con piezas de todas las épocas. 
En 1878 el museo sufrió una grave inundación y mu-
chos de los escritos y dibujos de Mariette se perdie-
ron y la colección del museo se trasladó al palacio 
del Pachá en Giza, que hizo durante un tiempo de 
museo y almacén. 
La primavera de 1880 Mariette, que padecía una 
grave diabetes, prematuramente envejecido y prácti-
camente ciego a causa de la enfermedad, hizo venir 
ha Gaston Maspero para que lo sustituyera, en ene-
ro del año siguiente murió en Boulaq, los egipcios 
le dedicaron una escultura y lo enterraron dentro de 
un sarcófago, ambos instalados hoy en el patio del 
Museo Egipcio.
Maspero siguió la obra de Mariette tanto en el Servi-
ce des Antiquités, como en el museo Boulaq. Amplió 
las excavaciones iniciadas por Mariette, comenzó 
a restaurar algunos monumentos e incrementó el 
número de trabajadores del museo. También fundó 
otros museos por todo el país, e implicó ha los mis-
mos egipcios en todo tipo de actividades arqueológi-
cas y negoció con los traficantes del mercado negro, 
viendo que era imposible cortar el tráfico de raíz, in-
tentó controlarlo, quedándose las piezas de mayor 
valor para el museo y siguiendo el rastro a las que 
salían del país. 
Entre el 1886 y en 1899 Maspero dejó el cargo y se 
sucedieron una serie de directores, que intentaron 
frenar la salida de piezas del país, aunque no lo con-
siguieron. En 1899 las autoridades egipcias, deses-
peradas, pidieron a Maspero que volviera a asumir 
la dirección del Service des Antiquités y del museo. 
Sala principal del museo Boulaq. | Wikimedia 
Commons.
 
96 | Egiptología 2.0
En 1912, dos años antes de jubilarse, consiguió que 
se aprobaran una serie de leyes para proteger el pa-
trimonio de Egipto. 
En 1902se había inaugurado el edificio actual en la 
plaza Tahrir y la colección egipcia, muy aumentada 
durante la dirección de Maspero, se trasladó a su 
emplazamiento definitivo. 
La colección
La colección del museo supera las 120.000 piezas 
expuestas (más unas 150.000 en los almacenes), 
todas de diferentes épocas, que abarcan unos 5.000 
años de la historia de Egipto (desde la prehistoria y 
el periodo predinástico hasta la época romana , aun-
que también contiene alguna pieza de épocas pos-
teriores).
Las piezas de la planta baja están ordenadas por 
épocas, siguiendo el sentido de las agujas del reloj:
Periodo predinástico: Incluye piezas de la prehisto-
ria, de las primeras civilizaciones egipcias y de los 
primeros faraones (Período protodinástico). De en-
tre las piezas más importantes destaca la Paleta de 
Narmer.
Elaborada en esquisto verde, de 64 cm de altura y 
45 cm de ancho, su primitiva función era servir de so-
porte para los pigmentos, cremas, aceites, etc., que 
El museo Boulaq en 1872. | Wikimedia 
Commons.
 
se aplicaban en el cuerpo.
Ambas caras tienen grabada en la parte superior dos 
cabezas de vaca, símbolo de la diosa Bat, y entre 
ellas se encuentra el serej, precedente de los cartu-
chos, con el nombre de Narmer.
Gardiner opina que la paleta representa una batalla 
por el control del Delta, probablemente en manos de 
los libios, que posiblemente fue el final de una guerra 
de varias generaciones. John Baines propone que 
representan símbolos de logro regio, cuyo propósito 
no es dar cuenta de un evento histórico, sino expo-
ner el dominio del rey sobre el mundo en nombre de 
los dioses, para lo cual ha derrotado las fuerzas del 
caos internas y externas.
Paleta de Narmer. Anverso y reverso. | Wikimedia 
Commons.
 
Imperio Antiguo: Las salas contienen objetos y es-
tatuas de las primeras dinastías, del época arcaica 
o tinita y del Imperio Antiguo. Una de las esculturas 
principales es la del faraón Khefren.
La estatua fue hallada en el año 1860, por Auguste 
Mariette, en una fosa enlosada del Templo del Valle, 
cercano a la localidad egipcia de Guiza y representa 
a Kefrén, cuarto faraón de la dinastía IV.
Imperio Medio: Incluye piezas del Primer periodo in-
termedio, de las dinastías del Imperio Medio y del 
Segundo periodo intermedio.
Imperio Nuevo: Se exponen objetos de las dinastías 
XVIII, XIX y XX. También incluye una sección espe-
cial de la época de Amarna (durante la dinastía XVI-
II).
Bajo Imperio: Las salas contienen piezas del Tercer 
periodo intermedio y de la época persa, también co-
nocida como “Bajo Imperio” o “Período tardío”, abra-
zando las dinastías desde la XXI en la XXXI.
Época grecorromana: desde la conquista de Alejan-
Egiptología 2.0 | 97
Estatua de Chnoum-Hotep. Yeso. 
2000-1000 a.C. | Wikimedia 
Commons.
 
98 | Egiptología 2.0
Estatua sedente del faraón Kefrén. | Wikimedia 
Commons.
 
dro Magno, pasando por el reinado de la dinastía 
ptolemaica hasta la época en que el Antiguo Egipto 
pasó a ser una provincia del Imperio Romano.
La sala central contiene las piezas de grandes di-
mesniones, incluidas varias esculturas completas y 
bustos de faraones entre las que destaca una es-
cultura doble colosal de Amenofis III y su mujer, la 
reina Tiy (dinastía XVIII), varios sarcófagos de piedra 
y algunos Piramidiones.
Piramidión de Amenemhat III. | Wikimedia Commons. 
Las piezas del primer piso están ordenadas de for-
ma temática, excepto el tesoro de Tutankhamón, que 
tiene buena parte del ala derecha de esta planta del 
museo. La parte central está abierta en el piso de 
abajo, con unas barandillas que la rodean, como si 
se tratara de un balcón, y que permiten ver las gran-
des esculturas de la sala central desde otra perspec-
tiva. 
Las áreas principales del piso superior son:
Tronos reales: acompañados de vasos de alabastro 
egipcio, carros de guerra o caza, algún sarcófago 
antropomorfo dorado.
Objetos funerarios: incluye ushebtis, estatuas pe-
queñas (en general de no más de un metro de al-
tura), fragmentos murales procedentes de diversas 
tumbas y papiros.
Joyas: contiene grandes obras de la orfebrería del 
Antiguo Egipto, con algunas máscaras funerarias, 
brazaletes, collares, etc., todo hecho a partir de pie-
dras preciosas o semipreciosas y metales nobles, 
destacando el uso del oro . La mayoría de piezas se 
encontraron en ajuares funerarios y adornando las 
momias de sus propietarios.
Estatuas pequeñas: varios tipos de estatuas y escul-
turas, y otros objetos similares.
Sala central del museo. | Wikimedia Commons. 
Sarcófagos pétreos. | Wikimedia Commons. 
Egiptología 2.0 | 99
Objetos cotidianos: incluye una muestra de objetos 
poco conocidos, curiosos y muy descriptivos de la 
sofisticación cultural, científica y técnica del Antiguo 
Egipto.
El tesoro de Tutankhamón: incluye casi todos los 
objetos que se encontraron en la tumba del faraón, 
desde las joyas, sandalias y bastones, hasta los sar-
cófagos, capillas, tejidos, estatuas, carros y, por en-
cima de todo, la famosa máscara funeraria, símbolo 
internacional del Antiguo Egipto.
Máscara funeraria de Tutankhamón. | Wikimedia 
Commons.
 
Hallada en el año 1922, por el arqueólogo Howard 
Carter en el interior de la tumba de Tutankhamón, 
representa el rostro idealizado del faraón y estaba in-
crustada en el rostro de la momia del faraón a modo 
de protección.
El museo también conserva una amplia colección de 
monedas, papiros y escarabajos sagrados, además 
de un considerable archivo fotográfico y una extensa 
biblioteca. 
Cabe destacar también la colección de momias del 
museo, con restos de faraones, reinas, príncipes y 
princesas, nobles, sacerdotes, ... y la sala de las mo-
mias reales, con una entrada aparte, conserva algu-
nas de las momias que se encontraron en el escon-
dite de Deir el-Bahari.
En 2010 el museo inauguró una nueva sección dedi-
cada exclusivamente a los niños. Engloba y mejora 
las anteriores iniciativas del museo dedicadas a los 
niños en un único espacio. 
Con el nombre de museo infantil incluye una recrea-
ción de los monumentos y de la historia del Antiguo 
Egipto con piezas de Lego. El museo infantil está 
enfocado ha as escuelas y grupos infantiles y juveni-
les de forma didáctica y fomenta la participación de 
los niños. Está preparado también para acoger niños 
con discapacidades.
El museo depende ahora del nuevo Ministerio de 
Estado para las Antigüedades, creado a finales de 
enero del 2011 por Hosni Mubarak como ministerio 
independiente a partir del antiguo Consejo Supremo 
de Antigüedades (que dependía del Ministerio de 
Cultura).
El Gran Museo Egipcio
Descrito como el museo arqueológico más grande 
en el mundo, está actualmente en construcción y se 
prevee que se inaugurado parcialmente a mediados 
de 2018. El museo ocupa aproximadamente 50 hec-
táreas de tierra, a dos kilómetros al oeste de las Pi-
rámides de Giza. 
El diseño del edificio fue asignado mediante un con-
curso de arquitectura. El concurso fue anunciado el 
7 de enero de 2002. Los organizadores recibieron 
557 solicitudes de 82 países, convirtiéndose en el 
segundo concurso de arquitectura más solicitado 
de la historia. En la segunda etapa del concurso, 
20 solicitudes fueron asignadas y debieron entregar 
información adicional. Finalmente, la compañía He-
neghan Peng de Dublín, se hizo con el contrato. El 
edificio está diseñado por los arquitectos Heneghan 
Peng, Buro Happold y Arup. El plan y el diseño mu-
seístico fue encargado a Metaphor y Cultural Inno-
vations S.A.
El edificio tiene forma de triángulo oblicuo y se en-
Detalle de la momia de Ramsés II. | ArqueHistoria. 
100 | Egiptología 2.0
Ushebtis. Varias épocas. | Hans Ollermann. 
Mascara funeraria del General Wendjebauendjed. XXI dinastía y cubierta del sarcófago del faraón 
Harsiésis. | Hans Ollermann / Wikimedia Commons.
 
Egiptología 2.0| 101
cuentra a dos kilómetros al oeste de las pirámides, 
cerca de un cambio de sentido de la autovía. Los 
muros norte y sur del edificio están alineados con la 
Pirámide de Keops y la Pirámide de Micerinos. En-
frente del edificio hay una gran explanada con árbo-
les de dátil. Una de las características principales del 
museo es la pared de piedra traslúcida, hecha de 
alabastro, que constituye la fachada frontal del edifi-
cio. La entrada principal será un gran atrio, donde se 
exhibirán las estatuas más imponentes.
El 2 de febrero de 2010, Hill Internacional anunció 
que el Ministerio de Cultura de Egipto firmó un con-
trato de empresa en participación con Hill y EHAF 
Consulting Engineers para proporcionar servicios de 
administración durante el diseño y la construcción 
del Gran Museo Egipcio.
El coste de estimado del proyecto en total son 550 
millones de dólares, 300 de los cuales serán finan-
ciados por préstamos japoneses, el restante será fi-
nanciado por el Consejo Supremo de Antigüedades, 
otras donaciones y fondos internacionales.
El nuevo museo está diseñado para incluir la tecno-
logía más avanzada, incluyendo la realidad virtual. 
El museo también será un centro internacional de 
comunicación entre museos, para promover el con-
tacto directo con otros museos locales e internacio-
nales. El Gran Museo Egipcio incluirá un espacio 
para niños, un centro de convenciones, un centro de 
formación, un centro de conservación y unos talle-
res similares a los que solían realizarse en el antiguo 
edificio.
El 5 de enero de 2002, el entonces presidente egip-
cio Hosni Mubarak puso la primera piedra del Gran 
Museo Egipcio. El 25 de agosto de 2006, la estatua 
de Ramsés II se trasladó desde la Plaza de Ramsés 
en El Cairo hasta la Meseta de Giza, anticipándose 
a la construcción del museo. La estatua, con una an-
tigüedad de aproximadamente 3200 años, fue res-
taurada y eregida en la entrada del museo en 2010.
A finales de agosto de 2008, el equipo de diseño en-
tregó más de 5000 dibujos al Ministerio de Cultura de 
Egipto. Más tarde, se anunció la licitación de la obra 
en octubre de 2008. Earthmoving empezó a excavar 
el lugar para construir el edificio.
La primera fecha de finalización se anunció en sep-
tiembre de 2009, con una fecha de conclusión esti-
mada en 2013.
El 11 de enero de 2012, se adjudicó el contrato de 
empresa en participación entre la egipcia Oras-
com Construction Industries (OCI) y la belga BESIX 
Group, para la fase tres del Gran Museo Egipcio, va-
Centro de conservación, terminado antes que el 
resto del edificio. | Wikimedia Commons.
 
lorado en 810 millones de dólares.
El Ministro de Antigüedades, Mamdouh al-Damaty, 
anunció en mayo de 2015 que el museo se abrirá 
parcialmente en mayo de 2018, debido este retraso 
al conflicto ocurrido en la primavera árabe y su con-
secuente pérdida de turistas.
Los motivos que llevaron a la construcción de un 
nuevo museo son varios, pero destacan, la falta de 
espacio, tanto de las zonas de exposición como del 
almacén del museo. En la actualidad existen dife-
rentes almacenes repartidos por todo el país, con 
piezas de diversas épocas y de diversa importancia 
que necesitan una mejor conservación y una zona 
de exposición. Los visitantes del museo no disponen 
de suficiente espacio para circular y para ver los ob-
jetos los días de mayor afluencia de turistas, y el aire 
se enrarece y los gases perjudican las antigüedades.
Por otra parte, el museo no dispone de suficientes 
medidas de seguridad para evitar robos, tampoco 
dispone de suficientes medidas de prevención de 
daños, como incendios y humedades, necesitaría 
una renovación muy importante y se debería modi-
ficar arquitectónicamente, lo que obligaría a cerrarlo 
completamente o por secciones.
El museo en construcción. | Wikimedia Commons. 
102 | Egiptología 2.0
Otra de las causas es la situación del actual museo. 
Ubicado en el centro de la ciudad, el tráfico, la difi-
cultad de acceso y de aparcamiento, hacen que el 
número de visitantes pueda mejorar situándolo en 
una zona como la de Giza, de visita obligada para 
los turistas, mucho menos poblada y con facilidades 
de aparcamiento. 
También se simplificará el montaje de exposiciones 
temporales, traslado de objetos, etc.
La renovación de las instalaciones: Desde las vitri-
nas hasta las salas de conservación y de investiga-
ción, casi todo necesita mejoras y más espacio.
El museo abre a las 9 de la mañana y no cierra hasta 
las 7 de la tarde. Los viernes cierra a las 2 y durante 
la época del Ramadán cierra a las 5 todos los días. 
El precio de la entrada es de 60 libras egipcias. Para 
hacer fotografías (sin flash) y vídeos en el interior del 
edificio se debe pagar un suplemento, y para hacer 
fotografías con flash se necesita un permiso espe-
cial.
Nuevos proyectos 
El gobierno egipcio comenzó una nueva iniciativa lla-
mada Proyecto de las momias egipcias, que se viene 
desarrollando desde hace varios años. Según pare-
ce, algunas momias están mal identificadas. 
Gracias a la donación de un escáner móvil por la 
empresa Siemens y al dinero aportado por National 
Geographic, las momias de los faraones están sien-
do analizadas. 
La primera fue la de Tutankhamón, en enero de 
2005, con resultados sorprendentes. El objetivo es 
crear una gran base de datos con imágenes tridi-
mensionales y del ADN de todas las momias de los 
faraones que se conservan tanto en Egipto como en 
el extranjero. 
Con ella, los investigadores podrán intercambiar da-
tos y opiniones para establecer la genealogía de los 
reyes y los nobles mal identificados.
A principios de 2017 se anunció que se va a pro-
ceder a analizar, catalogar y estudiar más de 600 
momias apiladas en el sótano del museo y muchas 
de ellas serán restauradas, ya que ni siquiera están 
registradas en los archivos.
Fachada principal del Museo de antigüedades 
egipcias de El Cairo. | Wikimedia Commons.
 
Egiptología 2.0 | 103
Egipto, 1350 a.C. Con el fin de terminar con los privilegios de un 
clero corrupto, el faraón Akhenatón, apoyado por su hermana, la 
bella y sabia Isis, decide buscar otra capital para el reino e instaurar 
un nuevo culto a Atón, el dios del sol.
104 | Egiptología 2.0
Visiones de Egipto.
Oxirrinco: Ayer y hoy
Exposiciones
Sara López Caiz / Moisés González Sucías
El Centro de Documentación y Museo Textil de Te-
rrassa (Barcelona), expone hasta el próximo 23 de 
julio de 2017, una muestra fotográfica de los trabajos 
de excavación llevados a cabo por la Misión Arqueo-
lógica de Oxirrinco. 
El Yacimiento Arqueológico de Oxirrinco, la antigua 
Per-Medjed, está situado en el pequeño pueblo de 
El-Bahnasa, a unos 190 km al sur de El Cairo y a 
unos 50 km de Minia, distrito al que pertenece este 
enclave. Fue la capital del XIX Nomo del Alto Egipto 
y su importancia vino determinada en gran medida 
por su emplazamiento geográfico, que lo situaba en 
una de las principales vías de acceso a los oasis del 
desierto occidental, y por las ventajas de un puerto 
fluvial El Bahr Yussef, un brazo del río Nilo.
El nombre de este sitio viene dado por el pez Oxirrin-
co, Oxyrhynchos en griego. En Época Helenística 
este animal se convierte en el símbolo de la ciudad 
siendo venerado por sus habitantes. Según la leyen-
da, este pez se comió la única parte del cuerpo de 
Osiris, una vez descuartizado por Set, que Isis nece-
sitaba para engendrar a Horus.
Las primeras noticias modernas que tenemos de 
Oxirrinco nos vienen dadas de la mano de Vivant De-
non, miembro de la expedición científica que Napo-
león Bonaparte organizó en Egipto en el año 1798.
A finales del siglo XIX y principios del XX los papi-
rólogos Grenfell y Hunt, no sólo descubrieron un 
vertedero con miles de papiros, escritos en su gran 
mayoría en griego, y en menor medida en latín, cop-
to y árabe, sino que también llevaron a cabo un es-
tudio arqueológico de la zona, levantando planos de 
las tumbas de el Imperio Nuevo,Época Ptolemaica 
y Época Romana, así como de un gran edificio que 
podría corresponder a un teatro excavado posterior-
mente.
A partir de la Primera Guerra Mundial y como conse-
cuencia de la construcción del ferrocarril comenza-
ron a realizarse los primeros saqueos en Oxirrinco, 
hasta que a comienzos de los años veinte, arqueólo-
gos como Petrie y Breccia, iniciaron diversos traba-
jos arqueológicos cuya finalidad era salvaguardar el 
importante patrimonio histórico de esta zona. 
En 1982, el entonces Servicio de Antigüedades de 
Egipto, se hizo cargo de este yacimiento. En 1992 se 
constituyó una Misión Mixta integrada por éste y por 
la Universidad de Barcelona, que pasó a depender 
de la Universidad de Barcelona desde hace algunos 
años. Desde este momento, la dirección corre a car-
go del Dr. Josep Padró Parcerisa.
Egiptología 2.0 | 105
Vistas de la sala de exposiciones. | Sociedad 
Catalana de Egiptología.
 
Oxirrinco, la antigua Per-Medjed fue un enclave 
muy importante en el Antiguo Egipto tal como la 
historia ha demostrado, y hoy en día se ha con-
vertido en uno de los yacimientos arqueológicos, 
no sólo mayores de Egipto, sino más destacados 
del Período Saíta, y por supuesto, único en cuanto 
al templo dedicado al dios Osiris, es decir, al Osi-
reion.
Aunque, el equipo de Oxirrinco ha publicado varias 
monografías sobre este yacimiento y ha presenta-
do los resultados de las campañas arqueológicas 
tanto en Congresos Nacionales como Internacio-
nales, la presentación de esta exposición temporal 
itinerante es más que necesaria para dar a cono-
cer tanto al gran público como al especialista o es-
tudioso, a través de imágenes fotográficas, y otros 
materiales, el trabajo realizado en el Yacimiento 
Arqueológico de Oxirrinco a lo largo de estos últi-
mos años.
En el mes de abril del año 2007 se llevó a cabo 
en la ciudad de Cabestany (Francia) un coloquio 
monográfico sobre este enclave, que se completó 
con una exposición temporal sobre el tema, ob-
teniendo una gran acogida por parte del público 
francés.
Esta exposición ha pasado por el Museo de Ar-
queología de Cataluña (sede en Barcelona), la 
Universidad Rovira i Virgili (Tarragona), el College 
de France (París), el centro cultural de Castellbis-
bal, la fundación Cardellach (Sabadell), y la Casa 
de Cultura (Girona), entre otros.
Con esta exposición fotográfica se pretende, no sólo mostrar los resultados de las excavaciones arqueológicas 
de este yacimiento, sino también que el público sea consciente del esfuerzo económico y humano que supone 
realizar este tipo de proyectos.
Interior de una sala de la tumba del sacerdote Het. | Sociedad 
Catalana de Egiptología.
 
La exposición se divide en tres 
grandes secciones, atendiendo las 
áreas geográficas donde el equipo 
de Oxirrinco está trabajando.
- Osireion: Templo subterráneo de-
dicado al culto del dios Osiris.
- Necrópolis Alta: Tumbas Saítas, 
tumbas Grecorromanas, tumbas 
Coptas y la ‘‘casa funeraria’’ Paleo-
bizantina.
- Fortaleza Paleobizantina.
Osireion 
El Osireion de Oxirrinco fue descu-
bierto en el año 2000 y se encuen-
tra situado a 1.5 km al oeste de la 
106 | Egiptología 2.0
Vista general de la sala de exposiciones y vitrina con alguno de los objetos y libros expuestos. 
| Sociedad Catalana de Egiptología.
 
Egiptología 2.0 | 107
Necrópolis Alta. Se trata de un templo subterráneo 
dedicado al dios Osiris, construido en piedra, fecha-
do en los reinados de Alejandro II, hijo de Alejandro 
Magno, Ptolomeo I Soter y Ptolomeo II Filadelfo.
El acceso principal al templo subterráneo se hace a 
través de una escalera monumental recortada en la 
roca pero cubierta en su origen por bloques de pie-
dra caliza, hoy desaparecidos. La entrada comunica 
con un pequeño vestíbulo y dos nichos destinados 
a lámparas para iluminar el interior. El vestíbulo co-
munica a su vez con dos salas, siendo la más inte-
resante la sala nº 1, de 10.70 x 2.68 m, donde se ha 
encontrado una estatua colosal de piedra caliza del 
dios Osiris, de 3.30m de altura, tendida en el suelo. 
Osiris aparece con aspecto momiforme, tocado con 
la corona Atef y sosteniendo con las manos el cetro 
y el flagelo. Es en esta sala donde se llevaba a cabo 
el culto al dios Osiris y por ella se accede a dos ga-
lerías, de las que una de ellas tiene 56 nichos, 23 a 
cada lado, con inscripciones hieráticas en el dintel, 
alusivas al reinado de los faraones antes menciona-
dos.
Entre el material encontrado y perteneciente al equi-
pamiento del culto al dios Osiris cabe destacar: figu-
ras de barro de Osiris, ladrillos mágicos con la repre-
sentación del ojo Udjat, cajas con sus respectivas 
tapas y en su interior una pequeña bola de barro para
proteger al dios, numerosos amuletos y escarabeos, 
mesas de ofrendas, conos con la imagen de la diosa 
arquera Neit, panes de barro y pequeñas máscaras 
de plomo o plata.
Las excavaciones realizadas en el exterior de este 
templo han demostrado que la delimitación total de 
esta zona es de 17.325 m2.
El Osireion de Oxirrinco es hasta el momento el úni-
co templo subterráneo y por supuesto, completo, en-
contrado en Egipto dedicado a este dios.
Interior del Osireion. | Sociedad Catalana 
de Egiptología.
 
Necrópolis Alta
La Necrópolis Alta tiene más de 31 tumbas construi-
das en piedra que datan de Época Saíta y Época 
Grecorromana. En cuanto a las tumbas Saítas, las 
más importantes son la nº1 y nº14, no sólo por las 
dimensiones de éstas, sino también por el material 
arqueológico encontrado en su interior.
La tumba nº1, consta de siete cámaras funerarias de 
techo abovedado, con varios sarcófagos de piedra 
en su interior, muy bien tallados y con los rasgos per-
fectamente delimitados, siendo el más representati-
vo el descubierto en la cámara 3, ya que se trata del 
constructor y propietario de la tumba, Het. Además, 
en el techo de esta cámara está representado el fir-
mamento en color azul y las estrellas en amarillo, y 
tres de sus muros están cubiertos de inscripciones 
jeroglíficas que aluden no sólo al nombre y títulos del 
fallecido, sino que mencionan el nombre antiguo de 
la ciudad de Oxirrinco, es decir, Para-Medjed. 
La tumba nº14, consta de once habitaciones, siendo 
las importantes la nº4, 6 y 7. La cámara 4 es una 
habitación de ofrendas donde han aparecido junto 
al muro oeste, numerosos objetos funerarios: vasos 
canopos y jarras de piedra, pequeños recipientes de 
cerámica, ladrillos, y una olla de barro, en el interior 
de la cual había 50 figuras de bronce del dios Osiris 
de varios tamaños. Este último hallazgo no tiene pa-
ralelo en Egipto. 
La cámara funeraria nº6 fue encontrada práctica-
mente intacta y en su interior se encontraron dos 
conjuntos de vasos canopos completos con inscrip-
ciones alusivas a Tadiher (propietaria de esta habi-
tación) y Padineit (hijo de ésta), casi 400 ushebtis de 
fayenza, recipientes cerámicos, numerosos amule-
tos de piedra, lapislázuli, cornalina, oro y fayenza, 
cartonajes, pan de oro, y restos tanto del ataúd de 
madera, como del cuerpo de Tadiher.
En la cámara funeraria 7 se han encontrado tres 
sarcófagos de piedra antropomorfos: dos de ellos 
anepigráficos, con numerosos amuletos y ushebtis 
de fayenza, y el tercero, propiedad de Padineit. La 
tapa del sarcófago no sólo está cubierta de inscrip-
ciones que hablan de este personaje y de los cargos 
que ocupó en vida, sino también tiene representacio-
nes del dios Horus sobre los hombros, y de la diosas 
Isis y Neit con las alas extendidas como medida de 
protección hacia el difunto.
En cuanto a las tumbas de Época Grecorromana, 
cabe resaltar las tumbas nº18 y 19. La nº18 tiene 
el techo decorado con una representación pictórica 
de la diosa Nut, y en el muro oeste una imagen que 
muestra al dueño de la tumba ofreciendo al dios Osi-
108 | Egiptología 2.0
ris una jarra de libación, una mesa 
de ofrendas, y un incensario.
En la tumba nº19 se han encon-
trado más de cienmomias, unas 
encima de otras, tanto de adultos 
como de niños. El vendaje de la 
gran mayoría de ellas es típico de 
Época Romana, es decir, tienen 
una decoración romboidal, y lo 
mismo podemos decir de los car-
tonajes.
Por la gran cantidad de momias 
encontradas y la disposición de 
éstas se deduce que se trata de un 
escondite, cuya finalidad era sal-
vaguardarlas. Aunque este tipo de 
hallazgo no es extraño en Egipto, 
si lo es, el gran número de cuerpos 
encontrados en esta tumba. 
En las capas superiores de las 
Momias halladas en la tumba nº19. | Sociedad Catalana de 
Egiptología.
 
tumbas saítas y grecorromanas, se han encontrado numerosas tumbas de Época Bizantina, a modo de estre-
chos pozos, de unos 3m de profundidad. En el interior siempre hay un único cuerpo, con la cabeza al oeste y 
los pies al este, con las manos sobre la pelvis, y en general, acompañado de una moneda de bronce que suele 
estar situada o en la pelvis o en el hombro, y que nos permite datar la necrópolis entre el siglo IV y VI d.C.
Finalmente, y en cuanto a la ‘’Casa Funeraria’’ Paleobizantina, hay que destacar no sólo la gran cantidad de 
muertos cristianos encontrados en alguna de las habitaciones de esta ‘‘casa’’, sino también las representacio-
nes pictóricas que cubrían gran parte de sus paredes con concepciones claramente religiosas, como la imagen 
de un jinete.
Vista aérea de la tumba nº14 y sarcófagos de piedra encontrados en dicha tumba. | Sociedad Catalana de 
Egiptología.
 
Fortaleza Paleobizantina 
La fortaleza está situada aproximadamente a 1.700m de la Necrópolis Alta. Se trata de un enorme recinto cons-
tituido por numerosas estancias tanto de carácter regio, como señorial y religioso. Está construida con adobe y 
elementos decorativos de bloques de piedra reutilizados con relieves de época Ptolemaica, quizá procedentes 
del Osireion. Cabe destacar una estancia de columnas en círculo, donde quizá se encontraba la reliquia de un 
santo y donde los creyentes oraban a su alrededor, así como un posible refectorio con representaciones pictó-
Egiptología 2.0 | 109
ricas en sus paredes de gacelas, temática floral y vegetal.
Los trabajos arqueológicos llevados a cabo durante estos últimos años en esta fortaleza evidencian una conti-
nuidad cronológica hasta época árabe, aunque aún queda mucho por excavar.
Estancia con columnas en círculo. | Sociedad Catalana 
de Egiptología.
 
Atendiendo a las tres grandes áreas geográ-
ficas, la exposición se ha dispuesto en siete 
ámbitos diferentes y complementarios:
Introducción: Con este ámbito introductorio 
se pretende que el visitante conozca breve-
mente la historia de la ciudad de Oxirrinco 
y los trabajos arqueológicos llevados a cabo 
en el yacimiento en los últimos 100 años.
Por ello, el texto explicativo va acompañado 
de un mapa geográfico de Egipto con la loca-
lización de Oxirrinco y de las ciudades más 
importantes del Antiguo Egipto, así como 
imágenes antiguas comparadas con el as-
pecto que presentan en la actualidad.
Necrópolis Alta: Dos paneles, uno mostrando 
un plano del yacimiento en el que se seña-
lan los diferentes sectores de este y otro, de 
texto sobre la Necrópolis Alta, acompañan a las fotografías que 
ilustran las diferentes fases de este sector. Hay un primer grupo 
de imágenes relacionadas con la tumba nº1, la tumba saíta mas 
antigua documentada en el yacimiento. El mayor número de 
imágenes corresponden especialmente a la tumba nº14, tanto 
a los sarcófagos como al ajuar funerario descubierto. Un tercer 
grupo de fotografías son de la ‘‘casa funeraria’’, con las pinturas 
murales más destacadas. Un panel nos remite al nuevo sector 
excavado (una posible vía procesional), los nuevos hallazgos 
(esfinge y peces) y unas imágenes de nuevos espacios.
Tipo de rituales funerarios: En este apartado se podrán obser-
var los diferentes rituales funerarios encontrados en Oxirrinco. 
La momificación, la incineración, la continuidad iconográfica y 
la decoración de la super-estructura forman este apartado.
Osireion: Un panel explicativo del Osireion o templo dedicado 
al dios Osiris, junto con una fotografía aérea y detalles del inte-
rior y de el exterior del Osireion y del material desenterrado. Se 
complementa con otro panel acompañado de imágenes de la 
super-estructura del espacio monumental.
Fortaleza: La fotografía aérea y un panel explicativo de la forta-
leza nos sitúan en esta zona, así como varias imágenes de los 
Máscara dorada. procedente de la sala 
norte de la tumba nº 5. | Sociedad 
Catalana de Egiptología.
 
diferentes espacios. También se puede apreciar otro panel explicativo sobre las últimos hallazgos y otro sobre 
un nuevo sector, fuera de los ya mencionados, con el interior de la tumba nº19, la “cachette” de momias, y una 
fotografía de un capitel jónico con la cabeza de la diosa Hathor, símbolo del sincretismo religioso encontrado 
en Oxirrinco.
La muestra se cierra con un ámbito donde se expone la imagen de el actual El-Bahnasa, pudiendo encontrar 
elementos que evocan el pasado faraónico, y un panel explicativo de la Sociedad Catalana de Egiptología, ins-
titución ligada a las excavaciones en Oxirrinco desde los inicios.
110 | Egiptología 2.0
Hoy viajamos a...
Bartomeu Egea Resino
El Medamut
Que ver
Templo de Montu en Medamut (Madamut) (Al Ma-
hamid) (Naj Al Madamud). Incuestionable lugar para 
visitar, en un próximo viaje, a la zona de influencia de 
la antigua Tebas. En este lugar encontramos otro de 
los templos con advocación al dios Montu.
Debemos a Sesostris III la existencia de los templos 
originales dedicados a Montu el dios guerrero que 
formaban la llamada defensa de la ciudad de Amon, 
Armant (la antigua Hermonthis) al Oeste, el propio 
Medamut al Noroeste, Tod al Sur y el de Karnak. 
Este conjunto más tarde fue llamado por los griegos 
como la Palladium de Tebas. 
Fue excavado desde 1925 hasta la segunda guerra 
mundial, por el IFAO (Institut français d’archéologie 
orientale) y el Museo del Louvre, bajo la dirección de 
Fernand Bisson de la Roque. En el sitio arqueológico 
encontramos una sucesión de edificios, reconstruc-
ciones y usurpaciones, construido a lo largo del Im-
perio Medio hasta la época copta.
El primer templo se conoce con certeza que es de 
Vista general del templo de Montu en Medamut. | Bartomeu Egea Resino.
Senusert Khakaure, hecho con ladrillos de barro. 
Existiendo en el cerro del templo preexistente, una 
“Colina Geb,” una especie de Osirion primitivo. El 
templo fue revisado radicalmente, especialmente por 
los reyes del Segundo Período Intermediario y los de 
la decimoctava dinastía.
Según autores, existía un canal navegable desde 
Karnak-Norte hasta Medamud. Además del acceso 
por barco, también habría existido un camino pro-
cesional, un dromos o avenida de esfinges que con-
duce al oeste dirección al témenos de karnak sus 
vestigios se observan en 78 metros. (Estudiado y 
propuesto por Bertha Porter y Rosalind LB Moss. La 
triada del templo era: Montu, su esposa Tjenenyet 
(posteriormente Rattaouy) y su hijo Harpocrates u 
Horus Niño. 
 - Imperio Antiguo.Durante este periodo existía allí un 
templo dedicado al dios de la guerra, con cabeza de 
halcón, y a su toro sagrado.
- Imperio Medio.Sesostris III de la XII Dinastía cons-
truyo un nuevo templo para honrar a Montu, y hay 
evidencias de que se siguió construyendo en la XIII 
 
Egiptología 2.0 | 111
Puerta de Tiberio y pronaos del templo de Montu en Medamut. | Bartomeu Egea Resino.
dinastía.
- Reconstruido y mantenido por los reyes del Segun-
do periodo intermediario
- Así como estructuras del Imperio Nuevo. Con re-
construcciones de la XVIII dinastía concretamente 
de Tutmosis III (que a su vez completo los templos 
de Armant y Tod) se hallo una estatua ahora en el 
Metropolitan Museum of New York, del reinado de 
Amenhotep dos estatuas de diorita del copero real, 
Manakhtef, en el Museo del Louvre.
- El legado que podemoscontemplar hoy aun, data 
de la época Ptolemaica (siglo III aC) y de la época 
Imperial Romana, destacando una puerta de granito.
- Los quioscos de Ptolomeo XII Auletes; y Ptolomeo 
XIII Teos Filópator en realidad son más tardíos pues 
presenta a la gran Cleopatra VII, lo que demuestra 
las prerrogativas de la reina, aunque al mostrarla de 
forma simétrica a la de su marido y hermano Ptolo-
meo XIV Teos Filópator II, también mostraría una in-
terpretación de los reparos a ese reinado femenino.
- El recinto dedicado al dios Montu esta orientado 
Este-Oeste, disponía de un bosque sagrado y esta-
ba rodeado por una muralla que fue diseñada con 
un sistema llamado de túnel único o acceso único 
construido durante el reinado del emperador Tiberio 
(ahora inexistente). Hoy en día gracias al estudio 
realizado en una estela de los almacenes del Cairo, 
se piensa que en realidad se trataría de Augusto.
- Frente a la fachada principal, había tres quioscos 
con acceso directo al patio porticado, estas construc-
ciones hacían la vez de pilono, (caso único en todo 
Egipto). Es así que en este lugar, donde estaban los 
quioscos se puede ver una procesión de músicos. 
Una representación de Bes, también es visible. Tam-
bién encontramos bloques reutilizados con sacerdo-
tisas con panderetas ante Hathor y Mut.
- El patio porticado que disponía de relieves de Anto-
nino Pio, y construido por él, hay un altar construido 
con bloques reutilizados datándose de Ptolomeo III 
Evergetes, en el otro extremo como fachada del ves-
tíbulo o pronaos, habían cinco columnas de las que 
aún se conservan las dos centrales que flanquean 
la entrada propiamente dicha, estas tienen capiteles 
campaniformes de elaborado relieve floral, mientras 
que las otras tres disponían de la forma papiriforme 
con capiteles cerrados, atribuidas todas como pór-
tico a Ptolomeo VII Neo Filopátor y a Ptolomeo VIII 
Evérgetes II.
- Más cerca del vestíbulo hay una pequeña sala hi-
póstila, dos antecámaras y el santuario, así como va-
rias capillas. Concretamente es interesante una con 
relieves de barcos
- Más allá del propio templo, existía una capilla sepa-
 
112 | Egiptología 2.0
rada para el toro sagrado de Montu, llamado Bukhis o Buchis, al que Trajano hacia ofrendas y obtenía oráculos.
- En la base de los muros exteriores (norte, sur y este) los relieves presentan procesiones de dioses del Nilo 
avanzando de sur a norte con ofrendas.
- En el lado sur se encuentra una inscripción que presenta a un emperador romano haciendo una ofrenda al toro 
sagrado, haciendo este relieve referencia a la existencia de un oráculo en el propio templo.
- A 150 metros de la entrada del templo se puede ver el antiguo embarcadero, similar al de Karnak, que origi-
nalmente disponían de dos obeliscos.
- En el suelo del mismo se pueden observar las huellas, arañazos e inscripciones demóticas dejadas por los 
visitantes de antaño al templo.
- Al sur del templo, y atribuido a Ptolomeo II Filadelfo y Ptolomeo III Evergetes, encontramos el lago sagrado y 
un pozo.
- Cartuchos por doquier atribuidos a Domiciano, a Cesar, a los Sesostris y a Ramesses II.
- En un relieve podemos ver a Vespasiano realizando una ofrenda a Maat y a Amon (inicialmente se encontraría 
en el patio de Antonino Pio) en otro a Amenhotep II, a Montu.
- Adherido al recinto arqueológico, detrás de la cabaña de los vigilantes se encuentra el “museo al aire libre” 
eufemismo para indicar almacén “donde lo pongo”, entre otros podemos ver una escultura parcial atribuida a 
Sesostris III.
Relieve que muestra una procesión musical. Templo de Montu en Medamud. | Bartomeu Egea Resino. 
Egiptología 2.0 | 113
Como ir
Latitud: 25.734450N, longitud: 32.709530E // 25° 43’ 58.78”N 32° 42’ 21.07”E. A 8 kilómetros de Luxor, ( Similar 
distancia a la que se encuentra el aeropuerto) en el centro de la aldea de Naj Al Madamud (según que planos: 
Mahamid), entre casas y tierras de cultivo.
Recomendaciones
En ocasiones al intentar describir el lugar, se puede confundir al lector con lo que había, hay o debía de haber, 
hay que pedir disculpas, solo una visita en el sitio puede hacer mas entendible esta modesta explicación.
El templo, no puede ser visitado en la actualidad sin un permiso del CSA de Luxor. Pero por su proximidad a 
Luxor, podemos tomar un taxi y sencillamente acercarnos al sitio, una sonrisa al vigilante a cambio de unas 
pocas fotos, es un precio muy asequible.
Localización de El Medamut. | Google Earth.
Diversas divinidades portando ofrendas. Templo de Montu en Medamud. | Bartomeu Egea Resino.
 
 
114 | Egiptología 2.0
El Horizonte de Keops 
y la meseta de Gizeh
Alberto Fernández Boo
Egiptología 2.0 | 115
En este artículo me propongo a hacer una breve sín-
tesis acerca de las tres grandes pirámides de los fa-
raones de la dinastía IV que se alzan en la meseta 
de Gizeh: Keops, Kefrén y Micerino. No obstante nos 
centraremos en la más grande pero no por su mo-
numentalidad, sino porque es la más antigua de las 
tres, ya que Keops (Jufu), hijo de Esnofru y Hetephe-
res, es el segundo faraón de la dinastía IV, cuyo rei-
nado comprende entre 2589 a.C. y 2566 ANE. 
Pirámides de los faraones de la dinastía IV, 
situadas en la meseta de Gizeh.| Sandro 
Balto.
 
En cuanto a su tamaño, la pirámide más alta era la 
de Keops, con una asombrosa altura de 146 m. La 
pirámide de su hijo Kefrén era ligeramente más pe-
queña, puesto que medía 143 m. Sin embargo, es 
sorprendente que la más pequeña de las tres pirámi-
des es la más “nueva”, la pirámide de Micerino, que 
“solamente” medía 66 m. de alto.
Gizeh era un emplazamiento que reunía muchas ca-
racterísticas para ser el emplazamiento ideal para la 
construcción de las pirámides, ya que era una mese-
ta elevada sobre el horizonte, por lo que las pirámi-
des son más visibles. Asimismo, Gizeh está situado 
enfrente de Heliópolis, la sede del culto al dios solar 
Re. Además, está al sur de Letópolis, ciudad sagra-
da en la cual se adoraba a una variedad de la deidad 
halcón Horus. Por último, debemos mencionar que 
Gizeh ya había sido utilizada con anterioridad para 
realizar enterramientos, como lo demuestra la apa-
rición de tumbas, por lo que, en cierto sentido, era 
lugar santificado y apto para albergar el monumento 
funerario de un faraón.
A la muerte de Keops, reinó Entre los años 2566 a.C. 
y 2558 ANE su hijo Didufri, el cual construyó su pirá-
mide en Abu Roash. A éste le sucederá su hermano 
Kefrén, que alza su monumento funerario en Gizeh. 
En la siguiente generación Baufre, hijo de Didufri, 
construyó su tumba fuera de esta meseta, mientras 
que Micerino, hijo de Kefrén la vuelve erigió en ella.
Cada faraón que levantó su tumba en Gizeh lo hizo 
atendiendo a unas normas básica, pues colocaron 
de manera armónica los tres complejos funerarios 
sobre la meseta, ya que la fachada del templo alto de 
Kefrén está alineada con la cara oeste de la pirámide 
de Keops, mientras que la fachada del templo alto de 
Micerino está alineada con la cara oeste de la pirámi-
de de Keops. Simultáneamente, podemos observar 
una línea imaginaria que une las esquinas sureste 
de las tres pirámides, apuntando hacia el templo de 
Re en Heliópolis.
No hay pirámides sin personal de construcción… 
A continuación, voy a hablar de algo que es realmen-
te importante en la elaboración de cualquier gran 
monumento, pero solamente centrándome en el mo-
numento objeto de estudio: las personas que realiza-
ron los trabajos de construcción de las pirámides. La 
abundancia de complejos funerarios reales en Gizeh 
explica dos hallazgos muy importantes al sur de la 
meseta: el poblado de los obreros encargados de su 
construcción; y el cementerio, que está dividido en 
parte alta, en la que son enterrados los capataces, y 
baja. Debido a estos descubrimientos hemos podido 
conocer gran cantidad de datos realmente interesan-
tes sobre cómo era el trabajo de las más de 5.000 
personas que albergabael poblado.
El estudio paleontológico de sus huesos nos mues-
tra que era un trabajo muy duro, que producía fre-
cuentes lesiones en la espalda y muchas roturas 
de brazos. Sin embargo, podemos constatar que 
se trataba de trabajadores privilegiados, porque los 
restos del poblado nos demuestran que recibían una 
alimentación rica en proteínas, algo prácticamente 
desconocido para el resto de la población del valle 
del Nilo, que les permitía rendir al máximo en su tra-
bajo. También contaban con un cuerpo médico des-
tinado a atender su salud. A todo esto, también se 
suma su condición de funcionarios pagados por el 
Estado.
Parecen pocos los aproximadamente 5.000 habitan-
tes de este poblado, pero sin duda fueron suficientes 
para levantar la Gran Pirámide, ya que los egipcios 
eran capaces de construir estos edificios con gran 
rapidez. Se calcula que la Gran Pirámide está for-
mada por más de dos millones de bloques de piedra 
de dos toneladas y media cada uno. En promedio, 
esculpieron, trasladaron y pusieron un bloque cada 
4 minutos, de día y de noche, durante un total de 23 
años a lo sumo. Incluso hoy nos parece irrealizable.
Erigir una estructura de más de cien metros requiere 
esfuerzos perfectamente coordinados y un plantea-
miento muy metódico, que empezaba por los planos 
y las maquetas utilizados para la realización del dise-
ño del edificio. A continuación, los escribas se encar-
gaban de calcular el número de bloques necesarios 
para construir una pirámide con la pendiente escogi-
116 | Egiptología 2.0
da a través de un problema matemático que apren-
dieron durante su formación como escribas, y que 
estaba recogido en papiros matemáticos egipcios. 
Asimismo, los bloques salían de la cantera con una 
inscripción que mostraba su fecha de extracción, el 
equipo encargado de su transporte y la zona de la 
pirámide a la que éstos estaban destinados.
¿Cómo se construían las pirámides? Hay dema-
siadas propuestas… pero no hay certezas
A partir de aquí se nos plantea una pregunta de vital 
importancia: ¿cómo eran capaces de subir los blo-
ques de piedra?
Gracias a las inscripciones encontradas en las pirá-
mides ahora sabemos ciertos datos sobre el proce-
so de construcción. Por ejemplo, las pirámides eran 
construidas durante todo el año, y no sólo en la épo-
ca de la inundación. Esto se sabe porque se han ha-
llado bloques con fechas pertenecientes a todas las 
estaciones del calendario egipcio en la pirámide de 
Meidum, terminada por Esnofru (padre de Keops).
También es importante destacar que, a la hora de 
intentar saber cómo fueron construidas estas edifica-
ciones, debemos tener en cuenta que encontramos 
varios tipos de pirámides y no todas fueron hechas 
de la misma manera. 
Las primeras piedras de la pirámide escalonada de 
Djoser, faraón de la III Dinastía, en Saqqara tienen 
el tamaño de ladrillos. Sin embargo, el material fue 
aumentando de tamaño según la construcción iba 
avanzando y se conocían mejor nuevos materiales. 
Las pirámides de la dinastía IV, de las cuales tres son 
objeto de nuestro estudio, poseen los bloques más 
grandes, concretamente la de Kefren cuyos bloques 
pesaban en torno a tres toneladas. Las pirámides 
de las dinastías V y VI fueron construidas con mam-
puestos revestidos posteriormente por una capa ca-
liza de gran calidad. Durante el Imperio Medio todas 
las pirámides, exceptuando a las dos primeras, se 
erigieron de ladrillo con una capa exterior de caliza 
procedente de la cantera de Tura, cercana a Menfis.
Lógicamente, la técnica y la dificultad de construc-
ción de cada una de ellas varían, pero sabemos que 
las piedras que componían el núcleo de cualquiera 
de estas edificaciones funerarias procedían de una 
cantera cercana. En el caso de Gizeh se encuentra 
a seiscientos metros al sur de la pirámide de Keops. 
Desde allí, los bloques fueron transportados hasta 
las pirámides por medio de rampas. La superficie de 
arrastre probablemente estaba ajustada con made-
ras para facilitar el deslizamiento de los trineos sobre 
los que iban colocadas las sillerías. A partir de aquí 
aparece otra cuestión principal, pues no sabemos 
con certeza cómo fueron capaces de elevar los ma-
teriales para la construcción de estos grandes monu-
mentos. En principio, la forma piramidal del edificio 
facilitaba su construcción, puesto que en el tercio 
inferior de la pirámide queda concentrado aproxima-
damente el cuarenta por ciento de su volumen.
Por tanto, podría ser suficiente con una rampa que 
alcanzara una altura asequible, de varias decenas 
de metros, con la que se conseguiría construir la 
mayor parte del edificio. Asimismo, las grandes pi-
rámides de la dinastía IV poseían un núcleo interior 
de roca que hacía que el edificio en sí no fuese tan 
grande, algo que facilitaba aún más la construcción.
Continuar elevando los bloques más allá del tercio 
inicial era un reto que aún no sabemos cómo solucio-
naron los/as egipcios/as, pero en el que seguramen-
te utilizarían en su favor la estructura escalonada in-
terior del edificio, ya que así los bloques se alzarían 
en pequeños tramos. Es muy probable que para ele-
var los bloques se utilizasen palancas, capaces de 
hacerlo con relativa rapidez sin grandes esfuerzos. 
Una vez superado cada escalón, los bloques eran 
colocados en su sitio hasta que el nuevo escalón 
quedase acabado, volviendo a repetir este proceso 
en alturas superiores.
Encontramos entre los egiptólogos muchas propues-
tas acerca de cuál era el mejor método para llegar a 
la cima de la pirámide. La rampa es el sistema más 
recurrente para explicar este proceso, debido a que 
es el procedimiento más lógico y a que se han halla-
do restos de rampas cerca de varias pirámides. En 
este artículo voy a exponer, de forma resumida, las 
cinco soluciones más aceptadas:
- Jean-Phillip Lauer, excavador de Saqqara, propuso 
una rampa única perpendicular. Sin embargo, con 
una pendiente del diez por ciento, la rampa para su-
bir el piramidión, la pieza que coronaba pirámides 
y obeliscos, de la Gran Pirámide de Keops hubiera 
tenido más volumen que la propia pirámide.
- Dieter Arnold, egiptólogo alemán, propone un sis-
tema de rampa perpendicular modificado en el que 
la rampa se prolonga por el interior del núcleo de 
la pirámide, acortando de esta manera su recorrido, 
que sigue al prolongarse con das rampas laterales 
más cortas.
- Dows Dunham, egiptólogo estadounidense, propu-
so la rampa en espiral. Ésta es más viable que la 
rampa perpendicular, puesto que disminuye el volu-
men construido de la rampa. Sin embargo, presenta 
el problema del giro de los grandes sillares de piedra 
en las esquinas.
- Mark Lehner, egiptólogo americano director de las 
Egiptología 2.0 | 117
excavaciones de la meseta de Gizeh, proponía una modificación de la rampa en espiral, que varía el grado de 
inclinación según va subiendo por el cuerpo de la pirámide. Este sistema es el más aceptado en la actualidad.
- Rainer Stadelmann, director del Instituto Alemán de El Cairo, propuso un sistema de múltiples rampas perpen-
diculares, a varias alturas. Este sistema es muy práctico para las pirámides del Imperio Medio, puesto que las 
rampas permitirían subir los millones de ladrillos necesarios para su realización.
Para concluir con el panorama general de las pirámides de Gizeh he de destacar que aun así, en la actualidad, 
sigue siendo imposible describir con precisión el método constructivo utilizado para levantar las pirámides de 
la IV dinastía.
Esfinge de Gizeh. | Wikimedia Commons. 
El Horizonte de Keops
A continuación voy a realizar 
una descripción más detallada 
de solo una de las pirámides, 
la Gran Pirámide de Keops. 
Nos dejaremos en el tintero 
las otras dos grandes pirámi-
des, la esfinge y el resto de 
complejo funerario, que tam-
bién poseen una gran riqueza 
arqueológica. 
El edificio, compuesto por 
unos 2.300.000 bloques de 
caliza nummulítica de 0,69 m 
de altura y 2,5 t de peso distri-
buidos en 210 hiladas diferen-tes, se construyó casi perfec-
tamente cuadrado y sus caras 
están orientadas a los puntos 
cardinales. Asimismo, se buscaba que cada lado de la base midiera 440 codos (Aproximadamente 230,383 m., 
siendo el codo 52,35 m.). Y casi lo consiguen, puesto que la cara norte mide 230,391 m., la cara sur 230,454 
m., la cara este 230,391 m. y la cara oeste 230,357 m. Por tanto, el valor de los ángulos de cada esquina está 
muy cercano a los 90º. Además, el suelo sobre el que se alza la pirámide se niveló con una gran exactitud.
La altura final del edificio fue de 146,59 m., 280 codos, aunque actualmente solamente mide 138,75 m., ya que 
una decena de hiladas desaparecieron de su cima durante el desmantelamiento sufrido por la tumba de Keops 
durante la Edad Media.
Uno de los aspectos más interesantes de la pirámide es la concavidad que presenta en la zona media de cada 
una de sus cuatro caras, que se encuentran divididas en dos planos opuestos que forman entre sí un ángulo 
de unos 179º.
Por otro lado, el nombre egipcio de la Gran Pirámide es “Horizonte de Keops”, lo que nos muestra la intención 
de Keops de identificarse con Ra, porque al igual que el sol descansa eternamente en el horizonte (en este caso 
la pirámide), donde revive por siempre. Consideramos entonces que este faraón modificó el culto real durante 
su reinado. Este hecho parece reforzarse debido a que los hijos de Keops, Djedefre y Khaefre, fueron los pri-
meros faraones en incluir en su titulatura real el nombre de “Hijo de Ra”. 
A continuación vamos a realizar una descripción de las partes de la pirámide. La entrada a este edificio funerario 
se encuentra localizada en la decimoquinta hilada de la cara norte, desviada 7,29 m. hacia el este con respecto 
al eje central y a unos 15 m. de altura. Está protegida por dos dinteles superpuestos a doble vertiente, que dan 
paso a un corredor de 1,09 m de ancho y 1,20 m. de alto, que desciende un total de 105,34 m. A partir de aquí 
el corredor se vuelve horizontal y recorre 8,91 m. con unas medidas algo menores, antes de llegar a la primera 
habitación del edificio, la cámara subterránea, a unos 70 cm. por encima del suelo de ésta. La cámara subte-
rránea está excavada a 30 m. bajo la meseta de Gizeh, y posee unas medidas de 8,36 m. de norte a sur por 
118 | Egiptología 2.0
Partes de la Gran Pirámide. | Colegio Arcángel. 
14,08 m. de este a oeste, y una 
altura máxima de 5,03 m. En el 
eje central de la habitación pode-
mos observar un pozo rectangu-
lar que orienta sus lados según 
las diagonales de la cámara. 
Para continuar describiéndoos 
el edificio deberemos volver 
al corredor ascendente, 18 m. 
después de la entrada del edi-
ficio. Allí, en el techo, comienza 
dicho corredor, que posee unas 
dimensiones de 1,20 m. de alto 
por 1,05 m. de ancho, y tiene una 
longitud de 37,76 m. Sus prime-
ros 4,34 m. están taponados con 
bloques de granito colocados de 
forma consecutiva.
Una peculiaridad de este corre-
dor es la presencia de los blo-
ques-faja, es decir, uno o dos bloques de piedra con un hueco en el medio dispuestos de forma vertical ocu-
pando toda la sección del corredor. De esta manera, un único bloque de piedra forma las paredes, el techo y el 
suelo de dicho corredor en un punto dado. Después de la zona tapiada encontramos un bloque-faja cada 5,2 
m. (10 codos).
Este corredor ascendente va a desembocar en una especie de vestíbulo de suelo horizontal, con unas dimen-
siones de 5,10 m. de largo por 2,68 m. de anchura y 8,46 m. de altura. Está delimitado al sur por un gran escalón 
de 2,18 m. de alto.
En este punto comienza la Gran Galería. En el centro de la parte baja del escalón anteriormente mencionado 
empieza un corredor de acceso a la cámara de la Reina, mientras que por encima de dicho escalón continúa 
un gigantesco vano de la gran galería. En el suelo del vestíbulo, en la esquina noroeste, se encuentra la boca 
del pozo de Greaves.
El corredor que da acceso a la cámara de la Reina posee unas dimensiones de 1,05 m. de ancho por 1,17 m. 
de alto y una longitud total de 38,7 m. Cinco metros y medio antes de alcanzar la cámara de la Reina, el suelo 
de este corredor comienza a hacerse más profundo, hasta desembocar en la esquina noreste de una habita-
ción casi cuadrada, de 5,23 m. de norte a sur por 5,76 m. de este a oeste, construida en caliza. A 4,69 m. del 
suelo comienza una bóveda a dos aguas paralela a los lados largos, elevando la altura total de la habitación a 
6,26 m. Además, en el punto medio de las paredes norte y sur hay un par de aberturas cuadradas conocidas 
erróneamente con el nombre de “canales de aireación”, pues ese es el uso que se le da en la actualidad non 
en la Antigüedad.
El gigantesco vacío que es la gran galería, con sus 46,71 m. de longitud y más de 8 m. de altura y una anchura 
del suelo de 2,09 m., es una de las partes más increíbles de la pirámide. Cabe destacar que los primeros 2,32 
m. de altura de los laterales de esta galería son lisos, pero a partir de aquí comienza una bóveda por aproxima-
ción de hiladas, lo que da al techo una altura de entre 8,74 m. y 8,46 m. 
La gran galería concluye en un escalón de 0,90 m. de alto y 1,55 m. de profundidad que hace de recibidor a la 
cámara de los rastrillos, que protegía la cámara del Rey. El último aspecto a tener en cuenta de la gran galería 
es la entalladura longitudinal que, a 4,22 m. de altura, surca las dos paredes largas un poco por encima de la 
tercera hilada.
En el centro de la pared meridional del recibidor en que finaliza la gran galería encontramos un pequeño corre-
dor de granito de 1,11 m. de altura por 1,23 m. de largo y 1,05 m. de ancho, que va a desembocar en la cámara 
de los Rastrillos, como ya he dicho anteriormente. Esta habitación también está construida en granito, con una 
Egiptología 2.0 | 119
anchura de 1,05 m., una longitud de 2,96 m. y una 
altura de hasta 3,80 m. Dentro de ésta habitación 
encontramos dos grandes bloques, con los que se 
pretendía obstruir por completo el acceso a la cáma-
ra del Rey. 
Tras los rastrillos, podemos observar un pasillo de 
2,56 m. de largo que desemboca en la esquina no-
reste de la cámara del Rey, construida en granito 
rojo con unas dimensiones de 10,49 m. por 5,25 m. y 
una altura de 5,85 m., con su lado largo orientado de 
este a oeste. Su techo es plano, y está compuesto 
por nueve losas enormes de granito. 
Por encima de éstas, distanciadas entre sí por me-
nos de un metro, hay cuatro series consecutivas de 
losas y una bóveda final, hecha a dos aguas, cons-
truida con losas de caliza, conocidas como cámaras 
de descarga. En las paredes norte y sur de la cáma-
ra del Rey, se encuentran los canales de aireación, 
aproximadamente a 2,60 m. desde la pared este y a 
poco más de 90 cm. del suelo.
El último elemento de la cámara del Rey es su sar-
cófago, hecho en granito, que está situado cerca de 
la pared oeste. En cuanto a sus dimensiones, mide 
2,276 m. de largo por 0,987 m. de ancho y 1,051 m. 
de alto. Esto hace que fuese imposible introducirlo a 
través de los corredores de acceso. Por tanto, debió 
ser colocado en su lugar durante la construcción de 
la pirámide. Debemos mencionar que no se encon-
traron restos de la tapa del sarcófago ni, por supues-
to, del cuerpo de Keops.
Los bloques graníticos que taponan el corredor as-
cendente poseen una holgura de 1 cm. de ancho y 3 
cm. de alto con respecto a las dimensiones del corre-
dor. Su colocación hubiera privado a los obreros de 
toda salida posible de la pirámide. 
Quizás esto explique la presencia del pozo que co-
mienza en la gran galería, que posee una sección de 
0,69 m. de lado, y comienza en el extremo inferior 
de la pared occidental de la dicha galería. Primero 
desciende 7,96 m. de manera vertical, para desviar-
se posteriormente hacia el sur y continuar bajando 
otros 7,90 m. hasta alcanzar una gruta de 5,20 m. de 
alto. El pozo enseguida se vuelve a desviar hacia el 
sur y prosigue otros 26,50 m. Entonces modifica otravez su recorrido, terminando tras un recorrido total 
de 58,40 m. de longitud, 6 m. antes de la cámara 
subterránea. 
¿Nos descubriría todo su interior la Gran Pirámi-
de?
Sin embargo, ahora deberíamos preguntarnos si ya 
están descubiertas todas las habitaciones del interior 
de la pirámide de Keops. Cabe la posibilidad de que 
en el núcleo de la Gran pirámide, a pesar de ser 
considerada una masa maciza, existan más cáma-
ras por descubrir. 
Decimos esto porque hay estudios realizados que 
así lo demuestran. Como el estudio realizado por 
dos arquitectos franceses, Dormion y Goidin, en 
1986 con sistemas de microgravimetría, que indica-
ron un posible hueco en el muro oeste del pasillo, a 
15 m. de la cámara de la Reina. 
La universidad japonesa de Waseda realizó un estu-
dio similar, aunque utilizando el escáner electromag-
nético. Los registros conseguidos en el corredor de 
la cámara de la Reina confirmaron la existencia, a 
1,5 m. bajo el suelo del pasillo, de una cavidad de 
entre 2,5 m. y 3 m. de hondo. Además, se detec-
tó una nueva cavidad en la esquina occidental de la 
pared norte de la cámara de la Reina, donde tras un 
bloque de piedra de 3 m. de grosor se ha detectado 
un nuevo hueco, que posee una profundidad de 30 
m. También fue investigada la cámara subterránea 
de la pirámide, hallándose una posible habitación de 
2 m. de profundidad y 2 m. de altura, localizada 3. m 
por detrás de la parte occidental del muro norte de 
la cámara.
En 1992, Kerisel utilizó el escáner electromagnéti-
co en la cámara subterránea y detectó lo que podría 
ser el techo de un corredor de dirección noroeste-su-
reste. Estaría localizado a la derecha del nicho que 
precede a la cámara, y tendrían una pequeña pen-
diente y una altura de 1,60 m. Meses después se uti-
lizó la microgravimetría en la pared oeste, a 6 m. de 
la entrada de la cámara, que puso de manifiesto la 
existencia de una anomalía que bien podría corres-
ponder a un pozo vertical de 5 m. de profundidad, 
con una sección cuadrada de 1,40 m. de lado.
Hace unos años, el ya mencionado arquitecto fran-
cés Dormion realizó una investigación microgravimé-
trica en el suelo de la cámara de la reina, que mostró 
que por debajo de ésta, a 2, 5 m de la pared sur y a 
3,5 m de profundidad, hay un hueco que atraviesa la 
cámara por completo de este a oeste. Parece ser un 
pasillo, pudiendo tratarse del acceso a una segunda 
cámara funeraria con acceso desde la cara oeste de 
la pirámide.
Desde 2016 el proyecto Scan Pyramids está llevan-
do a cabo estudios tanto en Gizeh como en Dashur. 
Buscan descubrir cámaras ocultas a través de la de-
tección de muones, que son partículas de energía 
que penetran los objetos. Es decir, pretenden descu-
brir oquedades a través de las diferencias de tempe-
ratura de los materiales y los lugares de habitación 
que componen los monumentos. 
120 | Egiptología 2.0
El objetivo de estos estudios es conocer cómo se construyeron realmente las pirámides. En noviembre de 2016, 
se descubrió que se habían encontrado diferencias de temperatura en varios bloques de la pirámide de Keops, 
lo que indica que hay algo detrás, pero no se ha dado más información al respecto, por lo que deberemos seguir 
esperando.
Por tanto, aún quedan muchos secretos por dilucidar del Horizonte de Keops, como demuestran los descubri-
mientos de Dormion y Goidin, de la Universidad de Waseda , de Keisel y del proyecto Scan Pyramids. 
El Complejo funerario de Keops
Para finalizar con este artículo, vamos a hablar del resto del complejo funerario de Keops, pues no era solamen-
te la Gran Pirámide. La pirámide estaba rodeada por sus cuatro lados por un muro de piedra de más de 8 m de 
altura. El muro creaba un patio interior enlosado con caliza de Tura. A su vez, encontramos un segundo muro, 
de mampostería y enlucido con yeso, visible a 23,60 m de los muros norte y este. El muro sur tiene 237 m de 
largo y se encuentra separado 18,75 m del primer recinto de la pirámide.
Complejo funerario de Keops. | Wikimedia Commons. 
Del templo alto, situado en la cara este de la pirámide, sólo quedan restos de las losas de basalto que conforma-
ban el suelo y de los emplazamientos de algunas de sus columnas de granito. Fue edificado con caliza de Tura 
y su fachada medía 52,50 m. de lado y poseía una profundidad de 40 m. Su entrada estaba situada en el este, 
desde la calzada de acceso, para desembocar en un patio abierto de 46 m. por 26,7 m., enlosado con basalto. 
De esta calzada de acceso, de 825 m. de longitud, solamente se conservan algunos bloques de caliza de Tura, 
situados a 270 m. del Templo Alto. Partía desde la fachada de dicho templo hacia el norte, hasta alcanzar la 
calle de Abdel-Hamis al-Wastani, donde gira hacia el norte y continúa durante 125 m. hasta llegar al templo 
Egiptología 2.0 | 121
bajo, del que no se conservan restos arqueológicos pero se piensa que se situaba bajo el poblado de Nazlet 
el-Semman.
Alrededor de la pirámide se enterraron un total de 5 barcos. Los dos primeros se emplazaron al norte y al sur del 
templo. El tercero se situó paralelo al muro norte de la calzada de acceso. Mientras los dos barcos restantes se 
encuentran situados de forma paralela en la cara sur de la pirámide, localizados en dos trincheras separadas 
entre sí varios metros y sobre las cuales corría el muro del recinto interior de la pirámide. 
Se abrió la trinchera oriental, en la que se encontraron 1.224 piezas de madera de cedro, que resultaron ser un 
barco, de 43,4 m. de eslora con una manga de 5,9 m. La proa se yergue verticalmente y está decorada por un 
remate papiriforme. Este barco es desplazado por cinco pares de remos y un par más haciendo de doble timón. 
Cercano a la proa encontramos un baldaquino, mientras que un toldo amplio que comienza a media cubierta se 
prolonga hasta la entrada de la cabina que, con una antecámara, ocupa casi medida popa del barco.
Barca funeraria de Keops. | Wikimedia Commons. 
Al sur de la calzada de acceso encontra-
mos tres pequeñas pirámides subsidiarias, 
conocidas como GI-a, GI-b y GI-c, tradicio-
nalmente atribuidas a mujeres del entorno 
de Keops, que forman una línea paralela a 
la fachada del templo alto.
Hace unos años, el entonces ministro de 
Antigüedades de Egipto, Hawass, descu-
brió los restos de una pequeña pirámide de 
21,75 m. de lado y una altura de 13,80 m., 
situada entre la esquina sureste de la Gran 
Pirámide y GI-c. Fue identificada como la 
pirámide subsidiaria de Keops, y consta de 
un corredor descendente de 5,25 m. que 
alcanza una cámara funeraria de 7,92 m. 
de longitud y volumen trapezoidal.
Al este de las pirámides subsidiarias po-
demos encontrar las tumbas de la familia 
de Keops, repartidas en dos filas de mas-
tabas dobles. Frente a la cara oeste de la 
Gran Pirámide se alinean otro grupo de 
mastabas más pequeñas, que pertenecie-
ron a los altos funcionarios de este faraón. 
Una de ellas perteneció a Hemiunu, visir 
de Keops y responsable de la construcción 
de la Gran Pirámide.
Pero sin duda, alrededor de la Gran Pirá-
mide, el monumento más importante es la 
tumba de Hetepheres, la madre de Keops, 
que consiste en un tramo de escalera formado por 12 cortos escalones que desembocan en la pared norte de 
un pozo vertical de 27,42 m. de profundidad. La cámara funeraria fue excavada a partir de la cara sur del fondo 
del pozo. Su lado más largo, el norte-sur, mide 5,22 m., mientras que la anchura varía ligeramente desde 2,67 
m. a 2,77 m. y su altura es de 1,95 m.
Además, a 42 m. al sureste de la pirámide, Junker encontró unos restos a los que conocemos como “Ne-
benpyramide”, que consisten en un pasaje de 4,30 m. de longitud que termina en una cámara de aproximada-
mente metro y medio.
La última estructura importante en torno a la Gran Pirámide es una excavación conocida como los pasajes de 
la prueba, consistentes en un corredor descendente de 20 m. de largo, orientado de norte a sur con 1,05 m. de 
ancho por 1,20 m. de alto.En la mitad de su recorrido comienza en el techo un corredor ascendente que, en su 
122 | Egiptología 2.0
parte final, se convierte en una trinchera. En la superficie, nace un pozo vertical de sección cuadrada, que va a 
morir en el punto donde se juntan dos corredores.
En conclusión…
Como pudimos observar a lo largo de este artículo, la gran meseta de Gizeh alberga gran cantidad de monu-
mentos funerarios, no solo las tres pirámides y la esfinge por las que realmente es conocida y de las que hemos 
hecho una breve reseña. 
Yo me he decidido a profundizar más en la Gran Pirámide de Keops y su complejo funerario, por ser la más 
antigua pero, a la vez, la más grandiosa de las tres grandes estructuras funerarias de los faraones allí enterra-
dos. No obstante, ya en la Antigüedad era conocida por los autores clásicos como una de las siete maravillas 
del mundo.
También me parece necesario destacar la pericia y avanzada tecnología de la época, puesto que ya en la di-
nastía IV, es decir hace aproximadamente 4.500 años, fueron capaces de erigir semejantes edificaciones sin 
más ayuda que la que le prestaban sus cerebros para encontrar sistemas capaces de alzar pesos de bloques 
de hasta tres toneladas.
Sin embargo, debemos hacer un llamamiento a aquellas personas que se dedican a la investigación egiptoló-
gica que proclama la plena igualdad entre hombres y mujeres, pues salta a la vista la invisibilización a la que 
éstas se ven sometidas. 
No solo se ven relegadas a edificaciones de mucho menor tamaño, sino que ni su nombre nos es conocido. 
Todo el mundo conoce a Keops y su Gran Pirámide, pero… ¿Alguien sabe el nombre de su madre que, por cier-
to, hemos mencionado ya en este artículo?, ¿o el de sus esposas? El segundo faraón de la IV dinastía, Keops 
(Jufu) tuvo tres esposas. La primera fue Merey, la segunda Meritites I y, por último, se casó con Henutsen. Por 
desgracia, poca información se conserva de ellas.
Pirámide de Keops. | Wikimedia Commons. 
Egiptología 2.0 | 123
Bibliografía
CASTELLANO, N. y VIVES J. (1997). El fascinante 
mundo de Egipto (volumen I). Planeta deAgostini. Bar-
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DELLA FINA G. (2009): Atlas ilustrado de Arqueolo-
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solver el misterio de cómo se construyó la pirámide de 
Keops”. ABC Ciencia, edición digital. Madrid.
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queología de Egipto y del Próximo Oriente, arqueolo-
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MORENO GARCÍA, J. C. (2004). Egipto en el Imperio 
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PARRA, J. M. (2009). Historia de las pirámides de 
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PARRA, J. M. (2011). El enigma de las pirámides de 
Gizeh. National Geographic Historia, nº 90, pp. 32-41.
VIVÓ, J. (2011). La esfinge de Gizeh. National Geo-
graphic Historia, nº 98, pp. 26-37.
Sobre el autor
Historiador, que estudia con perspectiva de género el 
Antiguo Egipto. Su otra gran afición es la arqueología. 
De hecho, ha compaginado sus dos grandes pasio-
nes, pues ha excavado en la tumba Att 28, en Luxor, 
perteneciente al Proyecto Amenhotep Huy. 
Su próximo paso será especializarse en Egiptología.
https://independent.academia.edu/AlbertoFern%-
C3%A1ndezBoo
Las tres están enterradas en pequeñas pirámides junto a la Gran Pirámide de Gizeh. De hecho, la cámara de la 
reina existente en su pirámide no se destinó a la esposa del rey, sino a una estatua de su Ka… 
Con esto, solamente queremos hacer reflexionar acerca de la forma en cómo se lleva haciendo históricamente 
la investigación egiptológica, que por desgracia no ha cambiado prácticamente nada desde sus comienzos. 
Repensemos la historia, no conozcamos solamente el nombre de los faraones o las profesiones llevadas a 
cabo por los hombres. Recordemos los nombres de la madre, la gran esposa real y las esposas secundarias. 
Investiguemos acerca de cuál era la posición real, no legal, de la mujer en el Antiguo Egipto. 
Esfinge de Gizeh. | Wikimedia Commons. 
124 | Egiptología 2.0
Todos los números de Egiptología 2.0 en:
http://egiptologia20.es/descargas
Egiptología 2.0 | 125
Novedades Editoriales
Cuando la naturaleza 
hablaba a los egipcios
Autor: Christiane Desro-
ches Noblecourt
Idioma: Castellano
Año: 2017
Editorial: Confluencias
ISBN: 9788494638091
Christiane Desroches nos traslada al antiguo Egipto 
con su simbología, atención a la naturaleza y cómo 
esta influía en la mentalidad de la época.
La empatía del Egipto antiguo hacia la naturaleza 
trasladó a su cultura toda una serie de mitos, imáge-
nes y símbolos que han llegado hasta nosotros con 
un halo de misterio. 
La conservadora de arte Christiane Desroches tra-
duce sus antiguas costumbres a un lenguaje enten-
dible para la actualidad del hombre moderno.
Christiane Desroches Noblecourt (1913 - 2011) 
dedicó su larga trayectoria como egiptóloga a des-
cifrar y proteger el legado del Antiguo Egipto. No se 
limitó a explorar como hicieron otros (fue la prime-
ra mujer en dirigir una excavación arqueológica en 
1938), sino que arriesgó su propia vida al unirse a 
la Resistencia para ocultar los tesoros egipcios del 
Louvre de las manos nazis. 
Años después, sus esfuerzos lograron la preserva-
ción de los templos nubios que iban a desaparecer 
por la construcción de la presa de Asuán (uno de 
ellos, el de Debod, recaló en Madrid). 
La protección de los monumentos nubios tuvo con-
secuencias inesperadas. Una mejora de las relacio-
nes franco-egipcias que habían sido tirantes desde 
la crisis del canal de Suez y también propició la orga-
nización de una exposición sobre Tutankhamón en 
el Louvre, que atrajo un gran número de visitantes, 
seguida por otras exhibiciones sobre Ramsés II y 
Amenofis III. Como reconocimiento a la contribución 
de Francia a la salvación de los templos, el gobierno 
donó al Louvre el busto de Amenhotep IV.
Su empeño como escritora fue ‘‘animar a los lecto-
res, sin extenderme en explicaciones eruditas ni fati-
garles con palabras altisonantes.’’
La hija del sol
Autor: Nacho Ares
Idioma: Castellano
Año: 2017
Editorial: Grijalbo
ISBN: 9788425355301
Más de mil años antes de Cristo, Uaset, la próspe-
ra y bulliciosa capital del imperio Egipcio, vive unos 
días convulsos. Azotada por una plaga inclemente 
que está diezmando a la población y por la corrup-
ción de los sacerdotes del culto a Amón, hábiles ma-
nipuladores de la letal enfermedad, la ciudad parece 
vivir sumida en la desgracia.
Ante este escenario, el faraón Akhenatón, bien acon-
sejado por su sabia y misteriosa hermana Isis, deci-
de poner punto y final a los privilegios de esa casta 
religiosa. El primer paso será buscar un lugar donde 
establecer su residencia y la de la corte, alejado de 
la maldita Uaset. Luego, establecerá el nuevo culto 
al dios Atón, representado por el disco solar, para 
despojar de poder e influencia al avaricioso clero.
Como era previsible, sus polémicas decisiones des-
piertan muchos recelos y rencores. Además, los an-
tiguos sacerdotes no perdonan sus privilegios perdi-
dos y la obsesión de Akhenatón empieza a resultar 
discutible para sus súbditos. Incluso aquellos más 
cercanos al monarca -su hermana Isis o su atractiva 
esposa, Nefertiti-, intuyen que el peligro se acerca y 
que ni siquiera la familia real está libre de la ira de los 
dioses... y de los hombres.
Nacho Ares nació en León en 1970 y se licenció 
en Historia Antigua por la Universidad de Valladolid. 
Además, es certificado en egiptología por la univer-
sidad de Manchester. Desde siempre se ha dedicado 
a la investigación y divulgación en diferentes medios 
de comunicación de los enigmas históricos que ro-
dean al mundo del Antiguo Egipto. 
Fue director de la prestigiosa Revista de Arqueología 
y sus artículos han sido habituales en diferentes re-
vistas especializadas. Desde octubre de 2009 dirige 
y presenta el programa SER Historia de la Cadena 
SER, y actualmente es reportero delprograma Cuar-
to Milenio de Cuatro Televisión.
126 | Egiptología 2.0
Noticias
Tras las huellas de los guardia-
nes del sur de Egipto. 
Escarbar entre legajos, recuerdos 
y sepulturas en busca de una re-
tahíla de antepasados puede ser 
una aventura conmovedora, per-
turbadora o terriblemente estéril. 
Si el propósito es tejer el mapa de 
una familia ajena, que habitó hace 
4.000 años la tierra ardiente del 
sur de Egipto, resulta una misión 
aún más intrincada. Una tarea de 
tintes novelescos a la que se de-
dica desde hace cerca de una dé-
cada la expedición española que 
excava las entrañas de la colina 
de Qubbet el-Hawa, una necrópo-
lis de los reinos Antiguo y Medio 
donde hallaron el descanso eterno 
los gobernadores de Elefantina. Las pesquisas que tratan de desenmarañar el árbol genealógico se centran 
en la estirpe que administró la provincia durante la dinastía XII (1939-1760 a.C.) y que inició un vecino llamado 
Sarenput I. ”A esta familia la conozco casi mejor que a la mía”, bromea Alejandro Jiménez, profesor de Historia 
Antigua de la Universidad de Jaén y director de uno de los proyectos con más solera de la Egiptología española. 
Es primera hora de la mañana y las cuadrillas de obreros, supervisadas por los miembros de la misión, escudri-
ñan todos los rincones del paisaje. El cementerio que agujerea la árida montaña se halla a orillas del Nilo, frente 
al entramado urbano de Asuán, a unos 900 kilómetros al sur de El Cairo. Uno de los frentes más cotizados de 
la excavación, el que ha arrojado el gran descubrimiento de esta campaña, se sitúa en la tumba QH34bb, una 
oquedad de dos metros y medio de profundidad a la que se accede por una escalera de madera. 
Al final del pozo, en una de sus paredes, se abre un nicho estrecho, con las proporciones justas para albergar 
un cuerpo. “En realidad, son dos ataúdes. El exterior está destrozado por las termitas y el interior se encuentra 
en buen estado. Por primera vez hemos hallado un enterramiento intacto”, explica Jiménez. 
Sepultado bajo una capa de polvo 
y arena, el ajuar se camufla en los 
costados de la momia, envuelta en 
un cartonaje policromado en el que 
se distinguen máscara y collares. 
“Es un lujo. Hace 80 años que no 
se encuentra nada así. Eso que 
se ve allí son maquetas de barcos 
y de escenas cotidianas. Es una 
práctica que va desapareciendo 
gradualmente en Egipto y que te-
nía un significado religioso en el 
tránsito hacia el más allá y de re-
presentación del funeral”, comenta 
el experto, entusiasmado con la 
entrada en escena de un persona-
je hasta ahora desconocido. “Es el 
hermano de Sarenput II. Lo supi-
Alejandro Jiménez, director de la excavación, desentierra una máscara 
funeraria de madera con restos de policromía. | Patricia Mora. 
Dibujo de una de las piezas halladas en la excavación. | Patricia Mora. 
 
Egiptología 2.0 | 127
mos por los jeroglíficos del ataúd. Al leerlos, nos dimos cuenta de que venían tres nombres: Shemai, seguido 
por los de su madre Satethotep y su padre Jema”. 
Dar con un nuevo pariente de la familia gobernante fue toda una sorpresa. “Cuando supimos que teníamos 
al hermano se me pusieron los pelos de punta y me emocioné. Llevas mucho tiempo detrás de esta familia, 
buscando paralelos, y de pronto te encuentras que tienes ante ti a un difunto que te va a proporcionar más in-
formación de la que no quedaba constancia”, admite la egiptóloga Luisa García mientras dirige su excavación 
en las inmediaciones de la imponente tumba de Sarenput I.
Entre los misterios que aún guarda el finado, figura su función en los pasillos de Elefantina. “No sabemos a qué 
se dedicaban los segundones de la familia. Quizás era miembro del ejército o sacerdote”, explica Jiménez. La 
hendidura desvelará sus secretos la próxima campaña. “La hemos cerrado y protegido con arena. Queremos 
hacer las cosas con tranquilidad”, comenta el director. El misterioso personaje que concita la atención va des-
hilvanando el embrollo. 
Con su cadáver son ya 14 los representantes de la estirpe que han surgido de las arenas. El año pasado fue 
desenterrada Sattjeni, madre de dos de los gobernantes de la región durante el reinado de Amenemhat III. 
“Tenemos a dos generaciones de la familia, entre padres, hijos y primos, y cinco ataúdes de cedro llegado del 
Líbano. Vamos a estudiarlos y a obtener una cronología mucho más detallada de medio siglo”, arguye el artífice 
de un proyecto coral que desempolva la memoria de un clan plagado de interrogantes en un emplazamiento 
estratégico durante el Egipto de los faraones.
El patriarca de la saga, Sarenput I, alcanzó 
inesperadamente el puesto de gobernador. 
Carecía de vínculos de sangre con quienes 
le precedieron. “Pertenecía a una familia po-
derosa que perdió el poder durante la gue-
rra civil. Fue Sesostris I quien rescató a Sa-
renput”, expone Jiménez. 
A las órdenes del rey, el noble cumplió un 
papel central en la organización y logística 
de la conquista de Nubia. “Éste era un pun-
to clave. Son las puertas del sur de Egipto 
hacia el África más profunda, el lugar de en-
cuentro de Egipto y la baja Nubia”, subraya 
García, que prepara una tesis doctoral sobre 
el precursor de una prole mestiza (nubio y 
saidi, oriundo del Alto Egipto) que gobernó 
la provincia durante 120 años. Una época de 
cierto esplendor que quedó registrada en los 
planos de sus enterramientos, esculpidos en piedra. “Están muy bien conservados. Tienen medidas exactas 
que se repiten. Es como si tuvieran un sello propio”, apunta el arquitecto Juan Antonio Martínez. En la sepultura 
contigua, José Alba horada un plano similar que ya excavó una expedición alemana y que debería corresponder 
al padre de Sarenput II y Shemai. “Lo que más impresiona es lo que dicen los huesos. Son gente de una élite 
local que, a pesar de su estatus, sufrían anemias o desvíos de columna y su esperanza de vida no superaba 
los 40 años”.
El arquitecto Sergio Alarcón, en cambio, trata de adentrarse en la mente de sus colegas de gremio que, varios 
milenios atrás, diseñaron las oquedades. “Sorprende la capacidad que tenían de construir. Aquí, a diferencia 
de otros enclaves de Egipto como Luxor, trabajamos en tumbas intactas. Es todo mucho más virgen y resulta 
enigmático estudiar el proceso constructivo e interpretar la arquitectura”. A media mañana el sol aprieta sobre la 
ladera de Qubbet el-Hawa, un laberinto de hipogeos que no sortearon la furia de los cazatesoros. 
“Tenemos ejemplos de saqueos brutales”, reconoce Yolanda de la Torre. Su detectivesca investigación pasa 
por levantar acta del expolio, los enterramientos múltiples y las reutilizaciones que conoció la QH33, la tumba 
que inauguró el proyecto y en la que hasta la fecha se han desenterrado, mezcladas y desperdigadas por su 
geografía, más de 200 osamentas. “De momento, hemos identificado dos usos posteriores, como enterra-
Detalle del sarcófago de Shemai. | Patricia Mora. 
128 | Egiptología 2.0
miento de un escriba de la provincia y del supervisor de los marineros”. A unos metros, la restauradora Teresa 
López-Obregón se aplica en calmar los achaques de un cartonaje hallado la pasada campaña. Sobre la mesa, 
las orejas y la barbilla esperan su turno para regresar al rostro. “Está muy frágil. Rellenamos los huecos con 
yeso y tratamos de consolidarlo”, detalla. 
En las inmediaciones de la QH33, las universitarias Isabel Puerto y María Naranjo dibujan las piezas resca-
tadas (vasijas, escarabajos o shabtis) mientras el arqueozoólogo belga Wim Van Neer identifica caracoles de 
tierra, moluscos del mar Rojo o huesos de vacas o gacelas. Retazos, todos, de un rompecabezas familiar en 
construcción.
Descubierta una nueva pi-
rámide construida hace 3.700 
años.
Al norte de la pirámide Rom-
boidal, ha asomado un nuevo y 
prometedor hallazgo. Una misión 
egipcia ha desenterrado en la 
necrópolis de Dashur los restos 
de una nueva pirámide levantada 
por un personaje aún por escla-
recer a lo largo de laXIII dinastía. 
Las primeras fotografías del 
monumento, muestran lo que el 
trabajo de la campaña ha ido de-
jando al descubierto. Un esque-
leto de piedra que va surgiendo 
bajo las arenas del cementerio 
de Dashur, un perímetro salpicado de pirámides ubicado a unos 40 kilómetros al sur de El Cairo y que (junto a 
las de Abusir, Saqara y Giza) son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Según Alaa al Shahat, máximo 
responsable de las antigüedades de El Cairo y Giza, “todas las partes descubiertas de la pirámide se hallan 
en muy buen estado de conservación”. “La excavación va a continuar y revelará más restos”, advierte en un 
escueto comunicado hecho público por el ministerio para anunciar esta nueva sorpresa de la Egiptología, una 
fuente inagotable de buenas y fascinantes noticias. 
No obstante, la tarea de 
sobrevivir a 3.700 años 
en pleno desierto ha cau-
sado estragos en su ar-
mazón exterior, del que 
los arqueólogos no han 
hallado huellas. “Los res-
tos descubiertos de la pi-
rámide pertenecen a su 
estructura interna, que 
se compone de un pasi-
llo que conduce a la zona 
profunda de la pirámide y 
una estancia que conecta 
con una rampa en el sur 
y una sala en el costado 
occidental”, explica Adel 
Okasha, director de la ne-
crópolis de Dashur. En la 
excavación, la expedición 
ha hallado un bloque de 
alabastro (con unas di-
Estructura interna de la pirámide. | Ministry of Antiquities.
Restos con inscripciones jeroglíficas encontradas. | Ministry of Antiquities. 
 
Egiptología 2.0 | 129
mensiones de 15 por 17 centímetros) en el que aparecen talladas 10 líneas verticales de jeroglíficos; un dintel 
de granito y bloques de piedra que descubren “la arquitectura interior de la pirámide”. El texto, que es aún objeto 
de estudio, podría arrojar luz sobre este hito arquitectónico. Y es que queda todavía por descifrar la identidad 
del propietario del enterramiento y el reinado durante el que halló descanso eterno. 
Tampoco ha trascendido el tamaño de la estructura que una vez fue horadada en la tierra. El único detalle que 
barruntan los artífices del descubrimiento es su adscripción a la XIII dinastía (1783-1630 a.C.), un tiempo con-
vulso marcado por faraones que se suceden sin pena ni gloria, incapaces de gobernar todo el territorio y fundar 
su propia estirpe de gobernantes. Un barahúnda de pretendientes que llegan al trono usurpándolo y resisten 
en la poltrona durante meses o, en el mejor de los casos, años. Entonces como ahora, el caos en la cúspide es 
mitigado por los altos funcionarios que sobre-
viven en sus cargos, los verdaderos artífices 
de la administración faraónica.
El flamante armazón que acaba de ver la 
luz se halla emplazado al norte de la pirámi-
de Romboidal que levantó el faraón Esnofru 
(2614-2579 a.C.), padre de Keops y precursor 
de la auténticas pirámides. 
La zona ha sufrido en los últimos años los es-
tragos del expolio. Los vecinos de los pueblos 
cercanos comenzaron a construir hileras de 
nichos funerarios a unos metros de la necró-
polis. El cementerio moderno, edificado en 
terreno propiedad del Ministerio de Antigüe-
dades, engulló incluso la garita desde la que 
los centinelas vigilaban las pirámides. Entre las calles del nuevo camposanto, se extendió un paisaje lunar. En 
mitad del caos, los ladrones horadaron la tierra en busca de tesoros. Las arenas de Dashur que han perma-
necido a salvo, próximas a un cuartel de ejército, siguen proporcionando sorpresas. El año pasado una misión 
egipcio-estadounidense halló una tumba horadada para un alto funcionario de la corte de Sesostris I y empla-
zada en los alrededores de la pirámide del faraón. El enterramiento, descubierto fortuitamente durante trabajos 
de limpieza de la zona, estaba tallado en la roca y se accedía a través de una rampa de ladrillos de barro.
Los secretos de 
Egipto que esconde 
la policromía.
Un enorme espacio 
diáfano e impoluto, 
varias camillas, batas 
blancas y aparatos gi-
gantes e indescifrables 
copando la sala. 
El aspecto del torreón 
norte, donde se ubica 
el laboratorio de res-
tauración, del Museo 
Arqueológico Nacio-
nal (MAN) luce casi 
como un quirófano de 
hospital. Aunque, en 
este caso, los pacien-
tes han sobrepasado 
ya los varios miles de 
años. Preparadas para Un equipo de restauradores trabaja con varias piezas egipcias en el Museo Arqueológico Nacional en Madrid. | Jaime Villanueva. 
Estructura interna de la pirámide. | Ministry of Antiquities. 
 
130 | Egiptología 2.0
ser analizadas se encuentran cinco piezas egipcias 
seleccionadas por el museo sobre las que un equipo 
de científicos europeos realizan un novedoso estu-
dio técnico y material de las policromías.
“Hay pocos museos que cuenten con laboratorio 
propio. Es muy importante para el departamento de 
conservación disponer de uno, porque a la hora de 
intervenir las obras tenemos que conocerlas exhaus-
tivamente para poder intervenir con garantías”, sos-
tiene Teresa Gómez, Conservadora jefe del Departa-
mento de Conservación del MAN. 
El proyecto fue solicitado por la galería y el Centro 
de Investigaciones Energéticas, Medioambientales 
y Tecnológicas (CIEMAT) al proyecto MOLAB, labo-
ratorios móviles europeos que se enmarcan dentro 
de la plataforma de investigación cultural Iperion. El 
análisis de las policromías desde un punto de vista 
multidisciplinar con la tecnología puntera que traen 
estos laboratorios se traduce en varias vertientes 
fundamentales para descubrir muchos más detalles 
de las piezas. “Conocer la policromía egipcia nos va 
a dar también mucha información sobre su estado 
de conservación y sobre las intervenciones históri-
cas que ha tenido. Y también ver la incidencia de los 
compuestos orgánicos volátiles, es decir, los agen-
tes contaminantes”, asegura Gómez. 
El MAN tiene, además, otro proyecto en marcha para 
controlar la contaminación del museo, una línea de 
investigación a la que le están dando mucha impor-
tancia, según detalla la conservadora. Esta línea 
también está incluida en el estudio europeo. “Hemos 
seleccionado unas obras que están en depósito y 
otras que están en exposición, y vamos a comprobar 
la incidencia de la contaminación sobre la policromía 
en uno y otro caso”.
A principios de febrero se realizaron en Madrid los 
trabajos de la mano de diez científicos proceden-
tes de Italia y Francia y El País pudo asistir a par-
te del proceso. Los investigadores se trasladan con 
sus propios equipamientos e infraestructuras, unos 
aparatos reconocidos por los investigadores por una 
avanzada tecnología y experiencia que solo tienen 
los que están dentro del marco de MOLAB. “Los que 
están aquí son especialistas en pintura o policro-
mía”, cuenta Gómez. “Son técnicas que se basan en 
estudios atómicos y moleculares. Digamos que abar-
can todo el espectro visible e invisible”. Cada uno de 
ellos, químicos, físicos y ópticos especializados, se 
encarga de una técnica distinta y posteriormente de 
interpretar los resultados de los análisis y las medi-
ciones.
Habitualmente se extrae una parte del objeto y se 
traslada al laboratorio para el análisis, apunta Cons-
taza Miliani, la especialista que está a cargo del 
proyecto. “Lo que hacemos aquí es analizar todo el 
objeto y además no hay ni que tocarlo. Es un proce-
dimiento muy respetuoso y con el que además se 
obtienen muchas más informaciones. Normalmente 
se extrae una parte pequeñísima del objeto, noso-
tros hacemos una especie de radiografía de toda la 
pieza”.
Cada objeto va pasando por una técnica distinta. 
“Pero son análisis no invasivos”, insiste Teresa Gó-
mez. “No requieren toma de muestra, eso es impor-
tantísimo. Cada pieza pasa por las distintas técnicas 
y se analizan específicamente los mismos puntos. 
Una técnica de por sí nos dice algo, pero lo intere-
sante de esto es que es un trabajo interdisciplinar. 
Muestran unas conclusiones conjuntas en una revis-
ta internacional de prestigio. Y estos nos va a servir 
paramuchas cosas: para aumentar nuestro conoci-
miento de Egipto, para la hora de intervenir en las 
piezas…”
Mari Carmen Pérez Die, jefa del Departamento de 
Antigüedades Egipcias del MAN, fue la encargada 
de seleccionar los objetos que entrarían a formar 
parte del proyecto. “Los investigadores están dedica-
dos especialmente al estudio de los pigmentos, las 
pinturas y las composiciones. Claro, eso en Egipto 
da para mucho”. Lo que más destaca de entre las 
piezas elegidas son dos ataúdes de la dinastía XXI 
donde fueron enterrados sacerdotes de Amón. Inten-
cionadamente escogieron estos dos féretros que son 
un poco diferentes entre sí aunque pertenezcan al 
mismo periodo: uno reutilizado y otro que tiene res-
tauraciones modernas. “Es muy importante que des-
cubramos cuales son esas restauraciones modernas 
para conocer la historia del ataúd”, apostilla Pérez.
A partir de los resultados del análisis se pueden de-
terminar también detalles historiográficos. “Desde el 
momento en que una pieza ha sufrido restauración 
o al revés; o que un color se utilizaba con tales pig-
mentos en tal época; o aquí está saliendo un mate-
rial que sabemos que nunca se utilizó antes del siglo 
XX, nos da mucha información sobre la civilización y 
sus costumbres”.
Detalle de uno de los sarcófagos del Museo Ar-
queológico Nacional de Madrid. | Pablo Molina. 
 
Egiptología 2.0 | 131
Zahi Hawass delante de la Esfinge de Giza. | National Geographic.
Nombran al egiptólogo Zahi Hawass Embajador 
de la Herencia Cultural de IFPSD.
EL famoso arqueólogo egipcio y ex ministro de An-
tigüedades Zahi Hawass fue nombrado el pasado 
mes de abril “Embajador oficial para el Patrimonio 
Cultural”, por la Federación Internacional para la Paz 
y el Desarrollo Sostenible, conocida por sus siglas 
en inglés como (IFPSD).
Hawass es uno de los más célebres egiptólogos del 
mundo, y en los últimos años ha adquirido gran re-
nombre fuera de los círculos arqueológicos por sus 
frecuentes apariciones en documentales televisivos 
dedicados al Antiguo Egipto, además es explorador 
honorario de National Geographic
La presidenta de IFPSD, Sally Kader, expresó que 
la federación eligió a Hawass por su contribución al 
campo de la arqueología, tanto en excavación como 
en conservación.
“Sus principales descubrimientos en Egipto son co-
nocidos en todo el mundo”, dijo Kader, dijo además 
que Hawass es capaz de “atravesar su pasión y 
programas de televisión para llegar a los hogares de 
personas de todo el mundo”.
Kader anunció la cita del famoso arqueólogo en una 
ceremonia especial el pasado 19 de abril en la sede 
de la ONU en la ciudad de Nueva York.
El evento contó con la presencia de la mayoría de 
los Embajadores de las Naciones Unidas, junto con 
expertos y colaboradores mundiales en los campos 
de la cultura, los museos y la arqueología.
Hawass dijo a un medio que estaba profundamente 
honrado de recibir el título, y habló sobre el salva-
mento del patrimonio arqueológico y cultural de Siria, 
Libia e Irak. “Trabajare en cooperación con la Liga 
Árabe, arqueólogos de todo el mundo, así como ins-
tituciones estadounidenses para salvar estos monu-
mentos arqueológicos en peligro de extinción”, dijo 
Hawass.
“Nuestra tarea es crear una base de datos para es-
tos monumentos, para que podamos monitorizar 
cualquier objeto que pudiera ser robado y también 
para entrenar a los arqueólogos y curadores de es-
tos países sobre cómo salvar sus monumentos en 
sitios arqueológicos y métodos eficientes para la pro-
 
132 | Egiptología 2.0
tección de tesoros y colecciones (respectivamente).”
Hawass hizo referencia al arqueólogo sirio Khaled El-Asaad, quien dio su vida para proteger la herencia cultural 
de Siria, diciendo que debe ser honrado como un símbolo para todos los arqueólogos.
Después del anuncio, Hawass dijo que se reuniría con el ministro de Antigüedades Khaled El-Enany y el secre-
tario general de la Liga Árabe, Ahmed Abul-Gheit, para elaborar planes integrales para proteger el patrimonio 
cultural en estas zonas de conflicto.
Descubren en Luxor una 
tumba de un noble con va-
rias momias.
El ajuar de un nuevo perso-
naje resucita en la tierra ári-
da de la Tebas que Homero 
bautizó como la ciudad de las 
cien puertas. 
Una misión de arqueólogos 
egipcios ha desempolvado 
la colección funeraria de un 
noble del Reino Nuevo que 
hace más de tres mil años 
sirvió en los pasillos judicia-
les de la actual Luxor, a unos 
600 kilómetros al sur de El 
Cairo.
La sepultura de Userhat Algunas de las piezas halladas. | AFP.
hallada en la ladera de Dra Abu el Naga, comparte arquitectura con los nobles vecinos. 
Una típica tumba en forma de ‘‘T’’ que comienza con un gran patio al aire libre, se interna en la roca con una 
primera habitación rectangular y discurre hacia la cámara funeraria a través de un angosto pasillo. 
La expedición, que continúa horadando sus entrañas, halló la entrada al enterramiento tras abrirse paso por 
los 450 metros de escombros que sepultaban el patio. Según Mustafa al Waziri, director de antigüedades en 
Luxor y jefe de la expedición, el nicho contiene decenas de estatuas, ataúdes y momias. Así, en la estancia que 
inauguraba el descanso eterno del noble el equipo descubrió un ataúd de madera “bien conservado y decora-
do con coloridas escenas”, detalló el pasado mes de abril el ministerio de Antigüedades egipcio en un escueto 
comunicado.
Trabajos de consolidación de uno de los sarcófagos. | AFP.
Junto al sarcófago, los expertos localizaron un 
pozo de nueve metros de profundidad que dirigía a 
dos habitaciones. En la sala oriental, desperdigado 
entre montañas de desechos, se escondía un pe-
queño tesoro de máscaras funerarias, ushebtis y la 
tapa de un ataúd. “La segunda estancia está ubica-
da en el lado oeste pero no ha sido aún excavada 
por completo”, precisaba la nota. 
No son las únicas piezas que han sido desenterra-
das. Siguiendo la senda marcada por el corredor 
de la tumba, la misión se ha topado con una cá-
mara interior que guardaba una colección de sar-
cófagos de la dinastía XXI (1069-945 a.C.) con las 
momias envueltas todavía en lino. 
El nicho almacenaba también sendas colecciones 
 
Egiptología 2.0 | 133
de ushebtis tallados en bella fayenza, terracota y 
madera y vasijas de barro de diferentes formas y 
tamaños.
Según los arqueólogos, Userhat fue magistrado 
de la ciudad durante el reino Nuevo (1550-1069 
a.C.) y halló sepultura en la pendiente rugosa de 
Dra Abu el Naga, una porción de la necrópolis 
tebana. La limpieza de su vida de ultratumba ha 
desvelado, además, los accesos a otras dos tum-
bas contiguas. 
El fascinante hallazgo se suma a los que durante 
los últimos meses han emergido de las tierras de 
Luxor. El pasado febrero una misión japonesa lo-
calizó una tumba de un escriba real que vivió en Algunos de los ushebtis hallados. | AFP.
época ramésida (de los siglos XIII a XI a.C.) en el sur de Egipto. A pesar de los achaques del tiempo, la tumba 
en forma de ‘‘T’’ reunía entre sus muros una colección de escenas talladas en la piedra que aún conservan 
retazos de los vivos colores de antaño.
Algunos de los ushebtis y piezas de cerámica halladas. | Ministry of Antiquities.
Egipto presenta una gran estatua de Ramsés II 
recién restaurada.
Una gran estatua de granito del faraón Ramsés II, 
que estaba fragmentada en 57 trozos, vuelve desde 
el pasado mes de abril a adornar el templo de Luxor.
La talla ha sido restaurada para volver a ser una sola 
pieza de 11 metros de altura y 75 toneladas de peso. 
El Gobierno la ha presentado en una ceremonia ilu-
minada a orillas del Río Nilo.
Ramsés II fue el más poderoso y reconocido de los 
ancianos faraones. Reinó hace más de 3.000 años 
y se le conoce también como Ramsés el Grande o 
como Ozymandias. Lideró numerosas expediciones 
para expandir el imperio egipcio hacia el norte hasta 
Siria, y hacia el sur a Nubia, en la frontera con Su-
dán. 
Los fragmentosde la escultura de este faraón fueron 
encontrados entre 1958 y 1960. Sin embargo, pa-
saron cuatro décadas antes de que volvieran a ser 
Presentación de la estatua restaurada. 
| Ministry of Antiquities. 
 
 
 
134 | Egiptología 2.0
unidos para dar forma a Ramsés II. Egipto organizó 
la presentación de la estatua la noche del martes 18 
de abril en el templo de Luxor.
Los tesoros que dejó atrás el ‘‘saqueador de 
tumbas’’ en Deir el Bahari.
Entre los siglos XIX y XX, decenas de arqueólogos 
y aventureros envueltos en una pátina de romanti-
cismo, desde Belzoni a Howard Carter, se acerca-
ban como moscas a un Egipto que se dibujaba, en 
el imaginario colectivo europeo, preñado de tumbas, 
pirámides, momias y tesoros faraónicos, buscando 
el reconocimiento de un descubrimiento tras otro. Sin 
embargo, la egiptología como ciencia arqueológica, 
años después, es mucho más que llegar y besar el 
santo, como demuestra la expedición liderada por el 
español Antonio Morales, que desde 2015 investiga 
y cataloga los tesoros científicos menospreciados 
por los pioneros de la egiptología en dos tumbas de 
más de 4.000 años de antigüedad en la necrópolis 
de Deir el Bahari.
El egiptólogo Herbert Winlock (1884-1950) pasó 
como un torbellino por las tumbas de la colina de 
Deir el Bahari en la orilla occidental de Luxor, jun-
to a la antigua Tebas, dirigiendo una expedición del 
Metropolitan de Nueva York en los años 20. Casi un 
siglo después, el trabajo que queda en la necrópolis 
es ingente: ‘‘Winlock excavó muchas tumbas, pero 
publicaba muy pocos datos. Tenía muy buen estilo 
escribiendo. A lo mejor publicaba un artículo de seis 
páginas, y dos eran sobre detalles mundanos como 
la visita de la señora tal o cual, y sólo dos se dedi-
caban a la información arqueológica extraída de las 
tumbas. Se dedicaba a la épica más que al trabajo 
científico’’, explicaba el egiptólogo sevillano.
El equipo de Morales, con 20 profesionales interna-
cionales de diferentes disciplinas (desde geólogos a 
Ceremonia de presentación de la estatua de Ramsés II. | Ministry of Antiquities.
expertos en momificación) sigue los pasos de Win-
lock en las tumbas de Ipi (TT 315) y Henenu (TT 
313), visir y tesorero real del reinado del faraón Men-
tuhotep II y su sucesor Amenemhat I. ‘‘Aquí queda 
mucha arqueología por hacer», explicaba. 
Pese a lo poco publicado por Winlock sobre estas 
dos tumbas, que datan del periodo conocido como 
Reino Medio (hacia el 2000 a.C.), su arquitectura y 
organización se utilizan como referentes de estudio 
de sepulcros de periodos posteriores (el Reino Nue-
vo). Sin embargo, las investigaciones del equipo de 
Morales, auspiciadas este año por primera vez por la 
Universidad de Alcalá de Henares, están cambiando 
esos paradigmas a cada piedra que extraen. ‘‘Como 
apenas se sabía nada, todo lo que sacamos está 
cambiando lo que creíamos conocido. Por ejemplo, 
se pensaba que la estructura estándar es una zona 
pública con un patio muy extenso, de unos 100 me-
tros, seguido de la zona privada. Sin embargo, en el 
sepulcro del visir Ipi hemos visto que los arquitectos 
cortaron la roca madre para hacer una rampa central 
en el patio’’, sostenía Morales.
El invierno apenas ha acabado, pero el sol cae a 
plomo sobre Deir el Bahari. Un empinado sende-
ro serpentea por la ladera de la colina que, como 
un queso gruyer, fue perforada durante siglos para 
construir decenas de tumbas. En las TT 315 y TT 
313, separadas unos 150 metros, nadie comienza a 
trabajar hasta que el ‘‘mudir’’ da la orden. Un puñado 
de trabajadores locales, ataviados con su galabeya 
tradicional, hacen cadena para descender a la zona 
inferior de la colina los cascotes y rocas que van ex-
trayendo de las tumbas y que disponen sobre una 
malla verde.
El equipo se divide en dos: los primeros investigan 
la tumba de Ipi, cuyo amplio patio -una zona públi-
ca- precede a un pasillo y a una cámara de culto, 
 
Egiptología 2.0 | 135
Profesionales durante los trabajos en una de las tumbas. | ABC.
de planta cuadrada. Como muchas otras 
tumbas, la TT 315 fue saqueada y reutiliza-
da como cantera. El expolio de las paredes 
de la cámara y las losas de piedra que re-
cubrían la estancia descubrió bajo la sole-
ría un pasillo oculto que llevaba a la cámara 
funeraria donde descansaba el cuerpo del 
visir. 
Dentro, al equipo de Morales le esperaba 
un magnífico sarcófago de caliza con un 
peso estimado de ocho toneladas, tallado 
en una sola pieza y ricamente decorado. 
‘‘Se trata de un sarcófago muy especial, 
pues es el único que tiene escrituras en la 
base’’, explicaba el egiptólogo doctorado de la Universidad de Pensilvania. Unos metros más allá, el resto del 
equipo se afana en el sepulcro de Henenu, un importante personaje cargado de títulos. El encargado de ‘‘la 
pezuña, el cuerno, la balanza y la pluma’’, de ‘‘toda ave que flote, vuele o se pose’’ y el ‘‘supervisor de lo que es 
y no es’’ fue enterrado en una tumba más larga, de cuarenta metros de profundidad y diversas galerías que se 
pierden en el interior de la montaña. Sin apenas ventilación y casi en la oscuridad, una arqueóloga del equipo 
se adentra en uno de los nueve pozos encontrados en el complejo funerario, de más de más de 5,5 metros de 
profundidad.
Allí, se han encontrado nuevas salas, decoraciones e incluso restos de cuerpos humanos. Fuera de la tumba y 
al pie de la colina, donde los sacerdotes prefirieron construir una pequeña capilla de adobe para el culto diario, 
seguramente intentando evitar la perspectiva de subir diariamente hasta la puerta del sepulcro, Morales se 
muestra confiado: ‘‘Henenu nos va a dar más información original’’, explicaba. Este año, dos profesores de la 
UAH parte del equipo multidisciplinar -financiado por las fundaciones Gaselec de Melilla y Palarq de Barcelona- 
comenzarán además con la digitalización 3D de las tumbas, lo que facilitará nuevos estudios de forma remota 
sobre la arquitectura y geografía de los sepulcros construidos para ambos personajes.
Ambos fueron funcionarios clave en uno de los periodos más interesantes del Antiguo Egipto, cuando tras una 
guerra civil que enfrentó al norte y al sur una familia de nobles en Tebas se embarca en la reconquista del país 
del Nilo y se nombraron faraones. ‘‘Mentuhotep II -a quien Henenu servía- fue el primer monarca de la reunifi-
cación. Fue un antes y un después en la historia de Egipto’’, relataba Morales, quien destaca la oportunidad de 
estudiar las tumbas de dos funcionarios ‘‘con impacto directo en la política del momento’’.
Pero el descubrimiento más sorprendente, que según adelantaba Morales (a la espera de que el Ministerio de 
Antigüedades de luz verde a la publicación de la información más detallada) lo han encontrado junto a la entra-
da a la tumba del visir Ipi. Un pozo de metro y medio de profundidad lleno de bolsas y ánforas con material de 
momificación que se descubrió en 2016 y que está ofreciendo mucho más de lo que esperaban. ‘‘Como no son 
‘puros’, no pueden ir en la cámara del sarcófago, pero al haber sido utilizadas para la momificación de alguien 
que irá al más allá, tampoco se pueden tirar sin más’’, explicaba el egiptólogo español.
Decenas de paños, todos utilizados en la momificación de Ipi y llenos de restos de sangre y otros materiales bio-
lógicos, incluso un órgano pendiente de identificación, conforman el descubrimiento que Winlock dejó a un lado. 
‘‘Sólo se llevó 4 jarras. Buscaba más bien el valor estético, no lo científico’’, explicaba Morales, que destaca que 
el descubrimiento ‘‘permitirá estudiar el proceso técnico de momificación de un visir’’. Ataviados con mascarillas 
y guantes, los egiptólogos de Morales extraen los paquetes de paños impregnados en natrón, un tipo de sal 
empleada para desecar el cadáver, y que, más de 4.000 años después, ‘‘pica en los ojos y en las manos’’.
Para los próximos años, Morales ha solicitado ya al Ministerio la concesión de otras tres tumbas, queprolonga-
rán los trabajos de esta misión española.
El arqueólogo español que levanta colosos en Egipto. 
Hace ya 14 años de la primera vez que Miguel Ángel López Marcos se enfrentó a un gigante. Ha llovido tanto 
que, baqueteado en tales lides, va camino de lidiar con su décimo coloso. En los últimos tres años este ar-
 
136 | Egiptología 2.0
queólogo castellano ha librado una batalla contra el 
tiempo y los achaques de las esculturas de propor-
ciones faraónicas que permanecían esparcidas o en-
terradas entre las ruinas del templo de Amenhotep 
III, el más imponente de los recintos que una vez 
habitaron la antigua Tebas. 
Miguel ángel López apura su enésima campaña 
como miembro del proyecto que dirige la arqueóloga 
germano-armenia, Hourig Sourouzian. ”Jamás ima-
giné que pudiera hacer algo así. Fue un trabajo que 
comencé aplicando los conocimientos a los proble-
mas que me encontraba”, señala este soriano de 53 
años que, repartido en dos temporadas, dedica seis 
meses al año a rescatar, ensamblar y curar a los co-
losos que flanqueaban los pilonos del templo. 
El complejo de Amenhotep III (1387-1348 a.C.) es 
una rara avis en la ribera occidental de Luxor. Fue 
construido en la frontera entre los campos verdes y 
la tierra desértica, donde se halla el resto de templos. 
Consta de tres patios, un peristilo, una sala hipóstila 
y un santuario... Cientos de esculturas (retratos del 
faraón, su familia y sus dioses más queridos) se des-
peñaron. “Se piensa que la mayoría de las figuras 
cayeron a la vez. Según cuenta Estrabón, sucedió 
en el terremoto que se registró en el 27 a.C. Fue el 
mayor temblor y la causa del derrumbe de casi todo 
el templo”, indica el experto.
”Los bloques fueron reutilizados para levantar un 
templo y algún palacio de época ramésida. Todos los 
colosos y las piezas que no podían se transporta-
das las dejaron aquí. De arquitectura no ha quedado 
nada. La sala hipóstila debía ser increíble pero solo 
quedan las basas de las columnas”. De desempol-
var la estatuaria que una vez lució en los muros del 
templo se encargan el español y la cuadrilla que ad-
ministra, compuesta por 35 obreros. 
“Hemos aprendido mucho a lo largo de estos años. 
Hemos ganado en efectividad. Si para el primer co-
loso necesitamos 10 años, los del norte los comple-
tamos en 12 meses cada uno. Se hizo en un tiempo 
récord”, esboza quien presume de una misión que 
está modificando el paisaje que transitan los turis-
tas. “Es cierto. Está cambiando el perfil de la orilla 
occidental. Ya son ocho grandes estructuras las que 
han vuelto a aparecer. Están los dos colosos del nor-
te, los del segundo pilono, tres colosos de cuarcita y 
uno de granito y una estela emplazada a la entrada 
del peristilo”. 
Una compleja labor de reanimación firmada sin la 
gracia de las nuevas tecnologías, con utensilios si-
milares a los que empuñaron los peones de los fa-
raones. “No quiero maquinaria porque no la puedes 
controlar y cualquier movimiento en falso puede 
El monarca de pie. 120 toneladas y 13 metros 
de altura, con la corona del Alto Egipto y un ro-
llo de papiro asido en cada mano, que saludan 
al visitante cerca del lugar donde se alzaba la 
puerta norte del recinto. | El Mundo.
dañar irremediablemente la figura. Aquí seguimos 
usando los andamios de madera”, precisa López 
Marcos. Hechos añicos, los colosos permanecieron 
durante siglos bajo agua, al igual que el último repre-
sentante hallado hace unas semanas en El Cairo. 
En la aventura de sacarlos a flote, los obreros recu-
rrieron a las poleas y unos modernos cojines de aire 
comprimido. Todos, hasta el décimo coloso recupe-
rado recientemente, han corrido la misma suerte. “El 
coloso número 10 fue sacado del agua durante esta 
campaña. Ha sido una operación complicada porque 
 
Egiptología 2.0 | 137
Coloso de Amenhotep III. 
| Alberto Siera Solano. 
 
138 | Egiptología 2.0
se hallaba dividido en tres fragmentos: el pecho de 
40 toneladas y otros dos fragmentos de 85 y 75 to-
neladas”. Los dos últimos especímenes, de unos 10 
metros de altura, corresponden al tercer pilono y es-
tán tallados en alabastro. 
“El del lado sur, el que acabamos de recuperar, está 
muy fracturado porque el alabastro es de muy mala 
calidad. Corre el riesgo de que la piedra se desha-
ga ante el mínimo error. El mayor reto era no per-
derlo en el proceso”, comenta. “He pegado ya unos 
20 fragmentos del torso. La parte menos erosionada 
es la que ha estado bajo agua. No ha sufrido dife-
rencias de temperatura ni la acción del sol o el aire, 
que la va puliendo”. Su regreso a escena arrojó otro 
hallazgo: la presencia de una escultura de la gran 
reina consorte Tiy, abuela de Tutankhamón, en una 
de las piernas del coloso, entre las jambas del trono. 
“Ha sido una sorpresa encontrar esa parte en bue-
nas condiciones”, admite López Marcos. Según el 
ministro de antigüedades egipcio, Jaled el Anani, la 
pieza (única y distinguida) es el primer testimonio de 
la “faraona” en alabastro. La pareja de titanes que, 
rotos en pedazos, surgió del fango aguarda ahora su 
fatigoso zurcido. 
El coloso sentado. Los brazos recostados sobre 
las rodillas, pesa 300 toneladas y fue cosido a 
partir de 370 fragmentos. Está situado en el se-
gundo pilono, a unos 100 metros al oeste de los 
gigantes de Memnón. | El Mundo.
“De momento, están estabilizados. Todas las piezas 
se hallan atadas con eslingas de carraca, unos cintu-
rones que soportan más de 10 toneladas y que están 
apretando los fragmentos para que no se abran. Es-
tán, además, envueltas en lomas para que no sufran 
demasiados cambios de temperatura y se les han in-
yectado consolidantes para cerrar fisuras y grietas”. 
El próximo año llegará el turno de completar el 
puzzle. “Siempre sigo el mismo procedimiento. A ve-
ces me encuentro con 300 o 400 fragmentos, que 
reduzco a cinco o seis franjas para facilitar el mon-
taje final”. Cuando ambas estructuras recuperen el 
hálito y vuelvan a los lugares donde fueron erguidas, 
el soriano, dará la misión por cumplida. 
“Me quedan tres o cuatro años más. Todavía hay que 
montar algunos colosos pequeños y luego habrá que 
buscar otros lugares”, musita. Su asignatura pen-
diente en la explanada sobre la que descansa el rui-
noso legado del más espectacular de los templos de 
Millones de Años (como se denomina a los templos 
funerarios del Imperio Nuevo) son las dos moles del 
rey que custodiaban el acceso al recinto y que sobre-
vivieron a todas las calamidades convirtiéndose en 
una de las postales favoritas de quienes peregrinan 
hasta Luxor. Los colosos, que hoy se han sacudido 
siglos de orfandad, resistieron incluso al seísmo del 
27 a.C. 
El envite, sin embargo, agrietó el coloso norte. De 
la pequeña hendidura nació un rumor chirriante que 
griegos y romanos convirtieron en la leyenda de 
Memnón, rey etíope, héroe de la guerra de Troya e 
hijo de Eos (la diosa del amanecer). “No hay acuerdo 
sobre lo que se debe hacer. Lo que resulta evidente 
es que son los colosos de Memnón los que se en-
cuentran en peor estado porque presentan grietas 
estructurales. 
Tenemos guardados trozos de brazos y piernas 
para que se puedan montar”, arguye el restaurador, 
inquieto por la salud de dos auténticos iconos. “La 
cuarcita es una piedra a la que le afectan mucho los 
cambios de humedad y temperatura. Se desgaja por 
capas como una cebolla. La diferencia de tempera-
tura agrieta la piedra superficial y provoca que acabe 
cayendo como una lasca”. 
Curtido en la convalecencia de sus hermanos de 
piedra, López Marcos no titubea cuando avanza el 
parte médico. “Se están diagnosticando todos los 
problemas que tiene. Mi opinión es clara: hay que 
intervenir”.
parte médico. “Se están diagnosticando todos los 
problemas que tiene. Mi opinión es clara: hay que 
intervenir”.
 
Egiptología 2.0 | 139
Bajo el techo del faraón Tutmosis III.
El cartonaje, decorado con vivos azules, rojos, ver-
des y amarillos, solo tiene unmilímetro de grosor. 
Está muy bien conservado, pero es tan frágil que 
con solo tocarlo con el dedo podría romperse. En 
su interior, separada de la superficie por un vacío 
de unos cinco centímetros, descansa la momia de 
quien en los siglos XI o X antes de Cristo ostentó 
el preciado título de Sirviente de la Casa Real. 
“No sabemos cuál era exactamente su función 
pero era un alto funcionario llamado Amon Renef. 
Los rayos X han revelado que conservaba la den-
tadura completa y probablemente era una persona 
Myriam Seco en el Museo Egipcio 
de Barcelona. | Danny Caminal.
joven, con todos los huesos en su sitio”, relataba la arqueóloga Myriam Seco, recién llegada al Museo Egipcio 
de Barcelona, donde el pasado mes de abril impartió un seminario sobre los últimos hallazgos de la misión 
arqueológica del Templo funerario del faraón Tutmosis III, conocido como el Napoléon egipcio, que dirige tenaz-
mente en Luxor desde el 2008. 
El hallazgo de este cartonaje, “de una calidad y un colorido increíble”, ha sido premiado como uno de los 10 
descubrimientos del 2016 en Egipto por la revista ‘‘Luxor Times’’. “Estaba en un nicho muy pequeño y estrecho 
y para no romperlo tardamos ocho días en poder sacarlo con garantías -contaba Seco-. Lo resguardaba un sar-
cófago antropomórfico que estaba totalmente comido por las termitas, solo quedaban la cara y los pies. Sobre 
él había una guirnalda de flores”.
Cartonaje de un alto funcionario de la casa 
real. Dinastía XXII. | Inés García.
La radiografía reveló que la momia de Amon Renef no tenía 
amuletos en su interior. “Seguramente porque el cartonaje 
está decorado con muchas divinidades protectoras, como Isis 
y Neftis, la cobra del disco solar, los cuatro hijos de Horus, 
una cabeza de carnero y otra de halcón y Anubis”, continúa 
la arqueóloga, mientras señalaba una pieza expuesta en el 
Egipcio de Barcelona, de la misma época, el Tercer perio-
do intermedio, y con trazos similares, aunque con colores 
mucho menos vivos y sin el cuerpo de la noble dama que lo 
ocupó en su día.
La tumba de este relevante sirviente real lleva a Seco a pen-
sar que puede haber otras alrededor, pues el proyecto del 
templo de Tutmosis III, patrocinado por la Fundación Botín, 
Cajasol, Cemex y Santander-Universidades, no para de dar 
sorpresas datadas a lo largo de “1.000 años de historia”. En 
septiembre iniciará la décima campaña con un equipo de 
más de 30 especialistas -egiptólogos, topógrafos, fotógrafos, 
dibujantes…-, la mayoría españoles, y 150 ayudantes egip-
cios y calcula que dentro de unos siete años el macrocom-
plejo podrá por fin visitarse como un museo al aire libre. 
Cuando en el 2008 la arqueóloga sevillana inició el proyecto, 
los muros del templo estaban completamente cubiertos de 
arena y a su alrededor descubrieron lo que debió ser como el 
“basurero”, con toneladas de restos de cerámica de ofrendas 
-vasijas, ostracas, fragmentos de estelas...-. Ahora, en el pe-
rímetro del templo (de 100 metros de fachada por 160 de fon-
do) del próspero Tutmosis III, hijastro de la reina Hatshepsut, 
han hallado un complejo religioso posterior, de un sacerdote, 
Jonsu, que veneraba aún al faraón conquistador en la época 
 
 
140 | Egiptología 2.0
de Ramsés II.
Otra de las sorpresas de estos años ha sido el hallazgo, de-
bajo del templo, de una necrópolis del Imperio Medio (2000-
1800 a.C.), a finales de la dinastía XII, con 20 tumbas hoy 
ya excavadas. En ellas, recuerda Seco, aún fascinada, el 
descubrimiento de un ajuar de lujosas joyas de una mujer 
joven que pertenecía a la nobleza. “El techo se había hundi-
do y había aplastado su sarcófago así que cuando los ladro-
nes llegaron no pudieron saquearla y nos ha llegado hasta 
hoy. Era una tumba de alto ‘standing’ con un colgante en 
forma de concha, un amuleto cilíndrico, dos tobilleras y dos 
pulseras de oro de nudo de rizo”, expuestas actualmente en 
el Museo de Luxor.
También ha aparecido otra necrópolis, de la más descono-
cida dinastía XI (2150 a 1990 a.C), con tumbas sencillas 
de gente humilde que no habían sido saqueadas, y tumbas 
de la época tardía (siglos VIII-VII a.C) con 120 momias en 
distintos estados de conservación.
Sobre Tutmosis III, el objetivo inicial del proyecto, apunta 
que, aunque la información sobre su vida aparece de mo-
mento muy fragmentada, sí puede hablar de una querencia 
por los jardines y los árboles. En el patio, cuenta, “había un Cartonaje en su ubicación original. | Inés García.
jardín con ocho agujeros de 9,5 metros de fondo por 2,5 de ancho que llegaban hasta la capa freática y donde 
plantaban árboles en tierra fértil del Nilo”. En concreto, las raíces y hojas halladas en su interior eran perseas, 
“árboles sagrados”, que también colocaron ante los pilonos de la entrada del templo, en lugar de las habituales 
estatuas monumentales.
Egiptólogos españoles desentierran un jardín funerario de hace 4.000 años.
El Proyecto Djehuty, liderado por el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) 
José Manuel Galán, ha descubierto en la colina de Dra Abu el-Naga, en Luxor (Egipto), un jardín funerario de 
hace 4.000 años, el primero encontrado hasta el momento. Estos hallazgos corresponden a la 16ª campaña de
excavaciones arqueológicas, que este año cuenta con el patrocinio de Técnicas Reunidas y de Indra. 
Vista aérea del jardín funerario hallado en Luxor. | CSIC.
Los descubrimientos de este proyecto 
ayudan a comprender una época clave: el 
momento en que Tebas, actual Luxor, se 
convierte por primera vez en la capital del 
reino unificado del Alto y Bajo Egipto hace 
ahora aproximadamente 4.000 años. 
“Conocíamos la posible existencia de es-
tos jardines porque aparecen representa-
dos en las paredes de las tumbas, donde 
los egipcios representaban cómo querrían 
que fuera su funeral y la entrada a sus 
tumbas. Se trataba de un pequeño jardín 
o huerto rectangular, elevado medio metro 
del suelo y dividido en cuadrados. Junto a 
él se plantaban, además, un par de árbo-
les. Pero ésta es la primera vez que se ha 
encontrado físicamente uno de ellos, es la 
primera vez que la arqueología confirma lo
que se deducía por la iconografía. El des-
cubrimiento del jardín y su análisis exhaus- 
 
Egiptología 2.0 | 141
Arqueólogos trabajando en el jardín funerario. | CSIC.
tivo aportará valiosa información sobre la botáni-
ca y el medioambiente de la antigua Tebas, hace 
4.000 años.”
Galán continúa: “Las plantas cultivadas en este 
jardín tendrían un significado simbólico y podrían 
haber desempeñado un papel en los rituales fu-
nerarios, por lo que también aportará información 
sobre creencias y prácticas religiosas, así como 
de la cultura y sociedad de la época, la dinastía 
XII, cuando Tebas se convierte por primera vez en
capital del reino unificado del Alto y Bajo Egipto. 
Sabemos que a la palmera, al sicomoro o a la per-
sea se les asociaba con la esperada capacidad 
de resurrección del difunto. Por otro lado, plantas 
como la lechuga tenía connotaciones de fertilidad 
y por tanto, de vuelta a la vida. Ahora habrá que 
esperar a ver qué plantas logramos identificar me-
diante el estudio de las semillas recogidas. Es un 
hallazgo único, espectacular, que abre múltiples 
vías de investigación.”
Y concluye el investigador del CSIC: “Excavar en 
una necrópolis no sólo permite conocer detalles 
del mundo funerario, de las creencias religiosas y 
prácticas funerarias, sino que también nos ayuda 
a conocer detalles de la vida cotidiana, de la so-
ciedad y del entrono físico, tanto vegetal como ani-
mal. La necrópolis se convierte así, como creían 
los propios egipcios de aquella época, en el mejor 
camino para alcanzar y conocer la vida”.
El jardín o huerto funerario ha sido localizado en el 
patio abierto a la entrada de una tumba tallada en 
Cuenco con dátiles y semillas encontrados en el huerto. | CSIC.
la roca del Reino Medio, muy probablemente de la dinastía XII, 2000 a.C. El jardín, divididoen una cuadrícula 
de tres por dos metros, está compartimentado en cuadrados de aproximadamente 30 centímetros de lado, dis-
tribuidos en filas de siete o de cinco.
Los cuadrados del jardín, según 
señalan los expertos, pudo con-
tener diferentes clases de plan-
tas y flores. Además, en el centro 
del mismo, hay dos cuadrados 
más elevados que el resto, pro-
bablemente destinados para un 
pequeño árbol o arbusto.
En una de las esquinas los inves-
tigadores han recuperado la raíz 
y el tronco, de 30 centímetros de 
altura, de un tamarisco que toda-
vía se mantenía erguido. Junto 
a uno de los lados, se halló un 
tazón con dátiles y frutos que pu-
dieron haberse entregado como 
ofrenda. Además, adosada a la 
fachada de la tumba con la que 
se relaciona por el momento el 
 
 
142 | Egiptología 2.0
jardín, también se descubrió una pequeña capilla de 
adobe (46 centímetros de alto, 70 centímetros de an-
cho y 55 centímetros de profundidad), con tres estelas 
o lápidas de piedra en su interior. Son posteriores a la 
tumba y al jardín, pues datan de la dinastía XIII, en torno 
al año 1800 a.C. El propietario de una de ellas se llama 
Renef-seneb, y el propietario de otra de ellas es “el sol-
dado (“ciudadano”) Khememi, el hijo de la señora de la 
casa, Satidenu”. En ellas se menciona al dios local de la 
antigua Tebas, Montu, y a los dioses de carácter funera-
rio Ptah, Sokar y Osiris.
“Estos descubrimientos subrayan la importancia de esta 
zona de la colina de Dra Abu el-Naga como lugar sagra-
do para el desarrollo de una gran variedad de activida-
des de culto durante el Reino Medio, lo que ayuda a en-
tender la alta densidad de tumbas de épocas posteriores 
y el simbolismo religioso que alcanza esta zona de la 
necrópolis”, concluye el investigador del CSIC. 
Egipto se interesa por los restos orgánicos de la 
tumba de Tutankamón
Las instituciones egipcias han empezado a interesarse 
por los restos orgánicos que se conservan en el ajuar 
de la tumba del faraón Tutankhamón, y sobre los que 
apenas hay información, asegura en una entrevista la 
experta española María Rosa Guasch.
“Queda muchísimo por hacer y por saber ya que Egipto 
empieza a estar interesado ahora por los análisis quími-
cos de la materia orgánica que se encuentra en el mau-
soleo del faraón“, afirma.
La enóloga española, que lleva a cabo una investiga-
ción sobre la simbología y el tipo de vino que tomaba 
Tutankhamón, y que se encontraba en las ánforas colo-
cadas en la cámara sepulcral, indica que el estudio per-
mitirá conocer más sobre “la dieta” del rey, entre otras 
cosas. La falta de información se debe, sobre todo, a 
lo “difícil” que es conseguir los permisos para acceder 
a las piezas arqueológicas, aduce la investigadora, que 
lleva desde 2001 estudiando e identificando los vinos 
del Antiguo Egipto.
Ahora está poniendo a punto un método, junto a exper-
tos del Instituto Jacques Monod de la Sorbona de París, 
para identificar el ADN de los vinos y de la uva de esta 
época faraónica.
“Gracias a esta investigación se puede estudiar el origen 
del vino en el Mediterráneo, ya que se conoce algo más 
sobre Grecia y Roma, pero Egipto quedó relegado del 
análisis histórico”, señala.
No obstante, la española, que estudió Farmacia en la 
Universidad de Barcelona, incide en que nunca se han 
tomado muestras de ADN de las uvas en estas zonas Estelas de Renef-seneb y Khememi. Dinastía 
XIII, sobre el 1800 a.C. | Ministry of Antiquities.
 
Egiptología 2.0 | 143
Máscara funeraria de Tutankhamón. 
| Wikimedia Commons.
mediterráneas y aunque “no es fácil ni rápido”, ya 
están perfilando teorías que ayudarán a conocer 
más información sobre este tema.
En el marco de la tercera edición de la conferen-
cia internacional del Rey Tutankhamón, que se 
celebró el pasado mes de mayo en El Cairo, el 
supervisor general del Gran Museo Egipcio, Tarek 
Tawfik, anunció que se expondrán piezas “nunca 
vistas” de la tumba de Tutankhamón en una gale-
ría del nuevo museo, que tiene previsto abrir sus 
puertas a mediados de 2018.
Dichas piezas -que están estudiando- revelarán 
datos que no se conocían sobre el estilo de vida 
del faraón, que reinó un breve periodo de tiempo 
entre 1332 y 1323 a.C. aproximadamente, ya que, 
por ejemplo, han encontrado restos de queso y 
mantequilla en las ánforas, según dijo Tawfik.
Sin embargo, la experta, que ha analizado las 
ocho ánforas que se encontraban en el mausoleo 
que descubrió en 1922 el arqueólogo Howard Car-
ter, se muestra escéptica ante esta revelación.
“He examinado todas las ánforas y algunas esta-
ban vacías, otras llenas de arena; y en las demás, 
había residuos de vino. Cuando dijo (Tawfik) lo del 
queso, me quedé a cuadros”, apunta.
Guasch explica que Howard Carter documentó 
todo “muy bien” e hizo un trabajo “muy avanza-
do” para la época, que ha permitido que el estudio 
pueda continuar en diferentes áreas durante las últimas décadas.
La experta reivindica que la egiptología tiene que ser un campo multidisciplinar, donde la biología, la química 
y otras áreas científicas tengan cabida en las múltiples teorías que se dictan. “En diez años se ha realizado 
mucha investigación sobre diferentes áreas, no propiamente egiptólogas, en las que se han descubierto téc-
nicas nuevas. La egiptología es totalmente un campo multidisciplinar y cada vez más gente se dedica a esto”, 
subraya.
Por ello, anuncia que el próximo año se celebrará en Barcelona, “si la financiación lo permite”, el tercer congre-
so sobre Medicina y Farmacia en el Antiguo Egipto donde se darán cita numerosos expertos.
Por último, Guasch lamentó que España no apueste por los “buenos investigadores”, incluyendo los que estu-
dian el Antiguo Egipto, ya que tienen que irse al extranjero para continuar con su formación. “Tengo que trabajar 
en una farmacia mientras estudio, ya que la investigación está muy mal en España y no dan becas”, sentencia.
Egipto recupera un relieve robado que iba a ser subastado en París.
Egipto ha recuperado un relieve que fue robado de un templo perteneciente a la época del rey Nectanebo II que 
gobernó Egipto hace más de 2.300 años, y que iba a ser subastado en París.
En un comunicado, el supervisor general del Departamento de Repatriación del Ministerio egipcio de Anti-
güedades, Shaban Abdelgauad, explicó que el relieve fue robado de un templo de la necrópolis de Saqqara a 
principios del siglo XX. 
Durante una investigación, encontraron la pieza en una casa de subastas en París, y el ministerio activó el 
 
144 | Egiptología 2.0
protocolo para detener dicha venta y retirarla de 
la subasta. 
El relieve está tallado en piedra caliza, sus di-
mensiones son de unos 44 por 50 centímetros 
y pesa unos 80 kilogramos. En el relieve está 
tallada la figura de la diosa Sekhmet, con cara 
de leona y que lleva un disco solar encima de 
su cabeza. 
Abdelgawad dijo que el ministerio también ha 
recibido una colección de 44 piezas pequeñas 
y medianas que fueron requisadas en el aero-
puerto parisino de Charles de Gaulle.
Con Nectanebo II, el tercer y último monarca de 
la dinastía XXX, finaliza la época faraónica en 
Egipto, iniciada con el rey Menes el año 2.950 
antes de Cristo.Relieve recuperado. | Ministry of Antiquities.
Hallada la caja que guardaba los restos de la hija de un faraón.
La cámara funeraria de la hija de un faraón que durante 3.700 años había permanecido lejos de los focos, 
resguardada por las discretas arenas de la necrópolis de Dashur. Es el hallazgo que anunció el pasado mes 
de mayo Egipto, un mes después de que se localizaran los restos de la pirámide de su padre, el monarca de 
la XIII dinastía Ameny Qemau. ”Después de retirar las piedras que cubrían la cámara funeraria, la misión ha 
descubierto una caja de madera tallada con tres líneas de jeroglíficos, que son rituales para proteger al difunto 
y su nombre”, explicó Adel Okasha, el director de la expedición egipcia y el máximo responsable del cementerio 
de Dashur,un perímetro salpicado de pirámides ubicado a unos 40 kilómetros al sur de El Cairo y que, junto a 
las de Abusir, Saqara y Giza, son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. 
El hallazgo albergaba en su interior cuatro jarras de canopos y su nombre, que corresponde a la hija de Ameny 
Qemau, cuya desvencijada pirámide se ubica a unos 600 metros de distancia. Durante cerca de cuatro mile-
nios, la caja ha guardado los restos de la princesa: el hígado, el intestino, el estómago y los pulmones. También 
ha aflorado un sarcófago antropoide en un estado de conservación muy precario. El anuncio del ministerio de 
antigüedades egipcio arroja luz sobre uno de los descubrimientos más sorprendentes de los últimos meses. 
Caja con los restos de la hija del faraón Ameny Qemau. | Ministry 
of Antiquities.
En abril un equipo de egiptólogos lo-
cales se topó con los restos de una 
pirámide desconocida hasta la fecha 
al norte de la pirámide Romboidal, 
con su característica doble inclina-
ción causada por las modificaciones 
sufridas a mitad de obra. La estruc-
tura que ha sobrevivido al tiempo 
corresponde a su armazón interior. 
“Los restos descubiertos de la pirá-
mide pertenecen a su estructura in-
terna, que se compone de un pasillo 
que conduce a la zona profunda de la 
pirámide y una estancia que conecta 
con una rampa en el sur y con una 
sala en el costado occidental”, deta-
lló entonces Okasha. Días después 
de la publicación del descubrimiento, 
las autoridades descifraron la identi-
dad del monarca a partir de un bloque 
de alabastro en el que aparecen 10 
líneas verticales de jeroglíficos. 
 
Egiptología 2.0 | 145
Excavación donde ha sido hallada la caja. | Ministry of Antiquities.
Su propietario es Ameny Qemau, 
un faraón que gobernó durante dos 
años y cuyo rastro apenas quedó 
registrado. La XIII dinastía (1783 - 
1630 a.C.) fue un tiempo convulso 
marcado por faraones que -como el 
citado- se sucedían sin pena ni glo-
ria, incapaces de gobernar todo el 
territorio y fundar su propia estirpe 
de gobernantes. 
Una barahúnda de pretendientes 
accedían en ocasiones al trono 
usurpándolo y resistían en la pol-
trona durante meses o, en el mejor 
de los casos, años. Entonces como 
ahora, el caos en la cúspide era 
mitigado por los altos funcionarios 
que sobrevivían en sus cargos, los 
verdaderos artífices de la adminis-
tración faraónica. Junto al cartucho 
del rey también figuraba el de un 
miembro femenino de su familia. El principal enigma que surgió entonces es la existencia de otra pirámide cons-
truida por Ameny Qemau en otro rincón de la necrópolis. 
“La inscripción es un texto religioso con el nombre del monarca, que puede que tuviese dos pirámides porque 
una fallase a la hora de ser construida o decidiera ‘usurpar’ un monumento de otro rey anterior con un edificio 
importante. No sería extraño en el antiguo Egipto”, explicó el egiptólogo Antonio Morales, profesor de la Univer-
sidad de Alcalá de Henares y director de una misión que horada en la sureña Luxor. 
La necrópolis de Dashur fue levantada por el faraón Esnofru (2614-2579 a.C.), padre de Keops y precursor de 
la auténticas pirámides. El cementerio faraónico, próximo a un cuartel del ejército egipcio, sigue proporcionan-
do sorpresas. El año pasado se halló una tumba horadada por un alto funcionario de la corte de Sesostris I y 
emplazada en los alrededores de la pirámide del faraón. La expedición egipcia que acaba de revelar la cámara 
funeraria de la hija de Ameny Qemau trabaja aún sobre la geografía del nuevo hallazgo y promete jugosas no-
vedades. “Los trabajos de excavación continuarán para desvelar más secretos de la pirámide”, advierten sus 
artífices.
Hallados unos corredores subterráneos que 
ocultaban 17 momias del período tardío.
Una cachette, un escondrijo de momias, acaba de 
sumarse a la retahíla de tesoros que despiertan de 
las entrañas de la tierra de los faraones. Con el boa-
to habitual, Egipto ha anunciado el hallazgo de una 
oquedad en pleno desierto que alberga 17 momias 
envueltas en lino. Una colección que, según la mi-
sión egipcia que la ha desenterrado, goza de buena 
salud.
El enclave, horadado a ocho metros bajo tierra y sin 
señalizar para evitar la rapiña de los ladrones, se ha-
lla en el yacimiento de Tuna el Guebel, el cementerio 
de la antigua ciudad de Hermopolis Magna ubicado 
en la provincia de Minya, a unos 300 kilómetros al 
sur de El Cairo. “Es la primera necrópolis humana 
con tantas momias hallada en el centro de Egipto”, 
reconoció el ministro de Antigüedades, Jaled al Ana- Algunas de las momias halladas. | Ministry of Antiquities.
 
 
146 | Egiptología 2.0
ni, en una ceremonia repleta de autoridades locales que ha servido para presentar el hallazgo en sociedad. 
El descubrimiento fue fruto del más absoluto azar. El año pasado, la expedición de la Universidad de El Cairo 
que trabaja en el lugar auscultó el páramo con un radar y detectó la presencia de una cavidad al este de las 
catacumbas que acogen miles de momias sagradas de halcones o ibis. El vacío, sin embargo, solo reveló su 
interior esta semana durante las tareas de excavación de la zona. 
“Hemos localizado unas nuevas catacumbas con una gran cantidad de momias”, detalló Salah al Juli, el pro-
fesor que lidera la misión. La cantidad precisa de difuntos que hospeda la cueva resulta todavía un enigma. 
Según Al Juli, la cifra podría alcanzar las 32 e incluiría momias de mujeres, niños y recién nacidos. Su hallazgo 
es solo el principio. 
La red de pasillos excavados bajo la arena que conducen hasta la sepultura abre la puerta a nuevos descubri-
mientos. De momento, el escondite localizado contiene ocho sarcófagos tallados en piedra caliza y arcilla. Al 
menos dos son ataúdes antropoides. “Uno de los sarcófagos de arcilla está dañado mientras que el otro se halla 
en buenas condiciones”, agregó el egiptólogo. Aunque la fecha no ha sido determinada, el equipo la enmarca 
en el periodo tardío (672-332 a.C.), cuando la civilización egipcia comienza su declive y acaba conquistada por 
las tropas de Alejandro Magno. 
Junto a los finados, que no per-
tenecen a la familia real, tam-
bién se han encontrado dos pa-
piros escritos en demótico, que 
serán trasladados al Gran Mu-
seo Egipcio para su restaura-
ción, y una pluma dorada. “Po-
dría ser un elemento decorativo 
para el pelo usado por alguno 
de los muertos”, sugirió Al Juli. 
En una yacimiento contiguo, la 
misión también ha desenterra-
do varias tumbas de época ro-
mana realizadas en arcilla que 
aún guardaban monedas, lám-
paras y otros objetos domésti-
cos. 
La localización de la cachette 
es el primer gran hallazgo en la 
zona de Tuna el Guebel desde 
Interior de los corredores con algunos de los restos momificados. 
| Ministry of Antiquities.
que aflorara la necrópolis grecorromana de 
animales en una excavación desarrollada 
entre 1931 y 1954 por el arqueólogo egipcio 
Sami Gabra. La joya del enclave, no obstante, 
es el sepulcro familiar de Petosiris, un sumo 
sacerdote de Tot, el dios de la escritura sa-
grada cuyo culto se desarrollaba en Hermo-
polis Magna. El religioso se hizo construir una 
tumba con forma de templo cuya decoración 
es una cuidada simbiosis de las tradiciones 
egipcia y helenística, con personajes típicos 
del antiguo Egipto enfundados en vestidos 
griegos.
El renacimiento de Tuna el Guebel marca 
otro hito en un año especialmente fecundo en 
hallazgos. En marzo los restos de un coloso 
del faraón Psamético I aparecieron en el des- Detalle de una de las momias. | Ministry of Antiquities. 
 
Egiptología 2.0 | 147
campado de un populoso barrio de El Cairo. El mes pasado una pirámide de 3.700 años de antigüedad asomó 
en la geografía de Dashur. Dos misiones españolas han contribuido también a esta buena racha. “2017 está 
siendo un año histórico para el descubrimiento arqueológico’’, Comentó Al Anani.
Detalle de algunas de las momias descubiertas. | Ministryof Antiquities.
El Templo de Debod cerrará por tercera vez a partir de julio.
El cartel de ‘‘cerrado por avería técnica’’ volverá a colgar por tercera vez en el Templo de Debod a partir de 
julio. Los problemas de climatización que arrastra el monumento obligarán a volver a clausurarlo de nuevo en 
verano por las altas temperaturas que se alcanzan en su interior. Además, a lo largo de noviembre comenzarán 
las obras en el edificio para, por fin, cambiar todo el sistema. El cierre se aplica para cumplir con el real decreto 
que especifica las ‘’recomendaciones relativas a las condiciones de seguridad en los lugares de trabajo’’. Se-
gún esta norma, los empleados públicos deben trabajar en espacios donde las temperaturas se encuentren por 
encima de los 17 grados centígrados y por debajo de los 30.
Esta circunstancia se produce de forma reiterada desde hace años, ya que, según sostienen fuentes municipa-
les, las máquinas de ventilación ‘‘no están rotas, sino obsoletas’’. Por este motivo, no basta con una reparación 
puntual. Este problema ha impedido su apertura en los meses más cálidos e incluso en invierno. En concreto, 
el pasado enero, se tuvo que clausurar de forma indefinida hasta que los termómetros marcasen más de 17 
grados centígrados. La joya nubia también echó el cierre desde el pasado 3 de julio hasta el 20 de septiembre 
por la subida del termómetro a más de 30 grados en el interior del complejo.
Templo de Debod. | Wikimedia Commos.
 
 
148 | Egiptología 2.0
En aquella ocasión, se trató de reparar el ventiloconvector, un dispositivo con batería de frío o de calor y un 
ventilador, aunque sin éxito, ya que se concluyó que el problema requería el cambio de ‘‘todo el sistema de 
climatización’’. Tal y como explicaron fuentes del Área de Cultura y Deportes, el proyecto de sustitución y los 
pliegos de condiciones para el concurso de licitación ya están redactados. El coste de la obra ascenderá a los 
200.000 euros. El expediente de este contrato se retrasó debido a la prórroga de 46 días los presupuestos del 
Ayuntamiento de Madrid para 2017. Las cuentas de la capital para este año no se aprobaron hasta el Pleno del 
pasado 15 de febrero. 
Si el trámite burocrático no se retrasa más, las obras comenzarán en noviembre y se extenderán a lo largo de 
cuatro meses. Según matizaron desde la Concejalía de Cultura, ‘‘se está estudiando la manera de que el templo 
no tenga que cerrar durante los trabajos de reparación’’. No obstante, insisten las mismas fuentes, el monumen-
to ‘‘no estará fuera de servicio más de seis meses: los dos de verano (julio y agosto) y los cuatro de las obras 
de la sustitución del sistema de climatización’’. Si estos plazos se cumplen, podrá abrir a pleno rendimiento a 
partir de marzo de 2018.
En el acuerdo entre el PSOE y Ahora Madrid para aprobar los presupuestos de este ejercicio económico, se 
incluía el compromiso de que se ‘‘abordara de forma inmediata el cambio de climatización del edificio’’. Además, 
antes de finalizar el tercer trimestre del año, se debe haber aprobado un ‘‘estudio geotécnico y arqueológico’’ 
que permita acometer el proyecto de cubrición del templo. El objetivo es el que el monumento quede totalmente 
protegido de los agentes externos, puesto que las condiciones climatológicas, el polvo, la humedad y la con-
taminación de Madrid multiplican el riesgo de deterioro del templo milenario. Y el vandalismo obligó a duplicar 
desde el pasado octubre la vigilancia privada las 24 horas.
En 2002, ya se planteó la idea de protegerlo con una cúpula o de enterrarlo y construir un museo subterráneo 
que lo albergara. El de Debod es el único de los cuatro templos rescatados durante la construcción de la presa 
de Asuán y regalados por Egipto a ciudades europeas que continúa a la intemperie.
Arqueólogos españoles hallan en Luxor un importante depósito con materiales de momificación.
Sudarios, decenas de metros de vendas, hasta 300 saquitos de sal de natrón, aceites, arena y un corazón 
momificado. Son los rastros del embalsamamiento del visir Ipi que, cuatro milenios después de ser alojados en 
una oquedad próxima a su tumba, una prometedora misión española acaba de devolver a la vida en la pedre-
gosa geografía de la actual Luxor, a unos 600 kilómetros al sur de El Cairo. ”Nos sorprendió mucho encontrar 
lo que parece ser un corazón momificado, probablemente del visir. No es habitual porque por sus creencias el 
corazón era un órgano necesario”, explicaba el egiptólogo sevillano Antonio Morales, profesor de la Universidad 
de Alcalá de Henares y director del Middle Kingdom Theban Project que desempolva la memoria de Ipi, alcalde 
de Tebas y miembro de la élite durante el reinado de Amenemhat I, primer rey de la dinastía XII (alrededor del 
1985 a.C.).
Restos de vendas y sacos de sal encontrados dentro de los cántaros. 
| Middle Kingdom Theban Project.
“Quizás fue un error de los embalsa-
madores o querían cubrir algo que ha-
bía sucedido. Tal vez el corazón tenía 
que ver con la enfermedad que pade-
cía”, explicaba Morales a propósito 
de un hallazgo anunciado el pasado 
mes de mayo por el ministerio de An-
tigüedades egipcio. El órgano ha sido 
localizado en una de las 56 ánforas 
descubiertas por la expedición en una 
cámara auxiliar ubicada en la esquina 
nordeste del patio superior de Ipi, un 
alto funcionario “encargado del cuer-
no, la pezuña, la balanza y la pluma” 
o “supervisor de lo que era y no era”, 
algunos de los grandilocuentes cargos 
que ostentó en vida. 
En la estancia desvelada durante la 
reciente campaña, los maestros em-
 
Egiptología 2.0 | 149
balsamadores y los sacerdotes guar-
daron los materiales, las herramientas, 
los vendajes, los aceites y las sales que 
habían servido para tratar el cadáver del 
difunto y que no podían acompañar al 
dueño de la tumba por resultar materia-
les “impuros”. 
El enclave fue identificado durante la 
campaña que, entre 1921 y 1922, llevó a 
cabo el egiptólogo estadounidense Her-
bert Winlock, que envió 11 jarras del de-
pósito y una mesa de momificación a las 
vitrinas del Museo Metropolitano de Arte 
de Nueva York. ”No podemos explicar 
por qué excavó la cámara parcialmente 
y dejó el resto. Hemos localizado las 56 
jarras en su lugar original. En parte, el 
hallazgo explica cómo trabajaba el equi-
po de Winlock. Iba buscando lo estético, 
lo que podía servir para el museo. Pen-
Uno de los cántaros encontrados en la estancia. 
| Middle Kingdom Theban Project.
só que con un grupo representativo de ánforas tenía suficiente y dejó el resto”, explicaba el egiptólogo, al fren-
te de una misión internacional en la que participan 25 expertos europeos y egipcios y 60 obreros y que, tras 
cumplir dos campañas bajo los auspicios de la Universidad Libre de Berlín, está asociada desde este año a la 
Universidad de Alcalá de Henares.
Un auténtico tesoro ha emergido de los cántaros. En sus entrañas, se almacenaban unos 300 sacos de sal de 
natrón que fueron introducidos en las cavidades del cuerpo del difunto; aceites; arena; varias vendas de seis 
metros de largo; piezas de tela que sirvieron como paquetes internos; una serie de finas vendas que se usaban 
para dedos, manos y pies; un sudario usado para cubrir el cuerpo del difunto durante el proceso de embalsa-
mamiento o un escalpelo (un cuchillo pequeño de hoja fina empleado en las disecciones anatómicas). 
Y alguna sorpresa que suscita nuevas preguntas. “Siempre se habla del material usado en la momificación pero 
se nos olvida que los egipcios estaban obsesionados con los rituales y las ceremonias”. “Hemos encontrado 
una serie de rollos de vendas destinados a uso decorativo porque son muy estrechas con unos flecos muy lar-
gos. Yo nunca he visto momias con flecos a lo flamenco”, bromeaba el egiptólogo. “Muy probablemente sirvie-
ron para decorar las estructuras de madera, paja o caña que debían construir para realizar los últimos rituales 
de la momificación o el catafalco para arrastrar el sarcófagodesde la orilla del Nilo hasta la tumba”.
Situación original e imagen de las ánforas. | Middle 
Kingdom Theban Project.
 
 
150 | Egiptología 2.0
Hallan 10 tumbas en una colina de 
la ciudad egipcia de Asuán.
Una decena de tumbas excavadas en 
una rocosa colina a orillas del Nilo. Una 
misión de arqueólogos egipcios se ha 
topado en la cálida Asuán, a 900 kiló-
metros al sur de El Cairo, con nuevos 
enterramientos que conservan aún los 
sarcófagos, las momias y la colección 
de objetos funerarios de sus propieta-
rios.
Las oquedades estarían fechadas en 
época tardía (664-332 a.C.), el período 
que precede a la conquista de Alejan-
dro Magno y en el que monarcas egip-
cios se alternaron en el trono con libios 
y persas. Según Naser Salama, director 
general de las antigüedades en Asuán Sarcófago encontrado en Asuán. | Ministry of Antiquities. 
y Nubia, los primeros estudios señalan que se trataría de una extensión de la cercana necrópolis de Qubbet 
el Hawa, el descanso eterno de nobles de los imperios Antiguo y Medio, en su mayoría, gobernadores de la 
cercana isla de Elefantina.
El principal argumento es que los enterramientos hallados, presentan un diseño arquitectónico similar a los del 
cementerio próximo donde, desde hace una década, excava una misión española de la Universidad de Jaén. 
“Están formados por unas escaleras que conducen a la entrada de la tumba y una pequeña cámara funeraria 
donde se han descubierto sarcófagos de piedra, momias y una colección funeraria del difunto”, indicó el funcio-
nario en un comunicado divulgado por el Ministerio de Antigüedades egipcio. 
Los nuevos nichos han aflorado en el trascurso de las tareas de excavación en los alrededores del mausoleo 
de Agha Khan (1877-1957), un sencillo edificio de arenisca rematado con una cúpula donde descansa un líder 
religioso de la secta musulmana de los ismaelíes. La tarea en la zona se reanudará el próximo septiembre con 
el objetivo de examinar los objetos hallados, continuar la excavación en el yacimiento e iniciar el proceso de 
restauración en busca de nuevas pesquisas.
Hace dos años la misión egipcia localizó seis sencillas tumbas de época tardía en la misma zona. El hallazgo 
de los enterramientos -huérfanos de decoración y con tres o cuatro cámaras- revolucionó el mapa de la zona. 
Las encontradas entonces también correspondían al mismo período histórico, un tiempo en el que la corte es-
Máscara funeraria hallada en Asuán. | Ministry of Antiquities. 
estableció su sede en la ciudad de 
Sais -en el delta del Nilo, en el otro 
extremo de Egipto-, donde resistió 
hasta la conquista de los persas.
De las galerías y estancias de las se-
pulturas, los expertos rescataron en 
junio de 2015 una pequeña fortuna: 
una colección de sarcófagos de pie-
dra caliza y madera, que guardaban 
las momias intactas de los dueños de 
las tumbas; estatuillas que represen-
tan a los cuatro hijos del dios Horus 
-Amset, Duamutef, Hapy y Qebe-
hsenuf, encargados de guardar las 
vísceras en el momento de la mo-
mificación-; algunos amuletos de di-
Egiptología 2.0 | 151
versas formas, tamaños y colores y pequeñas figuras de madera de halcones, la representación de Horus.
A unos metros del nuevo hallazgo trabaja desde hace nueve temporadas una expedición española dirigida por 
Alejandro Jiménez, doctor en Historia Antigua de la Universidad de Jaén, y convertida en uno de los proyectos 
más potentes de la Egiptología española en la tierra de los faraones. El pasado marzo el equipo encontró el en-
terramiento intacto de Shemai, hermano de uno de los gobernadores más notables de la dinastía XII, Sarenput 
II.
Piezas del tesoro de Tutankamón llegan al Gran Museo Egipcio.
Un lecho y un carruaje funerario de Tutankhamón fueron trasladados al Gran Museo Egipcio, todavía en cons-
trucción, al pie de las pirámides de Giza, indicó el ministerio de Antigüedades Egipcias. El lecho funerario del 
joven faraón es de madera y está recubierto de láminas de oro y decorado con el rostro de la diosa de la guerra 
Sejmet, representada con una cabeza de león.
Preparación de uno de los objetos para el 
traslado. | Ministry of Antiquities.
 
Dos camiones llegaron al Gran Museo Egipcio, en 
la periferia de El Cairo. Escoltados por coches de 
policía, los dos camiones se detuvieron a la en-
trada del edificio antes de ser descargados. Las 
piezas fueron transportadas en cajas de madera y 
envueltas en materiales destinados a aislarlas del 
calor y de las vibraciones.
El traslado de las dos piezas forma parte de un 
programa realizado en colaboración con la Agen-
cia Japonesa de Desarrollo (JICA) para la “restau-
ración, el embalaje y el transporte de una colec-
ción de 71 piezas” expuestas en el museo egipcio, 
explicó en un comunicado el ministerio de Antigüe-
dades.
Este primer grupo de objetos con destino al Gran 
Museo Egipcio incluye “tres lechos funerarios, cin-
co carruajes y 57 piezas textiles”. Entre los 71 objetos seleccionados, se encuentran además, bajorrelieves del 
faraón Seneferu, fundador de la IV dinastía.
Preparación de uno de los objetos para el traslado. 
| Ministry of Antiquities.
 
Una misión española halla un 
gran dintel grabado del Reino Me-
dio.
La misión arqueológica de la vetera-
nísima egiptóloga española Carmen 
Pérez Die, con varias décadas a sus 
espaldas excavando Egipto, sigue 
ofreciendo nuevos descubrimien-
tos. El Ministerio de Antigüedades 
egipcio anunció el hallazgo de un 
gran dintel de granito rojo durante 
las excavaciones en el templo de 
Heryshef, en el yacimiento de Hera-
cleopolis Magna.
La pieza de granito, hallada durante 
la 51 temporada de la misión arqueo-
lógica hispano-egipcia del Museo 
Arqueológico Nacional de Madrid, 
estaba adornada con dos cartuchos 
grabados con el nombre del faraón 
152 | Egiptología 2.0
del Reino Medio Sesostris II (hacia el 1895-1889 a.C). ‘‘Este descubrimiento es muy importante porque la pre-
sencia de este dintel grabado con el nombre de Sesostris II en el templo de Heryshef prueba el interés de este 
faraón en este área, y la zona de Fayum en general’’, apuntó el director del departamento de Antigüedades del 
Ministerio, Mahmud Afifi. Sesostris II, faraón de la dinastía XII construyó la pirámide de Lahun, a 10 kilómetros 
del templo de Heryshef.
La directora de la misión, Carmen Pérez Die, ha añadió que su equipo ha continuado las excavaciones en la 
zona noroeste de Heracleópolis Magna, que fue capital de Egipto durante dos dinastías antes que Tebas (actual 
Luxor), donde han hallado varios restos arquitectónicos nuevos de la dinastía XVIII (hacia el reinado de Tutmo-
sis III, 1479-1425 a.C.) y de Ramses II (1279-1213 a.C.).
Heracleópolis Magna (en la provincia moderna de Beni Suef), pese a haber sufrido años de expolio que han 
diezmado sus restos faraónicos, es uno de los yacimientos más grandes del país, lleno de templos y necrópolis.
Dintel de granito rojo hallado en el templo de Heryshef. | Ministry of Antiquities. 
Sarcófago de Tadja encontrado en Abusir el-Meleq. 
| Nature Communications.
 
Tras la huella genética de Ale-
jandro Magno en las momias 
egipcias.
La genética supone un arma pode-
rosa para establecer relaciones de 
consanguinidad. A partir de un pe-
queño frotis de la boca los científi-
cos realizan sin mayores problemas 
el análisis de nuestro material gené-
tico mediante técnicas convencio-
nales para proceder a su estudio. 
Extraer el ADN de un habitante de 
otra época y poder estudiarlo, re-
quiere sin embargo de unas técnicas más sofisticadas que solo se pueden aplicar cuando ese ADN ha llegado 
inalterado hasta nosotros. Encontrar estas marcas y poder observar el paso de las civilizaciones en los genes 
de sus habitantes es el objetivo de un equipo de investigadores del Instituto Max Plank, que ha analizado el 
ADN de las momias del antiguo Egipto en busca de la huella genética que dejaron a su paso otros pobladores, 
como