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contenido Título Prólogo Introducción 1 Introducción al modelo cognitivo en psicoterapia 2 El proceso terapéutico en el modelo cognitivo 3 La terapia racional emotivo conductual de A. Ellis 4 La terapia cognitiva de A. Beck 5 El modelo de solución de problemas de Arthur Nezu 6 La terapia lingüística de evaluación de Isabel Caro 7 La terapia de valoración cognitiva de Richard Wessler 8 La terapia centrada en esquemas de Jeffrey Young Casos clínicos Referencias bibliográficas Soluciones a los cuestionarios de autoevaluación Diccionario de términos Índice temático MANUAL TEÓRICO-PRÁCTICO DE PSICOTERAPIAS COGNITIVAS ISABEL CARO GABALDA 2ª Edición BIBLIOTECA DE PSICOLOGÍA DESCLÉE DE BROUWER 1ª edición: enero 2007 2ª edición: octubre 2009 © Isabel Caro Gabalda, 2007 © EDITORIAL DESCLÉE DE BROUWER, S.A., 2007 Henao, 6 - 48009 Bilbao www.edesclee.com info@edesclee.com Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos – www.cedro.org–), si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Impreso en España - Printed in Spain ISBN: ISBN: 84-330-2122-9 Depósito Legal: Impresión: Publidisa, S.A. - Sevilla mailto: info@edesclee.com Prólogo El termino psicoterapia se ha empleado durante todo el siglo veinte para referirse a una colección de prácticas heterogéneas que, a veces, tienen poco que ver entre sí. Su adjetivación como cognitiva, que ha sido utilizada muchas veces como un especie de salvoconducto para hacerla presentable en foros en los que el sustantivo era considerado como sospechoso, está también muy lejos de acotar su significado de un modo claro e inequívoco. Aún así, las terapias cognitivas han sido una referencia ineludible para los psicoterapeutas de cualquier orientación durante el último tercio del siglo veinte. Durante los años ochenta, la hegemonía del reduccionismo biologicista hizo desaparecer de lo que suelen llamarse revistas biomédicas, cualquier referencia a los sustentos psicológicos de los trastornos mentales y, de un modo aún más radical, a los abordajes psicosociales en general y a las psicoterapias en particular. Esta desaparición tuvo, en ese momento, dos excepciones. El grupo de Aaron T. Beck, que desarrolló la Terapia Cognitiva de la Depresión, cuyo manual vio la luz en 1979, y el grupo de Gerald L. Klerman y Myrna M. Weissman, que desarrolló la Terapia Interpersonal de la Depresión, cuya versión manualizada se publicó en 1984. Las propuestas de estos dos grupos tenían unas características comunes que han conformado el modo en el que la psicoterapia reaparece, en esos años, en la consideración de los tratamientos de los trastornos mentales. 1. Ambos se presentan al colectivo profesional formalizando su intervención en un manual, y mostrando sus resultados según el modelo general del ensayo clínico 2. Ambas se definen como tratamiento de un trastorno definido (con lo que se hacen coherentes con la práctica médica en su acepción mas tradicional) y no en función de otros valores como el autoconocimiento, el desarrollo personal... 3. Ambas se perfilan como una destreza profesional bien definida y para cuya adquisición existen procedimientos reglados. 4. Ambos conciben su utilidad como complementaria con la de los tratamientos farmacológicos y no como antagónica a estos. La propuesta de Beck ofrecía, además, la ventaja adicional de insinuar un puente a utilizar por los clínicos con el trabajo de investigación de lo que en los medios más académicos y de investigación básica se conocía como psicología cognitiva y abrir la posibilidad de aplicar en la clínica sus hallazgos y poner a prueba sus propuestas. Para los que observamos con interés, pero desde otros puntos de partida, estos desarrollos, a los que habría que añadir los de Albert Ellis, la propuesta inicial podía parecer lastrada por algunas limitaciones y sometida a algún riesgo. Su principal limitación, a nuestro modo de ver, estaba ligada a la ventaja selectiva que la hacía aceptable por un medio inicialmente hostil, como la comunidad médica del momento, y se refiere a su inicial aceptación acrítica de la epistemología neopositivista que, en ese momento, ganaba hegemonía entre los clínicos. Una segunda limitación, en buena medida derivada de la anterior y que también constituía en ese momento una ventaja selectiva, se relacionaba con su aceptación también acrítica de la definición de los problemas a abordar que proponían las entonces emergentes clasificaciones de consenso como el DSM. PRÓLOGO 15 Por último, el éxito alcanzado en la demostración de la eficacia para los fines propuestos pareció hacer innecesario profundizar la vinculación con los importantísimos desarrollos que la psicología cognitiva estaba desarrollando en los medios académicos y los terapeutas cognitivos desarrollaron su labor en muy buena medida ignorando estos, perdiendo, así la posibilidad de enriquecerse con ellos y sustentándose en conceptos que, en aras de la claridad, habían perdido su capacidad de dar cuenta de realidades complejas. El riesgo que, desde nuestra perspectiva, presentaba el, por otra parte interesantísimo intento, era el de dar lugar, otra vez en la historia de la psicoterapia, a una nueva doctrina cerrada alrededor de la que organizar nuevas actitudes sectarias que, entre otras cosas, pretendieran hacer tabla rasa de la sabiduría acumulada en un siglo de prácticas psicoterapéuticas. Los años que siguieron a estas propuestas dieron lugar a un amplio abanico de lecturas de las mismas en las que algunos de los autores originales jugaron un papel destacado y que este prólogo no es el lugar de analizar. Cuando los firmantes de esta nota introductoria tuvimos que buscar alguien que pudiera dar una visón del panorama resultante de este proceso de transformación a los profesionales que pretendíamos formar como psicoterapeutas en una perspectiva integradora, tuvimos la suerte de contar con la buena disposición de Isabel Caro, con la que luego hemos mantenido un fructífera colaboración. Isabel Caro, profesora de la Universidad de Valencia, encarnaba, a nuestro modo de ver, la superación de las limitaciones y evitación de los riesgos a los que hacíamos referencia más arriba. Con un profundo conocimiento de los avances de la psicología cognitiva, Isabel había sido capaz de detectar, incorporar y hacer sus aportaciones a la migración desde el neopositivismo originario a las posiciones epistemológicas que a ella le gusta calificar de postmodernas y dan cabida a una nueva visón de la complejidad con la que nos confronta la clínica (Y la vida). Sin olvidar por ello la necesidad de demostrar la eficacia de lo que se hace en la clínica, ha sabido zafarse del corsé de los sistemas diagnósticos y la ilusión de que existe una intervención para cada categoría por ellos definida independientemente de otras consideraciones sobre la persona que pide ayuda por ello y la que la presta. Y, además, ha sabido convertir la teoría que sustenta su práctica en un instrumento, no para excluir a quienes no la comparten en todos sus términos, sino para integrar aportaciones de quienes, compartiendo objetivos, parten de posiciones o sustentan hipótesis diferentes en algunos aspectos, en un instrumento, en definitiva, integrador. Esta concepción impregna todo el texto que el lector tiene entre manos, tanto la introducción sobre el modelo y los conceptos generales como los capítulos sobre las propuestas específicas (incluida, por supuesto, la suya propia). Responde, además la calificación que propone el título de teórico- práctico incluyendo material clínico, ejercicios prácticos y la posibilidad de una autoevaluación Ser claro y accesible no implica necesariamente ser simplificador ni pretender ocultar la complejidad de los problemas abordados. Como ser riguroso no implica necesariamente ser abstruso y poco práctico.Creemos que este libro demuestra una cosa y otra. Alberto Fernández Liria Beatriz Rodríguez Vega Introducción En este texto se recogen algunos de los principales modelos cognitivos en la actualidad, desde los más clásicos como el de Beck o de Ellis a otros más actuales que suponen una evolución de los modelos clásicos, como el de Young, o la aparición de nuevos modelos cognitivos como el de Wessler, o la terapia lingüística de evaluación. Indudablemente, el texto no puede ser exhaustivo pues en el no aparecen otros modelos cognitivos, como los modelos de tipo construccionista. No obstante, los modelos que aquí se exponen permitirán al lector hacerse una idea bastante adecuada del estado actual de las psicoterapias cognitivas, en cuanto a cuáles son sus principales supuestos teóricos, líneas y recomendaciones de actuación, así como las técnicas principales. Este texto, pues, se preocupa de ofrecer una exposición teórica y aplicada que sitúe al lector y favorezca la aplicación de diversos modelos cognitivos, desde los más clásicos enfocados al tratamiento de la depresión y la ansiedad a los más actuales centrados en trastornos de personalidad. Lo que ya parece innecesario es la justificación del modelo cognitivo. El modelo cognitivo está plenamente asentado en el campo actual. Para exponer este asentamiento planteamos los orígenes y la evolución del modelo cognitivo en el primer capítulo (“Introducción al modelo cognitivo en psicoterapia”), señalando sus antecedentes más claros junto a la evolución socio-cultural que han tenido las terapias cognitivas hasta la actualidad. El campo es ciertamente plural, aunque con algunos elementos básicos y determinantes que cualquier modelo cognitivo va a asumir. No obstante, el modelo cognitivo (como cualquier otro modelo terapéutico) tiene problemas e insuficiencias, problemas que se señalan al final de este primer capítulo. Otro rasgo básico de los modelos cognitivos es su estructuración. A dicha cuestión se dedica el capítulo 2 (“El proceso terapéutico en el modelo cognitivo”). Uno de los aspectos más destacados del enfoque cognitivo es la necesidad de que los terapeutas sean capaces de realizar una conceptualización y formulación cognitiva de cada caso clínico. Esto reduce el número de sesiones, facilita la alianza terapéutica y nos asegura un mejor diseño del tratamiento, con lo que estamos contribuyendo a la eficacia del procedimiento en cada caso clínico. Es decir, que cada paciente reciba lo que necesita y más puede beneficiarlo. Los capítulos 3, 4, 5, 6, 7, y 8 se dedican a los siguientes modelos: 3. La terapia racional emotivo conductual de A. Ellis. 4. La terapia cognitiva de A. Beck. 5. El modelo de solución de problemas de A. Nezu. 6. La terapia lingüística de evaluación de I. Caro. 7. La terapia de valoración cognitiva de R. Wessler. 8. La terapia centrada en esquemas de J. Young. Cada uno de estos capítulos comienza exponiendo los principales conceptos del modelo, sus fases de tratamiento, y sus técnicas más destacadas. La meta básica consiste en que el lector conozca los conceptos alrededor de los cuales se articulan los diversos procedimientos clínicos cognitivos. Los principales modelos cognitivos se definen, no por las técnicas que han desarrollado, sino por su particular conceptualización de los problemas emocionales. Así, el modelo de Ellis gira alrededor del concepto de pensamiento irracional (capítulo 3), el de Beck gira en torno al concepto de esquema (capítulo 4), el de Nezu sobre su formulación de la solución de problemas (capítulo 5), el de Caro sobre la orientación INTRODUCCIÓN 19 hacia el lenguaje (capítulo 6), el de Wessler alrededor del concepto de afecto personotípico (capítulo 7), y finalmente, el de Young, lo hace alrededor del concepto de esquema disfuncional temprano (capítulo 8). En los apartados dedicados a las técnicas de cada capítulo se presentan aquellas principales que, además, se pueden generalizar o emplear en los otros modelos. Se expone el fundamento de las técnicas, así como su finalidad principal y sus elementos más destacados. Nos aparecen, pues, técnicas enfocadas al tratamiento de la depresión o la ansiedad, como el diálogo socrático y los debates filosóficos, la comprobación de hipótesis o el análisis de la lógica incorrecta. O técnicas lingüísticas como los órdenes de abstracción y los dispositivos extensionales. Igualmente, las formulaciones de Nezu sobre la solución de problemas se pueden aplicar para el tratamiento de la depresión y la ansiedad, aunque han sido empleadas, también, para ayudar a los cuidadores de enfermos crónicos o en la toma de decisiones clínicas. Modelos como el de Young o el de Wessler introducen o utilizan técnicas nuevas, en una formulación más ecléctica. Las terapias cognitivas se ven mejoradas, pues, por la aportación de técnicas experienciales, conductuales, o de técnicas para manejar o disminuir la vergüenza. Al final de cada capítulo se plantean una serie de ejercicios prácticos que el lector puede confeccionar para afianzar los conceptos de cada modelo, guiándose por lo expuesto en cada capítulo. Igualmente, tras cada capítulo aparecen 20 preguntas sencillas, tipo test (con sus soluciones correspondientes al final del texto), como una forma de ayudar al lector a fijar los principales elementos de cada modelo. A ello contribuye, también, el diccionario de algunos de los términos principales utilizados a lo largo del texto y que se ofrece, igualmente, al final del texto. Finalmente, se presentan dos casos clínicos tratados con la terapia lingüística de evaluación, pero que pueden ser enfocados con los otros modelos de este texto. De manera que al final de cada caso clínico aparece un esquema de formulación del caso que el lector puede seguir para poder hacer un diseño de tratamiento adecuado. Si se ofrecen las “guías” y no la “solución” es porque creemos que no hay dos casos clínicos iguales. Pretender seguir el mito de la uniformidad (Kiesler, 1966) en terapia es totalmente equivocado. No hay dos procedimientos terapéuticos iguales, ni dos terapeutas o dos pacientes que funcionen igual. El desarrollo de cada caso clínico se plantea como un ejercicio y nunca como un formato fijo a seguir. Espero con esta introducción haber situado al lector con lo que se va a encontrar en los capítulos de este texto teórico-práctico. Los libros suelen ir dedicados a alguien. En este caso, mis pacientes me han enseñado más de lo que está en los libros, permitiendo que me sienta cómoda con el modelo cognitivo y contribuya a su divulgación. A ellos está dedicado este texto. Isabel Caro Gabalda 1 Introducción al modelo cognitivo en psicoterapia 1. Contexto socio-cultural del modelo cognitivo La primera cuestión que debemos plantear es que cada modelo psicoterapéutico representa y refleja el “espíritu de la época” en la que surgió. Nuestros sistemas de creencias están constituidos socialmente y en este sentido no podemos escapar al influjo del particular momento histórico que nos ha tocado vivir. Además, si hacemos válida esta hipótesis podremos analizar el devenir y la evolución de un modelo psicoterapéutico concreto y conectar estos cambios con cambios en los sistemas de creencias sobre el ser humano, la salud, la enfermedad, y la forma de abordar su tratamiento. Podemos situar, claramente, al modelo cognitivo dentro de un contexto socio-cultural que pretendía hacer válido el proyecto modernista. Las terapias cognitivas, al igual, que los principales modelos terapéuticos, como el psicoanálisis y la terapia de conducta surgen en el marco de una epistemología de corte modernista (E. Ibáñez, 1993) que podemos relacionar con las siguientes características (T. Ibáñez, 1992; Weimer, 1979): 1. Asumir el mito del conocimiento válido como aquel que representa correcta y fiablemente la realidad. 2. Asumir el mito de que existen objetos, constituyentes del mundo. 3. El mito de la realidad como una entidad independiente de nosotros. 4. El mito de la verdad como criterio decisorio.Todo ello tiene su representación más notable en un último aspecto, 5. La defensa de una epistemología justificacionista que hace inseparables verdad de conocimiento. Es decir, lo que se plantea desde esta perspectiva es que los seres humanos somos seres racionales que podemos procesar adecuadamente los “datos” (la información) que recibimos del mundo exterior que aparece “al margen” de nosotros y a la cual accedemos cuando ponemos en marcha nuestros procesos de conocimiento. Como un sujeto racional, el ser humano tiene la capacidad de conocer de forma precisa, ajustada y correcta, es decir, de representar adecuadamente, el mundo de los hechos. De manera que este tipo de conocimiento será válido y verdadero cuando represente adecuadamente a la realidad. Todo el proceso terapéutico de las terapias cognitivas más clásicas, como Beck o Ellis está basado sobre esta idea. Esto es, los pacientes ponen en marcha procesos erróneos, distorsionados, de pensamiento, que los llevan a un conocimiento no válido (en forma de pensamientos automáticos negativos disfuncionales). Terapeuta y paciente trabajan activamente para encontrar dichas representaciones equivocadas de la realidad de manera que con las técnicas terapéuticas el paciente logre hacer pensamientos mejores/más válidos, más ajustados a la realidad, mejorando sus procesos de conocimiento. Esta epistemología modernista se ha visto contrapuesta por otra de tipo postmoderno, aunque el tema modernidad vs. postmodernidad no deja de estar zanjado en diversos círculos y, por tanto, tampoco en psicoterapia. No obstante, si introducimos esta idea es porque nos va a servir para entender el surgimiento de las terapias cognitivas, sus principales características, así como su evolución o los motivos y el contexto cultural de dicha evolución hacia la postmodernidad. En este sentido, algunos capítulos de este volumen, como el de Beck, serían un buen ejemplo de un modelo cognitivo de tipo modernista, mientras que otros, protagonistas de la evolución de las terapias cognitivas, serían un ejemplo de cambios en el propio modelo cognitivo que suponen formas diferentes de entender al ser humano, sus problemas y su tratamiento. Dicha evolución hacia otros modelos también se puede explicar por cambios socio-culturales que afectan a la psicoterapia como disciplina científica. Es decir, esta distinción modernidad vs. postmodernidad nos va a permitir entender la evolución y las fases de la terapia cognitiva como luego plantearemos. 2. Sobre definiciones Una cuestión importante que cabe resaltar es la dificultad de ofrecer una definición “perfecta” del modelo cognitivo, sobre todo por las distintas maneras que existen de entender la terapia cognitiva, pero no hay duda que el modelo cognitivo se puede distinguir y diferenciar de los otros modelos y así ha sido desde su origen. Por ejemplo, Arnkoff y Glass (1982) plantearon 5 aspectos básicos que debía cumplir una buena teoría cognitiva. Estos son: 1. Una teoría adecuada debe prestar más atención a cómo funcionan los fenómenos cognitivos que a su contenido en sí. 2. Debe explicar la relación entre cogniciones y otros aspectos del funcionamiento humano. Es decir, una buena teoría sobre las estructuras y los procesos clínico-cognitivos, debe preocuparse por las relaciones que hay y la integración que podemos establecer entre conductas observables, pensamientos y afecto reconocidos, y procesos cognitivos y afecto inferidos. 3. Cualquier teoría debe preocuparse de los vínculos entre cognición y afecto. 4. Una teoría adecuada de los fenómenos cognitivos-clínicos debe explicar el cambio (mejora o empeoramiento) en estos fenómenos. 5. Sobre la base de la necesidad de explicar este proceso de cambio, una teoría clínica adecuada debe centrarse en los procedimientos para producir un cambio. Podemos asumir que las terapias cognitivas principales se preocupan de la mayoría de estos aspectos, aunque la respuesta dada a cada uno de estos aspectos es variable y no está exenta de polémica. Polémicas que por otra parte han estado dentro del modelo cognitivo desde sus inicios (véase apartados siguientes). Volveremos sobre todo ello en el apartado dedicado a las críticas al modelo cognitivo. A pesar de las polémicas, podríamos asumir que en la actualidad, la terapia cognitiva se caracterizaría por los siguientes rasgos: 1. Diversidad. 2. Variedad y amplio rango de aplicación. 3. Eficacia. De manera que siempre que se hagan afirmaciones sobre la terapia cognitiva, la primera pregunta que debemos hacer es “¿desde qué perspectiva o desde qué modelo, se está hablando?”. Aunque indudablemente existen aspectos comunes, algunos no son ya tan comunes. O mejor dicho, rasgos de los nuevos modelos cognitivos suponen un cierto alejamiento frente a los primeros modelos. Por ejemplo, modelos como el de Young o el de Wessler, que aparecen en este texto, emplean el papel de los factores “históricos” para la comprensión de los problemas de los pacientes, lo cual los separa de los modelos cognitivos más clásicos (por ejemplo, Beck o Ellis) que son modelos claramente ahistóricos. Nuestra intención es, pues, con este primer capítulo, describir el estado actual de la terapia cognitiva, sobre todo a niveles de conceptualización y principios teóricos, como una forma de garantizar la comprensión y el encuadre del modelo cognitivo, como tal, y de los principales modelos cognitivos que forman parte de este volumen. Dicho encuadre nos permitirá también juzgar el modelo cognitivo, como haremos al final de este capítulo. A lo largo de este capítulo se ofrecerán diversas definiciones, algunas específicas de los diversos enfoques cognitivos y alguna otra más general o “integradora”. Por el momento podemos asumir que cuando estamos hablando de terapia cognitiva debemos partir de los siguientes supuestos: 1. Ser = conocer. 2. Los problemas de los seres humanos se entienden como problemas de conocimiento y significado. 3. Los terapeutas cognitivos trabajan con los supuestos, premisas y actitudes de los seres humanos y con la repercusión de este “mundo cognitivo” en nuestro bienestar. 4. Las terapias cognitivas darán diversas respuestas al problema del significado y a los mecanismos necesarios de cambio. Por ejemplo, y de forma muy esquemática, mientras que para unos (por ejemplo, Ellis) la meta está en desarrollar una filosofía más racional de vida, para otros (por ejemplo, Beck) la meta estará en cambiar el procesamiento distorsionado de la información. Finalmente, para modelos constructivistas (como el de Guidano) la meta está en producir un cambio en la dinámica del sí mismo. 3. Origen de las terapias cognitivas Los principales modelos que señalan el inicio de las terapias cognitivas son la terapia racional emotivo conductual de A. Ellis y la terapia cognitiva de A. Beck. Ambos modelos tienen, lógicamente, su historia aunque comparten algunos antecedentes comunes. Tanto un autor como el otro parten de un marco psicodinámico. Ambos, Beck y Ellis, aunque con metas diferentes, se plantearon sus respectivos modelos cognitivos como un intento de superación del psicoanálisis. Sería esta la primera cuestión que deberíamos tener en cuenta. 3.1. Origen de los principales modelos cognitivos Trazar el origen de todos los modelos cognitivos, sobre todo, de aquellos que forman este volumen sería una cuestión demasiada extensa para este primer capítulo. Por ello y para ejemplificar de forma más concreta esta breve incursión histórica, nos centraremos, exclusivamente, en los modelos de Ellis y Beck, sin ninguna duda, dos de los modelos más influyentes y que más han contribuido a la divulgación y aplicación del modelo cognitivo. Según Beck y Weishaar (1989) serían tres las fuentes principales desde las que podemos trazar el origen del modelo cognitivo. Por una parte, tenemos el enfoque “fenomenológico” en un sentido general y donde estos autores destacan la filosofía estoica para la cual el punto de vista que mantenemos sobre el sí mismo y el mundo determina nuestra conducta.La famosa frase de Epicteto, en el Enquiridion, describe en gran medida el espíritu cognitivo de estos autores, así como la apuesta que el modelo cognitivo hace sobre el origen y tratamiento de los problemas “emocionales”. Dijo Epicteto: “Los hombres no se trastornan por las cosas que pasan, sino por las opiniones sobre las cosas: por ejemplo, la muerte no es terrible, porque si lo fuera, le hubiera parecido así a Sócrates, ya que la opinión sobre la muerte, ‘que es terrible’, es lo terrible. Cuando nos vemos molestados o trastornados, o apenados, no debemos culpar a los otros sino a nosotros mismos, es decir, a nuestras opiniones. Es el acto de un hombre mal instruido culpar a los otros por sus propias condiciones adversas; es el acto de un hombre que está empezando a ser instruido, culparse a él mismo; y el acto de uno cuya instrucción ha terminado, no culpar al otro, ni a él mismo” (citado en Meichenbaum, 1977, pp. 183-184). Este punto de vista, según Beck y Weishaar (1989), aparece en Kant con su énfasis en la experiencia subjetiva consciente y en trabajos más actuales como los de Adler, Horney o Sullivan. La segunda influencia radica en la teoría estructural y en la psicología profunda, por ejemplo, a través de la conceptualización freudiana de la organización jerárquica de la cognición en procesos primarios y secundarios. La tercera influencia se encuentra en la psicología cognitiva, como el trabajo de Kelly (1955) sobre “constructos personales” o el de Richard Lazarus sobre la primacía dada al papel de la cognición en el cambio emocional y conductual (Beck & Weishaar, op. cit.). Revisando diversos trabajos (Beck y cols., 1979; Dryden y Ellis, 1988; Ellis, 1962) vemos que ambos modelos comparten un origen común en antecedentes como los de la filosofía estoica (por ejemplo, Epicteto) o en autores como Kant, Horney, o Adler. Ellis, por su parte, se ve influido, ante todo, por el existencialismo, filósofos como Russell o Popper, la obra de Korzybski (véase capítulo 6 de este texto; Ellis, 2002), o autores conductuales como Watson, Pavlov o Skinner. Ellis hace en 1989 un detallado recorrido por sus principales influencias, desde la mencionada filosofía estoica o la filosofía oriental, hasta la filosofía existencial (Kierkegaard, Heidegger), e incluso fundamenta, en buena parte de sus trabajos, su modelo en la superación de sus propios problemas personales (por ejemplo, véase Ellis, 1997a). En nuestra opinión lo que parece más cierto es que, al margen de cuestiones filosóficas, la terapia cognitiva se desarrolló desde el psicoanálisis y desde la terapia de conducta, utilizando elementos de ellas o criticándolas. Así se pronuncia Freeman (1983) que plantea que los primeros terapeutas cognitivos tomaron del modelo conductual su interés por el método científico, el foco en el cambio conductual y diversas técnicas conductuales. Por otra parte, tomaron del modelo psicodinámico la importancia de comprender el proceso y el diálogo interno. En la misma línea Dobson, Backs-Dermott y Dozois (2000) señalan esta doble vía de influencia pero para resaltar la insatisfacción por parte de los primeros proponentes de la psicoterapia cognitiva, o bien con el modelo conductual, o bien con el modelo psicodinámico. En el cuadro 1 tenemos los momentos clave que marcaron el inicio y evolución de estos modelos. Dos aspectos cabe destacar: referirnos, de nuevo, al origen psicodinámico de ambos, y a dos “estilos” diferentes en sus intereses: el interés por la investigación, junto a la aplicación y desarrollo del modelo en el caso de Beck, y un interés más centrado en el desarrollo y la aplicación, y no en la fundamentación empírica por parte de Ellis. Además del influjo de estos dos autores, la aparición y consolidación del modelo cognitivo se vio favorecida por el “espíritu cognitivo de la época” (véase al respecto, Leahy, 1996) y por el trabajo, desde dentro del modelo conductual (modelo hacia el que se volvió sobre todo Beck, en relación a su interés por validar su terapia cognitiva) de autores que pretendían cubrir las insuficiencias del modelo conductual, como por ejemplo, Bandura, Meichenbaum, Mahoney o Goldfried. En relación a ello, hay una cuestión importante que cabe resaltar para terminar esta breve revisión histórica y que tiene que ver con ese “espíritu cognitivo de la época”. Cuadro 1. Algunos de los primeros trabajos y evolución de los modelos de Ellis y Beck ELLIS BECK * 1943-1953: trabajo como psicoterapeuta familiar y de problemas sexuales dentro del paradigma psicoanalítico. * 1955: primeras formulaciones de la terapia * 1956: conferencia ante la APA en Chicago con la primera presentación de su Terapia Racional. * 1958: publicación de la conferencia de 1956 (APA) en el artículo, “Rational Psychotherapy”, Journal of General Psychology, 59, 35-49. * 1961: cambio de Terapia Racional por Terapia Racional Emotiva. * 1962: publicación de su primer libro “Razón y emoción en psicoterapia” * 1993: denominación de Terapia Racional Emotivo Conductual. * Finales de los 50: primeros estudios sobre la validez de la teoría psicoanalítica de la depresión. * 1961: Primera introducción del Inventario de depresión de Beck. * 1963: publicación de su primer trabajo sobre cognición y depresión, “Thinking and depression: I. Idiosyncratic content and cognitive distortions”, Archives of General Psychiatry, 9, 324-333. * 1964: publicación del artículo, continuación del de 1963 titulado, “Thinking and depression: II. Theory and therapy”, Archives of General Psychiatry, 10, 561-571. * Años 70: estudio a largo plazo del suicidio y primera formulación del concepto de “desesperanza”. * 1971: primera edición revisada del BDI. * 1976: publicación de su primer manual: Cognitive therapy and emotional disorders. * 1978: edición patentada del BDI. 3.2. Relaciones entre la psicoterapia cognitiva y la psicología cognitiva Las relaciones entre terapia cognitiva y psicología cognitiva son escasas, a pesar de notables esfuerzos por dotar de una base cognitiva, experimental, a la terapia cognitiva (por ejemplo, Clark, Beck y Alford, 1999). Es cierto, tal y como Mahoney (1991) ha señalado, que la revolución cognitiva que representó el esfuerzo combinado de lingüistas, científicos informáticos, filósofos, neurocientíficos, etc. tuvo que ver y contribuyó a que en la Academia se hablara, extensamente, de lo “cognitivo”. Sin embargo, a pesar de la variedad de enfoques disponibles, es difícil conectar la clínica cognitiva con la psicología cognitiva en toda su extensión. Salvo algunos intentos de reanalizar la psicopatología general de tipo Jasperiano (Ibáñez, 1982; Belloch e Ibáñez, 1988), o los trabajos de Colby, en la década de los 70, en lo que parece ser el primer programa de ordenador de tratamiento cognitivo de la paranoia (Colby, 1979), poco de la psicología cognitiva, aparece en la terapia cognitiva. Es cierto, que los terapeutas cognitivos, sobre todo Beck, asumen la terminología del procesamiento de la información, como por ejemplo el concepto de esquema, sesgos cognitivos, etc., pero lo hacen más desde una vertiente “light”, que desde un profundo asentamiento teórico. De hecho, muy poco de lo cognitivo aparece en Beck, y desde luego en Ellis. Ambos autores han recibido incluso críticas por su manejo de algunos conceptos. Por ejemplo, Teasdale (1983) comenta en relación al concepto de esquema, tal y como lo entiende Beck, que no queda claro a qué se refiere, ni cómo se activa. Teasdale señala que el concepto de esquema tiene múltiples acepciones. Por ejemplo, parece que los esquemas pueden funcionar como “templates” (o “patrones”), ser activados por hechos ambientales, o por la misma depresión, pueden entenderse como estructuras cognitivas latentes, representar una característica estable de personalidad, etc. Lo cognitivo, en el sentido que aquí proponemos, aparece en Beck y Ellis de forma terminológica, pero no guía el trabajo terapéutico; en estas terapias existe una brecha entre la teoría y la práctica. Sinembargo, en la actualidad, y no en el momento de su surgimiento, existen importantes intentos por dotar de una base teórica cognitiva a la terapia cognitiva (por ejemplo, Segal, 1988). El intento más reciente y paradigmático es el texto de Beck, Clark y Alford (1999) en donde se ponen a prueba, experimental y clínicamente, las hipótesis descriptivas o sobre la vulnerabilidad cognitiva en los pacientes depresivos. La evidencia (sobre todo clínica) por ellos recogida no deja de arrojar serias dudas sobre la mayoría de estas hipótesis y por tanto, sobre las posibilidades, por el momento, de dotar de base experimental cognitiva a la terapia cognitiva. Si en poco podemos relacionar a la terapia cognitiva con la psicología cognitiva, y revisamos las fechas ya mencionadas en el cuadro 1, lo que podemos asumir es que las terapias cognitivas, parecen ser una evolución, lógica podríamos decir, para dar cabida a procesos humanos que no entraban en algunos modelos imperantes de la época (el conductismo, por ejemplo), o para dotar de validez a otros (por ejemplo, el psicoanálisis, ya que no olvidemos que los primeros trabajos de Beck iban en esa línea). En nuestra opinión, lo que ocurrió fue que la terapia cognitiva, dada su intención experimentalista y justificacionista, encontró en el paradigma cognitivo de hace 30 años una propuesta metodológica que convenía a sus propósitos para la terapia, es decir, encontró un marco empirista, justificacionista y de búsqueda del ideal nomotético (Lachman y Lachman, 1986). Marco que, además, compartía con la terapia de conducta. Es decir, cuando surgió la terapia cognitiva, esta quiso plantearse como un modelo científicamente sólido y establecido para lo cual debía emplear o seguir los paradigmas científicos imperantes en el momento de su surgimiento y que, en cierta medida, facilitaban y contribuían, por su contenido, a sus propósitos iniciales, esto es a su intento de explicar cómo los procesos de conocimiento humano incidían en la psicopatología humana. 4. Principales modelos cognitivos Son numerosos los trabajos en donde se clasifica o se hace un listado de los principales modelos cognitivos y en ellos se aprecian puntos comunes y puntos divergentes. Los listados y clasificaciones siguientes se ofrecen para ejemplificar lo complejo de este tema clasificatorio y para dar un contexto teórico a nuestra triple clasificación. Una de las primeras clasificaciones se la debemos a Mahoney y Arnkoff (1978) que establecieron tres tipos principales: los modelos de reestructuración cognitiva, los modelos de habilidades de afrontamiento y, finalmente, las terapias de solución de problemas. Esta clasificación se ha ido ampliando con el tiempo y en función de la evolución del modelo cognitivo. Por ejemplo, para Dobson y Block (1988) dispondríamos de cuatro tipos básicos de hacer terapia cognitiva: 1) las habilidades de afrontamiento, donde se incluiría, por ejemplo, el entrenamiento en inoculación de estrés de Meichenbaum; 2) los enfoques de solución de problemas, donde se incluiría, por ejemplo, la terapia de Nezu y colaboradores (véase, capítulo 5); 3) los modelos de reestructuración cognitiva, por ejemplo, los de Ellis (véase, capítulo 3) y donde Dobson y Block (op. cit.) llegan a incluir a las terapias cognitivas estructurales, por ejemplo, las primeras formulaciones de Guidano y Liotti (1983). No obstante, y respecto a esta cuestión, en posteriores revisiones (véase Dobson, BacksDermott y Dozois, 2000; Dobson y Dozois, 2001) ya señalan las diferencias entre enfoques como el de Beck, por ejemplo y los modelos constructivistas. Lo importante en este apartado es señalar que el grupo de Dobson sigue manteniendo dicha clasificación, aunque en su opinión desarrollos recientes en terapia cognitiva se centran menos en los enfoques de habilidades de afrontamiento y más en los de solución de problemas o de reestructuración cognitiva (Dobson y cols., 2000). En su reciente revisión, Dobson y Dozois (2001) ofrecen nombres concretos y tan dispares de las principales terapias cognitivas, como: 1. La terapia racional emotivo conductual de A. Ellis. 2. La terapia cognitiva de A. Beck. 3. El entrenamiento autoinstruccional de D. Meichenbaum. 4. La reestructuración racional sistemática de M. Goldfried. 5. El entrenamiento en el manejo de la ansiedad de R. Suinn y F. Richardson. 6. El entrenamiento en inoculación de estrés de D. Meichenbaum. 7. La terapia de solución de problemas de T. D’Zurilla, M. Goldfried y A. Nezu. 8. La terapia de autocontrol de L. Rehm. 9. Los modelos estructurales/constructivistas, por ejemplo, de V. Guidano y G. Liotti. Por otro lado, y para Gonçalves (1993), habría cinco paradigmas principales: 1) condicionamiento encubierto; 2) autocontrol; 3) habilidades de afrontamiento; 4) reestructuración cognitiva y 5) el paradigma constructivista-evolutivo. En nuestra opinión (véase Caro, 1995a, 1997a, 2003a) los principales modelos cognitivos quedan perfectamente recogidos en tres bloques, que a niveles epistemológicos se reducirían a dos (como luego veremos) y que son: 1. Modelos de reestructuración cognitiva: que incluirían, entre otras, las terapias de Beck y de Ellis. 2. Modelos cognitivo-comportamentales: que incluirían, entre otras, por ejemplo el entrenamiento en inoculación de estrés de Meichenbaum, o la terapia de solución de problemas de Nezu y colaboradores. 3. Modelos construccionistas/constructivistas: que incluirían por ejemplo, la psicoterapia cognitivo-narrativa de Gonçalves (1994; 1997) o la terapia cognitiva postracionalista de Guidano (1991, 1997). Esta clasificación se basa, por tanto, por una parte en su cercanía con otras. Es decir, parece haber una cierta igualdad en considerar a los modelos de reestructuración y a los constructivistas como “tipos básicos” dentro del modelo cognitivo. Por otro lado, no podemos ni debemos dejar de resaltar los desarrollos que muchos autores conductuales nos ofrecieron y que dio como resultado el modelo cognitivo-comportamental, dentro del modelo cognitivo. Nos hemos referido en otro lugar (Caro, 2003b) al problema del etiquetado del modelo cognitivo y a él referimos al lector. No obstante, y para resumir esta cuestión que luego se expondrá más extensamente, creemos que podemos asumir que la “etiqueta” que mejor recoge el espíritu del modelo cognitivo, como paradigma, es la de “modelo cognitivo” y que dentro de ella se puede practicar la terapia cognitiva de diversos modos y maneras. Finalmente, avala esta clasificación el supuesto de que detrás de cada modelo, dentro del paradigma cognitivo, existirían tres metáforas bien diferentes (Meichenbaum, 1995). En ello y en sus definiciones entramos a continuación. 4.1. Los principales modelos cognitivos: definición Las terapias de reestructuración cognitiva se desarrollaron por teóricos con entrenamiento psicodinámico, y ante todo destacaban el papel del significado. Se caracterizan por defender que lo que una persona piensa (o dice) no es tan importante como lo que cree. Su tarea consiste en desarrollar estrategias para examinar la racionalidad o validez de las creencias disponibles (Hollon y Beck, 1994). El trabajo estándar en terapia cognitiva descrito por Rush, Beck, Kovacs y Hollon (1977) y sintetizado por Clark (1995) entiende a la terapia cognitiva como siendo “una psicoterapia estructurada, con limite de tiempo orientada hacia el problema y dirigida a modificar las actividades defectuosas del procesamiento de la información evidentes en trastornos psicológicos como la depresión. Ya que la terapia cognitiva considera a un grupo hiperactivo de conceptos desadaptativos como siendo la característica central de los trastornos psicológicos, entonces, corregir y abandonar estos conceptos mejora la sintomatología. El terapeuta y el paciente colaboran para identificar las cogniciones distorsionadas, derivadas de los supuestos o las creencias desadaptativas. Estas cogniciones y creencias están sujetas al análisis lógico y la comprobación empírica de hipótesis lo queconduce a los individuos a ajustar su pensamiento con la realidad” (p. 155). Es decir, la meta de la terapia cognitiva está en corregir el procesamiento distorsionado de la información, así como las creencias y supuestos desadaptativos que mantienen nuestras conductas y emociones (Beck y Weishaar, 1989). Estas terapias utilizan como marco conceptual explicativo la metáfora del procesamiento de la información (Meichenbaum, 1995). Por su parte, las terapias cognitivo-comportamentales, desarrolladas por teóricos con entrenamiento conductual, conceptualizan el pensamiento de forma más concreta, es decir, como un conjunto de autoenunciados encubiertos (conductas privadas) que puede verse influido por las mismas leyes del condicionamiento que influyen en otras conductas manifiestas. Su tarea consiste en desarrollar estrategias para enseñar habilidades cognitivas específicas (Hollon y Beck, 1994). Siguiendo el trabajo de Meichenbaum (1995) asociaríamos dicho modelo con la metáfora del condicionamiento. Entrarían dentro de esta clasificación modelos como el entrenamiento en inoculación de estrés de Meichenbaum (1977; Ruíz, 1997) o la solución de problemas de D’Zurilla y Goldfried (1971), más desarrollada en la actualidad a través de los trabajos de Nezu y su grupo (Nezu y cols., 1997a). Para Vallis (1991) estas terapias serían tipos de modelos cognitivos que se han desarrollado a partir de la terapia de conducta y que, por tanto, comparten con ella características tales como la elevada estructuración, y la de ser modelos de naturaleza didáctica y educativa. Existe, pues, una gran cercanía entre estos dos modelos. La terapia de conducta y la terapia cognitiva comparten, pues, las siguientes características (en Arnkoff y Glass, 1992): 1) Una relación de colaboración entre terapeuta y cliente. 2) El supuesto de que los trastornos emocionales y la conducta son, en parte, una función de los trastornos en los procesos cognitivos. 3) El foco está en cambiar cogniciones para producir los cambios deseados en el afecto y la conducta. 4) Son formas de tratamiento, generalmente, de tiempo limitado y educativas que se centran en problemas-meta específicos. Aunque volveremos sobre la cuestión del etiquetado del modelo cognitivo por considerarla muy importante en este capítulo de revisión del estado actual del modelo, debemos recalcar las diferencias entre un modelo de reestructuración y otro de tipo cognitivo-comportamental. Newell y Dryden (1991) se pronuncian claramente diferenciándolos. Mientras que los primeros destacan ante todo el papel de la cognición, los segundos destacan el papel de otros sistemas de respuesta (como el fisiológico, por ejemplo) y la interacción recíproca entre estos sistemas de respuesta y el ambiente, utilizando fundamentalmente el principio del “determinismo recíproco” de Bandura (1978). Las metas de la terapia cognitivo-comportamental están unidas a este importante concepto y suponen que el cliente se de cuenta de la interacción entre las cogniciones disfuncionales y las conductas (y la posibilidad de cambiar esta interacción) a través de una combinación de intervenciones cognitivas, conductuales y fisiológicas. Hay diferencias entre esta forma de entender lo cognitivo en estos enfoques y el enfoque construccionista, que correspondería a una tercera metáfora la de la narrativa constructiva (Meichenbaum, 1995). La relativamente corta historia del construccionismo y su “afán por el descubrimiento” hace que su definición sea más complicada. Como señala Anderson (citado en Neimeyer, 1993, p. 137) “la terapia constructivista no es tanto una técnica como un contexto filosófico dentro del cual se hace terapia, y es más el producto de un zeigeist que el parto del ingenio de un único teórico...”. El constructivismo acoge a una familia de teorías o terapias que destacan, los siguientes principios (Guidano, 1991; Mahoney, 1991, 1995; Neimeyer, 1993, 1995): 1. Los seres humanos son participantes proactivos (y no pasivos de forma reactiva) en su propia experiencia –es decir, en toda su percepción, memoria y conocimiento. El conocimiento humano es interpersonal, evolutivo y proactivo. Es decir, los seres humanos no reaccionamos, de forma pasiva, a los estímulos que nos llegan de fuera, no somos una máquina que procesa datos, sino participantes activos que nos “anticipamos” a dichos “datos”, desarrollando “planes” (y no “mapas” de los eventos) para organizar nuestra actividad. 2. La casi totalidad de procesos de orden que organizan la vida humana opera a niveles tácitos de conciencia. Es decir, el constructivismo recupera el papel de procesos no conscientes, tácitos, (por ejemplo, a través del núcleo metafísico central) que están fuera de la conciencia, que dirigen, pero no marcan, el contenido de la experiencia consciente. 3. La experiencia humana y el desarrollo psicológico personal reflejan la operación continua de los procesos individualizados, autoorganizadores, que tienden a favorecer el mantenimiento (sobre la modificación) de los patrones experienciales. Los sistemas humanos son sistemas caracterizados por un desarrollo autoorganizativo, que busca proteger y mantener la coherencia y la integridad interna. El constructivismo da una gran importancia al sí mismo y a todos los procesos que contribuyen a nuestra identidad personal. Lo que plantean los autores constructivistas es la tendencia a mantener y preservar nuestra identidad personal (auto-organización) de manera que cuando tenemos experiencias que no podemos integrar en nuestro sí mismo, podemos desarrollar problemas de tipo psicológico. 4. Estos modelos asumen parte de los presupuestos del construccionismo social y sobre todo aquel en el que se afirma la constitución social de los sistemas de creencias y de lo que podemos llamar nuestras “realidades”. El conocimiento no es un acto individual, sino consecuencia de un proceso de negociación social. Partiendo de esto, se asume que diversas culturas, subculturas, momentos históricos, etc., van a contribuir a esta constitución social determinando todo nuestro sistema de creencias, valoraciones, actitudes, etc. En este sentido, se emplaza al sí mismo en un contexto social. Conocemos el mundo y a nosotros mismos en un marco de relaciones, en un marco interpersonal, siempre en conexión con nuestra relación con los otros (ver al respecto, Gergen, 1991). 5. Uno de los presupuestos básicos mantiene que no podemos afirmar la validez del conocimiento, sino su viabilidad. Una construcción es viable en función de las consecuencias que tiene para el individuo o el grupo que la mantiene en un momento determinado, al igual que está en función de su grado de coherencia respecto al sistema personal o social en el que se incluye. El modelo construccionista critica la visión modernista sobre el conocimiento humano (véase apartado 1). Puesto que no podemos hacer copias precisas y exactas de la realidad, nuestro conocimiento no puede aspirar a ser válido. Ahora bien, la alternativa constructivista no es la de plantear o buscar un conocimiento no válido, lógicamente. En su lugar, optan por el concepto de viabilidad que permite a un terapeuta entrar a discutir con su paciente sus creencias y modificarlas, no en función de su ajuste objetivo al mundo de los hechos, sino en función de sus consecuencias (si mantiene o rompe sus procesos de significado, su visión de sí mismo, etc.) para el paciente. 5. Fases de evolución Podemos establecer la evolución cognitiva en tres momentos principales que explicaremos en función de una evolución socio-cultural. 5.1. 1ª fase: La terapia cognitiva está en el aire (mediados de los años 50- 1980) Esta fase comienza a mediados de los años 50 con los primeros trabajos de Ellis y los primeros de Beck a comienzos de los 60, incluye el primer gran estudio en eficacia del grupo de Beck (Rush, Beck, Kovacs y Hollon, 1977) y termina, en nuestra opinión, con las primeras críticas hacia el modelo cognitivo, desde dentro del modelo, como por ejemplo las de Mahoney (1977a,b;1980). En el centro de estas críticas estaba el inicio de los modelos constructivistas que criticaban a los que hoy podemos considerar “modelos clásicos” como siendo modelos racionalistas que no tenían en cuenta procesos importantes como el papel del afecto y la emoción, o procesos de tipo no consciente o “inconsciente”. La polémica entre los modelos racionalistas y los constructivistas, sin embargo, fue más relevante en la segunda fase de evolución que en esta primera que acoge, básicamente, aquellos trabajos que permitieron la aparición del modelo cognitivo, como los ya citados de Beck y Ellis. Sin duda, contribuyó a dar un gran impulso al modelo cognitivo el desarrollo en esta fase de los modelos cognitivo-comportamentales, por ejemplo, el trabajo en solución de problemas de D’Zurilla y Goldfried (1971), y los primeros de Meichenbaum (1977) en el entrenamiento en inoculación de estrés. Encuadrar estos modelos nos lleva a cuestiones relacionadas con el etiquetado del modelo/paradigma cognitivo, así como a las relaciones del modelo cognitivo con el modelo de la terapia de conducta. Esta última cuestión ya la hemos tratado brevemente y desarrollaremos, en un apartado posterior, aspectos relacionados con el etiquetado del modelo. 5.2. 2ª fase: El establecimiento cognitivo (1981-1991) Esta fase comienza en 1981 y es donde se establece, de forma definitiva, la terapia cognitiva, puesto que los modelos de reestructuración y los cognitivo-comportamentales aumentan su relevancia y grado de aplicación. Es la década de ampliación y popularización ya que en ella se aplica la terapia cognitiva a prácticamente cada tipo de trastorno y la profusión de manuales y de libros de autoayuda (p. ej., Beck, Emery & Greenberg, 1985; Ellis & Grieger, 1981; Dobson, 1988; Emery, 1981; Perris, Blackburn, & Perris, 1988). En esta fase aparecen modelos nuevos como la terapia de valoración cognitiva de Wessler (1987, véase capítulo 7), la terapia centrada en esquemas de Young (1990; véase capítulo 8) o el modelo de tratamiento para el pánico (Clark, 1986) que aún defendiendo una forma diferente de actuar no suponen un intento de ruptura de paradigma. Esta es la fase donde se defiende un cambio de paradigma y la apertura de la terapia cognitiva a otros modelos e influencias, tal y como muestran los trabajos de Guidano y Liotti (1983), Guidano (1987), Mahoney (1988), Safran y Segal (1990), Gonçalves (1994) o nuestros trabajos en semántica general (Caro, 1990) y en la terapia lingüística de evaluación (Caro, 1994,1997b; véase capítulo 6), basados sobre este trabajo de 1990, ya citado (Caro, 1990). Buena parte de esta fase, y en relación a las críticas de los modelos constructivistas hacia los modelos cognitivos que podríamos denominar “clásicos”, se centró en la clasificación que establecieron Mahoney y Gabriel (1987) entre modelos “racionalistas” y “constructivistas/evolutivos”. La clasificación, que articulaba las diferencias teóricas, epistemológicas, ontológicas o de estilo de funcionamiento entre estas formas de practicar la terapia cognitiva representaba las críticas constructivistas a las terapias cognitivas, así como la defensa de una forma diferente de hacer terapia cognitiva. Por motivos de espacio no podemos entrar en detalle en ella, pero sí podemos remitir al lector a dicha fuente o a otras posteriores (Caro, 1995a; Mahoney, 1991). Lo que sí podemos asumir es que hoy en día esa clasificación ha caído en desuso. Como dijo Mahoney (1995, p. 54) para qué separar “racionalismo” y “constructivismo” cuando nadie quiere reconocerse como “racionalista” hoy en día. Por este motivo se han planteando alternativas. Es decir, mientras que unos señalaban que esta diferenciación nos servía como “una dimensión para medir desarrollos dentro de una escuela concreta de terapia, y no como un principio clasificatorio que establezca límites entre enfoques” (Neimeyer, 1993), otros como Mahoney (1995) sugirieron un cambio de etiquetas, oponiendo, entonces, los modelos simples a los modelos complejos. Desde nuestro punto de vista, estas formas distintas de trabajar “cognitivamente” se entienden mejor asumiendo que las terapias cognitivas no son ajenas, al igual que cualquier otra cosa, al paso del tiempo. Si asumimos este paso del tiempo, situaremos a cada modelo cognitivo en su lugar, sin levantar barreras infranqueables. De ahí, y tal y como planteábamos en el primer apartado de este capítulo conviene entender la evolución de la terapia cognitiva en función de un planteamiento sociocultural que nos lleva a asumir que los cambios en los modelos terapéuticos son consecuencia de cambios en creencias, expectativas, normas, etc. sociales. Lo que supone contribuir a este tema de la clasificación y diferenciación entre modelos cognitivos con la ya propuesta clasificación de modelos cognitivos cercanos a una epistemología modernista y otros cercanos a una epistemología postmoderna. Por ello, hemos concretado el final de esta segunda fase en 1991, momento en el que se publican dos textos importantes Human change processes de Mahoney (1991) y The self in process de Guidano (1991). Igualmente, y en el campo de la psicología social, K. Gergen publica en 1991 su obra El yo saturado, donde se describen de forma divulgativa la cultura modernista, romántica y postmoderna y las consecuencias para la psicología. 5.3. 3ª fase: Un mundo cognitivo feliz (1992-hasta la fecha) En principio esta fase va desde 1992 hasta la fecha actual. En esta fase vemos una mayor contribución al campo cognitivo de los modelos constructivistas, lingüísticos y narrativos y un aumento de las características de las fases anteriores: amplio rango de aplicación, reconocimiento y popularidad, etc. De todas maneras, lo más importante es la convivencia de dos paradigmas de trabajo cognitivo: el clásico o racionalista y el rupturista o evolutivo que corresponderían, respectivamente, a los que consideramos como modelos modernistas y modelos postmodernistas en terapia cognitiva (Caro, 1995a, 1997a). Lo que quizá podría haber supuesto una ruptura dentro del campo cognitivo por estas dos formas tan diferentes de hacer terapia cognitiva, no ha tenido lugar, al menos de momento. De manera que esto nos lleva a plantearnos lo siguiente: ¿podemos abrir una cuarta fase?: creemos que no. Por el momento, seguimos viviendo en un mundo cognitivo feliz. Los dos congresos internacionales que se han celebrado en 2005, el Congreso Internacional de Psicoterapia Cognitiva y el Congreso Internacional de Psicoterapia Constructivista tuvieron lugar en Suecia, de forma conjunta. Por lo que creemos que este mundo feliz del modelo cognitivo va a seguir por un tiempo, al menos en la esfera internacional y a estos niveles. De manera que asumimos, por el momento, que las fases anteriores tal y como han sido propuestas, siguen siendo descriptivas de esta evolución de la terapia cognitiva. La idea que conviene tener en cuenta es, como ya se ha señalado, que la evolución de las terapias cognitivas se explica, en buena medida, por una postmodernización del modelo que empieza en la segunda fase, pero que es mucho más obvia en esta tercera fase. Es decir, actualmente algunas de las características de la terapia cognitiva son bastante postmodernas, mientras que en otras se sigue apreciando una actitud modernista. Por tanto, y aunque clasificar es reducir y abstraer, a veces más de la cuenta, creemos que relacionar de forma epistemológica a los modelos de reestructuración cognitiva1 y los cognitivocomportamentales con una epistemología modernista, y a los construccionistas con una epistemología de tipo postmoderno facilita entender las diferencias y la evolución entre los modelos cognitivos. De manera, que en este texto tenemos representados modelos cognitivos que ejemplifican una práctica cognitiva de tipo modernista como los de Beck, Ellis, o Nezu, junto a tres modelos, los de Young, Wessler o Caro, que toman o retoman de estos algunos elementos y características pero que, sin embargo, podríamos calificarde modelos “intermedios”, por cuanto tienen rasgos que los separan de los modelos clásicos y los acercan a algunos rasgos de tipo más postmoderno. Por ejemplo, son más constructivistas que los modelos clásicos (por ejemplo, la terapia lingüística de evaluación), dan una mayor importancia al papel del afecto (por ejemplo, la terapia de valoración cognitiva) o son de formato aplicado más ecléctico (por ejemplo, la terapia centrada en esquemas). 1. Clark, Beck y Alford (1999, p. 62) plantean que la terapia cognitiva por ellos practicada asume una epistemología modernista y realista. 6. ¿Terapia cognitiva o terapia cognitivo-comportamental? La cuestión del etiquetado de un modelo es un tema complejo y pensamos que no es un tema cerrado, sobre el que ya nos hemos pronunciado en diversas ocasiones (Caro, 1997a, 2003a). Pero, en nuestra opinión, podemos asumir que las tres formas básicas de practicar la terapia cognitiva a las que nos hemos referido en este apartado, recordemos modelos de reestructuración, cognitivo-comportamentales y construccionistas, acogerían perfectamente todos los enfoques en el área. Recordemos que las primeras terapias cognitivas, o lo que es lo mismo, los enfoques de Ellis y de Beck, surgieron del psicoanálisis, mientras que la terapia cognitivo-comportamental parte de la terapia de conducta. Aunque hoy en día se señala que no existen prácticamente diferencias entre ellas (Hollon y Beck, 1994) esto no deja de ser curioso puesto que sí que existen diferencias conceptuales ofrecidas, incluso, por los mismos que las toman por iguales (Hollon y Beck, 1994). Podemos apreciar, en muchas publicaciones, una inclusión un tanto al azar, sin hilo conductor, de muchos autores y enfoques, lo cual queda implícito en algunas de las clasificaciones del apartado 2, de este mismo capítulo. Así por ejemplo, hay autores (Meichenbaum, 1995) que incluyen bajo la etiqueta de cognitivo-comportamental a todos los modelos, es decir, a la terapia racional emotivo conductual, a Beck, la solución de problemas, las habilidades de afrontamiento, los trabajos de Kendall con niños, y el constructivismo. Otros autores como Dobson y Shaw (1995) incluyen todos los modelos bajo la etiqueta de cognitiva (Beck, Ellis, habilidades de automanejo; solución de problemas y constructivismo), aunque en un momento llegan a hacer iguales cognitivo y cognitivo comportamental. Mahoney (1995) incluye como terapias cognitivas a Ellis, Kelly, la modificación de la conducta cognitiva, Beck y el constructivismo. Otros como Hollon y Beck (1994) distinguen entre modelos cognitivos que incluirían a Beck y a Ellis y cognitivo-comportamentales que incluirían la solución de problemas, y los trabajos de Meichenbaum, Rehm, Barlow, Marlatt y Lineham. A la vista de lo expuesto, creemos que tiene más sentido que cuando hablamos de terapias cognitivas asumamos los tres modelos básicos ya planteados. Estas tres formas han sido definidas y diferenciadas en diversos trabajos (Hollon y Beck, 1994; Clark, 1995, Meichenbaum, 1995, etc.) como ya hemos visto y además, y esto es lo más importante, es factible entenderlas dentro de un paradigma cognitivo. En esta cuestión del paradigma radica, como ya hemos planteado en otro trabajo (Caro, 2003a), el criterio principal que nos lleva a decantarnos por la etiqueta de terapia cognitiva y no de terapia cognitivo-comportamental como siendo la más adecuada para acoger todos los enfoques dentro de este campo. En un sentido kuhniano, cuando hablamos del paradigma cognitivo nos referimos a un complejo total de métodos, conceptos y teorías; técnicas y aparatos de laboratorio; procesos sociales y estructuras institucionales, que determinan cuáles son los problemas legítimos y las soluciones en el campo de la investigación científica (Bem y de Jong, p. 165, 1997). Y no cabe duda que el paradigma cognitivo cumple todos los requisitos para ser considerado como tal. En nuestros trabajos anteriores (Caro, 1995a, 1997a, 2003a) defendimos esta triple clasificación y sobre todo las diferencias que son evidentes entre los tres enfoques básicos cognitivos. Pero el problema viene, en nuestra opinión, y por eso es por lo que nos parece necesario seguir con el tema, cuando se hace un uso extenso de la etiqueta cognitivo-comportamental, como etiqueta principal. Con este fin partiremos no sólo del concepto de paradigma arriba expuesto, sino de la distinción entre integración y eclecticismo (Norcross y Newman, 1992). En este sentido, consideramos que la etiqueta cognitivo- conductual puede reflejar dos cosas: 1. La mejora del modelo conductual al integrarse con el cognitivo, y así es como creemos que la usan los autores conductuales que quieren mejorar el modelo conductual. 2. Un eclecticismo en su uso, es decir, una práctica clínica ecléctica. El modelo cognitivo usa técnicas conductuales (como ayuda para el cambio cognitivo) dentro de un modelo cognitivo pero asume una teoría cognitiva sobre los trastornos y el cambio psicológico. Y así es usado, inferimos, por la mayoría de autores cognitivos. Por todo ello, y jugando con la cuestión mejora y desarrollo de una teoría (un requisito propio de la integración) vs. uso de técnicas (un requisito propio del eclecticismo) consideramos que la terapia cognitiva, como modelo teórico diferencial de otros, se ve representada mejor a través de la etiqueta “terapia cognitiva” y no de “terapia cognitivoconductual”, y que cuando usamos la etiqueta cognitivo-comportamental como “etiqueta principal” estamos refiriéndonos a su uso, a su aplicación y no a un paradigma. O, en todo caso, nos estamos refiriendo a un enfoque dentro de un paradigma principal y que ejemplifica nuestra propia clasificación. 7. La eficacia de las terapias cognitivas En el momento de escribir estas líneas, hace unos 50 años que surgieron las terapias cognitivas. Durante este tiempo la terapia cognitiva ha demostrado su eficacia en diversos trastornos y para diversos enfoques. Por ello hay varias cuestiones que podemos establecer en un primer momento: 1. La terapia cognitiva es muy eficaz para el tratamiento de la depresión (Rush, Beck, Emery y Greenberg, 1977; Blackburn y cols, 1990). 2. El modelo mejor evaluado (con ensayos clínicos controlados) es el modelo de Beck (Elkin y cols., 1989; Struck y DeRubeis, 2001). 3. Se está comenzando a disponer de ensayos clínicos controlados en otros trastornos que no sean la depresión como, por ejemplo el trastorno de pánico (Sanderson y Rego, 2000), o el trastorno obsesivo-compulsivo (Wilhem, 2000). 4. Según la clasificación que hemos establecido aquí, los modelos de reestructuración cognitiva y los cognitivo-comportamentales aportan los principales estudios en eficacia, mientras que los modelos construccionistas (cercanos a una óptica postmoderna) por motivos epistemológicos sobre la visión de la ciencia que les lleva a estar todavía preocupados o no decantados por el tipo de Método a seguir, no se han preocupado tanto de estas cuestiones (Mahoney, 1997) (y véase, Mérito # 1, apartado 8). En años recientes esta cuestión de la eficacia (que podemos retrotraer a la polémica generada por el artículo de Eysenck de 1952), se está dirimiendo en el contexto de la tendencia hacia los tratamientos empíricamente validados. No vamos a entrar a exponer sus indudables ventajas (Chambless y cols., 1996; Pérez, Fernández, Fernández y Amigo, 2003), ni tampoco sus notables desventajas (Elliott, 1998; Caro, 2002a; McLeod, 2001) pero sí revisar algunos datos sobre eficacia de las terapias cognitivas a la luz de esta tendencia. Según Lyddon y Jones (2001, p. 6) la terapia cognitiva está funcionando extraordinariamente bien en el contexto de los tratamientos empíricamente validados, sobre todo, en el campo de la depresión. Así, por ejemplo, Roth y Fonagy (1996, p. 83) en su revisión de los principales modelos de tratamiento para la depresión destacan que la terapia cognitiva es más eficaz que formas menos estructuradas de terapias y que otros modelos de tratamiento, no farmacológicos(véase, la revisión que de la comparación hacen Fernández Liria y Rodríguez Vega, 2003). En el mismo sentido se decantan en la revisión que hacen del tema Pérez y García (2003). A los trabajos ya citados de eficacia de la terapia cognitiva en la depresión, hay que añadir los de Clark, Beck y Alford (1999) o el de Williams (1997). A estos hay que sumarles los realizados en otras áreas, como los trastornos de ansiedad o las fobias (Bruce y Sanderson, 1998; Clark, 1997), los trastornos alimentarios (Fairburn, 1997), o el trastorno bipolar (Basco y Rush, 1996; Linehan, 1993). En definitiva, la terapia cognitiva ha demostrado ser una terapia eficaz, aunque no haya cerrado, ni mucho menos, esta cuestión de la eficacia y queden aún muchas cuestiones que resolver. Pasamos, pues, al último apartado. 8. Ventajas y limitaciones de la terapia cognitiva El modelo cognitivo, tal y como hemos planteado en este capítulo, es un modelo flexible, variado, que acoge enfoques diferentes (y algunos complementarios), que ha evolucionado notablemente y que aún tiene muchos aspectos que desarrollar para continuar siendo un enfoque de referencia importante junto a los otros modelos psicoterapéuticos. De manera que recogeremos, brevemente, en esta conclusión algunos de los principales elementos de las terapias cognitivas, que nos aparecen resumidos en el cuadro 2, junto con las limitaciones y nuevas direcciones. La idea fundamental de esta reflexión final es que ningún modelo terapéutico, ni enfoque dentro de ese modelo, cubre todo el amplio espectro del funcionamiento humano. En principio, lo que es un déficit en un determinado modelo es una ventaja en otro. Pero aquí no vamos a recoger críticas a la terapia cognitiva desde fuera del modelo, sino desde dentro, señalando sus limitaciones, junto a cómo se está respondiendo dentro del propio modelo a algunos de los elementos criticados. Cuadro 2. Ventajas, limitaciones y nuevas direcciones de las terapias cognitivas. VENTAJAS LIMITACIONES DIRECCIONES Modelo eficaz de tratamiento Investigación de resultados, sobre todo Estudios en investigación de procesos Papel de la mente Exceso de racionalismo Teoría comprensiva sobre el ser humano Exceso de individualismo Papel de la mente no consciente (modelo construccionista) Enfoques construccionistas sociales Modelo claro, estructurado y organizado Tipo de relación terapéutica. Modelos teleológicos Modelo flexible ¿Está perdiendo su identidad como modelo? Cambios en tipo de relación terapéutica. Modelos teleonómicos Reflexiones teoréticas Mérito # 1: Modelo eficaz de tratamiento . Este es un mérito indudable, tal y como hemos señalado en el apartado correspondiente anterior. Sin embargo, en nuestra opinión, las investigaciones de resultado que tan buen “resultado” han dado a la terapia cognitiva para que se establezca como modelo, deben ser complementadas y abiertas a estudios de tipo procesual donde no sólo se explique si la terapia es eficaz o no, sino mediante qué mecanismos, qué operaciones ponen en marcha pacientes y terapeutas que den cuenta de esos niveles de eficacia. Creemos que responder al qué, sin complementar con el cómo, no puede mantenerse por mucho más tiempo en terapia cognitiva y existen algunos trabajos al respecto que señalan y demuestran las ventajas del estudio de procesos en terapia cognitiva (Caro, 1999, 2002b; Whisman, 1993; Gonçalves y Machado, 1999; Shapiro, Barkham y cols, 1992). Por otro lado, a pesar del innegable nivel de eficacia de las terapias cognitivas, faltan más estudios concluyentes sobre la aplicación del modelo al amplio rango de patologías y poblaciones en el que se está empleando. Así como sobre el nivel de eficacia de los nuevos modelos en terapia cognitiva. Finalmente, mientras que los modelos clásicos de terapia cognitiva, sobre todo el de Beck (Clark, Beck y Alford, 1999) han intentado explicar experimentalmente las diversas hipótesis cognitivas sobre la aparición, mantenimiento y cambio de los trastornos emocionales, otros modelos cognitivos se han preocupado menos de dotar a su enfoque de la necesaria fundamentación empírica, como el de Ellis, y se han preocupado mucho más de divulgar y acercar el modelo a todos los ámbitos clínicos, exponiendo ante todo, no resultados experimentales grupales con muestras clínicas, sino casos clínicos. Respecto a la investigación sobre la eficacia en el modelo construccionista, como señala Neimeyer (1995, p. 14), el método es más bien anárquico. El enfoque más estudiado es, quizás, el de la psicoterapia como una ciencia personal, sobre todo con los estudios sobre la técnica de la rejilla. De los otros dos enfoques constructivistas (Neimeyer y Raskin, 2001), el de la reautorización narrativa, y el de reconstrucción evolutiva, es el primero el que más volumen de investigación ha recibido, sobre todo de tipo procesual y hermenéutica. El paradigma de reconstrucción evolutiva, ha estado poco preocupado por la eficacia, y existen estudios indirectos sobre aspectos del modelo que pueden influir en el cambio, por ejemplo, estudiar el papel y la influencia en el cambio de la búsqueda de coherencia por parte del sí mismo (Neimeyer y Raskin, 2001). Mérito # 2: Papel de la mente. El modelo cognitivo, a diferencia del modelo freudiano, planteó el papel de la mente no inconsciente, como un rasgo importante para explicar el funcionamiento del ser humano. Sin embargo, este papel de la mente fue criticado, ya en sus inicios, como hemos comentado (Mahoney, 1980; 1981) por dotar a la terapia cognitiva de un exceso de racionalismo. En este sentido, los nuevos modelos en terapia cognitiva, de tipo construccionista, plantearon el papel de la mente no consciente, haciendo uso y mención de conceptos como el de núcleo metafísico central, conocimiento tácito, etc. (Guidano, 1987) que recogían estructuras afectivas filogenéticamente anteriores a las estructuras más explícitas o superficiales, que dirigen nuestro pensamiento racional, operando en el nivel pre-consciente. Parece difícil complementar ambos modelos pero, al menos, disponemos de otras explicaciones sobre el funcionamiento de la “mente” y de los procesos por los que se adquiere y mantiene el conocimiento humano. Mérito # 3: Teoría comprensiva sobre el ser humano . La terapia cognitiva siempre ha surgido con la pretensión de ser una teoría comprensiva sobre el ser humano. En este sentido, la terapia cognitiva no se define por su grupo de técnicas, sino por su especial y particular conceptualización de los problemas que aquejan a los seres humanos, tal y como ya señaló Beck (1970a) en sus inicios. No obstante, uno de los aspectos que cabe criticar a las terapias cognitivas, es su comprensión individualista del ser humano. De ahí que los desarrollos en terapia cognitiva quieran acercarla a teorías como la del construccionismo social (Neimeyer, 1993) que plantea que todos nuestros sistemas de creencias están constituidos socialmente. Dejando al margen que la pretendida base construccionista social de los modelos construccionistas está aún por justificar, sí podemos afirmar que los nuevos acercamientos en terapia cognitiva, intentan dotarla de una lectura de tipo social e interpersonal (Safran y Segal, 1990). Mérito # 4: Modelo claro, estructurado y organizado . Esta característica de los modelos cognitivos (véase capítulo 2) propicia, en primer lugar, un tipo de relación terapéutica basada en la metáfora del ser humano como un científico y en la que el terapeuta adopta el papel de guía activo del paciente para que este desarrolle formas alternativas, más válidas de pensar. En segundo lugar, los modelos clásicos cercanos a una epistemología modernista son modelos de tipo teleológico, finalistas, donde se prescriben las líneas a seguir desde un principio (obviamente, atendiendo a las necesidades de los pacientes), lo cual se ve facilitado por ese alto nivel de estructuración que poseen (véase capítulo 2). Su meta será entonces poner en marcha técnicas que controlen, corrijan y dirijan (Mahoney,1991) al paciente hacia una meta especificada. Por su parte, los modelos construccionistas, más cercanos a una epistemología postmoderna abogan por un tipo de relación terapéutica más propia de un modelo humanista, una relación de tú a tú, donde el terapeuta no guía, sino que acompaña al paciente en su proceso de descubrimiento, de desarrollo de formas viables, más funcionales de conocer, en un proceso de tipo teleonómico. Es decir, sabemos por dónde vamos, pero no hacia o hasta donde. Es decir, hay una direccionalidad, sin una meta final (Mahoney, 1991). En nuestra opinión y siguiendo estudios sobre los motivos que nos llevan a elegir determinados modelos terapéuticos (Vasco, 1993) creemos que ambas formas de funcionar suponen filosofías de vida diferentes. Es decir, los estilos de práctica de la terapia cognitiva tan diferentes entre sí, pueden interesarnos de forma distinta en función de nuestras actitudes, valores, y creencias sobre la terapia y la forma más adecuada de abordar los problemas de los pacientes. Sinceramente, no creemos que debamos decantarnos por uno u otro. Ambos tienen ventajas e inconvenientes. La idea será que el terapeuta elija adecuadamente la forma de práctica que mejor se acomode a su “personalidad”, y sepa aplicarla o modificarla en función de las características del caso clínico concreto. Mérito # 5: Modelo flexible . Los méritos esbozados hasta ahora nos permiten afirmar que el modelo cognitivo es un modelo flexible (o altamente flexible, según se mire), que permite integrarse en su aplicación con otros modelos y acoge las evoluciones dentro del propio modelo. Podemos afirmar, al respecto, que buena parte de esa postmodernización se explica por cambios en función de un espíritu postmoderno de la época. A tenor de esta cierta postmodernización de la terapia cognitiva, surgen una serie de preocupaciones sobre el futuro de ellas y por el acercamiento entre todos los modelos. Por seguir con el planteamiento socio-cultural que hemos elegido para entender la evolución de las terapias cognitivas tenemos un rasgo cultural modernista, frente a otro postmoderno que justifican nuestra principal preocupación. El collage es un rasgo de la cultura modernista y su finalidad era mezclar materiales para formar composiciones abstractas o semiabstractas. Sin embargo, al concepto de collage debemos oponer el de pastiche. Jameson (1984) considera al pastiche una parodia del pasado que refleja la carencia de un estilo personal, la mezcla indiscriminada en función de la apariencia y no de la forma. Desde nuestro punto de vista, y si la terapia cognitiva se sigue “postmodernizando”, (y debemos asumir que al igual que otras formas de terapia) se puede convertir en un pastiche, puede perder su esencia, su identidad, su razón de ser, e incluso puede ser imposible diferenciarla de otros modelos. La única salida puede provenir, en nuestra opinión, de las críticas y reflexiones desde dentro y fuera que se están haciendo a la postmodernización de la psicología y por derivación de la psicoterapia, pero este tema escapa al contenido de este capítulo. En el campo cognitivo, lo que creemos que cabe hacer (sin dividir al modelo cognitivo) es diferenciar, entender y enmarcar en reflexiones teoréticas sus límites y su alcance. 9. Conclusión: hacia una definición de terapia cognitiva A tenor de lo expuesto en este capítulo nos gustaría definir el paradigma cognitivo de la siguiente manera: El paradigma cognitivo es un paradigma plural y delimitado que ha demostrado su eficacia y que se centra, básicamente, en los procesos del conocimiento humano, en su influencia en nuestro bienestar y en el uso que de ellos podemos hacer para facilitar ese bienestar. Que es plural, delimitado y eficaz creemos que ha quedado patente a lo largo de este capítulo, por lo que conviene para terminar precisar a qué nos referimos cuando hablamos de procesos del conocimiento humano. Por procesos del conocimiento humano nos referimos a premisas, actitudes, historia, orientación lingüística, valores, supuestos, etc. que influyen en nuestra visión de nosotros mismos, de nuestras experiencias y de aquello que denominamos “nuestra realidad”. Finalmente, hemos evitado hablar de salud mental, problemas psicológicos, etc., deliberadamente. En función de su grado de desarrollo, la terapia cognitiva puede llegar a poblaciones no sólo clínicas, por lo que el término “general” de “bienestar” nos facilita asumir la extensa aplicación de la terapia cognitiva. ¿Qué movilizan los modelos cognitivos? Cada uno, de manera diferente, pretende que los pacientes se den cuenta de cómo y por qué conocen, se interpretan a sí mismos, o son incapaces de hacerlo, es decir, sus experiencias o cómo se ven a sí mismos carece de sentido para ellos. De manera, que el terapeuta cognitivo se dirige a este ser humano que es capaz de conocer y entender sus pensamientos, sus emociones y su conducta, es decir, a sí mismo. La respuesta a cómo se hace esto se ofrece en los capítulos restantes de este texto, al menos desde el marco teórico que los modelos aquí incluidos asumen. EJERCICIOS PRÁCTICOS 1. ¿Cuál de los siguientes enunciados representa mejor su opinión sobre una posible definición de terapia cognitiva? ¿Por qué? ¿Qué elementos de esa definición son propios de un modelo cognitivo? A. La terapia cognitiva conceptualiza los problemas de los seres humanos en función de la interacción ambiente-conducta. B. Para la terapia cognitiva los seres humanos conocen de forma activa y aportan significado a sus experiencias. C. Para la terapia cognitiva el ser humano es único, y debe definirse en función de su mundo fenomenológico. 2. En función de lo expuesto en el apartado 3, una con una flecha los autores que podemos considerar antecedentes de los modelos de Beck y Ellis Adler Bowlby Russell Beck Rogers Arieti Korzybski Perls Kant Ellis Horney Rychlak Mahoney Skinner 3. Relacione mediante una flecha, los tres modelos básicos de tipo cognitivo, definidos en el apartado 4.1. con las características que aparecen en el bloque de la derecha Modelos de reestructuración Modelos cognitivo-comportamentales Modelos construccionistas Aprendizaje de habilidades cognitivas Sistemas autoorganizativos Análisis lógico Metáfora del condicionamiento Viabilidad del conocimiento humano Estructuración Determinismo recíproco Participación proactiva del ser humano Identificar cogniciones distorsionadas Leyes del condicionamiento Búsqueda de coherencia Colaboración paciente-terapeuta Metáfora narrativa Comprobación empírica de hipótesis Encubiertalismo Niveles tácitos del conocimiento 4. Discrimine y relacione mediante una flecha, elementos característicos de cada una de las fases de evolución de la terapia cognitiva Popularización Desarrollo de los modelos cognitivocomportamentales 1ª Fase Críticas al modelo cognitivo Amplio rango de aplicación 2ª Fase Libros de autoayuda Postmodernización 3ª Fase Primer gran estudio en eficacia Polémica racionalismo- constructivismo Desarrollo de manuales Defensa de un cambio de paradigma 5. Identifique algunas de las características básicas de la terapia cognitiva modernista: A. Viabilidad del conocimiento humano B. Validez del conocimiento humano C. Ideal nomotético D. Mente como sistema proactivo E. Mente como sistema reactivo F. Crisis existencial 6. ¿Cuál de los siguientes enunciados representa mejor su opinión sobre el conocimiento humano desde un punto de vista construccionista/postmoderno?: A. Construcción social de la realidad B. Mente como un sistema reactivo C. Procesos de autoorganización D. Mente como sistema proactivo E. Creencias y cogniciones al margen del marco social 7. En nuestra opinión, la etiqueta de modelo cognitivo, define mejor al paradigma cognitivo, detrás de estos modelos. ¿Por qué? Señale los elementos principales sobre los que se basa esta decisión. 8. En la evolución de las terapias cognitivas se ha evolucionado hacia aspectos nuevos. Relacione los dos bloques: De la investigación de resultadosa... De un modelo teleológico a... De una relación directiva a... De un exceso de racionalismo a... La mente no consciente Un irracionalismo Un aumento de la eficacia Un modelo teleonómico Un modelo desestructurado Una relación de tú a tú La investigación de procesos CUESTIONARIO DE AUTOEVALUACIÓN 1. Una epistemología de tipo modernista asume el siguiente mito: A. La viabilidad del conocimiento humano B. La verdad como criterio decisorio C. La realidad depende del sujeto que conoce 2. ¿En qué fase de evolución de la terapia cognitiva surge la terapia de valoración cognitiva de Wessler?: A. 3ª fase B. 2ª fase C. 1ª fase 3. ¿En qué campo de tratamiento la terapia cognitiva ha demostrado su eficacia fuera de toda duda?: A. Los trastornos depresivos B. Los trastornos de personalidad C. Los trastornos alimentarios 4. ¿En qué fase de la terapia cognitiva se produce una clara convivencia entre los principales paradigmas cognitivos?: A. 1ª fase B. 2ª fase C. 3ª fase 5. Las relaciones entre terapia cognitiva y psicología cognitiva: A. Están fuera de toda duda B. No se mantienen C. Son el origen de la terapia cognitiva 6. ¿Cuál de los siguientes aspectos caracteriza a la terapia cognitiva en la actualidad?: A. Variedad y rango de aplicación B. Dudas sobre su eficacia C. Escaso nivel de desarrollo 7. ¿Según Arnkoff y Glass (1992), cuál de los siguientes aspectos es compartido por la terapia de conducta y la terapia cognitiva?: A. Relación de colaboración paciente-terapeuta B. Mejora, como meta, del conocimiento humano C. Producción de un cambio filosófico 8. El concepto básico, constructivista, que ejemplifica el papel de la mente no consciente es el de: A. Esquema B. Conocimiento explícito C. Núcleo metafísico central 9. ¿Cuál de los tres modelos básicos cognitivos sigue sin resolver cuestiones relacionadas con el método de investigación?: A. El modelo construccionista B. El modelo cognitivo-comportamental C. El modelo de reestructuración cognitiva 10. ¿Qué elemento tomó la terapia cognitiva del modelo psicoanalítico, en opinión de Freeman (1983)?: A. El tipo de relación terapéutica B. La importancia de comprender el proceso y el diálogo interno C. Su noción de mente 11. ¿Qué tipo de modelo cognitivo asumiría que el conocimiento humano es de tipo interpersonal y evolutivo?: A. El modelo de reestructuración cognitiva B. El modelo cognitivo-comportamental C. El modelo construccionista 12. Respecto a la polémica “racionalismo-constructivismo” podemos afirmar que: A. Se sigue manteniendo en la actualidad B. Ha caído en desuso C. Se desarrolló para destacar la evolución de la terapia cognitiva 13. Un riesgo actual de la terapia cognitiva es el de convertirse en un modelo de tipo: A. Pastiche B. Collage C. Integrador 14. ¿Qué tipo de modelo construccionista ha recibido un mayor volumen de investigación?: A. Reconstrucción evolutiva B. Ciencia personal 15. De todos los modelos cognitivos, ¿cuál ha sido el mejor y más estudiado?: A. El modelo de Ellis B. El modelo de Young C. El modelo de Beck 16. A qué autor debemos uno de los primeros intentos por asentar la terapia cognitiva en el procesamiento de la información: A. Colby B. Kelly C. Korzybski 17. Respecto a la disparidad de modelos cognitivos y el problema del etiquetado, Dobson y Shaw (1995) incluyen a todos los modelos bajo la etiqueta de: A. Cognitivo-comportamentales B. Reestructuración cognitiva C. Cognitivos 18. La etiqueta cognitivo-conductual implica: A. Un eclecticismo en su uso B. Una integración teórica C. Una mejora del modelo cognitivo 19. ¿Qué tendencia de investigación está siendo utilizada por los autores cognitivos más preocupados por demostrar la eficacia del modelo?: A. Investigación de procesos B. Diseños de grupo C. Tratamientos empíricamente validados 20. Podemos criticar a los modelos clásicos cognitivos su énfasis: A. Individualista B. Interpersonal 2 El proceso terapéutico en el modelo cognitivo 1. El carácter especial de la terapia Son numerosos los trabajos que se centran en la descripción del proceso terapéutico con la intención de ofrecer una mejor formación a psicoterapeutas y futuros psicoterapeutas cognitivos. Incluso podemos considerar, de forma general, que un modelo capaz de ofrecer manuales y descripciones pormenorizadas de su quehacer clínico es un modelo que goza de una buena “salud” y que va a facilitar su aplicación. Algo que, juzgando por la evolución de las terapias cognitivas (véase capítulo 1), podemos asumir, sin problemas, en este contexto. No obstante, manualizar o articular de manera extremadamente detallada el proceso de hacer terapia ha recibido críticas (Stiles y cols., 1986). Críticas que por regla general asumen lo difícil que es describir un proceso que podemos considerar único o ajustado a cada caso individual. Pero, en nuestra opinión, la práctica de cualquier forma de psicoterapia se puede entender como un “arte” para el cuál se debe haber estudiado en la “Facultad de Bellas Artes”. Por lo que a pesar de que queda en la destreza de cada clínico usar su conocimiento, adecuar sus habilidades personales y ajustar todo ello a la “persona” que tiene enfrente, sigue siendo necesario e importante intentar “manualizar” nuestros procedimientos clínicos. De manera, que los siguientes supuestos, tomados de Combs (1989, p. 103) indican nuestro punto de partida y el encuadre que debemos dar a este capítulo. Debemos asumir que la terapia tiene un carácter especial, es decir: 1. La psicoterapia no tiene reglas fijas, ni procedimientos universales. 2. La psicoterapia es una profesión única y altamente especializada. 3. El terapeuta intenta dar al paciente experiencias verdaderas facilitadoras, aislando y cristalizando nuestro mejor conocimiento sobre las relaciones de ayuda. 4. La psicoterapia depende mucho del sistema de creencias del terapeuta y de la teoría asumida. Recordemos, a este respecto, el origen socio-cultural del modelo cognitivo, como el de los otros modelos terapéuticos (véase capítulo 1). 5. No existen métodos de ayuda buenos, correctos o mejores, pero sí que existen métodos peligrosos y cosas que no deben formar parte de la psicoterapia. La formación en aspectos éticos es muy necesaria. La salvaguarda que plantea Combs (op. cit.) a ello pasa por los siguientes aspectos: 1. Poseer una adecuada teoría personal. 2. Poseer un sistema de creencias que sea comprensivo, esté bien fundamentado, que sea defendible, internamente consistente y sometido continuamente a revisión y adaptación. 2. Principios generales del modelo cognitivo Los proponentes del modelo cognitivo siempre se han preocupado de definir a la terapia cognitiva, no por las técnicas que la componen, sino por sus principios y tipo de conceptualización de los problemas clínicos (Arnkoff y Glass, 1982; Beck y cols., 1985). Por ello, disponemos de suficientes “declaraciones de principios” sobre lo que supone seguir un modelo cognitivo. En el cuadro 1 tenemos algunas de las principales características de la terapia cognitiva que nos dan una clara idea de la meta y el estilo del proceso terapéutico a seguir. Cuadro 1. Algunas de las principales características del modelo cognitivo estándar para trastornos en el EJE I del DSM (en Blackburn, Davison y Kendell, 1990, p. 51) 1. Con límite de tiempo 2. Estructura 3. Orientada hacia el problema 4. Ahistórica 5. Método científico 6. Tarea para casa 7. Apertura 15-22 sesiones, a lo largo de 3-4 meses Cada sesión dura una hora El terapeuta y el paciente se focalizan en definir y resolver los problemas actuales del paciente Se centra en el “aquí y ahora” sin recurrir a la historia pasada del paciente La terapia supone recoger datos (problemas, pensamientos, actitudes) formular sus hipótesis, establecer experimentos y evaluar los resultados El paciente debe recoger datos, verificar hipótesis y practicar habilidades cognitivas El proceso terapéutico es abierto y explícito y el terapeuta y el paciente comparten una comprensión común de lo que está pasandoen la terapia. Por otro lado, los siguientes principios tomados de Beck y cols., (1985) ejemplifican de forma más amplia los supuestos principales del modelo cognitivo, sobre todo el que tiene cabida dentro de este texto, aunque con las matizaciones necesarias para dar cabida a los nuevos modelos cognitivos que conforman su evolución tal y como se comentó en el capítulo 1. ¿Cuáles son los principios básicos para Beck y cols. (1985)?: 1. La terapia cognitiva parte de un modelo cognitivo de los trastornos emocionales. Es decir (en Bedrosian y Beck, 1980): a) las percepciones o interpretaciones de la realidad no son idénticas a la misma realidad; b) las interpretaciones de la realidad dependen de procesos cognitivos que son, en sí mismos, falibles, y c) las creencias son hipótesis sujetas a negación y modificación. 2. La terapia cognitiva representa un modelo de tipo educativo: es decir, su esencia principal es que el paciente debe “aprender a aprender”. 3. La terapia cognitiva es breve y con límite de tiempo. Para ello, el terapeuta debe seguir los siguientes principios: a) Hacerla simple. b) Hacer el tratamiento específico y concreto. c) Dar mucha importancia al trabajo fuera de la sesión. d) Hacer evaluaciones continuas. e) Permanecer centrado en la tarea. f) Utilizar procedimientos de organización del tiempo (véase, por ejemplo, el apartado dedicado a la estructura de la sesión). g) Desarrollar una tendencia mental de intervención breve.2 h) Permanecer centrado en problemas manejables. 4. La terapia en sí es un esfuerzo colaborador entre terapeuta y paciente, que supone principalmente: a) Desarrollar la relación terapéutica partiendo de una base recí proca. b) Evitar las agendas ocultas. c) Desarrollar, en colaboración, el trabajo para casa. e) El terapeuta debe admitir errores cuando los cometa. f) Debe mantenerse un ambiente en colaboración. 5. Los terapeutas cognitivos usan, fundamentalmente, el método socrático, que supone básicamente que el paciente debe aprender a reconocer sus pensamientos, examinarlos para buscar las posibles distorsiones cognitivas, substituyéndolos por pensamientos más adecuados y facilitando que el paciente haga planes para desarrollar nuevos patrones de pensamiento. 6. Para que el trabajo terapéutico cognitivo tenga lugar se requiere una buena relación terapéutica. 7. La terapia cognitiva es estructurada y directiva. Esta es una de las características básicas del modelo y supone básicamente dos cosas. En primer lugar, que el terapeuta se centre en metas específicas y en segundo lugar, que cada sesión se desarrolle siguiendo una agenda consensuada. 2. Esta cuestión no se puede generalizar a todos los modelos, ni a todos los campos de aplicación del modelo cognitivo. Por ejemplo, “la tendencia mental hacia la intervención breve” no entraría a formar parte del formato de tratamiento en la terapia centrada en esquemas de Young (véase capítulo 8), desarrollada para pacientes con trastorno de personalidad. 8. La terapia cognitiva está orientada hacia los problemas, es decir: a) Los problemas del paciente se conceptualizan de modo cognitivo antes de empezar el tratamiento (véase apartado correspondiente en este capítulo). b) En función de la conceptualización anterior, se debe escoger la táctica o técnica que mejor se ajuste y facilite seguir la estrategia terapéutica diseñada con anterioridad. c) La última cuestión consiste en evaluar la eficacia de la táctica seguida. 9. La teoría y las técnicas de la terapia cognitiva se basan en el método científico o en el método inductivo (Beck y Emery, 1979). 10. El trabajo para casa es una característica central de la terapia cognitiva. Tanto es así que la respuesta del paciente a la tarea para casa, se ha señalado como siendo un indicador de respuesta del paciente y de eficacia del tratamiento (Fennell y Teasdale, 1987). Las características mencionadas suponen entender el modelo cognitivo como un modelo estructurado que facilita el aprendizaje de habilidades por parte del paciente que le llevan a centrarse de forma específica en sus problemas, entender el origen cognitivo de estos, y poner en marcha estrategias que faciliten su superación. Todo esto sólo es posible en un ambiente de gran colaboración y estructuración y donde estén claras las metas y el proceso a seguir. Es decir, el modelo cognitivo pone en práctica la visión del ser humano como un científico (Kelly, 1955) en donde (véase, cuadro 2, capítulo 1) el paciente toma sus pensamientos como hipótesis que se someten a verificación y contrastación. De manera, que estas serían, en resumen, algunas de las características principales que marcan el estilo del modelo cognitivo y del proceso terapéutico a seguir (en Scott, Stradling y Dryden, 1995, p. xi): 1. La terapia comienza con una fundamentación bien planificada. 2. La terapia debe ofrecer habilidades que el cliente pueda utilizar para sentir que maneja de forma más eficaz su vida cotidiana. 3. La terapia destaca el uso del cliente, de forma independiente, de las habilidades que ha aprendido, fuera del contexto de la sesión. 4. La terapia anima al cliente a que atribuya la mejoría en su estado de ánimo a sus propios avances y habilidades, y no al papel del terapeuta. Pasaremos, ahora, a cuestiones más específicas del proceso cognitivo, comenzando por el tipo de pacientes a las que se puede aplicar el enfoque. 3. Indicaciones y contraindicaciones de la terapia cognitiva El hecho de que la terapia cognitiva se puede emplear hoy en día con una amplia variedad de poblaciones y problemas clínicos no implica, lógicamente, que sea el tratamiento adecuado para todo tipo de pacientes. Los problemas de aplicación del modelo cognitivo se pueden deducir del largo listado del apartado anterior donde expusimos las características básicas del modelo cognitivo. No debemos olvidar que el modelo cognitivo surgió en el tratamiento de pacientes con depresión (Beck y cols., 1979) y ansiedad (Beck y cols., 1985) o con pacientes en el rango de la “neurosis” (Ellis, 1957). Estilo terapéutico y tipo de pacientes se justifican mutuamente, de manera que los primeros modelos cognitivos no hicieron más que “escuchar” y “guiar” a este “tipo” de pacientes. La evolución de la terapia cognitiva hacia el tratamiento con trastornos de personalidad (Beck y cols., 1990) obligó a cambiar el estilo terapéutico. Por ejemplo, los modelos de Young (capítulo 8) y de Wessler (capítulo 7) que surgieron para el tratamiento de los trastornos de personalidad ya llevaban implícito un cambio en su estilo terapéutico para adaptarlos a estos pacientes. Pero, en un sentido general, podemos asumir que la terapia cognitiva está indicada en pacientes que tienen las siguientes características y posibilidades, y por tanto, pacientes con problemas en alguna de estas áreas no van a ser buenos candidatos al tratamiento (sobre todo el estándar) de terapia cognitiva. Para hacer terapia cognitiva (sobre todo en el campo de los trastornos emocionales) se necesita que (en Blackburn, Davison & Kendell, 1990; Schuyler, 1991; Wills y Sanders, 1997): 1. El paciente pueda acceder a sus pensamientos automáticos, es decir, que tenga capacidad introspectiva. 2. El paciente tenga acceso y pueda distinguir entre diferentes emociones. 3. El paciente acepte la responsabilidad para el cambio. 4. El paciente comprenda la fundamentación de la terapia cognitiva. 5. El paciente pueda establecer una relación terapéutica bastante buena o adecuada con el terapeuta. 6. El paciente pueda concentrarse y focalizarse en los temas aislados o propuestos. 7. El paciente no espere respuestas mágicas o que exija que el terapeuta sea quien haga “todo” el trabajo. 8. El paciente sea capaz de trabajar en un nivel conceptual, ofrecido por el modelo cognitivo. 9. Los pacientes no tengan problemas muy graves. 10. Los pacientes tengan un cierto optimismo sobre la terapia. 11. Los pacientes puedan usar un lenguaje psicológico. 12. Los pacientes tengan un cierto grado de autodependencia. 13. Los pacientestengan una cierta disposición a considerar puntos de vista alternativos. En un sentido general, tal y como podemos comprobar en los manuales sobre el tema, la terapia cognitiva se utiliza ampliamente en una gran variedad de psicopatologías, desde la depresión, la ansiedad, los trastornos de personalidad, cáncer, envejecimiento, esquizofrenia, en formato individual, en pareja, en grupo, etc. Pero sin ninguna duda, donde más se ha estudiado su eficacia y posibles indicaciones es en el caso de los problemas depresivos y de ansiedad. Como vemos en el cuadro 2, basado en estudios hechos al respecto, y en relación a estos dos trastornos, parece que la terapia cognitiva estándar tiene sus indicaciones y contraindicaciones en el tratamiento de la depresión y todavía no sabemos en qué campo de los trastornos de ansiedad parece estar contraindicada. La “competencia aprendida” como una variable que nos permite decidir utilizar la terapia cognitiva es importante ya que nos está indicando que las características personales con las que los pacientes acuden a tratamiento puede ser un motivo importante que determina su elección de tratamiento. En función de todo ello podemos asumir que el campo en donde mejor se puede aplicar la terapia cognitiva de una forma más ortodoxa es en el campo de los trastornos emocionales, aunque se pueda emplear en muy diversas áreas, sobre todo teniendo en cuenta las muy diversas terapias y modelos de tipo cognitivo de los que se dispone en la actualidad, muchos de ellos surgidos para su aplicación a grupos diagnósticos concretos. Cuadro 2. Indicaciones y contraindicaciones para el tratamiento cognitivo de los trastornos depresivos y ansiedad (en Blackburn y cols., 1990) INDICACIONES DEPRESIÓN 1. Trastorno unipolar alucinaciones) 2. Régimen ambulatorio/medicina general 3. Con o sin síntomas endógenos 4. Con o sin medicación terapia electroconvulsiva 5. Elevada “competencia aprendida” (el nivel educativo no es relevante) ANSIEDAD CONTRAINDICACIONES 1. Síntomas psicóticos (delirios y 2. Trastorno bipolar 3. Retraso o estupor graves 4. Tratamiento concurrente con 5. Baja “competencia aprendida” 1. Trastorno de ansiedad generalizada (con o sin ataques de pánico) 2. Trastorno de pánico (cuando los síntomas se deben a hiperventilación) 3. Ansiedad como síntoma concurrente con depresión. 4. Con o sin medicación. 4. Diseño del tratamiento: proceso a seguir Como señala Freeman (1992) una de las habilidades más elevadas que puede poseer un terapeuta es la de saber desarrollar un plan de tratamiento para los casos clínicos. Es decir, el terapeuta no debe actuar de forma reactiva –ante los problemas que le presenta el cliente–. En su lugar, el trabajo terapéutico debe considerarse como “proactivo”. Esto es, el terapeuta, conjuntamente con el paciente, debe intentar formular una estructura de trabajo que explique los problemas del paciente y debe ser capaz de “justificar” la elección de metas y técnicas, anticipándose a los posibles problemas que pueden surgir. Esta formulación y conceptualización es necesaria, no sólo porque minimiza el riesgo de fracaso terapéutico, teniendo en cuenta que el terapeuta está “bien sintonizado” con un particular caso clínico, sino porque va a ser necesaria para desarrollar ese estilo terapéutico al cual hemos hecho mención en el primer apartado de este capítulo. Por otra parte, creemos que una buena conceptualización puede hacer que el número de sesiones sea menor. No obstante, en este sentido, hay que tener en cuenta lo que asumíamos, siguiendo a Combs (1989) que la psicoterapia es un arte, para el que se necesita una cuidada preparación. Para Freeman (1992, siguiendo el trabajo de Beck, Wright y Newman, 1992) establecer un plan de tratamiento en terapia cognitiva requiere tener en cuenta los siguientes 8 apartados: 1. Conceptualización del problema. 2. Desarrollar una relación de colaboración. 3. Motivación para el tratamiento. 4. Formulación por parte del paciente del problema. 5. Establecer metas. 6. Socializar al paciente en el modelo cognitivo. 7. Intervención cognitiva y conductual. 8. Prevención de recaídas. 4.1. El plan de tratamiento cognitivo del caso clínico ¿Para qué nos sirve desarrollar un buen plan de tratamiento, sabiendo conceptualizar los casos? Fundamentalmente porque “conduce” la terapia, es decir, entre otras cosas para lo siguiente (Persons, 1989; Wills y Sanders, 1997): 1. Establece un puente entre la teoría y la práctica de la terapia cognitiva y ayuda a dar sentido al problema del cliente, estableciendo relaciones entre problemas. 2. La conceptualización, en sí, es terapéutica ya que es una forma de comprender, predecir y normalizar los problemas del cliente. 3. Ofrece una estructura para la terapia y guía la elección de intervenciones y tratamientos. Es decir, nos facilita elegir modalidades de tratamiento y estrategias de intervención. 4. Añade un aspecto de colaboración y es una forma de manejar los problemas que surgen en el proceso de la terapia y también aquellos extraterapéuticos. 5. Sirve para manejar los propios problemas y circunstancias del terapeuta, así como problemas que surjan en la relación terapéutica. 6. Podemos entender y redirigir un proceso de tratamiento que esté fallando o en el que haya aspectos que no se estén cumpliendo. Es decir, la terapia cognitiva se basa en una teoría coherente de los trastornos emocionales (que cada modelo sitúa en unos determinados aspectos y metas). Cuanto más clara sea la conceptualización más fácil será desarrollar estrategias y elegir las técnicas de tratamiento (Moorey, 1996) ya que la conceptualización supone hacer un dibujo o desarrollar un modelo de los problemas del paciente (Freeman, 1992). La cuestión básica es que el terapeuta debe compartir la conceptualización y formulación del caso (véase apartado 4.2.), con el propio paciente. Estrategias para ello son diversas, desde verbales (en forma de técnicas terapéuticas) a pictóricas. Así Freeman (1992) recomienda usar diálogos socráticos o técnicas de reenmarcamiento (“reframing”) para hacerle llegar al paciente el qué y el por qué de su problema, siempre teniendo en cuenta el tipo de diagnóstico del paciente (por ejemplo, pacientes con diagnóstico en el Eje I o en el Eje II), su contexto y características personales, etc. Aparentemente, un paciente va a seguir y entender mejor una conceptualización sobre “su depresión”, que si la conceptualización y explicaciones se refieren a su “trastorno límite de personalidad”, es decir, preguntas sobre “¿qué es?”, “¿cuánto tardaré en ponerme bien?”, etc. no pueden responderse con tanta facilidad en este último caso. Pero si el paciente lo permite, se puede beneficiar de reenunciados del tipo siguiente que empleamos con dos pacientes: “Lo que me parece que crees es que siempre has tenido problemas en relacionarte con personas de autoridad, y que ahora sigues pensando que es mejor evitar enfrentarte a ellas que hacerlo, ¿qué te parece?”, o “te gusta tu vida tal y como es, salvo por la relación con tu marido, pero al ponerla en una balanza parece que te es más fácil seguir con ella, a pesar de los problemas con tu marido, pues estás valorando la tranquilidad, la amistad con él, el miedo a cambiar las cosas, y el no ser centro de la atención por intentar cambiarlas al año de matrimonio, ¿qué te parece?”. De forma pictórica también se puede ofrecer al paciente “imágenes” que reproduzcan la comprensión de su problema. Por ejemplo, a María una paciente con trastorno de ansiedad se le dibujó un árbol (véase caso clínico 1 y figura 1), para representar su tendencia a hacer inferencias, que la llevaban a otras inferencias, y así sucesivamente. Otros pacientes que tienen problemas para tomar decisiones pueden entenderlo con figuras de encrucijadas de caminos (véase figura 2). Esto correspondería al caso de la reenunciación anterior, en donde podríamos ofrecerle a la paciente una imagen que le sirva de recuerdo de cuál es el motivo por el que está en tratamiento y quédebe hacer. Figura 1. Ejemplo pictórico de una metáfora Figura 2. Ejemplo pictórico de una metáfora Otra posibilidad es el uso de metáforas, que sinteticen el origen del problema o “describan” al paciente de alguna manera. También, muchas veces, los pacientes eligen personajes literarios o cinematográficos que resumen, de forma metafórica, aspectos de ellos mismos o aspectos deseables de ellos mismos. Por ejemplo, una paciente se veía a sí misma como “Doña Rosita la soltera”, otra consideraba que el personaje de “Jo”, de Mujercitas, representaba todo lo que ella quería ser o hacer y no hacía. El empleo de símbolos o metáforas es importante, sobre todo porque es el propio paciente quien lo hace. En nuestra opinión este punto no debe ser nunca ofrecido por el terapeuta, ya que representaría un “etiquetado” de los pacientes que podría tomarse como una crítica. Lo que nosotros hacemos, por tanto, para dar anclajes pictóricos o metafóricos a los pacientes es pedirles a ellos que ofrezcan dichas metáforas o símbolos cuando lo consideren pertinente y sin la ayuda del terapeuta. Hacer un plan de tratamiento no es un proceso unidireccional, que se haga al margen del paciente. Hacerlo así rompería buena parte de las características de la terapia cognitiva anteriormente mencionadas. Las fuentes de información para hacer una buena conceptualización y un buen diseño de tratamiento son muy variadas, desde cartas de referencia, contactos telefónicos con colegas, el propio comportamiento del paciente en la primera sesión y en las siguientes (asistencia, puntualidad, etc.) y desde luego, el propio conocimiento profesional del terapeuta. Además, el diseño del tratamiento, como todo en terapia, no es un proceso cerrado, sino abierto a cualquier información que exija su modificación (Wills y Sanders, 1997). Centrándonos en el caso de la depresión y la ansiedad, tenemos en la figura 3 una descripción resumida de la formulación cognitiva que ampliaremos en el apartado 4.2. Esto es, el terapeuta debe preguntarse varias cosas (en Blackburn y cols., 1990, p. 58; Freeman y Oster, 1997, p. 554): 1. ¿Cuál es el problema? ¿Cómo afecta al individuo? 2. ¿Por qué se encuentra el paciente deprimido, ansioso, o con pánico en este momento particular de su vida? 3. ¿Qué estresores están presentes? 4. ¿Cuáles son las características de personalidad más destacadas? 5. ¿Cuáles son las emociones principales? 6. ¿Cuáles son los principales temas que comunica el paciente? 7. ¿Cuáles son los principales temas, preocupaciones y experiencias del pasado? 8. ¿Es posible que el paciente responda a la terapia cognitiva? 9. ¿Cómo se está explicando la persona su problema? ¿Cuál es su modelo causal? 10. ¿Cómo produce la depresión la interacción entre las cogniciones, las conductas y los acontecimientos de la vida del individuo? 11. ¿Cómo llegó la persona a comportarse de la forma en que lo hace? 12. ¿Cómo explicaría esta hipótesis los acontecimientos actuales y los pasados? 13. Si la hipótesis es correcta, ¿qué sugiere en términos de intervención? Figura 3. Descripción esquemática de la formulación cognitiva (en Blackburn y cols., 1990, p. 59) 4.2. Formulación cognitiva del caso clínico Según Persons y Davidson (2001) la formulación del caso se refiere a hacer una teoría sobre un caso concreto. Conceptualización y formulación del caso son procesos altamente relacionados y que incluso se pueden dar por sinónimos en algunos contextos. Aunque en nuestra opinión, el modelo que está detrás de la formulación cognitiva de los casos clínicos, y que aquí exponemos, es más amplio, está más estructurado y acoge al proceso de conceptualización, por lo que lo ofrecemos como una estructura más, posible, a seguir que nos facilite desarrollar y seguir un proceso de tratamiento. Persons es una de las autoras en el contexto cognitivo que más se ha preocupado de desarrollar un proceso organizado para diseñar los casos clínicos. Su primer trabajo al respecto proviene de 1989 y ahí planteaba que el modelo de formulación del caso se da a dos niveles: dificultades manifiestas del paciente (como ánimo depresivo, ataques de pánico, pensamientos suicidas, etc.) y mecanismos psicológicos subyacentes (como déficits psicológicos que subyacen y causan las dificultades manifiestas, por ejemplo, alguna idea irracional, un esquema disfuncional, etc.) (Persons, 1989). Para Persons los pasos básicos eran 6, a los que había que añadir 2 iniciales pero no propiamente implicados en la formulación (tampoco se considera el plan de tratamiento una formulación propiamente dicha pero por su vinculación a los otros aspectos se ofrece como tal): a) información identificativa del paciente; y b) tener clara la queja principal. Estos primeros pasos eran (en Persons, 1989, p. 52): 1. Listado de problemas. 2. Mecanismo hipotetizado. 3. Relación entre el mecanismo y el problema. 4. Precipitantes de los problemas actuales. 5. Orígenes del problema central. 6. Plan de tratamiento. 7. Predicción de posibles obstáculos del tratamiento. Sin embargo, con el tiempo han ido perfilando todo ello, de manera que en el cuadro 3 nos aparece una reciente versión de ello. Como plantean Persons y Davidson (2001) la formulación del caso puede hacerse a tres niveles: 1. Del caso. 2. Del problema o síndrome: es decir, utilizar un modelo cognitivo concreto para entender un problema específico, como el insomnio o la depresión de un paciente. 3. De la situación: esto supondría una mini-formulación de las reacciones de un paciente en una situación concreta, por ejemplo, ayudándose con una técnica como la de la triple columna. Cuadro 3. Formulación del caso y plan de tratamiento (en Persons y Davidson, 2001, pp. 90-91) Nombre : _________________________________________________________________ Información identificativa: ________________________________________________ Listado de problemas: 1. ________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________ 2. ________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________ 3. ________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________ 4. ________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________ 5. ________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________ 6. ________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________ 7. ________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________ 8. ________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________ Diagnóstico Eje _______________________________________________________________________ Eje II: _____________________________________________________________________ Eje III: ____________________________________________________________________ Eje IV: ____________________________________________________________________ Eje V: _____________________________________________________________________ Hipótesis de trabajo Esquemas: (Sí mismo) __________________________________ (Otro) _______________________ (Mundo) ____________________________________ (Futuro) _____________________ Situaciones precipitantes/activadoras: _______________________________________ ___________________________________________________________________________ Orígenes: _________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________ Resumen de la hipótesis detrabajo: Posibilidades y activos del paciente: _______________________________________ Plan de tratamiento Metas (medidas sobre el progreso) 1. ________________________________________________________________________ 2. ________________________________________________________________________ 3. ________________________________________________________________________ 4. ________________________________________________________________________ Modalidad de tratamiento: _________________________________________________ Frecuencia: _______________________________________________________________ Intervenciones iniciales: ____________________________________________________ ___________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________ Terapias adyuvantes: _______________________________________________________ Obstáculos: _______________________________________________________________ ___________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________ En el primer caso, que es el que aquí vamos a desarrollar, el terapeuta plantea una conceptualización del caso por completo en la que se incluyan las hipótesis sobre lo que le pasa al paciente y los mejores modos de resolverlo, siguiendo un particular marco cognitivo. Este tipo de conceptualizaciones son muy útiles y se pueden hacer a partir de la tercera o cuarta sesión y facilitan extraordinariamente trabajar con un paciente, sobre todo cuando, como suele ser, los pacientes presentan múltiples problemas (Persons, 1992). Pasaremos a revisar los apartados principales contenidos en el cuadro 3 a partir de Persons y Davidson (2001) Obtener un listado de problemas sigue en gran medida lo recomendado en perspectivas conductuales, es decir, disponer (sobre todo desde la primera sesión) de un listado exhaustivo de los problemas y dificultades de un paciente, especificados en términos concretos, conductuales. Las áreas en las que las autoras recomiendan disponer de información son: síntomas psicológicos/psiquiátricos; interpersonal; ocupacional, médica, financiera, alojamiento, cuestiones legales y actividades de entretenimiento. La idea es hacer la lista lo suficientemente comprensiva, como para poder disponer de temas principales e hipotetizar relaciones causales para comenzar a desarrollar la hipótesis de trabajo (véase cuadro 3). Para hacer dicho listado se puede utilizar cualquier cuestionario o instrumento de entrevista del que se disponga o maneje habitualmente el terapeuta. Lo recomendable es que la lista llegue a alcanzar de 5 a 8 problemas y que cada problema esté claramente descrito con 2 ó 3 palabras, seguido de una breve descripción de sus componentes conductuales, cognitivos, o de estado de ánimo. La hipótesis de trabajo va a ser lógicamente el centro de la formulación. La hipótesis de trabajo describe la relación entre los problemas del listado anterior. Viene a suponer una pequeña teorización del caso adaptando un modelo cognitivo concreto a los aspectos específicos del caso clínico en el que se está trabajando. Las posibilidades y activos del paciente se refiere a si éste posee buenas habilidades sociales, recursos financieros, una buena red de apoyo social, es inteligente y atractivo, tiene un estilo de vida estable, tiene creencias religiosas, hace ejercicio, etc. Es decir, cualquier cosa que nos facilite desarrollar la hipótesis de trabajo o el plan de tratamiento. El plan de tratamiento, en un sentido estricto no forma parte de la formulación, sino que es consecuencia de ella. Por ejemplo, si un terapeuta hipotetiza que un paciente está deprimido a causa de un déficit en las habilidades de resolución de problemas, el plan de tratamiento incluirá el entrenamiento en dichas habilidades. Respecto a cada uno de los apartados que aparecen en el cuadro 3 en este bloque, los dos más importantes son las metas y los obstáculos. Las metas, se refieren no a cada uno de los problemas del listado (y podría parecer que se refiere a ello), sino a qué se quiere conseguir, de mutuo acuerdo, en la terapia. Las metas, por supuesto, serán revisables y renovables (véase al respecto el excelente trabajo de Korchin, 1976). Los obstáculos se refieren, finalmente, a que el terapeuta debe predecir cualquier aspecto de la vida o el contexto del paciente que puede dificultar la relación terapéutica u otros aspectos del tratamiento. 5. El curso de la terapia cognitiva: estructura de las sesiones Inicialmente la terapia cognitiva, al ser un modelo tan estructurado y focalizado en metas concretas, posee un número limitado de sesiones, entre 10 y 25 sesiones (dependiendo del modelo y del paciensesiones, entre 10 y 25 sesiones (dependiendo del modelo y del pacien 60 minutos. Sin embargo, este número limitado de sesiones es factible con pacientes que presentan problemas que caen dentro del Eje I del DSM. Para pacientes con problemas en el Eje II, hay que plantear un proceso cognitivo de varios años, también con sesiones semanales (véase, por ejemplo, capítulo 8). Por lo general, los períodos de seguimiento son los habituales, es decir: al mes, a los tres meses, a los seis meses y al año. Para poder cumplir las metas cognitivas de tendencia breve de intervención, foco en problemas, etc. las sesiones de terapia deben poseer un cierto nivel de estructuración. Más o menos, de los 60 minutos de una sesión terapéutica, emplearemos el tiempo de la siguiente manera orientativa: 1. Los primeros cinco minutos los dedicaríamos a recabar información sobre lo que le ha pasado al paciente entre sesión y sesión. 2. Los siguientes diez minutos se dedican a repasar la tarea traída por el paciente y establecer la agenda de la sesión. 3. Los siguientes 30-35 minutos se dedican a trabajar con el problema o problemas que se hayan establecido en la agenda, empleando para ello las técnicas elegidas. 4. Los restantes diez minutos de la sesión se dedican a revisar lo obtenido en la sesión, ofrecer y recabar feedback, plantear la tarea para la próxima sesión, posibles dudas u obstáculos a la tarea, etc. A niveles de contenido, podemos distinguir entre la estructura de la primera sesión, y la estructura de sesiones posteriores. Existen muchos textos en donde se expone esta cuestión y se describen procesos de tratamiento cognitivo en diversos trastornos, desde el clásico de Beck y cols. (1979) o los de Freeman y cols. (1989), Scott y cols. (1989), Freeman y Dattilio (1992) a otros más actuales como el muy detallado de Leahy y Holland (2000) o el de Greenberger y Padesky (1995) para pacientes, pero muy útil para el terapeuta neófito. Nosotros emplearemos, en primer lugar, la esquematización que realiza Fennell (1989) en el contexto de la terapia cognitiva de Beck y para el tratamiento de la depresión. Lógicamente, ninguno de los esquemas propuestos se deben seguir rígidamente, al margen de las necesidades de cada paciente en concreto. A) Estructura de la entrevista inicial: Una buena entrevista inicial debe cumplir con los siguientes objetivos y metas: 1) Evaluación de las dificultades actuales del paciente: esto es, prestar atención a aspectos tales como: a) los síntomas; b) problemas vitales del paciente; c) pensamientos negativos asociados; d) inicio/desarrollo/contexto de la depresión; e) medir el nivel de desesperanza y la concurrencia de pensamientos suicidas; y f) lograr un acuerdo en el listado de problemas principales (véase al respecto apartado anterior). 2) Definición de metas. 3) Presentación de la base del tratamiento lo que supone despejar dudas y comentar aspectos diversos como: a) detalles prácticos (horarios, honorarios, localización del terapeuta, etc.); b) exponer el círculo vicioso entre pensamientos negativos y depresión; c) posibilidades de cambio. 4) Inicio del tratamiento: se compone de dos apartados. En el primero, de metas específicas, se selecciona la primera meta del tratamiento y seacuerda la tarea. En el segundo, el de metas generales, se busca que el paciente comience a familiarizarse con el estilo de la terapia. En definitiva, estas sesiones buscan establecer una buena comunicación entre paciente y terapeuta, fomentar que no prometer un resultado concreto, la esperanza del paciente en el tratamiento, ofrecer al paciente una comprensión preliminar del modelo cognitivo sobre los trastornos emocionales, e ir obteniendo un acuerdo de trabajo para comprobarlo en la práctica. B) Respecto a las sesiones posteriores (a partir de Fennell, 1989; Blackburn y cols., 1990) estas deben constar de los siguientes aspectos: 1. Revisar, de forma general, el estado del paciente lo que facilitará el establecimiento de la agenda. 2. Establecer la agenda para la sesión. En la agenda está implícito que cada sesión dura 1 hora y que se deben tratar los siguientes contenidos: a) El paciente debe dar su opinión sobre la pasada sesión: cómo se sintió, si ha recordado parte de lo tratado y esto le ha sido útil y por qué, etc. b) Se revisa la tarea realizada y se comprueba el resultado que le ha dado al paciente, si ha tenido dificultades y de qué tipo, qué cosas ha aprendido, etc. c) Establecer los problemas meta de esa sesión que lógicamente saldrán del listado de problemas ya propuesto y consensuado, en cuanto a metas a corto y a largo plazo. 3. Meta(s) de la sesión. Para cumplir con las metas de la sesión hay que: a) Definir el problema objeto de tratamiento. b) Identificar los pensamientos negativos asociados. c) Intentar dar respuesta a los pensamientos negativos mediante las técnicas cognitivas. d) Evaluar el efecto, o consecuencia, en el pensamiento o creencia negativa. e) Estimar cómo se puede poner en práctica la nueva alternativa al pensamiento. 4. El tema/s principales de la sesión debe abordarse en función de estrategias específicas, problemas específicos y problemas a largo plazo, para lo cual es útil hacer una lista en orden de prioridad. 5. Tarea: Hacer tarea es uno de los elementos más característicos de la terapia cognitiva y supone varias cosas, entre ellas: a) Preguntarse, en primer lugar, si es necesario hacerla y cuál es la base para ella. b) En el caso de que se decida hacerla se debe asignar teniendo en cuenta las metas relevantes de la sesión y del tratamiento. c) Hay que justificar y explicar claramente la necesidad y el por qué de la tarea elegida en concreto. e) Buscar posibles dificultades, contratiempos, obstáculos, dudas, predicciones sobre su resultado, etc. f) Si es necesario, se puede hacer un breve ensayo de la tarea propuesta. 6. Dar y buscar feedback sobre la sesión, que se centra fundamentalmente en ver si el paciente ha comprendido lo debatido o tratado en sesión y cuál es su reacción a lo que se ha hecho o cómo se ha sentido. También debe estar claro si algo de lo que se ha tratado molesta o preocupa al paciente. Dado que se busca la opinión del paciente puede surgir algún tema importante, que se acuerda tratarlo en la próxima sesión. Para terminar este apartado expondremos, brevemente, algunos de los elementos básicos del tratamiento en el caso de la ansiedad, aunque esa estructura anterior es fácilmente generalizable al tratamiento cognitivo de diversos trastornos. En el caso de la ansiedad, es conveniente (Freeman y Simon, 1989): 1. Iniciar y construir una buena base relacional y una buena relación terapéutica. 2. Evaluar el problema en relación a: niveles de contenido cognitivo, factores de personalidad, constelación de síntomas, factores de vulnerabilidad, etc. 3. Introducir y presentar el modelo cognitivo: es decir, al igual que en los otros trastornos, el paciente debe comprender, antes de comenzar el tratamiento, la base de la terapia cognitiva y cómo se va a enfocar su problema. 4. Explicar y minimizar la sensación de catástrofe que acompaña a los síntomas de ansiedad. Esta cuestión es importante, sobre todo para implicar al paciente en una intervención de tipo psicológico. 5. Emplear técnicas cognitivas y conductuales para mejorar el estrés (véase capítulo 4 sobre el modelo de Beck). Técnicas cognitivas como, por ejemplo: cuestionar la evidencia de los pensamientos, reatribución, búsqueda de alternativas, identificar las distorsiones cognitivas, distracción, detención de pensamientos, etc. Y técnicas conductuales como, por ejemplo: programación de actividades, dominio y satisfacción, entrenamiento en habilidades sociales y asertividad, tareas graduadas, exposición en vivo, relajación, etc. 6. Practicar habilidades adaptativas, dentro y fuera de las sesiones. 7. Prevención de recaídas. La idea básica es aumentar el nivel de eficacia del paciente, provocando, por ejemplo, situaciones en sesión, donde el paciente pueda practicar, en vivo o en imaginación, las habilidades aprendidas. En la prevención de las recaídas ayuda que el paciente comprenda que la ansiedad le acompañará en mayor o menor medida a lo largo de toda la vida. 8. Terminación. La terminación en la terapia cognitiva comienza en la primera sesión. Esa tendencia a la intervención breve, y ese nivel de estructuración y organización del tiempo, facilita que la terapia cognitiva sea breve y con un final más o menos delimitado. 9. Seguimiento y práctica. Los seguimientos aconsejados suelen ser los habituales en estos contextos. Es decir, ir espaciando las sesiones cada 15 días, al mes, y con seguimientos a los tres meses, y a los seis meses. De todos los apartados de los que consta una sesión típica de terapia cognitiva, uno de los más relevantes es el de la tarea. En ello entramos a continuación. 6. El curso de la terapia cognitiva: las tareas terapéuticas Al igual que con cualquier otro elemento del tratamiento la tarea prescrita en terapia cognitiva debe ajustarse siempre al tipo de paciente, a su contexto, a su nivel de deterioro o malestar, etc. La tarea es tan importante, que incluso se ha llegado a predecir éxito en el tratamiento cognitivo en función de la respuesta a esa tarea (Fennell y Teasdale, 1987; Persons, Burns y Perloff, 1989). Los tipos de tareas que puede hacer un paciente son muy diversas, y con diverso grado de dificultad. Así, podemos tener tareas tan importantes como el registro de pensamientos, tareas que forman parte de una programación de actividades, o tareas en donde el paciente debe, por sí mismo, modificar un pensamiento negativo, o tareas aparentemente más sencillas, como por ejemplo, recabar determinada información (por ejemplo, sobre los mecanismos que causan la ansiedad o la sintomatología de ésta). El nivel de estructuración de las tareas también es diverso. Por ejemplo, la tarea de registro de pensamientos que aparece en la mayor parte de los modelos cognitivos de este volumen consta de varias columnas (véase, por ejemplo, capítulo 4), en donde el paciente debe anotar los pensamientos negativos automáticos, que le surgen en determinadas situaciones, junto a las emociones que todo ello le suscita. En nuestra experiencia este grado de estructuración (que también intentamos mantener en la terapia lingüística de evaluación, véase capítulo 6) debe modificarse con cierta frecuencia, dejando que el paciente anote lo que pasa por su cabeza en forma de diario y no de un registro estructurado. Lo importante, lógicamente, es hacer la tarea y no el formato, puesto que con las tareas en terapia cognitiva se pretende: 1. Que el paciente haga llegar al terapeuta su estado cognitivo-emocional a lo largo de la semana y que aprenda a relacionar pensamientos-emociones y conductas. 2. Comprobar su capacidad de introspección, básica para poder hacer terapia cognitiva, como ya se ha comentado. 3. Comprobar su motivación y adherencia al tratamiento. 4. Disponer de un “banco de datos cognitivos” para poder tener temas sobre los que tratar. 5. Comprobar sus progresos, estancamientos o retrocesos en la consecución de las metas terapéuticas previstas. 6. Preparar a los pacientes para ser sus propios terapeutas. Por este motivo, los terapeutas cognitivos se han preocupadode estudiar los problemas con la tarea desde distintas perspectivas. La primera cuestión que hay que tener en cuenta es que prescribir una tarea no es decirle al paciente lo que debe hacer. Para un terapeuta puede estar muy claro lo siguiente: “cada vez que te encuentres mal, quiero que anotes todo lo que pasa por tu cabeza”, pero esto (aparentemente sencillo) no estar claro para el paciente. En el cuadro 4, tenemos las recomendaciones de Shelton y Levy (1981) sobre cómo debe ser el formato de una tarea prescrita a un paciente. Sobre todo hasta que el paciente se familiariza con ella. Como vemos la especificación y la concreción deben ser máximas. Este aspecto, por otra parte, es uno de los que relacionan a la terapia de conducta con la terapia cognitiva (Beck, 1970a; Bedrosian y Beck, 1980). Cuadro 4. El formato de la tarea debe incluir una o más de las siguientes instrucciones (adaptada de Shelton y Levy, 1981) * Un enunciado que especifique lo que se debe hacer : “Lee, practica, observa, apunta, haz, cuenta... algún tipo de tarea” * Un enunciado que especifique la cantidad : “Habla dos veces sobre..., emplea 30 minutos 3 veces al día...; escribe una lista de al menos 10...” * Un enunciado que aconseje el registro : “Cuente y registre el número de halagos; de pensamiento, etc.; cada vez que hace algo bien márquelo en la gráfica” * Un enunciado que recuerde el llevar algo : “Lleve su lista, el registro, las tarjetas, a su esposa... a su próxima cita” Para prescribir tareas en terapia cognitiva debemos cumplir con los siguientes requisitos (Beck, Emery y Greenberg, 1985; Dattilio y Freeman, 2000; Dawson, 1991; Leahy, 2001): 1. Jerarquización. Para que el paciente aprenda a hacer la tarea debemos planificarla cuidadosamente, lo que supone por regla general, comenzar por tareas de menor dificultad para ir incrementando su dificultad y asignarla de forma clara. Por ejemplo, qué se debe hacer, con qué frecuencia, intensidad, en qué situaciones, etc. 2. Conexión. Por el hecho de que la terapia cognitiva emplea la tarea como algo muy destacado, no se deben prescribir tareas que carezcan de una conexión lógica, manifiesta, con lo tratado en la sesión y con las metas que se están intentando conseguir. 3. Practicar la tarea en sesión. Aquí se puede utilizar el modelo o el ensayo comportamental y facilitar el aprendizaje, mediante métodos escritos, visuales o auditivos (por ejemplo, grabar conversaciones entre paciente y terapeuta en donde se practique una conducta determinada). 4. Explicar la base de la tarea al paciente. El paciente debe tener claro, por qué se está haciendo o se debe hacer esa tarea. Una de las cuestiones clave para que el paciente entienda los motivos para hacer tarea es que con sólo una sesión, de una hora, por semana no hay suficiente para conseguir las mejoras y aún menos para hacerlo en un plazo breve de tiempo. Otro importante motivo es la necesidad de generalización de lo aprendido a la mayor cantidad de situaciones y de áreas relevantes para el paciente. En este sentido, es conveniente pedirle al paciente que dé feedback al terapeuta para ver si ha entendido claramente estas explicaciones. 5. Explicar y practicar en sesión cómo debe hacer la tarea el paciente. Es útil que el paciente salga de la sesión con ejemplos concretos, ya anotados o discutidos en sesión, del tipo de tarea que debe hacer. Por ejemplo, el terapeuta le puede pedir al paciente que complete una hoja de registro de actividades en sesión, y examinar conjuntamente los problemas que le pueden surgir al hacerlo. 6. Buscar feedback del paciente en relación a sus posibles sentimientos de ambivalencia o incertidumbre al hacer la tarea. Esta cuestión tiene que ver con la sensación de desesperanza común a muchos pacientes, sobre todo depresivos, y con la aparición de una serie de dudas e ideas negativas que interfieren con su realización. La idea para resolver esto es tratar estos problemas al igual que se trataría cualquier otra idea de tipo negativo, o bien con técnicas cognitivas, técnicas conductuales o, por ejemplo, con información correctiva. 7. Buscar ayuda. El paciente tiene que recordar que no está solo y si lo necesita puede demandar de familiares, amigos, profesionales, etc. ayuda para hacer sus tareas. 6.1. Motivos por los que no se hace tarea En principio, en este apartado nos estamos refiriendo a pacientes sin diagnóstico de trastorno de la personalidad. Así Young (1990, véase capítulo 8) señala que con este tipo de pacientes, el estilo terapéutico de la terapia cognitiva clásica, basado en la intervención breve, en un procedimiento muy estructurado y en hacer tarea, no se puede seguir igual que con pacientes, por ejemplo, con un trastorno depresivo o de ansiedad. Cuadro 5. Algunas de las dificultades más comunes con la tarea en la terapia cognitiva (Young y Beck, 1982) PROBLEMA SOLUCIÓN No entender la tarea Pensar: “Yo soy un desastre y no puedo hacer eso” Pensar: “Mi problema es muy complejo para ser resuelto así” Pensar: “Puedo mejorar igual de rápido sin hacerla” Al paciente le desagrada que le prescriban lo que debe hacer Miedo a hacerla mal Repasarla Cambiarla Empezarla en sesión Buscar ejemplos que avalen lo contrario: * Y si te pagaran que harías * Programarla * Montar un procedimiento de premios y castigos Hacer experimentos para comprobarlo Lograr expectativas realistas Hacer un experimento Darle libertad para: * Elegir entre varias tareas * Diseñarla el mismo * Observar las consecuencias de no hacerla Explorar el significado de hacerla El paciente debe entender que cualquier nivel de logro es válido Es difícil sintetizar los motivos por los que un paciente no hace tarea (véase cuadro 5), siempre y cuando tengamos en cuenta que el terapeuta no se ha equivocado al plantearla. Por ejemplo, Ellis (1985a) asocia la resistencia ante la tarea a ideas irracionales, baja tolerancia a la frustración, expectativas poco realistas, etc. Burns (1989) identifica como razones para no hacer tarea, por ejemplo, perfeccionismo, necesidad de aprobación, asumir una explicación médica sobre los problemas, etc. Tal y como acabamos de comentar, por regla general, cualquier motivo por el que el paciente no haga tarea se trata en terapia cognitiva como un “síntoma cognitivo” más. Por ejemplo, Leahy y Holland (2000) recomiendan que un paciente depresivo que no hace tarea se haga las siguientes preguntas, tratando sus ideas negativas (que le llevan a no hacer tarea) como un pensamiento automático más: 1. ¿Cuáles son los costos y beneficios de hacer la tarea? 2. ¿Cuál es la mejor alternativa? 3. ¿Cuál es la evidencia a favor o en contra de que la tarea no va a funcionar? 4. ¿Qué tipo de tarea te autoasignarías? 5. ¿Qué recomendarías a un amigo en tu misma situación? 6. ¿En qué medida se parece tu pesimismo al hacer tarea a tus pensamientos sobre la posibilidad de mejorar? 7. ¿Qué motivos tienes para pensar que el terapeuta pensará mal de tí si no haces la tarea de una forma concreta? 8. ¿Estarías dispuesto a hacer un pequeño experimento con la tarea? 7. Formación de los terapeutas cognitivos Uno de los aspectos que más preocupa a los terapeutas cognitivos es la formación de los terapeutas en el modelo. Pero previo a la formación en terapia cognitiva, el terapeuta debe ser un profesional que sepa manejar la dinámica clínica y la dinámica de la relación terapéutica, así como establecer límites éticos. De forma general, podemos asumir que los terapeutas deben poseer habilidades cognitivas, motoras y fisiológicas/ afectivas (Buela-Casal y cols., 2001), así como saber resolver situaciones problemáticas que se le presenten (Fernández y Rodríguez, 2002; Ruiz y Villalobos, 1994). Los listados sobre habilidades de los terapeutas (por ejemplo, Garfield, 1995) pueden llegar a deprimir a cualquiera. Desde empatía, honestidad, un cierto nivel intelectual, a no hacer falsas promesas, representar honestamente sus posibilidades, o tener claras sus motivaciones (Guy, 1987) elmarco de formación del terapeuta cognitivo no puede, ni debe alejarse de las definiciones y requisitos al uso sobre la práctica profesional adecuada. De ahí que la supervisión en terapia cognitiva se señale como un tema importante, sobre todo en el contexto de la terapia cognitiva de Beck y de la terapia racional-emotivo-conductual de Ellis. En el cuadro 6 tenemos, por ejemplo, cuáles serían las habilidades deseables en un terapeuta cognitivo. A pesar de la importancia que se le debe dar al tema, la literatura sobre la supervisión y la formación de los terapeutas cognitivos no es muy amplia (Baringoltz, 1997; Liese y Alford, 1998; Perris, 1994; Villegas y Torres, 1997). No obstante, el tipo de supervisión que se ofrece corre paralelo al mismo nivel de estructuración de la terapia cognitiva. La supervisión puede darse ante el informe verbal, o ante sesiones grabadas, o bien de forma individual o en grupo. Cuadro 6. Habilidades para practicar la terapia cognitiva (Blackburn y cols., 1990) HABILIDADES GENERALES HABILIDADES ESPECÍFICAS 1. Conocimiento del síndrome clínico: fenomenología, gravedad, etc. 2. Habilidades de entrevista: evaluación de tendencias suicidas, síntomas psicóticos, etc. 3. Habilidades terapéuticas generales: empatía, congruencia, ofrecer una relación de apoyo, etc. 1. Conocimiento del modelo cognitivo 2. Estilo del terapeuta cognitivo: * Colaboración * “Amabilidad” * Habilidades de escucha * Maneras profesionales * Flexibilidad * Humor 3. Entrenamiento: Escalas de terapia cognitiva; supervisión en los Centros de Terapia Cognitiva El intento más claro de sistematizar la formación en terapia cognitiva se ha producido dentro del modelo de Beck y mediante la Escala de Terapia Cognitiva desarrollada por Young y Beck (1980). En el cuadro 7 tenemos los principales ítems de los que se compone la escala. Cuadro 7. Principales apartados de la Escala de Terapia Cognitiva (Young y Beck, 1980) I. HABILIDADES TERAPÉUTICAS GENERALES * Establecimiento de la agenda * Ofrecer feedback * Grado de comprensión del terapeuta * Efectividad interpersonal del terapeuta * Colaboración entre paciente y terapeuta * Uso eficiente del tiempo y estructura de la sesión II. CONCEPTUALIZACIÓN, ESTRATEGIA Y TÉCNICA * Empleo del descubrimiento guiado * Trabajo con las cogniciones y conductas centrales * Estrategias para el cambio (selección de las técnicas) * Aplicación correcta de técnicas cognitivo-conductuales * Tarea La Escala facilita no sólo supervisar a los terapeutas en formación, sino que es una guía para cualquier terapeuta cognitivo sobre su nivel de eficacia en sus sesiones de terapia, e incluso llega a utilizarse para seleccionar (evaluando sus sesiones) qué terapeutas son buenos candidatos para ser formados en terapia cognitiva (Shaw y Wilson-Smith, 1988). La Escala se utiliza, por lo general, en el marco de formación de los diversos Institutos de Terapia Cognitiva, y requiere la grabación de las sesiones y la escucha activa del terapeuta que debe evaluarse y ofrecer y trabajar su evaluación con su supervisor. Por otro lado, el modelo de supervisión de Perris (1994, p. 88) recomienda al terapeuta, lo siguiente: 1. Ser capaz de alcanzar, lo antes posible, una conceptualización de los problemas del paciente que tenga en cuenta la interacción entre las cogniciones disfuncionales, las emociones y la conducta y señalar la identificación de “estructuras de significado” más básicas. 2. Ser capaz de establecer una sólida relación terapéutica fomentando una experiencia de seguridad en el paciente y el fomento de la motivación. 3. Ser capaz de definir, de forma explícita, las metas que se deben lograr y ceñirse a dicha definición. 4. Ser capaz de seleccionar y aplicar en el momento preciso las técnicas que mejor van a facilitar conseguir las metas. 5. Ser capaz de decidir que indicadores le pueden decir que se están consiguiendo las metas, es decir, ser capaz de evaluar críticamente los resultados de la terapia. 6. Ser capaz de reconocer y evaluar las reacciones interpersonales que aparecen durante las sesiones terapéuticas y entender cómo debe manejarlas. 8. Conclusión En este capítulo nos hemos centrado en uno de los rasgos más destacados de la terapia cognitiva: su estructuración, que en forma de manuales, procedimientos a seguir, tipo de formación de los terapeutas y requisitos a cumplir sesión a sesión, etc. hace de las terapias cognitivas, sobre todo de los modelos de reestructuración y de los cognitivo-comportamentales, unos modelos atractivos para aquellos que quieren iniciar su formación en ellos, y para aquellos que quieren continuar formándose. Quizás podría señalarse que esta característica de establecer el proceso a seguir no es extensible a los modelos de tipo constructivista. Realmente, son varios los autores cognitivos constructivistas que señalan procesos terapéuticos notablemente diferentes de los esbozados en los modelos cognitivos de tipo “modernista”, por ejemplo, Mahoney y Oyler (1997). Sin embargo, existen modelos y enfoques construccionistas que plantean una clara estructuración y fases por las que paciente y terapeuta deben pasar, aunque en el contexto de una relación terapéutica y una conceptualización de los problemas clínicos muy diferente. Nos referimos a modelos como la psicoterapia cognitivo narrativa de Gonçalves (1994, 1997; Gonçalves y Rosas, 2003) que articula el proceso de desarrollar una metáfora alternativa, sobre la base de 5 fases de tratamiento o nos referimos al modelo de Guidano (1991; Balbi, 1997) que consta de 3 fases bien estructuradas encaminadas a lograr que el paciente se auto-observe y logre un patrón de comunicación coherente y consistente entre el Yo y el Mí (Guidano, 1997). En definitiva, nos encontramos con un modelo de tratamiento eficaz, sólidamente asentado, preocupado por explicar cómo debe llevarse a cabo, y sobre todo preocupado por “certificar” a sus terapeutas. Lamentablemente, en nuestra opinión, esta descripción del proceso a seguir en terapia cognitiva se ha quedado (en el marco cognitivo) a niveles formales, es decir, cómo debemos proceder sesión a sesión, y debería haber sido complementada con investigaciones de procesos ya que han sido muy escasos los estudios donde se encontraran o buscaran aquellos mecanismos del cambio que operan en la eficacia del modelo cognitivo, tal y como planteábamos en el capítulo 1, en el apartado dedicado a las críticas al modelo cognitivo. Sin embargo, las ventajas de este estilo de trabajo no pueden ni deben ser obscurecidas, por los numerosos aspectos que todavía quedan por estudiar dentro del modelo cognitivo. EJERCICIOS PRÁCTICOS 1. Siguiendo los pasos que aparecen en el cuadro 3, realice la formulación del caso y plan de tratamiento en el caso 1. También puede utilizar para hacer la formulación cognitiva, sus respuestas a los doce puntos que aparecen al final del apartado 4.1. 2. Siguiendo los pasos que aparecen en el cuadro 3, realice la formulación del caso y plan de tratamiento en el caso 2. También puede utilizar para hacer la formulación cognitiva, sus respuestas a los doce puntos que aparecen al final del apartado 4.1. 3. Diseñe las siguientes tareas: A. Registro de pensamientos para el caso 1. B. Registro de pensamientos para el caso 2. 4. ¿Cómo le explicaría su problema, desde el punto de vista cognitivo, a la paciente del caso 1? Para ello puede seguir las guías que aparecen en el apartado 4.1. 5. ¿Cómo le explicaría su problema, desde el punto de vista cognitivo, a la paciente del caso 2? Para ello puede seguir las guías que aparecen en el apartado 4.1. 6. Diseñe la agenda de tratamiento orientativa de las sesiones, entre la 1ª y la 5ª, para la paciente del caso 1. 7. Diseñe la agenda de tratamiento orientativa de las sesiones, entre la 6ª y la 12ª, para la paciente del caso 1. 8. Diseñe la agenda de tratamiento orientativa de las sesiones, entre la 13ª y la 20ª, para la paciente del caso 1. 9. Diseñe la agenda de tratamiento orientativa de las sesiones, entre la21ª y la 24ª, para la paciente del caso 1. CUESTIONARIO DE AUTOEVALUACIÓN 1. Respecto a la psicoterapia podemos afirmar que ésta: A. Tiene reglas fijas y universales B. Depende del sistema de creencias y de la teoría asumida C. Hay métodos de tratamiento mejores que otros 2. El modelo de supervisión de terapeutas cognitivos de Perris (1994) aconseja: A. Evaluar de forma independiente cogniciones, emociones y conductas B. Definir de forma implícita las metas C. Fomentar la seguridad y la motivación del paciente 3. Cómo podemos comprobar la capacidad de introspección de un paciente: A. Mediante tareas B. Teniendo en cuenta su nivel cultural C. Mediante algún test al respecto 4. Las metas de una sesión de terapia cognitiva se refieren a: A. Qué se quiere conseguir de mutuo acuerdo B. Los problemas especificados en el listado C. Lo que se ha conseguido al final del tratamiento 5. ¿Cuál de los siguientes aspectos está en el centro de la formulación cognitiva de un caso?: A. El plan de tratamiento B. La evaluación cognitiva C. La hipótesis de trabajo 6. Es un requisito importante para poder hacer terapia cognitiva con un paciente el que éste: A. Pueda mantener un cierto grado de independencia frente al terapeuta B. Tenga problemas graves C. Comprenda la fundamentación de la terapia cognitiva 7. Es una característica básica del modelo cognitivo estándar para trastornos del Eje I del DSM: A. Seguir el método científico B. Diseñar el plan de tratamiento sin prefijar metas C. Utilizar un enfoque histórico 8. Entre las habilidades específicas para practicar la terapia cognitiva se encuentra: A. Empatía B. Flexibilidad C. Habilidades de entrevista 9. Para poder desarrollar estrategias y elegir las técnicas del tratamiento necesitamos, según Moorey (1996): A. Una buena agenda B. Una buena conceptualización C. Un buen listado de problemas 10. Una de las indicaciones más claras de la terapia cognitiva se encuentra para el tratamiento de pacientes: A. En régimen ambulatorio B. Con un retraso grave C. Baja competencia aprendida 11. ¿Cuál sería la media de tratamiento cognitivo, para un caso de depresión?: A. 10 sesiones B. 15 sesiones C. 20 sesiones 12. Una de las contraindicaciones más claras de la terapia cognitiva se encuentra en el tratamiento de pacientes: A. Con trastorno unipolar B. Con síntomas endógenos C. Con trastorno bipolar 13. En una sesión terapéutica típica, en la que hayamos repartido adecuadamente el tiempo de 60 minutos, de cuánto tiempo disponemos para trabajar con el problema principal del paciente: A. De 30 a 35 minutos B. Los 60 minutos de la sesión C. De 45 a 50 minutos 14. Entre los factores cognitivos mediacionales tenemos: A. Los esquemas B. La triada cognitiva C. Los estresores 15. ¿Qué es lo primero que debe preguntarse un terapeuta a la hora de diseñar una tarea?: A. Las metas a cumplir B. Las dificultades y obstáculos a salvar C. Preguntarse si es necesario hacerla 16. ¿Qué se debe hacer si un paciente no entiende una tarea?: A. Cambiarla B. Darle libertad para elegir entre varias C. Repasarla 17. Si un paciente tiene miedo a hacer mal una tarea qué se debe hacer: A. Cambiarla B. Explorar el significado de hacerla C. Lograr expectativas realistas 18. La terapia cognitiva estándar representa un modelo en el que se favorece: A. Aprender a aprender B. Un formato libre de tratamiento C. Un alto nivel de complejidad y elaboración 19. Uno de los elementos que valora la Escala de Terapia Cognitiva de Young y Beck en el bloque de “conceptualización, estrategia y técnica” se refiere: A. Al uso eficiente del tiempo B. El establecimiento de la agenda C. El empleo del descubrimiento guiado 20. Entre las ventajas de una buena conceptualización del caso clínico se encuentra: A. Reducir el número de sesiones B. Reaccionar adecuadamente ante los problemas del paciente C. Saber los motivos por los que un paciente acude a tratamiento 3 La terapia racional emotivo conductual de A. Ellis 1. Introducción El modelo de Ellis es la primera terapia cognitiva como tal y ha sufrido diversas evoluciones a lo largo de los años. En principio, y si comparamos la terapia cognitiva de Beck con la terapia racional emotivo conductual de Ellis podemos comprobar que los estudios en eficacia son menores (Ellis, 1997b; McGovern y Silverman, 1986), en el marco de Ellis que en el marco de Beck. No obstante la terapia de Ellis, en principio, y tal como plantea Bernard (1991) permite trabajar también con cualquier tipo de paciente y formato (véase, por ejemplo, Ellis y Grieger, 1986) y facilita o interacciona fácilmente con tratamientos de tipo farmacológico. En cuanto a la edad se aplica en una amplia variedad de edades y lo único que va a distinguir la aplicación según el grupo de edad va a ser el nivel de aplicación didáctica o el nivel de estructura de la terapia. Tal y como la definen Dryden y DiGiusseppe (1990) la terapia racional emotivo conductual sería un enfoque estructurado para la resolución de problemas emocionales en el cual el terapeuta adopta un acercamiento activo- directivo a la hora de ayudar a los clientes a resolver sus problemas. La terapia es de naturaleza multimodal, en el sentido de que el terapeuta utiliza y alienta a los clientes para que estos empleen una amplia variedad de técnicas cognitivas, en imaginación, conductuales, o emotivas y evocadoras que faciliten el cambio emocional. Los terapeutas racionales emotivos consideran que el núcleo central del cambio terapéutico lo logran los clientes en sus vidas cotidianas y no en lo que ocurre dentro de las sesiones de terapia. En este sentido, los terapeutas animan constantemente a sus clientes a que lleven a cabo tareas terapéuticas, diseñadas de forma individual, para poder poner en práctica aquello que han aprendido dentro de las sesiones de terapia. Hecha esta breve introducción pasaremos, a continuación, al apartado segundo en donde se expondrán los principales conceptos de la terapia racional emotivo conductual. 2. Principales conceptos de la terapia racional emotivo conductual Son numerosos los conceptos dentro de este modelo pero, básicamente, los podemos situar en tres apartados. Por una parte, las diferencias entre pensamiento racional e irracional y las consecuencias para nuestra salud mental. Por otra parte, el planteamiento A B C, y por otra parte la base biológica de la irracionalidad humana. Comenzaremos exponiendo los aspectos relacionados con el pensamiento racional o irracional. 2.1. El pensamiento racional e irracional Según Dryden y Ellis (2001) la teoría que está detrás de la terapia racional emotivo conductual concibe al ser humano como una persona compleja, como un organismo psico-social, con una fuerte tendencia a establecer e intentar conseguir una amplia variedad de metas y propósitos. Aunque los seres humanos diferimos mucho respecto a lo que nos lleva a, o nos produce, felicidad, la cuestión principal es que construimos y buscamos metas y valores mediante los cuales intentamos aportar un significado a nuestras vidas. Los seres humanos, entonces, se consideran seres humanos hedonistas en el sentido de que sus metas principales parecen estar relacionadas con la búsqueda de la felicidad y con permanecer vivos. En este sentido, debemos considerar que los seres humanos buscan satisfacer, tanto sus intereses personales, como sus intereses sociales. Estos dos objetivos, unidos indisolublemente, en opinión de Dryden y Ellis (2001), deben buscarse de forma activa y no de forma pasiva. En todo ello, el concepto de lo que es racional o irracional cobra una gran importancia. Para el modelo de Ellis lo racional significa aquello que es verdadero, lógico, pragmático, basado en la realidad, por tanto, y que facilita que la gente logre sus metas y propósitos. Fundamentalmente, se refiere, pues a dos cuestiones (Ellis, 1979a): 1) Establecer o elegir ciertos ideales, metas, valores y propósitos básicos. 2) Utilizar una forma eficiente, científica, lógico-empírica, de lograr esas metas y valores,evitando consecuencias contradictorias y perjudiciales. Por otro lado lo irracional va a ser aquello que es falso, ilógico, que no está basado en la realidad y que dificulta o impide que la gente logre sus metas y propósitos más básicos. Lo irracional es aquello que interfiere con nuestra supervivencia y felicidad (Ellis, 1976). La conducta irracional tendría, pues, los siguientes aspectos (Ellis, 1976): 1) El individuo cree, la mayoría de las veces de forma muy firme, que está ajustado a lo que es real o no. 2) Las personas que presentan una conducta irracional suelen rebajarse o no aceptarse a ellas mismas. 3) Interfiere con nuestro funcionamiento satisfactorio dentro de nuestros grupos de referencia. 4) Bloquea, de forma muy clara, lograr el tipo de relaciones interpersonales que nos gustaría tener. 5) Impide que trabajemos de forma madura y productiva. 6) Interfiere con nuestros mejores intereses en muchos campos. Finalmente, y esto es un aspecto importante para entender buena parte de la explicación del modelo de la TREC sobre los problemas emocionales, hay que tener en cuenta que lo racional, y también lo irracional, nunca se definen en la terapia racional emotivo conductual de forma absolutista, sino como aquello que impide el logro de metas definidas en función de los intereses y las situaciones y contextos dados de cada individuo. 2.2. El concepto del A B C El concepto del A B C es uno de los conceptos básicos del modelo de Ellis y se relaciona, indudablemente, con los principios del pensamiento racional e irracional que acabamos de ver y con los que veremos en los apartados siguientes. En principio, A se refiere a los hechos activadores mientras que B correspondería al bloque de pensamientos, creencias o evaluaciones de los pacientes y finalmente el bloque C serían las consecuencias emocionales y conductuales que tiene para nosotros pensar como lo hacemos ante determinados hechos activadores tal y como aparece en la figura 1. Ellis (1985b) amplió el nivel B, de creencias, para que este incluyera, fundamentalmente: 1) Observaciones y percepciones no evaluadoras (cogniciones frías). 2) Evaluaciones positivas y negativas preferenciales (cogniciones cálidas). 3) Exigencias y evaluaciones positivas y negativas de tipo absolutista (cogniciones calientes). En principio hay que hacer llegar al paciente de una forma sencilla (véase la figura 1) las implicaciones del modelo A B C. Una cuestión importante es no entender al modelo A B C, como que A, B y C representan compartimentos cerrados, sino como aspectos o apartados que están íntimamente relacionados entre sí. Cuando el paciente logra comprender la base sencilla del modelo A B C, tal y como aparece en la figura 1, se pasa a complicar aún más este esquema, tal y como nos aparece en la figura numero 2. Veamos las derivaciones de la presentación ampliada del A B C. En un principio, debemos partir de que el paciente comprende que en su vida hay hechos desagradables o activadores tanto en el pasado, como en el presente, o que estos pueden darse en el futuro. Estos hechos (que corresponderían al nivel A) pueden contemplarse de dos maneras: de forma racional o de forma irracional que corresponderían, como tenemos en la figura 2, al apartado B. Cada una de estas dos formas racionales o irracionales de entender o interpretar un hecho activador va a tener dos tipos de consecuencias. Estas consecuencias pueden ser emocionales y conductuales, como ya se ha dicho, y pueden ser negativas apropiadas o ligeras. En ese caso, las conductas serían bastante apropiadas, siempre y cuando nos movamos en el rango de la interpretación racional. Por otra parte, pueden tener consecuencias (si partimos de una interpretación o de una comprensión de tipo irracional) de tipo negativo inapropiado y fuerte y, por tanto, las conductas derivadas van a ser totalmente inapropiadas. Una vez que se ha expuesto esto al paciente, con ejemplos adecuados a su caso, debemos comprobar si lo ha entendido. La cuestión fundamental es que el paciente tiene que entender que en su interpretación de una situación puede tener dos posibilidades. Interpretarla de forma racional y de forma irracional, tal y como las flechas en el bloque B nos manifiestan. Sin embargo, esas flechas no se pueden dibujar para el bloque C, ya que uno no puede saltar o pasar de lo irracional a lo racional simplemente con decirlo. Por tanto, el cambio propuesto por el modelo de Ellis será pasar en el bloque B de lo irracional a lo racional, y esto precisamente es lo que el paciente tiene que entender. En consecuencia, las metas de la terapia siguiendo esta presentación del A B C se relacionarían con dos aspectos básicos (Dryden y DiGiusseppe, 1990). En primer lugar, que el paciente reconozca lo irracional y las consecuencias que para él tiene esta irracionalidad y, en segundo lugar, que intente cambiar lo irracional, convirtiéndolo en racional. Por tanto, la meta de la terapia racional emotivo conductual de Ellis va a ser lograr esta filosofía racional. 2.3. La filosofía racional y la filosofía irracional Tal y como la define Ellis en todos sus textos y desde sus primeros trabajos (por ejemplo, Ellis, 1962) la filosofía racional es una filosofía de las preferencias, de los deseos, frente a la filosofía irracional que sería una filosofía de los absolutos, las demandas o las exigencias, sobre como deben ser las cosas, nosotros mismos o comportarse los demás. En su estudio de la irracionalidad humana, Ellis se dio cuenta de que existían una serie de ideas irracionales básicas introducidas, en todos sus trabajos, y que vamos a exponer a continuación (tomadas de Ellis, 1958, 1980; Dryden y Ellis, 1987). Las marcadas con un asterisco, serían las principales ideas irracionales según Ellis (1973): 1. Es una necesidad extrema para el ser humano adulto el ser amado y aprobado por prácticamente cada persona significativa de su comunidad.* 2. Para considerarse a sí mismo valioso se debe ser muy competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa, en todos los aspectos posibles.* 3. Cierta clase de gente es vil, malvada e infame y deben ser seriamente culpabilizados y castigados por su maldad.* 4. Es tremendo y catastrófico el hecho de que las cosas no vayan por el camino que a uno le gustaría que fuesen.* 5. La desgracia humana se origina por causas externas y la gente tiene poca capacidad o ninguna de controlar sus penas y perturbaciones.* 6. Si algo es o puede ser peligroso o temible se deberá sentir terriblemente inquieto por ello, deberá pensar constantemente en la posibilidad que esto ocurra. 7. Es más fácil evitar, que afrontar ciertas responsabilidades y dificultades en la vida.* 8. Se debe depender de los demás y se necesita alguien más fuerte en quien confiar. 9. La historia pasada de uno es un determinante decisivo de la conducta actual y algo que ocurrió alguna vez y nos conmocionó debe seguir afectándonos indefinidamente.* 10. Uno deberá sentirse muy preocupado por los problemas y las perturbaciones de los demás. 11. Invariablemente existe una solución precisa, correcta y perfecta para los problemas humanos y que si esta solución perfecta no se encuentra sobreviene la catástrofe. 12. Es muy importante para nuestra existencia lo que las demás personas hacen, y debemos hacer muchos esfuerzos por lograr que vayan en la dirección que queramos. A pesar de disponer de estas ideas irracionales básicas, podemos considerar que dado que el pensamiento irracional se refiere a una visión absolutista y dogmática sobre la vida, los demás y uno mismo (la filosofía irracional), los pacientes van a expresarla de múltiples maneras. Por ello, y para simplificar la cuestión del pensamiento irracional, en la mayoría de los textos sobre la terapia racional emotiva conductual nos aparecen encuadradas estas ideas irracionales sobre la base de tres debos absolutistas o de tres tipos de demandas (Ellis, 1979a; Ellis, 1997b; Dryden y DiGiuseppe, 1990). El primer tipo de demanda se refiere a una demanda sobre elsí mismo. El segundo a demandas o exigencias sobre los otros y la tercera se refiere a exigencias sobre el mundo o las condiciones de vida. En relación a la exigencia sobre el sí mismo los pacientes asumen o pueden asumir lo siguiente: “estoy absolutamente obligado a hacerlo bien y a conseguir la aprobación de los demás o si no, yo soy, toda mi persona lo es, un inútil”. Este debo absolutista estaría detrás de enunciados como el siguiente, “debo hacerlo todo bien y ser aprobado por las personas significativas de mi alrededor y si no lo consigo es horrible”. Creencias de este tipo nos conducen, a menudo, a experimentar ansiedad, depresión, culpabilidad o vergüenza. El segundo debo absolutista se refiere a las exigencias sobre los otros. Por ejemplo, cuando un paciente piensa: los demás tienen que tratarme absolutamente de forma amable y justa o si no ellos son detestables. Creencias de este tipo se asocian con sentimientos de cólera y rabia así como con rasgos pasivo-agresivos y actos de violencia. El tercer debo absolutista se refiere a las exigencias sobre las condiciones o lo que debemos tener en nuestra vida, y se puede manifestar de la siguiente manera: las condiciones de mi vida deben ser absolutamente confortables y sin dolor ni sufrimiento o si no el mundo es tremendo y terrible y no puedo resistirlo. Tales creencias se asocian con sentimientos de pena y de estar heridos, así como, con problemas de disciplina, tales como dejar para mañana lo que tenemos que hacer hoy o con conductas adictivas (Dryden y DiGiuseppe, 1990). Uno de los aspectos en los que más ha insistido Ellis se refiere a la base biológica del pensamiento irracional. De hecho, Ellis (1976) incluso ha llegado a argumentar con más de trescientos ejemplos esta base biológica del pensamiento irracional. A continuación, veremos algunos de estos argumentos sobre la base biológica de la irracionalidad humana. 2.3.1. ¿Por qué somos irracionales los seres humanos? En primer lugar, se asume (en Dryden y Ellis, 2001) que virtualmente todos los seres humanos, incluyendo gente brillante y competente, manifiestan claras evidencias de algunas de las principales irracionalidades humanas. En segundo lugar, prácticamente todas las irracionalidades que nos crean algún tipo de trastorno, es decir, los debos absolutistas que se encuentran en nuestra sociedad, también se encuentran en la mayor parte de los grupos sociales y culturales estudiados, histórica y antropológicamente. En tercer lugar, buena parte de nuestras conductas irracionales, como dejar para mañana lo que tenemos que hacer hoy y la baja autodisciplina, van contra las enseñanzas de los padres, amigos o de los medios de comunicación. En cuarto lugar, los seres humanos, incluso los más brillantes y competentes adoptan, a menudo, otras irracionalidades después de haber logrado superar irracionalidades anteriores. En quinto lugar, personas que se han opuesto firmemente a diversos tipos de conductas irracionales caen, con frecuencia, en las mismas irracionalidades. Por ejemplo, los ateos y los agnósticos exhiben filosofías absolutistas y los individuos muy religiosos actúan de manera inmoral. En sexto lugar, el insight que podemos lograr sobre los pensamientos y las conductas irracionales nos ayuda, a menudo, a modificarlas sólo parcialmente. En séptimo lugar, los seres humanos recaen en sus hábitos irracionales o en sus patrones conductuales irracionales, aunque hayan trabajado duro por superarlos. En octavo lugar, para la gente es más fácil aprender hábitos autodestructivos que hábitos constructivos. Por ejemplo, parece más fácil, comer en exceso que seguir una dieta razonable para buena parte de la gente. En noveno lugar, los psicoterapeutas que se supone que deben ser buenos modelos de la racionalidad, actúan, con cierta frecuencia, de forma irracional en sus vidas personales y profesionales. En décimo y ultimo lugar, la gente se suele engañar a sí misma al creer que algunas experiencias, por ejemplo un divorcio, el estrés, o cualquier revés de la fortuna no les va a suceder a ellos. Los argumentos sobre la base biológica de la irracionalidad parecen abocarnos a un camino cerrado, desde el modelo de Ellis. Sin embargo, así como se ha asumido que tenemos esa tendencia hacia lo irracional, también Ellis ha asumido que los seres humanos tenemos una segunda e importante tendencia biológica: la posibilidad de elegir y la habilidad para identificar, desafiar y cambiar nuestro pensamiento irracional. De manera que aunque la tendencia a pensar de forma irracional pueda tener, en parte, un componente biológico muy fuerte no vamos a ser esclavos por completo de esa tendencia. Lo que se asume, entonces, en el modelo de la terapia racional emotivo conductual es que debemos trabajar de forma fuerte e insistente, y repetida, para intentar cambiar nuestras creencias irracionales. 2.4. Las distorsiones cognitivas Ellis, al igual que otros terapeutas cognitivos como Beck (véase al respecto el capítulo 4) asume que existen una serie de supuestos ilógicos o de distorsiones cognitivas. Estas nos aparecen en el cuadro numero 1. Existe una cierta cercanía entre las distorsiones cognitivas en los modelos de Beck y Ellis. Sin embargo, también existen notables diferencias. La primera de ellas, y tal y como podemos apreciar comparando el cuadro 1 con las principales distorsiones cognitivas que se ofrecen en el capítulo 4 sobre el modelo de Beck, se refiere a que estas distorsiones cognitivas, para Ellis, giran fundamentalmente alrededor de la tiranía de los debo o los debo y deberías que los pacientes asumen sobre las cosas. Esto significa que los pacientes deben ser expuestos a cada una de estas ideas o de estas distorsiones cognitivas, puesto que si no se hace o no se lleva a cabo esta exposición los pacientes van a seguir manteniéndolas y, con toda probabilidad, van a desarrollar nuevas ideas irracionales. En este sentido, y como ya hemos comentado, los terapeutas dentro de este modelo, animan a que sus clientes tengan o desarrollen deseos, preferencias, etc. fuertes, en lugar de sentimientos de abandono, rechazo, o carencia de implicación o relación con las cosas. Cuadro 1. Algunas de las principales distorsiones en el modelo de la terapia racional emotivo conductual (a partir de Dryden & Ellis, 2001, p. 304) Tipo Ejemplo Pensamiento todo o nada Saltar a conclusiones y non-sequiturs Adivinar el porvenir Descalificar lo positivo Totalidad y nunca Etiquetado y sobregeneralización Perfeccionismo “Si fracaso en una tarea importante, como no debo hacerlo, soy un fracaso total y nadie me puede apreciar” “Ya que me han visto fallar, y bajo ningún concepto debí hacerlo, me verán como un gusano incompetente” “Se burlan de mí por haber fracasado, pues saben que debía haber tenido un éxito total, por lo que me despreciarán para siempre” “Cuando me felicitan por algo bueno, sólo están siendo amables, olvidando las cosas locas que no debería haber hecho, de ninguna manera” “Ya que las condiciones de mi vida deben ser buenas y en la actualidad son tan malas e intolerables, siempre van a ser así, y nunca seré feliz” “Ya que no debo fracasar en un trabajo importante, y lo he hecho, soy un perdedor y un fracasado total ” “Me doy cuenta que lo he hecho bastante bien, pero debería haberlo hecho totalmente perfecto en una tarea como ésta, y por tanto, soy un incompetente total” Cuadro 2. Diferencias entre un planteamiento irracional y otro irracional (a partir de Dryden y DiGiuseppe, 1990) Conclusiones irracionales Horrorizarse : Los clientes expresan la creencia de que una situación es totalmente desastrosa, peor de lo que debía ser, de forma absoluta No soportantitis (baja tolerancia a la frustración): Tus clientes dirán que no pueden verse soportando una situación o siendo totalmente felices, si aquello que exigen no existe realmente Condenación : Tus clientes, pueden ser excesivamente críticos sobre ellos mismos, los otros, o las condiciones de vida Conclusionesracionales Evaluaciones moderadas de lo malo : Los clientes pueden concluir: “es malo, pero no terrible”, en lugar de, “es horrible” cuando están frente algún acontecimiento activador negativo Enunciados de tolerancia : Tus clientes expresarán puntos de vista tolerantes. Pueden decir, por ejemplo, “No me gusta, pero lo puedo soportar” Aceptación de la falibilidad : Tus clientes se aceptarán a ellos mismos y a los demás como seres humanos que fallan, y a los que no se les puede dar una estimación global, única. Aceptarán el mundo y las condiciones de vida como siendo complejas –compuestas de lo bueno, lo malo y elementos neutrales Pensamiento siempre o nunca : Tus clientes insistirán en los absolutos (i.e., de que siempre fracasarán o nunca serán aprobados por otras personas significativas) Pensamiento flexible relacionado con la ocurrencia de acontecimientos: Tus clientes evitarán pensar que algo siempre o, nunca, sucederá. Más bien, se darán cuenta de que la mayoría de los acontecimientos del universo se pueden poner en un continuo que vaya desde ocurrir de vez en cuando, hasta ocurrir con mucha frecuencia Pero hay una segunda cuestión importante que diferencia la formulación de las distorsiones cognitivas en el modelo de Beck y en el modelo de Ellis. Es decir, en el modelo de Ellis se puede tener una creencia poco realista o ilógica y, sin embargo, esta creencia puede no causarnos un trastorno de tipo emocional. Por ejemplo, una persona puede pensar que al fracasar con frecuencia, lo va a seguir haciendo en una situación concreta y en el futuro. Este pensamiento, que se supone que es ilógico, no traerá ningún tipo de consecuencia desagradable si en lugar de exigirnos no fracasar, concluimos de una forma más racional. Por ejemplo, nos decimos: “¡bueno, mala suerte, yo fracaso con cierta frecuencia. No existe ninguna razón por la que yo deba tener éxito. Me gustaría tener éxito, pero nunca lo voy a tener, o me va a ser difícil tenerlo. Voy a intentar ser lo más feliz posible, a pesar de mis fracasos continuos!”. Si este es el caso, el individuo no va a tener ningún tipo de trastorno emocional. Por tanto, en el cuadro 2 nos aparecen las diferencias de planteamiento y las consecuencias de asumir una filosofía racional frente a otra de tipo irracional. Para terminar pasaremos, brevemente, a exponer la teoría sobre el cambio que se plantea dentro del modelo de Ellis. 2.5. La teoría sobre el cambio racional-emotivo-conductual Si partimos, como se ha visto con anterioridad, de que no somos esclavos de esa tendencia a pensar de forma irracional podemos suponer que el cambio en la terapia racional emotivo conductual se relaciona con que el cliente sea capaz de internalizar tres insights principales (Dryden y DiGiusseppe, 1990). En primer lugar, que los acontecimientos pasados o presentes no causan trastornos emocionales y consecuencias conductuales desagradables sino que, más bien, es nuestro sistema de creencias sobre esos acontecimientos activadores el que nos suele crear nuestros sentimientos y conductas trastornadas. En segundo lugar, con independencia de lo que hayamos hecho para trastornarnos en el pasado, nos causamos problemas en el presente cuando seguimos adoctrinándonos con nuestras ideas irracionales. Y en tercer lugar, y dado que nos es más fácil y natural mantener y desarrollar esa tendencia a trastornarnos a nosotros mismos y puesto que parece que nos aferramos, fácilmente, a nuestros pensamientos autodevaluadores, sentimientos y acciones, sólo lograremos superar nuestro trastorno, a largo plazo, si trabajamos mucho y sin parar, disputando esas creencias irracionales y los efectos o consecuencias de asumir dichas creencias irracionales. En definitiva, los criterios para tener una salud psicológica adecuada se reducen a lograr las siguientes 13 cuestiones que nos ofrecen una buena idea de la filosofía que está detrás del modelo de Ellis (en Ellis y Bernard, 1985): 1. Interés por nosotros mismos. 2. Interés social. 3. Ser capaces de dirigirnos a nosotros mismos. 4. Alta tolerancia a la frustración. 5. Flexibilidad. 6. Aceptación de la incertidumbre. 7. Compromiso con logros creativos. 8. Pensamiento científico. 9. Aceptarnos a nosotros mismos. 10. Tomar riesgos cuando sea necesario. 11. Hedonismo a largo plazo. 12. No seguir utopías. 13. Ser responsables de nuestro propio trastorno emocional. 3. Formato, tipo de terapeutas y secuencia de tratamiento Podemos considerar que la terapia racional emotivo conductual es una terapia altamente directiva y didáctica que se aplica, como ya hemos comentado, prácticamente a cualquier tipo de paciente. Aunque, en principio y tal y como señaló Dryden (1987) la terapia racional emotivo conductual no se puede aplicar bien: 1) En pacientes psicóticos, aunque se puede hacer. 2) En pacientes con agendas ocultas o que tienen poca motivación, ya que eso los lleva, también, a manifestar rasgos de contracontrol. 3) En pacientes que sean incapaces de debatir. 4) Sobre todo, no se puede aplicar bien la terapia de Ellis con aquellos pacientes que rechazan el uso de la tarea, que es uno de los aspectos mas importantes, como veremos más adelante. 5) En pacientes que no se consideran responsables de sus ideas irracionales. 6) En aquellos pacientes que buscan un cambio fácil. 7) No se puede aplicar en aquellos pacientes que buscan cambios en el nivel A o de hechos activadores y, sin embargo, no quieren buscar cambios en el nivel B o nivel de creencias. El modelo es un modelo educativo pero que siempre se va a utilizar con importantes variaciones individuales. Dado ese nivel de directividad y de énfasis pedagógico consideramos necesario hacer una breve revisión del tipo de tareas que se prescriben en la TREC y de cuáles serían las características positivas o negativas que debe tener un terapeuta racional emotivo conductual. 3.1. La tarea en la terapia racional emotivo conductual Al ser una terapia cognitiva, activa, directiva y muy focalizada, el tema de la tarea en el modelo de Ellis es muy importante. Para elegir bien una tarea, ésta tiene que hacerse en función de las siguientes metas (Walen, DiGiuseppe y Wessler, 1980): 1. Intentar cambiar una conducta disfuncional o establecer una conducta adaptativa. 2. Reducir las cogniciones irracionales y reemplazarlas por otras más saludables y más beneficiosas para los pacientes. 3. Comprobar si los clientes han entendido adecuadamente los principios básicos del modelo. Para llevar a cabo estas metas es importante que las tareas para casa compartan cuatro importantes características. En primer lugar, consistencia, es decir la asignación de la tarea para casa va a estar muy relacionada o ser consistente con el trabajo que se haya realizado en la sesión y no se puede diseñar o mandar al cliente que haga algo irrelevante o arbitrario. Es decir, se debe diseñar una tarea que sea una continuación natural o lógica del tema específico que ya se ha tratado en una sesión. La segunda característica se refiere a la especificidad. Como en todas las tareas que se mandan a los pacientes dentro de los enfoques cognitivo y cognitivo comportamentales, las tareas deben prescribirse con un nivel suficiente de detalle y con instrucciones muy claras. Por ejemplo, si un cliente tiene que generar posibles soluciones a un dilema lo que no vamos a hacer es decirle de forma general: “piensa la mayor cantidad posible de soluciones que puedas”, en su lugar lo preferible será decirle: “piensa, al menos, en cinco posibles soluciones sobre cómo puedes resolver el reparto de funciones con tu compañero de trabajo”. La tercera característica es realizar un seguimiento sistemático. El terapeuta debe intentar ser muy sistemático a la hora de programar una determinada tarea para casa en una sesión y comprobar la recepción de esa tarea y como le ha ido al paciente en la próxima sesión. Tampoco debe asumir el terapeuta que con haber hecho una sola vez una tarea ésta ya va a quedar instaurada o que el paciente va a poder generalizarla aotras áreas. Lo adecuado es repetir la asignación de la tarea durante una serie suficiente de sesiones. La cuarta característica, consiste en intentar dar grandes pasos, es decir, el modelo racional emotivo conductual, a la hora de diseñar tareas, sigue un modelo de implosión mas que un modelo de entrenamiento gradual. Es decir, el terapeuta va a pedir al paciente, y lo va a animar, para que en lugar de ir poco a poco se esfuerce lo más posible. Por ejemplo, en lugar de pedirle que intente hablar con una mujer durante la semana, en el caso de que tenga vergüenza o miedo al rechazo, se le pide que intente tener cuatro citas con mujeres durante esa semana. La razón para ello es que hacerlo así produce cambios terapéuticos mayores. Cuando el paciente acude a la sesión con el resultado de esta tarea el terapeuta puede, entonces, darle retroalimentación y recibir retroalimentación del paciente para ver cuál debe ser el volumen de la tarea o la importancia de la tarea a prescribirle para la próxima semana. En el cuadro 3 tenemos los principales tipos de tareas que se prescriben dentro del modelo racional emotivo conductual. Veremos como ejemplo algunas de ellas. Cuadro 3. Principales tipo de tareas en la terapia racional emotivo conductual (en Walen, DiGiuseppe y Wessler, 1980) Tareas de lectura : por ejemplo, leer “Una nueva guía para la vida racional” de Ellis y Harper (1975) Tareas de escucha: por ejemplo, escuchar cintas (o canciones) a la venta en el Instituto para la Vida Racional con autoinstrucciones racionales o guías para la relajación Tareas escritas: por ejemplo, la tarea de autoayuda del ABCDE (veáse cuadro 6) Tareas en imaginación: por ejemplo, ensayos cognitivos de nuevas conductas Tareas de pensamiento: por ejemplo, registros de pensamientos irracionales o molestos Relajación y otras tareas de distracción Tareas de acción: por ejemplo, los ejercicios de toma de riesgos, o los ejercicios de atacar la vergüenza En cuanto a las tareas de lectura (Walen, DiGiuseppe y Wessler, 1980) los terapeutas racionales emotivo conductuales utilizan mucho la biblioterapia. Esto es, los pacientes nuevos reciben por parte del terapeuta, en la primera sesión, una serie de materiales que deben de leer y además se los anima a que compren un ejemplar del libro de Ellis y Harper de 1975, Una nueva guía para la vida racional. El Instituto para la Vida Racional de Nueva York dispone de una amplia cantidad de textos para que los pacientes profundicen en la lectura del modelo, de manera que eso les sirva para entender mejor la terapia y sobre todo, la filosofia que deben intentar asumir. Las tareas por escrito son muy importantes dentro de este modelo. Por ejemplo, una de estas tareas escritas es lo que se denomina las tareas de autoayuda que el paciente puede realizar en una hoja de un bloque de papel y donde anote el A, B, C, D y E, tal y como antes se ha expuesto o que anote qué sucedió, qué sentía, qué estaba pensando, por qué estos pensamientos eran equivocados, qué pensamientos serían mejores y cuáles lo ayudarían más. En cualquier caso, estos ejercicios de autoayuda permiten que el terapeuta compruebe si el cliente realmente comprende el A B C de la terapia racional emotivo conductual. Otro ejemplo de este tipo de tarea y (que es una técnica también) es la de los ensayos racionales. Estos ejercicios escritos también son útiles, por ejemplo, cuando el terapeuta está intentado que el paciente genere soluciones a situaciones problemáticas concretas. Por ejemplo, pedirle a un paciente que ante un dilema o un problema intente generar de cuatro a cinco alternativas y que las ponga por escrito para decidir cual de todas ellas puede ser la más adecuada para realizar en ese momento concreto. Las tareas de pensamientos se refieren a que los clientes deben registrar las ideas irracionales o los pensamientos que los suelen molestar. Este registro puede ser el punto de partida del tema a tratar en la próxima sesión. Igualmente, los clientes pueden escribir aquellas cosas o aquellos pensamientos que los han ayudado, ya sea porque los han generado por ellos mismos, o porque los recuerdan de discusiones que hayan tenido con el terapeuta o con otras personas. Incluso el terapeuta puede prescribir al cliente que realice una lista de ideas útiles para que las ensaye y las repita entre sesión y sesión. Dado que estas tareas de pensamiento suponen respuestas encubiertas, es fácil que los clientes olviden realizarlas. ¿Cuál es la mejor forma entonces de recordar algo?: escribiéndolo. Por tanto, como una ayuda para la memoria, el terapeuta anima a los clientes a que hagan una lista de cosas que deben recordar. Entre las tareas de acción tenemos algunos de los ejercicios que comentaremos en el apartado de las técnicas, como los ejercicios de atacar la vergüenza o los ejercicios de toma de riesgos. A estos dos tipos de ejercicios se le añade un tercero que son ejercicios para hacer que el paciente experimente un fracaso. Este tipo de ejercicios son especialmente útiles en caso de perfeccionismo o de miedo al fracaso. Los ejercicios para que el paciente experimente un fracaso son, en cierto sentido, paradójicos. Por ejemplo, si pedimos a un joven que tiene miedo a salir con chicas que intente mantener una serie de contactos sociales a lo largo de la semana puede suceder que tenga éxito. En el caso de que tenga éxito, el paciente se sentirá alegre y satisfecho, pero, sin embargo, no va a poder aprender una importante lección. Es decir, que no siempre va a tener éxito. Esto es, no va a estar inmunizado ante el estrés del fracaso y va a continuar siendo vulnerable a ello. Por tanto, la sugerencia en este caso sería (como una cuestión paradójica) que el cliente salga a la calle y en lugar de intentar conseguir tres citas o tres contactos sociales con tres chicas, busque conseguir tres rechazos en la semana. Pase lo que pase, el cliente va a tener éxito. Es decir, si una de las chicas no lo rechaza, a pesar de sus intentos por ser rechazado, se va a sentir bien y si lo rechazan las tres va a tener importantes momentos, experiencias para comentar con el terapeuta y analizar en la próxima sesión. En este sentido, los motivos por los cuales los terapeutas racionales emotivo conductuales prescriben experiencias de fracaso a los pacientes son dobles. En primer lugar, porque son instructivas y en segundo lugar, porque facilitan la desensibilización ya que si el cliente tiene miedo a fallar probablemente no lo va a intentar en ningún otro momento. Para facilitar la realización de estas tareas, el terapeuta puede animar al cliente a que utilice claves auditivas, visuales, lingüísticas u olfativas. Por ejemplo, el terapeuta puede animar al cliente a que se lo imagine “subido a su hombro” recordándole mensajes racionales. O que se grabe en una cinta mensajes racionales, que debe recordar en momentos particularmente difíciles para él (Dryden, 1986). 3.2. Características del terapeuta racional emotivo conductual Es importante tener en cuenta las características deseables de un terapeuta que practique esta terapia, dado que los terapeutas que quieren utilizar la TREC, en nuestra opinión, deben poseer la filosofía para la vida racional que el modelo de Ellis propone, o al menos sentirse cómodos con ella. De manera, que no va a ser fácil para un terapeuta o para un terapeuta cognitivo utilizar el modelo de Ellis, al menos de forma ortodoxa, si carece de una visión de la vida y de los demás paralela a la propuesta por Ellis y sus seguidores. De no hacerlo así el cambio que se produciría en el cliente, aunque estemos utilizando las técnicas racionales emotivas, sería un cambio más superficial y no tan profundo como el cambio elegante que Ellis propone que se consigue al seguir de forma ortodoxa su terapia. En el primer caso, estaríamos practicando otro tipo de terapia cognitivo-conductual, o la terapia racional-emotivo-conductual de tipo general (Ellis, 1980). Pasemos, pues, a revisar cuales serían las características positivas de un terapeutaracional emotivo conductual. Partiendo del trabajo de Dryden (1984) las siguientes características describirían a un buen terapeuta dentro de este modelo: 1. Alto nivel de inteligencia. 2. Un interés vital en ayudar al cliente usando muchos métodos. 3. Ser competente y no buscar a toda costa la aprobación del paciente. 4. Utilizar los métodos de la terapia en su propia vida. 5. Mucha energía y determinación para atacar las ideas irracionales de los clientes. 6. La convicción de que el método científico no solo sirve para la investigación sino para resolver los problemas humanos. 7. Los terapeutas deben saber mantener un estilo activo y directivo bastante fuerte, aunque como ya hemos comentado se debe modificar según el tipo de paciente. 8. Saber tomar riesgos. 9. Encontrarse cómodo con el modelo, dominarlo y creérselo. 10. Saber cómo seguir los métodos educativos y de prescripción de tareas que se expondrán más adelante. 11. Debe tener una alta tolerancia a la frustración. 12. Y debe lograr un balance o equilibrio entre empatía, calor y aceptación. Es decir, esto supone, en el modelo de Ellis, que siempre se va a aceptar a la persona, mientras que no se van a aceptar sus conductas. Respecto a las características negativas de un terapeuta racional emotivo, es decir, aquellas que no debe tener, éstas son igual de importantes. Partiendo del trabajo de Bernard (1991) podemos asumir que no sería deseable que un terapeuta racional emotivo conductual hiciera o presentara algunas de las siguientes características: 1. Ir muy rápidos en la terapia. 2. Forzar mucho al cliente. 3. Saltar de un problema a otro sin acabar de tratarlo. 4. Tratar, sólamente, síntomas de primer orden y no de segundo orden, por ejemplo, el miedo al miedo. 5. Establecer una mala relación terapéutica, es decir, ser fríos, manifestarse de forma hostil y no aceptar de forma incondicional al cliente. 6. Tener una baja tolerancia a la frustración. 7. No saber disputar bien. Por ejemplo, discutir inferencias y no las evaluaciones, es decir no se discute la tiranía de los debo. 8. No evaluar adecuadamente las habilidades sociales de los clientes cuando se les pide que realicen determinadas tareas. 9. Guiarse sólo por sus hipótesis y no escuchar a los clientes. 10. Ser muy simplistas tratando un problema, ignorando su conexión con otros problemas del paciente. 11. Querer enseñar a los clientes a estar tranquilos ante los problemas cuando, por ejemplo, lo que se les debe enseñar es a estar moderadamente tristes. Es decir, conseguir que el paciente diferencie entre emociones saludables (i.e., tristeza) o no saludables (i.e., depresión, fobia). 12. Reconocer B, es decir, el nivel de creencias irracionales, pero no saber reconocer el nivel A, es decir el de hechos activadores, ni las interacciones entre los niveles A B y C. 13. Ser muy abstractos y no saber conectar lo que se enseña con los problemas del cliente. 14. Dar mucho consejo al cliente y resolverle sus problemas, pero sin entrar a debatir lo irracional de sus actitudes. 15. Centrarse en los aspectos cognitivos y no en los métodos emotivos y conductuales que como veremos más adelante tienen el mismo nivel de importancia dentro del modelo de Ellis. De manera, que una buena sesión en terapia racional emotivo conductual debe poner en práctica, tal y como nos aparece en el cuadro 4, una serie de variables, o bien generales o específicas, de los terapeutas, así como fomentar una extraordinaria y muy buena alianza terapéutica, saber evaluar adecuadamente lo que se está haciendo en la terapia y, sobre todo, saber poner en practica, o implementar, las tácticas deseadas para el cambio (Wessler y Wessler, 1980). Cuadro 4. Guías para una buena sesión de la terapia racional emotivo conductual (en Wessler & Wessler, 1980) I. VARIABLES GENERALES DEL TERAPEUTA 1. Ser genuino 2. Mostrar preocupación 3. Demostrar empatía 4. Demostrar aptitudes terapéuticas 5. Poseer ajuste personal 6. Demostrar profesionalidad II. VARIABLES ESPECÍFICAS DEL TERAPEUTA 7. Habilidades para preguntar 8. Estructura de la sesión III. ALIANZA TERAPÉUTICA 9. Buena relación 10. Buen establecimiento de metas 11. Uso del ABC IV. EVALUACIÓN 12. Evaluación del problema 13. Evaluación del progreso V. TÁCTICAS PARA EL CAMBIO 14. Disuasión durante la sesión 15. Disuasión fuera de la sesión (tarea para casa) 16. Tácticas de ayuda (en la sesión, como tarea) 17. Comprobación y corrección de la tarea 3.3. Secuencia básica de tratamiento Al igual que en el modelo de Beck, los diversos manuales sobre la terapia racional emotivo conductual se han preocupado de articular cuál debe ser la secuencia óptima de tratamiento. En el cuadro numero 5, tenemos los trece pasos básicos en la secuencia de tratamiento que podríamos reducir a seis (Dryden y DiGiuseppe, 1990). En primer lugar, el terapeuta debe ser capaz de ofrecer la justificación de la terapia y cuáles son las bases teóricas para ello. En segundo lugar, debe ser capaz de explicar el A B C, las implicaciones de ese A B C, y cómo se va a trabajar con él, tal y como ya se ha expuesto en el apartado número dos. En tercer lugar, el terapeuta debe ser capaz de establecer metas racionales e irracionales. En cuarto lugar, debe saber elegir adecuadamente los métodos de tratamiento orientados o bien al insight de tipo emocional o bien al insight de tipo intelectual. En quinto lugar, debe someter a debate continuo las premisas del paciente. Y en sexto y último lugar, debe ser capaz de preparar al paciente para darle de alta y anticipar los posibles problemas que éste va a tener en un futuro. Cuadro 5. Secuencia del tratamiento racional emotivo conductual (en Dryden y DiGiuseppe, 1990, p. 12) Paso 1: Preguntar por un problema Paso 2: Definir y acordar el problema meta Paso 3: Evaluar C Paso 4. Evaluar A Paso 5: Identificar y evaluar cualquier problema emocional secundario Paso 6: Enseñar la conexión B-C Paso 7: Evaluar las creencias Paso 8: Conectar las creencias irracionales y C Paso 9: Disputar las creencias irracionales Paso 10: Preparar al cliente para profundizar en su convicción sobre las creencias racionales Paso 11: Animar al cliente a poner en práctica lo que está aprendiendo Paso 12: Repasar las tareas para casa Paso 13: Facilitar el proceso de elaboración De forma más concreta, podemos ofrecer la siguiente secuencia de tratamiento sesión a sesión enmarcada en tres bloques principales. En la primera o primera sesión o sesiones se deben tener en cuenta los siguientes aspectos (Wessler y Wessler, 1980): 1. Introducción, creación del clima inicial y de la colaboración inicial entre paciente y terapeuta. 2. Saber preguntar por los problemas y obtener en consecuencia los As, es decir, los hechos activadores y las Cs, es decir, las consecuencias emocionales y conductuales que tienen esos hechos para el cliente. 3. Establecer metas positivas y negativas en términos de consecuencias emocionales y conductuales. 4. Orientar al cliente hacia la terapia racional emotivo conductual y hacia las hipótesis cognitivas sobre lo que causa un trastorno psicológico. Es decir, el terapeuta tiene que mostrar al paciente la influencia de las creencias irracionales, es decir el bloque B, sobre las consecuencias emocionales y conductuales. 5. Y, en último lugar, ya se puede empezar a trabajar con problemas específicos buscando pruebas para esas creencias irracionales, aclarando y corrigiendo las creencias irracionales y acordando, paciente y terapeuta, cuales deben ser las tareas para casa. En el bloque de sesión o sesiones intermedias se deben trabajar los siguientes aspectos: 1. Comprobar la tarea para casa preguntando, siempre, los posibles problemas que hayan podido surgir con ella. 2. Establecer las metas positivas o negativas, de nuevo, al igual que en el bloque anterior, en términos de sus consecuencias emocionales y conductuales. 3. Después de escuchar el nivel A y el nivel C, buscar las pruebas para cada una de las creencias irracionales. 4. Lograr un acuerdo para trabajaren problemas, metas y logros deseables para ese paciente. 5. Disputar las creencias irracionales, utilizando para ello métodos cognitivos y de disuasión, tal y como se expondrá mas adelante. 6. Y en último lugar, asignar y ensayar la tarea. Como ya se ha comentado en la ultima sesión o en las ultimas sesiones se debe repasar el progreso alcanzado e identificar problemas que pueden aparecer de forma continua o, de forma potencial, y establecer planes o actividades para trabajar en esos posibles problemas de un futuro. Pasaremos, a continuación, a exponer algunas de las técnicas de la terapia racional emotivo conductual. 4. Principales técnicas de la terapia racional emotivo conductual Una de las características básicas del modelo de Ellis es el amplísimo rango de técnicas que utiliza y también las distintas clasificaciones que de ellas ha dado. En una de ellas, Ellis (1997b) plantea los siguientes bloques de técnicas. Por un lado, métodos cognitivos, en donde se incluiría la disputa de creencias irracionales. Por otro lado, métodos experienciales donde se incluiría, por ejemplo, los ejercicios para atacar la vergüenza o la imaginación racional emotiva. En tercer lugar, emplearía métodos conductuales donde, por ejemplo, recoge la aplicación, dentro de su modelo, de técnicas como la desensibilización sistemática o las técnicas de exposición. En cuarto lugar, utilizaría métodos de solución de problemas siguiendo el planteamiento que hace Arthur Nezu (véase, al respecto, capítulo 5 en este volumen). En quinto lugar, utilizaría métodos relacionados con el empleo del humor y la paradoja, por ejemplo, sus famosas canciones racionales humorísticas. Y en ultimo lugar, incluiría métodos que tendrían que ver con la implicación del paciente en intereses vitales, es decir, con su compromiso por proyectos interesantes a largo plazo. Sin embargo, y tal y como aparece en el cuadro 6, la clasificación de las técnicas de la terapia racional emotivo conductual en dos bloques principales: es decir técnicas para lograr el insight racional intelectual, (que incluirían los métodos gráficos de disputa) y métodos para lograr el insight racional emocional (Dryden, 1987), creemos que es más adecuada y representativa de la esencia básica del modelo racional emotivo conductual. Siguiendo un trabajo de Ellis (1963) podemos definir el insight intelectual como una comprensión, por parte del cliente, de la irracionalidad de su conducta, o de las razones que la han originado. Pero lo que el paciente necesita, además, es lograr un insight emocional, es decir, implicarse en un proceso múltiple que supone ver-y-creer; pensar-yactuar; querer-y-practicar. El insight emocional representa una secuencia compleja de pensamiento y acción, comenzando por algún tipo de insight o comprensión de tipo intelectual, al que le sigue una cadena de conductas. Cuadro 6. Técnicas más empleadas en la terapia racional emotivo conductual 1. Técnicas para lograr el “insight” racional intelectual a. Disputar creencias irracionales: debatir, discriminar, y diferenciar b. Disputar premisas irracionales (los “debo”, “tengo que”, etc.) c. Disputar derivados irracionales: disputar el “esto es horrible”, el “no puedo soportarlo” d. Disputar creencias condenatorias 2. Métodos “gráficos” de disputa Información biográfica, métodos en imaginación, contar historias con moraleja, métodos visuales activos, acciones llamativas del terapeuta, canciones racionales humorísticas, reducción al absurdo, etc. 3. Métodos para lograr el “insight” racional emocional a. Métodos cognitivos: construir la carpeta racional, disputar como el abogado del diablo, la técnica de la evidencia ante el jurado, escribir ensayos racionales, ganar prosélitos, autoverbalizaciones racionales apasionadas b. Métodos conductuales: ejercicios de atacar la vergüenza, ejercicios de toma de riesgos, desensibilización en vivo, premios y castigos c. Métodos en imaginación: imaginación racional-emotiva d. Empleo de claves: empleo de claves visuales vívidas, empleo de un lenguaje vívido, claves auditivas, claves olfativas 4.1. Métodos para lograr el insight racional intelectual Dentro de este bloque una de las técnicas fundamentales es la disputa de creencias irracionales. La esencia del modelo de Ellis consiste en lograr un trabajo activo por parte del cliente para detectar aquellos debos, aquellas ideas irracionales que le están causando sus consecuencias emocionales y conductuales, tal y como ya se ha expuesto en relación con el modelo A B C. Este trabajo tiene que ser un trabajo muy activo, con la meta puesta en intentar conseguir un cambio profundo y rotundo en la filosofía de vida del paciente. En el cuadro numero 7 tenemos el formato clásico del modelo denominado A B C D E, en donde, completando el esquema inicial sobre el modelo A B C, deberemos añadir el bloque D es decir el bloque de disputa o de debate de las creencias irracionales con la meta puesta en conseguir el nivel E, es decir un nuevo efecto o una nueva filosofía. Antes de ofrecer aspectos técnicos más concretos, debemos hacer constar una cuestión que tiene que tener claro cualquier terapeuta que desee utilizar el modelo de Ellis y que ya hemos comentado. Es decir, que el modelo de Ellis, sobre todo en lo que hace referencia a los debates de ideas irracionales, es un modelo para el cual el terapeuta tiene que estar extraordinariamente preparado respecto a la filosofía que subyace a la terapia racional emotivo conductual. Una filosofía que Ellis ha planteado y expuesto en todos sus trabajos (véase, por ejemplo, Ellis, 1973, 1979b) y que no es siempre fácil de asumir por parte de los terapeutas. Es decir y en pocas palabras, creemos que la preparación de un buen terapeuta racional emotivo conductual para disputar creencias irracionales, al margen de las características que ya se han mencionado en el apartado anterior, supone “creerse”, sin ningún atisbo de duda, esa filosofía de la vida racional que Ellis ha defendido en todos sus trabajos. Para refutar una creencia irracional deberíamos partir de tres categorías básicas. En primer lugar, detectar los debos irracionales del paciente. En segundo lugar, llevar a cabo un proceso estructurado de refutación y, en tercer lugar, la discriminación entre la filosofía racional, el debo irracional, y la filosofía racional, o el debo más racional, de manera que el paciente puede elegir entre aquella alternativa de pensamiento racional o irracional que más lo va a beneficiar o compensar en su vida cotidiana. Cuadro 7. Formato del ABCDE: hoja de tarea de autoayuda (en Dryden & Walker, 1996) Respecto a la refutación el grupo de Ellis ha ofrecido seis preguntas que facilitan la estructuración por parte del cliente de un proceso de escucha de sí mismo y de debate sobre sus ideas irracionales. Las preguntas son (Dryden, 1987): 1. ¿Qué creencia irracional debo disputar y vencer? 2. ¿Puedo apoyar de forma racional dicha creencia? 3. ¿Qué tipo de evidencia tengo sobre la certeza de mi creencia? 4. ¿Que evidencia tengo sobre la falsedad de mi creencia? 5. ¿Qué es lo peor que me puede ocurrir si yo nunca logro lo que mi idea irracional me dice que debo lograr? 6. ¿Qué cosas buenas me pueden ocurrir o podría hacer que ocurrieran si yo nunca logro aquello que mi idea irracional me dice que debo lograr o que debe ocurrir? Fundamentalmente, estas preguntas se utilizan mejor, y para el paciente va a ser más fácil utilizarlas después de haber hecho una sesión con dialogo socrático. El dialogo socrático sigue la línea marcada por los Diálogos de Platón y han sido numerosos los trabajos realizados por autores dentro del modelo racional emotivo conductual que intentaban articular, de alguna manera, las preguntas y reflexiones que debían guiar estos diálogos socráticos por parte de los pacientes (véase, igualmente, capítulo 4). Utilizaremos para exponer esta cuestión un trabajo de DiGiuseppe (1991) que distingue entre dos tipos de disputas, la disputa socrática y la disputa didáctica. El ejemploque da DiGiuseppe (1991) para explicar los argumentos dentro de la disputa Socrática y de la disputa didáctica se centra en el caso de un paciente al que llamaremos Juan, cuyo “debo absolutista” tomaría la siguiente forma, “mi mujer debe hacerme la cena cuando yo quiero”. La esencia de este debo absolutista lo podríamos relacionar con los tres debos básicos que, como ya hemos planteado, representarían o resumirían las principales ideas irracionales, según Ellis. En el caso de Juan los dos debos principales que representarían su problema serían los siguientes. En primer lugar, los demás tiene que tratarme absolutamente de forma amable y justa o si no ellos son detestables. Y en segundo lugar, las condiciones de mi vida deben ser absolutamente confortables y sin dolor ni sufrimiento o si no el mundo es tremendo y terrible y no puedo resistirlo. Veamos, pues, qué tipo de argumentos dentro de la disputa Socrática podría darse Juan para cambiar este debo absolutista. Estos argumentos serían la base, o el centro, de un debate más amplio y no se deben entender como siendo la única pregunta o la única reflexión que debe hacerse el cliente. Según DiGiuseppe (op. cit.) cuatro serían las posibilidades: 1. Argumento de tipo lógico. La reflexión que debería hacerse Juan sería la siguiente: “cómo es posible Juan que a causa de que tú quieres que tu mujer te haga la cena a esa hora o porque es más conveniente para ti que te la haga a tal hora, ella debe comportarse de la forma que a ti te gusta”. 2. Argumento o reflexión empírica. Este tomaría la siguiente forma:”parece que le has dicho a tu mujer cuándo debe tener lista la cena y sigues creyendo que ella la debe hacer cuando tú quieres que la haga pero ¿tenemos alguna evidencia de que ella tenga que hacerlo o que haya hecho realmente lo que le pides?”. 3. Argumento de tipo heurístico. En este caso, la pregunta y por tanto la reflexión, sería la siguiente: ¿”cómo se ha beneficiado tu matrimonio o tu vida familiar o tu vida, en general, del hecho que tu mujer deba hacer la cena cuando tú quieres que la haga?”. 4. Construcción de una nueva creencia racional. Por ejemplo, esta construcción supondría algo así: “Juan si estás de acuerdo en que tu mujer no debe de hacer la cena cuando tú quieras, ¿qué puedes pensar en su lugar?”. La disputa didáctica se referiría a un tipo de reflexión o de aprendizaje que el paciente obtiene de sus reflexiones y argumentos contra la idea irracional, y tendríamos también cuatro posibilidades (DiGiuseppe, op. cit.): 1. Disputa didáctica abstracta de tipo lógico. La reflexión sería la siguiente: “Juan, ninguna ley de la física dice que tu mujer debe hacer lo que tú quieres que haga”. 2. Disputa didáctica de tipo empírico. La reflexión sería la siguiente: “te preocupas a tí mismo con frecuencia por el hecho de que tu mujer no hace lo que tú quieres. Esto prueba que no se comporta de la forma que quieres sólo porque tú lo exiges”. 3. Disputa didáctica de tipo heurístico. La reflexión sería la siguiente: “por la evidencia que me has dado, toda tu depresión, todos tus problemas con tu mujer, tus hijos, vienen de eso y en consecuencia has perdido muchas de las alegrías de la vida en tu relación con tu familia”. 4. Construir de manera didáctica una creencia racional alternativa de tipo abstracto. La reflexión podría ser del tipo siguiente: “Quizás puedas pensar en su lugar: “me gustaría que mi mujer hiciera siempre lo que yo quiero pero no hay ley del universo que diga que debe comportarse como yo quiero, ni de que deba hacerlo alguna vez, ella tiene sus propios deseos”. Como ya hemos dicho, uno de los aspectos más importantes de la terapia racional emotivo conductual es que el terapeuta sea capaz de argumentar todo lo relacionado en contenido y estilo con la filosofía racional. En este sentido, vamos a centrarnos en algunos de los mejores argumentos racionales en cuatro áreas importantes de problemas donde se ha utilizado la TREC. La primera área se refiere a la autoculpabilización (en Hauck, 1980). La cuestión principal que el paciente tiene que comprender es que cuanto más se culpabilice a sí mismo por conductas que él no acepta, va a realizar conductas más inaceptables. Es decir, el odio hacia uno mismo genera culpa que sólamente se puede disminuir con un mayor castigo, ya que una de las formas mejores que tenemos de castigarnos es hacer cosas más detestables o más negativas, de manera que esto se puede convertir en un circulo vicioso. Por ejemplo, una persona que ha herido a alguien en un accidente de coche, se culpabiliza y por ello necesita seguir sufriendo. Comienza a beber, tiene otro accidente y así en una especie de circulo vicioso. El segundo argumento que podemos darnos para trabajar con la autoculpabilización se refiere a lo siguiente: ya que sabemos que la gente es imperfecta sería una locura total pensar que puede comportarse de forma perfecta. Es decir, lo que el paciente tiene que comprender es que la única alternativa que le queda es intentar perdonarse por sus errores dado que un ser humano es un ser imperfecto que asesina, abusa de niños, viola, miente, roba, etc. Es decir, a lo largo de su vida, o día a día, los pacientes (los seres humanos en general, igualmente) van a comportarse de forma poco sabia, en diversa medida. Otro importante argumento se refiere a que la autoculpabilización distrae la atención de la persona, que en lugar de centrarse en la solución se centra en la conducta equivocada. Lo que debe plantearse el paciente es cómo puede llegar a ser de otra manera. Es decir, la concentración y la objetividad son aspectos importantes para una modificación inteligente de la conducta, de manera que lo que debemos hacer es revisar y analizar de forma cuidadosa los errores que hayamos podido cometer en un pasado. A partir de ello, lo que debemos utilizar son técnicas que hayan demostrado ser eficaces para ayudarnos a resolver problemas y poder poner en marcha un plan de acción que produzca la conducta adecuada. Estos pasos, sin embargo, no se van a poder llevar a la práctica si estamos absolutamente focalizados en que no tenemos valor, en que hemos hecho algo mal, o en que nunca vamos a tener la posibilidad de cambiar. El ultimo argumento es un argumento importante y que Ellis ha expuesto en diversos trabajos (por ejemplo, Ellis, 1973). La cuestión sería que el cliente tiene que darse cuenta que no es racional juzgarse a uno mismo como una persona buena o como una persona mala, basándonos en nuestras propias acciones, es decir, el cliente tiene que darse cuenta que “ser” un ser humano es mucho más que una simple combinación de rasgos. Esto es, no ha habido ningún grupo de rasgos que describa de forma satisfactoria y por completo a una persona. Todo lo que podemos decir, de forma racional, sobre los seres humanos y sobre las acciones de los seres humanos son enunciados, son manifestaciones que expresan un juicio sobre ciertas acciones, pero no son juicios sobre la persona. Es decir, que hay una distinción importante, en la que insiste el modelo de Ellis, que es la que el cliente debe hacer, entre el acto y la persona que comete ese acto. Esta separación entre el acto y la persona, es la mejor manera de combatir la autoculpabilización y las tres disfunciones emocionales que son consecuencia de ella, es decir sentirse culpable, sentirse inferior y tener una reacción depresiva. Que una persona concluya que no vale nada, a consecuencia de sus acciones, va más allá de la evidencia disponible, es decir, nadie nos puede garantizar que no vayamos a mejorar en breve. Una persona puede haber estado comportándose de forma perfecta durante veinte años y de repente cometer un error. Pero, en cualquier caso, una persona se comporta de forma equivocada no porque sea intrínsecamente mala, tal y como señala Hauck (op. cit.), sino porque desde que nace es imperfecta o, simplemente, porque es ignorante y no sabe como hacerlo o, simplemente, porque está trastornada. Así como no tenemos ninguna base racional paraculpabilizarnos a nosotros mismos cuando hacemos cosas de forma equivocada, tampoco tenemos ninguna base racional para alabarnos por hacer cosas de forma muy perfecta. Las conductas buenas no hacen que la gente sea buena, sino solamente gente que se comporta de forma adecuada. Es decir, no somos ni buenos ni malos. Nuestras acciones son buenas o malas según el punto de vista que adoptemos sobre ellas, pero nunca vamos a ser buenos o malos, simplemente somos. En este sentido, es muy fácil evitar odiarnos o caer en el extremo opuesto, es decir la vanidad. Hay una segunda área en la cual podemos darnos argumentos de tipo racional: el área de dejar para mañana lo que tenemos que hacer hoy (en Hauck, 1980). Posponer realizar tareas o actividades difíciles, por regla general, es un acto de locura que suele costarnos bastante caro y que además suele ser doloroso. A veces, los problemas se van si, simplemente, los ignoramos pero no es frecuente que esto suceda. La realidad nos dice claramente que si evitamos tomar decisiones difíciles, lo único que conseguiremos es herirnos a largo plazo. Las tareas difíciles son como semillas. Es decir, como comenta Hauck (op. cit.) crecen, las raíces se hacen mas profundas y se generalizan a áreas cada vez más amplias si no las afrontamos en el momento que las hemos detectado. La persona poco disciplinada es un ejemplo de conducta de evitación. Este tipo de personas no pueden soportar la frustración y, por tanto, cualquier acción inmediata que quite esta frustración va a ser la primera decisión o la primera acción que tomen. En este sentido, lo que plantea la terapia es que una persona que se comporte de esta manera, va a intentar llevar una vida en la que vaya de placer, en placer, intentando ser la persona más feliz de todas y la realidad nos dice que esto es totalmente equivocado. En el fondo, este individuo es una persona profundamente frustrada sin haberse realizado, carente de confianza en sí mismo y temerosa de la vida. Responde, realmente, a la imagen de la infelicidad. Sin embargo, habrían dos momentos en los que sí que estaría justificado dejar para otro día lo que tenemos que hacer en el día presente. El primer ejemplo que ofrece Hauck (op. cit.) es un ejemplo un tanto extremo, pero la pregunta sería algo así: “¿por qué no vamos a relajarnos e intentar ser felices cuando, por ejemplo, acaban de detectarnos una enfermedad terminal y nos han diagnosticado que nos quedan pocos meses de vida?”, entonces, la cuestión fundamental sería intentar vivir esta vida de la forma más plena posible y abandonarnos, viajar y disfrutar todo lo que podamos. Otro momento en el que es posible dejar para mañana lo que tenemos que hacer hoy tiene que ver también con la vida y con el disfrute de la vida, pero en este caso lo que plantea el modelo de Ellis es que a veces tiene más sentido el no ser muy estrictos con nosotros mismos, sino simplemente relajar nuestra autodisciplina de vez en cuando y darnos, por así decirlo, un respiro en nuestras rutinas, en nuestras obligaciones, en nuestro exceso de trabajo, etc. El tercer tipo de argumento racional que podemos darnos se refiere al área del perfeccionismo. La cuestión principal es que la búsqueda compulsiva del perfeccionismo es totalmente neurótica. Es decir, lo que tiene que entender un cliente es que una cosa es querer ser perfecto y otra convertir esta búsqueda de perfección en una condición única para darnos valor o para considerarnos como personas valiosas. En lugar de llevar sobre nosotros tan pesada carga, lo más importante sería aceptar la idea de que lo mejor es intentar hacer las cosas al margen de intentar hacerlas de forma perfecta. Entre las consecuencias de ello podríamos esbozar: estar más relajados, disfrutar más de las tareas que realizamos y tener menos miedo de terminar lo que hemos empezado. Los perfeccionistas suelen estar tensos, preocupados y se sienten fácilmente culpables al haber realizado algo por debajo de los estándares que se habían fijado. La cuestión principal para argumentar contra el paciente perfeccionista es que el perfeccionista logra una casi perfección a un costo muy elevado para ellos mismos o logra, en algunos casos, bastante menos que aquellas personas que sólo quieren hacer las cosas bien. Esta idea irracional, esta búsqueda exagerada de la perfección, tiene un origen claro en la infancia. Por ejemplo, cuando se adoctrina a los niños con frases como las siguientes, “si no lo puedes hacer bien ni siquiera intentes hacerlo”, “si merece la pena hacerse, merece la pena hacerse bien”. Con tal tipo de enunciados y de adoctrinamientos, podemos pensar que los perfeccionistas van a sentirse humillados por el ensayo y el error, de manera que evitan ensayos, evitan errores y así evitan éxitos en un futuro. 4.2. Métodos gráficos de disputa Dentro de los métodos gráficos de disputa uno de los mas utilizados y que Ellis ha popularizado incluso con la venta en cintas magnetofónicas de ellas, serían las canciones racionales humorísticas. Lo que plantea Ellis (1997b) es que cuando nos encontremos mal es conveniente distanciarnos, reírnos y sobre todo también recordar algunos de los argumentos que convierten en imposibles a las ideas irracionales. El siguiente ejemplo tomado de Ellis (1997b, p. 98) sería una canción que puede utilizar una persona que está deprimida porque la han rechazado sexualmente: ¡ÁMAME, ÁMAME SÓLO A MÍ! (Melodía: Yankee Doodle Dandy) ¡Ámame ámame solo a mí O yo moriré sin ti! ¡Haz de tu amor una garantía Así nunca podré dudar de ti! ¡Ámame, ámame totalmente –realmente, realmente– Inténtalo amada/amado mío! ¡Pero si tú también exiges amor Te odiaré hasta morir, cariño! ¡Ámame, ámame todo el tiempo A fondo y completamente! ¡La vida se convierte en un sucio lodo Menos cuando me amas! ¡Ámame con gran ternura, Sin síes ni peros, cariño Si alguna vez me amas menos Odiaré tus malditas entrañas, cariño! Otro de los ejemplos de un método gráfico de disputa sería la reducción al absurdo. Imaginemos que tenemos un cliente con la siguiente idea irracional: “todo el mundo debe quererme o si no seré un desgraciado”. Llevar esta idea irracional al absurdo supone hacer comprender al paciente la imposibilidad de conseguir que todo el mundo lo quiera. ¿Qué podemos hacer? Por ejemplo, partamos de que le planteamos al paciente que la idea irracional suya es correcta, es decir, que “todo el mundo lo quiere, que todo el mundo lo ama”. Indudablemente, si todo el mundo lo quiere y todo el mundo lo ama, todo el mundo va a estar preocupado por él, de manera, que a buena hora de la mañana empiezan a llamar sus amigos, sus conocidos para interesarse por si ha dormido bien, ha pasado una buena noche si está desayunando, si necesita algo, etc. Al paciente, como necesita que todo el mundo lo quiera, estas muestras de cariño y de aprecio lo satisfacen, pero cuando sale al rellano de la escalera están esperándole algunos de sus vecinos que, dado que también lo quieren, y lo quieren mucho, siguen preocupados por su estado, por si ha dormido bien, ha desayunado bien, necesita algo. Pero como el paciente está feliz porque todo el mundo lo quiere, sale a la calle con una cierta satisfacción. Cuando sale de su casa se encuentra a alguno de los vecinos de su calle que van también a trabajar pero que han aprovechado un momento para acercarse y ver si está bien, si necesita algo y le preguntan por lo que hizo ayer, etc. Otro conocido lo para, y le pregunta cómo está, y etc. Es decir, la idea, tal y como se le debe plantear al cliente, es llevar esto al extremo hasta que el paciente se distancia, se separa, e incluso se ríe y logra exclamar algo así como: “¡qué horror, sería horroroso que todo el mundo me quisiera!, y ¡además, es imposible!”. De manera, que así se da cuenta perfectamente de la imposibilidad de llevar a la práctica lo que su idea irracional le demanda o le exige. 4.3. Métodos para lograr el insight racional emocional Uno de los ejercicios más populares de la terapia racional emotivoconductual son los ejercicios para atacar la vergüenza. Los ejercicios para atacar la vergüenza suponen simplemente hacer que el paciente se meta en una situación chocante, contradictoria, en donde experimente cuestiones tan importantes para cambiar su filosofía irracional como por ejemplo: “no pasa nada por cometer un error, no pasa nada porque se rían de mí, no pasa nada porque me rechacen, no pasa nada porque no me quieran”, etc. La idea consiste en elegir un ejercicio, consensuado con el paciente, que le facilite entender que puede vivir experimentando rechazo, críticas, cosas que le salen mal, etc. Aquí habría una diferencia importante entre el modelo de Ellis y el modelo de Beck. El modelo de Beck podría plantear un ejercicio absurdo para que el paciente se diera cuenta de que su idea negativa o su anticipación no se iba a comprobar. Sin embargo, los ejercicios de atacar la vergüenza, se diseñan específicamente para que se produzca aquello que el paciente teme, de manera que vea y experimente esa situación de una forma distinta al darse cuenta, realmente, de las consecuencias de esas acciones o comportamientos o comentarios de los demás. Por ejemplo, se le podría pedir a un cliente que ate un cepillo de dientes con una cuerda y que saque a pasear dicho cepillo de dientes por un parque o por una plaza. O, por ejemplo, pedirle a un paciente que entre en un estanco a pedir un kilo de patatas. Mientras el paciente está realizando el ejercicio debe pensar de forma racional, por ejemplo, decirse: “Deben pensar que soy idiota porque he elegido aceptarme a mí mismo, incluso aunque esté actuando de forma estúpida” (Dryden, 1987). La idea, por tanto, es que el paciente se meta en la situación, que viva esa situación y, por así decirlo, que la reviva de forma absolutamente distinta cuando observa las reacciones de las otras personas. Otro de los ejercicios famosos de Ellis, quizá no tan dramático como el anterior, son lo que se conoce como los ejercicios de toma de riesgos. Para realizar un ejercicio de toma de riesgos es conveniente que previamente el paciente haya trabajado ese riesgo con disputas socráticas, con diálogos socráticos de manera que tenga la posibilidad de darse argumentos a favor y en contra de la idea irracional. El ejercicio consiste, sencillamente, en pedir al paciente que haga algo que evita hacer porque le da miedo o teme las consecuencias y que lo haga en unas condiciones “normales”, muy diferentes a las condiciones de los ejercicios de atacar la vergüenza. El propio Ellis en muchos de sus trabajos ha ofrecido ejemplos de cómo él llevaba a cabo este tipo de ejercicios ofreciéndose como ejemplo. Por ejemplo Ellis (1997a), tal como él comenta en sus textos, era un joven tímido y apocado que tenía dificultades para entablar relaciones con chicas. Entonces, se obligaba a acudir a bares en los cuales sabía que podía encontrar a chicas de distintos tipos y características y se obligaba a hablar con una o dos de ellas cada noche. De manera que, por ejemplo, un ejercicio de toma de riesgos, podía consistir en pedirle a un paciente que tiene miedo al rechazo y a que se burlen de él, que acuda a un bar, a una discoteca en donde sepa que van chicas y que hable con una o dos, cada noche, viendo las consecuencias de todo ello. La última técnica que vamos a exponer dentro de este apartado serían los ensayos racionales. Los ensayos racionales es un método cognitivo que facilita conseguir el insight racional emocional, tal y como hemos clasificado estas técnicas en el cuadro 6. Escribir un ensayo racional supone que el paciente va a trabajar, a profundizar en los argumentos que han sido dados en sesión o en consulta junto con el terapeuta, va a profundizar en ellos y va a intentar ampliarlos, generalizarlos a la mayor cantidad posible de áreas de su vida. En cierto sentido, supone una especie de adoctrinamiento cognitivo en el cual el paciente recupera, repite, e intenta memorizar la mayor cantidad posible de veces todos los argumentos a favor y en contra de las ideas racionales y, por tanto, supone poner en limpio los argumentos más adecuados y que mejor están ayudando al paciente para luchar contra la idea irracional. 5. Conclusión La terapia racional emotivo conductual es una de las primeras terapias cognitivas y una también de las más representativas y populares. Podemos entroncarla en los modelos de reestructuración cognitiva, a pesar de las alegaciones de Ellis (1997b) sobre los rasgos postmodernos de su modelo. No ha sido un modelo tan estudiado como el modelo de Beck, pero en cambio ha ofrecido numerosos trabajos en los que se demuestran la aplicación del modelo y la creatividad de los terapeutas racionales emotivos para desarrollar nuevas “técnicas” que faciliten el paso desde una filosofía irracional a otra más racional, sobre la que se debe trabajar durante toda la vida. EJERCICIOS PRÁCTICOS 1. Enumere, al menos, 10 argumentos por los que no podemos mantener una filosofía irracional. 2. Anote en el espacio disponible el tipo de idea irracional (de las 12 principales propuestas) que está detrás de los siguientes pensamientos: 1. No puedo soportar mis fracasos 2. Mi jefe no tiene derecho a tratarme como lo hace 3. Tengo miedo a sufrir un accidente 4. Debo ayudar a todo el que me lo pida 5. Me cuesta tomar decisiones 6. Me va a salir mal, mejor será que no lo intente 7. Debo pagar por mis pecados 8. No me gusta mi vida tal y como es 9. No puedo hacer las cosas solo 10. Quiero que todo me salga bien 3. Observese a usted mismo, durante una semana, y registre sus pensamientos, emociones y conductas siguiendo el modelo ABC. Cuando lo haya hecho, busque el tipo de idea irracional y de debo absolutista que está detrás de aquellas ideas o creencias que lo hacen encontrarse mal, irritado, triste, etc. 4. Tome las creencias y pensamientos que ha clasificado como irracionales y modifíquelas, al menos lingüísticamente, para que ejemplifiquen una filosofía racional. Por ejemplo, si piensa, “¡todo debe salirme bien!”, puede convertir esta frase en más racional, de la siguiente manera: “¡ojalá, todo me saliera bien, pero ya me he dado cuenta, de que unas cosas salen mejor y otras peor!”. 5. Registre, durante una semana, sus pensamientos y creencias. Sobre los pensamientos o creencias que le causen problemas, detecte el tipo de distorsión cognitiva, siguiendo la clasificación que aparece en el cuadro 1. 6. Busque en alguno de los textos sobre terapia racional emotivo conductual, secuencias en las que se demuestra la interacción paciente- terapeuta. Siguiendo las características deseables del terapeuta dentro del modelo (apartado 3.2), analice dicha transcripción encontrando aquellas características que aparezcan en ella, de forma manifiesta. 7. Encuentre, al menos 5 argumentos racionales, por los que podemos considerar que el ser humano tiene valor por sí mismo, y que no se puede evaluar como una totalidad sobre la base a sus conductas. 8. Siguiendo la estructura que aparece en el cuadro 7, intente encontrar argumentos racionales, y promover una nueva filosofía para el pensamiento de María (caso clínico 1): “Soy una carga para mi familia”. 9. Siguiendo la estructura que aparece en el cuadro 7, intente encontrar argumentos racionales, y promover una nueva filosofía para el pensamiento de Silvia (caso clínico 2): “Soy una mala madre”. CUESTIONARIO DE AUTOEVALUACIÓN 1. Es un error en la terapia racional emotivo conductual que el terapeuta: A. Sea muy complejo al tratar un problema B. Sea muy concreto C. Vaya muy rápido 2. ¿Cuál es una de las principales áreas de pensamiento irracional?: A. Debos absolutistas hacia el sí mismo B. Debos absolutistas hacia el pasado C. Debos absolutistas hacia el futuro 3. ¿En qué técnica de la terapia se experimenta, de primera mano, aquello que uno prefiere evitar?: A. Ejercicios de toma de riesgos B. Ejercicios de atacar la vergüenza C. Reducción al absurdo 4. ¿Qué tipo de distorsión cognitiva reflejaría el siguiente pensamiento, “puesto quelos demás se han dado cuenta de mis puntos débiles, siempre me van a ver como una persona inútil, como un fracaso total”?: A. Etiquetado B. Perfeccionismo C. Saltar a conclusiones 5. El modelo ABC se presenta como un modelo: A. Causal B. Interactivo C. Determinista 6. El criterio básico para discriminar entre una filosofía irracional y otra racional se encuentra en: A. La distinción entre absolutos y preferencias B. En que la irracional se aprende y la racional no C. La distinción entre pensamientos y emociones 7. Es característico de la terapia racional emotivo conductual: A. Limitar su aplicación a unas pocas áreas B. Plantear un procedimiento estándar para todos los pacientes C. Haber limitado sus estudios sobre eficacia 8. ¿Para refutar una idea irracional utilizaremos, de forma preferente?: A. Diálogo socrático B. Ensayos cognitivos C. Técnica de la triple columna 9. Según la filosofía de la terapia racional emotivo conductual: A. Hay personas que no manifiestan pensamientos irracionales B. Recaemos, una y otra vez, en nuestras irracionalidades C. Hay culturas que se salvan de la irracionalidad 10. No es posible aplicar la terapia racional emotivo conductual en pacientes: A. Poco inteligentes B. Incapaces de debatir C. Reactivos a las tareas 11. Respecto al empleo de métodos conductuales, Ellis: A. No los emplea B. Los critica C. Los emplea 12. Si damos inicialmente como válida una idea irracional de un paciente para comenzar a trabajar con ella, estamos empleando la técnica de: A. Reducción al absurdo B. Disputa socrática C. Evidencia ante el jurado 13. Si le pedimos a un paciente que le diga a una persona que no le gusta su conducta abusiva, qué método estamos empleando: A. Ejercicio de atacar la vergüenza B. Ejercicio de toma de riesgos C. Método visual activo 14. Si le decimos a un paciente: “Juan no hay ninguna ley del universo que diga que debiste tener éxito en tu examen”, estamos haciéndole una reflexión dentro de la disputa didáctica de tipo: A. Heurístico B. Empírico C. Lógico 15. Si preguntamos a un paciente, “¿cómo se ha beneficiado tu vida por el hecho de pensar que debes tener éxito en un examen?”, estamos utilizando una argumentación de tipo: A. Lógico B. Empírico C. Heurístico 16. ¿Cuál es el último paso en la refutación de una creencia irracional?: A. La discriminación B. La revisión de la evidencia C. La reestructuración 17. ¿Dónde radica el núcleo fundamental del cambio para los terapeutas racionales emotivos?: A. En la vida cotidiana del paciente B. En el tipo de estilo cognitivo C. En su mundo emocional 18. El modelo de Ellis utiliza de forma preferente: A. Un enfoque multimodal B. Sólo técnicas cognitivas C. Sólo técnicas cognitivas y conductuales activas 19. Una de las características de los seres humanos, en opinión de Ellis, radica en su: A. Estoicismo B. Hedonismo C. Ascetismo 20. ¿Si un paciente siente cólera y rabia ante algo que le ha pasado, diremos que detrás está un?: A. Debo absolutista hacia el mundo y las condiciones vitales B. Debo absolutista hacia el sí mismo C. Debo absolutista hacia los demás 4 La terapia cognitiva de A. Beck 1. Introducción El modelo cognitivo de Beck es una de las principales terapias cognitivas en la actualidad. Principalmente, hay que destacar, en primer lugar, que es una de las terapias cognitivas más estudiadas, sobre todo, a través de ensayos clínicos controlados, dentro de la tendencia actual a los tratamientos empíricamente validados. Otro rasgo que cabe destacar como introducción al modelo cognitivo de Beck, es el amplísimo rango de aplicación que ha experimentado este tipo de terapia cognitiva. Fundamentalmente, la terapia cognitiva de Beck se desarrolló para el tratamiento de pacientes con trastornos depresivos y fue ampliando su rango de aplicación al campo de los trastornos de ansiedad y fobias, y más recientemente, se empezó a aplicar al campo de los trastornos de la personalidad. Hoy en día se utiliza extensamente, no solamente en la formulación que de ella hizo Beck, sino en las diversas variantes o modelos que se han desarrollado a tenor de su teoría. Ya nos hemos referido en el capítulo 1 a cuales son las principales características definitorias de los modelos cognitivos. Definiremos aquí, de forma más concreta, la terapia cognitiva de Beck. Según Beck (1970b), en un sentido muy general, cualquier técnica cuyo modo principal de acción sea la modificación de patrones erróneos de pensamiento se puede considerar como una terapia cognitiva. Sin embargo, siempre se ha dejado muy claro que la terapia cognitiva no es la suma de técnicas, sino que se define de una manera diferente de otros modelos y posee un enfoque propio sobre la mayoría de los trastornos psicológicos, de manera que si se utiliza el término “terapia cognitiva” es para destacar que el trastorno psicológico proviene de errores o déficits, específicos y habituales de pensamiento (Beck, 1997; Young y Beck, 1982). De modo mas concreto, Beck (1970b) la define como aquel tipo de terapia que trabaja con el grupo de operaciones centradas en las cogniciones verbales o imágenes de un paciente y en las premisas, supuestos, y actitudes que subyacen a estas cogniciones. Freeman (1983) es un tanto más explícito en su definición y la define como una forma de tratamiento a corto plazo que se caracteriza por ser activa, directiva, en la que terapeuta y paciente trabajan de forma conjunta. La meta de la terapia está en ayudar a los pacientes a descubrir su pensamiento disfuncional e irracional, comprobar en la realidad su pensamiento y su conducta y construir técnicas más adaptativas y funcionales de responder tanto inter- como intrapersonalmente. Específicamente, los terapeutas cognitivos trabajan directamente con las hipótesis que proponen sus pacientes, con las estrategias para comprobarlas y con sus opiniones. El terapeuta se centra más en la reestructuración del pensamiento que en su reformulación, en la interacción más que en la interpretación, en la dirección mas que en la no dirección, en la colaboración más que en la confrontación. Es por eso por lo que la terapia cognitiva ofrece un modelo de afrontamiento (coping) y no un modelo de dominio (mastery). La meta de la terapia cognitiva no está en curar al paciente sino en ayudarlo a desarrollar mejores estrategias de afrontamiento para que pueda llevar a cabo su vida y su trabajo de forma satisfactoria. La idea fundamental es que el paciente aprenda a hacerlo por él mismo. Para lograrlo, es necesario que el paciente sea consciente de sus procesos desadaptativos de pensamiento y de sus sentimientos, y del efecto de ambos en su conducta. Estos procesos son automáticos y, por ello, la primera tarea debe ser la de anular esta automatización, es decir, hacer consciente lo inconsciente (Meichenbaum y Gilmore, 1984). Detrás de estas metas, existe una visión particular sobre los seres humanos que diferencia, en gran medida, el modelo de Beck del modelo de Ellis, a pesar de surgir en el campo de la terapia casi a la vez y de ser clasificados ambos como modelos de procesamiento de la información (véase capítulo 1). Para el terapeuta cognitivo, los individuos se caracterizarían, entonces, por tres cuestiones principales (Moorey, 1996): 1. La persona sería un agente activo que interactúa con el mundo. 2. Esta interacción tiene lugar mediante interpretaciones, inferencias y evaluaciones que la persona hace sobre su ambiente. 3. Los resultados de estos procesos cognitivos se consideran accesibles a la conciencia, toman la forma de pensamientos e imágenes, y la persona tiene la capacidad y el potencial de cambiarlos. La idea básica es que todos estos conceptos que vamos a exponer, a continuación, median, e influyen junto a otros factores (Beck, 1997; Hollon y Beck, 1994) en la forma que tenemos de construir nuestras experiencias. ¿Qué aspectos, qué conceptos deben hacerse conscientes? Pasaremos, por tanto, al punto siguiente en donde veremos los principales elementos de la terapia de Beck. 2.Principales conceptos del modelo de Beck 2.1. La pérdida Uno de los conceptos claves en la teoría de Beck, es el de pérdida. Este concepto lo tomó Beck de su formación psicoanalítica y en concreto del escrito de Sigmund Freud, Duelo y Melancolía, publicado en 1917. Para Freud el depresivo melancólico siente la pérdida personal y la humillación por parte de otra persona significativa, pero no puede tolerar sus propios impulsos agresivos por estar herido. Psicológicamente, incorpora al otro en el sí mismo, y castiga de forma simbólica al otro por el propio sufrimiento del ego. Aunque Freud modificó esta cuestión con el tiempo, considerando algo normal la tendencia a internalizar los objetos perdidos, y a la depresión como una consecuencia de un superyó excesivamente estricto (Bemporad, 1985, citado en Clark, Beck y Alford, 1999, p. 38). La aflicción es una reacción a la perdida de un ser amado o de una abstracción equivalente (Beck, 1967). Por su parte, la melancolía se caracteriza, psíquicamente, por un estado de ánimo profundamente doloroso, una cesación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de todas las funciones y la disminución del amor propio (Beck, 1967). Esta última se traduce en reproches y acusaciones que el paciente se hace a sí mismo y puede llegar incluso a una espera delirante de castigo. Según Beck, una situación de pérdida hará que se activen los esquemas y producirá la tríada cognitiva. En ella radica la clave para entender la conducta del depresivo en contra de sus instintos y necesidades más básicas (Beck, 1976). Es decir, pérdidas posteriores reactivarán la pérdida inicial (Arieti & Bemporad, 1978), aunque se reconoce que muchos individuos no presentan uniformemente una historia de pérdida pasada o presente. 2.2. La esfera personal Este es el concepto clave para comprender el significado especial que damos a los objetos tangibles o intangibles. Nos sirve para encontrar sentido a nosotros mismos y a lo que nos rodea. Está formada en una grado progresivo de abstracción, por el concepto que tenemos de nosotros mismos, nuestros atributos físicos y características personales, así como nuestras metas y valores. A nuestro alrededor están la familia, nuestras posesiones o el grupo de amigos. Nuestro mundo personal se enriquece, además, por lo aportado en la escuela o lo que proviene del grupo social al que pertenecemos o de nuestra nacionalidad. Finalmente, debemos incluir en ella nuestras ideas sobre la libertad, la justicia o la moralidad (Beck, 1976). La esfera personal es, por tanto, aquello que nos define como personas, que marca las diferencias entre nosotros y los demás. Es decir, es un concepto abstracto, un constructo que integra todas esas características que nosotros poseemos y que nos conforman. Engloba datos cuantitativos y cualitativos que recibimos como herencia física y social desde la cuna y que vamos modificando, adaptando, o ampliando, a lo largo de nuestra vida y de las condiciones de ésta. En la esfera personal, entra todo aquello que es importante para nosotros en relación al mundo que nos rodea. Es el punto de referencia mediante el cual adscribimos significado a lo que nos rodea, de manera que cualquier hecho que suponga una ganancia, presente o anticipada, para nuestra esfera personal, nos lleva a euforia o excitación y, por supuesto, cualquier hecho externo que suponga una perdida de algo en nuestra esfera personal, será interpretado idiosincrásica y negativamente y podrá entristecernos, o en un futuro, deprimirnos (Beck, 1976). 2.3. Las reglas Las reglas son patrones cognitivos relativamente estables que nos dictan como debemos reaccionar ante cualquier situación o cualquier hecho que nos ocurra y nos permiten interpretar más o menos igual un grupo de situaciones. Estas reglas se derivan o se empiezan a formar desde la niñez, como fruto de experiencias concretas y forman parte de la herencia social creadas a través de observaciones que hacemos sobre nosotros mismos y sobre nuestras experiencias. Son conclusiones que nos aporta el mundo exterior a la hora de realizar o de observar un hecho. Pueden venir del mundo cultural y social, en el que nuestra familia esté inmersa así como de la “sabiduría” propia y única de los miembros de nuestra familia. Estas reglas están sujetas a revisión e innovación, gracias a nuestras experiencias posteriores y al tipo de gente que tratemos. Lo importante, a la hora de entender un trastorno psicológico, es saber como operan las reglas, puesto que esto puede dar lugar a los errores del pensamiento que veremos a continuación. En términos de normalidad las reglas son más flexibles. Cuando las preocupaciones del paciente se refieren a algo que le afecta plenamente, las reglas más primitivas tienden a desplazar a los conceptos más maduros. En la depresión, por ejemplo, las reglas son absolutas e incondicionales. De ellas se derivan significados y predicciones negativas desde una circunstancia pasada o presente (Beck, 1976). 2.4. Los esquemas La noción de esquema fue desarrollada por Piaget (1926) para explicar el proceso del pensamiento en los niños y por Barlett (1932) para explicar procesos de compresión y de memoria. De esta forma, se supone que nosotros reconstruimos los hechos trayéndolos sobre un esquema adecuado, esto es, sobre las estructuras cognitivas en las que se va almacenando la información desde su origen. Los esquemas definen la organización preexistente de los conceptos, los cuales son dinámicos y cambiantes con las nuevas experiencias. Es así como el esquema se convierte en algo flexible y dinámico. Se subyuga a los cambios que se producen a medida que los nuevos materiales se van incorporando. El recuerdo es el proceso de activación de los esquemas apropiados que son, en sí mismos, la integración dinámica de los ítems de información. Configuran una especie de teoría inarticulada, privada e informal acerca de la naturaleza de los hechos. Naturalmente, los esquemas se forman a partir de la experiencia. El niño aprende a evaluarse a sí mismo y al ambiente, mediante la interacción con las otras personas significativas y a construir la realidad a través de la experiencia personal. Las creencias y las actitudes que desarrolla el niño pueden ser adaptativas (lo que facilita el ajuste) o sentar las bases de la vulnerabilidad al trastorno psicológico. Estas actitudes son la base de supuestos silenciosos, que el individuo no discute, y que permanecen fuera de la conciencia. Las cogniciones y nuestros puntos de vista sobre el mundo, provienen de estos supuestos y luego se organizan en una jerarquía de supuestos o de esquemas (Rush y Giles, 1982). En un sentido muy general, un esquema se refiere a cualquier cuerpo estructurado de conocimiento o grupo de creencias que se utilizan para procesar información (Bradley & Mathews, 1983). Son representaciones organizadas de la experiencia anterior; aspectos diferentes de la experiencia van a organizarse, lógicamente, a través de esquemas diferentes (Kovacs & Beck, 1978). Un esquema permite a una persona investigar, codificar y evaluar el rango total de estímulos internos u externos y decidir un curso subsecuente de acción. Los diferentes esquemas de la organización cognitiva pueden variar en su especificidad y detalle y en el rango de los estímulos o patrones a los cuales se aplica (Kovacs & Beck, op. cit.). Los esquemas se infieren a partir de la conducta del paciente, siempre y cuando se conozcan los acontecimientos estimulares concretos y la historia que dichos estímulos tienen para el paciente. Los esquemas funcionarían, entonces, como heurísticos para comprender la conducta del paciente (Rush y Giles, 1982) y disponemos de distintos tipos de esquemas. Cuadro 1. Tipos principales de esquemas (a partir de Clark, Beck y Alford, 1999) Tipo Cognitivo-conceptuales Afectivos Fisiológicos Conductuales Motivacionales Definición Seleccionan, recuperan, almacenan, e interpretan la información. Ej.: las creenciasintermedias y centrales Percepción de los estados de sentimientos y sus combinaciones. Ej.: el afecto negativo o positivo Representan funciones y procesos somáticos. Ej.: muy relevantes en el trastorno de pánico Códigos disposicionales de respuesta y programas listos para la acción que permiten ejecutar conductas. Ej.: la activación de la conducta de evitación fóbica Esquemas implicados en estrategias y conductas primarias, ej: apetito, sexualidad, etc; o implicados en dirección de metas: logro, poder, o son más personales e idiosincrásicos, ej.: logros personales El esquema sería, por tanto, una estructura cognitiva relativamente estable que dicta cursos de acción y cómo debemos interpretar las situaciones. Los esquemas varían respecto a su nivel de actividad. Si están latentes no conducen al procesamiento de la información, pero si están activados canalizan todos los niveles del procesamiento (Moorey, 1996). Según Beck y cols. (1985) a niveles funcionales, cuando se activan esquemas específicos o constelaciones de esquemas, es decir modos, su contenido influye directamente en el contenido de las percepciones, interpretaciones, asociaciones y memorias o recuerdos de una persona, en un momento dado. Estos esquemas se usan para etiquetar y clasificar, interpretar, evaluar y dar significado a los objetos y acontecimientos. La diferencia de esta noción con la anterior de Beck y su grupo es la generalidad o el alto grado de inclusión que se le da. Para Beck y su grupo (Beck y cols., 1985) un esquema agrupa a varios conjuntos de reglas y fórmulas para definir objetos. Es por eso por lo que un esquema más complejo contiene una variedad de reglas creencias y supuestos. En esta línea Beck (1985) propone un nuevo concepto de estructura cognitiva el de modo. 2.5. Los modos Los modos serían los subsistemas en los que están organizados las constelaciones de esquemas. El modo es un subsistema de la organización cognitiva, diseñado para llevar a cabo ciertos principios adaptativos relevantes a la supervivencia, el mantenimiento, la autoexaltación etc. (véase cuadro nº 2). El modo ha sido un concepto propuesto para explicar la complejidad de los trastornos psicológicos, que no quedaba satisfactoriamente explicada mediante el concepto de esquema, para explicar la base cognitiva de la personalidad, para explicar los sesgos sistemáticos que sugerían una organización esquemática más amplia y para explicar el procesamiento de la información de las experiencias emocionales normales y anormales (Beck, 1996). Cuadro 2. Tipos de modos (a partir de Clark, Beck y Alford, 1999) Clasificación Tipos y ejemplos * Modos primarios: autopreservación, procreación, seguridad, dominancia, sociabilidad Modo de amenaza: miedo y trastornos de ansiedad Modo de pérdida: depresión Modo de víctima: trastorno de personalidad Modo de autoengrandecimiento: manía * Modos constructivos: adquiridos o construídos a través de las experiencias vitales * Modos menores: sobre actividades prosaicas Para relacionarnos con los otros Logros y trabajo productivo Solventar de forma creativa las demandas cambiantes del ambiente Ej.: creatividad, independencia, capacidad para la intimidad y el romance Escribir, conversar, conducir coches, hacer un deporte, etc. Los grupos de reglas y conceptos están organizados alrededor de temas amplios y corresponden a los modos. Por otra parte, las reglas específicas y las fórmulas se enmarcan en los esquemas. El modo sería, por tanto, un cluster específico de esquemas cognitivo-conceptuales, fisiológicos y motivacionales para manejar demandas particulares sobre el organismo. El procesamiento de la información, a nivel de los modos, se caracterizaría por ser (Clark, Beck y Alford, 1999): 1. Complejo, integrador y global. 2. Automático, sin esfuerzo y menos analítico. 3. Hipervalente, de manera que una vez que se ha activado domina fácilmente el sistema de procesamiento de la información. 4. Gira alrededor del esquema. Veamos, a continuación, otro de los conceptos principales del modelo de Beck, en concreto el de tríada cognitiva. 2.6. La tríada cognitiva Para Beck (1967) la depresión se consideró, desde sus primeros trabajos, como un trastorno de la cognición, de manera que uno de los principales y primeros conceptos que identificó consistió en el de tríada cognitiva. La pérdida se manifiesta en la tríada cognitiva. El paciente percibe que ha perdido algo que considera esencial para su felicidad, anticipa resultados negativos para cualquier cosa que haga y se considera a sí mismo como deficiente para lograr metas importantes. Es decir, el tema de la pérdida se manifiesta en términos de la tríada cognitiva (Beck, 1976). La depresión se considera no como un trastorno primario del estado de ánimo, sino como consecuencia de un punto de vista negativo, sesgado, sobre el sí mismo, el futuro y el mundo (Rush y Giles, 1982). El depresivo se ve a sí mismo como deficiente o inútil, como inadecuado o sin valor. Lo malo que le ocurre se debe a un defecto en él mismo. Es decir, existe una relación causal entre los defectos que el depresivo percibe en sí mismo, y el juicio resultante sobre su escaso valor personal. Además, el depresivo interpreta sus experiencias actuales en términos negativos, es decir, le parece que el mundo le exige más de lo que puede dar. Las experiencias se construyen como siendo la evidencia que demuestra su pérdida. Esta evidencia se utiliza como apoyo para su visión sobre el rechazo personal, la deprivación, y su mayor dependencia. Finalmente, cuando el depresivo se plantea el futuro, lo hace presuponiendo una serie de obstáculos, sufrimientos etc. que cree que van a durar indefinidamente. Nada hay de valor en el futuro, y las anticipaciones que hace el depresivo reflejan esta visión negativa extrema. Para Beck (1967) los cambios motivacionales típicos del depresivo, como el escape, la evitación o las ideas suicidas son consecuencia de esa percepción del depresivo sobre lo que le puede deparar el futuro. En definitiva, el paciente depresivo tiene una concepción negativa del presente, de sí mismo y del futuro. Se ha propuesto, no obstante, que la tríada cognitiva se puede reducir a una visión negativa del sí mismo, ya que la visión negativa del futuro y del mundo se reducen al sí mismo y se pueden considerar como subcomponentes de una estimación negativa global del self (Haaga, Dyck y Ernst, 1991). Sin embargo, Clark, Beck y Alford (1999) en su revisión del tema, asumen que es más aconsejable mantener esta triple diferenciación, y restringir el punto de vista negativo sobre el mundo a una evaluación de tipo interpersonal, es decir, del sí mismo en relación a los demás, lo que requiere desarrollar instrumentos que evalúen de forma adecuada este sí mismo y el mundo con el que se relaciona (Beck, Steer, Epstein y Brown, 1990). Igualmente, podemos generalizar el concepto de tríada cognitiva depresiva para conceptualizar cognitivamente algunos aspectos de otros trastornos como, por ejemplo, el abuso de substancias o el alcoholismo (Beck, Wright, Newman y Liese, 1993), o derivar tipos de tríadas cognitivas puesto que los principales trastornos poseen un contenido ideacional propio y distintivo. Así, y respecto a la ansiedad, se asume que el paciente ansioso posee una visión del sí mismo como vulnerable, del mundo como amenazante y del futuro como algo impredecible (Beck, Laude y Bohnert, 1974; Blackburn, Davidson y Kendell, 1990). Si los pacientes depresivos hacen girar el contenido de su pensamiento en relación a la pérdida, los pacientes con ansiedad construyen el mundo en relación a temas sobre el daño personal. Esto supone pensamientos e imágenes continuas sobre vulnerabilidad, inadecuación, carencia de autocontrol, rechazo y fracaso social, enfermedad, daño físico o muerte, etc. Finalmente, según Freeman y cols (1990), la tríada cognitiva se manifiesta en el contenido de los pensamientos automáticos de los individuos, es decir en su respuesta cognitiva inmediata involuntaria, yno reflexiva, a una situación. Veamos, pues, en que consiste el concepto de pensamiento automático. 2.7. Los pensamientos automáticos Los esquemas y, también la tríada cognitiva como acabamos de ver, toman la forma de pensamientos automáticos llamados inicialmente por Beck (1964) simplemente cogniciones, aunque no sólo se expresan a través de pensamientos de tipo automático, sino a través de pensamientos o imágenes voluntarias (Sanz y Vázquez, 1995). Pero los relevantes para entender el funcionamiento cognitivo de un sujeto con un determinado trastorno serían aquellos pensamientos que son automáticos. Con ellos podemos comprender el vínculo cognitivo que une una respuesta emocional con un hecho externo. Los pensamientos automáticos son fruto directo de nuestros esquemas. Pueden tomar una forma verbal o ideativa, son conclusiones juicios e interpretaciones que aparecen automáticamente (de ahí su nombre) como pensamientos sin ningún razonamiento anterior que explique como pueden formarse. Son involuntarios, es decir, que incluso cuando el paciente quiere suprimirlos o sustituirlos, no puede hacerlo. Una de sus características principales es que cualquier paciente con pensamientos automáticos se los va a creer, por completo, mientras que un observador externo los negará. A medida que el trastorno va progresando se van haciendo más impermeables, por lo que al paciente le es cada vez más difícil contemplarlos objetivamente, considerar la evidencia contradictoria o darse explicaciones alternativas y en, definitiva, modificarlos. Son pensamientos, por tanto, que parecen poco razonables, disfuncionales, repetitivos e idiosincrásicos (Beck, 1976). Los pensamientos automáticos correlacionan de forma directa, por tanto, con el grado, por ejemplo, de depresión de un paciente. Es decir, serán más destacados cuanto más deprimida esté una persona y, de igual manera, serán menos evidentes cuando se produzca una mejoría, mientras que el aumento de los síntomas los va a hacer más fuertes de nuevo. El concepto de pensamiento automático es muy importante, puesto que serían como la punta del iceberg con el cual el terapeuta va a trabajar y que reflejan toda la estructura cognitiva del paciente. Es decir, estos pensamientos representan el material básico con el que se trabaja en terapia cognitiva y a través de los cuales se pueden extraer inferencias relevantes para cada caso particular (Beck y Emery, 1979). Resumiendo, los pensamientos automáticos se caracterizan por ser discretos, en forma taquigráfica, autónomos, es decir no sujetos a control voluntario, por lo que son difíciles de cortar. Parecen razonables a quien los tiene, por lo que no se ponen en duda. Son idiosincrásicos y se manifiestan como si fueran un “acto reflejo”, por así decirlo (Beck, 1970b). Veremos, a continuación, el último concepto del modelo de Beck, el concepto de distorsión cognitiva. 2.8. Las distorsiones cognitivas Las distorsiones cognitivas serían errores sistemáticos en el pensamiento de un paciente que mantienen sus conexiones a pesar de la evidencia en contra (Coyne y Gotlib, 1983). Serían distorsiones de la realidad que se realizan de forma sistemática y que tienen como consecuencia un sesgo hacia nosotros mismos (Beck, 1963). Estas distorsiones aparecen en ideas que son relevantes para el problema específico del paciente. Por ejemplo, un paciente depresivo mostrará estas distorsiones en temas relacionados con su valor personal, mientras que un paciente ansioso lo hará en cuestiones relacionadas con el peligro (Beck, 1976). Tal y como plantea Beck (1963,1976) se podrían definir como una cognición que persiste frente a la firme evidencia de lo contrario. Las distorsiones cognitivas conducen a que los individuos saquen conclusiones erróneas, aunque la percepción que hagan de una situación sea la correcta. Si la situación se percibe de forma equivocada, las distorsiones cognitivas ampliarán el impacto de estas percepciones erróneas (Freeman y cols., 1990). Las distorsiones cognitivas tienen características parecidas a las de los pensamientos automáticos, en el sentido de que aparecen sin ninguna reflexión previa o razonamiento, parecen plausibles a los ojos de los pacientes y son menos susceptibles de ser modificadas mediante la razón o mediante evidencia que las contradice que otras formas de ideas no asociadas con una forma de psicopatología en concreto (Beck, 1976). En la reciente revisión que se hace del tema, Clark, Beck y Alford (1999) destacan la evidencia contradictoria disponible sobre el papel de estos sesgos cognitivos. Aunque parece ser que se dispone de evidencia sobre cómo procesan la información los pacientes depresivos (la patología donde más se ha estudiado esta cuestión) esta no es consistente. Lo que si parecen concluir Clark y cols. (op. cit., p. 104) es que “dar sentido al mundo y a nosotros mismos, no es un proceso racional, objetivo. Sino que nuestras interpretaciones y estimaciones son en buena medida un producto de los modos y los esquemas que dominan nuestro sistema de procesamiento de la información”. Disponemos de un amplio sistema de clasificación de las distorsiones cognitivas, pero por motivos de espacio vamos a ver exclusivamente aquellas más importantes (en Bedrosian & Beck, 1980) o que han sido reproducidas, más frecuentemente, en los manuales al uso. Inferencia arbitraria : se refiere al proceso de extraer una conclusión específica en ausencia de evidencia que apoye la conclusión o cuando la evidencia es contraria a la conclusión. Por ejemplo, cuando un paciente dice, sin contexto y sin evidencia, “nadie me quiere”. Abstracción selectiva : consiste en centrarse en un detalle extraído de un contexto, ignorando otras características más destacadas de la situación y conceptualizando la experiencia global en base a ese fragmento. Por ejemplo, cuando un paciente ve como un conocido pasa a su lado y no lo saluda y piensa “no me aprecia”, sin darse cuenta que iba deprisa y no ha mirado hacia él. Sobregeneralización : se refiere al patrón de extraer una regla general o conclusión sobre la base de uno o más incidentes aislados y aplicar ese concepto a lo largo de un amplio marco de situaciones, relacionadas o no. Fundamentalmente, la sobregeneralización está relacionada con la habilidad, ejecución, o valor que cree poseer un paciente. Por ejemplo, cuando un paciente discute con varias personas y piensa: “nadie me quiere, ni me va a querer, puesto que no tengo valor, ni puedo gustar a nadie”. Magnificación y minimización : serían errores en la valoración de la realidad y reflejan errores al evaluar la significación o la magnitud de un hecho, tan graves como para constituir una distorsión. Por ejemplo, asumir que es horrible haber discutido con diversas personas (magnificar), y no darle importancia a llevarse bien con otras muchas (minimizar). Personalización : se refiere a la tendencia del sujeto a aplicarse hechos externos, mientras que no existe una base para hacer tal conexión. Por ejemplo, pensar que uno es culpable de las discusiones que se han tenido. Pensamiento absolutista, dicotómico : se manifiesta en una tendencia a situar todas las experiencias en una o dos categorías opuestas. Al describirse, el paciente utiliza una categorización negativa extrema, asumiendo una responsabilidad excesiva. Por ejemplo, pensar que “o te quiere todo el mundo, o eres un fracasado”. Evaluaciones incorrectas en relación a peligro vs. seguridad, que implican un daño físico y psicosocial. Por ejemplo, anticipar que la gente nos va a abandonar. Actitudes disfuncionales sobre el placer versus dolor : reflejan las creencias de algunos individuos sobre los prerrequisitos para una verdadera felicidad o tener éxito. Serían muy similares a las creencias irracionales que plantea Ellis tal y como vimos en el capítulo anterior. Por ejemplo, pensar que sólo puedes ser feliz si te quieren y te aprecian los demás. Cuadro 3. Otras distorsiones cognitivas (a partir de DeRubeis, Tang y Beck, 2001, p. 352) Olvidarlo positivo Saltar a conclusiones Leer la mente Razonamiento emocional Hacer enunciados de “debo” Etiquetado Culpabilización inapropiada Decidir que si una cosa buena ha sucedido, no puede ser importante Focalizarse en un aspecto de una situación al decidir cómo comprenderla (i.e., “la razón por la que no me han llamado del trabajo que solicité es porque han decidido no ofrecérmelo”) Creer que uno sabe lo que otra persona está pensando, sin evidencia que lo sustente Creer que una cosa debe ser verdad, porque lo siente como si lo fuera Decirse a uno mismo lo que debe hacer (o debía haber hecho), cuando es más preciso decir que le gustaría (o desearía) hacer algo Utilizar una etiqueta (“mala madre; “inútil”) para describir la conducta, y entonces imputar todos los significados que la etiqueta supone Percibir a posteriori algo para determinar lo que uno “debería haber hecho”, incluso aunque fuera imposible saber que era lo mejor que se podía haber hecho en ese momento; ignorar factores condicionantes o los papeles que juegan los demás al determinar el resultado negativo En diversos trabajos sobre la teoría cognitiva de Beck aparecen otra serie de distorsiones cognitivas que quedan recogidas en el cuadro numero 3 para ampliar este listado inicial. Pasemos al punto tercero sobre qué consiste la terapia cognitiva estándar. 3. Estructura y formato de la sesión Como ya se ha comentado en los capítulos 1 y 2 una de las características básicas del modelo cognitivo es su grado de estructuración y de delimitación sobre cuáles deben ser los principios que deben regir el tratamiento, y que ya se introdujeron en el capítulo 2. No obstante, en el cuadro 4, nos aparece un resumen de dichos principios que supone, brevemente, seguir el método científico, la estructuración y la directividad y la necesidad de tener una buena relación terapéutica y una estrecha colaboración paciente-terapeuta para conseguir las metas prescritas del tratamiento. Cuadro 4. Estructura de la terapia cognitiva estándar PRINCIPIOS BÁSICOS 1. Modelo cognitivo de los trastornos emocionales 2. Modelo educativo 3. Breve y con límite de tiempo 4. Requiere de un esfuerzo colaborador paciente-terapeuta 5. Método socrático 6. Requiere de una buena relación terapéutica 7. Estructurada y directiva 8. Orientación hacia los problemas 9. Sigue el método científico 10. Las tareas fuera de sesión son básicas Recordemos, además, que el terapeuta tiene que saber organizarse el tiempo de la sesión, que normalmente oscila entre 45 minutos y 60 minutos para que en ésta nos dé tiempo a centrarnos en el foco de trabajo de cada sesión, y tratarlo de manera cognitiva. En primer lugar, si partimos de que la sesión tiene 60 minutos deberíamos dedicar los primeros 5 minutos (o 10 primeros minutos) de ella a revisar el estado del paciente, es decir, saber qué ha pasado en la vida del paciente desde la ultima sesión a la cual el paciente acudió. En segundo lugar, se pueden dedicar otros 5 minutos a establecer la agenda, es decir, cuáles son o cuáles van a ser los temas a tratar en esa sesión. Esta agenda se basa sobre el propio estado del paciente y sobre el curso del tratamiento y la estructura que el terapeuta ha decidido darle. Es conveniente dedicar tiempo también a revisar la tarea que el paciente ha traído a sesión, lo cuál podría suponer emplear otros 5 minutos (o 10 minutos). Una vez llevado a cabo esta primera parte de la sesión se pasaría a trabajar, ya de forma mas específica, las metas de la sesión, es decir, se trabajaría de forma directa con problemas o situaciones del paciente que deben ser tratadas con las diversas técnicas de la terapia cognitiva (véase, capítulo 2). Antes de terminar hay que dedicar tiempo, por ejemplo 5 minutos, a concretar y explicarle al paciente la tarea que debe hacer para la próxima sesión, que lógicamente debe tener una conexión muy cercana y directa con lo tratado en esa misma sesión e igualmente con lo tratado en las sesiones anteriores. Y finalmente, deberíamos utilizar los últimos 5 minutos de la sesión para recabar del paciente retroalimentación sobre cómo se ha sentido en esa sesión y sus opiniones sobre cómo marcha en la terapia. Para terminar este apartado sobre el formato de la sesión tenemos de forma mas específica en el cuadro nº 5 y en el cuadro nº 6 diversos aspectos de la estructura de la primera sesión, con un paciente depresivo y cuál debería ser la estructura de la sesiones siguientes. Cuadro 5. Estructura de la entrevista inicial para pacientes depresivos (Fennell, 1989) 1. Evaluación de las dificultades presentes : * Síntomas * Problemas vitales * Pensamientos negativos asociados * Inicio/desarrollo/contexto de la depresión * Desesperanza/pensamientos suicidas (Acuerdo paciente-terapeuta sobre el listado de problemas) 2. Definición de metas 3. Presentación de la base del tratamiento: * Detalles prácticos * Círculo vicioso de pensamientos negativos y depresión * Posibilidades de cambio 4. Inicio de tratamiento: * Metas específicas: selección de la primera meta del tratamiento; acordar tarea * Metas generales: que el paciente empiece a familiarizarse con el estilo de la terapia Metas globales de la primera entrevista * Establecer “rapport” * Fomentar la esperanza * Ofrecer al paciente una comprensión preliminar del modelo * Obtener un acuerdo de trabajo para comprobarlo en la práctica Cuadro 6. Estructura de las sesiones posteriores en el tratamiento de la depresión (Fennell, 1989) 1. Establecer la agenda para la sesión 2. Ítems semanales: * Revisar los acontecimientos sucedidos desde la última sesión * Pedirle feedback sobre la sesión anterior * Revisar la tarea: ¿resultado?, ¿dificultades?, ¿qué ha aprendido el paciente? 3. Tema/s principal/es de la sesión : * Estrategias específicas * Problemas específicos * Problemas a largo plazo (hacer una lista con orden de prioridad) 4. Tarea/s: * ¿Tarea? *¿Fundamento de ella? * ¿Posibles dificultades? 5. Feedback: * ¿Comprensión? * ¿Reacciones Pasaremos ya a exponer cuales son las principales técnicas de la terapia cognitiva de Beck, teniendo en cuenta que las metas de la terapia cognitiva serían tres (Moorey, 1996): 1. Aliviar los síntomas y resolver los problemas que presenta el cliente. 2. Ayudar al cliente a adquirir estrategias de afrontamiento. Y, 3. Ayudar al cliente a modificar las estructuras cognitivas subyacentes para impedir recaídas. Podemos clasificar las técnicas en dos bloques: técnicas de tipo conductual y técnicas de tipo cognitivo. Comenzaremos por las técnicas conductuales en la terapia cognitiva. 4. Las técnicas conductuales en el modelo de Beck En el cuadro número 7 nos aparece un resumen de cuales serían las principales técnicas conductuales. Las técnicas conductuales se van incorporando a lo largo de las sesiones, pero se utilizan en mayor medida al comienzo del tratamiento (Beck y cols., 1979; Young y Beck, 1982). En principio, las técnicas conductuales trabajan, al igual que las cognitivas, con los principales síntomas del paciente. Beck y colaboradores (1979) siempre han asumido (para el tratamiento de la depresión, sobre todo) que deberíamos comenzar la terapia cognitiva por las técnicas conductuales para progresivamente empezar, a mediados del tratamiento, con técnicas de tipo más cognitivo. La cuestión principal es que las técnicas conductuales se pueden utilizar en dos sentidos. En primer lugar, para disminuir o paliar algunos de los síntomas, por ejemplo motivacionales o afectivos, que pueden aparecer en trastornos depresivos o en trastornos de ansiedad. En este sentido serían, en primer lugar, técnicas de tipo paliativo y serían, además, y de forma relacionada, técnicas encaminadas a producir un cambio conductual tal y como nos aparece representado en algunas de las técnicas reseñadas en el cuadro numero 7. Cuadro 7. Algunas de las principales técnicas conductuales utilizadas en la terapia cognitiva estándar (en Leahy & Holland, 2000) TÉCNICA Entrenamiento en asertividad Entrenamientoen habilidades sociales Distracción Entrenamiento en habilidades de comunicación Relajación Visualización Solución de problemas DESCRIPCIÓN Entrenar a los pacientes a utilizar conductas que protegen sus derechos mientras respeta las de los otros Entrenar a los pacientes en las habilidades necesarias para realizar actividades corrientes como, conocer gente Entrenar a los pacientes en las habilidades necesarias nuevas, iniciar conversaciones, ir a entrevistas de trabajo o tener una cita Enseñar a los pacientes a utilizar, mentalmente, actividades para evitar tener pensamientos negativos Entrenar a los pacientes en habilidades que los harán más eficaces, como oyentes o hablantes Entrenar a los pacientes en diversas técnicas de relajación (como la relajación progresiva) como medio de afrontar la ansiedad Enseñar a los pacientes a usar imágenes placenteras para distraerse del pensamiento negativo e inducir la relajación Entrenar a los pacientes a generar, evaluar e implementar posibles soluciones a los problemas que les surgen Por otro lado, y esta sería la idea fundamental que alienta el uso de técnicas conductuales en terapia cognitiva, podemos utilizar las técnicas conductuales para el control o modificación cognitiva de los principales síntomas del paciente. ¿Cómo puede tener lugar esto? Fundamentalmente, porque mediante las técnicas conductuales, como ahora plantearemos, es posible dotar de soporte empírico a las ideas o pensamientos automáticos disfuncionales de los pacientes y, por tanto, el resultado de las técnicas conductuales va a permitir al paciente recabar datos o recabar información para que se produzca el deseado cambio cognitivo. Pasaremos a exponer, a continuación, algunas de las principales técnicas conductuales, siguiendo para ello, principalmente, el trabajo de Beck (1976), Beck y cols (1979) y de Young y Beck (1982). 4.1. La técnica de la programación de actividades La técnica de la programación de actividades sirve para que el paciente organice su día a día. La finalidad de la programación de actividades es doble. En primer lugar, la técnica se utiliza contra la perdida de motivación, la inactividad y la preocupación con ideas depresivas, por ejemplo, del tipo “no hago nada”, “no soy capaz de hacer nada”, etc. En segundo lugar, la idea fundamental a transmitir a un paciente es que simplemente debe intentar hacerla sin esperar encontrarse mucho mejor, y sin exigirse, desde luego, hacerla de forma correcta desde un principio. Para llevarla a cabo es necesario que el terapeuta tenga en cuenta tres cuestiones básicas. En primer lugar, debe explicar al paciente la base de ella, es decir, la finalidad que acabamos de comentar. En segundo lugar, tiene que preguntarle cuáles son las posibles objeciones en contra o a favor de hacerla, es decir, las dudas que el paciente puede tener o los problemas que pueden surgir al paciente a la hora de realizar determinada actividad y, finalmente, planteársela como un experimento. Esta cuestión del experimento relaciona esta técnica conductual con la modificación de alguna idea de tipo negativo de un paciente. Por tanto, las principales recomendaciones que el paciente va a recibir serían cuatro: 1) No debe preocuparse si no es capaz de acabar la tarea prescrita. 2) Debe ser capaz de planificar sólo lo que debe hacer y no cuánto debe hacer. 3) Hay que insistir mucho al paciente en que lo importante es hacer la actividad, o al menos, intentar hacerla sin tener en cuenta el posible éxito, o las consecuencias de hacerla. 4) El paciente debe ser capaz de buscar tiempo, cada día, para planificar lo que debe hacer. Para ponerla en práctica es conveniente que al comienzo de la terapia sean, paciente y terapeuta, quienes conjuntamente diseñen la programación de actividades. Una vez que el paciente tiene claros todos estos requisitos y recomendaciones, confecciona, junto al terapeuta (y sólo más adelante) su posible planificación semanal, para lo cual es útil emplear la hoja diseñada al respecto (véase cuadro 8). Cuadro 8. Estructura de una hoja de tarea para la programación de actividades Hora Hora Hora Hora Hora Hora Hora Día Día Día Día Día Día Día Nota: Substituir el “día” por el día de la semana concreto, y las horas igualmente, añadiendo al confeccionarlas los bloques necesarios. Estas hojas se pueden confeccionar para los bloques de la “mañana”, la “tarde” o la “noche”, en función de las necesidades de los pacientes. 4.2. La técnica del dominio y la satisfacción Dominio se refiere a la sensación de logro que puede tener un paciente al realizar una tarea específica, mientras que satisfacción se refiere a los sentimientos agradables que puede tener el paciente relacionados con la actividad que está realizando. En este sentido, la finalidad de la técnica del dominio y la satisfacción es triple. En primer lugar, luchar, básicamente, contra el pensamiento de tipo absolutista, todo o nada, al hacer que los pacientes evalúen de forma numérica una actividad agradable realizada. En segundo lugar, ayuda a detectar y corregir cogniciones negativas, con lo cual podemos comprobar, de nuevo, la utilidad cognitiva de realizar técnicas conductuales. Y en tercer y último lugar, busca que el paciente valore cambios en su estado de ánimo, normalmente al estimar el dominio y la satisfacción en una sencilla escala de 0 a 5. Esta técnica se realiza conjuntamente con la planificación o programación de actividades y normalmente supone la planificación de tareas agradables o relevantes que el paciente tenga ganas de hacer. 4.3. Las tareas graduadas La finalidad de la técnica no es aliviar, de forma directa, el problema del paciente, por ejemplo una depresión, sino demostrarle si es capaz de hacer o no hacer algo, haciendo que el paciente tenga éxito a la hora de realizar determinada tarea, tarea que se relaciona con otras más complejas y en las que el terapeuta va, poco a poco, implicando al paciente. Para realizar esta técnica hay que seguir una serie de pasos, digamos lógicos, a la hora de planificar una determinada tarea, que en este caso va a ser una tarea más compleja que la realizada en las técnicas conductuales anteriores. De manera, que los pasos a seguir serían los siguientes: 1) Definir el problema. 2) Formular el proyecto desde tareas que son más sencillas a más complejas para completar esa tarea final. 3) Dar retroalimentación inmediata al paciente, relacionada con hacerle ver que puede alcanzar ese objetivo determinado. 4) Aclararle las dudas o cualquier problema que haya podido surgir durante el cumplimiento de una determinada tarea. 5) Hecho todo lo anterior, se pasa a elegir otras tareas más complejas, más complicadas, en colaboración con el paciente. La ultima cuestión que debemos mencionar respecto a las tareas graduadas son las precauciones que deben tomarse. En primer lugar, las evaluaciones que se realicen sobre la consecución de estas pequeñas tareas o tareas graduadas deben ser lo mas realistas posibles y en segundo y ultimo lugar, hay que poner un gran énfasis en el hecho de que lo que ha logrado el paciente se ha debido a su propio esfuerzo y no a cuestiones relacionadas con el azar. Pasaremos al siguiente bloque, el de las técnicas cognitivas, comenzando por la finalidad de éstas. 5. Finalidad de las técnicas cognitivas Podemos sintetizar la finalidad de las técnicas cognitivas en seis puntos principales: En primer lugar, y tal como ahora veremos, el paciente, gracias a las técnicas cognitivas, va a ser capaz de identificar los pensamientos que más problemas le están causando. En relación al tipo de cambio, podemos asumir que el cambio que provoca o que produce el uso de una técnica cognitiva se refiere, en segundo lugar, a que el paciente va a ver o va a ser capaz de ver aquellas cosas que no está percibiendo. En tercer lugar, no solamente va a ver lo que no se percibe, sino que va a ver más allá de lo que está percibiendo, lo que le va a permitir modificar, como ya se ha comentado con anterioridad, algunosde los principales errores o distorsiones cognitivas. Estas dos últimas cuestiones tienen que ver con mejorar el conocimiento del paciente y pueden estar relacionadas, pues, al fin y al cabo, contribuyen a que el paciente mejore sus procesos de conocimiento. La primera (ver lo que no se percibe) se refiere a que el paciente se fije en elementos y hechos para mejorar su conocimiento, ya que el paciente “no está viendo algo”. Por ejemplo, que el paciente se pregunte qué personas están implicadas en una situación, qué ha pasado antes de pasar algo, etc. La segunda (ver más allá) se refiere a que el paciente “está viendo algo”, pero debería mejorarlo complementando o relacionando lo que está percibiendo con más elementos u otras percepciones, significados, supuestos, etc. Por ejemplo, que el paciente se pregunte qué factores han influido en algo que le ha salido de una forma desafortunada. Que están relacionadas lo podemos ver en el siguiente ejemplo: por ejemplo, una persona tuvo una reacción de ira ante su pareja que no entiende y se la plantea al terapeuta. Para contribuir a su comprensión el terapeuta le pide que piense qué pasó, significativo o no, antes de que tuviera esa explosión de ira. El paciente puede contestar que durante el día su jefe había estado mandándole muchas tareas extras y que eso lo hacía sentirse mal (ver lo que no se percibe). A continuación paciente y terapeuta deben explorar el significado de por qué valoraba esas demandas de manera negativa, su imagen de sí mismo al explotar con ira, etc. (ver más allá). En cuarto lugar, una de las metas básicas de la terapia cognitiva y de las técnicas cognitivas va a ser lograr que el paciente desarrolle un conocimiento más valido, es decir, que dote a sus pensamientos, supuestos o creencias de un soporte empírico. En quinto lugar, y para conseguir esta meta anterior, debe convertir sus ideas negativas en hipótesis, es decir, hipótesis con las que debe trabajar, siguiendo la metáfora del ser humano como un científico. En sexto y último lugar, y aunque sea deseable es difícil de conseguir en algunos pacientes, es necesario, como meta de las técnicas cognitivas, que el paciente introduzca la duda frente a la certeza. Uno de los problemas principales que asaltan a los pacientes tratados en terapia cognitiva es la certeza que tienen sobre sus pensamientos y la incapacidad de distanciarse y de tomarlos como falsos o posibles, en un primer momento. En definitiva, podríamos reducir la finalidad de las técnicas cognitivas a tres puntos principales: 1. Ayudar al paciente a buscar evidencia que contrarreste las ideas negativas. 2. Ayudar al paciente a que busque puntos de vista alternativos y que introduzca la duda frente a la certeza. 3. Que el paciente sea capaz de trabajar, detectar y, por tanto, modificar, sus principales errores cognitivos. 6. Técnicas cognitivas de la terapia cognitiva de Beck En todos los manuales de tratamiento, se recogen diversas técnicas cognitivas que nos dan una idea de la riqueza y el alcance del modelo cognitivo de Beck, así como de su flexibilidad y sus posibilidades de aplicación. En el cuadro 9 tenemos algunas de las principales técnicas de tipo cognitivo. Para confeccionar este apartado hemos seguido, principalmente, los trabajos clásicos de Beck (1976; Beck y cols., 1979), así como otros más actuales que iremos mencionando, junto a nuestra propia experiencia empleando las distintas técnicas cognitivas. Cuadro 9. Algunas de las principales técnicas cognitivas para desafiar pensamientos automáticos distorsionados (en Leahy & Holland, 2000) TIPO Ofrecer psicoeducación directa Definir los términos (análisis semánticos) Descenso vertical Reducción al absurdo Mantener un registro diario Negación de los problemas Reatribución Actuar “como si” Comprobar predicciones Luchar contra la sobregeneralización DESCRIPCIÓN Ejemplo: dar información sobre la seguridad de los ascensores a un paciente con esa fobia Ejemplo: preguntarle al paciente, “¿cómo definiría ‘fracaso’ o ‘éxito’?” Preguntar, “¿qué significaría (qué sucedería, por qué sería un problema) si X ocurriera?, ¿qué ocurriría después? Y que significaría (qué sucedería, por qué sería un problema) ¿Son absurdas las implicaciones del pensamiento del paciente? (i.e., “Si estoy soltero, quiere decir que no me quiere nadie; toda la gente que está casada estuvo soltera antes; por tanto, a la gente casada no la quieren”) Hacer que el paciente lleve un registro de conductas/ acontecimientos que confirman o desconfirman un pensamiento Hacer que los pacientes hagan una lista de por qué una situación no es un problema, más que las razones por las que es un problema ¿Se pueden considerar otras causas de una situación? (i.e., provocación, carencia de conocimiento o preparación, dificultad de la tarea, carencia de guías claras, etc.) Si es así, ¿puede el paciente reatribuir parte de la responsabilidad de la situación/ acontecimiento a esas causas? Primero, con juego de roles y luego en situaciones reales, hacer que el paciente actúe como si no creyera en sus pensamientos negativos Hacer que el paciente haga una lista de predicciones específicas para la próxima semana y haga un seguimiento de los resultados Preguntar al paciente, “¿sólo porque X haya ocurrido, significa que es inevitable que suceda?” 6.1. Socialización del paciente en la terapia cognitiva La socialización del paciente se relaciona con cuatro aspectos fundamentales (Leahy y Holland, 2000). El primero de ellos hace referencia al establecimiento del contrato terapéutico. Este establecimiento supone pedirle al paciente, directamente, que se comprometa con la terapia así como que esté disponible para asistir a ella regularmente y realizar las tareas para casa. Otros de los aspectos relacionados con la socialización del paciente se refiere a la biblioterapia. La biblioterapia supone que el paciente lea libros de divulgación (o folletos) referidos a la terapia cognitiva, para que esté informado del problema, del enfoque de su problema y de lo que se va a hacer en relación a él. El tercer aspecto sobre el que se centra la socialización del paciente tiene que ver directamente con la conceptualización de la terapia cognitiva, es decir, el paciente tiene que comprender cómo los pensamientos crean los sentimientos. Por ejemplo, saber que cada vez que una persona se siente ansiosa, no se siente ansiosa en un vacío, sino que esta ansiedad dependerá, por ejemplo, de su miedo o de sus anticipaciones a fallar, a fracasar o, por ejemplo, a tener un accidente. La ultima cuestión respecto a la socialización se refiere a que el paciente aprenda (y esto también tiene que ver, de forma directa, con la conceptualización de la terapia cognitiva) a diferenciar entre pensamientos y hechos. Por ejemplo, una persona puede pensar que fracasará al realizar una actividad determinada pero, sin embargo, tiene que darse cuenta que sólamente puede pensar en la posibilidad de fracaso cuando existe evidencia o argumentos a favor de esta idea. Es decir, lo que tiene que hacer el paciente es recabar información empírica que le permita validar dicho supuesto. 6.2. Identificación y categorización de pensamientos automáticos Una técnica importantísima es la identificación y categorización de pensamientos automáticos negativos. En el cuadro 10 nos aparece una hoja de registro de pensamientos automáticos, que es la que normalmente se ofrece a los pacientes al comienzo del tratamiento para que registren en ella lo que pasa en el devenir de su conciencia y accedan a ese mundo cognitivo que es con el que luego se va a trabajar en la terapia. La importancia del registro de pensamientos es tan grande que, en principio, se aconseja no comenzar a hacer terapia cognitiva si no se dispone, al menos, de alguna prueba palpable de que el paciente es capaz de acceder a ese mundo cognitivo. Si es necesario, el terapeuta puede trabajar con el paciente, en sesión, para que registre o informe de lo que le pasa por sucabeza al recordar situaciones concretas que le hayan preocupado o molestado recientemente o mientras esperaba entrar a la sesión (Beck y Greenberg, 1984) como una forma de práctica o de toma de contacto con la técnica. Por tanto, el registro de pensamientos es una forma de empezar a entrenar al paciente en el trabajo que luego se le va a pedir, sesión tras sesión y, sobre todo, es una prueba de cuál es la disponibilidad del paciente para recibir esa terapia cognitiva. Indudablemente, tal y como aparece en el cuadro 10, hay un formato estándar. Pero éste se puede variar en función de las posibilidades de los pacientes. Por ejemplo, algunos pacientes tienen graves problemas para registrar en columnas sus pensamientos o sus emociones. El problema principal estriba, sobre todo, en el intento de diferenciar entre pensamientos y emociones. Por ejemplo, un paciente ante una situación que le produce ansiedad, puede experimentar esa ansiedad o simplemente tener miedo. En principio, tendrá problemas para saber encuadrar la frase “tengo miedo” o “me siento ansioso” en una categoría, o en una columna o en otra. De manera, que lo que importa es que el paciente registre y acceda a ese mundo cognitivo poniendo en marcha sus mecanismos de introspección. Lo que nos interesa, realmente, es que el paciente anote la mayor cantidad posible de pensamientos y emociones de manera que a veces no es necesario que el paciente siga estos registros estructurados, sino que simplemente anote en hojas sueltas, en blanco o, por ejemplo, en libretas que se compre para la ocasión, lo que pasa por su cabeza y como se siente a lo largo de los días confeccionando, de esta manera, una especie de diario a su propia conveniencia. Incluso cuando el paciente tiene una serie de ideas muy repetitivas y que le aparecen con mucha frecuencia se puede cansar de escribir siempre lo mismo y además contemplar esos registros le puede provocar sentimientos negativos al respecto. Para ello, a veces, es deseable que en lugar de utilizar registros estructurados, coja una hoja de papel en la que haya anotado la idea o ideas que hay que registrar y simplemente haga una cruz o una marca que señale las veces que ha tenido esas ideas, a lo largo de los días, entre sesión y sesión. Pero a pesar de las variantes o de la flexibilidad que se debe de tener a la hora de hacer un registro de pensamientos, el terapeuta debe intentar que el registro sea, desde el principio, lo más completo posible. Para hacer estos registros lo más completos posibles podemos seguir, como terapeutas, las siguientes instrucciones: 1. El terapeuta debe saber identificar y enseñar al paciente, en términos generales, la naturaleza del problema. 2. Tiene que saber especificar el problema en términos concretos. La idea es que el paciente está anotando una situación que es problemática y que, en principio, va a ser nueva para el terapeuta. De manera, que el terapeuta tiene que saber si el paciente la representa o la refleja adecuadamente para entenderla y para entender al paciente. Al mismo tiempo, esto facilita que el terapeuta sepa perfectamente cuál es el contenido principal, los temas básicos que preocupan al paciente. 3. Es conveniente pedir al paciente que nos dé o nos ofrezca un ejemplo reciente en donde comente cómo se sintió cuando ese problema lo asaltó o lo molestó la ultima vez. 4. Es conveniente que el terapeuta intente hacerse una idea lo más completa posible de la situación. Para ello lo que debe hacer es repetir mentalmente la acción descrita por el paciente. Esta repetición supone, en primer lugar, saber exactamente cuál era la situación, cuándo se produjo y cómo o con quién, es decir, qué personas estaban implicadas y qué estaban haciendo todas las personas implicadas en esa situación. En segundo lugar, el terapeuta tiene que saber en qué punto de esa situación o de ese suceso empezó el paciente a sentirse mal. Exactamente, tiene que conocer cuáles eran sus sentimientos y cómo los había experimentado. Para saber su gravedad lo normal es pedirle que los valore o los evalúe en una escala del 0 al 100. Finalmente, el terapeuta tiene que intentar responder exactamente qué está pensando el paciente cuando empieza a sentirse mal, y eso se refiere tanto, a imágenes, como a palabras, como a significados. Es decir, el terapeuta tiene que buscar aquellos pensamientos o significados que el paciente aporta, o tiene, en una determinada situación, que sean lo suficientemente fuertes y relevantes como para explicar y hacerle entender las emociones que está experimentado. Además, el paciente tiene que pensar en qué medida lo afecta o se cree esos pensamientos, también en una escala del 0 al 100. El quinto aspecto de la identificación de pensamientos, supone que el terapeuta debe ser capaz de repetir el problema, de comentar y describir el problema tal y como ha sido expuesto por el paciente, de manera que lo que está haciendo el terapeuta es dar retroalimentación al paciente y, sobre todo, asegurarse de que ha entendido, correctamente, cuales han sido las situaciones problemáticas y los pensamientos más importantes que “asaltan” al paciente en dichas situaciones problemáticas. Una vez que se han detectado los principales pensamientos negativos de un paciente se pasa a analizarlos. Para ello podemos seguir tres posibilidades (Beck y Greenberg, 1984): 1. Hacer un análisis lógico que examine los tipos de inferencias utilizadas para sacar las conclusiones. 2. Hacer un análisis empírico mediante el cual el paciente debe valorar si dispone de evidencia para apoyar dicho pensamiento. 3. El análisis pragmático sirve al paciente para que se dé cuenta de cuáles son las consecuencias prácticas de mantener esa creencia. Las siguientes técnicas permiten acceder a estas metas. 6.3. El análisis de la lógica incorrecta Esta es una técnica típicamente racionalista para el trabajo con los pensamientos y los supuestos disfuncionales. Las siguientes quince preguntas que vamos a exponer representan algunos de los aspectos fundamentales para llevar a cabo este análisis de la lógica incorrecta. En principio y aunque se presentan en forma de pregunta no se deben hacer directamente así al paciente sino, más bien, se deben utilizar para hacer que el paciente reflexione o hacerle reflexionar en función de lo que cada una de estas preguntas supone, por lo que su formato debe modificarse. El terapeuta debe emplearlas como el centro y la base de otra serie de preguntas conducentes que faciliten al paciente analizar sus pensamientos. Es decir, se debe evitar, al igual que ocurría con el modelo de Ellis “disparar” una pregunta tras otra al paciente. Más bien, lo que se debe hacer es cuestionar de una forma guiada los pensamientos del paciente para que éste alcance una conclusión alternativa. Estas preguntas (junto con algunas reformulaciones, que enmarquen estas preguntas) serían: 1. ¿Cuál es la evidencia a favor o en contra de una idea determinada? (Reformulación: ¿te ha pasado eso alguna vez?, ¿siempre que has pensado así te ha pasado?, ¿si no lo piensas te ha pasado alguna vez, de qué depende eso, etc.). 2. ¿Que lógica hay detrás de esa idea? (Reformulación: ¿qué tipo de razonamientos estás haciendo?; ¿cómo estás viendo esa situación?, ¿qué te estás diciendo?, etc.) 3. ¿Está usted simplificando una relación causal? 4. ¿Está usted confundiendo un hábito con un hecho? 5. ¿Sus interpretaciones de la realidad están tan alejadas de ésta que no pueden ser precisas o exactas de ninguna manera? 6. ¿Está confundiendo su versión de los hechos, con los hechos tal y como son? 7. ¿Está pensando en términos de todo o nada? 8. ¿Está usted usando palabras o frases extremas o muy exageradas? 9. ¿Está usted perdiendo de vista el contexto? 10. ¿Está usted utilizando mecanismos de defensa cognitivos? 11. ¿Es fiable su fuente de información? 12. ¿Está usted pensando en términos de certezas y no de probabilidades? 13. ¿Está usted confundiendo una alta con una baja probabilidad? 14. ¿Están sus juicios basadossobre sentimientos, más que sobre hechos? 15. ¿Está usted excesivamente centrado en un factor irrelevante? 6.4. La búsqueda de respuestas alternativas La meta de la búsqueda de respuestas alternativas está en que el paciente lleve a cabo una investigación activa que le permita encontrar soluciones alternativas para su problema. Para realizar la técnica de la búsqueda de respuestas alternativas se utilizan, normalmente, las hojas de registro de pensamientos disfuncionales, tal y como nos aparece en el cuadro numero 10. Es decir, en ellas el paciente debe anotar en qué situación está, qué emociones tiene y si es posible valorarlas de 0 a 100, cuáles eran exactamente los pensamientos automáticos que le surgían en esa situación, en relación a esas emociones y hasta qué punto se cree cada uno de ellos. Las dos columnas a las que no nos habíamos referido, hasta el momento, se refieren a la respuesta racional y al resultado de dicha respuesta racional y son las que se complementan con esta técnica. La respuesta racional, lógicamente, supone que el paciente tiene que desarrollar un punto de vista alternativo, más racional, más válido para cada uno de sus pensamientos automáticos. Para encontrar estas respuestas racionales el paciente puede optar por diversas posibilidades. La primera de ellas y, una de las mas destacadas en este contexto, es establecer un diálogo socrático. Los diálogos socráticos, también utilizados en la terapia de Albert Ellis (véase capítulo 3), necesitan desarrollarse, primero, entre paciente y terapeuta, de manera que el paciente aprenda, siguiendo las preguntas que el terapeuta le hace, a cuestionarse todas y cada una de sus ideas negativas. Una vez que ha aprendido a hacerlo, ayudado por el terapeuta, será capaz luego, fuera de la sesión, de buscar una respuesta alternativa siguiendo preguntas semejantes a las que el terapeuta le ha hecho en sesión. Entre las preguntas socráticas que podemos hacer a un paciente y que el paciente puede aprender, estarían las siguientes (Wills & Sanders, 1997): 1. ¿Qué quieres decir cuando estás diciendo eso en concreto? 2. ¿Qué evidencia tienes de que lo que estás diciendo sea verdad? 3. ¿Cuál es la evidencia que tienes en contra de lo que estás diciendo? 4. ¿Qué es lo peor que puede pasar, y si pasa, entonces, qué puede ocurrir? 5. ¿Qué te lleva a pensar que eso puede pasar? 6. ¿Cómo te hace sentir eso? 7. ¿Cómo se siente tu cuerpo al pensar eso? 8. ¿Qué le dirías a un amigo que hiciera en tu misma situación? 9. ¿Puedes decirte algo que te sea de utilidad? Y finalmente, 10. ¿Qué piensas que puedes cambiar para hacer que las cosas te vayan mejor? Por tanto, la primera posibilidad, la primera técnica para buscar respuestas racionales, se encuentra en el uso del dialogo socrático. En segundo lugar, hay una serie de preguntas que el paciente puede hacerse y que representarían los aspectos fundamentales a los que el paciente tiene que responder cuando está buscando una respuesta alternativa a su pensamiento disfuncional. Estos aspectos fundamentales tienen como meta, en primer lugar, algo muy importante: que el paciente se dé cuenta de cual es la evidencia que tiene para afirmar esos pensamientos automáticos. En segundo lugar, el paciente debe preguntarse si existen puntos de vista alternativos. En tercer lugar, habría que preguntarse cuáles son las consecuencias, es decir, el efecto de pensar de la forma en que lo está haciendo y, en cuarto lugar, y en el caso de que el paciente sea capaz de reconocerlos, debe anotar cuáles son los errores de pensamiento o las distorsiones cognitivas que está cometiendo o que reflejan cada uno de sus pensamientos automáticos. La tercera posibilidad para encontrar respuestas racionales se obtiene de las preguntas que ya hemos expuesto para analizar la lógica incorrecta. Como vemos, buena parte de los diálogos socráticos o del análisis de la lógica incorrecta se sintetizan o se pueden sintetizar en estos dos aspectos: 1. Encontrar evidencia. Es decir, este es un modelo que hace válida la visión del ser humano como un científico, de manera que toda idea se convierte en una hipótesis que se debe juzgar y validar, buscando datos. 2. Encontrar mediante preguntas y reflexiones puntos de vista alternativos y diferentes sobre las cosas, buscando y modificando distorsiones y errores cognitivos. En el cuadro11, tenemos un ejemplo de una tarea de búsqueda de respuestas alternativas de una paciente. Una vez que se ha dado la respuesta racional a todos y cada uno de los pensamientos automáticos que aparecen en el registro conviene evaluar el resultado de esta búsqueda de respuestas alternativas. Esta evaluación del resultado supone que el paciente debe preguntarse, en primer lugar, hasta qué punto se cree, en ese momento, cada uno de los pensamientos o de los nuevos pensamientos que se ofrecen como alternativa a los pensamientos disfuncionales. En segundo lugar, debe anotar cómo se siente, intentando valorarlo de 0 a 100. Y en tercer lugar, intentar sacar una reflexión o establecer un nuevo curso de acción preguntándose que puede hacer a partir de ese momento, a la vista de esa respuesta alternativa. 6.5. La comprobación de hipótesis La ultima técnica que vamos a exponer es la comprobación de hipótesis. La técnica de la comprobación de hipótesis es, de nuevo, un ejemplo magnífico de que la terapia cognitiva de Beck hace válida la visión del ser humano como un científico. Es decir, en principio, el paciente tiene que tomar todos y cada uno de sus pensamientos automáticos o sus ideas negativas y convertirlas en hipótesis. Si, y esto es un aspecto muy importante, surgen varias ideas negativas asociadas se debe acordar con el paciente elegir una, y dejar las otras para tratarlas más tarde en la sesión o para sesiones posteriores. Es muy importante que la comprobación de hipótesis se realice, única y exclusivamente, sobre una idea en concreto y no sobre varias ideas aunque éstas estén relacionadas. Por tanto, el primer paso en la comprobación de hipótesis consiste en anotar, de la manera más concreta posible, la idea negativa que está causando un problema al paciente y tomarla como una hipótesis, es decir, como algo que debe comprobarse y verificarse. Si el terapeuta no dispone de una pizarra para hacerlo, al menos, debe anotar esa idea negativa, y los pasos que vienen a continuación, en una hoja de papel, de manera que eso le facilite al paciente seguir el debate con el terapeuta, visualizando y recordando todos y cada uno de los pasos de la comprobación de hipótesis. El segundo punto a tratar en la comprobación de hipótesis, se refiere a la búsqueda de la evidencia, es decir a la búsqueda de la evidencia a favor de la idea negativa, en primer lugar. Esto es, buscar aquellos aspectos que en opinión del paciente avalan la idea negativa. En segundo lugar, se hace una segunda columna en donde el paciente tiene que ofrecer o buscar la evidencia en contra, es decir, aquella evidencia que va a anular o contradecir la idea negativa. En un principio le va a ser mucho mas fácil al paciente anotar la evidencia a favor que no la evidencia en contra. En el caso de que se tenga la evidencia a favor, se pase a buscar la evidencia en contra y el paciente esté bloqueado, o no sepa que argumentos dar, es conveniente que el terapeuta, junto con el paciente, haga un análisis de todos y cada uno de los argumentos ofrecidos a favor de la idea negativa. Esta forma de hacerlo, supondría que estamos intentando encontrar, de paso, evidencia que contradiga cada uno de estos argumentos a favor de la idea negativa. De manera que si se analizan o se intentan contrarrestar estas evidencias a favor, estemos encontrando o en vías de encontrar, en parte, algunos argumentos en contra de la idea negativa. A veces, y si al paciente le es fácil hacerlo, es conveniente que vaya valorando la importancia de cada uno de los elementos por él aportados, ya sea a favor o en contra. Esto, muchas veces, puede facilitar que un paciente tome una decisióno se decida por avalar o negar una idea negativa. En el cuadro 11 tenemos un ejemplo de estos primeros pasos de la comprobación de hipótesis. En tercer lugar, la comprobación de hipótesis supone plantear un experimento que permita comprobar la hipótesis negativa. Los experimentos que se hacen en terapia cognitiva deben ser lo más concretos posibles, el paciente debe poder valorarlos y evaluarlos lo más rápidamente posible (o por parte del terapeuta, en el caso de que sea necesario). Aquí, el viejo principio del sentido común, debe ser el más común de todos. Por ejemplo, no se deben comprobar aspectos, ni establecer experimentos que no tengan una referencia directa con la idea negativa y, por supuesto, no debe entrar a formar parte de un experimento, ninguna actividad o ningún tipo de experimento que no sea relevante o importante para el paciente. El cuarto paso en la comprobación de hipótesis consiste en observar el resultado del experimento. Si es factible, se acuerda con el paciente que llame al terapeuta para informarle del resultado de ese experimento. De manera que el terapeuta retroalimente y premie al paciente, en el caso de que lo necesite, y lo anime a seguir planteando nuevos experimentos para comprobar nuevas hipótesis. Indudablemente, y al igual que las otras técnicas cognitivas anteriores, la comprobación de hipótesis requiere un cierto nivel de práctica, previo en sesión, por parte del paciente y del terapeuta, hasta que el primero está dispuesto o ya sabe, más o menos, cómo llevar a cabo la comprobación de hipótesis por él mismo. Lógicamente, el ultimo paso va a ser muy importante. En función del experimento y de las consecuencias de ese experimento se debe intentar modificar o revaluar la idea negativa, de manera que el paciente, en función de lo que ha hecho y ha experimentado, debe ser capaz de obtener una nueva conclusión sobre la hipótesis inicial, a partir de todo ese proceso. 7. Conclusión El modelo de Beck es uno de los modelos cognitivos más utilizados y divulgados en la actualidad. La importancia de este modelo no sólo estriba en su contribución al desarrollo de la terapia cognitiva de una manera muy clara, sino a considerar, gracias a los estudios de eficacia que sobre él se han hecho (Caro, 1995b; Rush y cols., 1977) la hipótesis psicológica en campos tradicionalmente enfocados mediante otros modelos, psicológicos, pero sobre todo, farmacológicos (por ejemplo, en el caso de la depresión). Quizás uno de los rasgos principales del modelo estribe en su capacidad de generar un gran número de investigaciones y de implicar a numerosos terapeutas en ellas. El modelo continúa evolucionando gracias a su aplicación en numerosos campos, y a su intento de dotar de base experimental a sus principales hipótesis. EJERCICIOS PRÁCTICOS 1. Enumere, al menos, 10 de las características principales del modelo cognitivo de Beck. 2. Anote en el espacio disponible el tipo de distorsión cognitiva (de las descritas en el apartado 2.8) que está detrás de los siguientes pensamientos: A. Nada me sale bien B. Mi amigo no me ha saludado porque me rechaza C. Tengo la culpa de todo lo que pasa en casa D. Vamos a tener un accidente de coche E. Soy un desastre como persona F. Es horrible lo que me pasa G. No tiene sentido intentar hacer las cosas H. Aunque me haya salido bien, eso es lo que debía hacer I. Siempre soy yo la que cede J. Los aviones son peligrosos K. Debo tener éxito en todo lo que intento 3. Observese a usted mismo, durante una semana, y registre sus pensamientos, emociones y conductas siguiendo la hoja de registro de pensamientos. Cuando lo haya hecho, busque el tipo de distorsión cognitiva que está detrás de aquellas ideas o creencias que lo hacen encontrarse mal, irritado, triste, etc. 4. Tome las creencias y pensamientos que ha clasificado como distorsionadas y modifíquelas, al menos sobre el papel, para que reflejen un conocimiento más válido. Por ejemplo, si piensa, “soy incapaz de hacer mis actividades cotidianas”, puede convertir esta frase en más ajustada a hechos, de la siguiente manera: “voy a ver cuántas actividades puedo hacer durante esta semana”. 5. Registre, durante una semana, sus pensamientos y creencias. Sobre los pensamientos o creencias que le causen problemas, detecte el tipo de esquema, siguiendo la clasificación que aparece en el cuadro 1. 6. Sobre el registro anterior de los pensamientos o creencias que le causen problemas, detecte el tipo de modo, siguiendo la clasificación que aparece en el cuadro 2. 7. Coja una de las ideas negativas que haya aparecido en sus registros e intente modificarla siguiendo, para ello, las 10 preguntas que aparecen en el apartado 6.4. 8. Siguiendo la estructura de la comprobación de hipótesis, intente modificar el pensamiento de María (caso clínico 1): “Soy una carga para mi familia”. 9. Siguiendo la estructura de la comprobación de hipótesis, intente modificar el pensamiento de Silvia (caso clínico 2): “Soy una mala madre”. CUESTIONARIO DE AUTOEVALUACIÓN 1. Mediante qué concepto explica Beck la suborganización de esquemas: A. Regla B. Tríada cognitiva C. Modo 2. Durante qué momento de la terapia de Beck se realiza el contrato terapéutico: A. La socialización B. El entrenamiento en el registro de pensamientos C. La evaluación cognitiva 3. ¿Qué tipo de distorsión cognitiva sería el siguiente pensamiento: “Soy responsable de lo que le ocurre a mi familia”?: A. Abstracción selectiva B. Sobregeneralización C. Personalización 4. ¿Los pensamientos automáticos serían consecuencia directa de?: A. La esfera personal B. Los esquemas C. Los procesos de significado 5. ¿Qué técnica conductual emplearemos para modificar una idea como la siguiente: “no hago nada”?: A. Dominio y satisfacción B. Programación de actividades C. Solución de problemas 6. ¿En qué autor se basó Beck para desarrollar su noción de esquema?: A. Sullivan B. Teasdale C. Piaget 7. ¿Según el modelo de Beck, mediante qué concepto nos podemos definir como personas?: A. Esfera personal B. Modo C. Esquema 8. Mediante qué técnica podemos buscar respuestas racionales: A. Comprobación de hipótesis B. Análisis semántico C. Diálogo socrático 9. ¿Cuál es el segundo paso en la comprobación de hipótesis?: A. Plantear un experimento B. Buscar la evidencia a favor o en contra C. Comprobar la hipótesis 10. Una de las metas de las técnicas cognitivas, en el modelo de Beck, consiste en: A. Desarrollar un conocimiento más válido B. Desarrollar un conocimiento más viable C. Introducir la certeza frente a la duda 11. ¿Cuál sería una característica básica de los pensamientos automáticos? A. Su funcionalidad B. Su permeabilidad C. Su idiosincrasia 12. Si queremos demostrar a un paciente que puede hacer algo, más o menos complejo, emplearemos la técnica de: A. Tareas graduadas B. Programación de actividades C. Visualización 13. ¿Qué tipo de esquemas están implicados en estrategias y conductas primarias?: A. Cognitivo-conceptuales B. Motivacionales C. Conductuales 14. El modo de pérdida, típico de la depresión, sería un modo de tipo: A. Primario B. Constructivo C. Menor 15. Si queremos que un paciente se dé cuenta de las consecuencias prácticas de asumir determinada creencia haremos un análisis: A. Lógico B. Empírico C. Pragmático 16. ¿Qué tendencia, en la investigación actual, ha sido seguida, principalmente, en el modelo de Beck?: A. Investigación de procesos B. Tratamientos empíricamente validados C. Estudios de casos 17. ¿De qué autor retomó Beck, el concepto de pérdida?: A. Freud B. Jung C. Adler 18. Los patrones cognitivos relativamente estables que dictan cómo debemos reaccionar ante cualquier situación serían: A. Esquemas B. Modos C. Reglas 19. Cuando extraemos una conclusión específica en ausencia de evidencia que la apoye, ¿qué tipo de distorsión cognitiva estamos cometiendo?: A. Pensamiento absolutista B. Inferencia arbitraria C. Abstracción selectiva 20. Durante la programación de actividades se aconseja al paciente que: A. Planifique cuánto debe hacerB. Busque hacerla con éxito C. No se preocupe si no la acaba 5 El modelo de solución de problemas de Arthur Nezu 1. Introducción La primera cuestión que debemos señalar como introducción, es que podemos considerar al modelo de Nezu como un buen ejemplo de un modelo cognitivo-comportamental de terapia cognitiva. Como señalan D’Zurilla y Nezu (2001), el origen de los modelos de solución de problemas se encuentra dentro del movimiento cognitivo- comportamental a finales de los años 60 y comienzo de los años 70. El trabajo pionero al respecto fue el de D’Zurilla y Goldfried que en el año 1968 presentaron un simposium sobre el papel de los factores cognitivos en la modificación de conducta, en un congreso de la Asociación Psicológica Americana (APA). Estos autores argumentaron, en dicho simposium, que los programas de entrenamiento en habilidades sociales deberían incluir aspectos de entrenamiento en habilidades de resolución de problemas que facilitaran generalizar las mejoras obtenidas en estos modelos al campo de la competencia social. El trabajo fue publicado con posterioridad, en el año 1971 (D’Zurilla y Goldfried, 1971), al cual le siguieron otros trabajos en modelos de solución de problemas por parte de otros autores. De manera que a comienzos de los años 70 empezaron a incrementarse las aplicaciones de los modelos de solución de problemas al campo clínico y también al campo de la psicología de la salud, fundamentalmente. El modelo de solución de problemas se ha utilizado con niños, adolescentes y adultos, ya sea como un método exclusivo de tratamiento, o bien como una estrategia de mantenimiento, o bien como un programa de prevención. Igualmente, el modelo se ha utilizado en diversos formatos, es decir, en terapia individual, terapia de grupo, terapia familiar, terapia de parejas y también en consejo psicológico. También se ha utilizado en ambientes no clínicos, por ejemplo en seminarios o en cursos universitarios. En el cuadro 1 tenemos un resumen de las principales aportaciones y algunos de los principales estudios sobre la eficacia del modelo de solución de problemas. Cuadro 1. Campos de aplicación y eficacia del modelo de resolución de problemas (a partir de Nezu y cols., 1997a) Área Estudios Depresión Ideas suicidas Fobia social Esquizofrenia Personas con retraso mental y problemas psiquiátricos Abuso de substancias Obesidad Cáncer Arean, Perri y cols. (1993) Mynors-Wallis, Gath y cols. (1995) Nezu y Perri (1989) Lerner y Clum (1990) Salkovskis, Atha y Storer (1990) McLeavey y cols. (1994) DiGiuseppe y cols. (1990) Bradshaw (1993) Liberman y cols. (2001) Nezu y cols (1991) Cunningham y cols. (1993) Carey, Carey y Meisler (1990) Intagliatia (1978) Magura, Kang y Shapiro (1994) Platt y cols (1993) Perri y cols. (2001) Nezu y cols. (2003) En resumen, podemos considerar al modelo de solución del problema como un modelo eficaz, ampliamente extendido y aplicado en poblaciones y trastornos tan diversos como la esquizofrenia, la depresión, problemas relacionados con el estrés y la ansiedad, conductas e ideas suicidas, abuso de sustancias, problemas relacionados con el mantenimiento del peso, problemas de relaciones interpersonales, problemas relacionados con el retraso mental, etc. Y en el campo, por ejemplo, de la psicología de la salud se ha aplicado fundamentalmente para trabajar con los cuidadores de pacientes que tienen cáncer, tal y como expondremos más adelante. En una sociedad cada vez más compleja, y que presenta múltiples demandas a nuestras habilidades de solución de problemas, este modelo tiene aspectos importantes que ofrecer en este sentido (Heppner, 1990). De forma general, el entrenamiento en solución de problemas se refiere al proceso mediante el cual el individuo identifica o, descubre, formas eficaces de afrontar situaciones problemáticas que aparecen en el día a día. Originalmente, D’Zurilla y Goldfried (1971) definieron la solución de problemas como un proceso de tipo conductual que posibilita una serie de respuestas alternativas, supuestamente eficaces, para manejar una situación problemática y, en segundo lugar, como un proceso que incrementa la probabilidad de seleccionar aquella respuesta más eficaz de entre esas alternativas disponibles. Más recientemente, el grupo de Nezu (Nezu y cols., 1997a) ha definido la resolución de problemas sociales como un proceso meta-cognitivo mediante el cual las personas comprenden los problemas de la vida y se esfuerzan por: 1) Alterar la naturaleza problemática de la situación, 2) Sus reacciones hacia éstas o, 3) Ambas cosas a la vez. Hecha esta breve introducción, pasaremos a exponer algunos de los principales conceptos del modelo de resolución de problemas, siguiendo el trabajo de Nezu y Nezu (1991). 2. Conceptos principales El primero de los conceptos que debemos definir es el de problema. Los problemas, dentro de este enfoque, se definen como situaciones específicas de la vida, ya sean presentes o anticipadas, que exigen respuestas para el funcionamiento adaptativo pero que no reciben respuestas de afrontamiento eficaces provenientes de las personas que se enfrentan a ellas, debido a la presencia de distintos obstáculos. Estos obstáculos se relacionan con situaciones ambiguas, cuestiones relacionadas con la incertidumbre ante la situación, exigencias contrapuestas, la falta de recursos o la novedad de la situación. Desde este punto de vista, los problemas representarían una discrepancia entre la realidad de una situación, es decir, lo que la situación ofrece en sí y los objetivos que el paciente desea alcanzar; de manera que siguiendo esta definición los problemas no serían algo propio del ambiente ni de la persona exclusivamente, sino que cuando estamos hablando de problema debemos entenderlo como un tipo particular de relación persona-ambiente que refleja el desequilibrio o la discrepancia que se percibe entre las demandas y la posibilidad de disponer de una respuesta de tipo adaptativo. Es decir, estamos ante un “problema”, cuando carecemos de líneas a seguir, o recursos para afrontar una situación, ya sea nueva o, incluso, cotidiana. Las situaciones problemáticas con las que nos podemos encontrar a lo largo de nuestra vida pueden ser de cuatro tipos: 1) La primera de estas categorías hace referencia a situaciones adversas, es decir, hay situaciones problemáticas adversas que implican la presencia o la amenaza de una estimulación negativa o punitiva. Por ejemplo, un estudiante que sistemáticamente ha abandonado sus tareas escolares o académicas sabe que se va a encontrar a final de curso con las consecuencias de dicho abandono, siéndole cada vez más difícil ponerse al día, con lo que sentarse a estudiar se convierte en una situación claramente aversiva. 2) La segunda categoría de situación problemática crítica con la que nos podemos encontrar, se refiere a la pérdida de refuerzo. En este tipo de situación, cambios en el ambiente tienen como consecuencia la pérdida o la ausencia de refuerzos esperados. Por ejemplo, un estudiante que habitualmente ha sacado buenas notas en su colegio, o en su instituto, pasa a la universidad y allí se puede encontrar con que empieza a fallar en las tareas académicas universitarias, perdiendo una de sus fuentes de refuerzo. 3) La tercera categoría se refiere a situaciones problemáticas que nos frustran, es decir, aquellas situaciones que suponen la presencia de algún obstáculo o de una serie de obstáculos que impiden que la persona, o también el grupo, o incluso una pareja, logre las metas deseadas. Por ejemplo, una pareja quiere programar un fin de semana a solas y se encuentra con que no puede dejar a sus hijos a cargo de ninguna persona. 4) La cuarta y última categoría se refiere a situaciones conflictivas. Estos conflictos pueden ser de dos tipos: de tipo interpersonal y de tipo personal. En una situación conflictiva de tipo interpersonal, una persona o un grupo de personas, que mantienen entre ellas una relación, tiene expectativas comportamentalesque entran en conflicto con las de la otra persona o con las de las otras personas que están implicadas en esa relación. Por ejemplo, dos estudiantes universitarios que entran en conflicto a la hora de decidir el procedimiento y el enfoque en un trabajo que el profesor les ha pedido. Finalmente, una situación personal conflictiva se refiere a que un individuo se encuentra con demandas estimulares conflictivas cuyo origen radica, o bien en el ambiente, o bien en él mismo. Por ejemplo, un estudiante que está haciendo un examen importante, ve como otros compañeros copian y aún reconociendo la importancia de ese examen, no acaba de decidirse por copiar, lo cual lo ayudaría, o por no copiar, ya que eso entra en conflicto con lo que cree que es correcto o incorrecto. El segundo concepto que debemos definir es el de solución. Una solución se define como cualquier respuesta de afrontamiento encaminada a modificar la naturaleza de la situación problemática, las propias reacciones emocionales negativas o, ambas. Recordemos que ésta es la definición del propio proceso de solución de problemas. En relación al concepto de solución hay que destacar el concepto de solución eficaz. Las soluciones eficaces serían aquellas respuestas de afrontamiento que permiten alcanzar los objetivos anteriormente expuestos y, al mismo tiempo, aumentan las consecuencias positivas, es decir, los beneficios, y disminuyen cualquier tipo de consecuencia negativa, es decir, los costes. A la hora de establecer costes y beneficios de una solución eficaz hay que tener en cuenta las implicaciones, no sólo a corto sino también a largo plazo, de la solución aplicada, así como las consecuencias que puede tener dicha solución, ya sea para la propia persona o para las personas relacionadas con ella. En este sentido, serán múltiples las variables que debemos tener en cuenta a la hora de considerar una solución como eficaz y, desde luego, no debemos dejar de incluir estas variables en un contexto social determinado. Variables tales como consecuencias a corto y a largo plazo para uno y para los demás, nivel de esfuerzo o de continuidad en el esfuerzo requerido, nivel de implicación de las personas cercanas, requisitos ambientales (por ejemplo, un lugar donde llevar a un hijo para que reciba una reeducación psicomotriz que influye en sus problemas escolares) y financieros necesarios (por ejemplo, posibilidad de pagar las clases de reeducación del niño con problemas), etc. Finalmente, dentro del modelo se diferencia entre solucionar un problema y poner en práctica una solución. La solución de problemas se refiere al proceso estricto de encontrar una solución eficaz a una situación considerada problemática, mientras que, como su nombre indica, la puesta en práctica de una solución se refiere a la ejecución en la vida cotidiana, en la vida real del paciente, de la solución que ha sido escogida. Esta distinción entre solucionar un problema y llevar a cabo la aplicación de esta solución es importante dado que la puesta en práctica de una solución no sólo es consecuencia de que el individuo haya logrado encontrar la solución más adecuada para su problema, sino que depende de importantes factores, como posibles deficiencias en sus habilidades para ejecutar la solución, inhibiciones emocionales, o déficit de motivación o de reforzamiento. Conocer si el individuo es capaz de encontrar una solución pero que, sin embargo, es incapaz de ponerla en práctica y cuáles son los factores que influyen en un proceso y en otro, tiene importantes implicaciones para la práctica clínica. Una vez definidos estos conceptos, importantes para comprender en qué consiste el enfoque de solución de problemas, pasaremos a exponer cuestiones clínicas. 3. El modelo de solución de problemas: cuestiones básicas La primera cuestión que debemos entender es en qué consiste concretamente la solución de problemas. En los resultados de la solución de problemas influyen dos procesos, parcialmente independientes: a) la orientación hacia el problema, y b) la aplicación específica de un proceso de solución de problemas (D’Zurilla y Nezu, 1982). La orientación hacia el problema se refiere a la operación de una serie relativamente estable de esquemas cognitivos, reacciones emocionales y tendencias comportamentales relacionados con los problemas de la vida y con la habilidad para afrontarlos con éxito (Houts y cols., 1996; Nezu, 2004). La aplicación específica del proceso se denomina ahora, estilo de resolución de problemas. Se refiere a las actividades cognitivo-conductuales centrales que realizan las personas cuando intentan resolver los problemas de la vida. En este sentido, existirían tres estilos diferentes: uno adaptativo y dos que no lo son. El estilo adaptativo, o solución racional de problemas supone construir un estilo de resolver problemas caracterizado por la aplicación, sistemática y planificada, de ciertas habilidades. Este estilo adaptativo es el que podemos lograr mediante el entrenamiento en sí, como luego veremos. Los otros dos estilos desadaptativos se refieren a actuar de una forma impulsiva, descuidada, en primer lugar. Es decir, la persona actúa, o al menos intenta hacer algo por resolver una situación, pero esta estrategia no permite la resolución. Con ello, Nezu y su grupo se están refiriendo normalmente a que la persona hace lo primero que se le pasa por la cabeza, sin tener en cuenta las consecuencias. Esto puede funcionarnos en según que ocasiones, pero no suele funcionar en situaciones complejas que son las que nos provocan más “problemas”. El último estilo se refiere a seguir un estilo de evitación caracterizado por dejar para mañana lo que tenemos que hacer hoy, la pasividad y la excesiva dependencia (Nezu, 2004). Es decir, aquí hacemos justo lo contrario de la actuación impulsiva. Esto a veces no nos trae consecuencias desagradables, pues algunas situaciones en la vida se resuelven por ellas solas (por cambios ambientales, o de las personas implicadas, por ejemplo), pero la mayoría de las situaciones más difíciles y que nos suponen un reto mayor no se pueden resolver de forma pasiva. Veremos, a continuación, brevemente en qué consiste la solución de problemas. La solución de problemas se refiere a cuatro procesos importantes (Nezu y Nezu, 1991; Nezu y cols., 1993; Nezu, y cols., 1997a). En primer lugar, el paciente debe ser capaz de aprender a generar alternativas, tal y como veremos cuando expongamos el proceso terapéutico en sí. En segundo lugar, el paciente debe ser capaz de tomar decisiones. Por regla general, en la vida nos vamos a encontrar con que ante un único problema vamos a disponer de varias soluciones y debemos, por tanto, elegir entre ellas aquella que mejor convenga a nuestros intereses. En tercer lugar, el proceso de solución de problemas supone un proceso de aprendizaje, es decir, la meta del tratamiento es aprender cómo resolver problemas desde un punto de vista general. Es decir, el modelo de Nezu lo que está planteando es un proceso de entrenamiento que facilita lo que se conoce, tal y como hemos comentado, como el transfer de aprendizaje, es decir, ser capaces de aprender un proceso mediante el cual seamos capaces de encontrar soluciones para una amplia variedad de situaciones problemáticas. Desde este punto de vista, el modelo de Nezu se separa de otros modelos (por ejemplo, Spivack, Platt y Shure, 1976), dedicados también a la resolución de problemas, que lo que plantean es un entrenamiento en habilidades específicas que sirven para resolver situaciones problemáticas concretas. Esto es, la ventaja del modelo de Nezu consiste en que al entrenar a los pacientes en habilidades generales, este transfer de aprendizaje se va a facilitar. Por ejemplo, si enseñas a una mujer que comparte sus tareas como ama de casa con su papel profesional (y que tiene, por tanto, múltiples obligaciones), a organizar sus tareas de casa, este aprendizaje, estas nuevas habilidades, pueden aparecer en otras situaciones, como por ejemplo, su ámbito laboral.Por tanto, el entrenamiento en solución de problemas es importante porque facilita, en cuarto lugar, este transfer de entrenamiento o de aprendizaje y, en este sentido, nos permite llevar a cabo un proceso por el cual vamos a ser capaces, por regla general y de forma constante, de solucionar problemas a lo largo de toda nuestra vida. Pero, ante todo, debemos recalcar que lo que está planteando el modelo de Nezu es algo muy importante para la psicoterapia, es decir, la incapacidad o las dificultades que podamos tener a la hora de resolver situaciones problemáticas va a ser una condición necesaria y suficiente para que se produzca o aparezca un trastorno de tipo emocional (Nezu y Nezu, 2001). Por ejemplo, la mujer que trabaja en casa y fuera del hogar que mencionábamos en el párrafo anterior podría desarrollar una depresión cuando fuera incapaz de organizar sus situaciones cotidianas, lo cual la llevaría a sentirse mal por ello, baja autoestima, problemas de disciplina con sus hijos, por ejemplo, deterioro de la relación con su marido, etc. La interacción entre problemas sin resolver y síntomas depresivos contribuirá, probablemente, a empeorar el estado de la paciente. Es decir, la filosofía de la resolución de problemas se sintetiza en lo siguiente: es más importante enseñar a la gente a pescar que darles un pez para que coman un solo día (Nezu, 1998). ¿Cuáles serían los principales componentes del proceso de resolución de problemas? En primer lugar, la orientación hacia el problema. En segundo lugar, las reacciones comportamentales que tienen los individuos ante una situación que consideran difícil o problemática y en tercer lugar, y eso formaría parte del propio proceso de tratamiento, lo que Nezu y colaboradores denominan el proceso racional de resolución de problemas.3 Veremos, en primer lugar, en qué consiste la orientación hacia el problema. En el cuadro 2 tenemos los elementos principales de la orientación hacia el problema. Uno de los aspectos más importantes del tratamiento de solución de problemas es conocer cual es la orientación que los pacientes, o las personas sometidas al entrenamiento, tienen cuando están ante una situación problemática. Por regla general, asociamos la palabra “problema” con algo insalvable, difícil, como una montaña imposible de superar. Sin embargo, el modelo (y eso justifica su inclusión como modelo típicamente cognitivo) pretende trabajar con las creencias, atribuciones y expectativas que los pacientes tienen sobre las situaciones problemáticas que normalmente son del tipo: “no me gusta lo que me está pasando”, “estoy desbordado por la situación y no voy a ser capaz de afrontarla nunca”, “me gustaría desaparecer durante una temporada a ver si así se me solucionan las cosas”, etc. Este trabajo cognitivo es fundamental al inicio del tratamiento, como un paso previo al propio proceso de resolución. De manera, que la primera tarea que debemos hacer, dentro del modelo de solución de problemas, es detectar el tipo de orientación del paciente hacia las situaciones problemáticas. Fundamentalmente, lo que tiene que comprender la persona sometida al entrenamiento es que los problemas son algo normal, que forman parte de la vida y, por tanto, lo que debemos hacer es desarrollar una actitud mediante la cual definamos los problemas en términos de soluciones apropiadas y no de situaciones imposibles o insalvables (Nezu, 1998). 3. Existen medidas desarrolladas por Nezu y su grupo que valoran los niveles y las insuficiencias de los sujetos en los principales componentes del proceso de solución de problemas, como por ejemplo en SPSI-R (D’Zurilla y cols., 2002). Cuadro 2. Elementos principales de la orientación hacia el problema (Nezu, 1998) LA ORIENTACIÓN HACIA EL PROBLEMA * Percepción del problema * Atribuciones sobre el problema * Estimaciones sobre el problema * Creencias sobre el control personal * Reacciones emocionales La orientación hacia el problema es tan importante que forma parte como primer apartado del propio proceso de entrenamiento. La nueva actitud ante los problemas que el modelo quiere conseguir se resumiría en los siguientes apartados (D’Zurilla y Nezu, 2001; Nezu, Nezu y Perri, 1990): 1) La habilidad para reconocer un problema de forma precisa cuando éste aparece. 2) Adoptar la perspectiva filosófica que considere a los problemas como una parte normal e inevitable de nuestras vidas. Es decir, y relacionado con este apartado y el anterior, el modelo de Nezu busca que el paciente en lugar de dejar que las situaciones difí ciles se “apoderen” de él, logre algo parecido a lo siguiente: “esto es un problema (no una montaña o una situación insalvable), los problemas tienen solución si uno se esfuerza en ello y voy a intentar hacerlo, de la forma adecuada.” 3) Identificar o atribuir la causa del problema de una manera correcta. Es decir, saber “qué me pasa”. Por ejemplo, la mujer con múltiples roles, que ha desarrollado una depresión, puede darse cuenta de que la situación ha empezado a hacerse insostenible cuando sus dos hijos han aumentado sus actividades extraescolares (y emplea mucho tiempo en llevarlos y recogerlos), y a ella la han cambiado de puesto en el trabajo (lo cual supone un mayor esfuerzo o la necesidad de adaptarse), o cuando por cuestiones de salud, sus padres han ido a vivir con ella (ya que requieren cuidados continuos y suponen más personas en casa, a su cargo). 4) La tendencia a valorar nuevos problemas como desafíos, en lugar de como catástrofes, o como situaciones que debemos evitar a toda costa. Es decir, aumentar las expectativas de los pacientes de que son capaces de implicarse, con éxito, en actividades de solución de problemas. 5) Adoptar una actitud positiva o adaptativa ante los problemas. Esto se refiere a creer en nuestras propias posibilidades para afrontar, de forma eficaz, situaciones problemáticas. 6) Reconocer, igualmente, que los problemas complejos pueden requerir más tiempo y más esfuerzo para resolverlos. 7) Esta orientación positiva hacia los problemas implica, igualmente, nuestro deseo de resolverlos en el momento adecuado. 8) Finalmente, esta actitud se refiere a nuestra habilidad para ser capaces de inhibir la tendencia a actuar de forma impulsiva cuando estamos resolviendo situaciones problemáticas. Esta tendencia a actuar de forma impulsiva es uno de los dos comportamientos básicos que Nezu señala que están relacionados con la no-resolución de problemas sociales. El segundo comportamiento básico se refiere a la tendencia a evitar, o eludir, resolver una situación problemática cuando ésta se da, tal y como hemos visto. Es decir, debemos impedir que el paciente continúe utilizando las mismas respuestas que ha empleado con anterioridad, ya sea impulsivas o de evitación. El paciente debe “PARARSE” y “PENSAR”. Para facilitar el trabajo con esta orientación hacia el problema, el terapeuta puede utilizar cualquier técnica de tipo cognitivo (D’Zurilla y Nezu, 2001) encaminada a cambiar creencias, expectativas o atribuciones (véase, por ejemplo, capítulos 3 y 4). Por ejemplo, si las expectativas ante el problema son consecuencia de distorsiones cognitivas (véase capítulo 4), entonces, el terapeuta puede utilizar cualquiera de las técnicas de reestructuración encaminadas a modificar estas distorsiones de tipo cognitivo (Beck y cols., 1979; Beck, Emery y Greenberg, 1985; Dryden y Ellis, 1987) que por regla general irían en la línea de pensamientos catastróficos (“nada me va a salir bien”), inferencias arbitrarias (“no vale la pena que lo intente”), personalizaciones (“yo soy la única culpable de esta situación”), etc. Se enseña a los pacientes a utilizar sus sentimientos o emociones como claves o señales de que están ante una situación problemática. También es útil utilizar imágenes visuales, por ejemplo, una señal de un semáforo en rojo, o una bandera roja, que significa que deben “pararse y pensar”. De manera que el proceso racional de solución de problemas no puede comenzar hasta que no se haya trabajadoy conocido extensamente cual es la orientación hacia el problema del paciente y se haya modificado en el caso de que sea necesario. 4. El proceso racional de resolución de problemas El proceso racional de resolución de problemas consta de cinco fases que parecen ser necesarias y eficacias para aumentar la eficacia del procedimiento (Larson, 1990). Aunque en un principio parecen substituirse las unas a las otras, muchas veces (sobre todo cuando el tratamiento está avanzado) se articulan conjuntamente. En este apartado seguiremos, fundamentalmente, los trabajos de Nezu, Nezu y Perri (1990), Nezu y Nezu (1991) y Nezu y cols. (1997a,b). Comenzaremos describiéndolas, brevemente. 4.1. Primera fase de la resolución de problemas La primera fase, como ya se ha dicho, se denomina de orientación hacia el problema y en ella debemos tener en consideración cinco cuestiones principales, además de lo ya comentado en el apartado anterior. 1) Percepción del problema, es decir, el paciente debe ser capaz de reconocer y clasificar un problema. Es decir, “esto es lo que me pasa y debo afrontar”. Por ejemplo, “debo parar las críticas de un compañero de trabajo ante mis propias tareas”. 2) Atribuciones sobre el problema, es decir, el paciente debe explorar las causas o el contexto de aparición del problema. Por ejemplo, y siguiendo con el ejemplo anterior, el paciente puede hacer la siguiente atribución: “me critica porque me tiene manía y quiere hacer que me sienta mal” lo cual redundaría en una orientación negativa, o hacer la siguiente atribución: “me critica porque la nueva jefa nos ha pedido a todos nosotros que supervisemos los trabajos de los demás”, lo cual representaría una visión diferente. 3) Valoración del problema, es decir, cuál sería el significado que el problema tiene para el bienestar personal o social del paciente. Por ejemplo, “me siento mal porque me veo inferior y controlado por los demás”. 4) Control personal. Fundamentalmente, el control personal se centra en dos cuestiones: en primer lugar, que el problema se perciba como controlable y con solución y, en segundo lugar, que el sujeto piense que puede resolver el problema por medio de sus esfuerzos o de su capacidad. Por ejemplo, “no puedo solucionarlo porque temo que me critiquen más al verme vulnerable y los demás se sumen a las críticas. Además, no soy capaz de encontrar el tono de voz adecuado, ni las palabras para expresarme”. 5) Compromiso de tiempo y esfuerzo, es decir, la estimación precisa del tiempo que va a tardarse en solucionar con éxito el problema y la disposición del individuo a dedicar el tiempo y el esfuerzo necesarios para solucionar el problema. 4.2. Segunda fase de la resolución de problemas El segundo momento en el proceso de solución de problemas, se refiere a la definición y formulación del problema y consta, a su vez, de cuatro apartados. 1) Recogida de la información, o lo que es lo mismo, recoger información sobre la tarea que se debe realizar. Por ejemplo, el papel que uno tiene que representar ya sea como empleado, padre, estudiante, etc. Y en segundo lugar, se refiere, igualmente, a la información de tipo social, cultural, etc., es decir, se refiere a las características conductuales del propio sujeto y a las de aquellos con los que tiene que interactuar, incluyendo creencias, sentimientos, etc. 2) La definición y formulación del problema supone comprender el problema, esto es, que el paciente sea capaz de organizar la información de manera que entienda la naturaleza del problema. 3) El proceso supone el establecimiento de objetivos, es decir, plantear los objetivos en términos específicos y lo más concretos posibles y, desde luego, evitar plantearse objetivos que sean poco realistas o inalcanzables. 4) El último elemento de la definición y formulación del problema se refiere a la revaluación del problema, es decir, una vez que se ha concretado y definido el problema, se vuelve a evaluar con más precisión la importancia de éste, considerando los beneficios, las ventajas o, desventajas, de resolverlo o de no. 4.3. Tercera fase de la resolución de problemas El tercer elemento en este esquema general del proceso de resolución de problemas se refiere a la generación de alternativas. Como veremos más adelante, la generación de alternativas se rige por tres principios fundamentales: 1) cantidad; 2) aplazamiento del juicio, y 3) variedad. 4.4. Cuarta fase del proceso de resolución de problemas El cuarto momento en este proceso se refiere a la toma de decisiones . La toma de decisiones supone, varias cosas: 1) El paciente debe ser capaz de anticipar los resultados de la solución, esto es, las consecuencias positivas y negativas esperadas, tanto a corto como a largo plazo. 2) El paciente debe ser capaz de evaluar, juzgando y comparando los resultados de cada solución, es decir, evaluar estos resultados en relación a la resolución del problema, el bienestar emocional, el tiempo-esfuerzo empleado y el bienestar, personal y social general. 3) Preparar una solución, ya sea una solución simple o una combinación de soluciones. 4.5. Quinta fase del proceso de resolución de problemas El quinto y último apartado, en este proceso, se refiere a la puesta en práctica de la solución y la verificación y se compone de cinco pasos. 1) Llevar a cabo la solución elegida. En el caso de que no sea posible llevar a cabo la solución que se ha considerado más adecuada, se puede volver a etapas previas de la solución de problemas para intentar encontrar una solución alternativa o, si esto no es posible, centrarse en ver como se pueden evitar o superar los obstáculos que hayan surgido y que impiden llevar a cabo la solución elegida. 2) La puesta en práctica requiere de un autorregistro, es decir, el paciente debe, en primer lugar, auto-observarse y ver cómo está poniendo en práctica la solución y el producto o resultado de esta solución. Y en segundo lugar, se refiere, igualmente, al registro o medición de la actuación y de su resultado 3) Este proceso requiere de una autoevaluación. La autoevaluación supone tener en cuenta la solución del problema, el bienestar emocional, la cantidad de tiempo y esfuerzo empleado y establecer una razón beneficio- coste total o bienestar personal social y general. 4) El proceso permite un auto-reforzamiento, es decir, el paciente debe recompensarse por el trabajo bien hecho si el resultado es satisfactorio. Si la discrepancia entre el resultado obtenido y el esperado no es satisfactoria se debe pasar al siguiente y último elemento de este proceso. 5) Recapitular y reciclar. Esto supone, como el nombre indica, volver al proceso de solución de problemas y averiguar qué correcciones se pueden hacer para hallar una solución más eficaz. Ya hemos visto, en el apartado anterior, el primer paso en el proceso de solución de problemas, es decir la orientación hacia el problema, pasaremos ahora a exponer, de forma más amplia, los aspectos más relevantes de los cuatro elementos restantes del proceso. Comenzando por la definición y formulación del problema. La meta de la definición del problema es la de llegar a aclarar y comprender cuál es la naturaleza específica del problema, así como la de esbozar una serie de metas y objetivos lo más realistas posibles (Nezu, Nezu y Perri, 1990; Nezu, Nezu y Houts, 1993; Nezu y Nezu, 2001). El entrenamiento en este componente de la solución de problemas se centra en las siguientes cinco operaciones: En primer lugar, buscar todos los hechos disponibles y toda la información relacionada con el problema. En segundo lugar, al igual que en todos los modelos conductuales, describir los hechos y la información en los términos más claros posibles y menos ambiguos. En tercer lugar, diferenciar información relevante de la irrelevante y los hechos objetivos de lo que pueden ser inferencias no verificadas, supuestos e interpretaciones. El cuarto aspecto se refiere a identificar los factores y las circunstancias que convierten a la situación en un problema. Y enquinto y ultimo lugar, se refiere a establecer una serie de metas de solución de problemas realistas. La idea es convertir a los pacientes en periodistas de investigación personal como una forma de recoger información concreta y específica en términos igualmente específicos sobre el problema y separando los hechos, de las inferencias y de los supuestos. Fundamentalmente, los pacientes deben preguntarse lo siguiente: Quién, es decir, quién está implicado en el problema o quién es responsable del problema. Qué, es decir, qué estoy sintiendo sobre el problema o, por ejemplo, qué está sucediendo que me hace sentir triste, qué pienso en relación a mi problema, qué ocurriría si no resuelvo el problema, etc. Otra serie de preguntas se refieren al dónde, es decir, por ejemplo, dónde sucede el problema; o se refieren a cuándo, es decir, cuándo comenzó el problema, o cuándo se supone que debo resolver este problema. El último tipo de preguntas se refiere a las preguntas en relación al por qué, es decir, por qué ha ocurrido este problema y por qué me estoy sintiendo tan triste, por ejemplo. Se ha escrito mucho sobre el establecimiento de metas en psicoterapia. Todos los manuales al respecto coinciden en afirmar la importancia de que las metas sean concretas, bien descritas y lo más realistas posibles (i.e., Korchin, 1976). Para facilitar el proceso de establecimiento de metas y su consecución, las metas se pueden dividir, a su vez, en otras submetas. Por ejemplo, un paciente puede plantear como meta del tratamiento conseguir establecer una relación satisfactoria con un miembro de sexo opuesto; como posibles submetas en relación a esta meta general podríamos incluir: disminuir cualquier déficit de habilidades interpersonales que el paciente pueda tener, por ejemplo, problemas de comunicación que faciliten dificultades en sus relaciones. Podríamos establecer como submeta que logre conocer a más personas, establecer más citas y disminuir el grado de malestar asociado a los fracasos, o el miedo al rechazo cuando éste se da. A la hora de establecer las metas, se han identificado dos tipos básicos de metas (Nezu, Nezu y Houts, 1993): las metas centradas en el problema y las metas centradas en la emoción. Las metas centradas en el problema se refieren a establecer objetivos relacionados con cambios reales en la misma situación problemática. Este tipo de metas son especialmente importantes en aquellas situaciones que son posible cambiar, por ejemplo, cómo organizar unas vacaciones familiares. Por otro lado, las metas focalizadas en la emoción tienen como objetivo lograr reducir o minimizar el impacto del malestar asociado con la experiencia de un problema. Por regla general, estas metas se refieren a aquellas situaciones que se identifican como imposibles de cambiar, por ejemplo, la muerte de un familiar. En la mayoría de los procesos de tratamiento este establecimiento de metas no solamente se va a centrar en una de estas categorías, sino en ambas. El último paso importante en esta fase del entrenamiento se refiere a la identificación de los obstáculos que pueden aparecer cuando estamos resolviendo un problema determinado y que impiden, de forma concreta, que se alcancen los objetivos deseados. Entre los factores que hacen que una situación sea problemática podemos encontrar (Nezu y Nezu, 1991): la novedad, por ejemplo, cambiar el lugar de residencia; la incertidumbre, por ejemplo, cambiar el puesto de trabajo; las demandas conflictivas del estímulo, por ejemplo, pelearse con la pareja por el tipo de educación o por decisiones que atañen a los hijos; la falta de recursos, por ejemplo, recursos económicos limitados, o cualquier otra limitación o deficiencia personal o ambiental. Una valoración realista y objetiva de estos obstáculos es importante ya que puede llevar en muchas ocasiones a revaluar todas las metas anteriormente propuestas. Pasaremos al tercer componente del proceso de resolución de problemas. El objetivo general de este componente de generación de alternativas es lograr encontrar la mayor cantidad posible de soluciones alternativas para el problema y no focalizarse en unas pocas, así como incrementar la probabilidad de que el paciente sea capaz de identificar, de entre todas las alternativas disponibles, cuales pueden ser más eficaces (Nezu y Nezu, 1991). Como ya se ha expuesto, la generación de alternativas se refiere o, sigue, tres principios básicos que formarían parte de lo que se conoce en este contexto como el torbellino de ideas. El primero de estos principios se refiere al principio de cantidad, es decir, cuantas más ideas alternativas se produzcan mayor será la probabilidad de que se encuentren o generen opciones eficaces o de gran calidad. Las dos reglas básicas para aplicar este principio serían: 1) Generar la mayor cantidad posible de respuestas. 2) Combinar y mejorar las repuestas para alcanzar nuevas soluciones adicionales. Esta regla del torbellino de ideas está diseñada para facilitar encontrar un amplio rango de respuestas que formen parte del repertorio conductual del paciente, así como minimizar los factores que pueden inhibir o limitar el potencial de éste para el pensamiento creativo. El segundo principio, el aplazamiento del juicio, sugiere que la regla de cantidad pueda aplicarse mejor si se elimina el juicio sobre la calidad o la eficacia de cualquier idea hasta que se produzca una lista exhaustiva. Indudablemente, el único criterio que se debe seguir es que las alternativas que se empiezan a generar sean relevantes para el problema sobre el cual se está intentando buscar una solución. En cualquier caso, las valoraciones de las opciones siempre se van a reservar para la siguiente fase, es decir, para la fase de toma de decisiones. El último principio de este torbellino de ideas, esto es, el principio de la variedad, anima a los pacientes a pensar en un amplio rango de soluciones posibles a través de una variedad de estrategias o tipos de enfoque, en vez de centrarse sólo en una o dos ideas limitadas. Al igual que en el listado de problemas, cuando estemos generando opciones de solución, los pacientes deben utilizar términos concretos y sin ningún tipo de ambigüedad. Inicialmente D’Zurilla y Goldfried (1982) plantearon dos variantes a este proceso de generación de alternativas. En la primera de estas variantes, el paciente genera la mayor cantidad posible de estrategias utilizando las reglas del torbellino de ideas, para después pasar a hacer un cribado general de estas estrategias y eliminar aquellas que son irrelevantes, inferiores o que no se pueden poner en práctica. Finalmente, se pasa a generar alternativas, tácticas o medios para poner en práctica cada una de las estrategias que quedan, siguiendo, de nuevo, las reglas del torbellino de ideas. Cuando se llega a la fase de toma de decisiones se evalúan todas estas tácticas específicas para intentar decidir cual de ellas sería la mejor solución. La segunda posibilidad de este proceso de generar alternativas se refiere a que el paciente debe generar la mayor cantidad de soluciones posibles para pasar después a la fase de toma de decisiones, evaluar cada una de las alternativas y elegir la mejor estrategia o combinación de ellas que sirva para solucionar el problema. Una vez hecho esto el paciente vuelve de nuevo a la fase de generación de alternativas para buscar tácticas alternativas para poner en práctica esta solución, después de lo cual vuelve de nuevo a la fase de toma de decisiones para seleccionar cual va a ser la solución final o específica. Esta segunda posibilidad o variante en el proceso simplifica toda la fase de toma de decisiones, y la hace más eficaz, ya que se evalúan menos estrategias o alternativas, es decir, solo se evalúa aquella alternativa elegida para llevar a cabo una determinada solución. Sin embargo, este enfoque sólo va a ser adecuado cuando el paciente está lo suficientemente familiarizado con todas las alternativas o todas las estrategias que ha desarrollado, de forma queesto le facilite llevar a cabo una evaluación lo más precisa posible de estas soluciones a un nivel general. Sin embargo, cuando el paciente esté intentando resolver situaciones para las cuales le surjan alternativas nuevas o con las que esté poco familiarizado, el primer procedimiento va a ser mucho más eficaz ya que supone una evaluación detallada de todas las alternativas posibles a un nivel específico y concreto. Veamos un ejemplo de en qué puede consistir esta generación de alternativas (Nezu, Nezu y Houts, 1993). Por ejemplo, María, viuda que vivía sola, aunque con sus hijos ya adultos viviendo en las cercanías, quería seguir siendo independiente y fuerte tras la muerte de su marido lo que la llevó a minimizar su necesidad de visitas o de recibir apoyo de su familia. Sus familiares, respetaron el deseo de María, dejándola espacio para que se recuperara plenamente. Sin embargo, esto llevó a que María se sintiera sola en bastantes ocasiones, de manera que durante el proceso de solución de problemas esta cuestión o este problema, se definió como “querer que sus familiares y sus personas más queridas estuvieran en su compañía con más frecuencia”. Durante algunas sesiones de torbellino de ideas, María generó las siguientes soluciones alternativas (bien diversas) para este problema: escribir cartas a sus familiares, en donde les pidiera que la visitaran, comprarse una mascota, dar una fiesta, visitar a sus familiares cuando se sintiera bien, ir al centro local de la comunidad y buscar voluntarios que pudieran acudir a su casa, hablar con los amigos y la familia y pedirles que la visitaran con más frecuencia, buscar gente nueva y olvidar a la familia, comenzar un grupo de lectura en una tienda local, invitar a los amigos de la iglesia a su casa, comprar un computador y mandar correos electrónicos a los miembros de la familia, asociarse a grupos de apoyo locales, o llamar con mayor frecuencia a amigos y familiares por teléfono. El entrenamiento en la fase de toma de decisiones implica identificar un amplio rango de posibles consecuencias, aquellas que podrían ocurrir si el paciente pone en práctica una de las alternativas generadas en la fase anterior. Esto supone generar una lista de resultados específicos, anticipados de la solución, los efectos a corto y a largo plazo y, por supuesto, las consecuencias que puede traer elegir una alternativa, ya sean personales o sociales (Nezu y Nezu, 1991; Nezu, Nezu y Houts, 1993). Los criterios para evaluar estas consecuencias personales suponen tener en cuenta los efectos de elegir una determinada alternativa para el propio bienestar emocional (por ejemplo, María tendría que valorar cómo se va a sentir mejor, si “comprándose una mascota” o “escribiendo una carta a sus familiares”), el tiempo y el trabajo invertidos en poner en practica esta alternativa, los efectos sobre el bienestar físico y los efectos sobre las consecuencias asociadas con el bienestar de otros individuos y en las relaciones interpersonales con el paciente (por ejemplo, si ampliará su grupo de conocidos al asociarse a un grupo de apoyo local o si sus hijos estarán más tranquilos y satisfechos si la visitan regularmente). Igualmente, los pacientes deben poder valorar dos cosas: en primer lugar, la probabilidad de que una de las alternativas elegidas sea realmente la más eficaz para lograr alcanzar los objetivos, es decir, que esta alternativa tenga efectos concretos sobre el problema; y, en segundo lugar, forma parte del entrenamiento hacer que el paciente sea capaz de estimar la probabilidad de que puede llevar a cabo la solución de la forma más deseable posible, es decir, estimar su capacidad (por ejemplo, si María tiene dinero para comprarse y cuidar de una mascota o comprarse un ordenador), y su propio deseo de poner en práctica esa solución o esa alternativa, con independencia del efecto que pueda tener sobre el problema. Además de seguir los criterios anteriores, a la hora de valorar las alternativas los pacientes pueden indicar, por ejemplo, la razón coste- beneficio total para cada opción, en una escala que vaya de –7 que sería considerar a una opción como muy insatisfactoria o poco deseable, hasta +7 que sería considerar a la opción como muy satisfactoria o muy deseable. Seguir estos criterios, y ser capaz de estimar cuantitativamente la bondad o no de cada una de las alternativas, o de las soluciones elegidas, permite al paciente generar un plan global de resolución de su problema. En el caso de que llegados a este punto el paciente encuentre pocas soluciones, o se valoren como poco eficaces, debe preguntarse lo siguiente: ¿tengo suficiente información, he definido el problema correctamente, he hecho atribuciones erróneas, son demasiado elevados mis objetivos, generé suficientes alternativas?, etc. Si el paciente responde afirmativamente a alguna de estas respuestas deberá retroceder a fases anteriores del proceso. Veamos la quinta y última fase del proceso de solución de problemas, es decir, la puesta en práctica de la solución y verificación (Nezu y Nezu, 2001). La primera parte de esta última fase supone ejecutar o realizar las opciones de solución elegidas, mientras que la segunda se refiere a evaluar de la forma más cuidadosa posible los resultados que han ofrecido estas soluciones. Después que se ha alcanzado una solución y ésta se ha puesto en práctica, se anima a los pacientes a que comprueben las consecuencias, en su vida real, de haber seguido esta solución. Para llevar a cabo esta fase, serán de una gran ayuda los autorregistros que haya hecho el paciente, así como la autoevaluación que haga de las consecuencias de estas soluciones. Estos registros y evaluar estas consecuencias, requieren que el paciente se dé cuenta de si hay un ajuste entre las ventajas de esa solución y las consecuencias de ella. En el caso de que se dé tal ajuste, se anima al paciente, como ya se ha expuesto en la introducción del proceso, a que se refuerce de alguna manera, ya sea mediante un refuerzo de tipo verbal o refuerzos más tangibles o más materiales. Si el proceso de verificación da como resultado una discrepancia entre metas, objetivos, consecuencias de estas metas y logros de estos objetivos, entonces, se anima al paciente a volver a fases anteriores y comenzar, de nuevo, todo el proceso. Como vemos, estamos ante un procedimiento cognitivo-comportamental muy estructurado, sistemático y directivo sin que esto signifique una puesta en práctica mecánica y simplista de todo el procedimiento. La persona que aprende a resolver problemas funcionaría como un científico (Strohmer y Blustein, 1990) que: a) hace observaciones, b) desarrolla inferencias e hipótesis, y c) comprueba hipótesis, tal y como reflejan las fases del procedimiento que hemos expuesto. En definitiva, como metas específicas del procedimiento tendríamos (Nezu, 2004): 1) Aumentar la orientación positiva del paciente hacia el problema. 2) Disminuir la orientación negativa del paciente hacia el problema. 3) Mejorar las propias habilidades racionales de solución de problemas. 4) Disminuir el estilo impulsivo, descuidado, de algunos pacientes. 5) Disminuir el estilo evitativo, de algunos pacientes. El grupo de Nezu se ha preocupado de explicar cual debe ser el estilo de aplicación de su modelo. En el cuadro 3 nos aparece un breve resumen de estas características de aplicación que pasamos a exponer a continuación para terminar este cuarto apartado. Cuadro 3. Precauciones y aspectos a evitar a la hora de aplicar el procedimiento de resolución de problemas (en Nezu y cols., 1997b) PRECAUCIONES Y ASPECTOS A EVITAR * Presentar el modelo de manera mecánica * El modelo no es relevante para un paciente en particular * No incorporar las tareas para casa en el tratamiento * El terapeuta se centra más en la aplicación del tratamiento que en los sentimientos generales del paciente dentro de una determinada sesión * El terapeuta utiliza el humor imprudentemente * El terapeuta sólo se centra en problemas superficiales * Sepresta poca atención a la aplicación de una solución * La evaluación de las ventajas y las limitaciones del paciente es inadecuada Qué es lo que debemos hacer y qué es lo que no debemos hacer cuando se pone en práctica un procedimiento de solución de problemas (Nezu, Nezu y Houts, 1993): 1) No presentar la solución de problemas de una forma mecánica, es decir, no se debe aplicar de una forma fría, sino dentro de una atmósfera terapéutica de apoyo, interactiva y en donde se dé una gran importancia a una buena relación paciente-terapeuta. 2) La solución de problemas debe convertirse en algo relevante para cada paciente, es decir, los ejemplos que se den o con los que se trabaje deben ser específicos y relevantes para el cliente con el que se esté trabajando en ese momento, de manera que la solución de problemas debe estar siempre adaptada a las características del paciente o del grupo. 3) La solución de problemas incluye la asignación de tareas para casa. Al igual que en los otros modelos cognitivos, la práctica es un aspecto muy importante y se debe animar y alentar al paciente a poner en práctica los diversos elementos del tratamiento con la mayor frecuencia posible. 4) El foco está en el paciente, pero también en el tratamiento. Aunque el terapeuta debe estar centrado en aplicar correctamente el método, el paciente y sus problemas son siempre el foco principal de la atención. 5) La solución de problemas aconseja no focalizarse en problemas superficiales, esto es, el terapeuta debe utilizar sus propias habilidades de solución de problemas para decidir cuál debe ser el foco más adecuado de tratamiento. 6) Hay que centrarse en la puesta en práctica de la solución, es decir, se debe animar al paciente a que ponga en práctica la mayor cantidad posible de soluciones a lo largo del entrenamiento para ver si éstas tienen éxito o si se necesita, como ya se ha comentado, volver a comenzar todo el proceso. 7) Sería un gran error ignorar las emociones del paciente a la hora de desarrollar el procedimiento. Como ya se ha dicho, no debemos centrarnos exclusivamente en metas centradas en el problema, sino en metas focalizadas también en la emoción. 8) Se deben utilizar esquemas como ayudas en el entrenamiento. Los esquemas ayudan a los pacientes a recordar y practicar las habilidades de solución de problemas entre sesiones. Los esquemas que se dan al paciente deben estar siempre relacionados con el tipo de problemas por los cuales está en tratamiento. 5. Aplicación del procedimiento en poblaciones concretas Como ya comentamos en la introducción de este capítulo el procedimiento de solución de problemas se aplica fundamentalmente en tres áreas. En el campo clínico, por ejemplo, para el tratamiento de trastornos como la depresión; en el campo de las decisiones clínicas para el entrenamiento de terapeutas y, en tercer lugar, en el entrenamiento de cuidadores o familiares de pacientes con problemas de salud física. Veamos algunas cuestiones relacionadas con el primero de estos campos. Para el tratamiento de los problemas psicológicos el modelo de Nezu sigue, paso a paso, los aspectos del procedimiento tal y como han sido descritos en el apartado anterior, sin embargo hay algunas cuestiones específicas que debemos mencionar, puesto que este modelo ha sido uno de los elegidos para el trabajo con los casos clínicos. Las metas de tratamiento con un paciente depresivo serían (Nezu, Nezu y Perri, 1990): 1) Ayudar a los individuos depresivos a identificar situaciones previas o actuales estresantes (acontecimientos de vida y problemas cotidianos) que pueden ser antecedentes del episodio depresivo; 2) Disminuir el grado en el que la depresión impacta de forma negativa en sus futuros intentos de afrontamiento; 3) Incrementar la efectividad de sus intentos de resolver problemas al afrontar situaciones problemáticas cotidianas; y 4) Enseñar habilidades generales que permitan al individuo deprimido manejar de forma eficaz problemas futuros como una forma de intentar prevenir posibles reacciones depresivas. Así, por ejemplo, si se está trabajando con un paciente depresivo deberíamos partir de un análisis conceptual y clínico en tres niveles (Nezu y cols., 1997b): El primer nivel de análisis en una depresión se centra en las relaciones transaccionales entre cuatro importantes variables: 1) acontecimientos negativos de vida relevantes; 2) problemas actuales; 3) estrategias de resolución de problemas y, 4) síntomas depresivos. Lo que plantean Nezu y cols. (1997b) es que, en la depresión, los acontecimientos de vida de tipo negativo y problemas diarios también negativos, van a jugar un importante papel causal. Además, en la medida que seamos capaces de enfrentarnos a estas situaciones estresantes, gracias a nuestros procesos de resolución de problemas vamos a experimentar, en mayor o menor grado, síntomas depresivos en función de estas situaciones estresantes. Además, la depresión que estemos experimentando va a generar, o puede generar, problemas nuevos o diferentes e incluso situaciones vitales estresantes, negativas o amenazadoras que generen un incremento en los síntomas depresivos. El segundo nivel de análisis dentro del modelo de solución de problemas para el tratamiento de una depresión incluye tener en cuenta, a la hora de plantear un programa de tratamiento, factores de vulnerabilidad, tales como variables biológicas y genéticas, así como la historia de aprendizaje y desarrollo del paciente. Para llevar a cabo este segundo nivel de análisis indudablemente el terapeuta debe disponer de las necesarias pruebas biológicas o genéticas, o en todo caso, remitir al paciente al médico para que las realice. Respecto a la historia de aprendizaje, está claro, dentro de una perspectiva transaccional del estrés, que el aprendizaje primario y la historia de desarrollo del paciente influye, en gran medida, en variables importantes como situaciones destacadas de vida, problemas, resolución de problemas o capacidad para resolverlos y síntomas depresivos. Por ejemplo, la historia previa puede afectar a la importancia percibida de una situación estresante concreta, a su fuerza y al impacto que tenga en nosotros, así como afectar la eficacia global de la habilidad que podamos tener para resolver los problemas. El tercer nivel de análisis se refiere a la relación que podamos establecer entre depresión y cualquiera de los principales componentes de la resolución de problemas que acabamos de exponer en el apartado 4. Según los estudios del grupo de Nezu la depresión puede ser una consecuencia de una deficiencia o una disminución en la eficacia o efectividad en alguno, o en todos de los cinco componentes principales de la resolución de problemas. Es decir, un individuo puede tener una orientación hacia el problema muy negativa y fallar, por tanto, en este componente, pero sin embargo, ser capaz de generar fácilmente alternativas y tomar decisiones. Por otro lado, otro individuo puede, sin embargo, fallar absolutamente en todas y cada una de las fases del proceso de resolución de problemas. No obstante, lo que va a caracterizar a un paciente depresivo es una orientación negativa hacia el problema. Como ya se ha expuesto, la orientación negativa hacia el problema se compone de expectativas, atribuciones y distorsiones cognitivas que en la línea de los otros modelos cognitivos, por ejemplo de reestructuración cognitiva, deben conocerse y resolverse antes de pasar al proceso formal y racional de resolución de problemas. Tras este análisis, el proceso de tratamiento de un paciente depresivo se organizará siguiendo las fases del procedimiento de solución de problemas, tal y como lo hemos descrito. Uno de los campos en los que consideramos más interesante la aplicación del modelo es en el campo del entrenamiento a los terapeutas para resolver problemas y tomar decisiones clínicas. Aquí lo que ha hecho el grupo de Nezu es aplicar y modificar, en parte, el modelo original de tratamiento en problemas clínicos acercándolo a las necesidadesde la toma de decisiones clínicas. En este sentido, siguen manteniendo la misma estructura en cinco fases, aunque perfilándolas de manera distinta. Por ejemplo, en relación a la fase de orientación hacia el problema es importante conocer el punto de vista del terapeuta sobre el mundo, el cual le ofrece esa metáfora mediante la cual puede comprender, predecir y explicar la naturaleza humana. Al igual que en el tratamiento de casos clínicos, la fase de definir y formular el problema supone: a) recoger información relevante sobre el problema; b) separar hechos de supuestos, y c) identificar los problemas que conducen a esa situación problemática. En relación a la generación de alternativas se siguen los mismos principios, sin variación, del torbellino de ideas. Finalmente, y en relación a la puesta en práctica de la solución y verificación, los principios seguidos son los mismos que en el campo clínico (Nezu y Nezu, 1993). Por lo tanto, el clínico debería tener en cuenta lo siguiente a la hora de planificar, de forma eficaz, un tratamiento (Nezu y cols., 1997a): 1) Seleccionar, es decir, el clínico debe identificar y resolver las dificultades iniciales. Por ejemplo, una pobre motivación del cliente o los sesgos que pueda tener el terapeuta en su conceptualización del caso durante la etapa de análisis del problema. 2) La tarea del clínico consiste en encontrar aquellos factores que se relacionan de forma etiológica y funcional con las dificultades del cliente y articular los objetivos del tratamiento. 3) Durante la etapa de diseño del tratamiento, el clínico debe tratar de encontrar aquellas estrategias de intervención que van a ofrecer una mayor posibilidad de un éxito terapéutico. 4) En la última fase, la ejecución y evaluación del tratamiento, el clínico lleva a cabo este tratamiento y al igual que haría un paciente depresivo al cual se lo está tratando con el proceso de solución de problemas, el clínico debe evaluar los efectos de llevar a cabo la solución elegida. El tercer campo de aplicación del modelo de solución de problemas es el denominado cuidador familiar preparado. Este término de cuidador familiar se refiere a aquel miembro de la familia o a la persona significativa que sea responsable de cuidar, diariamente, al individuo con una enfermedad crónica, como, por ejemplo, un trastorno del desarrollo, problemas emocionales o psiquiátricos graves, diabetes, problemas cardiacos, cáncer, enfermedades autoinmunes, etc. Este campo de aplicación es importante, puesto que cuestiones sanitarias y político-sociales han contribuido a aumentar las responsabilidades de los familiares hacia “sus” enfermos, por lo que nos encontramos con un número mayor de personas realizando múltiples tareas. Hay dos formas de resolver este problema (Houts y cols., 1996): a) aumentar la disponibilidad de servicios de asistencia sanitaria en el hogar, y b) aumentar la competencia en los cuidados que ofrecen los cuidadores. Y ahí es donde juega un papel importante el modelo de Nezu en este campo de tanta relevancia y costo social. Los cuidadores de este tipo de pacientes se enfrentan, por regla general, a dos tipos principales de problemas (Nezu y cols., 1997a): 1) Los problemas derivados de la multiplicidad de roles, es decir, el cuidador de un paciente con una enfermedad crónica debe ser muchas cosas a la vez, es decir, terapeuta, enfermero, amigo, maestro, cocinero, dietista, taxista, etc. Indudablemente, este tipo de desempeño de roles va a depender en gran medida de la enfermedad (y sus consecuencias) en concreto que tenga el enfermo al cual está cuidando. 2) El segundo tipo de problemas se refiere a las consecuencias emocionales y psicológicas que para el cuidador puede tener estar pendiente de una persona en estas circunstancias. Entre los problemas más frecuentes están, lógicamente, los sentimientos de tristeza, aislamiento, cólera, miedo, confusión y culpa. Los cuidadores que reciban el entrenamiento en solución de problemas pueden afrontar satisfactoriamente tanto uno como otro tipo de problemas. Para ello el grupo de Nezu ha desarrollado un modelo que es una variante, de nuevo, del modelo original de solución de problemas que destaca cuatro componentes resumidos en el acrónimo COPE, es decir, creatividad, optimismo, planificación e información experta. La creatividad implica la necesidad de ser original, flexible y adaptable cuando estamos haciendo frente a un problema, como suele ser necesario en las estrategias de búsqueda de alternativas, tal y como vimos cuando se expuso el torbellino de ideas. El optimismo se relaciona con el componente de la orientación hacia el problema y es muy relevante, sobre todo, en relación a los aspectos emocionales asociados con el cuidado de una persona con una enfermedad crónica. La planificación destaca la naturaleza totalmente ordenada, sistemática y racional que debemos seguir a la hora de resolver los problemas de la vida. Es decir, aquí seguimos utilizando el mismo estilo estructurado, directivo, que el modelo sigue cuando se aplica a pacientes en otras áreas problemáticas. Finalmente, la información experta se centra en obtener directrices de información específica sobre cómo y cuándo debemos ayudar a resolver problemas de los pacientes. Este componente se añadió a los originales del modelo para adaptarlo a este campo (Houts y cols., 1996). En el cuadro 4 nos aparece un resumen de aplicación del modelo para cuidadores de pacientes de cáncer. Pasaremos a ampliar brevemente el contenido de este cuadro (Houts y cols., 1994). Cuadro 4. Guías para el cuidador familiar preparado (en Houts y cols., 1994) COPE C : C reatividad O: O ptimismo P: P lanificación E: información E xperta * Vea el obstáculo desde el punto de vista de otra persona * Pida consejo a otra persona que haya pasado por lo mismo * Pregúntese cuán importante o grave es realmente el obstáculo * Tenga una actitud positiva * Espere tener éxito * Tome descansos de sus actividades como cuidador * Obtenga toda la información necesaria * Repase lo que puede hacer * Decida la mejor estrategia * Considere los obstáculos * Lleve a cabo su plan de acción y ajústelo * Entienda el problema * Sepa cuándo y dónde obtener ayuda profesional * Qué puede usted hacer para ayudar * Busque los posibles obstáculos * Lleve a cabo y ajuste su plan Respecto a la creatividad, se aconseja que el cuidador se plantee el reto de estar pensando creativamente de forma continua, dado que cada persona es única y cada problema es único, debe ser suficientemente creativo para adaptarse a las situaciones que van surgiendo. Cualquier plan que se plantee va a tener obstáculos. Si el plan no funciona como esperaba, el cuidador debe tomarlo como un reto a su creatividad. Para pensar creativamente, se aconseja que a la hora de afrontar los obstáculos, se hagan tres cosas: En primer lugar, ver el obstáculo desde el punto de vista de otra persona, es decir, ponerse en la piel de otra persona y preguntarse qué haría ésta en su misma situación. Por ejemplo, si el paciente conoce a alguien que ha pasado por una situación de enfermedad crónica y lo considera un ejemplo de afrontamiento, puede preguntarse qué haría dicha persona si estuviera en su lugar. En segundo lugar, se puede pedir a otras personas que hayan afrontado problemas similares, sugerencias o consejos sobre cómo se puede resolver o salvar ese obstáculo. Por ejemplo, entrar en contacto con asociaciones de enfermos o con grupos de apoyo a familiares. En tercer y último lugar, el cuidador debe preguntarse en qué medida es importante o grave ese obstáculo, es decir, ¿podemos dejar de lado el obstáculo o tenemos que resolverlo antes de seguir adelante? En cuanto al fomento del optimismo se aconseja tres cosas. En primer lugar, desarrollar una actitud positiva. El desarrollo de esta actitud positiva es una de las más importantes que un cuidador debe lograr para ayudar a la persona con cáncer. Es decir, las personas que están bajo el estrés del cáncer y desus cuidados necesitan alguien que las apoye y las aliente a reconocer las cosas buenas cuando suceden, de manera que, y más específicamente, el grupo de Nezu aconseja que para fomentar esa actitud positiva, el cuidador se centre en los aspectos positivos de prestar atención (“estoy ayudando a alguien al que quiero mucho”), en el reto que eso supone y el posible enriquecimiento para su vida, en que ese prestar atención representa una demostración de amor, en el descubrimiento de aspectos insospechados de la propia personalidad, etc. En segundo lugar, favorecer una actitud optimista y positiva con la que el cuidador espere alcanzar cierto éxito. Es decir, si el cuidador cree que va a tener posibilidades de éxito, va a hacer todo lo que esté en sus manos. Si por el contrario piensa que no se puede hacer nada, el resultado será que evitará intentar cambiar las cosas o modificarlas de alguna manera. El tercer aspecto a tener en cuenta es descansar de las actividades de cuidar a los demás, es decir, lo que aconseja el modelo es que el cuidador debe hacer cosas que le agraden, de las cuales disfrute, para tener una actitud más positiva, sobre todo, en situaciones de máximo estrés. La idea a destacar es que “hay que cuidar al cuidador”. El cuarto elemento, es decir la planificación o el desarrollo de un plan ordenado y sistemático, nos recuerda a esa estrategia estructurada directiva y racional que el modelo de Nezu propone para resolver problemas. Para desarrollar un plan, en primer lugar, hay que obtener la información necesaria, es decir, al igual que ocurriría en el caso del tratamiento de una depresión, el cuidador debe saber qué está sucediendo (por ejemplo, un paciente con cáncer que tiene fiebre elevada) y separar hechos de opiniones, supuestos o inferencias (por ejemplo, pensar “está empeorando”, “si llamo al Servicio, no me van a atender, pensarán que soy una pesada, etc”. Una vez que se ha obtenido la información necesaria el cuidador debe repasar lo que puede hacer y ahí, ya de forma específica, el modelo de Nezu hace sugerencias concretas que por motivos de espacio no vamos a exponer, sobre el trabajo con pacientes con cáncer y que se refieren al afrontamiento de situaciones concretas como la fiebre e infecciones, el dolor o las náuseas y los vómitos (para una guía más extensa consúltese, Houts y cols., 1994). En tercer lugar y para decidir la mejor estrategia, el cuidador debe comparar ventajas y desventajas de las acciones o alternativas que va a seguir, y elegir y desarrollar aquella estrategia que tenga una probabilidad más razonable de alcanzar los objetivos. Al igual que en el campo clínico psicológico, el cuarto aspecto a tener en cuenta en la planificación es el de considerar los obstáculos, es decir, qué podría interferir con su plan de acción y pensar en todo momento, de forma creativa, cómo resolver esos obstáculos tal y como ya se ha expuesto. Por ejemplo, un cuidador de un paciente con cáncer puede pensar: “no quiere hablar de sus sentimientos”, la respuesta indicada sería: “Mi marido es el mejor juez de eso. Yo debo asegurarme de facilitarle compartir sus sentimientos cuando él lo quiera” (Houts y cols., 1994). El cuarto y último elemento que expondremos se refiere a obtener información experta acerca del problema y a lo que el cuidador puede hacer realmente en relación a ello. Esto supondría lo siguiente: 1) Entender el problema, es decir, el cuidador debe definir el problema, qué se puede hacer para ayudar y qué se puede alcanzar de una forma razonable. Es decir, ¿por qué mi marido tiene estas náuseas, desde cuándo, son normales en el contexto de su tratamiento, cómo puedo paliarlas?, etc 2) El cuidador debe saber cuándo debe obtener ayuda profesional, es decir, cuándo debe acudir a un centro de salud o a un hospital o recabar la atención médica en el momento o si esta atención médica se puede aplazar hasta las horas de consulta. 3) El cuidador debe saber qué puede hacer realmente para ayudar, es decir, qué puede hacer para manejar el problema, prevenirlo o que no se agrave. Es decir, utilizar medicación contra el vómito y las náuseas o emplear cualquier otro tipo de cuidados, como cuidados de tipo alimentario, relajación, reposo, etc. 4) Al igual que en las otras fases, el cuidador debe prestar atención a obstáculos, es decir, obstáculos como actitudes, información equivocada que se tenga (por ejemplo, cómo y cuándo administrar determinadas medicinas en relación a los horarios de comida) que pueda interferir con la realización del plan de cuidados en el hogar y con el enfrentamiento a estos obstáculos. 5) Finalmente, y al igual que en los otros tipos de aplicaciones lo que se debe hacer es llevar a cabo el plan y ajustarlo o modificarlo en el caso de que no esté funcionando adecuadamente. 6. Conclusión En un reciente trabajo Nezu (2004) plantea que el modelo de solución de problemas debe plantearse como metas futuras trabajar con nuevas poblaciones, sobre todo en el campo médico y cambiar el enfoque de la intervención. Es decir, el enfoque se puede considerar como siendo uno de tipo paliativo, centrado en la patología, pero sin embargo, puede entenderse, desde el punto de vista de la psicología positiva, pues permitiría aumentar la esperanza y el optimismo. En segundo lugar, el modelo de solución de problemas debería desarrollar o utilizar nuevos métodos para ponerlo en práctica, como el uso de videos, programas de ordenador, entrenamiento en Internet (o a distancia), etc. La última cuestión que revisa Nezu (op. cit.) se refiere a hacer investigaciones sobre cuáles son los mecanismos de tratamiento del modelo de solución de problemas. Finalmente, podemos considerar al modelo de solución de problemas propuesto por el grupo de Nezu, como un buen ejemplo de un modelo cognitivo-comportamental, que posee un rango importante de aplicación, al poderse utilizar no sólo en el campo de los trastornos psicológicos, sino en el de los cuidadores de personas con enfermedades, crónicas, sobre todo. Otra importante área en la que se puede utilizar el modelo de Nezu es la de la toma de decisiones clínicas. El modelo ha demostrado su eficacia en estas áreas. Destaca del procedimiento su estructuración, parsimonia e integración de técnicas cognitivas de reestructuración y de las propias desarrolladas por Nezu y su grupo a la hora de elaborar un procedimiento, racional y lógico, de pasos a seguir para aumentar las posibilidades de que una persona aprenda (o perfeccione) esas habilidades necesarias para afrontar cualquier situación “problemática” a lo largo de su vida. EJERCICIOS PRÁCTICOS 1. ¿Cuál de los siguientes enunciados representa mejor su opinión sobre la filosofía básica de la solución de problemas? A. Es mejor darle peces a la gente que enseñarles a pescar B. Es mejor enseñar a pescar que darle peces a la gente 2. Todos tenemos situaciones difíciles que nos gustaría resolver. Coja, por favor, los registros realizados como tarea en los capítulos 3 y 4 y busque 2 situaciones problemáticas que pudiera resolver. En el caso de que no hayan salido en estos registros, búsquelas en su vida cotidiana, auto-observándose durante 15 días. 3. Pregúntese, por qué esas dos situaciones son problemáticas y qué tipo de situación problemática es (véase apartado 2). 4. Busque su orientación hacia el problema Nº 1. 5. Defina y formule el problema Nº 1 (véase apartado 4). 6. Genere alternativas, siguiendo el torbellino de ideas para el problema Nº 1. 7. Tome una decisión para el problema Nº 1. 8. Ponga en práctica y verifique la solución del problema Nº 1. 9. Busque su orientación hacia el problema Nº 2. 10. Defina y formule el problema Nº 2 (véase apartado 4). 11. Genere alternativas, siguiendo el torbellino de ideas para el problema Nº 2. 12. Tome una decisión para el problema Nº 2. 13. Ponga en práctica y verifique la solución del problema Nº 2. CUESTIONARIO DE AUTOEVALUACIÓN 1. Según el sistema de clasificación de Nezu, una situación en donde se produce la presencia o la amenazade una estimulación negativa o castigadora, sería considerada una situación: A. De pérdida de refuerzo B. Frustrante C. Adversa 2. El modelo de tratamiento de Nezu se puede utilizar como: A. Prevención B. Preparación para evitar recaídas C. Solución de problemas sociales 3. El modelo de tratamiento de Nezu busca: A. El entrenamiento en habilidades generales B. El entrenamiento en habilidades específicas C. El desarrollo de un proceso intrapersonal de solución de problemas 4. ¿Cuál es el primer nivel de análisis en el caso de una depresión?: A. Detectar los factores de vulnerabilidad B. Establecer las relaciones transaccionales C. Conectar la depresión con los pasos en la solución del problema 5. El acrónimo COPE hace referencia a: optimismo, planificación, información experta y a qué más: A. Consistencia B. Constancia C. Creatividad 6. Cantidad, aplazamiento del juicio y variedad serían las normas a seguir en la: A. Tormenta de ideas B. Orientación hacia el problema C. Toma de decisiones 7. Una metáfora que podemos emplear para describir el modelo de solución de problemas se refiere al ser humano como: A. Un científico B. Un periodista de investigación C. Un contador de historias 8. Cuando establecemos un objetivo relacionado con cambios reales en una situación, hablamos de una meta de qué tipo: A. Focalizada en la emoción B. Centrada en la realidad C. Centrada en el problema 9. En el momento de tomar una decisión debemos: A. Anticipar los efectos a corto y a largo plazo B. Combinar todas las alternativas C. Hacer un auto-registro 10. Es aconsejable a la hora de aplicar la solución de problemas: A. Centrarse en problemas superficiales B. No hacer tareas para casa C. Hacerlo en el marco de una buena relación paciente-terapeuta 11. Sería desaconsejable a la hora de aplicar la solución de problemas: A. Ignorar las emociones del paciente B. Presentarla como algo complejo C. Elegir problemas complejos 12. Los cuidadores de enfermos tienen problemas derivados sobre todo de: A. Las consecuencias sociales B. La multiplicidad de roles C. El desprestigio social 13. El origen de los modelos de solución de problemas se encuentra en el trabajo de: A. D’Zurilla y Goldfried B. Rimm y Masters C. Rice y Greenberg 14. El proceso de resolución de problemas es, fundamentalmente, de tipo: A. Cognitivo B. Conductual C. Meta-cognitivo 15. Un problema se define, ante todo, por: A. La situación en sí B. Sus consecuencias C. No recibir una respuesta de afrontamiento eficaz 16. Para que una solución sea considerada eficaz debe, sobre todo: A. Aumentar los beneficios y disminuir los costes B. Mantenerse durante un plazo largo de tiempo C. No tener repercusiones interpersonales 17. Dentro del modelo de Nezu los trastornos emocionales serían una consecuencia de: A. Situaciones problemáticas B. Incapacidad para resolver situaciones problemáticas C. Escasas habilidades cognitivo-comportamentales 18. Es aconsejable a la hora de resolver un problema considerarlo como: A. Algo difícil de resolver B. Algo fácil de resolver C. Un desafío 19. Hay dos tendencias básicas que explican por qué no resolvemos un problema, una es actuar al primer impulso, ¿cuál es la otra?: A. Evitarlo B. Intranquilizarnos C. Implicar a otras personas 20. El control personal que podemos tener sobre los problemas se refiere a darnos cuenta de nuestra posibilidad de: A. Resolverlo mediante el esfuerzo B. Conocer el significado que aportamos a los problemas C. Detectarlo desde el principio 6 La terapia lingüística de evaluación de Isabel Caro 1. Introducción a la terapia lingüística de evaluación El origen de la terapia lingüística de evaluación (TLE) se encuentra en la teoría de la semántica general, desarrollada por Alfred Korzybski a comienzos del siglo XX (Korzybski, 1921, 1933). Los primeros trabajos en la TLE se dedicaron a establecer la viabilidad del procedimiento y la posibilidad de utilización de la teoría semántico-general en psicología y psicoterapia (Caro, 1984, 1985, 1986a), antes de ser aplicada para el tratamiento de trastornos de ansiedad y depresión, aunque también se ha utilizado con pacientes obsesivos-compulsivos (Caro, 1986b; Caro e Ibáñez, 1993). Aunque el modelo semántico general ha influido en autores tan dispares como Perls, Kelly, o Bandler y Grinder (véase, Caro, 2002c) la terapia es claramente de tipo cognitivo. Este encuadre de la TLE como terapia cognitiva se puede justificar de distintas maneras, sin embargo, creemos que la siguiente definición del concepto de reacción semántica facilita este encuadre. Korzybski (1933, p. 24) definió el concepto de reacción semántica como “la reacción psico-lógica de un individuo dado a sus palabras y al lenguaje y a otros símbolos y acontecimientos en conexión con sus significados y las reacciones psicológicas, que se convierten en significados y relaciones configuracionales en el momento en que un individuo cualquiera comienza a analizarlas u otra persona lo hace por él”. Esto es, cuando tenemos cualquier experiencia estamos interpretándola y categorizándola, es decir, estamos evaluándola. Por ejemplo, un estudiante de psicología está ante un examen y experimenta “algo”. Del significado que le dé a esa experiencia dependerá en buena medida cómo se va a sentir y los sucesivos significados que aporte a sus experiencias, teniendo en cuenta, siempre, que el ser humano funciona como un todo (véase, más adelante, apartado 2.2) y que evaluar implica, por igual, a la “cognición” y a la “emoción” (véase, más adelante, apartado 31.). Lo primero que hará será “etiquetar” dicha experiencia como “ansiedad”, por ejemplo. Ante esta etiqueta seguirá aportando significados, como por ejemplo, “no voy a poder acabar el examen”, “cómo es posible que estudiando psicología tenga ansiedad”, “me lo van a notar mis compañeros”, etc. Sus palabras y su reacción ante ellas están configurando toda su reacción. Conocer dicha red de significados y trabajar con ellas, sería la meta de una terapia de tipo cognitivo y de la terapia lingüística de evaluación. La primera denominación del procedimiento tuvo lugar, entonces, mediante la etiqueta de terapia cognitiva de evaluación pero, sin embargo, en 1993 se produjo el cambio a terapia lingüística de evaluación para resaltar más el foco y el tipo de cambio que la terapia propicia, es decir, un cambio y un foco de tipo lingüístico. Se trabaja, por tanto, mediante técnicas exclusivamente lingüísticas para producir un cambio en el tipo de evaluaciones (verbales y no verbales) que hacen los pacientes sobre sus experiencias. A niveles de eficacia, la terapia es eficaz en el tratamiento de pacientes con trastornos de ansiedad (sobre todo pacientes con trastorno de ansiedad generalizada y pacientes hipocondriacos) y depresivos. Los resultados se mantienen a largo plazo (Caro, 1992, 1997a). Igualmente, el modelo está siendo utilizado con otros modelos de tratamiento por ejemplo, Álvarez (1999), en campos como el de la fobia social (Botella, Baños y Perpiñá, 2003), y estamos comenzando a diseñar su utilización en otros campos, como el afrontamiento de enfermedades crónicas. La TLE ha sido estudiada mediante metodología de investigación de resultados, encaminada a demostrar su eficacia, pero también mediante la metodología de investigación de procesos. Con la investigación de procesos pretendemos encontrar aquellos elementos que describen el cambio que la terapia produce, es decir, qué elementos son responsables del proceso terapéutico seguido por los pacientes. De las técnicas empleadas en la TLE ha sido especialmente estudiada con esta metodología, la técnica de los órdenes de abstracción, como luego expondremos. Las dos metodologías principales que hemos utilizado para describir el cambio son: el análisis de tareas (Caro, 1999; Rice y Greenberg, 1984) y el modelo de asimilación de experiencias problemáticas de Stiles y cols. (Caro, 2003c,d; 2006a,b; Stiles y cols., 1990, 1991; Honos-Webb y Stiles, 1998). Además, hemos caracterizado el tipo de terapia,en función del concepto de acto de habla, siguiendo el modelo de Stiles (1992) de los Modos de Respuesta Verbal (Caro, 1993; Caro y Coscollá, 1997; Piñar, Caro y Coscollá, 2001). En este capítulo, nos ocuparemos, sólamente, en el apartado dedicado a las técnicas, de exponer algunos de los resultados encontrados con el análisis de tareas, pues tienen claras implicaciones clínicas. ¿Cómo definiríamos el procedimiento?: La terapia lingüística de evaluación representa una forma breve de psicoterapia basada en la teoría de la semántica general. Su finalidad principal consiste en producir un cambio emocional-cognitivo, es decir, un cambio en las evaluaciones que hace un paciente sobre la ‘realidad’. Este cambio se da cuando los pacientes modifican el lenguaje para que éste corresponda estructuralmente al mundo de los ‘hechos’. Todo ello se logra a través de las evaluaciones adecuadas, la conciencia de abstracción, y la orientación extensional, consecuencia, sobre todo, de la no-identificación palabras-’hechos’. Esta definición se comprende mejor si tenemos en cuenta los principales conceptos del modelo semántico y del modelo terapéutico propuesto. En ello entramos a continuación. 2 . Principales conceptos teóricos de la terapia lingüística de evaluación Aunque están muy relacionados, vamos a exponer los principales conceptos en dos bloques: teóricos y clínicos. Entre los principales conceptos que queremos resaltar, de tipo teórico, estarían aquellos propios de la teoría semántica general, que nos ayudan a entender el alcance y planteamientos básicos de la teoría de la cual parte la TLE y que, sobre todo, giran alrededor del papel del lenguaje y de los símbolos en la sanidad (entendida en un sentido amplio) de los seres humanos y en relación a su noción sobre el ser humano. Comenzaremos por estos últimos conceptos. 2.1. El ser humano como enlazador del tiempo Uno de los conceptos básicos de la teoría semántica general es la capacidad humana para enlazar el tiempo, capacidad que nos diferencia de los animales y que es inseparable del uso que hacemos del lenguaje. Significa que el “ser humano hace vivir el pasado en el presente y el presente en el futuro” (Korzybski, 1921, pág.,186). Sus ventajas fundamentales radican en el hecho de que gracias a esta capacidad los seres humanos progresamos como especie, inventamos útiles cada vez más complicados, creando nuestro bienestar material y espiritual, a la vez que la civilización. Desde su vertiente más positiva representa un proceso de cuestionar, inventar, criticar sobre lo hecho, lo dado, lo anticipado, etc. Podríamos considerar el concepto de enlazar el tiempo como un concepto psico-histórico. Tal y como plantea Schuchardt-Read (1990) cada generación hereda los logros de la generación anterior. Es decir, los logros de la generación pasada a la nuestra se enlazan con los logros o avances de la generación presente, de manera que lo que heredamos crece de forma exponencial. De manera, que nunca partimos de cero y que nuestro conocimiento se desarrolla y aumenta, no como una simple suma de los conocimientos anteriores, sino como una integración, como un acúmulo en ese marco de “cuestionar”, “criticar” e “inventar” que ya hemos señalado. Una de las metas fundamentales de la semántica general era la de explicar cómo progresamos como especie, es decir, cómo crecemos socialmente. En este marco de enlazar símbolos lo que plantea la teoría semántico general es que nuestro progreso, a causa precisamente del uso de los símbolos, puede verse entorpecido. Esta cuestión del progreso social es básica en una teoría como la semántica general que se desarrolló con la finalidad de facilitar a los seres humanos un método general que facilitará resolver los problemas, de todo tipo, que teníamos como miembros de una sociedad. Entonces: ¿cómo facilitamos el proceso de enlazar el tiempo? La respuesta principal que da la semántica general, con claras implicaciones clínicas, es bien clara: evitando credos anticuados. Esta afirmación es especialmente importante para el uso de la semántica general en la psicología (y su acomodo como modelo cognitivo). Lo que plantea la semántica general es dotar a los individuos de un método para revisar sus credos, doctrinas y supuestos. Para ello, Korzybski se inspiró en los planteamientos de autores como Whitehead, Russell, Wittgenstein, Keyser, etc. que nos permiten asumir lo siguiente: 1. Que nuestra realidad sería un fenómeno conjunto observadorobservado. Es decir, que no existen observaciones “puras”, sino relaciones que se establecen entre lo observado y el observador, sus instrumentos, su estructura del lenguaje, su fisiología, sus hábitos de percepción, sus condiciones ambientales, etc. (Schuchardt-Read, 1990). 2. Que en función de nuestros supuestos iniciales, estos siguiendo un destino lógico, llevan a otros supuestos. Es decir, (véase, más adelante, apartado 2.3., las tres premisas no aristotélicas) que siempre podemos hacer un mapa sobre otro mapa, sobre otro mapa, una inferencia a partir de una inferencia, etc. 3. Debemos ser conscientes de nuestras “doctrinas” y saber el papel que éstas juegan en nuestro conocimiento. Esta cuestión representaría uno de los ejemplos más claros del fácil traspaso del modelo semántico general al campo de las terapias cognitivas, que aquí presentamos a través de la terapia lingüística de evaluación. La meta de una terapia cognitiva será la de hacer que el paciente entienda “cómo conoce”, mediante qué mecanismos, y las consecuencias que sus teorías y el significado que aporta a los hechos tiene en su bienestar, tal y como queda reflejado en el capítulo 1. Además, el proceso de enlazar el tiempo tiene lugar a través del uso del lenguaje. En este sentido, las precauciones que sobre el uso de éste deben hacerse, radican en la insistencia de la semántica general por tener en cuenta dos aspectos importantes, que luego desarrollaremos en su vertiente clínica: 1. El conocimiento humano como un proceso de abstracción del cual debemos ser conscientes. 2. Seguir las indicaciones (para ser conscientes de este proceso) y la visualización que de este proceso de abstracción nos hace el diferencial estructural. El diferencial estructural desarrollado por Korzybski (1933) suponía la representación gráfica y visual del proceso de abstracción, e iba desde los niveles primeros de abstracción (no verbales) a los últimos (niveles verbales). Desarrollaremos este proceso en el apartado 2.4. 2.2. El organismo como un todo Este es otro de los conceptos principales del modelo, y uno de los conceptos retomados por la teoría gestalt de la semántica general (Petit, 1987). Según Korzybski, el concepto de enlazar el tiempo supone tener en cuenta que todas las formas de actividad humana están interconectadas. Podemos entender las implicaciones de este concepto para la Psicología en dos conceptos, el ya definido, en la introducción, de reacción semántica y el de transacción semántica de Bois. La primera se refiere a la actividad y al psiquismo humano, mientras que la de Bois resalta la interacción continua del ser humano con el ambiente que lo rodea. Para Bois (1966, p. 31): “Una transacción semántica se define como una transacción que se ve determinada por lo que una situación real –que incluye el hecho externo, la palabra hablada, el pensamiento que se da, la esperanza que emerge– significa para un individuo en ese momento”. Siguiendo este planteamiento la teoría semántica general aconseja evitar términos elementalistas y hacer separaciones artificiales como, “mente- cuerpo”, o “pensamiento-emoción” que tanto debate han producido en psicología. Para Korzybski (1933), el funcionamiento del ser humano representa un continuo fluir entre diversos sistemas, verbales y no-verbales, de experiencia directa y de reflexión sobre esa experiencia. El ser humano no es “intelecto” por una parte y “emoción” por otra, sino un ser que establece una dinámica circular, una interacción entre esas partes, por ejemplo, que el lenguajenos permite separar, pero que no están separados “realmente”. ‘Pensamos’ y ‘sentimos’ como dos caras de la misma moneda. Como planteó Bois en 1957 (p. 45), el ser humano sería “un organismo electro-químico, que piensa, siente o se desplaza en una interacción continua con un ambiente espacio-temporal”. 2.3. El papel de los símbolos Para la teoría semántica general, vivimos en un ambiente de símbolos, y de significados que aportamos a las cosas, ya que una de las características básicas de los seres humanos es la de ser creadores de símbolos. La simbolización representa, pues, una capacidad humana única, y básica para la supervivencia, ya que los símbolos son nuestras unidades básicas para nuestras acciones y nuestra civilización. Los símbolos son nuestras “armas” de pensamiento y de comunicación. El hecho de vivir rodeados de símbolos y de crearlos continuamente, nos lleva a postular y a señalar ciertas precauciones que es aconsejable que adoptemos frente a los símbolos y cómo los creamos, los crean, y los manejamos. En primer lugar, existe una independencia entre lo que se simboliza y el símbolo. Los símbolos que aportamos a las cosas para darles significado son meras convenciones sociales. Además, podemos crear símbolos para una gran variedad de “cosas”: procesos, objetos, acontecimientos, reacciones ante lo observado, etc; y, finalmente, hay que tener en cuenta que los símbolos no surgen de la nada, sino que son una consecuencia de nuestro ambiente cultural y semántico. Así, por ejemplo, nuestras teorías sobre los trastornos psicológicos son un buen ejemplo de estas reflexiones sobre los símbolos. En principio, la fenomenología llamada “depresiva” ha sido representada de múltiples maneras a lo largo del tiempo a través de diversas teorías que se diferencian entre ellas o se solapan. Estas teorías son consecuencia de un determinado espíritu de la época, y son tan variadas como para poder explicar prácticamente, cualquier elemento de la fenomenología “depresiva”. Para Korzybski (1925) todo aquello que tiene símbolos y proposiciones es un lenguaje. En su opinión, las matemáticas eran el lenguaje más perfecto, pero no se podían utilizar para hablar de todas las cosas. Sin embargo, tenemos otro tipo de lenguaje que podemos utilizar para hablar de cualquier cosa, y este es nuestro lenguaje cotidiano. En su análisis y en su uso recae el trabajo con la semántica general. Para poder entender las conexiones con la psicoterapia tenemos que tener claro que el lenguaje nos aporta “formas de representación” y que estas permiten al organismo pasar del nivel de la objetivación al de la visualización, y esta es esencial para el “pensamiento” (Paulson, 1983). En este sentido podemos asumir que existen dos formas de utilizar el lenguaje que a raíz de sus diversas consecuencias, podemos clasificar como una forma “neurótica”, o como una forma “autorreflexiva” de utilizarlo. En el primer caso, el lenguaje representa una forma de determinismo psicológico, cuya estructura lógica nos “impone” una serie de supuestos y términos no-definidos que influyen en nuestras categorías de significado, y que, en consecuencia, crean todo el “significado” de nuestras palabras, frases, proposiciones, etc., ante las cuales, además, reaccionamos y construimos otra serie de significados, proposiciones, palabras, etc. Sin embargo, la otra alternativa consiste en intentar beneficiarnos de una de las características básicas del lenguaje: la auto-reflexividad. Si logramos la auto-reflexividad y somos conscientes de nuestros procesos de abstracción, el lenguaje representará una forma de “libertad lógica”, lo que supone la posibilidad de elegir nuestros supuestos, y en base a ello, la posibilidad de lograr reacciones semánticas más adaptativas. Estos aspectos confluyen en las tres premisas no aristotélicas que son el centro de la teoría semántico general, es decir: 1. El mapa no es el territorio o la palabra no es el objeto, es decir, no podemos confundir o identificar el símbolo con lo simbolizado. Por ejemplo, la experiencia que un paciente depresivo etiqueta como “tristeza” no es, en modo alguno, la propia etiqueta de “tristeza”. 2. Un mapa no cubre todos las características del territorio o el conocimiento humano está formado por abstracciones y, por tanto, es incompleto. Por ejemplo, la experiencia de tristeza es mucho más rica, variable, etc. que los mapas, o palabras que podemos utilizar para describirla o etiquetarla. Además, cuando nos damos cuenta de que nos sentimos tristes estamos haciendo una abstracción ya que no sabemos o desconocemos (es decir, abstraemos o perdemos características) los mecanismos (fisiológicos y psicológicos) mediante los cuales se produce dicha experiencia de tristeza. 3. Siempre podemos hacer un mapa que incluya a otro mapa, y a otro, etc, es decir, el lenguaje es auto-reflexivo. Vemos claramente esta cuestión en la formulación semántico general de las reacciones de 2º orden (Lee, 1952). Una reacción de 2º orden es, por ejemplo, la ansiedad por tener ansiedad, o deprimirse por estar deprimido. Por ejemplo, en un primer nivel podemos experimentar tristeza, que inmediatamente es etiquetada (en un 2º nivel) como “tristeza”, a partir de ahí podemos ir subiendo de nivel (lingüístico) de la siguiente manera: “me siento triste”, “no me gusta sentirme triste”, “no me gusta que no me guste sentirme triste”, etc. Conocer el nivel de abstracción de nuestras reacciones tiene importantes implicaciones clínicas, ya que no es lo mismo trabajar con el sentimiento de tristeza, que con los diversos significados, para el paciente, de dicho sentimiento. Veamos, por qué no podemos identificar palabras con hechos, el proceso de abstracción y las ventajas de la auto-reflexividad. En el conocimiento humano influye notablemente el uso que hacemos del lenguaje y la capacidad humana para la abstracción. Respecto a la primera de ellas, es decir, el uso del lenguaje, la cuestión básica de la teoría semántica- general, y sobre la que gira el planteamiento clínico se refiere a la necesidad de establecer una diferencia en estructura entre el mundo de los ‘hechos’ y el mundo del ‘lenguaje’ o de las palabras. La diferencia, que es de tipo teórico, y que aparece resumida en el cuadro 1, tiene importantes implicaciones clínicas, sobre todo, a través de las derivaciones de otro de los elementos básicos del modelo semántico general: las tres premisas no aristotélicas que acabamos de exponer. Para la teoría semántica el problema radica en que con el lenguaje (que posee una estructura determinada) representamos la ‘realidad’ o el mundo de los ‘hechos’ que posee otra estructura totalmente diferente, tal y como se nos muestra en el cuadro 1. Podemos derivar del cuadro 1 lo siguiente: el mundo de los “hechos”, de aquello que llamamos nuestra “realidad”, posee unas características muy diferentes al mundo de las palabras. En principio, hay más hechos que palabras, los hechos varían más que las palabras, de manera que estamos representando un mundo en proceso continuo, mediante una herramienta – i.e., el lenguaje– bastante más estática y que dota a nuestras experiencias de un halo de objetividad que no tienen. Por ejemplo, como psicólogos mediante la etiqueta diagnóstica de “depresión” objetivamos una experiencia mucho más rica, variada, etc. que la etiqueta con la que la denominamos. Cuadro 1. La diferencia en estructura entre el mundo de los ‘hechos’ y el mundo del ‘lenguaje’ (a partir de Johnson, 1946) Estructura del mundo de los ‘hechos’ Medio en cambio Flexible Organismo como un todo No elementalismo Percibimos las cualidades No podemos separar algo de sus acciones Todo lo que existe es único y en cambio Extensional Búsqueda del ejemplar único Estructura del mundo del ‘lenguaje’ Medio estático Rígido Separa cosas que no se pueden separar en la “realidad” Elementalismo Aporta cualidades a las cosas Compuesto de partes que se pueden separar Múltiples significados, por ejemplo: “la depresión”, “la personalidad”, “la