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Abordajes neuroquirúrgicos de la patología craneal y cerebral José Manuel González-Darder Jefe del Servicio de Neurocirugía Hospital Clínico Universitario de Valencia Valencia, España Vicent Quilis-Quesada Adjunto del Servicio de Neurocirugía Hospital Clínico Universitario de Valencia Valencia, España Evandro de Oliveira Director del Instituto de Ciencias Neurológicas (ICNE) São Paulo, Brasil 2 Índice de capítulos Instrucciones para el acceso en línea Cubierta Portada Página de créditos Índice de vídeos Prólogo Capítulo 1: Abordaje transulcal cortical y subcortical Introducción Relaciones anatómicas Abordaje transulcal a tumores intrínsecos localizados en áreas motoras elocuentes situadas alrededor del surco central Casos ilustrativos Capítulo 2: Abordaje subfrontal bifrontal Introducción Relaciones anatómicas Abordaje subfrontal bifrontal Otros abordajes Casos ilustrativos Capítulo 3: Abordaje pterional transilviano Introducción 3 kindle:embed:0002?mime=image/jpg https://booksmedicos.org Relaciones anatómicas Abordaje pterional transilviano Otros abordajes Casos ilustrativos Capítulo 4: Abordaje de la fosa media Introducción Relaciones anatómicas Abordaje transcigomático a la fosa media Otros abordajes Casos ilustrativos Capítulo 5: Abordaje interhemisférico transcalloso Introducción Relaciones anatómicas Abordaje interhemisférico transcalloso Otros abordajes interhemisféricos Casos ilustrativos Capítulo 6: Abordaje suboccipital lateral Introducción Relaciones anatómicas Abordaje suboccipital lateral Otros abordajes Casos ilustrativos Capítulo 7: Abordaje suboccipital medial Introducción Relaciones anatómicas Abordaje suboccipital medial Otros abordajes Casos ilustrativos Capítulo 8: Abordaje far lateral 4 https://booksmedicos.org Introducción Relaciones anatómicas Abordaje far lateral Otros abordajes Casos ilustrativos Capítulo 9: Abordaje supracerebeloso infratentorial Introducción Relaciones anatómicas Abordaje infratentorial supracerebeloso Otros abordajes Casos ilustrativos Índice alfabético 5 https://booksmedicos.org Página de créditos © 2016 Elsevier España, S.L.U. Avda. Josep Tarradellas, 20-30, 1.° 08029 Barcelona Fotocopiar es un delito (Art. 270 C.P.) Para que existan libros es necesario el trabajo de un importante colectivo (autores, traductores, dibujantes, correctores, impresores, editores…). El principal beneficiario de ese esfuerzo es el lector que aprovecha su contenido. Quien fotocopia un libro, en las circunstancias previstas por la ley, delinque y contribuye a la «no» existencia de nuevas ediciones. Además, a corto plazo, encarece el precio de las ya existentes. Este libro está legalmente protegido por los derechos de propiedad intelectual. Cualquier uso fuera de los límites establecidos por la legislación vigente, sin el consentimiento del editor, es ilegal. Esto se aplica en particular a la reproducción, fotocopia, traducción, grabación o cualquier otro sistema de recuperación de almacenaje de información. ISBN (versión impresa): 978-84-9022-955-2 ISBN (versión electrónica): 978-84-9022-968-2 Depósito legal (versión impresa): B. 22.081-2015 Depósito legal (versión electrónica): B. 22.082-2015 Servicios editoriales: A. Parras Impreso en España Advertencia La medicina es un área en constante evolución. Aunque deben seguirse unas 6 https://booksmedicos.org precauciones de seguridad estándar, a medida que aumenten nuestros conocimientos gracias a la investigación básica y clínica habrá que introducir cambios en los tratamientos y en los fármacos. En consecuencia, se recomienda a los lectores que analicen los últimos datos aportados por los fabricantes sobre cada fármaco para comprobar la dosis recomendada, la vía y duración de la administración y las contraindicaciones. Es responsabilidad ineludible del médico determinar las dosis y el tratamiento más indicado para cada paciente, en función de su experiencia y del conocimiento de cada caso concreto. Ni los editores ni los directores asumen responsabilidad alguna por los daños que pudieran generarse a personas o propiedades como consecuencia del contenido de esta obra. El Editor 7 https://booksmedicos.org Índice de vídeos* 1 Abordaje transulcal cortical y subcortical 2 Abordaje subfrontal bifrontal 3 Abordaje pterional transilviano 4 Abordaje transcigomático de la fosa media 5 Abordaje interhemisférico frontoparietal transcalloso 6 Abordaje suboccipital lateral 7 Abordaje suboccipital medial 8 Abordaje far lateral 9 Abordaje supracerebeloso * Los vídeos están disponibles en www.studentconsult.es. 8 http://www.studentconsult.es https://booksmedicos.org Prólogo La actividad neuroquirúrgica se desarrolla en un ambiente tridimensional basado en referencias y relaciones anatómicas. Aunque existen innumerables variaciones y anomalías en la anatomía craneoencefálica, estas relaciones son muy estables en los elementos referenciales y afortunadamente todos ellos están contenidos en una estructura rígida, sin espacios muertos ni posibilidad de movilidad. Los modernos estudios preoperatorios de imagen permiten localizar con precisión las lesiones en este espacio referencial. La técnica microneuroquirúrgica concede al neurocirujano la posibilidad de acceder o de trabajar en espacios anatómicos naturales que son expuestos o agrandados, evitando así la distorsión de las estructuras normales. Las ayudas intraoperatorias como la imagen y la neuronavegación auxilian al neurocirujano a alcanzar o identificar estructuras o corregir trayectorias para un abordaje más preciso. Parafraseando a Albert Rhoton, Jr., podemos decir que la anatomía proporciona las bases para evitar la exposición de cualquier estructura no esencial para la cirugía y para tratar de forma precisa, delicada, exacta y segura las estructuras expuestas. Un gran número de actuaciones neuroquirúrgicas se llevan a cabo en situaciones prácticamente anatómicas o con la anatomía normal muy poco distorsionada. Son ejemplo de ello la cirugía de la neuralgia del trigémino o de los aneurismas cerebrales no rotos. Muchos tumores de base de cráneo son hallazgos o se diagnostican actualmente en pacientes paucisintomáticos y son con frecuencia de pequeño tamaño. En estos casos, podría decirse que la actuación del neurocirujano acaba cuando la anatomía normal ha sido restituida tras la descompresión microvascular de la raíz del trigémino, clipaje del aneurisma o resección del tumor. Las malformaciones arteriovenosas corticales son otro ejemplo donde la anatomía sulcal y giral de la corteza cerebral y el patrón vascular anatómico son siempre reconocibles, aun ante lesiones grandes y aparentemente complejas. Lo mismo sucede en los gliomas córtico-subcorticales, que en sus fases iniciales de crecimiento mantienen la anatomía cortical y que incluso en su progresión de tipo invasivo muestran patrones de progresión claramente anatómicos. Es evidente que la relación entre el conocimiento anatómico y la cirugía es ancestral, pero hay que reconocer que solo recientemente, en la corta historia de la neurocirugía, se le ha dado la relevancia que merece. Los textos donde nos hemos formado generaciones de neurocirujanos están plagados de errores anatómicos. Los abordajes neuroquirúrgicos estaban diseñados por el respeto a la complejidad de la anatomía craneoencefálica y el respeto a la 9 https://booksmedicos.org trascendencia de la función neurológica subyacente. El reconocimiento intraoperatorio de la neuroanatomía quirúrgica entra en una nueva era con la microcirugía, la mejora de las técnicas anestésicas, y el diagnóstico y el tratamiento de lesiones cada vez más pequeñas gracias al diagnóstico precoz por la explosión de la técnicas de imagen. Sin embargo, considero que la revolución más trascendente ha sido la vuelta del neurocirujano al laboratorio para el estudio de una neuroanatomía dirigida a la actividad quirúrgica, basada en la microcirugía y orientada a los abordajes quirúrgicos. Este libro es la consecuenciade este planteamiento. Evandro de Oliveira es uno de los pioneros y líderes mundiales de esta nueva forma de plantear la actividad neuroquirúrgica con la visión de la neurocirugía como una elegante combinación de conocimiento anatómico y técnica microquirúrgica. Vicent Quilis-Quesada puede considerarse afortunado al haber iniciado su formación neuroquirúrgica inmerso en este ambiente. Por mi parte, también me considero afortunado de haber tenido la oportunidad de conocer y explorar esta corriente, y el acierto de incorporarme a ella. Abundando en ello y junto al resto de los autores, organizamos en Valencia, desde hace años, cursos hands-on de abordajes neuroquirúrgicos para favorecer el conocimiento neuroanatómico como base del tratamiento neuroquirúrgico, y juntos hemos elaborado este libro. Sin embargo, aunque la técnica quirúrgica es la base para resolver los problemas neuroquirúrgicos que sufren nuestros pacientes y es el núcleo fundamental de la actividad asistencial del neurocirujano, este mismo grado de devoción debe prestarse en la indicación quirúrgica, la estrategia global de tratamiento, la prevención de complicaciones y cuando se cubren las expectativas del paciente que se somete a cirugía bajo nuestra responsabilidad, estableciendo una relación médico-enfermo basada en la honestidad y la profesionalidad. Cualquier obra es el resultado del esfuerzo y la participación de muchos más que los propios autores que la firman. En este sentido, quiero expresar mi agradecimiento a los miembros del Servicio de Neurocirugía del Hospital Clínico Universitario de Valencia por su ayuda en los procedimientos quirúrgicos y el cuidado de los pacientes que aparecen descritos en los casos ilustrativos incluidos en el libro. Muchas ideas expuestas han sido obtenidas del estudio y el aprendizaje crítico junto con otros neurocirujanos con diferentes visiones de la neurocirugía. En cuanto a los autores, Evandro de Oliveira ha sido la referencia conductual del contenido de la obra, y en ella hay continuas referencias directas o indirectas a su monumental trabajo quirúrgico y anatómico. Vicent Quilis-Quesada es el autor de las magníficas disecciones anatómicas expuestas en la obra. Por otra parte, todos los casos clínicos y las imágenes quirúrgicas corresponden a pacientes intervenidos personalmente en los últimos años y siguen siempre la secuencia de los abordajes tal y como se realizan en la práctica quirúrgica. Los abordajes incluidos en este libro no cubren, naturalmente, todos los accesos al cráneo y el encéfalo, pero constituyen el núcleo fundamental de la actividad neuroquirúrgica rutinaria y, por ello, la base sobre la que se pueden 10 https://booksmedicos.org desarrollar variaciones o ampliaciones. Podemos decir que conocer de forma profunda estos accesos es la base sobre la que poder plantearse hacer abordajes más complejos y, por esta razón, su conocimiento es fundamental para la formación del neurocirujano. Mi deseo es que esta obra ayude a cumplir estos objetivos. José M. González-Darder 11 https://booksmedicos.org C A P Í T U L O 1 12 https://booksmedicos.org Abordaje transulcal cortical y subcortical José M. González-Darder Vicent Quilis-Quesada Evandro de Oliveira ÍNDICE DEL CAPÍTULO Introducción 2 Relaciones anatómicas 2 Giros y surcos cerebrales 3 Sustancia blanca cerebral 7 Neuroanatomía de las áreas corticales elocuentes 9 Puntos sulcales y referencias craneales 11 Abordaje transulcal a tumores intrínsecos localizados en áreas motoras elocuentes situadas alrededor del surco central 13 Posición 13 Planificación preoperatoria 13 Incisión cutánea y disección de las partes blandas 15 Craneotomía 15 Apertura de la duramadre 15 Navegación cisternal 15 Relaciones con las estructuras neurológicas 16 13 https://booksmedicos.org Cierre 17 Prevención y resolución de las complicaciones relacionadas con el abordaje 17 Casos ilustrativos 18 Caso 1. Glioblastoma multiforme I 18 Caso 2. Glioblastoma multiforme II 18 Caso 3. Glioblastoma multiforme III 18 Caso 4. Metástasis solitaria de melanoma 20 Caso 5. Malformación arteriovenosa I 20 Caso 6. Malformación arteriovenosa II 20 Caso 7. Cavernoma 21 14 https://booksmedicos.org Introducción La mayor parte de las lesiones intracraneales sometidas a tratamiento quirúrgico son tumores intrínsecos que crecen en el parénquima cerebral. La mayoría de estas lesiones parecen ubicadas muy profundamente en el tejido cerebral en los estudios de imagen, pero realmente un buen número de tumores cerebrales intrínsecos están localizados muy superficialmente, bien en la propia sustancia gris o en la sustancia blanca subcortical. Esta aparente incongruencia es debida al hecho de que la superficie cerebral está profusamente plegada en una gran cantidad de giros y sus correspondientes surcos. Los surcos más profundos se denominan cisuras, como lo son la cisura interhemisférica y la cisura de Silvio. Otros surcos profundos se llaman de forma indistinta surcos o cisuras, como ocurre con los surcos o cisuras calcarina y parietooccipital. Todos los surcos se dirigen hacia el sistema ventricular, donde alguno de ellos produce irregularidades o eminencias en la superficie ependimaria ventricular, como es el caso del calcar avis del atrio del ventrículo lateral producido por la cisura calcarina y de la eminencia colateral del asta temporal del ventrículo lateral producido por el surco colateral de la cara basal del lóbulo temporal. Los tumores cerebrales intrínsecos, la mayor parte gliomas, crecen inicialmente en el seno de un giro cerebral determinado, bien en la sustancia gris o en capas subcorticales de la sustancia blanca, muy superficiales, aunque conforme van creciendo acaban infiltrando progresivamente amplias zonas del giro y las capas profundas del mismo hasta desbordarlo, con la consiguiente invasión de los giros vecinos y/o áreas profundas periventriculares. Curiosamente, los tumores intrínsecos no suelen infiltrar los planos pial y aracnoideo, con lo que respetan los surcos. Así, durante mucho tiempo se mantiene la estructura anatómica normal de la corteza cerebral, aunque pueda encontrarse groseramente deformada o distorsionada por el crecimiento tumoral. La conclusión práctica es que, en el momento de la cirugía, un gran número de tumores intrínsecos permanecen todavía dentro de los límites de un giro o varios giros vecinos. El abordaje quirúrgico a los tumores intrínsecos se hace a través de una craneotomía centrada en la lesión y la resección microquirúrgica mediante la disección de los surcos, cisuras o cisternas vecinos al giro o los giros infiltrados, con el fin de realizar la extirpación anatómica de la lesión. De esta forma, la navegación transulcal y transcisternal permite alcanzar lesiones aparentemente profundas sin alterar el parénquima cerebral normal vecino al tumor, reduciendo las probabilidades de un deterioro neurológico postoperatorio. El objetivo último del tratamiento quirúrgico de los tumores intrínsecos cerebrales es maximizar la resección anatómica y minimizar el riesgo de deterioro neurológico. Para maximizar la resección del tumor se debe incluir la zona anatómica identificada como tumoral en los estudios de imagen junto al tejido nervioso vecino y que se sospecha está infiltrado por células 15 https://booksmedicos.org tumorales o cuyas células están ya afectadas por los trastornos genéticos o moleculares que las convertirán finalmente en células tumorales (límites de resección anatómica tumoral). Este tejido puede parecer normal en las técnicas de imagen o durante la propia cirugía. Sin embargo, esta resección tumoral debe llevarse solo hasta el límite donde pueda producirse un deterioro en cualquier función neurológica considerada importante para el paciente (límites de la resección funcional), lo que es especialmente trascendente cuando la lesión se encuentra en un área cerebral funcional relevante o cerca de ella. Con la finalidad de ajustar el balance entre ambos límites de resección («tumoral» frentea «funcional») contamos actualmente con un gran número de estudios anatómicos y funcionales preoperatorios e intraoperatorios. Aunque, por lo común, los tumores intrínsecos primarios constituyen la más frecuente indicación para el abordaje transulcal, otras lesiones corticales y subcorticales, como metástasis, cavernomas o malformaciones arteriovenosas, se exponen y extirpan siguiendo los mismos principios. El concepto de disección transcisternal y transulcal fue propuesto, defendido y extendido por Gazi Yasargil y se utiliza universalmente como corredor para el acceso y extirpación de lesiones intrínsecas, resección en bloque de un giro que contiene la lesión o de varios giros involucrados por la lesión, así como para alcanzar lesiones emplazadas profundamente en la sustancia blanca, cisuras o espacio periventricular. Siguiendo a Yasargil, «la navegación a lo largo de las vías naturales del líquido cefalorraquídeo asegura un abordaje exangüe, atraumático y definitivo hasta el tumor y requiere una retracción mínima o no requiere ninguna retracción, ya que se emplean vías de disección naturales». 16 https://booksmedicos.org Relaciones anatómicas El abordaje transulcal es la mejor opción para la resección de lesiones corticales y subcorticales localizadas en cualquier punto de los hemisferios cerebrales, pero especialmente de las situadas en la superficie lateral. La superficie lateral de los hemisferios cerebrales la forman las superficies laterales de los lóbulos frontal, parietal, occipital y temporal. Los mismos principios generales del abordaje transulcal se utilizan para lesiones ubicadas en las superficies mediales y basales de los lóbulos cerebrales. El patrón de organización anatómica de la corteza cerebral es muy complejo, debido a la existencia de un gran número de giros enmarcados por los correspondientes surcos (fig. 1.1). Muchos giros y surcos son constantes, pero otros muchos son inconstantes o irregulares y muy frecuentemente diferentes de un hemisferio a otro en el mismo individuo. Los surcos principales tienen frecuentemente ramos menores o divisiones. Los giros principales pueden tener pequeñas conexiones entre sí llamados pied de passage. Además, ambos hemisferios son asimétricos. La sustancia blanca subyacente tiene, asimismo, una organización compleja formada por fibras nerviosas mielinizadas de asociación, que se disponen en haces o fascículos. La conformación interna de la sustancia blanca fue sistematizada en los años treinta del siglo pasado por Joseph Klinger, quien la disecó de cerebros formolizados sometidos a congelación, lo que dilacera e individualiza sus fibras, permitiendo reconocer los haces y fascículos. Actualmente, su estudio se ha revitalizado gracias al uso de la resonancia nuclear magnética con técnica de tensor de difusión, lo que permite un procesamiento matemático de la imagen con el que se puede hacer una reconstrucción tridimensional de los haces o fascículos de la sustancia blanca (tractografía), colocando unas semillas que inician el proceso de reconstrucción en los lugares anatómicos donde se encuentran los haces o fascículos de interés (region-of-interest: ROI). 17 https://booksmedicos.org FIGURA 1.1 Imagen operatoria de la corteza cerebral. Se aprecia con detalle la confluencia de varios surcos delimitando los correspondientes giros cerebrales. Las venas superficiales corren por los surcos envueltas en aracnoides. Se visualiza una arteria cortical entrando en el surco vecino. Numerosas arteriolas y vénulas recorren la superficie de los giros. Giros y surcos cerebrales Se describe a continuación la anatomía de la superficie lateral de los hemisferios cerebrales, de la cara basal de los lóbulos frontal, temporal y occipital, y del lóbulo de la ínsula (fig. 1.2). La práctica totalidad de las estructuras anatómicas se reconocen con facilidad en los estudios de imagen mediante resonancia nuclear magnética (fig. 1.3). 18 https://booksmedicos.org FIGURA 1.2 Visión de las superficies lateral, superior y basal del hemisferio izquierdo del cerebro humano para mostrar los giros, surcos y cisuras. A) Superficie lateral. El surco central (sc) separa el lóbulo frontal del parietal y recorre el hemisferio en dirección posteroinferior, desde la cisura interhemisférica (cih) hasta la cisura de Silvio (cs). En este caso, termina en el giro subcentral (GSC), que conecta los giros precentral (GPRC) y postcentral (GPOC). El giro precentral está limitado por delante por el surco precentral (sprc) y el giro postcentral está limitado por detrás por el surco postcentral (spoc). En el lóbulo frontal se reconocen los surcos frontal superior (sfs) e inferior (sfi). El giro frontal superior (GFS) queda entre la cisura interhemisférica (cih) y el surco frontal superior (sfs). El giro frontal medio (GFM) queda entre el surco frontal superior (sfs) y el inferior (sfi). El giro frontal inferior queda entre el surco frontal inferior (sfi) y la fosa anterior y cisura de Silvio (cs). La cisura de Silvio se divide en tres ramos: ramo anterior horizontal (rah), anterior vertical (rav) y posterior (rp). La pars orbicularis (POR) del giro frontal inferior queda anterior al ramo anterior horizontal de la cisura de Silvio. La pars triangularis (PTR) del giro frontal inferior queda entre los ramos anteriores horizontal y vertical de la cisura de Silvio. Finalmente, la pars opercularis (POP) del giro frontal inferior queda posterior al ramo anterior vertical de la cisura de Silvio. En el lóbulo parietal se reconoce el surco intraparietal (sip). Por encima se extiende el lóbulo parietal superior (LPS) hasta la línea media. Por debajo se encuentra el lóbulo parietal inferior, que se extiende hasta la encrucijada de los lóbulos parietal temporal y occipital. En el lóbulo parietal inferior se reconocen el giro supramarginal (GSM), alrededor del final del ramo posterior de la cisura de Silvio, y el giro angular (GAN), que rodea el final del surco temporal superior (sts), separados por el surco intermedio de Jensen (sij). En el lóbulo temporal se reconocen los surcos temporal superior (sts) e inferior (sti) y los giros temporal superior (GTS) entre la cisura de Silvio y el surco temporal superior, el giro temporal medio (GTM) entre ambos surcos temporales y el giro temporal inferior (GTI). En el lóbulo occipital se reconoce el surco occipital horizontal (soh), que lo divide en dos giros, el giro occipital superior (GOS) e inferior (GOI). Se han marcado los polos frontal (PF), temporal (PT) y occipital (PO). Entre el lóbulo occipital y el temporal se encuentra la escotadura preoccipital (ep). B) Superficie superior. El surco central (sc) separa el lóbulo frontal del parietal y se origina en la cisura interhemisférica (cih), donde puede continuar unos milímetros. Por delante se encuentra el giro precentral (GPRC) y el surco precentral (sprec), y por detrás el giro postcentral (GPOC) y el surco postcentral (spoc). En el lóbulo frontal se reconoce el surco frontal superior (sfs). El giro frontal superior (GFS) queda entre la cisura interhemisférica y el surco frontal superior. El giro frontal medio (GFM) queda entre el surco frontal superior y el inferior. En el lóbulo parietal se aprecia el surco intraparietal (sip) que separa 19 https://booksmedicos.org los lóbulos parietal superior (LPS) e inferior (LPI). Se han marcado los polos frontal (PF) y occipital (PO). C) Superficie basal. En la línea media del lóbulo temporal se extiende el giro parahipocampal (GPH), con el uncus en su porción más anterior (UNC), y lateral al mismo se encuentra el surco colateral (scl). Más lateralmente al surco colateral se encuentra el giro temporooccipital o giro fusiforme (GFUS), y por fuera el surco temporooccipital (sto), en este caso incompleto. Finalmente, se encuentran las superficies basales de los giros temporal inferior (GTI) y occipital inferior (GOI). En la superficie basal del lóbulo frontal se aprecia el giro recto (GR) entre la cisura interhemisférica (cih) y el surcoolfatorio (sol), donde se aplica el nervio olfatorio. Más lateralmente al surco olfatorio hay una gran superficie de corteza frontal dispuesta en varios giros orbitarios (GOR) dispuestos alrededor de un surco orbitario que tiene forma de H. Se han marcado los polos frontal (PF), temporal (PT) y occipital (PO).D) Superficie anterior. En el lóbulo frontal, desde la cisura interhemisférica (chi) hasta la cisura de Silvio (cs), se reconocen el surco frontal superior (sfs), el giro frontal superior (GFS) surco frontal superior (sfs), el giro frontal medio (GFM), el surco frontal inferior (sfi) y el giro frontal inferior (GFI). En la base del lóbulo frontal se aprecia el giro recto (GR) y los giros orbitarios (GOR). En el lóbulo temporal son visibles el giro temporal superior (GTS), surco temporal superior (sts), giro temporal medio (GTM), surco temporal inferior (sti) y giro temporal inferior (GTI). Se han marcado el polo frontal (PF) y temporal (PT). E) Superficie superior del lóbulo temporal. Se expone la superficie del opérculo temporal. En la superficie lateral se aprecia el surco temporal superior (sts) y los giros temporal medio (GTM) y superior (GTS). Se ha abierto la cisura de Silvio y resecado los opérculos frontales, por lo que se expone la corteza de la ínsula (INS). El giro temporal superior se extiende al planum polare (PPol) y, por detrás, en el planum temporale (PTem), donde hay una serie de surcos que se ensanchan conforme se acercan a la superficie cerebral, siendo el mayor de ellos el giro de Heschl (GHL). Se han marcado la cisura de Silvio (cs) y el polo temporal (PT). F) Lóbulo de la ínsula. Se expone la ínsula tras la retirada de los opérculos frontoparietal y temporal, apreciando su forma triangular, delimitada por el llamado surco limitante o circular, con sus porciones superior (SLs), debajo de los opérculos frontal y parietal resecados; inferior (SLi), debajo del opérculo temporal levantado con un disector, y, finalmente, el borde anterior (LIa), que queda en profundidad debajo de la pars triangularis del frontal. El ángulo posterior o punto silviano (>PS) se localiza en profundidad debajo del giro supramarginal y se corresponde más en profundidad con el atrio. El ángulo anterosuperior (>AA) se localiza en profundidad debajo de la pars triangularis y su proyección llega al asta frontal del ventrículo lateral. Finalmente, el ángulo anteroinferior o ápex (>AP) de la ínsula se proyecta debajo de la parte más anterior de la pars triangularis. El surco central (sci) divide la ínsula en dos porciones: superior, con los giros cortos (GCI), e inferior, con los giros largos (GLI). G) Detalle del lóbulo frontal. El lóbulo frontal se extiende debajo de la cisura interhemisférica (cih), por delante del surco central (sc) y encima de la cisura de Silvio (cs). Se señalan los surcos frontal superior (sfs) e inferior (sfi). El giro frontal superior (GFS) queda entre la cisura interhemisférica (cih) y el surco frontal superior (sfs), y en su seno se encuentra el surco intermedio (si). El giro frontal medio (GFM) queda entre el surco frontal superior (sfs) y el inferior (sfi). El giro frontal inferior queda entre el surco frontal inferior (sfi) y la fosa media y cisura de Silvio (cs), con la pars orbicularis (POR), pars triangularis (PTR) y la pars opercularis (POP). H) Detalle del lóbulo parietal. El lóbulo parietal es posterior al surco central (sc). En este caso hay un gran surco postcentral (spoc) e intraparietal (sip) delimitando el giro postcentral (GPOC), lóbulo parietal superior (LPS) e inferior (LPI), con el giro angular (GA) y supramarginal (GSM). I) Detalle de la porción posterior de la cisura de Silvio. La porción más ancha de la cisura de Silvio corresponde al punto silviano anterior (PSA) y se enfrenta a la pars triangularis (PTR), con la pars orbitalis (POR) y opercularis (POP). Más atrás llega el surco precentral (sprc), el surco central (sc), con el giro subcentral (GSC), que conecta los giros pre (GPRC) y postcentral (GPOC) y el surco postcentral (spoc). En el lóbulo frontal el giro frontal medio (GFM) ocupa el espacio entre el surco frontal superior (sfs) e inferior (sfi). 20 https://booksmedicos.org FIGURA 1.3 Imágenes de cortes axiales y sagitales en resonancia nuclear magnética en secuencia T1 del cerebro humano para mostrar algunos giros, surcos y cisuras. A) Corte axial, donde se reconoce el surco central (sc) y los giros precentral (GPRC) y postcentral (GPOC). La línea media está marcada por la cisura interhemisférica (cih). En el lóbulo frontal se reconoce el surco frontal superior (sfs) y el giro frontal superior (GFS). Se aprecia también, en ambos lados de la cisura interhemisférica, el ramo ascendente del surco cingulado (rasc). B) Corte parasagital a nivel de los opérculos frontales. Se aprecian los tres ramos de la cisura de Silvio: anterior horizontal (rah), anterior vertical (rav) y posterior (rp), que delimitan la pars orbicularis (POR), triangularis (PTR) y opercularis (POP) del giro frontal inferior. Por detrás se encuentra el surco precentral (sprc), giro precentral (GPRC), surco central (sc), giro postcentral (GPOC) y surco postcentral (spoc). Se delimitan los giros temporal superior (GTS) e inferior (GTI), separados por el surco temporal superior (sts). Al final del ramo posterior de la cisura de Silvio se reconoce el giro supramarginal (GSM) y el giro angular (GAN). Lóbulo frontal El lóbulo frontal es el mayor del cerebro humano y ocupa casi la tercera parte de su superficie externa. La superficie lateral de este lóbulo (v. fig. 1.2A y B) se extiende desde la cisura interhemisférica en la línea media hasta la fosa anterior y cisura de Silvio, lateralmente, y desde el polo frontal anteriormente hasta el surco central como su límite posterior. El surco central (cisura de Rolando) marca la separación de los lóbulos frontal y parietal, y separa el giro precentral del lóbulo frontal del giro postcentral del lóbulo parietal. El surco central tiene una dirección superoinferior y posteroanterior, desde la cisura interhemisférica hasta la cisura de Silvio. El origen superior del surco central se localiza unos 2 cm por detrás del punto medio entre los polos frontal y occipital del hemisferio cerebral, a nivel de la cisura interhemisférica, aunque habitualmente se extiende unos milímetros en el interior de la misma. Esta extensión interhemisférica del surco central divide el lóbulo paracentral, visible en la cara medial del hemisferio, en una parte anterior frontal y otra posterior parietal. El extremo inferior del surco central termina en la cisura de 21 https://booksmedicos.org Silvio o, más frecuentemente, a unos milímetros de la misma, alcanzando en este caso el llamado giro subcentral, pequeño giro que a este nivel conecta los giros precentral y postcentral. En los especímenes anatómicos el surco central tiene una forma de S. Por el contrario, en los estudios axiales de resonancia nuclear magnética se reconoce por su forma en omega (Ω), debido a la existencia de dos pequeños surcos adicionales de dirección anterior. La superficie lateral del lóbulo frontal tiene tres surcos principales, uno vertical (surco precentral) y dos surcos horizontales (surcos frontal superior e inferior), que delimitan entre ellos varios giros. El giro precentral tiene una dirección vertical y queda enmarcado por el surco central por detrás y el precentral por delante. Al contrario que el surco central, que es siempre completo y se puede seguir de forma continua, el precentral suele estar interrumpido. El giro frontal superior tiene una dirección horizontal y ocupa la superficie del lóbulo frontal por encima del surco frontal superior hasta la cisura interhemisférica, donde continúa por la cara medial del lóbulo frontal. El giro frontal superior es muy amplio y tiene habitualmente un surco intermedio. El giro frontal medio es también horizontal y queda entre los surcos frontal superior e inferior. Finalmente, el giro frontal inferior ocupa la superficiedel lóbulo frontal por debajo del surco frontal inferior hasta la fosa ósea anterior y la cisura de Silvio. Se trata de un giro complejo, ya que se divide en tres segmentos o partes por los dos ramos anteriores de la cisura de Silvio, el ramo anterior horizontal y, un poco más atrás, el ramo anterior ascendente. Así, se reconocen en el giro frontal inferior tres porciones: pars orbicularis por delante del ramo horizontal; pars triangularis entre ambos ramos anteriores, y, finalmente, la pars opercularis por detrás del ramo ascendente hasta el giro precentral. La superficie basal del lóbulo frontal (v. fig. 1.2C y D) se apoya en la superficie ósea de la fosa anterior recubierta por la duramadre. En la porción medial, desde la cisura interhemisférica hasta el surco olfatorio, se encuentra el giro recto. Por el surco olfatorio corre el nervio olfatorio y en el mismo se encuentra el bulbo olfatorio. Más lateralmente al surco olfatorio hay una gran superficie de corteza frontal dispuesta en varios giros orbitarios (anterior, medial, posterior y lateral) dispuestos alrededor de un surco orbitario que tiene forma de H. El giro orbitario posterior se continúa con la pars orbicularis del giro frontal inferior. Lóbulo parietal La superficie lateral del lóbulo parietal (v. fig. 1.2A y B) se extiende entre la cisura interhemisférica en la línea media y lateralmente hasta la cisura de Silvio y una línea imaginaria que la continúa hacia atrás. El límite anterior del lóbulo parietal es el surco central ya descrito más arriba. El límite posterior del lóbulo parietal no está delimitado anatómicamente y lo marca la línea parietooccipital, que se traza entre el límite superior del surco parietooccipital de la superficie medial y la escotadura preoccipital hasta su cruce con la línea que continúa el ramo posterior de la cisura de Silvio. La escotadura preoccipital es una pequeña muesca inferior en la superficie lateral del 22 https://booksmedicos.org hemisferio considera- da como la que anatómicamente marca la separación entre los lóbulos occipital y parietal. El lóbulo parietal tiene dos surcos prominentes, uno vertical (surco postcentral) y otro horizontal (surco intraparietal), que delimitan varios giros. El giro postcentral sigue una dirección vertical, por detrás del surco central y delante del surco postcentral, terminando cerca de la cisura de Silvio. Como el surco precentral, el postcentral se encuentra habitualmente interrumpido, mostrando además una confluencia con el surco intraparietal que marca un amplio ensanchamiento del espacio aracnoideo. El surco intraparietal es horizontal y profundo y divide el resto de la superficie del lóbulo parietal en dos grandes porciones. El lóbulo parietal superior se extiende por encima del surco intraparietal hasta la cisura interhemisférica. Por debajo del surco intraparietal se encuentra el lóbulo parietal inferior, más grande y complejo, ya que en esta zona confluyen los lóbulos parietal, occipital y temporal. En el lóbulo parietal inferior se identifican dos giros principales: giro supramarginal y giro angular. El giro supramarginal se coloca alrededor del final del ramo posterior de la cisura de Silvio, de forma que en su labio superior se continúa con el giro postcentral y su labio inferior lo hace con el giro temporal superior. Por detrás se coloca el giro angular, que se reconoce porque se encuentra rodeando la continuación del surco temporal superior, de forma que su labio superior se continúa con el giro temporal superior y su labio inferior lo hace con el giro temporal medio. Los giros supramarginal y angular están separados por el llamado surco intermedio de Jensen. Lóbulo temporal La superficie lateral del lóbulo temporal (v. fig. 1.2A) se extiende desde la cisura de Silvio por arriba, la línea parietooccipital por detrás, el plano óseo de la fosa media recubierto por la duramadre por debajo y, por delante, el límite es el polo temporal. La superficie lateral del lóbulo temporal tiene una organización anatómica bien estructurada, con dos surcos y tres giros paralelos dispuestos todos ellos horizontalmente. El giro temporal superior se extiende entre la cisura de Silvio y el surco temporal superior, y se funde en superficie posteriormente con el giro supramarginal. En su superficie superior el giro llega en profundidad hasta la ínsula, con uno o dos giros temporales transversos en su porción medial (v. fig. 1.2E). El giro transverso de mayor tamaño es el más anterior y recibe el nombre de giro de Heschl. Por delante se continúa con el planum polare y por detrás con el planum temporale. El giro temporal medio se emplaza entre los surcos temporal superior e inferior. Finalmente, el giro temporal inferior se encuentra por debajo del surco temporal inferior y se extiende hasta el borde inferior del lóbulo temporal, donde continúa por la superficie basal del mismo. Por detrás, el giro temporal inferior se funde sin límite claro con el giro occipital inferior. Las superficies basales de los lóbulos temporal y occipital carecen de límites claros, de forma que los surcos y giros se continúan longitudinalmente por ambos lóbulos. En su cara basal (v. fig. 1.2C), el giro temporal más medial es 23 https://booksmedicos.org el giro parahipocampal, que corre desde el uncus anteriormente hasta el istmo del giro cingulado en su límite posterior. Lateral al giro parahipocampal se encuentra el surco colateral, que es muy profundo y, como se dirige y se corresponde con el asta temporal del ventrículo lateral, marca la llamada eminencia colateral a lo largo del suelo de la misma. El surco colateral se extiende desde el surco rinal de la superficie lateral del uncus anteriormente, con el que puede continuarse, hasta su límite posterior en la cisura calcarina, justo entre el lóbulo de la língula y el giro parahipocampal. Más lateralmente al surco colateral se encuentra el giro temporooccipital o giro fusiforme y por fuera el surco temporooccipital. Finalmente, más lateralmente, se encuentran las porciones basales de los giros temporal inferior y occipital inferior. Lóbulo occipital La superficie lateral del lóbulo occipital (v. fig. 1.2A) se encuentra entre la cisura interhemisférica medialmente, la línea parietooccipital por delante, el plano tentorial lateralmente y el polo occipital como límite posterior. La organización de la corteza de la superficie lateral del lóbulo occipital es muy variable e irregular. Se reconoce habitualmente un surco occipital lateral de dirección horizontal que divide el lóbulo en un giro occipital superior y otro giro occipital inferior. En su parte anterior, el lóbulo occipital se funde con los lóbulos parietal y temporal. Lóbulo de la ínsula El fondo de la cisura de Silvio está formado por la corteza de la ínsula de Reil (v. fig. 1.2F). Esta tiene una forma triangular, con su eje mayor en dirección inferior hacia el ápex de la ínsula, que se corresponde con el limen de esta, que marca el límite entre las porciones esfenoidal y operculoinsular de la cisterna silviana. La ínsula está delimitada por el llamado surco limitante (también llamado surco circular), que es el fondo del pliegue que forman los opérculos frontal, parietal y temporal con la propia ínsula. El borde superior del surco limitante es prácticamente horizontal y queda debajo de los opérculos frontal y parietal; el borde inferior tiene dirección anteroinferior y queda debajo del opérculo temporal; finalmente, el borde anterior queda en profundidad debajo de la pars triangularis del frontal. El ángulo posterior o punto silviano se localiza en profundidad debajo del giro supramarginal y se corresponde más en profundidad con el atrio; el ángulo anterosuperior se localiza en profundidad debajo de la pars triangularis y su proyección en profundidad llega al asta frontal del ventrículo lateral; finalmente, el ángulo anteroinferior o ápex de la ínsula se proyecta debajo de la parte más anterior de la pars triangularis. En la superficie de la ínsula se reconocen habitualmente tresgiros cortos en la porción anterior y dos en la porción inferior, separados por el surco central de la ínsula, de dirección ascendente desde el limen. 24 https://booksmedicos.org Sustancia blanca cerebral Al contario de lo que pueda parecer, la organización de las fibras de la sustancia blanca subcortical se encuentra bastante sistematizada (fig. 1.4). Hay básicamente dos tipos de fibras. Las más superficiales, cortas y localizadas justo por debajo de la sustancia gris cortical, son las fibras cortas de asociación que comunican los giros vecinos entre sí, y reciben el nombre de fibras intergirales, arcuatas o fibras en U (v. fig. 1.4A). Más profundamente, hay fibras más largas con dianas localizadas más distalmente en otros giros del mismo hemisferio (fibras de asociación), en la sustancia gris de la corteza o núcleos del otro hemisferio (fibras comisurales) o, finalmente, fibras que circulan hacia o desde otros núcleos más caudales del cerebro, tronco o médula espinal (fibras de proyección). Mediante la tractografía es posible reconocer actualmente muchas de estas estructuras en los estudios de imagen (fig. 1.5). FIGURA 1.4 Imágenes de la disección de la sustancia blanca del hemisferio izquierdo del cerebro humano, según la técnica de Klinger, para mostrar algunos haces y fascículos. A) Tras la eliminación de la sustancia gris de los giros cerebrales quedan expuestas las fibras blancas de asociación cortas, intergirales, arcuatas o en U, que conectan los giros vecinos. B) Cuando se eliminan los giros que forman los opérculos frontoparietotemporales y la corteza de la ínsula, queda expuesto el segmento arcuato del fascículo longitudinal inferior (FLS) y el fascículo longitudinal inferior (FLI). C) Una disección más profunda permite visualizar el núcleo putamen (PUT) envuelto en fascículos de sustancia blanca de proyección. Por fuera del putamen se aprecia la cápsula externa (CExt) en la que se han abierto ventanas. Se ha dejado parte de la sustancia gris del claustrum (CLA) en la base de la cápsula externa. Por dentro del putamen se encuentra la cápsula interna (CInt), y su alrededor, la corona radiata (Cor). Retirado el fascículo longitudinal inferior se hace visible el fascículo uncinado (FUN) y las radiaciones ópticas (ROp) envolviendo el asta temporal del ventrículo lateral. 25 https://booksmedicos.org FIGURA 1.5 Imágenes de tractografía del cerebro humano para mostrar algunos haces y fascículos de la sustancia blanca. A) Tractografía del fascículo longitudinal superior izquierdo, con su característica forma en C rodeando la ínsula. Se aprecian las fibras procedentes y con destino al lóbulo temporal (LT), lóbulo parietal (LP) y lóbulo frontal (LF). B) Tractografía del fascículo longitudinal inferior o fascículo temporooccipital del lado izquierdo, de 26 https://booksmedicos.org organización horizontal. C) Tractografía de la rodilla anterior de la cápsula interna (CI), obtenida tomando los ROI en la corteza del giro prefrontal y en el pedúnculo cerebral. Se aprecian las fibras corticopontocerebelosas que se dirigen al cerebelo por el pedúnculo cerebeloso medio. Se ha representado la cápsula interna del lado derecho en una vista lateral izquierda, junto al cuerpo calloso (CC). Fibras de asociación Los principales tractos de fibras que conectan los diferentes giros de cada hemisferio son el fascículo longitudinal superior y el fascículo longitudinal inferior (v. fig. 1.4B y C). El fascículo longitudinal superior interconecta el lóbulo temporal con el frontal, formando un haz de fibras en forma de C que rodea el lóbulo de la ínsula. El fascículo lo forman fibras que parten y llegan a la pars opercularis, giros precentral y postcentral, lóbulo parietal inferior y superior y giro temporal medio. La parte más compacta del fascículo es su porción superior y horizontal, formada principalmente por las fibras frontoparietales, que tiene un diámetro de unos 2 cm y corre a una profundidad de alrededor de 2-3 cm. La porción posterior y vertical del fascículo corresponde al segmento parietotemporal y lo forman principalmente fibras que circulan entre el lóbulo parietal y temporal, y corre también a unos 2-3 cm de profundidad. En un plano más profundo hay un grupo de fibras largas que circulan entre los lóbulos temporal y frontal. Estas fibras se aplican alrededor del borde del lóbulo de la ínsula y forman la porción frontotemporal del fascículo longitudinal superior o fascículo arcuato (v. fig. 1.5A). Más profundamente emplazado en el lóbulo temporal se encuentra un haz de fibras que corre horizontalmente desde la porción anterior del lóbulo temporal hasta el lóbulo occipital, formando el llamado fascículo longitudinal inferior o fascículo temporooccipital (v. fig. 1.5B). Este fascículo ocupa una posición lateral a las fibras de las radiaciones ópticas que, más profundamente, envuelven el asta temporal del ventrículo lateral y que serán descritas más adelante. Fibras de proyección El más importante ramillete de fibras blancas de proyección está formado por la corona radiata y la cápsula interna (v. fig. 1.5C). Todas las fibras blancas ascendentes y descendentes que se dirigen o salen de la corteza cerebral corren por la sustancia blanca subcortical formando la corona radiata y se van concentrando hasta converger en un fascículo muy compacto, localizado entre el núcleo lenticular lateralmente y el núcleo caudado medialmente, para formar la cápsula interna, que, finalmente, alcanza el pedúnculo cerebral. En la cápsula interna se describen tres partes: el brazo anterior de la cápsula interna, que está formado por fibras descendentes frontopontinas y ascendentes talamofrontales; la rodilla de la cápsula interna, formada por fibras descendentes que circulan desde el giro precentral hasta los núcleos motores de los pares craneales del tronco cerebral y fibras ascendentes talamoprefrontales, y, finalmente, el brazo posterior de la cápsula interna, 27 https://booksmedicos.org formada por fibras descendentes corticoespinales, corticopontinas y corticotegmentales, así como por fibras ascendentes talamopostcentrales. La cápsula interna tiene además una porción retrolenticular ubicada posterior al núcleo lenticular, formada por fibras descendentes hacia el puente de origen parietooccipital y ascendentes talamoparietooccipitales posteriores, y una porción sublenticular ubicada inferior al núcleo lenticular que contiene fibras temporopontinas descendentes y algunas fibras ópticas. Un grupo particularmente importante de fibras de proyección son las radiaciones ópticas, formadas por las fibras que conectan el núcleo geniculado lateral del tálamo con el área visual que se extiende alrededor de la cisura calcarina del lóbulo occipital. La disposición de las fibras es compleja, pero se puede sistematizar en tres grupos diferentes que siguen caminos distintos. El grupo posterior va directamente desde el núcleo geniculado lateral hasta el labio superior de la cisura calcarina a lo largo de la cara lateral del atrio y asta occipital del ventrículo lateral. El grupo medio tiene un curso un poco más anterior, corriendo inicialmente por encima del techo del asta temporal del ventrículo lateral para volver hacia atrás a lo largo de la cara lateral del atrio y asta occipital hasta la corteza calcarina. Finalmente, el grupo anterior o asa de Meyer tiene un trayecto mucho más anterior, ya que corre inicialmente por encima del asta temporal, llegando habitualmente hasta el polo anterior de esta para volver hacia atrás a lo largo de la superficie lateral del atrio y asta occipital y alcanzar al labio inferior de la cisura calcarina. Neuroanatomía de las áreas corticales elocuentes Para una adecuada planificación quirúrgica es necesario un exacto conocimiento de la localización anatómica sobre la corteza cerebral de las funciones cerebrales relevantes. En la actualidad disponemos de un gran número de técnicas no invasivas preoperatorias que permiten establecer esta correlación anatomofuncional. De la mismaforma, existen numerosas técnicas intraoperatorias que permiten una confirmación intraoperatoria de dichas correlaciones. Es bien conocido que, aunque no existen realmente áreas corticales o subcorticales no funcionales, no todas ellas pueden ser estudiadas. Mientras algunas áreas son mudas o silentes en los estudios, otras pueden ser estudiadas al ser elocuentes y, entre ellas, solo algunas son funcionalmente relevantes. Desde un punto de vista clínico, el foco debe ponerse en las llamadas «áreas elocuentes», que se definen como regiones concretas corticales o subcorticales del cerebro, que pueden ser fácilmente excitadas preoperatoria y/o intraoperatoriamente produciendo una respuesta previsible y repetitiva que puede ser sencillamente detectada. Áreas elocuentes motoras La mayor parte de las áreas cerebrales relacionadas con la función motora se encuentran en el lóbulo frontal. El área motora primaria clásica se encuentra localizada anatómicamente en el giro precentral, inmediatamente anterior al 28 https://booksmedicos.org surco central. En el año 1870, Gustav Fritsch y Eduard Hitzig demostraron, experimentalmente, que la estimulación eléctrica cortical de determinadas áreas cerebrales desencadenaba contracciones musculares tónicas en el lado contralateral del cuerpo. El área motora primaria es en realidad la zona donde se necesita menor umbral de estimulación para obtener la respuesta motora, y donde la somatotopía es más exacta. Otras zonas del lóbulo frontal involucradas especialmente en la planificación y control de la función motora son el área premotora y el área motora suplementaria. Ambas zonas están localizadas anatómicamente en las caras lateral y medial del giro frontal superior, situado por delante del surco precentral. También está relacionada con el control del movimiento el área somatosensitiva primaria, ubicada en el giro postcentral del lóbulo parietal, donde se incorpora y procesa la información nociceptiva y somatosensorial relacionada con el movimiento. Otra zona relacionada es la corteza de la ínsula. Todas estas regiones corticales reciben y envían inputs y outputs a través de los tractos de fibras blancas con la finalidad de producir movimientos coordinados, formando parte de la corona radiata y la cápsula interna. Áreas elocuentes sensitivas La información sensitiva asciende desde la médula espinal formando el lemnisco medial en el mesencéfalo, que se une al fascículo trigémino-talámico que lleva la información sensitiva trigeminal, entrando en el núcleo ventroposterior lateral del tálamo. Tras una sinapsis, las fibras ascienden hasta la corteza sensitiva a través del pedúnculo talámico superior, que se une con el brazo posterior de la cápsula interna. Estos inputs sensitivos llegan hasta el área somatosensitiva primaria localizada en el giro postcentral, ubicado en el lóbulo parietal por detrás del surco central. Áreas elocuentes verbales En el siglo xix, fue Paul Broca el primero en describir un área cerebral relacionada con el lenguaje, después de estudiar los cerebros de pacientes que sufrieron afasia. Esta área, actualmente conocida como área de Broca, se encuentra localizada anatómicamente en el giro frontal inferior del hemisferio dominante y ocupa la pars triangularis y la pars opercularis. La lesión del área de Broca produce una afasia motora clásica o no fluente, donde los pacientes producen unas pocas palabras, tanto habladas como escritas, manteniendo la capacidad de comprensión. El área equivalente del hemisferio no dominante está involucrada en el control del ritmo, entonación y emoción del contenido verbal (prosodia), y la lesión focal de esta zona produce la llamada aprosodia. Las áreas premotora y motora suplementaria del hemisferio dominante participan en la producción de los sonidos que forman las palabras. Esta función también está coordinada por áreas asociativas de la corteza temporoparietal y de la ínsula del hemisferio dominante, junto a diferentes grupos neuronales corticales aislados y dispersos que se activan en paralelo cuando se habla. La principal vía subcortical de sustancia blanca involucrada 29 https://booksmedicos.org en la función motora es el fascículo frontotemporal o arcuato del fascículo longitudinal superior. También la comisura anterior se supone involucrada en los circuitos verbales. Áreas elocuentes de la visión y de los movimientos oculares El área visual primaria, conocida también como corteza estriada, se encuentra localizada en la superficie medial del lóbulo occipital, rodeando la cisura calcarina. La información visual viaja a través de los nervios, quiasma y tractos ópticos alcanzando el núcleo geniculado lateral desde donde se dirige hacia la corteza estriada por medio de las radiaciones ópticas. El área frontal ocular del lóbulo frontal está relacionada con los movimientos oculares. El área frontal ocular se localiza anatómicamente por delante de la zona somatotópica de la cara y brazo del área motora primaria en el giro precentral, justo por detrás del surco precentral y a la altura del giro frontal medio. La estimulación eléctrica de esta área produce el movimiento ocular conjugado horizontal u oblicuo en sentido contralateral, mientras que su lesión imposibilita la movilización ocular hacia el lado contralateral. La principal vía de salida es a través de las proyecciones frontopontinas que circulan por el brazo anterior de la cápsula interna. Áreas elocuentes relacionadas con la memoria y aprendizaje Las áreas corticales relacionadas con la memoria y aprendizaje están ampliamente representadas en ambos hemisferios cerebrales. Una región importante se localiza en la corteza prefrontal de ambos hemisferios y recibe inputs procedentes de las áreas de asociación sensitivo-motoras, visuales y auditivas. Esta zona prefrontal se relaciona con la llamada memoria de trabajo, implicada en la atención, planificación de eventos y resolución de problemas. La corteza prefrontal basal orbitaria y medial recibe conexiones desde estructuras del sistema límbico, como la amígdala. Las zonas mediales del lóbulo temporal y todo el sistema límbico también están involucradas en los procesos de memoria y aprendizaje. El circuito límbico está formado por estructuras de la línea media, como el cíngulo, amígdala, hipocampo, giro parahipocampal, fórnix, tracto mamilotalámico y algunos núcleos talámicos profundos. Área elocuente de la lectura El área cortical relacionada con la capacidad de la lectura se localiza en el giro angular y en la parte posterior del giro temporal superior (área de Wernicke) y giro temporal inferior del hemisferio dominante. Área elocuente de la audición La vía auditiva es bastante compleja, incluyendo numerosos tractos de fibras y núcleos a lo largo del neuroeje. Las principales estructuras son el nervio vestibulococlear, el núcleo coclear, la oliva superior, el tubérculo 30 https://booksmedicos.org cuadrigémino inferior, el núcleo geniculado medial talámico y, finalmente, la corteza auditiva. El área auditiva primaria se encuentra en el giro temporal transverso de Heschl. Puntos sulcales y referencias craneales Aunque se encuentran sometidos a frecuentes variaciones, algunos puntos anatómicos corticales tienen una posición relativamente constante en relación a referencias craneales. De la misma forma, algunos puntos craneales pueden ser usados para localizar puntos anatómicos corticales. Estas relaciones son orientativas, pero pueden ayudar al cirujano para reconocer la anatomía cortical durante la navegación o la cirugía (fig. 1.6). El punto rolándico superior se localiza en el extremo superior del surco central, en la intersección entre el surco central con la cisura interhemisférica, y marca el límite entre el lóbulo frontal y parietal en la línea media. La referencia craneal se corresponde con un punto localizado 5 cm por detrás de bregma y justo lateral a la sutura sagital. Bregma está localizado a su vez 12-14 cm posterior al nasion (unión del hueso frontal con los huesos propios de la nariza nivel del borde superior de la órbita). El punto rolándico inferior se localiza en el extremo inferior del surco central, en la intersección de este con la cisura de Silvio. Algunas veces, el surco central no confluye con la cisura de Silvio, sino que termina en el giro subcentral, por lo que el punto rolándico inferior es virtual. Este punto se encuentra ubicado unos 2,5 cm por detrás del punto silviano anterior, donde la cisterna silviana se abre en superficie a nivel de la pars triangularis. La referencia craneal del punto rolándico inferior es la intersección entre la sutura escamosa, situada entre el parietal y la porción escamosa del temporal, y una línea vertical originada en la depresión preauricular, localizada inmediatamente por detrás del inicio del arco cigomático. La distancia entre la depresión preauricular y el punto rolándico inferior es de 4 cm. La confluencia entre el surco frontal superior y el surco precentral se hace en un punto cuya correspondencia craneal se localiza 1 cm posterior a la sutura coronal y 1 cm lateral a la sutura sagital. La correspondencia craneal de la confluencia del surco frontal inferior con el surco precentral se encuentra en la intersección de la sutura coronal con la línea temporal superior, en un punto craneal denominado estefanion. La distancia medida entre estefanion y la línea media a lo largo de la sutura coronal es de 7-8 cm. La confluencia del surco postcentral con el surco intraparietal se encuentra debajo de un punto craneal localizado 5 cm por delante de lambda y 4 cm lateral a la sutura sagital, que se denomina punto intraparietal. Lambda se localiza a una distancia media de 25 cm por detrás del nasion y 13 cm por detrás de bregma. En la zona parietal es también importante el punto craneal euryon, que corresponde al punto más prominente del hueso parietal, ya que se corresponde internamente con el borde superior del giro supramarginal del lóbulo parietal. Finalmente, el opistocranium es el punto más prominente del hueso occipital a lo largo de la línea media y se corresponde anatómicamente con el extremo posterior de la 31 https://booksmedicos.org cisura calcarina. 32 https://booksmedicos.org 33 https://booksmedicos.org FIGURA 1.6 Imágenes anatómicas del cráneo humano para mostrar la localización de los puntos craneales relevantes y sus correlaciones anatómicas, donde se han realizado craneotomías respetando las suturas sagital (ss), coronal (sc), escamosa (se) y lambdoidea (sl) y la línea temporal superior (lts) (A, visión superior; B, visión lateral izquierda). Los puntos craneales más relevantes son: N, nasion; B, bregma; L, lambda; Ip, punto interparietal; Eu, euryon; Op, opistocranium. Lambda se localiza a una distancia media de 25 cm por detrás del nasion y 13 cm por detrás de bregma, con lo que bregma está a unos 12 cm del nasion. La referencia craneal del punto rolándico superior (PRS) se corresponde con un punto localizado 5 cm por detrás de bregma y justo lateral a la sutura sagital. La referencia craneal del punto rolándico inferior (PRI) es la intersección entre la sutura escamosa y a 4 cm sobre una línea vertical originada en la depresión preauricular localizada inmediatamente por detrás del inicio del arco cigomático. El punto rolándico inferior se encuentra unos 2,5 cm por detrás del punto silviano anterior (PSA). Una línea trazada entre ambos puntos rolándicos marca el surco central. La correspondencia craneal del punto donde el surco frontal superior y el surco precentral confluyen se localiza 1 cm posterior a la sutura coronal y 1 cm lateral a la sutura sagital (sfs). La correspondencia craneal de la confluencia del surco frontal inferior con el surco precentral se encuentra en la intersección de la sutura coronal con la línea temporal superior (estefanion, Es). El surco postcentral confluye con el surco intraparietal debajo de un punto craneal (punto intraparietal, Ip), localizado 5 cm por delante de lambda y 4 cm lateral a la sutura sagital. El punto craneal euryon (Eu) se corresponde internamente con el borde superior del giro supramarginal del lóbulo parietal. El punto craneal opistocranium (Op) es el punto más prominente del hueso occipital a lo largo de la línea media y se corresponde anatómicamente con el extremo posterior de la cisura calcarina. Con puntos y referencias pericraneales y craneales es posible también dibujar la proyección craneal de los lóbulos cerebrales frontal, parietal, temporal y occipital (fig. 1.7). Esto no tiene interés quirúrgico para la realización de la craneotomía, pero de nuevo sirve de ayuda para la planificación de la cirugía y su correlación con los datos proporcionados por la neuroimagen y neuronavegación. La proyección craneal del lóbulo frontal corresponde medialmente a una línea trazada entre el nasion y el punto rolándico superior, su límite posterior es la línea que une el punto rolándico superior con el punto rolándico inferior y el límite inferior es una línea que va desde el punto rolándico inferior al nasion, pasando por el punto esfenoidal de la región pterional. El punto esfenoidal se localiza en una depresión del ala mayor del esfenoides a nivel de la sutura frontocigomática. La proyección craneal del lóbulo parietal corresponde medialmente a una línea trazada entre el punto rolándico superior y lambda, su límite posterior sigue la sutura lambdoidea hasta su punto medio, el límite inferior es una línea trazada entre el punto medio de la sutura lambdoidea hasta el punto rolándico inferior y el límite anterior es la línea que une el punto rolándico inferior con el superior. La proyección craneal del lóbulo occipital es un triángulo, con el lado medial desde lambda hasta inion, el lado inferior desde inion hasta asterion, siguiendo el seno transverso, y el lado anterior desde asterion hasta lambda siguiendo la sutura lambdoidea. Finalmente, la proyección craneal del lóbulo temporal queda por debajo de una línea que va desde el asterion hasta el punto esfenoidal, pasando por el punto medio de la sutura lambdoidea y el punto rolándico inferior. 34 https://booksmedicos.org FIGURA 1.7 Proyección de los lóbulos cerebrales basándose en las referencias craneales. A) Imagen radiológica lateral obtenida por reconstrucción tridimensional de un cráneo humano estudiado con tomografía helicoidal de corte fino. B) Imagen anatómica donde se han realizado craneotomías respetando las suturas sagital (ss), coronal (sc), escamosa (se) y lambdoidea (sl) y la línea temporal superior (lts). Proyección craneal del lóbulo frontal (LF): el límite posterior es la línea que une el punto rolándico superior (PRS) con el punto rolándico inferior (PRI); el límite inferior es una línea que va desde el punto rolándico inferior (PRI) al nasion (N) pasando por el punto esfenoidal (Pe). Proyección craneal del lóbulo parietal (LP): el límite posterior sigue la sutura lambdoidea (sl) hasta su punto medio; el límite inferior va desde este punto hasta el punto rolándico inferior (PRI), y el límite 35 https://booksmedicos.org anterior es la línea que une el punto rolándico inferior (PRI) con el superior (PRS). Proyección craneal del lóbulo occipital (LO): lado inferior desde inion (I) hasta asterion (A), y el lado anterior desde asterion (A) hasta lambda (L), siguiendo la sutura lambdoidea (sl). Finalmente, el lóbulo temporal (LT) queda por debajo de una línea que va desde el asterion (A) hasta el punto esfenoidal (Pe) pasando por el punto medio de la sutura lambdoidea (sl) y punto rolándico inferior (PRI). 36 https://booksmedicos.org Abordaje transulcal a tumores intrínsecos localizados en áreas motoras elocuentes situadas alrededor del surco central El área funcional elocuente cerebral más relevante para el paciente y para el cirujano es el área motora (v. fig. 1.2G-I). El área elocuente motora incluye a su vez un gran número de estructuras corticales y subcorticales: en el lóbulo frontal el giro precentral (área motora primaria [área 4 de Brodmann]), región posteriordel giro frontal superior (área premotora [área 6 de Brodmann]), superficie medial del giro frontal superior (área motora suplementaria [área 8 de Brodmann]) y parte inferoposterior de la pars opercularis del giro frontal inferior (área motora verbal primaria [área de Broca, área 44 de Brodmann]); en el lóbulo parietal el giro postcentral (área somatosensitiva primaria [áreas 1, 2 y 3 de Brodmann]); porciones de la ínsula (área 13 de Brodmann), y, finalmente, el conjunto de tractos motores, somatosensoriales y de asociación que forman la corona radiata y la cápsula interna. En este apartado presentaremos con detalle las particularidades del abordaje quirúrgico transulcal a las lesiones corticales y subcorticales ubicadas en las áreas motoras situadas alrededor del surco central, pero estos principios pueden ser aplicados a lesiones corticales o subcorticales localizadas en cualquier otra topografía. Posición Para exponer las lesiones corticosubcorticales de cualquier localización es recomendable colocar la cabeza del paciente orientada en posición ortogonal. Para presentar el área motora el paciente se sitúa en decúbito supino con el tronco elevado unos 30° y la cabeza girada en sentido contralateral, colocando una almohada debajo del hombro ipsilateral para dejar la cabeza completamente horizontal. Alternativamente, la cabeza puede quedar posicionada verticalmente (fig. 1.8A). 37 https://booksmedicos.org FIGURA 1.8 Abordaje transulcal al área motora derecha. A) Incisión cutánea con las referencias craneales. Bregma (B) se encuentra en la línea media en la intersección de la sutura sagital con la coronal, y el punto rolándico superior (PRS) unos 5 cm por detrás. La correspondencia craneal del punto donde el surco frontal superior y el surco precentral confluyen se localiza 1 cm posterior a la sutura coronal y 1 cm lateral a la sutura sagital (sfs) y su correspondencia craneal es el estefanion. B) Plano craneal con las referencias óseas. Bregma (B) se encuentra en la intersección de la sutura sagital (ss) con la coronal (sc). En este caso, existe una sutura metópica (sm) persistente. C) Superficie cerebral con los surcos y giros. Tras la craneotomía se ha rebatido medialmente la duramadre sobre el seno sagital superior (SSS). Se expone el surco central (sc) entre los giros precentral (GPRC) y postcentral (GPOC). El surco frontal superior (sfs) confluye con el surco precentral (sprc) y delimita el giro frontal superior (GFS), que llega hasta la cisura interhemisférica (cih). El giro frontal inferior (GFM) está debajo del surco frontal superior (sfs). Se ha señalado el punto rolándico superior (PRS). D) Imagen operatoria equivalente a la anatómica de la figura C y con las mismas lecturas. Ahora las venas están llenas de sangre y los surcos de líquido cefalorraquídeo. Las referencias anatómicas se correspondían con los datos de navegación. E) Imagen intraoperatoria con el electrodo plano de inversión de fase para localización del surco central, que es el ubicado debajo del electrodo n.o 3. F) Imagen intraoperatoria durante la estimulación eléctrica cortical directa del giro precentral. Debajo de la marca «A» se encontró respuesta en la mano contralateral; debajo de la marca «B» en la musculatura del antebrazo y en «R» de la pierna. Se mantiene el electrodo plano para estimulación cortical y registro electroencefalográfico cortical. G) Imagen intraoperatoria tras la resección de un cavernoma ubicado en la vertiente anterior del giro precentral, en el surco precentral. Planificación preoperatoria Para la cirugía de lesiones localizadas en áreas elocuentes es de gran ayuda la navegación intraoperatoria, que precisa de una planificación preoperatoria específica. Los sistemas de neuronavegación se alimentan con numerosos estudios anatómicos y funcionales preoperatorios con el objetivo final de localizar con exactitud la lesión, su extensión y permitir al cirujano 38 https://booksmedicos.org seleccionar el mejor camino, el más corto y seguro hacia la misma. La estación de planificación se alimenta con los estudios anatómicos sobre los que se fusionan el volumen tumoral y los volúmenes de los estudios funcionales (fig. 1.9). FIGURA 1.9 Imagen de captura de la pantalla del neuronavegador, donde se han fusionado los volúmenes obtenidos de los estudios anatómicos y funcionales. Se ha representado el volumen tumoral (amarillo), la resonancia funcional motora homolateral del miembro inferior (rojo) y del miembro superior (verde), junto a la vía piramidal bilateralmente (azul). Localización anatómica de la lesión El objetivo de la localización anatómica del tumor es referenciarlo respecto a las estructuras anatómicas normales y poder encontrarlo durante la cirugía. La mejor técnica de imagen para la localización anatómica es la resonancia nuclear magnética, con estudios en los planos axial, coronal y sagital, potenciados en T1, T2 y T1 tras administración intravenosa de gadolinio. En el caso de lesiones del área motora es primordial la identificación del surco central, que siempre se debería localizar a pesar de la distorsión que pueda 39 https://booksmedicos.org producir el tumor sobre el mismo. Así, es siempre posible localizar el lóbulo paracentral en un corte sagital de resonancia a lo largo de la cisura interhemisférica, donde el lóbulo paracentral se encuentra enmarcado por el ramo ascendente del surco cingulado. En el borde superior del lóbulo paracentral, en su punto medio, hay habitualmente una escotadura que corresponde a la prolongación interhemisférica del surco central. En el corte axial de resonancia este surco se reconoce fácilmente por su forma en omega (Ω) y en los cortes sagitales paramediales es el único surco vertical que llega a confluir con la cisura de Silvio. En todo caso y como último recurso, siempre es posible identificar el surco central contralateral y reconocer el ipsilateral por simetría. Identificado el surco central, el giro anterior es el giro precentral y el posterior el giro postcentral. Un gran número de estructuras anatómicas relacionadas con áreas funcionales elocuentes se reconocen en el estudio de resonancia nuclear magnética, como son los opérculos frontales, cisura calcarina o giro de Heschl. Gracias a los estudios de tractografía, basados en la manipulación computacional de los estudios de resonancia nuclear magnética de difusión, es posible visualizar los volúmenes de los principales haces y fascículos de fibras blancas y transferirlos a la estación de planificación, incluyendo la vía piramidal, el fascículo longitudinal superior y su segmento arcuato y el fascículo longitudinal inferior, siendo más difícil la representación de las radiaciones ópticas. Extensión tumoral («volumen tumoral») Por convención, la extensión de los tumores cerebrales intrínsecos de bajo grado se define actualmente por la amplitud de la hiperseñal en las secuencias T2 y FLAIR de resonancia nuclear magnética. Para los tumores de alto grado se considera como volumen tumoral el área de captación de gadolinio en la secuencia T1 de resonancia nuclear magnética. Ninguno de estos dos métodos incluye las zonas de infiltración peritumoral presentes siempre en los tumores gliales de bajo y alto grado, aunque en los tumores de alto grado se considera infiltración el volumen hiperintenso en T2 y FLAIR. El volumen tumoral se determina con algoritmos automáticos o manualmente y finalmente se introduce en la estación de planificación del neuronavegador. Localización funcional («mapeo funcional») El objetivo de la localización anatómica preoperatoria de las áreas funcionales elocuentes y de sus relaciones con el tumor es minimizar el daño intraoperatorio a las mismas durante la resección tumoral y reducir la morbilidad postoperatoria. La técnica de estudio más versátil es la resonancia nuclear magnética funcional (RNMf), que mide los cambios dinámicos en el flujo sanguíneo cerebral, y más concretamente el balance entre oxi y desoxihemoglobina en la circulación capilar, comoresultado de la estimulación específica de determinadas áreas cerebrales al realizar el paciente tareas específicas. En la planificación preoperatoria pueden mapearse las regiones elocuentes relacionadas, por ejemplo, con la actividad 40 https://booksmedicos.org motora, verbal, sensitiva, visual o mnésica. Para el mapeo motor la tarea específica es el movimiento repetitivo automático de diferentes partes del cuerpo, con lo que se activan áreas corticales específicas sobre el giro precentral contralateral. Para el mapeo verbal se hace repetir al paciente palabras o frases, aunque otras tareas son más complejas, como recitar palabras que empiecen por una determinada letra. La función sensitiva se excita con el estímulo mecánico o eléctrico de zonas anatómicas concretas, y la visual con estímulos lumínicos visuales. Finalmente, la función mnésica se explora con la tarea «paseo por mi ciudad», donde se indica al paciente que rememore todos los detalles posibles de un trayecto conocido entre dos puntos de su ciudad. Las zonas de activación cortical se representan con un código de colores en el estudio de resonancia potenciado en T1 y se transfiere su volumen a la estación de planificación. Incisión cutánea y disección de las partes blandas Se realiza una incisión en forma de C centrada sobre la lesión y que incluya las áreas anatómicas o funcionales vecinas de interés (v. fig. 1.8B). La incisión se hace directamente hasta el hueso y el colgajo se retrae lateralmente. La base del colgajo cutáneo debe diseñarse de forma que quede asegurada la vascularización del mismo a partir de los ramos arteriales pericraneales procedentes de la arteria carótida externa. Craneotomía Se hace un orificio de trépano con un motor de alta velocidad en la porción más basal y utilizando el craneotomo se levanta el colgajo óseo. Alternativamente, en especial cerca de la línea media o en pacientes mayores, donde la duramadre pueda estar adherida al hueso, se pueden hacer varios agujeros de trépano que se unen con sierra antes de levantar el colgajo óseo. Apertura de la duramadre La duramadre se abre cuidando de preservar las venas puente y se rechaza medialmente o, en su caso, sobre el seno sagital superior o el seno transverso. Se pueden dar unos puntos para tensar la duramadre, que se mantiene húmeda durante toda la cirugía. Navegación cisternal La apertura de las cisternas basales permite el drenaje de líquido cefalorraquídeo y la relajación del cerebro. Sin embargo, cuando se abordan lesiones corticales o subcorticales en la superficie de los hemisferios, resulta difícil drenar líquido cefalorraquídeo de las cisternas, al no resultar estas 41 https://booksmedicos.org accesibles. Habitualmente, es posible drenar algo de líquido abriendo los surcos más prominentes del campo quirúrgico o del ramo posterior de la cisura de Silvio, si está disponible. Hay siempre que valorar que un excesivo drenaje de líquido cefalorraquídeo puede producir un gran desplazamiento del cerebro (shift) que reducirá la precisión de la neuronavegación. Relaciones con las estructuras neurológicas Principios generales del abordaje transulcal a los tumores intrínsecos El primer paso consiste en la identificación del giro donde se encuentra el tumor (v. fig. 1.8C y D). Cuando este aflora en la superficie del giro se puede hacer de inicio una cortectomía, coagulando los pequeños vasos arteriales y venosos y abriendo la piamadre. El tumor es vaciado con el aspirador ultrasónico, con lo que los surcos vecinos se hacen entonces más evidentes y se procede a la disección transulcal. Si el tumor no es visible en la superficie, es necesario identificar el giro o los giros involucrados utilizando referencias anatómicas y/o la guía de la neuronavegación para abordar entonces los surcos correspondientes de la forma que se ha descrito. Para el abordaje es necesario cortar la aracnoides que va desde un giro al otro cubriendo el surco, para lo que usaremos un bisturí fino o microtijeras muy afiladas, cuidando de no romper las venas superficiales. Las arterias corticales de gran tamaño en tránsito circulan libres por los surcos y dan pequeñas arteriolas nutricias hacia la corteza que alimentan el tumor. Utilizando una equilibrada combinación de microdisección roma y de corte se abre el surco coagulando y dividiendo las arteriolas nutricias y tumorales, pero dejando íntegras las arterias en tránsito. Aislado el giro o los giros que contienen el tumor se procede a su resección en bloque seccionando en profundidad la sustancia blanca subcortical por fuera de los límites del tumor a través de tejido de aspecto «normal». Para tumores que infiltran en profundidad la sustancia blanca la resección continúa bajo criterio del cirujano, quien utiliza una combinación de parámetros proporcionados por el aspecto del tejido bajo el microscopio quirúrgico y su propia experiencia clínica. La navegación puede ayudar a delimitar los límites anatómicos de resección determinados previamente por el volumen tumoral calculado en la planificación preoperatoria, especialmente en los tumores gliales de bajo grado. Muy recientemente, se ha introducido la técnica de fluorescencia con 5-ALA (ácido 5-aminolevulínico) para la ayuda a la resección de tumores gliales de alto grado. Como se ha señalado, un punto crítico en el manejo quirúrgico de los tumores intrínsecos corticales y subcorticales es la relajación del cerebro favorecida por la técnica anestésica o por el drenaje de líquido cefalorraquídeo de los surcos y cisternas. La relajación favorece la disección de los surcos y el manejo del tejido cerebral, pero una relajación excesiva puede interferir la precisión de la neuronavegación. 42 https://booksmedicos.org Abordaje transulcal de los tumores intrínsecos del área motora Cuando se abordan tumores en el área motora o en su proximidad es crítico tener seguridad en la localización anatómica del mismo. Debido a la distorsión anatómica que puede producir el tumor es a veces difícil depositar únicamente la confianza en las referencias anatómicas a la hora de seleccionar el giro o el surco donde efectuar el abordaje a la lesión. El abordaje transulcal es un magnífico ejemplo de cómo las modernas técnicas intraoperatorias de mapeo anatómico y funcional pueden complementar a las referencias topográficas proporcionadas por la anatomía. La navegación intraoperatoria ayuda a reconocer estructuras corticales visibles en el campo quirúrgico, como son giros, surcos o venas corticales y, a partir de estas referencias, se posiciona y reseca la lesión. También es posible conocer la ubicación de los tractos y fascículos de fibras blancas reconstruidos con la tractografía mediante la neuronavegación subcortical. Finalmente, el mapeo funcional se hace con la monitorización neurofisiológica intraoperatoria de los potenciales somatosensoriales y motores y el mapeo cortical y subcortical de la función motora, con registro periférico electromiográfico por estimulación eléctrica directa cortical y subcortical. En los tumores localizados alrededor del surco central es mandatorio su localización inicial y segura. Esta se hace con la técnica de inversión de fase con potenciales evocados somatosensoriales (PESS) (v. fig. 1.8E). Para ello, se estimula un nervio periférico, generalmente el tibial posterior o el mediano, y ello produce un potencial somatosensorial que se registra en el giro postcentral (onda N20/P30) y una onda de polaridad opuesta que se registra en el giro precentral (P’20/N’30), todo ello en el lado contralateral al estimulado (v. fig. 1.8E). En cirugía se coloca un electrodo plano de silicona con 4-6 electrodos de platino dispuesto cruzando perpendicularmente el supuesto surco central contralateral al nervio estimulado. El surco central se encuentra entre el par de electrodos consecutivos que registran ondas de polaridad inversa. Para localizar el surco central entre 0-3 cm de la línea media se estimula el nervio tibial posterior contralateral, y para distancias entre 3-8 cm se estimulael nervio mediano contralateral. Identificado el surco central, el giro precentral se encuentra inmediatamente anterior al mismo. Ahora, el giro precentral o área motora primaria puede mapearse mediante la estimulación eléctrica cortical directa. El método más frecuentemente utilizado es la estimulación eléctrica directa de la corteza con un electrodo mono o bipolar (v. fig. 1.8F). Los parámetros de estimulación más usuales son los siguientes: electrodo bipolar con una separación entre los polos de 5 mm; intensidad inicial de 1 mA con incrementos regulares hasta 8-10 mA; tren de estímulo de 2-3 s; evitar la estimulación repetida en un mismo punto y lavar frecuentemente con una solución Ringer fría. La respuesta se recoge con electrodos de electromiografía en los grupos musculares contralaterales, por lo que el paciente no puede estar durante el acto quirúrgico bajo relajación muscular farmacológica. Las agujas de los electrodos de registro electromiográfico se colocan en los músculos faciales (orbicularis oculi), de la 43 https://booksmedicos.org extremidad superior (deltoides, bíceps, extensor de los dedos y abductor del dedo gordo) y de la extremidad inferior (aductor femoral, cuádriceps, tibial anterior y abductor corto del dedo gordo). La estimulación directa del giro precentral produce fasciculación o contracción tónica del músculo, que se inicia inmediatamente o tras unos segundos, y que ocasionalmente, o cuando se repite, puede ser seguida de una crisis epiléptica generalizada eléctrica o clínica. La estimulación del área motora suplementaria produce la inhibición del movimiento o la cesación de la palabra en el paciente despierto. Cuando se consiguen respuestas positivas a la estimulación cortical directa se señala el punto con una marca estéril codificada. Tras el mapeo anatomofuncional cortical se procede a la resección de la lesión siguiendo los principios generales descritos más arriba (v. fig. 1.8G). Sin embargo, la resección subcortical en profundidad debe ser de nuevo muy cuidadosa, dada la cercanía de la vía motora. Para ello, a la resección volumétrica del tumor usando criterios quirúrgicos, por neuronavegación o por fluorescencia, se le añade un nuevo mapeo anatomofuncional subcortical. El mapeo anatómico se hace mediante la navegación de los tractos subcorticales previamente reconocidos con la tractografía, y el mapeo funcional mediante la estimulación eléctrica subcortical directa de las paredes de la cavidad de resección, para identificar la vía motora descendente. El mapeo subcortical tiene menos precisión y sensibilidad que el cortical, ya que la navegación se distorsiona por el desplazamiento del tejido cerebral y la respuesta a la estimulación motora por los cambios tisulares producidos por la propia manipulación quirúrgica. Cierre La duramadre se cierra herméticamente de forma directa o con la ayuda de un injerto autólogo o heterólogo. El hueso se repone y se sujeta con miniplacas o fijadores craneales. El plano aponeurótico, y el muscular en su caso, se cierran con puntos reabsorbibles sueltos en una capa. En los tumores muy superficiales es recomendable el cierre del hueso con miniplacas o fijadores de plástico para evitar las interferencias en los estudios de resonancia nuclear magnética postoperatorios. Por la misma razón, debe cerrarse la piel con puntos de hilo para poder hacer una resonancia nuclear magnética precoz, idealmente en las primeras 72 horas, para control inicial de resección en los tumores de alto grado con gran captación de gadolinio, ya que en esta ventana temporal precoz no hay captaciones de contraste equívocas producidas por los cambios postquirúrgicos que puedan confundir con restos tumorales. Prevención y resolución de las complicaciones relacionadas con el abordaje La complicación postoperatoria más frecuente, tras la resección de tumores 44 https://booksmedicos.org corticales o subcorticales, es el déficit postoperatorio focal o la epilepsia focal o secundariamente generalizada, como consecuencia de la inevitable manipulación de la sustancia gris de la corteza cerebral. La técnica microquirúrgica depurada, evitando una lesión cortical excesiva, sangrados e isquemia, calor excesivo por coagulación o retracción exagerada, así como el abordaje transulcal y el mapeo anatomofuncional preoperatorio e intraoperatorio, reducen la incidencia de estos problemas. Las crisis epilépticas intraoperatorias por estimulación cortical directa se minimizan con el uso de solución Ringer fría y evitando la estimulación repetida en un mismo punto. El desplazamiento del cerebro por el drenaje de líquido cefalorraquídeo o por la resección del tumor hacen que la neuronavegación pierda precisión a lo largo de la cirugía, ya que se basa en estudios preoperatorios. Para evitar este problema se están utilizando sistemas de obtención de imagen intraoperatoria que alimentan al neuronavegador con estudios actualizados intraoperatorios de resonancia magnética, tomografía computarizada o ultrasonografía. 45 https://booksmedicos.org Casos ilustrativos Caso 1. Glioblastoma multiforme I Historia, exploración clínica y estudios de imagen. Hombre de 60 años, admitido en el hospital pocas horas después de una crisis epiléptica focal con disartria y debilidad en la mano izquierda, seguida de recuperación neurológica completa. El estudio de imagen con resonancia nuclear magnética mostraba una lesión única subcortical parietal derecha, localizada en el giro postcentral, con captación en anillo en la secuencia T1 tras la administración de gadolinio, rodeada de edema vasogénico e infiltración en las secuencias potenciadas en T2 y FLAIR (fig. 1.10A). El estudio de espectroscopia por resonancia nuclear magnética y de perfusión eran característicos de un glioma de alto grado. Se realizó una resonancia nuclear magnética funcional verbal y motora para localizar anatómicamente estas áreas elocuentes. Los estudios anatómicos y funcionales se fusionaron preoperatoriamente en la estación de planificación y fueron transferidos al neuronavegador. FIGURA 1.10 Caso 1. A) Imagen de resonancia que muestra el tumor subcortical en lóbulo frontal y el campo quirúrgico tras la craneotomía. B y C) Con técnica neurofisiológica, se identifica el surco central (sc) y se mapea el giro precentral (GPRC), con estimulación eléctrica cortical directa, tras identificar el surco precentral (sprc). La proyección cortical del tumor se ha representado en color rojo. Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. El paciente fue intervenido bajo anestesia general, sin relajación muscular, para realizar la monitorización neurofisiológica y el mapeo funcional motor intraoperatorios. Posición en decúbito supino con cabeza horizontal. La craneotomía fue planificada siguiendo los datos anatómicos y de la neuronavegación (v. fig. 1.10B). Con la técnica de inversión de fase se localizó el surco central, y, consecuentemente, el surco precentral y el giro precentral, que se confirmó con las referencias anatómicas y de navegación. Con estimulación eléctrica cortical directa fue mapeado el giro precentral (v. fig. 1.10C). Con la técnica microquirúrgica transulcal se resecó el tumor y se colocaron seis obleas de carmustina recubriendo la superficie de la cavidad de resección. Un estudio 46 https://booksmedicos.org de resonancia nuclear magnética precoz no mostraba restos de captación de gadolinio. En el postoperatorio el paciente fue tratado con temozolamida y radioterapia. Caso 2. Glioblastoma multiforme II Historia, exploración y estudios de imagen. Mujer de 62 años de edad, que sufre una crisis focal motora, seguida de torpeza en hemicuerpo izquierdo. El estudio de resonancia nuclear magnética mostraba una lesión subcortical parietal izquierda, localizada en el cuneus, de densidad mixta en T1 (fig. 1.11A) y con intenso realce tras la administración de gadolinio. FIGURA 1.11 Caso 2. A) Imagen de resonancia magnética que muestra una tumoración parietal paramedial. B) Imagen quirúrgica con el electrodoplano de inversión de fase para localización del surco central, que es el ubicado debajo del electrodo n.o 3. C) Imagen tras la resección microquirúrgica del tumor, conservando una vena cortical, con varias obleas de carmustina en el lecho tumoral. Intervención quirúrgica y postoperatorio. La paciente fue intervenida bajo anestesia general a través de una craneotomía paramedial centrada con neuronavegación, con la cabeza en posición vertical. El surco central se localiza anatómicamente y se confirma neurofisiológicamente con la técnica de inversión de onda (electrodo n.o 3) (v. fig. 1.11B). Tras el mapeo cortical se extirpa justo por detrás del surco postcentral y manteniendo la vena de drenaje que cursaba superficialmente. Se colocaron en el lecho tumoral varias obleas de carmustina (v. fig. 1.11C). La paciente tuvo un deterioro transitorio de la hemiparesia, con buena recuperación en pocas semanas. Se instauró tratamiento con temozolamida y radioterapia. Caso 3. Glioblastoma multiforme III Historia, exploración y estudios de imagen. Hombre de 43 años de edad, que sufre una hemiparesia izquierda progresiva de instauración rápida. El estudio de resonancia nuclear magnética mostraba una lesión subcortical derecha, localizada en la porción posterosuperior de la ínsula, cerca del surco limitante, con intenso realce tras la administración de gadolinio y edema 47 https://booksmedicos.org perilesional (fig. 1.12A y B). El estudio de espectroscopia por resonancia nuclear magnética y de perfusión eran característicos de un glioma de alto grado. FIGURA 1.12 Caso 3. A y B) El estudio de resonancia nuclear magnética en secuencia T1 con gadolinio, que mostraba una lesión subcortical derecha, localizada en la porción posterosuperior de la ínsula, cerca del surco limitante, con intenso realce tras la administración de gadolinio y edema perilesional. C) Imagen quirúrgica que muestra el campo quirúrgico y el ramo posterior de la cisura de Silvio señalado con una línea azul. D y E) Tras el abordaje transulcal se llega a la ínsula y se visualiza la lesión con luz blanca y fluorescencia. F) La lesión se extirpa completamente. G) La biopsia intraoperatoria es informada de glioblastoma multiforme, por lo que en el lecho tumoral se colocan varias obleas de carmustina. Intervención quirúrgica y postoperatorio. El paciente fue intervenido bajo anestesia general a través de una craneotomía centrada con neuronavegación. El ramo posterior de la cisura de Silvio se localiza anatómicamente y se confirma con navegación (v. fig. 1.12C). Con un abordaje transulcal se accede a la corteza de la ínsula, donde aflora el tumor, que brilla, de color rojo, cuando se usa el módulo de fluorescencia del microscopio quirúrgico (v. fig. 1.12D y E). La lesión se extirpa completamente hasta que no se reconoce tejido tumoral con fluorescencia (v. fig. 1.12F). Se colocaron en el lecho tumoral varias obleas de carmustina (v. fig. 1.12G). El paciente tuvo un deterioro transitorio de la hemiparesia, con buena recuperación en pocas semanas. Se instauró tratamiento con temozolamida y radioterapia. Caso 4. Metástasis solitaria de melanoma Historia, exploración clínica y estudios de imagen. Hombre de 70 años de edad, que sufre una crisis epiléptica tonicoclónica generalizada seguida de disfasia. El paciente había sido intervenido cuatro años antes de un melanoma maligno cutáneo y había recibido tratamiento oncológico. El estudio de resonancia nuclear magnética mostraba una lesión subcortical parietal izquierda, localizada en el giro angular, de densidad mixta en T1 y 48 https://booksmedicos.org con intenso realce tras la administración de gadolinio (fig. 1.13A). FIGURA 1.13 Caso 4. A) Imagen de resonancia magnética parasagital en secuencia T1 con gadolinio, que muestra una tumoración parietal izquierda situada al final del ramo posterior de la cisura de Silvio. B y C) Imágenes intraoperatorias con la exposición cortical y tras la resección transulcal de la lesión gracias a la apertura del ramo posterior de la cisura de Silvio. Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. El paciente fue intervenido bajo anestesia general. La craneotomía fue planificada siguiendo datos anatómicos y de navegación (v. fig. 1.13B). La lesión fue abordada con técnica transulcal a través del ramo posterior de la cisura de Silvio y extirpada en bloque (v. fig. 1.13C). El curso postoperatorio fue normal y el paciente remitido de nuevo para proseguir el tratamiento oncológico. Caso 5. Malformación arteriovenosa I Historia, exploración clínica y estudios de imagen. Hombre de 54 años de edad, con clínica de cefaleas de repetición y crisis epiléptica única que lleva al diagnóstico. En los estudios de imagen se aprecia una malformación arteriovenosa cerebral cortical ubicada en la unión temporooccipital derecha alimentada por ramos corticales de la arteria cerebral media y con drenaje venoso superficial al seno transverso (grado 2 de Spetzler-Martin: tamaño del nidus <3 cm; drenaje venoso superficial; área cerebral elocuente) (fig. 1.14A y B). 49 https://booksmedicos.org FIGURA 1.14 Caso 5. A) Imagen T2 de resonancia magnética que muestra la localización cortical de la malformación vascular, con su aspecto típicamente triangular, en la confluencia temporooccipital. B) Angiografía carotídea, con varios ramos corticales, procedentes de la arteria cerebral media, que alimentan un nidus que drena preferentemente por una gran vena cortical superficial hacia el seno transverso. Imágenes operatorias de la resección. C) Exposición de la lesión con la vena cortical de drenaje hacia el seno transverso. Se realiza un abordaje transulcal rodeando la lesión. D) Tras el clipaje de una de las arterias aferentes se aprecia el cambio de coloración en la vena de drenaje. E) Pieza de resección. Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. El paciente es intervenido bajo anestesia general a través de una craneotomía temporooccipital con su base en el seno transverso y la cabeza en posición horizontal. Al abrir la duramadre se aprecia el nidus y la vena superficial de drenaje hacia el seno transverso, que se extirpa en bloque junto al giro involucrado con técnica microquirúrgica y un abordaje transulcal (v. fig. 1.14C-E). Caso 6. Malformación arteriovenosa II Historia, exploración clínica y estudios de imagen. Hombre de 58 años de edad, con clínica de crisis epilépticas parciales motoras en hemicuerpo derecho, con paresia de Todd postictal de predominio faciobraquial. Asintomático en las intercrisis. Dominancia derecha, con el idioma búlgaro como lengua materna y el castellano fluente aprendido en los últimos años. En los estudios de imagen se aprecia una malformación arteriovenosa cerebral cortical ubicada en el lóbulo frontal izquierdo alimentada por ramos corticales de la arteria cerebral media y de la arteria cerebral anterior, con drenaje venoso superficial múltiple al seno sagital superior (grado 2 de Spetzler-Martin: tamaño del nidus <3 cm; drenaje venoso superficial; área cerebral elocuente) (fig. 1.15A y B). La malformación está ubicada en el surco precentral. Los estudios de resonancia funcional motora (v. fig. 1.15C) y de tractografía (v. fig. 1.15D) muestran un desplazamiento posterior del área funcional motora y de las fibras del haz piramidal izquierdo. 50 https://booksmedicos.org FIGURA 1.15 Caso 6. A) Estudios de imagen de resonancia magnética en secuencia T1 donde se aprecia una malformación arteriovenosa cerebral cortical ubicada en el surco precentral del lóbulo frontal izquierdo. B) La arteriografía muestra que la lesión está alimentada por ramos corticales de la arteria cerebral media y de la arteria cerebral anterior, con drenaje venoso superficial múltiple al seno sagital superior. C) Estudios de resonancia funcional motora que muestran el área cortical correspondiente a la mano derecha (verde) desplazada hacia atrás respecto a la contralateral (roja). D) Imagen de tractografía de ambas vías piramidales que muestra el origen ytrayecto inicial de la vía piramidal izquierda (verde) desplazada hacia atrás en relación a la contralateral (roja). E) Imagen intraoperatoria que muestra la lesión. F) Imagen intraoperatoria con el mapa de estructuras tras la identificación segura de las mismas: surco central (sc, marcado con una línea violeta); surco precentral (sprc); surco postcentral (spoc); giro precentral (GPRC); giro postcentral (GPOC); representación cortical del nidus (MAV, delimitada en rojo); arterias nutricias (flechas rojas), y venas de drenaje (flechas azules). G) Imagen intraoperatoria tras la resección completa de la malformación. Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. El paciente es intervenido bajo anestesia general a través de una craneotomía frontal con su base en el seno sagital superior y posición vertical de la cabeza. Al abrir la duramadre se aprecia el nidus, las aferencias arteriales corticales y las venas superficiales de drenaje hacia el seno sagital (v. fig. 1.15E). Con referencias anatómicas y de neuronavegación se identifican los surcos central y precentral y los giros pre y postcentral (v. fig. 1.15F). El mapeo neurofisiológico no ofreció resultados congruentes y no fue considerado en la toma de decisiones. Se realiza un abordaje transulcal microquirúrgico que permite extirpar la lesión junto al giro involucrado (v. fig. 1.15G). La evolución es favorable, con una paresia braquial contralateral 4+/5 y de la musculatura fonadora orofaríngea transitorias y resolución de las crisis epilépticas. Caso 7. Cavernoma 51 https://booksmedicos.org Historia, exploración y estudios de imagen. Mujer de 23 años de edad, que sufre una crisis epiléptica motora parcial en hemicuerpo izquierdo. El estudio de resonancia nuclear magnética mostraba una lesión subcortical derecha, localizada en lóbulo parietal, con signos de sangrado reciente y altamente sugestiva de cavernoma (fig. 1.16A-C). No había antecedentes familiares ni otras lesiones en el neuroeje. FIGURA 1.16 Caso 7. A-C) Estudio de resonancia nuclear magnética en cortes axiales, coronal y parasagital, que muestra una lesión única subcortical, heterogénea y con signos de sangrado, sugestiva de cavernoma. El cavernoma se encuentra en topografía subcortical en el fondo del surco postcentral. D y E) Imagen intraoperatoria de la corteza cerebral, donde se ha localizado con navegación el surco para el abordaje transulcal de la lesión. F) Imagen intraoperatoria que muestra sobre la corteza el cavernoma, ya extirpado en bloque. Se aprecia la sección de la aracnoides utilizada para abrir el surco. Intervención quirúrgica y postoperatorio. La paciente fue intervenida bajo anestesia general a través de una craneotomía centrada con neuronavegación, con la cabeza posicionada horizontalmente. El surco intraparietal se localiza anatómicamente (v. fig. 1.16D) y se confirma con navegación (v. fig. 1.16E). Con un abordaje transulcal se accede a la lesión que se extirpa completamente (v. fig. 1.16F). Evolución postoperatoria sin incidencias y seguimiento sin nuevas crisis, con retirada del tratamiento anticomicial. 52 https://booksmedicos.org Bibliografía Agrawal A, Kapfhammer JP, Kress A, Wichers H, Deep A, Feindel W, et al. Josef Klingler’s models of white matter tracts: influences on neuroanatomy, neurosurgery, and neuroimaging. Neurosurgery. 2001;69:238–254. Alves RV, Ribas GC, Párraga RG, De Oliveira E. The occipital lobe convexity sulci and gyri. J Neurosurg. 2012;116:1014–1023. Ávila C, Barrós-Loscertales A, Parcet-Ibars MA, Belloch-Ugarte V, Campos-Hernández S, Feliu-Tatay R, et al. Aplicaciones de la imagen por resonancia nuclear magnética en pacientes prequirúrgicos: funciones motora, mnésica y lingüística. Rev Neurol. 2003;37:567–578. Chang EF, Raygor KP, Berger MS. Contemporary model of language organization: an overview for neurosurgeons. J Neurosurg. 2014;25:1–12. Fernández-Miranda J, Pathak S, Engh J, Jarbo K, Verstynen T, Yeh FC, et al. 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González-Darder Vicent Quilis Quesada Evandro de Oliveira ÍNDICE DEL CAPÍTULO Introducción 26 Relaciones anatómicas 26 Hueso frontal 26 Suelo de la fosa anterior 28 Base del lóbulo frontal 30 Silla turca y su contenido 30 Región suprasellar 32 Cisterna de la lamina terminalis y su contenido 34 Puntos craneales 35 Anatomía quirúrgica de los meningiomas subfrontales 35 Anatomía quirúrgica de los craneofaringiomas 37 Abordaje subfrontal bifrontal 37 Posición 37 Planificación preoperatoria 37 Incisión cutánea y disección de las partes 55 https://booksmedicos.org blandas 38 Craneotomía 38 Apertura de la duramadre 39 Navegación cisternal 39 Relaciones con las estructuras neurológicas 40 Cierre 41 Prevención y resolución de las complicaciones relacionadas con el abordaje 42 Otros abordajes 42 Abordaje subfrontal unilateral, orbital o frontolateral 42 Abordaje subfrontal bifrontal ampliado transbasal 42 Casos ilustrativos 43 Caso 1. Meningioma invasivo del surco olfatorio 43 Caso 2. Macroadenoma de hipófisis 43 Caso 3. Craneofaringioma quístico suprasellar en lamina terminalis 45 Caso 4. Angioma cavernoso de ápex de la órbita 45 56 https://booksmedicos.org Introducción Un gran porcentaje de patología de la fosa anterior, de la silla turca y de la región parasellar se aborda actualmente por vía transbasal extracraneal gracias al gran desarrollo de las técnicas microquirúrgicas y, más recientemente, endoscópicas. El abordaje intracraneal extradural y/o intradural a estas mismas regiones se puede hacer a través de diferentes craneotomías de localización frontal unilateral, frontal bilateral o frontotemporal. Sin embargo, todos estos abordajes intracraneales utilizan como corredor de acceso el espacio subfrontal que existe entre la base del lóbulo frontal y el suelo de la fosa anterior. Nosotros hemos elegido el abordaje subfrontal bifrontal, el más amplio de todos ellos, como ejemplo de abordaje intracraneal a las lesiones de gran tamaño de la línea media de la fosa anterior y región sellar y suprasellar, pero los aspectos generales de la técnica son perfectamente trasladables a los otros abordajes intracraneales de la zona. La patología más representativa de la fosa anterior son los meningiomas de la línea media que crecen desde la crista galli hasta el diafragmasellar. Cuando se puede determinar su origen, es posible subdividir estos tumores en meningiomas de la apófisis crista galli, surco olfatorio, planum esfenoidal, tuberculum sellae y diafragma sellar. Cuando el tumor es grande resulta a veces imposible determinar su auténtico punto de origen y se denomina genéricamente meningioma del surco olfatorio. Los meningiomas de la vaina del nervio óptico pueden tener un crecimiento similar. Otras lesiones neoplásicas de línea media son tumores malignos de los senos paranasales que invaden la fosa anterior o el estesioneuroblastoma, un raro tumor agresivo del epitelio olfatorio. Las lesiones benignas incluyen la displasia fibrosa, osteomas o mucoceles de los senos paranasales. El abordaje a la fosa anterior puede ser necesario para la reparación intracraneal extradural de fracturas o defectos óseos de la base de la fosa anterior, fístulas de líquido cefalorraquídeo o encefaloceles traumáticos o congénitos. El abordaje extradural puro se utiliza para el acceso superior a la patología de la órbita y de los senos paranasales. Algunas lesiones sellares y parasellares pueden ser extirpadas por un abordaje subfrontal bifrontal, como es el caso de macroadenomas con expansiones poco favorables para la resección transesfenoidal y, especialmente, los craneofaringiomas. Los aneurismas del complejo de la comunicante anterior pueden ser abordados por esta vía cuando la arteria comunicante tiene una localización particularmente alta y los hace difícilmente alcanzables por el abordaje pterional. Esta vía es muy usada por los neurocirujanos japoneses para los aneurismas de esta región dado que la distancia a los mismos es más corta que por vía pterional en los pacientes braquicéfalos. Finalmente, la vía subfrontal bifrontal permite el camino directo al quiasma óptico, a la porción anterior del tercer ventrículo a través de la lamina terminalis, e incluso más arriba, a la porción más basal del cuerpo calloso a través de la parte más anterior de la cisura interhemisférica. 57 https://booksmedicos.org Relaciones anatómicas El abordaje bifrontal permite el acceso estricto a la fosa anterior por línea media a través del espacio subfrontal, comprendido entre la superficie basal de los lóbulos frontales y el suelo de la fosa anterior y, a través del mismo, llegar profundamente para acceder a tres regiones dispuestas a su vez en tres niveles anatómicos superpuestos: la región intrasellar, por debajo de la tienda de la hipófisis o diafragma sellar; la región suprasellar o quiasmática, por debajo del quiasma óptico, y, finalmente, la cisterna de la lamina terminalis, por encima del quiasma, que da acceso al tercer ventrículo y cisura interhemisférica. El espacio subfrontal es virtual, ya que los lóbulos frontales se aplican a la cara endocraneal de la fosa anterior y solo contiene el nervio olfatorio (I par), que lo atraviesa desde la base del lóbulo frontal hasta la lámina cribosa. Hueso frontal La craneotomía bifrontal se realiza a través de la cara anterior del hueso frontal. Este es un hueso único en el adulto, aunque puede presentar en individuos jóvenes la llamada sutura metópica o frontal media, una sutura medial vertical que se sigue con la sutura sagital mas allá del bregma, pero que desaparece con la edad. En su cara exocraneal (fig. 2.1A) y en su porción más basal, el hueso frontal tiene unas protuberancias que se corresponden con la cejas y que se denominan arcos ciliares u orbitarios. En el tercio interno del arco orbitario se encuentra la escotadura supraorbitaria, alternativamente un agujero, por la que pasan la arteria y nervio supraorbitarios. En su extremo externo, el hueso frontal se extiende con la apófisis orbitaria externa que se une al hueso malar o cigomático. En su porción medial las apófisis orbitarias internas forman el borde interno de la órbita y se articulan con los huesos del macizo facial. La cara endocraneal del hueso frontal (v. fig. 2.1B) presenta un canal medio que aloja el seno sagital superior, que se continúa más basalmente con una cresta donde se inserta la hoz del cerebro y que termina en el llamado agujero ciego. El hueso frontal aloja en su espesor los senos paranasales frontales, muy variables en tamaño y desarrollo según la edad y los individuos, y que pueden extenderse muy lateralmente o muy posteriormente por encima de la órbita. Habitualmente hay en el adulto dos senos frontales, uno a cada lado, más o menos desarrollados y tabicados, que se comunican con las fosas nasales a nivel del meato medio. Los senos frontales, como el resto de senos paranasales, se encuentran neumatizados y tapizados con mucosa nasal. 58 https://booksmedicos.org FIGURA 2.1 Hueso frontal y fosa anterior. A) Cara extracraneal del hueso frontal. Los arcos ciliares u orbitarios (AO) enmarcan las cavidades orbitarias. En el tercio interno del arco orbitario se encuentran los agujeros supraorbitarios (AS). En su extremo externo, la apófisis orbitaria externa (AOE) se une al hueso malar o cigomático (HM). El techo de la órbita (TO) se articula con las alas mayor (AME) y menor (ame) del esfenoides (sfe: sutura frontoesfenoidal, SFC: sutura frontocigomática). Entre ambas alas del esfenoides se encuentra la fisura orbitaria superior (FOS). El hueso frontal articula con los huesos nasales (HN) a nivel del nasion (N). En este espécimen existe una sutura metópica persistente (sm). B) Cara endocraneal del hueso frontal. El canal medio del hueso frontal que aloja el seno sagital superior se continúa con una cresta (CF) donde se inserta la hoz del cerebro y que termina en el agujero ciego (AC). La línea media de la fosa anterior la forman la apófisis crista galli (CG) y la lámina cribosa (LC) del etmoides y el planum esfenoidal (PE). La parte lateral de la fosa anterior, que cubre la órbita, la forman las eminencias orbitarias del hueso frontal (HF) y el ala menor del esfenoides (ame). La sutura frontoetmoidal (sfet) marca el límite entre el hueso etmoidal y el frontal. C) Fotografía de la fosa anterior recubierta de la duramadre (CG: apófisis crista galli; LC: lámina cribosa; PE: planum esfenoidal; ame: ala menor del esfenoides). D) Fotografía de las relaciones extracraneales de la fosa anterior. Se ha resecado el techo de la órbita, exponiendo en ambos lados la periórbita (PO) con el nervio supraorbitario (NSO) y la arteria supraorbitaria (ASO). Se ha resecado la pared interna del seno frontal (SF). Medialmente se ha conservado la crista galli (CG) y la lámina cribosa (LC) del etmoides, donde se ha retirado la duramadre, así como el planum esfenoidal (PE) y el tuberculum sellae (TS) del esfenoides, recubiertos de duramadre. La cara exocraneal del hueso frontal está recubierta por las partes blandas pericraneales. La primera capa es la piel con el tejido celular subcutáneo. La galea es una ancha capa fibrosa que cubre toda la calota y que está íntimamente adherida a la piel, de forma que la acompaña en todos sus movimientos. En sentido anteroposterior la galea une los músculos cutáneos frontales y occipitales. En la región occipital se fija en la protuberancia occipital externa y en la línea occipital superior y por delante termina con las fibras del músculo frontal en la piel de la región ciliar e interciliar. Lateralmente se continúa con la fascia temporoparietal o fascia temporal 59 https://booksmedicos.org superficial que termina en el arco cigomático. La capa más profunda de las partes blandas pericraneales y adherida a la tabla externa del hueso es el periostio. Entre la galea y el periostio hay un tejido celular laxo que permite su separación. Las arterias y nervios pericraneales tienen un origen muy variado y se distribuyen por el plano subcutáneo. El conocimiento de estas capas es necesario para obtener colgajos pediculados que permiten de forma segura la reconstrucción y sellado de la base de cráneo. Suelo de la fosa anterior La cara endocraneal de la fosa anterior se extiende por delante de las alas menores del esfenoides y está formada porparte de los huesos frontal, etmoides y esfenoides (v. fig. 2.1C y D). La línea media de la fosa anterior, que cubre los senos etmoidales y esfenoidales, la forman la apófisis crista galli, la lámina cribosa y el planum o yugum esfenoidal, que se continúa con la silla turca. La apófisis crista galli es una prominencia ósea media de la lámina perpendicular del etmoides que sobresale por encima de la línea media de la fosa anterior en el centro de la lámina cribosa. La crista galli presta inserción a la porción más anterior de la hoz del cerebro y por delante se relaciona con el agujero ciego, que marca el límite entre los huesos frontal y etmoides, donde también se inserta la hoz del cerebro y permite la salida de una vena emisaria de drenaje. A ambos lados de la crista galli se encuentra la lámina cribosa, que corresponde a la lámina horizontal del etmoides y que se encuentra perforada con un gran número de agujeros olfatorios, entre 20 y 30, que dan paso a las divisiones o filetes del nervio olfatorio. Por detrás hay una superficie plana del cuerpo del esfenoides (planum esfenoidal) que llega hasta una cresta o tuberculum sellae que da paso a la excavación ósea de la fosa pituitaria o silla turca. La silla turca queda cerrada por detrás por una lámina ósea vertical, llamada lámina cuadrilátera del esfenoides o dorsum sellae, con sus dos apófisis clinoides posteriores, que no son más que los ángulos libres del dorsum sellae. La parte lateral de la fosa anterior, que cubre la órbita, la forman las eminencias orbitarias del hueso frontal y el ala menor del esfenoides. La sutura frontoetmoidal marca el borde entre la cara superior y medial de la órbita a lo largo de la lámina cribosa y contiene los orificios etmoidales anterior y posterior que permiten el paso de los paquetes vasculares etmoidales anterior y posterior al espacio intracraneal por el borde externo de la lámina cribosa. La arteria etmoidal anterior es rama terminal de la arteria oftálmica e irriga la duramadre de la lámina cribosa y planum esfenoidal y emite una rama arterial para la hoz del cerebro. La arteria etmoidal posterior, también rama de la arteria oftálmica, aunque muy variable, irriga también la duramadre del planum esfenoidal. La distancia media entre la cresta lacrimal anterior que marca el punto más anterior de la órbita y el foramen etmoidal anterior es de 24 mm, la distancia media entre ambos forámenes etmoidales es de 12 mm y, finalmente, la distancia media entre el foramen etmoidal posterior y el agujero óptico es de 5 mm. El resto de la duramadre de la fosa 60 https://booksmedicos.org anterior está irrigada por la rama frontal de la arteria meníngea media que llega por el tercio externo del ala menor del esfenoides. Toda la cara endocraneal de la fosa anterior está cubierta de duramadre, muy fina en la región orbitaria y densa en línea media y reborde del ala menor del esfenoides. La duramadre se extiende por encima del nervio óptico (fig. 2.2B) antes de que este entre en el canal óptico, fijándose medialmente en el tuberculum sellae y lateralmente en la apófisis clinoides anterior, formando el ligamento falciforme, que cubre el nervio óptico proximalmente al canal óptico en una distancia variable entre 1-10 mm. La duramadre recubre la apófisis clinoides anterior y se continúa acompañando el nervio óptico (vaina del nervio óptico), arteria carótida interna (anillo carotídeo dural o distal) y los elementos de la fisura orbitaria superior. Finalmente, hay un pliegue dural interclinoideo que conecta la apófisis clinoides anterior con la posterior. FIGURA 2.2 Canal y nervio óptico. A) Canal óptico izquierdo. El canal óptico (*) da paso al nervio óptico junto a la arteria oftálmica y está enmarcado por la apófisis clinoides anterior (ACA) por fuera, una depresión medial que lo separa del planum esfenoidal (PE) por delante y el tuberculum sellae por detrás (TS) y separado de la fisura orbitaria superior por el pilar óptico (OS: optic strut). Se marcan el agujero redondo mayor (AR), agujero oval (AO), canal carotídeo (CC) y silla turca (ST). B) Fotografía del canal óptico con nervio y cubiertas durales. El nervio óptico (IIp) entra en el canal óptico y se relaciona con la arteria carótida interna (ACI) en su segmento paraclinoideo. Tanto la fosa anterior (FA) como la fosa media (FM) están recubiertas por la duramadre, que tapiza el ala menor del esfenoides (ame), apófisis clinoides anterior (ACA), planum esfenoidal (PE) y tuberculum sellae (TS). La duramadre hace un repliegue sobre el nervio óptico en su entrada en el canal óptico, denominado ligamento falciforme (LF). La cara basal de la fosa anterior se enfrenta a la región facial y se relaciona con los senos paranasales etmoidales y esfenoidales y con la región orbitaria (v. fig. 2.1D). Esquemáticamente, la estructura anatómica del etmoides está formada por una lámina horizontal superior o lámina cribiforme, otra vertical media que forma el septum nasal y se prolonga por arriba en la crista galli y, finalmente, dos masas laterales. La cara externa de la masa lateral o lámina papirácea forma la cara medial de la órbita y la cara medial forma la cara 61 https://booksmedicos.org lateral de las fosas nasales, con dos procidencias, una superior (cornete superior o de Morgagni) y otra inferior (cornete medio), de mucho mayor tamaño. Las masas laterales contienen un gran número de celdas etmoidales interconectadas y neumatizadas, que se dividen en un grupo anterior, que drena por un meato debajo del cornete superior, y otro grupo posterior, que drena por un meato debajo del cornete medio. El cornete medio recibe también el drenaje de los senos frontales por un meato más amplio denominado infundíbulo. Por detrás del etmoides se encuentra el cuerpo del esfenoides que, por debajo del planum esfenoidal, silla turca y canales ópticos, está ocupado por el seno esfenoidal (v. fig. 2.4C). El seno esfenoidal está habitualmente dividido en dos partes por un tabique medio. Los senos esfenoidales drenan en la parte más posterior de las fosas nasales a través de sendos orificios localizados por encima de los cornetes superiores, a nivel de los recesos esfenoetmoidales. Se describen tres tipos de senos esfenoidales, en relación a su grado de neumatización, lo que tiene importancia para los abordajes transesfenoidales. El tipo presellar tiene celdas por delante del límite vertical anterior de la silla turca. El tipo sellar, el más frecuente, tiene celdas ocupando todo el cuerpo del esfenoides, por delante y debajo de la silla hasta el clivus. Finalmente, el tipo conchal, carece de celdas y el cuerpo del esfenoides es un auténtico bloque de hueso. Este tipo es raro en el adulto, pero frecuente en el niño o adolescente, ya que los senos esfenoidales se desarrollan a partir de los 10-12 años. La neumatización es muy variable y excepcionalmente puede afectar a la clinoides anterior, lo que puede tener trascendencia durante el abordaje quirúrgico. La cara superior de la órbita la forman las superficies exocraneales de la eminencia orbitaria y del ala menor del esfenoides. El espacio intracraneal se comunica con la órbita a través del canal óptico y la hendidura esfenoidal o fisura orbitaria superior. El canal óptico permite la salida del espacio intracraneal hasta la órbita del nervio óptico (II par) junto a la arteria oftálmica (v. fig. 2.2A y B). El canal óptico tiene una longitud de unos 5 mm, forma discretamente cónica y un trayecto de dirección divergente entre ambos canales de entre 50-80°. Entre uno y otro agujero óptico hay una depresión que marca el límite entre el planum esfenoidal por delante y el tuberculum sellae por detrás. El canal óptico está separado de la fisura orbitaria superior por el llamado pilar óptico (optic strut). La fisura orbitaria superior se encuentra entre el ala menor y ala mayor del esfenoides, y por ella pasan los nervios motor ocular común (III par), externo (VI par) y troclear (IV par) junto a la primera rama o rama oftálmica del nervio trigémino(V1) y las venas orbitarias. El contenido orbitario está envuelto y empaquetado por la periórbita y se puede dividir en dos compartimentos, uno anterior oftalmológico, que contiene esencialmente el globo ocular, y otro posterior neuroquirúrgico o ápex orbitario donde se encuentran los nervios, vasos y músculos, todo ello envuelto en tejido graso. El anillo de Zinn es un anillo fibroso que rodea la porción medial de la fisura orbitaria superior y el agujero óptico y en el mismo se insertan los músculos rectos superior, medio, inferior 62 https://booksmedicos.org y lateral, mientras que los oblicuos lo hacen cerca del anillo. En el anillo de Zinn también confluyen la periórbita del ápex orbitario y la duramadre que acompaña al nervio óptico (vaina del nervio óptico), así como la que entra por la fisura orbitaria superior. El nervio óptico pasa por la porción medial del anillo de Zinn, acompañado en su cara inferior por la arteria oftálmica para colocarse esta luego en su cara lateral ya en el ápex orbitario. La arteria oftálmica da origen a numerosos ramos, siendo los de interés neuroquirúrgico la arteria supraorbitaria y las arterias etmoidales posterior y anterior, así como la irregular rama meningoorbitaria que se anastomosa con la arteria meníngea media. Antes de que el nervio motor ocular común entre en el anillo de Zinn se divide en un ramo superior, que inervará a los músculos recto superior y elevador del párpado, y otro inferior, que llegará a los músculos recto medio e inferior y oblicuo inferior y emite la rama parasimpática hacia el ganglio oftálmico. El nervio motor ocular externo pasa por el anillo de Zinn hasta el músculo recto externo. El nervio troclear pasa por fuera del anillo de Zinn y se dirige al músculo oblicuo superior. La primera rama del trigémino se divide justo antes del anillo de Zinn en tres ramos: el nervio nasal o nasociliar que pasa por dentro del anillo de Zinn en íntima relación con las dos ramas del nervio motor ocular común; el nervio lacrimal que no pasa por el anillo de Zinn y que llega a la glándula lacrimal y región cutánea del párpado superior, y, finalmente, el nervio frontal, que tampoco pasa por el anillo de Zinn, y que se aplica en la cara superior de la órbita, por encima del músculo elevador del párpado y debajo de la periórbita. El nervio frontal se divide en dos ramos, el nervio frontal interno, que se distribuye por el periostio y piel, y el nervio frontal externo o supraorbitario, que continúa hasta salir de la órbita por el agujero o escotadura supraorbitaria, acompañado por la arteria supraorbitaria, para distribuirse por las partes blandas de la región frontal. Finalmente, la glándula lacrimal ocupa la porción superoexterna de la órbita en su reborde anterior, donde labra en el hueso frontal la llamada fosita lacrimal. Las venas oftálmicas superior e inferior salen hacia la órbita a través de la fisura orbitaria superior, pero por fuera del anillo de Zinn. Base del lóbulo frontal La superficie basal de ambos lóbulos frontales se apoya en la superficie ósea endocraneal de la fosa anterior recubierta por la duramadre (fig. 2.3). En la porción medial, desde la cisura interhemisférica hasta el surco olfatorio, se encuentra el giro recto. Por el surco olfatorio corre el nervio olfatorio (I par). Más lateralmente al surco olfatorio hay una gran superficie de corteza frontal formada por varios giros orbitarios (anterior, lateral, medial y posterior) dispuestos alrededor de un surco orbitario irregular que tiene forma de H. El bulbo olfatorio es una porción ensanchada de unos 12 mm de longitud y 5 mm de anchura aplicada sobre la lámina cribosa, que se continúa con la cintilla o tracto olfatorio, de unos 30 mm de longitud, hasta la parte más 63 https://booksmedicos.org posterior de la base del lóbulo frontal, donde se ensancha formando el trígono olfatorio. El bulbo y cintilla olfatorias están envueltos por aracnoides, de forma que es posible separarlos de la base del lóbulo frontal sin que resulten lesionados. Aquí se encuentra la cisterna olfatoria, sobre el tracto olfatorio y entre el giro recto medialmente y los giros orbitarios lateralmente, que contiene, además del tracto y bulbo olfatorios, parte del trayecto de la arteria frontoorbitaria, rama de la arteria cerebral anterior. Entre ambos lóbulos frontales se encuentra la parte más anterior de la cisura interhemisférica, con la hoz del cerebro que separa ambos hemisferios, aunque dejando una amplia ventana por debajo de su borde libre. En esta ventana ambos lóbulos frontales están en contacto entre sí, por lo que existen abundantes adherencias aracnoideas entre ellos que hacen tediosa y difícil su separación. Por su parte, la hoz del cerebro se fija en la línea media de la cara interna del hueso frontal, donde se desdobla formando el seno sagital superior, y más basalmente en la cresta frontal media y luego en el agujero ciego y crista galli. Por su borde libre corre el seno sagital inferior. 64 https://booksmedicos.org FIGURA 2.3 Base del lóbulo frontal. A) Visión basal de ambos lóbulos frontales. En la porción medial, desde la cisura interhemisférica (cih) hasta el surco olfatorio (>), se encuentra el giro recto (GR) y lateralmente giros orbitarios (GOR) dispuestos alrededor de un complejo surco orbitario (sor). En el surco olfatorio se aloja la cintilla o tracto olfatorio (Ip) (polo frontal: PF; polo temporal: PT). B) Visión frontal de ambos lóbulos frontales. Los giros orbitarios (GOR) de la superficie basal se extienden desde el surco olfatorio ocupado por el nervio olfatorio (Ip). El giro recto ocupa el espacio entre la cisura interhemisférica (cih) y el surco olfatorio (polo frontal: PF; polo temporal: PT). Silla turca y su contenido Una vez levantado uno o ambos lóbulos frontales se accede a la región parasellar, donde definimos tres niveles. El nivel inferior está constituido por la región de la silla turca, el nivel medio corresponde con la región subquiasmática y el espacio suprasellar, y el nivel superior, por encima del quiasma óptico, está formado por la cisterna de la lamina terminalis y su contenido. 65 https://booksmedicos.org La silla turca es una excavación de la cara superior del cuerpo del esfenoides que aloja a la glándula hipofisaria y está enmarcada por una pared anterior vertical que empieza en el tuberculum sellae, el suelo que se corresponde habitualmente con la cara superior del seno esfenoidal y una pared posterior o dorsum sellae que se continúa con el clivus y cuyos ángulos libres se conocen como apófisis clinoides posteriores (fig. 2.4A y B). En el cráneo seco la silla turca está abierta por arriba y ambos lados, pero en realidad la duramadre tapiza toda la silla turca y cierra sus caras superior y laterales. El techo de la silla turca lo forma el diafragma sellar o tienda de la hipófisis, que cubre toda la glándula, excepto un pequeño orificio por el que transita el tallo hipofisario (v. fig. 2.4D). El orificio del diafragma sellar es de tamaño variable, con una media de 5 mm de diámetro. Cuando el orificio es grande o entra una prolongación aracnoidea, lo que ocurre en la mitad de los casos, es una situación anatómica que favorece el desarrollo de la llamada silla turca vacía con un potencial riesgo de fístula de líquido cefalorraquídeo. Por los lados hay un tabique de duramadre que cierra lateralmente la silla turca y la separa del seno cavernoso. Esta pared es muy irregular en su consistencia e integridad anatómica, lo que explica la facilidad con que los adenomas hipofisarios invaden el seno cavernoso. Aquí la arteria carótida interna intracavernosa se relaciona con la hipófisis separadas por el referido tabique dural. Generalmente, existe una cierta distancia entre ambas estructuras con una separación media de 2,5 mm, pero en el 25% de los casos la arteria carótida contacta e incluso deforma la cara lateral de la hipófisis. Cuando se mide la menor distancia entre ambas carótidas internas a nivel craneal resulta que en el 14% de los casosesto ocurre a nivel de la silla turca, solo en el 4% a nivel de los senos esfenoidales y en el 82% restante en el segmento supraclinoideo. Existen comunicaciones venosas muy variables entre ambos senos cavernosos a través de los bordes del diafragma sellar: el seno intercavernoso anterior cursa por delante de la adenohipófisis y es el más constante y desarrollado; el seno intercavernoso posterior corre por detrás de la neurohipófisis, y, finalmente, puede haber una interconexión entre ambos senos más o menos completa, formando ocasionalmente un seno circular. Por detrás del dorsum sellae existe una conexión intercavernosa amplia y constante en la parte superior del clivus denominada seno basilar, que se une también a los senos petrosos superior e inferior. 66 https://booksmedicos.org FIGURA 2.4 Región parasellar. A) Visión superior de la región de la silla turca seca. La silla turca (ST) está enmarcada por las apófisis clinoides anteriores (ACA) al final del ala menor del esfenoides (ame) y apófisis clinoides posteriores (ACP). Por delante está el tuberculum sellae (TS), que se continúa con el planum esfenoidal (PE) y por detrás el dorsum sellae (DS), que se continúa con el clivus (CL). A los lados se encuentra el canal carotídeo (CC) (AO: agujero oval; AP: ápex petroso). B) Visión posterosuperior de la región de la silla turca. La silla turca (ST) está enmarcada detrás por el dorsum sellae (DS) con las apófisis clinoides posteriores (ACP), que se continúa por detrás con el clivus (CL) y delante por el tuberculum sellae (TS), que se continúa con el planum esfenoidal (PE). El ala menor del esfenoides (ame) separa la fosa anterior (FA) de la fosa media (FM). El ala menor del esfenoides termina con la apófisis clinoides anterior (ACA), que tiene tres soportes, la propia ala menor del esfenoides (ame), el optic strut (*) y el techo del canal óptico (+). En la fosa anterior se encuentra la lámina cribosa (LC) del etmoides con la apófisis crista galli (CG), con los techos de la órbita a ambos lados (TO). Debajo de la apófisis clinoides anterior se encuentra la fisura orbitaria superior (FOS) y más abajo el agujero redondo mayor (AR). C) Corte sagital de la silla turca seca. La silla turca (ST) se enmarca por delante por el tuberculum sellae (TS) y apófisis clinoides anteriores (ACA) y detrás por el dorsum sellae (DS), que se continúa con el clivus (CL). El suelo de la silla se relaciona con el seno esfenoidal (SE). D) Visión superior de la región de la silla turca. El tallo hipofisario (TH) ha sido seccionado y se aprecia su continuación con la glándula hipofisaria (GH) alojada en la silla turca con sus cubiertas durales y visible a través del diafragma sellar de la tienda hipofisaria. Se aprecia el nervio óptico (IIp) entrando en el agujero óptico por debajo del ligamento falciforme y el nervio motor ocular común (IIIp) entrando en el triángulo oculomotor enmarcado por el pliegue interclinoideo entre la apófisis clinoides anterior (ACA) y posterior (ACP) y los pliegues petroclinoideo anterior y posterior (IVp: nervio troclear; Vp: nervio trigémino; BA: tronco de la arteria basilar; ACS: arteria cerebelosa superior). E) Tallo hipofisario con vasos. Visión frontal del tallo hipofisario (TH) entrando a través de la tienda de la hipófisis (TiH), con su rica red vascular anastomótica. La glándula hipofisaria mide entre 12-15 mm en su diámetro transversal, unos 8 mm en su diámetro anteroposterior y alrededor de 6 mm en su diámetro vertical, y está formada por un lóbulo anterior y otro posterior. El lóbulo anterior o adenohipófisis es consistente y de color rojizo y rodea parcialmente al lóbulo posterior o neurohipófisis, más pequeño y gelatinoso. El lóbulo posterior se continúa con el tallo hipofisario a través del orificio del diafragma sellar, aunque es frecuente que una porción de adenohipófisis también lo atraviese si el orificio es grande acompañando el tallo (pars 67 https://booksmedicos.org infundibularis) y que incluso pueda llegar hasta la proximidad del tuber cinereum (pars tuberalis). El llamado lóbulo intermedio es una fracción de adenohipófisis que queda adherida al lóbulo posterior hipofisario cuando se separan anatómicamente y entre esta zona y el resto del lóbulo anterior pueden encontrase pequeños quistes. Esta constitución anatómica es el resultado del desarrollo embrionario del lóbulo anterior a partir de la bolsa de Rathke en el período fetal: la parte anterior de la bolsa prolifera formando el lóbulo anterior; la parte posterior de la bolsa se desarrolla menos en la especie humana y forma el lóbulo intermedio, que puede extenderse por el orificio del diafragma formando las partes infundibular y tuberal; finalmente, la hendidura y los quistes entre ambas porciones son en realidad los auténticos elementos residuales de la bolsa de Rathke. La irrigación de la silla turca y la glándula hipofisaria procede de la arteria carótida interna a través de ramas de los segmentos intracavernoso y supraclinoideo. La mayor rama intracavernosa de la carótida interna es el tronco meningohipofisario que se origina del ápex de la primera curva de la arteria y termina en las arterias tentorial, hipofisaria inferior y capsular de MacConnell. La arteria hipofisaria inferior se dirige medialmente hasta el lóbulo posterior hipofisario y la duramadre que la rodea y se anastomosa con la contralateral. La arteria capsular se dirige hacia la parte anterior de la glándula y duramadre. En el segmento supraclinoideo la arteria carótida interna da origen a las arterias hipofisaria superior e infundibular, que se dirigen medialmente hacia el infundíbulo y tuber cinereum donde se anastomosan con las contralaterales (v. fig. 2.4E). Región suprasellar El piso intermedio al que se accede en el fondo del espacio subfrontal corresponde a la región suprasellar (fig. 2.5), que comprende los nervios, quiasma y tractos ópticos y el espacio subyacente por encima del diafragma sellar (espacio subquiasmático) (v. fig. 2.1A-C). Los nervios ópticos emergen de los canales ópticos por debajo de los ligamentos falciformes en un trayecto ascendente y convergente hasta el quiasma óptico, desde donde se continúan en un trayecto posterolateral los tractos ópticos para rodear los pedúnculos cerebrales. Las relaciones del quiasma óptico con la silla turca son importantes en el abordaje bifrontal, ya que se utiliza el espacio existente entre el quiasma y el tuberculum sellae para el acceso a la patología de la región supra e intrasellar. La situación normal del quiasma sucede en el 70% de los casos y entonces el quiasma ocupa un nivel anatómico situado por encima del diafragma sellar y delante del tallo hipofisario. El llamado quiasma «postfijado» es más posterior y queda a la altura del dorsum sellae. Finalmente, el quiasma «prefijado» se localiza por encima del tuberculum sellae. En el caso de un quiasma prefijado, lo que ocurre en el 15% de los casos o en casos de quiasmas normales con un tuberculum sellae muy desarrollado, el espacio entre el tuberculum sellae y el quiasma es angosto y puede no 68 https://booksmedicos.org permitir el acceso al espacio subquiasmático por el corredor subfrontal si no se realizan maniobras adicionales. FIGURA 2.5 Relaciones neurovasculares del abordaje subfrontal. A) Visión lateral de la fosa anterior derecha tras la resección del lóbulo frontal a nivel del asta frontal, para apreciar el espacio subfrontal contralateral marcado con flechas (∧) (IIp: nervio óptico; ACA: apófisis clinoides anterior; ACI: arteria carótida interna; ACoA: complejo de la arteria comunicante anterior; GR: giro recto; TO: techo de la órbita). B) Visión anterior de la fosa anterior. Se ha resecado el lóbulo frontal derecho a nivel del asta frontal. Se aprecia el suelo de la fosa anterior (FA) con el nervio óptico (IIp) entrando en el canal óptico por debajo del ligamento falciforme (LF) y por dentro de la apófisis clinoides anterior (ACA). Por detrás la arteria carótida interna (ACI) se continúa conla arteria cerebral media (ACM) y un segmento A1 de la arteria cerebral anterior hipoplásica (*) (A2: segmento A2 de la arteria cerebral anterior; CC: cuerpo calloso; FA: fosa anterior; VL: ventrículo lateral). C) Se han resecando ambos lóbulos frontales dejando una cintilla de cuerpo calloso a nivel del genu (gCC). Se identifica ahora el planum esfenoidal (PE) y por detrás el tuberculum sellae (TS) en el espacio subquiasmático, con ambos nervios ópticos (IIp) y quiasma (Q). La bifurcación de la arteria carótida interna (ACI) izquierda tiene una disposición anatómica, con un segmento A1 de la arteria cerebral anterior (A1) dominante y la arteria cerebral media (ACM) de calibres normales. Los segmentos A2 de ambas arterias cerebrales anteriores (A2) corren por delante del cuerpo calloso en la cisura interhemisférica (CC: cuerpo calloso; FA: fosa anterior; VL: ventrículo lateral). D) Se han resecado más posteriormente los lóbulos frontales, justo por delante del agujero de Monro (*), con lo que descubre la lamina terminalis (LT) por detrás del complejo de la arteria comunicante anterior (ACoA), con la cerebral anterior izquierda (A1) dominante y la derecha hipoplásica (∧) (IIp: nervio óptico; A2: segmento A2 de la arteria cerebral anterior; ACA: apófisis clinoides anterior; ACI: arteria carótida interna; ACM: arteria cerebral media; FA: fosa anterior; gCC: rodilla del cuerpo calloso; Q: quiasma; TS: tuberculum sellae; VL: ventrículo lateral; PE: planum esfenoidal). E) Una mayor resección permite exponer el tercer ventrículo (IIIv) y el contenido de las cisternas de la base con el nervio motor ocular común (IIIp), arteria coroidea anterior derecha (AChA) y arteria comunicante posterior izquierda (ACoP) de tipo fetal que se continúa con el segmento P1 de la arteria cerebral posterior (P1) (IIp: nervio óptico; A1: segmento A1 de la arteria cerebral anterior izquierda; ACA: apófisis clinoides anterior; ACI: arteria carótida interna; ACM: arteria cerebral media; ACoA: complejo comunicante anterior; LF: ligamento falciforme; Q: quiasma; TS: tuberculum sellae; UN: uncus; PE: planum esfenoidal; ∧: segmento A1 de la arteria cerebral anterior derecha). F) Visión anterior de la región de la cisterna de la lamina terminalis y de la arteria comunicante anterior. La arteria cerebral anterior se origina en la bifurcación de la arteria carótida interna (ACI). El segmento A1 69 https://booksmedicos.org precomunicante (A1) de la arteria cerebral anterior corre entre el sistema óptico y la base del lóbulo frontal y emite múltiples ramos perforantes. El segmento A2 postcomunicante (A2) de la arteria cerebral anterior se dirige hacia la cisura interhemisférica (cih) y da origen a la arteria recurrente de Heubner (AH) y la arteria frontoorbitaria (AFO). La arteria comunicante anterior (ACoA) une ambos segmentos A1 sobre la lamina terminalis (LT) del tercer ventrículo (Ip: nervio olfatorio; IIp: nervio óptico; IIIp: nervio motor ocular común; CO: cintilla óptica; Q: quiasma óptico). El espacio existente por debajo del quiasma se divide en dos partes por la membrana de Liliequist, que no es más que una capa aracnoidea muy desarrollada que separa la cisterna quiasmática de la cisterna interpeduncular. La porción posterior a dicha membrana Liliequist corresponde a la prolongación anterior de la cisterna interpeduncular, que ocupa la región anterior de la incisura o agujero tentorial. La cara posterior de la cisterna interpeduncular la forman los pedúnculos cerebrales; lateralmente se limita por un uncus por encima del nervio motor ocular común; el techo lo forma el suelo del diencéfalo y mesencéfalo; la pared anterior está formada por la membrana de Liliequist. La cisterna contiene el tercio superior de la arteria basilar con las dos arterias cerebrales superiores y arterias cerebelosas superiores y se comunica con las cisternas silviana y carotídea. Por delante de la membrana de Liliequist se encuentra la cisterna quiasmática, que rodea ambos nervios ópticos y quiasma y contiene además el tallo hipofisario. En esta zona anatómica las relaciones arteriales son complejas, ya que comprenden prácticamente todos los elementos del polígono de Willis y sus ramas. En el fondo del espacio suprasellar se encuentra la bifurcación de la arteria basilar en las arterias cerebrales posteriores, justo por debajo de la mitad posterior del suelo del tercer ventrículo. Las relaciones de la bifurcación con los elementos de la zona varían de acuerdo al punto de bifurcación de la arteria. Si la bifurcación es alta puede apoyarse en el suelo del tercer ventrículo, mientras que si es baja puede quedar oculta por detrás del dorsum sellae. Las arterias cerebrales posteriores en su segmento P1 o precomunicante corren rodeando el pedúnculo cerebral pasando por encima del nervio motor ocular común. El segmento P1 es variable en su calibre en relación inversa al calibre de la arteria comunicante posterior. En condiciones normales el segmento P1 de la arteria cerebral posterior es mayor que la arteria comunicante posterior (arteria de tipo «adulto»), pero en un tercio de los casos es menor cuando existe una arteria comunicante posterior de gran calibre (arteria de tipo «fetal»). El segmento P1 tiene un gran numero de ramos arteriales: ramos talamoperforantes que entran en la sustancia perforada posterior; arteria coroidea posterior medial que llega al plexo coroideo del tercer ventrículo y ventrículos laterales, y ramos para la lámina cuadrigémina y pedúnculo cerebral. A cada lado de la región suprasellar corren las arterias carótidas internas y sus ramas principales, incluyendo la arteria comunicante posterior y la arteria coroidea anterior, que serán descritas con detalle en el capítulo dedicado al abordaje pterional. 70 https://booksmedicos.org Cisterna de la lamina terminalis y su contenido El nivel superior, por encima del quiasma óptico, corresponde a la cisterna de la lamina terminalis y su contenido (v. fig. 2.5D y E), constituido por el complejo de la arteria comunicante anterior. Los límites de la cisterna de la lamina terminalis son los siguientes: su cara inferoanterior está constituida por el quiasma óptico, donde la cisterna se continúa con la cisterna quiasmática; por arriba se encuentra el rostrum del cuerpo calloso, donde se continúa con la cisterna del cuerpo calloso; por detrás contacta con la lamina terminalis del tercer ventrículo, y, a ambos lados, confluye con las cisternas carotídea, olfatoria y crural, donde existe en su pared un túnel que da entrada a la arteria cerebral anterior. El complejo de la arteria comunicante anterior muestra una enorme cantidad de variaciones. En su descripción clásica está constituido por ambas arterias cerebrales anteriores en sus segmentos A1 (precomunicante, desde su salida de la carótida interna hasta la salida de la arteria comunicante anterior) y A2 (postcomunicante, hasta la rodilla del cuerpo calloso), por la propia arteria comunicante anterior y por todas las ramas arteriales que emergen desde estos troncos arteriales (v. fig. 2.5F). El diámetro medio del segmento A1 es de 2,6 mm (rango 0,9-4), mientras que el diámetro medio de la arteria comunicante anterior es de 1,5 mm (rango 0,2-3,4). La variante más frecuente de estos vasos es la diferencia de calibre. Así, se encuentra en el 10% de los casos un segmento A1 hipoplásico, es decir, que mide menos de 1,5 mm, aunque sin que existan auténticas agenesias. Se han descrito algunos casos de duplicación unilateral. En el 10% de los casos la arteria comunicante anterior mide menos de 1 mm de diámetro, tampoco sin ningún caso descrito de agenesia. La arteria comunicante anterior es un canal único en el 60% de los casos, doble en el 30% y triple en el 10% restante. Hay una relación directa entre la diferencia de diámetro entre los segmentos A1 y A2 de la arteria cerebral anterior y el diámetro de la propia arteria comunicante anterior. A mayor diferencia de calibre entre ambas A1 hay mayor calibre de la comunicante, lo quees lógico dado que se precisaría mayor circulación colateral a través de la comunicante para suplir adecuadamente la A2 del lado de la A1 de menor calibre. En cuanto a la disposición tridimensional de los elementos vasculares de la zona, resulta que la arteria comunicante anterior no se dispone habitualmente en un plano transversal tal y como se dibuja en las descripciones anatómicas clásicas. Así, puede estar dispuesta en un plano oblicuo, o incluso anteroposterior cuando una arteria cerebral anterior pasa detrás de la otra por la cisura interhemisférica. Los estudios anatómicos muestran que ambas arterias cerebrales anteriores circulan paralelas por la cisura interhemisférica en solo el 18% de los casos, y solo en esta circunstancia la comunicante anterior estaría dispuesta en un plano transversal siguiendo la disposición anatómica o clásica. En el 48% de los casos la arteria cerebral anterior izquierda circula anterior a la derecha y en el 34% restante la derecha es anterior a la izquierda y, para adaptarse a ello, en todos estos casos, la comunicante anterior adopta un trayecto oblicuo entre 71 https://booksmedicos.org ambas arterias cerebrales anteriores. La falta de igualdad en el calibre de ambos segmentos A1 de la arteria cerebral anterior es muy destacado por Gazi Yasargil, quien aporta datos anatómicos, angiográficos y quirúrgicos que demuestran que la norma es la asimetría entre ambas A1, con mayor incidencia de dominancia en la A1 izquierda, y que esta incidencia es mucho mayor en los casos quirúrgicos con aneurismas. Las ramas arteriales del complejo de la comunicante anterior muestran también una gran variabilidad. La arteria recurrente de Heubner y las arterias frontoorbitaria medial y frontopolar emergen del segmento A2 de la arteria cerebral anterior. La arteria recurrente es la de más trascendencia clínica y tiene una enorme cantidad de variaciones en lo que se refiere a su origen y calibre, pero de forma regular se dirige hacia la sustancia perforada anterior siguiendo un trayecto retrógrado paralelo y usualmente posterior al del segmento A1 de la arteria cerebral anterior. La arteria recurrente irriga la parte anterior del caudado, putamen y globo pálido, así como la parte anterior del brazo anterior del cuerpo calloso y del fascículo uncinado. Los segmentos A1 y A2 de la arteria cerebral anterior y la propia arteria comunicante anterior emiten un gran número de pequeñas ramas arteriales corticales y ramas perforantes que se llegan a la sustancia perforada anterior, que se distribuyen e irrigan áreas vecinas correspondientes al quiasma óptico, hipotálamo y áreas subcallosas. Si ambas A1 son de igual tamaño las perforantes emergen del centro de la arteria comunicante anterior, mientras que si son de diferente tamaño surgen de la porción más proximal de la A1 dominante. La lamina terminalis del tercer ventrículo (v. fig. 2.5D y F) es una fina hoja de sustancia gris cubierta por una capa de piamadre y que se adhiere a la cara superior del quiasma, con el que forma un ángulo agudo dejando por debajo el receso quiasmático del tercer ventrículo. Por arriba se extiende en sentido posterosuperior de uno a otro tracto óptico hasta el rostrum del cuerpo calloso y comisura anterior. La lamina terminalis tiene un diámetro anteroposterior de unos 8-10 mm y lateral de unos 13 mm. La lamina terminalis ocupa un plano posterior al complejo de la arteria comunicante anterior, de la que está separada una distancia variable con una media de 3,5 mm. El núcleo supraóptico del hipotálamo y las columnas del fórnix asientan en la cara anterior del hipotálamo justo por detrás del quiasma y en el borde lateral de la lamina terminalis. Puntos craneales (fig. 2.6) El principal punto de referencia craneal de la zona es el nasion, localizado en la línea media y concretamente en la unión del hueso frontal con los huesos propios de la nariz a nivel del borde superior de la órbita. El bregma es el punto de la línea media donde confluye la sutura coronal con la sagital. En niños puede confluir también la sutura metópica, que separa ambos huesos frontales. El bregma equivale a la fontanela anterior de los neonatos. La distancia entre el nasion y el bregma es de alrededor de 12 cm y es la medida 72 https://booksmedicos.org anteroposterior del hueso frontal. En la cara lateral, a nivel de la fosa media, se encuentran el pterion, punto esfenoidal y punto frontoorbitario. El pterion es una amplia zona anatómica que está definida por la H formada por la unión de las suturas coronal, escamosa del temporal, esfenoparietal y esfenotemporal. Tiene interés la ubicación en el cráneo del punto esfenoidal que, en profundidad, se corresponde con el ala menor del esfenoides y, que de esta forma, también marca la intersección entre las fosas anterior y media. Así, un agujero de trépano en este punto permite el acceso simultáneo a la fosa anterior y media. El punto esfenoidal se localiza en una depresión del ala mayor del esfenoides a nivel de la sutura frontocigomática. También tiene interés el punto frontoorbitario o de MacCarty, donde si se realiza un trépano se expone simultáneamente la fosa anterior y la órbita. Este punto se encuentra definido por la intersección de las suturas frontocigomática, frontoesfenoidal y esfenocigomática. FIGURA 2.6 Puntos craneales. Imágenes anatómicas del cráneo humano en una visión superior y anterolateral izquierda para mostrar la localización de los puntos craneales relevantes y sus correlaciones anatómicas. A) Visión superior del cráneo mostrando el punto bregma (B), donde confluyen las suturas sagital (ss) y coronal (sc) y el nasion (N). B) Visión anatómica superior tras la realización de craneotomías respetando las suturas sagitales (ss), coronal (sc) y la línea 73 https://booksmedicos.org temporal superior (lts). Los principales puntos de referencia craneal en la línea media son el nasion (N), localizado en la línea media y en la unión del hueso frontal con los huesos propios de la nariz a nivel del borde superior de la órbita y el bregma (B), donde confluye la sutura coronal (sc) con la sagital (ss). Se aprecian los vasos meníngeos a nivel parietal (amm) y en la línea media frontal el seno sagital superior (sss). C) Visión anatómica superior tras la resección de la duramadre, aracnoides y vasos corticales (B: bregma; N: nasion; sc: sutura coronal; lts: línea temporal superior; sg: sutura sagital; sss: seno sagital superior). D) En la visión anatómica anterolateral, a nivel de la fosa media, se encuentran el pterion, punto esfenoidal y punto frontoorbitario. El pterion (PTE) es una zona amplia formada por la unión de las suturas coronal (sc), escamosa (se), esfenoparietal (sep) y esfenotemporal (set) (B: bregma; N: nasion; sc: sutura coronal; lts: línea temporal superior; sg: sutura sagital; sss: seno sagital superior). Anatomía quirúrgica de los meningiomas subfrontales Los meningiomas subfrontales de línea media son bien conocidos desde las descripciones de Harvey Cushing. Este distinguió los meningiomas del surco olfatorio de los meningiomas del tuberculum sellae. Los meningiomas del surco olfatorio crecen de la crista galli, lámina cribosa o parte anterior del planum esfenoidal, alcanzan gran tamaño y su sintomatología clásica es la anosmia, síndrome frontal y el síndrome Foster-Kennedy, con atrofia óptica de un lado y edema de papila del contralateral. Los meningiomas del tuberculum sellae crecen de la parte posterior del planum esfenoidal, tuberculum sellae o diafragma sellar, y son de menor tamaño al diagnóstico y el síndrome clínico clásico asocia pérdida de agudeza visual y defectos campimétricos. Actualmente, el fácil diagnóstico por imagen hace que la presentación clínica sea menos relevante y se conceda más importancia a sus relaciones anatómicas para lograr una resección quirúrgica radical grado 0 de Simpson. El crecimiento del meningioma del surco olfatorio puede producirse en cualquier dirección. Puede crecer hacia arriba abriendo la cisura interhemisféricahasta el borde libre de la hoz del cerebro, que marca a veces una hendidura en la línea media del tumor. En su crecimiento hacia arriba comprime ambos lóbulos frontales y puede asociarse a edema vasogénico de los mismos. Cuando la presión local compromete el retorno venoso en las venas corticales se puede producir un aumento rápido e importante del volumen frontal que desencadena abruptamente la sintomatología clínica. El crecimiento hacia delante es poco relevante y suele quedar siempre espacio entre el tumor y el hueso frontal ocupado por una lengüeta de lóbulo frontal. El crecimiento lateral tampoco suele ser trascendente y se produce por un simple acoplamiento del volumen tumoral al espacio disponible, quedando el tumor apoyado sobre la duramadre de las eminencias orbitarias del frontal sin infiltrarla. Un porcentaje de tumores infiltran el hueso y crecen hacia abajo ocupando los senos etmoidales o esfenoidal. Es frecuente la hiperostosis del hueso en la zona de implantación, que también está infiltrado por el tumor. Finalmente, el tumor puede crecer hacia atrás desplazando en sentido 74 https://booksmedicos.org posteroinferior los nervios y quiasma óptico y en sentido posterosuperior el complejo de la arteria comunicante anterior. Dado que el meningioma está cubierto por una doble capa de aracnoides, la que recubre la base del cráneo y la que recubre el encéfalo, es excepcional que la adventicia de las arterias sea infiltrada por el tumor. Sin embargo, es frecuente que los vasos resulten embebidos en el seno del tumor aunque siempre pueden separarse gracias a la referida doble capa aracnoidea. La angiografía no aporta datos relevantes en este sentido, siendo de utilidad la secuencia T2 de la resonancia nuclear magnética que demuestra las relaciones anatómicas entre el tumor y los segmentos A2 de la arteria cerebral anterior y el plano de clivaje entre el tumor y las estructuras neurovasculares. El aporte vascular de los meningiomas del surco olfatorio procede esencialmente de las ramas etmoidales anteriores y posteriores de la arteria oftálmica. El resto de los vasos proceden de pequeños ramos de las arterias frontopolares y frontoorbitarias y ramas del segmento A2 de la arteria cerebral anterior. El crecimiento hacia arriba del meningioma del tuberculum sellae resulta restringido inmediatamente por el quiasma óptico y se produce en seguida un síndrome quiasmático que lleva habitualmente al diagnóstico precoz. Sin embargo, en el quiasma «postfijado» el tumor puede crecer libremente hacia arriba y hacia delante alcanzando gran tamaño. En su crecimiento lateral el tumor se ve restringido también por los nervios ópticos y arterias carótidas internas a las que separa. Finalmente, en su crecimiento posterior desplaza hacia atrás el tallo hipofisario y empuja también hacia atrás a la membrana de Liliequist. El tumor puede infiltrar la duramadre del planum esfenoidal, techo del canal óptico, agujero óptico o clinoides anteriores, e incluso invadir el seno cavernoso. Anatomía quirúrgica de los craneofaringiomas El craneofaringioma puede crecer en cualquier punto a lo largo del trayecto seguido por la bolsa de Rathke en su desarrollo embrionario a lo largo del conducto craneofaríngeo. El tumor puede crecer por el desarrollo tardío de restos embrionarios o por metaplasia de células escamosas maduras presentes en la adenohipófisis. Se consideran dos tipos básicos según su topografía: craneofaringioma intrasellar y craneofaringioma suprasellar. El craneofaringioma intrasellar se reseca por vía extracraneal transesfenoidal aunque empuje o rompa el diafragma sellar, mientras que el craneofaringioma suprasellar requiere habitualmente un abordaje intracraneal para preservar la glándula hipofisaria. Generalmente, el tumor es anterior al tallo hipofisario y crece empujando al quiasma hacia arriba (crecimiento subquiasmático), empujando al quiasma hacia delante (crecimiento retroquiasmático), o bien crece hacia delante por debajo del quiasma en la región subfrontal (crecimiento prequiasmático), o hacia los lados hacia el lóbulo temporal, ganglios de la base o cisura de Silvio (crecimiento subtemporal), o, finalmente, puede crecer hacia atrás, llenando 75 https://booksmedicos.org la cisterna interpeduncular y prepontina. El crecimiento hacia arriba se hace empujando el suelo del tercer ventrículo, llegando a obliterar los agujeros de Monro o extenderse a los ventrículos laterales, con lo que se produce hidrocefalia. En este crecimiento hacia arriba el suelo del tercer ventrículo queda tan adelgazado que el tumor parece intraventricular. Los craneofaringiomas intraventriculares puros son raros y se relacionan con el crecimiento de restos o metaplasia de células de la pars tuberalis. El craneofaringioma es un tumor que suele tener una porción sólida junto a quistes. El tumor puede adherirse a las paredes de las arterias de todo tamaño, lo que dificulta su resección radical. Sin embargo, el tumor está rodeado por aracnoides en su cara anterolateral y en su cara posterior la membrana de Liliequist lo separa de la arteria basilar y del mesencéfalo. En su cara superior el tumor se adhiere a la porción tuberal e infundibular del tallo hipofisario y al hipotálamo, donde hay un tejido glial denso y en su porción inferior también se adhiere a los elementos del compartimento hipofisario. Clínicamente el craneofaringioma se presenta con sintomatología endocrinológica y visual. El defecto campimétrico asociado al craneofaringioma se debe a que el crecimiento tumoral empuja el aparato óptico, que queda comprometido a nivel del nervio óptico por su angulación en el ligamento falciforme y a nivel del tracto óptico por el segmento A1 de la arteria cerebral anterior que marca una huella profunda en el mismo. El tumor recibe vascularización en su porción anterior de ramos del segmento A1 de la arteria cerebral anterior y también en su porción basal de las arterias que irrigan la duramadre del diafragma sellar, como la arteria capsular. Es importante resaltar que el tumor no se irriga desde las arterias cerebrales posteriores. 76 https://booksmedicos.org Abordaje subfrontal bifrontal Posición El paciente se coloca en la mesa operatoria en decúbito supino con el tronco elevado unos 30° y la cabeza vertical extendida discretamente y mirando hacia arriba. Planificación preoperatoria La patología tumoral que se aborda por el abordaje bifrontal puede alterar la función visual y endocrina, por lo que debe realizarse una campimetría, agudeza visual y fondo de ojo junto a una analítica para estudio de la función hormonal hipofisaria. Los estudios de imagen tienen utilidad para conocer algunos detalles relacionados con el abordaje. Los estudios de tomografía computada permiten evaluar el tamaño de los senos frontales y la excepcional neumatización de la clinoides anterior, pilar óptico o dorsum sellae. La posición del quiasma puede valorarse de forma indirecta buscando la posición de la arteria comunicante anterior, que está siempre en íntima relación con la cara superior del quiasma. De la misma forma, puede determinarse la altura relativa de la bifurcación de la arteria basilar respecto al dorsum sellae en las angiografías con sustracción valorando la dirección de las arterias cerebrales posteriores en la proyección anteroposterior. En la posición normal las arterias salen horizontales y adoptan una forma de T con el tronco de la arteria basilar. En las bifurcaciones bajas las arterias cerebrales posteriores salen verticales y adoptan una posición en forma de Y con el tronco de la basilar, debido al hecho de que dichas arterias deben pasar obligatoriamente por encima de los nervios oculomotores. Incisión cutánea y disección de las partes blandas Se realiza una incisión biauricular siguiendo la línea del pelo y que comienza a la altura del trago. En los lados se preserva la arteria temporal superficial y sus ramas para resguardar la vascularización del colgajo. La incisión se hace hasta el plano laxo que existe entre lagalea y el pericráneo. Una vez identificado este plano se levanta el colgajo cutáneo hacia adelante hasta el reborde orbitario. Queda así expuesto el hueso frontal cubierto por el periostio y a ambos lados el músculo temporal insertado en la línea temporal superior y cubierto por su fascia superficial. Con bisturí frío se secciona el periostio sobre el hueso siguiendo la línea de incisión cutánea y, por los lados, la inserción del músculo temporal a lo largo de la línea temporal superior. El colgajo perióstico se levanta cuidadosamente con un periostotomo hacia adelante sobre el reborde orbitario (fig. 2.7A). En esta zona se identifica en 77 https://booksmedicos.org ambos lados la arteria y nervio supraorbitario, que se preservan para mantener la irrigación del colgajo cutáneo y perióstico. El paquete vasculonervioso supraorbitario puede salir por una escotadura más o menos amplia, pero si existe un orificio se movilizan tras abrirlo con una fresa fina. Una porción adicional del colgajo puede obtenerse levantando el pericráneo posterior a la incisión y cortando el periostio más distalmente. El colgajo cutáneo y el perióstico se mantienen en posición sobre la cara con anzuelos. Se recomienda colocar un almohadillado debajo del colgajo cutáneo para evitar que una presión excesiva sobre los globos oculares, mantenida durante todo el procedimiento quirúrgico, produzca problemas oftalmológicos o visuales. FIGURA 2.7 Abordaje subfrontal bifrontal. Craneotomía. A) Visión quirúrgica del colgajo perióstico pediculado. B) Visión quirúrgica tras la craneotomía bifrontal. Se han abierto ampliamente los senos frontales (SF). Se aprecia el seno sagital superior (sss) con venas de drenaje. C) Visión de la craneotomía bifrontal tras la apertura de la duramadre. Se ha ligado el seno sagital superior con clips y se han coagulado las venas puente. La duramadre se rebate caudalmente tras seccionar y desinsertar el falx, quedando la cisura interhemisférica expuesta. Craneotomía La craneotomía bifrontal se hace habitualmente con dos agujeros de trépano labrados uno a cada lado de la línea media (v. fig. 2.7B). La distancia desde los agujeros hasta el nasion depende del tamaño de la craneotomía que se desee realizar en función de la patología a tratar. Con la sierra se realiza una craneotomía de forma cuadrada, con su base lo más cerca posible de los techos orbitarios. En este nivel se atraviesan generalmente los senos frontales y puede ser difícil cruzar la línea media debido a la cresta media de la superficie endocraneal del hueso frontal. El trayecto entre ambos trépanos cruza por encima del seno sagital superior. El hueso se levanta en bloque fracturando o fresando la cresta frontal interna y separándolo de la duramadre y del seno sagital superior. En pacientes mayores pueden hacerse agujeros de trépano adicionales por las frecuentes adherencias entre la duramadre y el hueso. El seno frontal abierto se limpia de secreciones y mucosa y el orificio frontonasal de drenaje de cada seno se oblitera con la mucosa, grasa o músculo temporal, retirando de uso el material quirúrgico empleado. La pared posterior del seno se reseca con pinza gubia y cualquier 78 https://booksmedicos.org reborde óseo se fresa para obtener espacio adicional. Apertura de la duramadre Se abre la duramadre transversalmente y el seno sagital superior se liga y secciona. Después se secciona la hoz del cerebro hasta su borde libre. Se levantan sendos colgajos de duramadre en sentido anterior y posterior con la ayuda de incisiones longitudinales laterales de descarga y teniendo cuidado en conservar el mayor número de venas corticales de drenaje. El punto de sección y ligadura del seno sagital depende de la localización de la patología y de las venas corticales, aunque es preferible hacerlo lo más cerca posible del agujero ciego (v. fig. 2.7C). Navegación cisternal Inicialmente, se debe abrir la cisura interhemisférica desde su porción anterior y en la extensión necesaria de acuerdo a la patología. La apertura de la cisterna interhemisférica puede llegar hasta exponer la rodilla del cuerpo calloso y el complejo de la arteria comunicante anterior. La apertura de la cisura interhemisférica es fácil en la zona ocupada por la hoz, pero por debajo de la misma hay frecuentes adherencias entre ambos lóbulos frontales que la dificultan. Después se levantan y movilizan los lóbulos frontales para abrir el espacio subfrontal. Aquí se liberan los nervios olfatorios, que se separan de la base de los lóbulos frontales de forma alternativa con disección fina y aprovechando el espacio aracnoideo que rodea el bulbo y tractos olfatorios formando la cisterna olfatoria. El tracto se libera hasta la región del trígono olfatorio (fig. 2.8A). El bulbo olfatorio puede fijarse a la lámina cribosa con ayuda de fibrina y el tracto no debe quedar seco durante la cirugía. Para conservar la función olfatoria es necesario también conservar la fina vascularización arterial del nervio olfatorio a través de la arteria olfatoria. Levantados los lóbulos frontales quedan expuestos los nervios ópticos y quiasma al abrir la cisterna quiasmática (v. fig. 2.8B). En este momento se puede determinar la posición anatómica normal, prefijada o postfijada del quiasma respecto al tuberculum sellae. En caso de existir suficiente espacio puede identificarse subquiasmáticamente el tallo hipofisario en el espacio suprasellar y, por detrás, abrir la membrana de Liliequist que da acceso a la cisterna interpeduncular con la arteria basilar. 79 https://booksmedicos.org FIGURA 2.8 Abordaje subfrontal bifrontal. Imágenes quirúrgicas. A) Visión intraoperatoria de ambos nervios olfatorios visualizados tras levantar ambos lóbulos frontales en un abordaje subfrontal bilateral. B) Visión intraoperatoria de los nervios olfatorio (Ip) y óptico (IIp) derechos en un abordaje bifrontal a un macroadenoma (MA). El nervio óptico está adelgazado y angulado sobre el ligamento falciforme (LF) (PE: planum esfenoidal; TS: tuberculum sellae). C) Visión intraoperatoria tras la resección de un meningioma del surco olfatorio del complejo de la comunicante anterior (ACoA), por encima del quiasma óptico (Q). La cisura interhemisférica (cih) está abierta y se ha conservado la aracnoides de la cisterna de la lamina terminalis (*) (A1: segmento precomunicante de la arteria cerebral anterior; A2: segmento postcomunicante de la arteria cerebral anterior). D) Visión intraoperatoria tras la resección de un meningioma de tuberculum sellae, donde se aprecia la región parasellar con el nervio olfatorio (Ip) izquierdo por delante del nervio óptico (IIp). Entre ambos se visualiza la arteria cerebral anterior (ACA) que sale de la arteria carótida interna (ACI). En la región infraquiasmática se visualiza el tallo hipofisario (TH). A través de la ventana opticocarotídea derecha se aprecia la arteria comunicante posterior (ACoP) y el nervio motor ocular común (IIIp). E) Visión intraoperatoria tras la resección de un craneofaringioma suprasellar, donde se aprecia el nervio óptico (IIp) que se continúa con el tracto o cintilla óptica (CO), quedando medialmente el quiasma (Q). Por fuera de la vía óptica se aprecia la arteria carótida interna, la ventana optocarotídea, donde se visualiza la apófisis clinoides posterior y la arteria comunicante posterior. Medialmente al nervio óptico se visualiza el tallo hipofisario (TH) íntegro entrando a través del diafragma sellar en la silla turca. F) Visión intraoperatoria del tronco de la arteria basilar (BA) y sus ramas cerebelosa superior (ACS) y cerebral posterior (P1) izquierdas con el nervio motor ocular común (IIIp) entre ambas, visibles tras la resección de la membrana de Liliequist en una cirugía por vía subfrontal bilateral para un craneofaringioma suprasellar. Relaciones con las estructuras neurológicas Los meningiomas del surco olfatorio ocupan el espacio subfrontal y los de gran tamaño se resecan con facilidad a través de un abordaje subfrontal bifrontal. Para ello sehace, como se ha descrito, una craneotomía bifrontal lo más basal posible, se liga el seno sagital y se secciona la hoz del cerebro separando ambos lóbulos frontales para exponer el tumor. Tras separar los lóbulos frontales se fresa la crista galli y se coagulan las arterias que salen por su base. Es posible retraer el tumor coagulando su cápsula y separarlo de la duramadre de la fosa anterior si el tamaño es pequeño, aunque es 80 https://booksmedicos.org recomendable su apertura precoz para realizar la descompresión interna con aspirador ultrasónico, lo que permite ir despegándolo de forma progresiva de la base de la fosa anterior. Esto se aprovecha para coagular las adherencias aracnoideas y pequeños vasos aferentes. La maniobra se repite una y otra vez, buscando intracapsularmente el auténtico implante del tumor, que se reconoce por la convergencia de los vasos y la trama fibrosa. Todas estas maniobras van devascularizando progresivamente el tumor que, una vez ahuecado, se moviliza tirando de la cápsula. Un detalle de interés es que no se debe empujar el tumor hacia atrás por el peligro de estirar los nervios ópticos todavía no liberados, por lo que la cápsula se moviliza siempre hacia delante. La coagulación y sección de todas las ramas arteriales aracnoideas devasculariza adicionalmente el tumor y la de las gruesas venas capsulares impide sangrados a distancia por su ruptura al movilizar la cápsula. En los tumores grandes suele ser ahora el momento de resecar las porciones más anteriores de la cápsula y de progresar con la coagulación de las aferencias vasculares basales, aunque siempre debemos dejar suficiente cápsula para mantener un buen plano de clivaje entre el tumor y los lóbulos frontales. En este momento conviene dedicar la atención a encontrar los segmentos A2 de las arterias cerebrales anteriores (v. fig. 2.8C). En este punto es importante la información proporcionada por los estudios de imagen con resonancia magnética de las relaciones entre el tumor y los segmentos A2 de las arterias cerebrales anteriores. Sin embargo, las arterias frontopolares y frontoorbitarias no se identifican en los estudios de resonancia y suelen tener íntimas relaciones y emitir ramas hacia el tumor. Consecuentemente, la progresión entre el tumor y los lóbulos frontales debe ser cuidadosa, ya que al separar ambos elementos debemos identificar inicialmente las arterias frontopolares y frontoorbitarias de uno y otro lado para seguirlas hasta su salida del segmento A2. Las ramas de la A2 pueden ser coaguladas y seccionadas en el punto en que entre el tumor. Por el contrario, los segmentos A2 de las arterias cerebrales anteriores deben ser siempre disecados del tumor y conservados, aunque se encuentren rodeados del mismo, ya que su mayor tamaño les permite mantener la doble capa aracnoidea que los aísla del tumor. En todo caso, el segmento A2 debe ser respetado aún a costa de dejar tumor a su alrededor. Una separación violenta del tumor y los lóbulos frontales puede producir una hemorragia incontrolable o una isquemia con graves secuelas si no se toman las precauciones indicadas. Liberadas ambas arterias cerebrales anteriores distales ya se ha entrado en la cisterna de la lamina terminalis y se procede a identificar el complejo de la arteria comunicante anterior y el quiasma óptico. Se pueden ahora resecar grandes fragmentos de cápsula y tumor exponiendo el ala del esfenoides en ambos lados y toda la fosa anterior hasta el planum esfenoidal, de donde se desinserta el tumor y se coagulan provisionalmente las aferencias basales. En este momento pueden quedar mamelones tumorales que deben ser separados cuidadosamente de uno o ambos nervios ópticos y tallo hipofisario o que se insinúan en las cisternas carotídeas (v. fig. 2.8D y E). Finalizada la resección 81 https://booksmedicos.org tumoral se presta atención a la base de la fosa anterior. Inicialmente se extirpa de forma amplia la duramadre de la fosa anterior que cubre las eminencias orbitarias y luego se fresa el hueso hiperostósico hasta identificar la mucosa de las celdas etmoidales, que se dejará intacta. Durante el fresado pueden reabrirse las aferencias arteriales, aunque una vez extirpado el tumor reducen apreciablemente su flujo de forma espontánea. Esta zona se recubrirá antes del cierre de la craneotomía con el colgajo perióstico pediculado preparado previamente. Las lesiones intrasellares no se abordan por vía subfrontal, pero se puede entrar en la silla turca en caso necesario para completar la resección de lesiones de otra topografía, en especial en caso de un quiasma «prefijado». Para ello se coagula y levanta la duramadre del planum esfenoidal hasta el borde del tuberculum sellae entre ambos nervios ópticos. Se fresa entonces el planum y se entra en el seno esfenoidal, cuya mucosa se retira, para proseguir el fresado de la cara anterior del la silla turca. Se identifica así el seno intercavernoso anterior que se coagula y secciona junto a la duramadre de la silla, con lo que finalmente se accede a la silla turca y su contenido y posteriormente al dorsum sellae. A la región suprasellar se accede a través del espacio subquiasmático. En caso de patología tumoral en la zona el primer objetivo es la descompresión de la vía óptica. El primer paso es el vaciado intracapsular del tumor tras abrir una ventana en su porción anterior y proceder a la resección de la porción sólida con aspirador ultrasónico y/o puncionar y aspirar los quistes para conseguir una rápida descompresión global. Después se procede a la resección de los ligamentos falciformes en la entrada de ambos nervios ópticos para la descompresión focal de los nervios ópticos. Una descompresión adicional se consigue con el fresado del techo óseo del canal óptico con una fresa de diamante y abundante irrigación para minimizar la lesión térmica del nervio óptico. Después se acude al punto de cruce de la arteria cerebral anterior sobre el tracto óptico para identificar la eventual lesión focal producida a este nivel y movilizar la arteria en caso necesario. El tumor descomprimido se va separando de la vía óptica por la ventana quiasmática medialmente y por las ventanas optocarotídeas de uno y otro lado y se retrae medialmente. Ahora se separa de la porción lateral más basal, donde debe liberarse de ambas carótidas y arterias comunicantes posteriores hasta llegar al reborde de la silla turca a nivel de los pliegues durales interclinoideos. Si el tumor entra en la silla turca se procede a la resección intrasellar del mismo dejando la silla vacía. La porción superior del tumor debe separarse delicadamente del hipotálamo y del suelo del tercer ventrículo. Es fundamental identificar ahora el tallo hipofisario en su porción infundibular y tuberal para conservarlo si es posible o seccionarlo limpiamente en caso contrario, evitando cualquier tracción o manipulación violenta que conduzca en el postoperatorio a graves trastornos hipotalámicos de regulación térmica o hidroelectrolítica. Por detrás del tallo hipofisario se extirpa el resto del tumor y se llega a la membrana de Liliequist que marca el 82 https://booksmedicos.org límite posterior del tumor. La resección de esta membrana permite la demostración de la cisterna interpeduncular con su contenido (v. fig. 2.8F). La movilización del tumor es relativamente más fácil en caso de adenomas o meningiomas que en los craneofaringiomas, donde existen numerosas adherencias entre la cápsula del mismo y la aracnoides y adventicia de las arterias. En caso de quiasma «prefijado» o de tumores que lleguen muy altos empujando el suelo del tercer ventrículo es posible llegar a la porción superior del mismo a través de la lamina terminalis. Para ello se libera el complejo de la arteria comunicante anterior y se moviliza según convenga hacia arriba o hacia abajo, abriendo la lamina terminalis entre ambos tractos ópticos con lo que se entra en el ventrículo para proceder entonces al vaciado intratumoral y a la posterior disección y separación de la cápsuladel tejido nervioso. Para facilitar el acceso a la lamina terminalis y tercer ventrículo puede excepcionalmente coagularse y dividirse la arteria comunicante anterior manteniendo sus ramas perforantes indemnes. Para tumores de gran tamaño que llegan por encima del nivel del agujero de Monro es necesario el abordaje interhemisférico transcalloso que se describe en el capítulo 5, bien solo o asociado a un abordaje pterional o subfrontal. Cierre El colgajo perióstico se utiliza para cerrar cualquier defecto óseo basal de la fosa anterior que quede como consecuencia de la cirugía, incluyendo los senos frontales abiertos. Generalmente, se deja el colgajo cubriendo libremente la superficie endocraneal de la fosa anterior, quedando aplicado sobre la misma por la simple reposición de los lóbulos frontales. En caso necesario, se puede mantener el colgajo en posición con puntos de sujeción en la duramadre cercana al ala menor del esfenoides. En caso de defectos basales concretos, es posible aplicar puntos de sutura que sujetan el colgajo a los bordes durales del defecto óseo. Aun en el caso de grandes defectos basales no somos partidarios de colocar materiales de sustentación como mallas de titanio, cemento quirúrgico o hueso heterólogo y minimizamos el uso de material hemostático o fibrina para relleno de los espacios muertos. El uso de drenaje lumbar debe ser también muy restrictivo ante el peligro de neumoencéfalo postoperatorio a tensión. Si no se ha producido defecto óseo basal el colgajo perióstico se utiliza para rellenar o cubrir los senos frontales abiertos y puede servir de ayuda en el cierre de la duramadre. La duramadre se cierra herméticamente y se eleva colocando puntos de sujeción apoyados en el hueso o partes blandas. El hueso se recoloca en posición sujeto con cierres craneales o miniplacas. Se evitará colocar estos elementos en la zona frontal para mejorar el resultado estético. La piel se cierra con puntos de galea y cutáneos. Puede dejarse un drenaje subgaleal o aplicar un vendaje discretamente compresivo para evitar colecciones subgaleales en el postoperatorio. 83 https://booksmedicos.org Prevención y resolución de las complicaciones relacionadas con el abordaje La complicación más frecuente relacionada con el abordaje es la fistula de líquido cefalorraquídeo con la secuencia de rinolicuorrea, neumoencéfalo o meningitis. La craneotomía bifrontal viola prácticamente siempre los senos frontales y, eventualmente, pueden abrirse celdas etmoidales, el seno esfenoidal o comunicar ampliamente la cavidad intracraneal con las fosas nasales. La mejor prevención de la fístula de líquido cefalorraquídeo es el cierre de los defectos basales con el colgajo perióstico tomado del pericráneo, tal y como se ha descrito. La ligadura y división del seno sagital superior en el tercio anterior no produce problemas. La manipulación del tallo hipofisario y del hipotálamo debe minimizarse para evitar problemas. La diabetes insípida transitoria es virtualmente inevitable si se manipula el tallo hipofisario, por lo que en el postoperatorio debe cuantificarse la diuresis horaria, hacer un balance hídrico y electrolítico y controlar la natremia y la osmolaridad en suero y orina. La sección del tallo hipofisario o la resección de la glándula se siguen de trastornos hormonales que deben ser valorados y tratados con terapia hormonal sustitutoria. Finalmente, puede haber una disfunción hipotalámica, que puede ser muy grave. La lesión de la porción ventromedial del hipotálamo causa hiperfagia, la de la porción lateral produce anorexia y pérdida de peso y la de la porción anterior se sigue de hipertermia, obesidad, somnolencia, crisis de rabia y, si procede, pubertad precoz. La anosmia es una secuela aparentemente menor, aunque para la vida diaria de muchos pacientes puede ser funcionalmente relevante, y puede prevenirse conservando anatómicamente uno o ambos nervios olfatorios durante el abordaje. Con frecuencia, la elevación de los lóbulos frontales puede seguirse de la contusión hemorrágica de los mismos y un cuadro fluctuante de confusión y disminución del nivel de conciencia. Esto sucede especialmente en pacientes con grandes lesiones que comprimen los lóbulos frontales o en las que existe edema perilesional vasogénico importante antes de la cirugía. La mejor prevención consiste en minimizar la intensidad de la retracción, cambiar regularmente y con frecuencia la presión y punto de apoyo de los separadores y mantener un cuidadoso control hidroelectrolítico en el postoperatorio. 84 https://booksmedicos.org Otros abordajes Abordaje subfrontal unilateral, orbital o frontolateral El abordaje frontolateral es esencialmente el mismo que el abordaje bifrontal, pero con una craneotomía que no pasa la línea media, lo que reduce la amplitud del abordaje, evita la sección del seno sagital superior y supone la elevación de solo uno de los lóbulos frontales. Tiene utilidad para el abordaje extra o intradural a la patología de la órbita. La posición es semejante, pero con la cabeza girada 20° al lado contralateral y la incisión cutánea corre por detrás de la raíz del pelo hasta la línea media. Se hace un trépano frontal lateral en la fosa temporal por detrás del origen de la apófisis orbitaria externa tras abrir la aponeurosis del músculo temporal y despegar el músculo. La craneotomía llega hasta la escotadura supraorbitaria y el seno frontal no es necesariamente abierto. El abordaje puede ser ampliado extendiendo medialmente la craneotomía hasta la línea media, resecando el reborde orbitario, el techo de la órbita o ampliando la resección de la apófisis orbitaria externa. Abierta la duramadre se diseca el espacio subfrontal hasta llegar a la región parasellar por el techo de la órbita. Una variante mínimamente invasiva es el abordaje supraorbitario transciliar descrito por Axel Perneczky siguiendo el concepto de key hole surgery. En este caso la incisión se realiza en la ceja, sin afeitarla, y tras exponer el plano óseo se hace un trépano frontal en la fosa temporal y una minicraneotomía frontal basal siempre lateral a la salida del nervio supraorbitario por la escotadura supraorbitaria. Abordaje subfrontal bifrontal ampliado transbasal En los abordajes a patología de la base de cráneo puede ser conveniente realizar una osteotomía más o menos amplia del reborde orbitario para ampliar el acceso extradural. Esta ampliación del abordaje permite el acceso a tumores craneofaciales complejos de la base de la fosa anterior y llegar hasta el clivus. Se trata de un abordaje muy clásico, descrito hace cien años por Frasier, pero reintroducido en los años setenta de la pasada década por los franceses Tessier y Derome. Describiremos la osteotomía frontoetmoidoorbitaria como ejemplo de un abordaje muy amplio, pero que puede ajustarse en su extensión a cada caso concreto. La incisión biauricular es idéntica a la descrita y el colgajo perióstico debe ser del mayor tamaño y mejor calidad posible. Se expone todo el reborde orbitario despegando la periórbita de todo el borde superolateral de la órbita; se expone también el nasion o sutura frontonasal y el inicio de los huesos propios de la nariz hasta el ligamento cantal medial; por dentro de la órbita se llega hasta el hueso lacrimal o unguis, respetando así mismo el conducto nasolacrimal. Una vez 85 https://booksmedicos.org realizada la craneotomía bifrontal se expone extraduralmente toda la fosa anterior hasta el ala menor del esfenoides y agujeros ópticos. La lámina cribosa y la crista galli se pueden dejar adheridas a la duramadre para tratar de conservar la función olfatoria. Se practican trépanos en la fosa temporal de cada lado en el punto frontoorbitario para acceder a la fosa media y órbita. Se realizan ahora las siguientes osteotomías: 1) Osteotomía del techo de la órbita desde el agujero frontoorbitario hacia la sutura frontoetmoidal lateral en la línea media, a ambos lados y en una situación anterior o posterior según se desee conservar o no el etmoides. 2) Osteotomíavertical del etmoides que conecta ambas osteotomías orbitarias. Para conservar íntegro el etmoides la osteotomía se hace a nivel de la sutura frontoetmoidal anterior, por delante de la crista galli a nivel del agujero ciego y por delante del foramen etmoidal anterior. Si se pretende resecar el etmoides la osteotomía se hace a nivel de la sutura etmoidoesfenoidal, por detrás de la lámina cribosa y del foramen etmoidal posterior, pero por delante de los canales ópticos, a nivel del planum esfenoidal. 3) Osteotomías de las apófisis orbitarias externas desde la porción inferior del agujero frontoorbitario, que pueden incluir una porción mayor o menor de la apófisis orbitaria del hueso malar, y que se continúa con las osteotomías orbitarias. 4) Osteotomía frontoetmoidal horizontal, que se inicia en la sutura frontonasal y se extiende horizontalmente hacia atrás hasta encontrar la osteotomía etmoidal vertical. En el caso de alcanzar una osteotomía vertical anterior frontoetmoidal se atraviesan los senos frontales y primeras celdas etmoidales, mientras que en el caso de tener que llegar a una osteotomía más posterior etmoidoesfenoidal, se atraviesan todas las celdas etmoidales y se llega al tabique nasal y se abre el seno esfenoidal. En este último caso se coagulan las arterias etmoidales anteriores y posteriores y los canales ópticos quedan unos 5 mm por detrás de las mismas. Completadas las osteotomías se despega el conjunto óseo de los restos de senos paranasales y de la mucosa nasal y se extirpa en bloque. Los canales ópticos, el seno esfenoidal, el planum y tuberculum sellae, cara anterior e inferior de la silla turca y clivus, así como los restos de hueso de la pared interna de la órbita pueden ser resecados o fresados. Las fosas nasales quedan expuestas con el tabique formado por el hueso vómer en la línea media y los extensos cornetes a cada lado recubiertos por la mucosa nasal. Tras retirar la mucosa del seno esfenoidal y resecar los tabiques se identifica el suelo de la silla turca y, caudalmente, el clivus. La reparación del defecto basal se hace con el colgajo perióstico frontal que se extiende por la base y se sutura a las partes blandas de los bordes. 86 https://booksmedicos.org Casos ilustrativos Caso 1. Meningioma invasivo del surco olfatorio Historia clínica y estudios de imagen. Mujer de 34 años con clínica de desorientación y trastorno de funciones superiores. Cefalea y congestión nasal durante meses. Los estudios de imagen muestran una gran lesión que ocupa la fosa anterior e invade los senos paranasales etmoidales y el cornete medio izquierdo (fig. 2.9A-C). FIGURA 2.9 Caso 1. A y B) Imagen de resonancia nuclear magnética sagital y coronal en secuencia T1 con gadolinio que muestra una gran tumoración que ocupa la fosa anterior e invade los senos paranasales etmoidales y las fosas nasales, con ocupación por moco del seno esfenoidal. El tumor desplaza hacia atrás el tercer ventrículo y se reconoce la hiperostosis del hueso de la fosa anterior. C) En un corte axial T2 se aprecia la estructura interna del tumor, irradiada desde su centro, así como el plano de clivaje con el cerebro que forma la doble capa aracnoidea. Aquí se delimitan gruesos vasos venosos sobre la corteza del tumor y, a nivel de la cisura interhemisférica, se aprecia la sección de ambos segmentos A2 de las arterias cerebrales anteriores. D) Tras la resección del tumor y la invasión de las celdas etmoidales se aprecian las fosas nasales con el tabique parcialmente resecado (T) y el seno esfenoidal abierto (SE). E) El defecto basal se repara con el colgajo perióstico pediculado (CP). Se aprecian ambos lóbulos frontales (LFd, LFi) con la cisura interhemisférica (cih) y el lecho tumoral entre ambos. Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. La paciente es intervenida 87 https://booksmedicos.org bajo anestesia general a través de un abordaje subfrontal bifrontal transbasal ampliado, con resección bilateral de la barra orbitaria. Se identificaron, coagularon y seccionaron ambas arterias etmoidales anteriores en la órbita. El tumor fue extirpado completamente hasta la base de la fosa anterior. Aquí existía una hiperostosis y se procedió a la extirpación de la lámina cribosa con resección completa de la invasión tumoral en los senos paranasales y fosas nasales, incluyendo el cornete medio izquierdo (v. fig. 2.9D). Se reconstruyó el suelo de la fosa media con un colgajo perióstico frontal (v. fig. 2.9E) y se repuso la barra orbitaria con miniplacas. No hubo fístula de líquido cefalorraquídeo y se produjo la recuperación de las funciones superiores. Caso 2. Macroadenoma de hipófisis Historia clínica y estudios de imagen. Mujer de 60 años con pérdida de agudeza visual y panhipopituitarismo. En la exploración clínica amaurosis del ojo derecho y hemianopsia temporal del izquierdo. En la resonancia nuclear magnética se aprecia una tumoración intrasellar con grosera expansión suprasellar (fig. 2.10A). FIGURA 2.10 Caso 2. A) Imagen de resonancia nuclear magnética sagital en secuencia T1 con gadolinio preoperatoria que muestra una gran lesión intra y suprasellar. B) Imagen operatoria mostrando el campo quirúrgico en un abordaje subfrontal bifrontal donde se aprecia el tumor enmarcado por los nervios olfatorios (Ip) y ópticos (IIp). C) Tras la resección completa de la lesión se aprecia la silla turca vacía con el tronco de la arteria basilar (BA) por detrás del resto del dorsum sellae (DS). En el seno se la silla turca se aprecia el relieve de la arteria carótida interna izquierda (ACI). Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. Se interviene con un abordaje bifrontal y resección radical de la lesión y de la cápsula. Tras la resección queda expuesto el tronco basilar tras retirar la membrana de Liliequist. Se descomprimen ambos nervios ópticos, aunque sin mejoría clínica relevante, y se conservan ambos nervios olfatorios (v. fig. 2.10B y C). El control de imagen muestra la completa extirpación de la lesión. La lesión resulta ser un adenoma hipofisario no funcionante. Caso 3. Craneofaringioma quístico suprasellar en lamina terminalis 88 https://booksmedicos.org Historia clínica y estudios de imagen. Mujer de 67 años de edad con clínica de rápido deterioro del nivel de conciencia, confusión y trastorno de funciones superiores. En la exploración neurológica destaca una severa pérdida de agudeza visual en ambos ojos, resultando imposible el estudio campimétrico. No había trastorno hormonal hipofisario. En la resonancia nuclear magnética se aprecia una lesión suprasellar quística localizada por delante del quiasma óptico y que desplaza en sentido posterior las astas frontales de los ventrículos laterales (fig. 2.11A). FIGURA 2.11 Caso 3. A) Imagen de resonancia nuclear magnética sagital en secuencia T2 preoperatoria que muestra una gran lesión subfrontal y suprasellar con gran componente quístico. B) Imagen operatoria mostrando el campo quirúrgico en un abordaje subfrontal bifrontal donde se aprecia el tumor subfrontal. Los nervios olfatorios (Ip) quedan aplicados sobre la fosa anterior. C) Tras la resección completa de la lesión se exponen ambos nervios ópticos (IIp) y el quiasma descomprimidos. Por encima del quiasma se aprecia el complejo de la arteria comunicante anterior (ACoA). Por debajo del quiasma es visible el tallo hipofisario (TH) penetrando a través del orificio de la tienda de la hipófisis. D) Resonancia magnética sagital postoperatoria en secuencia T1 que muestra el resultado tras la resección de la lesión y la restitución de la anatomía de la región suprasellar. Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. La paciente es intervenida a través de un abordaje bifrontal. Se identifica la lesión en la cisterna de la lamina terminalis, que es extirpada de forma radical (v. fig. 2.11B y C). La lesión tenía íntimas adherencias con el tallo hipofisario. Las características de 89 https://booksmedicos.org la lesión eran típicas de un craneofaringioma, confirmado en el estudio histopatológico.Se mantienen indemnes los nervios ópticos y olfatorios, así como el tallo hipofisario. La paciente mejora de la clínica de hipertensión endocraneal, síndrome frontal y de la agudeza visual. La resonancia de control muestra la extirpación completa de la lesión y la restitución anatómica (v. fig. 2.11D). Caso 4. Angioma cavernoso de ápex de la órbita Historia clínica y estudios de imagen. Mujer de 43 años con pérdida de agudeza visual en ojo derecho, de muchos meses de evolución, que se acompaña recientemente de dolor retroorbitario con exoftalmo. En el estudio de órbita de resonancia nuclear magnética se aprecia una lesión nodular bien delimitada en el ápex orbitario derecho (fig. 2.12A). FIGURA 2.12 Caso 4. A) Imagen de resonancia nuclear magnética sagital en secuencia T2 preoperatoria que muestra una lesión en el ápex orbitario derecho, localizada medialmente al nervio óptico. B) Imagen operatoria mostrando el campo quirúrgico en un abordaje subfrontal unilateral tras el fresado del canal óptico (CO) y de parte del techo de la órbita (TO), exponiendo la periórbita (PO). C) Tras la apertura de la periórbita se desplaza medialmente el músculo recto interno (MRI) y se moviliza lateralmente el nervio óptico (IIp), apreciándose la tumoración entre ambos. D) Aspecto quirúrgico de la lesión tras su resección. Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. La paciente se interviene por un abordaje subfrontal unilateral derecho, con liberación y movilización 90 https://booksmedicos.org del nervio óptico mediante extirpación de ligamento falciforme y fresado del techo del canal óptico. Se abre el ápex y se identifica la lesión, que se reseca en bloque. El diagnóstico anatomopatológico es de angioma cavernoso (v. fig. 2.12B y D). La paciente tuvo una mejoría de la agudeza visual y no se añadieron otros déficits neurológicos. 91 https://booksmedicos.org Bibliografía De Divitiis O, Angileri FF, D’Avella D, Tschabitscher M, Tomasello F. Microsurgical anatomic features of the lamina terminalis. Neurosurgery. 2002;50:563–570. Dehdashti AR, De Tribolet N. Frontobasal interhemispheric trans-lamina terminalis approach for suprasellar lesions. Neurosurgery. 2005;56(ONS Suppl 2):418–424. Effendi ST, Rao VY, Momin EN, Cruz-Navarro J, Duckworth EA. The 1-piece transbasal approach: operative technique and anatomical study. J Neurosurg. 2014;121(6):1446–1452. González-Darder JM, Pesudo-Martínez JV, Bordes-García V, Quilis-Quesada V, Talamantes-Escribá F, González-López P, et al. Meningiomas del surco olfatorio. Tratamiento microquirúrgico radical por vía bifrontal. Neurocirugía. 2011;22:133–139. González-Darder JM. 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González-Darder Vicent Quilis Quesada Evandro de Oliveira ÍNDICE DEL CAPÍTULO Introducción 48 Relaciones anatómicas 48 Fosa craneal temporal y su contenido 48 Lóbulos frontal y temporal 50 Cisura de Silvio y arteria cerebral media 51 Cisternas y arterias de la base craneal anterior 55 Seno cavernoso 58 Región sellar, parasellar, quiasmática e incisural anterior 62 Suelo de la fosa anterior y media 63 Puntos craneales y cisternales 64 Anatomía quirúrgica de los aneurismas del complejo de la arteria comunicante anterior 65 Anatomía quirúrgica de los aneurismas de la arteria cerebral media 66 Anatomía quirúrgica de los aneurismas paraclinoideos 66 94 https://booksmedicos.org Anatomía quirúrgica de los aneurismas de la carótida interna 67 Anatomía quirúrgica de los tumores de la ínsula 67 Abordaje pterional transilviano 68 Posición 68 Planificación preoperatoria 69 Incisión cutánea y disección de las partes blandas 69 Craneotomía 69 Apertura de la duramadre 70 Navegación cisternal 70 Descompresión y movilización del nervio óptico 70 Clinoidectomía anterior 72 Tratamiento de las lesiones vasculares 72 Tratamiento de las lesiones intrínsecas 73 Cierre 74 Prevención y resolución de las complicaciones relacionadas con el abordaje 74 Otros abordajes 74 Abordaje orbitocigomático 74 Casos ilustrativos 76 Caso 1. Aneurisma de bifurcación de arteria cerebral media derecha embolizado 76 Caso 2. Aneurisma paraclinoideo izquierdo roto embolizado 76 Caso 3. Aneurisma paraclinoideo izquierdo no 95 https://booksmedicos.org roto 77 Caso 4. Aneurisma paraclinoideo derecho no roto 77 Caso 5. Aneurisma de comunicante anterior no roto 79 Caso 6. Oligodendroglioma anaplásico del uncus 79 Caso 7. Glioma de bajo grado ínsula izquierda 80 96 https://booksmedicos.org Introducción El abordaje pterional recibe este nombre porque tiene como elemento anatómico central de referencia el pterion. El abordaje que presentamos es el resultado de la evolución histórica de los esfuerzos de muchos neurocirujanos para encontrar uno útil para acceder a la patología de la base de las fosas anterior y media. El abordaje frontotemporal o pterional fue sistematizado y popularizado por Gazi Yasargil en los albores de la era neuromicroquirúrgica de los años setenta del pasado siglo, quien lo denomina «craneotomía interfascial pterional o frontotemporoesfenoidal», indicando que «es útil para los aneurismas de la circulación anterior y arteria basilar distal, así como para los tumores de las regiones orbitaria, retroorbitaria, sellar, parasellar, quiasmática, subfrontal, retroclival y prepontina» y resalta que los puntos clave de la técnica son «la posición de la cabeza, la adecuada resección del hueso de la base del cráneo, la liberación de líquido cefalorraquídeo de las cisternas basales y la disección sistemática en el seno del espacio subaracnoideo». El término «interfascial» se refiere a que la disección de las partes blandas se hace entre las dos capas de la aponeurosis superficial del músculo temporal. También se ha enfatizado en el término «transilviano», ya que el abordaje, en su fase intradural, se basa en una delicada y exhaustiva apertura y disección del valle silviano, por lo que este abordaje se denomina más frecuentemente abordaje «pterional transilviano». Hay un gran número de variaciones de este abordaje diseñadas por diferentes neurocirujanos o individualizadas para resolver casos concretos de patología de la zona, lo que da idea de la versatilidad del mismo. Así, hay descritas diferencias en la incisión cutánea, número y localización de los agujeros de trépano y grado de resección ósea. Recientemente, la tendencia ha sido ampliar el abordaje pterional para tratar patología compleja o multicompartimental, siendo ejemplo de esta filosofía los abordajes transcigomático, pretemporal u orbitocigomático. En resumen, el abordaje pterional transilviano está centrado anatómicamente en el pterion en su fase extradural y en su fase intradural precisa de la apertura de la cisterna de Silvio, y es de utilidad para el acceso a la patología intrínseca ubicada en la región subfrontal, vecindades de la cisura de Silvio y en la ínsula, en las cisternas basales y de la base del cráneo de la región frontotemporal. En este capítulo describiremos de forma detallada el abordaje pterional interfascial transilviano clásico y haremos referencia a la craneotomía frontotemporal orbitocigomática.En el capítulo siguiente describiremos el abordaje frontotemporal transcigomático y el pretemporal, más orientados al manejo de la patología de la fosa media. 97 https://booksmedicos.org Relaciones anatómicas El abordaje pterional transilviano es un abordaje lateral frontotemporal centrado en el pterion del ala menor del esfenoides localizado en la fosa temporal. En su camino intradural accede a la cisura de Silvio situada entre los lóbulos frontal y temporal y, tras su amplia apertura, se navega por las cisternas basales donde están los grandes vasos intracraneales de la circulación anterior y el polígono de Willis. Finalmente, se llega a la cara intracraneal de la base del cráneo de la fosa anterior, fosa media y área sellar, parasellar y del seno cavernoso. De forma ocasional, este abordaje es el camino a las regiones extracraneales vecinas, aunque para ello deben conocerse bien las relaciones anatómicas correspondientes. Fosa craneal temporal y su contenido Fosa temporal La superficie exocraneal lateral de la fosa media se corresponde con la fosa craneal temporal, llamada así por estar ocupada por el músculo temporal. El fondo es un plano óseo que está formado, de delante hacia atrás, por los huesos maxilar, frontal, cigomático o malar, esfenoides, temporal y parietal (fig. 3.1). El límite superior lo marca, a lo largo de los huesos frontal, parietal y temporal, la línea temporal superior que corresponde a la inserción de la fascia temporal y la línea temporal inferior, donde se inserta el músculo temporal. La mayor parte de fosa temporal se corresponde con la cara exocraneal de la escama del hueso temporal, que se dispone verticalmente hasta el origen del arco cigomático, donde cambia de dirección para hacerse horizontal y formar parte del suelo de la fosa media. El proceso o apófisis cigomática emerge desde la parte posterior de esta porción escamosa del temporal sobre el conducto auditivo externo y la cavidad glenoidea que aloja el cóndilo mandibular y se articula con el hueso malar o cigomático, formando así el arco cigomático. La porción escamosa del temporal se continúa detrás con la porción mastoidea del hueso temporal (sutura petroescamosa) y por arriba con el hueso parietal (sutura parietoescamosa). En el hueso parietal se aprecian las líneas temporal superior e inferior. La línea temporal superior se continúa por detrás con la cresta supramastoidea del temporal y por delante con un reborde que llega a la apófisis orbitaria externa del frontal. Por delante, el hueso temporal se relaciona con el ala mayor del esfenoides (sutura temporoesfenoidal), que tiene, a semejanza de la escama del temporal, una porción vertical y otra horizontal. La porción vertical de la cara exocraneal del ala del esfenoides se relaciona con la fosa temporal y en ella se inserta el músculo temporal, mientras que la porción horizontal está relacionada con la fosa infratemporal. Por delante del ala mayor del esfenoides se encuentra el hueso frontal, con el que se relaciona a 98 https://booksmedicos.org través de la sutura frontoesfenoidal. Como ya indicamos más arriba, el hueso frontal tiene un reborde que se continúa por detrás con la línea temporal del parietal y por delante con el borde posterior de la apófisis orbitaria del hueso frontal, lo que cierra por delante la fosa temporal en su porción superior. Por debajo, la apófisis orbitaria del frontal se articula con la apófisis orbitaria del hueso malar o cigomático, cerrando la porción inferior del borde anterior de la fosa temporal. FIGURA 3.1 Fosa temporal. La fosa temporal se extiende por debajo de la línea temporal superior (LTS) hasta la cresta esfenotemporal (CET) y el arco cigomático (AC). El arco cigomático (AC) emerge en la cresta supramastoidea (CSM) sobre el conducto auditivo externo (CAE) y la cavidad glenoidea (CG) de la articulación temporomandibular y se continúa con la apófisis cigomática del hueso malar (HM). Por detrás del borde posterosuperior del conducto auditivo externo se proyecta la espina de Henle (>) y se encuentra el triángulo suprameatal (*). La porción escamosa del temporal (HT) se continúa detrás con la porción mastoidea del hueso temporal (spe: sutura petroescamosa) y por arriba con el hueso parietal (HP) (sPe: sutura parietoescamosa). En el hueso parietal se aprecia la línea temporal superior (LTS) que se continúa por detrás con la cresta supramastoidea (CSM) del temporal y por delante con un reborde que llega a la apófisis orbitaria externa del hueso frontal (AOF), que se articula con la apófisis orbitaria del hueso malar o cigomático (HM) (sfc: sutura frontocigomática). Por delante, la escama temporal se relaciona con el ala mayor del esfenoides (AME) (ste: sutura temporoesfenoidal). La cresta esfenotemporal (CET) marca el límite entre la porción vertical y horizontal del temporal y esfenoides. Por delante del ala del esfenoides se encuentra el hueso frontal (HF) (sfe: sutura frontoesfenoidal). Por debajo del plano del cigoma encontramos la mastoides (M), conducto auditivo externo (CAE) y cavidad glenoidea de la articulación temporomandibular (CG). Contenido de la fosa temporal 99 https://booksmedicos.org El músculo temporal se inserta en la apófisis coronoides de la mandíbula y se extiende en forma de abanico, insertándose por arriba en la línea temporal inferior y, por debajo de la misma, en toda la superficie de la fosa media, así como en la cara profunda de la aponeurosis temporal superficial. Un grupo de fibras de desarrollo variable, llamado fascículo yugal, se inserta en la cara interna del arco cigomático y tendón de inserción del músculo masetero. El músculo temporal está inervado por tres grupos de nervios, uno anterior, otro medio y otro posterior, formados por ramos del nervio maxilar, tercera rama del trigémino, y su vascularización es suplida por ramas de la carótida externa. Tanto los nervios como los vasos llegan al músculo por su cara profunda. El músculo masetero se inserta en la cara externa del ángulo y rama de la mandíbula y sus fibras se dirigen hacia el hueso malar formando dos fascículos. El fascículo profundo se inserta en la cara inferior y profunda del arco cigomático y el fascículo superficial, mucho más potente, lo hace en los dos tercios anteriores del arco cigomático y en el cuerpo del hueso malar. La inervación procede de la tercera rama del trigémino y la irrigación de ramas de la arteria maxilar interna, que entran por su cara profunda a través de la escotadura sigmoidea de la mandíbula existente entre la apófisis coronoides y el cuello del cóndilo mandibular. El músculo temporal tiene potentes y complejas aponeurosis que serán descritas a continuación. La arteria temporal superficial emerge entre el plano de la articulación temporomandibular y la glándula parótida y se dirige verticalmente por delante del conducto auditivo externo y el trago para distribuirse por el pericráneo de la fosa temporal. Por este mismo plano, y un poco por delante de la arteria temporal superficial, emerge la rama temporal del nervio facial o nervio temporofacial, que, en cuanto cruza sobre el arco cigomático, se divide en múltiples pequeños ramos que establecen interconexiones entre sí y acaban en los músculos faciales de la zona. El nervio facial emite grupos de filetes temporales hacia los músculos periauriculares cutáneos atávicos; frontales hacia el músculo cutáneo frontal; palpebrales hacia el músculo orbicular y palpebrales, nasales o suborbitarios, y, para terminar, los bucales superiores. Finalmente, y saliendo por el mismo plano, el nervio auricular anterior o auriculotemporal, ramo del nervio mandibular tercera rama del trigémino, asciende paralelamente y justo por detrás de la arteria temporal superficial. Fascias y aponeurosis La galea y la fascia temporoparietal, con la que se continúa por los lados, marcan el plano profundo de la piel por debajo del tejido subcutáneo y desaparecen caudalmente al arco cigomático, fusionándose con el tejido subcutáneo de la región parotídea.En la fosa temporal y profundo a este plano se encuentra el músculo temporal, cubierto por su fascia temporal superficial. Entre la fascia temporoparietal y la fascia temporal superficial hay una capa de tejido celular laxo que permite su separación. Esta queda constituida a su vez por una doble capa: una superficial, gruesa y bien 100 https://booksmedicos.org definida, y otra, profunda o fascia propia, de menor espesor e íntima relación con las fibras del músculo temporal que se insertan en su cara profunda. La fascia temporal superficial se inserta a nivel de la línea temporal superior, fusionándose así con el periostio de los huesos temporal, parietal y frontal. A nivel del arco cigomático la hoja superficial de la fascia temporal superficial cubrirá su cara externa quedando adherida a ella, continuándose en sentido caudal con la fascia parotidomasetérica. La hoja profunda de la fascia temporal superficial, íntimamente relacionada con la cara externa del músculo temporal, pasará por debajo del arco cigomático para continuarse con la fascia profunda del masetero. Entre ambas hojas existe una capa de tejido graso interfascial que permite la identificación de ambas hojas y facilita su disección hasta exponer el arco cigomático libre de envolturas. Esta capa de grasa suele ser consistente y por ella corre la arteria temporal media, rama de la arteria temporal superficial, acompañada de sus venas satélites. La separación entre ambas capas de la aponeurosis superficial se hace tanto más evidente cuanto más nos aproximamos a la apófisis orbitaria del frontal y malar, arco cigomático y cresta supramastoidea. La disección de este plano interfascial, aproximadamente 3 cm posterior al reborde orbitocigomático y por delante del tronco arterial de la arteria temporal superficial, permite la exposición del arco cigomático, así como la preservación de las ramas frontotemporales del nervio facial y el tronco y ramas dominantes de la arteria temporal superficial. La cara profunda o craneal del músculo temporal queda cubierta por la fascia temporal profunda, íntimamente adherida tanto al plano muscular como al periostio, a través de la cual se suministra el aporte nervioso y vascular al músculo. Por debajo del arco cigomático, la aponeurosis maseterina cubre el músculo masetero y se inserta por arriba en el arco cigomático, por detrás y por debajo en los bordes posterior e inferior del maxilar inferior y por delante en la apófisis coronoides y rama del maxilar inferior. Lóbulos frontal y temporal El abordaje pterional expone siempre el giro frontal inferior y el primer giro temporal y parte del segundo (v. fig. 1.2A e I), aunque tras la apertura de la cisterna silviana se puede acceder a la cara mesial del lóbulo temporal. El giro frontal inferior ocupa la superficie del lóbulo frontal por debajo del surco frontal inferior hasta la fosa ósea anterior y la cisura de Silvio. Se trata de un giro complejo, ya que se divide en tres segmentos o partes por los dos ramos anteriores de la cisura de Silvio, el ramo anterior horizontal y, un poco más atrás, el ramo anterior ascendente. Las tres partes son: pars orbicularis por delante del ramo horizontal; pars triangularis entre ambos ramos anteriores, y, finalmente, la pars opercularis por detrás del ramo ascendente y hasta el giro precentral. La superficie lateral del lóbulo temporal se extiende desde la cisura de Silvio por arriba, la línea parietooccipital por detrás, el plano óseo de la fosa media recubierto por la duramadre por debajo y, por delante, el 101 https://booksmedicos.org límite es el polo temporal. La superficie del lóbulo temporal tiene una organización anatómica bien estructurada, con dos surcos y tres giros paralelos dispuestos horizontalmente. El giro temporal superior se extiende entre la cisura de Silvio y el surco temporal superior, y se funde en superficie posteriormente con el giro angular y en profundidad hacia la ínsula con el giro temporal transverso que se continúa con el planum temporale que forma el suelo de la cisura de Silvio (v. fig. 1.2E). El planum temporale tiene varios giros transversos, siendo el de mayor tamaño el más anterior, que recibe el nombre de giro de Heschl. El giro temporal medio se emplaza entre los surcos temporal superior e inferior. Finalmente, el giro temporal inferior se extiende por debajo del surco temporal inferior hasta el borde inferior del lóbulo temporal, donde continúa por la superficie basal del mismo. Por detrás, el giro temporal inferior se funde sin límite claro con el giro occipital inferior. La cara medial del lóbulo temporal es compleja. El abordaje pterional transilviano permite el acceso a la porción más anterior de la superficie medial del lóbulo temporal, concretamente el uncus (v. fig. 4.5B). La cara medial del lóbulo temporal la forman tres bandas sucesivas de tejido nervioso, que, de abajo arriba, son el giro parahipocampal, el giro dentado y el complejo fimbria-fórnix. La porción más anterior del giro parahipocampal se ensancha formando el uncus. El giro parahipocampal está separado del giro colateral de la base del lóbulo temporal por el surco colateral, que más adelante se continúa con el surco rinal. El uncus tiene una superficie anteromedial (segmento anterior) que se enfrenta a la porción inicial de la cisterna silviana y a la cisterna carotídea y una superficie posteromedial (segmento posterior) que se relaciona con el pedúnculo cerebral a través de la cisterna crural. Ambas superficies se unen en un punto sobreelevado denominado ápex. La superficie anteromedial es lisa mientras que la posteromedial tiene una profunda hendidura o surco uncal. En el límite más posterior del segmento posterior se inicia la cisura coroidea del ventrículo lateral, por donde entra la arteria coroidea anterior para incorporarse al plexo coroideo. Este punto se conoce como punto coroideo inferior. Justo por detrás de él se encuentra el giro dentado y, a nivel del tálamo, se proyecta el cuerpo geniculado lateral. El interior del uncus, especialmente en su segmento anterior, está ocupado por los núcleos amigdalinos o amígdala. También existe un pequeño receso del asta temporal del ventrículo lateral, anterior al punto coroideo inferior, denominado receso uncal (v. fig. 4.5C). Cisura de Silvio y arteria cerebral media Tras la apertura de la duramadre, el abordaje pterional conduce directamente a la cisura de Silvio, la estructura anatomoquirúrgica más importante de la superficie lateral de los hemisferios cerebrales. La cisura de Silvio es una compleja estructura que se encuentra entre los lóbulos frontoparietal (opérculo frontoparietal) y temporal (opérculo temporal), contiene la cisterna silviana con la arteria cerebral media y sus ramas y conduce a la ínsula (fig. 102 https://booksmedicos.org 3.2). FIGURA 3.2 Cisura de Silvio, arteria cerebral media y lóbulo de la ínsula. A) Cisura de Silvio con una vena silviana superficial muy prominente que corre en el borde temporal, con un ramo que cruza perpendicularmente el lóbulo temporal (LF: lóbulo frontal; LT: lóbulo temporal). B) Cisura de Silvio abierta para exponer la arteria cerebral media y sus sucesivas divisiones. La cisura de Silvio tiene dos partes, la inicial, profunda o esfenoidal (csE), y la terminal, superficial o uperculoinsular (csOI). La arteria cerebral media cambia bruscamente de dirección en el limen de la ínsula. Antes ha dado origen a una rama frontal precoz. La bifurcación es distal, con un ramo inferior o temporal de gran calibre y otro superior o frontal de pequeño calibre. En el borde temporal de la cisura se aprecia la vena silviana superficial, con anastomosis con la vena silviana profunda (IIp: nervio óptico; LF: lóbulo frontal; LT: lóbulo temporal; M1: segmento M1 de la arteria cerebral media; M2: segmento M2 de la arteria cerebral media; MT: músculo temporal). 103 https://booksmedicos.org Cisura de Silvio y cisterna silviana La cisura de Silvio es el mayor y más complejo de los surcos cerebrales y fue descritapor primera vez por François de le Boe, quien escribía con el nombre latino de Sylvius. En su superficie externa la cisura de Silvio comienza anteroinferior a nivel de la apófisis clinoides anterior y se extiende lateralmente sobre el ala menor del esfenoides, para alcanzar la convexidad y dividirse entonces en tres ramos, siendo el posterior el que continúa la dirección de la cisura en un trayecto ligeramente ascendente, hasta terminar en el giro supramarginal del lóbulo parietal (v. fig. 1.2I). La parte profunda de la cisura de Silvio se conoce como cisterna silviana y se suele dividir anatómicamente en dos porciones: una inicial, inferior o esfenoidal, y otra terminal, externa u operculoinsular (v. fig. 3.2B). La porción inicial esfenoidal se sitúa entre los lóbulos frontal y temporal y mide 35-40 mm. El suelo lo forma el llamado planum polare del lóbulo temporal, por donde corre el tronco de la arteria cerebral media; el techo, la superficie orbitaria del lóbulo frontal y la sustancia perforada anterior; medialmente se encuentra el uncus y la amígdala del lóbulo temporal; finalmente, el limen de la ínsula y el fascículo uncinado que conecta los lóbulos frontal y temporal y ocupa la porción más lateral. En este segmento, la cisterna silviana contacta con la cisterna carotídea y quiasmática. A su vez, la porción esfenoidal de la cisterna silviana se continúa con la porción operculoinsular de la misma a través de un túnel (valle silviano o vallécula silviana), por donde continúa su trayecto la arteria cerebral media y cuyo cierre es la aposición de los labios de los lóbulos frontal y temporal. Sin embargo, las relaciones entre los lóbulos frontal y temporal pueden ser muy variables y, aunque generalmente están opuestos, es posible que una lengua de lóbulo frontal esté sobre el temporal o viceversa, haciendo que el plano de separación entre ambos sea en estos casos anfractuoso. La porción terminal operculoinsular se extiende por la cara externa del hemisferio en una longitud de 8-9 cm. En superficie se distinguen dos prolongaciones o ramas anteriores dirigidas hacia el lóbulo frontal, un ramo horizontal y otro ascendente o vertical. Ambos ramos son profundos, de unos 3 cm de longitud, y enmarcan la pars triangularis del giro frontal inferior. Por su parte, la cisura de Silvio se prolonga en superficie con el llamado ramo posterior que hemos descrito más arriba. En profundidad, la porción operculoinsular de la cisura de Silvio tiene dos hendiduras. La primera (opercular), más superficial, está situada entre la aposición de los bordes silvianos de los opérculos frontoparietal y temporal, donde la aracnoides que los recubre mantiene un plano de clivaje, a veces virtual, pero que permite siempre su separación. Por otro lado, la profundidad de esta hendidura es mayor en la zona frontal y se va reduciendo conforme nos dirigimos distalmente a lo largo de la cisura de Silvio. La segunda hendidura (insular), más profunda, se encuentra entre la parte profunda de los opérculos y la 104 https://booksmedicos.org ínsula. Por ello, se describe una hendidura superior entre el opérculo frontoparietal y la ínsula y una hendidura inferior entre el opérculo temporal y la ínsula. Opérculos frontoparietal y temporal En superficie, los lóbulos frontal y parietal forman el límite superior de la cisura de Silvio, mientras que el lóbulo temporal forma el límite inferior, formando los llamados opérculos frontoparietal y temporal, respectivamente. Los opérculos tienen dos superficies, una externa, que es continuación de los giros y surcos de la cara externa de los lóbulos cerebrales correspondientes, y otra interna, que se continuará con la superficie de la ínsula, más allá del surco limitante. Los surcos y giros de los lóbulos cerebrales han sido descritos más arriba. En el borde frontoparietal se encuentran, de delante hacia atrás: pars orbitalis, ramo anterior de la cisura de Silvio, pars triangularis, ramo vertical de la cisura de Silvio, y, sobre el ramo posterior, la pars opercularis, surco y giro precentral, surco central (alternativamente el giro subcentral), giro y surco postcentral y giro supramarginal. Por su parte, en el borde temporal se encuentra en toda su extensión el giro temporal superior, que se continúa al final del ramo posterior de la cisura de Silvio con el giro angular. La superficie interna del opérculo frontoparietal es la continuación de las estructuras descritas en la superficie externa, mientras que en el lado temporal es más compleja. Aquí, el giro temporal superior se extiende en profundidad hacia la ínsula con el planum temporale, que ya ha sido descrito más arriba. La apertura de la cisterna silviana es un paso fundamental en el abordaje pterional transilviano (v. fig. 3.2B). La cisterna silviana, en su porción inicial esfenoidal, está cerrada por bandas aracnoideas muy densas que cruzan desde el borde olfatorio de la porción basal del lóbulo frontal a la zona medial y basal del temporal. Este tabique aracnoideo es atravesado por el segmento M1 de la arteria cerebral media nada más originarse de la bifurcación de la arteria carótida interna. La cisterna se va estrechando distalmente conforme se aproximan los lóbulos frontal y temporal, hasta que, frecuentemente, no se reconoce en superficie por quedar ambos lóbulos íntimamente apuestos, superpuesto el uno sobre el otro o interpuesto uno dentro del otro. Más distalmente, la cisterna se abre de nuevo, ahora en superficie, en el llamado punto silviano anterior, a nivel de la pars triangularis, para estrecharse luego más distalmente. En profundidad, la cisterna silviana se ensancha después del limen de la ínsula, en la porción operculoinsular de la cisura de Silvio a nivel de la ínsula, con gran cantidad de bridas aracnoideas que la cruzan o se fijan en las ramas arteriales. Lóbulo de la ínsula El fondo de la cisura de Silvio está formado por la corteza de la ínsula de Reil (v. fig. 1.2F). La ínsula tiene una forma triangular con su eje mayor en dirección inferior hacia su ápex, que se corresponde con el limen de la ínsula 105 https://booksmedicos.org que marca el límite entre las porciones esfenoidal y operculoinsular de la cisterna silviana. La ínsula está delimitada por el llamado surco limitante (también llamado surco circular), que es el fondo del pliegue que forman los opérculos frontal, parietal y temporal con la propia ínsula. El borde superior del surco limitante es prácticamente horizontal y queda debajo de los opérculos frontal y parietal; el borde inferior tiene dirección anteroinferior y queda debajo del opérculo temporal; finalmente, el borde anterior queda en profundidad debajo de la pars triangularis del frontal. El ángulo posterior o punto silviano se localiza en profundidad debajo del giro supramarginal y se corresponde más en profundidad con el atrio; el ángulo anterosuperior se localiza en profundidad debajo de la pars triangularis y su proyección en profundidad llega al asta frontal del ventrículo lateral; finalmente, el ángulo anteroinferior o ápex de la ínsula se proyecta debajo de la parte más anterior de la pars triangularis. El ápex de la ínsula se localiza en el llamado limen de la ínsula, donde se conectan los lóbulos frontal y temporal a través del fascículo uncinado, que ocupa una posición profunda debajo de una fina capa de corteza cerebral. En el surco limitante, las ramas arteriales de la arteria cerebral media giran bruscamente en su transición del llamado segmento insular al segmento opercular y el punto más posterior está situado en el ángulo posterior de la ínsula, conociéndose angiográficamente como punto silviano. La superficie de la ínsula enmarcada por el surco limitante es plana y presenta, al igual que el resto de la corteza cerebral, surcos y giros que aquí toman una dirección posterosuperior desde el limen de la ínsula. El surco central de la ínsula es el más profundo y constante y corre paralelo a la cisura de Silvio, dividiendo la ínsula en dos porciones. La porción superior es la mayory presenta a su vez entre tres y cinco giros cortos; la porción inferior es menor y presenta dos giros largos. En profundidad, la ínsula cubre el llamado lóbulo central (central core) formado por la cápsula extrema, cápsula externa, cápsula interna, claustrum, núcleo lentiforme formado por los núcleos caudado y putamen, y el tálamo. Este plano anatómico está también representado por la vascularización, ya que la de estas estructuras procede de las perforantes y lenticuloestriadas de la sustancia perforada anterior, mientras que la corteza de la ínsula se irriga por ramas cortas y perforantes de las ramas de la arteria cerebral media que corren por su superficie. Arteria cerebral media La arteria cerebral media es una de las dos ramas terminales de la arteria carótida interna en su bifurcación (v. fig. 3.2B). Tras su origen corre por el valle silviano para alcanzar la superficie de la ínsula en el fondo de la cisura de Silvio y acceder a la superficie de los hemisferios tras salir de la cisura de Silvio. La arteria cerebral media se divide en cuatro segmentos: M1 o esfenoidal, M2 o insular, M3 u opercular y M4 o cortical. El segmento M1 corre por el segmento esfenoidal de la cisura de Silvio descrita más arriba. Comienza en la bifurcación de la arteria carótida interna y cursa horizontalmente en sentido lateral, paralela y aproximadamente a 1 cm por 106 https://booksmedicos.org detrás del ala menor del esfenoides, corriendo por debajo de la sustancia perforada anterior. El segmento M1 termina cuando la arteria entra en el segmento operculoinsular de la cisura de Silvio, donde gira bruscamente en un ángulo de 90° en un punto denominado genu o rodilla de la arteria cerebral media. La arteria cerebral media se divide en este segmento a nivel de la llamada bifurcación de la arteria cerebral media, por lo que el segmento M1 se subdivide en dos porciones, el prebifurcación, donde hay un tronco único, y el postbifurcación, donde dos o más troncos siguen un trayecto en la misma dirección hasta el genu. Hay, sin embargo, numerosas anomalías y variaciones: la bifurcación sucede en el limen de la ínsula antes del genu en el 90% de los casos; en el 80% hay una bifurcación en dos ramas (superior e inferior), mientras que en el 10% hay tres troncos (trifurcación) y en el 10% restante más de tres troncos; en caso de bifurcación en dos troncos, en el 40% de los casos el patrón es el anatómico, donde ambos troncos son del mismo calibre, mientras que en el 30% es dominante el tronco superior y en el 30% restante el inferior; finalmente, el segmento M1 puede presentar duplicación (donde hay una segunda arteria originada en la bifurcación), arteria accesoria (donde hay una segunda arteria originada en el segmento A1 de la arteria cerebral anterior) o fenestración. El segmento M2 comienza en el genu, donde la arteria pasa por encima del limen ínsula. Los troncos superior e inferior se dividen en ramas, de forma que hay una rama corriendo por cada uno de los surcos de la ínsula. El segmento M3 comienza cuando las ramas alcanzan el surco limitante de la ínsula, donde giran bruscamente 180° para aplicarse a la superficie profunda de los opérculos frontoparietal y temporal. Tras un corto trayecto, las ramas vuelven a girar otros 180° en la superficie externa de los opérculos, donde salen de la cisura de Silvio para iniciar el segmento M4 o cortical. Las arterias se distribuyen ahora en la superficie externa de los lóbulos frontal, parietal y temporal corriendo por el fondo de los surcos cerebrales. El patrón de división de la arteria cerebral media es complejo y muy variable, debiendo considerarse de forma separada los ramos corticales y los ramos perforantes. Las ramas corticales originadas en la porción prebifurcación del segmento M1 son denominadas por Albert Rhoton arterias precoces y llegan en el 50% de los casos al lóbulo frontal y solo en el 10% de los casos al lóbulo temporal. Gazi Yasargil las denomina ramas temporales, ya que solo considera las dirigidas al lóbulo temporal. El patrón habitual es la existencia de tres ramas: arteria uncal, temporal polar y temporal anterior, muy irregulares en calibre. Cuando alguna de estas arterias corticales prebifurcación es de gran calibre, es posible confundirse con la auténtica bifurcación del segmento M1, siempre más distal. Las ramas corticales corresponden al segmento terminal de las diferentes divisiones que se suceden dentro de la cisura de Silvio, irrigando amplias zonas de los lóbulos frontal, parietal y temporal, así como la ínsula. Las ramas perforantes se denominan arterias lenticuloestriadas y entran en la sustancia perforante anterior. Se encuentran entre 1-20 arterias, con una media de 10 ramas, 107 https://booksmedicos.org procedentes del segmento M1. La porción prebifurcación emite siempre ramas lenticuloestriadas y aporta la mayor parte de las mismas, mientras que la porción postbifurcación da origen a arterias lenticuloestriadas en solo el 50% de los casos. Las arterias lenticuloestriadas irrigan el putamen, globo pálido, cabeza del caudado y cápsula interna. Sistema venoso El drenaje venoso silviano es muy variable (v. fig. 3.2). El tronco venoso de mayor tamaño suele ser la vena silviana superficial, que se origina en la porción posterior de la cisura de Silvio y sigue su trayecto entre los bordes de la cisura. Puede ser única o doble, recibe ramos procedentes de los lóbulos frontal, parietal y temporal y, finalmente, desagua en los senos venosos del ala del esfenoides o en el seno cavernoso, aunque puede hacerlo en el seno petroso superior tras rodear el polo temporal. El calibre de la vena silviana superficial es muy variable, ya que tiene anastomosis de diferente envergadura con la vena de Trolard y la vena de Labbé. La venas silvianas profundas drenan la ínsula y las paredes internas de los opérculos y su calibre e importancia funcional está en razón inversa al calibre de las venas silvianas superficiales. Sustancia perforada anterior Corresponde a una porción de la pared de la porción esfenoidal de la cisura de Silvio, por donde penetran un gran número de arterias perforantes, ramas de las arterias carótida interna, cerebral anterior, cerebral media y coroidea anterior. Ocupa el techo de la cisterna carotídea y encima de la misma, en el seno del parénquima cerebral, se localizan los ganglios de la base. La sustancia perforada anterior tiene una forma romboidal limitada por delante por los haces de la estría olfatoria que forman el tracto olfatorio, por detrás por el lóbulo temporal, lateralmente llega hasta el limen de la ínsula y el tracto óptico y medialmente hasta la cisura interhemisférica. En prácticamente todos los casos hay ramas arteriales procedentes del segmento coroideo de la arteria carótida interna, cerca de la bifurcación, y de la propia arteria coroidea anterior, que entran, sobre todo, en la parte medial de la sustancia perforada anterior. Las ramas de la arteria cerebral media se conocen como arterias lenticuloestriadas y ya han sido descritas. Las lenticuloestriadas llegan a la parte lateral e intermedia de la sustancia perforada anterior, aunque en la mitad de los casos también lo hacen a la parte más medial. Finalmente, llegan a la sustancia perforada anterior numerosas ramas perforantes procedentes de la arteria cerebral anterior. La rama más importante es la arteria recurrente de Heubner, que se origina, habitualmente, en la porción más distal del segmento A1 o más proximal del segmento A2 de la arteria cerebral anterior, es decir, alrededor de la salida de la arteria comunicante anterior. La arteria recurrente de Heubner es la arteria más constante, larga y de mayor calibre que entra en la sustancia perforada anterior. Esta arteria tiene un largo recorrido recurrente en cuyo camino cruza 108 https://booksmedicos.org múltiples ramos perforantes de diferente origen y se distribuye a lo largo de la sustancia perforada en toda su extensión, desde la cisura interhemisférica hasta el limen de la ínsula. Aunque haynumerosas ramas perforantes de diferente origen que convergen en la sustancia perforada anterior, lo cierto es que existe muy poca circulación vicariante entre las diferentes ramas, por lo que debe hacerse un gran esfuerzo en preservar todas y cada una de ellas durante la cirugía. Las ramas perforantes irrigan amplias zonas de los ganglios de la base, tálamo y cápsula interna. Fascículo uncinado El fascículo uncinado (fig. 3.3) es un grupo compacto de fibras que conecta los lóbulos frontal y temporal, corriendo por el limen de la ínsula, es decir, marcando el límite entre los segmentos esfenoidal y operculoinsular de la cisura de Silvio. Las fibras del fascículo uncinado se agrupan en dos partes, la más basal conecta los giros de la superficie orbitaria del lóbulo frontal con el giro parahipocampal y otras estructuras mesiales del lóbulo temporal, mientras que la parte más dorsal une los giros de la porción superolateral del lóbulo frontal con los giros laterales del lóbulo temporal, en especial cerca del polo temporal. En la disección de las fibras blancas, el fascículo uncinado se expone extirpando la corteza gris del limen de la ínsula y se sigue luego en dirección frontal y temporal. 109 https://booksmedicos.org FIGURA 3.3 Fascículo uncinado. A) Disección de fibras blancas en el hemisferio izquierdo mostrando el fascículo 110 https://booksmedicos.org uncinado (FU), que conecta el lóbulo temporal con la porción orbitaria del frontal rodeando el limen de la ínsula (LI), y sus relaciones con el fascículo longitudinal inferior (FLI). Son visibles, además, el fascículo longitudinal superior (FLS) rodeando las fibras de la cápsula externa (CE) y la sustancia gris del claustrum (CL). B) Tractografía del fascículo uncinado (FU) y del fascículo longitudinal inferior (LFI) sobre un corte sagital de resonancia nuclear magnética en T1 para referencia anatómica. Cisternas y arterias de la base craneal anterior Abierta la cisura de Silvio, disecada la cisterna silviana y expuesta la arteria cerebral media y sus ramas, el abordaje pterional se continúa a través de las cisternas anteriores de la base o cisternas parasellares. La cisterna carotídea (fig. 3.4) envuelve a la arteria carótida interna intradural y sus ramas. Comienza 1-2 mm después del paso de la arteria carótida interna a través del anillo dural distal y termina poco después de la bifurcación, de forma que el origen de las arterias cerebral anterior y media se encuentran en su seno. La cisterna contiene el origen y parte del trayecto de las arterias oftálmica, comunicante posterior y coroidea anterior, así como de las pequeñas ramas destinadas al tracto óptico, tallo hipofisario (arterias hipofisaria superior e infundibular) y a la duramadre de la clinoides anterior, junto a un número variable de venas. La cisterna carotídea está relacionada medialmente con la cisterna quiasmática; por arriba, con la cisterna olfatoria y a su través con el bulbo olfatorio y la superficie orbitaria del lóbulo frontal; por fuera, con la cisterna silviana, la cisura de Silvio y el uncus del lóbulo temporal, y, finalmente, por debajo, se relaciona lateralmente con las cisternas crural e interpeduncular, y más medialmente con la apófisis clinoides anterior. En su trayecto, las ramas de la arteria carótida interna salen de la cisterna carotídea para entrar en las cisternas vecinas: la arteria oftálmica en la cisterna quiasmática; la comunicante posterior en la cisterna interpeduncular para llegar al segmento P1 de la arteria cerebral posterior; la coroidea anterior en la cisterna crural; la cerebral media en la cisterna silviana, y, finalmente, la cerebral anterior, tras un corto trayecto libre, en la cisterna de la lamina terminalis. La estructura y densidad de las paredes de la cisterna carotídea es muy variable, aunque hay zonas donde constantemente está más reforzada: punto donde las arterias comunicante posterior y coroidea salen de la cisterna y donde pueden atrapar el nervio oculomotor común o el uncus; cerca de la clinoides anterior, y, finalmente, en la frontera con la cisterna interpeduncular, donde pueden formar una capa única o doble muy densa denominada membrana de Liliequist. 111 https://booksmedicos.org 112 https://booksmedicos.org FIGURA 3.4 Anatomía de las cisternas y polígono de Willis. A) Suelo de la fosa anterior y media. Visión del suelo de la anterior (FA) y de la fosa media (FM) cubiertas de duramadre. La apófisis clinoides anterior (ACA) es la continuación del ala menor del esfenoides (ame) y se sigue por pliegue petroclinoideo anterior (pca). Por debajo sale la arteria carótida interna (ACI) a través del anillo dural. El ligamento falciforme (LF) se encuentra en la entrada del nervio óptico (IIp) en el canal óptico. El nervio motor ocular común (IIIp) entra en el triángulo oculomotor. La cara lateral del seno cavernoso está recubierta de duramadre (SC). B) Región optocarotídea izquierda. El nervio óptico (IIp) se continúa formando la cintilla óptica y se relaciona íntimamente con la arteria carótida interna (ACI). Entre ambos elementos está el espacio optocarotídeo que permite el acceso a la cisterna carotídea y región subquiasmática. El nervio oculomotor (IIIp) entra en el seno cavernoso atravesando su techo en el centro del triángulo oculomotor. Los dos nervios ópticos se funden en el quiasma y por debajo del derecho se aprecia la carótida interna derecha. C) Bifurcación de la arteria carótida interna izquierda. La arteria carótida interna (ACI) se bifurca en la arteria cerebral anterior (ACA) que cruza por encima de la cintilla óptica (IIp). Se ha señalado la salida de la arteria comunicante posterior (*), que se dirige medialmente, el nervio motor ocular común (IIIp) y el pliegue petroclinoideo anterior (PTA). En el fondo del espacio optocarotídeo se aprecia la membrana de Liliequist (ML). El nivel superior, por encima del quiasma óptico, corresponde a la cisterna de la lamina terminalis (v. fig. 2.5D y E). Los límites de la cisterna de la lamina terminalis son los siguientes: su cara inferoanterior está constituida por el quiasma óptico, donde la cisterna se continúa con la cisterna quiasmática; por arriba se encuentra el rostrum del cuerpo calloso, donde se continúa con la cisterna del cuerpo calloso; por detrás contacta con la lamina terminalis del tercer ventrículo, y, a ambos lados, confluye con las cisternas carotídea, olfatoria y crural, donde existe en su pared un túnel que da entrada a la arteria cerebral anterior. El contenido de la cisterna está constituido por el complejo de la arteria comunicante anterior. El espacio existente por debajo del quiasma se divide en dos partes por la membrana de Liliequist, que no es más que una capa aracnoidea muy desarrollada que separa la cisterna quiasmática de la cisterna interpeduncular. Por detrás de la membrana de Liliequist se encuentra la prolongación anterior de la cisterna interpeduncular, cuya cara posterior la forman los pedúnculos cerebrales; lateralmente se limita por un uncus por encima del nervio motor ocular común; el techo lo forma el suelo del diencéfalo y mesencéfalo; la pared anterior está formada por la membrana de Liliequist. La cisterna contiene el tercio superior de la arteria basilar con las dos arterias cerebrales superiores y arterias cerebelosas superiores y se comunica con las cisternas silviana y carotídea. Por delante de la membrana de Liliequist se encuentra la cisterna quiasmática (v. fig. 3.4B), que rodea ambos nervios ópticos y quiasma y contiene, además, el tallo hipofisario. Menos importante es la cisterna olfatoria. El bulbo y cintilla olfatorias están envueltos por aracnoides, de forma que es posible separarlos de la base del lóbulo frontal sin que resulten lesionados. Aquí se encuentra la cisterna olfatoria, sobre el tracto olfatorio y entre el giro recto medialmente y los giros orbitarios lateralmente que contiene, además del tracto y bulbo olfatorios, parte del trayecto de la arteria frontoorbitaria, rama de la arteria113 https://booksmedicos.org cerebral anterior. La cisterna crural se explora a través del abordaje pterional, y forma parte de las cisternas anteriores laterales o parapedunculares, junto a la porción anterior de la cisterna ambiens. Ocupa una posición entre el giro parahipocampal del lóbulo temporal lateralmente y el pedúnculo cerebral medialmente. La arteria coroidea anterior ocupa la cisterna crural junto a la vena basal de Rosenthal. Se relaciona con la cisterna carotídea por delante, mientras que más profunda se encuentra la cisterna interpeduncular y por fuera de ella el nervio motor ocular común, también envuelto por una vaina aracnoidea propia. Las cisternas de esta región anatómica están ocupadas por los elementos vasculares que conforman el polígono de Willis. La arteria carótida interna, en su segmento C4 o supraclinoideo (v. fig. 3.4C), comienza cuando sale al espacio subdural emergiendo del seno cavernoso a través del anillo dural o distal y termina en la bifurcación. Tiene un trayecto posterior, ascendente y discretamente lateral en dirección a la sustancia perforada anterior, cerca de donde se bifurca en la arteria cerebral media y cerebral anterior. En su trayecto, la arteria carótida interna emite las arterias oftálmica, comunicante posterior, coroidea anterior y un número variable de arterias menores perforantes. La arteria oftálmica es la primera rama del segmento C4 de la carótida interna y suele emerger de la superficie superointerna de la misma, debajo del nervio óptico, justo inmediatamente después de la salida de la carótida del seno cavernoso, razón por la que la arteria no es visible en el abordaje pterional si no se moviliza el nervio óptico (v. fig. 3.6E y F). En el 20% de los casos, la arteria emerge del tercio superior de la superficie de la carótida y ocasionalmente lo hace del segmento C3 cavernoso de la arteria carótida interna. Cuando tiene su origen intracraneal, la arteria oftálmica se dirige inmediatamente hacia el canal óptico acompañando medialmente el nervio óptico, en un corto trayecto de apenas 3 mm de media. La siguiente rama de la arteria carótida interna es la arteria comunicante posterior, que emerge en su superficie posteromedial unos 2-8 mm desde su origen y se dirige hacia atrás y medialmente por encima y medial al nervio motor ocular común para alcanzar la arteria cerebral posterior. El origen de la arteria comunicante posterior en la arteria carótida interna es en un 10% de los casos una dilatación redondeada, triangular o cónica denominada «implantación infundibular», que a veces plantea problemas conceptuales entre una simple variación anatómica o una auténtica lesión preaneurismática. El calibre de la arteria comunicante posterior es muy variable. Cuando su calibre es igual o mayor al del segmento P1 de la arteria cerebral posterior homolateral con la que se anastomosa, recibe el nombre de arteria de «tipo fetal», lo que ocurre en alrededor del 20% de los casos. En condiciones normales, la arteria es de «tipo adulto», en cuyo caso el calibre es inferior al del segmento P1 de la arteria cerebral posterior homolateral. La arteria comunicante posterior emite un número variable de perforantes que llegan a los tractos ópticos, tuber cinereum, cuerpos mamilares y subtálamo e hipotálamo. La de mayor calibre 114 https://booksmedicos.org se conoce como arteria premamilar. Más distalmente, sobre la arteria carótida emerge la arteria coroidea anterior (v. fig. 4.5C), a una media de 2,4 mm de la comunicante posterior y 4,7 mm de la bifurcación. La arteria puede originarse en un tronco único o, más frecuentemente, en dos o tres pequeños troncos. La arteria se dirige hacia el punto coroideo inferior de la cisura coroidea donde entra en el asta temporal del ventrículo lateral para continuar con los plexos coroideos (segmento plexular). En su trayecto inicial a través de la cisterna crural ocupa una posición posteromedial respecto al tracto óptico y corre entre la cara mesial del lóbulo temporal y la cara lateral del pedúnculo cerebral (segmento cisternal), dando pequeñas ramas perforantes hacia el tracto óptico, uncus del temporal, pedúnculo cerebral y tálamo. Finalmente, la arteria carótida interna emite algunas ramas perforantes en su trayecto hacia las estructuras vecinas y la sustancia perforada anterior. Las más importantes son las arterias hipofisaria superior e infundibular, que se originan del segmento oftálmico de la carótida y se dirigen medialmente por debajo del quiasma óptico hacia el tuber cinereum y se anastomosan con las contralaterales alrededor del tallo hipofisario formando el plexo circum- infundibular, que da ramas ascendentes hacia el tuber cinereum, eminencia media y quiasma óptico y ramas descendentes que penetran en el infundíbulo hipofisario y forman los sinusoides del tallo hipofisario. Otra rama bastante constante se dirige a irrigar la duramadre que recubre la apófisis clinoides anterior. La arteria cerebral anterior (v. fig. 2.5D y F) emerge de la arteria carótida interna en la bifurcación. Se dirige anteromedialmente y en sentido ascendente en dirección a la cisura interhemisférica, donde se anastomosa con la contralateral mediante la arteria comunicante anterior. El segmento comprendido entre su origen y la salida de la arteria comunicante anterior se conoce como segmento A1 o precomunicante, seguido más allá por la llamada arteria cerebral anterior distal, descrita en el capítulo 5 (Abordaje interhemisférico), con sus segmentos A2 infracalloso, A3 precalloso, A4 supracalloso y A5 posterocalloso. El segmento A1 entra enseguida en la cisterna de la lamina terminalis y corre por encima del nervio o quiasma óptico y debajo de la sustancia perforada anterior y la estría olfatoria medial. El segmento A1 de la arteria cerebral anterior tiene una gran variabilidad en diámetro y longitud. El calibre medio es de 2,6 mm (rango 0,9-4), aunque en 10% de los casos hay una A1 hipoplásica (>1,5 mm) sin que se encuentren auténticas agenesias. En algunos casos hay una duplicación unilateral. La longitud media es de 12,7 mm (rango 7,2-18). Las arterias más largas corren por encima del nervio óptico y suelen tener tortuosidades o angulaciones, mientras que las más cortas lo hacen más posteriormente, por encima del quiasma. En la arteria comunicante anterior es también muy variable el número, calibre y longitud. Su diámetro medio es de 1,5 mm (rango 0,2-3,4). También en el 10% de los casos la arteria comunicante anterior es hipoplásica (<1 mm), sin ningún caso de agenesia. La comunicante es sencilla en el 60% de los casos, doble en el 30% y triple en el 10% restante. Hay una relación 115 https://booksmedicos.org directa entre la diferencia de diámetro entre los segmentos A1 y A2 y el diámetro de la propia comunicante anterior: a mayor diferencia de calibre entre ambas A1 hay mayor calibre de la comunicante anterior, lo que sería lógico dado que se precisaría mayor circulación colateral a través de la misma para suplir adecuadamente la A2 del lado de la A1 de menor calibre. La arteria comunicante anterior no se dispone habitualmente en un plano transversal tal y como se encuentra en las descripciones anatómicas. Así, la comunicante anterior puede estar dispuesta en un plano oblicuo, o incluso anteroposterior si una arteria cerebral anterior pasa por delante de la otra por la cisura interhemisférica. En realidad, ambas cerebrales anteriores circulan paralelas por la cisura interhemisférica en solo el 18% de los casos, estando en este caso la comunicante anterior en el plano transversal anatómico. En el 48% de los casos la cerebral anterior izquierda circula anterior a la derecha y en el 34% restante la derecha es anterior a la izquierda. En todos estos casos la comunicante anterior adopta un trayecto oblicuo entre ambas arterias cerebrales anteriores. La falta de igualdad en el calibre de ambos segmentos A1 de la arteria cerebral anterior es muy destacado por Gazi Yasargil quien aporta datos anatómicos, angiográficos y quirúrgicosque demuestran que la norma es la asimetría entre ambas A1, con mayor incidencia de dominancia en la A1 izquierda, y que esta incidencia es mucho mayor en los casos quirúrgicos. En su trayecto, la cerebral anterior emite un gran número de arterias perforantes tanto en el segmento A1 como en el A2. La más importante de todas ellas es la arteria recurrente de Heubner, que emerge habitualmente de la porción distal de A1 o proximal de A2 en forma de un tronco único o múltiple y que se dirige retrógradamente siguiendo el segmento A1 hasta la sustancia perforada anterior. La arteria comunicante anterior tiene también perforantes que irrigan el quiasma óptico, pero también del hipotálamo. La primera rama cortical de entidad del segmento A2 es la arteria frontoorbitaria, que nace inmediatamente después de la comunicante anterior y se distribuye por el giro recto, cara medial del lóbulo frontal y tracto olfatorio. La segunda rama cortical es la arteria frontopolar, que irriga parte de la superficie orbitaria e interhemisférica del lóbulo frontal. Seno cavernoso El seno cavernoso es, en esencia, un conjunto de canales venosos dispuestos dentro de un espacio cerrado, a modo de caja, con forma de casco de barco y formado por paredes durales y que contiene además la porción intracavernosa de la arteria carótida interna. La cara lateral del seno cavernoso se relaciona con el lóbulo temporal en la fosa media, la cara superior con las cisternas de la base, la cara medial con la silla turca, hipófisis y cuerpo del esfenoides y, finalmente, el borde inferior se corresponde con el canal carotídeo por donde se aplica la porción horizontal de la arteria carótida intracavernosa. El abordaje quirúrgico al seno cavernoso se puede hacer por su cara superior, a través de un abordaje pterional transilviano, o 116 https://booksmedicos.org por su cara lateral, a través de un abordaje de la fosa media, razón por la que describiremos ahora la anatomía de la cara superior del seno cavernoso, mientras que la anatomía de la cara lateral se describirá en el capítulo de abordaje a la fosa media. Techo del seno cavernoso La cara superior o techo del seno cavernoso está recubierta por duramadre y tiene dos niveles: un nivel posterior más bajo que corresponde al llamado triángulo oculomotor y un nivel anterior más alto que corresponde a la apófisis clinoides anterior (figs. 3.5A y 3.6C). El triángulo oculomotor (v. figs. 3.6C y 3.9E) tiene como vértices el extremo de las apófisis clinoides anterior, clinoides posterior del dorsum sellae y punta de la pirámide petrosa y como lados los pliegues durales que se extienden entre estos elementos óseos (pliegue petroclinoideo anterior; pliegue petroclinoideo posterior; pliegue interclinoideo). El nervio motor ocular común (III par) entra en el seno cavernoso por el centro del triángulo oculomotor, unos 5 mm por detrás de la salida de la arteria carótida interna del seno cavernoso y corre por debajo de la apófisis clinoides anterior para buscar la hendidura esfenoidal o fisura orbitaria superior. Por debajo de la duramadre del triángulo oculomotor encontramos los lagos venosos que forman el seno cavernoso. La parte más anterior del techo ocupa un nivel más alto, ya que aquí se encuentra la apófisis clinoides anterior, que no es más que la prolongación final del ala menor del esfenoides, más allá de la fisura orbitaria superior. La clinoides anterior (v. fig. 3.6A y B) tiene tres anclajes o raíces: el ala del esfenoides, en su porción lateral; el techo del canal óptico, en su porción medial, y, finalmente, el llamado pilar óptico (optic strut), que es una robusta columna de hueso que une la apófisis clinoides anterior al cuerpo del esfenoides entre el canal óptico, por donde transita el nervio óptico, y el canal carotídeo, que labra la arteria carótida interna en la cara lateral del cuerpo del esfenoides. La apófisis clinoides anterior está envuelta por duramadre, que se continúa con la duramadre de la fosa anterior, parte inferior y techo del canal óptico donde forma el ligamento falciforme, diafragma sellar, ala menor del esfenoides, pliegues petroclinoideo anterior e interclinoideo, así como con la duramadre del triángulo oculomotor (v. figs. 3.5A y 3.6C). La arteria carótida interna sale del seno cavernoso medial a la apófisis clinoides anterior, donde la arteria perfora la duramadre y está rodeada de un engrosamiento de la misma que se conoce como anillo distal o dural (v. figs. 3.5B y 3.6D). La duramadre de la cara inferior de la clinoides anterior, que forma parte del anillo dural, se extiende medialmente para llegar al pilar óptico donde se continúa con la cubierta perióstica del hueso esfenoidal. Esta capa de duramadre es posible individualizarla cuando se retira la apófisis clinoides anterior, quedando entonces como una delgada membrana transparente (membrana carotidooculomotora) que separa la clinoides del nervio motor ocular común y rodea a la arteria carótida interna formando un manguito (anillo proximal) que, a diferencia del anillo distal, no se adhiere a la adventicia de la carótida 117 https://booksmedicos.org interna, sino que la rodea en sentido distal hasta el anillo distal donde se fusionan (v. figs. 3.5B y 3.6E-F). Este espacio que existe alrededor de la carótida y por dentro del manguito descrito puede estar ocupado por lagos venosos del seno cavernoso. El anillo distal está íntimamente adherido a la pared de la arteria carótida y marca el límite entre el segmento intradural (segmento C4) y el segmento extradural. Así pues, al contrario que el anillo distal, el anillo inferior es laxo y forma un manguito alrededor de la arteria carótida hasta el anillo distal, con el que se fusiona, permitiendo que lagos venosos del seno cavernoso acompañen distalmente a la arteria carótida en este espacio virtual presente alrededor de la arteria. El segmento de carótida comprendido entre el anillo proximal y el distal se conoce como segmento clinoideo y es una porción extradural y, si se mantiene íntegra la membrana carotidooculomotora, es también extracavernosa. Este segmento clinoideo de la arteria carótida interna (v. figs. 3.5B, 3.6D-F) solo puede ser expuesto tras la clinoidectomía anterior, con lo que se muestra el llamado triángulo clinoideo, que se extiende entre el nervio óptico y el nervio motor ocular común recubierto por la membrana carotidooculomotora. En su vértice anterior se encuentra el pilar óptico y en el centro el segmento clinoideo de la carótida interna. Este triángulo clinoideo se encuentra en el mismo nivel y por delante del triángulo oculomotor. FIGURA 3.5 Segmento clinoideo de la arteria carótida interna. A) Imagen superior de la región clinoidea derecha cubierta de duramadre. Se aprecia la salida del nervio óptico (IIP) cubierto por el ligamento falciforme (LF) y cómo penetra en el canal óptico (CO). El ala menor del esfenoides (ame) se continúa con la apófisis clinoides anterior (ACA). El nervio motor ocular común (IIIp) penetra en el techo del seno cavernoso en el centro de triángulo oculomotor. La arteria carótida interna intradural (ACIi) emerge por debajo del nervio óptico. B) Para exponer el segmento clinoideo de la carótida interna (ACIcl) hay que resecar el ligamento falciforme y fresar el techo del canal óptico, movilizando el nervio óptico (IIp), con lo que se visualiza la arteria oftálmica (OFT). Hay que fresar el 118 https://booksmedicos.org origen de la clinoides en el ala menor del esfenoides (ame). Finalmente, hay que fresar el pilar óptico (OS), con lo que se retira la apófisis clinoides anterior. La duramadre que rodea a la carótida es el anillo distal (Ad) y el segmento clinoideo se extiende hasta el anillo proximal (Ap), que se corresponde con la membrana carotidooculomotora que va desde la arteria carótida hasta el nervio motor ocular común (IIIp). Si se retira dicha membrana se entra en el seno cavernoso (SC), donde corre el segmento cavernoso de la carótida interna (ACIc) (IVp: nervio troclear; V1: ramo oftálmico delnervio trigémino). FIGURA 3.6 Seno cavernoso. Clinoidectomía anterior intradural y abordaje superior. A) Clinoides anterior en cráneo seco. La apófisis clinoides anterior (ACA) es la porción más medial del ala menor del esfenoides (ame) y se ancla también en el canal óptico (CO) y en el pilar óptico (*) (ACP: apófisis clinoides posterior; AP: ápex petroso; CL: clivus; TS: tuberculum sellae; ST: silla turca). B) Visión intraorbitaria frontal de la órbita izquierda para reconocer los anclajes de la apófisis clinoides anterior. Los tres pilares de la apófisis clinoides anterior (ACA) son el canal óptico (CO, el pilar óptico) (*) y el ala menor del esfenoides (ame) (AEA: agujero etmoidal anterior; AEP: agujero etmoidal posterior; FOI: fisura orbitaria inferior; FOS: fisura orbitaria superior). C) Techo del seno cavernoso: visión de la región paraclinoidea derecha. El techo del seno cavernoso tiene un nivel posterior más bajo o triángulo oculomotor (*) y un nivel anterior más alto que corresponde a la apófisis clinoides anterior (ACA). El triángulo oculomotor tiene como vértices la apófisis clinoides anterior (ACA), clinoides posterior (ACP) y 119 https://booksmedicos.org punta de la pirámide petrosa, y como lados, los pliegues durales petroclinoideo anterior (pca), posterior (pcp) e interclinoideo (pic). El nervio motor ocular común (IIIp) entra en el seno cavernoso por el centro del triángulo oculomotor (*). La duramadre recubre la apófisis clinoides anterior y se continúa con el techo del canal óptico donde forma el ligamento falciforme (LF), diafragma sellar (DS), ala menor del esfenoides (ame), pliegues petroclinoideo anterior e interclinoideo, así como con la duramadre del triángulo oculomotor. La arteria carótida interna (ACIi) sale del seno cavernoso medial a la apófisis clinoides anterior (ACA) y por debajo del nervio óptico (IIp) (IVp: nervio troclear; V1: ramo oftálmico del trigémino; V2: ramo mandibular del trigémino; BA: arteria basilar; HIP: hipófisis; TH: tallo hipofisario). D) Techo del seno cavernoso: segmento clinoideo de la arteria carótida interna derecha expuesto tras movilizar la apófisis clinoides anterior. Se ha movilizado con un disector la apófisis clinoides anterior (ACA) tras fresar sus anclajes del techo del canal óptico, del ala menor del esfenoides (ame) y del pilar óptico. El nervio motor ocular común (IIIp) entra en el seno cavernoso por el centro del triángulo oculomotor y corre convergiendo con el nervio troclear (IVp) y oftálmico (V1) para buscar la fisura orbitaria superior. La arteria carótida interna, en su segmento clinoideo (ACIcl), se hace intradural (ACIi) o segmento C4 tras atravesar el anillo proximal (*). La membrana carotidooculomotora (MCO) se extiende desde la clinoides del nervio motor ocular común y rodea a la arteria carótida interna formando el anillo proximal, y a través de la misma se aprecian los lagos venosos del seno cavernoso (IIp: nervio óptico; V2: ramo mandibular del trigémino; ACP: apófisis clinoides posterior). E) Techo del seno cavernoso: segmento clinoideo de la arteria carótida interna derecha expuesto tras retirar la apófisis clinoides anterior. Se ha movilizado con un disector el nervio óptico (IIP), con lo que es posible visualizar la salida de la arteria oftálmica (OFT). Ahora es posible ver toda la membrana carotidooculomotora (MCO), que trasparenta los lagos venosos del seno cavernoso. También se visualiza ahora el pilar óptico (OS), entre la carótida y el nervio óptico. La membrana carotidooculomotora (MCO) se extiende desde la clinoides del nervio motor ocular común y rodea a la arteria carótida interna formando el anillo proximal, y a través de la misma se aprecian los lagos venosos del seno cavernoso (*: anillo proximal; IIIp: nervio motor ocular común; IVp: nervio troclear; V1: ramo oftálmico del nervio trigémino; V2: ramo mandibular del trigémino; ACIcl: segmento clinoideo de la arteria carótida interna; ACIi: arteria carótida interna intradural; ACP: apófisis clinoides; ame: posterior ala menor del esfenoides). F) Techo del seno cavernoso: exposición del nervio motor ocular común y del (carotid cave). Tras retirar toda la duramadre medial a la pared lateral del seno cavernoso queda expuesto el tercer par (IIIp) en su segmento cisternal y, a partir de su paso por el triángulo oculomotor, en su segmento cavernoso. El nervio troclear (IVp) corre por la pared lateral del seno. Se ha retirado todo el anillo proximal, por lo que ahora se puede movilizar con un disector la arteria carótida para exponer el espacio virtual del (carotid cave) (>). También se ha retirado toda la membrana carotidooculomotora, por lo que se ven los lagos del seno cavernoso (SC) (IIp: nervio óptico; IVp: nervio troclear; V1: ramo oftálmico del nervio trigémino; V2: ramo mandibular del trigémino; ACIcl: segmento clinoideo de la arteria carótida interna; ACIi: arteria carótida interna intradural; ACP: apófisis clinoides; ame: posterior ala menor del esfenoides; OFT: arteria oftálmica). G) Techo del seno cavernoso: exposición tras la resección de toda la duramadre. Se aprecia el nervio troclear (IVp) corriendo por la cara interna de la pared externa del seno cavernoso (<). Medialmente corre en nervio oculomotor (IIIp), que ha penetrado por el triángulo oculomotor y se ha hecho intracavernoso (*). Más medialmente se aprecia el segmento horizontal de la arteria carótida interna (ACI), con el nervio motor ocular externo que ha entrado en el seno por el canal de Dorello (VIp), corriendo por su cara externa (+). Se aprecia la glándula hipofisaria (HI) y su tallo (TH), relacionada con la carótida tras remover la duramadre medial del seno cavernoso. Los elementos óseos mediales son el yugum esfenoidal (YE) y tuberculum sellae (TS) por delante de la silla turca y el dorsum sellae (DS) con la apófisis clinoides posterior (ACP) y el clivus CL) por detrás (Vp: nervio trigémino). 120 https://booksmedicos.org Arteria carótida interna intracavernosa (segmento C3) Dentro del seno cavernoso se encuentra la arteria carótida interna intracavernosa (v. fig. 3.5B). La arteria carótida interna se divide en cuatro partes. La porción cervical (segmento C1) se extiende desde la bifurcación de la arteria carótida primitiva hasta la entrada del canal carotídeo de la base del cráneo y se sigue por la porción petrosa (segmento C2) hasta la entrada en el seno cavernoso. La arteria carótida intracavernosa (segmento C3) se extiende desde su salida del agujero rasgado anterior, por donde pasa por debajo del ligamento petrolingual, hasta la porción medial de la apófisis clinoides anterior, por donde atraviesa el techo del seno cavernoso para hacerse intradural o supraclinoidea, tras atravesar el anillo carotídeo dural o distal (segmento C4). Como hemos descrito, entre los anillos proximal y distal se encuentra el llamado segmento clinoideo de la arteria carótida interna intracavernosa. Esta tiene un trayecto sinuoso, con un segmento inicial posterior vertical o ascendente; un segmento horizontal, y, finalmente, un segundo segmento ascendente vertical anterior. Entre el primer segmento vertical y el horizontal hay una primera curva o rodilla posterior y entre el segmento horizontal y el segundo vertical hay una segunda curva o rodilla anterior. En su trayecto intracavernoso, la arteria carótida interna se aplica en el llamado canal carotídeo del cuerpo del hueso esfenoides y se encuentra fija tanto en su entrada por el ligamento petrolingual como en su salida por el anillo dural o distal. La arteria carótida interna tiene varias ramas en su trayecto intracavernoso. El tronco meningohipofisario es la rama de mayor calibre y se encuentra en todos los casos, originándose en el ápex de la primera curva de la arteria carótida intracavernosa. El tronco se dirige hacia atrás y corre por debajo de la entrada en el seno de los nervios troclear y motor ocular común, y se divide en tres ramas: arteria tentorial o arteria de Bernasconi-Cassinari, que llega al tentorio;arteria hipofisaria inferior, que se dirige medialmente hacia la hipófisis, y, finalmente, arteria meníngea dorsal, que irriga la duramadre del clivus y el nervio motor ocular externo. En casi todos los casos se encuentran la arteria inferior del seno cavernoso; en un tercio de los casos la arteria capsular de McConnell, y, finalmente, en cerca del 10% de los casos, la arteria oftálmica se origina en el segmento intracavernoso de la arteria carótida interna. Nervios de seno cavernoso La mayor parte de los pares craneales relacionados con el seno cavernoso corren por su cara lateral, por lo que serán descritos con detalle en el capítulo dedicado al abordaje a la fosa media. Los nervios de la cara lateral del seno cavernoso son, de arriba abajo, el nervio motor ocular común (III par), nervio troclear (IV par), nervio oftálmico primera rama del trigémino (V1) y nervio motor ocular externo (VI par) (v. figs. 3.5B y 3.6G). El nervio motor ocular externo es el único que corre por dentro del seno cavernoso, entre la carótida 121 https://booksmedicos.org interna y la cara lateral del seno, entrando desde la fosa posterior a través del canal de Dorello y camina hacia la fisura orbitaria superior. Hay fibras simpáticas agrupadas en pequeños fascículos nerviosos que se reconocen alrededor de la arteria carótida, en cuanto deja en agujero rasgado anterior, desde donde se distribuyen acompañando al nervio motor ocular común para pasar al nervio oftálmico o llegan a la órbita directamente hasta el ganglio ciliar o hasta el globo ocular viajando con la arteria oftálmica. Relaciones venosas El seno cavernoso está lleno de espacios y canales venosos que se agrupan en espacios clasificados por su relación con la arteria carótida interna. El espacio medial se encuentra entre la carótida interna y la hipófisis, y su tamaño es variable, ya que la carótida interna puede ser tortuosa y llegar a deformar la hipófisis. El espacio inferolateral se localiza debajo de la primera curva y por el mismo transita el nervio motor ocular externo en su trayecto intracavernoso. El espacio superolateral se encuentra por encima y detrás de la carótida interna, puede estar también ocupado por una arteria carótida elongada, y en el mismo se encuentra el tronco meningohipofisario. Finalmente, el espacio lateral, situado por fuera de la arteria carótida, donde se encuentra el nervio motor ocular externo. Este espacio es tan estrecho que es frecuente que la cara interna del nervio contacte con la carótida y la cara externa con la pared lateral del seno. Los espacios venosos se conectan con diferentes estructuras intra y extracraneales: con la órbita a través de las venas oftálmicas superior e inferior; con la retina con la vena central de la retina; con los hemisferios cerebrales a través de las venas cerebrales media e inferior; con la duramadre por venas meníngeas; por medio del seno petroso superior con el seno transverso y por medio del seno petroso inferior con el golfo de la yugular; con el plexo venoso pterigoideo a través de diversa venas emisarias, y con las venas faciales a través de las venas oftálmicas. Finalmente, existe un plexo venoso que se encuentra en la cara posterior del dorsum sellae y parte superior del clivus, el plexo basilar, que es la mayor conexión intercavernosa. Otras conexiones venosas intercavernosas se hacen a través de la silla turca, por delante, detrás o debajo de la hipófisis, y por encima o debajo del diafragma sellar. Región sellar, parasellar, quiasmática e incisural anterior La silla turca es una excavación de la cara superior del cuerpo del esfenoides que aloja a la glándula hipofisaria y está enmarcada por una pared anterior vertical que empieza en el tuberculum sellae, el suelo que se corresponde habitualmente con la cara superior del seno esfenoidal, y una pared posterior o dorsum sellae que se continúa con el clivus y cuyos ángulos libres se conocen como apófisis clinoides posteriores (v. fig. 3.6G). En el cráneo seco la silla 122 https://booksmedicos.org turca está abierta por arriba y a ambos lados, pero en realidad la duramadre tapiza toda la silla turca y cierra su cara superior y laterales. Su techo lo forma el diafragma sellar o tienda de la hipófisis, que cubre toda la glándula, excepto un pequeño orificio por el que transita el tallo hipofisario. El orificio del diafragma sellar es de tamaño variable, con una media de 5 mm de diámetro. Cuando el orificio es grande o entra una prolongación aracnoidea, lo que ocurre, en la mitad de los casos, es una situación que favorece el desarrollo de la llamada silla turca vacía con un potencial riesgo de fístula de líquido cefalorraquídeo. Por los lados hay un tabique de duramadre que cierra lateralmente la silla turca y la separa del seno cavernoso. Esta pared es muy irregular en su consistencia e integridad anatómica, lo que explica la facilidad con que los adenomas hipofisarios invaden el seno cavernoso. Aquí la arteria carótida interna intracavernosa se relaciona con la hipófisis. Generalmente, existe una distancia entre ambas estructuras de una media de 2,5 mm, pero en el 25% de los casos la arteria carótida contacta e incluso deforma la cara lateral de la hipófisis. Cuando se mide la menor distancia entre ambas carótidas internas a nivel craneal resulta que en el 14% de los casos esto ocurre a nivel de la silla turca; solo en el 4% a nivel de los senos esfenoidales, y en el 82% restante en el segmento supraclinoideo. Existen comunicaciones venosas muy variable entre ambos senos cavernosos en los bordes del diafragma sellar. El seno intercavernoso anterior cursa por delante de la adenohipófisis y es el más constante y desarrollado; el seno intercavernoso posterior corre por detrás de la neurohipófisis, y, finalmente, puede haber una interconexión entre ambos senos más o menos completa, formando ocasionalmente un seno circular. Por detrás del dorsum sellae existe una conexión intercavernosa amplia y constante, en la parte superior del clivus, denominada seno basilar, que se une también a los senos petroso superior e inferior. La glándula hipofisaria mide entre 12-15 mm en su diámetro transversal, unos 8 mm en el diámetro anteroposterior y alrededor de 6 mm en su diámetro vertical, y está formada por un lóbulo anterior y otro posterior. El lóbulo anterior o adenohipófisis es consistente y de color rojizo y rodea parcialmente al lóbulo posterior o neurohipófisis, más pequeño y gelatinoso. El lóbulo posterior se continúa con el tallo hipofisario a través del orificio del diafragma sellar, aunque es frecuente que una porción de adenohipófisis también lo atraviese, si el orificio es grande, acompañando el tallo (pars infundibularis) y puede llegar hasta la proximidad del tuber cinereum (pars tuberalis). El llamado lóbulo intermedio es una fracción de adenohipófisis que queda adherida al lóbulo posterior hipofisario cuando se separan anatómicamente, y entre esta zona y el resto del lóbulo anterior pueden encontrase pequeños quistes. Esta constitución anatómica es el resultado del desarrollo embrionario del lóbulo anterior a partir de la bolsa de Rathke en el período fetal. La parte anterior de la bolsa prolifera formando el lóbulo anterior, y la parte posterior se desarrolla menos en la especie humana y forma el lóbulo intermedio, que puede extenderse por el orificio del 123 https://booksmedicos.org diafragma, formando las partes infundibular y tuberal; finalmente, la hendidura y los quistes entre ambas porciones son en realidad elementos residuales de la bolsa de Rathke. La irrigación de la silla turca y la glándula hipofisaria procede de la arteria carótida interna a través de ramas del segmento intracavernoso y supraclinoideo intradural. La mayor rama intracavernosa es el tronco meningohipofisario, que se origina del ápex de la primera curva de la arteria y termina en las arterias hipofisaria inferior y capsular de MacConnell. La arteria hipofisaria inferior se dirige medialmente hasta el lóbulo posterior hipofisario y la duramadreque la rodea y se anastomosa con la contralateral. La arteria capsular se dirige hacia la parte anterior de la glándula y duramadre. En el segmento supraclinoideo, la arteria carótida interna da origen a la arteria hipofisaria superior, que se dirige medialmente hacia el infundíbulo y tuber cinereum, donde se anastomosa con la contralateral. La región suprasellar comprende los nervios, quiasma y tractos ópticos y el espacio subyacente por encima del diafragma sellar. Los nervios ópticos emergen de los agujeros ópticos por debajo de los ligamentos falciformes en un trayecto ascendente y convergente hasta el quiasma óptico, desde donde se continúan en un trayecto posterolateral los tractos ópticos para rodear los pedúnculos cerebrales. Las relaciones del quiasma óptico con la silla turca son importantes en el abordaje bifrontal, ya que se utiliza el espacio entre el quiasma y el tuberculum sellae para el acceso a la patología de la región supra e intrasellar. La situación normal del quiasma sucede en el 70% de los casos y entonces el quiasma está a nivel por encima del diafragma sellar y delante del tallo hipofisario. El quiasma «postfijado» es más posterior y queda a la altura del dorsum sellae. Finalmente, el quiasma «prefijado» se localiza por encima del tuberculum sellae. En el caso de un quiasma prefijado, lo que ocurre en el 15% de los casos, o en casos de quiasmas normales con un tuberculum sellae muy desarrollado, el espacio entre el tuberculum sellae y el quiasma no permite el acceso al espacio subquiasmático por el corredor subfrontal si no se realizan maniobras adicionales, por lo que en este caso el abordaje pterional es superior. El espacio existente por debajo del quiasma se divide en dos partes por la membrana de Liliequist. La porción posterior a dicha membrana aracnoidea corresponde a la prolongación anterior de la cisterna interpeduncular, que ocupa la región anterior de la incisura o agujero tentorial, y la porción anterior a la cisterna quiasmática, ambas descritas más arriba. El nivel superior, por encima del quiasma óptico, corresponde a la cisterna de la lamina terminalis y su contenido formado por el complejo de la arteria comunicante anterior. La lamina terminalis del tercer ventrículo es una fina hoja de sustancia gris cubierta por una capa de piamadre que se adhiere a la cara superior del quiasma, con el que forma un ángulo agudo, dejando por debajo el receso quiasmático del tercer ventrículo, que por arriba se extiende en sentido posterosuperior de uno a otro tracto óptico hasta el rostrum del cuerpo calloso y la comisura anterior. La lamina terminalis tiene un diámetro 124 https://booksmedicos.org anteroposterior de unos 8-10 mm y lateral de unos 13 mm. La lamina terminalis ocupa un plano posterior al complejo de la arteria comunicante anterior, de la que está separada una distancia variable con una media de 3,5 mm, en relación con la variabilidad arterial. El núcleo supraóptico del hipotálamo y las columnas del fórnix asientan en la cara anterior del hipotálamo, justo por detrás del quiasma y en el borde lateral de la lamina terminalis. Suelo de la fosa anterior y media La fosa craneal anterior se extiende por delante de las alas menores del esfenoides y está formada por parte de los huesos frontal, etmoides y esfenoides. La línea media de la fosa anterior, que cubre los senos etmoidales y esfenoidales, la forman la apófisis crista galli, la lámina cribosa y el planum o yugum esfenoidal que se continúa con la silla turca. La apófisis crista galli es una prominencia ósea media de la lámina perpendicular del etmoides que sobresale por encima de la línea media de la fosa anterior en el centro de la lamina cribosa. Presta inserción a la porción más anterior de la hoz del cerebro y por delante se relaciona con el agujero ciego que marca el límite entre los huesos frontal y etmoidal, donde también se inserta la hoz del cerebro y permite la salida de una vena emisaria de drenaje. A ambos lados de la crista galli se encuentra la lamina cribosa, que corresponde a la lámina horizontal del etmoides que se encuentra perforada con un gran número de agujeros olfatorios, entre 20 y 30, que dan paso a las divisiones o filetes del nervio olfatorio. Por detrás hay una superficie plana del cuerpo del esfenoides que llega hasta una cresta o tuberculum sellae que da paso a la excavación ósea de la fosa pituitaria o silla turca, que queda finalmente cerrada por detrás por una lámina ósea vertical llamada lámina cuadrilátera del esfenoides o dorsum sellae, con sus dos apófisis clinoides posteriores, que no son más que los ángulos libres del dorsum sellae. La parte lateral de la fosa anterior, que cubre la órbita, la forman las eminencias orbitarias y el ala menor del esfenoides, que se extiende medialmente hasta los agujeros ópticos y apófisis clinoides anteriores. La sutura frontoetmoidal marca el borde entre la cara superior y medial de la órbita a lo largo de la lámina cribosa y contiene los orificios etmoidales anterior y posterior que permiten el paso de los paquetes vasculares etmoidales al espacio intracraneal por el borde externo de la lámina cribosa. Toda la cara endocraneal de la fosa anterior está cubierta de duramadre, muy fina en la región orbitaria y densa en línea media y reborde el ala menor del esfenoides. Esta se extiende por encima del nervio óptico cuando entra en el canal óptico y se fija lateralmente en la apófisis clinoides anterior, formando el ligamento falciforme, que extiende la cobertura del nervio óptico proximalmente al canal óptico en una distancia variable entre 1-10 mm. La duramadre recubre la apófisis clinoides anterior y se continúa acompañando el nervio óptico, carótida (anillo carotídeo dural o distal) y los elementos de la fisura orbitaria superior. Finalmente, hay un 125 https://booksmedicos.org pliegue dural interclinoideo que conecta la apófisis clinoides anterior con la posterior. La fosa craneal media es el espacio intracraneal que se extiende desde el ala menor del esfenoides hasta el borde de la porción petrosa del hueso temporal o peñasco. La porción ósea endocraneal de la fosa media está constituida por los huesos esfenoides y temporal y se puede dividir en dos partes, una medial y otra lateral. La parte medial está formada por el cuerpo del hueso esfenoides con la silla turca y canal carotídeo. La parte lateral está formada, en su porción anterior, por las alas menor y mayor del esfenoides, y, en su porción posterior, por las porciones escamosa y petrosa del hueso temporal. El ala menor del esfenoides marca el límite entre las fosas anterior y media y se prolonga medialmente con la apófisis clinoides anterior. La hendidura esfenoidal o fisura orbitaria superior es el espacio existente entre el ala menor y mayor del esfenoides. Por debajo de la fisura orbitaria superior se encuentra el ala mayor del esfenoides, cóncava y con numerosas huellas y eminencias óseas, y que forma la mayor parte del suelo de la fosa media. En su porción más medial hay una serie de orificios alineados de delante hacia atrás, concretamente, el agujero redondo mayor para el nervio maxilar, segunda rama del trigémino a unos 3 mm de la hendidura esfenoidal, el agujero oval para el nervio mandibular, tercera rama del trigémino unos 10 mm por detrás del agujero redondo mayor, y, finalmente, unos 3-4 mm más atrás, se encuentra el agujero redondo menor o espinoso para la arteria meníngea media. El resto de la porción anterolateral de la fosa media lo forma la porción escamosa del hueso temporal, mientras que la porción posterior la forma la porción petrosa del hueso temporal. El hueso de la fosa media está recubierto de duramadre. La duramadre de la fosa media tiene dos capas que pueden individualizarse en su porción media, una capa externa o duramadre perióstica que cubre la superficie interna del hueso y una capa interna o duramadre meníngea que cubre el cerebro. Las diferentes capas que forman la duramadre de la fosa media, concretamente de la cara lateral delseno cavernosos y del cavum de Meckel, se describen detalladamente en el capítulo 4 dedicado al abordaje a la fosa media. Puntos craneales y cisternales (fig. 3.7) El punto craneal de referencia anatómica para el abordaje pterional es el pterion. El pterion es una amplia zona anatómica que está definida por la H formada por la unión de las suturas coronal, escamosa del temporal, esfenoparietal y esfenotemporal. Tiene interés la ubicación en el cráneo del punto esfenoidal que, en profundidad, se corresponde con el ala menor del esfenoides y, que de esta forma, también marca la intersección entre las fosas anterior y media. Un agujero de trépano en este punto permite el acceso simultáneo a la fosa anterior y media. El punto esfenoidal se localiza en una depresión del ala mayor del esfenoides a nivel de la sutura frontocigomática. También tiene interés el punto frontoorbitario o de MacCarty, donde si se 126 https://booksmedicos.org realiza un trépano se expone simultáneamente la fosa anterior y la órbita. Este punto se encuentra definido por la intersección de las suturas frontocigomática, frontoesfenoidal y esfenocigomática. FIGURA 3.7 Puntos craneales y cisternales. A) Visión de la fosa temporal izquierda. El pterion es una zona anatómica relativamente amplia definida por la H formada por la unión de las suturas coronal (sc), escamosa (se), esfenoparietal (sep) y esfenotemporal (set). Un agujero de trépano en el punto esfenoidal (PEs) localizado en una depresión del ala mayor del esfenoides a la altura de la sutura frontocigomática (sfc) permite el acceso simultáneo a la fosa anterior y media. Un trépano en el punto frontoorbitario o de MacCarty (PFO), localizado en la intersección de las suturas frontocigomática (sfc), frontoesfenoidal (sfe) y esfenocigomática (sec) expone simultáneamente la fosa anterior y la órbita (lts: línea temporal superior; sl: sutura lambdoidea). B) La visión intraorbitaria de la cara lateral de la órbita izquierda permite reconocer las relaciones óseas. La fisura orbitaria superior (FOS) está localizada entre el ala menor (ame) y el ala mayor (AME) del esfenoides. El punto frontoorbitario (PFO) se ubica en la confluencia de las suturas frontocigomática (sfc), frontoesfenoidal (sfe) y esfenocigomática (sec). Parte de la cara lateral de la órbita la forma el hueso malar o cigomático (HM) y el techo de la órbita (TO) el hueso frontal. C) El punto silviano anterior (PSA) es una dilatación de la porción más superficial de la cisura silviana debida a la retracción que produce la pars triangularis del giro frontal inferior y se localiza inferior a la pars triangularis y anterior/inferior a la pars opercularis del giro frontal inferior del lóbulo frontal. La correspondencia craneal se hace en un punto situado en la parte más anterior de la sutura escamosa (se), por encima de la sutura esfenotemporal (set) y justo posterior a la sutura esfenoparietal (sep). El punto rolándico inferior (PRI) se localiza en el extremo inferior del surco central, en la intersección del surco central con la cisura de Silvio y se encuentra ubicado unos 2,5 cm por detrás del punto silviano anterior. La intersección surco precentral/surco frontal superior (sfs) tiene su referencia craneal externa en un punto situado 1 cm posterior a la sutura coronal y 3 cm lateral a la sutura sagital. La intersección surco precentral/surco frontal inferior tiene su referencia craneal externa en el punto de cruce entre la sutura coronal (sc) y la línea temporal superior (lts), denominado estefanion (ES) (B: bregma; L: lambda; N: nasion; lts: línea temporal superior; PEs: punto esfenoidal; PFO: punto frontoorbitario). Los puntos cerebrales más importantes con correspondencia craneal son el punto silviano anterior y el punto rolándico inferior. El punto silviano anterior es una dilatación de la porción más superficial de la cisura silviana debida a la retracción que produce la pars triangularis del giro frontal inferior. Su anchura media es de 3-4 mm. El punto silviano anterior se localiza en todos los casos inferior a la pars triangularis y anterior/inferior a la pars opercularis del giro frontal inferior del lóbulo frontal. La correspondencia craneal se hace en un punto situado en la parte más anterior de la sutura escamosa, por 127 https://booksmedicos.org encima de la sutura esfenoescamosa y justo posterior a la sutura esfenoparietal, es decir, sobre la sutura escamosa y justo posterior al pterion. El punto rolándico inferior se localiza en el extremo inferior del surco central, en la intersección del surco central con la cisura de Silvio. Algunas veces el surco central no confluye con la cisura de Silvio, sino que termina en el giro subcentral, por lo que el punto rolándico inferior es virtual. El punto rolándico inferior se encuentra ubicado unos 2,5 cm por detrás del punto silviano anterior. La referencia craneal del punto rolándico inferior es la intersección entre la sutura escamosa, situada entre el parietal y la porción escamosa del temporal, y una línea vertical originada en la depresión preauricular localizada inmediatamente por detrás del inicio del arco cigomático (punto escamoso superior). La distancia entre la depresión preauricular y el punto rolándico inferior es de 4 cm. Menos importancia tienen las intersecciones del surco precentral con los surcos frontal superior e inferior. La intersección surco precentral/surco frontal superior tiene su referencia craneal externa en un punto situado 1 cm posterior a la sutura coronal y 3 cm lateral a la sutura sagital, y se denomina punto coronal posterior. La intersección surco precentral/surco frontal inferior tiene su referencia craneal externa en el punto de cruce entre la sutura coronal y la línea temporal superior, situado a unos 7-8 cm de distancia del bregma medidos sobre la sutura coronal, y que se denomina estefanion. Anatomía quirúrgica de los aneurismas del complejo de la arteria comunicante anterior Los aneurismas del complejo de la comunicante anterior suponen aproximadamente un tercio de los aneurismas intracraneales. El área anatómica correspondiente al complejo de la arteria comunicante anterior está constituida por ambas arterias cerebrales anteriores en sus segmentos A1 (precomunicante, desde su salida de la carótida interna hasta la salida de la arteria comunicante anterior) y A2 (postcomunicante, hasta la rodilla del cuerpo calloso), por la propia arteria comunicante anterior y por todas las ramas arteriales que emergen desde estos troncos arteriales (perforantes, recurrente de Heubner, frontoorbitaria y frontopolar), así como por los elementos anatómicos relevantes de la zona (cisterna de la lamina terminalis, giro recto, lamina terminalis, cisura interhemisférica). Albert Rhoton define el complejo de la arteria comunicante anterior anatómico o normal como el formado por una arteria comunicante anterior que conecta sendas arterias cerebrales anteriores de calibre semejante y que tiene un calibre suficiente para permitir la circulación eficiente entre ambos territorios carotídeos a través de la misma. Este complejo anatómico no es la norma, dadas las frecuentes variaciones y anomalías en los elementos del mismo. Además, los aneurismas suelen asentar más frecuentemente sobre complejos anómalos. En la casuística de aneurismas del complejo de la comunicante anterior de Gazi Yasargil el aneurisma asentaba en la unión entre el segmento A1 izquierdo y 128 https://booksmedicos.org la comunicante anterior en la mitad de los casos, en la unión del segmento A1 derecho con la comunicante anterior en un tercio de los casos, y, finalmente, en solo un quinto de los casos asentaba en el trayecto de la propia arteria comunicante anterior. Esta distribución se explica por el factor hemodinámico involucrado en la génesis de los aneurismas cerebrales. Yasargil ya apuntó que los pacientes con aneurismas de la comunicante anterior mostraban algún grado de asimetría en el calibre de ambas A1 en el 80% de los casos. Como regla general,el aneurisma se localizaría en el lado de la comunicante anterior que recibe la A1 de mayor calibre, mientras que se implantaría en el centro de la arteria comunicante anterior cuando ambos segmentos A1 son de igual calibre. Además, cuando el complejo anatómico de la comunicante anterior es sometido a un stress hemodinámico secundario a la asimetría de ambos segmentos A1, el empuje hidromecánico de la corriente sanguínea sobre la pared del vaso del lado dominante empujaría el punto de intersección entre los segmentos A1 y A2 y la arteria comunicante anterior homolateral hacia adelante. Como consecuencia, el ángulo entre los segmentos A1 y A2 se haría más pequeño y el trayecto de la comunicante anterior quedaría oblicuo en relación con el plano transversal. Esta situación, en asociación con cambios estructurales congénitos o adquiridos de la pared arterial en la zona de la salida de la arteria comunicante anterior, favorecería el desarrollo del saco aneurismático. En lo que se refiere a la orientación de este en el plano sagital, con independencia del lugar donde se encuentra el cuello, de nuevo Gazi Yasargil distribuye los aneurismas de la zona en aquellos que se proyectan en sentido anterior sobre el quiasma o nervio óptico (10%), los de proyección superior o interhemisférica (25%), aquellos de proyección posterior entre ambos segmentos A2 (35%) y los de proyección inferior hacia la lamina terminalis (15%), quedando el resto de casos dentro de proyecciones más complejas. En general, el aneurisma apunta en dirección contraria al flujo dominante, por lo que habitualmente se dirigen al hemisferio contrario. Los aneurismas del complejo de la comunicante anterior son generalmente de pequeño tamaño y solo excepcionalmente son grandes. Anatomía quirúrgica de los aneurismas de la arteria cerebral media Los aneurismas de la arteria cerebral media suponen alrededor de la quinta parte de los aneurismas cerebrales y pueden originarse en cualquier punto de su trayecto. Sin embargo, más del 80% de los aneurismas de la arteria cerebral media asientan en la bifurcación. En cuanto a la proyección del saco, se pueden distribuir en varios grupos: proyección en sentido inferior hacia la cisura de Silvio, cubriendo la porción final de la porción prebifurcación del segmento M1 y dirigiéndose hacia la punta del lóbulo temporal y el ala menor del esfenoides; proyección en sentido superior, hacia la ínsula, o, finalmente, proyección en sentido lateral entre las ramas de la bifurcación y dejando libre el segmento M1 prebifurcación. En menor cantidad, los 129 https://booksmedicos.org aneurismas pueden estar en el segmento M1 antes de la bifurcación, donde se proyectan hacia arriba si se relacionan con las ramas lenticuloestriadas y quedan enterrados en el lóbulo frontal, o se proyectan hacia abajo si se relacionan con ramas temporales precoces y con el lóbulo temporal. Los aneurismas distales son más raros e involucran a los segmentos insulares, operculares o corticales de las ramas de la arteria cerebral media. Los aneurismas de la arteria cerebral media son frecuentemente grandes o gigantes. Anatomía quirúrgica de los aneurismas paraclinoideos Los aneurismas de la carótida interna supraclinoidea se pueden dividir en dos grandes grupos: aneurismas paraclinoideos y aneurismas del tronco de la carótida. Los aneurismas paraclinoideos suponen alrededor del 10% de los aneurismas cerebrales y se caracterizan por su gran complejidad, debido a las características de la lesión, sus relaciones anatómicas y frecuencia de hallazgos inesperados. Los aspectos más relevantes a la hora del tratamiento microquirúrgico de los aneurismas paraclinoideos son: tamaño, orientación del saco, localización del cuello, relación con ramas arteriales, tipo de aneurisma y otros elementos de complejidad asociados. Los aneurismas paraclinoideos son frecuentemente grandes o gigantes, ya que crecen rodeados de estructuras de la base del cráneo y el nervio óptico que protegen el saco en su crecimiento antes de su ruptura. Hay múltiples clasificaciones de estos aneurismas, pero la más sencilla los divide en los que se proyectan hacia arriba o hacia abajo. Los primeros suelen dar clínica visual, ya que crecen distorsionando el nervio óptico, que puede quedar afectado directamente por la presión o al lesionarse a nivel del ligamento falciforme: el saco se enfrenta al cirujano durante el abordaje y el cuello se excluye con clips en ángulo recto. Los segundos no dan clínica visual, el saco está más protegido durante el abordaje y se excluyen con clips fenestrados. El cuello del aneurisma puede estar completamente en el espacio intradural, pero con mucha frecuencia todo, o parte del saco, están en el segmento clinoideo de la carótida interna y no es accesible desde el abordaje intradural. Esto obliga a la realización sistemática de una clinoidectomía anterior para exponer adecuadamente el cuello del aneurisma. Los aneurismas paraclinoideos se pueden relacionar con la salida de la arteria oftálmica o con la salida de la arteria hipofisaria superior. Los aneurismas paraclinoideos pueden ser típicamente saculares, aunque a veces el cuello es muy ancho y son fusiformes. Finalmente, resulta frecuente que el aneurisma paraclinoideo tenga elementos que hacen más difícil su tratamiento, como es el caso de calcificaciones en el cuello o pared, trombosis intraluminal o coils de embolización. 130 https://booksmedicos.org Anatomía quirúrgica de los aneurismas de la carótida interna Los aneurismas del tronco de la carótida interna suponen más de la cuarta parte de los aneurismas cerebrales. Suelen dividirse en dos grandes grupos: aneurismas relacionados con ramas arteriales o bifurcaciones (aneurismas de la comunicante posterior, aneurismas de la coroidea anterior, aneurismas de la bifurcación de la carótida interna) y aneurismas no relacionados con ramas o bifurcaciones (aneurismas saculares, fusiformes o blister-like) de la cara dorsal o ventral de la carótida. Con diferencia, los aneurismas más frecuentes de la carótida interna son los de la comunicante posterior, con su cuello relacionado con la salida de la arteria comunicante posterior del tronco de la arteria carótida. Estos aneurismas crecen en la cisterna carotídea, pero, dada su dependencia con la arteria comunicante posterior, se relacionan con el nervio oculomotor, aunque entre ambas estructuras está siempre la aracnoides de la cisterna carotídea y la que rodea el nervio oculomotor. Los aneurismas tienen dos proyecciones básicas en el plano coronal: proyección superoexterna e inferoexterna. Los primeros se localizan por encima del plano tentorial y se relacionan con el uncus del lóbulo temporal, de forma que, en caso de ruptura, es relativamente frecuente el hematoma temporal o subdural y resulta excepcional la afectación del nervio oculomotor. Los segundos se localizan por debajo del plano tentorial, crecen en la cisterna y se relacionan con el nervio oculomotor, de forma que cuando se rompen se presentan con una hemorragia subaracnoidea con frecuente afectación asociada del nervio oculomotor, mientras que cuando no se han roto es posible que se manifiesten con una parálisis aislada del nervio oculomotor. El aneurisma puede estar proyectado más o menos anterior en el plano axial. Si se proyecta muy anteriormente, quedará por debajo de la clinoides anterior; si lo hace menos, puede quedar debajo del pliegue petroclinoideo anterior, y si lo hace más atrás, quedará libre de relaciones osteomeníngeas. Los aneurismas de la comunicante posterior suelen ser pequeños y originarse en el lado distal de la salida de la arteria comunicante posterior de la carótida interna. Anatomía quirúrgica de los tumores de la ínsula Aunque los tumores de la ínsula son tumores de la corteza cerebral y su forma de crecimiento sigue los principios generales expuestos en el capítulo 1 (Abordaje transulcal), el abordaje quirúrgico tiene una serie de particularidades relacionadas con la ubicación de la ínsula y de sus relacionesanatómicas, ya que solo puede ser abordada por vía transilviana. Inicialmente, el tumor crece en una parte de la ínsula y seguidamente se extiende por toda ella, para posteriormente desbordar los límites creciendo hacia los opérculos frontoparietal o temporal y, de esta forma, invadir el lóbulo frontal, parietal o temporal, e incluso extenderse más tarde por el 131 https://booksmedicos.org sistema paralímbico. Sin embargo, en profundidad el tumor respeta siempre el plano del central core, ya que está determinado por factores filogenéticos y de suplencia vascular. 132 https://booksmedicos.org Abordaje pterional transilviano Posición El paciente es colocado en decúbito supino. El cuerpo se eleva unos 30° y la cabeza se rota en sentido contrario, se coloca en discreta extensión y, finalmente, se deflexiona (fig. 3.8A). Los grados de rotación, extensión y deflexión dependen del caso y de la región concreta a abordar. La cabeza debe dejarse de forma que la región malar quede en el punto más elevado y que el ala menor del esfenoides quede posicionada verticalmente en el campo quirúrgico, con lo que se favorece la caída por gravedad del lóbulo frontal cuando se abre el valle silviano. Como orientación general, la cabeza queda con unos 30° de rotación y unos 20° de extensión, y se sujeta con el clamp de Mayfield. El cuello debe quedar libre de compresiones o instrumentos que dificulten el retorno venoso y la ventilación, produzcan la compresión arterial carotídea o vertebral o dificulten el acceso rápido a la carótida cervical o a la vía aérea en caso de emergencia. Las particularidades de la patología introducen variaciones relacionadas con la posición final de la cabeza, la amplitud de la incisión y extensión de la craneotomía en la región frontal o temporal. FIGURA 3.8 Abordaje pterional derecho. Craneotomía. A) Imagen de la posición del paciente donde se ha marcado la incisión cutánea. B) Imagen quirúrgica tras la retracción subperióstica del colgajo pericraneal y del músculo temporal en una sola pieza. C) Imagen quirúrgica tras la craneotomía, 133 https://booksmedicos.org labrada a partir de tres agujeros de trépano, uno por encima y otro por debajo del ala del esfenoides unidos con fresa donde se fracturará el colgajo óseo, y un tercero debajo de la línea temporal superior. D) Imagen tras la craneotomía, donde se aprecia el resultado del fresado del ala menor del esfenoides que aplana la base del abordaje. E) Imagen tras la apertura de la duramadre. En el centro del campo queda la cisura silviana con el ensanchamiento correspondiente al punto silviano anterior (*), donde se inicia su apertura. En el lóbulo temporal se aprecia el surco temporal superior (sts) entre el giro temporal superior (GTS) y medio (GTM) (LF: lóbulo frontal). F) Detalle del valle silviano antes de su apertura. Se aprecia la vena silviana superficial. G) Detalle tras la apertura del valle silviano, exponiendo la bifurcación de la arteria cerebral media justo en el limen de la ínsula. La rama inferior o temporal de la bifurcación es más gruesa que la superior o frontal, aunque antes de la bifurcación se aprecia la salida de un ramo temporal precoz. Planificación preoperatoria La incisión cutánea y la craneotomía del abordaje pterional se planifican basándose en referencias anatómicas externas bien evidentes. Las pruebas de imagen preoperatorias determinan la necesidad de ampliar la craneotomía hacia la región frontal o temporal. El conocimiento de la amplitud de los senos frontales es importante para no entrar en ellos de forma inadvertida. Incisión cutánea y disección de las partes blandas Se realiza una incisión cutánea frontotemporal en forma de herradura, con extensión variable en la región frontal, de acuerdo a la localización y extensión de la patología, pero que se inicia siempre con un trayecto preauricular desde el trago. En la región frontal puede seguir por debajo de la raíz del pelo hasta la línea media. Si se desea una incisión menor, parte puede quedar visible en la región frontal, con un menor efecto estético, aunque se puede aprovechar algún pliegue cutáneo de la frente. Tras la incisión de la piel se coagula la galea con bipolar y se respeta e incluye en el colgajo la arteria temporal superficial. Esta puede ser localizada previamente a la incisión cutánea por palpación o con minidoppler. No es necesario colocar clips hemostáticos en la piel. En el abordaje interfascial clásico, el colgajo cutáneo se rebate por encima de la aponeurosis superficial del músculo temporal hasta llegar a unos 3 cm por encima del arco cigomático, donde se prosigue con una disección interfascial. El espacio interfascial por debajo de la capa externa de la fascia temporal superficial se localiza con una incisión de la misma por encima del arco cigomático que discurre desde la sutura frontocigomática hacia la raíz del arco cigomático. Se entra así en un espacio fácilmente reconocible por estar relleno de tejido adiposo, con algunas ramas arteriales procedentes de la arteria temporal superficial junto a alguna vena. De esta forma las ramas frontotemporales del nervio facial se rebaten con el colgajo interfascial al correr por debajo del plano cutáneo. Se colocan 134 https://booksmedicos.org anzuelos para retraer el colgajo cutáneo e interfascial, situando gasas debajo del mismo para proteger el globo ocular de cualquier presión excesiva. Se procede ahora a separar la aponeurosis profunda del músculo temporal del hueso. La movilización del músculo se hace tomando dos precauciones destinadas a minimizar la atrofia postoperatoria del mismo, concretamente dejar un reborde musculoaponeurótico superior a nivel de la línea temporal para la reinserción del músculo, y, en segundo lugar, mantener lo más íntegra posible la aponeurosis temporal profunda por donde el músculo recibe la vascularización e inervación. En nuestra práctica diaria nosotros rebatimos conjuntamente el plano musculoaponeurótico con el plano cutáneo, con lo que no se hace ninguna disección interfascial y se rebate el nervio facial protegido por las partes blandas. La movilización del músculo se hace con las mismas precauciones descritas más arriba. Finalmente, sea de una u otra forma, el músculo se mantiene en posición definitiva recolocando adecuadamente los anzuelos de tracción (v. fig. 3.8B). Craneotomía Se practican, al menos, dos agujeros trépanos separados por unos 3-4 cm, uno en la fosa anterior, por encima del pterion, y otro en la fosa media, por debajo del mismo, que se unen con sierra. El agujero superior queda a nivel de la fosa craneal anterior, mientras que el inferior quedará a nivel de la fosa media. El primer agujero se hace en la fosa anterior, a nivel de la sutura frontocigomática, en el punto esfenoidal. Si el agujero es amplio el orificio queda localizado a nivel del ala del esfenoides, con su mitad superior en la fosa anterior y su mitad inferior en la fosa media. Un agujero en el punto frontoorbitario o punto de MacCarty permite la entrada simultánea en la fosa anterior y en la órbita, por lo que es el punto ideal para la craneotomía frontoorbitocigomática (v. fig. 3.8C). Este punto queda entre 5-10 mm inferior al punto esfenoidal usado para la craneotomía pterional. En cualquier caso, resulta difícil identificar de forma inequívoca uno u otro punto y es frecuente entrar inadvertidamente en la órbita, a veces simplemente por la dirección de ataque del trépano. También resulta posible entrar en los senos paranasales en caso de senos frontales muy extensos en sentido lateral. El segundo trépano se hace en la escama del hueso temporal por detrás de la sutura esfenotemporal, aproximadamente 1 cm por debajo del pterion. En personas de edad, si se aprecia la duramadre muy fija al hueso o la patología afecta el hueso esfenoidal, puede ser recomendable realizar agujeros de trépano adicionales, al menos uno en la línea temporal inferior, y, menos frecuentemente, otro en la región frontal. Antes de levantar el hueso se rebaja con fresa elpterion entre los dos trépanos iniciales, lo que facilita la fractura del hueso a este nivel en el momento de levantar el colgajo óseo. Expuesta la duramadre, se coagula la arteria meníngea media y sus ramas con las venas satélites. Se prosigue ahora al fresado del pterion, ala menor del esfenoides, rebaje de las excrecencias óseas del techo de la órbita y fresado del temporal y 135 https://booksmedicos.org ala mayor del esfenoides (v. fig. 3.8D). El fresado extradural del ala del esfenoides puede proseguir hasta la fisura orbitaria superior, que se reconoce por la salida de la arteria meningoorbitaria. Apertura de la duramadre La duramadre se abre en semicírculo y se rebate sobre el músculo (v. fig. 3.8E). Generalmente no se usan puntos de retracción, ya que esta queda adherida al colgajo muscular por tensión superficial. El abordaje pterional debe exponer, aparte del giro frontal inferior y la cisura de Silvio, el giro temporal superior y, habitualmente, la mitad superior del giro temporal medio. Algunos autores describen una forma más detallada de apertura de la duramadre. Se inicia una apertura curvilínea desde la zona frontal hacia la temporal, pero al cruzar la depresión dural producida por el ala menor del esfenoides se gira bruscamente hacia la arteria meningoorbitaria. Así se levanta la parte frontal de la duramadre sobre la órbita y la temporal se rebate y sostiene de forma independiente con puntos para exponer el lóbulo temporal. Navegación cisternal La fase intradural supone la apertura de la aracnoides siguiendo el valle silviano hasta la clinoides anterior y posteriormente la apertura de las cisternas basales para conseguir la relajación del cerebro, separación natural de los lóbulos frontal y temporal y el acceso natural a las estructuras neurológicas. La apertura de la cisterna silviana se inicia en el llamado punto silviano anterior, donde el espacio entre los opérculos frontal y temporal es más amplio. El cirujano se coloca adecuadamente para seguir con facilidad la disección en la dirección del eje de la cisura de Silvio (v. fig. 3.8F). Hay básicamente dos formas diferentes de abrir la cisura. Se puede iniciar la apertura de la aracnoides del punto silviano con un microinstrumento cortante y después ir abriendo la cisterna con disección roma, usando las puntas del coagulador bipolar, que se separan repetidamente para ir disecando la cisterna a modo de túnel y cortar luego las bridas más superficiales que unen los opérculos. Otra forma consiste en usar microinstrumentos muy cortantes y gran aumento para ir seccionando de forma sistemática todas las bridas aracnoideas de superficie a profundidad. Como norma general, se sigue el borde frontal de la vena silviana superficial que suele correr por el borde del giro temporal superior y drena en el seno esfenoparietal. Deben preservarse todas la venas que sea posible, aunque aquellas que cruzan el valle silviano pueden sacrificarse. En todo caso, la variabilidad del drenaje venoso obliga a ser práctico con el manejo de las venas. Es siempre obligatorio dejar íntegra la capa pial de cada uno de los lados de la cisura. Cuando se encuentran las ramas operculares de la arteria cerebral media se siguen en profundidad hasta identificar los troncos de la 136 https://booksmedicos.org bifurcación, la bifurcación (v. fig. 3.8G) y, finalmente, se sigue el segmento M1 hasta llegar a la cisterna carotídea. Es importante preservar todas las arterias perforantes del segmento M1 e identificar adecuadamente las eventuales ramas temporales o frontales precoces y no confundir así la auténtica bifurcación de la arteria cerebral media. La porción esfenoidal de la cisterna silviana suele tener una aracnoides muy densa (fig. 3.9A). Por la ventana optocarotídea es posible visualizar el tallo hipofisario (v. fig. 3.9B). Separados los lóbulos frontal y temporal superficialmente, se prosigue la disección con la apertura de la cisterna carotídea, identificando la bifurcación de la arteria carótida interna y sus ramas (v. fig. 3.9C). La disección se dirige ahora a las cisternas quiasmática, de la lamina terminalis y crural para así separar de forma completa los lóbulos frontal y temporal entre sí y de sus adherencias a las estructuras basales. Ahora los lóbulos pueden ser movilizados con facilidad, muchas veces sin necesidad de separadores, para usar los diferentes corredores que permiten el acceso a la patología específica (v. fig. 3.9D). La movilización de la arteria carótida interna medialmente permite localizar el nervio oculomotor entrando en el triángulo oculomotor (v. fig. 3.9E). FIGURA 3.9 Abordaje pterional. Imágenes quirúrgicas. A) Visión de la base del lóbulo frontal (LF) con el nervio olfatorio (Ip). Se ha rasgado la aracnoides de la cisterna del nervio óptico (IIp), por detrás del que se ve la arteria carótida interna (ACI) inmersa en la cisterna carotídea. Todavía no se ha abierto la cisterna silviana que permite movilizar el lóbulo temporal (LT). B) Visión del tallo hipofisario (TH) con su red vascular a través de la ventana optocarotídea existente entre el nervio óptico (IIp) y la arteria carótida interna (ACI), tras abrir la cisterna carotídea. Por detrás del tallo se aprecia la membrana de Liliequist (ML). C) Visión de la arteria comunicante posterior (ACoP) y la arteria 137 https://booksmedicos.org coroidea anterior (AChA) en un abordaje transilviano a un craneofaringioma (CF). Son visibles las perforantes del segmento A1 de la arteria cerebral anterior (A1) (IIp: nervio óptico; ACP: arteria cerebral posterior; ACI: arteria carótida interna; ACM: arteria cerebral media). D) Visión de un abordaje transilviano a un craneofaringioma (CF). Tras abrir las cisternas se moviliza el lóbulo frontal (LF) y el temporal (LT). La arteria carótida interna (ACI) se bifurca en la arteria cerebral anterior (A1) y cerebral media (ACM). La arteria cerebral media se bifurca (*) en un ramo superior o frontal (RF) y otro inferior o temporal (RT), emitiendo antes un ramo frontal precoz (RFp). La bifurcación de la arteria cerebral media se produce a la altura del limen de la ínsula (LI). Se aprecia sobre el uncus (UN) la arteria uncal y una vena. El uncus se relaciona con el nervio motor ocular común (IIIp) y la arteria coroidea anterior (<). El nervio óptico (IIp) aparece distorsionado por el tumor. E) Visión quirúrgica del triángulo oculomotor, tras la resección de un craneofaringioma suprasellar (se aprecia el tallo hipofisario seccionado [*]). El nervio motor ocular común (IIIp) entra en el triángulo formado por los pliegues petroclinoideo anterior (PCA), posterior (PCP) e interclinoideo (IC) (IIp: nervio óptico; AB: arteria basilar; ACA: apófisis clinoides anterior; ACI: arteria carótida interna; ACP: apófisis clinoides posterior; DS: dorsum sellae). F) Imagen intraoperatoria de la apófisis clinoides anterior tras levantar la duramadre que la recubre, preparada para la clinoidectomía intradural. G) Imagen intraoperatoria tras la clinoidectomía tras fresado de sus tres puntos de anclaje al techo del canal del nervio óptico, ala menor del esfenoides y pilar óptico. Descompresión y movilización del nervio óptico Un elemento anatómico y funcional de trascendencia en la base de la fosa anterior es el nervio óptico, que tiene una estructura muy sensible a los traumatismos quirúrgicos o a la isquemia por compresión secundarios a la manipulación quirúrgica. Además, la patología motivo de la intervención puede producir disfunción visual por diferentes mecanismos. La resección del ligamento falciforme y el fresado del techo del canal óptico son maniobras sencillas que permiten la descompresión del nervio óptico. La resección del ligamento falciforme alivia la presión sobre el nervio óptico en un punto donde puede resultar angulado sobre el borde agudo del ligamento. La descompresión del techo del canal óptico se hace con una fresa de diamante y bajo irrigación constante para evitar el efecto deletéreo del calor sobre el nervio óptico. También seha de ser cuidadoso en el fresado de ambos lados del canal óptico, ya que lateralmente al nervio óptico se encuentra habitualmente la arteria oftálmica, que nace de la arteria carótida interna, y medialmente al canal óptico se encuentra el seno esfenoidal, separado del espacio intracraneal por una finísima capa de hueso. Otro punto de compresión de la vía óptica se encuentra a nivel del cruce del segmento A1 de la arteria cerebral anterior sobre el nervio o quiasma óptico. En caso de segmentos A1 cortos o con gran elevación del quiasma por la patología subyacente, la arteria puede deformar, cizallar e incluso cortar el nervio o tracto óptico. En este caso, la descompresión de la vía óptica se consigue por la reducción del efecto de masa de la lesión mediante la punción y aspiración de quistes o vaciado intratumoral. 138 https://booksmedicos.org Clinoidectomía anterior El objetivo de la resección de la apófisis clinoides anterior es el abordaje superior al seno cavernoso y su resultado es la exposición del segmento clinoideo de la arteria carótida interna (v. fig. 3.9F y G). La clinoidectomía anterior intradural se inicia realizando un amplio corte arqueado de la duramadre del techo de la órbita y ala del esfenoides, rebatiéndola sobre el nervio óptico y carótida interna. Se secciona y reseca el colgajo de duramadre y se reseca el ligamento falciforme para exponer todo el hueso. La apófisis clinoides anterior puede ser extirpada de dos formas. Puede resecarse en bloque fresando sucesivamente sus tres puntos de anclaje: fresado del techo canal óptico por su borde externo, fresado de la conexión con el ala menor del esfenoides tras despegar la duramadre que la envuelve, y finalmente, fresado del pilar óptico, que es el último elemento que la retiene. Alternativamente puede fresarse la cortical de toda la cara superior de la clinoides y la esponjosa de la misma hasta ahuecarla completamente, incluyendo el pilar óptico. Se separa ahora la duramadre y se va extirpando poco a poco la cortical con una pinza de hueso pequeña. Completada la clinoidectomía queda expuesto el segmento clinoideo de la arteria carótida interna y la membrana carotidooculomotora con el anillo proximal y el manguito que envuelve la carótida interna hasta el anillo distal. Si hay sangrado de los lagos venosos del seno cavernoso se tapona con fibrina. El fresado del pilar óptico produce espacio adicional, pero debe ser cuidadoso ya que medialmente se encuentra el nervio óptico y lateralmente la arteria carótida. La arteria carótida interna puede movilizarse resecando el anillo dural que la envuelve. Medialmente la sección del anillo distal se hace entre la carótida y la arteria oftálmica. Tratamiento de las lesiones vasculares Aneurismas de la arteria cerebral media La apertura de la cisura de Silvio expone todo el árbol vascular de la arteria cerebral media y permite el tratamiento microquirúrgico de los aneurismas cerebrales de esta localización. Desde un punto de vista técnico, la apertura de la cisura de Silvio puede ser problemática cuando aloja un aneurisma y lo es más cuando este ha sangrado. En este caso se recomienda comenzar con la apertura de la cisterna carotídea y de la lamina terminalis levantando el lóbulo frontal, para proseguir la disección de la arteria cerebral media, en sentido distal, a través de la porción esfenoidal de la cisterna de Silvio, hasta llegar a la bifurcación donde se encuentra más frecuentemente el aneurisma. Una vez controlado el segmento M1 aferente al aneurisma lo más cerca posible del mismo, se abre distalmente la cisura de Silvio para encontrar las ramas insulares que se siguen en sentido proximal hacia la bifurcación. Esta estrategia es segura pero tediosa y, además, la apertura inicial de las cisternas basales vacía y colapsa la cisterna silviana, lo que dificulta la apertura de la 139 https://booksmedicos.org misma. Por ello, especialmente para neurocirujanos entrenados, puede ser más directo abrir distalmente la cisura de Silvio y progresar proximalmente hasta el aneurisma, para luego rodearlo o saltar más proximalmente la disección de la cisterna silviana para controlar el segmento M1 prebifurcación y proceder finalmente a la exclusión del aneurisma. Excluido este se procede, en su caso, a la limpieza de la sangre silviana y al vaciado del hematoma asociado. Aneurismas de la comunicante posterior El tratamiento microquirúrgico de los aneurismas de la arteria carótida, y particularmente aquellos de la comunicante posterior, se hace a través del abordaje pterional transilviano. Los aneurismas de comunicante posterior infratentoriales se localizan tras la apertura de la cisterna carotídea y la disección de la cara dorsal de la carótida. La arteria comunicante posterior se dirige medialmente, por lo que se localiza más fácilmente por el borde medial de la arteria carótida interna. En el plano axial hay que identificar el borde proximal y distal del cuello para colocar un clip recto o en bayoneta. En borde proximal puede estar en relación con la salida de la arteria comunicante posterior y ocasionalmente oculto por la apófisis clinoides anterior o el pliegue petroclinoideo anterior. El nervio oculomotor queda descomprimido con el clipaje del aneurisma, que puede ser vaciado para favorecer su recuperación en caso de que exista una compresión del mismo. Los aneurismas de comunicante posterior supratentoriales se relacionan con el uncus, de forma que puede ser peligroso retraer en lóbulo temporal antes de identificar adecuadamente el cuello y cliparlo. Aneurismas del complejo de la comunicante anterior Para el tratamiento de los aneurismas del complejo de la comunicante anterior hay que abrir la cisterna carotídea e identificar la bifurcación, y se prosigue siguiendo el segmento A1 de la arteria cerebral anterior en la cisterna de la lamina terminalis hasta la cisura interhemisférica, donde se identifica finalmente la arteria comunicante anterior. Antes del clipaje del cuello del aneurisma es preciso identificar los segmentos A1 y A2 y las arterias recurrentes de Heubner de ambos lados, junto a las frontoorbitaria y frontopolar y la arteria comunicante anterior. Para exponer el complejo de la comunicante anterior, especialmente si está localizado muy alto, es necesaria la aspiración subpial de parte del giro recto, situado medialmente al nervio olfatorio. La disección final y clipaje pueden hacerse con seguridad mediante el clipaje temporal de ambos segmentos A1 de la cerebral anterior. Un aspecto importante del tratamiento microquirúrgico es la selección del lado del abordaje. La estrategia más segura en el abordaje microquirúrgico de cualquier aneurisma cerebral es siempre atacar inicialmente el cuello evitando la cúpula y tener siempre un buen control del vaso aferente al aneurisma y de los vasos vecinos. De forma general, se recomienda el abordaje por el lado derecho, ya que es más cómodo para el cirujano diestro y 140 https://booksmedicos.org evita la retracción del lóbulo frontal y temporal izquierdos, dominantes en la mayor parte de los pacientes. El abordaje izquierdo se recomienda solo en situaciones particulares: hematoma en el lado izquierdo que deba evacuarse, presencia de aneurismas adicionales en la cerebral media o carótida interna del lado izquierdo y ante la presencia de un aneurisma grande, especialmente si se origina en la unión A1-A2-comunicante anterior izquierda y con una A1 dominante homolateral, en este caso para obtener un control proximal precoz del segmento A1 dominante. Otra indicación es la existencia de un hematoma en el giro recto izquierdo, ya que la necesidad de resección del giro recto en un abordaje derecho puede producir graves consecuencias en las funciones superiores del paciente. Finalmente, puede influir la angulación de la comunicante anterior en el plano axial que esconda el cuello del aneurisma. Aunque el abordaje pterional es el preferido para los aneurismas del complejo de la comunicante anterior, excepcionalmente puede tener ventajasel abordaje bifrontal en caso de complejos de localización muy alta respecto a la base del cráneo, que están muy escondidos dentro de la cisura interhemisférica. Aneurismas paraclinoideos El abordaje pterional transilviano expone la totalidad de los aneurismas paraclinoideos. La retracción del lóbulo frontal debe ser cuidadosa en los aneurismas de proyección superior. Expuesta la zona anatómica, hay que realizar una o varias de las siguientes maniobras. Para la movilización del nervio óptico puede ser suficiente la resección del ligamento falciforme. En los aneurismas paraclinoideos de cualquier tipo es conveniente la exposición del segmento clinoideo de la arteria carótida interna, lo que favorece la movilización de la arteria, permite un control proximal de la misma y es la única forma de conseguir el clipaje de los aneurismas que tienen el cuello total o parcialmente ubicado en el segmento clinoideo de la carótida. Para ello es necesaria la realización de una clinoidectomía anterior de la forma que ha sido descrita más arriba. Una maniobra de seguridad adicional en el manejo de esos aneurismas es el control de la arteria carótida interna a nivel cervical, que puede asociarse a la aspiración retrógrada conocida como técnica de Dallas. Esta técnica consiste en el clipaje temporal de la carótida interna a nivel distal proximalmente a la salida de la arteria comunicante posterior y en el cuello después de la bifurcación de la carótida primitiva. En la carótida interna cervical se inserta un catéter a través del que se realiza una aspiración continua controlada de la sangre del segmento excluido y consecuentemente del aneurisma, que de esta forma se colapsa, favoreciendo su manejo. La aspiración debe ser continua ya que en el segmento excluido entra sangre a través de la arteria oftálmica y de las ramas intracavernosas y petrosas de la carótida interna, y que de otra forma continuarían rellenando el aneurisma. La técnica de Dallas aumenta la seguridad del tratamiento del aneurisma, pero no está exenta de complicaciones de tipo isquémico. 141 https://booksmedicos.org Tratamiento de las lesiones intrínsecas Tumores del uncus Tras la amplia apertura de la cisterna de Silvio y separados los lóbulos frontal y temporal, se moviliza el polo temporal para explorar la cara medial. El punto de referencia anatómica es el surco rinal, que separa el uncus del giro temporal inferior cerca del polo temporal. Dado que la anatomía de la zona es muy variable y puede estar distorsionada por el tumor, es de gran ayuda la neuronavegación. Tras la cortectomía el tumor se identifica en seguida y se procede a su resección supial con aspirador ultrasónico. La amigdalohipocampectomía supone la resección reglada de estas estructuras en caso de epilepsia temporal intratable, siendo los límites de resección los siguientes: lateralmente la cara lateral del asta temporal del ventrículo lateral, superiormente la cara superior del asta temporal del ventrículo lateral y el tálamo, en los lados medial y posterior el pedúnculo cerebral a través de las cisternas crural y ambiens, con su contenido vascular, y en el nivel más profundo el nervio oculomotor cubierto también por aracnoides. Un abordaje semejante se utiliza para el tratamiento quirúrgico de las malformaciones arteriovenosas del tercio anterior de la cara mesial del lóbulo temporal. Tumores de la ínsula La ínsula se muestra tras la apertura amplia de la cisura de Silvio con exposición del árbol vascular de la arteria cerebral media en sus segmentos M1 postbifurcación, M2 insular y M3 opercular. En los tumores restringidos a la ínsula el abordaje anatómico, siguiendo el surco limitante en su porción superior, debe tener en cuenta que inmediatamente por debajo de la corteza se encuentran las fibras de la corona radiata que forman la cápsula interna, mientras que si se abre en la porción inferior se accede al fascículo uncinado (v. fig. 1.4C). Si se aborda el tumor por el centro de la ínsula se llegará al putamen tras atravesar todo el espesor del tumor y, luego, la cápsula extrema, claustrum y cápsula externa. En cuanto a los vasos, deben individualizarse todas las divisiones de la cerebral media que corren por los surcos de la ínsula, identificando, coagulando y seccionando todas las ramas perforantes que se dirigen hacia la corteza de la ínsula y que irrigan el tumor, aunque las ramas mayores deben respetarse. Los vasos perforantes lenticuloestriados que nacen de la arteria cerebral media deben ser siempre respetados. Así, la estrategia general de resección de los tumores de la ínsula incluye los siguientes pasos: craneotomía pterional; apertura del valle silviano; exposición de la arteria cerebral media y sus ramas en los segmentos M2 y M3; disección del surco limitante de la ínsula; coagulación y sección de las arterias perforantes pequeñas, y, finalmente, resección del tumor tomando como límite anterior la arteria lenticuloestriada más distal y en profundidad las ramas perforantes lenticuloestriadas que siguen una dirección ascendente. 142 https://booksmedicos.org Cierre Completada la cirugía se procede al cierre hermético de la duramadre y se repone el hueso con cierres craneales de titanio. El músculo temporal se sutura al reborde musculoaponeurótico dejado previamente para este fin en el abordaje interfascial o a la aponeurosis galeal cuando se rebate en masa. Finalmente, se procede al cierre por planos de las partes blandas. No se colocan drenajes en la herida y se aplica un apósito no compresivo. Prevención y resolución de las complicaciones relacionadas con el abordaje El objetivo del abordaje interfascial entre las dos capas de la aponeurosis superficial del músculo temporal tiene como objetivo la protección de las ramas orbitofrontales del nervio facial. Esta protección también se puede conseguir rebatiendo en bloque el músculo temporal con el colgajo cutáneo. Aún así, es posible que la excesiva retracción o angulación de los planos produzca una paresia de la musculatura frontal que se recupera en unas semanas. La liberación del músculo temporal de la fosa temporal se hará conservando todo lo posible la integridad de la aponeurosis profunda, ya que tanto la vascularización como la inervación del músculo temporal llegan por su cara profunda. Cuando se produce una devascularización o denervación del músculo la consecuencia es la fibrosis y atrofia muscular y, como consecuencia, un defecto estético con depresión de la fosa media por detrás del reborde orbitario y por encima del arco cigomático. Puede haber también un trastorno funcional con disfunción de la articulación temporomandibular. Una excesiva o mantenida retracción del colgajo muscular por los anzuelos, con la consecuente presión sobre el arco cigomático, pueden ser también responsables de los cambios musculares, aun conservando adecuadamente la aponeurosis profunda. Una eventualidad excepcional, pero de consecuencias graves, es la compresión del globo ocular por el colgajo musculocutáneo, por lo que se debe proteger con gasas y realizar la retracción con los anzuelos en un ángulo muy abierto. Finalmente, en la craneotomía puede abrirse de forma inadvertida el seno frontal cuando este se extiende muy lateralmente. En este caso se puede sellar el defecto con un colgajo perióstico pediculado tomado antes del cierre. Excepcionalmente, la clinoidectomía anterior o apertura del canal óptico puede resultar también con la violación del seno esfenoidal y rinolicuorrea. 143 https://booksmedicos.org Otros abordajes Abordaje orbitocigomático El abordaje orbitocigomático es una ampliación del abordaje pterional, que se basa en la resección adicional de elementos de la base del cráneo para aumentar la exposición del abordaje, con el objetivo adicional de minimizar la retracción cerebral. La resección ósea, además de la craneotomía frontotemporal y fresado del ala menor del esfenoides, incluye la resección del techo y reborde orbitario (barra orbitaria) junto al arco cigomático. Este abordaje ha sido popularizadoy extendido por diferentes autores, incluyendo Hakuba, Al Mefty, Spetzler y otros, habiendo sido descritas a su vez diferentes variantes, sobre todo en lo relativo al número de piezas de la craneotomía. Así, la craneotomía puede hacerse en una sola pieza o en dos o tres. Estas diferentes resecciones suponen muy pequeñas variaciones en la amplitud del abordaje, pero pueden suponer grandes diferencias en la complejidad y dificultad de la craneotomía. La posición del paciente, incisión cutánea y manejo de las partes blandas no difieren de lo expuesto más arriba. Hay que hacer una delicada desperiostización superior y lateral del reborde orbitario, despegando la periórbita de las caras superior y lateral de la órbita. La desperiostización del arco orbitario superior llega medialmente hasta el canal supraorbitario, que contiene el paquete vasculonervioso supraorbitario. Por fuera, el músculo temporal se libera de la fosa temporal y, en profundidad, debe identificarse la fisura orbitaria inferior. La separación de la periórbita de la cara lateral de la órbita llega hasta la fisura orbitaria inferior. La craneotomía comienza en un agujero de trépano inicial realizado en el punto craneal frontoorbitario de MacCarty, que expone por arriba la fosa craneal anterior y por debajo la fosa orbitaria (fig. 3.10A). Luego se hacen dos agujeros adicionales, uno frontal y otro temporal, unos 2 cm por debajo del inicial y salvando el pterion. FIGURA 3.10 Abordaje frontoorbitario izquierdo. Craneotomía y reparación. A) Abordaje pterional dejando un reborde de músculo temporal en la línea temporal superior para su posterior reinserción. B) Visión tras la osteotomía orbitaria. El retractor separa la periórbita. C) Imagen quirúrgica tras la reposición de los fragmentos de la craneotomía y su fijación con miniplacas de osteosíntesis. En la craneotomía de una pieza se han de realizar la seis siguientes 144 https://booksmedicos.org osteotomías: desde la porción inferior del agujero inicial hasta la fisura orbitaria inferior; a través del hueso malar desde la fisura orbitaria inferior; desde la porción superior del agujero inicial hasta el agujero frontal, a través del techo de la órbita; desde el agujero frontal hasta el temporal como en una craneotomía frontotemporal normal, y, finalmente, una osteotomía del proceso cigomático del temporal por delante de la raíz del arco cigomático y respetando la articulación temporomandibular. Se rebaja ahora el pterion con una fresa entre el agujero inicial y temporal y se eleva el colgajo óseo en bloque fracturando el ala menor del esfenoides. La craneotomía en dos piezas (frontotemporal + orbitocigomática) se inicia con una craneotomía frontotemporal pterional normal. Se hace una osteotomía frontal sagital a través del techo de la órbita justo por fuera de la hendidura supraorbitaria y con una profundidad de 2-3 cm, que luego gira bruscamente en sentido inferior hasta llegar a la fisura orbitaria inferior. Se corta ahora el hueso malar por encima del orificio vasculonervioso de dicho hueso desde la fisura orbitaria inferior y finalmente se realiza la osteotomía del proceso cigomático del temporal. Finalmente, la craneotomía en tres piezas (frontotemporal + reborde orbitario + arco cigomático) se inicia también con una craneotomía frontotemporal pterional normal. Seguidamente, se hace la osteotomía orbitaria iniciada en sentido sagital desde la hendidura supraorbitaria y que se sigue por el techo de la órbita hasta la fisura orbitaria inferior. Finalmente, se secciona la apófisis orbitaria del malar a nivel de la fisura orbitaria inferior y se obtiene un segundo segmento óseo, correspondiente a la órbita (v. fig. 3.10B). El tercer segmento o cigomático se obtiene con una osteotomía anterior a nivel del hueso malar y otras posterior a nivel de la apófisis cigomática del temporal. La craneotomía pterional puede asociar aisladamente la osteotomía orbitaria o la osteotomía cigomática. La resección orbitaria permite acceder mejor a lesiones altas, como es el caso de lesiones suprasellares y supraquiasmáticas, mientras que la osteotomía cigomática favorece el acceso a las regiones más basales de la fosa media e incisura. Tras la craneotomía queda expuesta la duramadre frontotemporal y la periórbita de la cara lateral y parte de la cara superior de la cavidad orbitaria, pero debe completarse la fase extradural del abordaje. Queda siempre una porción más o menos grande del techo orbitario y de la cara lateral de la órbita, que puede resecarse en sentido posterior, tanto como sea necesario, con pinza gubia o fresa. También la resección del ala del esfenoides puede detenerse en la fisura orbitaria superior o continuar con una clinoidectomía anterior extradural. Finalmente, el nervio óptico puede ser también liberado completamente del canal óptico óseo. La craneotomía en dos o tres piezas permite ajustar la misma a las necesidades de cada caso. La craneotomía pterional extendida hacia la fosa temporal, junto a la resección cigomática, es parecida a la craneotomía pterional transcigomática que se describe en el capítulo 4 y facilita el acceso a la fosa media. La adición de una orbitotomía al abordaje pterional extendido hacia el hueso frontal favorece el acceso a la fosa anterior. En este caso se añade la osteotomía orbitaria descrita más arriba, 145 https://booksmedicos.org desde la hendidura supraorbitaria, y que se sigue por el techo de la órbita hasta la fisura orbitaria inferior, seccionando la apófisis orbitaria del malar a nivel de la fisura orbitaria inferior, con lo que aísla y extrae un segundo segmento óseo correspondiente a la órbita. Completada la fase intradural de la cirugía y cerrada la duramadre, se reponen las piezas óseas que se sujetan con cierres craneales o miniplacas (v. fig. 3.10C). La reposición de la pieza orbitaria con la parte anterior del techo de la órbita impide el enoftalmo. Si los senos paranasales resultan abiertos deben ser escrupulosamente cerrados y sellados, a ser posible con colgajos periósticos pediculados tomados durante el abordaje o confeccionados antes del cierre. Se puede abrir el seno frontal en varios puntos de la osteotomía frontal y orbitaria superior cuando los senos frontales son extensos. También el seno esfenoidal puede ser abierto cuando se fresa el hueso alrededor del canal óptico o, más raramente, cuando los senos se extienden dentro de la apófisis clinoides anterior o ala menor del esfenoides. 146 https://booksmedicos.org Casos ilustrativos Caso 1. Aneurisma de bifurcación de arteria cerebral media derecha embolizado Historia clínica y estudios de imagen. Mujer de 57 años, con hemorragia subaracnoidea secundaria a ruptura de aneurisma de bifurcación de arteria cerebral media derecha y evolución clínica favorable con recuperación completa. La lesión fue tratada inicialmente con embolización, que tuvo que repetirse en dos ocasiones por impactación de los coils y crecimiento del cuello, por lo que es remitida para tratamiento quirúrgico (fig. 3.11A). FIGURA 3.11 Caso 1. A) Imagen anteroposterior de la angiografía cerebral del territorio de la arteria carótida interna derecha mostrando un aneurisma de la bifurcación de la arteria cerebral media. La lesión está parcialmente embolizada y algunos coils salen de la cúpula. B) Imagen operatoria del aneurisma (AN) con los coils en su interior. El cuello está en la bifurcación, con la rama superior frontal (F) de mayor calibre que la inferior temporal (T). Se aprecian dos ramos perforantes talamoestriados (PERF) en el tronco prebifurcación de M1. C) Imagen operatoria tras la 147 https://booksmedicos.org aneurismorrafia, con clips temporales excluyendo el tronco M1 y los ramos frontal y temporal. D) Imagen operatoria tras la reconstrucción de la bifurcación usando múltiples clips. Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. Se accede a la lesión a través de un abordaje pterional derecho transilviano y monitorización neurofisiológica con potenciales evocados somatosensorialesy motores. La bifurcación del segmento M1 se encuentra en genu de la arteria en el limen de la ínsula. Se aprecian dos arterias lenticuloestriadas saliendo justo antes de la bifurcación (v. fig. 3.11B). El aneurisma se origina en la bifurcación y se aprecia el cuello ancho con los coils en la luz del saco. Se aplican clips temporales en M1 por encima de las lenticuloestriadas y en los ramos superior e inferior postbifurcación. Se realiza una aneurismorrafia para extraer los coils (v. fig. 3.11C). La pared de la bifurcación se reconstruye con clips de diferente tamaño y forma (v. fig. 3.11D). Durante el clipaje temporal los potenciales evocados somatosensoriales y motores por estimulación transcraneal no sufrieron modificaciones. Una alternativa a la reconstrucción de la pared era la sutura del defecto. La evolución clínica y control angiográfico postoperatorios fueron satisfactorios. Caso 2. Aneurisma paraclinoideo izquierdo roto embolizado Historia clínica y estudios de imagen. Mujer de 62 años, con hemorragia subaracnoidea secundaria a ruptura de aneurisma paraclinoideo izquierdo y evolución clínica favorable con recuperación completa. La lesión fue tratada inicialmente con embolización parcial y se remite para tratamiento quirúrgico. Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. Se accede a la lesión a través de un abordaje pterional transilviano izquierdo. Como el aneurisma se dirige hacia arriba se levanta cuidadosamente el lóbulo frontal (fig. 3.12A). Se realiza una clinoidectomía exponiendo la porción clinoidea de la carótida interna y se moviliza nervio óptico (v. fig. 3.12B). Se controló proximalmente la arteria carótida interna en el cuello y se utilizó la técnica de aspiración retrógrada. El aneurisma fue finalmente excluido con clips rectos. La evolución clínica y control angiográfico postoperatorios fueron satisfactorios. 148 https://booksmedicos.org FIGURA 3.12 Caso 2. A) Imagen operatoria de la región paraclinoidea izquierda. De izquierda a derecha se identifican: uncus del lóbulo temporal (UN), nervio oculomotor (IIIp), arteria carótida interna supraclinoidea (ACI), aneurisma (AN) y nervio óptico (IIp). B) La clinoidectomía anterior permite identificar el segmento clinoideo de la arteria carótida interna (*) y el anillo dural (>). El nervio óptico se expone y moviliza tras la resección del ligamento falciforme. Se aprecia el clip temporal colocado en la arteria carótida interna para posibilitar la aspiración retrógrada. Caso 3. Aneurisma paraclinoideo izquierdo no 149 https://booksmedicos.org roto Historia clínica y estudios de imagen. Mujer de 25 años con hallazgo de un aneurisma paraclinoideo izquierdo en los estudios de imagen. Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. Se accede a la lesión a través de un abordaje pterional transilviano izquierdo. Como el aneurisma es de pequeño tamaño y se dirige hacia abajo no es visible en el campo quirúrgico hasta que se realiza la clinoidectomía anterior y se moviliza el nervio óptico (fig. 3.13). El aneurisma fue excluido con un clip fenestrado. La evolución clínica y control angiográfico postoperatorios fueron satisfactorios. 150 https://booksmedicos.org 151 https://booksmedicos.org FIGURA 3.13 Caso 3. A) Imagen operatoria de la región paraclinoidea izquierda. B) La clinoidectomía anterior y la movilización del nervio óptico permiten identificar el aneurisma (AN). De izquierda a derecha se identifican: nervio oculomotor (IIIp), arteria carótida interna supraclinoidea (ACI) y nervio óptico (IIp). Se señalan el pilar óptico (*) y el anillo distal (>). Caso 4. Aneurisma paraclinoideo derecho no roto Historia clínica y estudios de imagen. Mujer de 70 años de edad con aneurismas múltiples no rotos, incluyendo un aneurisma de arteria cerebelosa superior y de comunicante posterior izquierdos y un aneurisma paraclinoideo derecho. Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. Todas las lesiones se trataron a través de un abordaje pterional transilviano izquierdo. Tras el clipaje de los aneurismas de la cerebelosa superior y comunicante posterior izquierdos, se abordó la lesión paraclinoidea contralateral, de pequeño tamaño y dirigida hacia arriba, que fue clipada sin incidencias (fig. 3.14). La evolución clínica y control angiográfico postoperatorios fueron satisfactorios. FIGURA 3.14 Caso 4. A) Imagen operatoria de la región paraclinoidea derecha desde el lado izquierdo. B) Cuando se levanta el nervio óptico se aprecia el aneurisma dirigiéndose hacia arriba. C) Aneurisma excluido con un clip. Caso 5. Aneurisma de comunicante anterior no roto Historia clínica y estudios de imagen. Hombre de 58 años con hallazgo de un aneurisma de comunicante anterior en los estudios de imagen (fig. 3.15A). Factores de riesgo vascular. 152 https://booksmedicos.org FIGURA 3.15 Caso 5. A) Imagen lateral de la angiografía cerebral del territorio de la arteria carótida interna izquierda mostrando un aneurisma de la comunicante anterior. El segmento A1 de la artera cerebral media es grueso y largo, ocupando el aneurisma una posición muy alta. B) Imagen operatoria de la región de la comunicante anterior a través de un abordaje pterional transilviano izquierdo y resección de parte del giro recto. C) Imagen operatoria tras la aplicación de los clips. D) Imagen oblicua de la angiografía cerebral del territorio de la arteria carótida interna izquierda mostrando la exclusión del aneurisma con indemnidad de la circulación (A1: segmento A1 de la cerebral anterior; A2: segmento A2 de la comunicante anterior; ACoA: arteria comunicante anterior; AFO: arteria frontoorbitaria; AH: arteria recurrente de Heubner). Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. Se accede a la lesión a través de un abordaje pterional transilviano izquierdo por ser el segmento A1 dominante y tener una orientación favorable la arteria comunicante anterior. El complejo de la comunicante anterior es muy alto, lo que obliga a la resección de parte del giro recto para controlar el cuello (v. fig. 3.15B). El aneurisma se origina en el ángulo entre la cerebral anterior y la comunicante anterior y se excluye sin incidencias con un clip angulado y otro fenestrado (v. fig. 3.15C). La evolución clínica y control angiográfico postoperatorios fueron satisfactorios (v. fig. 3.15D). Caso 6. Oligodendroglioma anaplásico del uncus Historia clínica y estudios de imagen. Hombre de 38 años de edad con 153 https://booksmedicos.org clínica de crisis temporales complejas y trastorno caracterológico. En los estudios de resonancia nuclear magnética se identifica una lesión heterogénea que capta irregularmente contraste localizada en la porción más anterior de la cara mesial del lóbulo temporal izquierdo (fig. 3.16A). FIGURA 3.16 Caso 6. A) Imagen de resonancia nuclear magnética en secuencia T1 con gadolinio, que muestra una tumoración en la porción más anterior de la cara mesial del lóbulo temporal. B) Imagen operatoria a través de un abordaje pterional transilviano izquierdo, mostrando el uncus engrosado, con el retractor colocado en el surco rinal. C) La corteza ha sido abierta y se muestra el tumor. D) Imagen operatoria tras la resección de la lesión y el uncus, mostrando, de izquierda a derecha, el nervio oculomotor (IIIp), arteria comunicante posterior (ACoP) de tipo fetal, arteria coroidea anterior (AChA), arteria carótida interna (ACI) y nervio óptico (IIp). Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. Se accede a la lesión a través de un abordaje pterional transilviano izquierdo. Tras la cortectomía se identifica la lesión, que se extirpa junto al uncus hasta el punto coroideo anterior (v. fig. 3.16B-D). El paciente fue sometido a tratamiento oncológico con radioterapia y quimioterapia. Caso 7. Glioma de bajo grado ínsula izquierda Historia clínica y estudios de imagen. Mujer de 28 años de edad con clínica de crisis complejas seguidas de disfasia transitoria. En los estudios de resonancia nuclear magnética se identifica una lesión homogénea que no 154https://booksmedicos.org capta contraste, localizada en la ínsula izquierda y que se extiende por el opérculo frontal, concretamente en la pars triangularis, sugestiva de glioma de bajo grado (fig. 3.17A y B). La resonancia funcional verbal mostraba que el área verbal primaria se encontraba en el lado contralateral y que el tumor desplazaba áreas verbales frontales de tipo asociativo. En la tractografía, el fascículo superior estaba desplazado en profundidad por la lesión. Las áreas de activación motora ocupaban su topografía fisiológica en el giro precentral. FIGURA 3.17 Caso 7. A y B) Gran lesión insular y frontal izquierda, con gran efecto de masa y sin captación de gadolinio. Estudio de resonancia magnética en T1 en corte axial con contraste y coronal. C) Se marcan los límites anatómicos del tumor por navegación (flechas) y los puntos de la corteza estimulados y con respuesta motora (números). D) Resultado de la exéresis microquirúrgica del tumor, tanto en su porción opercular frontal como en la insular. Se aprecian los ramos de la arteria cerebral media aislados sobre la zona de resección de la ínsula. E y F) Resultado postoperatorio en resonancia nuclear magnética T1 en corte axial con contraste y coronal. Intervención quirúrgica y curso postoperatorio. Se accede a la lesión a través de un abordaje pterional transilviano izquierdo. Se localiza el tumor con navegación y se marcan sus límites con flechas. Se realiza un mapeo cortical con estimulación eléctrica cortical directa, sin recoger respuestas en el seno del tumor (v. fig. 3.17C). Se extirpa el tumor frontal opercular con un abordaje transulcal y el tumor insular con un abordaje transilviano a la ínsula (v. fig. 3.17D). La paciente sufre una discreta disfasia mixta en el postoperatorio, que mejora en semanas, sin déficits motores. En los estudios de imagen se demuestra la exéresis total de la lesión, que resulta ser un astrocitoma grado II de la OMS 2007, por lo que se mantiene en observación por imagen (v. fig. 3.17E y F). 155 https://booksmedicos.org Bibliografía Altay T, Couldwell WT. The frontotemporal (Pterional) approach: An historial perspective. Neurosurgery. 2012;71:481–492. Campero A, Tróccoli G, Martins C, Fernández-Miranda JC, Yasuda A, Rhoton AL. Microsurgical approaches to the mesial temporal region: an anatomical study. Neurosurgery. 2006;99(ONS Suppl 4):279–308. De Oliveira E, Tedeschi H. Pterional and pretemporal approaches. In: Sekhar LN, de Oliveira E, eds. Cranial microsurgery. Approaches and techniques. New York-Stuttgart: Thieme; 1999:124–129. Fernández-Miranda JC, De Oliveira E, Rubino PA, Wen HT, Rhoton Jr AL. Microvascular anatomy of the medial temporal region. 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González-Darder Vicent Quilis-Quesada Evandro de Oliveira ÍNDICE DEL CAPÍTULO Introducción 84 Relaciones anatómicas 84 Fosa temporal 84 Fosa media 87 Fosa infratemporal 98 Puntos craneales y cerebrales 98 Anatomía quirúrgica de los meningiomas del ala del esfenoides 100 Anatomía quirúrgica de los neurinomas del trigémino 101 Abordaje transcigomático a la fosa media 101 Posición 101 Planificación preoperatoria 101 Incisión cutánea y disección de las partes blandas 102 Craneotomía 103 Fase extradural 104 Apertura de la duramadre 105 159 https://booksmedicos.org Navegación cisternal 105 Relaciones con las estructuras neurológicas 106 Cierre 106 Prevención y resolución de las complicaciones relacionadas con el abordaje 106 Otros abordajes 106 Abordaje pretemporal 106 Abordaje subtemporal 107 Casos ilustrativos 107 Caso 1. Neurinoma del trigémino 107 Caso 2. Meningioma de la incisura tentorial 107 Caso 3. Meningioma del cavum de Meckel 107 Caso 4. Linfomatosis granulomatosa 108 Caso 5. Meningioma del ala del esfenoides I 109 Caso 6.Meningioma del ala del esfenoides II 109 Caso 7. Meningioma del ala del esfenoides III 110 Caso 8. Cavernoma del lóbulo temporal 110 160 https://booksmedicos.org Introducción La fosa media es la porción del cráneo comprendida entre el ala menor del esfenoides por delante, donde se continúa con la fosa anterior, y el borde superior del peñasco por detrás, donde se continúa con la región posterior de la cavidad intracraneal supratentorial situada por encima de la tienda del cerebelo. En la línea media la fosa media está delimitada por la región hipofisaria y el seno cavernoso por delante y el agujero tentorial por detrás. Lateralmente la fosa media está limitada por el hueso de la calota craneal. El abordaje quirúrgico a la fosa media se puede hacer a través del abordaje pterional descrito en el capítulo anterior, pero algunas modificaciones del mismo pueden mejorar el acceso a determinadas zonas de la misma o servir de corredor para llegar a regiones vecinas intracraneales o extracraneales. En este capítulo describiremos con detalle el abordaje pterional transcigomático y revisaremos el abordaje pretemporal como vías de acceso quirúrgicas particulares a la fosa media. Ambos abordajes deben considerarse como variantes del abordaje pterional. Con el desarrollo de la cirugía de la base del cráneo se introdujeron modificaciones que ampliaban el abordaje pterional, siendo su máxima expresión el llamado abordaje orbitocigomático. Sin embargo, este es un abordaje innecesariamente extenso para la mayor parte de los casos y, en este sentido, los abordajes pterional transcigomático y pretemporal pueden considerarse intermedios entre el pterional y el orbitocigomático y que resuelven la mayor parte de los casos donde se precisa un abordaje pterional ampliado. El objetivo específico del abordaje pterional transcigomático es lograr un acceso a nivel y paralelo al suelo de la fosa media para tratar la patología de la misma o utilizarla como corredor para el acceso a zonas vecinas más profundas. La modificación del abordaje pterional consiste únicamente en asociar una osteotomía del arco cigomático, que permite rebatir más basalmente el músculo temporal de toda la fosa temporal, y exponer así toda la superficie de la fosa temporal para completar la resección ósea de la craneotomía temporal hasta la base de la fosa media. En la literatura se encuentran descritas a su vez pequeñas variantes de este abordaje. Una familia de accesos se ha diseñado específicamente para el abordaje extradural a la fosa infratemporal, siendo interesante en este sentido la propuesta de Yoshida, al describir cuatro abordajes de tamaño creciente, de acuerdo a la patología a tratar: subtemporal, subtemporal cigomático, orbitocigomático y, finalmente, el combinado transcraneal-transcervical, con diferentes tipos de osteotomías mandibulares. Para la patología neuroquirúrgica Al-Mefty y Anand describieron inicialmente un abordaje cigomático a las lesiones de la base del cráneo que consistía básicamente en eliminar del campo quirúrgico el músculo temporal, con una osteotomía del arco cigomático y otra de la apófisis coronoides de la mandíbula, elevando cranealmente el músculo temporal en bloque sobre su inserción a lo largo de la línea temporal. 161 https://booksmedicos.org Posteriormente, Yoshida y otros detallan un abordaje cigomático transpetroso para los neurinomas del cavum trigeminal con una craneotomía y osteotomía del arco cigomático similar al que describimos. Frente a todo ello, el abordaje pretemporal defendido por Evandro de Oliveira es básicamente un abordaje pterional ampliado que permite un acceso amplio a la fosa media y al lóbulo temporal. Tras la apertura del valle silviano se procede a la liberación de todo el lóbulo temporal, lo que permite su movilización libre en cualquier dirección y, de esta forma, se crean corredores para el tratamiento de lesiones tumorales y vasculares de la cara mesial del lóbulo temporal, en la cisterna crural y ambiens y del seno cavernoso. 162 https://booksmedicos.org Relaciones anatómicas Las relaciones anatómicas laterales de las partes blandas y plano óseo, así como las del lóbulo temporal, frontal y cisura de Silvio, son semejantes a las descritas para el abordaje pterional en el capítulo anterior. En este abordaje detallaremos específicamente las relaciones anatómicas de los planos profundos, basales y, en especial, de la cara lateral del seno cavernoso. Fosa temporal La superficie exocraneal lateral de la fosa media se corresponde con la fosa temporal, llamada así por estar ocupada por el músculo temporal. El fondo es un plano óseo que está formado, de delante hacia atrás, por los huesos maxilar, frontal, cigomático o malar, esfenoides, temporal y parietal. El límite superior lo marca, a lo largo de los huesos frontal, parietal y temporal, la línea temporal superior que corresponde a la inserción de la fascia temporal y la línea temporal inferior, donde se inserta el músculo temporal. Por debajo la fosa temporal se continúa con la fosa infratemporal, fosa pterigopalatina o pterigomaxilar, espacio parafaríngeo y espacio subpetroso. La mayor parte de fosa temporal (fig. 4.1) se corresponde con la cara exocraneal de la escama del hueso temporal, que se dispone verticalmente hasta el origen del arco cigomático, donde cambia de dirección para hacerse horizontal y formar parte del suelo de la fosa media. El proceso o apófisis cigomático emerge desde la parte posterior de esta porción escamosa del temporal sobre el conducto auditivo externo y la cavidad glenoidea que aloja el cóndilo mandibular formando parte de la articulación temporomandibular. La apófisis cigomática se constituye a partir de dos raíces, una anterior o transversa, que forma la parte anterior de la cavidad glenoidea, y otra posterior o longitudinal, que se origina en la llamada cresta supramastoidea. La raíz posterior presenta en su borde inferior dos tubérculos cigomáticos, uno posterior o postglenoideo, emplazado entre el conducto auditivo externo y la cavidad glenoidea, y otro anterior o preglenoideo, por delante de la cavidad glenoidea, lugar donde termina la raíz transversa. Debajo de la cresta supramastoidea y por detrás del borde posterosuperior del conducto auditivo externo, donde se proyecta la espina de Henle, existe una depresión o triángulo suprameatal que, profundamente, se corresponde con el antro mastoideo. El llamado plano subtemporal es un repliegue óseo que une la raíz longitudinal del arco cigomático con la escama temporal. Desde la unión de ambas raíces nace la apófisis cigomática que, más adelante, se articula con el hueso malar o cigomático, formando así el arco cigomático. La porción escamosa del temporal se continúa detrás con la porción mastoidea del hueso temporal (sutura petroescamosa) y por arriba con el hueso parietal (sutura parietoescamosa). En el hueso parietal se aprecian las líneas temporal superior e inferior anteriormente mencionadas. La línea temporal superior se 163 https://booksmedicos.org continúa por detrás con la cresta supramastoidea del temporal y por delante con un reborde que llega a la apófisis orbitaria externa del hueso frontal. Por delante el hueso temporal se relaciona con el ala mayor del esfenoides (sutura temporoesfenoidal). El ala mayor del esfenoides tiene, a semejanza del temporal, una porción vertical y otra horizontal. La cara exocraneal de la porción vertical del ala del esfenoides se relaciona con la fosa temporal y en ella se inserta el músculo temporal, mientras que la porción horizontal está relacionada con la fosa infratemporal, donde se inserta el músculo pterigoideo externo y desde donde se originan la apófisis pterigoides. Ambas porciones están separadas por la cresta esfenotemporal. Por delante del ala del esfenoides se encuentra el hueso frontal, con el que se relaciona a través de la sutura frontoesfenoidal. El hueso frontal tiene un reborde que es continuación de la línea temporal superior del parietal y se continúa a su vez por delantecon el borde posterior de la apófisis orbitaria del hueso frontal, lo que cierra por delante la fosa temporal en su porción superior. Por debajo, la apófisis orbitaria del frontal se articula con la apófisis orbitaria del hueso malar o cigomático, cerrando la porción inferior del borde anterior de la fosa temporal. FIGURA 4.1 Relaciones óseas. A) Visión lateral de la fosa temporal y arco cigomático. La apófisis cigomática de la porción escamosa del temporal (HT) emerge sobre el conducto auditivo externo (CAE) y la cavidad glenoidea (CG) de la articulación temporomandibular, y se articula con la apófisis cigomática del hueso malar (HM), formando el arco 164 https://booksmedicos.org cigomático. La raíz posterior (Rp) se origina en la cresta supramastoidea (CSM) y tiene en su borde inferior un tubérculo posterior o postglenoideo (Tpo) y otro anterior o preglenoideo (Tpr). Por detrás del borde posterosuperior del conducto auditivo externo se proyecta la espina de Henle (EH) y se encuentra el triángulo suprameatal (*). La porción escamosa del temporal se continúa detrás con la porción mastoidea del hueso temporal (spe: sutura petroescamosa) y por arriba con el hueso parietal (sPe: sutura parietoescamosa). En el hueso parietal (HP) se aprecian la línea temporal superior (LTS), que se continúa por detrás con la cresta supramastoidea (CSM) del temporal y por delante con un reborde que llega a la apófisis orbitaria externa del hueso frontal (AOF), que se articula con la apófisis orbitaria del hueso malar o cigomático (sfc: sutura frontocigomática). Por delante, el hueso temporal se relaciona con el ala mayor del esfenoides (AME) (ste: sutura temporoesfenoidal). La cresta esfenotemporal (CET) marca el límite entre la porción vertical y horizontal del temporal y esfenoides. Por delante del ala del esfenoides se encuentra el hueso frontal (HF) (sfe: sutura frontoesfenoidal). Por debajo del plano del cigoma encontramos la mastoides (M), conducto auditivo externo (CAE), cavidad glenoidea de la articulación temporomandibular (CG), apófisis pterigoides externa (PTe), fisura orbitaria inferior (FOI) y maxilar superior (MX). B) Visión inferolateral de la fosa temporal y arco cigomático. La apófisis cigomática del temporal se funde con el hueso malar (HM) para formar el arco cigomático. En la base de la apófisis cigomática temporal encontramos: triángulo suprameatal (*), espina de Henle (EH), conducto auditivo externo (CAE), tubérculo posterior o postglenoideo (Tpo), cavidad glenoidea (CG) y tubérculo anterior o preglenoideo (Tpr) con la raíz transversa del arco (Rt). La cresta esfenotemporal (CET) marca el límite entre la porción vertical y horizontal del temporal (HT) y esfenoides (AME) con el agujero oval (AO), debajo de las que se encuentra la fosa infratemporal. La apófisis pterigoides externa (PTe) se desprende del esfenoides, y entre esta apófisis y el maxilar superior (MX) se encuentra la fosa pterigomaxilar (FTM), con la fisura orbitaria inferior (FOI). C) Visión endocraneal de la fosa media izquierda. El suelo de la fosa media está formada por la porción horizontal del ala mayor del esfenoides (AME) y temporal (HT) unidas por la sutura temporoesfenoidal (ste) y se limita por delante por el ala menor del esfenoides (AmE) y la apófisis clinoides anterior (ACA), medialmente por el cuerpo del esfenoides con la silla turca (ST) y por detrás por el borde del peñasco (P) hasta el ápex petroso (AP). Los orificios y canales son los siguientes: fisura orbitaria superior (FOS); agujero redondo mayor (AR); agujero oval (AO); agujero redondo menor o espinoso (FE); hiato de Falopio (HF); agujero rasgado anterior o foramen lacerum (FL) y el canal carotídeo a nivel petroso (CCp) y esfenoidal (CCe). El agujero magno (AM) y el clivus (CL) marcan la línea media. D) Visión exocraneal de la fosa media. El suelo de la fosa media está formada por la porción horizontal del ala mayor del esfenoides (AME) y temporal (HT) unidas por la sutura temporoesfenoidal (ste). En la base de la apófisis cigomática temporal encontramos: tubérculo posterior o postglenoideo (Tpo), cavidad glenoidea (CG) y tubérculo anterior o preglenoideo (Tpr) con la raíz transversa del arco (Rt). Los orificios y canales son los siguientes: agujero oval (AO); agujero redondo menor o espinoso (FE); agujero rasgado anterior o foramen lacerum (FL) y el canal carotídeo a nivel petroso (CC). El agujero magno (AM), el clivus (CL) y el vómer (V) marcan la línea media. El músculo temporal se origina en la apófisis coronoides de la mandíbula y se extiende en forma de abanico insertándose por arriba en la línea temporal inferior y, por debajo de la misma, en toda la superficie de la fosa temporal, así como en la cara profunda de la aponeurosis temporal superficial. Un grupo de fibras de desarrollo variable, llamado fascículo yugal, se inserta en la cara interna del arco cigomático y tendón de inserción del músculo masetero. El músculo temporal está inervado por tres grupos de nervios, uno anterior, otro medio y otro posterior, formados por ramos del nervio 165 https://booksmedicos.org mandibular tercera rama del trigémino y está vascularizado por ramas de la carótida externa. Tanto los nervios como los vasos llegan al músculo por su cara profunda. El músculo masetero se inserta en la cara externa del ángulo y rama de la mandíbula y sus fibras se dirigen hacia el hueso malar formando dos fascículos. El fascículo profundo se inserta en la cara inferior y profunda del arco cigomático y el fascículo superficial, mucho más potente, lo hace en los dos tercios anteriores del arco cigomático y en el cuerpo del hueso malar. La inervación procede de la tercera rama del trigémino y la irrigación de ramas de la arteria maxilar interna, que entran por su cara profunda a través de la escotadura sigmoidea de la mandíbula existente entre la apófisis coronoides y el cuello del cóndilo mandibular. Tanto el músculo temporal como el masetero tienen potentes y complejas aponeurosis que serán descritas a continuación. En un plano superficial al músculo masetero se encuentra la glándula parótida, que en su límite más superior llega a nivel del arco cigomático, por delante del conducto auditivo externo, cubriendo en parte la articulación temporomandibular y que se expande superficialmente al músculo masetero en una extensión muy variable. La arteria temporal superficial emerge entre el plano de la articulación temporomandibular y la glándula parótida y se dirige verticalmente por delante del conducto auditivo externo y el trago para distribuirse por el pericráneo de la fosa temporal. Por este mismo plano, y un poco por delante de la arteria temporal superficial, emerge la rama temporal del nervio facial o nervio temporofacial que, en cuanto cruza sobre el arco cigomático, se divide en múltiples pequeños ramos, que establecen interconexiones entre sí y acaban en los músculos faciales de la zona. Así, el nervio facial emite grupos de filetes temporales hacia los músculos periauriculares cutáneos atávicos, frontales hacia el músculo cutáneo frontal, palpebrales hacia el músculo orbicular y palpebrales, nasales o suborbitarios y, finalmente, los bucales superiores. Por último, y saliendo por el mismo plano, el nervio auricular anterior o auriculotemporal, ramo de la tercera rama o mandibular del trigémino, asciende paralelamente y justo por detrás de la arteria temporal superficial. El conducto de Stenon emerge de la glándula en el tercio inferior de su cara anterior y profunda y cursa horizontalmente por encima de la aponeurosis del músculo masetero, lejos del arco cigomático. La glándula está recubierta por una fascia o aponeurosis parotídea. La galea y la fascia temporoparietal con la que se continúa por los lados marcan el plano profundo de la piel por debajo del tejido subcutáneo y desaparecen caudalmente al arco cigomático fusionándose con el tejido subcutáneo de la región parotídea. En la fosa temporal y profundo a este plano se encuentra el músculo temporal,cubierto por su fascia temporal superficial. Entre la fascia temporoparietal y la fascia temporal superficial hay una capa de tejido celular laxo que permite su separación. La fascia temporal superficial queda constituida a su vez por una doble capa: una capa superficial, gruesa y bien definida, y una profunda o fascia propia, de menor espesor e íntima relación con las fibras del músculo temporal, que se insertan 166 https://booksmedicos.org en su cara profunda. La fascia temporal superficial se inserta a nivel de la línea temporal superior, fusionándose así con el periostio de los huesos temporal, parietal y frontal. A nivel del arco cigomático la hoja superficial de la fascia temporal superficial cubrirá su cara externa quedando adherida a ella, continuándose en sentido caudal con la fascia parotidomasetérica. La hoja profunda de la fascia temporal superficial, íntimamente relacionada con la cara externa del músculo temporal, pasará por debajo del arco cigomático para continuarse con la fascia profunda del masetero. Entre ambas hojas existe una capa de tejido graso interfascial que permite la identificación de ambas hojas y facilita su disección hasta exponer el arco cigomático libre de envolturas. Esta capa de grasa suele ser consistente y por ella corre la arteria temporal media, rama de la arteria temporal superficial, acompañada de sus venas satélites. La separación entre ambas capas de la aponeurosis superficial se hace tanto más evidente cuanto más nos aproximamos a la apófisis orbitaria del frontal y malar, arco cigomático y cresta supramastoidea. La disección de este plano interfascial, aproximadamente 3 cm posterior al reborde orbitocigomático y por delante del tronco arterial de la arteria temporal superficial, permite la exposición del arco cigomático, así como la preservación de las ramas frontotemporales del nervio facial y el tronco y ramas dominantes de la arteria temporal superficial. La cara profunda o craneal del músculo temporal queda cubierta por la fascia temporal profunda, íntimamente adherida tanto al plano muscular como al periostio, a través de la cual se suministra el aporte nervioso y vascular al músculo. Por debajo del arco cigomático, la aponeurosis maseterina cubre el músculo masetero y se inserta por arriba en el arco cigomático, por detrás y por debajo en los bordes posterior e inferior del maxilar inferior y por delante en la apófisis coronoides y rama del maxilar inferior. Fosa media La fosa craneal media es el espacio intracraneal que se extiende desde el ala menor del esfenoides hasta el borde de la porción petrosa del hueso temporal o peñasco. En la región medial de la fosa media consideraremos el seno cavernoso y la incisura tentorial y en la porción lateral describiremos el suelo de la fosa media. Seno cavernoso La pared ósea medial de la fosa media, desde la fisura orbitaria superior a lo largo de la cara lateral de la silla turca, está recubierta por el seno cavernoso (figs. 4.2, 4.3 y 4.4). El seno cavernoso es, en esencia, un conjunto de canales venosos dispuestos dentro de un espacio cerrado a modo de caja, con forma de casco de barco y formado por paredes durales y que contiene, además, la porción intracavernosa de la arteria carótida interna. La cara lateral del seno cavernoso se relaciona con el lóbulo temporal en la fosa media, la cara superior con las cisternas de la base, la cara medial con la silla turca, hipófisis 167 https://booksmedicos.org y cuerpo del esfenoides, y, finalmente, el borde inferior se corresponde con el canal carotídeo por donde se aplica la porción horizontal de la arteria carótida intracavernosa. El abordaje quirúrgico al seno cavernoso se puede hacer por su cara superior a través de un abordaje pterional transilviano o por su cara lateral a través de un abordaje de la fosa media, razón por la que describiremos ahora la anatomía de la cara lateral del seno cavernoso, mientras que la anatomía de la cara superior se ha descrito en el abordaje pterional. FIGURA 4.2 Cara medial de la fosa media. A) Visión lateral de la fosa media izquierda, cubierta de la duramadre, tras la craneotomía pterional transcigomática y fresado de la fosa temporal hasta el suelo de la fosa media. Se transparentan los ramos de la arteria meníngea media (AMM). La duramadre recubre el seno cavernoso (SC) y la apófisis clinoides anterior (ACA) (IIIp: nervio motor ocular común; ACP: arteria cerebral posterior). B) Visión lateral del seno cavernoso tras la resección de la cubierta dural lateral (DU), que ha sido rechazada hacia atrás. Los nervios craneales oculomotor (IIIp), troclear (IV) y ramo oftálmico del trigémino (V1) confluyen en la fisura orbitaria superior (FOS). Los ramos maxilar (V2) y mandibular (V3) del nervio trigémino (Vp) se dirigen hacia los agujeros redondo mayor y oval, respectivamente. La arteria meníngea media (AMM) entra por el agujero espinoso. Por detrás se ha expuesto la arteria carótida interna petrosa (ACIp) acompañada del nervio petroso superficial mayor (NPSM). Medialmente queda la punta del peñasco (PE). La arteria carótida interna cavernosa (ACIc) se visualiza entre el nervio troclear y ramo oftálmico del trigémino. Se delimitan los triángulos de la cara lateral del seno cavernoso y suelo de la fosa media: triángulo supratroclear, formado por la convergencia de los nervios motor ocular común por encima y el nervio troclear por debajo; triángulo infratroclear de Parkinson, formado por la confluencia de los nervios troclear por arriba y el nervio oftálmico por debajo y que permite el acceso a la arteria carótida interna intracavernosa; triángulo anteromedial, formado por los nervios oftálmico, maxilar y una línea que une la fisura orbitaria superior y el agujero redondo mayor por donde salen dichos nervios del cráneo; triángulo anterolateral, formado por los nervios maxilar, mandibular y una línea que une los agujeros redondo mayor y oval por donde salen dichos nervios del cráneo; triángulo posterolateral de Glassock, formado por el nervio mandibular distal al punto en donde el nervio petroso superficial mayor cruza por debajo del mismo y 168 https://booksmedicos.org por el propio nervio petroso en su borde lateral, abriéndose hacia la fosa media en sentido lateral; triángulo posteromedial de Kawase, que se encuentra medialmente al nervio petroso mayor, posterior al nervio mandibular desde su salida del ganglio de Gasser hasta el nervio petroso y por delante de una línea trazada desde el hiato de Falopio hasta el agujero dural del cavum de Meckel. C) Detalle del segmento clinoideo de la arteria carótida interna. La clinoidectomía anterior expone el segmento clinoideo de la arteria carótida interna (ACIcl), que se extiende entre el anillo proximal marcado por la membrana carotidooculomotora (MOC) y el anillo distal dural (Ad). La cara lateral del seno ha sido removida y se aprecian, de arriba hacia abajo, el nervio motor ocular común (IIIp), nervio troclear (IVp), segmento cavernoso de la carótida interna (ACIc) y el ramo oftálmico del trigémino (V1). Desde el segmento intradural de la arteria carótida interna (ACIi) emerge la arteria oftálmica (OFT), en íntima relación con el nervio óptico (IIp). Se aprecia el pilar esfenoidal de la apófisis clinoides anterior (ACA) y el pilar óptico (OS) (ACP: apófisis clinoides posterior). D) Visión idéntica a la anterior, donde se ha levantado la membrana carotidooculomotora (MCO), con lo que queda expuesto el seno cavernoso (SC) (IIp: nervio óptico; IIIp: nervio motor ocular común; IVp: nervio troclear; V1: ramo oftálmico del nervio trigémino; ACA: resto de apófisis clinoides anterior; ACIc: arteria carótida interna cavernosa; ACIcl: arteria carótida interna clinoidea; ACIi: arteria carótida interna intradural; ACP: apófisis clinoides posterior; OS: pilar óptico). E) Visión de la cara interna de la fosa media tras la resección de todos los elementos durales y del nervio trigémino y el ganglio de Gasser (*: foramen del cavum de Meckel; IIp: nervio óptico; IIIp:nervio motor ocular común; IVp: nervio troclear; VIp: nervio motor ocular externo; V1: ramo oftálmico del nervio trigémino; V2: ramo maxilar del nervio trigémino; V3: ramo mandibular del nervio trigémino; V3m: ramo motor de la tercera rama del trigémino; ACA: resto de apófisis clinoides anterior; ACIc: arteria carótida interna cavernosa; ACIcl: arteria carótida interna clinoidea; ACIi: arteria carótida interna intradural; ACP: apófisis clinoides posterior; aMe: ala mayor del esfenoides; AMM: arteria meníngea media; AP: ápex del peñasco; FOS: fisura orbitaria superior; LG: ligamento de Gruber; LPL: ligamento petrolingual; NPSM: nervio petroso superficial mayor; OS: pilar óptico; PE: peñasco; SC: seno cavernoso; TE: tentorio; TH: tallo hipofisario). FIGURA 4.3 Suelo de la fosa media izquierda. A) Visión superior del suelo de la fosa media izquierda cubierto de duramadre. Debajo de la duramadre se aprecia la arteria meníngea media (AMM), la prominencia de la eminencia arcuata (EA) y el seno cavernoso (SC). Por detrás del peñasco se extiende la tienda del cerebelo o tentorio (TC). En el borde de la incisura tentorial (TE) se aprecia el nervio motor ocular común (IIIp) y la arteria cerebral posterior (ACP) rodeando el pedúnculo cerebral y dando la rama temporal posterior. La apófisis clinoides anterior (ACA) ha sido parcialmente resecada (IIp: nervio óptico). B) Visión superior del suelo de la fosa media izquierda tras el peeling de la duramadre y la exposición de los elementos anatómicos de mayor relevancia quirúrgica. El suelo de la fosa media está 169 https://booksmedicos.org formado por la porción horizontal del ala mayor del esfenoides. La duramadre (DU) propia ha sido rebatida en sentido posterior, exponiendo el tentorio (TE). Se expone la raíz del trigémino (Vp) en su entrada al cavum de Meckel (CM) donde se aprecia su porción plexiforme previa al ganglio semilunar de Gasser (GG). La tercera rama (V3) sale hacia el agujero oval (AO). La segunda rama (V2) sale hacia el agujero redondo (AR). La primera rama (V1) se dirige hacia la fisura orbitaria superior (FOS) donde confluye con los nervios motor ocular común (IIIp) y troclear (IVp). Se ha realizado una clinoidectomía anterior, con lo que se expone el segmento clinoideo de la arteria carótida interna (ACIcl) que, tras atravesar el anillo dural (<), se hace intradural (ACIi), donde corre cerca al nervio óptico (IIp). En el triángulo infratroclear de la cara lateral del seno cavernoso es visible el segmento cavernoso de la arteria carótida interna (ACIc) y el ligamento petroesfenoidal de Gruber (LG). En la región incisural se aprecia el nervio oculomotor (IIIp) entrando en el triángulo oculomotor por fuera de la apófisis clinoides posterior (acp), arteria cerebelosa superior (ACS) y arteria cerebral posterior (ACP). En el suelo de la fosa media por detrás del trigémino se aprecia, de fuera hacia adentro, la arteria meníngea media (AMM) seccionada en su salida por el foramen spinosum, trompa de Eustaquio (Tr), nervio petroso superficial mayor (NPSM) y arteria carótida interna petrosa (ACIp). El conducto auditivo interno (CAI) ha sido abierto y el nervio facial (VIIp) expuesto hasta el ganglio geniculado (gg). El tentorio (TE) se inserta en el ápex petroso (AP), salta por encima de la entrada del nervio trigémino en el cavum de Meckel (CM) y vuelve a hacerlo en el borde del peñasco (PE), por donde corre el seno petroso superior. La resección de la porción de hueso de peñasco que queda por detrás de la raíz del trigémino y medial a la arteria carótida se denomina petrosectomía de Kawase. C) Visión superior del suelo de la fosa media izquierda tras la resección de todos los elementos de la duramadre y fresado del peñasco para la exposición de los elementos anatómicos de mayor relevancia. Se ha conservado íntegra la cara superior del seno cavernoso, donde se encuentran las relaciones anatómicas normales de la apófisis clinoides anterior (ACA) con la arteria carótida interna intradural (ACIi) y nervio óptico (IIp). El nervio motor ocular común (IIIp) entra a través del techo del seno cavernoso en el centro del triángulo oculomotor. Se expone la raíz del trigémino (Vp) en su entrada al cavum de Meckel, donde se aprecia su porción plexiforme previa al ganglio semilunar de Gasser (GG). La tercera rama (V3) sale hacia el agujero oval (AO), anterior al agujero espinoso, por donde pasa la arteria meníngea media (AMM). La segunda rama (V2) sale hacia el agujero redondo (AR). La primera rama (V1) se dirige hacia la fisura orbitaria superior (FOS), donde confluye con los nervios motor ocular común (IIIp) y troclear (IVp). Se ha expuesto el segmento petroso de la arteria carótida interna (ACIp), que se relaciona con el nervio petroso superficial mayor (NPSM) y la trompa de Eustaquio (Tr). El peñasco (AP) ha sido fresado y se muestran los canales semicirculares (CS), marcando el superior la eminencia arcuata. Se ha destechado y expuesto el contenido del conducto auditivo interno (CAI), con los nervios facial y vestibulococlear (VII-VIIIp). El nervio facial llega al ganglio geniculado (gg), desde donde se origina el nervio petroso, y el nervio se acoda para relacionarse con los elementos del oído medio (OM). Se muestran las relaciones vasculares de la arteria cerebelosa superior (ACS) y anteroinferior (AICA) con los nervios craneales (ACP: apófisis clinoides posterior; AS: acueducto de Silvio; BA: arteria basilar; HC: hemisferio cerebeloso; PE: pedúnculo; TH: tallo hipofisario). 170 https://booksmedicos.org FIGURA 4.4 Relaciones anatómicas del cavum de Meckel y el seno cavernoso. A) Visión tras la eliminación de la duramadre medial, exponiendo todo el trayecto del nervio trigémino (Vp) desde su salida del tronco cerebral, donde se aprecia su relación con la arteria cerebelosa superior (ACS). Tras la porción plexular de la raíz del trigémino se encuentra el ganglio de Gasser (gg) con las tres ramas terminales (V1, V2, V3) que se dirigen a los orificios de salida de la fosa media (FM). El ramo oftálmico del trigémino (V1), y los nervios troclear (IVp) y oculomotor (IIIp), forman parte de la pared lateral del seno cavernoso (SC). La arteria carótida interna discurre por detrás de los nervios y se aprecian los segmentos petroso (ACIp), clinoideo (ACIcl) e intradural (ACIi) (*: triángulo oculomotor; IIp: nervio óptico; AICA: arteria cerebelosa anteroinferior; ACA: apófisis clinoides anterior; ACP: apófisis clinoides posterior; ame: ala menor del esfenoides; BA: arteria basilar; CL: clivus; FA: fosa anterior; FOS: fisura orbitaria superior; PE: pedúnculo; TH: tallo hipofisario). B) Visión tras la movilización del nervio trigémino (Vp) por la sección de la raíz del mismo. Se aprecia ahora la cubierta dural profunda del cavum de Meckel (CM). Al levantar la primera rama del trigémino (V1) se aprecia el nervio motor ocular externo (VIp) que corre por dentro del seno y en íntima relación con la carótida intracavernosa (ACIc), donde se aprecia la salida de la arteria meningohipofisaria (∧). Se ha completado la clinoidectomía y se expone la arteria carótida interna clinoides (ACIcl) e intradural (ACIi), así como la arteria oftálmica (OFT) (IIp: nervio óptico; ACP: apófisis clinoides posterior; ACS: arteria cerebelosa superior; BA: arteria basilar; CL: clivus; FA: fosa anterior; FOS: fisura orbitaria superior; OS: pilar óptico; PE: pedúnculo; TH: tallo hipofisario). C) Visión general tras la resección de la duramadre del cavum de Meckel y eliminación de los lagos venosos del seno cavernoso. Con la movilización del ganglio de Gasser (gg) se visualiza ahora el ligamento petrolingual (LPL), que marca el final del segmento petroso de la arteria carótida interna (ACIp) y el inicio del segmento cavernoso (ACIc) con el ramo meningohipofisario (*). El segmento clinoideo de la arteria carótida interna (ACIcl) comienza tras pasar el anillo proximal y el segmento intradural (ACIi) cuando pasa el anillo distal. En el interior del seno cavernosodestaca el ligamento de Gruber 171 https://booksmedicos.org (LG) (IIp: nervio óptico; IIIp: nervio motor ocular común; IVp: nervio troclear; V1: ramo oftálmico del trigémino; V2: ramo maxilar del trigémino; V3: ramo mandibular del trigémino; VIp: nervio motor ocular externo; ACP: arteria cerebral posterior; ACS: arteria cerebelosa superior; BA: arteria basilar; CL: clivus; FOS: fisura orbitaria superior; PE: pedúnculo; TH: tallo hipofisario). Cara lateral del seno cavernoso La cara lateral del seno cavernoso se extiende en sentido posteroanterior desde el borde medial del cavum de Meckel hasta la fisura orbitaria superior, y en sentido superoinferior desde el reborde petroclinoideo anterior hasta el canal carotídeo (v. fig. 4.4). Los nervios de la cara lateral del seno cavernoso son, de arriba abajo, el nervio motor ocular común (III par), nervio troclear (IV par), nervio oftálmico primera rama del trigémino (V1) y nervio motor ocular externo (VI par). Todos estos nervios entran en la fisura orbitaria superior. Los tres primeros corren por la cara profunda de la pared lateral del seno, mientras que el último atraviesa el seno cavernoso en sentido posteroanterior lateralmente a la arteria carótida interna intracavernosa y medialmente al nervio oftálmico y a la cara lateral del seno cavernoso. El nervio motor ocular común entra en la pared superior del seno cavernoso por el centro del triángulo oculomotor y se coloca luego por debajo de la apófisis clinoides anterior formando la parte más superior de la pared lateral del mismo. Por debajo corre el nervio troclear que en su trayecto se va acercando al nervio motor ocular común. Más abajo, y con un trayecto recto y ascendente, corre el nervio oftálmico, que forma la parte más inferior de la pared lateral del seno cavernoso. Todos estos nervios están unidos por una delicada capa, denominada capa membranosa, que recubre los canales venosos que contiene el seno cavernoso. Dentro de este corre el nervio motor ocular común, que entra en el seno por su pared posterior a través del canal de Dorello y, tras pasar por debajo del ligamento petroesfenoidal de Gruber, se coloca en la cara lateral de la porción intracavernosa de la carótida interna y tiene un trayecto ligeramente ascendente y lateral para ocupar la cara medial del nervio oftálmico y llegar a aplicarse a la pared lateral del seno hasta entrar por la fisura orbitaria superior. El nervio, en esta porción intracavernosa, puede ser sencillo o estar formado por dos o más fascículos. Arteria carótida interna intracavernosa (segmento C3) Dentro del seno cavernoso se encuentra la arteria carótida interna intracavernosa (v. figs. 4.2E y 4.4C). La arteria carótida interna se divide en cuatro partes. La porción cervical (segmento C1) se extiende desde la bifurcación de la arteria carótida primitiva hasta la entrada del canal carotídeo de la base del cráneo y se sigue por la porción petrosa (segmento C2) hasta la entrada en el seno cavernoso. La arteria carótida intracavernosa (segmento C3) se extiende desde su salida del agujero rasgado anterior, o foramen lacerum, por donde pasa por debajo del ligamento petrolingual, hasta la porción medial de la apófisis clinoides anterior, por donde atraviesa el 172 https://booksmedicos.org techo del seno cavernoso para hacerse intradural o supraclinoidea (segmento C4) tras atravesar el anillo carotídeo dural o distal. Como hemos descrito, entre los anillos proximal y distal se encuentra el llamado segmento clinoideo de la arteria carótida interna intracavernosa. Esta tiene un trayecto sinuoso, con un segmento inicial posterior vertical o ascendente, un segmento horizontal, y, finalmente, un segundo segmento ascendente vertical anterior. Entre el primer segmento vertical y el horizontal hay una primera curva o rodilla posterior y entre el segmento horizontal y el segundo vertical hay una segunda curva o rodilla anterior. En su trayecto intracavernoso, la arteria carótida interna se aplica en el llamado canal carotídeo del cuerpo del hueso esfenoides y se encuentra fija, tanto en su entrada por el ligamento petrolingual como en su salida por el anillo dural o distal, y tiene varias ramas en su trayecto intracavernoso. El tronco meningohipofisario es la rama de mayor calibre y se encuentra, en todos los casos, originándose en el ápex de la primera curva de la arteria carótida intracavernosa. El tronco se dirige hacia atrás y corre por debajo de la entrada en el seno de los nervios troclear y motor ocular común, y se divide en tres ramas: arteria tentorial o arteria de Bernasconi-Cassinari, que llega al tentorio; arteria hipofisaria inferior, que se dirige medialmente hacia la hipófisis, y, finalmente, arteria meníngea dorsal, que irriga la duramadre del clivus y el nervio motor ocular externo. En casi todos los casos se encuentra la arteria inferior del seno cavernoso, en un tercio de los casos la arteria capsular de McConnell y, finalmente, en cerca del 10% de los casos, la arteria oftálmica se origina en el segmento intracavernoso de la arteria carótida interna. Fibras simpáticas Hay fibras simpáticas agrupadas en pequeños fascículos nerviosos que se reconocen alrededor de la arteria carótida en cuanto deja el agujero rasgado anterior, o foramen lacerum, desde donde se distribuyen acompañando al nervio motor ocular común para pasar al nervio oftálmico, o llegan a la órbita directamente hasta el ganglio ciliar o hasta el globo ocular viajando con la arteria oftálmica. Relaciones venosas El seno cavernoso está lleno de espacios y canales venosos que se agrupan en espacios clasificados por su relación con la arteria carótida interna. El espacio medial se encuentra entre la carótida interna y la hipófisis, y su tamaño es variable, ya que la carótida interna puede ser tortuosa y llegar a deformar la hipófisis. El espacio inferolateral se localiza debajo de la primera curva y por el mismo transita el nervio motor ocular externo en su trayecto intracavernoso. El espacio superolateral se encuentra por encima y detrás de la carótida interna, puede estar también ocupado por una arteria carótida elongada, y en el mismo se encuentra el tronco meningohipofisario. Finalmente, es en el espacio lateral, situado por fuera de la arteria carótida, donde se encuentra el nervio motor ocular externo. Este espacio es tan 173 https://booksmedicos.org estrecho que es frecuente que la cara interna del nervio contacte con la carótida y la cara externa con la pared lateral del seno. Los espacios venosos se conectan con diferentes estructuras intra y extracraneales: con la órbita a través de las venas oftálmicas superior e inferior; con la retina por la vena central de la retina; con los hemisferios cerebrales a través de las venas cerebrales media e inferior; con la duramadre por venas meníngeas; por medio del seno petroso superior con el seno transverso y por medio del seno petroso inferior con el golfo de la yugular; con el plexo venoso pterigoideo a través de diversa venas emisarias, y con las venas faciales a través de las venas oftálmicas. Finalmente, existe un plexo venoso que se encuentra en la cara posterior del dorsum sellae y parte superior del clivus, el plexo basilar, que es la mayor conexión intercavernosa. Otras conexiones venosas intercavernosas se hacen a través de la silla turca, por delante, detrás o debajo de la hipófisis y por encima o debajo del diafragma sellar. Suelo de la fosa media La porción ósea endocraneal de la fosa media (v. fig. 4.1C) está constituida por los huesos esfenoides y temporal y se puede dividir en dos partes, una medial y otra lateral. La parte medial está formada por el cuerpo del hueso esfenoides con la silla turca y canal carotídeo. La parte lateral está formada en su porción anterior por las alas menor y mayor del esfenoides y en su porción posterior por la porción escamosa y petrosa del hueso temporal. El ala menor del esfenoides marca el límite entre las fosas anterior y media y se prolonga medialmente con la apófisis clinoides anterior.La hendidura esfenoidal o fisura orbitaria superior es el espacio existente entre el ala menor y mayor del esfenoides y sus relaciones anatómicas y contenido se ha descrito detalladamente en el capítulo dedicado al abordaje pterional. Por debajo de la fisura orbitaria superior se encuentra el ala mayor del esfenoides, cóncava y con numerosas huellas y eminencias óseas, y que forma la mayor parte del suelo de la fosa media. En su porción más medial hay una serie de orificios alineados de delante hacia atrás, concretamente el agujero redondo mayor para el nervio maxilar segunda rama del trigémino a unos 3 mm de la hendidura esfenoidal, el agujero oval para el nervio mandibular tercera rama del trigémino unos 10 mm por detrás del agujero redondo mayor y, finalmente, unos 3-4 mm más atrás se encuentra el agujero redondo menor o espinoso para la arteria meníngea media. El resto de la porción anterolateral de la fosa media lo forma la porción escamosa del hueso temporal, mientras que la porción posterior la forma la porción petrosa del hueso temporal. La cara superior del hueso petroso o peñasco está labrada por dos surcos óseos paralelos originados en el hiato de Falopio, que siguen su eje mayor y que alojan a los nervios petrosos superior mayor y menor. En la porción más medial, entre el ala mayor del esfenoides y la punta del peñasco o ápex petroso, existe una hendidura (agujero rasgado anterior o foramen lacerum) por la que pasa la arteria carótida en su segmento petroso, quedando así la punta del peñasco medial al trayecto de la arteria carótida. En el hueso 174 https://booksmedicos.org petroso encontramos, de delante hacia atrás, en primer lugar, e inmediatamente por detrás de la punta o ápex del peñasco, una excavación o fosita gaseriana donde descansa el ganglio de Gasser y la raíz trigeminal; detrás están los orificios de salida de los nervios petrosos (hiato de Falopio) que se continúan por los surcos descritos antes, y más atrás, en la unión del tercio medio con el externo, se encuentra la eminencia arcuata, una prominencia ósea compacta que se corresponde aproximadamente con el canal semicircular superior, rodeada en su margen anterolateral por una lámina de hueso delgada llamada tegmen timpani, que forma el techo de la caja del tímpano del oído medio donde se encuentra la cadena de huesecillos. A lo largo de todo el borde del peñasco se inserta la tienda del cerebelo o tentorio que aloja el seno petroso superior y marca el límite anatómico posterior de la fosa media. Región lateral de la incisura tentorial El agujero tentorial o agujero oval de Pacchionni es la comunicación entre la cavidad supratentorial y la infratentorial. Se trata de una región anatómica muy angosta, por lo que se denomina también incisura tentorial. La porción lateral de la incisura es la que se corresponde con la zona lateral del mesencéfalo y con la parte mesial del lóbulo temporal y se enfrenta a la fosa media (v. fig. 4.3C, figs. 4.5C y 4.6A y B). La cara medial de la región está formada por la cara lateral del mesencéfalo y la cara superior del tronco, separadas por el surco pontomesencefálico, que se encuentra a nivel del borde libre del tentorio. En el mesencéfalo se pueden distinguir dos zonas, una anterior, formada por el pedúnculo cerebral, y otra posterior o tegmental, separadas por una depresión vertical o surco, recorrido habitualmente por una vena. Este surco es una vía segura de entrada al mesencéfalo, ya que se hace por detrás de la sustancia negra y del pedúnculo, donde corre la vía piramidal, y por delante del lemnisco medial (v. fig. 4.6C). El surco tiene una longitud de unos 9 mm y se puede profundizar unos 8 mm hasta llegar a las raicillas del nervio motor ocular común, cerca de su salida por la fosa interpeduncular, en la superficie anterior del mesencéfalo. El techo de la incisura lateral lo forman el tracto óptico y la porción inferior del tálamo con los núcleos geniculado lateral y medial. La cara lateral de la región, en su porción supratentorial, es la cara mesial del lóbulo temporal formada por el uncus y el giro parahipocampal. En su porción más anterior, el uncus protruye a través del agujero tentorial y el borde libre del tentorio marca un surco en el mismo un alto porcentaje de los casos. Por detrás del uncus, la cara mesial del lóbulo temporal la forman, en realidad, tres franjas longitudinales dispuestas una encima de la otra. La más inferior y cercana al borde del tentorio la forma el giro parahipocampal; la media la forma el giro dentado, y, finalmente, la franja superior la forma la fimbria del fórnix. En su porción infratentorial, la cara lateral de la incisura lateral la forma la cisura cerebelomesencefálica que separa la porción anterosuperior del cerebelo de la cara lateral del tegmen mesencefálico (v. fig. 4.6A y B). El nervio troclear (IV 175 https://booksmedicos.org par) corre por la región, separando las arterias cerebral posterior y cerebelosa superior, hasta introducirse por el borde inferior del tentorio para llegar al seno cavernoso. En la porción más anterior de la región corre la arteria coroidea anterior, rama directa de la arteria carótida interna, que llega al punto coroideo inferior, donde entra en el asta temporal del ventrículo lateral (v. fig. 4.5C). Más atrás entra en la incisura lateral la arteria cerebral posterior en su segmento P2, que corre alrededor del mesencéfalo y desde donde salen ramas corticales, las arterias coroideas posteriores medial y lateral y la arteria talamogeniculada. El nervio trigémino (V par) corre por la porción infratentorial de la región hacia el cavum de Meckel y también por la porción infratentorial de la región se encuentra la arteria cerebelosa superior antes de su bifurcación en sus dos ramas terminales superior e inferior. La principal vena de la incisura es la vena basal de Rosenthal, que corre aplicada al techo de la región sobre la arteria cerebral posterior, hasta que desemboca en la vena de Galeno. La incisura lateral está ocupada por las cisternas crural y ambiens. La cisterna crural es anterior y se encuentra entre el uncus y el pedúnculo cerebral. Por detrás, la cisterna ambiens ocupa la región hasta la cisterna cuadrigeminal. La cisterna ambiens se extiende por encima y debajo del borde libre del tentorio. 176 https://booksmedicos.org FIGURA 4.5 Lóbulo temporal. A) Cara lateral del lóbulo temporal derecho. Se ha expuesto el giro temporal superior (GTS), que se extiende entre la cisura de Silvio (cs) y el surco temporal superior (sts), y se funde en superficie posteriormente con el giro supramarginal (GSM). El giro temporal medio (GTM) se emplaza entre los surcos temporal superior e inferior. Se ha preservado la vena silviana superficial (vss) y el complejo venoso de la vena de Labbé (vL), que drena en el seno transverso (st) (PF: polo frontal; PO: polo occipital; PT: pterion). B) Cara basal del lóbulo temporal derecho. El giro temporal más medial es el giro parahipocampal (GPH), que se continúa por delante con el uncus (UN). Lateralmente se encuentra el surco colateral (scl), que por delante se continúa con el surco rinal (sr), que separa el uncus del polo temporal (PT). Lateralmente al surco colateral se encuentra el giro temporooccipital o giro fusiforme (GFUS) y por fuera el surco temporooccipital (sto). Finalmente, se encuentra la superficie basal del giro temporal inferior (GTI). No hay una separación clara entre los lóbulos temporal y occipital. C) Visión superior del lóbulo temporal izquierdo, que ha sido separado de las estructuras del lóbulo central (central core). En la cara superior del lóbulo frontal se encuentra el planum polare (PP) y temporale (PT) que forman parte del opérculo temporal de la cisura de Silvio. Detrás están los giros transverso anterior de Heschl (GH) y medio (GTM). En el limen de la ínsula (LI) gira la arteria cerebral media (ACM). Se expone el asta temporal (AsT), donde se 177 https://booksmedicos.org aprecia la eminencia colateral (EC), y atrio (AT) del ventrículo