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1 The Alpha’s Domination Sam Crescent (The Alpha Shifter Collection 04) Este libro ha sido realizado en colaboración por: Traducción de Fans para Fans, sin fines de lucro Traducción no oficial, puede presentar errores Apoya a los autores adquiriendo sus libros 2 Sinopsis Daniel es un Alfa y un Dom. Durante el último año ha estado tratando de convencer a Dawn de que son compañeros. Él ve la forma en que ella se contiene. Ni una sola vez durante su tiempo juntos ella ha confiado en él lo suficiente como para entregarse a él. Es hora de hacerse cargo y mostrarle quién es el verdadero Maestro. Dawn anhela el dolor y nadie puede manejar su necesidad. Cuando Daniel descubre su secreto no hay marcha atrás. Ella no puede sentir dolor y depende de su Dom protegerla. Su condición la hace vulnerable a los depredadores. Daniel no dejará que le pase nada a su compañera y hará todo lo que esté a su alcance para protegerla, incluso de la persona que más quiere lastimarla. 3 Capítulo 1 Daniel Brennan corrió por el bosque inhalando todos los deliciosos aromas y escuchando todos los sonidos que lo rodeaban durante una carrera. Necesitaba aclarar su mente antes de dirigirse hacia su club BDSM. Algunos de su manada lo seguían, siendo los guardias leales que ansiaban ser, mientras que otros estaban en el club. Nadie de su manada vivía con él. Nunca había sido uno de esos Alfas que exigían la presencia de la manada en todo momento. Eran libres de vagar dentro de su área, y la única regla que exigía que todos siguieran era que el secreto del lobo se mantuviera en todo momento. Obviamente, si uno de los hombres o mujeres encontrara a su compañero predestinado, no le importaría que se divulgara ese secreto. Ocurrían cosas serias entre los compañeros predestinados, y los secretos se guardaban fácilmente. Rodeó el bosque y echó a correr con los demás siguiéndolo. Ser el Alfa de la manada lo hacía más rápido y más fuerte que cualquier otra persona. Daniel amaba el poder aunque nunca lo usaba contra ningún miembro. Nunca había sido cruel ni había degradado a otros. Eran su manada y los 4 amaba como a sus hijos. Daniel había oído hablar de otras manadas en las que ocurría la crueldad, pero aún no había conocido a ninguna de ellas. Una vez que se terminó el estallido de energía, se quedó mirando su propiedad. Su familia venía de dinero heredado, por lo que su casa era grande, lo suficientemente grande como para albergar una manada. —Está bien, eres rápido, lo entendemos —dijo Jake, tomando varias respiraciones profundas. —Mierda, ¿tenías que demostrarnos lo grande y poderoso que eres? Riendo, Daniel miró a su amigo, quien también resultaba ser uno de los guardias que se asignó a sí mismo para cuidarlo. —Tú eres el único, junto con Dave y Bill, que se queda para protegerme. No necesito protección, Jake. —Todos sabemos eso, y a ninguno de nosotros le importa lo que dices. Vamos a estar a tu lado pase lo que pase. Daniel puso los ojos en blanco. No estaba siendo un dolor en el culo y realmente creía que no necesitaba ayuda para protegerse. En todos los años que había sido Alfa, no había tenido ningún conflicto con ningún extraño. Cualquier manada que ingresara a su territorio se presentaba y solicitaba permiso para permanecer dentro de su área por unos días o semanas. Ni una sola vez se había encontrado con un lobo rebelde o alguien que representara alguna amenaza. Todos eran pacíficos y él trabajaba con ellos para facilitar la vida de su manada. Había escuchado de otros Alfas que no hacían más que luchar, 5 discutir y causar problemas al tratar de conquistar otros territorios. —¿Vas a ir a verla? —preguntó Jake. La sonrisa en el rostro de Daniel desapareció. Vería a su muy terca compañera, un dolor en el culo que no lo reconocía como compañero o cualquier otra cosa que no fuera un Maestro. —Iré a verla. No tengo otra opción. —Apretó los dientes, cerrando los puños mientras la ira y el anhelo se combinaban. Daniel no podría tener a la mujer que quería mientras ella se mantuviera alejada de él. —¿Entonces irás a Kinkster? Asintió. Kinkster era el club BDSM local que ayudaba a dirigir. Atendían a los lobos con un gusto por el lado más duro y perverso del sexo. Algunos de los miembros eran humanos, ya que los compañeros no estaban restringidos a los de su propia especie. A Daniel no le importaba. No estaba en contra de las parejas en la forma en que vinieran. El mundo, a veces, era extremadamente cruel. Que un lobo encontrara a su único y verdadero compañero era un regalo que pocos disfrutaban. Algunos hombres dejaban de buscar a sus compañeras y se establecían con la siguiente mejor opción. El único problema de conformarse con la siguiente mejor opción era cuando finalmente tropezaban con la mujer destinada a ser suya. 6 —No tengo otra opción. Ella estará allí, y sé que mi lobo no me permitirá que la pierda sólo porque odio lo que está pasando entre nosotros. —Y es que no estaba pasando nada. Dawn Weldon había entrado en su vida hace un año y se había dedicado a joderle la cabeza. Ella no sabía cómo lo jodía, pero era testaruda. Dawn no formaba parte de su manada, pero, sin embargo, se había acercado a él para pedirle permiso para entrar en Kinkster. Era una sumisa en su interior, que ansiaba todo lo que sus hombres pudieran darle, ya fuera con una mano o con un bastón. En el momento en que ella entró en su lugar, él sintió la necesidad de aparearse, reclamar, poseer. Esos sentimientos solo se habían intensificado cuando ella estuvo en su compañía vestida con una sencilla falda lápiz negra y una blusa blanca. La ropa conservadora no le repugnaba. Había olido los antojos más oscuros dentro de ella. La loba sumisa pedía ayuda, su ayuda, para domar el fuego interior. Ni una palabra salió de sus labios mientras se miraban el uno al otro, evaluando, esperando. Sintió a su loba, pudo verla como si ella hubiera cambiado frente a él. La loba negro oscuro con toques de marrón necesitaba una mano fuerte, una mano firme. Por primera vez en su vida, había sentido de qué se trataba la verdadera sumisión, y Dawn lo tenía todo encerrado en su cuerpo de piel oscura. Sus ojos color avellana dispararon fuego hacia él mientras su cuerpo curvilíneo le rogaba que la tomara y la 7 follara. Dawn era toda una mujer con grandes tetas, caderas redondeadas y un estómago curvo. En su opinión, podría darle una follada dura sin miedo a lastimarla. Sus piernas también eran gruesas y fuertes. Su cuerpo era pura perfección, y siempre lo tenía duro como una roca. Incluso cuando su loba quería acostarse en sumisión, la mujer frente a él se resistía. Dawn y su loba estaban juntas como un entero, pero ella estaba decidida a no poner su futuro en manos de una persona en la que no confiaba. Por más sumisa que fuera, no era estúpida. Daniel la respetaba por eso. Su compañera no ansiaba ningún tipo de sumisión a manos de un hombre cruel. Quería ser sumisa para el hombre adecuado, que la cuidaría y la trataría bien, no como un animal. Las cicatrices en su interior eran profundas y, sin embargo, ella las guardaba como si no le importara en absoluto. Ni siquiera reconocía su reclamo. Nunca habían follado, y él no había conocido al Alfa de su manada. Su única petición había sido que su presencia allí permaneciera en secreto. Ella no quería que él se acercara al Alfa de su manada, y como su compañero y Dom, él no podía hacer lo que ella le pedía que no hiciera. Con cada día que pasaba, intentaba demostrarle una y otra vez que podía confiar en él. Ella le permitía tocarla, pero solo como castigo, nunca íntimamente. 8 Su relación era lamentable, pero es lo que necesitaba. Su lobo se calmaba un poco cuandoestaba con ella y se negaba a perder eso solo porque ella fuera difícil. —Podrías encontrar a alguien más, Daniel. No tienes que aguantar esta mierda. —Jake le puso una mano en el hombro. —No tengo elección. Ella es mi otra mitad. Mi única razón para ir a Kinkster ahora. —Desde el momento en que Dawn entró en su vida, lo había destruido para cualquier otra mujer. Solía disfrutar de entrenar sumisas y compartir un estilo de vida único con otras mujeres. Ahora, dependía de Dawn. Ella no tenía la menor idea del poder que tenía sobre él. Lo veía en sus ojos cuando estaban juntos. No confiaba en sus respuestas ni en sus sentidos. ¿Sus sentidos la habían defraudado en el pasado? No lo sabía. Había tanto que no sabía sobre su mujer. Ella era un misterio que quería resolver. —El resto de la manada, ¿Comparten tus pensamientos? — preguntó Daniel. —Están preocupados por su Alfa, su líder. Tienes que entender sus preocupaciones. —No tengo que entender nada, Jake. Me preocupo por mi manada y ninguna decisión que tome es fácil. —Se pasó una mano por la cara sintiendo el deseo de encontrar a su compañera. Su lobo deseaba disfrutar de su aroma y ver su sumisión a sus pies. —Sabemos que serás cuidadoso cuando tomes esta decisión. Sólo estamos preocupados por ti. Tu lobo ha corrido 9 todos los días durante el último mes. Nada de lo que haces parece encerrarlo bien. El hecho de que Dawn te mantenga a distancia está haciendo que tu lobo se ponga difícil. Un año, Daniel, un año has estado pasando por esto. Algo tiene que cambiar. Se giró para mirar a Jake. Dave y Bill estaban parados a una buena distancia, pero él vio la tensión en sus cuerpos. —¿Estás preocupado de que deje que mi bestia se haga cargo? —preguntó Daniel. —Han sucedido cosas peores en el pasado. Algunas mujeres que negaban a sus compañeros a veces podían liberar a la bestia salvaje que llevaban dentro. Cuando el instinto salvaje golpeaba, todos estaban en peligro. —No voy a dejar que llegue tan lejos. Tengo el control de todo. Dawn necesita orientación y cuidado. No voy a apresurarla solo porque mi lobo exige más. —Si apresuraba a Dawn, todo el trabajo que habían hecho juntos en su relación terminaría. Por mucho que le encantaría extenderla y follarla desde el amanecer hasta el atardecer, sabía que ansiaba más. —Confiamos en ti —dijo Jake. La mirada que Dave y Bill le enviaron le contó otra historia. Confiaban en él, pero con Dawn, comenzaban a dudar de su liderazgo. Era hora de poner a Dawn en conocimiento de lo que le estaba haciendo. 10 *** Dawn hizo girar la pajita en su vaso y observó cómo el líquido se arremolinaba. Había estado sentada en la barra durante la última hora. Los sonidos de gemidos femeninos y masculinos llenaban el aire. Kinkster no era como muchos clubes BDSM. El bar no vendía licor sino tazas de té, café, expreso o, en su caso, refrescos. Le encantaba beber refrescos. El sabor era tan refrescante, que le recordaba mucho a su juventud cuando la vida era fácil, simple. La vida había dejado de ser simple en su transición cuando su vida había cambiado para siempre. Dawn guardaba un secreto que no podía contarle a nadie, ni siquiera a su propio padre. Ella era una loba, de principio a fin, y solo su necesidad de ser controlada la diferenciaba de los demás dentro de su manada. Dando vueltas en su asiento, miró a la gente que tenía delante. Algunas de las personas eran compañeros humanos, mientras que muchos de ellos eran lobos. Su manada estaba situada en un territorio a tres pueblos de distancia, y ella venía a Kinkster ya que ninguno de ellos lo hacía. Nadie de su manada había creído jamás en el BDSM. Había escuchado lo que decían cuando abrió este club. Pasando los dedos por su cabello, vio cómo le enrojecían el culo a una mujer que estaba inclinada sobre un banco de azotes. Su tierna carne blanca se sonrojó con un bonito colorete cuando el hombre, su Dom, la castigó por algún delito 11 menor. La escena dejó el coño de Dawn mojado. Su piel era oscura, y le costaba mucho a su trasero mostrar un toque de rojo. Lo sabía porque se lo habían dicho antes. Encontrar a un hombre que se convirtiera en su Maestro o Dom la había puesto en malas situaciones. Los hombres de su manada no creían en darle con una mano o una vara a una mujer, y mucho menos castigarla. Deseó poder decir lo mismo de una mujer de la manada. Dawn cerró los ojos cuando los recuerdos la inundaron por lo que se había hecho a sí misma. Había salido entre los humanos para encontrar lo que ansiaba. Su miedo y necesidad habían disfrazado el olor natural de las personas que la rodeaban. El primer hombre con el que se permitió liberarse la había amarrado durante dos días y había azotado su cuerpo dejando un rastro de sangre por el suelo. Había sido un sádico de la peor clase. Mientras pensaba que la estaba lastimando, dejó escapar que había matado a una mujer porque ella no podía soportar su tipo de castigo. A su loba no le había gustado eso y había salido de su neblina para matarlo. Ella había convertido sus manos en garras y lo había destrozado. Durante mucho tiempo se había quedado mirando el desastre que había creado con el hombre y luego se había ocupado de la evidencia. Él era una basura, y nadie lo echaba de menos. Después de su primer desastre en el BDSM, había decidido dejarlo de lado. Tenía que dejar de lado el deseo de dolor, la necesidad de dolor y el ansía de dolor. El 12 dolor que ansiaba que, no importaba lo que le hicieran, no podía sentir. No podía permitirse volverse vulnerable a nadie. Los lobos no eran sumisos y no disfrutaban de ese mordisco de dolor para excitarse, ni buscaban a alguien que les hiciera daño con la esperanza de sentirlo. No sabía por qué era diferente a los demás de su manada, pero por miedo no le preguntaba a nadie lo que ellos experimentaban. Las parejas predestinadas que veía en la manada siempre eran dulces juntas. Su primera vez había sido horrible, y el chico con el que lo había hecho la había sujetado mientras cabalgaba con fuerza sobre su cuerpo. Lo único que recordaba que le había gustado era que la sujetara y el hecho de que no pudo sentir nada cuando él la mordió durante su liberación. A partir de ese momento, su necesidad de encontrar el dolor solo había crecido. Su loba sabía lo que quería, y también Dawn. —Lo siento, Maestro. Dawn siguió el sonido para ver a un hombre abrazando a su sumisa. Llevaba unos vaqueros y eso era todo. Sus brazos rodearon a su mujer y le acarició el pelo. —La próxima vez te harás cargo, ¿no? —preguntó él. Su curiosidad se apoderó de ella y se encontró mirando a la pareja. No sabía sus nombres ni la relación entre ellos. El olor que emanaba de ellos le dijo que ambos eran lobos. —Tara no tuvo ningún cuidado cuando salió de compras y caminó frente a un autobús que se aproximaba. Si Dale no hubiera estado cerca, habría perdido a su bebé por nacer y 13 podría haber sido asesinada. Podemos soportar mucho, pero un choque frontal con un autobús es demasiado —dijo Daniel, sentado a su lado. Poniendo las manos en sus rodillas, trató de luchar contra la necesidad de mirarlo. Son compañeros. Deja de luchar. Según Daniel eran compañeros, pero ella no confiaba en los sentimientos que atravesaban su cuerpo. Había estado en una situación tan espantosa que ya no tenía la menor idea de qué creer. Su loba ansiaba su duro castigo al igual que ella, pero ambas eran cautelosas, sus errores pasados y sus antojos las hacían desconfiar. Él la miraba fijamente. Toda su perfección masculina se burlaba de ella con lo que podría tener y de lo que se mantenía alejada. ¿Estaba aquí para burlarse de ella? Él nunca te haría eso. Deja de tratarlo como a los demás. Se obligó a mirarlo y luego deseó no haberlo hecho. Danielno llevaba camiseta como la mayoría de los hombres del club. Sin embargo, cuando Daniel estaba semidesnudo, ella no podía concentrarse en nada más que en su carne al descubierto. Su piel generalmente pálida estaba bronceada por las horas que pasaba al sol. La misma piel estaba cubierta con diferentes tipos de tinta. Ningún tatuaje estaba coloreado ni era elaborado. Los diseños estaban en tinta negra, bastante simples, pero se destacaban en su cuerpo, que era fuerte, grueso y musculoso. Se le hacía agua la boca cuando 14 simplemente lo miraba. Rápidamente miró su falda, deseando haberse puesto algo más. Cuando Daniel se paró a su lado, la hizo sentir pequeña, delicada. Sus curvas de talle cuarenta y nueve junto a él se sentían como nada. Él vibraba con energía y poder. El lobo Alfa dentro de él exudaba todo lo que ella quería en un hombre y en un líder. No confíes. Las advertencias internas de su loba la pusieron tensa. —Mírame, Dawn. Él habló con dureza. Su cuerpo se despertó una vez más y lo miró. Su cabello negro colgaba sobre su rostro rozando la parte superior de sus ojos. Daniel no tenía mucho cabello, pero tenía suficiente para que ella quisiera pasar los dedos por él. Su mirada morena estaba completamente enfocada en ella. Se estremeció ante el poder, un ligero toque de ámbar apareció cuando su lobo salió a la superficie. Compañero. —Gracias por decírmelo —dijo. —¿Son tus lobos? —¿Qué ocurre? —preguntó él. —Nada. Solo tenía curiosidad por la pareja. —Ofreció una sonrisa a pesar de que sonreír era lo último que quería hacer. —Me estás mintiendo de nuevo. Se mordió el labio y se miró las manos. Dawn soltó un resoplido y él la levantó del taburete en el que estaba sentada y tomó asiento. Con movimientos rápidos 15 la tenía sentada en su regazo. La evidencia de su erección presionó contra su trasero, burlándose de ella. Eso es lo que podrías tener pero nunca lo harás porque eres una cobarde. Su mano se posó en su pierna. Daniel no empujaba los límites que ella había establecido. Él era el perfecto caballero y Maestro. —Tate y Dale han estado viniendo a Kinkster durante cinco años. Son una pareja apareada verdaderamente feliz. —¿Ella está feliz de ser sumisa? —Les gusta jugar, Dawn. Apareados o no, saben lo que les gusta. Dawn se humedeció los labios mientras sus pezones se hinchaban ante el sonido de su voz. El calor de su cuerpo la rodeó, llenándola de esperanza por algo más. Su coño estaba en llamas por su toque. Había pasado un año desde la última vez que experimentó un orgasmo, tal vez un poco más. Su última pareja se fue cuando no pudo darle lo que ella quería. Él le dijo que necesitaba encontrar a alguien dispuesto a aguantar su mierda. Siempre estaba a la caza de sentir dolor, mucho, y le gustaba que la sujetaran. A algunos hombres no les gustaba estar completamente a cargo. Eso era todo lo que quería, un hombre que tuviera el control total y que le produjera dolor. Durante sus primeros años, hubiera dado cualquier cosa para dejar de sentir dolor. Ahora, quería que el dolor supiera que estaba viva, que no le faltaba algo. 16 Mira lo que pasó todas las veces que los hemos dejado. Cerró los ojos mientras todos sus intentos fallidos sonaban a través de ella como un disco rayado. A la edad de veintinueve años, había matado a un hombre y había sido herida por seis más en una relación. Que te dijeran que estabas enferma, que eras repugnante o simplemente extraña, dolía tanto como un puñetazo. A Dawn no le gustaba que le pegaran, o no solía gustarle. Ahora, no lo sentía. Le gustaba que la azotaran, la castigaran de la manera más deliciosa, ya que el toque era mejor que nada. —No puedes ir a ningún lado —dijo Daniel, capturando su barbilla y girándola para que lo viera. El agarre en su rostro era duro, y él no la soltó. —¿Qué te dije cuando viniste aquí? —Que estoy contigo y no puedo ir a ningún otro lado. —Eso es, mascota. Viniste a mí porque necesitabas una fuerte disciplina y mano dura. Estás tratando de pelear conmigo, y estoy cansado de eso. —La puso de pie y él se levantó también. —¿Qué estás haciendo? Daniel la fulminó con la mirada. —¿Señor? ¿Qué está haciendo, Señor? —Vamos a ocuparnos con tu castigo. Dentro de Kinkster eres mi sumisa a menos que digas tu palabra de seguridad. — La tomó de la mano y la alejó de los testigos. Incluso mientras su corazón se aceleraba por el miedo a lo que estaba por venir, 17 no pudo evitar el golpe de excitación. Verlo en el papel de un Dom la excitaba. 18 Capítulo 2 Daniel pasó a varios miembros de su manada que le dieron un rápido asentimiento. Los saludó pero siguió moviéndose mientras. Dawn se mantuvo a su lado con la cabeza inclinada. No estaba actuando como una sumisa; simplemente lo estaba siguiendo. Al observarla, notó que ella mantenía la cabeza gacha cada vez que se movía de un lugar a otro. Dawn rara vez miraba hacia arriba para ver el mundo que la rodeaba. Su vida no había sido fácil. Había visto la evidencia tanto en sus ojos como en sus acciones. Había sido herida en el pasado. Quería saber todos sus secretos y lo que le estaba ocultando. Los compañeros no se ocultaban la verdad el uno al otro. Ella le respondía de la forma en que lo hacía un compañero, sin embargo, sentía que su loba se tensaba a su alrededor. Para que una mujer y su loba no estuvieran seguras, sabía que lo que había sucedido las había dejado a ambas con una cicatriz. De él dependía hacerla salir. Al abrir la última puerta al final del pasillo, Daniel le soltó la mano, encendió la luz y cerró la puerta. Se giró hacia ella para evaluar sus reacciones. Esta era su habitación privada. La 19 única vez que usaría esta habitación sería para la mujer con la que pretendiera quedarse. Solo un par de mujeres habían estado cerca de entrar aquí hasta que esta mujer pidió permiso para unirse al club. —¿Dónde estamos? —preguntó ella. Se mantuvo alejada de la cama, manteniéndola a su espalda mientras se giraba para mirarlo. —Esta es mi habitación privada y personal. A partir de ahora, cada vez que vengas a este club, aquí estaremos. —Se cruzó de brazos, esperando. —No, tenemos que estar a la vista de los demás. —Delante de los demás, te reprimes. Afuera no eres tú misma y siempre tienes miedo de que alguien te note. He visto tu forma de ser. Quieres ver lo que sucede dentro del club para asegurarte de que los hombres y mujeres estén tratando bien a sus sumisas, pero cuando se trata de ti, quieres la libertad de estar lejos de todo. —No, estás equivocado. —Entonces quítate la ropa y saldremos a hacer una escena ahora mismo. Te castigaré por tu falta de reconocimiento de autoridad, y luego te haré correrte para que todos vean la belleza de tu orgasmo. Ella se apartó de él. Su cuerpo se tensó y comenzó a mirar alrededor de la habitación. ¿Por una oportunidad de escapar? La loba dentro de ella comenzó a golpear su jaula interior. 20 El instinto protector dentro de él aumentó con toda su fuerza. Sus reacciones estaban enfureciendo al Dom y al protector al mismo tiempo. —De rodillas y preséntate ante mí. —Él profundizó su voz, y Dawn se puso de rodillas, abriendo las piernas mientras inclinaba la cabeza, presentando su cuerpo en la pose sumisa que tanto amaba. —Tu loba puede descansar. No te dejaría salir para que otros vieran este hermoso cuerpo. —Extendió la mano para tocar un mechón de su cabello. Tenía un cabello hermoso, largo y castaño oscuro. Observó las hebras mientras las acariciaba con los dedos. —Las cosas van a cambiar entre nosotros, Dawn. Ella lo miró. Las lágrimas brillaron en sus ojos mientras lo miraba fijamente, y sus labios temblaron. —Durante el último año te he visto bailar a mi alrededor como si tuvieras el control. Soy el Dom, tu Maestro,y también soy tu compañero. —Presionó un dedo contra sus labios cuándo quiso discutir con él. —No más discusiones. Me has mantenido a distancia y he seguido tus reglas. Algo jodido te pasó, lo entiendo, pero no vas a lidiar más con eso. Me dejarás entrar aquí. —Presionó el dedo de su boca en su cabeza. —No voy a dar marcha atrás ni a marcharme. Estamos en esto juntos. — Esperó que varios minutos pasaran. —Puedes hablar. —Esto no es lo que acordamos. Cuando te fui a ver, me prometiste que podría tomarme mi tiempo para acostumbrarme a ti y que podría terminar con esto cuando quisiera. 21 —Acepté esos términos antes de darme cuenta de lo dañada que te habías vuelto con este estilo de vida. Tienes problemas, Dawn. Puedo ayudarte a superarlos, pero tienes que confiar en mí. —¿Cómo puedo confiar en ti cuando estás haciendo esto? —Hizo un gesto con la mano entre ellos. ¿Tenía alguna idea de lo hermosa que se veía de rodillas ante él? Lo dudaba. Dawn no tenía la menor idea del poder que tenía sobre él. —No fui a ver a tu padre cuando me di cuenta de que no ibas a aceptar nuestro apareamiento. —A cualquier padre, especialmente a un Alfa, le hubiera encantado que su hija se apareara con un compañero alfa. Daniel había tenido toda la intención de ir con su padre. Ella le había rogado que no lo hiciera y luego amenazó con negar su afirmación. Si ella negaba su reclamo, el riesgo de volverse salvaje aumentaba. Se echó atrás y decidió demostrarle que podía confiar en él. —Te di un ultimátum. Eso no es confianza. Él ahuecó su cara y le pasó el dedo por el labio. Ella no se tensó ni se apartó, lo cual era una mejora. Cuando estuvieron juntos por primera vez, ella luchó contra él a cada paso y se alejó de cualquier tipo de intimidad. —Te he dado más en el último año de lo que has recibido en otros lugares. Veo la mirada en tus ojos, Dawn. No me permites llevarte al orgasmo, pero el placer está en tus ojos, en la forma en que me dejas abrazarte. Hay muchas cosas de las 22 que me puedes acusar, pero no preocuparme y ocuparme de tus necesidades no es una de ellas. —Retiró la mano. —Has pasado por muchas mierdas. Quiero saber qué es. —No, no te voy a decir nada. —¿Sientes a tu loba ahora mismo? ¿Cómo se pasea por las paredes de tu mente, curiosa pero reprimiéndose? —Cómo sabes… —Ella quiere confiar en mí, confiar en este instinto dentro de ella. Te has puesto en peligro y no iremos a ningún otro lado hasta que me lo digas. —La miró fijamente sabiendo que necesitaba ganar esta batalla. —Esta noche, vendrás a casa conmigo. Vamos a llegar al fondo de tus problemas. Nadie miente en mi casa. Estaremos totalmente solos y podremos explorar tus problemas. —No, no voy a ir a ningún lado contigo. —Es simple, Dawn, vendrás conmigo de regreso a casa o te acompañaré a tu casa, le diré a tu padre y retiraré tu membresía de aquí. Nadie te tocará y tu padre te echará o te exigirá algo. —No puedes hacer eso. Te rechazaré. Voy a detener esto. —Todo el club conocerá tu secreto. Si guardas el secreto aquí conmigo, morirá conmigo, pero volverás a casa conmigo. He guardado este secreto durante un año. He aguantado tu mierda, y esto termina ahora. —Este era un movimiento radical de su parte. Ella podría salir por esa puerta y estar a salvo por el resto de su vida. Daniel sabía que había algo más mal dentro 23 de ella. Dawn estaba aterrorizada por sus propios instintos, que le decían que se pondría en riesgo en más de un sentido. —Esto no es justo. —La vida no es justa. Nunca te haré daño, Dawn. Soy tu compañero Te cuidaré y te prometo que todo lo que suceda será lo que tú quieras. Ella miró un punto más allá de su hombro. Sus labios se abrieron y luego se cerraron. Se imaginó su mente trabajando a toda marcha para escapar de su sugerencia. —No quiero que le digas nada a mi padre. No necesita saber dónde paso mi tiempo. —Bien —dijo, dolido de que ella estuviera avergonzada por la forma en que pasaba su tiempo. Sus uñas se hundieron en la carne de sus muslos, se imaginó que para causarse un mordisco de dolor. No le gustaba lo que estaba haciendo. Poniéndose de rodillas, la tomó de las manos para evitar que se causara más dolor. Ella jadeó ante su toque, y él no apartó la mirada de sus ojos. —¿Qué va a ser, Dawn? Esto no puede continuar. —¿Estamos emparejados? —Sí. Ella rompió su mirada al mirar su mano sosteniéndola. — ¿Qué necesitas que haga? —Necesito que confíes en mí. —No soy normal. 24 —Nunca dije que quisiera una mascota normal. Vamos a superar esto. Le apretó la mano en un intento de tranquilizarla. Ella dejó escapar un suspiro. —Está bien, iré contigo. Daniel deseaba que hubiera más entusiasmo en su voz, pero aceptaría lo que ella le daba ahora mismo. El apareamiento era diferente para todos. Había compañeros que podían luchar contra el impulso de aparearse, pero eso generalmente se debía al hecho de que uno de ellos ya estaba en una relación con otra persona. En su caso, el de él y el de Dawn, ella había sido herida en el pasado y no confiaba en el instinto natural de aparearse. Cuando finalmente se aparearan, no habría forma de negarse el uno al otro. Una vez que Dawn lo aceptara y él la follara y mordiera, ella sería suya y su conexión sería completa. Entendería todo lo que pasaba dentro de su cabeza. Si no fuera por Jake, no habría sabido que Dawn era la hija de un alfa. Su amigo se enteraba de todo. Era una de las razones por las que era un buen guardia. Nada se le pasaba nunca. *** ¿Qué estás haciendo? 25 Dawn miró fijamente su mano donde él sostenía su palma dentro de la suya. Su piel oscura se destacaba en contraste con su piel pálida, pero sus diferentes colores de piel no la molestaban. No, lo que la sorprendía era la forma en que la abrazaba. Era fuerte, poderoso y, sin embargo, la abrazaba como si fuera delicada. Ella era todo menos delicada. Él no la lastimaba, simplemente la mantenía firme. ¿Qué estaba tratando de hacer? —Mírame, Dawn. Ella levantó la mirada hacia él, confundida por lo que estaba sucediendo dentro de ella. Por un lado, quería seguir hundiendo los dedos en su carne para tratar de causarse dolor y, sin embargo, quería lo que Daniel le daba. ¿Él siquiera entendería lo que le estaba pasando? —Me has desobedecido hoy. Antes de que vayamos a mi casa, te castigaré y luego llamarás a tu padre. Cuando fue a hablar, él presionó un dedo en sus labios para detenerla. —No, no puedes hablar ahora. No te dejaré sola. Vas a hacer la llamada mientras estoy aquí para escuchar lo que tienes que decir. No permitiré que un padre enojado piense que le he robado a su hija. Ni siquiera había pensado en iniciar un conflicto entre Daniel y su padre. Dawn era muchas cosas, pero una iniciadora de peleas no era una de ellas. La idea de tener uno o dos hombres peleando por ella le revolvió el estómago. —Yo no haría eso —dijo ella. 26 Dawn aceptaría cualquier castigo que Daniel sintiera que necesitaba darle. Lo había estado presionando durante el último año y él tenía derecho a castigarla. Te gustan sus castigos. No le importaba lo que él usara: mano, bastón, látigo o paleta, le encantaba todo. Daniel era inventivo con las restricciones que ella le había impuesto. —¿No lo harías? Algunas mujeres harían cualquier cosa para crear una guerra entre dos territorios. —No estoy interesada en comenzar nada, Maestro. — Inclinó la cabeza, mostrando su lado sumiso. ¿Lado? No tienes un lado. Ésta es quién eres. La loba dentro de ella gruñó ante las palabras que pensó. A su loba no le gustaba ser insultada a pesar de que Dawn tenía tendencia a hacerlo. —Bien. Te creo, Dawn. Ahora, ¿me crees cuando te digo que puedes confiar en mí? Qué nunca te lastimaré, y que te cuidaré durante tu tiempo conmigo. ¿Qué debería decirella? ¿La verdad? ¿Mentiras? ¿Medias verdades? Se decidió por la verdad. Las mentiras rara vez le daban lo que quería. —Confío en que no me lastimarás, pero no creo que seamos compañeros. No puedo confiar en mí misma para tomar esa decisión en este momento. 27 —No te estoy pidiendo que tomes ninguna decisión, Dawn. Bueno, pasaremos un tiempo juntos y, con el tiempo, verás que estoy diciendo la verdad. Ella se mordió el labio y asintió. —Si, confió en ti. De todos los hombres que conocía, Daniel siempre tenía el control. Nunca perdía los estribos ni utilizaba su ira contra su manada. No era estúpida y había oído a su manada hablar de él. Nadie dijo nada malo. En todo caso, hablaron de lo increíble que era como Alfa, uno de los mejores que habían conocido. —Quiero que te subas a la cama boca abajo y extiendas los brazos y las piernas. —Ella vaciló por un segundo y luego decidió hacer lo que él decía. Daniel no había traspasado sus límites y no la había visto desnuda en el año que había sido su Maestro. No le has dado la oportunidad de ser un verdadero Maestro para ti. Luchas contra él a cada paso. Su loba levantó la cabeza en señal de acuerdo. Ella era la que tenía el control de su cuerpo, no su loba. Trepándose a la cama hizo lo que le ordenó. Segundos más tarde sintió que las ataduras de seda se envolvían alrededor de sus muñecas seguidas de sus tobillos. Daniel se tomó su tiempo para asegurarle las muñecas. Tenía las piernas abiertas tanto como le permitía la falda. Se lamió los labios, deseando poder darle esa otra parte de sí misma. —Eres absolutamente hermosa, Dawn. 28 Le tocó el tobillo y retiró la mano cuando su toque se volvió demasiado para ella. No sabía cómo sabía él cuándo dejarla libre —Gracias, Señor —dijo ella. —No te di permiso para hablar. —Le dio una bofetada en el trasero provocando que ella gritara. Había aprendido a hacer los ruidos correctos incluso si no sentía ningún dolor. —Solo hablarás cuando te hablen. Mantuvo los labios cerrados. Su coño estaba ardiendo, los labios de su sexo empapados por el impacto de su azote. Su palma era grande, cubriendo tanto de su trasero como podía. ¿Cómo sería ceder y dejar que la tocara? El solo pensamiento la sacudió un poco. Nunca en su vida había sentido curiosidad por un toque más íntimo. Las puntas de sus dedos rozaron su pantorrilla, dejándola de nuevo mientras se movía por la habitación. Nunca había estado en una cama en su compañía antes. Está bien. No lo llevará demasiado lejos. —Tienes miedo a la intimidad, Dawn. Quiero saber por qué, pero esta noche te quedarás callada mientras hablo. ¿Necesito usar algo para mantenerte callada? —preguntó él. Ella negó con la cabeza en respuesta. —Bien. Confío en que seguirás mis instrucciones, de lo contrario estarás en problemas. Dawn escuchó mientras él se alejaba de la cama, dándole más espacio. Giró la cabeza y por el rabillo del ojo lo vio entrar 29 en un armario. Encendió una luz, pero ella no pudo distinguir nada. ¿Era ahí donde guardaba sus juguetes? —Te gusta ponerme a prueba, Dawn. Tu sola presencia me provoca y sé que lo disfrutas. —Tarareó, sacando juguetes de su armario. Oyó que la luz se apagaba y la puerta se cerraba. — Mientras estés conmigo, voy a derribar todos esos muros que has mantenido entre nosotros. Somos compañeros. Sé que no me crees, pero lo somos. Mi lobo quiere aparearse contigo, reclamarte. Lo mantendré a raya hasta que solucionemos este problema. Para tu estadía, vamos a establecer algunas reglas básicas. —Dejó algo sobre la cama. Los lazos le impidieron moverse para mirar. Apretando los dientes, cerró los ojos con fuerza para evitar preguntarle qué era. —Algunas de mis reglas no te van a gustar, pero las harás porque cumpliré mi amenaza, Dawn. Bien, puedes hablar cuando te haga una pregunta, ¿entendido? —Si, Señor. —Bien. Ahora, también puedes contar. ¡Golpe! Su palma aterrizó en su trasero. —Uno —dijo, amando la sensación de su mano en su trasero, incluso si no podía sentir la punzada de dolor que debería haber creado su toque. ¡Golpe! —Dos. 30 Ella esperaba que su mano aterrizara en su trasero de nuevo. Nunca lo hizo. Había dejado de tocarla. Abriendo los ojos, jadeó al verlo mirándola. —¿Te estoy lastimando? —No. —¿Te gusta el dolor? Dawn abrió la boca para discutir con él y luego se detuvo. No le mientas. Siempre sabe cuándo mientes. —Sí. —¿Era realmente una mentira? Probablemente podría mutilarla y ella no lo sentiría. —¿Cuánto dolor? Ella se humedeció los labios, preguntándose qué decirle. Hubo un momento en su interior en el que empezó a odiar lo que estaba pasando, y eso la dejó sintiéndose enferma. Los hombres con los que estaba nunca le dieron lo que necesitaba y ella nunca encontró lo que buscaba. —¡Dawn! Él pronunció su nombre a modo de advertencia. —Me gusta mucho el dolor. —Dejó escapar un suspiro cuando la apariencia de una verdad se derramó de sus labios. Después de todo, ella había ido a buscar el dolor pero nunca lo encontró. —¿Estás diciendo la verdad? —preguntó él. —Sí. —¿Sabes cuánto dolor te gusta? Ella sacudió su cabeza. 31 —Te hice una pregunta directa. —Algo del dolor ha hecho que sangre. —Sintió que se le calentaban las mejillas. ¿Sería capaz de ver su vergüenza? —Puedo oler tu vergüenza, mascota. ¿Por qué estás avergonzada? —Está mal sacar sangre. Algo anda mal conmigo. Ninguna de las personas de la manada de mi padre necesita lo que yo necesito. No soy normal. —Ninguno de ellos busca el dolor con la esperanza de finalmente sentirlo. Nadie sabía lo que había hecho, el matar a ese hombre. ¿Hizo lo correcto al quitarle la vida? No lo sabía. Él había herido a otras personas, pero ¿merecía morir bajo su mano o garra? No había respuestas fáciles. ¿Qué pensaría Daniel de ella cuando descubriera la verdad? ¿Sentiría repulsión y desearía no haberle dado nunca una oportunidad? Ella era una compañera defectuosa. Él apartó un poco de su cabello, inclinándose más cerca. — ¿Alguna vez dije que estaba buscando a alguien normal? Eres perfecta tal como eres. Daniel se alejó de ella. —Te vas desnudar cuando estés conmigo, y espero no escuchar ninguna queja tuya. Ambos estaremos desnudos y vamos a explorar esto entre nosotros. Ella no quería que él la viera desnuda. Dawn gritó cuando él le dio una palmada en el trasero con un bastón. Si tan solo pudiera sentir el dolor. 32 —Tres —gritó la palabra. Golpeó fuerte con el bastón, o al menos, ella imaginó que era fuerte. Ningún dolor floreció en su trasero, pero su clítoris se hinchó debido a su presencia. Daniel nunca dejaba de encenderla. 33 Capítulo 3 Daniel la golpeó dos veces más con el bastón, sorprendido de que siguiera contando. Ella era una sumisa tan buena. No la cambiaría por nadie. Le gusta el dolor hasta sangrar. En algunas transiciones de humano a lobo, la línea entre placer y dolor cambiaba. Había escuchado de algunos hombres y mujeres que podían soportar tanto dolor que podrían estar al borde de la muerte y no los afectaría emocionalmente. El funcionamiento de un cuerpo de lobo lo sorprendía. Dawn no era extraña ni diferente a muchos de ellos. Tenía miedo, no tenía instrucción y estaba sola. Su loba estaba dividida en dos entre quererlo y tener miedo. No era un idiota. Dawn había hecho algo para causar este problema. Dejando el bastón en el suelo, se quedó mirando su cuerpo odiando la vista de la ropa. Daría cualquier cosa por tenerla extendida y desnuda, su carne oscura al descubierto para que él la tocara, acariciara o castigara. Espera, ten paciencia. Ella será nuestra. Su lobo paseó por las paredes de su mente. Querían reclamar a la hembra frente a él. Levantó la paleta. Esta tenía 34 agujeros en el interior y la estrelló contrasu culo. Se aseguró de golpear con la suficiente fuerza para hacer doler, pero no lo suficiente como para causar hematomas. Era casi imposible usar una paleta sin magulladuras, pero no le dio todo. Ella gritó, gimiendo los números que él quería escuchar. El olor de su excitación llenó la habitación y su lobo aulló dentro de su mente. Querían deslizarse entre sus muslos y lamer su coño cremoso. Ella estaría empapada cuando él pusiera su boca alrededor de su clítoris, tragando su jugo. Solo el olor de su coño lo estaba volviendo loco. Su polla se tensó, imaginando cómo se sentiría envuelta alrededor de su longitud. No presiones. Una vez que terminó con la paleta, decidió no usar el látigo. Sentado en el borde de la cama, le tocó la espalda. La camisa que vestía estaba empapada en sudor. —Cuando me veas entrar en una habitación, quiero que te me presentes. Ese será el caso dentro de mi casa. Si alguna vez tenemos compañía, no es necesario que lo hagas. La única excepción a esta regla es cuando estamos afuera. ¿Lo entiendes? —Sí, lo entiendo —dijo ella. Daniel apartó un poco de su cabello que le había caído sobre la cara. Sus hermosos ojos marrones le devolvieron la mirada. Ella no sonrió, pero claro, Dawn rara vez sonreía. Antes 35 de que terminara su tiempo, quería que una sonrisa se reflejara en su rostro. —Vamos a hablar sobre tu pasado y tu futuro. Mi casa está abierta y rodeada de tierra para que corramos libremente. Si piensas en huir de mí, le diré la verdad a tu padre. —Esto es un chantaje —dijo ella. Él le dio una palmada en el trasero. —No había terminado de hablar. —Daniel la fulminó con la mirada antes de continuar con lo que estaba hablando. —Como estaba diciendo, si huyes de mí, se lo diré a tu padre. Si haces cualquier cosa para arruinar esto, me aseguraré de arruinarte a ti también. Es un chantaje, pero trata de vivir un año sabiendo que tu compañera está siendo una mujer obstinada. Su mirada lo abandonó y él la agarró por la barbilla para obligarla a mirarlo. —Lo siento —dijo ella. —Bien. —Daniel se puso de pie y le quitó la seda que la ataba a la cama. Le encantaría mantenerla atada, pero no era lo que debía hacer. Una vez que la soltó y se sentó, notó que no se frotaba las muñecas ni los tobillos como lo hacían otras mujeres. —Llama a tu padre. Señaló el teléfono al lado de la cama. —Si utilizo ese teléfono, sabrá de dónde viene la llamada. También puedo decirle dónde estoy. 36 —Es una línea personal y privada, Dawn. No rastreable. Puede intentar encontrarte, pero a menos que des una ubicación, no lo hará. —Cruzó los brazos sobre el pecho y la vio teclear el número de su padre. —Hola, papá, soy yo, Dawn. —¿Qué te pasa, cariño? ¿Necesitas que te busque o algo? —preguntó su padre. Daniel pudo escuchar la conversación. Los lobos tenían un oído genial. —No, no. Solo quería hacerte saber que no volveré a casa hasta dentro de un par de días. Me quedaré con un par de amigas y me divertiré un poco. —Ella lo miró. Daniel esperó. —Cariño, ¿estás segura de que estás bien? No suenas bien. —Estoy segura. Estoy bien. No me pasa nada. Te llamo para que no te preocupes y envíes un grupo de búsqueda. —Ella se obligó a reír. Daniel la vio sabiendo en su corazón que necesitaba arreglar lo que había salido mal durante su transición. —Ok, cariño. Te veré cuando regreses. Mantente en contacto. —Lo haré. Se despidieron y ella volvió a dejar el teléfono en la base. —¿Sientes dolor? —preguntó él. No sabía por qué, pero su instinto le decía que algo no estaba bien. Todos los demás sumisos harían una mueca de dolor por la paliza que él le había 37 dado, pero Dawn no había respondido ni mostrado ningún signo de ser consciente de ello. Ella lo miró. —Sí, siento dolor. Mi papá no tiene una verdadera compañera. Se decidió por la mujer más fuerte de la manada. Ella es mi madre. —Nunca mencionaste a tu madre. —Ella no es el tipo de persona de la que me gusta hablar. —Ella bajó la mirada de nuevo y él sintió el odio dentro de ella. —¿Por qué? Soltó un suspiro antes de pasar sus dedos por su cabello. —No lo sé. Simplemente no lo hago. —No la mencionas, y no preguntas por ella. ¿Por qué? —Mi mamá, ella no es el mejor ejemplo de una madre. Daniel esperó a que ella continuara. —¿No vas a decir más? —preguntó cuando ella no mostró signos de decir nada más. —No. Mi mamá no es un tema que debamos discutir. El hecho de que no quisiera hablar de su madre significaba que era un tema más importante del que hablar. Daniel se quedó en silencio, archivando la información hasta más tarde. —Está bien, claro, toma tu bolso. Vamos a ir a mi casa — dijo él. —¿Ahora? —Sí. —Tomó su mano entre las suyas y caminó hacia el bar. Ella no luchó contra él cuando la colocó en el taburete. — Quédate aquí. Volveré a recogerte en breve. 38 Dejándola sola, fue a la oficina de seguridad del fondo donde encontró a Jake mirando las pantallas. —Necesito que corras la voz de que hasta nuevo aviso mi casa está fuera del alcance de la manada. Diles que si me necesitan, que me llamen y yo me ocuparé de cualquier problema que tengan. —¿Por qué no podemos ir a la casa? —preguntó Jake. —Me llevaré a Dawn conmigo. —¿Finalmente la has hecho admitir que son compañeros? Daniel negó con la cabeza. —¿Harás esto por mí? —Considéralo hecho. Haré correr la voz de inmediato. — Jake sacó su teléfono celular y comenzó a escribir. —¿Estás seguro acerca de esto? Se detuvo para mirar a su amigo. —Ella es mi otra mitad, Jake. Estoy seguro, y voy a arreglar lo que sea que esté roto dentro de ella. —Miró las cámaras de seguridad. —Por favor, mantén este lugar en orden. —Señaló con la cabeza a los hombres y luego salió de la habitación. Caminando de regreso a la barra vio a Dawn bebiendo de una pajita. Siempre pedía un refresco, un refresco de crema transparente. Tenía los ojos cerrados mientras disfrutaba del sabor de su bebida. Pasando una mano por su rostro, se preguntó si estaba haciendo lo correcto al llevarla a casa con él. Nuestra. 39 Dawn era su compañera, su otra mitad, y estaría condenado si la dejaba escapar. Tocó su hombro mientras se acercaba. Ella se sacudió ante su toque pero no se apartó. —Termina tu bebida y luego nos vamos. —¿Puedo hacerte una pregunta? —Sus ojos marrones estaban muy abiertos mientras lo miraba. —Sí —dijo, tomando asiento. —¿Por qué ahora? ¿Por qué esperar un año para ponerme en esta posición? Él sonrió. —Finalmente he tenido suficiente de nuestros juegos. Me estás manteniendo lejos y eso no me gusta. Ya he jugado a tu manera y lo he jodido todo. Es hora de jugar a mi manera, y empezando ahora. Terminó su bebida dejando una pequeña cantidad de refresco en el fondo. —¿Por qué no has terminado tu bebida? —preguntó él. —Lo hice. Daniel señaló los restos que había dejado en el vaso. —Si bebo eso, hará un ruido con la pajita, y si saco la pajita, se ensuciará el costado. Se puso de pie tomando su mano. Había más en esa explicación. Su instinto le decía que no le gustaría lo que ella tuviera que decir. 40 *** La casa de Daniel era vieja y enorme. Él se detuvo frente a una gran puerta de hierro y escribió un código que abrió esas imponentes puertas. Miró detrás de ella para ver las puertas cerrarse después de ellos. Se cerraron, atrapándola dentro del terreno con Daniel. Había gente peor con la que estar encerrada. Madre es una de ellas. Apagó sus pensamientos y se giró hacia el frente. Él condujo por un camino de entrada realmente largo que estaba rodeado de árboles grandes y gruesos. —La casa ha pertenecido a la familia durante generaciones. —¿Eran lobos todos? —preguntó ella, mirando hacia él. —Sí. Algunos de mis antepasados se casaron con humanos y se mudaron, y otros se quedaron cerca. —¿Dóndeestán tus padres ahora? —preguntó ella. —Están disfrutando de unas vacaciones muy necesarias. Están explorando Europa, visitando algunas manadas que no han tenido el placer de ver en años. —Tamborileó con sus dedos en el volante mientras hablaba. —¿Cómo te hiciste cargo cómo alfa? Él sonrió. —Mi papá me dijo que era hora de tomar el lugar. Estaba envejeciendo y dijo que un verdadero Alfa sabe cuándo 41 hacerse a un lado y traer uno nuevo. Yo era el siguiente en la fila, así que asumí el cargo. —¿Qué hay de los otros hombres de tu manada? ¿No les molestó que los pasaran por alto? —Algunos de los hombres me desafiaron a una pelea. Gané, pero siempre me negué a luchar a muerte. No quiero que nadie manche mis manos con sangre. Ella se tensó ante sus palabras. Tengo las manos manchadas de sangre. Mirando por la ventana, jadeó cuando su casa apareció a la vista. Era tan grande que dudaba que tuviera que verlo durante días. Podían jugar al escondite y perderse. —¿Esta es tu casa? —preguntó ella, asombrada. —Sí. La manada puede ir y venir cuando quiera. No te preocupes, saben que no deben venir aquí hasta nuevo aviso. Ella salió del auto una vez que él lo detuvo. —¿Estás asombrada? ¿Pensaste que vivía en un lugar pequeño? —preguntó él, acercándose a ella. —Estaba pensando en una cabaña en algún lugar de los bosques. Ni siquiera me imaginé esto. —¿Hace que mi reclamo de apareamiento sea más atractivo? —preguntó él. Ella se giró para mirarlo. —No soy una buscadora de oro, y no pretendo reclamar nada —No dije que lo fueras. A veces, a las lobas les gusta ver que se las puede cuidar. ¿A tu loba le gusta lo que ve? —Se 42 detuvo justo detrás de ella con la palma de su mano apoyada ligeramente sobre su espalda. Dawn hizo una pausa mientras escuchaba a su loba. —No, no creemos que seas un mejor partido ni nada por el estilo. Nos preocupa lo que significa que seas dueño de esta gran casa. —¿Por qué significaría algo? —Te sorprendería lo peligrosas que son las casas y los hombres grandes. —Ella miró hacia la casa sintiéndose… ¿feliz, segura? Dawn no sabía en qué emoción confiar o saborear. Daniel no la lastimaría. Había sido su Dom durante un año y nunca la asustaba. Si que la ponía nerviosa, pero nunca asustada. —Voy a conocer todos esos secretos que estás escondiendo —dijo él. —No son secretos. —Son solo recuerdos de una época que me gustaría olvidar. Se inclinó más cerca. Sintió su aliento en la mejilla. Su cuerpo se tensó con el calor de él. Por dentro, su loba comenzó a gruñir, queriendo acercarse un poco más a su cuerpo. ¿Cómo sería desnudarse y darse la vuelta? ¿Correr con él en la naturaleza del bosque sin que nadie escuchara sus pensamientos? Había dejado de correr por los bosques en casa porque la conexión de la manada les permitía acceder a sus pensamientos si estaban lo suficientemente cerca. Todos sentirían repulsión por ella si supieran la verdad. No tenía 43 ninguna duda de que la habrían expulsado como si no existiera en el mundo de sus padres. —Siempre hay secretos en este mundo, mascota. —Le dio un beso en la mejilla y, por primera vez, ella quedó encantada con su toque. Nadie se había tomado el tiempo de tocarla, abrazarla, tranquilizarla. Todos los pensamientos sobre su madre quedaron bloqueados. —No tengo ninguna muda de ropa —dijo, girándose para mirarlo. —No necesitas ropa. Estamos solos y así nos quedaremos. —Él tomó su mano y la llevó por los múltiples escalones para llegar a la puerta principal. Ella lo vio sacar un juego de llaves y comenzar a abrir la puerta grande. —¿No tienes otros Alfas tratando de apoderarse de tu territorio? —preguntó ella. —No. Trato a todas las manadas con el respeto que se merecen y exijo que me traten igual. Su padre no permitía que ninguna otra manada caminara por su territorio. Si un lobo de otra manada caminara por su tierra, él le daría una paliza. Se había cansado de ver mendigar a hombres y mujeres. Si era una mujer, su madre daba la paliza ya que su padre no creía en lastimar a una mujer. Su madre nunca tenía problemas para causar dolor. —Vienen a mí pidiendo permiso para entrar en mis tierras y se los concedo. No provoco peleas innecesarias. A mi manada 44 le gusta vivir al aire libre sin miedo a que otros se acerquen. Me aseguro de que estén todos cuidados. —Daniel encendió una luz cuando ella entró en su casa. La puerta se cerró y el sonido resonó por toda la vieja casa como si fuera una señal de que la perdición se acercaba. ¡Estamos atrapadas! No podía salir de esta casa hasta que Daniel estuviera satisfecho. ¿Sería tan difícil estar de acuerdo con su afirmación de ser su compañera? Realmente no sabía qué pensar sobre su afirmación. Dawn estaba dividida en dos entre querer su reclamo más que su próximo aliento y luego tener miedo de aceptar su reclamo. Una vez que supiera la verdad, ¿realmente la querría? Realmente, ningún hombre quería una asesina como su compañera predestinada. Ella cortó los pensamientos, mirando a Daniel mientras él se giraba hacia ella. Deslizó los cerrojos en su lugar, bloqueándolos dentro de la dominante casa. —Por esta noche, no vamos a hacer nada. Vamos a disfrutar de una buena comida y bebida, y luego nos iremos a la cama. —¿Dónde dormiré? —preguntó ella. —Donde yo te diga que lo hagas. —Caminó por el largo vestíbulo de entrada, girando a la izquierda. Ella apresuró sus pasos para seguirle el ritmo. Teniendo en cuenta la antigüedad de la casa, los aromas eran dulces y encantadores. 45 Quienquiera que viviera aquí era feliz. La casa olía a felicidad, a paz. Era un olor tan extraño de tenerlo en la casa. Corrió hacia él, siguiéndolo a través de tres habitaciones más antes de llegar a la cocina. —La casa tiene varias habitaciones para la manada. Pueden visitar y cuando lo hacen me gusta que se sientan como en casa. Desafortunadamente, con los lobos hay peleas. Tengo cuatro salas de televisión, así que no hay pelea por el control remoto o lo que miran. —Ella se rio entre dientes, imaginando una discusión subiendo de tono con la vista puesta en el mando a distancia. Lobos despiadados, atacándose unos a otros sólo porque no querían ver un programa de televisión. —Puedes reír todo lo que quieras. Ha sucedido. Él entró en una gran cocina. Ella se detuvo para admirar la habitación, que estaba ambientada en un estilo rústico antiguo con un fregadero de porcelana. La isla del centro era grande, pero entraba mucha gente sentada para ayudar. —Una vez más, la cocina es lo suficientemente grande para toda la manada. —¿Cómo se mantiene limpio este lugar? —preguntó ella. —Tengo una loba que es un poco obsesiva cuando se trata de limpiar. Ella se asegura de que todo esté limpio cuando viene de visita. Además, hago que la manada limpie después lo suyo. No permitiré ninguna mierda por ahí porque sean demasiado jodidamente perezosos para limpiar su mierda. —Él se movió hacia el refrigerador completamente surtido. Olió la frescura de 46 las verduras y la carne del interior. ¿Había planeado que ella pasara tiempo con él? No, él tiene una manada que también necesita comer. —¿Cocinas? —preguntó ella. —Sí, cocino y de vez en cuando limpio. También hago la colada. —Se giró para ofrecerle una sonrisa. —¿Estamos en una escena en este momento? —preguntó, insegura sobre el protocolo adecuado que necesitaba cumplir. —¿Te sentirías más segura estando en una escena? — preguntó él. Ella sacudió su cabeza. —No. —Entonces no estamos en una escena. Somos solo dos personas, Daniel y Dawn, por esta noche. El alivio la inundó. Podía manejar simplemente ser una mujer compartiendo una comida con Daniel. Compañero. Se inclinó para agarrar algo de la nevera y ella miró su trasero. Se veía duro y firme. —Estás mirando mi trasero—dijo él, sonriendo mientras se giraba hacia ella. —No lo estoy. —No te preocupes, Dawn, no te pondré sobre mis rodillas. Vio que se estaba burlando de ella y no pudo evitar sonreír. —Me gusta la idea de estar encima de tus rodillas. Él se rio, echando la cabeza hacia atrás. 47 Sí, ella podía soportar estar a solas con él durante unos días. 48 Capítulo 4 Daniel empezó a cortar el pollo y con cada inhalación olía a Dawn sentada en la isla. Olía a cítricos dulces, a algo adictivo que él quería oler una y otra vez. Se lavó las manos antes de caminar hacia la despensa. Daniel tomó las especias y los fideos que necesitaba para terminar la cena. —¿Quieres una bebida? —preguntó él, esparciendo los ingredientes por un lado. —Seguro. Le pasó un refresco de la nevera. Ella tomó la lata de sus manos. Sus dedos se tocaron y él no quería dejarla ir. Apartando su atención de ella, comenzó a cocinar. —¿Te gustaría algo de ayuda? Me encanta cocinar —dijo, de pie junto a él. —¿Te encanta cocinar? —Sí, y hornear, pero mis caderas protestan un poco por eso. —Apoyó una mano en su cadera. Mirando a lo largo de su cuerpo, Daniel no pudo encontrar una sola razón para quejarse de la mujer frente a él. Era sexo con piernas, y él no la cambiaría por nada del mundo. 49 —Eres perfecta y no dejes que nadie más te diga lo contrario. —Extendió la mano para tocar su mejilla. Le sujetó la mandíbula y le pasó el pulgar por sus labios regordetes. — Eres hermosa, y me importa un carajo lo que piensen los demás. Eres perfecta. —Se inclinó más cerca, rozando sus labios contra los de ella. Ella jadeó pero no se apartó. Él la miró detenidamente mientras se burlaba de sus labios con la lengua. Ninguno de los dos dijo una palabra mientras él se deslizaba lentamente dentro de su boca, encontrando su lengua con la suya. Envolviendo su otra mano alrededor de su cintura, la atrajo hacia su cuerpo, gimiendo al sentir sus curvas junto a las suyas. Ella era la perfección en sus brazos. No quería dejarla ir nunca. Ella encontró su lengua con la suya. Bailaron juntos, profundizando el beso, y Daniel olió el calor de apareamiento saliendo de él. Quería estar dentro de ella con su coño abriéndose bajo él. Se apartó de ella antes de que la necesidad de aparearse se hiciera cargo y no fuera capaz de controlar sus acciones. —¿Porque te detuviste? —preguntó ella. Sus manos estaban sobre sus hombros, agarrándolo. —Si no nos detenemos, no podré evitar lo que suceda a continuación. Necesito reclamarte, Dawn. Eres mi compañera incluso si no te gusta la verdad o no la crees. Hay un límite de 50 lo que puedo soportar antes de hacer algo de lo que me arrepienta. Ella le soltó los hombros. —Lo lamento. —No lo hagas. Quiero demostrarte que estamos emparejados. No voy a hacer nada para destruir esa confianza. —Su polla protestó contra la parte delantera de sus jeans. Joder, la ansiaba. Todo lo que quería hacer era inclinarla sobre la isla de la cocina y follarla sin nada interponiéndose. Ella estaba excitada por él, lo que le daba cierto placer. —Empieza a marinar la carne. Dawn agarró las tiras de pollo y las agregó a un tazón mientras él comenzaba a agregar las especias a la mezcla. Se rieron cuando él puso la mayoría de las especias en sus manos en lugar de la carne. La escuchó reír, amando el cambio dentro de ella. En Kinkster siempre era un poco retraída. Dentro de su casa, estaba comenzando a abrirse y florecer. Si le daba suficiente tiempo, ¿estaría de acuerdo con su reclamo? Su lobo no podía aguantar más. —Bien, Chef, estoy preparando el pollo. ¿Qué hay que hacer? —preguntó ella. Sus ojos brillaban con humor. Encantado, le dio un beso en la nariz y luego se giró hacia las hornallas. Puso una olla a hervir agregando fideos para el pollo. Empezaron a hervir y los revolvió. Dawn se lavó las manos y se paró junto a él mientras se calentaba el aceite. Juntos, trabajaron en equipo para hacer la 51 comida. Ella añadía la comida mientras él la revolvía con una cuchara. Ninguno de los dos habló, pero su mirada captó sus pezones duros y erectos. Una vez más, su polla comenzó a latir con fuerza ante la vista. La visión de ella desnuda en su cama no dejaría su mente. Confianza, se trata de generar confianza. Durante los siguientes diez minutos cocinaron la cena y el aroma del pollo picante llenó el aire. Su estómago rugió con la necesidad de alimentarse. Sentados uno al lado del otro, comieron en un cómodo silencio. —Esto está increíble —dijo, haciendo girar unos fideos en su tenedor. —Tú sí sabes cómo cocinar. —No habrías pensado eso en mi primer intento de fideos con pollo picante. Vomité durante tres días. Ella se rio entre dientes, tapándose la boca mientras lo hacía. —Estás bromeando. No te creo. —No cociné el pollo correctamente. Te digo que fueron los peores días para mí. —Está bien, puedo creer eso. —Limpiaron su desorden y él guardó las especias. Cuando terminaron, la condujo fuera de la cocina y se dirigió hacia las escaleras. —Te daré el gran recorrido mañana. Por ahora, creo que será bueno si duermes bien por la noche. —Él tomó su mano, 52 apretando los dientes mientras su lobo comenzaba a caminar dentro de su mente. Su lobo sabía lo que quería, y era a Dawn. Ella lo siguió escaleras arriba, y él decidió quedarse en el primer piso en lugar de subir al dormitorio principal en el quinto piso. El espacio del ático era grande y él guardaba muchas de las pertenencias de sus antepasados allí. Abrió la puerta al final del largo pasillo que estaba junto al suyo. —Aquí es donde te quedarás. —Encendió la luz y dejó al descubierto la gran cama con dosel de encaje blanco que colgaba de cada poste. —Aquí está el armario. —Abrió el gran armario, mostrándole el interruptor de la luz para encenderlo. Había un par de camisetas y jeans. Tenía una tendencia a comprar ropa para su manada para cuando la necesitaran. Daniel le mostró el baño y luego abrió las puertas dobles que daban a la pequeña terraza que daba al jardín. —Por la mañana puedes ver el amanecer y es una vista realmente hermosa. — Cerró las puertas, las bloqueó y corrió las cortinas de las ventanas. —Aquí es donde dormiré. —Abrió la puerta de enlace y encendió las luces. —¿Cómo es que no tienes ninguno de esos dispositivos para encenderse al aplaudir? Mi papá los instaló en nuestra casa — dijo Dawn. —Lo hace mucho más fácil el solo aplaudir. —dijo aplaudiendo. —Los instalé, pero mi manada es, eh, muy activa con el sexo. Las luces seguían encendiéndose con sus cuerpos golpeándose mientras follaban. Me pidieron que volviera a esto. 53 —Pulsó el interruptor dejando que las luces se apagaran y luego se encendieran. Ella rio. —Puedo entender por qué lo cambiaste. —Si me necesitas por la noche no dudes en venir a verme. Estaré feliz de verte. —Cerró la distancia entre ellos. Dawn inclinó la cabeza hacia atrás y él miró hacia la belleza de sus ojos marrones. —Mañana hablaremos de ti y descubriremos cuál es tu nivel de dolor. —No creo que sea una buena idea. —Empezaremos con una carrera. Faltan un par de semanas para la luna, pero salir a correr puede ser igual de divertido. —Dejó caer un beso en sus labios. —Buenas noches, Dawn. Ella dio un paso atrás, cerrando la puerta detrás de sí. Nuestra compañera está en la habitación de al lado. Reclámala, fóllala, tómala. Ignoró al lobo dentro de él, tomando una respiración profunda para calmar su cuerpo. No iba a ir a ninguna parte para poner en peligro a su mujer. Alejándose del olor de ella que acechaba detrás de la puerta, entró al baño y cerró la puerta. Agarró una cerilla y la llevó a la vela de lavanda que tenía a mano para cuando necesitaba enfocar sus pensamientos y sentidos. La lavanda ayudaba a calmar al lobo dentro deél. La bestia dentro de él se calmó, finalmente escuchando la razón mientras respiraba profundamente. 54 Ella necesita confiar en nosotros. No quería una compañera que estuviera con él por obligación. La compañera que quería para él no estaría allí porque tuviera que hacerlo. Quería que Dawn se enamorara de él, que estuviera con él porque era una devota compañera. El hecho de que a ella le gustara que la dominaran aliviaba sus pensamientos. Uno de sus mayores temores había sido encontrar una mujer que no compartiera su necesidad de perversión. Pero ella no solo era sumisa, sino que le gustaba el dolor. Lo que Dawn no sabía era que a él le gustaba dar dolor siempre que no fuera del tipo que afectara emocional o mentalmente a la mujer con la que estaba. Toma un respiro y profundiza en eso mañana. *** Deslizándose bajo las mantas, Dawn miró al techo. Frunció el ceño al ver el espejo encima de ella. Pervertido. Debajo de las mantas de seda, no llevaba ni una prenda de ropa. Agarrando el borde de la manta, se miró a sí misma preguntándose qué demonios estaba haciendo. En su casa, con el resto de la manada, su habitación era la mitad del tamaño que en la que se estaba quedando. No se había mudado de su casa ya que la manada no lo aceptaría hasta que encontrara a su 55 compañero. Su padre no confiaba en ella sola, así que se quedaba con él y su madre. Se estremeció al pensar en su madre. No pienses en ella. Dejando a su madre a un lado, se concentró en cambio en el hombre en el dormitorio contiguo al de ella. Él no iba a dejar que ella se escondiera. Era más fácil esconderse de la manada en casa. Su padre era el único de toda la manada que exigía su presencia en la cena o durante una carrera. Rara vez se convertía en lobo a pesar de que él le pedía que estuviera allí. Su padre la amaba; su madre la despreciaba. ¿Y Daniel? No sabía lo que Daniel sentía por ella. Hubo momentos a lo largo del año en los que pensó que él cruzaría la línea y tomaría lo que quería. Pero nunca lo hizo, y su confianza en él comenzó a construirse. Él es nuestro compañero. ¿Valía la pena seguir discutiendo con él? No podía confiar en sí misma para estar cerca de él. Su búsqueda del dolor la había puesto en situaciones aterradoras. Otros hombres con los que había estado la consideraban un fenómeno. No había forma de que pudiera soportar que Daniel supiera la verdad. Ella era defectuosa. Apestaba que quisiera a Daniel y, sin embargo, estuviera asustada por lo que había hecho en el pasado. ¿Qué pensaría él cuando supiera la verdad? Mirando su reflejo, una vez más hizo a un lado todos los pensamientos negativos, deseando algún tipo de cambio dentro 56 de ella. Encontrar un compañero debería haber despertado algo en su interior, pero todo lo que sentía era un pavor que la consumía. Con un compañero, finalmente tendría que aclarar quién era. Daniel era un Maestro, pero no era el tipo de maestro que ella necesitaba. Él la había azotado, pero era suave comparado con lo que ella necesitaba. Parte de ella se preguntaba si la razón por la que no podía sentir dolor era porque los hombres con los que había estado no la lastimaron lo suficiente. La imagen del hombre que la había dejado sangrando entró en su mente. No, no puede ser eso. Debería haber sentido algo. Estás enferma. Se quitó la manta del cuerpo y se quedó mirando su desnudez. ¿Le repugnaría su aspecto? La comida siempre había sido parte de su consuelo cuando sus emociones empeoraban demasiado. Le encantaba comer, cocinar y comer. Sus piernas eran gruesas con un pequeño toque de celulitis, pero rara vez usaba algo más que faldas y nunca revelaba su piel a nadie. Mantenía su coño desnudo y los labios marrones de su sexo brillaban con excitación. El olor de Daniel estaba por todas partes en la habitación volviéndola loca de necesidad. Con sus gruesas caderas, sus grandes pechos y el ocasional destello de una estría, en el espejo su cuerpo no se veía tan mal. Estaba acostada, así que tal vez la gravedad se estaba 57 encargando de darle un buen aspecto. Su pelo castaño estaba extendido sobre la almohada blanca. Compañero. No sabía si podía ser tan abierta con Daniel. Él no la dejaría esconderse. La casa es lo suficientemente grande. Podemos escondernos. Presionando una mano sobre su rostro, trató de calmar sus pensamientos alborotados, deseando que algo sucediera para salvarla. El recuerdo de su mano azotando su trasero llenó su mente. Abriendo los ojos, abrió las piernas e inclinó las caderas para ver los labios de su coño abrirse. Se puso de rodillas y bajó las cortinas para crear un poco más de privacidad para ella. Se acomodó en la cama y observó mientras acariciaba su cuerpo con la mano. Se tocó los pezones, tirando de los duros capullos marrones hasta que estuvieron erectos y empujándose hacia arriba. Deslizó su mano por su estómago, sintiendo los músculos de su estómago tensarse por el contacto. Dawn presionó un dedo en su clítoris, tocando el capullo hinchado mientras se pellizcaba los pezones. Apretó su pezón entre sus uñas con la esperanza de sentir al menos algo de dolor y no sintió nada. Jadeando, movió las caderas contra su mano. ¿Qué haría Daniel si la viera ahora? Ella no sabía lo que él haría y eso la excitaba tanto como cualquier otra cosa. 58 Dejando su clítoris, empujó dos dedos en su interior, abriendo los dedos para estirarse un poco más. Se mordió los labios para contener el gemido que amenazaba con salir. —¿Crees que no puedo olerlo? —dijo Daniel. Jadeó, retirando su mano y aflojando el agarre de su pezón. Poniéndose de rodillas, se arrastró hasta el borde de la cama y abrió la cortina. Daniel estaba en la puerta entre sus habitaciones. —Puedo oler y oír lo que estás haciendo. No te di permiso para jugar contigo misma. Estaba completamente desnudo. Su polla estaba dura como una roca y sobresalía frente a él. Su tamaño de hizo que se le secara la boca. No había forma de que encajara dentro de una mujer y fuera cómodo. —Lo lamento. —No, no lo haces. Si querías tocarte, deberías haber venido a mí para pedirme permiso para hacerlo. —No sabía que estábamos en una escena. Daniel suspiró. —No estamos en una escena, Dawn. Necesitas algunas reglas estrictas en tu vida. Mantienes todo al alcance de la mano, escondiéndote detrás de tus muros de escarcha y depresión. —Él se cruzó de brazos y la miró fijamente. —Esto no puede esperar hasta la mañana. Vamos a tener esta discusión ahora. —Se quedó de pie frente a ella, sin hacer ningún movimiento para ponerse algo de ropa. 59 —¿Puedes vestirte, por favor? —Eso le daría tiempo para agarrar una bata y no estar completamente desnuda frente a él. —¿Para que puedas esconderte de mí? No lo creo. —Se quedó donde estaba. —Nos vamos a ver desnudos. No veo porque no debería ser ahora. —Es fácil para ti decirlo. Eres como un dios mientras yo tengo grasa. La fulminó con la mirada. —¡Bájate de la cama ahora! Su voz se hizo más profunda. Dawn lo miró y se preguntó si podría simplemente volver a la cama y dormir sin que él le diera órdenes. —No me desobedezcas, Dawn. Estaba dispuesto a esperar hasta mañana y todo lo que has hecho es ponerme a prueba. No me gusta que me pongan a prueba. —Se quedó quieto incluso mientras su voz viajaba por la habitación. El Alfa dentro de él le erizó los pelos por todo el cuerpo. Su clítoris se hinchó ante la orden dentro de su voz. Lentamente, manteniendo la cortina frente a ella, se bajó de la cama. —Suelta la cortina. No te escondas de mí. —Caminó hacia la puerta y encendió la luz, iluminando toda la habitación. Ya no había más escondites. Él se había asegurado de eso. —Esto es injusto. —Injusto es tener a tu compañera predestinada durante todo un año negándote. Injusto es quetu compañera se toque a sí misma en lugar de venir a su Dom. Ni siquiera empieces a 60 decirme qué es injusto o no. No te gustará lo que tengo que decir. —Él se cruzó de brazos una vez más. Su mirada estaba en la de ella, esperando. —No puedo hacer esto. —Sí, puedes. Si no lo haces, te prometo que habrá un castigo severo, uno que no te gustará. ¿Qué no le gustaría? Había presionado a Daniel durante todo el año desde que se habían conocido. Tenía todo el derecho a enojarse y castigarla. ¿Hasta dónde llegaría él para considerarla castigada? La incertidumbre era demasiado para ella. Agarró la cortina con fuerza, antes de salir lentamente de detrás de la seguridad de ésta. Mantuvo la cabeza inclinada y juntó las palmas de las manos en un intento de controlar sus temblores. Dejar que un hombre la viera desnuda le costaba mucho esfuerzo. Estaba acostumbrada a levantarse la falda y que el hombre le chupara los pezones a través de la camiseta. Toda su vida sexual era espantosa. El único hombre que la había visto desnuda estaba muerto. Había dejado que él la lastimara de la peor manera posible. —Mírame, Dawn. Al mirarlo, no sabía lo que esperaba encontrar. ¿Perdería su erección? ¿Mostraría alguna señal de que odiaba lo que veía? De nuevo, estaba en un territorio extraño para sí misma. 61 Su polla permaneció dura como una roca. No se había desinflado ni se había vuelto flácida al verla desnuda. —¿Qué esperabas ver? —preguntó él. No hizo ningún movimiento para tocar su polla. —¿Qué quieres decir? —No te hagas la tonta. No soy estúpido. Veo en tus ojos que esperabas algo de mí. ¿Qué? El deseo de mentir la golpeó de nuevo. No le mientas. Él lo sabrá. —No esperaba que estuvieras duro. —¿Por qué no estaría duro? Ella miró fijamente la punta de su polla. Estaba brillando, excitado. —Mírame —dijo, soltando las manos para que no cubrieran ni un centímetro de ella. —No soy hermosa. Como demasiado y tú eres perfecto. Deberías ser modelo o algo así. Sus brazos permanecieron cruzados sobre su pecho. Ninguno de los dos dijo una palabra. Él siguió mirándola. Había algo en su mirada que ella no podía identificar. —Ponte de rodillas —dijo él. Las palabras fueron pronunciadas lentamente, con amenaza, sin dejar lugar a dudas que estaba enojado. Mierda, ¿qué había hecho? 62 Capítulo 5 Daniel estaba enojado con su falta de autoestima. ¿No sabía lo hermosa que era? —¿Qué? —preguntó ella. —Ponte de rodillas. No me hagas repetirme. Vamos a lidiar con esto de la única manera que sabes. —La vio luchar con su demanda. No había forma de que tuviera la intención de ayudarla. En el momento en que había olido su excitación pensó que estaba perdiendo la cabeza. Cuando la escuchó gemir, se enojó. No dejaba que la tocara íntimamente y, sin embargo, hacía todo lo posible para satisfacerse. ¿Cuántas veces lo había dejado en un estado de excitación mientras se ocupaba de sus propias necesidades? No había estado con otra mujer desde que ella entró en su mundo. —¿Daniel? —No. Para ti no soy Daniel. Me llamarás Señor o Maestro, no me importa cuál. Iba a hacer esto lentamente para que confiaras en mí, pero vamos a empezar ahora. Eres mi sumisa. Por las mañanas te levantarás a las siete, irás al baño y me estarás esperando a las siete y media junto a tu cama. Te espero 63 de rodillas, lista para servirme. —Dio un paso más cerca. Dawn estaba de rodillas, con la cabeza inclinada en la pose perfecta. Había algo en una mujer sumisa en esa pose que lo excitaba. Su polla estaba sufriendo al punto del dolor. El olor de su excitación llenaba el aire. Su lobo no quería hacer nada más que reclamar su derecho. Pero Daniel se aseguró de mantener el completo control. —Desayunarás conmigo. Entrenaremos juntos y tú te convertirás en mi sumisa. Durante el próximo mes voy a demostrarte que eres mi compañera. —La agarró por la barbilla cuando ella comenzó a negar con la cabeza. Obligándola a mirarlo, la miró a los ojos. —Eres mi compañera, Dawn. Con el tiempo verás la verdad. Vamos a llegar al fondo de esos secretos que has mantenido ocultos. —No sabes lo que estás haciendo. —Nena, he sido un Dom por más de diez años. Tengo más experiencia con pequeñas sumisas obstinadas que tú con Doms. No eres más que un bebé comparado conmigo, y te lo voy a demostrar una y otra vez. —Ella dejó de luchar contra él. Sus dientes se mordieron el labio. —Detente. —Le sacó el labio de entre los dientes. —Crees que sabes lo que es el verdadero dolor, pero no tienes idea de lo que realmente te pasa. No te preocupes. Puedo ocuparme de ti. Se agachó, agarró su brazo y la atrajo hacia su cuerpo. 64 Ella luchó contra él, y él siguió abrazándola. Su excitación se intensificó. Ella no gritó ni una sola vez para que se detuviera o le dijera que no. Empujándola contra la cama, agarró sus manos presionándolas sobre la cama, sosteniendo sus dos manos en una de las suyas. A su mano libre la deslizó por su cuerpo. —Podrías haber venido a mí y yo sabría exactamente qué hacer para liberarte. Ella se rio, el sonido fue áspero y amargo. —Serías el primer hombre. Él sonrió. —Ningún otro hombre te ha llevado jamás al orgasmo. Nena, te espera un regalo. Dar orgasmos a las mujeres es una habilidad que aprendí temprano. — Inclinándose, chupó su apretado pezón marrón con la boca. No le dio tiempo para acostumbrarse a su toque, mordiendo el duro brote. Dawn gritó, arqueándose contra su agarre. Su fuerza no era rival para la de él. Manteniendo sus manos en la cama, presionó una palma contra su estómago manteniéndola en el lugar mientras torturaba el capullo más cercano a él. Aun así, ella no le rogó que se detuviera ni le pidió que fuera suave con ella. Ella gritó de placer. Claramente, el dolor la excitaba aún más. Su olor almizclado llenó el aire, haciendo que su boca se hiciera agua y su polla latiera con la necesidad de estar dentro de ella. No se la estaría follando esta noche. No, se ocuparía de las necesidades de su mujer antes incluso de 65 ocuparse de las suyas. Daniel no lidiaría con su propia excitación hasta que estuviera a puerta cerrada. Le dio un golpecito en el pezón, miró hacia arriba de su cuerpo y vio que sus ojos se cerraban con fuerza. Alejándose del capullo, lo sopló. Su pezón se apretó y ella jadeó. Se inclinó sobre su cuerpo e hizo exactamente lo mismo con el otro. Una vez más, ella luchó contra él, permaneciendo con los labios cerrados salvo para jadear o gritar. Él apretó su pezón, mordiéndolo hasta el punto de estar a punto de romper la piel. Los lobos tenían un umbral de dolor más alto y podían soportar mucho más dolor que la mayoría de los humanos. Dawn le estaba mostrando que algo había cambiado en su interior durante su primera transición a loba. Incluso los lobos a los que les gustaba el dolor protestarían un poco. No había nada proveniente de Dawn. A él le gustaba dar dolor y castigar a su mujer, pero sacar sangre no era lo que esperaba hacer. Daniel necesitaba saber qué le había sucedido durante su transición. —Por favor —dijo ella, suplicándole. —No me supliques, mascota. Tuviste la oportunidad de mendigar. Ahora eres toda mía y obtienes lo que te doy. — Cambió su atención entre sus dos pechos, mordiendo y chupando los duros capullos en su boca. Se sentó a horcajadas sobre su cintura para acercarse a ella. Ella se arqueó contra él. A lo largo de todo, su excitación 66 solo aumentó, contándole más sobre ella. La loba dentro de ella tarareaba en aprobación. A ella le agradaba y quería el apareamiento. Cuando se transformaran, él podría escuchar sus pensamientos y conocer algunos de sus secretos. Se preguntó qué tendría que hacer para que ella aceptara cambiar con él. Moviéndose fuera de su cuerpo, pasó los dedos por su cuerpo paradescansar en su coño desnudo. Los labios de su sexo estaban empapados por su excitación. Deslizando su dedo a través de su hendidura húmeda, le pellizcó el clítoris, causando más dolor. Lentamente, se movió hacia abajo para presionar dentro de su coño. Las paredes de su coño se apoderaron de sus dedos, rogándole que se quedara dentro de ella. Bombeando sus dedos dentro y fuera de ella, le chupó los pezones. Ella se retorció debajo de él, empujando su pelvis hacia su toque. Se tomó su tiempo para torturarla, extrayendo su placer. Dawn estaba tan cerca del orgasmo. Retiró la mano de su coño y se lamió los dedos. —¿Qué estás haciendo? —preguntó ella. —Estoy probando a mi compañera. —Lamió su crema amando su sabor, como sabía que lo haría. —Como pensaba, sabes perfecta. Ella gimió. —Por favor, Señor, tócame. 67 —¿Estás cerca de correrte? —Sí. —Veremos qué tan cerca estás. Mantén tus manos sobre tu cabeza. Si las mueves te castigaré. —Se aseguraría de que estuviera atada mientras dormía para que no pudiera tocar su coño. Había más formas de castigar a una pequeña sumisa sin ponerla sobre la rodilla y azotarla. Como le había dicho, tenía más experiencia con pequeñas sumisas obstinadas que ella con Doms. Le soltó las manos y mantuvo la mirada fija en ella. — Pruébame, Dawn, y te arrepentirás. —No lo haré, Señor. —Bien. —Deslizándose hasta el suelo, ahuecó sus tetas, sintiendo las puntas redondeadas llenar sus palmas. Eran tan grandes que no podía sostenerlas en sus manos. Pellizcó ambos pezones juntos. Las piernas de Dawn se abrieron, revelando su coño cremoso a su mirada. Cerrando la distancia entre ellos, chupó su clítoris en su boca. Ella gritó, sacudiéndose en la cama. Sus manos no lo tocaron. Él pellizcó sus pezones un poco más fuerte, frotando las protuberancias después, mientras chupaba, mordía y golpeaba su clítoris. 68 Su crema estaba empapando su barbilla, y se la bebió. —Pon tus piernas sobre mis hombros —dijo él, esperando que ella hiciera lo que le ordenó. Sus piernas se abrieron un poco más. Presionando su lengua en su coño, deslizó su lengua hacia arriba para rodear su clítoris. Usó sus uñas para pellizcar sus pezones al mismo tiempo que mordía su clítoris. El dolor junto con el placer debieron haberla provocado porque gritó su liberación, llenando su boca con su jugo. Él gruñó, bebiéndola, amando su sabor. Ella frotó su coño por todo su rostro. Cuando terminó, se subió a la cama sonriéndole. Daniel no se limpió los jugos de la barbilla. —Métete en la cama y recuerda mis reglas mañana. —¿Qué hay de ti? —preguntó ella. Él le dio una palmada en el trasero cuando ella comenzó a meterse en la cama. —Me ocuparé de mí mismo. Las pequeñas sumisas obstinadas no pueden tocar mi polla. —Caminó hacia la puerta de comunicación abierta. Antes de cerrarla, se giró para mirar a Dawn. —Recuerda, Dawn, fui el primer hombre en llevarte al orgasmo. Puedo hacer eso todas las noches sin esfuerzo. Tu coño es tan jodidamente sabroso. Cerrando la puerta detrás de él, caminó hacia el baño. Mirando su reflejo, vio el cambio de color de sus ojos. Su lobo estaba cerca de la superficie. Se metió en la ducha y abrió 69 el agua helada esperando que la temperatura solucionara su problema. El agua caía en cascada sobre su cuerpo haciendo poco para aliviar el dolor que el cuerpo de ella le había causado. Envolviendo sus dedos alrededor de su polla, gruñó. El sabor de su coño había sido exquisito. Sería un placer tenerla a su lado para amar, reclamar, follar. Nuestra. No solo iba a reclamar a Dawn, tenía la intención de poseerla. Cerrando los ojos, se imaginó su coño marrón cremoso, suplicando por su polla. Se vería tan jodidamente bien metiendo su polla en su cuerpo. Era grande comparado con ella. Daniel tendría que tomarse su tiempo para prepararla para tomar su polla. Ella necesitaría estar lo suficientemente mojada, resbaladiza, y él tendría que ir despacio. Le gusta el dolor. Quizás no necesitaría ir demasiado lento. Podría trabajar con Dawn. Primero, necesitaba derribar esos muros que ella había construido alrededor de su corazón y sus emociones. Para mucha gente, Dawn estaba aislada, sin emociones, deprimida. Sabía que no era el caso. Era imposible que una mujer con tanta pasión encerrada en su interior estuviera llena de nada. Iba a hacerla salir, aprender cada parte de ella y luego mostrarle cómo podía ser ella misma a su alrededor. No tenía 70 que avergonzarse de someterse a su compañero o de abrazar una vida de sumisa. Trabajando desde la raíz hasta la punta, Daniel folló su puño, gimiendo mientras el placer crecía dentro de él. Su semilla brotó cubriendo el suelo de la ducha fría. Vio cómo se desvanecía. El orgasmo no se parecía en nada a lo que quería sentir, pero una vez que estuviera dentro de Dawn, sabía que iba a ser explosivo. *** Dawn se despertó con la alarma al lado de su cama. Frunció el ceño, extendiendo la mano para presionar el botón y apagar la maldita máquina. Mirando un momento, dejó escapar un gemido. Eran las siete en punto. ¿Quién en su sano juicio pondría la alarma a las siete? La injusticia de eso ni siquiera era graciosa. De repente, el recuerdo de la noche anterior lleno su mente. Sentándose en la cama, miró alrededor de la habitación. Las cortinas de encaje estaban cerradas aparte de las que estaban en la base de la cama, mostrando la puerta que conectaba su habitación con la de Daniel. Su corazón se aceleró y su coño se inundó con el calor de lo que le había hecho la noche anterior. Al mirar sus pezones, vio que estaban levemente magullados. Su piel era oscura, sin embargo, veía el morado 71 apagado del hematoma. Lamiendo sus labios, salió de la cama y caminó hacia las puertas. Deslizando la cortina para abrirla, jadeó ante la vista del jardín. Había una exhibición de cascada enfrente, que se abría al bosque más hermoso. Nos advirtió que estuviéramos listas a las siete y media. Comprobó la hora y soltó un chillido. Ya habían pasado diez minutos. Dawn corrió hacia el baño rápidamente haciendo sus necesidades en el inodoro antes de tirar la cadena y luego lavarse las manos. Una vez que terminó de lavarse las manos, encontró un cepillo de dientes y se lavó los dientes. Se pasó los dedos por el pelo con la esperanza de poner algo de orden en los mechones. No estaba funcionando. Con movimientos rápidos, corrió hacia el dormitorio tomando su lugar junto a la cama mientras la puerta que conectaba sus dormitorios se abría. La próxima vez pondría la alarma antes para tener más tiempo en el baño. Estaba desnuda, expuesta y no había tenido más tiempo para asegurarse de verse más atractiva en el espejo. Al menos no tendría lagañas en las esquinas de sus ojos. —Veo que recuerdas lo que te exigí anoche —dijo Daniel, poniéndose frente a ella. Llevaba botas con puntera de acero y unos vaqueros. Se obligó a seguir mirando al suelo a pesar de que quería mirarlo a él. ¿Por qué estaba vestido cuando a ella no se le permitía? —Me has complacido al no usar ninguna de las prendas del armario. Te quería desnuda, pero me di cuenta de que no lo había especificado. Esto me agrada. 72 Deseó haber pensado en vestirse, pero luego le gustó la idea de complacerlo un poco más. —Puedes mirarme. Levantó la cabeza y vio que llevaba una camiseta blanca impecable. La decepción la llenó. Le gustaba bastante verlo sin camiseta. —Buenos días, mascota. —Le tomó la mejilla y le pasó un dedo por los labios. —Verte así me agrada. —Soltó su cara y pasó junto a ella hasta el cajón junto a la cama. Se quedó perfectamente quieta mientras él obtenía lo que quería. Segundos después se sentó en la cama. —Voy a cepillar tu pelo por ti. Le pasó el cepillo por el pelo, tomándose su tiempo. Cuandollegó a los nudos, le sorprendió lo gentil que fue al desenredarlos. Su curiosidad por él aumentó. —¿Tienes preguntas? —preguntó él. —¿Cómo lo supo, Señor? —Estás inquieta. He notado a lo largo de este año que te inquietas cuando tienes curiosidad, pero por lo demás te quedas quieta como una buena sumisa. Haz tus preguntas. Estoy listo para escuchar. —Continuó cepillándole el pelo. Le encantaba la atención. Su madre no había sido el tipo de mujer que se pasaba el tiempo cepillándole el cabello. 73 —¿Dónde aprendiste a cepillar el cabello, Señor? — preguntó ella. Le había dado permiso para hablar, pero se acordó de usar su título. Dawn quería complacerlo aún más. —He tratado con muchas sumisas. He encontrado a muchas de ellas a las que les gustaba este tipo de atención, y es una habilidad que aprendí a adquirir. Eres mi compañera, Dawn. Haré lo que sea necesario para que te sientas cómoda. —Estoy muy cómoda —dijo sonriendo. —Me encanta tu toque. —¿Alguien se ha tomado el tiempo de cepillar tu cabello? —No. —Se quedó mirando al frente, apoyando las manos en la parte superior de los muslos. —Acostúmbrate a esto. Espero poder cepillarte a diario. Ella se rio entre dientes. —Señor, ¿lo de anoche? —¿Qué pasa con eso? —Quiero disculparme por mi comportamiento. —¿Lamentas que te atrapara o lamentas haberte tocado sin mi permiso? —Ambos. —Lo había oído llegar al orgasmo anoche en la ducha. Por primera vez en su vida se había sentido avergonzada cuando se trataba de un hombre. Daniel se había ocupado de sus necesidades, dándole una liberación como nunca antes había sentido, y él mismo se había ocupado de las suyas. —¿Qué estás pensando? —susurró él, las palabras contra su oído provocando que ella se sobresaltara. —Quiero que sepas que haré muchas veces esa pregunta. Espero que me 74 respondas todo el tiempo. Quiero saber qué estás pensando, sintiendo y cómo estás lidiando con nuestra relación. Espero total honestidad. Ella se humedeció los labios secos. ¿Honestidad? De todo lo que había pedido, la honestidad total la asustaba más que nada. —¿Dawn? —Estaba pensando en lo mucho que odiaba no darte placer anoche. Nos he mantenido a distancia durante tanto tiempo. — Las lágrimas llenaron sus ojos mientras pensaba en el vacío del año pasado. La única vez que había sentido algo era cuando estaba al lado de Daniel. Cuando escuchó por primera vez sobre Kinkster, tenía la intención de ir de vez en cuando. Una vez que conoció a Daniel y descubrió que él sería su Dom, se aseguró de frecuentar el club semanalmente. Sus visitas semanales aumentaron a varias veces por semana. Había podido contenerse a sí misma a cuatro días a la semana en lugar de los siete completos. —Te escuché en la ducha. Quería ir y darte placer como me diste a mí. El hizo una pausa en cepillarle el pelo. —Lo siento, y siento lo del año pasado, Señor. Daniel le dio un beso en la mejilla. —Estaba pensando en ti. —Terminó de cepillarle el pelo y se puso de pie. —Es hora del desayuno. Vamos, nena. —Le tendió la mano para que ella la tomara. 75 Poniéndose de pie, lo siguió. Quería cubrir su cuerpo de las posibles miradas indiscretas, pero mientras se dirigía a la cocina, notó que no había nadie alrededor. Estaban solos. Estaba a salvo de que nadie más la mirara. Daniel le había prometido que nadie más estaría en casa, y esto solo le daba otra razón para confiar en él. Él agarró una toalla pequeña y la colocó sobre una de las sillas. —Toma asiento. Ella se sentó en la silla. Se le encendieron las mejillas y se preguntó si él veía la vergüenza. Si lo hizo, no dijo nada. Apoyó las palmas de las manos en las rodillas y miró hacia él. Estaba sacando cosas de la nevera. La cafetera ya estaba funcionando, llenando la habitación con el delicioso aroma. —¿Cómo sabes que somos compañeros? —preguntó ella, soltando las palabras. Se llevó una mano a la boca y se disculpó. Daniel le sonrió. —Tu olor, y mi lobo me está volviendo loco diciéndome que te reclame. Sabe lo que quiere hoy, mañana, en el futuro. Lo tiene todo planeado. —Él se rio entre dientes. Lo vio cortar un melocotón y comenzar a segmentar la fruta. También estaba haciendo tostadas. Los olores frescos hicieron que su estómago se quejara. En casa, hacía su propio desayuno, que generalmente consistía en cereales. Su madre no sería atrapada ni muerta en una cocina. Se preguntaba si su padre sabía que todas sus comidas eran preparadas por una hembra inferior de la manada. Dawn lo dudaba. Su madre no 76 dejaría que nadie tuviera la oportunidad de decir la verdad. Probablemente amenazaba con una paliza. Pasaron los minutos mientras él terminaba de preparar el desayuno. —¿Tu loba no me reconoce? —preguntó, tomando asiento a la cabecera de la mesa. Ella estaba a su lado pero lejos de la mesa. Si tuviera que apoyar los brazos sobre la mesa, se vería fuera de lugar. —Si y no. Es complicado. —Se colocó un poco de cabello detrás de la oreja. La silla en la que él estaba sentado raspó hacia atrás cuando se puso de pie. El movimiento repentino la puso tensa. Agarró una especie de banda y se paró detrás de ella. Daniel le recogió el pelo en una cola de caballo. —Amo tu cabello, pero no quiero que se interponga en mi camino. Me encanta ver tu cara. —Tomó asiento de nuevo, confundiéndola. Le ofreció una rodaja de melocotón. Mirando la fruta y luego a él, frunció el ceño. —Te alimentarás de mis manos —dijo él. Inclinándose hacia adelante, chupó la fruta de sus dedos tratando de no tocar su piel. Daniel se rio. —He lavado mis manos. No vas a contraer ninguna enfermedad. —Durante varios minutos le dio de comer diferentes rodajas de fruta, sorbiendo su café y leyendo el periódico. La única atención que le dedicó fue por la fruta que le ofrecía. ¿Era ella invisible? Agarrándose al borde de su asiento, tomó más fruta. Cuando el cuenco estuvo vacío, él les puso mantequilla a 77 unas tostadas y partió el pan. Una vez más, tuvo que quitarle la comida de los dedos. Lentamente, la ira comenzó a disminuir para ser reemplazada por consuelo. Le gustaba tomar la comida que él le ofrecía en sus manos. La estaba alimentando, cuidándola. Cuando la comida se terminó, habiendo Daniel tomado bastante comida para sí mismo, les sirvió a ambos un café. Dobló el periódico arrojándolo lejos de él. —Aquí está tu café. Esta demasiado caliente y no quiero arriesgarme a quemarte. —Le entregó la taza. Ella la tomó y se tragó un poco. Él siguió mirándola. ¿Debería decir algo? —Gracias, Señor. —¿Dawn? —¿Sí, Señor? —¿Sentiste lo caliente que estaba el café? —preguntó él. Su rostro era una máscara en blanco. Ella no sabía por qué estaba haciendo esas preguntas. Mirando fijamente la taza de café, frunció el ceño. De la taza salía vapor. Siempre había podido beber líquidos calientes. Al ser una loba, podía curarse mucho más rápido que los humanos. —Erm, no. Sabía bien, ¿por qué? ¿Pasa algo, Señor? — preguntó ella. —No, no pasa nada. —Él le dio una rápida sonrisa antes de ponerse de pie. De espaldas a ella, metió el dedo en el líquido 78 caliente. No hubo dolor. La loba dentro de ella le gruñía. Cuando retiró el dedo vio la quemadura, y sin embargo no había sentido nada. No has sentido nada en mucho tiempo. Esto es lo que has estado buscando, la capacidad de sentir dolor. Su loba caminaba de un lado a otro, claramente angustiada. Puso su mano en su regazo viendo como su piel comenzaba a sanar. —¿Alguna vez has estado en una pelea? —preguntó Daniel, lavando los platos. —Realmente no. He visto peleas pero nunca he estado en una. Se secó las manos con la toalla y se giró hacia ella. —¿Por qué metiste el dedo en la taza? —preguntó él. Ella jadeó. —¿Como supiste? —preguntó ella. —El olor a carne quemada, Dawn. Has comprobadoel líquido con el dedo. No está completamente calcinado, sin embargo tuviste una quemadura que ahora ha desaparecido. Dime por qué no me llamaste o gritaste. —Soy una loba. Mi dolor es diferente al de los demás. —Los lobos gritan ante las quemaduras, los huesos rotos, incluso el dolor por la forma en que te mordí anoche. Tragó saliva por el nudo que tenía en la garganta. —No sé por qué —dijo ella, frotándose los muslos con las manos. —Realmente no sé por qué, Señor. 79 Mirando su dedo, sintió curiosidad por saber por qué no había gritado. Su falta de cuidado había llamado la atención de él sobre su secreto. Es porque anhelas un dolor que no puedes sentir. Eres una enferma, retorcida y necesitas sentir dolor. Las lágrimas llenaron los ojos de Dawn mientras miraba a Daniel. —¿Te causo repulsión? 80 Capítulo 6 Poniéndose de rodillas ante ella, Daniel la miró a los ojos y vio el miedo brillando en sus profundidades. ¿Cuánto tiempo había estado ocultando esta incapacidad para sentir dolor? La analgesia congénita era muy poco común en los lobos, pero Daniel había oído hablar de ciertos casos en los que los lobos eran atormentados o maltratados físicamente durante su transición. Alrededor del decimoctavo cumpleaños de un lobo, pasaban por la transición que reconfiguraba su cerebro para conectarse con sus lobos. El problema con esta condición era que en los lobos era más difícil de tratar. Miró su dedo y vio que ya se había curado. Los lobos lo escondían, y entendía por qué, ya que también había oído hablar de manadas que usaban lobos con analgesia congénita para luchar hasta la muerte. No necesitaban detenerse ni siquiera con los huesos rotos, ya que no lo sentían. Sosteniendo la cabeza de Dawn, inclinó su cabeza hacia atrás y presionó sus labios con los de ella. Había tantas cosas sucediendo en esa cabeza suya que no tenía la menor idea de por dónde empezar. Durante el último año, ella le había estado ocultando esto. ¿Había estado buscando dolor con la 81 esperanza de encontrarlo? Debería haberlo visto. Siempre que él la azotaba, ella hacía todos los ruidos correctos, pero eran mentiras. Deslizando su lengua a lo largo de sus labios, saqueó su boca probándola. Su lobo se abalanzó con ganas de salir, para marcar a su mujer y demostrarle que no la odiaban. Estaban enamorados de ella. Abajo. No, tenemos que reclamarla. Ella está sufriendo. Tenemos que demostrarle que eso no importa. Ella nos necesita. Ahora no. Dawn necesitaba que se mantuvieran estables a su alrededor. Él se retiró y le dio un beso en la nariz. —Nena, nunca me repugnarías. Tengo curiosidad por saber qué pasó en tu vida. —Seguramente no puedes sentir demasiado de una quemadura. Él se humedeció los labios, preguntándose qué decir. —No, Dawn. No puedo meter el dedo en el café humeante sin que me duela. Anoche, te mordí los pezones con bastante fuerza. ¿Lo sentiste? —preguntó él. —Fue agradable. Mis senos son sensibles. Daniel movió sus manos hacia abajo para ahuecar sus pechos. Vio el contorno de los moretones. En su piel oscura era 82 más difícil ver los moretones, pero estaban allí. Pasó un pulgar por las puntas y ella jadeó. —Sensibles, Señor —dijo ella. Asintiendo, Daniel se recostó y miró fijamente su cuerpo. Necesitaba hablar con un profesional y la única persona que conocía era un médico. —Ve a la sala de estar. Voy a terminar de lavar los platos. Quiero que te arrodilles junto a la mesa de café y te me presentes. —Ella se puso de pie y él la agarró por la muñeca antes de que pudiera irse. —Esto no es un castigo, Dawn. — Presionó su mano contra su polla. —Te deseo. No me repugnas, pero me preocupas como lo estaría cualquier otro compañero. —No hay nada de qué preocuparse, Señor. —Ella dejó caer la cabeza mostrando su sumisión. —Déjame ser el juez de eso. —Le dio un beso en la cabeza, inhalando su aroma. Daniel la vio irse, sacando su teléfono celular. Salió de la casa por la puerta que daba al jardín. Marcando el número de Jake, esperó a que su amigo respondiera a su llamada. —Hola —dijo Jake, gimiendo. —Son casi las ocho. ¿Por qué sigues en la cama? —Bueno, mi Alfa pateó mi trasero de la casa y no tengo que preocuparme por levantarme temprano. Él rio. —Necesito que traigas al Doc. —¿Qué hiciste? —preguntó Jake. Todos los indicios de sueño desaparecieron de su voz. —¿Estás bien? 83 —Estoy bien. —Miró a través de la cocina. —Dawn no está bien, y no, no hice nada. Creo que le pasó algo durante la transición. —¿Qué? —Dawn no puede sentir dolor. —¿Cómo es eso posible? —preguntó Jake. —La has estado azotando durante el último año. Seguramente ya habrías visto algo. Escuchó sonidos sobre la línea e imaginó a su amigo moviéndose. —Me perdí esto. No sé cómo sucedió, pero le di un café esta mañana. Estaba humeante, Jake, y se lo bebió como si estuviera frío. Cuando le pregunté al respecto, me dijo que siempre bebía líquidos calientes. —Eso no es tan extraño. —Ella puso su dedo dentro de la taza. Le ardía la piel y no emitió ningún sonido. Parecía que lo hubiera puesto en agua a temperatura corporal. Además, anoche le causé mucho dolor y ella solo jadeó y gritó. Ni una sola vez ninguno de sus gemidos provino por sentir dolor. Tampoco parece sorprendida por su falta de dolor. Dawn tiene miedo de que me repugne. —Alfa, esto es malo. —Sé que es malo, pero necesito que traigas al Doc aquí y te asegures de que nadie sepa la verdad. Jake guardó silencio. —¿Qué quieres decirme? —preguntó Daniel. 84 —Escuché a algunos tipos hablando en el club anoche. Hablaban de una especie de pelea de perros o alguna mierda. Hay un tipo que no puede sentir dolor y se enfrenta a perros en el ring. No sé si era verdad o si estaban mintiendo. ¿Crees que puede ser un lobo con el mismo problema? Daniel maldijo. —No lo sé. Realmente no lo sé. No quiero que nadie ponga a Dawn en peligro porque no pueda sentir. Mira los chismes y contáctame. Mientras tanto, consigue que el Doc venga aquí. Quiero hablar con él y ver qué puedo averiguar. —¿Qué pasa si no se puede arreglar? —preguntó Jake. —No necesito que la arreglen. Solo necesito mantenerla a salvo. Jake colgó luego de hacerle saber que no hablaría sobre el problema de Dawn. Al entrar en la casa, Daniel volvió a dejar el teléfono en la encimera de la cocina. Se pasó los dedos por el cabello tratando de concentrarse en Dawn en lugar del miedo a lo que podría significar su condición. Si estaba tratando de encontrar a alguien que le causara dolor, entonces podría haberse encontrado con todo tipo de jodidos enfermos. Había hombres, como él, a los que les gustaba causar un poco de dolor, sádicos, pero se entrenaban duro para no presionar demasiado. A algunos hombres y mujeres, sin embargo, no les importaba cuánto empujaban. No creían en ningún límite y simplemente empujaban. 85 En su búsqueda por encontrar un sádico, ¿había encontrado este tipo de hombres? El solo pensamiento lo enfermó. Algo le había pasado, pero él no sabía qué. Caminó hacia la sala de estar y la encontró en la más cercana. Estaba arrodillada en el suelo con sus muslos oscuros abiertos para que él viera los labios desnudos de su sexo. Su cabeza estaba inclinada en sumisión. Daniel quería tocar su cuerpo. Su piel oscura lo llamaba, dejándolo con la necesidad de sentirla, de saborearla. —Me complaces, mascota —dijo, entrando en la habitación. Empujó la mesa de café a un lado y rodeó su cuerpo. Ella soltó un pequeño grito ahogado cuando él movió la mesa con facilidad. Acariciando su cabeza, miró las curvas de su cuerpo. Ella era perfecta. Se sentó en el sofá. —Muévete para mirarme. Ella se arrastró por el suelo, con la cabeza todavía inclinada, pero se acomodó entre sus muslos. Su cuerpo desnudo y con curvasestaba a la vista para que él lo tocara. Ella no es nuestra todavía. Él tomó su barbilla y la obligó a mirarlo. —No puedes sentir dolor, Dawn. El cambio dentro de ella fue instantáneo. Le sostuvo la barbilla mientras ella intentaba apartarse de él. —No lo sabes. Pronto ocurrirá. 86 —Meter el dedo en una taza de líquido humeante me dice todo lo que necesito saber. No hiciste ningún sonido. Anoche, no respondiste a mis mordeduras. Te excité, pero no te causé dolor. —Me gusta mucho el dolor. Él la miró fijamente, viendo la negación dentro de sus profundidades y las mentiras saliendo de su boca. —No sé lo que te gusta sentir. Si no puede sentir dolor, en ciertos casos, la persona comienza a sentir que necesita dolor. No anhelas el dolor, Dawn. Lo estás buscando porque la idea de no sentirlo te asusta. —Ella lo miró con lágrimas en los ojos. Él soltó su rostro y se estiró para subirla a su regazo. Dawn no luchó contra él mientras la acomodaba en su regazo. Envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo, abrazándola con fuerza contra él para que no pudiera moverse. —Vamos a hablar de esto y no vas a discutir conmigo. — Infundió a su voz el Alfa mientras hablaba. Ella dejó de luchar. Los pelos de sus brazos se erizaron para hacerle saber que estaba ganando su pequeña disputa. Apoyó una mano en su estómago mientras que la otra la colocó en el muslo. —Algo sucedió durante tu transición. La mayoría de los lobos jóvenes tienen una familia o una manada que se preocupa por ellos. Son cuidados durante su transición en su primer cambio. Durante ese tiempo, el cuerpo pasa por muchas cosas. En casos raros, los cables se cruzan y sucede algo malo. —Estaba usando todo su conocimiento para decirle esto. La 87 única razón por la que necesitaba al médico era para que evaluara si había algo que pudieran hacer para evitar que se cruzaran los cables. —Estas cosas malas convierten a un lobo corriente en alguien que no puede procesar el dolor. Cuando las personas descubren su falta de umbral de dolor, se vuelven vulnerables a los depredadores. —Se humedeció los labios. — Tú, que eres una sumisa por naturaleza, estás expuesta a hombres o mujeres que quieren jugar con un juguete. Son sádicos de la peor clase, Dawn. Él miró a su lado y vio las lágrimas que brillaban en sus ojos. ¿Cuánto había sufrido ella en los últimos años antes de conocerlo? Nadie había mirado lo suficientemente profundo como para ver la necesidad que sufría. —¿Has lidiado con eso? Ella jadeó y giró la cabeza. —Nena, no puedo ayudarte hasta que me digas la verdad. —¿Cómo sabes que soy así? —preguntó ella, mirándolo. — No reaccioné al líquido ni a tus mordeduras, pero ¿por qué tiene que significar algo? —Porque estás un poco rota. Tu loba tiene miedo de confiar en ti. —Frotó círculos contra su estómago para calmarla. —La única razón por la que tu loba tiene miedo es porque la has puesto en una situación que la asustó. No confía en tu juicio, lo que la pone nerviosa. Es por eso por lo que no puedes sentir la verdad de que soy tu compañero. —Besó un lado de su cuello. —Es hora de que te des cuenta de que puedes confiar en 88 mí. —Presionó otro beso en su cuello. —Estoy aquí para quedarme, y no importa lo que digas, siempre estaré aquí. Te amo y no te vas a deshacer de mí. —La abrazó con fuerza contra él, mostrándole el amor y el cuidado que sentía a través del tacto. —Te vas a ir —dijo ella. —No voy a ir a ningún lado. Es hora de que compartas esos problemas. Ella no había hablado de su madre ni de ninguna parte de su pasado. ¿Hasta dónde se remontaba este abuso? —¿Por dónde quieres que empiece? —preguntó segundos después. —Desde donde te sientas cómoda. Permaneció en silencio durante varios minutos, sin hablar. Su corazón estaba acelerado, y su loba caminaba al acecho. Cálmate, cariño. No la voy a dejar ir. —Maté a un hombre humano y limpié el desastre. —Las palabras no fueron lo que esperaba y, sin embargo, lo fueron. Ella era una loba, apta para ser su compañera. —Dime lo que sucedió. —Continuó acariciando su cuerpo. —¿Por qué mataste a ese hombre? —Me gustaba el dolor, o pensaba que me gustaba el dolor. El chico con el que perdí mi virginidad no fue suave ni agradable. Me dolió un poco. No sé si dolió o si se suponía que debía doler. —Lo entiendo —dijo, besando su hombro. 89 —Fue antes de mi transición. Tenía dieciocho años y quería tener sexo como humana. Escuché que algunos lobos no podían tener sexo sin cambiar. Si conseguía un compañero humano no quería arriesgarme a matarlo, así que decidí tener relaciones sexuales antes. Hubo un poco de dolor, pero no tuve un orgasmo. Esa fue la última vez que sentí dolor. La escuchó hablar y finalmente se abrió a él. Su loba dejó de caminar y simplemente descansó, claramente feliz de estar confiando en alguien con la verdad. *** —Después pensé que necesitaba el dolor para correrme. No podía disfrutar del sexo de otra manera, así que investigué un poco y encontré personas que sentían lo mismo. Antes de mi transición, podía sentir dolor y, de repente, desapareció. Pensé que tenía que ir a buscarlo. —Dawn se abrió contándole a Daniel todo sobre ella. Nunca había pensado que decir la verdad la haría sentir segura, pero lo hacía. —El primer club de BDSM al que fui era para humanos. No había lobos presentes. En la manada de mi padre, no hay relaciones de este tipo. Dudo que sepan siquiera que existe. —Te sorprendería lo que sucede detrás de puertas cerradas, nena. Sucede más de lo que piensas. —Él siguió acariciando su estómago y muslo, calmándola. 90 Su loba estaba relajado, feliz incluso. —¿Te fuiste a casa con un hombre? —preguntó Daniel. —Sí, fue el primer hombre con el que fui a casa. Pasé el fin de semana con él. Él estaba... —Ella dejó de pensar cuando el recuerdo la golpeó. —No sé su nombre. Era asqueroso, sucio. Me ató a unas cuerdas que salían del techo y me mantuvo así durante el tiempo que estuvimos juntos. —Cerró los ojos y se estiró para tocar a Daniel. La sensación de su carne calmó sus nervios. —Estoy aquí, Dawn. No voy a ninguna parte. Saber que no la iba a dejar la llenó de alegría. —Usaba cuchillos, látigos, cera y, a veces, usaba fuego. Lo que hizo no tuvo fin. Hice los ruidos adecuados a pesar de que no sentía nada, y solo cuando él empezó a hablar de otra mujer que había tenido en el mismo lugar…—Se le secó la boca por la crueldad de sus acciones. —Había matado a otra mujer en ese mismo lugar. No lo había olido por todas las velas aromáticas y lejía que usaba para secar todo. Me habló de cómo la había torturado durante días, haciéndole lo que me había hecho a mí. —¿Qué pasó? —Mi loba se abalanzó. —Levantó la mano para que él la viera. —Mi mano se convirtió en las garras de un lobo. Rompí las ataduras con tanta facilidad y lo maté. Me gustó, Daniel. Era un bastardo asesino y había causado tanto dolor, y me gustaba causarle dolor. No soy normal. 91 Él ahuecó su mejilla, girándola para que lo mirara. Sus ojos marrones oscuros la miraron fijamente. —Salvaste a otras mujeres. Si no hubieras sido una loba, te habría matado y se lo habría hecho a otras mujeres. —Pasé tres días limpiando el desastre y deshaciéndome del cuerpo. Durante las semanas siguientes pensé que lo único que podía oler era su sangre. Cada segundo que pasaba con mi manada pensaba que ellos sabían la verdad. Nadie dijo nada, y después de un tiempo salí. No me malinterpretes. Hubo hombres que intentaron darme lo que quería, pero siempre terminaba en rechazo y desastre. —Se secó las lágrimas que caían de sus ojos. —¿A cuántas personas mataste? —preguntó él. —Solo maté a un hombre. —El mundo es un lugar espantoso, Dawn. Has tenido la mala suerte de encontrarte con hombres que eran malos y no sabían cómo manejar tu problema.No todos somos así. —Él acarició su cuerpo, tranquilizándola. —Eso es. Escuché sobre Kinkster después de mi última relación fallida, y te conocí. —¿Solo hay un hombre en tu lista? —preguntó él. —Sí, ¿no es eso suficientemente malo? —sollozó, tratando de secarse las lágrimas. —Es malo, pero no es tan malo como pensaba. No sé cómo pudiste pensar que me repugnarías. —Siguió tocándola. Su loba se relajó, estirándose como si necesitara dormir. 92 —No crees en la violencia. —No creo que la violencia sea la única respuesta. No significa que no haya tenido problemas en mi vida antes. Quitar una vida nos quita parte de nosotros, Dawn. El hombre al que eliminaste, está contigo sin importar qué clase de basura haya sido. —Quiero que se vaya —dijo ella. —No puedo hacer que se vaya. —La giró para que se sentara en el sofá. —No has hablado de tu madre. Todo lo que me has dicho no habría afectado tu capacidad para sentir dolor. Tuviste relaciones sexuales antes de tu transición y eso te hizo creer que necesitabas dolor para correrte. No has hablado de tu madre ni de tu transición. Su madre siempre estaba fuera del tema en lo que a ella respecta. —No quiero hablar de mi mamá. Daniel le pasó un dedo por los labios. Se acomodó entre sus muslos, presionando su cuerpo sobre el de ella. Su loba gimió dentro de su mente, inclinándose ante su presencia. —¿Cómo se siente tu manada sobre el hecho de que me tengas como tu compañera? —preguntó ella, cambiando de tema. —¿Ahora finalmente crees que somos compañeros? —No puedo negarlo. No muchos hombres tolerarían lo que te hice pasar. Él sonrió. —Somos compañeros, y con el tiempo verás cuán unidos estamos. —Se inclinó, presionando sus labios contra los de ella. 93 Ella cerró los ojos, gimiendo cuando sus labios tocaron los de ella. La inyección instantánea de placer la entusiasmó. —Abre los ojos, mascota. Tu Maestro lo exige. Dawn hizo lo que le pidió, mirándolo a los ojos marrones. — Mi manada quiere que yo sea feliz. Estar cerca de ti, incluso con las bolas azules que me has dado, me da placer. —Frotó su nariz contra la de ella y luego la acarició para inhalar el aroma de su cuello. —¿Sientes placer? —¿Qué quieres decir? —Ella se arqueó ante su toque, queriendo tocarlo. —Anoche, ¿tuviste un orgasmo o fue todo una mentira? — preguntó él. —No, siento placer. Anoche no fue mentira. Te di todo lo que soy. No me escondo de los sentimientos físicos. Intenté sentir dolor, lo busqué y siempre termino decepcionada. —No mentiría acerca de experimentar su primer orgasmo verdadero con su compañero. —Entonces sabemos que puedes sentir placer tanto como cualquier otra persona. Esas son buenas noticias, cariño, realmente buenas noticias. —Le chupó el lóbulo de la oreja y ella jadeó cuando se le puso la piel de gallina en los brazos. El placer fue repentino, impactante por la intensidad. —El único problema es tu incapacidad para sentir dolor. —¿Realmente importa? —preguntó ella, extrañando la sensación de sus labios sobre los de ella. 94 —Sí, importa. No quiero que nadie te tenga. Eres toda mía y soy un bastardo egoísta cuando quiero algo. —Le apartó un poco de pelo de la cara. —¿Aceptas mi reclamo? Ella lo miró a los ojos. Su loba esperaba su respuesta. —Sí, acepto tu reclamo. —Entonces sabes que voy a tener que conocer a tu padre y a tu madre. Querrán saber quién soy. —¿Tenemos que hablar de esto? —preguntó, odiando la idea de que él conociera a su madre. —No te voy a presionar. No saldremos de esta casa por algún tiempo. Vas a decirme la verdad, te guste o no. —Esto no es fácil para mí —dijo, apretando los dientes. No podía moverse mientras él la abrazaba con fuerza, negándose a dejarla ir. —¿Y crees que esto es fácil para mí? Durante un año me has negado. Sabía que eras mi compañera y me detuviste. No voy a dejar que lo vuelvas a hacer. —Se inclinó y besó sus labios. —Eres mi compañera, mi sumisa, y te reclamaré, pero solo después de haber conocido a tu familia. Ella no quería que él conociera a su madre. Su madre era horrible, incluso vil. Empujó su pelvis contra su núcleo. —Creo que es el momento de hacer ese gran recorrido. —Daniel se apartó de ella y ella no pudo evitar que un gemido abandonara sus labios. La estaba torturando a propósito, estaba segura. —Estoy desnuda, Señor —dijo ella. 95 —Bien. Me gusta ver la belleza de mi sumisa. Eres realmente hermosa, Dawn. —Él tomó su mano entre la suya. Es nuestro tanto como nosotras somos suyas. —Esta es una de las salas de estar. —Agarró el mando a distancia y apuntó a la pantalla. —Ah, sí, esta es la sala de deportes. La televisión solo aceptará deportes, por lo que nadie puede quejarse de lo que está en la televisión. Daniel pasó toda la mañana llevándola de habitación en habitación. Le encantaba la antigüedad de la casa. Había conservado gran parte del diseño original y solo había cambiado los colores para hacerlos más claros. Los detalles eran hermosos, al igual que los patrones del techo. Se movieron de una habitación a otra, y ella se sorprendió de que incluso tuviera una sala de cine. —Hubo un tiempo en que aquí vivían treinta personas. A mi padre le encantaba tener la manada cerca. Con el tiempo, algunos miembros de la manada murieron a causa de la vejez y otros se mudaron con sus compañeros. Mantengo todo igual, ya que también me encanta tener a la manada. —Es extraño no tener una manada cerca —dijo ella. —Lo sé. —Le indicó el camino hacia el primer piso, donde estaban sus dormitorios. Después de ver el séptimo dormitorio, Dawn decidió que no necesitaba verlos todos. Cuando llegaron al ático, olió su antigüedad bajo llave. —He guardado una gran cantidad de recuerdos aquí. —Le indicó el camino hacia el ático. Dentro, Dawn se encontró con la historia de la manada. Fotos 96 de hombres y mujeres en poses reservadas la recibieron. También sonrió al ver las cunas. —Yo dormí en esta cuna — dijo, presionando en el lateral para que la cuna se balanceara. —Este lugar es asombroso. —No has visto la mejor parte, nena —dijo, tomando su mano y llevándola fuera del ático. —¿A dónde vamos? —preguntó ella. No habló mientras la conducía a la cocina. Cuando abrió la puerta que llevaba al jardín, se quedó paralizada. Estar desnuda dentro de la casa era diferente a salir al aire libre. —No puedo salir, Señor. —Inclinó la cabeza para que él viera que no quería faltarle el respeto. —Dawn, estamos a más de veinte kilómetros de la casa más cercana. Estamos totalmente solos y no tienes que preocuparte por nada. —Él tiró de su mano y la envolvió con la otra. —¿De verdad crees que dejaría que alguien más te vea desnuda? — Tomó su boca, hundiendo su lengua dentro. Ella gimió, abriéndose a él. —¿Confías en mí? —preguntó él. Abriendo los ojos, que había cerrado durante su beso, lo miró fijamente. —Sí. —Bien. —Salió al aire libre. Ella lo siguió sintiendo un ligero escalofrío por el aire. —Pronto habrá una tormenta —dijo ella. —Lo sé. 97 Él guio el camino hacia adelante, y cuando llegaron al sendero de piedras, Daniel la tomó en brazos para llevarla al otro lado. Ella dejó escapar un chillido, sorprendida por su fuerza. Es un alfa. Por supuesto que puede levantarte. —No siento dolor, recuerda —dijo riendo. —Lo sé, pero no quiero verte caminar sobre las piedras. — La puso de nuevo sobre sus pies una vez que estuvieron en la hierba. Daniel tomó la delantera una vez más, caminando hacia el borde de la fuente de agua. La belleza del agua cayendo capturó su atención. Se preguntó cómo sería estar de pie en el agua y dejar que la bañara. Dawn no se dio cuenta de que lo había dicho en voz alta hasta que Daniel habló. —En otra ocasión —dijo, besándola. La llevó más allá de algunos árboles y giró a la izquierda. No tenía ni idea de adóndeiban y no le importaba. A través de la cubierta de árboles vio la pequeña cabaña. Daniel subió los escalones, manteniéndola con él. Sacó una llave y abrió la puerta para que ella entrara. Nuevamente, encendió el interruptor de la luz, trayendo luz a la habitación oscura. No había ventanas y la privacidad era bienvenida. Se frotó el frío de los brazos, a pesar de que el clima no le molestaba. 98 —Este es mi cuarto de juegos. Supongo que es una cabaña de juegos. Aquí es donde entreno con el equipo. No quiero nunca lastimar a mi sumisa. —¿Has traído una sumisa aquí? —preguntó, mirando la habitación similar a la de Kinkster. Nunca había pensado que él tendría una sala de juegos cerca de la casa. Su coño se humedeció al verlo frente a ella. —Sí, he traído sumisas aquí. Nunca esperé encontrar a mi compañera. Desde que te conocí, no ha habido ninguna otra mujer para mí. —Se dio la vuelta y lo vio de pie con los brazos cruzados. Cada vez que se cruzaba de brazos, ella se sentía atraída por el grosor de sus brazos. No había nada tímido o dócil en él. —Para mí tampoco ha habido otros hombres. —No le molestaba que hubiera traído a otras mujeres aquí. No había ninguna razón para que ella estuviera celosa o enojada. —¿Soy tu sumisa exclusiva? —Se estaba poniendo en evidencia a sí misma, incluso con sus problemas. 99 Capítulo 7 —Sí, eres mi única sumisa y hoy has sido un poco desobediente —dijo acercándose a ella. Ella lo miró y sonrió. Su sonrisa hizo que se le retorcieran las tripas. No podía perderla. Ella no se había sincerado sobre su madre, pero le había contado la verdad sobre su pasado. Su lobo también estaba contento con la revelación. Era un comienzo para ambos. Con el tiempo, Daniel sabía que podría conseguir que ella confiara en él. Cualquiera que fuera su preocupación por su madre, él sabía que posiblemente era la causa de su problema. Se suponía que las lobas eran maternales y cuidaban de sus crías. Por la forma en que Dawn reaccionaba, dudaba que su madre la hubiera consolado alguna vez. La forma en que había reaccionado al peinarla esta mañana era otra pista. Se había quedado perfectamente quieta, obviamente amando la sensación de sus dedos pasando por su cabello. ¿Sabía que había gemido y que cuando él se tomaba un tiempo entre las caricias, ella había lloriqueado como si la hubiera abandonado? Había muchas cosas que pasaban por su cabeza, y Daniel sabía que tenía mucho trabajo por delante. 100 —Preséntate ante mí —le dijo, viéndola ponerse de rodillas, abriéndolas de par en par para que él viera su coño. Tomó asiento frente a ella, lo suficientemente lejos como para ver los labios de su sexo brillando. Era realmente hermosa. Su oscura y sumisa belleza esperaba que él la castigara. Su polla se engrosó, haciendo que se sintiera incómodo. Se movió en su asiento en un intento de aliviar el dolor en sus pantalones. —Varias veces te dirigiste a mí sin usar mi título. —Miró la habitación, preguntándose qué debía hacer para burlarse de ella. —Lo siento, señor —dijo ella. —Bien, no necesito escuchar tus disculpas. Vas a ser castigada, pero creo que me has presionado para que use mi mano contigo. —Se pasó un dedo por el labio, con curiosidad por saber qué debía hacer. Esta era la primera vez que estaban verdaderamente solos, con muchos juguetes a su disposición. En el club podía parecer que estaban solos, pero en realidad nunca lo estaban. Su manada habría acudido a ella si hubiera mostrado algún signo de angustia. Sabían que se esforzaba por no reclamarla y le había pedido a Jake que interfiriera si alguna vez llegaba el caso. Afortunadamente, nunca ocurrió, ya que él siempre había tenido el control. Esta vez, él la controlaba por completo y ella estaba a su merced. —¿Cuál es tu palabra de seguridad? —preguntó. —Rojo. 101 —Bien. No la uses a menos que desees que la escena termine. Sabes cómo hacer que vaya más despacio, así que espero que me adviertas cuando vaya demasiado lejos. —Sí, señor. Dudaba que ella usara alguna vez una advertencia o una palabra de seguridad durante una escena, y eso sólo le preocupaba. —Quiero que te levantes y vayas a la cama. Acuéstate de espaldas y abre bien los muslos. Ella hizo lo que él le indicó. Admiró las curvas redondeadas de su culo mientras se alejaba de él. Joder, lo hacía sufrir de necesidad. —¿Estás cómoda? —preguntó él. —Sí, señor. Daniel se dirigió a su exhibición de juguetes. Tenía una selección de látigos, bastones y paletas. Personalmente le gustaba el bastón. Una larga tira de cuero con un pequeño lazo en el extremo era su favorita. Le encantaba el sonido que producía cuando la hacía caer sobre la carne de una mujer. La otra herramienta que le gustaba utilizar era su mano. El escozor de la palma de la mano le hacía saber que estaba castigando a su sumisa adecuadamente. Lo último que necesitaba era que su sumisa creyera que se estaba debilitando. Decidió agarrar el bastón, un juego de pinzas para los pezones y un flamante consolador. Cuando traía nuevas sumisas a su habitación, siempre se aseguraba de usar equipo nuevo. 102 Colocó los dispositivos al alcance de la mano y se arrodilló frente a ella. Sujetó uno de sus tobillos y agarró la corbata de seda conectada al poste de la cama. Aseguró la seda alrededor de su tobillo y se encargó de que estuviera lo suficientemente apretada para mantenerla sujeta, pero no tanto como para dañar su piel. No había necesidad de preocuparse por el dolor con ella, pero siempre sería cauteloso. Una vez que estuvo satisfecho con el primer tobillo, hizo lo mismo con el segundo. Arrodillándose, admiró su carne contra la seda roja. Perfección. —Adelanta la cabeza. —Ella hizo lo que le pidió, y él le llevó el pelo por encima de la cabeza. Aseguró el largo con una pinza que guardaba en el bolsillo del pantalón. Los mechones estaban fuera de su camino exponiendo su dulce cuello. —Hermosa. — Le acarició la nuca, inclinándole la cabeza hacia atrás. Reclamando sus labios, deslizó su lengua en su boca abierta. Su sabor era increíble, y podría pasar todo el día besándola. El calor del apareamiento empezó a crecer en su interior, y gimió cuando una nueva ola de placer lo golpeó. La polla le dolía de lo hinchada que estaba. Dejando el beso, deslizó su mano hacia abajo para rodear un pezón duro. Una vez más, se arrodilló, poniendo las pinzas al alcance de la mano. No habló mientras miraba el gran peso de sus tetas con las puntas marrones de sus pezones. Daniel se perdió mientras la miraba fijamente. Era exquisita. No sabía cómo un hombre podía hacerle daño. 103 Nuestra compañera. Podemos protegerla y ayudarla. Daniel nunca iba a dar la espalda a su mujer. Si no podía ayudarla con su incapacidad de sentir dolor, pasaría el resto de su vida protegiéndola. Buscaría otros lobos con el mismo problema para ver cómo se las arreglaban. Succionó uno de sus pezones en su boca, gimiendo cuando el duro capullo llenó su boca. Al abrir la pinza, se separó de ella y vio su pezón duro como una roca. Aseguró la pinza en su pezón y ella jadeó. —¿Cómo te sientes, cariño? —le preguntó. —Se siente increíble. Nunca he... —Soltó un gemido cuando él le acarició el clítoris. —¿No hay dolor? —No hay dolor, pero se siente bien. —Sus sensores aceptaban el placer, pero negaban el dolor. Pasando al siguiente pezón, hizo lo mismo, saboreando el sonido de su jadeo cuando aseguró la pinza. Ella se arqueó contra él, pidiendo más sin decir una palabra. —Recuéstate —dijo él. Ella se acostó en la cama. Su pecho se agitaba con su respiración entrecortada. Daniel se puso de pie y buscó las ataduras de seda para asegurar sus muñecas. Atrapó su mirada con la suya. Los ojos de ella se abrieron de par en par al mirarlo. Ningunode los dos dijo una palabra mientras él colocaba la seda alrededor de su muñeca. Pasó a la siguiente muñeca y aseguró la última. No era necesario que 104 apretara las correas, ya que la quería en el extremo de la cama, al alcance de la mano. Se arrodilló entre los muslos de ella y sujetó el bastón junto con el consolador que había traído. Ella se quedó quieta, y él recorrió su cuerpo con las manos, observando cómo se estremecía y temblaba por su contacto. Su loba estaba relajada esperando que él hiciera su siguiente movimiento. Daniel sonrió. Estaba más que preparado para tomar a Dawn y a su loba. Bajo su cuidado, ella florecería como la increíble belleza que era. Abriendo sus muslos, miró su cremoso coño sintiendo que se le hacía agua la boca para probarla. Su coño húmedo estaba en exhibición esperando sus juguetes. Acortando la distancia entre ellos, selló sus labios sobre su coño chupando la protuberancia. Ella gritó, sacudiendo las ataduras. Él le dio una palmada en el muslo, mirándola fijamente. —Te he dicho que te quedes acostada. Dawn volvió a la cama, con el cuerpo temblando mientras él volvía a chuparle el clítoris. Ella siguió gimiendo y sus piernas temblaron bajo las de él. Le agarró el muslo con fuerza, aumentando la sensación que estaba creando. Ella no podía sentir dolor, pero sí podía sentir su tacto, y él pretendía utilizarlo todo en su beneficio. No había suficiente contacto entre ellos para llevarla al orgasmo. Continuó agarrando su 105 muslo repetidamente en diferentes zonas, tocándola y acariciándola constantemente. La crema se derramó de su coño, cubriendo su boca, y él se la bebió. Alcanzando el consolador, sustituyó su lengua por la polla falsa. Pasó la punta de la polla falsa por su coño, cubriéndolo con su crema. Una vez cubierto el consolador, bajó la punta hasta su coño. Levantando el bastón, observó su respuesta. Dawn miraba el techo liso. Se preguntó si le gustaba el espejo que había sobre la cama o si lo odiaba. Introduciendo la polla en su coño, bajó el bastón sobre su pierna. Ella gritó, y él lo hizo de nuevo, golpeando el bastón en sus muslos. No se acercó a su coño ni a su cuerpo. Daniel observó sus respuestas, cauto en sus golpes. Las pinzas le mordían los pezones pero no le sacaban sangre, cada elemento creaba una sensación diferente que no era dolor, pero era algo. Cuando ella estaba en su punto álgido a punto de caer en el orgasmo, él retiró la polla falsa y se apartó de ella. —Siéntate —dijo, arrodillándose de nuevo en la cama. Quitó una pinza y luego la otra, prestando cuidadosa atención a cada mordida. Daniel chupó la carne de sus pezones, con cautela. Las pinzas llevaban tiempo en su cuerpo. Satisfecho de no haber roto la piel, llevó los juguetes hacia el lavabo. Percibió su confusión y sonrió. ¿No se daba cuenta de que había formas más dulces y fáciles de castigarla en lugar de 106 causarle un dolor inmenso? No había ningún castigo en tratar de causarle dolor. Ella no podía sentirlo. Lavó los juguetes con jabón antibacteriano, los secó y los volvió a colocar en su sitio. La liberó de las ataduras que la mantenían en la cama. —Señor, ¿he hecho algo que te ha molestado? —preguntó ella. Besando su cabeza, se inclinó cerca de su oído. —Este es tu castigo, Dawn. No vas a correrte durante el resto del día, pero eso no va a impedir que te toque o juegue contigo. Ella se quedó en la cama en su postura sumisa mientras él agarraba las sábanas. Una parte de él no quería salir de la habitación, mientras que otra sabía que tenía que demostrarle hasta dónde podía llegar. Su teléfono móvil zumbó en su bolsillo. Sacando el aparato vio que tenía un mensaje de Jake. Jake: Doc está aquí. Quiere verte. Estoy en la puerta. —Tenemos que volver a la casa. —Esperó a que se pusiera en pie y le envolvió el cuerpo con la manta. —¿Te he disgustado, señor? —preguntó ella. Su labio se tambaleó mientras él aseguraba la manta alrededor de ella. —No me has disgustado. Te estoy dando un poco de privacidad muy necesaria. Tengo un amigo esperando en la puerta. Te prometí que nadie más que yo te vería desnuda, y pienso cumplirlo. —La tomó de la mano. —En el momento en que se vayan te volveré a tener desnuda. 107 Daniel la llevó de vuelta a la casa. Olió a Jake en el aire, y notó que Dawn también olía el aire. —¿Has traído al Doc aquí? —¿Cómo conoces al Doc? —preguntó, dándose cuenta de su falta de orientación. Estaba preocupada. Su loba empezó a pasearse un poco insegura de lo que estaba pasando. —Visitó a una loba en apuros durante su embarazo. — Dawn se detuvo en el jardín. —¿Por qué está aquí? —Lo he traído para que me vea. No sabrá que eres tú. —Lo sabrá. ¿Cómo puedes tapar mi olor? Mierda, probablemente ya puede olerme. Daniel apretó su mano sobre la de ella, sujetándola con fuerza. —Mascota, mírame. Mírame a los ojos. —Esperó a que ella hiciera una pausa antes de continuar. —Nunca dejaré que te pase nada. Si tu manada se entera, sabremos quién lo ha contado. No te preocupes, te prometo que tu secreto está más que a salvo. —Presionó un beso en sus labios. —De acuerdo. —No hay razón para que te vayas. Vamos, iremos juntos a ver a Doc. *** La loba de Dawn se paseó mientras se dirigían a la parte delantera de la casa. La manta se enredaba alrededor de sus 108 piernas, y se agarró a la parte inferior para no tropezar o caerse. Daniel no se movía demasiado rápido, así que ella pudo seguir cada uno de sus pasos. Pasaron varios minutos caminando antes de que la puerta quedara a la vista. Reconoció a Doc inmediatamente. Al otro hombre lo recordaba del club, pero no sabía quién era. —Hola, Jake —dijo Daniel. —¿Interrumpimos? —preguntó Jake, mirándola. Olió a Daniel en el otro hombre, y supo que era parte de la manada. —No. —Daniel se dirigió a la caja eléctrica, abrió la puerta y tecleó un código. Las puertas se abrieron dejando a los dos hombres entrar. —Dawn. —Doc asintió con la cabeza. Daniel se puso a su lado y le rodeó los hombros con un brazo. —Su presencia aquí debe permanecer en secreto —dijo Daniel, acudiendo a su rescate. Ella bajó la cabeza sintiéndose avergonzada por tener que ocultar quién era a su familia y a su manada. —No diré nada. Su compañero se acercó invadiendo el espacio de Doc. —Lo digo en serio. Si alguien dice algo, iré a por ti. Doc tragó saliva. —¿Pensaba que no creías en la violencia? —No creo en la violencia, pero si me empujan, haré lo que sea para proteger a mi mujer. —Daniel se puso de pie hasta su máxima altura, el olor de su lobo salió a la luz para que todos supieran que hablaba en serio. 109 La piel de gallina brotó en sus brazos mientras el calor inundaba su coño ante la exhibición dominante. —Lo entiendo —dijo Doc. —¿Vas a ponerte en plan alfa por una mujer que se niega a reclamarte? —Jake dio un paso más. La rabia se desprendía de él junto con su desaprobación. Ella jadeó ante los olores que le llegaban junto con la ira. Daniel gruñó, poniéndose delante de ella. —Daniel, puedes hacerlo mucho mejor. —Es mi compañera, Jake. Le mostrarás un poco de maldito respeto o me aseguraré de que te arrepientas de cualquier palabra que salga de tu boca. Jake la miró fijamente, sacudiendo la cabeza. —No te merece. —He aceptado su reclamo —dijo Dawn. —Hay una razón por la que ha aceptado mi propuesta, Jake. Entra y te dejaré escuchar. Juntos entraron en la casa. Ella se dio cuenta de que Daniel hizo que los dos hombres caminaran delante de ellos. —Gracias —dijo ella, apoyándose en él. Uno de sus brazos rodeó su espalda, sosteniéndola. —No hace falta que me des las gracias, nena. Eres mi compañera y mi sumisa. Te cuidaré el resto de nuestras vidas. Cerró los ojos, disfrutando de la sensación de élabrazándola. Ni siquiera habían tenido sexo y, sin embargo, se sentía cerca de él. 110 El sexo no significa amor. La forma en que la había llevado al borde del orgasmo y, sin embargo, se lo había negado, la había enfurecido y excitado. Era el primer hombre que mostraba tanto control. Daniel la excitaba con su despliegue masculino. Entraron en la casa, dirigiéndose a la sala de estar que, según le dijo Daniel, sólo podía albergar invitados. Rara vez dejaba entrar en su casa a alguien que no formara parte de la manada. La manada de Daniel podía ser diferente a muchas otras, pero su determinación de mantenerlos a salvo era la de un buen líder. Le gustaba la idea de tener la casa llena de una manada cariñosa y leal. —Quiero agradecerte que hayas venido —dijo Daniel, situándose detrás de ella mientras se sentaba en el sofá. Acércate. Dawn se acercó al sofá y se acurrucó contra su brazo. Daniel parecía saber lo que ella necesitaba, ya que apoyó ambas manos en sus hombros, abrazándola. —No hay problema. No veo ningún problema, pero supongo que esto no es una llamada social. —preguntó Doc. —Esto no es una llamada social. —Daniel le apretó el hombro. —¿Has oído hablar de otros lobos que sufran una condición similar a la Analgesia Congénita? Doc frunció el ceño. —La condición es muy poco común en los humanos y mucho menos en los lobos. 111 —He oído hablar de ello —dijo Jake. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, mirándolos fijamente. —Los rumores eran ciertos. Hay un lobo que se utiliza para el deporte. —Jake la miró. —Sin embargo, no he podido encontrarlo. Ha sido una mañana muy ocupada. Ella tenía muchas preguntas. —¿Hay alguna forma de tratarlo? —¿De qué se trata todo esto? No veo cuál es el problema — dijo Doc. Miró entre los dos. Ella miró a su compañero y Daniel le devolvió la mirada, esperando. Dawn asintió para que le dijera la verdad. —Dawn no puede sentir dolor —dijo Daniel. —Esto es una mierda, Daniel. ¿Cómo sabes que no está mintiendo para alejarse de ti? Ha estado jugando contigo desde el primer día. El lobo de Daniel se tensó. Sintió que se preparaba para atacar, y Dawn no quería ser la responsable de que dos machos de una manada atacaran. Levantándose del sofá, abrió el botiquín del doctor y sacó un bisturí. Extendiendo el brazo, deslizó el bisturí por su carne. No se estremeció ni sintió el dolor. Era como si su cerebro no pudiera sentir nada más que placer. Sentía las caricias de Daniel, los golpes del bastón o las bofetadas. No le hacían daño y, sin embargo, este tipo de dolor no le afectaba. Pasó la hoja por su brazo dos veces más. 112 Dawn no había presionado demasiado la hoja, y las heridas empezaron a cicatrizar segundos después. El primer hombre al que había matado había presionado la hoja profundamente dificultando su curación. —Es suficiente, Dawn —dijo Daniel. Su voz le ordenó que se detuviera, y ella lo miró fijamente. La preocupación era evidente en sus ojos. Le devolvió el bisturí a Doc y se sentó al lado de Daniel. Él le cubrió las marcas de los brazos. La sangre rezumaba entre sus dedos hasta que finalmente desapareció. Lamiéndose los labios, lo miró fijamente. —Espera, acabas de clavarte un bisturí —dijo Jake. —Esto no es bueno —dijo Doc, avanzando. Daniel gruñó, cubriéndola con sus brazos. —Te sugiero que si tienes intención de hacerle daño te lo pienses mejor. No permitiré que nadie dañe a mi mujer. —No voy a hacerle daño. —Doc levantó las manos en señal de rendición. —Sólo voy a inspeccionar sus brazos. Pasaron varios segundos antes de que Daniel cediera y permitiera a Doc acercarse. Le tendió el brazo para que lo inspeccionara. No había heridas visibles. —¿Cuánto tiempo lleva así? —le preguntó. Ella tragó más allá del nudo en la garganta. —Desde mi transición. —No era mentira, ya que había sentido mucho dolor antes de eso. Antes había sufrido mucho dolor y, con el tiempo, había dejado de reaccionar al dolor que le infligían. Después de 113 su transición, el dolor ya no importaba. Su madre no la dejaba en paz lo suficiente como para dejarlo. —No hay manera de diagnosticarlo a menos que hagamos a nuestros lobos vulnerables a los humanos. En casos muy raros, algo se apaga durante la transición en los receptores emocionales del cerebro. La razón por la que digo casos muy raros es porque en la mayoría de los casos la condición en los lobos se basa en el abuso. Las líneas se cambian y el lobo no puede diferenciar el dolor. —Doc le soltó el brazo y la miró. Ella lo miró fijamente a los ojos, preguntándose si él sabía la verdad sobre su madre. —Alguien de tu familia, Dawn, tiene que ser responsable de esto. —¿Quieres decir que no sientes nada? —preguntó Jake, acercándose. —Huesos rotos, agua hirviendo, ¿no puedes sentirlo? Dawn negó con la cabeza, sintiéndose como un espectáculo de fenómenos para que todos lo vieran. —No, no puedo sentirlo. —¿Quién hizo esto, Dawn? —preguntó Doc. —¿Hay una cura para esto? —preguntó Dawn, ignorando su pregunta. La conversación sobre el responsable de su estado debía tenerla con Daniel en privado, no delante de esos hombres que no conocía. —No lo sé. Nunca he conocido a nadie con esta condición. —Doc se pasó los dedos por el pelo, evidentemente, 114 completamente desconcertado. —Esto es peligroso, Daniel. Si alguien se enterara de su condición, podría ser utilizada para cosas indecibles. Tienes que mantenerla a salvo. La mandíbula de Daniel se tensó. —¿Y el apareamiento? —preguntó Dawn, girándose para mirar a Doc. No podía vivir el resto de su vida preguntándose si había una cura. —¿Qué quieres decir? —habló Jake. —Si la transición reconectó mi cerebro, ¿no debería el apareamiento ayudarme a reconectarlo de nuevo? Doc levantó las manos. —Realmente no lo sé. No voy a decir que hay una cura, ni voy a decir que no la hay. Realmente no lo sé. Hay muchas cosas sobre esta enfermedad en los lobos que no conocemos. No puedo ayudarte con esto. —¿Así que no sirves para nada? —preguntó Daniel. —Vale la pena intentar el apareamiento. Personalmente, trataría de encontrar compañeros lobos en una situación similar a la tuya. —Doc se puso en pie, agarrando su bolsa. — Tu secreto está a salvo conmigo. Esto no va a ser bueno para otros lobos si se descubre. Segundos después Doc abandonó la propiedad. —¿En qué estás pensando? —preguntó ella. Daniel se movió alrededor del sofá, tirando de ella hacia su regazo. —No me gusta su falta de conocimientos, y eso que lo llamamos doctor. Lo que también quiero saber es dónde están los demás. 115 Le acarició el muslo. Ella se acurrucó contra él, apretando la palma de la mano contra su corazón. Daniel la rodeó de calor. —¿Y si el apareamiento ayuda? —preguntó ella. —No lo sé, Dawn. No quiero ponerte en un riesgo innecesario. Nunca te cambiaría. —Él le besó la parte superior de la cabeza. Abriendo los ojos, se quedó mirando su pecho. En el último año, Daniel le había mostrado más amor y afecto que la mujer a la que llamaba madre en toda su vida. No se habían acostado juntos y, sin embargo, la había dejado completamente satisfecha. Colocando un poco de pelo detrás de la oreja, Dawn soltó la verdad para que él la escuchara. —Fue mi madre —dijo. —¿Qué, cariño? —Mi madre siempre fue mala mientras crecía, pero se lo ocultaba a papá. Él nunca supo la clase de mujer con la que se casó y se apareó. No es una verdadera alfa, no nació como tal. —Su pecho se apretó al pensar en los años que había pasado temiendo a la única mujer en la que debería haber confiado. — No son una verdadera pareja apareada. Ella fue la que llamó su atención, y me tuvieron a mí. —Ella lo miró fijamente. —Nunca hablas de tu madre. —Porque no merece el título de madre. —Laslágrimas se derramaron de sus ojos, y ella las odiaba. —Cuando era más 116 joven me pegaba si me ensuciaba el vestido o buscaba la forma de castigarme. No podía hacer nada bien, y ella me decía lo inútil que era. Me abofeteaba, me pegaba o me asustaba. Todo el tiempo que lo hacía, papá no estaba en la casa. Desde muy joven me di cuenta de que siempre era más amable conmigo cuando él estaba cerca. Intenté que se quedara mucho más, pero tenía que ocuparse del trabajo de la manada. No creo que quisiera a mi madre. Se preocupaba por ella y me quería, pero no era su verdadera compañera. —Se le secó la garganta cuando empezó a contarle sus recuerdos. Los recuerdos que mantenía enterrados. —Mientras que la mayoría de los niños acudían a su madre o a la hembra de la manada en busca de ayuda, yo me escondía de ella. Era una mujer despiadada. Daniel la abrazó con fuerza y ella pudo hablar de todos los malos recuerdos que mantenía encerrados. —¿Cómo es que tu padre no lo vio? —preguntó Daniel. —No lo sé. Mamá se ocupa del resto de los problemas de la manada mientras él se asegura de que nadie amenace a la manada. —Siguió limpiando las lágrimas, sintiendo la limpieza dentro de su alma. Nadie sabía por lo que había pasado. Esta era una verdad que le había dado a Daniel, su compañero, y a nadie más. —No voy a dejar que esto siga así —dijo. —No puedes hacer nada, Daniel. Si desafías a mi madre, entonces desafías a mi padre primero. Él nunca dejará que acepte un reto que no pueda ganar. 117 —¿Qué crees que va a hacer cuando descubra la verdad? Ella se mordió el labio. —Nada. —Esta gente a la que llamas padres apesta. Eres mi compañera, y cuando llegue el momento no soportaré que nadie te haga daño. —Le dio un beso en la parte superior de la cabeza, pero afortunadamente lo dejó pasar. Dawn cerró los ojos, acurrucándose profundamente contra él, amando la sensación de su calor rodeándola. No había nada que deseara más que estar cerca de su compañero. 118 Capítulo 8 Pasaron varios días y Daniel se tomó el tiempo necesario para ganarse la confianza de Dawn. Le enseñó el valor de sí misma, y la castigó cuando lo presionó demasiado. Ella le rogó que la llevara a su cabaña en el bosque, donde estaban todos sus juguetes. Tenía una selección dentro de su habitación, pero no tan extensa como los que tenía en la cabaña. Jake lo llamaba regularmente para pedirle novedades. La manada se estaba preocupando, pero también estaban sintiendo un cambio dentro de él. Sabía que sólo iba a ser cuestión de días antes de que la reclamara. La luna llena era esta noche, pero quería tener la oportunidad de correr con ella. Tampoco habían tenido sexo todavía. El tiempo que pasaban juntos era a través de las caricias. Le encantaba sentir las manos de ella en su piel. Lo volvía loco de necesidad. Ayer había usado una cuerda en su hermoso cuerpo, atando las cuerdas alrededor de sus pechos y pasándolas por sus piernas para mantenerla atada. La había colocado sobre la mesa de café, mientras simplemente admiraba la vista al mismo tiempo que acariciaba su longitud. Ella no se quejó de su posición en la mesa ni de lo que él estaba 119 haciendo. Sus ojos se cerraron a diferentes intervalos, y él vio el placer que brillaba en su rostro. Ella era feliz, y él no podía encontrar una sola razón para protestar. Cuando ya no pudo soportar simplemente mirar su hermoso cuerpo atado, se arrodilló ante ella y disfrutó del sabor de su coño. La torturó durante más de una hora, lamiendo su deliciosa crema y tomándose su tiempo para explorar su clítoris. Ella era muy receptiva, y la cuerda ayudaba a excitarla aún más al sujetarla, aumentando su placer. Sólo cuando estuvo listo para que ella se corriera, le dio su permiso. Le acarició el clítoris hasta que gritó de placer, y se tragó hasta la última gota de su orgasmo. Después, él desató la cuerda y ella se puso en su postura sumisa y le rogó que le permitiera ayudarlo con su problema. Su polla se había puesto dura como una piedra y estaba deseando liberarse. Daniel había tenido la intención de ir al baño para aliviar el dolor. En cambio, se sentó en el sofá y se quitó los vaqueros. Su polla se había levantado como si tuviera vida propia. Ver el anhelo en sus ojos marrones y la forma en que se había lamido los labios fue su perdición. No había forma de que un Dom pudiera negarle algo a una sumisa que había sido una chica muy buena. Ella había tomado su polla dentro de su boca, deslizando su lengua a lo largo de la vena antes de volver a la cabeza. Dawn lo había tragado hasta que llegó a su garganta, 120 profundizando aún más. Balanceó la cabeza mientras chupaba la raíz. La sensación de su boca alrededor de la polla había sido una tortura, pero del tipo más delicioso. Mientras chupaba, lo miraba fijamente, observando sus reacciones. Él simplemente le devolvía la mirada, mostrándole lo mucho que le gustaban sus labios en su polla. Ella lo sorprendió aún más cuando se tragó el semen que él descargó en su boca. Después, él la había empujado a su regazo y la había abrazado mientras veían una película. Ella no se había puesto nada de ropa desde que llegó con él. A Daniel le resultaba difícil estar cerca de ella y no estar dentro de ella. Escribía en el teclado de su despacho, respondiendo a los correos electrónicos que le habían enviado en los últimos dos días. El club, Kinkster, seguía necesitando su atención, al igual que su manada. Dawn se arrodilló en el suelo junto al sofá con el libro sobre el mueble mientras leía. Tenía las manos cruzadas bajo los pechos y se apoyaba en los brazos mientras leía. Tenía los pies cruzados por detrás, moviéndose de un lado a otro mientras el resto de su cuerpo se movía al ritmo de la melodía que sonaba en su mente. Él se encontraba constantemente distraído por sus movimientos. Los correos electrónicos quedaban sin respuesta mientras ella leía uno de esos libros de sexo que había encontrado en una de las habitaciones. Uno de sus lobos disfrutaba de algunos libros pervertidos, que él no tenía 121 problema en que Dawn leyera. Cualquier cosa que pusiera a su mujer caliente y cachonda era sólo un beneficio para él. Ella pasó la página del libro y comenzó a leer de nuevo. El aroma de su excitación llenó la habitación, haciendo más difícil para él concentrarse en el último correo electrónico. Se ocupaba de los problemas financieros de su manada. Si algunos miembros deseaban ir a la universidad, él pagaba la factura, ya que le devolvían el dinero una vez que se graduaban y tenían un empleo a tiempo completo. Una de las hembras de la manada preguntaba si podía ir a la facultad de medicina para formarse como médica. Él no veía ningún problema en ayudarla. Un médico dentro de la manada sólo podría ayudarlos a todos. —Lo haces a propósito —dijo, mirando a Dawn cuando ella se giró para mirarlo. —¿Qué? —La burla con tu cuerpo, moviéndote y retorciéndote. Me distrae. —Él le envió una sonrisa, a la que ella respondió. Había estado completamente absorta en su libro en lugar de ver lo que le había hecho. Su polla estaba dura como una roca, deseando estar dentro de su húmedo calor. —Eres tú quien me mantiene desnuda, señor —dijo ella. —No sería una distracción tan grande si me dejaras llevar ropa. —¿Dónde estaría la diversión en eso? Me gustas desnuda. —Empezó a teclear en su ordenador. Dawn cerró su libro y 122 caminó alrededor del escritorio para apoyarse en la dura madera. —¿Qué estás haciendo? —preguntó. Él extendió la mano para acariciar su cadera desnuda. — Una de las chicas que acaba de graduarse en el instituto está pidiendo los fondos para ir a la escuela de medicina después del instituto. Estoy respondiendo para que sus padres vengan a verme con ella.—¿Enfermería o medicina? —Medicina. A la manada le vendría bien un médico propio. No hay suficiente personal médico para atendernos. —Terminó de teclear el correo electrónico concertando una fecha adecuada. —¿Te encontrarás con ella en una semana en el restaurante local? —Ella cubrió su mano con la suya. —Sí. Vendrás conmigo. Como mi compañera vas a ayudarme a construir una manada más sana. —Él pulsó enviar y vio el correo electrónico. Volviendo su atención a su mujer, deslizó su mano hacia arriba para acariciar su pecho. —Eso es si sigues aceptando ser mi compañera. —Le frotó la punta del pezón, viendo cómo se le dilataban los ojos. Su loba quería salir a correr, y también quería follar. Daniel no se follaría a su mujer hasta que estuviera preparado. —Quiero ser tu compañera más que nada. —Las manos de ella se enredaron en la muñeca de él, pero no intentó evitar 123 que la tocara. Con la otra mano, acarició el costado de su cuerpo, amando la forma en que la piel de gallina brotaba a lo largo de su carne. Vio que su estómago se tensaba y la atrajo hacia él. No tardó en sentarla sobre su escritorio con las piernas abiertas. —Siempre me abres —dijo ella, gimiendo. Él le acarició el coño caliente, deslizando un dedo por su coño. —Siempre voy a encontrar una razón para tenerte abierta para mi placer, nena. Nunca va a cambiar. Tendrás que acostumbrarte a ello. Daniel bajó la cabeza, lamiendo desde la entrada de su coño hasta su clítoris. —No, Daniel, señor, te necesito dentro de mí, por favor. Me encanta tu lengua, pero necesito sentirte. —Tiró de su pelo, impidiendo que la lamiera. Se puso de pie y la miró a los ojos. —¿Quieres mi polla dentro de ti? —le preguntó. —Sí, por favor, señor, te necesito. —Ella pasó sus manos por la parte delantera de su camiseta moviéndose hacia su polla. Él capturó su mano impidiendo que lo tocara. Quería estar dentro de ella más que nada. Tirando de su camiseta por encima de su cabeza, arrojó el material ofensivo lejos de él. Dawn arañó sus vaqueros, abriendo el botón para intentar quitárselos. Se río de la necesidad que tenía de él. Su lobo estaba listo para tomarla y reclamarla como suya. 124 Todavía no. La reclamaremos en el momento adecuado. Rodeando su espalda con el brazo, la acercó y estampó sus labios sobre los suyos. Ella soltó sus vaqueros para agarrarse a sus brazos, gimiendo mientras él saqueaba su boca con la lengua. Bajó de sus labios a su cuello, chupando el pulso que latía rápidamente. Daniel se desabrochó los vaqueros y los bajó por los muslos. Su polla sobresalía, larga, dura y orgullosa. Con el puño en la mano, bajó por el cuerpo de ella para chupar cada pezón. Los dedos de ella se hundieron en su pelo, empujando su pecho hacia él. —Por favor —dijo ella, suplicando. Daniel le tocó el coño y le metió un dedo hasta el fondo. Ella lo agarró con fuerza y él introdujo un segundo dedo en su interior. Los dos gimieron mientras el coño de ella se agitaba a su alrededor. Retiró el dedo, chupando su crema. —Sabes tan jodidamente bien. Agarrando su pene, pasó la punta por su coño, cubriendo su polla con su crema. Sólo cuando estuvo satisfecho de que toda su longitud estaba cubierta, se deslizó hasta su entrada. —Esto puede arder un poco —dijo. —No puedo sentir dolor, ¿recuerdas? —Ella le dirigió una sonrisa perversa. 125 Empujando sólo la punta de su polla dentro de ella, colocó sus manos en las caderas de ella. —Aun así, te vas a sentir llena. Ella se lamió los labios. Su lengua se asomó, pidiendo que la chuparan o la mordieran. —¿Cómo sabes que eres así de grande? —preguntó ella. Él sonrió y, en lugar de responderle, se metió hasta la empuñadura dentro de ella, dándole todo de sí sin detenerse. Dawn gritó, arqueándose mientras él penetraba su coño. Mirando hacia abajo, donde estaban unidos, se sorprendió de cómo ella se abría para recibirlo. Su polla llenaba su pequeño coño. Cada ondulación y pulso se extendía a lo largo de su eje. Le besó las tetas y subió hasta reclamar su boca, que estaba abierta por el grito. —Bien —dijo ella. —Creo que eres así de grande. Era la primera mujer que tomaba toda la longitud de su polla sin quejarse. Mirando a su mujer, su compañera, Daniel estaba completamente perdido. Ella era su otra mitad, la mujer a su lado, y serían fuertes juntos. La amaba con todo su corazón y su alma. —Eres mía —dijo, reclamando su derecho. Presionó una mano contra su corazón, sintiendo su latido. —Voy a reclamarte, y la manada va a aceptarte como mi compañera. —Sí, Daniel. Mi Maestro. 126 Se retiró de su apretado calor, viendo cómo su polla aparecía resbaladiza con su crema. Daniel no salió del todo de ella antes de volver a penetrarla, saboreando sus dulces gritos. —Te voy a follar muy fuerte en este escritorio y luego te voy a follar todo el camino hasta llegar a nuestra cama. Voy a amarte durante el resto de este día, y esta noche, iremos a corrernos juntos. —Giró sus caderas, golpeando su punto G en lo más profundo de ella. Sus gritos se mezclaron en el aire mientras la tomaba con fuerza sobre el escritorio. Chupó sus pezones antes de tomar sus labios con los suyos. —Tócame. Ella se agarró a sus brazos con fuerza mientras él cabalgaba su cuerpo. Rodeó su cuerpo con los brazos y la levantó. En el siguiente segundo la tenía contra la pared. Dawn lo abrazó con más fuerza, y él tomó sus labios, metiendo su lengua en su boca, imitando los golpes de su polla en su coño. Estar dentro de ella era mucho mejor de lo que había imaginado. *** Dawn se aferró a su compañero, el amor de su vida, mientras él la penetraba. Su gruesa polla la llenaba, y no le 127 quedaba más remedio que aceptar su amor. Le devolvió el beso, encontrando su lengua con la suya. Durante un año has negado esto. Se sintió como una idiota por haberlos hecho esperar. Eran más explosivos de lo que había imaginado. Sus uñas se hundieron en la carne de su espalda, deleitándola con la pasión que estaba mostrando. —Tan jodidamente cerca. —Él se sumergió en su interior. Ella se separó del beso y apoyó la cabeza en su cuello. Dawn lamió la carne sobre su pulso mientras él embestía, acercándose al orgasmo. —Acaricia tu clítoris, nena. Necesito que te corras. Ella metió la mano entre los muslos y se acarició el clítoris, gritando ante la instantánea inyección de placer que la golpeó. Pellizcando su clítoris, le mordió el cuello queriendo marcar su pálida piel. —Eso es, nena, deja tu marca en mi piel. —La cabalgó con más fuerza aún. Él acarició su clítoris mientras ella sentía el comienzo de su orgasmo. Soltando su cuello, ella echó la cabeza hacia atrás y entró en erupción sobre su polla mientras su liberación se estrellaba sobre ella. Daniel gruñó, sellando sus labios sobre su cuello y mordiendo. Rompió la piel y empezó a tragar su sangre. Su semen llenó su coño junto con su calor de apareamiento. Si algún lobo se acercara a ella ahora, olería a Daniel por todas partes. Gritó cuando él tomó suficiente sangre 128 para oler como ella. El comienzo de su apareamiento acababa de empezar. Después de que pasaran varios segundos, Daniel soltó el mordisco, lamiendo la herida mientras retraía sus dientes caninos. Ella dejó escapar un suspiro y apoyó la cabeza en su pecho, respirando profundamente varias veces al hacerlo. —Ya no hay quien lo detenga, nena. Vamos a estar juntos. —No tengo ningún problema con eso. No creo que pueda moverme —dijo ella. Su cabeza nadaba, y gimió cuando le empezó a doler el cuello. Se llevó una mano al cuello gimiendo. —¿Qué pasa? —preguntó él, con preocupación en su voz. —No lo sé. —Retiró la mano para ver algo de sangre en sus manos. Dawn frunció el ceño. —Creo, creo que me duele. —Se frotóla sangre entre los dedos antes de volver a ahuecar su cuello. —¿Qué quieres decir? Dawn se estremeció cuando Daniel se movió y su polla se retiró de su coño. —¡Ay! —Su coño estaba sensible, pero de una manera agradable. —Creo que puedo sentir dolor. Él dio un paso atrás, mirándola fijamente mientras ella lo miraba. Daniel la bajó a sus pies, y ella se habría derrumbado en el suelo si él no la hubiera atrapado. —¿Puedes sentir dolor? ¿Qué te duele? —La acercó a él y le miró el cuerpo, con mucho cuidado al tocarla. 129 —El cuello, me duele donde me mordiste, y mi coño está un poco sensible. ¿Podría ser el apareamiento o algo más? — preguntó ella. ¿La sensación era temporal? No le importaba si era temporal o no. Por primera vez en más de once años sentía algo. —El apareamiento ha comenzado, y eres capaz de sentir. Si completamos el apareamiento podría ayudar con tu capacidad de sentir dolor, no es que quieras sentir demasiado dolor. —Daniel la levantó en brazos y la llevó arriba hacia su dormitorio. —Pensé que íbamos a follar hasta nuestra habitación — dijo ella, sonriendo. —Vamos a follar pronto. Primero quiero ocuparme de ti. Es mi derecho como tu compañero. Ella le rodeó el cuello con los brazos, aferrándose a él. — Sabes, no necesitas protegerme de todo. No soy tan frágil. La colocó en la cama y la dejó para ir al baño. Ella sintió que su semen goteaba y se levantó antes de ensuciar la cama. Daniel apareció varios segundos después con el vapor saliendo del baño. —Nuestro baño nos espera. De nuevo, la llevó hasta el baño y la introdujo en el agua caliente y jabonosa. Se metió junto a ella, rodeando su cuerpo con los brazos. Ella terminó en su regazo con su polla flácida descansando entre las mejillas de su culo. 130 —Creo que lo haces a propósito —dijo ella, apoyándose en él. Su cuerpo, duro como una roca, se encontró con su espalda, rodeándola. Sus brazos, el doble de grandes que los de ella, rodearon su cuerpo asegurándola a él. —Te amo, nena —dijo él. Ella jadeó, mirando hacia él. —¿Qué? —Ya me has oído. Estoy enamorado de ti y lo he estado durante mucho tiempo. No sólo te quiero como compañera, Dawn, te quiero como esposa. —Le acarició la mejilla, haciéndola girar para que lo mirara. —Dime que te casarás conmigo. Su propuesta la tomó por sorpresa. —¿Aún quieres casarte conmigo incluso sabiendo lo que sabes de mí? —Sí, nena. Quiero casarme contigo. No sólo quiero casarme contigo, sino que también quiero que tengas mis hijos y que envejezcas conmigo. —Dejó caer un beso en su nariz. Su pulgar acarició su mejilla. —Yo también te amo. —Ella le sonrió. —Quiero ser tu mujer en todo el sentido de la palabra. —Dawn levantó la mano para acariciar su mejilla. —Bésame. Él se inclinó hacia abajo y ella se acercó a medio camino. Cuando sus labios se unieron, la electricidad recorrió su cuerpo. Se sentía atraída por él, y su loba quería probarlo. Giró entre sus brazos y profundizó el beso. Las manos de él se aferraron a su espalda y ella abrió los ojos para ver sus 131 reflejos en el espejo. Eran hermosos, o al menos pensaba que eran hermosos juntos. La piel más oscura de ella destacaba sobre la piel pálida de él. Él era más grande que ella, pero juntos, la visión la dejaba sin aliento. Daniel se apartó. —No, no vamos a follar en la bañera. Voy a lavar tu cuerpo y luego follaremos. Él no cedió ni siquiera cuando ella le agarró la polla dura como una roca. Daniel le apartó las manos de un manotazo, advirtiéndole de un severo castigo si no le hacía caso. Disfrutaba de su atención y de la forma en que la bañaba. El amor que le demostraba la conmovía profundamente y no quería que terminara nunca. Cuando terminó, sacó el tapón y la hizo levantarse. Le tendió una toalla para que se metiera en ella. —Te amo, señor. —No vas a tener mi polla hasta que yo esté listo. Entraron juntos en el dormitorio. Daniel se secó el cuerpo, y la visión de sus músculos ondulantes fue suficiente para hacer que se le hiciera agua la boca. Le secó el cuerpo cuando terminó con el suyo. —¿Qué pasa por tu cabeza? —le preguntó, tocando su cuerpo mientras seguía usando la toalla. —Nada. Estoy contenta. Hace tanto tiempo que no soy feliz que me resulta extraño. Estoy esperando que pase algo malo. 132 La atrajo hacia él, presionando su frente contra la de ella. —Nunca dejaré que te pase nada malo. No vas a volver a casa sin mí, especialmente si puedes volver a sentir dolor. Ahora estás apareada, y tu padre no tiene excusa para retenerte con él. —Las manadas eran muy posesivas con sus hijos. A menos que los hijos estuvieran apareados, los padres esperaban que sus hijos permanecieran cerca de casa. Su madre no habría podido deshacerse de ella sin que su padre supiera la verdad. —Ella no me hará daño cerca de mi padre. —Cariño, ya me has dicho más de una vez que él no está siempre cerca. No me voy a arriesgar. Pronto iremos a casa de tu padre. Dawn quería ir a ver a su padre de inmediato con la noticia. No quería discutir ni rebatir la afirmación de Daniel. El amor que sentía por él era consumidor, profundo como el alma, y esa clase de amor no podía dejarse de lado por nada. Una vez que su madre viera que ya no la dominaba, todo se acabaría. Daniel era su amo y señor. —¿Quieres conocer a toda la manada antes de ir a casa de tu padre o después? —le preguntó. —Antes. Necesitamos saber que están contentos con que me tomes como tu compañera. —No me importa lo que piensen, Dawn. Me importa mi manada, pero tú eres mi compañera. No voy a dejar que decidan por mí. —Le apretó el culo. —Ahora, antes de que vayamos a por algo de comer, voy a estar dentro de ti otra vez. 133 Con su agarre en el culo, la levantó y la lanzó a la cama. Ella dejó escapar un pequeño chillido, riéndose mientras Daniel la seguía hacia abajo. —Ahora, me pregunto si puedo tenerte gritando de placer en poco tiempo. Ella abrió las piernas sin estar dispuesta a rebatir su habilidad. Daniel subió las manos por el interior de sus muslos hasta posarlas en su coño. Deslizó un dedo dentro de su núcleo, abriéndolos para estirarla. Dawn gimió, amando el grosor de sus dedos pero deseando que fuera su polla en su lugar. Él pasó de su coño a acariciar su clítoris. Gimió cuando el placer la tomó por sorpresa. Hacía menos de media hora que la había llevado al orgasmo, y ya le pedía un segundo. Daniel no mostraba signos de desaceleración. Su propio orgasmo de hace treinta minutos no le había impedido ponerse duro una vez más. —Te voy a follar fuerte y te voy a hacer gritar mi nombre. —Pronunció las palabras como una promesa más que otra cosa. —Por favor —dijo ella, suplicándole. Daniel le pellizcó el clítoris con las uñas, y el dolor fue instantáneo al igual que su excitación. Nunca había sentido algo tan increíble en su vida como la sacudida de dolor que potenciaba el placer que él estaba creando con sus dedos. —¿Sientes eso? —Sí, no pares, por favor. 134 Una de sus manos abandonó su pierna, y al segundo siguiente ella sintió su polla en su entrada. Él deslizó los primeros centímetros dentro de ella mientras pellizcaba y golpeaba su clítoris. —Estás tan jodidamente apretada —dijo él, gruñendo las palabras contra sus labios. Succionó su labio inferior en su boca, mordiéndole la carne. Cada pequeña sacudida de dolor aumentaba su placer. —Puedo olerte, Dawn. Estás muy excitada y puedes sentir el dolor. —Sí, se siente tan bien. Por favor, no te detengas, señor. —No le importaba suplicar mientras él no dejara de hacer lo que estaba haciendo. Dawn no quería que este tipo de placer terminara. La penetró con fuerza y siguió pellizcando su clítoris. Cerró los ojos, saboreando cada nueva sensación mientras él follaba y amabasu cuerpo con fuerza. Se agarró a sus brazos, deseando todo lo que él le ofrecía. Compañeros, amantes, matrimonio. Iba a tenerlo todo con él. Ya no tenía que temer ni preocuparse por su futuro y saber eso la excitaba. Se lanzó a su encuentro, follando su polla mientras él la penetraba. Él soltó su clítoris para agarrar sus caderas. No había ningún otro lugar al que pudiera ir. Lo cabalgó con tanta fuerza como él a ella. 135 La conexión entre sus lobos se abrió y Dawn lo sintió. Era la experiencia más extraña de su vida, pero sintió a Daniel, su lobo, sus sentimientos. —Te tengo, nena. ¿Sientes eso? Nuestros lobos se anhelan de la misma manera que nosotros. Esto es lo que tenía que pasar. —Sí —dijo ella, respondiendo a sus palabras. Sus lobos estaban destinados el uno al otro. Lo sentía en lo más profundo de su alma. Daniel no sólo era su compañero, su Maestro, y el hombre que amaba, era su alma gemela, el que había nacido para completarla. Cuando llegaron sus orgasmos, fue explosivo. Ella lo envolvió con su cuerpo, abrazándolo con fuerza mientras sus cuerpos latían juntos, despertados por su nueva conexión mutua. El semen de él la llenó mientras ella bañaba su polla con sus propios jugos. Sus mentes se mezclaron, llegando casi a ser una sola. —¿Qué está pasando? —preguntó ella, sintiendo mucho más al estar con él. —Nos estamos apareando y uniendo, nena. Esto es lo que significa ser una verdadera pareja alfa. Había encontrado al elegido y, costara lo que costara, Dawn nunca lo dejaría ir. 136 Capítulo 9 Daniel vio como Dawn sopló sobre su café. Pronto iban a salir a correr, pero ella había intentado tragar el líquido caliente que él le dio. Había gritado de dolor y ahora tenía que soplar antes de beber el café humeante. Su vínculo estaba ayudando a asegurar los sentimientos que se habían perdido durante su transición. —¿Qué te hizo tu mamá durante tu primera transición? — preguntó él. Estaba sentado en la mesa a su lado, descansando los pies en la silla mientras miraba. —Sé que no quieres recordar ese tipo de recuerdos, pero creo que te hará bien. Tomó otro sorbo vacilante de su bebida. —Esto es extraño para mí —dijo. —Nunca antes había necesitado ser demasiado cuidadosa. Me gusta. Esperó sabiendo que le estaba tomando algo de tiempo recomponerse. —Papá estaba ocupado manejando una disputa de la manada sobre una mujer o algo así. No sé exactamente qué, pero él no estaba cerca. Mamá puso una excusa y me llevaron al bosque cerca de donde está nuestra manada. Todas las 137 manadas están cerca de algunas áreas que nos permiten correr libremente. La conexión recién abierta entre ellos le permitió sentir el dolor dentro de ella, el dolor emocional que mantenía encerrado cuando se trataba de su madre. —¿Qué pasó? —Antes de que ocurriera la transición, ordenó a todos que se mantuvieran alejados del bosque porque yo iba a estar allí. Estábamos solas y ella me encadenó a un árbol con gruesas cadenas de plata. El dolor no se parecía a nada que pueda recordar. Hubo momentos en que pensé que ella me odiaba, y en ese momento supe que lo hacía. Ella me despreciaba porque representaba una amenaza para ella. No sé cómo o incluso por qué planteo una amenaza, pero ella se aseguró de que yo supiera cuánto me odiaba. —Se apartó un poco de cabello que se le había caído en la cara. La ira se extendió por su cuerpo al imaginarse a una chica joven y aterrorizada mientras atravesaba su primera transición. —Ella me mantuvo allí, viendo cómo se me rompían los huesos. No hubo ayuda ni consuelo. Ella miró, burlándose de mí y de mi loba, rompiéndome. No sé por qué estaba tan decidida a aterrorizar a mi loba. —¿Tu madre ganó su papel dentro de la manada, o fue natural? —preguntó. —Luchó por ser la mujer más fuerte y entrena a diario para asegurarse de que nadie pueda derrotarla. 138 Se frotó las sienes. —En casos raros, una loba joven nacida de un macho alfa y una hembra fuerte puede heredar rasgos Alfa que significan que cuando esté completamente en transición, su loba luchará para tomar su lugar como cabeza de hembra Alfa o incluso podría ser votada para tomar el lugar como mujer Alfa. En algunas manadas, la pareja Alfa no tiene que estar apareada. —¿Crees que mi mamá tenía miedo de eso y por eso asustó a mi loba hasta la sumisión? —Eres una sumisa por naturaleza, pero tu loba es fuerte. La he sentido a pesar de que ha estado aplastada durante algún tiempo. Creo que tu madre estaba decidida a romper tu espíritu desde el principio. Sería humillante para ella si su hija tuviera un rango superior natural dentro de la manada. —Quería lastimar a esta mujer, quebrantarla y lastimarla como ella había lastimado a su mujer. —No se me permitió comida ni agua. Ella me golpeó con cadenas mientras pasaba por la transición. Cada vez que aparecía mi loba, me golpeaba. Fue como un castigo constante. Si no me transformaba, me pegaba, y una vez que salía mi loba, la vencía. No sabía qué hacer. Cuando conociera a esta mujer, necesitaría todas sus fuerzas para no matarla. —Alrededor del cuarto día de la transición, mi padre se estaba poniendo nervioso. Lo sentí cerca, pero no pude pedirle ayuda. Escuché a mi madre consolándolo, actuando como la 139 madre cariñosa. Cuando regresó, supo que había terminado. Finalmente hice la transición y algo se rompió en mi cabeza. Las cadenas que estaba usando ya no me dolían. Ella me golpeó, pero no me dolió. —El sudor salpicaba la frente de Dawn, y usó una toalla limpia para limpiar su frente. —Nada te va a hacer daño aquí, cariño. Estoy aquí y nunca dejaré que otra persona se acerque a ti. —Tenía miedo de ella y no dije nada. Mi papá preguntó por el cambio y yo me quedé callada. Mi madre encontraba momentos en los que bajaba la guardia y me lastimaba, o al menos creía que me lastimaba. Apretó los puños pensando en todas las formas en que Dawn había sido herida. —¿Qué fue lo peor? —preguntó él. —Hace tres años, estaba preparando la cena para papá, pero él tuvo que salir. Ella me acusó de intentar ocupar su lugar y me agarró del brazo. Antes de que pudiera detenerla, me metió la mano en el agua hirviendo. —Dawn sonrió mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. —Le di asco. Ella esperaba que gritara. Supe que algo iba mal porque no sentía nada y, sin embargo, la piel se me estaba poniendo tensa. Mi madre se apartó y yo retiré la mano. Estaba roja, quemada, pero me estaba curando. Me curé muy rápido. Recuerdo que me preguntó qué demonios era. —Él le agarró la mano, ofreciéndole consuelo cuando no lo necesitaba. —No respondí, pero le pregunté qué más quería 140 hacerme teniendo en cuenta que ya no sentía nada de lo que ella hacía. —Testaruda incluso con una mujer que podría haberte hecho daño. —Le ahuecó la mejilla y la acarició con el pulgar. —Tienes que aprender a cuidarte a ti misma. —No quise decir nada. Las palabras se me escaparon y lo siguiente que supe fue que ella no me quería en casa. Me hizo la vida imposible, pero se aseguró de que nadie de la manada quisiera estar cerca de mí. Mi padre está muy ocupado y no ve lo que está pasando, pero le dijo que yo no iría a ninguna parte hasta que me apareara. No podía soportar oírla decir nada más. Envolviendo sus brazos alrededor de ella, besó la parte superior de su cabeza. — Mi manada te amará, y te prometo que no te faltará nada. —Te amo Daniel. No me importa lo que piense la manada. Afuera el sol se estaba poniendo y quería que ella viera la belleza de su tierra. —Vamos —dijo, tomando su mano. Abrió el camino hacia la noche. Ambos estaban desnudos mientras caminaban juntos. Iban a enfrentarse al mundo juntos y la manada la amaría. Cuando abrió la conexión que tenía con la manada, sintió su curiosidad por ella. Jake finalmentela estaba aceptando dentro de su manada y lo había llamado para expresar su aceptación de su compañera. Daniel estaba orgulloso de la manada con la que corría. Ninguno de ellos conocía el verdadero dolor por el que había 141 pasado Dawn para llegar hasta aquí. Mirando la puesta de sol, estaba más interesado en mirar a Dawn. Su cabello castaño estaba recogido en la parte superior de su cabeza. —¿Qué estás pensando? —preguntó él. —Tu casa es realmente hermosa. Esto es un sueño. Siempre tuve este sueño de crecer con algo como esto. ¿Crees que fue el destino el que me dio la esperanza de luchar? —No sé qué fue, pero estoy muy contento de que me hayas escuchado y no te hayas rendido. —Le apretó la mano un poco más. —Nunca me rendiré. Soy mucho más fuerte de lo que parezco. —Ella le devolvió el apretón. —Vamos. —Tomó la delantera, caminando hacia el bosque. La luna llena estaba alta en el cielo y la necesidad de cambiar era fuerte. Se contuvo, decidido a facilitar a Dawn su primer cambio juntos. —¿Quieres hacerlo en privado?— preguntó él. —No hay necesidad. Convertirme en loba no me ha hecho daño desde esa primera vez. —Ella soltó su mano, alejándose de él. Observó con asombro cómo su cuerpo cambiaba y en segundos un lindo lobo negro le devolvió la mirada. Daniel no perdió el tiempo convirtiéndose en su lobo de color ámbar oscuro. —Bonito —dijo Dawn, admirándolo. —No pensé que fueras tan grande. —Nena, todavía no has visto nada. 142 Ella lo golpeó en broma antes de partir hacia el bosque. —Alfa, puedo sentirla. Ella es fuerte. —El pensamiento vino de Jake, que no estaba lejos de la casa. La manada estaba en vigor, pero les había ordenado que se mantuvieran alejados de la casa. Mantendría a Dawn cerca de la casa y no quería que ninguno de ellos la asustara. Eran una nueva manada para ella, y los quería en forma humana para conocerla. —Ella es mucho más que fuerte. Ella es perfecta y va a ser mi compañera. —La manada está detrás de ti. Te protegeremos a ti y a ella. Todos mantendremos nuestra distancia. Daniel echo a correr, siguiendo a su mujer hacia las profundidades del bosque. Ella estaba jugando con él. Olió su felicidad en el aire. —Puedo oírte —dijo él. —Puedes escuchar mis pensamientos, pero ¿puedes encontrarme? —¿Me estás desafiando, mascota? —No eres mi Maestro aquí. —Soy tu Alfa. —Entonces atrápame, Alfa. Muéstrame quién es el jefe. — Corrió a través de algunos árboles sabiendo que ella estaba cerca. Su olor se intensificó, haciéndose más fuerte con cada paso que daba. —Te tengo. —Dawn saltó hacia él, pero él sintió dónde estaba ella. La atrapó, llevándola al suelo debajo de él. 143 —No, mascota, te tengo como siempre te he tenido. —Le lamió la nariz. —Ew, asqueroso. Él se rio entre dientes y la soltó, mirándola ponerse de pie. Juntos corrieron por el bosque, contemplando la luna llena juntos. —Puedo sentir a tu manada. Sé que están aquí. Daniel hizo una pausa, mirándola. —No me importa. Este es su bosque. ¿Están felices de que esté aquí? Ella no podía sentir su aceptación porque era parte de otra manada. Cuando terminaran su apareamiento, ella solo podría sentir su propia manada en lugar de la de su padre. —Jake dice que sí. Quiero que conozcas a la manada cuando estés lista. —Entonces deberíamos llamarlos para reunirnos en la casa mañana. Me encantaría conocerlos para ver si me aceptan en su redil. Daniel gruñó. —Te aceptarán, joder, porque yo les digo que lo hagan. —No es así como funciona, y lo sabes. Saltó en el aire, atrapándola en el suelo una vez más. Daniel se volvió humano al igual que Dawn. Ella se reía de él. —Me atrapó de nuevo, Señor. —Será mejor que lo creas. 144 —Entonces, ¿vamos a completar el apareamiento hoy? — preguntó ella. La marca en su cuello se había desvanecido un poco. Quería que esa marca durara para que otros vieran su reclamo. La única forma de que esa marca se quedara era que ella dejara su marca en su carne al mismo tiempo. Eran verdaderos compañeros, y todo lo que haría falta era una vez. Su apareamiento causaría dolor y placer, al unirse en una explosión. La conexión con su antigua manada se cortaría, y la manada sentiría a Dawn como su mujer, parte de su manada. —¿Qué pasa si no puedo sentir más dolor? —preguntó ella. —No me importa, Dawn. Te tendré sientas dolor o no. Eres perfecta para mí y te amo con todo mi corazón. —Él llevó su mano a su pecho. —Eso nunca va a cambiar y tampoco mis sentimientos por ti. ¿Estás lista para convertirte en mi compañera? Tu padre sentirá que te apartan de él. Ella guardó silencio durante varios segundos. —Sí, estoy lista para ser tuya de todas las formas posibles. —Ella se inclinó y lo besó. —Tendremos que lidiar con tu padre. —No me importa, Daniel, siempre que esté contigo y tú sigas siendo mi Maestro. Estoy lista para seguir adelante y dejar mi vieja manada atrás. —Él se sentó y tiró de ella para que lo montara a horcajadas. 145 Ella le rodeó la cintura con las piernas y él le puso una mano en la espalda. Su polla estaba lista para estar dentro de ella. —Tú eres quien tiene el control —dijo, dejando el reclamo en manos de ella. *** Dawn agarró la base de su polla y lentamente bajó sobre su longitud dura como una roca. Sintió cada centímetro de él hundirse dentro de ella, y se tomó su tiempo para tomarlo por completo. Una vez que cada centímetro estuvo dentro de ella, dejó escapar un suspiro y lo miró a los ojos. El ámbar oscuro de sus ojos brilló mostrando lo cerca que estaba su lobo de la superficie. —Ten cuidado, nena, me estoy agarrando de un hilo. —Entonces sostente porque no tengo la intención de que esto dure mucho. Ella apretó su polla con las paredes de su coño, besando sus labios y luego deslizándose hacia abajo para chuparle el pulso. Daniel hizo lo mismo con ella y se tocaron. La luna brillaba a través de las nubes, resplandeciendo sobre ellos. El poder de la luna hizo que se le erizara la piel cuando sintió que el reclamo comenzaba a tomar el control. 146 Sus dientes cambiaron, afilados en caninos. Ella hundió los dientes en su cuello saboreando la sangre que fluía hacia su boca. Dawn gritó cuando él entró con fuerza, hundiendo los dientes en su cuello. El aroma de apareamiento venía de él, arremolinándose alrededor de ellos mientras bebían y follaban. Las manos en su espalda la sujetaron con más fuerza. La combinación de placer y dolor tomó el control y se corrió más rápido que nunca. Cerró los ojos tratando de aprovechar tanto el placer como el dolor. —Hey, nena, estoy aquí. Se abrió el enlace final a la manada de Daniel. Sintió el repentino dolor insoportable cuando fue arrancada del abrazo de su padre. Dawn sintió que su padre se despertaba mientras se apartaba de él. Entró de buena gana en la manada de Daniel, sintiendo su amor y calidez llenándola donde la manada de su padre nunca lo había hecho. Él la folló con fuerza, y ella retrajo los dientes, gimiendo cuando su polla la llenó. —No voy a durar, nena. —No me importa. Fóllame. Bajó la mano, acariciando su clítoris mientras Daniel gruñía. Él lanzó un aullido en la noche, y su llamada fue respondida por varios más. Su manada había ganado un nuevo miembro, y al hacerlo, él había ganado una compañera. 147 Sus liberaciones se mezclaron en el aire. El dolor de su marca junto con el placer de su semen la llenó. —Puedo sentir dolor —dijo, riendo. Dawn se derrumbó contra él, exhausta por el calor del reclamo. —Tu teléfono celular va a estar zumbando. Tu padre no se va a alegrar de que te haya llevado. Ella sonrió contra su pecho. —Estoy tan feliz. Nunca había sido tan feliz antes. —Bien, vas a aprender a ser más feliz. Le acarició la espalda y, cuando se acostó, ella lo acompañó. Su polla se quedó quietadentro de ella. —No quiero moverme de este lugar. —Yo tampoco. —Él tomó la parte de atrás de su cuello y luego se deslizó hacia abajo para agarrar su trasero. —Estamos a salvo aquí hasta la mañana. —¿No tienes cazadores furtivos? —No, no tengo nada que te ponga en riesgo. Jake se encargará de nosotros. —¿Estás tan seguro de eso? —Jake prometió cuidar de los dos. Nunca se retracta de una promesa. —La besó en la mejilla. —No puedo moverme ahora mismo. Nunca pensé que un apareamiento sería así. —Puedo sentirte, Daniel. —Y yo también. Nos ocuparemos de todo lo demás por la mañana. Por ahora, solo quiero abrazarte y amarte. 148 Mantuvo la cabeza en su pecho mirando al suelo del bosque. Los olores y sonidos la reconfortaban. Pasó el tiempo y, a pesar de todo, Daniel la abrazó. No hablaron porque las palabras no eran necesarias. Lentamente, sintió que sus ojos comenzaban a caer mientras el sueño comenzaba a apoderarse de ella. Lo siguiente que supo Dawn fue que había luz, y abrió los ojos para encontrar un conejo mirándola. Ella sonrió al ver al lindo animal del bosque. —Recuerdo una época en la que los conejos huían asustados de mí —dijo Daniel. Su voz vibró a través de su cuerpo. —Es una cosita divina. —Si no se mueve, terminará en un pastel. Ella se levantó y le dio una palmada en el pecho. —No seas grosero. —La acción finalmente alarmó al conejo y se fue. Sonriendo, Dawn miró a su compañero. La sangre cubría parte de su pecho por su mordida. Ella no había sido la mejor en marcarlo. Echando un vistazo al frente de su cuerpo, frunció el ceño. —Ew, parece que he estado con un vampiro y he perdido. —Se veía hecha un desastre y odiaba pensar en cómo se vería en el espejo. Había pequeños moretones en sus caderas que no habían desaparecido. —Nuestras marcas de apareamiento durarán más. La mordida en tu cuello permanecerá permanentemente. Los moretones desaparecerán en unas pocas horas. 149 —No me importa cuánto duren. Me encanta tener tu marca en mi cuerpo. —A lo largo de la noche, su polla se había escapado de su coño, pero estaba nuevamente duro como una roca. —Creo que podemos empezar bien la mañana —dijo, frotando su nariz con la suya. —Yo no lo haría —dijo otro hombre, viniendo de la izquierda. Ella frunció el ceño, tratando de ubicar su voz ya que no la reconocía. —¿Qué pasa, Jake? —preguntó Daniel, acercándola a él. —La manada está esperando para encontrarse con tu compañera. Están todos en la casa. Además, su teléfono celular ha estado sonando durante toda la noche. Su teléfono celular fue arrojado cerca de ella en el suelo del bosque. Lo miró y empezó a zumbar. Levantó el teléfono y lo abrió para ver ‘Papá llamando’ en la pantalla. —Será mejor que responda esto. —Se sentó en su cintura y aceptó la llamada. —No me importa lo que digas, Francie, voy a hablar con ella —dijo su padre, hablando con su madre. —Hola, papá —dijo, mirando a Daniel a los ojos. Ayudaba a aliviar sus pensamientos turbulentos. —Cariño, ¿qué diablos está pasando? Ya no puedo sentirte. No entiendo qué está pasando. Se echó un poco de pelo detrás de la oreja mientras Daniel la tomaba de la mano y la detenía. 150 —Yo, uhmm, he encontrado a mi compañero. —Le sonrió a Daniel, amando el hecho de que estaba apareada. —Su nombre es Daniel, y él es el hombre con el que me he estado quedando. —¿Qué? No me dijiste que estabas saliendo con alguien. ¿Quién es este Daniel? —Probablemente sea un debilucho, Don. Déjala ir. —Su madre habló tratando de hacerse oír. —Cállate —le gruñó su padre a su madre. Dawn hizo una mueca al saber que su madre encontraría alguna excusa para culparla. —Dawn, ¿qué está pasando? —Daniel es un Alfa, papá. Estamos apareados y completamos el apareamiento anoche. Realmente quiere conocerte. —Mantuvo su palma sobre el corazón de Daniel, sintiéndolo latir. —¿Es un Alfa? —preguntó su padre. Se dio cuenta de que su madre se había quedado en silencio. —Sí, es perfecto y lo amo. Daniel le quitó el teléfono. —Habla Daniel. Es un placer tener noticias suyas finalmente, Sr. Weldon. Tengo algunos problemas de los que quiero hablar con usted. —Ten cuidado con cómo me hablas, muchacho. Escuchó como su padre le gruñía a Daniel. Era extraño escuchar a su padre molesto o discutir con otro Alfa. Rara vez estaba cerca cuando estaba enojado. 151 —Nos vamos a reunir. Dawn y yo vamos a ir a su manada esta tarde, y vamos a lidiar con una mierda que no me hace feliz. —Daniel presionó un dedo contra sus labios para evitar que discutiera con él. —Bien, lo veré allí. —¿Por qué hiciste eso? Papá no necesita saber qué está pasando. —En lo que a mí respecta, él necesita saberlo. ¿Qué pasa si está lastimando a otros miembros de la manada? Ella te mantuvo callada y eres la única hija del Alfa. No sabes qué hará a continuación. —Tomó su mejilla y luego besó sus labios. — Vamos, tenemos que salir de aquí. —Te traje algo de ropa. Ambos parecen salidos de una película de terror. —La ropa aterrizó en el suelo junto a ellos. Jake sonaba cerca. —Será mejor que mantengas tus ojos para ti —dijo Daniel, gritando hacia su izquierda. —No te preocupes. La dignidad de tu compañera sigue intacta. —Jake se alejó de ellos. Daniel la ayudó a levantarse. Ella tomó sus manos, poniéndose de puntillas para besarlo. —Te estás convirtiendo en una blanda, cariño. Ni siquiera reconozco a mi pequeña sumisa. —Ella todavía está aquí, pero puede que no le guste mucho el dolor. —No pudo evitar sonreír ante su declaración. El peso del mundo se había quitado de sus hombros todo gracias a Daniel. 152 —Te amo —dijo. —Te tomaré de cualquier manera que sea, y si eso significa que sólo puedo azotarte tres veces en lugar de cuatro, entonces eso es lo que haré. —La agarró por la nuca y la acercó. Amaba su exhibición posesiva y la forma en que la abrazaba. —Alfa, todos estamos esperando —dijo Jake. Daniel presionó su cabeza contra la de ella. —Vamos a tener que irnos. —Sí, y ni siquiera podemos disfrutar de nuestro tiempo juntos, ya que organizaste una reunión con mi padre. —Ella negó con la cabeza, saliendo de sus brazos para agarrar una camiseta. Dawn se puso la ropa sobre el cuerpo odiando el roce de la ropa. Habían pasado días desde la última vez que usó ropa. —Quieres estar desnuda, ¿no? —preguntó Daniel, sonriendo. —Hiciste esto a propósito. —Nena, haré lo que sea necesario para desnudarte y que lo hagas de buena gana. —Él tomó su mano una vez que estuvieron vestidos. —Vamos a ver el resto de la manada. Jake apareció entre los árboles luciendo cansado. —¿Te quedaste despierto toda la noche? —preguntó ella. —Daniel quería que estuvieras protegida, y prometí que lo haría. —Jake caminó junto a ellos hacia el jardín. Dawn jadeó cuando vio todos los autos estacionados dentro del terreno. 153 Escuchó los sonidos de la manada dentro de la casa. ¿Cómo iba a salir bien esto? Su madre la despreciaba, su propio padre no veía cuándo tenía dolor o no, y la única persona que la amaba de verdad era Daniel. —¿Y si no les agrado? —preguntó ella. —Les agradarás, cariño, porque me haces feliz. —Se quedó a su lado mientras ambos entraban a la casa. Todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo y empezaron a converger al salón principal. Respiró hondo varias veces, deseando que hubiera alguna forma de escapar de esto. Todos los ojos estaban puestos en ella y en Daniel. Él se paró a su lado, levantando sus manos unidas para que todos lo vieran. —Me gustaría presentarles a todos a mi compañera. Ella es Dawn y ahora es parte de nuestra manada. Es mi compañera, y cualquier problema que tengan, vendrán a uno de nosotros. ¿Alguno de ustedes tiene alguna inquietud, pregunta o deseo de desafiar? Se tensó cuando él lo lanzó para que todos pensaran en ello.La palma de la mano le sudó mientras miraba a todos los hombres y mujeres. La verdad es que le daban miedo. Si todos ellos protestaban, no había forma de que ella pudiera enfrentarse a ellos. —En realidad, ¿alguien puede decirme dónde está el azúcar? No puedo comer mi cereal sin azúcar. Es demasiado asqueroso. 154 —Sí, ¿dónde está la salsa de espagueti? Todos estamos aquí y listos para volver a la normalidad, alfa. Mucha gente empezó a hacer preguntas sobre otra cosa. Daniel se rio entre dientes. —Todo lo que necesitan está en la cocina o en la despensa. —Él le frotó el cuello y ella gimió. La manada empezó a salir de la habitación. —Alfa, estamos felices por ti. Se quedaron solos. Incluso Jake se había alejado, dejándolos. —Ves, te lo dije. Serás amada aquí. Ahora es el momento de que nos vayamos y nos presentemos a tu manada. —La besó en la mejilla, tomó su mano y la llevó arriba. Ella fue con él de buena gana. 155 Capítulo 10 Más tarde esa noche, Daniel se sentó frente al padre y la madre de Dawn. Le sorprendió lo fría que estaba la casa. No solo la casa estaba fría, sino también la manada. El frío llenaba la habitación, y todo venía de una mujer, su madre. Vio a Don, su padre, abrazarla. —Cariño, te extrañé, hija. —La besó en la mejilla, abrazándola con fuerza. Este hombre estaba tan ocupado que ni siquiera veía lo que le estaba pasando a su propia manada. La excusa era, en el mejor de los casos, lamentable. Dawn había sido sometida a dolores y torturas a causa de su madre. —Hola, papá —dijo Dawn, sonriendo. No miró a su madre, ni tampoco su padre. —Estás toda apareada ahora. Vaya, ¿cuándo creciste? Se siente como si hace diez minutos hubieras nacido. —Don tomó su mano, el amor brillaba en sus ojos mientras la miraba. — Cuando sentí que te apartaban de mí, entré en pánico. Nunca había experimentado algo tan terrible. 156 —Don, por favor, es una niña grande. Es hora de dejarla ir. Deberías haberla dejado ir hace mucho tiempo —dijo Francie. Su madre estaba mirando a Dawn. Daniel vio la ira, el miedo y el disgusto en los ojos de su madre. También había envidia junto con celos. Tantas emociones provenían de su madre, pero ella no era una verdadera Alfa, ya que de lo contrario habría mantenido esas emociones encerradas con fuerza. —Basta, Francie. —Don la miró, pero la sonrisa volvió a aparecer en su rostro cuando miró a su hija. —Siempre estás tan ocupado con la manada, papá. Realmente nunca viste que estaba creciendo. —No, no vi mucho, ¿verdad? Hay momentos en que siento que he perdido el tiempo contigo, cariño. Te voy a extrañar. — Se giró para mirar a Daniel. —Supongo que no la dejarás visitarme a menudo, ¿verdad? Voy a extrañar a mi bebé. Daniel se tensó al ver el regocijo en los ojos de Francie. Sí, no iba a dejar que su mujer se acercara a esta perra. —No puedo permitir que venga aquí sin supervisión, Don. Estoy seguro de que puedes entender que su torturadora y abusadora todavía vive aquí. —¡Daniel! Levantó la mano para que Dawn dejara de hablar. —No, cariño, no vas a dejar que se salga con la suya con esta mierda por mucho más tiempo. Ya terminé. Puedo ver que 157 él te ama mucho, pero no voy a dejar que ella se salga con la suya. Francie comenzó a entrar en pánico. —¿De qué diablos estás hablando? Mi hija nunca ha sido abusada. —dijo Don, gruñendo las palabras, poniéndose de pie. —Tu esposa, tu compañera, ella es la razón por la que tu hija no ha podido sentir ningún tipo de dolor. La torturó durante su transición, manteniéndola encadenada a los árboles y golpeándola cuando se transformaba. Tu compañera trató de quebrantar a mi mujer, y por esa razón, no puedo dejar que ella venga aquí mientras todavía la tengas. —Señaló a Francie con el dedo. —¡No puedes hacer esto! —empezó a gritar Francie. — Pequeña perra. No podías mantener la boca jodidamente cerrada. Su madre cargó hacia Dawn. Su compañera no se movió, ni se estremeció, ni mostró ningún signo de miedo. Antes de que Francie se acercara, Don la agarró por la cintura. —¿Es esto cierto? ¿Abusaste de nuestra hija? —Sacudió a su esposa, mirándola con furia. —Ella se lo merecía. La pequeña perra siempre se metía en problemas y siempre corría hacia ti. Necesitaba conocer su lugar. Esta no es su manada. Es mía. Jodidamente mía. —Su transición fue su momento más importante. ¿Cómo pudiste lastimar a nuestra hija, a nuestra niña? ¿Qué diablos te pasa? —La ira de Don llenó la habitación. 158 Daniel se preguntó si sabía lo que estaba pasando en su propia manada. —Ella era solo una forma de atraparte. No me habrías mirado dos veces si no hubiera quedado embarazada. La única razón por la que te tengo es porque estaba jodidamente embarazada. —escupió ella las palabras hacía Don. —Esta es mi manada. Ser tu compañera es mi maldito derecho. Ella tenía cualidades de Alfa. En el momento en que tú y la manada vieran eso, me habrían dejado a un lado. No iba a permitir que eso sucediera. La perra necesitaba que la pusieran en su lugar. La bilis que salía de ella enfermó a Daniel, y tenía su respuesta. Dawn era una sumisa, pero tenía los rasgos que solo poseía un Alfa. —No eres mi maldita compañera. —Don la soltó y se puso de pie. —Todo reclamo que tengo sobre ti ha terminado. Me niego a tener una compañera que pueda abusar de su propia hija. —Don se giró para mirar a Dawn. —¿Es todo esto cierto? —Sí —dijo Dawn, susurrando la palabra. —Ella no es hija mía. Es una puta de mierda. La odio. No es justo. Ella no merece tener un Alfa. De repente, una mujer entró en la habitación. Daniel no tenía ni idea de quién era ella. —Me gustaría presentar una queja formal sobre su compañera. —La mujer bajó la mirada. Estaba jugueteando con sus manos. 159 Daniel observó con asombro cómo otras tres mujeres que no conocía entraban en la habitación. —La primera mujer es Leah. Ella cocina para nosotros — dijo Dawn, susurrando contra su oído. Daniel no supo qué pensar al escuchar a varias mujeres hablar en contra de Francie. Francie estaba maldiciendo, tratando de llegar a las mujeres. Don gritó mientras sujetaba a su compañera en sus brazos. Daniel vio a tres hombres entrar en la habitación. —Llévenla al sótano. La quiero encerrada y asegúrense de que nadie la deje salir. No tendré a mi lado a ninguna mujer que abuse de su propia hija. —El poder alfa de Don despojó a Francie de su estatus, alejándola a su vez de la manada. — Hablaremos con todos en la manada. Sé que fuiste dura con la manada y quiero saber el alcance de tu supuesta ayuda. Si tienes suerte, terminarás en la cárcel, y si no, te someterán a La Caza. La Caza era el derecho de una manada a cazar a la persona que los había torturado. Dawn apretó su agarre en su mano. Se giró para mirarla. Ella no quería participar en ninguna caza o decisión cuando se trataba de su madre. El resto de la reunión con su padre transcurrió con él haciendo preguntas a Dawn sobre lo que le había sucedido 160 cuando era más joven. Después de un par de horas, Dawn tomó la iniciativa y le dijo que tenían que irse. Daniel prometió dejar que Dawn visitara a su padre con regularidad, pero también se aseguró de que tuviera un guardia con ella. —No puedo creer que hayas hecho eso —dijo Dawn, subiendo al coche. —¿Por qué dijiste algo? —Cariño, vi el regocijo en sus ojos. Iba a lastimarte cada vez que estuvieras cerca de ella. No iba a permitir que eso sucediera. —Se apartó de la manada, feliz de que Francie no tuviera la oportunidad de herir a nadie más. —No puedo creer que papá haya hecho eso —dijo. —Yo pensé que la amaba. —No, no lo hacía. Ella era una conveniencia para él, nada más. —Daniel condujo de regreso a casa. Una vez dentro de los terrenos, sintió que el amor de su manada lo rodeaba. Mirandoa Dawn, sonrió. —¿Lo sientes? —Sí, los siento. Todos están felices por nosotros. No hay celos. Esta es la forma en que se supone que funciona una manada. —Apoyó la cabeza en el asiento del automóvil. —Te amo, Daniel. —Cariño, las palabras ni siquiera pueden empezar a describir lo que siento por ti. —Extendió la mano para tocar su mejilla. —Vamos a tener una vida increíble juntos. —¿Lo prometes? —preguntó ella. —No aceptaré nada más que lo increíble. 161 *** Jake golpeó la ventana del auto y la hizo saltar. Daniel la había cautivado tanto que no había oído a nadie acercarse. —¿Qué pasa? —preguntó Daniel, abriendo la puerta de su auto. —Tengo una pareja apareada en tu sala de estar. Ella fue abusada durante su transición y no podía sentir dolor. Querías a alguien con quien Dawn hablara, y la he encontrado. —Jake golpeó el capó del auto. —Vamos, están esperando hablar contigo. Intrigada, Dawn salió del auto y siguió a Daniel al interior de la casa. Estaba a punto de conocer a alguien que no podía sentir ningún dolor. Después de lo que su padre le había hecho a su madre, no sabía si estaba lista para recibir más revelaciones. Su compañero no la dejaría sin respaldo, y antes de que se diera cuenta estaban en la sala de estar siendo presentados a una hermosa mujer rubia y su compañero. —Hola, soy Lola, y este es mi compañero, Ben. —La rubia hizo las presentaciones, dándoles a ambos una sonrisa. Dawn se dio cuenta de que Lola no se fijaba demasiado en Daniel. No le agradaba la idea de lidiar con los celos. —Es un gusto conocerte, Lola. 162 —Gracias. Cuando Jake corrió la voz sobre los lobos que no podían sentir dolor, supe que tenía que responder. Tomando asiento, Dawn cruzó las piernas y miró a Lola. — No puedes sentir dolor. Por favor tomen asiento. —Hizo un gesto con las manos para que se sentaran frente a ellos. Daniel colocó su mano a lo largo del respaldo del sofá, consolándola con su calidez. —No tuve mucha suerte con mis padres. Mi padre era un borracho malvado y a mi madre no le importaba. Me lastimaba con regularidad al crecer. —Ben se acercó para frotar su nariz contra la mejilla de Lola. —Durante mi transición me golpearon porque no podía salir de casa para conseguir comida o alcohol para mi padre. Fue el peor momento de mi vida. —Lola se frotó las manos por los muslos. —Cuando todo terminó, todo volvió a la normalidad, pero me di cuenta de que algo andaba mal unos tres días después. Le compré a mi papá la marca equivocada de cigarrillos y comenzó a, eh, a lastimarme. No pude sentir nada. El dolor, no lo estaba registrando. Han pasado más de quince años desde mi transición. —¿Qué hiciste? —preguntó Dawn. —Me escapé de casa. Papá empezó a notar que yo no gritaba cuando me rompía algo. No podía sentir nada. Estaba cerrada, atrapada y no había nada que pudiera hacer para detener esos sentimientos. Lo escuché organizar una pelea para que yo la protagonizara. Una sangrienta batalla a muerte. Sabía que mi tiempo iba a ser de corta duración. Tomé los ahorros 163 que había obtenido y me fui. —Lola se rio entre dientes, las lágrimas llenaron sus ojos mientras hablaba. —Terminé en la calle porque no tenía suficiente dinero. Antes de saber lo que estaba pasando, me había metido en las peleas ilegales. Luché contra compañeros lobos o humanos. He matado a mucha gente, y fue durante una mala batalla que conocí a Ben. Ella le sonrió a Ben. —Soy un Alfa, y tenía la intención de ponerle fin. En el momento en que vi a Lola supe que era mi compañera. También sabía que había algo diferente en ella —dijo Ben. —Me llevó a casa, y en una semana estábamos apareados. No pudimos controlar el vínculo de apareamiento. —Lola le acarició la cara. —Después, noté que podía sentir dolor. —Lola se giró para mirar a Dawn. —Si no comparto sangre durante un período de tiempo, mi capacidad para sentir dolor se detiene. Todo depende de mí vínculo con Ben. —Lola tocó a su compañero. El amor entre los dos era puro, reconfortante. —¿Ha sido algo diferente entre ustedes dos? ¿Qué pasa con los niños? —preguntó Daniel. La sonrisa de Ben se volvió perversa. —Tenemos cuatro hijos en casa. Su condición fue útil durante el parto. Una vez que estés con ella durante el primer embarazo, veras a qué me refiero. No compartí sangre con ella durante dos meses antes de que diera a luz. No podía soportar verla sufrir. 164 —Es un blando por dentro. Ben no dejaría que me pasara nada. —Lola se giró para mirarlos. —Mi condición no es un problema, y tampoco lo será para ti. Ustedes son verdaderos compañeros y él los mantendrá a salvo. Dawn miró a Daniel, el amor de su vida. —Gracias. Lola y Ben se quedaron a cenar, pero necesitaban regresar para mantener a sus hijos bajo algún tipo de control. —Corren alrededor de la manada cuidando de ellos. Dawn se paró junto a Daniel mientras se despedían. — ¿Qué estás pensando? —preguntó ella. —No puedo esperar a verte hinchada con mi hijo. —Le rodeó el cuello con las manos, asegurando un collar. —Dawn, ¿me harías el honor de convertirme en mi esposa y sumisa? Ella levantó la mano y tocó la pequeña joya. Girándose en sus brazos, lo abrazó con fuerza, sonriendo. —Nada me daría más placer. —Frotó su nariz contra la de él, riendo mientras lo hacía. Daniel la levantó, pero en lugar de llevarla a la casa, comenzó a caminar hacia la cabaña. —¿Qué tiene en mente, Señor? —preguntó. El calor llenó su núcleo, saliendo de los labios de su coño. —Sabes lo que estoy pensando. Es hora de que castigue a mi pequeña mascota antes de que piense que puede mandar desde abajo. La puso de pie y encendió la luz. La paz y la felicidad se apoderaron de ella. Poniéndose de rodillas, Dawn estaba lista 165 para convertirse en sumisa en todos los verdaderos sentidos de la palabra. 166 Epilogo Dos años después Dawn se sentó en el césped, chupando una piruleta mientras Daniel comenzaba a ladrar órdenes a la manada. Hoy llegaría una entrega de equipo de guardería, y él quería muchos hombres disponibles para ayudar a construirlo. Pasarían más de siete meses hasta que diera a luz, pero él se estaba preparando temprano. Frotó el pequeño bulto, riendo. —Vas a ser un niño amado —dijo ella. En los dos últimos años, su vida había cambiado de manera espectacular. Su madre había sido condenada a La Caza. Nadie, ni siquiera Dawn, conocía el verdadero alcance de su tortura. Ella había lastimado a muchas de las mujeres de la manada de manera regular, pero habían tenido demasiado miedo de acudir a Don. Desde entonces, su padre había estado prestando más atención a la gente que al funcionamiento de la manada para evitar guerras. Lo visitaba a menudo, pero solo con un guardia. Tocando el collar alrededor de su cuello, no pudo evitar sonreír. Daniel era el perfecto Dom, amoroso y cuidadoso. Le 167 encantaba ser su compañera y, desde su apareamiento, había podido sentir. Aprendió por las malas a no tragar café humeante. Ahora, en el desayuno, Daniel no le daba café directamente de la cafetera. La ayudaba constantemente a acostumbrarse a sentir dolor. —¿De qué te ríes, mascota? —preguntó él, sentándose a su lado. Tomando una rodaja de manzana de la canasta de picnic, se movió entre sus muslos. —Tú y tu necesidad de tener todo perfecto —gimió cuando él comenzó a frotarle los hombros. — Eso se siente bien. Él besó su cuello. —Habrá más de donde vino eso. —Daniel presionó una mano contra su estómago. —Voy a asegurarme de que seas cuidada, Dawn. Si eso significa estar preparado para lo peor, que así sea. —Tienes tres hembras de manada entrenando para ser parteras. Tienen cosas más importantes que hacer. No voy a dar a luz aquí. Iré al hospital más cercano para traer a este pequeño al mundo. —¿Qué te hace pensar que es un niño?—preguntó él. —Un sentimiento. —Se reclinó y le sonrió. —Su papá lo necesita para entrenarlo. Él se rio entre dientes. —No me importa lo que tengamos mientras estés aquí para verlo crecer. 168 Ella le besó los labios cuando llegó la camioneta con los muebles. —Te dejo para que hagas tu cosa de hombres. —Tu trasero va a estar recibiendo una paliza. —Daniel la dejó en el césped para ir a organizar su guardería. Mirando hacia la luz del sol, Dawn no podía quejarse de la vida. Había pasado de sentirse avergonzada y asustada, a abrazar cada pequeño detalle que se le presentaba. Más tarde esa noche, Daniel le demostró quién estaba a cargo en su relación. La ató a la cama y le dio una palmada en el culo hasta que ella gritó por su polla. No importaba cuánto suplicara, Daniel solo se detendría cuando estuviera bien y listo. Siete meses después, Dawn no consiguió su deseo de ir al hospital. El pequeño Brady vino al mundo, gritando, como su madre. Había decidido que quería sentir cada segundo de dolor de su nacimiento. Daniel sostuvo su mano durante todo ese tiempo. Una vez que Brady estuvo en sus brazos, el dolor valió la pena. Sin embargo, para el segundo hijo, Dawn decidió no sentir dolor durante el nacimiento de su hija, y Daniel estuvo más que feliz con eso. Fin