Logo Passei Direto
Buscar
Material
páginas com resultados encontrados.
páginas com resultados encontrados.

Prévia do material em texto

1 
 
The Alpha’s Domination 
Sam Crescent 
(The Alpha Shifter Collection 04) 
 
Este libro ha sido realizado en colaboración por: 
 
 
 
 
 
Traducción de Fans para Fans, sin fines de lucro 
Traducción no oficial, puede presentar errores 
Apoya a los autores adquiriendo sus libros 
 
2 
 
Sinopsis 
Daniel es un Alfa y un Dom. Durante el último año ha 
estado tratando de convencer a Dawn de que son compañeros. 
Él ve la forma en que ella se contiene. Ni una sola vez durante 
su tiempo juntos ella ha confiado en él lo suficiente como para 
entregarse a él. Es hora de hacerse cargo y mostrarle quién es 
el verdadero Maestro. 
Dawn anhela el dolor y nadie puede manejar su 
necesidad. Cuando Daniel descubre su secreto no hay marcha 
atrás. Ella no puede sentir dolor y depende de su Dom 
protegerla. 
Su condición la hace vulnerable a los depredadores. 
Daniel no dejará que le pase nada a su compañera y hará todo 
lo que esté a su alcance para protegerla, incluso de la persona 
que más quiere lastimarla. 
 
 
 
 
 
 
3 
 
Capítulo 1 
Daniel Brennan corrió por el bosque inhalando todos los 
deliciosos aromas y escuchando todos los sonidos que lo 
rodeaban durante una carrera. Necesitaba aclarar su mente 
antes de dirigirse hacia su club BDSM. Algunos de su manada 
lo seguían, siendo los guardias leales que ansiaban ser, 
mientras que otros estaban en el club. Nadie de su manada 
vivía con él. Nunca había sido uno de esos Alfas que exigían la 
presencia de la manada en todo momento. Eran libres de vagar 
dentro de su área, y la única regla que exigía que todos 
siguieran era que el secreto del lobo se mantuviera en todo 
momento. Obviamente, si uno de los hombres o mujeres 
encontrara a su compañero predestinado, no le importaría que 
se divulgara ese secreto. Ocurrían cosas serias entre los 
compañeros predestinados, y los secretos se guardaban 
fácilmente. 
Rodeó el bosque y echó a correr con los demás 
siguiéndolo. Ser el Alfa de la manada lo hacía más rápido y más 
fuerte que cualquier otra persona. Daniel amaba el poder 
aunque nunca lo usaba contra ningún miembro. Nunca había 
sido cruel ni había degradado a otros. Eran su manada y los 
4 
 
amaba como a sus hijos. Daniel había oído hablar de otras 
manadas en las que ocurría la crueldad, pero aún no había 
conocido a ninguna de ellas. 
Una vez que se terminó el estallido de energía, se quedó 
mirando su propiedad. Su familia venía de dinero heredado, por 
lo que su casa era grande, lo suficientemente grande como para 
albergar una manada. 
—Está bien, eres rápido, lo entendemos —dijo Jake, 
tomando varias respiraciones profundas. —Mierda, ¿tenías que 
demostrarnos lo grande y poderoso que eres? 
Riendo, Daniel miró a su amigo, quien también resultaba 
ser uno de los guardias que se asignó a sí mismo para 
cuidarlo. —Tú eres el único, junto con Dave y Bill, que se queda 
para protegerme. No necesito protección, Jake. 
—Todos sabemos eso, y a ninguno de nosotros le importa 
lo que dices. Vamos a estar a tu lado pase lo que pase. 
Daniel puso los ojos en blanco. No estaba siendo un dolor 
en el culo y realmente creía que no necesitaba ayuda para 
protegerse. En todos los años que había sido Alfa, no había 
tenido ningún conflicto con ningún extraño. Cualquier manada 
que ingresara a su territorio se presentaba y solicitaba permiso 
para permanecer dentro de su área por unos días o semanas. Ni 
una sola vez se había encontrado con un lobo rebelde o alguien 
que representara alguna amenaza. Todos eran pacíficos y él 
trabajaba con ellos para facilitar la vida de su manada. Había 
escuchado de otros Alfas que no hacían más que luchar, 
5 
 
discutir y causar problemas al tratar de conquistar otros 
territorios. 
—¿Vas a ir a verla? —preguntó Jake. 
La sonrisa en el rostro de Daniel desapareció. Vería a su 
muy terca compañera, un dolor en el culo que no lo reconocía 
como compañero o cualquier otra cosa que no fuera un 
Maestro. 
—Iré a verla. No tengo otra opción. —Apretó los dientes, 
cerrando los puños mientras la ira y el anhelo se combinaban. 
Daniel no podría tener a la mujer que quería mientras ella se 
mantuviera alejada de él. 
—¿Entonces irás a Kinkster? 
Asintió. Kinkster era el club BDSM local que ayudaba a 
dirigir. Atendían a los lobos con un gusto por el lado más duro 
y perverso del sexo. Algunos de los miembros eran humanos, 
ya que los compañeros no estaban restringidos a los de su 
propia especie. A Daniel no le importaba. No estaba en contra 
de las parejas en la forma en que vinieran. El mundo, a veces, 
era extremadamente cruel. Que un lobo encontrara a su único 
y verdadero compañero era un regalo que pocos 
disfrutaban. Algunos hombres dejaban de buscar a sus 
compañeras y se establecían con la siguiente mejor opción. El 
único problema de conformarse con la siguiente mejor opción 
era cuando finalmente tropezaban con la mujer destinada a ser 
suya. 
6 
 
—No tengo otra opción. Ella estará allí, y sé que mi lobo no 
me permitirá que la pierda sólo porque odio lo que está pasando 
entre nosotros. —Y es que no estaba pasando nada. Dawn 
Weldon había entrado en su vida hace un año y se había 
dedicado a joderle la cabeza. Ella no sabía cómo lo jodía, pero 
era testaruda. 
Dawn no formaba parte de su manada, pero, sin embargo, 
se había acercado a él para pedirle permiso para entrar en 
Kinkster. Era una sumisa en su interior, que ansiaba todo lo 
que sus hombres pudieran darle, ya fuera con una mano o con 
un bastón. En el momento en que ella entró en su lugar, él 
sintió la necesidad de aparearse, reclamar, poseer. Esos 
sentimientos solo se habían intensificado cuando ella estuvo en 
su compañía vestida con una sencilla falda lápiz negra y una 
blusa blanca. La ropa conservadora no le repugnaba. Había 
olido los antojos más oscuros dentro de ella. La loba sumisa 
pedía ayuda, su ayuda, para domar el fuego interior. Ni una 
palabra salió de sus labios mientras se miraban el uno al otro, 
evaluando, esperando. 
Sintió a su loba, pudo verla como si ella hubiera cambiado 
frente a él. La loba negro oscuro con toques de marrón 
necesitaba una mano fuerte, una mano firme. Por primera vez 
en su vida, había sentido de qué se trataba la verdadera 
sumisión, y Dawn lo tenía todo encerrado en su cuerpo de piel 
oscura. Sus ojos color avellana dispararon fuego hacia él 
mientras su cuerpo curvilíneo le rogaba que la tomara y la 
7 
 
follara. Dawn era toda una mujer con grandes tetas, caderas 
redondeadas y un estómago curvo. En su opinión, podría darle 
una follada dura sin miedo a lastimarla. Sus piernas también 
eran gruesas y fuertes. Su cuerpo era pura perfección, y 
siempre lo tenía duro como una roca. Incluso cuando su loba 
quería acostarse en sumisión, la mujer frente a él se 
resistía. Dawn y su loba estaban juntas como un entero, pero 
ella estaba decidida a no poner su futuro en manos de una 
persona en la que no confiaba. Por más sumisa que fuera, no 
era estúpida. Daniel la respetaba por eso. 
Su compañera no ansiaba ningún tipo de sumisión a 
manos de un hombre cruel. Quería ser sumisa para el hombre 
adecuado, que la cuidaría y la trataría bien, no como un animal. 
Las cicatrices en su interior eran profundas y, sin embargo, 
ella las guardaba como si no le importara en absoluto. Ni 
siquiera reconocía su reclamo. Nunca habían follado, y él no 
había conocido al Alfa de su manada. 
Su única petición había sido que su presencia allí 
permaneciera en secreto. Ella no quería que él se acercara al 
Alfa de su manada, y como su compañero y Dom, él no podía 
hacer lo que ella le pedía que no hiciera. Con cada día que 
pasaba, intentaba demostrarle una y otra vez que podía confiar 
en él. 
Ella le permitía tocarla, pero solo como castigo, nunca 
íntimamente. 
8 
 
Su relación era lamentable, pero es lo que necesitaba. Su 
lobo se calmaba un poco cuandoestaba con ella y se negaba a 
perder eso solo porque ella fuera difícil. 
—Podrías encontrar a alguien más, Daniel. No tienes que 
aguantar esta mierda. —Jake le puso una mano en el hombro. 
—No tengo elección. Ella es mi otra mitad. Mi única razón 
para ir a Kinkster ahora. —Desde el momento en que Dawn 
entró en su vida, lo había destruido para cualquier otra 
mujer. Solía disfrutar de entrenar sumisas y compartir un estilo 
de vida único con otras mujeres. Ahora, dependía de Dawn. Ella 
no tenía la menor idea del poder que tenía sobre él. Lo veía en 
sus ojos cuando estaban juntos. No confiaba en sus respuestas 
ni en sus sentidos. ¿Sus sentidos la habían defraudado en el 
pasado? No lo sabía. Había tanto que no sabía sobre su 
mujer. Ella era un misterio que quería resolver. 
—El resto de la manada, ¿Comparten tus pensamientos? —
preguntó Daniel. 
—Están preocupados por su Alfa, su líder. Tienes que 
entender sus preocupaciones. 
—No tengo que entender nada, Jake. Me preocupo por mi 
manada y ninguna decisión que tome es fácil. —Se pasó una 
mano por la cara sintiendo el deseo de encontrar a su 
compañera. Su lobo deseaba disfrutar de su aroma y ver su 
sumisión a sus pies. 
—Sabemos que serás cuidadoso cuando tomes esta 
decisión. Sólo estamos preocupados por ti. Tu lobo ha corrido 
9 
 
todos los días durante el último mes. Nada de lo que haces 
parece encerrarlo bien. El hecho de que Dawn te mantenga a 
distancia está haciendo que tu lobo se ponga difícil. Un año, 
Daniel, un año has estado pasando por esto. Algo tiene que 
cambiar. 
Se giró para mirar a Jake. Dave y Bill estaban parados a 
una buena distancia, pero él vio la tensión en sus cuerpos. 
—¿Estás preocupado de que deje que mi bestia se haga 
cargo? —preguntó Daniel. 
—Han sucedido cosas peores en el pasado. 
Algunas mujeres que negaban a sus compañeros a veces 
podían liberar a la bestia salvaje que llevaban dentro. Cuando 
el instinto salvaje golpeaba, todos estaban en peligro. 
—No voy a dejar que llegue tan lejos. Tengo el control de 
todo. Dawn necesita orientación y cuidado. No voy a 
apresurarla solo porque mi lobo exige más. —Si apresuraba a 
Dawn, todo el trabajo que habían hecho juntos en su relación 
terminaría. Por mucho que le encantaría extenderla y follarla 
desde el amanecer hasta el atardecer, sabía que ansiaba más. 
—Confiamos en ti —dijo Jake. 
La mirada que Dave y Bill le enviaron le contó otra 
historia. Confiaban en él, pero con Dawn, comenzaban a dudar 
de su liderazgo. 
Era hora de poner a Dawn en conocimiento de lo que le 
estaba haciendo. 
10 
 
*** 
Dawn hizo girar la pajita en su vaso y observó cómo el 
líquido se arremolinaba. Había estado sentada en la barra 
durante la última hora. Los sonidos de gemidos femeninos y 
masculinos llenaban el aire. Kinkster no era como muchos 
clubes BDSM. El bar no vendía licor sino tazas de té, café, 
expreso o, en su caso, refrescos. Le encantaba beber refrescos. 
El sabor era tan refrescante, que le recordaba mucho a su 
juventud cuando la vida era fácil, simple. La vida había dejado 
de ser simple en su transición cuando su vida había cambiado 
para siempre. Dawn guardaba un secreto que no podía contarle 
a nadie, ni siquiera a su propio padre. Ella era una loba, de 
principio a fin, y solo su necesidad de ser controlada la 
diferenciaba de los demás dentro de su manada. Dando vueltas 
en su asiento, miró a la gente que tenía delante. Algunas de las 
personas eran compañeros humanos, mientras que muchos de 
ellos eran lobos. Su manada estaba situada en un territorio a 
tres pueblos de distancia, y ella venía a Kinkster ya que ninguno 
de ellos lo hacía. Nadie de su manada había creído jamás en el 
BDSM. Había escuchado lo que decían cuando abrió este club. 
Pasando los dedos por su cabello, vio cómo le enrojecían el 
culo a una mujer que estaba inclinada sobre un banco de 
azotes. Su tierna carne blanca se sonrojó con un bonito colorete 
cuando el hombre, su Dom, la castigó por algún delito 
11 
 
menor. La escena dejó el coño de Dawn mojado. Su piel era 
oscura, y le costaba mucho a su trasero mostrar un toque de 
rojo. Lo sabía porque se lo habían dicho antes. Encontrar a un 
hombre que se convirtiera en su Maestro o Dom la había puesto 
en malas situaciones. Los hombres de su manada no creían en 
darle con una mano o una vara a una mujer, y mucho menos 
castigarla. Deseó poder decir lo mismo de una mujer de la 
manada. Dawn cerró los ojos cuando los recuerdos la 
inundaron por lo que se había hecho a sí misma. Había salido 
entre los humanos para encontrar lo que ansiaba. Su miedo y 
necesidad habían disfrazado el olor natural de las personas que 
la rodeaban. 
El primer hombre con el que se permitió liberarse la había 
amarrado durante dos días y había azotado su cuerpo dejando 
un rastro de sangre por el suelo. Había sido un sádico de la peor 
clase. Mientras pensaba que la estaba lastimando, dejó escapar 
que había matado a una mujer porque ella no podía soportar 
su tipo de castigo. 
A su loba no le había gustado eso y había salido de su 
neblina para matarlo. Ella había convertido sus manos en 
garras y lo había destrozado. Durante mucho tiempo se había 
quedado mirando el desastre que había creado con el hombre y 
luego se había ocupado de la evidencia. Él era una basura, y 
nadie lo echaba de menos. Después de su primer desastre en el 
BDSM, había decidido dejarlo de lado. Tenía que dejar de lado 
el deseo de dolor, la necesidad de dolor y el ansía de dolor. El 
12 
 
dolor que ansiaba que, no importaba lo que le hicieran, no podía 
sentir. No podía permitirse volverse vulnerable a nadie. Los 
lobos no eran sumisos y no disfrutaban de ese mordisco de 
dolor para excitarse, ni buscaban a alguien que les hiciera daño 
con la esperanza de sentirlo. No sabía por qué era diferente a 
los demás de su manada, pero por miedo no le preguntaba a 
nadie lo que ellos experimentaban. 
Las parejas predestinadas que veía en la manada siempre 
eran dulces juntas. Su primera vez había sido horrible, y el 
chico con el que lo había hecho la había sujetado mientras 
cabalgaba con fuerza sobre su cuerpo. Lo único que recordaba 
que le había gustado era que la sujetara y el hecho de que no 
pudo sentir nada cuando él la mordió durante su liberación. A 
partir de ese momento, su necesidad de encontrar el dolor solo 
había crecido. Su loba sabía lo que quería, y también Dawn. 
—Lo siento, Maestro. 
Dawn siguió el sonido para ver a un hombre abrazando a 
su sumisa. Llevaba unos vaqueros y eso era todo. Sus brazos 
rodearon a su mujer y le acarició el pelo. —La próxima vez te 
harás cargo, ¿no? —preguntó él. 
Su curiosidad se apoderó de ella y se encontró mirando a 
la pareja. No sabía sus nombres ni la relación entre ellos. El 
olor que emanaba de ellos le dijo que ambos eran lobos. 
—Tara no tuvo ningún cuidado cuando salió de compras y 
caminó frente a un autobús que se aproximaba. Si Dale no 
hubiera estado cerca, habría perdido a su bebé por nacer y 
13 
 
podría haber sido asesinada. Podemos soportar mucho, pero un 
choque frontal con un autobús es demasiado —dijo Daniel, 
sentado a su lado. 
Poniendo las manos en sus rodillas, trató de luchar contra 
la necesidad de mirarlo. 
Son compañeros. Deja de luchar. 
Según Daniel eran compañeros, pero ella no confiaba en los 
sentimientos que atravesaban su cuerpo. Había estado en una 
situación tan espantosa que ya no tenía la menor idea de qué 
creer. Su loba ansiaba su duro castigo al igual que ella, pero 
ambas eran cautelosas, sus errores pasados y sus antojos las 
hacían desconfiar. 
Él la miraba fijamente. Toda su perfección masculina se 
burlaba de ella con lo que podría tener y de lo que se mantenía 
alejada. ¿Estaba aquí para burlarse de ella? 
Él nunca te haría eso. Deja de tratarlo como a los demás. 
Se obligó a mirarlo y luego deseó no haberlo hecho. Danielno llevaba camiseta como la mayoría de los hombres del 
club. Sin embargo, cuando Daniel estaba semidesnudo, ella no 
podía concentrarse en nada más que en su carne al 
descubierto. Su piel generalmente pálida estaba bronceada por 
las horas que pasaba al sol. La misma piel estaba cubierta con 
diferentes tipos de tinta. Ningún tatuaje estaba coloreado ni era 
elaborado. Los diseños estaban en tinta negra, bastante 
simples, pero se destacaban en su cuerpo, que era fuerte, 
grueso y musculoso. Se le hacía agua la boca cuando 
14 
 
simplemente lo miraba. Rápidamente miró su falda, deseando 
haberse puesto algo más. Cuando Daniel se paró a su lado, la 
hizo sentir pequeña, delicada. Sus curvas de talle cuarenta y 
nueve junto a él se sentían como nada. Él vibraba con energía 
y poder. El lobo Alfa dentro de él exudaba todo lo que ella quería 
en un hombre y en un líder. 
No confíes. 
Las advertencias internas de su loba la pusieron tensa. 
—Mírame, Dawn. 
Él habló con dureza. Su cuerpo se despertó una vez más y 
lo miró. Su cabello negro colgaba sobre su rostro rozando la 
parte superior de sus ojos. Daniel no tenía mucho cabello, pero 
tenía suficiente para que ella quisiera pasar los dedos por él. Su 
mirada morena estaba completamente enfocada en ella. Se 
estremeció ante el poder, un ligero toque de ámbar apareció 
cuando su lobo salió a la superficie. 
Compañero. 
—Gracias por decírmelo —dijo. —¿Son tus lobos? 
—¿Qué ocurre? —preguntó él. 
—Nada. Solo tenía curiosidad por la pareja. —Ofreció una 
sonrisa a pesar de que sonreír era lo último que quería hacer. 
—Me estás mintiendo de nuevo. 
Se mordió el labio y se miró las manos. 
Dawn soltó un resoplido y él la levantó del taburete en el 
que estaba sentada y tomó asiento. Con movimientos rápidos 
15 
 
la tenía sentada en su regazo. La evidencia de su erección 
presionó contra su trasero, burlándose de ella. 
Eso es lo que podrías tener pero nunca lo harás porque eres 
una cobarde. 
Su mano se posó en su pierna. Daniel no empujaba los 
límites que ella había establecido. Él era el perfecto caballero y 
Maestro. 
—Tate y Dale han estado viniendo a Kinkster durante cinco 
años. Son una pareja apareada verdaderamente feliz. 
—¿Ella está feliz de ser sumisa? 
—Les gusta jugar, Dawn. Apareados o no, saben lo que les 
gusta. 
Dawn se humedeció los labios mientras sus pezones se 
hinchaban ante el sonido de su voz. El calor de su cuerpo la 
rodeó, llenándola de esperanza por algo más. Su coño estaba 
en llamas por su toque. Había pasado un año desde la última 
vez que experimentó un orgasmo, tal vez un poco más. Su 
última pareja se fue cuando no pudo darle lo que ella quería. Él 
le dijo que necesitaba encontrar a alguien dispuesto a aguantar 
su mierda. Siempre estaba a la caza de sentir dolor, mucho, y 
le gustaba que la sujetaran. A algunos hombres no les gustaba 
estar completamente a cargo. Eso era todo lo que quería, un 
hombre que tuviera el control total y que le produjera dolor. 
Durante sus primeros años, hubiera dado cualquier cosa para 
dejar de sentir dolor. Ahora, quería que el dolor supiera que 
estaba viva, que no le faltaba algo. 
16 
 
Mira lo que pasó todas las veces que los hemos dejado. 
Cerró los ojos mientras todos sus intentos fallidos sonaban 
a través de ella como un disco rayado. A la edad de veintinueve 
años, había matado a un hombre y había sido herida por seis 
más en una relación. Que te dijeran que estabas enferma, que 
eras repugnante o simplemente extraña, dolía tanto como un 
puñetazo. A Dawn no le gustaba que le pegaran, o no solía 
gustarle. Ahora, no lo sentía. Le gustaba que la azotaran, la 
castigaran de la manera más deliciosa, ya que el toque era 
mejor que nada. 
—No puedes ir a ningún lado —dijo Daniel, capturando su 
barbilla y girándola para que lo viera. El agarre en su rostro era 
duro, y él no la soltó. —¿Qué te dije cuando viniste aquí? 
 —Que estoy contigo y no puedo ir a ningún otro lado. 
—Eso es, mascota. Viniste a mí porque necesitabas una 
fuerte disciplina y mano dura. Estás tratando de pelear 
conmigo, y estoy cansado de eso. —La puso de pie y él se levantó 
también. 
—¿Qué estás haciendo? 
Daniel la fulminó con la mirada. 
—¿Señor? ¿Qué está haciendo, Señor? 
—Vamos a ocuparnos con tu castigo. Dentro de Kinkster 
eres mi sumisa a menos que digas tu palabra de seguridad. —
La tomó de la mano y la alejó de los testigos. Incluso mientras 
su corazón se aceleraba por el miedo a lo que estaba por venir, 
17 
 
no pudo evitar el golpe de excitación. Verlo en el papel de un 
Dom la excitaba. 
18 
 
Capítulo 2 
Daniel pasó a varios miembros de su manada que le dieron 
un rápido asentimiento. Los saludó pero siguió moviéndose 
mientras. Dawn se mantuvo a su lado con la cabeza 
inclinada. No estaba actuando como una sumisa; simplemente 
lo estaba siguiendo. Al observarla, notó que ella mantenía la 
cabeza gacha cada vez que se movía de un lugar a otro. Dawn 
rara vez miraba hacia arriba para ver el mundo que la 
rodeaba. Su vida no había sido fácil. Había visto la evidencia 
tanto en sus ojos como en sus acciones. Había sido herida en 
el pasado. 
Quería saber todos sus secretos y lo que le estaba 
ocultando. Los compañeros no se ocultaban la verdad el uno al 
otro. Ella le respondía de la forma en que lo hacía un 
compañero, sin embargo, sentía que su loba se tensaba a su 
alrededor. Para que una mujer y su loba no estuvieran seguras, 
sabía que lo que había sucedido las había dejado a ambas con 
una cicatriz. De él dependía hacerla salir. 
Al abrir la última puerta al final del pasillo, Daniel le soltó 
la mano, encendió la luz y cerró la puerta. Se giró hacia ella 
para evaluar sus reacciones. Esta era su habitación privada. La 
19 
 
única vez que usaría esta habitación sería para la mujer con la 
que pretendiera quedarse. Solo un par de mujeres habían 
estado cerca de entrar aquí hasta que esta mujer pidió permiso 
para unirse al club. 
—¿Dónde estamos? —preguntó ella. 
Se mantuvo alejada de la cama, manteniéndola a su 
espalda mientras se giraba para mirarlo. 
—Esta es mi habitación privada y personal. A partir de 
ahora, cada vez que vengas a este club, aquí estaremos. —Se 
cruzó de brazos, esperando. 
—No, tenemos que estar a la vista de los demás. 
—Delante de los demás, te reprimes. Afuera no eres tú 
misma y siempre tienes miedo de que alguien te note. He visto 
tu forma de ser. Quieres ver lo que sucede dentro del club para 
asegurarte de que los hombres y mujeres estén tratando bien a 
sus sumisas, pero cuando se trata de ti, quieres la libertad de 
estar lejos de todo. 
—No, estás equivocado. 
—Entonces quítate la ropa y saldremos a hacer una escena 
ahora mismo. Te castigaré por tu falta de reconocimiento de 
autoridad, y luego te haré correrte para que todos vean la 
belleza de tu orgasmo. 
Ella se apartó de él. Su cuerpo se tensó y comenzó a mirar 
alrededor de la habitación. ¿Por una oportunidad de 
escapar? La loba dentro de ella comenzó a golpear su jaula 
interior. 
20 
 
El instinto protector dentro de él aumentó con toda su 
fuerza. Sus reacciones estaban enfureciendo al Dom y al 
protector al mismo tiempo. 
—De rodillas y preséntate ante mí. —Él profundizó su voz, 
y Dawn se puso de rodillas, abriendo las piernas mientras 
inclinaba la cabeza, presentando su cuerpo en la pose sumisa 
que tanto amaba. —Tu loba puede descansar. No te dejaría 
salir para que otros vieran este hermoso cuerpo. —Extendió la 
mano para tocar un mechón de su cabello. Tenía un cabello 
hermoso, largo y castaño oscuro. Observó las hebras mientras 
las acariciaba con los dedos. —Las cosas van a cambiar entre 
nosotros, Dawn. 
Ella lo miró. Las lágrimas brillaron en sus ojos mientras lo 
miraba fijamente, y sus labios temblaron. 
—Durante el último año te he visto bailar a mi alrededor 
como si tuvieras el control. Soy el Dom, tu Maestro,y también 
soy tu compañero. —Presionó un dedo contra sus labios cuándo 
quiso discutir con él. —No más discusiones. Me has mantenido 
a distancia y he seguido tus reglas. Algo jodido te pasó, lo 
entiendo, pero no vas a lidiar más con eso. Me dejarás entrar 
aquí. —Presionó el dedo de su boca en su cabeza. —No voy a 
dar marcha atrás ni a marcharme. Estamos en esto juntos. —
Esperó que varios minutos pasaran. —Puedes hablar. 
—Esto no es lo que acordamos. Cuando te fui a ver, me 
prometiste que podría tomarme mi tiempo para acostumbrarme 
a ti y que podría terminar con esto cuando quisiera. 
21 
 
—Acepté esos términos antes de darme cuenta de lo dañada 
que te habías vuelto con este estilo de vida. Tienes problemas, 
Dawn. Puedo ayudarte a superarlos, pero tienes que confiar en 
mí. 
—¿Cómo puedo confiar en ti cuando estás haciendo esto? 
—Hizo un gesto con la mano entre ellos. 
¿Tenía alguna idea de lo hermosa que se veía de rodillas 
ante él? Lo dudaba. Dawn no tenía la menor idea del poder que 
tenía sobre él. 
—No fui a ver a tu padre cuando me di cuenta de que no 
ibas a aceptar nuestro apareamiento. —A cualquier padre, 
especialmente a un Alfa, le hubiera encantado que su hija se 
apareara con un compañero alfa. Daniel había tenido toda la 
intención de ir con su padre. Ella le había rogado que no lo 
hiciera y luego amenazó con negar su afirmación. Si ella negaba 
su reclamo, el riesgo de volverse salvaje aumentaba. Se echó 
atrás y decidió demostrarle que podía confiar en él. 
—Te di un ultimátum. Eso no es confianza. 
Él ahuecó su cara y le pasó el dedo por el labio. Ella no se 
tensó ni se apartó, lo cual era una mejora. Cuando estuvieron 
juntos por primera vez, ella luchó contra él a cada paso y se 
alejó de cualquier tipo de intimidad. 
—Te he dado más en el último año de lo que has recibido 
en otros lugares. Veo la mirada en tus ojos, Dawn. No me 
permites llevarte al orgasmo, pero el placer está en tus ojos, en 
la forma en que me dejas abrazarte. Hay muchas cosas de las 
22 
 
que me puedes acusar, pero no preocuparme y ocuparme de 
tus necesidades no es una de ellas. —Retiró la mano. —Has 
pasado por muchas mierdas. Quiero saber qué es. 
—No, no te voy a decir nada. 
—¿Sientes a tu loba ahora mismo? ¿Cómo se pasea por las 
paredes de tu mente, curiosa pero reprimiéndose? 
—Cómo sabes… 
—Ella quiere confiar en mí, confiar en este instinto dentro 
de ella. Te has puesto en peligro y no iremos a ningún otro lado 
hasta que me lo digas. —La miró fijamente sabiendo que 
necesitaba ganar esta batalla. —Esta noche, vendrás a casa 
conmigo. Vamos a llegar al fondo de tus problemas. Nadie 
miente en mi casa. Estaremos totalmente solos y podremos 
explorar tus problemas. 
—No, no voy a ir a ningún lado contigo. 
—Es simple, Dawn, vendrás conmigo de regreso a casa o te 
acompañaré a tu casa, le diré a tu padre y retiraré tu membresía 
de aquí. Nadie te tocará y tu padre te echará o te exigirá algo. 
—No puedes hacer eso. Te rechazaré. Voy a detener esto. 
—Todo el club conocerá tu secreto. Si guardas el secreto 
aquí conmigo, morirá conmigo, pero volverás a casa conmigo. 
He guardado este secreto durante un año. He aguantado tu 
mierda, y esto termina ahora. —Este era un movimiento radical 
de su parte. Ella podría salir por esa puerta y estar a salvo por 
el resto de su vida. Daniel sabía que había algo más mal dentro 
23 
 
de ella. Dawn estaba aterrorizada por sus propios instintos, que 
le decían que se pondría en riesgo en más de un sentido. 
—Esto no es justo. 
—La vida no es justa. Nunca te haré daño, Dawn. Soy tu 
compañero Te cuidaré y te prometo que todo lo que suceda será 
lo que tú quieras. 
Ella miró un punto más allá de su hombro. Sus labios se 
abrieron y luego se cerraron. Se imaginó su mente trabajando 
a toda marcha para escapar de su sugerencia. —No quiero que 
le digas nada a mi padre. No necesita saber dónde paso mi 
tiempo. 
—Bien —dijo, dolido de que ella estuviera avergonzada por 
la forma en que pasaba su tiempo. 
Sus uñas se hundieron en la carne de sus muslos, se 
imaginó que para causarse un mordisco de dolor. No le gustaba 
lo que estaba haciendo. Poniéndose de rodillas, la tomó de las 
manos para evitar que se causara más dolor. Ella jadeó ante su 
toque, y él no apartó la mirada de sus ojos. —¿Qué va a ser, 
Dawn? Esto no puede continuar. 
—¿Estamos emparejados? 
—Sí. 
Ella rompió su mirada al mirar su mano sosteniéndola. —
¿Qué necesitas que haga? 
—Necesito que confíes en mí. 
—No soy normal. 
24 
 
—Nunca dije que quisiera una mascota normal. Vamos a 
superar esto. 
Le apretó la mano en un intento de tranquilizarla. Ella dejó 
escapar un suspiro. 
—Está bien, iré contigo. 
Daniel deseaba que hubiera más entusiasmo en su voz, 
pero aceptaría lo que ella le daba ahora mismo. El 
apareamiento era diferente para todos. Había compañeros que 
podían luchar contra el impulso de aparearse, pero eso 
generalmente se debía al hecho de que uno de ellos ya estaba 
en una relación con otra persona. En su caso, el de él y el de 
Dawn, ella había sido herida en el pasado y no confiaba en el 
instinto natural de aparearse. Cuando finalmente se aparearan, 
no habría forma de negarse el uno al otro. Una vez que Dawn lo 
aceptara y él la follara y mordiera, ella sería suya y su conexión 
sería completa. Entendería todo lo que pasaba dentro de su 
cabeza. Si no fuera por Jake, no habría sabido que Dawn era la 
hija de un alfa. Su amigo se enteraba de todo. Era una de las 
razones por las que era un buen guardia. Nada se le pasaba 
nunca. 
*** 
¿Qué estás haciendo? 
25 
 
Dawn miró fijamente su mano donde él sostenía su palma 
dentro de la suya. Su piel oscura se destacaba en contraste con 
su piel pálida, pero sus diferentes colores de piel no la 
molestaban. No, lo que la sorprendía era la forma en que la 
abrazaba. Era fuerte, poderoso y, sin embargo, la abrazaba 
como si fuera delicada. Ella era todo menos delicada. Él no la 
lastimaba, simplemente la mantenía firme. 
¿Qué estaba tratando de hacer? 
—Mírame, Dawn. 
Ella levantó la mirada hacia él, confundida por lo que 
estaba sucediendo dentro de ella. Por un lado, quería seguir 
hundiendo los dedos en su carne para tratar de causarse dolor 
y, sin embargo, quería lo que Daniel le daba. ¿Él siquiera 
entendería lo que le estaba pasando? 
—Me has desobedecido hoy. Antes de que vayamos a mi 
casa, te castigaré y luego llamarás a tu padre. 
Cuando fue a hablar, él presionó un dedo en sus labios para 
detenerla. —No, no puedes hablar ahora. No te dejaré sola. Vas 
a hacer la llamada mientras estoy aquí para escuchar lo que 
tienes que decir. No permitiré que un padre enojado piense que 
le he robado a su hija. 
Ni siquiera había pensado en iniciar un conflicto entre 
Daniel y su padre. Dawn era muchas cosas, pero una iniciadora 
de peleas no era una de ellas. La idea de tener uno o dos 
hombres peleando por ella le revolvió el estómago. 
—Yo no haría eso —dijo ella. 
26 
 
Dawn aceptaría cualquier castigo que Daniel sintiera que 
necesitaba darle. Lo había estado presionando durante el 
último año y él tenía derecho a castigarla. 
Te gustan sus castigos. 
No le importaba lo que él usara: mano, bastón, látigo o 
paleta, le encantaba todo. Daniel era inventivo con las 
restricciones que ella le había impuesto. 
—¿No lo harías? Algunas mujeres harían cualquier cosa 
para crear una guerra entre dos territorios. 
—No estoy interesada en comenzar nada, Maestro. —
Inclinó la cabeza, mostrando su lado sumiso. 
¿Lado? No tienes un lado. Ésta es quién eres. 
La loba dentro de ella gruñó ante las palabras que pensó. A 
su loba no le gustaba ser insultada a pesar de que Dawn tenía 
tendencia a hacerlo. 
—Bien. Te creo, Dawn. Ahora, ¿me crees cuando te digo 
que puedes confiar en mí? Qué nunca te lastimaré, y que te 
cuidaré durante tu tiempo conmigo. 
¿Qué debería decirella? 
¿La verdad? 
¿Mentiras? 
¿Medias verdades? 
Se decidió por la verdad. Las mentiras rara vez le daban lo 
que quería. —Confío en que no me lastimarás, pero no creo que 
seamos compañeros. No puedo confiar en mí misma para tomar 
esa decisión en este momento. 
27 
 
—No te estoy pidiendo que tomes ninguna decisión, 
Dawn. Bueno, pasaremos un tiempo juntos y, con el tiempo, 
verás que estoy diciendo la verdad. 
Ella se mordió el labio y asintió. —Si, confió en ti. 
De todos los hombres que conocía, Daniel siempre tenía el 
control. Nunca perdía los estribos ni utilizaba su ira contra su 
manada. No era estúpida y había oído a su manada hablar de 
él. Nadie dijo nada malo. En todo caso, hablaron de lo increíble 
que era como Alfa, uno de los mejores que habían conocido. 
—Quiero que te subas a la cama boca abajo y extiendas los 
brazos y las piernas. —Ella vaciló por un segundo y luego 
decidió hacer lo que él decía. Daniel no había traspasado sus 
límites y no la había visto desnuda en el año que había sido su 
Maestro. 
No le has dado la oportunidad de ser un verdadero Maestro 
para ti. Luchas contra él a cada paso. 
Su loba levantó la cabeza en señal de acuerdo. 
Ella era la que tenía el control de su cuerpo, no su loba. 
Trepándose a la cama hizo lo que le ordenó. Segundos más 
tarde sintió que las ataduras de seda se envolvían alrededor de 
sus muñecas seguidas de sus tobillos. Daniel se tomó su 
tiempo para asegurarle las muñecas. Tenía las piernas abiertas 
tanto como le permitía la falda. Se lamió los labios, deseando 
poder darle esa otra parte de sí misma. 
—Eres absolutamente hermosa, Dawn. 
28 
 
Le tocó el tobillo y retiró la mano cuando su toque se volvió 
demasiado para ella. No sabía cómo sabía él cuándo dejarla 
libre 
—Gracias, Señor —dijo ella. 
—No te di permiso para hablar. —Le dio una bofetada en el 
trasero provocando que ella gritara. Había aprendido a hacer 
los ruidos correctos incluso si no sentía ningún dolor. —Solo 
hablarás cuando te hablen. 
Mantuvo los labios cerrados. Su coño estaba ardiendo, los 
labios de su sexo empapados por el impacto de su azote. Su 
palma era grande, cubriendo tanto de su trasero como 
podía. ¿Cómo sería ceder y dejar que la tocara? El solo 
pensamiento la sacudió un poco. Nunca en su vida había 
sentido curiosidad por un toque más íntimo. 
Las puntas de sus dedos rozaron su pantorrilla, dejándola 
de nuevo mientras se movía por la habitación. Nunca había 
estado en una cama en su compañía antes. 
Está bien. No lo llevará demasiado lejos. 
—Tienes miedo a la intimidad, Dawn. Quiero saber por qué, 
pero esta noche te quedarás callada mientras hablo. ¿Necesito 
usar algo para mantenerte callada? —preguntó él. 
Ella negó con la cabeza en respuesta. 
—Bien. Confío en que seguirás mis instrucciones, de lo 
contrario estarás en problemas. 
Dawn escuchó mientras él se alejaba de la cama, dándole 
más espacio. Giró la cabeza y por el rabillo del ojo lo vio entrar 
29 
 
en un armario. Encendió una luz, pero ella no pudo distinguir 
nada. ¿Era ahí donde guardaba sus juguetes? 
—Te gusta ponerme a prueba, Dawn. Tu sola presencia me 
provoca y sé que lo disfrutas. —Tarareó, sacando juguetes de 
su armario. Oyó que la luz se apagaba y la puerta se cerraba. —
Mientras estés conmigo, voy a derribar todos esos muros que 
has mantenido entre nosotros. Somos compañeros. Sé que no 
me crees, pero lo somos. Mi lobo quiere aparearse contigo, 
reclamarte. Lo mantendré a raya hasta que solucionemos este 
problema. Para tu estadía, vamos a establecer algunas reglas 
básicas. —Dejó algo sobre la cama. Los lazos le impidieron 
moverse para mirar. 
Apretando los dientes, cerró los ojos con fuerza para evitar 
preguntarle qué era. 
—Algunas de mis reglas no te van a gustar, pero las harás 
porque cumpliré mi amenaza, Dawn. Bien, puedes hablar 
cuando te haga una pregunta, ¿entendido? 
—Si, Señor. 
—Bien. Ahora, también puedes contar. 
¡Golpe! 
Su palma aterrizó en su trasero. 
—Uno —dijo, amando la sensación de su mano en su 
trasero, incluso si no podía sentir la punzada de dolor que 
debería haber creado su toque. 
¡Golpe! 
—Dos. 
30 
 
Ella esperaba que su mano aterrizara en su trasero de 
nuevo. Nunca lo hizo. Había dejado de tocarla. Abriendo los 
ojos, jadeó al verlo mirándola. 
—¿Te estoy lastimando? 
—No. 
—¿Te gusta el dolor? 
Dawn abrió la boca para discutir con él y luego se 
detuvo. No le mientas. Siempre sabe cuándo mientes. 
—Sí. —¿Era realmente una mentira? Probablemente podría 
mutilarla y ella no lo sentiría. 
—¿Cuánto dolor? 
Ella se humedeció los labios, preguntándose qué 
decirle. Hubo un momento en su interior en el que empezó a 
odiar lo que estaba pasando, y eso la dejó sintiéndose enferma. 
Los hombres con los que estaba nunca le dieron lo que 
necesitaba y ella nunca encontró lo que buscaba. 
—¡Dawn! 
Él pronunció su nombre a modo de advertencia. 
—Me gusta mucho el dolor. —Dejó escapar un suspiro 
cuando la apariencia de una verdad se derramó de sus labios. 
Después de todo, ella había ido a buscar el dolor pero nunca lo 
encontró. 
—¿Estás diciendo la verdad? —preguntó él. 
—Sí. 
—¿Sabes cuánto dolor te gusta? 
Ella sacudió su cabeza. 
31 
 
—Te hice una pregunta directa. 
—Algo del dolor ha hecho que sangre. —Sintió que se le 
calentaban las mejillas. ¿Sería capaz de ver su vergüenza? 
—Puedo oler tu vergüenza, mascota. ¿Por qué estás 
avergonzada? 
—Está mal sacar sangre. Algo anda mal conmigo. Ninguna 
de las personas de la manada de mi padre necesita lo que yo 
necesito. No soy normal. —Ninguno de ellos busca el dolor con 
la esperanza de finalmente sentirlo. Nadie sabía lo que había 
hecho, el matar a ese hombre. ¿Hizo lo correcto al quitarle la 
vida? No lo sabía. Él había herido a otras personas, pero 
¿merecía morir bajo su mano o garra? 
No había respuestas fáciles. ¿Qué pensaría Daniel de ella 
cuando descubriera la verdad? ¿Sentiría repulsión y desearía 
no haberle dado nunca una oportunidad? Ella era una 
compañera defectuosa. 
Él apartó un poco de su cabello, inclinándose más cerca. —
¿Alguna vez dije que estaba buscando a alguien normal? Eres 
perfecta tal como eres. 
Daniel se alejó de ella. —Te vas desnudar cuando estés 
conmigo, y espero no escuchar ninguna queja tuya. Ambos 
estaremos desnudos y vamos a explorar esto entre nosotros. 
Ella no quería que él la viera desnuda. 
Dawn gritó cuando él le dio una palmada en el trasero con 
un bastón. Si tan solo pudiera sentir el dolor. 
32 
 
—Tres —gritó la palabra. Golpeó fuerte con el bastón, o al 
menos, ella imaginó que era fuerte. Ningún dolor floreció en su 
trasero, pero su clítoris se hinchó debido a su presencia. Daniel 
nunca dejaba de encenderla. 
 
33 
 
Capítulo 3 
Daniel la golpeó dos veces más con el bastón, sorprendido 
de que siguiera contando. Ella era una sumisa tan buena. No 
la cambiaría por nadie. 
Le gusta el dolor hasta sangrar. 
En algunas transiciones de humano a lobo, la línea entre 
placer y dolor cambiaba. Había escuchado de algunos hombres 
y mujeres que podían soportar tanto dolor que podrían estar al 
borde de la muerte y no los afectaría emocionalmente. El 
funcionamiento de un cuerpo de lobo lo sorprendía. Dawn no 
era extraña ni diferente a muchos de ellos. Tenía miedo, no 
tenía instrucción y estaba sola. Su loba estaba dividida en dos 
entre quererlo y tener miedo. No era un idiota. Dawn había 
hecho algo para causar este problema. 
Dejando el bastón en el suelo, se quedó mirando su cuerpo 
odiando la vista de la ropa. Daría cualquier cosa por tenerla 
extendida y desnuda, su carne oscura al descubierto para que 
él la tocara, acariciara o castigara. 
Espera, ten paciencia. Ella será nuestra. 
Su lobo paseó por las paredes de su mente. Querían 
reclamar a la hembra frente a él. Levantó la paleta. Esta tenía 
34 
 
agujeros en el interior y la estrelló contrasu culo. Se aseguró 
de golpear con la suficiente fuerza para hacer doler, pero no lo 
suficiente como para causar hematomas. 
Era casi imposible usar una paleta sin magulladuras, pero 
no le dio todo. 
Ella gritó, gimiendo los números que él quería escuchar. El 
olor de su excitación llenó la habitación y su lobo aulló dentro 
de su mente. Querían deslizarse entre sus muslos y lamer su 
coño cremoso. Ella estaría empapada cuando él pusiera su 
boca alrededor de su clítoris, tragando su jugo. Solo el olor de 
su coño lo estaba volviendo loco. Su polla se tensó, imaginando 
cómo se sentiría envuelta alrededor de su longitud. 
No presiones. 
Una vez que terminó con la paleta, decidió no usar el 
látigo. Sentado en el borde de la cama, le tocó la espalda. La 
camisa que vestía estaba empapada en sudor. 
—Cuando me veas entrar en una habitación, quiero que te 
me presentes. Ese será el caso dentro de mi casa. Si alguna vez 
tenemos compañía, no es necesario que lo hagas. La única 
excepción a esta regla es cuando estamos afuera. ¿Lo 
entiendes? 
—Sí, lo entiendo —dijo ella. 
Daniel apartó un poco de su cabello que le había caído 
sobre la cara. Sus hermosos ojos marrones le devolvieron la 
mirada. Ella no sonrió, pero claro, Dawn rara vez sonreía. Antes 
35 
 
de que terminara su tiempo, quería que una sonrisa se reflejara 
en su rostro. 
—Vamos a hablar sobre tu pasado y tu futuro. Mi casa está 
abierta y rodeada de tierra para que corramos libremente. Si 
piensas en huir de mí, le diré la verdad a tu padre. 
—Esto es un chantaje —dijo ella. 
Él le dio una palmada en el trasero. —No había terminado 
de hablar. —Daniel la fulminó con la mirada antes de continuar 
con lo que estaba hablando. —Como estaba diciendo, si huyes 
de mí, se lo diré a tu padre. Si haces cualquier cosa para 
arruinar esto, me aseguraré de arruinarte a ti también. Es un 
chantaje, pero trata de vivir un año sabiendo que tu compañera 
está siendo una mujer obstinada. 
Su mirada lo abandonó y él la agarró por la barbilla para 
obligarla a mirarlo. 
—Lo siento —dijo ella. 
—Bien. —Daniel se puso de pie y le quitó la seda que la 
ataba a la cama. Le encantaría mantenerla atada, pero no era 
lo que debía hacer. 
Una vez que la soltó y se sentó, notó que no se frotaba las 
muñecas ni los tobillos como lo hacían otras mujeres. —Llama 
a tu padre. 
Señaló el teléfono al lado de la cama. 
—Si utilizo ese teléfono, sabrá de dónde viene la 
llamada. También puedo decirle dónde estoy. 
36 
 
—Es una línea personal y privada, Dawn. No rastreable. 
Puede intentar encontrarte, pero a menos que des una 
ubicación, no lo hará. —Cruzó los brazos sobre el pecho y la vio 
teclear el número de su padre. 
—Hola, papá, soy yo, Dawn. 
—¿Qué te pasa, cariño? ¿Necesitas que te busque o algo? 
—preguntó su padre. Daniel pudo escuchar la conversación. 
Los lobos tenían un oído genial. 
—No, no. Solo quería hacerte saber que no volveré a casa 
hasta dentro de un par de días. Me quedaré con un par de 
amigas y me divertiré un poco. —Ella lo miró. 
Daniel esperó. 
—Cariño, ¿estás segura de que estás bien? No suenas bien. 
—Estoy segura. Estoy bien. No me pasa nada. Te llamo para 
que no te preocupes y envíes un grupo de búsqueda. —Ella se 
obligó a reír. Daniel la vio sabiendo en su corazón que 
necesitaba arreglar lo que había salido mal durante su 
transición. 
—Ok, cariño. Te veré cuando regreses. Mantente en 
contacto. 
—Lo haré. 
Se despidieron y ella volvió a dejar el teléfono en la base. 
—¿Sientes dolor? —preguntó él. No sabía por qué, pero su 
instinto le decía que algo no estaba bien. Todos los demás 
sumisos harían una mueca de dolor por la paliza que él le había 
37 
 
dado, pero Dawn no había respondido ni mostrado ningún 
signo de ser consciente de ello. 
Ella lo miró. —Sí, siento dolor. Mi papá no tiene una 
verdadera compañera. Se decidió por la mujer más fuerte de la 
manada. Ella es mi madre. 
—Nunca mencionaste a tu madre. 
—Ella no es el tipo de persona de la que me gusta hablar. 
—Ella bajó la mirada de nuevo y él sintió el odio dentro de ella. 
—¿Por qué? 
Soltó un suspiro antes de pasar sus dedos por su cabello. 
—No lo sé. Simplemente no lo hago. 
—No la mencionas, y no preguntas por ella. ¿Por qué? 
—Mi mamá, ella no es el mejor ejemplo de una madre. 
Daniel esperó a que ella continuara. —¿No vas a decir más? 
—preguntó cuando ella no mostró signos de decir nada más. 
—No. Mi mamá no es un tema que debamos discutir. 
El hecho de que no quisiera hablar de su madre significaba 
que era un tema más importante del que hablar. Daniel se 
quedó en silencio, archivando la información hasta más tarde. 
—Está bien, claro, toma tu bolso. Vamos a ir a mi casa —
dijo él. 
—¿Ahora? 
—Sí. —Tomó su mano entre las suyas y caminó hacia el 
bar. Ella no luchó contra él cuando la colocó en el taburete. —
Quédate aquí. Volveré a recogerte en breve. 
38 
 
Dejándola sola, fue a la oficina de seguridad del fondo 
donde encontró a Jake mirando las pantallas. 
—Necesito que corras la voz de que hasta nuevo aviso mi 
casa está fuera del alcance de la manada. Diles que si me 
necesitan, que me llamen y yo me ocuparé de cualquier 
problema que tengan. 
—¿Por qué no podemos ir a la casa? —preguntó Jake. 
—Me llevaré a Dawn conmigo. 
—¿Finalmente la has hecho admitir que son compañeros? 
Daniel negó con la cabeza. —¿Harás esto por mí? 
—Considéralo hecho. Haré correr la voz de inmediato. —
Jake sacó su teléfono celular y comenzó a escribir. —¿Estás 
seguro acerca de esto? 
Se detuvo para mirar a su amigo. —Ella es mi otra mitad, 
Jake. Estoy seguro, y voy a arreglar lo que sea que esté roto 
dentro de ella. —Miró las cámaras de seguridad. —Por favor, 
mantén este lugar en orden. —Señaló con la cabeza a los 
hombres y luego salió de la habitación. 
Caminando de regreso a la barra vio a Dawn bebiendo de 
una pajita. Siempre pedía un refresco, un refresco de crema 
transparente. Tenía los ojos cerrados mientras disfrutaba del 
sabor de su bebida. 
Pasando una mano por su rostro, se preguntó si estaba 
haciendo lo correcto al llevarla a casa con él. 
Nuestra. 
39 
 
Dawn era su compañera, su otra mitad, y estaría 
condenado si la dejaba escapar. Tocó su hombro mientras se 
acercaba. Ella se sacudió ante su toque pero no se apartó. 
—Termina tu bebida y luego nos vamos. 
—¿Puedo hacerte una pregunta? —Sus ojos marrones 
estaban muy abiertos mientras lo miraba. 
—Sí —dijo, tomando asiento. 
—¿Por qué ahora? ¿Por qué esperar un año para ponerme 
en esta posición? 
Él sonrió. —Finalmente he tenido suficiente de nuestros 
juegos. Me estás manteniendo lejos y eso no me gusta. Ya he 
jugado a tu manera y lo he jodido todo. Es hora de jugar a mi 
manera, y empezando ahora. 
Terminó su bebida dejando una pequeña cantidad de 
refresco en el fondo. 
—¿Por qué no has terminado tu bebida? —preguntó él. 
—Lo hice. 
Daniel señaló los restos que había dejado en el vaso. 
—Si bebo eso, hará un ruido con la pajita, y si saco la pajita, 
se ensuciará el costado. 
Se puso de pie tomando su mano. Había más en esa 
explicación. Su instinto le decía que no le gustaría lo que ella 
tuviera que decir. 
40 
 
*** 
La casa de Daniel era vieja y enorme. Él se detuvo frente a 
una gran puerta de hierro y escribió un código que abrió esas 
imponentes puertas. Miró detrás de ella para ver las puertas 
cerrarse después de ellos. Se cerraron, atrapándola dentro del 
terreno con Daniel. Había gente peor con la que estar 
encerrada. 
Madre es una de ellas. 
Apagó sus pensamientos y se giró hacia el frente. Él 
condujo por un camino de entrada realmente largo que estaba 
rodeado de árboles grandes y gruesos. 
—La casa ha pertenecido a la familia durante generaciones. 
—¿Eran lobos todos? —preguntó ella, mirando hacia él. 
—Sí. Algunos de mis antepasados se casaron con humanos 
y se mudaron, y otros se quedaron cerca. 
—¿Dóndeestán tus padres ahora? —preguntó ella. 
—Están disfrutando de unas vacaciones muy necesarias. 
Están explorando Europa, visitando algunas manadas que no 
han tenido el placer de ver en años. —Tamborileó con sus dedos 
en el volante mientras hablaba. 
—¿Cómo te hiciste cargo cómo alfa? 
Él sonrió. —Mi papá me dijo que era hora de tomar el lugar. 
Estaba envejeciendo y dijo que un verdadero Alfa sabe cuándo 
41 
 
hacerse a un lado y traer uno nuevo. Yo era el siguiente en la 
fila, así que asumí el cargo. 
—¿Qué hay de los otros hombres de tu manada? ¿No les 
molestó que los pasaran por alto? 
—Algunos de los hombres me desafiaron a una pelea. Gané, 
pero siempre me negué a luchar a muerte. No quiero que nadie 
manche mis manos con sangre. 
Ella se tensó ante sus palabras. 
Tengo las manos manchadas de sangre. 
Mirando por la ventana, jadeó cuando su casa apareció a la 
vista. Era tan grande que dudaba que tuviera que verlo durante 
días. Podían jugar al escondite y perderse. 
—¿Esta es tu casa? —preguntó ella, asombrada. 
—Sí. La manada puede ir y venir cuando quiera. No te 
preocupes, saben que no deben venir aquí hasta nuevo aviso. 
Ella salió del auto una vez que él lo detuvo. 
—¿Estás asombrada? ¿Pensaste que vivía en un lugar 
pequeño? —preguntó él, acercándose a ella. 
—Estaba pensando en una cabaña en algún lugar de los 
bosques. Ni siquiera me imaginé esto. 
—¿Hace que mi reclamo de apareamiento sea más 
atractivo? —preguntó él. 
Ella se giró para mirarlo. —No soy una buscadora de oro, y 
no pretendo reclamar nada 
—No dije que lo fueras. A veces, a las lobas les gusta ver 
que se las puede cuidar. ¿A tu loba le gusta lo que ve? —Se 
42 
 
detuvo justo detrás de ella con la palma de su mano apoyada 
ligeramente sobre su espalda. 
Dawn hizo una pausa mientras escuchaba a su loba. 
—No, no creemos que seas un mejor partido ni nada por el 
estilo. Nos preocupa lo que significa que seas dueño de esta 
gran casa. 
—¿Por qué significaría algo? 
—Te sorprendería lo peligrosas que son las casas y los 
hombres grandes. —Ella miró hacia la casa sintiéndose… ¿feliz, 
segura? Dawn no sabía en qué emoción confiar o saborear. 
Daniel no la lastimaría. Había sido su Dom durante un año y 
nunca la asustaba. Si que la ponía nerviosa, pero nunca 
asustada. 
—Voy a conocer todos esos secretos que estás escondiendo 
—dijo él. 
—No son secretos. —Son solo recuerdos de una época que 
me gustaría olvidar. 
Se inclinó más cerca. Sintió su aliento en la mejilla. Su 
cuerpo se tensó con el calor de él. Por dentro, su loba comenzó 
a gruñir, queriendo acercarse un poco más a su cuerpo. ¿Cómo 
sería desnudarse y darse la vuelta? ¿Correr con él en la 
naturaleza del bosque sin que nadie escuchara sus 
pensamientos? Había dejado de correr por los bosques en casa 
porque la conexión de la manada les permitía acceder a sus 
pensamientos si estaban lo suficientemente cerca. Todos 
sentirían repulsión por ella si supieran la verdad. No tenía 
43 
 
ninguna duda de que la habrían expulsado como si no existiera 
en el mundo de sus padres. 
—Siempre hay secretos en este mundo, mascota. —Le dio 
un beso en la mejilla y, por primera vez, ella quedó encantada 
con su toque. Nadie se había tomado el tiempo de tocarla, 
abrazarla, tranquilizarla. 
Todos los pensamientos sobre su madre quedaron 
bloqueados. 
—No tengo ninguna muda de ropa —dijo, girándose para 
mirarlo. 
—No necesitas ropa. Estamos solos y así nos quedaremos. 
—Él tomó su mano y la llevó por los múltiples escalones para 
llegar a la puerta principal. Ella lo vio sacar un juego de llaves 
y comenzar a abrir la puerta grande. 
—¿No tienes otros Alfas tratando de apoderarse de tu 
territorio? —preguntó ella. 
—No. Trato a todas las manadas con el respeto que se 
merecen y exijo que me traten igual. 
Su padre no permitía que ninguna otra manada caminara 
por su territorio. Si un lobo de otra manada caminara por su 
tierra, él le daría una paliza. Se había cansado de ver mendigar 
a hombres y mujeres. Si era una mujer, su madre daba la paliza 
ya que su padre no creía en lastimar a una mujer. Su madre 
nunca tenía problemas para causar dolor. 
—Vienen a mí pidiendo permiso para entrar en mis tierras 
y se los concedo. No provoco peleas innecesarias. A mi manada 
44 
 
le gusta vivir al aire libre sin miedo a que otros se acerquen. Me 
aseguro de que estén todos cuidados. —Daniel encendió una 
luz cuando ella entró en su casa. 
La puerta se cerró y el sonido resonó por toda la vieja casa 
como si fuera una señal de que la perdición se acercaba. 
¡Estamos atrapadas! 
No podía salir de esta casa hasta que Daniel estuviera 
satisfecho. ¿Sería tan difícil estar de acuerdo con su afirmación 
de ser su compañera? Realmente no sabía qué pensar sobre su 
afirmación. Dawn estaba dividida en dos entre querer su 
reclamo más que su próximo aliento y luego tener miedo de 
aceptar su reclamo. 
Una vez que supiera la verdad, ¿realmente la querría? 
Realmente, ningún hombre quería una asesina como su 
compañera predestinada. 
Ella cortó los pensamientos, mirando a Daniel mientras él 
se giraba hacia ella. Deslizó los cerrojos en su lugar, 
bloqueándolos dentro de la dominante casa. 
—Por esta noche, no vamos a hacer nada. Vamos a 
disfrutar de una buena comida y bebida, y luego nos iremos a 
la cama. 
—¿Dónde dormiré? —preguntó ella. 
—Donde yo te diga que lo hagas. —Caminó por el largo 
vestíbulo de entrada, girando a la izquierda. Ella apresuró sus 
pasos para seguirle el ritmo. Teniendo en cuenta la antigüedad 
de la casa, los aromas eran dulces y encantadores. 
45 
 
Quienquiera que viviera aquí era feliz. La casa olía a 
felicidad, a paz. Era un olor tan extraño de tenerlo en la casa. 
Corrió hacia él, siguiéndolo a través de tres habitaciones más 
antes de llegar a la cocina. 
—La casa tiene varias habitaciones para la manada. 
Pueden visitar y cuando lo hacen me gusta que se sientan como 
en casa. Desafortunadamente, con los lobos hay peleas. Tengo 
cuatro salas de televisión, así que no hay pelea por el control 
remoto o lo que miran. —Ella se rio entre dientes, imaginando 
una discusión subiendo de tono con la vista puesta en el mando 
a distancia. Lobos despiadados, atacándose unos a otros sólo 
porque no querían ver un programa de televisión. —Puedes reír 
todo lo que quieras. Ha sucedido. 
Él entró en una gran cocina. Ella se detuvo para admirar la 
habitación, que estaba ambientada en un estilo rústico antiguo 
con un fregadero de porcelana. La isla del centro era grande, 
pero entraba mucha gente sentada para ayudar. 
—Una vez más, la cocina es lo suficientemente grande para 
toda la manada. 
—¿Cómo se mantiene limpio este lugar? —preguntó ella. 
—Tengo una loba que es un poco obsesiva cuando se trata 
de limpiar. Ella se asegura de que todo esté limpio cuando viene 
de visita. Además, hago que la manada limpie después lo suyo. 
No permitiré ninguna mierda por ahí porque sean demasiado 
jodidamente perezosos para limpiar su mierda. —Él se movió 
hacia el refrigerador completamente surtido. Olió la frescura de 
46 
 
las verduras y la carne del interior. ¿Había planeado que ella 
pasara tiempo con él? 
No, él tiene una manada que también necesita comer. 
—¿Cocinas? —preguntó ella. 
—Sí, cocino y de vez en cuando limpio. También hago la 
colada. —Se giró para ofrecerle una sonrisa. 
—¿Estamos en una escena en este momento? —preguntó, 
insegura sobre el protocolo adecuado que necesitaba cumplir. 
—¿Te sentirías más segura estando en una escena? —
preguntó él. 
Ella sacudió su cabeza. —No. 
—Entonces no estamos en una escena. Somos solo dos 
personas, Daniel y Dawn, por esta noche. 
El alivio la inundó. Podía manejar simplemente ser una 
mujer compartiendo una comida con Daniel. 
Compañero. 
Se inclinó para agarrar algo de la nevera y ella miró su 
trasero. Se veía duro y firme. 
—Estás mirando mi trasero—dijo él, sonriendo mientras se 
giraba hacia ella. 
—No lo estoy. 
—No te preocupes, Dawn, no te pondré sobre mis rodillas. 
Vio que se estaba burlando de ella y no pudo evitar 
sonreír. —Me gusta la idea de estar encima de tus rodillas. 
Él se rio, echando la cabeza hacia atrás. 
47 
 
Sí, ella podía soportar estar a solas con él durante unos 
días. 
 
48 
 
Capítulo 4 
Daniel empezó a cortar el pollo y con cada inhalación olía a 
Dawn sentada en la isla. Olía a cítricos dulces, a algo adictivo 
que él quería oler una y otra vez. Se lavó las manos antes de 
caminar hacia la despensa. Daniel tomó las especias y los fideos 
que necesitaba para terminar la cena. 
—¿Quieres una bebida? —preguntó él, esparciendo los 
ingredientes por un lado. 
—Seguro. 
Le pasó un refresco de la nevera. Ella tomó la lata de sus 
manos. Sus dedos se tocaron y él no quería dejarla ir. 
Apartando su atención de ella, comenzó a cocinar. 
—¿Te gustaría algo de ayuda? Me encanta cocinar —dijo, 
de pie junto a él. 
—¿Te encanta cocinar? 
—Sí, y hornear, pero mis caderas protestan un poco por 
eso. —Apoyó una mano en su cadera. 
Mirando a lo largo de su cuerpo, Daniel no pudo encontrar 
una sola razón para quejarse de la mujer frente a él. Era sexo 
con piernas, y él no la cambiaría por nada del mundo. 
49 
 
—Eres perfecta y no dejes que nadie más te diga lo 
contrario. —Extendió la mano para tocar su mejilla. Le sujetó 
la mandíbula y le pasó el pulgar por sus labios regordetes. —
Eres hermosa, y me importa un carajo lo que piensen los 
demás. Eres perfecta. —Se inclinó más cerca, rozando sus 
labios contra los de ella. 
Ella jadeó pero no se apartó. Él la miró detenidamente 
mientras se burlaba de sus labios con la lengua. 
Ninguno de los dos dijo una palabra mientras él se 
deslizaba lentamente dentro de su boca, encontrando su lengua 
con la suya. Envolviendo su otra mano alrededor de su cintura, 
la atrajo hacia su cuerpo, gimiendo al sentir sus curvas junto a 
las suyas. Ella era la perfección en sus brazos. No quería 
dejarla ir nunca. 
Ella encontró su lengua con la suya. Bailaron juntos, 
profundizando el beso, y Daniel olió el calor de apareamiento 
saliendo de él. Quería estar dentro de ella con su coño 
abriéndose bajo él. 
Se apartó de ella antes de que la necesidad de aparearse se 
hiciera cargo y no fuera capaz de controlar sus acciones. 
—¿Porque te detuviste? —preguntó ella. Sus manos 
estaban sobre sus hombros, agarrándolo. 
—Si no nos detenemos, no podré evitar lo que suceda a 
continuación. Necesito reclamarte, Dawn. Eres mi compañera 
incluso si no te gusta la verdad o no la crees. Hay un límite de 
50 
 
lo que puedo soportar antes de hacer algo de lo que me 
arrepienta. 
Ella le soltó los hombros. —Lo lamento. 
—No lo hagas. Quiero demostrarte que estamos 
emparejados. No voy a hacer nada para destruir esa confianza. 
—Su polla protestó contra la parte delantera de sus 
jeans. Joder, la ansiaba. Todo lo que quería hacer era inclinarla 
sobre la isla de la cocina y follarla sin nada 
interponiéndose. Ella estaba excitada por él, lo que le daba 
cierto placer. —Empieza a marinar la carne. 
Dawn agarró las tiras de pollo y las agregó a un tazón 
mientras él comenzaba a agregar las especias a la mezcla. Se 
rieron cuando él puso la mayoría de las especias en sus manos 
en lugar de la carne. La escuchó reír, amando el cambio dentro 
de ella. En Kinkster siempre era un poco retraída. Dentro de su 
casa, estaba comenzando a abrirse y florecer. Si le daba 
suficiente tiempo, ¿estaría de acuerdo con su reclamo? Su lobo 
no podía aguantar más. 
—Bien, Chef, estoy preparando el pollo. ¿Qué hay que 
hacer? —preguntó ella. 
Sus ojos brillaban con humor. Encantado, le dio un beso 
en la nariz y luego se giró hacia las hornallas. Puso una olla a 
hervir agregando fideos para el pollo. Empezaron a hervir y los 
revolvió. 
Dawn se lavó las manos y se paró junto a él mientras se 
calentaba el aceite. Juntos, trabajaron en equipo para hacer la 
51 
 
comida. Ella añadía la comida mientras él la revolvía con una 
cuchara. 
Ninguno de los dos habló, pero su mirada captó sus 
pezones duros y erectos. Una vez más, su polla comenzó a latir 
con fuerza ante la vista. La visión de ella desnuda en su cama 
no dejaría su mente. 
Confianza, se trata de generar confianza. 
Durante los siguientes diez minutos cocinaron la cena y el 
aroma del pollo picante llenó el aire. Su estómago rugió con la 
necesidad de alimentarse. 
Sentados uno al lado del otro, comieron en un cómodo 
silencio. 
—Esto está increíble —dijo, haciendo girar unos fideos en 
su tenedor. —Tú sí sabes cómo cocinar. 
—No habrías pensado eso en mi primer intento de fideos 
con pollo picante. Vomité durante tres días. 
Ella se rio entre dientes, tapándose la boca mientras lo 
hacía. —Estás bromeando. No te creo. 
—No cociné el pollo correctamente. Te digo que fueron los 
peores días para mí. 
—Está bien, puedo creer eso. —Limpiaron su desorden y él 
guardó las especias. Cuando terminaron, la condujo fuera de la 
cocina y se dirigió hacia las escaleras. 
—Te daré el gran recorrido mañana. Por ahora, creo que 
será bueno si duermes bien por la noche. —Él tomó su mano, 
52 
 
apretando los dientes mientras su lobo comenzaba a caminar 
dentro de su mente. Su lobo sabía lo que quería, y era a Dawn. 
Ella lo siguió escaleras arriba, y él decidió quedarse en el 
primer piso en lugar de subir al dormitorio principal en el 
quinto piso. El espacio del ático era grande y él guardaba 
muchas de las pertenencias de sus antepasados allí. Abrió la 
puerta al final del largo pasillo que estaba junto al suyo. 
—Aquí es donde te quedarás. —Encendió la luz y dejó al 
descubierto la gran cama con dosel de encaje blanco que 
colgaba de cada poste. —Aquí está el armario. —Abrió el gran 
armario, mostrándole el interruptor de la luz para encenderlo. 
Había un par de camisetas y jeans. Tenía una tendencia a 
comprar ropa para su manada para cuando la necesitaran. 
Daniel le mostró el baño y luego abrió las puertas dobles que 
daban a la pequeña terraza que daba al jardín. —Por la mañana 
puedes ver el amanecer y es una vista realmente hermosa. —
Cerró las puertas, las bloqueó y corrió las cortinas de las 
ventanas. —Aquí es donde dormiré. —Abrió la puerta de enlace 
y encendió las luces. 
—¿Cómo es que no tienes ninguno de esos dispositivos para 
encenderse al aplaudir? Mi papá los instaló en nuestra casa —
dijo Dawn. —Lo hace mucho más fácil el solo aplaudir. —dijo 
aplaudiendo. 
—Los instalé, pero mi manada es, eh, muy activa con el 
sexo. Las luces seguían encendiéndose con sus cuerpos 
golpeándose mientras follaban. Me pidieron que volviera a esto. 
53 
 
—Pulsó el interruptor dejando que las luces se apagaran y luego 
se encendieran. 
Ella rio. —Puedo entender por qué lo cambiaste. 
—Si me necesitas por la noche no dudes en venir a 
verme. Estaré feliz de verte. —Cerró la distancia entre 
ellos. Dawn inclinó la cabeza hacia atrás y él miró hacia la 
belleza de sus ojos marrones. —Mañana hablaremos de ti y 
descubriremos cuál es tu nivel de dolor. 
—No creo que sea una buena idea. 
—Empezaremos con una carrera. Faltan un par de 
semanas para la luna, pero salir a correr puede ser igual de 
divertido. —Dejó caer un beso en sus labios. —Buenas noches, 
Dawn. 
Ella dio un paso atrás, cerrando la puerta detrás de sí. 
Nuestra compañera está en la habitación de al 
lado. Reclámala, fóllala, tómala. 
Ignoró al lobo dentro de él, tomando una respiración 
profunda para calmar su cuerpo. No iba a ir a ninguna parte 
para poner en peligro a su mujer. 
Alejándose del olor de ella que acechaba detrás de la 
puerta, entró al baño y cerró la puerta. Agarró una cerilla y la 
llevó a la vela de lavanda que tenía a mano para cuando 
necesitaba enfocar sus pensamientos y sentidos. La lavanda 
ayudaba a calmar al lobo dentro deél. 
La bestia dentro de él se calmó, finalmente escuchando la 
razón mientras respiraba profundamente. 
54 
 
Ella necesita confiar en nosotros. 
No quería una compañera que estuviera con él por 
obligación. La compañera que quería para él no estaría allí 
porque tuviera que hacerlo. Quería que Dawn se enamorara de 
él, que estuviera con él porque era una devota compañera. 
El hecho de que a ella le gustara que la dominaran aliviaba 
sus pensamientos. Uno de sus mayores temores había sido 
encontrar una mujer que no compartiera su necesidad de 
perversión. Pero ella no solo era sumisa, sino que le gustaba el 
dolor. Lo que Dawn no sabía era que a él le gustaba dar dolor 
siempre que no fuera del tipo que afectara emocional o 
mentalmente a la mujer con la que estaba. 
Toma un respiro y profundiza en eso mañana. 
*** 
Deslizándose bajo las mantas, Dawn miró al techo. Frunció 
el ceño al ver el espejo encima de ella. Pervertido. Debajo de las 
mantas de seda, no llevaba ni una prenda de ropa. Agarrando 
el borde de la manta, se miró a sí misma preguntándose qué 
demonios estaba haciendo. En su casa, con el resto de la 
manada, su habitación era la mitad del tamaño que en la que 
se estaba quedando. No se había mudado de su casa ya que la 
manada no lo aceptaría hasta que encontrara a su 
55 
 
compañero. Su padre no confiaba en ella sola, así que se 
quedaba con él y su madre. 
Se estremeció al pensar en su madre. 
No pienses en ella. 
Dejando a su madre a un lado, se concentró en cambio en 
el hombre en el dormitorio contiguo al de ella. Él no iba a dejar 
que ella se escondiera. Era más fácil esconderse de la manada 
en casa. Su padre era el único de toda la manada que exigía su 
presencia en la cena o durante una carrera. Rara vez se 
convertía en lobo a pesar de que él le pedía que estuviera allí. Su 
padre la amaba; su madre la despreciaba. ¿Y Daniel? No sabía 
lo que Daniel sentía por ella. Hubo momentos a lo largo del año 
en los que pensó que él cruzaría la línea y tomaría lo que 
quería. Pero nunca lo hizo, y su confianza en él comenzó a 
construirse. 
Él es nuestro compañero. 
¿Valía la pena seguir discutiendo con él? No podía confiar 
en sí misma para estar cerca de él. Su búsqueda del dolor la 
había puesto en situaciones aterradoras. Otros hombres con 
los que había estado la consideraban un fenómeno. No había 
forma de que pudiera soportar que Daniel supiera la verdad. 
Ella era defectuosa. Apestaba que quisiera a Daniel y, sin 
embargo, estuviera asustada por lo que había hecho en el 
pasado. ¿Qué pensaría él cuando supiera la verdad? 
Mirando su reflejo, una vez más hizo a un lado todos los 
pensamientos negativos, deseando algún tipo de cambio dentro 
56 
 
de ella. Encontrar un compañero debería haber despertado algo 
en su interior, pero todo lo que sentía era un pavor que la 
consumía. Con un compañero, finalmente tendría que aclarar 
quién era. Daniel era un Maestro, pero no era el tipo de maestro 
que ella necesitaba. Él la había azotado, pero era suave 
comparado con lo que ella necesitaba. Parte de ella se 
preguntaba si la razón por la que no podía sentir dolor era 
porque los hombres con los que había estado no la lastimaron 
lo suficiente. La imagen del hombre que la había dejado 
sangrando entró en su mente. No, no puede ser eso. Debería 
haber sentido algo. 
Estás enferma. 
Se quitó la manta del cuerpo y se quedó mirando su 
desnudez. ¿Le repugnaría su aspecto? La comida siempre 
había sido parte de su consuelo cuando sus emociones 
empeoraban demasiado. Le encantaba comer, cocinar y 
comer. Sus piernas eran gruesas con un pequeño toque de 
celulitis, pero rara vez usaba algo más que faldas y nunca 
revelaba su piel a nadie. Mantenía su coño desnudo y los labios 
marrones de su sexo brillaban con excitación. El olor de Daniel 
estaba por todas partes en la habitación volviéndola loca de 
necesidad. 
Con sus gruesas caderas, sus grandes pechos y el ocasional 
destello de una estría, en el espejo su cuerpo no se veía tan mal. 
Estaba acostada, así que tal vez la gravedad se estaba 
57 
 
encargando de darle un buen aspecto. Su pelo castaño estaba 
extendido sobre la almohada blanca. 
Compañero. 
No sabía si podía ser tan abierta con Daniel. Él no la dejaría 
esconderse. 
La casa es lo suficientemente grande. Podemos 
escondernos. 
Presionando una mano sobre su rostro, trató de calmar sus 
pensamientos alborotados, deseando que algo sucediera para 
salvarla. 
El recuerdo de su mano azotando su trasero llenó su mente. 
Abriendo los ojos, abrió las piernas e inclinó las caderas para 
ver los labios de su coño abrirse. Se puso de rodillas y bajó las 
cortinas para crear un poco más de privacidad para ella. Se 
acomodó en la cama y observó mientras acariciaba su cuerpo 
con la mano. Se tocó los pezones, tirando de los duros capullos 
marrones hasta que estuvieron erectos y empujándose hacia 
arriba. 
Deslizó su mano por su estómago, sintiendo los músculos 
de su estómago tensarse por el contacto. 
Dawn presionó un dedo en su clítoris, tocando el capullo 
hinchado mientras se pellizcaba los pezones. Apretó su pezón 
entre sus uñas con la esperanza de sentir al menos algo de dolor 
y no sintió nada. Jadeando, movió las caderas contra su mano. 
¿Qué haría Daniel si la viera ahora? Ella no sabía lo que él 
haría y eso la excitaba tanto como cualquier otra cosa. 
58 
 
Dejando su clítoris, empujó dos dedos en su interior, 
abriendo los dedos para estirarse un poco más. Se mordió los 
labios para contener el gemido que amenazaba con salir. 
—¿Crees que no puedo olerlo? —dijo Daniel. 
Jadeó, retirando su mano y aflojando el agarre de su 
pezón. Poniéndose de rodillas, se arrastró hasta el borde de la 
cama y abrió la cortina. Daniel estaba en la puerta entre sus 
habitaciones. 
—Puedo oler y oír lo que estás haciendo. No te di permiso 
para jugar contigo misma. 
Estaba completamente desnudo. Su polla estaba dura 
como una roca y sobresalía frente a él. Su tamaño de hizo que 
se le secara la boca. No había forma de que encajara dentro de 
una mujer y fuera cómodo. 
—Lo lamento. 
—No, no lo haces. Si querías tocarte, deberías haber venido 
a mí para pedirme permiso para hacerlo. 
—No sabía que estábamos en una escena. 
Daniel suspiró. —No estamos en una escena, 
Dawn. Necesitas algunas reglas estrictas en tu vida. Mantienes 
todo al alcance de la mano, escondiéndote detrás de tus muros 
de escarcha y depresión. —Él se cruzó de brazos y la miró 
fijamente. —Esto no puede esperar hasta la mañana. Vamos a 
tener esta discusión ahora. —Se quedó de pie frente a ella, sin 
hacer ningún movimiento para ponerse algo de ropa. 
59 
 
—¿Puedes vestirte, por favor? —Eso le daría tiempo para 
agarrar una bata y no estar completamente desnuda frente a él. 
—¿Para que puedas esconderte de mí? No lo creo. —Se 
quedó donde estaba. —Nos vamos a ver desnudos. No veo 
porque no debería ser ahora. 
—Es fácil para ti decirlo. Eres como un dios mientras yo 
tengo grasa. 
La fulminó con la mirada. —¡Bájate de la cama ahora! 
Su voz se hizo más profunda. Dawn lo miró y se preguntó 
si podría simplemente volver a la cama y dormir sin que él le 
diera órdenes. 
—No me desobedezcas, Dawn. Estaba dispuesto a esperar 
hasta mañana y todo lo que has hecho es ponerme a prueba. No 
me gusta que me pongan a prueba. —Se quedó quieto incluso 
mientras su voz viajaba por la habitación. El Alfa dentro de él 
le erizó los pelos por todo el cuerpo. Su clítoris se hinchó ante 
la orden dentro de su voz. Lentamente, manteniendo la cortina 
frente a ella, se bajó de la cama. 
—Suelta la cortina. No te escondas de mí. —Caminó hacia 
la puerta y encendió la luz, iluminando toda la habitación. Ya 
no había más escondites. Él se había asegurado de eso. 
—Esto es injusto. 
—Injusto es tener a tu compañera predestinada durante 
todo un año negándote. Injusto es quetu compañera se toque 
a sí misma en lugar de venir a su Dom. Ni siquiera empieces a 
60 
 
decirme qué es injusto o no. No te gustará lo que tengo que 
decir. —Él se cruzó de brazos una vez más. 
Su mirada estaba en la de ella, esperando. 
—No puedo hacer esto. 
—Sí, puedes. Si no lo haces, te prometo que habrá un 
castigo severo, uno que no te gustará. 
¿Qué no le gustaría? Había presionado a Daniel durante 
todo el año desde que se habían conocido. Tenía todo el derecho 
a enojarse y castigarla. ¿Hasta dónde llegaría él para 
considerarla castigada? 
La incertidumbre era demasiado para ella. Agarró la cortina 
con fuerza, antes de salir lentamente de detrás de la seguridad 
de ésta. 
Mantuvo la cabeza inclinada y juntó las palmas de las 
manos en un intento de controlar sus temblores. Dejar que un 
hombre la viera desnuda le costaba mucho esfuerzo. Estaba 
acostumbrada a levantarse la falda y que el hombre le chupara 
los pezones a través de la camiseta. Toda su vida sexual era 
espantosa. El único hombre que la había visto desnuda estaba 
muerto. Había dejado que él la lastimara de la peor manera 
posible. 
—Mírame, Dawn. 
Al mirarlo, no sabía lo que esperaba encontrar. ¿Perdería 
su erección? ¿Mostraría alguna señal de que odiaba lo que veía? 
De nuevo, estaba en un territorio extraño para sí misma. 
61 
 
Su polla permaneció dura como una roca. No se había 
desinflado ni se había vuelto flácida al verla desnuda. 
—¿Qué esperabas ver? —preguntó él. No hizo ningún 
movimiento para tocar su polla. 
—¿Qué quieres decir? 
—No te hagas la tonta. No soy estúpido. Veo en tus ojos que 
esperabas algo de mí. ¿Qué? 
El deseo de mentir la golpeó de nuevo. 
No le mientas. Él lo sabrá. 
—No esperaba que estuvieras duro. 
—¿Por qué no estaría duro? 
Ella miró fijamente la punta de su polla. Estaba brillando, 
excitado. 
—Mírame —dijo, soltando las manos para que no cubrieran 
ni un centímetro de ella. —No soy hermosa. Como demasiado y 
tú eres perfecto. Deberías ser modelo o algo así. 
Sus brazos permanecieron cruzados sobre su pecho. 
Ninguno de los dos dijo una palabra. Él siguió mirándola. Había 
algo en su mirada que ella no podía identificar. —Ponte de 
rodillas —dijo él. Las palabras fueron pronunciadas 
lentamente, con amenaza, sin dejar lugar a dudas que estaba 
enojado. 
Mierda, ¿qué había hecho? 
 
62 
 
Capítulo 5 
Daniel estaba enojado con su falta de autoestima. ¿No 
sabía lo hermosa que era? 
—¿Qué? —preguntó ella. 
—Ponte de rodillas. No me hagas repetirme. Vamos a lidiar 
con esto de la única manera que sabes. —La vio luchar con su 
demanda. No había forma de que tuviera la intención de 
ayudarla. En el momento en que había olido su excitación 
pensó que estaba perdiendo la cabeza. Cuando la escuchó 
gemir, se enojó. No dejaba que la tocara íntimamente y, sin 
embargo, hacía todo lo posible para satisfacerse. ¿Cuántas 
veces lo había dejado en un estado de excitación mientras se 
ocupaba de sus propias necesidades? No había estado con otra 
mujer desde que ella entró en su mundo. 
—¿Daniel? 
—No. Para ti no soy Daniel. Me llamarás Señor o Maestro, 
no me importa cuál. Iba a hacer esto lentamente para que 
confiaras en mí, pero vamos a empezar ahora. Eres mi sumisa. 
Por las mañanas te levantarás a las siete, irás al baño y me 
estarás esperando a las siete y media junto a tu cama. Te espero 
63 
 
de rodillas, lista para servirme. —Dio un paso más cerca. Dawn 
estaba de rodillas, con la cabeza inclinada en la pose perfecta. 
Había algo en una mujer sumisa en esa pose que lo 
excitaba. Su polla estaba sufriendo al punto del dolor. El olor 
de su excitación llenaba el aire. Su lobo no quería hacer nada 
más que reclamar su derecho. Pero Daniel se aseguró de 
mantener el completo control. 
—Desayunarás conmigo. Entrenaremos juntos y tú te 
convertirás en mi sumisa. Durante el próximo mes voy a 
demostrarte que eres mi compañera. —La agarró por la barbilla 
cuando ella comenzó a negar con la cabeza. Obligándola a 
mirarlo, la miró a los ojos. —Eres mi compañera, Dawn. Con el 
tiempo verás la verdad. Vamos a llegar al fondo de esos secretos 
que has mantenido ocultos. 
—No sabes lo que estás haciendo. 
—Nena, he sido un Dom por más de diez años. Tengo más 
experiencia con pequeñas sumisas obstinadas que tú con 
Doms. No eres más que un bebé comparado conmigo, y te lo voy 
a demostrar una y otra vez. —Ella dejó de luchar contra él. Sus 
dientes se mordieron el labio. —Detente. —Le sacó el labio de 
entre los dientes. —Crees que sabes lo que es el verdadero 
dolor, pero no tienes idea de lo que realmente te pasa. No te 
preocupes. Puedo ocuparme de ti. 
Se agachó, agarró su brazo y la atrajo hacia su cuerpo. 
64 
 
Ella luchó contra él, y él siguió abrazándola. Su excitación 
se intensificó. Ella no gritó ni una sola vez para que se detuviera 
o le dijera que no. 
Empujándola contra la cama, agarró sus manos 
presionándolas sobre la cama, sosteniendo sus dos manos en 
una de las suyas. A su mano libre la deslizó por su cuerpo. 
—Podrías haber venido a mí y yo sabría exactamente qué 
hacer para liberarte. 
Ella se rio, el sonido fue áspero y amargo. —Serías el primer 
hombre. 
Él sonrió. —Ningún otro hombre te ha llevado jamás al 
orgasmo. Nena, te espera un regalo. Dar orgasmos a las 
mujeres es una habilidad que aprendí temprano. —
Inclinándose, chupó su apretado pezón marrón con la boca. No 
le dio tiempo para acostumbrarse a su toque, mordiendo el duro 
brote. 
Dawn gritó, arqueándose contra su agarre. Su fuerza no era 
rival para la de él. Manteniendo sus manos en la cama, 
presionó una palma contra su estómago manteniéndola en el 
lugar mientras torturaba el capullo más cercano a él. 
Aun así, ella no le rogó que se detuviera ni le pidió que fuera 
suave con ella. Ella gritó de placer. Claramente, el dolor la 
excitaba aún más. Su olor almizclado llenó el aire, haciendo que 
su boca se hiciera agua y su polla latiera con la necesidad de 
estar dentro de ella. No se la estaría follando esta noche. No, se 
ocuparía de las necesidades de su mujer antes incluso de 
65 
 
ocuparse de las suyas. Daniel no lidiaría con su propia 
excitación hasta que estuviera a puerta cerrada. 
Le dio un golpecito en el pezón, miró hacia arriba de su 
cuerpo y vio que sus ojos se cerraban con fuerza. Alejándose del 
capullo, lo sopló. Su pezón se apretó y ella jadeó. Se inclinó 
sobre su cuerpo e hizo exactamente lo mismo con el otro. Una 
vez más, ella luchó contra él, permaneciendo con los labios 
cerrados salvo para jadear o gritar. Él apretó su pezón, 
mordiéndolo hasta el punto de estar a punto de romper la piel. 
Los lobos tenían un umbral de dolor más alto y podían 
soportar mucho más dolor que la mayoría de los humanos. 
Dawn le estaba mostrando que algo había cambiado en su 
interior durante su primera transición a loba. Incluso los lobos 
a los que les gustaba el dolor protestarían un poco. 
No había nada proveniente de Dawn. A él le gustaba dar 
dolor y castigar a su mujer, pero sacar sangre no era lo que 
esperaba hacer. 
Daniel necesitaba saber qué le había sucedido durante su 
transición. 
—Por favor —dijo ella, suplicándole. 
—No me supliques, mascota. Tuviste la oportunidad de 
mendigar. Ahora eres toda mía y obtienes lo que te doy. —
Cambió su atención entre sus dos pechos, mordiendo y 
chupando los duros capullos en su boca. 
Se sentó a horcajadas sobre su cintura para acercarse a 
ella. Ella se arqueó contra él. A lo largo de todo, su excitación 
66 
 
solo aumentó, contándole más sobre ella. La loba dentro de ella 
tarareaba en aprobación. A ella le agradaba y quería el 
apareamiento. 
Cuando se transformaran, él podría escuchar sus 
pensamientos y conocer algunos de sus secretos. Se preguntó 
qué tendría que hacer para que ella aceptara cambiar con él. 
Moviéndose fuera de su cuerpo, pasó los dedos por su 
cuerpo paradescansar en su coño desnudo. Los labios de su 
sexo estaban empapados por su excitación. Deslizando su dedo 
a través de su hendidura húmeda, le pellizcó el clítoris, 
causando más dolor. 
Lentamente, se movió hacia abajo para presionar dentro de 
su coño. Las paredes de su coño se apoderaron de sus dedos, 
rogándole que se quedara dentro de ella. Bombeando sus dedos 
dentro y fuera de ella, le chupó los pezones. 
Ella se retorció debajo de él, empujando su pelvis hacia su 
toque. 
Se tomó su tiempo para torturarla, extrayendo su placer. 
Dawn estaba tan cerca del orgasmo. Retiró la mano de su 
coño y se lamió los dedos. 
—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella. 
—Estoy probando a mi compañera. —Lamió su crema 
amando su sabor, como sabía que lo haría. —Como pensaba, 
sabes perfecta. 
Ella gimió. —Por favor, Señor, tócame. 
 
67 
 
—¿Estás cerca de correrte? 
—Sí. 
—Veremos qué tan cerca estás. Mantén tus manos sobre tu 
cabeza. Si las mueves te castigaré. —Se aseguraría de que 
estuviera atada mientras dormía para que no pudiera tocar su 
coño. Había más formas de castigar a una pequeña sumisa sin 
ponerla sobre la rodilla y azotarla. Como le había dicho, tenía 
más experiencia con pequeñas sumisas obstinadas que ella con 
Doms. 
Le soltó las manos y mantuvo la mirada fija en ella. —
Pruébame, Dawn, y te arrepentirás. 
—No lo haré, Señor. 
—Bien. —Deslizándose hasta el suelo, ahuecó sus tetas, 
sintiendo las puntas redondeadas llenar sus palmas. Eran tan 
grandes que no podía sostenerlas en sus manos. Pellizcó ambos 
pezones juntos. Las piernas de Dawn se abrieron, revelando su 
coño cremoso a su mirada. 
Cerrando la distancia entre ellos, chupó su clítoris en su 
boca. 
Ella gritó, sacudiéndose en la cama. Sus manos no lo 
tocaron. 
Él pellizcó sus pezones un poco más fuerte, frotando las 
protuberancias después, mientras chupaba, mordía y golpeaba 
su clítoris. 
 
 
68 
 
Su crema estaba empapando su barbilla, y se la bebió. 
—Pon tus piernas sobre mis hombros —dijo él, esperando 
que ella hiciera lo que le ordenó. Sus piernas se abrieron un 
poco más. 
Presionando su lengua en su coño, deslizó su lengua hacia 
arriba para rodear su clítoris. Usó sus uñas para pellizcar sus 
pezones al mismo tiempo que mordía su clítoris. El dolor junto 
con el placer debieron haberla provocado porque gritó su 
liberación, llenando su boca con su jugo. 
Él gruñó, bebiéndola, amando su sabor. Ella frotó su coño 
por todo su rostro. 
Cuando terminó, se subió a la cama sonriéndole. Daniel no 
se limpió los jugos de la barbilla. 
—Métete en la cama y recuerda mis reglas mañana. 
—¿Qué hay de ti? —preguntó ella. 
Él le dio una palmada en el trasero cuando ella comenzó a 
meterse en la cama. —Me ocuparé de mí mismo. Las pequeñas 
sumisas obstinadas no pueden tocar mi polla. —Caminó hacia 
la puerta de comunicación abierta. Antes de cerrarla, se giró 
para mirar a Dawn. —Recuerda, Dawn, fui el primer hombre en 
llevarte al orgasmo. Puedo hacer eso todas las noches sin 
esfuerzo. Tu coño es tan jodidamente sabroso. 
Cerrando la puerta detrás de él, caminó hacia el 
baño. Mirando su reflejo, vio el cambio de color de sus ojos. Su 
lobo estaba cerca de la superficie. Se metió en la ducha y abrió 
69 
 
el agua helada esperando que la temperatura solucionara su 
problema. 
El agua caía en cascada sobre su cuerpo haciendo poco 
para aliviar el dolor que el cuerpo de ella le había causado. 
Envolviendo sus dedos alrededor de su polla, gruñó. El sabor 
de su coño había sido exquisito. Sería un placer tenerla a su 
lado para amar, reclamar, follar. 
Nuestra. 
No solo iba a reclamar a Dawn, tenía la intención de 
poseerla. Cerrando los ojos, se imaginó su coño marrón 
cremoso, suplicando por su polla. Se vería tan jodidamente bien 
metiendo su polla en su cuerpo. 
Era grande comparado con ella. Daniel tendría que tomarse 
su tiempo para prepararla para tomar su polla. Ella necesitaría 
estar lo suficientemente mojada, resbaladiza, y él tendría que ir 
despacio. 
Le gusta el dolor. 
Quizás no necesitaría ir demasiado lento. Podría trabajar 
con Dawn. Primero, necesitaba derribar esos muros que ella 
había construido alrededor de su corazón y sus emociones. 
Para mucha gente, Dawn estaba aislada, sin emociones, 
deprimida. Sabía que no era el caso. Era imposible que una 
mujer con tanta pasión encerrada en su interior estuviera llena 
de nada. Iba a hacerla salir, aprender cada parte de ella y luego 
mostrarle cómo podía ser ella misma a su alrededor. No tenía 
70 
 
que avergonzarse de someterse a su compañero o de abrazar 
una vida de sumisa. 
Trabajando desde la raíz hasta la punta, Daniel folló su 
puño, gimiendo mientras el placer crecía dentro de él. 
Su semilla brotó cubriendo el suelo de la ducha fría. Vio 
cómo se desvanecía. El orgasmo no se parecía en nada a lo que 
quería sentir, pero una vez que estuviera dentro de Dawn, sabía 
que iba a ser explosivo. 
*** 
Dawn se despertó con la alarma al lado de su 
cama. Frunció el ceño, extendiendo la mano para presionar el 
botón y apagar la maldita máquina. Mirando un momento, dejó 
escapar un gemido. Eran las siete en punto. ¿Quién en su sano 
juicio pondría la alarma a las siete? La injusticia de eso ni 
siquiera era graciosa. 
De repente, el recuerdo de la noche anterior lleno su mente. 
Sentándose en la cama, miró alrededor de la habitación. Las 
cortinas de encaje estaban cerradas aparte de las que estaban 
en la base de la cama, mostrando la puerta que conectaba su 
habitación con la de Daniel. Su corazón se aceleró y su coño se 
inundó con el calor de lo que le había hecho la noche 
anterior. Al mirar sus pezones, vio que estaban levemente 
magullados. Su piel era oscura, sin embargo, veía el morado 
71 
 
apagado del hematoma. Lamiendo sus labios, salió de la cama 
y caminó hacia las puertas. Deslizando la cortina para abrirla, 
jadeó ante la vista del jardín. Había una exhibición de cascada 
enfrente, que se abría al bosque más hermoso. 
Nos advirtió que estuviéramos listas a las siete y media. 
Comprobó la hora y soltó un chillido. Ya habían pasado diez 
minutos. Dawn corrió hacia el baño rápidamente haciendo sus 
necesidades en el inodoro antes de tirar la cadena y luego 
lavarse las manos. Una vez que terminó de lavarse las manos, 
encontró un cepillo de dientes y se lavó los dientes. Se pasó los 
dedos por el pelo con la esperanza de poner algo de orden en 
los mechones. No estaba funcionando. 
Con movimientos rápidos, corrió hacia el dormitorio 
tomando su lugar junto a la cama mientras la puerta que 
conectaba sus dormitorios se abría. La próxima vez pondría la 
alarma antes para tener más tiempo en el baño. Estaba 
desnuda, expuesta y no había tenido más tiempo para 
asegurarse de verse más atractiva en el espejo. Al menos no 
tendría lagañas en las esquinas de sus ojos. 
—Veo que recuerdas lo que te exigí anoche —dijo Daniel, 
poniéndose frente a ella. Llevaba botas con puntera de acero y 
unos vaqueros. Se obligó a seguir mirando al suelo a pesar de 
que quería mirarlo a él. ¿Por qué estaba vestido cuando a ella 
no se le permitía? —Me has complacido al no usar ninguna de 
las prendas del armario. Te quería desnuda, pero me di cuenta 
de que no lo había especificado. Esto me agrada. 
72 
 
 
Deseó haber pensado en vestirse, pero luego le gustó la idea 
de complacerlo un poco más. 
—Puedes mirarme. 
Levantó la cabeza y vio que llevaba una camiseta blanca 
impecable. La decepción la llenó. Le gustaba bastante verlo sin 
camiseta. 
—Buenos días, mascota. —Le tomó la mejilla y le pasó un 
dedo por los labios. —Verte así me agrada. —Soltó su cara y 
pasó junto a ella hasta el cajón junto a la cama. Se quedó 
perfectamente quieta mientras él obtenía lo que quería. 
Segundos después se sentó en la cama. —Voy a cepillar tu pelo 
por ti. 
Le pasó el cepillo por el pelo, tomándose su tiempo. Cuandollegó a los nudos, le sorprendió lo gentil que fue al 
desenredarlos. Su curiosidad por él aumentó. 
—¿Tienes preguntas? —preguntó él. 
—¿Cómo lo supo, Señor? 
—Estás inquieta. He notado a lo largo de este año que te 
inquietas cuando tienes curiosidad, pero por lo demás te 
quedas quieta como una buena sumisa. Haz tus preguntas. 
Estoy listo para escuchar. —Continuó cepillándole el pelo. Le 
encantaba la atención. Su madre no había sido el tipo de mujer 
que se pasaba el tiempo cepillándole el cabello. 
73 
 
—¿Dónde aprendiste a cepillar el cabello, Señor? — 
preguntó ella. Le había dado permiso para hablar, pero se 
acordó de usar su título. Dawn quería complacerlo aún más. 
—He tratado con muchas sumisas. He encontrado a 
muchas de ellas a las que les gustaba este tipo de atención, y 
es una habilidad que aprendí a adquirir. Eres mi compañera, 
Dawn. Haré lo que sea necesario para que te sientas cómoda. 
—Estoy muy cómoda —dijo sonriendo. —Me encanta tu 
toque. 
—¿Alguien se ha tomado el tiempo de cepillar tu cabello? 
—No. —Se quedó mirando al frente, apoyando las manos 
en la parte superior de los muslos. 
—Acostúmbrate a esto. Espero poder cepillarte a diario. 
Ella se rio entre dientes. —Señor, ¿lo de anoche? 
—¿Qué pasa con eso? 
—Quiero disculparme por mi comportamiento. 
—¿Lamentas que te atrapara o lamentas haberte tocado sin 
mi permiso? 
—Ambos. —Lo había oído llegar al orgasmo anoche en la 
ducha. Por primera vez en su vida se había sentido avergonzada 
cuando se trataba de un hombre. Daniel se había ocupado de 
sus necesidades, dándole una liberación como nunca antes 
había sentido, y él mismo se había ocupado de las suyas. 
—¿Qué estás pensando? —susurró él, las palabras contra 
su oído provocando que ella se sobresaltara. —Quiero que 
sepas que haré muchas veces esa pregunta. Espero que me 
74 
 
respondas todo el tiempo. Quiero saber qué estás pensando, 
sintiendo y cómo estás lidiando con nuestra relación. Espero 
total honestidad. 
Ella se humedeció los labios secos. ¿Honestidad? 
De todo lo que había pedido, la honestidad total la asustaba 
más que nada. 
—¿Dawn? 
—Estaba pensando en lo mucho que odiaba no darte placer 
anoche. Nos he mantenido a distancia durante tanto tiempo. —
Las lágrimas llenaron sus ojos mientras pensaba en el vacío del 
año pasado. La única vez que había sentido algo era cuando 
estaba al lado de Daniel. Cuando escuchó por primera vez sobre 
Kinkster, tenía la intención de ir de vez en cuando. Una vez que 
conoció a Daniel y descubrió que él sería su Dom, se aseguró 
de frecuentar el club semanalmente. Sus visitas semanales 
aumentaron a varias veces por semana. Había podido 
contenerse a sí misma a cuatro días a la semana en lugar de 
los siete completos. —Te escuché en la ducha. Quería ir y darte 
placer como me diste a mí. 
El hizo una pausa en cepillarle el pelo. 
—Lo siento, y siento lo del año pasado, Señor. 
Daniel le dio un beso en la mejilla. —Estaba pensando en 
ti. —Terminó de cepillarle el pelo y se puso de pie. —Es hora del 
desayuno. Vamos, nena. —Le tendió la mano para que ella la 
tomara. 
75 
 
Poniéndose de pie, lo siguió. Quería cubrir su cuerpo de las 
posibles miradas indiscretas, pero mientras se dirigía a la 
cocina, notó que no había nadie alrededor. Estaban solos. 
Estaba a salvo de que nadie más la mirara. Daniel le había 
prometido que nadie más estaría en casa, y esto solo le daba 
otra razón para confiar en él. 
Él agarró una toalla pequeña y la colocó sobre una de las 
sillas. —Toma asiento. 
Ella se sentó en la silla. Se le encendieron las mejillas y se 
preguntó si él veía la vergüenza. Si lo hizo, no dijo nada. Apoyó 
las palmas de las manos en las rodillas y miró hacia él. Estaba 
sacando cosas de la nevera. La cafetera ya estaba funcionando, 
llenando la habitación con el delicioso aroma. 
—¿Cómo sabes que somos compañeros? —preguntó ella, 
soltando las palabras. Se llevó una mano a la boca y se 
disculpó. 
Daniel le sonrió. —Tu olor, y mi lobo me está volviendo loco 
diciéndome que te reclame. Sabe lo que quiere hoy, mañana, en 
el futuro. Lo tiene todo planeado. —Él se rio entre dientes. 
Lo vio cortar un melocotón y comenzar a segmentar la 
fruta. También estaba haciendo tostadas. Los olores frescos 
hicieron que su estómago se quejara. En casa, hacía su propio 
desayuno, que generalmente consistía en cereales. Su madre 
no sería atrapada ni muerta en una cocina. Se preguntaba si 
su padre sabía que todas sus comidas eran preparadas por una 
hembra inferior de la manada. Dawn lo dudaba. Su madre no 
76 
 
dejaría que nadie tuviera la oportunidad de decir la 
verdad. Probablemente amenazaba con una paliza. 
Pasaron los minutos mientras él terminaba de preparar el 
desayuno. —¿Tu loba no me reconoce? —preguntó, tomando 
asiento a la cabecera de la mesa. Ella estaba a su lado pero lejos 
de la mesa. Si tuviera que apoyar los brazos sobre la mesa, se 
vería fuera de lugar. 
—Si y no. Es complicado. —Se colocó un poco de cabello 
detrás de la oreja. La silla en la que él estaba sentado raspó 
hacia atrás cuando se puso de pie. El movimiento repentino la 
puso tensa. Agarró una especie de banda y se paró detrás de 
ella. Daniel le recogió el pelo en una cola de caballo. —Amo tu 
cabello, pero no quiero que se interponga en mi camino. Me 
encanta ver tu cara. —Tomó asiento de nuevo, confundiéndola. 
Le ofreció una rodaja de melocotón. Mirando la fruta y 
luego a él, frunció el ceño. 
—Te alimentarás de mis manos —dijo él. 
Inclinándose hacia adelante, chupó la fruta de sus dedos 
tratando de no tocar su piel. Daniel se rio. —He lavado mis 
manos. No vas a contraer ninguna enfermedad. —Durante 
varios minutos le dio de comer diferentes rodajas de fruta, 
sorbiendo su café y leyendo el periódico. La única atención que 
le dedicó fue por la fruta que le ofrecía. 
¿Era ella invisible? 
Agarrándose al borde de su asiento, tomó más 
fruta. Cuando el cuenco estuvo vacío, él les puso mantequilla a 
77 
 
unas tostadas y partió el pan. Una vez más, tuvo que quitarle 
la comida de los dedos. Lentamente, la ira comenzó a disminuir 
para ser reemplazada por consuelo. Le gustaba tomar la comida 
que él le ofrecía en sus manos. La estaba alimentando, 
cuidándola. 
Cuando la comida se terminó, habiendo Daniel tomado 
bastante comida para sí mismo, les sirvió a ambos un café. 
Dobló el periódico arrojándolo lejos de él. 
—Aquí está tu café. Esta demasiado caliente y no quiero 
arriesgarme a quemarte. —Le entregó la taza. Ella la tomó y se 
tragó un poco. 
Él siguió mirándola. 
¿Debería decir algo? 
—Gracias, Señor. 
—¿Dawn? 
—¿Sí, Señor? 
—¿Sentiste lo caliente que estaba el café? —preguntó él. 
Su rostro era una máscara en blanco. Ella no sabía por qué 
estaba haciendo esas preguntas. Mirando fijamente la taza de 
café, frunció el ceño. De la taza salía vapor. Siempre había 
podido beber líquidos calientes. Al ser una loba, podía curarse 
mucho más rápido que los humanos. 
—Erm, no. Sabía bien, ¿por qué? ¿Pasa algo, Señor? —
preguntó ella. 
—No, no pasa nada. —Él le dio una rápida sonrisa antes de 
ponerse de pie. De espaldas a ella, metió el dedo en el líquido 
78 
 
caliente. No hubo dolor. La loba dentro de ella le gruñía. 
Cuando retiró el dedo vio la quemadura, y sin embargo no había 
sentido nada. 
No has sentido nada en mucho tiempo. Esto es lo que has 
estado buscando, la capacidad de sentir dolor. 
Su loba caminaba de un lado a otro, claramente 
angustiada. Puso su mano en su regazo viendo como su piel 
comenzaba a sanar. 
—¿Alguna vez has estado en una pelea? —preguntó Daniel, 
lavando los platos. 
—Realmente no. He visto peleas pero nunca he estado en 
una. 
Se secó las manos con la toalla y se giró hacia ella. —¿Por 
qué metiste el dedo en la taza? —preguntó él. 
Ella jadeó. —¿Como supiste? —preguntó ella. 
—El olor a carne quemada, Dawn. Has comprobadoel 
líquido con el dedo. No está completamente calcinado, sin 
embargo tuviste una quemadura que ahora ha desaparecido. 
Dime por qué no me llamaste o gritaste. 
—Soy una loba. Mi dolor es diferente al de los demás. 
—Los lobos gritan ante las quemaduras, los huesos rotos, 
incluso el dolor por la forma en que te mordí anoche. 
Tragó saliva por el nudo que tenía en la garganta. 
—No sé por qué —dijo ella, frotándose los muslos con las 
manos. —Realmente no sé por qué, Señor. 
79 
 
Mirando su dedo, sintió curiosidad por saber por qué no 
había gritado. Su falta de cuidado había llamado la atención de 
él sobre su secreto. 
Es porque anhelas un dolor que no puedes sentir. Eres una 
enferma, retorcida y necesitas sentir dolor. 
Las lágrimas llenaron los ojos de Dawn mientras miraba a 
Daniel. —¿Te causo repulsión? 
 
80 
 
Capítulo 6 
Poniéndose de rodillas ante ella, Daniel la miró a los ojos y 
vio el miedo brillando en sus profundidades. ¿Cuánto tiempo 
había estado ocultando esta incapacidad para sentir dolor? La 
analgesia congénita era muy poco común en los lobos, pero 
Daniel había oído hablar de ciertos casos en los que los lobos 
eran atormentados o maltratados físicamente durante su 
transición. Alrededor del decimoctavo cumpleaños de un lobo, 
pasaban por la transición que reconfiguraba su cerebro para 
conectarse con sus lobos. El problema con esta condición era 
que en los lobos era más difícil de tratar. Miró su dedo y vio que 
ya se había curado. 
Los lobos lo escondían, y entendía por qué, ya que también 
había oído hablar de manadas que usaban lobos con analgesia 
congénita para luchar hasta la muerte. No necesitaban 
detenerse ni siquiera con los huesos rotos, ya que no lo 
sentían. Sosteniendo la cabeza de Dawn, inclinó su cabeza 
hacia atrás y presionó sus labios con los de ella. Había tantas 
cosas sucediendo en esa cabeza suya que no tenía la menor 
idea de por dónde empezar. Durante el último año, ella le había 
estado ocultando esto. ¿Había estado buscando dolor con la 
81 
 
esperanza de encontrarlo? Debería haberlo visto. Siempre que 
él la azotaba, ella hacía todos los ruidos correctos, pero eran 
mentiras. 
Deslizando su lengua a lo largo de sus labios, saqueó su 
boca probándola. 
Su lobo se abalanzó con ganas de salir, para marcar a su 
mujer y demostrarle que no la odiaban. Estaban enamorados 
de ella. 
Abajo. 
No, tenemos que reclamarla. Ella está sufriendo. Tenemos 
que demostrarle que eso no importa. Ella nos necesita. 
Ahora no. 
Dawn necesitaba que se mantuvieran estables a su 
alrededor. Él se retiró y le dio un beso en la nariz. —Nena, 
nunca me repugnarías. Tengo curiosidad por saber qué pasó en 
tu vida. 
—Seguramente no puedes sentir demasiado de una 
quemadura. 
Él se humedeció los labios, preguntándose qué decir. —No, 
Dawn. No puedo meter el dedo en el café humeante sin que me 
duela. Anoche, te mordí los pezones con bastante fuerza. ¿Lo 
sentiste? —preguntó él. 
—Fue agradable. Mis senos son sensibles. 
Daniel movió sus manos hacia abajo para ahuecar sus 
pechos. Vio el contorno de los moretones. En su piel oscura era 
82 
 
más difícil ver los moretones, pero estaban allí. Pasó un pulgar 
por las puntas y ella jadeó. 
—Sensibles, Señor —dijo ella. 
Asintiendo, Daniel se recostó y miró fijamente su 
cuerpo. Necesitaba hablar con un profesional y la única 
persona que conocía era un médico. 
—Ve a la sala de estar. Voy a terminar de lavar los 
platos. Quiero que te arrodilles junto a la mesa de café y te me 
presentes. —Ella se puso de pie y él la agarró por la muñeca 
antes de que pudiera irse. —Esto no es un castigo, Dawn. —
Presionó su mano contra su polla. —Te deseo. No me repugnas, 
pero me preocupas como lo estaría cualquier otro compañero. 
—No hay nada de qué preocuparse, Señor. —Ella dejó caer 
la cabeza mostrando su sumisión. 
—Déjame ser el juez de eso. —Le dio un beso en la cabeza, 
inhalando su aroma. 
Daniel la vio irse, sacando su teléfono celular. Salió de la 
casa por la puerta que daba al jardín. Marcando el número de 
Jake, esperó a que su amigo respondiera a su llamada. 
—Hola —dijo Jake, gimiendo. 
—Son casi las ocho. ¿Por qué sigues en la cama? 
—Bueno, mi Alfa pateó mi trasero de la casa y no tengo que 
preocuparme por levantarme temprano. 
Él rio. —Necesito que traigas al Doc. 
—¿Qué hiciste? —preguntó Jake. Todos los indicios de 
sueño desaparecieron de su voz. —¿Estás bien? 
83 
 
—Estoy bien. —Miró a través de la cocina. —Dawn no está 
bien, y no, no hice nada. Creo que le pasó algo durante la 
transición. 
—¿Qué? 
—Dawn no puede sentir dolor. 
—¿Cómo es eso posible? —preguntó Jake. —La has estado 
azotando durante el último año. Seguramente ya habrías visto 
algo. 
Escuchó sonidos sobre la línea e imaginó a su amigo 
moviéndose. —Me perdí esto. No sé cómo sucedió, pero le di un 
café esta mañana. Estaba humeante, Jake, y se lo bebió como 
si estuviera frío. Cuando le pregunté al respecto, me dijo que 
siempre bebía líquidos calientes. 
—Eso no es tan extraño. 
—Ella puso su dedo dentro de la taza. Le ardía la piel y no 
emitió ningún sonido. Parecía que lo hubiera puesto en agua a 
temperatura corporal. Además, anoche le causé mucho dolor y 
ella solo jadeó y gritó. Ni una sola vez ninguno de sus gemidos 
provino por sentir dolor. Tampoco parece sorprendida por su 
falta de dolor. Dawn tiene miedo de que me repugne. 
—Alfa, esto es malo. 
—Sé que es malo, pero necesito que traigas al Doc aquí y te 
asegures de que nadie sepa la verdad. 
Jake guardó silencio. 
—¿Qué quieres decirme? —preguntó Daniel. 
84 
 
—Escuché a algunos tipos hablando en el club 
anoche. Hablaban de una especie de pelea de perros o alguna 
mierda. Hay un tipo que no puede sentir dolor y se enfrenta a 
perros en el ring. No sé si era verdad o si estaban 
mintiendo. ¿Crees que puede ser un lobo con el mismo 
problema? 
Daniel maldijo. —No lo sé. Realmente no lo sé. No quiero 
que nadie ponga a Dawn en peligro porque no pueda sentir. 
Mira los chismes y contáctame. Mientras tanto, consigue que el 
Doc venga aquí. Quiero hablar con él y ver qué puedo averiguar. 
—¿Qué pasa si no se puede arreglar? —preguntó Jake. 
—No necesito que la arreglen. Solo necesito mantenerla a 
salvo. 
Jake colgó luego de hacerle saber que no hablaría sobre el 
problema de Dawn. Al entrar en la casa, Daniel volvió a dejar el 
teléfono en la encimera de la cocina. Se pasó los dedos por el 
cabello tratando de concentrarse en Dawn en lugar del miedo a 
lo que podría significar su condición. Si estaba tratando de 
encontrar a alguien que le causara dolor, entonces podría 
haberse encontrado con todo tipo de jodidos enfermos. Había 
hombres, como él, a los que les gustaba causar un poco de 
dolor, sádicos, pero se entrenaban duro para no presionar 
demasiado. 
A algunos hombres y mujeres, sin embargo, no les 
importaba cuánto empujaban. No creían en ningún límite y 
simplemente empujaban. 
85 
 
En su búsqueda por encontrar un sádico, ¿había 
encontrado este tipo de hombres? 
El solo pensamiento lo enfermó. Algo le había pasado, pero 
él no sabía qué. 
Caminó hacia la sala de estar y la encontró en la más 
cercana. Estaba arrodillada en el suelo con sus muslos oscuros 
abiertos para que él viera los labios desnudos de su sexo. Su 
cabeza estaba inclinada en sumisión. Daniel quería tocar su 
cuerpo. Su piel oscura lo llamaba, dejándolo con la necesidad 
de sentirla, de saborearla. 
—Me complaces, mascota —dijo, entrando en la habitación. 
Empujó la mesa de café a un lado y rodeó su cuerpo. Ella soltó 
un pequeño grito ahogado cuando él movió la mesa con 
facilidad. Acariciando su cabeza, miró las curvas de su 
cuerpo. Ella era perfecta. Se sentó en el sofá. —Muévete para 
mirarme. 
Ella se arrastró por el suelo, con la cabeza todavía 
inclinada, pero se acomodó entre sus muslos. Su cuerpo 
desnudo y con curvasestaba a la vista para que él lo tocara. 
Ella no es nuestra todavía. 
Él tomó su barbilla y la obligó a mirarlo. —No puedes sentir 
dolor, Dawn. 
El cambio dentro de ella fue instantáneo. Le sostuvo la 
barbilla mientras ella intentaba apartarse de él. 
—No lo sabes. Pronto ocurrirá. 
86 
 
—Meter el dedo en una taza de líquido humeante me dice 
todo lo que necesito saber. No hiciste ningún sonido. Anoche, 
no respondiste a mis mordeduras. Te excité, pero no te causé 
dolor. 
—Me gusta mucho el dolor. 
Él la miró fijamente, viendo la negación dentro de sus 
profundidades y las mentiras saliendo de su boca. 
—No sé lo que te gusta sentir. Si no puede sentir dolor, en 
ciertos casos, la persona comienza a sentir que necesita 
dolor. No anhelas el dolor, Dawn. Lo estás buscando porque la 
idea de no sentirlo te asusta. —Ella lo miró con lágrimas en los 
ojos. Él soltó su rostro y se estiró para subirla a su regazo. 
Dawn no luchó contra él mientras la acomodaba en su 
regazo. Envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo, 
abrazándola con fuerza contra él para que no pudiera moverse. 
—Vamos a hablar de esto y no vas a discutir conmigo. —
Infundió a su voz el Alfa mientras hablaba. Ella dejó de 
luchar. Los pelos de sus brazos se erizaron para hacerle saber 
que estaba ganando su pequeña disputa. Apoyó una mano en 
su estómago mientras que la otra la colocó en el muslo. —Algo 
sucedió durante tu transición. La mayoría de los lobos jóvenes 
tienen una familia o una manada que se preocupa por 
ellos. Son cuidados durante su transición en su primer 
cambio. Durante ese tiempo, el cuerpo pasa por muchas 
cosas. En casos raros, los cables se cruzan y sucede algo malo. 
—Estaba usando todo su conocimiento para decirle esto. La 
87 
 
única razón por la que necesitaba al médico era para que 
evaluara si había algo que pudieran hacer para evitar que se 
cruzaran los cables. —Estas cosas malas convierten a un lobo 
corriente en alguien que no puede procesar el dolor. Cuando las 
personas descubren su falta de umbral de dolor, se vuelven 
vulnerables a los depredadores. —Se humedeció los labios. —
Tú, que eres una sumisa por naturaleza, estás expuesta a 
hombres o mujeres que quieren jugar con un juguete. Son 
sádicos de la peor clase, Dawn. 
Él miró a su lado y vio las lágrimas que brillaban en sus 
ojos. ¿Cuánto había sufrido ella en los últimos años antes de 
conocerlo? Nadie había mirado lo suficientemente profundo 
como para ver la necesidad que sufría. 
—¿Has lidiado con eso? 
Ella jadeó y giró la cabeza. 
—Nena, no puedo ayudarte hasta que me digas la verdad. 
—¿Cómo sabes que soy así? —preguntó ella, mirándolo. —
No reaccioné al líquido ni a tus mordeduras, pero ¿por qué tiene 
que significar algo? 
—Porque estás un poco rota. Tu loba tiene miedo de confiar 
en ti. —Frotó círculos contra su estómago para calmarla. —La 
única razón por la que tu loba tiene miedo es porque la has 
puesto en una situación que la asustó. No confía en tu juicio, 
lo que la pone nerviosa. Es por eso por lo que no puedes sentir 
la verdad de que soy tu compañero. —Besó un lado de su 
cuello. —Es hora de que te des cuenta de que puedes confiar en 
88 
 
mí. —Presionó otro beso en su cuello. —Estoy aquí para 
quedarme, y no importa lo que digas, siempre estaré aquí. Te 
amo y no te vas a deshacer de mí. —La abrazó con fuerza contra 
él, mostrándole el amor y el cuidado que sentía a través del 
tacto. 
—Te vas a ir —dijo ella. 
—No voy a ir a ningún lado. Es hora de que compartas esos 
problemas. 
Ella no había hablado de su madre ni de ninguna parte de 
su pasado. ¿Hasta dónde se remontaba este abuso? 
—¿Por dónde quieres que empiece? —preguntó segundos 
después. 
—Desde donde te sientas cómoda. 
Permaneció en silencio durante varios minutos, sin 
hablar. Su corazón estaba acelerado, y su loba caminaba al 
acecho. Cálmate, cariño. No la voy a dejar ir. 
—Maté a un hombre humano y limpié el desastre. —Las 
palabras no fueron lo que esperaba y, sin embargo, lo 
fueron. Ella era una loba, apta para ser su compañera. 
—Dime lo que sucedió. —Continuó acariciando su 
cuerpo. —¿Por qué mataste a ese hombre? 
—Me gustaba el dolor, o pensaba que me gustaba el 
dolor. El chico con el que perdí mi virginidad no fue suave ni 
agradable. Me dolió un poco. No sé si dolió o si se suponía que 
debía doler. 
—Lo entiendo —dijo, besando su hombro. 
89 
 
—Fue antes de mi transición. Tenía dieciocho años y quería 
tener sexo como humana. Escuché que algunos lobos no 
podían tener sexo sin cambiar. Si conseguía un compañero 
humano no quería arriesgarme a matarlo, así que decidí tener 
relaciones sexuales antes. Hubo un poco de dolor, pero no tuve 
un orgasmo. Esa fue la última vez que sentí dolor. 
La escuchó hablar y finalmente se abrió a él. Su loba dejó 
de caminar y simplemente descansó, claramente feliz de estar 
confiando en alguien con la verdad. 
*** 
—Después pensé que necesitaba el dolor para correrme. No 
podía disfrutar del sexo de otra manera, así que investigué un 
poco y encontré personas que sentían lo mismo. Antes de mi 
transición, podía sentir dolor y, de repente, desapareció. Pensé 
que tenía que ir a buscarlo. —Dawn se abrió contándole a 
Daniel todo sobre ella. Nunca había pensado que decir la 
verdad la haría sentir segura, pero lo hacía. —El primer club de 
BDSM al que fui era para humanos. No había lobos 
presentes. En la manada de mi padre, no hay relaciones de este 
tipo. Dudo que sepan siquiera que existe. 
—Te sorprendería lo que sucede detrás de puertas 
cerradas, nena. Sucede más de lo que piensas. —Él siguió 
acariciando su estómago y muslo, calmándola. 
90 
 
Su loba estaba relajado, feliz incluso. 
—¿Te fuiste a casa con un hombre? —preguntó Daniel. 
—Sí, fue el primer hombre con el que fui a casa. Pasé el fin 
de semana con él. Él estaba... —Ella dejó de pensar cuando el 
recuerdo la golpeó. —No sé su nombre. Era asqueroso, 
sucio. Me ató a unas cuerdas que salían del techo y me 
mantuvo así durante el tiempo que estuvimos juntos. —Cerró 
los ojos y se estiró para tocar a Daniel. La sensación de su carne 
calmó sus nervios. 
—Estoy aquí, Dawn. No voy a ninguna parte. 
Saber que no la iba a dejar la llenó de alegría. 
—Usaba cuchillos, látigos, cera y, a veces, usaba fuego. Lo 
que hizo no tuvo fin. Hice los ruidos adecuados a pesar de que 
no sentía nada, y solo cuando él empezó a hablar de otra mujer 
que había tenido en el mismo lugar…—Se le secó la boca por la 
crueldad de sus acciones. —Había matado a otra mujer en ese 
mismo lugar. No lo había olido por todas las velas aromáticas y 
lejía que usaba para secar todo. Me habló de cómo la había 
torturado durante días, haciéndole lo que me había hecho a mí. 
—¿Qué pasó? 
—Mi loba se abalanzó. —Levantó la mano para que él la 
viera. —Mi mano se convirtió en las garras de un lobo. Rompí 
las ataduras con tanta facilidad y lo maté. Me gustó, 
Daniel. Era un bastardo asesino y había causado tanto dolor, y 
me gustaba causarle dolor. No soy normal. 
91 
 
Él ahuecó su mejilla, girándola para que lo mirara. Sus ojos 
marrones oscuros la miraron fijamente. —Salvaste a otras 
mujeres. Si no hubieras sido una loba, te habría matado y se lo 
habría hecho a otras mujeres. 
—Pasé tres días limpiando el desastre y deshaciéndome del 
cuerpo. Durante las semanas siguientes pensé que lo único que 
podía oler era su sangre. Cada segundo que pasaba con mi 
manada pensaba que ellos sabían la verdad. Nadie dijo nada, y 
después de un tiempo salí. No me malinterpretes. Hubo 
hombres que intentaron darme lo que quería, pero siempre 
terminaba en rechazo y desastre. —Se secó las lágrimas que 
caían de sus ojos. 
—¿A cuántas personas mataste? —preguntó él. 
—Solo maté a un hombre. 
—El mundo es un lugar espantoso, Dawn. Has tenido la 
mala suerte de encontrarte con hombres que eran malos y no 
sabían cómo manejar tu problema.No todos somos así. —Él 
acarició su cuerpo, tranquilizándola. 
—Eso es. Escuché sobre Kinkster después de mi última 
relación fallida, y te conocí. 
—¿Solo hay un hombre en tu lista? —preguntó él. 
—Sí, ¿no es eso suficientemente malo? —sollozó, tratando 
de secarse las lágrimas. 
—Es malo, pero no es tan malo como pensaba. No sé cómo 
pudiste pensar que me repugnarías. —Siguió tocándola. Su 
loba se relajó, estirándose como si necesitara dormir. 
92 
 
—No crees en la violencia. 
—No creo que la violencia sea la única respuesta. No 
significa que no haya tenido problemas en mi vida antes. Quitar 
una vida nos quita parte de nosotros, Dawn. El hombre al que 
eliminaste, está contigo sin importar qué clase de basura haya 
sido. 
—Quiero que se vaya —dijo ella. 
—No puedo hacer que se vaya. —La giró para que se 
sentara en el sofá. —No has hablado de tu madre. Todo lo que 
me has dicho no habría afectado tu capacidad para sentir 
dolor. Tuviste relaciones sexuales antes de tu transición y eso 
te hizo creer que necesitabas dolor para correrte. No has 
hablado de tu madre ni de tu transición. 
Su madre siempre estaba fuera del tema en lo que a ella 
respecta. —No quiero hablar de mi mamá. 
Daniel le pasó un dedo por los labios. Se acomodó entre sus 
muslos, presionando su cuerpo sobre el de ella. Su loba gimió 
dentro de su mente, inclinándose ante su presencia. —¿Cómo 
se siente tu manada sobre el hecho de que me tengas como tu 
compañera? —preguntó ella, cambiando de tema. 
—¿Ahora finalmente crees que somos compañeros? 
—No puedo negarlo. No muchos hombres tolerarían lo que 
te hice pasar. 
Él sonrió. —Somos compañeros, y con el tiempo verás cuán 
unidos estamos. —Se inclinó, presionando sus labios contra los 
de ella. 
93 
 
Ella cerró los ojos, gimiendo cuando sus labios tocaron los 
de ella. La inyección instantánea de placer la entusiasmó. 
—Abre los ojos, mascota. Tu Maestro lo exige. 
Dawn hizo lo que le pidió, mirándolo a los ojos marrones. —
Mi manada quiere que yo sea feliz. Estar cerca de ti, incluso con 
las bolas azules que me has dado, me da placer. —Frotó su 
nariz contra la de ella y luego la acarició para inhalar el aroma 
de su cuello. —¿Sientes placer? 
—¿Qué quieres decir? —Ella se arqueó ante su toque, 
queriendo tocarlo. 
—Anoche, ¿tuviste un orgasmo o fue todo una mentira? —
preguntó él. 
—No, siento placer. Anoche no fue mentira. Te di todo lo 
que soy. No me escondo de los sentimientos físicos. Intenté 
sentir dolor, lo busqué y siempre termino decepcionada. —No 
mentiría acerca de experimentar su primer orgasmo verdadero 
con su compañero. 
—Entonces sabemos que puedes sentir placer tanto como 
cualquier otra persona. Esas son buenas noticias, cariño, 
realmente buenas noticias. —Le chupó el lóbulo de la oreja y 
ella jadeó cuando se le puso la piel de gallina en los brazos. El 
placer fue repentino, impactante por la intensidad. —El único 
problema es tu incapacidad para sentir dolor. 
—¿Realmente importa? —preguntó ella, extrañando la 
sensación de sus labios sobre los de ella. 
94 
 
—Sí, importa. No quiero que nadie te tenga. Eres toda mía 
y soy un bastardo egoísta cuando quiero algo. —Le apartó un 
poco de pelo de la cara. —¿Aceptas mi reclamo? 
Ella lo miró a los ojos. Su loba esperaba su respuesta. 
—Sí, acepto tu reclamo. 
—Entonces sabes que voy a tener que conocer a tu padre y 
a tu madre. Querrán saber quién soy. 
—¿Tenemos que hablar de esto? —preguntó, odiando la 
idea de que él conociera a su madre. 
—No te voy a presionar. No saldremos de esta casa por 
algún tiempo. Vas a decirme la verdad, te guste o no. 
—Esto no es fácil para mí —dijo, apretando los dientes. No 
podía moverse mientras él la abrazaba con fuerza, negándose a 
dejarla ir. 
—¿Y crees que esto es fácil para mí? Durante un año me 
has negado. Sabía que eras mi compañera y me detuviste. No 
voy a dejar que lo vuelvas a hacer. —Se inclinó y besó sus 
labios. —Eres mi compañera, mi sumisa, y te reclamaré, pero 
solo después de haber conocido a tu familia. 
Ella no quería que él conociera a su madre. Su madre era 
horrible, incluso vil. 
Empujó su pelvis contra su núcleo. —Creo que es el 
momento de hacer ese gran recorrido. —Daniel se apartó de ella 
y ella no pudo evitar que un gemido abandonara sus labios. La 
estaba torturando a propósito, estaba segura. 
—Estoy desnuda, Señor —dijo ella. 
95 
 
—Bien. Me gusta ver la belleza de mi sumisa. Eres 
realmente hermosa, Dawn. —Él tomó su mano entre la suya. 
Es nuestro tanto como nosotras somos suyas. 
—Esta es una de las salas de estar. —Agarró el mando a 
distancia y apuntó a la pantalla. —Ah, sí, esta es la sala de 
deportes. La televisión solo aceptará deportes, por lo que nadie 
puede quejarse de lo que está en la televisión. 
Daniel pasó toda la mañana llevándola de habitación en 
habitación. Le encantaba la antigüedad de la casa. Había 
conservado gran parte del diseño original y solo había cambiado 
los colores para hacerlos más claros. Los detalles eran 
hermosos, al igual que los patrones del techo. Se movieron de 
una habitación a otra, y ella se sorprendió de que incluso 
tuviera una sala de cine. —Hubo un tiempo en que aquí vivían 
treinta personas. A mi padre le encantaba tener la manada 
cerca. Con el tiempo, algunos miembros de la manada murieron 
a causa de la vejez y otros se mudaron con sus 
compañeros. Mantengo todo igual, ya que también me encanta 
tener a la manada. 
—Es extraño no tener una manada cerca —dijo ella. 
—Lo sé. —Le indicó el camino hacia el primer piso, donde 
estaban sus dormitorios. Después de ver el séptimo dormitorio, 
Dawn decidió que no necesitaba verlos todos. Cuando llegaron 
al ático, olió su antigüedad bajo llave. —He guardado una gran 
cantidad de recuerdos aquí. —Le indicó el camino hacia el ático. 
Dentro, Dawn se encontró con la historia de la manada. Fotos 
96 
 
de hombres y mujeres en poses reservadas la recibieron. 
También sonrió al ver las cunas. —Yo dormí en esta cuna —
dijo, presionando en el lateral para que la cuna se balanceara. 
—Este lugar es asombroso. 
—No has visto la mejor parte, nena —dijo, tomando su 
mano y llevándola fuera del ático. 
—¿A dónde vamos? —preguntó ella. 
No habló mientras la conducía a la cocina. Cuando abrió la 
puerta que llevaba al jardín, se quedó paralizada. Estar 
desnuda dentro de la casa era diferente a salir al aire libre. 
—No puedo salir, Señor. —Inclinó la cabeza para que él 
viera que no quería faltarle el respeto. 
—Dawn, estamos a más de veinte kilómetros de la casa más 
cercana. Estamos totalmente solos y no tienes que preocuparte 
por nada. —Él tiró de su mano y la envolvió con la otra. —¿De 
verdad crees que dejaría que alguien más te vea desnuda? —
Tomó su boca, hundiendo su lengua dentro. 
Ella gimió, abriéndose a él. 
—¿Confías en mí? —preguntó él. 
Abriendo los ojos, que había cerrado durante su beso, lo 
miró fijamente. —Sí. 
—Bien. —Salió al aire libre. Ella lo siguió sintiendo un 
ligero escalofrío por el aire. 
—Pronto habrá una tormenta —dijo ella. 
—Lo sé. 
97 
 
Él guio el camino hacia adelante, y cuando llegaron al 
sendero de piedras, Daniel la tomó en brazos para llevarla al 
otro lado. 
Ella dejó escapar un chillido, sorprendida por su fuerza. 
Es un alfa. Por supuesto que puede levantarte. 
—No siento dolor, recuerda —dijo riendo. 
—Lo sé, pero no quiero verte caminar sobre las piedras. —
La puso de nuevo sobre sus pies una vez que estuvieron en la 
hierba. Daniel tomó la delantera una vez más, caminando hacia 
el borde de la fuente de agua. La belleza del agua cayendo 
capturó su atención. Se preguntó cómo sería estar de pie en el 
agua y dejar que la bañara. Dawn no se dio cuenta de que lo 
había dicho en voz alta hasta que Daniel habló. 
—En otra ocasión —dijo, besándola. La llevó más allá de 
algunos árboles y giró a la izquierda. No tenía ni idea de adóndeiban y no le importaba. 
A través de la cubierta de árboles vio la pequeña 
cabaña. Daniel subió los escalones, manteniéndola con él. Sacó 
una llave y abrió la puerta para que ella entrara. Nuevamente, 
encendió el interruptor de la luz, trayendo luz a la habitación 
oscura. No había ventanas y la privacidad era bienvenida. Se 
frotó el frío de los brazos, a pesar de que el clima no le 
molestaba. 
 
98 
 
—Este es mi cuarto de juegos. Supongo que es una cabaña 
de juegos. Aquí es donde entreno con el equipo. No quiero 
nunca lastimar a mi sumisa. 
—¿Has traído una sumisa aquí? —preguntó, mirando la 
habitación similar a la de Kinkster. Nunca había pensado que 
él tendría una sala de juegos cerca de la casa. Su coño se 
humedeció al verlo frente a ella. 
—Sí, he traído sumisas aquí. Nunca esperé encontrar a mi 
compañera. Desde que te conocí, no ha habido ninguna otra 
mujer para mí. —Se dio la vuelta y lo vio de pie con los brazos 
cruzados. Cada vez que se cruzaba de brazos, ella se sentía 
atraída por el grosor de sus brazos. No había nada tímido o dócil 
en él. 
—Para mí tampoco ha habido otros hombres. —No le 
molestaba que hubiera traído a otras mujeres aquí. No había 
ninguna razón para que ella estuviera celosa o enojada. —¿Soy 
tu sumisa exclusiva? —Se estaba poniendo en evidencia a sí 
misma, incluso con sus problemas. 
 
99 
 
Capítulo 7 
—Sí, eres mi única sumisa y hoy has sido un poco 
desobediente —dijo acercándose a ella. Ella lo miró y sonrió. Su 
sonrisa hizo que se le retorcieran las tripas. No podía perderla. 
Ella no se había sincerado sobre su madre, pero le había 
contado la verdad sobre su pasado. Su lobo también estaba 
contento con la revelación. Era un comienzo para ambos. 
Con el tiempo, Daniel sabía que podría conseguir que ella 
confiara en él. Cualquiera que fuera su preocupación por su 
madre, él sabía que posiblemente era la causa de su problema. 
Se suponía que las lobas eran maternales y cuidaban de sus 
crías. Por la forma en que Dawn reaccionaba, dudaba que su 
madre la hubiera consolado alguna vez. La forma en que había 
reaccionado al peinarla esta mañana era otra pista. Se había 
quedado perfectamente quieta, obviamente amando la 
sensación de sus dedos pasando por su cabello. ¿Sabía que 
había gemido y que cuando él se tomaba un tiempo entre las 
caricias, ella había lloriqueado como si la hubiera abandonado? 
Había muchas cosas que pasaban por su cabeza, y Daniel sabía 
que tenía mucho trabajo por delante. 
100 
 
—Preséntate ante mí —le dijo, viéndola ponerse de rodillas, 
abriéndolas de par en par para que él viera su coño. Tomó 
asiento frente a ella, lo suficientemente lejos como para ver los 
labios de su sexo brillando. Era realmente hermosa. Su oscura 
y sumisa belleza esperaba que él la castigara. 
Su polla se engrosó, haciendo que se sintiera incómodo. Se 
movió en su asiento en un intento de aliviar el dolor en sus 
pantalones. 
—Varias veces te dirigiste a mí sin usar mi título. —Miró la 
habitación, preguntándose qué debía hacer para burlarse de 
ella. 
—Lo siento, señor —dijo ella. 
—Bien, no necesito escuchar tus disculpas. Vas a ser 
castigada, pero creo que me has presionado para que use mi 
mano contigo. —Se pasó un dedo por el labio, con curiosidad 
por saber qué debía hacer. Esta era la primera vez que estaban 
verdaderamente solos, con muchos juguetes a su disposición. 
En el club podía parecer que estaban solos, pero en realidad 
nunca lo estaban. Su manada habría acudido a ella si hubiera 
mostrado algún signo de angustia. Sabían que se esforzaba por 
no reclamarla y le había pedido a Jake que interfiriera si alguna 
vez llegaba el caso. Afortunadamente, nunca ocurrió, ya que él 
siempre había tenido el control. Esta vez, él la controlaba por 
completo y ella estaba a su merced. 
—¿Cuál es tu palabra de seguridad? —preguntó. 
—Rojo. 
101 
 
—Bien. No la uses a menos que desees que la escena 
termine. Sabes cómo hacer que vaya más despacio, así que 
espero que me adviertas cuando vaya demasiado lejos. 
—Sí, señor. 
Dudaba que ella usara alguna vez una advertencia o una 
palabra de seguridad durante una escena, y eso sólo le 
preocupaba. —Quiero que te levantes y vayas a la cama. 
Acuéstate de espaldas y abre bien los muslos. 
Ella hizo lo que él le indicó. Admiró las curvas redondeadas 
de su culo mientras se alejaba de él. Joder, lo hacía sufrir de 
necesidad. 
—¿Estás cómoda? —preguntó él. 
—Sí, señor. 
Daniel se dirigió a su exhibición de juguetes. Tenía una 
selección de látigos, bastones y paletas. Personalmente le 
gustaba el bastón. Una larga tira de cuero con un pequeño lazo 
en el extremo era su favorita. Le encantaba el sonido que 
producía cuando la hacía caer sobre la carne de una mujer. La 
otra herramienta que le gustaba utilizar era su mano. El escozor 
de la palma de la mano le hacía saber que estaba castigando a 
su sumisa adecuadamente. Lo último que necesitaba era que 
su sumisa creyera que se estaba debilitando. 
Decidió agarrar el bastón, un juego de pinzas para los 
pezones y un flamante consolador. Cuando traía nuevas 
sumisas a su habitación, siempre se aseguraba de usar equipo 
nuevo. 
102 
 
Colocó los dispositivos al alcance de la mano y se arrodilló 
frente a ella. Sujetó uno de sus tobillos y agarró la corbata de 
seda conectada al poste de la cama. Aseguró la seda alrededor 
de su tobillo y se encargó de que estuviera lo suficientemente 
apretada para mantenerla sujeta, pero no tanto como para 
dañar su piel. No había necesidad de preocuparse por el dolor 
con ella, pero siempre sería cauteloso. Una vez que estuvo 
satisfecho con el primer tobillo, hizo lo mismo con el segundo. 
Arrodillándose, admiró su carne contra la seda roja. 
Perfección. 
—Adelanta la cabeza. —Ella hizo lo que le pidió, y él le llevó 
el pelo por encima de la cabeza. Aseguró el largo con una pinza 
que guardaba en el bolsillo del pantalón. Los mechones estaban 
fuera de su camino exponiendo su dulce cuello. —Hermosa. —
Le acarició la nuca, inclinándole la cabeza hacia atrás. 
Reclamando sus labios, deslizó su lengua en su boca abierta. 
Su sabor era increíble, y podría pasar todo el día besándola. 
El calor del apareamiento empezó a crecer en su interior, y 
gimió cuando una nueva ola de placer lo golpeó. La polla le dolía 
de lo hinchada que estaba. 
Dejando el beso, deslizó su mano hacia abajo para rodear 
un pezón duro. Una vez más, se arrodilló, poniendo las pinzas 
al alcance de la mano. No habló mientras miraba el gran peso 
de sus tetas con las puntas marrones de sus pezones. Daniel se 
perdió mientras la miraba fijamente. Era exquisita. No sabía 
cómo un hombre podía hacerle daño. 
103 
 
Nuestra compañera. Podemos protegerla y ayudarla. 
Daniel nunca iba a dar la espalda a su mujer. Si no podía 
ayudarla con su incapacidad de sentir dolor, pasaría el resto de 
su vida protegiéndola. Buscaría otros lobos con el mismo 
problema para ver cómo se las arreglaban. 
Succionó uno de sus pezones en su boca, gimiendo cuando 
el duro capullo llenó su boca. Al abrir la pinza, se separó de ella 
y vio su pezón duro como una roca. Aseguró la pinza en su 
pezón y ella jadeó. 
—¿Cómo te sientes, cariño? —le preguntó. 
—Se siente increíble. Nunca he... —Soltó un gemido cuando 
él le acarició el clítoris. 
—¿No hay dolor? 
—No hay dolor, pero se siente bien. —Sus sensores 
aceptaban el placer, pero negaban el dolor. 
Pasando al siguiente pezón, hizo lo mismo, saboreando el 
sonido de su jadeo cuando aseguró la pinza. Ella se arqueó 
contra él, pidiendo más sin decir una palabra. 
—Recuéstate —dijo él. Ella se acostó en la cama. Su pecho 
se agitaba con su respiración entrecortada. Daniel se puso de 
pie y buscó las ataduras de seda para asegurar sus muñecas. 
Atrapó su mirada con la suya. Los ojos de ella se abrieron de 
par en par al mirarlo. Ningunode los dos dijo una palabra 
mientras él colocaba la seda alrededor de su muñeca. Pasó a la 
siguiente muñeca y aseguró la última. No era necesario que 
104 
 
apretara las correas, ya que la quería en el extremo de la cama, 
al alcance de la mano. 
Se arrodilló entre los muslos de ella y sujetó el bastón junto 
con el consolador que había traído. Ella se quedó quieta, y él 
recorrió su cuerpo con las manos, observando cómo se 
estremecía y temblaba por su contacto. 
Su loba estaba relajada esperando que él hiciera su 
siguiente movimiento. Daniel sonrió. Estaba más que 
preparado para tomar a Dawn y a su loba. Bajo su cuidado, ella 
florecería como la increíble belleza que era. 
Abriendo sus muslos, miró su cremoso coño sintiendo que 
se le hacía agua la boca para probarla. Su coño húmedo estaba 
en exhibición esperando sus juguetes. Acortando la distancia 
entre ellos, selló sus labios sobre su coño chupando la 
protuberancia. 
Ella gritó, sacudiendo las ataduras. Él le dio una palmada 
en el muslo, mirándola fijamente. —Te he dicho que te quedes 
acostada. 
Dawn volvió a la cama, con el cuerpo temblando mientras 
él volvía a chuparle el clítoris. Ella siguió gimiendo y sus piernas 
temblaron bajo las de él. Le agarró el muslo con fuerza, 
aumentando la sensación que estaba creando. Ella no podía 
sentir dolor, pero sí podía sentir su tacto, y él pretendía 
utilizarlo todo en su beneficio. No había suficiente contacto 
entre ellos para llevarla al orgasmo. Continuó agarrando su 
105 
 
muslo repetidamente en diferentes zonas, tocándola y 
acariciándola constantemente. 
La crema se derramó de su coño, cubriendo su boca, y él 
se la bebió. 
Alcanzando el consolador, sustituyó su lengua por la polla 
falsa. Pasó la punta de la polla falsa por su coño, cubriéndolo 
con su crema. Una vez cubierto el consolador, bajó la punta 
hasta su coño. Levantando el bastón, observó su respuesta. 
Dawn miraba el techo liso. Se preguntó si le gustaba el espejo 
que había sobre la cama o si lo odiaba. 
Introduciendo la polla en su coño, bajó el bastón sobre su 
pierna. Ella gritó, y él lo hizo de nuevo, golpeando el bastón en 
sus muslos. No se acercó a su coño ni a su cuerpo. Daniel 
observó sus respuestas, cauto en sus golpes. Las pinzas le 
mordían los pezones pero no le sacaban sangre, cada elemento 
creaba una sensación diferente que no era dolor, pero era algo. 
Cuando ella estaba en su punto álgido a punto de caer en 
el orgasmo, él retiró la polla falsa y se apartó de ella. 
—Siéntate —dijo, arrodillándose de nuevo en la cama. 
Quitó una pinza y luego la otra, prestando cuidadosa atención 
a cada mordida. Daniel chupó la carne de sus pezones, con 
cautela. Las pinzas llevaban tiempo en su cuerpo. Satisfecho de 
no haber roto la piel, llevó los juguetes hacia el lavabo. 
Percibió su confusión y sonrió. ¿No se daba cuenta de que 
había formas más dulces y fáciles de castigarla en lugar de 
106 
 
causarle un dolor inmenso? No había ningún castigo en tratar 
de causarle dolor. Ella no podía sentirlo. 
Lavó los juguetes con jabón antibacteriano, los secó y los 
volvió a colocar en su sitio. La liberó de las ataduras que la 
mantenían en la cama. 
—Señor, ¿he hecho algo que te ha molestado? —preguntó 
ella. 
Besando su cabeza, se inclinó cerca de su oído. —Este es 
tu castigo, Dawn. No vas a correrte durante el resto del día, pero 
eso no va a impedir que te toque o juegue contigo. 
Ella se quedó en la cama en su postura sumisa mientras él 
agarraba las sábanas. Una parte de él no quería salir de la 
habitación, mientras que otra sabía que tenía que demostrarle 
hasta dónde podía llegar. 
Su teléfono móvil zumbó en su bolsillo. Sacando el aparato 
vio que tenía un mensaje de Jake. 
Jake: Doc está aquí. Quiere verte. Estoy en la puerta. 
—Tenemos que volver a la casa. —Esperó a que se pusiera 
en pie y le envolvió el cuerpo con la manta. 
—¿Te he disgustado, señor? —preguntó ella. Su labio se 
tambaleó mientras él aseguraba la manta alrededor de ella. 
—No me has disgustado. Te estoy dando un poco de 
privacidad muy necesaria. Tengo un amigo esperando en la 
puerta. Te prometí que nadie más que yo te vería desnuda, y 
pienso cumplirlo. —La tomó de la mano. —En el momento en 
que se vayan te volveré a tener desnuda. 
107 
 
Daniel la llevó de vuelta a la casa. Olió a Jake en el aire, y 
notó que Dawn también olía el aire. 
—¿Has traído al Doc aquí? 
—¿Cómo conoces al Doc? —preguntó, dándose cuenta de 
su falta de orientación. Estaba preocupada. Su loba empezó a 
pasearse un poco insegura de lo que estaba pasando. 
—Visitó a una loba en apuros durante su embarazo. —
Dawn se detuvo en el jardín. —¿Por qué está aquí? 
—Lo he traído para que me vea. No sabrá que eres tú. 
—Lo sabrá. ¿Cómo puedes tapar mi olor? Mierda, 
probablemente ya puede olerme. 
Daniel apretó su mano sobre la de ella, sujetándola con 
fuerza. —Mascota, mírame. Mírame a los ojos. —Esperó a que 
ella hiciera una pausa antes de continuar. —Nunca dejaré que 
te pase nada. Si tu manada se entera, sabremos quién lo ha 
contado. No te preocupes, te prometo que tu secreto está más 
que a salvo. —Presionó un beso en sus labios. 
—De acuerdo. 
—No hay razón para que te vayas. Vamos, iremos juntos a 
ver a Doc. 
*** 
La loba de Dawn se paseó mientras se dirigían a la parte 
delantera de la casa. La manta se enredaba alrededor de sus 
108 
 
piernas, y se agarró a la parte inferior para no tropezar o caerse. 
Daniel no se movía demasiado rápido, así que ella pudo seguir 
cada uno de sus pasos. 
Pasaron varios minutos caminando antes de que la puerta 
quedara a la vista. Reconoció a Doc inmediatamente. Al otro 
hombre lo recordaba del club, pero no sabía quién era. 
—Hola, Jake —dijo Daniel. 
—¿Interrumpimos? —preguntó Jake, mirándola. Olió a 
Daniel en el otro hombre, y supo que era parte de la manada. 
—No. —Daniel se dirigió a la caja eléctrica, abrió la puerta 
y tecleó un código. Las puertas se abrieron dejando a los dos 
hombres entrar. 
—Dawn. —Doc asintió con la cabeza. 
Daniel se puso a su lado y le rodeó los hombros con un 
brazo. —Su presencia aquí debe permanecer en secreto —dijo 
Daniel, acudiendo a su rescate. 
Ella bajó la cabeza sintiéndose avergonzada por tener que 
ocultar quién era a su familia y a su manada. 
—No diré nada. 
Su compañero se acercó invadiendo el espacio de Doc. —Lo 
digo en serio. Si alguien dice algo, iré a por ti. 
Doc tragó saliva. —¿Pensaba que no creías en la violencia? 
—No creo en la violencia, pero si me empujan, haré lo que 
sea para proteger a mi mujer. —Daniel se puso de pie hasta su 
máxima altura, el olor de su lobo salió a la luz para que todos 
supieran que hablaba en serio. 
109 
 
La piel de gallina brotó en sus brazos mientras el calor 
inundaba su coño ante la exhibición dominante. 
—Lo entiendo —dijo Doc. 
—¿Vas a ponerte en plan alfa por una mujer que se niega a 
reclamarte? —Jake dio un paso más. La rabia se desprendía de 
él junto con su desaprobación. 
Ella jadeó ante los olores que le llegaban junto con la ira. 
Daniel gruñó, poniéndose delante de ella. 
—Daniel, puedes hacerlo mucho mejor. 
—Es mi compañera, Jake. Le mostrarás un poco de maldito 
respeto o me aseguraré de que te arrepientas de cualquier 
palabra que salga de tu boca. 
Jake la miró fijamente, sacudiendo la cabeza. —No te 
merece. 
—He aceptado su reclamo —dijo Dawn. 
—Hay una razón por la que ha aceptado mi propuesta, 
Jake. Entra y te dejaré escuchar. 
Juntos entraron en la casa. Ella se dio cuenta de que Daniel 
hizo que los dos hombres caminaran delante de ellos. 
—Gracias —dijo ella, apoyándose en él. Uno de sus brazos 
rodeó su espalda, sosteniéndola. 
—No hace falta que me des las gracias, nena. Eres mi 
compañera y mi sumisa. Te cuidaré el resto de nuestras vidas. 
Cerró los ojos, disfrutando de la sensación de élabrazándola. Ni siquiera habían tenido sexo y, sin embargo, se 
sentía cerca de él. 
110 
 
El sexo no significa amor. 
La forma en que la había llevado al borde del orgasmo y, 
sin embargo, se lo había negado, la había enfurecido y excitado. 
Era el primer hombre que mostraba tanto control. Daniel la 
excitaba con su despliegue masculino. 
Entraron en la casa, dirigiéndose a la sala de estar que, 
según le dijo Daniel, sólo podía albergar invitados. Rara vez 
dejaba entrar en su casa a alguien que no formara parte de la 
manada. La manada de Daniel podía ser diferente a muchas 
otras, pero su determinación de mantenerlos a salvo era la de 
un buen líder. 
Le gustaba la idea de tener la casa llena de una manada 
cariñosa y leal. 
—Quiero agradecerte que hayas venido —dijo Daniel, 
situándose detrás de ella mientras se sentaba en el sofá. 
Acércate. 
Dawn se acercó al sofá y se acurrucó contra su brazo. 
Daniel parecía saber lo que ella necesitaba, ya que apoyó ambas 
manos en sus hombros, abrazándola. 
—No hay problema. No veo ningún problema, pero supongo 
que esto no es una llamada social. —preguntó Doc. 
—Esto no es una llamada social. —Daniel le apretó el 
hombro. —¿Has oído hablar de otros lobos que sufran una 
condición similar a la Analgesia Congénita? 
Doc frunció el ceño. —La condición es muy poco común en 
los humanos y mucho menos en los lobos. 
111 
 
—He oído hablar de ello —dijo Jake. Tenía los brazos 
cruzados sobre el pecho, mirándolos fijamente. —Los rumores 
eran ciertos. Hay un lobo que se utiliza para el deporte. —Jake 
la miró. —Sin embargo, no he podido encontrarlo. Ha sido una 
mañana muy ocupada. 
Ella tenía muchas preguntas. 
—¿Hay alguna forma de tratarlo? 
—¿De qué se trata todo esto? No veo cuál es el problema —
dijo Doc. Miró entre los dos. Ella miró a su compañero y Daniel 
le devolvió la mirada, esperando. Dawn asintió para que le 
dijera la verdad. 
—Dawn no puede sentir dolor —dijo Daniel. 
—Esto es una mierda, Daniel. ¿Cómo sabes que no está 
mintiendo para alejarse de ti? Ha estado jugando contigo desde 
el primer día. 
El lobo de Daniel se tensó. Sintió que se preparaba para 
atacar, y Dawn no quería ser la responsable de que dos machos 
de una manada atacaran. Levantándose del sofá, abrió el 
botiquín del doctor y sacó un bisturí. Extendiendo el brazo, 
deslizó el bisturí por su carne. No se estremeció ni sintió el 
dolor. Era como si su cerebro no pudiera sentir nada más que 
placer. Sentía las caricias de Daniel, los golpes del bastón o las 
bofetadas. No le hacían daño y, sin embargo, este tipo de dolor 
no le afectaba. 
Pasó la hoja por su brazo dos veces más. 
112 
 
Dawn no había presionado demasiado la hoja, y las heridas 
empezaron a cicatrizar segundos después. El primer hombre al 
que había matado había presionado la hoja profundamente 
dificultando su curación. 
—Es suficiente, Dawn —dijo Daniel. Su voz le ordenó que 
se detuviera, y ella lo miró fijamente. La preocupación era 
evidente en sus ojos. Le devolvió el bisturí a Doc y se sentó al 
lado de Daniel. 
Él le cubrió las marcas de los brazos. La sangre rezumaba 
entre sus dedos hasta que finalmente desapareció. Lamiéndose 
los labios, lo miró fijamente. 
—Espera, acabas de clavarte un bisturí —dijo Jake. 
—Esto no es bueno —dijo Doc, avanzando. 
Daniel gruñó, cubriéndola con sus brazos. —Te sugiero que 
si tienes intención de hacerle daño te lo pienses mejor. No 
permitiré que nadie dañe a mi mujer. 
—No voy a hacerle daño. —Doc levantó las manos en señal 
de rendición. —Sólo voy a inspeccionar sus brazos. 
Pasaron varios segundos antes de que Daniel cediera y 
permitiera a Doc acercarse. Le tendió el brazo para que lo 
inspeccionara. No había heridas visibles. 
—¿Cuánto tiempo lleva así? —le preguntó. 
Ella tragó más allá del nudo en la garganta. —Desde mi 
transición. —No era mentira, ya que había sentido mucho dolor 
antes de eso. Antes había sufrido mucho dolor y, con el tiempo, 
había dejado de reaccionar al dolor que le infligían. Después de 
113 
 
su transición, el dolor ya no importaba. Su madre no la dejaba 
en paz lo suficiente como para dejarlo. 
—No hay manera de diagnosticarlo a menos que hagamos 
a nuestros lobos vulnerables a los humanos. En casos muy 
raros, algo se apaga durante la transición en los receptores 
emocionales del cerebro. La razón por la que digo casos muy 
raros es porque en la mayoría de los casos la condición en los 
lobos se basa en el abuso. Las líneas se cambian y el lobo no 
puede diferenciar el dolor. —Doc le soltó el brazo y la miró. 
Ella lo miró fijamente a los ojos, preguntándose si él sabía 
la verdad sobre su madre. 
—Alguien de tu familia, Dawn, tiene que ser responsable de 
esto. 
—¿Quieres decir que no sientes nada? —preguntó Jake, 
acercándose. —Huesos rotos, agua hirviendo, ¿no puedes 
sentirlo? 
Dawn negó con la cabeza, sintiéndose como un espectáculo 
de fenómenos para que todos lo vieran. 
—No, no puedo sentirlo. 
—¿Quién hizo esto, Dawn? —preguntó Doc. 
—¿Hay una cura para esto? —preguntó Dawn, ignorando 
su pregunta. La conversación sobre el responsable de su estado 
debía tenerla con Daniel en privado, no delante de esos 
hombres que no conocía. 
—No lo sé. Nunca he conocido a nadie con esta condición. 
—Doc se pasó los dedos por el pelo, evidentemente, 
114 
 
completamente desconcertado. —Esto es peligroso, Daniel. Si 
alguien se enterara de su condición, podría ser utilizada para 
cosas indecibles. Tienes que mantenerla a salvo. 
La mandíbula de Daniel se tensó. 
—¿Y el apareamiento? —preguntó Dawn, girándose para 
mirar a Doc. No podía vivir el resto de su vida preguntándose si 
había una cura. 
—¿Qué quieres decir? —habló Jake. 
—Si la transición reconectó mi cerebro, ¿no debería el 
apareamiento ayudarme a reconectarlo de nuevo? 
Doc levantó las manos. —Realmente no lo sé. No voy a decir 
que hay una cura, ni voy a decir que no la hay. Realmente no 
lo sé. Hay muchas cosas sobre esta enfermedad en los lobos 
que no conocemos. No puedo ayudarte con esto. 
—¿Así que no sirves para nada? —preguntó Daniel. 
—Vale la pena intentar el apareamiento. Personalmente, 
trataría de encontrar compañeros lobos en una situación 
similar a la tuya. —Doc se puso en pie, agarrando su bolsa. —
Tu secreto está a salvo conmigo. Esto no va a ser bueno para 
otros lobos si se descubre. 
Segundos después Doc abandonó la propiedad. 
—¿En qué estás pensando? —preguntó ella. 
Daniel se movió alrededor del sofá, tirando de ella hacia su 
regazo. —No me gusta su falta de conocimientos, y eso que lo 
llamamos doctor. Lo que también quiero saber es dónde están 
los demás. 
115 
 
Le acarició el muslo. 
Ella se acurrucó contra él, apretando la palma de la mano 
contra su corazón. Daniel la rodeó de calor. 
—¿Y si el apareamiento ayuda? —preguntó ella. 
—No lo sé, Dawn. No quiero ponerte en un riesgo 
innecesario. Nunca te cambiaría. —Él le besó la parte superior 
de la cabeza. 
Abriendo los ojos, se quedó mirando su pecho. En el último 
año, Daniel le había mostrado más amor y afecto que la mujer 
a la que llamaba madre en toda su vida. No se habían acostado 
juntos y, sin embargo, la había dejado completamente 
satisfecha. 
Colocando un poco de pelo detrás de la oreja, Dawn soltó la 
verdad para que él la escuchara. 
—Fue mi madre —dijo. 
—¿Qué, cariño? 
—Mi madre siempre fue mala mientras crecía, pero se lo 
ocultaba a papá. Él nunca supo la clase de mujer con la que se 
casó y se apareó. No es una verdadera alfa, no nació como tal. 
—Su pecho se apretó al pensar en los años que había pasado 
temiendo a la única mujer en la que debería haber confiado. —
No son una verdadera pareja apareada. Ella fue la que llamó su 
atención, y me tuvieron a mí. —Ella lo miró fijamente. 
—Nunca hablas de tu madre. 
—Porque no merece el título de madre. —Laslágrimas se 
derramaron de sus ojos, y ella las odiaba. —Cuando era más 
116 
 
joven me pegaba si me ensuciaba el vestido o buscaba la forma 
de castigarme. No podía hacer nada bien, y ella me decía lo 
inútil que era. Me abofeteaba, me pegaba o me asustaba. Todo 
el tiempo que lo hacía, papá no estaba en la casa. Desde muy 
joven me di cuenta de que siempre era más amable conmigo 
cuando él estaba cerca. Intenté que se quedara mucho más, 
pero tenía que ocuparse del trabajo de la manada. No creo que 
quisiera a mi madre. Se preocupaba por ella y me quería, pero 
no era su verdadera compañera. —Se le secó la garganta 
cuando empezó a contarle sus recuerdos. Los recuerdos que 
mantenía enterrados. —Mientras que la mayoría de los niños 
acudían a su madre o a la hembra de la manada en busca de 
ayuda, yo me escondía de ella. Era una mujer despiadada. 
Daniel la abrazó con fuerza y ella pudo hablar de todos los 
malos recuerdos que mantenía encerrados. 
—¿Cómo es que tu padre no lo vio? —preguntó Daniel. 
—No lo sé. Mamá se ocupa del resto de los problemas de la 
manada mientras él se asegura de que nadie amenace a la 
manada. —Siguió limpiando las lágrimas, sintiendo la limpieza 
dentro de su alma. Nadie sabía por lo que había pasado. Esta 
era una verdad que le había dado a Daniel, su compañero, y a 
nadie más. 
—No voy a dejar que esto siga así —dijo. 
—No puedes hacer nada, Daniel. Si desafías a mi madre, 
entonces desafías a mi padre primero. Él nunca dejará que 
acepte un reto que no pueda ganar. 
117 
 
—¿Qué crees que va a hacer cuando descubra la verdad? 
Ella se mordió el labio. —Nada. 
—Esta gente a la que llamas padres apesta. Eres mi 
compañera, y cuando llegue el momento no soportaré que nadie 
te haga daño. —Le dio un beso en la parte superior de la cabeza, 
pero afortunadamente lo dejó pasar. 
Dawn cerró los ojos, acurrucándose profundamente contra 
él, amando la sensación de su calor rodeándola. No había nada 
que deseara más que estar cerca de su compañero. 
 
118 
 
Capítulo 8 
Pasaron varios días y Daniel se tomó el tiempo necesario 
para ganarse la confianza de Dawn. Le enseñó el valor de sí 
misma, y la castigó cuando lo presionó demasiado. Ella le rogó 
que la llevara a su cabaña en el bosque, donde estaban todos 
sus juguetes. Tenía una selección dentro de su habitación, pero 
no tan extensa como los que tenía en la cabaña. Jake lo llamaba 
regularmente para pedirle novedades. La manada se estaba 
preocupando, pero también estaban sintiendo un cambio 
dentro de él. 
Sabía que sólo iba a ser cuestión de días antes de que la 
reclamara. La luna llena era esta noche, pero quería tener la 
oportunidad de correr con ella. Tampoco habían tenido sexo 
todavía. El tiempo que pasaban juntos era a través de las 
caricias. Le encantaba sentir las manos de ella en su piel. Lo 
volvía loco de necesidad. Ayer había usado una cuerda en su 
hermoso cuerpo, atando las cuerdas alrededor de sus pechos y 
pasándolas por sus piernas para mantenerla atada. La había 
colocado sobre la mesa de café, mientras simplemente 
admiraba la vista al mismo tiempo que acariciaba su longitud. 
Ella no se quejó de su posición en la mesa ni de lo que él estaba 
119 
 
haciendo. Sus ojos se cerraron a diferentes intervalos, y él vio 
el placer que brillaba en su rostro. Ella era feliz, y él no podía 
encontrar una sola razón para protestar. 
Cuando ya no pudo soportar simplemente mirar su 
hermoso cuerpo atado, se arrodilló ante ella y disfrutó del sabor 
de su coño. La torturó durante más de una hora, lamiendo su 
deliciosa crema y tomándose su tiempo para explorar su 
clítoris. Ella era muy receptiva, y la cuerda ayudaba a excitarla 
aún más al sujetarla, aumentando su placer. Sólo cuando 
estuvo listo para que ella se corriera, le dio su permiso. 
Le acarició el clítoris hasta que gritó de placer, y se tragó 
hasta la última gota de su orgasmo. Después, él desató la 
cuerda y ella se puso en su postura sumisa y le rogó que le 
permitiera ayudarlo con su problema. 
Su polla se había puesto dura como una piedra y estaba 
deseando liberarse. Daniel había tenido la intención de ir al 
baño para aliviar el dolor. En cambio, se sentó en el sofá y se 
quitó los vaqueros. Su polla se había levantado como si tuviera 
vida propia. 
Ver el anhelo en sus ojos marrones y la forma en que se 
había lamido los labios fue su perdición. No había forma de que 
un Dom pudiera negarle algo a una sumisa que había sido una 
chica muy buena. Ella había tomado su polla dentro de su boca, 
deslizando su lengua a lo largo de la vena antes de volver a la 
cabeza. Dawn lo había tragado hasta que llegó a su garganta, 
120 
 
profundizando aún más. Balanceó la cabeza mientras chupaba 
la raíz. 
La sensación de su boca alrededor de la polla había sido 
una tortura, pero del tipo más delicioso. 
Mientras chupaba, lo miraba fijamente, observando sus 
reacciones. Él simplemente le devolvía la mirada, mostrándole 
lo mucho que le gustaban sus labios en su polla. Ella lo 
sorprendió aún más cuando se tragó el semen que él descargó 
en su boca. Después, él la había empujado a su regazo y la 
había abrazado mientras veían una película. 
Ella no se había puesto nada de ropa desde que llegó con 
él. A Daniel le resultaba difícil estar cerca de ella y no estar 
dentro de ella. Escribía en el teclado de su despacho, 
respondiendo a los correos electrónicos que le habían enviado 
en los últimos dos días. El club, Kinkster, seguía necesitando 
su atención, al igual que su manada. Dawn se arrodilló en el 
suelo junto al sofá con el libro sobre el mueble mientras leía. 
Tenía las manos cruzadas bajo los pechos y se apoyaba en los 
brazos mientras leía. Tenía los pies cruzados por detrás, 
moviéndose de un lado a otro mientras el resto de su cuerpo se 
movía al ritmo de la melodía que sonaba en su mente. 
Él se encontraba constantemente distraído por sus 
movimientos. Los correos electrónicos quedaban sin respuesta 
mientras ella leía uno de esos libros de sexo que había 
encontrado en una de las habitaciones. Uno de sus lobos 
disfrutaba de algunos libros pervertidos, que él no tenía 
121 
 
problema en que Dawn leyera. Cualquier cosa que pusiera a su 
mujer caliente y cachonda era sólo un beneficio para él. 
Ella pasó la página del libro y comenzó a leer de nuevo. El 
aroma de su excitación llenó la habitación, haciendo más difícil 
para él concentrarse en el último correo electrónico. Se ocupaba 
de los problemas financieros de su manada. Si algunos 
miembros deseaban ir a la universidad, él pagaba la factura, ya 
que le devolvían el dinero una vez que se graduaban y tenían 
un empleo a tiempo completo. Una de las hembras de la 
manada preguntaba si podía ir a la facultad de medicina para 
formarse como médica. Él no veía ningún problema en 
ayudarla. Un médico dentro de la manada sólo podría ayudarlos 
a todos. 
—Lo haces a propósito —dijo, mirando a Dawn cuando ella 
se giró para mirarlo. 
—¿Qué? 
—La burla con tu cuerpo, moviéndote y retorciéndote. Me 
distrae. —Él le envió una sonrisa, a la que ella respondió. 
Había estado completamente absorta en su libro en lugar 
de ver lo que le había hecho. Su polla estaba dura como una 
roca, deseando estar dentro de su húmedo calor. 
—Eres tú quien me mantiene desnuda, señor —dijo ella. 
—No sería una distracción tan grande si me dejaras llevar ropa. 
—¿Dónde estaría la diversión en eso? Me gustas desnuda. 
—Empezó a teclear en su ordenador. Dawn cerró su libro y 
122 
 
caminó alrededor del escritorio para apoyarse en la dura 
madera. 
—¿Qué estás haciendo? —preguntó. 
Él extendió la mano para acariciar su cadera desnuda. —
Una de las chicas que acaba de graduarse en el instituto está 
pidiendo los fondos para ir a la escuela de medicina después 
del instituto. Estoy respondiendo para que sus padres vengan 
a verme con ella.—¿Enfermería o medicina? 
—Medicina. A la manada le vendría bien un médico propio. 
No hay suficiente personal médico para atendernos. —Terminó 
de teclear el correo electrónico concertando una fecha 
adecuada. 
—¿Te encontrarás con ella en una semana en el 
restaurante local? —Ella cubrió su mano con la suya. 
—Sí. Vendrás conmigo. Como mi compañera vas a 
ayudarme a construir una manada más sana. —Él pulsó enviar 
y vio el correo electrónico. Volviendo su atención a su mujer, 
deslizó su mano hacia arriba para acariciar su pecho. —Eso es 
si sigues aceptando ser mi compañera. —Le frotó la punta del 
pezón, viendo cómo se le dilataban los ojos. Su loba quería salir 
a correr, y también quería follar. 
Daniel no se follaría a su mujer hasta que estuviera 
preparado. 
—Quiero ser tu compañera más que nada. —Las manos 
de ella se enredaron en la muñeca de él, pero no intentó evitar 
123 
 
que la tocara. Con la otra mano, acarició el costado de su 
cuerpo, amando la forma en que la piel de gallina brotaba a lo 
largo de su carne. Vio que su estómago se tensaba y la atrajo 
hacia él. 
No tardó en sentarla sobre su escritorio con las piernas 
abiertas. —Siempre me abres —dijo ella, gimiendo. 
Él le acarició el coño caliente, deslizando un dedo por su 
coño. —Siempre voy a encontrar una razón para tenerte abierta 
para mi placer, nena. Nunca va a cambiar. Tendrás que 
acostumbrarte a ello. 
Daniel bajó la cabeza, lamiendo desde la entrada de su 
coño hasta su clítoris. 
—No, Daniel, señor, te necesito dentro de mí, por favor. Me 
encanta tu lengua, pero necesito sentirte. —Tiró de su pelo, 
impidiendo que la lamiera. 
Se puso de pie y la miró a los ojos. —¿Quieres mi polla 
dentro de ti? —le preguntó. 
—Sí, por favor, señor, te necesito. —Ella pasó sus manos 
por la parte delantera de su camiseta moviéndose hacia su 
polla. Él capturó su mano impidiendo que lo tocara. 
Quería estar dentro de ella más que nada. Tirando de su 
camiseta por encima de su cabeza, arrojó el material ofensivo 
lejos de él. 
Dawn arañó sus vaqueros, abriendo el botón para intentar 
quitárselos. Se río de la necesidad que tenía de él. Su lobo 
estaba listo para tomarla y reclamarla como suya. 
124 
 
Todavía no. La reclamaremos en el momento adecuado. 
Rodeando su espalda con el brazo, la acercó y estampó sus 
labios sobre los suyos. Ella soltó sus vaqueros para agarrarse a 
sus brazos, gimiendo mientras él saqueaba su boca con la 
lengua. 
Bajó de sus labios a su cuello, chupando el pulso que latía 
rápidamente. Daniel se desabrochó los vaqueros y los bajó por 
los muslos. Su polla sobresalía, larga, dura y orgullosa. Con el 
puño en la mano, bajó por el cuerpo de ella para chupar cada 
pezón. Los dedos de ella se hundieron en su pelo, empujando 
su pecho hacia él. 
—Por favor —dijo ella, suplicando. 
Daniel le tocó el coño y le metió un dedo hasta el fondo. 
Ella lo agarró con fuerza y él introdujo un segundo dedo en su 
interior. Los dos gimieron mientras el coño de ella se agitaba a 
su alrededor. 
Retiró el dedo, chupando su crema. —Sabes tan 
jodidamente bien. 
Agarrando su pene, pasó la punta por su coño, cubriendo 
su polla con su crema. Sólo cuando estuvo satisfecho de que 
toda su longitud estaba cubierta, se deslizó hasta su entrada. 
—Esto puede arder un poco —dijo. 
—No puedo sentir dolor, ¿recuerdas? —Ella le dirigió una 
sonrisa perversa. 
125 
 
Empujando sólo la punta de su polla dentro de ella, colocó 
sus manos en las caderas de ella. —Aun así, te vas a sentir 
llena. 
Ella se lamió los labios. Su lengua se asomó, pidiendo que 
la chuparan o la mordieran. 
—¿Cómo sabes que eres así de grande? —preguntó ella. Él 
sonrió y, en lugar de responderle, se metió hasta la 
empuñadura dentro de ella, dándole todo de sí sin detenerse. 
Dawn gritó, arqueándose mientras él penetraba su coño. 
Mirando hacia abajo, donde estaban unidos, se sorprendió de 
cómo ella se abría para recibirlo. Su polla llenaba su pequeño 
coño. Cada ondulación y pulso se extendía a lo largo de su eje. 
Le besó las tetas y subió hasta reclamar su boca, que 
estaba abierta por el grito. 
—Bien —dijo ella. —Creo que eres así de grande. 
Era la primera mujer que tomaba toda la longitud de su 
polla sin quejarse. Mirando a su mujer, su compañera, Daniel 
estaba completamente perdido. Ella era su otra mitad, la mujer 
a su lado, y serían fuertes juntos. La amaba con todo su corazón 
y su alma. 
—Eres mía —dijo, reclamando su derecho. Presionó una 
mano contra su corazón, sintiendo su latido. —Voy a 
reclamarte, y la manada va a aceptarte como mi compañera. 
—Sí, Daniel. Mi Maestro. 
126 
 
Se retiró de su apretado calor, viendo cómo su polla 
aparecía resbaladiza con su crema. Daniel no salió del todo de 
ella antes de volver a penetrarla, saboreando sus dulces gritos. 
—Te voy a follar muy fuerte en este escritorio y luego te 
voy a follar todo el camino hasta llegar a nuestra cama. Voy a 
amarte durante el resto de este día, y esta noche, iremos a 
corrernos juntos. —Giró sus caderas, golpeando su punto G en 
lo más profundo de ella. 
Sus gritos se mezclaron en el aire mientras la tomaba con 
fuerza sobre el escritorio. Chupó sus pezones antes de tomar 
sus labios con los suyos. 
—Tócame. 
Ella se agarró a sus brazos con fuerza mientras él 
cabalgaba su cuerpo. Rodeó su cuerpo con los brazos y la 
levantó. En el siguiente segundo la tenía contra la pared. Dawn 
lo abrazó con más fuerza, y él tomó sus labios, metiendo su 
lengua en su boca, imitando los golpes de su polla en su coño. 
Estar dentro de ella era mucho mejor de lo que había 
imaginado. 
*** 
Dawn se aferró a su compañero, el amor de su vida, 
mientras él la penetraba. Su gruesa polla la llenaba, y no le 
127 
 
quedaba más remedio que aceptar su amor. Le devolvió el beso, 
encontrando su lengua con la suya. 
Durante un año has negado esto. 
Se sintió como una idiota por haberlos hecho esperar. 
Eran más explosivos de lo que había imaginado. Sus uñas se 
hundieron en la carne de su espalda, deleitándola con la pasión 
que estaba mostrando. 
—Tan jodidamente cerca. —Él se sumergió en su interior. 
Ella se separó del beso y apoyó la cabeza en su cuello. Dawn 
lamió la carne sobre su pulso mientras él embestía, 
acercándose al orgasmo. 
—Acaricia tu clítoris, nena. Necesito que te corras. 
Ella metió la mano entre los muslos y se acarició el clítoris, 
gritando ante la instantánea inyección de placer que la golpeó. 
Pellizcando su clítoris, le mordió el cuello queriendo marcar su 
pálida piel. 
—Eso es, nena, deja tu marca en mi piel. —La cabalgó con 
más fuerza aún. Él acarició su clítoris mientras ella sentía el 
comienzo de su orgasmo. 
Soltando su cuello, ella echó la cabeza hacia atrás y entró 
en erupción sobre su polla mientras su liberación se estrellaba 
sobre ella. Daniel gruñó, sellando sus labios sobre su cuello y 
mordiendo. Rompió la piel y empezó a tragar su sangre. 
Su semen llenó su coño junto con su calor de 
apareamiento. Si algún lobo se acercara a ella ahora, olería a 
Daniel por todas partes. Gritó cuando él tomó suficiente sangre 
128 
 
para oler como ella. El comienzo de su apareamiento acababa 
de empezar. 
Después de que pasaran varios segundos, Daniel soltó el 
mordisco, lamiendo la herida mientras retraía sus dientes 
caninos. Ella dejó escapar un suspiro y apoyó la cabeza en su 
pecho, respirando profundamente varias veces al hacerlo. 
—Ya no hay quien lo detenga, nena. Vamos a estar juntos. 
—No tengo ningún problema con eso. No creo que pueda 
moverme —dijo ella. Su cabeza nadaba, y gimió cuando le 
empezó a doler el cuello. 
Se llevó una mano al cuello gimiendo. 
—¿Qué pasa? —preguntó él, con preocupación en su voz. 
—No lo sé. —Retiró la mano para ver algo de sangre en sus 
manos. Dawn frunció el ceño. —Creo, creo que me duele. —Se 
frotóla sangre entre los dedos antes de volver a ahuecar su 
cuello. 
—¿Qué quieres decir? 
Dawn se estremeció cuando Daniel se movió y su polla se 
retiró de su coño. 
—¡Ay! —Su coño estaba sensible, pero de una manera 
agradable. —Creo que puedo sentir dolor. 
Él dio un paso atrás, mirándola fijamente mientras ella lo 
miraba. Daniel la bajó a sus pies, y ella se habría derrumbado 
en el suelo si él no la hubiera atrapado. 
—¿Puedes sentir dolor? ¿Qué te duele? —La acercó a él y 
le miró el cuerpo, con mucho cuidado al tocarla. 
129 
 
—El cuello, me duele donde me mordiste, y mi coño está 
un poco sensible. ¿Podría ser el apareamiento o algo más? —
preguntó ella. ¿La sensación era temporal? 
No le importaba si era temporal o no. Por primera vez en 
más de once años sentía algo. 
—El apareamiento ha comenzado, y eres capaz de sentir. 
Si completamos el apareamiento podría ayudar con tu 
capacidad de sentir dolor, no es que quieras sentir demasiado 
dolor. —Daniel la levantó en brazos y la llevó arriba hacia su 
dormitorio. 
—Pensé que íbamos a follar hasta nuestra habitación —
dijo ella, sonriendo. 
—Vamos a follar pronto. Primero quiero ocuparme de ti. 
Es mi derecho como tu compañero. 
Ella le rodeó el cuello con los brazos, aferrándose a él. —
Sabes, no necesitas protegerme de todo. No soy tan frágil. 
La colocó en la cama y la dejó para ir al baño. Ella sintió 
que su semen goteaba y se levantó antes de ensuciar la cama. 
Daniel apareció varios segundos después con el vapor saliendo 
del baño. 
—Nuestro baño nos espera. 
De nuevo, la llevó hasta el baño y la introdujo en el agua 
caliente y jabonosa. Se metió junto a ella, rodeando su cuerpo 
con los brazos. Ella terminó en su regazo con su polla flácida 
descansando entre las mejillas de su culo. 
130 
 
—Creo que lo haces a propósito —dijo ella, apoyándose en 
él. Su cuerpo, duro como una roca, se encontró con su espalda, 
rodeándola. 
Sus brazos, el doble de grandes que los de ella, rodearon 
su cuerpo asegurándola a él. —Te amo, nena —dijo él. 
Ella jadeó, mirando hacia él. —¿Qué? 
—Ya me has oído. Estoy enamorado de ti y lo he estado 
durante mucho tiempo. No sólo te quiero como compañera, 
Dawn, te quiero como esposa. —Le acarició la mejilla, 
haciéndola girar para que lo mirara. —Dime que te casarás 
conmigo. 
Su propuesta la tomó por sorpresa. 
—¿Aún quieres casarte conmigo incluso sabiendo lo que 
sabes de mí? 
—Sí, nena. Quiero casarme contigo. No sólo quiero 
casarme contigo, sino que también quiero que tengas mis hijos 
y que envejezcas conmigo. —Dejó caer un beso en su nariz. Su 
pulgar acarició su mejilla. 
—Yo también te amo. —Ella le sonrió. —Quiero ser tu 
mujer en todo el sentido de la palabra. —Dawn levantó la mano 
para acariciar su mejilla. —Bésame. 
Él se inclinó hacia abajo y ella se acercó a medio camino. 
Cuando sus labios se unieron, la electricidad recorrió su 
cuerpo. Se sentía atraída por él, y su loba quería probarlo. 
Giró entre sus brazos y profundizó el beso. Las manos de 
él se aferraron a su espalda y ella abrió los ojos para ver sus 
131 
 
reflejos en el espejo. Eran hermosos, o al menos pensaba que 
eran hermosos juntos. La piel más oscura de ella destacaba 
sobre la piel pálida de él. Él era más grande que ella, pero 
juntos, la visión la dejaba sin aliento. 
Daniel se apartó. 
—No, no vamos a follar en la bañera. Voy a lavar tu cuerpo 
y luego follaremos. 
Él no cedió ni siquiera cuando ella le agarró la polla dura 
como una roca. Daniel le apartó las manos de un manotazo, 
advirtiéndole de un severo castigo si no le hacía caso. 
Disfrutaba de su atención y de la forma en que la bañaba. 
El amor que le demostraba la conmovía profundamente y 
no quería que terminara nunca. 
Cuando terminó, sacó el tapón y la hizo levantarse. 
Le tendió una toalla para que se metiera en ella. 
—Te amo, señor. 
—No vas a tener mi polla hasta que yo esté listo. 
Entraron juntos en el dormitorio. Daniel se secó el cuerpo, 
y la visión de sus músculos ondulantes fue suficiente para 
hacer que se le hiciera agua la boca. 
Le secó el cuerpo cuando terminó con el suyo. 
—¿Qué pasa por tu cabeza? —le preguntó, tocando su 
cuerpo mientras seguía usando la toalla. 
—Nada. Estoy contenta. Hace tanto tiempo que no soy feliz 
que me resulta extraño. Estoy esperando que pase algo malo. 
132 
 
La atrajo hacia él, presionando su frente contra la de ella. 
—Nunca dejaré que te pase nada malo. No vas a volver a casa 
sin mí, especialmente si puedes volver a sentir dolor. Ahora 
estás apareada, y tu padre no tiene excusa para retenerte con 
él. —Las manadas eran muy posesivas con sus hijos. A menos 
que los hijos estuvieran apareados, los padres esperaban que 
sus hijos permanecieran cerca de casa. Su madre no habría 
podido deshacerse de ella sin que su padre supiera la verdad. 
—Ella no me hará daño cerca de mi padre. 
—Cariño, ya me has dicho más de una vez que él no está 
siempre cerca. No me voy a arriesgar. Pronto iremos a casa de 
tu padre. 
Dawn quería ir a ver a su padre de inmediato con la 
noticia. No quería discutir ni rebatir la afirmación de Daniel. El 
amor que sentía por él era consumidor, profundo como el alma, 
y esa clase de amor no podía dejarse de lado por nada. Una vez 
que su madre viera que ya no la dominaba, todo se acabaría. 
Daniel era su amo y señor. 
—¿Quieres conocer a toda la manada antes de ir a casa de 
tu padre o después? —le preguntó. 
—Antes. Necesitamos saber que están contentos con que 
me tomes como tu compañera. 
—No me importa lo que piensen, Dawn. Me importa mi 
manada, pero tú eres mi compañera. No voy a dejar que decidan 
por mí. —Le apretó el culo. —Ahora, antes de que vayamos a 
por algo de comer, voy a estar dentro de ti otra vez. 
133 
 
Con su agarre en el culo, la levantó y la lanzó a la cama. 
Ella dejó escapar un pequeño chillido, riéndose mientras Daniel 
la seguía hacia abajo. 
—Ahora, me pregunto si puedo tenerte gritando de placer 
en poco tiempo. 
Ella abrió las piernas sin estar dispuesta a rebatir su 
habilidad. 
Daniel subió las manos por el interior de sus muslos hasta 
posarlas en su coño. Deslizó un dedo dentro de su núcleo, 
abriéndolos para estirarla. Dawn gimió, amando el grosor de 
sus dedos pero deseando que fuera su polla en su lugar. Él pasó 
de su coño a acariciar su clítoris. 
Gimió cuando el placer la tomó por sorpresa. 
Hacía menos de media hora que la había llevado al 
orgasmo, y ya le pedía un segundo. Daniel no mostraba signos 
de desaceleración. Su propio orgasmo de hace treinta minutos 
no le había impedido ponerse duro una vez más. 
—Te voy a follar fuerte y te voy a hacer gritar mi nombre. 
—Pronunció las palabras como una promesa más que otra cosa. 
—Por favor —dijo ella, suplicándole. Daniel le pellizcó el 
clítoris con las uñas, y el dolor fue instantáneo al igual que su 
excitación. Nunca había sentido algo tan increíble en su vida 
como la sacudida de dolor que potenciaba el placer que él 
estaba creando con sus dedos. 
—¿Sientes eso? 
—Sí, no pares, por favor. 
134 
 
Una de sus manos abandonó su pierna, y al segundo 
siguiente ella sintió su polla en su entrada. Él deslizó los 
primeros centímetros dentro de ella mientras pellizcaba y 
golpeaba su clítoris. 
—Estás tan jodidamente apretada —dijo él, gruñendo las 
palabras contra sus labios. Succionó su labio inferior en su 
boca, mordiéndole la carne. Cada pequeña sacudida de dolor 
aumentaba su placer. —Puedo olerte, Dawn. Estás muy 
excitada y puedes sentir el dolor. 
—Sí, se siente tan bien. Por favor, no te detengas, señor. 
—No le importaba suplicar mientras él no dejara de hacer lo 
que estaba haciendo. Dawn no quería que este tipo de placer 
terminara. 
La penetró con fuerza y siguió pellizcando su clítoris. Cerró 
los ojos, saboreando cada nueva sensación mientras él follaba 
y amabasu cuerpo con fuerza. Se agarró a sus brazos, 
deseando todo lo que él le ofrecía. 
Compañeros, amantes, matrimonio. 
Iba a tenerlo todo con él. Ya no tenía que temer ni 
preocuparse por su futuro y saber eso la excitaba. Se lanzó a 
su encuentro, follando su polla mientras él la penetraba. Él 
soltó su clítoris para agarrar sus caderas. No había ningún otro 
lugar al que pudiera ir. Lo cabalgó con tanta fuerza como él a 
ella. 
135 
 
La conexión entre sus lobos se abrió y Dawn lo sintió. Era 
la experiencia más extraña de su vida, pero sintió a Daniel, su 
lobo, sus sentimientos. 
—Te tengo, nena. ¿Sientes eso? Nuestros lobos se anhelan 
de la misma manera que nosotros. Esto es lo que tenía que 
pasar. 
—Sí —dijo ella, respondiendo a sus palabras. Sus lobos 
estaban destinados el uno al otro. Lo sentía en lo más profundo 
de su alma. Daniel no sólo era su compañero, su Maestro, y el 
hombre que amaba, era su alma gemela, el que había nacido 
para completarla. 
Cuando llegaron sus orgasmos, fue explosivo. Ella lo 
envolvió con su cuerpo, abrazándolo con fuerza mientras sus 
cuerpos latían juntos, despertados por su nueva conexión 
mutua. 
El semen de él la llenó mientras ella bañaba su polla con 
sus propios jugos. Sus mentes se mezclaron, llegando casi a ser 
una sola. 
—¿Qué está pasando? —preguntó ella, sintiendo mucho 
más al estar con él. 
—Nos estamos apareando y uniendo, nena. Esto es lo que 
significa ser una verdadera pareja alfa. 
Había encontrado al elegido y, costara lo que costara, 
Dawn nunca lo dejaría ir. 
 
136 
 
Capítulo 9 
Daniel vio como Dawn sopló sobre su café. Pronto iban a 
salir a correr, pero ella había intentado tragar el líquido caliente 
que él le dio. Había gritado de dolor y ahora tenía que soplar 
antes de beber el café humeante. Su vínculo estaba ayudando 
a asegurar los sentimientos que se habían perdido durante su 
transición. 
—¿Qué te hizo tu mamá durante tu primera transición? —
preguntó él. Estaba sentado en la mesa a su lado, descansando 
los pies en la silla mientras miraba. —Sé que no quieres 
recordar ese tipo de recuerdos, pero creo que te hará bien. 
Tomó otro sorbo vacilante de su bebida. —Esto es extraño 
para mí —dijo. —Nunca antes había necesitado ser demasiado 
cuidadosa. Me gusta. 
Esperó sabiendo que le estaba tomando algo de tiempo 
recomponerse. 
—Papá estaba ocupado manejando una disputa de la 
manada sobre una mujer o algo así. No sé exactamente qué, 
pero él no estaba cerca. Mamá puso una excusa y me llevaron 
al bosque cerca de donde está nuestra manada. Todas las 
137 
 
manadas están cerca de algunas áreas que nos permiten correr 
libremente. 
La conexión recién abierta entre ellos le permitió sentir el 
dolor dentro de ella, el dolor emocional que mantenía encerrado 
cuando se trataba de su madre. —¿Qué pasó? 
—Antes de que ocurriera la transición, ordenó a todos que 
se mantuvieran alejados del bosque porque yo iba a estar 
allí. Estábamos solas y ella me encadenó a un árbol con gruesas 
cadenas de plata. El dolor no se parecía a nada que pueda 
recordar. Hubo momentos en que pensé que ella me odiaba, y 
en ese momento supe que lo hacía. Ella me despreciaba porque 
representaba una amenaza para ella. No sé cómo o incluso por 
qué planteo una amenaza, pero ella se aseguró de que yo 
supiera cuánto me odiaba. —Se apartó un poco de cabello que 
se le había caído en la cara. 
La ira se extendió por su cuerpo al imaginarse a una chica 
joven y aterrorizada mientras atravesaba su primera transición. 
—Ella me mantuvo allí, viendo cómo se me rompían los 
huesos. No hubo ayuda ni consuelo. Ella miró, burlándose de 
mí y de mi loba, rompiéndome. No sé por qué estaba tan 
decidida a aterrorizar a mi loba. 
—¿Tu madre ganó su papel dentro de la manada, o fue 
natural? —preguntó. 
—Luchó por ser la mujer más fuerte y entrena a diario para 
asegurarse de que nadie pueda derrotarla. 
138 
 
Se frotó las sienes. —En casos raros, una loba joven nacida 
de un macho alfa y una hembra fuerte puede heredar rasgos 
Alfa que significan que cuando esté completamente en 
transición, su loba luchará para tomar su lugar como cabeza 
de hembra Alfa o incluso podría ser votada para tomar el lugar 
como mujer Alfa. En algunas manadas, la pareja Alfa no tiene 
que estar apareada. 
—¿Crees que mi mamá tenía miedo de eso y por eso asustó 
a mi loba hasta la sumisión? 
—Eres una sumisa por naturaleza, pero tu loba es 
fuerte. La he sentido a pesar de que ha estado aplastada 
durante algún tiempo. Creo que tu madre estaba decidida a 
romper tu espíritu desde el principio. Sería humillante para ella 
si su hija tuviera un rango superior natural dentro de la 
manada. —Quería lastimar a esta mujer, quebrantarla y 
lastimarla como ella había lastimado a su mujer. 
—No se me permitió comida ni agua. Ella me golpeó con 
cadenas mientras pasaba por la transición. Cada vez que 
aparecía mi loba, me golpeaba. Fue como un castigo 
constante. Si no me transformaba, me pegaba, y una vez que 
salía mi loba, la vencía. No sabía qué hacer. 
Cuando conociera a esta mujer, necesitaría todas sus 
fuerzas para no matarla. 
—Alrededor del cuarto día de la transición, mi padre se 
estaba poniendo nervioso. Lo sentí cerca, pero no pude pedirle 
ayuda. Escuché a mi madre consolándolo, actuando como la 
139 
 
madre cariñosa. Cuando regresó, supo que había 
terminado. Finalmente hice la transición y algo se rompió en mi 
cabeza. Las cadenas que estaba usando ya no me dolían. Ella 
me golpeó, pero no me dolió. —El sudor salpicaba la frente de 
Dawn, y usó una toalla limpia para limpiar su frente. 
—Nada te va a hacer daño aquí, cariño. Estoy aquí y nunca 
dejaré que otra persona se acerque a ti. 
—Tenía miedo de ella y no dije nada. Mi papá preguntó por 
el cambio y yo me quedé callada. Mi madre encontraba 
momentos en los que bajaba la guardia y me lastimaba, o al 
menos creía que me lastimaba. 
Apretó los puños pensando en todas las formas en que 
Dawn había sido herida. 
—¿Qué fue lo peor? —preguntó él. 
—Hace tres años, estaba preparando la cena para papá, 
pero él tuvo que salir. Ella me acusó de intentar ocupar su lugar 
y me agarró del brazo. Antes de que pudiera detenerla, me metió 
la mano en el agua hirviendo. —Dawn sonrió mientras sus ojos 
se llenaban de lágrimas. —Le di asco. Ella esperaba que gritara. 
Supe que algo iba mal porque no sentía nada y, sin embargo, la 
piel se me estaba poniendo tensa. Mi madre se apartó y yo retiré 
la mano. Estaba roja, quemada, pero me estaba curando. Me 
curé muy rápido. Recuerdo que me preguntó qué demonios era. 
—Él le agarró la mano, ofreciéndole consuelo cuando no lo 
necesitaba. —No respondí, pero le pregunté qué más quería 
140 
 
hacerme teniendo en cuenta que ya no sentía nada de lo que 
ella hacía. 
—Testaruda incluso con una mujer que podría haberte 
hecho daño. —Le ahuecó la mejilla y la acarició con el pulgar. 
—Tienes que aprender a cuidarte a ti misma. 
—No quise decir nada. Las palabras se me escaparon y lo 
siguiente que supe fue que ella no me quería en casa. Me hizo 
la vida imposible, pero se aseguró de que nadie de la manada 
quisiera estar cerca de mí. Mi padre está muy ocupado y no ve 
lo que está pasando, pero le dijo que yo no iría a ninguna parte 
hasta que me apareara. 
No podía soportar oírla decir nada más. Envolviendo sus 
brazos alrededor de ella, besó la parte superior de su cabeza. —
Mi manada te amará, y te prometo que no te faltará nada. 
—Te amo Daniel. No me importa lo que piense la manada. 
Afuera el sol se estaba poniendo y quería que ella viera la 
belleza de su tierra. —Vamos —dijo, tomando su mano. Abrió 
el camino hacia la noche. Ambos estaban desnudos mientras 
caminaban juntos. 
Iban a enfrentarse al mundo juntos y la manada la 
amaría. Cuando abrió la conexión que tenía con la manada, 
sintió su curiosidad por ella. Jake finalmentela estaba 
aceptando dentro de su manada y lo había llamado para 
expresar su aceptación de su compañera. 
Daniel estaba orgulloso de la manada con la que corría. 
Ninguno de ellos conocía el verdadero dolor por el que había 
141 
 
pasado Dawn para llegar hasta aquí. Mirando la puesta de sol, 
estaba más interesado en mirar a Dawn. Su cabello castaño 
estaba recogido en la parte superior de su cabeza. 
—¿Qué estás pensando? —preguntó él. 
—Tu casa es realmente hermosa. Esto es un sueño. 
Siempre tuve este sueño de crecer con algo como esto. ¿Crees 
que fue el destino el que me dio la esperanza de luchar? 
—No sé qué fue, pero estoy muy contento de que me hayas 
escuchado y no te hayas rendido. —Le apretó la mano un poco 
más. 
—Nunca me rendiré. Soy mucho más fuerte de lo que 
parezco. —Ella le devolvió el apretón. 
—Vamos. —Tomó la delantera, caminando hacia el 
bosque. La luna llena estaba alta en el cielo y la necesidad de 
cambiar era fuerte. Se contuvo, decidido a facilitar a Dawn su 
primer cambio juntos. —¿Quieres hacerlo en privado?—
preguntó él. 
—No hay necesidad. Convertirme en loba no me ha hecho 
daño desde esa primera vez. —Ella soltó su mano, alejándose 
de él. Observó con asombro cómo su cuerpo cambiaba y en 
segundos un lindo lobo negro le devolvió la mirada. 
Daniel no perdió el tiempo convirtiéndose en su lobo de 
color ámbar oscuro. 
—Bonito —dijo Dawn, admirándolo. —No pensé que fueras 
tan grande. 
—Nena, todavía no has visto nada. 
142 
 
Ella lo golpeó en broma antes de partir hacia el bosque. 
—Alfa, puedo sentirla. Ella es fuerte. —El pensamiento vino 
de Jake, que no estaba lejos de la casa. La manada estaba en 
vigor, pero les había ordenado que se mantuvieran alejados de 
la casa. Mantendría a Dawn cerca de la casa y no quería que 
ninguno de ellos la asustara. Eran una nueva manada para 
ella, y los quería en forma humana para conocerla. 
—Ella es mucho más que fuerte. Ella es perfecta y va a ser 
mi compañera. 
—La manada está detrás de ti. Te protegeremos a ti y a 
ella. Todos mantendremos nuestra distancia. 
Daniel echo a correr, siguiendo a su mujer hacia las 
profundidades del bosque. Ella estaba jugando con él. Olió su 
felicidad en el aire. 
—Puedo oírte —dijo él. 
—Puedes escuchar mis pensamientos, pero ¿puedes 
encontrarme? 
—¿Me estás desafiando, mascota? 
—No eres mi Maestro aquí. 
—Soy tu Alfa. 
—Entonces atrápame, Alfa. Muéstrame quién es el jefe. —
Corrió a través de algunos árboles sabiendo que ella estaba 
cerca. Su olor se intensificó, haciéndose más fuerte con cada 
paso que daba. 
—Te tengo. —Dawn saltó hacia él, pero él sintió dónde 
estaba ella. La atrapó, llevándola al suelo debajo de él. 
143 
 
—No, mascota, te tengo como siempre te he tenido. —Le 
lamió la nariz. 
—Ew, asqueroso. 
Él se rio entre dientes y la soltó, mirándola ponerse de 
pie. Juntos corrieron por el bosque, contemplando la luna llena 
juntos. 
—Puedo sentir a tu manada. Sé que están aquí. 
Daniel hizo una pausa, mirándola. 
—No me importa. Este es su bosque. ¿Están felices de que 
esté aquí? 
Ella no podía sentir su aceptación porque era parte de otra 
manada. Cuando terminaran su apareamiento, ella solo podría 
sentir su propia manada en lugar de la de su padre. 
—Jake dice que sí. Quiero que conozcas a la manada cuando 
estés lista. 
—Entonces deberíamos llamarlos para reunirnos en la casa 
mañana. Me encantaría conocerlos para ver si me aceptan en su 
redil. 
Daniel gruñó. —Te aceptarán, joder, porque yo les digo que 
lo hagan. 
—No es así como funciona, y lo sabes. 
Saltó en el aire, atrapándola en el suelo una vez 
más. Daniel se volvió humano al igual que Dawn. Ella se reía 
de él. —Me atrapó de nuevo, Señor. 
—Será mejor que lo creas. 
144 
 
—Entonces, ¿vamos a completar el apareamiento hoy? —
preguntó ella. 
La marca en su cuello se había desvanecido un 
poco. Quería que esa marca durara para que otros vieran su 
reclamo. La única forma de que esa marca se quedara era que 
ella dejara su marca en su carne al mismo tiempo. Eran 
verdaderos compañeros, y todo lo que haría falta era una 
vez. Su apareamiento causaría dolor y placer, al unirse en una 
explosión. La conexión con su antigua manada se cortaría, y la 
manada sentiría a Dawn como su mujer, parte de su manada. 
—¿Qué pasa si no puedo sentir más dolor? —preguntó ella. 
—No me importa, Dawn. Te tendré sientas dolor o no. Eres 
perfecta para mí y te amo con todo mi corazón. —Él llevó su 
mano a su pecho. —Eso nunca va a cambiar y tampoco mis 
sentimientos por ti. ¿Estás lista para convertirte en mi 
compañera? Tu padre sentirá que te apartan de él. 
Ella guardó silencio durante varios segundos. 
—Sí, estoy lista para ser tuya de todas las formas posibles. 
—Ella se inclinó y lo besó. 
—Tendremos que lidiar con tu padre. 
—No me importa, Daniel, siempre que esté contigo y tú 
sigas siendo mi Maestro. Estoy lista para seguir adelante y dejar 
mi vieja manada atrás. —Él se sentó y tiró de ella para que lo 
montara a horcajadas. 
145 
 
Ella le rodeó la cintura con las piernas y él le puso una 
mano en la espalda. Su polla estaba lista para estar dentro de 
ella. 
—Tú eres quien tiene el control —dijo, dejando el reclamo 
en manos de ella. 
*** 
Dawn agarró la base de su polla y lentamente bajó sobre su 
longitud dura como una roca. Sintió cada centímetro de él 
hundirse dentro de ella, y se tomó su tiempo para tomarlo por 
completo. Una vez que cada centímetro estuvo dentro de ella, 
dejó escapar un suspiro y lo miró a los ojos. El ámbar oscuro 
de sus ojos brilló mostrando lo cerca que estaba su lobo de la 
superficie. 
—Ten cuidado, nena, me estoy agarrando de un hilo. 
—Entonces sostente porque no tengo la intención de que 
esto dure mucho. 
Ella apretó su polla con las paredes de su coño, besando 
sus labios y luego deslizándose hacia abajo para chuparle el 
pulso. Daniel hizo lo mismo con ella y se tocaron. La luna 
brillaba a través de las nubes, resplandeciendo sobre ellos. El 
poder de la luna hizo que se le erizara la piel cuando sintió que 
el reclamo comenzaba a tomar el control. 
146 
 
Sus dientes cambiaron, afilados en caninos. Ella hundió los 
dientes en su cuello saboreando la sangre que fluía hacia su 
boca. 
Dawn gritó cuando él entró con fuerza, hundiendo los 
dientes en su cuello. El aroma de apareamiento venía de él, 
arremolinándose alrededor de ellos mientras bebían y 
follaban. Las manos en su espalda la sujetaron con más fuerza. 
La combinación de placer y dolor tomó el control y se corrió 
más rápido que nunca. 
Cerró los ojos tratando de aprovechar tanto el placer como 
el dolor. 
—Hey, nena, estoy aquí. 
Se abrió el enlace final a la manada de Daniel. Sintió el 
repentino dolor insoportable cuando fue arrancada del abrazo 
de su padre. Dawn sintió que su padre se despertaba mientras 
se apartaba de él. Entró de buena gana en la manada de Daniel, 
sintiendo su amor y calidez llenándola donde la manada de su 
padre nunca lo había hecho. 
Él la folló con fuerza, y ella retrajo los dientes, gimiendo 
cuando su polla la llenó. 
—No voy a durar, nena. 
—No me importa. Fóllame. 
Bajó la mano, acariciando su clítoris mientras Daniel 
gruñía. Él lanzó un aullido en la noche, y su llamada fue 
respondida por varios más. Su manada había ganado un nuevo 
miembro, y al hacerlo, él había ganado una compañera. 
147 
 
Sus liberaciones se mezclaron en el aire. El dolor de su 
marca junto con el placer de su semen la llenó. 
—Puedo sentir dolor —dijo, riendo. Dawn se derrumbó 
contra él, exhausta por el calor del reclamo. 
—Tu teléfono celular va a estar zumbando. Tu padre no se 
va a alegrar de que te haya llevado. 
Ella sonrió contra su pecho. —Estoy tan feliz. Nunca había 
sido tan feliz antes. 
—Bien, vas a aprender a ser más feliz. 
Le acarició la espalda y, cuando se acostó, ella lo 
acompañó. Su polla se quedó quietadentro de ella. 
—No quiero moverme de este lugar. 
—Yo tampoco. —Él tomó la parte de atrás de su cuello y 
luego se deslizó hacia abajo para agarrar su trasero. —Estamos 
a salvo aquí hasta la mañana. 
—¿No tienes cazadores furtivos? 
—No, no tengo nada que te ponga en riesgo. Jake se 
encargará de nosotros. 
—¿Estás tan seguro de eso? 
—Jake prometió cuidar de los dos. Nunca se retracta de 
una promesa. —La besó en la mejilla. —No puedo moverme 
ahora mismo. Nunca pensé que un apareamiento sería así. 
—Puedo sentirte, Daniel. 
—Y yo también. Nos ocuparemos de todo lo demás por la 
mañana. Por ahora, solo quiero abrazarte y amarte. 
148 
 
Mantuvo la cabeza en su pecho mirando al suelo del 
bosque. Los olores y sonidos la reconfortaban. Pasó el tiempo y, 
a pesar de todo, Daniel la abrazó. No hablaron porque las 
palabras no eran necesarias. Lentamente, sintió que sus ojos 
comenzaban a caer mientras el sueño comenzaba a apoderarse 
de ella. 
Lo siguiente que supo Dawn fue que había luz, y abrió los 
ojos para encontrar un conejo mirándola. Ella sonrió al ver al 
lindo animal del bosque. 
—Recuerdo una época en la que los conejos huían 
asustados de mí —dijo Daniel. Su voz vibró a través de su 
cuerpo. 
—Es una cosita divina. 
—Si no se mueve, terminará en un pastel. 
Ella se levantó y le dio una palmada en el pecho. —No seas 
grosero. —La acción finalmente alarmó al conejo y se fue. 
Sonriendo, Dawn miró a su compañero. La sangre cubría 
parte de su pecho por su mordida. Ella no había sido la mejor 
en marcarlo. Echando un vistazo al frente de su cuerpo, frunció 
el ceño. —Ew, parece que he estado con un vampiro y he 
perdido. —Se veía hecha un desastre y odiaba pensar en cómo 
se vería en el espejo. Había pequeños moretones en sus caderas 
que no habían desaparecido. 
—Nuestras marcas de apareamiento durarán más. La 
mordida en tu cuello permanecerá permanentemente. Los 
moretones desaparecerán en unas pocas horas. 
149 
 
—No me importa cuánto duren. Me encanta tener tu marca 
en mi cuerpo. —A lo largo de la noche, su polla se había 
escapado de su coño, pero estaba nuevamente duro como una 
roca. —Creo que podemos empezar bien la mañana —dijo, 
frotando su nariz con la suya. 
—Yo no lo haría —dijo otro hombre, viniendo de la 
izquierda. Ella frunció el ceño, tratando de ubicar su voz ya que 
no la reconocía. 
—¿Qué pasa, Jake? —preguntó Daniel, acercándola a él. 
—La manada está esperando para encontrarse con tu 
compañera. Están todos en la casa. Además, su teléfono celular 
ha estado sonando durante toda la noche. 
Su teléfono celular fue arrojado cerca de ella en el suelo del 
bosque. 
Lo miró y empezó a zumbar. Levantó el teléfono y lo abrió 
para ver ‘Papá llamando’ en la pantalla. 
—Será mejor que responda esto. —Se sentó en su cintura y 
aceptó la llamada. 
—No me importa lo que digas, Francie, voy a hablar con ella 
—dijo su padre, hablando con su madre. 
—Hola, papá —dijo, mirando a Daniel a los ojos. Ayudaba 
a aliviar sus pensamientos turbulentos. 
—Cariño, ¿qué diablos está pasando? Ya no puedo 
sentirte. No entiendo qué está pasando. 
Se echó un poco de pelo detrás de la oreja mientras Daniel 
la tomaba de la mano y la detenía. 
150 
 
—Yo, uhmm, he encontrado a mi compañero. —Le sonrió a 
Daniel, amando el hecho de que estaba apareada. —Su nombre 
es Daniel, y él es el hombre con el que me he estado quedando. 
—¿Qué? No me dijiste que estabas saliendo con 
alguien. ¿Quién es este Daniel? 
—Probablemente sea un debilucho, Don. Déjala ir. —Su 
madre habló tratando de hacerse oír. 
—Cállate —le gruñó su padre a su madre. Dawn hizo una 
mueca al saber que su madre encontraría alguna excusa para 
culparla. —Dawn, ¿qué está pasando? 
—Daniel es un Alfa, papá. Estamos apareados y 
completamos el apareamiento anoche. Realmente quiere 
conocerte. —Mantuvo su palma sobre el corazón de Daniel, 
sintiéndolo latir. 
—¿Es un Alfa? —preguntó su padre. 
Se dio cuenta de que su madre se había quedado en 
silencio. 
—Sí, es perfecto y lo amo. 
Daniel le quitó el teléfono. —Habla Daniel. Es un placer 
tener noticias suyas finalmente, Sr. Weldon. Tengo algunos 
problemas de los que quiero hablar con usted. 
—Ten cuidado con cómo me hablas, muchacho. 
Escuchó como su padre le gruñía a Daniel. Era extraño 
escuchar a su padre molesto o discutir con otro Alfa. Rara vez 
estaba cerca cuando estaba enojado. 
151 
 
—Nos vamos a reunir. Dawn y yo vamos a ir a su manada 
esta tarde, y vamos a lidiar con una mierda que no me hace 
feliz. —Daniel presionó un dedo contra sus labios para evitar 
que discutiera con él. —Bien, lo veré allí. 
—¿Por qué hiciste eso? Papá no necesita saber qué está 
pasando. 
—En lo que a mí respecta, él necesita saberlo. ¿Qué pasa si 
está lastimando a otros miembros de la manada? Ella te 
mantuvo callada y eres la única hija del Alfa. No sabes qué hará 
a continuación. —Tomó su mejilla y luego besó sus labios. —
Vamos, tenemos que salir de aquí. 
—Te traje algo de ropa. Ambos parecen salidos de una 
película de terror. —La ropa aterrizó en el suelo junto a 
ellos. Jake sonaba cerca. 
—Será mejor que mantengas tus ojos para ti —dijo Daniel, 
gritando hacia su izquierda. 
—No te preocupes. La dignidad de tu compañera sigue 
intacta. —Jake se alejó de ellos. 
Daniel la ayudó a levantarse. Ella tomó sus manos, 
poniéndose de puntillas para besarlo. 
—Te estás convirtiendo en una blanda, cariño. Ni siquiera 
reconozco a mi pequeña sumisa. 
—Ella todavía está aquí, pero puede que no le guste mucho 
el dolor. —No pudo evitar sonreír ante su declaración. 
El peso del mundo se había quitado de sus hombros todo 
gracias a Daniel. 
152 
 
—Te amo —dijo. —Te tomaré de cualquier manera que sea, 
y si eso significa que sólo puedo azotarte tres veces en lugar de 
cuatro, entonces eso es lo que haré. —La agarró por la nuca y 
la acercó. 
Amaba su exhibición posesiva y la forma en que la 
abrazaba. 
—Alfa, todos estamos esperando —dijo Jake. 
Daniel presionó su cabeza contra la de ella. —Vamos a 
tener que irnos. 
—Sí, y ni siquiera podemos disfrutar de nuestro tiempo 
juntos, ya que organizaste una reunión con mi padre. —Ella 
negó con la cabeza, saliendo de sus brazos para agarrar una 
camiseta. 
Dawn se puso la ropa sobre el cuerpo odiando el roce de la 
ropa. Habían pasado días desde la última vez que usó ropa. 
—Quieres estar desnuda, ¿no? —preguntó Daniel, 
sonriendo. 
—Hiciste esto a propósito. 
—Nena, haré lo que sea necesario para desnudarte y que lo 
hagas de buena gana. —Él tomó su mano una vez que 
estuvieron vestidos. —Vamos a ver el resto de la manada. 
Jake apareció entre los árboles luciendo cansado. 
—¿Te quedaste despierto toda la noche? —preguntó ella. 
—Daniel quería que estuvieras protegida, y prometí que lo 
haría. —Jake caminó junto a ellos hacia el jardín. Dawn jadeó 
cuando vio todos los autos estacionados dentro del terreno. 
153 
 
Escuchó los sonidos de la manada dentro de la casa. ¿Cómo iba 
a salir bien esto? Su madre la despreciaba, su propio padre no 
veía cuándo tenía dolor o no, y la única persona que la amaba 
de verdad era Daniel. 
—¿Y si no les agrado? —preguntó ella. 
—Les agradarás, cariño, porque me haces feliz. —Se quedó 
a su lado mientras ambos entraban a la casa. Todos dejaron de 
hacer lo que estaban haciendo y empezaron a converger al salón 
principal. Respiró hondo varias veces, deseando que hubiera 
alguna forma de escapar de esto. 
Todos los ojos estaban puestos en ella y en Daniel. Él se 
paró a su lado, levantando sus manos unidas para que todos lo 
vieran. 
—Me gustaría presentarles a todos a mi compañera. Ella es 
Dawn y ahora es parte de nuestra manada. Es mi compañera, 
y cualquier problema que tengan, vendrán a uno de 
nosotros. ¿Alguno de ustedes tiene alguna inquietud, pregunta 
o deseo de desafiar? 
Se tensó cuando él lo lanzó para que todos pensaran en 
ello.La palma de la mano le sudó mientras miraba a todos los 
hombres y mujeres. La verdad es que le daban miedo. Si todos 
ellos protestaban, no había forma de que ella pudiera 
enfrentarse a ellos. 
—En realidad, ¿alguien puede decirme dónde está el 
azúcar? No puedo comer mi cereal sin azúcar. Es demasiado 
asqueroso. 
154 
 
—Sí, ¿dónde está la salsa de espagueti? Todos estamos 
aquí y listos para volver a la normalidad, alfa. 
Mucha gente empezó a hacer preguntas sobre otra cosa. 
Daniel se rio entre dientes. —Todo lo que necesitan está en 
la cocina o en la despensa. —Él le frotó el cuello y ella gimió. 
La manada empezó a salir de la habitación. 
—Alfa, estamos felices por ti. 
Se quedaron solos. Incluso Jake se había alejado, 
dejándolos. 
—Ves, te lo dije. Serás amada aquí. Ahora es el momento 
de que nos vayamos y nos presentemos a tu manada. —La besó 
en la mejilla, tomó su mano y la llevó arriba. Ella fue con él de 
buena gana. 
 
155 
 
Capítulo 10 
Más tarde esa noche, Daniel se sentó frente al padre y la 
madre de Dawn. Le sorprendió lo fría que estaba la casa. No 
solo la casa estaba fría, sino también la manada. El frío llenaba 
la habitación, y todo venía de una mujer, su madre. Vio a Don, 
su padre, abrazarla. 
—Cariño, te extrañé, hija. —La besó en la mejilla, 
abrazándola con fuerza. Este hombre estaba tan ocupado que 
ni siquiera veía lo que le estaba pasando a su propia 
manada. La excusa era, en el mejor de los casos, 
lamentable. Dawn había sido sometida a dolores y torturas a 
causa de su madre. 
—Hola, papá —dijo Dawn, sonriendo. 
No miró a su madre, ni tampoco su padre. 
—Estás toda apareada ahora. Vaya, ¿cuándo creciste? Se 
siente como si hace diez minutos hubieras nacido. —Don tomó 
su mano, el amor brillaba en sus ojos mientras la miraba. —
Cuando sentí que te apartaban de mí, entré en pánico. Nunca 
había experimentado algo tan terrible. 
156 
 
—Don, por favor, es una niña grande. Es hora de dejarla 
ir. Deberías haberla dejado ir hace mucho tiempo —dijo 
Francie. Su madre estaba mirando a Dawn. 
Daniel vio la ira, el miedo y el disgusto en los ojos de su 
madre. También había envidia junto con celos. Tantas 
emociones provenían de su madre, pero ella no era una 
verdadera Alfa, ya que de lo contrario habría mantenido esas 
emociones encerradas con fuerza. 
—Basta, Francie. —Don la miró, pero la sonrisa volvió a 
aparecer en su rostro cuando miró a su hija. 
—Siempre estás tan ocupado con la manada, 
papá. Realmente nunca viste que estaba creciendo. 
—No, no vi mucho, ¿verdad? Hay momentos en que siento 
que he perdido el tiempo contigo, cariño. Te voy a extrañar. —
Se giró para mirar a Daniel. —Supongo que no la dejarás 
visitarme a menudo, ¿verdad? Voy a extrañar a mi bebé. 
Daniel se tensó al ver el regocijo en los ojos de Francie. Sí, 
no iba a dejar que su mujer se acercara a esta perra. 
—No puedo permitir que venga aquí sin supervisión, 
Don. Estoy seguro de que puedes entender que su torturadora 
y abusadora todavía vive aquí. 
—¡Daniel! 
Levantó la mano para que Dawn dejara de hablar. 
—No, cariño, no vas a dejar que se salga con la suya con 
esta mierda por mucho más tiempo. Ya terminé. Puedo ver que 
157 
 
él te ama mucho, pero no voy a dejar que ella se salga con la 
suya. 
Francie comenzó a entrar en pánico. 
—¿De qué diablos estás hablando? Mi hija nunca ha sido 
abusada. —dijo Don, gruñendo las palabras, poniéndose de pie. 
—Tu esposa, tu compañera, ella es la razón por la que tu 
hija no ha podido sentir ningún tipo de dolor. La torturó 
durante su transición, manteniéndola encadenada a los árboles 
y golpeándola cuando se transformaba. Tu compañera trató de 
quebrantar a mi mujer, y por esa razón, no puedo dejar que ella 
venga aquí mientras todavía la tengas. —Señaló a Francie con 
el dedo. 
—¡No puedes hacer esto! —empezó a gritar Francie. —
Pequeña perra. No podías mantener la boca jodidamente 
cerrada. 
Su madre cargó hacia Dawn. Su compañera no se movió, 
ni se estremeció, ni mostró ningún signo de miedo. Antes de 
que Francie se acercara, Don la agarró por la cintura. 
—¿Es esto cierto? ¿Abusaste de nuestra hija? —Sacudió a 
su esposa, mirándola con furia. 
—Ella se lo merecía. La pequeña perra siempre se metía 
en problemas y siempre corría hacia ti. Necesitaba conocer su 
lugar. Esta no es su manada. Es mía. Jodidamente mía. 
—Su transición fue su momento más importante. ¿Cómo 
pudiste lastimar a nuestra hija, a nuestra niña? ¿Qué diablos 
te pasa? —La ira de Don llenó la habitación. 
158 
 
Daniel se preguntó si sabía lo que estaba pasando en su 
propia manada. 
—Ella era solo una forma de atraparte. No me habrías 
mirado dos veces si no hubiera quedado embarazada. La única 
razón por la que te tengo es porque estaba jodidamente 
embarazada. —escupió ella las palabras hacía Don. —Esta es 
mi manada. Ser tu compañera es mi maldito derecho. Ella tenía 
cualidades de Alfa. En el momento en que tú y la manada vieran 
eso, me habrían dejado a un lado. No iba a permitir que eso 
sucediera. La perra necesitaba que la pusieran en su lugar. 
La bilis que salía de ella enfermó a Daniel, y tenía su 
respuesta. Dawn era una sumisa, pero tenía los rasgos que solo 
poseía un Alfa. 
—No eres mi maldita compañera. —Don la soltó y se puso 
de pie. —Todo reclamo que tengo sobre ti ha terminado. Me 
niego a tener una compañera que pueda abusar de su propia 
hija. —Don se giró para mirar a Dawn. —¿Es todo esto cierto? 
—Sí —dijo Dawn, susurrando la palabra. 
—Ella no es hija mía. Es una puta de mierda. La odio. No 
es justo. Ella no merece tener un Alfa. 
De repente, una mujer entró en la habitación. Daniel no 
tenía ni idea de quién era ella. 
—Me gustaría presentar una queja formal sobre su 
compañera. —La mujer bajó la mirada. Estaba jugueteando con 
sus manos. 
159 
 
Daniel observó con asombro cómo otras tres mujeres que 
no conocía entraban en la habitación. 
—La primera mujer es Leah. Ella cocina para nosotros —
dijo Dawn, susurrando contra su oído. Daniel no supo qué 
pensar al escuchar a varias mujeres hablar en contra de 
Francie. 
Francie estaba maldiciendo, tratando de llegar a las 
mujeres. 
Don gritó mientras sujetaba a su compañera en sus 
brazos. 
Daniel vio a tres hombres entrar en la habitación. 
—Llévenla al sótano. La quiero encerrada y asegúrense de 
que nadie la deje salir. No tendré a mi lado a ninguna mujer 
que abuse de su propia hija. —El poder alfa de Don despojó a 
Francie de su estatus, alejándola a su vez de la manada. —
Hablaremos con todos en la manada. Sé que fuiste dura con la 
manada y quiero saber el alcance de tu supuesta ayuda. Si 
tienes suerte, terminarás en la cárcel, y si no, te someterán a 
La Caza. 
La Caza era el derecho de una manada a cazar a la persona 
que los había torturado. 
Dawn apretó su agarre en su mano. 
Se giró para mirarla. Ella no quería participar en ninguna 
caza o decisión cuando se trataba de su madre. 
El resto de la reunión con su padre transcurrió con él 
haciendo preguntas a Dawn sobre lo que le había sucedido 
160 
 
cuando era más joven. Después de un par de horas, Dawn tomó 
la iniciativa y le dijo que tenían que irse. 
Daniel prometió dejar que Dawn visitara a su padre con 
regularidad, pero también se aseguró de que tuviera un guardia 
con ella. 
—No puedo creer que hayas hecho eso —dijo Dawn, 
subiendo al coche. —¿Por qué dijiste algo? 
—Cariño, vi el regocijo en sus ojos. Iba a lastimarte cada 
vez que estuvieras cerca de ella. No iba a permitir que eso 
sucediera. —Se apartó de la manada, feliz de que Francie no 
tuviera la oportunidad de herir a nadie más. 
—No puedo creer que papá haya hecho eso —dijo. —Yo 
pensé que la amaba. 
—No, no lo hacía. Ella era una conveniencia para él, nada 
más. —Daniel condujo de regreso a casa. 
Una vez dentro de los terrenos, sintió que el amor de su 
manada lo rodeaba. Mirandoa Dawn, sonrió. —¿Lo sientes? 
—Sí, los siento. Todos están felices por nosotros. No hay 
celos. Esta es la forma en que se supone que funciona una 
manada. —Apoyó la cabeza en el asiento del automóvil. —Te 
amo, Daniel. 
—Cariño, las palabras ni siquiera pueden empezar a 
describir lo que siento por ti. —Extendió la mano para tocar su 
mejilla. —Vamos a tener una vida increíble juntos. 
—¿Lo prometes? —preguntó ella. 
—No aceptaré nada más que lo increíble. 
161 
 
*** 
Jake golpeó la ventana del auto y la hizo saltar. Daniel la 
había cautivado tanto que no había oído a nadie acercarse. 
—¿Qué pasa? —preguntó Daniel, abriendo la puerta de su 
auto. 
—Tengo una pareja apareada en tu sala de estar. Ella fue 
abusada durante su transición y no podía sentir dolor. Querías 
a alguien con quien Dawn hablara, y la he encontrado. —Jake 
golpeó el capó del auto. —Vamos, están esperando hablar 
contigo. 
Intrigada, Dawn salió del auto y siguió a Daniel al interior 
de la casa. Estaba a punto de conocer a alguien que no podía 
sentir ningún dolor. Después de lo que su padre le había hecho 
a su madre, no sabía si estaba lista para recibir más 
revelaciones. 
Su compañero no la dejaría sin respaldo, y antes de que 
se diera cuenta estaban en la sala de estar siendo presentados 
a una hermosa mujer rubia y su compañero. 
—Hola, soy Lola, y este es mi compañero, Ben. —La rubia 
hizo las presentaciones, dándoles a ambos una sonrisa. 
Dawn se dio cuenta de que Lola no se fijaba demasiado en 
Daniel. No le agradaba la idea de lidiar con los celos. 
—Es un gusto conocerte, Lola. 
162 
 
—Gracias. Cuando Jake corrió la voz sobre los lobos que 
no podían sentir dolor, supe que tenía que responder. 
Tomando asiento, Dawn cruzó las piernas y miró a Lola. —
No puedes sentir dolor. Por favor tomen asiento. —Hizo un 
gesto con las manos para que se sentaran frente a ellos. Daniel 
colocó su mano a lo largo del respaldo del sofá, consolándola 
con su calidez. 
—No tuve mucha suerte con mis padres. Mi padre era un 
borracho malvado y a mi madre no le importaba. Me lastimaba 
con regularidad al crecer. —Ben se acercó para frotar su nariz 
contra la mejilla de Lola. —Durante mi transición me golpearon 
porque no podía salir de casa para conseguir comida o alcohol 
para mi padre. Fue el peor momento de mi vida. —Lola se frotó 
las manos por los muslos. —Cuando todo terminó, todo volvió 
a la normalidad, pero me di cuenta de que algo andaba mal 
unos tres días después. Le compré a mi papá la marca 
equivocada de cigarrillos y comenzó a, eh, a lastimarme. No 
pude sentir nada. El dolor, no lo estaba registrando. Han 
pasado más de quince años desde mi transición. 
—¿Qué hiciste? —preguntó Dawn. 
—Me escapé de casa. Papá empezó a notar que yo no 
gritaba cuando me rompía algo. No podía sentir nada. Estaba 
cerrada, atrapada y no había nada que pudiera hacer para 
detener esos sentimientos. Lo escuché organizar una pelea para 
que yo la protagonizara. Una sangrienta batalla a muerte. Sabía 
que mi tiempo iba a ser de corta duración. Tomé los ahorros 
163 
 
que había obtenido y me fui. —Lola se rio entre dientes, las 
lágrimas llenaron sus ojos mientras hablaba. —Terminé en la 
calle porque no tenía suficiente dinero. Antes de saber lo que 
estaba pasando, me había metido en las peleas ilegales. Luché 
contra compañeros lobos o humanos. He matado a mucha 
gente, y fue durante una mala batalla que conocí a Ben. 
Ella le sonrió a Ben. 
—Soy un Alfa, y tenía la intención de ponerle fin. En el 
momento en que vi a Lola supe que era mi compañera. También 
sabía que había algo diferente en ella —dijo Ben. 
—Me llevó a casa, y en una semana estábamos 
apareados. No pudimos controlar el vínculo de apareamiento. 
—Lola le acarició la cara. —Después, noté que podía sentir 
dolor. —Lola se giró para mirar a Dawn. —Si no comparto 
sangre durante un período de tiempo, mi capacidad para sentir 
dolor se detiene. Todo depende de mí vínculo con Ben. —Lola 
tocó a su compañero. El amor entre los dos era puro, 
reconfortante. 
—¿Ha sido algo diferente entre ustedes dos? ¿Qué pasa 
con los niños? —preguntó Daniel. 
La sonrisa de Ben se volvió perversa. —Tenemos cuatro 
hijos en casa. Su condición fue útil durante el parto. Una vez 
que estés con ella durante el primer embarazo, veras a qué me 
refiero. No compartí sangre con ella durante dos meses antes 
de que diera a luz. No podía soportar verla sufrir. 
164 
 
—Es un blando por dentro. Ben no dejaría que me pasara 
nada. —Lola se giró para mirarlos. —Mi condición no es un 
problema, y tampoco lo será para ti. Ustedes son verdaderos 
compañeros y él los mantendrá a salvo. 
Dawn miró a Daniel, el amor de su vida. —Gracias. 
Lola y Ben se quedaron a cenar, pero necesitaban regresar 
para mantener a sus hijos bajo algún tipo de control. 
—Corren alrededor de la manada cuidando de ellos. 
Dawn se paró junto a Daniel mientras se despedían. —
¿Qué estás pensando? —preguntó ella. 
—No puedo esperar a verte hinchada con mi hijo. —Le 
rodeó el cuello con las manos, asegurando un collar. —Dawn, 
¿me harías el honor de convertirme en mi esposa y sumisa? 
Ella levantó la mano y tocó la pequeña joya. 
Girándose en sus brazos, lo abrazó con fuerza, 
sonriendo. —Nada me daría más placer. —Frotó su nariz contra 
la de él, riendo mientras lo hacía. 
Daniel la levantó, pero en lugar de llevarla a la casa, 
comenzó a caminar hacia la cabaña. 
—¿Qué tiene en mente, Señor? —preguntó. El calor llenó 
su núcleo, saliendo de los labios de su coño. 
—Sabes lo que estoy pensando. Es hora de que castigue a 
mi pequeña mascota antes de que piense que puede mandar 
desde abajo. 
La puso de pie y encendió la luz. La paz y la felicidad se 
apoderaron de ella. Poniéndose de rodillas, Dawn estaba lista 
165 
 
para convertirse en sumisa en todos los verdaderos sentidos de 
la palabra. 
 
166 
 
Epilogo 
Dos años después 
Dawn se sentó en el césped, chupando una piruleta 
mientras Daniel comenzaba a ladrar órdenes a la manada. Hoy 
llegaría una entrega de equipo de guardería, y él quería muchos 
hombres disponibles para ayudar a construirlo. Pasarían más 
de siete meses hasta que diera a luz, pero él se estaba 
preparando temprano. Frotó el pequeño bulto, riendo. 
—Vas a ser un niño amado —dijo ella. 
En los dos últimos años, su vida había cambiado de manera 
espectacular. Su madre había sido condenada a La Caza. 
Nadie, ni siquiera Dawn, conocía el verdadero alcance de su 
tortura. Ella había lastimado a muchas de las mujeres de la 
manada de manera regular, pero habían tenido demasiado 
miedo de acudir a Don. Desde entonces, su padre había estado 
prestando más atención a la gente que al funcionamiento de la 
manada para evitar guerras. 
Lo visitaba a menudo, pero solo con un guardia. 
Tocando el collar alrededor de su cuello, no pudo evitar 
sonreír. Daniel era el perfecto Dom, amoroso y cuidadoso. Le 
167 
 
encantaba ser su compañera y, desde su apareamiento, había 
podido sentir. 
Aprendió por las malas a no tragar café humeante. Ahora, 
en el desayuno, Daniel no le daba café directamente de la 
cafetera. La ayudaba constantemente a acostumbrarse a sentir 
dolor. 
—¿De qué te ríes, mascota? —preguntó él, sentándose a su 
lado. 
Tomando una rodaja de manzana de la canasta de picnic, 
se movió entre sus muslos. —Tú y tu necesidad de tener todo 
perfecto —gimió cuando él comenzó a frotarle los hombros. —
Eso se siente bien. 
Él besó su cuello. —Habrá más de donde vino eso. —Daniel 
presionó una mano contra su estómago. —Voy a asegurarme de 
que seas cuidada, Dawn. Si eso significa estar preparado para 
lo peor, que así sea. 
—Tienes tres hembras de manada entrenando para ser 
parteras. Tienen cosas más importantes que hacer. No voy a 
dar a luz aquí. Iré al hospital más cercano para traer a este 
pequeño al mundo. 
—¿Qué te hace pensar que es un niño?—preguntó él. 
—Un sentimiento. —Se reclinó y le sonrió. —Su papá lo 
necesita para entrenarlo. 
Él se rio entre dientes. —No me importa lo que tengamos 
mientras estés aquí para verlo crecer. 
168 
 
Ella le besó los labios cuando llegó la camioneta con los 
muebles. —Te dejo para que hagas tu cosa de hombres. 
—Tu trasero va a estar recibiendo una paliza. —Daniel la 
dejó en el césped para ir a organizar su guardería. 
Mirando hacia la luz del sol, Dawn no podía quejarse de la 
vida. Había pasado de sentirse avergonzada y asustada, a 
abrazar cada pequeño detalle que se le presentaba. 
Más tarde esa noche, Daniel le demostró quién estaba a 
cargo en su relación. La ató a la cama y le dio una palmada en 
el culo hasta que ella gritó por su polla. No importaba cuánto 
suplicara, Daniel solo se detendría cuando estuviera bien y 
listo. 
Siete meses después, Dawn no consiguió su deseo de ir al 
hospital. El pequeño Brady vino al mundo, gritando, como su 
madre. Había decidido que quería sentir cada segundo de dolor 
de su nacimiento. Daniel sostuvo su mano durante todo ese 
tiempo. Una vez que Brady estuvo en sus brazos, el dolor valió 
la pena. 
Sin embargo, para el segundo hijo, Dawn decidió no sentir 
dolor durante el nacimiento de su hija, y Daniel estuvo más que 
feliz con eso. 
 
Fin

Mais conteúdos dessa disciplina