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Manual del residente traumatologa COT 2

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oxígeno, más diferenciación a condroblastos). En la zona central, con baja tensión 
de oxígeno, se forma tejido cartilaginoso (callo blando) con colágeno tipo II y osteoblastos en proliferación, 
que posteriormente se osifica por osificación endocondral.
– Osificación del callo de fractura: a las 2 semanas de la fractura, los condrocitos dejan de proliferar y 
predominan los condrocitos hipertróficos que liberan vesículas con proteasas para degradar la matriz 
cartilaginosa y fosfatasas para liberar iones fosfato que puedan precipitar con el calcio de las mitocondrias 
de los condrocitos hipertróficos.
– Remodelación: el callo inicialmente formado es hueso inmaduro o fibrilar (woven bone), que presenta 
una serie desorganizada de fibras y progresivamente se reorganiza para alcanzar su máxima rigidez a lo 
largo de las principales direcciones de carga a las que el hueso está expuesto, convirtiéndose en hueso 
maduro o laminar.
Un requisito previo para la consolidación es que el hueso presente una actividad biológica apropiada, es decir, 
deben estar disponibles células vivas pluripotenciales a nivel del foco de fractura que además precisan aporte 
sanguíneo para su supervivencia y función. En la diferenciación de estas células así como en el proceso general 
de consolidación influyen tanto factores bioquímicos como factores biofísicos.
El ambiente mecánico en la consolidación de una fractura tiene una importante influencia en el ritmo y el éxito del 
proceso de reparación. Múltiples parámetros influyen en las características mecánicas del callo de fractura 
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incluyendo la estabilidad de la fijación, la morfología de la fractura y el tipo de carga. Una fractura altamente 
estable, como la conseguida con una placa y un tornillo de compresión interfragmentaria, llevará a una 
consolidación primaria de la fractura sin la formación de callo; sin embargo una fijación menos estable, producirá 
un callo cartilaginoso20. La morfología de la fractura influye en la manera de transmitirse las cargas externas al 
callo de fractura. Por otro lado, es importante conocer que la aplicación de adecuadas cargas mecánicas favorece 
la consolidación de la fractura, de tal manera que la aplicación controlada de tensiones en compresión, distracción 
y cizallamiento favorece la formación de hueso; sin embargo, un exceso de compresión, distracción o 
cizallamiento favorecerá la formación de tejido cartilaginoso o fibroso (figura 3).
Este hecho se basa en el proceso de adaptación de la arquitectura ósea que optimiza constantemente sus 
características en respuesta al ambiente mecánico existente. En este sentido parece existir mayor respuesta del 
hueso a la aplicación de cargas dinámicas que estáticas, y en concreto se relaciona con la magnitud pico de 
tensión y la frecuencia de carga. La respuesta osteogénica es inducida y la formación de hueso es mayor cuando 
se aplica un pico de tensión por encima de 0,4% y ciclos de carga por encima de 0,5 Hz. La formación de hueso 
en respuesta a estímulos mecánicos tiende a saturarse cuando la duración de las cargas aumenta21.
Al consolidar una fractura los cambios en su contenido mineral, diámetro del callo y organización fibrosa afectan a 
su resistencia. La densidad de grupos de sistemas de Havers afecta a la resistencia del hueso de tal forma que a 
medida que aumenta la densidad ósea, la resistencia aumenta como el cuadrado de la densidad. El callo inicial se 
forma a partir de la superficie perióstica externa produciendo un aumento del diámetro exterior del área de 
cicatrización que resulta biomecánicamente beneficioso puesto que incrementa su rigidez inicial.
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13. Retrardo de consolidación y pseudoartrosis 
Autores: Elena Manrique Gamo y José Antonio Valle Cruz 
Coordinador: José Enrique Galeote Rodríguez 
Hospital Clínico San Carlos 
Madrid 
1. Introducción
El retardo de consolidación se define como la alteración 
evolutiva de aquella fractura bien reducida e inmovilizada, en 
la que tras transcurrir el tiempo suficiente para consolidar (un 
periodo máximo de 9 meses), no muestra una unión ósea 
completa, y radiográficamente es visible la línea de fractura. 
Cursa sin dolor y sin movilidad patológica de la línea de 
fractura1. Por su parte, la pseudoartrosis sería aquella 
situación en la que una fractura a pesar de una inmovilización 
correcta y de que ha transcurrido un tiempo suficiente para la 
consolidación, nunca llega a consolidar apareciendo una falsa 
articulación en el foco de fractura. Las más frecuentes 
aparecen en la diáfisis1.
La incidencia de pseudoartrosis se estima en torno al 3-4%. 
La localización suele ser en los huesos largos, siendo el 
fémur, la tibia y el húmero los más afectados. Las fracturas 
abiertas pueden alcanzar tasas de fracaso en la consolidación 
de hasta el 30%, con mayor prevalencia en las del grupo IIIC 
de Gustilo2.
Las síntesis inadecuadas