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Manual del residente traumatologa COT 2

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miembro inferior, desde el contacto del talón hasta el siguiente 
contacto del mismo con el suelo. El ciclo de marcha se divide en porcentajes para relacionar cualquier evento con 
la duración total del ciclo y comparar fenómenos de duraciones diferentes y personas de diferentes condiciones 
(figura 9).
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Durante el ciclo de marcha hay fases de apoyo, momentos durante los cuales el pie del miembro inferior 
 descansa en el suelo y el peso del sujeto que anda se descarga sobre ese pie. En la fase de oscilación, el 
miembro inferior avanza hacia delante sin soportar peso. Para avanzar debe flexionar y extender el miembro 
inferior.
La marcha normal necesita, durante un ciclo definido, cinco prioridades:
• La estabilidad del miembro inferior en contacto con el suelo, a lo largo de toda la fase de apoyo.
• El despegue del miembro oscilante durante la fase de apoyo monopodal.
• La adecuada posición del miembro inferior en el momento de apoyar el talón durante el ciclo de marcha.
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• La longitud de paso apropiada.
• Conservar la energía.
Durante la marcha se desplaza el centro de gravedad del cuerpo, con la mayor economía energética, a partir de 
los componentes esqueléticos y las acciones musculares de cada persona.
El estudio de la cinética también analiza el desplazamiento del centro de gravedad que se desplaza durante la 
marcha.
El secreto de los movimientos en el hombre es que la proyección del centro de gravedad en el suelo nunca salga 
del plano de apoyo. Por eso sigue un desplazamiento característico, entra por el punto del talón de apoyo, se 
desplaza por el borde externo del pie, cuando llega a la cabeza del quinto metatarsiano, cambia de dirección, 
pasando por todas las cabezas de los metatarsianos hasta llegar al primero para, después de cambiar de nuevo 
su dirección, recorrer todo el primer dedo. Una vez abandona el primer dedo del pie, la proyección del centro de 
gravedad se coloca entre  los dos pies hasta que realiza  el mismo desplazamiento por el pie contralateral.
Durante la marcha intervienen seis factores mecánicos en el esqueleto, tanto en el plano sagital y como en el 
frontal, que garantizan la estabilidad y ayudan a desplazar el centro de gravedad y conseguir la longitud del paso:
En el plano sagital distinguimos:
• Rotación de la pelvis sobre el eje vertical.
• Báscula pélvica hacia el lado en descarga.
• Flexión de la rodilla durante el apoyo.
• Movimiento del pie y tobillo.
• Coordinación de los movimientos de la rodilla y el tobillo.
En el plano frontal tendremos el desplazamiento lateral de la pelvis.
Durante la marcha hay otros componentes que ayudan a mantener el centro de gravedad estable. Cada uno de 
los segmentos corporales contribuye, con angulaciones y rotaciones, a llevar el miembro inferior hacia delante con 
el desplazamiento más suave posible del centro de gravedad. Así, se produce una rotación opuesta de las 
cinturas; la cintura escapular lanza hacia delante el brazo de la pierna de apoyo, para mantener el equilibrio 
corporal, mientras que la cintura pélvica acompaña al miembro inferior oscilante y le ayuda a ganar longitud de 
paso. Por su parte, el movimiento de los miembros superiores también sigue un patrón bien determinado 
coordinado por el sistema nervioso central, en función de la edad y condiciones físicas del sujeto.
 
9.2. El apoyo plantar durante el paso
El paso comienza con la relajación de los músculos flexores plantares del tobillo con lo que el cuerpo se desplaza 
hacia delante y coloca el centro de gravedad por delante del punto de apoyo. Uno de los miembros inferiores debe 
oscilar hacia delante para volver a colocar el centro de gravedad entre los dos miembros inferiores procurando que 
el área de apoyo sea lo más amplia posible (figura 9).
La pelvis unida a la columna vertebral también tiene su función durante la marcha. El tronco en el hombre se 
apoya en un raquis erecto que se une a los miembros inferiores por las articulaciones sacro-iliacas, muy estables, 
que mantienen la pelvis en su posición característica. La postura erecta produce una presión cráneo– caudal 
progresiva que precisa de vértebras cada vez mayores unidas entre sí por un conjunto potente de ligamentos.
La amplitud de la rotación pélvica aumenta proporcionalmente con la velocidad. El grado de rotación de la pelvis 
determina la distancia de la oscilación del miembro inferior. En este instante, la pierna de apoyo, la que se 
encuentra por detrás del centro de gravedad, aporta la propulsión necesaria para empujar el cuerpo hacia delante, 
gracias al empuje de las cabezas de los metatarsianos y del primer dedo del pie contra el suelo. Comenzando 
entonces el momento de oscilación o balanceo.
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La columna vertebral y la cintura escapular son estructuras transportadas por los dos miembros inferiores, cuya 
desaparición alteraría el modo de marcha humano. Los miembros superiores, especialmente el brazo y el codo en 
flexión, regularizan con sus movimientos la rotación del cuerpo disminuyendo la rotación alrededor del eje vertical 
durante el apoyo monopodal. Existe una relación entre los movimientos del brazo y la anatomía de la columna 
vertebral. Un aumento de la cifosis dorsal produce un aumento de la flexión del miembro superior durante la 
marcha. Si bien hay músculos que pueden explicar la relación entre los movimientos del miembro superior y la 
columna vertebral, no hay músculos que actúen contrarrotando las dos cinturas.
La locomoción (marcha, salto, carrera) es el producto de un sistema de oscilaciones. Las cinturas, escapular
y pelviana, ofrecen durante la marcha movimientos de rotación opuestos. A una velocidad de 4,30 km/h, se 
produce una rotación de 5° en T1 y 8° de rotación en L5, pero en sentido contrario. La restricción del tronco a 
distintas velocidades produce un 10% de aumento del gasto energético e interfiere con la suave progresión del 
cuerpo a altas velocidades, tanto en el plano coronal como sagital.
 
10. Conclusión
La biomecánica cumple y puede explicar gran parte de la patología y de los trastornos mecánicos del sistema 
músculo-esquelético y resulta imprescindible para el desarrollo de nuevos implantes y para aplicar 
adecuadamente las técnicas quirúrgicas.
Adentrarse en sus principios y, sobre todo, aplicarlos a nuestra práctica diaria ayudan a un mejor resultado de la 
evaluación de los pacientes y contribuye al progreso de nuestra especialidad.
 
Bibliografía recomendada
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