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245
C A P Í T U L O
Haemophilus, Bordetella, 
Brucella y Francisella 18
BACTERIAS DEL GÉNERO 
HAEMOPHILUS
Este es un grupo de pequeñas bacterias polimorfas gramnegati-
vas que necesitan medios enriquecidos, que por lo general con-
tienen sangre o sus derivados, para su aislamiento. Haemophilus 
infl uenzae de tipo B es un microorganismo patógeno importan-
te en el ser humano. Haemophilus ducreyi, también es un micro-
organismo patógeno, de transmisión sexual, produce chancroi-
de; otras bacterias del género Haemophilus forman parte de la 
microfl ora normal de la mucosa y sólo algunas veces producen 
enfermedad.
HAEMOPHILUS INFLUENZAE 
Haemophilus infuenzae se detecta en las mucosas de las vías res-
piratorias altas en el ser humano. Es una causa importante de 
meningitis en los niños y puede causar infecciones respiratorias 
en niños y adultos.
Morfología e identificación
A. Microorganismos típicos 
En las muestras de infecciones agudas, los microorganismos son 
bacilos cocoides cortos (1.5 μm), que a veces se encuentran en 
pares o cadenas cortas. En los cultivos, la morfología depende 
de la edad y del medio. A las 6 a 8 h en un medio enriquecido, 
predominan las formas cocobacilares pequeñas. Más tarde hay 
bacilos más largos, bacterias que experimentan lisis y muchas 
variantes polimorfas.
Los microorganismos en cultivos jóvenes (6 a 18 h) en un 
medio enriquecido tienen una cápsula defi nida. La cápsula es 
el antígeno que se utiliza para la “tipifi cación” de H. infl uenzae 
(véase adelante).
B. Cultivo
En agar chocolate se presentan colonias planas de color pardo 
grisáceo con diámetros de 1 a 2 mm después de 24 h de incuba-
ción. IsoVitaleX en los medios de cultivo favorece la multiplica-
ción. H. infl uenzae no se multiplica en agar sangre de cordero, 
excepto alrededor de colonias de estafi lococos (“fenómeno saté-
lite”). H. haemolyticus y H. parahaemolyticus son variantes hemo-
líticas de H. infl uenzae y H. parainfl uenzae, respectivamente. 
C. Características de crecimiento 
La identifi cación de los microorganismos del grupo Haemo-
philus depende en parte de demostrar la necesidad de deter-
minados factores de crecimiento denominados X y V. El factor 
V tiene una acción fi siológica parecida a la hemina; el factor V 
se puede remplazar con nucleótido de nicotinamida y adenina 
(NAD, nicotinamide adenine nucleotide) u otras coenzimas. Las 
colonias de estafi lococos en agar sangre de oveja producen la li-
beración de NAD y generan el fenómeno de crecimiento satélite. 
En el cuadro 18-1 se enumeran las necesidades de factores X y 
V de diversas especies del género Haemophilus. Los hidratos de 
carbono se fermentan en forma defi ciente e irregular.
D. Variación 
Además de la variación morfológica, H. infl uenzae muestra una 
notable tendencia a perder su cápsula y la especifi cidad de tipo 
asociada. Las colonias de variantes no encapsuladas carecen de 
iridiscencia.
E. Transformación
En circunstancias experimentales apropiadas, el DNA extraído 
de un determinado tipo de H. infl uenzae puede transferir la es-
pecifi cidad de tipo a otras células (transformación). La resisten-
cia a la ampicilina y al cloranfenicol es controlada por los genes 
en plásmidos transmisibles.
Estructura antigénica 
H. infl uenzae encapsulado contiene polisacáridos capsulares 
(PM > 150 000) de uno de seis tipos (a a f). El antígeno capsu-
lar de tipo b es un fosfato de polirribosa-ribitol (PRP, polyribose 
ribitol phosphate). H. infl uenzae encapsulado se puede tipifi car 
mediante aglutinación en portaobjetos, coaglutinación con es-
tafi lococos o aglutinación de partículas de látex recubiertas con 
anticuerpos de tipo específi co. Una prueba de hinchazón de la 
cápsula con antisuero específi co es análoga a la prueba corres-
pondiente que se utiliza para los neumococos. También se puede 
llevar a cabo la tipifi cación mediante inmunofl uorescencia. La 
mayor parte de los microorganismos de la especie H. infl uenzae 
246 SECCIÓN III Bacteriología
son dos de los microorganismos más frecuentes de otitis media 
bacteriana y sinusitis aguda. Los microorganismos pueden lle-
gar a la circulación sanguínea y ser transportados a las meninges 
o, con menor frecuencia, se pueden establecer en las articulacio-
nes para producir artritis séptica. Antes del empleo de la vacuna 
conjugada, H. infl uenzae fue la causa más frecuente de menin-
gitis bacteriana en niños de cinco meses a cinco años de edad 
en Estados Unidos. Se parece clínicamente a otras formas de 
meningitis infantil y el diagnóstico se basa en la demostración 
bacteriológica del microorganismo.
A veces se presenta una laringotraqueítis obstructiva ful-
minante con epiglotis edematosa y de color rojo cereza en los 
lactantes que obliga a una traqueostomía inmediata o intuba-
ción como procedimiento para salvar la vida del paciente. La 
neumonitis y la epiglotitis por H. infl uenzae pueden presentarse 
después de infecciones respiratorias altas en los niños pequeños 
y en personas ancianas o debilitadas. Los adultos pueden tener 
bronquitis o neumonía a consecuencia de H. infl uenzae.
Pruebas diagnósticas de laboratorio
A. Muestras
Las muestras consisten en frotis de secreción nasofaríngea, pus, 
sangre y líquido cefalorraquídeo de frotis y cultivos.
B. Identifi cación directa
Se dispone de estuches comerciales para la detección inmuno-
lógica de antígenos de H. infl uenzae en el líquido cefalorraquí-
deo. Una prueba positiva indica que el líquido tiene altas con-
centraciones de polisacárido específi co de H. infl uenzae tipo b. 
Estas pruebas de detección de antígeno por lo general no son 
más sensibles que una tinción de Gram y por tanto no se usan 
ampliamente. En la fi gura 18-1 se ilustra una tinción de Gram de 
H. infl uenzae en esputo.
FIGURA 18-1 Tinción de Gram de Haemophilus infl uenzae en el 
esputo. Los microorganismos son cocobacilos gramnegativos (fl echas 
pequeñas) muy pequeñas (0.3 × 1 μm). Los objetos grandes de forma 
irregular (fl echa grande) son los núcleos de las células polimorfonuclea-
res. El moco está débilmente teñido de rosa en el fondo.
en la microfl ora normal de las vías respiratorias altas no están 
encapsulados.
Los antígenos somáticos de H. infl uenzae constan de proteí-
nas de membrana externa. Los lipopolisacáridos (endotoxinas) 
comparten muchas estructuras con los de las neisserias.
Patogenia
H. infl uenzae no produce exotoxina. El microorganismo no encap-
sulado es un miembro regular de la microfl ora respiratoria normal 
del ser humano. La cápsula es antifagocítica cuando no hay anti-
cuerpos anticapsulares específi cos. La cápsula de fosfato de polirri-
bosa de H. infl uenzae tipo b es el principal factor de virulencia.
La frecuencia de estado de portador en las vías respiratorias 
altas para H. infl uenzae tipo b es de 2 a 4%. La tasa de porta-
dor para H. infl uenzae no tipifi cable es 50 a 80% más alta. H. 
infl uenzae tipo b produce meningitis, neumonía y empiema, 
epiglotitis, celulitis, artritis séptica y a veces otras formas de in-
fección invasiva. H. infl uenzae no tipifi cable tiende a producir 
bronquitis crónica, otitis media, sinusitis y conjuntivitis después 
de la destrucción de los mecanismos de defensa normales del 
hospedador. La tasa de portador para los tipos encapsulados a y 
c a f es baja (1 a 2%) y estos tipos capsulares pocas veces produ-
cen enfermedad. Aunque el tipo b puede ser causa de bronquitis 
crónica, otitis media, sinusitis y conjuntivitis, las produce con 
menor frecuencia que H. infl uenzae no tipifi cable. Asimismo, 
H. infl uenzae no tipifi cable sólo a veces produce enfermedad in-
vasiva (alrededor de 5% de los casos).
La sangre de muchas personas mayores de tres a cinco años 
de edad es bactericida para H. infl uenzae y las infecciones clíni-
cas son menos frecuentes en ellas. Sin embargo, no se detectan 
anticuerpos bactericidas en 25% de los adultos estadounidenses 
y se han presentado infecciones clínicas en adultos.
Manifestaciones clínicasH. infl uenzae tipo b entra a través del sistema respiratorio. Pue-
de haber una diseminación local con afectación de los senos pa-
ranasales o el oído medio. H. infl uenzae tipo b y los neumococos 
CUADRO 18-1 Características y necesidades
de cultivo de bacterias del género Haemophilus
importantes para el ser humano
Especie
Necesita
HemólisisX V
Haemophilus influenzae (H. aegyptius) + + −
Haemophilus parainfluenzae − + −
Haemophilus ducreyi + − −
Haemophilus haemolyticus + + +
Aggregatibacter aphrophilusa − − −
Haemophilus paraphrophaemolyticus − + +
Haemophilus segnis − + −
X, hem; V, dinucleótido de nicotinamida y adenina.
aAhora denominado Aggregatibacter.
CAPÍTULO 18 Haemophilus, Bordetella, Brucella y Francisella 247
complicaciones tardías de la meningitis por H. infl uenzae tipo b 
destacan la aparición de una acumulación subdural circunscrita 
de líquido que exige drenaje quirúrgico.
Epidemiología, prevención y control
H. infl uenzae tipo b encapsulado se transmite entre personas 
por vía respiratoria. La infección por H. infl uenzae tipo b puede 
prevenirse mediante la administración de la vacuna conjugada 
de Haemophilus b aplicada a los niños. En la actualidad se dis-
pone de tres vacunas conjugadas: PRPHbOC en la cual el con-
jugado es CRM197, una toxina dift érica no tóxica; PRP-OMPC, 
complejo de proteína de la membrana externa de Neisseria me-
ningitidis; y PRP-T, que utiliza toxoide tetánico. A partir de los 
dos meses de edad, a todos los niños se les debe inmunizar con 
una de las vacunas conjugadas. Dependiendo de la vacuna que 
se escoja, la serie consta de tres dosis que se administran a los 
dos, cuatro y seis meses de edad o dos dosis que se administran 
a los dos y a los cuatro meses. En ocasiones se administra una 
dosis de refuerzo adicional entre los 12 y los 15 meses de edad. 
Todas estas vacunas conjugadas se pueden aplicar al mismo 
tiempo que la administración de otras vacunas como DTaP. El 
empleo generalizado de la vacuna de H. infl uenzae tipo b ha re-
ducido la frecuencia de meningitis en más del 95% por el mismo 
microorganismo en los niños. La vacuna reduce las tasas de por-
tador de H. infl uenzae tipo b. El contacto con los pacientes que 
padecen una infección clínica por H. infl uenzae plantea escaso 
riesgo para los adultos pero constituye un riesgo defi nido para 
los hermanos no inmunes y otros niños no inmunes menores de 
cuatro años de edad que son contactos cercanos del paciente. En 
estos niños se recomienda la profi laxis con rifampicina.
HAEMOPHILUS AEGYPTIUS
Este microorganismo anteriormente se denominaba bacilo de 
Koch-Weeks; a veces se denomina H. infl uenzae biotipo III, 
pero la designación actual es H. infl uenzae biogrupo aegyptius. 
Es muy parecido a H. infl uenzae y se relaciona con una forma de 
conjuntivitis muy contagiosa. H. aegyptius es la causa de la fi ebre 
purpúrica brasileña, una enfermedad de los niños que se carac-
teriza por fi ebre, púrpura, choque y muerte del paciente.
AGGREGATIBACTER APHROPHILUS
Los microorganismos que pertenecen a las especies Haemophilus 
aphrophilus y Haemophilus paraphrophilus en tiempos recientes se 
combinaron para integrar la misma especie y se modifi có el nombre 
a Aggregatibacter aphrophilus. También se ha añadido Actinobaci-
llus actinomycetemcomitans al género Aggregatibacter. Las cepas de 
A. aphrophilus suelen detectarse como causas de endocarditis in-
fecciosa y neumonía. Estos microorganismos están presentes en la 
cavidad oral como parte de la microfl ora respiratoria normal.
HAEMOPHILUS DUCREYI
Haemophilus ducreyi produce el chancroide (chancro blando), 
una enfermedad de transmisión sexual. El chancroide consiste 
en una úlcera rasgada en los genitales, con edema e hiperalgesia 
C. Cultivo
Se cultivan las muestras en agar chocolate enriquecido con Iso-
VitaleX hasta que aparecen las colonias características. H. in-
fl uenzae se diferencia de los bacilos gramnegativos relacionados 
por sus necesidades de factores X y V y por su falta de hemólisis 
en agar sangre (cuadro 18-1).
Las pruebas para necesidades de factor X (hem) y V (dinu-
cleótido de nicotinamida y adenina) pueden realizarse de diver-
sas maneras. Las bacterias del género Haemophilus que necesi-
tan factor V se multiplican alrededor de tiras de papel o discos 
que contienen factor V colocado en la superfi cie de agar que se 
han procesado en autoclave antes de añadir la sangre (el factor 
V es termolábil). Como alternativa, se puede colocar una tira 
que contenga factor X en paralelo con otra que contenga fac-
tor V en agar defi ciente en estos nutrimentos. La multiplicación 
de Haemophilus en la zona de respuesta entre las tiras indica la 
necesidad de los dos factores. Una mejor prueba para la nece-
sidad de factor V se basa en la incapacidad de H. infl uenzae y 
algunas otras especies del género Haemophilus de sintetizar hem 
a partir del ácido δ-aminolevulínico. El inóculo se incuba con 
ácido δ-aminolevulínico. Los microorganismos del género Hae-
mophilus que no necesitan factor X sintetizan porfobilinógeno, 
porfi rinas, protoporfi rina IX y hem. La presencia de fl uorescen-
cia roja bajo la luz ultravioleta (aproximadamente 360 nm) indi-
ca que hay porfi rinas y es una prueba positiva. Las bacterias del 
género Haemophilus que sintetizan porfi rinas (y por tanto hem) 
no son H. infl uenzae (cuadro 18-1).
Inmunidad
Los lactantes menores de tres meses pueden tener anticuerpos 
séricos transmitidos por la madre. Durante este periodo es poco 
común la infección por H. infl uenzae, pero después se pierden 
los anticuerpos. Los niños a menudo adquieren infecciones por 
H. infl uenzae, que suelen ser asintomáticas pero que pueden 
adoptar la forma de enfermedades respiratorias o meningitis. 
H. infl uenzae ha sido la causa más frecuente de meningitis bacte-
riana en niños de cinco meses a cinco años de edad. Entre los tres 
y cinco años de edad, muchos niños no inmunizados adquieren 
de forma natural anticuerpos contra-PRP que favorecen la destruc-
ción bactericida dependiente de complemento y la fagocitosis. La 
inmunización de los niños con vacuna conjugada de H. infl uen-
zae tipo b induce a la formación de los mismos anticuerpos.
Existe una correlación entre los anticuerpos bactericidas 
presentes y la resistencia a las infecciones importantes por H. in-
fl uenzae tipo b. Sin embargo, no se sabe si estos anticuerpos en sí 
contribuyen a la inmunidad. Los adultos con estos anticuerpos 
pueden presentar neumonía o la artritis por H. infl uenzae.
Tratamiento
La tasa de mortalidad de la meningitis por H. infl uenzae no 
tratada puede ascender a 90%. Muchas cepas de H. infl uenzae 
tipo b son susceptibles a la ampicilina, pero hasta 25% producen 
lactamasa β bajo control de un plásmido trasmisible y son resis-
tentes. Básicamente todas las cepas son susceptibles a la cefalos-
porina de tercera generación. La cefotaxima administrada por 
vía intravenosa produce resultados excelentes. El diagnóstico 
inmediato y el tratamiento antimicrobiano son esenciales para 
disminuir la alteración neurológica y mental tardía. Entre las 
248 SECCIÓN III Bacteriología
dina, se pueden demostrar gránulos metacromáticos bipolares. 
Contienen una cápsula.
B. Cultivo 
El aislamiento primario de B. pertussis exige medios enriqueci-
dos. El medio de Bordet-Gengou (agar papa-sangre-glicerol) que 
contiene penicilina G, 0.5 μg/ml se puede utilizar; sin embargo, 
es preferible un medio que contenga carbón activado similar al 
que se utiliza para Legionella pneumophila. Los discos se incu-
ban a una temperatura de 35 a 37°C durante tres a siete días en 
medio húmedo (p. ej., una bolsa de plástico sellada). Los bacilos 
gramnegativos de tinción débil pequeños se identifi can median-
te la tinción inmunofl uorescente. B. pertussis no es móvil.
C. Características de crecimiento 
El microorganismo es un aerobio estricto y forma ácido pero 
no gas a partir de glucosa y lactosa. No necesita factores X y V 
en el subcultivo.La hemólisis de medio que contiene sangre se 
relaciona con B. pertussis virulento.
D. Variación
Cuando se aísla en pacientes y se cultiva en medios enriqueci-
dos, B. pertussis se encuentra en la fase hemolítica y virulenta 
productora de toxina pertussis. Hay dos mecanismos por los 
cuales B. pertussis cambia a formas no hemolíticas, no virulentas 
no productoras de toxina. La modulación fenotípica reversible 
ocurre cuando se multiplica B. pertussis en ciertas condiciones 
ambientales (p. ej., 28°C por contraposición a 37°C, la presencia 
de MgSO4, etc.). La variación de fase reversible se presenta tras 
una mutación de baja frecuencia en el locus genético que con-
trola la expresión de los factores de virulencia (véase adelante). 
Es posible que estos mecanismos desempeñen una función en 
el proceso infeccioso, pero no se ha demostrado clínicamente 
cuál es.
Estructura antigénica, patogenia 
y anatomía patológica
B. pertussis produce diversos factores que intervienen en la 
patogenia de la enfermedad. Un locus en el cromosoma de B. 
pertussis hace las veces de un regulador central de los genes 
de virulencia. Este locus tiene dos genes de virulencia de Bor-
detella, bvgA y bvgS. Los productos de los loci A y S son si-
milares a los de los sistemas reguladores de dos componentes 
conocidos. bvgS responde a las señales ambientales en tanto 
que bvgA es un activador de la transcripción de los genes de 
virulencia. La hemaglutinina fi lamentosa media la adherencia 
a las células epiteliales ciliadas. La toxina pertussis favorece la 
linfocitosis, la sensibilización a la histamina y la mayor secre-
ción de insulina y tiene una actividad de ribosilación de ADP, 
con una estructura A/B y un mecanismo de acción similar al de 
la toxina del cólera. La hemaglutinina fi lamentosa y la toxina 
pertussis son proteínas secretadas y se encuentran fuera de las 
células de B. pertussis. La toxina adenilatociclasa, la toxina 
dermonecrótica y la hemolisina también son reguladas por el 
sistema bvg. La citotoxina traqueal inhibe la síntesis de DNA 
en las células ciliadas y no es regulada por bvg. Las pilosidades 
probablemente tienen una participación en la adherencia de 
las bacterias a las células epiteliales ciliadas de las vías respi-
dolorosa intensos. Los ganglios linfáticos regionales están aumen-
tados de tamaño y son dolorosos. La enfermedad debe distinguir-
se de la sífi lis, la infección por el herpes simple y el linfogranuloma 
venéreo.
Los bacilos gramnegativos pequeños se encuentran en cor-
dones en las lesiones, por lo general acompañados por otros mi-
croorganismos piógenos. H. ducreyi necesita factor X pero no 
factor V. Se multiplica mejor en los raspados de la base de la 
úlcera en agar chocolate que contiene IsoVitaleX al 1% y vanco-
micina, 3 μg/ml, e incubados en CO2 al 10% a una temperatura 
de 33°C. No hay inmunidad permanente después de la infección 
por chancroide. El tratamiento con ceft riaxona intramuscular, 
trimetoprim-sulfametoxazol oral o eritromicina oral a menudo 
produce la cicatrización en dos semanas.
OTRAS BACTERIAS DEL GÉNERO 
HAEMOPHILUS
Haemophilus haemoglobinophilus necesita factor X pero no 
factor V y se ha detectado en perros pero no en enfermedades 
humanas. Haemophilus haemolyticus es el microorganismo he-
molítico más marcado del grupo in vitro; se distribuye tanto en 
la nasofaringe normal como en relación con infecciones poco 
comunes del aparato respiratorio de gravedad moderada en los 
niños. Haemophilus parainfl uenzae se parece a H. infl uenzae y 
es un residente normal del aparato respiratorio humano; se ha 
detectado de manera esporádica en la endocarditis infecciosa y 
en la uretritis. H. suis se parece a H. infl uenzae desde el punto de 
vista bacteriológico y tiene una acción sinérgica con el virus de la 
infl uenza porcina para producir la enfermedad en cerdos.
BORDETELLA
Hay varias especies del género Bordetella. Bordetella pertussis, 
un microorganismo patógeno muy contagioso e importante en 
el ser humano, produce tos ferina. Bordetella parapertussis puede 
producir una enfermedad muy similar. Bordetella bronchiseptica 
(Bordetella bronchicanis) produce enfermedad en animales como 
la tos de los perros y de los conejos, y sólo a veces produce enfer-
medad respiratoria y bacteriemia en el ser humano, principalmen-
te en hospedadores inmunodefi cientes. Bordetella avium produce 
la coriza de los pavos y se sabe que infecta al ser humano. Especies 
más nuevas y sus relaciones con enfermedades comprenden B. 
hinzii (bacteriemia y enfermedad respiratoria). B. holmseii (bac-
teriemia en pacientes inmunodefi cientes) y B. trematum (heridas 
y otitis media). B. pertussis, B. parapertussis y B. bronchiseptica 
están íntimamente relacionadas y tienen una homología de DNA 
de 72 a 94% y diferencias muy limitadas en el análisis enzimático 
multilocus; las tres especies podrían considerarse tres subespecies 
dentro de una especie. B. avium es una especie distintiva.
BORDETELLA PERTUSSIS 
Morfología e identifi cación
A. Microorganismos típicos 
Los microorganismos son cocobacilos gramnegativos diminutos 
que se parecen a H. infl uenzae. En la tinción con azul de tolui-
471
C A P Í T U L O
Virus de la hepatitis 35
La hepatitis viral es una enfermedad sistémica que afecta princi-
palmente al hígado. Casi todos los casos de hepatitis viral aguda en 
niños y adultos se deben a uno de los siguientes virus: virus de la 
hepatitis A (HAV), el agente causal de la hepatitis viral de tipo A 
(hepatitis infecciosa); virus de la hepatitis B (HBV), que produce la 
hepatitis B (hepatitis por el suero); virus de la hepatitis C (HCV), 
que produce la hepatitis C (causa frecuente de hepatitis después de 
transfusiones); o el virus de la hepatitis E (HEV), que produce la he-
patitis transmitida por vía enteral. En otros capítulos se describen 
virus adicionales bien caracterizados que pueden causar hepatitis 
esporádica, tales como virus de la fi ebre amarilla, citomegalovirus, 
virus de Epstein-Barr, virus del herpes simple, virus de la rubéola 
y enterovirus. Los virus de la hepatitis producen una infl amación 
aguda del hígado que causa enfermedad clínica caracterizada por 
fi ebre, síntomas digestivos como náusea, vómito e ictericia. Sin im-
portar el tipo de virus, durante la enfermedad aguda se observan 
lesiones histopatológicas idénticas en el hígado. 
PROPIEDADES DE LOS VIRUS 
DE LA HEPATITIS
En el cuadro 35-1 se muestran las características de los cinco virus 
de la hepatitis conocidos. En el cuadro 35-2 se presenta la nomen-
clatura de los virus de la hepatitis, los antígenos y los anticuerpos.
Hepatitis tipo A
El HAV es un miembro diferente de la familia de los Picorna-
viridae (cap. 36); es una partícula esférica de 27 a 32 nm con 
simetría icosaédrica cúbica que contiene un genoma lineal de 
RNA monocatenario con un tamaño de 7.5 kb. Aunque en un 
principio se clasifi có provisionalmente como enterovirus 72, 
las secuencias de nucleótido y aminoácido del HAV son tan di-
ferentes que se le ubicó en un nuevo género de picornavirus, 
Hepatovirus. Sólo se conoce un serotipo. No existe reactividad 
cruzada antigénica con HBV o con los otros virus de la hepatitis. 
El análisis de la secuencia genómica de una región variable en la 
unión de los genes 1D y 2A permitió clasifi car las cepas de HAV 
en siete genotipos. En el cuadro 36-1 se enumeran las propieda-
des importantes de la familia Picornaviridae. 
El HAV es estable al tratamiento con éter al 20%, ácido (pH 
de 1.0 durante 2 h) y al calor (60°C durante 1 h) y su infectivi-
dad puede conservarse por lo menos durante un mes después de 
desecarse y almacenarse a una temperatura de 25°C y con hume-
dad relativa de 42% o durante años a temperatura de −20°C. El 
virus se destruye con el autoclave (121°C durante 20 min), ebu-
llición en agua por 5 min, con calor seco (180°C por 1 h), por 
radiación ultravioleta (1 min a 1.1 watts), mediante el tratamiento 
con formalina (1:4 000 durante tres días a unatemperatura de 
37°C) o por el tratamiento con cloro (10 a 15 ppm durante 30 
min). Es necesario calentar el alimento a una temperatura >85°C 
durante un minuto y desinfectar las superfi cies con hipoclorito de 
sodio (dilución de blanqueador de cloro a 1:100) para inactivar al 
HAV. La resistencia relativa de este virus a los procedimientos de 
desinfección resalta la necesidad de precauciones adicionales para 
tratar a los pacientes con hepatitis y sus productos.
El HAV se identifi có inicialmente en heces y muestras de 
biopsias de hígado utilizando microscopia electrónica con téc-
nicas inmunológicas como sistema de detección (fi g. 35-1). Los 
análisis serológicos sensibles y la técnica de reacción en cadena 
de la polimerasa (PCR, polymerase chain reaction) permiten la 
detección de HAV en las heces y otras muestras y determinar 
anticuerpos específi cos en suero.
Los linajes celulares de diversos primates respaldan el desa-
rrollo del HAV, aunque las cepas frescas de virus son difíciles de 
adaptarse y desarrollarse. Por lo general no se manifi estan efec-
tos citopáticos. Las mutaciones en el genoma viral se seleccionan 
durante la adaptación al cultivo de tejido.
FIGURA 35-1 Microfotografía electrónica de un virus de la hepatitis 
A de 27 nm agregado con anticuerpo (222 000 ×). Obsérvese la presen-
cia de un “halo” de anticuerpo alrededor de cada partícula. (Cortesía de 
DW Bradley, CL Hornbeck y JE Maynard.)
472 SECCIÓN IV Virología
CUADRO 35-1 Características de los virus de la hepatitis
Virus Hepatitis A Hepatitis B Hepatitis C Hepatitis D Hepatitis E
Familia Picornaviridae Hepadnaviridae Flaviviridae No clasificada Hepeviridae
Género Hepatovirus Orthohepadnavirus Hepacivirus Deltavirus Hepevirus
Virión 27 nm, icosaédrico 42 nm, esférico 60 nm, esférico 35 nm, esférico 30-32 nm, icosaédrico
Envoltura No Sí (HbsAg) Sí Sí (HBsAg) No
Genoma ssRNA dsDNA ssRNA ssRNA ssRNA
Tamaño del genoma (kb) 7.5 3.2 9.4 1.7 7.2
Estabilidad Estable en calor y ácido Sensible al ácido Sensible al éter, sensible 
al ácido
Sensible al ácido Termoestable
Transmisión Fecal-oral Parenteral Parenteral Parenteral Fecal-oral
Prevalencia Alta Elevada Moderada Baja, regional Regional
Enfermedad fulminante Infrecuente Infrecuente Infrecuente Frecuente En embarazo
Enfermedad crónica Nunca Frecuente Frecuente Frecuente Nunca
Oncógeno No Sí Sí ? No 
CUADRO 35-2 Nomenclatura y defi niciones de virus, antígenos y anticuerpos de la hepatitis
Enfermedad Componente del sistema Defi nición 
Hepatitis A HAV
Anticuerpos contra HAV
Anticuerpos IgM contra 
HAV
Virus de la hepatitis A. Microorganismo causante de la hepatitis infecciosa. Un picornavirus, el 
prototipo del género Hepatovirus
Anticuerpo contra HAV. Detectable al inicio de los síntomas; persiste de por vida
Anticuerpos IgM contra HAV. Indica infección reciente con hepatitis A; positivo hasta 4 a 6 meses 
después de la infección
Hepatitis B HBV
HBsAg
HBeAg
HBcAg
Anticuerpos contra HBs
Anticuerpos contra HBe
Anticuerpos contra HBc
Anticuerpos IgM contra 
HBc
Virus de la hepatitis B. Microorganismo causante de la hepatitis sérica. Un hepadnavirus.
Antígeno de superficie B de la hepatitis; antígeno(s) de superficie de HBV detectable en gran 
cantidad en suero; varios subtipos identificados
Antígeno E de la hepatitis B. Se relaciona con la nucleocápside de HBV; indica replicación viral; 
circula como antígeno soluble en suero
Antígeno central de la hepatitis B
Anticuerpos contra HBsAg. Indica una infección previa con HBV e inmunidad al mismo; presencia 
de anticuerpo pasivo de HBIG, o respuesta inmunitaria de la vacuna HBV
Anticuerpos contra HBeAg. La presencia en el suero de portador de HBsAg indica un título más 
bajo de HBV
Anticuerpos contra HBcAg. Indica infección con HBV en algún momento previo indefinido
Anticuerpos IgM contra HBcAg. Indica infección reciente con HBV; positivo durante 4 a 6 meses 
después de la infección
Hepatitis C HCV
Anticuerpos contra HCV
Virus de la hepatitis C, un microorganismo causante frecuente de la hepatitis subsiguiente a 
transfusiones. Un flavivirus, género Hepacivirus
Anticuerpos contra HCV
Hepatitis D HDV
HDAg
Anticuerpos contra HDV
Virus de la hepatitis D. Microorganismo etiológico de la hepatitis delta; causa infección sólo en 
presencia de HBV
Antígeno delta (Ag delta). Detectable en la infección aguda inicial por HDV
Anticuerpos contra Ag delta (anti-delta). Indica infección previa o presente por HDV
Hepatitis E HEV Virus de la hepatitis E. Virus de la hepatitis transmitido por vía entérica. Produce grandes epidemias 
en Asia, norte y occidente de África y México; transmisión fecal-oral o en el agua. No clasificado
Inmunoglobulinas IG
HBIG
Inmunoglobulina USP. Contiene anticuerpos contra HAV; no anticuerpos con HBsAg, HCV o VIH
Inmunoglobulina de la hepatitis B. Contiene altos títulos de anticuerpos contra HBV
CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 473
del marco y codifi ca el HBsAg principal, así como los polipépti-
dos que contienen además secuencias pre-S2 o pre-S1 y pre-S2. 
El gen C tiene dos codones de iniciación dentro del marco y co-
difi ca HBcAg más la proteína HBe, que es procesada para pro-
ducir HBe, la cual es procesada para producir HBeAg soluble.
Las partículas que contienen HBsAg son antigénicamente 
complejas. Cada una contiene un antígeno específi co de grupo, a, 
Hepatitis tipo B
El HBV se clasifi ca como un hepadnavirus (cuadro 35-3); desa-
rrolla infecciones crónicas, sobre todo en las personas infectadas 
durante la lactancia; es un factor importante para el desarrollo 
de una enfermedad hepática y el carcinoma hepatocelular en 
estos individuos.
A. Estructura y composición
El estudio con microscopia electrónica con suero positivo para 
HBsAg revela tres formas morfológicas (fi gs. 35-2 y 35-3A). La 
mayoría son partículas esféricas que miden 22 nm de diámetro 
(fi g. 35-3B). Estas partículas pequeñas están constituidas exclu-
sivamente por HBsAg, pues son formas tubulares o fi lamento-
sas que tienen el mismo diámetro pero que pueden tener una 
longitud de más de 200 nm, y se deben a la producción excesiva 
de HBsAg. Los viriones esféricos más grandes, de 42 nm (origi-
nalmente designados como partículas de Dane) se observan con 
menos frecuencia (fi g. 35-2). La superfi cie externa, o envoltura, 
contiene HBsAg y rodea un centro de nucleocápside interna 
de 27 nm que contiene HBcAg (fi g. 35-3C). La longitud varia-
ble de una región monocatenaria del genoma de DNA circular 
produce partículas genéticamente heterogéneas con una amplia 
gama de densidades fl otantes. 
El genoma viral (fi g. 35-4) consta de DNA circular parcial-
mente bicatenario de 3 200 bp de longitud. Las cepas de HBV 
diferentes comparten una homología de secuencia nucleotídica 
de 90 a 98%. La cadena negativa de longitud uniforme de DNA 
(cadena L o larga) es complementaria a todos los mRNA de 
HBV; la cadena positiva (cadena S o corta) es variable y tiene 
una longitud de unidad entre 50 y 80%.
Existen cuatro marcos de lectura abiertos que codifi can sie-
te polipéptidos. Éstos son las proteínas estructurales de la su-
perfi cie del virión y el núcleo, un transactivador transcripcional 
pequeño (X) y una proteína de polimerasa grande (P) que com-
prende DNA polimerasa, transcriptasa inversa y actividad de 
ribonucleasa H. El gen S tiene tres codones de iniciación dentro 
CUADRO 35-3 Propiedades importantes 
de los hepadnavirusa
Virión: Casi 42 nm de diámetro en general (nucleocápsides, 18 nm)
Genoma: Una molécula de DNA bicatenario, circular, de 3.2 kbp. En 
el virión, la cadena de DNA negativa tiene longitud completa y la 
cadena de DNA positiva está parcialmente completa. La brecha debe 
completarse al inicio del ciclo de replicación
Proteínas: Dos polipéptidos importantes (uno glucosilado) están 
presentes en HBsAg; un polipéptido está presente en HBcAg
Envoltura: Contiene HBsAg y lípido
Replicación: Por medio de una copia de RNA intermedio del genoma 
deDNA (HBcAg en el núcleo; HBsAg en el citoplasma). Tanto el virus 
maduro como las partículas esféricas de 22 nm constan de HBsAg 
secretado por la superficie celular
Características destacadas:
La familia está constituida por muchos tipos que infectan al ser 
humano y a los animales inferiores (p. ej., patos, ardillas, marmotas)
Causa hepatitis aguda y crónica, que a menudo avanza a los estados de 
portador permanentes y carcinoma hepatocelular
a Para HAV, véanse las propiedades de los picornavirus (cuadro 36-1); para HCV, véase la 
descripción de los fl avivirus (cuadro 38-1).
42 nm
15-25 nm
Virus incompleto
20x20-200 nm
Cadena L
Cadena S
5′
3′
3′
5′
DNA viral
3200 bp
Virión
Partículas
portadores
de HBsAg
en sangre
HBeAg
soluble
liberado del
centro
del virión
Centro del
virión con
HBcAg
28 nm
Centro del virión
Detergente
potente
Detergente
potente
Detergente
no iónico
B
A
FIGURA 35-2 Formas virales y subvirales de la hepatitis B. 
A: Representaciones esquemáticas de tres formas que contienen 
HBsAg que pueden identifi carse en el suero de portadores de HBV. 
La partícula de Dane esférica de 42 nm puede destruirse mediante 
detergentes no iónicos para liberar el centro de 28 nm que contienen 
el genoma de DNA viral parcialmente bicatenario. Un antígeno soluble, 
denominado HBeAg, puede liberarse de las partículas del centro 
mediante el tratamiento con un detergente potente. B: Microfotografía 
electrónica que muestra tres formas de portadores de HBsAg diferentes: 
partículas esféricas pleomórfi cas de 20 nm (A), formas fi lamentosas (B) 
y partículas de Dane esféricas de 42 nm, la forma infecciosa de HBV (C). 
(Cortesía de FB Hollinger.)
474 SECCIÓN IV Virología
porque los casos secundarios tienen el mismo subtipo que el caso 
índice.
La estabilidad de HBsAg no siempre coincide con la del 
compuesto infeccioso. Sin embargo, los dos son estables a una 
temperatura de −20°C durante más de 20 años y estables al con-
además de las dos porciones de subdeterminantes mutuamente 
exclusivas, d/y y w/r. Por consiguiente, se han observado cuatro 
fenotipos de HBsAg: adw, ayw, adr y ayr. En Estados Unidos, 
adw es el subtipo predominante. Estos biomarcadores espe-
cífi cos de virus son útiles en investigaciones epidemiológicas, 
A B C
Eco RI 
3182/1 
28
00
 
24
00
 
20
00
 
1600 DR1 
DR2 II 5′
I 
5′
1200 
800 
400 
Pre
-S1
 : 12
8 aa
 
3155
2848
3172
15
5
G
RE
833
16
21 137418
36
18
14
19
01
2357
2450
55 aa 
Pre-S2 
G
en S : 226 aa
RNA de 2.1 kb
R
egión P : 832 aa
Región X : 154 aa
G
en C
: 183 aa
R
N
A
 de 3.5 kb
Pre-C 
1934 
A A A A A A 
Ca
den
a –
Ca
den
a +
 S 
 prom 
prom 
Pre-C 
pro
m
 
In
te
ns
ifi
ca
do
r
X 
Pr
e-
S1
 
pr
om
 
18
20
17
90
Int 
FIGURA 35-3 A: Plasma humano no fraccionado positivo para HBsAg. Se muestran los fi lamentos, las partículas esféricas de 22 nm y algunos 
viriones de 42 nm (77 000 ×). B: HBsAg purifi cado (55 000 ×). (Cortesía de RM McCombs y JP Brunschwig.) C: HBcAg purifi cado de núcleos de hígado 
infectado (122 400 ×). El diámetro de las partículas del centro es de 22 nm. (Cortesía de HA Fields, GR Dreesman y G Cabral.)
FIGURA 35-4 Organización genética del genoma de HBV. Cuatro marcos de lectura abiertos que codifi can siete péptidos están señalados con 
fl echas grandes. Están marcadas las secuencias reguladoras (promotores [prom], los intensifi cadores [Int] y el elemento reactivo de glucocorticoide 
[GRE]). Sólo están representados los dos transcriptos principales (centro/pre-genoma y mRNA S). DR1 y DR2 son dos secuencias directamente 
repetidas de 11 bp en las extremidades 5′ del DNA de cadena negativa y positiva. (Reproducida con autorización de Buendia MD: Hepatitis B viruses 
and hepatocellular carcinoma. Adv Cancer Res 1992;59:167. Academic Press, Inc., 1992.)
CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 475
Los centros experimentan gemación en las membranas pre-Golgi, 
adquiriendo envolturas que contienen HBsAg y pueden salir de la 
célula. Como alternativa, los centros pueden reimportarse hacia el 
núcleo e iniciar otra ronda de replicación en la misma célula.
Hepatitis tipo C
Los estudios clínicos y epidemiológicos y los experimentos de 
provocación cruzada en los chimpancés habían señalado que 
existían varios virus de la hepatitis no A, no B (NANB), los cua-
les, con base en análisis serológicos, no estaban relacionados con 
HAV o HBV. El principal virus se identifi có como el virus de 
la hepatitis C (HCV). Éste es un virus de RNA de tira positiva, 
clasifi cado bajo la familia Flaviviridae, género Hepacivirus. Con 
el análisis de la secuencia de RNA se pueden diferenciar varios 
virus en por lo menos seis genotipos principales y más de 100 
subtipos. Los genotipos difi eren entre sí en 25 a 35% al nivel del 
nucleótido; los subtipos difi eren entre sí en 15 a 25%. El genoma 
es de 9.4 kb de tamaño y codifi ca una proteína central, dos gluco-
proteínas de la envoltura y varias proteínas no estructurales (fi g. 
35-6). La expresión de clones de cDNA de HCV en levaduras 
dio por resultado el desarrollo de análisis serológicos para anti-
cuerpos contra HCV. La mayor parte de los casos de hepatitis de 
NANB consecutivas a transfusiones eran causados por HCV. 
gelamiento y descongelamiento repetidos. El virus también es es-
table a una temperatura de 37°C durante 60 min y se mantiene 
viable después de desecarse y almacenarse a 25°C por lo menos 
durante una semana. HBV (pero no HBsAg) es sensible a tempera-
turas más elevadas (100°C durante 1 min) o a periodos de incuba-
ción más prolongados (60°C durante 10 h). HBsAg se mantiene 
estable a un pH de 2.4 hasta por 6 h, pero se pierde la infectividad 
de HBV. El hipoclorito de sodio al 0.5% (p. ej., blanqueador de 
cloro a 1:10), destruye la antigenicidad luego de 3 min a concen-
traciones bajas de proteína, pero las muestras de suero no diluido 
necesitan concentraciones más altas (5%). HBsAg no se destruye 
con la radiación ultravioleta del plasma u otros hemoderivados y 
la infectividad viral también ofrece resistencia a tal tratamiento.
B. Replicación del virus de la hepatitis B
El virión infeccioso se adhiere a las células y pierde su envoltura 
(fi g. 35-5). En el núcleo, el genoma viral parcialmente bicatenario 
se convierte a DNA bicatenario circular cerrado en forma covalen-
te (cccDNA). El cccDNA sirve de molde para todos los transcrip-
tos virales, incluido el RNA de pregenoma de 3.5 kb. El RNA del 
pregenoma se encapsida con HBcAg recién sintetizado. Dentro de 
los núcleos, la polimerasa viral sintetiza mediante transcripción in-
versa una copia de DNA de tira negativa. La polimerasa comienza 
a sintetizar la tira de DNA positiva, pero no se concluye el proceso. 
Adherencia
Desenvoltura
Síntesis de DNA
de cadena positiva
Síntesis de DNA
de cadena
negativaRNA de 3.5 kb
Encapsidación
Traducción
Citoplasma
Transcripción AAA
AAA
AAA
(mRNA de 2.1, 2.4 y 3.5 kb)
Núcleo
cccDNA
Reparación de DNA del hospedador
Célula de
salida
Envoltura
adquirida
(pre-Golgi)
Ciclo de reentrada
FIGURA 35-5 Ciclo de replicación de HBV. La adherencia de HBV a un receptor en la superfi cie de los hepatocitos ocurre a través de una porción 
de la región pre-S de HBsAg. Después de la desenvoltura del virus, las enzimas celulares no identifi cadas convierten el DNA parcialmente bicatenario 
en DNA circular cerrado en forma covalente (ccc) que puede detectarse en el núcleo. El cccDNA sirve de plantilla para la producción de mARN de HBV 
y el pregenoma de RNA de 3.5 kb. El pregenoma sufre encapsidación por una señal de envoltura ubicada cerca del extremo 5′ del RNA en partículas 
del centro recién sintetizadas, donde sirve de plantilla para la transcriptasa inversa de HBV codifi cada dentro del gen de la polimerasa. Una actividad 
de ribonucleasa H de la polimerasa retira la plantilla de RNA a medida que se sintetiza el DNA de cadena negativa. La síntesis de DNA de cadena po-
sitiva no procede hasta su conclusióndentro del centro, lo que da por resultado productos intermedios replicativos que constan de DNA de cadena 
negativa de longitud completa más DNA de cadena positiva de longitud variable (20 a 80%). Las partículas de centro que contienen estos interme-
diarios replicativos de DNA experimentan brotes desde las membranas de pre-Golgi (adquiriendo HBsAg en el proceso) y pueden salir de la célula o 
volver a entrar en el ciclo de infección intracelular. (Reproducida con autorización de Butel JS, Lee TH, Slagle BL: Is the DNA repair system involved 
in hepatitis-B-virus-mediated hepatocellular carcinogenesis? Trends Microbiol 1996;4:119.)
476 SECCIÓN IV Virología
Nueva Delhi, cuando se presentaron 29 000 casos de hepatitis 
ictérica tras la contaminación del suministro de agua potable 
de la ciudad por aguas residuales. Las mujeres embarazadas 
pueden tener una tasa de mortalidad elevada (20%) si presen-
tan hepatitis fulminante. Se ha clonado el genoma viral y es 
un RNA de polaridad positiva, monocatenario de 7.2 kb. El 
virus se parece a los calicivirus pero se ha remplazado en una 
nueva familia de virus, Herpesviridae, del género Herpesvirus. 
Las cepas animales de HEV son frecuentes en todo el mundo. 
En Estados Unidos hay indicios de infecciones por HEV o si-
milares a HEV en roedores, cerdos, carneros y ganado bovino. 
Existe la posibilidad de que el virus se difunda de los animales 
al ser humano.
INFECCIONES POR EL VIRUS
DE LA HEPATITIS EN SERES HUMANOS
Anatomía patológica
El término hepatitis es un término general que signifi ca infl ama-
ción del hígado. En el examen microscópico hay una degene-
ración de la célula parenquimatosa en placas, con necrosis de he-
patocitos, una reacción infl amatoria lobular difusa y destrucción 
de los cordones de hepatocitos. Estos cambios parenquimatosos 
se acompañan de hiperplasia de células reticuloendoteliales (de 
Kupff er), infi ltración periportal por células mononucleares y de-
generación celular. A menudo se observan zonas circunscritas 
de necrosis. En una etapa más avanzada de la enfermedad hay 
una acumulación de macrófagos cerca de los hepatocitos en de-
generación. La conservación de la estructura reticular permite la 
regeneración del hepatocito de manera que con el tiempo puede 
recuperarse la estructura tan ordenada del lóbulo hepático. El 
tejido hepático lesionado suele restablecerse en un lapso de ocho 
a 12 semanas. 
Los portadores crónicos de HBsAg pueden presentar o no 
manifestaciones clínicas evidentes de enfermedad hepática. La 
hepatitis viral persistente (no resuelta), una enfermedad benig-
na leve que puede presentarse tras la hepatitis B aguda en 8 a 
10% de los pacientes adultos, se caracteriza por concentracio-
nes esporádicas anormales de aminotransferasa y hepatomega-
lia. En el examen histológico está conservada la estructura lo-
bular, observándose infl amación portal, hepatocitos hinchados 
y pálidos (disposición en empedrado) y fi brosis leve a nula. Esta 
lesión a menudo se observa en portadores asintomáticos, por 
lo general no evoluciona hacia la cirrosis y tiene un pronóstico 
favorable. 
Casi todas las nuevas infecciones por HCV son subclínicas. 
La mayor parte de los pacientes infectados con este virus (70 a 
90%) presenta hepatitis crónica y muchos corren el riesgo de 
evolucionar a hepatitis activa crónica y cirrosis (10 a 20%). En 
algunos países, como en Japón, la infección por HCV a menudo 
desencadena carcinoma hepatocelular. Casi 25 000 individuos 
fallecen cada año por hepatitis crónica y cirrosis en Estados Uni-
dos; la HCV al parecer contribuye de manera importante a esta 
mortalidad (alrededor de 40%). 
La HCV manifi esta diversidad genómica con diferentes ge-
notipos (clados) de predominio en diferentes partes del mundo. 
El virus experimenta una variación de la secuencia durante las 
infecciones crónicas. Esta población viral compleja en un hos-
pedador se designa como “cuasiespecie”. Tal diversidad genéti-
ca no se correlaciona con diferencias en la enfermedad clínica, 
aunque existen diferencias en la respuesta al tratamiento antiviral 
según el genotipo viral.
Hepatitis tipo D (hepatitis delta)
En algunas infecciones por HBV se detectan el antígeno del-
ta (Ag delta) y el anticuerpo delta (anti-delta). El antígeno se 
encuentra dentro de determinadas partículas de HBsAg. En la 
sangre, HDV (virus delta) contiene Ag delta (HDAg) rodeado 
por una envoltura de HBsAg. Tiene una partícula de 35 a 37 nm 
y una densidad fl otante de 1.24 a 1.25 g/ml en CsCl. El genoma 
de HDV consta de un RNA monocatenario, circular, de pola-
ridad negativa, de 1.7 kb de tamaño. Es el más pequeño de los 
microorganismos patógenos humanos conocido y se parece a 
los subvirus patógenos de plantas, es decir, viroides. No existe 
ninguna homología con respecto al genoma de HDV. La HDAg 
es la única proteína codifi cada por RNA de HDV y es diferente 
a los determinantes antigénicos de HBV. El HDV es un virus 
defectuoso que adquiere una cubierta de HBsAg para su trans-
misión. A menudo se relaciona con las formas más graves de 
hepatitis en los pacientes positivos para HBsAg. Se clasifi ca en 
el género Deltavirus, el cual no se asigna a ninguna familia de 
virus. 
Hepatitis tipo E
El virus de la hepatitis E (HEV) se transmite por vía entéri-
ca y se presenta en forma epidémica en los países en vías de 
desarrollo, donde los suministros de agua o alimentos a veces 
están contaminados por heces. Fue documentada inicialmente 
en muestras obtenidas durante el brote epidémico de 1955 en 
C E1 E2 NS2 NS3 NS4B NS5A NS5B
Estructural No estructural
5' UTR 3' UTR
HVR-1
NS4A 9.4 kb
FIGURA 35-6 Organización genética del genoma de HCV. El marco de lectura abierto individual es expresado como una poliproteína que se 
procesa; se muestran las posiciones de los dominios estructurales y no estructurales. HVR-1 representa la región muy variable de una glucoproteína 
de envoltura. (Redibujada con autorización de Chung RT, Liang TJ: Hepatitis C virus and hepatocellular carcinoma. En: Microbes and Malignancy: 
infection as a Cause of Human Cancers. Parsonnet J [editor]. Oxford University Press, 1999.)
CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 477
Manifestaciones clínicas
En el cuadro 35-4 se resumen las manifestaciones clínicas de las 
infecciones por HAV, HBV y HCV. En los casos individuales no 
es posible establecer una diferenciación clínica fi able entre los 
casos causados por los virus de la hepatitis. 
Otras enfermedades virales que pueden presentarse como 
hepatitis son mononucleosis infecciosa, fi ebre amarilla, infec-
ción por citomegalovirus, herpes simple, rubéola y algunas in-
fecciones por enterovirus. En ocasiones se presenta hepatitis 
como una complicación de leptospirosis, sífi lis, tuberculosis, 
toxoplasmosis o amebiasis, todas las cuales son susceptibles 
a la farmacoterapia específi ca. Las causas no infecciosas son 
obstrucción biliar, cirrosis biliar primaria, enfermedad de Wil-
son, toxicidad de fármacos y reacciones de hipersensibilidad a 
fármacos.
En la hepatitis viral, la presencia de la ictericia suele ir precedi-
da de síntomas gastrointestinales como náusea, vómito, anorexia 
La hepatitis activa crónica se caracteriza por una gama de 
cambios histológicos que van desde la infl amación y la necrosis 
hasta la destrucción de la estructura reticular normal con forma-
ción de puentes entre las tríadas portales o las venas hepáticas 
terminales. Se detecta HBV en 10 a 50% de estos pacientes. 
Algunas veces durante una hepatitis viral aguda, puede ocu-
rrir daño más considerable que impida la regeneración ordena-
da de las células hepáticas. Dicha necrosis hepatocelular fulmi-
nante o masiva se observa en 1 a 2% de los pacientes ictéricos 
con hepatitis B. Es 10 veces más frecuente en presencia de una 
infección concomitante por HDV que en ausencia de ésta. 
Ninguno de los virus de la hepatitis suele ser citopatógeno 
y se piensa que la lesión celular observada en la hepatitis es me-
diada por factoresinmunitarios.
Tanto HBV como HCV infl uyen de manera importante 
en el desarrollo de carcinoma hepatocelular que puede ocurrir 
muchos años (15 a 60) después del establecimiento de una in-
fección crónica.
CUADRO 35-4 Características epidemiológicas y manifestaciones clínicas de las hepatitis virales de tipos A, B y C
Características Hepatitis viral de tipo A Hepatitis viral de tipo B Hepatitis viral de tipo C
Periodo de incubación 10-50 días (promedio 25-30) 50-180 días (promedio, 60-90) 15-160 días (promedio, 50)
Principal distribución por edades Niños,a adultos jóvenes 15-29 años,b lactantes Adultosb
Frecuencia estacional Durante todo el año pero tiende 
a tener un máximo en el otoño
Durante todo el año Durante todo el año
Vía de infección De predominio fecal-oral De predominio parenteral De predominio parenteral
Presentación de virus
Sangre
Heces
Orina
Saliva, semen
2 semanas antes <1 semana 
después de la ictericia 
2 semanas antes a 2 semanas 
después de la ictericia
Infrecuente
Infrecuente (saliva)
Meses a años
Ausente
Ausente
A menudo presente
Meses a años
Probablemente ausente
Probablemente ausente
Presente (saliva)
Características clínicas y de laboratorio
Inicio
Fiebre >38°C
Duración de elevación de la 
aminotransferasa
Inmunoglobulinas 
(concentraciones de IgM)
Complicaciones
Tasa de mortalidad (casos ictéricos)
HBsAg
Súbito
Frecuente
1-3 semanas
Elevadas
Infrecuentes, no hay cronicidad
<0.5%
Ausentes
Insidioso
Menos frecuente
1-6+ meses
Normal a ligeramente elevadas
Cronicidad en 5-10% (95% de recién nacidos)
<1-2%
Presente
Insidiosa
Menos frecuente
1-6+ meses
Normal a ligeramente elevadas
Cronicidad en 70-90%
0.5-1%
Ausente
Inmunidad
Homólogos
Heterólogos
Duración 
Sí 
No
Probablemente de por vida
Sí 
No
Probablemente de por vida
Probablemente no
No
?
Inmunoglobulina intramuscular 
(IG, γ-globulina, ISG)
Previene por lo regular la ictericia Evita la ictericia sólo si la inmunoglobulina 
tiene una potencia suficiente contra HBV
?
a La hepatitis no ictérica es frecuente en los niños.
b En el grupo de edad de 15 a 29 años, las hepatitis B y C suelen relacionarse con toxicomanía o conducta sexual promiscua. Los pacientes con HBV o HCV relacionados con transfusiones 
por lo general tienen más de 29 años de edad. 
478 SECCIÓN IV Virología
de los casos y la supervivencia es infrecuente después de los 40 
años de edad. La enfermedad fulminante por HBV se relaciona 
con la infección por otros microorganismos, incluido HDV. En 
la mayor parte de los pacientes que sobreviven hay restableci-
miento completo del parénquima y función hepáticos. La en-
fermedad fulminante pocas veces se presenta en las infecciones 
por HAV o HCV.
La hepatitis C suele ser clínicamente leve y sólo se observa 
un incremento mínimo a moderado de las enzimas hepáticas. La 
hospitalización es poco común y la ictericia ocurre en menos de 
25% de los pacientes. Pese a las manifestaciones leves de la enfer-
medad, 70 a 90% de los casos presenta hepatopatía crónica. La 
mayor parte de los pacientes no presenta síntomas, pero la evo-
lución histológica suele revelar signos de hepatitis activa crónica, 
sobre todo en aquellos cuya enfermedad se adquiere después de 
una transfusión. Muchos pacientes (20 a 50%) presentan cirrosis 
e incremento del riesgo de desarrollar carcinoma hepatocelular 
(5 a 25%) decenios más tarde. Alrededor de 40% de los casos de 
hepatopatía crónica se relaciona con HCV, lo que resulta en 8 000 a 
10 000 decesos anuales en Estados Unidos. La hepatopatía en eta-
pa terminal relacionada con HCV es la indicación más frecuente 
para los trasplantes hepáticos en el adulto. 
Datos de laboratorio
La biopsia hepática permite establecer un diagnóstico histoló-
gico de la hepatitis. Las pruebas de función hepática anormales, 
como la alanina aminotransferasa (ALT) y la bilirrubina séricas 
complementan los datos clínicos, anatomopatológicos y epide-
miológicos.
y fi ebre leve. Puede aparecer ictericia a los pocos días del periodo 
prodrómico, pero es más frecuente la hepatitis anictérica. 
Las manifestaciones extrahepáticas de la hepatitis viral 
(principalmente de tipo B) comprenden un pródromo transito-
rio parecido al de la enfermedad por el suero y que se manifi esta 
por fi ebre, exantema y poliartritis; vasculitis necrosante (poliar-
teritis nodular); y glomerulonefritis. Se ha observado que los 
complejos inmunitarios circulantes son causa de estos síndro-
mes. Las enfermedades relacionadas con infecciones crónicas 
por HCV son la crioglobulinemia mixta y la glomerulonefritis. 
Las manifestaciones extrahepáticas son poco comunes en las in-
fecciones por HAV. 
La hepatitis viral no complicada pocas veces persiste más de 
10 semanas sin mejoría. Se presentan recidivas en 5 a 20% de los 
casos y se manifi estan por anomalías de la función hepática con 
o sin recidivas de los síntomas. 
Cada tipo de hepatitis viral tiene un promedio de incuba-
ción diferente (cuadro 35-4). Sin embargo, hay un considerable 
empalme en el tiempo y el paciente puede no saber cuándo ocu-
rrió la exposición, de manera que el periodo de incubación no es 
muy útil para determinar la causa viral específi ca. 
La enfermedad por lo común es de inicio súbito en la infec-
ción por HAV (al cabo de 24 h), a diferencia del inicio más insi-
dioso en caso de las infecciones por HBV y HCV. En casi todos 
los pacientes con hepatitis A hay restablecimiento completo; no 
se ha observado la cronicidad (cuadro 35-5). La enfermedad es 
más grave en adultos que en niños, en quienes a menudo pasa 
inadvertida. Las recaídas de infección por HAV pueden presen-
tarse uno a cuatro meses después que se han resuelto los sínto-
mas iniciales. 
El pronóstico después de la infección por HBV es variable 
y fl uctúa desde el restablecimiento completo hasta evolución a 
hepatitis crónica y, en algunas ocasiones, el deceso por afección 
es fulminante. En los adultos, 65 a 80% de las infecciones pasan 
inadvertidas y 90 a 95% de todos los pacientes se restablecen por 
completo. En cambio, 80 a 95% de los lactantes y niños peque-
ños infectados por HBV se vuelven portadores crónicos (cuadro 
35-6) y su suero se mantiene positivo para HBsAg. La mayor par-
te de los individuos con infección crónica por HBV permanecen 
asintomáticos por muchos años; puede o no haber signos bioquí-
micos e histológicos de la hepatopatía. Los portadores crónicos 
tienen un riesgo elevado de desarrollar carcinoma hepatocelular.
La hepatitis fulminante a veces sobreviene durante una he-
patitis viral aguda, que se defi ne como una encefalopatía hepá-
tica en las primeras 8 h de iniciada la enfermedad en pacientes 
que no han tenido antes una hepatopatía. Es letal en 70 a 90% 
CUADRO 35-6 Transmisión del virus de la hepatitis B y gama de desenlaces de la infección 
Transmisióna
Vertical (Asia) Contacto (África) Parenteral, sexual
Edad en la que ocurre la infección Recién nacidos, lactantes Niños pequeños Adolescentes, adultos
Restablecimiento tras una infección aguda (%) 5 20 90-95
Evolución a la infección crónica (%) 95 80 5-10
Portadores crónicosb (% de población total) 10-20 10-20 0.5
a Transmisión vertical y relacionada con contactos en regiones endémicas; transmisión parenteral y sexual son los principales mecanismos de transmisión en las regiones no endémicas.
b Con riesgo elevado de presentar carcinoma hepatocelular. 
CUADRO 35-5 Desenlaces de la infección por el virus 
de la hepatitis Aa
Desenlace Niños Adultos
Infección no aparente (subclínica) 80-95% 10-25%
Enfermedad ictérica 5-20% 75-90%
Restablecimiento completo > 98% >98%
Enfermedad crónica Ninguna Ninguna
Tasa de mortalidad 0.1% 0.3-2.1%
a Adaptado con autorización de Hollinger FB, Ticehurst JR: Hepatitis A virus. En: Fields 
Virology, 3rd ed. Fields BN et al (editors). Lippincott-Raven, 1996.
CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 479
HBsAg suele ser detectable dos a seis semanas antes de los sig-
nos clínicos y bioquímicosde hepatitis y persiste durante toda la 
evolución clínica de la enfermedad pero por lo común desapare-
ce hacia el sexto mes después de la exposición.
A menudo se detectan concentraciones altas de anticuerpos 
IgM específi cos contra HBc al inicio de la enfermedad clínica. 
Como este anticuerpo se dirige contra el componente central 
interno de 27 nm de HBV, su presencia en el suero indica repli-
cación viral. Los anticuerpos contra HBsAg se detectan inicial-
mente en un periodo variable tras la desaparición de HbsAg que 
se encuentra presente en concentraciones bajas. Antes que des-
aparezca HBsAg, HBeAg es remplazado por anticuerpos contra 
HBe, lo que señala el inicio de la resolución de la enfermedad. 
Las concentraciones de anticuerpos contra HBe a menudo ya no 
son detectables después de seis meses. 
Por defi nición, los portadores crónicos de HBV son aquellos 
en quienes HBsAg persiste por más de seis meses en la presencia de 
HBeAg o anticuerpos contra HBe. HBsAg puede persistir por años 
después de la pérdida de HBeAg. A diferencia de los títulos eleva-
dos de anticuerpos IgM específi cos contra HBc que se observan en 
la enfermedad aguda, se encuentran títulos bajos de anticuerpos 
IgM contra HBc en el suero de la mayoría de los portadores cróni-
cos de HBsAg. Por lo común son detectables pequeñas cantidades 
de DNA de HBV en el suero mientras haya HbsAg circulante.
Los métodos de detección más útiles son ELISA para antí-
genos y anticuerpos de HBV y PCR para DNA viral.
C. Hepatitis C
En la fi gura 35-9 se muestran las manifestaciones clínicas y sero-
lógicas relacionadas con las infecciones por HCV. La mayor par-
te de las infecciones primarias son asintomáticas o clínicamente 
leves (20 a 30% presenta ictericia y 10 a 20% sólo presenta sínto-
mas inespecífi cos como anorexia, malestar y dolor abdominal). 
Los análisis serológicos están disponibles para el diagnóstico de 
la infección por HCV. Los inmunoanálisis enzimáticos (EIA) 
detectan anticuerpos contra HCV pero no distinguen entre la 
infección aguda y la crónica o la que ya se resolvió (cuadro 35-7). 
Los anticuerpos contra HCV se pueden detectar en 50 a 70% de los 
pacientes al inicio de los síntomas, en tanto que en otros la apa-
rición de anticuerpos tarda tres a seis semanas. Los anticuerpos 
A. Hepatitis A
En la fi gura 35-7 se muestran los eventos clínicos, virológicos y sero-
lógicos que ocurren tras la exposición a HAV. Se han detectado par-
tículas virales mediante microscopia electrónica y técnicas inmuno-
lógicas en extractos fecales de pacientes con hepatitis A (fi g. 35-1). El 
virus aparece en las primeras etapas de la enfermedad y desaparece 
en las primeras dos semanas luego que comienza la ictericia. 
El HAV se detecta en hígado, heces, bilis y sangre de seres 
humanos con infección natural y en primates no humanos in-
fectados experimentalmente mediante inmunoanálisis, análisis 
de hibridación de ácido nucleico o PCR. Se detecta HAV en las 
heces desde casi dos semanas antes del inicio de la ictericia hasta 
dos semanas después. 
Los anticuerpos contra HAV aparecen en la fracción IgM 
durante la fase aguda, alcanzando un máximo unas dos semanas 
después de la elevación de las enzimas hepáticas (cuadro 35-7). 
Los anticuerpos IgM contra HAV por lo general disminuyen a 
concentraciones no detectables en los primeros tres a seis meses. 
Los anticuerpos IgG contra HAV aparecen poco después del ini-
cio de la enfermedad y persiste por decenios. Por consiguiente, la 
detección de anticuerpos IgM específi cos contra HAV en la san-
gre de un paciente con infección aguda confi rma el diagnóstico 
de hepatitis A. El enzimoinmunoanálisis de adsorción (ELISA) es 
el método ideal para determinar los anticuerpos contra HAV. 
B. Hepatitis B
En la fi gura 35-8 se ilustran los eventos clínicos y serológicos que 
ocurren tras la exposición a HBV y se resumen en el cuadro 35-8. 
La actividad de DNA polimerasa, DNA de HBV y HBeAg, que 
es representativa de la etapa virémica de la hepatitis B, ocurre en 
las primeras fases del periodo de incubación, al mismo tiempo 
o poco después de la aparición inicial de HBsAg. Las concen-
traciones elevadas de partículas de HBV pueden estar presentes 
en la sangre (hasta 1010 partículas/ml) durante la fase inicial de 
la infección; la transmisión infecciosa es máxima en esta etapa. 
CUADRO 35-7 Interpretación de biomarcadores
serológicos de HAV, HCV y HDV en pacientes
con hepatitis
Resultados de análisis Interpretación 
Anticuerpos IgM contra HAV Infección aguda por HAV
Positividad para anticuerpos IgM 
contra HAV
Infección previa por HAV
Positividad para anticuerpos contra 
HCV
Infección actual o previa por 
HCV
Positividad para anticuerpos contra 
HDV, positividad para HBsAg
Infección por HDV
Positividad para anticuerpos contra 
HDV, falta de respuesta para 
anticuerpos IgM contra HBc
Infección concomitante por 
HDV y HBV
Positividad para anticuerpos contra 
HDV, negatividad para anticuerpos 
IgM contra HBc
Sobreinfección de infección 
crónica por HBV con HDV
FIGURA 35-7 Fenómenos inmunitarios y biológicos relacionados 
con la infección humana por el virus de la hepatitis A. (Reproducida de 
Hollinger FB, Ticehurst JR: Hepatitis A virus. En: Fields Virology, 3rd ed. 
Fields BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996. Modifi cada con auto-
rización de Hollinger FB, Dienstag JL: Hepatitis viruses. En: Manual of 
Clinical Microbiology, 4th ed. American Society for Microbiology, 1985.)
0 2 4 6
Semanas después de la exposición
8
IgG
IgM
Nivel de detección
C
on
ce
nt
ra
ci
ón
 r
el
at
iv
a 
de
 a
nt
ic
ue
rp
os
 c
on
tr
a 
H
A
V
10 12
Síntomas/ictericia
Aminotransferasas
Virus en heces
Virus en sangre
480 SECCIÓN IV Virología
cen de HBsAg detectable pero se puede identifi car DNA de HBV 
en hígado o muestras de suero. Estas infecciones concomitantes 
por HBV no reconocidas pueden tener importancia clínica.
D. Hepatitis D
En la fi gura 35-10 se muestran los patrones serológicos tras la 
infección por HDV, los cuales se enumeran en el cuadro 35-7. 
Como HDV depende de una infección concomitante por HBV, la 
infección aguda de tipo D se presenta como infección simultánea 
se dirigen contra el centro, la envoltura y las proteínas NS3 y NS4 
y tienden a mostrar títulos relativamente bajos. Los análisis a base 
de ácido nucleico (p. ej., reacción en cadena de la polimerasa de 
transcripción inversa) detectan RNA de HCV en la circulación y 
son útiles para la vigilancia periódica de los pacientes que reciben 
tratamiento antiviral. Los análisis de ácido nucleico también se 
utilizan para la genotipifi cación de cepas de HCV. 
Las infecciones por HBV no detectables son poco comunes 
(alrededor de 33%) en pacientes con hepatopatía crónica por HCV. 
Las infecciones ocultas son aquellas en las que los pacientes care-
1 2 3 4 5 6 7 8
1
Pruebas
diagnósticas importantes
Nivel de
detección
Meses después
de la exposición
ALT
Síntomas
Concentración
relativa de
reaccionantes
2
DNA polimerasa
Periodo
de incubación
Pródromo,
enfermedad aguda
Convalecencia
Temprana Tardía
Anticuerpos
contra HBc
Anticuerpos
contra HBs
Anticuerpos
contra HBe
HBsAg
HBeAg
Partículas de HBV
3 4 5 6 7 8
HBsAg
Anticuerpos IgG
contra HBc
Anticuerpos contra HBs
Anticuerpos IgM contra HBc
FIGURA 35-8 Manifestaciones clínicas y serológicas que se presentan en un paciente con infección aguda por el virus de la hepatitis B. Las pruebas 
diagnósticas frecuentes y su interpretación se presentan en el cuadro 35-8. (Reproducida con autorización de Hollinger FB, Dienstag JL, Murray PR: 
Hepatitis B and D viruses. En: Manual of Clinical Microbiology, 6th ed. American Society for Microbiology, 1995.)
CUADRO 35-8 Interpretación de los biomarcadores serológicos de HBV en pacientes con hepatitisa
Resultados del análisis
InterpretaciónHBsAg
Anticuerpos 
contra HBs
Anticuerpos 
contra HBc
Positivo Negativo Negativo Infección aguda inicial por HBV. Es necesaria la confirmaciónpara descartar la reactividad específica
Positivo (+) Positivo Infección por HBV, sea aguda o crónica. Diferenciar con Anticuerpos IgM contra HBc. Determinar el 
grado de actividad de replicación (infectividad) con HBeAg o DNA de HBV
Negativo Positivo Positivo Indica infección previa por HBV e inmunidad contra la hepatitis B
Negativo Negativo Positivo Las posibilidades son: infección por HBV en un pasado distante; portador de HBV “de bajo grado”; 
“oportunidad” entre la desaparición de HBsAg y la aparición de anticuerpos contra HBs; o reacción 
falsa positiva o inespecífica. Investigar con anticuerpos IgM contra HBc. Cuando están presentes, los 
anticuerpos contra HBe ayudan a validar la reactividad de anticuerpos contra HBc
Negativo Negativo Negativo Nunca infectado con HBV. Las posibilidades comprenden otro microorganismo infeccioso, lesión hepática 
tóxica, trastorno de inmunidad, enfermedad hereditaria del hígado o enfermedad de las vías biliares
Negativo Positivo Negativo Respuesta de tipo vacuna
a Modifi cado y reproducido con autorización de Hollinger FB: Hepatitis B virus. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al (editors). Lippincott-Raven, 1996.
CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 481
Hepatitis
aguda
Hepatitis
activa crónica
Eventos
SÍNTOMAS
Anticuerpos contra HCV
ALT
HCV
RNA
Meses // año
0 3 m 6 m 9 m 12 m 5 años 10 años 15 años 20 años 25 años
Cirrosis HCC
//
0 2 4 6 8 10 12 24 32
Semanas después de la exposición
ALT
ALT
ALT
HBsAg
HBsAg
HBsAg
HDV RNA
HDAg
HDAg
RNA de HDV
RNA de HDV
HDAg
Coinfección por HBV-HDV
HDV aguda, sobreinfección
HDV crónica, sobreinfección
IgM
IgG
IgG
IgM
Anti-HBc
Anti-HD
FIGURA 35-9 Manifestaciones clínicas y serológicas relacionadas con la infección por el virus de la hepatitis C. ALT, alanina aminotransferasa; 
HCC, carcinoma hepatocelular. (Reproducida con autorización de Garnier L, Inchauspé G, Trépo C: Hepatitis C virus. En: Clinical Virology, 2nd ed. 
Richman DD, Whitley RJ, Hayden FG [editors]. ASM Press, 2002.)
FIGURA 35-10 Patrones serológicos de la hepatitis de tipo D tras la infección concomitante o sobreinfección de una persona con una infección 
por HBV. Arriba: Hepatitis B y hepatitis D agudas concomitantes. Centro: La hepatitis D aguda está superpuesta a una infección crónica por el virus 
de la hepatitis B. Abajo: Hepatitis D aguda que evoluciona a la hepatitis crónica, superpuesta a una infección crónica por el virus de la hepatitis B. 
(Reproducida con autorización de Purcell RH et al: Hepatitis. En: Diagnostic Procedures for Viral, Rickettsial and Chlamydial Infections, 6th ed. Schmidt 
NJ, Emmons RW [editors]. American Public Health Association, 1989.)
482 SECCIÓN IV Virología
base de interferón. El genotipo 3 muestra la tasa más elevada de 
eliminación espontánea en tanto que el genotipo 4 al parecer tie-
ne la máxima frecuencia de los que producen infección crónica 
después de la infección aguda. 
Se sabe poco sobre las respuestas inmunitarias del hospeda-
dor a HCV. La mayor parte de las infecciones agudas son asinto-
máticas o leves y las infecciones crónicas suelen evolucionar con 
lentitud y de manera insidiosa. Al parecer la respuesta inmuni-
taria es lenta en desarrollarse y relativamente débil, lo que refl eja 
el hecho de que HCV tiene mecanismos de evasión inmunitaria 
muy efi caces. 
Epidemiología
La fi gura 35-11 muestra las distribuciones globales de las infeccio-
nes por hepatitis A, B y C. Hay notables diferencias en las caracte-
rísticas epidemiológicas de estas infecciones (cuadro 35-4). 
En la actualidad, en Estados Unidos el riesgo de que estos 
virus se transmitan por transfusión está muy reducido y es re-
sultado de mejoría en las pruebas de detección sistemática y del 
establecimiento de poblaciones de donadores voluntarios. En 
1996 se calculaba que el riesgo de transmisión de HBV mediante 
transfusión sanguínea era 1:63 000 y para HCV 1:103 000.
A. Hepatitis A
El HAV prevalece en todo el mundo. Los brotes epidémicos de he-
patitis A son comunes en familias e instituciones, campos de 
ve rano, guarderías, unidades de cuidados intensivos neonatales y 
en tropas militares. El mecanismo de transmisión más probable en 
estas condiciones es la vía fecal-oral a través del contacto persona 
a persona estrecho. Las muestras de heces pueden ser contagiosas 
hasta dos semanas antes a dos semanas después del inicio de la 
ictericia. En condiciones sanitarias defi cientes y de hacinamiento 
las infecciones por HAV se presentan en una edad temprana; en 
estas circunstancias la mayoría de los niños se vuelve inmune ha-
cia los 10 años de edad. La enfermedad clínica es poco común en 
lactantes y niños; la enfermedad se manifi esta muy a menudo 
en niños y en adolescentes y las tasas más elevadas ocurren entre 
los cinco y 14 años de edad. La proporción de casos anictéricos a 
ictéricos en los adultos es de casi 1:3; en los niños, puede ser de 
hasta 12:1. Sin embargo, la excreción fecal del antígeno y RNA 
de HAV persiste por más tiempo en jóvenes que en adultos. 
La epidemia recidivante es una característica sobresalien-
te. Las epidemias explosivas súbitas de hepatitis de tipo A por 
lo general se deben a la contaminación fecal de una sola fuente 
(p. ej., agua potable, alimento o leche). El consumo de ostiones 
crudos o de almejas no cocidas en forma apropiada y obtenidas 
de agua contaminada con residuos también ha producido varios 
brotes epidémicos de hepatitis. El brote más extenso de este tipo 
ocurrió en Shanghai en 1988, cuando más de 300 000 casos de 
hepatitis A se atribuyeron a almejas no cocidas procedentes 
de aguas contaminadas. En Estados Unidos, en 1997 el origen de 
un brote epidémico transmitido por los alimentos en múltiples 
estados fue detectado en fresas congeladas. 
Otras fuentes identifi cadas de infección potencial son los 
primates no humanos. Ha habido más de 35 brotes epidémicos 
en los cuales los primates, por lo general chimpancés, han in-
fectado a seres humanos que tienen contacto estrecho con estos 
animales.
El HAV pocas veces es transmitido por el empleo de agu-
jas y jeringas contaminadas o a través de la administración de 
sangre. 
(infección concomitante) por HBV o como una sobreinfección 
en una persona con infección crónica por HBV. En el patrón de 
infección concomitante, se forman anticuerpos contra HDAg al 
fi nal de la fase aguda de la infección y puede tener un título bajo. 
Son preferibles los análisis de HDAg o de RNA de HDV en 
el suero o para anticuerpos IgM específi cos contra HDV. To-
dos los biomarcadores de la replicación de HDV desaparecen 
durante la convalecencia; incluso los anticuerpos contra HDV 
pueden desaparecer al cabo de meses a años. Sin embargo, la 
reinfección por HDV suele ocasionar una infección persistente 
por HDV (más de 70% de los casos). Las altas concentraciones 
de anticuerpos IgM e IgG contra HD persisten, lo mismo que las 
concentraciones de RNA de HDV y HDAg. Las sobreinfecciones 
por HDV pueden relacionarse con una hepatitis fulminante. 
Interacciones de virus y hospedador
Hoy en día hay datos indicativos de que existen cinco virus de la 
hepatitis: tipos A, B, C, D y E. Se considera que una sola infec-
ción con cualquiera de ellos confi ere una protección homóloga 
pero no heteróloga contra la recidiva de la infección. Una posi-
ble excepción es HCV, en la que puede ocurrir la reinfección.
La mayor parte de los casos de hepatitis de tipo A al parecer 
se presenta sin ictericia durante la infancia y hacia la edad adulta 
tardía hay una resistencia generalizada a la reinfección. Sin em-
bargo, estudios serológicos realizados en Estados Unidos y en 
varios países asiáticos indican que la incidencia de la infección 
ha disminuido como resultado de mejoras en las condiciones sa-
nitarias así como un aumento en el nivel de vida, junto con un 
uso más generalizado de la vacuna en algunos países. Se calcula 
que hasta 60 a 90% de los adultos jóvenes de ingresos medianos a 
altos en EstadosUnidos son susceptibles a la hepatitis de tipo A. 
La infección por HBV de un subtipo específi co, por ejem-
plo, HBsAg/adw, parece conferir inmunidad contra otros sub-
tipos de HBsAg, tal vez por su especifi cidad de grupo a común. 
Los mecanismos inmunopatógenos que producen la persisten-
cia viral y la lesión hepatocelular en la hepatitis de tipo B aún 
no se han dilucidado. Puesto que el virus no es citopático, se 
piensa que la lesión hepatocelular durante la enfermedad aguda 
representa un ataque inmunitario del hospedador contra los he-
patocitos infectados por HBV. 
Se ha propuesto que las respuestas del hospedador, tanto 
inmunitarias como genéticas, contribuyen a la frecuencia de la 
cronicidad de HBV en pacientes infectados durante la lactancia. 
Casi 95% de los recién nacidos infectados al nacer se vuelven 
portadores crónicos del virus, a menudo de por vida (cuadro 
35-6). Este riesgo disminuye en forma constante con el tiempo, 
de manera que el riesgo de que adultos infectados se vuelvan 
portadores disminuye a 10%. Es muy posible que el carcinoma 
hepatocelular se presente en adultos que experimentan infección 
por HBV en una edad muy temprana y se vuelven portadores. 
Por tanto, para que la vacunación tenga una efi cacia máxima 
contra el estado de portador, la cirrosis y el hepatoma, se debe 
llevar a cabo en la primera semana de vida. 
Los genotipos de HCV 1-4 son los tipos predominantes que 
circulan en los países occidentales y manifi estan algunas carac-
terísticas diferenciales. El genotipo 1 predomina en Norteamé-
rica, Japón y Europa occidental. Muestran la respuesta más de-
fi ciente al tratamiento con interferón y pueden tener un efecto 
más nocivo sobre la evolución del virus de la inmunodefi ciencia 
humana (VIH) de tipo 1 que otros genotipos de HCV. En cam-
bio, el HCV de genotipo 2 responde mejor a los tratamientos a 
CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 483
HAV a hemofílicos a través de concentraciones de factores de la 
coagulación. Hay escasas pruebas de la transmisión del HAV por 
la exposición a la orina o a las secreciones nasofaríngeas de pacientes 
infectados. La hemodiálisis no es importante en la diseminación de 
las infecciones por hepatitis A en los pacientes o en el personal.
La hepatitis A relacionada con transfusiones es poco común 
porque la etapa virémica de la infección ocurre durante la fase 
prodrómica y tiene una duración breve, los títulos de anticuerpos 
del virus en sangre son bajos y no hay un estado de portador. Sin 
embargo, en un informe de 1996 se documentó la transmisión de 
Países/regiones con riesgo de infección moderado a altoA Fuente: OMS, 2001
Países/regiones con riesgo de infección moderado a alto B Fuente: OMS, 2001
FIGURA 35-11 Distribución global de los virus de la hepatitis que produjeron enfermedad humana en 2001. A: Virus de la hepatitis A. B: Virus de 
la hepatitis B. C: Virus de la hepatitis C. (Fuente: Organización Mundial de la Salud, 2001.) (Continúa)
484 SECCIÓN IV Virología
No hay una tendencia estacional para la infección por HBV 
ni una predilección elevada para cualquier grupo de edad, aun-
que hay grupos de alto riesgo defi nidos como los usuarios de 
drogas parenterales, las personas internadas en centros sani-
tarios, personal sanitario, los pacientes que reciben múltiples 
transfusiones, los que reciben trasplantes de órganos, los en-
fermos en hemodiálisis y quienes los atienden, individuos muy 
promiscuos y lactantes recién nacidos de madres con hepatitis 
B. Desde que se instauró la detección sistemática obligatoria de 
donadores de sangre para HBsAg, se redujo de manera impor-
tante el número de casos de hepatitis relacionada con transfusio-
nes. Se han infectado las personas por jeringas, agujas o bisturíes 
esterilizados en forma inadecuada o incluso por el tatuaje o la 
penetración de las orejas. Se ha comunicado que el cociente esti-
mado de infecciones anictéricas a ictéricas es de hasta 4:1. 
Existen otros mecanismos de transmisión de la hepatitis B. 
Se puede detectar HBsAg en saliva, lavados nasofaríngeos, semen, 
líquido menstrual y secreciones vaginales, lo mismo que en la san-
gre. Ocurre la transmisión de portadores a contactos estrechos 
por la vía oral o por la exposición sexual u otro contacto íntimo. 
Hay pruebas sólidas de la transmisión de personas con casos leves 
y portadores de HBsAg a parejas de homosexuales y heterosexua-
les a largo plazo. No se ha documentado la transmisión por la vía 
fecal-oral. Si se toma en cuenta que puede haber más de 1 000 
millones de viriones por mililitro de sangre en un portador positi-
vo para HBeAg y que el virus es resistente al desecamiento, no es 
de sorprender que todos los líquidos corporales de los pacientes 
infectados por HBV puedan ser contagiosos. Las infecciones leves 
son frecuentes y estas infecciones no reconocidas representan el 
principal riesgo para el personal intrahospitalario.
En Estados Unidos, en la época previa a la vacuna, se pre-
sentaban alrededor de 271 000 infecciones por año. Desde el ad-
venimiento de las vacunas de la hepatitis A, las tasas de infección 
disminuyeron de manera espectacular a 3 500 casos en 2006. 
Los grupos que tienen más riesgo de adquirir hepatitis A 
son personas de países desarrollados que viajan a países en vías 
de desarrollo, varones que tienen relaciones sexuales con varo-
nes, usuarios de drogas inyectables y no inyectables, individuos 
con trastornos de los factores de la coagulación y personal que 
trabaja con primates no humanos. Los pacientes con hepatopa-
tía crónica tienen mayor riesgo de hepatitis fulminante si con-
traen una infección por hepatitis A. A estos grupos se les debe 
vacunar.
B. Hepatitis B 
El HBV tiene una distribución mundial. Los mecanismos de 
transmisión y la respuesta a la infección son variables y depen-
den de la edad en que ocurre la infección (cuadro 35-6). La 
mayoría de las personas infectadas durante la lactancia presenta 
infecciones crónicas. En la edad adulta son susceptibles a enfer-
medades hepáticas y tienen un alto riesgo de desarrollar carci-
noma hepatocelular. Hay más de 250 millones de portadores, de 
los cuales casi 1 millón vive en Estados Unidos; 25% de los por-
tadores presentan hepatitis crónica activa. En todo el mundo, 1 
millón de muertes al año se atribuyen a la hepatopatía relaciona-
da con HBV y al carcinoma hepatocelular.
Los principales mecanismos de transmisión de HBV durante 
la lactancia son de una madre infectada a su recién nacido duran-
te el parto y de un contacto doméstico infectado a un lactante. 
>10%
2.5-10%
1-2.5%
Prevalencia de la infección
Fuente: OMS, 2001
C
FIGURA 35-11 (Continuación) Distribución mundial de los virus de la hepatitis que produjeron enfermedad humana en 2001. A: Virus de la 
hepatitis A. B: Virus de la hepatitis B. C: Virus de la hepatitis C. (Fuente: Organización Mundial de la Salud, 2001.)
CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 485
El periodo de incubación promedio para HCV es de seis a 
siete semanas. El tiempo promedio desde la exposición hasta la 
seroconversión es de ocho a nueve semanas y casi 90% de los 
pacientes son positivos para anticuerpos contra HCV en los pri-
meros cinco meses.
D. Hepatitis D (virus delta)
El virus de la hepatitis D (HDV) se encuentra en todo el mundo 
pero con una distribución no uniforme. Su máxima prevalencia 
se ha comunicado en Italia, Medio Oriente, Asia Central, África 
Occidental y Sudamérica. El HDV infecta a todos los grupos de 
edad. Las personas que han recibido múltiples transfusiones, los 
toxicómanos de drogas intravenosas y sus contactos estrechos 
tienen un riesgo elevado.
Se considera que las vías primarias de transmisión son simi-
lares a las del HBV, aunque el HDV no parece ser una enferme-
dad de transmisión sexual. La infección depende de la replica-
ción del HDV, pues éste proporciona una envoltura de HBsAg 
para HDV. El periodo de incubación varía de dos a 12 semanas 
y es más breve en portadores de HBV que presentansobrein-
fección con la partícula delta que en personas susceptibles que 
se infectan en forma simultánea con HBV y HDV. Se ha trans-
mitido HDV por vía perinatal, pero por suerte no es frecuente 
en regiones del mundo (como Asia) en las que la transmisión 
perinatal del HDV ocurre con frecuencia.
Se han identifi cado dos patrones epidemiológicos de in-
fección delta. En los países mediterráneos, la infección delta es 
endémica en personas con hepatitis B y se piensa que la mayor 
parte de las infecciones son transmitidas por contacto sexual. En 
zonas no endémicas, como Estados Unidos y Europa del norte, 
la infección por delta se limita a las personas expuestas con fre-
cuencia a la sangre y a hemoderivados, principalmente toxicó-
manos y hemofílicos.
La hepatitis delta puede presentarse en brotes epidémicos 
explosivos y afecta a grupos enteros de portadores de hepati-
tis B. Los brotes epidémicos de hepatitis delta grave, a menudo 
fulminante y crónica han ocurrido por decenios en poblaciones 
aisladas en las cuencas del Orinoco y el Amazonas en Sudamé-
rica. En Estados Unidos, se ha observado que el HDV participa 
en 20 a 30% de los casos de hepatitis B crónica, exacerbaciones 
agudas de hepatitis D crónica y hepatitis B fulminante, así como 
en 3 a 12% de donadores de sangre con HBsAg en el suero tienen 
anticuerpos contra el HDV. La hepatitis delta no es una enfer-
medad nueva; algunos lotes de globulina preparados de plasma 
obtenido en Estados Unidos hace más de 40 años contienen 
anticuerpos contra HDV.
Tratamiento
El tratamiento de los pacientes con hepatitis es de sostén y se 
dirige a permitir la resolución y la reparación del daño hepato-
celular por sí mismo. Sólo el HBV y el HCV tienen tratamientos 
específi cos, pero sólo con efi cacia parcial. 
El interferón α recombinante y el interferón α pegilado 
constituyen en la actualidad un tratamiento benefi cioso en los 
pacientes con infección crónica por HBV o HCV. Muchos que 
responden de manera clínica y bioquímica experimentan recaí-
das después de suspender el tratamiento. Sólo alrededor de 
35% de los pacientes con infecciones por HBV crónicas tienen 
El personal sanitario (médicos y cirujanos dentales, pató-
logos, enfermeras, técnicos de laboratorio y personal de banco 
de sangre) tienen una frecuencia más elevada de hepatitis y una 
prevalencia de HBsAg o anticuerpos contra HBs detectable ma-
yor que los que no tienen exposición laboral a los pacientes o 
a los hemoderivados. El riesgo que estos portadores de HBsAg 
aparentemente sanos (sobre todo médicos y cirujanos dentales) 
representan a los pacientes bajo su cuidado aún no se ha deter-
minado pero probablemente es pequeño.
Las infecciones por hepatitis B son frecuentes en pacientes 
y personal de las unidades de hemodiálisis. Hasta 50% de los pa-
cientes en diálisis renal que tienen contacto con hepatitis B puede 
volverse portador crónico de HBsAg en comparación con 2% del 
grupo de personal, lo que resalta las diferencias en la respuesta 
inmunitaria del hospedador. Los contactos familiares también 
tienen un riesgo más elevado. 
El periodo de incubación de la hepatitis B es de 50 a 180 días 
con una media de 60 a 90 días. Al parecer varía según la dosis de 
HBV administrada y la vía de administración, prolongándose 
en los pacientes que reciben una dosis baja del virus o que son 
infectados por una vía no percutánea.
C. Hepatitis C
Las infecciones por HCV se propagan por todo el mundo. En 
1997, la Organización Mundial de la Salud estimó que casi 3% 
de la población mundial se había infectado y los subgrupos de 
población en África tenían tasas de prevalencia de hasta 10%. En 
Sudamérica y en Asia se encuentran otras zonas de gran preva-
lencia. Se estima que hay más de 170 millones de portadores cró-
nicos en todo el mundo que corren el riesgo de presentar cirrosis 
hepática, cáncer hepático, o ambos y que más de tres millones de 
ellos viven en Estados Unidos.
El HCV se transmite principalmente a través de la exposi-
ción percutánea directa a la sangre, aunque en 10 a 50% de los 
casos no se puede identifi car la fuente de este virus. En orden de 
prevalencia de la infección más o menos decreciente están los 
usuarios de drogas inyectables (alrededor de 80%), los hemofí-
licos tratados con productos de factores de la coagulación antes 
de 1987, los receptores de transfusiones de donadores positivos 
para HCV, los pacientes en hemodiálisis crónica (10%), las per-
sonas que tienen prácticas sexuales de gran riesgo y el perso-
nal sanitario (1%). El virus se puede transmitir de la madre al 
lactante, aunque no con la misma frecuencia que el HBV. Las 
estimaciones de la transmisión vertical maternoinfantil varían 
de 3 a 10%. Las madres con densidades virales de HCV más altas 
o infección concomitante con VIH transmiten más a menudo 
el HCV. No se ha relacionado el riesgo de transmisión con la 
lactancia natural.
El HCV se detectó en la saliva de más de un tercio de pa-
cientes con infecciones concomitantes por HCV y VIH; se ha 
transmitido a través de preparados comerciales de inmunoglo-
bulina intravenosa, incluido un brote epidémico en Estados 
Unidos que ocurrió en 1994. La población de Egipto tiene una 
prevalencia de HCV elevada (alrededor de 20%). La transmisión 
se ha vinculado al intento (de la década de los 50 a la de los 80) 
de tratar la esquistosomiasis mediante múltiples inyecciones, a 
menudo con agujas esterilizadas de forma inadecuada o reuti-
lizadas. La infección por HCV se relaciona con tatuajes y, en 
algunos países, con las prácticas de la medicina popular.
486 SECCIÓN IV Virología
de cultivos celulares. Las vacunas son tolerables, efi caces y se re-
comiendan para uso en personas de más de un año de edad. 
En la actualidad se recomienda la vacunación sistemática 
de todos los niños y de personas con un mayor riesgo, como 
viajeros internacionales, varones que tienen relaciones sexuales 
con varones y usuarios de drogas. 
Hasta que todos los grupos con riesgo susceptibles estén 
inmunizados, para la prevención y el control de la hepatitis A to-
davía se debe hacer hincapié en interrumpir la cadena de trans-
misión y utilizar la inmunización pasiva.
La aparición de la hepatitis en campos universitarios o insti-
tuciones a menudo constituye un indicador de condiciones sa-
nitarias defi cientes y de higiene insatisfactoria del personal. Las 
medidas de control se dirigen a la prevención de la contamina-
ción fecal del alimento, agua u otras fuentes por el individuo. Es 
esencial la higiene adecuada, como lavado de manos, el uso de 
platos desechables y de utensilios para comer, así como el em-
pleo de hipoclorito de sodio al 0.5% (p. ej., dilución de blanqueador 
de cloro a 1:10) como desinfectante, para prevenir la propaga-
ción de HAV durante la fase aguda de la enfermedad.
La inmuno (γ) globulina (IG) se prepara a partir de grandes 
concentrados de plasma de adulto normal y confi ere una protec-
ción pasiva en casi 90% de las personas expuestas cuando la re-
ciben en la primera o segunda semanas después de la exposición 
a la hepatitis A. Su utilidad profi láctica disminuye con el tiempo 
y no hay indicaciones para su administración dos semanas des-
pués de la exposición o después de la aparición de los síntomas 
clínicos. En las dosis generalmente prescritas, la inmunoglobu-
lina no evita la infección sino más bien vuelve la infección leve 
o asintomática y permite la aparición de inmunidad activa. La 
vacuna contra HAV produce inmunidad más duradera y debe 
remplazar al empleo de IG.
C. Hepatitis B
Desde 1982 se dispone de una vacuna contra la hepatitis B. La 
vacuna inicial fue preparada mediante la purifi cación de HBsAg 
asociado a partículas de 22 nm de portadores sanos positivos para 
HBsAg y el tratamiento de las partículas con compuestos inac-
tivadores del virus (formalina, urea, calor). Los preparados que 
contienen partículas intactas de 22 nm han sido muy efi caces 
para reducir la infección por HBV. Aunque en algunospaíses 
todavía se utilizan las vacunas derivadas de plasma, en Estados 
Unidos se han remplazado por vacunas derivadas de DNA recom-
binante; consisten en HBsAg producido por un DNA recombi-
nante de células de levadura o de linajes continuos de células de 
mamíferos. El HBsAg expresado en la levadura forma partí-
culas de 15 a 30 nm de diámetro con las características morfo-
lógicas del antígeno de superfi cie libre en el plasma, aunque el 
antígeno polipeptídico producido por la levadura recombinante 
no es glucosilado. La vacuna formulada utilizando este material 
purifi cado tiene una potencia similar a la de la vacuna elaborada 
a partir de antígeno derivado de plasma. 
La Organización Mundial de la Salud, los Centers for Disea-
se Control and Prevention y el Advisory Committee on Immuni-
zation Practices recomiendan la profi laxis para todos los grupos 
susceptibles con alto riesgo después de la exposición, con una 
vacuna contra la hepatitis B comercializada actualmente. En 
Estados Unidos, se recomienda la vacuna contra HBV en todos 
los niños como parte de su esquema de inmunización regular.
La vacunación contra la hepatitis B es la medida más efi caz 
para prevenir la infección por HBV y sus consecuencias. Existe 
remisiones duraderas y alrededor de 25% de los que padecen 
una infección crónica por HCV tienen una respuesta sosteni-
da. El tratamiento a base de interferón se acompaña de muchos 
efectos secundarios. 
Se dispone de varios fármacos antivirales para utilizarse 
contra las infecciones por hepatitis crónica. Con los análogos 
nucleósidos y nucleótidos, como la lamivudina (cuadro 30-6), 
se encuentran reducidas las concentraciones de DNA de HBV, 
pero el virus pocas veces se elimina y la replicación viral resurge 
en la mayoría de los pacientes cuando se suspende el tratamiento. 
El surgimiento de mutantes de virus resistentes a los fármacos 
en el tratamiento a largo plazo constituye un problema impor-
tante. La politerapia con interferón α y la ribavirina contra la 
hepatitis C crónica produce una tasa de respuesta sostenida de 
hasta 50%, aunque el tratamiento es menos satisfactorio en pa-
cientes con genotipo 1.
El trasplante hepático ortotópico es un tratamiento para la 
hepatitis B y C crónicas y la lesión hepática en etapa terminal. Sin 
embargo, el riesgo de reinfección del injerto es de un mínimo de 
80% en el caso de HBV y de 50% en el caso de HCV, probable-
mente por los reservorios extrahepáticos en el organismo.
Prevención y control
Se dispone de vacunas antivirales y de preparados de inmuno-
globulina protectora contra el HAV y el HBV. Actualmente no 
se encuentra disponible ningún tipo de reactivo para prevenir 
las infecciones por HCV. 
A. Precauciones utilizadas con frecuencia
Los procedimientos ambientales simples permiten limitar el 
riesgo de la infección en el personal sanitario, el personal de 
laboratorio y otros más. De acuerdo con este enfoque, toda la 
sangre y los líquidos corporales y materiales contaminados por 
ellos se tratan como si fueran infecciosos para VIH, HBV, HCV 
y otros microorganismos patógenos transmitidos en la sangre. 
Las exposiciones que hacen que el personal corra el riesgo de 
infección son las lesiones percutáneas (p. ej., por punciones con 
aguja) o el contacto de la mucosa o la piel no intacta (p. ej., agrie-
tada, con heridas o con dermatitis) con sangre, tejido u otros 
líquidos corporales que pueden ser infecciosos. Los métodos 
están concebidos para prevenir el contacto con tales muestras. 
Ejemplos de precauciones específi cas son los siguientes: se de-
ben utilizar guantes al manejar todos los materiales potencial-
mente infecciosos; se deben usar prendas protectoras y retirarse 
antes de abandonar la zona de trabajo; se debe usar mascarillas y 
protección ocular siempre que las salpicaduras o gotitas de ma-
terial infeccioso planteen un riesgo; sólo se deben utilizar agu-
jas desechables; es necesario descartar las agujas directamente 
en recipientes especiales sin envolverlas de nuevo; las superfi -
cies de trabajo deben descontaminarse utilizando una solución 
blanqueadora; y el personal de laboratorio ha de contenerse de 
pipetear con la boca, comer, beber y fumar en el área de trabajo. 
Los objetos e instrumentos metálicos se pueden desinfectar me-
diante su colocación en autoclave o por la exposición al gas de 
óxido de etileno.
B. Hepatitis A
En 1995 se autorizaron en Estados Unidos las vacunas del HAV 
inactivadas en formalina, elaboradas a partir de virus adaptados 
CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 487
E. Hepatitis D
La hepatitis delta puede prevenirse mediante la vacunación de las 
personas susceptibles a la vacuna contra la hepatitis B. Sin em-
bargo, la vacunación no protege a los portadores de hepatitis B 
de la sobreinfección por HDV.
PREGUNTAS DE REVISIÓN
 1. En la ciudad de Nueva York una mujer de 24 años de edad es 
hospitalizada a causa de ictericia. Al realizar su estudio diagnóstico 
se encontró que tiene una infección por HCV. El principal factor de 
riesgo para la infección por HCV en Estados Unidos es
(A) Tatuajes
(B) Uso de drogas inyectables
(C) Transfusiones sanguíneas
(D) Actividad sexual
(E) Trabajo en ocupaciones relacionadas en la asistencia sanitaria
 2. ¿Cuál de las siguientes exposiciones plantea un riesgo para la infección 
por hepatitis?
(A) Una enfermera sufre una punción con una aguja mientras re-
tiraba insulina para administrar a un paciente diabético infectado 
con HBV
(B) Un ama de casa tiene contacto de la piel con las heces mientras 
limpia el retrete
(C) Un técnico de quirófano con las manos agrietadas y con abra-
sión observa sangre bajo sus guantes después de ayudar en una 
operación en un paciente con una infección por HCV
(D) Un niño bebe de la misma taza que su madre, quien tiene una 
infección por HAV
(E) Un tendero come un emparedado preparado por un trabajador 
con una infección por HBV asintomática
 3. En Nueva Delhi ocurrió una epidemia de ictericia causada por HEV. 
El HEV
(A) Se encuentra en roedores y cerdos
(B) Es una causa principal de hepatitis transmitida por la sangre
(C) Es la causa de una enfermedad que se parece a la hepatitis C
(D) Puede establecer infecciones crónicas
(E) Conlleva un aumento del riesgo de cáncer hepático
 4. El HDV (agente delta) se encuentra sólo en los pacientes que tienen 
infección aguda o crónica por HBV. El HDV
(A) Es un mutante defectuoso de HBV
(B) Depende del antígeno de superficie de HBV para la formación 
de viriones
(C) Desencadena una respuesta inmunitaria que no es diferenciable 
de la provocada por HBV
(D) Está relacionado con HCV
(E) Contiene un genoma de DNA circular
 5. Una mujer de 23 años de edad está pensando realizar un viaje de un 
año por toda Europa, Egipto y el subcontinente indio y recibe una 
vacuna contra la hepatitis A. La vacuna actual contra la hepatitis A es 
(A) Una vacuna de virus vivos atenuados
(B) Una vacuna de DNA recombinante
(C) Una vacuna de virus inactivado con formalina
(D) Una vacuna de subunidad de glucoproteína de envoltura
(E) Un poliovirus quimérico que expresa epitopos neutralizantes 
de HBV
 6. Las siguientes aseveraciones sobre la infección por HCV y la hepatopa-
tía crónica relacionada en Estados Unidos son correctas excepto que
(A) HCV es causa de 40% de los casos de hepatitis crónica
(B) La infección crónica sobreviene en la mayoría de las personas 
infectadas por HCV (70 a 90%)
una estrategia de salud pública integral para eliminar la transmi-
sión de HBV en Estados Unidos. Consiste en la vacunación ge-
neral de lactantes y la detección sistemática de todas las mujeres 
embarazadas para HBsAg, la inmunoprofi laxis después de la ex-
posición de lactantes nacidos de madres positivas para HBsAg, 
la vacunación de niños y adolescentes no vacunados con ante-
rioridad y la vacunación de adultos no vacunados que tienen un 
mayor riesgo de infección.
Los grupos de pacientes inmunodeprimidos, como los que 
reciben hemodiálisis o quimioterapia antineoplásicao que están 
infectados con VIH, responden a la vacunación con menos efi -
cacia que las personas sanas. Los estudios sobre inmunización 
pasiva utilizando inmunoglobulina de la hepatitis B (HBIG, he-
patitis B immune globulin ) han demostrado un efecto protec-
tor si se administra poco después de la exposición. No se reco-
mienda HBIG para la profi laxis después de la exposición pues 
se dispone de la vacuna contra HBV y es efi caz. Las personas 
expuestas a HBV por vía percutánea o por la contaminación de 
superfi cies de la mucosa deben recibir de inmediato HBIG y la 
vacuna contra HBsAg administradas de manera simultánea en 
dos zonas diferentes para lograr una protección inmediata con-
tra los anticuerpos adquiridos en forma pasiva seguida de la 
inmunidad activa generada por la vacuna. 
En Estados Unidos no se ha documentado que la inmuno-
globulina aislada del plasma mediante el método de fracciona-
miento de etanol en frío transmita HBV, HAV, HCV o VIH. Las 
inmunoglobulinas preparadas fuera de Estados Unidos por otros 
métodos han sido implicadas en los brotes epidémicos de hepa-
titis B y C.
Las mujeres que son portadoras del HBV o que contraen 
la hepatitis de tipo B durante el embarazo pueden transmitir la 
enfermedad a sus lactantes. Se ha corroborado la efi cacia de 
la vacuna contra la hepatitis y de HBIG en la prevención de la 
hepatitis B en lactantes nacidos de madres positivas para HBV. 
La reducción del costo de la vacuna para los programas de salud 
pública ha vuelto factible la vacunación de recién nacidos en 
zonas muy endémicas. El elevado costo de la HBIG impide su 
uso casi en todos los países.
Los pacientes con hepatitis B aguda por lo general no ne-
cesitan aislarse, siempre y cuando se observen estrictamente las 
precauciones en el manejo de la sangre y los instrumentos, tanto 
en las áreas de asistencia clínica general como en los laboratorios 
de análisis. Puesto que los cónyuges y las parejas sexuales de per-
sonas con este trastorno corren el riesgo de adquirir hepatitis B 
de tipo clínico, deben informarse sobre los procedimientos que 
podrían incrementar el riesgo de infección o transmisión. No 
hay pruebas indicativas de que quienes manejan los alimentos 
portadores de HBsAg y asintomáticos planteen un riesgo sanita-
rio para el público en general.
D. Hepatitis C
No se dispone de ninguna vacuna contra la hepatitis C aunque 
se están realizando pruebas para varias vacunas elegibles. Las 
medidas de control se enfocan en las actividades de prevención 
que reducen los riesgos de contraer el HCV; éstas comprenden 
detección sistemática y pruebas en donadores de sangre, plasma, 
órganos, tejidos y semen; inactivación viral de productos deri-
vados del plasma; asesoría de personas con prácticas sexuales o 
toxicomanías de alto riesgo; implementación de procedimientos 
de control de la infección en la asistencia sanitaria y en otros 
contextos; y la información a los profesionales y al público.
488 SECCIÓN IV Virología
(B) Varones que tienen relaciones sexuales con varones
(C) Usuarios de drogas ilícitas (tanto inyectables como no inyecta-
bles)
(D) Personas que tienen un riesgo laboral de infección
(E) Personas que tienen un trastorno de factor de la coagulación
(F) Personas susceptibles que tienen hepatopatía crónica
(G) Maestros de escuelas primarias
12. Hay una variación global en la prevalencia de la infección por HBV. 
¿Cuál de las siguientes zonas geográficas tiene bajo nivel endémico 
(prevalencia de HBsAg <2%)?
(A) Sureste de Asia
(B) Las islas del Pacífico
(C) Europa Oriental 
(D) Australia
(E) África subsahariana
13. ¿En cuáles de las siguientes personas no se recomienda la vacuna 
contra la hepatitis B porque tienen un factor de riesgo para infec-
ción por HBV?
(A) Personas sexualmente activas que a largo plazo no tienen una 
relación mutuamente monogámica
(B) Usuarios de drogas inyectables
(C) Mujeres embarazadas 
(D) Personas que viven en una casa con una persona que es positi-
va para HBsAg
(E) Personas que buscan tratamiento de una enfermedad de trans-
misión sexual
14. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones con respecto a HBIG no es 
correcta?
(A) HBIG proporciona protección temporal cuando se administra 
en dosis usuales
(B) HBIG suele utilizarse en vez de la vacuna contra la hepatitis 
B para la inmunoprofilaxis después de la exposición a fin de 
prevenir la infección por HBV
(C) No existen pruebas de que HBV, HCV o VIH alguna vez se 
hayan transmitido a través de la HBIG en Estados Unidos
(D) No se utiliza HBIG como protección contra la infección por 
HCV
Respuestas
1. B 5. C 9. D 13. C
2. C 6. D 10. A 14. B
3. A 7. E 11. G 
4. B 8. A 12. D 
BIBLIOGRAFÍA
A comprehensive immunization strategy to eliminate transmission of 
hepatitis B virus infection in the United States. Recommendations 
of the Advisory Committee on Immunization Practices (ACIP). 
Part II: Immunization of adults. MMWR Morb Mortal Wkly Rep 
2006;55(RR-16).
Advisory Committee on Immunization Practices: A comprehensive 
immunization strategy to eliminate transmission of hepatitis B 
virus infection in the United States. MMWR Morb Mortal Wkly 
Rep 2005;54(RR-16).
Advisory Committee on Immunization Practices: Prevention of 
hepatitis A through active or passive immunization. MMWR Morb 
Mortal Wkly Rep 2006;55(RR-7).
(C) La enfermedad hepática relacionada con HCV es la principal 
causa de trasplante hepático
(D) La viremia por HCV ocurre transitoriamente durante las pri-
meras etapas de la infección
(E) Los pacientes infectados por HCV tienen un riesgo elevado (5 
a 20%) de cáncer hepático
 7. Un varón de mediana edad se queja de fiebre de instauración agu-
da, náusea y dolor en el hipocondrio derecho. Se había observado 
ictericia y orina oscura varios días antes. Un análisis de laboratorio 
fue positivo para anticuerpos IgM contra HAV. El médico puede 
decirle al paciente que
(A) Probablemente adquirió la infección de una transfusión san-
guínea reciente
(B) Probablemente presentará hepatitis crónica
(C) Tendrá un riesgo elevado de presentar carcinoma hepatocelular
(D) Será resistente a la infección por hepatitis E
(E) Puede transmitir la infección a familiares por la diseminación 
interpersonal hasta por dos semanas
 8. Diversos virus diferentes pueden causar hepatitis. Una de las si-
guientes afirmaciones es aplicable a los cuatro virus: HAV, HCV, 
HDV y HEV
(A) Contiene un genoma de RNA monocatenario
(B) Es transmitido principalmente por la vía parenteral
(C) Es transmitido principalmente por la vía fecal-oral
(D) Se relaciona con la hepatitis fulminante
(E) Experimenta una variación secuencial durante la infección 
crónica
 9. Un estudiante de 30 años de edad acude al servicio de urgencias a 
causa de fiebre y anorexia durante los últimos tres días. Al parecer 
presenta ictericia y hepatomegalia dolorosa. Un análisis de labora-
torio muestra elevación de las aminotransferasas. La paciente re-
fiere antecedente de haber recibido vacuna contra la hepatitis B dos 
años antes pero no había recibido la vacuna contra la hepatitis A. 
Los resultados de sus análisis serológicos para la hepatitis son los 
siguientes: negatividad de anticuerpos IgM contra HAV, positivi-
dad para IgG contra HAV, negatividad para HBsAg, positividad 
para anticuerpos contra HBs, negatividad para anticuerpos contra 
HBc, negatividad para anticuerpos contra HCV y positividad para 
anticuerpos contra HCV. La conclusión más exacta es que proba-
blemente
(A) Tiene ahora hepatitis A, no se ha infectado con HBV y tenía 
antes hepatitis C
(B) Tiene hepatitis A ahora y se ha infectado con HBV y HCV en el 
pasado
(C) Se ha infectado con HAV y HCV en el pasado y ahora tiene 
hepatitis B 
(D) Se ha infectado con HAV en el pasado, no se ha infectado con 
HBV y tiene ahora hepatitis C
(E) Se ha infectado con HAV y HCV en el pasado, no se ha infec-
tado con HBV y tiene ahora hepatitis E
10. Una enfermera de 36 años resulta positiva para HBsAg y positiva 
para HBeAg. La enfermera muyprobablemente
(A) Tiene hepatitis aguda y puede infectar a otras personas
(B) Tiene infecciones por HBV y HEV
(C) Tiene una infección crónica por HBV
(D) Ha eliminado una infección previa por HBV 
(E) Fue inmunizada previamente con la vacuna contra HBV pre-
parada de portadores sanos positivos para HBsAg
11. Las siguientes personas tienen un riesgo más alto de infección por 
HAV y deben vacunarse de manera sistemática, excepto:
(A) Personas que viajan o que trabajan en países que tienen alta 
morbilidad de infección por HAV
517
C A P Í T U L O
Enfermedades virales 
transmitidas por artrópodos 
y roedores 38
Los virus transmitidos por artrópodos (arbovirus) y roedo-
res representan agrupamientos ecológicos virales con ciclos de 
transmisión complejos en los que intervienen dichos grupos 
de invertebrados y vertebrados. Estos virus tienen diversas pro-
piedades físicas y químicas y se clasifi can en varias familias de 
virus.
Los arbovirus y los virus transmitidos por roedores se clasifi -
can entre las familias Arenaviridae, Bunyaviridae, Flaviviridae, 
Reoviridae y Togaviridae. Los virus de la fi ebre hemorrágica 
africana se clasifi can en la familia Filoviridae (cuadro 38-1, fi g. 
38-1). Diversas enfermedades descritas aquí se consideran en-
fermedades infecciosas emergentes (véase el cap. 29).
Los arbovirus son transmitidos por los artrópodos que suc-
cionan sangre de un hospedador vertebrado a otro. El vector 
adquiere una infección de por vida a través de la ingestión de 
la sangre de un vertebrado virémico. Los virus se multiplican 
en los tejidos del artrópodo sin señales de enfermedad o daño. 
Algunos arbovirus se mantienen en la naturaleza por la transmi-
sión transovárica en los artrópodos. 
Las principales enfermedades por arbovirus en todo el mun-
do son fi ebre amarilla, dengue, encefalitis B japonesa, de St. 
Louis, equina occidental, equina oriental, rusa de la primavera 
y el verano, y fi ebres del Nilo Occidental y por la mosca de la 
arena. En Estados Unidos las infecciones por arbovirus más 
importantes son la encefalitis de La Crosse, la fi ebre del Nilo 
Occidental y las encefalitis de St. Louis, equina oriental y equi-
na occidental.
Las enfermedades virales transmitidas por roedores se 
mantienen en la naturaleza gracias a la transmisión directa 
dentro de la misma especie (intraespecífi ca) o entre especies 
diferentes (interespecífi ca) de roedores sin la participación de 
vectores artrópodos. La infección viral suele ser persistente, la 
transmisión ocurre por el contacto con los líquidos o excrecio-
nes del cuerpo.
Las principales enfermedades virales transmitidas por los 
roedores son las infecciones por hantavirus, fi ebre de Lassa y 
las fi ebres hemorrágicas sudamericanas. En Estados Unidos, las 
enfermedades más importantes transmitidas por roedores son 
el síndrome pulmonar por hantavirus y la fi ebre por la garra-
pata de Colorado. También se consideran aquí las fi ebres he-
morrágicas africanas (de Marburg y Ébola). Se desconocen sus 
hospedadores (reservorios), pero se sospecha que son roedores 
o murciélagos.
INFECCIONES POR ARBOVIRUS 
HUMANOS
Existen varios centenares de arbovirus de los cuales unos 100 
se sabe que son patógenos en el ser humano. Los que infectan 
al ser humano se cree que son zoonóticos y que el ser humano 
es un hospedador accidental sin ninguna función importante 
en el mantenimiento o la transmisión del ciclo del virus. Son 
excepciones la fi ebre amarilla urbana y el dengue. Algunos de 
los ciclos naturales son simples e implican la infección de un 
hospedador vertebrado no humano (mamífero o ave) trans-
mitido por una especie de mosquito o garrapata (p. ej., fi ebre 
amarilla en la selva, fi ebre de la garrapata de Colorado). Sin 
embargo, otros son más complejos. Por ejemplo, la encefalitis 
transmitida por la garrapata puede presentarse tras la inges-
tión de leche cruda de cabras y vacas infectadas al pastar en 
lugares infestados por garrapatas donde se presenta un ciclo de 
garrapata-roedor.
Los virus individuales a veces se denominaban con base 
en la enfermedad que causaban (p. ej., dengue, fi ebre amarilla) 
o por la zona geográfi ca donde se aislaron inicialmente (ence-
falitis de St. Louis, fi ebre del Nilo Occidental). Los arbovirus 
se encuentran en todas las zonas templadas y tropicales, pero 
predominan más en los trópicos donde abundan animales y 
artrópodos.
Las enfermedades producidas por los arbovirus pueden 
clasifi carse en tres síndromes clínicos; a saber: 1) fi ebres de 
tipo indiferenciado con o sin un exantema maculopapulo-
so y por lo general benignas; 2) encefalitis (infl amación del 
cerebro) a menudo con una tasa de mortalidad elevada, y 3) 
fi ebres hemorrágicas, también a menudo graves y mortales. 
Estas categorías son un poco arbitrarias y algunos arbovirus 
pueden relacionarse con más de un síndrome, por ejemplo, 
el dengue.
El grado de multiplicación viral y su lugar predominante 
de ubicación en los tejidos determinan el síndrome clínico. Por 
consiguiente, los arbovirus individuales pueden producir una 
enfermedad febril leve en algunos pacientes y encefalitis o 
una diátesis hemorrágica en otros.
Las infecciones por arbovirus se presentan en distribu-
ciones geográficas distintivas y tipos de vectores (fig. 38-2). 
Cada continente tiene su propio tipo de arbovirus y los nom-
518 SECCIÓN IV Virología
CUADRO 38-1 Clasifi cación y propiedades de algunos virus transmitidos por artrópodos y roedores
Taxonomía
Arbovirus importantes y miembros 
de virus transmitidos por roedores Propiedades de los virus
Arenaviridae
Género Arenavirus Nuevo Mundo: Guanarito, Junin, Machupo, Sabia y Arroyo 
de Whitewater. Virus del Viejo Mundo: de Lassa y de la 
coriomeningitis linfocítica. Transmitidos por roedores
Esférico, de 50 a 300 nm de diámetro (media de 110 a 
130 nm). Genoma: RNA monocatenario, de doble 
segmentación, de polaridad negativa y bipolaridad, 
de 10 a 14 kb de tamaño global. El virión contiene una 
transcriptasa. Cuatro polipéptidos principales. Envoltura, 
replicación: citoplasma. Ensamble: incorpora ribosomas y 
produce gemación desde la membrana plasmática
Bunyaviridae
Género Orthobunyavirus
Género Hantavirus
Género Nairovirus
Género Phlebovirus
Anófeles A y B, virus Bunyamwera, de la encefalitis de 
California, Guama, La Crosse, Oropouche y de Turlock. 
Transmitidos por artrópodos (mosquitos)
Virus de Hantaan (fiebre hemorrágica coreana), virus de 
Seúl (fiebre hemorrágica con síndrome renal). Virus 
sin nombre (síndrome pulmonar por hantavirus). 
Transmitido por roedores
Fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, fiebre de los 
corderos de Nairobi y virus de Sakhalin. Transmitido por 
artrópodos (garrapatas)
Virus de la fiebre del Valle de Rift, fiebre de la mosca de 
la arena (Phlebotomus) y Uukuniemi. Transmitidos por 
artrópodos (mosquitos, moscas de la arena, garrapatas)
Esférico, de 80 a 120 nm de diámetro. Genoma: triple 
segmentado, de polaridad negativa o bipolaridad, 
RNA monocatenario, 11 a 19 kb de tamaño total. El 
virión contiene una transcriptasa. Cuatro polipéptidos 
principales. Envoltura. Replicación: citoplasma. 
Ensamble: gemación hacia el aparato de Golgi
Filoviridae
Género Marburgvirus
Género Ebolavirus
Virus de Marburg
Virus de Ébola
Filamentos largos, de 80 nm de diámetro y longitud 
variable (>10 000 nm), aunque la mayor parte tiene un 
promedio aproximado de 1 000 nm. Genoma: RNA de 
polaridad negativa, no segmentado, monocatenario, 
de 19 kb de tamaño. Siete polipéptidos. Envoltura. 
Replicación: citoplasma. Ensamble: gemación de la 
membrana plasmática
Flaviviridae
Género Flavivirus Virus de encefalitis brasileña (virus de Rocio), del dengue, 
de la encefalitis japonesa B, enfermedad de la selva 
de Kyasanur, encefalitis ovina, encefalitis del Valle de 
Murray, fiebre hemorrágica de Omsk, encefalitis rusa 
de la primavera y el verano, encefalitis de St. Louis, 
encefalitis transmitida por la garrapata, fiebre del Nilo 
Occidentaly virus de la fiebre amarilla. Transmitidos por 
artrópodos (mosquitos, garrapatas)
Esférico, de 40 a 60 nm de diámetro. Genoma: polaridad 
positiva, RNA monocatenario, de 11 kb de tamaño. RNA 
de genoma infeccioso. Envoltura. Tres polipéptidos 
estructurales, dos glucosilados. Replicación: citoplasma. 
Ensamble: en el retículo endoplásmico. Todos los virus 
están relacionados serológicamente
Reoviridae
Género Coltivirus
Género Orvivirus
Virus de la fiebre de la garrapata de Colorado. Transmitidos 
por artrópodos (garrapatas, mosquitos)
Virus de la enfermedad del caballo africano y de la lengua 
azul. Transmitidos por artrópodos (mosquitos)
Esférico, de 60 a 80 nm de diámetro. Genoma: 10 a 12 
segmentos de RNA lineal bicatenario, de 16 a 27 kbp 
de tamaño total. Sin envoltura. Diez a 12 polipéptidos 
estructurales. Replicación y ensamble: citoplasma (véase 
el cap. 37)
Togaviridae
Género Alphavirus Virus de Chikungunya, de la encefalitis equina oriental, 
occidental y venezolana, virus de Mayaro, de O’Nyong-
nyong, del Río Ross, de la selva de Semliki y de Sindbis. 
Transmitidos por artrópodos (mosquitos)
Esférico, de 70 nm de diámetro, la nucleocápside tiene 
42 capsómeros. Genoma: RNA de polaridad positiva, 
monocatenario, de 11 a 12 kb de tamaño. Envoltura. 
Tres o cuatro polipéptidos estructurales importantes, 
dos glucosilados. Replicación: citoplasma. Ensamble: 
gemación en todas las membranas de la célula 
hospedadora. Todos los virus están relacionados 
serológicamente
CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 519
ENCEFALITIS POR TOGAVIRUS
Y FLAVIVIRUS
Clasificación y propiedades 
de los togavirus y los flavivirus
En la familia Togaviridae, el género Alphavirus consta de unos 
30 virus de 70 nm de diámetro que poseen un genoma de RNA 
monocatenario de cadena positiva (cuadro 38-1). La envoltura 
que rodea a la partícula contiene dos glucoproteínas. Los alfavi-
rus suelen establecer infecciones persistentes en los mosquitos y 
bres suelen ser sugestivos, por ejemplo, la encefalitis equina 
venezolana, la encefalitis B japonesa, la encefalitis del Valle 
de Murray (Australia). 
Muchas encefalitis son infecciones por alfavirus y fl avivi-
rus diseminadas por mosquitos, aunque el grupo de las ence-
falitis de California se deben a bunyavirus. En un determinado 
continente puede haber una distribución cambiante, lo que 
depende de los hospedadores virales y los vectores en un de-
terminado año.
Varios arbovirus producen infecciones humanas importan-
tes en Estados Unidos (cuadro 38-2). El número de casos varía 
mucho de un año a otro.
A
C
B
D
FIGURA 38-1 Microfotografías electrónicas de arbovirus característicos y virus transmitidos por roedores. A: Un virus α. Virus del bosque de Semliki 
(Togaviridae). B: Un miembro representativo de la familia Bunyaviridae, el virus de Uukuniemi. C: Un arenavirus, virus de Tacaribe (Arenaviridae).
D: Virus de Ébola (Filoviridae). (Cortesía de FA Murphy y EL Palmer.)
520 SECCIÓN IV Virología
Los arbovirus pertenecen al género Flavivirus en la familia 
Flaviviridae. Al principio, los fl avivirus fueron incluidos en la 
familia togavirus como “arbovirus del grupo B”, pero fueron 
desplazados a una familia diferente por diferencias en la orga-
nización del genoma. La familia Flaviviridae consta de unos 70 
virus de 40 a 60 nm de diámetro que tienen un genoma de RNA 
monocatenario de cadena positiva. La envoltura viral contiene 
dos glucoproteínas. Algunos fl avivirus son transmitidos entre 
los vertebrados por mosquitos y garrapatas, en tanto que otros 
son transmitidos entre los vertebrados por los mosquitos u otros 
artrópodos que se alimentan de sangre. Tienen distribución 
mundial. Todos los alfavirus tienen relación antigénica. Los vi-
rus son inactivados por un pH ácido, calor, solventes lípidos, 
detergentes, blanqueadores, fenol, alcohol a 70% y formaldehí-
do. La mayor parte posee capacidad hemaglutinante (fi g. 38-1). 
El virus de la rubéola, clasifi cado en un género separado en la 
familia Togaviridae no tiene vector artrópodo y no es un arbo-
virus (cap. 40).
A B
C D
E
G
F
FIGURA 38-2 Distribuciones conocidas de fl avivirus que producen enfermedad humana. A: Virus de la fi ebre amarilla. B: Virus del dengue. C: Virus 
de la encefalitis de St. Louis. D: Virus de la encefalitis japonesa B. E: Virus de la encefalitis del Valle de Murray. F: Virus de la encefalitis transmitida por 
garrapatas. G: Virus del Nilo Occidental. (Reproducida con autorización de Monath TP, Tsai TF: Flaviviruses. En: Clinical Virology, 2a. Ed. Richman DD, 
Whitley RJ, Hayden FG [editors]. ASM Press, 2002.)
CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 521
secuencia indican que el virus de la encefalitis equina occidental 
es una recombinación genética de virus de la encefalitis equina 
oriental y de Sindbis.
El genoma de RNA del fl avivirus también es de cadena posi-
tiva. Una proteína precursora de gran tamaño es producida por 
mRNA de longitud del genoma durante las replicaciones vira-
les; es desdoblada por proteasas virales y del hospedador para 
generar todas las proteínas virales, tanto las estructurales como 
las no estructurales. Los fl avivirus se replican en el citoplasma y 
ocurre el ensamble de partículas en las vesículas intracelulares 
(fi g. 38-4). La proliferación de las membranas intracelulares es una 
característica de las células infectadas por fl avivirus. 
Propiedades antigénicas 
de togavirus y flavivirus
Todos los alfavirus están relacionados antigénicamente. Debi-
do a las determinantes antigénicas comunes, los virus muestran 
reacciones cruzadas en las técnicas inmunodiagnósticas. Las 
pruebas HI, ELISA e IF defi nen ocho complejos antigénicos o 
serogrupos de alfavirus, cuatro de los cuales están tipifi cados por 
son transmitidos entre roedores o murciélagos sin ningún in-
secto vector conocido. Muchos tienen una distribución mun-
dial. Todos los fl avivirus tienen una relación antigénica. Los 
fl avivirus son inactivados también al alfavirus y muchos tam-
bién muestran una capacidad de hemaglutinación. El virus de 
la hepatitis C, clasifi cado en un género diferente en la familia 
Flaviviridae, no tiene un vector artrópodo y no es un arbovirus 
(cap. 35).
Replicación de togavirus y flavivirus
El genoma de RNA del alfavirus es de cadena positiva (fi g. 
38-3). La longitud genómica y los mRNA subgenómicos (26S) 
se producen durante la transcripción. El transcrito de longitud 
genómica produce una poliproteína precursora que codifi ca las 
proteínas no estructurales (es decir, replicasa, transcriptasa) ne-
cesarias para la replicación de RNA viral. El mRNA subgenómi-
co codifi ca a las proteínas estructurales. Las proteínas son ela-
boradas por desdoblamiento postraduccional. Los alfavirus se 
replican en el citoplasma y maduran mediante nucleocápsides 
en gemación a través de la membrana plasmática. Los datos de la 
CUADRO 38-2 Resumen de infecciones humanas importantes por virus transmitidos por arbovirus y roedores 
que ocurren en Estados Unidos
Enfermedadesa Exposición Distribución
Vectores 
principales
Cociente de casos de 
infección (incidencia
de edad) Secuelasb
Tasa
de mortalidad
Encefalitis equina 
oriental (Alphavirus)
Rural Atlántico, costa 
del sur
Aedes, Culex 10:1 (lactantes)
50:1 (edad mediana)
20:1 (ancianos)
+ 30 a 70%
Encefalitis equina 
occidental 
(Alphavirus)
Rural Pacífico, 
montañas, 
suroeste
Culex tarsalis, 
Aedes
50:1 (menos de 5) 
1 000:1 (más de 15)
+ 3 a 7%
Encefalitis equina 
venezolana 
(Alphavirus)
Rural Sur (también 
Sudamérica y 
Centroamérica)
Aedes, Psorophora 
Culex
25:1 (menos de 15)
1 000:1 (más de 15)
± Decesos 
infrecuentes
Encefalitis de St. Louis 
(Flavivirus)
Urbana-rural Dispersa Culex 800:1 (menos de 9)
400:1 (9-59)
85:1 (más de 60)
± 3 a 10% (menos 
de 65)
30% (más de 65)
Fiebre del Nilo 
Occidental 
(Flavivirus)
Urbana-rural Dispersa Culex, Aedes, 
Anopheles
150:1 Desconocidas3 a 15%
Encefalitis de California 
(La Crosse) 
(Orthobunyavirus)
Rural Norcentral, 
Atlántico, sur
Aedes triseriatus Cociente desconocido 
(la mayor parte de los 
casos en menos de 20)
Infrecuentes Alrededor de 1%
Síndrome pulmonar 
por hantavirus 
(Hantavirus)
Rural Suroeste, 
occidente
Peromyscus 
maniculatusc
Desconocido Desconocidas 30%
Fiebre de la garrapata 
de Colorado 
(Coltivirus) 
Rural Pacífico, montañas Dermacentor 
andersoni
Cociente desconocido 
(todas las edades son 
afectadas)
Infrecuentes Decesos 
infrecuentes
aMostrado entre paréntesis bajo el nombre de la enfermedad aparece el género en el cual se clasifi can los virus causantes. Las familias de los virus están indicadas y descritas en el 
cuadro 38-1.
bSecuelas: +, frecuentes: ±, esporádicas.
cPortador roedor.
522 SECCIÓN IV Virología
el endotelio vascular. La multiplicación en el sistema nervioso 
central depende de la capacidad del virus para cruzar la barre-
ra hematoencefálica e infectar las células nerviosas. En la in-
fección natural de aves y mamíferos, es habitual una infección 
asintomática. Por varios días ocurre una viremia y los vectores 
artrópodos adquieren el virus al succionar la sangre durante 
este periodo: el primer paso en su diseminación a otros hospe-
dadores.
La enfermedad en los animales de experimentación permite 
aclarar múltiples aspectos de la enfermedad en seres humanos. 
Se han utilizado ratones para estudiar la patogenia de la ence-
falitis. Tras la inoculación subcutánea, la replicación del virus 
ocurre en los tejidos locales y en los ganglios linfáticos regio-
nales. El virus entra luego en la circulación sanguínea y se di-
semina. Dependiendo del compuesto específi co, los diferentes 
tejidos respaldan más la replicación del virus, lo que comprende 
monocitos-macrófagos, células endoteliales, pulmón, hígado y 
músculos. El virus cruza la barrera hematoencefálica por me-
las encefalitis equina occidental, equina oriental, equina venezo-
lana y por el virus de la selva de Semliki. La identifi cación de un 
virus específi co puede lograrse utilizando las pruebas de Nt. Asi-
mismo, todos los fl avivirus comparten lugares antigénicos. Se 
han identifi cado por un mínimo de ocho complejos antigénicos 
basándose en las pruebas de Nt. La proteína de la envoltura (E) 
es la hemaglutinina viral y contiene las determinantes de gru-
po, serocomplejas y específi cas de tipo. Las comparaciones de la 
secuencia del gen de la glucoproteína E muestran que los virus 
en un serocomplejo comparten más de 70% de las secuencias de 
aminoácido, en tanto que la homología de aminoácidos a través 
de los serocomplejos es menos que 50%.
Patogenia y anatomía patológica
En los hospedadores vertebrados susceptibles, la multiplicación 
viral primaria ocurre en las células mieloides y linfoides o en 
An RNA del genoma
An mRNA 26S
Cápside
Cápside
nsP1 nsP2 nsP3 nsP4
C E3 E2 6K E1
Núcleo (+)
(–)
1 Unión
2 Endocitosis mediada
por el receptor
9 Fusión de vasículas 
en la membrana
plasmática: liberación
de virión
3
Fusión de virión 
y membrana de endosoma
4 Desenvoltura
5
Traducción y procesamiento 
de poliproteína
6 Replicación de RNA 
asociado a la membrana
7 Morfogénesis del virión 
en vesículas intracelulares
8 Transporte de virión;
saturación de glucoproteína
FIGURA 38-3 Organización genómica de los virus α. Las proteínas no estructurales (nsP) están traducidas del RNA genómico como una 
poliproteína que es concentrada en cuatro proteínas no estructurales por una proteasa viral presente en nsP2. Las proteínas estructurales se 
traducen de un mRNA 26S subgenómico como una poliproteína que es procesada por una combinación de proteasas virales y celulares hacia 
una proteína de la cápside (C), tres glucoproteínas de envoltura (E3, E2 y E1) y una proteína asociada a la membrana 6K. C, E2 y E1 son los principales 
componentes de los viriones y están sombreados en la fi gura. (Reproducida con autorización de Strauss JH, Strauss EG, Kuhn RJ: Budding of
alphaviruses. Trends Microbiol 1995;3:346.)
FIGURA 38-4 El ciclo de vida de los fl avivirus. (Cortesía de CM Rice.)
CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 523
B. Serología
Los anticuerpos neutralizantes e inhibidores de la hemagluti-
nación son detectables pocos días después del inicio de la en-
fermedad. Los anticuerpos neutralizantes e inhibidores de la 
hemaglutinación perduran por años. La prueba HI es la prue-
ba diagnóstica más sencilla, pero identifi ca el grupo más que el 
virus causante específi co. Los análisis serológicos más sensibles 
detectan IgG específi cos del virus en suero o en el líquido cefalo-
r a quídeo con enzimoinmunoanálisis de adsorción (ELISA). 
Es necesario establecer un incremento de cuatro tantos o 
más de los anticuerpos específi cos durante la infección para 
confi rmar un diagnóstico. La primera muestra de suero debe 
obtenerse lo más pronto posible después del inicio y la segunda 
dos a tres semanas más tarde. Al establecer el diagnóstico se 
debe tomar en cuenta la reactividad cruzada dentro del gru-
po de alfavirus o fl avivirus. Después de una sola infección por 
un miembro del grupo, también pueden aparecer anticuerpos 
a otros miembros. El diagnóstico serológico se vuelve difícil 
cuando ocurre una epidemia causada por un miembro del gru-
po serológico en una zona donde otro miembro del grupo es 
endémico.
Inmunidad
Se piensa que la inmunidad es permanente después de una in-
fección simple. Se considera que las respuestas de anticuerpo 
humoral lo mismo que las inmunitarias celulares son importan-
tes en la protección y el restablecimiento tras la infección. En 
zonas endémicas, la población puede adquirir inmunidad como 
resultado de infecciones asintomáticas; la proporción de perso-
nas con anticuerpos contra el virus transmitido por el artrópodo 
local se incrementa con la edad. 
Debido a los antígenos comunes, la respuesta a la inmuni-
zación o a la infección con uno de los virus de un grupo puede 
modifi carse por la exposición previa a otro miembro del mismo 
grupo. Este mecanismo es importante para conferir protección 
en una población contra una epidemia de un microorganismo 
relacionado (p. ej., no encefalitis japonesa B en zonas endémicas 
para la fi ebre del Nilo Occidental).
Epidemiología
En zonas muy endémicas, casi toda la población humana puede 
infectarse con un arbovirus y la mayor parte de las infecciones 
son asintomáticas. Existen cocientes de infección a casos eleva-
dos en grupos de edad específi ca y para muchas infecciones por 
arbovirus (cuadro 38-2). Casi todos los casos ocurren en los me-
ses de verano en el hemisferio norte cuando los artrópodos son 
más activos.
A. Encefalitis equina oriental y occidental
La encefalitis equina oriental es la más grave de las encefalitis 
por arbovirus y es la que tiene una tasa de mortalidad de casos 
más alta. Las infecciones son infrecuentes y esporádicas en Es-
tados Unidos, promediando cinco casos confi rmados por año. 
Las infecciones asintomáticas son infrecuentes. En el caso de la 
encefalitis equina occidental, la transmisión ocurre a un bajo 
nivel en el occidente rural, donde las aves y los mosquitos Cu-
lex tarsalis participan en el ciclo de mantenimiento del virus. 
canismos desconocidos, que tal vez afectan neuronas olfativas 
o células vasculares del cerebro y se disemina. La degeneración 
neuronal dispersa ocurre en todas las encefalitis provocadas por 
arbovirus.
En la mayor parte de las infecciones, el virus se controla 
antes que ocurra la invasión neurológica. La invasión depende 
de muchos factores, como el grado de viremia, los antecedentes 
genéticos y respuestas inmunitarias innatas y adaptativas del 
hospedador, así como de la virulencia de la cepa del virus. Los 
seres humanos muestran una susceptibilidad dependiente de la 
edad a las infecciones del sistema nervioso central; los lactantes 
y los ancianos son los más susceptibles.
Las encefalitis equinas enlos caballos son difásicas. En la 
primera fase (enfermedad leve), el virus se multiplica en teji-
do no neural y está presente en la sangre varios días antes de 
los primeros signos de afectación del sistema nervioso central. 
En la segunda fase (enfermedad mayor) el virus se multiplica 
en el cerebro, las células son lesionadas y destruidas y la en-
cefalitis se vuelve clínicamente manifi esta. Se necesitan altas 
concentraciones de virus en el tejido cerebral antes que se dé 
tal manifestación.
Manifestaciones clínicas
Los periodos de incubación de las encefalitis fl uctúan entre 
cuatro y 21 días. Las infecciones no manifi estas son frecuentes. 
Algunas personas infectadas presentan una enfermedad seudo-
gripal leve, en tanto que otras manifi estan encefalitis. Hay una 
instauración súbita con cefalea intensa, escalofríos y fi ebre, náu-
sea y vómito, dolores generalizados y ataque al estado general. 
En las primeras 24 a 48 h, sobreviene una somnolencia inten-
sa y el paciente puede presentar estupor. En los casos graves se 
presenta confusión mental, temblores, convulsiones y coma. La 
fi ebre persiste por cuatro a 10 días. La tasa de mortalidad en 
la encefalitis varía (cuadro 38-2). En la encefalitis B japonesa, la 
tasa de mortalidad en los grupos de edad más avanzada puede 
alcanzar 80%. Las secuelas pueden ser leves a graves y compren-
den deterioro mental, cambios de la personalidad, parálisis, afa-
sia y signos cerebelosos.
Diagnóstico de laboratorio
A. Aislamiento del virus y detección directa
Los intentos de aislamiento del virus exigen precauciones de 
bioseguridad apropiadas para evitar las infecciones en el labora-
torio. El virus se encuentra en la sangre sólo en las primeras fases 
de la infección, por lo general antes que comiencen los síntomas. 
También se pueden encontrar virus en el LCR o en muestras 
de tejido, lo que depende del microorganismo. Los alfavirus y 
los fl avivirus por lo general pueden desarrollarse en linajes ce-
lulares comunes como Vero, BHK, HeLa y MRC-5. Los linajes 
de células de mosquito son útiles. La inoculación intracerebral de 
los ratones recién nacidos o cobayos también se utiliza para el 
aislamiento del virus.
Se dispone de análisis de detección de antígeno y reacción 
en cadena de la polimerasa para la detección directa de RNA o 
proteínas virales en especímenes clínicos para algunos arbovi-
rus. El empleo de anticuerpos monoclonales específi cos de virus 
en análisis inmunofl uorescentes ha facilitado la identifi cación 
rápida del virus en muestras clínicas. 
524 SECCIÓN IV Virología
guíneas, in utero y tal vez lactancia natural. En Estados Unidos 
en 2003 se implantó la detección sistemática del virus del Nilo 
Occidental en donaciones de sangre.
El virus del Nilo Occidental produce viremia y una enfer-
medad febril leve y aguda con linfadenopatía y exantema. La 
afectación meníngea transitoria puede presentarse durante la 
etapa aguda. Sólo existe un tipo antigénico de virus y se supone 
que la inmunidad es permanente.
En 2003 se comenzó a contar con una vacuna del Nilo Occi-
dental. No existe vacuna para el ser humano. La prevención de la 
enfermedad por el virus del Nilo Occidental depende del control 
de los mosquitos y de la protección contra sus picaduras.
D. Encefalitis japonesa B
La encefalitis japonesa B es la principal causa de encefalitis viral 
en Asia (fi g. 38-2). Cada año se presentan alrededor de 50 000 
casos en China, Japón, Corea y el subcontinente conformado 
por India, con 10 000 decesos, principalmente niños y ancia-
nos. La mortalidad puede superar 30%. Un elevado porcentaje 
de sobrevivientes (hasta 30%) quedan con secuelas neurológicas 
y psiquiátricas. Se ha comunicado que las infecciones durante el 
primero y el segundo trimestres del embarazo desencadenaron 
muerte fetal.
Los estudios de seroprevalencia señalan la exposición casi 
general al virus de la encefalitis japonesa B hacia la edad adulta. 
El cociente estimado entre infecciones asintomáticas y sintomá-
ticas es de 300:1.
Ciclos de transmisión 
en hospedador-vector del arbovirus
Las infecciones de seres humanos por los virus de la encefalitis 
transmitida por mosquitos se presentan cuando un mosquito u 
otro artrópodo pica inicialmente a un animal infectado y des-
pués a un ser humano.
Las encefalitis equinas —oriental, occidental y venezolana— 
son transmitidas por mosquitos culícidos a caballos o seres hu-
manos desde un ciclo de mosquito-ave-mosquito (fi g. 38-5). Los 
equinos, al igual que los seres humanos, son hospedadores no 
esenciales para el mantenimiento del virus. Tanto la encefalitis 
equina oriental como la venezolana en los caballos son graves y 
hasta 90% de los animales afectados mueren. La encefalitis equi-
na occidental epizoótica a menudo es menos mortal para los 
caballos. Además, la encefalitis equina oriental produce epizoo-
tias graves en determinadas aves de juego domésticas. También 
ocurre un ciclo de mosquito-ave-mosquito en la encefalitis de 
St. Louis, la fi ebre por el virus del Nilo Occidental y la encefalitis 
japonesa B. Los cerdos son hospedadores importantes de la en-
cefalitis japonesa B. Los mosquitos se mantienen infectados de 
por vida (varias semanas a meses). Sólo la hembra se alimenta 
de sangre y puede alimentar y transmitir el virus más de una 
vez. Las células del intestino medio del mosquito son el principal 
lugar para la multiplicación del virus. Esto se acompaña de una 
viremia y de la invasión de órganos —principalmente glándulas 
salivales y tejido nervioso, donde ocurre la multiplicación viral 
secundaria. El artrópodo se mantiene sano.
La infección de murciélagos insectívoros por arbovirus pro-
duce una viremia que dura seis a 12 días sin ninguna enfermedad 
o cambios patológicos en el murciélago. Si bien la concentración 
viral es alta, el murciélago infectado puede infectar a los mosqui-
Las infecciones de seres humanos promedian 15 casos confi r-
mados por año. Sin embargo, ha habido casos previos (los más 
recientes en 1987) en que los seres humanos y los equinos se 
infectaban a niveles epidémicos y epizoóticos. Los brotes epi-
démicos han afectado a amplias zonas del occidente de Estados 
Unidos y Canadá.
B. Encefalitis de St. Louis
El virus de la encefalitis de St. Louis es la causa más importante 
de encefalitis epidémica del ser humano en Norteamérica (fi g. 
38-2) y ha causado casi 10 000 casos y 1 000 muertes desde que 
fue reconocido inicialmente en 1933. Las tasas de seroprevalen-
cia en general son bajas y la incidencia de encefalitis de St. Louis 
varía cada año en Estados Unidos. En la actualidad hay un pro-
medio de 130 casos confi rmados cada año. Menos de 1% de las 
infecciones virales produce manifestaciones clínicas. Es necesa-
ria la presencia de mosquitos infectados para que puedan pre-
sentarse las infecciones humanas, aunque los factores socioeco-
nómicos y culturales (aire acondicionado, mallas, control de los 
mosquitos) modifi can el grado de exposición de la población a 
estos vectores portadores de virus.
C. Fiebre del Nilo Occidental
La fi ebre del Nilo Occidental es causada por un miembro del 
complejo antigénico de fl avivirus de la encefalitis japonesa B. 
Se presenta en Europa, Medio Oriente, África, la ex Unión So-
viética, el suroeste de Asia y, en tiempos más recientes, Estados 
Unidos. Apareció inesperadamente en la zona de la ciudad de 
Nueva York en 1999 y produjo siete decesos y una gran mor-
talidad en una serie de aves domésticas y exóticas. El análisis 
secuencial de las cepas de virus demostró que se originaba en 
el Medio Oriente; probablemente cruzó el Atlántico en un ave, 
mosquito o viajero humano infectados.
Al cabo de tres años el virus del Nilo Occidental ha con-
sumado su desplazamiento transcontinental a través de Estados 
Unidos y se estableció en una presencia permanente en los cli-
mas templados de Norteamérica. En la actualidad es la principal 
causa de encefalitis por arbovirus en Estados Unidos. Se estima 
que casi 80%de las infecciones del Nilo Occidental son asinto-
máticas y cerca de 20% producen la fi ebre del Nilo Occidental y 
menos de 1% es causa de enfermedad neuroinvasiva (meningi-
tis, encefalitis o parálisis fl ácida aguda). La encefalitis mortal es 
más frecuente en personas de edad avanzada. Se ha identifi cado 
como un factor de riesgo para las infecciones del Nilo Occidental 
sintomáticas una defi ciencia genética que produce una variante 
no funcional del receptor de quimiocina CCR5.
En 2002 una epidemia en Estados Unidos fue la de menin-
goencefalitis por arbovirus más amplia documentada en el he-
misferio occidental. Se comunicaron 3 389 casos de infección 
por el virus del Nilo Occidental en humanos, 69% con menin-
goencefalitis y 21% con fi ebre del Nilo Occidental. Más de 9 000 
casos ocurrieron en caballos. En 2006, se notificó un total de 
1 491 casos de infección neuroinvasiva por el virus del Nilo 
Occidental en estadounidenses. Se estimó que habrían ocurrido 
41 750 casos de fi ebre del Nilo Occidental y un total de más de 
208 000 infecciones humanas en 2006. Se detectó el virus del 
Nilo Occidental en los 48 estados contiguos.
La epidemia del virus del Nilo Occidental de 2002 com-
prendió los primeros casos documentados de transmisión inter-
personal a través del trasplante de órganos, transfusiones san-
CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 525
portador del virus y también de su vector (fi g. 38-6). En los cli-
mas tropicales, donde se presentan poblaciones de mosquitos 
durante todo el año, el ciclo de los arbovirus es continuo entre 
mosquito y reservorios animales.
En climas templados, el virus puede reintroducirse cada año 
desde el exterior (p. ej., por aves que migran desde zonas tropi-
cales) o pueden sobrevivir el invierno en la zona local. Los posi-
bles pero no demostrados mecanismos de hibernación son los 
siguientes (fi gs. 38-5 y 38-6): 1) los mosquitos en hibernación en 
el momento de su emergencia pueden reinfectar aves; 2) el virus 
puede mantenerse latente en el invierno en las aves, los mamífe-
ros o los artrópodos, y 3) los vertebrados de sangre fría (serpien-
tes, tortugas, cocodrilos, lagartos, sapos) pueden hacer las veces 
de reservorios en invierno. Los mosquitos pueden infectarse al 
alimentarse de culebras que emergen y luego transmiten el virus. 
Se ha detectado el virus en la sangre de serpientes silvestres.
Los mosquitos están íntimamente asociados a murciélagos, 
tanto en el verano como durante el invierno (en lugares de hi-
bernación). El ciclo de mosquito-murciélago-mosquito puede 
ser un mecanismo de hibernación posible para algunos arbo-
virus.
Tratamiento y control
No hay ningún tratamiento específi co. El control biológico del 
vertebrado hospedador natural por lo general no es práctico, so-
tos que luego pueden transmitir la infección a aves silvestres y a 
aves de corral, así como a otros murciélagos.
También hay encefalitis por fl avivirus transmitidas por las 
garrapatas, como la encefalitis de la primavera y el verano de 
Rusia. Esta enfermedad ocurre principalmente en los primeros 
días del verano, sobre todo en personas expuestas a garrapatas 
Ixodes persulcatus e Ixodes ricinus en zonas boscosas no despe-
jadas. Las garrapatas pueden infectarse en cualquier etapa de su 
metamorfosis y el virus se puede transmitir a través de los ova-
rios (fi g. 38-6). El virus es secretado en la leche de cabras infecta-
das por periodos prolongados y la infección puede transmitirse 
a quienes beben leche no pasteurizada. El virus de la encefalitis 
de Powassan fue el primer miembro del complejo ruso de la pri-
mavera y el verano que se aisló en Norteamérica. El caso mortal 
original se comunicó en Canadá en 1959. La infección humana 
es infrecuente.
Hibernación de los arbovirus
Las características epidemiológicas de las encefalitis transmiti-
das por artrópodos deben tomar en cuenta el mantenimiento y 
la diseminación de los virus en la naturaleza en la ausencia de 
seres humanos. Se han aislado virus de mosquitos y garrapatas, los 
cuales sirven de reservorios de la infección. En las garrapatas, 
los virus pueden pasar de una generación a otra por vía trans-
ovárica y en tales casos la garrapata funciona como un verdadero 
Aves y/o mamíferos
Hospedadores
terminales finales
Ciclo de
amplificación
Mosquitos
Culex
Supervivencia
en ambientes
tropicales
Transmisión
vertical
Vector de
hibernación
Viremia
prolongada
Vector
alternativo
Posibles mecanismos
de mantenimiento
en hibernación
Hospedadores
terminales finales
Mosquitos
Culex
Supervivencia
en ambientes
tropicales
Transmis
vertical
Vector de
hib ió
Viremia
prolongada
FIGURA 38-5 Ciclo de transmisión generalizada de los fl avivirus transmitidos por el mosquito que producen encefalitis. Se muestra la amplifi cación 
en el tiempo de verano y los posibles mecanismos de hibernación. Los seres humanos son hospedadores terminales muertos y no contribuyen a la 
perpetuación de la transmisión del virus. Las aves silvestres son los hospedadores virémicos más frecuentes, pero los cerdos tienen una participación 
importante en el caso del virus de la encefalitis japonesa. La pauta mostrada se aplica a muchos fl avivirus (pero no a todos). (Adaptada con autorización de 
Monath TP, Heinz FX. Flaviviruses. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996.)
526 SECCIÓN IV Virología
FIEBRE AMARILLA
El virus de la fi ebre amarilla es el prototipo de la familia Flavi-
viridae. Produce fi ebre amarilla, una enfermedad aguda, febril, 
transmitida por los mosquitos en regiones tropicales y subtro-
picales de África y Sudamérica (fi g. 38-2). Los casos graves se 
caracterizan por disfunción hepática y renal y hemorragia, con 
una elevada mortalidad.
Basándose en el análisis secuencial, se han identifi cado por 
lo menos siete genotipos de virus de la fi ebre amarilla, cinco en 
África y dos en Sudamérica. Hay un solo serotipo.
El virus de la fi ebre amarilla se multiplica en animales de 
muy diferentes tipos y en los mosquitos y se cultiva en huevos 
embrionados, cultivos de células de embrión de pollo y linajes 
celulares, incluidos los de origen de simio, humano, cobayo y 
mosquito.
Patogenia y anatomía patológica
El virus es introducido por un mosquito a través de la piel donde 
se multiplica. Se disemina a ganglios linfáticos locales, hígado, 
bazo, riñón, médula ósea y miocardio, donde puede persistir 
por días. Está presente en la sangre en las primeras etapas de la 
infección. 
Las lesiones de la fi ebre amarilla se deben a la ubicación y 
la propagación del virus en un órgano específi co. Las infeccio-
nes pueden producir lesiones necróticas en el hígado y el riñón. 
También se presentan cambios degenerativos en bazo, ganglios 
linfáticos y corazón. La infección grave se caracteriza por hemo-
rragia y choque. La lesión miocárdica por el virus puede contri-
buir al choque.
Manifestaciones clínicas
El periodo de incubación es de tres a seis días. En el inicio brus-
co, el paciente tiene fi ebre, escalofríos, cefalea, mareos, mialgias 
y dorsalgia (seguidos de náusea, vómito y bradicardia). Durante 
este periodo inicial, que dura varios días, el paciente se encuen-
tra virémico y constituye una fuente de infección para los mos-
quitos. La mayor parte de los pacientes se recuperan en esta eta-
pa, pero en casi 15% de los casos la enfermedad evoluciona a una 
forma más grave caracterizada por fi ebre, ictericia, insufi ciencia 
renal y manifestaciones hemorrágicas. El vómito puede ser ne-
gro con sangre alterada. Cuando la enfermedad evoluciona a la 
etapa grave (insufi ciencia hepatorrenal), la tasa de mortalidad es 
elevada (20% o más), sobre todo en los pequeños y en los ancia-
nos. Ocurre el deceso en el día siete a 10 de la enfermedad. La 
encefalitis es infrecuente. 
Por otra parte, la infección puede ser tan leve que pasa in-
advertida. Sea cual sea la gravedad, no hay secuelas; los pacientes 
mueren o serestablecen del todo. 
Diagnóstico de laboratorio
A. Detección o aislamiento del virus
Se puede identifi car el antígeno o el ácido nucleico del virus en 
especímenes de tejido utilizando inmunohistoquímica, la cap-
tación del antígeno mediante ELISA o la prueba de reacción en 
cadena de la polimerasa. El virus puede aislarse de la sangre los 
bre todo cuando los hospedadores son aves silvestres. El método 
más efi caz es el control de artrópodos, de manera que la atomi-
zación de insecticidas destruirá mosquitos. Las medidas perso-
nales comprenden evitar los mosquitos mediante repelentes y 
con uso de prendas protectoras. Las casas deben tener mallas de 
ventanas adecuadas.
Se han desarrollado vacunas efi caces de virus muertos para 
proteger a los caballos contra las encefalitis equinas oriental, 
occidental y venezolana. Se dispone de una vacuna de virus vi-
vos atenuados para la encefalitis equina venezolana que permi-
te reducir las epidemias en los caballos. Estas vacunas no son 
para uso humano. Se cuenta con vacunas humanas de micro-
organismos inactivados experimentales contra los virus de las 
encefalitis orientales, occidental y venezolana equinas en fase 
de investigación para proteger a los técnicos de laboratorio. Las 
vacunas en la encefalitis japonesa B de virus muertos y de virus 
vivos atenuados están disponibles para uso humano en varios 
países asiáticos. La vacuna está disponible en Estados Unidos 
para personas que viajan a países endémicos.
Mamíferos pequeños
Virémicos
Garrapata que se coalimenta
Adulto
no alimentado
Mordedura
de garrapata
Larvas
no alimentadas
Huevecillos
Adulto alimentado
Garrapata
coalimentaria
Leche
infectada
Larvas
alimentadas
Ninfa no alimentada
Transmisión
transestadial
Mamíferos pequeños
Ninfa
alimentada
Infección oral
FIGURA 38-6 Ciclo de transmisión generalizada de los fl avivirus 
transmitidos por la garrapata, que muestran los hospedadores para las 
garrapatas en las etapas de larva, ninfa y adulto. El virus es transmitido a 
etapas sucesivas de la garrapata durante la transmisión de un estadio 
a otro, así como por vía transovárica a la progenie de las garrapatas 
adultas. Tanto las garrapatas hembras como machos intervienen en 
la transmisión. El virus de la encefalitis transmitida por la garrapata 
puede transmitirse a las garrapatas no infectadas que se alimentan 
simultáneamente de un hospedador vertebrado sin necesidad de una 
infección virémica activa del hospedador. (Adaptada con autorización 
de Monath TP, Heinz FX: Flaviviruses. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields 
BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996.)
CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 527
Epidemiología
Se reconocen dos ciclos epidemiológicos importantes de trans-
misión de la fi ebre amarilla; a saber: 1) fi ebre amarilla urbana y 
2) fi ebre amarilla de la selva (fi g. 38-7). La fi ebre amarilla urba-
na conlleva la transmisión interpersonal por mosquitos Aedes 
domésticos. En el hemisferio occidental y en África Occidental, 
esta especie es principalmente Aedes aegypti, que se reproduce 
en las acumulaciones de agua que acompañan a los asentamientos 
humanos. En zonas donde se ha eliminado o abolido A. aegypti, 
ha desaparecido la fi ebre amarilla urbana.
La fi ebre amarilla de la selva es principalmente una enfer-
medad de los simios. En Sudamérica y África, es transmitida de 
simios a simios por mosquitos arbóreos (es decir, Haemagogus, 
Aedes) que habitan el bosque húmedo. La infección en los ani-
males puede ser grave o no manifi esta. El virus se multiplica en 
mosquitos, los cuales permanecen infecciosos de por vida. Las 
personas que realizan actividades de tala de árboles de la selva 
entran en contacto con estos mosquitos y se infectan.
La fi ebre amarilla no ha invadido Asia, aun cuando el vector 
A. aegypti tiene una amplia distribución ahí. 
La fi ebre amarilla sigue infectando y destruyendo a millares 
de personas en todo el mundo en vista de que no han logrado 
inmunizarse. Se estima que cada año la fi ebre amarilla afecta a 
200 000 personas, de las cuales fallecen unas 30 000. La mayor par-
te de los brotes epidémicos (aproximadamente 90%) ocurren en 
primeros cuatro días después del inicio o de tejido en el estudio 
forense mediante la inoculación intracerebral de ratones o con 
el empleo de linajes de células.
B. Serología
Los anticuerpos IgM aparecen durante la primera semana de la 
enfermedad. La detección de anticuerpo IgM mediante la cap-
tura de ELISA en una sola muestra proporciona un diagnóstico 
presuntivo y se confi rma por un incremento del cuádruplo o 
más en los títulos de anticuerpo neutralizante entre muestras de 
suero obtenidos en la fase aguda y la fase de convalecencia. Los 
métodos serológicos más antiguos, como HI, en gran parte se han 
remplazado con enzimoinmunoanálisis de adsorción (ELISA). 
Los anticuerpos inhibidores de la hemaglutinación específi cos 
aparecen primero, seguidos rápidamente de anticuerpos contra 
otros fl avivirus.
Inmunidad
Los anticuerpos neutralizantes aparecen alrededor de una se-
mana de avanzada la enfermedad y son causa de la eliminación 
del virus. Los anticuerpos neutralizantes persisten de por vida y 
proporcionan una protección completa contra la enfermedad. 
La demostración de anticuerpos neutralizantes es la única prue-
ba útil de la inmunidad contra la fi ebre amarilla.
Ciclo
selvático
Ciclo
urbano
Mosquito vector
de la selva
A. aegypti
A. aegypti
Ciclos
de amplificación
Mecanismos
de mantenimiento
Vector
alternativo
Temporada
húmeda
Temporada
seca
Supervivencia
prolongada
y/o resistencia
a la sequía
Viremia
prolongada
o recrudescente
Transmisión
de un estadio
a otro
y vertical
Transmisión
vertical
Ciclo
selvático
Ciclo
urbano
Mosquito vector
de la selva
A. aegypti
gyp
Vector
alternativo
Temporada
húmeda
Temporada
seca
Supervivencia
prolongada
y/o resistencia
a la sequía
Viremia
prolongada
o recrudescente
Transmisió
de un estad
a otro
y vertical
Transmisión
vertical
FIGURA 38-7 Ciclos de transmisión de los virus de la fi ebre amarilla y del dengue. Estos virus tienen ciclos de mantenimiento enzoóticos en los que 
intervienen vectores Aedes y primates no humanos. Los virus del dengue son transmitidos principalmente entre seres humanos y Aedes aegypti que se 
reproducen en recipientes de agua doméstica. En el caso de la fi ebre amarilla, la transmisión selvática se dispersa por toda la distribución geográfi ca del 
virus. En los países tropicales de América, los casos de fi ebre amarilla en seres humanos se derivan del contacto con los vectores mosquitos de la selva y no 
se han observado casos de fi ebre amarilla urbana (transmitidos por Aedes aegypti) durante más de 50 años. En África, los vectores selváticos intervienen en la 
transmisión del virus entre monos y entre seres humanos, y hay una participación frecuente de Aedes aegypti en las regiones urbanas y en las regiones secas 
de la sabana. (Adaptada con autorización de Monath TP, Heinz FX: Flaviviruses. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996.)
528 SECCIÓN IV Virología
La vacunación es la medida preventiva más efi caz contra 
la fi ebre amarilla, una infección potencialmente grave con una 
elevada tasa de mortalidad para la cual no se dispone de ningún 
tratamiento específi co.
DENGUE
Se trata de una infección transmitida por mosquitos causada por 
un fl avivirus que se caracteriza por fi ebre, cefalea grave, mialgias 
y artralgias, náusea y vómito, dolor ocular y exantema. Una for-
ma grave de la enfermedad, la fi ebre por el dengue hemorrágico 
o el síndrome de choque por dengue, afecta principalmente a los 
niños. El dengue es endémico en más de 100 países.
Manifestaciones clínicas
La enfermedad clínica comienza cuatro a siete días (intervalo de 
tres a 14 días) después de una picadura de mosquito infeccioso. 
La instauración de la fi ebre puede ser súbita o puede haber sínto-
mas prodrómicos de malestar,escalofríos y cefalea. Los dolores 
aparecen pronto, sobre todo en la espalda, las articulaciones, los 
músculos y los globos oculares. La fi ebre persiste durante dos a 
siete días, lo que corresponde a la máxima densidad viral. La tem-
peratura puede ceder casi en el tercer día y aumentar de nuevo 
alrededor de los cinco a ocho días después del inicio (“ensilla-
da”). Las mialgias y la artralgia profunda son características. Pue-
de aparecer un exantema en el tercer o el cuarto día y persistir 
durante uno a cinco días. Los ganglios linfáticos a menudo están 
aumentados de tamaño. La fi ebre por el dengue característica es 
una enfermedad que cede espontáneamente. La convalecencia 
puede tardar semanas, aunque las complicaciones y el deceso son 
infrecuentes. Sobre todo en los niños pequeños, el dengue puede 
ser una enfermedad febril leve que persista por un leve periodo.
Puede presentarse un síndrome grave (fi ebre hemorrágica 
por dengue y síndrome de choque por dengue ) en personas 
(por lo general niños) con anticuerpo adquirido pasivamente 
(como anticuerpo materno) o anticuerpo de dengue heterólogo 
no neutralizante preexistente debido a la infección previa por 
un serotipo diferente de virus. Aunque los síntomas iniciales se 
parecen al dengue normal, se agrava el estado del paciente. La 
característica anatomopatológica clave de la fi ebre hemorrágica 
por el dengue es un aumento de la permeabilidad vascular con 
fi ltración de plasma hacia los espacios intersticiales asociada a 
un incremento de las concentraciones de citocina vasoactivas. 
Esto puede desencadenar choque letal en algunos pacientes. 
Pruebas circunstanciales señalan que la infección secundaria 
por el virus del dengue de tipo 2 después de una infección por el 
virus de tipo 1 constituye un factor de riesgo específi co para la 
enfermedad grave.
La patogenia del síndrome grave implica un anticuerpo pre-
existente contra el dengue. Se postula que se forman complejos 
de virus de un anticuerpo en los primeros días de la segunda 
infección por dengue y que los anticuerpos intensifi cadores no 
neutralizantes favorecen la infección de una mayor cantidad de 
células mononucleares, seguida de la liberación de citocinas, 
mediadores vasoactivos y procoagulantes, lo que lleva a la coa-
gulación intravascular diseminada que se observa en el síndro-
me de fi ebre hemorrágica. También puede haber de por medio 
respuestas inmunitarias celulares de reacción cruzada al virus 
del dengue.
África. Las epidemias suelen presentarse en una zona de emergen-
cia típica para la fi ebre amarilla: sabanas húmedas y semihúmedas 
adjuntas a la selva lluviosa donde se mantiene el ciclo selvático en 
una población de simios extensa. Durante las epidemias en África, 
el cociente de infección:casos fl uctúa de 20:1 a 2:1. Todos los gru-
pos de edad son susceptibles.
La fi ebre amarilla en los países americanos presenta caracte-
rísticas epidemiológicas que son características de su ciclo selvá-
tico. Casi todos los casos ocurren en varones de 15 a 45 años de 
edad y que realizan actividades agrícolas o en los bosques.
Tratamiento, prevención y control
No se dispone de ninguna farmacoterapia antiviral. 
Los programas enérgicos de abatimiento del mosqui-
to prácticamente han eliminado la fi ebre amarilla urbana en 
gran parte de Sudamérica; sin embargo, el control de vectores 
es impráctico en muchos lugares de África. El último brote 
de fi ebre amarilla notifi cado en Estados Unidos tuvo lugar en 
1905. No obstante, con la velocidad de los viajes aéreos mo-
dernos, existe la amenaza de un brote de fi ebre amarilla siem-
pre que está presente A. aegypti. Casi todos los países insisten 
en el control apropiado de los mosquitos en los aeroplanos así 
como en la vacunación de todas las personas por lo menos 10 
días antes de la llegada a una zona endémica o de la salida de 
la misma.
La cepa 17D del virus de la fi ebre amarilla es una vacuna 
excelente de virus vivos atenuados. Durante el paso serial de una 
cepa pantrópica del virus de la fi ebre amarilla a través de cultivos 
de tejido, se aisló la cepa 17D relativamente avirulenta. Esta cepa 
perdió su capacidad para provocar enfermedad viscerotrópica 
o neurotrópica y se ha utilizado como una vacuna durante más 
de 70 años.
Se ha determinado la secuencia de la cepa Asibi virulenta 
del virus de la fi ebre amarilla y se ha comparado con la de la 
cepa de la vacuna 17D, derivada de la misma. Estas dos cepas 
están separadas por más de 240 pases. Los dos genomas de RNA 
(10 862 nucleótidos de longitud) difi eren en 68 posiciones de 
nucleótido, lo que da por resultado un total de diferencias de 32 
aminoácidos.
La vacuna se prepara en huevos y se dispensa en un polvo 
desecado. Es un virus vivo y se debe mantener frío. Una sola 
dosis produce una buena respuesta de anticuerpo en más de 95% 
de las personas vacunadas que persiste por lo menos durante 30 
años. Después de la vacunación, el virus se multiplica y puede 
aislarse de la sangre antes que aparezcan anticuerpos.
La vacunación está contraindicada en los lactantes menores 
de nueve meses de edad, durante el embarazo, y en personas con 
alergias al huevo o alteraciones de los sistemas inmunitarios (p. 
ej., infección por el virus de la inmunodefi ciencia humana, cán-
cer, trasplante de órgano).
La vacuna 17D es tolerable. Se han administrado más de 
400 millones de dosis de vacuna de la fi ebre amarilla y las reac-
ciones adversas graves son en extremo infrecuentes. Han ocurri-
do casi dos docenas de casos en todo el mundo de enfermedad 
neurotrópica relacionada con la vacuna (encefalitis posvacunal), 
la mayor parte de los cuales ocurrieron en lactantes. En el año 
2000 se describió un síndrome grave denominado enfermedad 
viscerotrópica relacionada con la vacuna de la fi ebre amarilla. 
En todo el mundo se han notifi cado menos de 20 casos de insu-
fi ciencia orgánica múltiple en receptores de la vacuna.
CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 529
En las poblaciones urbanas, las epidemias del dengue son 
explosivas y afectan a porciones considerables de la población. 
A menudo comienzan durante las estaciones lluviosas cuando 
abunda el mosquito vector A. aegypti (fi g. 38-7). El mosquito se 
reproduce en climas tropicales o semitropicales en receptáculos 
de agua estancada o en plantas cercanas a los hábitat humanos.
A. aegypti es el principal mosquito vector del dengue en el 
hemisferio occidental. La hembra adquiere el virus al alimentar-
se de un humano virémico. Tras un periodo de ocho a 14 días, 
los mosquitos son infecciosos y probablemente se mantienen 
así de por vida (uno a tres meses). En el trópico, la reproducción 
del mosquito durante todo el año mantiene la enfermedad.
La Segunda Guerra Mundial fue la causa de la diseminación 
del dengue desde el sureste de Asia por toda la región del Pacífi -
co. En América por muchos años sólo existió el dengue de tipo 
2. Luego, en 1977 se detectó un virus del dengue de tipo 1. Esta 
fue la primera vez que se había aislado el virus de tipo 1 en el 
hemisferio occidental. En 1981, el dengue de tipo 4 se reconoció 
inicialmente en el hemisferio occidental y después en 1994 el 
dengue de tipo 3. Los virus en la actualidad se propagan por toda 
Centroamérica y Sudamérica y la fi ebre hemorrágica del dengue 
es endémica en muchos países.
El dengue endémico en el Caribe y en México es una ame-
naza constante en Estados Unidos, donde prevalecen los mos-
quitos A. aegypti en los meses de verano. Junto con el aumento 
de la actividad epidémica del dengue en los trópicos, ha habido 
un incremento en el número de casos importados hacia Estados 
Unidos. El primer caso de fi ebre hemorrágica por el dengue ad-
quirido localmente en Estados Unidos se presentó en el sur de 
Texas en el año 2005.
En 1985 se descubrió en Texas A. albopictus, un mosquito 
de origen asiático; hacia 1989 se había difundido por todo el 
sureste de Estados Unidos, donde prevaleceA. aegypti, el princi-
pal vector del virus del dengue. En contraste con A. aegypti, que 
no puede hibernar en los estados del norte, A. albopictus puede 
emigrar más hacia el norte durante el invierno, lo que aumenta 
el riesgo del dengue epidémico en Estados Unidos.
Tratamiento y control
No se dispone de ninguna farmacoterapia antiviral. La fi ebre 
hemorrágica del dengue se trata mediante la reposición de lí-
quidos. No existe ninguna vacuna, pero está en desarrollo su po-
sibilidad, con la gran difi cultad de desarrollar una que confi era 
protección contra los cuatro serotipos del virus.
El control depende de las medidas contra el mosquito, por 
ejemplo, eliminación de los lugares de reproducción y el empleo 
de insecticidas. Las ventanas y las puertas con mallas pueden 
reducir la exposición a los vectores.
ENCEFALITIS POR BUNYAVIRUS
La familia Bunyaviridae contiene más de 300 virus, la mayor 
parte transmitidos por artrópodos. Las partículas esféricas que 
miden 80 a 120 nm contienen genoma monocatenario, de po-
laridad negativa o bipolar, de RNA segmentado triple de un 
tamaño total de 11 a 19 kilobases. La envoltura tiene dos glu-
coproteínas. Varios virus producen encefalitis admitidas por el 
mosquito en seres humanos y en animales; otros causan fi ebres 
hemorrágicas.
Diagnóstico de laboratorio
Se dispone de métodos basados en la reacción en cadena de la 
polimerasa (PCR) con transcriptasa inversa para la identifi ca-
ción rápida y la serotipifi cación del virus del dengue en suero 
de fase aguda, aproximadamente durante el periodo de fi ebre. 
Es difícil aislar el virus. El método favorecido en la actualidad es 
una inoculación de un linaje celular de mosquito con suero del 
paciente, aunado a análisis de ácido nucleico para identifi car un 
virus aislado.
El diagnóstico serológico es complicado por la reactividad 
cruzada de anticuerpos IgG a antígenos de fl avivirus heterólo-
gos. Se dispone de diversos métodos; los utilizados con más 
frecuencia son ELISA de IgM o IgG para la captura específi ca 
de proteína viral E/M y la prueba de inhibición de la hemaglu-
tinación. Se presentan anticuerpos IgM a pocos días de la en-
fermedad. Los anticuerpos neutralizantes e inhibidores de la 
hemaglutinación aparecen en el lapso de una semana después 
que comienza la fi ebre por el dengue. El análisis de sueros de fase 
aguda y convaleciente pareados para demostrar un incremento 
notable del valor cuantitativo de anticuerpo es la prueba más 
fi able de una infección por el dengue activa.
Inmunidad
Existen cuatro serotipos del virus que pueden distinguirse me-
diante los análisis moleculares y las pruebas de Nt. La infección 
confi ere protección de por vida contra ese serotipo, pero la pro-
tección cruzada entre los serotipos tiene una breve duración. La 
reinfección con un virus de un serotipo diferente después del 
ataque primario tiene más posibilidades de producir enferme-
dad grave (fi ebre hemorrágica del dengue).
Epidemiología
Los virus del dengue tienen una distribución mundial en las 
regiones tropicales (fi g. 38-2). Casi todas las regiones subtropi-
cales y tropicales en todo el mundo donde existen los vectores 
Aedes son zonas endémicas. En los últimos 20 años, el dengue 
epidémico ha surgido como un problema en los países de Amé-
rica. En 1995, en Centroamérica y Sudamérica ocurrieron más 
de 200 000 casos de dengue y más de 5 500 casos de fi ebre he-
morrágica del dengue. Las pautas cambiantes de la enfermedad 
probablemente tienen relación con el crecimiento rápido de la 
población urbana, el hacinamiento y las medidas relajadas para 
controlar el mosquito.
El dengue en 2008 fue la enfermedad viral transmitida por 
el mosquito que afecta al ser humano de mayor importancia. 
Se estima que en todo el mundo cada año se presentan unos 50 
millones o más de casos de dengue y 400 000 casos de fi ebre 
hemorrágica por el dengue. Esta última es la causa principal de 
muerte infantil en varios países asiáticos. 
El riesgo del síndrome de fi ebre hemorrágica es de casi 0.2% 
durante la primera infección por el dengue pero de por lo me-
nos 10 tantos más elevada durante la infección con un segundo 
serotipo del virus del dengue. La tasa de mortalidad por la fi ebre 
hemorrágica del dengue puede alcanzar 15% pero se puede re-
ducir a menos de 1% con el tratamiento apropiado.
El cociente de infecciones asintomáticas a manifi estas es va-
riable pero puede ser de 15:1 para las infecciones primarias; es 
más bajo en las infecciones secundarias.
530 SECCIÓN IV Virología
Las moscas de la arena son más frecuentes inmediatamente 
arriba del suelo. Debido a su tamaño pequeño pueden pasar a 
través de mallas y redes de mosquitos ordinarias. El insecto se 
alimenta principalmente por la noche. La prevención de la en-
fermedad en zonas endémicas se basa en el empleo de repelentes 
de insectos durante la noche y de insecticidas residuales y en los 
alojamientos de vivienda.
FIEBRE DEL VALLE DE RIFT
El microorganismo que produce esta enfermedad, un bunyavi-
rus del género Phlebovirus, es un virus zoonótico transmitido 
por el mosquito que es principalmente patógeno en el ganado 
doméstico. Los seres humanos se infectan en forma secundaria 
durante el curso de epizootias en animales domesticados. Es fre-
cuente la infección en técnicos de laboratorio.
Las epizootias se presentan periódicamente después de llu-
vias intensas que permiten explosiones del vector primario y el 
portador (mosquitos de la especie Aedes). La viremia en los ani-
males desencadena infección de otros vectores con transmisión 
colateral al ser humano. La transmisión a las personas es prin-
cipalmente por el contacto con sangre y líquidos corporales de 
animales infectados y picaduras de mosquitos.
La enfermedad en el ser humano suele ser una enfermedad 
febril leve de duración breve y el establecimiento casi siempre es 
completo. Las complicaciones comprenden retinitis, encefalitis 
y fi ebre hemorrágica. Puede ocurrir una ceguera permanente (1 
a 10% de los casos con retinitis). Alrededor de 1% de los pacien-
tes infectados mueren.
La fi ebre del Valle de Rift existe casi en todos los países sub-
saharianos. Se propagó en 1977 a Egipto, donde produjo enor-
mes pérdidas de corderos y ganado vacuno y millares de casos 
humanos, con 600 fallecimientos. En 1987 ocurrió un brote epi-
démico considerable en África Occidental y en 1997 en África 
Oriental. La primera propagación documentada del virus de la 
fi ebre del Valle de Rift fuera de África ocurrió en el año 2000 en 
Yemen y Arabia Saudita. 
FIEBRE POR LA GARRAPATA
DE COLORADO
Algunos arbovirus son miembros de la familia Reoviridae (véase 
el cap. 37). La fi ebre por la garrapata de Colorado se clasifi ca 
en el género Coltivirus. La enfermedad del caballo africana y los 
virus de la lengua azul corresponden al género Orbivirus. Los 
rotavirus y los ortorreovirus no tienen vectores artrópodos. 
La fi ebre por la garrapata de Colorado, también denomina-
da fi ebre de la montaña o fi ebre por la garrapata, es transmitida 
por una garrapata (cuadro 38-1). El virus al parecer es antigéni-
camente diferente de otros virus conocidos y sólo se reconoce 
un tipo antigénico. La fi ebre por la garrapata de Colorado es una 
enfermedad febril leve, sin exantema. El periodo de incubación es 
de cuatro a seis días. La enfermedad tiene una instauración sú-
bita con fi ebre y mialgias. Los síntomas consisten en cefaleas, 
mialgias y artralgias, letargias y náusea y vómito. La temperatura 
suele ser difásica. Después del primer ataque de dos días, el pa-
ciente puede sentirse bien, pero los síntomas reaparecen y duran 
tres a cuatro días más. La enfermedad en el ser humano cede 
espontáneamente (cuadro 38-2).
La transmisión viral ocurre en algunos mosquitos. Algunos 
son transmitidos por las moscas de la arena. El síndrome pul-
monar por hantavirus es causado por un virus transmitido por 
roedores. Los bunyavirus son sensibles a la inactivación por ca-
lor, detergentes,formaldehído y un pH bajo; algunos producen 
hemaglutinación (fi g. 38-1). 
El complejo del virus de la encefalitis de California comprende 
14 virus antigénicamente relacionados del género Orthobunyavirus 
de la familia. Esto incluye el virus de La Crosse, un microorganis-
mo patógeno importante para el ser humano en Estados Unidos 
(cuadro 38-2). El virus de La Crosse es una causa importante de 
encefalitis y meningitis aséptica en los niños, sobre todo en la parte 
norte del medio oeste. Casi todos los casos se presentan entre julio 
y septiembre en los niños menores de 16 años de edad. Hay casi 70 
casos de encefalitis de La Crosse comunicados por año.
Los virus son transmitidos por diversos mosquitos de bos-
ques, principalmente Aedes triseriatus. Los principales hospe-
dadores vertebrados son pequeños mamíferos como ardillas 
arborícolas, ardillas terrestres y conejos. La infección humana es 
tangencial. La hibernación puede ocurrir en los huevecillos del 
mosquito vector. El virus es transmitido por vía transovárica y 
los mosquitos adultos que se desarrollen a partir de los huevos 
infectados pueden transmitir el virus por la picadura.
El inicio de la infección por el virus de encefalitis de Califor-
nia es brusco, por lo general con cefalea intensa, fi ebre y en algu-
nos casos vómito y convulsiones. Casi la mitad de los pacientes 
presentan convulsiones y la tasa de mortalidad de casos es de 
casi 1%. Con menos frecuencia sólo hay meningitis aséptica. La 
enfermedad persiste por 10 a 14 días aunque la convalecencia 
puede ser prolongada. Las secuelas neurológicas son infrecuen-
tes. Hay muchas infecciones por cada caso de encefalitis. La con-
fi rmación serológica mediante pruebas HI, ELISA o Nt se realiza 
en especímenes de sueros de etapa aguda y convaleciente.
FIEBRE POR LA MOSCA DE LA ARENA
La fi ebre por la mosca de la arena es una enfermedad leve trans-
mitida por insectos que suele presentarse en países limítrofes 
con el mar Mediterráneo así como en Rusia, Irán, Pakistán, In-
dia, Panamá, Brasil y Trinidad. La fi ebre por la mosca de la are-
na (también llamada fi ebre por Phlebotomus) es causada por un 
bunyavirus del género Phlebovirus (cuadro 38-1). 
La enfermedad es transmitida por la mosca de la arena hem-
bra, Phlebotomus papatasii, un mosquito de sólo unos cuantos 
milímetros de tamaño. En los trópicos, la mosca de la arena pre-
valece todo el año; y en climas más fríos, sólo durante las esta-
ciones de verano. Ocurre la transmisión transovárica.
En zonas endémicas, la infección es frecuente en la infancia. 
Cuando llegan los adultos no inmunes (p. ej., las tropas), pueden 
ocurrir grandes brotes epidémicos entre los nuevos inmigrantes 
y que a veces se confunden con paludismo.
En el ser humano, la picadura de la mosca de la arena pro-
duce pápulas pruriginosas pequeñas de la piel y persisten hasta 
por cinco días. La enfermedad comienza bruscamente después 
de un periodo de incubación de tres a seis días. El virus se de-
tecta en la sangre muy poco antes del inicio de los síntomas. Las 
manifestaciones clínicas consisten en cefalea, ataque al estado 
general, náusea, fi ebre, fotofobia, rigidez del cuello y la espalda, 
dolor abdominal y leucopenia. Todos los pacientes se restable-
cen. No se dispone de ningún tratamiento específi co.
CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 531
Fiebre hemorrágica con síndrome renal
La HFRS es una infección viral aguda que produce una nefritis 
intersticial que puede desencadenar insufi ciencia renal aguda e 
insufi ciencia renal en las formas graves de la enfermedad. Los 
virus Hantaan y Dobrava producen la enfermedad grave que 
ocurre en Asia sobre todo en China, Rusia y Corea, así como 
en Europa, principalmente en los Balcanes. Puede presentarse 
hemorragia generalizada y choque con una tasa de mortalidad 
de casos de 5 a 15%. Una forma moderada de HFRS causada 
por el virus de Seúl se presenta en toda Euroasia. En una forma 
clínica leve, denominada nefropatía epidémica, que es causada 
por el virus de Puumala y permanece en Escandinavia, la nefritis 
por lo general se resuelve sin complicaciones hemorrágicas y los 
fallecimientos son infrecuentes (<1%).
En las tropas de las Naciones Unidas, durante la guerra co-
reana, ocurrieron más de 2 000 casos de HFRS, pero no se aisló 
el virus de Hantaan hasta 1976 en Corea, en un roedor, Apode-
mus agrarius.
Se sabe que las ratas urbanas se infectan de manera persis-
tente con hantavirus y se ha señalado que las ratas en buques 
comerciales pueden haber dispersado los hantavirus por todo el 
mundo. Las encuestas serológicas señalaban que las ratas pardas 
de Noruega en Estados Unidos están infectadas con el virus de 
Seúl. Se demostró que las ratas de laboratorio infectadas eran 
fuentes de brotes epidémicos de Hantaan en institutos científi -
cos de Europa y Asia, pero estas infecciones no se han detectado 
en ratas de laboratorio criadas en Estados Unidos. Las infeccio-
nes por hantavirus han ocurrido en personas cuyas ocupaciones 
les imponen el contacto con ratas (p. ej., estibadores).
El HFRS se trata utilizando el tratamiento de apoyo. La pre-
vención depende del control de los roedores y de la protección 
contra la exposición a sus excrementos y material contaminado. 
Síndrome pulmonar por hantavirus
En 1993 ocurrió en Estados Unidos un brote epidémico de enfer-
medad respiratoria grave, ahora designado el síndrome pulmo-
nar por hantavirus (HPS, hantavirus pulmonary syndrome). Se 
observó que se debía a un nuevo hantavirus (virus sin nombre). 
Este microorganismo fue el primer hantavirus reconocido como 
causa de la enfermedad en Norteamérica y el primero en causar 
un síndrome de difi cultad respiratoria del adulto principalmen-
te. Desde entonces, se han detectado múltiples hantavirus en 
roedores del norte, el centro y Sudamérica (cuadro 38-2).
El ratón de patas blancas (Peromyscus maniculatus) es el 
principal roedor que porta el virus sin nombre. Dicho roedor 
tiene una amplia distribución y casi el 10% de los analizados 
muestran signos de infección por el virus sin nombre. Otros 
hantavirus que se sabe producen el HPS en Estados Unidos son 
el virus de Nueva York, el virus del Canal Griego Negro y el 
virus de Bayou, cada uno de los cuales tiene un hospedador roe-
dor diferente. El HPS es más frecuente en Sudamérica que en 
Estados Unidos. El virus de los Andes es un hantavirus causal 
y se encuentra en Argentina y Chile. Se ha identifi cado el virus 
choclo en Panamá. 
Las infecciones por hantavirus no son frecuentes y las infec-
ciones asintomáticas al parecer son infrecuentes, sobre todo por el 
virus sin nombre. El HPS en general es grave y se han comunicado 
tasas de mortalidad de 30% o más. Esta tasa de mortalidad de ca-
sos es sustancialmente más elevada que la de otras infecciones por 
El virus puede aislarse de sangre entera por la inoculación de 
cultivos celulares. La viremia puede persistir por cuatro semanas 
o más. Los análisis de reacción en cadena de la polimerasa con 
transcriptasa inversa permiten detectar RNA viral en eritrocitos 
y en plasma. Aparecen anticuerpos neutralizantes específi cos en 
la segunda semana de la enfermedad que se pueden detectar me-
diante pruebas de reducción en placa. Otros análisis serológicos 
son ELISA y las pruebas de anticuerpo fl uorescente. Se conside-
ra que una sola infección produce una inmunidad duradera.
Cada año se notifi can varios centenares de casos de fi ebre 
por la garrapata de Colorado pero se considera que constituyen 
sólo una fracción de todos los casos. La enfermedad está limi-
tada a zonas donde está distribuida la garrapata de la madera 
Dermacentor andersoni, principalmente en la parte occidental 
de Estados Unidos y en el suroeste de Canadá. Los pacientes han 
estado en una zona infestada por garrapatas antes de comenzar 
con los síntomas. Los casos ocurren principalmente en varones 
jóvenes, el grupo con mayor exposición a las garrapatas. D. an-
dersonirecogida de la naturaleza puede portar el virus. Esta ga-
rrapata es un verdadero portador pasivo y el virus se transmite 
por vía transovárica por la hembra adulta. La infección natural 
ocurre en roedores, los cuales funcionan como hospedadores 
para las etapas inmaduras de la garrapata. 
No se dispone de ningún tratamiento específi co. La enfer-
medad puede prevenirse si se evitan las zonas infestadas por la 
garrapata mediante el empleo de prendas protectoras o de sus-
tancias químicas repelentes.
FIEBRES HEMORRÁGICAS 
TRANSMITIDAS POR ROEDORES
Las fi ebres hemorrágicas zoonóticas transmitidas por roedores 
son las fi ebres asiática (p. ej., virus de Hantaan y Seúl), sudame-
ricana (p. ej., virus de Junin y Machupo) y africana (virus de 
Lassa). Los hantavirus también producen un síndrome pulmo-
nar por hantavirus en los países de América (p. ej., el virus sin 
nombre). Se desconocen los reservorios naturales de los virus de 
Marburg y Ébola (fi ebre hemorrágica africana) pero se sospecha 
que son roedores o murciélagos. Los virus causantes se clasifi can 
como bunyavirus, arenavirus y fi lovirus (cuadro 38-1).
ENFERMEDADES POR BUNYAVIRUS
Los hantavirus se clasifi can en el género Hantavirus de la fami-
lia Bunyaviridae. Los virus se encuentran en todo el mundo y 
producen dos enfermedades humanas graves y a menudo mor-
tales: la fi ebre hemorrágica con el síndrome renal (HFRS, hemo-
rrhagic fever with renal syndrome ) y el síndrome pulmonar por 
hantavirus (HOS, hantavirus pulmonary syndrome ). Se estima 
que cada año se presentan 100 000 a 200 000 casos de infección 
por hantavirus. Existen varios hantavirus distintivos, cada uno 
de los cuales se asocia a un hospedador roedor específi co. Las 
infecciones por virus en los roedores son de por vida y no tie-
nen efectos nocivos. La transmisión entre los roedores al pare-
cer ocurre en forma horizontal y la transmisión al ser humano 
ocurre por la inhalación de aerosoles de secreciones de roedores 
(orina, heces, saliva). La presencia de enfermedades asociadas 
a hantavirus está determinada por la distribución geográfi ca de 
los reservorios de roedores.
532 SECCIÓN IV Virología
de recipientes. La transmisión de arenavirus en los hospedadores 
roedores naturales puede presentarse de maneras vertical y hori-
zontal. La leche, la saliva y la orina pueden intervenir en la trans-
misión. Se piensa que los vectores artrópodos no intervienen.
En la fi gura 38-8 se muestra un ciclo de replicación gene-
ralizada. Los ribosomas del hospedador son incorporados en 
la cápside durante la morfogénesis de las partículas virales. Los 
arenavirus no suelen producir efectos citopáticos cuando se re-
plican en células cultivadas.
Fiebre de Lassa
Los primeros casos reconocidos de la fi ebre de Lassa se pre-
sentaron en 1969 en estadounidenses asentados en el poblado 
nigeriano de Lassa. El virus de Lassa es muy virulento: la tasa 
de mortalidad es de casi 15% en pacientes hospitalizados por su 
infección. En general, alrededor de 1% de las infecciones por 
el virus de Lassa son mortales. En África Occidental, se estima 
que la tasa anual puede alcanzar varios centenares de miles de 
infecciones y 5 000 decesos. El virus es activo en todos los países 
de África Occidental localizados entre Senegal y la República del 
Congo. Algunos casos esporádicos identifi cados fuera de la zona 
endémica suelen ser importados, a menudo por personas que 
regresan de África Occidental.
El periodo de incubación para la fi ebre de Lassa es de una 
a tres semanas a partir del tiempo de la exposición. La enfer-
medad puede afectar a muchos órganos y sistemas, aunque los 
síntomas varían en cada paciente. La instauración es gradual con 
fi ebre, vómito y dorsalgia, así como dolor torácico. La enferme-
dad se caracteriza por fi ebre muy alta, úlceras en la boca, mial-
gias intensas, exantemas con hemorragias, neumonía y lesiones 
cardiacas y renales. La sordera es una complicación frecuente 
que afecta a casi 25% de los casos durante el restablecimiento; a 
menudo es permanente.
Las infecciones por el virus de Lassa producen deceso fetal 
en más del 75% de las mujeres embarazadas. Durante el tercer 
trimestre, la mortalidad materna se incrementa (30%) y la fetal 
es muy elevada (>90%). Ocurren casos febriles benignos.
El diagnóstico suele consistir en la detección de anticuer-
pos IgM e IgG mediante ELISA. Se puede utilizar la inmuno-
histoquímica para detectar antígenos virales en especímenes de 
tejidos en la necropsia. Se pueden detectar secuencias virales uti-
lizando los análisis de reacción en cadena de la polimerasa con 
transcriptasa inversa en laboratorios de investigación.
Una rata doméstica (Mastomys natalensis) es el principal 
portador roedor de virus de Lassa. Las medidas de control de 
los roedores constituyen una forma de minimizar la propaga-
ción del virus pero a menudo no son prácticas en las zonas en-
démicas. El virus se puede transmitir por el contacto humano. 
Cuando el virus se propaga en un hospital, el contacto humano 
es el mecanismo de transmisión. Los procedimientos de enfer-
mería meticulosos para impedir la transmisión y las precaucio-
nes habituales para evitar el contacto con la sangre y los líquidos 
corporales contaminados por el virus pueden prevenir la trans-
misión al personal hospitalario.
El fármaco antiviral ribavirina es el compuesto de elección 
para tratar la fi ebre de Lassa y es muy efi caz si se administra en las 
primeras etapas del proceso patológico. No se dispone de ningu-
na vacuna, aunque un recombinante viral de la vacuna que ex-
presa el gen de la glucoproteína del virus de Lassa puede inducir 
la inmunidad protectora tanto en cobayos como en monos.
hantavirus. La enfermedad comienza con fi ebre, cefalea y mialgias, 
seguida de edema pulmonar rápidamente progresivo, que a me-
nudo desencadena difi cultad respiratoria grave. No hay signos de 
hemorragia. Se detectan antígenos hantavirales en células endote-
liales y macrófagos de pulmón, corazón, bazo y ganglios linfáticos. 
La patogenia de la HPS implica la alteración funcional del endote-
lio vascular. Pocas veces ocurre la transmisión interpersonal de los 
hantavirus aunque se ha observado durante brotes epidémicos de 
HPS causado por el virus de los Andes.
El diagnóstico de laboratorio depende de la detección del 
ácido nucleico viral mediante la reacción en cadena de la polime-
rasa con transcriptasa inversa, la detección de antígenos virales 
en tejidos fi jados mediante inmunohistoquímica o la detección 
de anticuerpos específi cos utilizando proteínas recombinantes. 
Se puede utilizar una prueba de ELISA para detectar anticuerpos 
IgM en el diagnóstico de las infecciones agudas. Una elevación 
de cuatro tantos en el valor cuantitativo de anticuerpo IgG entre 
los sueros de fase aguda y convaleciente es diagnóstica. Los anti-
cuerpos IgG son de larga duración. El aislamiento de los hanta-
virus es difícil y exige el empleo de instalaciones de recolección.
El tratamiento actual del HPS consiste en el mantenimiento 
de la oxigenación adecuada y el apoyo del funcionamiento he-
modinámico. El fármaco antiviral ribavirina tiene cierta utilidad 
como tratamiento del síndrome pulmonar por hantavirus. Las 
medidas preventivas se basan en el control de los roedores y en 
evitar el contacto con ellos y sus excrementos. Debe tenerse cui-
dado para evitar la inhalación de secreciones secas en aerosol al 
limpiar las estructuras infestadas por roedores.
ENFERMEDADES POR ARENAVIRUS
Los arenavirus se tipifi can por las partículas pleomórfi cas que 
contienen un genoma de RNA segmentado; están rodeadas por 
una envoltura con plepómeros grandes de forma de bastón; y 
miden 50 a 300 nm de diámetro (media de 110 a 130 nm) (fi g. 
38-1). El genoma del arenavirus consta de dos moléculas de RNA 
monocatenario con organización genética bipolar inusual.
Basado en datos de frecuencia, los arenavirus se dividen en 
virus del Viejo Mundo (p. ej., el virus de Lassa) y los virusdel 
Nuevo Mundo. Esta última clasifi cación se subdivide en tres 
grupos en los que el grupo A comprende el virus de Pichinde y 
el grupo B contiene los virus patógenos humanos, como el virus 
de Machupo. Algunas cepas, como el virus del arroyo de Whi-
tewater, al parecer son recombinaciones entre los linajes de los 
virus del Nuevo Mundo A y B.
Los arenavirus establecen infecciones crónicas en roedores. 
Cada virus por lo general se relaciona con una sola especie de 
roedor. La distribución geográfi ca de un determinado arenavi-
rus es determinada en parte por la gama de sus hospedadores 
roedores. Los seres humanos se infectan cuando entran en con-
tacto con secreciones de roedores. Algunos virus producen fi e-
bre hemorrágica grave. Se sabe que diversos arenavirus infectan 
el feto y pueden causar muerte fetal en el ser humano.
Múltiples arenavirus producen enfermedad en el ser huma-
no, incluidos los de Lassa, Junin, Machupo, Guanarito, Sabia, 
arroyo de Whitewater y de la coriomeningitis linfocítica (LCM, 
lymphocytic choriomeningitis) (cuadro 38-1). Puesto que estos 
arenavirus se transmiten por aerosoles, se debe tener gran cuida-
do al procesar especímenes de roedores y personas. En el labora-
torio se requieren condiciones de alta calidad en la manipulación 
CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 533
medad redujo la tasa de mortalidad desde 15 a 30% hasta 1%. 
Algunos de estos pacientes presentan un síndrome neurológico 
autolimitado tres a seis semanas después. Se utiliza una vacuna 
efi caz de virus de Junin vivos atenuados para vacunar a las per-
sonas con alto riesgo en Sudamérica.
El primer brote de la fi ebre hemorrágica de Machupo (fi e-
bre hemorrágica boliviana) se identifi có en Bolivia en 1962. Se 
estimó que 2 000 a 3 000 personas eran afectadas por la enferme-
dad con una tasa de mortalidad de casos del 20%. En Bolivia se 
llevó a cabo un programa de control efi caz de los roedores diri-
gido contra Calomys callosus infectados, el hospedador del virus 
de Machupo, y esto ha reducido considerablemente el número de 
casos de la fi ebre referida.
En 1990 se identifi có el virus de Guanarito (el microorga-
nismo causante de la fi ebre hemorrágica venezolana); tiene una 
tasa de mortalidad de casi 33%. Surgió probablemente al talar la 
selva para establecer granjas pequeñas. El virus de Sabia se aisló 
en 1990 en un caso mortal de fi ebre hemorrágica en Brasil. Am-
bos virus, de Guanarito y de Sabia, producen una enfermedad 
sintomática que se parece a la fi ebre hemorrágica de Argentina y 
probablemente tiene tasas de mortalidad similares.
Coriomeningitis linfocítica
El virus de la coriomeningitis linfocítica se descubrió en 1933 
y está disperso en Europa y en los países de América. Su vector 
Fiebres hemorrágicas sudamericanas
Con base en estudios serológicos y fi logenéticos del RNA viral, 
los arenavirus sudamericanos se consideran todos miembros del 
complejo Tacaribe. La mayor parte tiene reservorios roedores 
cricétidos. Los virus tienden a tener una prevalencia en una zona 
en concreto, de distribución limitada. Se han descubierto múlti-
ples virus; los microorganismos patógenos humanos importan-
tes son los virus íntimamente relacionados de Junin, Machupo, 
Guanarito y Sabia. La hemorragia es más frecuente en las fi ebres 
de Argentina (Junin) y otras fi ebres hemorrágicas sudamericanas 
que en la fi ebre de Lassa.
La fi ebre hemorrágica de Junin (fi ebre hemorrágica ar-
gentina) es un importante problema de salud pública en de-
terminadas zonas agrícolas de Argentina; se han comunicado 
más de 18 000 casos entre 1958 y 1980 con una tasa de mortali-
dad de 10 a 15% en los pacientes no tratados. Cada año siguen 
presentándose muchos casos. La enfermedad tiene una notable 
variación estacional y la infección ocurre casi exclusivamente 
en agricultores que trabajan en campos de maíz y trigo y que 
están expuestos al roedor que la porta, Calomys musculinus.
El virus de Junin produce inmunodepresión mediada por 
factores humorales y células; las muertes debidas a la fi ebre 
hemorrágica de Junin pueden estar relacionadas con una in-
capacidad para iniciar una respuesta inmunitaria mediada por 
células. La administración de plasma humano de etapa conva-
leciente a los pacientes durante la primera semana de la enfer-
Núcleo
Ribosomas
Ribosomas
L+S RNP
L+S RNP
Z mRNA
Z mRNA
GP-1
GP-1
Receptor
GP-2
GP-2
Vesícula
de pared lisa
Endosoma
tardío
Polimerasa
de virión
Fusión
y liberación
del contenido
del virión hacia
el citoplasma 3′ 5′
5′
3′5′
3′
Z mRNA
L
S
Transcripción
Traducción
NP + L (polimerasa)
Replicación
(movimiento
de la membrana
nuclear)
Transcripción
Traducción
RNP
intracelular
GP-C + Z
Retículo
endoplásmico
Golgi
Desdo
blamie
nto
Liberación del virión
por gemación
Envoltura
pH
< 6.0
FIGURA 38-8 El ciclo de vida de arenavirus. (Cortesía de PJ Southern.)
534 SECCIÓN IV Virología
rus conocidos (virus de Marburg y virus de Ébola) son antigé-
nicamente diferentes y se clasifi can en géneros distintos (cua-
dro 38-1). Los cuatro subtipos del virus de Ébola (Zaire, Sudán, 
Reston, Costa de Marfi l) difi eren entre sí hasta en 40% a nivel 
del nucleótido pero comparten algunos epitopos frecuentes. Los 
subtipos al parecer son estables en el tiempo. 
El genoma grande del fi lovirus es un RNA monocatena-
rio, no segmentado de polaridad negativa de 19 kb de tamaño 
y contiene siete genes (fi g. 38-9). Una estrategia de codifi cación 
inusual en los virus de Ébola consiste en que la glucoproteína 
de la envoltura (EP, envelope glycoprotein) es codifi cada en dos 
marcos de lectura y para expresarse es necesaria la edición trans-
cripcional o el cambio de marco de lectura traduccional. La glu-
coproteína constituye las espigas de la superfi cie viral en forma 
de recortes de 10 nm de longitud. Los viriones son liberados a 
través de brotes de la membrana plasmática. 
Los fi lovirus son muy virulentos y exigen instalaciones para 
una recolección máxima (nivel de bioseguridad 4) para trabajos 
de laboratorio. La infecciosidad de fi lovirus es destruida por el 
calentamiento durante 30 min a una temperatura de 60°C, me-
diante radiación ultravioleta y γ, con solventes de lípidos y 
mediante colorantes y desinfectantes fenólicos. Se desconocen 
los hospedadores naturales y los vectores, si es que los hay.
Fiebres hemorrágicas africanas 
(virus de Marburg y de Ébola)
Los virus de Marburg y Ébola son muy virulentos en primates hu-
manos y no humanos, con infecciones que por lo general termi-
nan en el fallecimiento del paciente. El periodo de incubación es
de tres a nueve días para la enfermedad por el virus de Marburg 
y de dos a 21 días para la infección por el virus de Ébola. Producen 
enfermedades agudas similares que se caracterizan por fi ebre, ce-
falea, faringitis y mialgias, y se acompañan de dolor abdominal, 
vómito, diarrea y exantema, con hemorragia interna y externa 
que a menudo desencadena choque y muerte. Los fi lovirus tienen 
un tropismo para las células de sistemas de macrófagos, células 
dendríticas, fi broblastos intersticiales y células endoteliales. Se 
encuentran valores muy altos del virus en muchos tejidos, in-
cluidos hígado, bazo, pulmones y riñones, así como en la sangre 
y otros líquidos. Estos virus tienen las tasas de mortalidad más 
altas (25 a 90%) de todas las fi ebres hemorrágicas virales.
La enfermedad por el virus de Marburg se reconoció en 
1967 entre técnicos de laboratorio expuestos a tejidos de mo-
nos verdes africanos (Cercopithecus aethiops) importados a Ale-
mania y Yugoslavia. La transmisión de los pacientes al personal 
se produjo con elevadas tasas de mortalidad. Las encuestas de 
anticuerpo han señalado que el virus está presente en África 
Oriental y produce infección en simios y seres humanos. Los 
casos registrados de la enfermedad son infrecuentes, pero se han 
documentado brotes epidémicos en Kenia, Sudáfrica, República 
Democrática del Congoy, en 2005, en Angola. El virus de Mar-
burg puede infectar cobayos, ratones, cricetos, monos y diversos 
sistemas de cultivos celulares.
El virus de Ébola fue descubierto en 1976 cuando ocurrie-
ron dos epidemias graves de fi ebre hemorrágica en Sudán y 
Zaire (ahora la República Democrática del Congo). Los brotes 
comprendieron más de 500 casos y por lo menos 400 decesos 
debidos a fi ebre hemorrágica clínica. En cada brote, el personal 
hospitalario se infectó por el contacto cercano y prolongado con 
natural es el ratón doméstico silvestre, Mus musculus. Es endé-
mico en los ratones pero también puede infectar a otros roedo-
res. Casi 5% de los ratones en todo Estados Unidos portan el 
virus. Puede infectar de manera crónica a colonias de ratones o 
cricetos e infectar a roedores mascotas.
El virus de la coriomeningitis linfocítica LCM (lymphocytic 
choriomeningitis) a veces se transmite al ser humano, al parecer 
a través de los excrementos de ratones. No hay pruebas de la 
diseminación interpersonal horizontal. La LCM en el ser huma-
no es una enfermedad aguda que se manifi esta por meningitis 
aséptica o un padecimiento seudogripal sistémico leve. Pocas 
veces se presenta una encefalomielitis grave o una enfermedad 
sistémica mortal en personas sanas. La mortalidad es inferior a 
1%. Muchas infecciones son asintomáticas. El periodo de incu-
bación suele ser de una a dos semanas si la enfermedad persiste 
durante una a tres semanas.
Las infecciones por el virus de la LCM pueden ser graves en las 
personas con alteración del sistema inmunitario. En 2005, cuatro 
receptores de trasplante de órganos sólidos en Estados Unidos se 
infectaron de un donador de órgano común. Tres de los cuatro 
receptores fallecieron 23 a 27 días después del trasplante. Se deter-
minó que la fuente del virus era un criceto recién adquirido como 
mascota por el donador de órganos. El virus de la LCM también 
puede transmitirse verticalmente de la madre al feto y la infección 
del feto en las primeras etapas del embarazo puede desencadenar 
anomalías graves, como hidrocefalia, ceguera y muerte fetal.
Las infecciones suelen diagnosticarse en forma retrospectiva 
mediante el estudio serológico utilizando ELISA para anticuer-
pos de IgM e IgG. Otros métodos diagnósticos son la tinción 
inmunohistoquímica de los tejidos por antígenos virales, la re-
acción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa para 
ácido nucleico viral y el cultivo viral utilizando células de Vero. 
Los estudios serológicos en zonas urbanas han demostrado tasas 
de infección en el ser humano que fl uctúan de 2 a 5%.
Los estudios experimentales han demostrado que la res-
puesta inmunitaria puede ser protectora o nociva en los ratones 
infectados por el virus de la coriomeningitis linfocítica. Los lin-
focitos T son necesarios para controlar la infección pero también 
desencadenan enfermedad mediada por factores inmunitarios. 
El resultado depende de la edad, el estado inmunitario de los an-
tecedentes genéticos del ratón, así como la vía de inoculación del 
virus. Los ratones infectados en la edad adulta pueden presen-
tar una enfermedad rápidamente mortal a consecuencia de una 
respuesta infl amatoria mediada por linfocitos T en el cerebro. 
Los ratones con infección congénita o neonatal no se enferman 
de manera aguda, pero tienen una infección persistente de por 
vida. No logran despejar la infección porque se infectaron antes 
que madurara el sistema inmunitario celular. Presentan una res-
puesta de anticuerpo potente que puede desencadenar comple-
jos de antígeno-anticuerpo virales en la circulación sanguínea y 
una enfermedad por complejos inmunitarios.
ENFERMEDADES POR FILOVIRUS
Clasificación y propiedades de los filovirus
Los fi lovirus son partículas pleomórfi cas que aparecen como 
largas hebras fi lamentosas o con formas singulares de 80 nm de 
diámetro (fi g. 38-1). Las partículas por unidad de longitud son 
desde 665 nm (Marburg) hasta 805 nm (Ébola). Los dos fi lovi-
CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 535
nos, lo que confi rma que esta cepa de virus puede infectar al ser 
humano sin producir enfermedad.
Las infecciones por fi lovirus al parecer son inmunosupre-
soras. Los casos mortales a menudo muestran alteraciones de la 
respuesta inmunitaria humoral. Sin embargo, los anticuerpos 
de fi lovirus aparecen a medida que los pacientes se restablecen 
y son detectables mediante el análisis de inmunosorbente liga-
do a enzima (ELISA). Los antígenos virales en el suero pueden 
detectarse mediante ELISA, lo que proporciona una prueba de 
detección rápida de muestras humanas. La reacción en cade-
na de la polimerasa con transcriptasa inversa también se puede 
utilizar en especímenes clínicos. Un riesgo para llevar a cabo 
las pruebas para fi lovirus es que las pruebas del paciente y otros 
especímenes pueden contener virus virulentos. Las pruebas 
pueden llevarse a cabo sólo bajo condiciones de máximo aisla-
miento biológico. Se pueden cultivar cepas de virus recientes en 
linajes celulares como los linajes Vero y los linajes celulares de 
monos MA-104. 
Es probable que los virus de Marburg y Ébola tengan un 
hospedador que los porta, tal vez un roedor o un murciélago y 
que se transmita al ser humano sólo en forma accidental. Los 
monos no se consideran portadores, ya que la mayor parte de 
los animales infectados mueren con demasiada rapidez para 
mantener la supervivencia del virus. Las infecciones humanas 
son muy contagiosas para los contactos humanos, por lo gene-
ral por el contacto directo con la sangre o los líquidos corpora-
les. Es característico que los brotes epidémicos de la infección 
por el virus de Ébola se relacionen con introducción del virus 
los pacientes, su sangre o sus secreciones. Estos subtipos del vi-
rus de Ébola (Zaire, Sudán) son muy virulentos. El tiempo me-
dio desde el inicio de los síntomas hasta la muerte del paciente 
es de siete a ocho días.
Se han presentado brotes subsiguientes de fi ebre hemorrá-
gica de Ébola en Uganda (2000), República del Congo (1995, 
2001, 2002, 2003), Gabón (1994, 1996, 1997, 2002), Sudáfrica 
(1996) y Sudán (2004). Las epidemias a menudo se detienen por 
la instauración de los métodos de enfermería para impedir la 
transmisión y la capacitación del personal hospitalario. 
Desde que se descubrió el virus de Ébola, se habían recono-
cido aproximadamente 1 850 casos hacia 2004, con más de 1 200 
decesos. El brote epidémico en 2003 fue reconocido inicialmen-
te por un gran número de gorilas y chimpancés muertos.
En 1989, las infecciones causadas por un fi lovirus muy rela-
cionado con el virus de Ébola fueron detectadas en monos cino-
molgus (Macaca fascicularis) importados a Estados Unidos des-
de las Filipinas y mantenidos en una instalación de cuarentena 
en Virginia. La infección se diseminó sólo a algunas de las 149 
personas que estuvieron en contacto con los monos infectados 
o sus tejidos, pero ninguno de los trabajadores se enfermó, lo 
que indica que el virus (cepa Reston) posee escasa patogenicidad 
para el ser humano.
La elevada mortalidad entre los cerdos en las Filipinas en 
2008 llevó al descubrimiento del virus de Ébola cepa de Reston 
en animales diferentes a los primates. Cinco individuos que 
tuvieron contacto con cerdos enfermos formaron anticuerpos 
contra el virus de Ébola cepa Reston, pero se mantuvieron sa-
GP VP24 VP40 VP30
VP35
L
NP
GP
GP/SGP
VP24 L
VP24
L
VP40
VP40
VP35
VP30
VP30NP
VP35NP
?
0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19
Virus de Marburg
Virus de Ébola (subtipo Zaire)
3′ 5′
5′
3′
Directriz IR IR IR IR IR Remolque
Solapamiento
Directriz IR
Solapamiento
IR
IR RemolqueSolapamiento
Sitio
de edición
Solapamiento
FIGURA 38-9 Estructura del virión y organización del genoma de los fi lovirus. Se muestra la organización del genoma del virus de Marburg y el 
virus de Ébola subtipo Zaire. El diagrama del virión muestra el RNA monocatenario de polaridadnegativa encerrado en la nucleocápside y envuelto 
en una membrana de bicapa lipídica. Las proteínas estructurales asociadas a la nucleocápside son la nucleoproteína (NP), VP30, VP35 y la proteína de 
polimerasa (L). Las proteínas relacionadas con la membrana son la proteína de la matriz (VP40), VP24 y GP (glucoproteína de peplómero). Los genes 
que codifi can las proteínas estructurales se identifi can si se trazan en escala en las estructuras del genoma. Las zonas sombreadas denotan las regiones 
de polaridad positiva y las zonas blancas las secuencias de polaridad negativa. Los genes comienzan con un lugar de inicio de transcripción conservado 
y terminan con un lugar de detenimiento de la transcripción (poliadenilación); los genes adjuntos son separados entre sí por una región intergé-
nica (IR) o se solapan uno a otro. El lugar en el cual se añade la A adicional dentro del gen de GP durante la edición transcripcional se indica en el 
diagrama del virus de Ébola. El producto génico primario del gen de GP de los virus de Ébola es SGP, una glucoproteína no estructural secretada. En 
los extremos 3’ y 5’ de los genomas están las secuencias directrices y rastreadoras complementarias, respectivamente. (Adaptada con autorización de 
Peters CJ et al: Filoviridae: Marburg and Ebola viruses. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996.) 
536 SECCIÓN IV Virología
Se diagnostica fiebre amarilla. ¿Cuál de las siguientes aseveracio-
nes en torno a la fiebre amarilla es correcta?
(A) El virus es transmitido por mosquitos culícidos en la forma ur-
bana de la enfermedad
(B) Los simios de la selva son portadores importantes del virus de 
la fiebre amarilla
(C) La fiebre amarilla a menudo tiene complicaciones a largo plazo
(D) Todas las infecciones desencadenan enfermedad manifiesta
(E) La ribavirina es un tratamiento específico
 6. Con respecto al caso de la pregunta 5, ¿en cuál región o regiones del 
mundo ocurre la fiebre amarilla?
(A) Asia
(B) África y Sudamérica
(C) Norteamérica
(D) África y Oriente Medio
(E) En todo el mundo
 7. Las fiebres hemorrágicas africanas, por los virus de Marburg y Ébo-
la, son enfermedades graves que a menudo terminan en la muerte 
del paciente. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones es más exacta 
con respecto al virus de Ébola?
(A) Se disemina por el contacto con la sangre u otros líquidos cor-
porales
(B) Es transmitida por mosquitos
(C) Es un flavivirus 
(D) Produce infecciones pero ninguna enfermedad en primates 
humanos
(E) Está antigénicamente relacionado con el virus de la fiebre de Lassa
 8. ¿Cuál de los siguientes grupos puede vacunarse en forma sistemática 
con la vacuna de la fiebre amarilla sin aspectos de seguridad especiales? 
(A) Niños menores de nueve meses de edad
(B) Mujeres embarazadas
(C) Personas con alteraciones del sistema inmunitario
(D) Todas las anteriores
(E) Ninguna de las anteriores
 9. ¿Cuál de las siguientes descripciones corresponde a los hantavirus, que 
son microorganismos patógenos emergentes en Estados Unidos?
(A) Son arenavirus
(B) Son transmitidos rápidamente de un ser humano a otro
(C) Producen síntomas seudogripales seguidos rápidamente de in-
suficiencia respiratoria aguda
(D) Son adquiridos por la inhalación de aerosoles de orina de ciervo
(E) Muestran una alta frecuencia de variación antigénica
10. Un microbiólogo realizaba una necropsia en una cabina de bioseguri-
dad con flujo laminar en una urraca azul propuesta como parte de un 
programa de vigilancia de arbovirus total. Se laceró su pulgar mientras 
utilizaba el bisturí para extraer el cerebro del ave. Cuatro días después 
presentó cefalea, mialgias y ataque al estado general seguido de fiebres, 
sudaciones y linfadenopatía. Dos días más tarde comenzó un exante-
ma en su cara y se diseminó hacia el tronco, los brazos y las piernas, 
persistiendo durante casi tres días. Procuró atención médica y refirió 
un antecedente de fiebre por dengue, así como inmunizaciones con 
las vacunas contra la fiebre amarilla y contra la encefalitis japonesa B. 
Una muestra de suero obtenida el día de la lesión contenía anticuerpo 
IgG antiflavivirus, según una prueba de enzimoinmunoanálisis de ad-
sorción. Una muestra de suero obtenida 13 días después que comenzó 
la enfermedad demostró un incremento del valor cuantitativo de anti-
cuerpo IgG antiflavivirus y la presencia de anticuerpo IgM del virus del 
Nilo Occidental. ¿El médico podría concluir que la causa más probable 
de la enfermedad del microbiólogo fue cuál virus?
(A) Virus del dengue
(B) Virus de la fiebre amarilla
(C) Virus del Nilo Occidental
en la comunidad por una persona infectada, seguida de la dise-
minación de persona a persona, a menudo en las instalaciones 
médicas.
Puesto que todavía se desconocen los portadores naturales 
de los virus de Marburg y Ébola, no se pueden organizar acti-
vidades de control. El empleo de las instalaciones de aislamien-
to en centros hospitalarios sigue siendo el medio más efi caz de 
controlar los brotes de enfermedad de Ébola. Deben ponerse 
en práctica las técnicas estrictas de enfermería para impedir la 
transmisión, y tomarse cuidados extremos en el manejo de la san-
gre, las secreciones, los tejidos y los desechos infectados. Al per-
sonal que interviene en la transportación y el cuidado de prima-
tes no humanos se le debe dar instrucciones sobre los riesgos 
potenciales de la manipulación de estos animales.
No se dispone de ningún tratamiento antiviral específi co. 
El tratamiento tiene por objeto mantener la función renal y el 
equilibrio electrolítico y combatir la hemorragia y el choque. No 
se dispone de ninguna vacuna, pero se están desarrollando va-
cunas opcionales.
PREGUNTAS DE REVISIÓN 
 1. Un hombre de 74 años de edad presenta fiebre, malestar y farin-
gitis, seguidos poco después de náusea, vómito y luego estupor. Se 
diagnostica encefalitis equina oriental. El control de esta enferme-
dad en el ser humano podría lograrse mediante la erradicación de 
uno de los siguientes grupos de animales. ¿Cuál es?
(A) Caballos
(B) Aves
(C) Moscas de la arena
(D) Mosquitos
(E) Garrapatas
 2. Un arbovirus frecuente en Oriente Medio, África y el suroeste de 
Asia apareció inicialmente en Nueva York en 1999. Hacia 2002 el 
virus se había diseminado por toda la porción continental de Esta-
dos Unidos. Este arbovirus es un miembro del complejo antigénico 
de la encefalitis japonesa B. ¿Cuál es?
(A) Virus de la encefalitis japonesa B
(B) Virus de la encefalitis transmitida por la garrapata
(C) Virus del Nilo Occidental
(D) Virus del dengue
(E) Virus de la fiebre del Valle de Rift
 3. ¿Cuál de las siguientes descripciones o aseveraciones en torno a la 
fiebre de Lassa es correcta?
(A) Se encuentra en África Oriental
(B) No ocurre la transmisión entre humanos
(C) Pocas veces produce muerte o complicaciones
(D) Ocurre por el contacto con la rata del caballo Mastomys
(E) No se dispone de ningún fármaco que sea eficaz para tratar la 
fiebre de Lassa
 4. Los arbovirus se transmiten por artrópodos succionadores de san-
gre de un hospedador vertebrado a otro. Los arbovirus se encuen-
tran en las siguientes familias de virus, excepto una. ¿Cuál de las 
siguientes?
(A) Togaviridae
(B) Flaviviridae
(C) Bunyaviridae
(D) Reoviridae
(E) Arenaviridae
 5. Un hombre de 27 años de edad presenta fiebre, escalofríos, cefalea 
y dorsalgia. Cuatro días más tarde presenta fiebre alta e ictericia. 
CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 537
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(D) Esofagitis de St. Louis
(E) No identificable hasta que los valores de anticuerpo neutrali-
zante de sueros pares pudiesen evaluarse en comparación con 
un grupo de arbovirus
11. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones con respecto al virus del den-
gue no es correcta?
(A) Es la enfermedad viral más importante transmitida por el mos-
quito que afecta al ser humano
(B) Se distribuye en todo el mundo en regiones tropicales
(C) Puede causar una fiebre hemorrágica grave
(D) Hay un tipo antigénico individual
(E) Una forma de la enfermedad se caracteriza por un incremento 
de la permeabilidad vascular
12. ¿Cuál de las siguientes enfermedades que se presentan en Estados 
Unidos carece de un vector conocido?
(A) Síndrome pulmonar por hantavirus
(B) Fiebre del Nilo Occidental
(C) Encefalitis de La Crosse
(D) Fiebre de la garrapata de Colorado
(E) Encefalitis de St. Louis
Respuestas
1. D 4. E 7. A 10. C 
2. C 5. B 8. E 11. D
3. D 6. B 9. C 12. A 
C A P Í T U L O
539
13 nucleótidos en cada extremo de todo segmento genómico se 
conservan en la totalidad de los ocho segmentos de RNA; estas 
secuencias tienen importancia en la transcripción viral.
Los virus de la infl uenza contienen nueve proteínas estruc-
turales diferentes. La nucleoproteína (NP) se asocia al RNA viral 
para formar una estructura de ribonucleoproteína (RNP) de 9 nm 
de diámetro que asume una confi guración helicoidal y forma la 
nucleocápside viral. Tres proteínas de gran tamaño (PB1, PB2 y 
PA) se unen al RNP viral e intervienen en la transcripción y repli-
cación del ácido ribonucleico. La proteína de la matriz (M1) que 
forma una capa por debajo de la envoltura lipídica del virus es im-
portante en la morfogénesis de la partícula y es un componente 
principal del virión (alrededor del 40% de la proteína viral). 
Una envoltura lipídica derivada de la célula rodea a la par -
tícula viral. Dos glucoproteínas codifi cadas por el virus, la hema-
glutinina (HA) y neuraminidasa (NA), se insertan en la envoltura 
y están expuestas como espigas de unos 10 nm de longitud en 
la superfi cie de la partícula. Estas dos glucoproteínas de la su-
perfi cie son antígenos importantes que determinan la variación 
antigénica de los virus de la infl uenza y la inmunidad del hos-
Las enfermedades respiratorias son causa de más de la mitad 
de todas las enfermedades agudas que se presentan cada año en 
Estados Unidos. Los Orthomyxoviridae (virus de la infl uenza) 
son un factor importante que determina la morbilidad y la mor-
talidad causadas por las enfermedades respiratorias y los brotes 
de infección a veces se presentan en epidemias mundiales. La 
infl uenza ha causado millones de muertes en todo el mundo. 
La mutabilidad y la elevada frecuencia de reensamble genético 
y los cambios antigénicos resultantes en las glucoproteínas de la 
superfi cie viral hacen que los virus de la infl uenza sean un reto 
formidable en las actividades de control. La infl uenza de tipo A 
tiene una gran variabilidad antigénica y produce casi todos los 
casos de infl uenza epidémica. La infl uenza de tipo B puede pro-
ducir cambios antigénicos y a veces causa epidemias. La infl uen-
za de tipo C muestra una estabilidad antigénica y sólo produce 
enfermedad leve en individuos inmunodefi cientes. 
PROPIEDADES DE LOS ORTOMIXOVIRUS
Se conocen tres tipos inmunitarios de virus de la infl uenza, desig-
nados A, B y C. En los virus de la infl uenza del grupo de tipo A 
continuamente ocurren cambios antigénicos y también en menor 
grado en el grupo de tipo B, en tanto que el de tipo C al parecer 
tiene estabilidad antigénica. Asimismo, se conocen cepas del virus 
de la infl uenza A para aves acuáticas, pollos, patos, cerdos, caballos 
y focas. Algunas de las cepas aisladas de animales son antigénica-
mente similares a las cepas que circulan en la población humana. 
Las siguientes descripciones se basan en el virus de la in-
fl uenza de tipo A, el tipo mejor caracterizado (cuadro 39-1).
Estructura y composición
Los viriones de la infl uenza suelen ser esféricos y tienen un diá-
metro de 100 nm (80 a 120 nm), aproximadamente, aunque 
pueden manifestar una gran variación en su tamaño (fi g. 39-1).
Los genomas de RNA monocatenario de polaridad negativa 
de los virus de la infl uenza A y B ocurren en ocho segmentos se-
parados; los virus de la infl uenza C contienen siete segmentos de 
RNA y carecen de un gen de la neuraminidasa. Se conocen asig-
naciones de tamaños y de codifi cación de proteínas para todos 
los segmentos (cuadro 39-2). La mayor parte de los segmentos 
codifi can una sola proteína. Se conoce la secuencia de nucleóti-
dos completa de muchos virus de la infl uenza. Los primeros 12 a 
d t d t ó i
39Ortomixovirus(virus de la infl uenza)
CUADRO 39-1 Propiedades importantes 
de los ortomixovirusa
Virión: Esférico, pleomórfico, 80 a 120 nm de diámetro (nucleocápside 
helicoidal, 9 nm)
Composición: RNA (1%), proteína (73%), lípidos (20%), hidrato de 
carbono (6%)
Genoma: RNA monocatenario, segmentado (8 moléculas), de polaridad 
negativa, 13.6 kb de tamaño global
Proteínas: 9 proteínas estructurales, una no estructural
Envoltura: Contiene proteínas hemaglutinina (HA) y neuraminidasa (NA) 
virales
Replicación: Transcripción nuclear; 5′ términos de RNA celular 
incorporados en la cápside depurados como sensibilizadores; las 
partículas maduran mediante gemación a partir de la membrana 
plasmática
Partículas sobresalientes: El reensamble genético es frecuente entre 
los miembros del mismo género
El virus de la influenza produce epidemias mundiales
aDescripción del virus de la infl uenza A, género Infl uenzavirus A.
540 SECCIÓN IV Virología
FIGURA 391 Virus de la infl uenza. A: Microfotografía electrónica del virus de la infl uenza A/Hong Kong/1/68 (H3N2). Obsérvense las formas 
pleomórfi cas y las proyecciones de glucoproteína que cubren las superfi cies de la partícula (315 000×). (Cortesía de FA Murphy y EL Palmer.) 
B: Vista esquemática del virus de la infl uenza. Las partículas del virus tienen genomas segmentados que constan de siete a ocho moléculas de 
RNA diferentes, cada una cubierta por proteínas de la cápside y formando nucleocápsides helicoidales. Las glucoproteínas virales (hemaglutinina y
neuraminidasa) se proyectan como espiga a través de la envoltura lipídica. (Reproducida con autorización de Willey JM, Sherwood LM, Woolverton 
CJ: Prescott, Harley and Klein´s Microbiology, 7th ed. McGraw Hill, 2008.)
Nucleocápside
Glucoproteínas
virales
Envoltura
BA
CUADRO 39-2 Asignaciones de codifi cación de los segmentos de RNA del virus de la infl uenza de tipo Aa
Segmento del genoma Polipéptido codifi cado
Númerob
Tamaño 
(número de 
nucleótidos) Designación
Peso molecular 
previstoc
Número aproximado 
de moléculas por 
virión Función
1 2 341 PB2 85 700 30 a 60 Componentes de transcriptasa de RNA
2 2 341 PB1 86 500
3 2 233 PA 84 200
4 1 778 HA 61 500 500 Hemaglutinina; trímero; glucoproteína de la envoltura; 
media la inserción del virus en la célula;activado por 
desdoblamiento; actividad de fusión a un pH ácido
5 1 565 NP 56 100 1 000 Relacionado con proteínas de RNA y de polimerasa; 
estructura helicoidal; nucleocápside
6 1 413 NA 50 000 100 Neuraminidasa; tetrámero; glucoproteínas de 
envoltura; enzimas
7 1 027 M1 27 800 3 000 Proteína de la matriz; componente principal del virión; 
reviste el interior de la envoltura; interviene en el 
ensamble; interacciona con RNP y NS2 del virus
M2 11 000 20 a 60 Proteína integral de la membrana; canal iónico; 
esencial para la pérdida de la envoltura del virus; de 
mRNA empalmado
8 890 NS1 26 800 0 No estructural; gran abundancia; inhibe el empalme 
pre-mRNA; reduce la respuesta de interferón
NS2 14 200 130-200 Componente menor de viriones; exportación nuclear 
de RNP virales; de mRNA empalmado
aAdaptado con autorización de Lamb RA, Krug RM: Orthomyxoviridae: The viruses and their replication. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996. 
bLos segmentos de RNA están numerados en orden de tamaño decreciente.
cLos pesos moleculares de las dos glucoproteínas, HA y NA, aparecen más grandes (alrededor de 76 000 y 56 000, respectivamente) debido al hidrato de carbono añadido.
CAPÍTULO 39 Ortomixovirus (virus de la infl uenza) 541
La secuencia primaria de la HA contiene 566 aminoácidos 
(fi g. 39-2A). Una secuencia de señal corta en el amino terminal 
inserta el polipéptido en el retículo endoplásmico; después, la 
señal es retirada. La proteína HA es desdoblada en dos subuni-
dades, HA1 y HA2, que permanecen muy vinculadas por un en-
lace de disulfuro. Un estiramiento hidrófobo cerca del carboxilo 
terminal de HA2 ancla la molécula de HA en la membrana y una 
pequeña cola hidrófi la se extiende hacia el citoplasma. En varios 
sitios se añaden residuos de oligosacáridos. 
La molécula de HA se pliega en una estructura compleja 
(fi g. 39-2B). Cada dímero de HA1 y HA2 ligado forma un tron-
co alargado recubierto por un glóbulo de gran tamaño. La base 
del tronco lo ancla en la membrana. Cinco puntos antigénicos 
en la molécula de HA muestran mutaciones considerables. Es-
tos puntos ocurren en regiones expuestas de la superfi cie de la 
estructura y al parecer no son esenciales para la estabilidad de 
la molécula e intervienen en la neutralización viral. Otras regio-
nes de la molécula de HA están conservadas en todas las cepas, 
lo cual probablemente se debe a que son necesarias para que la 
molécula retenga su estructura y función.
La espiga de HA en la partícula viral es un trímero, que consta 
de tres dímeros de HA1 y HA2 entrelazados (fi g. 39-2C). La tri-
merización imparte más estabilidad a la espiga que la que podría 
lograrse con un monómero. El lugar de unión del receptor celular 
(lugar de adherencia del virus) es un saco ubicado en la parte supe-
rior de cada glóbulo grande. El saco es inaccesible al anticuerpo.
El desdoblamiento que separa HA1 y HA2 es necesario para 
que la partícula viral sea infecciosa y es mediada por proteasas 
celulares. Los virus de la infl uenza normalmente se mantienen 
circunscritos a las vías respiratorias debido a que las enzimas de 
proteasa que desdoblan HA son frecuentes sólo en esos lugares. 
Se han observado ejemplos de virus más virulentos que se han 
adaptado a utilizar una enzima más ubicua, como la plasmina, 
para desdoblar HA y favorecer la infección generalizada de las 
células. El aminoterminal de HA2, generado por el fenómeno 
de desdoblamiento, es necesario para que la envoltura viral se 
fusione con la membrana celular, un paso esencial en el proceso 
de la infección viral. El pH bajo desencadena un cambio en la 
confi guración que activa la actividad de fusión.
Estructura y función de la neuraminidasa
La antigenicidad de la neuraminidasa (NA), la otra glucopro-
teína presente en la superfi cie de las partículas del virus de la 
infl uenza, también es importante para determinar el subtipo de 
cepas del virus de la infl uenza.
La espiga en la partícula viral es un tetrámero, que consta 
de cuatro monómeros idénticos (fi g. 39-2D). Un tronco delgado 
está coronado con una cabeza de forma de caja. Hay un punto 
catalítico para la NA en la parte superior de cada cabeza, de ma-
nera que cada espiga de neuraminidasa contiene cuatro lugares 
activos. 
La NA funciona al fi nal del ciclo de replicación viral. Es 
una enzima sialidasa que retira ácido siálico de los glucoconju-
gados. Facilita la liberación de partículas virales de la superfi cie 
de células infectadas durante el proceso de gemación y ayuda 
a evitar la autoagregación de viriones al retirar los residuos de 
ácido siálico de las glucoproteínas virales. Es posible que la neu-
raminidasa ayude al virus a abrirse camino a través de la capa 
de mucina en las vías respiratorias para llegar a las dianas celu-
lares epiteliales. 
pedador. La hemaglutinina representa alrededor de 25% de la 
proteína viral y la neuraminidasa casi 5%. La proteína del canal 
iónico de M2 y la del NS2 también están presentes en la envoltura 
pero sólo algunas copias por partícula. 
Dado el carácter segmentado del genoma, cuando una célu-
la se infecta simultáneamente con dos virus diferentes en un de-
terminado tipo, mezclas de segmentos del gen progenitor pueden 
ensamblarse en viriones de la progenie. Este fenómeno, denomi-
nado reensamble genético, puede producir cambios súbitos en 
los antígenos de la superfi cie viral, una propiedad que explica las 
características epidemiológicas de la infl uenza y plantea impor-
tantes difi cultades para el desarrollo de las vacunas. 
Los virus de la infl uenza son relativamente resistentes in vi-
tro y pueden almacenarse a una temperatura de 0 a 4°C durante 
semanas sin que pierdan su viabilidad. Los disolventes de lípi-
dos, los desnaturalizantes de proteínas, el formaldehído y la ra-
diación destruyen la infecciosidad. Tanto la infecciosidad como 
la hemaglutinación son más resistentes a la inactivación a un pH 
alcalino que a un pH ácido. 
Clasificación y nomenclatura
El género Infl uenzavirus A contiene cepas humanas y animales 
del virus de la infl uenza de tipo A; Infl uenzavirus B contiene ce-
pas humanas de tipo B, e Infl uenzavirus C contiene virus de la 
infl uenza de tipo C de seres humanos y de cerdos.
Las diferencias antigénicas manifestadas por dos de las pro-
teínas estructurales internas, las proteínas de la nucleocápside 
(NP) y la matriz (M) se utilizan para clasifi car los virus de la in-
fl uenza en tipos A, B y C. Estas proteínas no poseen reactividad 
cruzada entre los tres tipos. Las variaciones antigénicas en las 
glucoproteínas de superfi cie, HA y NA, se utilizan para subtipi-
fi car los virus. Sólo el tipo A tiene subtipos designados.
El sistema de nomenclatura estándar para las cepas del virus 
de la infl uenza comprende la siguiente información: tipo, hos-
pedador de origen, origen geográfi co, número de cepas y año de 
aislamiento. Las descripciones antigénicas de HA y NA se mues-
tran entre paréntesis para el de tipo A. No se indica el hospe-
dador de origen para las cepas humanas, por ejemplo, A/Hong 
Kong/03/68(H3N2), pero se indica para otros, por ejemplo, A/
cerdos/Iowa/15/30(H1N1).
Hasta el momento, se han aislado 15 subtipos de HA (H1 a 
H15) y nueve subtipos de NA (N1 a N9), en muchas diferentes 
combinaciones, de aves, animales o seres humanos. Se han ais-
lado en seres humanos cuatro subtipos de HA (H1 a H3 y H5) y 
dos de NA (N1, N2). 
Estructura y función de la hemaglutinina
La proteína HA del virus de la infl uenza fi ja partículas virales a 
las células susceptibles y es el principal antígeno contra el cual se 
dirigen los anticuerpos neutralizantes (protectores). La variabi-
lidad de la HA es la causa principal de la evolución continuada 
de nuevas cepas y epidemias de infl uenza subsiguientes. La he-
maglutinina deriva su nombre de su capacidad para aglutinar 
eritrocitos en determinadas circunstancias. 
La secuencia de aminoácido para HA puede calcularse a 
partir de la secuenciadel gen de HA y la estructura tridimensio-
nal de la proteína se ha revelado mediante cristalografía de rayos 
X, de forma que es posible correlacionar las funciones de la 
molécula de HA con su estructura. 
542 SECCIÓN IV Virología
organismos que afectan al sistema respiratorio no manifi estan 
una variación antigénica importante. 
Los dos antígenos de superfi cie de la infl uenza experimentan 
variación antigénica independiente entre sí. Los cambios antigéni-
cos menores se denominan deriva antigénica; los cambios antigé-
nicos mayores en la HA o la NA, denominados variación antigéni-
ca, dan por resultado la aparición de un nuevo subtipo (fi g. 39-3). 
La variación antigénica muy probablemente produce epidemia.
Deriva antigénica y variación antigénica
Los virus de la infl uenza son notables por los cambios antigé-
nicos frecuentes que ocurren en la HA y la NA. Las variantes 
antigénicas del virus de la infl uenza tienen una ventaja selectiva 
sobre el virus progenitor en la presencia de anticuerpo dirigido 
contra la cepa original. Este fenómeno es la causa de las caracte-
rísticas epidemiológicas singulares de la infl uenza. Otros micro-
FIGURA 392 Glucoproteínas de superfi cie hemaglutinina y neuraminidasa del virus de la infl uenza. A: Estructuras primarias de los polipéptidos 
de hemaglutinina y neuraminidasa. El desdoblamiento de HA en HA1 y HA2 es necesario para que el virus sea infeccioso. Los tipos HA1 y HA2 se 
mantienen unidos mediante un enlace de disulfuro (S-S). No ocurre desdoblamiento postraduccional con la neuraminidasa. Se muestran los puntos 
de inserción del hidrato de carbono ( ). Los aminoácidos hidrófobos que anclan las proteínas en la membrana viral están situados cerca del carboxilo 
terminal de la HA y el amino terminal de la neuraminidasa. B: Plegamiento de los polipéptidos de HA1 y HA2 en un monómero de hemaglutinina. 
Cinco lugares antigénicos importantes (lugares A-E) que experimentan cambios que muestran como zonas sombreadas. El amino terminal de HA2 
proporciona actividad para la fusión (péptido de fusión). La partícula de fusión está sepultada en la molécula hasta que es expuesta por un cambio en 
la confi guración desencadenado por un pH bajo. C: Estructura del trímero de HA como se observa en una partícula viral o la superfi cie de las células 
infectadas. Se muestran algunas de las zonas que intervienen en la variación antigénica (A). Los residuos de carboxilo terminal (C) se proyectan a 
través de la membrana. D: Estructura del tetrámero de neuraminidasa. Cada molécula de NA tiene un lugar activo en su superfi cie superior. La región 
amino terminal (N) de los polipéptidos ancla el complejo en la membrana. (Dibujada de nuevo con autorización de [A, B]¸ Murphy BR, Webster RG: 
Infl uenza viruses, página 1179, y [C, D] Kingsbury DW: Orthomyxo- and paramyxoviruses and their replication, página 1157. En: Virology, Fields BN et 
al [editors]. Raven Press, 1985.)
S – S
NH2
Péptido 
señalizador
Desdoblamiento 
mediante activación 
proteolítica
Hemaglutinina
Neuraminidasa
Dominio de 
membrana 
hidrófobo
Dominio de
membrana
hidrófobo
Secuencia 
conservada
A
B
C
D
Dominio 
citoplásmico 
hidrófilo
COOH
COOH
Sitio de receptor
Glóbulo de gran tamaño
Sitio de desdoblamiento 
por proteasa
Glóbulo pequeño
Membrana
Sitio activo
Tallo
C
N
13.5 nm
6 nm
Sitio B
Sitio D
Péptido de fusión
Sitio A
Sitio E
Sitio C
NH2
HA2HA1
C
A A
A
A
CAPÍTULO 39 Ortomixovirus (virus de la infl uenza) 543
la hemaglutinina. Las partículas del virus luego son interioriza-
das en endosomas mediante un proceso denominado endocito-
sis mediada por receptor. El siguiente paso consiste en la fusión 
entre la envoltura viral y la membrana celular, que desenca-
dena la pérdida de la envoltura. El pH bajo en el endosoma es 
necesario para la fusión de la membrana mediada por el virus 
que libera RNP virales hacia el citosol. El pH ácido produce un 
cambio de confi guración en la estructura de HA que hace que 
el “péptido de fusión” de HA2 quede en contacto correcto con 
la membrana. La proteína del canal iónico de M2 presente en el 
virión permite la entrada de iones del endosoma hacia la par-
tícula viral, lo que desencadena el cambio de confi guración en 
la hemaglutinina. Las nucleocápsides virales son liberadas luego 
hacia el citoplasma de las células.
B. Transcripción y traducción
Los mecanismos de transcripción utilizados por los ortomixovi-
rus son muy diferentes de los de otros virus de RNA por cuanto 
intervienen de manera más íntima las funciones celulares. La 
transcripción viral ocurre en el núcleo. Los mRNA son produ-
cidos a partir de las nucleocápsides virales. La polimerasa codi-
fi cada por el virus, que consta de un complejo de las tres proteí-
nas P, es la que interviene principalmente en la transcripción. Su 
acción debe ser preparada por los terminales incorporados en 
la cápside y 5′ metilados que son depurados de los transcriptos 
celulares recién sintetizados por la polimerasa II de RNA celular. 
Esto explica por qué la replicación del virus de la infl uenza es 
inhibida por la dactinomicina y la amanitina α, que bloquean 
la transcripción celular, en tanto que otros virus de RNA no son 
afectados, pues no utilizan transcriptos celulares en la síntesis 
de RNA viral. Seis de los segmentos del genoma generan mRNA 
monocistrónicos que son traducidos en el citoplasma en seis 
proteínas virales. Los otros dos transcriptos experimentan 
empalme y cada uno genera dos mRNA que son traducidos en 
diferentes marcos de lectura. En las primeras etapas después de 
la infección, las proteínas NS1 y NP son sintetizadas de prefe-
rencia. En etapas subsiguientes, las proteínas estructurales son 
sintetizadas con altas tasas. Las dos glucoproteínas, HA y NA, 
son modifi cadas utilizando la vía secretora.
La proteína NS1 no estructural del virus de la infl uenza tie-
ne una función postranscripcional en la regulación de la expre-
sión del gen viral y celular. La proteína NS1 se une a secuencias 
poli(A), inhibe el empalme previo al mRNA e inhibe la exporta-
ción nuclear de los mRNA empalmados, con lo que asegura una 
reserva de moléculas celulares donadores que proporcionan los 
cebadores incorporados en la cápside que son necesarios para 
la síntesis de mRNA viral. La proteína NS2 interacciona con la 
proteína M1 e interviene en la exportación nuclear de los RNP 
virales. 
C. Replicación del RNA viral
La replicación del genoma viral se logra por las mismas proteí-
nas de polimerasa codifi cadas por el virus que intervienen en la 
transcripción. Los mecanismos que regulan las funciones alter-
nativas de transcripción y replicación de las mismas proteínas 
están relacionados con la abundancia de una o más de las pro-
teínas de la nucleocápside viral. 
Al igual que con todos los demás virus de tiras negativas, las 
plantillas para la síntesis de RNA viral se mantienen recubiertas 
con nucleoproteínas. Los únicos RNA completamente libres son 
La deriva antigénica se debe a la acumulación de muta-
ciones puntuales en el gen que dan por resultado cambios de 
aminoácidos en la proteína. Los cambios de secuencia pueden 
modifi car los lugares antigénicos en la molécula de tal manera 
que un virión puede evadir el reconocimiento por el sistema in-
munitario del hospedador. El sistema inmunitario no causa la 
variación antigénica, sino más bien funciona como una fuerza 
de selección que permite la expansión de nuevas variantes an-
tigénicas. Una variante debe sufrir dos o más mutaciones antes 
que surja una nueva cepa de importancia epidemiológica. 
La variación antigénica refl eja cambios drásticos en la se-
cuencia de una proteína de superfi cie viral, cambios demasiado 
extremos para atribuirse a la mutación. Los genomas segmenta-
dos de los virus de la infl uenza se reensamblan con rapidez en 
células doblemente infectadas. El mecanismo de la variación es 
el reensamble genético entre los virus de la infl uenza humana y 
aviar. Los virusde la infl uenza B y C no muestran variación anti-
génica pues existen pocos virus relacionados en los animales.
Replicación del virus de la influenza
En la fi gura 39-4 se resume el ciclo de replicación del virus de la 
infl uenza. Los virus de la infl uenza son virus de RNA inusuales 
entre los virus de RNA no oncógenos, pues toda su transcrip-
ción y replicación de RNA ocurre en el núcleo de las células in-
fectadas. El ciclo de multiplicación viral procede con rapidez. 
Hay una inactivación de la síntesis de la proteína de la célula del 
hospedador unas 3 h después de la infección, lo que permite la 
traducción selectiva de los mRNA virales. Se producen nuevos 
virus descendientes al cabo de 8 a 10 horas. 
A. Adherencia, penetración y pérdida 
de la envoltura viral
El virus se adhiere al ácido siálico de la superfi cie celular a través
del receptor ubicado en la parte superior del glóbulo grande de 
FIGURA 393 La deriva y la variación antigénicas participan en los 
cambios antigénicos de las dos glucoproteínas de superfi cie (HA y NA) 
del virus de la infl uenza. La deriva antigénica es un cambio gradual de 
la antigenicidad debido a las mutaciones de punto que afectan los 
sitios antigénicos principales de la glucoproteína. La variación antigénica 
es un cambio brusco debido al reensamble genético con una cepa 
no relacionada. Los cambios en la HA y la NA ocurren de manera 
independiente. Las proteínas internas del virus, como la nucleoproteína 
(NP), no experimentan cambios antigénicos. 
HA
o
NA
HA o NA
NP
1 añoAños
R
el
at
iv
id
ad
 s
er
ol
óg
ic
a 
de
cr
ec
ie
nt
e
Deriva antigénica Variación antigénica
544 SECCIÓN IV Virología
cápside a los extremos citoplásmicos de las glucoproteínas. Los 
viriones descendientes salen de la célula por gemación. Durante 
esta serie de fenómenos, la HA es desdoblada en HA1 y HA2 si 
la célula hospedadora posee la enzima proteolítica apropiada. La 
NA retira los ácidos siálicos terminales de las glucoproteínas de 
la superfi cie celular y viral, facilitando la liberación de partículas 
virales de la célula y evitando su agregación.
Muchas de las partículas no son infecciosas. Las partículas a 
veces no logran incorporar en la cápside el complemento com-
pleto de segmentos de genoma; a menudo uno de los segmentos 
grandes de RNA falta. Estas partículas no infecciosas pueden 
causar hemaglutinación y pueden interferir en la replicación del 
virus intacto. 
Los sistemas de genética inversa que permiten la generación 
de virus de la infl uenza infecciosos de cDNA clonados de seg-
mentos de RNA viral están disponibles y permiten los estudios 
de mutagénesis y funcionales. 
INFECCIONES POR EL VIRUS 
DE LA INFLUENZA EN SERES HUMANOS
En el cuadro 39-3 se muestra una comparación del virus de la 
infl uenza A con otros virus que infectan el sistema respiratorio 
humano. Aquí se analizará el virus de la infl uenza. 
los RNA mensajeros. El primer paso en la replicación del geno-
ma es la producción de copias de cada segmento de tira positiva. 
Estas copias antigenoma difi eren de las mRNA en las dos termi-
nales: los extremos 5′ no están incorporados en la cápside y los 
extremos 3′ no están truncados ni poliadenilados. Estas copias 
hacen las veces de plantillas para la síntesis de copias facsímiles 
de RNA genómicos. 
Puesto que hay secuencias comunes en los dos extremos 
de todos los segmentos de RNA viral, pueden reconocerse efi -
cientemente por el aparato de síntesis de ácido ribonucleico. El 
entrelazado de los segmentos de genoma derivados de diferentes 
progenitores en las células coinfectadas posiblemente es la causa 
de la gran frecuencia de reensamble genético característico de 
los virus de la infl uenza dentro de un género. Se han observado 
frecuencias de reensamble de hasta 40 por ciento.
D. Maduración
El virus madura por gemación desde la superfi cie de la célula. Los 
componentes virales individuales llegan al lugar de gemación 
por diferentes caminos. Las nucleocápsides se ensamblan en el 
núcleo y se desplazan afuera hacia la superfi cie celular. Las glu-
coproteínas, HA y NA, son sintetizadas en el retículo endoplás-
mico; son modifi cadas y ensambladas en trímeros y tetrámeros 
respectivamente; y se insertan en la membrana plasmática. La 
proteína M1 hace las veces de un puente que vincula la nucleo-
FIGURA 394 Diagrama del ciclo vital del virus de la infl uenza. Después de la endocitosis mediada por receptor, los complejos de 
ribonucleoproteína viral son liberados hacia el citoplasma y transportados al núcleo, donde ocurre la replicación y la transcripción. Los RNA 
mensajeros son exportados al citoplasma para su traducción. Las proteínas virales iniciales que son necesarias para la replicación y la transcripción 
son transportadas de nuevo al núcleo. El ensamble y la gemación de los viriones de descendencia ocurren en la membrana plasmática. 
(Reproducida con autorización de Neumann G, Noda T, Kawaoka Y: Emergence and pandemic potential of swine-origin H1N1 infl uenza virus. 
Nature 2009; 459:931.)
Endosomas
mRNA
mRNA
Síntesis de mRNA
Replicación de RNA
Proteínas 
tardías 
M1, NS2
M1
Golgi
ER
PB1-F2
Proteínas 
iniciales
PA NP
PB1 NS1
PB2
PB1-F2
TTTTTTAAA
TTTTTTAAA
CAPÍTULO 39 Ortomixovirus (virus de la infl uenza) 545
tencia a los invasores bacterianos secundarios, sobre todo estafi -
lococos, estreptococos y Haemophilus infl uenzae. 
El edema y las infi ltraciones mononucleares en respuesta a 
la muerte celular y la descamación debida a la replicación viral 
probablemente contribuyen a los síntomas locales. Los síntomas 
generales sobresalientes relacionados con la infl uenza probable-
mente refl ejan la producción de citocinas. 
Manifestaciones clínicas
La infl uenza ataca principalmente a las vías respiratorias altas. 
Conlleva un riesgo importante para los ancianos, los pacientes 
muy pequeños y las personas con trastornos médicos subyacen-
tes como problemas pulmonares, renales o cardiacos, diabetes 
o cáncer.
A. Infl uenza no complicada
Los síntomas de la infl uenza característica suelen aparecer en 
forma brusca y comprenden escalofríos, cefalea y tos seca, se-
guida casi inmediatamente de fi ebre alta, mialgias generalizadas, 
ataque al estado general y anorexia. La fi ebre por lo general dura 
de tres a cinco días, lo mismo que los síntomas generales. Los 
síntomas respiratorios suelen persistir durante otros tres a cua-
tro días. La tos y la debilidad pueden persistir por dos a cuatro 
semanas después que ceden los síntomas principales. Pueden 
presentarse infecciones leves o asintomáticas. Estos síntomas 
pueden ser desencadenados por cualquier cepa de virus de la 
infl uenza A o B. En cambio, la infl uenza C pocas veces produce 
el síndrome de infl uenza, y más bien es causa de resfriados co-
munes. La coriza y la tos pueden persistir por varias semanas. 
Los síntomas clínicos de la infl uenza en los niños son simi-
lares a los observados en los adultos, aunque los niños pueden 
tener fi ebre más alta y una mayor frecuencia de manifestacio-
nes digestivas como vómito. Pueden presentarse convulsiones 
febriles. Los virus de la infl uenza A son una causa importante 
de laringotraqueobronquitis en los niños de menos de 1 año de 
Patogenia y anatomía patológica
El virus de la infl uenza se disemina entre las personas por las 
gotitas de secreciones respiratorias presentes en el aire o por el 
contacto con las manos o superfi cies contaminadas. Algunas cé-
lulas del epitelio respiratorio se infectan si las partículas virales 
depositadas evitan su eliminación por el refl ejo tusígeno y eva-
den la neutralización por los anticuerpos IgA específi cos pre-
existentes o la inactivación por inhibidores inespecífi cos presen-
tes en las secreciones de la mucosa. Pronto se producen viriones 
descendientes y se diseminan a las células adyacentes donde se 
repite el ciclo de replicación. La NA viral reduce la viscosidad de 
la película de moco en el sistema respiratorio, dejando desnudoslos receptores de la superfi cie celular y favoreciendo la disemi-
nación del líquido que contiene virus a las porciones inferiores 
del sistema respiratorio. En breve, muchas células de las vías res-
piratorias son infectadas y tarde o temprano mueren.
El periodo de incubación desde la exposición al virus y el 
inicio de la enfermedad varían de un día a cuatro días, lo que 
depende del tamaño de la dosis viral y el estado inmunitario del 
hospedador. La eliminación del virus comienza el día previo al 
inicio de los síntomas, alcanza su máximo en un lapso de 24 ho-
ras, se mantiene elevada durante uno a dos días y luego disminu-
ye los siguientes cinco días. El virus infeccioso muy pocas veces 
se aísla de la sangre. 
El interferón es detectable en las secreciones respiratorias 
aproximadamente un día después que comienza la eliminación 
del virus. Los virus de la infl uenza son sensibles a los efectos 
antivirales del interferón y se cree que la respuesta de éste con-
tribuye al restablecimiento del hospedador tras la infección. Du-
rante otras una a dos semanas no se pueden detectar anticuerpos 
específi cos y respuestas mediadas por las células. 
Las infecciones por infl uenza causan destrucción celular y 
descamación de la mucosa superfi cial del sistema respiratorio 
pero no modifi can la capa basal del epitelio. La recuperación 
completa de la lesión celular probablemente tarda un mes. La 
lesión viral del epitelio del sistema respiratorio reduce su resis-
CUADRO 39-3 Comparación de virus que infectan el sistema respiratorio humano
Virus Enfermedad
Número 
de serotipos
Inmunidad de por vida 
contra la enfermedad
Vacuna 
disponible
Latencia 
viral
Virus de RNA
Virus de la influenza A Influenza Múltiples No + −
Virus de la parainfluenza Laringotraqueítis Múltiples No − −
Virus sincitial respiratorio Bronquiolitis Uno No − −
Virus de la rubéola Rubéola Uno Sí + −
Virus del sarampión Sarampión Uno Sí + −
Virus de la parotiditis Parotiditis, meningitis Uno Sí + −
Rinovirus Resfriado común Múltiples No − −
Coronavirus Resfriado común Múltiples No − −
Virus Coxsackie Herpangina, pleurodinia Múltiples No − −
Virus de DNA
Virus del herpes simple de tipo 1 Gingivoestomatitis Uno No − +
Virus de Epstein-Barr Mononucleosis infecciosa Uno Sí − +
Virus de varicela-zóster Varicela, herpes Uno Sía + +
Adenovirus Faringitis, neumonía Múltiples No − +
aInmunidad de por vida contra las reinfecciones por varicela pero no a la reactivación de herpes zóster. 
546 SECCIÓN IV Virología
a los contactos guarda relación con el anticuerpo dirigido contra 
la neuraminidasa. Los anticuerpos contra la ribonucleoproteína 
son específi cos de tipo y son útiles para tipifi car cepas virales 
(como la infl uenza A o B). La protección se correlaciona con los 
anticuerpos séricos y los anticuerpos IgA presentes en las secre-
ciones nasales. El anticuerpo secretor local probablemente es 
importante para prevenir la infección. Los anticuerpos séricos 
persisten por muchos meses a años, en tanto que los anticuerpos 
secretores tienen una duración más breve (por lo general sólo 
varios meses). El anticuerpo también modifi ca la evolución de la 
enfermedad. Una persona con títulos bajos de anticuerpo puede 
infectarse pero experimentará una forma leve de la enfermedad. 
La inmunidad puede ser parcial, ya que puede ocurrir reinfec-
ción con el mismo virus. 
Los tres tipos de virus de la infl uenza no tienen una rela-
ción antigénica y por tanto no inducen a una protección cruza-
da. Cuando un tipo de virus experimenta una deriva antigénica, 
una persona con anticuerpo preexistente a la cepa original pue-
de sufrir sólo infección leve con la nueva cepa. Las infecciones 
subsiguientes a las inmunizaciones refuerzan la respuesta de 
anticuerpo al primer subtipo de infl uenza experimentado años 
antes, un fenómeno denominado “pecado antigénico original”. 
Se considera que la principal función de las respuestas in-
munitarias medidas por células en la infl uenza es el despeje de 
una infección establecida; los linfocitos T citotóxicos producen 
lisis de las células infectadas. La respuesta de linfocito T cito-
tóxico es de tipo de reacción cruzada (puede producir lisis de 
células infectadas con cualquier subtipo de virus) y al parecer 
está dirigido contra las dos proteínas internas (NP, M) y las glu-
coproteínas de superfi cie. 
Diagnóstico de laboratorio
Las manifestaciones clínicas de las infecciones respiratorias por 
virus pueden producirlas muchos virus diferentes. En conse-
cuencia, el diagnóstico de la infl uenza se basa en la identifi ca-
ción de los antígenos virales o del ácido nucleico viral presente 
en los especímenes, el aislamiento del virus o la demostración 
de una respuesta inmunitaria específi ca por el paciente. Los la-
vados nasales, los borborigmos y los frotis de exudado faríngeo 
son las mejores muestras para los análisis diagnósticos y se de-
ben obtener en los primeros tres días después que comienzan 
los síntomas.
A. Reacción en cadena de la polimerasa
Para el diagnóstico de la infl uenza se prefi eren las pruebas rápi-
das basadas en la detección de RNA de la infl uenza en especí-
menes clínicos utilizando la reacción en cadena de la polimerasa 
con transcriptasa inversa (RT-PCR, reverse transcription poly-
merase chain reaction). La RT-PCR es rápida (<1 día), sensible 
y específi ca. Sin embargo, en la actualidad no se realiza en todos 
los centros de salud.
B. Aislamiento e identifi cación del virus
La muestra que se analizará para el aislamiento del virus se debe 
mantener a una temperatura de 4°C a la inoculación en el cul-
tivo celular, ya que el congelamiento y el deshielo reducen la 
capacidad para aislar el virus. Sin embargo, si el tiempo de alma-
cenamiento superará los cinco días, la muestra debe congelarse 
a una temperatura de −70°C.
edad, la cual puede ser grave. Por último, puede presentarse oti-
tis media. 
Cuando la infl uenza aparece en forma epidémica, las manifes-
taciones clínicas son tan uniformes que es posible diagnosticar la 
enfermedad. Los casos esporádicos no se pueden diagnosticar ba-
sándose en las manifestaciones clínicas, ya que éstas pueden no 
distinguirse de las causadas por otros microorganismos patógenos 
del sistema respiratorio. Sin embargo, estos otros microorganis-
mos pocas veces producen neumonía viral grave, que es una com-
plicación de la infección por el virus de la infl uenza A. 
B. Neumonía
Las complicaciones graves suelen presentarse sólo en los ancia-
nos y pacientes debilitados, sobre todo aquellos con enferme-
dades crónicas subyacentes. El embarazo al parecer es un factor 
de riesgo para las complicaciones pulmonares letales en algunas 
epidemias. La repercusión letal de una epidemia de infl uenza se 
refl eja en las muertes excesivas a causa de neumonía y enferme-
dades cardiopulmonares.
La neumonía que complica las infecciones por infl uenza 
puede ser viral, bacteriana secundaria o una combinación de las 
dos. El incremento de la secreción de moco facilita el transporte 
de los microorganismos hacia la porción baja del sistema respi-
ratorio. La infl uenza aumenta la susceptibilidad de los pacientes 
a las superinfecciones bacterianas. Esto se atribuye a la pérdida 
de la depuración por los cilios, la disfunción de las células fago-
cíticas y la generación de un medio de multiplicación bacteria-
na enriquecido por el exudado alveolar. Las bacterias patógenas 
más frecuentes son Staphylococcus aureus, Streptococcus pneu-
moniae y H. infl uenzae. 
La neumonía viral y bacteriana combinada tiene una fre-
cuencia aproximadamente tres veces mayor que la neumonía 
por infl uenza primaria. Se ha comunicado que la infección con-
comitante por S. aureus conlleva una tasa de mortalidad de hasta 
42%. Una explicación molecular de un efecto sinérgico entre los 
virus y las bacterias puede ser que algunas cepas de S. aureus 
secretan una proteasa capaz de desdoblar la HA de la infl uenza 
y de esta manera permitir la producción de cantidadesmucho 
más altas de virus infecciosos en los pulmones. 
C. Síndrome de Reye
El síndrome de Reye es una encefalopatía aguda de niños y ado-
lescentes, por lo general de entre 2 y 16 años de edad. La tasa 
de mortalidad es alta (10 a 40%). Se desconoce la causa de este 
síndrome, pero es una complicación infrecuente reconocida de 
la infl uenza B, la infl uenza A y de la infección por herpesvirus 
de varicela-zóster. Existe una posible relación entre el uso de sa-
licilatos y la aparición subsiguiente del síndrome de Reye. La fre-
cuencia del síndrome ha disminuido conforme se ha reducido el 
empleo de salicilatos en los niños con síntomas seudogripales. 
Inmunidad
La inmunidad contra la infl uenza es duradera y específi ca de 
subtipos. Los anticuerpos contra HA y NA son importantes en 
la inmunidad contra la infl uenza, en tanto que los anticuerpos 
contra las otras proteínas codifi cadas por virus no son protecto-
res. La resistencia al inicio de la infección está relacionada con el 
anticuerpo contra la HA, en tanto que la disminución de la gra-
vedad de la enfermedad y de la capacidad para transmitir el virus 
CAPÍTULO 39 Ortomixovirus (virus de la infl uenza) 547
Pueden presentarse complicaciones al tratar de identifi car 
la cepa del virus de la infl uenza infectante mediante la respuesta 
de anticuerpo del paciente pues a menudo ocurren respuestas 
anamnésicas. 
Epidemiología
Los virus de la infl uenza se encuentran en todo el mundo y cau-
san brotes epidémicos anuales de intensidad variable. Se calcula 
que las epidemias anuales de infl uenza estacional producen 
tres a cinco millones de casos de enfermedad grave y 250 000 
a 500 000 fallecimientos en todo el mundo. La repercusión eco-
nómica de los brotes de infl uenza A es importante a causa de la 
morbilidad inherente a las infecciones. Se han calculado costos 
económicos de 10 a 60 millones por millón de población en los 
países desarrollados, lo que depende de la magnitud de la epi-
demia. 
La confi guración epidemiológica entre los tres tipos de in-
fl uenza varía mucho. La infl uenza C es menos signifi cativa; cau-
sa enfermedad respiratoria leve y esporádica pero no infl uenza 
epidémica. La infl uenza B a veces produce epidemia, pero la in-
fl uenza de tipo B puede propagarse por continentes y en todo el 
mundo en epidemias masivas llamadas pandemias. 
La incidencia de la infl uenza alcanza su máximo durante el 
invierno. En Estados Unidos, las epidemias de infl uenza por lo 
general se presentan desde enero hasta abril (y de mayo a agosto 
en el hemisferio del sur). Debe existir una cadena interpersonal 
continua de transmisión para que se mantenga el microorganis-
mo entre las epidemias. Se puede detectar alguna actividad viral 
en grandes centros de población durante cada año, lo que indica 
que el virus se mantiene endémico en la población y produce 
algunas infecciones asintomáticas o leves. 
A. Cambio antigénico
Los brotes periódicos aparecen a causa de los cambios antigéni-
cos en una o dos glucoproteínas de la superfi cie del virus. Cuan-
do el número de personas susceptibles en una población alcanza 
una magnitud sufi ciente, la nueva cepa del virus produce una 
epidemia. El cambio puede ser gradual (de ahí el término “deri-
va antigénica”), debido a las mutaciones puntuales refl ejadas en 
alteraciones en puntos antigénicos importantes en la glucopro-
teína (fi g. 39-3), o drástico y brusco (de ahí el término “variación 
antigénica”), debido al reensamble genético durante la infec-
ción concomitante por una cepa no relacionada. 
Los tres tipos de virus de la infl uenza muestran deriva an-
tigénica. Sin embargo, sólo la infl uenza A experimenta una va-
riación antigénica, probablemente porque los virus de tipos B y 
C están restringidos al ser humano, en tanto que los virus de la 
infl uenza A relacionados se encuentran en otros mamíferos y en 
aves. Estas cepas de animales contribuyen a la deriva antigénica 
por el reensamble genético de los genes de glucoproteína. Se ha 
aislado virus de la infl uenza A en muchas aves acuáticas, sobre 
todo patos; en aves domésticas, como pavos, pollos, gansos y pa-
tos; en cerdos y caballos, e incluso en focas y ballenas.
Los brotes epidémicos de infl uenza ocurren en andanadas, 
aunque no hay una periodicidad regular en la presentación de 
las epidemias. La experiencia en un determinado año refl ejará 
la interacción entre la magnitud de la deriva antigénica del vi-
rus predominante y la inmunidad que se desvanece en la pobla-
ción.
Los procedimientos de cultivo viral tardan tres a 10 días. 
Por lo regular los huevos embrionados y las células renales de 
simio primario han sido los métodos de aislamiento de elección 
para los virus de la infl uenza, aunque se pueden utilizar algunos 
linajes celulares continuos. Los cultivos de células inoculadas se 
incuban en ausencia de suero, que puede contener factores in-
hibidores virales inespecífi cos, y en presencia de tripsina, que 
desdobla y activa la HA de manera que el virus en replicación se 
diseminará por todo el cultivo. 
Los cultivos de células pueden evaluarse para determinar 
la presencia del virus mediante hemadsorción tres a cinco días 
después de la inoculación, o el líquido del cultivo puede anali-
zarse para detectar el virus después de cinco a siete días median-
te hemaglutinación. Si los resultados son negativos, se hace un 
pase hacia los cultivos en fresco. Este paso puede ser necesario 
porque las cepas virales primarias a menudo son difíciles de cul-
tivar y se multiplican con lentitud. 
Las cepas virales pueden identifi carse mediante inhibición 
de la hemaglutinación, un procedimiento que permite la deter-
minación rápida del tipo y el subtipo de virus de la infl uenza. 
Para realizar esto, se deben utilizar sueros de referencia a las ce-
pas que predominan en la actualidad. La hemaglutinación por la 
nueva cepa será inhibida por el antisuero al subtipo homólogo.
Para un diagnóstico rápido, los cultivos de células obteni-
dos mediante el método de centrifugación y cultivo se pueden 
inocular y teñir uno a cuatro días después con anticuerpos mo-
noclonales contra los microorganismos respiratorios. Los cul-
tivos virales rápidos también se pueden evaluar mediante RT-
PCR para identifi car un microorganismo cultivado. 
Es posible identifi car el antígeno viral directamente en célu-
las exfoliadas en aspirados nasales utilizando anticuerpos fl uo-
rescentes. Esta prueba es rápida (tarda sólo algunas horas) pero 
no es tan sensible como el aislamiento del virus, no proporciona 
detalles completos sobre la cepa viral y no genera una cepa que 
se pueda caracterizar. Se comercializan pruebas rápidas para la 
detección de antígeno de la infl uenza que tardan menos de 15 min. 
Sin embargo, estas pruebas tienen una sensibilidad y una espe-
cifi cidad variables. 
C. Análisis serológico
Los anticuerpos contra varias proteínas virales (hemaglutinina, 
neuraminidasa, nucleoproteína y matriz) se producen durante 
la infección por el virus de la infl uenza. La respuesta inmunitaria 
contra la glucoproteína de HA se relaciona con la resistencia a la 
infección. Las pruebas serodiagnósticas sistemáticas que se uti-
lizan están basadas en la inhibición de la hemaglutinación (HI, 
hemaglutination inhibition) y análisis de inmunosorbente ligado 
a enzimas (ELISA). Se necesitan sueros pares de fase aguda y de 
convalecencia, pues las personas normales por lo general tienen 
anticuerpos contra la infl uenza. Debe detectarse un incremento 
de cuatro tantos o más en los títulos para diagnosticar una in-
fección por infl uenza. Los sueros humanos a menudo contienen 
inhibidores de mucoproteína inespecífi cos que deben destruirse 
antes del análisis mediante inhibición de la hemaglutinación.
La prueba de inhibición de la hemaglutinación revela la 
cepa del virus que produce la infección sólo si se dispone del 
antígeno correcto. Las pruebas de neutralización son las más 
específi cas y las que mejor pronostican la susceptibilidada la 
infección pero tienen menor rendimiento y son más dilatadas de 
realizar que las demás pruebas. La prueba ELISA es más sensible 
que los otros análisis.
548 SECCIÓN IV Virología
sión de aerosoles del virus y los niños llevan el virus a su domi-
cilio y lo transmiten a la familia. 
En 1997 se presentó en Hong Kong la primera infección 
documentada de seres humanos por el virus de la infl uenza A 
aviar (H5N1). La fuente eran los pollos domésticos. Hacia 2006, 
la presencia geográfi ca de este virus de la infl uenza aviar H5N1 
tan patógena, tanto en aves silvestres como domésticas, se ha ex-
pandido para afectar muchos países de Asia, África, Europa y el 
Medio Oriente. Los brotes epidémicos fueron los más extensos 
y los más graves registrados. De casi 425 casos humanos con-
fi rmados mediante análisis de laboratorio, para mayo de 2009 
más de la mitad habían sido mortales. Hasta el momento, las 
cepas de casos humanos han contenido todos los segmentos de 
genes de RNA de virus aviares, lo que indica que, en estas infec-
ciones, el virus aviar había saltado directamente de las aves al 
ser humano. Todas las pruebas hasta el momento indican que 
el contacto estrecho con las aves enfermas ha sido la fuente de 
infección por H5N1 humana. El problema es que, si se dan su-
fi cientes oportunidades, el virus de la infl uenza aviar H5N1 tan 
patógeno adquirirá la capacidad para propagarse con efi ciencia 
y mantenerse en el ser humano, sea mediante reensamble o por 
mutación adaptativa. Esto produciría una pandemia de infl uen-
za devastadora. 
C. Seroarqueología
El virus de la infl uenza humana fue aislado inicialmente en 1933 
utilizando hurones. Los subtipos que circulaban antes de esa épo-
ca se han deducido utilizando seroepidemiología retrospectiva. 
Esta técnica se basa en la detección de títulos de HI contra múl-
tiples subtipos de HA del virus con sueros de muchos individuos 
en diferentes grupos de edad. El intervalo de la gama de anticuer-
po de la infl uenza es estrecho en las primeras etapas de la vida, 
pero se vuelve progresivamente más amplio conforme avanzan 
los años. Los anticuerpos adquiridos por infecciones iniciales en 
la infancia refl ejan antígenos dominantes de las cepas frecuentes. 
Las exposiciones ulteriores a los virus dan por resultado un en-
sanchamiento de la gama de anticuerpos hacia un mayor número 
de antígenos frecuentes de virus de la infl uenza.
Las exposiciones a una edad más avanzada a cepas antigé-
nicamente relacionadas producen el reforzamiento progresivo 
del anticuerpo primario. Las concentraciones de anticuerpo más 
El periodo entre los brotes epidémicos de infl uenza A tiende 
a ser de dos a tres años; el periodo interepidémico para el tipo B 
es más prolongado (tres a seis años). Cada 10 a 40 años, cuando 
aparece un nuevo subtipo de infl uenza A, sobreviene una pan-
demia. Esto ocurrió en 1918 (H1N1), en 1957 (H2N2) y 1968 
(H3N2). El subtipo H1N1 resurgió en 1977, aunque no se con-
cretó ninguna epidemia. Desde 1977, los virus de la infl uenza 
A (H1N1) y (H3N2) y los virus de la infl uenza B han estado en 
circulación global.
Un nuevo virus H1N1 de origen porcino apareció a princi-
pios de 2009 y alcanzó una propagación pandémica a mediados 
del año. Era un reensamble cuádruple que contenía genes de vi-
rus de cerdos norteamericanos y euroasiáticos, así como virus de 
la infl uenza aviar y humana. El virus fácilmente era transmisible 
entre las personas y la gravedad de la enfermedad, al menos al 
inicio, era equiparable a la de la infl uenza estacional. 
Es necesaria la vigilancia de los brotes epidémicos de in-
fl uenza para identifi car la aparición inicial de nuevas cepas, con 
el propósito de preparar vacunas contra ellas antes que ocurra 
una epidemia. Esta vigilancia puede extenderse hacia poblacio-
nes animales, sobre todo aves, cerdos y caballos. El aislamiento 
de un virus con una hemaglutinina alterada a fi nales de la pri-
mavera durante una miniepidemia señala una posible epidemia 
al siguiente invierno. Se ha observado que este signo premoni-
tor, denominado “onda precursora”, antecede a las epidemias de 
la infl uenza A y B. 
B. Infl uenza aviar
Los análisis de secuencia de los virus de la infl uenza A aislados 
de muchos hospedadores en diferentes regiones del mundo res-
paldan la teoría de que todos los virus de la infl uenza en ma-
míferos se derivan del reservorio de infl uenza aviar. De los 15 
subtipos de HA que se detectan en las aves, sólo algunos se han 
transmitido a mamíferos (H1, H2, H3 y H5 en seres humanos; 
H1 y H3 en cerdos; y H3 y H7 en caballos). La misma confi gu-
ración es aplicable a la NA; se conocen nueve subtipos de NA 
en aves, sólo dos de los cuales se hallan en seres humanos (N1, 
N2). Los virus de la infl uenza no parecen experimentar cambio 
antigénico en las aves, tal vez por su breve duración de vida. Esto 
signifi ca que los genes que produjeron pandemias de infl uenza 
previas en seres humanos todavía existen sin modifi cación en el 
reservorio de aves acuáticas.
La infl uenza aviar fl uctúa desde las infecciones no evidentes 
hasta las infecciones muy letales en pollos y pavos. La mayor 
parte de las infecciones por infl uenza en los patos son avirulen-
tas. Los virus de la infl uenza de los patos se multiplican en célu-
las que revisten el intestino y se eliminan en altas concentracio-
nes en la materia fecal hacia el agua, donde se mantienen viables 
por días o semanas, sobre todo a temperaturas bajas. Es posible 
que la infl uenza aviar sea una infección transmitida en el agua, 
desplazándose de aves silvestres a domésticas y cerdos.
Hasta el momento todas las cepas de pandemias humanas 
se han reensamblado entre virus de la infl uenza aviar y huma-
na. Las pruebas respaldan el modelo de que los cerdos hacen 
las veces de conductos mezcladores para los reensambles pues 
sus células contienen receptores reconocidos por virus humanos 
y aviares (fi g. 39-5). La cepa pandémica de 2009 fue un nuevo 
reensamble que contenía genes virales de origen porcino, así 
como de virus de la infl uenza aviar y humana. Los niños de edad 
escolar son los vectores predominantes de la transmisión de la 
infl uenza. El hacinamiento en las escuelas favorece la transmi-
FIGURA 395 El cerdo hace las veces de un hospedador 
intermedio para la generación de los virus de la infl uenza 
humanos-aviares reensamblados con potencial pandémico. 
(Reproducida con autorización de Claas ECJ, Osterhaus ADME: New 
clues to the emergence of fl u pandemics. Nat Med 1998;4:1122.)
Virus
humano
Virus reensamblado
Virus aviar
CAPÍTULO 39 Ortomixovirus (virus de la infl uenza) 549
constantemente vigilan subtipos de infl uenza que circulan alre-
dedor del mundo para detectar con prontitud la aparición y la 
propagación de las nuevas cepas. 
Hay otros problemas que merecen mención. Aunque la pro-
tección puede alcanzar 70 a 100% en adultos sanos, la frecuencia 
de protección es más baja (30 a 60%) en los ancianos y en los 
niños pequeños. Las vacunas virales inactivadas por lo general 
no generan respuestas satisfactorias de IgA local o respuestas 
inmunitarias mediadas por células. La respuesta inmunitaria es 
infl uida por el hecho de que la persona está “sensibilizada” al 
haber tenido una experiencia antigénica previa con un virus de 
la infl uenza A del mismo subtipo.
A. Preparación de vacunas virales inactivadas
Las vacunas de virus de la infl uenza A y B inactivadas están au-
torizadas para uso parenteral en el ser humano. Los organismos 
federales y la Organización Mundial de la Salud cada año hacen 
recomendaciones sobre cuáles cepas debieran incluirse en la va-
cuna. La vacuna suele ser un cóctel que contiene uno o dos virus 
de tipo A y un virus de tipo B de las cepas aisladas en los brotes 
epidémicos del invierno previo. 
Las cepas de siembra seleccionadas se multiplican en hue-
vos embrionados, el sustrato utilizado para la producción de la 
vacuna. A veces las cepas naturales se multiplican muydefi cien-
temente en los huevos para permitir la producción de la vacuna, 
en cuyo caso se elabora un virus reensamblado en el laboratorio. 
El virus reensamblado, que porta los genes para los antígenos de 
superficie de la vacuna deseada con los genes de replicación 
de un virus de laboratorio adaptado a huevo, se utilizan luego 
para la producción de la vacuna.
El virus se obtiene del líquido alantoico de huevo, purifi ca-
do, concentrado mediante centrifugación zonal e inactivado con 
formalina o propiolactona β. La cantidad de HA se estandariza 
en cada dosis de vacuna (aproximadamente 15 μg de antígeno), 
pero la cantidad de NA no está normalizada, pues es más lábil 
bajo las condiciones de purifi cación y almacenamiento. Cada 
dosis de vacuna contiene el equivalente a casi 10 000 millones 
de partículas de virus. 
Las vacunas son preparados de virus entero (WV, whole vi-
rus), de subvirión (SV, subvirion) o de antígeno de superfi cie. 
La vacuna de WV contiene virus intactos inactivados, la de SV 
contiene virus purifi cado que se destruye con detergentes; las 
vacunas de antígeno de superfi cie contienen glucoproteínas de 
HA y NA purifi cadas. Todas son efi caces. 
B. Vacunas de virus vivos
Una vacuna de virus vivos se debe atenuar para no provocar la 
enfermedad que supuestamente debiera prevenir. En vista del 
cambio constante de los virus de la infl uenza en la naturaleza y 
las intensas actividades de laboratorio necesarias para atenuar 
un virus virulento, la única estrategia factible es idear una mane-
ra de transferir genes atenuantes defi nidos de un virus donador 
maestro atenuado a cada nueva cepa epidémica o pandémica. 
Un virus donador adaptado al frío, con capacidad para mul-
tiplicarse a una temperatura de 25°C pero no a 37°C (la tem-
peratura de las vías respiratorias bajas) debe replicarse en la 
nasofaringe, la cual tiene una temperatura más fría (33°C). En 
Estados Unidos en 2003 se autorizó una vacuna de virus de la 
infl uenza vivo atenuado, adaptado al frío, sensible a temperatura 
y trivalente, de administración mediante atomización nasal. Fue 
elevadas en un grupo de edad específi co, por tanto, refl ejan antí-
genos dominantes del virus causante de las infecciones infantiles 
del grupo. Por consiguiente, se puede obtener una recapitula-
ción serológica de infecciones pasadas con virus de la infl uenza 
de diferente constitución antigénica mediante el estudio de la 
distribución de los anticuerpos contra la infl uenza por edades 
en poblaciones normales. 
Este enfoque indica que la epidemia de 1890 probablemente 
fue causada por un subtipo H2N8 y la epidemia de 1900 por 
un virus H3N8. La pandemia grave de 1918 a 1919 (gripe espa-
ñola) fue causada por la aparición brusca del subtipo H1N1, la 
infl uenza porcina. (Durante esta pandemia fallecieron más de 
20 millones de personas, principalmente por neumonías bacte-
rianas complicadas.) Las variaciones antigénicas subsiguientes 
se han documentado mediante aislamientos de los virus: H2N2 
(gripe asiática) apareció en 1957 y fue remplazada en 1968 por el 
subtipo H3N2 (gripe de Hong Kong). La cepa H1N1 reapareció 
en 1977 (gripe rusa). 
D. Reconstrucción del virus de la infl uenza de 1918
Las técnicas de reacción en cadena de la polimerasa han gene-
rado fragmentos del virus de la infl uenza de especímenes de te-
jido de pulmón almacenados de víctimas de la epidemia de la 
gripe española de 1918. Se han determinado las secuencias de 
codifi cación completas de los ocho segmentos de RNA viral y las 
secuencias documentan que fue un virus H1N1 de la infl uenza 
A. Al parecer, el virus de 1918 no fue un reensamble, sino que 
se derivó completamente de una fuente aviar que se adaptó al ser 
humano. Utilizando genética inversa, se construyó un virus in-
feccioso que contenía todos los segmentos génicos del virus de 
la pandemia de 1918. En contraste con los virus ordinarios de la 
infl uenza, el virus de 1918 era muy patógeno, incluso podía ma-
tar rápidamente a ratones. Los genes de HA y polimerasas de 
1918 al parecer son la causa de la gran virulencia.
Prevención y tratamiento con fármacos
El clorhidrato de amantadina y un análogo, la rimantadina, son 
inhibidores del canal iónico de M2 que se utilizan por vía sisté-
mica en el tratamiento y la prevención de la infl uenza de tipo A. 
Los inhibidores de NA zanamivir y oseltamivir fueron autoriza-
dos en 1999 para tratar tanto la infl uenza A como la infl uenza B. 
Para que tengan una efi cacia máxima, los fármacos se deben ad-
ministrar en etapas muy iniciales de la enfermedad. Los virus re-
sistentes surgen con más frecuencia durante el tratamiento con 
inhibidores de N2 que con inhibidores de NA y más a menudo 
en niños que en adultos. Durante la temporada de infl uenza en 
Estados Unidos a fi nales de 2005, 92% de las cepas de virus de la 
infl uenza A (H3N2) eran resistentes a inhibidores de M2. 
Prevención y control mediante vacunas
Las vacunas de virus inactivados constituyen el medio principal 
para prevenir la infl uenza en Estados Unidos. Sin embargo, de-
terminadas características de los virus de la infl uenza difi cultan 
en particular la prevención y el control de la enfermedad me-
diante inmunización. Las vacunas disponibles continuamente se 
vuelven obsoletas a medida que los virus experimentan deriva y 
variación antigénica. Los programas de vigilancia por los orga-
nismos gubernamentales y la Organización Mundial de la Salud 
550 SECCIÓN IV Virología
 3. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones refleja la patogenia de la in-
fluenza?
(A) El virus entra en el hospedador en las gotitas de las secreciones 
respiratorias presentes en el aire
(B) La viremia es frecuente
(C) El virus a menudo establece infecciones persistentes en el pulmón
(D) La neumonía no se relaciona con infecciones bacterianas se-
cundarias
(E) La infección viral no destruye las células en un sistema respira-
torio
 4. ¿Cuál de los siguientes síntomas no es característico de la influenza?
(A) Fiebre
(B) Mialgias
(C) Ataque al estado general
(D) Tos seca
(E) Exantema
 5. El antígeno de tipo específico (A, B o C) de los virus de la influenza 
se encuentra en cuál componente viral
(A) Hemaglutinina
(B) Neuraminidasa
(C) Nucleocápside
(D) Complejo de polimerasa
(E) Proteína no estructural mayor
(F) Lípido en la envoltura viral
 6. Una paciente de 70 años de edad internada en un asilo se rehusó 
a la vacuna contra la influenza y después presentó la enfermedad. 
Falleció por neumonía aguda una semana después de contraer la 
influenza. La causa más frecuente de la neumonía aguda después 
de la influenza es cuál de las siguientes
(A) Legionella
(B) Staphylococcus aureus
(C) Sarampión
(D) Citomegalovirus
(E) Listeria
 7. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones en torno a la deriva antigénica 
en los virus de la influenza es correcta?
(A) Produce cambios antigénicos importantes
(B) Se manifiesta sólo por los virus de la influenza A
(C) Se debe a mutaciones de cambio de marco de lectura en los 
genes virales
(D) Produce nuevos subtipos con el tiempo
(E) Afecta predominantemente a la proteína de la matriz
 8. Un médico de 32 años de edad presentó un síndrome “seudogripal” 
caracterizado por fiebre, faringitis, cefalea y mialgias. Para poder ob-
tener la confirmación de la influenza mediante el análisis de labora-
torio, se ordenó un cultivo del virus. ¿Cuál de los siguientes sería el 
mejor espécimen para aislar el virus causante de esta infección?
(A) Heces
(B) Lavado nasofaríngeo
(C) Líquido vesicular
(D) Sangre
(E) Saliva
 9. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones con respecto al aislamiento de 
los virus de la influenza es correcta?
(A) El diagnóstico de una infección del virus de la influenza sólo 
puede establecerse aislando el virus
(B) El aislamiento del virus de la influenza se realiza utilizando ra-
tones recién nacidos
(C) El aislamiento del virus puede ayudar a determinar la epide-
miología de la enfermedad
(D) Las cepas primarias del virus de la influenza se multiplicanfá-
cilmente en el cultivo celular
la primera vacuna de virus de la infl uenza vivos autorizada en 
Estados Unidos, y la primera vacuna de administración nasal 
en este país. 
C. Uso de vacuna de la infl uenza
La única contraindicación para la vacunación es un anteceden-
te de alergia a la proteína del huevo. Puesto que las cepas de la 
vacuna se multiplican en huevos, algunos antígenos de proteína 
del huevo están presentes en la vacuna.
Se recomienda la vacunación anual contra la infl uenza en 
todos los niños de seis meses a 18 años de edad y en los gru-
pos con alto riesgo. Éstos comprenden los individuos con un 
mayor riesgo de complicaciones relacionadas con la infl uenza 
(los que tienen cardiopatía o neumopatía crónicas, incluidos los 
niños con asma, o trastornos metabólicos o renales, residentes 
de hogares para ancianos; personas infectadas por el virus de la 
inmunodefi ciencia humana [VIH], y las personas de 65 y más 
años de edad), así como los que podrían transmitir la infl uenza 
a grupos de alto riesgo (personal médico, empleados de centros 
de asistencia a enfermedades crónicas, miembros de la familia). 
La vacuna intranasal de virus vivos en la actualidad no se reco-
mienda en personas de grupos con alto riesgo.
Prevención mediante la higiene
de las manos
Aunque la transmisión del virus de la infl uenza ocurre princi-
palmente mediante propagación en aerosoles, la transmisión a 
través de las manos puede ser también importante. Los estudios 
han demostrado que el lavado de manos con jabón y agua o el 
empleo de frotaciones de las manos con soluciones con base de 
alcohol son muy efi caces para reducir la cantidad de virus pre-
sentes en las manos humanas. 
PREGUNTAS DE REVISIÓN
 1. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones con respecto a la prevención y 
el tratamiento de la influenza es correcta?
(A) No se recomiendan dosis de refuerzo de la vacuna
(B) Los fármacos que inhiben la neuraminidasa son activos sólo 
contra la influenza A
(C) Al igual que con algunas otras vacunas de microorganismos 
vivos, la vacuna contra la influenza no debe administrarse a 
mujeres embarazadas
(D) La vacuna contra la influenza contiene varios serotipos de 
virus
(E) Las cepas de virus de la vacuna contra la influenza no varían de 
un año a otro
 2. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones en torno a la neuraminidasa 
del virus de la influenza no es correcta?
(A) Está embebida en la superficie externa de la envoltura viral
(B) Forma una estructura de espiga que consta de cuatro monó-
meros idénticos, cada uno de los cuales tiene actividad enzi-
mática
(C) Facilita la liberación de las partículas virales de células infec-
tadas
(D) Disminuye la viscosidad de la película de moco en el sistema 
respiratorio
(E) Es antigénicamente similar en todos los virus de la influenza de 
mamíferos
CAPÍTULO 39 Ortomixovirus (virus de la infl uenza) 551
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10. ¿Cuál de los siguientes parece ser el principal reservorio de las va-
riantes antigénicas del virus de la influenza?
(A) Portadores humanos crónicos del virus
(B) Aguas residuales
(C) Cerdos, caballos y zorros
(D) Mosquitos
(E) Roedores
11. El virus de la influenza aviar H5N1 muy patógeno (HPAI) puede 
infectar al ser humano con una alta tasa de mortalidad, pero toda-
vía no ha producido una pandemia. Las siguientes son característi-
cas del HPAI, excepto una. ¿Cuál no es?
(A) Transmisión de humano a humano eficiente
(B) Presencia de genes de la influenza aviar
(C) Infección eficiente de aves de corral domésticas
(D) Contiene genomas de RNA segmentado
12. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones en torno a las pruebas diag-
nósticas de la influenza es correcta?
(A) Los síntomas clínicos distinguen de manera fiable la influenza 
de otras enfermedades respiratorias
(B) El cultivo viral es la prueba diagnóstica “de referencia”, pues es 
el análisis más rápido
(C) Las respuestas de anticuerpo del paciente son muy específicas 
de la cepa que infecta al virus de la influenza
(D) Se prefiere la reacción en cadena de la polimerasa con trans-
criptasa inversa por su rapidez, sensibilidad y especificidad
Respuestas
1. D 4. E 7. D 10. C
2. E 5. C 8. B 11. A
3. A 6. B 9. C 12. D
553
C A P Í T U L O
dal (13 o 18 nm de diámetro) y representa la proteína interna 
principal y otras dos grandes proteínas (designadas P y L), que 
intervienen en la actividad de la polimerasa viral que funciona 
en la transcripción y la replicación de RNA.
Tres proteínas participan en la formación de la envoltura 
viral. Una proteína de la matriz (M) subyace a la envoltura viral; 
tiene una afi nidad tanto por las glucoproteínas N como las de 
la superfi cie viral y es importante en el ensamble del virión. La 
nucleocápside está rodeada por una envoltura lipídica que está 
tachonada de espigas de 8 a 12 nm de dos diferentes glucopro-
teínas transmembranarias. Las actividades de estas glucoproteí-
nas de superfi cie ayudan a diferenciar los distintos géneros de 
la familia Paramixoviridae (cuadro 40-2). La glucoproteína más 
grande (HN o G) puede o no poseer actividades de hemagluti-
nación y neuraminidasa y a ellas se debe la adherencia a la célula 
hospedadora. Se ensambla como un tetrámero en el virión ma-
duro. La otra glucoproteína (F) sirve de mediadora de la fusión 
de la membrana y de actividades de hemolisina. Los neumovirus 
y los metaneumovirus contienen dos proteínas de envoltura pe-
queñas adicionales (M2-1 y SH). 
En la fi gura 40-3 se muestra un esquema de una partícula 
de paramixovirus.
Los paramixovirus comprenden los microorganismos más im-
portantes de las infecciones respiratorias de lactantes y niños 
pequeños (virus sincitial respiratorio y los virus de la parain-
fl uenza), así como los microorganismos causantes de dos de las 
enfermedades contagiosas más frecuentes en la infancia (paroti-
ditis y sarampión). La Organización Mundial de la Salud estima 
que las infecciones respiratorias agudas y la neumonía cada año 
son causa de muertes de cuatro millones de niños menores de 
cinco años de edad en todo el mundo. Los paramixovirus son los 
principales microorganismos patógenos del sistema respiratorio 
en este grupo de edad. 
Todos los miembros de la familia Paramyxoviridae inician 
la infección a través del sistemarespiratorio. La replicación de mi-
croorganismos patógenos respiratorios está limitada a los epi telios 
respiratorios, en tanto que el sarampión y la parotiditis se disemi-
nan por todo el organismo y producen enfermedad generalizada. 
El virus de la rubéola, aunque clasifi cado como un togavirus 
por sus propiedades químicas y físicas (véase el cap. 29), puede 
considerarse dentro de los paramixovirus basándose en los as-
pectos epidemiológicos. 
PROPIEDADES DE LOS PARAMIXOVIRUS
En el cuadro 40-1 se enumeran las principales propiedades de 
los paramixovirus.
Estructura y composición
Los Paramyxoviridae son polimorfos, con partículas de 150 nm o 
más de diámetro, que a veces fl uctúan hasta los 700 nanómetros. 
En la fi gura 40-1 se muestra una partícula característica. La envol-
tura de los paramixovirus al parecer es frágil y hace que las par-
tículas virales sean lábiles a las condiciones de almacenamiento y 
propensas a la distorsión en las microfotografías electrónicas.
El genoma viral es RNA lineal, de polaridad negativa, mo-
nocatenario y no segmentado, de unas 15 kb de tamaño (fi g. 
40-2). Puesto que el genoma no está segmentado, esto impide 
toda oportunidad de reensamble genético frecuente, lo que da 
por resultado que todos los miembros del grupo paramixovirus 
sean antigénicamente estables. 
La mayor parte de los paramixovirus contienen seis proteí-
nas estructurales. Tres proteínas forman complejos con el RNA 
viral: la nucleoproteína (N) que forma la nucleocápside helicoi-
t l t í i t
40Paramixovirus y virus de la rubéola
CUADRO 40-1 Propiedades importantes 
de los paramixovirus
Virión: Esférico, polimorfo, 150 nm o más de diámetro (nucleocápside 
helicoidal, 13 a 18 nm) 
Composición: RNA (1%), proteína (73%), lípidos (20%), hidrato de 
carbono (6%)
Genoma: RNA monocatenario, lineal, no segmentado, de polaridad 
negativa, no infeccioso, de unas 15 kb
Proteínas: Seis a 8 proteínas estructurales
Envoltura: Contiene la glucoproteína viral (G, H o HN) (que a veces 
es portadora de actividad de hemaglutinina o neuraminidasa) y 
glucoproteína de fusión (F); muy frágil
Replicación: Citoplasma; las partículas experimentan gemación desde la 
membrana plasmática
Características sobresalientes:
Antigénicamente estable
Las partículas son lábiles pero muy infecciosas
554 SECCIÓN IV Virología
Clasificación
La familia Paramixoviridae se divide en dos familias y siete gé-
neros, de los cuales seis contienen microorganismos patógenos 
humanos (cuadro 40-2). La mayor parte de los miembros son mo-
notípicos (es decir, constan de un solo serotipo); todos son anti-
génicamente estables. 
El género Respirovirus contiene dos serotipos de virus de la 
parainfl uenza humana y el género Rubulavirus contiene otros 
dos virus de la parainfl uenza, así como virus de la parotiditis. 
Algunos virus animales están relacionados con las cepas huma-
nas. El virus Sendai de los ratones, que fue el primer virus de la 
parainfl uenza que se aisló y que ahora se reconoce como una in-
fección frecuente en colonias de ratones, es un subtipo de virus 
de tipo 1 humano. El virus 5 de la parainfl uenza del simio (SV5 
o PIV5), un contaminante frecuente de las células primarias de 
simio, es el mismo que el de la parainfl uenza canina de tipo 2, en 
tanto que el virus de la fi ebre del transporte de ganado vacuno y 
ovino es un subtipo del tipo 3. El virus de la enfermedad de New-
castle, el prototipo de virus de la parainfl uenza aviar del género 
Avulavirus, también está relacionado con los virus humanos.
Los miembros dentro de un género tienen determinantes 
antigénicas en común. Aunque los virus se pueden distinguir an-
tigénicamente utilizando reactivos bien defi nidos, la hiperinmu-
nización estimula los anticuerpos de reacción cruzada que re-
accionan con los cuatro virus de la parainfl uenza, el virus del 
sarampión y el virus de la enfermedad de Newcastle. Tales 
FIGURA 401 Ultraestructura del virus de la parainfl uenza de tipo 1. 
El virión está parcialmente roto, mostrando la nucleocápside. Las 
proyecciones de la superfi cie son visibles a lo largo del borde de la 
partícula. (Cortesía de FA Murphy y EL Palmer.)
Director
N V/P M F HN LSH
N P/V/C M F HN L
N
NS1NS2 N P M M2 LSH G F
P/V/C M F G L
SH
N P/V/C M SH TM G X LF
Arrastrador
Respirovirus
–Virus de Sendai
Rubulavirus
–Virus de simio 5
Morbillivirus
–Virus del sarampión
Henipavirus
–Virus de Nipah
Pneumovirus
–Virus sincitial respiratorio
Metaneumovirus
–Metaneumovirus humano
–Virus J
5′
5′
5′
5′
5′
5′
5′
3′
3′
3′
3′
3′
3′
3′
N P/V/C M F HN L
N P M M2F G L
FIGURA 402 Mapas genéticos de miembros representativos de los géneros de la familia Paramixoviridae. Los tamaños de los genes (cajas) están 
dibujados aproximadamente a escala. (Copyright GD Parks and RA Lamb, 2006.)
CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 555
Los virus sincitiales respiratorios de seres humanos y del 
ganado bovino y el virus de la neumonía de los ratones consti-
tuyen el género Pneumovirus. Existen dos cepas antigénicamen-
te distintivas del virus sincitial respiratorio del ser humano, los 
subgrupos A y B. La glucoproteína de superficie más grande 
de los neumovirus carece de las actividades hemaglutinante y de 
neuraminidasa características de los respirovirus y los rubula-
virus, de manera que se designa la proteína G. La proteína F 
del virus sincitial respiratorio muestra una actividad de fusión de 
membrana pero ninguna actividad de hemolisina. Los micro-
organismos patógenos respiratorios recién reconocidos en el ser 
humano se clasifi can bajo el género Metapneumovirus.
Replicación del paramixovirus
En la fi gura 40-4 se ilustra el ciclo de replicación característico 
del paramixovirus.
A. Adherencia, penetración y desenvoltura del virus
Los paramixovirus se adhieren a las células hospedadoras a través 
de la glucoproteína hemaglutinina (HN, H o proteína G). En el 
caso del virus del sarampión, el receptor es la molécula CD46 
de membrana o la molécula CD150. Acto seguido, la envoltu-
ra del virión se fusiona con la membrana celular por la acción 
del producto de desdoblamiento de la glucoproteína F1 de fu-
sión. La proteína F1 experimenta un repliegue complejo durante 
el proceso de fusión de la membrana viral y celular. Si no está 
desdoblado el precursor de F0, no tiene actividad de fusión, no 
ocurre penetración del virión y la partícula viral no puede iniciar 
la infección. La fusión por F1 ocurre en el pH neutral del medio 
extracelular, permitiendo la liberación directa de la nucleocápsi-
de viral en la célula. Por consiguiente, los paramixovirus pueden 
desviar la interiorización a través de los endosomas.
B. Transcripción, traducción y replicación de RNA
Los paramixovirus contienen un genoma de RNA no segmen-
tado, de tira negativa. Los transcriptos de RNA mensajero se 
elaboran en el citoplasma celular por la acción de la polimerasa 
de RNA viral. No son necesarios los sensibilizadores exógenos 
y por tanto no hay dependencia de las funciones nucleares de 
la célula. Los mRNA son mucho más pequeños que el tamaño 
genómico; cada uno representa un solo gen. Las secuencias re-
guladoras de la transcripción en los límites del gen señalan el 
inicio de la transcripción y la terminación. La posición de un 
gen en relación con el extremo 3′ del genoma se correlaciona 
con la efi ciencia de la transcripción. La clase de transcriptos más 
abundantes que produce una célula infectada es del gen N, situa-
do más cerca del extremo 3′ del genoma, en tanto que la menos 
abundante es la del gen L situado en el extremo 5′ (fi g. 40-2).
Las proteínas virales son sintetizadas en el citoplasma y 
la cantidad de cada producto de gen corresponde al grado de 
transcriptos de mRNA de ese gen. Las glucoproteínas virales son 
sintetizadas y glucosiladas en la vía secretora.
El complejo de proteína de la polimerasa viral (proteínas P 
y L) también interviene en la replicación del genoma viral. Para 
la síntesis satisfactoriade un molde intermedio antigenoma de 
tira positiva, el complejo de polimerasa debe descartar las seña-
les de terminación interpuestas en los límites del gen. Después, 
los genomas de la progenie de longitud completa son copiados 
del molde antigenómico.
respuestas de anticuerpo heterotípico, que comprenden anti-
cuerpos dirigidos contra las proteínas internas y de superfi cie 
del virus suelen observarse en las personas ancianas. Este fe-
nómeno difi culta determinar mediante serodiagnóstico el tipo 
infectante más probable. Todos los miembros de los géneros 
Respirovirus y Rubulavirus poseen actividades hemaglutinantes 
y de neuraminidasa, ambas portadas por la glucoproteína HN, 
así como propiedades de fusión de membrana y hemolisina, las 
dos funciones de la proteína F.
El género Morbillivirus contiene el virus del sarampión en 
personas, así como el virus del moquillo de los perros, el virus de 
la peste bovina y los morbilivirus acuáticos que infectan a mamí-
feros marinos. Estos virus tienen una relación antigénica entre 
sí pero no con los miembros de los otros géneros. La proteína F 
se conserva en alto grado entre los morbilivirus, en tanto que las 
proteínas HN/G muestran más variabilidad. El virus del saram-
pión tiene una hemaglutinina pero carece de actividad de neura-
minidasa. El virus del sarampión desencadena la formación de 
inclusiones intranucleares, a diferencia de otros paramixovirus.
El género Henipavirus contiene paramixovirus zoonóticos 
que pueden infectar y causar enfermedades en el ser humano. 
Los virus Hendra y Nipah, los dos naturales de los murciélagos 
de la fruta, son miembros del género. Estos virus carecen de 
actividad de neuraminidasa.
FIGURA 403 Diagrama esquemático de un paramixovirus que 
muestra los principales componentes (no dibujados a escala). La 
proteína de la matriz viral (M) subyace a la doble capa lipídica. 
Insertadas a través de la membrana viral están la glucoproteína de 
adherencia hemaglutinina-neuraminidasa (HN) y la glucoproteína 
de fusión (F). Sólo algunos paramixovirus contienen la proteína HN. 
En el interior del virus se localiza el RNA del virión de tira negativa, 
envuelto en la proteína de la nucleocápside (N). Las proteínas L y P 
están asociadas a la nucleocápside y en conjunto este complejo 
tiene una actividad de transcriptasa de RNA dependiente de ácido 
ribonucleico. La proteína V solamente se encuentra en los viriones de 
rubulavirus. (Copyright GD Parks y RA Lamb, 2006.)
Hemaglutinina-
neuraminidasa
Proteína 
hidrófoba 
pequeña
Polimerasa grande
Nucleocápside
Fosfoproteína
Doble capa 
lipídica
Proteína 
de la 
matriz
Proteína de fusión
M
SH
F
HN Proteína de fijación 
de zinc multifuncional
RNP
L
N
P
V
556 SECCIÓN IV Virología
producirá luego la fusión de membranas celulares adyacentes, lo 
que da por resultado la formación de grandes sincitios (fi g. 40-5). 
La formación de sincitio es una respuesta frecuente a la infección 
por paramixovirus. Por lo regular se forman inclusiones citoplás-
micas acidófi las (fi g. 40-5). Se considera que las inclusiones re-
fl ejan lugares de síntesis viral y se ha demostrado que contienen 
nucleocápsides reconocibles y proteínas virales. El virus del saram-
pión también produce inclusiones intranucleares (fi g. 40-5).
INFECCIONES POR EL VIRUS 
DE LA PARAINFLUENZA
Los virus de la parainfl uenza son ubicuos y producen enferme-
dades respiratorias frecuentes en personas de todas las edades. 
Son microorganismos patógenos importantes que causan en-
fermedades respiratorias graves en los lactantes y en los niños 
pequeños. Sólo el virus sincitial respiratorio, y tal vez el meta-
neumovirus humano, produce más casos de enfermedad respi-
ratoria grave en los niños. Son frecuentes las reinfecciones por 
los virus de la parainfl uenza.
Patogenia y anatomía patológica
La replicación del virus de la parainfl uenza en el hospedador 
inmunocompetente al parecer está limitada a los epitelios res-
piratorios. La viremia, si se llega a presentar, es infrecuente. La 
infección puede afectar sólo a la nariz y la garganta, y producir 
un síndrome de “resfriado común” inocuo. Sin embargo, la in-
fección puede ser más extensa y, sobre todo con los tipos 1 y 2, 
puede afectar a la laringe y a la porción superior de la tráquea, 
El genoma no segmentado de los paramixovirus niega la 
posibilidad de revolver de nuevo el segmento del gen (es decir, el 
reensamble genético) tan importante para la evolución natural 
de los virus de la infl uenza. Las proteínas de superfi cie HN/H/G 
y F de los paramixovirus muestran una variación antigénica mí-
nima por periodos prolongados. Es sorprendente que no expe-
rimenten deriva antigénica como resultado de las mutaciones 
introducidas durante la replicación, ya que las polimerasas de 
RNA por lo general son propensas a errores. Una posible ex-
plicación es que casi todos los aminoácidos en las estructuras 
primarias de las glucoproteínas de paramixovirus pueden in-
tervenir en sus funciones estructurales o funcionales, quedando 
poca oportunidad para las sustituciones que notablemente no 
reducirían la viabilidad del virus.
C. Maduración 
El virus madura por gemación desde la superfi cie celular. Las 
nucleocápsides de la progenie se forman en el citoplasma y emi-
gran hacia la superfi cie de la célula. Son atraídas a los lugares 
de la membrana plasmática que están tachonados de espigas de 
glucoproteína viral HN/H/G y F0. La proteína M es esencial para 
la formación de partículas y sirve de enlace de la envoltura viral 
con la nucleocápside. Durante la gemación, la mayor parte de las 
proteínas del hospedador es excluida de la membrana.
La actividad de neuraminidasa de la proteína HN de los virus 
de la parainfl uenza y el virus del sarampión supuestamente fun-
ciona impidiendo la autoagregación de partículas virales. Otros pa-
ramixovirus no poseen actividad de neuraminidasa (cuadro 40-2).
Si están presentes las proteasas apropiadas de la célula hos-
pedadora, las proteínas de F0 en la membrana plasmática se acti-
varán mediante desdoblamiento. La proteína de fusión activada 
CUADRO 40-2 Características de los géneros de las subfamilias de la familia Paramixoviridae
Paramyxovirinae Pneumovirinae
Propiedad Respirovirus Rubulavirus Morbillivirus Henipavirusa Pneumovirus Metapneumovirus
Virus humanos Parainfluenza 1, 3 Parotiditis, 
parainfluenza 
2, 4a, 4b 
Sarampión Hendra, Nipah Virus sincitial 
respiratorio
Metaneumovirus 
humano
Serotipos 1 cada uno 1 cada uno 1 ? 2 1
Diámetro de la 
nucleocápside (nm)
18 18 18 18 13 13
Fusión de membrana 
(proteína F)
+ + + + + +
Hemolisinab + + + ? 0 0
Hemaglutininac + + + 0 0 0
Hemadsorción + + + 0 0 0
Neuraminidasac + + 0 0 0 0
Inclusionesd C C N,C C C ?
a Paramixovirus zoonótico.
b Actividad de hemolisina de la glucoproteína F.
c Las actividades de hemaglutinación y neuraminidasa se deben a la glucoproteína HN de los respivirus y los rubulavirus; la glucoproteína H de los morbilivirus carece de actividad de 
neuraminidasa; la glucoproteína G de otros paramixovirus carece de las dos actividades.
d C, citoplasma; N, núcleo.
CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 557
en los niños con alteraciones de la función inmunitaria y en los 
adultos con neumopatías crónicas.
Los factores que determinan la gravedad de la enfermedad 
por el virus de la parainfl uenza no están claros pero compren-
den las propiedades virales y del hospedador, por ejemplo la 
susceptibilidad de la proteína al desdoblamiento por diferentes 
proteasas, la producción de una proteasa apropiada por las célu-
las hospedadoras, el estado inmunitario del paciente y la hiper-
reactividad de las vías respiratorias.
La producción de anticuerpos IgE específi cos del virus du-
rante las infecciones primarias se ha relacionado con la gravedad 
de la enfermedad. El mecanismo puede consistir en la libera-
ción de mediadores de la infl amación que modifi can la función 
de las vías respiratorias.
dando lugar a laringotraqueobronquitis(crup). El crup se carac-
teriza por obstrucción respiratoria debida a edema de la laringe 
y estructuras relacionadas. La infección puede diseminarse hacia 
la porción inferior de la tráquea y los bronquios, culminando en 
una neumonía o una bronquiolitis, sobre todo por el virus de 
tipo 3, pero con una frecuencia mucho menor que la observada 
con el virus sincitial respiratorio.
La duración de la eliminación del virus de la parainfl uen-
za es de casi una semana después que comienza la enfermedad; 
algunos niños pueden excretar el virus varios días antes de la 
infección. El virus de tipo 3 se puede excretar hasta por cuatro se-
manas después del inicio de la enfermedad primaria. Esta elimi-
nación persistente en los niños pequeños facilita la propagación 
de la infección. La eliminación viral prolongada puede ocurrir 
(+) Replicación
de genoma
N-P-L
N-P-L
Transcripción
secundaria
P-L
An
N P
V
C L F HN SHM
Transcripción
primaria
P-L
Núcleo
ER
Aparato
de Golgi
(-)
(-)
An An An An An An
M M MM
M
M
M
M
M M M M
M
M
M
M
M
M
M M M M M
FIGURA 404 Ciclo de vida del paramixovirus. La partícula viral infectante se fusiona con la membrana plasmática y libera la nucleocápside viral 
hacia el citoplasma. Las líneas sólidas representan transcripción y replicación del genoma. Las líneas discontinuas indican el transporte de proteí-
nas virales recién sintetizadas a la membrana plasmática. Los viriones de la progenie son liberados de la célula por un proceso de gemación. Todo el 
ciclo de replicación del paramixovirus ocurre en el citoplasma de la célula. (Copyright GD Parks y RA Lamb, 2006.)
558 SECCIÓN IV Virología
por el virus de la parainfl uenza en receptores de trasplante de 
médula ósea fl uctúan de 10 a 20 por ciento. 
El virus de la enfermedad de Newcastle es un paramixovirus 
aviar que produce neumoencefalitis en pollos jóvenes e “infl uen-
za” en aves más viejas. En el ser humano, produce infl amación 
de la conjuntiva. El restablecimiento es completo en un lapso de 
10 a 14 días. La infección en el ser humano es una enfermedad 
laboral limitada a trabajadores que manipulan aves infectadas. 
Inmunidad
Los virus de la parainfl uenza de tipos 1 a 3 son serotipos dis-
tintivos que carecen de neutralización cruzada importante (cua-
dro 40-2). Prácticamente todos los lactantes tienen anticuerpos 
maternos contra los virus presentes en el suero, pero estos anti-
cuerpos no evitan la infección o la enfermedad. La reinfección 
de niños mayores y adultos también se presenta cuando los 
anticuerpos son desencadenados por una infección previa. Sin 
embargo, los anticuerpos modifi can la enfermedad, ya que tales 
reinfecciones suelen manifestarse simplemente como infeccio-
nes respiratorias altas no febriles (resfriados comunes).
La infección natural estimula la aparición de anticuerpo 
IgA en las secreciones nasales y la resistencia concomitante a la 
reinfección. Los anticuerpos IgA secretores son muy importan-
tes para brindar protección contra la reinfección pero desapa-
Manifestaciones clínicas
En el cuadro 30-4 se indica la importancia relativa de los virus de 
la parainfl uenza como causa de las enfermedades respiratorias en 
diferentes grupos de edad. En la fi gura 40-6 se muestra su pre-
sencia en las infecciones respiratorias bajas en niños pequeños.
Las infecciones primarias en los niños pequeños por lo ge-
neral producen rinitis y faringitis, a menudo con fi ebre y algo 
de bronquitis. Sin embargo, los niños con infecciones prima-
rias causadas por los virus de la parainfl uenza de tipos 1, 2 o 
3 pueden tener una enfermedad grave que fluctúa desde la 
laringotraqueítis y el crup (sobre todo los de tipos 1 y 2) hasta 
la bronquiolitis y la neumonía (sobre todo por el de tipo 3). 
La enfermedad grave producida por el de tipo 3 se presenta 
principalmente en los lactantes de menos de seis meses de edad; 
el crup o laringotraqueobronquitis tiene más posibilidades de 
presentarse en los niños mayores, de entre seis y 18 meses de edad. 
Más de la mitad de las infecciones iniciales por los virus de la 
parainfluenza de tipos 1 a 3 producen enfermedad febril. Se 
estima que sólo 2 a 3% presentan crup. El virus de la parain-
fluenza de tipo 4 no produce enfermedad grave, incluso en la 
primera infección.
La complicación más frecuente de la infección por el virus 
de la parainfl uenza es la otitis media. 
Los niños y los adultos inmunodefi cientes son susceptibles 
a las infecciones graves. Las tasas de mortalidad tras la infección 
FIGURA 405 Formación sincitial provocada por los paramixovirus. A: Virus sincitial respiratorio en las células MA104 (sin tinción, 100 ×). Los 
sincitios (fl echas) se deben a la fusión de membranas plasmáticas. Los núcleos se acumulan en el centro. B: Virus sincitial respiratorio en células HEp-2 
(tinción con H y E, 400 ×). El sincitio contiene muchos núcleos e inclusiones citoplásmicas acidófi las (fl echa). C: Virus del sarampión en las células renales 
humanas (tinción de H y E, 30 ×). Un enorme sincitio contiene centenares de núcleos. D: Virus del sarampión en células renales humanas (tinción de H 
y E, 400 ×). La célula gigante multinucleada contiene inclusiones nucleares acidófi las (fl echa vertical) e inclusiones citoplásmicas (fl echa horizontal). 
(Utilizado con autorización de I Jack.)
CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 559
miento del virus en especímenes apropiados o en la detección de 
RNA viral mediante la reacción en cadena de la polimerasa con 
transcripción inversa (RT-PCR, reverse transcription-polymerase 
chain reaction).
A. Detección de antígeno
Se suele llevar a cabo la identifi cación directa de antígenos virales 
en los especímenes. Se pueden detectar antígenos en las células 
nasofaríngeas exfoliadas mediante pruebas de inmunofl uores-
cencia directas o indirectas. Estos métodos son rápidos pero me-
nos sensibles que el aislamiento del virus y se deben controlar 
meticulosamente. Los reactivos inmunitarios muy específi cos 
son esenciales cuando es conveniente la identifi cación del sero-
tipo específi co.
B. Aislamiento e identifi cación del virus
Los lavados nasales son muestras satisfactorias para el aislamiento 
del virus. También se ha utilizado el líquido del lavado bronco-
alveolar y tejido pulmonar. Un linaje continuo de nefronas de 
mono, LLC-MK2, es adecuado para el aislamiento de los virus 
de la parainfl uenza. La inoculación rápida de las muestras en 
cultivos celulares es importante para el aislamiento viral satisfac-
torio, ya que la infecciosidad viral desciende con rapidez cuando 
se almacenan las muestras clínicas.
Para el diagnóstico rápido, las muestras se inoculan en cé-
lulas que se multiplican en portaobjetos en tubos especiales y se 
centrifugan (30 min a 700 × g) y se incuban los cultivos. Veinti-
cuatro a 72 h más tarde, las células se fi jan y se analizan median-
te inmunofl uorescencia utilizando anticuerpos monoclonales. Si 
es conveniente, se pueden utilizar reservas de anticuerpos para 
múltiples virus respiratorios, después de lo cual se lleva a cabo 
la tipifi cación específi ca de muestras positivas con anticuerpos 
individuales.
Los virus de la parainfl uenza se multiplican con lentitud y 
producen un efecto citopático muy escaso. Otra forma de detectar 
la presencia del virus consiste en llevar a cabo la hemadsorción 
utilizando eritrocitos de cobayos. Dependiendo de la cantidad 
de virus, pueden necesitarse 10 o más días de incubación antes 
que los cultivos tengan positividad para hemadsorción.
C. Detección de ácido nucleico
Los análisis de reacción en cadena de la polimerasa se pueden 
utilizar para detectar RNA viral en los lavados nasales o en los 
frotis de secreción nasal y faríngea. Los análisis de RT-PCR 
tienen la misma sensibilidad que los métodos de cultivo ce-
lular. Los análisis de secuencia son útiles en los estudios de 
epidemiología molecular de las infecciones por el virus de la 
parainfl uenza.
D. Diagnóstico serológico
El diagnósticoserológico debe basarse en sueros pares. Las res-
puestas de anticuerpos se pueden determinar utilizando pruebas 
de Nt, HI y enzimoinmunoanálisis de adsorción (ELISA). Un 
incremento del cuádruplo en el título es indicativo de infección 
por un virus de la parainfl uenza, lo mismo que la aparición de 
anticuerpo de IgM específi co. Sin embargo, dados los problemas 
de los antígenos compartidos, es imposible confi ar en el tipo de 
virus específi co causal.
recen a los pocos meses. Por consiguiente, las reinfecciones son 
frecuentes incluso en los adultos.
Los anticuerpos séricos se elaboran contra las proteínas de 
superfi cie viral HN y F, pero se desconoce su función relativa 
como determinante de la resistencia. A medida que ocurren las 
reinfecciones sucesivas, la respuesta de anticuerpos se vuelve 
menos específi ca debido a los determinantes antigénicos com-
partidos entre los virus de la parainfl uenza y el virus del saram-
pión. Esto difi culta el diagnóstico de los paramixovirus específi -
cos relacionados con una determinada infección utilizando los 
análisis serológicos.
Diagnóstico de laboratorio
La respuesta inmunitaria a la infección inicial por el virus de la 
parainfl uenza en la vida es específi ca de tipo. Sin embargo, con 
las infecciones repetidas, la respuesta se vuelve menos específi ca 
y las reacciones cruzadas se extienden incluso al virus de la pa-
rotiditis. Los métodos de detección de antígeno son útiles para 
el diagnóstico rápido. El diagnóstico defi nitivo se basa en el aisla-
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Jul Ago Sep Oct Nov Dic Ene Feb Mar Abr May Jun
Metaneumovirus humano
Virus sincitial respiratorio
Influenzavirus
Virus de la parainfluenza
Adenovirus
N
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FIGURA 406 Los tipos de infecciones de las vías respiratorias bajas 
en lactantes y niños pequeños con paramixovirus y otros virus. Datos 
derivados de 25 años de vigilancia (1976-2001), que abarcan 2 009 
niños desde el nacimiento hasta los cinco años de edad. (Reproducida 
con autorización de Williams JV et al: Human metapneumovirus and 
lower respiratory tract disease in otherwise healthy infants and children. 
N Engl J Med 2004;350:443.)
560 SECCIÓN IV Virología
Patogenia y anatomía patológica
La replicación del virus sincitial respiratorio ocurre al principio 
en células epiteliales de la nasofaringe. El virus puede disemi-
narse hacia las vías respiratorias bajas y causar bronquiolitis y 
neumonía. Se pueden detectar antígenos virales en las vías res-
piratorias altas y en las células epiteliales esfaceladas. La viremia 
se presenta raras veces en el peor de los casos.
El periodo de incubación entre la exposición y el inicio de 
la enfermedad es de tres a cinco días. La eliminación viral pue-
de persistir durante una a tres semanas en los lactantes y en los 
niños pequeños, en tanto que los adultos eliminan los virus sólo 
durante uno a dos días. Se encuentran títulos virales elevados 
en las secreciones del sistema respiratorio de niños pequeños. 
El tamaño del inóculo es un factor importante que determina la 
infección satisfactoria en los adultos (y posiblemente también 
en los niños).
Un sistema inmunitario intacto al parecer es importante 
para resolver una infección, ya que los pacientes con alteracio-
nes de la inmunidad mediada por células pueden infectarse de 
manera persistente por el virus sincitial respiratorio y eliminar 
el virus por meses.
Aunque las vías respiratorias de los lactantes muy pequeños 
son estrechas y se obstruyen más fácilmente por la infl amación 
y el edema, sólo un subgrupo de lactantes pequeños presenta in-
fección grave por el virus sincitial respiratorio. Se ha informado 
que la susceptibilidad a la bronquiolitis está vinculada genética-
mente con polimorfi smos en genes inmunitarios innatos.
Manifestaciones clínicas
La gama de enfermedades respiratorias causadas por el virus 
sincitial respiratorio fl uctúa desde la infección no manifi esta o 
el resfriado común hasta la neumonía en los lactantes y la bron-
quiolitis en los lactantes muy pequeños. La bronquiolitis es 
el síndrome clínico distintivo que se relaciona con este virus. 
Aproximadamente un tercio de las infecciones primarias por el 
virus sincitial respiratorio afectan al sistema respiratorio bajo 
con gravedad tal que necesitan atención médica. El niño puede 
presentar sibilancias. Casi 2% de los lactantes infectados necesi-
tan hospitalización, lo cual da por resultado unas 51 000 a 82 000 
hospitalizaciones cada año en Estados Unidos, con una frecuencia 
máxima a los dos meses de edad.
La evolución de los síntomas puede ser muy rápida y cul-
minar en el deceso del paciente. Con la disponibilidad de los 
cuidados intensivos pediátricos modernos la tasa de mortalidad 
en los lactantes normales es baja (alrededor de 1% de los pacien-
tes hospitalizados). Pero si una infección por el virus sincitial 
respiratorio se superpone a la enfermedad preexistente, como la 
cardiopatía congénita, la tasa de mortalidad puede ser elevada.
La reinfección es frecuente tanto en niños como en adultos. 
Aunque las reinfecciones tienden a ser sintomáticas, la enfer-
medad suele limitarse a las vías respiratorias altas y semejar al 
resfriado común en personas sanas.
Las infecciones por el virus sincitial respiratorio contribu-
yen a casi un tercio de las infecciones respiratorias en pacientes 
que reciben trasplante de médula ósea. La neumonía sobreviene 
en casi la mitad de los niños y adultos inmunodefi cientes in-
fectados, sobre todo si la infección se presenta en las primeras 
etapas del periodo subsiguiente al trasplante. Las tasas de mor-
talidad comunicadas fl uctúan de 20 a 80%.
Epidemiología
Los virus de la parainfl uenza son una causa importante de en-
fermedad de las vías respiratorias bajas en los niños pequeños 
(fi g. 40-6). Los virus de la parainfl uenza tienen una amplia dis-
tribución geográfi ca. El de tipo 3 es el más frecuente y casi dos 
tercios de los lactantes son infectados durante el primer año de 
vida; prácticamente todos tienen anticuerpos contra el tipo 3 
hacia los dos años de edad. Las infecciones con los tipos 1 y 2 se 
presentan con una tasa más baja y alcanzan prevalencias de casi 
75 y 60%, respectivamente, hacia los cinco años de edad. 
El de tipo 3 es endémico y ocurre cierto incremento durante 
la primavera, en tanto que los de tipos 1 y 2 tienden a producir 
epidemia durante el otoño o el invierno, a menudo en un ciclo 
de dos años.
Las reinfecciones son frecuentes durante la infancia y en 
los adultos y producen enfermedades respiratorias altas leves. 
Según informes, 67% de los niños son reinfectados con el virus 
de la parainfl uenza de tipo 3 durante el segundo año de vida. En 
el caso de reinfecciones puede ser necesaria la hospitalización 
de los adultos con enfermedades pulmonares crónicas (p. ej., 
asma).
Los virus de la parainfl uenza son transmitidos por el con-
tacto interpersonal directo o por aerosoles de grandes gotas. Se 
ha aislado el de tipo 1 en muestras de aire obtenidas en las cerca-
nías de los pacientes infectados. Las infecciones pueden presen-
tarse a través de la nariz y de los ojos.
Los virus de la parainfl uenza por lo general se introducen 
en un grupo por los niños preescolares y luego se propagan fácil-
mente entre las personas. El periodo de incubación al parecer es 
de cinco a seis días. El virus de tipo 3, sobre todo, por lo general 
infectará a todas las personas susceptibles en una población se-
micerrada, como en una familia o en una guardería, en un breve 
periodo. Los virus de la parainfl uenza son causas problemáticas 
de infección intrahospitalaria en los servicios de pediatría de los 
hospitales. Otras situaciones de alto riesgo son los jardines de 
niños y las escuelas.
Tratamiento y prevención
Se necesitan precauciones para el aislamiento de los contactos 
a fi n de tratar losbrotes intrahospitalarios del virus de la parain-
fl uenza. Éstas comprenden restricción de visitantes, aislamiento 
de pacientes infectados y uso de batas y lavado de manos por el 
personal sanitario.
Se ha utilizado el fármaco antiviral ribavirina con ciertas 
ventajas en el tratamiento de los pacientes inmunodefi cientes 
con infecciones respiratorias bajas. 
No se dispone de ninguna vacuna.
INFECCIONES POR EL VIRUS SINCITIAL 
RESPIRATORIO
El virus sincitial respiratorio es la causa más importante de in-
fecciones respiratorias bajas en lactantes y niños pequeños, por 
lo general superando a otros microorganismos patógenos como 
la causa de bronquiolitis y neumonía en los lactantes menores de 
un año de edad. Se estima que contribuyen a casi un 25% de las 
hospitalizaciones de niños debidas a enfermedades respiratorias.
CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 561
cedimientos de elección para diagnosticar la infección por el 
virus sincitial respiratorio. El virus sincitial respiratorio difi ere 
de otros paramixovirus en que no tiene una hemaglutinina; por 
tanto, en los métodos diagnósticos no se pueden utilizar los 
análisis de hemaglutinación o hemadsorción.
A. Detección de antígeno
La identifi cación directa de antígenos virales en muestras clíni-
cas es rápida y se necesitan sólo algunas horas. La inmunofl uo-
rescencia en células exfoliadas o ELISA en las secreciones naso-
faríngeas suelen utilizarse. Un lavado nasal o un aspirado de 
secreciones nasales es una buena fuente para identifi car el virus. 
Grandes cantidades de virus están presentes en los lavados na-
sales de niños pequeños (103 a 108 unidades formadoras de placa 
[PFU, plaque forming units] por mililitro), pero hay mucha menor 
cantidad en los especímenes de adulto (<100 PFU/ml). La detec-
ción de antígeno no es una prueba sensible en muchos adultos. 
Son útiles los estuches de ELISA para el diagnóstico rápido, lo 
cual es conveniente por disponerse del tratamiento antiviral.
B. Aislamiento e identifi cación del virus
Se puede aislar el virus sincitial respiratorio de las secreciones 
nasales. Es en extremo lábil. Se deben inocular muestras de in-
mediato en los cultivos celulares; el congelamiento de los espe-
címenes clínicos puede dar por resultado una pérdida completa 
de la infecciosidad. 
Los linajes de células heteroploides humanas HeLa y HEp-2 
son los más sensibles para el aislamiento del virus. La presencia 
del virus sincitial respiratorio por lo general se reconoce por la 
aparición de células gigantes y sincitios en los cultivos inoculados 
(fi g. 40-5). Pueden tardar hasta 10 días para que aparezcan los 
efectos citopáticos. El diagnóstico defi nitivo se puede establecer 
mediante la detección del antígeno viral en las células infectadas 
utilizando un antisuero defi nido y la prueba inmunofl uorescen-
te. Se puede lograr el aislamiento más rápido del virus sincitial 
respiratorio mediante la inoculación amplifi cada con centrífuga 
de ampollas que contienen cultivo de tejido que se multiplican 
en cubreobjetos. Mediante inmunofl uorescencia o RT-PCR es 
posible examinar las células 24 a 48 h más tarde.
La detección del virus sincitial respiratorio es una prueba 
sólida de que la partícula interviene en una enfermedad activa, 
pero casi nunca se detecta en personas sanas.
C. Detección de ácido nucleico
Se dispone de análisis de RT-PCR para la detección del virus 
sincitial respiratorio en las secreciones respiratorias. La sensibili-
dad de estos análisis equivale o supera a la del cultivo celular. La 
prueba tarda alrededor de un día. Las pruebas de RT-PCR son 
muy útiles en muestras de adultos, en las cuales suele haber sólo 
pequeñas cantidades del virus. Tales análisis también son útiles 
para la subtipificación de cepas de virus sincitial respiratorio 
y para el análisis de la variación genética en los brotes epidémicos.
D. Análisis serológico
Se pueden analizar anticuerpos séricos de diversas formas: se 
utiliza inmunofl uorescencia, ELISA y pruebas de NT. Las de-
terminaciones de anticuerpos séricos son importantes para los 
estudios epidemiológicos pero sólo tienen una pequeña partici-
pación en la toma de decisiones clínicas.
La infección en los ancianos puede causar síntomas simila-
res a la enfermedad por el virus de la infl uenza. Puede presentar-
se neumonía. Los estimados de la prevalencia del virus sincitial 
respiratorio en los centros de asistencia a largo plazo compren-
den tasas de infección de 5 a 10%, neumonía en 10 a 20% de los 
infectados y tasas de mortalidad de 2 a 5%.
Los niños que padecen bronquiolitis y neumonía por el virus 
sincitial respiratorio durante la lactancia a menudo manifi es-
tan episodios recidivantes de enfermedad sibilante por muchos 
años. Sin embargo, no se ha demostrado ninguna relación causal 
entre las infecciones por el virus referido y las anomalías a lar-
go plazo. Es posible que determinadas personas tengan rasgos 
fi siológicos subyacentes que las predispongan a las infecciones 
graves por el virus sincitial respiratorio y a las enfermedades res-
piratorias reactivas. 
El virus sincitial respiratorio es una causa importante de 
otitis media. Se estima que 30 a 50% de los episodios que ocurren 
durante el invierno en los lactantes se deben a infección por tal 
partícula viral.
Inmunidad
Se piensa que las altas concentraciones de anticuerpo neutrali-
zante que son transmitidas por la madre y que están presentes 
durante los primeros meses de vida son decisivas para la inmu-
nidad protectora contra las enfermedades de las vías respirato-
rias bajas. La enfermedad sincitial respiratoria grave comienza a 
ocurrir en los lactantes de dos a cuatro meses de edad, cuando 
están descendiendo las concentraciones de anticuerpo en la ma-
dre. Sin embargo, la infección primaria y la reinfección pueden 
presentarse en la presencia de anticuerpos virales. El anticuerpo 
neutralizante en suero al parecer se correlaciona en alto grado 
con la inmunidad contra la enfermedad de las vías respiratorias 
bajas pero no de las vías respiratorias altas.
El virus sincitial respiratorio no es un inductor efi caz de inter-
ferón (en contraste con las infecciones por el virus de la infl uenza 
y la parainfl uenza, en las cuales las concentraciones de interferón 
están elevadas y se correlacionan con la desaparición del virus).
Tanto los anticuerpos séricos como los secretores se elaboran 
en respuesta a la infección por el virus sincitial respiratorio. La 
infección primaria con un subgrupo induce a la formación de an-
ticuerpos de reacción cruzada al virus del otro subgrupo (cuadro 
40-2). Los lactantes más pequeños tienen respuestas de anticuer-
po secretor IgA e IgG más bajas al virus sincitial respiratorio que 
los lactantes mayores. No está claro si la IgA en las secreciones na-
sales interviene en la prevención contra la reinfección. La inmuni-
dad celular es importante en el restablecimiento tras la infección.
Se ha observado una interrelación entre el anticuerpo IgE 
específi co del virus y la gravedad de la enfermedad. Los anti-
cuerpos IgE secretores virales se han correlacionado con la pre-
sentación de bronquiolitis.
Es evidente que la inmunidad tiene efi cacia sólo parcial y a 
menudo es superada bajo condiciones naturales; son frecuentes 
las reinfecciones, pero se mitiga la gravedad de la enfermedad 
que sobreviene.
Diagnóstico de laboratorio
El aislamiento del virus y la detección del RNA viral o del antí-
geno viral en las secreciones respiratorias constituyen los pro-
562 SECCIÓN IV Virología
Gran parte de los esfuerzos de investigación se han expan-
dido para tratar de desarrollar una vacuna de virus sincitial res-
piratorio. A fi nales del decenio de 1960 se evaluó una vacuna 
experimental con la partícula viral inactivada con formalina. 
Los receptores presentaban altos títulos de anticuerpos séricos 
no neutralizantes, pero cuando los niños inmunizados presenta-
ban una infección subsiguiente con el virus sincitial respiratoriode tipo silvestre, sufrían una enfermedad respiratoria baja no-
tablemente más grave que los niños del grupo de control. Se ha 
señalado que el tratamiento con formalina destruyó los epítopos 
protectores en el virus o que debido a la falta de estimulación de 
los receptores de tipo peaje, la vacuna provocaba sólo anticuer-
pos de escasa avidez que no eran protectores. En la actualidad no 
se dispone de ninguna vacuna.
El virus sincitial respiratorio plantea problemas especiales 
para el desarrollo de una vacuna. El grupo elegido como objeti-
vo, los recién nacidos, tendrían que inmunizarse poco después 
del nacimiento para obtener protección en el momento de máxi-
mo riesgo de infección grave por el virus sincitial respiratorio, y 
desencadenar una respuesta inmunitaria protectora en esta eta-
pa temprana es difícil en la presencia de anticuerpos maternos. 
Una estrategia que se está evaluando es la inmunización mater-
na con una vacuna. El objetivo es garantizar la transferencia de 
anticuerpo neutralizante específi co del virus en concentraciones 
protectoras a los lactantes y que persista por tres a cinco meses, el 
periodo de máxima vulnerabilidad de recién nacidos a las infec-
ciones graves por el virus sincitial respiratorio.
Las medidas de control necesarias cuando ocurren los brotes 
epidémicos intrahospitalarios son las mismas que las descritas 
antes para los virus de la parainfl uenza (aislamiento de contac-
tos, lavado de manos y restricción de visitantes).
INFECCIONES POR METANEUMOVIRUS 
HUMANOS
Los metaneumovirus humanos constituyen un microorganismo 
patógeno respiratorio descrito por primera vez en 2001 (cua-
dro 40-2). Se detectó utilizando un método molecular (reacción 
en cadena de la polimerasa) en muestras clínicas de niños con 
enfermedades respiratorias pero con resultados negativos en las 
pruebas virales. Al parecer está muy generalizado, con una se-
roprevalencia del 100% en adultos jóvenes y en personas mayo-
res. El metaneumovirus humano puede causar una amplia gama 
de enfermedades respiratorias, desde los síntomas respiratorios 
altos leves, hasta las infecciones respiratorias bajas graves. En 
general, los síntomas son similares a los causados por el virus 
sincitial respiratorio.
Al parecer las infecciones por metaneumovirus humanos 
en niños pequeños son menos frecuentes que con el virus sin-
citial respiratorio, pero más frecuentes que con los virus de la 
parainfl uenza (fi g. 40-6). En un estudio de vigilancia de 25 años 
en Estados Unidos (1976-2001) en el que participaron más de 
2 000 niños, de recién nacidos hasta los cinco años de edad, 20% 
de los especímenes de lavados nasales almacenados de peque-
ños con infecciones respiratorias bajas y previamente negativos 
para los virus en el cultivo resultaron con positividad para me-
taneumovirus humano en la prueba de reacción en cadena de la 
polimerasa. La mayor parte de las infecciones se presentó entre 
diciembre y abril.
Epidemiología
El virus sincitial respiratorio tiene una distribución en todo el 
mundo y se reconoce como el principal microorganismo pató-
geno de las vías respiratorias en los niños (fi g. 40-6). Aproxima-
damente 70% de los lactantes están infectados hacia el año de 
edad y casi todos hacia los dos años. La bronquiolitis grave o la 
neumonía tienden a presentarse en los lactantes de seis semanas 
a seis meses de edad con una frecuencia máxima a los dos meses. 
Se puede aislar el virus de la mayoría de los lactantes menores 
de seis meses que padecen bronquiolitis, pero casi nunca se aísla 
en lactantes sanos. Las infecciones del subgrupo A al parecer 
producen enfermedad más grave que las infecciones del subgru-
po B. El virus sincitial respiratorio es la causa más frecuente de 
neumonía viral en niños menores de cinco años de edad pero 
también producen neumonía en los ancianos o en las personas 
inmunodefi cientes. La infección por el virus sincitial respiratorio 
en lactantes mayores y en niños da por resultado una infección 
del sistema respiratorio más leve que en aquellos menores de seis 
meses de edad.
Se disemina a través de las gotitas grandes y del contacto 
directo. Aunque el virus es muy lábil, puede sobrevivir en super-
fi cies ambientales hasta por 6 horas. La principal vía de entrada 
al hospedador la constituyen la nariz y los ojos.
La reinfección ocurre a menudo (pese a la presencia de an-
ticuerpos específi cos), pero los síntomas resultantes son los de 
una infección respiratoria superior leve (un resfriado común). 
En las familias con un caso identifi cado de infección sincitial 
respiratoria, es frecuente la diseminación del virus a los herma-
nos y a los adultos.
El virus sincitial respiratorio se disemina ampliamente en 
los niños cada año durante la estación de invierno. Aunque per-
siste durante los meses de verano, los brotes epidémicos tienden 
a alcanzar su máximo en febrero o en marzo en el hemisferio 
norte. En zonas tropicales, la epidemia puede coincidir con las 
estaciones lluviosas.
Produce infecciones intrahospitalarias en salas de recién 
nacidos y en salas de hospitalización pediátrica. La transmisión 
se presenta principalmente a través del personal hospitalario.
El virus sincitial respiratorio también es causa de enfermedad 
sintomática en adultos jóvenes sanos en condiciones de hacina-
miento (reclutas militares en capacitación básica). En un estudio 
realizado en el año 2000 se identifi có la partícula viral en 11% de 
los reclutas con síntomas respiratorios. Esto se comparó con la 
identifi cación de adenovirus (48%), virus de la infl uenza (11%) y 
virus de la parainfl uenza 3 (3%) en reclutas sintomáticos.
Tratamiento y prevención
El tratamiento de las infecciones graves por el virus sincitial 
respiratorio depende principalmente de la asistencia de apoyo 
(p. ej., eliminación de las secreciones, administración de oxígeno). 
El fármaco antiviral ribavirina está autorizado para tratar las 
enfermedades respiratorias bajas debidas al virus referido, sobre 
todo en los lactantes con un riesgo elevado de enfermedad 
grave. El fármaco se administra en un aerosol durante tres a seis 
días. No es útil la ribavirina oral.
La inmunoglobulina con elevadas concentraciones de an-
ticuerpos contra el virus sincitial respiratorio tiene una utilidad 
limitada. Se dispone de anticuerpos monoclonales antivirales 
humanizados.
CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 563
pacientes no tendrán signos clínicos de parotiditis. Se comu-
nica la meningitis hasta en un 15% de los casos y la encefalitis 
en menos de 0.3%. Los casos de meningitis por parotiditis y de 
meningoencefalitis suelen resolverse sin secuelas, aunque la 
sordera unilateral se presenta en casi 5:100 000 casos. La tasa de 
mortalidad debida a encefalitis por parotiditis es de casi 1%.
Los testículos y los ovarios pueden estar afectados, sobre 
todo después de la pubertad. Veinte a 50% de los varones infec-
tados con el virus de la parotiditis presentan orquitis (a menudo 
unilateral). Dada la falta de elasticidad de la túnica albugínea, 
que no permite la hinchazón del testículo infl amado, la com-
plicación es en extremo dolorosa. La atrofi a del testículo puede 
ocurrir como resultado de la necrosis por presión, pero raras ve-
ces se produce esterilidad. La ovaritis por parotiditis se presenta 
en casi 5% de las mujeres. Se ha informado la pancreatitis en casi 
4% de los casos.
Inmunidad
La inmunidad es permanente después de una sola infección. Sólo 
hay un tipo antigénico de virus de la parotiditis y no muestra 
una variación antigénica notable (cuadro 40-2).
Después de la infección natural se presentan en el suero 
anticuerpos contra la glucoproteína HN (antígeno V), la gluco-
proteína F y la proteína interna de la nucleocápside NP (antí-
geno S). Los anticuerpos al antígeno S son los primeros en 
aparecer (tres a siete días después que comienzan los síntomas) 
pero son transitorios y por lo general desaparecen al cabo de 
seis meses. Los anticuerpos al antígenoV se presentan con más 
lentitud (aproximadamente cuatro semanas después del inicio) 
pero persisten por años.
Los anticuerpos contra el antígeno HN se correlacionan 
bien con la inmunidad. Se piensa que incluso las infecciones 
asintomáticas generan inmunidad de por vida. También se pro-
duce una respuesta inmunitaria mediada por las células. Se activa 
el interferón en una etapa temprana de la parotiditis. En perso-
nas inmunes, los anticuerpos IgA secretados en la nasofaringe 
manifi estan una actividad neutralizante.
La inmunidad pasiva es transferida de la madre a la descen-
dencia; por consiguiente, es infrecuente ver parotiditis en lac-
tantes menores de seis meses de edad.
Diagnóstico de laboratorio
El diagnóstico de los casos típicos suele establecerse basándo-
se en las manifestaciones clínicas. Sin embargo, otros agentes 
infecciosos, fármacos y trastornos pueden causar síntomas si-
milares. En los casos en que no hay parotiditis, el laboratorio es 
útil para establecer el diagnóstico. Las pruebas comprenden el 
aislamiento del virus infeccioso, la detección del ácido nucleico 
viral mediante RT-PCR y diagnóstico serológico.
A. Aislamiento e identifi cación del virus
Las muestras clínicas más apropiadas para el aislamiento viral 
son saliva, líquido cefalorraquídeo y orina obtenidas a los pocos 
días de comenzada la enfermedad. Se puede aislar el virus de la 
orina hasta por dos semanas.
Se prefi eren las células de riñón de mono para el aislamien-
to del virus. Las muestras se deben inocular poco después que se 
obtienen, ya que el virus de la parotiditis es termolábil. Para un 
El metaneumovirus humano también produce enfermedad 
respiratoria en adultos con neoplasias malignas hematológicas y 
que viven en residencias para ancianos.
INFECCIONES POR VIRUS 
DE LA PAROTIDITIS
La parotiditis es una enfermedad contagiosa aguda que se ca-
racteriza por el crecimiento no purulento de una o de las dos 
glándulas salivales. El virus de la parotiditis produce en su ma-
yor parte una enfermedad infantil leve, pero en los adultos son 
muy frecuentes las complicaciones como la meningitis y la or-
quitis. Más de un tercio de todas las infecciones por parotiditis 
son asintomáticas.
Patogenia y anatomía patológica
Los seres humanos son los únicos hospedadores naturales de los 
virus de la parotiditis. La replicación primaria ocurre en las célu-
las epiteliales de la cavidad nasal o de las vías respiratorias altas. 
La viremia disemina luego el virus a las glándulas salivales y a 
otros órganos y sistemas importantes. La afectación de la glán-
dula parótida no es un paso obligatorio en el proceso infeccioso.
El periodo de incubación puede fl uctuar de dos a cuatro se-
manas pero suele ser de casi 14 a 18 días. El virus es eliminado en la 
saliva desde casi tres días antes hasta nueve días después del inicio 
del edema de las glándulas salivales. Alrededor de un tercio de las 
personas infectadas no muestran síntomas evidentes (infecciones 
no manifi estas) pero tienen la misma capacidad para transmitir la 
infección. Es difícil controlar la transmisión de la parotiditis de-
bido a los periodos de incubación variables, la presencia del virus 
en la saliva antes que se presenten los síntomas clínicos y el gran 
número de casos asintomáticos pero infecciosos.
La parotiditis es una enfermedad viral sistémica con una 
propensión a replicarse en las células epiteliales en diversos ór-
ganos viscerales. El virus a menudo infecta a los riñones y se pue-
de detectar en la orina de la mayoría de los pacientes. La viruria 
persiste hasta por 14 días después que comienzan los síntomas 
clínicos. El sistema nervioso central también suele infectarse y 
puede estar afectado aun cuando no haya parotiditis.
Manifestaciones clínicas
Las manifestaciones clínicas de la parotiditis refl ejan la patoge-
nia de la infección. Por lo menos un tercio de todos los casos de 
parotiditis son asintomáticos, lo que comprende casi todas las 
infecciones en los niños menores de dos años de edad. El signo 
más característico de los casos sintomáticos es el edema de las 
glándulas salivales, que ocurre en casi 50% de los pacientes.
Un periodo prodrómico de malestar y anorexia se acompaña 
del crecimiento rápido de las glándulas parótidas y también de 
otras glándulas salivales. El edema puede estar circunscrito a una 
glándula parótida o una glándula puede crecer varios días antes 
que la otra. El crecimiento de la glándula se acompaña de dolor.
La afectación del sistema nervioso central es frecuente (10 
a 30% de los casos). La parotiditis produce meningitis aséptica 
y es más frecuente en los varones que en las mujeres. La menin-
goencefalitis suele presentarse cinco a siete días después de la 
infl amación de las glándulas salivales pero hasta la mitad de los 
564 SECCIÓN IV Virología
otras personas. Los individuos con parotiditis asintomática ad-
quieren la inmunidad.
La tasa de mortalidad global para la parotiditis es baja (un 
deceso por 10 000 casos en Estados Unidos), lo cual se debe 
principalmente a encefalitis.
La frecuencia de parotiditis y complicaciones concomitan-
tes ha disminuido notablemente desde el advenimiento de la va-
cuna de virus vivos. En 1967, el año en que se autorizó la vacuna 
de la parotiditis, había unos 200 000 casos de parotiditis (y 900 
pacientes con encefalitis) en Estados Unidos. De 2001 a 2003 
hubo menos de 300 casos de parotiditis cada año.
En 2006 hubo un brote de parotiditis en Estados Unidos que 
dio por resultado más de 5 700 casos. Seis estados en el occidente 
medio notifi caron 84% de los casos. El brote epidémico comen-
zó en un campo universitario en adultos jóvenes y se propagó a 
todos los grupos de edad. El brote epidémico probablemente se 
diseminó a causa de las condiciones de vivienda cercana en los 
campos universitarios y la acumulación de personas susceptibles 
que no se inmunizaron satisfactoriamente.
Tratamiento, prevención y control 
No se dispone de ningún tratamiento específi co.
La inmunización con el virus de la parotiditis vivo atenuado 
es el mejor método para reducir las tasas de morbilidad y morta-
lidad por parotiditis. Los esfuerzos por minimizar la disemina-
ción del virus durante un brote epidémico a través de procedi-
mientos de aislamiento, son fútiles dada la elevada frecuencia de 
casos asintomáticos y el grado de eliminación del virus antes que 
aparezcan los síntomas clínicos; sin embargo, los estudiantes y 
el profesional sanitario que adquieren la parotiditis deben ser 
retirados de la escuela y del trabajo hasta cinco días después que 
comienza la parotiditis.
En 1967 se autorizó en Estados Unidos una vacuna de virus 
vivos atenuados efi caz elaborada en cultivo de células de embrión 
de pollo. Produce una infección asintomática no transmisible. 
La vacuna de la parotiditis está disponible en combinación con las 
vacunas de virus vivos del sarampión y la rubéola (MMR). 
Las vacunas combinadas de virus vivos producen anticuerpos 
contra cada uno de los virus en casi 78 a 95% de las vacunas. No 
hay un incremento del riesgo de meningitis aséptica después de 
la vacunación con virus vivos del sarampión y la rubéola. En 
Japón, Rusia y Suiza se han desarrollado otras vacunas de virus 
vivos atenuados de la parotiditis.
Se recomiendan dos dosis de la vacuna de MMR para el 
ingreso escolar. Dado el brote de parotiditis en 2006, las reco-
mendaciones de vacunación actualizada para la prevención de 
la transmisión de la parotiditis en ámbitos de alto riesgo para la 
propagación de la infección fueron dadas a conocer. Se deben 
administrar dos dosis de vacuna al personal sanitario nacido an-
tes de 1957 que no tenga indicios de inmunidad contra la paro-
tiditis, y se ha de considerar una segunda dosis de la vacuna para 
quienes hayan recibido una sola dosis.
INFECCIÓN POR EL VIRUS 
DEL SARAMPIÓN
El sarampión es una enfermedad aguda muy contagiosa carac-
terizada por fi ebre, síntomas respiratorios y un exantema macu-
diagnósticorápido, la inmunofl uorescencia utilizando antisuero 
específi co de parotiditis puede detectar antígenos del virus de la 
parotiditis ya desde los dos a tres días después de la inoculación en 
cultivos celulares mediante el método de centrifugación y cultivo.
En los sistemas de cultivo tradicionales, los efectos citopáti-
cos característicos del virus de la parotiditis consisten en redon-
deamiento de las células y formación de células gigantes. Puesto 
que no todas las cepas primarias muestran la formación sincitial 
característica, se puede utilizar la prueba de hemadsorción para 
demostrar la presencia del hemadsorbente una y dos semanas 
después de la inoculación. Se puede confi rmar una cepa como el 
virus de la parotiditis mediante la inhibición de la hemadsorción 
utilizando antisuero específi co de la parotiditis.
B. Detección de ácido nucleico
La RT-PCR es un método muy sensible que permite detectar se-
cuencias de genoma de la parotiditis en muestras clínicas. Ayuda 
a detectar el virus en muchas muestras clínicas que son nega-
tivas en los intentos para aislar el virus. Los análisis mediante 
RT-PCR permiten identifi car cepas de virus y proporcionan in-
formación útil en los estudios epidemiológicos.
C. Diagnóstico serológico
La detección simple del anticuerpo de la parotiditis no es adecua-
da para diagnosticar una infección. Más bien puede ser demostrada 
una elevación de anticuerpo utilizando sueros pares: un incre-
mento de cuatro tantos o más en el título de anticuerpo es signo 
de infección por parotiditis. Suele utilizarse la prueba de ELISA 
o HI. Los anticuerpos contra la proteína HN son neutralizantes.
Se puede diseñar ELISA para detectar anticuerpos IgM o 
IgG específi cos de la parotiditis. La IgM de la parotiditis invaria-
blemente se presenta en las primeras etapas de la enfermedad y 
pocas veces persiste por más de 60 días. Por tanto, la demostra-
ción de la IgM específi ca de la parotiditis en suero obtenido en 
las primeras etapas de la enfermedad es muy sugestiva de una 
infección reciente. Los anticuerpos heterotípicos provocados por 
las infecciones por el virus de la parainfl uenza no reaccionan en 
forma cruzada en la prueba de ELISA para IgM de la parotiditis.
Epidemiología
La parotiditis es endémica en todo el mundo. Aparecen casos 
durante todo el año en los climas calientes y alcanzan su máxi-
mo en el invierno y la primavera en los climas templados. Los 
brotes epidémicos se presentan cuando el hacinamiento favo-
rece la diseminación del virus. La parotiditis es sobre todo una 
infección de los niños. La enfermedad alcanza su máxima inci-
dencia en los niños de cinco a nueve años de edad, pero pueden 
presentarse epidemias en los campos de la armada. En los niños 
menores de cinco años de edad, las paperas suelen causar infec-
ción respiratoria alta sin parotiditis. 
La parotiditis es muy contagiosa, la mayoría de las personas 
susceptibles en un domicilio adquirirán la infección de un miem-
bro infectado. El virus es transmitido por contacto directo, gotitas 
transmitidas en el aire o fómites contaminados con saliva u orina. 
El contacto más cercano es necesario para la transmisión de la 
parotiditis que para la transmisión del sarampión o la varicela.
Aproximadamente un tercio de las infecciones por el virus 
de la parotiditis no son manifi estas. Durante la evolución de la 
infección asintomática, el paciente puede transmitir el virus a 
CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 565
maculopapuloso característico aparece alrededor del día 14, pre-
cisamente cuando comienzan a ser detectables los anticuerpos 
circulantes, desaparece la viremia y desciende la fi ebre. El exan-
tema sobreviene a consecuencia de la interacción de los lin-
focitos T inmunes con las células infectadas por el virus en los 
vasos sanguíneos pequeños y dura alrededor de una semana. (En 
los pacientes con inmunidad defectuosa mediada por células, no 
sobreviene ningún exantema.) 
La afección del sistema nervioso central es frecuente en el 
sarampión (fi g. 40-8). Se presenta una encefalitis sintomática en 
casi 1:1 000 casos. Puesto que el virus infeccioso pocas veces se 
aísla del cerebro, se ha señalado que una reacción autoinmuni-
taria es el mecanismo que interviene en esta complicación. En 
cambio, la encefalitis progresiva por cuerpo de inclusión del sa-
rampión puede presentarse en los pacientes con inmunidad celu-
lar defectuosa. El virus con replicación activa está presente en el 
cerebro en esta forma de la enfermedad por lo general mortal.
Una complicación tardía infrecuente del sarampión es la 
panencefalitis esclerosante subaguda (SSPE, subacute sclerosing 
panencephalitis). Esta enfermedad mortal se presenta años des-
pués de la infección por el sarampión inicial y es causada por el 
virus que permanece en el cuerpo después de la infección aguda. 
Grandes cantidades de antígenos del sarampión están presentes 
en los cuerpos de inclusión en las células cerebrales infectadas, 
pero sólo algunas partículas virales maduran. La replicación vi-
ral es defectuosa debido a la falta de producción de uno o más 
productos génicos virales, a menudo la proteína de la matriz.
Manifestaciones clínicas
Las infecciones en los hospedadores no inmunes casi siempre 
son sintomáticas. Tras un periodo de incubación de ocho a 12 días, 
lopapuloso. Las complicaciones son frecuentes y pueden ser muy 
graves. La introducción de una vacuna de virus vivos efi caz ha 
reducido drásticamente la frecuencia de esta enfermedad en Es-
tados Unidos, pero el sarampión sigue siendo una causa princi-
pal de muerte en niños pequeños en muchos países en vías de 
desarrollo.
Patogenia y anatomía patológica
El ser humano es el único hospedador natural del virus del sa-
rampión, aunque se pueden infectar en condiciones experimen-
tales otras múltiples especies, como monos, perros y ratones. En 
la fi gura 40-7 se muestra la evolución natural de la infección del 
sarampión.
El virus logra acceso al cuerpo humano a través del sistema 
respiratorio, donde se multiplica en los tejidos locales; la infec-
ción se propaga luego al tejido linfoide regional donde ocurre 
una multiplicación adicional. La viremia primaria disemina el 
virus el cual luego se replica en el sistema reticuloendotelial. Por 
último, una segunda viremia siembra las superfi cies epiteliales 
del cuerpo, lo que comprende piel, sistema respiratorio y con-
juntiva, donde ocurre la replicación focal. El sarampión se puede 
replicar en determinados linfocitos, lo cual ayuda a la disemina-
ción por todo el cuerpo. Las células gigantes multinucleadas con 
inclusiones intranucleares se observan en los tejidos linfoides 
de todo el organismo (ganglios linfáticos, amígdalas, apéndice). 
Los fenómenos descritos se presentan durante el periodo de in-
cubación, el cual suele durar ocho a 12 días pero puede persistir 
hasta por tres semanas en los adultos.
Durante la fase prodrómica (dos a cuatro días) y los prime-
ros dos a cinco días del exantema, el virus está presente en lágri-
mas, secreciones nasales y faríngeas, orina y sangre. El exantema 
Virus
infeccioso presente
Enfermedad
Exantema
Días
Periodo de incubación
–14 –7 0 7 14 5–15
Sangre y faringe
C
ua
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ifi
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K
op
lik
Anticuerpo IgG
Anticuerpo IgM
SSPE
Linfocitos T CD8
FIGURA 407 Evolución natural de la infección por 
el virus del sarampión. La replicación viral comienza 
en el epitelio respiratorio y se disemina a monocitos-
macrófagos, células endoteliales y células epiteliales 
en sangre, bazo, ganglios linfáticos, pulmón, timo, 
hígado y piel y a las superfi cies mucosas de los sistemas 
digestivo, respiratorio y genitourinario. La respuesta 
inmunitaria específi ca contra el virus es detectablecuando aparece el exantema. La eliminación del virus 
coincide aproximadamente con la desaparición del 
exantema. (SSPE, panencefalitis esclerosante subaguda.)
566 SECCIÓN IV Virología
correlación evidente entre la gravedad del sarampión y la apa-
rición de las complicaciones neurológicas. La encefalomielitis 
posinfecciosa (encefalitis diseminada aguda) es una enfermedad 
autoinmunitaria asociada a una respuesta inmunitaria a la pro-
teína básica de mielina. La tasa de mortalidad en la encefalitis 
relacionada con el sarampión es de casi 10 a 20%. La mayoría de 
los sobrevivientes tienen secuelas neurológicas. 
La panencefalitis esclerosante subaguda , la complicación 
tardía infrecuente de la infección por sarampión, tiene una inci-
dencia de casi 1:300 000 casos. La enfermedad comienza de ma-
nera insidiosa cinco a 15 años después de un caso de sarampión; 
se caracteriza por deterioro mental progresivo, movimientos 
involuntarios, rigidez muscular y estado de coma. Suele ser mor-
tal al cabo de uno a tres años después del inicio. Los pacientes 
con SSPE muestran cuantifi caciones elevadas de anticuerpo del 
sarampión en el líquido cefalorraquídeo y virus del sarampión 
defectuoso en las células del cerebro. Con el empleo generaliza-
do de la vacuna del sarampión, se ha vuelto menos frecuente la 
panencefalitis esclerosante subaguda. 
Inmunidad
Sólo hay un tipo antigénico del virus del sarampión (cuadro 40-2). 
La infección confi ere inmunidad de por vida. La mayor parte de 
los llamados segundos ataques representan errores de diagnóstico, 
sea de la inicial o de la segunda enfermedades.
La presentación de anticuerpos humorales indica inmuni-
dad. Sin embargo, la inmunidad celular al parecer es esencial 
para el restablecimiento y la protección: los pacientes con de-
fi ciencias de inmunoglobulinas se restablecen del sarampión y 
adquieren resistencia a la reinfección, en tanto que los pacien-
tes con defi ciencias inmunitarias celulares tienen una evolución 
muy defi ciente cuando adquieren las infecciones del sarampión. 
La participación de la inmunidad de la mucosa en la resistencia 
a las infecciones no está clara.
Las respuestas inmunitarias del sarampión intervienen en 
la patogenia de la enfermedad. La infl amación local produce los 
síntomas prodrómicos y la inmunidad específi ca mediada por 
células participa en la aparición del exantema.
La infección por el sarampión produce una supresión in-
munitaria (muy importante en la porción mediada por células 
del sistema inmunitario, pero se observa que afecta a todos los 
componentes). Esta es la causa de las infecciones secundarias 
graves y puede persistir por meses después de la infección por 
el sarampión.
el sarampión suele ser una enfermedad de siete a 11 días (con 
una fase prodrómica de dos a cuatro días seguida de una fase 
eruptiva de cinco a ocho días).
La fase prodrómica se caracteriza por fi ebre, estornudos, 
tos, rinorrea, hiperemia conjuntival, manchas de Koplik y linfo-
penia. La tos y la coriza reflejan una reacción inflamatoria in-
tensa que afecta a la mucosa del sistema respiratorio. La conjun-
tivitis suele acompañarse de fotofobia. Las manchas de Koplik 
(patognomónicas del sarampión) son pequeñas ulceraciones de 
color blanco azulado en la mucosa bucal opuesta a los molares 
inferiores. Estas manchas contienen células gigantes y antígenos 
virales y aparecen unos dos días después del exantema. La fi ebre 
y la tos persisten hasta que el exantema aparece y luego desapa-
recen al cabo de uno a dos días. El exantema, que comienza en la 
cabeza y luego se propaga en forma progresiva al tórax, el tronco 
y por las extremidades, aparece como maculopápulas de color 
de rosa claro, bien circunscritas, que experimentan coalescencia 
para formar ronchas, las cuales se vuelven parduscas en un lapso 
de cinco a 10 días. El exantema que desvanece se resuelve con 
descamación. Los síntomas son más intensos cuando el exante-
ma alcanza su máxima expresión, pero ceden rápidamente poco 
después.
El sarampión modifi cado ocurre en personas parcialmente 
inmunes, como los lactantes con anticuerpo materno residual. El 
periodo de incubación es prolongado, los síntomas prodrómicos 
están reducidos, las manchas de Koplik no suelen presentarse y 
el exantema es leve.
La complicación más frecuente del sarampión es la otitis 
media (5 a 9% de los casos). 
La neumonía es la complicación letal más frecuente del sa-
rampión, causada por infecciones bacterianas secundarias. Esto 
ocurre en menos de 10% de los casos en los países desarrollados 
pero es mucho más frecuente (20 a 80%) en los países en vías 
de desarrollo. Las complicaciones pulmonares constituyen más de 
90% de los decesos relacionados con el sarampión. La neumo-
nía sobreviene en 3 a 15% de los adultos con sarampión, pero 
la mayor parte de los casos se deben al propio virus más que a 
bacterias. Son infrecuentes los decesos.
La neumonía de células gigantes es una complicación impor-
tante en los niños y en los adultos con defi ciencia de la inmuni-
dad mediada por células. Se piensa que se debe a una replicación 
viral irrestricta y tiene una alta tasa de mortalidad.
Las complicaciones que afectan al sistema nervioso central 
son las más graves. Alrededor del 50% de los niños con saram-
pión regular muestran cambios electroencefalográfi cos. La ence-
falitis aguda se presenta en casi 1:1 000 casos. No existe ninguna 
Infección
viral
–14 –7 0 7 28 1 5 110 5 10 152114
AñosDías Meses
Exantema
PIE
MIBE
SSPE
FIGURA 408 Periodos de complicaciones neurológicas del sarampión. PIE, encefalomielitis posinfecciosa (también denominada encefalomielitis 
diseminada aguda); MIBE, encefalitis por cuerpo de inclusión del sarampión; SSPE, panencefalitis esclerosante subaguda. La encefalitis ocurre en 
casi uno de cada 1 000 casos de sarampión, en tanto que la SSPE es una complicación tardía rara que se presenta en casi uno de cada 300 000 casos. 
(Adaptada con autorización de Griffi n DE, Bellini WJ: Measles virus. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996.)
CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 567
nómicos y ambientales y el empleo de una vacuna de virus vivos 
efi caz.
La transmisión ocurre predominantemente a través de la 
vía respiratoria (por la inhalación de grandes gotitas de secrecio-
nes infectadas). Los fómites al parecer no participan de manera 
importante en la transmisión. La transmisión transplacentaria 
hematógena puede ocurrir cuando el sarampión se presenta du-
rante el embarazo.
Un suministro continuado de individuos susceptibles es 
necesario para que el virus persista en una población. Se nece-
sita una población que se acerque a los 500 000 individuos para 
mantener el sarampión como una enfermedad endémica; en 
las poblaciones más pequeñas, el virus desaparece hasta que es 
reintroducido desde el exterior después que se acumula un nú-
mero crítico de personas no inmunes.
El sarampión es endémico en todo el mundo. En general, 
las epidemias experimentan recidiva con regularidad cada dos 
a tres años. Un estado de inmunidad de la población es el fac-
tor determinante; la enfermedad se exacerbará cuando haya una 
acumulación de niños susceptibles. La gravedad de una epide-
mia depende del número de individuos susceptibles. Cuando se 
introduce la enfermedad en poblaciones aisladas donde no ha 
sido endémica, una epidemia se produce con rapidez y las tasas 
de ataque son de casi 100%. Todos los grupos de edad desarro-
llan sarampión clínico y la tasa de mortalidad puede ser de hasta 
25 por ciento.
En los países industrializados, el sarampión ocurre en niños 
de cinco a 10 años de edad, en tanto que en los países en vías de 
desarrollo suelen infectarse los niños menores de cinco años. El 
sarampión pocas veces produce la muerte en personas sanas de 
países desarrollados; sin embargo, en los niños desnutridos 
en países en vías de desarrollo, donde no se dispone de atención 
médica adecuada, esuna causa principal de mortalidad en los 
lactantes. La Organización Mundial de la Salud estimó en 2005 
que había 30 a 40 millones de casos de sarampión y 530 000 
decesos cada año en todo el mundo. El sarampión es la quinta 
causa global principal de mortalidad en niños menores de cin-
co años de edad y las muertes por sarampión ocurren en forma 
desproporcionada en África y el sureste de Asia.
La Organización Mundial de la Salud y el Fondo Internacio-
nal de Urgencias para Niños de las Naciones Unidas (UNICEF) 
establecieron un plan en 2005 para reducir la mortalidad del 
sarampión a través de actividades de inmunización y mejor 
atención clínica de los casos. Se estima que entre 2000 y 2007 el 
número de casos de sarampión y de muertes por sarampión se 
redujo en más de dos tercios.
Los casos de sarampión ocurren durante todo el año en cli-
mas templados. Las epidemias tienden a presentarse a fi nales del 
invierno y a principios de la primavera. 
En Estados Unidos hubo 540 casos de sarampión de 1997 a 
2001, de los cuales un 67% estuvieron vinculados con importa-
ciones (personas infectadas fuera de los Estados Unidos). Duran-
te un periodo de ocho años (1996-2004), 117 pasajeros con casos 
de sarampión importados se consideraron infecciosos mientras 
viajaban en naves aéreas. Pese a la índole tan infecciosa del virus, 
sólo se identifi caron cuatro casos de propagación secundaria.
En Estados Unidos se presentaron 131 casos de sarampión 
en 2008. Sólo 17 eran de importaciones, los otros casos ocurrie-
ron en gran parte en niños de edad escolar no vacunados. Para 
mantener eliminada la transmisión del sarampión, las tasas de 
protección con la vacuna deben superar 90 por ciento. 
Diagnóstico de laboratorio
El sarampión característico se diagnostica de manera fi able ba-
sándose en los datos clínicos; el diagnóstico de laboratorio puede 
ser necesario en los casos de sarampión modifi cados o atípicos. 
A. Detección de antígeno y ácido nucleico
Los antígenos de sarampión pueden detectarse directamente en 
células epiteliales de secreciones respiratorias, la nasofaríngea, 
conjuntivas y orina. Los anticuerpos contra la nucleoproteína 
son útiles porque es la proteína viral más abundante en las células 
infectadas.
La detección de RNA viral mediante RT-PCR es un método 
sensible que se puede aplicar a diversas muestras clínicas para el 
diagnóstico del sarampión.
B. Aislamiento e identifi cación del virus
Los frotis de secreciones nasofaríngeas y conjuntivales, las mues-
tras de sangre, las secreciones respiratorias y la orina obtenidas 
de un paciente durante el periodo febril, son fuentes apropiadas 
para el aislamiento del virus. Las células de riñón de mono o 
persona o un linaje de células linfoblastoides (DP95-A), son óp-
timas para los intentos de aislamiento. El virus del sarampión 
crece con lentitud; los efectos citopáticos característicos (célu-
las gigantes multinucleadas que contienen cuerpos de inclusión 
intranuclear e intracitoplásmica) tardan siete a 10 días en desa-
rrollarse (fi g. 40-5). Las pruebas mediante el método de centrifu-
gación y cultivo pueden fi nalizarse en dos a tres días utilizando 
la tinción de anticuerpo fl uorescente para detectar antígenos 
de sarampión en los cultivos inoculados. Sin embargo, el aisla-
miento del virus es técnicamente difícil.
C. Diagnóstico serológico
La confi rmación serológica de la infección por el sarampión de-
pende de un incremento de cuatro tantos en el título de anticuer-
pos entre los sueros de fase aguda y de fase convaleciente o de 
la demostración de anticuerpo de IgM específi co de sarampión 
en una sola muestra de suero obtenida entre una y dos semanas 
después del inicio del exantema. Las pruebas ELISA, HI y Nt 
se pueden utilizar para determinar anticuerpos del sarampión, 
aunque ELISA es el método más práctico.
Las manchas de sangre desecada y los líquidos orales al pa-
recer son útiles alternativas al suero para la detección de anti-
cuerpo del sarampión en zonas donde es difícil la obtención y 
manejo de muestras de suero. 
La mayor parte de la respuesta inmunitaria está dirigida 
contra la nucleoproteína viral. Los pacientes con SSPE muestran 
una respuesta de anticuerpo exagerada con títulos de 10 a 100 
tantos más elevados que los observados en los sueros de etapa 
convaleciente típica.
Epidemiología
Las características epidemiológicas clave del sarampión son: 
elevada contagiosidad del virus, existencia de un solo serotipo, 
no hay un reservorio animal, las infecciones asintomáticas son 
infrecuentes y la infección confi ere una inmunidad de por vida. 
La prevalencia y la incidencia del sarampión por edades están 
relacionadas con la densidad de la población con factores eco-
568 SECCIÓN IV Virología
capacidad para saltarse de barreras de especie. Son clasifi cados 
como microorganismos patógenos de bioseguridad de nivel 4. 
No se dispone de vacunas. 
INFECCIONES POR EL VIRUS
DE LA RUBÉOLA
La rubéola es una enfermedad febril aguda que se caracteriza 
por un exantema y linfadenopatía que afecta a los niños y a los 
adultos jóvenes. Es el más leve de los exantemas virales frecuen-
tes. Sin embargo, la infección durante las primeras etapas del 
embarazo puede producir anomalías importantes del feto, lo que 
comprende malformaciones congénitas y retraso mental. Las 
consecuencias de la rubéola in utero se designan como el síndro-
me de rubéola congénita.
Clasificación
El virus de la rubéola, un miembro de la familia Togaviridae, es el 
único miembro del género Rubivirus. Aunque sus características 
morfológicas y propiedades fi sicoquímicas lo ubican en el grupo 
de los togavirus, la rubéola no es transmitida por artrópodos. En el 
capítulo 38 se describe la estructura y la replicación del togavirus.
Hay una diversidad de secuencia notable entre las cepas de 
virus de la rubéola. Actualmente se clasifi can en dos grupos leja-
namente relacionados y nueve genotipos.
Por claridad en la presentación se describen por separado la 
rubéola posnatal y la rubéola congénita. 
RUBÉOLA POSNATAL
Patogenia y anatomía patológica
Las infecciones neonatales, infantiles y del adulto se presentan 
en toda la mucosa de las vías respiratorias altas. La rubéola tiene 
un periodo de incubación de casi 12 días o más. La replicación 
viral inicial probablemente ocurre en el sistema respiratorio, se-
guida de la multiplicación en los ganglios linfáticos cervicales. La 
viremia sobreviene después de siete a nueve días y persiste hasta 
la aparición de anticuerpo alrededor de los días 13 a 15. La apari-
ción de anticuerpo coincide con la aparición del exantema, lo que 
indica una causa inmunitaria del exantema. Después que aparece 
el exantema, el virus se mantiene detectable sólo en la nasofaringe, 
donde puede persistir durante varias semanas (fi g. 40-9). En 20 a 
50% de los casos, la infección primaria es asintomática. 
Manifestaciones clínicas 
La rubéola suele comenzar con malestar, febrícula y un exantema 
morbiliforme que aparece el mismo día. El exantema comienza en 
la cara, se extiende sobre el tronco y las extremidades y pocas veces 
persiste por más de tres días. Ninguna característica del exantema 
es patognomónica de la rubéola. A menos que ocurra una epide-
mia, la enfermedad es difícil de diagnosticar clínicamente, pues el 
exantema causado por otros virus (p. ej., enterovirus) es similar.
La artralgia y la artritis transitorias suelen observarse en los 
adultos, sobre todo en las mujeres. Pese a determinadas simili-
tudes, la artritis por la rubéola no tiene una relación etiológica 
Tratamiento, prevención y control
El tratamiento con vitamina A en los países en vías de desarrollo 
ha disminuido la mortalidad y la morbilidad. El virus del saram-
pión es susceptible in vitro a la inhibición por la ribavirina, pero 
no se han demostrado los benefi cios clínicos.
Desde 1963 se ha contado con una vacuna del virus vivo del 
sarampión atenuado que es muy efi caz y tolerable. Está disponible 
en formas monovalentey combinada con la vacuna de la rubéola 
de virus vivos atenuados (MR), vacuna de la rubéola de virus vivos 
atenuados y del sarampión (MMR) y vacuna de la varicela de 
virus vivos atenuados (MMRV). Sin embargo, puesto que no se 
vacuna a los niños y dados los casos infrecuentes de inefi cacia de 
la vacuna, no se ha eliminado el sarampión. La vacuna ha reducido 
el sarampión nativo en Estados Unidos desde cifras previas a la 
vacuna de más de 500 000 casos cada año, a sólo 37 casos en 2004.
Las reacciones clínicas leves (fi ebre o exantema leve) se pre-
sentarán en 2 a 5% de los vacunados, pero no hay expresión del 
virus o ésta es escasa y no hay ninguna transmisión. La inmuno-
supresión ocurre al igual que con el sarampión, pero es transi-
toria y no tiene importancia clínica. Los títulos de anticuerpos 
tienden a ser menores que después de la infección natural, pero 
los estudios han demostrado que los anticuerpos activados por 
la vacuna persisten hasta por 33 años, lo que indica que la inmu-
nidad probablemente es de por vida. 
Se recomienda que todos los niños, personal sanitario y 
viajeros internacionales sean vacunados. Las contraindicaciones 
para la vacunación comprenden embarazo, alergia a los huevos 
o a la neomicina, alteraciones inmunitarias (excepto las debidas 
a infección por el virus de la inmunodefi ciencia humana) y la 
administración reciente de inmunoglobulina.
El empleo de la vacuna del virus del sarampión muerto se 
suspendió en 1970, ya que algunas personas vacunadas se sen-
sibilizaron y presentaron sarampión atípico grave cuando se 
infectaron con el virus silvestre. 
La cuarentena no es efi caz como una medida de control, ya que 
la transmisión del sarampión ocurre durante la fase prodrómica.
INFECCIONES POR VIRUS HENDRA 
Y VIRUS NIPAH
Los paramixovirus zoonóticos que representan un nuevo gé-
nero (Henipavirus) fueron reconocidos a fi nales del decenio de 
1990 en brotes epidémicos de la enfermedad en Oceanía (cua-
dro 40-2). Un brote epidémico de encefalitis grave en Malasia 
en 1998 y 1999 fue causado por el virus de Nipah. Hubo una 
alta tasa de mortalidad (>35%) entre más de 250 casos; algunos 
sobrevivientes tenían disfunciones neurológicas persistentes. Al 
parecer las infecciones fueron causadas por la transmisión viral 
directa de cerdos a seres humanos. Algunos pacientes (<10%) 
pueden presentar encefalitis de instauración tardía meses a va-
rios años después de la infección inicial por el virus de Nipah. El 
virus de Hendra, un virus equino, ha causado muchos decesos 
de caballos y algunas muertes humanas en Australia. 
Los murciélagos de la fruta son los hospedadores naturales de 
los virus de Nipah y de Hendra. Los cambios ecológicos, incluido 
el uso de la tierra y las prácticas de ganadería, tal vez son la causa 
del surgimiento de estas dos enfermedades infecciosas.
Los dos virus constituyen un problema de salud pública de-
bido a su elevada mortalidad, amplia gama de hospedadores y la 
CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 569
de la rubéola. Se pueden utilizar diversos linajes celulares de 
origen en el mono o en el conejo. La rubéola produce un efec-
to citopático bastante insignificante en casi todos los linajes 
celulares. Utilizando células cultivadas a través del método de 
centrifugación y cultivo, se pueden detectar antígenos virales 
mediante inmunofl uorescencia tres a cuatro días después de la 
inoculación.
B. Detección de ácido nucleico
Se puede utilizar RT-PCR para detectar ácido nucleico del vi-
rus de la rubéola directamente en muestras clínicas o en cultivos 
celulares utilizados para el aislamiento del virus. La tipifi cación 
molecular permite identifi car subtipos y genotipos de virus y es 
útil en los estudios de vigilancia. Los frotis faríngeos son mues-
tras apropiadas para la tipifi cación molecular.
C. Diagnóstico serológico
La prueba HI es una prueba serológica estándar para la rubéola. 
Sin embargo, el suero debe tratarse preliminarmente para elimi-
nar los inhibidores inespecífi cos antes de las pruebas. Se prefi e-
ren las pruebas de ELISA porque no es necesario el tratamiento 
preliminar del suero si se pueden adaptar para detectar IgM 
específi ca.
La detección de IgG es signo de inmunidad, ya que sólo hay 
un serotipo de virus de la rubéola. Para confi rmar con exactitud 
una rubéola reciente (lo cual es decisivamente importante en el 
caso de una mujer embarazada), se debe demostrar una elevación 
del título de anticuerpo entre dos muestras de suero obtenidas 
a un intervalo mínimo de 10 días o bien IgM específi ca de la 
rubéola en un solo espécimen.
Las pruebas serológicas precisas para los anticuerpos de 
la rubéola son tan importantes que se comercializan diversos 
con la artritis reumatoide. Las complicaciones infrecuentes son 
púrpura trombocitopénica y encefalitis.
Inmunidad
Los anticuerpos contra la rubéola aparecen en el suero de los 
pacientes conforme cede el exantema y la cuantifi cación de anti-
cuerpos se eleva rápidamente en las siguientes una a tres sema-
nas. Gran parte de los anticuerpos iniciales consisten en IgM, que 
por lo general no persisten más allá de las seis semanas después 
de la enfermedad. Los anticuerpos IgM contra la rubéola que 
se detectan en una sola muestra de suero obtenida dos semanas 
después del exantema son indicio de rubéola reciente. Los anti-
cuerpos IgG contra la rubéola suelen persistir de por vida.
Un ataque de la enfermedad confi ere inmunidad de por 
vida, ya que sólo existe un tipo antigénico del virus. Debido a la 
naturaleza no descrita del exantema, un antecedente de “rubéo-
la” no es un índice fi able de inmunidad. Las madres inmunes 
transfi eren los anticuerpos a sus descendientes, quienes luego 
quedan protegidos durante cuatro a seis meses.
Diagnóstico de laboratorio
El diagnóstico clínico de rubéola no es fi able, pues muchas in-
fecciones virales producen síntomas similares a los de la rubéola. 
Parte del diagnóstico se basa en los estudios de laboratorio es-
pecífi cos (aislamiento del virus, detección del RNA viral o datos 
de seroconversión).
A. Aislamiento e identifi cación del virus
Los frotis nasofaríngeos o faríngeos obtenidos seis días antes y 
después del inicio del exantema son una buena fuente del virus 
FIGURA 409 Evolución natural de la infección primaria 
por el virus de la rubéola: producción de virus y respuesta de 
anticuerpos.
Virus presente
Sangre
Exantema
Días
Periodo de incubación
–14 –7 0 7 14 1 2 1 2 3
HI
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570 SECCIÓN IV Virología
SÍNDROME DE RUBÉOLA CONGÉNITA
Patogenia y anatomía patológica
La viremia materna relacionada con la infección por rubéola 
durante el embarazo puede dar por resultado infección de la 
placenta y el feto. Sólo un número limitado de células fetales se 
infecta. La tasa de crecimiento de las células infectadas se re-
duce y esto da por resultado una menor cantidad de células en 
los órganos afectados al nacer. La infección puede desencadenar 
alteraciones e hipoplasia en el desarrollo de los órganos y desen-
cadenar anomalías estructurales en el recién nacido.
El periodo en el que ocurre la infección fetal determina la 
magnitud del efecto teratógeno. En general, cuanto más tem-
prana sea la etapa del embarazo en la que ocurre la infección, 
tanto mayor será la lesión fetal. La infección durante el primer 
trimestre del embarazo produce anomalías en el lactante en casi 
85% de los casos, en tanto que se detectan defectos en casi 16% 
de los lactantes que adquirieron la infección durante el segundo 
trimestre. Los defectos congénitos son infrecuentes si ocurre in-
fección materna después de la vigésima semana de la gestación.
Las infecciones maternas no manifi estas pueden producir 
asimismo estasanomalías. La rubéola también puede produ-
cir la muerte fetal y aborto espontáneo.
La infección intrauterina con rubéola conlleva la persisten-
cia crónica del virus en el recién nacido. Al nacer, el virus es 
fácil de detectar en las secreciones faríngeas, órganos múltiples, 
líquido cefalorraquídeo, orina y frotis rectales. La excreción viral 
puede durar 12 a 18 meses después del nacimiento, pero el grado 
de eliminación por lo general disminuye con la edad.
Manifestaciones clínicas
El virus de la rubéola se ha aislado en muchos órganos y tipos 
de células diferentes en lactantes infectados in utero y también la 
lesión provocada por la rubéola es difusa.
Las manifestaciones clínicas del síndrome de rubéola con-
génita pueden agruparse en tres amplias categorías: 1) efectos 
transitorios en los lactantes, 2) manifestaciones permanentes 
que pueden ser ostensibles al nacer o que se reconocen durante 
el primer año y 3) anomalías del desarrollo que aparecen y evo-
lucionan durante la infancia y la adolescencia.
La tríada característica de la rubéola congénita consiste en 
cataratas, anomalías cardiacas y sordera. Los lactantes también 
manifiestan síntomas transitorios de retraso del crecimiento, 
exantema, hepatoesplenomegalia, ictericia y meningoencefalitis.
La infección del sistema nervioso central es más global. La 
manifestación del desarrollo más frecuente en la rubéola congénita 
es el retraso mental moderado a intenso. En los niños preescolares 
se presentan problemas de equilibrio y de las habilidades motoras. 
Los lactantes con afección grave pueden necesitar hospitalizarse. 
La panencefalitis progresiva por la rubéola es una complica-
ción infrecuente que se presenta en el segundo decenio de vida 
en niños con rubéola congénita y consiste en un agravamiento 
neurológico que inevitablemente avanza al fallecimiento.
Inmunidad
En condiciones normales, el anticuerpo contra la rubéola de la 
madre es transmitido a los lactantes y gradualmente se pierde 
estuches diagnósticos de diferentes formatos. La mayoría de los 
individuos no pueden evaluar de manera fi able su estado de in-
munidad contra la rubéola, debido a que son frecuentes las 
infecciones asintomáticas y los exantemas provocados por otros 
virus pueden confundirse con rubéola.
Epidemiología
La rubéola tiene una distribución mundial. La infección se pre-
senta durante todo el año con una incidencia máxima durante la 
primavera. Las epidemias ocurren cada seis a 10 años y las pan-
demias explosivas cada 20 a 25 años. La infección es transmitida 
por la vía respiratoria, pero la rubéola no es tan contagiosa como 
el sarampión.
En el periodo de 1962 a 1965 se presentó una epidemia 
mundial de rubéola. Hubo más de 12 millones de casos en Es-
tados Unidos, lo que produjo 2 000 casos de encefalitis, más de 
11 000 decesos fetales, 2 000 muertes neonatales y 20 000 lactan-
tes nacidos con el síndrome de la rubéola congénita. La reper-
cusión económica de esta epidemia en Estados Unidos se estimó 
en 1 500 millones de dólares. El empleo de la vacuna contra la 
rubéola eliminó tanto la rubéola epidémica como la endémica 
en Estados Unidos hacia el año 2005. Se está llevando a cabo 
un programa para eliminar también la rubéola y el síndrome de 
rubéola congénita en Centroamérica y Sudamérica.
Tratamiento, prevención y control
La rubéola es una enfermedad leve que cede espontáneamente y 
en la que no hay indicaciones para un tratamiento específi co.
La rubéola demostrada mediante análisis de laboratorio du-
rante los primeros tres a cuatro meses del embarazo casi siempre 
se acompaña de infección fetal. La inmunoglobulina intravenosa 
(IGIV) inyectada a la madre no protege al feto contra la rubéola 
porque no se suele administrar en una etapa lo sufi cientemente 
temprana para evitar la viremia.
Se ha contado con vacunas del virus de la rubéola vivos ate-
nuados desde 1969. La vacuna está disponible como un antíge-
no simple o en combinación con la vacuna del sarampión y de 
la parotiditis. El principal propósito de la vacunación contra la 
rubéola es evitar las infecciones por rubéola congénita. El virus 
de la vacuna se multiplica en el organismo y es eliminado en 
pequeñas cantidades pero no se disemina a los contactos. Los 
niños vacunados no plantean ningún riesgo para las madres 
susceptibles ni para las embarazadas. En cambio, los niños no 
inmunizados pueden llevar a su hogar el virus silvestre y propa-
garlo a contactos familiares susceptibles. La vacuna induce a una 
inmunidad de por vida en un mínimo de 95% de los receptores. 
La vacuna es tolerable y produce pocos efectos secundarios 
en los niños. En los adultos, los únicos efectos secundarios no-
tables son la artralgia transitoria y la artritis en casi una cuarta 
parte de las mujeres vacunadas.
La vacunación en Estados Unidos redujo la frecuencia de 
rubéola desde casi 70 000 casos en 1969, hasta menos de 10 en 
2004, casos que ocurrieron predominantemente en personas na-
cidas fuera de Estados Unidos. El virus ulteriormente se declaró 
erradicado de Estados Unidos. Los estudios de rentabilidad 
tanto en los países desarrollados como en los países en vías de 
desarrollo han demostrado que las ventajas de la vacunación 
contra la rubéola superan los costos.
CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 571
(B) Las anomalías congénitas se presentan cuando una mujer em-
barazada no inmune es infectada en cualquier momento du-
rante el embarazo
(C) La sordera es un defecto frecuente que se presenta en el síndro-
me de rubéola congénita
(D) Sólo cepas raras del virus de la rubéola son teratógenas
(E) Ninguna de las anteriores
 6. Un niño de cinco años de edad presenta febrícula, coriza, conjun-
tivitis y manchas de Koplik. El médico puede llegar a la conclusión 
de que
(A) El niño probablemente no se ha vacunado satisfactoriamente 
con la vacuna MMR
(B) La madre embarazada del niño corre el riesgo de infectarse y de 
que su niño no nacido presente anomalías congénitas, lo que 
comprende retraso mental 
(C) Se presentará un exantema en la cara del niño y durará sólo dos 
a tres días
(D) El tratamiento del niño con el fármaco antiviral ribavirina debe 
iniciarse de inmediato para minimizar la posibilidad de que se 
presente encefalitis aguda
 7. Los virus de la parainfluenza son ubicuos y producen enfermeda-
des respiratorias en personas de todas las edades. Sin embargo, las 
reinfecciones con los virus de la parainfluenza son frecuentes debi-
do a que
(A) Existen muchos tipos antigénicos de virus de la parainfluenza y 
la exposición a nuevas cepas produce nuevas infecciones
(B) Las infecciones del sistema respiratorio no desencadenan una 
respuesta inmunitaria sistémica
(C) Ocurre una replicación limitada del virus que no logra estimular 
la producción de anticuerpos
(D) El anticuerpo IgA secretor en la nariz tiene una vida breve y 
desaparece algunos meses después de la infección
 8. Un niño de 20 meses tuvo una enfermedad caracterizada por fiebre, 
irritabilidad, conjuntivitis y un exantema de color rojo de ladrillo 
al principio en la cara, pero más tarde se diseminó hacia abajo y 
hacia afuera. A los nueve años de edad el niño tuvo instauración 
gradual de deterioro neurológico grave generalizado. Se le diagnos-
ticó panencefalitis esclerosante subaguda. ¿Cuál de las siguientes 
aseveraciones sobre el SSPE es correcta?
(A) El virus defectuoso de la varicela-zóster se presenta en las célu-
las del cerebro
(B) Se detectan altos títulos de anticuerpo contra el sarampión en 
el líquido cefalorraquídeo
(C) La frecuencia de la enfermedad está aumentando desde el ad-
venimiento de la vacuna de la parotiditis, sarampión y rubéola 
(MMR)
(D) Ocurre un deterioro rápidamente progresivo de la función 
cerebral 
(E) La enfermedad es una complicación tardía e infrecuente de la 
rubéola
 9. ¿Cuál de los siguientes paramixovirus tiene una glucoproteína de 
superficie HN que carece de la actividad de hemaglutinina?
(A) Virus del sarampión
(B) Virusde la parotiditis
(C) Virus de la parainfluenza de tipo 1
(D) Virus sincitial respiratorio
(E) Virus de la rubéola 
10. Una niña de tres años de edad presenta una infección viral respira-
toria aguda que exige hospitalización. Se evalúa el tratamiento con 
ribavirina. ¿Para el tratamiento de cuál de las siguientes situaciones 
está autorizada la ribavirina?
(A) Enfermedad de las vías respiratorias bajas debida al virus sinci-
tial respiratorio en los lactantes
durante un periodo de seis meses. La demostración de anticuer-
pos de la rubéola de la clase IgM en los lactantes es diagnóstica 
de la rubéola congénita. Puesto que los anticuerpos de IgM no 
cruzan la placenta, su presencia indica que debe haberlos sin-
tetizado el lactante in utero. Los niños con rubéola congénita 
muestran alteraciones de la inmunidad celular que son específi cas 
del virus de la rubéola.
Tratamiento, prevención y control
No se dispone de ningún tratamiento específi co para la rubéola 
congénita. Puede evitarse mediante la inmunización infantil con 
la vacuna de la rubéola para garantizar que las mujeres en edad 
de procrear sean inmunes.
PREGUNTAS DE REVISIÓN
 1. Un niño de cuatro años de edad presenta una enfermedad febril 
aguda. Su pediatra le diagnostica parotiditis. El órgano que más a 
menudo muestra signos de parotiditis es
(A) Pulmones
(B) Ovarios
(C) Glándulas parótidas
(D) Piel
(E) Testículos
 2. Los paramixovirus comprenden las causas más importantes de in-
fecciones respiratorias en lactantes y en niños pequeños. ¿Cuál de 
las siguientes no es una característica de los paramixovirus?
(A) El genoma es RNA de polaridad negativa
(B) La envoltura contiene una glucoproteína con actividad de 
fusión
(C) Los paramixovirus no experimentan reensamble genético
(D) El ciclo de replicación se presenta en el citoplasma de células 
susceptibles
(E) El genoma es segmentado
 3. Un lactante de tres meses de edad presentó una enfermedad res-
piratoria que el pediatra diagnosticó como bronquiolitis. La causa 
más probable de la enfermedad es 
(A) Virus de la parainfluenza de tipo 4
(B) Virus sincitial respiratorio
(C) Virus de la influenza
(D) Adenovirus de tipo 7
(E) Virus del sarampión
 4. Varios paramixovirus pueden causar neumonía en los lactantes o 
en los niños. ¿Para cuál de los siguientes paramixovirus se dispone 
de una vacuna eficaz que evitaría la neumonía?
(A) Virus de la parainfluenza de tipo 1
(B) Virus del sarampión
(C) Virus sincitial respiratorio
(D) Virus de la parotiditis
(E) Metaneumovirus
 5. Una mujer de 27 años de edad que tiene dos meses de embarazo 
presenta fiebre, malestar y artralgia. Aparece un exantema macu-
lopapuloso fino en su cara, tronco y extremidades. Se diagnostica 
rubéola y hay la preocupación de que el feto se infectará, y esto 
dé como resultado un síndrome de rubéola congénita. ¿Cuál de las 
siguientes aseveraciones en torno a dicho síndrome es correcta?
(A) La enfermedad se puede evitar mediante la vacunación de niños 
de edad escolar con vacuna contra el sarampión
572 SECCIÓN IV Virología
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(B) Síndrome de rubéola congénita
(C) Meningitis aséptica debida a infección por el virus de la paro-
tiditis
(D) Neumonía causada por el virus del sarampión en los adultos
(E) Encefalitis relacionada con el virus de Nipah
(F) Todas las anteriores
11. Los análisis de RT-PRC son útiles para el diagnóstico de las infec-
ciones por paramixovirus. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones en 
torno a la RT-PCR no son correctas?
(A) Análisis más sensible que el aislamiento del virus
(B) Permite identificar cepas de virus
(C) Análisis más rápido que la detección de antígeno
(D) Permite obtener datos sobre la variación genética para los estu-
dios de epidemiología molecular
(E) Análisis más específico para los virus de la parainfluenza que el 
estudio serológico
Respuestas
1. C 4. B 7. D 10. A
2. E 5. C 8. B 11. C
3. B 6. A 9. D
573
C A P Í T U L O
Coronavirus 41
Los coronavirus son virus de RNA de gran tamaño con envoltu-
ra. Los coronavirus humanos producen resfriados comunes y se 
les ha atribuido participación en la gastroenteritis de lactantes. 
Un coronavirus nuevo se identifi có como la causa de un brote 
epidémico mundial de un síndrome respiratorio agudo grave 
(SARS, severe acute respiratory syndrome ) en 2003. Los coro-
navirus producen enfermedades de importancia económica en 
los animales domésticos; en animales inferiores establecen in-
fecciones resistentes en sus hospedadores naturales. Los virus 
humanos son difíciles de cultivar y por tanto tienen una caracte-
rización más defi ciente.
PROPIEDADES DE LOS CORONAVIRUS
En el cuadro 41-1 se enumeran propiedades importantes de los 
coronavirus.
Estructura y composición
Los coronavirus son partículas de 120 a 160 nm, con envoltura, 
que contienen un genoma no segmentado de RNA monocate-
nario de polaridad positiva (27 a 32 kb), el genoma más grande 
entre los virus de ácido ribonucleico. Los genomas son poliade-
nilados en el extremo 3′. El RNA genómico aislado es infeccioso. 
La nucleocápside helicoidal tiene un diámetro de 9 a 11 nanó-
metros. En la superfi cie externa de la envoltura hay proyecciones 
ampliamente espaciadas de forma de palo de golf o de pétalo de 
20 nm de longitud, sugestivas de una corona solar (fi g. 41-1). Las 
proteínas estructurales del virus comprenden una proteína de la 
nucleocápside (N) fosforilada de 50 a 60 kDa, una glucoproteína 
de membrana (M) de 20 a 35 kDa que sirve de proteína de ma-
triz embebida en la doble capa de lípido de la envoltura y que 
interacciona con la nucleocápside, y la glucoproteína de espiga 
(S; 180 a 220 kDa) que constituye los peplómeros de forma de 
pétalo. Algunos virus, incluido el coronavirus humano OC43, 
contienen una tercera glucoproteína (HE; 35 kDa) que causa he-
maglutinación y tiene una actividad de acetilesterasa.
En la fi gura 41-2 se muestran las organizaciones del genoma 
de los coronavirus representativos. El orden de los genes para las 
proteínas codifi cadas por todos los coronavirus es Pol-S-E-M-
N-3′. El número y el orden de genes en los coronavirus varían 
con los marcos de lectura abiertos que codifi can proteínas no 
estructurales y la proteína HE. El virus SARS contiene un nú-
mero comparativamente grande de genes interpuestos para las 
proteínas no estructurales en el extremo 3′ del genoma.
Clasificación 
Los Coronaviridae son una de dos familias, junto con los Aste-
riviridae, del orden Nidovirales. Las características que se utili-
zan para clasifi car a los Coronaviridae son la morfología de la 
partícula, la estrategia de replicación de RNA singular, la orga-
nización del genoma y la homología de secuencia del nucleóti-
do. Hay dos géneros en la familia Coronaviridae: Coronavirus 
y Torovirus. Los torovirus sehallan dispersos en ungulados y al 
parecer se relacionan con las diarreas. 
Parece haber dos serogrupos de coronavirus humanos, re-
presentados por las cepas 229E y OC43. El coronavirus nuevo 
aislado en 2003 en pacientes con SARS corresponde al mismo 
grupo (grupo 2) que OC43. En estos dos grupos se incluyen los 
coronavirus de animales domésticos y roedores. Hay un tercer 
grupo antigénico distintivo que contiene el virus de la bronqui-
tis infecciosa aviar de los pollos. Al parecer existe una heteroge-
neidad antigénica importante entre las cepas virales de un grupo 
antigénico principal (es decir, parecido a 229E). Se presentan re-
acciones cruzadas entre algunas cepas humanas y ciertas cepas 
animales. Algunas cepas tienen hemaglutininas.
CUADRO 41-1 Propiedades importantes 
de los coronavirus
Virión: Esférico, 120 a 160 nm de diámetro, nucleocápside helicoidal
Genoma: RNA monocatenario, lineal, no segmentado, de polaridad positiva, 
de 27 a 32 kb, incorporado en la cápside y poliadenilado, infeccioso
Proteínas: Dos glucoproteínas y una fosfoproteína. Algunos virus 
contienen una tercera glucoproteína (hemaglutinina esterasa)
Envoltura: Contiene grandes espigas ampliamente espaciadas, de forma 
de palo de golf o pétalo
Replicación: Citoplasma; las partículas maduran por gemación en el 
retículo endoplásmico y en el aparato de Golgi
Características sobresalientes:
Producen resfriados comunes y SARS
Muestran una gran frecuencia de recombinación
Difíciles de multiplicarse en cultivo celular
574 SECCIÓN IV Virología
de poliproteínas en las infecciones por coronavirus, aunque el 
RNA genómico codifi ca una poliproteína de gran tamaño que es 
procesada para generar la polimerasa de RNA viral.
Las moléculas de RNA genómico recién sintetizadas inter-
accionan en el citoplasma con la proteína de la nucleocápside 
para formar nucleocápsides helicoidales. Hay un lugar de fi ja-
ción preferido para la proteína N dentro del RNA directriz. Las 
nucleocápsides experimentan gemación a través de las membra-
nas de retículo endoplásmico rugoso y el aparato de Golgi en 
zonas que contienen las glucoproteínas virales. Los viriones ma-
duros luego son transportados en vesículas a la periferia celular 
para su salida o pueden esperar hasta que las células mueran y 
entonces ser liberados.
Los viriones al parecer no se forman por la gemación en la 
membrana plasmática. Puede verse un gran número de partí-
culas en el exterior de las células infectadas y supuestamente se 
adsorben a la misma después de la liberación del virión. Deter-
minados coronavirus desencadenan la fusión celular, la cual es 
mediada por la glucoproteína S y necesita un pH de 6.5 o más. 
Algunos coronavirus establecen infecciones persistentes en las 
células en vez de ser citocidas.
Los coronavirus muestran una gran frecuencia de mutación 
durante cada ronda de replicación, lo que comprende la gene-
ración de una alta frecuencia de mutaciones por deleción. Los 
coronavirus experimentan una recombinación muy frecuente 
durante la replicación; esto es infrecuente para un virus de RNA 
con un genoma no segmentado y puede contribuir a la evolu-
ción de nuevas cepas de virus.
INFECCIONES POR CORONAVIRUS 
EN SERES HUMANOS
Patogenia
Los coronavirus tienden a ser muy específi cos de especies. Es 
poco lo que se sabe sobre la patogenia de las infecciones por co-
ronavirus en el ser humano. La mayor parte de los coronavirus y 
animales conocidos muestran un tropismo para las células epi-
teliales del sistema respiratorio o del tubo digestivo. Las infec-
ciones por coronavirus in vivo pueden diseminarse, al igual que 
con el virus de la hepatitis del ratón, o mantenerse circunscritas. 
Las infecciones por coronavirus en el ser humano suelen mante-
nerse limitadas a las vías respiratorias altas.
En cambio, el brote de SARS en 2003 se caracterizó por una 
enfermedad respiratoria grave, que comprendía neumonía e in-
sufi ciencia respiratoria progresiva. El virus también se puede de-
tectar en otros órganos como riñón, hígado e intestino delgado, 
lo mismo que en las heces. El virus del SARS probablemente se 
originó en un hospedador no humano, muy posiblemente mur-
ciélagos, se amplifi có en civetas de palmera y se transmitió al ser 
humano en los mercados de hígado animal. Los murciélagos 
de herradura chinos son reservorios naturales de coronavirus si-
milares al del SARS. En regiones rurales del sur de China, donde 
comenzó el brote epidémico, las personas, los cerdos y las aves 
domésticas viven juntos y hay un uso generalizado de especies 
silvestres para alimentación y medicina tradicional (condiciones 
que favorecen el surgimiento de nuevas cepas virales).
Se sospecha que los coronavirus causan algunas gastroen-
teritis en el ser humano. Hay varios modelos animales para los 
coronavirus entéricos, como el virus de la gastroenteritis trans-
Los virus también pueden clasifi carse en los mismos grupos 
basándose en el análisis de secuencia del genoma.
Replicación de coronavirus
Puesto que los coronavirus humanos no se multiplican bien en 
cultivo celular, los detalles de la replicación viral se han descu-
bierto en estudios con virus de la hepatitis del ratón, que está 
íntimamente relacionado con la cepa humana o C43 (fi g. 41-3). 
El ciclo de replicación ocurre en el citoplasma de las células.
El virus se adhiere a los receptores en las dianas celulares 
mediante las espigas de glucoproteínas presentes en la envoltura 
viral (sea mediante S o HE). El receptor para el coronavirus hu-
mano 229E es una aminopeptidasa N en tanto que un receptor 
funcional para el virus del SARS es la enzima convertidora de 
angiotensina 2. Múltiples isoformas de la familia de las gluco-
proteínas relacionadas con el antígeno carcinoembrionario sir-
ven de receptores para el coronavirus del ratón. La partícula es 
luego interiorizada, probablemente mediante endocitosis con 
absorción. La glucoproteína S puede causar fusión de la envol-
tura viral con la membrana celular. 
El primer fenómeno después de la desenvoltura es la tra-
ducción del RNA genómico viral para producir una RNA poli-
merasa dependiente de RNA específi co del virus. La polimerasa 
viral transcribe un RNA complementario de longitud completa 
(cadena negativa) que sirve de plantilla para una serie anidada 
de 5 a 7 mRNA subgenómicos. Sólo se traduce la secuencia del 
gen de 5′-terminal de cada mRNA. Las copias de RNA genómi-
co de longitud completa también se transcriben del RNA com-
plementario. Puesto que cada mRNA subgenómico se traduce 
en un polipéptido unitario, no son frecuentes los precursores 
FIGURA 41-1 Coronavirus humano OC43. Obsérvense las espigas 
grandes características ampliamente espaciadas que forman una “corona” 
alrededor del virión (297 000 ×). (Cortesía de FA Murphy y EL Palmer.)
CAPÍTULO 41 Coronavirus 575
El coronavirus del SARS produce enfermedad respiratoria 
grave. El periodo de incubación promedia los seis días. Los pri-
meros síntomas frecuentes son fi ebre, ataque al estado general, 
escalofríos, cefalea, somnolencia, tos y faringitis, seguida algunos 
días después de disnea. Muchos pacientes tienen radiografías to-
rácicas anormales. Algunos casos evolucionan con rapidez a la 
difi cultad respiratoria aguda que requiere apoyo con ventilación 
mecánica. La muerte por insufi ciencia respiratoria progresiva 
ocurre en casi 10% de los casos y la tasa de mortalidad es más 
alta en los ancianos.
No se han descrito claramente las manifestaciones clínicas 
de la enteritis relacionada con coronavirus. Al parecer son simi-
lares a las de las infecciones por rotavirus.
Inmunidad
Al igual que con otros virus respiratorios, sobreviene inmuni-
dad pero no es absoluta. La inmunidad contra el antígeno de 
proyección de la superfi cie probablemente es muy importante 
para la protección. La resistencia a la reinfección puede durar 
varios años, pero son frecuentes las reinfecciones por cepas si-
milares.
misible (TGEV, transmissible gastroenteritis virus)porcina. La 
enfermedad se presenta en animales jóvenes y se caracteriza 
por la destrucción de la célula epitelial y la pérdida de la capa-
cidad de absorción. En el decenio de 1980 apareció en Europa 
un nuevo coronavirus respiratorio porcino (PRCV, porcine 
respiratory coronavirus) y produjo epizootias generalizadas en 
los cerdos. El análisis de la frecuencia demostró que el PRCV 
se derivaba del TGEV mediante una gran deleción en la gluco-
proteína S1.
Manifestaciones clínicas
Los coronavirus humanos producen “resfriados comunes”, por 
lo general afebriles, en los adultos. Los síntomas son similares a 
los producidos por rinovirus, caracterizados por secreción nasal 
y ataque al estado general. El periodo de incubación es de dos a 
cinco días y los síntomas suelen persistir durante una semana 
aproximadamente. Raras veces resultan afectadas las vías respi-
ratorias bajas, aunque la neumonía en reclutas se ha atribuido a 
infección por coronavirus. Los niños asmáticos pueden padecer 
ataques de sibilancias y la enfermedad pulmonar crónica en los 
adultos puede exacerbar los síntomas respiratorios.
59
1 2 3 4 5
TGEV (grupo 1)
MHV (grupo 2)
IBV (grupo 3)
L
6 7 8 9 10 12
11
13 14 15 16
29OMTExoNHel.RdRPssRBPADRP/
PLpro
3Mpro
NendoU
L ORF1a
ORF1a S
SARS-CoV
ORF1b
S 3b M 7a N
8a
8b 9b7b
3a E 6
L ORF1a 2a 5aS M I
NEHE 4
E N3a
3b M 7
ORF1b
ORF1b
L ORF1a 3b MS 5b
N5a3a EORF1b
FIGURA 41-2 Organización genómica de los coronavirus. El genoma del coronavirus de SARS (SARS-CoV) es de casi 29.7 kb. Los genomas para 
TGEV porcino, el virus de la hepatitis del ratón (MHV) y el virus de la bronquitis infecciosa aviar (IBV) son de aproximadamente 28.5, 31.2 y 27.6 
kilobases. Las cajas sombreadas en amarillo representan marcos de lectura abiertos (ORF) que codifi can proteínas estructurales; otras cajas codifi can 
proteínas no estructurales. Los ORF separados dentro de cada gen se traducen de una especie individual de RNA mensajero. Los productos de 
desdoblamiento de ORF1 se designan nsp1-16. S, Espiga; E, envoltura; M, transmembrana; N, nucleocápside; ADRP, difosfato de adenosina-ribosa 
1′-fosfatasa; PLpro, cisteína proteinasa parecida a la papaína; Mpro, la principal cisteína proteinasa (también llamada 3CLpro); ssRBP, proteína monocatenaria 
de fi jación de RNA; RdRP, RNA polimerasa dependiente de RNA; Hel., helicasa de superfamilia 1; ExoN, 3′ → 5′ exonucleasa; NendoU, endorribonucleasa 
poli(U)-específi ca; 2′OMT, ribosa 2′-O-metiltransferasa dependiente de S-adenosilmetionina. (Reproducida con autorización de Lai MMC, Perlman S, 
Anderson LJ: Coronaviridae. En: Fields Virology, 5th ed. Knipe DM, et al [editors]. Lippincott Williams & Wilkins, 2007.)
576 SECCIÓN IV Virología
en cadena de la polimerasa (PCR) son útiles para detectar ácido 
nucleico de coronavirus en las secreciones respiratorias y en las 
muestras fecales. El RNA del virus del SARS fue detectable en el 
plasma mediante PCR y la viremia es más fácil de detectar entre 
los días 4 y 8 de la infección.
B. Aislamiento e identifi cación del virus
El aislamiento de los coronavirus humanos en cultivo celu-
lar ha sido difícil. Sin embargo, el virus del SARS se aisló de 
muestras de la bucofaringe utilizando células renales de mono 
Vero.
C. Diagnóstico serológico
Dada la difi cultad del aislamiento del virus, el diagnóstico se-
rológico utilizando sueros en etapa aguda y convaleciente es el 
La mayoría de los pacientes (>95%) con SARS presentan 
una respuesta de anticuerpo a antígenos virales que es detectable 
mediante una prueba de anticuerpo fl uorescente o bien análisis 
de inmunosorbente ligado a enzimas (ELISA). Es importante 
obtener el suero de fase de convalecencia más de 28 días después 
del inicio de los síntomas.
Diagnóstico de laboratorio
A. Detección de antígeno y ácido nucleico
Los antígenos de coronavirus presentes en las células de secre-
ciones respiratorias pueden detectarse utilizando la prueba de 
ELISA si se dispone de un antisuero de gran calidad. Se pueden 
detectar coronavirus entéricos mediante el examen de muestras 
de heces en el microscopio electrónico. Los análisis de reacción 
Fusión
ORF 1
mRNAs
(–)
(+) Pol
HE
S
E
M
N
ns
Nucleocápside
ER
ERGIC
Aparato
de Golgi
Exocitosis
Endocitosis
RNA genómico
(+)
Vesículas
de pared lisa
Transcripción
replicación
5�
5�
3�
3�
Núcleo
FIGURA 41-3 Ciclo de replicación del coronavirus. Los viriones se unen a glucoproteínas de receptor específi co o a glucanos a través de la 
proteína de espiga. La penetración y la desenvoltura ocurren por la fusión, mediada por la proteína S, de la envoltura viral con la membrana 
plasmática o las membranas endosómicas. El gen 1 del RNA genómico viral se traduce en una poliproteína, la cual es procesada para generar el 
complejo transcriptasa-replicasa. Se utiliza el RNA genómico como un templete para sintetizar RNA de tira negativa, que se utiliza para sintetizar 
RNA genómico de longitud completa y nRNA subgenómico. Cada mRNA es traducido para generar sólo la proteína codifi cada por el 5′-terminal 
del mRNA, lo que comprende las proteínas no estructurales. La proteína N y el RNA genómico recién sintetizado se ensamblan para formar 
nucleocápsides helicoidales. La glucoproteína M de la membrana se injerta en el retículo endoplásmico (ER) y se ancla en el aparato de Golgi. 
La nucleocápside (N más RNA genómico) se une a la proteína N en el compartimiento de gemación (ERGIC). Las proteínas E y M interaccionan 
para desencadenar la gemación de viriones, encerrando la nucleocápside. Las glucoproteínas S y HE son glucosiladas y trimerizadas, asociadas 
a la proteína M y se incorporan en las partículas virales en maduración. Los viriones son liberados por la función de vesículas con la membrana 
plasmática de una manera parecida a la exocitosis. Los viriones pueden mantenerse adsorbidos a las membranas plasmáticas de las células 
infectadas. Todo el ciclo de replicación del coronavirus ocurre en el citoplasma. (Reproducida con autorización de Lai MMC, Perlman S, Anderson 
LJ: Coronaviridae. En: Fields Virology, 5th ed. Knipe DM, et al [editors]. Lippincott Williams & Wilkins, 2007.)
CAPÍTULO 41 Coronavirus 577
Las medidas de control que fueron efi caces para detener la 
diseminación de SARS comprendieron aislamiento de los pa-
cientes, cuarentena de los que habían estado expuestos y res-
tricciones de viaje, así como el empleo de guantes, batas, gafas y 
respiradores por el personal sanitario. 
PREGUNTAS DE REVISIÓN
 1. Una mujer de 63 años de edad presenta fiebre, cefalea, malestar, 
mialgias y tos. Es la época inicial de la temporada de invierno de los 
virus respiratorios y el médico de la paciente no sabe cuáles virus 
están presentes en la población. ¿Cuál de los siguientes virus no es 
una causa de enfermedad respiratoria aguda?
(A) Virus de la inflenza
(B) Adenovirus
(C) Virus sincitial respiratorio
(D) Coronavirus
(E) Rotavirus
 2. Basándose en el análisis de secuencia y en los análisis serológicos, 
¿cuál de los siguientes es el origen más probable de los coronavirus 
que produce SARS?
(A) Recombinación entre un coronavirus humano y un animal que 
creó un nuevo virus
(B) Salto de un coronavirus animal al ser humano
(C) Mutación de un coronavirus humano que produjo un aumento 
de la virulencia
(D) Adquisición de genes celulares humanos por un coronavirus 
humano a través de la recombinación que permitió la evasión 
de la respuesta inmunitaria del hospedador por el virus
 3. La epidemia de SARS por coronavirus en 2002-2003 produjo mu-
chos casos y decesos. ¿Cuál es la vía principal de transmisión de los 
coronavirus humanos?
(A) Fecal-oral
(B) Respiratoria
(C) Sangre
(D) Perinatal de madre a lactante
(E) Actividad sexual
 4. Las infecciones por coronavirus en el ser humano suelen producir 
un síndrome de resfriado común. Sin embargo, un brote epidémico 
reciente de SARS se caracterizó por neumonía e insuficiencia res-
piratoria progresiva. La prevención o el tratamiento

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