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245 C A P Í T U L O Haemophilus, Bordetella, Brucella y Francisella 18 BACTERIAS DEL GÉNERO HAEMOPHILUS Este es un grupo de pequeñas bacterias polimorfas gramnegati- vas que necesitan medios enriquecidos, que por lo general con- tienen sangre o sus derivados, para su aislamiento. Haemophilus infl uenzae de tipo B es un microorganismo patógeno importan- te en el ser humano. Haemophilus ducreyi, también es un micro- organismo patógeno, de transmisión sexual, produce chancroi- de; otras bacterias del género Haemophilus forman parte de la microfl ora normal de la mucosa y sólo algunas veces producen enfermedad. HAEMOPHILUS INFLUENZAE Haemophilus infuenzae se detecta en las mucosas de las vías res- piratorias altas en el ser humano. Es una causa importante de meningitis en los niños y puede causar infecciones respiratorias en niños y adultos. Morfología e identificación A. Microorganismos típicos En las muestras de infecciones agudas, los microorganismos son bacilos cocoides cortos (1.5 μm), que a veces se encuentran en pares o cadenas cortas. En los cultivos, la morfología depende de la edad y del medio. A las 6 a 8 h en un medio enriquecido, predominan las formas cocobacilares pequeñas. Más tarde hay bacilos más largos, bacterias que experimentan lisis y muchas variantes polimorfas. Los microorganismos en cultivos jóvenes (6 a 18 h) en un medio enriquecido tienen una cápsula defi nida. La cápsula es el antígeno que se utiliza para la “tipifi cación” de H. infl uenzae (véase adelante). B. Cultivo En agar chocolate se presentan colonias planas de color pardo grisáceo con diámetros de 1 a 2 mm después de 24 h de incuba- ción. IsoVitaleX en los medios de cultivo favorece la multiplica- ción. H. infl uenzae no se multiplica en agar sangre de cordero, excepto alrededor de colonias de estafi lococos (“fenómeno saté- lite”). H. haemolyticus y H. parahaemolyticus son variantes hemo- líticas de H. infl uenzae y H. parainfl uenzae, respectivamente. C. Características de crecimiento La identifi cación de los microorganismos del grupo Haemo- philus depende en parte de demostrar la necesidad de deter- minados factores de crecimiento denominados X y V. El factor V tiene una acción fi siológica parecida a la hemina; el factor V se puede remplazar con nucleótido de nicotinamida y adenina (NAD, nicotinamide adenine nucleotide) u otras coenzimas. Las colonias de estafi lococos en agar sangre de oveja producen la li- beración de NAD y generan el fenómeno de crecimiento satélite. En el cuadro 18-1 se enumeran las necesidades de factores X y V de diversas especies del género Haemophilus. Los hidratos de carbono se fermentan en forma defi ciente e irregular. D. Variación Además de la variación morfológica, H. infl uenzae muestra una notable tendencia a perder su cápsula y la especifi cidad de tipo asociada. Las colonias de variantes no encapsuladas carecen de iridiscencia. E. Transformación En circunstancias experimentales apropiadas, el DNA extraído de un determinado tipo de H. infl uenzae puede transferir la es- pecifi cidad de tipo a otras células (transformación). La resisten- cia a la ampicilina y al cloranfenicol es controlada por los genes en plásmidos transmisibles. Estructura antigénica H. infl uenzae encapsulado contiene polisacáridos capsulares (PM > 150 000) de uno de seis tipos (a a f). El antígeno capsu- lar de tipo b es un fosfato de polirribosa-ribitol (PRP, polyribose ribitol phosphate). H. infl uenzae encapsulado se puede tipifi car mediante aglutinación en portaobjetos, coaglutinación con es- tafi lococos o aglutinación de partículas de látex recubiertas con anticuerpos de tipo específi co. Una prueba de hinchazón de la cápsula con antisuero específi co es análoga a la prueba corres- pondiente que se utiliza para los neumococos. También se puede llevar a cabo la tipifi cación mediante inmunofl uorescencia. La mayor parte de los microorganismos de la especie H. infl uenzae 246 SECCIÓN III Bacteriología son dos de los microorganismos más frecuentes de otitis media bacteriana y sinusitis aguda. Los microorganismos pueden lle- gar a la circulación sanguínea y ser transportados a las meninges o, con menor frecuencia, se pueden establecer en las articulacio- nes para producir artritis séptica. Antes del empleo de la vacuna conjugada, H. infl uenzae fue la causa más frecuente de menin- gitis bacteriana en niños de cinco meses a cinco años de edad en Estados Unidos. Se parece clínicamente a otras formas de meningitis infantil y el diagnóstico se basa en la demostración bacteriológica del microorganismo. A veces se presenta una laringotraqueítis obstructiva ful- minante con epiglotis edematosa y de color rojo cereza en los lactantes que obliga a una traqueostomía inmediata o intuba- ción como procedimiento para salvar la vida del paciente. La neumonitis y la epiglotitis por H. infl uenzae pueden presentarse después de infecciones respiratorias altas en los niños pequeños y en personas ancianas o debilitadas. Los adultos pueden tener bronquitis o neumonía a consecuencia de H. infl uenzae. Pruebas diagnósticas de laboratorio A. Muestras Las muestras consisten en frotis de secreción nasofaríngea, pus, sangre y líquido cefalorraquídeo de frotis y cultivos. B. Identifi cación directa Se dispone de estuches comerciales para la detección inmuno- lógica de antígenos de H. infl uenzae en el líquido cefalorraquí- deo. Una prueba positiva indica que el líquido tiene altas con- centraciones de polisacárido específi co de H. infl uenzae tipo b. Estas pruebas de detección de antígeno por lo general no son más sensibles que una tinción de Gram y por tanto no se usan ampliamente. En la fi gura 18-1 se ilustra una tinción de Gram de H. infl uenzae en esputo. FIGURA 18-1 Tinción de Gram de Haemophilus infl uenzae en el esputo. Los microorganismos son cocobacilos gramnegativos (fl echas pequeñas) muy pequeñas (0.3 × 1 μm). Los objetos grandes de forma irregular (fl echa grande) son los núcleos de las células polimorfonuclea- res. El moco está débilmente teñido de rosa en el fondo. en la microfl ora normal de las vías respiratorias altas no están encapsulados. Los antígenos somáticos de H. infl uenzae constan de proteí- nas de membrana externa. Los lipopolisacáridos (endotoxinas) comparten muchas estructuras con los de las neisserias. Patogenia H. infl uenzae no produce exotoxina. El microorganismo no encap- sulado es un miembro regular de la microfl ora respiratoria normal del ser humano. La cápsula es antifagocítica cuando no hay anti- cuerpos anticapsulares específi cos. La cápsula de fosfato de polirri- bosa de H. infl uenzae tipo b es el principal factor de virulencia. La frecuencia de estado de portador en las vías respiratorias altas para H. infl uenzae tipo b es de 2 a 4%. La tasa de porta- dor para H. infl uenzae no tipifi cable es 50 a 80% más alta. H. infl uenzae tipo b produce meningitis, neumonía y empiema, epiglotitis, celulitis, artritis séptica y a veces otras formas de in- fección invasiva. H. infl uenzae no tipifi cable tiende a producir bronquitis crónica, otitis media, sinusitis y conjuntivitis después de la destrucción de los mecanismos de defensa normales del hospedador. La tasa de portador para los tipos encapsulados a y c a f es baja (1 a 2%) y estos tipos capsulares pocas veces produ- cen enfermedad. Aunque el tipo b puede ser causa de bronquitis crónica, otitis media, sinusitis y conjuntivitis, las produce con menor frecuencia que H. infl uenzae no tipifi cable. Asimismo, H. infl uenzae no tipifi cable sólo a veces produce enfermedad in- vasiva (alrededor de 5% de los casos). La sangre de muchas personas mayores de tres a cinco años de edad es bactericida para H. infl uenzae y las infecciones clíni- cas son menos frecuentes en ellas. Sin embargo, no se detectan anticuerpos bactericidas en 25% de los adultos estadounidenses y se han presentado infecciones clínicas en adultos. Manifestaciones clínicasH. infl uenzae tipo b entra a través del sistema respiratorio. Pue- de haber una diseminación local con afectación de los senos pa- ranasales o el oído medio. H. infl uenzae tipo b y los neumococos CUADRO 18-1 Características y necesidades de cultivo de bacterias del género Haemophilus importantes para el ser humano Especie Necesita HemólisisX V Haemophilus influenzae (H. aegyptius) + + − Haemophilus parainfluenzae − + − Haemophilus ducreyi + − − Haemophilus haemolyticus + + + Aggregatibacter aphrophilusa − − − Haemophilus paraphrophaemolyticus − + + Haemophilus segnis − + − X, hem; V, dinucleótido de nicotinamida y adenina. aAhora denominado Aggregatibacter. CAPÍTULO 18 Haemophilus, Bordetella, Brucella y Francisella 247 complicaciones tardías de la meningitis por H. infl uenzae tipo b destacan la aparición de una acumulación subdural circunscrita de líquido que exige drenaje quirúrgico. Epidemiología, prevención y control H. infl uenzae tipo b encapsulado se transmite entre personas por vía respiratoria. La infección por H. infl uenzae tipo b puede prevenirse mediante la administración de la vacuna conjugada de Haemophilus b aplicada a los niños. En la actualidad se dis- pone de tres vacunas conjugadas: PRPHbOC en la cual el con- jugado es CRM197, una toxina dift érica no tóxica; PRP-OMPC, complejo de proteína de la membrana externa de Neisseria me- ningitidis; y PRP-T, que utiliza toxoide tetánico. A partir de los dos meses de edad, a todos los niños se les debe inmunizar con una de las vacunas conjugadas. Dependiendo de la vacuna que se escoja, la serie consta de tres dosis que se administran a los dos, cuatro y seis meses de edad o dos dosis que se administran a los dos y a los cuatro meses. En ocasiones se administra una dosis de refuerzo adicional entre los 12 y los 15 meses de edad. Todas estas vacunas conjugadas se pueden aplicar al mismo tiempo que la administración de otras vacunas como DTaP. El empleo generalizado de la vacuna de H. infl uenzae tipo b ha re- ducido la frecuencia de meningitis en más del 95% por el mismo microorganismo en los niños. La vacuna reduce las tasas de por- tador de H. infl uenzae tipo b. El contacto con los pacientes que padecen una infección clínica por H. infl uenzae plantea escaso riesgo para los adultos pero constituye un riesgo defi nido para los hermanos no inmunes y otros niños no inmunes menores de cuatro años de edad que son contactos cercanos del paciente. En estos niños se recomienda la profi laxis con rifampicina. HAEMOPHILUS AEGYPTIUS Este microorganismo anteriormente se denominaba bacilo de Koch-Weeks; a veces se denomina H. infl uenzae biotipo III, pero la designación actual es H. infl uenzae biogrupo aegyptius. Es muy parecido a H. infl uenzae y se relaciona con una forma de conjuntivitis muy contagiosa. H. aegyptius es la causa de la fi ebre purpúrica brasileña, una enfermedad de los niños que se carac- teriza por fi ebre, púrpura, choque y muerte del paciente. AGGREGATIBACTER APHROPHILUS Los microorganismos que pertenecen a las especies Haemophilus aphrophilus y Haemophilus paraphrophilus en tiempos recientes se combinaron para integrar la misma especie y se modifi có el nombre a Aggregatibacter aphrophilus. También se ha añadido Actinobaci- llus actinomycetemcomitans al género Aggregatibacter. Las cepas de A. aphrophilus suelen detectarse como causas de endocarditis in- fecciosa y neumonía. Estos microorganismos están presentes en la cavidad oral como parte de la microfl ora respiratoria normal. HAEMOPHILUS DUCREYI Haemophilus ducreyi produce el chancroide (chancro blando), una enfermedad de transmisión sexual. El chancroide consiste en una úlcera rasgada en los genitales, con edema e hiperalgesia C. Cultivo Se cultivan las muestras en agar chocolate enriquecido con Iso- VitaleX hasta que aparecen las colonias características. H. in- fl uenzae se diferencia de los bacilos gramnegativos relacionados por sus necesidades de factores X y V y por su falta de hemólisis en agar sangre (cuadro 18-1). Las pruebas para necesidades de factor X (hem) y V (dinu- cleótido de nicotinamida y adenina) pueden realizarse de diver- sas maneras. Las bacterias del género Haemophilus que necesi- tan factor V se multiplican alrededor de tiras de papel o discos que contienen factor V colocado en la superfi cie de agar que se han procesado en autoclave antes de añadir la sangre (el factor V es termolábil). Como alternativa, se puede colocar una tira que contenga factor X en paralelo con otra que contenga fac- tor V en agar defi ciente en estos nutrimentos. La multiplicación de Haemophilus en la zona de respuesta entre las tiras indica la necesidad de los dos factores. Una mejor prueba para la nece- sidad de factor V se basa en la incapacidad de H. infl uenzae y algunas otras especies del género Haemophilus de sintetizar hem a partir del ácido δ-aminolevulínico. El inóculo se incuba con ácido δ-aminolevulínico. Los microorganismos del género Hae- mophilus que no necesitan factor X sintetizan porfobilinógeno, porfi rinas, protoporfi rina IX y hem. La presencia de fl uorescen- cia roja bajo la luz ultravioleta (aproximadamente 360 nm) indi- ca que hay porfi rinas y es una prueba positiva. Las bacterias del género Haemophilus que sintetizan porfi rinas (y por tanto hem) no son H. infl uenzae (cuadro 18-1). Inmunidad Los lactantes menores de tres meses pueden tener anticuerpos séricos transmitidos por la madre. Durante este periodo es poco común la infección por H. infl uenzae, pero después se pierden los anticuerpos. Los niños a menudo adquieren infecciones por H. infl uenzae, que suelen ser asintomáticas pero que pueden adoptar la forma de enfermedades respiratorias o meningitis. H. infl uenzae ha sido la causa más frecuente de meningitis bacte- riana en niños de cinco meses a cinco años de edad. Entre los tres y cinco años de edad, muchos niños no inmunizados adquieren de forma natural anticuerpos contra-PRP que favorecen la destruc- ción bactericida dependiente de complemento y la fagocitosis. La inmunización de los niños con vacuna conjugada de H. infl uen- zae tipo b induce a la formación de los mismos anticuerpos. Existe una correlación entre los anticuerpos bactericidas presentes y la resistencia a las infecciones importantes por H. in- fl uenzae tipo b. Sin embargo, no se sabe si estos anticuerpos en sí contribuyen a la inmunidad. Los adultos con estos anticuerpos pueden presentar neumonía o la artritis por H. infl uenzae. Tratamiento La tasa de mortalidad de la meningitis por H. infl uenzae no tratada puede ascender a 90%. Muchas cepas de H. infl uenzae tipo b son susceptibles a la ampicilina, pero hasta 25% producen lactamasa β bajo control de un plásmido trasmisible y son resis- tentes. Básicamente todas las cepas son susceptibles a la cefalos- porina de tercera generación. La cefotaxima administrada por vía intravenosa produce resultados excelentes. El diagnóstico inmediato y el tratamiento antimicrobiano son esenciales para disminuir la alteración neurológica y mental tardía. Entre las 248 SECCIÓN III Bacteriología dina, se pueden demostrar gránulos metacromáticos bipolares. Contienen una cápsula. B. Cultivo El aislamiento primario de B. pertussis exige medios enriqueci- dos. El medio de Bordet-Gengou (agar papa-sangre-glicerol) que contiene penicilina G, 0.5 μg/ml se puede utilizar; sin embargo, es preferible un medio que contenga carbón activado similar al que se utiliza para Legionella pneumophila. Los discos se incu- ban a una temperatura de 35 a 37°C durante tres a siete días en medio húmedo (p. ej., una bolsa de plástico sellada). Los bacilos gramnegativos de tinción débil pequeños se identifi can median- te la tinción inmunofl uorescente. B. pertussis no es móvil. C. Características de crecimiento El microorganismo es un aerobio estricto y forma ácido pero no gas a partir de glucosa y lactosa. No necesita factores X y V en el subcultivo.La hemólisis de medio que contiene sangre se relaciona con B. pertussis virulento. D. Variación Cuando se aísla en pacientes y se cultiva en medios enriqueci- dos, B. pertussis se encuentra en la fase hemolítica y virulenta productora de toxina pertussis. Hay dos mecanismos por los cuales B. pertussis cambia a formas no hemolíticas, no virulentas no productoras de toxina. La modulación fenotípica reversible ocurre cuando se multiplica B. pertussis en ciertas condiciones ambientales (p. ej., 28°C por contraposición a 37°C, la presencia de MgSO4, etc.). La variación de fase reversible se presenta tras una mutación de baja frecuencia en el locus genético que con- trola la expresión de los factores de virulencia (véase adelante). Es posible que estos mecanismos desempeñen una función en el proceso infeccioso, pero no se ha demostrado clínicamente cuál es. Estructura antigénica, patogenia y anatomía patológica B. pertussis produce diversos factores que intervienen en la patogenia de la enfermedad. Un locus en el cromosoma de B. pertussis hace las veces de un regulador central de los genes de virulencia. Este locus tiene dos genes de virulencia de Bor- detella, bvgA y bvgS. Los productos de los loci A y S son si- milares a los de los sistemas reguladores de dos componentes conocidos. bvgS responde a las señales ambientales en tanto que bvgA es un activador de la transcripción de los genes de virulencia. La hemaglutinina fi lamentosa media la adherencia a las células epiteliales ciliadas. La toxina pertussis favorece la linfocitosis, la sensibilización a la histamina y la mayor secre- ción de insulina y tiene una actividad de ribosilación de ADP, con una estructura A/B y un mecanismo de acción similar al de la toxina del cólera. La hemaglutinina fi lamentosa y la toxina pertussis son proteínas secretadas y se encuentran fuera de las células de B. pertussis. La toxina adenilatociclasa, la toxina dermonecrótica y la hemolisina también son reguladas por el sistema bvg. La citotoxina traqueal inhibe la síntesis de DNA en las células ciliadas y no es regulada por bvg. Las pilosidades probablemente tienen una participación en la adherencia de las bacterias a las células epiteliales ciliadas de las vías respi- dolorosa intensos. Los ganglios linfáticos regionales están aumen- tados de tamaño y son dolorosos. La enfermedad debe distinguir- se de la sífi lis, la infección por el herpes simple y el linfogranuloma venéreo. Los bacilos gramnegativos pequeños se encuentran en cor- dones en las lesiones, por lo general acompañados por otros mi- croorganismos piógenos. H. ducreyi necesita factor X pero no factor V. Se multiplica mejor en los raspados de la base de la úlcera en agar chocolate que contiene IsoVitaleX al 1% y vanco- micina, 3 μg/ml, e incubados en CO2 al 10% a una temperatura de 33°C. No hay inmunidad permanente después de la infección por chancroide. El tratamiento con ceft riaxona intramuscular, trimetoprim-sulfametoxazol oral o eritromicina oral a menudo produce la cicatrización en dos semanas. OTRAS BACTERIAS DEL GÉNERO HAEMOPHILUS Haemophilus haemoglobinophilus necesita factor X pero no factor V y se ha detectado en perros pero no en enfermedades humanas. Haemophilus haemolyticus es el microorganismo he- molítico más marcado del grupo in vitro; se distribuye tanto en la nasofaringe normal como en relación con infecciones poco comunes del aparato respiratorio de gravedad moderada en los niños. Haemophilus parainfl uenzae se parece a H. infl uenzae y es un residente normal del aparato respiratorio humano; se ha detectado de manera esporádica en la endocarditis infecciosa y en la uretritis. H. suis se parece a H. infl uenzae desde el punto de vista bacteriológico y tiene una acción sinérgica con el virus de la infl uenza porcina para producir la enfermedad en cerdos. BORDETELLA Hay varias especies del género Bordetella. Bordetella pertussis, un microorganismo patógeno muy contagioso e importante en el ser humano, produce tos ferina. Bordetella parapertussis puede producir una enfermedad muy similar. Bordetella bronchiseptica (Bordetella bronchicanis) produce enfermedad en animales como la tos de los perros y de los conejos, y sólo a veces produce enfer- medad respiratoria y bacteriemia en el ser humano, principalmen- te en hospedadores inmunodefi cientes. Bordetella avium produce la coriza de los pavos y se sabe que infecta al ser humano. Especies más nuevas y sus relaciones con enfermedades comprenden B. hinzii (bacteriemia y enfermedad respiratoria). B. holmseii (bac- teriemia en pacientes inmunodefi cientes) y B. trematum (heridas y otitis media). B. pertussis, B. parapertussis y B. bronchiseptica están íntimamente relacionadas y tienen una homología de DNA de 72 a 94% y diferencias muy limitadas en el análisis enzimático multilocus; las tres especies podrían considerarse tres subespecies dentro de una especie. B. avium es una especie distintiva. BORDETELLA PERTUSSIS Morfología e identifi cación A. Microorganismos típicos Los microorganismos son cocobacilos gramnegativos diminutos que se parecen a H. infl uenzae. En la tinción con azul de tolui- 471 C A P Í T U L O Virus de la hepatitis 35 La hepatitis viral es una enfermedad sistémica que afecta princi- palmente al hígado. Casi todos los casos de hepatitis viral aguda en niños y adultos se deben a uno de los siguientes virus: virus de la hepatitis A (HAV), el agente causal de la hepatitis viral de tipo A (hepatitis infecciosa); virus de la hepatitis B (HBV), que produce la hepatitis B (hepatitis por el suero); virus de la hepatitis C (HCV), que produce la hepatitis C (causa frecuente de hepatitis después de transfusiones); o el virus de la hepatitis E (HEV), que produce la he- patitis transmitida por vía enteral. En otros capítulos se describen virus adicionales bien caracterizados que pueden causar hepatitis esporádica, tales como virus de la fi ebre amarilla, citomegalovirus, virus de Epstein-Barr, virus del herpes simple, virus de la rubéola y enterovirus. Los virus de la hepatitis producen una infl amación aguda del hígado que causa enfermedad clínica caracterizada por fi ebre, síntomas digestivos como náusea, vómito e ictericia. Sin im- portar el tipo de virus, durante la enfermedad aguda se observan lesiones histopatológicas idénticas en el hígado. PROPIEDADES DE LOS VIRUS DE LA HEPATITIS En el cuadro 35-1 se muestran las características de los cinco virus de la hepatitis conocidos. En el cuadro 35-2 se presenta la nomen- clatura de los virus de la hepatitis, los antígenos y los anticuerpos. Hepatitis tipo A El HAV es un miembro diferente de la familia de los Picorna- viridae (cap. 36); es una partícula esférica de 27 a 32 nm con simetría icosaédrica cúbica que contiene un genoma lineal de RNA monocatenario con un tamaño de 7.5 kb. Aunque en un principio se clasifi có provisionalmente como enterovirus 72, las secuencias de nucleótido y aminoácido del HAV son tan di- ferentes que se le ubicó en un nuevo género de picornavirus, Hepatovirus. Sólo se conoce un serotipo. No existe reactividad cruzada antigénica con HBV o con los otros virus de la hepatitis. El análisis de la secuencia genómica de una región variable en la unión de los genes 1D y 2A permitió clasifi car las cepas de HAV en siete genotipos. En el cuadro 36-1 se enumeran las propieda- des importantes de la familia Picornaviridae. El HAV es estable al tratamiento con éter al 20%, ácido (pH de 1.0 durante 2 h) y al calor (60°C durante 1 h) y su infectivi- dad puede conservarse por lo menos durante un mes después de desecarse y almacenarse a una temperatura de 25°C y con hume- dad relativa de 42% o durante años a temperatura de −20°C. El virus se destruye con el autoclave (121°C durante 20 min), ebu- llición en agua por 5 min, con calor seco (180°C por 1 h), por radiación ultravioleta (1 min a 1.1 watts), mediante el tratamiento con formalina (1:4 000 durante tres días a unatemperatura de 37°C) o por el tratamiento con cloro (10 a 15 ppm durante 30 min). Es necesario calentar el alimento a una temperatura >85°C durante un minuto y desinfectar las superfi cies con hipoclorito de sodio (dilución de blanqueador de cloro a 1:100) para inactivar al HAV. La resistencia relativa de este virus a los procedimientos de desinfección resalta la necesidad de precauciones adicionales para tratar a los pacientes con hepatitis y sus productos. El HAV se identifi có inicialmente en heces y muestras de biopsias de hígado utilizando microscopia electrónica con téc- nicas inmunológicas como sistema de detección (fi g. 35-1). Los análisis serológicos sensibles y la técnica de reacción en cadena de la polimerasa (PCR, polymerase chain reaction) permiten la detección de HAV en las heces y otras muestras y determinar anticuerpos específi cos en suero. Los linajes celulares de diversos primates respaldan el desa- rrollo del HAV, aunque las cepas frescas de virus son difíciles de adaptarse y desarrollarse. Por lo general no se manifi estan efec- tos citopáticos. Las mutaciones en el genoma viral se seleccionan durante la adaptación al cultivo de tejido. FIGURA 35-1 Microfotografía electrónica de un virus de la hepatitis A de 27 nm agregado con anticuerpo (222 000 ×). Obsérvese la presen- cia de un “halo” de anticuerpo alrededor de cada partícula. (Cortesía de DW Bradley, CL Hornbeck y JE Maynard.) 472 SECCIÓN IV Virología CUADRO 35-1 Características de los virus de la hepatitis Virus Hepatitis A Hepatitis B Hepatitis C Hepatitis D Hepatitis E Familia Picornaviridae Hepadnaviridae Flaviviridae No clasificada Hepeviridae Género Hepatovirus Orthohepadnavirus Hepacivirus Deltavirus Hepevirus Virión 27 nm, icosaédrico 42 nm, esférico 60 nm, esférico 35 nm, esférico 30-32 nm, icosaédrico Envoltura No Sí (HbsAg) Sí Sí (HBsAg) No Genoma ssRNA dsDNA ssRNA ssRNA ssRNA Tamaño del genoma (kb) 7.5 3.2 9.4 1.7 7.2 Estabilidad Estable en calor y ácido Sensible al ácido Sensible al éter, sensible al ácido Sensible al ácido Termoestable Transmisión Fecal-oral Parenteral Parenteral Parenteral Fecal-oral Prevalencia Alta Elevada Moderada Baja, regional Regional Enfermedad fulminante Infrecuente Infrecuente Infrecuente Frecuente En embarazo Enfermedad crónica Nunca Frecuente Frecuente Frecuente Nunca Oncógeno No Sí Sí ? No CUADRO 35-2 Nomenclatura y defi niciones de virus, antígenos y anticuerpos de la hepatitis Enfermedad Componente del sistema Defi nición Hepatitis A HAV Anticuerpos contra HAV Anticuerpos IgM contra HAV Virus de la hepatitis A. Microorganismo causante de la hepatitis infecciosa. Un picornavirus, el prototipo del género Hepatovirus Anticuerpo contra HAV. Detectable al inicio de los síntomas; persiste de por vida Anticuerpos IgM contra HAV. Indica infección reciente con hepatitis A; positivo hasta 4 a 6 meses después de la infección Hepatitis B HBV HBsAg HBeAg HBcAg Anticuerpos contra HBs Anticuerpos contra HBe Anticuerpos contra HBc Anticuerpos IgM contra HBc Virus de la hepatitis B. Microorganismo causante de la hepatitis sérica. Un hepadnavirus. Antígeno de superficie B de la hepatitis; antígeno(s) de superficie de HBV detectable en gran cantidad en suero; varios subtipos identificados Antígeno E de la hepatitis B. Se relaciona con la nucleocápside de HBV; indica replicación viral; circula como antígeno soluble en suero Antígeno central de la hepatitis B Anticuerpos contra HBsAg. Indica una infección previa con HBV e inmunidad al mismo; presencia de anticuerpo pasivo de HBIG, o respuesta inmunitaria de la vacuna HBV Anticuerpos contra HBeAg. La presencia en el suero de portador de HBsAg indica un título más bajo de HBV Anticuerpos contra HBcAg. Indica infección con HBV en algún momento previo indefinido Anticuerpos IgM contra HBcAg. Indica infección reciente con HBV; positivo durante 4 a 6 meses después de la infección Hepatitis C HCV Anticuerpos contra HCV Virus de la hepatitis C, un microorganismo causante frecuente de la hepatitis subsiguiente a transfusiones. Un flavivirus, género Hepacivirus Anticuerpos contra HCV Hepatitis D HDV HDAg Anticuerpos contra HDV Virus de la hepatitis D. Microorganismo etiológico de la hepatitis delta; causa infección sólo en presencia de HBV Antígeno delta (Ag delta). Detectable en la infección aguda inicial por HDV Anticuerpos contra Ag delta (anti-delta). Indica infección previa o presente por HDV Hepatitis E HEV Virus de la hepatitis E. Virus de la hepatitis transmitido por vía entérica. Produce grandes epidemias en Asia, norte y occidente de África y México; transmisión fecal-oral o en el agua. No clasificado Inmunoglobulinas IG HBIG Inmunoglobulina USP. Contiene anticuerpos contra HAV; no anticuerpos con HBsAg, HCV o VIH Inmunoglobulina de la hepatitis B. Contiene altos títulos de anticuerpos contra HBV CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 473 del marco y codifi ca el HBsAg principal, así como los polipépti- dos que contienen además secuencias pre-S2 o pre-S1 y pre-S2. El gen C tiene dos codones de iniciación dentro del marco y co- difi ca HBcAg más la proteína HBe, que es procesada para pro- ducir HBe, la cual es procesada para producir HBeAg soluble. Las partículas que contienen HBsAg son antigénicamente complejas. Cada una contiene un antígeno específi co de grupo, a, Hepatitis tipo B El HBV se clasifi ca como un hepadnavirus (cuadro 35-3); desa- rrolla infecciones crónicas, sobre todo en las personas infectadas durante la lactancia; es un factor importante para el desarrollo de una enfermedad hepática y el carcinoma hepatocelular en estos individuos. A. Estructura y composición El estudio con microscopia electrónica con suero positivo para HBsAg revela tres formas morfológicas (fi gs. 35-2 y 35-3A). La mayoría son partículas esféricas que miden 22 nm de diámetro (fi g. 35-3B). Estas partículas pequeñas están constituidas exclu- sivamente por HBsAg, pues son formas tubulares o fi lamento- sas que tienen el mismo diámetro pero que pueden tener una longitud de más de 200 nm, y se deben a la producción excesiva de HBsAg. Los viriones esféricos más grandes, de 42 nm (origi- nalmente designados como partículas de Dane) se observan con menos frecuencia (fi g. 35-2). La superfi cie externa, o envoltura, contiene HBsAg y rodea un centro de nucleocápside interna de 27 nm que contiene HBcAg (fi g. 35-3C). La longitud varia- ble de una región monocatenaria del genoma de DNA circular produce partículas genéticamente heterogéneas con una amplia gama de densidades fl otantes. El genoma viral (fi g. 35-4) consta de DNA circular parcial- mente bicatenario de 3 200 bp de longitud. Las cepas de HBV diferentes comparten una homología de secuencia nucleotídica de 90 a 98%. La cadena negativa de longitud uniforme de DNA (cadena L o larga) es complementaria a todos los mRNA de HBV; la cadena positiva (cadena S o corta) es variable y tiene una longitud de unidad entre 50 y 80%. Existen cuatro marcos de lectura abiertos que codifi can sie- te polipéptidos. Éstos son las proteínas estructurales de la su- perfi cie del virión y el núcleo, un transactivador transcripcional pequeño (X) y una proteína de polimerasa grande (P) que com- prende DNA polimerasa, transcriptasa inversa y actividad de ribonucleasa H. El gen S tiene tres codones de iniciación dentro CUADRO 35-3 Propiedades importantes de los hepadnavirusa Virión: Casi 42 nm de diámetro en general (nucleocápsides, 18 nm) Genoma: Una molécula de DNA bicatenario, circular, de 3.2 kbp. En el virión, la cadena de DNA negativa tiene longitud completa y la cadena de DNA positiva está parcialmente completa. La brecha debe completarse al inicio del ciclo de replicación Proteínas: Dos polipéptidos importantes (uno glucosilado) están presentes en HBsAg; un polipéptido está presente en HBcAg Envoltura: Contiene HBsAg y lípido Replicación: Por medio de una copia de RNA intermedio del genoma deDNA (HBcAg en el núcleo; HBsAg en el citoplasma). Tanto el virus maduro como las partículas esféricas de 22 nm constan de HBsAg secretado por la superficie celular Características destacadas: La familia está constituida por muchos tipos que infectan al ser humano y a los animales inferiores (p. ej., patos, ardillas, marmotas) Causa hepatitis aguda y crónica, que a menudo avanza a los estados de portador permanentes y carcinoma hepatocelular a Para HAV, véanse las propiedades de los picornavirus (cuadro 36-1); para HCV, véase la descripción de los fl avivirus (cuadro 38-1). 42 nm 15-25 nm Virus incompleto 20x20-200 nm Cadena L Cadena S 5′ 3′ 3′ 5′ DNA viral 3200 bp Virión Partículas portadores de HBsAg en sangre HBeAg soluble liberado del centro del virión Centro del virión con HBcAg 28 nm Centro del virión Detergente potente Detergente potente Detergente no iónico B A FIGURA 35-2 Formas virales y subvirales de la hepatitis B. A: Representaciones esquemáticas de tres formas que contienen HBsAg que pueden identifi carse en el suero de portadores de HBV. La partícula de Dane esférica de 42 nm puede destruirse mediante detergentes no iónicos para liberar el centro de 28 nm que contienen el genoma de DNA viral parcialmente bicatenario. Un antígeno soluble, denominado HBeAg, puede liberarse de las partículas del centro mediante el tratamiento con un detergente potente. B: Microfotografía electrónica que muestra tres formas de portadores de HBsAg diferentes: partículas esféricas pleomórfi cas de 20 nm (A), formas fi lamentosas (B) y partículas de Dane esféricas de 42 nm, la forma infecciosa de HBV (C). (Cortesía de FB Hollinger.) 474 SECCIÓN IV Virología porque los casos secundarios tienen el mismo subtipo que el caso índice. La estabilidad de HBsAg no siempre coincide con la del compuesto infeccioso. Sin embargo, los dos son estables a una temperatura de −20°C durante más de 20 años y estables al con- además de las dos porciones de subdeterminantes mutuamente exclusivas, d/y y w/r. Por consiguiente, se han observado cuatro fenotipos de HBsAg: adw, ayw, adr y ayr. En Estados Unidos, adw es el subtipo predominante. Estos biomarcadores espe- cífi cos de virus son útiles en investigaciones epidemiológicas, A B C Eco RI 3182/1 28 00 24 00 20 00 1600 DR1 DR2 II 5′ I 5′ 1200 800 400 Pre -S1 : 12 8 aa 3155 2848 3172 15 5 G RE 833 16 21 137418 36 18 14 19 01 2357 2450 55 aa Pre-S2 G en S : 226 aa RNA de 2.1 kb R egión P : 832 aa Región X : 154 aa G en C : 183 aa R N A de 3.5 kb Pre-C 1934 A A A A A A Ca den a – Ca den a + S prom prom Pre-C pro m In te ns ifi ca do r X Pr e- S1 pr om 18 20 17 90 Int FIGURA 35-3 A: Plasma humano no fraccionado positivo para HBsAg. Se muestran los fi lamentos, las partículas esféricas de 22 nm y algunos viriones de 42 nm (77 000 ×). B: HBsAg purifi cado (55 000 ×). (Cortesía de RM McCombs y JP Brunschwig.) C: HBcAg purifi cado de núcleos de hígado infectado (122 400 ×). El diámetro de las partículas del centro es de 22 nm. (Cortesía de HA Fields, GR Dreesman y G Cabral.) FIGURA 35-4 Organización genética del genoma de HBV. Cuatro marcos de lectura abiertos que codifi can siete péptidos están señalados con fl echas grandes. Están marcadas las secuencias reguladoras (promotores [prom], los intensifi cadores [Int] y el elemento reactivo de glucocorticoide [GRE]). Sólo están representados los dos transcriptos principales (centro/pre-genoma y mRNA S). DR1 y DR2 son dos secuencias directamente repetidas de 11 bp en las extremidades 5′ del DNA de cadena negativa y positiva. (Reproducida con autorización de Buendia MD: Hepatitis B viruses and hepatocellular carcinoma. Adv Cancer Res 1992;59:167. Academic Press, Inc., 1992.) CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 475 Los centros experimentan gemación en las membranas pre-Golgi, adquiriendo envolturas que contienen HBsAg y pueden salir de la célula. Como alternativa, los centros pueden reimportarse hacia el núcleo e iniciar otra ronda de replicación en la misma célula. Hepatitis tipo C Los estudios clínicos y epidemiológicos y los experimentos de provocación cruzada en los chimpancés habían señalado que existían varios virus de la hepatitis no A, no B (NANB), los cua- les, con base en análisis serológicos, no estaban relacionados con HAV o HBV. El principal virus se identifi có como el virus de la hepatitis C (HCV). Éste es un virus de RNA de tira positiva, clasifi cado bajo la familia Flaviviridae, género Hepacivirus. Con el análisis de la secuencia de RNA se pueden diferenciar varios virus en por lo menos seis genotipos principales y más de 100 subtipos. Los genotipos difi eren entre sí en 25 a 35% al nivel del nucleótido; los subtipos difi eren entre sí en 15 a 25%. El genoma es de 9.4 kb de tamaño y codifi ca una proteína central, dos gluco- proteínas de la envoltura y varias proteínas no estructurales (fi g. 35-6). La expresión de clones de cDNA de HCV en levaduras dio por resultado el desarrollo de análisis serológicos para anti- cuerpos contra HCV. La mayor parte de los casos de hepatitis de NANB consecutivas a transfusiones eran causados por HCV. gelamiento y descongelamiento repetidos. El virus también es es- table a una temperatura de 37°C durante 60 min y se mantiene viable después de desecarse y almacenarse a 25°C por lo menos durante una semana. HBV (pero no HBsAg) es sensible a tempera- turas más elevadas (100°C durante 1 min) o a periodos de incuba- ción más prolongados (60°C durante 10 h). HBsAg se mantiene estable a un pH de 2.4 hasta por 6 h, pero se pierde la infectividad de HBV. El hipoclorito de sodio al 0.5% (p. ej., blanqueador de cloro a 1:10), destruye la antigenicidad luego de 3 min a concen- traciones bajas de proteína, pero las muestras de suero no diluido necesitan concentraciones más altas (5%). HBsAg no se destruye con la radiación ultravioleta del plasma u otros hemoderivados y la infectividad viral también ofrece resistencia a tal tratamiento. B. Replicación del virus de la hepatitis B El virión infeccioso se adhiere a las células y pierde su envoltura (fi g. 35-5). En el núcleo, el genoma viral parcialmente bicatenario se convierte a DNA bicatenario circular cerrado en forma covalen- te (cccDNA). El cccDNA sirve de molde para todos los transcrip- tos virales, incluido el RNA de pregenoma de 3.5 kb. El RNA del pregenoma se encapsida con HBcAg recién sintetizado. Dentro de los núcleos, la polimerasa viral sintetiza mediante transcripción in- versa una copia de DNA de tira negativa. La polimerasa comienza a sintetizar la tira de DNA positiva, pero no se concluye el proceso. Adherencia Desenvoltura Síntesis de DNA de cadena positiva Síntesis de DNA de cadena negativaRNA de 3.5 kb Encapsidación Traducción Citoplasma Transcripción AAA AAA AAA (mRNA de 2.1, 2.4 y 3.5 kb) Núcleo cccDNA Reparación de DNA del hospedador Célula de salida Envoltura adquirida (pre-Golgi) Ciclo de reentrada FIGURA 35-5 Ciclo de replicación de HBV. La adherencia de HBV a un receptor en la superfi cie de los hepatocitos ocurre a través de una porción de la región pre-S de HBsAg. Después de la desenvoltura del virus, las enzimas celulares no identifi cadas convierten el DNA parcialmente bicatenario en DNA circular cerrado en forma covalente (ccc) que puede detectarse en el núcleo. El cccDNA sirve de plantilla para la producción de mARN de HBV y el pregenoma de RNA de 3.5 kb. El pregenoma sufre encapsidación por una señal de envoltura ubicada cerca del extremo 5′ del RNA en partículas del centro recién sintetizadas, donde sirve de plantilla para la transcriptasa inversa de HBV codifi cada dentro del gen de la polimerasa. Una actividad de ribonucleasa H de la polimerasa retira la plantilla de RNA a medida que se sintetiza el DNA de cadena negativa. La síntesis de DNA de cadena po- sitiva no procede hasta su conclusióndentro del centro, lo que da por resultado productos intermedios replicativos que constan de DNA de cadena negativa de longitud completa más DNA de cadena positiva de longitud variable (20 a 80%). Las partículas de centro que contienen estos interme- diarios replicativos de DNA experimentan brotes desde las membranas de pre-Golgi (adquiriendo HBsAg en el proceso) y pueden salir de la célula o volver a entrar en el ciclo de infección intracelular. (Reproducida con autorización de Butel JS, Lee TH, Slagle BL: Is the DNA repair system involved in hepatitis-B-virus-mediated hepatocellular carcinogenesis? Trends Microbiol 1996;4:119.) 476 SECCIÓN IV Virología Nueva Delhi, cuando se presentaron 29 000 casos de hepatitis ictérica tras la contaminación del suministro de agua potable de la ciudad por aguas residuales. Las mujeres embarazadas pueden tener una tasa de mortalidad elevada (20%) si presen- tan hepatitis fulminante. Se ha clonado el genoma viral y es un RNA de polaridad positiva, monocatenario de 7.2 kb. El virus se parece a los calicivirus pero se ha remplazado en una nueva familia de virus, Herpesviridae, del género Herpesvirus. Las cepas animales de HEV son frecuentes en todo el mundo. En Estados Unidos hay indicios de infecciones por HEV o si- milares a HEV en roedores, cerdos, carneros y ganado bovino. Existe la posibilidad de que el virus se difunda de los animales al ser humano. INFECCIONES POR EL VIRUS DE LA HEPATITIS EN SERES HUMANOS Anatomía patológica El término hepatitis es un término general que signifi ca infl ama- ción del hígado. En el examen microscópico hay una degene- ración de la célula parenquimatosa en placas, con necrosis de he- patocitos, una reacción infl amatoria lobular difusa y destrucción de los cordones de hepatocitos. Estos cambios parenquimatosos se acompañan de hiperplasia de células reticuloendoteliales (de Kupff er), infi ltración periportal por células mononucleares y de- generación celular. A menudo se observan zonas circunscritas de necrosis. En una etapa más avanzada de la enfermedad hay una acumulación de macrófagos cerca de los hepatocitos en de- generación. La conservación de la estructura reticular permite la regeneración del hepatocito de manera que con el tiempo puede recuperarse la estructura tan ordenada del lóbulo hepático. El tejido hepático lesionado suele restablecerse en un lapso de ocho a 12 semanas. Los portadores crónicos de HBsAg pueden presentar o no manifestaciones clínicas evidentes de enfermedad hepática. La hepatitis viral persistente (no resuelta), una enfermedad benig- na leve que puede presentarse tras la hepatitis B aguda en 8 a 10% de los pacientes adultos, se caracteriza por concentracio- nes esporádicas anormales de aminotransferasa y hepatomega- lia. En el examen histológico está conservada la estructura lo- bular, observándose infl amación portal, hepatocitos hinchados y pálidos (disposición en empedrado) y fi brosis leve a nula. Esta lesión a menudo se observa en portadores asintomáticos, por lo general no evoluciona hacia la cirrosis y tiene un pronóstico favorable. Casi todas las nuevas infecciones por HCV son subclínicas. La mayor parte de los pacientes infectados con este virus (70 a 90%) presenta hepatitis crónica y muchos corren el riesgo de evolucionar a hepatitis activa crónica y cirrosis (10 a 20%). En algunos países, como en Japón, la infección por HCV a menudo desencadena carcinoma hepatocelular. Casi 25 000 individuos fallecen cada año por hepatitis crónica y cirrosis en Estados Uni- dos; la HCV al parecer contribuye de manera importante a esta mortalidad (alrededor de 40%). La HCV manifi esta diversidad genómica con diferentes ge- notipos (clados) de predominio en diferentes partes del mundo. El virus experimenta una variación de la secuencia durante las infecciones crónicas. Esta población viral compleja en un hos- pedador se designa como “cuasiespecie”. Tal diversidad genéti- ca no se correlaciona con diferencias en la enfermedad clínica, aunque existen diferencias en la respuesta al tratamiento antiviral según el genotipo viral. Hepatitis tipo D (hepatitis delta) En algunas infecciones por HBV se detectan el antígeno del- ta (Ag delta) y el anticuerpo delta (anti-delta). El antígeno se encuentra dentro de determinadas partículas de HBsAg. En la sangre, HDV (virus delta) contiene Ag delta (HDAg) rodeado por una envoltura de HBsAg. Tiene una partícula de 35 a 37 nm y una densidad fl otante de 1.24 a 1.25 g/ml en CsCl. El genoma de HDV consta de un RNA monocatenario, circular, de pola- ridad negativa, de 1.7 kb de tamaño. Es el más pequeño de los microorganismos patógenos humanos conocido y se parece a los subvirus patógenos de plantas, es decir, viroides. No existe ninguna homología con respecto al genoma de HDV. La HDAg es la única proteína codifi cada por RNA de HDV y es diferente a los determinantes antigénicos de HBV. El HDV es un virus defectuoso que adquiere una cubierta de HBsAg para su trans- misión. A menudo se relaciona con las formas más graves de hepatitis en los pacientes positivos para HBsAg. Se clasifi ca en el género Deltavirus, el cual no se asigna a ninguna familia de virus. Hepatitis tipo E El virus de la hepatitis E (HEV) se transmite por vía entéri- ca y se presenta en forma epidémica en los países en vías de desarrollo, donde los suministros de agua o alimentos a veces están contaminados por heces. Fue documentada inicialmente en muestras obtenidas durante el brote epidémico de 1955 en C E1 E2 NS2 NS3 NS4B NS5A NS5B Estructural No estructural 5' UTR 3' UTR HVR-1 NS4A 9.4 kb FIGURA 35-6 Organización genética del genoma de HCV. El marco de lectura abierto individual es expresado como una poliproteína que se procesa; se muestran las posiciones de los dominios estructurales y no estructurales. HVR-1 representa la región muy variable de una glucoproteína de envoltura. (Redibujada con autorización de Chung RT, Liang TJ: Hepatitis C virus and hepatocellular carcinoma. En: Microbes and Malignancy: infection as a Cause of Human Cancers. Parsonnet J [editor]. Oxford University Press, 1999.) CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 477 Manifestaciones clínicas En el cuadro 35-4 se resumen las manifestaciones clínicas de las infecciones por HAV, HBV y HCV. En los casos individuales no es posible establecer una diferenciación clínica fi able entre los casos causados por los virus de la hepatitis. Otras enfermedades virales que pueden presentarse como hepatitis son mononucleosis infecciosa, fi ebre amarilla, infec- ción por citomegalovirus, herpes simple, rubéola y algunas in- fecciones por enterovirus. En ocasiones se presenta hepatitis como una complicación de leptospirosis, sífi lis, tuberculosis, toxoplasmosis o amebiasis, todas las cuales son susceptibles a la farmacoterapia específi ca. Las causas no infecciosas son obstrucción biliar, cirrosis biliar primaria, enfermedad de Wil- son, toxicidad de fármacos y reacciones de hipersensibilidad a fármacos. En la hepatitis viral, la presencia de la ictericia suele ir precedi- da de síntomas gastrointestinales como náusea, vómito, anorexia La hepatitis activa crónica se caracteriza por una gama de cambios histológicos que van desde la infl amación y la necrosis hasta la destrucción de la estructura reticular normal con forma- ción de puentes entre las tríadas portales o las venas hepáticas terminales. Se detecta HBV en 10 a 50% de estos pacientes. Algunas veces durante una hepatitis viral aguda, puede ocu- rrir daño más considerable que impida la regeneración ordena- da de las células hepáticas. Dicha necrosis hepatocelular fulmi- nante o masiva se observa en 1 a 2% de los pacientes ictéricos con hepatitis B. Es 10 veces más frecuente en presencia de una infección concomitante por HDV que en ausencia de ésta. Ninguno de los virus de la hepatitis suele ser citopatógeno y se piensa que la lesión celular observada en la hepatitis es me- diada por factoresinmunitarios. Tanto HBV como HCV infl uyen de manera importante en el desarrollo de carcinoma hepatocelular que puede ocurrir muchos años (15 a 60) después del establecimiento de una in- fección crónica. CUADRO 35-4 Características epidemiológicas y manifestaciones clínicas de las hepatitis virales de tipos A, B y C Características Hepatitis viral de tipo A Hepatitis viral de tipo B Hepatitis viral de tipo C Periodo de incubación 10-50 días (promedio 25-30) 50-180 días (promedio, 60-90) 15-160 días (promedio, 50) Principal distribución por edades Niños,a adultos jóvenes 15-29 años,b lactantes Adultosb Frecuencia estacional Durante todo el año pero tiende a tener un máximo en el otoño Durante todo el año Durante todo el año Vía de infección De predominio fecal-oral De predominio parenteral De predominio parenteral Presentación de virus Sangre Heces Orina Saliva, semen 2 semanas antes <1 semana después de la ictericia 2 semanas antes a 2 semanas después de la ictericia Infrecuente Infrecuente (saliva) Meses a años Ausente Ausente A menudo presente Meses a años Probablemente ausente Probablemente ausente Presente (saliva) Características clínicas y de laboratorio Inicio Fiebre >38°C Duración de elevación de la aminotransferasa Inmunoglobulinas (concentraciones de IgM) Complicaciones Tasa de mortalidad (casos ictéricos) HBsAg Súbito Frecuente 1-3 semanas Elevadas Infrecuentes, no hay cronicidad <0.5% Ausentes Insidioso Menos frecuente 1-6+ meses Normal a ligeramente elevadas Cronicidad en 5-10% (95% de recién nacidos) <1-2% Presente Insidiosa Menos frecuente 1-6+ meses Normal a ligeramente elevadas Cronicidad en 70-90% 0.5-1% Ausente Inmunidad Homólogos Heterólogos Duración Sí No Probablemente de por vida Sí No Probablemente de por vida Probablemente no No ? Inmunoglobulina intramuscular (IG, γ-globulina, ISG) Previene por lo regular la ictericia Evita la ictericia sólo si la inmunoglobulina tiene una potencia suficiente contra HBV ? a La hepatitis no ictérica es frecuente en los niños. b En el grupo de edad de 15 a 29 años, las hepatitis B y C suelen relacionarse con toxicomanía o conducta sexual promiscua. Los pacientes con HBV o HCV relacionados con transfusiones por lo general tienen más de 29 años de edad. 478 SECCIÓN IV Virología de los casos y la supervivencia es infrecuente después de los 40 años de edad. La enfermedad fulminante por HBV se relaciona con la infección por otros microorganismos, incluido HDV. En la mayor parte de los pacientes que sobreviven hay restableci- miento completo del parénquima y función hepáticos. La en- fermedad fulminante pocas veces se presenta en las infecciones por HAV o HCV. La hepatitis C suele ser clínicamente leve y sólo se observa un incremento mínimo a moderado de las enzimas hepáticas. La hospitalización es poco común y la ictericia ocurre en menos de 25% de los pacientes. Pese a las manifestaciones leves de la enfer- medad, 70 a 90% de los casos presenta hepatopatía crónica. La mayor parte de los pacientes no presenta síntomas, pero la evo- lución histológica suele revelar signos de hepatitis activa crónica, sobre todo en aquellos cuya enfermedad se adquiere después de una transfusión. Muchos pacientes (20 a 50%) presentan cirrosis e incremento del riesgo de desarrollar carcinoma hepatocelular (5 a 25%) decenios más tarde. Alrededor de 40% de los casos de hepatopatía crónica se relaciona con HCV, lo que resulta en 8 000 a 10 000 decesos anuales en Estados Unidos. La hepatopatía en eta- pa terminal relacionada con HCV es la indicación más frecuente para los trasplantes hepáticos en el adulto. Datos de laboratorio La biopsia hepática permite establecer un diagnóstico histoló- gico de la hepatitis. Las pruebas de función hepática anormales, como la alanina aminotransferasa (ALT) y la bilirrubina séricas complementan los datos clínicos, anatomopatológicos y epide- miológicos. y fi ebre leve. Puede aparecer ictericia a los pocos días del periodo prodrómico, pero es más frecuente la hepatitis anictérica. Las manifestaciones extrahepáticas de la hepatitis viral (principalmente de tipo B) comprenden un pródromo transito- rio parecido al de la enfermedad por el suero y que se manifi esta por fi ebre, exantema y poliartritis; vasculitis necrosante (poliar- teritis nodular); y glomerulonefritis. Se ha observado que los complejos inmunitarios circulantes son causa de estos síndro- mes. Las enfermedades relacionadas con infecciones crónicas por HCV son la crioglobulinemia mixta y la glomerulonefritis. Las manifestaciones extrahepáticas son poco comunes en las in- fecciones por HAV. La hepatitis viral no complicada pocas veces persiste más de 10 semanas sin mejoría. Se presentan recidivas en 5 a 20% de los casos y se manifi estan por anomalías de la función hepática con o sin recidivas de los síntomas. Cada tipo de hepatitis viral tiene un promedio de incuba- ción diferente (cuadro 35-4). Sin embargo, hay un considerable empalme en el tiempo y el paciente puede no saber cuándo ocu- rrió la exposición, de manera que el periodo de incubación no es muy útil para determinar la causa viral específi ca. La enfermedad por lo común es de inicio súbito en la infec- ción por HAV (al cabo de 24 h), a diferencia del inicio más insi- dioso en caso de las infecciones por HBV y HCV. En casi todos los pacientes con hepatitis A hay restablecimiento completo; no se ha observado la cronicidad (cuadro 35-5). La enfermedad es más grave en adultos que en niños, en quienes a menudo pasa inadvertida. Las recaídas de infección por HAV pueden presen- tarse uno a cuatro meses después que se han resuelto los sínto- mas iniciales. El pronóstico después de la infección por HBV es variable y fl uctúa desde el restablecimiento completo hasta evolución a hepatitis crónica y, en algunas ocasiones, el deceso por afección es fulminante. En los adultos, 65 a 80% de las infecciones pasan inadvertidas y 90 a 95% de todos los pacientes se restablecen por completo. En cambio, 80 a 95% de los lactantes y niños peque- ños infectados por HBV se vuelven portadores crónicos (cuadro 35-6) y su suero se mantiene positivo para HBsAg. La mayor par- te de los individuos con infección crónica por HBV permanecen asintomáticos por muchos años; puede o no haber signos bioquí- micos e histológicos de la hepatopatía. Los portadores crónicos tienen un riesgo elevado de desarrollar carcinoma hepatocelular. La hepatitis fulminante a veces sobreviene durante una he- patitis viral aguda, que se defi ne como una encefalopatía hepá- tica en las primeras 8 h de iniciada la enfermedad en pacientes que no han tenido antes una hepatopatía. Es letal en 70 a 90% CUADRO 35-6 Transmisión del virus de la hepatitis B y gama de desenlaces de la infección Transmisióna Vertical (Asia) Contacto (África) Parenteral, sexual Edad en la que ocurre la infección Recién nacidos, lactantes Niños pequeños Adolescentes, adultos Restablecimiento tras una infección aguda (%) 5 20 90-95 Evolución a la infección crónica (%) 95 80 5-10 Portadores crónicosb (% de población total) 10-20 10-20 0.5 a Transmisión vertical y relacionada con contactos en regiones endémicas; transmisión parenteral y sexual son los principales mecanismos de transmisión en las regiones no endémicas. b Con riesgo elevado de presentar carcinoma hepatocelular. CUADRO 35-5 Desenlaces de la infección por el virus de la hepatitis Aa Desenlace Niños Adultos Infección no aparente (subclínica) 80-95% 10-25% Enfermedad ictérica 5-20% 75-90% Restablecimiento completo > 98% >98% Enfermedad crónica Ninguna Ninguna Tasa de mortalidad 0.1% 0.3-2.1% a Adaptado con autorización de Hollinger FB, Ticehurst JR: Hepatitis A virus. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al (editors). Lippincott-Raven, 1996. CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 479 HBsAg suele ser detectable dos a seis semanas antes de los sig- nos clínicos y bioquímicosde hepatitis y persiste durante toda la evolución clínica de la enfermedad pero por lo común desapare- ce hacia el sexto mes después de la exposición. A menudo se detectan concentraciones altas de anticuerpos IgM específi cos contra HBc al inicio de la enfermedad clínica. Como este anticuerpo se dirige contra el componente central interno de 27 nm de HBV, su presencia en el suero indica repli- cación viral. Los anticuerpos contra HBsAg se detectan inicial- mente en un periodo variable tras la desaparición de HbsAg que se encuentra presente en concentraciones bajas. Antes que des- aparezca HBsAg, HBeAg es remplazado por anticuerpos contra HBe, lo que señala el inicio de la resolución de la enfermedad. Las concentraciones de anticuerpos contra HBe a menudo ya no son detectables después de seis meses. Por defi nición, los portadores crónicos de HBV son aquellos en quienes HBsAg persiste por más de seis meses en la presencia de HBeAg o anticuerpos contra HBe. HBsAg puede persistir por años después de la pérdida de HBeAg. A diferencia de los títulos eleva- dos de anticuerpos IgM específi cos contra HBc que se observan en la enfermedad aguda, se encuentran títulos bajos de anticuerpos IgM contra HBc en el suero de la mayoría de los portadores cróni- cos de HBsAg. Por lo común son detectables pequeñas cantidades de DNA de HBV en el suero mientras haya HbsAg circulante. Los métodos de detección más útiles son ELISA para antí- genos y anticuerpos de HBV y PCR para DNA viral. C. Hepatitis C En la fi gura 35-9 se muestran las manifestaciones clínicas y sero- lógicas relacionadas con las infecciones por HCV. La mayor par- te de las infecciones primarias son asintomáticas o clínicamente leves (20 a 30% presenta ictericia y 10 a 20% sólo presenta sínto- mas inespecífi cos como anorexia, malestar y dolor abdominal). Los análisis serológicos están disponibles para el diagnóstico de la infección por HCV. Los inmunoanálisis enzimáticos (EIA) detectan anticuerpos contra HCV pero no distinguen entre la infección aguda y la crónica o la que ya se resolvió (cuadro 35-7). Los anticuerpos contra HCV se pueden detectar en 50 a 70% de los pacientes al inicio de los síntomas, en tanto que en otros la apa- rición de anticuerpos tarda tres a seis semanas. Los anticuerpos A. Hepatitis A En la fi gura 35-7 se muestran los eventos clínicos, virológicos y sero- lógicos que ocurren tras la exposición a HAV. Se han detectado par- tículas virales mediante microscopia electrónica y técnicas inmuno- lógicas en extractos fecales de pacientes con hepatitis A (fi g. 35-1). El virus aparece en las primeras etapas de la enfermedad y desaparece en las primeras dos semanas luego que comienza la ictericia. El HAV se detecta en hígado, heces, bilis y sangre de seres humanos con infección natural y en primates no humanos in- fectados experimentalmente mediante inmunoanálisis, análisis de hibridación de ácido nucleico o PCR. Se detecta HAV en las heces desde casi dos semanas antes del inicio de la ictericia hasta dos semanas después. Los anticuerpos contra HAV aparecen en la fracción IgM durante la fase aguda, alcanzando un máximo unas dos semanas después de la elevación de las enzimas hepáticas (cuadro 35-7). Los anticuerpos IgM contra HAV por lo general disminuyen a concentraciones no detectables en los primeros tres a seis meses. Los anticuerpos IgG contra HAV aparecen poco después del ini- cio de la enfermedad y persiste por decenios. Por consiguiente, la detección de anticuerpos IgM específi cos contra HAV en la san- gre de un paciente con infección aguda confi rma el diagnóstico de hepatitis A. El enzimoinmunoanálisis de adsorción (ELISA) es el método ideal para determinar los anticuerpos contra HAV. B. Hepatitis B En la fi gura 35-8 se ilustran los eventos clínicos y serológicos que ocurren tras la exposición a HBV y se resumen en el cuadro 35-8. La actividad de DNA polimerasa, DNA de HBV y HBeAg, que es representativa de la etapa virémica de la hepatitis B, ocurre en las primeras fases del periodo de incubación, al mismo tiempo o poco después de la aparición inicial de HBsAg. Las concen- traciones elevadas de partículas de HBV pueden estar presentes en la sangre (hasta 1010 partículas/ml) durante la fase inicial de la infección; la transmisión infecciosa es máxima en esta etapa. CUADRO 35-7 Interpretación de biomarcadores serológicos de HAV, HCV y HDV en pacientes con hepatitis Resultados de análisis Interpretación Anticuerpos IgM contra HAV Infección aguda por HAV Positividad para anticuerpos IgM contra HAV Infección previa por HAV Positividad para anticuerpos contra HCV Infección actual o previa por HCV Positividad para anticuerpos contra HDV, positividad para HBsAg Infección por HDV Positividad para anticuerpos contra HDV, falta de respuesta para anticuerpos IgM contra HBc Infección concomitante por HDV y HBV Positividad para anticuerpos contra HDV, negatividad para anticuerpos IgM contra HBc Sobreinfección de infección crónica por HBV con HDV FIGURA 35-7 Fenómenos inmunitarios y biológicos relacionados con la infección humana por el virus de la hepatitis A. (Reproducida de Hollinger FB, Ticehurst JR: Hepatitis A virus. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996. Modifi cada con auto- rización de Hollinger FB, Dienstag JL: Hepatitis viruses. En: Manual of Clinical Microbiology, 4th ed. American Society for Microbiology, 1985.) 0 2 4 6 Semanas después de la exposición 8 IgG IgM Nivel de detección C on ce nt ra ci ón r el at iv a de a nt ic ue rp os c on tr a H A V 10 12 Síntomas/ictericia Aminotransferasas Virus en heces Virus en sangre 480 SECCIÓN IV Virología cen de HBsAg detectable pero se puede identifi car DNA de HBV en hígado o muestras de suero. Estas infecciones concomitantes por HBV no reconocidas pueden tener importancia clínica. D. Hepatitis D En la fi gura 35-10 se muestran los patrones serológicos tras la infección por HDV, los cuales se enumeran en el cuadro 35-7. Como HDV depende de una infección concomitante por HBV, la infección aguda de tipo D se presenta como infección simultánea se dirigen contra el centro, la envoltura y las proteínas NS3 y NS4 y tienden a mostrar títulos relativamente bajos. Los análisis a base de ácido nucleico (p. ej., reacción en cadena de la polimerasa de transcripción inversa) detectan RNA de HCV en la circulación y son útiles para la vigilancia periódica de los pacientes que reciben tratamiento antiviral. Los análisis de ácido nucleico también se utilizan para la genotipifi cación de cepas de HCV. Las infecciones por HBV no detectables son poco comunes (alrededor de 33%) en pacientes con hepatopatía crónica por HCV. Las infecciones ocultas son aquellas en las que los pacientes care- 1 2 3 4 5 6 7 8 1 Pruebas diagnósticas importantes Nivel de detección Meses después de la exposición ALT Síntomas Concentración relativa de reaccionantes 2 DNA polimerasa Periodo de incubación Pródromo, enfermedad aguda Convalecencia Temprana Tardía Anticuerpos contra HBc Anticuerpos contra HBs Anticuerpos contra HBe HBsAg HBeAg Partículas de HBV 3 4 5 6 7 8 HBsAg Anticuerpos IgG contra HBc Anticuerpos contra HBs Anticuerpos IgM contra HBc FIGURA 35-8 Manifestaciones clínicas y serológicas que se presentan en un paciente con infección aguda por el virus de la hepatitis B. Las pruebas diagnósticas frecuentes y su interpretación se presentan en el cuadro 35-8. (Reproducida con autorización de Hollinger FB, Dienstag JL, Murray PR: Hepatitis B and D viruses. En: Manual of Clinical Microbiology, 6th ed. American Society for Microbiology, 1995.) CUADRO 35-8 Interpretación de los biomarcadores serológicos de HBV en pacientes con hepatitisa Resultados del análisis InterpretaciónHBsAg Anticuerpos contra HBs Anticuerpos contra HBc Positivo Negativo Negativo Infección aguda inicial por HBV. Es necesaria la confirmaciónpara descartar la reactividad específica Positivo (+) Positivo Infección por HBV, sea aguda o crónica. Diferenciar con Anticuerpos IgM contra HBc. Determinar el grado de actividad de replicación (infectividad) con HBeAg o DNA de HBV Negativo Positivo Positivo Indica infección previa por HBV e inmunidad contra la hepatitis B Negativo Negativo Positivo Las posibilidades son: infección por HBV en un pasado distante; portador de HBV “de bajo grado”; “oportunidad” entre la desaparición de HBsAg y la aparición de anticuerpos contra HBs; o reacción falsa positiva o inespecífica. Investigar con anticuerpos IgM contra HBc. Cuando están presentes, los anticuerpos contra HBe ayudan a validar la reactividad de anticuerpos contra HBc Negativo Negativo Negativo Nunca infectado con HBV. Las posibilidades comprenden otro microorganismo infeccioso, lesión hepática tóxica, trastorno de inmunidad, enfermedad hereditaria del hígado o enfermedad de las vías biliares Negativo Positivo Negativo Respuesta de tipo vacuna a Modifi cado y reproducido con autorización de Hollinger FB: Hepatitis B virus. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al (editors). Lippincott-Raven, 1996. CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 481 Hepatitis aguda Hepatitis activa crónica Eventos SÍNTOMAS Anticuerpos contra HCV ALT HCV RNA Meses // año 0 3 m 6 m 9 m 12 m 5 años 10 años 15 años 20 años 25 años Cirrosis HCC // 0 2 4 6 8 10 12 24 32 Semanas después de la exposición ALT ALT ALT HBsAg HBsAg HBsAg HDV RNA HDAg HDAg RNA de HDV RNA de HDV HDAg Coinfección por HBV-HDV HDV aguda, sobreinfección HDV crónica, sobreinfección IgM IgG IgG IgM Anti-HBc Anti-HD FIGURA 35-9 Manifestaciones clínicas y serológicas relacionadas con la infección por el virus de la hepatitis C. ALT, alanina aminotransferasa; HCC, carcinoma hepatocelular. (Reproducida con autorización de Garnier L, Inchauspé G, Trépo C: Hepatitis C virus. En: Clinical Virology, 2nd ed. Richman DD, Whitley RJ, Hayden FG [editors]. ASM Press, 2002.) FIGURA 35-10 Patrones serológicos de la hepatitis de tipo D tras la infección concomitante o sobreinfección de una persona con una infección por HBV. Arriba: Hepatitis B y hepatitis D agudas concomitantes. Centro: La hepatitis D aguda está superpuesta a una infección crónica por el virus de la hepatitis B. Abajo: Hepatitis D aguda que evoluciona a la hepatitis crónica, superpuesta a una infección crónica por el virus de la hepatitis B. (Reproducida con autorización de Purcell RH et al: Hepatitis. En: Diagnostic Procedures for Viral, Rickettsial and Chlamydial Infections, 6th ed. Schmidt NJ, Emmons RW [editors]. American Public Health Association, 1989.) 482 SECCIÓN IV Virología base de interferón. El genotipo 3 muestra la tasa más elevada de eliminación espontánea en tanto que el genotipo 4 al parecer tie- ne la máxima frecuencia de los que producen infección crónica después de la infección aguda. Se sabe poco sobre las respuestas inmunitarias del hospeda- dor a HCV. La mayor parte de las infecciones agudas son asinto- máticas o leves y las infecciones crónicas suelen evolucionar con lentitud y de manera insidiosa. Al parecer la respuesta inmuni- taria es lenta en desarrollarse y relativamente débil, lo que refl eja el hecho de que HCV tiene mecanismos de evasión inmunitaria muy efi caces. Epidemiología La fi gura 35-11 muestra las distribuciones globales de las infeccio- nes por hepatitis A, B y C. Hay notables diferencias en las caracte- rísticas epidemiológicas de estas infecciones (cuadro 35-4). En la actualidad, en Estados Unidos el riesgo de que estos virus se transmitan por transfusión está muy reducido y es re- sultado de mejoría en las pruebas de detección sistemática y del establecimiento de poblaciones de donadores voluntarios. En 1996 se calculaba que el riesgo de transmisión de HBV mediante transfusión sanguínea era 1:63 000 y para HCV 1:103 000. A. Hepatitis A El HAV prevalece en todo el mundo. Los brotes epidémicos de he- patitis A son comunes en familias e instituciones, campos de ve rano, guarderías, unidades de cuidados intensivos neonatales y en tropas militares. El mecanismo de transmisión más probable en estas condiciones es la vía fecal-oral a través del contacto persona a persona estrecho. Las muestras de heces pueden ser contagiosas hasta dos semanas antes a dos semanas después del inicio de la ictericia. En condiciones sanitarias defi cientes y de hacinamiento las infecciones por HAV se presentan en una edad temprana; en estas circunstancias la mayoría de los niños se vuelve inmune ha- cia los 10 años de edad. La enfermedad clínica es poco común en lactantes y niños; la enfermedad se manifi esta muy a menudo en niños y en adolescentes y las tasas más elevadas ocurren entre los cinco y 14 años de edad. La proporción de casos anictéricos a ictéricos en los adultos es de casi 1:3; en los niños, puede ser de hasta 12:1. Sin embargo, la excreción fecal del antígeno y RNA de HAV persiste por más tiempo en jóvenes que en adultos. La epidemia recidivante es una característica sobresalien- te. Las epidemias explosivas súbitas de hepatitis de tipo A por lo general se deben a la contaminación fecal de una sola fuente (p. ej., agua potable, alimento o leche). El consumo de ostiones crudos o de almejas no cocidas en forma apropiada y obtenidas de agua contaminada con residuos también ha producido varios brotes epidémicos de hepatitis. El brote más extenso de este tipo ocurrió en Shanghai en 1988, cuando más de 300 000 casos de hepatitis A se atribuyeron a almejas no cocidas procedentes de aguas contaminadas. En Estados Unidos, en 1997 el origen de un brote epidémico transmitido por los alimentos en múltiples estados fue detectado en fresas congeladas. Otras fuentes identifi cadas de infección potencial son los primates no humanos. Ha habido más de 35 brotes epidémicos en los cuales los primates, por lo general chimpancés, han in- fectado a seres humanos que tienen contacto estrecho con estos animales. El HAV pocas veces es transmitido por el empleo de agu- jas y jeringas contaminadas o a través de la administración de sangre. (infección concomitante) por HBV o como una sobreinfección en una persona con infección crónica por HBV. En el patrón de infección concomitante, se forman anticuerpos contra HDAg al fi nal de la fase aguda de la infección y puede tener un título bajo. Son preferibles los análisis de HDAg o de RNA de HDV en el suero o para anticuerpos IgM específi cos contra HDV. To- dos los biomarcadores de la replicación de HDV desaparecen durante la convalecencia; incluso los anticuerpos contra HDV pueden desaparecer al cabo de meses a años. Sin embargo, la reinfección por HDV suele ocasionar una infección persistente por HDV (más de 70% de los casos). Las altas concentraciones de anticuerpos IgM e IgG contra HD persisten, lo mismo que las concentraciones de RNA de HDV y HDAg. Las sobreinfecciones por HDV pueden relacionarse con una hepatitis fulminante. Interacciones de virus y hospedador Hoy en día hay datos indicativos de que existen cinco virus de la hepatitis: tipos A, B, C, D y E. Se considera que una sola infec- ción con cualquiera de ellos confi ere una protección homóloga pero no heteróloga contra la recidiva de la infección. Una posi- ble excepción es HCV, en la que puede ocurrir la reinfección. La mayor parte de los casos de hepatitis de tipo A al parecer se presenta sin ictericia durante la infancia y hacia la edad adulta tardía hay una resistencia generalizada a la reinfección. Sin em- bargo, estudios serológicos realizados en Estados Unidos y en varios países asiáticos indican que la incidencia de la infección ha disminuido como resultado de mejoras en las condiciones sa- nitarias así como un aumento en el nivel de vida, junto con un uso más generalizado de la vacuna en algunos países. Se calcula que hasta 60 a 90% de los adultos jóvenes de ingresos medianos a altos en EstadosUnidos son susceptibles a la hepatitis de tipo A. La infección por HBV de un subtipo específi co, por ejem- plo, HBsAg/adw, parece conferir inmunidad contra otros sub- tipos de HBsAg, tal vez por su especifi cidad de grupo a común. Los mecanismos inmunopatógenos que producen la persisten- cia viral y la lesión hepatocelular en la hepatitis de tipo B aún no se han dilucidado. Puesto que el virus no es citopático, se piensa que la lesión hepatocelular durante la enfermedad aguda representa un ataque inmunitario del hospedador contra los he- patocitos infectados por HBV. Se ha propuesto que las respuestas del hospedador, tanto inmunitarias como genéticas, contribuyen a la frecuencia de la cronicidad de HBV en pacientes infectados durante la lactancia. Casi 95% de los recién nacidos infectados al nacer se vuelven portadores crónicos del virus, a menudo de por vida (cuadro 35-6). Este riesgo disminuye en forma constante con el tiempo, de manera que el riesgo de que adultos infectados se vuelvan portadores disminuye a 10%. Es muy posible que el carcinoma hepatocelular se presente en adultos que experimentan infección por HBV en una edad muy temprana y se vuelven portadores. Por tanto, para que la vacunación tenga una efi cacia máxima contra el estado de portador, la cirrosis y el hepatoma, se debe llevar a cabo en la primera semana de vida. Los genotipos de HCV 1-4 son los tipos predominantes que circulan en los países occidentales y manifi estan algunas carac- terísticas diferenciales. El genotipo 1 predomina en Norteamé- rica, Japón y Europa occidental. Muestran la respuesta más de- fi ciente al tratamiento con interferón y pueden tener un efecto más nocivo sobre la evolución del virus de la inmunodefi ciencia humana (VIH) de tipo 1 que otros genotipos de HCV. En cam- bio, el HCV de genotipo 2 responde mejor a los tratamientos a CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 483 HAV a hemofílicos a través de concentraciones de factores de la coagulación. Hay escasas pruebas de la transmisión del HAV por la exposición a la orina o a las secreciones nasofaríngeas de pacientes infectados. La hemodiálisis no es importante en la diseminación de las infecciones por hepatitis A en los pacientes o en el personal. La hepatitis A relacionada con transfusiones es poco común porque la etapa virémica de la infección ocurre durante la fase prodrómica y tiene una duración breve, los títulos de anticuerpos del virus en sangre son bajos y no hay un estado de portador. Sin embargo, en un informe de 1996 se documentó la transmisión de Países/regiones con riesgo de infección moderado a altoA Fuente: OMS, 2001 Países/regiones con riesgo de infección moderado a alto B Fuente: OMS, 2001 FIGURA 35-11 Distribución global de los virus de la hepatitis que produjeron enfermedad humana en 2001. A: Virus de la hepatitis A. B: Virus de la hepatitis B. C: Virus de la hepatitis C. (Fuente: Organización Mundial de la Salud, 2001.) (Continúa) 484 SECCIÓN IV Virología No hay una tendencia estacional para la infección por HBV ni una predilección elevada para cualquier grupo de edad, aun- que hay grupos de alto riesgo defi nidos como los usuarios de drogas parenterales, las personas internadas en centros sani- tarios, personal sanitario, los pacientes que reciben múltiples transfusiones, los que reciben trasplantes de órganos, los en- fermos en hemodiálisis y quienes los atienden, individuos muy promiscuos y lactantes recién nacidos de madres con hepatitis B. Desde que se instauró la detección sistemática obligatoria de donadores de sangre para HBsAg, se redujo de manera impor- tante el número de casos de hepatitis relacionada con transfusio- nes. Se han infectado las personas por jeringas, agujas o bisturíes esterilizados en forma inadecuada o incluso por el tatuaje o la penetración de las orejas. Se ha comunicado que el cociente esti- mado de infecciones anictéricas a ictéricas es de hasta 4:1. Existen otros mecanismos de transmisión de la hepatitis B. Se puede detectar HBsAg en saliva, lavados nasofaríngeos, semen, líquido menstrual y secreciones vaginales, lo mismo que en la san- gre. Ocurre la transmisión de portadores a contactos estrechos por la vía oral o por la exposición sexual u otro contacto íntimo. Hay pruebas sólidas de la transmisión de personas con casos leves y portadores de HBsAg a parejas de homosexuales y heterosexua- les a largo plazo. No se ha documentado la transmisión por la vía fecal-oral. Si se toma en cuenta que puede haber más de 1 000 millones de viriones por mililitro de sangre en un portador positi- vo para HBeAg y que el virus es resistente al desecamiento, no es de sorprender que todos los líquidos corporales de los pacientes infectados por HBV puedan ser contagiosos. Las infecciones leves son frecuentes y estas infecciones no reconocidas representan el principal riesgo para el personal intrahospitalario. En Estados Unidos, en la época previa a la vacuna, se pre- sentaban alrededor de 271 000 infecciones por año. Desde el ad- venimiento de las vacunas de la hepatitis A, las tasas de infección disminuyeron de manera espectacular a 3 500 casos en 2006. Los grupos que tienen más riesgo de adquirir hepatitis A son personas de países desarrollados que viajan a países en vías de desarrollo, varones que tienen relaciones sexuales con varo- nes, usuarios de drogas inyectables y no inyectables, individuos con trastornos de los factores de la coagulación y personal que trabaja con primates no humanos. Los pacientes con hepatopa- tía crónica tienen mayor riesgo de hepatitis fulminante si con- traen una infección por hepatitis A. A estos grupos se les debe vacunar. B. Hepatitis B El HBV tiene una distribución mundial. Los mecanismos de transmisión y la respuesta a la infección son variables y depen- den de la edad en que ocurre la infección (cuadro 35-6). La mayoría de las personas infectadas durante la lactancia presenta infecciones crónicas. En la edad adulta son susceptibles a enfer- medades hepáticas y tienen un alto riesgo de desarrollar carci- noma hepatocelular. Hay más de 250 millones de portadores, de los cuales casi 1 millón vive en Estados Unidos; 25% de los por- tadores presentan hepatitis crónica activa. En todo el mundo, 1 millón de muertes al año se atribuyen a la hepatopatía relaciona- da con HBV y al carcinoma hepatocelular. Los principales mecanismos de transmisión de HBV durante la lactancia son de una madre infectada a su recién nacido duran- te el parto y de un contacto doméstico infectado a un lactante. >10% 2.5-10% 1-2.5% Prevalencia de la infección Fuente: OMS, 2001 C FIGURA 35-11 (Continuación) Distribución mundial de los virus de la hepatitis que produjeron enfermedad humana en 2001. A: Virus de la hepatitis A. B: Virus de la hepatitis B. C: Virus de la hepatitis C. (Fuente: Organización Mundial de la Salud, 2001.) CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 485 El periodo de incubación promedio para HCV es de seis a siete semanas. El tiempo promedio desde la exposición hasta la seroconversión es de ocho a nueve semanas y casi 90% de los pacientes son positivos para anticuerpos contra HCV en los pri- meros cinco meses. D. Hepatitis D (virus delta) El virus de la hepatitis D (HDV) se encuentra en todo el mundo pero con una distribución no uniforme. Su máxima prevalencia se ha comunicado en Italia, Medio Oriente, Asia Central, África Occidental y Sudamérica. El HDV infecta a todos los grupos de edad. Las personas que han recibido múltiples transfusiones, los toxicómanos de drogas intravenosas y sus contactos estrechos tienen un riesgo elevado. Se considera que las vías primarias de transmisión son simi- lares a las del HBV, aunque el HDV no parece ser una enferme- dad de transmisión sexual. La infección depende de la replica- ción del HDV, pues éste proporciona una envoltura de HBsAg para HDV. El periodo de incubación varía de dos a 12 semanas y es más breve en portadores de HBV que presentansobrein- fección con la partícula delta que en personas susceptibles que se infectan en forma simultánea con HBV y HDV. Se ha trans- mitido HDV por vía perinatal, pero por suerte no es frecuente en regiones del mundo (como Asia) en las que la transmisión perinatal del HDV ocurre con frecuencia. Se han identifi cado dos patrones epidemiológicos de in- fección delta. En los países mediterráneos, la infección delta es endémica en personas con hepatitis B y se piensa que la mayor parte de las infecciones son transmitidas por contacto sexual. En zonas no endémicas, como Estados Unidos y Europa del norte, la infección por delta se limita a las personas expuestas con fre- cuencia a la sangre y a hemoderivados, principalmente toxicó- manos y hemofílicos. La hepatitis delta puede presentarse en brotes epidémicos explosivos y afecta a grupos enteros de portadores de hepati- tis B. Los brotes epidémicos de hepatitis delta grave, a menudo fulminante y crónica han ocurrido por decenios en poblaciones aisladas en las cuencas del Orinoco y el Amazonas en Sudamé- rica. En Estados Unidos, se ha observado que el HDV participa en 20 a 30% de los casos de hepatitis B crónica, exacerbaciones agudas de hepatitis D crónica y hepatitis B fulminante, así como en 3 a 12% de donadores de sangre con HBsAg en el suero tienen anticuerpos contra el HDV. La hepatitis delta no es una enfer- medad nueva; algunos lotes de globulina preparados de plasma obtenido en Estados Unidos hace más de 40 años contienen anticuerpos contra HDV. Tratamiento El tratamiento de los pacientes con hepatitis es de sostén y se dirige a permitir la resolución y la reparación del daño hepato- celular por sí mismo. Sólo el HBV y el HCV tienen tratamientos específi cos, pero sólo con efi cacia parcial. El interferón α recombinante y el interferón α pegilado constituyen en la actualidad un tratamiento benefi cioso en los pacientes con infección crónica por HBV o HCV. Muchos que responden de manera clínica y bioquímica experimentan recaí- das después de suspender el tratamiento. Sólo alrededor de 35% de los pacientes con infecciones por HBV crónicas tienen El personal sanitario (médicos y cirujanos dentales, pató- logos, enfermeras, técnicos de laboratorio y personal de banco de sangre) tienen una frecuencia más elevada de hepatitis y una prevalencia de HBsAg o anticuerpos contra HBs detectable ma- yor que los que no tienen exposición laboral a los pacientes o a los hemoderivados. El riesgo que estos portadores de HBsAg aparentemente sanos (sobre todo médicos y cirujanos dentales) representan a los pacientes bajo su cuidado aún no se ha deter- minado pero probablemente es pequeño. Las infecciones por hepatitis B son frecuentes en pacientes y personal de las unidades de hemodiálisis. Hasta 50% de los pa- cientes en diálisis renal que tienen contacto con hepatitis B puede volverse portador crónico de HBsAg en comparación con 2% del grupo de personal, lo que resalta las diferencias en la respuesta inmunitaria del hospedador. Los contactos familiares también tienen un riesgo más elevado. El periodo de incubación de la hepatitis B es de 50 a 180 días con una media de 60 a 90 días. Al parecer varía según la dosis de HBV administrada y la vía de administración, prolongándose en los pacientes que reciben una dosis baja del virus o que son infectados por una vía no percutánea. C. Hepatitis C Las infecciones por HCV se propagan por todo el mundo. En 1997, la Organización Mundial de la Salud estimó que casi 3% de la población mundial se había infectado y los subgrupos de población en África tenían tasas de prevalencia de hasta 10%. En Sudamérica y en Asia se encuentran otras zonas de gran preva- lencia. Se estima que hay más de 170 millones de portadores cró- nicos en todo el mundo que corren el riesgo de presentar cirrosis hepática, cáncer hepático, o ambos y que más de tres millones de ellos viven en Estados Unidos. El HCV se transmite principalmente a través de la exposi- ción percutánea directa a la sangre, aunque en 10 a 50% de los casos no se puede identifi car la fuente de este virus. En orden de prevalencia de la infección más o menos decreciente están los usuarios de drogas inyectables (alrededor de 80%), los hemofí- licos tratados con productos de factores de la coagulación antes de 1987, los receptores de transfusiones de donadores positivos para HCV, los pacientes en hemodiálisis crónica (10%), las per- sonas que tienen prácticas sexuales de gran riesgo y el perso- nal sanitario (1%). El virus se puede transmitir de la madre al lactante, aunque no con la misma frecuencia que el HBV. Las estimaciones de la transmisión vertical maternoinfantil varían de 3 a 10%. Las madres con densidades virales de HCV más altas o infección concomitante con VIH transmiten más a menudo el HCV. No se ha relacionado el riesgo de transmisión con la lactancia natural. El HCV se detectó en la saliva de más de un tercio de pa- cientes con infecciones concomitantes por HCV y VIH; se ha transmitido a través de preparados comerciales de inmunoglo- bulina intravenosa, incluido un brote epidémico en Estados Unidos que ocurrió en 1994. La población de Egipto tiene una prevalencia de HCV elevada (alrededor de 20%). La transmisión se ha vinculado al intento (de la década de los 50 a la de los 80) de tratar la esquistosomiasis mediante múltiples inyecciones, a menudo con agujas esterilizadas de forma inadecuada o reuti- lizadas. La infección por HCV se relaciona con tatuajes y, en algunos países, con las prácticas de la medicina popular. 486 SECCIÓN IV Virología de cultivos celulares. Las vacunas son tolerables, efi caces y se re- comiendan para uso en personas de más de un año de edad. En la actualidad se recomienda la vacunación sistemática de todos los niños y de personas con un mayor riesgo, como viajeros internacionales, varones que tienen relaciones sexuales con varones y usuarios de drogas. Hasta que todos los grupos con riesgo susceptibles estén inmunizados, para la prevención y el control de la hepatitis A to- davía se debe hacer hincapié en interrumpir la cadena de trans- misión y utilizar la inmunización pasiva. La aparición de la hepatitis en campos universitarios o insti- tuciones a menudo constituye un indicador de condiciones sa- nitarias defi cientes y de higiene insatisfactoria del personal. Las medidas de control se dirigen a la prevención de la contamina- ción fecal del alimento, agua u otras fuentes por el individuo. Es esencial la higiene adecuada, como lavado de manos, el uso de platos desechables y de utensilios para comer, así como el em- pleo de hipoclorito de sodio al 0.5% (p. ej., dilución de blanqueador de cloro a 1:10) como desinfectante, para prevenir la propaga- ción de HAV durante la fase aguda de la enfermedad. La inmuno (γ) globulina (IG) se prepara a partir de grandes concentrados de plasma de adulto normal y confi ere una protec- ción pasiva en casi 90% de las personas expuestas cuando la re- ciben en la primera o segunda semanas después de la exposición a la hepatitis A. Su utilidad profi láctica disminuye con el tiempo y no hay indicaciones para su administración dos semanas des- pués de la exposición o después de la aparición de los síntomas clínicos. En las dosis generalmente prescritas, la inmunoglobu- lina no evita la infección sino más bien vuelve la infección leve o asintomática y permite la aparición de inmunidad activa. La vacuna contra HAV produce inmunidad más duradera y debe remplazar al empleo de IG. C. Hepatitis B Desde 1982 se dispone de una vacuna contra la hepatitis B. La vacuna inicial fue preparada mediante la purifi cación de HBsAg asociado a partículas de 22 nm de portadores sanos positivos para HBsAg y el tratamiento de las partículas con compuestos inac- tivadores del virus (formalina, urea, calor). Los preparados que contienen partículas intactas de 22 nm han sido muy efi caces para reducir la infección por HBV. Aunque en algunospaíses todavía se utilizan las vacunas derivadas de plasma, en Estados Unidos se han remplazado por vacunas derivadas de DNA recom- binante; consisten en HBsAg producido por un DNA recombi- nante de células de levadura o de linajes continuos de células de mamíferos. El HBsAg expresado en la levadura forma partí- culas de 15 a 30 nm de diámetro con las características morfo- lógicas del antígeno de superfi cie libre en el plasma, aunque el antígeno polipeptídico producido por la levadura recombinante no es glucosilado. La vacuna formulada utilizando este material purifi cado tiene una potencia similar a la de la vacuna elaborada a partir de antígeno derivado de plasma. La Organización Mundial de la Salud, los Centers for Disea- se Control and Prevention y el Advisory Committee on Immuni- zation Practices recomiendan la profi laxis para todos los grupos susceptibles con alto riesgo después de la exposición, con una vacuna contra la hepatitis B comercializada actualmente. En Estados Unidos, se recomienda la vacuna contra HBV en todos los niños como parte de su esquema de inmunización regular. La vacunación contra la hepatitis B es la medida más efi caz para prevenir la infección por HBV y sus consecuencias. Existe remisiones duraderas y alrededor de 25% de los que padecen una infección crónica por HCV tienen una respuesta sosteni- da. El tratamiento a base de interferón se acompaña de muchos efectos secundarios. Se dispone de varios fármacos antivirales para utilizarse contra las infecciones por hepatitis crónica. Con los análogos nucleósidos y nucleótidos, como la lamivudina (cuadro 30-6), se encuentran reducidas las concentraciones de DNA de HBV, pero el virus pocas veces se elimina y la replicación viral resurge en la mayoría de los pacientes cuando se suspende el tratamiento. El surgimiento de mutantes de virus resistentes a los fármacos en el tratamiento a largo plazo constituye un problema impor- tante. La politerapia con interferón α y la ribavirina contra la hepatitis C crónica produce una tasa de respuesta sostenida de hasta 50%, aunque el tratamiento es menos satisfactorio en pa- cientes con genotipo 1. El trasplante hepático ortotópico es un tratamiento para la hepatitis B y C crónicas y la lesión hepática en etapa terminal. Sin embargo, el riesgo de reinfección del injerto es de un mínimo de 80% en el caso de HBV y de 50% en el caso de HCV, probable- mente por los reservorios extrahepáticos en el organismo. Prevención y control Se dispone de vacunas antivirales y de preparados de inmuno- globulina protectora contra el HAV y el HBV. Actualmente no se encuentra disponible ningún tipo de reactivo para prevenir las infecciones por HCV. A. Precauciones utilizadas con frecuencia Los procedimientos ambientales simples permiten limitar el riesgo de la infección en el personal sanitario, el personal de laboratorio y otros más. De acuerdo con este enfoque, toda la sangre y los líquidos corporales y materiales contaminados por ellos se tratan como si fueran infecciosos para VIH, HBV, HCV y otros microorganismos patógenos transmitidos en la sangre. Las exposiciones que hacen que el personal corra el riesgo de infección son las lesiones percutáneas (p. ej., por punciones con aguja) o el contacto de la mucosa o la piel no intacta (p. ej., agrie- tada, con heridas o con dermatitis) con sangre, tejido u otros líquidos corporales que pueden ser infecciosos. Los métodos están concebidos para prevenir el contacto con tales muestras. Ejemplos de precauciones específi cas son los siguientes: se de- ben utilizar guantes al manejar todos los materiales potencial- mente infecciosos; se deben usar prendas protectoras y retirarse antes de abandonar la zona de trabajo; se debe usar mascarillas y protección ocular siempre que las salpicaduras o gotitas de ma- terial infeccioso planteen un riesgo; sólo se deben utilizar agu- jas desechables; es necesario descartar las agujas directamente en recipientes especiales sin envolverlas de nuevo; las superfi - cies de trabajo deben descontaminarse utilizando una solución blanqueadora; y el personal de laboratorio ha de contenerse de pipetear con la boca, comer, beber y fumar en el área de trabajo. Los objetos e instrumentos metálicos se pueden desinfectar me- diante su colocación en autoclave o por la exposición al gas de óxido de etileno. B. Hepatitis A En 1995 se autorizaron en Estados Unidos las vacunas del HAV inactivadas en formalina, elaboradas a partir de virus adaptados CAPÍTULO 35 Virus de la hepatitis 487 E. Hepatitis D La hepatitis delta puede prevenirse mediante la vacunación de las personas susceptibles a la vacuna contra la hepatitis B. Sin em- bargo, la vacunación no protege a los portadores de hepatitis B de la sobreinfección por HDV. PREGUNTAS DE REVISIÓN 1. En la ciudad de Nueva York una mujer de 24 años de edad es hospitalizada a causa de ictericia. Al realizar su estudio diagnóstico se encontró que tiene una infección por HCV. El principal factor de riesgo para la infección por HCV en Estados Unidos es (A) Tatuajes (B) Uso de drogas inyectables (C) Transfusiones sanguíneas (D) Actividad sexual (E) Trabajo en ocupaciones relacionadas en la asistencia sanitaria 2. ¿Cuál de las siguientes exposiciones plantea un riesgo para la infección por hepatitis? (A) Una enfermera sufre una punción con una aguja mientras re- tiraba insulina para administrar a un paciente diabético infectado con HBV (B) Un ama de casa tiene contacto de la piel con las heces mientras limpia el retrete (C) Un técnico de quirófano con las manos agrietadas y con abra- sión observa sangre bajo sus guantes después de ayudar en una operación en un paciente con una infección por HCV (D) Un niño bebe de la misma taza que su madre, quien tiene una infección por HAV (E) Un tendero come un emparedado preparado por un trabajador con una infección por HBV asintomática 3. En Nueva Delhi ocurrió una epidemia de ictericia causada por HEV. El HEV (A) Se encuentra en roedores y cerdos (B) Es una causa principal de hepatitis transmitida por la sangre (C) Es la causa de una enfermedad que se parece a la hepatitis C (D) Puede establecer infecciones crónicas (E) Conlleva un aumento del riesgo de cáncer hepático 4. El HDV (agente delta) se encuentra sólo en los pacientes que tienen infección aguda o crónica por HBV. El HDV (A) Es un mutante defectuoso de HBV (B) Depende del antígeno de superficie de HBV para la formación de viriones (C) Desencadena una respuesta inmunitaria que no es diferenciable de la provocada por HBV (D) Está relacionado con HCV (E) Contiene un genoma de DNA circular 5. Una mujer de 23 años de edad está pensando realizar un viaje de un año por toda Europa, Egipto y el subcontinente indio y recibe una vacuna contra la hepatitis A. La vacuna actual contra la hepatitis A es (A) Una vacuna de virus vivos atenuados (B) Una vacuna de DNA recombinante (C) Una vacuna de virus inactivado con formalina (D) Una vacuna de subunidad de glucoproteína de envoltura (E) Un poliovirus quimérico que expresa epitopos neutralizantes de HBV 6. Las siguientes aseveraciones sobre la infección por HCV y la hepatopa- tía crónica relacionada en Estados Unidos son correctas excepto que (A) HCV es causa de 40% de los casos de hepatitis crónica (B) La infección crónica sobreviene en la mayoría de las personas infectadas por HCV (70 a 90%) una estrategia de salud pública integral para eliminar la transmi- sión de HBV en Estados Unidos. Consiste en la vacunación ge- neral de lactantes y la detección sistemática de todas las mujeres embarazadas para HBsAg, la inmunoprofi laxis después de la ex- posición de lactantes nacidos de madres positivas para HBsAg, la vacunación de niños y adolescentes no vacunados con ante- rioridad y la vacunación de adultos no vacunados que tienen un mayor riesgo de infección. Los grupos de pacientes inmunodeprimidos, como los que reciben hemodiálisis o quimioterapia antineoplásicao que están infectados con VIH, responden a la vacunación con menos efi - cacia que las personas sanas. Los estudios sobre inmunización pasiva utilizando inmunoglobulina de la hepatitis B (HBIG, he- patitis B immune globulin ) han demostrado un efecto protec- tor si se administra poco después de la exposición. No se reco- mienda HBIG para la profi laxis después de la exposición pues se dispone de la vacuna contra HBV y es efi caz. Las personas expuestas a HBV por vía percutánea o por la contaminación de superfi cies de la mucosa deben recibir de inmediato HBIG y la vacuna contra HBsAg administradas de manera simultánea en dos zonas diferentes para lograr una protección inmediata con- tra los anticuerpos adquiridos en forma pasiva seguida de la inmunidad activa generada por la vacuna. En Estados Unidos no se ha documentado que la inmuno- globulina aislada del plasma mediante el método de fracciona- miento de etanol en frío transmita HBV, HAV, HCV o VIH. Las inmunoglobulinas preparadas fuera de Estados Unidos por otros métodos han sido implicadas en los brotes epidémicos de hepa- titis B y C. Las mujeres que son portadoras del HBV o que contraen la hepatitis de tipo B durante el embarazo pueden transmitir la enfermedad a sus lactantes. Se ha corroborado la efi cacia de la vacuna contra la hepatitis y de HBIG en la prevención de la hepatitis B en lactantes nacidos de madres positivas para HBV. La reducción del costo de la vacuna para los programas de salud pública ha vuelto factible la vacunación de recién nacidos en zonas muy endémicas. El elevado costo de la HBIG impide su uso casi en todos los países. Los pacientes con hepatitis B aguda por lo general no ne- cesitan aislarse, siempre y cuando se observen estrictamente las precauciones en el manejo de la sangre y los instrumentos, tanto en las áreas de asistencia clínica general como en los laboratorios de análisis. Puesto que los cónyuges y las parejas sexuales de per- sonas con este trastorno corren el riesgo de adquirir hepatitis B de tipo clínico, deben informarse sobre los procedimientos que podrían incrementar el riesgo de infección o transmisión. No hay pruebas indicativas de que quienes manejan los alimentos portadores de HBsAg y asintomáticos planteen un riesgo sanita- rio para el público en general. D. Hepatitis C No se dispone de ninguna vacuna contra la hepatitis C aunque se están realizando pruebas para varias vacunas elegibles. Las medidas de control se enfocan en las actividades de prevención que reducen los riesgos de contraer el HCV; éstas comprenden detección sistemática y pruebas en donadores de sangre, plasma, órganos, tejidos y semen; inactivación viral de productos deri- vados del plasma; asesoría de personas con prácticas sexuales o toxicomanías de alto riesgo; implementación de procedimientos de control de la infección en la asistencia sanitaria y en otros contextos; y la información a los profesionales y al público. 488 SECCIÓN IV Virología (B) Varones que tienen relaciones sexuales con varones (C) Usuarios de drogas ilícitas (tanto inyectables como no inyecta- bles) (D) Personas que tienen un riesgo laboral de infección (E) Personas que tienen un trastorno de factor de la coagulación (F) Personas susceptibles que tienen hepatopatía crónica (G) Maestros de escuelas primarias 12. Hay una variación global en la prevalencia de la infección por HBV. ¿Cuál de las siguientes zonas geográficas tiene bajo nivel endémico (prevalencia de HBsAg <2%)? (A) Sureste de Asia (B) Las islas del Pacífico (C) Europa Oriental (D) Australia (E) África subsahariana 13. ¿En cuáles de las siguientes personas no se recomienda la vacuna contra la hepatitis B porque tienen un factor de riesgo para infec- ción por HBV? (A) Personas sexualmente activas que a largo plazo no tienen una relación mutuamente monogámica (B) Usuarios de drogas inyectables (C) Mujeres embarazadas (D) Personas que viven en una casa con una persona que es positi- va para HBsAg (E) Personas que buscan tratamiento de una enfermedad de trans- misión sexual 14. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones con respecto a HBIG no es correcta? (A) HBIG proporciona protección temporal cuando se administra en dosis usuales (B) HBIG suele utilizarse en vez de la vacuna contra la hepatitis B para la inmunoprofilaxis después de la exposición a fin de prevenir la infección por HBV (C) No existen pruebas de que HBV, HCV o VIH alguna vez se hayan transmitido a través de la HBIG en Estados Unidos (D) No se utiliza HBIG como protección contra la infección por HCV Respuestas 1. B 5. C 9. D 13. C 2. C 6. D 10. A 14. B 3. A 7. E 11. G 4. B 8. A 12. D BIBLIOGRAFÍA A comprehensive immunization strategy to eliminate transmission of hepatitis B virus infection in the United States. Recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices (ACIP). Part II: Immunization of adults. MMWR Morb Mortal Wkly Rep 2006;55(RR-16). Advisory Committee on Immunization Practices: A comprehensive immunization strategy to eliminate transmission of hepatitis B virus infection in the United States. MMWR Morb Mortal Wkly Rep 2005;54(RR-16). Advisory Committee on Immunization Practices: Prevention of hepatitis A through active or passive immunization. MMWR Morb Mortal Wkly Rep 2006;55(RR-7). (C) La enfermedad hepática relacionada con HCV es la principal causa de trasplante hepático (D) La viremia por HCV ocurre transitoriamente durante las pri- meras etapas de la infección (E) Los pacientes infectados por HCV tienen un riesgo elevado (5 a 20%) de cáncer hepático 7. Un varón de mediana edad se queja de fiebre de instauración agu- da, náusea y dolor en el hipocondrio derecho. Se había observado ictericia y orina oscura varios días antes. Un análisis de laboratorio fue positivo para anticuerpos IgM contra HAV. El médico puede decirle al paciente que (A) Probablemente adquirió la infección de una transfusión san- guínea reciente (B) Probablemente presentará hepatitis crónica (C) Tendrá un riesgo elevado de presentar carcinoma hepatocelular (D) Será resistente a la infección por hepatitis E (E) Puede transmitir la infección a familiares por la diseminación interpersonal hasta por dos semanas 8. Diversos virus diferentes pueden causar hepatitis. Una de las si- guientes afirmaciones es aplicable a los cuatro virus: HAV, HCV, HDV y HEV (A) Contiene un genoma de RNA monocatenario (B) Es transmitido principalmente por la vía parenteral (C) Es transmitido principalmente por la vía fecal-oral (D) Se relaciona con la hepatitis fulminante (E) Experimenta una variación secuencial durante la infección crónica 9. Un estudiante de 30 años de edad acude al servicio de urgencias a causa de fiebre y anorexia durante los últimos tres días. Al parecer presenta ictericia y hepatomegalia dolorosa. Un análisis de labora- torio muestra elevación de las aminotransferasas. La paciente re- fiere antecedente de haber recibido vacuna contra la hepatitis B dos años antes pero no había recibido la vacuna contra la hepatitis A. Los resultados de sus análisis serológicos para la hepatitis son los siguientes: negatividad de anticuerpos IgM contra HAV, positivi- dad para IgG contra HAV, negatividad para HBsAg, positividad para anticuerpos contra HBs, negatividad para anticuerpos contra HBc, negatividad para anticuerpos contra HCV y positividad para anticuerpos contra HCV. La conclusión más exacta es que proba- blemente (A) Tiene ahora hepatitis A, no se ha infectado con HBV y tenía antes hepatitis C (B) Tiene hepatitis A ahora y se ha infectado con HBV y HCV en el pasado (C) Se ha infectado con HAV y HCV en el pasado y ahora tiene hepatitis B (D) Se ha infectado con HAV en el pasado, no se ha infectado con HBV y tiene ahora hepatitis C (E) Se ha infectado con HAV y HCV en el pasado, no se ha infec- tado con HBV y tiene ahora hepatitis E 10. Una enfermera de 36 años resulta positiva para HBsAg y positiva para HBeAg. La enfermera muyprobablemente (A) Tiene hepatitis aguda y puede infectar a otras personas (B) Tiene infecciones por HBV y HEV (C) Tiene una infección crónica por HBV (D) Ha eliminado una infección previa por HBV (E) Fue inmunizada previamente con la vacuna contra HBV pre- parada de portadores sanos positivos para HBsAg 11. Las siguientes personas tienen un riesgo más alto de infección por HAV y deben vacunarse de manera sistemática, excepto: (A) Personas que viajan o que trabajan en países que tienen alta morbilidad de infección por HAV 517 C A P Í T U L O Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 38 Los virus transmitidos por artrópodos (arbovirus) y roedo- res representan agrupamientos ecológicos virales con ciclos de transmisión complejos en los que intervienen dichos grupos de invertebrados y vertebrados. Estos virus tienen diversas pro- piedades físicas y químicas y se clasifi can en varias familias de virus. Los arbovirus y los virus transmitidos por roedores se clasifi - can entre las familias Arenaviridae, Bunyaviridae, Flaviviridae, Reoviridae y Togaviridae. Los virus de la fi ebre hemorrágica africana se clasifi can en la familia Filoviridae (cuadro 38-1, fi g. 38-1). Diversas enfermedades descritas aquí se consideran en- fermedades infecciosas emergentes (véase el cap. 29). Los arbovirus son transmitidos por los artrópodos que suc- cionan sangre de un hospedador vertebrado a otro. El vector adquiere una infección de por vida a través de la ingestión de la sangre de un vertebrado virémico. Los virus se multiplican en los tejidos del artrópodo sin señales de enfermedad o daño. Algunos arbovirus se mantienen en la naturaleza por la transmi- sión transovárica en los artrópodos. Las principales enfermedades por arbovirus en todo el mun- do son fi ebre amarilla, dengue, encefalitis B japonesa, de St. Louis, equina occidental, equina oriental, rusa de la primavera y el verano, y fi ebres del Nilo Occidental y por la mosca de la arena. En Estados Unidos las infecciones por arbovirus más importantes son la encefalitis de La Crosse, la fi ebre del Nilo Occidental y las encefalitis de St. Louis, equina oriental y equi- na occidental. Las enfermedades virales transmitidas por roedores se mantienen en la naturaleza gracias a la transmisión directa dentro de la misma especie (intraespecífi ca) o entre especies diferentes (interespecífi ca) de roedores sin la participación de vectores artrópodos. La infección viral suele ser persistente, la transmisión ocurre por el contacto con los líquidos o excrecio- nes del cuerpo. Las principales enfermedades virales transmitidas por los roedores son las infecciones por hantavirus, fi ebre de Lassa y las fi ebres hemorrágicas sudamericanas. En Estados Unidos, las enfermedades más importantes transmitidas por roedores son el síndrome pulmonar por hantavirus y la fi ebre por la garra- pata de Colorado. También se consideran aquí las fi ebres he- morrágicas africanas (de Marburg y Ébola). Se desconocen sus hospedadores (reservorios), pero se sospecha que son roedores o murciélagos. INFECCIONES POR ARBOVIRUS HUMANOS Existen varios centenares de arbovirus de los cuales unos 100 se sabe que son patógenos en el ser humano. Los que infectan al ser humano se cree que son zoonóticos y que el ser humano es un hospedador accidental sin ninguna función importante en el mantenimiento o la transmisión del ciclo del virus. Son excepciones la fi ebre amarilla urbana y el dengue. Algunos de los ciclos naturales son simples e implican la infección de un hospedador vertebrado no humano (mamífero o ave) trans- mitido por una especie de mosquito o garrapata (p. ej., fi ebre amarilla en la selva, fi ebre de la garrapata de Colorado). Sin embargo, otros son más complejos. Por ejemplo, la encefalitis transmitida por la garrapata puede presentarse tras la inges- tión de leche cruda de cabras y vacas infectadas al pastar en lugares infestados por garrapatas donde se presenta un ciclo de garrapata-roedor. Los virus individuales a veces se denominaban con base en la enfermedad que causaban (p. ej., dengue, fi ebre amarilla) o por la zona geográfi ca donde se aislaron inicialmente (ence- falitis de St. Louis, fi ebre del Nilo Occidental). Los arbovirus se encuentran en todas las zonas templadas y tropicales, pero predominan más en los trópicos donde abundan animales y artrópodos. Las enfermedades producidas por los arbovirus pueden clasifi carse en tres síndromes clínicos; a saber: 1) fi ebres de tipo indiferenciado con o sin un exantema maculopapulo- so y por lo general benignas; 2) encefalitis (infl amación del cerebro) a menudo con una tasa de mortalidad elevada, y 3) fi ebres hemorrágicas, también a menudo graves y mortales. Estas categorías son un poco arbitrarias y algunos arbovirus pueden relacionarse con más de un síndrome, por ejemplo, el dengue. El grado de multiplicación viral y su lugar predominante de ubicación en los tejidos determinan el síndrome clínico. Por consiguiente, los arbovirus individuales pueden producir una enfermedad febril leve en algunos pacientes y encefalitis o una diátesis hemorrágica en otros. Las infecciones por arbovirus se presentan en distribu- ciones geográficas distintivas y tipos de vectores (fig. 38-2). Cada continente tiene su propio tipo de arbovirus y los nom- 518 SECCIÓN IV Virología CUADRO 38-1 Clasifi cación y propiedades de algunos virus transmitidos por artrópodos y roedores Taxonomía Arbovirus importantes y miembros de virus transmitidos por roedores Propiedades de los virus Arenaviridae Género Arenavirus Nuevo Mundo: Guanarito, Junin, Machupo, Sabia y Arroyo de Whitewater. Virus del Viejo Mundo: de Lassa y de la coriomeningitis linfocítica. Transmitidos por roedores Esférico, de 50 a 300 nm de diámetro (media de 110 a 130 nm). Genoma: RNA monocatenario, de doble segmentación, de polaridad negativa y bipolaridad, de 10 a 14 kb de tamaño global. El virión contiene una transcriptasa. Cuatro polipéptidos principales. Envoltura, replicación: citoplasma. Ensamble: incorpora ribosomas y produce gemación desde la membrana plasmática Bunyaviridae Género Orthobunyavirus Género Hantavirus Género Nairovirus Género Phlebovirus Anófeles A y B, virus Bunyamwera, de la encefalitis de California, Guama, La Crosse, Oropouche y de Turlock. Transmitidos por artrópodos (mosquitos) Virus de Hantaan (fiebre hemorrágica coreana), virus de Seúl (fiebre hemorrágica con síndrome renal). Virus sin nombre (síndrome pulmonar por hantavirus). Transmitido por roedores Fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, fiebre de los corderos de Nairobi y virus de Sakhalin. Transmitido por artrópodos (garrapatas) Virus de la fiebre del Valle de Rift, fiebre de la mosca de la arena (Phlebotomus) y Uukuniemi. Transmitidos por artrópodos (mosquitos, moscas de la arena, garrapatas) Esférico, de 80 a 120 nm de diámetro. Genoma: triple segmentado, de polaridad negativa o bipolaridad, RNA monocatenario, 11 a 19 kb de tamaño total. El virión contiene una transcriptasa. Cuatro polipéptidos principales. Envoltura. Replicación: citoplasma. Ensamble: gemación hacia el aparato de Golgi Filoviridae Género Marburgvirus Género Ebolavirus Virus de Marburg Virus de Ébola Filamentos largos, de 80 nm de diámetro y longitud variable (>10 000 nm), aunque la mayor parte tiene un promedio aproximado de 1 000 nm. Genoma: RNA de polaridad negativa, no segmentado, monocatenario, de 19 kb de tamaño. Siete polipéptidos. Envoltura. Replicación: citoplasma. Ensamble: gemación de la membrana plasmática Flaviviridae Género Flavivirus Virus de encefalitis brasileña (virus de Rocio), del dengue, de la encefalitis japonesa B, enfermedad de la selva de Kyasanur, encefalitis ovina, encefalitis del Valle de Murray, fiebre hemorrágica de Omsk, encefalitis rusa de la primavera y el verano, encefalitis de St. Louis, encefalitis transmitida por la garrapata, fiebre del Nilo Occidentaly virus de la fiebre amarilla. Transmitidos por artrópodos (mosquitos, garrapatas) Esférico, de 40 a 60 nm de diámetro. Genoma: polaridad positiva, RNA monocatenario, de 11 kb de tamaño. RNA de genoma infeccioso. Envoltura. Tres polipéptidos estructurales, dos glucosilados. Replicación: citoplasma. Ensamble: en el retículo endoplásmico. Todos los virus están relacionados serológicamente Reoviridae Género Coltivirus Género Orvivirus Virus de la fiebre de la garrapata de Colorado. Transmitidos por artrópodos (garrapatas, mosquitos) Virus de la enfermedad del caballo africano y de la lengua azul. Transmitidos por artrópodos (mosquitos) Esférico, de 60 a 80 nm de diámetro. Genoma: 10 a 12 segmentos de RNA lineal bicatenario, de 16 a 27 kbp de tamaño total. Sin envoltura. Diez a 12 polipéptidos estructurales. Replicación y ensamble: citoplasma (véase el cap. 37) Togaviridae Género Alphavirus Virus de Chikungunya, de la encefalitis equina oriental, occidental y venezolana, virus de Mayaro, de O’Nyong- nyong, del Río Ross, de la selva de Semliki y de Sindbis. Transmitidos por artrópodos (mosquitos) Esférico, de 70 nm de diámetro, la nucleocápside tiene 42 capsómeros. Genoma: RNA de polaridad positiva, monocatenario, de 11 a 12 kb de tamaño. Envoltura. Tres o cuatro polipéptidos estructurales importantes, dos glucosilados. Replicación: citoplasma. Ensamble: gemación en todas las membranas de la célula hospedadora. Todos los virus están relacionados serológicamente CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 519 ENCEFALITIS POR TOGAVIRUS Y FLAVIVIRUS Clasificación y propiedades de los togavirus y los flavivirus En la familia Togaviridae, el género Alphavirus consta de unos 30 virus de 70 nm de diámetro que poseen un genoma de RNA monocatenario de cadena positiva (cuadro 38-1). La envoltura que rodea a la partícula contiene dos glucoproteínas. Los alfavi- rus suelen establecer infecciones persistentes en los mosquitos y bres suelen ser sugestivos, por ejemplo, la encefalitis equina venezolana, la encefalitis B japonesa, la encefalitis del Valle de Murray (Australia). Muchas encefalitis son infecciones por alfavirus y fl avivi- rus diseminadas por mosquitos, aunque el grupo de las ence- falitis de California se deben a bunyavirus. En un determinado continente puede haber una distribución cambiante, lo que depende de los hospedadores virales y los vectores en un de- terminado año. Varios arbovirus producen infecciones humanas importan- tes en Estados Unidos (cuadro 38-2). El número de casos varía mucho de un año a otro. A C B D FIGURA 38-1 Microfotografías electrónicas de arbovirus característicos y virus transmitidos por roedores. A: Un virus α. Virus del bosque de Semliki (Togaviridae). B: Un miembro representativo de la familia Bunyaviridae, el virus de Uukuniemi. C: Un arenavirus, virus de Tacaribe (Arenaviridae). D: Virus de Ébola (Filoviridae). (Cortesía de FA Murphy y EL Palmer.) 520 SECCIÓN IV Virología Los arbovirus pertenecen al género Flavivirus en la familia Flaviviridae. Al principio, los fl avivirus fueron incluidos en la familia togavirus como “arbovirus del grupo B”, pero fueron desplazados a una familia diferente por diferencias en la orga- nización del genoma. La familia Flaviviridae consta de unos 70 virus de 40 a 60 nm de diámetro que tienen un genoma de RNA monocatenario de cadena positiva. La envoltura viral contiene dos glucoproteínas. Algunos fl avivirus son transmitidos entre los vertebrados por mosquitos y garrapatas, en tanto que otros son transmitidos entre los vertebrados por los mosquitos u otros artrópodos que se alimentan de sangre. Tienen distribución mundial. Todos los alfavirus tienen relación antigénica. Los vi- rus son inactivados por un pH ácido, calor, solventes lípidos, detergentes, blanqueadores, fenol, alcohol a 70% y formaldehí- do. La mayor parte posee capacidad hemaglutinante (fi g. 38-1). El virus de la rubéola, clasifi cado en un género separado en la familia Togaviridae no tiene vector artrópodo y no es un arbo- virus (cap. 40). A B C D E G F FIGURA 38-2 Distribuciones conocidas de fl avivirus que producen enfermedad humana. A: Virus de la fi ebre amarilla. B: Virus del dengue. C: Virus de la encefalitis de St. Louis. D: Virus de la encefalitis japonesa B. E: Virus de la encefalitis del Valle de Murray. F: Virus de la encefalitis transmitida por garrapatas. G: Virus del Nilo Occidental. (Reproducida con autorización de Monath TP, Tsai TF: Flaviviruses. En: Clinical Virology, 2a. Ed. Richman DD, Whitley RJ, Hayden FG [editors]. ASM Press, 2002.) CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 521 secuencia indican que el virus de la encefalitis equina occidental es una recombinación genética de virus de la encefalitis equina oriental y de Sindbis. El genoma de RNA del fl avivirus también es de cadena posi- tiva. Una proteína precursora de gran tamaño es producida por mRNA de longitud del genoma durante las replicaciones vira- les; es desdoblada por proteasas virales y del hospedador para generar todas las proteínas virales, tanto las estructurales como las no estructurales. Los fl avivirus se replican en el citoplasma y ocurre el ensamble de partículas en las vesículas intracelulares (fi g. 38-4). La proliferación de las membranas intracelulares es una característica de las células infectadas por fl avivirus. Propiedades antigénicas de togavirus y flavivirus Todos los alfavirus están relacionados antigénicamente. Debi- do a las determinantes antigénicas comunes, los virus muestran reacciones cruzadas en las técnicas inmunodiagnósticas. Las pruebas HI, ELISA e IF defi nen ocho complejos antigénicos o serogrupos de alfavirus, cuatro de los cuales están tipifi cados por son transmitidos entre roedores o murciélagos sin ningún in- secto vector conocido. Muchos tienen una distribución mun- dial. Todos los fl avivirus tienen una relación antigénica. Los fl avivirus son inactivados también al alfavirus y muchos tam- bién muestran una capacidad de hemaglutinación. El virus de la hepatitis C, clasifi cado en un género diferente en la familia Flaviviridae, no tiene un vector artrópodo y no es un arbovirus (cap. 35). Replicación de togavirus y flavivirus El genoma de RNA del alfavirus es de cadena positiva (fi g. 38-3). La longitud genómica y los mRNA subgenómicos (26S) se producen durante la transcripción. El transcrito de longitud genómica produce una poliproteína precursora que codifi ca las proteínas no estructurales (es decir, replicasa, transcriptasa) ne- cesarias para la replicación de RNA viral. El mRNA subgenómi- co codifi ca a las proteínas estructurales. Las proteínas son ela- boradas por desdoblamiento postraduccional. Los alfavirus se replican en el citoplasma y maduran mediante nucleocápsides en gemación a través de la membrana plasmática. Los datos de la CUADRO 38-2 Resumen de infecciones humanas importantes por virus transmitidos por arbovirus y roedores que ocurren en Estados Unidos Enfermedadesa Exposición Distribución Vectores principales Cociente de casos de infección (incidencia de edad) Secuelasb Tasa de mortalidad Encefalitis equina oriental (Alphavirus) Rural Atlántico, costa del sur Aedes, Culex 10:1 (lactantes) 50:1 (edad mediana) 20:1 (ancianos) + 30 a 70% Encefalitis equina occidental (Alphavirus) Rural Pacífico, montañas, suroeste Culex tarsalis, Aedes 50:1 (menos de 5) 1 000:1 (más de 15) + 3 a 7% Encefalitis equina venezolana (Alphavirus) Rural Sur (también Sudamérica y Centroamérica) Aedes, Psorophora Culex 25:1 (menos de 15) 1 000:1 (más de 15) ± Decesos infrecuentes Encefalitis de St. Louis (Flavivirus) Urbana-rural Dispersa Culex 800:1 (menos de 9) 400:1 (9-59) 85:1 (más de 60) ± 3 a 10% (menos de 65) 30% (más de 65) Fiebre del Nilo Occidental (Flavivirus) Urbana-rural Dispersa Culex, Aedes, Anopheles 150:1 Desconocidas3 a 15% Encefalitis de California (La Crosse) (Orthobunyavirus) Rural Norcentral, Atlántico, sur Aedes triseriatus Cociente desconocido (la mayor parte de los casos en menos de 20) Infrecuentes Alrededor de 1% Síndrome pulmonar por hantavirus (Hantavirus) Rural Suroeste, occidente Peromyscus maniculatusc Desconocido Desconocidas 30% Fiebre de la garrapata de Colorado (Coltivirus) Rural Pacífico, montañas Dermacentor andersoni Cociente desconocido (todas las edades son afectadas) Infrecuentes Decesos infrecuentes aMostrado entre paréntesis bajo el nombre de la enfermedad aparece el género en el cual se clasifi can los virus causantes. Las familias de los virus están indicadas y descritas en el cuadro 38-1. bSecuelas: +, frecuentes: ±, esporádicas. cPortador roedor. 522 SECCIÓN IV Virología el endotelio vascular. La multiplicación en el sistema nervioso central depende de la capacidad del virus para cruzar la barre- ra hematoencefálica e infectar las células nerviosas. En la in- fección natural de aves y mamíferos, es habitual una infección asintomática. Por varios días ocurre una viremia y los vectores artrópodos adquieren el virus al succionar la sangre durante este periodo: el primer paso en su diseminación a otros hospe- dadores. La enfermedad en los animales de experimentación permite aclarar múltiples aspectos de la enfermedad en seres humanos. Se han utilizado ratones para estudiar la patogenia de la ence- falitis. Tras la inoculación subcutánea, la replicación del virus ocurre en los tejidos locales y en los ganglios linfáticos regio- nales. El virus entra luego en la circulación sanguínea y se di- semina. Dependiendo del compuesto específi co, los diferentes tejidos respaldan más la replicación del virus, lo que comprende monocitos-macrófagos, células endoteliales, pulmón, hígado y músculos. El virus cruza la barrera hematoencefálica por me- las encefalitis equina occidental, equina oriental, equina venezo- lana y por el virus de la selva de Semliki. La identifi cación de un virus específi co puede lograrse utilizando las pruebas de Nt. Asi- mismo, todos los fl avivirus comparten lugares antigénicos. Se han identifi cado por un mínimo de ocho complejos antigénicos basándose en las pruebas de Nt. La proteína de la envoltura (E) es la hemaglutinina viral y contiene las determinantes de gru- po, serocomplejas y específi cas de tipo. Las comparaciones de la secuencia del gen de la glucoproteína E muestran que los virus en un serocomplejo comparten más de 70% de las secuencias de aminoácido, en tanto que la homología de aminoácidos a través de los serocomplejos es menos que 50%. Patogenia y anatomía patológica En los hospedadores vertebrados susceptibles, la multiplicación viral primaria ocurre en las células mieloides y linfoides o en An RNA del genoma An mRNA 26S Cápside Cápside nsP1 nsP2 nsP3 nsP4 C E3 E2 6K E1 Núcleo (+) (–) 1 Unión 2 Endocitosis mediada por el receptor 9 Fusión de vasículas en la membrana plasmática: liberación de virión 3 Fusión de virión y membrana de endosoma 4 Desenvoltura 5 Traducción y procesamiento de poliproteína 6 Replicación de RNA asociado a la membrana 7 Morfogénesis del virión en vesículas intracelulares 8 Transporte de virión; saturación de glucoproteína FIGURA 38-3 Organización genómica de los virus α. Las proteínas no estructurales (nsP) están traducidas del RNA genómico como una poliproteína que es concentrada en cuatro proteínas no estructurales por una proteasa viral presente en nsP2. Las proteínas estructurales se traducen de un mRNA 26S subgenómico como una poliproteína que es procesada por una combinación de proteasas virales y celulares hacia una proteína de la cápside (C), tres glucoproteínas de envoltura (E3, E2 y E1) y una proteína asociada a la membrana 6K. C, E2 y E1 son los principales componentes de los viriones y están sombreados en la fi gura. (Reproducida con autorización de Strauss JH, Strauss EG, Kuhn RJ: Budding of alphaviruses. Trends Microbiol 1995;3:346.) FIGURA 38-4 El ciclo de vida de los fl avivirus. (Cortesía de CM Rice.) CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 523 B. Serología Los anticuerpos neutralizantes e inhibidores de la hemagluti- nación son detectables pocos días después del inicio de la en- fermedad. Los anticuerpos neutralizantes e inhibidores de la hemaglutinación perduran por años. La prueba HI es la prue- ba diagnóstica más sencilla, pero identifi ca el grupo más que el virus causante específi co. Los análisis serológicos más sensibles detectan IgG específi cos del virus en suero o en el líquido cefalo- r a quídeo con enzimoinmunoanálisis de adsorción (ELISA). Es necesario establecer un incremento de cuatro tantos o más de los anticuerpos específi cos durante la infección para confi rmar un diagnóstico. La primera muestra de suero debe obtenerse lo más pronto posible después del inicio y la segunda dos a tres semanas más tarde. Al establecer el diagnóstico se debe tomar en cuenta la reactividad cruzada dentro del gru- po de alfavirus o fl avivirus. Después de una sola infección por un miembro del grupo, también pueden aparecer anticuerpos a otros miembros. El diagnóstico serológico se vuelve difícil cuando ocurre una epidemia causada por un miembro del gru- po serológico en una zona donde otro miembro del grupo es endémico. Inmunidad Se piensa que la inmunidad es permanente después de una in- fección simple. Se considera que las respuestas de anticuerpo humoral lo mismo que las inmunitarias celulares son importan- tes en la protección y el restablecimiento tras la infección. En zonas endémicas, la población puede adquirir inmunidad como resultado de infecciones asintomáticas; la proporción de perso- nas con anticuerpos contra el virus transmitido por el artrópodo local se incrementa con la edad. Debido a los antígenos comunes, la respuesta a la inmuni- zación o a la infección con uno de los virus de un grupo puede modifi carse por la exposición previa a otro miembro del mismo grupo. Este mecanismo es importante para conferir protección en una población contra una epidemia de un microorganismo relacionado (p. ej., no encefalitis japonesa B en zonas endémicas para la fi ebre del Nilo Occidental). Epidemiología En zonas muy endémicas, casi toda la población humana puede infectarse con un arbovirus y la mayor parte de las infecciones son asintomáticas. Existen cocientes de infección a casos eleva- dos en grupos de edad específi ca y para muchas infecciones por arbovirus (cuadro 38-2). Casi todos los casos ocurren en los me- ses de verano en el hemisferio norte cuando los artrópodos son más activos. A. Encefalitis equina oriental y occidental La encefalitis equina oriental es la más grave de las encefalitis por arbovirus y es la que tiene una tasa de mortalidad de casos más alta. Las infecciones son infrecuentes y esporádicas en Es- tados Unidos, promediando cinco casos confi rmados por año. Las infecciones asintomáticas son infrecuentes. En el caso de la encefalitis equina occidental, la transmisión ocurre a un bajo nivel en el occidente rural, donde las aves y los mosquitos Cu- lex tarsalis participan en el ciclo de mantenimiento del virus. canismos desconocidos, que tal vez afectan neuronas olfativas o células vasculares del cerebro y se disemina. La degeneración neuronal dispersa ocurre en todas las encefalitis provocadas por arbovirus. En la mayor parte de las infecciones, el virus se controla antes que ocurra la invasión neurológica. La invasión depende de muchos factores, como el grado de viremia, los antecedentes genéticos y respuestas inmunitarias innatas y adaptativas del hospedador, así como de la virulencia de la cepa del virus. Los seres humanos muestran una susceptibilidad dependiente de la edad a las infecciones del sistema nervioso central; los lactantes y los ancianos son los más susceptibles. Las encefalitis equinas enlos caballos son difásicas. En la primera fase (enfermedad leve), el virus se multiplica en teji- do no neural y está presente en la sangre varios días antes de los primeros signos de afectación del sistema nervioso central. En la segunda fase (enfermedad mayor) el virus se multiplica en el cerebro, las células son lesionadas y destruidas y la en- cefalitis se vuelve clínicamente manifi esta. Se necesitan altas concentraciones de virus en el tejido cerebral antes que se dé tal manifestación. Manifestaciones clínicas Los periodos de incubación de las encefalitis fl uctúan entre cuatro y 21 días. Las infecciones no manifi estas son frecuentes. Algunas personas infectadas presentan una enfermedad seudo- gripal leve, en tanto que otras manifi estan encefalitis. Hay una instauración súbita con cefalea intensa, escalofríos y fi ebre, náu- sea y vómito, dolores generalizados y ataque al estado general. En las primeras 24 a 48 h, sobreviene una somnolencia inten- sa y el paciente puede presentar estupor. En los casos graves se presenta confusión mental, temblores, convulsiones y coma. La fi ebre persiste por cuatro a 10 días. La tasa de mortalidad en la encefalitis varía (cuadro 38-2). En la encefalitis B japonesa, la tasa de mortalidad en los grupos de edad más avanzada puede alcanzar 80%. Las secuelas pueden ser leves a graves y compren- den deterioro mental, cambios de la personalidad, parálisis, afa- sia y signos cerebelosos. Diagnóstico de laboratorio A. Aislamiento del virus y detección directa Los intentos de aislamiento del virus exigen precauciones de bioseguridad apropiadas para evitar las infecciones en el labora- torio. El virus se encuentra en la sangre sólo en las primeras fases de la infección, por lo general antes que comiencen los síntomas. También se pueden encontrar virus en el LCR o en muestras de tejido, lo que depende del microorganismo. Los alfavirus y los fl avivirus por lo general pueden desarrollarse en linajes ce- lulares comunes como Vero, BHK, HeLa y MRC-5. Los linajes de células de mosquito son útiles. La inoculación intracerebral de los ratones recién nacidos o cobayos también se utiliza para el aislamiento del virus. Se dispone de análisis de detección de antígeno y reacción en cadena de la polimerasa para la detección directa de RNA o proteínas virales en especímenes clínicos para algunos arbovi- rus. El empleo de anticuerpos monoclonales específi cos de virus en análisis inmunofl uorescentes ha facilitado la identifi cación rápida del virus en muestras clínicas. 524 SECCIÓN IV Virología guíneas, in utero y tal vez lactancia natural. En Estados Unidos en 2003 se implantó la detección sistemática del virus del Nilo Occidental en donaciones de sangre. El virus del Nilo Occidental produce viremia y una enfer- medad febril leve y aguda con linfadenopatía y exantema. La afectación meníngea transitoria puede presentarse durante la etapa aguda. Sólo existe un tipo antigénico de virus y se supone que la inmunidad es permanente. En 2003 se comenzó a contar con una vacuna del Nilo Occi- dental. No existe vacuna para el ser humano. La prevención de la enfermedad por el virus del Nilo Occidental depende del control de los mosquitos y de la protección contra sus picaduras. D. Encefalitis japonesa B La encefalitis japonesa B es la principal causa de encefalitis viral en Asia (fi g. 38-2). Cada año se presentan alrededor de 50 000 casos en China, Japón, Corea y el subcontinente conformado por India, con 10 000 decesos, principalmente niños y ancia- nos. La mortalidad puede superar 30%. Un elevado porcentaje de sobrevivientes (hasta 30%) quedan con secuelas neurológicas y psiquiátricas. Se ha comunicado que las infecciones durante el primero y el segundo trimestres del embarazo desencadenaron muerte fetal. Los estudios de seroprevalencia señalan la exposición casi general al virus de la encefalitis japonesa B hacia la edad adulta. El cociente estimado entre infecciones asintomáticas y sintomá- ticas es de 300:1. Ciclos de transmisión en hospedador-vector del arbovirus Las infecciones de seres humanos por los virus de la encefalitis transmitida por mosquitos se presentan cuando un mosquito u otro artrópodo pica inicialmente a un animal infectado y des- pués a un ser humano. Las encefalitis equinas —oriental, occidental y venezolana— son transmitidas por mosquitos culícidos a caballos o seres hu- manos desde un ciclo de mosquito-ave-mosquito (fi g. 38-5). Los equinos, al igual que los seres humanos, son hospedadores no esenciales para el mantenimiento del virus. Tanto la encefalitis equina oriental como la venezolana en los caballos son graves y hasta 90% de los animales afectados mueren. La encefalitis equi- na occidental epizoótica a menudo es menos mortal para los caballos. Además, la encefalitis equina oriental produce epizoo- tias graves en determinadas aves de juego domésticas. También ocurre un ciclo de mosquito-ave-mosquito en la encefalitis de St. Louis, la fi ebre por el virus del Nilo Occidental y la encefalitis japonesa B. Los cerdos son hospedadores importantes de la en- cefalitis japonesa B. Los mosquitos se mantienen infectados de por vida (varias semanas a meses). Sólo la hembra se alimenta de sangre y puede alimentar y transmitir el virus más de una vez. Las células del intestino medio del mosquito son el principal lugar para la multiplicación del virus. Esto se acompaña de una viremia y de la invasión de órganos —principalmente glándulas salivales y tejido nervioso, donde ocurre la multiplicación viral secundaria. El artrópodo se mantiene sano. La infección de murciélagos insectívoros por arbovirus pro- duce una viremia que dura seis a 12 días sin ninguna enfermedad o cambios patológicos en el murciélago. Si bien la concentración viral es alta, el murciélago infectado puede infectar a los mosqui- Las infecciones de seres humanos promedian 15 casos confi r- mados por año. Sin embargo, ha habido casos previos (los más recientes en 1987) en que los seres humanos y los equinos se infectaban a niveles epidémicos y epizoóticos. Los brotes epi- démicos han afectado a amplias zonas del occidente de Estados Unidos y Canadá. B. Encefalitis de St. Louis El virus de la encefalitis de St. Louis es la causa más importante de encefalitis epidémica del ser humano en Norteamérica (fi g. 38-2) y ha causado casi 10 000 casos y 1 000 muertes desde que fue reconocido inicialmente en 1933. Las tasas de seroprevalen- cia en general son bajas y la incidencia de encefalitis de St. Louis varía cada año en Estados Unidos. En la actualidad hay un pro- medio de 130 casos confi rmados cada año. Menos de 1% de las infecciones virales produce manifestaciones clínicas. Es necesa- ria la presencia de mosquitos infectados para que puedan pre- sentarse las infecciones humanas, aunque los factores socioeco- nómicos y culturales (aire acondicionado, mallas, control de los mosquitos) modifi can el grado de exposición de la población a estos vectores portadores de virus. C. Fiebre del Nilo Occidental La fi ebre del Nilo Occidental es causada por un miembro del complejo antigénico de fl avivirus de la encefalitis japonesa B. Se presenta en Europa, Medio Oriente, África, la ex Unión So- viética, el suroeste de Asia y, en tiempos más recientes, Estados Unidos. Apareció inesperadamente en la zona de la ciudad de Nueva York en 1999 y produjo siete decesos y una gran mor- talidad en una serie de aves domésticas y exóticas. El análisis secuencial de las cepas de virus demostró que se originaba en el Medio Oriente; probablemente cruzó el Atlántico en un ave, mosquito o viajero humano infectados. Al cabo de tres años el virus del Nilo Occidental ha con- sumado su desplazamiento transcontinental a través de Estados Unidos y se estableció en una presencia permanente en los cli- mas templados de Norteamérica. En la actualidad es la principal causa de encefalitis por arbovirus en Estados Unidos. Se estima que casi 80%de las infecciones del Nilo Occidental son asinto- máticas y cerca de 20% producen la fi ebre del Nilo Occidental y menos de 1% es causa de enfermedad neuroinvasiva (meningi- tis, encefalitis o parálisis fl ácida aguda). La encefalitis mortal es más frecuente en personas de edad avanzada. Se ha identifi cado como un factor de riesgo para las infecciones del Nilo Occidental sintomáticas una defi ciencia genética que produce una variante no funcional del receptor de quimiocina CCR5. En 2002 una epidemia en Estados Unidos fue la de menin- goencefalitis por arbovirus más amplia documentada en el he- misferio occidental. Se comunicaron 3 389 casos de infección por el virus del Nilo Occidental en humanos, 69% con menin- goencefalitis y 21% con fi ebre del Nilo Occidental. Más de 9 000 casos ocurrieron en caballos. En 2006, se notificó un total de 1 491 casos de infección neuroinvasiva por el virus del Nilo Occidental en estadounidenses. Se estimó que habrían ocurrido 41 750 casos de fi ebre del Nilo Occidental y un total de más de 208 000 infecciones humanas en 2006. Se detectó el virus del Nilo Occidental en los 48 estados contiguos. La epidemia del virus del Nilo Occidental de 2002 com- prendió los primeros casos documentados de transmisión inter- personal a través del trasplante de órganos, transfusiones san- CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 525 portador del virus y también de su vector (fi g. 38-6). En los cli- mas tropicales, donde se presentan poblaciones de mosquitos durante todo el año, el ciclo de los arbovirus es continuo entre mosquito y reservorios animales. En climas templados, el virus puede reintroducirse cada año desde el exterior (p. ej., por aves que migran desde zonas tropi- cales) o pueden sobrevivir el invierno en la zona local. Los posi- bles pero no demostrados mecanismos de hibernación son los siguientes (fi gs. 38-5 y 38-6): 1) los mosquitos en hibernación en el momento de su emergencia pueden reinfectar aves; 2) el virus puede mantenerse latente en el invierno en las aves, los mamífe- ros o los artrópodos, y 3) los vertebrados de sangre fría (serpien- tes, tortugas, cocodrilos, lagartos, sapos) pueden hacer las veces de reservorios en invierno. Los mosquitos pueden infectarse al alimentarse de culebras que emergen y luego transmiten el virus. Se ha detectado el virus en la sangre de serpientes silvestres. Los mosquitos están íntimamente asociados a murciélagos, tanto en el verano como durante el invierno (en lugares de hi- bernación). El ciclo de mosquito-murciélago-mosquito puede ser un mecanismo de hibernación posible para algunos arbo- virus. Tratamiento y control No hay ningún tratamiento específi co. El control biológico del vertebrado hospedador natural por lo general no es práctico, so- tos que luego pueden transmitir la infección a aves silvestres y a aves de corral, así como a otros murciélagos. También hay encefalitis por fl avivirus transmitidas por las garrapatas, como la encefalitis de la primavera y el verano de Rusia. Esta enfermedad ocurre principalmente en los primeros días del verano, sobre todo en personas expuestas a garrapatas Ixodes persulcatus e Ixodes ricinus en zonas boscosas no despe- jadas. Las garrapatas pueden infectarse en cualquier etapa de su metamorfosis y el virus se puede transmitir a través de los ova- rios (fi g. 38-6). El virus es secretado en la leche de cabras infecta- das por periodos prolongados y la infección puede transmitirse a quienes beben leche no pasteurizada. El virus de la encefalitis de Powassan fue el primer miembro del complejo ruso de la pri- mavera y el verano que se aisló en Norteamérica. El caso mortal original se comunicó en Canadá en 1959. La infección humana es infrecuente. Hibernación de los arbovirus Las características epidemiológicas de las encefalitis transmiti- das por artrópodos deben tomar en cuenta el mantenimiento y la diseminación de los virus en la naturaleza en la ausencia de seres humanos. Se han aislado virus de mosquitos y garrapatas, los cuales sirven de reservorios de la infección. En las garrapatas, los virus pueden pasar de una generación a otra por vía trans- ovárica y en tales casos la garrapata funciona como un verdadero Aves y/o mamíferos Hospedadores terminales finales Ciclo de amplificación Mosquitos Culex Supervivencia en ambientes tropicales Transmisión vertical Vector de hibernación Viremia prolongada Vector alternativo Posibles mecanismos de mantenimiento en hibernación Hospedadores terminales finales Mosquitos Culex Supervivencia en ambientes tropicales Transmis vertical Vector de hib ió Viremia prolongada FIGURA 38-5 Ciclo de transmisión generalizada de los fl avivirus transmitidos por el mosquito que producen encefalitis. Se muestra la amplifi cación en el tiempo de verano y los posibles mecanismos de hibernación. Los seres humanos son hospedadores terminales muertos y no contribuyen a la perpetuación de la transmisión del virus. Las aves silvestres son los hospedadores virémicos más frecuentes, pero los cerdos tienen una participación importante en el caso del virus de la encefalitis japonesa. La pauta mostrada se aplica a muchos fl avivirus (pero no a todos). (Adaptada con autorización de Monath TP, Heinz FX. Flaviviruses. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996.) 526 SECCIÓN IV Virología FIEBRE AMARILLA El virus de la fi ebre amarilla es el prototipo de la familia Flavi- viridae. Produce fi ebre amarilla, una enfermedad aguda, febril, transmitida por los mosquitos en regiones tropicales y subtro- picales de África y Sudamérica (fi g. 38-2). Los casos graves se caracterizan por disfunción hepática y renal y hemorragia, con una elevada mortalidad. Basándose en el análisis secuencial, se han identifi cado por lo menos siete genotipos de virus de la fi ebre amarilla, cinco en África y dos en Sudamérica. Hay un solo serotipo. El virus de la fi ebre amarilla se multiplica en animales de muy diferentes tipos y en los mosquitos y se cultiva en huevos embrionados, cultivos de células de embrión de pollo y linajes celulares, incluidos los de origen de simio, humano, cobayo y mosquito. Patogenia y anatomía patológica El virus es introducido por un mosquito a través de la piel donde se multiplica. Se disemina a ganglios linfáticos locales, hígado, bazo, riñón, médula ósea y miocardio, donde puede persistir por días. Está presente en la sangre en las primeras etapas de la infección. Las lesiones de la fi ebre amarilla se deben a la ubicación y la propagación del virus en un órgano específi co. Las infeccio- nes pueden producir lesiones necróticas en el hígado y el riñón. También se presentan cambios degenerativos en bazo, ganglios linfáticos y corazón. La infección grave se caracteriza por hemo- rragia y choque. La lesión miocárdica por el virus puede contri- buir al choque. Manifestaciones clínicas El periodo de incubación es de tres a seis días. En el inicio brus- co, el paciente tiene fi ebre, escalofríos, cefalea, mareos, mialgias y dorsalgia (seguidos de náusea, vómito y bradicardia). Durante este periodo inicial, que dura varios días, el paciente se encuen- tra virémico y constituye una fuente de infección para los mos- quitos. La mayor parte de los pacientes se recuperan en esta eta- pa, pero en casi 15% de los casos la enfermedad evoluciona a una forma más grave caracterizada por fi ebre, ictericia, insufi ciencia renal y manifestaciones hemorrágicas. El vómito puede ser ne- gro con sangre alterada. Cuando la enfermedad evoluciona a la etapa grave (insufi ciencia hepatorrenal), la tasa de mortalidad es elevada (20% o más), sobre todo en los pequeños y en los ancia- nos. Ocurre el deceso en el día siete a 10 de la enfermedad. La encefalitis es infrecuente. Por otra parte, la infección puede ser tan leve que pasa in- advertida. Sea cual sea la gravedad, no hay secuelas; los pacientes mueren o serestablecen del todo. Diagnóstico de laboratorio A. Detección o aislamiento del virus Se puede identifi car el antígeno o el ácido nucleico del virus en especímenes de tejido utilizando inmunohistoquímica, la cap- tación del antígeno mediante ELISA o la prueba de reacción en cadena de la polimerasa. El virus puede aislarse de la sangre los bre todo cuando los hospedadores son aves silvestres. El método más efi caz es el control de artrópodos, de manera que la atomi- zación de insecticidas destruirá mosquitos. Las medidas perso- nales comprenden evitar los mosquitos mediante repelentes y con uso de prendas protectoras. Las casas deben tener mallas de ventanas adecuadas. Se han desarrollado vacunas efi caces de virus muertos para proteger a los caballos contra las encefalitis equinas oriental, occidental y venezolana. Se dispone de una vacuna de virus vi- vos atenuados para la encefalitis equina venezolana que permi- te reducir las epidemias en los caballos. Estas vacunas no son para uso humano. Se cuenta con vacunas humanas de micro- organismos inactivados experimentales contra los virus de las encefalitis orientales, occidental y venezolana equinas en fase de investigación para proteger a los técnicos de laboratorio. Las vacunas en la encefalitis japonesa B de virus muertos y de virus vivos atenuados están disponibles para uso humano en varios países asiáticos. La vacuna está disponible en Estados Unidos para personas que viajan a países endémicos. Mamíferos pequeños Virémicos Garrapata que se coalimenta Adulto no alimentado Mordedura de garrapata Larvas no alimentadas Huevecillos Adulto alimentado Garrapata coalimentaria Leche infectada Larvas alimentadas Ninfa no alimentada Transmisión transestadial Mamíferos pequeños Ninfa alimentada Infección oral FIGURA 38-6 Ciclo de transmisión generalizada de los fl avivirus transmitidos por la garrapata, que muestran los hospedadores para las garrapatas en las etapas de larva, ninfa y adulto. El virus es transmitido a etapas sucesivas de la garrapata durante la transmisión de un estadio a otro, así como por vía transovárica a la progenie de las garrapatas adultas. Tanto las garrapatas hembras como machos intervienen en la transmisión. El virus de la encefalitis transmitida por la garrapata puede transmitirse a las garrapatas no infectadas que se alimentan simultáneamente de un hospedador vertebrado sin necesidad de una infección virémica activa del hospedador. (Adaptada con autorización de Monath TP, Heinz FX: Flaviviruses. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996.) CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 527 Epidemiología Se reconocen dos ciclos epidemiológicos importantes de trans- misión de la fi ebre amarilla; a saber: 1) fi ebre amarilla urbana y 2) fi ebre amarilla de la selva (fi g. 38-7). La fi ebre amarilla urba- na conlleva la transmisión interpersonal por mosquitos Aedes domésticos. En el hemisferio occidental y en África Occidental, esta especie es principalmente Aedes aegypti, que se reproduce en las acumulaciones de agua que acompañan a los asentamientos humanos. En zonas donde se ha eliminado o abolido A. aegypti, ha desaparecido la fi ebre amarilla urbana. La fi ebre amarilla de la selva es principalmente una enfer- medad de los simios. En Sudamérica y África, es transmitida de simios a simios por mosquitos arbóreos (es decir, Haemagogus, Aedes) que habitan el bosque húmedo. La infección en los ani- males puede ser grave o no manifi esta. El virus se multiplica en mosquitos, los cuales permanecen infecciosos de por vida. Las personas que realizan actividades de tala de árboles de la selva entran en contacto con estos mosquitos y se infectan. La fi ebre amarilla no ha invadido Asia, aun cuando el vector A. aegypti tiene una amplia distribución ahí. La fi ebre amarilla sigue infectando y destruyendo a millares de personas en todo el mundo en vista de que no han logrado inmunizarse. Se estima que cada año la fi ebre amarilla afecta a 200 000 personas, de las cuales fallecen unas 30 000. La mayor par- te de los brotes epidémicos (aproximadamente 90%) ocurren en primeros cuatro días después del inicio o de tejido en el estudio forense mediante la inoculación intracerebral de ratones o con el empleo de linajes de células. B. Serología Los anticuerpos IgM aparecen durante la primera semana de la enfermedad. La detección de anticuerpo IgM mediante la cap- tura de ELISA en una sola muestra proporciona un diagnóstico presuntivo y se confi rma por un incremento del cuádruplo o más en los títulos de anticuerpo neutralizante entre muestras de suero obtenidos en la fase aguda y la fase de convalecencia. Los métodos serológicos más antiguos, como HI, en gran parte se han remplazado con enzimoinmunoanálisis de adsorción (ELISA). Los anticuerpos inhibidores de la hemaglutinación específi cos aparecen primero, seguidos rápidamente de anticuerpos contra otros fl avivirus. Inmunidad Los anticuerpos neutralizantes aparecen alrededor de una se- mana de avanzada la enfermedad y son causa de la eliminación del virus. Los anticuerpos neutralizantes persisten de por vida y proporcionan una protección completa contra la enfermedad. La demostración de anticuerpos neutralizantes es la única prue- ba útil de la inmunidad contra la fi ebre amarilla. Ciclo selvático Ciclo urbano Mosquito vector de la selva A. aegypti A. aegypti Ciclos de amplificación Mecanismos de mantenimiento Vector alternativo Temporada húmeda Temporada seca Supervivencia prolongada y/o resistencia a la sequía Viremia prolongada o recrudescente Transmisión de un estadio a otro y vertical Transmisión vertical Ciclo selvático Ciclo urbano Mosquito vector de la selva A. aegypti gyp Vector alternativo Temporada húmeda Temporada seca Supervivencia prolongada y/o resistencia a la sequía Viremia prolongada o recrudescente Transmisió de un estad a otro y vertical Transmisión vertical FIGURA 38-7 Ciclos de transmisión de los virus de la fi ebre amarilla y del dengue. Estos virus tienen ciclos de mantenimiento enzoóticos en los que intervienen vectores Aedes y primates no humanos. Los virus del dengue son transmitidos principalmente entre seres humanos y Aedes aegypti que se reproducen en recipientes de agua doméstica. En el caso de la fi ebre amarilla, la transmisión selvática se dispersa por toda la distribución geográfi ca del virus. En los países tropicales de América, los casos de fi ebre amarilla en seres humanos se derivan del contacto con los vectores mosquitos de la selva y no se han observado casos de fi ebre amarilla urbana (transmitidos por Aedes aegypti) durante más de 50 años. En África, los vectores selváticos intervienen en la transmisión del virus entre monos y entre seres humanos, y hay una participación frecuente de Aedes aegypti en las regiones urbanas y en las regiones secas de la sabana. (Adaptada con autorización de Monath TP, Heinz FX: Flaviviruses. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996.) 528 SECCIÓN IV Virología La vacunación es la medida preventiva más efi caz contra la fi ebre amarilla, una infección potencialmente grave con una elevada tasa de mortalidad para la cual no se dispone de ningún tratamiento específi co. DENGUE Se trata de una infección transmitida por mosquitos causada por un fl avivirus que se caracteriza por fi ebre, cefalea grave, mialgias y artralgias, náusea y vómito, dolor ocular y exantema. Una for- ma grave de la enfermedad, la fi ebre por el dengue hemorrágico o el síndrome de choque por dengue, afecta principalmente a los niños. El dengue es endémico en más de 100 países. Manifestaciones clínicas La enfermedad clínica comienza cuatro a siete días (intervalo de tres a 14 días) después de una picadura de mosquito infeccioso. La instauración de la fi ebre puede ser súbita o puede haber sínto- mas prodrómicos de malestar,escalofríos y cefalea. Los dolores aparecen pronto, sobre todo en la espalda, las articulaciones, los músculos y los globos oculares. La fi ebre persiste durante dos a siete días, lo que corresponde a la máxima densidad viral. La tem- peratura puede ceder casi en el tercer día y aumentar de nuevo alrededor de los cinco a ocho días después del inicio (“ensilla- da”). Las mialgias y la artralgia profunda son características. Pue- de aparecer un exantema en el tercer o el cuarto día y persistir durante uno a cinco días. Los ganglios linfáticos a menudo están aumentados de tamaño. La fi ebre por el dengue característica es una enfermedad que cede espontáneamente. La convalecencia puede tardar semanas, aunque las complicaciones y el deceso son infrecuentes. Sobre todo en los niños pequeños, el dengue puede ser una enfermedad febril leve que persista por un leve periodo. Puede presentarse un síndrome grave (fi ebre hemorrágica por dengue y síndrome de choque por dengue ) en personas (por lo general niños) con anticuerpo adquirido pasivamente (como anticuerpo materno) o anticuerpo de dengue heterólogo no neutralizante preexistente debido a la infección previa por un serotipo diferente de virus. Aunque los síntomas iniciales se parecen al dengue normal, se agrava el estado del paciente. La característica anatomopatológica clave de la fi ebre hemorrágica por el dengue es un aumento de la permeabilidad vascular con fi ltración de plasma hacia los espacios intersticiales asociada a un incremento de las concentraciones de citocina vasoactivas. Esto puede desencadenar choque letal en algunos pacientes. Pruebas circunstanciales señalan que la infección secundaria por el virus del dengue de tipo 2 después de una infección por el virus de tipo 1 constituye un factor de riesgo específi co para la enfermedad grave. La patogenia del síndrome grave implica un anticuerpo pre- existente contra el dengue. Se postula que se forman complejos de virus de un anticuerpo en los primeros días de la segunda infección por dengue y que los anticuerpos intensifi cadores no neutralizantes favorecen la infección de una mayor cantidad de células mononucleares, seguida de la liberación de citocinas, mediadores vasoactivos y procoagulantes, lo que lleva a la coa- gulación intravascular diseminada que se observa en el síndro- me de fi ebre hemorrágica. También puede haber de por medio respuestas inmunitarias celulares de reacción cruzada al virus del dengue. África. Las epidemias suelen presentarse en una zona de emergen- cia típica para la fi ebre amarilla: sabanas húmedas y semihúmedas adjuntas a la selva lluviosa donde se mantiene el ciclo selvático en una población de simios extensa. Durante las epidemias en África, el cociente de infección:casos fl uctúa de 20:1 a 2:1. Todos los gru- pos de edad son susceptibles. La fi ebre amarilla en los países americanos presenta caracte- rísticas epidemiológicas que son características de su ciclo selvá- tico. Casi todos los casos ocurren en varones de 15 a 45 años de edad y que realizan actividades agrícolas o en los bosques. Tratamiento, prevención y control No se dispone de ninguna farmacoterapia antiviral. Los programas enérgicos de abatimiento del mosqui- to prácticamente han eliminado la fi ebre amarilla urbana en gran parte de Sudamérica; sin embargo, el control de vectores es impráctico en muchos lugares de África. El último brote de fi ebre amarilla notifi cado en Estados Unidos tuvo lugar en 1905. No obstante, con la velocidad de los viajes aéreos mo- dernos, existe la amenaza de un brote de fi ebre amarilla siem- pre que está presente A. aegypti. Casi todos los países insisten en el control apropiado de los mosquitos en los aeroplanos así como en la vacunación de todas las personas por lo menos 10 días antes de la llegada a una zona endémica o de la salida de la misma. La cepa 17D del virus de la fi ebre amarilla es una vacuna excelente de virus vivos atenuados. Durante el paso serial de una cepa pantrópica del virus de la fi ebre amarilla a través de cultivos de tejido, se aisló la cepa 17D relativamente avirulenta. Esta cepa perdió su capacidad para provocar enfermedad viscerotrópica o neurotrópica y se ha utilizado como una vacuna durante más de 70 años. Se ha determinado la secuencia de la cepa Asibi virulenta del virus de la fi ebre amarilla y se ha comparado con la de la cepa de la vacuna 17D, derivada de la misma. Estas dos cepas están separadas por más de 240 pases. Los dos genomas de RNA (10 862 nucleótidos de longitud) difi eren en 68 posiciones de nucleótido, lo que da por resultado un total de diferencias de 32 aminoácidos. La vacuna se prepara en huevos y se dispensa en un polvo desecado. Es un virus vivo y se debe mantener frío. Una sola dosis produce una buena respuesta de anticuerpo en más de 95% de las personas vacunadas que persiste por lo menos durante 30 años. Después de la vacunación, el virus se multiplica y puede aislarse de la sangre antes que aparezcan anticuerpos. La vacunación está contraindicada en los lactantes menores de nueve meses de edad, durante el embarazo, y en personas con alergias al huevo o alteraciones de los sistemas inmunitarios (p. ej., infección por el virus de la inmunodefi ciencia humana, cán- cer, trasplante de órgano). La vacuna 17D es tolerable. Se han administrado más de 400 millones de dosis de vacuna de la fi ebre amarilla y las reac- ciones adversas graves son en extremo infrecuentes. Han ocurri- do casi dos docenas de casos en todo el mundo de enfermedad neurotrópica relacionada con la vacuna (encefalitis posvacunal), la mayor parte de los cuales ocurrieron en lactantes. En el año 2000 se describió un síndrome grave denominado enfermedad viscerotrópica relacionada con la vacuna de la fi ebre amarilla. En todo el mundo se han notifi cado menos de 20 casos de insu- fi ciencia orgánica múltiple en receptores de la vacuna. CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 529 En las poblaciones urbanas, las epidemias del dengue son explosivas y afectan a porciones considerables de la población. A menudo comienzan durante las estaciones lluviosas cuando abunda el mosquito vector A. aegypti (fi g. 38-7). El mosquito se reproduce en climas tropicales o semitropicales en receptáculos de agua estancada o en plantas cercanas a los hábitat humanos. A. aegypti es el principal mosquito vector del dengue en el hemisferio occidental. La hembra adquiere el virus al alimentar- se de un humano virémico. Tras un periodo de ocho a 14 días, los mosquitos son infecciosos y probablemente se mantienen así de por vida (uno a tres meses). En el trópico, la reproducción del mosquito durante todo el año mantiene la enfermedad. La Segunda Guerra Mundial fue la causa de la diseminación del dengue desde el sureste de Asia por toda la región del Pacífi - co. En América por muchos años sólo existió el dengue de tipo 2. Luego, en 1977 se detectó un virus del dengue de tipo 1. Esta fue la primera vez que se había aislado el virus de tipo 1 en el hemisferio occidental. En 1981, el dengue de tipo 4 se reconoció inicialmente en el hemisferio occidental y después en 1994 el dengue de tipo 3. Los virus en la actualidad se propagan por toda Centroamérica y Sudamérica y la fi ebre hemorrágica del dengue es endémica en muchos países. El dengue endémico en el Caribe y en México es una ame- naza constante en Estados Unidos, donde prevalecen los mos- quitos A. aegypti en los meses de verano. Junto con el aumento de la actividad epidémica del dengue en los trópicos, ha habido un incremento en el número de casos importados hacia Estados Unidos. El primer caso de fi ebre hemorrágica por el dengue ad- quirido localmente en Estados Unidos se presentó en el sur de Texas en el año 2005. En 1985 se descubrió en Texas A. albopictus, un mosquito de origen asiático; hacia 1989 se había difundido por todo el sureste de Estados Unidos, donde prevaleceA. aegypti, el princi- pal vector del virus del dengue. En contraste con A. aegypti, que no puede hibernar en los estados del norte, A. albopictus puede emigrar más hacia el norte durante el invierno, lo que aumenta el riesgo del dengue epidémico en Estados Unidos. Tratamiento y control No se dispone de ninguna farmacoterapia antiviral. La fi ebre hemorrágica del dengue se trata mediante la reposición de lí- quidos. No existe ninguna vacuna, pero está en desarrollo su po- sibilidad, con la gran difi cultad de desarrollar una que confi era protección contra los cuatro serotipos del virus. El control depende de las medidas contra el mosquito, por ejemplo, eliminación de los lugares de reproducción y el empleo de insecticidas. Las ventanas y las puertas con mallas pueden reducir la exposición a los vectores. ENCEFALITIS POR BUNYAVIRUS La familia Bunyaviridae contiene más de 300 virus, la mayor parte transmitidos por artrópodos. Las partículas esféricas que miden 80 a 120 nm contienen genoma monocatenario, de po- laridad negativa o bipolar, de RNA segmentado triple de un tamaño total de 11 a 19 kilobases. La envoltura tiene dos glu- coproteínas. Varios virus producen encefalitis admitidas por el mosquito en seres humanos y en animales; otros causan fi ebres hemorrágicas. Diagnóstico de laboratorio Se dispone de métodos basados en la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) con transcriptasa inversa para la identifi ca- ción rápida y la serotipifi cación del virus del dengue en suero de fase aguda, aproximadamente durante el periodo de fi ebre. Es difícil aislar el virus. El método favorecido en la actualidad es una inoculación de un linaje celular de mosquito con suero del paciente, aunado a análisis de ácido nucleico para identifi car un virus aislado. El diagnóstico serológico es complicado por la reactividad cruzada de anticuerpos IgG a antígenos de fl avivirus heterólo- gos. Se dispone de diversos métodos; los utilizados con más frecuencia son ELISA de IgM o IgG para la captura específi ca de proteína viral E/M y la prueba de inhibición de la hemaglu- tinación. Se presentan anticuerpos IgM a pocos días de la en- fermedad. Los anticuerpos neutralizantes e inhibidores de la hemaglutinación aparecen en el lapso de una semana después que comienza la fi ebre por el dengue. El análisis de sueros de fase aguda y convaleciente pareados para demostrar un incremento notable del valor cuantitativo de anticuerpo es la prueba más fi able de una infección por el dengue activa. Inmunidad Existen cuatro serotipos del virus que pueden distinguirse me- diante los análisis moleculares y las pruebas de Nt. La infección confi ere protección de por vida contra ese serotipo, pero la pro- tección cruzada entre los serotipos tiene una breve duración. La reinfección con un virus de un serotipo diferente después del ataque primario tiene más posibilidades de producir enferme- dad grave (fi ebre hemorrágica del dengue). Epidemiología Los virus del dengue tienen una distribución mundial en las regiones tropicales (fi g. 38-2). Casi todas las regiones subtropi- cales y tropicales en todo el mundo donde existen los vectores Aedes son zonas endémicas. En los últimos 20 años, el dengue epidémico ha surgido como un problema en los países de Amé- rica. En 1995, en Centroamérica y Sudamérica ocurrieron más de 200 000 casos de dengue y más de 5 500 casos de fi ebre he- morrágica del dengue. Las pautas cambiantes de la enfermedad probablemente tienen relación con el crecimiento rápido de la población urbana, el hacinamiento y las medidas relajadas para controlar el mosquito. El dengue en 2008 fue la enfermedad viral transmitida por el mosquito que afecta al ser humano de mayor importancia. Se estima que en todo el mundo cada año se presentan unos 50 millones o más de casos de dengue y 400 000 casos de fi ebre hemorrágica por el dengue. Esta última es la causa principal de muerte infantil en varios países asiáticos. El riesgo del síndrome de fi ebre hemorrágica es de casi 0.2% durante la primera infección por el dengue pero de por lo me- nos 10 tantos más elevada durante la infección con un segundo serotipo del virus del dengue. La tasa de mortalidad por la fi ebre hemorrágica del dengue puede alcanzar 15% pero se puede re- ducir a menos de 1% con el tratamiento apropiado. El cociente de infecciones asintomáticas a manifi estas es va- riable pero puede ser de 15:1 para las infecciones primarias; es más bajo en las infecciones secundarias. 530 SECCIÓN IV Virología Las moscas de la arena son más frecuentes inmediatamente arriba del suelo. Debido a su tamaño pequeño pueden pasar a través de mallas y redes de mosquitos ordinarias. El insecto se alimenta principalmente por la noche. La prevención de la en- fermedad en zonas endémicas se basa en el empleo de repelentes de insectos durante la noche y de insecticidas residuales y en los alojamientos de vivienda. FIEBRE DEL VALLE DE RIFT El microorganismo que produce esta enfermedad, un bunyavi- rus del género Phlebovirus, es un virus zoonótico transmitido por el mosquito que es principalmente patógeno en el ganado doméstico. Los seres humanos se infectan en forma secundaria durante el curso de epizootias en animales domesticados. Es fre- cuente la infección en técnicos de laboratorio. Las epizootias se presentan periódicamente después de llu- vias intensas que permiten explosiones del vector primario y el portador (mosquitos de la especie Aedes). La viremia en los ani- males desencadena infección de otros vectores con transmisión colateral al ser humano. La transmisión a las personas es prin- cipalmente por el contacto con sangre y líquidos corporales de animales infectados y picaduras de mosquitos. La enfermedad en el ser humano suele ser una enfermedad febril leve de duración breve y el establecimiento casi siempre es completo. Las complicaciones comprenden retinitis, encefalitis y fi ebre hemorrágica. Puede ocurrir una ceguera permanente (1 a 10% de los casos con retinitis). Alrededor de 1% de los pacien- tes infectados mueren. La fi ebre del Valle de Rift existe casi en todos los países sub- saharianos. Se propagó en 1977 a Egipto, donde produjo enor- mes pérdidas de corderos y ganado vacuno y millares de casos humanos, con 600 fallecimientos. En 1987 ocurrió un brote epi- démico considerable en África Occidental y en 1997 en África Oriental. La primera propagación documentada del virus de la fi ebre del Valle de Rift fuera de África ocurrió en el año 2000 en Yemen y Arabia Saudita. FIEBRE POR LA GARRAPATA DE COLORADO Algunos arbovirus son miembros de la familia Reoviridae (véase el cap. 37). La fi ebre por la garrapata de Colorado se clasifi ca en el género Coltivirus. La enfermedad del caballo africana y los virus de la lengua azul corresponden al género Orbivirus. Los rotavirus y los ortorreovirus no tienen vectores artrópodos. La fi ebre por la garrapata de Colorado, también denomina- da fi ebre de la montaña o fi ebre por la garrapata, es transmitida por una garrapata (cuadro 38-1). El virus al parecer es antigéni- camente diferente de otros virus conocidos y sólo se reconoce un tipo antigénico. La fi ebre por la garrapata de Colorado es una enfermedad febril leve, sin exantema. El periodo de incubación es de cuatro a seis días. La enfermedad tiene una instauración sú- bita con fi ebre y mialgias. Los síntomas consisten en cefaleas, mialgias y artralgias, letargias y náusea y vómito. La temperatura suele ser difásica. Después del primer ataque de dos días, el pa- ciente puede sentirse bien, pero los síntomas reaparecen y duran tres a cuatro días más. La enfermedad en el ser humano cede espontáneamente (cuadro 38-2). La transmisión viral ocurre en algunos mosquitos. Algunos son transmitidos por las moscas de la arena. El síndrome pul- monar por hantavirus es causado por un virus transmitido por roedores. Los bunyavirus son sensibles a la inactivación por ca- lor, detergentes,formaldehído y un pH bajo; algunos producen hemaglutinación (fi g. 38-1). El complejo del virus de la encefalitis de California comprende 14 virus antigénicamente relacionados del género Orthobunyavirus de la familia. Esto incluye el virus de La Crosse, un microorganis- mo patógeno importante para el ser humano en Estados Unidos (cuadro 38-2). El virus de La Crosse es una causa importante de encefalitis y meningitis aséptica en los niños, sobre todo en la parte norte del medio oeste. Casi todos los casos se presentan entre julio y septiembre en los niños menores de 16 años de edad. Hay casi 70 casos de encefalitis de La Crosse comunicados por año. Los virus son transmitidos por diversos mosquitos de bos- ques, principalmente Aedes triseriatus. Los principales hospe- dadores vertebrados son pequeños mamíferos como ardillas arborícolas, ardillas terrestres y conejos. La infección humana es tangencial. La hibernación puede ocurrir en los huevecillos del mosquito vector. El virus es transmitido por vía transovárica y los mosquitos adultos que se desarrollen a partir de los huevos infectados pueden transmitir el virus por la picadura. El inicio de la infección por el virus de encefalitis de Califor- nia es brusco, por lo general con cefalea intensa, fi ebre y en algu- nos casos vómito y convulsiones. Casi la mitad de los pacientes presentan convulsiones y la tasa de mortalidad de casos es de casi 1%. Con menos frecuencia sólo hay meningitis aséptica. La enfermedad persiste por 10 a 14 días aunque la convalecencia puede ser prolongada. Las secuelas neurológicas son infrecuen- tes. Hay muchas infecciones por cada caso de encefalitis. La con- fi rmación serológica mediante pruebas HI, ELISA o Nt se realiza en especímenes de sueros de etapa aguda y convaleciente. FIEBRE POR LA MOSCA DE LA ARENA La fi ebre por la mosca de la arena es una enfermedad leve trans- mitida por insectos que suele presentarse en países limítrofes con el mar Mediterráneo así como en Rusia, Irán, Pakistán, In- dia, Panamá, Brasil y Trinidad. La fi ebre por la mosca de la are- na (también llamada fi ebre por Phlebotomus) es causada por un bunyavirus del género Phlebovirus (cuadro 38-1). La enfermedad es transmitida por la mosca de la arena hem- bra, Phlebotomus papatasii, un mosquito de sólo unos cuantos milímetros de tamaño. En los trópicos, la mosca de la arena pre- valece todo el año; y en climas más fríos, sólo durante las esta- ciones de verano. Ocurre la transmisión transovárica. En zonas endémicas, la infección es frecuente en la infancia. Cuando llegan los adultos no inmunes (p. ej., las tropas), pueden ocurrir grandes brotes epidémicos entre los nuevos inmigrantes y que a veces se confunden con paludismo. En el ser humano, la picadura de la mosca de la arena pro- duce pápulas pruriginosas pequeñas de la piel y persisten hasta por cinco días. La enfermedad comienza bruscamente después de un periodo de incubación de tres a seis días. El virus se de- tecta en la sangre muy poco antes del inicio de los síntomas. Las manifestaciones clínicas consisten en cefalea, ataque al estado general, náusea, fi ebre, fotofobia, rigidez del cuello y la espalda, dolor abdominal y leucopenia. Todos los pacientes se restable- cen. No se dispone de ningún tratamiento específi co. CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 531 Fiebre hemorrágica con síndrome renal La HFRS es una infección viral aguda que produce una nefritis intersticial que puede desencadenar insufi ciencia renal aguda e insufi ciencia renal en las formas graves de la enfermedad. Los virus Hantaan y Dobrava producen la enfermedad grave que ocurre en Asia sobre todo en China, Rusia y Corea, así como en Europa, principalmente en los Balcanes. Puede presentarse hemorragia generalizada y choque con una tasa de mortalidad de casos de 5 a 15%. Una forma moderada de HFRS causada por el virus de Seúl se presenta en toda Euroasia. En una forma clínica leve, denominada nefropatía epidémica, que es causada por el virus de Puumala y permanece en Escandinavia, la nefritis por lo general se resuelve sin complicaciones hemorrágicas y los fallecimientos son infrecuentes (<1%). En las tropas de las Naciones Unidas, durante la guerra co- reana, ocurrieron más de 2 000 casos de HFRS, pero no se aisló el virus de Hantaan hasta 1976 en Corea, en un roedor, Apode- mus agrarius. Se sabe que las ratas urbanas se infectan de manera persis- tente con hantavirus y se ha señalado que las ratas en buques comerciales pueden haber dispersado los hantavirus por todo el mundo. Las encuestas serológicas señalaban que las ratas pardas de Noruega en Estados Unidos están infectadas con el virus de Seúl. Se demostró que las ratas de laboratorio infectadas eran fuentes de brotes epidémicos de Hantaan en institutos científi - cos de Europa y Asia, pero estas infecciones no se han detectado en ratas de laboratorio criadas en Estados Unidos. Las infeccio- nes por hantavirus han ocurrido en personas cuyas ocupaciones les imponen el contacto con ratas (p. ej., estibadores). El HFRS se trata utilizando el tratamiento de apoyo. La pre- vención depende del control de los roedores y de la protección contra la exposición a sus excrementos y material contaminado. Síndrome pulmonar por hantavirus En 1993 ocurrió en Estados Unidos un brote epidémico de enfer- medad respiratoria grave, ahora designado el síndrome pulmo- nar por hantavirus (HPS, hantavirus pulmonary syndrome). Se observó que se debía a un nuevo hantavirus (virus sin nombre). Este microorganismo fue el primer hantavirus reconocido como causa de la enfermedad en Norteamérica y el primero en causar un síndrome de difi cultad respiratoria del adulto principalmen- te. Desde entonces, se han detectado múltiples hantavirus en roedores del norte, el centro y Sudamérica (cuadro 38-2). El ratón de patas blancas (Peromyscus maniculatus) es el principal roedor que porta el virus sin nombre. Dicho roedor tiene una amplia distribución y casi el 10% de los analizados muestran signos de infección por el virus sin nombre. Otros hantavirus que se sabe producen el HPS en Estados Unidos son el virus de Nueva York, el virus del Canal Griego Negro y el virus de Bayou, cada uno de los cuales tiene un hospedador roe- dor diferente. El HPS es más frecuente en Sudamérica que en Estados Unidos. El virus de los Andes es un hantavirus causal y se encuentra en Argentina y Chile. Se ha identifi cado el virus choclo en Panamá. Las infecciones por hantavirus no son frecuentes y las infec- ciones asintomáticas al parecer son infrecuentes, sobre todo por el virus sin nombre. El HPS en general es grave y se han comunicado tasas de mortalidad de 30% o más. Esta tasa de mortalidad de ca- sos es sustancialmente más elevada que la de otras infecciones por El virus puede aislarse de sangre entera por la inoculación de cultivos celulares. La viremia puede persistir por cuatro semanas o más. Los análisis de reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa permiten detectar RNA viral en eritrocitos y en plasma. Aparecen anticuerpos neutralizantes específi cos en la segunda semana de la enfermedad que se pueden detectar me- diante pruebas de reducción en placa. Otros análisis serológicos son ELISA y las pruebas de anticuerpo fl uorescente. Se conside- ra que una sola infección produce una inmunidad duradera. Cada año se notifi can varios centenares de casos de fi ebre por la garrapata de Colorado pero se considera que constituyen sólo una fracción de todos los casos. La enfermedad está limi- tada a zonas donde está distribuida la garrapata de la madera Dermacentor andersoni, principalmente en la parte occidental de Estados Unidos y en el suroeste de Canadá. Los pacientes han estado en una zona infestada por garrapatas antes de comenzar con los síntomas. Los casos ocurren principalmente en varones jóvenes, el grupo con mayor exposición a las garrapatas. D. an- dersonirecogida de la naturaleza puede portar el virus. Esta ga- rrapata es un verdadero portador pasivo y el virus se transmite por vía transovárica por la hembra adulta. La infección natural ocurre en roedores, los cuales funcionan como hospedadores para las etapas inmaduras de la garrapata. No se dispone de ningún tratamiento específi co. La enfer- medad puede prevenirse si se evitan las zonas infestadas por la garrapata mediante el empleo de prendas protectoras o de sus- tancias químicas repelentes. FIEBRES HEMORRÁGICAS TRANSMITIDAS POR ROEDORES Las fi ebres hemorrágicas zoonóticas transmitidas por roedores son las fi ebres asiática (p. ej., virus de Hantaan y Seúl), sudame- ricana (p. ej., virus de Junin y Machupo) y africana (virus de Lassa). Los hantavirus también producen un síndrome pulmo- nar por hantavirus en los países de América (p. ej., el virus sin nombre). Se desconocen los reservorios naturales de los virus de Marburg y Ébola (fi ebre hemorrágica africana) pero se sospecha que son roedores o murciélagos. Los virus causantes se clasifi can como bunyavirus, arenavirus y fi lovirus (cuadro 38-1). ENFERMEDADES POR BUNYAVIRUS Los hantavirus se clasifi can en el género Hantavirus de la fami- lia Bunyaviridae. Los virus se encuentran en todo el mundo y producen dos enfermedades humanas graves y a menudo mor- tales: la fi ebre hemorrágica con el síndrome renal (HFRS, hemo- rrhagic fever with renal syndrome ) y el síndrome pulmonar por hantavirus (HOS, hantavirus pulmonary syndrome ). Se estima que cada año se presentan 100 000 a 200 000 casos de infección por hantavirus. Existen varios hantavirus distintivos, cada uno de los cuales se asocia a un hospedador roedor específi co. Las infecciones por virus en los roedores son de por vida y no tie- nen efectos nocivos. La transmisión entre los roedores al pare- cer ocurre en forma horizontal y la transmisión al ser humano ocurre por la inhalación de aerosoles de secreciones de roedores (orina, heces, saliva). La presencia de enfermedades asociadas a hantavirus está determinada por la distribución geográfi ca de los reservorios de roedores. 532 SECCIÓN IV Virología de recipientes. La transmisión de arenavirus en los hospedadores roedores naturales puede presentarse de maneras vertical y hori- zontal. La leche, la saliva y la orina pueden intervenir en la trans- misión. Se piensa que los vectores artrópodos no intervienen. En la fi gura 38-8 se muestra un ciclo de replicación gene- ralizada. Los ribosomas del hospedador son incorporados en la cápside durante la morfogénesis de las partículas virales. Los arenavirus no suelen producir efectos citopáticos cuando se re- plican en células cultivadas. Fiebre de Lassa Los primeros casos reconocidos de la fi ebre de Lassa se pre- sentaron en 1969 en estadounidenses asentados en el poblado nigeriano de Lassa. El virus de Lassa es muy virulento: la tasa de mortalidad es de casi 15% en pacientes hospitalizados por su infección. En general, alrededor de 1% de las infecciones por el virus de Lassa son mortales. En África Occidental, se estima que la tasa anual puede alcanzar varios centenares de miles de infecciones y 5 000 decesos. El virus es activo en todos los países de África Occidental localizados entre Senegal y la República del Congo. Algunos casos esporádicos identifi cados fuera de la zona endémica suelen ser importados, a menudo por personas que regresan de África Occidental. El periodo de incubación para la fi ebre de Lassa es de una a tres semanas a partir del tiempo de la exposición. La enfer- medad puede afectar a muchos órganos y sistemas, aunque los síntomas varían en cada paciente. La instauración es gradual con fi ebre, vómito y dorsalgia, así como dolor torácico. La enferme- dad se caracteriza por fi ebre muy alta, úlceras en la boca, mial- gias intensas, exantemas con hemorragias, neumonía y lesiones cardiacas y renales. La sordera es una complicación frecuente que afecta a casi 25% de los casos durante el restablecimiento; a menudo es permanente. Las infecciones por el virus de Lassa producen deceso fetal en más del 75% de las mujeres embarazadas. Durante el tercer trimestre, la mortalidad materna se incrementa (30%) y la fetal es muy elevada (>90%). Ocurren casos febriles benignos. El diagnóstico suele consistir en la detección de anticuer- pos IgM e IgG mediante ELISA. Se puede utilizar la inmuno- histoquímica para detectar antígenos virales en especímenes de tejidos en la necropsia. Se pueden detectar secuencias virales uti- lizando los análisis de reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa en laboratorios de investigación. Una rata doméstica (Mastomys natalensis) es el principal portador roedor de virus de Lassa. Las medidas de control de los roedores constituyen una forma de minimizar la propaga- ción del virus pero a menudo no son prácticas en las zonas en- démicas. El virus se puede transmitir por el contacto humano. Cuando el virus se propaga en un hospital, el contacto humano es el mecanismo de transmisión. Los procedimientos de enfer- mería meticulosos para impedir la transmisión y las precaucio- nes habituales para evitar el contacto con la sangre y los líquidos corporales contaminados por el virus pueden prevenir la trans- misión al personal hospitalario. El fármaco antiviral ribavirina es el compuesto de elección para tratar la fi ebre de Lassa y es muy efi caz si se administra en las primeras etapas del proceso patológico. No se dispone de ningu- na vacuna, aunque un recombinante viral de la vacuna que ex- presa el gen de la glucoproteína del virus de Lassa puede inducir la inmunidad protectora tanto en cobayos como en monos. hantavirus. La enfermedad comienza con fi ebre, cefalea y mialgias, seguida de edema pulmonar rápidamente progresivo, que a me- nudo desencadena difi cultad respiratoria grave. No hay signos de hemorragia. Se detectan antígenos hantavirales en células endote- liales y macrófagos de pulmón, corazón, bazo y ganglios linfáticos. La patogenia de la HPS implica la alteración funcional del endote- lio vascular. Pocas veces ocurre la transmisión interpersonal de los hantavirus aunque se ha observado durante brotes epidémicos de HPS causado por el virus de los Andes. El diagnóstico de laboratorio depende de la detección del ácido nucleico viral mediante la reacción en cadena de la polime- rasa con transcriptasa inversa, la detección de antígenos virales en tejidos fi jados mediante inmunohistoquímica o la detección de anticuerpos específi cos utilizando proteínas recombinantes. Se puede utilizar una prueba de ELISA para detectar anticuerpos IgM en el diagnóstico de las infecciones agudas. Una elevación de cuatro tantos en el valor cuantitativo de anticuerpo IgG entre los sueros de fase aguda y convaleciente es diagnóstica. Los anti- cuerpos IgG son de larga duración. El aislamiento de los hanta- virus es difícil y exige el empleo de instalaciones de recolección. El tratamiento actual del HPS consiste en el mantenimiento de la oxigenación adecuada y el apoyo del funcionamiento he- modinámico. El fármaco antiviral ribavirina tiene cierta utilidad como tratamiento del síndrome pulmonar por hantavirus. Las medidas preventivas se basan en el control de los roedores y en evitar el contacto con ellos y sus excrementos. Debe tenerse cui- dado para evitar la inhalación de secreciones secas en aerosol al limpiar las estructuras infestadas por roedores. ENFERMEDADES POR ARENAVIRUS Los arenavirus se tipifi can por las partículas pleomórfi cas que contienen un genoma de RNA segmentado; están rodeadas por una envoltura con plepómeros grandes de forma de bastón; y miden 50 a 300 nm de diámetro (media de 110 a 130 nm) (fi g. 38-1). El genoma del arenavirus consta de dos moléculas de RNA monocatenario con organización genética bipolar inusual. Basado en datos de frecuencia, los arenavirus se dividen en virus del Viejo Mundo (p. ej., el virus de Lassa) y los virusdel Nuevo Mundo. Esta última clasifi cación se subdivide en tres grupos en los que el grupo A comprende el virus de Pichinde y el grupo B contiene los virus patógenos humanos, como el virus de Machupo. Algunas cepas, como el virus del arroyo de Whi- tewater, al parecer son recombinaciones entre los linajes de los virus del Nuevo Mundo A y B. Los arenavirus establecen infecciones crónicas en roedores. Cada virus por lo general se relaciona con una sola especie de roedor. La distribución geográfi ca de un determinado arenavi- rus es determinada en parte por la gama de sus hospedadores roedores. Los seres humanos se infectan cuando entran en con- tacto con secreciones de roedores. Algunos virus producen fi e- bre hemorrágica grave. Se sabe que diversos arenavirus infectan el feto y pueden causar muerte fetal en el ser humano. Múltiples arenavirus producen enfermedad en el ser huma- no, incluidos los de Lassa, Junin, Machupo, Guanarito, Sabia, arroyo de Whitewater y de la coriomeningitis linfocítica (LCM, lymphocytic choriomeningitis) (cuadro 38-1). Puesto que estos arenavirus se transmiten por aerosoles, se debe tener gran cuida- do al procesar especímenes de roedores y personas. En el labora- torio se requieren condiciones de alta calidad en la manipulación CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 533 medad redujo la tasa de mortalidad desde 15 a 30% hasta 1%. Algunos de estos pacientes presentan un síndrome neurológico autolimitado tres a seis semanas después. Se utiliza una vacuna efi caz de virus de Junin vivos atenuados para vacunar a las per- sonas con alto riesgo en Sudamérica. El primer brote de la fi ebre hemorrágica de Machupo (fi e- bre hemorrágica boliviana) se identifi có en Bolivia en 1962. Se estimó que 2 000 a 3 000 personas eran afectadas por la enferme- dad con una tasa de mortalidad de casos del 20%. En Bolivia se llevó a cabo un programa de control efi caz de los roedores diri- gido contra Calomys callosus infectados, el hospedador del virus de Machupo, y esto ha reducido considerablemente el número de casos de la fi ebre referida. En 1990 se identifi có el virus de Guanarito (el microorga- nismo causante de la fi ebre hemorrágica venezolana); tiene una tasa de mortalidad de casi 33%. Surgió probablemente al talar la selva para establecer granjas pequeñas. El virus de Sabia se aisló en 1990 en un caso mortal de fi ebre hemorrágica en Brasil. Am- bos virus, de Guanarito y de Sabia, producen una enfermedad sintomática que se parece a la fi ebre hemorrágica de Argentina y probablemente tiene tasas de mortalidad similares. Coriomeningitis linfocítica El virus de la coriomeningitis linfocítica se descubrió en 1933 y está disperso en Europa y en los países de América. Su vector Fiebres hemorrágicas sudamericanas Con base en estudios serológicos y fi logenéticos del RNA viral, los arenavirus sudamericanos se consideran todos miembros del complejo Tacaribe. La mayor parte tiene reservorios roedores cricétidos. Los virus tienden a tener una prevalencia en una zona en concreto, de distribución limitada. Se han descubierto múlti- ples virus; los microorganismos patógenos humanos importan- tes son los virus íntimamente relacionados de Junin, Machupo, Guanarito y Sabia. La hemorragia es más frecuente en las fi ebres de Argentina (Junin) y otras fi ebres hemorrágicas sudamericanas que en la fi ebre de Lassa. La fi ebre hemorrágica de Junin (fi ebre hemorrágica ar- gentina) es un importante problema de salud pública en de- terminadas zonas agrícolas de Argentina; se han comunicado más de 18 000 casos entre 1958 y 1980 con una tasa de mortali- dad de 10 a 15% en los pacientes no tratados. Cada año siguen presentándose muchos casos. La enfermedad tiene una notable variación estacional y la infección ocurre casi exclusivamente en agricultores que trabajan en campos de maíz y trigo y que están expuestos al roedor que la porta, Calomys musculinus. El virus de Junin produce inmunodepresión mediada por factores humorales y células; las muertes debidas a la fi ebre hemorrágica de Junin pueden estar relacionadas con una in- capacidad para iniciar una respuesta inmunitaria mediada por células. La administración de plasma humano de etapa conva- leciente a los pacientes durante la primera semana de la enfer- Núcleo Ribosomas Ribosomas L+S RNP L+S RNP Z mRNA Z mRNA GP-1 GP-1 Receptor GP-2 GP-2 Vesícula de pared lisa Endosoma tardío Polimerasa de virión Fusión y liberación del contenido del virión hacia el citoplasma 3′ 5′ 5′ 3′5′ 3′ Z mRNA L S Transcripción Traducción NP + L (polimerasa) Replicación (movimiento de la membrana nuclear) Transcripción Traducción RNP intracelular GP-C + Z Retículo endoplásmico Golgi Desdo blamie nto Liberación del virión por gemación Envoltura pH < 6.0 FIGURA 38-8 El ciclo de vida de arenavirus. (Cortesía de PJ Southern.) 534 SECCIÓN IV Virología rus conocidos (virus de Marburg y virus de Ébola) son antigé- nicamente diferentes y se clasifi can en géneros distintos (cua- dro 38-1). Los cuatro subtipos del virus de Ébola (Zaire, Sudán, Reston, Costa de Marfi l) difi eren entre sí hasta en 40% a nivel del nucleótido pero comparten algunos epitopos frecuentes. Los subtipos al parecer son estables en el tiempo. El genoma grande del fi lovirus es un RNA monocatena- rio, no segmentado de polaridad negativa de 19 kb de tamaño y contiene siete genes (fi g. 38-9). Una estrategia de codifi cación inusual en los virus de Ébola consiste en que la glucoproteína de la envoltura (EP, envelope glycoprotein) es codifi cada en dos marcos de lectura y para expresarse es necesaria la edición trans- cripcional o el cambio de marco de lectura traduccional. La glu- coproteína constituye las espigas de la superfi cie viral en forma de recortes de 10 nm de longitud. Los viriones son liberados a través de brotes de la membrana plasmática. Los fi lovirus son muy virulentos y exigen instalaciones para una recolección máxima (nivel de bioseguridad 4) para trabajos de laboratorio. La infecciosidad de fi lovirus es destruida por el calentamiento durante 30 min a una temperatura de 60°C, me- diante radiación ultravioleta y γ, con solventes de lípidos y mediante colorantes y desinfectantes fenólicos. Se desconocen los hospedadores naturales y los vectores, si es que los hay. Fiebres hemorrágicas africanas (virus de Marburg y de Ébola) Los virus de Marburg y Ébola son muy virulentos en primates hu- manos y no humanos, con infecciones que por lo general termi- nan en el fallecimiento del paciente. El periodo de incubación es de tres a nueve días para la enfermedad por el virus de Marburg y de dos a 21 días para la infección por el virus de Ébola. Producen enfermedades agudas similares que se caracterizan por fi ebre, ce- falea, faringitis y mialgias, y se acompañan de dolor abdominal, vómito, diarrea y exantema, con hemorragia interna y externa que a menudo desencadena choque y muerte. Los fi lovirus tienen un tropismo para las células de sistemas de macrófagos, células dendríticas, fi broblastos intersticiales y células endoteliales. Se encuentran valores muy altos del virus en muchos tejidos, in- cluidos hígado, bazo, pulmones y riñones, así como en la sangre y otros líquidos. Estos virus tienen las tasas de mortalidad más altas (25 a 90%) de todas las fi ebres hemorrágicas virales. La enfermedad por el virus de Marburg se reconoció en 1967 entre técnicos de laboratorio expuestos a tejidos de mo- nos verdes africanos (Cercopithecus aethiops) importados a Ale- mania y Yugoslavia. La transmisión de los pacientes al personal se produjo con elevadas tasas de mortalidad. Las encuestas de anticuerpo han señalado que el virus está presente en África Oriental y produce infección en simios y seres humanos. Los casos registrados de la enfermedad son infrecuentes, pero se han documentado brotes epidémicos en Kenia, Sudáfrica, República Democrática del Congoy, en 2005, en Angola. El virus de Mar- burg puede infectar cobayos, ratones, cricetos, monos y diversos sistemas de cultivos celulares. El virus de Ébola fue descubierto en 1976 cuando ocurrie- ron dos epidemias graves de fi ebre hemorrágica en Sudán y Zaire (ahora la República Democrática del Congo). Los brotes comprendieron más de 500 casos y por lo menos 400 decesos debidos a fi ebre hemorrágica clínica. En cada brote, el personal hospitalario se infectó por el contacto cercano y prolongado con natural es el ratón doméstico silvestre, Mus musculus. Es endé- mico en los ratones pero también puede infectar a otros roedo- res. Casi 5% de los ratones en todo Estados Unidos portan el virus. Puede infectar de manera crónica a colonias de ratones o cricetos e infectar a roedores mascotas. El virus de la coriomeningitis linfocítica LCM (lymphocytic choriomeningitis) a veces se transmite al ser humano, al parecer a través de los excrementos de ratones. No hay pruebas de la diseminación interpersonal horizontal. La LCM en el ser huma- no es una enfermedad aguda que se manifi esta por meningitis aséptica o un padecimiento seudogripal sistémico leve. Pocas veces se presenta una encefalomielitis grave o una enfermedad sistémica mortal en personas sanas. La mortalidad es inferior a 1%. Muchas infecciones son asintomáticas. El periodo de incu- bación suele ser de una a dos semanas si la enfermedad persiste durante una a tres semanas. Las infecciones por el virus de la LCM pueden ser graves en las personas con alteración del sistema inmunitario. En 2005, cuatro receptores de trasplante de órganos sólidos en Estados Unidos se infectaron de un donador de órgano común. Tres de los cuatro receptores fallecieron 23 a 27 días después del trasplante. Se deter- minó que la fuente del virus era un criceto recién adquirido como mascota por el donador de órganos. El virus de la LCM también puede transmitirse verticalmente de la madre al feto y la infección del feto en las primeras etapas del embarazo puede desencadenar anomalías graves, como hidrocefalia, ceguera y muerte fetal. Las infecciones suelen diagnosticarse en forma retrospectiva mediante el estudio serológico utilizando ELISA para anticuer- pos de IgM e IgG. Otros métodos diagnósticos son la tinción inmunohistoquímica de los tejidos por antígenos virales, la re- acción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa para ácido nucleico viral y el cultivo viral utilizando células de Vero. Los estudios serológicos en zonas urbanas han demostrado tasas de infección en el ser humano que fl uctúan de 2 a 5%. Los estudios experimentales han demostrado que la res- puesta inmunitaria puede ser protectora o nociva en los ratones infectados por el virus de la coriomeningitis linfocítica. Los lin- focitos T son necesarios para controlar la infección pero también desencadenan enfermedad mediada por factores inmunitarios. El resultado depende de la edad, el estado inmunitario de los an- tecedentes genéticos del ratón, así como la vía de inoculación del virus. Los ratones infectados en la edad adulta pueden presen- tar una enfermedad rápidamente mortal a consecuencia de una respuesta infl amatoria mediada por linfocitos T en el cerebro. Los ratones con infección congénita o neonatal no se enferman de manera aguda, pero tienen una infección persistente de por vida. No logran despejar la infección porque se infectaron antes que madurara el sistema inmunitario celular. Presentan una res- puesta de anticuerpo potente que puede desencadenar comple- jos de antígeno-anticuerpo virales en la circulación sanguínea y una enfermedad por complejos inmunitarios. ENFERMEDADES POR FILOVIRUS Clasificación y propiedades de los filovirus Los fi lovirus son partículas pleomórfi cas que aparecen como largas hebras fi lamentosas o con formas singulares de 80 nm de diámetro (fi g. 38-1). Las partículas por unidad de longitud son desde 665 nm (Marburg) hasta 805 nm (Ébola). Los dos fi lovi- CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 535 nos, lo que confi rma que esta cepa de virus puede infectar al ser humano sin producir enfermedad. Las infecciones por fi lovirus al parecer son inmunosupre- soras. Los casos mortales a menudo muestran alteraciones de la respuesta inmunitaria humoral. Sin embargo, los anticuerpos de fi lovirus aparecen a medida que los pacientes se restablecen y son detectables mediante el análisis de inmunosorbente liga- do a enzima (ELISA). Los antígenos virales en el suero pueden detectarse mediante ELISA, lo que proporciona una prueba de detección rápida de muestras humanas. La reacción en cade- na de la polimerasa con transcriptasa inversa también se puede utilizar en especímenes clínicos. Un riesgo para llevar a cabo las pruebas para fi lovirus es que las pruebas del paciente y otros especímenes pueden contener virus virulentos. Las pruebas pueden llevarse a cabo sólo bajo condiciones de máximo aisla- miento biológico. Se pueden cultivar cepas de virus recientes en linajes celulares como los linajes Vero y los linajes celulares de monos MA-104. Es probable que los virus de Marburg y Ébola tengan un hospedador que los porta, tal vez un roedor o un murciélago y que se transmita al ser humano sólo en forma accidental. Los monos no se consideran portadores, ya que la mayor parte de los animales infectados mueren con demasiada rapidez para mantener la supervivencia del virus. Las infecciones humanas son muy contagiosas para los contactos humanos, por lo gene- ral por el contacto directo con la sangre o los líquidos corpora- les. Es característico que los brotes epidémicos de la infección por el virus de Ébola se relacionen con introducción del virus los pacientes, su sangre o sus secreciones. Estos subtipos del vi- rus de Ébola (Zaire, Sudán) son muy virulentos. El tiempo me- dio desde el inicio de los síntomas hasta la muerte del paciente es de siete a ocho días. Se han presentado brotes subsiguientes de fi ebre hemorrá- gica de Ébola en Uganda (2000), República del Congo (1995, 2001, 2002, 2003), Gabón (1994, 1996, 1997, 2002), Sudáfrica (1996) y Sudán (2004). Las epidemias a menudo se detienen por la instauración de los métodos de enfermería para impedir la transmisión y la capacitación del personal hospitalario. Desde que se descubrió el virus de Ébola, se habían recono- cido aproximadamente 1 850 casos hacia 2004, con más de 1 200 decesos. El brote epidémico en 2003 fue reconocido inicialmen- te por un gran número de gorilas y chimpancés muertos. En 1989, las infecciones causadas por un fi lovirus muy rela- cionado con el virus de Ébola fueron detectadas en monos cino- molgus (Macaca fascicularis) importados a Estados Unidos des- de las Filipinas y mantenidos en una instalación de cuarentena en Virginia. La infección se diseminó sólo a algunas de las 149 personas que estuvieron en contacto con los monos infectados o sus tejidos, pero ninguno de los trabajadores se enfermó, lo que indica que el virus (cepa Reston) posee escasa patogenicidad para el ser humano. La elevada mortalidad entre los cerdos en las Filipinas en 2008 llevó al descubrimiento del virus de Ébola cepa de Reston en animales diferentes a los primates. Cinco individuos que tuvieron contacto con cerdos enfermos formaron anticuerpos contra el virus de Ébola cepa Reston, pero se mantuvieron sa- GP VP24 VP40 VP30 VP35 L NP GP GP/SGP VP24 L VP24 L VP40 VP40 VP35 VP30 VP30NP VP35NP ? 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 Virus de Marburg Virus de Ébola (subtipo Zaire) 3′ 5′ 5′ 3′ Directriz IR IR IR IR IR Remolque Solapamiento Directriz IR Solapamiento IR IR RemolqueSolapamiento Sitio de edición Solapamiento FIGURA 38-9 Estructura del virión y organización del genoma de los fi lovirus. Se muestra la organización del genoma del virus de Marburg y el virus de Ébola subtipo Zaire. El diagrama del virión muestra el RNA monocatenario de polaridadnegativa encerrado en la nucleocápside y envuelto en una membrana de bicapa lipídica. Las proteínas estructurales asociadas a la nucleocápside son la nucleoproteína (NP), VP30, VP35 y la proteína de polimerasa (L). Las proteínas relacionadas con la membrana son la proteína de la matriz (VP40), VP24 y GP (glucoproteína de peplómero). Los genes que codifi can las proteínas estructurales se identifi can si se trazan en escala en las estructuras del genoma. Las zonas sombreadas denotan las regiones de polaridad positiva y las zonas blancas las secuencias de polaridad negativa. Los genes comienzan con un lugar de inicio de transcripción conservado y terminan con un lugar de detenimiento de la transcripción (poliadenilación); los genes adjuntos son separados entre sí por una región intergé- nica (IR) o se solapan uno a otro. El lugar en el cual se añade la A adicional dentro del gen de GP durante la edición transcripcional se indica en el diagrama del virus de Ébola. El producto génico primario del gen de GP de los virus de Ébola es SGP, una glucoproteína no estructural secretada. En los extremos 3’ y 5’ de los genomas están las secuencias directrices y rastreadoras complementarias, respectivamente. (Adaptada con autorización de Peters CJ et al: Filoviridae: Marburg and Ebola viruses. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996.) 536 SECCIÓN IV Virología Se diagnostica fiebre amarilla. ¿Cuál de las siguientes aseveracio- nes en torno a la fiebre amarilla es correcta? (A) El virus es transmitido por mosquitos culícidos en la forma ur- bana de la enfermedad (B) Los simios de la selva son portadores importantes del virus de la fiebre amarilla (C) La fiebre amarilla a menudo tiene complicaciones a largo plazo (D) Todas las infecciones desencadenan enfermedad manifiesta (E) La ribavirina es un tratamiento específico 6. Con respecto al caso de la pregunta 5, ¿en cuál región o regiones del mundo ocurre la fiebre amarilla? (A) Asia (B) África y Sudamérica (C) Norteamérica (D) África y Oriente Medio (E) En todo el mundo 7. Las fiebres hemorrágicas africanas, por los virus de Marburg y Ébo- la, son enfermedades graves que a menudo terminan en la muerte del paciente. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones es más exacta con respecto al virus de Ébola? (A) Se disemina por el contacto con la sangre u otros líquidos cor- porales (B) Es transmitida por mosquitos (C) Es un flavivirus (D) Produce infecciones pero ninguna enfermedad en primates humanos (E) Está antigénicamente relacionado con el virus de la fiebre de Lassa 8. ¿Cuál de los siguientes grupos puede vacunarse en forma sistemática con la vacuna de la fiebre amarilla sin aspectos de seguridad especiales? (A) Niños menores de nueve meses de edad (B) Mujeres embarazadas (C) Personas con alteraciones del sistema inmunitario (D) Todas las anteriores (E) Ninguna de las anteriores 9. ¿Cuál de las siguientes descripciones corresponde a los hantavirus, que son microorganismos patógenos emergentes en Estados Unidos? (A) Son arenavirus (B) Son transmitidos rápidamente de un ser humano a otro (C) Producen síntomas seudogripales seguidos rápidamente de in- suficiencia respiratoria aguda (D) Son adquiridos por la inhalación de aerosoles de orina de ciervo (E) Muestran una alta frecuencia de variación antigénica 10. Un microbiólogo realizaba una necropsia en una cabina de bioseguri- dad con flujo laminar en una urraca azul propuesta como parte de un programa de vigilancia de arbovirus total. Se laceró su pulgar mientras utilizaba el bisturí para extraer el cerebro del ave. Cuatro días después presentó cefalea, mialgias y ataque al estado general seguido de fiebres, sudaciones y linfadenopatía. Dos días más tarde comenzó un exante- ma en su cara y se diseminó hacia el tronco, los brazos y las piernas, persistiendo durante casi tres días. Procuró atención médica y refirió un antecedente de fiebre por dengue, así como inmunizaciones con las vacunas contra la fiebre amarilla y contra la encefalitis japonesa B. Una muestra de suero obtenida el día de la lesión contenía anticuerpo IgG antiflavivirus, según una prueba de enzimoinmunoanálisis de ad- sorción. Una muestra de suero obtenida 13 días después que comenzó la enfermedad demostró un incremento del valor cuantitativo de anti- cuerpo IgG antiflavivirus y la presencia de anticuerpo IgM del virus del Nilo Occidental. ¿El médico podría concluir que la causa más probable de la enfermedad del microbiólogo fue cuál virus? (A) Virus del dengue (B) Virus de la fiebre amarilla (C) Virus del Nilo Occidental en la comunidad por una persona infectada, seguida de la dise- minación de persona a persona, a menudo en las instalaciones médicas. Puesto que todavía se desconocen los portadores naturales de los virus de Marburg y Ébola, no se pueden organizar acti- vidades de control. El empleo de las instalaciones de aislamien- to en centros hospitalarios sigue siendo el medio más efi caz de controlar los brotes de enfermedad de Ébola. Deben ponerse en práctica las técnicas estrictas de enfermería para impedir la transmisión, y tomarse cuidados extremos en el manejo de la san- gre, las secreciones, los tejidos y los desechos infectados. Al per- sonal que interviene en la transportación y el cuidado de prima- tes no humanos se le debe dar instrucciones sobre los riesgos potenciales de la manipulación de estos animales. No se dispone de ningún tratamiento antiviral específi co. El tratamiento tiene por objeto mantener la función renal y el equilibrio electrolítico y combatir la hemorragia y el choque. No se dispone de ninguna vacuna, pero se están desarrollando va- cunas opcionales. PREGUNTAS DE REVISIÓN 1. Un hombre de 74 años de edad presenta fiebre, malestar y farin- gitis, seguidos poco después de náusea, vómito y luego estupor. Se diagnostica encefalitis equina oriental. El control de esta enferme- dad en el ser humano podría lograrse mediante la erradicación de uno de los siguientes grupos de animales. ¿Cuál es? (A) Caballos (B) Aves (C) Moscas de la arena (D) Mosquitos (E) Garrapatas 2. Un arbovirus frecuente en Oriente Medio, África y el suroeste de Asia apareció inicialmente en Nueva York en 1999. Hacia 2002 el virus se había diseminado por toda la porción continental de Esta- dos Unidos. Este arbovirus es un miembro del complejo antigénico de la encefalitis japonesa B. ¿Cuál es? (A) Virus de la encefalitis japonesa B (B) Virus de la encefalitis transmitida por la garrapata (C) Virus del Nilo Occidental (D) Virus del dengue (E) Virus de la fiebre del Valle de Rift 3. ¿Cuál de las siguientes descripciones o aseveraciones en torno a la fiebre de Lassa es correcta? (A) Se encuentra en África Oriental (B) No ocurre la transmisión entre humanos (C) Pocas veces produce muerte o complicaciones (D) Ocurre por el contacto con la rata del caballo Mastomys (E) No se dispone de ningún fármaco que sea eficaz para tratar la fiebre de Lassa 4. Los arbovirus se transmiten por artrópodos succionadores de san- gre de un hospedador vertebrado a otro. Los arbovirus se encuen- tran en las siguientes familias de virus, excepto una. ¿Cuál de las siguientes? (A) Togaviridae (B) Flaviviridae (C) Bunyaviridae (D) Reoviridae (E) Arenaviridae 5. Un hombre de 27 años de edad presenta fiebre, escalofríos, cefalea y dorsalgia. Cuatro días más tarde presenta fiebre alta e ictericia. CAPÍTULO 38 Enfermedades virales transmitidas por artrópodos y roedores 537 BIBLIOGRAFÍA Brinton MA: Th e molecular biology of West Nile Virus: A new inva- der of the western hemisphere. Annu Rev Microbiol 2002;56:371. [PMID: 12142476] Calisher CH, Childs JE, Field HE, Holmes KV, Schountz T: Bats: Important reservoir hosts of emerging viruses. Clin Microbiol Rev 2006;19:531. [PMID: 16847084] Feldmann H, Geisbert T, Kawaoka Y (guest editors): Filoviruses: Recent advances and future challenges. J Infect Dis 2007;196(Suppl 2). [Entire issue.] Griffi n DE: Alphaviruses.In: Fields Virology, 5th ed. Knipe DM et al (editors). Lippincott Williams & Wilkins, 2007. Gubler DJ, Kuno G, Markoff L: Flaviviruses. In: Fields Virology, 5th ed. Knipe DM et al (editors). Lippincott Williams & Wilkins, 2007. Mills JN et al: Hantavirus pulmonary syndrome—United States: Updated recommendations for risk reduction. Centers for Disease Control and Prevention. MMWR Recomm Rep 2002;51(RR-9):1. 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(A) Es la enfermedad viral más importante transmitida por el mos- quito que afecta al ser humano (B) Se distribuye en todo el mundo en regiones tropicales (C) Puede causar una fiebre hemorrágica grave (D) Hay un tipo antigénico individual (E) Una forma de la enfermedad se caracteriza por un incremento de la permeabilidad vascular 12. ¿Cuál de las siguientes enfermedades que se presentan en Estados Unidos carece de un vector conocido? (A) Síndrome pulmonar por hantavirus (B) Fiebre del Nilo Occidental (C) Encefalitis de La Crosse (D) Fiebre de la garrapata de Colorado (E) Encefalitis de St. Louis Respuestas 1. D 4. E 7. A 10. C 2. C 5. B 8. E 11. D 3. D 6. B 9. C 12. A C A P Í T U L O 539 13 nucleótidos en cada extremo de todo segmento genómico se conservan en la totalidad de los ocho segmentos de RNA; estas secuencias tienen importancia en la transcripción viral. Los virus de la infl uenza contienen nueve proteínas estruc- turales diferentes. La nucleoproteína (NP) se asocia al RNA viral para formar una estructura de ribonucleoproteína (RNP) de 9 nm de diámetro que asume una confi guración helicoidal y forma la nucleocápside viral. Tres proteínas de gran tamaño (PB1, PB2 y PA) se unen al RNP viral e intervienen en la transcripción y repli- cación del ácido ribonucleico. La proteína de la matriz (M1) que forma una capa por debajo de la envoltura lipídica del virus es im- portante en la morfogénesis de la partícula y es un componente principal del virión (alrededor del 40% de la proteína viral). Una envoltura lipídica derivada de la célula rodea a la par - tícula viral. Dos glucoproteínas codifi cadas por el virus, la hema- glutinina (HA) y neuraminidasa (NA), se insertan en la envoltura y están expuestas como espigas de unos 10 nm de longitud en la superfi cie de la partícula. Estas dos glucoproteínas de la su- perfi cie son antígenos importantes que determinan la variación antigénica de los virus de la infl uenza y la inmunidad del hos- Las enfermedades respiratorias son causa de más de la mitad de todas las enfermedades agudas que se presentan cada año en Estados Unidos. Los Orthomyxoviridae (virus de la infl uenza) son un factor importante que determina la morbilidad y la mor- talidad causadas por las enfermedades respiratorias y los brotes de infección a veces se presentan en epidemias mundiales. La infl uenza ha causado millones de muertes en todo el mundo. La mutabilidad y la elevada frecuencia de reensamble genético y los cambios antigénicos resultantes en las glucoproteínas de la superfi cie viral hacen que los virus de la infl uenza sean un reto formidable en las actividades de control. La infl uenza de tipo A tiene una gran variabilidad antigénica y produce casi todos los casos de infl uenza epidémica. La infl uenza de tipo B puede pro- ducir cambios antigénicos y a veces causa epidemias. La infl uen- za de tipo C muestra una estabilidad antigénica y sólo produce enfermedad leve en individuos inmunodefi cientes. PROPIEDADES DE LOS ORTOMIXOVIRUS Se conocen tres tipos inmunitarios de virus de la infl uenza, desig- nados A, B y C. En los virus de la infl uenza del grupo de tipo A continuamente ocurren cambios antigénicos y también en menor grado en el grupo de tipo B, en tanto que el de tipo C al parecer tiene estabilidad antigénica. Asimismo, se conocen cepas del virus de la infl uenza A para aves acuáticas, pollos, patos, cerdos, caballos y focas. Algunas de las cepas aisladas de animales son antigénica- mente similares a las cepas que circulan en la población humana. Las siguientes descripciones se basan en el virus de la in- fl uenza de tipo A, el tipo mejor caracterizado (cuadro 39-1). Estructura y composición Los viriones de la infl uenza suelen ser esféricos y tienen un diá- metro de 100 nm (80 a 120 nm), aproximadamente, aunque pueden manifestar una gran variación en su tamaño (fi g. 39-1). Los genomas de RNA monocatenario de polaridad negativa de los virus de la infl uenza A y B ocurren en ocho segmentos se- parados; los virus de la infl uenza C contienen siete segmentos de RNA y carecen de un gen de la neuraminidasa. Se conocen asig- naciones de tamaños y de codifi cación de proteínas para todos los segmentos (cuadro 39-2). La mayor parte de los segmentos codifi can una sola proteína. Se conoce la secuencia de nucleóti- dos completa de muchos virus de la infl uenza. Los primeros 12 a d t d t ó i 39Ortomixovirus(virus de la infl uenza) CUADRO 39-1 Propiedades importantes de los ortomixovirusa Virión: Esférico, pleomórfico, 80 a 120 nm de diámetro (nucleocápside helicoidal, 9 nm) Composición: RNA (1%), proteína (73%), lípidos (20%), hidrato de carbono (6%) Genoma: RNA monocatenario, segmentado (8 moléculas), de polaridad negativa, 13.6 kb de tamaño global Proteínas: 9 proteínas estructurales, una no estructural Envoltura: Contiene proteínas hemaglutinina (HA) y neuraminidasa (NA) virales Replicación: Transcripción nuclear; 5′ términos de RNA celular incorporados en la cápside depurados como sensibilizadores; las partículas maduran mediante gemación a partir de la membrana plasmática Partículas sobresalientes: El reensamble genético es frecuente entre los miembros del mismo género El virus de la influenza produce epidemias mundiales aDescripción del virus de la infl uenza A, género Infl uenzavirus A. 540 SECCIÓN IV Virología FIGURA 391 Virus de la infl uenza. A: Microfotografía electrónica del virus de la infl uenza A/Hong Kong/1/68 (H3N2). Obsérvense las formas pleomórfi cas y las proyecciones de glucoproteína que cubren las superfi cies de la partícula (315 000×). (Cortesía de FA Murphy y EL Palmer.) B: Vista esquemática del virus de la infl uenza. Las partículas del virus tienen genomas segmentados que constan de siete a ocho moléculas de RNA diferentes, cada una cubierta por proteínas de la cápside y formando nucleocápsides helicoidales. Las glucoproteínas virales (hemaglutinina y neuraminidasa) se proyectan como espiga a través de la envoltura lipídica. (Reproducida con autorización de Willey JM, Sherwood LM, Woolverton CJ: Prescott, Harley and Klein´s Microbiology, 7th ed. McGraw Hill, 2008.) Nucleocápside Glucoproteínas virales Envoltura BA CUADRO 39-2 Asignaciones de codifi cación de los segmentos de RNA del virus de la infl uenza de tipo Aa Segmento del genoma Polipéptido codifi cado Númerob Tamaño (número de nucleótidos) Designación Peso molecular previstoc Número aproximado de moléculas por virión Función 1 2 341 PB2 85 700 30 a 60 Componentes de transcriptasa de RNA 2 2 341 PB1 86 500 3 2 233 PA 84 200 4 1 778 HA 61 500 500 Hemaglutinina; trímero; glucoproteína de la envoltura; media la inserción del virus en la célula;activado por desdoblamiento; actividad de fusión a un pH ácido 5 1 565 NP 56 100 1 000 Relacionado con proteínas de RNA y de polimerasa; estructura helicoidal; nucleocápside 6 1 413 NA 50 000 100 Neuraminidasa; tetrámero; glucoproteínas de envoltura; enzimas 7 1 027 M1 27 800 3 000 Proteína de la matriz; componente principal del virión; reviste el interior de la envoltura; interviene en el ensamble; interacciona con RNP y NS2 del virus M2 11 000 20 a 60 Proteína integral de la membrana; canal iónico; esencial para la pérdida de la envoltura del virus; de mRNA empalmado 8 890 NS1 26 800 0 No estructural; gran abundancia; inhibe el empalme pre-mRNA; reduce la respuesta de interferón NS2 14 200 130-200 Componente menor de viriones; exportación nuclear de RNP virales; de mRNA empalmado aAdaptado con autorización de Lamb RA, Krug RM: Orthomyxoviridae: The viruses and their replication. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996. bLos segmentos de RNA están numerados en orden de tamaño decreciente. cLos pesos moleculares de las dos glucoproteínas, HA y NA, aparecen más grandes (alrededor de 76 000 y 56 000, respectivamente) debido al hidrato de carbono añadido. CAPÍTULO 39 Ortomixovirus (virus de la infl uenza) 541 La secuencia primaria de la HA contiene 566 aminoácidos (fi g. 39-2A). Una secuencia de señal corta en el amino terminal inserta el polipéptido en el retículo endoplásmico; después, la señal es retirada. La proteína HA es desdoblada en dos subuni- dades, HA1 y HA2, que permanecen muy vinculadas por un en- lace de disulfuro. Un estiramiento hidrófobo cerca del carboxilo terminal de HA2 ancla la molécula de HA en la membrana y una pequeña cola hidrófi la se extiende hacia el citoplasma. En varios sitios se añaden residuos de oligosacáridos. La molécula de HA se pliega en una estructura compleja (fi g. 39-2B). Cada dímero de HA1 y HA2 ligado forma un tron- co alargado recubierto por un glóbulo de gran tamaño. La base del tronco lo ancla en la membrana. Cinco puntos antigénicos en la molécula de HA muestran mutaciones considerables. Es- tos puntos ocurren en regiones expuestas de la superfi cie de la estructura y al parecer no son esenciales para la estabilidad de la molécula e intervienen en la neutralización viral. Otras regio- nes de la molécula de HA están conservadas en todas las cepas, lo cual probablemente se debe a que son necesarias para que la molécula retenga su estructura y función. La espiga de HA en la partícula viral es un trímero, que consta de tres dímeros de HA1 y HA2 entrelazados (fi g. 39-2C). La tri- merización imparte más estabilidad a la espiga que la que podría lograrse con un monómero. El lugar de unión del receptor celular (lugar de adherencia del virus) es un saco ubicado en la parte supe- rior de cada glóbulo grande. El saco es inaccesible al anticuerpo. El desdoblamiento que separa HA1 y HA2 es necesario para que la partícula viral sea infecciosa y es mediada por proteasas celulares. Los virus de la infl uenza normalmente se mantienen circunscritos a las vías respiratorias debido a que las enzimas de proteasa que desdoblan HA son frecuentes sólo en esos lugares. Se han observado ejemplos de virus más virulentos que se han adaptado a utilizar una enzima más ubicua, como la plasmina, para desdoblar HA y favorecer la infección generalizada de las células. El aminoterminal de HA2, generado por el fenómeno de desdoblamiento, es necesario para que la envoltura viral se fusione con la membrana celular, un paso esencial en el proceso de la infección viral. El pH bajo desencadena un cambio en la confi guración que activa la actividad de fusión. Estructura y función de la neuraminidasa La antigenicidad de la neuraminidasa (NA), la otra glucopro- teína presente en la superfi cie de las partículas del virus de la infl uenza, también es importante para determinar el subtipo de cepas del virus de la infl uenza. La espiga en la partícula viral es un tetrámero, que consta de cuatro monómeros idénticos (fi g. 39-2D). Un tronco delgado está coronado con una cabeza de forma de caja. Hay un punto catalítico para la NA en la parte superior de cada cabeza, de ma- nera que cada espiga de neuraminidasa contiene cuatro lugares activos. La NA funciona al fi nal del ciclo de replicación viral. Es una enzima sialidasa que retira ácido siálico de los glucoconju- gados. Facilita la liberación de partículas virales de la superfi cie de células infectadas durante el proceso de gemación y ayuda a evitar la autoagregación de viriones al retirar los residuos de ácido siálico de las glucoproteínas virales. Es posible que la neu- raminidasa ayude al virus a abrirse camino a través de la capa de mucina en las vías respiratorias para llegar a las dianas celu- lares epiteliales. pedador. La hemaglutinina representa alrededor de 25% de la proteína viral y la neuraminidasa casi 5%. La proteína del canal iónico de M2 y la del NS2 también están presentes en la envoltura pero sólo algunas copias por partícula. Dado el carácter segmentado del genoma, cuando una célu- la se infecta simultáneamente con dos virus diferentes en un de- terminado tipo, mezclas de segmentos del gen progenitor pueden ensamblarse en viriones de la progenie. Este fenómeno, denomi- nado reensamble genético, puede producir cambios súbitos en los antígenos de la superfi cie viral, una propiedad que explica las características epidemiológicas de la infl uenza y plantea impor- tantes difi cultades para el desarrollo de las vacunas. Los virus de la infl uenza son relativamente resistentes in vi- tro y pueden almacenarse a una temperatura de 0 a 4°C durante semanas sin que pierdan su viabilidad. Los disolventes de lípi- dos, los desnaturalizantes de proteínas, el formaldehído y la ra- diación destruyen la infecciosidad. Tanto la infecciosidad como la hemaglutinación son más resistentes a la inactivación a un pH alcalino que a un pH ácido. Clasificación y nomenclatura El género Infl uenzavirus A contiene cepas humanas y animales del virus de la infl uenza de tipo A; Infl uenzavirus B contiene ce- pas humanas de tipo B, e Infl uenzavirus C contiene virus de la infl uenza de tipo C de seres humanos y de cerdos. Las diferencias antigénicas manifestadas por dos de las pro- teínas estructurales internas, las proteínas de la nucleocápside (NP) y la matriz (M) se utilizan para clasifi car los virus de la in- fl uenza en tipos A, B y C. Estas proteínas no poseen reactividad cruzada entre los tres tipos. Las variaciones antigénicas en las glucoproteínas de superfi cie, HA y NA, se utilizan para subtipi- fi car los virus. Sólo el tipo A tiene subtipos designados. El sistema de nomenclatura estándar para las cepas del virus de la infl uenza comprende la siguiente información: tipo, hos- pedador de origen, origen geográfi co, número de cepas y año de aislamiento. Las descripciones antigénicas de HA y NA se mues- tran entre paréntesis para el de tipo A. No se indica el hospe- dador de origen para las cepas humanas, por ejemplo, A/Hong Kong/03/68(H3N2), pero se indica para otros, por ejemplo, A/ cerdos/Iowa/15/30(H1N1). Hasta el momento, se han aislado 15 subtipos de HA (H1 a H15) y nueve subtipos de NA (N1 a N9), en muchas diferentes combinaciones, de aves, animales o seres humanos. Se han ais- lado en seres humanos cuatro subtipos de HA (H1 a H3 y H5) y dos de NA (N1, N2). Estructura y función de la hemaglutinina La proteína HA del virus de la infl uenza fi ja partículas virales a las células susceptibles y es el principal antígeno contra el cual se dirigen los anticuerpos neutralizantes (protectores). La variabi- lidad de la HA es la causa principal de la evolución continuada de nuevas cepas y epidemias de infl uenza subsiguientes. La he- maglutinina deriva su nombre de su capacidad para aglutinar eritrocitos en determinadas circunstancias. La secuencia de aminoácido para HA puede calcularse a partir de la secuenciadel gen de HA y la estructura tridimensio- nal de la proteína se ha revelado mediante cristalografía de rayos X, de forma que es posible correlacionar las funciones de la molécula de HA con su estructura. 542 SECCIÓN IV Virología organismos que afectan al sistema respiratorio no manifi estan una variación antigénica importante. Los dos antígenos de superfi cie de la infl uenza experimentan variación antigénica independiente entre sí. Los cambios antigéni- cos menores se denominan deriva antigénica; los cambios antigé- nicos mayores en la HA o la NA, denominados variación antigéni- ca, dan por resultado la aparición de un nuevo subtipo (fi g. 39-3). La variación antigénica muy probablemente produce epidemia. Deriva antigénica y variación antigénica Los virus de la infl uenza son notables por los cambios antigé- nicos frecuentes que ocurren en la HA y la NA. Las variantes antigénicas del virus de la infl uenza tienen una ventaja selectiva sobre el virus progenitor en la presencia de anticuerpo dirigido contra la cepa original. Este fenómeno es la causa de las caracte- rísticas epidemiológicas singulares de la infl uenza. Otros micro- FIGURA 392 Glucoproteínas de superfi cie hemaglutinina y neuraminidasa del virus de la infl uenza. A: Estructuras primarias de los polipéptidos de hemaglutinina y neuraminidasa. El desdoblamiento de HA en HA1 y HA2 es necesario para que el virus sea infeccioso. Los tipos HA1 y HA2 se mantienen unidos mediante un enlace de disulfuro (S-S). No ocurre desdoblamiento postraduccional con la neuraminidasa. Se muestran los puntos de inserción del hidrato de carbono ( ). Los aminoácidos hidrófobos que anclan las proteínas en la membrana viral están situados cerca del carboxilo terminal de la HA y el amino terminal de la neuraminidasa. B: Plegamiento de los polipéptidos de HA1 y HA2 en un monómero de hemaglutinina. Cinco lugares antigénicos importantes (lugares A-E) que experimentan cambios que muestran como zonas sombreadas. El amino terminal de HA2 proporciona actividad para la fusión (péptido de fusión). La partícula de fusión está sepultada en la molécula hasta que es expuesta por un cambio en la confi guración desencadenado por un pH bajo. C: Estructura del trímero de HA como se observa en una partícula viral o la superfi cie de las células infectadas. Se muestran algunas de las zonas que intervienen en la variación antigénica (A). Los residuos de carboxilo terminal (C) se proyectan a través de la membrana. D: Estructura del tetrámero de neuraminidasa. Cada molécula de NA tiene un lugar activo en su superfi cie superior. La región amino terminal (N) de los polipéptidos ancla el complejo en la membrana. (Dibujada de nuevo con autorización de [A, B]¸ Murphy BR, Webster RG: Infl uenza viruses, página 1179, y [C, D] Kingsbury DW: Orthomyxo- and paramyxoviruses and their replication, página 1157. En: Virology, Fields BN et al [editors]. Raven Press, 1985.) S – S NH2 Péptido señalizador Desdoblamiento mediante activación proteolítica Hemaglutinina Neuraminidasa Dominio de membrana hidrófobo Dominio de membrana hidrófobo Secuencia conservada A B C D Dominio citoplásmico hidrófilo COOH COOH Sitio de receptor Glóbulo de gran tamaño Sitio de desdoblamiento por proteasa Glóbulo pequeño Membrana Sitio activo Tallo C N 13.5 nm 6 nm Sitio B Sitio D Péptido de fusión Sitio A Sitio E Sitio C NH2 HA2HA1 C A A A A CAPÍTULO 39 Ortomixovirus (virus de la infl uenza) 543 la hemaglutinina. Las partículas del virus luego son interioriza- das en endosomas mediante un proceso denominado endocito- sis mediada por receptor. El siguiente paso consiste en la fusión entre la envoltura viral y la membrana celular, que desenca- dena la pérdida de la envoltura. El pH bajo en el endosoma es necesario para la fusión de la membrana mediada por el virus que libera RNP virales hacia el citosol. El pH ácido produce un cambio de confi guración en la estructura de HA que hace que el “péptido de fusión” de HA2 quede en contacto correcto con la membrana. La proteína del canal iónico de M2 presente en el virión permite la entrada de iones del endosoma hacia la par- tícula viral, lo que desencadena el cambio de confi guración en la hemaglutinina. Las nucleocápsides virales son liberadas luego hacia el citoplasma de las células. B. Transcripción y traducción Los mecanismos de transcripción utilizados por los ortomixovi- rus son muy diferentes de los de otros virus de RNA por cuanto intervienen de manera más íntima las funciones celulares. La transcripción viral ocurre en el núcleo. Los mRNA son produ- cidos a partir de las nucleocápsides virales. La polimerasa codi- fi cada por el virus, que consta de un complejo de las tres proteí- nas P, es la que interviene principalmente en la transcripción. Su acción debe ser preparada por los terminales incorporados en la cápside y 5′ metilados que son depurados de los transcriptos celulares recién sintetizados por la polimerasa II de RNA celular. Esto explica por qué la replicación del virus de la infl uenza es inhibida por la dactinomicina y la amanitina α, que bloquean la transcripción celular, en tanto que otros virus de RNA no son afectados, pues no utilizan transcriptos celulares en la síntesis de RNA viral. Seis de los segmentos del genoma generan mRNA monocistrónicos que son traducidos en el citoplasma en seis proteínas virales. Los otros dos transcriptos experimentan empalme y cada uno genera dos mRNA que son traducidos en diferentes marcos de lectura. En las primeras etapas después de la infección, las proteínas NS1 y NP son sintetizadas de prefe- rencia. En etapas subsiguientes, las proteínas estructurales son sintetizadas con altas tasas. Las dos glucoproteínas, HA y NA, son modifi cadas utilizando la vía secretora. La proteína NS1 no estructural del virus de la infl uenza tie- ne una función postranscripcional en la regulación de la expre- sión del gen viral y celular. La proteína NS1 se une a secuencias poli(A), inhibe el empalme previo al mRNA e inhibe la exporta- ción nuclear de los mRNA empalmados, con lo que asegura una reserva de moléculas celulares donadores que proporcionan los cebadores incorporados en la cápside que son necesarios para la síntesis de mRNA viral. La proteína NS2 interacciona con la proteína M1 e interviene en la exportación nuclear de los RNP virales. C. Replicación del RNA viral La replicación del genoma viral se logra por las mismas proteí- nas de polimerasa codifi cadas por el virus que intervienen en la transcripción. Los mecanismos que regulan las funciones alter- nativas de transcripción y replicación de las mismas proteínas están relacionados con la abundancia de una o más de las pro- teínas de la nucleocápside viral. Al igual que con todos los demás virus de tiras negativas, las plantillas para la síntesis de RNA viral se mantienen recubiertas con nucleoproteínas. Los únicos RNA completamente libres son La deriva antigénica se debe a la acumulación de muta- ciones puntuales en el gen que dan por resultado cambios de aminoácidos en la proteína. Los cambios de secuencia pueden modifi car los lugares antigénicos en la molécula de tal manera que un virión puede evadir el reconocimiento por el sistema in- munitario del hospedador. El sistema inmunitario no causa la variación antigénica, sino más bien funciona como una fuerza de selección que permite la expansión de nuevas variantes an- tigénicas. Una variante debe sufrir dos o más mutaciones antes que surja una nueva cepa de importancia epidemiológica. La variación antigénica refl eja cambios drásticos en la se- cuencia de una proteína de superfi cie viral, cambios demasiado extremos para atribuirse a la mutación. Los genomas segmenta- dos de los virus de la infl uenza se reensamblan con rapidez en células doblemente infectadas. El mecanismo de la variación es el reensamble genético entre los virus de la infl uenza humana y aviar. Los virusde la infl uenza B y C no muestran variación anti- génica pues existen pocos virus relacionados en los animales. Replicación del virus de la influenza En la fi gura 39-4 se resume el ciclo de replicación del virus de la infl uenza. Los virus de la infl uenza son virus de RNA inusuales entre los virus de RNA no oncógenos, pues toda su transcrip- ción y replicación de RNA ocurre en el núcleo de las células in- fectadas. El ciclo de multiplicación viral procede con rapidez. Hay una inactivación de la síntesis de la proteína de la célula del hospedador unas 3 h después de la infección, lo que permite la traducción selectiva de los mRNA virales. Se producen nuevos virus descendientes al cabo de 8 a 10 horas. A. Adherencia, penetración y pérdida de la envoltura viral El virus se adhiere al ácido siálico de la superfi cie celular a través del receptor ubicado en la parte superior del glóbulo grande de FIGURA 393 La deriva y la variación antigénicas participan en los cambios antigénicos de las dos glucoproteínas de superfi cie (HA y NA) del virus de la infl uenza. La deriva antigénica es un cambio gradual de la antigenicidad debido a las mutaciones de punto que afectan los sitios antigénicos principales de la glucoproteína. La variación antigénica es un cambio brusco debido al reensamble genético con una cepa no relacionada. Los cambios en la HA y la NA ocurren de manera independiente. Las proteínas internas del virus, como la nucleoproteína (NP), no experimentan cambios antigénicos. HA o NA HA o NA NP 1 añoAños R el at iv id ad s er ol óg ic a de cr ec ie nt e Deriva antigénica Variación antigénica 544 SECCIÓN IV Virología cápside a los extremos citoplásmicos de las glucoproteínas. Los viriones descendientes salen de la célula por gemación. Durante esta serie de fenómenos, la HA es desdoblada en HA1 y HA2 si la célula hospedadora posee la enzima proteolítica apropiada. La NA retira los ácidos siálicos terminales de las glucoproteínas de la superfi cie celular y viral, facilitando la liberación de partículas virales de la célula y evitando su agregación. Muchas de las partículas no son infecciosas. Las partículas a veces no logran incorporar en la cápside el complemento com- pleto de segmentos de genoma; a menudo uno de los segmentos grandes de RNA falta. Estas partículas no infecciosas pueden causar hemaglutinación y pueden interferir en la replicación del virus intacto. Los sistemas de genética inversa que permiten la generación de virus de la infl uenza infecciosos de cDNA clonados de seg- mentos de RNA viral están disponibles y permiten los estudios de mutagénesis y funcionales. INFECCIONES POR EL VIRUS DE LA INFLUENZA EN SERES HUMANOS En el cuadro 39-3 se muestra una comparación del virus de la infl uenza A con otros virus que infectan el sistema respiratorio humano. Aquí se analizará el virus de la infl uenza. los RNA mensajeros. El primer paso en la replicación del geno- ma es la producción de copias de cada segmento de tira positiva. Estas copias antigenoma difi eren de las mRNA en las dos termi- nales: los extremos 5′ no están incorporados en la cápside y los extremos 3′ no están truncados ni poliadenilados. Estas copias hacen las veces de plantillas para la síntesis de copias facsímiles de RNA genómicos. Puesto que hay secuencias comunes en los dos extremos de todos los segmentos de RNA viral, pueden reconocerse efi - cientemente por el aparato de síntesis de ácido ribonucleico. El entrelazado de los segmentos de genoma derivados de diferentes progenitores en las células coinfectadas posiblemente es la causa de la gran frecuencia de reensamble genético característico de los virus de la infl uenza dentro de un género. Se han observado frecuencias de reensamble de hasta 40 por ciento. D. Maduración El virus madura por gemación desde la superfi cie de la célula. Los componentes virales individuales llegan al lugar de gemación por diferentes caminos. Las nucleocápsides se ensamblan en el núcleo y se desplazan afuera hacia la superfi cie celular. Las glu- coproteínas, HA y NA, son sintetizadas en el retículo endoplás- mico; son modifi cadas y ensambladas en trímeros y tetrámeros respectivamente; y se insertan en la membrana plasmática. La proteína M1 hace las veces de un puente que vincula la nucleo- FIGURA 394 Diagrama del ciclo vital del virus de la infl uenza. Después de la endocitosis mediada por receptor, los complejos de ribonucleoproteína viral son liberados hacia el citoplasma y transportados al núcleo, donde ocurre la replicación y la transcripción. Los RNA mensajeros son exportados al citoplasma para su traducción. Las proteínas virales iniciales que son necesarias para la replicación y la transcripción son transportadas de nuevo al núcleo. El ensamble y la gemación de los viriones de descendencia ocurren en la membrana plasmática. (Reproducida con autorización de Neumann G, Noda T, Kawaoka Y: Emergence and pandemic potential of swine-origin H1N1 infl uenza virus. Nature 2009; 459:931.) Endosomas mRNA mRNA Síntesis de mRNA Replicación de RNA Proteínas tardías M1, NS2 M1 Golgi ER PB1-F2 Proteínas iniciales PA NP PB1 NS1 PB2 PB1-F2 TTTTTTAAA TTTTTTAAA CAPÍTULO 39 Ortomixovirus (virus de la infl uenza) 545 tencia a los invasores bacterianos secundarios, sobre todo estafi - lococos, estreptococos y Haemophilus infl uenzae. El edema y las infi ltraciones mononucleares en respuesta a la muerte celular y la descamación debida a la replicación viral probablemente contribuyen a los síntomas locales. Los síntomas generales sobresalientes relacionados con la infl uenza probable- mente refl ejan la producción de citocinas. Manifestaciones clínicas La infl uenza ataca principalmente a las vías respiratorias altas. Conlleva un riesgo importante para los ancianos, los pacientes muy pequeños y las personas con trastornos médicos subyacen- tes como problemas pulmonares, renales o cardiacos, diabetes o cáncer. A. Infl uenza no complicada Los síntomas de la infl uenza característica suelen aparecer en forma brusca y comprenden escalofríos, cefalea y tos seca, se- guida casi inmediatamente de fi ebre alta, mialgias generalizadas, ataque al estado general y anorexia. La fi ebre por lo general dura de tres a cinco días, lo mismo que los síntomas generales. Los síntomas respiratorios suelen persistir durante otros tres a cua- tro días. La tos y la debilidad pueden persistir por dos a cuatro semanas después que ceden los síntomas principales. Pueden presentarse infecciones leves o asintomáticas. Estos síntomas pueden ser desencadenados por cualquier cepa de virus de la infl uenza A o B. En cambio, la infl uenza C pocas veces produce el síndrome de infl uenza, y más bien es causa de resfriados co- munes. La coriza y la tos pueden persistir por varias semanas. Los síntomas clínicos de la infl uenza en los niños son simi- lares a los observados en los adultos, aunque los niños pueden tener fi ebre más alta y una mayor frecuencia de manifestacio- nes digestivas como vómito. Pueden presentarse convulsiones febriles. Los virus de la infl uenza A son una causa importante de laringotraqueobronquitis en los niños de menos de 1 año de Patogenia y anatomía patológica El virus de la infl uenza se disemina entre las personas por las gotitas de secreciones respiratorias presentes en el aire o por el contacto con las manos o superfi cies contaminadas. Algunas cé- lulas del epitelio respiratorio se infectan si las partículas virales depositadas evitan su eliminación por el refl ejo tusígeno y eva- den la neutralización por los anticuerpos IgA específi cos pre- existentes o la inactivación por inhibidores inespecífi cos presen- tes en las secreciones de la mucosa. Pronto se producen viriones descendientes y se diseminan a las células adyacentes donde se repite el ciclo de replicación. La NA viral reduce la viscosidad de la película de moco en el sistema respiratorio, dejando desnudoslos receptores de la superfi cie celular y favoreciendo la disemi- nación del líquido que contiene virus a las porciones inferiores del sistema respiratorio. En breve, muchas células de las vías res- piratorias son infectadas y tarde o temprano mueren. El periodo de incubación desde la exposición al virus y el inicio de la enfermedad varían de un día a cuatro días, lo que depende del tamaño de la dosis viral y el estado inmunitario del hospedador. La eliminación del virus comienza el día previo al inicio de los síntomas, alcanza su máximo en un lapso de 24 ho- ras, se mantiene elevada durante uno a dos días y luego disminu- ye los siguientes cinco días. El virus infeccioso muy pocas veces se aísla de la sangre. El interferón es detectable en las secreciones respiratorias aproximadamente un día después que comienza la eliminación del virus. Los virus de la infl uenza son sensibles a los efectos antivirales del interferón y se cree que la respuesta de éste con- tribuye al restablecimiento del hospedador tras la infección. Du- rante otras una a dos semanas no se pueden detectar anticuerpos específi cos y respuestas mediadas por las células. Las infecciones por infl uenza causan destrucción celular y descamación de la mucosa superfi cial del sistema respiratorio pero no modifi can la capa basal del epitelio. La recuperación completa de la lesión celular probablemente tarda un mes. La lesión viral del epitelio del sistema respiratorio reduce su resis- CUADRO 39-3 Comparación de virus que infectan el sistema respiratorio humano Virus Enfermedad Número de serotipos Inmunidad de por vida contra la enfermedad Vacuna disponible Latencia viral Virus de RNA Virus de la influenza A Influenza Múltiples No + − Virus de la parainfluenza Laringotraqueítis Múltiples No − − Virus sincitial respiratorio Bronquiolitis Uno No − − Virus de la rubéola Rubéola Uno Sí + − Virus del sarampión Sarampión Uno Sí + − Virus de la parotiditis Parotiditis, meningitis Uno Sí + − Rinovirus Resfriado común Múltiples No − − Coronavirus Resfriado común Múltiples No − − Virus Coxsackie Herpangina, pleurodinia Múltiples No − − Virus de DNA Virus del herpes simple de tipo 1 Gingivoestomatitis Uno No − + Virus de Epstein-Barr Mononucleosis infecciosa Uno Sí − + Virus de varicela-zóster Varicela, herpes Uno Sía + + Adenovirus Faringitis, neumonía Múltiples No − + aInmunidad de por vida contra las reinfecciones por varicela pero no a la reactivación de herpes zóster. 546 SECCIÓN IV Virología a los contactos guarda relación con el anticuerpo dirigido contra la neuraminidasa. Los anticuerpos contra la ribonucleoproteína son específi cos de tipo y son útiles para tipifi car cepas virales (como la infl uenza A o B). La protección se correlaciona con los anticuerpos séricos y los anticuerpos IgA presentes en las secre- ciones nasales. El anticuerpo secretor local probablemente es importante para prevenir la infección. Los anticuerpos séricos persisten por muchos meses a años, en tanto que los anticuerpos secretores tienen una duración más breve (por lo general sólo varios meses). El anticuerpo también modifi ca la evolución de la enfermedad. Una persona con títulos bajos de anticuerpo puede infectarse pero experimentará una forma leve de la enfermedad. La inmunidad puede ser parcial, ya que puede ocurrir reinfec- ción con el mismo virus. Los tres tipos de virus de la infl uenza no tienen una rela- ción antigénica y por tanto no inducen a una protección cruza- da. Cuando un tipo de virus experimenta una deriva antigénica, una persona con anticuerpo preexistente a la cepa original pue- de sufrir sólo infección leve con la nueva cepa. Las infecciones subsiguientes a las inmunizaciones refuerzan la respuesta de anticuerpo al primer subtipo de infl uenza experimentado años antes, un fenómeno denominado “pecado antigénico original”. Se considera que la principal función de las respuestas in- munitarias medidas por células en la infl uenza es el despeje de una infección establecida; los linfocitos T citotóxicos producen lisis de las células infectadas. La respuesta de linfocito T cito- tóxico es de tipo de reacción cruzada (puede producir lisis de células infectadas con cualquier subtipo de virus) y al parecer está dirigido contra las dos proteínas internas (NP, M) y las glu- coproteínas de superfi cie. Diagnóstico de laboratorio Las manifestaciones clínicas de las infecciones respiratorias por virus pueden producirlas muchos virus diferentes. En conse- cuencia, el diagnóstico de la infl uenza se basa en la identifi ca- ción de los antígenos virales o del ácido nucleico viral presente en los especímenes, el aislamiento del virus o la demostración de una respuesta inmunitaria específi ca por el paciente. Los la- vados nasales, los borborigmos y los frotis de exudado faríngeo son las mejores muestras para los análisis diagnósticos y se de- ben obtener en los primeros tres días después que comienzan los síntomas. A. Reacción en cadena de la polimerasa Para el diagnóstico de la infl uenza se prefi eren las pruebas rápi- das basadas en la detección de RNA de la infl uenza en especí- menes clínicos utilizando la reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa (RT-PCR, reverse transcription poly- merase chain reaction). La RT-PCR es rápida (<1 día), sensible y específi ca. Sin embargo, en la actualidad no se realiza en todos los centros de salud. B. Aislamiento e identifi cación del virus La muestra que se analizará para el aislamiento del virus se debe mantener a una temperatura de 4°C a la inoculación en el cul- tivo celular, ya que el congelamiento y el deshielo reducen la capacidad para aislar el virus. Sin embargo, si el tiempo de alma- cenamiento superará los cinco días, la muestra debe congelarse a una temperatura de −70°C. edad, la cual puede ser grave. Por último, puede presentarse oti- tis media. Cuando la infl uenza aparece en forma epidémica, las manifes- taciones clínicas son tan uniformes que es posible diagnosticar la enfermedad. Los casos esporádicos no se pueden diagnosticar ba- sándose en las manifestaciones clínicas, ya que éstas pueden no distinguirse de las causadas por otros microorganismos patógenos del sistema respiratorio. Sin embargo, estos otros microorganis- mos pocas veces producen neumonía viral grave, que es una com- plicación de la infección por el virus de la infl uenza A. B. Neumonía Las complicaciones graves suelen presentarse sólo en los ancia- nos y pacientes debilitados, sobre todo aquellos con enferme- dades crónicas subyacentes. El embarazo al parecer es un factor de riesgo para las complicaciones pulmonares letales en algunas epidemias. La repercusión letal de una epidemia de infl uenza se refl eja en las muertes excesivas a causa de neumonía y enferme- dades cardiopulmonares. La neumonía que complica las infecciones por infl uenza puede ser viral, bacteriana secundaria o una combinación de las dos. El incremento de la secreción de moco facilita el transporte de los microorganismos hacia la porción baja del sistema respi- ratorio. La infl uenza aumenta la susceptibilidad de los pacientes a las superinfecciones bacterianas. Esto se atribuye a la pérdida de la depuración por los cilios, la disfunción de las células fago- cíticas y la generación de un medio de multiplicación bacteria- na enriquecido por el exudado alveolar. Las bacterias patógenas más frecuentes son Staphylococcus aureus, Streptococcus pneu- moniae y H. infl uenzae. La neumonía viral y bacteriana combinada tiene una fre- cuencia aproximadamente tres veces mayor que la neumonía por infl uenza primaria. Se ha comunicado que la infección con- comitante por S. aureus conlleva una tasa de mortalidad de hasta 42%. Una explicación molecular de un efecto sinérgico entre los virus y las bacterias puede ser que algunas cepas de S. aureus secretan una proteasa capaz de desdoblar la HA de la infl uenza y de esta manera permitir la producción de cantidadesmucho más altas de virus infecciosos en los pulmones. C. Síndrome de Reye El síndrome de Reye es una encefalopatía aguda de niños y ado- lescentes, por lo general de entre 2 y 16 años de edad. La tasa de mortalidad es alta (10 a 40%). Se desconoce la causa de este síndrome, pero es una complicación infrecuente reconocida de la infl uenza B, la infl uenza A y de la infección por herpesvirus de varicela-zóster. Existe una posible relación entre el uso de sa- licilatos y la aparición subsiguiente del síndrome de Reye. La fre- cuencia del síndrome ha disminuido conforme se ha reducido el empleo de salicilatos en los niños con síntomas seudogripales. Inmunidad La inmunidad contra la infl uenza es duradera y específi ca de subtipos. Los anticuerpos contra HA y NA son importantes en la inmunidad contra la infl uenza, en tanto que los anticuerpos contra las otras proteínas codifi cadas por virus no son protecto- res. La resistencia al inicio de la infección está relacionada con el anticuerpo contra la HA, en tanto que la disminución de la gra- vedad de la enfermedad y de la capacidad para transmitir el virus CAPÍTULO 39 Ortomixovirus (virus de la infl uenza) 547 Pueden presentarse complicaciones al tratar de identifi car la cepa del virus de la infl uenza infectante mediante la respuesta de anticuerpo del paciente pues a menudo ocurren respuestas anamnésicas. Epidemiología Los virus de la infl uenza se encuentran en todo el mundo y cau- san brotes epidémicos anuales de intensidad variable. Se calcula que las epidemias anuales de infl uenza estacional producen tres a cinco millones de casos de enfermedad grave y 250 000 a 500 000 fallecimientos en todo el mundo. La repercusión eco- nómica de los brotes de infl uenza A es importante a causa de la morbilidad inherente a las infecciones. Se han calculado costos económicos de 10 a 60 millones por millón de población en los países desarrollados, lo que depende de la magnitud de la epi- demia. La confi guración epidemiológica entre los tres tipos de in- fl uenza varía mucho. La infl uenza C es menos signifi cativa; cau- sa enfermedad respiratoria leve y esporádica pero no infl uenza epidémica. La infl uenza B a veces produce epidemia, pero la in- fl uenza de tipo B puede propagarse por continentes y en todo el mundo en epidemias masivas llamadas pandemias. La incidencia de la infl uenza alcanza su máximo durante el invierno. En Estados Unidos, las epidemias de infl uenza por lo general se presentan desde enero hasta abril (y de mayo a agosto en el hemisferio del sur). Debe existir una cadena interpersonal continua de transmisión para que se mantenga el microorganis- mo entre las epidemias. Se puede detectar alguna actividad viral en grandes centros de población durante cada año, lo que indica que el virus se mantiene endémico en la población y produce algunas infecciones asintomáticas o leves. A. Cambio antigénico Los brotes periódicos aparecen a causa de los cambios antigéni- cos en una o dos glucoproteínas de la superfi cie del virus. Cuan- do el número de personas susceptibles en una población alcanza una magnitud sufi ciente, la nueva cepa del virus produce una epidemia. El cambio puede ser gradual (de ahí el término “deri- va antigénica”), debido a las mutaciones puntuales refl ejadas en alteraciones en puntos antigénicos importantes en la glucopro- teína (fi g. 39-3), o drástico y brusco (de ahí el término “variación antigénica”), debido al reensamble genético durante la infec- ción concomitante por una cepa no relacionada. Los tres tipos de virus de la infl uenza muestran deriva an- tigénica. Sin embargo, sólo la infl uenza A experimenta una va- riación antigénica, probablemente porque los virus de tipos B y C están restringidos al ser humano, en tanto que los virus de la infl uenza A relacionados se encuentran en otros mamíferos y en aves. Estas cepas de animales contribuyen a la deriva antigénica por el reensamble genético de los genes de glucoproteína. Se ha aislado virus de la infl uenza A en muchas aves acuáticas, sobre todo patos; en aves domésticas, como pavos, pollos, gansos y pa- tos; en cerdos y caballos, e incluso en focas y ballenas. Los brotes epidémicos de infl uenza ocurren en andanadas, aunque no hay una periodicidad regular en la presentación de las epidemias. La experiencia en un determinado año refl ejará la interacción entre la magnitud de la deriva antigénica del vi- rus predominante y la inmunidad que se desvanece en la pobla- ción. Los procedimientos de cultivo viral tardan tres a 10 días. Por lo regular los huevos embrionados y las células renales de simio primario han sido los métodos de aislamiento de elección para los virus de la infl uenza, aunque se pueden utilizar algunos linajes celulares continuos. Los cultivos de células inoculadas se incuban en ausencia de suero, que puede contener factores in- hibidores virales inespecífi cos, y en presencia de tripsina, que desdobla y activa la HA de manera que el virus en replicación se diseminará por todo el cultivo. Los cultivos de células pueden evaluarse para determinar la presencia del virus mediante hemadsorción tres a cinco días después de la inoculación, o el líquido del cultivo puede anali- zarse para detectar el virus después de cinco a siete días median- te hemaglutinación. Si los resultados son negativos, se hace un pase hacia los cultivos en fresco. Este paso puede ser necesario porque las cepas virales primarias a menudo son difíciles de cul- tivar y se multiplican con lentitud. Las cepas virales pueden identifi carse mediante inhibición de la hemaglutinación, un procedimiento que permite la deter- minación rápida del tipo y el subtipo de virus de la infl uenza. Para realizar esto, se deben utilizar sueros de referencia a las ce- pas que predominan en la actualidad. La hemaglutinación por la nueva cepa será inhibida por el antisuero al subtipo homólogo. Para un diagnóstico rápido, los cultivos de células obteni- dos mediante el método de centrifugación y cultivo se pueden inocular y teñir uno a cuatro días después con anticuerpos mo- noclonales contra los microorganismos respiratorios. Los cul- tivos virales rápidos también se pueden evaluar mediante RT- PCR para identifi car un microorganismo cultivado. Es posible identifi car el antígeno viral directamente en célu- las exfoliadas en aspirados nasales utilizando anticuerpos fl uo- rescentes. Esta prueba es rápida (tarda sólo algunas horas) pero no es tan sensible como el aislamiento del virus, no proporciona detalles completos sobre la cepa viral y no genera una cepa que se pueda caracterizar. Se comercializan pruebas rápidas para la detección de antígeno de la infl uenza que tardan menos de 15 min. Sin embargo, estas pruebas tienen una sensibilidad y una espe- cifi cidad variables. C. Análisis serológico Los anticuerpos contra varias proteínas virales (hemaglutinina, neuraminidasa, nucleoproteína y matriz) se producen durante la infección por el virus de la infl uenza. La respuesta inmunitaria contra la glucoproteína de HA se relaciona con la resistencia a la infección. Las pruebas serodiagnósticas sistemáticas que se uti- lizan están basadas en la inhibición de la hemaglutinación (HI, hemaglutination inhibition) y análisis de inmunosorbente ligado a enzimas (ELISA). Se necesitan sueros pares de fase aguda y de convalecencia, pues las personas normales por lo general tienen anticuerpos contra la infl uenza. Debe detectarse un incremento de cuatro tantos o más en los títulos para diagnosticar una in- fección por infl uenza. Los sueros humanos a menudo contienen inhibidores de mucoproteína inespecífi cos que deben destruirse antes del análisis mediante inhibición de la hemaglutinación. La prueba de inhibición de la hemaglutinación revela la cepa del virus que produce la infección sólo si se dispone del antígeno correcto. Las pruebas de neutralización son las más específi cas y las que mejor pronostican la susceptibilidada la infección pero tienen menor rendimiento y son más dilatadas de realizar que las demás pruebas. La prueba ELISA es más sensible que los otros análisis. 548 SECCIÓN IV Virología sión de aerosoles del virus y los niños llevan el virus a su domi- cilio y lo transmiten a la familia. En 1997 se presentó en Hong Kong la primera infección documentada de seres humanos por el virus de la infl uenza A aviar (H5N1). La fuente eran los pollos domésticos. Hacia 2006, la presencia geográfi ca de este virus de la infl uenza aviar H5N1 tan patógena, tanto en aves silvestres como domésticas, se ha ex- pandido para afectar muchos países de Asia, África, Europa y el Medio Oriente. Los brotes epidémicos fueron los más extensos y los más graves registrados. De casi 425 casos humanos con- fi rmados mediante análisis de laboratorio, para mayo de 2009 más de la mitad habían sido mortales. Hasta el momento, las cepas de casos humanos han contenido todos los segmentos de genes de RNA de virus aviares, lo que indica que, en estas infec- ciones, el virus aviar había saltado directamente de las aves al ser humano. Todas las pruebas hasta el momento indican que el contacto estrecho con las aves enfermas ha sido la fuente de infección por H5N1 humana. El problema es que, si se dan su- fi cientes oportunidades, el virus de la infl uenza aviar H5N1 tan patógeno adquirirá la capacidad para propagarse con efi ciencia y mantenerse en el ser humano, sea mediante reensamble o por mutación adaptativa. Esto produciría una pandemia de infl uen- za devastadora. C. Seroarqueología El virus de la infl uenza humana fue aislado inicialmente en 1933 utilizando hurones. Los subtipos que circulaban antes de esa épo- ca se han deducido utilizando seroepidemiología retrospectiva. Esta técnica se basa en la detección de títulos de HI contra múl- tiples subtipos de HA del virus con sueros de muchos individuos en diferentes grupos de edad. El intervalo de la gama de anticuer- po de la infl uenza es estrecho en las primeras etapas de la vida, pero se vuelve progresivamente más amplio conforme avanzan los años. Los anticuerpos adquiridos por infecciones iniciales en la infancia refl ejan antígenos dominantes de las cepas frecuentes. Las exposiciones ulteriores a los virus dan por resultado un en- sanchamiento de la gama de anticuerpos hacia un mayor número de antígenos frecuentes de virus de la infl uenza. Las exposiciones a una edad más avanzada a cepas antigé- nicamente relacionadas producen el reforzamiento progresivo del anticuerpo primario. Las concentraciones de anticuerpo más El periodo entre los brotes epidémicos de infl uenza A tiende a ser de dos a tres años; el periodo interepidémico para el tipo B es más prolongado (tres a seis años). Cada 10 a 40 años, cuando aparece un nuevo subtipo de infl uenza A, sobreviene una pan- demia. Esto ocurrió en 1918 (H1N1), en 1957 (H2N2) y 1968 (H3N2). El subtipo H1N1 resurgió en 1977, aunque no se con- cretó ninguna epidemia. Desde 1977, los virus de la infl uenza A (H1N1) y (H3N2) y los virus de la infl uenza B han estado en circulación global. Un nuevo virus H1N1 de origen porcino apareció a princi- pios de 2009 y alcanzó una propagación pandémica a mediados del año. Era un reensamble cuádruple que contenía genes de vi- rus de cerdos norteamericanos y euroasiáticos, así como virus de la infl uenza aviar y humana. El virus fácilmente era transmisible entre las personas y la gravedad de la enfermedad, al menos al inicio, era equiparable a la de la infl uenza estacional. Es necesaria la vigilancia de los brotes epidémicos de in- fl uenza para identifi car la aparición inicial de nuevas cepas, con el propósito de preparar vacunas contra ellas antes que ocurra una epidemia. Esta vigilancia puede extenderse hacia poblacio- nes animales, sobre todo aves, cerdos y caballos. El aislamiento de un virus con una hemaglutinina alterada a fi nales de la pri- mavera durante una miniepidemia señala una posible epidemia al siguiente invierno. Se ha observado que este signo premoni- tor, denominado “onda precursora”, antecede a las epidemias de la infl uenza A y B. B. Infl uenza aviar Los análisis de secuencia de los virus de la infl uenza A aislados de muchos hospedadores en diferentes regiones del mundo res- paldan la teoría de que todos los virus de la infl uenza en ma- míferos se derivan del reservorio de infl uenza aviar. De los 15 subtipos de HA que se detectan en las aves, sólo algunos se han transmitido a mamíferos (H1, H2, H3 y H5 en seres humanos; H1 y H3 en cerdos; y H3 y H7 en caballos). La misma confi gu- ración es aplicable a la NA; se conocen nueve subtipos de NA en aves, sólo dos de los cuales se hallan en seres humanos (N1, N2). Los virus de la infl uenza no parecen experimentar cambio antigénico en las aves, tal vez por su breve duración de vida. Esto signifi ca que los genes que produjeron pandemias de infl uenza previas en seres humanos todavía existen sin modifi cación en el reservorio de aves acuáticas. La infl uenza aviar fl uctúa desde las infecciones no evidentes hasta las infecciones muy letales en pollos y pavos. La mayor parte de las infecciones por infl uenza en los patos son avirulen- tas. Los virus de la infl uenza de los patos se multiplican en célu- las que revisten el intestino y se eliminan en altas concentracio- nes en la materia fecal hacia el agua, donde se mantienen viables por días o semanas, sobre todo a temperaturas bajas. Es posible que la infl uenza aviar sea una infección transmitida en el agua, desplazándose de aves silvestres a domésticas y cerdos. Hasta el momento todas las cepas de pandemias humanas se han reensamblado entre virus de la infl uenza aviar y huma- na. Las pruebas respaldan el modelo de que los cerdos hacen las veces de conductos mezcladores para los reensambles pues sus células contienen receptores reconocidos por virus humanos y aviares (fi g. 39-5). La cepa pandémica de 2009 fue un nuevo reensamble que contenía genes virales de origen porcino, así como de virus de la infl uenza aviar y humana. Los niños de edad escolar son los vectores predominantes de la transmisión de la infl uenza. El hacinamiento en las escuelas favorece la transmi- FIGURA 395 El cerdo hace las veces de un hospedador intermedio para la generación de los virus de la infl uenza humanos-aviares reensamblados con potencial pandémico. (Reproducida con autorización de Claas ECJ, Osterhaus ADME: New clues to the emergence of fl u pandemics. Nat Med 1998;4:1122.) Virus humano Virus reensamblado Virus aviar CAPÍTULO 39 Ortomixovirus (virus de la infl uenza) 549 constantemente vigilan subtipos de infl uenza que circulan alre- dedor del mundo para detectar con prontitud la aparición y la propagación de las nuevas cepas. Hay otros problemas que merecen mención. Aunque la pro- tección puede alcanzar 70 a 100% en adultos sanos, la frecuencia de protección es más baja (30 a 60%) en los ancianos y en los niños pequeños. Las vacunas virales inactivadas por lo general no generan respuestas satisfactorias de IgA local o respuestas inmunitarias mediadas por células. La respuesta inmunitaria es infl uida por el hecho de que la persona está “sensibilizada” al haber tenido una experiencia antigénica previa con un virus de la infl uenza A del mismo subtipo. A. Preparación de vacunas virales inactivadas Las vacunas de virus de la infl uenza A y B inactivadas están au- torizadas para uso parenteral en el ser humano. Los organismos federales y la Organización Mundial de la Salud cada año hacen recomendaciones sobre cuáles cepas debieran incluirse en la va- cuna. La vacuna suele ser un cóctel que contiene uno o dos virus de tipo A y un virus de tipo B de las cepas aisladas en los brotes epidémicos del invierno previo. Las cepas de siembra seleccionadas se multiplican en hue- vos embrionados, el sustrato utilizado para la producción de la vacuna. A veces las cepas naturales se multiplican muydefi cien- temente en los huevos para permitir la producción de la vacuna, en cuyo caso se elabora un virus reensamblado en el laboratorio. El virus reensamblado, que porta los genes para los antígenos de superficie de la vacuna deseada con los genes de replicación de un virus de laboratorio adaptado a huevo, se utilizan luego para la producción de la vacuna. El virus se obtiene del líquido alantoico de huevo, purifi ca- do, concentrado mediante centrifugación zonal e inactivado con formalina o propiolactona β. La cantidad de HA se estandariza en cada dosis de vacuna (aproximadamente 15 μg de antígeno), pero la cantidad de NA no está normalizada, pues es más lábil bajo las condiciones de purifi cación y almacenamiento. Cada dosis de vacuna contiene el equivalente a casi 10 000 millones de partículas de virus. Las vacunas son preparados de virus entero (WV, whole vi- rus), de subvirión (SV, subvirion) o de antígeno de superfi cie. La vacuna de WV contiene virus intactos inactivados, la de SV contiene virus purifi cado que se destruye con detergentes; las vacunas de antígeno de superfi cie contienen glucoproteínas de HA y NA purifi cadas. Todas son efi caces. B. Vacunas de virus vivos Una vacuna de virus vivos se debe atenuar para no provocar la enfermedad que supuestamente debiera prevenir. En vista del cambio constante de los virus de la infl uenza en la naturaleza y las intensas actividades de laboratorio necesarias para atenuar un virus virulento, la única estrategia factible es idear una mane- ra de transferir genes atenuantes defi nidos de un virus donador maestro atenuado a cada nueva cepa epidémica o pandémica. Un virus donador adaptado al frío, con capacidad para mul- tiplicarse a una temperatura de 25°C pero no a 37°C (la tem- peratura de las vías respiratorias bajas) debe replicarse en la nasofaringe, la cual tiene una temperatura más fría (33°C). En Estados Unidos en 2003 se autorizó una vacuna de virus de la infl uenza vivo atenuado, adaptado al frío, sensible a temperatura y trivalente, de administración mediante atomización nasal. Fue elevadas en un grupo de edad específi co, por tanto, refl ejan antí- genos dominantes del virus causante de las infecciones infantiles del grupo. Por consiguiente, se puede obtener una recapitula- ción serológica de infecciones pasadas con virus de la infl uenza de diferente constitución antigénica mediante el estudio de la distribución de los anticuerpos contra la infl uenza por edades en poblaciones normales. Este enfoque indica que la epidemia de 1890 probablemente fue causada por un subtipo H2N8 y la epidemia de 1900 por un virus H3N8. La pandemia grave de 1918 a 1919 (gripe espa- ñola) fue causada por la aparición brusca del subtipo H1N1, la infl uenza porcina. (Durante esta pandemia fallecieron más de 20 millones de personas, principalmente por neumonías bacte- rianas complicadas.) Las variaciones antigénicas subsiguientes se han documentado mediante aislamientos de los virus: H2N2 (gripe asiática) apareció en 1957 y fue remplazada en 1968 por el subtipo H3N2 (gripe de Hong Kong). La cepa H1N1 reapareció en 1977 (gripe rusa). D. Reconstrucción del virus de la infl uenza de 1918 Las técnicas de reacción en cadena de la polimerasa han gene- rado fragmentos del virus de la infl uenza de especímenes de te- jido de pulmón almacenados de víctimas de la epidemia de la gripe española de 1918. Se han determinado las secuencias de codifi cación completas de los ocho segmentos de RNA viral y las secuencias documentan que fue un virus H1N1 de la infl uenza A. Al parecer, el virus de 1918 no fue un reensamble, sino que se derivó completamente de una fuente aviar que se adaptó al ser humano. Utilizando genética inversa, se construyó un virus in- feccioso que contenía todos los segmentos génicos del virus de la pandemia de 1918. En contraste con los virus ordinarios de la infl uenza, el virus de 1918 era muy patógeno, incluso podía ma- tar rápidamente a ratones. Los genes de HA y polimerasas de 1918 al parecer son la causa de la gran virulencia. Prevención y tratamiento con fármacos El clorhidrato de amantadina y un análogo, la rimantadina, son inhibidores del canal iónico de M2 que se utilizan por vía sisté- mica en el tratamiento y la prevención de la infl uenza de tipo A. Los inhibidores de NA zanamivir y oseltamivir fueron autoriza- dos en 1999 para tratar tanto la infl uenza A como la infl uenza B. Para que tengan una efi cacia máxima, los fármacos se deben ad- ministrar en etapas muy iniciales de la enfermedad. Los virus re- sistentes surgen con más frecuencia durante el tratamiento con inhibidores de N2 que con inhibidores de NA y más a menudo en niños que en adultos. Durante la temporada de infl uenza en Estados Unidos a fi nales de 2005, 92% de las cepas de virus de la infl uenza A (H3N2) eran resistentes a inhibidores de M2. Prevención y control mediante vacunas Las vacunas de virus inactivados constituyen el medio principal para prevenir la infl uenza en Estados Unidos. Sin embargo, de- terminadas características de los virus de la infl uenza difi cultan en particular la prevención y el control de la enfermedad me- diante inmunización. Las vacunas disponibles continuamente se vuelven obsoletas a medida que los virus experimentan deriva y variación antigénica. Los programas de vigilancia por los orga- nismos gubernamentales y la Organización Mundial de la Salud 550 SECCIÓN IV Virología 3. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones refleja la patogenia de la in- fluenza? (A) El virus entra en el hospedador en las gotitas de las secreciones respiratorias presentes en el aire (B) La viremia es frecuente (C) El virus a menudo establece infecciones persistentes en el pulmón (D) La neumonía no se relaciona con infecciones bacterianas se- cundarias (E) La infección viral no destruye las células en un sistema respira- torio 4. ¿Cuál de los siguientes síntomas no es característico de la influenza? (A) Fiebre (B) Mialgias (C) Ataque al estado general (D) Tos seca (E) Exantema 5. El antígeno de tipo específico (A, B o C) de los virus de la influenza se encuentra en cuál componente viral (A) Hemaglutinina (B) Neuraminidasa (C) Nucleocápside (D) Complejo de polimerasa (E) Proteína no estructural mayor (F) Lípido en la envoltura viral 6. Una paciente de 70 años de edad internada en un asilo se rehusó a la vacuna contra la influenza y después presentó la enfermedad. Falleció por neumonía aguda una semana después de contraer la influenza. La causa más frecuente de la neumonía aguda después de la influenza es cuál de las siguientes (A) Legionella (B) Staphylococcus aureus (C) Sarampión (D) Citomegalovirus (E) Listeria 7. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones en torno a la deriva antigénica en los virus de la influenza es correcta? (A) Produce cambios antigénicos importantes (B) Se manifiesta sólo por los virus de la influenza A (C) Se debe a mutaciones de cambio de marco de lectura en los genes virales (D) Produce nuevos subtipos con el tiempo (E) Afecta predominantemente a la proteína de la matriz 8. Un médico de 32 años de edad presentó un síndrome “seudogripal” caracterizado por fiebre, faringitis, cefalea y mialgias. Para poder ob- tener la confirmación de la influenza mediante el análisis de labora- torio, se ordenó un cultivo del virus. ¿Cuál de los siguientes sería el mejor espécimen para aislar el virus causante de esta infección? (A) Heces (B) Lavado nasofaríngeo (C) Líquido vesicular (D) Sangre (E) Saliva 9. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones con respecto al aislamiento de los virus de la influenza es correcta? (A) El diagnóstico de una infección del virus de la influenza sólo puede establecerse aislando el virus (B) El aislamiento del virus de la influenza se realiza utilizando ra- tones recién nacidos (C) El aislamiento del virus puede ayudar a determinar la epide- miología de la enfermedad (D) Las cepas primarias del virus de la influenza se multiplicanfá- cilmente en el cultivo celular la primera vacuna de virus de la infl uenza vivos autorizada en Estados Unidos, y la primera vacuna de administración nasal en este país. C. Uso de vacuna de la infl uenza La única contraindicación para la vacunación es un anteceden- te de alergia a la proteína del huevo. Puesto que las cepas de la vacuna se multiplican en huevos, algunos antígenos de proteína del huevo están presentes en la vacuna. Se recomienda la vacunación anual contra la infl uenza en todos los niños de seis meses a 18 años de edad y en los gru- pos con alto riesgo. Éstos comprenden los individuos con un mayor riesgo de complicaciones relacionadas con la infl uenza (los que tienen cardiopatía o neumopatía crónicas, incluidos los niños con asma, o trastornos metabólicos o renales, residentes de hogares para ancianos; personas infectadas por el virus de la inmunodefi ciencia humana [VIH], y las personas de 65 y más años de edad), así como los que podrían transmitir la infl uenza a grupos de alto riesgo (personal médico, empleados de centros de asistencia a enfermedades crónicas, miembros de la familia). La vacuna intranasal de virus vivos en la actualidad no se reco- mienda en personas de grupos con alto riesgo. Prevención mediante la higiene de las manos Aunque la transmisión del virus de la infl uenza ocurre princi- palmente mediante propagación en aerosoles, la transmisión a través de las manos puede ser también importante. Los estudios han demostrado que el lavado de manos con jabón y agua o el empleo de frotaciones de las manos con soluciones con base de alcohol son muy efi caces para reducir la cantidad de virus pre- sentes en las manos humanas. PREGUNTAS DE REVISIÓN 1. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones con respecto a la prevención y el tratamiento de la influenza es correcta? (A) No se recomiendan dosis de refuerzo de la vacuna (B) Los fármacos que inhiben la neuraminidasa son activos sólo contra la influenza A (C) Al igual que con algunas otras vacunas de microorganismos vivos, la vacuna contra la influenza no debe administrarse a mujeres embarazadas (D) La vacuna contra la influenza contiene varios serotipos de virus (E) Las cepas de virus de la vacuna contra la influenza no varían de un año a otro 2. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones en torno a la neuraminidasa del virus de la influenza no es correcta? (A) Está embebida en la superficie externa de la envoltura viral (B) Forma una estructura de espiga que consta de cuatro monó- meros idénticos, cada uno de los cuales tiene actividad enzi- mática (C) Facilita la liberación de las partículas virales de células infec- tadas (D) Disminuye la viscosidad de la película de moco en el sistema respiratorio (E) Es antigénicamente similar en todos los virus de la influenza de mamíferos CAPÍTULO 39 Ortomixovirus (virus de la infl uenza) 551 BIBLIOGRAFÍA Avian infl uenza fact sheet. World Health Org Wkly Epidemiol Rec 2006;81:129. Couch RB: Prevention and treatment of infl uenza. N Engl J Med 2000;343:1778. [PMID: 11114318] Gambotto A et al: Human infection with highly pathogenic H5N1 infl uenza virus. Lancet 2008;371:1464. [PMID: 18440429] Horimoto T, Kawaoka Y: Infl uenza: Lessons from past pande- mics, warnings from current incidents. Nature Rev Microbiol 2005;3:591. [PMID: 16064053] Infl uenza vaccination of health-care personnel. 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(A) Transmisión de humano a humano eficiente (B) Presencia de genes de la influenza aviar (C) Infección eficiente de aves de corral domésticas (D) Contiene genomas de RNA segmentado 12. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones en torno a las pruebas diag- nósticas de la influenza es correcta? (A) Los síntomas clínicos distinguen de manera fiable la influenza de otras enfermedades respiratorias (B) El cultivo viral es la prueba diagnóstica “de referencia”, pues es el análisis más rápido (C) Las respuestas de anticuerpo del paciente son muy específicas de la cepa que infecta al virus de la influenza (D) Se prefiere la reacción en cadena de la polimerasa con trans- criptasa inversa por su rapidez, sensibilidad y especificidad Respuestas 1. D 4. E 7. D 10. C 2. E 5. C 8. B 11. A 3. A 6. B 9. C 12. D 553 C A P Í T U L O dal (13 o 18 nm de diámetro) y representa la proteína interna principal y otras dos grandes proteínas (designadas P y L), que intervienen en la actividad de la polimerasa viral que funciona en la transcripción y la replicación de RNA. Tres proteínas participan en la formación de la envoltura viral. Una proteína de la matriz (M) subyace a la envoltura viral; tiene una afi nidad tanto por las glucoproteínas N como las de la superfi cie viral y es importante en el ensamble del virión. La nucleocápside está rodeada por una envoltura lipídica que está tachonada de espigas de 8 a 12 nm de dos diferentes glucopro- teínas transmembranarias. Las actividades de estas glucoproteí- nas de superfi cie ayudan a diferenciar los distintos géneros de la familia Paramixoviridae (cuadro 40-2). La glucoproteína más grande (HN o G) puede o no poseer actividades de hemagluti- nación y neuraminidasa y a ellas se debe la adherencia a la célula hospedadora. Se ensambla como un tetrámero en el virión ma- duro. La otra glucoproteína (F) sirve de mediadora de la fusión de la membrana y de actividades de hemolisina. Los neumovirus y los metaneumovirus contienen dos proteínas de envoltura pe- queñas adicionales (M2-1 y SH). En la fi gura 40-3 se muestra un esquema de una partícula de paramixovirus. Los paramixovirus comprenden los microorganismos más im- portantes de las infecciones respiratorias de lactantes y niños pequeños (virus sincitial respiratorio y los virus de la parain- fl uenza), así como los microorganismos causantes de dos de las enfermedades contagiosas más frecuentes en la infancia (paroti- ditis y sarampión). La Organización Mundial de la Salud estima que las infecciones respiratorias agudas y la neumonía cada año son causa de muertes de cuatro millones de niños menores de cinco años de edad en todo el mundo. Los paramixovirus son los principales microorganismos patógenos del sistema respiratorio en este grupo de edad. Todos los miembros de la familia Paramyxoviridae inician la infección a través del sistemarespiratorio. La replicación de mi- croorganismos patógenos respiratorios está limitada a los epi telios respiratorios, en tanto que el sarampión y la parotiditis se disemi- nan por todo el organismo y producen enfermedad generalizada. El virus de la rubéola, aunque clasifi cado como un togavirus por sus propiedades químicas y físicas (véase el cap. 29), puede considerarse dentro de los paramixovirus basándose en los as- pectos epidemiológicos. PROPIEDADES DE LOS PARAMIXOVIRUS En el cuadro 40-1 se enumeran las principales propiedades de los paramixovirus. Estructura y composición Los Paramyxoviridae son polimorfos, con partículas de 150 nm o más de diámetro, que a veces fl uctúan hasta los 700 nanómetros. En la fi gura 40-1 se muestra una partícula característica. La envol- tura de los paramixovirus al parecer es frágil y hace que las par- tículas virales sean lábiles a las condiciones de almacenamiento y propensas a la distorsión en las microfotografías electrónicas. El genoma viral es RNA lineal, de polaridad negativa, mo- nocatenario y no segmentado, de unas 15 kb de tamaño (fi g. 40-2). Puesto que el genoma no está segmentado, esto impide toda oportunidad de reensamble genético frecuente, lo que da por resultado que todos los miembros del grupo paramixovirus sean antigénicamente estables. La mayor parte de los paramixovirus contienen seis proteí- nas estructurales. Tres proteínas forman complejos con el RNA viral: la nucleoproteína (N) que forma la nucleocápside helicoi- t l t í i t 40Paramixovirus y virus de la rubéola CUADRO 40-1 Propiedades importantes de los paramixovirus Virión: Esférico, polimorfo, 150 nm o más de diámetro (nucleocápside helicoidal, 13 a 18 nm) Composición: RNA (1%), proteína (73%), lípidos (20%), hidrato de carbono (6%) Genoma: RNA monocatenario, lineal, no segmentado, de polaridad negativa, no infeccioso, de unas 15 kb Proteínas: Seis a 8 proteínas estructurales Envoltura: Contiene la glucoproteína viral (G, H o HN) (que a veces es portadora de actividad de hemaglutinina o neuraminidasa) y glucoproteína de fusión (F); muy frágil Replicación: Citoplasma; las partículas experimentan gemación desde la membrana plasmática Características sobresalientes: Antigénicamente estable Las partículas son lábiles pero muy infecciosas 554 SECCIÓN IV Virología Clasificación La familia Paramixoviridae se divide en dos familias y siete gé- neros, de los cuales seis contienen microorganismos patógenos humanos (cuadro 40-2). La mayor parte de los miembros son mo- notípicos (es decir, constan de un solo serotipo); todos son anti- génicamente estables. El género Respirovirus contiene dos serotipos de virus de la parainfl uenza humana y el género Rubulavirus contiene otros dos virus de la parainfl uenza, así como virus de la parotiditis. Algunos virus animales están relacionados con las cepas huma- nas. El virus Sendai de los ratones, que fue el primer virus de la parainfl uenza que se aisló y que ahora se reconoce como una in- fección frecuente en colonias de ratones, es un subtipo de virus de tipo 1 humano. El virus 5 de la parainfl uenza del simio (SV5 o PIV5), un contaminante frecuente de las células primarias de simio, es el mismo que el de la parainfl uenza canina de tipo 2, en tanto que el virus de la fi ebre del transporte de ganado vacuno y ovino es un subtipo del tipo 3. El virus de la enfermedad de New- castle, el prototipo de virus de la parainfl uenza aviar del género Avulavirus, también está relacionado con los virus humanos. Los miembros dentro de un género tienen determinantes antigénicas en común. Aunque los virus se pueden distinguir an- tigénicamente utilizando reactivos bien defi nidos, la hiperinmu- nización estimula los anticuerpos de reacción cruzada que re- accionan con los cuatro virus de la parainfl uenza, el virus del sarampión y el virus de la enfermedad de Newcastle. Tales FIGURA 401 Ultraestructura del virus de la parainfl uenza de tipo 1. El virión está parcialmente roto, mostrando la nucleocápside. Las proyecciones de la superfi cie son visibles a lo largo del borde de la partícula. (Cortesía de FA Murphy y EL Palmer.) Director N V/P M F HN LSH N P/V/C M F HN L N NS1NS2 N P M M2 LSH G F P/V/C M F G L SH N P/V/C M SH TM G X LF Arrastrador Respirovirus –Virus de Sendai Rubulavirus –Virus de simio 5 Morbillivirus –Virus del sarampión Henipavirus –Virus de Nipah Pneumovirus –Virus sincitial respiratorio Metaneumovirus –Metaneumovirus humano –Virus J 5′ 5′ 5′ 5′ 5′ 5′ 5′ 3′ 3′ 3′ 3′ 3′ 3′ 3′ N P/V/C M F HN L N P M M2F G L FIGURA 402 Mapas genéticos de miembros representativos de los géneros de la familia Paramixoviridae. Los tamaños de los genes (cajas) están dibujados aproximadamente a escala. (Copyright GD Parks and RA Lamb, 2006.) CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 555 Los virus sincitiales respiratorios de seres humanos y del ganado bovino y el virus de la neumonía de los ratones consti- tuyen el género Pneumovirus. Existen dos cepas antigénicamen- te distintivas del virus sincitial respiratorio del ser humano, los subgrupos A y B. La glucoproteína de superficie más grande de los neumovirus carece de las actividades hemaglutinante y de neuraminidasa características de los respirovirus y los rubula- virus, de manera que se designa la proteína G. La proteína F del virus sincitial respiratorio muestra una actividad de fusión de membrana pero ninguna actividad de hemolisina. Los micro- organismos patógenos respiratorios recién reconocidos en el ser humano se clasifi can bajo el género Metapneumovirus. Replicación del paramixovirus En la fi gura 40-4 se ilustra el ciclo de replicación característico del paramixovirus. A. Adherencia, penetración y desenvoltura del virus Los paramixovirus se adhieren a las células hospedadoras a través de la glucoproteína hemaglutinina (HN, H o proteína G). En el caso del virus del sarampión, el receptor es la molécula CD46 de membrana o la molécula CD150. Acto seguido, la envoltu- ra del virión se fusiona con la membrana celular por la acción del producto de desdoblamiento de la glucoproteína F1 de fu- sión. La proteína F1 experimenta un repliegue complejo durante el proceso de fusión de la membrana viral y celular. Si no está desdoblado el precursor de F0, no tiene actividad de fusión, no ocurre penetración del virión y la partícula viral no puede iniciar la infección. La fusión por F1 ocurre en el pH neutral del medio extracelular, permitiendo la liberación directa de la nucleocápsi- de viral en la célula. Por consiguiente, los paramixovirus pueden desviar la interiorización a través de los endosomas. B. Transcripción, traducción y replicación de RNA Los paramixovirus contienen un genoma de RNA no segmen- tado, de tira negativa. Los transcriptos de RNA mensajero se elaboran en el citoplasma celular por la acción de la polimerasa de RNA viral. No son necesarios los sensibilizadores exógenos y por tanto no hay dependencia de las funciones nucleares de la célula. Los mRNA son mucho más pequeños que el tamaño genómico; cada uno representa un solo gen. Las secuencias re- guladoras de la transcripción en los límites del gen señalan el inicio de la transcripción y la terminación. La posición de un gen en relación con el extremo 3′ del genoma se correlaciona con la efi ciencia de la transcripción. La clase de transcriptos más abundantes que produce una célula infectada es del gen N, situa- do más cerca del extremo 3′ del genoma, en tanto que la menos abundante es la del gen L situado en el extremo 5′ (fi g. 40-2). Las proteínas virales son sintetizadas en el citoplasma y la cantidad de cada producto de gen corresponde al grado de transcriptos de mRNA de ese gen. Las glucoproteínas virales son sintetizadas y glucosiladas en la vía secretora. El complejo de proteína de la polimerasa viral (proteínas P y L) también interviene en la replicación del genoma viral. Para la síntesis satisfactoriade un molde intermedio antigenoma de tira positiva, el complejo de polimerasa debe descartar las seña- les de terminación interpuestas en los límites del gen. Después, los genomas de la progenie de longitud completa son copiados del molde antigenómico. respuestas de anticuerpo heterotípico, que comprenden anti- cuerpos dirigidos contra las proteínas internas y de superfi cie del virus suelen observarse en las personas ancianas. Este fe- nómeno difi culta determinar mediante serodiagnóstico el tipo infectante más probable. Todos los miembros de los géneros Respirovirus y Rubulavirus poseen actividades hemaglutinantes y de neuraminidasa, ambas portadas por la glucoproteína HN, así como propiedades de fusión de membrana y hemolisina, las dos funciones de la proteína F. El género Morbillivirus contiene el virus del sarampión en personas, así como el virus del moquillo de los perros, el virus de la peste bovina y los morbilivirus acuáticos que infectan a mamí- feros marinos. Estos virus tienen una relación antigénica entre sí pero no con los miembros de los otros géneros. La proteína F se conserva en alto grado entre los morbilivirus, en tanto que las proteínas HN/G muestran más variabilidad. El virus del saram- pión tiene una hemaglutinina pero carece de actividad de neura- minidasa. El virus del sarampión desencadena la formación de inclusiones intranucleares, a diferencia de otros paramixovirus. El género Henipavirus contiene paramixovirus zoonóticos que pueden infectar y causar enfermedades en el ser humano. Los virus Hendra y Nipah, los dos naturales de los murciélagos de la fruta, son miembros del género. Estos virus carecen de actividad de neuraminidasa. FIGURA 403 Diagrama esquemático de un paramixovirus que muestra los principales componentes (no dibujados a escala). La proteína de la matriz viral (M) subyace a la doble capa lipídica. Insertadas a través de la membrana viral están la glucoproteína de adherencia hemaglutinina-neuraminidasa (HN) y la glucoproteína de fusión (F). Sólo algunos paramixovirus contienen la proteína HN. En el interior del virus se localiza el RNA del virión de tira negativa, envuelto en la proteína de la nucleocápside (N). Las proteínas L y P están asociadas a la nucleocápside y en conjunto este complejo tiene una actividad de transcriptasa de RNA dependiente de ácido ribonucleico. La proteína V solamente se encuentra en los viriones de rubulavirus. (Copyright GD Parks y RA Lamb, 2006.) Hemaglutinina- neuraminidasa Proteína hidrófoba pequeña Polimerasa grande Nucleocápside Fosfoproteína Doble capa lipídica Proteína de la matriz Proteína de fusión M SH F HN Proteína de fijación de zinc multifuncional RNP L N P V 556 SECCIÓN IV Virología producirá luego la fusión de membranas celulares adyacentes, lo que da por resultado la formación de grandes sincitios (fi g. 40-5). La formación de sincitio es una respuesta frecuente a la infección por paramixovirus. Por lo regular se forman inclusiones citoplás- micas acidófi las (fi g. 40-5). Se considera que las inclusiones re- fl ejan lugares de síntesis viral y se ha demostrado que contienen nucleocápsides reconocibles y proteínas virales. El virus del saram- pión también produce inclusiones intranucleares (fi g. 40-5). INFECCIONES POR EL VIRUS DE LA PARAINFLUENZA Los virus de la parainfl uenza son ubicuos y producen enferme- dades respiratorias frecuentes en personas de todas las edades. Son microorganismos patógenos importantes que causan en- fermedades respiratorias graves en los lactantes y en los niños pequeños. Sólo el virus sincitial respiratorio, y tal vez el meta- neumovirus humano, produce más casos de enfermedad respi- ratoria grave en los niños. Son frecuentes las reinfecciones por los virus de la parainfl uenza. Patogenia y anatomía patológica La replicación del virus de la parainfl uenza en el hospedador inmunocompetente al parecer está limitada a los epitelios res- piratorios. La viremia, si se llega a presentar, es infrecuente. La infección puede afectar sólo a la nariz y la garganta, y producir un síndrome de “resfriado común” inocuo. Sin embargo, la in- fección puede ser más extensa y, sobre todo con los tipos 1 y 2, puede afectar a la laringe y a la porción superior de la tráquea, El genoma no segmentado de los paramixovirus niega la posibilidad de revolver de nuevo el segmento del gen (es decir, el reensamble genético) tan importante para la evolución natural de los virus de la infl uenza. Las proteínas de superfi cie HN/H/G y F de los paramixovirus muestran una variación antigénica mí- nima por periodos prolongados. Es sorprendente que no expe- rimenten deriva antigénica como resultado de las mutaciones introducidas durante la replicación, ya que las polimerasas de RNA por lo general son propensas a errores. Una posible ex- plicación es que casi todos los aminoácidos en las estructuras primarias de las glucoproteínas de paramixovirus pueden in- tervenir en sus funciones estructurales o funcionales, quedando poca oportunidad para las sustituciones que notablemente no reducirían la viabilidad del virus. C. Maduración El virus madura por gemación desde la superfi cie celular. Las nucleocápsides de la progenie se forman en el citoplasma y emi- gran hacia la superfi cie de la célula. Son atraídas a los lugares de la membrana plasmática que están tachonados de espigas de glucoproteína viral HN/H/G y F0. La proteína M es esencial para la formación de partículas y sirve de enlace de la envoltura viral con la nucleocápside. Durante la gemación, la mayor parte de las proteínas del hospedador es excluida de la membrana. La actividad de neuraminidasa de la proteína HN de los virus de la parainfl uenza y el virus del sarampión supuestamente fun- ciona impidiendo la autoagregación de partículas virales. Otros pa- ramixovirus no poseen actividad de neuraminidasa (cuadro 40-2). Si están presentes las proteasas apropiadas de la célula hos- pedadora, las proteínas de F0 en la membrana plasmática se acti- varán mediante desdoblamiento. La proteína de fusión activada CUADRO 40-2 Características de los géneros de las subfamilias de la familia Paramixoviridae Paramyxovirinae Pneumovirinae Propiedad Respirovirus Rubulavirus Morbillivirus Henipavirusa Pneumovirus Metapneumovirus Virus humanos Parainfluenza 1, 3 Parotiditis, parainfluenza 2, 4a, 4b Sarampión Hendra, Nipah Virus sincitial respiratorio Metaneumovirus humano Serotipos 1 cada uno 1 cada uno 1 ? 2 1 Diámetro de la nucleocápside (nm) 18 18 18 18 13 13 Fusión de membrana (proteína F) + + + + + + Hemolisinab + + + ? 0 0 Hemaglutininac + + + 0 0 0 Hemadsorción + + + 0 0 0 Neuraminidasac + + 0 0 0 0 Inclusionesd C C N,C C C ? a Paramixovirus zoonótico. b Actividad de hemolisina de la glucoproteína F. c Las actividades de hemaglutinación y neuraminidasa se deben a la glucoproteína HN de los respivirus y los rubulavirus; la glucoproteína H de los morbilivirus carece de actividad de neuraminidasa; la glucoproteína G de otros paramixovirus carece de las dos actividades. d C, citoplasma; N, núcleo. CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 557 en los niños con alteraciones de la función inmunitaria y en los adultos con neumopatías crónicas. Los factores que determinan la gravedad de la enfermedad por el virus de la parainfl uenza no están claros pero compren- den las propiedades virales y del hospedador, por ejemplo la susceptibilidad de la proteína al desdoblamiento por diferentes proteasas, la producción de una proteasa apropiada por las célu- las hospedadoras, el estado inmunitario del paciente y la hiper- reactividad de las vías respiratorias. La producción de anticuerpos IgE específi cos del virus du- rante las infecciones primarias se ha relacionado con la gravedad de la enfermedad. El mecanismo puede consistir en la libera- ción de mediadores de la infl amación que modifi can la función de las vías respiratorias. dando lugar a laringotraqueobronquitis(crup). El crup se carac- teriza por obstrucción respiratoria debida a edema de la laringe y estructuras relacionadas. La infección puede diseminarse hacia la porción inferior de la tráquea y los bronquios, culminando en una neumonía o una bronquiolitis, sobre todo por el virus de tipo 3, pero con una frecuencia mucho menor que la observada con el virus sincitial respiratorio. La duración de la eliminación del virus de la parainfl uen- za es de casi una semana después que comienza la enfermedad; algunos niños pueden excretar el virus varios días antes de la infección. El virus de tipo 3 se puede excretar hasta por cuatro se- manas después del inicio de la enfermedad primaria. Esta elimi- nación persistente en los niños pequeños facilita la propagación de la infección. La eliminación viral prolongada puede ocurrir (+) Replicación de genoma N-P-L N-P-L Transcripción secundaria P-L An N P V C L F HN SHM Transcripción primaria P-L Núcleo ER Aparato de Golgi (-) (-) An An An An An An M M MM M M M M M M M M M M M M M M M M M M M FIGURA 404 Ciclo de vida del paramixovirus. La partícula viral infectante se fusiona con la membrana plasmática y libera la nucleocápside viral hacia el citoplasma. Las líneas sólidas representan transcripción y replicación del genoma. Las líneas discontinuas indican el transporte de proteí- nas virales recién sintetizadas a la membrana plasmática. Los viriones de la progenie son liberados de la célula por un proceso de gemación. Todo el ciclo de replicación del paramixovirus ocurre en el citoplasma de la célula. (Copyright GD Parks y RA Lamb, 2006.) 558 SECCIÓN IV Virología por el virus de la parainfl uenza en receptores de trasplante de médula ósea fl uctúan de 10 a 20 por ciento. El virus de la enfermedad de Newcastle es un paramixovirus aviar que produce neumoencefalitis en pollos jóvenes e “infl uen- za” en aves más viejas. En el ser humano, produce infl amación de la conjuntiva. El restablecimiento es completo en un lapso de 10 a 14 días. La infección en el ser humano es una enfermedad laboral limitada a trabajadores que manipulan aves infectadas. Inmunidad Los virus de la parainfl uenza de tipos 1 a 3 son serotipos dis- tintivos que carecen de neutralización cruzada importante (cua- dro 40-2). Prácticamente todos los lactantes tienen anticuerpos maternos contra los virus presentes en el suero, pero estos anti- cuerpos no evitan la infección o la enfermedad. La reinfección de niños mayores y adultos también se presenta cuando los anticuerpos son desencadenados por una infección previa. Sin embargo, los anticuerpos modifi can la enfermedad, ya que tales reinfecciones suelen manifestarse simplemente como infeccio- nes respiratorias altas no febriles (resfriados comunes). La infección natural estimula la aparición de anticuerpo IgA en las secreciones nasales y la resistencia concomitante a la reinfección. Los anticuerpos IgA secretores son muy importan- tes para brindar protección contra la reinfección pero desapa- Manifestaciones clínicas En el cuadro 30-4 se indica la importancia relativa de los virus de la parainfl uenza como causa de las enfermedades respiratorias en diferentes grupos de edad. En la fi gura 40-6 se muestra su pre- sencia en las infecciones respiratorias bajas en niños pequeños. Las infecciones primarias en los niños pequeños por lo ge- neral producen rinitis y faringitis, a menudo con fi ebre y algo de bronquitis. Sin embargo, los niños con infecciones prima- rias causadas por los virus de la parainfl uenza de tipos 1, 2 o 3 pueden tener una enfermedad grave que fluctúa desde la laringotraqueítis y el crup (sobre todo los de tipos 1 y 2) hasta la bronquiolitis y la neumonía (sobre todo por el de tipo 3). La enfermedad grave producida por el de tipo 3 se presenta principalmente en los lactantes de menos de seis meses de edad; el crup o laringotraqueobronquitis tiene más posibilidades de presentarse en los niños mayores, de entre seis y 18 meses de edad. Más de la mitad de las infecciones iniciales por los virus de la parainfluenza de tipos 1 a 3 producen enfermedad febril. Se estima que sólo 2 a 3% presentan crup. El virus de la parain- fluenza de tipo 4 no produce enfermedad grave, incluso en la primera infección. La complicación más frecuente de la infección por el virus de la parainfl uenza es la otitis media. Los niños y los adultos inmunodefi cientes son susceptibles a las infecciones graves. Las tasas de mortalidad tras la infección FIGURA 405 Formación sincitial provocada por los paramixovirus. A: Virus sincitial respiratorio en las células MA104 (sin tinción, 100 ×). Los sincitios (fl echas) se deben a la fusión de membranas plasmáticas. Los núcleos se acumulan en el centro. B: Virus sincitial respiratorio en células HEp-2 (tinción con H y E, 400 ×). El sincitio contiene muchos núcleos e inclusiones citoplásmicas acidófi las (fl echa). C: Virus del sarampión en las células renales humanas (tinción de H y E, 30 ×). Un enorme sincitio contiene centenares de núcleos. D: Virus del sarampión en células renales humanas (tinción de H y E, 400 ×). La célula gigante multinucleada contiene inclusiones nucleares acidófi las (fl echa vertical) e inclusiones citoplásmicas (fl echa horizontal). (Utilizado con autorización de I Jack.) CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 559 miento del virus en especímenes apropiados o en la detección de RNA viral mediante la reacción en cadena de la polimerasa con transcripción inversa (RT-PCR, reverse transcription-polymerase chain reaction). A. Detección de antígeno Se suele llevar a cabo la identifi cación directa de antígenos virales en los especímenes. Se pueden detectar antígenos en las células nasofaríngeas exfoliadas mediante pruebas de inmunofl uores- cencia directas o indirectas. Estos métodos son rápidos pero me- nos sensibles que el aislamiento del virus y se deben controlar meticulosamente. Los reactivos inmunitarios muy específi cos son esenciales cuando es conveniente la identifi cación del sero- tipo específi co. B. Aislamiento e identifi cación del virus Los lavados nasales son muestras satisfactorias para el aislamiento del virus. También se ha utilizado el líquido del lavado bronco- alveolar y tejido pulmonar. Un linaje continuo de nefronas de mono, LLC-MK2, es adecuado para el aislamiento de los virus de la parainfl uenza. La inoculación rápida de las muestras en cultivos celulares es importante para el aislamiento viral satisfac- torio, ya que la infecciosidad viral desciende con rapidez cuando se almacenan las muestras clínicas. Para el diagnóstico rápido, las muestras se inoculan en cé- lulas que se multiplican en portaobjetos en tubos especiales y se centrifugan (30 min a 700 × g) y se incuban los cultivos. Veinti- cuatro a 72 h más tarde, las células se fi jan y se analizan median- te inmunofl uorescencia utilizando anticuerpos monoclonales. Si es conveniente, se pueden utilizar reservas de anticuerpos para múltiples virus respiratorios, después de lo cual se lleva a cabo la tipifi cación específi ca de muestras positivas con anticuerpos individuales. Los virus de la parainfl uenza se multiplican con lentitud y producen un efecto citopático muy escaso. Otra forma de detectar la presencia del virus consiste en llevar a cabo la hemadsorción utilizando eritrocitos de cobayos. Dependiendo de la cantidad de virus, pueden necesitarse 10 o más días de incubación antes que los cultivos tengan positividad para hemadsorción. C. Detección de ácido nucleico Los análisis de reacción en cadena de la polimerasa se pueden utilizar para detectar RNA viral en los lavados nasales o en los frotis de secreción nasal y faríngea. Los análisis de RT-PCR tienen la misma sensibilidad que los métodos de cultivo ce- lular. Los análisis de secuencia son útiles en los estudios de epidemiología molecular de las infecciones por el virus de la parainfl uenza. D. Diagnóstico serológico El diagnósticoserológico debe basarse en sueros pares. Las res- puestas de anticuerpos se pueden determinar utilizando pruebas de Nt, HI y enzimoinmunoanálisis de adsorción (ELISA). Un incremento del cuádruplo en el título es indicativo de infección por un virus de la parainfl uenza, lo mismo que la aparición de anticuerpo de IgM específi co. Sin embargo, dados los problemas de los antígenos compartidos, es imposible confi ar en el tipo de virus específi co causal. recen a los pocos meses. Por consiguiente, las reinfecciones son frecuentes incluso en los adultos. Los anticuerpos séricos se elaboran contra las proteínas de superfi cie viral HN y F, pero se desconoce su función relativa como determinante de la resistencia. A medida que ocurren las reinfecciones sucesivas, la respuesta de anticuerpos se vuelve menos específi ca debido a los determinantes antigénicos com- partidos entre los virus de la parainfl uenza y el virus del saram- pión. Esto difi culta el diagnóstico de los paramixovirus específi - cos relacionados con una determinada infección utilizando los análisis serológicos. Diagnóstico de laboratorio La respuesta inmunitaria a la infección inicial por el virus de la parainfl uenza en la vida es específi ca de tipo. Sin embargo, con las infecciones repetidas, la respuesta se vuelve menos específi ca y las reacciones cruzadas se extienden incluso al virus de la pa- rotiditis. Los métodos de detección de antígeno son útiles para el diagnóstico rápido. El diagnóstico defi nitivo se basa en el aisla- 15 10 5 0 30 25 20 15 10 5 0 15 10 5 0 15 10 5 0 15 10 5 0 Jul Ago Sep Oct Nov Dic Ene Feb Mar Abr May Jun Metaneumovirus humano Virus sincitial respiratorio Influenzavirus Virus de la parainfluenza Adenovirus N úm er o de e nf er m ed ad es r es pi ra to ria s ba ja s po r m es FIGURA 406 Los tipos de infecciones de las vías respiratorias bajas en lactantes y niños pequeños con paramixovirus y otros virus. Datos derivados de 25 años de vigilancia (1976-2001), que abarcan 2 009 niños desde el nacimiento hasta los cinco años de edad. (Reproducida con autorización de Williams JV et al: Human metapneumovirus and lower respiratory tract disease in otherwise healthy infants and children. N Engl J Med 2004;350:443.) 560 SECCIÓN IV Virología Patogenia y anatomía patológica La replicación del virus sincitial respiratorio ocurre al principio en células epiteliales de la nasofaringe. El virus puede disemi- narse hacia las vías respiratorias bajas y causar bronquiolitis y neumonía. Se pueden detectar antígenos virales en las vías res- piratorias altas y en las células epiteliales esfaceladas. La viremia se presenta raras veces en el peor de los casos. El periodo de incubación entre la exposición y el inicio de la enfermedad es de tres a cinco días. La eliminación viral pue- de persistir durante una a tres semanas en los lactantes y en los niños pequeños, en tanto que los adultos eliminan los virus sólo durante uno a dos días. Se encuentran títulos virales elevados en las secreciones del sistema respiratorio de niños pequeños. El tamaño del inóculo es un factor importante que determina la infección satisfactoria en los adultos (y posiblemente también en los niños). Un sistema inmunitario intacto al parecer es importante para resolver una infección, ya que los pacientes con alteracio- nes de la inmunidad mediada por células pueden infectarse de manera persistente por el virus sincitial respiratorio y eliminar el virus por meses. Aunque las vías respiratorias de los lactantes muy pequeños son estrechas y se obstruyen más fácilmente por la infl amación y el edema, sólo un subgrupo de lactantes pequeños presenta in- fección grave por el virus sincitial respiratorio. Se ha informado que la susceptibilidad a la bronquiolitis está vinculada genética- mente con polimorfi smos en genes inmunitarios innatos. Manifestaciones clínicas La gama de enfermedades respiratorias causadas por el virus sincitial respiratorio fl uctúa desde la infección no manifi esta o el resfriado común hasta la neumonía en los lactantes y la bron- quiolitis en los lactantes muy pequeños. La bronquiolitis es el síndrome clínico distintivo que se relaciona con este virus. Aproximadamente un tercio de las infecciones primarias por el virus sincitial respiratorio afectan al sistema respiratorio bajo con gravedad tal que necesitan atención médica. El niño puede presentar sibilancias. Casi 2% de los lactantes infectados necesi- tan hospitalización, lo cual da por resultado unas 51 000 a 82 000 hospitalizaciones cada año en Estados Unidos, con una frecuencia máxima a los dos meses de edad. La evolución de los síntomas puede ser muy rápida y cul- minar en el deceso del paciente. Con la disponibilidad de los cuidados intensivos pediátricos modernos la tasa de mortalidad en los lactantes normales es baja (alrededor de 1% de los pacien- tes hospitalizados). Pero si una infección por el virus sincitial respiratorio se superpone a la enfermedad preexistente, como la cardiopatía congénita, la tasa de mortalidad puede ser elevada. La reinfección es frecuente tanto en niños como en adultos. Aunque las reinfecciones tienden a ser sintomáticas, la enfer- medad suele limitarse a las vías respiratorias altas y semejar al resfriado común en personas sanas. Las infecciones por el virus sincitial respiratorio contribu- yen a casi un tercio de las infecciones respiratorias en pacientes que reciben trasplante de médula ósea. La neumonía sobreviene en casi la mitad de los niños y adultos inmunodefi cientes in- fectados, sobre todo si la infección se presenta en las primeras etapas del periodo subsiguiente al trasplante. Las tasas de mor- talidad comunicadas fl uctúan de 20 a 80%. Epidemiología Los virus de la parainfl uenza son una causa importante de en- fermedad de las vías respiratorias bajas en los niños pequeños (fi g. 40-6). Los virus de la parainfl uenza tienen una amplia dis- tribución geográfi ca. El de tipo 3 es el más frecuente y casi dos tercios de los lactantes son infectados durante el primer año de vida; prácticamente todos tienen anticuerpos contra el tipo 3 hacia los dos años de edad. Las infecciones con los tipos 1 y 2 se presentan con una tasa más baja y alcanzan prevalencias de casi 75 y 60%, respectivamente, hacia los cinco años de edad. El de tipo 3 es endémico y ocurre cierto incremento durante la primavera, en tanto que los de tipos 1 y 2 tienden a producir epidemia durante el otoño o el invierno, a menudo en un ciclo de dos años. Las reinfecciones son frecuentes durante la infancia y en los adultos y producen enfermedades respiratorias altas leves. Según informes, 67% de los niños son reinfectados con el virus de la parainfl uenza de tipo 3 durante el segundo año de vida. En el caso de reinfecciones puede ser necesaria la hospitalización de los adultos con enfermedades pulmonares crónicas (p. ej., asma). Los virus de la parainfl uenza son transmitidos por el con- tacto interpersonal directo o por aerosoles de grandes gotas. Se ha aislado el de tipo 1 en muestras de aire obtenidas en las cerca- nías de los pacientes infectados. Las infecciones pueden presen- tarse a través de la nariz y de los ojos. Los virus de la parainfl uenza por lo general se introducen en un grupo por los niños preescolares y luego se propagan fácil- mente entre las personas. El periodo de incubación al parecer es de cinco a seis días. El virus de tipo 3, sobre todo, por lo general infectará a todas las personas susceptibles en una población se- micerrada, como en una familia o en una guardería, en un breve periodo. Los virus de la parainfl uenza son causas problemáticas de infección intrahospitalaria en los servicios de pediatría de los hospitales. Otras situaciones de alto riesgo son los jardines de niños y las escuelas. Tratamiento y prevención Se necesitan precauciones para el aislamiento de los contactos a fi n de tratar losbrotes intrahospitalarios del virus de la parain- fl uenza. Éstas comprenden restricción de visitantes, aislamiento de pacientes infectados y uso de batas y lavado de manos por el personal sanitario. Se ha utilizado el fármaco antiviral ribavirina con ciertas ventajas en el tratamiento de los pacientes inmunodefi cientes con infecciones respiratorias bajas. No se dispone de ninguna vacuna. INFECCIONES POR EL VIRUS SINCITIAL RESPIRATORIO El virus sincitial respiratorio es la causa más importante de in- fecciones respiratorias bajas en lactantes y niños pequeños, por lo general superando a otros microorganismos patógenos como la causa de bronquiolitis y neumonía en los lactantes menores de un año de edad. Se estima que contribuyen a casi un 25% de las hospitalizaciones de niños debidas a enfermedades respiratorias. CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 561 cedimientos de elección para diagnosticar la infección por el virus sincitial respiratorio. El virus sincitial respiratorio difi ere de otros paramixovirus en que no tiene una hemaglutinina; por tanto, en los métodos diagnósticos no se pueden utilizar los análisis de hemaglutinación o hemadsorción. A. Detección de antígeno La identifi cación directa de antígenos virales en muestras clíni- cas es rápida y se necesitan sólo algunas horas. La inmunofl uo- rescencia en células exfoliadas o ELISA en las secreciones naso- faríngeas suelen utilizarse. Un lavado nasal o un aspirado de secreciones nasales es una buena fuente para identifi car el virus. Grandes cantidades de virus están presentes en los lavados na- sales de niños pequeños (103 a 108 unidades formadoras de placa [PFU, plaque forming units] por mililitro), pero hay mucha menor cantidad en los especímenes de adulto (<100 PFU/ml). La detec- ción de antígeno no es una prueba sensible en muchos adultos. Son útiles los estuches de ELISA para el diagnóstico rápido, lo cual es conveniente por disponerse del tratamiento antiviral. B. Aislamiento e identifi cación del virus Se puede aislar el virus sincitial respiratorio de las secreciones nasales. Es en extremo lábil. Se deben inocular muestras de in- mediato en los cultivos celulares; el congelamiento de los espe- címenes clínicos puede dar por resultado una pérdida completa de la infecciosidad. Los linajes de células heteroploides humanas HeLa y HEp-2 son los más sensibles para el aislamiento del virus. La presencia del virus sincitial respiratorio por lo general se reconoce por la aparición de células gigantes y sincitios en los cultivos inoculados (fi g. 40-5). Pueden tardar hasta 10 días para que aparezcan los efectos citopáticos. El diagnóstico defi nitivo se puede establecer mediante la detección del antígeno viral en las células infectadas utilizando un antisuero defi nido y la prueba inmunofl uorescen- te. Se puede lograr el aislamiento más rápido del virus sincitial respiratorio mediante la inoculación amplifi cada con centrífuga de ampollas que contienen cultivo de tejido que se multiplican en cubreobjetos. Mediante inmunofl uorescencia o RT-PCR es posible examinar las células 24 a 48 h más tarde. La detección del virus sincitial respiratorio es una prueba sólida de que la partícula interviene en una enfermedad activa, pero casi nunca se detecta en personas sanas. C. Detección de ácido nucleico Se dispone de análisis de RT-PCR para la detección del virus sincitial respiratorio en las secreciones respiratorias. La sensibili- dad de estos análisis equivale o supera a la del cultivo celular. La prueba tarda alrededor de un día. Las pruebas de RT-PCR son muy útiles en muestras de adultos, en las cuales suele haber sólo pequeñas cantidades del virus. Tales análisis también son útiles para la subtipificación de cepas de virus sincitial respiratorio y para el análisis de la variación genética en los brotes epidémicos. D. Análisis serológico Se pueden analizar anticuerpos séricos de diversas formas: se utiliza inmunofl uorescencia, ELISA y pruebas de NT. Las de- terminaciones de anticuerpos séricos son importantes para los estudios epidemiológicos pero sólo tienen una pequeña partici- pación en la toma de decisiones clínicas. La infección en los ancianos puede causar síntomas simila- res a la enfermedad por el virus de la infl uenza. Puede presentar- se neumonía. Los estimados de la prevalencia del virus sincitial respiratorio en los centros de asistencia a largo plazo compren- den tasas de infección de 5 a 10%, neumonía en 10 a 20% de los infectados y tasas de mortalidad de 2 a 5%. Los niños que padecen bronquiolitis y neumonía por el virus sincitial respiratorio durante la lactancia a menudo manifi es- tan episodios recidivantes de enfermedad sibilante por muchos años. Sin embargo, no se ha demostrado ninguna relación causal entre las infecciones por el virus referido y las anomalías a lar- go plazo. Es posible que determinadas personas tengan rasgos fi siológicos subyacentes que las predispongan a las infecciones graves por el virus sincitial respiratorio y a las enfermedades res- piratorias reactivas. El virus sincitial respiratorio es una causa importante de otitis media. Se estima que 30 a 50% de los episodios que ocurren durante el invierno en los lactantes se deben a infección por tal partícula viral. Inmunidad Se piensa que las altas concentraciones de anticuerpo neutrali- zante que son transmitidas por la madre y que están presentes durante los primeros meses de vida son decisivas para la inmu- nidad protectora contra las enfermedades de las vías respirato- rias bajas. La enfermedad sincitial respiratoria grave comienza a ocurrir en los lactantes de dos a cuatro meses de edad, cuando están descendiendo las concentraciones de anticuerpo en la ma- dre. Sin embargo, la infección primaria y la reinfección pueden presentarse en la presencia de anticuerpos virales. El anticuerpo neutralizante en suero al parecer se correlaciona en alto grado con la inmunidad contra la enfermedad de las vías respiratorias bajas pero no de las vías respiratorias altas. El virus sincitial respiratorio no es un inductor efi caz de inter- ferón (en contraste con las infecciones por el virus de la infl uenza y la parainfl uenza, en las cuales las concentraciones de interferón están elevadas y se correlacionan con la desaparición del virus). Tanto los anticuerpos séricos como los secretores se elaboran en respuesta a la infección por el virus sincitial respiratorio. La infección primaria con un subgrupo induce a la formación de an- ticuerpos de reacción cruzada al virus del otro subgrupo (cuadro 40-2). Los lactantes más pequeños tienen respuestas de anticuer- po secretor IgA e IgG más bajas al virus sincitial respiratorio que los lactantes mayores. No está claro si la IgA en las secreciones na- sales interviene en la prevención contra la reinfección. La inmuni- dad celular es importante en el restablecimiento tras la infección. Se ha observado una interrelación entre el anticuerpo IgE específi co del virus y la gravedad de la enfermedad. Los anti- cuerpos IgE secretores virales se han correlacionado con la pre- sentación de bronquiolitis. Es evidente que la inmunidad tiene efi cacia sólo parcial y a menudo es superada bajo condiciones naturales; son frecuentes las reinfecciones, pero se mitiga la gravedad de la enfermedad que sobreviene. Diagnóstico de laboratorio El aislamiento del virus y la detección del RNA viral o del antí- geno viral en las secreciones respiratorias constituyen los pro- 562 SECCIÓN IV Virología Gran parte de los esfuerzos de investigación se han expan- dido para tratar de desarrollar una vacuna de virus sincitial res- piratorio. A fi nales del decenio de 1960 se evaluó una vacuna experimental con la partícula viral inactivada con formalina. Los receptores presentaban altos títulos de anticuerpos séricos no neutralizantes, pero cuando los niños inmunizados presenta- ban una infección subsiguiente con el virus sincitial respiratoriode tipo silvestre, sufrían una enfermedad respiratoria baja no- tablemente más grave que los niños del grupo de control. Se ha señalado que el tratamiento con formalina destruyó los epítopos protectores en el virus o que debido a la falta de estimulación de los receptores de tipo peaje, la vacuna provocaba sólo anticuer- pos de escasa avidez que no eran protectores. En la actualidad no se dispone de ninguna vacuna. El virus sincitial respiratorio plantea problemas especiales para el desarrollo de una vacuna. El grupo elegido como objeti- vo, los recién nacidos, tendrían que inmunizarse poco después del nacimiento para obtener protección en el momento de máxi- mo riesgo de infección grave por el virus sincitial respiratorio, y desencadenar una respuesta inmunitaria protectora en esta eta- pa temprana es difícil en la presencia de anticuerpos maternos. Una estrategia que se está evaluando es la inmunización mater- na con una vacuna. El objetivo es garantizar la transferencia de anticuerpo neutralizante específi co del virus en concentraciones protectoras a los lactantes y que persista por tres a cinco meses, el periodo de máxima vulnerabilidad de recién nacidos a las infec- ciones graves por el virus sincitial respiratorio. Las medidas de control necesarias cuando ocurren los brotes epidémicos intrahospitalarios son las mismas que las descritas antes para los virus de la parainfl uenza (aislamiento de contac- tos, lavado de manos y restricción de visitantes). INFECCIONES POR METANEUMOVIRUS HUMANOS Los metaneumovirus humanos constituyen un microorganismo patógeno respiratorio descrito por primera vez en 2001 (cua- dro 40-2). Se detectó utilizando un método molecular (reacción en cadena de la polimerasa) en muestras clínicas de niños con enfermedades respiratorias pero con resultados negativos en las pruebas virales. Al parecer está muy generalizado, con una se- roprevalencia del 100% en adultos jóvenes y en personas mayo- res. El metaneumovirus humano puede causar una amplia gama de enfermedades respiratorias, desde los síntomas respiratorios altos leves, hasta las infecciones respiratorias bajas graves. En general, los síntomas son similares a los causados por el virus sincitial respiratorio. Al parecer las infecciones por metaneumovirus humanos en niños pequeños son menos frecuentes que con el virus sin- citial respiratorio, pero más frecuentes que con los virus de la parainfl uenza (fi g. 40-6). En un estudio de vigilancia de 25 años en Estados Unidos (1976-2001) en el que participaron más de 2 000 niños, de recién nacidos hasta los cinco años de edad, 20% de los especímenes de lavados nasales almacenados de peque- ños con infecciones respiratorias bajas y previamente negativos para los virus en el cultivo resultaron con positividad para me- taneumovirus humano en la prueba de reacción en cadena de la polimerasa. La mayor parte de las infecciones se presentó entre diciembre y abril. Epidemiología El virus sincitial respiratorio tiene una distribución en todo el mundo y se reconoce como el principal microorganismo pató- geno de las vías respiratorias en los niños (fi g. 40-6). Aproxima- damente 70% de los lactantes están infectados hacia el año de edad y casi todos hacia los dos años. La bronquiolitis grave o la neumonía tienden a presentarse en los lactantes de seis semanas a seis meses de edad con una frecuencia máxima a los dos meses. Se puede aislar el virus de la mayoría de los lactantes menores de seis meses que padecen bronquiolitis, pero casi nunca se aísla en lactantes sanos. Las infecciones del subgrupo A al parecer producen enfermedad más grave que las infecciones del subgru- po B. El virus sincitial respiratorio es la causa más frecuente de neumonía viral en niños menores de cinco años de edad pero también producen neumonía en los ancianos o en las personas inmunodefi cientes. La infección por el virus sincitial respiratorio en lactantes mayores y en niños da por resultado una infección del sistema respiratorio más leve que en aquellos menores de seis meses de edad. Se disemina a través de las gotitas grandes y del contacto directo. Aunque el virus es muy lábil, puede sobrevivir en super- fi cies ambientales hasta por 6 horas. La principal vía de entrada al hospedador la constituyen la nariz y los ojos. La reinfección ocurre a menudo (pese a la presencia de an- ticuerpos específi cos), pero los síntomas resultantes son los de una infección respiratoria superior leve (un resfriado común). En las familias con un caso identifi cado de infección sincitial respiratoria, es frecuente la diseminación del virus a los herma- nos y a los adultos. El virus sincitial respiratorio se disemina ampliamente en los niños cada año durante la estación de invierno. Aunque per- siste durante los meses de verano, los brotes epidémicos tienden a alcanzar su máximo en febrero o en marzo en el hemisferio norte. En zonas tropicales, la epidemia puede coincidir con las estaciones lluviosas. Produce infecciones intrahospitalarias en salas de recién nacidos y en salas de hospitalización pediátrica. La transmisión se presenta principalmente a través del personal hospitalario. El virus sincitial respiratorio también es causa de enfermedad sintomática en adultos jóvenes sanos en condiciones de hacina- miento (reclutas militares en capacitación básica). En un estudio realizado en el año 2000 se identifi có la partícula viral en 11% de los reclutas con síntomas respiratorios. Esto se comparó con la identifi cación de adenovirus (48%), virus de la infl uenza (11%) y virus de la parainfl uenza 3 (3%) en reclutas sintomáticos. Tratamiento y prevención El tratamiento de las infecciones graves por el virus sincitial respiratorio depende principalmente de la asistencia de apoyo (p. ej., eliminación de las secreciones, administración de oxígeno). El fármaco antiviral ribavirina está autorizado para tratar las enfermedades respiratorias bajas debidas al virus referido, sobre todo en los lactantes con un riesgo elevado de enfermedad grave. El fármaco se administra en un aerosol durante tres a seis días. No es útil la ribavirina oral. La inmunoglobulina con elevadas concentraciones de an- ticuerpos contra el virus sincitial respiratorio tiene una utilidad limitada. Se dispone de anticuerpos monoclonales antivirales humanizados. CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 563 pacientes no tendrán signos clínicos de parotiditis. Se comu- nica la meningitis hasta en un 15% de los casos y la encefalitis en menos de 0.3%. Los casos de meningitis por parotiditis y de meningoencefalitis suelen resolverse sin secuelas, aunque la sordera unilateral se presenta en casi 5:100 000 casos. La tasa de mortalidad debida a encefalitis por parotiditis es de casi 1%. Los testículos y los ovarios pueden estar afectados, sobre todo después de la pubertad. Veinte a 50% de los varones infec- tados con el virus de la parotiditis presentan orquitis (a menudo unilateral). Dada la falta de elasticidad de la túnica albugínea, que no permite la hinchazón del testículo infl amado, la com- plicación es en extremo dolorosa. La atrofi a del testículo puede ocurrir como resultado de la necrosis por presión, pero raras ve- ces se produce esterilidad. La ovaritis por parotiditis se presenta en casi 5% de las mujeres. Se ha informado la pancreatitis en casi 4% de los casos. Inmunidad La inmunidad es permanente después de una sola infección. Sólo hay un tipo antigénico de virus de la parotiditis y no muestra una variación antigénica notable (cuadro 40-2). Después de la infección natural se presentan en el suero anticuerpos contra la glucoproteína HN (antígeno V), la gluco- proteína F y la proteína interna de la nucleocápside NP (antí- geno S). Los anticuerpos al antígeno S son los primeros en aparecer (tres a siete días después que comienzan los síntomas) pero son transitorios y por lo general desaparecen al cabo de seis meses. Los anticuerpos al antígenoV se presentan con más lentitud (aproximadamente cuatro semanas después del inicio) pero persisten por años. Los anticuerpos contra el antígeno HN se correlacionan bien con la inmunidad. Se piensa que incluso las infecciones asintomáticas generan inmunidad de por vida. También se pro- duce una respuesta inmunitaria mediada por las células. Se activa el interferón en una etapa temprana de la parotiditis. En perso- nas inmunes, los anticuerpos IgA secretados en la nasofaringe manifi estan una actividad neutralizante. La inmunidad pasiva es transferida de la madre a la descen- dencia; por consiguiente, es infrecuente ver parotiditis en lac- tantes menores de seis meses de edad. Diagnóstico de laboratorio El diagnóstico de los casos típicos suele establecerse basándo- se en las manifestaciones clínicas. Sin embargo, otros agentes infecciosos, fármacos y trastornos pueden causar síntomas si- milares. En los casos en que no hay parotiditis, el laboratorio es útil para establecer el diagnóstico. Las pruebas comprenden el aislamiento del virus infeccioso, la detección del ácido nucleico viral mediante RT-PCR y diagnóstico serológico. A. Aislamiento e identifi cación del virus Las muestras clínicas más apropiadas para el aislamiento viral son saliva, líquido cefalorraquídeo y orina obtenidas a los pocos días de comenzada la enfermedad. Se puede aislar el virus de la orina hasta por dos semanas. Se prefi eren las células de riñón de mono para el aislamien- to del virus. Las muestras se deben inocular poco después que se obtienen, ya que el virus de la parotiditis es termolábil. Para un El metaneumovirus humano también produce enfermedad respiratoria en adultos con neoplasias malignas hematológicas y que viven en residencias para ancianos. INFECCIONES POR VIRUS DE LA PAROTIDITIS La parotiditis es una enfermedad contagiosa aguda que se ca- racteriza por el crecimiento no purulento de una o de las dos glándulas salivales. El virus de la parotiditis produce en su ma- yor parte una enfermedad infantil leve, pero en los adultos son muy frecuentes las complicaciones como la meningitis y la or- quitis. Más de un tercio de todas las infecciones por parotiditis son asintomáticas. Patogenia y anatomía patológica Los seres humanos son los únicos hospedadores naturales de los virus de la parotiditis. La replicación primaria ocurre en las célu- las epiteliales de la cavidad nasal o de las vías respiratorias altas. La viremia disemina luego el virus a las glándulas salivales y a otros órganos y sistemas importantes. La afectación de la glán- dula parótida no es un paso obligatorio en el proceso infeccioso. El periodo de incubación puede fl uctuar de dos a cuatro se- manas pero suele ser de casi 14 a 18 días. El virus es eliminado en la saliva desde casi tres días antes hasta nueve días después del inicio del edema de las glándulas salivales. Alrededor de un tercio de las personas infectadas no muestran síntomas evidentes (infecciones no manifi estas) pero tienen la misma capacidad para transmitir la infección. Es difícil controlar la transmisión de la parotiditis de- bido a los periodos de incubación variables, la presencia del virus en la saliva antes que se presenten los síntomas clínicos y el gran número de casos asintomáticos pero infecciosos. La parotiditis es una enfermedad viral sistémica con una propensión a replicarse en las células epiteliales en diversos ór- ganos viscerales. El virus a menudo infecta a los riñones y se pue- de detectar en la orina de la mayoría de los pacientes. La viruria persiste hasta por 14 días después que comienzan los síntomas clínicos. El sistema nervioso central también suele infectarse y puede estar afectado aun cuando no haya parotiditis. Manifestaciones clínicas Las manifestaciones clínicas de la parotiditis refl ejan la patoge- nia de la infección. Por lo menos un tercio de todos los casos de parotiditis son asintomáticos, lo que comprende casi todas las infecciones en los niños menores de dos años de edad. El signo más característico de los casos sintomáticos es el edema de las glándulas salivales, que ocurre en casi 50% de los pacientes. Un periodo prodrómico de malestar y anorexia se acompaña del crecimiento rápido de las glándulas parótidas y también de otras glándulas salivales. El edema puede estar circunscrito a una glándula parótida o una glándula puede crecer varios días antes que la otra. El crecimiento de la glándula se acompaña de dolor. La afectación del sistema nervioso central es frecuente (10 a 30% de los casos). La parotiditis produce meningitis aséptica y es más frecuente en los varones que en las mujeres. La menin- goencefalitis suele presentarse cinco a siete días después de la infl amación de las glándulas salivales pero hasta la mitad de los 564 SECCIÓN IV Virología otras personas. Los individuos con parotiditis asintomática ad- quieren la inmunidad. La tasa de mortalidad global para la parotiditis es baja (un deceso por 10 000 casos en Estados Unidos), lo cual se debe principalmente a encefalitis. La frecuencia de parotiditis y complicaciones concomitan- tes ha disminuido notablemente desde el advenimiento de la va- cuna de virus vivos. En 1967, el año en que se autorizó la vacuna de la parotiditis, había unos 200 000 casos de parotiditis (y 900 pacientes con encefalitis) en Estados Unidos. De 2001 a 2003 hubo menos de 300 casos de parotiditis cada año. En 2006 hubo un brote de parotiditis en Estados Unidos que dio por resultado más de 5 700 casos. Seis estados en el occidente medio notifi caron 84% de los casos. El brote epidémico comen- zó en un campo universitario en adultos jóvenes y se propagó a todos los grupos de edad. El brote epidémico probablemente se diseminó a causa de las condiciones de vivienda cercana en los campos universitarios y la acumulación de personas susceptibles que no se inmunizaron satisfactoriamente. Tratamiento, prevención y control No se dispone de ningún tratamiento específi co. La inmunización con el virus de la parotiditis vivo atenuado es el mejor método para reducir las tasas de morbilidad y morta- lidad por parotiditis. Los esfuerzos por minimizar la disemina- ción del virus durante un brote epidémico a través de procedi- mientos de aislamiento, son fútiles dada la elevada frecuencia de casos asintomáticos y el grado de eliminación del virus antes que aparezcan los síntomas clínicos; sin embargo, los estudiantes y el profesional sanitario que adquieren la parotiditis deben ser retirados de la escuela y del trabajo hasta cinco días después que comienza la parotiditis. En 1967 se autorizó en Estados Unidos una vacuna de virus vivos atenuados efi caz elaborada en cultivo de células de embrión de pollo. Produce una infección asintomática no transmisible. La vacuna de la parotiditis está disponible en combinación con las vacunas de virus vivos del sarampión y la rubéola (MMR). Las vacunas combinadas de virus vivos producen anticuerpos contra cada uno de los virus en casi 78 a 95% de las vacunas. No hay un incremento del riesgo de meningitis aséptica después de la vacunación con virus vivos del sarampión y la rubéola. En Japón, Rusia y Suiza se han desarrollado otras vacunas de virus vivos atenuados de la parotiditis. Se recomiendan dos dosis de la vacuna de MMR para el ingreso escolar. Dado el brote de parotiditis en 2006, las reco- mendaciones de vacunación actualizada para la prevención de la transmisión de la parotiditis en ámbitos de alto riesgo para la propagación de la infección fueron dadas a conocer. Se deben administrar dos dosis de vacuna al personal sanitario nacido an- tes de 1957 que no tenga indicios de inmunidad contra la paro- tiditis, y se ha de considerar una segunda dosis de la vacuna para quienes hayan recibido una sola dosis. INFECCIÓN POR EL VIRUS DEL SARAMPIÓN El sarampión es una enfermedad aguda muy contagiosa carac- terizada por fi ebre, síntomas respiratorios y un exantema macu- diagnósticorápido, la inmunofl uorescencia utilizando antisuero específi co de parotiditis puede detectar antígenos del virus de la parotiditis ya desde los dos a tres días después de la inoculación en cultivos celulares mediante el método de centrifugación y cultivo. En los sistemas de cultivo tradicionales, los efectos citopáti- cos característicos del virus de la parotiditis consisten en redon- deamiento de las células y formación de células gigantes. Puesto que no todas las cepas primarias muestran la formación sincitial característica, se puede utilizar la prueba de hemadsorción para demostrar la presencia del hemadsorbente una y dos semanas después de la inoculación. Se puede confi rmar una cepa como el virus de la parotiditis mediante la inhibición de la hemadsorción utilizando antisuero específi co de la parotiditis. B. Detección de ácido nucleico La RT-PCR es un método muy sensible que permite detectar se- cuencias de genoma de la parotiditis en muestras clínicas. Ayuda a detectar el virus en muchas muestras clínicas que son nega- tivas en los intentos para aislar el virus. Los análisis mediante RT-PCR permiten identifi car cepas de virus y proporcionan in- formación útil en los estudios epidemiológicos. C. Diagnóstico serológico La detección simple del anticuerpo de la parotiditis no es adecua- da para diagnosticar una infección. Más bien puede ser demostrada una elevación de anticuerpo utilizando sueros pares: un incre- mento de cuatro tantos o más en el título de anticuerpo es signo de infección por parotiditis. Suele utilizarse la prueba de ELISA o HI. Los anticuerpos contra la proteína HN son neutralizantes. Se puede diseñar ELISA para detectar anticuerpos IgM o IgG específi cos de la parotiditis. La IgM de la parotiditis invaria- blemente se presenta en las primeras etapas de la enfermedad y pocas veces persiste por más de 60 días. Por tanto, la demostra- ción de la IgM específi ca de la parotiditis en suero obtenido en las primeras etapas de la enfermedad es muy sugestiva de una infección reciente. Los anticuerpos heterotípicos provocados por las infecciones por el virus de la parainfl uenza no reaccionan en forma cruzada en la prueba de ELISA para IgM de la parotiditis. Epidemiología La parotiditis es endémica en todo el mundo. Aparecen casos durante todo el año en los climas calientes y alcanzan su máxi- mo en el invierno y la primavera en los climas templados. Los brotes epidémicos se presentan cuando el hacinamiento favo- rece la diseminación del virus. La parotiditis es sobre todo una infección de los niños. La enfermedad alcanza su máxima inci- dencia en los niños de cinco a nueve años de edad, pero pueden presentarse epidemias en los campos de la armada. En los niños menores de cinco años de edad, las paperas suelen causar infec- ción respiratoria alta sin parotiditis. La parotiditis es muy contagiosa, la mayoría de las personas susceptibles en un domicilio adquirirán la infección de un miem- bro infectado. El virus es transmitido por contacto directo, gotitas transmitidas en el aire o fómites contaminados con saliva u orina. El contacto más cercano es necesario para la transmisión de la parotiditis que para la transmisión del sarampión o la varicela. Aproximadamente un tercio de las infecciones por el virus de la parotiditis no son manifi estas. Durante la evolución de la infección asintomática, el paciente puede transmitir el virus a CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 565 maculopapuloso característico aparece alrededor del día 14, pre- cisamente cuando comienzan a ser detectables los anticuerpos circulantes, desaparece la viremia y desciende la fi ebre. El exan- tema sobreviene a consecuencia de la interacción de los lin- focitos T inmunes con las células infectadas por el virus en los vasos sanguíneos pequeños y dura alrededor de una semana. (En los pacientes con inmunidad defectuosa mediada por células, no sobreviene ningún exantema.) La afección del sistema nervioso central es frecuente en el sarampión (fi g. 40-8). Se presenta una encefalitis sintomática en casi 1:1 000 casos. Puesto que el virus infeccioso pocas veces se aísla del cerebro, se ha señalado que una reacción autoinmuni- taria es el mecanismo que interviene en esta complicación. En cambio, la encefalitis progresiva por cuerpo de inclusión del sa- rampión puede presentarse en los pacientes con inmunidad celu- lar defectuosa. El virus con replicación activa está presente en el cerebro en esta forma de la enfermedad por lo general mortal. Una complicación tardía infrecuente del sarampión es la panencefalitis esclerosante subaguda (SSPE, subacute sclerosing panencephalitis). Esta enfermedad mortal se presenta años des- pués de la infección por el sarampión inicial y es causada por el virus que permanece en el cuerpo después de la infección aguda. Grandes cantidades de antígenos del sarampión están presentes en los cuerpos de inclusión en las células cerebrales infectadas, pero sólo algunas partículas virales maduran. La replicación vi- ral es defectuosa debido a la falta de producción de uno o más productos génicos virales, a menudo la proteína de la matriz. Manifestaciones clínicas Las infecciones en los hospedadores no inmunes casi siempre son sintomáticas. Tras un periodo de incubación de ocho a 12 días, lopapuloso. Las complicaciones son frecuentes y pueden ser muy graves. La introducción de una vacuna de virus vivos efi caz ha reducido drásticamente la frecuencia de esta enfermedad en Es- tados Unidos, pero el sarampión sigue siendo una causa princi- pal de muerte en niños pequeños en muchos países en vías de desarrollo. Patogenia y anatomía patológica El ser humano es el único hospedador natural del virus del sa- rampión, aunque se pueden infectar en condiciones experimen- tales otras múltiples especies, como monos, perros y ratones. En la fi gura 40-7 se muestra la evolución natural de la infección del sarampión. El virus logra acceso al cuerpo humano a través del sistema respiratorio, donde se multiplica en los tejidos locales; la infec- ción se propaga luego al tejido linfoide regional donde ocurre una multiplicación adicional. La viremia primaria disemina el virus el cual luego se replica en el sistema reticuloendotelial. Por último, una segunda viremia siembra las superfi cies epiteliales del cuerpo, lo que comprende piel, sistema respiratorio y con- juntiva, donde ocurre la replicación focal. El sarampión se puede replicar en determinados linfocitos, lo cual ayuda a la disemina- ción por todo el cuerpo. Las células gigantes multinucleadas con inclusiones intranucleares se observan en los tejidos linfoides de todo el organismo (ganglios linfáticos, amígdalas, apéndice). Los fenómenos descritos se presentan durante el periodo de in- cubación, el cual suele durar ocho a 12 días pero puede persistir hasta por tres semanas en los adultos. Durante la fase prodrómica (dos a cuatro días) y los prime- ros dos a cinco días del exantema, el virus está presente en lágri- mas, secreciones nasales y faríngeas, orina y sangre. El exantema Virus infeccioso presente Enfermedad Exantema Días Periodo de incubación –14 –7 0 7 14 5–15 Sangre y faringe C ua nt ifi ca ci ón d e an tic ue rp o In va si ón vi ra l i ni ci al Fa se pr od ró m ic a In ic io d el ex an te m a A ño s D ía s de sp ué s de l i ni ci o de l ex an te m a S ín to m as r es pi ra to rio s M an ch as d e K op lik Anticuerpo IgG Anticuerpo IgM SSPE Linfocitos T CD8 FIGURA 407 Evolución natural de la infección por el virus del sarampión. La replicación viral comienza en el epitelio respiratorio y se disemina a monocitos- macrófagos, células endoteliales y células epiteliales en sangre, bazo, ganglios linfáticos, pulmón, timo, hígado y piel y a las superfi cies mucosas de los sistemas digestivo, respiratorio y genitourinario. La respuesta inmunitaria específi ca contra el virus es detectablecuando aparece el exantema. La eliminación del virus coincide aproximadamente con la desaparición del exantema. (SSPE, panencefalitis esclerosante subaguda.) 566 SECCIÓN IV Virología correlación evidente entre la gravedad del sarampión y la apa- rición de las complicaciones neurológicas. La encefalomielitis posinfecciosa (encefalitis diseminada aguda) es una enfermedad autoinmunitaria asociada a una respuesta inmunitaria a la pro- teína básica de mielina. La tasa de mortalidad en la encefalitis relacionada con el sarampión es de casi 10 a 20%. La mayoría de los sobrevivientes tienen secuelas neurológicas. La panencefalitis esclerosante subaguda , la complicación tardía infrecuente de la infección por sarampión, tiene una inci- dencia de casi 1:300 000 casos. La enfermedad comienza de ma- nera insidiosa cinco a 15 años después de un caso de sarampión; se caracteriza por deterioro mental progresivo, movimientos involuntarios, rigidez muscular y estado de coma. Suele ser mor- tal al cabo de uno a tres años después del inicio. Los pacientes con SSPE muestran cuantifi caciones elevadas de anticuerpo del sarampión en el líquido cefalorraquídeo y virus del sarampión defectuoso en las células del cerebro. Con el empleo generaliza- do de la vacuna del sarampión, se ha vuelto menos frecuente la panencefalitis esclerosante subaguda. Inmunidad Sólo hay un tipo antigénico del virus del sarampión (cuadro 40-2). La infección confi ere inmunidad de por vida. La mayor parte de los llamados segundos ataques representan errores de diagnóstico, sea de la inicial o de la segunda enfermedades. La presentación de anticuerpos humorales indica inmuni- dad. Sin embargo, la inmunidad celular al parecer es esencial para el restablecimiento y la protección: los pacientes con de- fi ciencias de inmunoglobulinas se restablecen del sarampión y adquieren resistencia a la reinfección, en tanto que los pacien- tes con defi ciencias inmunitarias celulares tienen una evolución muy defi ciente cuando adquieren las infecciones del sarampión. La participación de la inmunidad de la mucosa en la resistencia a las infecciones no está clara. Las respuestas inmunitarias del sarampión intervienen en la patogenia de la enfermedad. La infl amación local produce los síntomas prodrómicos y la inmunidad específi ca mediada por células participa en la aparición del exantema. La infección por el sarampión produce una supresión in- munitaria (muy importante en la porción mediada por células del sistema inmunitario, pero se observa que afecta a todos los componentes). Esta es la causa de las infecciones secundarias graves y puede persistir por meses después de la infección por el sarampión. el sarampión suele ser una enfermedad de siete a 11 días (con una fase prodrómica de dos a cuatro días seguida de una fase eruptiva de cinco a ocho días). La fase prodrómica se caracteriza por fi ebre, estornudos, tos, rinorrea, hiperemia conjuntival, manchas de Koplik y linfo- penia. La tos y la coriza reflejan una reacción inflamatoria in- tensa que afecta a la mucosa del sistema respiratorio. La conjun- tivitis suele acompañarse de fotofobia. Las manchas de Koplik (patognomónicas del sarampión) son pequeñas ulceraciones de color blanco azulado en la mucosa bucal opuesta a los molares inferiores. Estas manchas contienen células gigantes y antígenos virales y aparecen unos dos días después del exantema. La fi ebre y la tos persisten hasta que el exantema aparece y luego desapa- recen al cabo de uno a dos días. El exantema, que comienza en la cabeza y luego se propaga en forma progresiva al tórax, el tronco y por las extremidades, aparece como maculopápulas de color de rosa claro, bien circunscritas, que experimentan coalescencia para formar ronchas, las cuales se vuelven parduscas en un lapso de cinco a 10 días. El exantema que desvanece se resuelve con descamación. Los síntomas son más intensos cuando el exante- ma alcanza su máxima expresión, pero ceden rápidamente poco después. El sarampión modifi cado ocurre en personas parcialmente inmunes, como los lactantes con anticuerpo materno residual. El periodo de incubación es prolongado, los síntomas prodrómicos están reducidos, las manchas de Koplik no suelen presentarse y el exantema es leve. La complicación más frecuente del sarampión es la otitis media (5 a 9% de los casos). La neumonía es la complicación letal más frecuente del sa- rampión, causada por infecciones bacterianas secundarias. Esto ocurre en menos de 10% de los casos en los países desarrollados pero es mucho más frecuente (20 a 80%) en los países en vías de desarrollo. Las complicaciones pulmonares constituyen más de 90% de los decesos relacionados con el sarampión. La neumo- nía sobreviene en 3 a 15% de los adultos con sarampión, pero la mayor parte de los casos se deben al propio virus más que a bacterias. Son infrecuentes los decesos. La neumonía de células gigantes es una complicación impor- tante en los niños y en los adultos con defi ciencia de la inmuni- dad mediada por células. Se piensa que se debe a una replicación viral irrestricta y tiene una alta tasa de mortalidad. Las complicaciones que afectan al sistema nervioso central son las más graves. Alrededor del 50% de los niños con saram- pión regular muestran cambios electroencefalográfi cos. La ence- falitis aguda se presenta en casi 1:1 000 casos. No existe ninguna Infección viral –14 –7 0 7 28 1 5 110 5 10 152114 AñosDías Meses Exantema PIE MIBE SSPE FIGURA 408 Periodos de complicaciones neurológicas del sarampión. PIE, encefalomielitis posinfecciosa (también denominada encefalomielitis diseminada aguda); MIBE, encefalitis por cuerpo de inclusión del sarampión; SSPE, panencefalitis esclerosante subaguda. La encefalitis ocurre en casi uno de cada 1 000 casos de sarampión, en tanto que la SSPE es una complicación tardía rara que se presenta en casi uno de cada 300 000 casos. (Adaptada con autorización de Griffi n DE, Bellini WJ: Measles virus. En: Fields Virology, 3rd ed. Fields BN et al [editors]. Lippincott-Raven, 1996.) CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 567 nómicos y ambientales y el empleo de una vacuna de virus vivos efi caz. La transmisión ocurre predominantemente a través de la vía respiratoria (por la inhalación de grandes gotitas de secrecio- nes infectadas). Los fómites al parecer no participan de manera importante en la transmisión. La transmisión transplacentaria hematógena puede ocurrir cuando el sarampión se presenta du- rante el embarazo. Un suministro continuado de individuos susceptibles es necesario para que el virus persista en una población. Se nece- sita una población que se acerque a los 500 000 individuos para mantener el sarampión como una enfermedad endémica; en las poblaciones más pequeñas, el virus desaparece hasta que es reintroducido desde el exterior después que se acumula un nú- mero crítico de personas no inmunes. El sarampión es endémico en todo el mundo. En general, las epidemias experimentan recidiva con regularidad cada dos a tres años. Un estado de inmunidad de la población es el fac- tor determinante; la enfermedad se exacerbará cuando haya una acumulación de niños susceptibles. La gravedad de una epide- mia depende del número de individuos susceptibles. Cuando se introduce la enfermedad en poblaciones aisladas donde no ha sido endémica, una epidemia se produce con rapidez y las tasas de ataque son de casi 100%. Todos los grupos de edad desarro- llan sarampión clínico y la tasa de mortalidad puede ser de hasta 25 por ciento. En los países industrializados, el sarampión ocurre en niños de cinco a 10 años de edad, en tanto que en los países en vías de desarrollo suelen infectarse los niños menores de cinco años. El sarampión pocas veces produce la muerte en personas sanas de países desarrollados; sin embargo, en los niños desnutridos en países en vías de desarrollo, donde no se dispone de atención médica adecuada, esuna causa principal de mortalidad en los lactantes. La Organización Mundial de la Salud estimó en 2005 que había 30 a 40 millones de casos de sarampión y 530 000 decesos cada año en todo el mundo. El sarampión es la quinta causa global principal de mortalidad en niños menores de cin- co años de edad y las muertes por sarampión ocurren en forma desproporcionada en África y el sureste de Asia. La Organización Mundial de la Salud y el Fondo Internacio- nal de Urgencias para Niños de las Naciones Unidas (UNICEF) establecieron un plan en 2005 para reducir la mortalidad del sarampión a través de actividades de inmunización y mejor atención clínica de los casos. Se estima que entre 2000 y 2007 el número de casos de sarampión y de muertes por sarampión se redujo en más de dos tercios. Los casos de sarampión ocurren durante todo el año en cli- mas templados. Las epidemias tienden a presentarse a fi nales del invierno y a principios de la primavera. En Estados Unidos hubo 540 casos de sarampión de 1997 a 2001, de los cuales un 67% estuvieron vinculados con importa- ciones (personas infectadas fuera de los Estados Unidos). Duran- te un periodo de ocho años (1996-2004), 117 pasajeros con casos de sarampión importados se consideraron infecciosos mientras viajaban en naves aéreas. Pese a la índole tan infecciosa del virus, sólo se identifi caron cuatro casos de propagación secundaria. En Estados Unidos se presentaron 131 casos de sarampión en 2008. Sólo 17 eran de importaciones, los otros casos ocurrie- ron en gran parte en niños de edad escolar no vacunados. Para mantener eliminada la transmisión del sarampión, las tasas de protección con la vacuna deben superar 90 por ciento. Diagnóstico de laboratorio El sarampión característico se diagnostica de manera fi able ba- sándose en los datos clínicos; el diagnóstico de laboratorio puede ser necesario en los casos de sarampión modifi cados o atípicos. A. Detección de antígeno y ácido nucleico Los antígenos de sarampión pueden detectarse directamente en células epiteliales de secreciones respiratorias, la nasofaríngea, conjuntivas y orina. Los anticuerpos contra la nucleoproteína son útiles porque es la proteína viral más abundante en las células infectadas. La detección de RNA viral mediante RT-PCR es un método sensible que se puede aplicar a diversas muestras clínicas para el diagnóstico del sarampión. B. Aislamiento e identifi cación del virus Los frotis de secreciones nasofaríngeas y conjuntivales, las mues- tras de sangre, las secreciones respiratorias y la orina obtenidas de un paciente durante el periodo febril, son fuentes apropiadas para el aislamiento del virus. Las células de riñón de mono o persona o un linaje de células linfoblastoides (DP95-A), son óp- timas para los intentos de aislamiento. El virus del sarampión crece con lentitud; los efectos citopáticos característicos (célu- las gigantes multinucleadas que contienen cuerpos de inclusión intranuclear e intracitoplásmica) tardan siete a 10 días en desa- rrollarse (fi g. 40-5). Las pruebas mediante el método de centrifu- gación y cultivo pueden fi nalizarse en dos a tres días utilizando la tinción de anticuerpo fl uorescente para detectar antígenos de sarampión en los cultivos inoculados. Sin embargo, el aisla- miento del virus es técnicamente difícil. C. Diagnóstico serológico La confi rmación serológica de la infección por el sarampión de- pende de un incremento de cuatro tantos en el título de anticuer- pos entre los sueros de fase aguda y de fase convaleciente o de la demostración de anticuerpo de IgM específi co de sarampión en una sola muestra de suero obtenida entre una y dos semanas después del inicio del exantema. Las pruebas ELISA, HI y Nt se pueden utilizar para determinar anticuerpos del sarampión, aunque ELISA es el método más práctico. Las manchas de sangre desecada y los líquidos orales al pa- recer son útiles alternativas al suero para la detección de anti- cuerpo del sarampión en zonas donde es difícil la obtención y manejo de muestras de suero. La mayor parte de la respuesta inmunitaria está dirigida contra la nucleoproteína viral. Los pacientes con SSPE muestran una respuesta de anticuerpo exagerada con títulos de 10 a 100 tantos más elevados que los observados en los sueros de etapa convaleciente típica. Epidemiología Las características epidemiológicas clave del sarampión son: elevada contagiosidad del virus, existencia de un solo serotipo, no hay un reservorio animal, las infecciones asintomáticas son infrecuentes y la infección confi ere una inmunidad de por vida. La prevalencia y la incidencia del sarampión por edades están relacionadas con la densidad de la población con factores eco- 568 SECCIÓN IV Virología capacidad para saltarse de barreras de especie. Son clasifi cados como microorganismos patógenos de bioseguridad de nivel 4. No se dispone de vacunas. INFECCIONES POR EL VIRUS DE LA RUBÉOLA La rubéola es una enfermedad febril aguda que se caracteriza por un exantema y linfadenopatía que afecta a los niños y a los adultos jóvenes. Es el más leve de los exantemas virales frecuen- tes. Sin embargo, la infección durante las primeras etapas del embarazo puede producir anomalías importantes del feto, lo que comprende malformaciones congénitas y retraso mental. Las consecuencias de la rubéola in utero se designan como el síndro- me de rubéola congénita. Clasificación El virus de la rubéola, un miembro de la familia Togaviridae, es el único miembro del género Rubivirus. Aunque sus características morfológicas y propiedades fi sicoquímicas lo ubican en el grupo de los togavirus, la rubéola no es transmitida por artrópodos. En el capítulo 38 se describe la estructura y la replicación del togavirus. Hay una diversidad de secuencia notable entre las cepas de virus de la rubéola. Actualmente se clasifi can en dos grupos leja- namente relacionados y nueve genotipos. Por claridad en la presentación se describen por separado la rubéola posnatal y la rubéola congénita. RUBÉOLA POSNATAL Patogenia y anatomía patológica Las infecciones neonatales, infantiles y del adulto se presentan en toda la mucosa de las vías respiratorias altas. La rubéola tiene un periodo de incubación de casi 12 días o más. La replicación viral inicial probablemente ocurre en el sistema respiratorio, se- guida de la multiplicación en los ganglios linfáticos cervicales. La viremia sobreviene después de siete a nueve días y persiste hasta la aparición de anticuerpo alrededor de los días 13 a 15. La apari- ción de anticuerpo coincide con la aparición del exantema, lo que indica una causa inmunitaria del exantema. Después que aparece el exantema, el virus se mantiene detectable sólo en la nasofaringe, donde puede persistir durante varias semanas (fi g. 40-9). En 20 a 50% de los casos, la infección primaria es asintomática. Manifestaciones clínicas La rubéola suele comenzar con malestar, febrícula y un exantema morbiliforme que aparece el mismo día. El exantema comienza en la cara, se extiende sobre el tronco y las extremidades y pocas veces persiste por más de tres días. Ninguna característica del exantema es patognomónica de la rubéola. A menos que ocurra una epide- mia, la enfermedad es difícil de diagnosticar clínicamente, pues el exantema causado por otros virus (p. ej., enterovirus) es similar. La artralgia y la artritis transitorias suelen observarse en los adultos, sobre todo en las mujeres. Pese a determinadas simili- tudes, la artritis por la rubéola no tiene una relación etiológica Tratamiento, prevención y control El tratamiento con vitamina A en los países en vías de desarrollo ha disminuido la mortalidad y la morbilidad. El virus del saram- pión es susceptible in vitro a la inhibición por la ribavirina, pero no se han demostrado los benefi cios clínicos. Desde 1963 se ha contado con una vacuna del virus vivo del sarampión atenuado que es muy efi caz y tolerable. Está disponible en formas monovalentey combinada con la vacuna de la rubéola de virus vivos atenuados (MR), vacuna de la rubéola de virus vivos atenuados y del sarampión (MMR) y vacuna de la varicela de virus vivos atenuados (MMRV). Sin embargo, puesto que no se vacuna a los niños y dados los casos infrecuentes de inefi cacia de la vacuna, no se ha eliminado el sarampión. La vacuna ha reducido el sarampión nativo en Estados Unidos desde cifras previas a la vacuna de más de 500 000 casos cada año, a sólo 37 casos en 2004. Las reacciones clínicas leves (fi ebre o exantema leve) se pre- sentarán en 2 a 5% de los vacunados, pero no hay expresión del virus o ésta es escasa y no hay ninguna transmisión. La inmuno- supresión ocurre al igual que con el sarampión, pero es transi- toria y no tiene importancia clínica. Los títulos de anticuerpos tienden a ser menores que después de la infección natural, pero los estudios han demostrado que los anticuerpos activados por la vacuna persisten hasta por 33 años, lo que indica que la inmu- nidad probablemente es de por vida. Se recomienda que todos los niños, personal sanitario y viajeros internacionales sean vacunados. Las contraindicaciones para la vacunación comprenden embarazo, alergia a los huevos o a la neomicina, alteraciones inmunitarias (excepto las debidas a infección por el virus de la inmunodefi ciencia humana) y la administración reciente de inmunoglobulina. El empleo de la vacuna del virus del sarampión muerto se suspendió en 1970, ya que algunas personas vacunadas se sen- sibilizaron y presentaron sarampión atípico grave cuando se infectaron con el virus silvestre. La cuarentena no es efi caz como una medida de control, ya que la transmisión del sarampión ocurre durante la fase prodrómica. INFECCIONES POR VIRUS HENDRA Y VIRUS NIPAH Los paramixovirus zoonóticos que representan un nuevo gé- nero (Henipavirus) fueron reconocidos a fi nales del decenio de 1990 en brotes epidémicos de la enfermedad en Oceanía (cua- dro 40-2). Un brote epidémico de encefalitis grave en Malasia en 1998 y 1999 fue causado por el virus de Nipah. Hubo una alta tasa de mortalidad (>35%) entre más de 250 casos; algunos sobrevivientes tenían disfunciones neurológicas persistentes. Al parecer las infecciones fueron causadas por la transmisión viral directa de cerdos a seres humanos. Algunos pacientes (<10%) pueden presentar encefalitis de instauración tardía meses a va- rios años después de la infección inicial por el virus de Nipah. El virus de Hendra, un virus equino, ha causado muchos decesos de caballos y algunas muertes humanas en Australia. Los murciélagos de la fruta son los hospedadores naturales de los virus de Nipah y de Hendra. Los cambios ecológicos, incluido el uso de la tierra y las prácticas de ganadería, tal vez son la causa del surgimiento de estas dos enfermedades infecciosas. Los dos virus constituyen un problema de salud pública de- bido a su elevada mortalidad, amplia gama de hospedadores y la CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 569 de la rubéola. Se pueden utilizar diversos linajes celulares de origen en el mono o en el conejo. La rubéola produce un efec- to citopático bastante insignificante en casi todos los linajes celulares. Utilizando células cultivadas a través del método de centrifugación y cultivo, se pueden detectar antígenos virales mediante inmunofl uorescencia tres a cuatro días después de la inoculación. B. Detección de ácido nucleico Se puede utilizar RT-PCR para detectar ácido nucleico del vi- rus de la rubéola directamente en muestras clínicas o en cultivos celulares utilizados para el aislamiento del virus. La tipifi cación molecular permite identifi car subtipos y genotipos de virus y es útil en los estudios de vigilancia. Los frotis faríngeos son mues- tras apropiadas para la tipifi cación molecular. C. Diagnóstico serológico La prueba HI es una prueba serológica estándar para la rubéola. Sin embargo, el suero debe tratarse preliminarmente para elimi- nar los inhibidores inespecífi cos antes de las pruebas. Se prefi e- ren las pruebas de ELISA porque no es necesario el tratamiento preliminar del suero si se pueden adaptar para detectar IgM específi ca. La detección de IgG es signo de inmunidad, ya que sólo hay un serotipo de virus de la rubéola. Para confi rmar con exactitud una rubéola reciente (lo cual es decisivamente importante en el caso de una mujer embarazada), se debe demostrar una elevación del título de anticuerpo entre dos muestras de suero obtenidas a un intervalo mínimo de 10 días o bien IgM específi ca de la rubéola en un solo espécimen. Las pruebas serológicas precisas para los anticuerpos de la rubéola son tan importantes que se comercializan diversos con la artritis reumatoide. Las complicaciones infrecuentes son púrpura trombocitopénica y encefalitis. Inmunidad Los anticuerpos contra la rubéola aparecen en el suero de los pacientes conforme cede el exantema y la cuantifi cación de anti- cuerpos se eleva rápidamente en las siguientes una a tres sema- nas. Gran parte de los anticuerpos iniciales consisten en IgM, que por lo general no persisten más allá de las seis semanas después de la enfermedad. Los anticuerpos IgM contra la rubéola que se detectan en una sola muestra de suero obtenida dos semanas después del exantema son indicio de rubéola reciente. Los anti- cuerpos IgG contra la rubéola suelen persistir de por vida. Un ataque de la enfermedad confi ere inmunidad de por vida, ya que sólo existe un tipo antigénico del virus. Debido a la naturaleza no descrita del exantema, un antecedente de “rubéo- la” no es un índice fi able de inmunidad. Las madres inmunes transfi eren los anticuerpos a sus descendientes, quienes luego quedan protegidos durante cuatro a seis meses. Diagnóstico de laboratorio El diagnóstico clínico de rubéola no es fi able, pues muchas in- fecciones virales producen síntomas similares a los de la rubéola. Parte del diagnóstico se basa en los estudios de laboratorio es- pecífi cos (aislamiento del virus, detección del RNA viral o datos de seroconversión). A. Aislamiento e identifi cación del virus Los frotis nasofaríngeos o faríngeos obtenidos seis días antes y después del inicio del exantema son una buena fuente del virus FIGURA 409 Evolución natural de la infección primaria por el virus de la rubéola: producción de virus y respuesta de anticuerpos. Virus presente Sangre Exantema Días Periodo de incubación –14 –7 0 7 14 1 2 1 2 3 HI CF Faringe C ua nt ifi ca ci ón d e an tic ue rp o In va si ón vi ra l i ni ci al D ía s an te s de l i ni ci o de l ex an te m a In ic io d el ex an te m a M es es A ño s D ía s de sp ué s de l i ni ci o de l ex an te m a 570 SECCIÓN IV Virología SÍNDROME DE RUBÉOLA CONGÉNITA Patogenia y anatomía patológica La viremia materna relacionada con la infección por rubéola durante el embarazo puede dar por resultado infección de la placenta y el feto. Sólo un número limitado de células fetales se infecta. La tasa de crecimiento de las células infectadas se re- duce y esto da por resultado una menor cantidad de células en los órganos afectados al nacer. La infección puede desencadenar alteraciones e hipoplasia en el desarrollo de los órganos y desen- cadenar anomalías estructurales en el recién nacido. El periodo en el que ocurre la infección fetal determina la magnitud del efecto teratógeno. En general, cuanto más tem- prana sea la etapa del embarazo en la que ocurre la infección, tanto mayor será la lesión fetal. La infección durante el primer trimestre del embarazo produce anomalías en el lactante en casi 85% de los casos, en tanto que se detectan defectos en casi 16% de los lactantes que adquirieron la infección durante el segundo trimestre. Los defectos congénitos son infrecuentes si ocurre in- fección materna después de la vigésima semana de la gestación. Las infecciones maternas no manifi estas pueden producir asimismo estasanomalías. La rubéola también puede produ- cir la muerte fetal y aborto espontáneo. La infección intrauterina con rubéola conlleva la persisten- cia crónica del virus en el recién nacido. Al nacer, el virus es fácil de detectar en las secreciones faríngeas, órganos múltiples, líquido cefalorraquídeo, orina y frotis rectales. La excreción viral puede durar 12 a 18 meses después del nacimiento, pero el grado de eliminación por lo general disminuye con la edad. Manifestaciones clínicas El virus de la rubéola se ha aislado en muchos órganos y tipos de células diferentes en lactantes infectados in utero y también la lesión provocada por la rubéola es difusa. Las manifestaciones clínicas del síndrome de rubéola con- génita pueden agruparse en tres amplias categorías: 1) efectos transitorios en los lactantes, 2) manifestaciones permanentes que pueden ser ostensibles al nacer o que se reconocen durante el primer año y 3) anomalías del desarrollo que aparecen y evo- lucionan durante la infancia y la adolescencia. La tríada característica de la rubéola congénita consiste en cataratas, anomalías cardiacas y sordera. Los lactantes también manifiestan síntomas transitorios de retraso del crecimiento, exantema, hepatoesplenomegalia, ictericia y meningoencefalitis. La infección del sistema nervioso central es más global. La manifestación del desarrollo más frecuente en la rubéola congénita es el retraso mental moderado a intenso. En los niños preescolares se presentan problemas de equilibrio y de las habilidades motoras. Los lactantes con afección grave pueden necesitar hospitalizarse. La panencefalitis progresiva por la rubéola es una complica- ción infrecuente que se presenta en el segundo decenio de vida en niños con rubéola congénita y consiste en un agravamiento neurológico que inevitablemente avanza al fallecimiento. Inmunidad En condiciones normales, el anticuerpo contra la rubéola de la madre es transmitido a los lactantes y gradualmente se pierde estuches diagnósticos de diferentes formatos. La mayoría de los individuos no pueden evaluar de manera fi able su estado de in- munidad contra la rubéola, debido a que son frecuentes las infecciones asintomáticas y los exantemas provocados por otros virus pueden confundirse con rubéola. Epidemiología La rubéola tiene una distribución mundial. La infección se pre- senta durante todo el año con una incidencia máxima durante la primavera. Las epidemias ocurren cada seis a 10 años y las pan- demias explosivas cada 20 a 25 años. La infección es transmitida por la vía respiratoria, pero la rubéola no es tan contagiosa como el sarampión. En el periodo de 1962 a 1965 se presentó una epidemia mundial de rubéola. Hubo más de 12 millones de casos en Es- tados Unidos, lo que produjo 2 000 casos de encefalitis, más de 11 000 decesos fetales, 2 000 muertes neonatales y 20 000 lactan- tes nacidos con el síndrome de la rubéola congénita. La reper- cusión económica de esta epidemia en Estados Unidos se estimó en 1 500 millones de dólares. El empleo de la vacuna contra la rubéola eliminó tanto la rubéola epidémica como la endémica en Estados Unidos hacia el año 2005. Se está llevando a cabo un programa para eliminar también la rubéola y el síndrome de rubéola congénita en Centroamérica y Sudamérica. Tratamiento, prevención y control La rubéola es una enfermedad leve que cede espontáneamente y en la que no hay indicaciones para un tratamiento específi co. La rubéola demostrada mediante análisis de laboratorio du- rante los primeros tres a cuatro meses del embarazo casi siempre se acompaña de infección fetal. La inmunoglobulina intravenosa (IGIV) inyectada a la madre no protege al feto contra la rubéola porque no se suele administrar en una etapa lo sufi cientemente temprana para evitar la viremia. Se ha contado con vacunas del virus de la rubéola vivos ate- nuados desde 1969. La vacuna está disponible como un antíge- no simple o en combinación con la vacuna del sarampión y de la parotiditis. El principal propósito de la vacunación contra la rubéola es evitar las infecciones por rubéola congénita. El virus de la vacuna se multiplica en el organismo y es eliminado en pequeñas cantidades pero no se disemina a los contactos. Los niños vacunados no plantean ningún riesgo para las madres susceptibles ni para las embarazadas. En cambio, los niños no inmunizados pueden llevar a su hogar el virus silvestre y propa- garlo a contactos familiares susceptibles. La vacuna induce a una inmunidad de por vida en un mínimo de 95% de los receptores. La vacuna es tolerable y produce pocos efectos secundarios en los niños. En los adultos, los únicos efectos secundarios no- tables son la artralgia transitoria y la artritis en casi una cuarta parte de las mujeres vacunadas. La vacunación en Estados Unidos redujo la frecuencia de rubéola desde casi 70 000 casos en 1969, hasta menos de 10 en 2004, casos que ocurrieron predominantemente en personas na- cidas fuera de Estados Unidos. El virus ulteriormente se declaró erradicado de Estados Unidos. Los estudios de rentabilidad tanto en los países desarrollados como en los países en vías de desarrollo han demostrado que las ventajas de la vacunación contra la rubéola superan los costos. CAPÍTULO 40 Paramixovirus y virus de la rubéola 571 (B) Las anomalías congénitas se presentan cuando una mujer em- barazada no inmune es infectada en cualquier momento du- rante el embarazo (C) La sordera es un defecto frecuente que se presenta en el síndro- me de rubéola congénita (D) Sólo cepas raras del virus de la rubéola son teratógenas (E) Ninguna de las anteriores 6. Un niño de cinco años de edad presenta febrícula, coriza, conjun- tivitis y manchas de Koplik. El médico puede llegar a la conclusión de que (A) El niño probablemente no se ha vacunado satisfactoriamente con la vacuna MMR (B) La madre embarazada del niño corre el riesgo de infectarse y de que su niño no nacido presente anomalías congénitas, lo que comprende retraso mental (C) Se presentará un exantema en la cara del niño y durará sólo dos a tres días (D) El tratamiento del niño con el fármaco antiviral ribavirina debe iniciarse de inmediato para minimizar la posibilidad de que se presente encefalitis aguda 7. Los virus de la parainfluenza son ubicuos y producen enfermeda- des respiratorias en personas de todas las edades. Sin embargo, las reinfecciones con los virus de la parainfluenza son frecuentes debi- do a que (A) Existen muchos tipos antigénicos de virus de la parainfluenza y la exposición a nuevas cepas produce nuevas infecciones (B) Las infecciones del sistema respiratorio no desencadenan una respuesta inmunitaria sistémica (C) Ocurre una replicación limitada del virus que no logra estimular la producción de anticuerpos (D) El anticuerpo IgA secretor en la nariz tiene una vida breve y desaparece algunos meses después de la infección 8. Un niño de 20 meses tuvo una enfermedad caracterizada por fiebre, irritabilidad, conjuntivitis y un exantema de color rojo de ladrillo al principio en la cara, pero más tarde se diseminó hacia abajo y hacia afuera. A los nueve años de edad el niño tuvo instauración gradual de deterioro neurológico grave generalizado. Se le diagnos- ticó panencefalitis esclerosante subaguda. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones sobre el SSPE es correcta? (A) El virus defectuoso de la varicela-zóster se presenta en las célu- las del cerebro (B) Se detectan altos títulos de anticuerpo contra el sarampión en el líquido cefalorraquídeo (C) La frecuencia de la enfermedad está aumentando desde el ad- venimiento de la vacuna de la parotiditis, sarampión y rubéola (MMR) (D) Ocurre un deterioro rápidamente progresivo de la función cerebral (E) La enfermedad es una complicación tardía e infrecuente de la rubéola 9. ¿Cuál de los siguientes paramixovirus tiene una glucoproteína de superficie HN que carece de la actividad de hemaglutinina? (A) Virus del sarampión (B) Virusde la parotiditis (C) Virus de la parainfluenza de tipo 1 (D) Virus sincitial respiratorio (E) Virus de la rubéola 10. Una niña de tres años de edad presenta una infección viral respira- toria aguda que exige hospitalización. Se evalúa el tratamiento con ribavirina. ¿Para el tratamiento de cuál de las siguientes situaciones está autorizada la ribavirina? (A) Enfermedad de las vías respiratorias bajas debida al virus sinci- tial respiratorio en los lactantes durante un periodo de seis meses. La demostración de anticuer- pos de la rubéola de la clase IgM en los lactantes es diagnóstica de la rubéola congénita. Puesto que los anticuerpos de IgM no cruzan la placenta, su presencia indica que debe haberlos sin- tetizado el lactante in utero. Los niños con rubéola congénita muestran alteraciones de la inmunidad celular que son específi cas del virus de la rubéola. Tratamiento, prevención y control No se dispone de ningún tratamiento específi co para la rubéola congénita. Puede evitarse mediante la inmunización infantil con la vacuna de la rubéola para garantizar que las mujeres en edad de procrear sean inmunes. PREGUNTAS DE REVISIÓN 1. Un niño de cuatro años de edad presenta una enfermedad febril aguda. Su pediatra le diagnostica parotiditis. El órgano que más a menudo muestra signos de parotiditis es (A) Pulmones (B) Ovarios (C) Glándulas parótidas (D) Piel (E) Testículos 2. Los paramixovirus comprenden las causas más importantes de in- fecciones respiratorias en lactantes y en niños pequeños. ¿Cuál de las siguientes no es una característica de los paramixovirus? (A) El genoma es RNA de polaridad negativa (B) La envoltura contiene una glucoproteína con actividad de fusión (C) Los paramixovirus no experimentan reensamble genético (D) El ciclo de replicación se presenta en el citoplasma de células susceptibles (E) El genoma es segmentado 3. Un lactante de tres meses de edad presentó una enfermedad res- piratoria que el pediatra diagnosticó como bronquiolitis. La causa más probable de la enfermedad es (A) Virus de la parainfluenza de tipo 4 (B) Virus sincitial respiratorio (C) Virus de la influenza (D) Adenovirus de tipo 7 (E) Virus del sarampión 4. Varios paramixovirus pueden causar neumonía en los lactantes o en los niños. ¿Para cuál de los siguientes paramixovirus se dispone de una vacuna eficaz que evitaría la neumonía? (A) Virus de la parainfluenza de tipo 1 (B) Virus del sarampión (C) Virus sincitial respiratorio (D) Virus de la parotiditis (E) Metaneumovirus 5. Una mujer de 27 años de edad que tiene dos meses de embarazo presenta fiebre, malestar y artralgia. Aparece un exantema macu- lopapuloso fino en su cara, tronco y extremidades. Se diagnostica rubéola y hay la preocupación de que el feto se infectará, y esto dé como resultado un síndrome de rubéola congénita. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones en torno a dicho síndrome es correcta? (A) La enfermedad se puede evitar mediante la vacunación de niños de edad escolar con vacuna contra el sarampión 572 SECCIÓN IV Virología BIBLIOGRAFÍA Calisher CH et al: Bats prove to be rich reservoirs for emerging viruses. Microbe 2008;3:521. Delgado MF et al: Lack of antibody affinity maturation due to poor Toll-like receptor stimulation leads to enhanced respiratory syncytial virus disease. Nature Med 2009;15:34. [PMID: 19079256] Eaton BT, Broder CC, Middleton D, Wang LF: Hendra and Nipah viruses: Diff erent and dangerous. Nature Rev Microbiol 2006;4:23. [PMID: 16357858] Falsey AR et al: Human metapneumovirus infections in young and elderly adults. J Infect Dis 2003;187:785. [PMID: 12599052] Hall CB: Respiratory syncytial virus and parainfl uenza virus. N Engl J Med 2001;344:1917. [PMID: 11419430] Henrickson KJ: Parainfl uenza viruses. Clin Microbiol Rev 2003;16:242. [PMID: 12692097] Kahn JS: Epidemiology of human metapneumovirus. Clin Microbiol Rev 2006;19:546. [PMID: 16847085] Lamb RA, Parks GD: Paramyxoviridae: Th e viruses and their replication. In: Fields Virology, 5th ed. Knipe DM et al (editors). Lippincott Williams & Wilkins, 2007. Mahony JB: Detection of respiratory viruses by molecular methods. Clin Microbiol Rev 2008;21:716. [PMID: 18854489] Mumps virus vaccines. WHO position paper. Wkly Epidemiol Rec 2007;82:51. (B) Síndrome de rubéola congénita (C) Meningitis aséptica debida a infección por el virus de la paro- tiditis (D) Neumonía causada por el virus del sarampión en los adultos (E) Encefalitis relacionada con el virus de Nipah (F) Todas las anteriores 11. Los análisis de RT-PRC son útiles para el diagnóstico de las infec- ciones por paramixovirus. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones en torno a la RT-PCR no son correctas? (A) Análisis más sensible que el aislamiento del virus (B) Permite identificar cepas de virus (C) Análisis más rápido que la detección de antígeno (D) Permite obtener datos sobre la variación genética para los estu- dios de epidemiología molecular (E) Análisis más específico para los virus de la parainfluenza que el estudio serológico Respuestas 1. C 4. B 7. D 10. A 2. E 5. C 8. B 11. C 3. B 6. A 9. D 573 C A P Í T U L O Coronavirus 41 Los coronavirus son virus de RNA de gran tamaño con envoltu- ra. Los coronavirus humanos producen resfriados comunes y se les ha atribuido participación en la gastroenteritis de lactantes. Un coronavirus nuevo se identifi có como la causa de un brote epidémico mundial de un síndrome respiratorio agudo grave (SARS, severe acute respiratory syndrome ) en 2003. Los coro- navirus producen enfermedades de importancia económica en los animales domésticos; en animales inferiores establecen in- fecciones resistentes en sus hospedadores naturales. Los virus humanos son difíciles de cultivar y por tanto tienen una caracte- rización más defi ciente. PROPIEDADES DE LOS CORONAVIRUS En el cuadro 41-1 se enumeran propiedades importantes de los coronavirus. Estructura y composición Los coronavirus son partículas de 120 a 160 nm, con envoltura, que contienen un genoma no segmentado de RNA monocate- nario de polaridad positiva (27 a 32 kb), el genoma más grande entre los virus de ácido ribonucleico. Los genomas son poliade- nilados en el extremo 3′. El RNA genómico aislado es infeccioso. La nucleocápside helicoidal tiene un diámetro de 9 a 11 nanó- metros. En la superfi cie externa de la envoltura hay proyecciones ampliamente espaciadas de forma de palo de golf o de pétalo de 20 nm de longitud, sugestivas de una corona solar (fi g. 41-1). Las proteínas estructurales del virus comprenden una proteína de la nucleocápside (N) fosforilada de 50 a 60 kDa, una glucoproteína de membrana (M) de 20 a 35 kDa que sirve de proteína de ma- triz embebida en la doble capa de lípido de la envoltura y que interacciona con la nucleocápside, y la glucoproteína de espiga (S; 180 a 220 kDa) que constituye los peplómeros de forma de pétalo. Algunos virus, incluido el coronavirus humano OC43, contienen una tercera glucoproteína (HE; 35 kDa) que causa he- maglutinación y tiene una actividad de acetilesterasa. En la fi gura 41-2 se muestran las organizaciones del genoma de los coronavirus representativos. El orden de los genes para las proteínas codifi cadas por todos los coronavirus es Pol-S-E-M- N-3′. El número y el orden de genes en los coronavirus varían con los marcos de lectura abiertos que codifi can proteínas no estructurales y la proteína HE. El virus SARS contiene un nú- mero comparativamente grande de genes interpuestos para las proteínas no estructurales en el extremo 3′ del genoma. Clasificación Los Coronaviridae son una de dos familias, junto con los Aste- riviridae, del orden Nidovirales. Las características que se utili- zan para clasifi car a los Coronaviridae son la morfología de la partícula, la estrategia de replicación de RNA singular, la orga- nización del genoma y la homología de secuencia del nucleóti- do. Hay dos géneros en la familia Coronaviridae: Coronavirus y Torovirus. Los torovirus sehallan dispersos en ungulados y al parecer se relacionan con las diarreas. Parece haber dos serogrupos de coronavirus humanos, re- presentados por las cepas 229E y OC43. El coronavirus nuevo aislado en 2003 en pacientes con SARS corresponde al mismo grupo (grupo 2) que OC43. En estos dos grupos se incluyen los coronavirus de animales domésticos y roedores. Hay un tercer grupo antigénico distintivo que contiene el virus de la bronqui- tis infecciosa aviar de los pollos. Al parecer existe una heteroge- neidad antigénica importante entre las cepas virales de un grupo antigénico principal (es decir, parecido a 229E). Se presentan re- acciones cruzadas entre algunas cepas humanas y ciertas cepas animales. Algunas cepas tienen hemaglutininas. CUADRO 41-1 Propiedades importantes de los coronavirus Virión: Esférico, 120 a 160 nm de diámetro, nucleocápside helicoidal Genoma: RNA monocatenario, lineal, no segmentado, de polaridad positiva, de 27 a 32 kb, incorporado en la cápside y poliadenilado, infeccioso Proteínas: Dos glucoproteínas y una fosfoproteína. Algunos virus contienen una tercera glucoproteína (hemaglutinina esterasa) Envoltura: Contiene grandes espigas ampliamente espaciadas, de forma de palo de golf o pétalo Replicación: Citoplasma; las partículas maduran por gemación en el retículo endoplásmico y en el aparato de Golgi Características sobresalientes: Producen resfriados comunes y SARS Muestran una gran frecuencia de recombinación Difíciles de multiplicarse en cultivo celular 574 SECCIÓN IV Virología de poliproteínas en las infecciones por coronavirus, aunque el RNA genómico codifi ca una poliproteína de gran tamaño que es procesada para generar la polimerasa de RNA viral. Las moléculas de RNA genómico recién sintetizadas inter- accionan en el citoplasma con la proteína de la nucleocápside para formar nucleocápsides helicoidales. Hay un lugar de fi ja- ción preferido para la proteína N dentro del RNA directriz. Las nucleocápsides experimentan gemación a través de las membra- nas de retículo endoplásmico rugoso y el aparato de Golgi en zonas que contienen las glucoproteínas virales. Los viriones ma- duros luego son transportados en vesículas a la periferia celular para su salida o pueden esperar hasta que las células mueran y entonces ser liberados. Los viriones al parecer no se forman por la gemación en la membrana plasmática. Puede verse un gran número de partí- culas en el exterior de las células infectadas y supuestamente se adsorben a la misma después de la liberación del virión. Deter- minados coronavirus desencadenan la fusión celular, la cual es mediada por la glucoproteína S y necesita un pH de 6.5 o más. Algunos coronavirus establecen infecciones persistentes en las células en vez de ser citocidas. Los coronavirus muestran una gran frecuencia de mutación durante cada ronda de replicación, lo que comprende la gene- ración de una alta frecuencia de mutaciones por deleción. Los coronavirus experimentan una recombinación muy frecuente durante la replicación; esto es infrecuente para un virus de RNA con un genoma no segmentado y puede contribuir a la evolu- ción de nuevas cepas de virus. INFECCIONES POR CORONAVIRUS EN SERES HUMANOS Patogenia Los coronavirus tienden a ser muy específi cos de especies. Es poco lo que se sabe sobre la patogenia de las infecciones por co- ronavirus en el ser humano. La mayor parte de los coronavirus y animales conocidos muestran un tropismo para las células epi- teliales del sistema respiratorio o del tubo digestivo. Las infec- ciones por coronavirus in vivo pueden diseminarse, al igual que con el virus de la hepatitis del ratón, o mantenerse circunscritas. Las infecciones por coronavirus en el ser humano suelen mante- nerse limitadas a las vías respiratorias altas. En cambio, el brote de SARS en 2003 se caracterizó por una enfermedad respiratoria grave, que comprendía neumonía e in- sufi ciencia respiratoria progresiva. El virus también se puede de- tectar en otros órganos como riñón, hígado e intestino delgado, lo mismo que en las heces. El virus del SARS probablemente se originó en un hospedador no humano, muy posiblemente mur- ciélagos, se amplifi có en civetas de palmera y se transmitió al ser humano en los mercados de hígado animal. Los murciélagos de herradura chinos son reservorios naturales de coronavirus si- milares al del SARS. En regiones rurales del sur de China, donde comenzó el brote epidémico, las personas, los cerdos y las aves domésticas viven juntos y hay un uso generalizado de especies silvestres para alimentación y medicina tradicional (condiciones que favorecen el surgimiento de nuevas cepas virales). Se sospecha que los coronavirus causan algunas gastroen- teritis en el ser humano. Hay varios modelos animales para los coronavirus entéricos, como el virus de la gastroenteritis trans- Los virus también pueden clasifi carse en los mismos grupos basándose en el análisis de secuencia del genoma. Replicación de coronavirus Puesto que los coronavirus humanos no se multiplican bien en cultivo celular, los detalles de la replicación viral se han descu- bierto en estudios con virus de la hepatitis del ratón, que está íntimamente relacionado con la cepa humana o C43 (fi g. 41-3). El ciclo de replicación ocurre en el citoplasma de las células. El virus se adhiere a los receptores en las dianas celulares mediante las espigas de glucoproteínas presentes en la envoltura viral (sea mediante S o HE). El receptor para el coronavirus hu- mano 229E es una aminopeptidasa N en tanto que un receptor funcional para el virus del SARS es la enzima convertidora de angiotensina 2. Múltiples isoformas de la familia de las gluco- proteínas relacionadas con el antígeno carcinoembrionario sir- ven de receptores para el coronavirus del ratón. La partícula es luego interiorizada, probablemente mediante endocitosis con absorción. La glucoproteína S puede causar fusión de la envol- tura viral con la membrana celular. El primer fenómeno después de la desenvoltura es la tra- ducción del RNA genómico viral para producir una RNA poli- merasa dependiente de RNA específi co del virus. La polimerasa viral transcribe un RNA complementario de longitud completa (cadena negativa) que sirve de plantilla para una serie anidada de 5 a 7 mRNA subgenómicos. Sólo se traduce la secuencia del gen de 5′-terminal de cada mRNA. Las copias de RNA genómi- co de longitud completa también se transcriben del RNA com- plementario. Puesto que cada mRNA subgenómico se traduce en un polipéptido unitario, no son frecuentes los precursores FIGURA 41-1 Coronavirus humano OC43. Obsérvense las espigas grandes características ampliamente espaciadas que forman una “corona” alrededor del virión (297 000 ×). (Cortesía de FA Murphy y EL Palmer.) CAPÍTULO 41 Coronavirus 575 El coronavirus del SARS produce enfermedad respiratoria grave. El periodo de incubación promedia los seis días. Los pri- meros síntomas frecuentes son fi ebre, ataque al estado general, escalofríos, cefalea, somnolencia, tos y faringitis, seguida algunos días después de disnea. Muchos pacientes tienen radiografías to- rácicas anormales. Algunos casos evolucionan con rapidez a la difi cultad respiratoria aguda que requiere apoyo con ventilación mecánica. La muerte por insufi ciencia respiratoria progresiva ocurre en casi 10% de los casos y la tasa de mortalidad es más alta en los ancianos. No se han descrito claramente las manifestaciones clínicas de la enteritis relacionada con coronavirus. Al parecer son simi- lares a las de las infecciones por rotavirus. Inmunidad Al igual que con otros virus respiratorios, sobreviene inmuni- dad pero no es absoluta. La inmunidad contra el antígeno de proyección de la superfi cie probablemente es muy importante para la protección. La resistencia a la reinfección puede durar varios años, pero son frecuentes las reinfecciones por cepas si- milares. misible (TGEV, transmissible gastroenteritis virus)porcina. La enfermedad se presenta en animales jóvenes y se caracteriza por la destrucción de la célula epitelial y la pérdida de la capa- cidad de absorción. En el decenio de 1980 apareció en Europa un nuevo coronavirus respiratorio porcino (PRCV, porcine respiratory coronavirus) y produjo epizootias generalizadas en los cerdos. El análisis de la frecuencia demostró que el PRCV se derivaba del TGEV mediante una gran deleción en la gluco- proteína S1. Manifestaciones clínicas Los coronavirus humanos producen “resfriados comunes”, por lo general afebriles, en los adultos. Los síntomas son similares a los producidos por rinovirus, caracterizados por secreción nasal y ataque al estado general. El periodo de incubación es de dos a cinco días y los síntomas suelen persistir durante una semana aproximadamente. Raras veces resultan afectadas las vías respi- ratorias bajas, aunque la neumonía en reclutas se ha atribuido a infección por coronavirus. Los niños asmáticos pueden padecer ataques de sibilancias y la enfermedad pulmonar crónica en los adultos puede exacerbar los síntomas respiratorios. 59 1 2 3 4 5 TGEV (grupo 1) MHV (grupo 2) IBV (grupo 3) L 6 7 8 9 10 12 11 13 14 15 16 29OMTExoNHel.RdRPssRBPADRP/ PLpro 3Mpro NendoU L ORF1a ORF1a S SARS-CoV ORF1b S 3b M 7a N 8a 8b 9b7b 3a E 6 L ORF1a 2a 5aS M I NEHE 4 E N3a 3b M 7 ORF1b ORF1b L ORF1a 3b MS 5b N5a3a EORF1b FIGURA 41-2 Organización genómica de los coronavirus. El genoma del coronavirus de SARS (SARS-CoV) es de casi 29.7 kb. Los genomas para TGEV porcino, el virus de la hepatitis del ratón (MHV) y el virus de la bronquitis infecciosa aviar (IBV) son de aproximadamente 28.5, 31.2 y 27.6 kilobases. Las cajas sombreadas en amarillo representan marcos de lectura abiertos (ORF) que codifi can proteínas estructurales; otras cajas codifi can proteínas no estructurales. Los ORF separados dentro de cada gen se traducen de una especie individual de RNA mensajero. Los productos de desdoblamiento de ORF1 se designan nsp1-16. S, Espiga; E, envoltura; M, transmembrana; N, nucleocápside; ADRP, difosfato de adenosina-ribosa 1′-fosfatasa; PLpro, cisteína proteinasa parecida a la papaína; Mpro, la principal cisteína proteinasa (también llamada 3CLpro); ssRBP, proteína monocatenaria de fi jación de RNA; RdRP, RNA polimerasa dependiente de RNA; Hel., helicasa de superfamilia 1; ExoN, 3′ → 5′ exonucleasa; NendoU, endorribonucleasa poli(U)-específi ca; 2′OMT, ribosa 2′-O-metiltransferasa dependiente de S-adenosilmetionina. (Reproducida con autorización de Lai MMC, Perlman S, Anderson LJ: Coronaviridae. En: Fields Virology, 5th ed. Knipe DM, et al [editors]. Lippincott Williams & Wilkins, 2007.) 576 SECCIÓN IV Virología en cadena de la polimerasa (PCR) son útiles para detectar ácido nucleico de coronavirus en las secreciones respiratorias y en las muestras fecales. El RNA del virus del SARS fue detectable en el plasma mediante PCR y la viremia es más fácil de detectar entre los días 4 y 8 de la infección. B. Aislamiento e identifi cación del virus El aislamiento de los coronavirus humanos en cultivo celu- lar ha sido difícil. Sin embargo, el virus del SARS se aisló de muestras de la bucofaringe utilizando células renales de mono Vero. C. Diagnóstico serológico Dada la difi cultad del aislamiento del virus, el diagnóstico se- rológico utilizando sueros en etapa aguda y convaleciente es el La mayoría de los pacientes (>95%) con SARS presentan una respuesta de anticuerpo a antígenos virales que es detectable mediante una prueba de anticuerpo fl uorescente o bien análisis de inmunosorbente ligado a enzimas (ELISA). Es importante obtener el suero de fase de convalecencia más de 28 días después del inicio de los síntomas. Diagnóstico de laboratorio A. Detección de antígeno y ácido nucleico Los antígenos de coronavirus presentes en las células de secre- ciones respiratorias pueden detectarse utilizando la prueba de ELISA si se dispone de un antisuero de gran calidad. Se pueden detectar coronavirus entéricos mediante el examen de muestras de heces en el microscopio electrónico. Los análisis de reacción Fusión ORF 1 mRNAs (–) (+) Pol HE S E M N ns Nucleocápside ER ERGIC Aparato de Golgi Exocitosis Endocitosis RNA genómico (+) Vesículas de pared lisa Transcripción replicación 5� 5� 3� 3� Núcleo FIGURA 41-3 Ciclo de replicación del coronavirus. Los viriones se unen a glucoproteínas de receptor específi co o a glucanos a través de la proteína de espiga. La penetración y la desenvoltura ocurren por la fusión, mediada por la proteína S, de la envoltura viral con la membrana plasmática o las membranas endosómicas. El gen 1 del RNA genómico viral se traduce en una poliproteína, la cual es procesada para generar el complejo transcriptasa-replicasa. Se utiliza el RNA genómico como un templete para sintetizar RNA de tira negativa, que se utiliza para sintetizar RNA genómico de longitud completa y nRNA subgenómico. Cada mRNA es traducido para generar sólo la proteína codifi cada por el 5′-terminal del mRNA, lo que comprende las proteínas no estructurales. La proteína N y el RNA genómico recién sintetizado se ensamblan para formar nucleocápsides helicoidales. La glucoproteína M de la membrana se injerta en el retículo endoplásmico (ER) y se ancla en el aparato de Golgi. La nucleocápside (N más RNA genómico) se une a la proteína N en el compartimiento de gemación (ERGIC). Las proteínas E y M interaccionan para desencadenar la gemación de viriones, encerrando la nucleocápside. Las glucoproteínas S y HE son glucosiladas y trimerizadas, asociadas a la proteína M y se incorporan en las partículas virales en maduración. Los viriones son liberados por la función de vesículas con la membrana plasmática de una manera parecida a la exocitosis. Los viriones pueden mantenerse adsorbidos a las membranas plasmáticas de las células infectadas. Todo el ciclo de replicación del coronavirus ocurre en el citoplasma. (Reproducida con autorización de Lai MMC, Perlman S, Anderson LJ: Coronaviridae. En: Fields Virology, 5th ed. Knipe DM, et al [editors]. Lippincott Williams & Wilkins, 2007.) CAPÍTULO 41 Coronavirus 577 Las medidas de control que fueron efi caces para detener la diseminación de SARS comprendieron aislamiento de los pa- cientes, cuarentena de los que habían estado expuestos y res- tricciones de viaje, así como el empleo de guantes, batas, gafas y respiradores por el personal sanitario. PREGUNTAS DE REVISIÓN 1. Una mujer de 63 años de edad presenta fiebre, cefalea, malestar, mialgias y tos. Es la época inicial de la temporada de invierno de los virus respiratorios y el médico de la paciente no sabe cuáles virus están presentes en la población. ¿Cuál de los siguientes virus no es una causa de enfermedad respiratoria aguda? (A) Virus de la inflenza (B) Adenovirus (C) Virus sincitial respiratorio (D) Coronavirus (E) Rotavirus 2. Basándose en el análisis de secuencia y en los análisis serológicos, ¿cuál de los siguientes es el origen más probable de los coronavirus que produce SARS? (A) Recombinación entre un coronavirus humano y un animal que creó un nuevo virus (B) Salto de un coronavirus animal al ser humano (C) Mutación de un coronavirus humano que produjo un aumento de la virulencia (D) Adquisición de genes celulares humanos por un coronavirus humano a través de la recombinación que permitió la evasión de la respuesta inmunitaria del hospedador por el virus 3. La epidemia de SARS por coronavirus en 2002-2003 produjo mu- chos casos y decesos. ¿Cuál es la vía principal de transmisión de los coronavirus humanos? (A) Fecal-oral (B) Respiratoria (C) Sangre (D) Perinatal de madre a lactante (E) Actividad sexual 4. Las infecciones por coronavirus en el ser humano suelen producir un síndrome de resfriado común. Sin embargo, un brote epidémico reciente de SARS se caracterizó por neumonía e insuficiencia res- piratoria progresiva. La prevención o el tratamiento