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JOHN B. WATSON 
W 
R.«í/7 
E D I T O R I A L P A I D O S 
WAT 
Co r, 
J . 15. W A T S O N 
EL CONDUCTISMO 
J. B. W A T S O N 
y 
W. M c D O U G A L L 
LA BATALLA DEL CONDUCTISMO 
Exposición y discusión 
Prólogo de 
Emilio Mira y López 
C 0 L T 4 
O 
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% « Oí ^ 
Distribuidor exclusivo en todos los países 
EDITORIAL MÉDICO QUIRÚRGICA 
Diagonal Norte 615 
B U E N O S A I R E S 
Copyright de todas 
las ediciones en castellano hx 
EDITORIAL PAI DOS 
Buenos Aires, 1945 
Queda hecho el depósito qut 
p r e v i e n e la ley N"? 11.723 
IMPRESO EN LA ARGENTINA 
( P R I N T E I ) IN ARGENTINA) 
Se terminó de imprimir el 
dia 12 de marzo de 1917 en la 
Imprenta Ferrari linos., 
Bmc. Mitre 3355 - Buenos Aires 
A 
STANLEY RESOR 
cuyo empeñoso interés en la 
industria y en la ciencia me 
ha dado la oportunidad 
de escribir este libro. 
\, 
Í N D I C E 
Pág. 
PRESENTACIÓN 13 
PRÓLOGO DE EMILIO MIRA Y LÓPEZ 15 
EL CONDUCTISAIO 
Introducción 21 
I. Qué es el cenducíismo. — La vieja y la nueva psicología en 
oposición 25 
II. Cómo estudiar la conducta humana. — Problemas, métodos, 
técnicas y algunos de los resultados 43 
III. El cuerpo humano. — De qué se compone, cómo está orga-
nizado y cómo funciona. Parte I. Las estructuras que hacen 
posible la conducta 73 
IV. El cuerpo humano. — De qué se compone, cómo está orga-
nizado y cómo funciona. Parte II. Papel de las glándulas 
en la conducta diaria 103 
V. ¿Existen los instintos humanos? — Parte I. Sobre el talento, 
las tendencias y la herencia de los denominados rasgos 
"mentales" 119 
VI. ¿Existen los instintos humanos? — Parte II. Lo que nos 
enseña el estudio del niño 141 
VII. Emociones. — ¿Con cuáles emociones nacemos, cómo adqui-
rimos nuevas y perdemos las viejas? — Parte I. Examen 
general de las emociones y algunos estudios .experimentales 169 
VIII. Emociones. — ¿Con cuáles emociones nacemos, cómo adquiri- . •• •• • 
mos nuevas y perdemos las viejas. — Parte II. Ulteriores ° ' >V /'\ 
experimentos y observaciones acerca de cómo adquirimos, •-- ~ 
conservamos y perdemos nuestra vida emocional •>".'••:• •vr--pf/?X'LETRA' 
, ¿DÍCTELA «? 
10 Í N D I C E 
IX. Nuestros hábitos manuales. — Cómo se inician, cómo los 
conservamos y cómo los eliminamos 227 
X. Hablar y pensar. — Su correcta interpretación y el desbara-
tamiento de la ficción de la llamada vida "mental" 257 
XI. ¿Pensamos siempre eon palabras? — ¿O pensamos con todo 
nuestro cuerpo? 285 
XII. La personalidad. — Presentación de la tesis de la persona-
lidad como producto de nuestros hábitos 303 
LA BATALLA DEL CONDUCTISMO 
EXPOSICIÓN Y DISCUSIÓN 
El eonductismo. — La nota moderna en psicología, por /. B. Wat son 341 
Heclios fundamentales en psieología. — Examen del eonductismo, 
por W. McDougal! 359 
ÍNDICE DE TE.UAS 389 
LISTA DE ILUSTRACIONES 
Fig. 
a Huevo fecundado de la estrella de mar 
b Disposición de los genes en el sistema genético 
c 'Estructura de los cromosomas 
1 Dos tipos de células epiteliales 
2 Glándula constituida por células epiteliales 
3 Células de tejido conjuntivo 
4 Parte de dos células musculares estriadas y las terminaciones 
del nervio motor 
5 Célula del músculo liso con una fibra nerviosa 
0 Un tipo de neurona: la neuromotriz más simple 
7 Diagrama de parte de una fibra nerviosa 
8 Neurona sensitiva o aferente 
9 Elementos epiteliales y nerviosos 
10 Terminación de un nervio sensitivo en una célula del músculo 
estriado 
11 Esquema del tractus digestivo 
12 Esquema de una sección transversal del estómago 
13 Células epiteliales de secreción en el intestino 
14 Esquema del arco reflejo corto . . . 
15 Cuadro de la corriente de actividad 
16 Curva del progreso en el aprendizaje 
17 Curva del aprendizaje de 10 individuos 
18 Esquema ilustrativo del aprendizaje del golf 
19 Esquema de la formación de los hábitos manuales 
20 Esquema de hábito standard , 
21 Diagrama 
22 Diagrama de la teoría conductista del pensar 
23 Diagrama general de la personalidad 
PRESENTACIÓN 
La ya notable y larga ausencia de la escuela psicológica 
conductista norteamericana en la bibliografía castellana, deman-
daba la perentoria edición de algún libro que la compensara. 
Frente a ello se estimó lo más adecuado introducir la producción 
literaria capital del propio creador de la escuela. Al entregar 
ahora al lector hispano parlante el libro fundamental de JOHN 
B. WATSON, El Conductismo, suminístrase, en efecto, al par que 
una primera traducción en nuestro idioma, la obra principal de 
este movimiento. De esta suerte no sólo se da cumplida satis-
facción a los propósitos de presentar a una de las más altas 
figuras de la psicología actual y de suministrar una clara y 
segura propedéutica a la doctrina y técnica conductistas, sino 
que, al propio tiempo, bríndase una de las obras destacadas en 
la cultura contemporánea. 
Sería ocioso encarecer la significación del autor, cuyo nom-
bre gira entre los de los más conocidos jerarcas de la psicología 
profunda. Empero —entre otros por aquel motivo— la difusión 
de su labor en los países de habla española es harto inferior a 
la alcanzada por FREUD, ADLER O JUNG. De sus dimensiones 
ofrece ajustada información el libro y la crítica que en el pre-
sente volumen cumplen el prologuista y las agudas acotaciones 
de MCDOUGALL en La Batalla del Conductismo. No es éste, 
pues, lugar para enjuiciarla. Sólo cabría llamar la atención 
acerca de la procedencia de un examen concienzudo. Tres men-
ciones . Primero, debe repararse en que si bien las investigaciones 
watsonianas de la vida emocional han dado lugar a objecciones 
de incuestionable seriedad, no pocas —como acertadamente 
apunta ROBER T. F. GREEGAN, profesor del Withman College— 
suponen precisamente el uso de métodos que mucho deben al 
propio WATSON. 
14 P R E S E N T A C I Ó N 
Ante la ligereza de ciertas valoraciones, cabe luego señalar 
que la doctrina watsoniana ha sido analizada en forma cuida-
dosa por SANTAYANA y RUSSELL. En sus Fundamentos de 
Filosofía, este último pensador revisa extensamente las teorías 
del psicólogo norteamericano en cotejo con las cartesianas; y 
agregúese que en torno a WATSON se han reunido personali-
dades como las de los.profesores universitarios K. C. TOLMAN, 
K. S. LASHLEY, A. P. WEISS, J. PETERSON, W. S. HUNTER. . . 
Por último, téngase en cuenta asimismo que el movimiento 
de la psicología social actualmente en auge, al instalar como 
una de sus premisas el fecundo concepto de la "aculturación" 
—apoyado en la hipótesis watsoniana de condicionamiento— 
realza y fortalece el papel del conductismo en los nuevos puntos 
de vista en la ciencia psicológica, particularmente en lo tocante 
a su postura ambientalista en la polémica "naturaleza-cultura". 
Se ha dicho que "desde la introducción de los primeros 
laboratorios y la publicación de los Principios de JAMES, nada 
se le compara como medio de enfocar la discusión, de plantear 
problemas, de estimular investigaciones, de excitar el entusias-
mo" (HEIDBREDER) . Muy grato sería para los editores de esta 
versión que igualmente en los países de habla española sirviese 
este volumen de oportunidad para un amplio examen de los 
esenciales problemas que interesan a la psicología, a la edu-
cación y a las ciencias sociales. Ello contribuiría al conoci-
miento y a la formación del hombre. 
Los EDITORES. 
PROLOGO 
T) UEDEN contarse con los dedos de una mano los libros de 
A Psicología que, escritos en el presente siglo, pueden com-
petir con éste en valentía y en claridad expositiva. 
Más de una vez se ha dicho que el hombre de genio ne-
cesita tanto de su inteligencia —para descubrir su obra— como 
de su carácter —para acreditarla e imponerla—. Esto es prin-
cipalmente cierto en el campo psicológico, pues toda nueva 
concepción del mismo vulnera concepto y hiere sentimientos 
arraigados tradicionalmente y considerados como artículos de 
fe por una gran mayoría del género humano. 
Por eso, si SIGMUND FREUD, al crear la denominada "geo-
logíade la Psique" y acometer la búsqueda del tuétano del 
"aparato" psíquico, hasta llegar a los planos hormonales, hubo 
de vencer una enorme resistencia y soportar críticas vitupe-
rantes (y vituperables), J. B. WATSON, al crear su "Conduc-
tismo" —en cierto modo opuesto totalmente a la visión freu-
diana— sufrió asimismo los embates de los misoneístas (que 
son legión) hasta el punto de ser desposeído de su cátedra 
universitaria, tan pronto como les dio un pretexto de incon-
ducta para ello. 
Esto sucedió porque si bien, como queda apuntado, su 
obra es antinómica de la de FREUD, puesto que agolpa toda 
la "materia" de estudio psicológico en la misma superficie — 
visible y corpórea— del sujeto, en vez de sumergirla en el 
misterioso e insondable abismo de los virtuales espacios in-
JK 
16 J. B. W A T S O N 
conscientes del universo personal, no es menos cierto que tanto 
el dinámico autor norteamericano como el hermético y pesi-
mista genio austríaco han dejado maltrecha y casi inválida a 
la llamada ''conciencia". Y esta palabra, representación eufó-
nica y sugestiva del dinamismo yoico, nos es cara, de tal suerte 
que todo intento de atacarla nos inflige un serio impacto en 
nuestro inconmensurable orgullo de hombres, más o menos 
"sapiens". 
Psicoanálisis y conductismo son, por cierto, escuelas psi-
cológicas que, a pesar de sus extraordinarias divergencias con-
ceptuales, metodológicas y propositivas, quedan incluidas en 
el marco de las llamadas "doctrinas naturalistas" (entiéndase 
materialistas, en la actual acepción del vocablo) contra las que 
dirigen sus dardos las conjuntas fuerzas de las filosofías, las 
religiones y la morales gazmoñas de muchos seudointelec-
tuales. 
WATSON afirma con razón, en la introducción de este 
libro suyo, que la tempestad provocada por su primera apa-
rición pública se debió fundamentalmente al hecho de que qui-
so aplicar al hombre el mismo criterio de investigación y las 
mismas técnicas de estudio científico que habían resultado úti-
les para desentrañar los móviles y las pautas de conducta en 
otros anímales. Tal actitud no podía ser más lógica, pero pre-
cisamente por ello se vio combatida, pues la Psicología se en-
cuentra, aún, sumamente impregnada de los prejuicios mágicos 
y espiritualistas que adquirió durante los luengos siglos de su 
íntimo contacto con la religión y la filosofía: en los pliegues 
de las túnicas sacerdotales y en la selvática maraña de las me-
lenas y las barbas teóricoespeculantes anidan celosos gnomos 
enemigos de la experimentación, del cálculo, de la objetividad 
y de la serena e higiénica claridad del pensamiento científico. 
E L C O N D U C T I S M O 17 
Precisa confesar, no obstante, que WATSON mostró un 
excesivo menosprecio inicial ante esa situación o "constela-
ción" ambiental, y tuvo un especial interés en formular su 
antítesis a la psicología de W. JAMES y de TITCHENER (los dos 
grandes jerarcas de esa ciencia en el novecientos) de un mo-
do crudo y dogmático, cual si apeteciese no solamente provo-
car la discusión, sino, casi, el escándalo. La acritud de su 
postura y de sus expresiones ha sido rectificada, en cuanto 
tenía de exagerada, en esta segunda edición de su obra fun-
damental, cuya traducción castellana estamos ahora presentan-
do al público latinoamericano. Sería erróneo, empero, suponer 
que esa suavización supone una rectificación substancial de sus 
ideas; para WATSON, todavía, el "pensamiento" no es otra 
cosa más que un monólogo imptícito —hablarse a si mismo— 
y la "personalidad" no pasa de ser el resultado final de nues-
tro sistema de hábitos. 
No renuncia el conductismo al estudio de los fenómenos 
de la vida mental íntima (implícita), pero los considera como 
actos, es decir, como procesos dinámicos que contienen "au 
raccourci" los mismos elementos neurohormomusculares que se 
evidencian en las formas visibles de la conducta humana. En 
este sentido puede afirmarse que WATSON no limita sino ex-
tiende el campo de estudio de la Psicología, en relación con 
lo que éste delimitaba en la concepción de WUNDT, TITCHENER 
y demás psicólogos prominentes en el novecientos. Afirmar, 
pues, como algunos críticos superficiales han hecho, que el 
conductismo se desinteresa de los datos inmediatos de la ex-
periencia consciente y atiende tan sólo a sus resultados finales, 
es un error tan grosero como decir que el freudismo significa 
meramente la glorificación del sexo. 
La más palpable prueba de ese error nos la dan los efec-
tos del conductismo en el movimiento bibliográfico general de 
18 J. B. W A T S O N 
la psicología norteamericana. No solamente el propio WATSON, 
sino una parte de sus discípulos, han aportado contribuciones 
de singular interés a la comprensión de la dinámica del pen-
samiento y de las emociones. Puede, inclusive, afirmarse, que 
gracias a él se han impulsado los estudios referentes a la vida 
personal de los neonatos y al desarrollo de sus diversos equi-
pos de hábitos de ajuste y conducta. La Psicología infantil 
actual debe más a la obra de WATSON y de FREUD, que a la 
mayoría de sus sempiternos contradictores sistemáticos. 
Por esto creemos que ha sido un gran acierto acercar al 
lector de habla castellana la obra fundamental —casi podría-
mos decir la Biblia— del conductismo: en ella se define de 
un modo claro, conciso y práctico, el fin al que aspira este gi-
gantesco movimiento renovador de la ciencia psicológica: no 
solamente predecir, en un momento dado, qué respuesta corres-
ponde a un determinado estímulo o inferir qué estímulo deter-
minó tal respuesta, sino —lo que es mucho más importante— 
llegar a fundar las bases experimentales de una nueva ética 
humana, que esté a la altura de las posibilidades de realización 
y sea algo más que un mero entretenimiento especulativo. Ello 
es tanto más necesario cuanto que en los países hispanoame-
ricanos falta el arraigo de los métodos psicoexperimentales se-
rios, y por ello se propende a reaccionar demasiado rápida-
mente en Psicología con arreglo a la famosa ley del Todo o 
Nada, tomando posturas "pour" o "contre", sin tener en cuen-
ta que en cada doctrina psicológica, por disparatada que pa-
rezca, existe algo aprovechable, y en cada doctrina psicológica, 
por justa y brillante que resulte, existe, también, algo erróneo. 
Hace más de 25 años dimos nuestro primer cursillo sobre 
conductismo en el Instituto de Fisiología que dirigía el Profesor 
Pi SUÑER, en Barcelona. De entonces acá han aparecido nue-
vas concepciones psicológicas y se han acumulado multitud de 
E L C O N D U C T I S M O 10 
nuevos hechos en esta ciencia. Sin embargo, creemos poder 
mantener el mismo juicio con que entonces clausuramos nues-
tras lecciones: "la obra de WATSON, muy intimamente ligada 
a la de los modernos psicólogos soviéticos, está destinada a ser 
imprescindible en cualquier biblioteca de los futuros cultores 
de la Psicología". Nuestra felicitación, pues, a la Editorial 
Paidós, por brindarla al público de habla hispánica. 
EMILIO MIRA Y LÓPEZ. 
Ex Profesor de la Universidad 
de Barcelona 
Introducción 
M IRANDO hacia atrás en la historia del movimiento conduc-tista, desde su abierta iniciación en 1912, a primera vis-
ta parece difícil entender por qué el conductismo debió sopor-
tar tan implacable tempestad. 
El conductismo —según intenté explicarlo en mis confe-
rencias en Columbia (1912) y en mis primeros escritos— pro-
poníase lo siguiente: aplicar al estudio experimental del hom-
bre iguales procedimientos y el mismo lenguaje descriptivo que 
muchos investigadores habían empleado con éxito durante lar-
gos años en el examen de animales inferiores al hombre. Creía-
mos entonces, como creemos todavía, que el hombre es un 
animal distinto de los demás únicamente en las formas de 
comportarse. 
Pienso que fué la enunciación de este convencimiento la 
verdadera causa de aquella tormenta. Provocó una resistencia 
muy semejante a la que suscitara la primera publicación del 
"Origen de las especies" de DARWIN.LOS seres humanos no 
gustan ser clasificados junto a los otros animales. Están dis-
puestos a admitir que lo son, pero también "algo más". Este 
"algo más" es el culpable de todo el trastorno. Este "algo 
más" involucra cuanto se cataloga como religión, vida futura, 
moral, amor a los hijos, padres, patria, etc. El crudo hecho de 
que el psicólogo, si quiere proceder científicamente, habrá de 
describir la conducta del hombre en términos no diferentes de 
los que utilizaría para la conducta de un buey destinado al 
matadero, apartó del conductismo a muchos espíritus tímidos, 
y aún hoy los mantiene alejados. 
La resistencia no se debe, según sostienen algunos de mis 
colegas, a la forma en que los conductistas presentaron sus 
descubrimientos y convicciones. Hemos sido acusados de pro-
22 J. B. W A T S O N 
pagandistas; de haber difundido nuestras conclusiones en la 
prensa general en lugar de hacerlo en las publicaciones cien-
tíficas, investidas de mayor dignidad; de escribir como si na-
die hubiese contribuido nunca a la psicología; de ser bolche-
viques. Todas ellas son críticas apasionadas, reveladoras de 
que el conductismo está pisando la pezuña de alguna vaca sa-
cra, que está amenazando el orden de las cosas establecido. 
Admitirlo significa renunciar a viejas costumbres consagradas; 
abandonar esa cómoda psicología introspectista que se ajusta a 
los hábitos establecidos o que, si no, por lo menos usa tan 
oscuro lenguaje que el lector no precisa molestarse. 
¿Cuál fué la consecuencia de esa tempestad? En primer 
término, indudablemente una nueva literatura: una literatura 
crítica. Ella, en parte, ha sido personal: hasta injuriosa. En 
cuanto a mí, jamás respondí a una crítica. Rara vez se ha 
salido en defensa del conductismo. Los conductistas se halla-
ban harto ocupados en exponer los resultados de sus expe-
rimentos o de sus generalizaciones como para preocuparse de 
contestarlas. Al rever esta literatura, inclinóme a pensar que de 
habernos tomado el trabajo de la replica, nuestra ciencia habría 
sido más claramente entendida, porque en las publicaciones psi-
cológicas se han deslizado algunos malentendidos realmente 
pueriles y afirmaciones por completo inexactas acerca de nues-
tra posición. 
Era natural que surgieran reparos. Muchos de los decanos 
de la psicología disponían de bien instalados laboratorios y de 
copiosa bibliografía psicológica introspectista. El conductismo 
pedía nuevos laboratorios y aun nuevos términos con que ela-
borar sus exposiciones. Inclusive parecía amenazar la vida eco-
nómica de los profesores. Hasta los mozalbetes, discípulos de 
algunos de los más viejos representantes de la escuela intros-
pectista, sintiéronse obligados a romper lanzas en defensa de 
sus maestros. ROBACK, en su "Behaviorism and Psychology'> 
(Conductismo y Psicología) nos ofrece un clásico ejemplo de 
este último tipo de reacción. Además, en dicha obra está muy 
próximo a quebrar con todas las normas de caballerosidad. 
Pero, gracias a ello, y a pesar de que el conductismo no 
logró un franco reconocimiento, ha ejercido profunda influencia 
durante sus dieciocho años de vida. A fin de persuadirse de 
E L C O N D U C T I S M O 23 
esto, compárese, título por título, los artículos de nuestros dia-
rios pertenecientes a los tres lustros anteriores al advenimiento 
del conductismo, con los de estos últimos quince a dieciocho 
años. Cotéjese los libros escritos antes y después. No sólo 
los tópicos, también el lenguaje se ha tornado conductista. 
Hoy, ninguna universidad puede sustraerse a la enseñanza del 
conductismo. En algunas se aceptan sus métodos e hipótesis; 
en otras se enseñan con el evidente propósito de criticarlos. 
Lo cierto es que la nueva generación de estudiantes reclama 
que cuando menos se le suministre alguna orientación acerca 
del conductismo. Para ella se escribió este libro. 
He dedicado tiempo y esfuerzos considerables a esta úl-
tima edición. Ni yo ni el editor estábamos satisfechos con la 
forma y el estilo de la primera. Había sido publicada apresu-
radamente, como serie de conferencias. En la presente, intenté 
antes que nada mejorar el estilo suprimiendo todos los recursos 
comunes en el disertante para mantener atento su auditorio. En 
general, procuré eliminar las exageraciones propias de toda con-
ferencia. He agregado unas 100 páginas de material comple-
tamente nuevo; constituido por los resultados extraídos de pu-
blicaciones recientes y de las modificaciones en mi punto de 
vista teórico. He quitado de 25 a 30 páginas de contenido an-
ticuado. Sin embargo, el punto de vista no ha cambiado de un 
modo fundamental. 
Me ha interesado profundamente el nuevo libro de JEN-
NINGS, "Bases biológicas de la naturaleza humana". Agradéz-
cole muy en especial la larga cita tomada de su excelente ex-
posición acerca de los genes. Una vez más, quiero significar 
mi reconocimiento al Prof. K. S. LASHLEY, al doctor H. M. 
JOHNSON, y a mi compañera de tareas, señorita ANNA JUEÑKER, 
por la ayuda que me prestaron en ambas ediciones. 
John B. Watson. 
/. ¿Qué es el Conductismo? 
LA VIEJA Y LA NUEVA PSICOLOGÍA EN OPOSICIÓN 
Ejemplo de tales conceptos. Advenimiento del conductismo. Programa 
del conductismo. Algunos problemas específicos del conductismo. Ex-
cluye esta orientación conductista algo propio de la psicología. Para 
comprender al conductismo es necesario comenzar por la observación 
de la gente. Definición de conductismo. ¿Qué es un estímulo? Cómo el 
aprendizaje multiplica los estímulos. Qué entiende el conductismo por 
respuesta. Clasificación general de la respuesta. ¿Es el conductismo una 
mera orientación metodológica en el estudio de los problemas psicoló-
gicos o constituye un verdadero sistema de psicología? 
Dos criterios distintos imperan aún en el pensamiento psi-
cológico norteamericano: la psicología introspectista o subje-
tivista y el conductismo o psicología objetiva *. Hasta el adve-
nimiento del conductismo, en 1912, la psicología introspectista 
* En las útlimas décadas han coexistido otros dos puntos de vista más o 
menos sobresalientes, pero transitorios —la llamada psicología funcional de DEWEY, 
ANGELL y JUDD y la "Gestalt Psychologie" (Psicología de la forma) de WERTHEIMER, 
KOFFKA y KoHLER. A mi juicio, ambos son, diríamos, hijos ilegítimos de la psicología 
introspectista. La psicología funcional, que hoy se menciona rara vez, estuvo de 
moda por sus abundantes digresiones en torno a las funciones mentales de adap-
tación fisiológica. Según ellos, la mente desempeña el papel de una especie de 
"ángel de la guarda" adaptador. La filosofía que respalda esta teoría sabe mu-
chísimo a la buena y vieja filosofía cristiana de BERKELEY (acción recíproca o 
fiscalizadora del cuerpo por la divinidad). La psicología de la Gestalt, divaga acerca 
de la respuesta estructural (¡realmente innata!). Como teoría psicológica, no puede 
progresar mucho. Es tan oscura como la forma en que KANT trata la imaginación, 
teoría a la cual se asemeja un poco. El verdadero "quid" de todo ello ha sido 
expresado mucho mejor y con mayor claridad por WiLLIAM JAMES en "Los Prin-
cipios" (capítulos acerca de la sensación y la percepción). Esos capítulos podrían 
ser leídos con provecho por los apadrinadores de la Gestalt. Esta escuela sigue 
siendo parte de la Psicología introspectista. Dicho sea de paso, una lectura comple-
mentaria, que puede interesar a todo estudiante de la Gestalt, la constituye el libro 
de HOBHOUSE, "Mind in Evolution" (La mente en evolución). 
26 J. B. W A T S O N 
dominaba totalmente la vida psicológica de la universidad nor-
teamericana. 
Los más destacados representantes de la psicología intros-
pectista en la primera década del siglo veinte, fueron E. B. TIT-
CHENER, de Cornell, y WILLIAM JAMES, de Harvard. La muerte 
de JAMES en 1910 y la de TITCHENER en 1927, dejaron a la 
psicología introspectista huérfana de un verdadero guía espiri-
tual. Si bien la psicología de TITCHENER difiere en muchos 
puntosde la de WILLIAM JAMES, los supuestos fundamentales 
son idénticos. En primer lugar, los dos eran de origen germá-
nico. En segundo, y esto es más importante, ambos proclama-
ban que es la consciencia la materia de estudio de la psicología. 
El conductismo sostiene, por el contrario, que es la conducta 
del ser humano el objeto de la psicología. Afirma que el con-
cepto de consciencia no es preciso, ni siquiera utilizable. Ha-
biendo recibido una formación experimentalista, el conductista 
entiende, además, que la creencia de que existe la consciencia 
remóntase a los antiguos días de la superstición y la magia. 
No obstante su progreso, la gran masa del pueblo ni aun 
hoy se ha distanciado mucho de la barbarie; quiere creer en la 
magia. El salvaje se figura que los encantamientos pueden 
traer lluvias, buenas cosechas, abundante caza; que un hechi-
cero vuduísta enemistado, es capaz de provocar la desgracia de 
un individuo o de toda una tribu; que si un enemigo logra mu-
ñirse de un trozo de uña o de un mechón de cabello de otra 
persona, podrá embrujarla y gobernarla. Siempre hay interés 
y cosas nuevas en la magia. Casi todas las épocas poseyeron 
su propia magia negra o blanca, y su propio mago. Moisés 
tuvo su magia: transformó el agua en vino y revivió al muerto. 
CouÉ tuvo su fórmula. La señora EDDY también. 
La magia jamás perece. Con el decurso del tiempo, todas 
estas innumerables leyendas, exentas de todo análisis, tejen la 
tradición popular. La tradición se constituye en religiones. Las 
religiones se enredan en las mallas políticas y económicas del 
país. Luego se las esgrime como instrumentos. Se obliga al 
pueblo a aceptar todas estas fantasías, que más tarde transmite 
como evangelio a los hijos de sus hijos. 
Es casi increíble hasta qué punto la mayoría de nosotros 
está influida por un fondo salvaje. Pocos se libran de esa in-
E L C O N D U C T I S M O 27 
fluencia. Al parecer, ni siquiera la enseñanza escolar suministra 
un correctivo.- Por el contrario, parece asegurarla en mayor 
grado todavía, a causa de que las escuelas están colmadas de 
maestros con idéntico fondo. Inclusive muy destacados bió-
logos, físicos y químicos, saliendo de sus laboratorios, son fácil 
presa de la tradición cristalizada en conceptos religiosos. Estos 
conceptos —herencia de un temeroso pasado salvaje— han en-
torpecido grandemente el nacimiento y desarrollo de la psico-
logía científica. 
EJEMPLO DE TALES CONCEPTOS 
Ejemplo de uno de estos conceptos religiosos es el de que 
todo individuo posee un alma, separada y distinta del cuerpo, 
que realmente es parte del ser humano. Esta vieja doctrina 
conduce al principio filosófico llamado "dualismo". Tal dogma 
se encuentra en la psicología humana desde la más remota an-
tigüedad. Nadie ha palpado nunca un alma, o la ha visto en 
un tubo de ensayo, o ha entrado de alguna manera en relación 
con ella, como puede hacerlo con los otros objetos de su expe-
riencia diaria. A pesar de esto, dudar de su existencia involu-
cra convertirse en hereje y, en cierta época, hubiera podido lle-
var al reo inclusive a la muerte. Todavía hoy, quien desempeña 
un cargo público, no osa discutir el punto. 
Con el desarrollo de las ciencias físicas que sobrevino con 
el Renacimiento, esta asfixiante nebulosa del alma pudo disi-
parse en cierta medida. Era dable pensar en la astronomía, 
en los cuerpos celestes y sus movimientos, en la gravitación y 
fenómenos similares, sin implicar el alma. Aunque los primeros 
hombres de ciencia fueron, por lo general, devotos cristianos, 
en sus tubos de ensayo empezaron a prescindir de ella. 
Empero, la psicología y la filosofía, ocupándose de obje-
tos que consideraban inmateriales, encontraron muy difícil eludir 
el lenguaje de la Iglesia; de ahí que el concepto de mente o 
alma, como algo diverso del cuerpo, llegase en. lo esencial casi 
intacto hasta las postrimerías del siglo diecinueve. 
Es indiscutible que, en 1879, WUNDT, el verdadero padre 
de la psicología experimental, quería una psicología científica. 
Se desenvolvió en medio de una filosofía dualista del tipo más 
28 J. B. W A T S O N 
pronunciado. No pudo discriminar con claridad el camino de 
la solución del problema mente-cuerpo. Su psicología, que ha 
regido soberana hasta nuestros días, es necesariamente de tran-
sacción. Sustituyó el término alma por el de consciencia. La 
consciencia no es tan completamente inobservable como el alma; 
la observamos al atisbarla de improviso y, como quien diría, al 
sorprenderla desprevenida (introspección). 
WUNDT tuvo enorme cantidad de discípulos. De la misma 
manera que ahora está en boga ir a Viena para estudiar psico-
análisis con FREUD, hacia 1890 era corriente estudiar en Leipzig 
psicología experimental con WUNDT. De ahí regresaron los que 
habrían de fundar los laboratorios de la Universidad de John 
Hopkins, las Universidades de Pennsylvania, Columbia, Clark 
y Cornell. Todos venían equipados para luchar con esa cosa 
esquiva (casi tanto como el alma) llamada consciencia. 
Para demostrar lo anticientífico del concepto básico de esta 
gran escuela de psicología germano - americana, basta fijarse 
un momento en la definición de psicología que formuló 
WILLIAM JAMES: La Psicología es la descripción y explicación 
de los estados de consciencia en cuanto tales. Partiendo de una 
definición que supone lo que pretende demostrar, salva su di-
ficultad con un argumentum ad hominem. Consciencia; ¡oh sí, 
todos deben saber lo que es esta "consciencia"! Somos cons-
cientes cuando experimentamos la sensación de rojo, una per-
cepción, un pensamiento, cuando queremos hacer algo. 
Los restantes cultores de la introspección son igualmente 
ilógicos. En otras palabras, no••.nos_di.cea_qué;.es_la.consciencia; 
simplemente comienzan por introducir cosas en ella en_ calidad 
de supuestos, y naturalmente, aFanalizarla luego, encuentran 
lo que en ella pusieron. De esta suerte, en los análisis de la 
consciencia realizados por ciertos psicólogos, hallamos elemen-
tos tales como las sensaciones y sus fantasmas, las imágenes. 
En otros, no sólo encontramos sensaciones, sino también los 
denominados elementos afectivos; y más aún, en otros, elemen-
tos tales como la voluntad, designado elemento conativo de la 
consciencia. Vemos que por ahí algunos afirman la existencia 
de cientos de sensaciones de un determinado tipo, en tanto los 
de más allá sostienen que hay unas pocas. . . Y así adelante. 
Se han impreso millares de páginas acerca del análisis mi-
E L C O N D U C T I S M O 29 
nucioso de ese algo intangible llamado consciencia. ¿Y cómo 
empezar a trabajar sobre ella? No analizándola como lo haría-
mos si se tratara de una composición química o del crecimiento 
de una planta. No; éstas son cosas materiales. La cosa que 
llamamos consciencia únicamente puede examinarse por intros-
pección: una ojeada a lo que acontece en nuestro interior. 
Como resultado de este postulado principal —de que exis-
te una cosa que llamamos consciencia y de que podemos es-
tudiarla por introspección—, encontramos tantos análisis como 
psicólogos. No existe modo de atacar experimentalmente, re-
solver los problemas psicológicos y establecer métodos nor-
mativos. 
ADVENIMIENTO DEL CONDUCTISMO 
En 1912, los psicólogos objetivistas arribaron a la conclu-
sión de que ya no podía satisfacerlos seguir trabajando con 
las fórmulas de WUNDT. Sentían que los treinta años estériles 
transcurridos desde el establecimiento de su laboratorio, habían 
probado terminantemente que la llamada psicología introspec-
tista de Alemania se fundaba sobre hipótesis falsas; que ninguna 
psicología que incluyese el problema religioso mente-cuerpo, 
podría alcanzar jamás resultados verificables. Decidieron que 
era preciso renunciar a la psicología o bien transformarla en 
una ciencia natural. Veían cómo sus colegas científicos pro-
gresaban en la medicina, en la química, en la física. Todo des-
cubrimiento en esos campos revestía importancia capital; cada 
nuevoelemento que se lograba aislar en un laboratorio podía 
serlo asimismo en otro; cada nuevo elemento se incorporaba 
en seguida a su ciencia. Basta como testimonio la mención de 
la radiotelefonía, el radium, la insulina, la tiroxina. Elementos 
así aislados y métodos así formulados empezaron a servir de 
inmediato en la realización humana. 
En sus primeros esfuerzos por lograr uniformidad en el 
objeto y métodos, el conductista comenzó por plantear el pro-
blema de la psicología, barriendo con todas las concepciones 
medievales y desterrando de su vocabulario científico todos 
los términos subjetivos, como sensación, percepción, imagen, 
deseo, intención e inclusive pensamiento y emoción según los 
define el subjetivismo. 
30 J. B . W A T S O N 
PROGRAMA DEL CONDUCTISMO 
El conductista pregunta: ¿por qué no hacer de lo que 
podemos observar el verdadero campo de la psicología? Limi-
témonos a lo observable, y formulemos leyes sólo relativas a 
estas cosas. Ahora bien: ¿qué es lo que podemos observar? 
Podemos observar la conducta —lo que, el organismo hace o 
dice. Y apresurémonos a señalar que hablar es hacer, esto es, 
comportarse. El hablar explícito o con nosotros mismos (pen-
sar) representa un tipo de conducta exactamente tan objetivo 
como el béisbol. 
La regla o cartabón que el conductista jamás pierde de 
vista es: ¿puedo describir la conducta que veo, en términos 
de "estímulo y respuesta"? Entendemos por estímulo cualquier 
objeto externo o cualquier cambio en los tejidos mismos de-
bidos a la condición fisiológica del animal; tal como el que ob-
servamos cuando impedimos a un animal su actividad sexual, 
le privamos de alimento, no le dejamos construir su nido. En-
tendemos por respuesta todo lo que el animal hace, como vol-
verse hacia o en dirección opuesta a la luz, saltar al oír un 
sonido, o las actividades más altamente organizadas, por ejem-
plo: edificar un rascacielos, dibujar planos, tener familia, es-
cribir libros, etcétera. 
ALGUNOS PROBLEMAS ESPECÍFICOS DEL CONDUCTISMO 
Es dable advertir, pues, que el conductista trabaja como 
cualquier otro hombre de ciencia. Su único objeto es reunir 
hechos tocantes a la conducta —verificar sus datos—, someter-
los al examen de la lógica y de la matemática (los instrumentos 
propios de todo científico). Lleva al recién nacido a su "nursery" 
experimental y empieza a plantear problemas: ¿qué hace ahora 
el niño? ¿Cuál es el estímulo que lo induce a comportarse así? 
Encuentra que el estímulo de los cosquilieos en la mejilla pro-
voca la respuesta de hacerle volver la boca hacia el lado es-
timulado. El estímulo del pezón, la succión. El estímulo de 
una vara sobre la palma de la mano, el cierre de la mano; y 
si se levanta la vara, la suspensión de todo el cuerpo por ésta 
y el brazo. Si estimulamos al niño haciendo pasar rápidamente 
E L C O N D U C T I S M O 31 
una sombra delante de sus ojos, no provocaremos su parpadeo 
hasta que tenga sesenta y cinco días de vida. Si lo estimulamos 
con una manzana, un caramelo o cualquier otro objeto, no 
hará tentativa alguna de alcanzarlos hasta aproximadamente los 
ciento veinte días de existencia. Si a un niño correctamente 
criado, cualquiera sea su edad, lo estimulamos con serpientes, 
peces, oscuridad, papel encendido, pájaros, gatos, perros, monos, 
no conseguimos suscitar el tipo de respuesta que llamamos 
"miedo" (y a la cual para ser objetivos podríamos designar 
reacción X), que se manifiesta en detenimiento de la respira-
ción, rigidez de todo el cuerpo y desvío de la fuente de estímu-
lo: un correr o gatear para alejarse de ella. (Ver pág. 181). 
Por otra parte, existen, con toda exactitud, dos estímulos 
que indefectiblemente promueven la respuesta de miedo: un 
sonido fuerte y la pérdida de base de sustentación. 
Ahora bien, por la observación de niños criados fuera de 
su "nursery", el conductista sabe que centenares de cosas des-
piertan respuestas de miedo. Surge pues esta cuestión científica: 
si al nacer, únicamente dos estímulos provocan el miedo, ¿cómo 
es posible que esas otras cosas logren producirlo? Adviértase 
que la pregunta no es de índole especulativa. Cabe satisfacerla 
mediante experimentos; los experimentos son susceptibles de 
reiterarse, y si la observación original es correcta se obtendrán 
iguales resultados en cualquier otro laboratorio. Con un sen-
cillo ensayo se lo puede comprobar. 
Si se muestra una serpiente, un ratón o un perro a una 
criatura que nunca haya visto estos objetos ni se la haya ate-
morizado de otra manera, empezará a tocarlo apretujando esta 
o aquella parte. Repítase esta prueba durante diez días hasta 
obtener una razonable seguridad de que la criatura se acer-
cará siempre al porro, que nunca huirá de él (reacción positiva), 
y de que éste jamás provocará una respuesta de miedo. En 
estas condiciones, se toma una barra de acero a espaldas del 
niño y se golpea fuertemente. De inmediato aparecerán las 
manifestaciones del miedo. Entonces, pruébese lo siguiente: en 
el momento en que se le enseña el animal, y justamente cuando 
empieza a aproximársele, golpéese de nuevo la barra del mismo 
modo. Repítase el experimento tres o cuatro veces. Se mani-
festará un cambio novedoso e importante: ahora, el animal pro-
32 J. B. W A T S O N 
voca la misma respuesta que la barra de acero — una respuesta 
de miedo. En el conductismo denominamos este hecho respuesta 
emocional condicionada — una forma de reflejo condicionado. 
Nuestros estudios acerca de los reflejos condicionados nos 
permiten explicar el temor de la criatura al perro sobre la base 
de una ciencia completamente natural, sin apelar a la conscien-
cia ni a ninguno de los denominados procesos mentales. Un perro 
se aproxima con rapidez al niño, le salta encima, lo derriba y al 
mismo tiempo ladra fuertemente. A menudo, basta una com-
binación de esta índole para que la criatura huya del animal 
apenas lo vea. 
Hay muchos otros tipos de respuestas emocionales condi-
cionadas, como las que se relacionan con el amor, cuando la 
madre, al acariciar a su niño, arrullarlo, estimular sus órganos 
sexuales durante el baño, y mediante otras operaciones simila-
res, provoca el abrazo y el gorjeo como una respuesta original 
no aprendida. Pronto esta reacción se torna condicionada. La 
mera visión de la madre produce la misma clase de respuestas 
que el contacto físico real. En la ira tenemos una serie de he-
chos análogos. El impedir los movimientos de los miembros 
del niño, provoca la respuesta originaria no aprendida que lla-
mamos "ira". No tarda en ocurrir que la mera presencia de 
una niñera que lo trate con brusquedad baste para suscitar un 
acceso de cólera. Es dable comprobar, pues, cuan relativamen-
te simples son al principio nuestras respuestas emocionales, y 
cuan terriblemente las complica pronto la vida del hogar. 
El conductista tiene asimismo sus problemas en lo tocante 
al adulto. ¿Qué métodos hemos de utilizar sistemáticamente a 
fin de condicionar al adulto? ¿Por ejemplo, para enseñarle há-
bitos de trabajo, hábitos científicos? Ambas categorías, los ma-
nuales (técnica y habilidad) y los laríngeos (hábitos de hablar 
y pensar) habrán de establecerse y relacionarse antes que se 
complete el aprendizaje. Una vez formados estos hábitos de 
trabajo, ¿con qué sistema de estímulos variables debemos ro-
dearlo si queremos mantener el nivel de eficiencia y su aumento 
constante? 
Además del problema de los hábitos profesionales, se plan-
tea el de su vida emocional. ¿Cuál es la parte que trasciende 
su infancia? ¿Cuál estorba su adaptación actual? ¿Cómo po-
E L C O N D U C T I S M O 33 
demos hacer para que la elimine? Es decir: ¿desacondicionarlo 
cuando ello resulte necesario, o condicionarlo cuando el condi-
cionamiento Ío~ sea? En verdad, sabemos muy poco acerca de 
la cantidad y calidad de los hábitos emocionales o, mejor, vis-
cerales (con este término entendemos que el estómago, los in-
testinos, la respiración y la circulación se condicionan —for-man hábitos) que debieran crearse. Sabemos que existe gran 
número y que son importantes. 
Probablemente, la mayoría de los adultos de este mundo 
nuestro, sufre vicisitudes en su vida familiar y en sus negocios 
que se deben más a pobres e insuficientes hábitos viscerales 
que a la falta de técnica y habilidad en sus actividades ma-
nuales y verbales. En el presente, uno de los relevantes proble-
mas en las grandes organizaciones es el de la adaptación de la 
personalidad. Al ingresar en las organizaciones comerciales, los 
jóvenes de ambos sexos tienen adecuada capacidad para des-
empeñar sus tareas, mas fracasan por no adaptarse a los demás. 
¿EXCLUYE ESTA ORIENTACIÓN ALGO PROPIO DE LA PSICOLOGÍA? 
Después de este breve examen de la orientación conduc-
tista en lo tocante a los problemas de la psicología, podría 
decirse: "Bien, vale la pena estudiar la conducta humana de 
esta manera, pero el estudio de la conducta no es toda la psi-
cología. Omite demasiado. ¿Acaso no tengo sensaciones, per-
cepciones, conceptos? ¿No olvido y recuerdo cosas e ima-
gino otras; no tengo imágenes visuales y auditivas de cosas 
anteriormente vistas u oídas? ¿No veo y oigo cosas que nunca 
he visto ni oído en la naturaleza? ¿No puedo estar atento o des-
atento, según la circunstancia? ¿Algunas cosas no despiertan en 
mí placer, y disgusto otras? El conductismo pretende privarnos 
de todo cuanto desde la más tierna infancia ha constituido para 
nosotros un artículo de fe". 
A causa de la formación en psicología introspectista, según 
acontece con la mayoría, es lógico que se planteen estas con-
sideraciones y se encuentre difícil apartarse del antiguo voca-
bulario para empezar a delinear una nueva vida psicológica en 
los términos del conductismo. El conductismo es vino nuevo y 
no puede entrar en odres viejos. Momentáneamente convendrá 
34 J. B. W A T S O N 
apaciguar el natural antagonismo y aceptar el programa con-
ductista, por lo menos hasta compenetrarse con mayor pro-
fundidad de esta ciencia. Entonces notará que ha progresado 
tanto en el conductismo que las preguntas que ahora formula 
se contestarán por sí mismas, de una manera perfectamente 
satisfactoria y científica. A continuación debemos agregar que si 
el conductista le interroga qué entiende por los términos sub-
jetivos que empleamos habitualmente, caería en un mar 
de contradicciones. Inclusive podría convencerle de que lo ig-
nora. Los aplicaba sin analizarlos; integraban su tradición social 
y literaria. 
PARA COMPRENDER EL CONDUCTISMO ES NECESARIO COMENZAR POR 
LA OBSERVACIÓN DE LA GENTE 
Este es el punto de partida fundamental del conductismo. 
Muy pronto se descubrirá que la autoobservación, además de 
no ser la manera más fácil y natural de estudiar psicología, 
resulta simplemente imposible. Dentro de nosotros mismos sólo 
podemos comprobar las formas más elementales de respuesta. 
Por el contrario, cuando empezamos a estudiar lo que hace nues-
tro vecino, advertimos que rápidamente adquirimos experiencia 
para clasificar su conducta y crear situaciones (presentar es-
tímulos) que lo harán comportarse de una manera previsible 
para nosotros. 
DEFINICIÓN DE CONDUCTISMO 
En el presente, las definiciones no son tan populares como 
lo fueron en otras épocas. La definición de cada ciencia, de la 
física, por ejemplo, necesariamente tendría que incluir la de 
todas las demás. Esto mismo vale respecto del conductismo. 
Todo cuanto en la actualidad podemos hacer para definir una 
ciencia es, casi, describir un círculo alrededor de aquel sector 
de la ciencia natural que reclamamos de nuestro dominio. 
El conductismo —según queda entendido a través de nues-
tra exposición preliminar—, es, pues, una ciencia natural que se 
arroga todo el campo de las adaptaciones humanas. Su com-
pañera más íntima es la fisiología. En efecto, conforme avan-
E L C O N D U C T I S M O 35 
cemos en este sentido, podríamos llegar a preguntarnos si es 
posible diferenciar el conductismo de esa ciencia. En realidad, 
sólo difiere de la fisiología en el ordenamiento de sus proble-
mas; no en sus principios fundamentales ni en su punto de 
vista central. La fisiología se interesa especialmente en el fun-
cionamiento de las partes del animal: por ejemplo, el sistema 
digestivo, circulatorio, nervioso, los sistemas secretorios, la me-
cánica de las reacciones nerviosas y musculares. En cambio, 
aunque muy interesado en el funcionamiento de dichas partes, 
al conductismo le importa intrínsecamente lo que el animal 
—como un todo— hace desde la mañana hasta la noche y desde 
la noche hasta la mañana. 
El interés del conductista en las acciones humanas signi-
fica algo más que el del mero espectador: desea controlar las 
reacciones del hombre, del mismo modo como en la física los 
hombres de ciencia desean examinar y manejar otros fenómenos 
naturales. Corresponde a la psicología conductista poder anti-
cipar y fiscalizar la actividad humana. A fin de conseguirlo, 
debe reunir datos científicos mediante procedimientos experi-
mentales. Sólo entonces al conductista experto le será posible 
inferir, dados los estímulos, cuál será la reacción; o, dada 
la reacción, cuál ha sido la situación o estímulo que la ha 
provocado. 
Examinemos por un momento más de cerca estos dos tér-
minos: estímulo y respuesta. 
¿QUE ES UN ESTIMULO? 
Si, de improviso, dirijo al ojo una luz intensa, la pupila se 
contraerá rápidamente. Si, de improviso, apagara toda la ilu-
minación de un cuarto en el que se encuentra una persona, 
sus pupilas comenzarían a dilatarse. Si, de improviso, a sus 
espaldas disparara un tiro de pistola, daría un sacudón y pro-
bablemente volvería la cabeza. Si, de improviso, se soltara 
sulfito de hidrógeno en un ambiente cerrado, las personas que 
estuviesen en él se apresurarían a taparse la nariz y acaso 
también tratarían de huir. Si, de improviso, aumentara en forma 
sensible la temperatura de un ambiente, quienes se encontraran 
en él empezarían a desabrocharse el saco y a transpirar. Si, 
36 J. B. W A T S O N 
de improviso, la hiciera bajar de súbito, provocaría una reacción 
diferente. 
Además, en nuestro interior tenemos un campo igualmente 
vasto en el que los estímulos pueden ejercer su efecto. Por 
ejemplo, momentos antes de comer, los músculos del estómago 
principian a contraerse y a dilatarse rítmicamente por la caren-
cia de alimento. En cuanto se lo ingiere, las contracciones cesan. 
Tragando un pequeño globo y comunicándolo con un instru-
mento registrador, podemos determinar con facilidad la reacción 
del estómago a la falta de alimento y la ausencia de reacción 
en presencia del mismo. En el macho, de todos modos, la 
presión de ciertos fluidos (semen) es susceptible de conducir 
a la actividad sexual. En el caso de la hembra, la presencia 
de ciertos cuerpos químicos también puede fácilmente provocar 
una manifestación sexual explícita. Los músculos de nuestros 
brazos, piernas y busto no sólo están sujetos a los estímulos 
procedentes de la sangre; asimismo son estimulados por sus 
propias reacciones, o sea: el músculo se encuentra en estado 
de constante tensión; cualquier aumento de ésta, verbigracia, 
al realizarse un movimiento, despierta un estímulo y motiva otra 
reacción en ese músculo o en otro ubicado en alguna parte dis-
tante del cuerpo; cualquier disminución de dicha tensión, como 
cuando el músculo se relaja, constituye análogamente un 
estímulo. 
Comprobamos, pues, que el organismo se halla de continuo 
sometido a la acción de los estímulos —que llegan por la vista, 
el oído, la nariz y la boca— los denominados objetos de nuestro 
medio; al mismo tiempo, también el interior de nuestro cuerpo 
se halla en cada instante sometido a la acción de estímulos 
nacidos de los cambios en los tejidos mismos. ¡Por favor, no 
se piense que en su interior el cuerpo es distinto o más mis-
terioso que en su exterior! 
A través del proceso de la evolución humana los seres han 
desarrollado órganos sensoriales — áreas especializadascomo 
los ojos, orejas, nariz, lengua, epidermis y conductos semi-
circulares * en las que determinados tipos de estímulos son su-
* En el capítulo III examinaremos cómo están constituidos los órganos sen-
soriales y cuál es su relación general con el resto del cuerpo. 
E L C O N D U C T I S M O 37 
mámente efectivos. A éstos, hay que agregar todo el sistema 
muscular, los. músculos estriados (por ejemplo, los largos múscu-
los, rojos, de los brazos, piernas y busto) y lisos (por ejem-
plo, los que participan en la estructura hueca, semejante a un 
tubo, del estómago, intestinos y vasos sanguíneos). Los múscu-
los no son, pues, órganos de reacción únicamente, sino también 
sensoriales. Luego veremos que los dos últimos sistemas ejer-
cen enorme influencia en la conducta humana. Muchas de nues-
tras reacciones más íntimas y personales se deben a los estímu-
los creados por cambios en el tejido de nuestros músculos es-
triados y visceras. 
COMO EL APRENDIZAJE MULTIPLICA LOS ESTÍMULOS 
Uno de los problemas del conductismo es el que cabría 
denominar "la multiplicación continua de los estímulos" a los 
cuales responde el individuo. En verdad, esta cuestión es tan 
compleja que, a primera vista, podríamos sentirnos tentados a 
dudar de lo aseverado más arriba: que es posible prever la 
reacción. Si se vigila el crecimiento y el desarrollo del ser 
humano, se observará que si bien gran cantidad de estímulos 
provoca reacciones en el recién nacido, muchos otros no des-
piertan ninguna. Sea como fuere, no determinan una reacción 
igual a la que promueven más tarde. Por ejemplo, no se con-
sigue mucho enseñando a un infante un lápiz, un papel o la 
partitura de una sinfonía de Beethoven. En otras palabras, 
antes que ciertos estímulos puedan ejercer su influencia es 
indispensable que se forme un hábito. Luego trataremos el 
procedimiento mediante el cual nos es dable lograr que estí-
mulos comúnmente sin reacciones, las provoquen. El término 
que de ordinario empleamos para describir este procedimiento 
es "condicionamiento" (conditioning). En el capítulo II habla-
remos con mayor extensión de las "reacciones condicionadas". 
Es el condicionamiento, desde la más tierna infancia, lo 
que dificulta tanto al conductista poder anticipar cuál será una 
determinada reacción. Por lo regular, la vista de un caballo 
no suscita una reacción de miedo, y, sin embargo, en un grupo 
de 30 a 40 personas casi siempre se encuentra alguna que 
caminará una cuadra de más a fin de eludirlo. El estudio del 
38 J. B. W A T S O N 
conductismo nunca facultará a sus cultores para denunciar la 
existencia de tal estado de cosas con sólo mirar a una persona. 
No obstante, si el conductista advierte esta reacción, es muy 
fácil para él señalar aproximadamente qué situación de la pri-
mera infancia del sujeto pudo provocar este tipo de reacción 
poco frecuente en el adulto. A pesar de lo arduo que resulta 
predecir en sus detalles cuáles serán las reacciones, insistimos, 
en general, en la teoría de que nos es dado anunciar con ante-
lación qué hará nuestro vecino. Es la única base sobre la cual 
nos es posible alternar con el prójimo. 
¿QUE ENTIENDE EL. CONDUCTISMO POR RESPUESTA? 
Hemos puesto ya de relieve que, desde el nacimiento 
hasta la muerte, el organismo es atacado por estímulos en su 
parte exterior y por estímulos engendrados en el cuerpo mismo. 
Responde. Se mueve. La respuesta puede ser tan leve que 
únicamente sea susceptible de observarla mediante instrumentos. 
Podrá limitarse a un mero cambio en la respiración, o a un 
aumento o disminución de la presión arterial. Acaso no suscite 
más que un movimiento del ojo. Empero, las reacciones más 
comúnmente observadas son los movimientos de todo el cuerpo, 
de los brazos, piernas, tronco o combinaciones de todas las 
partes movibles. 
Por lo regular, aunque no siempre, la respuesta del orga-
nismo al estímulo trae aparejada una adaptación. Por adapta-
ción sólo entendemos que el organismo, al moverse, altera su 
estado fisiológico de tal manera que el estímulo no provoca ya 
reacciones. Este concepto acaso parezca un tanto complicado, 
pero algunos ejemplos lo aclararán. En la persona hambrienta 
las contracciones del estómago la estimulan a andar incesante-
mente de un lado a otro. Si mientras se mueve sin descanso, 
divisa manzanas en un árbol, trepa a él de inmediato, las toma 
y empieza a comerlas. Cuando esté harta, las contracciones 
cesarán, y aunque a su alrededor cuelguen otras manzanas no 
las tomará. Otro ejemplo: el aire frío me estimula. Me muevo 
de un lado a otro hasta conseguir resguardarme del viento. 
En campo abierto, quizá podría cavar un hoyo. Una vez gua-
recido, el viento ya no provoca en mí reacción alguna. Bajo 
E L C O N D U C T I S M O 39 
la excitación sexual, el macho puede hacer cualquier cosa para 
capturar una "hembra complaciente. Satisfecha ya la actividad 
sexual, el incansable movimiento de búsqueda concluye. La 
hembra deja de estimular al macho. 
A menudo se ha criticado al conductista el énfasis que 
pone en la respuesta. A lo que parece, algunos psicólogos 
creen que el conductista está exclusivamente interesado en re-
gistrar ínfimas respuestas musculares. Nada más erróneo. Insisto 
en que al conductista le importa primordialmente la conducta 
del nombre como un todo. Lo vigila de la mañana a la noche 
en el desempeño de sus tareas diarias. Si está poniendo ladrillos, 
desearía contar el número que es capaz de colocar en diferentes 
condiciones; determinar hasta cuándo podría seguir sin ren-
dirse de cansancio; cuánto tiempo emplea para aprender su 
tarea; la posibilidad de acrecentar su eficacia u obtener que 
realice idéntica cantidad de trabajo en menor tiempo. En otras 
palabras, la contestación que importa al conductista se sintetiza 
en la sensata solución a este problema: ¿qué está haciendo y 
por qué lo está haciendo? Tras esta enunciación, seguramente 
nadie podrá desvirtuar el programa del conductista hasta el 
punto de permitirse sostener que es un mero fisiólogo del 
músculo. 
El conductista afirma que todo estímulo efectivo tiene su 
respuesta, y que ella es inmediata. Por estímulo efectivo enten-
demos el estímulo suficientemente fuerte para vencer la normal 
resistencia al pase del impulso sensorial desde los órganos de 
los sentidos a los músculos. En este punto es preciso no con-
fundirse por lo que suelen decir el psicólogo y el psicoanalista. 
Si leemos sus exposiciones, cabría suponer que el estímulo 
puede aplicarse hoy y provocar su efecto tal vez mañana, o 
quizá en los próximos meses o años. El conductista no cree 
en estas concepciones mitológicas. Es cierto que podrá presen-
tarse un estímulo verbal como éste: "Nos encontraremos mañana 
a la una en el Ritz para almorzar". La contestación inmediata 
es: "De acuerdo; no faltaré". Ahora bien, ¿qué sucede luego? 
Es preferible no intentar aún avanzar sobre este punto difícil, 
pero séanos permitido señalar que en nuestros hábitos ver-
bales existe un mecanismo en virtud del cual el estímulo se 
4© J. B. W A T I O N 
renueva de momento en momento hasta tanto ocurra la reac-
ción final: "ir al Ritz al día siguiente a la una". 
CLASIFICACIÓN GENERAL DE LA RESPUESTA 
Las dos clasificaciones sensatas de la respuesta son: "ex-
terna" o "interna" —o acaso sean mejores los términos "visi-
ble" * (explícita) e "implícita". Entendemos por respuestas 
externas o explícitas los actos ordinarios del ser humano: 
inclinarse para alzar una pelota de tenis, escribir una carta, 
entrar en un auto y comenzar a manejar, cavar un hoyo en la 
tierra, sentarse a preparar una conferencia, bailar, flirtear con 
una mujer, hacerle el amor a la esposa. Para efectuar estas 
observaciones no necesitamos instrumentos. Mas las respuestas 
pueden hallarse completamente confinadas en los sistemas 
musculares y glandulares del interior del cuerpo. Supongamos 
un niño o una persona mayor con hambre que se encuentra 
de pie, inmóvil delante de una vidriera repleta de confituras.La primera observación de quien lo mire, podrá ser: "¡No 
hace nada!" o, "simplemente mira las confituras". Un instru-
mento demostraría que sus glándulas salivales secretan, que su 
estómago se -contrae y dilata rítmicamente, y que se están 
produciendo notables cambios en la presión arterial —que las 
glándulas endocrinas están vertiendo sustancias en el torrente 
sanguíneo. Las respuestas internas o implícitas son arduas de 
observar, no porque ellas sean esencialmente distintas de las 
exteriores o explícitas, sino sólo a causa de que están ocultas 
a la mirada. 
Otra clasificación general es la de respuestas aprendidas 
y no aprendidas. He mencionado antes el hecho de que la serie 
de estímulos ante los cuales reaccionamos aumenta incesante-
mente. Merced a su estudio, el conductista ha descubierto que 
la mayoría de los actos que vemos cumplir al adulto son real-
mente aprendidos. Solíamos pensar que muchos de ellos eran 
"instintivos", es decir, "no aprendidos" — pero ahora nos en-
contramos a punto de desechar la palabra "instinto". Sin em-
bargo, llevamos a cabo muchas cosas sin necesidad de apren-
"Overt" en el original (T.J. 
E L C O N D U C T I S M O 41 
derlas: transpirar, respirar, hacer que nuestro corazón palpite, 
que nuestra digestión se efectúe, que nuestros ojos se dirijan 
a una fuente de luz, que las pupilas se contraigan, manifestar 
miedo ante un sonido fuerte. Conservemos, pues, como segunda 
clasificación: "respuestas aprendidas" — suponiendo que in-
cluyen todos nuestros hábitos complicados y todas nuestras 
respuestas condicionadas; y respuestas "no aprendidas", en-
tendiendo por ellas cuantas ya realizamos en la primera in-
fancia antes que el proceso de condicionamiento y la formación 
de hábitos predominen. 
Otra manera, puramente lógica, de clasificar las respuestas 
es la de caracterizarlas por el órgano sensorial que las origina. 
Así, verbigracia, tenemos una respuesta visual no aprendida 
— por ejemplo, el pequeño que al nacer dirige la vista a una 
fuente luminosa. Opuesta a ella, una respuesta visual aprendida: 
la respuesta a una pieza musical impresa o a una palabra. 
Podría, además, darse una respuesta kinestésica * no aprendida: 
el infante que reacciona llorando a causa de haber tenido un 
brazo torcido durante un largo rato. Estaríamos frente a una 
respuesta kinestésica aprendida si manipulamos un objeto de-
licado en la oscuridad, o caminamos por un laberinto. Asimismo, 
podemos tener una respuesta visceral no aprendida: el llanto 
provocado en una criatura de tres días por las contracciones 
del estómago debidas a falta de alimento. Comparémosla con 
la respuesta visceral aprendida o condicionada: la visión de 
pasteles en la vidriera de una confitería que le hace agua la 
boca a un estudiante hambriento. 
Esta digresión acerca del estímulo y la respuesta sumi-
nistra una idea del material con que hemos de trabajar en 
psicología conductista y porqué ésta se propone como meta 
el que dado el estimulo, poder predecir la respuesta o, viendo 
qué reacción tiene lugar, injerir cuál es el estímulo que la 
ha provocado. 
* Entendemos por kinestésico el sentido muscular. Nuestros músculos están pro-
vistos de terminaciones nerviosas, las cuales son estimuladas al moverse aquéllos. 
Por consiguiente, es el movimiento del propio músculo el estímulo del sentido 
muscular o kinestésico. 
42 J. B. W A T S O N 
¿ES EL CONDUCTISMO UNA MERA ORIENTACIÓN METODOLÓGICA EN EL 
ESTUDIO DE LOS PROBLEMAS PSICOLÓGICOS O CONSTITUYE UN 
VERDADERO SISTEMA DE PSICOLOGÍA? 
Si —puesto que no halla un testimonio objetivo de su 
existencia— la psicología dejase de lado los términos "mente" 
y "consciencia", ¿qué sería de la filosofía y de las llamadas 
ciencias sociales que actualmente se asientan sobre esos con-
ceptos? Casi a diario se interroga en este sentido al conductista; 
a veces en forma de amistosa averiguación, otras, no tan cor-
dialmente. Cuando el conductismo luchaba por su sobrevivencia, 
temía contestar dicha pregunta. Sus concepciones eran sobra-
damente novedosas; sus campos harto vírgenes para permitirse 
siquiera pensar que algún día podría erguirse y decir a la 
filosofía y a las ciencias sociales que también ellas debían 
revisar sus premisas. Por ello, cuando así se le preguntaba, 
la única réplica de que disponía el conductista era ésta: "Ahora 
no puedo preocuparme de tales cuestiones. El conductismo es 
en la actualidad una vía satisfactoria para arribar a la solución 
de problemas psicológicos". En el presente, el conductismo está 
fuertemente atrincherado. Encuentra que su modo de encarar 
el estudio de los problemas psicológicos, así como el de la 
formulación de sus resultados se tornan cada vez más adecuados. 
Acaso nunca pretenda constituir un sistema. Realmente, 
en todos los campos científicos los sistemas son anacrónicos. 
Reunimos nuestros hechos de observación, y de tiempo en tiem-
po, seleccionamos un grupo y extraemos ciertas conclusiones 
generales. En unos pocos años, al acumular nuevos hechos de 
experiencia con mejores métodos, también habrá que modificar 
estas conclusiones generales de ensayo. Todo campo científico 
—la zoología, la fisiología, la química y la física— se encuentra 
en estado de flujo. La técnica experimental, la recolección de 
hechos por esta técnica y la tentativa de consolidarlos en una 
teoría o en una hipótesis, describen nuestro procedimiento 
científico. Juzgado sobre esta base, el conductismo constituye 
una verdadera ciencia natural. 
/ / . Cómo Estudiar la Conducta Humana 
PROBLEMAS, MÉTODOS, TÉCNICA Y ALGUNOS 
DE LOS RESULTADOS 
Análisis de problemas psicológicos. Observación bajo control experi-
mental. Naturaleza general1 de los problemas psicológicos y sus soluciones. 
Sustitución o condicionamiento de estímulos. Sustitución de la respuesta. 
¿Podemos establecer respuestas totalmente nuevas? Método del reflejo 
condicionado. Sustitución del estímulo en las reacciones glandulares. 
Respuestas glandulares diferenciales. Sustitución del estímulo en las reac-
ciones salivales humanas. ¿Pueden condicionarse otras glándulas? Sus-
titución de estímulos en reacciones motoras de los músculos estriados y 
lisos. Sustitución en el campo de las reacciones de la totalidad corporal. 
(Reacciones emocionales condicionadas). Resumen de los experimentos 
sobre sustitución del estímulo. Otros métodos de experimentación. El 
llamado test "mental" como método conductista. Experimentación social. 
Lo que puede aprenderse de la observación realizada con sentido común. 
ANÁLISIS DE PROBLEMAS PSICOLÓGICOS 
¿Por qué la gente se comporta en la forma que lo hace? 
¿Cómo yo, conductista, en nombre de la ciencia, puedo lograr 
que los individuos se comporten hoy diferentemente de ayer? 
¿Hasta qué punto nos es dable modificar la conducta por el 
entrenamiento (condicionamiento)? Estos son algunos de los 
principales problemas de la psicología conductista. Para alcanzar 
estos objetivos científicos, el conductista, al igual que cualquier 
otro hombre de ciencia, debe realizar observaciones. 
En la observación psicológica hay diversos niveles. Todos 
los días efectuamos observaciones casuales de trozos de con-
ducta. A menudo, no recurrimos a los experimentos para per-
feccionar la observación. En nuestras observaciones sobre la 
vida diaria de los vecinos no es menester una técnica controlada 
44 J. B. W ATSO N 
mediante el empleo de instrumentos. Nuestras observaciones de 
sus actos son siempre más o menos casuales. 
Por ejemplo, tomemos una simple observación sin con-
trolar. Una madre duerme en una silla. Le hablamos, pero no se 
obtiene respuesta. Hacemos que afuera en el patio el perro ladre 
débilmente; tampoco se logra una respuesta. Entonces nos diri-
gimos al dormitorio del niño y provocamos su llanto. En seguida 
la madre de un salto se incorpora de la silla y corre al cuarto 
del niño. 
Otro ejemplo parecido. Mi perro, un airedale, duerme a 
mis pies. ¿Qué ocurre si hago crujir el diario? Sólo un cambioen la respiración. ¿Si tiro al suelo un cuaderno? Otro cambio 
en la respiración — un pulso acelerado y un leve movimiento 
de la cola y de la pata. Me pongo de pie sin tocarlo: inme-
diatamente el perro se levanta de un salto, listo para jugar, 
pelear o comer. 
En ambos casos, a fin de descubrir cómo lograría que se 
condujesen de cierta manera, empecé por utilizar estímulos 
—objetos— que se encontraban en el ambiente de mis sujetos. 
La raza humana existe desde hace cientos de miles de 
años; durante ese tiempo, hemos conseguido recoger gran 
número de datos sobre el efecto que diversos estímulos pro-
ducen en la conducta humana. Mucho de este material se ha 
reunido —con seguridad sin mediar análisis crítico— por 
haberse observado la frecuente repetición de un mismo suceso. 
Juntamos estas observaciones y obtuvimos ciertas conclusiones. 
Buena parte de nuestros datos acerca de la forma en que los 
seres humanos viven en sociedad, se han alcanzado de esa 
manera: sin fiscalización experimental. Exactos o falsos, son los 
únicos datos de que disponemos referentes a la sociedad. Por 
ellos nos guiamos en el control de la conducta ajena. 
Se aumenta los salarios de nuestros empleados; se les 
ofrece bonificaciones y vivienda por un alquiler nominal que 
les permita contraer matrimonio; se instalan baños, campos de 
juego. Manipulamos estímulos constantemente, manejándolos en 
acción combinada frente al ser humano a objeto de determinar 
qué reacción provocarán; confiando que estará "de acuerdo con 
el progreso", será "deseable", "buena". (Y, por "deseable", 
"bueno", "de acuerdo con el progreso", la sociedad entiende, 
E L C O N D U C T I S M O 45 
en verdad, reacciones que no perturben su tradicional orden de 
cosas (reconocido y estatuido). 
Por otro lado, el observador provisto de sentido común, 
suele operar en dirección contraria. El individuo está haciendo 
algo —reaccionando—, comportándose. A fin de que sus mé-
todos resulten socialmente eficaces, para poder reproducir esta 
reacción (y acaso asimismo en otro individuo), intenta el ob-
servador precisar qué situación ha causado esta particular 
reacción. 
OBSERVACIÓN BAJO CONTROL EXPERIMENTAL 
En las observaciones hasta aquí elegidas, no ha entrado 
cuestión alguna de experimentación o técnica. Observaciones y 
conclusiones han carecido de precisión científica. Tomemos otro 
ejemplo de conducta, de mayor complejidad — una conducta 
sólo comprensible después de sometida al control experimental. 
Observemos cualquier grupo de hombres y mujeres que bos-
tezan y luchan contra el sueño en una abigarrada sala de con-
ferencias. ¿Por qué se tornan soñolientos? ¿Será aburrida la 
disertación? ¿O pobre la ventilación? La antigua teoría solía 
expresarse más o menos así: "En una sala apiñada de público, 
el oxígeno se consume rápidamente, produciendo la formación 
de un exceso de bióxido de carbono en el aire que respiramos; 
el bióxido de carbono es malo, provoca el bostezo, el sopor, 
y, si aumenta mucho, hasta puede matarnos". Pero supon-
gamos que no hallamos satisfactoria esta explicación y empe-
cemos a hacer experimentos. Colocamos los sujetos en un am-
biente cerrado hasta que la tensión de C02 sea considera-
blemente superior a la de un teatro colmado de público: los 
sujetos se ponen soñolientos. Luego bombeamos nuevo oxígeno 
en el ambiente: siguen con sueño. Cuando damos movimiento a 
un ventilador y cambiamos y refrescamos el aire, el sueño des-
aparece. Conclusión: bostezamos y sentimos sueño porque la 
temperatura va en ascenso alrededor de nuestro .cuerpo — par-
ticularmente en los espacios de aire en reposo entre la piel y 
la ropa; el aumento de tensión C02 si bien puede ser real, 
nada tiene que ver con la reacción. El método científico nos 
ha permitido no sólo identificar el estímulo causante de la 
46 J. B. W A T S O N 
reacción, sino también controlar con eficacia la reacción, remo-
viendo o modificando el estímulo. 
NATURALEZA GENERAL DE LOS PROBLEMAS PSICOLÓGICOS 
Y SUS SOLUCIONES 
Cabe plantear todos nuestros problemas psicológicos y sus 
respectivas soluciones en términos de estímulo y respuesta. 
Empleemos la abreviación E para estímulo (stimulus) (o la 
más compleja "situación") y R para respuesta. Podemos es-
quematizar nuestro problema de la manera siguiente: 
E R 
Dado (A determinar) 
E R 
(A determinar) (Dada) 
El problema se resuelve cuando: 
E R 
Ha sido determinado Ha sido determinada 
SUSTITUCIÓN O CONDICIONAMIENTO DE ESTÍMULOS 
Hasta ahora hemos expuesto nuestro método muy senci-
llamente. Hicimos creer que el estímulo necesario para provocar 
la reacción existe aparte, a manera de una entidad que sólo 
aguarda ser descubierta y presentada al sujeto. Asimismo 
hemos hablado como si la reacción fuese una cosa o entidad 
siempre lista a manifestarse en cuanto se estimule debidamente 
el organismo. Una simple observación demuestra que nuestro 
enunciado era inexacto y requiere ser alterado. En el capítulo 
inicial (pág. 36), se indicó cómo algunos estímulos, cuando 
se aplican por primera vez, no parecen ejercer un efecto per-
ceptible y, con seguridad, carecen del efecto que suscitan des-
pués. Ilustremos este concepto volviendo a nuestra fórmula. 
Tomemos, por ejemplo, una reacción establecida (no apren-
dida), de la cual conocemos el estímulo y la respuesta: 
E R 
Choque eléctrico Retiro de la mano 
E L C O N D U C T I S M O 47 
Por el momento, el simple estímulo visual de una luz roja no 
provoca el retiro de la mano. Tampoco la luz roja puede causar 
reacción alguna- (cualquier reacción que provoque se deberá 
a un condicionamiento anterior). Pero, si muestro la luz roja 
y luego, de inmediato o poco después, estimulo la mano de mi 
sujeto con la corriente eléctrica y repito el procedimiento 
suficiente número de veces, la luz roja provocará incontinenti 
el retiro de la mano. La luz roja (E) se convierte ahora en un 
estímulo sustituto: provocará R cuantas veces estimule al sujeto 
en esta forma. Algo sucedió para que se produjera este cambio, 
al cual —conforme se indicó—, se denomina condicionamiento 
— la reacción permanece la misma, pero hemos aumentado el 
número de estímulos susceptibles de despertarla. A fin de ex-
presar el nuevo estado de cosas, describimos este cambio 
hablando (no muy propiamente) de estímulo condicionado. 
Conviene recordar empero que cuando hablamos de estímulos 
condicionados y de respuestas condicionadas, entendemos que 
lo condicionado es el organismo todo. 
Frente al estímulo condicionado tenemos el incondicionado. 
Ciertos estímulos provocarán respuestas definidas desde el na-
cimiento. Presentemos unos pocos ejemplos de estímulos in-
condicionados: 
E 
Luz 
Golpear el tendón ba-
jo la rodilla 
Acido en la boca 
Pinchar, quemar y 
cortar la piel 
R 
Contracción de las pupilas 
Desviación de los ojos 
Salto de la pierna (re-
flejo patelar) 
Secreción salival 
Retiro del cuerpo, 
llanto, gritos 
Observaciones realizadas con niños prueban que si bien 
existen miles de estímulos incondicionados, su número es rela-
tivamente escaso si se lo compara con el de los condicionados. 
Los estímulos condicionados se cuentan por millares. Cada una 
de las 15.000 palabras impresas y escritas ante las cuales el 
individuo bien educado responde en forma organizada, consti-
tuye un caso de estímulo condicionado. Lo son igualmente cada 
uno de los instrumentos que usamos en el trabajo; cada persona 
48 J. B. W A T S O N 
que provoca en nosotros una respuesta. Nunca se ha podido 
precisar el número total de los estímulos condicionados e in-
condicionados a los cuales podemos responder. 
No es posible apreciar en toda su importancia la susti-
tución o condicionamiento del estímulo: acrecienta enormemente 
la cantidad de cosas que provocan respuestas. De acuerdo con 
lo que hasta el presente sabemos (falta una real evidencia 
experimental), nos es dable tomar cualquier estímulo que des-
encadena una reacción "standard" y sustituirlo por otro. 
Volvamospor un instante a nuestra fórmula: 
E R 
Es obvio que si determinamos E, debemos establecer si es un 
estímulo "I" (incondicionado) o "C" (condicionado). El ex-
perimento enseña, según hemos expuesto arriba, que la pre-
sencia de una gota de ácido en la boca provoca en el sujeto, 
ya desde su nacimiento, secreción salival: es un ejemplo de 
estímulo congénito o incondicionado. La visión de un humeante 
pastel de cerezas, que también provoca la actividad de las 
glándulas salivales, constituye un caso de estímulo visual con-
dicionado. El ruido de los leves pasos de la madre, que hace 
cesar el llanto del hijo, lo es de estímulo auditivo condicionado. 
SUSTITUCIÓN DE LA RESPUESTA 
¿Podemos sustituir o condicionar una respuesta? El ex-
perimento nos muestra que el proceso de sustitución o condi-
cionamiento de una respuesta tiene lugar en todos los animales 
toda la vida. Ayer un perrito provocó en un niño de dos 
años de edad las respuestas siguientes: mimos, palabras cari-
ñosas, juegos y risas. 
E R 
Vista del perro Manipuleo, risas 
Hoy el mismo animal provoca: 
E R 
Vista del perro Gritos, retiro del cuerpo 
E L C O N D U C T I S M O 49 
Algo ha sucedido. Ayer tarde, mientras jugaba, el perro lo 
mordió demasiado fuerte — le desgarró la piel haciéndole 
sangrar. Sabemos que: 
E R 
Cortar, quemar Retiro del cuerpo, 
la piel gritos 
En otras palabras, mientras el estímulo visual perro continúa 
siendo sustancialmente el mismo, presentóse una reacción co-
rrespondiente a otro estímulo incondicionado (cortar, pinchar 
la piel) *. 
El condicionamiento de respuestas es tan importante como 
el de los estímulos. Inclusive tiene mayor alcance social. Mu-
chos de nosotros estamos rodeados de situaciones fijas e 
inmutables: verbigracia, el tipo de hogar donde vivimos, pa-
rientes a quienes debemos halagar y tratar gentilmente, esposas 
"que no comprenden", apetitos sexuales ineludibles (el matri-
monio con una persona inválida o insana), deformaciones físicas 
(estados permanentes de inferioridad), etc. Las reacciones a 
los estímulos permanentes a menudo son abortivas, inadecuadas 
para la adaptación; arruinan nuestra constitución y son sus-
ceptibles de convertirnos en psicópatas. El hecho de que dis-
tintas reacciones puedan condicionarse —a las que ADOLPH 
MEYER define como reacciones sustituías— constituye una 
verdadera esperanza, si no para la nuestra, para las genera-
ciones futuras. A este proceso suele denominárselo "sublima-
ción". No se ha precisado aún sobre bases fisiológicas si la 
actividad condicionada, sustituida o sublimada, es tan adecuada 
para la adaptación permanente como la incondicionada. A juzgar 
por la corta duración de muchas de las "curas" psicoanalíticas, 
cabría suponer que las reacciones sustituías, por lo menos 
en el campo sexual, no se adecúan al organismo en forma 
permanente. 
* Desde el punto de vista del laboratorio, no existe realmente fundamental 
diferencia entre un estimulo condicionado y una respuesta condicionada. 
50 J. B. W A T S O N 
¿PODEMOS ESTABLECER RESPUESTAS TOTALMENTE NUEVAS? 
Ciertamente, desde la infancia no se vuelve a encontrar 
nuevas vías nerviosas en la estructura cerebral. Las conexiones 
nerviosas se hallan completamente establecidas al nacer. No 
obstante, el número de las reacciones incondicionadas, no 
aprendidas, es demasiado reducido como para tenerlo presente 
en el caso del adulto. Sin embargo, permítasenos llamar la 
atención acerca del hecho de que existen miles de respuestas 
no aprendidas e incondicionadas, como los movimientos de los 
dedos y de los brazos, de los ojos, de los dedos de los pies, 
y de las piernas, que escapan por completo a la mirada del 
observador no ejercitado. Estos son los elementos con los cuales 
se integrarán nuestras respuestas organizadas, aprendidas, 
evidentemente por el proceso de condicionamiento. Estas res-
puestas simples, incondicionadas, embriológicas, en virtud de 
la presentación de estímulos apropiados (la sociedad lo hace 
por nosotros), pueden agruparse e integrarse en respuestas 
condicionadas complejas, o hábitos, como el tenis, la esgrima, 
la fabricación de zapatos, las reacciones maternas, las religio-
sas, etc. Estas respuestas complejas son, por consiguiente, 
integraciones. El organismo comienza su vida con más res-
puestas elementales de las que necesita. Por numerosos que 
parezcan sus complicados actos organizados, se utilizan rela-
tivamente pocos de sus vastos recursos. 
A fin de obtener ejemplos de grupos de respuestas con-
dicionadas, aunque difusas y muy dispersas, ante un estímulo, 
que se transforman luego en un grupo limitado de respuestas 
condicionadas (o hábitos), recurramos a la rata blanca. La 
hemos dejado sin alimento durante 24 horas. Pusimos su ración 
en una jaula experimental de alambre que se abre levantando 
una tranca antigua de madera. La rata nunca se ha encontrado 
en una situación semejante. Supongamos por hipótesis que 
todas sus primeras reacciones son innatas y no aprendidas (lo 
cual seguramente no es cierto). ¿Qué hace? Corre alrededor, 
muerde los alambres, introduce el hocico entre las mallas, tira 
hacia sí la comida, clava las uñas en la puerta móvil, levanta 
la cabeza y husmea la jaula. Obsérvese que cada reacción 
parcial necesaria a fin de solucionar el problema ha sido exhi-
E L C O N D U C T I S M O 51 
bida muchas veces. Estas reacciones parciales están presentes 
en su equipo de actos incondicionados o no aprendidos. Ellos 
son: 1) caminar o correr hacia la puerta; 2) levantar la cabeza 
—acto que si se realiza en determinado momento conseguirá 
levantar la tranca; 3) tirar de la puerta con las uñas; 4) trepar 
sobre el umbral en procura del alimento. De las numerosas 
respuestas incondicionadas manifestadas por la rata, sólo cuatro 
son necesarias — si le damos tiempo, logrará siempre acci-
dentalmente la solución. Mas, para resolver el problema con 
eficacia, estas cuatro reacciones deben ser espaciadas y opor-
tunas, articuladas o integradas. Cuando la integración, articu-
lación o condicionamiento se completa, todas las otras respuestas, 
excepto 1 - 2 - 3 - 4 , desaparecen. Hablaríamos correctamente si 
dijéramos que tal respuesta 1 - 2 - 3 - 4 constituye una res-
puesta nueva y condicionada. Este proceso es lo que general-
mente denominamos formación del hábito. 
La mayoría de nosotros ha estudiado la formación del 
hábito; por lo menos, creemos saber mucho al respecto. Pero, 
aunque estuviéramos al tanto de cuantos datos se han acumu-
lado, difícilmente podríamos elaborar una teoría consistente 
acerca de cómo se forman los mismos. En este campo, intros-
pectistas y conductistas han trabajado en masse, diríamos, a 
fin de establecer varias cuestiones de hecho: tales como los 
factores que contribuyen a la rapidez en la formación y exac-
titud de los hábitos y a su permanencia; el efecto de formar 
simultáneamente dos o más hábitos; su transferencia, etc. Em-
pero, ningún investigador ha planteado sus problemas expe-
rimentales de una manera que posibilitase construir con sus 
datos una teoría-guía de la formación del hábito. 
Tampoco ha sido resuelta todavía la relación entre lo que 
de ordinario llamamos formación del hábito y el condiciona-
miento de los estímulos y las respuestas. Personalmente, pensa-
mos que hay pocas novedades en lo referente a la formación del 
hábito, pero quizá estemos simplificando con exceso la cuestión. 
Cuando enseñamos al animal o al ser humano a dirigirse hacia 
una luz roja y no hacia una verde, a mantenerse en el camino 
acertado y a no meterse en un callejón sin salida, o a abrir 
una de las mencionadas jaulas experimentales, creemos que so-
lamente establecemos una respuesta condicionada — el estímulo 
52 J. B. W A T S O N 
permanece constante. Estamos trabajando con el propósito de 
conseguir una reacción "nueva" o condicionada. Sin embargo, 
en los casos en que existe una necesidad social o experimental 
de mantener constante la reacción, pero de cambiar el estímulo,según acontece cuando durante largo tiempo un individuo 
experimenta reacciones amorosas por una mujer que no le 
corresponde (arriesgando así toda su estructura vital), es me-
nester una sustitución de estímulo (una transferencia, según 
definen los psicoanalistas). Si la sustitución se efectúa, tenemos 
un ejemplo de estímulo condicionado. 
Si bien nuestros estudios relativos a la formación del hábito 
en ambos campos, humano y animal, han carecido de guía 
teórica, gracias a ellos ha sido dable obtener abundante y va-
liosa información para la psicología. En efecto, cabe considerar 
la prosecución de los trabajos tocantes a "la formación del 
hábito", como la principal preocupación del psicólogo hasta la 
muy reciente introducción de los métodos del reflejo condi-
cionado. Esta teoría provocó una revisión del problema total 
y una reorganización de todo nuestro programa experimental. 
Hemos de postergar para otro capítulo una más amplia 
discusión de la "formación del hábito" propiamente dicha, y 
continuar aquí con el trabajo experimental efectuado con los 
"reflejos condicionados". Puede notarse que, en su mayor parte, 
atañe realmente a las sustituciones del estímulo y no a las de 
la reacción. Es más bien escaso el realizado sobre este último 
punto. El trabajo práctico de los psiquiatras y de los analistas 
ha sido en buena medida de igual carácter. La inhibición de la 
respuesta (por condicionamiento) es otra cuestión de idéntica 
importancia, pero a este respecto disponemos de pocos datos 
experimentales sobre sujetos humanos. 
MÉTODO DEL REFLEJO CONDICIONADO. SUSTITUCIÓN DEL ESTIMULO 
EN LAS REACCIONES GLANDULARES 
Los estudios de laboratorio acerca de la sustitución del 
estímulo han progresado más en el campo animal que en el 
campo humano. Puede que valga la pena revisar algunos de ellos. 
Las investigaciones sobre reflejos condicionados se iniciaron 
sobre perros, forma en la cual la exactitud experimental del 
E L C O N D U C T I S M O 53 
método puede apreciarse con mayor claridad. El psicólogo ruso 
PAVLOV y sus discípulos, fueron los principales investigadores 
en este terreno *. 
Recuérdese por un momento que podemos reaccionar me-
diante dos diferentes tipos de tejidos: 1) nuestras glándulas, y 
2) nuestros músculos, estriados y viscerales. (Ver pág. 36). 
La salival es la glándula que usualmente se elige para las 
experiencias. Según el Dr. G. V. ANREP, antiguo discípulo de 
PAVLOV, dicha glándula es un órgano simple, no compuesto 
como el sistema muscular. Por otra parte, es mucho más inde-
pendiente del cuerpo y su actividad puede graduarse con mayor 
facilidad que la de los músculos. 
Conforme se ha dicho, el estímulo primario o incondicio-
nado que provoca una reacción salival es algún alimento o 
sustancia acida introducida en la boca: 
E R 
Alimento, ácido Flujo salival 
El problema consiste ahora en tomar algún otro estímulo 
que no provoque el flujo salival —en realidad no debe pro-
vocar en el perro ninguna reacción general marcada— y tratar 
de conseguir que provoque la respuesta salival. El experimento 
demuestra que los estímulos visuales, como, verbigracia, discos 
coloreados, formas geométricas, ruidos y sonidos simples, con-
tactos de cuerpos, no son capaces de provocar respuestas sali-
vales. Sin embargo, todos ellos pueden condicionarse. Prime-
ramente se le practica al perro una sencilla incisión en forma 
de fístula en el conducto de la parótida — o sea una pequeña 
abertura que vaya de la glándula hasta la superficie externa 
en la mejilla, y en esta salida se asegura un pequeño tubo. 
Así, las gotas de saliva que provengan de la glándula, en 
lugar de llegar a la boca pasan ahora por un tubo externo. 
Se conecta este tubo con un aparato que automáticamente 
registra el número de gotas que fluyen de la glándula. Se aisla 
al animal del experimentador y de todo estímulo: auditivo, 
* La reciente publicación de PAVLOV, "Lectures on Conditioned Reflexes" (Lec-
ciones sobre los reflejos condicionados), nos brinda una exposición completa del 
trabajo cumplido en su laboratorio. 
54 J. B. W A T S O N 
olfatorio, visual o cualquier otro no controlado por aquél. La 
aplicación de ambos estímulos, incondicionado y condicionado, 
se realiza en forma automática desde fuera del ambiente donde 
se encuentra el animal. Su observación se lleva a cabo mediante 
un periscopio. 
Se ha comprobado que es factible sustituir a voluntad el 
alimento o el ácido por cualquier otro estímulo y obtener la 
respuesta salival siempre que apliquemos el estímulo (C) al 
mismo tiempo que el alimento o el estímulo ácido (I); en rea-
lidad, asimismo podemos aplicar el estímulo C antes del es-
tímulo /. Empero, evidentemente, si el estímulo / es aplicado 
primero, el condicionamiento no tiene lugar. Por ejemplo, 
KRESTOVNIKOV experimentó durante un año administrando antes 
el estímulo /; el estímulo C lo aplicaba sólo breves segundos 
más tarde, sin poder establecer nunca la reacción. Cuando el 
estímulo C precede al estímulo /, el condicionamiento se pro-
duce luego de 20 a 30 aplicaciones combinadas. El intervalo 
de tiempo entre la administración de C y la de /, puede variar 
desde pocos segundos hasta cinco o más minutos. 
Supongamos que, en un señalado caso, buscamos condi-
cionar un estímulo táctil para que provoque una respuesta 
salival. Estimulamos táctilmente al animal en un punto sobre 
el muslo izquierdo durante 4 segundos, y luego de una pausa 
de otros 4 ó 5 segundos, suministramos el estímulo incondi-
cionado, carne pulverizada y galleta para perros (I). Repetimos 
la experiencia aproximadamente durante dos meses, reprodu-
ciendo el estímulo de cuatro a diez veces diarias, con un inter-
valo de 7 a 45 minutos después de cada aplicación. La susti-
tución del estímulo entonces se habrá completado y el estímulo 
táctil (C) provocará el mismo número de gotas de saliva que 
la carne pulverizada y la galleta para perros (I). 
Mediante este sencillo procedimiento, hemos ampliado la 
serie de estímulos ante los cuales el perro puede reaccionar 
de una manera determinada. En vez de nuestra fórmula ante-
rior, ahora leeremos: 
E R 
Carne pulverizada y Por ejemplo, 60 gotas 
galleta para perros de 0.01 cm3 en 30 
Estímulo táctil sobre segundos 
el muslo izquierdo 
E L C O N D U C T I S M O 55 
Por lo tanto, estamos ante un ejemplo de sustitución 
completa del estímulo. La magnitud de la reacción que sigue 
al estímulo condicionado es igual a la provocada por el incon-
dicionado, dentro de los límites del error experimental. 
Aplicando este simple procedimiento, nos es dado probar 
toda la serie de estímulos a los cuales responde un animal. 
Verbigracia, supongamos ahora que tenemos un animal condi-
cionado de modo que la luz de cualquier amplitud de onda 
provoque la respuesta salival. Luego de condicionarlo, intenta-
mos descubrir si es sensible a ondas de menor amplitud que 
las que afectan al ojo humano. Empezamos con la luz verde 
del espectro y seguimos acrecentando en forma gradual la am-
plitud de las ondas del estímulo luz, hasta tanto la reacción no 
se produzca. Ello nos da la extensión del campo de sensibili-
dad del animal en la mayor amplitud de onda. Despertamos 
otra vez la reacción ante la luz verde, y progresivamente vamos 
acortando la longitud de onda, hasta que la reacción desaparez-
ca; esto nos permite establecer su capacidad de percepción en 
las más cortas longitudes de onda. Cabe aplicar el mismo mé-
todo al aspecto auditivo. Ciertos investigadores han encon-
trado que el perro reacciona ante sonidos de mucho mayor fre-
cuencia de vibración que el ser humano. Sin embargo, el hom-
bre y el perro nunca han sido sometidos a un experimento en 
idénticas condiciones. 
RESPUESTAS GLANDULARES DIFERENCIALES 
Con procedimientos ligeramente distintos nos es factible 
establecer las llamadas respuestas diferenciales. Demos por su-
puesto que hemos condicionado al perro con un determinado 
tono "A", hasta producir la respuesta salival en la mismafor-
ma que la carne pulverizada. Cualquier otro tono "B" provo-
cará, desde un principio, una respuesta salival (irradiación). 
¿No es posible cambiar y conformar el sistema de reacción del 
perro de suerte que no reaccione frente al estímulo "B", sino 
únicamente ante "A"? Sí, dentro de los límites de la habilidad 
del perro para responder a diferencias de tono (lo cual es un 
tanto dudoso). ANREP sostiene que existe la respuesta diferen-
cial a una mínima diversidad de tono. JOHNSON, experimentan-
56 J. B. W A T SON 
do con otros métodos, no halla respuesta diferencial ante cam-
bios de tono. Cuando, por ejemplo, experimentamos con reac-
ciones diferenciales a estímulos sonoros, procedemos a "fijar" 
o circunscribir el estímulo "A" más estrechamente, suministran-
do el alimento cada vez que vibra el tono "A", y suprimiéndolo 
cuando vibra el "B" . Muy pronto "A" provocará la secreción 
salival completa, en tanto que "B" no provocará en absoluto 
reacción alguna. 
Este método es aplicable de igual modo en todo el campo 
sensorial. Nos es dable contestar a las cuestiones: ¿Con cuánta 
exactitud puede reaccionar el perro ante los ruidos, ante diver-
sas diferencias en la longitud de ondas, ante los olores? 
Algunos de los hechos generales resumidos por ANREP, 
en lo atinente al estudio de los reflejos salivales en los perros, 
pueden enumerarse así: 
1) Las respuestas condicionadas, como todos los 
otros hábitos, son más o menos temporales e inesta-
bles. Después de un período en que no se hayan prac-
ticado, cesan, desaparecen. No obstante, pueden ser 
prontamente restablecidas. En un caso observado, se 
exploró el reflejo salival de un perro después de un lapso 
de dos años. El reflejo condicionado subsistía, pero no 
era invariable. Tras de reforzárselo, quedó completa-
mente restablecido. 
2) El estímulo sustituto puede fijarse y especifi-
carse. Ningún otro estímulo de su categoría provoca-
rá, después, el mismo reflejo. Si se condiciona un pe-
rro con un metrónomo, ningún otro ruido suscitará 
igual respuesta. 
3) La magnitud de la respuesta depende de la in-
tensidad del estímulo. Auméntese el estímulo y se ob-
tendrá un aumento en la respuesta. Y, si un estímulo 
continuado —un ruido o un tono— es interrumpido, tie-
ne idéntico efecto que el aumento del estímulo: aumen-
tará la intensidad de la respuesta. 
4) Existe un marcado efecto adicional. Si se con-
diciona un perro al sonido y al color separadamente, 
cuando se aplican los estímulos simultáneamente obser-
E L C O N D U C T I S M O 57 
vamos un notable aumento en el número de las gotas 
salivales secretadas. 
5) Las respuestas condicionadas pueden extinguir-
se (PAVLOV sostiene que nunca desaparecen en forma 
definitiva) . La falta del ejercicio las extingue. Lo mis-
mo ocurre mediante la repetición continuada del estí-
mulo. La "fatiga" no es la causa de su extinción; en 
el caso del perro condicionado separadamente al sonido 
y al color, si se suprime el estímulo óptico, el auditivo 
provocará la respuesta en toda su intensidad. 
SUSTITUCIÓN DEL ESTIMULO EN LAS REACCIONES SALIVALES HUMANAS 
En la pág. 53 apunté que para experimentar con reaccio-
nes salivales sobre perros era menester recurrir a una sencilla 
operación. Esto, naturalmente, no se puede hacer con los seres 
humanos (salvo en caso de accidentes). Sin embargo, el doc-
tor K. S. LASHLEY ha perfeccionado un pequeño instrumento 
que da igual resultado. Consiste en un pequeño disco de plata 
de diámetro aproximado de una moneda de 5 centavos y de 
un espesor de y8", acanalado en una cara, formando así dos 
cámaras no comunicantes. Cada cámara está provista de un 
tubito delgado de plata que sale de la misma. La cámara cen-
tral se coloca sobre la abertura minúscula donde la glándula 
se asoma a la superficie interior de la mejilla. El tubo deri-
vado de esta cámara lleva a un pequeño aspirador que crea un 
vacío parcial en ella. Esto sirve para que todo el disco se adhie-
ra fuertemente a la superficie interna de la mejilla. Todo el 
aparato, llamado "sialómetro" (registrador de saliva), es mu-
cho más cómodo de lo que cabría imaginar por esta descripción. 
Es posible comer y dormir con el aparato puesto. 
Como en el perro, sustancias alimentarias o ácidos (I) pro-
vocan en el hombre una respuesta salival: 
E R 
Alimento, ácido Secreción de flujo 
salival 
Al igual que en los perros, los estímulos pueden sustituir-
se en los seres humanos. El estímulo visual de un cuenta-
58 J. B. W A T S O N 
gotas no provocará el flujo salival desde un principio; pero, 
si el sujeto observa cómo se coloca la pipeta en una solución 
de ácido y luego se le aplica la solución sobre la lengua, la 
vista de la pipeta pronto llegará a provocarlo. Ahora, tenemos: 
E R 
Alimento, ácido o Flujo salival 
visión de la pipeta 
De esta manera, hemos condicionado a nuestro sujeto. Aquí 
también, hemos ampliado, en el terreno humano, la serie de 
estímulos que provocan una reacción salival. Es evidente que 
el condicionamiento de la glándula salival humana se produce 
durante la vida en una escala considerable; buen ejemplo de 
ello es el hacerse agua la boca del niño o del adulto a la vista 
de manjares sabrosos. Mientras no se realicen pruebas experi-
mentales, no será dable observar estas reacciones condicionadas. 
No se trata de "asociación de ideas": el sujeto no puede "in-
troinspeccionarse" acerca de ellas; tampoco puede decir si están 
presentes o no. ¿Nos es permisible llamar la atención de ustedes 
sobre el hecho de que esta glándula no se halla bajo el deno-
minado control "volitivo", o sea, que no es posible "querer" 
hacerla secretar o "querer" detener su secreción? 
¿PUEDEN CONDICIONARSE OTRAS GLÁNDULAS? 
En virtud del trabajo realizado por PAVLOV y sus discípulos, 
sabemos a ciencia cierta que las glándulas del estómago y otras 
glándulas viscerales pueden condicionarse en la misma medida 
que las salivales. Otros han demostrado que tales glándulas 
pueden asimismo ser condicionadas en el ser humano. No con-
tamos con trabajo experimental alguno relativo a la sustitución 
del estímulo en otras glándulas de secreción externa. Tenemos 
motivos para creer que puede condicionarse la micción y el 
orgasmo en el macho, pero a ello nos referiremos luego (pá-
gina 59), al tratar la probabilidad de reacciones musculares 
condicionadas. 
La otra glándula de secreción externa, fácilmente accesible 
a la experimentación (pero, que nosotros sepamos, todavía sin 
experimentarse) es la glándula lacrimal. Probablemente, mu-
E L C O N D U C T I S M O 59 
chas lágrimas del infante, del fanático del teatro, del criminal 
y del inválido' simulador sean típicos ejemplos de este condicio-
namiento. Las glándulas de la piel también pueden ofrecer in-
teresantes perspectivas experimentales. 
Ignoramos si es posible condicionar las glándulas de se-
creción interna, la tiroides, las suprarrenales, la pineal y otras. 
Pero las reacciones emocionales pueden condicionarse, lo cual 
involucra el cuerpo entero. Si es así, evidentemente las glán-
dulas de secreción interna deben seguir la serie y desempeñar 
su propio papel. Y tenemos pruebas suficientes para afirmarlo. 
En las reacciones emocionales condicionadas, ambas glándulas, 
suprarrenales y tiroides, parecen cambiar su ritmo funcional. 
SUSTITUCIÓN DE ESTÍMULOS EN REACCIONES MOTORAS DE LOS 
MÚSCULOS ESTRIADOS Y LISOS 
Las reacciones de los músculos estriados. — BECHTEREW, 
otro fisiólogo ruso, y sus discípulos, nos han enseñado que 
los estímulos que provocan respuestas de los músculos estriados 
de los brazos, piernas, busto y dedos, pueden ser sustituidos 
de manera similar. Una de las formas más simples para obtener 
una respuesta incondicionada mediante un estímulo incondi-
cionado, consiste en aplicar un estímulo cortante o contundente. 
El choque eléctrico constituye igualmente un estímulo adecuado. 
Nuestra fórmula originaria diría: 
E R 
Cortar, golpear, que- Retiro del brazo, pier-
mar, choque eléctrico na, dedo 
Siel pie descansa sobre un disco eléctrico, será sacudido cada 
vez que se dé paso a la corriente. Sobre un cilindro tiznado po-
demos registrar este movimiento de la pierna o del pie; y lo 
mismo es factible hacer con cada administración de la corriente 
eléctrica. 
Según se ha demostrado, los objetos comunes, visuales y 
auditivos, no suscitan este rápido reflejo del pie. El ruido de 
un zumbador eléctrico, verbigracia, no provocará absolutamente 
nada. Pero estimulemos al sujeto en forma simultánea con el 
zumbador y con las sacudidas eléctricas, 24 ó 30 veces (más 
60 J. B. W A T S O N 
en algunos sujetos) y por sí solo el zumbador dará como 
respuesta el retiro del pie. Nuevamente hemos ampliado aquí la 
serie de las situaciones que provocarán la reacción. Nuestra 
fórmula es ahora la que sigue: 
E R 
Sacudida eléctrica Retiro del pie 
o zumbador 
H. CASON ha demostrado que en el parpadeo hay sustitu-
ción de estímulos. La fórmula no aprendida o no condicionada 
es la que se indica: 
E 
1) Luz viva 
2) Acercamiento rápi-
do de objetos a los 
•ojos 
3) Irritación de la cór-
nea o conjunt iva 
del ojo 
4) Daño del párpado 
mismo (Corte, sa-
cudida eléctrica) 
El ruido de un manipulador telegráfico, o el leve golpe 
de un "relay", no provocarán el parpadeo, pero si al párpado 
se le aplica una sacudida eléctrica, justamente cuando el reso-
nador telegráfico o el "relay" producen ruido, la sustitución 
se cumplirá muy rápidamente. Es de interés verificar cómo el 
estímulo sustituto determina un parpadeo mucho más rápido 
que el estímulo incondicionado. 
Fácil es captar cuan útil resulta este método para enseñar-
nos a comprender el carácter del ser humano *. Al igual que 
en el campo glandular, también aquí podemos "fijar" un estí-
mulo dado, sonido, ruido, visión u olor, de tal manera que sola-
mente este estímulo particular provoque la reacción. Según 
vimos antes, alrededor de la madre adormecida se producen 
* En la vida diaria hemos observado muchas veces cómo un contacto accidental 
con una plancha eléctrica caliente o un radiador condiciona a un niño (sustitución 
del estímulo táctil —destructor del tejido— por el estímulo visual) después de una 
estimulación simultánea. Desde la primera infancia quedamos influidos por este 
condicionamiento fortuito. 
R 
Parpadeo rápido 
(Uno de los más rápi-
dos reflejos humanos) 
E L C O N D U C T I S M O 61 
miles de ruidos sin que ninguno provoque la respuesta de correr 
hacia el niño; mas, si el propio niño se agita o meramente 
murmura, incorpórase de un salto. Un estímulo auditivo puede 
ser tan enérgicamente fijado —por ejemplo, el "do" medio 
(256 d. v.)— que todo otro tono una fracción mayor o menor 
no produzca respuesta. 
En reacciones de los músculos Usos. — Se han llevado a 
cabo numerosos experimentos sobre el condicionamiento del te-
jido muscular liso. Los músculos circulares lisos del estómago 
comienzan a contraerse rítmicamente cuando éste no contiene 
ya alimento. Las llamadas contracciones de hambre constituyen 
los más poderosos estímulos generales conocidos. Suscitan 
reacciones generales del cuerpo, por lo corriente llamadas ex-
ploratorias. Una vez que el individuo ha obtenido e ingerido 
el alimento, las contracciones terminan. Es perfectamente po-
sible cambiar el ritmo de estas reacciones y hacerlas depender 
de nuestras horas regulares de comida. El niño bien criado, que 
se alimenta cada tres horas, se despierta no bien se cumple ese 
intervalo entre una y otra comida y empieza a agitarse o a llorar. 
Modifiqúese el intervalo por uno de cuatro horas y luego de 
pocos días el niño despertará de inmediato al cabo de la cuarta 
hora. 
Uno de los trabajos experimentales de mayor interés reali-
zados en este campo se debe a CASON, quien estudió los reflejos 
pupilares. En el ojo hay dos series de fibras musculares lisas. 
Cuando la serie radial se contrae, la pupila se dilata. Cuando 
la serie circular o esfínter se contrae, la pupila se achica. La 
fórmula incondicionada es: 
(I) E (I) R 
Aumento de la intensi- Cierre de la pupila 
d a d d e l a l u z Dilatación de la 
Disminución de la in- pupila 
tensidad de la luz 
Aquí la sustitución del estímulo tiene lugar como en los otros 
reflejos. Estimulando al sujeto con una campanilla eléctrica o 
un zumbador, y aumentando o disminuyendo simultáneamente 
la intensidad de la luz que incide sobre la retina, queda por 
último condicionado de tal suerte que el estímulo sonoro pro-
vocará por sí la dilatación o contracción de la pupila. 
62 J. B. W A T S O N 
SUSTITUCIÓN EN EL CAMPO DE LAS REACCIONES DE LA 
TOTALIDAD CORPORAL 
(REACCIONES EMOCIONALES CONDICIONADAS* 
En el capítulo VII examinaremos unos experimentos que re-
velan cómo ciertos estímulos incondicionados, que provocan 
reacciones de todo el cuerpo llamadas "miedo", "ira", "amor", 
son susceptibles de ser sustituidos exactamente del mismo modo 
que en el campo del reflejo simple que acabamos de estudiar. 
Ello da cuenta del continuo acrecentamiento del número de los 
estímulos capaces de provocar reacciones emocionales (en reali-
dad viscerales). Este trabajo experimental elimina la necesidad 
de "teorías" acerca de las emociones, como la de JAMES. 
RESUMEN DE LOS EXPERIMENTOS SOBRE SUSTITUCIÓN DEL ESTIMULO 
En este resumen no podemos sino limitarnos a bosquejar 
en escuetas palabras generales la forma en que el cuerpo hu-
mano se torna condicionado. Punto principal a recalcar es que, 
prácticamente, todo órgano de reacción del cuerpo es factible 
de condicionamiento, y que dicho condicionamiento no sólo 
ocurre a través de toda la vida adulta, sino que puede tener y 
tiene lugar a diario desde el propio instante del nacimiento 
(con toda probabilidad, antes de él). Casi toda esta organi-
zación se efectúa por debajo del nivel de verbalización. En 
efecto, las glándulas y el tejido muscular liso no pertenecen 
en absoluto a nuestros llamados sistemas voluntarios de res-
puestas. Todos nosotros estamos atravesados por sustituciones 
de estímulos de una u otra clase, de las cuales nada sabemos 
hasta que el conductista nos somete a una prueba y nos habla 
de ellas. 
Este campo del condicionamiento humano trasciende ente-
ramente el territorio del "introspectista", incapaz de controlar 
dichas reacciones. He aquí un testimonio más de que la intros-
pección a lo sumo puede construir un psicología harto pobre e 
incompleta. Luego intentaré demostrar que "introspección" no 
es sino otro nombre para hablar de oscuras reacciones que se 
verifican en el cuerpo. De ninguna manera constituye un método 
genuinamente psicológico. 
E L C O N D U C T I S M O 63 
Es casi insospechable la importancia que tienen los prime-
ros condicionamientos en la creación de las actitudes corporales, 
en particular en la esfera emocional. En la vida adulta es prác-
ticamente imposible que un "nuevo" estímulo nos impresione 
sin que despierte esta organización atrofiada. Tal trabajo asi-
mismo nos ayuda a comprender por qué los conductistas se 
apartan del concepto de instinto y lo sustituyen por el de dis-
positivos y actitudes corporales (condicionadas). 
OTROS MÉTODOS DE EXPERIMENTACIÓN 
Difícilmente podríamos enumerar en un solo capítulo los 
diversos métodos objetivos —ni siquiera los más valiosos— 
que se emplean en los estudios psicológicos. Aquí mencionamos 
unos pocos, a fin de dar una ligera idea de su número. Muchos 
de ellos se limitan al aprendizaje y la retención; métodos 
para estudiar los efectos de drogas, el hambre, la sed, la 
pérdida del sueño; para determinar las condiciones que inciden 
sobre la realización de actos luego de haberse completado el 
aprendizaje; métodos para estudiar las reacciones emocionales, 
tales como las distintas formas de reacciones verbales libres y 
controladas, estudios galvanométricos de reacciones emocionales. 
Métodos para investigar la fuerza relativa del hambre y de los 
estímulos sexuales (véase la obra de Moss en la Universidad 
Jorge Washington, la de WARDEN y susdiscípulos en la Uni-
versidad de Columbia). Métodos de eliminación de órganos 
sensoriales y partes del cerebro en animales a fin de precisar 
los papeles de estos órganos y de las diversas partes del sistema 
nervioso *. (En el trabajo con elemento humano en este campo, 
hemos de aguardar que un accidente nos suministre los sujetos). 
EL LLAMADO TEST "MENTAL" COMO MÉTODO CONDUCTISTA 
En el pasado cuarto de siglo, particularmente en Norte 
América, se elaboró una enorme cantidad de los llamados "tests 
verbales". Durante un tiempo se creyó que la'psicología pa-
• El reciente libro de LASHLEY, "Brain Mechanisms and Intelligence" (Meca-
nismos del cerebro e inteligencia), es ejemplo de una investigación brillante en 
este terreno. 
64 J. B . W A T S O N 
decía de la manía de los tests. Se multiplicaban como hongos, 
sólo para florecer efímeramente y ser luego reformados por 
otros experimentadores. Los últimos años han sido testigos de 
la progresiva eliminación de muchos de ellos y del desarrollo 
gradual y amplia aceptación de unos pocos. 
En su elaboración se emplearon cientos de miles de niños 
y adultos. No deja de ser admirable la paciencia y constancia 
de sus creadores. El principal objetivo que inspiraba todas 
estas pruebas, era el de encontrar un cartabón que posibilitase 
clasificar masas de individuos con arreglo al nivel de capacidad, 
edad, etc.; descubrir deficiencias y aptitudes especiales, diferen-
cias raciales y sexuales. 
Acerca de los tests han surgido dos ideas un tanto pere-
grinas: 1) se ha afirmado que existe algo así como una inteli-
gencia "general" per se; y 2) que los tests permiten discriminar 
la aptitud "innata" de la adquirida. Para los conductistas, los 
tests sólo significan medios —por el momento absolutamente 
insatisfactorios —en el establecimiento de los grados y tipos de 
capacidad humana. 
EXPERIMENTACIÓN SOCIAL 
No es difícil apreciar que en toda experimentación social 
puede seguirse dos procedimientos: 1) Intentamos contestar a la 
pregunta: ¿Qué pasaría si realizáramos tales y cuáles modifi-
caciones en las situaciones sociales? "No podemos estar seguros 
de beneficiarnos con el cambio, pero cualquier cosa es mejor 
que lo que ahora tenemos. Cambiemos". Por lo general, 
al hacerse intolerables las situaciones sociales nos impulsan a 
arrojarnos ciegamente a la acción, sin suscitar ningún correla-
to verbal como el que indicamos aquí. 
Cabe explicar así el procedimiento 2) : "Necesitamos que 
este individuo o grupo de individuos cumpla cierta tarea, mas 
no sabemos cómo disponer una situación que lo induzca a pres-
tarse a ello". Aquí el procedimiento es algo distinto. La 
sociedad experimenta indiscriminadamente con el ensayo y el 
error, pero la reacción es conocida y aprobada. El estímulo no 
se maneja en vista del resultado, sino a objeto de provocar la 
reacción específica. No es posible ver con nitidez la diferencia 
E L C O N D U C T I S M O 65 
entre ambos tipos de procedimiento, mas unos pocos ejemplos 
lo aclararán.. En primer lugar, todos admitiremos que en la 
actualidad la experimentación social se realiza con un ritmo 
muy acelerado, tanto que alarma a los espíritus cómodos y 
convencionales. La guerra constituye un ejemplo del experi-
mento social a que se refiere el procedimiento 1. Nadie puede 
pronosticar qué cambios se producirán cuando una nación entra 
en conflicto bélico. Es un manejo ciego de estímulos, tanto 
como la experimentación del niño que derriba su casa de cubos, 
trabajosa y pacientemente construida. 
La Ley seca de los EE. UU. no fué sino un reajuste de 
situación efectuado a ciegas. La cantina había traído una serie 
de actos condenados por la sociedad. Los individuos conven-
cionales de la comunidad, incapaces de hacer un pronóstico 
razonable acerca de lo que habría de ocurrir, destruyeron ra-
dicalmente la vieja situación y, ratificando la enmienda legal res-
pectiva, crearon una nueva. Por cierto que con ello confiaban 
en lograr ciertos resultados: terminar con el alcoholismo, des-
poblar la cárceles de alcoholistas, disminuir el número de 
relaciones extraconyugales, etc. *. Pero cualquier estudioso de 
la naturaleza humana, o inclusive de la geografía, aun cuando 
no le fuera dado adelantar con exactitud lo que en realidad acon-
tecería, hubiera podido anticipar que aquellos resultados es-
perados no podían cumplirse. Excepto en las pequeñas ciudades, 
el resultado fué, naturalmente, en un todo contrario de lo que 
se aguardaba. En las grandes urbes y sus alrededores (donde 
la vigilancia es menos efectiva y la opinión pública un factor 
de control de menor importancia), las cárceles se vieron más 
llenas que nunca. El crimen, especialmente, está en auge; 
sobre todo los homicidios, que ya empiezan a preocupar a las 
* Aquellos adultos que bebían antes de la prohibición, continúan haciéndolo; 
sólo que ahora beben un licor fuerte de calidad inferior y de transporte y ocul-
tamiento más cómodo. Los adultos que antes de la prohibición no bebían, tampoco 
beben ahora. No me sorprendería nada si este indiscriminado manoseo de un 
estímulo nos condujese a una nueva guerra civil. Ya tuvimos una guerra con Ingla-
terra a causa del té; por un principio, dijimos entonces. Casi diariamente 60.000.000 
de bebedores pueden decir a los 60.000.000 de puritanos "secos" no bebedores, que 
el principio de los derechos individuales ha sido pisoteado y denegado, porque, al 
fin y al cabo, los secos no están obligados a beber aunque se levante la prohibición. 
66 J. B. W A T S O N 
compañías de seguros de vida. Una de ellas, sólo por homi-
cidios, perdió en 1924 más de tres cuartos de millón de dólares. 
Por otra parte, varios miles de ciudadanos fueron muertos 
mientras se dedicaban al contrabando del ron o fallecieron por 
envenenamiento alcohólico. Pese a todo, la ley de prohibición 
ha sido burlada. Con el éxito que se tuvo al infringir esta sola 
ley, se perdió el miedo a la ley; pues, cuando un señalado tabú 
de un hechicero es impunemente profanado, pierde su poder, y 
de igual modo tienden a perder autoridad todas las otras pro-
hibiciones que de él emanan. Sucede lo mismo que en la so-
ciedad primitiva. Es indiscutible que todas las leyes se observan 
menos. 
Sin ulterior elaboración, nos es dable formular gran nú-
mero de estos problemas bajo nuestro esquema general: 
Estímulos dados: 
E 
Guerra 
Ley seca 
Facilidad del divorcio 
Supresión del matri-
monio 
Hijos criados fuera de 
la familia 
Sustitución de la reli-
gión por la ética fi-
siológica 
Nivelación de la 
riqueza 
Eliminación del patri-
monio hereditario 
Reacción —resultado— 
demasiado complicada 
para el pronóstico 
R 
? 
? 
? 
? 
? 
? 
? 
? 
La sociedad a menudo se precipita en este tipo de experimen-
tación social; no encuentra su salida mediante experimentos en 
menor escala. Trabaja sin un definido programa experimental. 
Su conducta con frecuencia se torna conducta de masa, que no 
es sino otro modo de expresar que los individuos integrantes 
de los grupos retroceden a la conducta infantil. 
E L C O N D U C T I S M O 67 
La experimentación social también tiene lugar conforme al 
segundo procedimiento arriba mentado. 
E R 
? M a t r i m o n i o bajo la 
actual presión eco-
nómica 
? C o n t i n e n c i a en las 
g randes c i u d a d e s 
donde el control so-
cial es difícil 
? Concurrencia a la 
iglesia 
? Veracidad 
? Rápida adquisición de 
habilidad en un de-
terminado renglón 
? Conducta correcta, etc. 
Aquí la reacción ya es conocida y aceptada por la sociedad: el 
matrimonio, la continencia en el soltero, el asistir a la Iglesia, 
las acciones positivas requeridas por los diez mandamientos, etc., 
son ejemplos de reacciones aprobadas. En efecto, en este es-
quema tiene cabida todo ritual y sistema de tabúes. 
Nuestro experimento consiste en establecer una serie de 
estímulos continuados, hasta que la reacción específica dada 
se logre por la correcta agrupación de los estímulos. Al intentar 
la coordinaciónde estas situaciones, la sociedad a menudo ex-
perimenta tan indiscriminadamente y al azar como el animal 
inferior. En verdad, si tuviéramos que caracterizar el experi-
mento social en general llevado a cabo durante los últimos 2.000 
años, deberíamos calificarlo de atropellado, infantil, improvisado, 
y decir que cuando respondía a algún plan, obedeció siempre 
al interés de alguna nación, agrupación política, secta o indi-
viduo, antes que a la dirección de expertos en la ciencia social, 
suponiendo que existiesen. Nunca ha habido —con la posible 
excepción de ciertos períodos de la historia de Grecia— una 
clase dirigente educada. Nuestro propio país es en la actualidad 
uno de los peores delincuentes de la historia, gobernado como se 
68 J. B . W A T S O N 
halla por políticos profesionales, demagogos y persecutores 
religiosos. 
Llamo la atención sobre el hecho de que la psicología con-
ductista, al encarar genéticamente sus problemas, está reuniendo 
un tesoro de informes, acerca de las reacciones subsecuentes a 
los estímulos, así como de los estímulos causantes de reaccio-
nes dadas, que probará ser de inestimable valor para la sociedad. 
En la creencia de que su ciencia es fundamental para la orga-
nización y control de la sociedad, el conductista confía en que 
la sociología pueda aceptar sus principios y rever los problemas 
que le son propios en una forma más concreta. 
LO QUE PUEDE APRENDERSE DE LA OBSERVACIÓN REALIZADA 
CON SENTIDO COMÚN 
Hasta ahora hemos hablado principalmente de métodos 
técnicos. ¿No podemos erigir una psicología basada en el sen-
tido común? La contestación es afirmativa, si observamos a la 
gente de un modo sistemático y durante un período de tiempo 
lo bastante largo. En efecto, cada ser humano, haya o no estu-
diado esta ciencia, posee considerables nociones de psicología. 
¿Qué sería de nosotros si en nuestra vida social no nos fuera 
dable pronosticar las reacciones con cierta seguridad y prever 
el posible efecto de los estímulos? Cuanto mayor cantidad de 
observaciones se realizan sobre los demás, tanto mejor psicó-
logo se vuelve uno, tanto mejor puede uno alternar con el 
prójimo. Para aprender psicología práctica, tampoco necesi-
tamos convertirnos en estudiosos de las respuestas condicio-
nadas, por útil que sea este estudio. 
Un fin de semana visité a un hombre al que había pro-
metido enseñar algo de psicología práctica. No había pro-
gresado en sus negocios. El lunes, se levantó dolorido y amodo-
rrado a causa de los ejercicios extenuantes que había realizado 
durante el fin de semana. Se quejaba en voz alta y se lamentaba 
de lo poco satisfactorio de sus vacaciones; estaba a punto de 
afeitarse con desgano y darse un baño caliente. Le dije: "Haga 
unos ejercicios de piernas y brazos; el número que está acos-
tumbrado a hacer, y tome un baño tibio. Se hallará usted como 
nuevo". Este estímulo verbal provocó la reacción esperada. 
E L C O N D U C T I S M O 69 
Bajó a desayunarse muy bien dispuesto. Pero los huevos es-
taban recocidos. Quiso reprender a la sirvienta, pero como yo 
había advertido en ésta cierta rigidez y sequedad en sus con-
testaciones que parecían decir: "no me gustan nada los hués-
pedes de fin de semana, y esto les viene al pelo a ambos", le 
murmuré: "Tenga cuidado; la cocinera sólo espera el momento 
para explotar; le aconsejo que hable por teléfono a su esposa 
cuando se despierte y le diga que la regañe". 
Salimos apresuradamente hacia la estación, y comprobá-
bamos que el tren había partido algunos segundos antes. Pa-
taleó, maldijo y exclamó en alta voz: "En tres meses, es la 
primera vez que marcha a horario". Sus reacciones eran casi 
infantiles. Al fin se apaciguó, y tomamos el tren siguiente para 
ir a la oficina. Todas sus maneras trasuntaban tal abatimiento 
que cualquiera podía notarlo con sólo mirarlo. Había empe-
zado mal el día. Mi observación anterior, guiada por el sentido 
común, habíame proporcionado, en mi calidad de conductista, 
abundantes datos que me permitían pronosticar que, dado el 
comienzo y su temperamento, la jornada hubiera podido resul-
tarle verdaderamente muy mala. Esta circunstancia provocó en 
mí la siguiente reacción verbal explícita: "Cuide usted durante 
todo el día su trato con la gente, o podrá herir los sentimientos 
de alguien y terminará peor un día que se inició mal". 
Ello le dio un nuevo impulso. Sonrió cuando su secretario 
le alcanzó la correspondencia. Se enfrascó en el trabajo, que 
lo dominó, y bien pronto estaba alejado del mundo, abstraído 
en sus tareas técnicas, para las cuales se hallaba sumamente 
dotado. Ya cerca de la hora del almuerzo, aflojó en su trabajo 
y al hablar con uno de sus socios pude oírle elevar la voz, 
en tono de protesta. Las observaciones que durante el fin de 
semana realicé sobre su vida familiar me habían enseñado 
mucho. Me encontraba en condiciones de predecir cuál era la 
probable situación que lo perturbaba. Pensé que me era fac-
tible rehacerle su mundo, y le dije: "Es una lástima que usted 
no haya invitado a su esposa a almorzar con nosotros en la 
ciudad. Ayer oí que rompía su compromiso con el señor y la 
señora Jones (muy a pesar suyo, su esposa trataba al señor 
Jones con especial amistad) mientras que usted componía el 
auto". Su sensación de alivio saltaba a la vista, y la siguiente 
70 J. B. W A T S O N 
fué su hora mejor. Sin necesidad de pedirle a este hombre 
que se examinara por introspección o psicológicamente, o que se 
autopsicoanalizara, me fué dable descubrir sus puntos débiles, 
sus puntos fuertes, en qué se equivocaba en lo tocante a sus 
hijos, cuáles eran sus errores respecto a su esposa. No hay 
mayor duda de que si lo educara, en el transcurso de unas pocas 
semanas el conductista podría "rehacer" casi por completo a 
este individuo muy inteligente. 
Mas, cabría objetar: "Yo no soy ningún psicólogo, no pue-
do ir tras la gente y decirles que procedan con suavidad aquí 
y con energía allá". Es cierto, ¿pero el conductismo no tiene 
nada que enseñarle a usted mismo acerca de su propia vida? 
Creemos que usted admitirá que tiene mucho que aprender. 
Así como no ensayaría colocar ladrillos en su propia casa hasta 
no haberlo aprendido, igual cosa debe hacer en punto a la 
psicología personal. Debe usted observar a los demás día tras 
día, sistematizar y clasificar sus datos; echarlos en moldes 
lógicos; verbalizar sus resultados, por ejemplo: "Juan Pérez 
es el hombre más tranquilo que conozco. Siempre está del 
mismo humor y habla constantemente en voz baja y sosegada. 
¡Si yo pudiera aprender a hablar como un caballero!" Esta 
formulación verbal le sirve a usted a modo de estímulo (im-
plícito kinestésico verbal). Puede llevar a una modificación de 
la respuesta; porque pronunciadas por otros o por la propia 
garganta, inclusive sin intervención de las cuerdas vocales, las 
palabras igualmente constituyen poderosos estímulos, suscepti-
bles de inducir a la acción con tanta rapidez como una pedrada, 
la amenaza de un bastonazo o de cuchillos afilados. Una vez 
adquirida cierta experiencia técnica en la vigilancia de la con-
ducta ajena, la observación de la propia se tornará mucho 
más fácil. 
Si fuésemos moralistas experimentales, mostraríamos la 
importancia de las máximas — cuan poderosamente sirven estas 
cortantes y secas fórmulas verbales como estímulos para mo-
delar las propias reacciones. Esto es particularmente cierto 
cuando estas fórmulas las trasmiten personas investidas de auto-
ridad — padres, maestros, consejeros. Más aún, si estudiásemos 
ciencias morales, indicaríamos la conveniencia de arribar a 
dichas formulaciones mediante la propia e intensa observación, 
E L C O N D U C T I S M O 71 
en lugar de aceptarlas de segunda mano sin discriminación. 
Empero, creo-que de inmediato agregaría que no se debe re-
chazar los resultados de tales experimentos sociales colectivos 
—cristalizados en fórmulas verbales y trasmitidos de padre a 
hijo y de madre a hija—, hasta que personales tanteosy expe-
rimentos sociales efectuados en pequeña escala, hayan alcan-
zado más fidedignas formulaciones. En otras palabras, desde 
ya tratamos de llevar al convencimiento de que el conductista 
no es un reaccionario — no ataca ni defiende nada no probado 
y establecido antes, como lo han sido el resto de las formu-
laciones científicas. 
Por el momento escapa a nuestras posibilidades el conocer 
qué es "bueno" o "malo" para el organismo humano — cómo 
se guía la conducta del hombre por un camino experimental-
mente sano. Sabemos harto poco acerca de la organización del 
cuerpo humano y sus necesidades como para ser dogmáticos 
en nuestras prescripciones y proscripciones. 
/// . El Cuerpo Humano 
DE QUE SE COMPONE, COMO ESTA ORGANIZADO 
Y COMO FUNCIONA 
Parte I. Las estructuras que hacen posible la conducta. Introducción. 
Al conductista le interesa la forma en que actúa el cuerpo humano como 
un todo. ¿Los conductistas debemos preocuparnos especialmente por el 
sistema nervioso central? Diferentes tipos de células y tejidos que com-
ponen el cuerpo. ¿De qué se compone el cuerpo? Los genes. El sistema 
genético. Cómo está constituido el cuerpo. Células y tejidos del músculo 
liso. Las células nerviosas y el tejido nervioso. Órganos principales del 
cuerpo. Los tejidos elementales, agrupados, conforman los diversos ór-
ganos del cuerpo. Agrupamiento general de los órganos o estructuras. 
Plan general de los órganos sensoriales. Órganos de reacción. Músculos 
y glándulas. Introducción. Músculos del esqueleto. Función de los hue-
sos. Antagonismo entre grupos musculares. Cuál es el resultado de 
nuestros músculos considerados como máquinas de trabajo. Alimentación 
del músculo. Productos residuales y fatiga del músculo. Esfuerzo muscu-
lar. Efecto del ejercicio. Sistema de los músculos lisos. 
PARTE I. LAS ESTRUCTURAS QUE HACEN POSIBLE LA CONDUCTA 
INTRODUCCIÓN 
Algunos psicólogos afirman que el conocimiento del cuerpo 
no es esencial para la psicología. El conductista sostiene la 
necesidad de un estudio que le permita conocer su estructura y 
funcionamiento. No es muy difícil lograr este conocimiento. En 
los dos próximos capítulos intentamos exponer los hechos esen-
ciales relativos al cuerpo en la forma más sencilla posible. 
Al conductista le interesa la forma en que actúa el cuerpo 
humano como un todo. — Si ojeamos un tratado de fisiología 
o de anatomía, se verá que examina el cuerpo del hombre por 
partes —aparato digestivo, circulatorio, respiratorio y sistema 
nervioso. El fisiólogo debe realizar su labor experimental pri-
74 J. B. W A T S O N 
mero sobre un órgano y luego sobre otro. En cambio, el inves-
tigador de la conducta humana trabaja sobre el cuerpo fun-
cionando como un todo. 
Si bien la totalidad corporal puede hacer muchas cosas, 
tiene limitaciones perfectamente definidas en sus posibilidades 
funcionales; ellas se deben a la materia del cuerpo y a la forma 
en que tal materia se halla organizada. Mediante estas palabras, 
sólo queremos significar que existen: limitaciones en cuanto a la 
velocidad con que podemos correr, al peso que somos capaces 
de levantar, al tiempo que podemos permanecer sin alimento, sin 
agua y sin dormir; que el cuerpo requiere tipos especiales de 
alimento, que únicamente durante un cierto lapso soporta deter-
minado grado de calor o de frío; que necesita oxígeno y otras 
sustancias especiales. Un solo instante de reflexión nos llevará 
al convencimiento de que el cuerpo humano, a la vez que 
organizado a la perfección para cumplir muchos trabajos, no 
es una casa de misterios, sino un tipo muy común de máquina 
orgánica (y por tal entendemos un objeto infinitamente más 
complicado que cualquiera de los que el hombre haya logrado 
construir hasta el presente). 
¿Los conductistas debemos preocuparnos especialmente 
por el sistema nervioso central? — A menudo acúsase al con-
ductista de no dar cabida en su plan al sistema nervioso central, 
pues destaca los hechos de la adaptación de la totalidad del 
organismo antes que el funcionamiento de sus partes. A fin de 
comprender porqué el introspectista se siente hondamente afec-
tado por la actitud del conductista, que no acentúa la impor-
tancia del cerebro y de la médula espinal más que la de los 
músculos estriados, o la de los músculos lisos del estómago 
y de las glándulas, hemos de tener en cuenta que el sistema 
nervioso siempre ha sido para el primero una suerte de caja 
mágica: todo cuanto no podía explicar en términos mentales 
atribúlaselo al cerebro. Muchos de los tratados de la denominada 
psicología fisiológica abundan en esquemas del cerebro y de la 
médula espinal. En realidad, nuestro conocimiento del cerebro 
y de la médula espinal aún no es suficiente para trazar dia-
gramas de sus funciones. 
E L C O N D U C T I S M O 75 
Para el conductista, el sistema nervioso es: 1.°) una parte 
del cuerpo "humano —no más misteriosa que los músculos y 
las glándulas; 2.°) un mecanismo especializado, que sometido 
a la influencia de un estímulo dado capacita a sus poseedores 
para reaccionar con los músculos y las glándulas con mayor 
rapidez y en forma más integrada de lo que le sería dable si 
él no existiese. Muchos animales y plantas acuáticas libres 
carecen de sistema nervioso. Su grado de adaptación es limitado 
y lentas sus reacciones al tacto, luz y sonido. Al excitársele 
una parte cualquiera del cuerpo, el hombre puede reaccionar 
casi instantáneamente con la mano. El sistema nervioso conduce 
la orden velozmente (conocida en lenguaje científico como una 
alteración propagada) desde el órgano sensorial (al cual se 
aplica el estímulo) hasta el órgano de reacción (músculos y 
glándulas). Donde no existe sistema nervioso, la orden también 
se trasmite, mas con lentitud. 
El conductista por cierto debe interesarse en el sistema 
nervioso, pero exclusivamente como parte integrante del cuerpo 
considerado como un todo. 
DIFERENTES TIPOS DE CÉLULAS Y TEJIDOS QUE COMPONEN EL CUERPO 
¿De qué se compone el cuerpo? — En la actualidad casi 
todos saben que el ser humano proviene de una sola célula. 
Empero, esta célula contiene elementos suministrados por los 
progenitores. En el útero de la madre, el óvulo es fecundado 
por el esperma del padre. El óvulo fecundado representa la 
célula original única. Esta pronto comienza a dividirse. Los 
miles de millones de células que componen el cuerpo del adulto, 
son el resultado de este proceso de división. 
En su extraordinario libro hace poco publicado, "Bases 
biológicas de la naturaleza humana", el profesor JENNINGS nos 
dice de un modo muy claro algo que todos debiéramos conocer 
tocante a esta célula. El profesor JENNINGS gentilmente nos ha 
permitido citar aquí su exposición acerca de los "genes" (los 
"mensajeros" de la herencia): 
76 J. B. W A T S O N 
LOS GENES 
"La observación y el experimento han demostrado que la célula ori-
ginal contiene un gran número de sustancias distintas y separables, que 
aparecen en forma de partículas diminutas. La interacción entre unas 
FIG. a. 
Individuo en su primera fase: huevo fecundado de la estrella de mar; c, cito-
plasma; n, núcleo, donde aparecen pequeños cromosomas oscuros. Basado en 
la fotografía del "Atlas de la fecundación" de WILSON, lámina VI, figura 24 
(Imprenta de la Universidad de Columbia, 1895). Reproducción autorizada de "Bases 
biológicas de la naturaleza humana'', de H. S. JENNINGS. 
y otras, así como la que se ejerce entre éstas y otras partes de la célula 
y los materiales tomados del exterior, provoca el crecimiento del indivi-
duo. Sabemos que los individuos comienzan su existencia con determi-
nados juegos de estas sustancias, y que la forma en que se desarrollan, 
lo que llegan a ser, las características que adquieren, las peculiaridades 
E L C O N D U C T I S M O 77 
FIG. b. 
Diagrama que muestra la disposición y la acción de los genes en el sistema genético. 
Los genes están representados por cuerpos fusiformes, dispuestos en orden sucesivo 
y en largascadenas apareadas, los cromosomas. Una de las cadenas (P) proviene 
del padre, la otra (Ai) de la madre. Así, los genes mismos se hallan apareados. 
Un miembro de cada par es de origen paterno, el otro materno. Los genes que 
figuran en blanco deben considerarse defectuosos. (Impresión autorizada, de 
"Bases biológicas de la naturaleza humana", de H. S. JENNINGS). 
78 J. B. W A T S O N 
que presentan, dependen, no mediando diferencia en las demás factores, 
de la serie de sustancias con que empiezan su vida. Los individuos pa-
recen estar hechos según distintas recetas y esas recetas dan resultados 
diferentes. Mucho se conoce sobre los resultados que provoca la alte-
ración de una sola, algunas o muchas de las mil sustancias diversas que 
se encuentran en la célula original. Algunas de sus combinaciones dan 
individuos imperfectos, débiles mentales, deformes, monstruos. Otras dan 
individuos normales; otras, individuos superiores. Existen combinaciones 
que producen todos los tipos intermedios, algunas dan individuos apenas 
imperfectos, holgazanes, estúpidos o tontos; y existen combinaciones que 
producen genios. En los organismos como el del hombre, jamás se en-
cuentran dos individuos confeccionados con arreglo a la misma receta 
(salvo excepcionales casos de mellizos idénticos). Se ha probado expe-
rimentalmente que las diferentes combinaciones producen diferencias es-
tructurales y fisiológicas de todos los tipos y grados, inclusive diferen-
cias de comportamiento de lo que llamamos mentalidad. 
"Esta multitud de distintas sustancias presentes en el individuo al 
comienzo de su desarrollo, se llama genes. Los genes se encuentran 
en las dos piezas que se unen para formar el nuevo individuo. Se halla-
ban en los dos padres de los cuales provienen ambas piezas; por lo tanto, 
los genes nos son directamente trasmitidos por nuestros padres. 
"Los genes existen en la célula huevo bajo la forma de ínfimas par-
tículas que se agrupan entre sí formando estructuras visibles al micros-
copio, y conocidas con el nombre de cromosomas (figuras c y d ) . Los 
cromosomas, junto a los genes que contienen, forman una vesícula en 
el interior de la célula, denominada núcleo. La célula huevo está cons-
tituida por una masa gelatinosa, llamada citoplasma, dentro de la cual 
está el núcleo con sus cromosomas y genes (figura a ) . 
EL SISTEMA GENÉTICO 
"Muchas de las más importantes características del desarrollo y 
de la individualidad dependen del modo en que los genes están dispues-
tos en las células, de su combinación física y de su comportamiento con-
secuente. Las diversas formas en que se desarrollan los individuos, las 
peculiaridades que exhiben, las llamadas leyes de la herencia, los pa-
recidos y diferencias extraordinarios entre padres e hijos dependen en 
gran parte de la combinación y del comportamiento de los genes. Las 
combinaciones de los genes y su funcionamiento constituyen un sistema 
comparable en importancia al sistema nervioso o al digestivo, lo que 
nos autoriza a llamarlo sistema genético. A fin de comprender la he-
rencia y sus resultados, debemos representarnos el cuadro del sistema 
genético y de su método de operación. El intento de comprender estos 
procesos sería una vana empresa sin el auxilio de esa imagen. Equi-
valdría a pretender comprender los movimientos y reacciones de los 
organismos sin un conocimiento previo de sus sistemas nerviosos y 
musculares, o las funciones de la digestión ignorando lo inherente a 
E l . C O N D U C . T I S M O 79 
los órganos digestivos y a su acción. Quienquiera rechace la tarea de 
familiarizarse con las características fundamentales del sistema genético 
y de su método de operación, se aleja de la posibilidad de penetrar en 
la naturaleza del hombre y en el origen de sus peculiaridades. Por 
consiguiente, corresponde exponer este sistema. Resultará esencial el 
conocimiento de muchos detalles; pues aquí, como en ningún otro cam-
po, los grandes efectos resultan de pequeñas causas. 
FlG. c. 
Estructuras de los cromosomas vistos al microscopio, mostrando diminutas partículas 
apareadas (cromómeros) de qué está compuesto cada uno. A, B, C, cromómeros 
en los cromosomas de ¡a cigarra, según WENRICH (1916). D, E, cromómeros en 
los cromosomas del lirio, según BELLING (1928). E, representa una parte de D 
aumentada. Los cromómeros probablemente muestran la posición de los genes. 
(Reproducción autorizada de "Bases biológicas de la naturaleza humana", 
de H. S. JENNINGS). 
"Los genes se encuentran en el núcleo de la célula original del 
individuo (y en todas las células procedentes de ella). Sabemos que en 
los núcleos los genes vienen a formar algo así como los eslabones de 
cadenas muy largas. (Véase figura 5 ) . Estas cadenas constituyen lo 
que llamamos los cromosomas. Los cromosomas separados son las pie-
zas en las cuales la cadena está dividida; segmentos separados de la 
misma, cada uno de los cuales contiene muchos genes. 
80 J. B. W A T S O N 
"En ciertos períodos de la vida de la célula las cadenas de genes 
se desenroscan; entonces es posible ver al microscopio las partículas 
diminutas dispuestas en orden lineal sucesivo (figura c). Parece pro-
bable que estas partículas (llamadas cromómeros) indiquen la posición 
de los genes, si es que no se las considera como los genes mismos. 
Muestran la disposición de pares sucesivos donde se sabe que están los 
genes. En otros períodos, las cadenas de los genes están enroscadas 
formando manojos; éstos son los que se ven como cromosomas espesos 
de varias formas (figura d). A fin de comprender el comportamiento 
y efecto de los genes, debemos re-
presentárnolos gráficamente en or-
den lineal, como lo muestra el 
diagrama de la figura b. Sabemos 
que cada uno de los miles de genes 
es una sustancia característica, con 
una función definida y una tarea 
particular que desempeña en la 
formación del nuevo individuo; de 
suerte que la destrucción o un cam-
bio que sobrevenga en cualquiera 
de ellos altera el desarrollo de una 
manera definida, y el individuo 
presentará un cambio correspon-
diente en sus características: quizá 
en el color de los ojos, en la forma 
de la nariz, en la estatura, en su 
humor o su temperamento. 
"Sabemos asimismo que cada 
clase de genes tiene un sitio re-
gular e invariable en la cadena. 
De esta suerte, los diversos genes 
pueden nombrarse o numerarse y 
uno en particular, como, por ejem-
plo, el número 4, o el 47, es siem-
pre el mismo gene, desempeñando 
el mismo papel y ocupando inva-
riablemente idéntico lugar en el 
cromosoma. 
"Conocemos también otro aspecto de la naturaleza y combinaciones 
de los genes: aspecto de suma importancia práctica y que nos da la 
clave de muchos de los enigmas, problemas y paradojas de la humani-
dad y de la biología en general. Estriba en el hecho de que cada uno 
de nuestros padres nos da una serie completa de genes, eslabonados en 
la forma que acabamos de apreciar. Por lo tanto, en cada célula posee-
mos dos de esas cadenas de genes, cada una de ellas completa en sí 
misma, tal como se ve en la figura b. Por consiguiente, somos dobles 
en lo que respecta a nuestros genes. Cada una de las dos series, en 
Fio. d. 
Cromosomas en estado de condensación 
en una célula en curso de división de 
la salamandra (Amblystoma). (Reproduc-
ción autorizada de "Bases biológicas 
de la naturaleza humana", de H. S. 
JENNINGS). 
E L C O N D U C T I S M O 81 
una célula, contiene todos los elementos necesarios para producir un 
individuo, hecho éste de curiosas consecuencias. La madre suministra 
todos los elementos requeridos para formar un individuo de un tipo de-
terminado, y también el padre proporciona los elementos para producir 
otro individuo de un tipo distinto. Es decir, que empezamos nuestra 
vida como individuos dobles. Cada uno de nosotros, es, en cierto sen-
tido, dos individuos, dos personas distintas: casi enteramente fusiona-
das, aun cuando en ciertos respectos no lo seamos por completo. Esta 
doble individualidadtiene grandes consecuencias en la vida. 
"La doble individualidad se aplica a cada una de las mil diversas 
sustancias o genes con los cuales iniciamos la existencia. Cada clase 
está presente en cada célula en dos dosis, formando un par de genes. 
Un gene de cada par proviene del padre y el otro de la madre. El 
orden y la disposición de los genes es entonces ci q::e ensena ia figu-
ra b : una serie de pares dispuestos en cadenas longitudinales. En al-
gunos animales, en particular en ciertos insectos, las dos cadenas apa-
readas, aparentemente permanecen lado a lado durante toda la vida, 
conforme lo muestra el diagrama. En otros animales, en ciertas circuns-
tancias las cadenas se separan, pero en determinados períodos críticos 
se aparean nuevamente. A fin de comprender la acción de los genes, 
la herencia y la naturaleza del hombre, se debe recordar siempre la 
imagen de esta disposición; es la clave de muchos enigmas de la bio-
logía. 
"Los distintos pares de genes poseen diferentes funciones en el des-
arrollo. Los dos miembros de cualquier par (como, por ejemplo, A y a , 
figura b), cumplen idéntica función general. Si uno de ellos se rela-
ciona con la producción del color de los ojos, lo mismo ocurre con su 
compañero. Si uno tiene que ver con la producción de alguna parte del 
cerebro, igual cosa sucede con el otro. Si uno de ellos afecta el creci-
miento del cuerpo, lo mismo acontece con el otro. Mas ahora estamos 
frente a un hecho de suma importancia práctica: aun cuando ambos 
miembros de un señalado par de genes hayan de desempeñar igual ta-
rea, generalmente lo hacen de una manera disímil. El del padre puede 
tener propensión a producir un cierto color de ojos; el de la madre, 
otro. Uno, el del padre, acaso tienda a producir un cerebro pobre y, 
en consecuencia, un individuo estúpido; su compañero, el gene materno, 
podrá tender a producir un cerebro bien constituido y, en consecuencia, 
un individuo inteligente. Una de las unidades de un par, puede hacer 
un trabajo bueno y la otra un trabajo malo. Uno de ellos (ya sea el 
que procede del padre o el que proviene de la madre) tal vez sea de-
ficiente o defectuoso en algún respecto. Si su trabajo consiste en pig-
mentar el cabello, la piel y los ojos, acar.o fracase en la ejecución de 
su cometido, y produzca lo que se llama un albino, de cabellos y cutis 
blancos y ojos rosados. No obstante, el gene del otro progenitor podrá 
quizá realizar esa función con todo éxito, de suerte que gracias a su 
presencia la pigmentación se realiza perfectamente. Cierto gene puede 
fracasar en la debida proporción de los cimientos del cerebro, produ-
ciendo entonces un individuo de mentalidad débil, a menos que tenga 
82 }. B . W AT S O N 
como pareja un gene que efectúe bien esa función. Existen defectos o 
deficiencias de toda clase y grado posible en los genes, desde las pe-
queñas diferencias en la agudeza de los sentidos, la aptitud para la in-
dustria o la paciencia, hasta defectos graves, como la idiotez o la in-
sania. En los organismos engendrados por dos progenitores rara vez 
ocurre que padre" y madre suministren un par de genes exactamente 
parecidos en su acción. Por ello, en cualquier individuo, muchos o la 
mayoría de los pares tendrán los dos genes en cierto modo diferentes. 
Los defectos de los genes o cuando menos sus desigualdades, leves o 
graves, son muy comunes, de manera que todo ser humano contiene 
unos pocos o muchos de ellos". 
COMO ESTA CONSTITUIDO EL CUERPO 
Cuando la célula original comienza a dividirse, las nuevas 
células asumen diferentes formas, funciones y aspectos y tejen 
diferentes clases de estructuras (tejidos). 
Es posible que entendamos con mayor claridad la tarea 
que debe realizar la célula trasmitida por los padres, si nos 
figuramos ser arquitectos suficientemente versados en química 
y física como para formar un ser humano con las células y los 
tejidos constituidos por ellas. A fin de realizar este trabajo 
necesitaríamos cuatro clases distintas de células —y sus pro-
ductos— para formar los cuatro tejidos fundamentales del 
cuerpo. Estos cuatro tejidos fundamentales se combinan diver-
samente para formar cada uno de los órganos: la piel, el 
corazón, los pulmones, el cerebro, los músculos, el estómago, 
las glándulas. 
1) Células para cubrir el cuerpo y revestir interiormente 
todos los órganos. — En primer lugar necesitaríamos células 
que pudieran tejerse a modo de membrana y cubrir todo el 
cuerpo —a fin de constituir las capas exteriores de la piel. 
En algunos puntos de este tejido habríamos de modificar las 
células para configurar las uñas de los dedos de las manos y 
de los pies, el pelo y los dientes. En otros lugares, tales como 
la membrana transparente del globo ocular (la córnea), debe-
ríamos corregir las células de este tejido de suerte que permi-
tieran el paso de la luz. Luego, sería necesario formar todos los 
conductos y cavidades internas, tales como el aparato digestivo 
—la boca, la parte posterior de la garganta, estómago, intes-
E L C O N D U C T I S M O 83 
tino delgado e intestino grueso. Precisaríamos forrar los vasos 
sanguíneos y las cisuras del cerebro (ventrículo y canal espinal). 
Habría que configurar o enlazar estos tejidos en las estructuras 
que llamamos glándulas, y modificar nuevamente las células 
para que secretaran humores —lágrimas, sudor, cerumen, saliva, 
y docena de otros humores y sustancias químicas que el cuerpo 
necesita para su propio uso o que debe excretar o eliminar. 
Llamemos a las células que utilizamos a estas efectos (1) cé-
Flfi. 1. F1G. 2. 
Des tipos de células epiteliales. Células epiteliales reunidas para formar 
una pequeña glándula. 
lulas epiteliales, y a los tejidos que forman, tejidos epiteliales. 
Más adelante veremos que necesitamos formas altamente espe-
cializadas de estas células epiteliales a fin de proporcionar el 
elemento sensorial a cada uno de nuestros órganos de los sen-
tidos. La figura 1 representa algunas células epiteliales indi-
viduales, y la figura 2 una glándula compuesta por las mismas. 
2) Células que forman el tejido de sostén y conexión de las 
partes del cuerpo. — En nuestra tarea de construir un hombre 
no podríamos llegar muy lejos con un solo tipo de células y 
el tejido que ellas forman. Bien pronto necesitaríamos otro tejido 
resistente para unir entre sí las diversas partes del cuerpo. 
Habría menester de tendones elásticos a los cuales fijar 
los músculos, cartílagos para conformar la nariz y mantener 
84 J. B. W A T S O N 
abierta la tráquea. Durante el período embrionario (intrauterino) 
de la vida de nuestra criatura, se requeriría un armazón firme 
sobre el cual puedan depositarse las sales minerales que for-
marán los huesos (una vez que estos depósitos han constituido 
los huesos, el armazón de tejido conjuntivo desaparece). Sería 
necesario envainar los huesos en un revestimiento fibroso resis-
tente (periostio), poner amortiguadores donde ellos se encuen-
tran, y proveerlos de fibras resistentes muy fuertes (fibro car-
tílago) para articularlos. Todo este armazón de soporte se halla 
formado por células de tejido conjuntivo. Los tejidos mismos 
se llaman tejidos conjuntivos 
(cartílago y hueso, elástico, fi-
broso, areolar). La figura 3 
representa dos células de tejido 
conjuntivo que entran en la 
formación de la estructura del 
hueso. 
<\ 
Células de 
FIG. 3. 
tejido conjuntivo (osteo-
blastos). 
3) Células que forman 
nuestros tejidos musculares. — 
Necesitaríamos construir el 
cuerpo humano de tal forma 
que pudiese moverse de un lado 
a otro; que le fuera dado res-
pirar; que su corazón pudiera 
latir; su estómago aumentar o 
disminuir de tamaño; sus va-
sos sanguíneos dilatarse o con-
traerse; en otras palabras, ha-
bría que suministrar la locomoción para el cuerpo corno un todo 
y para los cambios en la conformación y capacidad de los ór-
ganos huecos internos (por ejemplo el estómago debe sufrir 
modificaciones considerables en su capacidad, los vasos san-guíneos deben variar en dimensión). A fin de cumplir todas 
las variadas funciones musculares del cuerpo, necesitaríamos en 
realidad dos clases de células y tejidos musculares. 
(a) Células y tejido del músculo estriado. — Las células 
del músculo estriado tienen un diámetro aproximado de 1/500 
de pulgada. Con frecuencia miden longitudinalmente una pul-
E L C O N D I K T I S M O 85 
gada o más. Las células son uniformes en todo su largo y no 
poseen ramificaciones. * Están formadas por estrías oscuras y 
claras, dispuestas alternativamente, que corren en dirección 
transversal a la de la célula. De aquí el nombre de la célula: 
"estriada". Como todas las otras, las células musculares están 
provistas de un núcleo —por lo regular de varios. Cada célula 
se halla envuelta en una membrana de tejido resistente (llamado 
sarcolema). Generalmente se necesitan cientos y miles de estas 
células para formar un solo músculo (tejido muscular estriado). 
Los músculos, como tales, están envainados por un tejido con-, 
juntivo bien marcado (llamado epimysium). Entretejidos con 
los músculos se encuentran los vasos sanguíneos que los ali-
mentan. 
Es así como están constituidos los grandes músculos: el 
bíceps del brazo, los músculos de la pierna y del tronco, la 
lengua, los seis grandes músculos que controlan el ojo. Nuestros 
músculos estriados se usan toda vez que el movimiento deba 
ser rápido y donde haya necesidad de mover grandes masas. 
La figura 4 representa parte de dos células individuales de 
músculo estriado y la forma en que las fibras del nervio motor 
penetran en ellas. 
(b) Células y tejidos del músculo liso. — Las células que 
forman el tejido del músculo liso son estructuras delgadas, alar-
gadas, casi capilares. (Véase la figura 5). Estas células se 
agrupan en capas para formar revestimientos musculares. El 
tejido muscular liso constituye el principal revestimiento del 
estómago, intestino, vejiga, órganos genitales, iris del ojo (para 
abrir y contraer la pupila), las paredes de los conductos (tubos) 
que salen de las glándulas, las arterias y las venas. 
Células nerviosas y tejido nervioso. — A fin de perfec-
cionar el ser humano necesitamos aún otro tipo de célula, y 
su tejido. El animal humano (así como todos los demás verte-
brados superiores) debe estar capacitado para responder a los 
* En el corazón tenemos músculos de un tipo algo diferente. Sus células 
individuales son cortas y muestran ramas cortas intercomunicantes. Puesto que e;ste 
tipo de músculo se encuentra en el corazón y asegura su latido rítmico, muy 
poco más habrá que decir de él. En lo sucesivo, al tratar de músculos estriados nos 
referiremos a los arriba mencionados (a) . 
86 J. B. W A T SON 
estímulos en forma rápida y coordinada. Sabemos que los estí-
mulos sólo tienen efecto cuando se los aplica a un órgano 
sensorial apropiado. Sabemos que el animal debe responder 
sea con los músculos estriados, con los lisos, con glándulas o 
combinaciones de estos elementos. A menudo, el punto en que 
se aplica el estímulo queda muy alejado de aquel donde se 
produce la reacción. Por ejemplo, se nos clava una espina en 
el pie. Nos detenemos de inmediato, flexionamos el tronco, 
tomamos la espina con los dedos y la extraemos. Esta reacción 
no ocurriría si no poseyéramos células nerviosas especialmente 
diferenciadas y muy desarrolladas con sus ramificaciones —com-
ra nerviosa o axon 
Núcleo 
FIG. 4. 
Partes de dos células musculares estriadas y las terminaciones 
del nervio motor. 
binadas de tal manera que forman un verdadero sendero neural 
que va de la piel del pie a la médula espinal, y desde la médula 
espinal al cerebro, de éste nuevamente a la médula espinal, y 
de ella a los músculos del tronco, mano y dedos. Las células 
nerviosas y sus ramificaciones son las únicas estructuras del 
cuerpo capaces de conectar el órgano sensitivo con el músculo 
en esta forma rápida e íntima. 
En cuanto a la estructura general, las células nerviosas 
no son muy diferentes de las demás células del cuerpo: cada 
una consta de un cuerpo celular con sus brotes o ramificaciones 
—a veces estas últimas son pocas, otras hay miles de ellas. 
Si tomamos como ejemplo una célula de la médula espinal 
(fig. 6, pág. 88) —llamada neurona motriz más simple— 
encontramos un cuerpo celular alargado con un núcleo. Na-
EL CONDUCTISMO 87 
ciendo de la célula, observamos abundantes ramificaciones cor-
tas, agrupadas.alrededor de su cuerpo. Denomínaselas dendritas, 
porque se asemejan a las ramas de un árbol. En un punto una 
fibra delgada sale de la célula y se prolonga por una extensión 
más o menos grande; su longitud puede variar de la mera 
fracción de una pulgada hasta varios pies. Esta prolongación, 
de diámetro menor, se designa axón o cilindroeje. A menudo 
en su trayecto da nacimiento a ramas secundarias, llamadas 
colaterales. Una vaina formada por una sustancia grasa (mie-
lina) reviste todo el cilindroeje y sus colaterales (para detalles 
del axón, véase la fig. 7). Esta vaina de grasa no se halla 
presente en las prolongaciones dendríticas. Toda la estructura 
Flü. 5. 
Célula del músculo liso con una fibra nerviosa que 
entra en ella. La parte oscura en el centro es el núcleo. 
hasta aquí descrita, constituida por la célula en sus prolonga-
ciones, comúnmente recibe el nombre de neurona. Existen mu-
chos tipos de ellas, algunas con una prolongación única, como 
en las neuronas aferentes de la médula espinal (que conectan 
los órganos sensoriales con la médula espinal. Para detalles 
acerca de este tipo de neurona, véase la figura 8). La neurona 
es la unidad de todo el tejido nervioso que forma el cerebro 
y la médula espinal. 
Las dendritas sirven como estaciones receptoras de los 
variados impulsos nerviosos. Los impulsos pasan a través del 
cuerpo celular, bajan por el cilindroeje y las colaterales. El 
cilindroeje de una neurona siempre termina por contacto alre-
dedor de las dendritas de otra neurona (en las totalmente in-
cluidas en el cerebro y médula). El impulso nervioso pasa, 
así, desde el cuerpo celular al cilindroeje y por éste llega a 
los dendritas de la neurona siguiente. De esta manera, el sistema 
nervioso es siempre una vía de conducción en un sentido, hacia 
adelante. 
88 J. B. W A T S O N 
Dentritas 
- Rama secundaria 
o colateral 
Axón que finaliza en 
S un músculo estriado 
FIG. 6. 
Un tipo de neurona — la ncuromotriz más simple. 
{Según BARRER). 
E L C O K D U C T I S M O 89 
Nudos (estrangulaciones) Ci l indro «je 
de Ronvier 
Vaina de mielina 
FIG. 7. 
Diagrama de parte de una fibra nerviosa. — El cilindro eje, compuesto por un 
gran número de fibrillas muy delgadas, constituye el centro de la fibra nerviosa. 
La porción oscura exterior representa la vaina de mielina. A intervalos determinados 
la vaina de mielina presenta unas estrangulaciones. Estas partes estranguladas 
se llaman "mulos" (estrangulaciones de Ranvier). 
> 
Axón. rama del 
/ órgano sensitivo 
?# 
Núcleo 
Cuerpo celular 
Axón. rema central 
FIG. 8. 
Otro tipo de neurona, llamada neurona sensitiva o aferente. No 
tiene dendritas — una prolongación del axón termina en el 
órgano sensitivo, la otra en el sistema nervioso central 
(cerebro o médula espinal). 
ÓRGANOS PRINCIPALES DEL CUERPO 
Los tejidos elementales, agrupados, conforman los diversos 
órganos del cuerpo. — Hasta aquí, en nuestra exposición hemos 
hablado solamente de las células y de los tejidos elementales 
que forman. Examinemos algunos de los órganos constituidos 
por dichos tejidos. Para nuestro objeto será suficiente considerar 
sólo algunos de ellos: (I) los órganos sensoriales —donde 
los estímulos producen sus efectos sobre el cuerpo; (II) los 
órganos de reacción —todo el sistema de músculos y glándulas; 
(III) los órganos nerviosos o de trasmisión, que conectan los 
órganos sensoriales con los órganos de reacción —el ceiebro, 
la médula espinal y los nervios periféricos. Por nervios perifé-
ricos entendemos los que salen delos órganos sensoriales y se 
dirigen hacia el cerebro, la médula espinal, y los que salen del 
¡cerebro y de la médula espinal para terminar (directamente) 
90 
J. B. W A T SON 
en los músculos estriados y (indirectamente) en los músculos 
lisos y las glándulas. 
Nuestro estudio de los tejidos elementales ya nos ha hecho 
recorrer mucho camino hacia la comprensión de estos órganos. 
Ellos están formados, en su totalidad, por combinaciones de 
los cuatro tipos de células y sus tejidos, que hemos estudiado. 
Por ejemplo, en el sistema muscular encontramos: tejido con-
juntivo que recubre cada célula muscular, tejido epitelial y tejido 
nervioso. Dediquemos ahora un poco de tiempo a considerar las 
características generales de cada uno de estos grupos de órganos. 
Agrupamiento general de los órganos o estructuras. — 
Primeramente agrupemos los órganos que más falta nos hace 
examinar: 
1) Los órganos sensoriales —donde los diversos estímulos 
ejercen su efecto sobre el cuerpo. 
2) Los órganos de reacción —que comprenden: a) el sis-
tema muscular estriado que gobierna los movimientos 
del esqueleto (y del corazón); b) el sistema muscular 
liso de las visceras; c) las glándulas. 
3) El sistema nervioso —conecta los órganos de los sen-
tidos con los de reacción. Está constituido por el 
cerebro, la médula espinal y los nervios periféricos que 
corren de los órganos de los sentidos al cerebro y la 
médula espinal, o de estos últimos a los músculos y 
glándulas. 
Plan general de los órganos sensoriales. — El plan general 
de un órgano sensorial es bastante sencillo y casi uniforme. 
Naturalmente, todos estos órganos contienen tejido conjuntivo 
que sirve para conformarlos, vasos sanguíneos para suminis-
trarles alimento, y fibras musculares de ambas clases de múscu-
los, estriados y lisos, que los facultan para recibir el estímulo. 
Todos ellos, con excepción de las terminaciones de los nervios 
sensitivos que rematan en el músculo y el tendón, contienen 
tejido epitelial. Asimismo todos contienen tejido nervioso. 
Estas células epiteliales de los órganos sensoriales son 
estructuras verdaderamente sorprendentes, quizá las más inte-
resantes de todo el cuerpo. En general, son sensibles sólo a 
E L C O N D U C T I S M O 91 
una forma de estímulo (sensibilidad selectiva). Por ejemplo, 
los dos tipos de elementos epiteliales del ojo, sensibles a la 
luz, se llaman bastoncillos y conos, respectivamente (véase fi-
FIG. 9. 
Elementos epiteliales y nerviosos del ojo. 
gura 9) . Los elementos conectivos nerviosos (verdadero nervio 
óptico) terminan alrededor de los bastoncillos y conos. En el 
oído hay todo un grupo de estas células epiteliales especiali-
zadas: 1) una célula que corre a través de la cavidad ósea del 
92 J. B. W A T S O N 
oído interno (llamada fibra membranosa bacilar); 2) sobre 
ésta se encuentra un par de células colocadas en forma de arcos 
(arcos de Corti); 3) a cada lado de los arcos de Corti, hay 
un grupo de células epiteliales, denominadas célalas capilares 
(internas y externas). Es alrededor de estas células capilares 
que finalizan los elementos nerviosos (nervio auditivo). Si to-
camos una nota de cierta altura, este grupo de estructuras vibra 
como un todo (por el momento es preferible abstenerse de for-
mular teorías respecto del funcionamiento del oído). Las células 
FIG. 10. 
Terminación de un nervio sensitivo en una célula de 
músculo estriado. 
fusiformes musculares [los órganos sensitivos de los músculos 
(véase fig. 10)] actúan únicamente cuando el músculo ha sido 
acortado o alargado por los nervios motores; las papilas del 
gusto, cuando un fluido (sustancia sápida) llega a éstas; las 
células olfativas, sólo si las impresionan partículas gaseosas; 
los conductos semicirculares, cuando movimientos de la cabeza 
perturban los fluidos en el oído interno; las células de la piel 
son sensibles selectivamente a (o sea son estimuladas por) 
varias formas de estímulos —algunas lo son por un toque deli-
cado (pelo, corpúsculos de Meissner), otras por lesiones pun-
zantes, pinchazos, choques eléctricos (aquí, desde luego, la 
terminación del nervio puede ser estimulada directamente); 
otras por objetos calientes; otras, por objetos fríos. Es posible 
que otras lo sean también por rayos luminosos (cosquilleo, 
escozor). 
E L C O N Ü U C T I S M O 93 
Agrupemos estos hechos de una manera adecuada: 
Órgano Sensorial Estimulado por: 
(Sensación visual) Ojo Ondas de aire 
(Sensación auditiva) Oído (caracol) Vibración del éter 
(Sensación olfativa) Nariz Fluidos sápidos 
(Sensación gustativa) Lengua Partículas gaseosas 
(Sensación cutánea) Piel 
^ Términ ("Objetos calientes 
a ) l t r m i c a ! Objetos fríos 
,N ~ , ... \ Contacto con cual-
b ) T a c t , ! "i. quier objeto 
c) Doiorosa j Corte quemadura, 
' \ pinchazo 
\ Cambio de posición 
(Sensacción llamada J M ü s c u l o s * del músculo 
kinestésica) | T e n d o n e s J Cambio de posición 
l del tendón 
(Sensación de equili- Oído ( C o n d u c t o s Cambio de posición 
brio) semicirculares) de la cabeza 
¿Qué ocurre cuando un estímulo apropiado llega a un 
órgano sensorial? Se produce algún cambio físico o químico 
en la célula epitelial. Consideramos, pues, estas células que 
constituyen los órganos sensoriales como usinas fisicoquímicas. 
En nuestra experiencia existen muchísimas cosas simples que 
pueden ayudarnos a esclarecer dicho proceso. Cuando la luz 
impresiona una placa fotográfica, ésta (las sales de plata) 
ennegrece. Si levantamos la sordina de las cuerdas de un piano 
y emitimos el do natural, la cuerda correspondiente a tal nota 
empezará a "hablar" sin necesidad de tocar el teclado (efecto 
llamado de vibración simpática). 
Este proceso físicoquímico, puesto en movimiento en el 
órgano sensorial por el estímulo, provoca a su vez otro. Des-
pierta una excitación nerviosa en la terminación del nervio que 
está en contacto con la célula epitelial, la cual se trasmite por 
una cadena de neuronas al sistema nervioso central (cerebro y 
médula espinal) y luego, desde allí, a algún músculo o glándula. 
94 
T. B. W A T S O N 
Hasta aquí hemos hablado de los órganos mediante los 
cuales los estímulos producen sus efectos corporales (órganos 
sensoriales y receptores). Ahora llega el turno de referirnos a los 
músculos y glándulas que responden a los estímulos de la sen-
sibilidad. Más adelante, una vez concluido nuestro estudio de 
la parte del cuerpo que reacciona (músculos y glándulas lla-
mados órganos efectores), volveremos al sistema nervioso que 
forma el camino o puente entre los órganos sensoriales y los 
órganos efectores. 
ÓRGANOS DE REACCIÓN. MÚSCULOS Y GLÁNDULAS 
Introducción. — Hay tres tipos principales de órganos de 
reacción: 1) el sistema muscular estriado o del esqueleto; 2) 
el sistema muscular liso; 3) el sistema glandular. A no ser por 
estas estructuras, el cuerpo no podría hacer nada —ni cuidar 
de sí mismo. 
Músculos del esqueleto. — El sistema muscular estriado 
de los brazos, pierna o busto, constituye, como es evidente, el 
grueso del cuerpo. Quitemos las vainas cutáneas y las que re-
visten estos músculos: la variedad de sus disposiciones nos 
aparece infinita y confusa, y, sin embargo, cada músculo, en 
este sistema, cumple una tarea determinada. Los psicólogos 
acostumbraban llamarlos "músculos voluntarios", sujetos a la 
voluntad, pero si estudiamos su funcionamiento, pronto descu-
briremos que lo que "queremos" hacer es levantar el brazo o 
doblar los dedos, saltar, correr o doblar el tronco. Un sistema 
completo de músculos responde cuando se realiza cada uno de 
estos actos. Los músculos siempre trabajan en grandes grupos. 
Podemos verbigracia estirarnos a fin de bajar la cortina de 
la ventana. Creemos que el brazo y los dedos son los únicos 
miembros movibles activos, pero, en realidad, colaboran todos 
los músculos del cuerpo. El cuerpo entero debe adoptar una 
nueva disposición o actitud antes de que nos sea dado llevar 
a cabo este simple acto.Si después de un momento nos doblamos 
para levantar un alfiler, se ha efectuado entonces un rápido 
cambio en la tensión de todos los músculos. 
Función de los huesos. — No podemos considerar completa 
la exposición acerca de los músculos del cuerpo sin mencionar 
E L C O N D U C T I S M O 95 
ios huesos, con los cuales aquéllos colaboran íntimamente. 
El cuerpo.hiimano tiene alrededor de 200 huesos. Algunos forman 
uniones rígidas con sus vecinos —como los huesos de la nuca; 
otros, puntos semimovibles, capaces de efectuar un movimiento 
poco pronunciado— por ejemplo, las vértebras espinales y las 
costillas. Otros, como las articulaciones del codo, la rodilla, los 
brazos y la cadera, están ligados de modo que permite sus 
movimientos en una o varias direcciones. Nuestros músculos 
estriados se ligan a estos huesos por un tejido conjuntivo (que 
ya hemos estudiado). La mayoría de los músculos se une por 
una extremidad a un hueso, y por la opuesta (directamente o 
por tendones) a otro contiguo. Así, cruzan una coyuntura y 
se establece una palanca. El principio de la palanca está am-
pliamente utilizado en la construcción de nuestro cuerpo. Algunos 
de nuestros movimientos tienen por objeto que todo el cuerpo 
se eleve, como cuando nos alzamos sobre las puntas de los 
pies. Otros requieren gran velocidad en el recorrido de un 
arco amplio, verbigracia, el movimiento de los brazos en el 
boxeo. 
Antagonismo entre grupos musculares. — Cada uno de los 
músculos o grupos de músculos que tienden a mover nuestros 
miembros en una dirección dada, por ejemplo, contraer o doblar 
el codo (flexores) dispone de otro juego muscular, antagónico 
al primero, que tiende a extender el brazo o conservarlo de-
recho (extensores). Por lo general, los músculos se encuentran 
bajo alguna leve tensión debida a tas excitaciones motrices que 
constantemente dimanan del cerebro o de la médula espinal. 
Ello está comprobado por el hecho de que cuando se corta en 
forma transversal la combadura de un músculo en reposo, ambas 
extremidades se separan. Esta tensión, que se observa en un 
músculo, así como en su antagonista, contribuye a dar suavidad 
y uniformidad a nuestros movimientos. Cuando la excitación 
del nervio motor, trasmitida por el cerebro o la médula espinal, 
tiene por resultado el levantamiento del brazo, los flexores se 
contraen (acortan); pero, al mismo tiempo, disminuye la tensión 
de los músculos antagonistas. Después de una determinada con-
tracción muscular, el músculo asume gradualmente su medida 
y conformación normal (relajamiento). 
96 J. B. W A T S O N 
¿Cuál es el rendimiento de nuestros músculos considerados 
como máquinas de trabajo? — Minuciosas pruebas han demos-
trado que el sistema muscular, en su condición de máquina de 
trabajo, es tan eficaz como la máquina a vapor. Según lo com-
probó el Laboratorio de la Nutrición del Instituto Carnegie, su 
rendimiento neto puede fijarse en un poco más de 21 %. La 
máquina a vapor tiene un rendimiento que aproximadamente 
varía del 15 % al 25 %. 
Alimentación del músculo. — Los músculos bien nutridos 
almacenan en cantidad el alimento aportado por la sangre. En 
esta última, el elemento nutritivo se presenta bajo la forma 
de glucosa. El tejido muscular posee la facultad de transfor-
marla en glucógeno (llamado almidón animal), el cual, luego de 
almacenado, va consumiéndose poco a poco a medida que el 
músculo trabaja. Una vez consumido, el músculo depende de 
la glucosa que le lleva la sangre para su abastecimiento adi-
cional. Las glándulas de secreción interna cooperan en el 
aumento de la reserva nutritiva para los músculos, conforme 
indicaremos luego. 
Productos residuales y fatiga del músculo. — A medida 
que el músculo trabaja, se producen en él cambios químicos. 
Fórmase dióxido de carbono, como asimismo ácido láctico y 
otros. Se originan muchos de los llamados "productos de la 
fatiga". Finalmente, el músculo no puede trabajar más. También 
aquí las glándulas de secreción interna vienen en ayuda de los 
músculos, neutralizando los productos de la fatiga (y acre-
centando el suministro de sangre al músculo que trabaja, los 
productos de la fatiga son rápidamente eliminados). Es pro-
bable que el proceso más importante en el trabajo sea la 
utilización del material alimenticio almacenado. 
Esfuerzo muscular. — Un músculo que haya sido contraído 
hasta el punto que ya no pueda trabajar, volverá a contraerse 
después de un breve descanso. El reposo da tiempo a la sangre 
para conducir los productos de la fatiga y aportar una nueva 
provisión de alimento. Si el músculo ha sido sometido a un 
ejercicio demasiado intenso —esfuerzo—, el periodo de resta-
blecimiento es, sin duda, muy lento. No obstante, el propio 
E L C O N D U C T I S M O 97 
músculo raramente resulta afectado por el exceso de ejercicio; 
nunca va máŝ allá del punto en que es posible su reparación. 
Efecto del ejercicio. — Un músculo que no se utiliza, se 
debilita rápidamente y hasta puede llegar a atrofiarse. Falta 
de ejercicio significa falta de buena circulación, y la falta de 
buena circulación involucra deficiente suministro de alimento y 
escasa eliminación de los productos residuales. Todos los higie-
nistas reconocen hoy la importancia del ejercicio para la con-
servación de los músculos en buenas condiciones. A los hombres 
y mujeres muy ocupados les aconsejan sencillos ejercicios de 
movimientos; a otros, más intensos. A quienes disponen de 
mayor tiempo, los juegos al aire libre. A aquellos cuyas ocu-
paciones obligan a utilizar permanentemente el mismo grupo 
de músculos, les prescriben ejercicios que harán trabajar a los 
restantes. Ciertas organizaciones, como las compañías de se-
guros de vida y las empresas comerciales, proveen facilidades 
a fin de poder efectuar ejercicios regulares. Por lo general se 
admite que el mejoramiento del tono muscular por el ejercicio 
conduce al bienestar general del cuerpo, especialmente en lo 
relativo a los importantísimos órganos internos. Es indudable 
que si acatan el consejo de "hacer ejercicio a menudo y con 
criterio", hombres y mujeres, aun los de bastante edad, podrán 
conservarse jóvenes más tiempo que antes y se mantendrán 
ágiles y elegantes. 
El conductista se interesa particularmente en estos hechos, 
porque acentuando, como hace, el valor de la conducta, en-
tiende que músculos ágiles, bien alimentados, prolongan el 
período del entrenamiento —en verdad, aumentan el período 
de la juventud, con prescindencia de la edad absoluta del 
individuo. 
Sistema de los músculos lisos. — Los músculos lisos, que 
tan generosamente contribuyen a la formación de nuestros ór-
ganos internos, son menos familiares que los músculos estriados. 
Antes de tratar de ellos, confeccionemos un cuadro exacto de 
lo que entendemos por visceras (término que cada vez adquiere 
mayor importancia en la psicología conductista). Los cambios 
en estos órganos sirven a menudo como estímulos a muchas 
de las mayores reacciones del cuerpo todo. Con frecuencia no 
98 J. B. W A T SON 
nos es dable explicar verbalmente una reacción. Cuando éste 
es el caso, tal vez debería buscarse en las visceras (cambio 
en su forma, dimensión o condición química) el estímulo que 
la provoca. 
Ampliemos el alcance de lo que de ordinario se entiende 
por visceras, para incluir en este concepto: la boca, la faringe, 
el esófago, el estómago, el intestino delgado y el intestino 
grueso, el corazón, los pulmones, el diafragma, las arterias y 
venas, la vejiga, los conductos urinario y anal; los órganos 
sexuales; el hígado, el bazo, el páncreas, los ríñones, y las 
demás glándulas del cuerpo. Esta no es una clasificación estric-
tamente científica, pero en psicología necesitamos un término 
que comprenda todos los órganos internos. 
El tejido de los músculos lisos predomina en este campo, 
a excepción de las glándulas, de las cuales hablaremos más 
adelante *. 
Muchos de los órganos viscerales son huecos (suele deno-
minárselos órganos huecos).Estos órganos huecos están siem-
pre llenos, o parcialmente, de algo: estómago (de alimento), 
intestino delgado (alimento digerido en proceso de asimilación), 
intestino grueso (productos residuales en vía de eliminación), 
vejiga (orina y otros fluidos de residuo). Es ésta una de las 
razones por las cuales los órganos huecos son tan importantes: 
siempre están "protestando", porque se encuentran demasiado 
llenos o demasiado vacíos —las sustancias que contienen se 
hallan en continuo movimiento, en continuo cambio. De ahí 
que estén reaccionando permanentemente, y cada reacción dé 
nacimiento a un estímulo visceral que puede poner en movimiento 
al cuerpo entero. Demos un ejemplo. Las paredes del estómago 
se hallan forradas por varias capas de músculos lisos. Cuando 
contiene alimento, provocando la distensión de sus paredes, los 
músculos se mantienen quietos. Ahora bien, en el adulto, al 
cabo de unas pocas horas, el alimento empieza a pasar al 
intestino delgado y el estómago se vacía. En seguida, comienza 
a contraerse rítmicamente. Estas contracciones rítmicas (llama-
• No debe olvidarse que en las visceras tenemos asimismo tejido conjuntivo. 
tejido epitelial y tejido nervioso. Pero, por lo menos cuantitativamente, es el tejido 
muscular liso el que predomina en estos órganos. 
EL CONDUCTISMO 99 
das contracciones del hambre) nos impulsan a buscar alimento. 
La figura 11 representa el conjunto del tractus digestivo —boca, 
estómago, Intestino delgado y grueso. La figuia 12 representa 
una sección transversal de esta región a la altura del estómago. 
Boca 
ondulas salivales 
Intestino grueso 
F1G. 1 1 . 
Esquema del tractus digestivo. 
El proceso inverso tiene lugar en la vejiga y el colon 
—cuando estos órganos huecos se llenan demasiado, sus pa-
redes distendidas sirven de estímulo poderoso a la reacción 
explícita—, lo cual obliga a buscar un lugar donde realizar la 
100 J. B. W A T S O N 
evacuación. La distensión del conducto seminal es susceptible 
de provocar la actividad sexual en el macho *. 
La perturbación cardíaca, las palpitaciones, la disminución 
de las pulsaciones del corazón, suelen llevar a la acción explíci-
ta; falta de oxígeno, calor, frío, podrán provocar marcadas reac-
ciones en el movimiento de nuestro diafragma y pulmones. 
Debiera estar claro, ahora, que en estos órganos lisos 
Capa de fibras 
musculares lisas alargadas 
Capa de fibras 
musculares lisas circulares 
Capa de tejido glandular 
(glándulas digestivas) 
Lumen o cavidad 
del estómago 
FIO. 12. 
Esquema de una sección transversat del estómago. 
* En el caso de la hembra, no parece que la actividad sexual dependa de 
la misma manera de esa presión o falta de presión. Pero sabemos que, en muchos 
mamíferos, existe en las hembras un período de celo, y en la hembra humana 
un ciclo menstrual que corresponde al mes lunar. En el caso de la hembra, es 
probable que sustancias químicas vertidas en el flujo sanguíneo (provenientes de 
glándulas de secreción interna), durante la formación del óvulo puedan ocasionar 
cambios periódicos en los músculos lisos que estimulan la actividad sexual. Expongo 
estos hechos para demostrar que los estímulos incondicionados de la actividad 
sexual, en el caso de la hembra, quizá sean mucho menos definidos que en el 
del macho. Tal vez exista una razón fisiológicamente cabal que explique la apre-
ciable diferencia entre la conducta sexual del hombre y la de la mujer — disimi-
litud que hoy no se presenta con tan marcada claridad como en la antigüedad. 
A propósito de lo que se acaba de decir, es preciso no confundir una respuesta 
condicionada con una incondicionada. Ambos, macho y hembra, están condicionados 
sexualmente por estímulos visuales, auditivos, etcétera. La visión de un sombrero 
masculino puede excitar a la mujer con la misma intensidad con que la visión 
de un sombrero femenino puede hacerlo en un hombre. 
E L C O N D U C T I S M O 101 
se suceden miles de reacciones por segundo. Cada una de estas 
reacciones .viscerales, a su vez, puede servir de estímulo (puesto 
que también las visceras están revestidas de estructuras de 
órganos sensoriales) para provocar la actividad general del 
cuerpo —de los músculos estriados. 
Nuestro ambiente, nuestro mundo de estímulos no es, 
pues, solamente el de los objetos externos —imágenes visuales, 
sonidos y olores—, asimismo lo es el de los "objetos" internos 
—contracciones del hambre, dilatación de la vejiga, palpita-
ciones cardíacas, respiración anhelante, cambios musculares, y 
así sucesivamente *. 
Las fibras de los músculos lisos constituyen partes impor-
tantes de las estructuras de órganos no huecos, como la piel. 
Su estimulación provoca la formación de la "piel de gallina". 
Cada pelo tiene su músculo liso adherido al mismo. La función 
de este músculo del pelo se hace evidente en el perro y en el 
gato cuando divisan un enemigo: el pelo del lomo se eriza. 
Encontramos que estas fibras desempeñan un destacado papel 
en el ojo al ajustar el diámetro de la pupila a la intensidad 
de la luz. 
La fisiología del músculo liso difiere en muchos particu-
lares de la del músculo estriado, pero en lo fundamental es 
la misma. Tenemos fenómenos de contracción, relajamiento, 
período de latencia y de acumulación. 
En el capítulo próximo hablaremos de estructuras que 
suscitan el interés general: las glándulas. 
* Estos poderosos estímulos viscerales han sido denominados impulsos ("dri-
ves") por numerosos psicólogos. Ello significa volverse vitalista para ser dramático. 
El profesor R. S. WOODWORTH de Columbia ha pecado especialmente en este sentido. 
IV. El Cuerpo Humano 
DE QUE SE COMPONE, COMO ESTA ORGANIZADO 
Y COMO FUNCIONA 
(Continuación) 
Parte II. Papel de tas glándulas en la conducta diaria. Las glándulas 
como órganos de reacción. Glándulas de secreción externa. Glándulas 
de secreción interna. Las glándulas endocrinas más importantes. La 
glándula tiroides. Efectos de la tiroides sobre el crecimiento. Glándulas 
paratiroides. Cuerpos o glándulas suprarrenales. El cuerpo pituitario. 
La glándula pineal. La glándula denominada de la pubertad. ¿Es posi-
ble condicionar la actividad de las glándulas de secreción interna? 
Resumen. Cómo está constituido el sistema nervioso. El trayecto más 
simple desde el órgano sensorial al de reacción es el arco reflejo corto. 
Reflejos largos. Naturaleza del impulso nervioso. Sumario. 
PARTE II. PAPEL DE LAS GLÁNDULAS EN LA CONDUCTA DIARIA 
Las glándulas como órganos de reacción. — Acaso en un 
principio no hayan llamado nuestra atención como órganos de 
reacción de especial importancia. Pero, si pelamos una cebolla 
delante de un adulto, o descargamos gas lacrimógeno en su 
proximidad, sus ojos empiezan a lagrimear. Lo mismo ocurre 
cuando un estímulo doloroso se torna intenso: las lágrimas 
brotan. Las reacciones lacrimales son susceptibles de condi-
cionarse: noticias tristes pueden causar un abundante flujo de 
lágrimas; la mera visión del médico las provoca en una criatura 
de tres años. Este tipo de reacción, simulado o real, nos salvó 
a muchos del merecido castigo paterno; llena el platillo de 
mendigos y hace ganar a los políticos muchas elecciones. Más 
de una vez, lágrimas femeninas influyeron en el destino de 
imperios. 
104 J. B. W A T S O N 
Si ubico a un sujeto en una habitación caliente, sus glán-
dulas sudoríparas empiezan a secretar; su boca se humedece 
o se seca, debido a la excesiva o deficiente secreción de sus 
glándulas salivales. Las glándulas constituyen órganos de con-
ducta — importantes órganos de reacción. Están íntimamente 
asociados con las visceras; en verdad, forman parte del sistema 
visceral. No son primordialmente órganos musculares (si bien 
pueden observarse algunas fibras musculares lisas). En la 
página 83 señalé que las glándulas son órganos formados por 
un tejido endotelial altamente especializado. En lugar de con-
traerse, como lo hacen los 
músculos estriados y lisos al 
reaccionar, las glándulasse-
cretan. 
Glándulas de secreción 
externa. — Se dividen en 
glándulas de secreción ex-
terna y glándulas de secre-
ción interna. Las de secre-
ción externa están dotadas-
de una pequeña abertura o 
tubo que las une a la parte 
Células epiteliales de secreción formando un e x t e r i o r d e l C U e r D O (pOT 
tejido en ei intestino. ejemplo, glándulas sudorí-
paras) o que conduce a las 
visceras huecas (por ejemplo, glándulas salivales). Secretan, 
como regla, apreciable cantidad de una u otra clase de fluido 
o sólido (verbigracia, cerumen en el oído externo). Todo el 
tracto alimentario se halla revestido por pequeñas glándulas: la 
totalidad de las denominadas superficies mucosas, pasajes nasa-
les, interior de la boca, garganta, órganos sexuales, mantiénese 
húmeda por acción de las glándulas mucosas. 
Son numerosas las glándulas de secreción externa que 
intervienen en la digestión. Las glándulas salivales de la boca 
producen una secreción con la cual se inicia el proceso diges-
tivo. En el estómago hallamos muchos tipos diferentes de glán-
dulas que continúan dicho proceso. Además, cerca o en el 
interior del intestino delgado, se encuentran otras cuyas secre-
ciones se vierten a fin de completarlo. Importantísimas entre 
E L C O N D U C T I S M O 105 
estas glándulas son: el páncreas (que secreta el jugo pancreá-
tico) ; las glándulas de las paredes intestinales (células glan-
dulares que recubren el intestino, tal como se representa en 
la figura 12); y el riñon (que secreta orina). 
Los estímulos incondicionados que provocan la acción 
glandular se originan en los órganos sensoriales. En otros 
términos, las respuestas secretorias (una forma de conducta) 
son suscitadas de un modo análogo a como lo son las respuestas 
motoras (por estimulación del órgano sensorial). 
Inclusive una tan breve reseña de las glándulas de secre-
ción externa nos fuerza a admitir que las respuestas secre-
torias tienen suma importancia en la conducta humana. Nuestras 
así llamadas formas superiores de conducta, están libradas al 
albedrío de estas humildes secreciones, especialmente cuando 
algo no marcha bien en una o varias de ellas. Si las glándulas 
salivales empiezan a secretar con exceso o muy poco, como 
suele ocurrir o las pequeñas glándulas mucosas en demasía, 
verbigracia, en la nariz cuando nos hallamos resfriados; si algo 
anormal sucede con las secreciones digestivas, o la garganta 
se irrita por falta de secreciones; si los ríñones secretan des-
mesuradamente y mantienen la vejiga siempre llena, o se 
extralimitan las secreciones de los órganos sexuales — entonces 
toda nuestra conducta puede resultar modificada. Inclusive 
nuestra conducta social es susceptible de sufrir variaciones. 
Acaso llegaremos a insultar o herir los sentimientos de un amigo, 
estropear un buen trabajo, o aun perder nuestro empleo, y, lo 
que es peor, si las glándulas defectuosas están ubicadas pro-
fundamente en la cavidad visceral, no nos será dable saber 
qué es lo que anda mal. Más adelante (véase pág. 293) volve-
remos a tratar de esta incapacidad de expresar verbalmente la 
conducta visceral y glandular. 
Glándulas de secreción interna (también llamadas órganos 
endocrinos. — Durante los últimos años la fisiología y la me-
dicina dedicaron gran parte de sus esfuerzos e investigaciones 
a estas estructuras tan interesantes y esquivas que denominamos 
glándulas de secreción interna. Según acabamos de examinar, 
las glándulas de secreción externa secretan por una abertura; 
106 J. B. W A T S O N 
su acción es, de ordinario, local. Además, las cantidades de 
secreción son fácilmente mensurables. 
Con respecto a las glándulas endocrinas la situación es 
por completo diferente. Aunque el órgano sea muy grande 
—por ejemplo, la tiroides—, sus secreciones son mínimas; 
harto escasas para que a ninguno de los métodos utilizados en 
fisiología le sea posible recogerlas o medirlas directamente. 
Por otra parte, estas glándulas carecen de salida externa. 
¿Cómo penetran sus secreciones en el cuerpo? Considerémolas 
(cerradas o sin salida) como un laboratorio químico — cada 
una elaborando un poderoso compuesto o cuerpo químico (al-
guno de ios cuales hemos llegado a conocer), pero en cantidades 
mínimas. A medida que la sangre riega las células, toma los 
cuerpos químicos y los transporta a otros órganos, a veces muy 
distantes de su lugar de elaboración. Estos minúsculos cuerpos 
químicos tienen el poder de suscitar la actividad de muchos 
órganos del cuerpo. Para estas secreciones glandulares dispo-
nemos de un nombre: hormonas, que significa, literalmente, algo 
para excitar o incitar. Las hormonas son, pues, los mensajeros 
químicos que las glándulas envían a objeto de excitar o inhibir 
la actividad de otra gran parte del cuerpo (generalmente es 
otra glándula de secreción interna la estimulada o inhibida) *. 
Todo lo que sabemos acerca de las glándulas de secreción 
interna, parece indicar que ellas actúan sobre el cuerpo como 
drogas. Desempeñan un papel de vital importancia, tanto en 
lo relativo a la nutrición general del cuerpo cuanto a su creci-
miento. Asimismo, como pronto veremos, desempeñan un papel 
destacado en la conducta general de los seres humanos. 
Las glándulas endocrinas más importantes. — Son: 1) 
las tiroides y paratiroides; 2) las glándulas suprarrenales; 3) 
los cuerpos pituitarios; 4) la glándula pineal; 5) la llamada 
glándula de la pubertad. Existen varias otras glándulas que al 
par suministran secreciones internas y externas: tales el pán-
creas, el hígado, el timo, etc., pero las más notables son estas 
cinco que acabamos de enumerar. 
* Suele denominarse "chalonas" a la secreción de las glándulas endocrinas que 
tienen por función moderar las actividades de otros órganos. 
E L C O N D U C T I S M O 107 
La glándula tiroides. — En los hombres, la tiroides se 
halla ubicada a ambos lados y a lo largo de la laringe, exacta-
mente debajo de la nuez de Adán. En las mujeres, se encuentra 
al mismo nivel. Es una glándula de regular tamaño; la componen 
dos lóbulos conectados por un puente que atraviesa la parte 
anterior de la laringe. Formada por células epiteliales especia-
lizadas, carece de conducto y está irrigada en abundancia por 
vasos sanguíneos. Unas fibras nerviosas corren directamente a 
las células glandulares secretorias. 
En esta usina se elabora un producto químico importan-
tísimo, el cual se ha aislado experimentalmente y que en 
el presente es factible de sintetizarse en el laboratorio: la 
tiroidina. Contiene un 60 % de iodina. 
Efectos de la tiroides sobre el crecimiento. — Si un niño 
nace con una tiroides deficiente, se vuelve un cretino: el cre-
cimiento se detiene; los huesos no se endurecen (osificación 
incompleta); la piel tórnase gruesa y seca; el pelo duro y desco-
lorido; los órganos de la reproducción no se desarrollan. La 
conducta general resulta marcadamente perturbada. Sólo puede 
aprender las cosas más sencillas. La edad no mejora en abso-
luto sus condiciones. Permanece infantil en todas sus reacciones. 
Si a raíz de una enfermedad se extirpa la tiroides de un 
adulto, no se advierten modificaciones en su estatura; pero tienen 
lugar otros trastornos sintomáticos: aspecto pastoso y pegajoso 
de la piel; el cabello se seca y cae. El sujeto engorda rápida-
mente y su actividad general disminuye. 
Gracias a las modernas conquistas de la ciencia fisiológica, 
tales perturbaciones a menudo pueden aliviarse, tanto en el 
adulto como en el niño. En efecto, alimentándolo con tiroides 
desecada de carnero o administrándole una pequeña cantidad 
de tiroxina a intervalos determinados, es dable restablecer el 
crecimiento normal de un niño. En éste, al igual que en el 
adulto, el suministro de tales sustancias debe proseguirse toda 
la vida. 
En ocasiones, la glándula está excesivamente desarrollada 
y produce una hipersecreción. Entonces el cuerpo trabaja con 
suma rapidez — a un nivel demasiado alto. El conjunto de los 
procesos vitales se acelera(enfermedad de Graves). La presión 
108 J. B. W A T S O N 
sanguínea se eleva, el corazón aumenta sus latidos. El indi-
viduo manifiesta exagerada actividad, irritabilidad, a veces 
insomnio. Antiguamente, en estos casos recurríase al trata-
miento quirúrgico — extirpábase parte de la glándula. En la 
actualidad se acude de preferencia a "cuidados y alimentación 
especiales". Se prescribe iodo, así como reposo y despre-
ocupación. 
Puede decirse en general que la tiroides parece obrar como 
una especie de gobernador de todo el cuerpo. Si sus secre-
ciones se exageran, cada célula del cuerpo incrementa su acti-
vidad; si disminuyen, cada célula del cuerpo amengua su 
actividad. 
¿Es, pues, sorprendente, que los conductistas se interesen 
por todo cuanto el fisiólogo puede enseñarles acerca de esta 
glándula? 
Glándulas paratiroides. — Situadas cerca de cada lóbulo 
de la tiroides, y a veces alojadas en ella, encontramos dos pe-
queñas estructuras del tamaño aproximado de una arveja (cuatro 
estructuras en total). Estas se hallan compuestas de sólidas 
masas de células epiteliales especializadas. El problema de la 
verdadera función de la paratiroides todavía pertenece al campo 
especulativo, pero sabemos qué ocurre si se las extirpa: provoca 
la muerte en el hombre, y prácticamente en todos los mamíferos. 
Después de su ablación, el animal manifiesta temblor muscular, 
más tarde espasmos, contracciones incoordinadas, aumento de 
la temperatura, respiración rápida y dificultosa, vómitos y 
diarrea. Finalmente, sobreviene la muerte. En la actualidad, 
créese que las paratiroides secretan una sustancia que tiende 
a restringir o limitar la hiper actividad del sistema nervioso 
(refrena la descarga de las células nerviosas). Las secreciones 
de estas células también parecen ejercer cierta influencia sobre 
los depósitos de calcio, necesarios para el tejido óseo y la 
formación de los dientes. Algunos pocos casos, de animales 
jóvenes, sobrevivieron varias semanas a la extracción de estas 
glándulas; sus huesos y dientes estaban pobremente constituí-
dos. El extracto de paratiroides (obtenido de glándulas dese-
cadas de carnero) ayuda a mantener vivos animales que han 
soportado la ablación, pero aún no se ha dado con una forma 
E L C O N D U C T I S M O 109 
satisfactoria para conservar estos órganos con vida durante 
algún tiempo. Hasta hoy no ha sido posible aislar el compuesto 
químico elaborado por estas glándulas. 
Cuerpos o glándulas suprarrenales. — Las glándulas su-
prarrenales, de las cuales hay dos (derecha e izquierda), están 
ubicadas por encima de los riñones. La resección de ambas 
acarrea siempre la muerte. Cuando extirpamos las dos glándu-
las, el animal empieza a exteriorizar síntomas de debilidad 
muscular. La temperatura del cuerpo baja, el corazón late con 
lentitud. Por lo común la muerte sobreviene al tercer día. 
La secreción activa de esta glándula (o sea de una porción 
de la misma — la medular) ha sido aislada químicamente por 
ABEL en el Hospital de John Hopkins, y también por otros. 
Es llamada epinefrina o adrenalina. 
Bajo excitación emocional, se secretan y vierten en los 
vasos sanguíneos cantidades relativamente abundantes de adre-
nalina. Es durante intensas excitaciones emocionales (miedo, 
rabia y dolor) que podemos observar manifestaciones de inten-
so y continuado esfuerzo muscular. 
La razón de este incremento en la manifestación de acti-
vidad muscular, debe buscarse en los factores siguientes: ante-
riormente señalé (pág. 96) que en el hígado existe un almace-
namiento de glucógeno. Acabamos de ver que bajo la excita-
ción emocional, aumenta la cantidad de adrenalina contenida 
en la sangre. Ahora, la adrenalina tiene el poder de disgregar 
el glicógeno del hígado, el cual pasa al torrente sanguíneo en 
forma de glucosa. La glucosa es llevada a los músculos que 
trabajan, suministrándoles una provisión de alimento listo para 
ser utilizado. Este posee la ventaja adicional de arrastrar rá-
pidamente los productos residuales que se acumulan provenien-
tes de los músculos en actividad. El profesor CANNON, de Har-
vard, descubridor de este hecho, declara que el mecanismo de 
las glándulas suprarrenales permite a los animales luchar más 
intensa y largamente, correr con mayor rapidez y más lejos, y 
que ha significado para el hombre una considerable ayuda bio-
lógica en su pugna contra un medio hostil. 
110 J. B. W A T S O N 
El cuerpo pituitario. — Este pequeñísimo cuerpo se halla 
ubicado debajo del cerebro. Si practicamos una pequeña aber-
tura en la parte posterior del paladar, llegamos a él justamente 
antes de alcanzar el cerebro. Se compone de una porción pos-
terior y otra anterior. Debe considerarse cada una de éstas 
como una glándula separada, la cual, a su vez, produce una 
hormona característica (o posiblemente varias). 
La porción o lóbulo anterior. — Si se extirpa la porción 
o lóbulo anterior, el individuo muere a los pocos días. Se ob-
serva un descenso en la temperatura corporal, inseguridad en 
la marcha, emaciación y diarrea. Cuando a raíz de una enfer-
medad, la porción anterior empieza a secretar con exceso en 
un organismo joven, se produce el peculiar desarrollo de todo 
el cuerpo denominado gigantismo (casos que es dable observar 
en los circos). Cuando el exceso de secreción ocurre a edad 
más avanzada, comprobamos un desmesurado agrandamiento 
de los huesos de la cara, manos y pies (acromegalia). 
Aun no se ha conseguido aislar químicamente esta hor-
mona. La acción de los extractos de la porción anterior de la 
glándula pituitaria desecada parece ser mínima. La evidencia 
médica acumulada a este respecto no deja lugar a dudas acerca 
del profundo efecto que sobre el crecimiento del esqueleto y del 
tejido conjuntivo del cuerpo ejercen las secreciones de este 
lóbulo. 
La porción o lóbulo posterior. — La resección del lóbulo 
posterior no provoca la muerte, pero entraña un cambio asaz 
pronunciado en el metabolismo (intercambio alimenticio). El 
cuerpo se torna muy tolerante con el azúcar. El peso aumenta 
rápidamente. Cuando se extirpa este lóbulo en un animal jo-
ven, el crecimiento de las glándulas sexuales se detiene, y su 
conducta llega a semejarse mucho a la de un eunuco. 
Pese a que los cuerpos químicos que secreta la porción 
posterior no han sido aún aislados, el efecto de los extractos 
de esta glándula desecada es sumamente marcado. El corazón 
marcha más despacio y la presión sanguínea aumenta (efecto 
parecido al de la adrenalina). La acción principal reside en el 
aumento del tono en la totalidad de los músculos lisos. Asi-
mismo provoca especialmente pronunciadas contracciones de los 
E L C O N D U C T I S M O 111 
músculos del útero (se emplea a menudo para acelerar el par-
to) . Extractos de esta porción del órgano ejercen una muy 
evidente acción estimulante sobre los ríñones y las glándulas 
mamarias. Al par de la adrenalina, también este extracto ace-
lera el proceso de separación del glicógeno en el hígado, vol-
cándolo así en forma de glucosa utilizable por los músculos 
en actividad. 
Glándula pineal. — Es ésta una glándula pequeñísima, 
ubicada en el cerebro mismo. Alrededor de los 7 años, alcanza 
su más activo estadio de desarrollo; luego comienza a atro-
fiarse. El tejido glandular desaparece poco a poco. Se supone 
que en los primeros años de vida esta glándula secreta una hor-
mona que detiene el desarrollo de los órganos sexuales hasta 
la pubertad. Comparte estas funciones con el timo, otra glán-
dula interna, ubicada en el cuello, que igualmente desaparece 
hacia la pubertad y a veces antes. 
La glándula denominada de la pubertad. — Además de 
proveer secreciones externas para la reproducción, las glándu-
las sexuales elaboran una secreción interna u hormona. Las cé-
lulas que suministran la secreción externa son llamadas go-
nadas (verdaderas células sexuales). Situadas entre las células 
sexuales o gonadas, encontramos numerosas pequeñas células 
intersticiales. Estas últimas viertenlas secreciones internas u 
hormonas, que pasan a la sangre y se distribuyen por todo el 
cuerpo; constituyen la glándula denominada de la pubertad, 
glándula que ha despertado mucho la atención general y mé-
dica. Conciernen a ella todas las denominadas operaciones de 
rejuvenecimiento. 
Si se procede a la ablación de esta glándula (o mejor di-
cho, de este grupo de células intersticiales) en el macho joven, 
según ocurre siempre que se efectúa una castración (resección 
de los testículos), el sujeto se desarrolla en altura, la cara se 
mantiene imberbe y la voz no llega a adquirir tonalidades bajas. 
Carece de agresividad sexual. El efecto de la castración sobre 
la hembra (extirpación de los ovarios) no es tan pronunciado 
como en el macho. 
Es cada vez más evidente que la carencia de agresividad 
sexual y de toda otra forma positiva de conducta erótica debe 
112 J. B. W A T S O N 
imputarse antes a la supresión de las hormonas elaboradas 
por las células de la pubertad que a la extirpación de las go-
nadas. 
En otras palabras, la hormona procedente de las glándu-
las de la pubertad parece activar la vida sexual, tanto en el 
varón como en la hembra. Faltando esta hormona, el vigor 
instintivo y lo que llamamos el ímpetu de la vida sexual está 
ausente. 
En los últimos años, ello dio nacimiento a la idea de que 
por métodos quirúrgicos pudiera restituirse a hombres y mu-
jeres su vigor sexual. Uno de estos métodos, el del doctor 
SERGIO VORONOFF, de París, consiste en injertar en el varón 
anciano pequeños trozos de testículos de un joven animal ro-
busto de la misma especie o de una parecida. Afirma dicho 
investigador que el injerto "prende" —es decir, vive—, y em-
pieza a enviar sus hormonas a la sangre, restableciendo la agre-
sividad masculina y la vitalidad sexual. Vemos que, indepen-
dientemente de la parte del cuerpo donde se injerte el tejido 
glandular, éste debe derramar sus secreciones en la sangre y 
de esta manera dar el tono sexual a todos los tejidos corpora-
les necesarios. El problema que se plantea, acerca de la po-
sibilidad de que un individuo viejo, así rejuvenecido, fuera 
capaz de fecundar a una hembra, dependería de la condición 
en que se encuentren las gonadas o verdaderas células sexuales, 
si éstas conservan su función o no; o sea, de la presencia de 
esperma vivo en los testículos. De todos modos, la erección 
tendría lugar y el orgasmo se manifestaría (los requisitos esen-
ciales del acto sexual masculino). La vida sexual resultaría en 
esta forma prolongada. 
Otra operación destinada a incrementar la producción hor-
monal de la glándula de la pubertad, es la practicada por el 
cirujano vienes STEINACH. Este investigador encuentra que si 
se oblitera el conducto que lleva el espermatozoide (la célula 
que fecunda el óvulo femenino), de suerte que el espermatozoide 
no pueda salir, provócase una atrofia de las verdaderas células 
sexuales *, pero no de las células intersticiales. Estas últimas 
* Algunos fisiólogos sostienen que las gonadas (células sexuales) no se atrofian 
obstruyendo el conducto. 
E L C O N D U C T I S M O 113 
aumentan en tamaño y en número, produciéndose de este modo 
un acrecentamiento de su actividad. Machos así operados, que 
habían perdido su vigor sexual, disfrutan en apariencia una 
renovación del mismo. Naturalmente quedan estériles, pues el 
espermatozoide no se forma, ni podría encontrar salida si ello 
ocurriese. 
Es demasiado temprano para pronosticar los reales efectos 
sociales de semejantes tentativas de prolongar el período de la 
vida sexual. Los resultados de estas o análogas operaciones en 
las mujeres son todavía harto dudosos. Respecto al hombre, 
sabemos muy poco acerca de la durabilidad del efecto. Si el 
cuerpo químico de la hormona pudiera aislarse experimental-
mente, y si se encontrase que obra por vía oral, como la tiro-
xina, las inferioridades y ansiedades de la edad madura avan-
zada se aliviarían muchísimo. 
¿Es posible condicionar la actividad de las glándulas de 
secreción interna? — Al estudiar los otros órganos de reacción 
—los músculos estriados y lisos y las glándulas de secreción 
externa— vimos que su actividad es susceptible de condiciona-
miento: que pueden adquirir hábitos. No existe prueba con-
cluyente alguna respecto de la posibilidad de condicionar la 
actividad de las glándulas endocrinas. Dado que estas hormo-
nas actúan a manera de drogas poderosas —controlan el cre-
cimiento y el desarrollo y regulan la velocidad de la actividad 
corporal—, reviste gran importancia saber si se hallan o no 
condicionadas. Si lo están, la sociedad se encuentra más que 
nunca obligada a vigilar cuidadosamente la precoz educación 
del niño en el seno de la familia. La excesiva abundancia o 
escasez de tales secreciones, o una falta de equilibrio entre las 
mismas, puede inclusive obstaculizar el posible desarrollo nor-
mal de la conducta. 
Aunque faltan pruebas experimentales, por mi parte estoy 
convencido de que es dable condicionar las glándulas internas, 
y que siempre están condicionadas. Sabemos,que los estímulos 
incondicionados susceptibles de despertar las reacciones que 
denominamos miedo e ira (verbigracia las de los gatos acosa-
dos, molestados y perseguidos por un perro) provocan un au-
mento de adrenalina. Sabemos que la conducta de miedo y la 
114 J. B. W A T S O N 
ira puede ser condicionada. Asimismo tenemos razones para 
pensar que la tiroides es impulsada a la actividad por estímu-
los sexuales incondicionados y, puesto que sabemos que es 
factible condicionar la conducta sexual positiva, existen bue-
nos fundamentos teóricos que apoyan la teoría del condiciona-
miento de la actividad tiroidea. Hay suficientes pruebas como 
para sostener que el proceso corporal que llamamos condicio-
namiento involucra intimamente las glándulas de secreción in-
terna; que los estímulos condicionados pueden provocar la 
hipersecreción (hiperactividad) y la hiposecreción (hipoactivi-
dad) de las glándulas de secreción interna. 
Acaso esto explique por qué el continuo contacto con un 
ambiente donde nos acose multitud de estímulos condiciona-
dos desfavorables pueda motivar trastornos psicopatológicos, y 
por qué a menudo mejoramos cuando tal ambiente cambia fa-
vorablemente o nos alejamos de él. En ocasiones, mediante 
nuestra organización verbal llevamos con nosotros el viejo am-
biente al nuevo. Por ello conviene que al cambiar de ambiente 
elaboremos nuestras nuevas actividades empleando una verba-
lización nueva — dejando que por el bien conocido proceso del 
desuso, el antiguo mundo de actividad explícita se desvanezca 
y que las viejas palabras pierdan su dominio sobre nosotros. 
Así fueron reformados numerosos jóvenes psicópatas y delin-
cuentes, no obstante haberse trabajado a ciegas y sin ningún 
plan teórico preciso en cuanto a lo que esperábamos realizar. 
Creemos que ahora empieza a ser posible trabajar más definida-
mente en este sentido, sobre todo en el campo de la infancia: 
con el niño difícil, con el delincuente precoz. 
Resumen. — En estos dos capítulos acerca del cuerpo, co-
menzamos examinando las células elementales y los tejidos ele-
mentales que ellas constituyen. Luego tratamos de los órganos 
que forman estos últimos. Hemos visto que hay órganos sen-
soriales: receptores de estímulos; y órganos de respuesta: 
músculos estriados y lisos, glándulas de secreción interna y ex-
terna. Pero, aun existe otro sistema de órganos: los órganos 
de la conducción — el sistema nervioso. Su función es condu-
cir un impulso nervioso desde los órganos sensoriales hasta los 
órganos de reacción: músculos y glándulas. Para realizarla, 
E L C O N D U C T I S M O 115 
precisa que exista una verdadera cadena de células nerviosas 
(y sus fibras) que une cada órgano de los sentidos con el 
sistema nervioso central (el cerebro y la médula espinal) y 
a éste con los músculos y las glándulas. Antes de finalizar 
nuestro estudio del cuerpo, revistemos rápidamente este sistema 
de enorme importancia.COMO ESTA CONSTITUIDO EL SISTEMA NERVIOSO 
En la pág. 86 describimos las células y sus fibras, las 
neuronas individuales que componen el sistema nervioso. Estas 
neuronas se encuentran colocadas en forma continua, de manera 
tal que constituyen vías permanentes desde los órganos senso-
riales a los de reacción. El cerebro y la médula espinal tam-
bién deben considerarse como una parte de dicho sistema de 
vías. Naturalmente, en todo el sistema nervioso y en particular 
en el cerebro y la médula espinal, hay estructuras de soporte 
—membranas de tejido conjuntivo— y vasos sanguíneos. 
El trayecto más simple desde el órgano sensorial al de 
reacción es el arco reflejo corto. — Supongamos que al tocar 
yo una plancha eléctrica enchufada me quema la yema del 
dedo. Inmediatamente, antes de que podamos decir "ay" o 
alguna mala palabra, retiramos la mano con brusquedad — 
por reflejo, como decimos. Sólo tres neuronas (teóricamente) 
intervienen en este acto: una que se extiende desde la piel 
hasta la médula espinal — neurona aferente; una segunda in-
terior a la médula espinal y que no sale de ésta — neurona 
central; y una tercera que va de la médula espinal a los múscu-
los de la mano — neurona motriz. Existen cientos de miles de 
estas simples vías de reflejo directo corto. Muchos miles de 
ellas sólo conectan la piel con los órganos de reacción: su fun-
ción es obtener una respuesta inmediata a estímulos peligrosos 
(organización segmentaria). 
Reflejos largos. — Por complicado que sea el recorrido 
del impulso nervioso, siempre quedan dos elementos del arco 
reflejo corto arriba descrito, a saber: la neurona aferente que 
une el órgano sensitivo a la médula o al cerebro (adviértase 
que el cerebro conecta con algunos de los órganos de los sen-
116 J. B. W A T S O N 
tidos mediante estos arcos reflejos cortos: por ejemplo, el ojo, 
el oído, la nariz, la lengua, los canales semicirculares, la piel 
de la cabeza y de la cara, y hasta con algunas de las estructu-
ras del órgano sensorial en las visceras y músculos estriados) 
y la neurona motriz que comunica la médula o cerebro con los 
músculos y glándulas. Toda respuesta a un estímulo, siempre 
involucra estos dos elementos del arco reflejo. 
Ahora bien, los trayectos neurales más largos y más com-
plejos son tales porque el arco suele incluir más de una neu-
rona central. A veces el trayecto en la médula y en el cerebro 
Neurona aferente 
Cuerpo celular de 
la neurona aferente Órgano sensitivo 
Músculo estriado 
FIG. 14. 
Esquema del arco reflejo corto. 
es sumamente complicado. Supongamos que deba reaccionar 
de este modo: bajo a buscar en la oscuridad un lápiz que ha-
bía dejado sobre la mesa de la biblioteca. Alargo la mano, 
toco algo cilindrico y liso. Tanteo a fin de palpar la punta. 
No la tiene. Digo en voz alta: "La cerbatana de mi hijo mayor". 
La dejo y continúo mi pesquisa. Llego a otro objeto redondo. 
Carece de goma. No tiene punta. Digo: "Esta es una pieza 
del mecano de mi hijo". La dejo y sigo buscando. Por último, 
encuentro un objeto cilindrico: tiene punta y goma. Lo tomo, 
me vuelvo, subo y me pongo a escribir. Nótese que esta clase 
de respuesta entraña una amplia serie de adaptaciones: inter-
vienen músculos de las manos, piernas y tronco; entran en jue-
go reacciones verbales anteriormente aprendidas; más de un 
segmento corporal está incluido; numerosos segmentos deben 
cooperar y funcionar juntos. Es ésta una integración — un 
E L C O N D U C T I S M O 117 
enlazamiento de una parte del cuerpo con otra. Este proceso 
de integración exige un sistema nervioso central — algo más 
que una conexión directa entre algún punto del órgano sensi-
tivo y un solo conjunto de músculos — necesitamos un com-
plicado sistema de vías neurales: son indispensables un cere-
bro y una médula espinal. 
Naturaleza del impulso nervioso. — ¿Qué es lo que pasa 
a través de las vías neurales? Un impulso neural que se inicia 
en la usina química del órgano sensorial. Posee cierto parecido 
con una serie de corrientes eléctricas locales (podríamos des-
cribirla en forma científica como un pasaje rápido de una onda 
de descomposición química de naturaleza esencialmente eléc-
trica). Conocemos su velocidad, más o menos 125 metros por 
segundo. Sabemos, también, que si los elementos nerviosos ca-
recen de oxígeno no conducen el impulso; y que en estado de 
actividad, producen C02 (bióxido de carbono) con mayor ra-
pidez que cuando se encuentran en reposo. Aunque no estemos 
al tanto de todo lo inherente a su naturaleza, conocemos lo 
suficiente para estar seguros de que se trata de un proceso 
físicoquímico, cuyo aspecto misterioso se esfuma de inmediato 
llevándolo al control del laboratorio. 
S U M A R I O 
Recapitulemos ahora en un centenar de palabras nuestros 
principales resultados. El cuerpo está constituido por células y 
sus productos. Estas células se unen y forman tejidos elemen-
tales, que a su vez configuran estructuras mayores, órganos, 
cada uno de los cuales posee una cierta unidad y realiza fun-
ciones definidas. Un grupo de tales órganos es (1) el de los 
sensoriales — piel, ojo, oído, nariz, etc. (no debe olvidarse que 
algunos de estos órganos no son accesibles a la observación 
directa: como los de los músculos, tendones y visceras). Otro 
es (2) el de los órganos de reacción — músculos estriados o 
del esqueleto, músculos lisos y glándulas (que concurren am-
pliamente a la formación de las visceras). Un tercer grupo está 
constituido (3) por los órganos de conexión: el sistema inte-
grado por las vías nerviosas que corren desde los órganos sen-
118 J. B. W A T S O N 
soriales al cerebro o a la médula, y del cerebro o de la médula 
a los órganos de reacción — y no debemos olvidar que en el 
mismo cerebro y médula hay conductos muy complicados, pero 
que nada tienen de enigmático. Todo el cuerpo humano está 
constituido alrededor de esta nota clave: reacciones rápidas y 
cuando sea preciso complicadas, ante estímulos simples y com-
plejos . 
En el próximo capítulo estudiaremos algunas de las reac-
ciones embriológicas no aprendidas del hombre — algunas de 
las cosas que hace antes del aprendizaje; algunas de las cosas 
que realiza sólo porque llega al mundo equipado para com-
portarse de tal manera. A dichas reacciones acostumbramos 
llamarlas instintos. Hoy dudamos seriamente si se trata de 
reacciones "innatas" o "congénitas". Es evidente que se des-
arrollan (modificando la estructura a medida que crecen, del 
mismo modo que el ejercicio modifica estructuralmente el brazo 
del herrero y todo su cuerpo) como resultado de los compli-
cados estímulos que se suceden a través de la vida intrauterina. 
V. ¿Existen los Instintos Humanos? 
PARTE I. — SOBRE EL TALENTO, LAS TENDENCIAS Y LA 
HERENCIA DE LOS DENOMINADOS RASGOS "MENTALES" 
Introducción. Presentación de la tesis. Defensa de la tesis. La respuesta 
del psicólogo geneticista. ¿Son hereditarios los rasgos "mentales"? Las 
diferencias estructurales y el entrenamiento precoz explican todas las 
disimilitudes de la conducta ulterior. (/) Los seres humanos difieren 
por la forma en que están constituidos. (2) Las diferencias en el entre-
namiento precoz hacen al hombre aún más distinto. Nuestra conclusión. 
¿Los experimentos sobre mellizos univitelinos contradicen nuestra insis-
tencia en el influjo relativamente mayor del ambiente en la precoz di-
ferenciación de la conducta? ¿Existen los instintos? Una lección del 
bumerang. El concepto de instinto ya no es indispensable en psicología. 
INTRODUCCIÓN 
En los próximos cuatro capítulos intentaremos descubrir 
cuál es el equipo del hombre al nacer — asunto que interesa 
al propio corazón de la psicología. 
Cuando el ordenamiento de los hechos clasificados acerca 
de algún tema no es suficientemente completo, por lo corriente 
se formula una tesis: enunciamos lo que nos proponemos de-
mostrar, y luego tratamos de probarlo mediante una argumen-
tación lógica. En la actualidad todos nos hallamos en esta mis-ma situación respecto del equipo congénito del ser humano. Aún 
no hemos integrado completamente la lista de los hechos rela-
tivos a la así llamada naturaleza "instintiva" del hombre; en 
consecuencia, lo que expondré en esos pocos capítulos siguien-
tes debe considerarse a título de exposición razonada de aque-
llos hechos ya catalogados y como una tesis que el conduc-
tista intenta defender. Presentemos en primer lugar dicha tesis. 
120 J. B. W A T S O N 
PRESENTACIÓN DE LA TESIS 
El hombre es un animal que nace con ciertos tipos defini-
dos de estructura. Y dado que posee tales estructuras, ya 
desde su nacimiento necesariamente responde a los estímulos en 
forma determinada (por ejemplo: respirando, con la palpitación 
cardíaca, estornudando, y otras respuestas análogas. Más ade-
lante suministraré una lista bastante completa). Tal conjunto de 
respuestas es, en general, el mismo para todos nosotros. No 
obstante, en cierto grado, en cada uno se dan variaciones, las 
cuales probablemente sean proporcionales a las diferencias que 
existen en la estructura (desde luego, en esta última incluímos 
la constitución química). Quizá el actual repertorio de res-
puestas es idéntico al del "genus homo", cuando apareció por 
vez primera hace muchos millones de años. A este grupo de 
reacciones del hombre, designémoslo conducta no aprendida. 
En esta lista relativamente simple de respuestas humanas 
no hallamos ninguna que corresponda a lo que los psicólogos 
y biólogos contemporáneos denominan "instinto". Para nos-
otros no existen, pues, instintos — ya no necesitamos seme-
jante término en psicología. Todo cuanto solía llamarse "ins-
tinto", es, en nuestro entender, aprendizaje — pertenece a la 
conducta aprendida del hombre. 
De lo que antecede derivamos el corolario siguiente: no 
hay tal herencia de capacidad, talento, temperamento, consti-
tución mental y rasgo de carácter. Todo ello depende asimismo 
del entrenamiento que, en su mayor parte, tiene lugar en la 
infancia. El conductista no diría: "hereda del padre su capa-
cidad o talento de buen esgrimista". Sino: "este niño posee 
evidentemente la ágil contextura física de su padre, el mismo 
tipo de ojos. Su físico es extraordinariamente parecido al del 
padre. También él tiene el cuerpo de un esgrimista". Y segui-
ría diciendo: "su padre lo quiere mucho; cuando frisaba el año 
de edad puso en sus manos una minúscula espada, y cuando 
salen de paseo, continuamente le habla de esgrima, de ataque 
y defensa, del código del duelo, etcétera". Un determinado tipo 
de estructura, más un entrenamiento precoz — inclinación — 
explican las hazañas realizadas en la edad adulta. 
E L C O N D U C T I S M O 121 
DEFENSA DE LA TESIS 
Comencemos afirmando que desde ahora en adelante el 
hombre es para nosotros una totalidad animal. Cuando reac-
ciona, lo hace con cada una y todas las partes de su cuerpo. 
A veces reacciona más enérgicamente con un grupo de múscu-
los y glándulas que con otro. Entonces decimos que está ha-
ciendo algo. Hemos mencionado muchos de sus actos: respi-
rar, dormir, arrastrarse, caminar, correr, luchar, llorar. Mas no 
ha de olvidarse que cada uno de éstos involucra todo el cuerpo. 
Asimismo hemos de empezar a considerar al hombre como 
un mamífero — un primate — un animal con dos piernas, dos 
brazos y dos manos movibles y delicadas. Como animal tiene 
una vida embrionaria de nueve meses, una larga y desvalida in-
fancia, una niñez de lento desarrollo, ocho años de adolescen-
cia y un período completo de vida de aproximadamente setenta 
años. 
En los trópicos este animal casi no usa abrigo; va desnu-
do; se alimenta de animales de fácil captura y de frutos y ver-
duras que no requieren cultivo. Lo vemos en regiones templa-
das, pero aquí vive en casas bien construidas y provistas de 
calefacción. Notamos que el macho siempre anda bien arropa-
do, inclusive en el verano, y que cubre con un sombrero su 
cabeza — la única parte del cuerpo resguardada naturalmente. 
La hembra, en cambio, utiliza la menor cantidad de vestidos 
posible. Comprobamos que el macho trabaja con afán (la hem-
bra rara vez) en casi todo tipo de actividades: desde excavar 
la tierra a objeto de contener el agua — como el castor — 
hasta levantar altos edificios de concreto y acero. Lo hallamos 
igualmente en las regiones árticas, cubierto de pieles, tomando 
alimentos grasos y habitando viviendas de hielo y nieve. 
Dondequiera encontramos al hombre advertimos que cum-
ple las más extrañas tareas y exhibe las maneras y costumbres 
más divergentes. En África, hombres negros se comen mutua-
mente; en la China meridional ingieren arroz llevándoselo a la 
boca con delgadas varillas. En otros países, emplean cuchillo 
y tenedor metálicos. Tan distinta es la conducta del primitivo 
bosquimano australiano adulto de la de los moradores de la 
122 J. B. W A T SON 
China interior, y hasta tal punto difiere la de ambos grupos con 
respecto a la del inglés culto, que por fuerza se nos plantea la 
siguiente cuestión: ¿es que todos los miembros de la especie 
homo, en cualquier momento de la historia biológica que los 
hallemos, empiezan con el mismo grupo de respuestas y son 
éstas provocadas por idéntico conjunto de estímulos? En otros 
términos: ¿lo no-aprendido, el equipo innato del hombre que 
nos hemos habituado a denominar instintos, es siempre igual, 
en África como en Boston, en el año 6.000.000 a. de C. como 
en el 1930 de la Era Cristiana? ¿Cuenta con el mismo equipo 
haya nacido en los algodonales del Sur de Norteamérica, en 
Mayflower o bajo la purpúrea cobertura de seda de la realeza 
europea? 
LA RESPUESTA DEL PSICÓLOGO OENETICISTA 
El psicólogo geneticista — el estudioso más calificado pa-
ra contestarla — no escucha con gusto esta pregunta, porque 
son limitados sus datos a este respecto. Mas, ya que debe 
hacerlo, puede expresar honestamente su convicción: "Sí, den-
tro de los límites de las variaciones individuales, todos los hom-
bres nacen iguales, prescindiendo de las condiciones de sus 
progenitores, de la época geológica y de la zona geográfica". 
Pero alguien podría objetar: "¿Es que nada de cierto hay 
en la herencia — en la eugenesia?; ¿no representa alguna ven-
taja nacer " F . F . V . " * ? ; ¿no ha habido progreso en la evo-
lución humana?" Examinemos algunas de estas cuestiones, por 
las cuales tantas personas se excitan al punto de reñir. 
Con toda seguridad, los progenitores negros engendrarán 
hijos negros, siempre que la raza sea pura (con la excepción, 
quizá, de un caso cada millón de años más o menos, cuando 
nazca un monstruo o una variación que teóricamente podría ser 
blanca, amarilla o roja). Asimismo, serán amarillos los des-
cendientes de chinos de piel amarilla, y los padres caucásicos 
procrearán hijos blancos. Pero estas disimilitudes son relati-
* F. F. V. es la sigla de First Families of Virginia: "hijo de la mejor sociedad 
«ie Virginia"; por extensión, en los EE. UU. significa miembro de una fámula 
aristocrática de los estados meridionales. [ T . ] . 
EL CONDU CTISMO 123 
vamente leves. Dependen, entre otras causas, de diversidades 
cuantitativas y cualitativas de los pigmentos de la piel. Sería 
muy difícil que al estudiar la conducta de estos niños al nacer 
advirtiéramos desigualdades que diferenciaran al blanco del ne-
gro, y al blanco o negro del amarillo. Habrá desemejanza en 
sus conductas, pero es al biólogo o eugenista, que proclama 
que estas diferencias raciales son mayores que las individuales, 
a quien incumbe probarlo. 
Igualmente suele preguntársenos: "¿Cómo se explica que 
los vastagos de padres de manos grandes y con dedos adicio-
nales en las manos o pies tengan idénticas características? 
¿Puede demostrarse que los hijos de tales progenitores heredan 
dichas peculiaridades de estructura?" Nuestra contestación es 
afirmativa: "Sí, miles de variaciones están depositadas en el 
plasma germinal y aparecerán constantemente (con tal que no 
varíen los demás factores) en el descendiente. Elcolor del 
pelo, el de los ojos, la contextura de la piel, el albinismo (in-
dividuos muy claros, con poco o ningún pigmento en el cabello 
y en los ojos, y de capacidad visual siempre defectuosa), son 
otros rasgos que se heredan. Conociendo la constitución de los 
padres y abuelos, al biólogo le es dado pronosticar muchas de 
las características estructurales del descendiente, aun de las 
más delicadas". 
Apresurémonos, pues, a admitirlo: sí, existen diferencias 
hereditarias en la forma, en la estructura. Unos nacen con de-
dos largos y delgados y con una garganta de conformación 
suave; otros nacen altos, grandes, con físico de boxeadores; 
algunos tienen la piel y los ojos delicadamente matizados. Es-
tas variaciones se hallan en el plasma germinal y se trasmiten 
de padre a hijo. Más discutible es la herencia del prematuro 
o tardío encanecimiento, la calvicie precoz, la duración de la 
vida, la procreación de gemelos, etc. Muchas de estas cuestio-
nes ya han sido resueltas por el biólogo, y otras están en ca-
mino de serlo. Pero no nos dejemos desviar por estos hechos 
incontrovertibles de la herencia, como les ha ocurrido a ciertos 
biólogos. La mera presencia de tales estructuras nada nos dice 
acerca de la función. Esto ha sido la fuente de numerosas y 
graves confusiones. Gran parte de nuestra estructura, recibida 
hereditariamente, no se manifestaría nunca, jamás aparecería 
124 J. B . W A T SO N 
en función si el organismo no se encontrara en un ambiente 
determinado, sujeto a señalados estímulos y obligado a some-
terse al entrenamiento. Nuestra estructura hereditaria — la 
misma estructura — se halla lista para ser moldeada en mil 
formas diversas, que dependen de la educación que se admi-
nistre al niño. Si queremos convencernos, midamos el brazo del 
herrero, observemos las fotografías de hombres hercúleos en 
nuestras horribles revistas de cultura física, o las encorvadas 
espaldas del viejo tenedor de libros: todas estas personas están 
estructuralmente conformadas (dentro de ciertos límites) por la 
clase de vida que llevan. 
¿SON HEREDITARIOS LOS RASGOS "MENTALES"? 
Todos admitimos la herencia cuando se trata de huesos, 
tendones y músculos — ¿y respecto a los rasgos mentales? 
¿Afirma el conductista que el talento no es hereditario? ¿Que 
fas tendencias criminales no se heredan? Evidentemente, po-
demos probar en forma indubitable que tales cosas son here-
ditarias. Es ésta la idea antigua, la que profesábamos antes 
de saber lo que ahora sabemos acerca del poder de la temprana 
educación infantil. La cuestión a menudo es planteada de una 
manera específica: "Fíjense en los músicos hijos de músicos; 
véase a Wesley Smith, hijo del gran economista John Smith 
— verdadera astilla del viejo tronco, si alguna vez la hubo". 
Pero como el conductista no admite nada que se parezca a ras-
gos, disposiciones o tendencias mentales, resulta inútil plantearle 
el problema de la herencia del talento en la forma tradicional. 
Desde sus primeros años, Wesley Smith se halló en un 
ambiente saturado de cuestiones económicas, políticas y socia-
les. Sentía un intenso cariño por su padre. El rumbo que 
tomó fué muy natural. Escogió su profesión por el mismo 
motivo que hace que nuestro hijo estudie para hacerse abogado, 
médico o político. Si el padre es zapatero, dueño de bar o 
barrendero — o se ocupa de cualquier otra actividad despro-
vista de categoría social, el hiio no seguirá sus pasos tan fácil-
mente, pero ésta es otra historia. ¿Por qué Wesley Smith logró 
destacarse, mientras tantos hijos de padres famosos han fra-
casado en sus intentos de alcanzar igual preeminencia? ¿Se 
E L C O N D U C T I S M O 125 
debe a que este hijo particular heredó el talento paterno? Puede 
haber miles^de causas; ninguna favorecerá la opinión de que 
Wesley Smith heredara el "talento" del progenitor. Supon-
gamos que John Smith haya tenido tres hijos, todos ellos, por 
hipótesis, dotados de idéntica conformación anatómica y fisio-
lógica, de suerte que cada uno pudiese adquirir la misma orga-
nización (hábitos que los otros dos.* Supongamos también 
que los tres comenzaron a estudiar economía a los seis años. 
Uno era el preferido del padre. Seguía todos sus pasos y, 
gracias a la tutela paterna, no tardó en alcanzarlo y finalmente 
en aventajarlo. Dos años después del nacimiento de Wesley, 
vino al mundo otro hijo; mas el padre estaba monopolizado 
por el mayor. El segundo llegó a ser el predilecto de la madre, 
quien en vista de que su esposo le dedicaba cada vez menos 
tiempo, consagróse por completo a él. Naturalmente, este últi-
mo no pudo seguir tan de cerca las huellas paternas; sobre él 
tenía mayor influencia la madre. Pronto abandonó sus estudios 
de economía, entró en sociedad y acabó en "lechuguino de 
salón". El tercer hijo, nacido dos años más tarde, no era 
deseado. El padre seguía encariñado con el primogénito; la 
madre con el segundo. Se le puso también a estudiar economía. 
Sus padres lo descuidaban y el niño pasaba sus días en las 
habitaciones de la servidumbre. Una criada poco escrupulosa 
le enseñó a masturbarse a los tres años. A los doce, un chófer 
hizo de él un homosexual. Luego, el contacto con ladrones de 
la vecindad lo convirtió en ratero, después en señuelo y por 
último en morfinómano. Murió de paresia en un asilo de in-
sanos. Nada malo existía en la herencia de ninguno de estos 
hijos. Hipotéticamente, todos tuvieron al nacer las mismas po-
sibilidades. Todos pudieron llegar a ser padres de hijos fuertes 
y sanos (tal vez con excepción del tercero, después de haber 
contraído la sífilis), siempre que sus esposas hubiesen sido igual-
mente sanas. 
Quizá haya quienes objeten que el conductista arremete 
contra hechos bien conocidos de la eugenesia y de la evolución 
experimental; que los geneticistas han probado que numerosas 
* Con ello no queremos dar a entender que su constitución genética fuest 
idéntica. 
126 J. B. W A T S O N 
características se trasmiten a los hijos — citarán la aptitud 
para las matemáticas, la aptitud musical, y muchísimas otras. 
Nuestra réplica es que los geneticistas están trabajando bajo 
el estandarte de la vieja psicología de las "facultades". No 
debe asignarse mucha importancia a sus actuales conclusiones. 
Ya no creemos en facultades ni en ninguna de las pautas este-
reotipadas de conducta conocidas como "talento" y capacida-
des heredadas. 
LAS DIFERENCIAS ESTRUCTURALES Y EL ENTRENAMIENTO PRECOZ 
EXPLICAN TODAS LAS DISIMILITUDES DE LA CONDUCTA ULTERIOR 
Hemos afirmado que si bien se dan variaciones indivi-
duales en la estructura, no podemos encontrar prueba real 
alguna de que el repertorio de los actos no aprendidos del 
hombre haya cambiado mucho a través de los tiempos, o que 
alguna vez éste haya sido más o menos apto que en 1930 para 
asimilar un aprendizaje complejo. Desde que se iniciaron los 
estudios biológicos se sabe que entre los hombres existen mu-
chas y notables diferencias estructurales. Pero en el análisis 
de la conducta humana nunca hemos utilizado este conocimien-
to lo suficiente. Asimismo queremos servirnos de otro hecho, sólo 
recientemente esclarecido por los conductistas y estudiosos de 
la psicología animal: que la formación del hábito empieza, con 
toda probabilidad, en la vida embrionaria, y que inclusive en el 
¡oven ser humano el ambiente moldea la conducta con tal rapi-
dez, que la totalidad de las viejas teorías acerca de cuáles 
tipos de conducta son hereditarios y cuáles aprendidos se des-
morona. Admitamos variaciones estructurales congénitas y 
pronta formación de hábitos desde el momento del nacimiento, 
y dispondremos de una base para explicar muchos de los así 
denominados hechos de la herencia de las características "men-
tales". Examinemos ambos puntos: 
(1) LOS SERES HUMANOS DIFIEREN POR LA FORMA EN QUE 
ESTÁN CONSTITUIDOS 
Al estudiar la composición del cuerpo dimos una ligera 
idea de la complejidad del material y procesos concurrentes en 
E L C O N D U C T I S M O 127la formación del ser humano. Ello nos permitirá también ad-
mitir el hecho de que debe existir variación en la forma de 
constituirse estos complicados tejidos. Acabamos precisamente 
de manifestar que ciertos seres humanos nacen con dedos largos, 
otros, con dedos cortos; en unos, los huesos de brazos y pier-
nas son largos, en otros, cortos; unos, con huesos duros, otros 
con huesos blandos; unos con glándulas hipertrofiadas, otros, 
con funcionamiento glandular deficiente. Se sabe igualmente 
que es factible identificar a los seres humanos por sus im-
presiones digitales. Nunca han existido dos hombres con marcas 
digitales idénticas, pero nos es dable distinguir las huellas de 
las manos y pies humanos de las de los otros animales. No 
hay dos seres humanos cuyos huesos sean exactamente iguales; 
no obstante, cualquier buen anatomista es capaz de distinguir 
un hueso humano (y son más de doscientos) del de otro ma-
mífero. Si algo tan sencillo como las impresiones digitales 
difieren en cada individuo, tenemos la prueba absoluta de que 
la conducta general será y debe ser distinta. Los niños gatean 
y lloran diferentemente; la frecuencia con que en cada uno 
ocurre la defecación y la micción es variable; sus primeros 
esfuerzos vocales, su manera de pedir alimento, la prontitud 
y rapidez con que emplean sus manos, son distintos (inclusive 
los mellizos univitelinos muestran tales desemejanzas) porque 
son estructuralmente diferentes y en algo — poco — difiere 
su composición química. Divergen también en detalles finos 
del equipo sensorial, en detalles del cerebro y de la médula, 
en el mecanismo cardíaco y circulatorio, y en la longitud, an-
chura, espesor y flexibilidad de los sistemas musculares 
estriados. 
Sin embargo, pese a todas estas disimilitudes estructurales, 
"un hombre es un hombre porque lo es" — está hecho del 
mismo material que los demás hombres y tiene idéntico plan 
arquitectónico general, prescindiendo deshabito. 
(2) LAS DIFERENCIAS EN EL ENTRENAMIENTO ' PRECOZ HACEN 
AL HOMBRE AUN MAS DISTINTO 
Admitimos, pues, pequeñas pero significativas diferencias 
estructurales entre cada uno y todos los demás seres humanos. 
128 J. B. W A T S O N 
Las diferencias en el temprano entrenamiento son todavía más 
marcadas. Sabemos ahora que los reflejos condicionados se 
inician con el nacimiento (y probablemente antes); que no es 
posible impartir igual entrenamiento a dos niños, aunque per-
tenezcan a la misma familia. Una joven y cariñosa pareja tiene 
mellizos: un varoncito y una niña. Los pequeños visten de igual 
manera y se los alimenta en forma semejante. El padre mima 
y acaricia a la niña, la rodea de afecto; la madre, al varoncito. 
Mas el padre quiere que éste siga sus pasos: es severo con él, 
quiere modelarlo de acuerdo con sus principios. La madre desea 
que la niña sea modesta y femenina. Ambos niños no tardan 
en evidenciar grandes disimilitudes en sus respectivas conduc-
tas. Reciben distinto entrenamiento desde la infancia. Nacen 
los demás hijos. El padre se halla ahora más absorbido por 
sus negocios — debe trabajar con mayor intensidad. Las acti-
vidades sociales monopolizan casi por completo a la madre; 
la servidumbre entra en escena. Los hijos menores tienen her-
manos; son criados en un ambiente completamente diverso del 
de los demás niños. Uno de ellos se enferma. Se abandona 
el severo entrenamiento; todas las reglas se quebrantan ante 
la enfermedad de un niño. Ocurre también que otro se asusta, 
se condiciona — manifiesta temor por cualquier causa; se torna 
tímido y el curso regular de su actividad infantil resulta inter-
ferido. Al respecto mencionaré un caso real. Dos niños, de 
nueve años de edad, habitan casas colindantes. Reciben "idén-
tico" entrenamiento (las madres, amigas íntimas, los educan 
con arreglo al mismo método). Un día, salen de paseo. La 
niña de la izquierda contemplaba la calle y únicamente advirtió 
su trajín. La de la derecha miraba las casas y vio a un hombre 
que exhibía los órganos sexuales; quedóse harto preocupada y 
trastornada, y sólo logró tranquilizarse después de varios meses 
de conversación con sus padres. 
NUESTRA CONCLUSIÓN 
¿Cómo estos dos puntos explicarán los así llamados hechos 
de la herencia del talento o de las características mentales? 
Consideremos un caso hipotético. He aquí dos niños: uno de 
7 años, el otro, de 6. El padre es un pianista muy talentoso; 
E L C O N D U C T I S M O 129 | 
la madre, pintora retratista de nota. El primero tiene manos I 
grandes y fuertes, pero con dedos largos y flexibles (es un | 
mito el que todos los artistas tengan dedos largos, ahuesados I 
y delicados). El hijo mayor presenta el mismo tipo de mano. I 
El padre quiere a su primogénito, la madre al segundo. Pronto I 
empieza el proceso de "modelarlos a semejanza". La sociedad 
está educada sobre la base de modelar a los jóvenes que ama-
mos según lo hemos sido nosotros mismos. En este caso el 
mayor se convierte en un extraordinario pianista, en tanto el 
más pequeño sólo llega a ser un pintor mediocre. Esto en ¡ 
cuanto a los diferentes aprendizajes o inclinaciones en la ju- j 
ventud. ¿Pero qué podemos decir acerca de las estructuras ¡ 
distintas? Repárese en lo siguiente. En circunstancias ordina- j 
rias, un rigoroso entrenamiento musical no hubiese bastado para ! 
convertir en pianista destacado al hijo menor — sus dedos no 
eran suficientemente largos ni bastante flexible la configuración 
muscular de la mano. Empero, inclusive aquí debemos ser 
cautelosos: el piano es un instrumento estandard, para el cual 
es indispensable cierto alcance digital y manos y muñecas fuer-
tes. Mas supongamos que el padre prefiriese al menor de sus 
hijos y hubiera dicho: "Quiero que sea pianista y voy a in-
tentar un experimento. Sus dedos son cortos, nunca tendrá 
una mano flexible; haré fabricar, pues, un piano especial, con 
teclas estrechas, de suerte que no obstante su deficiente en-
vergadura, la mano resulte adecuada; proyectaré otro sistema 
de palancas para las teclas, de modo que no se requiera fuerza 
particular ni flexibilidad alguna". Quién sabe si en estas con-
diciones el hijo menor no se habría convertido en el primer 
pianista del mundo. 
Tales factores, en especial los relativos al entrenamiento, 
han sido enteramente descuidados en el estudio de la herencia. 
Carecemos de hechos que permitan confeccionar estadísticas I 
sobre la herencia de tipos especiales de conducta, y hasta que í 
el estudio del infante humano no los verifique, todos los datos [i 
concernientes a la evolución de las diversas' formas de conducta j 
humana y a la eugenesia sólo han de aceptarse con la mayor j 
prudencia. j 
Nuestra conclusión es, pues, que no poseemos testimonios | 
cabales de la herencia de aquellos rasgos. Tendríamos plena ¡ 
i! 
t 
130 J. B. W A T S O N 
confianza en el futuro de un niño sano, normal y criado con 
cariño, aunque procediese de una larga ascendencia de tram-
posos, asesinos, ladrones y prostitutas. ¿Quién dispone de 
testimonios en contra? Todos los años, muchos y muchos miles 
de jóvenes, nacidos de padres morales y severos y en hogares 
normales, se descarrilan, roban y se prostituyen, a causa de 
uno u otro accidente en su educación. Otros tantos miles de 
hijos de truhanes crecen para convertirse en truhanes, debido 
a que en semejantes ambientes no podría ocurrir de otro modo. 
Pero, si se adopta a un niño de ascendencia reprobable y éste 
se descarrila, se citará este hecho a guisa de prueba irrefutable 
de la herencia de la perversidad moral y de las tendencias 
criminales. En toda nuestra civilización, no ha habido por cierto 
dos docenas de casos cuyas historias se hayan conservado con 
suficiente pulcritud como para que podamos derivar tales con-
clusiones — pese a la opinión contraria de los estudiosos de 
las reacciones mentales, de LOMBROSO, y de todos los crimina-
listas. En realidad, jamás se cría a los hijos adoptivos como 
a los propios. No podemos utilizar las estadísticasbasadas en 
observaciones recogidas en instituciones de beneficencia y asilos 
de huérfanos. Basta ir allí y trabajar un tiempo para ver que 
carecen de valor, y decimos esto sin intención de menospreciar 
la labor que realizan tales organizaciones. 
Ahora desearíamos avanzar otro paso y decir: "Dadnos 
una docena de niños sanos, bien formados y un mundo apro-
piado para criarlos, y garantizamos convertir a cualquiera de 
ellos, tomado al azar, en determinado especialista: médico, abo-
gado, artista, jefe de comercio, pordiosero o ladrón, no importa 
los talentos, inclinaciones, tendencias, habilidades, vocaciones y 
raza de sus ascendientes". Lo confesamos: rebasamos lo hasta 
hoy establecido por nuestras experiencias, pero también lo han 
hecho así durante miles de años los defensores de la parte 
contraria. Por supuesto, de efectuarse este experimento, de-
beríamos ser nosotros quienes habríamos de especificar la for-
ma de criarse a los niños y el tipo de mundo en el cual habitarían. 
Cuando existen defectos estructurales hereditarios, como 
en apariencia sucede en ciertas enfermedades glandulares, en 
los deficientes mentales, en los casos que ha habido infección 
intrauterina (sífilis y gonorrea), precoz y rápidamente pueden 
E L C O N D U C T I S M O 131 
desarrollarse determinadas perturbaciones de la conducta de 
uno u otro tipo. Por consiguiente, algunos de esos niños se 
ven desprovistos de las posibilidades estructurales necesarias 
para el entrenamiento — verbigracia, cuando faltan las cone-
xiones fundamentales entre el cuerpo y el cerebro. Asimismo, 
donde se presentan defectos estructurales fácilmente notables — 
en las deformidades, carencia de dedos, existencia de dedos 
adicionales —, hay inferioridad social y es imposible la com-
petencia en un terreno de igualdad. Lo mismo ocurre cuando 
se crían razas "inferiores" junto a otras "superiores". No dis-
ponemos de ninguna evidencia fidedigna de la inferioridad de 
la raza negra. Empero, si educamos a un niño blanco junto 
a uno negro en el mismo colegio y los criamos en la misma 
familia (teóricamente sin diferencias), cuando la sociedad co-
mienza a ejercer su aplastante dominio, el negro no puede 
competir.* 
Ciertamente a la sociedad no le es grato enfrentar los 
hechos. El orgullo racial ha sido fuerte; de ahí nuestra "ascen-
dencia del Mayflower", nuestras "Hijas de la Revolución". Nos 
place jactarnos de nuestros antepasados. Distingue. Nos gusta 
pensar que se requieren tres generaciones (a veces más) para 
obtener un caballero, y que detrás nuestro tenemos más. Por 
otra parte, el creer en la herencia de las tendencias y rasgos 
nos limpia de culpa y cargo en la educación de nuestros hijos. 
Si el hijo se descarrila, la madre dice: "¡Mirad a su padre!", 
o "¡Mirad a su abuelo!" (o a quienquiera ella deteste). "¿Qué 
se podía esperar con tales antecesores en la familia de su 
padre?" Y el padre, cuando es la hija quien muestra propen-
sión a desviarse: "¿Qué podía esperarse? Su madre siempre 
se dejó cortejar por cualquier hombre. Si estas tendencias son 
hereditarias, nosotros no somos culpables. Los rasgos, según 
los psicólogos más antiguos, nos vienen de Dios, y si mi hijo 
* No hablo aqui de la herencia de los caracteres adquiridos de la conducta. 
La evidencia biológica la contradice. El brazo derecho del infante con una larga 
ascendencia de herreros, tiene al nacer aproximadamente el mismo perímetro mez-
quino que el primer herrero entre sus antecesores, y no mayor que el de su brazo 
izquierdo. Las pruebas en pro y en contra han sido magníficamente resumidas, 
por JENNINGS, en las "Bases biológicas de la naturaleza humana", obr. cit., págs. 
328 y ss. 
132 J. B. W A T S O N 
o mi hija se descarrilan, yo, como padre, no puedo ser 
censurado". 
Los estudios realizados sobre mellizos monozigóticos en los 
cinco últimos años esclarecieron considerablemente las respec-
tivas influencias del ambiente y de la herencia. Examinemos 
este material con algún detenimiento. 
¿LOS EXPERIMENTOS SOBRE MELLIZOS UNIVITELINOS, CONTRADICEN 
NUESTRA INSISTENCIA EN EL INFLUJO RELATIVAMENTE MAYOR DEL 
AMBIENTE EN LA PRECOZ DIFERENCIACIÓN DE LA CONDUCTA? 
El doctor ARNOLD GESELL, el más fervoroso abogado de 
la herencia y de los factores del crecimiento, en su artículo 
"Conducta semejante en mellizos monozigóticos" ("Eugenical 
News", vol. XIV, N.° 5, mayo de 1929), expresa muy cate-
góricamente que las pautas de conducta de mellizos monozi-
góticos revelan un grado especial de semejanza. Por ejemplo, 
"las respuestas posturales, de percepción, prensión, utilización 
e imitativas a uno, dos y tres cubos rojos de una pulgada 
colocados frente a cada niño, se describieron y fotografiaron a 
fin de proporcionar datos objetivos para un estudio detallado 
del desarrollo de los modos de conducta". En estos tests, los 
mellizos T. y C. evidenciaron marcado parecido en sus pautas 
de conducta. Las correspondencias entre las pautas de con-
ducta fueron literalmente incontables. Comprobáronse 99 ítems 
de desigualdad de menor importancia y 513 ítems de relación 
de identidad o casi identidad. 
Aunque interesantes, estos experimentos no constituyen 
una prueba de que la semejanza de pautas en estos dos niños 
fuese más estrecha de la que podría verificarse si se realizaran 
investigaciones similares con infantes de la misma edad, cria-
dos en condiciones ambientales relativamente parecidas, siempre 
que las criaturas fueran de peso, conformación física y condi-
cionamiento anterior iguales. A estar a mi lectura del informe, 
no hubo en el experimento control alguno. El doctor GESELL 
concluye: "En el curso de nuestra observación simultánea de 
las pautas de conducta de los mellizos T. y C, la correspon-
dencia era a veces tan sorprendente que evocaba la metáfora 
E L C O N D U C T I S M O 133 
de GALTON acerca de los relojes y las ruedas giratorias de-
terministas" . 
De la obra de MULLER y NEWMAN se desprende que nin-
gún otro estudio análogo confirma esta conclusión del doctor 
GESELL. En el "Journal of Heredity", de diciembre de 1925, 
H. G. MULLER describe sus tests con las mellizas monozigóti-
cas B. y /. A la fecha del test, éstas tenían 30 años, habiendo 
sido separadas cuando sólo contaban dos semanas. Una (B.), 
vivía en Wyoming (EE. UU.), pero había residido en Nueva 
York, Washington y otros lugares; la otra (/.), en Arizona. 
B. fué criada por padres adoptivos, quienes trabajaban de 
mineros, leñadores y acarreadores. Desde pequeñita, pasaba 
todo el día al aire junto a las cuadrillas de obreros, y sólo 
había asistido regularmente a la escuela durante cuatro años, 
incluyendo nueve meses de escuela comercial. A los 15 años, 
B. consiguió un empleo de oficinista. Su carrera comercial no 
resultó muy brillante — ensayó, además del trabajo de ofici-
nista, el de administración y secretaria. 
También /. fué criada por padres adoptivos, propietarios 
de un rancho y de una hostería donde reinaba mucha anima-
ción. Pasaba buena parte del día al aire libre y, como B.t era 
una moza retozona. Completó sus estudios secundarios y más 
tarde asistió a algunos cursos universitarios de verano. Se 
graduó de maestra y tuvo un niño. 
Ninguna de las mellizas gozaba de muy buena salud y 
sus enfermedades eran muy similares. 
Sus puntajes en los tests de inteligencia general (grupos 
Otis y Army Alpha) no fueron muy diferentes, pero en algu-
nas pruebas /. resultó muy superior y B. muy inferior, y vice-
versa en otras. Por ejemplo, en el test de asociación de KENT 
ROSSANOFF, /., gracias a su mayor preparación escolar, con-
testó casi con el doble de rapidez. En la prueba de teclear, 
debido a su experiencia como dactilógrafa, B. obtuvo una cla-
sificación de 207 contra 164 de /. en igual tiempo. En el 
"Test de cruzamiento" (crossing), B. acusó un puntaje de 
63 contra uno de 55 de / . MULLER concluyó que los tests re-
lativos al tiempo de reacción motriz, "temperamento volitivo", 
emociones y aptitudes sociales "arrojan resultadosen abierto 
contraste con los de los tests de inteligencia, en todos los 
134 J. B. W A T S O N 
cuales ambas hermanas denunciaron rendimientos harto dis-
tintos. Las diferencias fueron, término medio, apenas mayores 
que las que se advierten en los rendimientos de dos individuos 
tomados al azar del grupo con que se estableció las normas 
del test". 
NEWMAN, en su artículo "Mental Traits of Identical 
Twins Reared Apart" ("Rasgos mentales en mellizos monozi-
góticos criados separadamente" — "Journal of Heredity", abril 
de 1929), menciona un caso todavía más sorprendente de 
mellizos criados por separado — uno en la ciudad, el otro en 
el campo. Los mellizos C. y O. nacieron en 1925. Su apa-
riencia física los hacía indistinguibles. Citamos al autor: "En 
este caso el ambiente y el aprendizaje de los mellizos fueron 
en general estrictamente similares, por lo menos hasta donde 
pudimos verificar los hechos; sin embargo, "las personalidades" 
de los dos niños son por entero distintas. Tan opuesta era la 
impresión que causaron a todos los observadores, que desde 
un principio llamó nuestra atención". 
En el "Test de reacción emocional" de PRESSEY, el pun-
taje total de C. (el niño de la ciudad) fué de 29; el de O. 
(el niño del campo) de 55, resultando así que O. es definida-
mente más neurótico. En el "Test de inteligencia del grupo 
internacional", la clasificación de C. fué de 156, la de O. de 
146. En el examen psicológico de THURSTONE, C. registró 
101 puntos y O. 84. Este test incluye pruebas de conclusión, 
idioma artificial, semejanza, aritmética y oposiciones. 
NEWMAN estudió también dos parejas de mellizas mo-
nozigóticas. La primera, separada al finalizar 18 meses, fué 
examinada después de 18 años (habían vivido juntas durante 
un año antes de realizarse el examen psicológico). En el pe-
ríodo de separación, su vida transcurrió en ambientes muy 
diversos. "Estas mellizas diferían enormemente en cuanto a 
capacidad intelectual — la diferencia era tres veces mayor que 
la que arroja el promedio de 50 pares de mellizos monozigóticos 
criados juntos". En este caso las mellizas mostraban notable 
parecido en sus características emocionales (lo que era de es-
perarse, pues sabemos cuan tempranamente arraigan las pautas 
emocionales, y estas niñas habían vivido juntas los primeros 
18 meses de su existencia). 
E L C O N D U C T I S M O 135 
También en la segunda pareja de mellizas monozigóticas 
estudiada por NEWMAN, el medio divergía marcadamente. Una 
concurrió a la escuela siete años más que la otra. Se las separó 
luego de haber vivido juntas 18 meses. Después de 19 años de 
alejamiento fueron sometidas a un test. La hermana que había 
recibido mejor educación, G., obtuvo puntajes muy superiores 
en todos los tests de aptitud "mental" y realización "innata". 
Al igual que las mellizas anteriores, en los tests emocionales 
fueron muy similares. 
En todos estos tests con mellizos monozigóticos no en-
contramos la menor prueba en apoyo del argumento biologista 
de que el número y la relación de los genes constituyen los 
factores determinantes de las pautas de conducta. En el caso 
de mellizos monozigóticos tenemos los mismos genes; no 
obstante, un aprendizaje diferente produce personalidades 
diferentes. 
Una vez más deseamos subrayar aquí nuestro punto de 
vista. Reconocemos que, después de todo, fuera del laboratorio 
la vida ofrece mucha semejanza. Supongamos ahora que lle-
vamos mellizos monozigóticos al laboratorio y empezamos a 
condicionarlos rígidamente desde su nacimiento hasta los veinte 
años, pero a cada uno en la forma más diversa posible. In-
clusive sería factible hacer que uno de ellos se desarrollara 
falto de lenguaje. Quienes hemos consagrado años enteros al 
condicionamiento de niños y animales, no podemos dejar de 
comprender que los dos productos resultantes serían tan dis-
tintos como el día y la noche. 
Sin embargo, aun ante esta evidencia, JENNINGS, el más 
imparcial y científico de los biólogos geneticistas, en las "Bases 
biológicas de la naturaleza humana", se expresa así: 
"Por consiguiente, el estudio de los cuatro casos de gemelos univi-
telinos criados separadamente favorece la teoría de que el ambiente y 
la experiencia pueden tener una gran influencia sobre las características 
mentales y temperamentales, dado que se observan diferencias impor-
tantes hasta en individuos de constitución genética idéntica. No obstante, 
los cuatro casos apoyan igualmente el punto de vista contrario que 
proclama la gran influencia ejercida en estos respectos por la consti-
tución genética, pues en todos los casos los gemelos criados en medios 
distintos eran mucho más parecidos en ciertos aspectos —en los pro-
cesos mentales algunos, y otros en los temperamentales— que lo que 
136 J. B. W A T S O N 
pudiera atribuirse a cualquier otra causa que no fuera la identidad 
de su constitución genética. Los resultados del estudio están de acuerdo 
con la conclusión, prácticamente cierta en otros terrenos, de que tanto 
la constitución genética cuanto el ambiente influyen profundamente en 
las características mentales y temperamentales; y que los efectos pro-
vocados en un caso dado por la constitución genética, pueden ser pro-
ducidos en otro por el ambiente". 
Estamos seguros que si JENNINGS hubiese tenido presente 
que en muchos de los casos referidos las criaturas habían re-
cibido juntas su temprano condicionamiento; que los tests de 
ningún modo fueron suficientes para sacar a luz todos o por 
lo menos gran parte de las verdaderas disimilitudes en las 
pautas de conducta, y que en el estudio de estos casos el con-
ductista no había tenido la oportunidad de impartir experimen-
talmente un entrenamiento distinto a las criaturas, habría con-
venido en que nuestra posición, arriba delineada, es la única 
que cuenta a su favor con todos los hechos e hipótesis razo-
nables. Y recordemos que el de los mellizos monozigóticos, es 
el caso biológicamente más difícil entre aquellos contra los 
cuales debe luchar el conductista para dejar sentada la impor-
tancia del ambiente. 
Dejemos pues de costado la idea de la herencia de las 
aptitudes, de las características mentales, de las aptitudes es-
peciales (no basadas en características favorables como una 
garganta bien conformada para el canto, manos vigorosas y 
ágiles para el piano, ojos y oídos estructuralmente sanos) para 
dedicarnos a un asunto de mayor significación: a lo que el 
mundo conoce con el nombre de instintos. 
¿EXISTEN LOS INSTINTOS? 
No es fácil contestar a esta pregunta. Hasta el adveni-
miento del conductismo se consideraba al hombre como una 
criatura de muchos y complicados instintos. Bajo el influjo 
de las entonces recientes teorías de DARWIN, un grupo de au-
tores de antaño compitieron a objeto de encontrar nuevos y 
perfectos instintos en hombres y animales. WILLIAM JAMES 
realizó una cuidadosa selección de tales instintos y atribuyó al 
hombre los siguientes: arrastrase, imitar, emular, rivalidad, 
E L C O N D U C T I S M O 137 
pugnacidad, ira, resentimiento, simpatía, caza, miedo, apropia-
ción, adquisitividad, cleptomanía, constructividad, juego, curio-
sidad, sociabilidad, timidez, limpieza, modestia, vergüenza, 
sexuales, celos, amor paterno. JAMES expresa que ningún otro 
mamífero, ni siquiera el mono, puede reivindicar una tan nu-
trida lista. 
Al conductista le es absolutamente imposible coincidir con 
JAMES y los demás psicólogos que afirman que el hombre posee 
tan complicadas actividades no aprendidas. Todos hemos sido 
educados de acuerdo con JAMES, acaso en un régimen peor 
aún, y nos resulta arduo oponernos. JAMES define el instinto 
como: "una tendencia a obrar en forma tal que permita alcan-
zar ciertos fines, sin tener la previsión de tales fines". Esta 
formulación seguramente se ajusta bien a la conducta temprana 
de los niños y de animales jóvenes y, al principio, parece con-
vincente. Mas al someterla a prueba, en los términos de nuestra 
propia observación experimental,no tardamos en encontrar que 
no nos hallamos ante una definición científica, sino ante un 
postulado metafísico. Piérdese uno en la sofistiquez de "pre-
visión" y "fin". 
No existe en psicología tema acerca del cual se haya es-
crito más que sobre el de los llamados instintos. Cientos de 
artículos han aparecido a su respecto a través de los últimos 
años. En general, trátase de estudios elaborados desde el 
escritorio, por personas que jamás observaron cuidadosamente 
la historia de la vida completa de los animales y la primera in-
fancia del ser humano. La filosofía nunca podrá contestar 
pregunta alguna acerca de los instintos. Los problemas que se 
plantean se refieren a hechos — y únicamente la observación 
genética es susceptible de resolverlos. Me apresuro a agregar 
que el conocimiento del conductista en punto al instinto, sufre 
también por la falta de hechos de observación, pero no pode-
mos acusarle de avanzar en sus inferencias más allá de la 
ciencia natural. Antes de intentar responder a la cuestión: 
"¿qué es un instinto?", efectuemos una breve incursión por el 
campo de la mecánica. Acaso comprobaremos que, después de 
todo, no necesitamos este término. 
138 J. B. W A T S O N 
UNA LECCIÓN DEL BUMERANG 
Tengo en la mano un pesado bastón de madera. Si lo 
lanzo hacia adelante y arriba, recorre cierta distancia y luego 
cae al suelo. Recupero el bastón, lo sumerjo en agua caliente, 
lo doblo hasta formar un ángulo determinado; lo arrojo otra 
vez — se aleja dando vueltas en el aire un corto trayecto, se 
desvía a la derecha y vuelve a caer. Torno a recogerlo, modi-
fico un poco su forma redondeando los cantos. Es un bumerang. 
Nuevamente asciende girando hacia arriba. De improviso, re-
trocede, vuelve hacia atrás y viene a caer graciosa y gentil-
mente a mis pies. Es siempre un bastón. Su material continúa 
siendo el mismo. Únicamente su forma ha sido modificada. 
¿Posee el bumerang algún instinto que lo haga volver a la 
mano del lanzador? ¿No? Entonces, ¿por qué vuelve? Por-
qué está conformado de manera tal que cuando lo lanzo hacia 
arriba con determinada fuerza debe regresar (paralelogramo 
de las fuerzas). Llamemos la atención sobre del hecho de que 
todos los bumerang bien construidos y correctamente arrojados 
regresarán a los pies de su lanzador, o cerca, pero que no 
habrá dos que sigan idéntica trayectoria, aunque fuesen lan-
zados mecánicamente con la aplicación de igual fuerza y ángulo 
de elevación. Este ejemplo tal vez resulte un tanto inusitado. 
He aquí otro más sencillo. Casi todos hemos jugado a los dados 
en alguna ocasión. Tomemos un dado, carguémoslo de un 
cierto modo, hagámoslo rodar, y siempre aparecerá el "seis" 
en la cara superior. ¿Por qué? El dado debe rodar de esta 
manera por la forma en que está construido. Otro ejemplo: 
tomemos un soldadito de juguete. Montémoslo sobre una base 
semiesférica de goma. No importa cómo se lo tire, el solda-
dito se pondrá bruscamente derecho, oscilará un poco, y luego 
tornará a la posición vertical. ¿Posee el soldado de goma algún 
instinto que lo hace mantenerse de pie? 
Nótese que en tanto no hayan sido arrojados, ni el bu-
merang, ni el soldadito de juguete o el dado manifestarán sus 
peculiaridades de movimiento. Modifiquemos ahora su forma 
o su estructura, cambiemos su material (hagámoslo de hierro 
en vez de madera o goma), y su movimiento característico 
EL CONDUCTISMO 139 
podrá variar sensiblemente. Pero el hombre está hecho de cier-
tas clases Se materiales — coordinados de determinadas ma-
neras. ¿Si se lo lanza a la acción (como resultado de la 
estimulación), no manifestará (antes de su entrenamiento) 
movimientos tan peculiares (pero no tan misteriosos) como los 
del bumerang?* 
EL CONCEPTO DEL INSTINTO YA NO ES INDISPENSABLE EN PSICOLOGÍA 
Llegamos ahora a nuestra idea central. Si el bumerang 
carece de instinto (aptitud, capacidad, tendencia, rasgos) para 
retornar a la mano de su lanzador; si no necesitamos recurrir a 
enigmáticos argumentos a fin de esclarecer su movimiento ca-
racterístico; si las leyes de la física lo explican, ¿no representa 
esto una muy necesaria lección de sencillez para la psicología? 
¿No puede ella renunciar a los instintos? ¿No cabe decir que 
el hombre está construido con ciertos materiales reunidos de 
manera compleja, y que a consecuencia de su configuración y 
material debe actuar (hasta que el aprendizaje lo haya condi-
cionado) en la forma como lo hace? 
Pero quizá alguien objetaría: "Esto da por tierra con 
todas sus teorías. Admite usted que al nacer el hombre hace 
una cantidad de cosas que por fuerza debe hacer en razón de 
su estructura. Pues bien, es justamente esto lo que yo entiendo 
por instinto". Nuestra respuesta es que debemos ir a los hechos. 
No nos es posible postergar más una visita a la nursery. 
Creemos que el estudioso del niño encontrará en ella muy poco 
que lo anime a conservar la lista sagrada de los instintos de 
JAMES. En el capítulo próximo estudiaremos lo que el niño 
hace al nacer. 
* Podría argüirse que en mecánica, acción y reacción son iguales; que el 
lanzador imprime al bumerang una cantidad de energía equivalente a tantas dinas 
y que la misma es empleada por el bumerang para volver (incluyendo la pérdida 
de calor trasmitido al aire). Cuando tocamos a un hombre con un cabello, y éste 
da un salto de dos pies, la reacción no guarda proporción alguna con la energía 
del estímulo. La explicación de este fenómeno es que, en el hombre, la energía 
utilizada en la reacción estaba acumulada. En dinámica, observamos el mismo 
fenómeno cuando un fósforo hace explotar una carga de pólvora, o cuando el viento 
despeña de un risco una piedra movediza que destruye una casa del valle. 
VI. ¿Existen los Instintos Humanos? 
PARTE II. — LO QUE NOS ENSEÑA EL ESTUDIO DEL NIÑO 
Introducción. Resistencia al estudio del niño. El estudio de la conducta 
del niño. Lo que sabemos acerca de la vida intrauterina. El equipo 
congénito del niño. Estornudo. Hipo. Llanto. Erección del pene. Orinar. 
Defecación. Primeros movimientos oculares. Sonrisa. Respuestas ma-
nuales. Volver la cabeza. Mantener erguida la cabeza. Movimientos 
de las manos al nacer. Movimientos de los brazos. Movimientos de 
piernas y pies. Movimientos del tronco, pierna, pie y dedos del pie. 
Respuestas alimentarias. Gateo. Mantenerse de pie y marcha. Conducta 
vocal. Natación. Agarrar. Parpadeo. Uso de las manos (dextrismo y 
zurderla). Nuestra conclusión. Sumario del equipo no aprendido. ¿Qué 
ha sido de los instintos? La corriente de actividad en reemplazo de 
la "corriente' de la consciencia" de James. 
INTRODUCCIÓN 
En el capítulo precedente señalamos que muchos de los 
problemas relativos al equipo no aprendido del hombre sólo 
pueden resolverse mediante el estudio de la historia de su vida. 
Esto significa que nuestra indagación debe iniciarse con el 
nacimiento del niño. En los últimos 25 años, los investigado-
res de la conducta animal han reunido copiosa cantidad de 
hechos acerca del individuo joven de la mayoría de las especies, 
excepto del hombre. Hemos vivido junto a monos, hemos con-
trolado el crecimiento de ratas, conejos, cobayos y pájaros de 
numerosas clases. En nuestros laboratorios se registró a diario 
sus respectivos desarrollos: desde el nacimiento hasta la ma-
durez. A objeto de verificar los resultados allí obtenidos, 
también observamos su vida en sus correspondientes ambientes 
nativos en un medio natural. 
142 J. B. W A T S O N 
Tales investigaciones nos han permitido comprender con 
bastante profundidad ambos equipos, no aprendido y aprendido, 
de muchas clases de animales. Hemos llegado a la conclusión 
de que nadie que se limite a estudiar la conducta del adulto 
podrá determinar cuál parte de una serie complicada de actos 
pertenece a la categoría de los no aprendidos y cuál a la de 
los aprendidos. Con mayor eficacia que cualquier otro estudio, 
estas exploraciones nos suministraron un método de investiga-
ción aplicable al niño.Por último, los experimentos con ani-
males nos enseñaron que no es prudente generalizar respecto 
de diferentes especies sobre la base de datos obtenidos de sólo 
una. El cobayo, verbigracia, nace con un pesado abrigo de piel 
y una serie muy completa de respuestas motrices. A los tres 
días de edad prácticamente se independiza de la madre. La rata 
blanca, en cambio, nace en estado muy inmaduro, tiene un 
período de infancia más largo, y recién al finalizar los treinta 
días se independiza de la madre. Tan notable diferencia en el 
equipo congénito de dos especies de animales íntimamente em-
parentadas (ambas roedores) nos prueba lo peligroso del sis-
tema de apoyarnos en estudios sobre animales inferiores al 
hombre a fin de generalizar y establecer cuál es el equipo no 
aprendido de éste. 
RESISTENCIA AL ESTUDIO DEL NIÑO 
Hasta hace muy poco, disponíamos de escasos datos fi-
dedignos acerca de los primeros años de la infancia humana. 
En efecto, siempre existió una tenaz resistencia al estudio de 
la conducta del niño. La sociedad está acostumbrada a ver que 
los niños mueren de inanición por centenares, o que se crían 
en barrios insalubres y entre el libertinaje, sin que ello la sobre-
salte mucho. Pero si el osado conductista intenta estudiar al 
niño en forma experimental, o meramente inicia una observación 
sistemática, de inmediato se oirán críticas. También tropeza-
mos con una lamentable incomprensión de nuestros objetivos 
cuando los experimentos y las observaciones se llevan a cabo 
en las salas de maternidad de los hospitales. El niño no está 
enfermo, el conductista no ensaya métodos clínicos: luego, 
¿para qué sirven tales exámenes? Además, los padres se dís-
E L C O N D U C T I S M O 143 
gustan al enterarse de que tenemos a sus hijos en observación. 
Ignoran por-completo lo que hacen los psicólogos. E inclusive 
a éstos les resulta sumamente difícil hacer comprender a los 
propios médicos la importancia de sus observaciones. Es casi 
imposible efectuar estudios satisfactorios, continuados durante 
extensos períodos de tiempo, a menos de que se le confíe al 
psicólogo la dirección absoluta de la nursery experimental (tra-
bajando en colaboración con un médico, pero sin que éste tenga 
el departamento a su cargo). En la actualidad hay varias nur-
seríes de este tipo: en la Universidad de California, bajo la 
dirección de la doctora MARY JONES; en la Universidad de 
Minnesota, a cargo del profesor ANDERSON; en la de John 5 
Hopkins, dirigida por el profesor BUFORD JOHNSON, y en la de 
Yale, por el doctor GESELL. Asimismo sería factible realizar 
numerosas investigaciones en los hospitales de maternidad; 
bastaría con que los médicos que los dirigen organizaran las 
cosas de manera tal que se incorporase el examen psicológico 
al trámite regular del estudio y cuidado de los niños nacidos 
en dichas instituciones. 
EL ESTUDIO DE LA CONDUCTA DEL NIÑO 
Nadie debería intentar el estudio del niño sin suficientes 
conocimientos previos de fisiología y psicología animal. Tendría 
que cursar estudios prácticos en la nursery del mismo hospital 
en que se propone cumplir su trabajo. Así, aprenderá qué 
puede hacerse y qué no con un niño. Antes de empezar a 
registrar sus observaciones debería presenciar algunos partos. 
Pronto se convencería de que el niño es capaz de resistir un 
considerable manoseo, necesariamente duro, sin perecer en la 
prueba. 
LO QUE SABEMOS ACERCA DE LA VIDA INTRAUTERINA 
Nuestro conocimiento de la vida intrauterina de la especie 
humana es en verdad muy pobre. La vida intrauterina comienza 
con la fecundación del óvulo. Observaciones recientes, efectua-
das en la Universidad de Zurich por M. MINKOWSKI, sobre 
embriones que debieron extraerse del útero, demuestran que 
144 J. B. W A T S O N 
el feto de dos a dos y medio meses exhibe apreciables movi-
mientos de la cabeza, tronco y extremidades. Estos movimientos 
son lentos, asimétricos, arrítmicos e incoordinados; de amplitud 
reducida. Existe respuesta al estímulo cutáneo, como también 
a los cambios de posición de las extremidades. El latido del 
corazón en el feto empieza a manifestarse mucho antes, a 
menudo ya en la tercera semana. Hay pruebas de que las 
glándulas del estómago comienzan a funcionar al finalizar el 
quinto mes. 
La posición del feto en el útero no carece de importancia, 
pues afecta los movimientos y el estado del niño durante un 
lapso apreciable después de su nacimiento. El Dr. WHITRIDGE 
WILLIAMS describe así la posición intrauterina del feto: "Sin 
considerar la relación que ello pueda tener con la madre, hacia 
los últimos meses del embarazo el feto asume una postura 
característica, la que se denomina su actitud o hábito; y, a 
título de regla general, cabe decir que configura una masa 
ovoide, más o menos correspondiente a la forma de la cavidad 
uterina. Está doblado sobre sí mismo, de tal modo que el 
espinazo adopta una forma convexa; la cabeza notablemente 
inclinada, de suerte que el mentón casi toca el pecho; los 
muslos doblados sobre el abdomen, las piernas en las articu-
laciones de las rodillas; el dorso de los pies descansa sobre 
la superficie anterior de las piernas. De ordinario, los brazos 
se hallan cruzados sobre el tórax o dispuestos paralelamente 
a ambos lados, mientras el cordón umbilical yace en el espacio 
entre ellos y las extremidades inferiores. Esta postura suele 
conservarse durante toda la preñez, si bien puede modificarse 
parcialmente de alguna manera a causa de los movimientos 
de las extremidades, y en casos raros, cuando la postura cambia 
por completo, la cabeza puede erguirse. La postura caracte-
rística resulta en parte del modo de crecimiento del feto, y en 
parte de un proceso de ajuste entre éste y el contorno de la 
cavidad uterina." ("Obstetrics", pág. 180). No se sabe en qué 
medida las pequeñas diferencias en la posición intrauterina del 
feto pueden influir o aun determinar el dextrismo o zurdería 
ulteriores del individuo. Notamos que, aproximadamente en el 
80 % de los casos observados, el hígado se encuentra del lado 
derecho. Ignoramos todavía si este gran órgano es capaz de 
E L C O N D U C T I S M O 145 
provocar cierto leve balanceo del feto, de manera que su costado 
derecho se encuentra constantemente bajo una presión menor 
que el izquierdo. Si ello fuese verdad, los niños con el hígado 
del lado derecho deberían ser diestros desde el nacimiento. 
Mis propias observaciones sobre centenares de infantes en el 
Hospital John Hopkins testimonian que no es así. 
En general, son los estudios sobre niños prematuros los 
que mejores conocimientos nos proporcionan acerca de las 
estructuras fetales listas para funcionar. A los seis meses 
(lunares) el infante podrá respirar unas pocas veces en forma 
entrecortada y realizar unos pocos movimientos inútiles. Nunca 
vive. A partir del séptimo mes hasta el término del período 
completo las criaturas pueden vivir. Al nacer, exhiben el equipo 
congénito común. Esto prueba que desde el séptimo mes ya 
existen en el feto muchas estructuras aptas para funcionar en 
cuanto se les aplique el estímulo apropiado: verbigracia, la 
de la respiración, tan pronto el aire llegue a los pulmones; 
circulación completa e independiente y oxigenación de la sangre 
apenas se corte el cordón umbilical; metabolismo independiente 
que revela un sistema visceral en condiciones de funcionar, etc. 
EL EQUIPO CONGÉNITO DEL NIÑO 
Observaciones casi diarias efectuadas sobre cientos de 
niños durante sus primeros treinta días de vida, y sobre un 
número menor de casos a través de los años iniciales de la 
infancia, nos han permitido establecer los siguientes hechos 
(aproximados) acerca de las respuestas no aprendidas.* 
Estornudo. — Puede manifestarse en su forma completa 
desde el nacimiento. A veces ocurre todavía antes del deno-
minado llanto del nacimiento. Es una de las respuestas que 
permanece en actividad en todo el decurso de la vida (véase 
* La señora MARGARET GRAY BLANTON, investigadora en ellaboratorio del 
Hospital John Hopkins, nos ha suministrado valiosos datos relativos al tema 
("Psychological Review", vol. 24, pág. 456). En el presente libro se ha utilizado 
libremente el estudio de la Dra. MARY COVER JONES, "The Development of Early 
Behaviour Patterns in Young Chlldren" (Desarrollo de las primeras pautas de 
conducta del niño — "Ped. Sem." y "Jr. Qenetic Psychology", 33, 4, 1926). 
146 J. B. W A T S O N 
pág. 166); al parecer, los factores del hábito lo afectan muy 
poco. Hasta la fecha no se han realizado experimentos desti-
nados a comprobar si la mera vista de una caja de pimienta, 
luego de un número suficiente de experiencias de condiciona-
miento, no es susceptible de provocar el estornudo. Aún no 
se ha determinado con bastante claridad el estímulo normal 
intraorgánico que lo suscita. En ciertas criaturas se produce 
cuando se las lleva de una habitación fría a otra muy caliente; 
en algunas, al ser expuestas al sol. 
Hipo. — Por lo común no se manifiesta al nacer sino a 
partir de los 7 días con gran frecuencia. Se observó deteni-
damente a más de 50 niños. El caso de máxima precocidad 
de hipo fué registrado a las 6 horas del nacimiento. Por lo 
que se sabe, rara vez los acontecimientos ordinarios de la vida 
condicionan esta respuesta. El estímulo que evidentemente la 
provoca con mayor asiduidad, consiste en la presión que el 
estómago lleno ejerce sobre el diafragma. Según el profesor 
PRESCOTT LECKY, también la disminución de la temperatura 
corporal es capaz de promoverlo. 
Llanto. — El denominado llanto del nacimiento tiene lugar 
al establecerse la respiración. Los pulmones no se inflan hasta 
que el aire los estimula. El mecanismo de la respiración se 
establece gradualmente a medida que el aire penetra en los 
pulmones y las membranas mucosas del tracto alimentario su-
perior. A veces, a fin de provocar la respiración, debe sumer-
girse al niño en agua helada. Coincidiendo con la inmersión, 
aparece el llanto. También se manifiesta bajo la acción de un 
masaje vigoroso o de palmadas aplicadas en las espaldas y 
nalgas —método invariablemente utilizado para establecer la 
respiración. El llanto del nacimiento difiere mucho en distintos 
niños. 
El hambre provoca el llanto. Estímulos dolorosos: mani-
puleo brusco, circuncisión, corte y curación de un forúnculo 
hacen llorar inclusive a niños muy pequeños. Cuando se lo 
suspende de ambas manos, el niño usualmente comienza a 
llorar. 
El llanto, como tal, se condiciona en muy breve tiempo. 
El niño rápidamente aprende que sirviéndose de él le es factible 
E L C O N D U C T I S M O 147 
gobernar las respuestas de la niñera, de los padres y de los 
criados, y lo emplea como arma a este propósito. No siempre 
va acompañado de lágrimas, aunque éstas pueden observarse 
ya diez minutos después del nacimiento. Dada la práctica actual, 
casi universalizada, de poner nitrato de plata en los ojos de 
los recién nacidos, resulta difícil determinar su aparición normal. 
Sin embargo se han visto en muchísimos niños a partir de los 
4 días. Muy probablemente, también las lágrimas se condi-
cionan con suma prontitud, puesto que el llorar representa un 
medio para influir en niñeras y padres de harto mayor eficacia 
que el gimotear. 
Se han realizado numerosos experimentos a objeto de 
establecer si el llanto de un niño constituye un estímulo sus-
ceptible de perturbar el reposo de las demás criaturas que se 
encuentran en la nursery. Todos nuestros resultados fueron 
negativos. A fin de controlar las condiciones con la mayor 
prolijidad, grabamos discos fonográficos de un llorón enérgico. 
Luego reproducimos estos sonidos muy cerca de una criatura 
dormida, primeramente, y después junto a una despierta, pero 
tranquila. Una vez más, los resultados fueron completamente 
negativos. Las contracciones del hambre y los estímulos dolo-
rosos, así como los sonidos fuertes (véase pág. 208) son sin 
duda los estímulos incondicionados del llanto. Volveremos a 
hablar del llanto en la pág. 208. 
Dado que el cólico acarrea una serie de estímulos dolo-
rosos, puede provocar el llanto, y, en efecto, generalmente lo 
hace, mas es éste un llanto algo diferente de los otros llori-
queos del niño. Tal diferencia se debe a la presión de los 
gases que se forman en la cavidad abdominal. El conjunto de 
músculos que interviene en el llanto del hambre, no concurre, 
pues, en su totalidad, al acto del llanto que provoca el cólico. 
Los llantos infantiles son tan distintos que, de noche, en una 
nursery donde se encuentren 25 niños, no se tarda mucho en 
reconocer cuál llora, sin necesidad de guiarse por su ubicación. 
Erección del pene. — Este fenómeno puede observarse 
desde el nacimiento y persiste durante toda la vida. No se 
conoce la serie completa de los estímulos que suscitan esta 
respuesta. Aparentemente, el calor irradiado, el agua caliente, 
148 J. B. W A T S O N 
las caricias de los órganos genitales, y acaso la presión de la 
orina, son los principales factores operantes al nacimiento. Por 
supuesto, en la vida subsecuente del individuo esta respuesta 
se condiciona al estímulo visual y a otros similares. Tal vez sea 
otro el estímulo que provoca el orgasmo —de aparición ulte-
rior. Breves contactos rítmicos, similares a los del coito, y la 
masturbación, son los que llevan al orgasmo (y a partir de 
la pubertad, a la eyaculación concomitante). Probablemente el 
orgasmo puede apresurarse o retardarse, tanto en el hombre 
como en la mujer, mediante estímulos sustitutos (palabras, 
sonidos, etc.: factor, éste, de máxima importancia sociológica). 
Ignoramos a qué edad se condiciona la turgencia. La 
masturbación (tratándose de pequeños, sería más apropiado 
emplear la expresión "manoseo del pene o de la vagina", res-
pectivamente), puede ocurrir casi a cualquier edad. El caso 
más precoz que pudimos observar fué el de una niña de cerca 
de un año (suele empezar antes). Sentada en la banadera, la 
niña intentaba alcanzar el jabón cuando accidentalmente tocó 
con sus dedos la abertura externa de la vagina; suspendió su 
búsqueda y comenzó a acariciarse la vagina, mientras se dibu-
jaba una sonrisa en su rostro. Ni en el varón ni en la mujer 
pudimos comprobar que la masturbación infantil llegase hasta 
el punto de producir el orgasmo (debe tenerse presente que 
antes de la pubertad el orgasmo es susceptible de manifestarse 
sin que la eyaculación tenga lugar). Evidentemente, muchas 
de las respuestas musculares que más tarde intervienen en el 
acto sexual, tales como empujar, subirse, acariciar, se hallan 
listas para entrar en función, por lo menos en el caso del 
varón, mucho antes de lo que suele creerse. Un niño de 3 
años y medio de edad, que observamos en la clínica, se subía 
sobre la madre o la niñera, según la que durmiese con él. 
Mientras apretaba y mordía los pechos de aquéllas, producíase 
la erección; seguían luego el abrazo y los movimientos sexuales 
propios de los adultos. En este caso la madre, separada del 
marido, había favorecido el desarrollo de esta reacción en el 
hijo. 
Orinar. — Tiene lugar desde el momento del nacimiento. 
El estímulo incondicionado es indiscutiblemente intraorgánico: 
E L C O N D U C T I S M O 149 
la presión del líquido en la vejiga. El condicionamiento del acto 
de orinar puede iniciarse a partir de la segunda semana de 
vida; sin embargo, a tal edad por lo común requiere una pa-
ciencia casi infinita. En todo caso, si desde la tercera semana 
se examina al niño con intervalos de aproximadamente media 
hora, se lo encontrará seco; entonces, póngaselo sobre la baci-
nilla: si la vejiga está bien llena, el aumento de presión que 
sobreviene al llevar a la criatura a la posición sentada resultará 
suficiente estímulo. Luego de repetidas pruebas se logra ple-
namente condicionar la respuesta. Es dable condicionar a los 
chiquillos con tanta perfección para este acto, que se provoca 
la respuesta sin necesidad de despertarlos. 
Defecación. — Este mecanismo parece completo desdeel 
instante del nacimiento; y con toda seguridad estaba listo ya 
muchas semanas antes. El estímulo verosímilmente consiste en 
la presión ejercida en el colon inferior. A menudo se consigue 
provocarla introduciendo un termómetro en el ano. 
También la defecación puede condicionarse muy precoz-
mente. Uno de los métodos más usuales es el de deslizar un 
supositorio de glicerina o de jabón en el recto del niño al 
sentárselo sobre la bacinilla. Después de insistir en el proce-
dimiento un considerable número de veces, el mero contacto 
con la bacinilla producirá la respuesta. 
Primeros movimientos oculares. — Desde el nacimiento, 
al yacer horizontalmente de espaldas en una pieza oscura, los 
niños dirigen con lentitud sus ojos hacia la luz tenue. Los 
movimientos oculares no están bien coordinados al nacer, pero 
de ningún modo es corriente el estrabismo, según supone la 
mayoría de la gente. Los movimientos de los ojos hacia la 
derecha e izquierda son los que se manifiestan primero; los 
que se dirigen hacia arriba y hacia abajo, aparecen algo des-
pués. Más tarde, el infante es capaz de seguir con los ojos 
una luz que gire circularmente sobre su cara. • 
Como es notorio, los factores del hábito empiezan a influir 
de inmediato en la fijación y otras respuestas de la mirada. 
Ya hemos destacado que es factible condicionar los movimientos 
de los párpados y de las pupilas. 
150 J. B. W A T SON 
Sonrisa. — Probablemente, al comienzo la sonrisa se debe 
a la presencia de estímulos kinestésicos y exteriores. Aparece 
desde el cuarto día de vida. Con frecuencia se la percibe después 
de una abundante comida. El toqueteo leve y el soplar sobre 
algunas partes del cuerpo, en especial los órganos genitales 
y zonas sensibles de la piel, constituyen los estímulos incon-
dicionados de la sonrisa; hacer cosquillas bajo la barbilla y 
un suave excitar y balancear al niño a menudo también la 
provocan. 
En esta respuesta los factores del condicionamiento em-
piezan a aparecer ya a los treinta días. La doctora MARY 
COVER JONES, realizó una amplia investigación a su respecto. 
Experimentando con un grupo numeroso de niños, comprobó 
que la sonrisa condicionada —la sonrisa que despierta el ex-
perimentador sonriendo o diciendo al niño palabras pueriles 
(factores auditivos y visuales)— se inicia alrededor de los 
treinta días. En los 185 casos que estudió, la edad más avanzada 
en la primera aparición de la sonrisa fué 80 días. 
Respuestas manuales. — Además de los diferentes movi-
mientos de los brazos, manos y dedos, por respuestas manuales 
entendemos los de la cabeza, cuello, piernas, tronco y pies. 
Volver la cabeza. — Muchísimos neonatos, si se los coloca 
boca abajo, con el mentón sobre el colchón, pueden volver 
su cabeza hacia la derecha o hacia la izquierda levantándola 
de aquél. Hemos notado estas reacciones a partir de los 30 
días de edad. De 15 niños sucesivamente sometidos a un test, 
todos, excepto uno, resultaron capaces de reaccionar con la 
cabeza en la forma indicada. 
Mantener erguida la cabeza cuando se lo sostiene en 
posición vertical. — Parece variar con el desarrollo de los 
músculos de la cabeza y del cuello. Algunos niños recién 
nacidos conservan erguida su cabeza unos pocos segundos. 
Se coloca al niño en el regazo del experimentador, quien lo 
sostiene por el vientre y las espaldas. Parece que esta respuesta 
se perfecciona con rapidez, lo cual, evidentemente, se debe más 
al desarrollo de la estructura que a los factores del entrena-
miento. La mayoría de los niños puede mantener erguida la 
cabeza a partir del sexto mes. 
EL CONDUCTISMO 151 
Movimientos de las manos al nacer. — En numerosos 
niños es posible observar movimientos de las manos, inclusive 
en el momento del nacimiento, tales como cerrarlas, abrirlas, 
separar los dedos, extender los dedos de una o ambas manos 
en forma simultánea. En estos movimientos, el pulgar gene-
ralmente se mantiene doblado hacia la palma y no toma parte 
en la respuesta de la mano. Este dedo comienza a participar 
en los movimientos de la mano recién en una época ulterior 
—hacia los 100 días. Más adelante (pág. 156) trataremos del 
agarrar, también presente desde el nacimiento. 
Movimientos de los brazos. — La más leve estimulación 
de cualquier punto de la superficie cutánea provocará marcadas 
respuestas del brazo, muñeca, mano y hombros. Evidentemente 
los estímulos kinestésicos y orgánicos pueden suscitar estas 
respuestas, al par de los táctiles, auditivos y visuales. Los 
brazos suelen levantarse hasta el nivel de la cara y aun llegar 
a la parte superior de la cabeza, y bajar hasta las piernas. Sin 
embargo, con independencia del lugar donde se aplique el estí-
mulo, de ordinario los movimientos iniciales de los brazos se 
realizan en dirección al pecho y la cabeza (probablemente se 
trate de un residuo de hábito intrauterino). Uno de los pro-
cedimientos más característicos para suscitar violentos movi-
mientos de los brazos y las manos consiste en apretar la nariz. 
Casi de inmediato, un brazo u otro, o ambos a la vez, se 
dirigen hacia arriba, hasta que la mano llega a tocar la del 
experimentador. Aunque se sujete una mano, la otra se 
levantará. 
Movimientos de piernas y pies. — El pataleo es uno de 
los movimientos más pronunciados observables al nacimiento. 
Puede provocárselo tocando las plantas de los pies, estimu-
lando con aire caliente o frío, por el contacto con la piel y 
directamente por estimulación kinestésica. Una forma carac-
terística de promover tales movimientos consiste en pellizcar 
la piel de la rodilla. Si se sujeta la pierna izquierda mante-
niéndola recta y se pellizca la parte superior de la rodilla, la 
pierna derecha se levanta y se pone en contacto con los dedos 
del experimentador; si se pellizca la parte interna de la rodilla 
derecha, la pierna izquierda se levanta y toca los dedos del 
152 J. B. W A T S O N 
experimentador. Ya al nacer se manifiesta esto perfectamente. 
A veces, se requieren tan sólo pocos segundos para que el 
pie llegue a tocar los dedos del experimentador. 
Movimientos del tronco, pierna, pie y dedos del pie. — 
Cuando se lo suspende de la mano derecha o de la izquierda, 
se observan en el tronco y los muslos del niño marcados 
movimientos de "trepar". Parece como si se manifestara una 
onda de contracción que impele el tronco y las piernas hacia 
arriba, seguida de un período de relajamiento; luego se produce 
una nueva onda de contracción. Si se hace cosquillas en la 
planta de los pies del niño, o se estimula su pie con agua 
caliente, tienen lugar vigorosos movimientos de los mismos 
pies y dedos. Al estimular las plantas de los pies con una 
pajuela, generalmente aparece el característico reflejo de 
Babinski. Este reflejo es variable. Su pauta más usual con-
siste en la elevación del dedo grueso del pie (extensión) y 
descenso de los demás (flexión). En ocasiones, el reflejo de Ba-
binski adopta meramente la forma de "abertura en abanico": 
todos los dedos del pie se distienden. Por lo común, el reflejo 
de Babinski desaparece hacia el final del primer año, aunque 
es susceptible de continuar manifestándose mayor tiempo, in-
clusive en niños normales. Los niños no pueden agarrar con 
los pies. Un alambre u otro pequeño objeto cilindrico depo-
sitado bajo los dedos, corrientemente provoca la flexión, o sea 
el cierre de los dedos, mas la menor presión bastará para que 
la varilla o el alambre se desprendan. 
Casi desde el momento del nacimiento, muchos niños son 
capaces de volverse de adelante hacia atrás cuando se los 
coloca desnudos, cara abajo, sobre una superficie firme. La 
señora BLANTON describe el caso siguiente: A los 7 días, el 
sujeto T volvíase rápidamente de adelante para atrás cuando 
la ropa no lo trababa. En postura cara abajo, sobre una su-
perficie rígida, con los brazos paralelos al cuerpo, de inmediato 
empezaba a llorar. El relajamiento y la contracción de los 
músculos de las piernas, brazos, abdomen y espaldas son los 
naturalesacompañantes del llanto. Durante el acto, la niña 
empujaba con las rodillas, contraía todos sus músculos y luego 
los relajaba. Gradualmente, debido a la actividad despareja 
E L C O N D U C T I S M O 153 
de los dos lados del cuerpo, llegaba por último a apoyarse 
sobre un costado más que sobre el otro —un espasmo final 
de esfuerzo muscular la ponía cara arriba. En un caso, se 
empleó 10 minutos y 9 espasmos separados en dar la vuelta. 
Imaginémonos ahora todos los cientos de respuestas par-
ciales provocadas por el acto generalmente más amplio de 
darse vuelta. También aquí, el hábito se establece con suma 
rapidez y la respuesta adquiere cada vez mayor precisión al 
eliminarse muchas de las reacciones parciales. Precisa muchas 
semanas y meses para que un niño aprenda a volverse pron-
tamente y con un mínimo de esfuerzo muscular. 
Respuestas alimentarias. — Si tocamos la boca, mejilla 
o mentón de un niño hambriento, suscitaremos movimientos 
rápidos y espasmódicos, cuyo resultado será el acercamiento 
de la boca a la fuente de estimulación. Este fenómeno se ha 
observado muchísimas veces desde las cinco horas del naci-
miento en adelante. Otra respuesta característica es el reflejo 
labial o de succión. Si con la punta de los dedos golpeamos 
levemente la boca de un niño dormido, casi de inmediato sus 
labios y lengua adoptarán la posición de succionar. El acto 
de succión, en sí mismo, presenta enormes variantes en los 
recién nacidos. Puede comprobárselo prácticamente dentro de 
la primera hora del nacimiento. 
A veces, si el niño sufrió lesiones al nacer, la succión se 
retarda. La respuesta alimentaria, como tal, involucra los 
movimientos de succión de la lengua, de los labios y de la 
deglución. En muchos recién nacidos este mecanismo es bas-
tante perfecto, salvo que hayan quedado lesionados al nacer 
(o, quizá, si sus padres son débiles mentales). 
El grupo de las respuestas alimentarias puede condicio-
narse con suma facilidad; ello puede observarse muy bien en 
niños alimentados con biberón. Aún antes de que le sea posible 
extenderse para alcanzarlo (lo que ocurre alrededor de los 120 
días), el infante manifiesta gran actividad —"retorcimientos" 
corporales—, apenas divisa el biberón. Ya desarrollada la 
capacidad de alcanzar, la mera vista del biberón provocará 
una gama de anhelantes movimientos corporales, comenzando 
en seguida el llanto. Tan sensibles tórnanse los niños al estímulo 
154 J. B. W A T SON 
visual del biberón, que la reacción principia a manifestarse al 
exhibírselo desde una distancia de 8 a 10 metros. Son dignos 
de estudio muchísimos otros factores condicionados que se 
vinculan con la alimentación: reacciones negativas frente al 
alimento, pataleos, etc. A lo que parece, en su mayoría caen 
dentro del tipo de las respuestas puramente condicionadas. 
Gateo. — El gateo es una respuesta de tipo indetermi-
nado. Muchas criaturas nunca gatean, y todas lo hacen en 
forma distinta. Después de numerosos experimentos, nos incli-
namos a creer que el gateo es, sobre todo, resultado de la 
habituación. Cuando se coloca al niño cara abajo, el contacto 
y los estímulos kinestésicos provocan una actividad corporal 
muy generalizada. Con frecuencia, una parte del cuerpo es 
más activa que la opuesta, de lo que resultan movimientos 
rotativos (circulares). En una criatura de nueve meses se efectuó 
la rotación varios días, pero no pudieron observarse mayores 
progresos. En este enroscarse y rodar graduales del cuerpo, 
a veces el niño se mueve a la derecha, otras a la izquierda, 
hacia adelante y hacia atrás. Si, en estos movimientos, se 
ingenia para alcanzar y manipular algún objeto, estamos prác-
ticamente frente a una situación análoga a la de la rata ham-
brienta en el laberinto con alimento en el centro. De ello 
deriva el hábito de gatear hacia objetos. Quizás podría ense-
ñarse a gatear si el aprendizaje se basara regularmente en el 
estímulo biberón. Nuestro test diario se realiza de la siguiente 
manera: se ubica al infante desnudo sobre una alfombra, y 
procurando que sus piernas se hallen extendidas, se marca el 
punto extremo a que llega el talón. Luego se pone un biberón 
o un trozo de azúcar justo un poco más allá del alcance de 
sus manos (claro está, el niño debe haber sido previamente 
condicionado al azúcar, de modo que se esfuerce por agarrarlo). 
Para este test son suficientes cinco minutos. Si pasados éstos 
el gateo no se manifiesta, ubícase un calentador eléctrico unos 
metros detrás del niño, lo cual únicamente sirve para apresurar 
la actividad general del cuerpo. 
Empleando la cinematografía y dibujos de "cámara lúcida", 
LENOIR H. BURNSIDE acaba de llevar a cabo en el laboratorio 
del Hospital Hopkins un prolijo estudio sobre la coordinación 
EL CONDU CTISMO 155 
en la locomoción de los niños ("Genetic Psychology Mono-
graphs", vol. fl, N.° 5). Este investigador clasifica la locomo-
ción en arrastrarse, gatear y caminar. 
Mantenerse de pie y marcha. — El complejo mecanismo 
del mantenimiento de pie —primero con algún apoyo, luego sin 
él— caminar, correr y saltar, se desarrolla muy lentamente. 
Su impulso inicial parece residir en el desarrollo del denomi-
nado "empuje extensor". Por lo regular, el empuje extensor 
no se observa en los primeros meses de la infancia. Si algunos 
meses después del nacimiento, se levanta gradualmente al infante 
por los brazos hasta una posición casi vertical, de manera tal 
que en el decurso del proceso parte de sus pies se apoyen sobre 
el piso, al gravar el peso sobre los pies, prodúcese un endu-
recimiento en los músculos de ambas piernas. Poco después 
de la aparición de este reflejo, el niño empieza a realizar 
intentos para levantarse. Entre los 7 y 8 meses de edad, muchos 
niños son capaces de hacerlo con escasa ayuda, y aferrándose 
a algún objeto se mantienen de pie durante algunos minutos. 
Una vez ya cumplida esta hazaña, la próxima etapa en 
el proceso general consiste en caminar en círculo tomándose 
de algo. La etapa final es el primer paso que el niño da solo. 
Este tiene lugar en épocas muy variables, dependiendo del 
peso del niño, estado general, de si se ha lastimado o no al 
caer (condicionamiento). A menudo, este paso inicial se efectúa 
al año de edad y en ocasiones un poco antes. En el caso más 
prolijamente observado de nuestro archivo, sobrevino a los 11 
meses y tres días. Una vez dado, el resto ha de aprenderse 
de la misma manera como más tarde se aprende a "mantener 
el equilibrio" al montar en bicicleta, al nadar, patinar y caminar 
por la cuerda floja. Dos factores parecen marchar apareados 
en el desarrollo de este mecanismo: el crecimiento del cuerpo 
y la formación del hábito. Puede ser apresurado por el entre-
namiento (condicionamiento positivo), como asimismo, si el 
infante cae y se lastima, resultar sensiblemente demorado en 
casi cualquiera de estas etapas (condicionamiento negativo). 
Conducta vocal. — Los tempranos sonidos emitidos por 
los niños, su condicionamiento y su organización en palabras 
y hábitos verbales serán detalladamente tratados en la pág. 259. 
156 J. B. W A T S O N 
Natación. — La natación es ante todo un proceso de 
aprendizaje. Hacia la época en que el niño intenta nadar por 
vez primera, ya se halla firmemente establecida la buena orga-
nización de los hábitos de utilizar los brazos, piernas, manos 
y tronco. El equilibrio, la respiración, la remoción del miedo, 
constituyen los demás factores de importancia. 
Cuando se sumerge al neonato en agua a la temperatura 
del cuerpo, dejándole fuera sólo la cabeza, de ordinario no 
se provoca respuesta alguna. En cambio, si el agua es fría, 
tiene lugar violenta respuesta corporal, pero no aparecen mo-
vimientos ni remotamente parecidos a los de la natación. 
Agarrar. — Con pocas excepciones, el recién nacido es 
capaz de soportar todo el peso del cuerpo con su mano derecha 
o izquierda. El método que utilizamos para comprobarlo con-
siste en colocar una varilla del diámetro aproximadode un 
lápiz en una u otra mano y cerrar los dedos a su alrededor. 
El estímulo provoca la aparición del reflejo prensor. Por lo 
común, se inicia simultáneamente el llanto. Entonces los dedos 
y la mano aprietan la varilla con fuerza. Durante la reacción, es 
posible levantar por completo al niño de la almohada sobre la 
cual yace. Un asistente extiende sus manos debajo de él, listo 
para tomarlo de ocurrir una caída. El lapso que la criatura 
puede sostenerse suspendida oscila desde la fracción de un 
segundo hasta más de un minuto, y en ciertos casos, puede 
variar mucho en diferentes días. 
La reacción es casi idéntica desde el nacimiento hasta que 
comienza a desaparecer hacia los 120 días. Su época de des-
aparición difiere considerablemente — desde los 80 días hasta 
sobrepasados los 150, en casos observados. Parece que en los 
niños retardados este reflejo continúa hasta mucho tiempo des-
pués de haber desaparecido en los normales. 
Niños prematuros, de 7 u 8 meses de gestación, exhiben 
el reflejo en forma normal. Otros nacidos sin los hemisferios 
cerebrales, muestran la misma reacción: en un caso pudo ve-
rificarse desde el nacimiento hasta la muerte, acaecida 18 días 
más tarde. 
Nunca se ha comprobado cuál es el peso adicional que los 
infantes son capaces de soportar además del suyo propio, pero 
E L C O N D U C T I S M O 157 
en nuestros tests siempre vestían todas sus ropas, y a veces 
iban ligeramente recargados. 
Como es natural, esta reacción primitiva termina por des-
aparecer de la corriente de actividad para no manifestarse en 
adelante. Según demostraremos, da lugar al hábito de manejar, 
sostener y manipular. 
Parpadeo. — Cualquier neonato cerrará los párpados si se 
le toca el ojo (córnea), o cuando una corriente de aire choca 
contra éste. Pero ninguno parpadeará si una sombra cruza 
rápidamente su campo visual. La reacción más temprana que 
hemos observado ocurrió recién a los 65 días. La doctora MARY 
COVER JONES registró esta reacción a los 40 días. 
En apariencia, el parpadeo se manifiesta de repente — al 
principio se "fatiga" con facilidad y varía mucho. Hasta los 
80 días, algunos lactantes no parpadean cada vez que se les 
estimula. Por lo común, a los 100 días parpadean en toda oca-
sión que se les aplica el estímulo, y siempre que se deje trans-
currir por lo menos un minuto entre dos estimulaciones. Esta 
reacción subsiste en actividad hasta la muerte. Si bien aún no 
podemos probarlo, la consideramos muy similar a la siguiente 
respuesta condicionada del párpado: 
(I) E (I) R 
Contacto con la córnea Parpadeo 
Pero los objetos que tocan el ojo a menudo proyectan una 
sombra; de ahí: 
(C) E (I) R 
Sombra Parpadeo 
Si este razonamiento es exacto, el parpadeo ante una sombra 
no constituye una respuesta no aprendida. 
Uso de las manos (dextrismo y zurdería). — Hemos se-
ñalado ya la posibilidad de que la preferencia en el uso de la 
mano se deba a la prolongada posición forzada, intrauterina del 
niño (en realidad un hábito). Puede estudiarse el dextrismo 
desde el nacimiento de diferentes maneras. 
(1) Midiendo las estructuras anatómicas derechas e iz-
quierdas, tales como la medida del ancho de ambas muñecas, de 
158 J. B. W A T S O N 
la palma, el largo del antebrazo, etc. Con aparatos especial-
mente proyectados se efectuaron mediciones sobre muchos cen-
tenares de niños. Los resultados demuestran que no hay sensible 
diferencia entre las mediciones de la derecha y la izquierda. 
El error medio de las mensuraciones es mayor que cualquier di-
ferencia observada. 
(2) Registrando el tiempo de suspensión (véase "Agarrar") 
de ambas manos por separado. En todos estos tests, se cuida 
de hacer trabajar un día la mano derecha y al siguiente la 
izquierda. El cuadro N.° 1 (dos columnas de la izquierda) 
denuncia que el tiempo de suspensión no es constante. 
(3) Registrando aproximadamente el total del trabajo 
realizado con la mano derecha y con la izquierda durante un 
lapso determinado. Para ello utilizamos un sumador especial 
de trabajo. En principio éste consiste en una rueda de escape, 
en virtud de cuyo funcionamiento, en cualquier forma que el 
niño mueva los brazos hace girar la rueda siempre en una sola 
dirección. Al girar, la rueda va izando una pequeña pesa de 
plomo conectada con ella por un cordón. Naturalmente, se 
emplea un instrumento separado para cada mano. Al empezar 
el período de trabajo, se baja las dos pesas hasta tocar la su-
perficie de la mesa, conectándolas a las manos de la criatura. 
Sus movimientos comienzan a levantar la pesa. Usualmente la 
criatura está desnuda, de espaldas, sin ser estimulada por el 
observador. Pasados los cinco minutos, se la saca del aparato 
y se mide la altura de ambas pesas desde el plano de la mesa. 
AI examinar los resultados así obtenidos, no encontramos 
diferencia significativa alguna entre el trabajo de las dos manos. 
El cuadro N.° 1 (dos columnas de la derecha) nos presenta 
el registro de un bebé durante los diez primeros días de su vida. 
En conjunto, el cuadro indica a la vez los resultados registrados 
por el sumador de trabajo y los de la suspensión. Obsérvese 
que el promedio del tiempo de suspensión de la mano derecha 
de / . fué de 1.16 segundos, y de 2.08 el de la izquierda. El 
promedio del trabajo realizado (el promedio de la altura a que 
subió la pesa) por la mano derecha fué de 21.34 pulgadas; el 
de la izquierda, de 19.27 pulgadas. Durante 3 días, se man-
tuvo suspendido más tiempo de la mano derecha; 6 días, de 
E L C O N D U C T I S M O 159 
la izquierda; por un día el tiempo de suspensión de ambas 
manos fué igual. Nótese asimismo que en el transcurso de 
7 días alzó la pesa más rápidamente con la mano derecha y 
3 días con la izquierda. 
Sujeto / . CUADRO I 
Registros diarios de los resultados con ambas manos 
Tiempo de suspensión Trabajo registrado por el sumador 
(en segundos) (en pulgadas) 
Edad en días Derecha Izquierda Derecha Izquierda 
1 1.2 5.6 16.16 13.75 
2.2 3.0 25.00 15.00 
.6 1.4 37.50 36.25 
>6 .4 12.00 15.00 
1.2 1.0 15.00 27.00 
1.0 1.6 17.16 16.00 
.6 3.2 21.25 29.37 
1.0 2.2 24.16 18.37 
10 
1.8 1.8 17.25 13.00 
77¡ ~ ~ ~ 6 28.00 9.00 
Promedio 1.16 2.08 21.34 19.27 
Mayor tiempo con la derecha . 3 Más trabajo con la derecha . 7 
Mayor tiempo con la izquierda 6 Más trabajo con la izquierda. 3 
Igual 1 Igual -. 0 
Vemos, pues, que el uso preferente de una u otra mano es 
susceptible de variar a través de los primeros días de la in-
fancia. De ningún modo puede confiarse en los registros de un 
solo niño. Aquí presentamos un único registro con el mero 
objeto de ejemplificar qué tipo de resultados ha de esperarse. 
Al trazar una curva de distribución representando gráficamente 
un gran número de tales registros, no se halla diferencia apre-
160 J. P. W A T S O N 
ciable entre ambas manos, ni tampoco al cotejar el tiempo de 
suspensión o el trabajo total realizado medido por el sumador. 
Evidentemente, el hábito (o algún factor estructural aún no 
determinado) debe entrar en juego para estabilizarlo. 
(4) Examen de la preferencia manual presentando objetos 
una vez establecido el acto de alcanzar. El aprendizaje de al-
canzar y manipular pequeños objetos se tratará en la pági-
na 232. Por el momento, a causa de su relación con la preferen-
cia manual nos interesan las primeras reacciones infantiles de 
alcanzar. A la edad de 120 días, aproximadamente, podemos 
empezar a hacer que el niño se esfuerce por alcanzar un bas-
toncito de caramelo de menta con rayas llamativas. Con ante-
rioridad — mucho antes de que se estableciera el hábito de 
alcanzar — hubimos de condicionar al niño positivamente al 
caramelo: por estimulación visual con éste y luego dándoselo 
a probar, o sino depositándoselo en su mano. Si se procede en 
esta última forma, el niño se llevará el caramelo a la boca. 
Por lo corriente, a los 160 días el infante se esfuerza de buena 
gana para alcanzarlo apenas lo ve. Entonces se halla listo para 
el test.En total, hemos trabajado con más o menos 20 niños en 
este interesante período. El test se realiza de la siguiente ma-
nera: se sienta al niño en la falda de la madre de modo que 
ambas manos se encuentren igualmente libres. El experimenta-
dor, de pie frente al niño, extiende con lentitud el caramelo a 
nivel de sus ojos, procurando hacerlo avanzar a lo largo de 
una línea equidistante entre las dos manos. Cuando el caramelo 
se pone a su alcance (y generalmente no mucho antes) las dos 
manos se mueven; luego una u otra o ambas se levantan y 
avanzan hacia él. Se anota cuál es la primera mano que lo toca. 
Los resultados acusados por todos nuestros tests de esta 
índole, desde la edad de 150 días a 1 año, no demuestran la 
existencia de una preferencia manual estable y uniforme. Unos 
días empléase con mayor frecuencia la mano derecha, otros, la 
izquierda. 
E L C O N D U C T I S M O 161 
NUESTRA CONCLUSIÓN 
Los resultados obtenidos acerca del uso preferente de las 
manos, nos mueven a creer que no hay una diferenciación fija 
entre las respuestas de una u otra mano hasta que el uso social 
empieza a establecerla. Pronto la sociedad 'nterviene y dice: 
"debes usar la mano derecha". La presión comienza en segui-
da: "saluda con la derecha, Guillermo". Obligamos al niño a 
decir "adiós" y a comer con la mano derecha. Ello constituye 
por sí solo un factor de condicionamiento bastante poderoso 
como para explicar el dextrismo. Mas preguntaríamos: "¿Por 
qué la sociedad utiliza la mano derecha?" Esto quizá se remonte 
a los días primitivos. La antigua teoría, citada a menudo, acaso 
sea exacta. El corazón se encuentra del lado izquierdo, y sin 
duda nuestros antepasados rápidamente aprendieron que los 
guerreros que empuñaban el escudo con la mano izquierda y 
atacaban con sus lanzas en la derecha, eran quienes por lo 
común regresaban trayendo sus escudos, en lugar de ser traídos 
sobre ellos. Si algo de cierto hay en esto, harto fácil es com-
prender porqué nuestros primitivos antecesores enseñaron a sus 
hijos a emplear la diestra. 
La época de los manuscritos y libros advino mucho antes 
de que se abandonaran los escudos y de que los bardos errantes 
y trovadores hubiesen cristalizado oralmente la tradición. La 
poderosa derecha habíase incorporado a las leyendas del héroe. 
Todos nuestros implementos — candelabros, tijeras, etc. —, se 
construían y siguen construyéndose para diestros. 
Si el dextrismo es un hábito inculcado por la sociedad, 
¿debemos o no tratar de cambiar a los zurdos — esos intrépi-
dos seres que han resistido la presión social? Estamos firme-
mente convencidos que si lo hacemos lo bastante temprano y 
con prudencia, no derivará de ello daño alguno. Preferiríamos 
realizarlo antes de haberse desarrollado mucho el lenguaje. 
En otro capítulo intentaremos probar que desde el comienzo 
empezamos a verbalizar nuestros actos, o sea, a expresar ac-
tos mediante palabras y viceversa. Ahora bien, querer trans-
formar de improviso a un niño zurdo cuando ya habla, equivale 
a retrotraerlo a un nivel de 6 meses. La continua interferencia 
162 J. B. W A T S O N 
en sus actos provoca la frustración de sus hábitos manuales y 
simultáneamente puede perturbar su lenguaje (dado que la pa-
labra y el acto manual se condicionan al mismo tiempo). En 
otros términos, mientras "reaprende" no sólo chapuceará en 
sus actos, sino también en su habla. El niño se ve constreñido 
a retornar a la infancia. El control visceral no organizado 
(emocional) de la totalidad del cuerpo, vuelve a predominar. 
A fin de cambiar al niño a esa edad requiérese un tratamiento 
más complejo del que es capaz de efectuar la mayoría de los 
padres y maestros. 
Creemos que la cuestión principal está resuelta: el dex-
trismo no es un "instinto". Acaso ni se halle estructuralmente 
determinado. La sociedad lo condiciona. Pero, ¿por qué te-
nemos un 5 % de zurdos absolutos, y un 10 a 15 % de ambi-
dextros, es decir, individuos que emplean la derecha para 
tirar una pelota, escribir o comer, y la izquierda para manejar 
un hacha o una azada? Lo ignoramos.* 
SUMARIO DEL EQUIPO NO APRENDIDO 
Al nacer, o poco después, encontramos establecidos casi 
todos los llamados signos clínicos neurológicos o reflejos, tales 
como la reacción de la pupila a la luz, el reflejo patelar, y 
muchos otros. 
Notamos el llanto del nacimiento seguido por la respira-
ción; el latido del corazón y todos los fenómenos circulatorios: 
la constricción vasomotriz (disminución en el diámetro de los 
vasos) y la dilatación, el pulso. En conexión con el aparato 
digestivo hallamos la succión, los movimientos de la lengua y 
* Han de tenerse en cuenta y estudiarse muchos otros factores. La succión 
del pulgar, dedos y manos, se da en numerosos niños, y a veces, si no se obra 
con mucho tino, perdura hasta la infancia avanzada. Por lo regular, si bien no 
siempre, una de las dos manos —cualquiera— es la preferida. Cabría esperar 
que la mano cuyo pulgar no se succiona, pronto será más diestra en la manipu-
lación de objetos. 
Además, al llegar el niño a la edad de mantenerse de pie, se sostiene con 
una mano, posiblemente con la mejor entrenada y de mayor fuerza. Durante este 
período déjase pues libre la otra mano, la cual puede alcanzar o inclusive sobre-
pasar a aquélla, que se debilita por falta de uso. Este problema nunca podrá escla-
recerse mediante cuestionarios y estudios estadísticos sobre adultos. 
E L C O N D U C T I S M O 163 
la deglución. Las contracciones del hambre, las imprescindibles 
reacciones glandulares en todo el tracto digestivo, y la elimi-
nación (defecación, micción y transpiración). Los actos de 
sonreír, estornudar e hipar pertenecen, al menos en parte, al 
sistema de la nutrición. Observamos asimismo la erección del 
pene. 
Se acusan movimientos generales del tronco, cabeza y 
cuello; los primeros se advierten mejor cuando se suspende al 
infante de las manos. Aparecen luego los movimientos rítmicos 
de treparse. Nos es dado ver el tronco en acción durante la 
respiración, llanto, defecación y micción del niño, así como 
cuando se da vuelta o la cabeza está erguida o girada. 
Encontramos los brazos, muñecas, manos y dedos en 
actividad casi permanente (hasta más tarde el pulgar rara vez 
toma parte en esta actividad). Se nota muy en especial: el 
agarrar, el abrir y cerrar las manos repetidamente, el introducir 
la mano o los dedos en la boca y el llevar la mano y los dedos 
a la cara al apretársele la nariz. 
Vemos las piernas, tobillos, pies y dedos en movimiento 
casi incesante, excepto cuando el niño duerme, y si se dan es-
tímulos externos (o internos), inclusive entonces; la rodilla 
doblarse, la pierna moverse a la altura de la cadera, el tobillo 
girar, los dedos de los pies abrirse, etc. Si se toca la planta 
del pie, tiene lugar un movimiento característico de los dedos 
(reflejo de Babinski); si se pincha la rodilla izquierda, el pie 
derecho se levanta hasta el punto de estimulación y viceversa. 
Otras actividades aparecen en una etapa ulterior: el pes-
tañear, el alcanzar, el manipular, el uso manual preferente, el 
gatear, el mantenerse de pie, el pararse, el caminar, el correr, 
el saltar. Respecto a la mayoría de estas actividades es difícil 
decir cuánto del acto total se debe al entrenamiento o condicio-
namiento. Es indudable que una gran parte depende de los 
cambios que el crecimiento motiva en la estructura; la restante 
— creemos —, al entrenamiento o condicionamiento. 
¿QUE HA SIDO DE LOS INSTINTOS? 
¿Admitiremos ahora, pues, que todo el concepto de ins-
tinto es un concepto académico y carente de significación? Ya 
164 J. B . W A T S O N 
desde el primer momento encontramos factores del hábito — 
aun en aquellos actos aparentemente tan simples que llamamos 
reflejos fisiológicos. Leamos una vez más la lista de los ins-
tintos de JAMES (pág. 136), o cualquier otra. Hacia la época 
en que se observa la conducta descrita por JAMES — imitación, 
rivalidad, limpieza, y el resto delas formas que consigna —, 
el niño es un escolar que ya ha aprobado la asignatura res-
puestas aprendidas (está condicionado por una multitud de 
estímulos). 
Por consiguiente, la observación real nos impide seguir 
tomando en cuenta el concepto de instinto. Hemos revistado 
cómo todos los actos poseen su historia genética. El único 
procedimiento científico correcto, ¿no consiste en separar cual-
quier acto motivo de discusión y vigilar y registrar su historia? 
Examinemos la sonrisa. Empieza a manifestarse al nacer 
— suscitada por la estimulación intraorgánica y por el contacto. 
Pronto se condiciona: la provoca la vista de la madre; luego 
los estímulos vocales, las figuras; después las palabras y las 
situaciones vitales, percibidas, narradas o leídas. Naturalmente, 
la historia de los especiales condicionamientos de toda nuestra 
vida determina de qué, de quién y con quién reímos. No es 
menester teoría alguna para explicarlo — basta una observa-
ción sistemática de los hechos genéticos. Todos los elaborados 
desatinos de los freudianos acerca del carácter y la risa, es 
humo que se disipará en cuanto la observación y el experimento 
vengan a esclarecer los hechos. 
Volvamos a la manipulación. Se inicia a los 120 días, se 
torna dúctil, precisa y fácil a los 6 meses. Puede formarse de 
mil maneras, según el tiempo que se ejercite el niño, los ju-
guetes con que juegue, que se lastime o no con algunos de ellos, 
que sea a menudo asustado o no por ruidos estrepitosos mien-
tras los manipula. Sostener la existencia de un así llamado 
"instinto de la constructividad", dejando de lado los factores 
del aprendizaje precoz, es alejarse del terreno de los hechos. 
Existe también una colección de impresos de insensata pro-
paganda pedagógica bajo el lema "Dejad que el niño desarrolle 
su propia naturaleza intrínseca". Otras frases expresivas acerca 
de esta vida íntima, mística, de inclinaciones e instintos, son: 
"autorrealización", "autoexpresión", "vida natural" (la del sal-
E L C O N D U C T I S M O 165 
vaje, por ejemplo), "los instintos brutales", "lo más bajo del 
hombre", • "hechos elementales". Escritores como ALBERTO 
PAYSON TERHUNE, JACK LONDON, REXBEACH, y EDGARD RICE 
BURROGHS, deben la respuesta que promueven en su público a 
la organización establecida por las tradiciones sociales (espe-
cialmente a través de los tabúes del sexo), ayudada y sostenida 
por las erróneas interpretaciones de los mismos psicólogos. 
A fin de que se capte con mayor facilidad el principio cen-
tral del conductismo — que todo comportamiento complejo es 
un crecimiento o desarrollo de respuestas simples —, intro-
ducimos aquí la noción de la "corriente de actividad". 
LA CORRIENTE DE ACTIVIDAD EN REEMPLAZO DE LA "CORRIENTE DE 
LA CONSCIENCIA" DE JAMES 
Casi todos conocen el clásico capítulo de WILLIAM JAMES 
sobre la corriente de la consciencia. Todos hemos querido este 
capítulo. Hoy parece tan fuera de ambiente como una diligencia 
en la Quinta Avenida de Nueva York. La diligencia era pin-
toresca, pero ha cedido su lugar a medios de transporte más 
eficientes. 
Hemos examinado muchos de los hechos conocidos de la 
conducta inicial del infante. Tracemos un diagrama que re-
presente el creciente complejo total de la organización del hom-
bre. El cuadro es asaz incompleto. En primer término, el 
espacio de que disponemos sólo nos permite representar con-
tadas actividades. Además, nuestros estudios aún no son su-
ficientemente completos como para suministrar los datos 
necesarios. Finalmente, nuestro conocimiento de las reacciones 
viscerales y emocionales y de sus estímulos dista de ser ex-
haustivo . 
A pesar de esta desventaja, imaginemos un cuadro comple-
to de la vida — de la incesante corriente de actividad que se 
inicia al ser fecundado el óvulo y que va complicándose con-
forme aumenta la edad. Algunos de nuestros actos no apren-
didos tienen una vida muy precaria: sólo subsisten en la 
corriente por un corto lapso, verbigracia: el succionar, el 
agarrar no aprendido (distinto del agarrar aprendido y de la 
manipulación), la distensión del pulgar del pie (BABINSKI) — 
La corriente de actividad 
Diagrama aproximado de la complejidad 
creciente en ciertos sistemas de la actividad 
humana. La línea llena indica el comienzo 
no aprendido de cada sistema, y la punteada 
cómo cada sistema se complica por con-
dicionamiento. Aparentemente, algunos siste-
mas no se modifican. Se dan en la corriente 
de actividad durante toda la vida sin que 
aumente su complejidad. 
El diagrama no es completo ni exacto. 
Hasta tanto no se realice mayor número de 
prolijas investigaciones genéticas, un cuadro 
semejante no podrá dar la pauta de lo que 
cabe esperar de los niños en las diversas 
edades. 
E L C O N D U C T I S M O 167 
desapareciendo luego para siempre. Consideremos ciertos actos 
que empiezan más tarde: como el parpadeo, la menstruación, 
la eyaculación y otros que se dan en la corriente vital (el 
parpadeo continúa hasta la muerte; la menstruación hasta los 
45 a 55 años para retirarse después; la eyaculación perdura 
en el varón hasta los 70-80 años, o más). 
Es absolutamente esencial adoptar el punto de vista de 
que cada acto no aprendido se condiciona muy poco después 
del nacimiento — inclusive la respiración y la circulación. Tam-
bién debemos recordar que los movimientos no aprendidos de 
los brazos, manos, tronco, piernas, pies y sus dedos, pronto 
se organizan en hábitos estables, algunos de los cuales per-
sisten en la corriente a través de toda la vida, y otros sólo 
por un breve período, desapareciendo luego en forma definitiva. 
Por ejemplo, nuestros hábitos de los dos años deben ceder 
su sitio a los que son propios de los tres y cuatro años. 
Este cuadro ilustra con rapidez y en forma gráfica el 
entero campo de acción de la psicología. Todos los problemas 
de que trata el conductista encajan de alguna manera en esta 
corriente de acontecimientos definidos, tangibles y realmente 
observables. Presenta, asimismo, el criterio fundamental del 
conductista: que a fin de comprender al hombre hemos de co-
nocer la historia vital de sus actividades. También demuestra 
en forma muy convincente, que la psicología es una ciencia 
natural — una parte delimitada de la biología. 
En los dos capítulos siguientes veremos, si tratado por el 
conductista, el problema de las emociones humanas corre mejor 
suerte que el de los instintos. 
VII. Emociones 
¿CON CUALES EMOCIONES NACEMOS, COMO ADQUIRIMOS 
NUEVAS Y PERDEMOS LAS VIEJAS? 
PARTE I. — EXAMEN GENERAL DE LAS EMOCIONES Y 
ALGUNOS ESTUDIOS EXPERIMENTALES 
Punto de vista introvertido de James acerca de las emociones. La 
gallina de los huevos de oro de James. La lista común de las emociones. 
Planteo conductista del problema de las emociones. Cómo trabaja el 
conductista. Breve resumen de resultados obtenidos con tests. ¿De 
dónde proceden estas formas variadas de respuesta emocional? Expe-
rimentos acerca del origen y desarrollo de las reacciones emocionales. 
Tres tipos de respuesta emocional de evidente origen no aprendido: 
miedo, ira, amor. ¿Existen otras respuestas no aprendidas además de 
estos tres tipos generales? Críticas recientes a esta opinión. Cómo se 
complica nuestra vida emocional. La propagación o transferencia de 
las respuestas emocionales condicionadas. Resumen. 
Los dos últimos capítulos nos han demostrado que el 
criterio psicológico corriente acerca de los instintos no ha armo-
nizado todavía con los descubrimientos experimentales del 
conductismo. ¿Tendrá mejor suerte la actual concepción de las 
emociones? Exceptuando quizá el instinto, sobre ningún tema 
psicológico se ha escrito tanto como respecto de las emociones. 
Los libros, folletos y revistas publicados en los últimos veinte 
años por los freudianos y postfreudianos — que suman un 
número en verdad aterrorizante —, llenarían una habitación de 
regular tamaño. No obstante, al leer de cabo a rabo esta 
voluminosa literatura, el conductista no puedemenos que advertir 
una falta absoluta de base científica. Sólo cuando empezaron 
a dar frutos sus estudios genéticos — iniciados hace menos 
de quince años —, el conductista entrevio la posibilidad de 
170 J. B. W A T S O N 
simplificar los problemas acerca de la emoción y de utilizar 
métodos experimentales objetivos para su esclarecimiento. Pues-
to que casi todos hemos sido educados en la "teoría" de las 
emociones de JAMES, comencemos por él. Demostrar la ende-
blez de su posición será para el conductista la mejor manera 
de convencer de que hace una auténtica contribución de mé-
todos y resultados. 
PUNTO DE VISTA INTROVERTIDO DE JAMES ACERCA DE LAS EMOCIONES 
Hace aproximadamente cuarenta años, JAMES provocó en 
el estudio de la psicología de las emociones un retroceso que 
recién ahora comenzamos a superar. Es lamentable que JAMES, 
fisiólogo, médico, y el más brillante psicólogo que haya cono-
cido el mundo, divergiese tanto de C. DARWIN, que lo precedió 
en muchos años. DARWIN, como LANGE, insistieron en el estí-
mulo que despierta la respuesta emocional y la reacción a este 
respecto. Sus descripciones objetivas de las reacciones de miedo 
son clásicas y estrictamente objetivas y conductistas. 
Pero a JAMES aburríale el cuadro objetivo de las reacciones 
emocionales. Comentando el tratamiento objetivo de este tema, 
manifiesta: "El resultado de toda esta marea es que la lite-
ratura meramente descriptiva de las emociones constituye una 
de las partes más tediosas de la psicología. Mejor aún, tenemos 
la sensación de que las subdivisiones son en su mayoría ficticias 
o intrascendentales, y sus pretensiones de exactitud una farsa". 
JAMES buscaba una "fórmula" — un recipiente verbal en el 
cual pudiera hacer entrar todas las distintas emociones. Usando 
sus propias palabras, intentó capturar la gallina de los huevos 
de oro, "porque entonces —decía— la descripción de cada 
huevo sería asunto secundario". 
LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO DE JAMES 
JAMES encontró su fórmula. Hela aquí: "Mi teoría, por el 
contrario, sostiene que los cambios corporales siguen inme-
diatamente a la percepción del hecho excitante, y que el sen-
timiento que tenemos de estos cambios a medida que ocurren 
ES la emoción". 
E L C O N D U C T I S M O 171 
¿Cuáles son sus fundamentos? Apenas una leve intros-
pección;' la cual lo lleva a este nuevo aserto, que, según él, 
constituye el punto vital de toda su teoría: "Si suponemos una 
emoción intensa, y luego procuramos abstraer de la consciencia 
que tenemos de ella las sensaciones de sus síntomas corporales, 
nos encontramos con que no queda nada, ninguna "sustancia" 
mental de que pueda constituirse la emoción, y que únicamente 
persiste un estado frío y mental de percepción intelectual". Ve-
mos así que, a estar con JAMES, la mejor manera de estudiar las 
emociones consiste en quedarnos tranquilos mientras tenemos 
emociones y comenzar a "intro-inspeccionarnos". El resultado 
de nuestra introspección podría expresarse así: "tengo una 
"sensación" de un latido retardado del corazón; una sensación 
de sequedad en la boca; un grupo de "sensaciones" procedentes 
de mis piernas. Tal grupo de "sensaciones" — tal estado 
consciente — ES la emoción del miedo". Cada hombre debe 
realizar sus particulares introspecciones. No cabe método expe-
rimental alguno, ni verificación de las observaciones. En otras 
palabras, el estudio científico y objetivo de la emoción es 
imposible. 
Evidentemente, ni a JAMES ni a ninguno de sus continua-
dores jamás se les ocurrió pensar, y mucho menos experimentar, 
sobre la génesis de las formas emocionales de la respuesta. 
Para él se trataba de genuinas herencias de nuestros primitivos 
antecesores. Mediante esa formulación vacía, verbal, JAMES 
despojó a la psicología de su campo de investigación acaso más 
hermoso e interesante. Impuso al estudio de las emociones una 
condición de la cual resulta harto difícil librarse, porque su 
fórmula fué asimilada por todos los más destacados psicólogos 
norteamericanos, quienes seguirán enseñándola durante un nú-
mero de años demasiado grande como para pensarlo sin per-
der la serenidad. 
LA LISTA COMÚN DE LAS EMOCIONES 
Sin intentar emplear otro método que el introspectivo, 
JAMES nos obsequia una lista, primero, de las que llama "emo-
ciones groseras": dolor, miedo, ira, amor, y luego, una lista 
de "emociones delicadas", que afirma pueden agruparse bajo 
172 J. B. W A T S O N 
los rótulos de sentimientos morales, intelectuales y estéticos. 
Estos últimos son demasiado numerosos para enumerarlos. 
MCDOUGALL hace otra clasificación. Considera que cada 
uno de los instintos principales tiene una emoción concomitante: 
por ejemplo, la emoción de miedo se acopla al instinto de huida; 
la de disgusto al de repulsión; la de asombro al de curiosidad; 
la ira al combativo; las de la sujeción y de la elación a los 
instintos de sumisión y aserción, y las emociones tiernas a los 
instintos paternos. Además, hay un grupo completo de ten-
dencias emocionales de carácter menos marcado. Puesto que 
ya hemos demostrado que este complejo grupo de los instintos 
señalados por MCDOUGALL no existe como tal, sería fútil 
revisarlo. Tampoco cabe perder tiempo analizando todas las 
listas de emociones que se hallan en otros textos corrientes de 
psicología. Carecen de valor, por cuanto al confeccionárselas no 
se procedió con método objetivo. 
PLANTEO CONDUCTISTA DEL PROBLEMA DE LAS EMOCIONES 
En los últimos años el conductista ha encarado el problema 
de las emociones desde un nuevo ángulo. Las observaciones 
realizadas sobre adultos le enseñaron que hombres y mujeres 
exhiben una amplia serie de reacciones que se agrupan bajo 
el nombre genérico de emociones. El negro del sur de Norte-
américa se queja y tiembla al encontrarse en la oscuridad 
provocada por un eclipse total de sol; cae de rodillas y llora 
a gritos, rogando a la Divinidad le perdone sus pecados. Estos 
mismos negros no cruzarían un cementerio de noche. Se hu-
millan y estremecen ante amuletos y reliquias. No encenderán 
leña de un árbol derribado por un rayo. En las comunidades 
rurales, grandes y chicos se reúnen en la casa tan pronto apa-
recen las primeras sombras nocturnas. En ocasiones, racio-
nalizan semejante conducta manifestando que se expondrían a 
contagiarse de la "miseria" del aire de la noche. Las situaciones 
que, desde nuestro punto de vista más experimentado, juzgamos 
asaz ordinarias, en ellos despiertan los más violentos tipos de 
reacciones emocionales. 
Pero seamos específicos y vayamos al grano. Las cosas 
que según hemos comprobado en nuestro laboratorio atemo-
E L C O N D U C T I S M O 173 
rizan al niño de 3 años, son: oscuridad, conejos, ratas, perros, 
peces, ranas, insectos y animales mecánicos de juguete. Un 
niño se halla jugando entusiastamente con sus cubos; introdu-
cimos un conejo en su corralito y de inmediato cesa toda 
actividad constructiva; se apretuja en un rincón del corralito 
y empieza a gritar: "¡sáquenlo, sáquenlo!" Otra criatura, 
examinada en el mismo día, exhibe un cuadro distinto. Es 
posible que en idénticas condiciones un tercero no manifieste 
reacción alguna de miedo. 
Conforme progresa en el estudio de las series de reac-
ciones que exhiben los adultos, el conductista se convence cada 
vez más de que el mundo de objetos y situaciones ambientes 
provoca reacciones más complejas que las exigidas por el uso 
o manipulación eficientes del objeto o de la situación. En otras 
palabras: el objeto parece estar "cargado", parece suscitar 
miles de reacciones corporales accesorias no requeridas por las 
leyes del hábito eficaz. Un ejemplo de ello lo constituye la 
clásica pata de conejo de los negros: para nosotros, la pata 
de conejo es algo que cortamos del cuerpo del animal y tiramos. 
Acaso se la demos al perro, como comida. Mas, para muchos 
negros, la pata de conejo no es un objeto frente al cual se 
puede reaccionar en forma tan sencilla. La secan, la lustran, 
se la guardanen el bolsillo, cuidándola y conservándola celo-
samente. La examinan de vez en cuando; si se encuentran en 
un apuro, acuden a la pata para que los guíe y ayude, y, en 
general, no reaccionan ante ella como ante una simple pata 
de conejo, sino como el religioso frente a la Divinidad. 
Hasta cierto punto, la civilización ha extirpado del hombre 
estas reacciones superfluas en relación con objetos y situaciones. 
El pan es algo para comer cuando se tiene hambre; el vino 
una bebida para tomar con los alimentos o en oportunidades 
festivas. Pero estos mismos objetos simples, comunes, des-
provistos de valor emocional, cuando integran en la iglesia 
el rito de la comunión, llevan a arrodillarse, orar, reclinar la 
cabeza, entornar los ojos y numerosas otras respuestas verbales 
y corporales. Los huesos y reliquias de los santos suscitan en 
los creyentes una serie de reacciones, distintas de las que 
provoca la pata de conejo en el negro, pero completamente 
homologas desde el punto de vista de su origen. El conductista 
174 J. B. W A T S O N 
va aún más lejos y estudia la conducta cotidiana de sus pró-
jimos. Observa cómo, de noche, un ruido proveniente del sótano 
despierta en su vecino reacciones casi infantiles; cómo muchos 
de ellos se indignan cuando se "pronuncia en vano" el nombre 
del Señor y cómo racionalizan su reacción diciendo que se 
trata de una irreverencia y que el que se conduce tan irres-
petuosamente será castigado. Observa cómo muchos se alejan 
de los perros y de los caballos, aunque para no pasar junto 
a ellos deban retroceder o cruzar la calle. Ve a hombres y 
mujeres que se unen con cónyuges imposibles, sin que puedan 
explicar lógicamente porqué lo han hecho. En otras palabras, 
si lográramos trasladar todos los objetos y las situaciones de 
la vida real al laboratorio, y frente a ellos despertar reacciones 
fisiológicamente sanas y científicas (quizá la ética experimental 
encare algún día tal problema), éstas fijarían las verdaderas 
normas o "standards" (de conducta). Ahora bien, si exami-
náramos la conducta cotidiana del hombre a la luz de estas 
normas, comprobaríamos, como regla, una diferencia entre la 
conducta real y su norma. Esta diferencia se manifiesta bajo 
la forma de: reacciones accesorias, reacciones lentas, falta de 
reacciones (parálisis), reacciones inhibidas, reacciones nega-
tivas, reacciones castigadas por la sociedad (robo, homicidio, 
etcétera), reacciones que propiamente corresponden a otros 
estímulos (sustituías).* 
* Ejemplos: 
De reacciones accesorias: el sujeto realiza su cometido en forma 
rápida y correcta, pero palidece e inclusive puede llegar a llorar, orinar 
o defecar y sus glándulas salivales tornarse inactivas. No obstante su 
estado emocional, reacciona de manera firme y apropiada. Otros ejem-
plos de reacciones accesorias son el silbar, charlar y canturrear durante 
el trabajo. 
De reacciones lentas: el sujeto cumple el acto, pero el tiempo de 
reacción es más largo — acaso chapucea y renuncia a su labor, o 
reacciona con energía excesiva o muy escasa. Las contestaciones a 
preguntas se dan con lentitud o con suma rapidez. 
De reacciones negativas: el sujeto puede manifestar miedo ante 
el alimento — apartarlo con la mano o alejarse del mismo. En lugar 
de las reacciones ordinarias frente al perro o al caballo, quizá huya 
de ellos. Las fobias pertenecen a este grupo. 
De reacciones castigadas por la sociedad: el sujeto, en el "aca-
loramiento de la ira", puede, por ejemplo, cometer un asesinato, atentar 
E L C O N D U C T I S M O 175 
Creemos que corresponde denominar emocional a todo 
cuanto pertenece a este grupo, sin determinar mayormente por 
ahora la palabra. 
Si bien se realizan algunas tentativas dirigidas a esta-
blecerlas, hasta hoy carecemos de normas de reacción fisio-
lógicamente estandardizadas. El progreso de las ciencias físicas 
ha contribuido mucho a la estandardización de nuestras reac-
ciones frente al día y la noche, las estaciones y el tiempo. 
Ante el árbol derribado por un rayo, ya no reaccionamos como 
si fuera maldito; ni nos creemos en ventaja sobre nuestro 
enemigo si logramos proveernos de un desecho de su uña, pelos 
y excrementos. Al mirar hacia el cielo azul ya no vemos un 
reino donde seres supraterrenales tañen el arpa y cantan himnos 
porque sí. A la vista de montañas lejanas y casi invisibles ya 
no reaccionamos como si se tratara de siluetas de gnomos y 
hadas. La ciencia, la geografía y los viajes han estandardizado 
las respuestas. Gracias a la labor de los químicos de la ali-
mentación, también nuestras reacciones vinculadas con los 
alimentos se van estandardizando: hemos dejado de pensar en 
determinados alimentos como "puros" o "impuros". Ahora los 
consideramos según satisfagan o no determinadas exigencias 
corporales. 
Empero, nuestras reacciones sociales continúan sin estan-
dardizarse. Tampoco en la historia hallamos una norma que 
nos oriente. El profesor SUMNER, de Yale, lo ha señalado con 
mucho acierto. Según él, todo tipo de reacción social imagi-
nable ha sido en alguna época conceptuado como una manera 
normal, no emocional de actuar. Una mujer podía tener nume-
rosos maridos, un hombre muchas mujeres; eliminarse la pro-
contra la propiedad, etc. Me refiero aquí a los actos castigados por 
la ley, pero frente a los cuales la justicia morigera su rigor en razón 
del factor emocional. 
De reacciones correspondientes a otros estímulos: las reacciones 
homosexuales; las pasiones sexuales de los hijos por sus madres; todas 
las reacciones sexuales frente a fetiches, etc.; respuestas emocionales 
de los padres para con los hijos disfrazadas con la máscara del afecto 
natural. 
Por supuesto, centenares de las reacciones llamadas "emocionales" 
no son catalogables bajo ninguno de estos títulos. 
176 J. B. W A T S O N 
genie en época de hambre y escasez; usarse la carne humana 
como alimento ; sacrificar la progenie a fin de aplacar a la 
divinidad; ofrecerse la propia mujer al vecino o al huésped; 
la viuda debía dejarse quemar en la hoguera que consumía 
el cuerpo del difunto esposo. 
Actualmente las reacciones sociales no se hallan más 
estandardizadas. Recordemos cuáles son hoy nuestras respuestas 
accesorias cuando estamos en presencia de nuestros padres o 
ante nuestros líderes sociales. Pensemos en nuestro culto del 
héroe, nuestra veneración del coloso intelectual, el autor, el 
artista, la Iglesia. Observemos cómo nos comportamos entre 
multitudes: bailes de máscaras, partidos de fútbol y de béisbol, 
elecciones, acontecimientos religiosos (conversiones, extrava-
gancias de los Holy Rollers)*, en el pesar que nos provoca 
la pérdida de objetos y personas queridas. Disponemos de 
diversas palabras para describir estas reacciones accesorias: 
reverencia, amor a la familia, a Dios, a la Iglesia, a la patria; 
respeto, adulación, pavor, entusiasmo. Ante muchos de estos 
estímulos actuamos como niños. 
Cómo trabaja el conductista. — La complicada naturaleza 
de las respuestas del adulto le impiden al conductista iniciar 
con ellos sus estudios sobre la emoción. Debe hacerlo con el 
niño, en el cual el problema se presenta más sencillo. 
Supongamos que nuestra investigación comienza con niños 
de tres años — iremos a buscarlos en la vía pública y por 
doquier; también recurriremos a los niños de familias ricas. 
Los llevaremos a nuestro laboratorio y los enfrentaremos con 
determinadas situaciones. Como primer experimento, dejamos 
que el niño entre solo en una sala de juego bien iluminada 
y empiece a jugar. Súbitamente, soltamos un pequeño boa cons-
trictor u otro animal. Luego, conducimos al niño a una pieza 
oscura y de improviso prendemos una pequeña fogata con 
diarios. Mediante escenarios, podemos, pues, reproducir casi 
cualquier tipo de situación de la vida real. 
Pero, después de haber examinado al niño solo en todas 
estas situaciones, hemos de volver a hacerlo estando en com-
* Holy Rollers: reducida secta religiosa de los EE. UU. y del Canadá,cuyas 
reuniones se caracterizan por su excitación frenética. [T . ] . 
E L C O N D U C T I S M O 177 
pañía de un adulto — posiblemente el padre o la madre —, de 
otro niño, dé una criatura del sexo opuesto, de grupos de niños. 
A fin de obtener un cuadro de su conducta emocional, 
debemos verificar cómo reacciona al separárselo de su madre. 
Es necesario someterlo a distintas pruebas, recurriendo a ali-
mentos diferentes y a personas extrañas para él, que lo bañen, 
vistan y acuesten. Le quitaremos sus juguetes y todos los 
objetos con los cuales suele jugar. Hagamos que lo provoque 
un niño o una niña mayor que él, coloquémoslo en lugares 
elevados, sobre superficies angostas (cuidando, desde luego, 
que nada le ocurra), sobre ponies o perros. 
Esta descripción acerca de cómo debemos trabajar, la 
hacemos con el único propósito de convencer al lector de la 
sencillez, naturalidad y precisión de nuestros métodos; de que 
existe un vasto campo para la experimentación objetiva. 
BREVE RESUMEN DE LOS RESULTADOS DE TALES TESTS 
Mediante esos tests comprobamos, entre otras cosas, que 
ya a los tres años muchos niños — pero no todos — están 
colmados de toda suerte de reacciones inútiles y verdadera-
mente perjudiciales, conocidas bajo el nombre genérico de 
emociones. 
Tienen miedo en diversas situaciones.* Se sienten tímidos 
en muchas otras. Sufren berrinches cuando se los lava o viste; 
al ofrecérseles ciertas comidas o al tratar de alimentarlos una 
nueva niñera. Tienen ataques de llanto cuando la madre los 
deja; se esconden detrás de sus polleras; se atemorizan y 
enmudecen delante de las visitas. Es característico el cuadro 
que presentan en estas circunstancias, con una mano en la 
* En su memoria sobre los experimentos realizados en la Fundación Rockefeller, 
la doctora MARY COVKR JONES informa que la rana, sobre todo al saltar de im-
proviso, constituía el estímulo más poderoso de las reacciones de miedo. La 
repentina aparición de un animal suscitaba las más pronunciadas reacciones de 
los niños. Por ello, con frecuencia dejábase en la habitación cajas con animales 
pequeños. Como el niño poníase a jugar con los objetos que encontraba, tarde 
o temprano súbitamente descubría el animal. La doctora JONES ha publicado en 
"The New Oeneraticn", 1930, págs. 445 y ss., un resumen de sus últimos trabajos 
acerca de las reacciones emocionales. 
178 J. B. W A T S O N 
boca y la otra agarrando la pollera materna. Otros pelean con 
todo niño que se le acerque. Suele tildárselos de camorristas, 
sádicos, brutos. Otros rompen a llorar y huyen cuando un niño 
mucho más chico los amenaza. Sus padres los llaman cobardes 
y sus compañeros de juego los hacen sus víctimas propiciatorias. 
¿DE DONDE PROCEDEN ESTAS VARIADAS FORMAS 
DE RESPUESTA EMOCIONAL? 
Un niño de tres años es sumamente joven. ¿Debemos 
concluir que las reacciones emocionales son hereditarias? ¿Exis-
ten pautas hereditarias de amor, miedo, ira, vergüenza, celos, 
timidez, espanto, admiración, respeto, crueldad? ¿O son meras 
palabras para designar tipos generales de conducta, sin im-
plicar en absoluto su origen? Históricamente, fueron conside-
rados de origen hereditario. A fin de resolver esta cuestión en 
forma científica precisamos nuevos métodos de experimentación. 
EXPERIMENTOS ACERCA DEL ORIGEN Y DESARROLLO DE LAS 
REACCIONES EMOCIONALES 
En nuestra labor experimental pronto llegamos a la con-
clusión de que los niños tomados al azar, en hogares pobres 
o ricos, no constituyen sujetos apropiados para estudiar el 
origen de las emociones. La conducta que presentan se halla 
harto complicada por la educación. Afortunadamente, hemos 
tenido oportunidad de observar a numerosos niños robustos y 
sanos en las maternidades de los hospitales, y a otros criados 
en sus hogares bajo la vigilancia de investigadores. Algunos 
fueron observados casi desde el nacimiento durante todo el 
primer año de vida, otros hasta el segundo, y dos o tres hasta 
el tercero. 
Para enfrentar a los niños criados en el hospital con 
situaciones que despiertan reacciones emocionales, por lo co-
rriente sentábamos a los mayorcitos en sillas de infantes. Si la 
criatura era demasiado pequeña para mantenerse sentada, la 
dejábamos en la falda de la madre o de uno de los ayudantes. 
(a) Reacciones frente a animales en el laboratorio. — 
En primer término llevábamos a los niños al laboratorio, y 
E L C O N D U C T I S M O 179 
allí se les administraba los tests habituales con varios animales. 
Disponíamos ~el laboratorio de manera tal que pudiese exami-
nárselos en la pieza abierta: solos; con un ayudante; con la 
madre. El test se realizaba en una pieza oscura, sin muebles, 
de paredes negras. Tenía un aspecto extraño de por sí. Ha-
bíanse hecho arreglos a fin de que fuese posible encender una 
luz detrás de la cabeza del niño o iluminar el cuarto mediante 
un foco instalado arriba y frente a él. Siempre se examinaba 
a uno por vez. La prueba generalmente consistía en la siguiente 
serie de situaciones: 
Primero se exhibía un gato negro, juguetón y siempre 
agresivamente afectuoso, que ronroneaba de continuo, el cual 
durante cada test se subía y caminaba varias veces alrededor 
del niño, frotando su cuerpo contra el del pequeño en la forma 
usual de los felinos. Son tan comunes las falsas nociones acerca 
de las respuestas infantiles a los animales peludos, que nos-
otros mismos nos sorprendimos al comprobar que frente al 
proverbial "gato negro" aquéllas siempre eran positivas. He 
aquí la respuesta que se observaba invariablemente: extenderse 
para alcanzar su pelo, ojos y nariz. 
Asimismo se presentaba un conejo. También éste suscitaba 
siempre respuestas de manipulación, y nada más. Una de las 
preferidas consistía en agarrar una oreja del animal con una 
mano e intentar llevarla a la boca. 
La rata blanca es otro de los animalitos que se utilizaba 
en todos los casos. Pero este roedor — posiblemente a causa 
de su escaso tamaño y blancura —, rara vez provocaba la 
fijación continua de la mirada. Sin embargo, cuando se enfo-
caba el animal, verificábase la tentativa de alcanzarlo. Además 
exhibíanse perros Airedale, grandes y chicos, muy juguetones 
y amistosos. Estos últimos sólo excepcionalmente despertaban 
tantas reacciones manipulatorias como un animal del tamaño 
del gato o del conejo. Tampoco fué posible observar respuestas 
de miedo aplicando los tests con animales en el cuarto oscuro, 
a plena iluminación o con una luz tenue colocada detrás de la 
cabeza del niño. Estos tests con niños no condicionados emo-
cionalmente, probaron en forma terminante que son meros 
cuentos de hadas las clásicas versiones acerca de respuestas 
hereditarias a objetos y animales con pelaje. 
180 J. B. W A T S O N 
Luego se utilizaba un ave, por lo general una paloma. 
Introducíase ésta en una bolsa de papel, que se presentaba 
al niño. La situación era extraña, aun para el adulto. Al for-
cejear, el ave movía la bolsa en torno al niño. A menudo arru-
llaba. Mientras la paloma sacudía y movía la bolsa a su alre-
dedor, la criatura rara vez intentaba alcanzarla. Empero, cuando 
el experimentador la sacaba de la bolsa, producíanse las res-
puestas ordinarias de manipulación. También hicimos que el 
ave se moviera y batiera las alas cerca de la cara del niño. 
(Lo cual se logra fácilmente suspendiendo la paloma por las 
patitas cabeza abajo). En semejantes condiciones, hasta un 
adulto alguna vez se esquivaría y vacilaría un poco. Cuando 
las alas abanicaban el rostro del niño, éste de ordinario 
parpadeaba. En tal caso, la reacción de alcanzar tornábase 
incierta y en ocasiones fracasaba. Al tranquilizarse el ave, em-
pezaba la tentativa de alcanzarla. 
Otra variedad de test, empleada con frecuencia en las 
mismas condiciones, estriba en prender una minúscula fogata 
con papeles de diario, en la pieza iluminada y a oscuras. En 
muchos casos, al comenzar el fuego, el niño se acercaba viva-
mente hacia él y era preciso retenerlo. No obstante, cuandoempezaba a calentar, las respuestas de alcanzar y manipular 
desaparecían. Durante estas pruebas, el niño solía estar sen-
tado, con las manos parcialmente levantadas, en una posición 
que se parece bastante a la iniciación de la respuesta de darse 
sombra que adopta el adulto al aproximarse demasiado al 
fuego. No cabe duda que de repetirse el experimento a menudo, 
este tipo de hábito se habría desarrollado. Acaso sea del todo 
similar a la reacción de los hombres y los animales frente al 
sol. Cuando el sol calienta mucho y no tienen nada que hacer, 
buscan la protección de cualquier sombra. 
(b) Frente a animales en los jardines zoológicos. — En 
muchas ocasiones, se llevó a jardines zoológicos — "siempre 
a título de primera experiencia de este género —, a niños 
criados en el hospital o en su hogar — cuyas historias emo-
cionales conocíase. Las criaturas bajo observación no mani-
festaban reacciones pronunciadas en estas circunstancias. Se 
hacía lo posible para presentarles debidamente aquellos ani-
E L C O N D U C T I S M O 181 
males que habían desempeñado un papel predominante en la 
historia biológica del ser humano. Por ejemplo, dedicábase 
mucho tiempo a la jaula de los primates. Se los detenía también 
en las de los reptiles, ranas, tortugas y serpientes. Durante 
estos tests nunca pudimos observar la menor reacción negativa 
frente a ranas o serpientes, si bien la rana, al saltar, es — 
como se indicó anteriormente (pág. 177) — para las criaturas 
condicionadas un estímulo extremadamente enérgico en la pro-
vocación de las respuestas de miedo. 
TRES TIPOS DE RESPUESTA EMOCIONAL DE EVIDENTE ORIGEN 
NO APRENDIDO 
Tenemos suficientes razones para afirmar que existen tres 
diferentes formas de respuesta emocional provocables en el 
niño desde su nacimiento por tres series de estímulos. En razón 
de la conveniencia las llamaremos "miedo", "ira" y "amor", 
pero debemos agregar que empleamos estas palabras despo-
jándolas de todas sus antiguas connotaciones. Hemos de con-
siderar las reacciones que con estos nombres designamos, del 
mismo modo como hemos considerado en el capítulo anterior 
la respiración, los latidos del corazón, el agarrarse y otras 
respuestas innatas. 
Sigamos con los hechos. 
Miedo. — El estado de pánico que se apodera del hombre 
primitivo cuando las ramas de los árboles se quiebran y caen 
alrededor suyo; al retumbar el trueno o producirse otros ruidos 
ensordecedores en su proximidad, tiene en estos casos evidente 
base genética. Nuestros experimentos con niños, y en especial 
los efectuados con criaturas que carecen de hemisferios cere-
brales, en quienes la reacción al ruido es más acentuada, pronto 
nos enseñaron que los ruidos fuertes casi invariablemente sus-
citan una marcada reacción desde el mismo momento del naci-
miento. Por ejemplo, un golpe de martillo sobre una barra de 
acero, provocará un brinco, un sacudimiento, una pausa de la 
respiración, seguida de una respiración acelerada con pronun-
ciados cambios vasomotores, cierre repentino del ojo, apretar 
de los puños, fruncir de los labios. Luego, según la edad del 
niño, tiene lugar el llanto, el caerse, el arrastrarse, la huida 
182 J. B. W A T S O N 
caminando o corriendo. No hemos llevado a cabo un estudio 
muy sistemático de la serie de estímulos sonoros que suscitan 
respuestas de miedo. No todo tipo de sonidos las obtiene. 
Algunos sonidos de tono extremadamente bajo, sordo y pro-
longado no las provocan; ni tampoco los muy agudos del silbato 
de Galton. Estrujando de improviso la mitad de un diario cerca 
de su oído y emitiendo un silbido fuerte y penetrante, logramos 
repetidamente varias reacciones en un niño medio dormido de 
2 a 3 años de edad. Los tonos puros — al menos los del dia-
pasón —, no resultan muy efectivos en este respecto. A fin 
de completar el cuadro estímulo-respuesta, todavía debemos 
investigar minuciosamente la naturaleza del estímulo auditivo, 
así como también las reacciones parciales separadas de la 
respuesta.* 
El otro estímulo que provoca la reacción de miedo es la 
pérdida de la base de sustentación, en especial cuando el cuerpo 
no está preparado para compensarla. Puede apreciarse mejor 
en los recién nacidos, cuando están a punto de dormirse. Si 
se los deja caer, o si bruscamente se tira de la sábana sobre 
la cual yacen, de modo de arrastrar al niño, por lo general 
tiene lugar dicha respuesta. 
En los niños de pocas horas de edad esta reacción de 
miedo se debilita rápidamente. En otras palabras, si el mismo 
sonido o el mismo tipo de estímulo de falta de base de apoyo 
se aplica con frecuencia, por lo común la reacción únicamente 
se manifiesta a la primera y segunda aplicación, en ocasiones 
sólo a la primera. Después de un momento de descanso, estos 
mismos estímulos vuelven a ser eficaces. 
La falta de base de sustentación, cuando el individuo no 
está preparado para ello, suscita una fuerte reacción de miedo 
inclusive en el adulto y mamíferos superiores. Naturalmente 
que si debemos caminar por una tabla angosta, conforme nos 
aproximamos a ella todos nuestros músculos se van preparando 
* Entre los cientos de niños con que hemos trabajado, sólo pudimos encontrar 
uno en quien los ruidos fuertes no despertaban ninguna respuesta de miedo. Se 
trataba de una niñita robusta, bien desarrollada y normal en todos los aspectos. 
Tampoco frente a otros estímulos evidenciaba miedo. La manifestación más cercana 
al miedo que nos fué dable observar en 'el la , se produjo ante la presencia y ruido 
del abrir y cerrar de un paraguas. No sabemos cómo explicar este liecho. 
E L C O N D U C T I S M O 183 
para la prueba; pero, si al cruzar un puente — hasta entonces 
firme —, comienza a ceder cuando nos encontramos por la 
mitad, nuestra respuesta será muy marcada. Si tal cosa le 
ocurre a un caballo, resultará difícil hacerle cruzar otra vez un 
puente. En el campo es común ver caballos recelosos de los 
puentes. Estamos seguros que idéntico principio es aplicable 
al niño que de buenas a primeras es llevado a aguas profundas. 
La fluctuación de las aguas hace que realmente pierda el equi-
librio. También cuando el agua es caliente nótase una pausa 
de la respiración, agarrar de las manos y llanto. 
ira. — ¿Le ocurrió alguna vez a usted que llevando orgu-
llosamente de la mano en un paseo por la calle a su hija de 
dos años, de súbito se le antojará a ésta arrastrarlo en otra 
dirección? ¿Y al sujetarla y ejercer usted cierta firme presión 
sobre su brazo a fin de dirigirla por donde debían ir, que ella 
se pusiera rígida, empezara a gritar a viva voz, se tirase al 
suelo plantándose como un tronco en el medio del camino, 
dando alaridos a toda mandíbula hasta amoratársele la cara, 
y que continuase gritando hasta no poder más? Si nunca ha 
pasado por esto, no sabe usted lo que es la ira. 
Posiblemente habrá usted visto al grandulón camorrista 
del barrio agarrar a algún chico, y sentándose sobre él suje-
tarle las piernas y los brazos tan arrimados al tronco que éste 
ni forcejear puede siquiera. ¿Observó usted cómo el niño se 
pone rígido y grita hasta que su cara se torna lívida? 
¿No ha notado usted los bruscos cambios en los rostros 
de los hombres cuando de mal modo se los empuja y amontona 
en los ómnibus y trenes? La obstaculización de los movimientos 
corporales promueve la serie de respuestas que llamamos ira. 
Ello es factible de observar desde el nacimiento, pero con mayor 
facilidad entre los 10 y 15 días. Si con delicadeza se les sujeta 
la cabeza con las manos, los brazos adosados a lo largo del 
cuerpo, y se les mantiene las piernas estrechamente unidas, la 
conducta de ira empieza a manifestarse. Hasta hoy no han sido 
catalogados en forma completa los elementos de la respuesta 
no aprendida de la ira. Empero, algunos de estos son de fácil 
observación: la rigidez de todo el cuerpo, los movimientos 
desordenados de pataleo y manoteo y la retención de la res-
184 J. B. W A T S O N 
piración. Al principio el niño no llora, peroluego la boca se 
abre al máximo y la respiración se contiene hasta que la cara 
se vuelve morada. Tales estados pueden provocarse sin que 
en ningún caso la presión llegue a ser tan intensa como para 
infligir el menor daño a la criatura. En el momento en que 
en la piel aparece el más leve tinte violáceo, los experimentos 
se suspenden. Es factible llevar a ese estado a cualquier niño; 
las reacciones continuarán hasta tanto no se suspenda la situa-
ción irritante, y, en ocasiones, inclusive persistirán durante algún 
tiempo después. Hemos logrado que las criaturas se encole-
rizacen haciendo que sus brazos quedaran levantados mediante 
un cordón del que pendía una esfera de plomo de peso no 
superior a media onza. El constante impedimento de los movi-
mientos de los brazos, que inclusive un peso tan insignificante 
ocasiona, basta para provocar la respuesta. Cuando el niño 
yace de espaldas, a veces la respuesta puede suscitarse opri-
miéndole con algodón la cabeza por ambos lados. En muchos 
casos el estado de ira se advierte a las claras cuando la madre 
o la "nurse" viste al niño en forma un tanto brusca o apresurada. 
Amor. — El estudio de esta emoción en el niño se ve 
sobremanera dificultado por las numerosas trabas impuestas 
por los convencionalismos. De ahí que nuestras observaciones 
hayan debido ser más incidentales que experimentales. Son 
evidentes estímulos de las respuestas amorosas el acariciar la 
piel, las cosquillas, el mecimiento suave, el toqueteo de la bar-
billa. Esta respuesta es particularmente provocada con mayor 
facilidad por la estimulación de aquellas zonas que — a falta 
de un término más apropiado —, podemos llamar erógenas: 
tetillas, labios y órganos sexuales. La respuesta del infante 
depende de su estado; si está llorando, el llanto termina y se 
esboza una sonrisa; comienzan el gorjeo y el arrullo. Las 
cosquillas, aun en bebés de 6 a 8 meses, suscitan violentos 
movimientos de los brazos y el tronco, acompañados de risas 
pronunciadas. De cuanto antecede despréndese que empleamos 
la palabra "amor" en un sentido mucho más amplio que el 
popular. Las respuestas que aquí intentamos señalar son aquellas 
comúnmente llamadas "afectuosas", "amables", "bondadosas". 
El vocablo "amor" las comprende a todas, así como también 
a las observadas en las relaciones sexuales de los adultos. 
E L C O N D U C T I S M O 185 
¿EXISTEN OTRAS RESPUESTAS NO APRENDIDAS ADEMAS DE ESTOS 
TRES TIPOS GENERALES? 
No estamos seguros de que estos tres tipos de respuestas 
sean los únicos de base hereditaria. Tampoco podemos con-
testar a la cuestión de si existen o no otros estímulos que las 
provoquen. De ser nuestras observaciones verdaderamente 
completas, parecería que las reacciones emocionales del niño 
son muy sencillas y escasos los estímulos que las suscitan. 
Estas reacciones, que hemos convenido en denominar miedo, 
ira y amor, son al principio harto indefinidas. Todavía nos 
queda mucho trabajo por realizar a fin de saber qué reacciones 
parciales se dan en cada una de estas reacciones y en cuánto 
difieren. Desde luego, éstas no son los complicados tipos de 
reacciones emocionales que observamos en la vida ulterior, 
pero creemos que por lo menos constituyen el núcleo del cual 
proceden todas las futuras reacciones emocionales. Se condi-
cionan con tanta rapidez (luego lo demostraremos), que el 
llamarlas modos de respuestas hereditarias daría una impresión 
equivocada. Acaso será preferible que nos atuviéramos a los 
hechos reales de la observación, de la siguiente manera: 
(Por lo común llamadas miedo): 
(I) E (I) R 
Ruidos fuertes Suspensión de la respiración, 
Falta de base de sustenta- salto o sobresalto de todo 
ción * el cuerpo, llanto, a menudo 
defecación y micción (y 
muchas otras no compro-
badas experimentalmente). 
Es probable que la mayor 
parte de las reacciones 
parciales sea de naturaleza 
visceral. 
* No estamos seguros acerca de qué relación existe entre las reacciones de 
miedo descritas y las reacciones provocadas por objetos muy calientes, agua helada, 
golpes, cortaduras, pinchazos, quemaduras y otros estímulos, nocivos. 
186 J. B . W A T S O N 
(Por lo común llamadas ira): 
(I) E 
Restricción de los movimien-
tos corporales 
(Por lo común llamadas amor): 
(0 E 
Acariciar la piel y los ór-
ganos sexuales, mecer, 
hacer cabalgar sobre el 
pie, etc. 
(I) R 
Rigidez de todo el cuerpo, 
gritos, suspensión tempo-
raria de la respiración, 
coloración de la cara que 
va tornándose morada, et-
cétera. Es obvio que mien-
tras existen respuestas ge-
nerales, la mayor concen-
tración de movimientos se 
halla en la zona visceral. 
Los análisis de la sangre 
de los niños así tratados, 
demuestran un aumento de 
la glucosa. Ello tal vez 
signifique un aumento de 
la secreción de las glán-
dulas suprarrenales. 
(O R 
Cese del llanto; gorjeo, arru-
llo y muchas otras no de-
terminadas. El predominio 
de los factores viscerales 
está probado por los cam-
bios en la circulación y 
en la respiración, erección 
del pene, etc. 
Si consideramos estas respuestas no aprendidas (llamadas 
emocionales) en los términos de estas sencillas fórmulas no 
podemos equivocarnos mucho. 
CRITICAS RECIENTES A ESTA OPINIÓN 
E. S. ROBINSON, evidentemente, no está convencido del 
carácter objetivo de nuestros resultados. Afirma: "Fué nece-
saria la mentalidad estadística de MANDEL y de IRENE SHER-
MAN para advertir la diferencia entre lo que WATSON observó 
y lo que interpretó en la conducta infantil" ("Jr. of Genetics 
E L C O N D U C T I S M O 187 
Psychology", setiembre de 1930, pág. 433). Examinemos un 
poco su trabajo. 
A primera vista, los experimentos del doctor SHERMAN 
y su esposa ("The Process of Human Behavior" — El proceso 
de la conducta humana, 1929) parecen arrojar dudas acerca 
de la sencillez de nuestro análisis de las emociones. Se pro-
vocaron en niños diversos tipos de reacciones mediante: ruido, 
privación de alimento, pinchazos con una aguja, restricción de 
los movimientos, dejar caer, etc. Se filmaron estas reacciones, 
exhibiéndose la película ante un grupo de universitarios a 
los que se invitó a nombrar la emoción que observaran. Tal 
como hubiera podido pronosticarlo cualquier persona experi-
mentada en reacciones infantiles, las contestaciones fueron muy 
diferentes. Nos resulta difícil comprender el propósito de esta 
investigación. Sólo el investigador experimentado, que a diario 
observa las reacciones infantiles a determinados estímulos o si-
tuaciones, es capaz de "indicar el estímulo dada la reacción", 
o viceversa. Si el doctor SHERMAN y su esposa hubieran se-
guido atentamente nuestra labor, recordarían que nosotros su-
gerimos que a estas reacciones no se las llamara amor, ira y 
miedo, sino más bien, reacciones X, Y y Z. Quienquiera ha 
trabajado largo tiempo sobre el niño, con toda seguridad llega-
rá a descubrir la gran diferencia que media entre sus reaccio-
nes X, Y y Z. Ello es todo lo que afirmábamos respecto de su 
identificación. El verdadero objeto del conductista consistía en 
verificar si le era dable relacionar la respuesta X con algún 
otro estímulo, Y con otro, y Z con otro; y, en caso afirmativo, 
determinar la técnica a emplearse. Además, si era factible es-
tablecer semejante enlace emocional con nuevos estímulos, ¿po-
dían éstos ser anulados nuevamente?, y de ser así, ¿mediante 
qué técnicas? Son muchos los investigadores que han confir-
mado este trabajo — y creemos que cualquiera que haya se-
guido nuestra técnica igualmente puede hacerlo.* 
* Más recientemente aún, C W. VALENTINE ("Jr. of Genetic Psychology", 
setiembre, 1930) arguye que existe una base innata para varias formas de miedo. 
188 J. B. W A T S O N 
COMO SE COMPLICA NUESTRA VIDA EMOCIONAL 
¿Cómo articular nuestras propias observaciones con aque-
llas que demuestran la extremada complejidad de la vida emo-
cional del adulto? Sabemos que miles de niños temen la oscu-
ridad, que las serpientes, los ratones y los insectos aterrorizana muchísimas mujeres, y que las emociones se relacionan con 
numerosos objetos ordinarios de uso casi cotidiano. El miedo 
se vincula con personas, lugares y situaciones generales, tales 
como bosques y agua. Asimismo, aumenta enormemente el nú-
mero de objetos y situaciones susceptibles de despertar ira o 
amor. Al principio, la mera vista de un objeto no suscita estas 
emociones, mientras que en la vida ulterior puede provocar am-
bas emociones primitivas. ¿Cómo se desarrollan estos encade-
namientos? ¿Cómo es posible que objetos que en un principio 
no suscitan emociones puedan hacerlo después, acrecentando así 
la riqueza y peligros de nuestra vida emocional? 
Al iniciar nuestros trabajos, nos sentíamos muy poco dis-
puestos a experimentar en este campo, pero resultaba tan im-
periosa la necesidad de explorarlo, que finalmente resolvimos 
intentar establecer miedos en el niño y luego estudiar métodos 
prácticos para suprimirlos. Como primer sujeto escogimos a 
Alberto, hijo de una nodriza del Hospital Harriet Lañe. Se tra-
taba de un bebé extraordinariamente "bueno", que había pa-
sado toda su vida en dicha institución. Durante todos los meses 
que trabajamos con él, únicamente lo vimos llorar después de 
nuestros experimentos. 
Antes de hablar de los experimentos de que nos servimos 
para establecer respuestas emocionales en el laboratorio, pre-
cisa recordar la técnica de los reflejos condicionados. A fin 
de establecer un reflejo condicionado debe existir, en primer 
lugar, un estímulo fundamental que provoque la respuesta en 
cuestión. El paso siguiente es lograr que también la provoque 
algún otro estímulo. Si, verbigracia, nuestro propósito es sus-
citar un brusco movimiento hacia atrás del brazo y de la mano 
cada vez que resuene un zumbador, debemos usar el choque 
eléctrico u otro estímulo doloroso. Pronto el brazo empezará 
a retirarse de inmediato al funcionar el zumbador, de la misma 
E L C O N D U C T I S M Q 189 
manera como se retira bruscamente al recibir la sacudida eléc-
trica. Sabemos- que hay un estímulo incondicionado o funda-
mental que despierta la reacción de miedo en forma rápida y 
sencilla: un sonido fuerte. Resolvimos usarlo de igual modo que 
el choque eléctrico en los trabajos descritos en la pág. 46. 
Nuestro primer experimento con Alberto tenía por objeto 
condicionar la respuesta de miedo a una rata blanca. Mediante 
pruebas repetidas comprobamos en primer término que sólo 
los ruidos fuertes y la remoción de la base de apoyo provoca-
rían dicha respuesta en este niño. Cualquier cosa dentro de un 
diámetro de doce pulgadas alrededor suyo, era objeto de una 
manifestación de alcanzar y manipular. Sin embargo, la reac-
ción a un sonido estrepitoso era característica en la mayoría de 
los niños. El sonido emitido por una barra de acero, de apro-
ximadamente una pulgada de diámetro y tres pies de longitud, 
golpeada con un martillo de carpintero, suscitaba un tipo muy 
marcado de reacción. 
A continuación transcribimos nuestros apuntes de labora-
torio,* que indican el progresivo establecimiento de una res-
puesta emocional condicionada: 
Edad: once meses y tres días. 
(1) De improviso se saca de una canasta (procedimiento 
usual) una rata blanca — con la cual el niño había jugado 
durante semanas —, la cual le es presentada. Alberto empezó 
por extender la mano izquierda para alcanzarla. En el preciso 
instante en que su mano tocó el animal, detrás suyo se golpeó 
bruscamente la barra. El niño saltó violentamente y cayó hacia 
adelante, escondiendo la cara en el colchón. Sin embargo, no 
lloró. 
(2) Volvióse a golpear la barra cuando el niño tocó la 
rata con su mano derecha. De nuevo el niño saltó violentamen-
te, cayó hacia adelante y empezó a llorar. 
A causa del estado perturbado de Alberto, suspendimos las 
pruebas una semana. 
* Véase el cuadro original de ROSALIE RAYNER y JOHN B. WATSON, "Scientific 
Monthly", 1921, pág. 493. 
190 J. B. W A T S O N 
Edad: once meses y diez días. 
(1) De improviso se le presenta la rata sin ruidos. Se 
observó que la criatura la miraba fijamente, si bien al prin-
cipio no manifestó ninguna tentativa de alcanzarla. Entonces 
el animal se acercó; ello suscitó un conato de alcanzarla con 
la mano derecha. Al tocar la rata con su mano izquierda, la 
retiró de inmediato. Empezó a mover la mano para tocar la 
cabeza del animal con el índice de su mano izquierda, pero la 
retiró bruscamente antes de que el contacto se estableciera. Re-
sulta evidente, pues, que las dos estimulaciones que la semana 
anterior se suministró asociadas, fueron efectivas. En seguida 
se le sometió a un test con cubos, a fin de ver si éstos habían 
sido involucrados en el proceso de condicionamiento. Los aga-
rró de inmediato, dejándolos caer, golpeándolos uno contra 
otro, etc. En los tests restantes a menudo se le dieron los cu-
bos para calmarlo y probar su estado emocional general. Cuan-
do se iniciaba el proceso de condicionamiento se los apartaba 
siempre de su vista. 
(2) Estimulación combinada de la rata y el sonido: se 
sobresaltó, y luego se tumbó en seguida a la derecha. No lloró. 
(3) Estimulación combinada: se tumbó a la derecha y se 
quedó sobre las manos, con la cabeza en dirección contraria a 
la de la rata. No lloró. 
(4) Estimulación combinada: igual reacción. 
(5) Presentación súbita de la rata sola: frunció la cara, 
lloró y apartó rápidamente el cuerpo a la izquierda. 
(6) Estimulación combinada: se tumbó de inmediato del 
lado derecho y empezó a llorar. 
(7) Estimulación combinada: se sobresaltó violentamente 
y lloró, pero no se tumbó. 
(8) Rata sola: en el mismo momento en que se le enseñó 
la rata comenzó a llorar. Casi en seguida se volvió vivamente 
a la izquierda, se levantó sobre las cuatro extremidades y em-
pezó a alejarse gateando con tanta rapidez que costó detenerlo 
antes de que alcanzara el borde del colchón. 
Esta prueba del origen condicionado de la respuesta de 
miedo ubica nuestro estudio de la conducta emocional sobre 
E L C O N D U C T I S M O 191 
una base científico-natural. Es una gallina de huevos de oro 
mucho más productiva que la estéril fórmula de JAMES. Pro-
porciona un principio explicativo que dará cuenta de la enorme 
complejidad de la conducta emocional adulta. Ya no necesi-
tamos recurrir a la herencia para esclarecer tal conducta. 
LA PROPAGACIÓN O TRANSFERENCIA DE LAS RESPUESTAS 
EMOCIONALES CONDICIONADAS 
Antes de llevarse a cabo el ya citado experimento con la 
rata, Alberto había jugado durante semanas con conejos, palo-
mas, manguitos de pelo, el cabello de los asistentes y caretas. 
¿Qué efecto tendrá su condicionamiento a la rata sobre sus res-
puestas frente a estos animales y otros objetos cuando los vuel-
va a ver? Con el propósito de averiguarlo, suspendimos todo 
experimento durante cinco días; o sea, que durante este lapso 
no vio ninguno de estos objetos. Al finalizar el sexto día lo 
sometimos nuevamente a examen, primero con la rata, a objeto 
de ver si la correspondiente respuesta condicionada de miedo 
se había conservado. Nuestras notas consignan lo siguiente: 
Edad: once meses y quince días. 
(1) Test de los cubos: los tomó prestamente, jugando con 
ellos como de costumbre. Esto demuestra que no hubo trans-
ferencia general a la habitación, mesa, cubos, etc. 
(2) Rata sola: lloró de inmediato, retiró la mano derecha 
y volvió la cabeza y el tronco en dirección contraria. 
(3) Nuevamente cubos: jugó gustoso con ellos, sonriendo 
y gorjeando. 
(4) Rata sola: se inclinó sobre el lado izquierdo, tan le-
jos de la rata como le era posible; luego se tumbó, afirmándose 
sobre las cuatro extremidades, y se alejó lo más rápido posible. 
(5) Nuevamente cubos: los tomó de inmediato, sonriendo 
y riendo como antes. 
Esto demuestra que la respuesta condicionada se había 
conservado más allá del período de los cinco días. Luego pre-
sentamos sucesivamente un conejo, un perro, un saco de piel 
de foca, algodón, pelo humano y una careta: 
192 J. B. W A TS O N 
(6) Conejo solo: de improviso se puso un conejo sobre 
la colchoneta frente a él; la reacción fué pronunciada. Las res-
puestas negativas se manifestaron de inmediato. Lloriqueando, 
se apartó del animal cuanto pudo, y luego estalló en lágrimas. 
Al ponerse el conejo en contacto con él, escondió la cara en 
la colchoneta; después se afirmó sobre las cuatro extremidades 
y huyó gateando y llorando. El test fué muy convincente. 
(7) Después de un intervalo se le dieron otra vez los cu-
bos: jugó con ellos como antes. Cuatro personas observaron 
que nunca lo habían visto jugar con tanta energía. Levantaba 
los cubos por encima de su cabeza y los tiraba hacia abajo con 
mucha fuerza. 
(8) Perro solo: el perro no despertó una reacción tan 
violenta como el conejo. Al fijarse sus ojos en el animalito, el 
niño retrocedió, pero como aquél se le acercaba cada vez más, 
intentó ponerse sobre las cuatro extremidades, aunque sin llo-
rar. En cuanto el perro desapareció de su campo visual, se apa-
ciguó. Luego se hizo que el perro se aproximara a la cabeza 
del niño (quien a la sazón yacía tendido). Alberto se levantó 
inmediatamente, se tumbó del lado opuesto y torció la cabeza 
en dirección contraria a la del animal. Luego empezó a llorar. 
(9) Nuevamente los cubos: comenzó a jugar con ellos en 
seguida. 
(10) Saco de piel de foca: se volvió al instante hacia la 
izquierda y empezó a lloriquear. AI arrimársele más el saco, 
por la izquierda, empezó a llorar y trató de huir gateando. 
(11) Algodón: se le dio un paquete de algodón. El pa-
pel del envoltorio no tapaba los costados. Primeramente se co-
locó el paquete sobre sus pies: sin tocarlo con las manos, lo 
alejó de un puntapié. Al aproximársele su mano al algodón, la 
retiró de inmediato, pero no evidenció un shock como el pro-
vocado por los animales o el saco de piel. Luego empezó a 
jugar con el papel, pero evitando el contacto con el algodón. 
Sin embargo, su negativismo frente al algodón disminuyó an-
tes de transcurrir una hora. 
(12) Como jugando, W., el investigador, bajó la cabeza 
para ver si Alberto jugaría con su cabello: Alberto rehusó to-
carlo. Los otros dos observadores hicieron lo mismo: en se-
E L C O N D U C T I S M O 193 
guida empezó a jugar con sus cabellos. Entonces se trajo una 
careta de Santa Claus. No obstante haber jugado otras veces 
con ella, el niño reaccionó vivamente al verla. 
En suma, nuestras anotaciones suministran una prueba in-
discutible de la propagación o transferencia. 
Por otra parte, estas transferencias confirman una vez más 
que las respuestas emocionales condicionadas son similares a 
las otras respuestas condicionadas. Recuérdese lo dicho en la 
pág. 55 acerca de las respuestas diferenciales. Señalamos que 
si se condiciona un animal a una nota A de cierto tono, casi 
todas las demás notas provocarán al principio la respuesta. 
Agregamos luego que si se continúa el experimento — dando 
el alimento sólo al sonido A, y nunca cuando se toca alguna 
otra nota — pronto logramos que el animal responda única-
mente a A. 
Estamos seguros de que los mismos factores entran en 
juego en estos casos de transferencia o propagación de las res-
puestas emocionales condicionadas. 
Aunque no hemos intentado el experimento, creemos po-
der establecer una reacción diferencial tan definida en el terreno 
emocional como en cualquier otro. Con esta afirmación sólo 
queremos dar a entender que si continuáramos la prueba por 
largo rato, podríamos suscitar exactamente la reacción de mie-
do cada vez que enseñáramos la rata, y nunca al hacerlo con 
cualquier otro objeto peludo. Si así fuera, tendríamos una res-
puesta emocional condicionada diferencial. Parece ser esto lo 
que ocurre en la vida real. En la infancia y en la primera ju-
ventud, la mayoría de nosotros se halla en un estado emocional 
indiferenciado. Numerosos adultos, en especial mujeres, que-
dan en él; como así también los pueblos primitivos (supersti-
ciones) . Pero los adultos, educados por el largo entrenamiento 
que les proporciona el manipular objetos, el tratar animales, el 
trabajar con electricidad, alcanzan el segundo estadio — dife-
renciado —, de la reacción emocional condicionada. 
Si nuestro razonamiento es correcto, es ésta una cabal 
explicación de las respuestas emocionales transferidas — de 
los "afectos flotantes" de los freudianos. Al principio, cuando 
recién se establece la respuesta emocional condicionada, ésta 
será provocada por una amplia serie de estímulos físicamente 
194 J. B . W A T S O N 
similares (en este caso, todos los objetos cubiertos de pelo), 
y, por lo que sabemos, continuarán haciéndolo a menos que se 
adopten medidas experimentales (o tenga lugar un cambio muy 
afortunado del ambiente) para llevar la respuesta condicionada 
no diferenciada al estadio diferencial. En este último, sólo pro-
vocarán la respuesta el objeto o la situación a la cual se con-
dicionó originariamente. 
R E S U M E N 
Debemos admitir que son tan escasas las pruebas de una 
herencia al por mayor de las complicadas pautas de respuesta 
comúnmente llamadas emocionales, como aquellas en que se 
basa la herencia de las pautas llamadas instintivas. 
Acaso describamos mejor nuestros descubrimientos dicien-
do que al explorar la conducta infantil en su totalidad hemos 
hallado que algunos tipos de estímulos — sonidos fuertes y 
pérdida de la base de sustentación — provocan un determi-
nado tipo general de respuesta, a saber: retención momentánea 
de la respiración, sobresalto, llanto, respuestas viscerales mar-
cadas, etc.; que otro tipo de estímulos — impedimento o res-
tricción de los movimientos — provoca el llanto con la boca 
abierta, prolongada retención de la respiración, marcados cam-
bios en la circulación y otras modificaciones viscerales; que un 
tercer tipo de estímulo — acariciar la piel, en especial las su-
perficies sexuales sensibles — suscita la sonrisa, cambios en la 
respiración, cese del llanto, arrullo, gorjeo, erección del pene y 
otros cambios viscerales. Recalcamos el hecho de que las res-
puestas a estos estímulos no se excluyen mutuamente — mu-
chas de sus reacciones parciales son las mismas. 
Estos estímulos incondicionados, con sus respuestas incon-
dicionadas relativamente simples, son nuestros puntos de par-
tida en el establecimiento de las complicadas pautas de hábitos 
condicionados que más tarde denominamos emociones. En 
otras palabras, las reacciones emocionales se forman como la 
mayor parte de nuestras otras pautas de reacción y siguiendo 
un orden parecido. No sólo aumenta el número de los estímu-
los que provocan la respuesta (sustitución) por condiciona-
miento directo y transferencia (ampliándose así enormemente 
E L C O N D U C T I S M O 195 
el campo de estímulo), sino que además se introducen pronun-
ciadas adiciones-y otras modificaciones de las respuestas. 
También ha de tomarse en cuenta otra serie de factores 
que complican aún más nuestra vida emocional. El mismo ob-
jeto (pongamos por caso una persona) puede ser en cierta 
situación un estímulo sustituto para una respuesta de miedo, 
y poco después serlo en otra para una respuesta de amor, o 
inclusive para una de ira. La complejidad creciente que pro-
vocan estos factores, pronto establece una organización emo-
cional lo bastante complicada como para satisfacer hasta a un 
novelista o un poeta. 
No queremos cerrar este capítulo sin exponer antes — 
por lo menos entre paréntesis — esta idea que luego, al des-
cribir tipos de reacción más complicados, desarrollaremos: si 
bien en todas las respuestas emocionales se dan factores ex-
plícitos tales como el movimiento de los ojos, brazos, piernas 
y tronco, predominan los factores viscerales y glandulares. El 
"sudor frío" del miedo, el "corazón que se rompe", la "cabeza 
gacha" en la apatía y en el dolor, la "exuberancia de la ju-
ventud", "el corazón palpitante" del enamorado o de la joven, 
son algo más que meras expresiones literarias: son productos 
de genuina observación.Más adelante, desarrollaremos la tesis de que la sociedad 
no ha sabido apropiarse de estas reacciones viscerales y glan-
dulares ocultas, implícitas, pues si así no fuera, dada su pro-
pensión a regular todas nuestras reacciones, hubiera querido 
educarlas. Por eso muchas de nuestras reacciones explícitas 
adultas — el habla, movimientos de brazos, piernas y tronco 
— son educadas e integradas en hábitos. Debido a la natu-
raleza disimulada de la conducta visceral, la sociedad no pue-
de adueñarse de ella y formular reglas para su integración. 
De ello resulta que no disponemos de nombres ni palabras con 
las cuales describir estas reacciones. No las verbalizamos. Nos 
es factible describir con la palabra apropiada cada uno de los 
actos de dos boxeadores, o de dos esgrimistas, y criticar cada 
detalle particular de sus respuestas, porque existen textos ver-
bales para el procedimiento y práctica de la ejecución de estos 
196 J. B. W A T S O N 
actos de destreza. ¿Pero qué HOYLE * ha dictado reglas de 
acuerdo con las cuales deben tener lugar los movimientos sepa-
rados de nuestras visceras y glándulas en presencia de un obje-
to emotivamente excitante? 
Es a causa de que jamás hemos verbalizado estas res-
puestas que nos ocurre una cantidad de cosas de las cuales 
no podemos hablar. Nunca aprendimos a hablar de ellas. No 
hay palabras para ellas. La teoría de lo no verbalizado en la 
conducta humana nos abre un camino científico para explicar 
muchas cosas que los freudianos llaman "complejos incons-
cientes", "deseos reprimidos", etc. En otras palabras, en nues-
tro estudio de la conducta humana ahora podemos volver a la 
ciencia natural. La vida emocional crece y se desarrolla como 
los demás equipos de hábitos. Pero, ¿puede el desuso afectar 
nuestros hábitos emocionales una vez arraigados? ¿Puede 
dejárselos de lado y superarlos, como sucede con nuestros há-
bitos manuales y verbales? Hasta hace muy poco carecíamos 
de hechos que sirvieran de guía en la solución de estas cues-
tiones. Actualmente dispónese de algunos. En el capítulo si-
guiente trataremos esta cuestión. 
* EDMOND HOYLE (1672-1769), tratadista inglés de juegos. [T. ] . 
VIII, Emociones 
CON CUALES EMOCIONES NACEMOS. COMO ADQUIRIMOS 
NUEVAS. COMO PERDEMOS LAS VIEJAS 
PARTE II. — ULTERIORES EXPERIMENTOS Y OBSERVACIONES 
ACERCA DE COMO ADQUIRIMOS, CONSERVAMOS Y PERDEMOS 
NUESTRA VIDA EMOCIONAL 
Introducción. Diferentes métodos empleados para eliminar respuestas de 
miedo. Localización de las respuestas condicionadas de miedo en los 
niños. Eliminación de las respuestas de miedo mediante el desuso. 
Casos. Método de la organización verbal. Método de aplicación fre-
cuente del estimulo. Método de socialización. Casos. Método de reacon-
dicionamiento o incondicionamiento. Factores domésticos que condicio-
nan emocionalmente a los niños. Situaciones que provocan el llanto 
infantil. Situaciones que provocan la risa en tos niños. ¿Debemos esta-
blecer respuestas negativas en los niños? Empleo de castigos corpo-
rales en el establecimiento de respuestas negativas. Los actuales méto-
dos de castigo del crimen son supervivencias de épocas oscuras. Formas 
más importantes de establecerse la conducta emocional. Situaciones que 
provocan la conducta de celos. ¿Cuáles son las respuestas? ¿A qué 
edad suelen manifestarse los celos respecto de uno u otro de los padres? 
¿Surgen tos celos súbitamente cuando un hijo único enfrenta a un 
hermanito menor? ¿Podemos llegar a alguna conclusión acerca 
de los celos? Resumen. 
INTRODUCCIÓN 
En 1920 completamos los experimentos expuestos en el 
último capítulo. Hasta fines de 1923 no se realizaron otras in-
vestigaciones. Descubierta la posibilidad de establecer respues-
tas emocionales muy rápidamente, estábamos ansiosos por ver 
si luego podía destruírselas y, en tal caso, mediante qué mé-
todos. No nos fué dable realizar otras pruebas con Alberto B. 
— el niño en quien habíamos establecido nuevas respuestas —, 
pues poco después fué adoptado por una familia campesina. 
198 J. B. W A T S O N 
Recién a fines de 1923 se llevaron a cabo nuevos experi-
mentos. Hacia esa época, la Fundación de LAURA SPELMAN 
ROCKEFELLER hizo una donación al Instituto de Investigaciones 
Educacionales del Colegio de Maestros; parte de la contribu-
ción se invirtió en proseguir el estudio de la vida emocional 
infantil. Encontramos un lugar donde trabajar: la Fundación 
Heckscher. Separadas por edades, allí se alojaban aproxima-
damente 70 criaturas, cuyas edades oscilaban entre los 3 meses 
y los 7 años. No era el lugar ideal para nuestro trabajo ex-
perimental, dado que, por una parte, no se nos había concedido 
el completo control de las criaturas, y por la otra, a causa de 
la frecuencia con que las inevitables epidemias de una u otra 
clase nos obligaba a suspender los experimentos. Pese a tales 
inconvenientes, se cumplió una intensa labor. Los experimentos 
fueron realizados por la doctora MARY COVER JONES, quien 
también redactó el informe acerca de los resultados.* 
DIFERENTES MÉTODOS EMPLEADOS PARA ELIMINAR 
RESPUESTAS DE MIEDO 
Localización de las respuestas condicionadas de miedo en 
los niños. — Iniciamos nuestros experimentos introduciendo a 
varios niños de diferentes edades en una serie de situaciones 
susceptibles de provocar respuestas de miedo, en caso de ha-
llarse éstas presentes. Como queda dicho, los niños criados en 
el hogar se hallan predispuestos a este tipo de reacciones. Mu-
chísimos motivos nos inducen a pensar que tales reacciones 
están condicionadas. Haciendo pasar a cada niño a través de 
dichas situaciones, no sólo nos era factible individualizar a los 
niños con respuestas condicionadas de miedo más pronunciadas, 
sino también conocer los objetos (y las situaciones generales) 
que las provocaban. 
* Véase "The Elimination of Children's Fears" (Eliminación de los miedos 
infantiles), de MARY COVER JONES, "Jr. Exp. Psychology", 1924, pág. 382. 
En castellano puede consultarse la monografía de MARY COVER JONES sobre 
el "Desarrollo emocional" (Las emociones primitivas. ¿Existen emociones básicas? 
Estudio de las emociones específicas. Aspectos situacionales de la conducta emo-
cional. Pautas de respuesta emocional. La expresión externa e interna de las 
emociones). "Manual de Psicología del niño", dirigido por CARI. MURCHISON, cap. VI 
Barcelona, Francisco Seix, 1935. [E . ] . 
E L C O N D U C T I S M O 199 
Naturalmente, aquí trabajábamos con una desventaja. Des-
conocíamos la'historia genética de sus respuestas de miedo. 
De ahí que, al observar una determinada reacción de miedo, 
no sabíamos si se trataba de una reacción directamente condi-
cionada o meramente transferida. Esta ignorancia siempre re-
presenta una desventaja, sobre todo en este tipo de estudios, 
como lo demostraremos más adelante. 
Eliminación de las respuestas de miedo mediante el des-
uso. — Una vez localizada en una criatura la respuesta de 
miedo y el estímulo que la provocaba, nuestro próximo paso 
era eliminarla. 
Por lo común, se suponía que el simple alejamiento del 
estímulo durante un lapso suficiente, tendría por resultado que 
la criatura o el adulto "olvidase su miedo". Todos hemos oído 
expresiones como éstas: "Aléjenlo y olvidará. Lo olvidará todo". 
A fin de determinar la eficacia de este método, se realizaron 
tests de laboratorio. Cito las notas de la señora JONES. 
Caso 1. — Rosa D. Edad: 21 meses. 
Situación general: sentada en el corralito con otros niños, ninguno 
de los cuales manifestaba miedos específicos. Introdújose un conejo sa-
cándolo de atrás de un biombo. 
Enero 19. — Al ver el conejo, Rosa estalló en sollozos; su llanto 
fué decreciendo cuando el experimentador levantó el animalito, pero 
aumentó nuevamente cuando se lo dejó otra vez sobre el suelo. Al re-
tirarlo, la niñita se calmó, aceptó una galletita y volvió en seguida a 
sus cubos. 
Febrero 5. — Dos semanas más tarde, la situación se repitió. La 
niña empezó a llorar y temblar al ver el conejo — E (experimentador)estaba sentado en el piso, entre Rosa y el roedor —, y continuó llorando 
por espacio de varios minutos. E intentó desviar su atención con un 
juguete; finalmente, la pequeña dejó de llorar, pero siguió vigilando 
el conejo y no se la pudo inducir a que jugara. 
Caso 8. — Roberto G. Edad: 30 meses. 
Diciembre 6. — Roberto manifestaba una débil respuesta de miedo 
al presentársele una rata en una caja. La miraba alejado varios metros, 
se retiraba y lloraba. Siguió un período de entrenamiento de tres días, 
con el resultado de que Roberto tolerase la rata en el corralito donde 
jugaba e inclusive la tocase sin ninguna manifestación explícita de mie-
do. Se suspendió el experimento hasta: 
Enero 30. — Después de transcurridos casi dos meses durante los 
cuales no se realizó experimento alguno con el estímulo específico, se 
2 0 0 J. B. W A T S O N 
llevó nuevamente a Roberto al laboratorio. Mientras jugaba en el co-
rralito, apareció E, trayendo una rata en la mano. Roberto saltó, co-
rrió fuera del corral y lloró. Habiéndose vuelto a poner la rata en la 
caja, Roberto corrió hacia E y la tomó de la mano, dando muestras de 
un marcado trastorno. 
Caso 33. — Leonor J. Edad: 21 meses. 
Enero 17. — Mientras jugaba en el corralito se introdujo una 
rana por detrás de ella. La estuvo mirando, se le aproximó, y final-
mente la tocó. La rana dio un salto. La niña se retiró, y, cuando pos-
teriormente se le presentó la rana, sacudió la cabeza, y apartó con 
violencia la mano del experimentador. 
Marzo 26. — Se dejó pasar dos meses sin realizar experimentos 
con animales. Ai cabo de éstos, Leonor fué llevada al laboratorio y se 
le presentó una rana. Cuando ésta saltó, la niña se echó hacia atrás, 
escapó corriendo del corralito y empezó a llorar. 
Estos tests y muchos otros parecidos nos llevan a creer 
que en los casos de perturbación emocional el método de desuso 
no es tan eficaz como comúnmente se supone. Sin embargo, 
reconocemos que los tests no fueron prolongados el tiempo su-
ficiente como para completar la prueba. 
MÉTODO DE LA ORGANIZACIÓN VERBAL 
La mayoría de los sujetos de la Fundación Heckscher tenía 
menos de 4 años; la posibilidad de condicionarlos verbalmente 
respecto de los objetos que suscitaban respuestas de miedo era, 
pues, muy limitada. Naturalmente, nada puede hacerse con este 
método en tanto la criatura no haya alcanzado un desarrollo 
verbal adecuadamente amplio. Sin embargo, un sujeto satis-
factorio — Juana E., niña de cinco años —, fué considerado 
apto para ser sometido a un examen amplio. A la presentación 
inicial del conejo, evidenció marcadas reacciones de miedo. No 
se le volvió a mostrar el animalito por algún tiempo, pero entre-
tanto, diariamente se conversaba diez minutos con ella acerca 
de los conejos. El experimentador apeló a artificios, tales como 
un libro de figuras de conejos, conejos de juguete y modelados 
en material plástico. Narró breves cuentos de conejos. Du-
rante el relato de estas historias, la pequeña preguntaba: 
"¿dónde está tu conejo?", o prorrumpía: "enséñame un co-
E L C O N D U C T I S M O 201 
nejo". Una vez dijo: "toqué tu conejo, lo acaricié y no lloré 
nada" (lo cual ~no era cierto). AI finalizar una semana de 
organización verbal, volvió a exhibirse el animalito. Sus reac-
ciones fueron, prácticamente, las mismas del primer encuentro. 
Saltó abandonando su juego y se retiró. Instada, tocó el conejo 
mientras el experimentador lo sujetaba, pero cuando se colocó 
el animal sobre el piso, dijo sollozando: "guárdelo, sáquelo". 
Cuando la organización verbal no se relacionaba con verdade-
ras adaptaciones manuales o viscerales al animal, resultaba de 
muy poca eficacia en la extirpación de las respuestas de miedo. 
MÉTODO DE APLICACIÓN FRECUENTE DEL ESTIMULO 
Aun reconociendo que los experimentos con este método no 
se realizaron en gran escala, los resultados no han sido muy 
promisorios. El procedimiento ordinario consistía en presentar 
muchas veces por día el animal que provocaba la respuesta de 
miedo. Si bien en algunos casos no se observaban verdaderas 
respuestas negativas — única forma de mejora que se advirtió — 
el empleo de este método no estableció reacciones positivas. En 
algunos casos se obtuvo un efecto de agregación más bien que 
una adaptación. 
MÉTODO DE SOCIALIZACIÓN 
En nuestra mayoría, estamos familiarizados con lo que su-
cede entre los niños en grupo, sea en la escuela o en el campo 
de juego. Si uno de ellos evidencia temor frente a algún objeto 
respecto del cual el grupo es indiferente, se transforma en víc-
tima propiciatoria y es llamado "miedoso". Hemos intentado 
utilizar este factor social con algunos niños. Relatamos detalla-
damente un caso. 
Caso 41. — Arturo G. Edad: 4 años. 
En momentos en que no había otros niños, se le enseñó a Arturo 
G. un acuario con ranas. Arturo lloró; dijo: "muerden", y escapó co-
rriendo del corralito. Sin embargo, cuando — más tarde — se lo con-
dujo a la misma habitación con otros cuatro niños, se dirigió presun-
tuosamente hacia el acuario, a la vanguardia de los demás. Pero, cuan-
do uno de sus compañeros cogió una rana y se volvió con ella hacia 
202 J. B. W A T S O N 
él, gritó y huyó; esto dio pie para que lo corrigiesen y se burlasen de 
él, sin que, naturalmente, se provocase una disminución del miedo en 
esta ocasión particular. 
Acaso sea éste uno de los métodos menos seguros para 
eliminar los miedos, pues tiende a multiplicar reacciones nega-
tivas, ya no sólo frente al animal origen del miedo, sino a la 
sociedad en general. 
Mejores resultados se obtienen utilizando métodos sociales 
más suaves, ordinariamente denominados de imitación social. 
La doctora JONES nos relata dos casos que cito a continuación: 
Caso 8. — Roberto G. Edad: 30 meses. 
Roberto jugaba en el corralito con María y Laurel. El conejo fué 
presentado en una canasta. Roberto gritó: "¡no, no!" e hizo señas al 
experimentador para que lo alejase. No obstante, las dos niñas se ir-
guieron con vivacidad, miraron el conejo y se quedaron charlando ani-
madamente. Alentado por este ejemplo, Roberto inquirió: "¿qué es?", 
y se aproximó corriendo; su curiosidad y afán de autoafirmación en la 
situación social dominó los otros impulsos. 
Caso 54. — Vicente W. Edad: 21 meses. 
Enero 19. — Vicente no daba muestra alguna de miedo al presen-
társele el conejo, aun acercándoselo a las manos o al rostro. Su única 
respuesta era reír y tratar de alcanzar la piel del animalito. El mismo 
día fué llevado al corralito con Rosa, la cual lloró a la vista del roedor. 
Vicente, que en circunstancias ordinarias en la sala de juego no habría 
prestado atención al llanto de Rosa, en presencia del conejo sintió los 
efectos del miedo por sugestión. El miedo así transferido duró más de 
dos semanas. 
Febrero 6. — Elias y Heriberto hallábanse en la sala de juego 
con el conejo. Cuando Vicente fué introducido, detúvose receloso a cier-
ta distancia. Elias llevó a Vicente hacia el conejo, y lo indujo a tocar 
el animal. Vicente se rió. 
Empero, según puede advertirse, hay dificultades en la 
forma de emplear este método. En ocasiones, niños desprovis-
tos de miedo ante un objeto, son condicionados por el compor-
tamiento de otro niño que exhibe reacciones de miedo frente 
a aquél.* 
* En su reciente artículo "The Prevention and Treatment of Children's Fears" 
(Prevención y tratamiento de los miedos infantiles), en The New Generation, 1930, 
E L C O N D U C T I S M O 203 
Aunque todos estos métodos son sugestivos, y si bien no se 
trabajó con ellos hasta lograr una conclusión final, ninguno 
parece especialmente provechoso o libre de riesgos. 
MÉTODO DE REACONDICIONAMIENTO O ACONDICIONAMIENTO 
El método de mayor éxito descubierto hasta la fecha para 
eliminar el miedo es el de incondicionamiento o reacondiciona-
miento. Sería más apropiado usar la palabra "reacondiciona-
miento", si no fuese por el empleo que se hace de ella en edu-
cación física para diversos tipos de propaganda higiénica.Queda, pues, "incondicionamiento"; a lo que parece, la única 
utilizable. 
El método y los resultados que obtuvimos en el incondi-
cionamiento se detallan claramente en nuestro experimento con 
Pedro, que exponemos a continuación: 
Pedro era un niño vivaz e impetuoso de aproximadamente 
3 años de edad *; excepto su organización de miedo, se ha-
llaba bien adaptado a las situaciones de la vida ordinaria. 
Atemorizábanle las ratas blancas, conejos, sacos de piel, plumas, 
algodón en rama, ranas, peces y juguetes mecánicos. Por la 
descripción de las manifestaciones de miedo de Pedro, hubié-
rase creído que se trataba del mismo Alberto B. ya crecido 
(véase pág. 191). Únicamente debemos recordar que los te-
mores de Pedro se habían desarrollado en su hogar, es decir, 
que no fueron provocados experimentalmente, como en el caso 
de Alberto. Empero, los temores de Pedro, eran harto más 
pronunciados, según podemos verificarlo en este relato: 
Se ubicó a Pedro en una cama con barandilla en la sala 
de juegos; en seguida el niño absorbióse en sus juguetes. In-
trodújose entonces una rata blanca en la cama, desde atrás. 
(El experimentador se encontraba ubicado detrás de una mam-
para) . A la vista de la rata, Pedro profirió un grito y en un 
la Dra. JONES parece confiar más que yo en este método. En dicha monografía 
la Dra. JONES discute también las medidas terapéuticas usadas en la Clínica del 
Hábito de la Universidad de California. Por último, expone una serie de reglas y 
condiciones para tratar los casos de miedo en el hogar. 
* La Dra. JONES presentó un informe completo sobre Pedro en el "Pedn-
gogical Seminary", diciembre de 1924. 
204 J. B. W A T SON 
paroxismo de miedo cayó de pleno sobre sus espaldas. Alejóse 
el estímulo, se sacó a Pedro de la cama y se le sentó en una 
silla. Bárbara, una pequeña de dos años, fué llevada a la cama 
y se introdujo la rata como antes. La niña no evidenció síntoma 
de miedo alguno, sino que cogió la rata con su mano. Pedro, 
sentado tranquilamente, observaba a Bárbara y la rata. 
Se dejó en la cama una sarta de perlas que pertenecía a 
Pedro. Cada vez que la rata las tocaba, Pedro repetía con voz 
plañidera: "mis perlas", si bien no hacía objeción cuando las 
tomaba Bárbara. Invitado a bajar de la silla, sacudió la cabeza; 
su miedo no se había apaciguado todavía. Transcurrieron veinti-
cinco minutos antes de que se sintiera como para volver a jugar 
libremente. 
Al día siguiente, se anotaron sus reacciones en las situacio-
nes y frente a los objetos que se enumeran: 
Sala de juego y cama: Tomó sus juguetes, entró en la 
casa sin protestar. 
Pelota blanca tirada adentro: La levantó y la retuvo en sus 
manos. 
Manta de piel suspendida sobre la 
cama: Lloró hasta que fué sacada. 
Saco de piel suspendido sobre la 
cama: Lloró hasta que fué sacado. 
Algodón: Lloriqueó, se retiró, lloró. 
Sombrero con plumas: Lloró. 
Conejo de juguete de paño blanco 
rústico: Ninguna reacción, ni positiva ni 
negativa. 
Muñeca de madera: Ninguna reacción, ni positiva ni 
negativa. 
El entrenamiento para eliminar estos miedos en Pedro, se 
inició utilizando primeramente factores sociales similares a los 
que se mencionan en la pág. 201 Se obtuvo considerable mejoría, 
pero antes de que finalizara el entrenamiento, el niño enfermó 
de escarlatina y hubo que internarlo dos meses en el hospital. 
AI salir de éste, en el preciso momento de subir a un taxi, 
atacóles ladrando un gran perro. Ambos, la "nurse" y Pedro, 
se asustaron terriblemente, quedando el niño tendido en el coche, 
enfermo y exhausto. Un descanso de pocos días le bastaron 
para recobrarse; al cabo de éstos fué llevado al laboratorio 
E L C O N U ti c T i s M o 20o 
y sometido nuevamente a tests con animales. Sus reacciones de 
miedo frente a todos los animales habían reaparecido en forma 
exagerada. En consecuencia, resolvimos emplear un proce-
dimiento distinto — el de acondicionamiento directo. No te-
níamos control sobre su alimentación, pero se nos autorizó para 
darle su comida de la tarde — galletitas secas y un vaso de 
leche. Lo sentábamos en una silla alta, delante de una pequeña 
mesa. La comida se servía en una sala de aproximadamente 
diez metros de largo. En el mismo instante en que se le presen-
taba la bandeja, se le enseñaba el conejo en una jaula de 
alambre de malla ancha. El primer día se lo mostramos desde 
una distancia adecuada como para no estorbar su almuerzo. Se 
marcó la distancia. Al día siguiente, se le aproximó el conejo 
más y más hasta notar los primeros síntomas de intranquilidad; 
punto que también fué marcado. El tercer día y siguientes, se 
procedió de la misma manera hasta que, por fin, se pudo colocar 
al conejo sobre la mesa y, por último, en la misma falda de 
Pedro. Más tarde la tolerancia se transformó en reacción po-
sitiva, llegando el niño a comer con una mano y a jugar con la 
otra con el animalito: prueba evidente de que se habían re-
entrenado sus visceras simultáneamente con las manos. 
Tras haber logrado extirpar sus reacciones de miedo al 
conejo — el animal que las provocaba en la forma más acen-
tuada — nos interesaba comprobar cuáles serían ahora sus 
reacciones frente a otros animales y objetos con pelaje. Las 
respuestas de miedo frente al algodón, el saco de piel y las 
plumas, habían desaparecido totalmente. Miraba y tocaba estos 
objetos y luego se dirigía a otros. Inclusive llegaba a levantar 
el saco de piel y se lo entregaba al experimentador. 
La reacción frente a las ratas blancas mejoró mucho — por 
lo menos había alcanzado la etapa de la tolerancia, aunque no 
suscitó ninguna clase de vivaces manipulaciones positivas. Le-
vantaba las pequeñas cajas de lata que contenían ratas y ranas 
y las transportaba de un lado a otro de la habitación. 
Se lo sometió entonces a un test con animales en una si-
tuación totalmente nueva. Se le presentó un gracioso ratón 
suave — al cual el niño no había visto hasta entonces —, jun-
tamente con un montón de entremezcladas lombrices de tierra. 
Su reacción fué al principio parcialmente negativa, mas a los 
206 J. B. W A T S O N 
pocos minutos se trocó en una respuesta positiva hacia las lom-
brices y en una tranquila vigilancia del ratón. 
En éste, como en muchos otros casos, el trabajar con te-
mores establecidos en el hogar significaba una notable des-
ventaja, pues desconocíamos la situación primaria en la cual el 
niño se había condicionado (reflejo condicionado de primer 
orden). Si hubiéramos tenido información sobre este punto y 
lo hubiéramos incondicionado de su miedo primario, posible-
mente todas las respuestas transferidas habrían desaparecido 
inmediatamente. En tanto no tengamos mayor experiencia 
acerca de cómo establecer un miedo primario, tomando notas 
de sus transferencias y luego de su incondicionamiento, no nos 
será factible trabajar sobre terreno firme en este interesante 
campo de investigación. Justamente, es posible que se den cier-
tas diferencias de reacción (intensidad) entre la respuesta 
condicionada primaria (primer orden), las respuestas condicio-
nadas secundarias (de segundo orden y siguientes) y las 
distintas respuestas transferidas. Si esto es exacto, presentando 
situaciones muy variadas a niños cuya historia emocional des-
conocemos, podemos establecer cuál de éstas es la que con-
dicionó originariamente a cada uno de ellos. 
Encarado el estudio de las emociones con criterio experi-
mental, todo este campo resulta en extremo interesante, pues 
abre verdaderas perspectivas para la aplicación práctica en el 
hogar, en la escuela e inclusive en la vida cotidiana. 
Sea como fuere, ya hemos visto cómo se establece experi-
mentalmente la respuesta del miedo, y por lo menos un caso 
en el que la respuesta de miedo fué extirpada de raíz mediante 
procedimientos experimentales. Siendo el miedo susceptible de 
ser tratado de esta manera, ¿por qué no podrían serlo también 
todas las otras formas de organización emocional, de ira 
(berrinches) y amor? Creemos firmementeen su posibilidad. 
En otras palabras, la organización emocional está sujeta a las 
mismas leyes que los demás hábitos, tanto respecto al origen 
— según ya lo hemos señalado —, cuanto a la extinción. 
En el caso descrito, la aplicación del método presentó un 
serio inconveniente, debido sobre todo a que no teníamos con-
trol sobre la alimentación del niño. (Dicho sea de paso, nunca 
conviene iniciar un experimento con un sujeto del que no se 
E L C O N D U C T I S M O 207 
tenga su completo control). Si el niño hubiese sido acariciado, 
mimado y mecido (estimulación sexual que conduce al reentre-
namiento de las visceras) simultáneamente con la presentación 
del objeto del miedo, con toda probabilidad el incondicionamien-
to habría tenido lugar con mucho mayor rapidez. 
Acaso este informe preliminar sobre el incondicionamiento 
sea incompleto e insatisfactorio, mas por ahora hay en este 
respecto suma escasez de otros hechos. Debemos abandonar 
los experimentos de condicionamiento e incondicionamiento de 
las reacciones emocionales hasta tanto sea factible trabajar con 
mayor número de niños y bajo mejores condiciones de control. 
FACTORES DOMÉSTICOS QUE CONDICIONAN EMOCIONALMENTE 
A LOS NIÑOS 
Vislúmbrase la posibilidad de que algún día podremos criar 
al ser humano a través de la infancia y de la niñez sin que llore 
o manifieste reacciones de miedo, excepto en presencia de los 
estímulos incondicionados (malestar, sensaciones dolorosas, 
ruidos fuertes) que provocan dichas respuestas. Puesto que 
tales estímulos se presentan rara vez, los niños no debieran 
llorar nunca. Sin embargo, observémolos: lloran mañana, tarde 
y noche. Un niño está en su sagrado derecho de llorar si sufre 
un cólico, si le pincha el alfiler del pañal, así como de llori-
quear un poco si tiene hambre, si llega a meter la cabeza entre 
los barrotes de la cama o si se cae entre el colchón y el costado 
de la cama; si el gato lo arañó o se ha lastimado de cualquier 
otra manera; si lo sobresaltan ruidos fuertes o se ve desprovisto 
de base de sustentación. Pero en otras ocasiones el llanto rara 
vez se justifica. Esto significa que, a causa de nuestros insa-
tisfactorios métodos de entrenamiento doméstico, perjudicamos 
la adaptación emocional del niño con la misma rapidez con que 
torcemos una rama. 
SITUACIONES QUE PROVOCAN EL LLANTO INFANTIL 
La doctora JONES observó a un grupo de nueve niños desde 
que se despertaban por la mañana hasta que se dormían pro-
fundamente por la noche, tomando nota de cada llanto y cada 
208 J. B . W A T S O N 
risa. Registró asimismo la duración de estas reacciones, la 
hora del día en que tuvieron lugar y, con mayor prolijidad, las 
situaciones generales que las provocaban, así como sus ulterio-
res efectos en la conducta. La edad de los niños del grupo 
oscilaba desde los 16 meses a los 3 años. Estos niños fueron 
examinados mediante tests en la Fundación Heckscher, donde 
vivían temporariamente. Habían sido criados en sus respectivos 
hogares. Un mes después de realizada la primera serie de ex-
perimentos, se llevó a cabo una segunda. 
Las situaciones que provocaban el llanto se enumeran a 
continuación, según el número de los llantos suscitados. 
1. Al tener que sentarse sobre el bacín. 
2. Al quitarles sus cosas. 
3. Al lavarles la cara. 
4. Al dejarlos solos en la habitación. 
5. Al abandonar el adulto la habitación. 
6. Al intentar infructuosamente hacer algo. 
7. Al no conseguir que adultos y otros chicos jueguen con 
ellos, o que los miren y les hablen. 
8. Al ser vestidos. 
9. Al no lograr que los adultos los levanten. 
10. Al ser desvestidos. 
11. Al ser bañados. 
12. Al sonarles la nariz. 
Estas son únicamente doce de las situaciones más corrien-
tes que suscitan tales respuestas, pues pasan de cien las que 
despertaban las lágrimas o el lloriqueo. Muchas de las res-
puestas, ante estas situaciones, pueden conceptuarse tanto 
respuestas incondicionadas como condicionadas de ira. Por 
ejemplo: (1) sentarse sobre el bacín; (2) quitarles sus cosas; 
(3) lavarles la cara; (6) intentar infructuosamente hacer algo; 
(10) ser desvestidos; (11) ser bañados; (12) sonarles la na-
riz. Por otra parte, el abandonar el adulto la habitación (5), 
no conseguir que un adulto los levante (7) — parecerían en-
cuadrar más dentro de las respuestas condicionadas de amor, 
próximas a la situación de dolor que se produce cuando la 
cosa o la persona objetos del cariño es alejada o no manifiesta 
E L C O N D U C T I S M O 209 
las respuestas de costumbre (cuando "el amor" se enfría). La 
doctora JONES afirma que en un gran número de casos, el miedo 
— tanto condicionado cuanto incondicionado —, era en buena 
parte responsable del llanto; por ejemplo, cuando se obligaba 
a los niños a pararse sobre la plataforma superior de un tobogán 
o a deslizarse por éste, a mantenerse de pie sobre una mesa. 
Posiblemente (4) y (5), de la clasificación citada, comprenden 
elementos de la respuesta de miedo. 
Al realizar un estudio de esta naturaleza, debiéramos tener 
siempre presente que el llanto puede ser originado por factores 
orgánicos, tales como el sueño, el hambre, el cólico, etc. La 
doctora JONES, halló que la mayoría de los llantos debidos (pro-
bablemente) a causas intraorgánicas ocurrían entre las 9 y las 
11 horas de la mañana. En consecuencia, la institución esta-
bleció sus horas de reposo antes del almuerzo en lugar de por 
la tarde, con dos períodos de descanso para los niños más pe-
queños, logrando así disminuir el llanto y la inquietud provo-
cados por factores intraorgánicos. 
SITUACIONES QUE PROVOCAN LA RISA EN LOS NIÑOS 
De idéntica manera se registraron las situaciones que pro-
vocan la risa y la sonrisa. Las causas comunes de la risa son, 
por orden, las siguientes: 
1. Que alguien juegue con ellos (les hable risueñamente, 
les haga cosquillas). 
2. Correr, perseguir, travesear con otros niños. 
3 . Entretenerse con juguetes (la pelota era particularmen-
te eficaz). 
4. Bromas a otros niños. 
5. Contemplar a otros niños que juegan. 
6. Felices tentativas de arreglos (por ejemplo, haciendo 
que piezas de juguetes o aparatos ensamblen o fun-
cionen) . 
7. Ruidos más o menos musicales en el piano o con una 
flauta; cantar, golpear. 
210 J. B. W A T S O N 
En total, se registraron 85 situaciones que provocaban la 
risa y la sonrisa. Las situaciones que más comúnmente provo-
caban la risa eran: las cosquillas, el hablarles risueñamente, el 
bañarlos con suavidad, sus travesuras con otros niños, el torear-
los (pero siempre que éste implicase la posibilidad de una 
reconciliación; probablemente una respuesta aprendida de base 
sexual, dado que la reconciliación entraña un trato afable, pal-
moteo y mimo). Resultaría difícil intentar discutir aquí hasta 
qué punto estas reacciones de alegría eran incondicionadas y 
hasta qué punto condicionadas. Es notable cómo los mismos 
estímulos pueden provocar una vez la risa y otra el llanto según 
la manera como se traten las situaciones y según el estado in-
traorgánico de los niños. Por ejemplo, al bañárselos, aunque 
predominaba el llanto, siempre era posible hacerlos reír. En 
una oportunidad, la introducción de una flauta alteró por com-
pleto el humor de la sala, trocando la angustia en risa. Cuando 
se viste a los chiquillos con torpeza, empujándolos, apretándolos 
y haciéndolos girar bruscamente, casi siempre se suscita el llanto; 
pero si esta operación se realiza juguetonamente, las respuestas 
serán sonrisas y risas. Sin embargo, debemos tener cuidado, 
pues fácilmente podríamos excedernos en la diversión del niño 
cuando está haciendo aquello que debe hacer. He visto niños 
así malcriados, sufrir una verdadera tortura al ser atendidos 
por una nueva "nurse" que no cedía, o no quería ceder, a sus 
demandas de divertirlos mientras se los bañaba, acostaba o 
alimentaba. 
No obstante lo incompleto de los resultados obtenidos hasta 
el presente, hemos adelantado lo suficiente como para demos-
trar cuan fácil es sustituir

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