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E l e sp ac io m ur al A ur el io V al le sp ín M un ie sa Textos de Arquitectura y Diseño La superficie mural en un entorno arquitectónico muchas veces se ha entendi- do como una decoración, algo complementario a la arquitectura. Este estudio pretende mostrar cómo esa superficie mural no es un complemento sino que puede cualificar la arquitectura considerándose un elemento más de ésta, modificando la percepción del espacio, funcionando como un elemento arqui- tectónico más, aunque aparentemente intangible. Normalmente cuando contemplamos una pintura, por ejemplo un paisaje costumbrista del siglo XVII, entendemos, aunque es un hecho complejo, que el paisaje representado tiene profundidad, por tanto, que el cuadro genera cierto espacio, haciendo que desaparezca el soporte del mismo, su superficie, a pesar de ser físicamente bidimensional. Cuando la pintura, aunque sea con la misma temática, se realiza sobre una superficie que no tiene porqué ser plana, en un espacio arquitectónico, este hecho ya no es tan evidente, y se puede generar cierta duda sobre lo percibido. Este trabajo pretende estudiar, a través de la pintura mural y la arquitectura que la cobija, la relación entre el espacio y sus límites, como elementos esen- ciales para la compresión de la arquitectura. Por supuesto, teniendo en cuenta la ambigüedad generada debido a la capacidad que tiene la superficie mural de ser percibida como superficie, es decir límite, o como espacio. Entonces, podemos decir que este desconcierto necesario para desencadenar el proce- so interior, que provoca que una obra nos emocione, encuentra un vehículo perfecto para su desarrollo a través de la modificación que opera la superficie mural sobre el espacio arquitectónico. No es que éste haya sido el papel que ha desempeñado la pintura mural, pero sin duda éste es el que nos interesa. Su capacidad de modificar el espacio, generan- do ambigüedad, a través de su percepción como superficie o como espacio. El espacio mural Aurelio Vallespín Muniesa 1 2 3 Aurelio Vallespín Muniesa EL ESPACIO MURAL Sobre la percepción del espacio arquitectónico modificado a través de la superficie mural 4 Textos de Arquitectura y Diseño Director de la Colección: Marcelo Camerlo, Arquitecto Diseño de Tapa: Liliana Foguelman Diseño gráfico: Karina Di Pace Hecho el depósito que marca la ley 11.723 Impreso en España / Printed in Spain La reproducción total o parcial de esta publicación, no autorizada por los editores, viola derechos reservados; cualquier utilización debe ser previamente solicitada. © de los textos, Aurelio Vallespín Muniesa © de los imágenes, sus autores © 2014 de la edición, Diseño Editorial I.S.B.N. 978-987-3607-42-4 Septiembre de 2014 Este libro fue impreso bajo demanda, mediante tecnología digital Xerox en bibliográfika de Voros S.A. Bucarelli 1160, Ciudad de Buenos Aires. info@bibliografika.com - www.bibliografika.com En venta: LIBRERÍA TÉCNICA CP67 Florida 683 - Local 18 - C1005AAM Buenos Aires - Argentina Tel: 54 11 4314-6303 - Fax: 4314-7135 - E-mail: cp67@cp67.com - www.cp67.com FADU - Ciudad Universitaria Pabellón 3 - Planta Baja - C1428BFA Buenos Aires -Argentina Tel: 54 11 4786-7244 Vallespín Muniesa, Aurelio El espacio mural : sobre la percepción del espacio arquitectónico modificado a través de la superficie mural . - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Diseño, 2014. 256 p. : il. ; 21x15 cm. - (Textos de arquitectura y diseño / Marcelo Camerlo) ISBN 978-987-3607-42-4 1. Arquitectura. I. Título CDD 720 5 Aurelio Vallespín Muniesa EL ESPACIO MURAL Sobre la percepción del espacio arquitectónico modificado a través de la superficie mural 6 EL ESPACIO MURAL Sobre la percepción del espacio arquitectónico modificado a través de la superficie mural 7 8 9 a Sonia, lux en un mundo de lumen 10 ÍNDICE 11 AgRADECIMIENTOS INTRODUCCIóN 1. LA LUz qUE DIBUjA y DESDIBUjA: LAS SUPERFICIES MUSIVAS EN Gala Placidia La luz Influencias filosóficas de los primeros cristianos El espacio bizantino Transformación estética El mosaico Mausoleo de Gala Placidia Gala Placidia a través de lo dibujado Gala Placidia a través de los mosaicos La arquitectura de Gala Placidia y sus superficies musivas El espacio sugerido en Gala Placidia 2. LA LUz COMO SUPERFICIE MURAL: LAS VIDRIERAS DE LA CATEDRAL DE LEóN El origen de las vidrieras góticas La pintura sobre vidrio Las vidrieras del siglo XII Las vidrieras de finales del siglo XIII Controversia académica El espacio en el gótico La Catedral de León La luz como superficie mural en las vidrieras de la Catedral de León 3. EL ESPACIO COMO SUPERFICIE PURA: LOS MURALES DE Sant Joan dE Boí El valle del Boí y Sant Joan de Boí La pintura mural del valle de Boí: técnica, maestros y estilos Pintura mural románica entre lo analógico y lo digital El espacio iconográfico en Sant Joan de Boí Estética de la pintura mural en Sant Joan de Boí 14 16 30 31 32 34 35 37 39 40 42 45 46 50 51 53 56 59 60 61 65 67 70 73 76 77 82 87 12 Pintura mural románica como superficie pura La estética de la pintura mural románica y la arquitectura El espacio como superficie pura 4. LA COMPOSICIóN DEL LUgAR: LA INTERVENCIóN DE ANDREA POzzO EN LA IgLESIA DE LOS jESUITAS DE VIENA A TRAVÉS DE LA PERSPECTIVA Origen de la perspectiva La crisis de la perspectiva en el siglo XV El significado de la perspectiva Perspectiva como símbolo de lo sagrado El punto de vista de la perspectiva como representación simbólica Iglesia de los Jesuitas de Viena, contrarreforma y arte Jesuita Andrea Pozzo y la importancia del punto de vista Intervención de Andrea Pozzo en la Iglesia de San Ignacio de Roma Intervención de Andrea Pozzo en la iglesia de los Jesuitas de Viena La composición del lugar en la iglesia de los Jesuitas de Viena 5. LA MAgIA DEL AMBIENTE: LAS PINTURAS AL FRESCO DE gOyA EN SAN ANTONIO DE LA FLORIDA Ermita de San Antonio de la Florida Descripción y temática de los frescos de San Antonio de la Florida Técnica pictórica en los frescos de San Antonio de la Florida La luz de los frescos de San Antonio de la Florida El espíritu religioso en Goya La magia del ambiente en San Antonio de la Florida Descripción y situación de la cúpula Regina Martyrum Posición de la fachada principal en la cúpula Regina Martyrum La escala en la cúpula Regina Martyrum 6. EL ESPACIO PURO: LA PINTURA MURAL DEL LUCERNARIO ESTE EN RonchamP du haut DE LE CORBUSIER El cubismo El nuevo espacio cubista La ambigüedad cubista 90 92 94 96 97 99 102 104 108 113 115 116 120 124 128 130 132 135 136 139 141 144 147 149 154 157 159 162 13 El purismo Evolución de la obra pictórica de Le Corbusier Espacio y policromía arquitectónica Los lucernarios de Ronchamp El espacio puro 7. EL ESPACIO SUBjETIVO A TRAVÉS DEL CAMPO VISUAL PINTADO: LOS MURALES DE MONET EN LA oRanGERiE Impresionismo La poética en Claude Monet La planitud en la obra de Monet El color en Monet La búsqueda del instante El mundo visual y el campo visual en Monet Las series de Nenúfares en la Orangerie Interpretación del espacio en la Orangerie Del campo visual al mundo visual en la Orangerie 8. EL ESPACIO DE LO SUBLIME: LOS MURALES DE MARK ROTHKO PARA EL SEaGRam Expresionismo Abstracto Americano Influencias del Expresionismo Abstracto Características del Expresionismo Abstracto La colocación de las obras clásicas de Mark Rothko en las exposiciones El espacio generado por la obra clásica de Rothko de forma individual Los murales de Rothko para el edificio Seagram Los murales del Seagram en la Tate Gallery El espacio generado por los murales del Seagram El espacio generado por los murales del Seagram en la Tate Modern REFERENCIAS BIBLIOgRáFICAS 164 165 168 170 174 178 179 182 183 186 191 193 196 200 201 206 207 210 212 216 217 222 226 229 232 234 14 AGRADECIMIENTOS quiero agradecer su inestimable colaboración a Don jesús Aparicio guisado, no solo por sus sugerenciassino por despertar en mí esta pasión por el espacio generado por la pintura. A Santiago Viamonte Martínez, amigo desde la infancia, quiero agradecer la ardua tarea nada fácil, de hacer legible el texto además de ser confidente de estas lides. Por último, a Fernando gonzalez Laso por su colaboración en la realiza- ción de la documentación gráfica que acompaña al texto y las fotografías. Deseo manifestar mi gratitud a las personas e instituciones que han facilitado el acceso a los espacios mencionados y han permitido la rea- lización y publicación de las fotografías que se indica: A la Diócesis de Ravena, por permitirme publicar las imágenes realizadas en El mausoleo de Gala Placidia y en El Batisterio de los Neonianos. A Nicola Benassi por consentir la publicación de la fotografía de un detalle de los fondos musivos dorados de la Basílica de San Marcos de Venecia. Al deán de la Catedral de León por conceder permiso para la realización de fotografías de las vidrieras de dicha catedral y su posterior publica- ción. Especialmente al secretario, Antonio Trobajo, por su amabilidad. Al Museu Nacional d’Art de Catalunya, MNAC, a través de Ariadna Blanc Monegal del Servei Fotografic, por su gentileza a la hora de dejar- me publicar las fotografías realizadas en el museo, referentes a las pinturas murales de San Joan de Boí, y Santa maria de taüll. A los padres jesuitas gustav Schoerghofer y Friedrich Sperring por facilitarme el acceso a la iglesia de los jesuitas de Viena y permitirme la realización de las fotografías de la pintura mural de la bóveda. A Burghauptmannschaft de Austria por concederme permiso para publi- car en este libro las fotografías realizadas en el interior de la iglesia de los jesuitas de Viena y muy especialmente a Simek Reinhard por propor- cionarme la documentación gráfica de la iglesia de los jesuitas de Viena. 15 Al Museo de la Real Ermita de San Antonio de la Florida en Madrid, por permitirme gentilmente, realizar las fotografías de los frescos de goya que aparecen en la publicación. A la Catedral Basílica del Pilar de zaragoza, Cabildo Metropolitano, especialmente al Director de Patrimonio Artístico de las Catedrales Ignacio S. Ruiz Hernández, por concederme el permiso para la publica- ción y por facilitarme la labor fotográfica en la cúpula Regina Martyrum realizada por goya. A la fundación Le Corbusier y a la Capilla de Ronchamp du Haut por su amabilidad y por su consentimiento para publicar en este ensayo algunas de las fotografías realizadas en su interior, espacialmente las del lucernario Este. A Chris Webster en representación de la Tate Modern por permitir- me llevar a cabo la sesión fotográfica de la Sala Rothko y su posterior publicación. 16 INTRODUCCIóN 17 Antes de profundizar en el contenido, será necesario aclarar algunos de los términos a los que alude el subtítulo del libro: Sobre la percepción del espacio arquitectónico a través de la superficie mural. El primero es la percepción, de cómo percibimos y entendemos el espacio arquitec- tónico, y cómo percibimos e interpretamos la superficie mural. Según gibson la base de la llamada percepción del espacio es la proyección de sus objetos y elementos como imagen y el consiguiente cambio en una serie de variables como son: el gradiente de textura, los grados de iluminación y el tamaño de los objetos (gibson, 1974 [1950], pp. 133-166). En este aspecto gibson1 coincide con Montes2 (1992, p. 299) cuando éste dice que “El mecanismo de lectura e interpretación de imágenes fijas –en dibujos y fotografías– no es distinto del utilizado por nuestra mente en la percepción visual de la realidad”. Si los mecanismos para la percepción de la realidad, tridimensional, y de la imagen, bidimensional, son similares en unas determinadas condiciones, podemos decir que en esas condiciones la percepción del espacio real arquitectónico es similar a la percepción de lo representado en la superficie mural. Ambas percepciones se funden de forma que el espacio arquitectónico permite ser modificado por la superficie mural. El segundo término es el espacio arquitectónico. Este concepto que hoy nos resulta tan familiar, fue anticipado por Hegel, que distinguió según el desarrollo histórico tres tipos de arquitectura, la simbólica, la clásica y la romántica (Hegel, 2001 [1981], p. 37). En esta última es donde habla del concepto de espacio interior, explicando que al estar totalmente cerrado, tiene mayor importancia que en el arte clásico, donde este no es cerrado y la preponderancia recae en el exterior (Hegel, 2001 [1981], pp. 124-125). Así abrió la puerta al posterior desarrollo de la estética del espacio, que durante los años finales del siglo XIX llevaron a cabo diversos teóricos alemanes (van de Ven, 1981 [1977], p. 12). 1 Al expresar que el campo visual constituye un correlato razonablemente fiel de la imagen retiniana y que por tanto, la explicación de la visión gráfica es posible con el criterio tradicional (gibson, 1974 [1950], p. 67). 2 Aunque en otros aspectos importantes ambos no coincidan: Montes (1992, p. 41) entiende que no existe una distinción rígida entre sensación y percepción. Esta es una idea basada en las teorías de gombrich, que considera esta distinción anticuada. Explica que buena parte de la experimentación artística de los dos últimos siglos ha trabajado en este sentido (gombrich 2000 [1982], p. 181). 18 Esta estética del espacio fue degenerando y tiene detractores; así, Scruton (1985 [1979], p. 51) sostiene que “la teoría de que la experien- cia de la arquitectura es una experiencia de espacio resulta insoste- nible a todas luces”. Se abuso de este concepto, llegando a utilizarse de forma simplista, como sinónimo de forma. Resulta obvio que toda arquitectura por ser habitada se refiere al espacio, por tanto al hablar de arquitectura siempre nos podemos referir a éste. La duda que se plantea en este ensayo es la siguiente: ¿Estamos hablan- do sobre el espacio arquitectónico o lo estamos utilizando de forma simplista, como critica Scruton? Podemos resolver la duda haciendo uso del método que él utiliza.3 Si en nuestro título sustituimos, espacio por forma, tendremos: Sobre la percep- ción de la forma arquitectónica modificada a través de la superficie mural. La pregunta que nos hacemos es si cambia su sentido y después de interrogarnos nos damos cuenta de que efectivamente se modifica. Por tanto, este título no será adecuado para nuestros fines. ya que cuando nos referimos a la superficie mural, el término espacio no es sustituible por forma sin que cambie su significado; al hablar de pintura, espacio se refiere a la profundidad, concepto equivalente con el arquitectónico y forma se refiere al contorno que delimita las figuras, concepto muy distinto del referido a la arquitectura como límite espacial. Entonces para este ensayo, que se nutre de la ambigüedad entre arquitectura y super- ficie mural al ser percibidas de forma similar, el concepto aplicado a ambos debe ser el mismo, y por lo tanto, no puede ser otro que espacio. También debemos referirnos a la superficie mural. Definimos la super- ficie mural como una expresión gráfica intencionada sobre el muro, entendido éste como límite del espacio, aunque la superficie mural puede conseguir que pierda esta condición de límite y se perciba como espacio. Entendemos este concepto como un término amplio, que no se limita a la pintura mural convencional, sino que recoge como veremos, otras técnicas. 3 A este respecto podemos resolver la duda haciendo uso del método que él utiliza. Sustituyendo espacio por forma en la obra de Paul Frank, concretamente en un texto sobre la iglesia de los jesuitas de Posen, la de Breselau y la capilla del palacio de Fredrichshafen (Frankl, 1981 [1914], pp. 84-85), Scruton demuestra que el significado no pierde el sentido (Scruton, 1985 [1979], p. 58). 19 Por último, trataremos un término que aunque no se cite expresamenteen el subtítulo, es la esencia de este trabajo. Para ello comenzaremos con una afirmación, obvia si se quiere, pero que nos va a ayudar a desarro- llar el planteamiento inicial: No podemos entender el arte sin la Idea.4 El mismo Hegel (1990 [1835], p. 125) lo interpreta como “una emancipación de la idea absoluta”. En nuestro caso, que se refiere a la superficie mural en un espacio arquitectónico, la Idea la entendemos como conjunto; aun- que aparentemente, en algunas circunstancias, pueda parecer que existe una Idea diferente para la arquitectura y otra para la pintura mural. Si la superficie mural puede modificar el espacio arquitectónico, fusionándose con éste, las Ideas, no solo se pueden fundir, sino que en realidad son una única. Pero ¿cuál es la Idea de las obras de este ensayo? Nos parece tan difícil de expresar que estamos tentados de calificarla de inefable. Consistiría en acercarnos, o en producir sensaciones que nos aproximen, a aquello que denominamos como: esencial, sublime, trascendente, absoluto, íntimo, interior, espiritual, último, aquello que sin tener un carácter religioso no deja de serlo, que sin ser divino no deja de relacionarse con ello. En realidad serían distintas expresiones de lo sagrado, en un sentido muy amplio, que no solo incluiría a los fenómenos religiosos sino a todo aquello de lo que desconocemos su origen, pero que nos asoma a lo misterioso, a lo que nos genera descon- cierto. Al amparo de estos términos en el arte se ha englobado desde lo más nuevo, como sucede en el caso de Kandinsky,5 hasta lo más ale- jado de ello, como sucede en el caso de Seldmayr.6 Esta Idea no resulta novedosa, podemos decir que es una constante en la historia del arte, son muchos los críticos7 que se han referido al arte de esta forma. Más 4 Idea con mayúscula, como indica Panofsky (1998 [1924], pp. 13-16) en su obra con el mismo título al referirse a la evolución de la Idea en la teoría del arte, especialmente en: arquitectura, pintura y escultura. 5 Empieza de lo espiritual en el arte, diciendo: “Toda obra de arte es hija de su tiempo” (Kan- dinsky, 1992 [1952], p. 7). y en el libro habla de un arte nuevo con aspiraciones espirituales igual que las que tenían los primitivos. 6 Plantea que desde finales del siglo XVIII se han producido grandes cambios en el arte, “inten- tos de negar la transcendencia y refugiarse en la inmanencia” (Seldmayr, 2011 [1960], pp. 38-41). 7 Nos referimos únicamente a los críticos cuyos trabajos referentes al tema se estudian a lo largo del texto: gage, Panofsky, Seldmayr, Sureda, Kemp, Florenski, Rosenblum, Torralba, Francastel, etc… Mientras que hay otros críticos que aunque también son citados en el texto no son referenciados 20 que una Idea es un anhelo del hombre, que no sabemos cómo surge pero que bien podría ser como la interpretación que hace San Agustín del conocimiento de algunas de nuestras ideas.8 La definición de estos términos nos desvía de nuestro asunto, mostrán- donos la dificultad a la que nos enfrentamos al referirnos a ellos, cuantos más términos nombremos en vez de acotar su sentido, este se amplia y resulta más vago. Parte de su complejidad radica en que su significado ha ido cambiando a lo largo de la historia. Por tanto necesitamos otra manera de circunscribirlos. quizás, expresando lo que no entendemos de estos términos para, a través de esta lógica de la negación, afirmarlos: No entendemos estos conceptos exclusivamente como aquello que lo representa de forma simbólica, sino que también influyen otros facto- res que realmente son los que más nos interesan para este trabajo. Es decir, el carácter religioso no solo se manifiesta porque se represente una imagen religiosa, como una Sagrada Familia, sino que existen otras causas, y es a esas a las que nos referimos. Este carácter simbólico se observa desde la antigüedad.9 El ejemplo más evidente de que la representación de lo sagrado es sagrada sería la iconoclastia, motivada por atribuir a las imágenes un sentido sagrado, la forma de evitarlo fue prohibiendo las imágenes y su veneración,10 baste recordar la que se produjo durante el imperio bizantino.11 en este aspecto, como greenberg (1939, p. 26) que considera la búsqueda de lo absoluto como forma de llegar al arte, o Pallasmaa (2010 [2005], p. 11) que defiende que la función del arte es con- seguir que “tengamos una experiencia de nosotros mismos como seres corporales y espirituales”. 8 San Agustin se refiere a las ideas que no penetraron a través de los canales de los sentidos. Plantea que las poseemos desde el principio, desordenadas en los ámbitos de la memoria. Nosotros las ordenamos y las colocamos en lugares accesibles, de manera que al pensar las recogemos: “tiene que recogerlas (cogere) de su dispersión y no es otra cosa que cogitare (pensar)” (confesiones, X, 11, 18). 9 Como por ejemplo en el paleolítico, donde los animales eran divinizados. Entonces las repre- sentaciones animales sobre la superficie de la cueva son las de la divinidad, otorgando a la pintura un carácter sacro por este motivo. En este sentido resulta interesante la reflexión de Bataille (1979 [1957], pp. 114-121). 10 Melot (2010 [2007, p. 31) atribuye este conflicto a Platón, que con su crítica radical de la ima- gen, le confirió una existencia autónoma al modelo que pretendía sustituir. Besacon (2003 [1994], p. 54) en un sentido también se refiere de esta manera al expresar que “Platón es el padre de la iconoclastia”, pero por otro lado también lo considera el padre de los iconófilos. 11 Durante el gobierno del emperador León III se atribuyó la victoria de Bizancio sobre los 21 Tampoco entendemos esta Idea necesariamente, como asociada a la belleza, en el sentido expresado por Hegel, donde por un lado se le asig- na al arte “como objetivo la representación sensible de lo bello” (Hegel, 1990 [1835], p. 125), y por otro, relaciona la belleza con el espíritu: “Solo es bello en la medida en que participa del espíritu” (Hegel, 1990 [1835], p. 11).12 Podemos encontrar ejemplos de arte que tienen un carácter trascendente sin ser bellos, en este sentido Kandinsky (1992 [1952], p. 44) plantea un belleza exterior y otra interior y comenta que esta última puede parecer fealdad a los que no estén acostumbrados a esta nece- sidad interior. Después de cerciorarnos de la dificultad de nuestra empresa, nos hace- mos la siguiente pregunta: ¿qué puede ser aquello que le imprima a la obra de arte un sesgo de lo absoluto o lo infinito? Sin duda, la emoción13 puede contribuir a ello. Una obra de arte nos puede turbar de muchas maneras, para acceder a esa trascendencia, lo podemos conseguir, por ejemplo, a través de emociones como la duda o incluso aquellas cercanas al temor.14 En el momento que durante la contemplación observamos algo árabes en las murallas de Constantinopla a un milagro de la virgen ; el emperador, celoso de la divinidad, mandó retirar todas las imágenes amparado en el antiguo testamento (Ex, 20, 4-5). 12 Este concepto no es de Hegel sino anterior a él, se remonta a los orígenes del arte y la religión, pero él lo expresa de forma muy clara. Platón ya relacionó el bien con la belleza y lo divino: “en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas, que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de esta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública” (la Republica, 517 b-c). Los Neoplatónicos también asociaban lo bello con la bondad del alma que consiste en aseme- jarse a Dios: “y por eso se dice con razón que para el alma, el hacerse buena y bella consiste en asemejarse a Dios” (En, I, 6, 6, 18-20). En este tema no hay grandes variaciones entre el pensamiento de Platóny Plótino, pero citamos a Plótino para resaltar en este punto una de las principales diferencias entre ambos, donde Plótino refutó a su maestro, al tratar la situación de los artistas plásticos. Mientras que para Platón estos son inferiores a la Naturaleza ya que la imitan, para Plótino el artista se encuentra a la altura de la Naturaleza, ya que da forma a la materia igual que ésta (Besacon, 2003 [1994], pp. 71-72). 13 No hay que confundir sensación con emoción, aunque la segunda acepción de sensación la podemos entender como emoción (RAE, 2001). Entendemos las sensaciones como impresiones a través de los sentidos mientras que las emociones son alteraciones del ánimo, agradables o desagradables. 14 Entendido este temor como fuente de lo sublime según expresa Burke (2010 [1757], pp. 85-87) 22 que nos desconcierta, que nos confunde, que nos genera ambigüedad, dudamos de lo que percibimos, nos refugiamos en nuestro interior, inte- rrogándonos. La necesidad de obtener una respuesta por nuestra parte obra el milagro: nuestras sensaciones, ya no son percibidas desde el exterior a través de los sentidos, cuando incluso podíamos llegar a pensar que nacían de la propia obra, sino que se sitúan en nuestro interior. Volviendo al método utilizado de la lógica de la negación, afirmamos que no se entiende lo que acabamos de explicar, como la contemplación estética expuesta por Schopenhauer.15 Según éste, el observador senti- ría al contemplar la obra lo que sintió el genio que la realizó. En nuestro caso el observador no sentiría lo mismo que el artista sino que sentiría su interior, aunque no posea el genio de aquel, no lo necesita, ya que los sentidos, nuestra unión con el exterior, se convierten en el vehículo que comunica con nuestro interior. Tampoco lo entendemos como la proyección sentimental del filósofo alemán Theodor Lipps,16 ni como lo que años más tarde matizaría su dis- cípulo Wihelm Worringer.17 ya que en nuestro caso, se da un paso más respecto a lo explicado por Lipps. En la empatía o Einfuhlung, el sujeto proyecta sobre el objeto percibido a través de los sentidos, sus senti- mientos, y éstos son percepciones subjetivas del mismo. En este caso, también el sujeto proyecta sobre el objeto percibido sus sentimientos, o incluso con temor y temblor, en referencia al texto de Kierkegaard (2007 [1843]) que en defi- nitiva, no deja de tratar estos temas de una manera más profunda. 15 Este expresa que las obras de arte son un medio para facilitar el acceso al conocimiento de la idea, y que el genio es aquel que aventaja de tal manera en el grado de conocimiento a los demás, que le permite “reproducir lo así conocido en una obra espontánea” (Schopenhauer, 2013, p. 386). De forma que “el artista nos permite mirar el mundo a través de sus ojos” (Scho- penhauer, 2013, p. 386). 16 “El primer fundamento de la proyección sentimental es este: que yo, en general, al observarla, estoy en la forma. y estoy, cuando la proyección es completa, completamente entregado a la forma, en su observación. Por consiguiente, en la proyección, yo no soy este real “yo”, sino que me desprendo interiormente de él, es decir, me desprendo interiormente de todo aquello que yo soy, fuera de la contemplación de la forma” (Lipps, 1923, p. 241). 17 “Mientras que el afán de proyección sentimental está condicionado por una venturosa y confiada comunicación panteísta entre el hombre y los fenómenos del mundo circundante, el afán de abstracción es consecuencia de una intensa inquietud interior del hombre ante esos fenómenos y corresponde en la esfera religiosa, a un sesgo acusadamente trascendental de todas las representaciones” (Worringer, 1992, p. 30). 23 pero éstos no son generados por el objeto, sino que se encuentran en su interior, son fruto de una vivencia interior al contemplar el objeto. Este refugiarnos en nuestro interior recuerda la función del arte en Oteiza,18 como “protección espiritual”19 (Oteiza, 1958, p. 149). Además, frente al arte de hoy, Oteiza persigue una espacialidad interior abierta, como habitabilidad espiritual para el hombre, donde la posición de este como espectador frente a la obra de arte se invierte (Oteiza, 1958, p. 149), es el observador el que debe actuar (Oteiza, 1993 [1963], p. 94), este aspecto es muy importante, ya que el observador adquiere un papel activo frente a la obra de arte, como nosotros, por supuesto, defendemos. Sigamos profundizando. ¿qué será aquello que nos desconcierta, que nos hace dudar o incluso que nos produce miedo o temor, para obtener las sensaciones interiores que nos interesan? Para explicarlo volvamos al origen de este ensayo, la relación que se establece entre la superficie mural y el espacio arquitectónico que la cobija. Sin duda en este punto 18 Es un artista al que nos sentimos muy cercanos, especialmente por el paralelismo con su concepción espacial del muro. En el diccionario abreviado que aparece al final de Quousque tán- dem…! Oteiza (1993 [1963]) define el muro y expresa: “Los que en estos años que ya han pasado, hemos tenido verdadera predilección por el muro ha sido como un corte virtual y cambiante en la arquitectura para introducirnos en una anatomía del espacio, para experimentar en él una circulación o fisiología formal, una topología nuestra. El primer artista es el que golpea con su mano débil, con su mano herida en el muro y obtiene como conciencia de una respuesta. La respuesta de que el muro es un sitio en su imaginación que puede utilizar como una trampa”. Oteiza englobó sus estudios sobre este tema como la ampliación funcional del muro y apa- recen recogidos en su Propósito Experimental 1956-1957, donde expresa refiriéndose a las conclusiones del muro: “Las formas elementales y solas viven dentro del espacio, desde una biología ahora rudimentaria. Como en un espacio congelado intencionalmente”. (Oteiza, 1956- 1957, p. 142). Este tema lo materializó de diferentes maneras: Como el tratamiento del muro en positivo y negativo en sus estudios de los apóstoles en Aránzazu (1952-19549); o su composi- ción mural y escultura con elementos livianos en sus estudios para el Homenaje a Raimundo Lulio (1956-1957); o por último, su “ampliación espacial del muro” (Abós, 2008, pp. 254-255), en sus estudios para la Universidad laboral de Tarragona (1956-1958). 19 Establece como ejemplo los crómlechs neolíticos vacíos, humildes, que aparecen disemi- nados por todo el Pirineo: “El crómlech vasco es un pequeño crómlech interiormente vacío, construcción estética (estatua vacía) de protección espiritual, con la que finaliza el proceso artístico de nuestra historia” (Oteiza, 1993 [1963], p. 36). que define de forma existencial como un circulo vacío: “… para dejar fuera el envoltorio natural del mundo, la Nada que nos queda descrita en este vacío interior es la que nosotros ya hemos aprendido a sentir esa ‘mismidad mía, mi realidad-de-verdad’ de la que nos afirma Heidegger que ‘se mide por mantenerse o sostenerse en la Nada de todas las cosas’”. 24 radica la novedad del ensayo, porque hasta el momento todo lo expli- cado no deja de ser una visión limitada del sentido universal del arte. La superficie mural en un entorno arquitectónico muchas veces se ha entendido como una decoración, algo complementario a la arquitectu- ra. Este estudio pretende mostrar cómo esa superficie mural no es un complemento sino que puede cualificar la arquitectura considerándo- se un elemento más de ésta, modificando la percepción del espacio, funcionando como un elemento arquitectónico más, aunque aparen- temente intangible. Normalmente cuando contemplamos una pintura, por ejemplo un paisa- je costumbrista del siglo XVII, entendemos, aunque es un hecho com- plejo, que el paisaje representado tiene profundidad, por tanto, que el cuadro genera cierto espacio, haciendo que desaparezca el soporte del mismo, su superficie, a pesar de ser físicamente bidimensional. Cuan- do la pintura, aunque sea con la misma temática,se realiza sobre una superficie que no tiene porque ser plana, en un espacio arquitectónico, este hecho ya no es tan evidente, y se puede generar cierta duda sobre lo percibido. Por la capacidad que tiene la superficie de ser entendida como superficie o como espacio fundiéndose con el espacio arquitectónico al ser percibidas de forma similar, como hemos explicado anteriormente. Riegl (1992, [1901], p. 33) al hablar de la arquitectura determina que ésta se divide en dos partes: el espacio y sus límites.20 Este trabajo pretende estudiar, a través de la pintura mural y la arquitectura que la cobija, esa relación entre el espacio y sus límites, teniendo en cuenta la ambigüe- dad generada debido a la capacidad que tiene la superficie mural de ser percibida como superficie, es decir límite, o como espacio. Entonces, podemos decir que este desconcierto o incluso temor, necesario para desencadenar el proceso interior, señalado anteriormente, encuentra 20 “la tarea de la arquitectura se divide en dos partes que se complementan y condicionan, pero que precisamente por ello, se sitúan en una oposición reciproca: la creación del espacio (cerrado) como tal y la creación de los límites del espacio. De esta forma se le ofrecía a la humana volun- tad de arte la posibilidad de realizar, de modo unilateral, una de las dos partes a costa de la otra: los límites del espacio se podían recargar hasta tal extremo que la construcción se convertía en una obra de arte plástica y por el contrario, los límites del espacio se podían extender a tal profundidad que en el observador se despertara la idea de la infinitud e inmensurabilidad del espacio libre” (Riegl, 1992, [1901], p. 33). 25 un vehículo perfecto para su desarrollo a través de la modificación que opera la superficie mural sobre el espacio arquitectónico. No es que éste haya sido el papel que ha desempeñado la pintura mural, ni mucho menos, pero sin duda éste es el que nos interesa. Su capa- cidad de modificar el espacio, como un elemento arquitectónico más, que genera ambigüedad, a través de su percepción como superficie o como espacio. Esa incertidumbre es el germen necesario para que nos refugiemos en nuestro interior. … Según entendamos la superficie mural como límite del espacio que la cobija o como espacio, dividimos el ensayo en tres bloques: Existe una primera tendencia que remite a la superficie hasta llegar a la superficie pura en el románico. Esta tendencia coincide con los ejemplos más arcaicos, sintonizando, en cierta manera, con la teoría de Riegl (1992 [1901], pp. 34-40) que se refiere a la evolución de las artes figurativas en el arte antiguo en tres fases.21 En ella explicaremos a tra- vés de algunos ejemplos, cómo la superficie mural delimita el espacio arquitectónico a través de su cualidad superficial, aunque lo represen- tado en esa superficie, en algunos casos, se entiende como espacio: En los mosaicos del Mausoleo de Gala Placidia en Ravena los fondos representados en los mosaicos los percibimos como infinitos, hacien- do que el espacio se expanda, pero los reflejos vítreos de la superficie musiva nos remiten a ella y nos muestran su límite. Las vidrieras de la 21 Primera fase: Máximo rigor en la concepción sensorial de la individualidad material, por tanto la obra de arte se tiende a desarrollar lo máximo posible en el plano. Este plano no es óptico sino táctil, se caracteriza por una visión cercana. El acento se pone en los contornos. Se desarrolla en el antiguo Egipto. Segunda fase: Máximo rigor en la concepción sensorial de la individualidad material, pero se permiten variaciones de profundidad, que generan luces y sombras y por tanto ritmo. Esta superficie es óptico táctil, se caracteriza por una visión normal. Tercera fase: los individuos muestran su completa tridimensionalidad, entonces se reconoce la existencia de espacio pero como algo inherente al individuo material, es decir como espacio cerrado de forma impenetrable. Esta superficie es óptica y se caracteriza por una visión lejana. De esta evolución se desprende que la concepción del Riegl respecto a la historia del arte antiguo es una evolución gradual hacia el espacio. 26 Catedral de León generan sensación de expansión espacial debido a la luz, y la reminiscencia superficial sucede de forma más compleja que en el anterior. Esta se produce de dos formas, aunque a nosotros desde el punto de vista de la superficie mural, nos interesa la capacidad de las vidrieras de mostrarse como retenedoras de la luz, materializándose y consiguiendo que se entiendan también como superficie. Por último, la iglesia románica de Sant Joan del Boí es menos ambigua, renuncia cons- cientemente a la ilusión espacial, consiguiendo que el mural se entienda como superficie y que el propio espacio arquitectónico se perciba de forma plana, reduciéndose. En la segunda tendencia, por el contrario, apenas se referencia la super- ficie. Aunque por supuesto, la pintura se realiza sobre ella, en estos ejemplos el espacio arquitectónico se funde con el espacio generado por la superficie mural para modificar la percepción del mismo, hasta llegar al espacio puro en los lucernarios de Ronchamp du haut. Este bloque se inicia con las pinturas murales de Andrea Pozzo en la iglesia de los jesuitas en Viena, donde la sensación espacial se genera a través de la utilización de la perspectiva cónica y la negación de la superficie a través de la anamorfosis. En el siguiente ejemplo se analiza cómo para generar este espacio no es necesario recurrir a la perspectiva, sino que se consigue a través de otros elementos como la luz o la composi- ción y se estudia la importancia de la escala y cómo puede influir sobre ellos. Lo entendemos cuando comparamos las pinturas murales de San Antonio de la Florida con otras intervenciones de goya como la cúpula Regina martyrum de la Basílica del Pilar de zaragoza. La última parte se refiere a obras pictóricas que podemos estudiar de forma individual, como obra pictórica más convencional, o como superficie mural, es decir, como un conjunto de obras donde se tiene en cuenta el espacio en el que se encuentran. En los ejemplos de los maestros escogidos: Monet y Rothko, la sensación que se produce en los cuadros individualmente es distinta de la que se produce cuando se encuentran formando un mural, lo que habla de la importancia de la modificación del espacio arquitectónico a través de la superficie mural. En Monet los cuadros individualmente tienden a la superficie, mientras que la serie mural en La orangerie se entiende como espacio. Mien- tras que en Rothko sucede lo contrario, los cuadros individualmente se entienden como espacio, y sus murales del Seagram, ubicados en la 27 tate modern, se entienden como superficie que reduce el espacio en el que se ubican. Como se puede percibir a través de esta división, el objetivo del ensa- yo no es la historia del arte, sino la relación que se establece entre la superficie mural y el espacio arquitectónico que la contiene y por tanto este objetivo prima sobre aspectos cronológicos. Es por ello que la transgresión cronológica de los periodos artísticos que se considera- ría un error desde el punto de vista de cualquier manual de historiogra- fía, va a ser reiterada en este trabajo. queremos recalcar este hecho, ya que indica que en algunas épocas su evolución artística no es paralela a la modificación espacial generada por la superficie mural, aunque ambas sean herederas de su tiempo. … Este trabajo tiene como génesis algunas ideas publicadas en revistas especializadas. Dichas publicaciones han sido revisadas y modifica- das de forma que en algunos casos apenas quedan vestigios de los artículos originales: El capítulo titulado “La luz que dibuja y desdibujada: las superfi- cies musivas en gala Placidia”, se fundamenta en un artículo mucho más sencillo publicado en el año 2012, en el número 19 de la Revista Expresión gráfica Arquitectónica, conel título “La luz dibujada en Bizancio”. El capítulo titulado “La luz como superficie mural: las vidrieras de la catedral de León” parte de algunas ideas reflejadas en el artículo publi- cado en el 2011, en el número 108 del Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar con el título “La luz dibujada y el dibujo de la luz en las vidrieras góticas”. En el capítulo titulado “La composición del lugar: La intervención de Andrea Pozzo en la iglesia de los jesuitas de Viena a través de la perspectiva” lo referido a la iglesia de los jesuitas tiene su origen en el artículo titulado “La modificación del espacio arquitectónico a través de la perspectiva: La intervención de Andrea Pozzo en la iglesia de los jesuitas de Viena” publicado en el año 2014, en el número 21 de la Revista EgA. 28 Por último, en el capítulo: “El espacio de lo sublime: Los murales de Mark Rothko para el Seagram” lo que se refiere a la descripción y la ubicación de los murales del Seagram en la tate Gallery, se basan en el artículo publicado en el año 2005 en el número 17 de la revista Catálogos de Arquitectura bajo el título “Los murales del Seagram”. … Indicar por último, que este ensayo se apoya en fotografías para con- firmar y demostrar muchas de las ideas que se desarrollan en él, pero la fotografía en ningún caso puede suplir la contemplación del espacio arquitectónico. Éste lo percibimos principalmente a través del sentido de la visión, donde se intercalan cualidades captadas por los restantes sentidos, que son la base de nuestra experiencia.2 2 Es decir, el resto de sentidos contribuye en la componente subjetiva de nuestra percep- ción, nos proporcionan menos información que la vista, pero nos aporta aquello que nos une a lo que percibimos.23 Actualmente se nos enseña a percibir el espacio arquitectónico prin- cipalmente a través de la visión, ignorando los restantes sentidos. Es debido en gran medida, a la utilización de la fotografía como forma sis- temática de divulgar la arquitectura. De este modo, la percepción total de la obra ha ido siendo paulatinamente sustituida, hasta ser finalmente suplantada por la percepción parcial que nos suministra la fotografía. Por supuesto, no estamos en contra de la divulgación fotográfica de una obra arquitectónica, siempre que seamos conscientes de que debemos interpretarla como una percepción parcial, donde se ha perdido gran parte del componente subjetivo que aportan el resto de sentidos en la contemplación directa. En este ensayo, por tanto, además de la fotografía con las limitacio- nes expuestas anteriormente, para mostrar gráficamente el espacio 22 Pallasmaa (2010 [2005], p. 10) expresa la importancia del tacto para la experiencia, también nos indica que “el precepto acústico permanece como una experiencia inconsciente del fondo” (Pallasmaa, 2010 [2005], p. 52), y por último, en referencia al olfato dice que “la nariz hace que los ojos recuerden” (Pallasmaa, 2010 [2005], p. 55). 23 Pallasmaa (2010 [2005], p. 18) expresa: “el dominio del ojo y la eliminación del resto de senti- dos tiende a empujarnos hacia el distanciamiento, el aislamiento y la exterioridad”. 29 arquitectónico de manera objetiva, recurrimos a representaciones en planta y en sección. Mientras que para la representación del espacio arquitectónico modificado a través de la superficie mural, que no deja de ser una interpretación más personal, recurrimos a secciones mani- puladas, donde se intenta reflejar ese carácter más íntimo que nos une a lo percibido y que no permite la fotografía. 30 1. LA LUZ QUE DIBUJA Y DESDIBUJA: LAS SUPERFICIES MUSIVAS EN GALA PLACIDIA 31 La luz La luz en Bizancio va a tener una importancia trascendental por eso vamos a profundizar en ella, y más adelante volveremos a incidir en ella al referirnos al gótico. En la introducción hemos explicado que en este estudio, la representación simbólica de lo sagrado no es motivo sufi- ciente como para considerarlo como tal. En este aspecto simbólico, mención especial merece la luz, por su doble faceta, fundamento de la arquitectura y símbolo por antonomasia de lo divino. El ensayo se centra, en su primera faceta, aunque siempre existirá una componente simbólica, por lo que se generará cierta ambigüedad. Entendemos los reflejos vítreos de los mosaicos como luz en su doble faceta la propia de la arquitectura y la de lo simbólico, pero hay momen- tos en los que domina lo simbólico, como por ejemplo en la imagen de la anunciación en el monasterio de Daphni, donde el Espíritu Santo apare- ce representado mediante la luz de los reflejos vítreos aprovechando la concavidad de la superficie, entre la Virgen y el arcángel gabriel. gage (2001 [1993], p. 58) define esta escena como “una de las evocaciones más elocuentes refiriéndose a la Luz divina”, sin duda por la incertidum- bre que genera la luz como elemento más simbólico que arquitectónico. La maestría y sabiduría de estos artesanos anónimos es digna de elogio y no va a dejar de admirarnos a lo largo del ensayo. La luz es fundamento de la arquitectura,24 pero ¿quién modula a quién? ¿Es la arquitectura la que modula la luz,25 o por el contrario, es la luz la que modula a esta? Sin duda, la luz modula la arquitectura, si no care- cería de esta dualidad arquitectónica y simbólica que tanto nos fascina. La luz como símbolo de lo sagrado se debe a su aspecto: intangible, inmaterial, cambiante, cíclico, eterno, inasible y muchas veces inacce- sible, donde reina la más penetrante oscuridad basta un minúsculo foco de luz para que esta salga victoriosa. La luz entendida como la represen- tación de una energía capaz de trasladar a quien la percibe del mundo de las tinieblas al mundo de la divinidad, es una constante a lo largo de la historia de la religión. La tradición judeocristiana es buen ejemplo de 24 “Sin la luz el espacio pleno en arquitectura no existe” (Aparicio, 2008, p. 29). 25 Como plantea Seldmayr (2011, [1960], p. 17). 32 ello. Tanto en el antiguo como en el nuevo testamento se puede encontrar un abundante empleo de este simbolismo. Se habla de la luz como atri- buto de Dios, como salvación, como camino y como guía.26 Es por eso, que cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano, durante el mandato de Teodosio, sus manifesta- ciones artísticas tuvieron muy en cuenta la luz, y su ambigüedad: como generadora del espacio y como símbolo de esa manifestación divina. En Bizancio esta luz dibujó y desdibujó.27 En este capítulo analizaremos algunas de las ideas filosóficas y estéticas de la época, para poder com- prender cómo se llevó a cabo esa modificación espacial. Influencias filosóficas de los primeros cristianos El arte de los primeros cristianos era muy humilde, en la mayoría de los casos era poco más que una evolución tosca y pobre de la tradi- ción romana. Con todo, resultaba más que suficiente para una comu- nidad acosada y condenada a la clandestinidad. Cuando el edicto de Milán decretó la libertad de culto del cristianismo, sus manifestaciones artísticas por fin vieron la luz; y lo hicieron en su sentido más literal, pues pasaron de oficiar en catacumbas a hacerlo a plena luz del día. El posterior reconocimiento como religión oficial del Imperio les obligó a buscar nuevas fuentes filosóficas e irónicamente las encontraron entre aquellos que habían venido siendo los mayores oponentes intelectuales del cristianismo, los neoplatónicos. Una de las cabezas visibles de esta corriente filosófica fue Plótino.28 Su obra destaca, por su aportación al 26 “yahvéh es mi luz y mi salud, ¿a quién temer?” (Sal 27,1). 27 Utilizamos los términos dibujar y desdibujar, frente a parejas como crear y anular o construir y destruir, seguramente por deformación profesional. Por un lado, nos parecen suficientemen- te claros y al mismo tiempo conservan la ambigüedad necesaria para tratar un concepto tan abstracto como es el de fijar la luz en la superficie mural, haciéndolodesde el punto de vista plástico y desde el de la percepción espacial. 28 Su filosofía se basa en la existencia de tres realidades: El Uno, la unidad suprema, es la primera realidad. De ella nace por emanación el nous, la Inteligencia, la segunda realidad. Esa emanación, el nous, la Inteligencia, participa del Uno pero en un plano inferior. El Sol sería el Uno, metafóricamente hablando, mientras que la Inteligencia sería la Luz. La Inteligencia, al no 33 pensamiento estético, sus ideas sobre la belleza se encuentran recogi- das, por su discípulo Porfirio en su obra cumbre, las Enéadas. En esta obra establece la relación entre la belleza y el bien y la de estos con lo divino.29 Un siglo más tarde, cuando el cristianismo empieza a tener sus propios teóricos, San Agustín expresa que la belleza habita en el inte- rior del artista,30 por tanto está muy cerca de las ideas de Plótino, lo que diferencia a ambos, es que San Agustín sustituyó “el alma impersonal del mundo del neoplatonismo por el Dios personal de Cristianismo” (Panofsky, 1998, p. 35), es decir, él recoge aquel concepto filosófico y le da un carácter teológico. La belleza nacida del alma del artista procede, sin duda, de Dios y por tanto nos hace semejantes a Él. Plótino, también, se refiere a la belleza de la luz,31 por su carácter incor- póreo. Si asociamos la belleza con lo divino y la luz, ambas, divino y luz también deben estar relacionadas. Surgiendo, de esta manera la belleza de la luz divina en Bizancio. En este desarrollo de las ideas filosóficas que influyeron en Bizancio, en relación a la luz hay que incluir un místico del siglo V, que se hizo lla- mar Dionisio Areopagita,32 y que es conocido como el Pseudo-Dionisio Aeropagita. En una de sus obras cumbre: la teología mística, que toda- vía tiene más importancia por su reducida extensión, expresa: poder acceder al Uno genera una multiplicidad de Ideas y surge entonces el Alma del mundo, la tercera realidad, como un puente de unión entre lo inteligible y lo sensible. El ser, conforme se va alejando de la Unidad va alejándose de la verdad, la belleza y el bien, hasta que toca fondo y se inicia el proceso contrario. Por tanto, se suceden de forma cíclica un movimiento descendente y otro ascendente. 29 En la introducción nos hemos referido a esta cita (En, I, 6, 6, 18-20). 30 “Pero yo, ¡oh mi Dios y mi gloria!, también en esto hallo motivo de cantarte un himno y un sacrificio de alabanza, a ti, que me santificas; porque las bellezas que nacidas del alma ponen las manos de los artistas en las obras que realizan proceden de aquella belleza que está por encima de las almas y por la cual suspiro de día y de noche.” (confesiones, X, 34, 53). 31 “la belleza del color es simple debido a la conformación y a su predominio sobre la tenebro- sidad de la materia por la presencia de la luz, que es incorpórea y que es razón y forma. De ahí que el fuego mismo sobrepase en belleza a los demás cuerpos, porque tiene su rango de forma frente a los demás elementos: por posición, está arriba, y es el más sutil de todos los cuerpos, cual colindando con lo incorpóreo (…) pero si el fuego no predomina, al disminuir en luz, deja de ser bello, cual si no participara del todo en la forma del color” (En, I, 6, 2, 18-28). 32 En referencia a un personaje de los Hechos de los Apóstoles (He 17,34). 34 “los simples, absolutos e inmutables misterios de la teología, que resplandecientes desbordan su abundante luz en medio de las negras tinieblas y en ese lugar totalmente intangible e invisible inundan de hermosísimos fulgores a las mentes deslumbradas” (Pseudo-Dionisio Aeropagita, 2007, p. 245). Por si quedaba alguna duda, sobre la peculiaridad de asociar lo divino con la tiniebla, en su Carta quinta a Doroteo, diácono, define la tiniebla divina: La tiniebla divina es luz inaccesible, donde se dice que habita Dios, es ciertamente invisible debido a su deslumbrante claridad e inaccesible debido al desbordamiento de sus radiaciones supraesenciales. En este lugar se encuentra todo aquel que es considerado digno de conocer y de ver a Dios (Pseudo-Dionisio Aeropagita, 2007, p. 258). El espacio bizantino Este concepto de la divina tiniebla va a ser muy importante para el desa- rrollo de este estudio, si nos damos cuenta incluye la luz, pero también, y lo que nos parece trascendental, habla de un espacio con un carácter sagrado. ¿Cómo será ese espacio? Los espacios religiosos bizantinos se entendían como fuentes de Luz, imagen de la Luz celestial, y no como meros trasmisores de ésta. Es por ello que muchos de los ritos bizantinos se realizaban cuando el sol se ocultaba y no había más luz en el templo que la generada por lámparas y velas. Por eso las iglesias estaban inundadas de lámparas. Estas ideas sobre los espacios bizantinos, son las ideas filosóficas planteadas por los neoplatónicos, donde los espacios generadores de Luz, los lugares de culto, se entienden como el sol, es decir como aque- lla realidad suprema, primera, de Plótino, el Uno, además por la relación entre lo bello y lo divino, sabemos que estos espacios se consideraban bellos. A través de las ideas de San Agustin, esa realidad suprema, el Uno, concepto filosófico, se convierte en teológico y por tanto, se trasforma en el Dios del Cristianismo. Por lo que estos espacios son Su hogar. Pero qué sucede con ideas que consideramos tan importantes 35 como la tiniebla divina de Pseudo-Dionisio, que es luz inaccesible donde habita Dios, ¿cómo se materializan? Por el momento nos encontramos en un espacio que consideramos bello habitado por Dios, pero nada nos recuerda la divina tiniebla. Para comprenderlo tenemos que seguir profundizando. Transformación estética Riegl (1992 [1901], p. 36) expresa que en el arte antiguo lo que se buscaba era la reproducción más objetiva posible de la figura humana y en tal tesitura, no hubo más remedio que evitar la representación del espacio. Es precisamente en este periodo, comprendido entre el año 313 y el 758 d.C.,33 en el que Riegl (1992 [1901], p. 23) sitúa un cambio significativo en la concepción del espacio, el que supuso, desde el punto de vista espacial, el paso de la antigüedad a la modernidad. La diferencia entre esta época artística y la anterior, no está en la repre- sentación de la individualidad –ambas la representan– sino en la forma de hacerlo, mientras en la antigüedad se hacía de forma bidimensional, ahora esta individualidad adquiere tridimensionalidad. Esto requiere la separa- ción de la forma individual del fondo, es decir la creación del espacio.34 Esto supuso que el fondo, hasta ese momento neutral y sin forma, comenzase a utilizarse para la representación del espacio, con lo que se convirtió en un elemento de gran potencial artístico, un fondo espacial ideal,35 anticipando el uso de la relación figura fondo.36 La relación figura 33 Aunque nosotros hablemos en este periodo de Bizancio, el mismo Riegl (1992 [1901], p. 64) explica que parece dudoso que se pueda hablar de arte bizantino anterior a la iconoclastia. 34 “con ello no solo se liberó la forma individual sino también los distintos intervalos interme- dios que antes estaban unidos en el plano común del fondo” (Riegl, 1992 [1901], p. 300). 35 Expresión utilizada por Riegl (1992 [1901], p. 23) para referirse a los fondos dorados de los mosaicos bizantinos. 36 La relación figura fondo es una forma de descomponer la imagen bidimensional en planos, para lograr una sensación de profundidad con el fin de provocar un mayor realismo en la repre- sentación. Desde el punto de vista de la percepción, Rudolf Arnheim explica los descubrimien- tos de la escuela Gestalt que podríamos resumir en los siguientes principios (Arnheim, 2008 [1954], p. 237-240): La figura tiende a ser la zona circundada y la ilimitada o circundante el fondo. 36 fondo fue un recurso gráfico muy utilizado para generar sensación de espacio, que fue relegado posteriormente, por la utilizaciónde la pers- pectiva cónica. Estamos ante otro concepto muy importante para el desarrollo de este estudio: la figura fondo como generadora de espacio a través del dibujo. Deleuze profundiza más que Riegl en su explicación de la relación figura fondo en Bizancio. Para él, en el arte bizantino siguen existiendo dos planos, con la consiguiente distinción entre figura y fondo, pero lo que diferencia este arte del griego es que ahora el primer plano ya no es el dominante, sino que pasa a serlo el segundo, es decir el fondo, en el que la luz y la sombra se han liberado de la forma. La figura surge del segundo plano, de la luz o de la sombra, mientras que en grecia la figura dominaba sobre estás37 (Deleuze, 2008 [1981], p. 209). Las zonas más pequeñas por tanto suelen ser entendidas como figura. Cuando existe una división horizontal la inferior suele ser la figura y la superior el fondo. La zona más iluminada tiende a entenderse como figura y la oscura como fondo. La zona convexa tiende a entender- se como figura frente a las cóncavas del fondo. La combinación de varios de estos factores contrarios, produce un rico abanico de posibilidades y de sensaciones en los que domina el principio de pregnancia. 37 Podemos resumir de forma muy breve lo que explica Deleuze, de cada época artística, en el capítulo IX (Deleuze, 2008 [1981], pp. 199-216) y capitulo X (Deleuze, 2008 [1981], pp. 217-236): En el arte egipcio todo se encuentra en un mismo plano. El contorno separa a la figura del fondo, aislándola o reuniéndola, según lo queramos entender. Este contorno es independiente de la figura y del fondo. Las figuras son esencias individuales mientras que el fondo se encuentra liberado de todo fenómeno. En el arte griego el plano se separa en dos, y el primer plano viene a ser el dominante. Apare- cen la luz y la sombra, lo fenoménico. La relación entre la luz y la sombra genera el ritmo. La forma se sitúa en el primer plano, iluminada de tal manera que se hunde en el fondo. La luz se encuentra totalmente supeditada a la forma. El contorno también depende de la forma. Como novedad aparece el concepto de contorno colectivo o de grupo en oposición al contorno indi- vidual e independiente egipcio, este contorno colectivo permite articular las figuras de forma más armónica. (Aunque parezca contradictorio, no existen grandes discrepancias entre lo dicho por Deleuze y Riegl. Ambos reconocen la existencia del ritmo a través de la alternancia entre la luz y la sombra, según el primero separados en planos y según este último, a través de variaciones de profundidad). En el Renacimiento, se recupera el concepto de figura fondo griego, aunque por supuesto evolucionado. En el renacimiento el primer plano, donde se encuentra la forma, recupera la primacía aunque ahora se trate de un plano extremadamente complejo. La figura se encuentra formada por la fusión en armonía, sin violencia, de varias individualidades autónomas, ya sea en un conjunto de individuos o un único individuo. Esto se logra con la línea colectiva de la que se habló en grecia, pero ahora evolucionada, generadora de suaves emociones. 37 El mosaico38 Como ya hemos explicado en la introducción al hablar de la arquitectura, Riegl (1992, [1901], p. 33) estableció una oposición recíproca entre la crea- ción del espacio (cerrado) como tal y la creación de los límites del espa- cio. También sostuvo la posibilidad de realizar una de las dos a costa de la otra. Es decir, los límites del espacio se podían recargar hasta considerar la construcción una obra de arte plástica, o por el contrario, los límites del espacio se podían extender de tal forma que el espacio fuera infinito. La antigüedad se decantó por la primera opción (Riegl, 1992 [1901], p. 34), mientras que en la época moderna se ha impuesto la segunda. En este capítulo estamos estudiando cómo en Bizancio se produjo la transición entre la concepción del espacio antiguo al moderno, según la relación que se establece entre el espacio y sus límites. Por un lado, la utilización del recurso de la figura fondo en sus repre- sentaciones murales, en principio sean musivas o no,39 hace pensar en una concepción del espacio moderna, ya que se expanden los límites del espacio. Mientras que por otro lado, su reminiscencia arcaica la encontramos en la utilización de la técnica del mosaico en las superfi- cies murales; 40 la cualidad lumínica de estos: los brillos y destellos que se producen en la superficie debido a su carácter vítreo, nos ayudan a definir los límites del espacio. Por tanto, nos permite reconocer en cierta medida la volumetría del espacio, decimos en cierta medida ya que estos reflejos son, por su propia naturaleza, fugaces. En el Barroco se produce un regreso a la idea de la figura-fondo bizantina, todo viene del fondo. Prima el segundo plano sobre el primero. Este primer plano no es tan rígido, es donde se encuentran las figuras y es entendido como una diferenciación de las figuras a partir del fondo. ya no sabemos dónde empiezan y dónde terminan estas, la línea colectiva renacentista desapa- rece y es sustituida por los efectos de la luz y las sombras que nos indican cómo surge la figura. 38 El origen de la palabra mosaico viene de Musas e indicaba las decoraciones murales de las grutas dedicadas a ellas en los jardines romanos (Maltese, 1990 [1973], p. 330). 39 Aunque, no cabe duda, que los fondos musivos con elementos metálicos como pan de oro o plata enfatizan la relación figura fondo. En este momento nos referimos a que no es necesaria la utiliza- ción del mosaico metálico para conseguir este efecto, ya que se trata de una cuestión de dibujo. 40 A pesar de que Riegl (1992 [1901], p. 190) considera el mosaico “una especialidad de la última fase perspectivista y de visión lejana del arte antiguo.” En esta cita, se refiere seguramente, a la cualidad pixelada del mosaico que obliga a una visión de lejos para poder apreciarlo. 38 Es decir, por un lado el espacio se extiende y sus límites se desvanecen, a través del dibujo de lo representado, mientras que por otro lado su superficie se enfatiza, a través de los reflejos vítreos. ya hemos dicho anteriormente que el arte de los primeros cristianos era una evolución menos refinada de la herencia romana; pero solo lo era en su apariencia externa, ya que como estamos viendo, llevaba implícito un profundo cambio, y a veces, el precio del cambio fue cierta sensación de decadencia.41 Bizancio seguía utilizando las mismas técnicas de las artes decorativas, como el mosaico de teselas de mármol para los suelos y el fresco en las paredes y techos, aunque ahora al servicio de una idea nueva. Desde el punto de vista técnico también hubo evolución, ya que, a causa del peso de las teselas de mármol, los mosaicos no se podían colocar en las paredes. Pero en Alejandría, donde existía una gran tradición en la manufacturación del vidrio, se empezó a trabajar con cubos de vidrio, que al ser de menor tamaño eran más ligeros y sí que se podían colocar en las paredes. Las teselas de vidrio reflejaban la luz y por tanto, resul- taban más luminosas que las marmóreas, motivo que desde nuestro punto de vista, resulta interesante. Pero todavía más interesante nos parece la siguiente sofisticación: la incorporación de teselas metálicas, de pan de oro o de plata, que producían reflejos de otra naturaleza. Esta transformación musiva será una de las claves para entender la luz en Bizancio, ya que esta luz metálica conseguirá diferenciar la figura de su fondo generando espacio, por un lado, mientras que por otro nos remiti- rá a la superficie.42 Entonces la generación de espacio que se consigue con el dibujo, a través de la relación figura fondo se potencia y enfatiza de manera evidente a través de la luz de los mosaicos. 41 Las obras de este periodo pueden producir cierta sensación discordante, desde nuestra con- cepción actual de la realidad, lo que ha llevado a pensar que éste es un arte decadente.Esto, según Riegl (1992 [1901], p. 201) “se debe, evidentemente a que somos capaces de concebir una forma individual sin consideración al espacio cuando se trata de una representación táctil y de visión cercana, pero no cuando es óptica y de visión lejana”, y este arte buscaba la realidad a través de la visión lejana. 42 Autores como Seldmayr (2011 [1960], p. 24) al referirse a los mosaicos expresa: “una superficie tal no se percibe como límite espacial”. Para nosotros esta apreciación es parcial, ya que solo se refiere a su cualidad espacial y no a la superficial. 39 Mausoleo de Gala Placidia El llamado mausoleo de Gala Placidia se construyó en Rávena43 alrede- dor del año 425, y aunque se engloba dentro del arte paleocristiano, es sin duda uno de los edificios precursores de este cambio espacial. El mausoleo es una pequeña construcción, con forma de cruz latina de 24,6 metros de anchura, 32,5 de longitud y 15,5 metros de altura en la intersección de las dos naves trasversales. El exterior es austero, cons- truido en ladrillo y de clara tradición romana, decorado con grupos de tres arcos ciegos. El interior es todo lo contrario, está profusamente decorado con gran riqueza. El zócalo está revestido con un aplacado de ónice hasta una altura aproximada de 2,50 metros y el resto se encuentra completamente decorado con mosaicos. En el interior aparecen tres sarcófagos, uno en cada uno de los brazos de la cruz, exceptuando, por supuesto, el de acceso, que lógicamente ha de quedar expedito (fig. 1.1). Se ha escogido esta pequeña construcción porque es uno de los espa- cios que en la actualidad mejor refleja la estética bizantina, a pesar, como hemos dicho antes, de ser considerado como uno de los antece- sores de este estilo. Desgraciadamente aquellas obras que se podrían 43 En el año 402 Honorio trasladó la capital del Imperio Occidental de Milán a Rávena, ciudad protegida por pantanos y situada a cuatro kilómetros del puerto de Classe. Tras la muerte de Teodosio, Rávena se convertirá en el nexo de unión entre Oriente y Occidente. Figura 1.1. mausoleo de Gala Placidia, siglo V. Esquema en sección, realizado por el autor. 40 considerar obras plenas de Bizancio, como Santa Sofía de Constantino- pla, han sufrido tantas modificaciones que su originario ideal estético se ha desvirtuado profundamente. En Santa Sofia se expresa de forma más clara la idea del espacio dilatado44 a través de la arquitectura. Pero es en Gala Placidia donde lo podemos entender, no solo a través de la arquitectura, sino gracias a las superficies musivas. No está claro su origen, parece que era un pequeño oratorio dedicado a San Lorenzo, perteneciente al conjunto de la iglesia de la Santa croce, capi- lla palaciega durante el siglo V. Otros historiadores, como john Beckwith (2010 [1970], p. 42) sostienen que por el tamaño y la proporción fue cons- truida originalmente como mausoleo. A favor de su tesis, Beckwith destaca que en su iconografía hay claras referencias a la vida después de la muerte, como los ciervos abrevando en la fuente de la vida y las palomas bebiendo. En este punto quizá sea conveniente recordar que este texto no tiene como objeto la iconografía de los mosaicos, ni el debate sobre su origen como oratorio o mausoleo, sino que se centra en la ambigüedad gene- rada por un lado, entre la expansión espacial concebida a través de lo representado y a través de la luz de las teselas de los fondos, sobre todo las metálicas, y por otro, los reflejos vítreos de la superficie musiva que nos remiten a esta y anulan la expansión espacial. Por tanto distinguimos entre las peculiaridades de lo dibujado y las de los mosaicos vítreos. Gala Placidia a través de lo dibujado Es interesante examinar cómo en el mausoleo, en los testeros planos que soportan la cúpula, el plano vertical dibujado en el mosaico se dobla, para servir de apoyo a las figuras, y después el plano se pierde en el infinito. Sin duda nos encontramos ante una forma muy primitiva, pero también muy eficaz, de representar esta idea, de generar expansión espacial mediante el dibujo. Este recurso gráfico tiene una doble fina- lidad: evita que las figuras floten en un fondo indefinido, pero al mismo tiempo permite conseguir la ansiada expansión espacial (fig. 1.2). 44 Expresión utilizada para definir el espacio bizantino por zevi (1981 [1951], p. 66). 41 En este pequeño mausoleo el espacio aparente es mucho mayor que el espacio real gracias a lo dibujado y especialmente al tratamiento del fondo.45 La luz se dirige al fondo, que es oscuro, azul, y domina sobre las figuras dibujadas, enfatizando la idea de expansión espacial. El resultado es el siguiente: los límites se alejan de nosotros y se produce una expan- sión espacial, y al mismo tiempo se genera una indefinición del límite.46 En los fondos, el color tiene importancia por su relación con la luz. El color dominante en los fondos de las superficies musivas del mausoleo es el azul, pero en Bizancio se combinan los fondos azules y dorados de forma indistinta y en ambos casos son grandes superficies mono- cromas. La luz viene del fondo cuando éste es dorado, o la luz se dirige al fondo cuando éste es azul, en ambas ocasiones las sensaciones que provocan en el observador son muy similares pero no cabe duda que cuando los mosaicos son de oro o de plata, el fondo se separa más de las figuras y ayuda a que la expansión espacial sea mayor. Figura 1.2. mausoleo de Gala Placidia. Donde se aprecia como el plano vertical se dobla y genera espacio. Imagen realizada por el autor. 45 Este fondo, que surgía como necesidad espacial, por primera vez desde la antigüedad adquiere, como hemos comentado, una importancia trascendental. 46 “Visión alejada, el mosaico se hunde en un nicho y tiene esas figuras devorantes a los ojos. No es la forma lo que cierne la figura. ¿qué es? La forma sigue la luz, la luz y la sombra. Los ojos de una figura bizantina están por todas partes, o se difunden por todas partes. Estas miradas venidas del fondo se difunden” (Deleuze, 2008 [1981], p. 210). 42 Gala Placidia a través de los mosaicos Debemos ser capaces de imaginar la sensación generada en esta pequeña construcción, con toda la superficie superior recubierta de mosaicos, teniendo en cuenta las condiciones lumínicas de la época; es decir, sin la actual iluminación artificial, contando tan solo con dos fuentes de luz, la producida por los siete pequeños huecos abiertos al exterior, protegidos con gruesas láminas de ónice y aquella que emiti- rían las lámparas dispuestas en el interior. En estas condiciones, res- pecto a lo que nos interesa, reconoceríamos y distinguiríamos tres tipos de luz sobre la superficie musiva. La primera luz se puede considerar superficial y es producida por el reflejo de la luz sobre el vidrio. Esta propiedad de las teselas vítreas fue explotada hasta el límite por los artesanos, creando variados efec- tos lumínicos; así, combinando teselas mates con pulidas se producen efectos que causan perplejidad en el observador (fig. 1.3). A veces, las zonas con brillos corresponden a las sombras y las zonas luminosas son Figura 1.3. mausoleo de Gala Placidia. Donde se aprecia, en las teselas rojas y blancas, la combinación de pulidas y mates. Imagen realizada por el autor. 43 47 Los artesanos, cuando cubrían una gran superficie con teselas doradas, solían combinarlas con otras plateadas, o con algunas mates, o con trozos de mármol, o incluso colocando las teselas invertidas, para enfatizar el reflejo del oro (fig. 1.4). Si además le sumamos las dife- rentes orientaciones en la colocación de las teselas el rango de efectos logrados era todavía mucho mayor. 48 Si la mezcla de los colores se produce en el ojo en vez de producirse en el plano del cuadro o en la paleta del pintor, los colores serán más luminosos. Más adelante se tratará detenida- mente este concepto. mates y no tienen brillo; tal y como ocurre en el vestidode Teodorica o en el de justiniano en San Vital del siglo VI. Otro efecto se logra colo- cando las teselas con diferentes inclinaciones para producir diferentes destellos de acuerdo con la procedencia de la luz. En algunos murales aparecen teselas inclinadas hasta 30 grados respecto al plano de la pared donde se encuentran colocadas. Para terminar, añadir que esta primera luz obliga a una visión no frontal, es decir no perpendicular al plano del cuadro, que sería lo habitual. El segundo tipo de luz es similar al anterior, está producida por el reflejo de la luz pero no sólo sobre la superficie del vidrio, sino también sobre la superficie del material metálico del interior de las teselas. En Bizancio se utilizaron teselas doradas y plateadas, compuestas por una lámina de pan de oro o plata sobre dos láminas de vidrio. Los efectos lumínicos que se pueden conseguir son todavía más radicales que en el primer tipo de luz.47 Este método es el más eficaz para conseguir generar espacio en el fondo como hemos visto. La diferencia de este tipo de luz y la ante- rior es que esta se aprecia en una visión frontal, que es como se valora realmente lo dibujado. El tercer tipo de luz, o en este caso luminosidad, viene determinado por el color. y es que las teselas se podrían asimilar a un puntillismo impresionista muy primitivo, porque aunque en esa época aún no se conocían las teorías de los colores complementarios, sí que estaban familiarizados con ciertas leyes de la mezcla óptica.48 Ésta se aprecia en la difuminación de los contornos por difusión de los colores contiguos, como por ejemplo las teselas de color rojo bermellón que aparecen en las caras, que consiguen subir el tono general de éstas, si son obser- vadas a una cierta distancia. Se puede apreciar en el Buen Pastor de Gala Placidia o en una de las figuras del Baptisterio neoniano del siglo V, actualmente muy restaurada (fig. 1.5). 44 El primer tipo de luz nos remite a la superficie, el tercero enfatizaría la relación figura fondo, por tanto el espacio; mientras que el segundo nos remitiría a los dos, tanto a la generación de espacio a través de la rela- ción figura fondo, cuando es utilizado en el fondo; como a la superficie, por su carácter vítreo. Por tanto, como habíamos adelantado, dentro de la luz producida por los mosaicos podemos encontrar aquella que nos remite a la superficie, pero por otro lado, también podemos encontrar la que nos remite al espacio.49 49 Esta utilización de materiales vítreos en la historia de la pintura para enfatizar la luz no es exclusiva de las superficies musivas. La podemos encontrar en artistas como Fra Angélico, que decoró, entre 1438 y 1443, las 43 celdas del monasterio de San Marcos en Florencia. En estas pinturas realizadas al fresco sobre los muros de las celdas, incorporó polvo de vidrio en las áreas pintadas de rojo carmesí, un color que se utilizaba para representar la sangre. Más de cinco siglos después, Mark Rothko espolvoreaba polvo de vidrio sobre algunos de sus lienzos recién terminados para conseguir aumentar la sensación de luminosidad. Figura 1.4. San marcos. Superficie musiva dorada con teselas invertidas o de otro material. Imagen realizada por el autor. Figura 1.5. Baptisterio neoniano. Donde se aprecia la tesela roja que aparece en la cara de la figura. Imagen realizada por el autor. 45 La arquitectura de Gala Placidia y sus superficies musivas La superficie musiva no compite con la arquitectura, no se entiende simplemente como un área decorativa independiente de la arquitectura, sino que armoniza con ella. En el mausoleo de Gala Placidia, la perfecta armonía entre superficie musiva y arquitectura se aprecia especialmen- te en aquellos elementos arquitectónicos como arcos o bóvedas, que son remarcados por los mosaicos.50 Resulta curioso, que en Gala Placidia, no se enfatizan los huecos de las ventanas, como hemos visto que se hacía en otros elementos arquitec- tónicos como arcos o bóvedas. Eso significaría que éstos no eran con- siderados elementos arquitectónicos, por tanto los huecos cerrados con ónice se entienden en continuidad con los mosaicos, elementos de distinta naturaleza concebidos como un único elemento.51 Por otro lado, la perfecta armonía entre mosaicos y arquitectura tam- bién la podemos apreciar en la cúpula inundada de estrellas doradas, pero en este caso no con carácter arcaico sino como producto de la modernidad. Estas estrellas van reduciendo su tamaño conforme se alejan de la base de la cúpula. De esta manera, las estrellas más peque- ñas dan la sensación de encontrarse todavía más lejos, ampliando el espacio de la cúpula52 y por tanto expandiendo el espacio.53 50 En obras posteriores, como San marcos de Venecia, los elementos arquitectónicos no son remar- cados, haciendo que los límites se vuelvan difusos, aumentando así la indefinición del límite. 51 A este respecto es digno de reseñar el modo en que también otras culturas, entre las que destacamos la hebrea e islámica tratan la ventana en continuidad con el muro, entendiendo ambos elementos como uno único. Lo podemos ver en dos ejemplos del siglo XIV: Los musulmanes recargan el muro con decoración, ya sea vítrea, cerámica o de otro tipo, mientras que las ventanas del muro permanecen cubiertas por celosías, consiguiéndose así un muro conti- nuo. Como las celosías de las ventanas que aparecen en la parte superior del Salón del Trono en la torre de Comares de la Alhambra de granada, que se confunden con la decoración de las paredes. En la Sinagoga del Tránsito en Toledo, también podemos apreciar cómo las ventanas de la zona superior se cubren con celosía en continuidad con la decoración del muro, entendiéndose ambos como un elemento único. 52 Como se aprecia en la (fig. 1.1) la cúpula no es media esfera sino que está rebajada. y gracias al mecanismo de las estrellas, ésta ya no se percibe como tal. 53 La sensación espacial es análoga a la producida por las sombras de los casetones del Pan- teón de Roma. 46 El espacio sugerido en Gala Placidia Hemos visto, por un lado, que gracias al tratamiento de la figura fondo y espacialmente al fondo y su tratamiento de la luz, a través de la utili- zación de superficies musivas metálicas, el espacio se expande, y se muestra indefinido, mientras que por otro, los reflejos de las super- ficies musivas vítreas, es decir, debido a esta luz, se puede definir en cierta medida la volumetría de la edificación, por tanto nos ofrece una percepción más real de ese espacio, y nos ayuda a delimitarlo. Por eso decimos que en Bizancio la luz, por un lado dibuja y por otro desdibuja. Desde un punto de vista espacial la luz de los destellos de los mosaicos nos indica la superficie y nos ayuda a definir y delimitar el espacio, lo dibuja, mientras que la luz del fondo que nos evoca un espacio infinito lo desdibujaría. Desde un punto de vista plástico sucede lo contrario, que la luz de los destellos vítreos de los mosaicos desdibuja lo representado en ellos, mientras que la luz del fondo, ahora lo dibuja. Es decir, lo que crea en el espacio se desvanece en la superficie y viceversa. Realmente lo que hoy nos parece lo más novedoso de Bizancio, en su momento fue todo lo contrario, lo que le unió a la tradición, lo que Riegl denomino tendencia a lo arcaico, los reflejos vítreos de la luz, ya que estos remiten a la superficie. Mientras que lo que ellos representaron gráficamente en los mosaicos, es decir lo que ellos dibujaron, rompe los límites de la superficie generando espacio, a través del tratamiento de la figura fondo y a través de la luz de las teselas metálicas, siendo lo realmente innovador. La fusión y armonización de estos tipos de iluminación se consigue a través del movimiento, como expresa gage (2001 [1993], p. 57). La inten- sidad lumínica de los reflejos en las teselas, anula el color y la forma de lo representado, desdibujándolo. Para que el observador pueda entender las imágenescoloreadas debe moverse, debe buscar entre los reflejos las figuras que van surgiendo, apareciendo y desapareciendo, como las decoraciones florales en la bóveda de Gala Placidia (fig. 1.6). Al movimiento del observador hay que sumarle el movimiento de la llama de las velas. Las imágenes y figuras que dan la sensación de aparecer y desaparecer bajo los destellos de la superficie vítrea de los mosaicos, provocan al mismo tiempo la impresión 47 de moverse de un modo vacilante bajo el efecto de las velas. Por otro lado, para conocer el espacio también necesitamos movernos, ya que este movimiento nos permite, a través de los reflejos, conocer los lími- tes del espacio.54 Concluyendo, la luz que viene del fondo o se dirige hacia él, nos muestra un fondo espacial ideal, un espacio, por primera vez infinito, sin límites. 54 Cuando hablamos de movimiento, también estamos hablando de tiempo, como tiempo de contemplación, el tiempo que tarda la obra en revelarse al espectador. A lo largo del ensayo volveremos repetidas veces sobre este tema. Figura 1.6. mausoleo de Gala Placidia. La decoración floral de la bóveda se aprecia según los destellos y reflejos de la luz. Imagen realizada por el autor. 48 Figura 1.7. mausoleo de Gala Placidia. Esquema en sección del espacio sugerido, realizado por el autor. 49 Este fondo infinito y sin límite gracias a su luz, convive con otra luz, la de los reflejos, que por un lado desdibuja lo representado, pero que por otro, nos ayuda a definir el límite del espacio, el límite del contenedor. Estas luces al encontrarse en continuo movimiento, al ser cambian- te y fugaz, contribuyen todavía más a la desorientación que sufre el observador, mostrándonos la relación entre el espacio bizantino y las ideas de Pseudo-Dionisio. El desconcierto que sufre el observador es el que describe el santo en su teología mística. Si a la desorientación que sobrelleva el espectador al desconocer la procedencia de la luz (la luz no parece venir de los huecos ni de las lámparas), le añadimos el movimiento de los fulgores y destellos de la superficie vítrea, junto con la poca uniformidad de ésta y la oscuridad, nos encontramos ante la percepción de una luz cuyo origen es invisible e inaccesible, ante la per- cepción de una luz deslumbrante e inagotable, en medio de las negras tinieblas en un lugar intangible, inundado de hermosísimos fulgores. Es decir nos encontramos ante la materialización elevada de las ideas de Pseudo-Dionisio, ante una perfecta transcripción artística de unos postulados teológicos aparentemente oscuros y complejos (fig. 1.7). 50 2. LA LUZ COMO SUPERFICIE MURAL: LAS VIDRIERAS DE LA CATEDRAL DE LEóN 51 En el capítulo anterior exponíamos cómo, gracias al tratamiento de la luz en los fondos, el espacio se expande, mientras que a través de los refle- jos vítreos, se definía la superficie y por tanto el espacio donde se ubican. En el gótico la luz también va a ocupar un papel relevante y también va a contribuir a la definición del espacio. La novedosa utilización de los arcos apuntados como solución estructural permitió la sustitución de los lienzos de piedra por vidrieras. Este resurgimiento de la vidriera supuso la materialización del lenguaje eminentemente simbólico y arquitectóni- co de este periodo. Lenguaje simbólico de la luz en un doble sentido; por un lado, como forma de enseñanza y transmisión de la palabra de Dios a través de las imágenes representadas sobre las vidrieras, la Biblia del pueblo, y por otro, como trasmisión de la idea de la luz en su faceta de representación de lo sagrado, capaz de trasladar a quien lo percibe del mundo de los fenómenos al mundo de las esencias. Pero además de su carácter simbólico, la luz sigue manteniendo su faceta arquitectónica, por tanto nos encontramos ante una situación similar al capítulo anterior, antes a través de los mosaicos, ahora mediante las vidrieras. Aunque en un primer momento podamos entender las vidrieras como huecos en el muro y por tanto, como elementos arquitectónicos, no siempre fue así. En su origen se podían entender como superficies murales. Este capítulo tiene como finalidad demostrarlo, y estudiar la percepción de la modificación espacial producida por las vidrieras como superficie mural y no como huecos. El origen de las vidrieras góticas Suger fue abad de Saint denis desde 1122 hasta su muerte en 1151. Fue un personaje muy influyente en la época, leal consejero y amigo de dos reyes, luis Vi el Gordo y su hijo luis Vii. Durante su ministerio al fren- te de Saint denis, la abadía se reformó; la antigua iglesia carolingia se trasformó radicalmente, comenzando por el acceso a la misma, siendo el cambio más importante el que se llevó a cabo en el coro. El arco y el crucero de ojiva eran conocidos en la época del abad, pero nadie los había utilizado antes para crear una serie de cruceros formando un semi- círculo, liberando de este modo los muros que así pasaron a convertirse 52 en superficies de luz. Como dice Duby (2005 [1966], p. 106): “dio de este modo forma a su sueño: unificar la ceremonia religiosa por medio de la cohesión luminosa”. El mismo abad lo consignó en sus escritos: En un poema55 habla de una nueva luz, y en el texto original utilizó la expresión lux nova (Panofsky, 2004 [1946], p. 66). El término lux en las tra- ducciones muchas veces se confunde con lumen. Pero entre los doctos no había posibilidad de confusión: lux se refiere a lo primigenio, a la sus- tancia en sí misma, mientras que lumen deriva de ella (gage, 2001 [1993], p. 70), la primera corresponde a lo espiritual mientras que la segunda corresponde a lo material. El abad conocía la diferencia, ya que en los versos que aparecen en las puertas56 habla de luz verdadera, traducción de verum lumen para referirse a luz material (Panofsky, 2004 [1946], p. 64). A pesar de que Suger habla de nueva luz ¿a qué se refiere? ¿qué sig- nifica esta nueva luz? Porque las primeras vidrieras, como las de Saint denis, chartres o incluso la Catedral de León no son luminosas. Por el contrario son oscuras, casi tenebrosas, dominando el color azul, que era considerado el color de la noche. La explicación se encontraría, según comenta gage (2001 [1993], p. 71), en el pensamiento teológico. La aba- día de Saint denis se cree que debía su nombre al enigmático Dionisio el Areopagita,57 desde el siglo XIX conocido como el Pseudo-Dionisio, del que hemos hablado en el capítulo anterior. Una persona como Suger conocía perfectamente los textos de su supuesto patrón58 e hizo todo 55 “Una vez que la parte de atrás se añade a la parte frontal, La nave brilla iluminada en su medio. Pues brilla lo brillante que se une a lo brillante y brillara el noble edificio al que Atraviesa la nueva luz, que se levanta aumentando en nuestro tiempo, Siendo yo, Suger, el responsable mientras se llevaba a cabo” (Panofsky, 2004 [1946] p. 67). 56 “La obra noble brilla, pero que esta obra que brilla con nobleza Ilumine las mentes para que siguiendo verdaderas luces Lleguen a la luz verdadera, donde Cristo es la Verdadera puerta” (Panofsky, 2004 [1946] p. 65). 57 Hoy sabemos que Pseudo-Dionisio no fue el verdadero patrón de esta abadía pero era política habitual de la época, atribuir patrones fuertes a las abadías y de esta forma parecer más importantes. 58 Seldmayr (2011, [1960], p. 33) se refiere a que en el claustro de la abadía se conservaban como una preciosa reliquia los escritos del Santo Dionisio. 53 lo posible para reflejar las ideas teológicas de Pseudo-Dionisio en la abadía. La nueva luz, por tanto se refiere al propósito del abad: crear una nueva estética a partir de las ideas de Pseudo-Dionisio, donde habla de la negra tiniebla y la tiniebla divina. La pintura sobre vidrio El arquitecto francés Viollet le Duc se encargó en el siglo XIX de la res- tauración de la abadía de Saint denis y notre dame de Paris, entre otros monumentos. Una de las acepcionesque aparece en su diccionario razo- nado de la arquitectura francesa del siglo Xi al siglo XVi, es precisamente la de Vidriera. En este estudio sobre la vidriera francesa, de la que él era un reconocido experto, explica la técnica de su realización, haciendo especial hincapié en las originales del siglo XII. La pintura sobre vidrio y sobre una superficie opaca es totalmente distinta.59 Es decir, para comprender ade- cuadamente la pintura sobre vidrio necesitamos otros criterios y valores distintos a los utilizados en el análisis de la pintura opaca convencional. No vamos a resumir el trabajo de Viollet le Duc, pero sí vamos a explicar esos diferentes criterios que se utilizan en la pintura de vidrio y no en la opaca. La diferencia fundamental estriba en la radiación de la luz. La importancia de este hecho es tal, que obliga a modificar los fundamen- tos del dibujo en lo referente al contorno, la sombra y el color. La radia- ción, anula los efectos del modelado y las teorías relativas a los colores, que tradicionalmente se venían aplicando en pintura opaca. Esta radia- ción, también invalida cualquier intento de sensación de profundidad en la pintura sobre vidrio, efectos que en la pintura en esta época se conseguían a través de superposición de planos, la relación figura fondo explicada anteriormente. Estudiaremos los cambios más relevantes pro- ducidos por la radiación respecto al contorno, la sombra y el color. El engarce de plomo en ocasiones coincide con el contorno de lo dibuja- do pero no siempre es así. A veces, cuando vemos fotografías de detalles 59 “Hay tanta distancia entre la pintura llamada de caballete, pintura opaca, buscando repro- ducir una ilusión y la pintura sobre vidrio, como existen entre la pintura opaca y un bajorre- lieve” (Viollet le Duc, 1814-1879, pp. 173-174). 54 de vidrieras observamos como el engarce de plomo es independiente de lo representado, sucede, por ejemplo, en la cara del obispo 60 situado en claristorio de la zona Norte, del centro del presbiterio de la Catedral de León, realizada a finales del siglo XIII61 (fig. 2.1). Estos efectos extraños producidos por los contorno del plomo se mitigan cuando contempla- mos estas vidrieras a la distancia para la cual fueron pensadas. En esa situación la radiación de la luz consigue que el engarce prácticamente desaparezca62 (fig. 2.2). Por lo que si el diseño de los engarces se hizo teniendo en cuenta la radiación de la luz, estos podrán aparecer o des- aparecer según convenga. Respecto a las sombras, no hay que aplicarlas como si fueran veladuras y cubrieran todo el color, ya que entonces se entenderían como algo opaco y la sombra no participaría del color de la misma. Para que esto no suceda es necesario dejar en la zona de sombra áreas de color puro, así la sombra se entiende como el color local pero oscurecido. Funciona muy bien dejar un hilo sin sombrear en el límite de la pieza de vidrio o simplemente marcar bandas negras en la zona en sombra. La causa de este hecho, una vez más es la radiación de la luz. Respecto a las diferentes radiaciones de los colores. El azul es el más radiante y el que más brilla mientras que en el rojo sucede lo contrario. Por lo que si colocamos una mancha de vidrio azul sobre un fondo de vidrio rojo, el azul anula al rojo y éste último se aprecia como negro. En cambio colocados de forma inversa se potencian ambos, por eso el azul se utiliza en los fondos, para conseguir una mayor radiación, que es de lo que se trata. 6 0 obispo con ornamentos pontificales bendiciendo; siglo XIII. Pudiera ser Manrique de Lara durante el traslado de los restos de San Froilán, o un Obispo consagrando la Catedral (gómez, 2000, p. 121). Esta vidriera en la actualidad ha sido restaurada. 61 Hay que destacar que aunque las vidrieras de Saint denis se realizaron hacia 1144, es decir un siglo antes que las de León, estas últimas son herederas de la más estricta tradición francesa de vidrieras del siglo XII. Por ejemplo, la conocida como la cacería se atribuye a Pedro guillermo y se realizó hacia 1277, pero anteriormente en esta catedral habían traba- jado maestros de origen francés como Fernan arnold. 62 Las imágenes de vidrieras, incluidas las de este estudio, nunca pueden sustituir su con- templación in situ, ya que la captación de la luz por parte de la cámara fotográfica es muy diferente de la del ojo. 55 Otra ley que se desprende de la radiación es que el azul se funde con los contornos, en el rojo sucede lo contrario, enfatiza los contornos, mientras que los colores muy claros no modifican su contorno. Por eso hay que dejar una banda entre el rojo y el azul, o bien negra ampliando el ancho del engarce, o bien de cristal claro. Esta última es la óptima para potenciar los colores. Después de explicar cómo funciona la pintura sobre vidrio, reiteramos que lo que la diferencia de la pintura opaca convencional es la radiación de la luz y descubrimos, en la aparente sencillez de las vidrieras, su complejidad.63 Figura 2.1 Catedral de León, siglo XIII. Esquema de un fragmento de la vidriera, del siglo XIII, obispo, donde se aprecian los engarces frente al dibujo en vidrio, realizado por el autor. Figura 2.2 Catedral de León, siglo XIII. Vidriera, del siglo XIII, obispo, situada en la zona alta central del transepto en el lado Norte. Imagen realizada por el autor. 63 Para aclarar cómo funciona la radiación recurrimos a un ejemplo comentado por Viollet le Duc (1814-1879, p. 174): “supongamos un disco de vidrio rojo A rodeado de vidrio azul; si hemos puesto alrededor de este disco una sombra (ya sea traslúcida por sí misma como un 56 Esa radiación del vidrio azul produce la sensación de que la luz emana del vidrio, se refiere a lo primigenio, es lo que antes hemos definido como lux, a la sustancia en sí misma. La luz de las vidrieras con fondo azul que es un color oscuro y muy radiante, la podemos entender como luz inaccesible en la que habita dios, luz de deslumbrante claridad, debido al desbordamiento de sus radiaciones, es la tiniebla divina, esa luz resplan- deciente. Una luz enigmática, basada en la radiación. La nueva luz de la que hablaba Suger. Es necesario señalar la importancia de la utilización del color azul, es el más utilizado y el más costoso económicamente, ya que se importaba de Oriente. El Abad Suger dice: “Por eso, ya que las vidrieras son muy valiosas, por su maravillosa ejecución y el profuso empleo del cristal pintado y cristal zafiro” (Panofsky, 2004 [1946], p. 93). En latín saphirorum materia64 (Panofsky, 2004 [1946], p. 92). Las vidrieras del siglo XII65 Las primeras vidrieras se construyeron de acuerdo a estos principios teológicos de Pseudo-Dionisio, que Suger conocía y se realizaron uti- lizando los principios técnicos sobre la radiación recogidos posterior- mente por Viollet le Duc. Entonces, la percepción de las vidrieras pro- claro un poco opaco) esta sombra participará, no del tono local rojo del vidrio, sino de la radiación azul del vidrio de alrededor. Esta sombra tomará desde entonces un tono falso y sucio, mezcla del marrón y el azul que hará aparecer el azul vacío, sin solidez, y el tono rojo chillón. Si, por el contrario, hemos tenido el cuidado de poner esta sombra sobre el disco, no en plano, sino en tramas, dejando una orla roja pura alrededor, esta orla y los espacios dejados entre la trama darán a la sombra una tonalidad roja y el azul conservará su cualidad. La orla y los intersticios de las tramas tomarán bastante valor, a causa de la oposición de los trazos negros, para luchar contra la irradiación del tono azul y dejar a la sombra del disco su cualidad roja. 64 Este nombre en la antigüedad no se refería a los zafiros sino al lapislázuli, es decir, no se trata de una piedra trasparente sino de una opaca, en época de Suger se produjo una bella inversión (gage, 2001 (1993), p. 73). 65 En este concepto se incluyen las vidrieras realizadas durante el siglo XIIy los dos pri- meros tercios del siglo XIII, también se incluyen las primeras realizadas en la catedral de León, ya que son herederas de esta tradición. 57 duce la sensación de que la luz emana de ellas, ya que las vidrieras no son trasmisoras de la luz, sino que la retienen para luego irradiarla. La vidriera se convierte por tanto en el propio muro, la entendemos como superficie, y no como un simple hueco en éste. Es comparable a un muro opaco totalmente decorado de pinturas murales, con la particularidad de la luz, que como hemos visto es algo más que una particularidad, es todo: La luz como elemento arquitectónico, confiere profundidad a la superficie de la vidriera y hace que el espacio se entienda como infinito. Pero, al mismo tiempo esa luz emana del muro, de la vidriera, ya que retiene la luz para luego irradiarla, por lo que nos remite a la superficie. Decimos que nos remite a la superficie, porque al irradiar la luz esta se percibe con cierta materialidad. La luz inmaterial, al ser irradiada, pro- duce la sensación de materializarse en la superficie de la vidriera. La confusión que genera la radiación, es decir, la materialidad e inmateria- lidad de la luz produce una sensación de trascendencia.66 Este espacio trascendido entendemos por un lado, que se extiende hasta el infinito que no tiene límites, aunque por otro, como hemos explicado, nos remite a la superficie. Existen otros elementos, a través de los cuales podemos alimentar estas sensaciones. En la Sainte chapelle67 de Paris los plementos de las bóve- das de crucería están decorados con estrellas doradas sobre un fondo azul intenso. La decoración en dorado consigue que esos elementos también posean cierta luz propia, imitando la decoración de las vidrie- ras. Pero si esta decoración es análoga a otro periodo artístico este sería el bizantino. La decoración de la Sainte chapelle es muy similar a la que aparece en el mausoleo de Gala Placidia, que hemos visto en el capítulo anterior, no solo desde un punto de vista formal, que resulta evidente, sino conceptual. Hemos visto, que las vidrieras y las superficies musivas son herederas de las mismas ideas teológicas, las de Pseudo-Dionisio, son dos mate- rializaciones de la tiniebla divina. Ambas consiguen que su superficie se entienda como espacio que se extiende hasta el infinito, pero con 66 Como indica Nieto (2010 [1978], p. 68), se consigue que el observador, en el interior de la iglesia, habite un espacio trascendido. 67 La Sainte chapelle, sufrió un incendio en 1630 y sus pinturas fueron posteriormente res- tauradas en el año 1838 (grodecki, 1975, p. 46). 58 reminiscencias a la superficie, que nos delimita el espacio. En Bizancio la superficie se muestra a través de los reflejos y fulgores vítreos, mien- tras que en las vidrieras del siglo XII la superficie se nos muestra por su materialidad, que no deja de ser un efecto de la radiación. Desde el punto de vista del movimiento también existe semejanza entre el bizantino y el gótico. En Bizancio el observador debe moverse para entender las imágenes entre los reflejos vítreos, provocando confusión, como hemos explicado en el capítulo anterior. En el gótico, el movimien- to del observador provoca la variación de la intensidad lumínica de las vidrieras debido a la radiación solar. En ambos casos cuando el obser- vador permanece en reposo también existe movimiento, en el primero el movimiento de las focos de luz interiores, las velas; y en el segundo el movimiento del sol. Otras formas de relación entre ambas culturas las encontramos en la forma de tratar el hueco y en el tratamiento del fondo. En la primera, la vidriera como hemos dicho, al tener luz propia, se convierte en el propio muro, entonces la catedral gótica con vidrieras del siglo XII, no necesita huecos para iluminar y carece de referencias al exterior. En Gala Placi- dia, tampoco hay referencias al exterior, las ventanas son translucidas, cerradas con piezas de ónice.6 8 Respecto al tratamiento del fondo, es conocido el gusto de Bizancio por los fondos musivos dorados, teselas que incluían láminas de pan de oro en su interior, de esta manera la luz viene del fondo, es una luz irreal con un origen desconocido. La pintura gótica sobre tabla, se entiende también como heredera de esta estética bizantina, en su uso de fondos con láminas de pan de oro. Las figuras que aparecen sobre estos fondos, al encontrarse liberadas de lo feno- ménico, se encuentran envueltas en un espacio sagrado. Según Nieto (2010 [1978], pp. 143-144), se trata de un “ámbito sagrado y trascendente equivalente al figurado en el interior de la catedral”. Por último, el abad Suger, reconocía la influencia de Bizancio y aunque sabía que esta estética bizantina ya estaba en “desuso” (Panofsky, 2004 [1946], pp. 63-65), en Saint denis mandó construir un mosaico vítreo en el acceso, seguramente, como homenaje. 68 Es necesario recordar como los huecos en Gala Placidia no se encuentran remarcados, por tanto tampoco, se consideran elementos arquitectónicos. 59 Las vidrieras de finales del siglo XIII A finales del siglo XIII las vidrieras dejaron de mostrarse como retene- doras de luz y por tanto dejaron de radiar la luz ¿qué motivó este cambio tan importante para nuestro estudio? Las causas del progresivo abandono de estas ideas pueden ser debi- das a factores económicos: El aumento de la demanda de vidrieras en Francia, condujo a la imperiosa necesidad, durante fines del siglo XIII de ejecutar gran cantidad de pedidos, en periodos de tiempo cada vez más cortos, por lo que se simplificó su laboriosa ejecución, utilizando piezas de menor espesor y de mayor tamaño. Factores tecnológicos: La utilización de la sal de plata, supuso un avance técnico, que permi- tía que los colores fueran más luminosos, consiguiendo, por un lado, amarillos muy intensos, y por otro, el aumento de la gama de colores, ya que esta sal posibilitaba la modificación de los antiguos colores base utilizados. Por tanto las vidrieras del siglo XII, entendidas como lux se trasforman en vidrieras entendidas como lumen. La lux se convirtió en lumen. La luz ya no es el origen, deja de ser lo primigenio para conver- tirse en derivada de ello. Pero un cambio tan radical como éste no puede deberse simplemente a las condiciones económicas y tecnológicas, aparecen también motivos científicos: “la luz comienza a perder su rango trascendental y se estudia simplemente como la manifestación de las leyes terrenales de la ópti- ca” (gage, 2001 [1993], p. 76). Pero todavía existe un motivo más, el más importante y que tiene un carácter más profundo, desde nuestro punto de vista, se debe a un factor teológico: En el siglo XIII la influencia de las ideas de Pseudo-Dionisio se reelabora desde la Escolástica. Santo Tomás en su Summa theologiae, explica que para la belleza, se requiere lo siguiente: Primero, integridad o perfección, también se requiere la debida proporción o armonía, y por último, se precisa la claridad (Summa theologiae i, q39, a8). En comentarios al libro de Pedro lombardo se refie- re en términos similares relacionando belleza con claridad.69 69 “La belleza (pulchritudo) no tiene razón de apetecible sino en cuanto se reviste de la razón del bien, pues así también la verdad es apetecible. Pero según su razón propia, la belleza posee la claridad y todas aquellas cualidades que se han dicho, las cuales tienen semejanza con lo propio del Hijo” (In 1 sent d31 q2 a1). 60 La asociación de belleza con claridad, donde la belleza sigue asociándo- se a lo sagrado, produjo el cambio, y las causas citadas anteriormente, seguramente, vienen a corroborarlo. La vidriera emanadora e irradiadora de luz, se trasforma en una vidriera donde prima su claridad para poder trasmitir la luz. En conclusión la vidriera a partir de fines del siglo XIII, pasa a ser un elemento transparente o translúcido que permite el paso de la luz, con- virtiéndose en trasmisora deella. Pierde su carácter de muro singular y de superficie mural para convertirse en un vano en el muro, indepen- dientemente de su tamaño. La vidriera deja de ser un elemento plástico, objeto de este estudio, para convertirse en un elemento arquitectónico.70 Controversia académica Lo cierto es que no existe consenso académico respecto a la idea defen- dida en este capítulo: el cambio que se produjo en la iluminación de las catedrales a través de las vidrieras del siglo XII respecto a las de finales del siglo XIII, ni tampoco con respecto a su motivación. Esta tesis la defiende john gage (2001 [1993], pp. 69-78). Existe un segundo grupo de críticos que comparten parcialmente esta hipótesis. Entre los que encontramos a jantsen, que partiendo de las ideas de Schöne, explica también la ventana71 como “fuente de luz” (jantzen, 1959 [1957], p. 79), lo que se acercaría a nuestra tesis, pero no especifica que a partir del siglo XIII las vidrieras dejen de ser fuentes para convertirse en trasmisoras de luz.72 Por otro lado, explica que “es 70 El gótico en Italia no tuvo la repercusión que pudo tener en países como Francia, Alema- nia y España, por lo que la vidriera aparece como vano, y aunque el muro donde se encuentra la vidriera esté decorado con pintura mural, ambos son independientes. Sucede en los frescos de la capilla Bardi en la Santa croce de Florencia, pintados alrededor de 1320 por giotto. En esta pequeña capilla no existe ningún interés por unificar la pintura al fresco sobre el muro con la vidriera para formar un único elemento. 71 No entendida como elemento arquitectónico sino como vitral. 72 Seldmayr (2011, [1960], p. 25) se refiere en este mismo sentido a materia luminosa, al tratar la pared pero tampoco hace distinción entre el siglo XII y XIII. 61 difícilmente concebible” una influencia teológica de la luz en el gótico (jantzen, 1959 [1957], p. 77). En este segundo grupo se encuentra Panofsky que se refiere a las vidrie- ras como trasparentes (Panofsky, 2004 [1946], pp. 38 y 52), contrariamen- te a lo defendido por nosotros. Aunque él sí que aprecia la relación entre la teología y la nueva arquitectura: “durante el periodo que media entre los años 1130-1140 y 1270 pienso que puede observarse una conexión entre arte gótico y filosofía escolástica mucho más concreta que la que implicaría un mero paralelismo” (Panofsky, 2007 [1947], p. 35). grodecki, que también incluimos en este segundo grupo, compartiría las ideas de Panofsky. Expresa que en el arte gótico por primera vez, se materializaron las ideas de la religión cristiana: “la iglesia universal pene- trada por la luz de la palabra de Dios”73 (grodecki, 1975, p. 3), es decir, se refiere al vidrio como un cuerpo transmisor de la luz. Por otro lado, también entiende que existe una estrecha relación entre la Escolástica y la arquitectura gótica al hablar de “similitudes” (grodecki, 1975, p. 4). Por último, en un tercer grupo, estarían aquellos teóricos cuyas ideas no comparten las de este trabajo. Nieto defiende que con el tiempo o dependiendo de las escuelas, las vidrieras se van construyendo más trasparentes, y esto permite reducir su tamaño en proporción al del muro, manteniendo la misma luminosidad interior, como en la Catedral de Segovia (Nieto, 2010 [1978], pp. 143-144). Según esta teoría la lumino- sidad de las vidrieras dependería de su tamaño en relación al muro, para mantener cierta luminosidad en el interior. El espacio en el gótico Desde el punto de vista del espacio, esta diferencia abismal que exis- te, desde nuestra óptica, entre las vidrieras de un siglo y de otro no es tan perceptible en las catedrales góticas. Lo que nos hace pensar que existen otros sistemas que también nos remiten a la superficie y que podrían compensar, en las vidrieras de finales del siglo XIII, la sensación 73 Traducción realizada por el autor. 62 de superficie mural de las vidrieras del XII, ya que esta reminiscencia a la superficie es la diferencia entre ambas. Esto también, explicaría la disparidad de opiniones académicas, ya que estos mecanismos en cierta forma, camuflarían nuestra tesis. Entonces, ¿cuáles son estos mecanismos que nos remitirían a la superficie? Para responder a esta cuestión es necesario que expliquemos el espacio de la catedral en el gótico, donde a pesar de la existencia de naves, el espacio se entiende de manera unitaria, las distintas naves se funden en la nave central a través de la luz, creando un espacio único. Para expli- carlo, jantzen recurre a dos conceptos, la estructura diáfana (jantzen, 1959 [1957], pp. 82-84) y el fondo espacial (jantzen, 1959 [1957], pp.84-89). Explica que el elemento espacial que se entiende como único es la nave central, con el ábside incluido. Explica que la pared de la nave central produce la sensación de una urdimbre, lo que llama estructura diáfana. Mientras que cuando habla de fondo espacial se refiere a los espacios adyacentes, como las naves laterales, galerías, coros y demás a los que considera como revestimiento de la nave central. Sostiene que “la pared de la nave central produce la impresión de un enrejado que se alza envuelto por el fondo espacial” (jantzen, 1959 [1957], p.85). Por tanto, podemos entender que jantsen al distinguir entre fondo espa- cial y estructura diáfana en la pared de la nave central, está diferencian- do entre la sensación espacial que hemos comentado que produce la vidriera gracias a su luz y la superficie a la que nos remite a través de la estructura diáfana, que recordemos que se comporta como una urdim- bre. quizá, con este planteamiento, jantsen no necesitaba distinguir entre lux y lumen entre luz retenida y luz trasmitida, ya que para él la superficie se percibe a través de la estructura diáfana, a través de la urdimbre. Por tanto, según este criterio, las vidrieras trasparentes, que producen una sensación de expansión espacial mayor por este motivo, revelan su carácter de superficie a través de la estructura diáfana. jantsen explica cómo en las catedrales clásicas del alto gótico se produ- ce una evolución que consiste en evidenciar cada vez más este concepto de fondo espacial y estructura diáfana.74 Desde Chartres, cuyas obras se 74 No es objeto de este estudio explicar esta evolución, pero vamos a reseñar alguna de las innovaciones más significativas en lo que a nosotros respecta: 63 iniciaron en 1194, pasando por Reims, que se inició hacia el año 1211, hasta Amiens, que se inició en 1220 y se terminó en 1288. gage (2001 [1993], p. 73) coincide en que el cambio de lux a lumen en las vidrieras se produjo a finales del siglo XIII.75 Por tanto, podemos establecer que aunque en ambas construcciones la sensación espacial sea similar se produce de forma diferente. Existe cierta tendencia a que la sensación de superficialidad no desaparezca, a través de la urdimbre que nos remi- te a ella, conforme las vidrieras se hacen más trasparentes y por tanto pierden su superficialidad. Estaríamos hablando de dos formas de desa- rrollar la misma idea –el espacio gótico– en el primer caso sería a través de la superficie mural y en el segundo mediante la arquitectura. Pero no debemos olvidar que este estudio se centra en la superficie mural y por tanto, no podemos considerar como superficie mural las vidrieras del siglo XIII que hemos descrito como lumen, solo las que denominamos del siglo XII. En Chartres se elimina la galería alta a favor del triforio y un claristorio de dimensiones desconocidas, de esta forma se potencia el espacio único de la nave central. En Reims se crea el hueco de tracería, en Chartres las ventanas están formadas por dos ventanas lanceoladas y un rosetón coronándolas, que mantiene la forma de la ventana oji- val pero que conserva zonas de muro. En Reims desaparecen los restos del muro, ya que, se calan los huecos existentes entre el rosetón y las ventanas lanceoladas, de modo que el espacio comprendido entre los fustes y la bóveda se entiendetodo como un enrejado. Además repite esta misma idea en las naves laterales, por lo que la nave lateral se integra con la central marcando la tendencia hacia la unificación del espacio. En Amiens se intenta integrar el triforio con el claristorio, esta integración se hizo más evidente después del incendio de 1258. En la nueva construcción de las naves laterales las cubiertas se hicieron planas y se pudo iluminar el triforio, antes ciego por la cubierta inclinada de la nave, de forma que estos dos elementos se funden. Pero en realidad no se encuentran en el mismo plano, ya que el triforio es una pequeña galería. Por tanto este plano de vidrio se encuentra situado entre el de la nave central y la nave lateral. Lo podemos apreciar en la sección de la catedral de León, que tiene esta misma solución (fig. 2.3). La intensidad lumínica de las vidrieras es tal que no producen la sensación de encontrarse en distintos planos. Esta sección nos sirve para entender el concepto de fondo espacial y estructura diáfana. El fondo espacial serían los tres planos de vidrio, el de la nave lateral y los del claristorio y triforio en la nave central, mientras que la estructura diáfana seria la urdimbre que delimita la nave central. En esta sección destaca el tratamiento del triforio, donde la separación entre el fondo espacial y la estructura diáfana es mínima, podemos decir que es una cuestión de concepto. 75 Coincidiendo con la publicación de la obra magna de Santo Tomás su Summa theologiae (1265-1272). 64 Por último, solo queda para terminar esta inclusión en la arquitectu- ra gótica, explicar el tratamiento de esta urdimbre estructural desde el punto de vista de la irradiación de la vidriera. La tracería gótica, cuando se encuentra en el plano de las vidrieras es tratada de forma similar al engarce de plomo, normalmente se colocan bandas claras en la zona limítrofe con la estructura que la soporta, para regular la relación con la vidriera y minimizar el impacto de ésta. Por ejemplo en el obispo podemos ver un recurso muy habitual de las vidrieras, una banda de perlas (fig. 2.2). Aunque la radiación intente anular la estructura, siempre queda algo de ésta, potenciando la relación estructura diáfana fondo espacial.76 76 En la Sainte chapelle (1242-1248) de Paris, la relación entre la estructura diáfana y fondo espacial se desvanece. La estructura se encuentra totalmente decorada con los emblemas Figura 2.3. Catedral de León, siglo XIII. Esquema de sección trasversal, donde se indican los planos de vidrieras, realizado por el autor. 65 La Catedral de León Se ha escogido la Catedral de León por el estado de conservación de sus vidrieras. La fragilidad de los paños vítreos ha obligado a restaurar y sustituir en muchas ocasiones los paneles de vidrio de las catedrales. En la abadía de Saint denis, se conservan muy pocas vidrieras originales, por ejemplo, del Árbol de Jessé, una de las más célebres, solo se conser- va un tercio, y las que han llegado hasta nuestros días no se encuentran en la abadía. Recordemos que estas vidrieras han debido ser traslada- das en múltiples ocasiones por motivos de guerras, revoluciones, etc. En la Catedral de León las vidrieras más antiguas son del siglo XIII, hay que tener en cuenta que el grueso de la obra se realizó en la segun- da mitad del siglo XIII. En la actualidad se conservan restauradas las siguientes vidrieras: las situadas en el claristorio del presbiterio,77 las del claristorio de la zona Este de los transeptos, y en las naves, en el lado Norte, la del tramo quinto del claristorio, la cacería, y en el lado Sur la del tramo primero también del claristorio. Antes de centrarnos en las vidrieras, explicaremos brevemente la Catedral. Se encuentra situada sobre la antigua catedral románica, que a su vez se encuentra sobre un palacio que Ordoño II cedió para transformar en lugar sagrado, después de su triunfo sobre los árabes en gormaz. Desde el 952 se conoce como la Catedral de Santa María de Tecla, “por estar custodiada por los monjes de San Benito, cuya comunidad se regía por la regla monástica” (gómez, 2009, p. 10). de los monarcas gobernantes en dorado, la flor de lis y la torre de Castilla, cada una con su fondo respectivo, la primera en azul y la segunda en rojo. Hay que destacar la iluminación interior de esta iglesia, ya que si no existiese, nunca se apreciaría la pintura mural sobre la tracería por la irradiación de las ventanas. Por lo que en este caso concreto, podemos entender que las vidrieras forman un continuo con la estructura portante del edificio, enten- diéndose ambos elementos de distinta naturaleza como uno único que muestra la superfi- cie. Hay que reseñar que la Sainte chapelle, sufrió un incendio en 1630 y sus pinturas fueron posteriormente restauradas en el año 1838 (grodecki, 1975, p. 46), por lo que este no era su aspecto original. 77 En algunos casos, las del lado norte del presbiterio, aunque son originales del siglo XIII, fueron excesivamente restauradas en el XIX. 66 Para la construcción de un templo como éste, tuvieron que concurrir una serie de circunstancias favorables: Políticas, como la derrota de los árabes en las Navas de Tolosa, 1212, que inició un nuevo periodo estable. Económicas, como la riqueza proveniente de la exportación de la lana a Centroeuropa. y, por último culturales, dado que León era parada obligatoria en el Camino de Santiago, también llamado camino francés, lo que le permitía estar en contacto con los avances arquitectónicos del Norte de Francia. Además, la subida al trono de Alfonso X El Sabio contribuyó al desarrollo de las artes. El nuevo rey y su amigo, el Obispo Martín Fernández, se convirtieron en los verdaderos artífices de esta Catedral, cuya construcción comenzó hacia 1253. La catedral, construida en estilo gótico clásico, tiene una planta cru- ciforme con tres naves de seis tramos, la cabecera, orientada al Este, dispone de deambulatorio y cinco capillas poligonales colocadas de Figura 2.4 Catedral de León, siglo XIII. Esquema de planta, realizado por el autor. Figura 2.5 Catedral de León, siglo XIII. Esquema de sección longitudinal, donde se indican los planos de vidrieras, realizado por el autor. 67 forma radial (fig. 2.4). Es de clara influencia francesa, la más francesa de las catedrales góticas españolas. La planta es muy similar a la de Reims, con la diferencia de que la francesa es más grande, las tres naves tienen nueve tramos, y por tanto, su altura también es mayor, por otro lado, las capillas de la girola son circulares y no poligonales, en este aspecto puede estar influenciada por la catedral de amiens. El transepto se resuelve como en Reims y al igual que ésta dispone de naves. La pro- porción de la iglesia es muy armónica y se puede asemejar a dos cubos de 30×30 metros (fig. 2.5). En León también encontramos los recursos utilizados por las catedrales clásicas del alto gótico, que hemos explicado con anterioridad al refe- rirnos a la estructura diáfana. Por ejemplo: Aparece el claristorio unido al triforio iluminado, aparece el mismo concepto de tracería en la nave central que en las laterales… Pero en realidad, León no necesitaría estos recursos para potenciar su estructura diáfana y de esta forma remitir- nos a la superficie. ya que, las vidrieras más antiguas de León, por su construcción, las consideramos dentro de la tradición francesa de las vidrieras del siglo XII, funcionarían como elementos radiantes de luz y por tanto, materializarían la superficie. La luz como superficie mural en las vidrieras de la Catedral de León En la Catedral de León podemos apreciar la trasformación de las vidrie- ras góticas del siglo XII, en las vidrieras de finales del siglo XIII y poste- riores. Entendidas, las primeras como retenedoras de luz, es decir cómo superficie mural y las segundas como trasmisoras de luz, como huecos arquitectónicos. Entre las vidrieras más antiguas que se conservan, aunqueno totalmente completa, se encuentra la conocida como la cacería. Si comparamos esta vidriera, situada en el claristorio del lado Norte de la nave, con la que se encuentra, desde el punto de vista del observador, a su izquierda, realiza- da en el siglo siguiente (fig. 2.6), enseguida nos damos cuenta de la dife- rencia. Observamos que la vidriera de la derecha, la cacería, tiene una 68 Figura 2.6 Catedral de León. Diferencia entre la vidriera de la cacería, siglo XIII, situada en el quinto tramo y la vidriera del cuarto tramo de la nave. Imagen realizada por el autor. Figura 2.7 Catedral de León. Vidriera, del siglo XIII, orientada a occidente, situada en la zona alta del transepto Norte, junto al ábside. Donde se aprecian las zonas originales y las restauradas. Imagen realizada por el autor. 69 luz mucho más tenue, de tal forma que la luz parece que emana de esta, parece que es generada por el dibujo de lo representado, es lux. Esto significa que provoca una sensación de expansión espacial, y al mismo tiempo nos remite a la superficie. Mientras que la vidriera de la izquierda, es lumen, no es luz primigenia, ya que la luz es la que atraviesa la vidriera, esta vidriera que permite una mayor entrada de luz se ha convertido en un hueco arquitectónico, aunque la sensación espacial sea similar porque nos remite a la superficie a través de la urdimbre de su estructura. Otro ejemplo lo encontramos en la vidriera orientada al Oeste, situada en la zona alta del transepto Norte, junto al ábside, también del siglo XIII (fig. 2.7). Al contemplar la vidriera nos evoca lo sagrado y nos sumerge en una atmósfera trascendente, pero si nos fijamos veremos que exis- ten zonas de esta vidriera que sufrieron un proceso de restauración a lo largo de los siglos, y en estas zonas, no se mantuvo la idea original, las zonas restauradas producen una luz excesiva que provoca en el con- junto, un efecto poco armónico, induciendo a una distorsión del enten- dimiento por parte del observador. Por ejemplo, de las tres rosas de la vidriera, en la superior se aprecia que tiene una luz diferente y excesiva. También se aprecia esa luz diferente en las dos bandas estrechas de los extremos y en algunas zonas sueltas de las vidrieras. Las vidrieras del siglo XII, entre las que incluimos las primitivas de la Catedral de León, son elementos de luz y por tanto, esta confiere profun- didad a la superficie de la vidriera y hace que el espacio se entienda como infinito. Pero, al mismo tiempo están realizadas teniendo en cuenta los efectos de la radiación, explicados por Viollet le Duc. Estos efectos de la radiación consiguen que las percibimos de forma que la luz no tiene ori- gen, se refiere a lo primigenio, es lux y no lumen. y lo que es fundamental para nosotros, esta luz inmaterial al ser irradiada se materializa en la superficie de la vidriera, por lo que podemos entender las vidrieras como superficie mural. La confusión que genera el comportamiento doble de la luz, como material e inmaterial, produce un sentimiento de trascen- dencia. Podemos entender la luz como luz inaccesible en la que habita dios, es decir como la tiniebla divina, nos referimos de nuevo a las ideas teológicas de Pseudo-Dionisio, pero materializadas de forma distinta al capítulo precedente, con una estética nueva: “A cada tiempo su arte y a cada arte su libertad”, reza en el acceso del edificio de la Secesión vienesa. 70 3. EL ESPACIO COMO SUPERFICIE PURA: LOS MURALES DE SANT JOAN DE BOÍ 71 Concluimos este primer bloque, donde se enfatiza la superficie, mos- trando las cualidades espaciales de las pinturas murales románicas, concretamente aquellas realizadas entre finales del siglo XI y el primer tercio del siglo XII en el valle de Boí. Como hemos señalado en la introducción, el objetivo del ensayo no es la historia del arte, por tanto priman otros aspectos sobre los cronoló- gicos: El capítulo anterior trataba sobre las vidrieras en el gótico y este trata sobre las pinturas murales en el románico, movimiento artístico que le precede en el tiempo. Hemos actuado de esta manera, por dos motivos:78 Por un lado, si en estos capítulos estamos hablando de la reminiscencia a la superficie, parece lógico terminar la serie, donde esta se encuentra de forma más evidente y este sin duda es el románico, la pintura mural como la super- ficie pura. Por otro lado, por el paralelismo existente, desde nuestro punto de vista, entre el tratamiento de la superficie en Bizancio y en las primeras vidrieras góticas, herencia de una fuerte continuidad ideológi- ca y espiritual entre ambos, que no es tan evidente en el románico. ¿qué cambio existe entre el hombre románico y el hombre gótico? La respuesta la encontramos jatzsen (1959 [1957], pp. 34-35) que nos indica que lo que se ha modificado es la piedad, el gótico entraña una nueva piedad. En el románico no existe el anhelo de participar de forma inmediata en las verdades reveladas, mientras que en el gótico sí que existe. ¿Cuál es la concepción románica del hombre? En el románico el hombre es un pecador, que espera la llegada del juicio final con resignación. Según Sureda (1995 [1981], p. 145): “En la religio- sidad del románico, el hombre no va en busca de Dios, no se eleva hacia el cielo”. En la concepción románica, el hombre no puede participar de lo sagrado, no puede ir en busca de Dios, no se relaciona con Él, solo puede esperar sus dictámenes. En este sentido, compartimos el punto de vista de eruditos como Panofsky, que defienden que esta idea se materializa en la arquitectura románica: 78 Aunque no podemos negar, que desde el punto de vista de la superficie mural, el romá- nico, influye sobre las vidrieras góticas, lo hace en aspectos no esenciales para nuestro estudio de las vidrieras, pues continúan siendo el vehículo de la enseñanza de la palabra de Dios, la Biblia para el pueblo. 72 “nos trasmite la impresión de ser un espacio determinado e imposible de penetrar” (Panofsky, 2007 [1947], p. 45), tanto desde el interior como desde el exterior. En clara sintonía con el hombre románico. Por tanto los espacios románicos serán diferentes de los espacios góticos y de la misma manera que las vidrieras tuvieron un papel relevante en el gótico, la pintura mural románica también lo tuvo. Estas pinturas opacas reivin- dican al muro para hacerlo impenetrable, frente a su desmaterialización que hemos visto que ocurría en Bizancio y en el gótico. Los murales en las iglesias no sólo eran uno de los vehículos para la enseñanza de la religión al pueblo, mediante el uso de la iconografía, la conocida como Biblia de los indoctos, sino que también tenían un gusto estético definido. Estas dos cualidades serán los pilares que operen la modificación espacial y que consigan que este espacio sea acorde con los planteamientos filosóficos de la época. En contra de la opinión general, en la pintura mural existía un desarrollado gusto estético con un valor en sí mismo, que buscaba, tal y como lo expre- sa Schapiro (1947, p. 22), “la belleza de la forma y el color”, este esteticis- mo inundo el carácter religioso.79 Este arte no era realizado únicamente por monjes, sino también por artistas seglares que llegaron a representar mejor el espíritu eclesiástico que sus coetáneos religiosos. Hay que añadir que estos artistas gozaban de reconocimiento social, firmaban sus obras y no se consideraban a sí mismos como simples artesanos. Otro matiz importante era su carácter itinerante, que nos revela dos cosas: la primera, que a pesar de la existencia de distintas escuelas y estilos, cada maestro funcionaba de forma individual, ejercía su oficio con libertad y por tanto, dependía de su propia capacidad creadora; y la segunda y más importante, 79 Esto lo podemos apreciar en la decoración imitando cortinajes, que aunque tiene su origen en la tradición que existía en la antigüedad de decorar, en las grandes ocasiones litúrgicas,las iglesias con tapices y telas, acabó suponiendo una imposición del carácter estético y decorativo sobre el religioso. Según Schapiro (1947, p. 25) se llevaba a cabo con “tejidos de fuertes colores que pendían de los muros”. La decoración mural resolvería de forma permanente la ornamentación en iglesias con pocos recursos económicos (Castiñei- ras, Camps 2008, p. 32). Iglesias como San julián de los Prados, cuyas pinturas murales se realizaron entre los años 812 y 842 (Arias, 1997, p. 52), también se encuentran decoradas con arquitecturas con cortinajes. Esta hipótesis justificaría la aparición de dibujos de cortinajes en la parte baja de algunos murales como los de Santa maria de taüll (fig. 3.1). Incluso hay autores, como Lasaigne, que consideran que las bandas horizontales de los fondos de las pinturas imitan la tapicería (1952, p. 18). 73 8 0 Además de las mencionadas destacaremos las siguientes iglesias: Santa Eulalia de Erill la Vall, Sant Feliu de Baruera, Santa maria de cardet, la nativitat de la mare de déu de durro. 81 quizá convenga reseñar que en aquella época el valle del Boí aún dependía de esta sede episcopal, circunstancia que continuó hasta el año 1140, en que pasó a depender del obis- pado de Urgell y concluyó su actividad constructora (Pages i Paretas 2005, p. 149). 82 Entre 1920 y 1923 se compraron y se trasladaron muchas pinturas de éste y otros valles pirenaicos al Museo de arte y arqueología de Barcelona, para evitar que corrieran la misma si los maestros podían trabajar en lugares culturalmente diferentes y ver igualmente reconocida su labor, era precisamente porque existía un cierto gusto estético universal, lo que hoy llamamos estilo románico. El valle del Boí y Sant Joan de Boí Para este estudio, nos centraremos en las iglesias del valle de Boí, en Sant climent de taüll, Santa maría de taüll y Sant Joan de Boí, con especial atención a esta última. Estas iglesias se realizaron en una etapa muy con- vulsa de la historia de España, cuando casi toda la península se encon- traba bajo la influencia musulmana y los pequeños reinos y condados del Norte comenzaban su expansión hacia el Sur. Llama la atención que en un valle pirenaico como Boí existan tantas iglesias y pinturas murales románicas de calidad.80 La realización de estas iglesias se debió en gran medida a la confluencia de una serie de circunstancias favorables; por un lado políticas, personificadas en la figura de protectores poderosos como el barón de Erill, vasallo del conde de Pallars-jussa, que a su vez era miembro de la corte del rey de Aragón, Alfonso I el Batallador, por otro lado, económicas, derivadas de los éxitos militares de los anterio- res, y por último intelectuales, encarnados en la persona de Ramón de Roda, capellán del monarca y obispo de Roda de Isábena.81 Se ha escogido la iglesia de Sant Joan de Boí, ubicada en el pequeño pueblo pirenaico de Boí, por la superficie de pinturas murales que se han conservado hasta nuestros días, que aunque escasa, consideramos sufi- ciente para intentar recrear las modificaciones espaciales producidas por la pintura mural en el románico (fig 3.2). Las pinturas murales origina- les se encuentran en la actualidad en el Museo Nacional de Arte de Cata- luña, MNAC.82 Mientras que en la iglesia de Sant Joan se encuentran unas 74 suerte que los murales de Santa maria de mur, vendida en aquellos días y que en la actua- lidad se encuentran en el museum of Fine arts of Boston (Castiñeiras, Camps 2008, p. 22). 83 Según aparece en una inscripción en una columna de la nave (Castiñeiras, Camps 2008, p. 70). Figura 3.1 Santa maria de taüll, pinturas del siglo XII. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Detalle de cortinajes en la zona baja del muro. Imagen realizado por el autor. Figura 3.2 Sant Joan de Boí, interior de la iglesia en la actualidad. Imagen realizado por el autor. réplicas de las mismas, que aunque esquemáticas, sirven para entender y percibir el espacio. En realidad, ni la contemplación del espacio con las réplicas, ni la contemplación de las pinturas murales originales fuera de su entorno, aunque en las instalaciones creadas en el MNAC se ha hecho un gran esfuerzo, pueden satisfacer plenamente a aquel obser- vador que busca percibir las modificaciones espaciales que provocaban estos murales en su ubicación original. Fue Ramón de Roda, quien consagró la Iglesia de Sant climent el 19 de diciembre de 1123.83 A diferencia de lo que ocurre con su vecina de Taüll, 75 84 A Sureda (1995 [1981], p. 226) no le parece suficiente motivo para su datación el esgrimido por Ainuad, que habla de unas pinturas en Sant climent, en la ventana del ábside, anterio- res a la reforma de la iglesia del año 1123, similares a las de Sant Joan. Por ese motivo, dice Sureda, las pinturas exteriores en el acceso de Sant Joan de Boi, que son similares a las del interior, también deberían ser coetáneas, pero se sabe con certeza que son posteriores y realizadas por una mano distinta a la que ejecutó el interior. 85 Una de las grandes contribuciones catalanas a la arquitectura románica, que tuvo una enorme transcendencia por su aportación espacial, fue la utilización de la bóveda de cañón longitudinal (Kubach, 1989 [1972], p. 35). Desconocemos los motivos por los que no se rea- lizaron bóvedas de cañón en estas iglesias, aunque podemos pensar que eran económicos. Kubach (1989 [1972], p. 112) reconoce que estas iglesias con cubierta de madera no tienen un papel importante en la zona pirenaica. no está tan claro el año en que se consagró la iglesia de Sant Joan de Boí ni el año en que se realizaron las pinturas. Se cree que son anteriores a aquellas, y se fechan alrededor del año 1100.84 Desde el punto de vista arquitectónico, la iglesia de Sant Joan de Boí es una construcción de tres naves, la central con un ancho de unos 5 metros y las laterales de alrededor de 3 metros, siendo la longitud aproximada de las mismas de unos 17 metros. Cada nave se coronaba con un ábside semicircular, de estilo lombardo; en la actualidad ha desaparecido el central, que se remata en plano. La cubierta es una techumbre de madera a dos aguas,85 con una altura en la cumbrera de unos 9 metros, que recoge las tres naves (fig 3.3). Este sistema constructivo impide que la nave central se ilumine directamente, Figura 3.3 Sant Joan de Boí, siglo XI. Esquema en sección de la iglesia, realizado por el autor. 76 condenándola a la oscuridad. y es que en el románico, en palabras de Kubach (1989 [1972], p. 35) “se prefiere el espacio bajo y poco ilumina- do”. En Sant Joan aparecen las tres naves a la misma altura,86 además la oscuridad de la nave central se enfatiza por la escasa altura de los arcos que separan las naves, sobre todo si la comparamos con sus vecinas de Sant climent de taüll o Santa maría de taüll. La pintura mural del valle de Boí: técnica, maestros y estilos Normalmente la pintura mural románica del valle de Boí se denomina como pintura al fresco aunque desde un punto de vista técnico, como resalta Cook (1956, p. 9): “el verdadero fresco es una técnica que rara vez utilizaron los autores de las conservadas en Cataluña”. En estos mura- les románicos se combina el fresco con la pintura al temple, donde el pigmento en polvo se aglutina con clara de huevo, e incluso, en algún caso, con pigmento aglutinado con un elemento graso como el aceite, parecido a lo que se denominaría actualmente pintura al óleo. Primero se preparaba un enlucido de cal y se pintaba sobre una base acuosa, de tal forma que el color quedaba incorporado al muro. Esto sólo se podía realizar mientras el enlucido estaba húmedo, lo que obligaba a una rápi- da ejecución de la pintura, y por tanto, a preparar cada día la zona que se iba a pintar. Esta técnica del fresco solía utilizarse para aplicar los tonos fundamentales del mural. Posteriormente, cuando estaba seco, se utilizaba el temple o el sucedáneo de óleo para dibujar los detalles,especialmente las líneas de contorno en negros, rojos o blancos, lo que otorgaba la expresividad al conjunto. La datación de las iglesias nos obliga a una precisa identificación de los distintos maestros participantes en el románico español de la época y sus influencias estilísticas. Según gudiol (1965), destacan con influen- cia bizantina87 el Maestro de Pedret y el Maestro de Taüll; éste último 8 6 La otra gran aportación catalana al románico fue la iglesia de tres naves con la misma altura (Kubach, 1989 [1972], p. 72). 87 Denominadas por Olaguer-Feliú (1989, p.21) como escuela “ítalo-bizantina” o “escuela Benedictina”. 77 88 Cook (1956, pp. 14, 15) coincide con gudiol en las diferencias estilísticas entre los maes- tros, pero difiere en el llamado Maestro de Maderuelo, que según él, no puede ser el mismo que realizó la maiestas mariae de taüll, y le parece más prudente considerar ambas obras ejemplos de la misma corriente bizantina, pero de diferente mano; así surge, también, el denominado Maestro de Santa María. realizó el famoso maiestas domini de Sant climent, y fue ayudado por otro maestro que luego decoró el ábside de Santa maria y posterior- mente trabajó en Castilla, el conocido como Maestro de Maderuelo, 8 8 por las pinturas de esa localidad. En oposición a este estilo, aparece el estilo “franco-románico” (Olaguer-Feliu 1989, p. 30) en el que destacan el Maestro del juicio Final, que pintó las naves de Santa maria de taüll, y el de Boí, ejecutor de los murales de Sant Joan; este último es el más enigmático y desconocido por su estilo arcaico y su influencia mozárabe. Lasaigne (1952, p. 14) lo define como: “un precursor, en el sentido de que su obra se desarrolla bastante libremente fuera del formulario bizantino, sin duda, según una estética local”. En el estilo ítalo-bizantino destaca su cromatismo, donde dominan los azules intensos, además de su influencia paleocristiana y bizantina. Mientras que en la corriente franco-románica, el cromatismo viene de una paleta más reducida, en la que dominan los colores terrosos aplica- dos sobre superficies lisas; este estilo convive con el arte mozárabe y en algunos casos como Sant Joan de Boí esta convivencia es muy estrecha y consigue ampliar e intensificar la paleta, dentro de los colores terrosos. Vamos a estudiar la pintura románica en el valle del Boí desde el punto de vista iconográfico y el estético. Pintura mural románica entre lo analógico y lo digital Antes hemos indicado que la pintura mural en el románico tiene un carác- ter didáctico, es un medio de comunicación, un lenguaje. Ahora veamos las implicaciones que para Melot (2010 [2007], p. 86) supone esto: Los programas iconográficos en los frisos monumentales, invitan a la lectura, pues, si bien la imagen solitaria no posee ni las articulaciones ni los códigos que caracterizan una lengua, a cambio las series de imágenes 78 se organizan con arreglo a una lógica discursiva que se basa, como todo lenguaje, en discriminaciones formales entre una y otra. Por tanto, la pintura mural como narración implica variaciones en el difícil equilibrio existente en la pintura entre el código y el diagrama, es decir, el lenguaje analógico y el digital.89 Por un lado, Deleuze (2008 [1981] p. 143) definió la pintura como el lenguaje analógico por excelencia. Por otro lado, podemos considerar nuestra forma de comunicarnos a través del lenguaje articulado como digital. Entonces cuando la pintura tenga un carácter narrativo, ambos convivirán. La pintura como hemos dicho, es un lenguaje analógico. Además en algunos casos la analogía lleva injertados códigos, y si a eso le añadi- mos el carácter narrativo de estas pinturas, el resultado es que en estos murales, se funden lo digital y lo analógico. Esta fusión se produce de tal forma que al final, gran parte de su interés radica en esta circuns- tancia. Es una pintura que nos sorprende, esperamos entenderla como lenguaje analógico, pero es con la ayuda de sus códigos digitales, como la llegamos a interpretar y a través de sus analogías como la sentimos de forma más profunda. Intentaremos explicar cómo se pueden apreciar estos códigos y diagra- mas en los que aparecen simultáneamente el lenguaje digital y el analó- gico. El lenguaje digital y sus códigos aparecen en toda la iconografía, así por ejemplo en la imagen de San Esteban, lo identificamos como tal, porque se representa mediante la lapidación (fig. 3.4). Prueba del lenguaje digital son aquellos símbolos indescifrables a día de hoy, que 89 Según Deleuze (2008 [1981] pp. 127-150) el código es digital y el diagrama es analógico. El lenguaje analógico se definiría fundamentalmente por similitud y el digital por conven- ción, pero hay fenómenos de similitud en los códigos y la similitud no basta para definir la analogía, debido a que existen tres formas de analogía y solo una de ellas es por similitud, la denominada analogía común. Los otros dos tipos son por relación (analogía orgánica) y por modulación (analogía estética)” (Deleuze, 2008 [1981] p. 153). La analogía que se produce por medios no semejantes es la que más interesa a la pintura,” en beneficio de una “semejanza más profunda” (Deleuze, 2008 [1981] p. 100) y consistiría, por un lado en la analogía orgánica, en injertar códigos en la analogía, es decir codificar lo analógico, entendiendo “que todo código se sumerge en lo más profundo en un flujo analó- gico” (Deleuze, 2008 [1981] p. 167); y por otro en la analogía estética, que se definiría por la modulación, “producción de similitud por medios no parecidos” (Deleuze, 2008 [1981] p. 167). 79 9 0 Sureda (1995 [1981], p. 169) los considera vacíos a través del espacio. Figura 3.4 Sant Joan de Boí, pinturas del siglo XI- XII. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Detalle de la lapidación de San Esteban. Imagen realizada por el autor. Figura 3.5 Santa maría de taüll, pinturas del siglo XII. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Detalle del ábside donde se aprecia la banda geométrica que separa distintos mundos y cómo se camufla la ventana entre las arquerías murales. Imagen realizada por el autor. no podemos interpretar, porque hemos perdido su sentido, como es el caso del extraño animal mitológico que aparece en Sant Joan de Boí con una flor de lis en la boca. También podemos considerar códigos ciertas decoraciones geométricas que separan mundos diferentes, habitados por personajes o divinidades que se encuentran en diferentes niveles, inaccesibles unos de otros. Estas bandas geométricas separan lo mate- rial y lo inmaterial, lo humano y lo divino, y por tanto, separan elementos que en el románico nunca se pueden mezclar.90 Podemos observar estas decoraciones geométricas, separando el cuarto de esfera absidial y el semicilindro en los cabeceros de las iglesias, como en Santa maria de taüll (fig. 3.5), donde se separa la imagen de la Virgen de la de los santos 80 que se encuentran en un nivel espiritual inferior, situados debajo entre falsas arquitecturas.91 Hay ejemplos donde resulta verdaderamente difícil diferenciar lo analó- gico de lo digital, en algunos casos dado el carácter narrativo, analogías producidas por elementos no semejantes, se han repetido tanto, que con el paso del tiempo han sido asumidas por la sociedad, convirtién- dose en convenciones, de forma que se han transformado en lenguaje digital. En este aspecto podemos señalar las coloraciones en el centro de las mejillas con un círculo rojo para subir la tonalidad del conjunto (fig. 3.6). Éstas las podemos interpretar como una reminiscencia de la tesela carmesí que se colocaba en Bizancio para subir el tono general de la cara y dar un aspecto más saludable. Lo que en Bizancio se enten- día como parte de un lenguaje analógico, en el románico ya se entiende como lenguaje digital, porque se ha convertido en convección y es parte del lenguaje. Observamos que el trazo funciona como lenguaje analógico, donde una mayorexpresividad se logra a través del color de este. Un buen ejemplo lo encontramos de nuevo en la lapidación de San Esteban, donde el trazo 91 Esta solución es la misma que aparece en la decoración de las jambas abocinadas de las ventanas, no tiene por misión enfatizar el hueco de luz, aunque lo haga, sino que tiene un carácter simbólico. Las ventanas separan el exterior del interior, es decir lo material y terreno de lo inmaterial y divino, dos mundos que no se pueden fusionar, son impenetrables como explicaba Panofsky. Figura 3.6 Sant Joan de Boí, pinturas del siglo XI- XII. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Detalle de la lapidación de San Esteban, donde se produce la sensación de que la piedra se encuentra en el mismo plano que la cara de San Esteban. Imagen realizada por el autor. 81 rojo semicircular, exagerado y extraño, indica el ceño fruncido, e imprime rabia y furia a la figura que lanza piedras al santo (fig. 3.7). El trazo de línea de contorno, también puede generar sensación de luces y sombras, utilizando el negro para la sombra y la ausencia de contorno para la luz, como en la peana donde se apoya un juglar de Sant Joan de Boí (fig. 3.8). Dado que es un lenguaje analógico y que su sentido es más arbitrario que en el lenguaje digital, esta misma solución también puede conside- rarse que representa cierta sensación de movimiento, como sucede en la lapidación de San Esteban92 (fig. 3.4). Figura 3.7 Sant Joan de Boí, pinturas del siglo XI- XII. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Detalle de la lapidación de San Esteban, donde se aprecian estrellas blancas sobre fondo rojo y el ceño fruncido con el trazo en rojo. Imagen realizada por el autor. Figura 3.8 Sant Joan de Boí, pinturas del siglo XI- XII. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Detalle de la peana donde se observa que solo la mitad izquierda de la imagen tiene trazo de contorno, dando la sensación de sombra. Imagen realizada por el autor. 92 En este caso la ausencia de línea de contorno no puede ser una representación de la luz, ya que la luz viene de la representación divina, como se observa en el rayo que cae sobre el santo. 82 Por último, otro ejemplo de movimiento lo apreciamos cuando las figuras sobrepasan el recinto arquitectónico en el que se inscriben. De este caso abundan los ejemplos, ya que sin duda era el recurso más utilizado para romper el estatismo producido por la forma de las figuras93 (fig. 3.9). El espacio iconográfico en Sant Joan de Boí Aclarada la diferencia entre el lenguaje analógico y digital, trabajaremos sobre lo que denominamos el espacio iconográfico, es decir, cómo la Figura 3.9 Sant Joan de Boí, pinturas del siglo XI- XII. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Detalle de Figura invadiendo con su pie el área delimitada. Imagen realizada por el autor. 93 Sureda (1995 [1981], p. 149) lo interpreta como una sensación espacial, pero dada la pla- neidad del fondo, y aunque existe una superposición, la espacialidad que se genera con este recurso es escasa. 83 94 Obviamente, al referirnos a la arquitectura siempre existe una relación de espacio y tiem- po, ya que hay que recorrerla, pero será más adelante, al referirnos al cubismo cuando hablemos de este concepto. 95 Lessing (1990, p. 106) enseña en su laocoonte, cómo la pintura se desarrolla en el espacio, mientras que la poesía se sucede en el tiempo. Explica que las partes yuxtapuestas son iconografía representada en las pinturas murales influye en las cuali- dades espaciales. Entender la pintura mural en un espacio arquitectónico como narración implica, por lo general la existencia de una secuencia de imágenes, que a su vez nos lleva al concepto de tiempo.94 No parece que la pintura románica intentara enfatizar este carácter temporal como elemento dis- tintivo, porque en algunos casos siendo necesario introducirlo a través de varias secuencias no lo hace, como por ejemplo, en la lucha de david y Goliat en Santa maria de taüll (fig. 3.10). En ella aparecen simultánea- mente dos escenas yuxtapuestas,95 en el centro, aparece el héroe cor- Figura 3.10 Santa maria de taüll pinturas del siglo XII. Museo Nacional de Arte de Cataluña. la lucha de david y Goliat. Imagen realizada por el autor. 84 tándole la cabeza al gigante filisteo, mientras a su derecha aparece el mismo David preparando la honda y sobre el conjunto, goliat cargando sobre éste. La pintura cuando tiene una función narrativa, implica un orden, que podemos entender como una dirección. y esta pintura mural utiliza sus recursos narrativos para enfatizar esta dirección a través de la icono- grafía. A diferencia de lo que sucedía con el carácter temporal que no es explotado por la pintura sino que es disminuido. Este hecho es muy importante para nosotros, nos interesa resaltar que esa iconografía por su sentido didáctico, es decir su carácter narrativo, tiene una dirección. Estudiaremos cual es esa dirección que indica la iconografía en una iglesia como Sant Joan de Boí. En primer lugar, como hemos comentado anteriormente, solo se conserva una pequeña parte de su superficie mural, pero suficiente para hacernos una idea (fig. 3.11). Para ello, vamos a utilizar los trabajos de Pages (2005, pp. 183-199) sobre la iconografía de la iglesia.96 Desde el acceso por el suroeste, en ese muro, a la altura de la nave central aparecen restos del juicio Final97 con el cielo y el infierno, y en uno de los laterales, un santo colocado entre torres y algún animal apocalíptico. En la nave central no se conservan pinturas. En las naves laterales aparecen pinturas en la sepa- ración entre éstas, sobre las columnas, y vuelven a aparecer figuras de santos entre torres, lo que puede interpretarse como una representación de la jerusalén celeste. En la nave norte, junto al altar aparece la imagen de la lapidación de San Esteban que ejemplificaría el modo en que algu- nos santos han vencido las tentaciones y peligros que nos acechan, con la imagen de Dios presente. junto a esta escena aparece el cuadrúpedo con la flor de lis, la propia ubicación dificulta su entendimiento, ya que supone que no se puede tratar de una bestia común, sino de un animal simbólico. En los intradoses de los arcos se representa el bestiario, con animales objeto de la pintura, mientras que la sucesión de partes es una acción y forman parte de la poesía. 9 6 Sobre la iconografía medieval hay un gran corpus literario, y por tanto, no procede dete- nernos en lo que simboliza o representa cada elemento. 97 Era habitual que la escena del juicio Final se ubicara cerca del acceso, lo podemos ver en Santa maría de taüll. Representa los peligros que sufrimos, lo fácil que es sucumbir a ellos y lo lejos que nos encontramos de Dios. 85 Figura 3.11 Sant Joan de Boí, pinturas del siglo XI- XII. Esquema de los alzados interiores con las superficies pintadas realizado por el autor. Bestiario jerusalén celeste y representación de Santos Temas biblícos: juglares Lapidación de San Esteban Otros 86 reales o fantásticos, muchos de ellos exóticos.98 El bestiario se completa en las zonas bajas de los muros de las naves laterales. En la parte superior del muro de la nave norte, aparece la escena de los juglares. Con la información que tenemos podemos deducir la dirección de las pinturas murales nos conducen de lo terrenal a lo divino pasando por una transición. En el interior de la iglesia esta dirección es la de la nave, desde el acceso por los pies de la nave hasta el altar, en la cabeza. Es característico el juicio Final en el acceso, anunciando que en este lugar ya no rige la ley de los hombres. En la transición se nos muestran, a lo largo del recorrido de la nave, por un lado todos los peligros que corre- mos, y por otro, cómo podemos vencerlos, a través de situaciones en las que los santos, con la ayuda de Dios, han salido victoriosos frente al mal. y por último, en el ábside es donde se muestra la gloria divina, pero no entodo el ábside se muestra con la misma intensidad, su colocación es jerárquica, la mayor divinidad, aparece en el cuarto de esfera absidial separada del semicilindro a través del vacío de las bandas geométricas. Sureda (1995 [1981], p. 145) refiriéndose al hombre en el Románico y su religiosidad expresa: “Su movimiento trascendente, de manera contra- ria al estilo gótico, tiene un marcado carácter longitudinal”. Es decir, este espacio iconográfico con su dirección longitudinal se corresponde con espíritu del románico que a su vez se materializa en la arquitectura. Podemos decir, que desde este prisma existe armonía entre la pintura mural y el espacio en el que se encuentra.99 La narración es acompañada arquitectónicamente desde el acceso hasta el ábside, pasando por la nave. Desde el inicio, el espesor del muro nos muestra que accedemos a un espacio diferente, si afuera domina lo terrenal en el interior domina lo divino. La nave, oscura que solo recibe la luz desde las laterales, tiene un marcado carácter longitudinal.100 Mientras que el ábside con su forma 98 Para los habitantes del lugar los animales exóticos eran igualmente fantásticos. 9 9 Por otro lado esa narración que aparece en la pintura mural la entendemos como una concatenación de imágenes y en este sentido, también armoniza con la concatenación arquitectónica con la que zevi (1981 [1951], p. 74) explica la arquitectura románica. Los periodos anteriores al Románico, se explicarían más bien por yuxtaposiciones que por concatenación. La diferencia entre estos términos estriba en que mientras yuxtaponer se refiere a unir elementos, concatenar supone unirlos pero relacionándolos. 10 0 Estas iglesias no están construidas con bóveda de cañón, si la tuvieran se enfatizaría más ese carácter a longitudinal. 87 semiesférica representa la divinidad. Este sentido longitudinal va a ser muy importante para poder materializar la estética de la pintura mural. Estética de la pintura mural en Sant Joan de Boí Estilísticamente los antecedentes los encontramos también en los códi- ces miniados de los siglos IX, X y XI. Respecto a la iglesia de Sant Joan de Boí se ha dicho que es una miniatura a tamaño monumental101 (Cas- tiñeiras, Camps 2008, p. 70). Desde el punto de vista estilístico, es clara la influencia de los códices miniados en las pinturas murales de Sant Joan, sobre todo si nos fijamos en códices como el Apocalipsis del Beato de gerona, realizado en el año 975 o el de Silos, realizado entre 1091 y 1109. Este último es de clara influencia mozárabe, aunque también aparecen en él dibujos marginales en los que se aprecia el futuro estilo románico (Schapiro 1939, p. 39). En las pinturas murales de Sant Joan de Boí, sucede de igual forma, destaca la influencia mozárabe, que se caracteriza, como dice Schapiro, por el inmovilismo de las figuras y por el hecho de que aunque participen de una misma acción parecen desligadas; aunque también se intuye el estilo románico, donde las figuras son más naturalistas. Podemos notar esta evolución entre las figuras los juglares y las de la lapidación de San Esteban. Desde el punto de vista lumínico podemos apreciar cómo no se utilizan los cambios tonales de la luz y la sombra. Este arte no está sujeto a lo fenoménico. Apenas encontramos indicios, como los comentados en los ejemplos del lenguaje analógico, en los que los contornos evocan la luz 101 En esta iglesia el influjo de la miniatura también lo podemos apreciar en la iconografía, son abundantes las escenas referenciadas a los códices; así la escena de los malabaristas puede tener su origen, como indica Cook (1956, p. 17), en “la adoración de la estatua de Nabucodonosor, narrada en las profecías de Daniel, que también aparece en la Biblia de Roda.” Otro ejemplo lo podemos encontrar en el bestiario que aparece por toda la iglesia, y cuyo origen se puede encontrar “en las ilustraciones marginales de los manuscritos del scriptorium de San marcial de limoges o sus centros asociados.” (Castiñeiras, Camps 2008, p. 70). Lasaigne (1952, p. 11) también cita la influencia sobre las pinturas de las copias de los manuscritos ilustrados que se realizaron de los comentarios del Apocalipsis debidos al abad Beato de Liébana. 88 y la sombra. La luz se representa como símbolo divino, no para producir luces y sombras, como sucede en la lapidación de San Esteban (fig. 3.4). Frente a la falta de luces y sombras llama la atención el refinamiento cromático.102 gage (2001 [1993]) considera que: “el ejemplo más original e inconfundible de todos los estilos cromáticos medievales se encuentra en los manuscritos miniados del norte de España”. El grado de refina- miento cromático lo podemos apreciar en la aplicación de puntos de colores sobre un fondo de color liso, de un modo semejante al método puntillista, con lo que estos puntos “se funden ópticamente dando lugar a innominables tonos sutiles” (Schapiro 1963, p. 291). En Sant Joan lo podemos apreciar en las estrellas blancas que aparecen en los fondos de la Lapidación matizándolos de forma muy sutil (fig. 3.8). Como dice Schapiro (1954, p. 364) “En los manuscritos mozárabes ha desaparecido toda insinuación de profundidad”. Esto se consigue, ade- más de renunciando a la luz y la sombra, con el empleo del elemento que hemos visto más característico del arte mozárabe, el color. Éste, a través de las tonalidades, consigue mayor grado de contraste que las figuras, no es la forma de la figura la que consigue la diferenciación, como sería lo lógico, es el color, ya que la figura se repite y pierde su carácter distintivo. En el arte mozárabe, a través del color se produce una relación curiosa entre las figuras. Por un lado, éstas por su forma, son muy similares unas de otras y parecen carecer de individualidad, y al participar de una acción común transmiten una sensación de unidad. Pero por otro lado, debido a las diferencias cromáticas entre las figuras, éstas se entienden con cierta individualidad103 (Schapiro 1939, pp. 46-48). Lo apreciamos en las figuras de la lapidación de San Esteban, similares 102 Este interés por el color puede tener un origen teológico. En el Evangelio de Felipe, inclui- do en los Evangelios apócrifos gnósticos de Nag Hammadi, se dice en el versículo número 54 (de Santos 2012, p. 398): “El señor fue a la tintorería de Leví, tomó 72 colores y los echó en la tinaja. Luego los sacó todos teñidos de blanco y dijo: “así como los ha tomado el hijo (del Hijo) del hombre […]”. Este texto relaciona el color con lo alejado de Dios, mientras que lo blanco sería lo cercano a Dios, y se encuentra en la línea de uno de los mensajes más repetidos en el medievo, el recuerdo constante al hombre de su condición imperfecta y su naturaleza pecadora y que como tal, se encuentra lejos de Dios. Por tanto estas obras serían fruto de un hombre que se siente pecador. 103 Este rasgo lo podemos entender como la dificultad durante el románico de entender al hombre como individuo. 89 de forma pero de colores diferentes (fig. 3.4) Además, el contraste cro- mático entre las figuras y el fondo consigue que éstas se encuentren aisladas. Pero siempre en un mismo plano. La línea de contorno no sirve para distinguir planos, sino que se usa para dotar de expresividad al conjunto.104 Lo hemos visto al explicar los ejemplos analógicos de esta pintura, en el trazo es donde se formulaba con mayor claridad el lenguaje analógico, mucho más expresivo que el digital. Esta falta de profundidad que se consigue a través del color, también se puede apreciar desde el punto de vista de la percepción. Michel (1961, p. 185) expresa que la pintura románica se encontraba dominada por la estética de Plótino, refiriéndose al tratado titulado Sobre la visión o de cómo las cosas lejanas parecen pequeñas.105 Esta apreciación es tras- cendente, y no solo tiene un matiz estético sino también filosófico, ya que implica una imperfección de los sentidos y en último casola propia debilidad del ser humano. Por tanto, en la Edad Media, donde se consi- deraba que el hombre era imperfecto, estas ideas de Plótino eran muy bien acogidas. En la pintura, la influencia de Plótino se materializó en el tamaño de las figuras, ya que no dependía de su lugar en el espacio, sino de su importancia narrativa. De esta manera se niega la profundi- dad espacial y se tiende a la planitud. Los estudios sobre la percepción moderna aunque discrepan respecto a las ideas de Plótino también se expresan en esta línea respecto a la pintura mural románica.10 6 104 A medida que el románico disfrute de una mayor influencia sobre el arte mozárabe esto se irá matizando, la línea de contorno, además de su carácter expresivo, servirá para que la figura sea más libre, más naturalista, más activa y adquirirá un carácter más individual. 105 En este tratado Plótino muestra su desacuerdo con las teorías del aminoramiento del ángulo visual de Euclides, en el capítulo 4 se desarrollan estas ideas donde se habla de Euclides. Plótino establece que es falso cuando, por ejemplo, el objeto sobrepasa el campo visual, también, nombra otros casos: “Mas todas aquellas magnitudes que son de la misma forma y el mismo color, también esas nos engañan, debido a que la vista misma no puede medir del todo su cuantidad parte por parte” (En, II, 8, 1, 45). 10 6 Cuando gibson (1974 [1950], p. 192) estudió cuáles eran los rasgos de la visión gráfica que constituyen un paralelo de la visión normal, sistematizó ocho formas de impresiones sensoriales que acompañan a las percepciones de distancia o profundidad en una superfi- cie continua, lo que definía como variedades de perspectiva: perspectiva de textura, pers- pectiva de tamaño, perspectiva lineal, perspectiva binocular, perspectiva de movimiento, perspectiva aérea, la perspectiva de la borrosidad, ubicación relativa hacia arriba en el campo visual. y cinco formas que acompañan a las percepciones de profundidad en un contorno que denominó desplazamientos sensoriales: Desplazamiento de la densidad de 90 Pintura mural románica como superficie pura Panofsky (2008 [1927], p. 34), refiriéndose al románico lo definió desde el punto de vista espacial como: “el estilo de la superficie pura”. Esta idea nos sirve como la conclusión de la pintura mural románica desde su carácter estético, que hemos explicado en Sant Joan de Boí, y se ajusta perfectamente con la interpretación, también de Panofsky, de la concep- ción del espacio románico como impenetrable. A continuación, Panofsky (2008 [1927], p. 33) indica una de las formas de conseguirlo: “Cuando la pintura románica reduce de un mismo modo y con igual decisión los cuerpos y el espacio a la superficie, está con- solidando y confirmando realmente por primera vez, la homogeneidad entre éste y aquellos”. Es decir, cuando la figura y el fondo se encuentran, como hemos visto, en el mismo plano; cuando es el color el que consigue el contraste entre las figuras y entre éstas y el fondo, y no la forma, ni la línea de contorno; cuando las figuras, por lo general, no están sometidas a lo fenoménico, carecen de tonalidades de luz y sombra, y por tanto de volumen; cuando el tratamiento de los fondos se consigue a través de estas bandas de color107 que no muestran la realidad, ni la profundidad textura o espaciamiento lineal, desplazamiento en cantidad de imágenes dobles, despla- zamiento en el ritmo de movimiento, continuidad del contorno y transmisiones entre luz y sombra (gibson, 1974 [1950], pp. 192-200). Hall (2011 [1966], p. 107) afirmó que de esas 13 formas, los artistas medievales dominaban solo tres: la perspectiva aérea, la ubicación relativa hacia arriba en el campo visual y la conti- nuidad de contorno. y en concreto, examinando las pinturas murales objeto de este estudio, las de Sant Joan de Boi, descubrimos que el maestro no dominaba ni siquiera estas tres. La perspectiva aérea desde luego le era desconocida. De la ubicación relativa hacia arriba en el campo visual, podemos decir que hace un uso dudoso, si entendemos que los fondos de bandas horizontales no son una representación naturalista. Por último, la continuidad del contorno, refiriéndose a la superposición de las figuras, es decir, una figura entera se sitúa delante de aquella a la que recorta, es utilizada pero tampoco es demasiado frecuente. Por ejemplo lo podemos apreciar en las piedras lanzadas en la escena de la lapidación de San Esteban de Sant Joan de Boí (fig. 3.4). Pero incluso en este caso tan evidente, podemos tener dudas. En una reproducción en detalle la piedra situada delante del cuello (fig. 3.6), resultaría muy difícil distinguirlos y se podría interpretar como un cuello deformado. El tratamiento de la piedra y de la piel del santo son muy similares. Por lo que la pintura de Sant Joan no recurre a ninguna forma para que podamos percibir la profundidad. 107 Las bandas del fondo pueden ser muy variadas, pero poco importa, ya que lo intere- sante es el efecto conseguido por el color. Pueden ser tres bandas, en colores ocre, azul y rojo, que se repiten en todo el conjunto mural dando continuidad y enfatizando el elemento 91 del espacio, que se encuentran exentas de cualquier atisbo de natu- raleza, sin referencias a nada. Entonces, nos encontramos con lo que denominamos la superficie pura.108 “La superficie es solo superficie, es decir no es ya una especie de vaga alusión a una espacialidad inmaterial, sino la superficie necesariamente bidimensional de un plano pictórico material” (Panofsky 2008 [1927], p. 32). narrativo, y donde la separación entre las bandas apenas se aprecia, tratándose con una delicada línea blanca, como se puede observar en Sant Joan de Boí (fig. 3.4). Pero también puede suceder como en las pinturas murales de las naves laterales de Santa maria de taüll donde en los fondos se distinguen grupos de cinco bandas que van cambiando según la arquitectura dibujada para alojar las figuras; los colores van variando pero dominan el ocre, verde, rojo y azul, y donde la separación de las bandas se enfatiza con una línea gruesa, o bien con una doble línea punteada en blanco. 108 Podemos establecer un paralelismo con la obra de Francis Bacon. gilles Deleuze (2009 [2002], p. 17) escribió sobre Bacon: “cuando se pasa de la figura a los colores lisos, no hay ninguna relación de profundidad o de alejamiento, ninguna incertidumbre de luces y sombras”. Más adelante establece los tres elementos fundamentales en su pintura: la estructura material, el redondel contorno y la imagen alzada. La estructura material son los grandes colores lisos del fondo, el redondel contorno es el elemento que aísla la figura del fondo, ya que la figura tiene que estar aislada para enfatizar su carácter narrativo, y por último la imagen alzada sería la figura (Deleuze 2009 [2002], p. 17). Tomaremos como ejemplo, Estudio de desnudo con figura en el espejo, 1969 (fig. 3.12). Este cuadro es totalmente Figura 3.12 Francis Bacon, 1969, Estudio de desnudo con figura en el espejo. 92 La estética de la pintura mural románica y la arquitectura Anteriormente hemos visto cómo la pintura mural románica tratada como espacio iconográfico, se supedita a la arquitectura que la alberga, ya que el espacio iconográfico indica una dirección longitudinal desde el acceso hasta el ábside. Ahora vamos a estudiar qué sucede entendiendo el románico como la superficie pura, atendiendo a la pintura mural desde su carácter estético. La pintura mural románica impide toda ilusión espacial, al contrario de lo que describimos que sucedía en Bizancio con los mosaicos y en el gótico con las vidrieras del siglo XII. Allí a través de lo representado y la luz se generaba espacio. Aunque la luz mediante los reflejos musivos en un caso y los vidrios retenedores y radiantes en otro, nos remitieran a la superficie. En el románico, lo representado se nos muestra como plano y nos remite a la superficie. Pero además, esaplanitud de lo representado, no solo remite a la superficie, sino que reduce la percepción del espacio real aplanándolo. De esta forma se materializan dos de las ideas que hemos visto, en la primera al enfatizar la superficie se hace impenetrable, mientras que en la segunda al aplanar el espacio se impide que el hombre vaya en busca de Dios, se evita su participación. La iluminación de la iglesia también contribuye a ello. Estas iglesias estaban muy poco iluminadas debido al número y tamaño de sus huecos, esta escasa iluminación109 genera la sensación de pérdida de referencias espaciales y contribuye a esa sensación de reducción y anulación dimensional.110 plano, el fondo no tiene profundidad, a pesar de la sombra de la que nada se sabe, ni qué la arroja, ni sobre qué es arrojada, parece horizontal pero debería ser vertical, es un fondo irreal, sin referencias naturalistas. El contorno hamaca o camilla separa la imagen del fondo para enfatizar la idea de figura, pero aun así todo se sitúa en el mismo plano, la figura no se encuentra sujeta a lo fenoménico. Sucede como en las pinturas murales de Sant Joan de Boí, donde la figura, no sujeta a luces y sombras, está aislada de un fondo sin referencias por el cromatismo, siempre en un único plano. El elemento que no reconocemos en Boí sería el contorno que enfatiza la figura, pero no lo necesita, porque ésta adquiere su carácter a través de los mecanismos que hemos visto. 10 9 justificaría también la sensación que provocan en la actualidad algunos murales, sus colores pueden parecer fuertes y excesivamente contrastados, pero con las condiciones lumínicas de la época quedarían matizados. 110 Más adelante al hablar de Ronchamp explicaremos cómo se produce este cambio dimen- sional en lo que denomina gibson (1974, p. 229) como colores de película. 93 Por tanto, desde el punto de vista estético, el mural románico, no res- peta la arquitectura que lo cobija, en el sentido de que no la enfatiza, ya que ambos están sujetos a ideas espaciales diferentes. Estéticamente el mural busca el aplanamiento del espacio, pero arquitectónicamente no encontramos esta tendencia.111 Aunque es evidente que el mural se tiene que ajustar a los límites físicos de la arquitectura, pero de ahí a decir que la pintura mural armoniza con la arquitectura, hay una gran diferencia. Vamos a estudiarlo a través de tres ejemplos: En ocasiones la pintura resalta elementos arquitectónicos como el cam- bio de plano en el intradós del arco, por ejemplo, con bandas ocres y rojas en Sant Joan de Boí. Pero estas bandas no se ejecutaron para enfa- tizar la arquitectura, sino que funcionan como delimitadores del espacio. Para ubicar distintas escenas,112 ya que también aparecen cuando no hay cambios de planos arquitectónicos y existe la necesidad de separar escenas y crear imágenes (fig. 3.2). Con la decoración de las ventanas sucede de forma similar, están no están al servicio de la arquitectura. Distinguimos entre las ventanas del ábside y las de la nave. Las ventanas situadas en la parte inferior de los ábsides no se remarcan. Esta zona normalmente se decora con arquerías, donde se ubica el colegio apostólico, la virgen y otras figuras de carácter divino. Estas arquerías se hacen coincidir con los huecos de las ventanas, de tal forma que éstas sustituyen a alguna figura y no sólo no se marcan, sino que se camuflan en el mural, como en el ábsi- de de Santa maría de taüll (fig. 3.5). En las de la nave, la decoración que aparece en las jambas abocinadas de las ventanas, no tiene por misión enfatizar el hueco de luz, sino que tiene un carácter simbólico, como hemos explicado.113 El último ejemplo, lo encontramos en el tratamiento de las pilastras que soportan el último arco junto al ábside en la iglesia de Sant Joan de Boí. Desconocemos el origen de estas pilastras rectangulares, pero desde el 111 Como hemos dicho, el espacio románico lo podemos entender como una concatenación de elementos en un sentido direccional. 112 Melot (2010 [2007], p. 19) defiende que “la realidad cercada deviene imagen”. 113 La representación simbólica en la pintura mural es tan importante que en este caso, traspasa la propia pintura para proyectarse también sobre los elementos arquitectónicos en los que se ubica y con los cuales se debería integrar. 94 punto de vista arquitectónico se perciben igual que el resto de columnas con capitel, mientras que la pintura mural las trata de forma diferente. Las considera como muro, continuando la misma representación que tiene éste, a diferencia de las columnas donde se cambia la decoración. El espacio como superficie pura Lo que hemos definido como espacio iconográfico armoniza tanto con la arquitectura que lo cobija como con el espíritu de la época. En lo defi- nido como la superficie pura, que para nosotros es más importante, no sucede lo mismo, si que armoniza con el espíritu de la época pero no lo hace con la arquitectura. Entonces nos preguntamos: ¿Realmente la pintura románica armoniza con la arquitectura que la contiene o no? La respuesta evidentemente es que la pintura mural románica no armoniza con la arquitectura que la contiene, ya que hemos dicho que el sentido estético prima sobre el iconográfico. Entonces ¿Cómo podemos explicar esta discrepancia? Se puede explicar de la siguiente forma: Si la pintura mural románica, que desde su carácter estético hemos definido como la superficie pura, con- sideramos que modifica el espacio transformándolo en superficie. Para poder mantener un mínimo espacio y que no se mezcle todo interviene el espacio iconográfico, que mediante su sentido longitudinal impide que el espacio se transforme totalmente en plano.114 Si nos imagináramos la iglesia de Sant Joan de Boí con todas sus pare- des cubiertas por pinturas murales y con la iluminación original que se filtra a través de sus huecos, nos daría la sensación de encontrarnos ante un espacio que se transforma en superficie, que se aplana. Las pinturas murales consiguen que se pierda la profundidad real del espacio en el que se encuentran, es decir, modifican el espacio de la iglesia. La opacidad e 114 Es lo mismo que sucede en el cubismo con la aparición del collage, lo veremos más ade- lante, pero podemos resumirlo de la siguiente manera: El cubismo buscaba la planeidad, y llegó un momento en que esa planeidad, amenazaba con echarlo todo a perder. Entonces se empezaron a utilizar algunos recursos, como el collage, para mantener el contenido separado de la planeidad literal. En este caso el espacio iconográfico sería similar al collage impidiendo que se eche todo a perder. 95 intensidad del color, a pesar del condicionamiento lumínico, actúa como anulador volumétrico.115 Los murales de Sant Joan, por su carácter de superficie pura, intentan que el espacio no se presente como un volumen sino como un plano. De esta forma se adquiere la conciencia de que “El hombre no puede ir más allá, no puede elevarse, no puede salvar la reali- dad de los muros, porque más allá de lo representado está el vacío” (Sure- da, 1995 [1981], p. 145). Solo evita que el espacio sea anulado por el plano, el espacio iconográfico, que con su carácter longitudinal nos muestra una dirección, que a su vez, la superficie pura hace impenetrable, ya que el hombre, ser pecador e imperfecto no puede franquear (fig. 3.13). Consigue que el hombre se muestre condenado a los designios de un Dios que todo lo puede. Esta es la rígida filosofía románica y su materialización en la arquitectura modificada a través de la superficie mural. En esta tesitura la única esperanza aparece en la confusión generada por la dimensión espacial, confusión que nos muestra que a pesar de todo estamos vivos. 115 Es el mismo efecto que consigue Ives Klein cuando pinta con su azul cobalto, esculturas como la Venus de Samotracia. Figura 3.13 Sant Joan de Boí, Esquema en sección de la iglesia modificado por la percepción de los murales, realizadopor autor. 96 4. LA COMPOSICIóN DEL LUGAR: LA INTERVENCIóN DE ANDREA POZZO EN LA IGLESIA DE LOS JESUITAS DE VIENA A TRAVÉS DE LA PERSPECTIVA 97 116 En francés trompe l'œil, ojo equivocado según la traducción literal, galicismo muy exten- dido en otras lenguas. 117 Vasari (1945, p. 243) también dejó testimonio de su descubrimiento: “Filippo se aplicó a la perspectiva, y a los enormes errores que adolecía esta rama de la arquitectura, le robaron mucho tiempo hasta que encontró la manera de hacerla exacta y perfecta”. En este capítulo y en los dos siguientes no van a aparecer reminiscen- cias a la superficie, como sucedía en los anteriores. La superficie va a desaparecer con la utilización de distintos recursos, enfatizando el espacio generado por la superficie mural. En este caso vamos a explicar la modificación espacial generada por Andrea Pozzo (1642-1709) a través de sus pinturas de perspectiva ilusionista,116 que realizó entre los años 1703 y 1705, en la iglesia de los jesuitas de Viena. Pero antes de abor- dar el tema en profundidad, debemos explicar este recurso utilizado: la perspectiva. Origen de la perspectiva Los antecedentes de la perspectiva cónica frontal los encontramos en el primer tercio del siglo XIV. giotto ya la había utilizado, aunque de forma intuitiva, en los frescos que decoran la capilla Peruzzi en la Santa croce de Florencia. Pero su origen se debe a Fillipo Brunelleschi en el año 1413, según se atestigua en una epistola (Kemp, 2000 [1990] p. 17). El testimo- nio que queda es la narración que encontramos en la biografía de éste, atribuida a Antonio Manetti.117 Brunelleschi realizó dos dibujos, uno que representaba el Baptisterio de San Juan y otro del Palazzo Vecchio, ambos en Florencia. A través de estos precisos dibujos bidimensionales, repre- sentaba realidades tridimensionales con el propósito de confundir la realidad con lo pintado. Brunelleschi trabajó la perspectiva a partir de edificios existentes y no llegó a crear un espacio nuevo por lo que su descubrimiento no sería aplicado inmediatamente. La primera referencia escrita que conocemos donde se explica la construcción en perspectiva aparece en el tratado de Leon Battista Alberti de la pintura, cuya versión italiana es de 1436. La perspectiva es tan importante para Alberti que su definición de pintura 98 habla de los fundamentos de la perspectiva cónica frontal: “La pintu- ra será la intersección de la pirámide visual, según una distancia dada, situando su centro y estableciendo sus luces, representada artísticamen- te con líneas y colores, sobre una superficie dada” (Alberti, 1999, p. 79). Explica la forma de proceder al pintar (Alberti, 1999, p. 84): “Primero dibujo en la superficie a pintar un rectángulo,…, que es para mí una ven- tana abierta desde la cual se verá la historia”.118 Esta forma práctica de entender la pintura coincide con la etimología del término perspectiva que significa ver a través.119 Esta idea de Alberti es clave para nuestro desarrollo. Nos está indicando que a través de la perspectiva, la super- ficie desaparece y se trasforma en espacio. Alberti no siguió los principios ópticos de Euclides según indica Kemp (2000 [1990] p. 17). En la Proposición VI de la Óptica dice Euclides: “Los espacios paralelos vistos de lejos parecen convergentes” (Euclides, 2000, p. 139). Esto es una anticipación de la perspectiva lineal.120 Entonces, en la antigüedad ya se conocía la convergencia en puntos de fuga. Por otro lado, Euclides en la Proposición VIII establece: “Las magnitudes iguales y paralelas situadas a distancias distintas del ojo no se ven proporcio- nalmente a las distancias” (Euclides, 2000, p. 143). Esta proposición se refiere a la proyección de la visión sobre una superficie cóncava y en ella se demuestra que las dimensiones visuales no vienen fijadas por las dis- tancias existentes entre los cuerpos y el ojo sino por la medida del ángulo visual.121 Esta idea de Euclides, que plantea la intersección del cono visual con una superficie curva, es contraria a las proposiciones renacentistas en las que se establece la perspectiva como intersección entre el cono visual y una superficie plana. Los textos de Euclides demuestran que el sistema que tan eficaz parecía a Alberti, tenía graves limitaciones. 118 Para Alberti, la historia es la temática que aborda la pintura. 119 Siguiendo con esta misma definición se jacta de haber creado un velo, que llama inter- sección, que sería una materialización del plano del cuadro (Alberti, 1999, p. 94). 120 Marco Lucio Vitruvio recogería esta afirmación en sus diez libros de arquitectura, donde habla de la representación de la arquitectura en planta (ichnografia), alzado (ortografía) y perspectiva (Escenografía) que la define como (Vitruvio, 1997, p. 13): “el dibujo sombreado no solo de la fachada, sino de una de las partes laterales del edificio, por el concurso de todas las líneas visuales en un punto.” 121 Teoría que se aplicó en la antigüedad y que podemos apreciar por ejemplo en la cons- trucción curvada de los estilóbatos griegos, para que visualmente se percibieran rectos. 99 La crisis de la perspectiva en el siglo XV Lo que en principio parecía una crisis de la perspectiva como represen- tación de la realidad, se reorientó positivamente. y se le dio otras aplica- ciones. Así, se utiliza la perspectiva no como una representación natura- lista, sino todo lo contrario, como un artificio, para generar la sensación de un espacio que realmente no existe. Ese es el caso de Bramante en el coro de Santa maria sopra San Satiro en Milan.122 Otra aplicación seria la técnica que reproduce El dibujante de un laúd123 (fig. 4.1) realizado por Alberto Durero124 donde no es necesario recurrir a la visión. 122 Explica refiriéndose a esta obra Tafuri (1982 [1978], p. 32): “introduciendo una explícita valencia antibrunelleschiana”. 123 El mecanismo representado en este grabado es una materialización de la perspectiva cónica frontal, que se define como el lugar o punto de intersección entre el plano del cuadro y el rayo de visión. En este caso el rayo de visión se ha sustituido por un hilo y el plano del cuadro por un marco con unos ejes donde se sitúan los puntos. La única dificultad en este caso reside en poder transcribir de forma fiable el punto de intersección entre el plano del cuadro y el hilo. 124 En este contexto de incertidumbre y de duda respecto al uso de la perspectiva, podemos entender los artilugios eficaces incluso sin ser diestro en la técnica de la perspectiva. Pri- mando las aplicaciones científicas de ésta, a través de la materialización de sus elementos fundamentales. En el libro IV de la medida, en su primera edición de 1525, al final de su explicación sobre la perspectiva, muestra otro método representado de forma gráfica en El retratista. En la segunda edición póstuma de 1538 aparecen dos xilografías más como anexo, El dibujante de la jarra y El dibujante de la mujer desnuda. Estos dos últimos mecanismos resultan muy interesantes, ya que la distancia entre el punto de vista y el plano del cuadro Figura 4.1 Alberto Durero, 1525. El dibujante del laúd, de la medida. Esquema realizado por el autor. 100 Uno de los artífices de este cambio fue Leonardo, que empezó siendo fiel a las teorías de Alberti, seguramente por su formación; así, en la ver- sión de Rejón de Silva de El tratado de la pintura, en la sección I, dedica sus primeras palabras a la perspectiva: “El joven debe ante todas cosas aprender la Perspectiva para la justa medida de las cosas” (Leonardo, 1999 [1784], p. 3). Pero advirtió que existían discrepancias entre esta forma de representación y la realidad.125 Esto le llevo a distinguir varios tipos de perspectiva (Leonardo, 1956 [1947], pp. 64-71). Por un lado, la perspectiva artificial y la perspectiva natural, la primera se refiere al método de la perspectiva cónica frontal, similar a la expuesta por Alberti, y las razones de ladisminución; mientras que la segunda se ocupa de la percepción visual según la curvatura del ojo, la óptica antigua que hemos visto en Euclides. De esta forma, hace una clara distinción entre lo que repre- sentamos en la pintura y lo que realmente vemos. Según Leonardo, (1956 [1947], pp. 64-71) también existe otra perspectiva con fines más artísticos: Pero hay una práctica segunda, mezcla de la perspectiva de artificio y de la natural. La perspectiva accidental está hecha para el arte; aumen- ta los cuerpos iguales en la pared escorzada, tanto más cuanto más cerca de la pared esté el ojo y cuanto más distante del ojo esté la parte de la pared donde las figuras aparecen. Esta aplicación perspectiva se conoce como anamorfosis. Maltese (1990 [1973], p. 426) utiliza el término antirrenacimiento “para definir los expe- rimentos anamorfósicos en los que la perspectiva se convierte en ins- trumento de deformación monstruosa de la realidad”. El método plantea una dependencia absoluta respecto del punto de vista. Lo que puede ser considerado como una ventaja o como una desventaja, como veremos más adelante. no condiciona el tamaño de la obra, y así de esta forma, permite “ejecutar un dibujo del tamaño que se quiera sea grande o pequeño” (Durero, 2000 [1995], p.333). Según Peiffer (2000 [1995], p.109) de estos dispositivos, probablemente El dibujante de un laúd sea el único original de Durero. El retratista y El dibujante de la mujer desnuda ya eran conocidos en la época de Alberti y El dibujante de la jarra como cita Durero (2000 [1995], p.109) se atribuye a jacob Keser. 125 En la sección 153 del tratado titulada: “Lo pintado ha de ser en ocasiones mayor que el modelo” (Leonardo, 1956 [1947], p. 75), demuestra que en un objeto como una cabeza, no se verifica la perspectiva, respecto de lo medido. 101 Leonardo (1956 [1947], pp. 222-224) anticipa una aplicación de la anamor- fosis: la proyección de una figura de 20 brazas sobre la superficie curva de una bóveda (fig. 4.2). Esta aplicación es muy importante en nuestro estudio, si antes Alberti nos explicaba como la superficie plana se con- vierte en espacio, ahora Leonardo nos explica cómo podemos trasformar una superficie no plana, independientemente de su forma, en espacio. Una de las formas de desarrollar estas ideas en el futuro será a través de la pintura de quadratura. Su nombre deriva de la cuadricula necesaria para trasladar el dibujo sobre la superficie mural. Esta pintura surge por la necesidad de decorar grandes superficies murales, donde se funde la pintura con la arquitectura. Siempre con una clara intención ilusoria, representando una arquitectura ficticia en perspectiva, para generar nuevos espacios que en realidad no existían. Figura 4.2 Leonardo De Vinci, 1498. Figura 47, tratado de la Pintura. Esquema realizado por el autor. 102 El significado de la perspectiva Si en el siglo III a. C. se conocían estos principios sobre la perspectiva, como mostraba Euclides, ¿por qué hubo que esperar hasta el siglo XIV para sistematizarla? Esta pregunta la plantea Panofsky (2008 [1927], p. 27) y la responde diciendo que así como los artistas de la antigüedad no podían representar un espacio sistemático, los filósofos tampoco podían concebirlo. Por tanto, no se trata de un problema técnico sino más bien filosófico. De hecho, la representación en perspectiva, más que una representación fidedigna de la realidad, no deja de ser una forma de representar, una forma de ver, un convencionalismo.126 Es verdad que ésta plantea ciertas diferencias con la realidad, y aunque es similar no es exactamente igual, dado que existen una serie de factores que lo impi- den.127 Como expresa Arasse (1979, p. 194): “La perspectiva se basa en condiciones humanas de la visión para construir una imagen falsamente auténtica del mundo”. La perspectiva renacentista del quattrocento, más que el descubrimiento de un procedimiento técnico eficaz, significaría la creación de un nuevo concepto espacial, unitario y de dimensión infinita, donde se permite posicionar las figuras en el espacio de una manera unitaria y coheren- te. Tafuri se expresa en esta dirección cuando dice: “La racionalización de la visión en perspectiva…, fija una nueva construcción intelectual del espacio” (Tafuri, 1982 [1978], p. 12). De esta forma, se rompe con la tradición escolástica en la que lo infinito se circunscribía al ámbito de lo divino y en la que, siguiendo la concepción aristotélica, el lugar128 no 126 Panofsky (2008 [1927], p. 24) se refiere a la perspectiva plana como un “momento estilís- tico” que sirve como una “forma simbólica”. En esta misma línea la define Kemp (2000 [1990] p. 356) cuando dice: “Sería así un sistema dedicado más a significar en el amplio sentido de la palabra que a la veracidad del ver”. 127 Estos factores los podemos resumir de la siguiente forma: La perspectiva cónica frontal funciona en un espacio euclidiano, es decir un espacio infini- to, isótropo, homogéneo e ilimitado. Además el espacio tiene que ser inmóvil, y las cosas que en él se encuentran tampoco se pueden mover. La perspectiva plana está pensada para un observador que sólo pueda ver con un único ojo, porque el uso del segundo ojo se opondría a la idea anterior de que el punto de fuga se transforma en el centro del universo. También está pensada para que el observador permanezca completamente inmóvil. 128 Aristóteles (1996, p. 154) utiliza el lugar y el espacio como sinónimos. 103 puede ser entendido como infinito, ya que funciona como límite (Aris- tóteles Física IV 4, 211b 10-15). Más adelante veremos cómo afecta a la representación de lo sagrado. Llegados a este punto, la pregunta que nos planteamos es: ¿qué con- diciones se dieron en el siglo XIV en Italia para que se produjera este cambio filosófico, que llevaría al redescubrimiento de la perspectiva, como forma de representación simbólica? Desde el punto de vista político, en Italia se despierta una considera- ción objetiva del estado y por ende del mundo en general. “y al lado de esto se yergue con pleno poder lo subjetivo : el hombre se convierte en individuo espiritual y como tal se reconoce” (Burckhardt, 1985, p. 123). La perspectiva discrimina el espacio, ya que no todos los puntos de éste son iguales, por la existencia del punto de fuga único. El individuo129 se convierte en el centro del universo,130 de la misma manera que el punto de vista único se convierte en el centro del universo perspectivo. Desde el punto de vista religioso, el hombre humanista ha sido educado en la tradición medieval, y lejos de perder su religiosidad, el nuevo indi- vidualismo propiciará que tenga un carácter más personal. Este nuevo individuo pensó que frente a la clásica concepción medieval, donde el mundo no era sino un valle de lágrimas y el hombre podía hacer muy poco para evitarlo, se debía imponer una idea de la vida más alegre y luminosa, en la que se podía elegir. En palabras de Burckhardt (1985, p. 430): “El alma individual podrá reconociendo a Dios, reunirlo en sus estrechos límites, pero mediante el amor podrá también dilatarse en el infinito hasta Él, encontrando así en ello la dicha y la bienaventuranza del alma sobre la Tierra”. 129 Estos individuos, además de crear algo nuevo y perfecto, desde el punto de vista humano son seres intachables. Burckhardt (1985, p. 129) cita como ejemplo a León Battista Alberti. El humanismo no solo reside en los conocimientos enciclopédicos del hombre, ya que en épocas anteriores también existieron hombres con este conocimiento, sino en su aplica- ción práctica en la vida diaria. El humanismo desarrolló un carácter universal y reivindicó la antigüedad. Como nos encontramos en Italia, ésta se basó en su pasado más glorioso, la antigua civilización greco-romana. 130 Picco della Mirandola (1988, p. 47) defiende, en su discurso sobre la dignidad humana, que “nada podía considerarse más admirable que el hombre”. 104 Perspectiva comosímbolo de lo sagrado La perspectiva cónica frontal, de un solo punto de fuga, encaja perfecta- mente con el individualismo renacentista que lo formuló, en el que existe un único punto de vista, la posición del observador, que categoriza el espacio. Aunque actualmente esta forma de entender el espacio tiene un carácter profano, a causa de la consideración del espacio desde el punto de vista del observador, en el renacimiento se entendió como la repre- sentación de la religiosidad individual. Es por ello que la representación de la perspectiva adquiere una connotación sagrada: “La perspectiva del renacimiento encauza efectivamente a los observadores no a fijarse en lo desconocido, sino en lo que mejor conocen, sin embargo envuelto en una atmosfera solar suspendida que transforma la materialidad en un acto divino” (Castelli, 2011 [2005], p. 80). La perspectiva como símbolo divino, también la podemos entender mediante la lógica neoplatónica, a través de la naturaleza y la belleza.131 La utilización de la perspectiva como símbolo de lo sagrado nos permite entender aquellas situaciones en las que los pintores las trasgreden. Lo expresa de forma contundente Florenski (2005, p. 55): ¡Es digno de atención y de risa que incluso los propios pintores, los teóricos de la perspectiva, en el momento que dejaban de hablar de las reglas de la perspectiva que ellos mismo habían descrito, y, aun 131 Como hemos visto, Alberti define la pintura como intersección del cono visual, es decir como perspectiva. En el comienzo de de la pintura explica Alberti (1999, p. 69): “pasaremos a explicar la pintura, hasta donde nos permita el ingenio, desde los mismos principios de la naturaleza.” Por tanto, por si había alguna duda, para Alberti la forma de representación en perspectiva es una forma de representar la naturaleza y de acercarse a ella. Para él, además, la pintura busca la belleza y lo hace a través de la naturaleza, como expresa en el ejemplo de zeuxis donde dice: “pues tanta gracia y fuerza tiene lo que es tomado de la naturaleza. Por tanto, siempre que pintemos, tomemos de la naturaleza, y elijamos siempre las cosas más bellas y dignas de ésta” (Alberti, 1999, p. 117). De esta forma, podemos decir que Alberti entiende la perspectiva como una forma de llegar a la belleza, a través de la naturaleza. En este punto, intervienen los neoplatónicos con Marsilio Ficino a la cabeza, que explica en el capítulo titulado la belleza es el esplendor del rostro de dios (Ficino, 1986 [1594], pp. 95-100), que la belleza, que es incorpórea, se entiende como un medio de conocer a Dios y de acceder a Él. Por tanto, si la perspectiva busca la belleza y ésta es un medio de conocer a Dios, podemos entender la perspectiva, como una representación de lo sagrado. 105 conociendo todos sus secretos, se abandonaran a la intuición artística directa de la representación del mundo, y, en consecuencia, cometie- ran todos ellos “faltas” y “errores” graves contra sus exigencias! El estudio de esos cuadros revela, sin embargo, que su fuerza radica en estos “fallos”, en estos “deslices”. En una obra como la última cena (fig. 4.3), que pintó Leonardo, hacia 1497, en el refectorio del convento de Santa maría de la Grazie en Milán, podemos apreciar esta utilización de la perspectiva.132 Un rápido estudio de la misma nos revela que la altura de la estancia es aproximadamente el doble de la altura de los ojos de jesucristo al suelo; al estar sentado, la altura de sus ojos será 1,25 m y la de la sala, por tanto, será poco más o menos 3,75 m. Si la altura de la habitación la fijamos en 3,75 m, el ancho Figura 4.3 Leonardo De Vinci, 1497. la última cena. Refectorio del convento de Santa maría de la Grazie, en Milán. Pintura modificada por el autor. 132 Seguimos el planteamiento de Florenski (2005, p. 57). Por el contrario Kemp (2000 [1990] pp. 56-58) en su interpretación incluye la parte superior formada por los tres arcos. 106 de la misma no superara los 5,00 m. La conclusión que se desprende es la siguiente: en esta habitación no cabe la escena que está sucediendo, ya que en un ancho de 5 m no cabe una mesa para 13 comensales en línea. Leonardo ha trasgredido la perspectiva con un cambio de escala de los personajes, y de esta manera, consigue resaltar el valor trascendental de la escena que está representando. Se utiliza la perspectiva para la representación de lo profano, mientras que lo sagrado quebranta estas leyes, lo que interpreta Florenski (2005, p. 64) como perspectiva invertida. En el arte de esta época podemos encontrar numerosos ejemplos de uso de la perspectiva invertida. Por ejemplo, la anunciación (fig. 4.4) de El Greco. Hacia el año 1570, realizó esta pequeña tabla, en ella se aprecia a la Virgen María leyendo mientras es sorprendida por el ángel, y en el fondo aparece una perspectiva de un entorno urbano. Resulta evidente que la escala de las figuras no es acorde con la perspectiva de las cons- trucciones, las figuras son mayores de lo que deberían ser. 133 Por tanto, Figura 4.4 El greco, 1570. la anunciación. Madrid. Museo del Prado. Pintura modificada por el autor. 133 Independientemente de que el punto de fuga no sea único, ya que al menos hay dos que se sitúan en un eje vertical. La existencia de varios puntos de vista puede ser debida al 107 El Greco supedita la perspectiva a la importancia de la escena que se está presentando, separa lo terrenal de lo divino, lo material de lo inma- terial. Se enfatiza la idea de la perspectiva como representación de lo sagrado de forma aparentemente invertida, haciendo que lo sagrado no se represente a través de sus leyes. Esta representación de El Greco nos parece tan verosímil, que lo que ahora nos parece falso es justamente lo contrario: cuando las leyes de la perspectiva también afectan a lo sagrado, como ocurre en El milagro de San marcos (fig. 4.5) realizado por Tintoretto entre 1547 y 1548. El ángel de la parte superior construido correctamente en perspectiva, nos resulta extraño, irreal, parece que se va a desplomar sobre la escena. Figura 4.5 Tintoretto, 1547-1548. El milagro de San marcos. Venecia. galeria dell’ Academia. Pintura modificada por el autor. escaso dominio de la perspectiva por parte de El greco en aquellos años (Marías, p. 47). Panofsky (2008 [1927], p. 23) se refiere a este tipo de perspectiva primitiva como raspa de pez o eje de fuga. 108 El punto de vista de la perspectiva como represen- tación simbólica La posición del punto de vista es muy importante para esta concepción simbólica de la perspectiva. La podemos entender de dos formas: como un recurso compositivo134 en la obra o desde la relación del observador.135 En toda representación en perspectiva intervienen ambas pero hay veces que domina una frente a la otra, como veremos a continuación. Si el punto de vista se sitúa en el centro geométrico, la perspectiva alcan- za ese carácter de mayor grandeza, por la importancia de ese foco en la composición.136 En la última cena de Leonardo (fig. 4.3) el centro percep- tivo se sitúa en el centro geométrico, coincidiendo en este punto con los otros dos centros: el narrativo, la cabeza de Cristo y el perspectivo. Hay obras en las que el centro geométrico, se entiende como centro percep- tivo aunque permanece vacío, como sucede en El lavatorio de Tintoretto, realizado en 1547 (fig. 4.6). El centro narrativo, la imagen de Cristo aparece en un extremo y el punto de vista, el centro perspectivo en el extremo con- trario, de forma que ambos focos se compensan en el centro geométrico. En otras obras como El tránsito de la Virgen (fig. 4.7) realizada por Man- tegna en 1462, el punto de vista se sitúa en el eje central pero en una posición muy elevada, para mostrar ese carácter simbólico a través de 134 “La perspectiva es, por tanto, sólo uno dentro de una serie de recursos compositivos.” (Kemp, 2000 [1990] p. 58). 135 En cierta medida, se refiere a esta disyuntivaPanofsky, (2008 [1927], p. 50): “Por eso la reflexión artística, tuvo siempre que replantearse en qué sentido debía utilizar este méto- do ambivalente. Tenía que preguntarse, y se preguntó, sí la construcción perspectiva del cuadro debía regirse por la posición efectiva del observador (…) o si, por el contrario, es el observador quien debía colocarse idealmente en la posición correspondiente a la estructura perspectiva del cuadro”. 136 La posición central del punto de vista se convirtió en un condicionante de partida y no una opción. Palladio expresa: “El punto de vista según todas las reglas de la perspectiva debe estar situado en el centro para conferir mayor grandeza” (Bassi, Ferrari, Mercori, galeazzi, 1777, p. 57) (Traducción del autor). Esta afirmación puede ser heredera de una interpretación desafortunada de un pasaje de Alberti donde se refiere a este punto hacia donde se dirige la mirada como punto céntrico: “La posición conveniente de este punto céntrico, no debe ser más alta de la línea de base que la altura del hombre que se ha de pintar” (Alberti, 1999, p. 85), pero, aunque lo denomine punto céntrico eso no significa que se sitúe en el centro de la ventana, sino que es el centro de los rayos de visión. 109 Figura 4.7 Mantegna, 1462. El tránsito de la Virgen. Madrid. Museo del Prado. Pintura modificada por el autor. Figura 4.6 Tintoretto, 1547. El lavatorio. Madrid. Museo del Prado. Pintura modificada por el autor. los dos mecanismos, la composición y la relación del observador. A este respecto, la anunciación137 de El greco (fig. 4.4) es similar, utiliza la composición y la relación con el observador, y produce el mismo efecto, 137 En esta obra el eje vertical donde se encuentran los puntos de fuga no se encuentra en el centro del cuadro, sino ligeramente desplazado, dejando una zona más amplia para la 110 resalta la grandeza de la Virgen y el ángel frente a la arquitectura terre- nal. Aunque la posición de los puntos de vista se sitúan por debajo de la visión de las figuras, al contrario que en el caso anterior. Desde la relación del observador, el punto de vista en la perspectiva plantea que desde esa posición, se aprecia el conjunto de forma com- prensible, pero desde el resto de las ubicaciones esto no es así.13 8 En nuestros días, entendemos que el observador mantiene una indepen- dencia respecto al punto de establecimiento prescrito, tal como estable- ce Arnheim (2008 [1954], p. 300) y esto no afecta al entendimiento de la obra. Pero cuando la obra se sitúa en un entorno arquitectónico, como una pintura mural esta situación cambia y esa independencia por parte del observador no es tan evidente generando confusiones.139 Este hecho fue motivo de profundas discusiones durante el Renacimiento, como prueba dispareri in materia d´architettura e prospettiva,140 donde Martino Bassi recoge el caso concreto de un relieve situado en el interior de la catedral de Milán. El suceso es el siguiente (Bassi, Ferrari, Mercori, galeazzi, 1777): En la catedral de Milán, a una altura de 17 brazas, unos 30 metros, sobre el suelo se situaba un relieve que representaba una anunciación en una estancia dibujada en perspectiva. Dado que la perspectiva estaba des- centrada respecto al eje vertical y no estaba a la altura de los ojos del ángel de la anunciación (fig. 4.8), Pellegrino Tibaldi introdujo un nuevo punto de vista situado en el centro y a la altura de los ojos del ángel, por lo que el relieve pasó a tener dos puntos de vista. Esto provocó una polémica y Martino Bassi se erigió como cabeza visible de un grupo de protesta. imagen de la Virgen. Aunque este eje sí que se encuentra perfectamente centrado respecto a la arquitectura que representa, es decir lo terrenal. 138 “Vistos desde lejos y difusamente, podrá parecer que tales masas tienen que tener uni- dad, pero a una mirada próxima y penetrante se le mostrará que cada una es una pluralidad indefinida, puesto que esta privada del Uno, que no es” (Parmenides, 165b-c). Según Besan- con (2005 [1994], p. 47) esta cita de Platón es una crítica a las recién descubiertas leyes de la perspectiva por Apolodoro Skiagraphos para su uso escenográfico. 13 9 Esto se lleva al extremo cuando la superficie mural no es plana y el entendimiento se consigue a través de la anamorfosis. 140 Panofsky se refiere ampliamente a este libro (2008 [1927], pp. 159-163). 111 Se plantearon dos propuestas para arreglar el relieve y se invitó a cua- tro expertos: Palladio, Vignola, Vasari y Bertani, para que emitieran un dictamen. La primera consistía en unificar los dos puntos de vista, a la altura del primero pero sobre el eje vertical del segundo, es decir en el centro. La segunda proponía mantener el punto de vista en el eje verti- cal central, pero a la altura del observador real. Es decir, 30 metros por debajo del relieve (fig. 4.9). Este ejemplo desde nuestro punto de vista plantea varios temas impor- tantes. El primero es el origen de la discusión. El punto de vista no se situaba en el centro del eje horizontal, como hemos explicado, se con- sideraba un error, desde la concepción simbólica de la perspectiva y su componente compositiva. Se obligó a que se modificara introduciendo un nuevo punto de vista. La existencia de dos puntos de vista para una Figura 4.8 Martino Bassi, 1777. Relieve de la anunciación antes de la intervención. dispareri in materia d’architettura e prospettiva. Esquema realizado por el autor. Figura 4.9 Martino Bassi, 1777. Relieve de la anunciación propuesta de la segunda modificación. dispareri in materia d’architettura e prospettiva. Esquema realizado por el autor. 112 única escena, sí que se consideró un grave error, al ser un concepto antagónico a la concepción filosófica de la perspectiva renacentista. Por lo que al intentar solucionar un problema se generó uno mayor. El segundo tema y más importante es el resultado de los dictamenes, Vasari se decanta por la opción, en que domina el punto de vista y su utilización como recurso compositivo. Mientras que en el dictamen de Vignola y Palladio, los dos expertos que tienen una trayectoria más des- tacada como arquitectos, se inclinan por la opción en la que el punto de vista de la obra coincide con el punto de vista del observador; es decir, se tiene en cuenta la ubicación de ésta en el espacio, aunque compositiva- mente la obra sea menos acertada, como da a entender Vignola (Bassi, Ferrari, Mercori, galeazzi, 1777, p. 60). Una representación gráfica, como este relieve, que tiene una posición muy determinada para poder ser contemplado y se concibe para ese punto de vista, podemos decir que se integra en su contexto arquitectónico. Esta opción implica que la obra se funde con la arquitectura que la alberga formando un único elemen- to. Deja de entenderse como superficie para convertirse en espacio. El observador que se encuentra inmerso en el espacio arquitectónico tam- bién lo está en la obra, porque ambas son un único espacio perceptual que no se puede distinguir. Es una respuesta conceptual ante la forma de enfrentarse al espacio: o desde fuera o desde dentro, y Palladio y Vignola optan por la segunda. Entonces, al enfrentarse al espacio desde dentro se evidencia que el punto de vista que se asocia al individuo, en vez de entenderse como fruto de la individualidad y del materialismo, se entiende como la representación de la religiosidad personal individual renacentista. Este ejemplo resume el cuarto aspecto que nos interesa de la perspectiva cónica frontal. Se trata de la importancia de la posición del observador, y cómo en un entorno arquitectónico el punto de vista puede conseguir la fusión de pintura y arquitectura. Recordemos las otras tres ideas fun- damentales: La superficie plana a través de la perspectiva se trasforma en espacio, sería la primera idea. El caso particular de la anamorfosis que trasforma una superficie no plana en espacio, sería la segunda. y por último,la perspectiva como forma de significar y su utilización como símbolo de lo sagrado. 113 Iglesia de los Jesuitas de Viena, contrarreforma y arte Jesuita El templo se consagró en el año 1627. Se trata de una iglesia de planta basilical, de una sola nave, rematada por un ábside. A cada lado de la nave se disponen cuatro capillas, una en cada tramo, mientras que el presbiterio, formado por dos tramos reducidos, tiene el ancho de la nave pero no dispone de capillas. La altura de estas capillas es considerable, ya que casi alcanzan el arranque de la bóveda. La nave se cubre con bóveda de cañón ligeramente rebajada con arco fajón en cada tramo y la iluminación es lateral encima de cada capilla (fig. 4.10). Las capillas tienen una particularidad, están orientadas en la misma dirección y sen- tido que la iglesia y no son perpendiculares al eje longitudinal, como suele ser habitual. Esta iglesia se realizó después de la contrarreforma y el ejemplo tipo- lógico de iglesia congregacional por excelencia de la contrarreforma,141 sería el Gesu, al que Wölfflin (1991 [1968], p. 113) considera el edificio barroco142 típico. El Gesu es la iglesia madre de la Compañía de jesús 141 La contrarreforma es la respuesta católica a la reforma protestante de Martin Lutero. Desde el punto de vista artístico los protestantes rechazaban las imágenes sagradas vene- radas por los católicos, a las que calificaban de manifestaciones de idolatría. Frente a esta postura, la última sesión del Concilio de Trento en 1563 reafirmó la licitud canónica de las imágenes; mostrando así su iconofilia frente a la iconoclastia protestante. La reforma católica, por tanto, estableció una iconografía específica, como establece Wittkower (1981 [1958], p. 41), para fortalecerse frente al protestantismo; esta iconogra- fía sería monumental, capaz de emocionar, y en este sentido la perspectiva como forma simbólica desempeñaría un papel importante, siendo el origen del gran desarrollo de la pintura de quadratura. 142 El término barroco tuvo inicialmente un carácter despectivo aunque posteriormente perdió esa connotación, fue aplicado al arte por los críticos del periodo del clasicismo a finales del siglo XVIII, para denunciar el gusto no clásico que había predominado en el período anterior, dominado por fenómenos artísticos que eran considerados entonces como desmedidos, complicados y extraños. Pero esa apreciación no era correcta, como expresa Panofsky (2000 [1995], p. 54): “En Italia, y en sus fases tempranas el Barroco sig- nifica, verdaderamente una revuelta más contra el Manierismo que contra el Renacimiento clásico. Significa, en realidad una reinstauración de los principios clásicos y una vuelta tanto estilístico como emocional a la naturaleza”. Llega a considerar que “es en realidad el segundo gran clímax del Renacimiento” (Panofsky, 2000 [1995], p. 107). Wölfflin (1991 [1968], p. 70) dice que el rasgo más sobresaliente del Barroco es “esa aversión hacia toda delimitación”. En esa misma línea, Panofsky (2000 [1995], p. 54) lo vincula a las 114 en Roma se empezó a construir en el 1568 según diseño de Vignola. Es una iglesia con planta en forma de cruz latina, y una notoria inte- gración espacial, ya que la nave única143 es ancha y corta, el crucero es poco profundo, domina la cúpula del transepto, y el ábside, que carece Figura 4.10 Iglesia de los jesuitas de Viena. Esquema de la planta de la iglesia después de la modificación de Andrea Pozzo, por la parte inferior de las capillas, realizado por el autor. diferentes disciplinas artísticas: “podemos concebir fácilmente que el arte barroco viniera a abolir la frontera entre las tres artes, e incluso entre el arte y la naturaleza, y que también creara el paisaje moderno en el sentido pleno de la palabra, intentando una visualización del espacio ilimitado, captado en él, y representado por una sección del mismo, de tal modo que las figuras humanas llegaran a ser degradadas a un mero elemento decorativo para finalmente poder prescindir de ellas en su conjunto”. El Barroco es, según Tapie (1991, p. 11) lo pictórico, lo dinámico, lo teatral, lo retorcido. Pero también es, según Wölfflin (1991 [1968]) lo ilimitado, lo indefinido, lo continuo, lo fundido, lo inestable, lo exagerado, lo enfático, lo pintoresco. En lo barroco la luz se pierde en lo indefinido y en lo ilimitado creando atmósferas y ambientes. Lo barroco concentra toda la tensión en un punto. Lo barroco es la unión de contrarios y produce éxtasis, embriaguez. 143 Aunque la nave es única, la iglesia se puede atravesar longitudinalmente a través de los huecos abiertos en los contrafuertes de las capillas laterales. 115 de deambulatorio, es semicircular. Conjuga de forma armónica las dos tipologías por excelencia, la longitudinal y la central, a través de la unión entre sus ejes dominantes, el horizontal longitudinal y el vertical central,144 como expresa Norberg-Schulz (1989 [1972], p. 13): “la iglesia del Gesu da nueva interpretación activa de los motivos tradicionales: el camino de la redención y la bóveda celeste”. La Compañía de jesús tuvo un papel predominante en el Concilio de Trento y el cambio estilístico que supuso. A pesar de ello, existe cierta unanimidad entre los teóricos al indicar que no existe un estilo propia- mente jesuita.145 Lo cierto es que aunque no exista, observamos una peculiaridad digna de reseñar: la importancia que los jesuitas otorga- ban al sentido de la vista. Consideraban la imagen visual un vehículo para la enseñanza, sobre todo en su labor evangelizadora. San Ignacio en sus Ejercicios Espirituales habla de la importancia de las percepciones sensoriales.146 Andrea Pozzo y la importancia del punto de vista El padre Andrea Pozzo nació en Trento en el 1642 y murió en Viena en 1709. Es uno de los más claros exponentes en la utilización de la perspec- tiva como representación simbólica de lo sagrado, y es más que evidente que la educación religiosa impregna su obra de este matiz. Su libro Perspectiva pictorum et architectorum, publicado en dos tomos en 1693 y 1698, está dedicado al desarrollo de la perspectiva basada en el punto de distancia, y fue sin duda el manual de perspectiva más popu- lar de su época. Desde el punto de vista técnico este tratado no aporta 14 4 Resulta muy interesante, en esta misma línea, la relación entre la nave longitudinal y la cúpula que establece Wölfflin (1991 [1968], p. 100): “La cúpula en sí misma no se vuelve cúpula más que cuando se avanza; se la ve crecer y es justamente esta atracción del devenir la que responde al espíritu del arte barroco”. 145 Autores como Corsi (2004, p. 89), Wittkower (1981 [1958], p. 24) y Tapie (1991, p. 69) con- sideran que no es posible hablar de un estilo jesuita. 146 Así en la primera semana, el quinto ejercicio dice: “El primer punto será ver con la vista” (EE 66), “El segundo, oír con las orejas” (EE 67), “El tercero, oler con el olfato” (EE 68), “El cuarto, gustar con el gusto” (EE 69), “El quinto tocar con el tacto” (EE 70). 116 grandes innovaciones, pero muestra los medios perspectivos para la representación simbólica de lo sagrado. Pozzo (1693), en la introducción, refiriéndose al punto de vista lo define como la Gloria de dios.147 Entonces se comprende la defensa que hacia Pozzo de la existencia de un único punto de vista, frente a la moda de la época de utilizar el punto de vista múltiple para generar sensación de realidad en grandes superficies.148 La crítica a que solo exista un punto determinado para apreciar el con- junto de forma comprensible, es decir, al punto de vista único, es la que hemos explicado antes, desde ese lugar determinado la superficie se transforma en espacio y nos conmovemos al apreciar la armonía del con- junto. Desde el resto, la superficie no solo no se trasforma en espacio sino que además la imagen representada parece grotesca. Pozzo era jesuita, y esta crítica se ha interpretado desde la óptica de la rigidezy exigencia de obediencia ciega de la orden149 (Kerber, 1996, p. 39). El padre Pozzo le daba la vuelta a esta crítica y la transformaba en virtud. Después de la última lámina de la primera parte del tratado (Pozzo, 1708) apare- ce un apartado150 donde explica que si se observa alguna imperfección cuando nos encontramos fuera del punto apropiado, lejos de ser una falta, es considerado como una excelencia de la obra. Intervención de Andrea Pozzo en la Iglesia de San Ignacio de Roma Entre los años 1685 y1694 intervino en la iglesia de San Ignacio en Roma, templo dedicado al fundador de la orden. Este trabajo no fue muy entendido 147 “Dibujar todas las líneas desde allí hasta ese verdadero punto, la gloria de Dios” (Pozzo, 1693) (Traducción del autor). 148 Cuando los techos eran de proporciones alargadas, como la visión difícilmente podía abarcarlo todo se hacía complicado generar la ilusión con un solo punto de vista, y mucho más si éste se sitúa en el centro. La solución se conseguía mediante los puntos de vista múltiples, donde el punto de fuga se transforma en una línea a través de distintos mecanis- mos como los de Viola – zanini, descritos por Maltese (1990 [1973], p. 427). 149 Si permaneces en la obediencia a la orden, es como si permanecieras en el punto de vista único, en el momento en que abandonas esa obediencia ciega, te alejas del punto de vista adecuado, ves todo de forma grotesca. 150 Titulado: “Respuestas a las objeciones hechas sobre el punto de vista” (Pozzo, 1708). 117 en su época y el jesuita dedicó la última parte del tratado a justificarlo, concretamente de la lámina 93 a la 100 (Pozzo, 1693). Esta documenta- ción ayuda a entender la importancia de estos trabajos. La cúpula de la iglesia no se pudo decorar por problemas financieros y Pozzo la cerró con un lienzo donde pintó una cúpula ilusoria. En las Lámi- nas 90-91 (Pozzo, 1693) explica la construcción en perspectiva de estas cúpulas en escorzo151 (fig. 4.11). Este lienzo, una superficie plana donde Pozzo pintó su cúpula entendemos que desaparece, pierde su propiedad superficial para convertirse en espacio a través de la perspectiva. La otra gran intervención en la iglesia es la pintura de la bóveda la apo- teosis de San ignacio o La Gloria de San ignacio (fig. 4.12). A este respecto es interesante la Lámina 100 (fig. 4.13), donde explica cómo se realiza Figura 4.11 Andrea Pozzo, 1693. lámina 90. Perspectiva pictorum et architectorum. 151 En el texto de la Lámina 90, indica que el punto de fuga no debe situarse en el centro, porque así los observadores se cansarán menos, descubrirán más arquitectura y mejor artificio. 118 la pintura de quadratura, y el proceso de transcripción.152 Este proceso es el anticipado por Leonardo cuando la superficie no es plana como sucede en esta bóveda, el resultado es el mismo que en la cúpula pierde su propiedad superficial. 152 Una vez que se había pensado la pintura que se quería trasladar a una bóveda, con su punto de fuga, se realizaba una retícula sobre la pintura. Esta retícula a escala se construía con cuerdas en la base de la bóveda. Posteriormente, en la situación exacta del punto de vista se colocaba un potente foco de luz, normalmente este proceso se realizaba de noche con una antorcha, y se indicaban sobre la bóveda las sombras arrojadas por las cuerdas de forma que se generaba en la bóveda una cuadricula deformada. Resulta interesante que en este proceso de trasformación necesitamos deformar el plano, ya que la retícula des- figurada es la retícula plana sobre la superficie no plana, para que al contemplarlo desde el punto de vista indicado, se asemeje a un plano, que perdería su concepción superficial para convertirse en espacio. Figura 4.12 Iglesia de San Ignacio de Roma. Bóveda de la gloria de San Ignacio vista desde un punto de vista correcto. Imagen realizada por el autor. Figura 4.13 Andrea Pozzo, 1693. lámina 100. Perspectiva pictorum et architectorum. 119 Resulta curioso que en la bóveda de San Ignacio el punto de vista no esté justo en el centro geométrico de la bóveda,153 como se aprecia en la Lámina 100.154 La relación entre los centros en esta obra de Andrea Pozzo no es evidente. Normalmente en una obra de perspectiva cónica frontal, podemos definir dos centros, además del geométrico: el punto de vista perspectivo y el centro narrativo, con lo que el centro perceptivo estará definido por el equilibrio existente entre ellos, desde el punto de vista de la composición. En esta obra, la dificultad radica por un lado, en la definición del centro narrativo –San Ignacio o Cristo o ambos– y por otro, en la proximidad de los centros perspectivo y geométrico generando ambigüedad. Pozzo indicó que el punto de visión atravesaba el corazón de San Ignacio (Maltese, 1990 [1973], p. 431), por tanto el centro perspectivo coincide con el narrativo y nos descubre el centro perceptivo, distinto del geométrico pero muy cercano a éste. Pozzo era consciente de esta ambigüedad y la importancia de este punto es tal, que en el suelo de la iglesia indicó la proyección del mismo. En la apoteosis de San ignacio el carácter sagrado de este centro pers- pectivo es debido, por un lado a su parte narrativa la representación del santo, y por otro debido al punto de vista. Desde ese lugar indicado en el suelo, sentimos que estamos dentro de la escena, la superficie de la bóveda desaparece para convertirse en espacio, nos conmovemos y sorprendemos al apreciar la armonía del conjunto, nos encontramos en la Gloria de dios. Esta emoción y sorpresa será todavía más intensa y vívida si la parte narrativa no evoca a lo sagrado o desaparece155 y se consigue esta percepción solo a través de la perspectiva, como sucede en los jesuitas de Viena. 153 Autores como Kerber, (1996, pp. 33-40) aseveran que el punto de vista se encuentra en el centro, y relacionan esta forma de entender la perspectiva con la filosofía aristotélica. En su Ética a nicómaco libro II capítulo IV “La naturaleza del modo del ser” dice: “La virtud, entonces, es un término medio o, al menos, tiende hacia el medio” (Aristóteles, 2007, p. 54). Comparando de esta forma la posición del punto de vista central con la virtud. 154 Si observamos con detenimiento la Lámina 100, nos daremos cuenta de que en su eje longitudinal, la retícula para dibujar la quadratura está divida en 34 partes, número par. El punto de visión se encuentra en el centro de una de las dos centrales, por tanto no está situado en el centro geométrico del espacio. 155 En este sentido resulta interesante como Deleuze, citando a Bacon expresa que uno de los peligros de la pintura es sin duda la narración (Deleuze, 2008 [1981], p. 65). 120 Intervención de Andrea Pozzo en la iglesia de los Jesuitas de Viena Andrea Pozzo, dedicó al emperador de Austria, Leopoldo I, su Perspecti- va pictorum et architectorum, y éste le invitó a Viena en el año 1702. Acep- tó, se puso a su servicio y trabajó en la iglesia de los jesuitas de Viena hasta 1709, prácticamente hasta su muerte. Aunque en su intervención, Andrea Pozzo no modificó las trazas estructurales de la iglesia156 consi- gue ensalzar el espíritu de la contrarreforma católica. La primera intervención, a la que nos vamos a referir, es la realizada en las capillas.157 Esta intervención permite a Pozzo recuperar, en la parte superior de las capillas, la idea de la iglesia del Gesu, donde se puede recorrer la iglesia longitudinalmente atravesando las capillas. De esta forma, en la planta de acceso el movimiento es transversal respecto a la iglesia, mientras que en la superior es longitudinal (fig. 4.14). En alzado, este dosel aparece retranqueado respecto al plano de la nave, armoni- zando con el antiguo espacio de las capillas (fig. 4.15). Sin duda la intervención más destacable es la realizada en la nave cen- tral, ya que cambia totalmente la idea original de la iglesia mediante las pinturas de quadratura realizadas en la bóvedade cañón, ligeramente rebajada y separada por arcos fajones en cada pórtico (fig. 4.16). Estas pinturas ilusionistas se fusionan con la arquitectura, de forma que es difícil distinguir donde empieza una y donde acaba otra. La utilización del color dorado, que aparece en la decoración arquitectónica y en la pintura contribuye a ello.158 Un punto delicado en estas intervenciones se 156 La idea de la iglesia antes de la intervención era acorde con el arte de la contrarreforma, después de ésta se convertiría en un modelo a seguir por el barroco del centro-oriente de Europa (Bössel, 1996. P. 204). 157 Aprovecha la altura de éstas para crear dos ambientes diferentes, uno encima de otro, conectados visualmente a través de un óculo. Estructuralmente funciona como un dosel sostenido por cuatro columnas. En la parte inferior cambia la ubicación de los altares, situándolos en el fondo, flanqueados (cuando resultaba posible) por dos pequeñas venta- nas. Mientras que la parte superior permite el recorrido de la iglesia en su sentido longitu- dinal, como explica Dal Mas (2010, pp. 103-104). 158 En la Lámina 30 (Pozzo, 1693) dice que la conjunción entre la arquitectura real y la pintada debe ser imperceptible cuando están juntas. 121 Figura 4.14 Iglesia de los jesuitas de Viena. Esquema de la planta de la iglesia después de la modificación de Andrea Pozzo, por la parte superior de las capillas, realizado por el autor. Figura 4.15 Iglesia de los jesuitas de Viena. Esquema de la sección longitudinal de la iglesia después de la modificación de Andrea Pozzo, realizado por el autor. Figura 4.16 Iglesia de los jesuitas de Viena. Esquema de la planta de techos de la iglesia después de la modificación de Andrea Pozzo, incluyendo el dibujo de los frescos de la bóveda, realizado por el autor. 122 produce en la fusión entre la pintura y la arquitectura, es decir la fusión de las dos y las tres dimensiones. Estamos hablando de la trasformación de la superficie plana pintada en arquitectura tridimensional. En el ábside se representa la Santísima Trinidad, esperando la ascensión de la Virgen. El tramo más cercano al ábside, de los cuatro de la nave, representa una arquitectura ilusoria abierta al cielo, donde se muestran ángeles con trompetas ascendiendo, la perspectiva está realizada con un único punto de vista. Repite esta representación el último tramo, pero en vez de representar ángeles ascendentes aparecen demonios y ángeles descendentes.159 Los dos tramos siguientes Pozzo los une eliminando el arco toral, y sobre esa superficie, realiza la obra más significativa, la cúpula en escorzo con un punto de vista descentrado. Esta cúpula tiene una connotación simbólica, al enfrentar el eje longitudinal de la iglesia con el nuevo eje vertical generado por la cúpula. La dificultad de pintar esta cúpula es mucho mayor que la de la Iglesia de San Ignacio, ya que en la iglesia de Roma se trataba de una superfi- cie plana mientras que en este caso, la superficie es abovedada, con la complejidad añadida de la apertura de las ventanas. Todo ello le obliga a recurrir a la anamorfosis, explicada anteriormente. Conocemos la posición del punto de vista, según la planta con los dibu- jos de quadratura (fig. 4.16), su altura respecto del suelo, la de la vista del observador –según figura en la Lamina 100– y la altura a la que situamos el plano desde el que se proyectó el dibujo de la cúpula respecto del punto de vista, es decir, la altura a la que Pozzo colocó su retícula de cuerdas para realizar la transcripción respecto del punto de vista.160 Entonces esta información nos permite realizar el proceso inverso a Pozzo, en su dibujo plano de la cúpula en escorzo Lámina 90 (fig. 4.11). Es decir, podremos dibujar la sección de esta cúpula (Pozzo, 1693) (fig. 4.17). 159 Estas arquitecturas tienen la particularidad de que se abren al cielo, por lo que la relación interior exterior se invierte. El interior se convierte en exterior, en una alteración de valores muy propia del barroco. 160 Intuimos que se sitúa a la altura de la parte superior de las ventanas porque hasta esta altura llegan las trompas o falsos capiteles dorados colocados a ambos lados de los arcos torales. 123 Operando de igual forma podemos construir la sección de las otras dos arquitecturas ilusorias. Si estas arquitecturas construidas a partir de la perspectiva las incluimos en la sección longitudinal, tenemos una primera impresión del espacio generado (fig. 4.18). Figura 4.17 Iglesia de los jesuitas de Viena. Esquema geométrico de la construcción de las arquitecturas representadas en las bóvedas de Andrea Pozzo, realizado por el autor. sección desarrollada a partir del dibujo en planta considerando la altura entre el plano del cuadro y el observador altura entre el plano del cuadro considerado y el punto de vista dle observador dibujo en planta de la arquitectura pintada de pozzo plano del cuadro ' ' 124 La composición del lugar en la iglesia de los Jesuitas de Viena Si a la sección longitudinal anterior le incorporamos las figuras,161 tene- mos una impresión definitiva del espacio modificado por la superficie mural a través de la perspectiva, de manera, que la superficie de la bóve- da desaparece y se trasforma en espacio (fig. 4.19). Se nos muestra un nuevo espacio, que se expande hasta el infinito en el primer y cuarto tramo o que genera la cúpula en el segundo y tercero. Centrándonos en la cúpula, si nos situamos en el punto de vista162 pensa- do para contemplarla,163 la imagen de ésta se nos presenta como real, la Figura 4.18 Iglesia de los jesuitas de Viena. Esquema de la sección longitudinal de la iglesia después de la modificación de Andrea Pozzo, incorporando las arquitecturas ilusorias de la bóveda, donde se aprecia el espacio generado, realizado por el autor. 161 En estas quadraturas de Pozzo, cuando hablamos de perspectiva nos referimos únicamen- te a la de los elementos arquitectónicos, ya que las figuras no están sujetas a ésta, como indican Kerber (1996, p. 39) y Rupprecht (1996, p.261). En este caso no es debido a que la perspectiva se utiliza para la representación de lo profano mientras que lo sagrado trasgre- de estas leyes, en lo que denominaba Florenski (2005, p. 64) como perspectiva invertida, ya que aquí todo tiene un carácter sagrado. Está motivado, más bien, por la extrañeza que nos causaría si no se realizara de esta forma y que produciría un efecto parecido al de El mila- gro de San marcos, donde parece que el ángel se va a desplomar sobre la escena (fig. 4.5). 162 Los puntos de vista de los otros dos frescos contiguos a la cúpula se encuentran despla- zados desde su centro en dirección al punto de vista de la cúpula, sin duda para que desde este punto, aunque no sea el punto de vista adecuado para ellos, el conjunto se aprecie con una cierta armonía. 163 En el eje longitudinal de la iglesia pero descentrado respecto al trasversal de la cúpula. 125 Figura 4.19 Iglesia de los jesuitas de Viena. Esquema de la sección longitudinal de la iglesia después de la modificación de Andrea Pozzo, incorporando las arquitecturas ilusorias de la bóveda y el resto de figuras, donde se aprecia el espacio generado, realizado por el autor. 126 superficie de la bóveda desaparece y se trasforma en espacio (fig. 4.20). Sentimos que estamos dentro de la escena en un espacio trascendente. Entonces nos invade una emoción que nos conmueve al apreciar el con- junto, estamos en la Gloria de dios, sin la necesidad de una narración de carácter sagrado, solo a través de la perspectiva, no como sucedía en la apoteosis de San ignacio. En el momento que salimos de ahí, conforme nos alejamos de ese punto, lo vemos distorsionado, provocando nuestro desconcierto, debido al problema perceptivo, ya no percibimos el espacio ilusorio generado por la cúpula, sino la superficie pictórica, donde se nos muestra una ima- gen grotesca, carente desentido (fig. 4.21). Pero si nos damos cuenta, es al ver la realidad de la cúpula desde otro punto de vista por lo que podemos entenderlo. queremos hacer hincapié en este extremo, ya que es la justificación de la expresión de Pozzo: este hecho lejos de ser una falta, es considerado como una excelencia de la obra. Lo podemos explicar de la siguiente forma: En ese momento de desconcierto, al dudar de lo percibido, somos conscientes de nuestra naturaleza humana y nuestras limitaciones, nos refugiarnos en nuestro interior y nos damos cuenta del milagro164 que se produce desde el punto de vista adecuado, donde la superficie pictórica se trasforma en espacio que se funde con el existen- te generando uno nuevo. Otros críticos lo califican como: teatro sagra- do165 o incluso éxtasis.166 Nosotros la denominamos como la composición viendo el lugar, en referencia a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio: El primer preámbulo es composición viendo el lugar. Aquí es de notar que en la contemplación o meditación visible, así como contemplar a Cristo nuestro Señor, el cual es visible, la contemplación será ver con la vista de la imaginación el lugar corpóreo donde se encuentra la cosa que quiero contemplar. Digo el lugar corpóreo como un templo o 164 Como expresa Kemp (2000 [1990] p. 155): “Creo que milagrosamente es la palabra clave en este caso”. 165 Pfeiffer (1996, p. 14) quiere ver en esta utilización ilusoria de la perspectiva, la creación de un teatro sagrado. 16 6 Alfaro (2004, p. 75) explica que la intención del padre Pozzo es la de provocar en los espectadores “una experiencia de naturaleza semejante a aquella que habían conocido los santos dotados de la gracia del éxtasis”. 127 monte donde se halla jesucristo o nuestra Señora, según lo que quiero contemplar (EE 47). Ahora ya sabemos que necesitamos ambos tipos de punto de vista, tanto el adecuado como los no adecuados. Entonces en cualquier punto de vista, apreciamos el espacio modificado por Pozzo a través de la pers- pectiva, estamos en la Gloria de dios. Contemplamos el lugar corpóreo así como un templo donde se halla nuestro Señor, es decir la composición viendo el lugar. Figura 4.20 Iglesia de los jesuitas de Viena. Cúpula vista desde el punto correcto, Gloria de dios. Imagen realizada por el autor. Figura 4.21 Iglesia de los jesuitas de Viena. Cúpula vista desde un punto de vista incorrecto. Imagen realizada por el autor. 128 5. LA MAGIA DEL AMBIENTE: LAS PINTURAS AL FRESCO DE GOYA EN SAN ANTONIO DE LA FLORIDA 129 En las pinturas murales de la iglesia de los jesuitas de Viena, el espa- cio arquitectónico se funde con el espacio generado por la superficie mural, haciendo que la superficie desaparezca. En el proceso, mediante la utilización de la perspectiva cónica, el espacio arquitectónico resul- ta modificado. En este capítulo, el espacio generado por los murales se funde con el espacio arquitectónico modificándolo de forma similar, aunque como veremos, en este caso la perspectiva cónica, no tiene la relevancia del capítulo anterior, esta recae en otros recursos, conocidos a lo largo de este estudio, como: la luz y la composición. Pero, no siempre que se utilizan estos recursos se obtiene el efecto deseado. Necesitamos tener en cuenta el concepto de la escala.167 En este capítulo explicaremos su importancia, ya que puede anular estos recursos o enfatizarlos. Según Aparicio (2008, p. 26): “La escala en arquitectura es la relación entre la medida del Universo y el hombre”. En nuestro caso cuál sería la medida del universo : No sería únicamen- te la arquitectura, ni tampoco la pintura mural exclusivamente, sería la relación que se establece entre lo representado en la pintura mural y la arquitectura que la cobija. Entonces, de la misma manera que en la intro- ducción hemos explicado el concepto de la Idea y hemos dicho que esta es fruto de la fusión entre la pintura mural y el espacio arquitectónico, desde el punto de vista de la escala sucede igual. Entendemos que la relación entre ambos nos proporciona una única relación respecto al hombre, lo que denominamos escala en arquitectura. Esta será la fusión entre la relación de la pintura mural respecto al hombre y la de la arqui- tectura respecto al hombre. Cuando estas sean diferentes habrá una que prime sobre la otra en función de la importancia de cada una de ellas. Normalmente la relevancia de la arquitectura sobre la superficie mural, en este sentido es mayor. Por tanto, la arquitectura primará por lo general sobre la superficie mural, pero hay casos en los que sucede lo contrario. Como la sala de los Gigantes, pintada por giulio Romano entre 1532 y 1535, en el Palacio Ducal de Mantua. En esta sala se repre- sentan unos gigantes con una escala desmedida respecto a la humana, 167 Concepto que su carácter intangible le otorga aparentemente cierta ambigüedad. Es curioso como para dar importancia y transcendencia a la escala arquitectónica, tanto Le Corbusier como Rasmussen, al referirse a ella comienzan explicando la escala musical. Rasmussen (2000 [1959], p. 84) reconoce que lo hace de forma metafórica y Le Corbusier (1980 [1953], p. 27) para explicar que ambas dependen de la medida. 130 por otro lado las dimensiones de la sala son las habituales en la época, también excesivas. Desde el punto de vista de la escala de los murales la estancia se empequeñecería debido al tamaño de estos, mientras que desde el punto de vista arquitectónico la sala se expandiría, por su tama- ño. En este caso domina la pintura mural sobre la arquitectura, debido al exagerado tamaño de los gigantes representados en proporción a la sala, consiguiendo que la sala reduzca sus dimensiones. Es decir, la superficie mural influye sobre la percepción de la escala y esta, enfatiza la modificación del espacio arquitectónico. En este capítulo, a través de dos obras murales de goya, las pinturas de San Antonio de la Florida y la pintura de la cúpula Regina matyrum en la Basílica del Pilar, vamos a estudiar cómo estas modifican el espacio y cómo influye la escala en la percepción de cada uno de ellos. Ermita de San Antonio de la Florida El origen de esta capilla se debe a la devoción popular de las lavanderas de Madrid por San Antonio. Debido a los diversos proyectos urbanísti- cos de los monarcas españoles a lo largo del siglo XVIII, la obra sufrió varios cambios de ubicación.168 Estos cambios nos ayudan a entender lo que en principio podrían interpretarse como incoherencias estilísticas. La ermita, de reducidas dimensiones, es de planta de cruz griega, el lado del cuadrado del crucero mide aproximadamente seis metros. El crucero 168 En 1767 se derribó la capilla construida por Alberto Churriguera, con motivo de las obras ordenadas por Carlos III en la ribera del Manzanares y fue sustituida por otra cercana, obra de Francisco Sabatini. Veinticinco años después, Carlos IV compró los terrenos aledaños a la capilla, llevó a cabo nuevas obras en la zona y ordenó el derribo de la misma. En esta ocasión sería Felipe Fontana, arquitecto mayor del monarca, el encargado de construir la nueva ermita, que es la que ha llegado hasta nuestros días. Ermita para uso de la corona y al gusto de la época, un neoclásico sobrio, que suavizó con elementos barrocos, que dan movimiento al conjunto, como los frontones curvos sobre las puertas y ventanas en el interior. María josé Rivas Capelo (Rivas 2008, pp. 22-23) sugiere la posibilidad que esta ermita se construyera con los materiales de la proyectada por Sabatini, de la que no se tiene ninguna información, pero que se ejecutó aprovechando a su vez, materiales de la de Churriguera. Este hecho explicaría la continuidad que existe entre la iglesia de San Sebastián en Salamanca de Churriguera y la ermita actual, aun tratándose de estilos artísticos diferentes, justificando la aparición de los elementos de carácter más barroco. 131 se articula con una bóveda sobre pechinasrematada con una linterna, la base de la cúpula se sitúa a ocho metros del suelo (fig. 5.1). El tratamiento de la luz en la capilla refleja fielmente las ideas de la Ilus- tración. Así, todas las zonas intentan tener el mismo grado de ilumina- ción, al contrario de lo que sucedía con la luz escenográfica barroca. El grado de iluminación es relativamente alto en comparación con la característica penumbra que encontramos en otras épocas, como en el románico. El efecto se consigue con tres ventanales situados en cada uno de los testeros, excepto el de planta semicircular de la cabecera, y con la linterna de la cúpula. Cuando finalizó la construcción de la ermita, se intervino en la decora- ción de la misma. La capilla no se podía considerar totalmente finalizada ni inaugurar hasta que se realizaran las labores en los altares y se con- cluyeran las pinturas al fresco encargadas a Francisco de goya. Estas fueron ejecutadas entre los meses de agosto y noviembre de 1798. Figura 5.1 Ermita de San Antonio de la Florida, siglo XVIII. Esquema en sección, realizado por el autor. 132 Descripción y temática de los frescos de San Antonio de la Florida Por la temática y por la posición que ocupan en el interior de la ermita podemos diferenciar tres tipos de frescos: los de la cúpula, los del ábsi- de y los del resto de elementos arquitectónicos. Empezaremos a hablar de estos últimos, es decir, las pinturas de las cua- tro pechinas, los cuatro arcos torales de los brazos de la cruz y los tres laterales con forma de medio punto interrumpidos por las ventanas de los brazos del crucero. En ellos se representan unos cerramientos con telas y cortinajes movidos por un nutrido grupo de ángeles o figuras alegóricas femeninas. En estos ángeles que arrancan de los arcos torales podemos observar la aplicación del principio perspectivo de la anamorfosis, lo que supone evitar cualquier referencia a la superficie. Así es como se aprecia en el boceto169 catalogado por gudiol como el Ángel (Pita, 2008, p. 96). En él nos llama la atención la desproporción del ángel, como resultado de pintarlo en una superficie plana. Mientras que en su ubicación definitiva una superficie curva, el arco toral, se aprecia de forma correcta. En el ábside, que ocupa una superficie de un cuarto de esfera, aparece la Gloria de San Antonio, representando el boceto conocido como la adoración de la trinidad. Dentro del conjunto, ésta sería la intervención más convencional. El elemento más importante de la iglesia es sin duda la cúpula. En ella, aparece uno de los milagros de San Antonio.170 Su representación es innovadora ya que todas las figuras se sitúan en la base de la cúpula alre- dedor de la barandilla en un entorno natural. Esta composición consigue que se produzca un cono invertido desde la posición del observador. Esto permite que la cúpula se abra hasta el infinito (fig. 5.2). 169 goya acostumbraba a realizar bocetos de sus obras más singulares. Por lo general los podemos considerar estudios preliminares, pero en el caso de las pinturas murales se debe a exigencias de los benefactores de la obra, con el objeto de aprobar previamente lo que se iba a realizar. En el caso de los bocetos de la Regina martyrum los debemos considerar estudios previos más que bocetos aprobatorios por la forma de aplicar la pintura. 170 Concretamente aquel en el que el santo se presenta como defensor de su padre en el juicio en el que se le acusa injustamente de un asesinato. San Antonio resucita a la víctima para que pueda testificar y descubrir a su asesino, exculpando así al padre del santo. 133 171 La crítica atribuye unánimemente de forma indiscutible la autoría de este boceto a goya (Pita, 2008, p. 96), por lo que realmente nos encontramos frente a un boceto preparatorio. 172 Éste hecho recuerda lo acontecido años más tarde con la obra monje junto al mar, pintada por Caspar David Friedrich en el 1809. Según comenta Robert Rosenblum (1993, p. 18), al some- ter la obra a los rayos X, estos revelaron que Friedrich había pintado varios barcos sobre el mar que posteriormente eliminó para dejar el cuadro tal y como lo conocemos en la actualidad, con un fondo infinito y enigmático. En ambos casos es un acto fruto de su valentía, donde se invita al observador a la contemplación. Años más tarde goya en su Perro semihundido volverá a crear un fondo enigmático e infinito, lo que evidencia que este suceso de San Antonio no fue una casualidad. Existe un boceto de la cúpula171 que plasma El milagro de San antonio de Padua. La importancia de este boceto radica en las modificaciones respecto a lo finalmente realizado. Los ángeles que aparecen en el cielo del boceto son eliminados de la cúpula de la ermita. Este hecho aunque parece anecdótico, es trascendente, ya que supone un viaje sin retorno en la pintura de goya,172 no solo desde el punto de vista estilístico, sino desde el punto de vista espacial; la eliminación de estos ángeles supone una reducción en la utilización de cualquier recurso perspectivo. Todas las figuras aparecen en la base de la cúpula junto a la barandilla por lo que no es posible generar sensación espacial a través de ellas. La zona junto a la linterna se reserva para la contemplación de la naturaleza. Figura 5.2 Ermita de San Antonio de la Florida. Cúpula pintada por goya, 1798. Imagen realizada por el autor. 134 Otro elemento que destaca por su originalidad en la cúpula es la baran- dilla. Su originalidad radica, no en su utilización en la base, recorrién- dola y generando un vivo efecto espacial,173 si no en su sencillez. No se trata de una balaustrada, sino una modesta barandilla realizada con barrotes de hierro y pasamanos de madera, en armonía con la muche- dumbre que protege. Al referirse a la iconografía, Lafuente (1955c, p. 113) habla de inversión de los términos de la decoración barroca, comenta que goya pintó el tema iconográfico contra toda lógica. Se refiriere a los ángeles situados en el apoyo, sobre la zona de los arcos y no en la zona superior de la cúpula, como es habitual y como aparecía en el boceto. Así los ángeles parecen levantar los cortinajes para mostrarnos el espectáculo de la cúpula, el milagro de San Antonio (fig. 5.3). Mientras que Borras (2006, pp. 23-25) explica que la representación corresponde jerárquicamente con su emplazamiento arquitectónico, siendo el orden de importancia establecido obvio:174 ábside, con la Gloria de San Antonio, cúpula con el milagro y resto de elementos arquitectó- nicos, con los cortinajes.175 Sin duda ambos, describen aspectos diferentes, mientras que Lafuente, se refiere a la sección, al orden iconográfico en altura y habla de una 173 Es recurrente esta solución en las bases de las cúpulas. josé Camón Aznar (Camón 1981, p. 102) comenta que en la iglesia de San Pablo de zaragoza en la capilla de San miguel, aparece también una barandilla en la decoración mural de la cúpula. No se sabe con certeza que goya conocíera esa capilla, aunque es muy posible que sí. Lo que sí sabemos, es que conocía la de San Juan Bautista en la Basílica de ntra. Sra. del Pilar, ya que se encuentra situada justo a la derecha de la capilla del Coreto. Durante la ejecución de la pintura al fresco del Coreto, Goya tenía que pasar por delante de esta capilla y sin duda observaría la balaustrada que decora su cúpula, realizada a mediados del siglo XVIII en estilo barroco tardío. Otro ejemplo de esta solución sin necesidad de cúpula lo encontramos en Andrea Mantegna, que realizó en el siglo XV, en el Palacio Ducal de los gonzaga en Mantua, la decoración del conocido óculo en la cámara de los esposos. No consta que goya, en su viaje a Italia, visitara Mantua, y por tanto ignoramos si conocía el sorprendente efecto visual conseguido por Man- tegna, a través de la perspectiva cónica, teniendo en cuenta, que no se trata de una cúpula si no de un techo prácticamente plano. 174 En referencia a Lafuente Ferrari. 175 Es necesariotener en cuenta, que los frescos fueron pensados para que el observador acce- diese desde la puerta principal, no como en la actualidad, que se accede a través de las depen- dencias de la ermita, lo cual hace menos evidente esta jerarquía. 135 inversión de arriba abajo, Borras se refiere a la planta. Por tanto no exis- te discrepancia entre ambos, aunque para nuestro estudio resulta más interesante la apreciación de Lafuente. Técnica pictórica en los frescos de San Antonio de la Florida Antes de seguir adelante vamos a detenernos brevemente en la técnica pictórica utilizada por goya en estos frescos. El desenfreno con el que goya se enfrentaba a sus obras y la imaginación de los críticos ha ali- mentado algunos mitos sobre estas pinturas que es necesario desmen- tir, como el de que fueron pintados con esponjas. Invención originada Figura 5.3 Ermita de San Antonio de la Florida. Cúpula y arcos torales, 1798. Imagen realizada por el autor. 136 por una relación de materiales del droguero Manuel Ezquerra para esta obra (Pita 2008, p. 93) en la que se incluían esponjas. Stolz (1955, p. 144) lo desmintió explicando que las esponjas eran para limpiar la paleta y no para pintar sobre fresco ya que dejan ráfagas. De todas formas, este mito puede tener su origen en la libertad con la que goya pintó estos frescos. Libertad es la palabra que define su pintura, pero sobre un firme proceso técnico que dominaba. La libertad de ejecución en estos fres- cos es tal que según Stolz (1955, p. 143): “No quería que le atara nada. Disfrutaba viéndolo surgir”. En las restauraciones del año 1989, donde se realizó un cuidado estudio técnico de la obra también se recalca esta libertad. Ruiz (2005, p. 65) observa que sobre la base de fresco puro en ocasiones lo dejaba sin cubrir. Incluso observa que en la restauración se han encontrado huellas dactilares sobre la pintura y cabellos humanos (Ruiz, 2008, pp. 143-145). En San Antonio, sobre la técnica al fresco con los mismos fundamentos que la explicada en el valle del Boí, goya completó puntualmente algunos detalles en seco a la tempera, para algún color brillante y para retocar la unión de las tareas. Aunque no con la profusión de las pinturas romá- nicas del Boí. Por eso estas pinturas a diferencia de las anteriores, se pueden considerar frescos y no una técnica mixta entre fresco y pintura en seco, como se pensaba por el estado de conservación de las pinturas176 (Stolz, 1955, p. 143). La luz de los frescos de San Antonio de la Florida Como hemos explicado anteriormente la luz filtrada a través de los hue- cos arquitectónicos, el óculo de la cúpula y de los tres ventanales de los brazos de la cruz, es fiel reflejo de los ideales de la Ilustración. Pero la uniformidad de la luz arquitectónica se rompe por la luz que emana de los frescos. Esta iluminación generada por los frescos es de dos tipos, 176 Lo que sucede es que algunas levaduras dan la impresión de estar pintadas con el mor- tero muy seco, agarran muy mal y parecen que sea pintura al temple. Esto no significa que se trate de una técnica mixta, es más bien una prueba de su enorme dominio de la técnica (Stolz, 1955, p. 144). 137 existe una luz que se dirige al fondo desde abajo y otra al contrario. La primera es una luz escenográfica y dramática, en la que los contrastes son muy exagerados, como si los focos estuvieran demasiado cerca de los elementos que iluminan, generando un ambiente teatral. “y la luz parece llegar desde abajo como arrojada por las baterías de unas candilejas”177 (Lafuente 1955b, p. 92). Esta luz se aprecia en todas las zonas excepto en el ábside y la cúpula. Por otro lado existe un segundo tipo de luz que viene del fondo y tiene dos focos fundamentales. El primer foco de luz se sitúa en la parte superior de la cúpula, y coincide con el arquitectónico de la linterna. El segundo foco es la Gloria del ábside y no coincide con ninguna iluminación arquitectónica de la ermita. Estos focos iluminan la zona donde se ubican y podemos calificarlos como más convencionales, ya que percibimos su origen. El resultado de esta iluminación lo podemos apreciar en el estudio de las pinturas en planta (fig. 5.4). La iluminación de los arcos torales a través de la luz que viene desde abajo de forma dramática y se dirige al fondo consigue una doble impre- sión de expansión espacial. Por un lado genera la sensación de que la cúpula se eleva. En los arcos, la zona junto a la cúpula se encuentra más iluminada, exceptuando el del acceso, mientras que la parte inferior de la cúpula se encuentra en sombra. De este modo se enfatiza el contraste y se amplía la distancia entre estos elementos. En las pechinas, sucede lo mismo, las áreas más cercanas de la cúpula son las más iluminadas y favorecen este efecto. Por otro lado, se produce la sensación de expan- sión espacial en las zonas de cortinas iluminadas, junto a la cúpula. Estas provocan la sensación de que se elevan para mostrarnos lo que pasa en la cúpula. Así, se pierden por detrás de los elementos arquitec- tónicos como los arcos fajones, situados en los torales. Los ángeles que soportan los cortinajes también contribuyen a enfatizar esta sensación, ya que algunas veces se sitúan por detrás de estos arcos fajones, como sucede en el arco toral178 (fig. 5.3). 177 Parafraseando a Malraux (Lafuente, 1955c, p. 113). 178 Esta sensación no solo se produce en las pinturas del plano horizontal, sino también en las del vertical. Se aprecia en los ángeles representados a ambos las de las ventanas, donde las zonas más próximas a los vanos están prácticamente ocultas por la sombra. Esto genera la sensación de que se encuentran por detrás de los elementos arquitectónicos, confirmando la impresión que se produce en los arcos. 138 Figura 5.4 Ermita de San Antonio de la Florida. Esquema en planta representando la luminosidad generada por los frescos, realizado por el autor. El resultado es el siguiente: la pintura mural genera un espacio que se funde con el espacio arquitectónico y lo modifica, prescindiendo de toda referencia a la superficie. Podemos afirmar que la luz derivada de los frescos, en San Antonio, consigue que el espacio se expanda al mar- gen de los elementos arquitectónicos, ampliándola. Este tipo de ilusión, como hemos visto en el capítulo anterior, también se produce a través de la perspectiva cónica, con el inconveniente, de que el punto de vista es 139 179 Aunque en algunos casos, como el que hemos visto en la iglesia de los jesuitas de Viena, Pozzo lo resuelve de forma magistral a través lo que hemos denominado, basándonos en los Ejercicios Espirituales, como la composición del lugar. 180 Es importante reseñar que la magia del ambiente, era una frase de goya, que repetía con frecuencia al hablar de sus cuadros. Su hijo la recogió en la biografía que entregó a Valentín Carderera (Lafuente 1955a, p. 25). único.179 En este caso se produce mediante la luz, sin este inconveniente. La luz es utilizada para crear espacio. goya no buscaba simplemente la decoración sino la creación de un espacio. Lafuente (1955a, p. 25) expresa: “la magia del ambiente18 0 eso es lo que trató de evocar en su cúpula de la Florida. No fue su propósito hacer género ilustrativo, pintura devota para fieles sentimentales, ni limi- tadas salvaciones de lo castizo madrileño”. Lafuente nos confirma que la pintura mural de goya no buscaba la decoración sino crear un ambiente, es decir, un espacio definido con unas cualidades determinadas. Por tanto, para que no se entendiera como decoración debía eliminar cual- quier reminiscencia a la superficie arquitectónica. En este sentido la luz es esencial, pero ella no basta para crear esta magia del ambiente. Para limitarse a crear un ambiente, probablemente sería suficiente, pero debemos recordar que goya buscaba la magia de ese ambiente. Por ello es necesario buscar esta magia en algún otro factor, y la podemos encontrar a través de susentido religioso. El espíritu religioso en Goya Se ha especulado mucho sobre el sentido de la religiosidad en goya. Entre finales del siglo XIX y primeros del siglo XX abundan duros cali- ficativos contra su pintura religiosa, por parte de una serie de críticos como el Conde de la Viñaza, Pedro de Madrazo, gómez de la Serna, e incluso Ortega y gasset, según enumera Ansón (1997, p. 93). Por el contrario, hay otros que lo comprenden. Comentando la interven- ción en la cúpula Regina martirium, Baticle (2004, p. 69) argumenta: “Al mirar los detalles de este fresco se tiene la impresión de que el artista, movido por una fe intensa ha entrado en simbiosis con su sujeto”. Esta interpretación es más acorde con lo manifestado en la relación epistolar 140 181 Estos discursos proponían el cultivo de la vivencia personal y sentaron las bases de la esté- tica romántica, influyendo en pintores como Caspar David Friedrich. 182 “Lo que de hecho suscita el sentido religioso, en el mundo externo, no son sus masas sino sus leyes. Elevaos hasta la visión de cómo éstas lo abarcan todo, lo mayor y lo menor, los sis- temas cósmicos y las motas de polvo que divagan, inestables, en el aire, de un lado para otro, y decid entonces sino intuís la unidad divina y la eterna inmutabilidad del mundo” (Schleier- macher 1990 [1899], p. 55). que goya mantenía con su amigo Martín zapater, y donde se expresaba con total libertad, sin tapujos. En ella abundan las referencias religiosas, y si bien algunas las podemos interpretar como signos de la religiosidad propia de la época, otras denotan su profundo sentido religioso: “Martín mío, mucho sentimiento me ha causado la noticia de la Hermana y la he encomendado a Dios pero me consolado el juicio que tengo echo de que era muy buena y se abra allado buen pedazo de gloria” (goya 1781, p. 116). Desmentida la falta de religiosidad de goya, es preciso recalcar que muchas veces no fue entendida por el carácter popular y humano que le imprimió, que lejos de disminuir su fuerza espiritual la acrecentó. Torra de Arana (1981, p. 10) lo califica como “el exponente típico de la religiosi- dad popular y su mejor intérprete artístico”. goya se adelantó a su tiem- po y cambió la estética de perfección y belleza asociada a lo religioso de épocas anteriores, por una más humana y popular donde el hombre se presentaba tal como es. Federico Torralba (1949) lo resume así: Cuando los pintores alemanes, franceses, italianos… busquen presen- tarnos al Hijo del Hombre como hombre entre todos los hombres y a los santos como hombres, para acercarlos a nosotros, para hacerlos vivos y no aislarlos lejos en el tiempo, en una devoción de fanal, no hacen otra cosa que reiterar lo que goya hizo en San Antonio de la Florida. En 1799, un año después de que goya pintara los murales de la Florida, el teólogo alemán Schleiermacher, en sus discursos Sobre la religión,181 propuso en términos generales una reflexión cercana a la propia religio- sidad de goya: “para intuir al mundo y para poseer religión, el hombre debe haber encontrado primero a la humanidad, y el sólo la encuentra en el amor y a través del amor” (Schleiermacher 1990 [1799], p. 59). También asegura que el hombre encuentra la religión en la contemplación de la naturaleza y sus leyes.182 141 En San Antonio de la Florida encontramos claramente definidos estos nuevos ámbitos del sentido religioso, el humano y el que proviene de la naturaleza. Ambos ayudan a trasformar ese ambiente, que hemos explicado, generado por la luz, en la magia del ambiente pretendida por goya. La magia del ambiente en San Antonio de la Florida goya, gracias al sentido de su religiosidad y la luz generada en los frescos trasforma el espacio neoclásico de la ermita, dotado de una ilu- minación uniforme, en el que prima lo racional, en la antesala de lo que será el espacio romántico, un espacio donde se invita a soñar, donde prima la fantasía, el misterio, lo enigmático y por supuesto la magia. Un espacio que definimos como la magia del ambiente. Sabemos que goya en sus cuadros ya era capaz de modificar la super- ficie pictórica y transformarla en la magia del ambiente, nos lo muestra por ejemplo en su autorretrato en el taller, realizado unos años antes. Aquí goya, va más lejos y consigue que esta magia del ambiente sea el nuevo espacio de la ermita modificado por la superficie mural. Trasfor- ma el espacio y lo convierte en uno infinito, que se expande, haciendo que los límites de la arquitectura se desvanezcan, eliminando cualquier reminiscencia a la superficie sobre la que se encuentra la pintura. Un nuevo espacio cuyos límites solo se encuentran definidos por los ele- mentos arquitectónicos no decorados, como los arcos fajones, que los entendemos a modo de ruina arquitectónica de la que únicamente se mantiene la estructura,18 3 ya que la plementería ha desaparecido, es decir la superficie. De esta manera el espacio generado por la pintura mural se sitúa por detrás de estos elementos arquitectónicos, perdién- dose en el infinito (fig. 5.5). 183 El tratamiento de los elementos arquitectónicos resulta similar al que explicábamos en el capítulo dedicado a Gala Placidia. Allí se remarcaban estos elementos arquitectónicos a través de la decoración, mientras que en San Antonio también se remarcan, pero de forma inversa, por la ausencia de ésta. 142 Figura 5.5 Ermita de San Antonio de la Florida. Esquema en sección representando la expansión espacial generada por los frescos, realizado por el autor. 143 Pero, ¿por qué en esta obra goya consigue transmitir esa magia del ambiente y no en otras similares como la cúpula Regina martyrum de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar? Estas obras se realizaron con una diferencia de solo 17 años, y en la Regina martyrum, goya ya fija las bases respecto a la técnica al fresco, la utilización de la luz, y la religiosidad. Por lo tanto parece que también debería haber conseguido un efecto parecido. En la Regina martyrum apreciamos la libertad de ejecución en la técnica al fresco. Stolz (1955, p. 142) explica cómo está pintado el grupo de los obispos: en blanco sobre el medio tono del mortero, donde las medias tintas están hechas con el agua sucia de limpiar los pinceles y donde aparecen toques de cal pura, es decir, con una pintura muy rápida que deja zonas sin cubrir. Esto también explica la existencia de zonas con empastes de hasta dos centímetros de mortero, y de esos auténticos bajo relieves trabajados con los dedos (Stolz, 1955, p. 143). La única diferencia entre ambas pinturas murales es que en la de la Basílica del Pilar está todo pintado al fresco, sin detalles en seco, ni siquiera para disimular las uniones de las tareas (Stolz, 1955, p. 142), diferencia por otro lado, irrelevante para nuestro estudio. La utilización de la luz también es muy similar a la de San Antonio de la Florida, una luz dramática exagerada, que viene de distintos sitios, para enfatizar el dramatismo: la Virgen es iluminada desde arriba, San jorge se encuentra en sombra frente a San Sebastián y a Santa Bárbara que están iluminados por delante, mientras que los querubines situados sobre los obispos reciben la luz desde abajo. La cúpula de la Basílica del Pilar, por último, también se impregna de la religiosidad de goya, como podemos apreciar en la cara de la Virgen. Esa religiosidad de perfil popular y humano se manifiesta en la represen- tación de los Innumerables Mártires de zaragoza. Camón (1980, p. 126) afirma, refiriéndose a la intervención en el Pilar que “predomina siempre un pintoresquismo populista que hace de esta obra el antecedente de San Antonio de la Florida”. Entonces, ¿cuál es el factor que diferencia ambas intervenciones de goya de forma que en una se consiga esta magia del ambiente y en otra no? 144 Descripción y situación de la cúpula Regina Martyrum goya realizó la pintura mural denominada Regina martyrum, que repre- sentan a la Virgencomo Reina de los mártires y en la que aparece rodea- da por ellos,18 4 entre el 5 de octubre de 1780 y el 11 de febrero de 1781. En cuarentaiuna jornadas,18 5 sobre una superficie de 212 m2 (Barboza, grasa, 1981, p. 84), una cúpula con un diámetro máximo de base de 12 metros y un diámetro superior en la linterna de 4,5 metros (Barboza, grasa, 1981, p. 60). En esta cúpula goya consigue, en palabras de Torralba (1982, p. 42), “dar un espacio abierto” (fig. 5.6). Al igual que en San Antonio, parece como si la cúpula se trasformara en un tronco de cono invertido que se prolonga hasta el infinito desde la base, que coincide con la de la cúpula. Pero en esta ocasión recurre a la perspectiva186 para dar sensación de alejamiento, pero no conforme nos alejamos de la base de la cúpula, sino a medida que las figuras se alejan de la supuesta superficie del casquete semiesférico. Torralba (1982, p. 44) habla de “vértigo giratorio” para expresar la idea de ascensión. En la cúpula aparecen una serie de planos en espiral que ascienden desde la base hasta la linterna. La sensación dinámica de movimiento ascendente se consigue porque los hipotéticos orígenes de estas espirales se encuentran girados respecto de los ejes de la cúpula en la base, indicados por grupos escultóricos de ángeles con guirnaldas en estuco blanco y dorado (fig. 5.6). Resulta llamativo como goya pudo materializar en la media naranja de forma fidedigna y con este dinamis- mo, los bocetos que presentó a la junta de Fábrica en dos medias lunas planas. En los bocetos ya se aprecia la profundidad debida a la perspec- tiva pero no se presagia el vértigo giratorio que hemos comentado, y que contribuye a generar expansión espacial, un espacio abierto. 184 Muchos de ellos locales como los Innumerables Mártires de zaragoza, San Valero, San jorge, San Lamberto, San Lorenzo… 185 Periodo y jornadas similares a los de San Antonio la Florida. 186 Perspectiva cónica en función del tamaño de las figuras y aérea respecto a la nitidez de las mismas. Podemos apreciar ambas comparando la figura de San Valero con las que se encuen- tran detrás (fig. 5.6). 145 187 La Basílica de Nuestra Señora del Pilar es una obra maestra del barroco español. Su cons- trucción se alargó durante más de 200 años debido a lo ambicioso del proyecto, que sufrió dis- tintas modificaciones. Se inició su construcción en 1680 y en 1718 se inauguró el nuevo templo sin incluir la antigua Santa Capilla. Posteriormente ésta se derribó y se prolongaron las naves tres tramos para poder incluir este espacio dentro del templo (Ansón, Boloqui, 1991, p. 290). En 1725 el conde de Peralada en su informe plantea cubrir con cúpulas el templo y propone la alternativa a la Santa Capilla, sentando definitivamente las bases de lo que será la Catedral del Pilar (Ansón, Boloqui, 1991, p. 292). Basílica de planta rectangular formada por tres naves de siete tramos, la central mayor, donde se incluye la Santa Capilla detrás de la zona del altar mayor. Como elementos relevantes destaca la alternancia de los cubrimientos de cúpulas sobre pechinas y bóvedas rebajadas soportados por potentes pilares. Figura 5.6 Catedral Basílica del Pilar de zaragoza. Cabildo Metropolitano. La cúpula Regina martyrum pintada por goya, 1781. Imagen realizada por el autor. La cúpula donde se encuentran las pinturas se sitúa en la nave Norte, a la altura de la comunicación trasversal del templo entre la parte trasera del Altar Mayor y la parte trasera de la Santa Capilla, donde se venera la imagen de la Virgen (fig. 5.7). La ubicación de la cúpula dentro del templo es singular, pero no menos que la propia Basílica.187 Las cúpulas 146 en el templo se distribuyen de la siguiente manera: En la nave central existen tres, la central, que es la más grande, se despliega sobre el altar y las otras dos, más pequeñas pero de dimensiones mayores que las de las naves laterales se encuentran sobre el coro y sobre la Santa Capilla. Las naves laterales disponen de cuatro cúpulas cada una del mismo tamaño, dos en los extremos de las naves coincidiendo con los accesos al templo y otras dos en las zonas de circulación: entre el coro y el altar, por un lado, y entre la parte trasera del altar y la Santa Capilla, por otro. Podríamos entender estas cúpulas desde el punto de vista de la comple- jidad arquitectónica defendida por Venturi (1992 [1966], p. 25). Centrán- donos en las ocho cúpulas de las naves laterales, donde se encuentra la pintura mural de goya, en un primer momento podríamos pensar que se trata de una materialización ambigua de “lo uno y lo otro” (Venturi, 1992 [1966], p. 25). Por un lado, toda cúpula evoca la centralidad y por tanto tiene un carácter estático, mientras que por otro lado, sus posiciones en el templo son dinámicas, al situarse en intersecciones, donde domina una dirección frente a la otra, la de nave domina frente a las circulaciones transversales. Debido a su repetición sistemática en determinadas posi- ciones, nos parece más adecuado interpretarlas como aquello que Ven- turi define como inflexión arquitectónica: “es un medio de distinguir las partes diferentes connotando a la vez continuidad” (Venturi, 1992 [1966], p. 144). Es decir, a pesar de ser partes diferentes se entienden como conjunto. Así explica la forma de conseguirlo: “Mediante la inflexión hacia algo fuera de ellas mismas las partes consiguen sus propios lazos de unión” (Venturi, 1992 [1966], p. 144). En este caso la inflexión de las cúpulas, su integración en el templo, es decir su lazo de unión, se con- seguiría a través de su posición en las intersecciones de la nave con las circulaciones trasversales. Esta situación de la cúpula Regina martyrum, en un espacio dinámico, que acabamos de justificar, es totalmente diferente de la cúpula de San Antonio de la Florida, que representa la centralidad. Este hecho es muy importante e influye decisivamente en la sensación del espacio genera- do en la pintura mural. 147 Posición de la fachada principal 188 en la cúpula Regina Martyrum La decoración de una cúpula remarca la centralidad del espacio que representa y aunque parezca una paradoja tiene una fachada principal, una posición dominante. Normalmente la parte más importante de esta pintura se sitúa alineada con el altar, en la tradición católica orientada al Este. Cuando se accede al espacio central, habitualmente por el Oeste, se observa el altar y al mirar arriba se aprecia la imagen central de la cúpula. Si recordamos, es lo que sucede en San Antonio. Se accede por el Oeste y la mirada se dirige al Este, donde se ubica el altar y al mirar hacia arriba observamos la fachada principal de la cúpula, San Antonio realizando el milagro. goya intentó evitar situar a la Virgen como Reina del Martirio en el Este de la media naranja, ya que esta cúpula como hemos explicado no tiene carácter central y él era muy consciente de ello. Pero no lo consiguió, desconocemos la orientación que pretendía goya,189 lo único que sabe- mos es que no estaba de acuerdo con la orientación al Este, según apa- rece en la carta que envió a la junta de Fábrica con fecha del 17 de marzo de 1781 (Camón, 1980, p. 130). goya no pudo situar la fachada principal de la cúpula como pretendía, porque en realidad no dependía de él. De hecho el no recibió este encar- go de pintar la cúpula directamente de la junta de Fabrica sino a través de su cuñado Francisco Bayeu, que era el responsable de las ocho pin- turas murales alrededor de la Santa Capilla19 0 (fig. 5.7). 188 Expresión que utiliza goya en la carta a la junta de Fábrica fechada el 17 de Marzo de1781 (Camón, 1980, p. 130) para indicar dónde se coloca el tema central, la Virgen como Reina. 189 Entendemos que si el objetivo de la fachada principal de la pintura mural en una cúpula es que se sitúe en la zona desde la que primero se podrá apreciar, en este caso lo lógico habría sido situar la imagen de la Virgen en el Norte, ya que se accede aella desde el Sur. El acceso habitual a esta cúpula se realiza a través del paso existente entre el altar y la Santa Capilla, en dirección Sur Norte, debido a que los accesos principales al templo se encuentran en la nave Sur. 190 En 1775 y 1776 Francisco Bayeu pintó dos bóvedas cuadrangulares, situadas al Este y al Oeste de la Santa Capilla en la nave central (fig. 5.7). Entonces la junta de Fábrica le encargó que pintara todas las cubriciones alrededor de la Virgen, para que se viera una unidad y fueran de una sola mano. Como él no se podía comprometer a pintar todo ya que estaba en Madrid, acordó 148 que pintaría las otras dos bóvedas circulares y que las cúpulas las pintarían su hermano Ramón Bayeu y su cuñado Francisco de goya, bajo su dirección (Domingo, 1982, p. 110). 191 En las cúpulas es muy evidente pero en las bóvedas no se percibe de forma tan clara, a no ser que las situemos sobre la planta de la Basílica (gallego, Domingo, 1987). 192 En estos ocho espacios se representan las ocho invocaciones Regina de las Letanías. La idea por supuesto no es de goya. La junta sugirió a Bayeu temas Bíblicos donde apareciera la Virgen, pero Bayeu no conforme, consultó a su amigo el escultor Salas, que le propuso la Las ocho intervenciones alrededor de la Capilla, dirigidas por Bayeu, excepto una bóveda, se encuentran orientadas al Este,191 siguiendo la tra- dición explicada, donde el elemento central de la cúpula se oriente en esta dirección. Aunque como se ha indicado, en este caso carece de sentido, ya que difícilmente se pueden abordar todas ellas desde el Oeste. Aunque las pinturas estaban pensadas como conjunto desde un punto de vista temático,192 no funcionaban como tal desde el punto de vista espacial. Figura 5.7 Catedral Basílica del Pilar de zaragoza. Cabildo Metropolitano. Esquema en planta, donde se indica la cúpula Regina martyrum pintada por goya, 1781, realizado por el autor. 149 idea de representar a la Virgen como Reina en los ocho espacios coincidiendo con las Letanías (Domingo, 1982, pp. 106-108). 193 goya nos lo muestra en la misma Basílica del Pilar, donde pintó en 1772 la bóveda del coreto. En esta obra el planteamiento es diferente al de la cúpula Regina martyrum, debido a que la superficie también es diferente. En primer lugar goya sitúa al observador fuera de la proyección de la bóveda y coloca el tema central, la Santísima Trinidad, en el eje central de la bóveda en la zona más cercana al observador, pero representándolo como el elemento más lejano. generan- do en perspectiva cónica una serie de planos, desde el más cercano situado en los extremos más distantes de la bóveda hasta el más apartado, en la zona más cercana de la bóveda al observador. Crea así una gran profundidad escenográfica, consiguiendo que la superficie de la bóveda desaparezca, ampliándose el espacio hasta el infinito. 194 En la sesión de la junta de la Nueva Fábrica del 14 de diciembre de 1780 Francisco Bayeu pide que se le exima y exonere de responder a la obra de su cuñado por no sujetarse éste en la pintura a la corrección del responsable de la obra (Domingo, 1982, p. 120). Resulta llamativo que tampoco se diferenciara entre superficies arqui- tectónicas tan distintas como las cúpulas y las bóvedas, a la hora de abordar las pinturas. En un principio este hecho puede parecer que es una forma de prescindir de la superficie a la hora de realizar el mural, para enfatizar el espacio, pero nada más lejos de la realidad. Es una forma de prescindir de la ilusión del espacio generada por la pintura, ya que para conseguir espacio en una superficie esférica y en una bóveda hay que trabajar de forma diferente193 y en este conjunto de ocho pinturas no sucede de esta manera. Volviendo a nuestro tema, el cambio de orientación de la fachada principal de la cúpula de goya no parece ser motivo suficiente para que la Regi- na martyrum no consiga la magia del ambiente. Pero centrándonos en la amarga relación entre goya y su cuñado, en esta obra, podemos encon- trar qué es lo que diferencia estas dos obras. Es decir, la explicación de que solo San Antonio de la Florida consiga esta magia del ambiente, a pesar de estar pintadas ambas de la misma forma y con las mismas ideas. La escala en la cúpula Regina Martyrum Cuando goya acabó la cúpula presentó los bocetos para las pechinas y la junta de Nueva Fábrica no los aprobó, por instancia de Francisco Bayeu.194 Según se expresa en la sesión de la junta de Nueva Fábrica 150 del 26 de marzo de 1781 “los bocetos de las pechinas no agradaron a la junta por no estar concluidos, y seguir en ellos el mismo rumbo de ropaje, colorido e ideas que la media naranja, que tanto ha disgustado al público” (Domingo, 1982, p. 126). No es objeto de este estudio el enfrentamiento que se generó, que afectó mucho a goya, hasta el punto de no querer volver a saber nada de este tema.19 5 Pero la acusación de la junta era muy dura, al considerar que goya había dejado su obra en la cúpula inacabada, le achacaba falta de oficio, todo lo contrario de lo que pretendía demostrar goya, su profe- sionalidad, recientemente contrastada al ser nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. goya se defendió afirmando que la obra estaba pensada para ser vista desde abajo y no de cerca.19 6 Desde abajo no existe esa sensación de inacabado porque no se pueden apreciar lo abocetado de la pintura. Sea como fuere, en la defensa que goya hizo de su obra se hizo patente la distancia abismal entre su concepción pictórica sobre una superficie mural y la de los Bayeu. Son dos formas antagónicas de entender la pin- tura, como habíamos anticipado al referirnos a la fachada principal de la cúpula. goya trata la superficie mural como espacio, teniendo en cuenta la posición del observador y por eso insiste en que debe ser vista desde abajo.197 Pero en la Basílica del Pilar surge una dificultad añadida res- pecto a San Antonio de la Florida, debido a la altura de la cúpula desde el suelo, 28 metros. Dejando al margen el problema que supone para el tratamiento de la superficie mural como espacio el carácter dinámico de la posición de la cúpula que hemos explicado (fig. 5.8). Aunque goya era consciente de este problema, no fue capaz de solu- cionarlo, por un lado era de una gran complejidad, y por otro, él no tenía 195 Como expresa en una carta a su amigo zapater fechada el 4 de julio de 1781 (goya 1781, p. 93). 196 El padre Tomas López, en 1830, comenta que goya instó a Bayeu a que bajase de los andamios para ver el efecto que la pintura causaba a pie de iglesia. (Borras, 2006, p. 48). Torralba (1982, p. 42) también refiere este hecho. 197 Sucede como en el ejemplo que vimos en el capítulo anterior en el libro dispareri in materia d’architettura e prospettiva, donde Vignola y Palladio los dos expertos que tienen una mayor proyección como arquitectos y por tanto una mayor preocupación por el espacio, son los que más reflexionan sobre dónde se va ubicar la imagen o lo que es lo mismo, desde dónde va a ser observada. En nuestro caso goya, a pesar de no tener vocación de arquitecto sí que mostró un interés por el espacio. 151 el control total sobre la obra. Se trataba de generar un espacio cualita- tivo, es decir crear la magia del ambiente, en una cúpula de 12 metros de diámetro con su base situada a 28 metros de altura. Para ello, aumentó de forma exagerada el tamaño de las figuras,19 8 la de San jorge mide 3,20 metros (Barboza, grasa, 1981, p. 93), y de esta forma consigue que la relación de estas respecto del tamaño de la cúpula sea similar a la de San Antonio de la Florida. En esta última las figuras están pintadas a tamaño real, aproximadamente la mitad de la de zaragoza, siendo el tamaño de la cúpula también la mitad, 6 metros (figs. 5.2 y 5.6). Esta relación que se aprecia tan fácilmente en las imágenes, es más difícil de apreciar en la realidad. En San Antonio la altura a la que se encuentraFigura 5.8 Catedral Basílica del Pilar de zaragoza. Cabildo Metropolitano. La nave Sur, donde se encuentra la cúpula Regina martyrum pintada por goya. Imagen realizada por el autor. 198 Los Bayeu tampoco fueron conscientes de esta dificultad y Baticle (2004 [1992], p. 69) comen- ta: “Las pinturas de Bayeu no destacan y, vistas de lejos parecen una bandada de saltamontes verdes y rosas”. 152 la base de la cúpula es de 8 metros, por tanto la diferencia de altura a la que se sitúan las dos bases, que no se relaciona ni con el tamaño de éstas, ni con el tamaño de sus figuras, produce un cambio de relación, un cambio de escala entre ambas. Esto es lo que realmente diferencia las dos pinturas murales, su relación respecto el espacio en el que se encuentran, de manera que la escala arquitectónica, la relación entre el hombre y el universo, entendido este como fusión de arquitectura y pintura, es diferente en ambas obras.19 9 Consiguiendo que el espacio, por tanto, se perciba de forma diferente. La pintura mural Regina martyrum parece fuera de escala, pero no desde el punto de vista arquitectónico,2 0 0 sino desde el punto de vista de la relación de la pintura mural y la arquitectura. Al fundirse ambas escalas domina la de la arquitectura sobre la de la pintura mural. Al contrario de lo que pasaba en Mantua, donde la presencia de los gigantes restaba protagonismo a la arquitectura, aquí es la arquitectura la que resta pro- tagonismo a la pintura, atenuando el impacto de esta, y dificultando la modificación del espacio arquitectónico a través de la superficie mural. Mientras que en San Antonio la escala en arquitectura, entendida como la fusión de la escala de la arquitectura con la de la pintura mural respec- to al hombre donde no prima una sobre otra, permite que la superficie mural modifique el espacio arquitectónico, consiguiendo que desapa- rezca su superficie. Por tanto, dos pinturas murales similares como las de San Antonio de la Florida y la Regina martyrum, pueden crear sensaciones espaciales 199 La pintura mural de zaragoza respecto al observador se encuentra pintada aproximada- mente al doble de su tamaño, mientras que la de Madrid está pintada a un tamaño real. Desde el punto de vista de la arquitectura, la altura de la base de la cúpula zaragozana respecto al hombre es 3, 5 veces superior a la madrileña. En términos absolutos estamos hablando de una relación entre pintura y arquitectura que prácticamente es el doble. Por supuesto estas relaciones de medida entre pintura mural y arquitectura no son lineales, una siempre tendrá más peso que la otra. Además ambas cúpulas y sus pinturas no tienen que tener la misma relación de dimensiones para producir el mismo efecto, lo que sucede es que en este caso la diferencia de las dos es muy exagerada. 200 Entendemos que la cúpula no tiene un carácter central sino dinámico, debido a la inflexión que hemos explicado, basándonos en las teorías de Venturi. Por tanto esta altura no hay que entenderla en relación a la cúpula sino en relación a la nave que cubre, y desde este punto de vista no se encuentra fuera de escala, y es acorde a las dimensiones del templo unos 130 metros de largo por unos 67 de ancho. 153 diferentes debido a su distinta escala en arquitectura. De forma que en San Antonio de la Florida se genera la magia del ambiente, y en la cúpula Regina martyrum de la Basílica del Pilar no, aunque como insistimos, tengan la misma concepción. Para poder generar un nuevo espacio, modificando el arquitectónico, a partir de la pintura mural, podemos prescindir de la perspectiva cónica y evitar el inconveniente del punto de vista único, pero no podremos pres- cindir de la escala. Si nos damos cuenta la perspectiva lleva implícita la escala. La perspectiva cónica es una relación entre el observador, el plano del cuadro, que podemos asimilar a la superficie arquitectónica, y lo representado, que sería la pintura mural. Por eso cuando se utiliza la perspectiva no se suele hablar de escala, pero no porque no sea nece- saria, sino porque está implícita en ella. Por último, al hablar de la barandilla hemos dicho que no consta que goya en su viaje a Italia visitara Mantua, y por tanto desconocemos si estaba al corriente de la existencia de la Cámara de los Esposos en el Palacio Ducal. Desde luego si visitó Mantua, también conocería la sala de los gigantes, donde a través de una escala exagerada se modifica el espacio, la magia del ambiente, como diría goya. 154 6. EL ESPACIO PURO: LA PINTURA MURAL DEL LUCERNARIO ESTE EN RONCHAMP DU HAUT DE LE CORBUSIER 155 En el capítulo sobre la iglesia de los jesuitas de Viena hemos estudiado como la superficie desaparecía, transformándose en espacio. Mientras que en el capítulo anterior hemos dado un paso más, la superficie se convierte en espacio sin la necesidad de la perspectiva, por lo tanto sin el hándicap del punto de vista único, gracias a la luz, la composición y a una adecuada utilización de la escala. En este capítulo, vamos a estu- diar los lucernarios de Ronchamp, donde la superficie desaparece para transformarse en espacio, y que denominaremos como espacio puro. Expresión utilizada por Reiner María Rilke en la octava de las Elegías de duino.201 y que por supuesto, utilizaremos como clara oposición a la expresión superficie pura explicada en el capítulo sobre el románico y tomada para aquella ocasión de Panofsky. Consideramos esta pintura roja bermellón monócroma como pintura mural, porque el color se encuentra perfectamente delimitado en una superficie, la zona curva del lucernario donde incide la luz, lo que indi- ca una clara intencionalidad, además de la importancia que tiene esta expresión de color intenso. En esta obra, a diferencia de muchas de las que hemos visto, las pinturas murales son desarrolladas por el arqui- tecto responsable de la construcción, lo que permite que su concepción sea unitaria con la arquitectura. La capilla de Ronchamp du haut, fue un encargo del Padre Alain Cour- turier202 a Le Corbusier en 1950 y se abrió al culto en 1955. Podemos decir que esta obra es de las más singulares en la carrera del arquitecto, a pesar de ello deja constancia de las ideas que le obsesionaron durante toda su vida, ideas heredadas de su pintura, como vamos a ver. La iglesia se sitúa en la zona de los Vosgos y ese paisaje fue el origen del proyecto, según manifiesta el propio Le Corbusier (p. 10): “Un auténtico fenómeno de acústica visual, “acústica visual fenómeno introducido en el dominio de las formas”: las formas son sonoras y son silentes, unas hablan y otras escuchan…”. Según Frampton (2000 [1997], p. 136), estas formas 201 “nosotros nunca tenemos, ni siquiera un solo día, el espacio puro ante nosotros, al que las flores se abren infinitamente.” (Rilke, 1990 [1922], p. 106). 202 Director de la revista l’art Sacre e impulsor en Francia de la renovación del arte sagrado a través del arte moderno. Aparte de esta capilla también fue el artífice de otras como la de Vence, donde trabajo Matisse o Assy donde intervinieron artistas como Leger, Braque y Chagall. 156 acústicas proceden de una serie de esculturas que realizó en madera, en los años cuarenta, denominadas uzon. La importancia que se confiere en la capilla a otros sentidos como la audición no es casual. Un espacio como éste tiene que invitar al recogimiento, a la interiorización y este sentido lo favorece, según Pallasmaa (2010 [2005], p. 50): “El sentido de la vista implica exterioridad, pero el sonido crea una sensación de inte- rioridad.” Entonces, la acústica visual haría referencia a la relación exterior interior pero no solo de la obra, sino del propio visitante. Esto nos lleva a entender la capilla como una confrontación de elementos contrarios, que genera ambigüedad, muy del gusto de Le Corbusier. Esta ambigüedad también la podemos apreciar en los muros que se curvan, cerrándose en forma convexa y, abriéndose en formacóncava, entablando un diálogo entre ellos (fig. 6.1). y por supuesto en los lucernarios (fig. 6.2). Figura 6.1 Le Corbusier, 1955. notre dame du haut, Ronchamp. Esquema en planta de la capilla, realizado por el autor. Figura 6.2 Le Corbusier, 1955. notre dame du haut, Ronchamp. Esquema en sección de la capilla por los lucernarios del muro Norte, realizado por el autor. 157 Para entender la relación entre los lucernarios primero debemos fijarnos en la pintura cubista,203 que fue la base del purismo, movimiento de las vanguardias iniciado por Ozenfant y Le Corbusier. El cubismo Sin duda es el movimiento de las vanguardias del siglo XX que más ha influenciado en el arte moderno, aunque solo sea para negarlo. Su importancia radica en el gran cambio conceptual que supuso su forma de enfrentarse al espacio pictórico, lo que desde nuestro punto de vista resulta muy relevante. Fue un movimiento perfectamente acotado en el tiempo, se desarrolló entre 1908 y 1914 y durante esos 6 años, liderado por georges Braque y Pablo Picasso creció y evolucionó de forma ver- tiginosa y convulsiva. Fue la llamada a filas del primero la que acabó con este periodo tan fértil de la historia del arte. Por esas fechas confluyeron de forma independiente ideas científicas, filosóficas y artísticas, lo que certifica el carácter de encrucijada de ese momento histórico y la trascendencia de lo sucedido. Como expresa Van Ven (1981 [1977], p. 235) ni Picasso conocía lo que se estaba haciendo en otras disciplinas, ni Bergson sabía de la existencia del cubismo. Rovi- ra (1999, pp. 32-33), por su parte, explica como Bergson se refiere a la influencia del tiempo en el conocimiento del objeto. Bergson (1973 [1969], p. 296) define el “tiempo-invención” como base de la física moderna donde abre el paso a la simultaneidad. Críticos de la categoría de gie- dion (2009 [1941], p. 434) utilizan el término coincidencia para relacionar la simultaneidad definida por Einstein, en 1905, con el cubismo.204 Por su parte, Apollinaire (1913, p. 65) habla de la cuarta dimensión, haciendo referencia a las tres dimensiones del espacio y el tiempo,205 también en clara sintonía los anteriores. 203 El nombre del movimiento cubista surgió de forma anecdótica, cuando Matisse, que formaba parte del jurado en el Salón de Otoño de 1908, se refirió a unas casas de una pintura de Braque como cubistas (Apollinaire, 1913, p. 68). 204 La simultaneidad será la base de los estudios artísticos de Delaunay. 205 Críticos como zevi, se refieren a la cuarta dimensión como un hecho de inmensa trascen- dencia para el desarrollo del arte (zevi, 1981 [1951], p. 24). 158 Pero volvamos al cubismo, según comenta greenberg (1959, p. 86) res- pecto de Picasso y Braque: al principio se preocupaban mucho por obtener del cubismo resultados esculturales con medios estrictamente no escultóricos; o sea, encontrar una equivalente explícitamente bidimensional para todo aspecto de la visión tridimensional, sin consideración a lo mucho que podría sufrir la verosimilitud del resultado en este proceso. Esta relación espacial más profunda es la que se establece entre la defendida planitud de la pintura cubista, que la reivindicaba como cua- lidad inherente a la pintura, y la representación de la naturaleza tridimen- sional. Pero el ímpetu era tal, que llegó un momento en que “la planitud no solo había invadido el plano cubista, sino que estaba amenazando con anegarlo” (greenberg, 1959, p. 86). “La planitud representada –o sea, los planos faceta– había de mantenerse lo bastante separada de la plani- tud literal para permitir que sobreviviera entre ambas una ilusión mínima de espacio tridimensional” (greenberg, 1959, p. 87). Este proceso de generar espacio es totalmente diferente al que hemos explicado en los capítulos anteriores. En el cubismo estamos explicando que la planitud representada debe separarse de la planitud literal para que existiera entre ellas una mínima sensación de espacio tridimensio- nal, mientras que en los dos capítulos anteriores la planitud literal, la superficie,20 6 desaparece a favor de lo representado.207 206 Asimilamos el término de planitud literal con el de superficie, a pesar de que la super- ficie mural no tiene por qué ser plana, pero sí que podemos considerar que tiene una planitud literal. 207 El románico no tiene esta preocupación y la planitud representada y la literal se encuentran en el mismo plano. En las vidrieras góticas la planitud literal desaparece a través de la luz que transmite, excepto en sus primeras vidrieras, que al ser emanadoras de luz nos remiten a la planitud literal. En Bizancio sucede de forma parecida a lo que ocurría en el gótico. El espacio representado intenta vencer la planitud literal a través de sus fondos, pero los reflejos vítreos nos remiten a la superficie, la planitud literal. 159 El nuevo espacio cubista El cubismo buscaba la generación de un nuevo espacio. Para lograrlo se empezaron a utilizar algunos recursos con el fin de mantener el conteni- do, es decir lo representado lo bastante separado de la planitud literal, de forma que existiera una mínima ilusión. Uno de estos recursos fue la utilización de las letras en los cuadros, una constante del movimiento. La frontalidad de éstas hace que se sitúen en el plano literal mientras que todo lo demás queda retranqueado, generando un espacio intermedio, una cierta profundidad espacial. En El Portugués (fig. 6.3), realizado por Braque en 1911, lo podemos apre- ciar. Si nos fijamos, nos damos cuenta de que aparecen letras que nos marcan la planitud literal de la superficie, pero además como son en diferentes tamaños, nos indican varios planos intermedios, de forma que entre el plano literal y la figura existe una sucesión de planos, un espacio intermedio. La utilización de texturas en la pintura también tenía esta misma finali- dad, crear planos intermedios, pero sin duda la solución más radical fue el collage. Pegar auténticos trozos de papel en el cuadro en vez de imitar su textura. La utilización del collage genera la ilusión de un “bajorrelie- ve” (greenberg, 1959, p. 95). Si se pinta o dibuja sobre el papel pegado, lo pintado surge por delante de la planidad literal del cuadro, sale fuera de éste, mientras que lo que está pintado detrás queda dentro de la superficie. Entonces el espacio no se limita desde la superficie literal hacia adentro, sino que también se encuentra fuera de este plano literal, ampliando el espacio hacia delante. Estos mecanismos pueden ser los que Colin Rowe y Robert Slutzky (1963 [1999], p.157) definen como inherentes a la organización en su ensayo transparencia: literal o fenomenal: La transparencia puede ser una cualidad inherente a la sustancia – como ocurre en una tela metálica o en una pared de vidrio–, o puede ser una cualidad inherente a la organización. y precisamente por esta razón podemos distinguir entre transparencia literal o real y fenomenal o aparente. 160 Colin Rowe y Robert Slutzky (1963 [1999], pp. 158-159) explican estas diferencias entre las transparencias a través de dos obras cubistas de 1911.208 Sin duda, la trasparencia es una forma de generar cierta profun- didad muy ligada al nuevo espacio cubista. Artistas como Delaunay introducen otros mecanismos para que no se produzca la temida negación del objeto por la anulación del espacio, comentada anteriormente: “Esto mismo ocurre si representa las rela- ciones visuales de un objeto o de varios objetos entre sí, sin que la luz juegue un papel de armadura de la representación” (Delaunay, 1913b, p. 77). Es decir, la luz se comporta de esta forma como diferenciado- ra de objetos y por tanto generadora de un cierto espacio. Pero esta luz no viene de la naturaleza, sino que es una luz ficticia que tiene por finalidad, la creación de profundidad.2 0 9 Este texto, al que nos hemos referido de Delaunay, lo podemos encuadrar en sus estudios sobre la Simultaneidad: “El contrastesimultaneo es el perfeccionamiento más novedoso de este oficio, de esta técnica. El contraste simultáneo es pro- fundidad vista - realidad - forma - construcción, representación. Se vive en la profundidad, se viaja en la profundidad. Estoy en ella. En ella están los sentidos. ¡¡y el espíritu!!” (Delaunay, 1913a, p. 76). Para Delaunay la simultaneidad es ese nuevo espacio ansiado por el cubismo y no solo se consigue con la luz, sino también con el color. “El color construcción descubierto entre diciembre de 1911 y enero de 1912, es la clave de estas representaciones” (Delaunay, 1913c, p. 79). En este sentido resulta más radical la concepción del color en juan gris, que prescinde de la luz.210 208 En El clarinetista, de Pablo Picasso, destaca que solo se indican las aristas de unos pla- nos prácticamente trasparentes, entendidos como trasparencia literal, es decir, debida a los materiales que la constituyen. Esta trasparencia de la figura permite la mímesis entre ella y el fondo, y nos muestra que existe espacio, aunque sea poco profundo. Lo apreciamos gracias al contorno de la figura, marcado por el contraste del claro-oscuro. Mientras que en El Portugués (fig. 6.3), además de las letras, que hemos comentado que las podemos entender como distintos planos trasparentes situados de forma frontal, destaca con esta misma idea de frontalidad, la utilización de la retícula o restos de ella que podemos inde- pendizar de la figura formada a su vez por planos diferentes. Entonces en esta obra, entendemos la trasparencia de forma fenomenológica, es decir, inherente a la organización. 209 En el capítulo anterior hemos hablado de la luz que utilizaba goya, decíamos que era una luz dramática, exagerada pero real, mientras que en este caso la luz no es real, es ficticia. 210 “No es una materia la que debe hacerse color, sino un color el que debe convertirse en materia” (gris, 1924, p. 335). 161 Leger también se refiere al color como forma de generar el espacio cubista, prescindiendo aparentemente de la luz. Refiriéndose a su obra la ville, compuesta en 1919 a base de colores puros extendidos, dice: “Este cuadro supone técnicamente una revolución plástica. Era posi- ble sin claro-oscuros, sin modulación, obtener una profundidad y un dinamismo” (Leger, 1975 [1965], p. 101). Parece que únicamente con el color podemos generar profundidad, es decir, este nuevo espacio. Pero también se refiere a la luz, por eso antes hemos utilizado el término apa- rentemente, aunque no lo hace de forma tan explícita como Delaunay, sino que la introduce de forma velada.211 211 Leger pensaba que los colores solo se mantenían como tales sí se situaban junto a un color neutro como el gris, si se colocaban con otro color puro, ambos perdían su pureza (Leger, 1975 [1965], p. 43). Entonces para que los colores puros se mantengan como tales y generen profun- didad, aplica una nueva ley de contraste plásticos: “Agrupo una serie de valores contrarios: superficies planas opuestas a superficies modeladas, personajes en volúmenes a fachadas de casa” (Leger, 1975 [1965], p. 55). Figura 6.3 Braque, 1911. El Portugués. Basilea. Kunstmuseum. 162 Resumiendo, hay una serie de formas para evitar que el plano cubista pueda quedar anegado, ciertas formas de generar el espacio cubista. Por ejemplo, la generación de una serie de planos conceptuales median- te la representación de letras, o la combinación de texturas, o también mediante la utilización del collage, donde podemos trasformar estos planos conceptuales en reales. La trasparencia es otro de los recursos que nos permite generar cierto espacio. y por último, se puede generar ese espacio nuevo a través del color, o de la luz, o de ambas. Estas for- mas de crear espacio están más cerca de los mecanismos propios de la arquitectura, donde se trabaja en el espacio, que de los que hemos visto en el resto de capítulos hasta ahora, donde se trabajaba el espacio a partir de la superficie. El cubismo opera sobre el plano como si traba- jase sobre el espacio, sus recursos espaciales son los mismos.212 No consigue sus resultados espaciales a través de la ilusión óptica como en el renacimiento, donde la pintura se consideraba una ventana, sino que los consigue manejando procedimientos espaciales como los utilizados en la arquitectura. La ambigüedad cubista Pero el cubismo no es tan sencillo y utiliza esto de forma ambigua, ya que, todos estos mecanismos que utilizaba para generar un cierto espacio, es decir, que el cuadro no se anegara con la desaparición del objeto, también se podían utilizar de forma contraria, de modo que unos mecanismos anularán a los otros y que el cuadro se entendiera como plano. El cubismo genera una nueva forma de espacio, para transformarlo en plano, enfati- zando de esta manera la planitud. En palabras de greenberg (1959, p. 92): cada parte y cada plano del cuadro ocupen un lugar cambiante de pro- fundidad relativa con respecto a las demás partes y planos, es como si la única relación estable que quedara entre las diferentes partes del cuadro fuese la relación ambivalente y ambigua que cada parte man- tiene con la superficie. 212 De hecho Delaunay se refería a estos mecanismos como armadura, término eminentemente espacial. 163 Por su parte, Rosenblum (1976 [1959], p. 66) lo denominó como una continua oscilación de planos en el espacio de estos cuadros. Vamos a estudiarlo en la obra Guitarra y clarinete (fig. 6.4), realizado por Braque en 1918. El clarinete se encuentra situado en un plano por detrás de la guitarra y arroja sombra sobre una partitura y un tablero, alejándose de ellos. Pero a su vez, esta partitura se encuentra por delante de la guitarra y su sombra, generando una ambigüedad que consigue que se entienda todo como si estuviese en el mismo plano. La guitarra también es ambi- gua desde el punto de vista de su materialidad, por un lado parece traspa- rente ya que permite apreciar los límites del tablero sobre el que se sitúa, pero por otro, se muestra opaca, ya que no permite apreciar el clarinete que tiene detrás y la sombra que arroja es propia de una figura opaca. La sensación de la obra es de planitud, que se consigue por la utilización ambigua de los mecanismos espaciales expresados anteriormente: gene- ración de planos conceptuales, trasparencias, la luz… En esta obra no se recurrió al color, ya que por esa época Braque se centraba más en la uti- lización de collages y en la generación de luz, que en el manejo del color, pero no cambiaría nada si este interviniera de una forma más relevante. Figura 6.4 Braque, 1918. Guitarra y clarinete. Philadelphia. Philadelphia Museum of Art. 164 El purismo Esta forma revolucionaria de operar con recursos espaciales, tuvo mucha repercusión en esos años. Le Corbusier, trabajaba de esta manera, no solo como pintor sino también como arquitecto y también recurría a esta ambigüedad. Pizza, habla de la ambigüedad lecorbuseriana (1992, p. 239) mientras que Sancho (1991, p. 169) explica que “opera por con- trastes”, creando un equilibrio de contrastes en las obras. En 1918, con motivo de su primera exposición, Ozenfant y Le Corbusier escribieron un manifiesto titulado después del cubismo, donde sentaban las bases de su pintura purista. Como se indica en el título, su pintu- ra superaba al cubismo, según sus palabras: “El purismo estima que el cubismo se ha quedado, dígase lo que se diga, en arte decorativo, ornamentalismo romántico” (Ozenfant y Le Corbusier, 1918, p. 46). Estas palabras tan duras hay que entenderlas en el contexto de un manifiesto que intenta romper con lo anterior. Años más tarde reconocerían que las obras de su generación que aún valen algo se lo deben al cubismo (Ozenfant y Le Corbusier, 1924, p. 189). De hecho, confesarían que el purismo había aceptado las nociones generales del cubismo (Ozenfant y Le Corbusier, 1924, p. 190). Algo que por otro lado, más que una con- fesión resulta una evidencia. El purismopor un lado, pretende limitar la libertad de deformación y manipulación de los objetos cubistas, para que sea más comprensible, y por otro pretende mostrar sus aspectos invariantes (Ozenfant y Le Cor- busier, 1918, p. 41) porque el cubismo mediante sus deformaciones, sólo ha mostrado aspectos accidentales de los objetos (Ozenfant y Le Corbu- sier, 1921, p. 74). Crea lo que denomina “alianzas de objetos” (Ozenfant y Le Corbusier, 1924, p. 194) con la idea de fundir todos los objetos, a través de sus contornos, en uno único. Este mecanismo, a través de la utilización ambigua de los recursos espaciales empleados en el cubismo, como la superposición de planos conceptuales, las trasparencias, o el ensambla- je de las figuras. Recupera la planitud, sin modificar aspectos invariantes del objeto, pero pierde la capacidad de entendimiento del objeto, que reprochaban al cubismo. El purismo desintegra los objetos para integrar- los en un orden superior, que podemos entender aparentemente como plano, al eliminar el espacio entre los objetos. Pero como ellos mismos 165 dicen: “Admitimos, pues, el cuadro no como una superficie sino como un espacio” (Ozenfant y Le Corbusier, 1921, p. 77). Entonces entendemos esta desintegración del objeto y posterior integración, no para generar planitud sino para generar espacio. Es decir, el purismo recupera la ambi- güedad y el espacio cubista y la alianza de objetos no es más que un meca- nismo basado en estas ideas. Sancho (1991, p. 169) enuncia esta paradoja de la siguiente forma: “la destrucción formal construye espacialmente”. Las diferencias más significativas entre ambos movimientos las pode- mos encontrar, por un lado en su forma de entender el cuadro como “Máquina de emocionar”. Con ello se refieren a las sensaciones, por tanto no es necesario que intervenga el juicio de la belleza213 (Ozenfant y Le Corbusier, 1922, p. 89). y por otro, en su concepción inicial del color. En un principio el purismo asegura que la forma precede al color, y que el color es un accesorio de la forma214 (Ozenfant y Le Corbusier, 1918, p.42). Tres años más tarde matizarán que el color es un agente peligroso respecto al volumen, y señalarán que existen tres gamas de colores: la gama mayor,215 la gama dinámica,216 y por último la gama de transición.217 (Ozenfant y Le Corbusier, 1921, p. 81). En estas teorías de colores cons- tructivos y destructivos se aprecia una clara evolución respecto a sus ideas iniciales acercándose al cubismo. Con el color también sucede lo mismo, la destrucción formal construye espacialmente. Evolución de la obra pictórica de Le Corbusier A partir de 1923 Le Corbusier se fue distanciando de Ozenfant pero sin abandonar la pintura. Esta concepción del espacio purista la fue 213 Desde que Kandinsky planteara el concepto de belleza interior, que para los no acostumbra- dos podía asociarse a lo feo, este hecho será una constante en el arte. 214 Por tanto, parecen contrarios a las ideas de gris, Leger o Dalaunay 215 Donde se encuentran colores constructivos, aquellos que son estables y proporcionan uni- dad. El blanco, el negro, el azul ultramar, entre otros pertenecen a esta gama. 216 gama esencialmente agitada, donde se encuentran colores que dan la sensación de un cam- bio perpetuo de plano, por tanto a esos colores no se les puede asignar un plano. Encontramos aquí a los amarillos, naranjas, bermellones y el azul cobalto claro. 217 En esta gama encontramos los rojos vivos y el verde esmeralda. 166 madurando y matizándose a lo largo de su vida, tanto en la pintura como en la arquitectura. Antes de explicar cómo se materializa en la arquitec- tura esta forma de trabajar el espacio en la pintura, vamos a explicar su evolución pictórica en estos años comparando el lienzo purista de 1928, dos vasos y libro (fig. 6.5), obra de la colección Heidi Weber,218 con la obra titulada El circo 219 (fig. 6.6) una de las 19 litografías220 realizadas a partir de collages, que acompañaban El poema del ángulo recto, donde se combinaban dibujos y texto manuscrito y que fue publicado en 1955 después de ocho años de trabajo. Figura 6.5 Le Corbusier, 1928. dos vasos y libro. zúrich. Heidi-Weber Museum. 218 Colección resultante de la fructífera y privilegiada relación entre Le Corbusier y la galerista- arquitecta, que mantuvieron desde 1957 hasta la muerte de éste en 1965 (Calatrava, 2007, p. 16). 219 Esta obra vamos a estudiarla, no desde la litografía, plancha 15, del Poema del Ángulo recto (Le Corbusier, 2006 [1955], p. 125), sino desde el collage preparatorio, porque es en el collage, donde se muestran todos los matices. 220 Como explica Mouchet (2006, pp. 70-71) hay dos categorías de litografías, las que acompañan al texto y otras que corresponden al registro artístico de la obra de Le Corbusier a lo largo de su vida. Ésta corresponde a la segunda categoría. 167 En las dos obras se aprecia la ambigüedad del espacio cubista y la máxima de Sancho: la destrucción de la forma construye espacialmente. En ambas observamos la confrontación entre frontalidad y lateralidad, con la resul- tante ambigüedad habitual. En dos vasos y libro, se aprecia en la copa de la izquierda, donde se combina el alzado y la planta. Mientras que en El circo, observamos la frontalidad en la cruz descentrada, que aparece en el cuadro, y se nos muestra como una retícula.221 Esta cruz se superpone sobre la figura femenina frontal enfatizando la frontalidad de ésta, mien- tras que a ambos lados de esta figura aparecen otras dos de perfil. En ambos cuadros también se aprecia la denominada alianza de objetos. En dos vasos y libro, genera un único objeto, sin embargo en El circo, no es tan clara esta alianza de objetos. Se puede intuir entre la figura frontal y los cuartos delanteros del caballo, cuyos contornos coinciden, pero no consiguen crear un único objeto, ya que la figura femenina de la derecha, aparentemente se encuentra por detrás de la figura del caballo. Figura 6.6 Le Corbusier. El circo. Collage preparatorio para la página 125 de El Poema del Ángulo Recto. 221 Lo mismo que sucede con los restos de retículas en El portugués (fig. 6.3). 168 La trasparencia es utilizada en ambas obras. En dos vasos y libro, pode- mos apreciar las dos, la literal entre las copas y botellas y la fenomeno- lógica en el libro. En El circo se aprecia la transparencia en un sentido literal, en la fusión de las cabezas. Hasta este momento hemos visto que en ambas obras se utilizan los mismos recursos, a pesar de las diferencias temáticas y técnicas que existen entre las dos, aunque en dos vasos y libro se manejan de forma mucho más contundente. En el caso de El circo al tratarse de un collage podría generar ese espacio cubista que hemos comentado, pero no uti- liza este recurso, ya que la línea de contorno se encuentra siempre por encima de los planos de papel recortado, anulando esta opción. La diferencia entre ambas obras la encontramos en su relación con la luz y el color. En dos vasos y libro el contorno crea una compleja alianza de objetos y muchas veces se define a través del color, según la máxima purista: la forma precede al color. En El circo no utiliza algunos de los recursos anteriores de forma contundente, seguramente por la impor- tancia que le confiere al color, que ya no es precedido de la forma, sino que funciona como la auténtica estructura del cuadro. Los planos de papel recortados y pintados de colores son independientes del contor- no. Además del color aparece la luz, en El circo podemos interpretar la luz como generadora de estructura, si interpretamos como tal los trozos de papel blanco situados en el suelo y en el lateral derecho, parcialmente pintado de rojo. En dos vasos y libro no existe esa luz. En ambos casos la destrucción formal construye espacialmente, pero mien- tras en dos vasos y libro se consigue fundamentalmente a través de la trasparencia y la alianza de objeto, en El circo se consigue básicamentemediante la luz y el color. Espacio y policromía arquitectónica Hasta aquí nos hemos referido a la pintura, que se realiza sobre una superficie plana. A partir de ahora vamos a aplicar los mecanismos uti- lizados por el purismo y el cubismo al espacio arquitectónico. Esta apli- cación es directa, no requiere conversión, ya que los recursos utilizados en la pintura cubista y purista son eminentemente espaciales, por lo que 169 en contra de los que pueda parecer, no hace falta ningún mecanismo de traslación dimensional. Leger, en sus reflexiones sobre el espacio y el color no se limitó al plano pictórico, sino que las amplió a la arquitectura. Recuperando, de esta forma la pintura mural para la creación de lo que denominó “un espacio nuevo” (Leger, 1975 [1965], p. 111). Alrededor de 1925 trabajó con Le Corbusier en grandes composiciones murales sin tema, a base de colores básicos (Leger, 1975 [1965], p. 35). Refiriéndose a estas pinturas murales explica: Fue entonces cuando hicimos intervenir los colores con sus propie- dades distintas, según la distancia del observador. Se puede hacer avanzar una pared (pared negra) o retroceder (pared azul pálido). Es posible de igual modo destruirla (pared amarilla). El rectángulo habi- table se convierte en el rectángulo elástico (Leger, 1975 [1965], p. 125). El color es una cualidad que modifica el espacio, entonces lo debemos utilizar como tal, si queremos que una habitación se amplíe la pintare- mos de azul pálido, si queremos que se reduzca la pintaremos de negro, etc. Por tanto, la fórmula destruir la forma para construir el espacio, no solo funciona en el plano, sino también en el espacio, de hecho en otro texto Leger denomina a este proceso, destrucción de la pared o el muro elástico (Leger, 1975 [1965], p. 36). y también: “rectángulo sin límite físico e impo- sible de medir” (Leger, 1975 [1965], p. 106). Realmente, sí que estamos hablando de un espacio nuevo, el ansiado espacio cubista, mediante el rec- tángulo elástico, o el muro elástico, o la destrucción de la pared, o el rectángulo sin límite físico. Mientras que la perspectiva cónica consigue que la super- ficie desaparezca y se transforme en el espacio que representa, Leger consigue la creación de un espacio infinito, mediante la destrucción de la pared, es decir, la destrucción de la superficie a través del color. En 1931 Le Corbusier escribió su Policromía arquitectónica,222 (Sancho, 1991, pp. 251-280), texto que desarrolla la misma línea iniciada por Leger: La monocromía permite la exacta evaluación de los volúmenes de un objeto; la policromía, destruye la forma pura del objeto, altera su 222 Texto que vio la luz con la tesis doctoral de Sancho Osinaga, donde se encuentra el original mecanografiado con notas manuscritas (Sancho, 1991, pp. 221-250). 170 volumen, se opone a una exacta evaluación de ese volumen, y por reci- procidad, permite no hacer apreciar de un volumen más que lo que se desea mostrar (Sancho, 1991, p. 267). Confirma, por tanto, que la destrucción del objeto se transforma en construcción espacial a través del color. El color puede actuar como modificador del espacio, para ensalzar o para camuflar. Explica, por ejemplo, cómo puede corregirse un espacio rectangular alargado y des- proporcionado a través del color (Sancho, 1991, p. 269). En obras de su etapa purista, como la vivienda la Roche-Jeanneret pro- yectada en 1923, podemos apreciar la utilización del color como destruc- tor del objeto y creador del espacio. Es lo que sucede por ejemplo, en el espacio singular de la rampa, donde el paramento pintado de azul pálido amplía el espacio de marcado carácter vertical, para que su proporción sea más regular. Este espacio modificado por la pintura mural es lo que Leger denominaba rectángulo elástico. Por su parte Le Corbusier, pos- teriormente lo denominará espacio indecible,223 que lo definirá de forma similar a Leger: “Entonces surge una profundidad sin límites, que borra los muros, ahuyenta las presencias contingentes: realiza el milagro del espacio indecible” (Le Corbusier, 1998 [1945], p. 47). Vamos a estudiar con detalle el lucernario Este de Romchamp du haut, donde llevará todavía más lejos esta concepción espacial. Los lucernarios de Ronchamp Volviendo a la capilla de Ronchamp du haut, ésta dispone de tres lucer- narios que al exterior se materializan en las torres; la mayor orientada hacia el Norte, y las otras dos, simétricas y prácticamente iguales, sepa- radas por la puerta Norte, están una orientada al Este, cuyo lucernario recoge la luz de la mañana, y otra orientada al Oeste, en cuyo lucernario incide la luz del ocaso. Sobre el origen de la forma de los lucernarios se ha especulado mucho, y podría hallarse en un dibujo de un cuaderno de 223 Artículo escrito en 1945 y publicado originalmente en 1946 en L’architecture d’aujourd’hui, número especial art. 171 sus viajes, en el que representa la Gruta del Serapeum en Villa adriano, un espacio abovedado que toma la luz con una especie de periscopio.224 El lucernario Norte no varía a lo largo del día, ya que la luz norte es uni- forme y se mantiene constante (fig. 6.7). Los otros dos, al contrario, sí que varían; el del Este cambia por la mañana en función del ángulo de incidencia de la luz del sol, mientras que por la tarde se mantiene cons- tante. Al lucernario Oeste le ocurre justo lo contrario que al anterior y varía por la tarde. El más interesante de los dos simétricos es el lucernario Este, pinta- do de rojo bermellón. Como hemos explicado al principio del capítulo Figura 6.7 Le Corbusier, 1955. notre dame du haut, Ronchamp. Lucernario Norte. Imagen realizada por el autor. 224 También se contempla la hipótesis de que el origen de estos lucernarios se encuentre en las chimeneas de ventilación de las Bodegas de ischia (Nápoles). 172 consideramos esta pintura, aplicada únicamente en la superficie curva del lucernario, como mural. El resto del lucernario al igual que la mayor parte de la iglesia se encuentra pintado de color blanco225 (fig. 6.8). No obstante, esta pared del lucernario sólo se percibiría como blanca cuan- Figura 6.10 Le Corbusier, 1955. notre dame du haut, Ronchamp. Lucernario Oeste. Imagen realizada por el autor. 225 Es necesario reseñar que el plano horizontal del techo para acceder al lucernario está pin- tado de un color ocre amarillento, que podemos considerar dentro de la gama constructiva, es decir para afianzar ese plano y enfatizar el acceso al lucernario. Figura 6.8 Le Corbusier, 1955. notre dame du haut, Ronchamp. Lucernario Este con luz artificial intensa. Imagen realizada por el autor. Figura 6.9 Le Corbusier, 1955. notre dame du haut, Ronchamp. Lucernario Este. Imagen realizada por el autor. 173 do está bañada por una luz artificial muy intensa. De lo contrario domi- na la luz natural que incide en la superficie bermellón, tiñendo todo el espacio del lucernario y consiguiendo que la pared blanca se aprecie como roja (fig. 6.9). Este lucernario teñido de rojo, no sólo se opone al ambiente de la capilla, sino que también se opone a su lucernario gemelo, el lucernario Oeste, pintado en blanco (fig. 6.10). ¿qué pretende Le Corbusier al pintar un lucernario de color rojo? Por un lado unificar los lucernarios en su desigualdad, y por otro lado dife- renciarlos en su igualdad, tal y como expresa la cita de la Policromía arquitectónica, a la que hemos hecho referencia antes. Es decir, generar ambigüedad a través del equilibrio de contrastes. ¿Pero cuál es el obje- tivo de generar ambigüedad? Los lucernarios no son exactamente iguales, ya que por la inclinación de la cubierta, el lucernario Oeste tiene más entrada de luz y por tanto más iluminación. Pero al pintarlos de diferente color, esa diferencia cuantita- tiva ya no se aprecia, ya que el rojo refleja menos la luz y entonces parece que toda la variación de la intensidad lumínica es debida al cambio de color. Además, comouno de los lucernarios está orientado al Este y el otro al Oeste, siempre habrá uno de ellos sobre el que el sol incida más directamente y estará más iluminado, por lo que es muy difícil comparar- los, excepto al mediodía cuando los dos reciben la misma cantidad de luz. Por otro lado, y a pesar de ser iguales en tamaño, el hecho de estar pin- tados de diferentes colores hace que los percibamos de maneras dife- rentes: el lucernario Este, con su mural rojo bermellón, que como hemos explicado antes corresponde a la gama dinámica, produce la sensación de un cambio continuo de plano. Mientras que el Oeste, al estar pinta- do en blanco, gama mayor, es un color esencialmente constructivo. Por tanto en el lucernario Este, mediante el color y la luz destruimos el objeto y creamos aparentemente espacio, entendido como el rectángulo elástico. Hasta este punto hemos aplicado los recursos utilizados por la pintura purista y cubista al espacio arquitectónico de forma directa, y no hemos comentado nada que no hayamos explicado antes en el ejemplo de la Roche-Jeanneret, salvo que al ser dos lucernarios prácticamente geme- los, el juego de contrastes de luz y color se puede evidenciar de forma 174 más clara. Pero la incidencia de la luz sobre el color en este lucernario nos va a llevar más lejos. El espacio puro En el lucernario Este, la mayor superficie del muro rojo bermellón respec- to al blanco y la propia incidencia de la luz, hacen que el rojo lo inunde todo. Entonces entendiendo el color rojo como destrucción de la forma, se consigue que el lucernario Este sea un espacio definido por el color, sin forma, ya que ésta ha sido destruida, y por tanto ya no tiene límites. gibson (1974, pp. 17-18) explica como un observador, en un espacio visual vacío, donde existe una fuente externa de luz difundida uniformemente, no sería capaz de enfocar, ya que no podría centrar la visión en nada. Verá luz o color pero si es color será un color de película.226 Más adelante explica: “El espacio que ve no es, indudablemente, bi-dimensional en el sentido de ser chato, pero tampoco es tri-dimensional en el sentido de ser profundo” (gibson, 1974, p. 18). Por tanto, por la incidencia de la luz y la fuerza y presencia del color en un espacio como el del lucernario, podemos entender que sucede lo que explica gibson, que el observador es incapaz de enfocar. El lucernario Este se comporta como un espacio de color de película, por un lado remite a la idea de superficie al tiempo que se trata de un espacio. Podemos entender el rojo como una pantalla (fig. 6.11) o como un volumen (fig. 6.12), generando la ambigüedad de no comprender el espacio ni como tridimensional, que sería lo lógico, ni como bidimensional. Por indefini- ción, fluctúa entre ambos, no puede ser catalogado, y todo gracias a la utilización del color y la luz. La destrucción de la forma a través de la luz y el color, no ha generado espacio,227 ha generado una dimensión ambigua, entre el plano y el espacio. 226 gibson (1974, p. 229) lo define como: “colores incorpóreos que flotan en un campo visual y no los colores de las superficies objetivas en un mundo visual.” 227 Como sucedía en la pintura purista y en la arquitectura de la Roche-Jeanneret. 175 Esta ambigüedad desaparece al contemplar el lucernario gemelo, ya que éste sí que tiene su espacio perfectamente definido por la forma. Entonces, solo a través de la contraposición entre ambos lucernarios, percibimos que en el lucernario Este nos encontramos ante el espacio puro, un espacio infinito, sin límites. Nos encontramos sencillamente en el espacio. Este espacio puro se distingue del rectángulo elástico, ya que en este último, el color modifica las formas, mientras que en el espacio puro la forma desaparece. Por tanto se encuentra más próximo a las definicio- nes sobre la destrucción del muro de Leger y por supuesto, a la definición sobre el espacio indecible de Le Corbusier. El espacio puro, objeto último de nuestro estudio, evoca el célebre espacio liso, de Deleuze y guattari (2012 [1980], p. 501), que lo definen como un espacio donde: el propio ojo tiene una función háptica y no óptica: ninguna línea sepa- ra la tierra y el cielo, que son de la misma sustancia, no existe horizonte, Figura 6.11 Le Corbusier, 1955. notre dame du haut, Ronchamp. Lucernario Este como límite. Imagen realizada por el autor. Figura 6.12 Le Corbusier, 1955. notre dame du haut, Ronchamp. Lucernario Este como límite habitado. Imagen realizada por el autor. 176 ni fondo, ni perspectiva, ni límite, ni contorno o forma, ni centro, no existe ninguna distancia intermediaria o toda distancia es intermedia- ria. Por ejemplo el espacio esquimal. Otro ejemplo de materialización de este espacio puro la podemos encon- trar en la instalación que realizó Doug Wheeler denominada SA MI DW SM 2 75.228 El lucernario Este de Ronchamp, entendido como espacio puro, al igual que la instalación de Wheeler, es un espacio sin límite, infinito, consi- gue que dudemos de nuestra percepción. La vista no nos proporciona información suficiente, y tenemos que recurrir a otros sentidos. El que más le ayuda es el del tacto: cuando palpamos la pared curva, nos damos cuenta de que estamos en un espacio cerrado, no ilimitado como pen- sábamos en un principio. Ante este espacio los visitantes reaccionan de manera diversa: por lo general se muestran cautelosos e inseguros, aunque solo sea por un instante, una vez anulada su confianza en el sentido de la vista, algunos son incapaces de percibir nada más; pero por el contrario hay otros que se sienten tranquilos, confían en el sentido de tacto, que es el que más le ayuda en esta situación. En el intervalo mientras se produce la transición sensorial, suele haber un momento de incertidumbre, y en ese momento de incertidumbre y de duda, como res- puesta nos refugiamos en nosotros mismos y lo que vemos es nuestro interior. Por tanto, nuestra experiencia en el espacio puro es una expe- riencia interior que trasladamos al exterior, es un lugar propio para la interiorización y la meditación. 228 El título de esta instalación viene del nombre de la galería donde se realizó por primera vez esta instalación, Salvatore Ala, la ciudad donde se realizó, Milán, el nombre del artista, el lugar del estudio y por último la fecha – es una instalación construida con un espacio abo- vedado iluminado mediante luz halógena ultravioleta y de cuarzo y con un sistema regulador de intensidad. En esta instalación existe una percepción interesante, tanto desde el exterior hacia el interior, como desde el interior hacia el interior. Desde el exterior la instalación tiene un elemento de transición de unos seis metros de ancho que la encuadra, y así la instalación se presenta ante el observador como un espacio blanco plano encuadrado en un marco oscuro. Si dentro de la instalación hay gente ésta aparenta estar flotando en un espacio infinito, sin ningún tipo de sombras, como si las personas hubieran sido filmadas con anterioridad y se estuviera proyectando la película sobre el espacio blanco. 177 178 7. EL ESPACIO SUBJETIVO A TRAVES DEL CAMPO VISUAL PINTADO: LOS MURALES DE MONET EN LA ORANGERIE 179 Este capítulo y el siguiente comparten una particularidad, y es que en ambos casos, la superficie mural pintada tuvo un origen previo a la arqui- tectura e independiente de ésta. Entonces las modificaciones espaciales en estos casos concretos, se refieren a la percepción del espacio generado por la superficie mural según el espacio arquitectónico en el que se ubican. En este capítulo veremos cómo Monet realizó su serie de Nenúfares y cuando le surgió la posibilidad de ubicarlos en un espacio determinado se tomó muchas molestias para que éste fuera el adecuado, adaptándolo de forma precisa a la idea de espacio que había imaginado previamente. Solo después eligió y ubicó los murales. El caso de Rothko, que se trata en el siguiente capítulo,es diferente, ya que los murales del Seagram se concibieron originalmente para un espacio concreto, de forma similar a como sucedía en los capítulos ante- riores. Finalmente renunció al proyecto y cuando tuvo la oportunidad de ubicarlos en otro espacio distinto, los adaptó conscientemente a este nuevo lugar. La importancia de la modificación del espacio arquitectónico a través de la superficie mural, en estos ejemplos, la podemos apreciar en el hecho de que tanto en Monet como en Rothko, la sensación que se produce en los cuadros individualmente, desde el punto de vista de la relación entre la superficie y el espacio que generan, es distinta de la que se produce cuando se encuentran formando un mural. Esto nos puede llevar a pen- sar, en un primer momento, que el proceso se produce de forma inversa, que es el espacio arquitectónico el que modifica el espacio generado por los murales, pero en seguida nos daremos cuenta de que no es así. Impresionismo Claude Monet (1840-1926) es una de las figuras más destacadas del impresionismo. De hecho, la denominación del movimiento tiene su origen en un cuadro suyo, el titulado impresión: Salida del sol,2 2 9 1872 229 Louis Leroy un periodista del charivari, después de ver ese cuadro, llamó, de forma despec- tiva, impresionistas a los participantes en el Primer Salón Independiente. 180 expuesto en el Primer Salón Independiente.230 Castagnary con motivo de esta exposición diría, según cita Stoichita (2005, p. 31): “Estos pintores son impresionistas en el sentido de que no pintan el paisaje, sino la sen- sación producida por ese paisaje”. Esta frase se convirtió en la primera definición de un grupo de artistas difíciles de etiquetar. Para Deleuze (2008 [1981], p. 195) el impresionismo es el colorismo en estado puro y la luz subordinada al color: “llevar a lo más alto la rela- ción entre los tonos vivos sin pasar por el tono oscuro”. Francastel (1983 [1974], p. 41) en referencia a los críticos observa que: “todos se limitan a identificar el impresionismo con la exaltación de la luz y el color”. Más adelante explica que el impresionismo no descubrió el color, ni la luz, ni la forma, ni el movimiento, únicamente los trasformó. Finalmente va más allá y opina que el impresionismo no es una corriente: “No hay una corriente impresionista y una corriente clásica de las que se pueda entrar y salir a voluntad; hay una serie de esfuerzos individuales de un cierto número de personalidades particularmente dotadas, intérpretes de fuen- tes de ideas que pasan” (Francastel, 1983 [1974], p. 213). Entonces si el impresionismo no es una corriente y si son tan difíciles de precisar sus integrantes,231 ¿qué es el impresionismo? Para Francastel (1983 [1974], p. 42) la pintura impresionista es sobre todo un “estado del alma”. Es una pintura en la que se introduce una componente nueva, que tiene su origen en el yo del artista, en su experiencia o incluso en su esta- 230 En 1863 el emperador Napoleón III ordenó que todas las obras desechadas del Salón Oficial de pintura se expusieran al público, fue el llamado Salón de los Rechazados, donde se expuso por ejemplo, el almuerzo campestre de Manet; la experiencia, que horrorizó al monarca, no se volvió a repetir. Pero algunos jóvenes pintores que no tenían opción de participar en los Salones Oficiales decidieron volcarse para mostrar al público su obra y lo consiguieron en 1874 en el Primer Salón Independiente. En la muestra, además de Monet participaron entre otros Degas, Cezanne, Renoir, Sisley y Pissarro y tuvo lugar en el estudio parisino del fotógrafo Nadar en el Boulevard des capucines. 231 Para Francastel (1983 [1974], pp. 115-116) sus máximos exponentes son Monet, Renoir, Cezan- ne y Degas. Esta opinión no coincide con Payro (1971 [1953], pp. 65-69) para quien los expo- nentes principales son Monet, Pisarro y Sisley, aunque en uno u otro momento pertenecieron al grupo Manet, Renoir, Cezanne, gaugin y Van gogh. Aurier. Según cuenta Shiff (2002 [1984] pp. 34-35) considera impresionistas a Manet, Degas, Cezanne, Monet, Sisley, Pisarro y Renoir. En definitiva, el grupo lo formarán unos integrantes u otros según atendamos a alguna de las características comunes que nos permitirían denominarlos grupo, como pueden ser la temática o la técnica. 181 do anímico; es decir, se incluye una componente subjetiva que se opone al realismo objetivo de la pintura anterior. El impresionismo se basa en impresiones de la naturaleza, que son fugaces, primarias. Éstas pueden ser representaciones de los fenómenos naturales o representaciones a través de la experiencia del propio artista. Shiff (2002 [1984], p. 46) esta- blece que este marco les proporciona “los medios teóricos necesarios para abordar la relación entre verdad universal y verdad particular”. El impresionismo representa el objeto, pero no de forma objetiva, sino a través del sujeto, es decir de forma subjetiva. Ésta es la gran aportación del impresionismo a la historia del arte y lo que lo define, la introduc- ción de un elemento subjetivo por parte del artista. Habría que valorar el grado de subjetividad, ya que se produce una paradoja y mientras que para algunos el impresionismo es objetivo, otros lo consideran subje- tivo. Esta paradoja es más evidente vista con el paso del tiempo. Según comenta Schapiro (1937, p. 155): “Mientras que las escuelas posteriores tildaron a los impresionistas de meros fotógrafos de la luz solar, los contemporáneos del impresionismo lo denostaron por su absoluta falta de realismo”.232 zola (1866, pp. 53-54) se expresa en la línea de los con- temporáneos sobre la subjetividad cuando dice: “Lo que busco ante todo en un cuadro es un hombre y no un cuadro”. Explicando a continuación que hay un elemento real y permanente, la naturaleza y otro individual y variable, el hombre que lo pinta, siendo la pintura la combinación de ambas. Baudelaire (1868, p. 399) va todavía más lejos cuando contesta a la pregunta que él mismo se hace: “¿qué es el arte puro según la con- cepción moderna? Es crear una magia sugestiva que contenga a la vez el objeto y el sujeto, el mundo exterior del artista y al artista mismo”. Por tanto el impresionismo sería el arte de lo moderno, introducir el mundo interior del artista en el arte supone el inicio del camino hacia la libertad. Desde este punto de vista muchos de los pintores citados anteriormente no tendrían cabida dentro del impresionismo.233 232 La explicación de este hecho se ha tratado en el capítulo sobre el románico, al tratar los conceptos de lenguaje analógico y digital: analogías producidas por elementos no semejantes, se han repetido tanto, que con el paso del tiempo han sido asumidas por la sociedad, convir- tiéndose en convenciones, de forma que se han transformado en lenguaje digital. 233 Edouard Manet (1832-1883), no podría ser considerado impresionista, no sería un pintor moderno sino clásico, aunque en su pintura se introducen elementos de modernidad que alla- narán el camino de las generaciones futuras. Estos se pueden apreciar en la forma de tratar 182 La poética en Claude Monet La relación entre el objeto y el sujeto confiere mucha importancia al modo de ver. Monet, según Perry (gage 2001 [1993], p. 209), decía que “desearía haber nacido ciego y haber recuperado la vista de repente para poder así empezar a pintar sin saber qué eran los objetos que tenía ante sus ojos”. Esta forma de ver,234 que en un primer momento puede parecer objetiva, no lo es, sería más bien idealista y sirve para introducir la poética en la obra de Monet. Son repetidas las alusiones a la poesía que evoca su obra en los textos de su amigo, el escritor gustave goffroy, por ejemplo cuando haciendo referencia a la serie de los Nenúfares (goffroy, 1991, p. 14) expresaba su temor de “que este poema quedase fragmentado”. En una carta de Monet a su amigo del 7 de junio de 1912 (Monet, 2010, p. 322), le niega que sea un “gran poeta” y a continuacióndice: “Lo único que sé es que hago lo que puedo para plasmar lo que experimento frente a la naturaleza y a menudo, para llegar a conseguirlo, me olvido totalmente de las reglas más elementales de la pintura, si es que existen”. Esta contestación refleja la visión panteísta del artista, frecuentemente reseñada por sus amigos. goffroy (1991, p. 15) dice que su adoración por el Universo “desemboca en una contemplación panteísta y búdica”. Mirbeau (2011, p. 23) se encuentra en la misma línea cuando comenta: “Los paisajes de Claude Monet son, por decirlo así, la iluminación de los estados de conciencia del planeta y las formas suprasensibles de nuestros pensamientos”. En el fondo, todas estas visiones muestran la estrecha relación de la obra de Monet con el simbolismo. Taine fue uno de los máximos la superficie pintada. Por ejemplo en musica en las tullerias, 1862 la firma se sitúa tras el aro que se encuentra apoyado en la silla, en la esquina inferior derecha del cuadro, cuando en aquella época la firma era el elemento distintivo de que el cuadro estaba terminado. Al situarla así, según Stoichita (2005, p. 69) la está incluyendo en la imagen y no sobre ella, que sería lo habitual, introduciendo de este modo un carácter subjetivo ya que su firma, es decir, el propio Manet, se encontraría dentro del objeto. 234 Es influencia directa de Ruskin que en aquellos años había publicado su obra técnicas de dibujo, donde hablaba de la “inocencia de la mirada” (Ruskin 2012, p. 29) y explica que hay que mirar las cosas: “sin tener consciencia de lo que significan; tal como las vería un ciego si de pronto pudiese ver”. 183 inspiradores simbolistas235 e influyó sobre Monet.236 Las relaciones entre los simbolistas y los impresionistas no eran buenas, con abundantes críticas entre unos y otros, de las que Monet siempre quedó a salvo, una buena prueba del reconocimiento y la afinidad que el movimiento sim- bolista le profesaba. Como explica Shiff (2002 [1984], p. 88), los impre- sionistas aunque no compartían los objetivos de los simbolistas, acaban alcanzando las metas que éstos se marcan. goffroy (1991, p. 14) también refleja este espíritu simbolista, refiriéndose a su amigo: Cuando un hombre tiene el don de ver, comprender y reproducir en resú- menes mágicos el paso de la luz sobre el mundo, puede vivir solo porque no está solo: está rodeado de todas las hadas de los manantiales, de los ríos, los campos y los bosques, las hadas del mar y de las estaciones. Es digno de reseñar, el firme anticlericalismo de Monet, a pesar de lo que evoca su obra y lo que intenta conseguir, introducir el mundo interior del artista. Pero a pesar de su anticlericalismo, poseía un sentido religio- so. Como indica Besacon (2003 [1994], p. 339) “la posible religiosidad de Monet no era en absoluto cristiana. Su éxtasis naturalista se relaciona espontáneamente con las místicas panteístas orientales.” Francastel (1983 [1974], p. 161) va más lejos y no habla de posible religiosidad, expresa que “los últimos Nenúfares revisten una especie de carácter religioso” ¿Cómo logra este carácter religioso a pesar de su desprecio a la religión institu- cional? Para descubrirlo, es necesario estudiar la planitud de su obra y la búsqueda del instante como características fundamentales de ésta. La planitud en la obra de Monet En los paisajes de Claude Monet se aprecia una falta de profundidad, que hace a Hoog (1986, p. 85) hablar de “profundidad suspendida y planos mezclados”.237 Críticos de arte como greenberg (1959, p. 56) en esta misma 235 Expresó ideas como que los sueños son reales (Taine, p. 29), una opinión de indudable carácter simbolista. 236 Como indican Francastel (1983 [1974], p. 177) y gage (2001 [1993], p. 209). 237 Estas expresiones son similares a las utilizadas en el capítulo anterior por greenberg 184 línea afirman que “Hacia el final de su vida, Monet empezó a desarro- llar sus cuadros totalmente en primer plano”. En un primer momento esta falta de profundidad se atribuye a una incorrección o a un desco- nocimiento de la técnica, ya que la pintura desde el renacimiento había tratado de representar en las dos dimensiones del soporte, la realidad tridimensional, generando el espacio a través de la perspectiva y otros mecanismos como la superposición de planos. Pero en Monet, esta falta de profundidad es consciente y buscada, con el objetivo de alcanzar la planitud, se basa en una técnica minuciosa. Anteriormente hemos comentado que el impresionismo no inventa nada nuevo, y en concreto, esta forma de trabajar buscando la reducción del espacio en el cuadro tiene un claro precedente en la figura de Camille Corot238 (1796-1875). y Rosenblum para referirse al cubismo, con la diferencia de que Monet se anticipa 25 años a este movimiento. 23 8 En las obras de sus últimos años, podemos observar que a través del color consigue reducir el espacio, como en El parque de los leones en Port marly (fig. 7.2), realizada en 1872; aunque la composición y el encuadre son totalmente clásicos, el color claro intenso tras los árboles consigue que el espacio entre ellos se reduzca en vez de ampliarse, destaca como en todos los supuestos planos que indicarían la profundidad aparece el color claro intenso (en el traje del jinete y la dama, en el abedul, en las vacas y en el fondo), de forma que éstos son difíciles de diferenciar, reduciendo la distancia entre ellos y por lo tanto, el Figura 7.1 Claude Monet, 1882. caseta de los aduaneros. Newark, Newark Museum. 185 espacio del cuadro. Sus obras anteriores no tienen este objetivo, como la cervara, campo romano, 1830-31 donde se puede comprobar que el pintor trabaja el espacio del paisaje de forma clásica. Un primer plano en sombra, un segundo iluminado, un tercero en sombra y el fondo iluminado, es decir una sucesión de cuatro planos donde se van alternando la sombra y la luz para evidenciar la separación entre los planos; es la utilización de la sombra en el primer plano lo que produce una sensación de mayor profundidad. 239 Este tipo de composiciones parecen inspirarse en las estampas japonesas, conocidas por Monet y que no se sometían a la composición y el encuadre clásicos. Vamos a describir la técnica que utiliza para conseguir la ausencia de profundidad y la indiferenciación espacial en sus paisajes. Por lo general son realizados al aire libre y con una pincelada que parece un esbozo, aunque haya sido cuidadosamente pensada y meditada. Así sucede en caseta de los aduaneros (fig. 7.1), realizado en 1882: El primer punto sería la perspectiva, ya que no se utiliza con criterios constructivos de generar un espacio o un volumen. En esta obra la pers- pectiva tan sólo aparece en la caseta y resulta difícil de identificar. La composición, o mejor dicho el encuadre sería el segundo factor para conseguir la ausencia de profundidad. En esta obra no existe un primer plano, todo se sitúa en un plano intermedio y el fondo es el vacío. El punto de vista desde arriba, mirando hacia abajo239 también lo favorece. Figura 7.2 Camille Corot, 1872. El parque de los leones en Portmarly. Madrid. Museo Thyssen-Bornemisza. 186 La ausencia de contorno, generalizada en toda la obra, contribuye a la desaparición de la figura y sería el tercer factor. El cuarto motivo es el tratamiento de la luz, podemos distinguir por un lado la luz local y por otro la general. La luz local es utilizada de tal forma que prácticamente toda la figura se encuentra iluminada y sólo aparecen sombras muy precisas para evitar la desaparición total de la figura. Por ejemplo, en la caseta aparecen sombras en las jambas de las ventanas, bajo los aleros y en una de las caras de las chimeneas. Además la propia caseta arroja una pequeña sombra en la zona orientada al mar. Estas sombras no soportan un examen detenido, ya que no son reales, por ejemplo, la cara en sombra de las chimeneas es la contraria de la que arroja la sombra de la caseta. Porotro lado, la luz general del cuadro es uniforme, con lo que no existen jerarquías dentro del cuadro y no se priman unas zonas frente a otras. Asociado a la luz, y muchas veces inseparable de ésta, encontramos el último motivo y más característico de la obra de Monet: el manejo del color. La utilización de colores puros y luminosos en todas las partes del cuadro, consigue que desaparezcan los contrastes de valor.24 0 La técnica del color, que como decimos, es inseparable de la luz, merece ser estudiada con mayor detalle. El color en Monet A lo largo del siglo XIX se suceden los estudios sobre la interacción del color.241 Aunque ignoramos el grado de conocimiento que tenían los pintores impresionistas de estos textos, sabemos que pintores como Seurat sí que los conocían.242 240 greenberg, (1948, p 178) aprecia en esta tendencia el origen de la pintura all over “que se basa en una superficie estructurada a base de elementos idénticos o muy parecidos que se repiten sin variación apreciable desde un extremo al otro. Es una clase de cuadro que aparentemente renuncia a tener un comienzo, una mitad y un final”. 241 Como la teoría de los colores de goethe (1749-1832), el manual de óptica fisiológica de Helmholtz (1821-1894), la ley del contraste Simultáneo de los colores de Michel Eugène Chevreul (1789- 1889) y las obras de Odgen Nicholas Rood (1831-1902). 242 Según expresa gage (2001[1993], p. 175). 187 243 Observa goethe (1992, p. 188): “A la menor alteración de los componentes de los cuer- pos ya por mezcla con otros o por otros factores, se origina o se modifica el color en los cuerpos”. 244 “Si durante todo el día, dado el tono amarillento de la nieve, había sido dable observar for- mas violáceas, ahora éstas se presentaban de un color azul intenso conforme las superficies iluminadas reflejaban un amarillo saturado. Cuando el Sol estaba próximo a ponerse y sus rayos, sumamente atenuados por los vahos, más espesos, teñían los ámbitos del más glorioso púrpura, el color de las sombras se trasformó en un verde que se parecía al verde del mar por lo diáfano y a la esmeralda por lo hermoso” (goethe, 1992, pp. 83-84). 245 El color complementario de un primario es el secundario en el que no participa de la mezcla el primario. Los colores primarios pigmentales son el cian, el amarillo y el magenta. Sus com- plementarios respectivos son: el rojo (mezcla de magenta y amarillo), el azul violáceo (cian y magenta) y el verde (amarillo y cian). La teoría de los colores de goethe explica que los colores deben ser apre- hendidos de manera global y no analítica y a través de la percepción por sus continuas modificaciones.243 Narra a través de una visión de la natura- leza los efectos efímeros de los colores.244 En la narración destaca como la sombra es del color complementario245 al color de la luz que la produce. En los almiares en Giverny, puesta de sol (fig. 7.3), de 1888, podemos apre- ciar el uso de este fenómeno, en este caso, las sombras tienen un color azulado claro, color complementario del anaranjado de la luz del sol. Figura 7.3 Claude Monet, 1888. los almiares en Giverny, puesta de sol. Saitama. The Museum of Modern Art. 188 Chevreul formuló otra aplicación importante para el impresionismo; observó que las grandes manchas de color, colores inductores, que rodean una masa inferior de color, colores inducidos, tiñen de su color complementario a los inducidos.246 Lo podemos apreciar también en el fondo de los almiares en Giverny, puesta de sol (fig. 7.3), la gran mancha de color azulado, que funciona como color inductor, se encuentra rodeada por un halo anaranjado, color complementario del inductor, que tiñe en la parte superior el cielo ama- rillo muy claro, color inducido; mientras que por abajo tiñe el verde, tam- bién color inducido. Este ejemplo no es casual y Monet deja constancia de este fenómeno por escrito el 2 de febrero de 1984, cuando escribe a Duret desde Bordighera, en la Costa Azul (Monet, 2010, p. 41): “Por lo que respecta al azul y al rosa hay mucho aquí”. La abundancia del azul es evidente, no así el rosa. Esta afirmación de Monet respecto al rosa se jus- tificaría por la destacada presencia del verde de la vegetación en la zona, que actuaría como inductor y cuyo color complementario es el magenta. Un caso particular de este fenómeno se produce cuando el color indu- cido y el inductor son complementarios, por un lado aumenta la lumino- sidad, lo que se denomina el reforzamiento continuo de los complemen- tarios,247 pero por otro, el contorno que los separa se difumina. georges Seurat estudió este fenómeno y ayudado de la mezcla óptica desarrolló un tipo de pintura que pudo influenciar en algún momento en la evolu- ción cromática de la obra de Monet.248 246 Como expresa Chevreul (2010 [1830]): “Las figuras (…) están destinadas a familiarizar al lector con el efecto que tiende a producir en nosotros el rojo, verde, naranja, azul, verde ama- rillento, violeta, índigo y naranja amarillento, cuando aparece su color complementario en la superficie que lo rodea, el cual se debilita gradualmente desde los límites del primer color” (Traducción del autor). 247 Un ejemplo del reforzamiento continuo de los complementarios, puede ayudar a entender este hecho: Si tenemos un magenta y un verde, observando el magenta, debido a la saturación de los receptores retínicos, a nivel fisiológico se produce un verde, que se agrega a su vez al verde existente, potenciándolo. La observación de este verde produce el reforzamiento consi- guiente del magenta y así indefinidamente, con lo cual estos colores se potencian y aumentan su luminosidad entre sí. 248 La obra más importante de Seurat es tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte (1884- 1886) (fig. 7.4) en la que, como recoge gage (2001[1993], p. 177), deseaba crear intensos contras- tes tonales y aumentar la luminosidad. Pero esto es incompatible, porque si se utiliza la mezcla óptica con colores complementarios se consigue, efectivamente, aumentar la luminosidad pero 189 a cambio se disminuye el contraste de los contornos, que se vuelven menos precisos, por la ley de Chevreul. Para solucionar este problema, Seurat redujo el tamaño de los puntos en los con- tornos de forma que se facilitara su fusión, pero lo que consiguió es que las mezclas de color se produjeran a distintas distancias, con lo que la confusión entre las formas aún resultaba mayor. Es decir, la pintura pierde su estructura y su forma al mismo tiempo. En el brazo del marinero que aparece en primer plano podemos apreciar de qué modo los puntos se intensifican y se vuelven más pequeños, para intentar definir los contornos y las figuras. La única forma en la que pudo definir las figuras fue mediante los contrastes lumínicos. En sus primeros años, Monet había utilizado contrastes fuertes a tra- vés de colores complementarios y contraste tonales, pero a partir de 1880 tendía al equilibrio, como expresa greenberg (1959, p. 55): “A veces, Monet pintaba como si su tarea fundamental fuera resolverlo todo en declaraciones de equilibrio”. Monet y otros impresionistas como Pisa- rro, para evitar esos contrastes combinaban mezclas más luminosas de colores complementarios con mezclas de colores análogos. El resultado es esa homogeneidad, que remite al plano. Vamos a estudiar el lienzo almiar, puesta de sol, 1891 (fig. 7.5). En este cuadro no se aprecian contrastes cromáticos bruscos, ni tampoco lumí- nicos, por lo que podemos observar lo referido en la carta a goffroy del 7 de octubre de 1890: “la misma luz propagada por todas las partes” (Monet, 2010, p. 172). Figura 7.4 georges Seurat, 1884-1886. tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte. Chicago. The Art Institute of Chicago. Figura 7.5 Claude Monet, 1891. almiar, puesta de sol. Boston. Museum of Fine Arts. 190 El cuadro aparece con un tono general magenta claro, debido a la luz del atardecer que consigue mitigar los contrastes; el rosa se muestracomo un velo de color que reduce la profundidad del paisaje. De forma general, vemos en todo el lienzo pinceladas entremezcladas, una yuxtaposición de tonos cromáticos para conseguir la mezcla óptica. Éstas se combinan sin orden aparente, como sucede en la sombra arrojada del almiar, donde se mezclan el amarillo, el azul violáceo, el verde y el magenta claro. Es decir, dos pares de colores complementarios que por un lado dan lumi- nosidad y por otro, consiguen un efecto unificado, al repetirse estos colores por casi todo el cuadro. Además, el magenta y el violáceo son colores análogos, por lo que también matizan los contrastes, creando así en el cuadro un ambiente personal, subjetivo, que trasmite la sensación de escasa profundidad. Por tanto, este cuadro realizado sobre un soporte bidimensional, que representa un espacio tridimensional, no tiende a que desaparezca la superficie para generar la habitual sensación de profundidad, sino todo lo contrario, la enfatiza. De la misma manera que sucedía con la ausencia de profundidad, que no fue una creación impresionista, en este caso sucede lo mismo, el impresionismo no inventó el divisionismo cromático o la utilización de los colores complementarios.249 249 En las últimas obras de goya podemos encontrar la yuxtaposición cromática en obras como la lechera de Burdeos, 1827. En la mantilla que lleva la lechera sobre los hombros, la aplicación de color se realiza por yuxtaposición de colores puros y superposición de capas, prefigurando la por entonces desconocida mezcla óptica. Meyer habla de este cuadro, según cita Camón (1982, p. 221), como de “técnica vibrante de pequeñas pinceladas”. Según comenta en la descripción de este cuadro Camón (1982, p. 221), para materializar el color goya mezcla el óleo con almi- dón y arenilla. También expresa que este cuadro supera al Manet impresionista en “frescura de pincelada” y “fragancia de color”. Los impresionistas también admiran a Delacroix, sobre todo porque lo consideran uno de sus antecesores en la mezcla óptica. Deleuze (2008 [1981], p. 241) dice que él crea el procedimiento del plumeado, consistente en colocar sobre una superficie plana de color, por ejemplo los tonos terrosos de la piel, tonos verdes y tonos rosas yuxtapuestos, y siendo estos tonos com- plementarios, lo que se consigue es un aumento de la luminosidad. Delacroix es muy sensible a la utilización de los tonos complementarios, sobre todo en la representación de la carne, lo podemos ver en fragmentos de sus diarios. Así escribe el 1 de enero de 1861 (Solana, 1998 [1987], p. 128): “Sobre figuras rojizas y moradas del Ayuntamiento pruebo brillos de amarillo de nápoles. Aunque esté contra la ley que exige los brillos fríos, al ponerlos amarillos sobre tonos de carne morados hace que se produzca el efecto.- en la Kermesse, etc.”. 191 La búsqueda del instante Monet confiesa en una carta a goffroy del 7 de octubre de 1890, que “hay que trabajar mucho para llegar a reproducir lo que busco: “la instanta- neidad” (Monet, 2010, p. 172). El Duque de Treviso atribuye a Monet una explicación poética sobre el origen de sus series250 que Seiberling recupera,251 calificándola de narra- ción mítica.252 Esta forma de trabajar y su deseo de reflejar el paisaje y sus cambios, le llevó a la realización de las series a partir de la década de 1880, como forma de buscar el instante. En 1891 Monet realizó su primera exposición sobre las series y expuso los almiares, al año siguiente los Álamos. En 1895 presentó su trabajo sobre la catedral de Rouen. La exposición sobre El támesis tuvo lugar en 1904, y la de Venecia en 1912. Por último sus trabajos sobre los nenú- fares, a los que dedicó más de la cuarta parte de su vida, los mostró en 1900, 1909 y 1921.253 La envergadura de estas series es considerable, basta referirse a los más de treinta lienzos que realizó Monet sobre la catedral de Rouan y los más de cien sobre El támesis.254 En este proceso reflexivo de las series, Monet consigue que el modelo, el objeto, no sea más que el punto de partida para reflejar y expresar las variaciones del sujeto. Por tanto, las series tienen una componente más subjetiva que las obras anteriores. Esta idea la confirma Monet en una carta, que algunas veces se malinterpreta, enviada el 12 de febrero de 1905 a su marchante Durand-Ruel: “Pero eso no significa gran cosa, y 250 Este afán por las series llegó tan lejos que en la correspondencia de Monet del 2 de febrero de 1884 podemos leer: “ahora estoy simultaneando catorce telas” (Monet, 2010, p. 40). 251 “Cuando empecé, yo era como los demás. Creía que bastaba con dos lienzos uno para el “tiempo gris” y otro para el “soleado”. En aquella época estaba pintando unos almiares que me habían llamado la atención y que formaban un magnifico grupo, a dos pasos de aquí; un día me encuentro con que la iluminación había cambiado. Le digo a mi nuera: “Acércate a casa, por favor, y tráeme otro lienzo”. Me lo trae pero al poco tiempo vuelve a ser diferente; ¿otro?, ¡otro más! y no empecé a trabajar en ninguno hasta que conseguí el efecto que deseaba. Eso es todo” (Seiberling, 1986, p. 89). 252 Aunque autores como William C. Seitz también se refieren a esta narración. 253 Como enumera Seiberling (1986, pp. 89-90). 254 Según Seitz (1969 [1960], pp. 30-31). 192 que mis Catedrales y mis Londres y otros cuadros estén hechos del natu- ral o no, no le importa a nadie y no tiene ninguna importancia” (Monet, 2010, p. 289). Este texto donde reconocía que completaba las obras en el taller y donde por tanto, reconoce que el modelo solo era una referencia inicial, abre la puerta a la modernidad. Será uno de los motivos de la influencia de Monet en las nuevas generaciones de artistas, especial- mente en los integrantes del expresionismo abstracto americano.255 En opinión de Seitz (1969 [1960], p. 34), lo que Monet busca en estas obras es eternizar el instante, y lo que le interesa representar es el constante cambio al que se encuentra sometida la naturaleza. La forma de llevarlo a cabo es a través de lo perecedero de nuestra mirada, nuestra subjetivi- dad, que obliga a captar ese instante después de un continuado proceso de observación, y transforma el instante efímero del modelo en eterno. Se da la paradoja de que para plasmar lo efímero, la realización de una obra le puede llevar años, es decir, el proceso no es como podría pare- cer en un principio, inmediato, casi instantáneo, sino que al contrario, 255 Estos artistas, además de su admiración por el tratamiento de la superficie pictórica y la búsqueda de la planeidad, admiraban la obra de Monet por la eliminación de la narración en el hecho pictórico, mediante la abolición del objeto: La eliminación de la narración en el hecho pictórico se puede interpretar como la desaparición del objeto. Cuando el objeto desaparece, bien por la repetición en las series o por ser única- mente el punto de partida, se pierde el carácter narrativo de la obra, ya que aunque aparezcan figuras, éstas no cuentan nada. Según Deleuze (2008 [1981], p. 65) la ausencia de la narración es el hecho pictórico fundamental: “Un cuadro no tiene nada que figurar ni nada que contar. Es la base. Si quieren contar algo, es preciso adoptar otras disciplinas, disciplinas narrativas”. Monet al abolir el objeto por la ausencia de la narración, da un paso más en el hecho pictórico. También contribuye a la desaparición del objeto la utilización de las texturas. En las series conviven zonas con capas de pintura muy densas de texturas rugosas y ásperas con otras capas ligeras que dan sensación de trasparencia, y en un primer momento puede parecer que las densas se refieren a materiales como la paja de los almiares o las hojas de los álamos, mientras que las ligeras corresponderían a las brumas de Londres, pero no siempre es así. Las texturas rugosas aparecen donde hay superposición de capas de distintos colores debido a modificaciones o al repintado de distintaszonas. Por ejemplo en almiar, puesta de sol, 1891 (fig. 7.5) se pueden apreciar texturas rugosas en casi todo el cielo. Esta distinción y la falta de relación entre la textura real del elemento representado y la textura de la pintura, lo podemos entender como ausencia de la narración. greenberg (1957, p. 57) dice: “Las anchas pinceladas de Monet y sus garabatos les decían, además, que la pintura en lienzo había de ser capaz de respirar, y que cuando respiraba, exhalaba, en primer lugar y ante todo color, color en campos y zonas más que en formas”. Es decir, los garabatos, la textura de lo pintado no se transforma en formas, eliminando la narración del hecho pictórico. 193 se trata de una tarea laboriosa, lenta, fruto de la reflexión y la madurez. Monet entendió que la sensación de la percepción instantánea, produ- ce sobre lo contemplado el efecto contrario, parece el resultado de un tiempo congelado. Pero realmente, ¿cómo lo consigue? El mundo visual y el campo visual en Monet Para poder entender las series de Monet y su instantaneidad, debe- mos cambiar totalmente de registro y comenzar a estudiar la percep- ción visual. gibson habla de “dos modos de ver” y distingue entre el mundo visual y el campo visual.256 Define el mundo visual como una escena corriente de la vida cotidiana (gibson 1974 [1950], p. 47): “Si mira por la ventana, más allá se extiende un contorno de terreno y edificios o, si tiene suerte un escenario”. El campo visual requiere un esfuerzo por parte del observador (gibson 1974 [1950], pp. 47-48): “tiene que fijar sus ojos en un punto prominente y luego no prestar atención a ese punto”. Así verá la escena (gibson 1974 [1950], p. 47): “como si constara de superfi- cies o fragmentos de superficie coloreada”. La mejor forma de explicar- los es mediante lo que los diferencia.257 256 El capítulo titulado “El campo visual y el mundo visual” (gibson 1974 [1950], p. 47-68) lo dedica a estudiarlos. 257 El campo visual tiene límites mientras que el mundo visual es ilimitado. El campo visual es plano, bidimensional, aunque no totalmente, mientras que el mundo visual se nos muestra como un escenario y por tanto tridimensional. Por tanto el campo visual cambia la forma de los objetos, ya que ésta es proyectada. Mientras que en el mundo visual no sucede eso, ya que nos muestra la forma en tres dimensiones, la forma en profundidad. El campo visual es nítido en el centro, pero más vago y menos detallado hacia sus límites, posee un gradiente de claridad del centro hacia los extremos. El mundo visual al percibirlo mediante ojeadas es siempre igual de nítido en todos sus puntos. El campo visual se desplaza cada vez que se mueven los ojos, es decir se mueve, y genera sensación de movimiento, mientras que el mundo visual es estable. El campo visual también se deforma cada vez que se mueve la cabeza y por supuesto esto no sucede en el mundo visual. Por tanto, el campo visual se relaciona con el movimiento. Respecto a la percepción de los fondos, en el campo visual la superficie de un objeto puede verse reducida por otra superficie que está enfrente, es decir una superficie tapa o eclipsa a otra. En el mundo visual no sucede así, un objeto se encuentra frente a otro. El campo visual se entiende como interior, aunque no carece de cierta exterioridad, mientras que el mundo visual se entiende como exterior. Por tanto, el campo visual se siente y el mundo visual se percibe. 194 Vamos a estudiar la hipótesis siguiente: Las obras de Monet, especial- mente las comprendidas en las décadas de 1880 y 1890, se nos mani- fiestan como representaciones del campo visual más que del mundo visual. Esta idea la explica Hall (2011 [1966], pp. 109-111) respecto de un autorretrato de Rembrandt,258 supone que en vez de pintar una escena como un espacio ilusorio, que representaría el espacio visual, esta es pintada de forma bidimensional como si fuera el campo visual del pintor. Solo en unas condiciones muy concretas de observación por parte del espectador, es decir, cuando coincide el campo visual del artista con el del observador, el cuadro adquiere un realismo increíble y se asemeja al mundo visual. Pero es una impresión puntual, ya que realmente no es una representación del mundo visual, sino del campo visual, porque como dice Hall (2011 [1966], p. 110): “Los detalles que parecen muy marcados y fuertes se esfuman cuando el observador se acerca demasiado”. Según él, este modo nuevo de ver el espacio lo consideramos “tranquilizado- ramente familiar” (Hall 2011 [1966], p. 109). La mayoría de las obras de Monet se refieren a paisajes. Estos los pode- mos apreciar como el autorretrato de Rembrandt, se nos manifiestan como representaciones del campo visual y no del mundo visual. Antes de desarrollar este tema es preciso recordar que todo cuadro, por definición es limitado y plano si nos referimos a su soporte, como sucede en el campo visual. Pero en la pintura clásica de caballete se pretendían vencer esas barreras, se intentaba que los cuadros tuvieran profundidad y se aspiraba a que el cuadro fuese ilimitado como en el mundo visual. Como hemos visto, Monet intenta romper esa tradición: 259 mediante el encuadre evita que el cuadro se considere ilimitado, y a través del uso del color y la luz mantiene la planitud. Por tanto, podemos considerar que sus cuadros tienen límite y son bidimensionales. Es decir, las dos primeras características del campo visual. 258 Cuando el ojo del observador es atraído por uno de los ojos del autorretrato, se produce el siguiente efecto: “El tratamiento del ojo en relación con el resto del rostro era tal que toda la cabeza se percibía tridimensional y se animaba viéndola a la debida distancia. En un fogonazo percibí que Rembrandt había distinguido entre visión foveal, macular y periférica. Había pintado un campo visual estático en lugar del mundo visual que representaban sus contemporáneos” (Hall 2011 [1966], p. 110). 259 En palabras de greenberg (1948, p. 178) “amenaza la pintura de caballete”. 195 La nitidez del campo visual que se va difuminando desde el centro hacia los extremos, la podemos apreciar en obras donde deja los extremos del lienzo sin pintar, como en la casa entre las rosas, 1925, donde solo pinta lo que abarca el ángulo visual. Respecto al movimiento y la deformación, en la obra de Monet lo pode- mos observar en la elección de los temas y en su búsqueda del instante, en sus series. La volatilidad de los paisajes londinenses, con los infinitos efectos atmosféricos donde todo fluctúa, representa el movimiento del campo visual. En los cuadros de Monet también sucede como en el campo visual, que las superficies eclipsan a otras superficies de tal forma que éstas llegan a parecer manchas de color informes situadas en un único plano. La interioridad y la cierta exterioridad del campo visual la interpretamos como la relación sujeto y objeto de la que hemos hablado anteriormente. El campo visual es interior, de la misma manera que la obra de Monet es subjetiva. Esta forma de pintar como campo visual consigue que la obra a pesar de su subjetividad nos resulte familiar y cercana, tranquilizadoramente fami- liar, como decía Hall. Lo podemos observar en El deshielo de Ventheuil, 1880 (fig. 7.6): Figura 7.6 Claude Monet, 1880. El deshielo de Vétheuil. Madrid. Museo Thyssen-Bornemisza. 196 Si el cuadro se contempla de tal forma que la mirada se centra en un punto pintado aparentemente con nitidez, como por ejemplo, en la tex- tura de la zona embarrada, el cuadro se presenta, durante la contempla- ción, por un instante, como mundo visual con un realismo desconocido, pero de una forma aparente, ya que realmente no es una representación del mundo visual, sino del campo visual. La superficie embarrada, si nos fijamos detenidamente, en realidad, no es más que una superposición de capas densas de color, totalmente informes. Este instante en el que se percibe el campo visual como mundo visual,un fogonazo, como dice Hall, es el que da a la obra su carácter efímero. Así es como logra Monet la ansiada instantaneidad, consiguiendo que las obras se nos manifiesten como representaciones del campo visual y no del mundo visual. Pero este fogonazo tiene otras implicaciones, que las veremos al profun- dizar en la relación entre el campo visual y el mundo visual en su último gran proyecto, los Nenúfares de la orangerie. Las series de Nenúfares en la Orangerie Después de la muerte de Monet sus cuadros sobre los Nenúfares fue- ron considerados obras menores o material sobrante de las series para la orangerie y no tuvieron mucha aceptación por parte de la crítica,2 6 0 pero a partir de los años 50 pasaron a considerarse la culminación de su carrera.261 En 1883 Monet y su familia se trasladan a vivir a una finca que alquilan en giverny; con el tiempo la comprarán y la irán ampliando. En 1893 cons- truye un estanque con plantas acuáticas.262 Desde ese momento hasta su muerte, ésta sería su gran fuente de inspiración, su principal unión con la naturaleza, y a partir de 1907 prácticamente la única. 260 Como señala Leja (1998, p. 48): “su heredero, su hijo Michel, dejó que se quedaran en el estudio de giverny durante casi treinta años”. 261 Críticos como greenberg, Schapiro, Seitz o Steinberg han contribuido en gran medida a esta situación. 262 Según el acuse de recibo enviado a la prefectura el 28 de julio de 1893. (Monet, 2010, p. 191). 197 A través de su correspondencia podemos entender la importancia y seguir la evolución de la Gran decoración, denominación que usaba Monet2 6 3 para el proyecto de una serie de grandes paneles sobre los Nenúfares, que se colocarían en un espacio previamente definido y acondicionado para tal fin.264 De las últimas cartas se desprende un concepto fundamental: Monet a pesar de ser pintor, tenía muy claro cómo quería que fuese ese espacio o esos espacios. Debían ser ovales, con techo de cristal y de un tamaño determinado que no desnaturalizase lo que quería hacer. Se conservan varios planos con la distribución y la colocación de su obra.2 6 5 El pri- mero es de junio de 1921, y todavía no aparecen definidos los óvalos. Posteriormente entre el 14 de enero de 1922 y el 7 de marzo se realizan tres nuevas versiones, ya con los óvalos, que prefiguran la distribución definitiva (fig. 7.7). En la distribución final los dos óvalos no son exac- tamente iguales, el primero tiene una longitud de unos 21 metros y una anchura de 12,50 metros y el segundo, con la misma anchura, tiene una 263 En una carta fechada el 15 de enero de 1915, explica a Koechlin: “De manera que continúo con mi idea de la gran Decoración. Es una cosa monumental que he emprendido, sobre todo a mi edad, pero no pierdo la esperanza de terminar si conservo la salud” (Monet, 2010, p. 333). 264 Cuando Monet tenía 69 años en una carta escrita el 1 de junio de 1909 a A. R. Marx (Monet, 2010, p. 306) habla del proyecto que algún día realizará de “una decoración con esos mismos Nenúfares”. A partir de esta fecha es frecuente en sus epístolas las referencias a estos paneles. El 12 de noviembre escribe a Clemenceau (Monet, 2010, p. 349): “Estoy a punto de terminar dos paneles decorativos, que quiero firmar el día de la Victoria, y quisiera ofrecérselos al Estado, por mediación suya”. El 27 de junio de 1920 explica las condiciones para su donación (Monet, 2010, p. 360): “No me separaré de ellas hasta que no haya visto el lugar donde serán colocadas, todo ello siguiendo mis indicaciones”. Es decir tiene muy claro las condiciones en las que se tiene que exponer su obra de forma permanente. El 11 de febrero de 1921 (Monet, 2010, p. 368) se muestra decepcionado al recibir el nuevo proyecto del señor Bonnier en la Orangerie, y el 25 de abril de ese mismo año Monet decide renunciar a la donación: “En estos momentos en la Orangerie, dada la poca extensión de la sala, tendría que exponer esos diferentes motivos directamente y por consiguiente desnaturalizar lo que he querido hacer” (Monet, 2010, pp. 371- 372). Pero todo se soluciona. El 31 de octubre de 1921 escribe a Clemenceau una carta clave para el proceso de la que extraemos lo siguiente: “Acepto la orangerie siempre y cuando la administración de Bellas Artes se comprometa a hacer en ella las obras que yo juzgo indispen- sables. Considerando esta hipótesis he reducido varios motivos de las Decoraciones y creo que he llegado a una combinación que daría un buen resultado conservando la forma oval que me ha gustado siempre. En lugar de 12 paneles que había donado, donaré 18. (…) Les envío un plano aproximado de lo que deseo” (Monet, 2010, p. 374). 265 Hoog, (1987 [1984], pp. 42-43). 198 Figura 7.7 museo de la orangerie. Esquema en planta de las salas donde se encuentran los paneles, realizado por el autor. Figura 7.8 museo de la orangerie. Esquema en sección de las salas donde se encuentran los paneles, realizado por el autor. 199 longitud de 23 metros, siendo la altura aproximada de ambas salas de 4,50 metros (fig. 7.8). La donación final fue de 22 paneles, repartidos de la siguiente forma: En la sala primera: En el muro Sur: mañana (200×1275) formado por dos paneles de 200×212,5 y dos de 200×425. En el muro Norte: las nubes (200×1275) formado por tres paneles de 200×425. En el muro Este: Reflejos verdes (200×850) formado por dos paneles de 200×425. En el muro Oeste: Puesta de sol (200×600) formado por un panel. En la sala segunda: En el muro Sur: mañana clara con sauces (200×1275) formado por tres paneles de 200×425. En el muro Norte: mañana con sauces (200×1275) formado por tres paneles de 200×425. En el muro Este: los dos sauces (200×1700) formado por cuatro pane- les de 200×425. En el muro Oeste: Reflejos de árboles (200×850) formado por dos paneles de 200×425. Los paneles se adecuaron a la curvatura de las salas, y la zona inferior de los mismos se situó a una altura de unos 50 cm. La colocación, en la que por supuesto, existe una intencionalidad espa- cial, está llena de matices, algunos cosmológicos. Así, por ejemplo, en la sala primera se coloca Puesta de sol en el lado Oeste, es decir en el punto cardinal en el que se produce el ocaso del sol. Además, este cuadro es el último que se ve en la sala, porque el visitante accede por el Oeste,266 con lo que el cuadro queda a su espalda. Podemos observar que los dos cuadros que llevan por título Reflejos se encuentran en las zonas que conectan ambas salas, lo podemos entender como una transición, o como si uno fuera el reflejo del otro, como si uno representara la realidad del otro. Por último, el cuadro que cierra el conjunto es el más grande y el que tiene una curvatura más cerrada y por tanto el más envolvente. 266 Igual que en las iglesias católicas. 200 Interpretación del espacio en la Orangerie Una de las interpretaciones más sugestivas sobre el espacio generado debido a la ubicación de los paneles en la orangerie es la realizada por Leo Steinberg. En ella el observador puede invertir su posición o la del cuadro, también puede transformar los planos verticales en horizontales y los verticales en horizontales (Steinberg, 1956, p. 235). Resulta intere- sante por la confusión y ambigüedad que genera debido a los reflejos de lo representado; así por ejemplo, en el panel de las nubes es lógico que el observador tenga la necesidad de invertir el orden. El techo de cristal contribuye a generar todavía más reflejos, de forma que el doble reflejo consigue que se puedan ver las nubes de la forma a la que esta- mos acostumbrados.267 Siguiendo con este supuesto, la superficie del cuadro ya no se entien- de en el plano vertical sino como un plano horizontal; geffroy (1991, p. 14) corrobora esta hipótesis: “El conjunto presenta el perímetro del estanque y debe situarse en los bajos de las paredes de la sala de la exposición para ser contemplado por el espectador desde arriba, que entonces ve como en la realidad, la láminade agua y la orilla que sirve de marco”.2 6 8 Por tanto, podemos entender que el espectador se sitúa en el centro del estanque pintado por Monet, como si estuviera en una barca, una experiencia que no es ajena al pintor.269 Si Monet, tenía muy claro cómo quería que fuesen estos espacios era porque sabía lo que quería conseguir. Por un lado, pretendía que el espa- cio arquitectónico, creado para tal fin y diseñado con su colaboración, modificara la superficie mural. Por otro lado, pretendía, de la misma 267 Con el techo de cristal Monet buscaba un doble efecto. Por un lado conseguiría una ilumina- ción natural, y por otro querría enfatizar estos efectos de los reflejos. En la actualidad el techo de vidrio se ha sustituido por un techo de malla traslúcida tensada, que aunque tamiza la luz, no permite los reflejos. Este techo de cristal aparece citado por Monet en una carta escrita a Alexandre, con fecha 6 de julio de 1921 (Monet, 2010, p. 273). 268 En las series de los nenúfares de los años 1904 y 1905 sí que aparecían las orillas, pero a partir de 1907 se eliminan por completo. 269 Sabemos que utilizaba barcas para pintar algunos de sus paisajes. Renoir le retrató en su barca pintando, y en una carta escrita el 26 de marzo de 1884 habla de acondicionar los barcos (Monet, 2010, p. 57). 201 manera que en los capítulos anteriores, que la superficie mural modifi- cara el espacio arquitectónico. En definitiva, que ambos se fundieran en un nuevo espacio totalmente distinto del generado individualmente por cada uno de ellos (fig. 7.9). Pero, ¿cómo es ese nuevo espacio? Del campo visual al mundo visual en la Orangerie Antes hemos explicado como cada uno de los cuadros considerados de forma aislada responden más a representaciones del campo visual que del mundo visual. Mientras que Monet con esta instalación consigue volver a representar el mundo visual, trasforma el campo visual de los Figura 7.9 museo de la orangerie. Instalación después de la reforma de 2006. Fotomontaje realizado por el autor. 202 paneles en el mundo visual a través del espacio donde se ubican. Lo que antes hemos visto, que conseguía parcialmente en unas condiciones muy concretas, ahora lo consigue a través de la adecuación del espa- cio. La forma ovalada de la sala con los paneles hace que el espacio se presente como ilimitado, además, consigue que el campo visual bidi- mensional se trasforme en mundo visual tridimensional. Al mostrarse de esta forma, nos encontramos en el espacio exterior, es decir ante el mundo visual que entendemos como exterior. Por otro lado, debido al tamaño de la sala, la percibimos mediante ojeadas, por lo que en todos sus puntos se nos muestra con la misma nitidez, como sucede en el mundo visual. Si nos fijamos, lo representado en los paneles perma- nece más o menos estable y no se deforma aunque nos movamos, por la forma ovalada de la sala. Por último, la percepción que tenemos de los sauces que aparecen en primer plano es que se encuentran delante del estanque, ya que se encuentran en los extremos de los cuadros, donde se curvan. Si aparecieran en el centro la situación cambiaría, produciendo la sensación de que la superficie del sauce reduce la del estanque y lo eclipsa. Si recordamos acabamos de enumerar las dife- rencias entre el mundo visual y el campo visual, entonces todo lo que explicábamos que acontecía en los cuadros de forma aislada como representación del campo visual, en la sala de la orangerie sucede como mundo visual. ¿qué consigue Monet con este cambio del campo visual al mundo visual? No pierde lo que tanto le había costado conseguir, la represen- tación del campo visual. Al contrario, sin perder esa subjetividad y esa tranquilizadoramente familiar forma de percibir debida a la represen- tación del campo visual, Monet le añade, a través de la instalación de los paneles en un espacio determinado, la representación del mundo visual más exterior y por tanto más objetivo. Por consiguiente, él sigue trabajando de forma creativa en la relación sujeto y objeto. Pero si realmente este era el objetivo, a Monet le bastaba haber pintado desde el principio el espacio visual e intentar acceder de alguna manera a esa subjetividad, tranquilizadoramente familiar. Entonces seguro que existe algo más que justifique ese cambio. Lo podemos encontrar en la relación sujeto objeto pero entendida de otra forma más profunda, de manera que esta subjetividad sea realmente familiar: 203 En el proceso del cambio del campo visual al mundo visual se produce, como se ha explicado, en un fogonazo y en ese instante de incertidum- bre, se produce la duda, ¿cómo puedo entender lo que percibo como espacio cuando de forma individual lo observo como superficie? Ante la necesidad de respuesta nos refugiamos en nuestro interior. Por tanto, de esta manera no es que el artista aporte su mundo interior a la obra, como hemos visto en la introducción que expresaba Scho- penhauer, y como insinuaban en este capítulo zola y Baudelaire, sino que el artista consigue que el observador durante la contemplación se introduzca en su propio mundo interior, de forma que lo que observa es su propio interior a través de la obra. Aquí radica la verdadera sub- jetividad de esta. Por otro lado, desde punto de vista espacial, la instalación de los pane- les entendidos de esta forma, nos proporciona una visión del estanque que se expande en todas las direcciones, ampliando el espacio donde se encuentran hasta el infinito. En contra de lo que en un principio podría parecer, desaparece la superficie a favor del espacio, decimos en contra de lo que podía parecer, porque los cuadros son planos, y representan planitud, por lo que al colocarlos sobre un muro, es decir, sobre una superficie se debería enfatizar la superficialidad de estos y no sucede así (fig 7.10). Si nos fijamos sucede un hecho similar al capítulo anterior: Si enton- ces la ambigüedad se producía porque el color no permitía discernir entre las dos o las tres dimensiones del lucernario, en este caso la ambigüedad reside en que lo que fue pintado de forma individual, con una marcada planitud, como representación del campo visual, con su característica colocación en el espacio se transforma en mundo visual, con un carácter espacial. En el primero la superficie desaparece para transformarse en espacio puro y en este caso la superficie desaparece y se convierte en espacio subjetivo. Monet murió el 5 de diciembre de 1926 y como refiere Ruiz del árbol (2010, p. 276), en su taller se encontró un libro de poesías de Baudelaire abierto por el poema titulado El Extranjero, que constituye un perfecto epílogo a lo aquí expresado: 204 Figura 7.10 museo de la orangerie. Esquema en sección del espacio generado por los murales, realizado por el autor. 205 Dime hombre enigmático, ¿a quién prefieres? ¿A tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano? –No tengo padre, ni madre, ni hermana, ni hermano. –¿A tus amigos? –Empleáis una palabra cuyo sentido me es hasta hoy desconocido. –¿A tu patria? – Ignoro en qué latitud se encuentra. –¿A la belleza? –gustoso la amaría, diosa e inmortal. –¿Al oro? –Lo odio, como vosotros odiáis a Dios. –¿qué es, entonces, lo que amas, extraordinario extranjero? –Amo las nubes… las nubes que pasan… allá lejos… ¡las maravillosas nubes! (Baudelaire, 2010 [1989], p. 51). 206 8. EL ESPACIO DE LO SUBLIME: LOS MURALES DE MARK ROTHKO PARA EL SEAGRAM 207 De la misma manera que en el capítulo anterior, primero estudiamos el impresionismo, seguidamente la obra de Monet de forma individual, para terminar con los murales de la orangerie. En este caso, primero explica- remos el expresionismo abstracto americano, después estudiaremos las sensaciones que produce la pintura de Rothko de forma aislada, para terminar con sus murales, centrándonos en los del Seagram que donó a la tate Gallery. Expresionismo abstracto americano El expresionismo abstracto americanono surgió de la nada, hubo una serie de factores que contribuyeron en gran medida a la fuerte irrupción internacional de estos artistas en los años 50.270 270 Lo primero que tuvieron que hacer los artistas americanos fue quitarse los complejos de inferioridad que tenían frente a los europeos. Como explica greenberg (1960 [1957], p. 261): “Puede decirse que, hacia 1940, la Calle Octava se había puesto a la misma altura que Paris, cuando Paris todavía no estaba a la altura de sí mismo, y que un puñado de los entonces oscuros pintores neoyorquinos estaba en posesión de la cultura pictórica más madura del momento”. Sin duda la P.W.A.P (Public Works of Arts Project), puesta en marcha por Roosevelt en 1933 a través de su programa para revitalizar la economía americana después del crack del 29 (new deal), influyó muy positivamente para la formación de una base de artistas que luego serían los expresionistas abstractos. El programa, bien entendido por sus dirigentes, proporcionó trabajo a muchos artistas, les permitió un sueldo fijo y de esta forma consiguió que se pudieran dedicar a la pintura exclusivamente. La segunda guerra Mundial obligó a muchos artistas europeos a emigrar a los Estados Unidos. Este hecho supuso que la capital artística mundial se trasladara de Paris a Nueva york. Durante la contienda se pensaba que este traslado era provisional, pero la realidad fue muy distinta y París nunca recuperó la capitalidad perdida. Entre las figuras más relevantes que emigraron destacan los nombres de Andre Breton, Salvador Dalí, Leger, Marc Chagall, Masson, Matta, Mondrian y Ozenfant. Otro factor fundamental, fue la estrecha relación que se estableció entre los artistas y ciertos marchantes sensibles a estas tendencias, como son: Charles Egan, Sam Kootz y Betty Parsson. Marchantes con educación artística y respetados por todos los artistas, algo poco habitual en aquella época. El último factor sería la existencia previa de una seria de grupos reducidos, aislados, organi- zados más bien por intereses. Estos grupetos serian independientes de los aaa (american abstract artist). El primero de estos grupos sería the ten, formado en 1935 y disuelto en 1940, fue encabezado por Mark Rothko y Adolph gottlieb, destaca su postura reivindicativa, como el título de la expo- sición: the ten: Whitney dissenters (los Diez: Disidentes del Whitney) (Rothko, 1938, pp.46-47). 208 La forma de denominar esta corriente artística surge, como en otros movimientos, de forma fortuita a través de los medios de comunicación. El crítico Robert Coates del New yorker, fue quien el 23 de diciembre de 1944,271 al referirse a la pintura que se estaba realizando en América afir- mó, según cita Sandler (1996, p. 113) que: “Hay un estilo pictórico que va ganando terreno en este país, no es ni abstracto ni realista, aunque tiene reminiscencias de ambos (…) recuerda los métodos del expresionismo”. Esta apelativo, se consolidó con el libro publicado por William Seitz, en 1955, titulado abstract Expressionist Painting in america. Autores como Rosenblum (1993 [1973], p. 225) explican, refiriéndose a estos artista, que “a falta de nombre mejor se clasifican juntos bajo la vaga denominación de expresionistas abstractos”. Pero en realidad, hubo otros muchos nom- bres para designar esta corriente artística, todos ellos por supuesto propuestos por la crítica. Parece que ésta tenía la necesidad de buscar un calificativo y consideraba un problema la falta de éste, como se des- prende del título de la exposición que organizó Putzel en 1945, a Problem for critics (Sandler, 1996, p. 113). En 1949 Harold Rosenberg organizó junto con Samuel Kootz una expo- sición colectiva bajo el tema intrasubjetivos. Este nombre, como cita Rosenberg (1949, p. 111) en el texto para la galería Samuel Kootz, surge de un artículo de Ortega y gasset (1924, p. 174): La ley rectora de las grandes variaciones pictóricas es de una simplici- dad inquietante. Primero se pintan cosas; luego, sensaciones; por últi- mo, ideas. Esto quiere decir que la atención del artista ha comenzado fijándose en la realidad externa; luego, en lo subjetivo, por último en lo intrasubjetivo. Estas tres estaciones son tres puntos que se encuentran en una misma línea.272 Otro sería el encabezado por Hans Hofmann, profesor de arte que había tenido como alumnos a la mayoría de los integrantes del aaa. El tercero, aunque al igual que el anterior no sería un grupo como tal, estaba constituido por: graham, Davis, gorky y de Kooning. 271 Ese mismo año Sidney janis al referirse a las obras de Hofmann y Pollock, las había definido como una mezcla entre abstractas y expresionistas (Sandler, 1996, p. 113). 272 Resulta curioso como los dos grandes críticos, Rosenberg y greenberg están de acuerdo, ya que esta tesis sería similar a la defendida por greenberg en su artículo la pintura moderna, donde defiende que el Expresionismo Abstracto no es una ruptura sino una continuación de lo anterior (greenberg, 1960, p. 120). 209 Este término implica un sentido más profundo que lo subjetivo, un paso más encaminado hacia la idea, hacia la esencia. Esta denominación no tuvo la repercusión deseada, pero nos parece bastante general para incluir a todos los artistas, y lo que es más importante, parece muy acer- tada para definir su evolución respecto a los movimientos anteriores. Además de esta designación, hubo otras muchas denominaciones que no cristalizaron, prácticamente cada crítico hizo su aportación.273 Tal cantidad de nombres refleja la voluntad de etiquetar a un grupo de artis- tas difíciles de clasificar. No está de más añadir que ellos tampoco ayu- daban porque despreciaban estas etiquetas.274 Respecto a los integrantes del expresionismo abstracto, tampoco hay unanimidad, pero las diferencias entre los críticos no son tan evidentes como a la hora de designarlos.275 273 the School of new York (La escuela de Nueva york) es el título de otra exposición colectiva, organizada en esta ocasión por Motherwell en 1951. Este mismo nombre da título al libro que publicó Ashton (1988, p. 9), en el que señala que estos artistas “no muestran ninguno de los atributos usuales de una “escuela” de pintura”, pero la conclusión que se desprende del libro es que, aunque no se considere una escuela, sí que podemos considerar “la idea de una escue- la” (Ashton, 1988, p. 306). Para Anfam (2002, p. 169) dicho nombre dejaría fuera a artistas que apenas estuvieron en Nueva york como Still. Actions Painters, fue la denominación acuñada por Harold Rosenberg en 1952, y que siguió utilizando hasta mediados de los años 60 cuando lo comparó con otros movimientos como el Pop Art (Rosenberg, 1966, p. 179). Este término parece limitado porque no incluiría de forma clara a pintores como Rothko, Newman o Still. A Rothko no le gustaba que le encasillasen y menos aún como pintor de acción, lo muestra en una carta al editor del Art News (Rothko, 1957, p. 181): “Rechazo aquella parte del artículo en la que clasifica mi obra como Action Painting. Como artista, la autora, debería saber que clasificar significa embalsamar y que la identidad real es incompatible con escuelas y categorías si no es mutilándola”. Aunque Rothko fuera tan tajante, el origen de esta confusión puede venir de un texto de Rothko donde se refiere al arte como arte de acción pero se refiere a su faceta social (Rothko, 2004, pp. 53-61). El crítico más influyente de la época, Clement greenberg, también se aventuró a buscar un nombre, y los denominó como: “american-type” painting, en un artículo publicado en 1955, donde critica etiquetas como pintura de acción y expresionismo abstracto (greenberg, 1958 [1955], p. 236). 274 De Kooning pensaba que era desastroso que se pusieran un nombre como grupo, según expresa Ashton (1988, p. 266). En este aspecto, más radical es la posición de Mark Rothko que ni siquiera se consideraba pintor abstracto, según una conversación con Seldman Rodman (Rothko, 1956, p. 176).275 Sandler (1996) considera a: Arshile gorky, William Baizotes, jackson Pollock, Willem de Kooning, Hans Hofmann, Clyfford Still, Mark Rothko, Barnett Newman, Adolph gottlieb, Robert 210 Otra de las complejidades del movimiento viene definida por su desa- rrollo temporal. Ashton (1988, p. 9) lo hace extensivo a toda la década de los 40, mientras que Sandler (1996, p. 29) lo data desde 1942 hasta 1952. Nosotros vamos a ser más restrictivos y lo acotamos desde 1948, coin- cidiendo con la exposición de Pollock donde presentaba sus pinturas de drip y el periodo en que Rothko empezaba a prescindir de todo símbolo en su pintura, hasta 1952, año en que el MOMA organizó una exposición a nivel internacional que sería la consolidación del movimiento. Pero aun así, después de todas estas discrepancias y dificultades pode- mos encontrar indicios de una cierta dinámica de grupo o comunidad, y ésta viene definida por el club de la calle ocho. Este surgió a finales de los años 40 como lugar de reunión y debate, donde se organizaban ciclos de conferencias, etc. El acto más claro de unidad se mostró en el simposio de tres días realizado en 1950 y cuyas actas se publicaron en parte en 1951 en modern artist in america. En opinión de Ashton (1988, p. 265), al invitar a un historiador de arte como Barr los artistas están reco- nociendo de manera implícita que constituyen una entidad. La presencia de un historiador de arte es necesaria para dar fe de ello. A mediados de los 50 esta dinámica había entrado en decadencia. El éxito del grupo hizo que se empezaran a distanciar y la aparición de nuevas figuras como Raushchenberg, que incorporaban objetos cotidianos en los lienzos, en clara oposición a su concepción artística, la evidenció. Influencias del expresionismo abstracto Las influencias las podemos dividir en artísticas y filosóficas. En las primeras, estarían, por un lado, las tradiciones artísticas europeas, Motherwell y por último a Ad reinhardt. Anfam (2002, p. 14) suprime de la lista a: William Baizo- tes, Hans Hofmann y Ad reinhardt, por un lado y la completa con: Philip guston y Franz Kline. Anfam (2002, p. 15) también incluye artistas de otras disciplinas como el escultor David Smith y el fotógrafo Aaron Siskind. Por su parte, Antony Everitt (1988) considera prácticamente los mismos que Sandler pero, incluye en aliados o sucesores algunos que Sandler considera inte- grantes como: Hans Hofmann, Ad Reinhardt y Robert Motherwell e incorpora otros que Anfam ya incluía como: Philip guston y Franz Kline y otros nuevos como: james Brooks, Walker Tomlin, Helen Frankenthaler y Morris Louis. 211 destacando movimientos como el surrealismo y figuras como Picasso, Matisse, Cezanne y Monet.276 Por otro lado, merece mención especial la influencia del arte primitivo como forma de eliminar lo superfluo para resaltar la esencia, y dentro de este primitivismo, hay que hacer especial hincapié en las influencias de los pueblos autóctonos, sobre todo en artistas como Pollock y Newman. Sin duda las influencias que resultan más interesantes, desde nuestro punto de vista, son las referentes a la filosofía. Dentro de ellas destaca- mos el existencialismo y la búsqueda de lo sublime. Las ideas existencialistas resultaban muy atractivas a los expresionistas abstractos, especialmente el existencialismo humano277 de Sartre.278 Estas ideas permitían a los artistas conjugar el sentido humano de sus obras279 y mantener su individualismo,28 0 factores ambos muy importantes para ellos. Pero la realidad era otra, el arte abstracto en general se tildaba de inhumano281 y sus representantes se encontraban fuera de la sociedad. Los artistas, que se consideraban profundos humanistas, se sentían amparados y respaldados por el existencialismo.282 276 En el capítulo anterior hemos estudiado la influencia de este sobre el expresionismo abs- tracto. 277 “No hay otro universo que este universo humano, el universo de la subjetividad humana. Esta unión de la transcendencia como constitutiva del hombre (…), y de la subjetividad, en el sentido de que el hombre no está encerrado en sí mismo sino presente siempre en un universo humano, es lo que llamamos humanismo existencialista” (Sartre, 1948 [1948], p. 60). 278 Se estableció una relación entre filósofos y artistas de mutuo respeto. Por ejemplo, Sartre escribió la introducción de una exposición de David Hare (Ahston, 1988, p. 243). 279 Rothko no cesaba de repetirlo: “Desde el momento en que me interesa el elemento huma- no…” (Rothko, 1958, p. 186). 280 Shapiro expresa refiriéndose al expresionismo abstracto: “Ningún otro arte refleja hoy tanto en su plasmación la presencia del individuo su espontaneidad y la concreción de su procedi- miento” (Schapiro, 1957, p. 177). 281 Esta critica la constató y combatió Schapiro (1960, p. 185): “La crítica del arte abstracto como inhumano surge en parte de una tendencia a subestimar la vida interior y los recursos de la imaginación”. 282 Los artistas pensaban que lo más importante era su obra, es decir, sus actos, de forma simi- lar a lo expresado por el existencialismo: “el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza, no es por lo tanto más que el conjunto de sus actos, nada más que su vida.” (Sartre, 1948 [1948], p. 37). El existencialismo, también les daba la espe- ranza de que lo que estaban haciendo tenía valor, importancia, no solo para ellos, sino también 212 Nos centraremos ahora en el estudio de lo sublime. En 1948, Newman organizó un simposio sobre lo sublime, que le apasionaba (Rosenblum, 1993 [1973], p. 238). Tema basado en la experiencia estética de Edmund Burke, para el que lo sublime provenía de las emociones más fuertes.283 Esta idea les sirve de revulsivo a los expresionistas abstractos que tenían como una de sus premisas fundamentales el que su obra tras- mitiera emociones.284 Burke también investigará las causas que produ- cen lo sublime : la vastedad, la infinitud, la sucesión y la uniformidad. Los pintores expresionistas, entonces, buscarían lo sublime a partir del desarrollo de estas ideas. Características del expresionismo abstracto Si estos artistas tienen intereses comunes también podemos encontrar una serie de características comunes. La primera sería la pintura como proceso, donde no importa tanto el resultado final como el proceso de ejecución de la misma. Esta característica es una influencia directa de la filosofía existencialista, se relaciona el proceso de realización de la obra con la máxima existencialista expresada por Sartre (1948 [1948], p. 37): “sólo hay realidad en la acción”. Para enfatizar esta idea, por un lado se intenta simplificar al máximo los medios pictóricos y por otro para la sociedad y de alguna forma les facilitaría su integración en ella: “Así soy responsable por mí mismo y por todos, y creo una cierta imagen del hombre que yo elijo; eligiéndome, elijo al hombre” (Sartre, 1948 [1948], p. 20). Rothko (1958, p. 183) expresa esta misma idea: “Tan pronto como un individuo, lo lleva a cabo, el acto se vuelve universal. Este es el papel del artista”. Esta forma de entender el arte, de ser responsable no solo de uno mismo, sino también del resto de la humanidad, genera angustia, por la responsabilidad que conlleva; y transforma el arte en algo heroico. Pero lo que es más importante, esta elección le proporciona la libertad. El hombre es libre, el hombre es libertad, no hay determinismo, el hombre está condenado a ser libre como decía Sartre (1948 [1948], p. 26). 283 Este autor del siglo XVIII expresaba que hay dos tipos de pasiones las que pertenecen a la autoconservación y las que pertenecen a la sociedad, las concernientes a las primeras son el dolor y a las segundas son el placer. Las referentes al dolor son las más poderosas y todo lo que es adecuado para el dolor; “actúa de manera análoga al terror, es una fuente de lo sublime; esto es, produce la emoción más fuertes que la