Prévia do material em texto
Trastornos de la articulación temporomandibular Terapia manual, ejercicio y técnicas invasivas Trastornos de la articulación temporomandibular Terapia manual, ejercicio y técnicas invasivas Autores César Fernández-de-las-Peñas Director del Departamento de Fisioterapia, erapia Ocupacional, T Rehabilitación y Medicina Física Universidad Rey Juan Carlos, Madrid. Juan Mesa-Jiménez Profesor de la Facultad de Medicina y Director de la Maestría en Disfunción Craneomandibular y Dolor Orofacial Universidad de San Pablo CEU, Madrid. Prólogos Leon Chaitow Thomas List Jeffrey P. Okeson BUENOS AIRES - BOGOTÁ - MADRID - MÉXICO www.medicapanamericana.com TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. Este libro o cualquiera de sus partes no podrán ser reproducidos ni archivados en sistemas recuperables, ni transmitidos en ninguna forma o por ningún medio, ya sean mecánicos, electrónicos, fotocopiadoras, grabaciones o cualquier otro, sin el permiso previo de Editorial Médica Panamericana, S. A. © 2020, EDITORIAL MÉDICA ANAMERICANA, S. A.P Sauceda, 10, 5ª planta - 28050 Madrid Depósito legal: M- -201929468 Impreso en España ARGENTINA Marcelo T. de Alvear 2.145 (C 1122 AAG) Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina Tel.: (54-11) 4821-2066 / Fax: (54-11) 4821-1214 e-mail: info@medicapanamericana.com COLOMBIA Carrera 7a A Nº 69-19 - Bogotá DC- Colombia Tel.: (57-1) 235-4068 / Fax: (57-1) 345-0019 e-mail: infomp@medicapanamericana.com.co ESPAÑA Sauceda, 10, 5ª planta - 28050 Madrid, España Tel.: (34-91) 131-78-00 / Fax: (34-91) 457-09-19 e-mail: info@medicapanamericana.es MÉXICO Av. Miguel de Cervantes y Saavedra, n.º 233, piso 8, oficina 801 Col. Granda, Delegación Miguel Hidalgo CP 11520 Ciudad de México, México Tel.: (52-55) 5262-9470/5203-0176 /Fax: (52-55) 2624-2827 e-mail: infomp@medicapanamericana.com.mx ISBN: 978-84-9110- (Versión impresa + digital).���-� � ISBN: 978-84-9110- (Versión electrónica).���-� Título del original en inglés Temporomandibular Disorders. Manual therapy, exercise and needling, de César Fernández-de-las-Peñas y Juan Mesa-Jiménez. Copyright © 2018 Hanspring Publishing Limited. Pencaitland, EH34 5EY United Kingdom All rights reserved Traducción de Editorial Médica Panamericana efectuada por: Dra. Diana Klajn Dra. Adriana Morando Trd. Marcela Haro Los editores han hecho todos los esfuerzos para localizar a los poseedores del copyright del material fuente utilizado. Si inadvertidamente hubieran omitido alguno, con gusto harán los arreglos necesarios en la primera oportunidad que se les presente para tal fin. Gracias por comprar el original. Este libro es producto del esfuerzo de profesionales como usted, o de sus profesores, si usted es estudiante. Tenga en cuenta que fotocopiarlo es una falta de respeto hacia ellos y un robo de sus derechos intelectuales. Las ciencias de la salud están en permanente cambio. A medida que las nuevas investigaciones y la experiencia clínica amplían nuestro conocimiento, se requieren modificaciones en las modalidades terapéuticas y en los tratamientos farmacológicos. Los autores de esta obra han verificado toda la información con fuentes confiables para asegurarse de que esta sea completa y acorde con los estándares aceptados en el momento de la publicación. Sin embargo, en vista de la posibilidad de un error humano o de cambios en las ciencias de la salud, ni los autores, ni la editorial o cualquier otra persona implicada en la preparación o la publicación de este trabajo garantizan que la totalidad de la información aquí contenida sea exacta o completa y no se responsabilizan por errores u omisiones o por los resultados obtenidos del uso de esta información. Se aconseja a los lectores confirmarla con otras fuentes. Por ejemplo, y en particular, se recomienda a los lectores revisar el prospecto de cada fármaco que planean administrar para cerciorarse de que la información contenida este libro sea correcta y que no se hayan producido cambios en las dosis sugeridas o en las en contraindicaciones para su administración. Esta recomendación cobra especial importancia con relación a fármacos nuevos o de uso infrecuente. Visite nuestra página web: http://www.medicapanamericana.com v ÍNDICE Prólogo de Leon Chaitow vii Prólogo de Thomas List ix Prólogo de Jeffrey P.Okeson xi Prefacio xii Directores xiii Colaboradores xiv Agradecimientos xiv PARTE 1 Introducción a los trastornos de la articulación temporomandibular 1 CAPÍTULO 1 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular 3 Sonia Sharma, Richard Ohrbach CAPÍTULO 2 Clasificación de los trastornos de la articulación temporomandibular 27 Ambra Michelotti, Peter Svensson CAPÍTULO 3 Procesamiento nociceptivo trigeminal 43 Brian E. Cairns CAPÍTULO 4 Fisiopatología del dolor temporomandibular 53 Abhishek Kumar, Fernando G. Exposto, Hau-Jun You, Peter Svensson CAPÍTULO 5 Dolor musculoesquelético referido a la región craneofacial 67 Thomas Graven-Nielsen, César Fernández-de-las-Peñas, Megan McPhee, Lars Arendt-Nielsen CAPÍTULO 6 Pruebas sensitivas cuantitativas en los trastornos de la articulación temporomandibular 79 César Fernández-de-las-Peñas, Peter Svensson, Lars Arendt-Nielsen PARTE 2 Examen de los trastornos de la articulación temporomandibular 91 CAPÍTULO 7 Historia clínica en los trastornos de la articulación temporomandibular y el dolor orofacial 93 Gary M. Heir, José L. de-la-Hoz CAPÍTULO 8 Examen clínico de la articulación temporomandibular y los músculos masticatorios 109 Mariano Rocabado, César Fernández-de-las-Peñas CAPÍTULO 9 Examen clínico de la columna cervical y torácica en pacientes con trastornos de la articulación temporomandibular 121 Michael C. O´Hara, Joe Girard, Bill Egan, Joshua A. Cleland vi PARTE 3 Terapia manual para los trastornos de la articulación temporomandibular 137 CAPÍTULO 10 Eficacia de la terapia manual y los ejercicios terapéuticos para los trastornos de la articulación temporomandibular: un abordaje basado en la evidencia 139 Susan Armijo-Olivo, Elisa Bizetti Pelai, Ambra Michelotti, Laurent Pitance, Cristina Lozaon-López, Blanca Codina García-Andrade CAPÍTULO 11 Técnicas de movilización y manipulación articular para la columna cervical y la articulación temporomandibular 157 César Fernández-de-las-Peñas, Juan Mesa-Jiménez, Joshua A. Cleland CAPÍTULO 12 Terapia manual para los puntos gatillo miofasciales en los trastornos de la articulación temporomandibular 169 César Fernández-de-las-Peñas, María Palacios-Ceña CAPÍTULO 13 Tratamiento mediante inducción miofascial en los trastornos de la articulación temporomandibular 179 Andrzej Pilat, Eduardo Castro-Martín CAPÍTULO 14 Clasificación clínica de las neuropatías craneales 205 Harry von Piekartz, Toby Hall CAPÍTULO 15 Ejercicio terapéutico, entrenamiento postural y control motor en los trastornos de la articulación temporomandibular 221 Susan Armijo-Olivo, Cristina Lozano-López, Elisa Bizetti Pelai, Laurent Pitance, Ambra Michelotti, Blanca Codina García-Andrade PARTE 4 Otras intervenciones para los trastornos de la articulación temporomandibular 241 CAPÍTULO 16 Punción seca de los puntos gatillo miofasciales en los trastornos de la articulación temporomandibular 243 César Fernández-de-las-Peñas, Juan Mesa-Jiménez CAPÍTULO 17 Acupuntura en los trastornos de la articulación temporomandibular 255 Tom Mark Thayer, Mike Cummings CAPÍTULO 18 Tratamiento del sistema nervioso central en los trastornos de la articulación temporomandibular 271 Harry von Piekartz, Emilio (Louie) Puentedura, Adriaan Louw CAPÍTULO 19 Psicología del dolor, comportamiento y cuerpo 291 Richard Ohrbach, César Fernández-de-las-Peñas Índice 299 vii Lo que surge de las páginas de este libro apasionan- te es una revelación. Hayun proverbio, atribuido a distintas culturas, que afirma ˝Se necesita todo un pueblo para educar a un niño y, como lo muestra este libro de texto, se requiere un gran equipo para describir de forma exhaustiva los trastornos de la ar- ticulación temporomandibular, y examinar, identifi- car, comprender, tratar y manejar con precisión y se- guridad estos trastornos dolorosos musculoesquelé- ticos extremadamente extendidos, cuya prevalencia se ubica (dependiendo de los criterios diagnósticos) en segundo lugar solo en relación al dolor dorsal bajo en todo el mundo, y que afectan aproximadamente al 10% de la población adulta. Los primeros capítulos crean el ambiente al esbo- zar y detallar claramente el examen, la clasificación, incluido el procesamiento nociceptivo trigeminal, la fisiopatología, el examen sensitivo y el dolor referido asociados con los trastornos de la articulación tem- poromandibular (y el dolor orofacial). En ese mo- mento podría considerarse que definir los trastornos de la articulación temporomandibular sería sencillo. Sin embargo, como se explica minuciosamente en el primer capítulo -Definición, epidemiología y etio- logía de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular- para manejar eficazmente es- tos trastornos, es fundamental que los médicos co- nozcan y aprecien los múltiples factores que pueden influir en la evolución y el mantenimiento de la dis- función y el dolor asociados con los trastornos de la articulación temporomandibular. Antes de los capítulos que detallan el examen, y el tratamiento con terapia manual y el manejo eficaz de los trastornos de la articulación temporomandi- bular, se torna evidente que, para un manejo óptimo, es fundamental tener conciencia de que el trastorno de la articulación temporomandibular pocas veces es un trastorno aislado con una causa ˝única, sino que habitualmente es el resultado de una amplia gama de adaptaciones, factores e influencias que interactúan. Algunas de estas características etiológicas pueden ser prevenibles o reversibles, mientras que algunas son históricas (el traumatismo, por ejemplo) o inna- tas. Por ejemplo, existen diferencias étnicas y raciales imprevistas, con una clara discrepancia entre la inci- dencia de trastornos de la articulación temporoman- dibular entre, p. ej., afroamericanos (3,8%), ameri- canos mestizos (blanco/nativos) (12,7%) y asiáticos (2%). Otras influencias potencialmente importantes varían desde las características educativas, ocupa- cionales y socioeconómicas, hasta el peso corporal, las actividades físicas, los trastornos coexistentes, los hábitos como el tabaquismo, y factores biomédicos y psicológicos. No es sorprendente que estas mismas características también sean factores de riesgo fre- cuentes para el dolor dorsal bajo y el dolor cervical crónico inespecíficos. Los capítulos sobre el examen de los trastornos de la articulación temporomandibular y el dolor orofa- cial describen claramente la necesidad de una anam- nesis exhaustiva, junto con una evaluación detallada de la articulación temporomandibular propiamente dicha, los músculos masticatorios, y las conexiones vitales estructurales y funcionales con la columna cervicotorácica, incluidas posibles influencias como postura, estado neurológico, estabilidad ligamen- taria, disfunción arterial, rangos de movimiento segmentario y movilidad, y la funcionalidad de los músculos flexores cervicales profundos. Todos estos temas, o algunos de ellos, pueden ser características importantes en la evolución de los trastornos de la articulación temporomandibular, y convierten en esencial su evaluación para conocer las influencias particulares en cualquier caso dado. Los capítulos que cubren las intervenciones de terapia manual proporcionan detalles informados por la evidencia en relación al ejercicio terapéutico, la manipulación y movilización articular, el manejo del dolor referido (puntos gatillo), así como también distintos métodos para tejidos blandos, reeducación postural y entrenamiento. Entre estos capítulos es- clarecedores sobre la terapia manual también se presenta una exposición clara y detallada del papel de la anatomía fascial en relación con la región cra- neocervicomandibular. Este capítulo incluye un re- sumen extraordinariamente detallado y complejo de la fascia en relación con el acto de masticar, como parte del examen de múltiples nexos, conexiones y funciones fasciales dinámicas en la boca, las fauces, la cabeza y el cuello. También recibiendo una co- bertura apropiadamente detallada en relación con el tratamiento de los trastornos de la articulación temporomandibular se encuentra la punción seca y -convenientemente en un capítulo separado- la acu- puntura, así como las perspectivas actuales sobre psi- cología del dolor y tratamiento encefálico. Uno de los PRÓLOGO de Leon Chaitow viii capítulos finales - Tratamiento del sistema nervioso central en los trastornos de la articulación temporo- mandibular - incluye una fascinante exploración de la educación en neurociencia del dolor y ejercicios para el sistema nervioso central. Como médico clínico, este lector tiene ahora un conocimiento mucho más claro del conjunto de in- fluencias que gobiernan los problemas complejos que rodean a los trastornos de la articulación tem- poromandibular. Este excelente libro de texto ha sido brillantemente concebido y cuidadosamente realiza- do, y todos los involucrados merecen ser felicitados. Leon Chaitow ND DO Miembro honorario, University of Westminter Director de redacción Journal of Bodywork and Movement Therapies Corfú, Grecia Noviembre de 2017 ix PRÓLOGO de Thomas List Me siento muy complacido y honrado de estar escri- biendo un prólogo para este libro. La brecha entre nuestros conocimientos teóricos de los mecanismos, la eficacia terapéutica y los resultados en efectivi- dad, y nuestra experiencia clínica práctica en cómo aplicar la fisioterapia en los pacientes con dolor por trastornos de la articulación temporomandibular necesita desde hace largo tiempo la discusión que brinda este libro. El amplio conjunto de modali- dades terapéuticas en el dominio de la fisioterapia puede ser confuso cuando se considera cuál de las terapias disponibles es la más apropiada para una situación particular. Este libro se enfoca en los me- jores usos de la terapia manual, los ejercicios tera- péuticos, el entrenamiento postural, la punción seca y la acupuntura en el tratamiento de los pacientes con dolor por trastornos crónicos de la articulación temporomandib ula r. Un estudio epidemiológico grande de 46 394 participantes en Europa comunicó que el 19% de la población tenía dolor crónico moderado a gra- ve. Dos tercios utilizaron tratamientos no farma- cológicos, por ejemplo, masaje (30%), fisioterapia (21%) y acupuntura (13%), y el 38% comunicó que había sido extremadamente útil. Es interesante se- ñalar que el tipo de fisioterapia y la prevalencia de su uso variaron ampliamente entre los países, lo que indica grandes diferencias culturales. La mayoría de las fisioterapias están ideadas para tratar distin- tos trastornos dolorosos musculoesqueléticos en el cuerpo. Aunque está claro que muchas diferencias del sistema masticatorio son singulares, nosotros hemos aprendido que los mecanismos por medio de los cuales se inician, transmiten y perciben los impulsos nociceptivos no lo son, ya que el dolor es más o menos frecuente en el todo el cuerpo. Esto indica que las intervenciones que han mostrado ser útiles en otros sitios del cuerpo también pueden ser útiles en los trastornos de la articulación temporo- mandibular. Aunque la evidencia es limitada, algu- nas modalidades de fisioterapia, como los ejercicios mandibulares, hansido recomendados en las pautas nacionales suecas en atención de la salud y como parte integrada de los autocuidados en varias publi- caciones. Sobre la base de la evidencia moderna, las pautas nacionales suecas para el tratamiento del do- lor orofacial recomiendan actualmente los ejercicios mandibulares para los trastornos de la articulación temporomandibular, sobre todo desde la perspectiva de la economía de la salud. Se ha comunicado que varios modos de fisiotera- pia son beneficiosos porque a menudo activan el sis- tema de modulación inhibidora endógena del dolor; tienen pocos efectos colaterales; activan al paciente al aumentar la conciencia del cuerpo y proveer nue- vas herramientas de uso doméstico para aliviar el dolor; y facilitan la comunicación con los prestado- res de salud. Un beneficio adicional es que el trata- miento multimodal con otras terapias se vuelve más fácil y potencialmente más eficaz. El dolor crónico a menudo se complica con tras- tornos dolorosos comórbidos. Un resultado terapéu- tico óptimo casi siempre requiere la colaboración multidisciplinaria con otras disciplinas médicas. Aunque este libro proporciona información sobre las fisioterapias útiles en los pacientes con trastornos de la articulación temporomandibular y está diri- gido a profesionales de estos trastornos, este trata- miento puede ser provisto por otros profesionales de la salud que pueden hallar útil la información conte- nida dentro de las cubiertas de este libro. El libro está dividido en cuatro partes, y cada una de ellas contiene varios capítulos. La primera parte se ocupa de la epidemiología y la clasificación de los trastornos de la articulación temporomandibu- lar, el procesamiento nociceptivo y la fisiopatología del sistema masticatorio. Estos capítulos brindan al médico un conocimiento profundo de la cien- cia básica del dolor crónico. La Parte 2 se enfoca en la anamnesis de casos clínicos y el examen clí- nico del sistema masticatorio y la región cervical superior. Los capítulos de la Parte 2 detallan los métodos actualmente probados y aceptados para evaluar y examinar al paciente. La Parte 3 revisa distintas terapias manuales para los trastornos de la articulación temporomandibular y los trastornos cervicales. Esta sección destaca la literatura basada en la evidencia disponible y brinda a los lectores el apoyo científicamente sólido y efectivo para el uso de estas técnicas. La Parte 4 explica otras inter- venciones, como acupuntura y, además, el capítulo final utiliza una perspectiva biopsicosocial para es- tablecer un marco de trabajo para la integración de las fisioterapias con otras terapias en el manejo de x los pacientes con dolor crónico por trastornos de la articulación temporomandibular. Aunque el campo de los trastornos de la articu- lación temporomandibular y el dolor orofacial ha dado grandes pasos en las últimas décadas, las si- tuaciones clínicas siguen recordándonos los límites de nuestro conocimiento. Como médicos clínicos, encontramos pacientes que buscan ayuda por dolor y que sufren a diario. Nosotros debemos determinar, con lo mejor de nuestra capacidad sobre la base − de la mejor evidencia científica disponible, nuestra propia experiencia clínica y el valor potencial para el paciente el tratamiento que brindará un mejor − resultado y una calidad de vida óptimos para este paciente que está sentado en nuestra silla. Este libro fue concebido y escrito con este propósito. El tratamiento debe ser adaptado al paciente in- dividual con dolor crónico; esto a menudo implica diferentes enfoques o combinaciones de modos te- rapéuticos como terapias conductuales, tratamiento farmacológico, terapia oclusal (férulas) y fisiotera- pia. Una pauta prevalece sobre todas las demás: se- leccionar el enfoque más conservador, − −siempre y por encima de todo, no dañar. Los pacientes ne- cesitan sentir que su historia es creída, saber que se han realizado todos los intentos por llegar a un diag- nóstico correcto y comprender que se ha realizado el tratamiento o la derivación apropiados a otros espe- cialistas y terapeutas cuando sea necesario. Yo felicito a los editores y autores colaboradores, muchos de los cuales son reconocidos líderes ex- pertos en sus campos y han contribuido significa- tivamente a nuestro conocimiento actual a través de su investigación y sus publicaciones científicas. Este libro es una gema en su campo, y proporciona infor- mación fiable y efectiva a los médicos que ayudará a aliviar el dolor orofacial y el sufrimiento de sus pa- cientes, y mejorar así en cierta medida o sustancial- mente la experiencia cotidiana de los pacientes con dolor crónico. Thomas List DDS Odont Dr Profesor y Presidente Departamento de dolor orofacial y función man- dibular Facultad de Odontología, Malmö University Malmö, Suecia Noviembre 2017 xi PRÓLOGO de Jeffrey P. Okeson Durante mi carrera profesional, he tenido la opor- tunidad de presenciar algunos cambios muy positi- vos para nuestros pacientes. Uno de estos ha sido la unión de los esfuerzos profesionales en el área del dolor orofacial. A medida que intentábamos com- prender mejor el dolor, comenzamos a apreciar la complejidad de este campo. El dolor es uno de las emociones negativas más poderosas que experimen- tamos los seres humanos, pero no obstante a menu- do luchamos por ayudar a nuestros pacientes que sufren. Nosotros hemos aprendido que el dolor es mucho más que una sensación. En cambio, el dolor es realmente una experiencia, mucho más compleja que una simple sensación. Nosotros también hemos aprendido que las fuentes frecuentes de traumatis- mo periférico, que se cree representan el origen de la mayoría de los dolores, no son los problemas que enfrentamos los médicos clínicos. Ahora nosotros sabemos que cuando la nocicepción entra en el sis- tema nervioso central recibe una gran influencia de los mecanismos excitadores e inhibidores. En con- secuencia, hemos acabado apreciando que el dolor no es exclusivo de una disciplina médica. En cambio, nuestros pacientes merecen lo mejor que toda disci- plina puede ofrecer para reducir su sufrimiento. Este libro de texto es un ejemplo de este pensa- miento progresivo ya que combina los aportes de tres profesiones diferentes con la idea de proveer la mejor asistencia a nuestros pacientes. En las lesiones agudas, la fisioterapia puede proporcionar el manejo necesario que ayuda a la recuperación. Es importan- te reconocer que cuando el dolor se vuelve crónico, los factores centrales se convierten en un compo- nente predominante del mantenimiento del dolor. Con estos pacientes, un equipo multiprofesional agrega una dimensión importante a la recuperación del paciente. Este libro de texto ofrece información de autoridades reconocidas en fisioterapia, dolor orofacial y psicología clínica, que ayudarán al médi- co a conocer mejor qué puede ofrecer cada discipli- na. Este esfuerzo de múltiples profesionales ofrece el mejor éxito posible para el manejo del paciente. Un texto de este tipo no es habitual y debemos elogiar a los autores por el trabajo combinado. Esta tarea profesional es un reflejo de la ciencia basada en la evidencia y los esfuerzos de vanguardia que nuestros pacientes merecen. La información hallada en este texto ayudará a todos los médicos a evaluar y tratar mejor a sus pacientes. Jeffrey P. Okenson DMD Profesor de Servicio Distinguido de Provost Profesor y Jefe, División de Dolor orofacial Director, Programa de Dolor orofacial College of Dentistry, University of Kentucky Lexington, Kentucky, Estados Unidos Octubre 2017 xii PREFACIO El término trastorno de la articulación temporo- mandibular abarca el dolor de cabeza y cuello, una condición quepuede ser muy angustiante y discapa- citante para el paciente. Como médicos clínicos de- bemos enfocar nuestra atención en los enfoques te- rapéuticos que pueden ayudar a esos pacientes. Cada vez está más claro que el valor de la terapia manual, el ejercicio y las técnicas invasivas pueden ser com- prendidos a través de los conceptos emergentes de la neurociencia del dolor, y que todas estas intervencio- nes se reúnen en un modelo biopsicosocial. De he- cho, la terapia manual y el ejercicio probablemente sean la combinación terapéutica más comúnmente utilizada por muchos profesionales de atención de la salud para el tratamiento de pacientes con dolor crónico. En la actualidad, se acepta universalmente que el sistema nervioso central desempeña un papel fundamental en la experiencia personal y la presen- tación clínica del dolor, y que la terapia manual, el ejercicio y las técnicas invasivas desencadenan res- puestas del sistema nervioso central y periférico. Fue con este fondo de desarrollo en el conocimiento de los mecanismos que nos sentimos inspirados en re- unir una amplia gama de colaboradores de todo el mundo para proveer un relato exhaustivo y práctico de los diversos abordajes de la evaluación y el trata- miento de los trastornos de la articulación temporo- mand i bular. En la concepción y edición de este libro hemos adoptado la evidencia y el paradigma clínicamente informado. Nosotros creemos que una combina- ción de evidencia y experiencia clínica deben guiar a todos los médicos clínicos en el manejo de los in- dividuos con dolor crónico. La característica princi- pal del paradigma basado en la evidencia es que el diagnóstico y el manejo deben ser guiados principal- mente por la mejor evidencia científica disponible; sin embargo, la relevancia de esta doctrina puede ser limitada dado que no existe ninguna buena eviden- cia para todas las intervenciones o procedimientos diagnósticos que utilizan los terapeutas en la prácti- ca diaria. Aunque la práctica basada en la evidencia es una evolución continua, el paradigma inform a do en la evidencia se considera más apropiado dado que el médico toma la mejor evidencia clínica disponible y la combina con la experiencia clínica mientras tie- ne en mente las expectativas y creencias del paciente. En todo este libro de texto, los autores del capítu- lo han integrado la experiencia clínica y el razona- miento basado en un fundamento neuropsicológico con la evidencia más actualizada, y combinan así en efecto lo mejor de los paradigmas basado en la evi- dencia y basado en la clínica, imitando lo que hacen los médicos clínicos en la práctica clínica cotidiana. Nosotros creemos que este enfoque ha creado un li- bro de texto que proporciona verdaderamente a los médicos clínicos practicantes lo que necesitan saber para el examen de selección, el diagnóstico y el trata- miento en la vida real de los pacientes con dolor por trastornos de la articulación temporomandibular. Esto debe ser especialmente útil dado que la etio- logía y la presentación multifactoriales que pueden mostrar los pacientes con trastornos de la articula- ción temporomandibular pueden crear un desafío real para el médico clínico. El libro de texto está dividido en cuatro partes. En la Parte I, varios autores revisan la epidemiología y la clasificación de los síndromes de dolor de los tras- tornos de la articulación temporomandibular y los mecanismos neurofisiológicos que subyacen al do- lor craneofacial. En la Parte 2, los autores establecen los pasos para realizar una anamnesis exhaustiva en los pacientes afectados por trastornos de la articula- ción temporomandibular y los principios básicos del examen físico. En esta sección, los autores demues- tran claramente la relevancia de la interdependencia regional al mostrar por qué debe evaluarse también la columna torácica y cervical en los individuos que sufren trastornos en la articulación temporomandi- bular. Las partes restantes cubren las intervenciones terapéuticas para los trastornos de la articulación temporomandibular. La Parte 3 describe varias in- tervenciones de terapia manual, que incluyen inter- venciones articulares, musculares, fasciales y neura- les, y también ejercicios terapéuticos. Por último, la Parte 4 cubre otras opciones terapéuticas, que inclu- yen diferentes técnicas invasivas, al ubicar el campo de estas intervenciones en el contexto de las neuro- ciencias del dolor contemporáneas y la educación en neurociencia. Nosotros anticipamos que este libro de texto se convertirá en el estándar del manejo manual de los individuos con trastornos de la articulación tempo- romandibular y tenemos la esperanza de que tende- rá un puente en las aparentes diferencias de opinión. Nuestro objetivo es unir diferentes disciplinas del cuidado de la salud utilizando la terapia manual, el ejercicio y las técnicas invasivas como enfoque te- rapéutico. Deseamos que este libro beneficie final- mente a pacientes de todo el mundo. Cesar Fernández-de-las-Peñas, Juan Mesa-Jiménez- Madrid, España Enero de 2018 xiii AUTORES César Fernández-de-las-Peñas PT, DO, MSc, PhD, DrMedSci es Director del Departamento de Fisioterapia, erapia Ocupacional, Rehabilitación y Medicina Física en la Universidad Rey T Juan Carlos, Madrid, España. Es el Decano de un grupo de investigación en ciencias para el dolor, y tiene 15 años de experiencia clínica en la práctica privada en un centro clínico para el dolor enfocado en los abordajes manuales del tratamiento del dolor crónico. Sus actividades de investigación son en los aspectos neurocientíficos de los síndromes de dolor de los cuadrantes superiores, sobre todo los trastornos dolorosos de cabeza y cuello. Fernández-de-las-Peñas tiene más de 300 publicaciones científicas en revistas revisadas por pares y es el primer autor de aproximadamente 150 de ellas. ambién es autor de varios libros de texto T sobre cefalea, migraña, terapia manual y punción seca, y ha sido invitado a presentaciones en 50 conferencias internacionales. Juan Mesa-Jiménez PT, MSc, PhD, es Profesor de la Facultad de Medicina y Director de la Maestría en Disfunción Craneomandibular y Dolor Orofacial de la Universidad San Pablo, Madrid, España. Este autor tiene más de 20 años de experiencia clínica en la práctica privada en un centro clínico para el dolor enfocado en el tratamiento de pacientes con dolor orofacial. Mesa-Jiménez ha publicado artículos científicos en revistas revisadas por pares sobre el tema de dolor crónico orofacial e intervención de acupuntura para su manejo, y ha sido invitado a presentaciones en conferencias de todo el mundo. CEU xiv COLABORADORES Susan Armijo-Olivo, PT, MSc, PhD Profesor adjunto, Facultad de Medicina de Rehablitación y Facultad de Medicina y Odontología, University of Alberta, Edmonton; Investigador principal, Institute of Health Economics, Edmonton, Alberta, Canadá. Lars Arendt-Nielsen, PhD, DrMedSci Centro para la Integración Sensitivomotora (SMI ) , Departamento de Ciencias de la Salud y Tecnología, Facultad de Medicina, Aalborg University, Aalborg, Dinamarca Brian E. Cairns, PhD, DrMed, ACPR Profesor, Facultad de Ciencias Farmacéuticas, University of British Columbia, Vancouver, Canadá; Profesor, Centro para Neuroplasticidad y Dolor, SMI, Departamento de Ciencia de la Salud y Tecnología, Facultad de Medicina, Aalborg University, Aalborg, Dinamarca Eduardo Castro-Martín, PT Profesor de Fisioterapia, Departamento de Fisioterapia, Universidad de Granada, Granada, España; Fisioterapeuta, VértexCentro, Granada, España Joshua A. Cleland, PT, PhD Profesor, Programa de Fisioterapia, Franklin Pierce University, Manchester, New Hampshire, Estados Unidos Mike Cummings, MB ChB, DipMedAc Director Médico, British Medical Acupuncture Society,Reino Unido Bill Egan, PT, DPT, OCS, FAAOMPT Profesor Asociado de Instrucción, Departamento de Fisioterapia, Temple University, Philadelphia, Estados Unidos Fernando G. Exposto, DDS, MSc Estudiante de PhD, Sección de Dolor orofacial y Función mandibular, Departamento de Odontología y Salud Oral, Aarhus University, Dinamarca; Miembro, Scandinavian Center for Orofacial Neurosciences, Dinamarca Blanca Codina García-Andrade, PT, MSc Conferencista, Programa de Maestría en Dolor orofacial y Disfunción temporomandibular, Universidad de San Pablo CEU, Madrid, España Joe Girard, DPT, DScPT Profesor Adjunto, Programa de Fisioterapia, Franklin Pierce University, Manchester, New Hampshire, Estados Unidos Thomas Graven-Nielsen, DMSc, PhD Profesor, Centro de Neuroplasticidad y Dolor ( ), CNAP SMI, Departamento de Ciencias de la Salud y Tecnología, Facultad de Medicina, Aalborg University, Aalborg, Dinamarca Toby Hall, PT, MSc, PhD, FACP Profesor Asociado Adjunto, Escuela de Fisioterapia y Ciencia del Ejercicio, Curtin University, Perth, Australia; Docente Titular Superior, The University of Western Australia, Perth, Australia Gary M. Heir, DMD Director Clínico y de Programa, Centro de Trastornos de la articulación temporomandibular y Dolor orofacial, Escuela de Medicina Dental, Rutgers University, Newark, New Jersey, Estados Unidos José L. de-la-Hoz, MD, DMD, MS Profesor y Coordinador de Programa, Programa de Maestría en Trastornos de la articulación temporomandibular y Dolor orofacial, Escuela de Medicina, Universidad de San Pablo CEU, Madrid, España xv Abhishek Kumar, BDS, PhD Investigador posdoctoral, Departamento de Medicina Dental, Karolinska Institutet, Huddinge, Suecia; Miembro, Scandinavian Center for Orofacial Neurosciences, Suecia Adriaan Louw, PT, PhD CEO, International Spine and Pain Institute, Story City, Iowa, Estados Unidos Cristina Lozano-López, PT, MSc Estudiante de PhD, Departamento de Fisioterapia, Terapia Ocupacional, Medicina Física y Rehabilitación, Universidad Rey Juan Carlos, Alcorcón, Madrid, España Megan McPhee, PT Estudiante de PhD, Centro de Neuroplasticidad y Dolor ( ), , Departamento de Ciencias de CNAP SMI la Salud y Tecnología, Facultad de Medicina, Aalborg University, Aalborg, Dinamarca Ambra Michelotti, DDS Orthod Profesor Asociado, Departamento de Neurociencia, Ciencias Reproductivas y Ciencias Orales, Escuela de Ortodoncia, Università degli Studi di Napoli Federico II, Nápoles, Italia Michael C. O’Hara, PT, DPT, OCS Fisioterapeuta Superior, Good Shepherd Penn Partners, Penn Therapy and Fitness at University City, Philadelphia, Estados Unidos Richard Ohrbach, DDS, PhD, Odont Dr(Hons) Departamento de Ciencias de Diagnóstico Oral, University at Buffalo School of Dental Medicine, Búfalo, Nueva York, Estados Unidos María Palacios-Ceña, PT, CO, PhD Profesor, Departamento de Fisioterapia, Terapia Ocupacional, Medicina Física y Rehabilitación, Universidad Rey Juan Carlos; Investigador Clínico, Cátedra de Docencia e Investigación en Fisioterapia: Terapia Manual y Punción Seca, Universidad Rey Juan Carlos, Alcorcón, Madrid, España; Investigador Clínico, Centro para Integración Sensitivomotora (SMI), Laboratorio de Dolor Musculoesquelético y Control Motor, Aalborg University, Aalborg, Dinamarca Elisa Bizetti Pelai, PT, MSc Estudiante de PhD, Ciencia del movimiento, Universidade Metodista de Piracicaba (UNIMEP), Piracicaba, San Pablo, Brasil Harry von Piekartz PT, BSc, MSc, PhD Profesor, Facultad de Ciencia del Movimiento y Rehabilitación; Director de Estudios, MSc en Terapia Musculoesquelética, Hochschule Osnabrück, Osnabrück, Alemania Andrzej Pilat, PT Director, Escuela de Terapia Miofascial Tupimek, Madrid, España; Conferencista, Programa de Grado de Maestría, Escuela de Fisioterapia ONCE, Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, España Laurent Pitance, PT, PhD Instituto de Investigación Experimental y Clínica, Laboratorio Neuromusculoesquelético (NMSK), Université Catholique de Louvain, Bruselas, Bélgica; Departamento de Cirugía Oral y Maxilofacial, Cliniques Universitaires Saint-Luc, Saint-Luc, Bruselas, Bélgica Emilio (Louie) Puentedura, PT, DPT, PhD, OCS, FAAOMPT Profesor Asociado y Coordinador para el PhD en Ciencias de Salud Interdisciplinarias, Departamento de Fisioterapia, University of Nevada, Las Vegas, Nevada, Estados Unidos Mariano Rocabado, PT, DPT, PhD Facultad de Odontología, Universidad de Chile; Santiago de Chile; Director, Instituto Rocabado, Santiago de Chile Sonia Sharma, BDS, PhD, Dr Odont Profesor Asistente en Investigación, Departamento de Ciencias Diagnósticas Orales, University at Buffalo Escuela de Medicina Dental, Búfalo, Nueva York, Estados Unidos Peter Svensson, DDS, PhD, Dr Odont Profesor y Director, Sección de Dolor Orofacial y Función Mandibular, Departamento de Odontología y Salud Oral, Aarhus Universitet, Aarhus, Dinamarca; Profesor Invitado, Departamento de Medicina Dental, Karolinska Institutet, Huddinge, Suecia; Miembro, Scandinavian Center for Orofacial Neurosciences, Dinamarca xvi Tom Mark Thayer, BChD, MA(MedEd), FDS RCPS(Glasg), FHEA Consultor y Conferencista Superior Honorario en Cirugía Oral, Liverpool University Dental Hospital and School of Dentistry, University of Liverpool, Liverpool, Reino Unido Hau-Jun You, MD, PhD Centro para Investigación Biomédica sobre Dolor, College of Medicine, Xi’An Jiaotong University, XiAn, República Popular China xvii AGRADECIMIENTOS Después de muchos años de trabajar con pacien- tes con dolor orofacial, y en consulta con Hands- pring Publishing, estamos de acuerdo en que ha llegado el momento de reunir un libro de texto sobre los trastornos de la articulación temporo- mandibular. Nosotros no apreciamos realmente cuántas personas estarían involucradas finalmen- te en este proyecto, pero el resultado es este libro −que fue posible gracias a los esfuerzos de mu- chos individuos. Primero, nos gustaría agradecer a nuestros coautores, quienes prepararon los capítulos y crearon una colaboración mundial. Además, los autores provienen de diferentes profesiones de atención de la salud, lo que hace de este libro una verdadera colaboración multidisciplinaria. En segundo lugar, también nos gustaría agradecer a nuestros pacientes que nos han enseñado tanto sobre lo que significa vivir con dolor agudo y cró- nico persistente por trastornos de la articulación temporomandibular. En tercer lugar, nos gustaría agradecer a Handspring Publishing por confiar- nos la preparación de este libro de texto. Nos sen- timos muy impresionados con el profesionalismo y el entusiasmo de la gente de Handspring, y apre- ciamos mucho su guía y su atención a los detalles. Por último, estamos agradecidos con nuestras familias, amigos y colegas. Sabemos que nuestras actividades profesionales, como escribir capítulos de libros y dictar cursos, nos alejan de nuestras familias y amigos. Apreciamos su comprensión y el apoyo por nuestros proyectos. César Fernández-de-las-Peñas, Juan Mesa-Jiménez Madrid, España Enero de 2018 1 PARTE 1 Introducción a los trastornos de la articulación temporomandibular CAPÍTULO 1 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular 3 Sonia Sharma, Richar Ohrbach CAPÍTULO 2 Clasificación de los trastornos de la articulación temporomandibular 27 Ambra Michelotti, Peter Svensson CAPÍTULO 3 Procesamiento nociceptivo trigeminal 43 Brian E. Cairns CAPÍTULO 4 Fisiopatología del dolor temporomandibular 53 Abhishek Kumar, Fernando G. Exposto, Hau-Jun You, Peter Svensson CAPÍTULO 5 Dolor musculoesquelético referido a la región craneofacial 67 Thomas Graven-Nielsen, César Fernández-de-las-Peñas, Megan McPhee, Lars Arendt-Nielsen CAPÍTULO 6 Pruebas sensitivas cuantitativas en los trastornos de la articulación temporomandibular 79César Fernández-de-las-Peñas, Peter Svensson, Lars Arendt-Nielsen Capítulo 1 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular Sonia Sharma, Richard Ohrbach Definición de trastornos de la articulación temporomandibular Los trastornos de la articulación temporomandibu- lar (TTM) representan un grupo de afecciones dolo- rosas que afectan las estructuras duras y blandas de la región orofacial y se caracterizan principalmente por la presencia de dolor, limitación de la apertura mandibular y ruidos en la articulación temporo- mandibular (ATM) (De Leeuw y Klasser, 2013). Sobre la base de estas características principales, los abordajes han diferido considerablemente en el modo de conceptualizar los trastornos más allá de su carácter musculoesquelético básico, lo que a su vez ha conducido a diferentes criterios diagnósticos. De hecho, las taxonomías y los criterios se tratan en el capítulo 2 de este libro; aquí nos centramos en las definiciones y en cómo han influido en nuestro conocimiento de la epidemiología y la etiología de los trastornos de la ATM. Además, las definiciones influyen directamente en las taxonomías, los crite- rios, la práctica clínica y la investigación, incluida tanto la aplicación de la investigación clínica como la investigación centrada en la clasificación. En este capítulo aplicaremos las siguientes definiciones: «los trastornos de la articulación temporomandibular», que se refiere al tema como un todo, mientras que «un trastorno de la articulación temporomandibu- lar» es un trastorno específico. Según los métodos y criterios diagnósticos más ampliamente aceptados, los TTM representan el se- gundo trastorno musculoesquelético más frecuente en los Estados Unidos después del dolor lumbar crónico (Lipton y cols., 1993; NIDCR, 2014). De hecho, las estimaciones mundiales de su prevalen- cia –que indican que aproximadamente el 10% de la población adulta está afectada parecen ser el– espejo de las de los Estados Unidos (Lipton y cols., 1993; NIDCR, 2014). El grado de amplitud con que los TTM se definen influirá sustancialmente en su prevalencia, como se explica en detalle en la sección sobre epidemiología más adelante en este capítulo; en resumen, las estimaciones pueden ser de tan solo un bajo porcentaje si los criterios son muy restric- tivos y de hasta un 60% si los criterios son relaja- dos. Los criterios muy restrictivos podrían incluir el requerimiento de múltiples hallazgos de dolor en la musculatura masticatoria durante las pruebas de movilidad y palpación, y de un número elevado de días con dolor masticatorio; por ejemplo, 20 en el mes previo. Los criterios muy relajados podrían ser la presencia de un único síntoma de tipo TTM, diga- mos un chasquido de la ATM, durante los seis meses previos. Por lo tanto, para tratar esta amplia gama de posibilidades deberíamos considerar primero la definición de caso. Definición de caso El propósito de una definición de caso es propor- cionar una claridad ejemplificadora, aunque sea transitoria, sobre un trastorno; la claridad de esa definición permite diferenciarla de otros conceptos diagnósticos, tal vez más establecidos (aunque no necesariamente válidos). La definición de un caso particular se construye para ajustarse dentro del contexto de su uso pretendido a fin de optimizar la fiabilidad (al contrario del diagnóstico clínico que se construye para capturar la enfermedad, como pa- rece ocurrir en el mundo natural), lo que entonces permite una exhibición significativa de incidencia, prevalencia, factores de riesgo, historia natural y cur- so clínico del trastorno, sin la carga de restricciones que podría imponer un diagnóstico convencional. La definición de caso informada es imperativa cuan- do se desarrollan taxonomías y también cuando se revisan; la claridad ejemplificadora ayuda a evitar el círculo vicioso que se desencadena cuando se tras- ladan conceptos diagnósticos de una fase del desa- rrollo a la siguiente. En muchos casos, una fase dada del desarrollo de la taxonomía de una enfermedad puede representar el estándar de referencia actual (y mejor) para el campo; la mejoría de un estándar de referencia desde una versión a la siguiente requiere la inclusión de una tercera perspectiva. Antes del desarrollo de los Criterios Diagnós- ticos de Investigación para los Trastornos de la 3 4 Capítulo 1 Articulación Temporomandibular no existía una definición única acordada para estos trastornos como término global que abarcara distintos sub- tipos. Varios grupos de investigación se concen- traron en el dolor en las estructuras de la región temporomandibular como característica defini- toria de un TTM y, por ende, la prevalencia para estos trastornos ha variado ampliamente entre los estudios. Sobre la base del fundamento de que es el dolor, más que los síntomas, como ruidos ar- ticulares o bloqueo mandibular, el que tiene un mayor impacto en el sufrimiento del individuo, la interferencia en sus actividades habituales, el aumento de la carga económica debido a la pér- dida de productividad y la búsqueda de atención de la salud, Dworkin y LeResche introdujeron los Criterios Diagnósticos de Investigación para los Trastornos de la Articulación Temporomandibu- lar (Dworkin y cols., 1990; Dworkin y LeResche, 1992). Este conjunto de criterios diagnósticos gira alrededor de una definición común de caso para un tipo dado de trastorno, métodos de examen estandarizados y procedimientos estandarizados para recoger la información por parte del propio paciente (Dworkin y LeResche, 1992). Para ob- tener más información, véanse las secciones si- guientes sobre diagnóstico de los TTM mediante el uso de los Criterios Diagnósticos de Investiga- ción para los Trastornos de la Articulación Tem- poromandibular. Dadas las amplias diferencias en cuanto a la prevalencia comunicada de los TTM, las cuales varían desde un bajo porcentaje hasta un 60% dependiendo de las definiciones variadas de los trastornos, la determinación de los criterios que identificarán correctamente un trastorno «real», es decir uno que existe en la naturaleza y no solo en la mente del clínico, se beneficia con la inclu- sión de una definición de caso. A los fines de la investigación, la elección entre un enfoque restric- tivo y uno relajado generalmente está determina- da por el objetivo de la investigación para muchos tipos de estudio. Los estudios que pretendan la generalización clínica adherirán a estándares más apropiados para la consulta clínica: se dará prioridad a pruebas fácilmente disponibles en un centro clínico. Un clínico que piensa que incluso un único episodio de chasquido de la ATM es un indicador potencial de un trastorno clínico pos- terior tendrá un umbral muy bajo para lo que ca- lifica como un trastorno; un clínico preocupado, por ejemplo, por las consecuencias del sobretrata- miento del chasquido de la ATM, que la mayoría de las veces tiene muy baja morbilidad, adoptará, por el contrario, un umbral mucho más alto para definir la gravedad de los síntomas o los hallaz- gos que permiten calificar a la entidad como un trastorno. Como los TTM, al igual que la mayoría de los trastornos dolorosos crónicos, tienen pocos o ningún marcador patognomónico, no existe un marcador objetivo claro de enfermedad que sirva como patrón de referencia por el cual se distinga patología frente a no patología. Esto es particular- mente cierto para aquellos trastornos caracteriza- dos primariamente por dolor; pero, incluso para los trastornos articulares, el patrón de referencia de imágenes existente solo revela el estado físico de las estructuras articulares y la relación entre los hallazgos basados en imágenes y un trastornocon relevancia clínica tiene baja especificidad diagnós- tica; por tanto, este se explica mejor por variables conductuales y psicológicas (Dionne y cols., 2008; Johansson y cols., 2008; Leeuw y cols., 2007; Türp y cols., 2016; Verkerk y cols., 2015; Wasan y cols., 2005). En consecuencia, las decisiones razonadas sobre cómo construir una definición de caso, par- ticularmente con propósitos clínicos, giran alre- dedor de múltiples consideraciones. Consideraciones sobre el umbral Sobre la base de una definición de caso de TTM simple, pero ampliamente aceptada para los fines epidemiológicos, los TTM se asocian con dolor y discapacidad y afectan aproximadamente al 5-12% de la población de los Estados Unidos, mientras que el coste anual estimado es de unos 4 mil millones de dólares estadounidenses (Lipton y cols., 1993; NIDCR, 2014). Aquí, el coste del tratamiento está determinado por el umbral de lo que constituye un trastorno y, por lo tanto, debe ser tratado. Por ejemplo, un umbral bajo para calificar una entidad como un trastorno puede conducir a múltiples trata- mientos mediante ensayo y error y aumentar así los costes del tratamiento y, en consecuencia, conducir al sobretratamiento del trastorno. Por el contrario, un umbral elevado tiene el potencial de identificar 5 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular el trastorno más allá de su representación solo por síntomas simples y, por lo tanto, puede dirigir trata- mientos más enfocados y reducir así los costes. Los umbrales pueden ser considerados desde el interior del trastorno o pueden basarse en sus consecuencias. Para considerar el umbral por el cual una de- finición de caso debe identificar un trastorno clínico, algunos términos clínicos requieren defi- nición. Los términos estandarizados en el vocabu- lario biomédico para el concepto de enfermedad varían ampliamente y, en consecuencia, para los propósitos presentes utilizaremos un conjun- to de definiciones desarrolladas para ontología (Scheuermann y cols., 2009). Las definiciones de importancia primaria seleccionadas para este ca- pítulo están tomadas literalmente de esta fuente: • Trastorno. Combinación, desde el punto de vista causal, relativamente aislada de compo- nentes físicos que es clínicamente anómala y no es fácilmente reducible a alguna otra entidad. • Proceso patológico. Proceso del cuerpo que es una manifestación de un trastorno. • Enfermedades. Disposición a sufrir un proceso patológico debido a uno o más trastornos. • Signo. Característica del cuerpo del paciente que es observada en un examen físico y que el clínico juzga que tiene relevancia clínica. • Síntoma. Característica del cuerpo del paciente que es observada por él y a partir de la cual for- mula la hipótesis de que es la manifestación de una enfermedad. • Valor normal de una prueba (o de un hallazgo). Valor que se basa en un tratamiento estadístico de los valores de una población de referencia. • Manifestación preclínica de una enfermedad. Manifestación de una enfermedad que existe antes de que se vuelva detectable en una anam- nesis clínica o un examen físico. • Diagnóstico. Conclusión de un proceso inter- pretativo que tiene como aporte el cuadro clí- nico de un paciente dado y como producto una afirmación sobre el efecto de que el paciente tiene una enfermedad de cierto tipo. Es necesario especificar una definición de caso para el propósito de lo que debe ser identificado, y dentro de ello se puede basar solo en las caracterís- ticas primarias (p. ej., signos, síntomas o biomar- cadores), en una combinación de características primarias o en la inclusión de características se- cundarias. La tabla 1-1 proporciona un resumen de la terminología del dolor y representa los do- minios que son ampliamente considerados como dominios primarios del dolor y sobre los cuales se basan típicamente las definiciones de casos. Un aspecto de la determinación de un umbral dentro de las características seleccionadas a los fi- nes de construir una definición de caso reside en el valor normal de la prueba o el hallazgo y que, a su vez, depende de una población de valores para identificar la variabilidad normal para poder dis- criminar así la anomalía como un posible marca- dor de un proceso patológico. Un ejemplo dentro del diagnóstico de las mialgias de los músculos masticatorios es si la evaluación debe poner de manifiesto solo un músculo masticatorio doloroso a partir de las pruebas de provocación (Criterios Diagnósticos para los Trastornos de la Articula- ción Temporomandibular) o a tres de estos sitios musculares (Criterios Diagnósticos de Investiga- ción para los Trastornos de la Articulación Tempo- romandibular) como un umbral para las mialgias dentro de los sistemas diagnósticos respectivos. Esto puede depender de la presencia de un cofactor (p. ej., el dolor provocado debe replicar el síntoma clínico, como en los Criterios Diagnósticos para los Trastornos de la Articulación Temporomandibu- lar) para proteger contra falsos positivos, dado que se espera hiperalgesia en individuos clínicamente normales debido a variaciones en la percepción del dolor, que conducen a la ubicuidad de la sim- ple sensibilidad a la palpación que no se relaciona con algún trastorno clínico (Dworkin y LeResche, 1992). En este ejemplo, el umbral para un trastor- no se basa en el valor normal de una prueba: en los Criterios Diagnósticos para los Trastornos de la Articulación Temporomandibular, los individuos sin dolor pueden tener músculos dolorosos debido a que simplemente son sensibles al dolor, pero solo aquellos que presenten un trastorno comunicarán familiaridad del dolor provocado con alguna otra experiencia reciente (reconocimiento del dolor); mientras que, dentro de los Criterios Diagnósticos de Investigación de los Trastornos de la Articula- 6 Capítulo 1 ción Temporomandibular, el umbral de tres sitios musculares dolorosos se basa en el hecho de que los casos no patológicos, pueden comunicar dolor a la provocación, pero estadísticamente los indivi- duos que no comunicaron una historia reciente de dolor no manifiestan dolor en más de dos de estos sitios. Los valores normativos ayudan a definir la prevalencia esperada de un trastorno frente a la prevalencia de un hallazgo; por ejemplo, si apa- recen hallazgos positivos para el desplazamiento discal anterior de la ATM en un tercio de la pobla- ción, esto podría conducir a la afirmación de que un tercio de la población presenta un trastorno si los criterios se basan solo en hallazgos en las imá- genes. El umbral para la identificación de un trastorno también puede depender de sus consecuencias, y el TTM tiene tres tipos principales de conse- cuencias: limitación de la función, discapacidad y dolor crónico. Cada una de estas consecuencias importantes cuestiona de forma crítica lo que en- tendemos por trastorno. Como ya se definió, un trastorno es una combinación de características anormales desde el punto de vista clínico, pero si las características clínicamente anormales no interrumpen el estado de bienestar de un sujeto, entonces son simplemente hallazgos. En resumen, ¿una constelación de características (síntomas, signos o ambos hallazgos basados en biomarca- dores) puede constituir un trastorno si no existe ninguna consecuencia clínica (Wakefield, 1992)? Se asume que los TTM conducen a una limita- ción funcional del sistema masticatorio, mientras que la extensión de la limitación funcional es solo en parte proporcional a la gravedad del trastorno (Ohrbach, 2001; Ohrbach y cols., 2008a). La limi- tación funcional incluye dominios de masticación, movilidadmandibular, y expresión verbal y emo- cional. Si se la utiliza como una medida de grave- dad global, los individuos con un hallazgo positivo único (p. ej., chasquido esporádico de la ATM) pueden no comunicar alguna limitación funcional y, en consecuencia, no se consideraría que tienen un trastorno doloroso. Una excepción obvia sería cuando el chasquido aislado tiene valor pronóstico para el desarrollo posterior de un trastorno grave; Atributos del dolor Definición Ejemplo de términos comunes Localización Sitio y propagación del dolor Localizado Irradiado, referido, lancinante Intensidad Magnitud (cantidad) de dolor en un único episodio; incluye los aspectos temporales de la magnitud 6 de 10 (en una escala de 0-10) Fluctuante, constante Duración Período de tiempo de un único episodio, es decir, entre dos episodios sin dolor Horas, días, semanas, meses Frecuencia Patrón de dolor en el tiempo Todas las mañanas o todas las noches Continuo (un «episodio» de dolor que persiste durante un mes o más) Intermitente (dos episodios por semana) Cualidad Aspectos sensitivos y emocionales de una experiencia Sordo, ardiente, punzante Agotador, intolerable Factores modificadores Factores que inician, aumentan o disminuyen el dolor asociado con un episodio Tacto, lavado, tos, hablar, medicación, calor, frío Curso temporal Curso del dolor en un período largo de tiempo Agudo, subagudo, crónico, recurrente Tabla 1-1 Resumen de la terminología (adaptado de Blau, 1982) 7 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular los datos disponibles no apoyan una progresión probable desde el chasquido simple hasta un tras- torno posterior; es decir, que, si el chasquido hubie- ra sido «tratado» como paso preventivo, habría sido más probable que el trastorno se hubiera preveni- do o minimizado. En consecuencia, tanto el dolor como la limitación funcional representan medidas sensibles por las cuales puede determinarse el um- bral para un trastorno sobre la base de los signos disponibles, mientras que los signos aislados son malos indicadores de un trastorno para diferenciar- lo de un trastorno o como intervalo de normalidad. La discapacidad es un constructo de la limita- ción funcional que afecta más a nivel personal que a nivel del sistema. La discapacidad asociada con las actividades de la vida cotidiana es una conse- cuencia de un trastorno de la ATM. Aunque no es probable que una discapacidad se produzca en ausencia completa de limitación funcional, los modelos de incapacidad indican claramente que discapacidad y limitación funcional no están nece- sariamente organizadas de forma jerárquica (Ohr- bach, 2001; Osterweis y cols., 1987). El modelo biopsicosocial del dolor indica que la discapacidad debida a un trastorno es consecuencia no solo de cualquier cambio biológico, sino que también se debe necesariamente a las contribuciones de facto- res psicológicos y sociales (Dworkin, 1991). Una consecuencia final y relativamente frecuente de un TTM es el desarrollo de dolor crónico aso- ciado con ese trastorno. Son pertinentes tres defi- niciones de dolor crónico: dolor que persiste más allá del momento de la cicatrización tisular habi- tual, dolor que no ha respondido al tratamiento habitual para el trastorno identificado o, la más utilizada, dolor que persiste más allá de los 3 me- ses o de los 6 meses (dependiendo del estándar que se utilice) (Turk y Rudy, 1987). Estas tres de- finiciones son útiles en diferentes momentos, tan- to en la investigación como en la práctica clínica; y también son más complejas de lo que habitual- mente se considera. La primera definición asume, sobre la base de la definición de dolor de IASP (v. luego), que algún tipo de daño tisular (definido ampliamente) se presenta antes de la percepción ini- cial del dolor y que los factores biológicos normales conducirán a la cicatrización de ese daño tisular. El modelo de lesión de Wall (Wall, 1979) indica que cuando el dolor persiste más allá del tiempo de ci- catrización normal, existe una mayor probabilidad de desarrollar un trastorno doloroso agudo; más aún, Wall también indica una mayor probabilidad de transición de la lesión a un trastorno doloroso crónico. Esta posibilidad durante los estadios de cicatrización normal de transición a un trastorno agudo o crónico destaca la presencia de factores de riesgo que ocurren al comienzo del proceso de cicatrización normal y más tarde en el proceso de cicatrización. La implicación de la definición de do- lor de IASP y de los conceptos posteriores de Wall es que, aunque cicatriza el daño tisular obvio (y que el dolor puede persistir más allá del estadio de ci- catrización normal, con la conclusión implícita de que, sin daño tisular, no debe haber ninguna fuen- te remanente de nocicepción periférica), el dolor puede persistir y que este puede estar relacionado causalmente con la lesión inicial y la nocicepción asociada. Existen, como lo sugieren los conceptos de Wall, varias complicaciones con una vía causal simple. Una es que la nocicepción primaria (pri- maria e inflamatoria; [Woolf, 2004]) con el tiempo puede dar lugar a dolor neuropático, pero con la interpretación de que la lesión tisular primaria ha cicatrizado y puede surgir un nuevo trastorno, la alteración funcional de las áreas del sistema nervio- so relacionadas con la nocicepción. No obstante, la nocicepción primaria puede mantenerse aún des- pués de la cicatrización tisular inicial y relacionada con aspectos disfuncionales más complejos que en la actualidad parecen estar más claramente defini- dos en la literatura científica del dolor. En lugar de que el dolor crónico sea un trastorno del sistema nervioso central (SNC) en ausencia de nocicepción, dada la ausencia aparente de daño tisular, puede ser más probable que, como trastorno central, coexista con trastornos periféricos que comenzaron como algún tipo de daño tisular (otra vez, definido in- tencionalmente aquí en términos amplios para ser inclusivo), pero luego progresó a una disfunción de un tipo diferente, asociada con la nocicepción, pero poco conocida (Moseley, 2003). La segunda definición de dolor crónico –dolor que no ha respondido al tratamiento habitual– es útil en la clínica para evaluar los factores del pa- ciente (p. ej., la adherencia) y los sistemas tisulares tratados hasta la fecha (p. ej., acupuntura, pero no 8 Capítulo 1 fisioterapia, para un presunto dolor musculoes- quelético). Sin embargo, en esta definición de dolor crónico existe el potencial de circularidad intrínse- ca, como se destaca repetidas veces en los distintos capítulos de este libro sobre las modalidades tera- péuticas. Es decir que esta definición asume que todas las formas de «tratamiento habitual» para este paciente ya han sido suficientemente identifi- cadas y que el tratamiento habitual es provisto en forma consistente con el objetivo de las denomina- das «buenas prácticas clínicas». No obstante, como indica Moseley, las formas físicas del tratamiento pueden variar enormemente en el modo en que se focalizan en el sistema tisular específico (o en parte del sistema tisular) causante de la presunta nocicep- ción continua, y es esencial un esquema suficiente a nivel terapéutico para incorporar todos los factores (p. ej., psicológicos, sociales o conductuales) en el plan terapéutico a modo de incluir una masa crítica suficiente de terapias capaces de lograr cambios ne- cesarios para obtener una modificación en el dolor crónico del individuo (Moseley, 2003). La tercera definición de dolor crónico, basada en el período de duración de 3 o 6 meses (IASP, 2011), es claramente arbitraria,pero en la clínica (o a los fines de la investigación) cuando no se cuenta con otra referencia para fijar una clasificación potencial de dolor crónico para ese individuo, la base tempo- ral es al menos pragmática. Véanse la tabla 1-2 y la para un resumen de los tipos de do-figura 1-1 lor según la duración. Los intervalos clásicos de 3 y 6 meses han surgido en gran parte a través de un abordaje a prueba de fallos: se le ha dado al cuerpo y a la persona el beneficio de la duda para la recupe- ración del evento inicial que produjo el dolor, mien- tras que cualquier dolor que persista 3 o 6 meses se debe considerar evidencia de una red disfuncional de procesamiento central del dolor; por lo tanto, el tratamiento debe avanzar desde un enfoque simple- mente (y a veces únicamente) basado en el mismo trastorno en el nivel corporal para incorporar ahora la consideración de los factores psicosociales, socia- les y conductuales que pueden contribuir al dolor progresivo e interferir sobre la respuesta a los trata- mientos habituales. El problema primario con este enfoque para definir el dolor crónico reside en la elección del umbral temporal: los datos emergen- tes indican que 6 meses es demasiado tiempo y que probablemente 3 meses sea demasiado tiempo tam- bién en términos de los factores que pueden surgir después del inicio, digamos a través de una lesión y que ya están activos para afectar la conducta, in- terferir sobre la respuesta terapéutica y perpetuar la cronicidad. El tratamiento más temprano es supe- rior a uno tardío (Epker y cols., 1999). En resumen, parece mejor basar el umbral para una definición de caso orientada clínicamente de un TTM en datos normativos de la población aco- plados con consecuencias funcionales específicas en el sistema orgánico identificado. En este mo- mento, los datos normativos deben basarse en sín- tomas primarios más que en una definición de caso basada solo en los signos. Retornando al ejemplo anterior, si un tercio de la población presentara un desplazamiento discal anterior de la ATM puesto de manifiesto por las imágenes, pero menos del 10% de esos individuos manifiestan síntomas o conse- cuencias funcionales de ese desplazamiento discal, el hallazgo de las imágenes no constituiría un tras- torno. Por el contrario, si el hallazgo de las imágenes tiene valor pronóstico para un aumento del riesgo de desarrollar un TTM en el futuro o de constituir un factor que contribuye al empeoramiento del TTM después del inicio, ese hallazgo constituiría In te n s id a d 10 0 Tiempo In te n s id a d 10 0 Tiempo In te n s id a d 10 0 Tiempo P agudo1 P2 crónico P brote3 Figura 1-1 Marco temporal para los tipos de dolor. 9 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular un trastorno (según la definición ontológica ante- rior). La discapacidad asociada con un conjunto de características no constituye un marcador útil para establecer el umbral de si ese conjunto de caracte- rísticas representa o no un trastorno; esto se debe en gran parte a la inclusión de otros factores fuera del trastorno diana que contribuyen al desarrollo de la discapacidad. Es probable que el efecto neto sea una forma demasiado extrema de agrupamiento. Asimismo, es posible que el potencial para el surgi- miento del dolor crónico no sea una consideración fiable o incluso válida sobre cómo establecer el um- bral de un trastorno a los fines diagnósticos. La discapacidad y la cronicidad no forman parte integral del trastorno; reconocer esta distinción es un concepto importante relacionado con los lími- tes de un trastorno, que presenta la no reductibi- lidad a otro trastorno como uno de dos criterios centrales. Por ejemplo, ¿un TTM debe ser defini- do para incluir necesariamente el dolor cervical o la disfunción cervical como parte de los criterios diagnósticos? Los Criterios Diagnósticos para los Trastornos de la Articulación Temporomandibu- lar han sido criticados por no ser lo suficiente- mente inclusivos, porque excluyen los hallazgos cervicales. Por cierto, una base para esa crítica podría incluir la conexión fisiológica y mecánica bien establecida entre los síntomas y la función motora, respectivamente, de los sistemas mastica- torio y cervical. Pero, como los problemas de los sistemas cervical o masticatorio podrían existir por separado a partir de otro sistema, una defini- ción de caso basada en un sistema combinado no representaría la unidad no reductible más peque- ña de un trastorno. Definición de dolor Si bien el dolor se puede definir informalmente como un sufrimiento o malestar físico causado por una enfermedad o lesión, la definición científica (y mucho más útil desde el punto de vista clínico) es: «Una experiencia sensitiva y emocional no pla- centera asociada con daño tisular real o potencial, o descrita en términos de este daño» (IASP, 2011). Tipo de dolor Definición Agudo Dolor de inicio reciente que no es recurrente ni crónico y que ha persistido por menos de 3 meses Subagudo Trastorno de dolor menos reciente, a veces utilizado incorrectamente para mostrar un dolor menos grave que contrasta con un dolor agudo intenso Crónico Dolor que persiste durante 3 meses o más, o 6 meses o más Dolor que persiste más allá del momento de la cicatrización habitual Dolor que no responde a los tratamientos habituales Recurrente Nuevos episodios de crisis de dolor que recurren repetidas veces después de períodos libres de dolor en una escala temporal más prolongada, p. ej., cefalea menstrual También cuando el dolor está presente en menos del 50% de los días en un período de tiempo específico (12 meses) y ocurren múltiples episodios durante el año De primer inicio Episodio de dolor que es la primera aparición de un trastorno de dolor particular durante la vida de una persona Transitorio Un episodio de dolor de no más de 90 días consecutivos que no recurre en un período de 12 meses Tabla 1-2 Resumen de los tipos de dolor según la duración. Evaluación clínica y caracterización del resultado en la clasificación dentro de una de estas categorías del dolor comunicado por el individuo. Las definiciones de caso también se construyeron sobre estos constructos temporales (adaptado de Von Korff, 1994) 10 Capítulo 1 La implicación de esta definición es que existen tres subtipos de dolor: el dolor que acompaña al daño tisular real, el dolor que acompaña a lo que deno- minamos «daño tisular potencial» y el dolor que acompaña a una descripción (en algunas comuni- caciones de pacientes) que involucra la referencia al daño tisular (Smith y cols., 2011). En un sentido, estos tres aspectos del daño tisular representan el grado de certeza por parte del paciente sobre si el inicio del dolor estuvo vinculado con una nocicep- ción evidente por un daño tisular conocido. Obsér- vese que el dolor que acompaña a la forma menos cierta de nocicepción evidente con daño tisular real, dolor descrito «en términos de dicho daño», ha sido incluido en una categoría clínica denominada dolor funcional (Woolf, 2004) y es bien conocido como el origen de mucha especulación clínica y ex- perimental, y también de confusión. Esa categoría probablemente explica los síntomas de la mayoría de los individuos con dolor crónico en general y, por cierto, abarca la categoría más grande de indi- viduos con dolor crónico por un TTM. Más aún, es probable que sea el tipo más frecuente de dolor asociado con los distintos trastornos identificados en este libro como objetivo de nuevos tratamientos. Se establece una definición de dolor revisada, la cual propone que «el dolor es una experiencia per- turbadora asociada con daño tisular real o potencial con componentes sensitivo, emocional,cognitivo y social» (Williams y Craig, 2016). Esta definición elimina, en particular, el aspecto complejo de la definición actual del dolor enunciada como «…o descrita en términos de tal daño (tisular)»: Williams y Craig reconocen que esta frase era una parte de la definición actual para incluir intencionalmente a los individuos que referían dolor en clara ausencia de cualquier evidencia detectable de daño tisular, lo que sugiere que esto puede ser más oportunismo político que una necesidad científica. No obstante, los autores reconocen, además, que la fuerte eviden- cia de cambios neuroplásticos del SNC relacionados con el curso del dolor apoya la sabiduría de la deci- sión de incluir previamente esa frase, mientras que indica además que los adelantos del conocimiento sugieren que estos individuos tal vez ahora deberían ser clasificados dentro de un sistema diagnóstico di- ferente, reservando «dolor» solo para aquellos que presenten daño tisular real o potencial. No obstante, desde el punto de vista clínico, a menudo, las histo- rias de dolor asociadas con, por ejemplo, el diagnós- tico de un TTM, no identifican un acontecimiento previo particular de «daño tisular real o potencial» fuertemente asociado con la nocicepción conocida. Cuando se comparan estos pacientes con aquellos con antecedentes claros de una lesión previa, las descripciones de los síntomas son típicamente in- distinguibles (fuera de los elementos específicos relacionados con una lesión, cuando está presen- te), mientras que los hallazgos en ambos tipos de pacientes son equivalentes en términos de los diag- nósticos resultantes (p. ej., dolor miofascial). Si bien la presencia o ausencia de daño tisular previo puede sugerir diferentes mecanismos en el momento del inicio, los procesos asociados con los estadios pos- teriores de transición a un trastorno doloroso agudo o más hacia la cronicidad pueden no diferir entre ambos tipos de individuos y, en consecuencia, el calificador de la definición actual de «…o descrito en términos de este daño (tisular)» parece seguir teniendo una importancia crítica para un dominio apropiadamente inclusivo del dolor. El análisis críti- co de la definición actual del IASP abarca fácilmente este marco de trabajo amplio e inclusivo relacionado con la amplitud en la certeza del examinador acerca de la lesión previa y el daño tisular asociado, ya que la ausencia de daño tisular observable no excluye los niveles más sutiles de daño tisular que somos inca- paces de evaluar con los métodos actuales (Smith y cols., 2011). Además, no se conoce la relación entre una lesión presente y la nocicepción, que se sabe que está determinada por el daño tisular; más aún, la gama de estímulos, frente a una lesión, varía desde el daño tisular dudoso hasta la lesión tisular segura. En consecuencia, la definición actual de do- lor parece ser superior para capturar los fenómenos clínicos relevantes tanto para el diagnóstico como para el tratamiento, especialmente en relación con los nuevos enfoques terapéuticos que utilizan una definición de caso que se construye sobre el «dolor» como se define actualmente. Aplicación de una definición de caso al desarrollo de un sistema diagnóstico El sistema de Criterios Diagnósticos de Investiga- ción para los Trastornos de la Articulación Tem- poromandibular desarrollado en 1992 consiste en 11 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular criterios fiables y validados que se utilizan para examinar, diagnosticar y clasificar las formas más frecuentes de trastornos musculoesqueléticos de la ATM. Sobre la base del modelo biopsicosocial del dolor, los Criterios Diagnósticos de Investigación consisten en un enfoque de doble eje: Eje I (hallaz- gos físicos) y Eje II (discapacidad y estado psicoso- cial relacionados con el dolor). Las medidas del Eje I se utilizan para obtener el diagnóstico físico a través de un examen clínico que evalúa el dolor regional en los últimos 30 días y el dolor actual a partir de la provocación de la musculatura masticatoria y la ATM a través de la movilidad y la palpación mandi- bular. Las medidas del Eje II de los Criterios Diag- nósticos de Investigación de los Trastornos de la Articulación Temporomandibular están destinadas a determinar el grado de contribución del deterioro cognitivo, emocional o conductual al desarrollo y el mantenimiento de estos trastornos. Más específica- mente, estas medidas evalúan la discapacidad man- dibular durante la función, el estado psicológico y el nivel de funcionamiento psicosocial, y se obtie- nen mediante pruebas conductuales y psicológicas fiables y validadas. Sobre la base del protocolo de examen clínico de los Criterios Diagnósticos de In- vestigación, los TTM pueden incluir a cualesquiera de los tres grupos de diagnósticos: Grupo I (tras- tornos musculares), Grupo II (desplazamientos discales) y Grupo III (trastornos articulares) o una combinación de cualquiera de los subgrupos. En 2010 se llevó a cabo el Proyecto de Validación de los Criterios Diagnósticos de Investigación de los Trastornos de la Articulación Temporomandibular para determinar la sensibilidad y la especificidad de los criterios originales. Utilizando una defini- ción de caso simple de dolor regional en los 30 días previos, se desarrollaron los borradores revisados de los criterios diagnósticos y dos examinadores experimentados, pero independientes, proveyeron por consenso diagnósticos estándares de referencia para los trastornos del dolor. Según el Proyecto de Validación se observó la siguiente sensibilidad y especificidad para los algoritmos diagnósticos del Eje I para los dos grupos musculares diagnósticos principales: dolor miofascial Grupo Ia (sensibilidad 0,65, especificidad 0,92) y dolor miofascial Grupo Ib con apertura limitada (sensibilidad 0,79, especi- ficidad 0,92) (Truelove y cols., 2010). Al reconocer que ninguno de los grupos diagnósticos principales cumplía con la sensibilidad objetivo 0,7 y la es-≥ pecificidad 0,95, y que estas solo se observaban ≥ cuando ambos diagnósticos del Grupo I se combi- naban en cualquier dolor miofascial (0,87 y 0,98, respectivamente), los resultados del Proyecto de Validación sugirieron firmemente la necesidad de desarrollar Criterios Diagnósticos de Investigación revisados para los Trastornos de la Articulación Temporomandibular (Truelove y cols., 2010). La revisión de los 8 algoritmos diagnósticos de los Criterios Diagnósticos de Investigación de los Trastornos de la Articulación Temporomandibular demostró posteriormente que el método de evalua- ción era válido para la mayoría de los trastornos más frecuentes relacionados con dolor. La medida criterio para este estudio incluyó una anamnesis amplia, medidas clínicas, radiografías panorámicas, RM de la ATM bilateral y tomografía computariza- da de la ATM bilateral. Un radiólogo experimenta- do y certificado por comisión interpretó todas las imágenes y los diagnósticos se hicieron por con- senso de dos expertos en TTM, quienes evaluaron en forma independiente a todos los participantes mediante el uso del protocolo de criterios. En caso de desacuerdo, los diagnósticos finales se hicieron utilizando las imágenes interpretadas por el radió- logo. La sensibilidad y la especificidad del algo- ritmo revisado para dolor miofascial (0,82 y 0,99, respectivamente) y dolor miofascial con apertura limitada (0,93 y 0,97, respectivamente) excedieron los niveles objetivo de sensibilidad y especificidad. Al combinar los diagnósticos para cualquier dolor miofascial, aumentó tanto la sensibilidad (0,91) como la especificidad (1) (Schiffman y cols., 2010).Además, los coeficientes kappa aumentaron desde 0,6 y 0,7 en los criterios originales hasta 0,73 y 0,92 en los criterios revisados para el dolor miofascial y el dolor miofascial con apertura limitada, respecti- vamente (Schiffman y cols., 2010). En resumen, una definición de caso más amplia fue más útil que una restringida para un trastorno de dolor heterogéneo, como el dolor miofascial. Por ejemplo, el Proyecto de Validación reclutó a individuos que tenían al menos uno de los tres signos o síntomas cardinales de un TTM (dolor mandibular, apertura bucal limitada o ruido en la ATM) como casos potenciales; aquellos que no te- 12 Capítulo 1 nían signos ni síntomas de trastornos por la anam- nesis y el examen clínico fueron incluidos como controles potenciales. Esta inclusión amplia no solo ayuda a discriminar entre los pacientes con dolor por un TTM o sin él, sino que también ayu- da a discriminar entre los pacientes con dolor por dicho trastorno y los pacientes con síntomas de dolor orofacial, cuyo origen es distinto de la ATM. Epidemiología de los trastornos de la articulación temporomandibular Incidencia y prevalencia Los estudios epidemiológicos que han utilizado datos de todos los Estados Unidos, como aquellos de la National Health Interview Survey (NHIS, En- cuesta de la Entrevista Nacional de Salud) y la Na- tional Health and Nutrition Examination Survey (NHANES, Encuesta de Salud Nacional y Examen Nutricional) se han basado principalmente en la presencia del dolor facial o mandibular manifes- tada por el propio paciente. Además de los exá- menes orales dentarios realizados, en el NHANES también se midió el rango de movimiento y la sensibilidad muscular a la palpación, con el in- terés de obtener datos objetivos sobre los TTM. Sin embargo, estas medidas fueron insuficientes para cumplir los requerimientos de los criterios diagnósticos válidos para cualquier tipo de TTM. Debido al uso de diferentes definiciones de caso y a la ambigüedad en el uso de la terminología (como prevalencia puntual frente a prevalencia de período como límites temporales) la prevalencia global de dolor por un TTM varía considerable- mente entre los estudios. Por ejemplo, utilizando información aportada por los pacientes, se ha ob- servado que las estimaciones de prevalencia para el dolor facial varían entre el 3,7% (Agerberg y Bergenholtz, 1989) y el 4,6% (Plesh y cols., 2011b) hasta el 12% (Von Korff y cols., 1988). Con fre- cuencia se considera que el dolor facial representa el dolor por TTM en gran parte debido a que este representa una mayor prevalencia entre el dolor orofacial comparado con otros dolores no odon- tológicos. El intento de dividir en subtipos el dolor por un TTM mediante los síntomas referidos por el propio paciente puede no ser exacto, ya que el método para capturar casos potenciales tiene mu- cha importancia en términos de confianza para la determinación de casos y, en consecuencia, en la prevalencia de los subgrupos de dolor por TTM basados en el propio paciente, ya que las mialgias y artralgias varían entre los estudios. En la tabla 1-3 se muestra la prevalencia del dolor por un TTM o dolor funcional por dicho trastorno en población adulta. Utilizando datos de la NHIS, basados solo en los síntomas manifestados por el paciente, Lip- ton y cols. (1993) comunicaron una prevalencia global del 5-12% sobre la base de los subtipos de localización facial y calidad del dolor. Más especí- ficamente, en relación con los subtipos de TTM, Lipton y cols. (1993) comunicaron una preva- lencia del 6,5% para el dolor articular y del 1,5% para el dolor muscular. Por el contrario, cuando se utilizó un protocolo de examen clínico valida- do (p. ej., Criterios Diagnósticos de Investigación para los Trastornos de la Articulación Temporo- mandibular), se observó que la prevalencia de los subgrupos diagnósticos individuales de TTM rela- cionados con dolor era mayor para un diagnóstico de mialgia aislada en un 25% que para los TTM en un 4,2%, que incluyeron diagnósticos articulares tanto dolorosos como no dolorosos (Drangsholt y LeResche, 1999). La explicación más probable para este conjunto de hallazgos es que los propios pacientes no son capaces de distinguir fiablemente las estructuras musculares y articulares cuando el modo de evaluación se basa en su autopercepción. En consecuencia, los exámenes clínicos son esen- ciales para que las estimaciones de prevalencia de los subgrupos sean exactas, pero es posible que no sean factibles en todas las circunstancias. Es pro- bable que las estimaciones más generales que no distinguen subtipos sean fiables a través del pro- pio paciente. Además, la debilidad metodológica y las limitaciones de los estudios epidemiológicos sobre la prevalencia del dolor por un TTM no solo hace que falten informes sobre estimaciones de prevalencia según subtipos, sino también otros atributos (v. la tabla 1-4 para más detalles). Existen algunos estudios prospectivos que co- munican la incidencia del TTM. Los dos estudios en adolescentes que informan la incidencia de dolor regional por un TTM o dolor mandibular muestran que la incidencia acumulada varía entre 13 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular el 1,8% (Heikinheimo y cols., 1990) y el 2,8% (Kitai y cols., 1997) por año para un intervalo de segui- miento de 3-5 años. Los estudios en adultos de 18- 65 años comunicaron una incidencia acumulada del 2,2% (Dragsholt y LeResche, 1999; Von Korff y cols.,1993). Los estudios anteriores destacan que, sobre la base de la información aportada por el propio paciente, las estimaciones de incidencia del TTM pueden variar y destacan nuevamente la im- portancia de la medida clínica válida del trastorno. Más recientemente, el estudio OPPERA observó que la tasa de incidencia del TTM de primer inicio durante toda la vida era del 3,9% por año, sobre la base de un seguimiento de 2,8 años después del re- clutamiento de participantes de 18-40 años (Slade y cols., 2013). Los estudios prospectivos del TTM persistente son escasos, probablemente debido a los desafíos metodológicos. Un estudio que evaluó di- chotrastor no, def inido dolor presentedurante 180≥ de los 360 días previos, en un grupo de 1061 re- clutados por la Health Maintenance Organization (HMO) de 18-65 años, observó una tasa de inci- dencia de 12 por 1000 persona-años (Von Korff y cols., 1993). Otros hallazgos sobre el TTM persis- tente en el estudio OPPERA se están evaluando ac- tualmente y no han sido publicados todavía. Factores de riesgo Al contrario de la etiología, los factores de riesgo representan un dominio más amplio de factores que contribuyen a una enfermedad e incluyen a aquellos que preceden claramente al inicio de esta, a factores que pueden coexistir al inicio o a factores que son una consecuencia de la enfermedad en al- gún estadio y que sirven para perpetuarla. Dada la dificultad de los diseños de investigación para di- vidir estos distintos papeles específicos del estadio, no hacemos aquí ninguna distinción entre el mo- mento de la contribución de un factor particular, sino que, en cambio, los presentamos identificados generalmente a través de diseños transversales. Edad y género Sobre la base de una definición inclusiva de los TTM que indaga la presencia de dolor facial o mandibular en los últimos tres meses a partir de la fecha de la entrevista, los patrones de preva- Tipo de TTM Referencia Definición del trastorno Fuente Tamaño de la muestra Rango de edad (años) Prevalencia (%) Prevalencia de dolor ambiental por TTM en adultos Helkimo, 1974 Dolor facial y mandibular LaponesesFinlandeses 600 15-65 12 Molin y cols., 1976 Dolor frecuente delante de las orejas Hombres suecos en el ejército 253 18-25 5 Szentpetery y cols., 1986 Dolor recurrente en la cara, cuello o alrededor de las orejas Húngaros 600 12-85 5,8 Prevalencia de dolor funcional por TTM en adultos Agergberg y Carlsson, 1972 La cara duele con el bostezo Suecos 1106 15-74 12 Osterberg y Carlsson, 1979 Dolor al abrir la boca para dar una mordida grande Suecos de edad avanzada 348 70 3 Alanen y Kirveskari, 1982 Dolor en la mandibula con la masticación Finlandeses 853 18-57 5,2 Tabla 1-3 Prevalencia del dolor según el tipo de trastorno de la articulación temporomandibular (TTM) 14 Capítulo 1 lencia específicos de edad para estos trastornos han sido estables durante años. Utilizando los datos de NHIS, Lipton y cols. (1993) comunicaron la siguien- te prevalencia específica de edad para el dolor facial o mandibular: 6,5% en sujetos de 18-34 años, 5% en aquellos de 35-54 años, 4% en los sujetos de 55-74 años y 3,9% entre los individuos de 75 años y mayo- res, lo que indica una leve disminución en los TTM a medida que aumenta la edad. Según la NHIS más reciente, la prevalencia de dolor facial o mandibular fue del 4,6% entre los individuos de 18 años y mayo- res. Las estimaciones específicas de edad fueron del 5% en los sujetos de 18-44 años, del 4,6% en los indi- viduos de 45-64 años, del 4,2% en los de 65-74 años y del 2,6% en aquellos de 75 años o mayores, lo que sugiere nuevamente una disminución monotónica en el dolor mandibular o facial prevalente durante la vida adulta (NCHS, 2014). Sin embargo, es impor- tante ser cuidadosos al interpretar las estimaciones de las encuestas nacionales de salud de dolor facial y mandibular como una representación necesaria del dolor por un TTM, ya que las estimaciones se ba- san solamente en preguntas, sin exploración clínica, enfocadas en la localización del dolor. La única he- rramienta epidemiológica apropiada que se ha desa- rrollado es un conjunto breve de preguntas con alta sensibilidad y especificidad para los TTM (González y cols., 2011). Por el contrario, algunos estudios prospectivos muestran un aumento de la incidencia del TTM con el aumento de la edad. Más recientemente, el estudio OPPERA reclutó a individuos de 18 a 44 años en los que se confirmó que nunca habían tenido un diag- nóstico de TTM y sobre la base del desarrollo pos- terior de un trastorno diagnosticable con la clínica, surge la siguiente tasa de incidencia específica por edades del TTM por año: 2,5% para los individuos de 18-24 años, 3,7% para los de 25-34 y 4,5% en los in- dividuos de 35-44 años. Además, utilizando el grupo de 18-24 años como grupo de referencia, la asocia- ción (cociente de riesgo [hazzard ratio, HR] estadís- tico) entre edad y TTM mostró un 40% de aumento del riesgo para dicho trastorno entre los individuos de 25-34 años ( : 1,4; IC 95% 1, 1,9) y un aumen-HR to del 50% del riesgo entre los individuos de 35 a 44 años ( : 1,5; IC 95% 1, 2) (Slade y cols., 2013).HR Los estudios transversales muestran que las esti- maciones de prevalencia para hombres (0-10%) y para mujeres (2-18%) varían e indican que las mu- jeres tienen una probabilidad 1,5-2 veces mayor de sufrir TTM que los hombres (Helkimo, 1974; Plesh y cols., 2011a; Von Korff y cols., 1988). Los datos de una NHIS reciente también han mostrado mayor prevalencia de dolor facial o mandibular en mujeres (5,8%) que en hombres (3,4%) (NCHS, 2014). Ade- más, utilizando los datos acumulados de la NHIS de los años 2000-2005, Plesh y cols. (2011b) encontra- ron que las mujeres tenían una frecuencia significa- tivamente mayor (cociente de probabilidades [odds ratio, OR]: 1,41, p < 0,001) de padecer dos o más trastornos dolorosos comórbidos en comparación con los hombres (Plesh y cols., 2011b), lo que indica que la tasa mayor de dolor por un TTM en las mu- jeres se extiende a otros trastornos dolorosos. Se han comunicado resultados similares en estudios longi- tudinales. Por ejemplo, Von Korff y cols. (1993) tam- Tabla 1-4 Debilidades metodológicas y limitaciones de los estudios epidemiológicos sobre la prevalencia del dolor por trastorno de la articulación temporomandibular (extraído de Drangsholt y LeResche, 1999). Debilidad metodológica o limitación Estudios ( = 133) con probleman Tamaño muestral insuficiente > 80% Estudio no realizado sobre una muestra representativa de una población definida > 50% La definición de caso no incluye el dolor ni depende solamente del examen físico > 50% La definición de caso de dolor no es explícita: no incluye gravedad ni duración > 95% No se dan proporciones específicas de edad ni de sexo > 75% No se menciona la propagación ni la dispersión de los datos; es decir, no hay intervalos de confianza > 95% 15 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular bién observaron una mayor incidencia acumulada de TTM en mujeres (2,6% por año) que en hombres (1,6% por año) en un seguimiento de 3 años. Más recientemente, el estudio OPPERA comunicó una tasa de incidencia de 3,6 casos de TTM cada 100 persona-años en riesgo en las mujeres comparada con 2,8 casos de dicho trastorno cada 100 perso- na-años en riesgo en los hombres en un seguimiento de 5 años, pero esta diferencia no fue significativa (HR: 1,3; IC 95% 0,9, 1,7) (Slade y cols., 2013). Raza y etnia Como se observa en el dolor lumbar y el dolor cer- vical, la prevalencia de dolor facial o mandibular es mayor en los individuos de raza mixta. Las estima- ciones recientes de prevalencia para estos tipos de dolor fueron del 4,9% para adultos blancos de raza única y del 4% para adultos indígenas americanos o nativos de Alaska. Por el contrario, se comunicó un porcentaje mayor (12,7%) tanto en los adultos blancos mestizos como en indígenas americanos o nativos de Alaska (NCHS, 2014). Pero entre los individuos de raza única, las tasas de prevalencia para los blancos fueron aún ligeramente mayores (4,9%) compradas con los afroamericanos (3,8%) y los asiáticos (2,1%) (NCHS, 2014). Este patrón es el mismo o prácticamente el mismo que el ob- servado para el dolor dorsal. Asimismo, el estudio OPPERA también ha mostrado que la incidencia del TTM diagnosticado clínicamente fue solo lige- ramente mayor en afroamericanos (4,6%) compa- rados con los blancos (3%). Además, la asociación entre raza y TTM fue mayor para los afroamerica- nos ( : 1,4; IC 95% 1, 1,9) que para los hispanos HR (HR: 1,2; IC 95% 0,6, 2,1) (Slade y cols., 2013). La prevalencia para los blancos y afroamericanos va- ría entre los diferentes estudios, pero se mantiene en el mismo intervalo y parece seguro concluir que son aproximadamente iguales. Los datos indican que la prevalencia en individuos de raza mixta es más limitada; esto es compatible con su baja preva- lencia global en la población. Educación y nivel socioeconómico Los estudios sobre el TTM y la educación o el ni- vel socioeconómico son escasos. Utilizando una población de sujetos reclutados en organizaciones de mantenimiento de la salud, la educación no se asoció con ninguno de los 5 principales trastornos dolorosos, entre los que se incluyó el dolor facial (Von Korff y cols., 1988). Más recientemente, los datos de la NHIS relacionados con la educación y el dolor mandibular muestran que las diferencias en- tre los distintos grupos educacionales son mínimas. Por ejemplo, la NHIS de 2014 observó las siguientes estimaciones de prevalencia para el dolor facial o mandibular según el nivel de educación: 5,1% para menos que el diploma de escuela secundaria; 4,4% para eldiploma de escuela secundaria; 5% para algo de educación universitaria y 4,4% para una maes- tría o un nivel superior (NCHS, 2014). Además, específicamente para los TTM, el estudio OPPE- RA no encontró asociaciones significativas entre la educación y la incidencia de estos trastornos. Por el contrario, la asociación con la clasificación de satisfacción del propio paciente con los estándares materiales de la vida (una posible medida reempla- zante del nivel socioeconómico) mostró una aso- ciación disminuida con la incidencia del TTM (HR: 0,87; IC 95% 0,76, 0,98). Se observaron resultados similares al categorizar la variable: se observó una incidencia mayor de TTM ( : 1,71; IC 95% 1,16, HR 2,51) en los individuos con puntuaciones más bajas (0-5) en comparación con los individuos con pun- tuaciones más altas (9-10) (Slade y cols., 2013). Peso corporal y actividad física La literatura sobre el peso corporal y los TTM in- dica que es improbable que el índice de masa cor- poral (IMC) sea un factor de riesgo potencial para el dolor a causa de estos trastornos. Un estudio que utilizó participantes del registro de gemelos de la University of Washington evaluó la asociación en- tre el exceso de peso y la obesidad con trastornos dolorosos característicos y tres síntomas doloro- sos, además examinó si las influencias familiares explicaban estas relaciones. Después del ajuste por edad, sexo y depresión, fue más probable que los gemelos con exceso de peso presentaran dolor por TTM que aquellos con peso normal ( : 1,49; ICOR 95% 1,03, 2,17); sin embargo, después de otro ajus- te para influencias familiares o factores genéticos, estas asociaciones apenas cambiaron ( : 1,44; IC OR 95% 0,99, 2,09) (Wright y cols., 2010). Asimismo, el estudio OPPERA observó que el IMC era un factor de riesgo potencial para un TTM de primer 16 Capítulo 1 inicio en el análisis ajustado para sitio del estudio y características demográficas ( : 1,13; IC 95% 1, HR 1,26), pero su efecto fue atenuado hasta la no signi- ficación estadística después de la imputación para la pérdida de seguimiento ( : 1,09; IC 95% 0,97,HR 1,23) (Sanders y cols., 2013). La actividad física no tiene ningún estudio do- cumentado relacionado con su asociación con el TTM, a pesar de que los modelos emergentes su- gieren que el aumento de la actividad debe aumen- tar la resistencia al dolor (Ambrose y Golightly, 2015; Ahn, 2013). Comorbilidad del dolor en otros sitios Utilizando datos acumulados de las NHIS de los años 2000-2005, Plesh y cols. (2011b) comunicaron una prevalencia del 4,6% para dolor de TTM; y, de aquellos que comunicaron dolor de este tipo, aproxi- madamente el 59% presentaban dos o más síntomas adicionales de dolor cervical, en la región dorsal baja o en otra articulación. Además, en relación con la afectación de otros sitios corporales entre las diferen- tes razas, Plesh y cols. (2011b) también comunicaron que, en comparación con los blancos, los hispanos (OR: 1,56, p < 0,001) y los negros ( : 1,38, < 0,01)OR p presentan frecuencias significativamente mayores de dos o más síntomas dolorosos cervicales, la re- gión dorsal baja o en otra articulación. Asimismo, el estudio OPPERA también observó que la incidencia del TTM era mayor para 2 comorbilidades (≥ HR: 2,70; IC 95% 2,02, 3,59) que para una sola ( : 1,42;HR IC 95% 1, 2,01) en comparación con ninguna co- morbilidad. Además, y comparado con la ausencia de dolor dorsal, 5 episodios de dolor dorsal pre-≥ dijeron firmemente el riesgo de TTM ( : 2,20; ICHR 95% 1,54, 3,14) (Sanders y cols., 2013). Tabaquismo Algunos estudios que examinaron la asociación del tabaquismo con los TTM han observado que aquellos individuos que consumen tabaco tie- nen una mayor probabilidad de padecer un TTM (OR: 4,56; IC 95% 1,46, 14,24) en comparación con los no consumidores de tabaco (Weingarten y cols., 2009). Además, se observó una relación dosis-res- puesta entre tabaquismo y la intensidad del dolor por este trastorno, utilizando una escala numérica 0-10: entre los fumadores leves (media: 5,8 ± 1,8); entre los fumadores moderados (media: 6,3 2,3) y± entre los fumadores importantes (media: 8,1 ± 1,4) (Melis y cols., 2010). Es interesante señalar que entre las mujeres caucásicas ocurre una asociación más fuerte entre tabaquismo y TTM, más en las mujeres < 30 años ( : 4,1; IC 95% 1,6, 11,4) que en lasOR ≥ 30 años ( : 1,2; IC 95% 0,6, 2,8). Además, después deOR ajustar para trastornos relacionados con la alergia, mediadores de citocinas y variables psicológicas, la asociación se redujo en alrededor del 45% tanto en las mujeres jóvenes ( : 2,3; IC 95% 0,81, 6,43)OR como en las mayores ( : 0,66; IC 95% 0,26, 1,68).OR Los hallazgos anteriores indican que el efecto de uno o más factores fue mayor entre los individuos más jóvenes que en los mayores (Sanders y cols., 2012). Factores ocupacionales La ocupación más frecuente potencialmente re- lacionada con los TTM parece ser la ejecución de instrumentos musicales; esto ha recibido una am- plia consideración a pesar de estar basada princi- palmente en estudios de mala calidad (Van Selms y cols., 2017). Los estudios sobre otras ocupaciones y su relación potencial con los TTM son raros, por lo tanto, y para nuestros propósitos, se describirán con mayor detalle los estudios en músicos y dichos trastornos. Un estudio de casos y controles, destaca- ble por su calidad metodológica global, observó una mayor prevalencia de signos y síntomas de TTM en- tre un grupo de violinistas que entre los individuos control que no tocaban instrumentos musicales (Rodriguez-Lozano y cols., 2010). En comparación con los controles, las características clínicas más frecuentes y significativamente diferentes detecta- das en los violinistas fueron los hábitos parafun- cionales, como la protrusión lingual, la respiración bucal y el morderse las uñas (26,8%), los sonidos de la ATM (51,2%) y el dolor con la apertura bucal máxima (24,4%). Globalmente, la evidencia a partir de estudios de asociación entre la ejecución de un instrumento musical y los TTM es mixta; las asocia- ciones son más frecuentes en aquellos estudios que utilizan exámenes clínicos para la determinación de los casos (Van Selms y cols., 2017). Sin embar- go, la evidencia a partir de ensayos experimentales varía. Por ejemplo, un estudio de ejecutantes de ins- trumentos de viento observó que la carga de con- tracción sobre los músculos del cierre mandibular medida mediante actividad electromiográfica de 17 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular los músculos mandibulares fue pequeña cuando se ejecutaban tanto tonos intermedios como altos en un instrumento de viento, mientras que la ejecución de un instrumento durante un largo tiempo no in- dujo fatiga de la musculatura del cierre mandibular (Gotouda y cols., 2007). Un estudio experimental de 30 músicos que examinó la eficacia de las férulas orales para los TTM observó que este tipo de trata- miento contribuía a una disminución significativa del dolor dental o de la ATM en el 83% de los par- ticipantes (Steinmetz y cols., 2009). Observación: la mayoría de los estudios relacionados con instru- mentos musicales y los TTM se han centrado en los síntomas de los trastornos, pero no en su diagnós- tico clínico. Un estudio experimental relacionado observó en 14 músicos con dolor en el labio supe- rior una evidencia notable de aumento en la misma actividad muscular en respuesta al recuerdo de la experiencia del dolor y de aumento de la actividad en el músculo trapecio superior opuesto en respues- ta a imágenes con estrés (Moulton y Spence, 1992) loque sugiere que, como afirmamos en nuestra sec- ción sobre etiología, las causas aisladas de los TTM (u otro dolor musculoesquelético) son la excepción y, en cambio, es importante el efecto compuesto de múltiples determinantes de riesgo. Factores psicológicos Existe mucha evidencia que explica el rol que des- empeñan los factores psicológicos en el inicio y la cronicidad del TTM. Para los TTM específica- mente, el estado de ánimo y factores como la per- sonalidad están significativamente vinculados con trastornos musculares, en oposición a los discales o articulares (Kight y cols., 1999). Algunos estu- dios también muestran que la angustia psicológica se asocia con mayor gravedad y persistencia de los síntomas clínicos asociados con un TTM. Más es- pecíficamente, se observa que los niveles de estrés psicológico y de depresión son mayores en indi- viduos con TTM crónico (Dworkin y cols., 1990; Gatchel y cols., 2007; Keefe y cols., 2004). Más aún, el estudio OPPERA observó un conjunto de facto- res psicológicos que se asociaban con TTM, entre los cuales la más alta se observó cuando se ratio utilizó el Inventario de Languidez Límbica de Pen- nebaker –una medición de los síntomas somáticos, como dolores, algias y opresión– (HR: 1,44; IC 95% 1,29, 1,60). Entre los 4 constructos psicológicos la- tentes identificados, los componentes de estrés y afectividad negativa ( : 1,12; IC 95% 0,97, 1,30) HR y los síntomas psicológicos globales ( : 1,33; IC HR 95% 1,18, 1,50) fueron los factores de riesgo más fuertes, pero solo mostraron un efecto leve, con un aumento en el riesgo de un sufrir un TTM de pri- mer inicio del 12 y el 33%, respectivamente (Fillin- gim y cols., 2013). Además, utilizando mediciones repetidas del estrés, el estudio OPPERA observó que el estrés medido durante el mismo período de 3 meses desde el inicio del TTM se asociaba con un aumento del 55% en el riesgo padecer el tras- torno (HR: 1,55; IC 95% 1,34, 1,79) (Slade y cols., 2015). Ambos estudios mostraron que las asocia- ciones estimadas con el estrés que se midieron en el momento del reclutamiento y durante el período de seguimiento de 3 meses es probable que hayan sido subestimadas, porque los valores medidos en ambos puntos temporales no capturan los efectos acumulados del estrés ni los síntomas psicológicos globales que son intrínsecos a las experiencias co- tidianas. Por ejemplo, el aumento de la asociación con el estrés observado por Slade y cols. (2015) mediante el uso de una medida más proximal en el tiempo respecto del resultado aún muestra una medida en un momento de un constructo que es transicional o transitoriamente dinámica y que es insuficiente para capturar su verdadera asociación. Etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular Las teorías sobre la etiología de los TTM han sido tan amplias como la imaginación del clínico y del investigador, pero las opiniones se han basado principalmente en series de casos o estudios de ca- sos y controles, ninguno de los cuales representa enfoques adecuados para determinar la etiología. Aquí nos ocupamos de los principales dominios relacionados con la etiología potencial de los TTM. Los adelantos en cuanto a la identificación de los factores etiológicos genéticos y epigenéticos aso- ciados con el dolor y los TTM en particular son sustanciales (Belfer y cols., 2013 Diatchenko y cols., 2013; Smith y cols., 2013); sin embargo, esta área compleja está más allá del alcance de este capítulo. Los criterios de Bradford Hill para causalidad y, por lo tanto, para comprender la etiología son apro- 18 Capítulo 1 piados y productivos para las enfermedades bacte- rianas, pero son menos útiles para las enfermedades complejas, una categoría a la que claramente perte- necen los TTM (Ohrbach y cols., 2015; Rothman y Greenland, 2005). En consecuencia, al considerar la etiología de las enfermedades complejas, como el TTM, se vuelve más apropiado el concepto de de- terminantes de riesgo. Tal vez esto se torne más cla- ro para el final de esta sección, ya que presentamos la evidencia en apoyo de un simple resumen: «El TTM es, en menor medida, un trastorno aislado único y, en mayor medida, el resultado de múlti- ples determinantes de riesgo que aparecen juntos o en alguna secuencia específica de un individuo, de modo que ningún determinante único del riesgo es suficiente, por sí solo, para “producir” un TTM.» – (Slade y cols., 2016) Lesión Las lesiones de la mandíbula pueden variar desde una laceración menor de las estructuras de los te- jidos blandos hasta un daño más grave, como las fracturas de los tejidos duros. Además, las lesiones de la mandíbula pueden ser ocasionadas por dis- tintos acontecimientos traumáticos. Entre los dis- tintos acontecimientos traumáticos descritos en la literatura, los asaltos son los más frecuentes con el 37% de todas las fracturas faciales en las visitas al departamento de emergencias, seguidos por las caí- das con el 24,6%, los accidentes automovilísticos con el 12,1%, los accidentes de transporte con el 2% y los accidentes de bicicletas con el 1,6% (Allareddy y cols., 2011). Además de los asaltos, las caídas y los accidentes como fuentes de lesiones de la man- díbula, otras formas de lesiones que pueden afectar la mandíbula incluyen las lesiones de la cabeza y el cuello (Cassidy y cols., 2014). Además, también se han descrito formas iatrogé- nicas de lesiones, como intubación oral, laringos- copias y tratamientos odontológicos como fuentes de lesiones dentales. Sin embargo, como las lesiones dentales abarcan lesiones de estructuras que inclu- yen labios, dientes, lengua, etc., es difícil analizar a partir de la literatura cuántas lesiones afectan espe- cíficamente a los huesos o músculos mandibulares. Para más detalles sobre las fuentes de las lesiones mandibulares, véase el artículo de Sharma (2017). Microtraumatismo El microtraumatismo musculoesquelético repre- senta fuerzas de baja magnitud insuficientes para causar una interrupción súbita en la integridad evidente del tejido afectado, pero que con el tiem- po conducen al daño físico del cuerpo (Fernandez y cols., 1995; Hauret y cols., 2010). Las causas más frecuentes de microtraumatismo parecen ser las conductas de uso excesivo, mientras que los hábitos parafuncionales son una fuente dominante para la región orofacial y las actividades deportivas cons- tituyen la principal fuente para las regiones corpo- rales restantes. El uso excesivo, al contrario del uso normal, se determina sobre la base de una combina- ción entre la extensión de la carga impuesta por la conducta, la frecuencia de la conducta, la duración de cada conducta particular, la duración de todas las conductas por episodio, la extensión de los períodos de recuperación y el tiempo durante el cual ocurre. En general, no existe una medida específica de con- ducta de uso excesivo y el umbral en el cual se iden- tifica, por oposición al uso normal, generalmente se desconoce. En cambio, la presencia de uso excesivo, a menudo, es inferida cuando se excede el umbral para la adaptación tisular y han aparecido signos o síntomas potenciales de microtraumatismo. Otras causas potenciales incluyen el esfuerzo repetido (como la respuesta biológica a las fuerzas externas repetidas sobre el cuerpo, p. ej., por deportes de contacto) y los efectos del desacondicionamiento que conduce a una disminución de la resistencia ti- sular a la carga (Nørregaard y cols., 1997). El daño físico puede ser fácilmente evaluable con un trastorno, como una artropatía o una tendinitis traumática, el cual a menudo se establece como el resultado del microtraumatismo; el médico puede estar seguro del diagnóstico, la inferencia conducea la posible etiología del microtraumatismo sobre la base de una buena evidencia, en un paciente par- ticular, de conductas que inducen al microtrauma- tismo, como la marcha forzada en largas distancias, durante muchos días y sin períodos de descanso para la recuperación tisular. En este contexto, el mi- crotraumatismo parece estar firmemente apoyado por los datos empíricos (Hauret y cols., 2010). Por el contrario, la presencia de daño físico aso- ciado con un microtraumatismo como etiología 19 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular inferida puede no tener la misma certeza que una tendinitis. Por ejemplo, la presencia clínica de ha- llazgos, como bandas tensas y puntos gatillo mio- fasciales en el músculo, asociados con un síntoma de dolor es considerada ampliamente una evidencia diagnóstica para un trastorno de dolor miofascial. Aunque el médico puede estar tan seguro del diag- nóstico en este caso como, por ejemplo, en el de una tendinitis, a pesar de los hallazgos más leves compa- rados con los de una tendinitis, los estudios de fia- bilidad del examinador indican que estos hallazgos tienen una fiabilidad interexaminador de moderada a baja (Gerwin y cols., 1997) y la naturaleza del fenó- meno observado no es completamente aceptada por muchos autores (Cohen y Quintner, 2008; Quintner y cols., 2015). Sin embargo, dado el fuerte papel que tienen las conductas de uso excesivo como etiología establecida (Travell y Simons, 1983) y que parecen tener empíricamente en el inicio y la perpetuación del dolor miofascial (Glaros y cols., 2016; Ohrbach y cols., 2013; Ohrbach y cols., 2011), tal vez los trastor- nos de dolor miofascial deban ser considerados más como un constructo formado por múltiples indica- dores que como un simple diagnóstico físico. El he- cho de que el microtraumatismo sea un factor en la formación de los hallazgos centrales del dolor mio- fascial, las bandas tensas y los puntos gatillo, requiere más investigación y tal vez más circunspección en la clínica (v. en la exploración de la muscu-capítulo 8 latura masticatoria para la explicación de este tema). Por último, a veces se asume el daño físico sobre una presunta microtensión cuando se identifican conductas de sobreuso, y lo que podría ser un pro- blema conductual con un mecanismo desconocido para el dolor (Glaros y Burton, 2004; Glaros y cols., 2016), se transforma en la mente del médico en el diagnóstico de un trastorno físico con daño tisular necesario como fuente de la nocicepción subyacente en el dolor. Este patrón inferencial de utilizar cual- quier tipo de hallazgo anormal para sostener la idea de que ha ocurrido un daño físico (y, por lo tanto, debe ser el foco de la intervención física) sigue al que ha sido endémico en el campo de los TTM duran- te décadas, y surge de una evaluación insuficiente y de no considerar niveles de diagnóstico (Ohrbach y Dworkin, 2016). Sin embargo, vale la pena seña- lar que el microtraumatismo como fuente de dolor «descrito en términos de este daño» sigue siendo una posibilidad críticamente importante para los problemas de dolor por un TTM, cuyo inicio no tie- ne una causa conocida (Slade y cols., 2016). Con estos preliminares, el microtraumatismo ha sido una causa inicial a menudo establecida de TTM, especialmente para los que afectan esta articulación, pero esto parece basarse en gran parte en la especu- lación más que en la evidencia. Cierta evidencia con- vincente de un laboratorio señala un camino para que el microtraumatismo surja y afecte la ATM. Las mujeres sanas (comparadas con los hombres) tie- nen densidades de energía mayores en el disco de la ATM durante el movimiento de cierre normal de la mandíbula (Iwasaki y cols., 2017b); las mujeres con desplazamientos discales (comparadas con aquellas sin desplazamientos) tienen una densidad de ener- gía mayor en la ATM (Iwasaki y cols., 2017a) y las mujeres con desplazamiento discal y dolor (compa- radas con aquellas sin ninguno de ellos) muestran períodos más prolongados de contracción muscular y mayor factor de opresión dental durante un episo- dio de bruxismo durante el sueño (Wei y cols., 2017). En conjunto, estos hallazgos sugerirían que los des- plazamientos del disco de la ATM y el dolor regional influirían en la biomecánica articular, de modo que las mujeres podrían ser más susceptibles a las fuerzas repetidas del bruxismo durante el sueño, lo que pa- recería caer en el rango de microtraumatismo. Estos hallazgos pueden tener consecuencias para los efec- tos potenciales del microtraumatismo de otros tipos de conductas de uso excesivo en los TTM. Factores psicológicos y conductuales No es exagerado decir que probablemente todo estudio transversal que examine un conjunto de variables psicológicas en relación con los TTM ha encontrado que al menos una de las variables objeti- vo tiene una asociación importante con cualesquie- ra de estos trastornos y con los trastornos dolorosos que dominan este cuadro. Una evaluación amplia de prácticamente todas las variables psicológicas cono- cidas y relevantes para estos trastornos confirmó las asociaciones previas con TTM dolorosos crónicos, con odds ratios estandarizados ( ) que variaronSOR desde 1,3-2,4 (Fillingim y cols., 2011); sin embar- go, este diseño transversal no proporciona ninguna idea sobre la etiología. Cuando se examinaron las mismas variables para predecir quién desarrollaría 20 Capítulo 1 posteriormente dichos trastornos dolorosos, mos- traron asociaciones importantes, aunque débiles, con ratios estandarizados que variaron entre 1,1-1,4 con el inicio del trastorno (Fillingim y cols., 2013). En la cohorte crónica, los predictores más fuertes fueron los síntomas corporales físicos, con : 2,4S OR distintos de todos los otros; no obstante, ninguno de los predictores de los TTM incidentes fue no- table en comparación con los otros. Estos hallaz- gos, tomados en conjunto, destacan que existe una etiología psicológica de estos trastornos dolorosos primariamente como rúbrica, que representa una angustia general o disfunción psicosocial, mientras que una vez que comienza el dolor, la carga de este sirve para agravar sustancialmente todos los proce- sos psicológicos, algunos más que otros, entre los individuos con TTM dolorosos. Consistentemente con la aplicación del modelo biopsicosocial a los trastornos dolorosos y con especial referencia al dolor orofacial ampliamente, estos hallazgos tam- bién indican que la evaluación multiaxial amplia es esencial para los sujetos clínicos y de investigación a fin de comprender mejor los muchos aspectos invo- lucrados en el procesamiento del dolor (Durham y cols., 2015; Ohrbach y Durham, 2017). Una variable conductual considerada con fre- cuencia para la etiología de los TTM son los hábi- tos parafuncionales, descritos anteriormente bajo la sección de microtraumatismo por conductas de uso exceisvo. Una literatura sustancial de estudios trans- versales atestigua la importancia potencial de estas conductas en la asociación con los TTM. Algunos estudios experimentales demostraron que el mante- nimiento de un patrón conductual en una magnitud, una duración y una frecuencia suficientes conduce fiablemente a síntomas dolorosos compatibles con un diagnóstico de mialgia (Glaros, 2007; 2008). Los estudios ambulatorios demuestran que la reactivi- dad al estrés incluye conductas parafuncionales que conducen al dolor (Glaros y cols., 2016; Glaros y cols., 2005). En términos de la predicción real de los TTM dolorosos, los individuos con conductas para- funcionales orales con puntuaciones superiores a 25 (que representan el30% de toda la puntuación po- sible), según el Listado de Cotejo de las Conductas Orales (Kaplan y Ohrbach, 2016; Markiewicz y cols., 2006; Ohrabach y cols., 2008b), tienen un 75% más de probabilidad de desarrollar TTM dolorosos de primer inicio, comparados con los individuos con una puntuación inferior a 17. Estos hallazgos tam- bién indican que solo cuando existe una densidad suficiente de conductas, sobre la base del número de conductas y de su respectiva frecuencia, estas im- portan fiablemente; esto es compatible con la expli- cación previa relativa al microtraumatismo. Alteraciones en el sistema de procesamiento del dolor Existe considerable evidencia a través de múltiples trastornos dolorosos respecto de los cambios en el sistema de procesamiento del dolor que emergen con la cronicidad del dolor. Estos cambios pueden medirse en múltiples dominios: umbrales de do- lor por presión, umbrales y tolerancia de dolor por agentes térmicos, terminación y sensaciones térmi- cas, umbral de pinchazo cutáneo, y terminación y sensaciones cutáneas (v. ). Estos cambioscapítulo 6 en cada uno de estos dominios son mensurables en individuos con TTM dolorosos crónicos (Greenspan y cols., 2011). Por el contrario, las alteraciones en el procesamiento del dolor son menos notables antes del inicio del TTM doloroso, con cambios más pe- queños en menos dominios de medición (Greenspan y cols., 2013). En particular, tanto para los trastornos crónicos como incidentes, las alteraciones en el pro- cesamiento del dolor medidas por la modalidad de presión son las más notables, pero es interesante se- ñalar que los cambios en la sensibilidad al dolor por presión fluctúan con el inicio de los TTM dolorosos y no predicen el inicio (Slade y cols., 2014). Comorbilidad del dolor Distinguir un trastorno doloroso local en un siste- ma (p. ej., un TTM en el sistema masticatorio con una historia clínica por otra parte negativa para factores relevantes) frente a un trastorno doloro- so existente dentro de un conjunto de factores de salud general u otros trastornos dolorosos es fun- damental y necesario sobre la base de datos em- píricos sustanciales. Los factores de salud general muestran una fuerte asociación con los TTM cró- nicos y predicen fuertemente el inicio de uno nue- vo (Aggarwal y cols., 2010; Ohrbach y cols., 2011; Sanders y cols., 2013). Estos factores incluyen otros trastornos dolorosos, trastornos neurosensi- tivos, trastornos respiratorios y tabaquismo tanto 21 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular para el TTM de inicio reciente como para el cró- nico (Ohrbach y cols., 2011; Sanders y cols., 2013). Además, la alteración del sueño que empeora con el tiempo es un predictor sustancial de TTM de inicio reciente (Sanders y cols., 2016). Entre estos factores de la salud general, otros trastornos do- lorosos (como dolor lumbar, síndrome del colon irritable, cefalea y dolor pélvico) quizá sean los factores de riesgo más investigados para los TTM dolorosos. Cada concepto en los efectos compues- tos de dos o más trastornos dolorosos coexistentes informaron la teoría de control de la puerta pos- terior y, más tarde, la teoría de la neuromatriz del dolor (Livingston, 1998; Melzack, 1989; Melzack y Wall, 1965), con la implicación de que los múlti- ples trastornos dolorosos no tienen un efecto adi- tivo, pero tienen un efecto multiplicador sobre las consecuencias del dolor, que incluye intensidad del dolor experimentado, variables psicológicas, como estado de ánimo y catastrofización, disca- pacidad relacionada con el dolor y riesgo de inicio posterior incluso de otro trastorno doloroso (Ag- garwal y cols., 2006; Creed y cols., 2012; McFar- lane y cols., 2003; McBeth y cols., 2002; Raphael y cols., 2000). Estos hallazgos también sugieren que el TTM como un trastorno local, que existe de forma aislada de otros trastornos dolorosos comórbidos, y el TTM como un trastorno mez- clado con otros trastornos dolorosos responderían de modo diferente al tratamiento específico de la condición. Y, en efecto, fuerte evidencia señala a los dispositivos orales, por ejemplo, el tratamiento del bruxismo del sueño, que tienen una eficacia notablemente menor cuando también se presenta dolor difuso (Raphael y Marbach, 2001). El TTM, como un trastorno de dolor muscu- loesquelético, ocurre en la región facial situada en- tre otras dos estructuras importantes, cada una de ellas con sus propios trastornos dolorosos comple- jos: la cabeza y la cefalea, y la columna cervical y el dolor cervical. Además de la conexión con otros trastornos dolorosos a través de mecanismos más generales del SNC asociados en forma amplia con el sistema de procesamiento del dolor, los TTM comparten una superposición específica de sus mecanismos con los de la cefalea y los problemas cervicales (Ballegaard y cols., 2008; Häggman- Henrikson y cols., 2016; Häggman-Henrikson y cols., 2002; Wiesinger y cols., 2013). La superposi- ción de mecanismos incluye una convergencia de los nervios periféricos en el núcleo caudal del tri- gémino, estrategias del control motor basadas que corresponden a funciones básicas, como la masti- cación, y la superposición de estructuras macros- cópicas, como la región temporal, que es el hogar del músculo temporal de la función mandibular y es el sitio de una gran proporción de cefaleas. Conclusión En resumen, los trastornos musculoesqueléticos como grupo están ejemplificados por dolor dorsal inespecífico, dolor cervical y dolor por un TTM; estas condiciones tienen en común dos factores de riesgo importantes, factores psicológicos y le- sión, y un factor de riesgo probable, el tabaquis- mo; estas conclusiones se resumen muy bien en otros artículos (McLean y cols., 2010; Taylor y cols., 2014; Sharma, 2017). En este capítulo adop- tamos una perspectiva más amplia sobre los TTM dolorosos y lo consideramos solo uno entre los múltiples trastornos musculoesqueléticos. De los dos factores de riesgo principales, al parecer las características psicológicas han desempeñado el papel más robusto no solo en el inicio del desa- rrollo de estos trastornos, sino también en la per- sistencia de los síntomas dolorosos y el desarrollo del dolor crónico. Este papel más fuerte para las características psicológicas también puede ser una función de investigaciones futuras para examinar esas características, al contrario de las investiga- ciones más limitadas que se concentran en la le- sión. El tabaquismo es un factor de riesgo común al dolor dorsal y a los TTM; aunque a menudo es considerado un sustituto potencial de peores con- diciones sociales y de salud, la evidencia también sugiere que tiene efectos directos sobre el dolor. Los factores ocupacionales desempeñan un papel importante en el dolor dorsal, mientras que este es mucho más débil o inexistente en los TTM y poco claro actualmente en el dolor cervical. Asimismo, la educación, el nivel socioeconómico y la activi- dad física han mostrado asociaciones más fuertes con el dolor dorsal que con el cervical o los TTM. El papel de la definición de caso y su impacto en la investigación ha diferido no solo para los TTM, sino entre estos otros dos tipos de dolor muscu- 22 Capítulo 1 loesquelético y con el mismo efecto. Al contrario de las definiciones extremadamente recientes y bien operacionalizadas para los TTM, el nivel va- riado de validez en las definiciones de caso para el dolor dorsal y el dolor cervical puede haber impe- dido los respectivos programas de investigación. Cabe señalar que las definiciones bien estandari- zadas para los TTM que se han desarrolladoahora han permitido que la investigación del dolor por el TTM avance a un ritmo relativamente rápido (Ohrbach y Dworkin, 2016). Más aún, tomada en conjunto, la información disponible sugiere que los factores de riesgo para los trastornos dolorosos musculoesqueléticos pueden tener una relación dinámica más com- pleja con el tiempo, lo que también incluye una causalidad recíproca. Los trastornos de dolor musculoesquelético son considerados actualmen- te enfermedades complejas, y surge un cuadro colectivo de causalidad compleja. Solo reciente- mente un aspecto de la complejidad se ha vuelto más claro a través de los estudios OPPERA, y es que un único factor de riesgo aislado no es sufi- ciente como para producir un trastorno doloroso. Si bien el conocimiento descrito en este capítulo acerca del dolor musculoesquelético hasta ahora se ha limitado a los TTM, no existe ninguna evi- dencia para sugerir que estos trastornos sean los únicos entre los problemas dolorosos musculoes- queléticos. Sin embargo, hasta la fecha, los meca- nismos subyacentes en la transición de los factores de riesgo a trastornos dolorosos siguen siendo poco conocidos. El cáncer de pulmón proporcio- na un buen ejemplo de lo que está faltando en la literatura sobre dolor. Para este tipo de cáncer, los factores de riesgo, como tabaquismo y asbestos, son suficientes y fácilmente explicables en térmi- nos biológicos, para los cuales se puede encontrar una buena correspondencia a nivel tisular y lo que supone implicaciones más claras de salud pública. Aunque las características de los factores de ries- go individuales han sido presentadas sobre la base de los estudios existentes sobre los TTM, existen procesos neurobiológicos importantes que subya- cen en los predictores multivariados en juego en el desarrollo de los trastornos de dolor musculoes- quelético en general, y la naturaleza de los proce- sos causales es compleja e indica una interacción de nivel superior en estos factores. Cerramos este capítulo destacando la importancia de los múlti- ples determinantes de riesgo, que actúan en con- junto y en el tiempo, en el desarrollo de los TTM dolorosos y su persistencia hasta la cronicidad. Bibliografía Agerberg G, Bergenholtz A. Craniomandib- ular disorders in adult populations of West Bothnia, Sweden. Acta Odontol Scand 1989; 47: 129-140. Agerberg G, Carlsson GE. Functional disorder of the masticatory system: I. Distribution of symptoms according to age and sex as judged from investigation by questionnaire. Acta Odontol Scand 1972; 30: 597-613. Aggarwal VR, McBeth J, Zakrzewska JM, Lunt M, Macfarlane GJ. The epidemiology of chronic syndromes that are frequently un- explained: do they have common associated factors? Int J Epidemiol 2006; 35: 468-476. Aggarwal VR, Macfarlane GJ, Farragher TM, McBeth, J. Risk factors for onset of chronic oro-facial pain: results of the North Cheshire oro-facial pain prospective popu- lation study. Pain 2010; 149: 354-359. Ahn AH. Why does increased exercise decrease migraine? Current Pain and Head- ache Reports 2013; 17: 379. Alanen P, Kirveskari P. Stomatognathic dysfunction in a male Finnish working population. Proc Finnish Dental Society 1982; 78: 184-188. Allareddy V, Allareddy V, Nalliah RP. Epi- demiology of facial fracture injuries. J Oral Maxillofac Surg 2011; 69: 2613-2618. Ambrose KR, Golightly YM. Physical exer- cise as non-pharmacological treatment of chronic pain: Why and when. Best Practice & Research. Clinical Rheumatology 2015; 29: 120-130. Ballegaard V, Thede-Schmidt-Hansen P, Svensson P, Jensen R. Are headache and temporomandibular disorders related? A blinded study. Cephalalgia 2008; 28; 832-841. Belfer I, Segall SK, Lariviere W et al. Pain modality- and sex-specific effects of COMT genetic functional variants. Pain 2013; 154: 1368-1376. Blau JN. How to take a history of head or facial pain. Br Med J 1982; 285: 1249-1251. Cassidy JD, Boyle E, Carroll L. Population- based, inception cohort study of the incidence, course, and prognosis of mild traumatic brain injury after motor vehicle collisions. Arch Phys Med Rehabil 2014; 95: S278-285. Cohen M, Quintner J. The horse is dead: let myofascial pain syndrome rest in peace. Pain Med 2008; 9: 464-465. Creed FH, Davies I, Jackson J et al. The epi- demiology of multiple somatic symptoms. J Psychosom Res 2012; 72: 311-317. de Leeuw R, Klasser GD. Orofacial Pain: Guidelines for Assessment, Diagnosis, and Management. 5th ed. Hanover Park, IL: Quintessence Publishing; 2013. 23 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular Gatchel RJ, Peng YB, Peters ML, Fuchs PN, Turk DC. The biopsychosocial approach to chronic pain: scientific advances and future directions. Psychol Bull 2007; 133: 581-624. Gerwin RD, Shannon S, Hong CZ, Hub- bard D, Gevirtz R. Interrater reliability in myofascial trigger point examination. Pain 1997; 69: 65-73. Glaros AG. EMG biofeedback as an experi- mental tool for studying pain. Biofeedback 2007; 35: 50-53. Glaros AG. Temporomandibular disorders and facial pain: a psychophysiological per- spective. Appl Psychophysiol Biofeedback 2008; 33: 161-171. Glaros AG, Burton E. Parafunctional clench- ing, pain, and effort in temporomandibular disorders. J Behav Med 2004; 27: 91-100. Glaros AG, Williams K, Lausten L. The role of parafunctions, emotions and stress in predicting facial pain. JADA 2005; 136: 451-458. Glaros AG, Marszalek JM, Williams KB. Longitudinal multilevel modeling of facial pain, muscle tension, and stress. J Dent Res 2016; 95: 416-422. Gonzalez YM, Schiffman E, Gordon SM et al. Development of a brief and effective temporomandibular disorder pain screening questionnaire: reliability and validity. J Am Dent Assoc 2011; 142: 1183-1191. Gotouda A, Yamaguchi T, Okada K, Matsuki T, Gotouda S, Inoue N. Inf luence of playing wind instruments on activity of masticatory muscles. J Oral Rehabil 2007; 34: 645-651. Greenspan JD, Slade GD, Bair E et al. Pain sensitivity risk factors for chronic TMD: descriptive data and empirically identified domains from the OPPERA case-control study. J Pain 2011; 12: T61-T74. Greenspan JD, Slade GD, Bair E et al. Pain sensitivity and autonomic factors associated wtih development of TMD: the OPPERA prospective cohort study. J Pain 2013; 14: T63-T74. Haggman-Henrikson B, Zafar H, Eriksson PO. Disturbed jaw behavior in whiplash- associated disorders during rhythmic jaw movements. J Dent Res 2002; 81: 747-751. Diatchenko L, Fillingim RB, Smith SB Maixner W. The phenotypic and genetic signatures of common musculoskeletal pain conditions. Nature Rev Rheumatol 2013; 9: 340-350. Dionne CE, Dunn KM, Croft PR et al. A consensus approach toward the standardi- zation of back pain definitions for use in prevalence studies. Spine 2008; 33: 95-103. Drangsholt M, LeResche L. Temporoman- dibular disorder pain. In Crombie IK, Croft PR, Linton SJ, LeResche L, Von Korff M (eds). Epidemiology of Pain. Seattle, WA: Interna- tional Association for the Study of Pain; 1999. Durham J, Raphael KG, Benoliel R, Ceusters W, Michelotti A, Ohrbach R. Perspectives on next steps in classification of oro-facial pain - part 2: role of psychosocial factors. J Oral Rehabilitation 2015; 42: 942-955. Dworkin SF. Illness behavior and dysfunc- tion: review of concepts and application to chronic pain. Can J Physiol Pharmacol 1991; 69: 662-671. Dworkin SF, Huggins KH, LeResche L et al. Epidemiology of signs and symptoms in temporomandibular disorders: clinical signs in cases and controls. J Am Dent Assoc 1990; 120: 273-281. Dworkin SF, LeResche L. Research diag- nostic criteria for temporomandibular disorders: review, criteria,examinations and specifications, critique. J Craniomandib Disord 1992; 6: 301-355. Epker J, Gatchel RJ, Ellis E. A model for pre- dicting chronic TMD: practical application in clinical settings. JADA 1999; 130: 1470-1475. Fernandez JE, Fredericks TK, Marley RJ. The psychophysical approach in upper extremities work. In Robertson SA (ed.) Contemporary Ergonomics. London: Taylor & Francis; 1995, pp. 456-461. Fillingim RB, Ohrbach R, Greenspan JD et al. Potential psychosocial risk factors for chronic TMD: descriptive data and empiri- cally identified domains from the OPPERA case- control study. J Pain 2011; 2: T46-T60. Fillingim RB, Ohrbach R, Greenspan JD et al. Psychological factors associated with de- velopment of TMD: the OPPERA prospec- tive cohort study. J Pain 2013; 14: T75-T90. Haggman-Henrikson B, Lampa E, Mark- lund S, Wanman A. Pain and disability in the jaw and neck region following whiplash trauma. J Dental Res 2016; 95: 1155-11 60. Hauret KG, Jones BH, Bullock SH, Canham- Chervak M, Canada S. Musculoskeletal injuries: description of an under-recognized injury problem among military personnel. Am J Prev Med 2010; 38 S61-S70. Heikinheimo K, Salmi K, Myllarniemi S, Kirveskari P. A longitudinal study of oc- clusal interferences and signs of cranioman- dibular disorder at the ages of 12 and 15 years. Eur J Orthod 1990; 12: 190-197. Helkimo M. Studies on function and dysfunction of the masticatory system. IV. Age and sex distribution of symptoms of dysfunction of the masticatory system in Lapps in the north of Finland. Acta Odontol Scand 1974; 32: 255-267. IASP. IASP Taxonomy, 2011. [Online] Avail- able: https://www.iasp-pain.org/Education/ Content. aspx?ItemNumber=1698&navItem- Number=576 [Oct 22, 2017]. Iwasaki L, Gonzalez Y, Liu Y et al. Mech- anobehavioral scores in women with and without TMJ disc displacement. J Dent Res 2017a; 96: 895-901. Iwasaki L, Gonzalez Y, Liu Y et al. TMJ energy densities in healthy men and women. Osteoarthritis and Cartilage 2017b; 25: 846-849. Johansson AC, Gunnarsson LG, Linton SJ et al. Pain, disability and coping ref lected in the diurnal cortisol variability in patients scheduled for lumbar disc surgery. Eur J Pain 2008; 12: 633-640. Kaplan SEF, Ohrbach R. Self-report of waking-state oral parafunctional behaviors in the natural environment. J Oral Facial Pain Headache 2016; 30: 107-119. Keefe FJ, Rumble ME, Scipio CD, Giordano LA, Perri LM. Psychological aspects of per- sistent pain: current state of the science. J Pain 2004; 5: 195-211. Kight M, Gatchel RJ, Wesley L. Temporo- mandibular disorders: evidence for signifi- cant overlap with psychopathology. Health Psychol 1999; 18: 177-182. 24 Capítulo 1 Kitai N, Takada K, Yasuda Y, Verdonck A, Carels C. Pain and other cardinal TMJ dys- function symptoms: a longitudinal survey of Japanese female adolescents. J Oral Rehabil 1997; 24: 741-748. Leeuw M, Goossens ME, Linton SJ, Crombez G, Boersma K, Vlaeyen JW. The fear-avoid- ance model of musculoskeletal pain: current state of scientific evidence. J Behav Med 2007; 30: 77-94. Lipton JA, Ship JA, Larach-Robinson D. Estimated prevalence and distribution of reported orofacial pain in the United States. J Am Dent Assoc 1993; 124: 115-121. Livingston WK. Pain and Suffering. Seattle: IASP Press; 1998. Macfarlane TV, Blinkhorn AS, Davies R, Kincey J, Worthington H. Factors associ- ated with health care seeking behaviour for orofacial pain in the general population. Community Dent Health 2003; 20: 20-26. Markiewicz MR, Ohrbach R, Mccall WD Jr. Oral behaviors checklist: reliability of performance in targeted waking-state be- haviors. J Orofac Pain 2006; 20: 306-316. McBeth J, Macfarlane GJ, Silman AJ. Does chronic pain predict future psychological distress? Pain 2002; 96: 239-245. McLean SM, May S, Klaber-Moffett J, Sharp DM, Gardiner E. Risk factors for the onset of non-specific neck pain: a systematic review. J Epidemiol Community Health 2010; 64; 565-57 2. Melis M, Lobo SL, Ceneviz C et al. Effect of cigarette smoking on pain intensity of TMD patients: a pilot study. Cranio 2010; 28:187-192. Melzack R. Phantom limbs, the self and the brain. Can Psychol 1989; 30: 1-16. Melzack R, Wall PD. Pain mechanisms: a new theory. Science 1965; 150: 971-979. Molin C, Carlsson GE, Friling B, Hedegard B. Frequency of symptoms of mandibular dysfunction in young in young Swedish men. J Oral Rehabil 1976; 3: 9-18. Moseley GL. A pain neuromatrix approach to patients with chronic pain. Man Ther 2003; 8: 130-140. Moulton B, Spence SH. Site-specific muscle hyper-reactivity in musicians with occu- pational upper limb pain. Behav Res Ther 1992; 30: 375-386. NCHS. Summary Health Statistics Tables for the U.S. Population: National Health Interview Survey, 2014 (12/2015) [Online]. CDC/National Center for Health and Sta- tistics. Available: http://www.cdc.gov/nchs/ nhis/SHS/tables.htm [Oct 22, 2017]. NIDCR. Facial Pain. [Online] National Institutes of Health, 2014. Available: http:// www.nidcr.nih.gov/DataStatistics/FindDa- taByTopic/FacialPain/ [Oct 22, 2017]. Nørregaard J, Lykkegaard JJ, Mehlsen J, Danneskiold-Samsøe B. Exercise training in treatment of fibromyalgia. J Musculoskeletal Pain 1997; 5: 71-79. Ohrbach R. Disability assessment in tem- poromandibular disorders and masticatory system rehabilitation. J Oral Rehabil 2001; 37: 452-480. Ohrbach R, Durham J. Biopsychosocial aspects of orofacial pain. In Farah CS, Balasubramaniam R, Mccullough MJ (eds). Contemporary oral medicine. Heidelberg, Germany: Springer Meteor; 2017. Ohrbach R, Dworkin SF. The evolution of TMD diagnosis: past, present, future. J Dental Res 2016; 95: 1093-1101. Ohrbach R, Larsson P, List T. The jaw functional limitation scale: development, re- liability, and validity of 8-item and 20-item versions. J Orofac Pain 2008a; 22: 219-230. Ohrbach R, Markiewicz MR, Mccall WD. Waking-state oral parafunctional behaviors: specificity and validity as assessed by elec- tromyography. Eur J Oral Sciences 2008b; 116: 438-444. Ohrbach R, Fillingim RB, Mulkey F et al. Clinical findings and pain symptoms as potential risk factors for chronic TMD: descriptive data and empirically identified domains from the OPPERA case-control study. J Pain 2011; 12: T27-T45. Ohrbach R, Bair E, Fillingim RB et al. Clinical orofacial characteristics associated with risk of first-onset TMD: the OPPERA prospective cohort study. J Pain 2013; 14: T33-T50. Ohrbach R, Blasberg B, Greenberg MS. Tem- poromandibular disorders. In Glick M (ed.) Burket’s Oral Medicine. 12th ed. Shelton, CT: PMPH-USA; 2015. Osterberg T, Carlsson GE. Symptoms and signs of mandibular dysfunction in 70-year old men and women in Gothenburg, Swe- den. Community Dent Oral Epidemiol 1979; 7: 315-321. Osterweis M, Kleinman A, Mechanic D (eds). Pain and disability: clinical, behavio- ral, and public policy perspectives. Institute of Medicine (US) Committee on Pain, Disability, and Chronic Illness Behavior. Washington DC: National Academies Press; 1987. Plesh O, Adams SH, Gansky SA. Racial/ ethnic and gender prevalences in reported common pains in a national sample. J Oro- fac Pain 2011a; 25: 25-31. Plesh O, Adams SH, Gansky SA. Temporomandibular joint and muscle disorder-type pain and comorbid pains in a national US sample. J Orofac Pain 2011b; 25: 190-198. Quintner JL, Bove GM, Cohen ML. A criti- cal evaluation of the trigger point phenom- enon. Rheumatology 2015; 54; 392-399. Raphael KG, Marbach JJ. Widespread pain and the effectiveness of oral splints in myo- fascial face pain. J Am Dental Assoc 2001; 132: 305-316. Raphael KG, Marbach JJ, Klausner J. Myo- fascial face pain: Clinical characteristics of those with regional vs widespread pain. JADA2000; 131: 161-171. Rodriguez-Lozano FJ, Saez-Yuguero MR, Bermejo-Fenoll A. Prevalence of tempo- romandibular disorder-related findings in violinists compared with control subjects. Oral Surg Oral Med Oral Pathol Oral Radiol Endod 2010; 109: e15-19. Rothman KJ, Greenland S. Causation and causal inference in epidemiology. Am J Public Health 2005; 95: S144-S150. Sanders AE, Maixner W, Nackley AG et al. Excess risk of temporomandibular disorder associated with cigarette smoking in young adults. J Pain 2012; 13: 21-31. 25 Definición, epidemiología y etiología de los trastornos dolorosos de la articulación temporomandibular Sanders AE, Slade GD, Bair E et al. General health status and incidence of first-onset temporomandibular disorder: the OPPERA prospective cohort study. J Pain 2013; 14:T51-T62. Sanders AE, Akinkugbe AA, Bair E et al. Subjective sleep quality deteriorates before development of painful temporomandibular disorder. J Pain 2016; 17: 669-677. Scheuermann RH, Ceusters W, Smith B. Toward an ontological treatment of disease and diagnosis. Proceedings of the 2009 AMIA summit on translational bioinfor- matics, 2009; 116-120. Schiffman EL, Ohrbach R, Truelove EL et al. The Research Diagnostic Criteria for Tempo- romandibular Disorders. V: methods used to establish and validate revised Axis I diagnostic algorithms. J Orofac Pain 2010; 24: 63-78. Sharma S. The associations of injury and stress with temporomandibular disorders. University at Buffalo; 2017 [Online]. Avail- able: https://www.researchgate.net/profile/ Sonia_Sharma6 [Oct 22, 2017]. Slade GD, Bair E, Greenspan JD, et al. Signs and symptoms of first-onset TMD and sociodemographic predictors of its develop- ment: the OPPERA prospective cohort study. J Pain 2013; 14: T20-T32. Slade GD, Sanders AE, Ohrbach R et al. Pressure pain thresholds f luctuate with, but do not usefully predict, the clinical course of painful temporomandibular disorder. Pain 2014; 155: 2134-2143. Slade GD, Sanders AE, Ohrbach R et al. COMT Diplotype amplifies effect of stress on risk of temporomandibular pain. J Dent Res 2015; 94: 1187-95. Slade GD, Ohrbach R, Greenspan JD et al. Painful temporomandibular disorder: decade of discovery from OPPERA Studies. J Dental Res 2016; 95: 1084-1092. Smith B, Ceusters W, Goldberg LJ, Ohrbach, R. Towards an ontology of pain. In Okada M (ed). Proceedings of the Conference on Logic and Ontology. Tokyo: Keio University Press; 2011. Smith SB, Mir E, Bair E et al. Genetic variants associated with development of TMD and its intermediate phenotypes: the genetic architecture of TMD in the OPPERA prospective cohort study. J Pain 2013; 14: T91-T101. Steinmetz A, Ridder PH, Methfessel G, Muche B. Professional musicians with craniomandibular dysfunctions treated with oral splints. Cranio 2009; 27: 221- 230. Szentpetery A, Huhn E, Fazekas A. Preva- lence of mandibular dysfunction in an ur- ban population in Hungary. Community Dent Oral Epidemiol 1986; 14:177-180. Taylor JB, Goode AP, George SZ, Cook CE. Incidence and risk factors for first- time incident low back pain: a systematic review and meta-analysis. Spine J 2014; 14: 2299-2319. Travell JG, Simons DG. Myofascial Pain and Dysfunction: The Trigger Point Manual. Baltimore: Williams and Wilkins; 1983. Truelove E, Pan W, Look JO et al. The Re- search Diagnostic Criteria for Temporo- mandibular Disorders. III: validity of Axis I diagnoses. J Orofac Pain 2010; 24: 35-47. Turk DC, Rudy TE. Towards a comprehen- sive assessment of chronic pain patients. Behav Res Ther 1987; 25: 237-249. Turp JC, Schlenker A, Schroder J, Essig M, Schmitter M. Disk displacement, eccentric condylar position, osteoarthrosis - misno- mers for variations of normality? Results and interpretations from an MRI study in two age cohorts. BMC Oral Health 2016; 16: 124. van Selms M, Ahlberg J, Lobbezoo F, Viss- cher C. Evidence-based review on tempo- romandibular disorders among musicians. Occup Med (Lond) 2017; 67: 336-343. Verkerk K, Luijsterburg PaJ, Heymans MW et al. Prognosis and course of pain in patients with chronic non-specific low back pain: A 1-year follow-up cohort study. Eur J Pain 2015;19:1101-1110. Von Korff M. Studying the natural history of back pain. Spine (Phila Pa 1976) 1994; 19 (18 Suppl): 2041s-2046s. Von Korff M, Dworkin SF, Le Resche L, Kruger A. An epidemiologic compari- son of pain complaints. Pain 1988; 32: 173-183. Von Korff M, Le Resche L, Dworkin SF. First onset of common pain symptoms: a prospective study of depression as a risk factor. Pain 1993; 55: 251-258. Wakefield J. The concept of mental disor- der: on the boundary between biological facts and social values. Am Psychologist 1992; 47: 373. Wall PD. On the relation of injury to pain. Pain 1979; 6: 253-264. Wasan AD, Davar G, Jamison R. The asso- ciation between negative affect and opioid analgesia in patients with discogenic low back pain. Pain 2005; 117: 450-461. Wei F, Van Horn MH, Coombs MC et al. A pilot study of nocturnal temporalis mus- cle activity in TMD diagnostic groups of women. J Oral Rehabil 2017; 44: 517-525. Weingarten TN, Iverson BC, Shi Y, Schroeder DR, Warner DO, Reid KI. Impact of tobacco use on the symptoms of painful temporomandibular joint disor- ders. Pain 2009; 147: 67-71. Wiesinger B, Haggman-Henrikson B, Hellstrom F, Wanman A. Experimental masseter muscle pain alters jaw-neck mo- tor strategy. Eur J Pain 2013; 17: 995-1004. Williams AC de C, Craig KD. Updating the definition of pain. Pain 2016; 157: 2420-2423. Woolf CJ. Pain: moving from symptom control toward mechanism-specific phar- macologic management. Annals Intern Med 2004; 140: 441-451. Wright LJ, Schur E, Noonan C, Ahumada S, Buchwald D, Afari N. Chronic pain, overweight, and obesity: findings from a community-based twin registry. J Pain 2010; 11: 628-635. Introducción Definición Los trastornos de la articulación temporomandibu- lar (TTM) abarcan un grupo de afecciones muscu- loesqueléticas y neuromusculares complejas que involucran a las articulaciones temporomandibula- res, la musculatura masticatoria y todos los tejidos asociados. Estos trastornos se caracterizan por do- lor regional agudo o persistente en las áreas facial y preauricular, o por limitación o interferencia de las funciones orofaciales, como alimentación, bostezo, conversación, etc. Los signos y síntomas pueden incluir dolor en los músculos masticatorios o en las articulaciones temporomandibulares, reproducidos durante el examen clínico, y ruidos o sonidos en es- tas articulaciones. Los subtipos más frecuentes de TTM incluyen trastornos relacionados con dolor (mialgias y artralgias) y trastornos asociados con la articulación temporomandibular (desarreglos internos y enfermedad articular degenerativa). El paciente a menudo sufre otros trastornos dolorosos (comorbilidades), por ejemplo, cefaleas, dolor de cuello y hombro, dolor difuso y fibromialgias. Los TTM ya no son considerados un trastorno local ais- lado, sino más bien el resultado de múltiples deter- minantes de riesgo (Svensson y Kumar, 2016; Slade y cols., 2013). Entre los factores de riesgo es impor- tante evaluar el dominio biopsicosocial, dado que las formas crónicas de dolor por TTM pueden conducir a la ausencia o deterioro de interacciones laborales o sociales, lo que conduce a una reducción global de la calidad de vida, susceptibilidad al uso excesivo o incluso el abuso de medicaciones, y aumento de la frecuencia de búsqueda de tratamientos (Ohrbach y Dworkin, 2016; Verkerk y cols., 2015; AADR, 2015). Propósito de la clasificación Desde una perspectiva clínica, está ampliamente aceptado que el tratamiento apropiado de cualquier enfermedad o trastorno requiere un diagnóstico pre-ciso (Ceusters y cols., 2015a). Desde el punto de vista de la investigación, el diagnóstico y la clasificación precisos son prerrequisitos para recoger información fiable a fin de ampliar las bases de conocimiento exis- tentes. Desde el punto de vista anatómico, los TTM están incluidos bajo el paraguas más amplio del dolor orofacial. La International Headache Society (IHS), la American Academy of Orofacial Pain (AAOP) y la International RDC/TMD Consortium Network con- trolan y revisan constantemente sus clasificaciones respectivas debido a la evolución de la comprensión y el conocimiento científico de estos trastornos (Ren- ton y cols., 2012). El sistema de clasificación para la investigación de los TTM más utilizado han sido los Criterios Diagnósticos de Investigación para los Trastornos de la Articulación Temporomandibular (Dworkin y LeResche, 1992). Estos criterios surgie- ron de la necesidad de un sistema diagnóstico que no solo pudiera distinguir, para fines epidemiológicos y de investigación clínica, los casos de los controles, sino también definir y diagnosticar de modo diferen- te los subtipos frecuentes de TTM relacionados con el dolor. Los principios más importantes que subya- cen a este enfoque diagnóstico incluyeron el modelo biopsicosocial con un sistema de doble eje, que está compuesto por diagnósticos físicos basados en los signos y síntomas clínicos de los TTM (Eje 1) y per- files psicosociales (Eje II), que describen los aspectos de la persona que presentó el trastorno para clasificar la enfermedad y su impacto. Los diagnósticos se ba- san en definiciones operacionales estrictas de los tér- minos, que incluyen especificaciones precisas para el examen clínico. Cambio de Criterios Diagnósticos de Investigación a Criterios Diagnósticos Los Criterios Diagnósticos de Investigación para los Trastornos de la Articulación Temporomandibular representan una contribución fundamental en el campo de la clínica y la investigación, y han sido uti- lizados y citados ampliamente. La evolución de estos Criterios llegó aproximadamente 20 años más tarde como resultado de un proceso longitudinal de inves- tigación y del análisis de los datos. Las publicaciones resultantes incluyeron los Criterios Diagnósticos Capítulo 2 Clasificación de los trastornos de la articulación temporomandibular Ambra Michelotti, Peter Svensson 27 28 Capítulo 2 cial, en los diagnósticos relacionados con el dolor muscular y se acepta una validez de contenido; sin embargo, al contrario de todos los otros diagnósti- cos en los Criterios Diagnósticos, no tienen medidas establecidas de validez; es decir, no se conoce actual- mente la sensibilidad ni la especificidad. El nuevo protocolo de Criterios Diagnósticos Eje II también ha sido expandido. Se han agregado nue- vos instrumentos para evaluar la conducta del dolor, el estado psicológico y el funcionamiento psicoso- cial, e incluyen evaluaciones que varían desde un examen de selección hasta una evaluación exhaus- tiva por expertos. Diagnósticos en la articulación temporomandibular del Eje I Cuestionario de examen de detección del Eje I El seleccionador de dolor de los TTM del Eje I (Gonzalez y cols., 2011) es un cuestionario rellena- do por el paciente de seis elementos, simple, fiable y válido utilizado para evaluar la presencia de TTM relacionados con dolor, con una sensibilidad y una especificidad 0,95 (v. ≥ tabla 7-1 en el capítulo 7). Este cuestionario evalúa el informe de dolor y los factores que pueden afectarlo, incluidas la función mandibular y la parafunción oral. Se recomienda el uso habitual de este cuestionario de autoinforme en la práctica odontológica para detectar los TTM pre- existentes, prevenir la cronicidad y facilitar el con- sentimiento informado relativo a las complicaciones potenciales del tratamiento odontológico. Este cues- tionario identifica a los pacientes que tienen un TTM relacionado con dolor o que corren el riesgo de exacerbar su dolor preexistente durante los trata- mientos odontológicos y pueden requerir tratamien- to. Es útil para informar al paciente sobre cualquier síntoma relacionado con los TTM que pueden ocu- rrir durante el tratamiento, y para informar al odon- tólogo de modo que pueda tomar las precauciones apropiadas para proteger la mandíbula del paciente. Diagnósticos físicos del Eje I Los diagnósticos de los Criterios Diagnósticos pueden ser considerados «centrales» en la evalua- ción de los pacientes con síntomas de dolor oro- facial, porque son muy prevalentes y porque son los mejor descritos. La intenta capturar figura 2-1 para los Trastornos de la Articulación Temporoman- dibular (Schiffman y cols., 2014), los cuales apor- taron criterios fiables y válidos para los trastornos frecuentes en los contextos clínico y experimental; y los Criterios Diagnósticos expandidos (Peck y cols., 2014), que proporcionaron pautas para iden- tificar los trastornos menos frecuentes. En resumen, cuando se comparan con los Criterios Diagnósticos de Investigación para los Trastornos de la Articu- lación Temporomandibular, los Criterios Diagnós- ticos han avanzado hacia un sistema basado en la evidencia con mayor validez para uso clínico. En particular, se construyeron sobre la base de eviden- cia que es fiable y válida. Sin embargo, aunque las pruebas diagnósticas para los TTM frecuentes rela- cionados con dolor muestran una sensibilidad y una especificidad mayor de 0,9 (Schiffman y Ohrbach, 2016), la conexión entre la prueba y la fisiopatolo- gía subyacente sigue siendo poco conocida. No obs- tante, los Criterios Diagnósticos proporcionan un lenguaje compartido por médicos e investigadores. La definición de la clasificación y los Criterios Diag- nósticos es importante para un mejor conocimiento de la prevalencia, la incidencia y otras características de los TTM en las poblaciones de todo el mundo. En la práctica clínica, la clasificación es necesaria, espe- cialmente cuando el diagnóstico es incierto y cuan- do un paciente recibe más de un diagnóstico; para la investigación, la clasificación es indispensable para permitir comparaciones entre diferentes estudios. Descripción de los Criterios Diagnósticos: Eje I y Eje II Los nuevos Criterios Diagnósticos para los Trastor- nos de la Articulación Temporomandibular basados en la evidencia del Eje I comprenden los diagnósti- cos más frecuentes de estos trastornos, con una es- timación aceptable de sensibilidad y especificidad (valores ideales: sensibilidad 70% y especificidad≥ ≥ 95%). Ellos son TTM relacionados con dolor –ar- tralgias, mialgias, dolor miofascial referido y cefalea atribuida a estos trastornos y TTM intraarticulares– –desplazamiento discal con reducción, desplaza- miento discal con reducción y bloqueo intermitente, desplazamiento discal sin reducción con apertura li- mitada, enfermedad articular degenerativa, y sublu- xación o luxación–. Además, también se consideran otros dos diagnósticos, mialgia local y dolor miofas- 29 Clasificación de los trastornos de la articulación temporomandibular • El dolor miofascial referido es una mialgia con informe de dolor en un sitio más allá del límite del músculo que se está palpando. La sensibili- dad es de 0,86 y la especificidad es de 0,98. Artralgia La artralgia es el dolor originado en la ATM y que está afectado por el movimiento, la función o la parafunción de la mandíbula. La reproducción de este dolor (dolor familiar) ocurre con las pruebas de provocación de la articulación temporoman- dibular (palpación articular o apertura bucal). La sensibilidad es de 0,89 y la especificidad es de 0,98. Cefalea atribuida a un trastorno de la articulación temporomandibular Es la cefalea en el área de la sien secundaria a un TTMrelacionado con dolor, la cual es afectada por el movimiento, la función o la parafunción man- dibular. La reproducción de esta cefalea (cefalea familiar) ocurre con las pruebas de provocación del sistema masticatorio (palpación del músculo temporal o apertura bucal). La sensibilidad es de 0,89 y la especificidad de 0,87. De hecho, la «cefa- lea atribuida a trastornos de la articulación tempo- romandibular» está incluida como un nuevo tipo de trastorno para reemplazar a la «cefalea o dolor la relación de los diagnósticos de estos Criterios Diagnósticos con otros tipos de diagnósticos de los TTM, dolor orofacial y cefalea. Se proporciona abajo una descripción más detallada de los diag- nósticos dolorosos y no dolorosos específicos de los Criterios Diagnósticos. Mialgia La mialgia es un dolor muscular localizado en la mandíbula, en la sien, en la oreja o por delante de esta, y que es afectado por el movimiento, la función o la parafunción de la mandíbula. La reproducción de este dolor (dolor familiar) ocurre con las pruebas de provocación de la musculatura masticatoria (pal- pación muscular o apertura bucal). La sensibilidad es de 0,90 y la especificidad de 0,99. La mialgia se dife- rencia en tres subtipos, según las pruebas de provoca- ción basadas en la palpación muscular estandarizada: • La mialgia local es una mialgia con un dolor localizado en el sitio de la palpación. No se han establecido la sensibilidad ni la especificidad para este diagnóstico. • El dolor miofascial es una mialgia con un dolor que se propaga más allá del sitio de la palpa- ción, pero dentro del límite del músculo. No se han establecido la sensibilidad ni la especifici- dad para este diagnóstico. Dolor pr imario Dolor por cáncer Dolor PQ o PT Dolor NP Dolor visceral Dolor ME Cefalea o dolor orofacial Dolor TTM CD/TTM Sin dolor Sin dolor Figura 2-1 Las entidades incluidas en los Criterios Diagnósticos de los TTM conforman un subgrupo reconocido que abarca todos los tipos de TTM. Solo un subgrupo es doloroso, que es el que se incluye en la categoría de cefaleas y dolor orofacial, de acuerdo con la clasificación de la IASP. Pueden identificarse otros seis tipos de dolor crónico, que se superponen con el dolor orofacial crónico. CD, Criterios Diagnóstico; ME, dolor musculoesquelético; NP, dolor neuropático; PQ, dolor posquirúrgico; PT, dolor postraumático; TTM, trastorno de la articulación temporomandibular. 30 Capítulo 2 con una apertura mandibular limitada persistente que no se reduce cuando el médico o el paciente rea- lizan una maniobra de manipulación. Esto también se denomina «bloqueo cerrado». Este trastorno se asocia con una apertura mandibular limitada lo su- ficientemente grave como para interferir con la ca- pacidad de alimentarse. El movimiento de apertura asistida máxima (estiramiento pasivo), que incluye la superposición vertical de los incisivos, es < 40 mm. Sin imágenes, la sensibilidad es de 0,80 y la especifici- dad es de 0,97. Los estudios de imágenes representan el estándar de referencia para este diagnóstico. El desplazamiento del disco sin reducción y sin apertura limitada es un trastorno biomecánico in- tracapsular que afecta al complejo disco-cóndilo. En una posición con la boca cerrada, el disco se encuen- tra en una posición anterior, medial o lateral con re- lación a la cabeza del cóndilo y no se reduce con la apertura de la boca. Este trastorno NO se asocia con una apertura limitada actual con el movimiento de apertura asistida máxima (estiramiento pasivo), que incluye una superposición vertical de los incisivos ≥ 40 mm. Sin estudios de imágenes, la sensibilidad es de 0,54 y la especificidad de 0,79. El estudio de imáge- nes es el estándar de referencia para este diagnóstico. La enfermedad articular degenerativa es un tras- torno degenerativo que afecta a la articulación y se caracteriza por el deterioro del tejido articular con cambios óseos simultáneos en el cóndilo o la emi- nencia articular. Durante el examen clínico, se de- tecta crepitación con la palpación durante, al menos, uno de los siguientes movimientos: apertura, cierre, diducción derecha o izquierda o protrusión. Sin es- tudios de imágenes, la sensibilidad es de 0,55 y la es- pecificidad es de 0,61. Los estudios de imágenes de tomografía computarizada (TC) de la ATM repre- sentan el estándar de referencia para este diagnóstico. La es un trastorno de hipermovilidadsubluxación que afecta al complejo disco-cóndilo y la eminen- cia articular. En una posición con la boca abierta, el complejo disco-cóndilo se encuentra en una posición anterior a la eminencia articular y es incapaz de re- tornar a una posición normal con la boca cerrada sin una maniobra de manipulación. La duración de la luxación puede ser transitoria o prolongada. Cuando el paciente puede reducirse la luxación por sí mismo, se denomina subluxación. facial atribuido a un TTM», según se describe en la Clasificación Internacional de los Trastornos de Cefalea II (International Classification of Heada- che Disorders-II, 2004) y ha sido incorporada en la versión beta de los ICHD-III (2013). Desplazamiento del disco y enfermedad degenerativa de la articulación temporo- mandibula r El desplazamiento del disco con reducción es un trastorno biomecánico intracapsular que afecta al complejo disco-cóndilo. En la posición con la boca cerrada, el disco está en una posición anterior, medial o lateral en relación con la cabeza del cóndilo y se re- duce después de la apertura bucal. Con la reducción del disco pueden aparecer ruidos de clics, estallidos o chasquidos. Sin estudios de imágenes, la sensibilidad es de 0,34 y la especificidad de 0,92. La resonancia magnética (RM) de la ATM es el estudio de referen- cia para este diagnóstico. El desplazamiento del disco con reducción y blo- queo intermitente es un trastorno biomecánico in- tracapsular que afecta al complejo disco-cóndilo. En una posición con la boca cerrada, el disco se encuen- tra en una posición anterior, medial o lateral en rela- ción con la cabeza del cóndilo y se reduce de forma intermitente con la apertura de la boca. Cuando el disco no se reduce con la apertura bucal, ocurre una apertura mandibular limitada. Si esto ocurre, pue- de ser necesaria una maniobra para poder cerrar y desbloquear la ATM. Cuando este trastorno está pre- sente clínicamente, el examen es positivo para una incapacidad para abrir la boca hasta un rango nor- mal, incluso de manera transitoria, sin que el médico o el paciente realicen una maniobra para reducir el bloqueo. Con la reducción del disco pueden aparecer ruidos de clics, estallido o chasquido. Sin estudios de imágenes, la sensibilidad es de 0,38, mientras que la especificidad es de 0,98. Los estudios de diagnósti- co por imágenes representan el patrón de referencia para este diagnóstico. El desplazamiento del disco sin reducción con apertura limitada es un trastorno biomecánico in- tracapsular que afecta al complejo disco-cóndilo. En una posición con la boca cerrada, el disco se encuen- tra en una posición anterior, medial o lateral en rela- ción con la cabeza del cóndilo y el trastorno se asocia 31 Clasificación de los trastornos de la articulación temporomandibular Métodos de evaluación del Eje II Existen cinco instrumentos de examen de se- lección rellenados por el propio paciente simples para la detección de dolor que se relacionan con el funcionamiento psicosocial y conductual. Cuestionario de Salud del Paciente-4 El Cuestionario de Salud del Paciente-4 es un instru- mento de cribado breve, fiable y válido para detectar «angustia psicológica» debida a ansiedad o depresión en pacientes en cualquiercontexto clínico. Un valor de corte > 6, que sugiere una angustia psicológica moderada, debe ser interpretado como justificación para la observación, mientras que un valor de corte > 9, que sugiere angustia psicológica grave, debe ser interpretado como justificación de otra evaluación o de una derivación a otro profesional. Escala Graduada para el Dolor Crónico La Escala Graduada para el Dolor Crónico es un instrumento breve, fiable y válido que evalúa la intensidad del dolor y la discapacidad relacionada con él. Las dos subescalas de esta escala son: 1) in- tensidad del dolor, que mide fiablemente la inten- sidad del dolor, considerándose a ≥ 50/100 como «gran intensidad» y 2) evaluación de la discapaci- dad por dolor, que se basa en el número de días que el dolor interfiere con la actividad y el grado en el cual interfiere con las actividades sociales, laborales y cotidianas. Un dolor y una interferencia elevados, o una discapacidad moderada a grave (clasificados como grados 3 o 4), deben ser interpretados como discapacidad debida a dolor, lo cual justifica otras investigaciones y sugiere que el TTM tiene un im- pacto importante sobre la vida del individuo. Dibujo del dolor Consiste en el dibujo de todos los síntomas expe- rimentados en la cabeza, la mandíbula y el cuerpo; esto permite que el paciente informe de la loca- lización del síntoma principal del dolor. El dolor difuso sugiere la necesidad de una evaluación am- plia del paciente. Escala de limitación funcional de la mandíbula Esta escala es un formulario breve (consistente en ocho elementos) fiable y válido que utiliza la Esca- La luxación completa es un trastorno en el cual el cóndilo se ubica por delante de la eminencia articu- lar y es incapaz de retornar a una posición cerrada sin una maniobra específica realizada por el médico. Puede ocurrir dolor en el momento de la luxación y quedar dolor residual después del episodio. Este tras- torno se denomina también «bloqueo abierto». Solo se ha establecido la sensibilidad y la especificidad para la subluxación. Sin estudios de diagnóstico por imágenes y solo sobre la base de la anamnesis, la sen- sibilidad es de 0,98 y la especificidad es de 1. Evaluación del Eje II Según la International Association for the Study of Pain (ISAP), el dolor se define como: «Una experien- cia sensitiva y emocional displacentera asociada con el daño tisular real o potencial o descrito en términos de dicho daño» y «Dolor crónico en una o más regio- nes anatómicas que se caracteriza por una angustia emocional importante (ansiedad, enfado, frustra- ción o depresión del estado de ánimo) y discapaci- dad funcional (interferencia con las actividades de la vida diaria y reducción de la participación en las actividades sociales)». Dado que todos los factores biológicos, psicológicos y sociales contribuyen con el estado de dolor, las respuestas a él son bastantes independientes de su origen. El Eje I se ocupa de las aferencias nociceptivas desde los tejidos periféricos. Sin embargo, el dolor como experiencia es modu- lado por la actividad en múltiples áreas del sistema nervioso central; en consecuencia, se debe evaluar la totalidad de la persona. El protocolo del Eje II se basa en el modelo biopsicosocial que caracteriza al dolor y evalúa los efectos, que incluyen factores cognitivos, psicosociales y conductuales que también pueden complicar el resultado del tratamiento y contribuir a la cronicidad. Por lo tanto, es importante evaluar los factores psicosociales, sobre todo cuando el paciente se presenta con enfermedades crónicas. Los Criterios Diagnósticos recomiendan instrumentos de examen de selección para evaluar el funcionamiento psico- social con cualquier trastorno doloroso y disfunción mandibular. Los criterios utilizados para seleccionar estos instrumentos fueron: fiabilidad, validez, inter- pretabilidad, aceptabilidad del paciente y del médico, carga del paciente y factibilidad, y disponibilidad de las versiones traducidas para diferentes idiomas y culturas (Durham y cols., 2015). 32 Capítulo 2 De los Criterios Diagnósticos de Investigación a los Criterios Diagnósticos: ¿Qué hay de nuevo? Se han desarrollado varios temas a partir de los Cri- terios Diagnósticos de Investigación originales para los TTM (Dworkin y LeResche, 1992) hasta los nuevos Criterios Diagnósticos (Schiffman y cols., 2014; Peck y cols., 2014) como señalamos abajo: 1. Ahora, los criterios incluyen un cuestionario de examen de detección del Eje I válido y fiable para identificar TTM relacionados con dolor. 2. Se han introducido algoritmos diagnósticos del Eje I válidos y fiables para los TTM relacionados con dolor más frecuentes y para los trastornos in- traarticulares más frecuentes. Todos los diagnós- ticos relacionados con dolor por TTM presentan una sensibilidad y una especificidad excelentes. Los criterios diagnósticos para todos los trastor- nos intraarticulares, salvo uno, carecen de validez suficiente para diagnósticos clínicos, pero pueden ser utilizados con fines de examen de selección. 3. También se han introducido instrumentos de eva- luación centrales del Eje II que examinan inten- sidad del dolor, discapacidad relacionada con el dolor, funcionamiento mandibular, angustia psi- cosocial, conducta parafuncional y dolor difuso. 4. Para todos los diagnósticos de TTM relacionados con dolor se requiere un informe del paciente so- bre el dolor modificado, mejorado o empeorado por la función, el movimiento o la parafunción mandibular. La modificación del dolor es espe- cialmente importante en el diagnóstico diferencial cuando pueden presentarse trastornos comór- bidos, sobre todo otros trastornos dolorosos del sistema trigeminal. Es importante que frente a la provocación de dolor con el movimiento o a la palpación de la mandíbula, el paciente indique si el dolor es similar al que suele experimentar para diagnosticar todos los TTM relacionados con dolor, incluidas artralgias, mialgias, los tres tipos de mialgias y la cefalea atribuida a uno de estos trastornos. La intención es reproducir el síntoma principal del paciente para minimizar los hallaz- gos falsos positivos de las pruebas que provocan dolor en los individuos asintomáticos y los hallaz- gos incidentales en los pacientes sintomáticos. Se debe destacar que la presencia de dolor familiar la de Limitación Funcional de la Mandíbula, la cual evalúa las limitaciones globales en: masticación, mo- vilidad mandibular, y expresión verbal y emocional. Listado de cotejo de conductas orales Este listado es un instrumento para evaluar la fre- cuencia de las conductas parafuncionales orales. Instrumentos exhaustivos del Eje II Los instrumentos del Eje II se deben utilizar por indicación de los especialistas o de los investiga- dores para obtener una evaluación más exhaus- tiva del funcionamiento psicosocial. Se basan en las recomendaciones de la Iniciativa de Métodos, Medición y Evaluación del Dolor en Ensayos Clí- nicos. El dibujo del dolor y el Listado de Cotejo de Conductas Orales (véase antes) también son com- ponentes de la evaluación exhaustiva. Escala Graduada para Dolor Crónico Esta escala se utiliza para medir el funcionamien- to físico específico de la enfermedad. Escala de Limitación Funcional de la Mandíbula Se trata de una escala con 20 elementos que se uti- liza para medir el funcionamiento físico específico de la enfermedad. Cuestionario de Salud del Paciente-9 El Cuestionario de Salud del Paciente-9 se utiliza para evaluar depresión. Los puntos de corte de 5, 10, 15 y 20 representan, respectivamente, niveles de depresión leve, moderado, moderadamente grave y grave. Trastorno de Ansiedad Generalizada-7 Estaescala se utiliza para evaluar la ansiedad. Los puntos de corte de 10 y 15 representan, respectiva- mente, niveles de ansiedad moderado y grave. Cuestionario de Salud del Paciente-15 El Cuestionario de Salud del Paciente-15 se utiliza para determinar síntomas físicos. Los puntos de corte 5, 10 y 15 representan una intensidad baja, intermedia y alta de los síntomas somáticos, res- pectivamente. 33 Clasificación de los trastornos de la articulación temporomandibular ción para los TTM menos frecuentes, un grupo de trabajo (miembros de la International RDC/TMD Consortium Network of the International Associa- tion for Dental Research [IADR], el Grupo de Inte- rés Especial en Dolor Orofacial de la Intern atio nal Associaton for the Study of Pain [IASP] y otras sociedades profesionales) revisaron la inclusión de los trastornos sobre la base de la importancia clínica y la disponibilidad de criterios diagnósticos plausibles. Se agregaron otros trastornos con una sensibilidad y una especificidad aún no estableci- das a los Criterios Diagnósticos, los cuales fueron incluidos en la taxonomía ampliada y colocados en las siguientes categorías: TTM, trastornos de los músculos masticatorios, trastornos de cefalea y trastorno que afecta a estructuras asociadas (Peck y cols., 2014). Trastornos de la articulación temporomandibular Artritis La artritis es el dolor de origen articular con carac- terísticas clínicas de inflamación o infección sobre la articulación afectada: edema, eritema o aumento de la temperatura. Los síntomas asociados pueden incluir cambios oclusivos dentales. No hay antece- dentes de enfermedad inflamatoria sistémica. Trastornos de hipomovilidad distintos de los trastornos del disco: adherencias y anquilosis Las adherencias fibrosas intraarticulares y la anquilo- sis se caracterizan principalmente por movimientos articulares limitados con deflexión (desviación) ha- cia el lado afectado de la apertura. En el caso de afec- tación bilateral, las asimetrías en los movimientos mandibulares durante el examen clínico serán me- nos pronunciadas o estarán ausentes. El trastorno no se asocia habitualmente con dolor. Pueden ocurrir adherencias secundarias a la inflamación articular resultante de un traumatismo directo, la carga exce- siva o los trastornos sistémicos, como la enfermedad poliartrítica, y típicamente se asocian con trastornos discales. La causa más frecuente de anquilosis de la ATM es el macrotraumatismo; las causas menos frecuentes son la infección de la mastoides o el oído medio, la enfermedad sistémica y el tratamiento qui- rúrgico insuficiente del área condilar. no se asocia exclusivamente con los diagnósticos de artralgias, mialgias y los tres tipos de mialgias, ya que existen otros trastornos que pueden provo- carlo (como una infección y la enfermedad reu- matoidea que afecta la ATM ). 5. Para los diagnósticos de mialgia y de los tres ti- pos de mialgia, ahora solo se necesita la palpa- ción de los músculos temporales y maseteros; se ha eliminado la palpación obligatoria del tendón temporal, el área pterigoidea lateral, la región sub- mandibular y la región mandibular posterior a causa de su baja fiabilidad. 6. Por la misma razón, también se ha eliminado la palpación de la cara posterior de la ATM a través del conducto auditivo externo, pero puede ser uti- lizada cuando está indicado. 7. Los ruidos de la ATM pueden ser de difícil de- tección, aun con la auscultación mediante estetos- copio, y pueden estar presentes esporádicamente. Se ha concluido que la diferenciación de ruidos (crepitación) en el paciente, como clic, crujido, o chirrido, es una fuente inconstante de informa- ción clínica. 8. La distinción entre una crepitación gruesa y fina ha sido omitida porque estos sonidos no pueden ser distinguidos de manera fiable y no contribuye a la exactitud diagnóstica de la enfermedad arti- cular degenerativa. Expansión de la taxonomía de los Criterios Diagnósticos para los Trastornos de la Articulación Temporomandibular Los Criterios Diagnósticos descritos en la sección anterior permiten una evaluación estandarizada de un conjunto limitado de TTM con criterios úti- les validados tanto para los investigadores como para los clínicos. Sin embargo, es necesario ex- pandir las clasificaciones para incluir trastornos menos frecuentes, pero de importancia clínica. De hecho, la mayor parte de estos últimos se descri- ben en las clasificaciones determinadas por las cla- sificaciones de la American Academy of Orofacial Pain (AAOP, 2008) sin el mismo abordaje estanda- rizado. Para desarrollar un sistema de clasificación basado en el consenso y criterios diagnósticos aso- ciados que tengan utilidad clínica y de investiga- 34 Capítulo 2 está relacionado con los deportes. La presentación clínica puede ser una combinación de dolor, tu- mefacción, ruidos articulares y limitación de los movimientos de la mandíbula. Osteone crosis La osteonecrosis es un trastorno doloroso que se encuentra en el cóndilo mandibular; en la RM se manifiesta por una señal disminuida en las imáge- nes T1 o de densidad protónica y en las imágenes T2 (patrón de esclerosis) y puede combinarse con un aumento de señal en las imágenes T2 (edema). Este trastorno también ha sido denominado en la literatura como necrosis avascular. Neoplasias Las neoplasias son el resultado de la proliferación tisular con características histológicas y pueden ser benignas (condromas u osteocondromas) o malignas (primarias o metastásicas). Estas pue- den presentarse con tumefacción, dolor durante la función, limitación de la apertura bucal, crepita- ción, cambios de la oclusión o sensitivo-motores. Puede aparecer asimetría facial con desplazamien- to en la línea media a medida que la lesión crece. Los estudios de imágenes diagnósticos, a menudo con TC o TC con haz cónico o RM y la biopsia, son esenciales cuando se sospecha una neoplasia. Condromatosis sinovial La condromatosis sinovial es una metaplasia car- tilaginosa de los restos mesenquimáticos del te- jido sinovial de la articulación. Su característica principal es la formación de nódulos cartilagino- sos que pueden ser pedunculados o pueden estar separados de la membrana sinovial y convertirse en cuerpos laxos dentro del espacio articular. La enfermedad puede asociarse con mala oclusión, como una mordida abierta posterior homolate- ral progresiva. Se necesitan estudios de imágenes para establecer el diagnóstico. Fractura Una fractura es una rotura no desplazada o des- plazada en el hueso que afecta la articulación (p. ej., el hueso temporal o la mandíbula). La fractu- ra puede incluir al cartílago. La más frecuente es la fractura subcondílea. El trastorno puede conducir a Artritis sistémicas Existen enfermedades inflamatorias sistémicas ge- neralizadas, las cuales producen inflamación articu- lar que conduce a dolor o a cambios estructurales, por ejemplo, artritis reumatoide, artritis idiopática juvenil, espondiloartropatías (espondilitis anqui- losante, artritis psoriásica, artritis infecciosa, sín- drome de Reiter) y artritis inducidas por cristales (gota, condrocalcinosis). Otras enfermedades reu- matológicamente relacionadas que pueden afectar a la ATM incluyen trastornos autoinmunes y otras enfermedades mixtas del tejido conectivo (esclero- dermia, síndrome de Sjögren, lupus eritematoso). Por lo tanto, este grupo de artritis incluye múltiples categorías diagnósticas que son diagnosticadas y manejadas mejor por reumatólogos mediante tera- pia general o sistémica. Existen signos y síntomas clí- nicos de una inflamación crónica progresiva (ATM) entre los pacientes, que a menudo varían con el tiem- po en un único paciente. Estos puedenvariar desde la ausencia de signos y síntomas hasta solo dolor o tumefacción/exudado, degradación tisular o altera- ción del crecimiento. La reabsorción de las estructu- ras del cóndilo puede asociarse con mala oclusión, como una mordida abierta anterior progresiva o una asimetría mandibular. Es posible que los estudios de imágenes en los estadios tempranos de la enferme- dad no muestren ningún hallazgo óseo. Condilisis o reabsorción idiopática del cóndilo La condilisis es la reabsorción de los cóndilos, lo cual conduce a una pérdida idiopática de altura condilar y a una mordida abierta anterior progre- siva. El trastorno prácticamente siempre es bilate- ral y aparece de manera predominante en mujeres adolescentes, jóvenes y adultas. La presencia de dolor o sonidos articulares es variable. En las pri- meras etapas, es posible que no se evidencien cambios en la oclusión dental, pero los hallazgos de los estudios de imágenes serían positivos. La causa se desconoce, aunque se ha sugerido que pueden estar implicados los estrógenos. Osteocondritis disecante Se trata de un trastorno articular en el cual existen fragmentos osteocondrales dentro de la articula- ción. La fisiopatología es poco clara; se presenta habitualmente en la rodilla y el codo y, a menudo, 35 Clasificación de los trastornos de la articulación temporomandibular Miositis La miositis es el dolor de origen muscular con ca- racterísticas clínicas de inflamación o infección, como edema, eritema o aumento de la temperatu- ra. En general, se origina de forma aguda después de un traumatismo directo del músculo o una in- fección, o en forma crónica con una enfermedad autoinmune. A menudo, se presenta una limita- ción de los movimientos mandibulares secundaria al dolor. Puede ocurrir calcificación del músculo (miositis osificante). Espasmo El espasmo es una contracción súbita, involun- taria y reversible de un músculo. Puede afectar a cualquier músculo masticatorio. Se puede presen- tar una mala oclusión aguda. Contractura La contractura es el acortamiento de un múscu- lo debido a la fibrosis de los tendones, ligamentos o fibras musculares. En general, no es doloroso a menos que el músculo se encuentre hiperextendi- do. Con frecuencia se presenta el antecedente de radioterapia, traumatismo o infección. Se observa más comúnmente en el músculo masetero o en el pterigoideo medial. Hipertrofia La hipertrofia es el agrandamiento de uno o más músculos masticatorios y habitualmente no se asocia con dolor. Puede ser secundaria al uso ex- cesivo o a la tensión crónica de/los músculo/s. Al- gunos casos son de origen familiar o genético. El diagnóstico se basa en la evaluación del tamaño muscular y es necesario considerar la morfología craneofacial y la etnicidad. Neoplasias Las neoplasias son el resultado de la proliferación tisular con características histológicas y pueden ser benignas (miomas) o malignas (rabdomiosar- comas o metastásicas). Son poco frecuentes y se pueden presentar con tumefacción, espasmo, do- lor durante la función, apertura bucal limitada o cambios sensitivomotores (parestesias, debilidad). una mala oclusión (mordida abierta posterior con- tralateral) y al deterioro de la función (desviación homolateral no corregida con apertura o movi- miento mandibular contralateral limitado). Habi- tualmente es el resultado de una lesión traumática. Trastornos congénitos o del desarrollo La aplasia es típicamente la ausencia unilateral del cóndilo y el desarrollo incompleto de la fosa y la eminencia articular, lo que conduce a una asimetría facial. Es frecuente que se asocie con otras anomalías congénitas (síndrome de Goldenhar, microsomía fa- cial y síndrome de Treacher Collins). En ocasiones es bilateral y, en estos casos, no se presenta asimetría, sino que la micrognatia es la manifestación clínica dominante. El trastorno puede asociarse con mala oclusión, lo cual puede incluir una mordida abierta. La es un desarrollo incompleto ohipoplasia subdesarrollo del cóndilo mandibular. Puede ser secundaria a un traumatismo facial y también a las mismas anomalías congénitas asociadas con la aplasia. Se presenta asimetría facial o micrognatia y puede asociarse con mala oclusión (p. ej., plano oclusal no horizontal y mordida abierta posterior contralateral en los casos unilaterales o mordida abierta anterior en los casos bilaterales). La es el hiperdesarrollo de los hue-hiperplasia sos craneales o la mandíbula. Existe un aumento no neoplásico del número de células normales. La hiperplasia es típicamente unilateral con un agrandamiento localizado, como hiperplasia con- dilar, o sobredesarrollo de toda la mandíbula o de un lado del rostro. Trastornos de los músculos masticatorios Tendinitis La tendinitis es el dolor de origen tendinoso afec- tado por el movimiento, la función o la parafun- ción de la mandíbula, y la replicación de este dolor con las pruebas de provocación del tendón del músculo masticatorio. Se puede presentar una li- mitación del movimiento mandibular secundaria al dolor. El tendón temporal puede ser un sitio fre- cuente de tendinitis y dolor referido a los dientes y otras estructuras cercanas. La tendinitis también podría aplicarse a otros tendones de los músculos masticatorios. 36 Capítulo 2 sujetos que solo comunicaron algunas de estas conductas (Slade y cols., 2016). Es necesario to- mar precauciones para distinguir entre la activi- dad parafuncional, como por ejemplo bruxismo con apretado o raspado de dientes, y la actividad de los músculos mandibulares documentada con electrofisiología (en los registros polisomnográfi- cos, monitorización de audio o vídeo, etc.), por- que existe poca correlación entre lo que el paciente puede comunicar y lo que realmente hace (para una revisión, Svensson y cols., 2008; Lobbezoo v. y cols., 2013; Castrillon y cols., 2016). El examen clínico incluye pruebas de provocación de dolor con cualquier movimiento mandibular, palpación muscular o de la ATM. El dolor de estas pruebas de provocación debe reproducir el síntoma de do- lor del paciente. El dolor familiar es el dolor que es similar al que ha experimentado el paciente du- rante los últimos 30 días. La es el cefalea familiar dolor parecido o similar a la cefalea del paciente. El marco temporal para evaluar los diagnósticos de los TTM relacionados con dolor, incluida la ce- falea, es «en los últimos 30 días», dado que la va- lidez se estableció utilizando este marco temporal. Dolor muscular La presión de la palpación para las mialgias es de 1 kg durante 2 segundos; pero, para diferenciar los tres tipos de mialgias, esta duración se aumenta has- ta 5 segundos para dejar más tiempo para la pro- pagación o el dolor referido si están presentes. La evaluación para el dolor miofascial con dolor referi- do es útil en casos de dolor «dental» no odontógeno, porque los músculos de la mandíbula pueden referir dolor a los dientes. Cuando se usan los diagnósticos del Eje I, el médico debe descartar primero la enfer- medad odontógena y otros trastornos dolorosos que pueden ocurrir en el sistema masticatorio. En gene- ral, no se presenta entumecimiento, tumefacción ni rubor con los TTM frecuentes y, cuando están pre- sentes, el médico debe descartar una enfermedad de importancia clínica, la cual incluye infecciones, neo- plasias y trastornos sistémicos. Además, este tam- bién debe considerar a los TTM poco frecuentes. La subdivisión de las mialgias en tres subclases (mialgia local, dolor miofascial y dolor miofascial con dolor referido) fue propuesta para destacar Los estudios de imágenes diagnósticos, habitual- mente TC, TC con haz cónico o RM, y la biopsia, son esenciales cuando se sospecha una neoplasia. Trastornos del movimientoLa discinesia orofacial son movimientos involun- tarios, principalmente coreicos (similares a una danza) que pueden afectar al rostro, los labios, la lengua o la mandíbula. La distonía oromandibular es una contracción muscular excesiva, involuntaria y sostenida que puede afectar al rostro, los labios, la lengua o la mandíbu l a . Los trastornos del movimiento han sido inclui- dos en la taxonomía ampliada de los Criterios Diagnósticos porque, en algunos casos, pueden presentarse principalmente como trastornos de los músculos masticatorios. Dolor en los músculos masticatorios atribuido a trastornos dolorosos sistémicos o centrales La es un trastorno doloroso difuso confibromialgia dolor simultáneo de los músculos masticatorios. Trastornos que afectan las estructuras asociadas La hiperplasia coronoidea es un agrandamiento progresivo de la apófisis coronoides que impide la apertura de la mandíbula cuando está obstruida por la apófisis cigomática del maxilar. Comentarios generales y direcciones futuras Comentarios generales sobre el dolor por trastornos de la articulación temporomandibular Los algoritmos diagnósticos en los nuevos Cri- terios Diagnósticos para los Trastornos de la Ar- ticulación Temporomandibular para artralgia y mialgia incluyen ahora la modificación del dolor por función, movimiento o parafunción. En efecto, se ha demostrado que los individuos que comu- nicaron múltiples conductas parafuncionales en el cuestionario del Listado de Cotejo de Conduc- tas Orales tuvieron 16 veces más probabilidades de sufrir trastornos crónicos de la ATM que los 37 Clasificación de los trastornos de la articulación temporomandibular ble que una palpación minuciosa de los músculos revele la presencia de puntos dolorosos cuando se aplica presión durante al menos 5 segundos. Si el dolor referido ya no es un criterio requeri- do para la identificación de estos puntos particu- lares, «dolor miofascial» y «dolor miofascial re- ferido» son entonces potencialmente el mismo trastorno y similares al «síndrome de dolor mio- fascial» que se sabe que ocurre en otras partes del cuerpo. Se debe destacar que en este contexto se evitó el término «puntos gatillo», porque aún no están claras la definición precisa, la validez diag- nóstica ni la fisiopatología subyacente. Por último, aunque la mialgia mediada centralmente ha sido una entidad clínica característica en el sistema de clasificación de la AAOP, no estaba incluida en la taxonomía ampliada porque se superpone con el «dolor miofascial referido» y la fibromialgia. Es posible que la mialgia mediada centralmente no represente tanto un trastorno como un me- canismo, como en el trastorno doloroso difuso. Los subtipos característicos de mialgia deben ser evaluados a través de protocolos de investigación bien diseñados, basados en un enfoque integrado y multidimensional, propuesto recientemente en la ACCTTION-Taxonomía del Dolor de la Ame- rican Pain Society (Fillingim y cols., 2014). Por ende, para cada subtipo de mialgia, es necesario delinear las características distintivas según las cinco dimensiones principales: 1. Criterios diagnósticos centrales. 2. Características frecuentes. 3. Comorbilidades clínicas frecuentes potenciales. 4. Consecuencias neurobiológicas, psicosociales y funcionales. 5. Mecanismos neurobiológicos y psicosociales, factores de riesgo y factores protectores posibles. Este enfoque puede ser la clave para sustanciar claramente si ambos tipos de dolor miofascial, según los Criterios Diagnósticos, constituyen un único trastorno que representa una entidad clínica característica de mialgia local debido a diferencias importantes en los mecanismos fisiopatológicos y psicosociales, la respuesta al tratamiento y el pro- nóstico (Michelotti y cols., 2016). una posible progresión temporal del dolor mus- cular desde una mialgia localizada hasta un dolor más difuso. Sin embargo, todavía se desconoce si el dolor miofascial puede ser considerado un tras- torno singular o si existen subtipos de importancia clínica y, si así fuera, qué mecanismos y qué con- secuencias clínicas de la definición de estos sub- tipos de dolor existen (Svensson y cols., 2015). El argumento biológicamente plausible es que estos tres trastornos podrían responder de diferentes modos al tratamiento y tener un valor pronóstico diferente. Aunque este es un razonamiento válido, es importante profundizar sobre el hecho de que la distinción entre los cuatro diagnósticos relaciona- dos con el dolor muscular es posible que, desde un punto de vista mecanístico o del manejo, no sea clara. Aunque puede ser plausible que la mialgia local pueda evolucionar a dolor miofascial con la propagación y a dolor miofascial cuando es referi- do, actualmente no existen pruebas para sostener esta hipótesis. La propagación del dolor muscular podría estar relacionada con la observación en estudios animales de los aumentos en los campos receptivos de las neuronas de segundo orden en el complejo sensitivo del núcleo trigeminal del tron- co encefálico, mientras que el dolor referido po- dría estar relacionado con la convergencia central de aferentes nociceptivos en neuronas de segun- do orden (Sessle, 2000) y también con la sensi- bilización central y finalmente con los cambios en las vías inhibidoras descendentes (Svensson y Graven-Nielsen, 2001; Graven-Nielsen, 2006). Sin embargo, a partir de estudios experimentales en seres humanos, es sabido que algunos individuos expuestos a inyecciones dolorosas en el músculo masetero pueden experimentar una propagación del dolor dentro de los límites del músculo inyec- tado, pero también que otros individuos con el mismo tipo de estimulación dolorosa del múscu- lo masetero pueden experimentar dolor referido en los dientes, en la ATM o en la sien. Esta ob- servación simple con el dolor muscular agudo requiere precaución, porque ambos tipos de res- puesta (propagación o dolores referidos) podrían ser simplemente epifenómenos de aferencias no- civas profundas (Svensson y Kumar, 2016). La va- lidez de criterio para las mialgias está establecida y es excelente, como lo es para el subtipo clínico «dolor miofascial referido». Al parecer, es proba- 38 Capítulo 2 te (sensibilidad del 89% y especificidad del 87%). Con el mismo estándar de referencia, la validez de criterio de los ICHD-II tiene una sensibilidad del 84% y una especificidad del 33%. Esta baja especi- ficidad se debe, en parte, a la necesidad de estudios de imágenes positivos de los TTM intraarticula- res, una apertura reducida o irregular y ruido en la ATM –los cuales pueden estar presentes en los pacientes con cefalea sin otros signos o síntomas de TTM, incluido el dolor cefálico–. Los Criterios Diagnósticos para la «cefalea atribuida a TTM» no requieren hallazgos en los estudios de imágenes para demostrar la presencia de un TTM. En cam- bio, estos criterios requieren que el paciente tenga el diagnóstico de uno de estos trastornos relacio- nado con dolor. Este enfoque parece más lógico, porque vincula directamente la cefalea relacionada con TTM con el trastorno relacionado con dolor en lugar de los hallazgos de los estudios de imáge- nes, que pueden presentarse en individuos asinto- máticos (Michelotti y cols., 2016). Aún puede ser necesario tomar precauciones cuando se utiliza el término «atribuida», porque los hallazgos recientes también sugieren que los TTM dolorosos pueden ser atribuidos a cefaleas y la relación causa-efecto entre estos y las cefaleas puede requerir una mayor investigación para comprender mejor los mecanis- mos subyacentes del dolor (Conti y cols., 2016). Comentarios generales sobre la enfermedad articular Los procedimientos clínicos paraevaluar el «des- plazamiento del disco con reducción», el «despla- zamiento del disco sin reducción ni limitación de la apertura» y la «enfermedad articular degenerativa» conducen a diagnósticos clínicos basados en proce- dimientos que muestran una baja sensibilidad, pero una especificidad de buena a excelente (Schiffman y cols., 2014). Por lo tanto, las pruebas pueden uti- lizarse solamente con fines de examen de selección para realizar diagnósticos preliminares de despla- zamiento del disco o de enfermedad articular de- generativa. En consecuencia, para tomar decisiones terapéuticas en casos selectos, la confirmación de un diagnóstico clínico provisional requiere estudios de diagnóstico por imágenes: los diagnósticos defi- nitivos requieren una RM de la ATM para el des- plazamiento del disco y una TC de la articulación Artritis La artritis presenta una fisiopatología inespecífica y no es posible determinar si pertenece al grupo diag- nóstico dedolor articularo al grupo deenfermedades articulares (Michelotti y cols., 2016). Una definición de artritis de la ATM debe incluir a los signos cardi- nales de inflamación (edema, eritema, aumento de la temperatura sobre la articulación y dolor articular); sin embargo, solo rara vez se observa tumefacción, edema y aumento de la temperatura. En efecto, la inflamación crónica de la ATM puede no mostrar ninguno de los signos cardinales, aun cuando esta enfermedad progresa, pero se puede presentar como una pérdida de función y degradación tisular o alte- ración del crecimiento. Por otra parte, la artritis de la ATM podría causar artralgias, pero estas también pueden deberse a otros factores que desencadenan a los nociceptores articulares. Un objetivo importante para lograr es un diagnóstico temprano de la artri- tis progresiva de la ATM. Según el American College of Rheumatology, los signos y síntomas clínicos que deben considerarse para un diagnóstico temprano y más específico podrían ser: dolor en la ATM con el movimiento mandibular, dolor en esta articulación con la carga y cambios oclusales progresivos recien- tes. El dolor de reposo en la ATM, el dolor con la palpación de dicha articulación o el dolor con su movimiento tienen alta sensibilidad para la activi- dad inflamatoria en la ATM; la ausencia de dolor de reposo, dolor con la palpación o con el movimiento de la articulación tienen alta especificidad para la actividad inflamatoria; y el dolor con el movimiento de la ATM está firmemente relacionado con el gra- do de actividad inflamatoria en la articulación. En el futuro, los biomarcadores pueden proporcionar una identificación más objetiva de estos trastornos, por lo que podrían requerirse imágenes radiológicas para detectar la destrucción del cartílago o del tejido óseo en la ATM (Ceusters y cols., 2015b). Sin embar- go, actualmente no es posible realizar un diagnóstico diferencial radiológico para distinguir los trastornos inflamatorios de la ATM. Cefalea atribuida a trastornos de la articulación temporomandibular La «cefalea atribuida a trastornos de la articula- ción temporomandibular» actual de los Criterios Diagnósticos tiene una validez de criterio excelen- 39 Clasificación de los trastornos de la articulación temporomandibular ción) durante los 30 días previos al examen o por la detección por parte del paciente de cualquier ruido articular con los movimientos mandibulares durante el examen clínico. Además, un diagnósti- co de desplazamiento del disco con reducción re- quiere la detección por parte del examinador de ruidos, de clics, estallidos o chasquidos durante el examen clínico. El establecimiento de un diagnós- tico de enfermedad articular degenerativa depende de la detección de crepitación (ruidos de crujidos, o raspado) durante el examen. Para la enfermedad articular degenerativa, no se hace ninguna distin- ción entre crepitación fina y gruesa. Por último, para el desplazamiento discal sin reducción, una medición de la apertura mandibular asistida (que incluye el grado de superposición vertical de los in- cisivos) de < 40 mm proporciona el subtipo de «con apertura limitada», mientras que una medición ≥ 40 mm arroja el subtipo de «sin apertura limitada». El desplazamiento discal con reducción y bloqueo intermitente y la subluxación de la ATM están in- cluidos como nuevos trastornos. Los algoritmos diagnósticos para estos trastornos incluyen crite- rios específicos provenientes de la anamnesis del paciente, que incluyen el bloqueo intermitente ac- tual con la apertura limitada para el desplazamiento discal con reducción y el bloqueo intermitente y el bloqueo mandibular en posición bien abierta para la subluxación de la ATM. Se considera que los tér- minos osteoartritis y osteoartrosis indican subclases de la enfermedad articular degenerativa. Trastornos del complejo disco-cóndilo En general, los trastornos de complejo disco-cóndi- lo conducen a cambios en la movilidad mandibular, los cuales incluyen hipomovilidad e hipermovili- dad (Michelotti y cols., 2016). Algunos trastornos articulares son relativamente frecuentes (p. ej., los desplazamientos discales son del 18 al 35% en una población general); sin embargo, no existen datos epidemiológicos que puedan ser importantes para evaluar la etiología y la progresión de estos tras- tornos. Un estudio reciente no demostró ninguna asociación entre el estado intraarticular de un in- dividuo y el dolor experimentado, la función y la discapacidad (Chantaracherd y cols., 2015). Aun- que un subgrupo limitado de desplazamiento del disco con reducción progresa hasta un estado no para la enfermedad articular degenerativa. Toman- do como ejemplo el diagnóstico de desplazamiento del disco con reducción, los criterios clínicos tie- nen baja sensibilidad, pero alta especificidad en relación con los hallazgos de la RM de la ATM. Muchos pacientes con desplazamiento del disco con reducción demostrado por RM no presentan ningún ruido articular detectable clínicamente o solo tienen una ocurrencia esporádica de estos rui- dos y, por ello, los criterios diagnósticos para este trastorno tienen baja sensibilidad. Por el contrario, los procedimientos clínicos para evaluar el despla- zamiento discal sin reducción con una apertura li- mitada tienen una sensibilidad y una especificidad aceptable, por lo que la evaluación clínica puede ser suficiente para la evaluación diagnóstica inicial. Sin embargo, para la certeza de este diagnóstico se requiere una RM, porque estos criterios diagnósti- cos no han sido evaluados para validez de criterio en pacientes con otros trastornos que conducen a una apertura limitada. En el pasado, los criterios para un desplazamiento discal sin reducción y con apertura limitada incluían otros hallazgos, pero estos hallazgos no están constantemente presentes y, por lo tanto, no fueron incluidos. En cuanto a la enfermedad articular degenerativa, puede ocurrir crepitación sin cambios óseos francos, la cual no siempre está presente con esta enfermedad. La RM es una técnica de imágenes excelente para detectar un desplazamiento del disco y derrames articula- res, pero la sensibilidad para detectar una enferme- dad articular degenerativa es solo del 59% cuando se utiliza la TC como estándar de referencia. Por lo tanto, la TC es necesaria para abordar con precisión los resultados falsos negativos que aparecen cuan- do se utiliza la RM. Por último, generalmente las radiografías panorámicas están disponibles en las clínicas odontológicas. Sin embargo, estas tienen una sensibilidad del 26% para detectar una enfer- medad articular degenerativa comparadas con la TC y, por lo tanto, presentan una cantidad clínica- mente importante de resultados falsosnegativos. El antecedente de ruido en la ATM es un criterio recomendado para evaluar los trastornos intraarti- culares de desplazamiento discal con reducción y enfermedad articular degenerativa. Este criterio del antecedente puede cumplirse cuando el paciente presenta cualquier ruido articular (clics o crepita- 40 Capítulo 2 en el plan terapéutico. Por el contrario, el médico puede utilizar estos cuestionarios para seleccionar al paciente y, cuando se presentan hallazgos de im- portancia clínica, debe derivarlo a médicos con más experiencia en lugar de iniciar un tratamiento que puede tener alto riesgo de fracaso. Cuando la deri- vación no constituye una opción, el médico puede explicar los desafíos que existen y que puede ser que no sea posible la resolución completa del dolor. De esta forma, el paciente recibe una información exhaustiva y puede brindar su consentimiento in- formado en relación a los factores contribuyentes potenciales a sus síntomas dolorosos antes de ini- ciar el tratamiento. El estándar de referencia para el diagnóstico de angustia psicológica es la evaluación por un profesional de atención de la salud –en con- diciones ideales, por un psicólogo de salud– cuando el dolor es un problema. La Escala Graduada para el Dolor Crónico evalúa tanto la intensidad de dolor como la discapacidad relacionada con el dolor y el grado en el que interfiere con la vida del paciente. Los niveles elevados de dolor sugieren la necesidad de descartar una enfermedad de importancia clínica primero, pero pueden indicar que el paciente tiene una amplificación de los síntomas debido a la an- gustia emocional o sensibilización central. La Esca- la de Limitación Funcional de la Mandíbula, como medida específica del sistema masticatorio, evalúa la limitación funcional y complementa los hallazgos de la anterior. Esta última escala tiene una forma corta para la evaluación global de la capacidad de uso de la mandíbula para la masticación comunica- da por el paciente, la movilidad y otras funciones, y un formulario largo que puede agrupar los hallaz- gos en tres constructos: masticación, movilidad, y expresión emocional y verbal. El dibujo del dolor evalúa el dolor local, regional o difuso. El dolor local está limitado al área masti- catoria, mientras que el dolor regional está presente porque muchos pacientes con TTM tienen también trastornos cervicales concomitantes. Cuando se presenta dolor cervical, se puede considerar la eva- luación médica, que incluye la evaluación efectuada por un médico o un fisioterapeuta. El dolor difuso en todo el cuerpo sugiere trastornos dolorosos sis- témicos, como enfermedades reumáticas, que inclu- yen artritis reumatoide y fibromialgia. Cuando se presenta dolor difuso, puede ser necesaria una eva- reducido (Schiffman y cols., 2017), la progresión de otros trastornos, como las luxaciones, se desconoce. No se sabe si los trastornos representan entidades singulares que requieren intervenciones específicas o si pueden agruparse y manejarse entonces de la misma forma. Aunque las etiologías y las fisiopato- logías de estos trastornos no se comprenden clara ni totalmente, se asume que el entorno anatómico (estructural) y biomecánico (funcional) contribuye a estos. Algunos estudios transversales sugieren que las variables anatómicas que contribuyen a la etiolo- gía incluyen una pared anterior empinada de la fosa condílea, una eminencia articular alta, incongruen- cia entre cóndilo-disco y fosa, laxitud ligamentosa, angulación muscular e inserción del músculo pte- rigoideo lateral al disco de la ATM. Los posibles contribuyentes etiológicos biomecánicos incluyen fuerzas compresivas, ténsiles o de cizallamiento ele- vadas resultado de, por ejemplo, parafunción oral, traumatismo o deterioro de la lubricación articular. Se han propuesto criterios diagnósticos para los trastornos del complejo disco-cóndilo; sin embargo, cuatro de ellos no han sido evaluados para validez de criterio y con relación a los otros, los criterios diagnósticos no tienen una sensibilidad ni una es- pecificidad aceptables para un diagnóstico defini- tivo (es decir, sensibilidad > 70% y especificidad > 95%). Los esquemas diagnósticos que producen falsos negativos relativamente altos (aquellos con baja sensibilidad) no representan necesariamente a priori un área de investigación si el trastorno tiene pocas consecuencias clínicas, como los desplaza- mientos discales con reducción. La investigación debe concentrarse en determinar si los trastornos del complejo disco-cóndilo son entidades distintas y en las estrategias de manejo que son eficaces para redu- cir el impacto o prevenir la progresión del trastorno. Comentarios generales sobre el dominio biopsicosocial A los fines del examen de selección, los objetivos de los cuestionarios del Eje II fueron factores con- tribuyentes seleccionados (Schiffman y cols., 2014; Durham y cols., 2015; Michelotti y cols., 2016). Cuando se presentan estos factores contribuyen- tes potenciales, el médico debe evaluarlos mejor o derivar al paciente a un profesional calificado para una evaluación exhaustiva que debe ser incluida 41 Clasificación de los trastornos de la articulación temporomandibular es decir, que podría ser considerado un tipo pri- mario de dolor (idiopático), pero también podría ser un tipo de dolor musculoesquelético (múscu- lo, articulación, ligamentos, tendones), además de ser también obviamente un tipo de dolor orofacial (anatómico). Más aún, el dolor por TTM puede ser comórbido con muchos otros trastornos dolorosos crónicos. Se debe señalar que «crónico», según la nueva definición, significa de no más de 3 meses de duración en lugar de la vieja definición de la IASP de 6 meses de duración. El subgrupo de cefaleas y dolor orofacial seguirá la clasificación de ICDH-III y los Criterios Diagnósticos, y permitirá mayor én- fasis en los tipos restantes de dolor orofacial cró- nico. Una nota final es que este nuevo sistema de clasificación de la IASP es un compromiso entre una clasificación mecanística (dolor neuropático), una clasificación topográfica (cefalea y dolor oro- facial) y la clasificación tisular (dolor visceral y musculoesquelético). No obstante, esta clasifica- ción es suficientemente pragmática y aplicable en la clínica y, lo que es importante, será adoptada por la Clasificación Internacional de las Enfermedades. Dado que esta tarea es intrínsecamente mul- tidisciplinaria, los debates son bienvenidos y se requieren compromisos. Es de esperar que el progreso actual en la clasificación no solo de los TTM, sino también del dolor crónico, conduzca a la realización de mejores estudios de investigación centrados en los factores de riesgo y en los meca- nismos dolorosos subyacentes, además de un me- jor manejo de los pacientes con dolor por TTM. luación del trastorno sistémico para que tenga un efecto clínicamente importante sobre el TTM «lo- cal». Sin embargo, los síntomas corporales difusos y múltiples pueden indicar que el paciente tiene una amplificación del dolor por sensibilización central y disregulación emocional; estos pacientes necesitan equipos terapéuticos multidisciplinarios. Finalmen- te, es importante una evaluación exhaustiva de las conductas parafuncionales (p. ej., hábitos orales) porque pueden sobrecargar las estructuras masti- catorias. La evidencia disponible apoya la sospecha clínica de que dichas conductas pueden producir el dolor del paciente o perpetuarlo. Nuevos desarrollos en la clasificación del dolor por trastornos orofaciales y de la articulación temporomandibular Actualmente, la Fuerza de Tareas de la IASP está trabajando en un modelo de clasificación simple y pragmáticode dolor crónico con siete categorías prin- cipales propuestas (Treede y cols., 2015) ( ):fig. 2-1 1. Dolor primario. 2. Dolor por cáncer. 3. Dolor posquirúrgico y postraumático. 4. Dolor neuropático. 5. Cefalea y dolor orofacial. 6. Dolor visceral. 7. Dolor musculoesquelético. La importancia de esta nueva clasificación es que el dolor por TTM podría tener múltiples «padres»; Bibliografía AADR - American Association for Dental Re- search. Temporomandibular disorders (TMD). Science Policy, 2015. Available: http://www. iadr.org/AADR/About-Us/Policy- Statements/ Science-Policy#TMD [Oct 23, 2017]. AAOP - American Academy of Orofacial Pain. de Leeuw R (ed.) Orofacial Pain: Guidelines for Assessment, Diagnosis and Management. 4th ed. Chicago, IL: Quintes- sence Publishing Co., Inc.; 2008. Castrillon EE, Ou KL, Wang K et al. Sleep bruxism: an updated review of an old prob- lem. Acta Odontol Scand 2016; 74: 328-334. Ceusters W, Michelotti A, Raphael KG, Dur- ham J, Ohrbach R. Perspectives on next steps in classification of orofacial pain - Part 1: role of ontology. J Oral Rehabil 2015a; 42: 926-941. Ceusters W, Nasri-Heir C, Alnaas D et al. Perspectives on next steps in classification of orofacial pain - Part 3: biomarkers of chronic orofacial pain - from research to clinic. J Oral Rehabil 2015b; 42: 956-966. Chantaracherd P, John MT, Hodges JS, Schiffman EL. Temporomandibular joint disorders’ impact on pain, function, and dis- ability. J Dent Res 2015; 94: 79S-86S. Conti PC, Costa YM, Gonsalves DA, Sven- sson P. Headaches and myofascial temporo- mandibular disorders: overlapping entities, separate managements? J Oral Rehabil 2016; 43: 702-715. Durham J, Raphael KG, Benoliel R et al. Perspectives on next steps in classification of orofacial pain - Part 2: role of psychosocial factors. J Oral Rehabil 2015; 42: 942-955. Dworkin SF, LeResche L. Research diag- nostic criteria for temporomandibular disorders: review, criteria, examinations and specifications, critique. J Craniomandib Disord 1992; 6: 301-355. Fillingim RB, Bruehl S, Dworkin RH et al. The ACTTION-American Pain Society Pain Tax- onomy (AAPT): an evidence-based and mul- 42 Capítulo 2 tidimentional approach to classifying chronic pain conditions. J Pain 2014; 15: 241-249. Gonzalez YM, Schiffman EL, Gordon SM et al. Development of a brief and effective TMD- pain screening questionnaire: Reliability and validity. J Am Dent Assoc 2011; 24: 1183-1191. Graven-Nielsen T. Fundamentals of muscle pain, referred pain, and deep tissue hyperal- gesia. Scand J Rheumatol 2006; 122: S1-S43. ICHD-II. Headache Classification Subcom- mittee of the International Headache Society (IHS). The International Classification of Headache Disorders, 2nd ed. Cephalalgia 2004; 24: S9-S160. ICHD-III. Headache Classification Com- mittee of the International Headache Society (IHS). The International Classification of Headache Disorders, 3rd ed. Cephalalgia 2013; 33: 629-808. Lobbezoo F, Ahlberg J, Glaros AG et al. Bruxism defined and graded: an internation- al consensus. J Oral Rehabil 2013; 40: 2-4. Michelotti A, Alstergren P, Goulet JP et al. Next steps in development of the diagnostic criteria for temporomandibular disorders (DC/TMD): Recommendations from the In- ternational RDC/TMD Consortium Network workshop. J Oral Rehabil 2016; 43: 453-467. Ohrbach R, Dworkin SF. The evolution of TMD diagnosis: past, present, future. J Dental Res 2016; 95: 1093-1101. Peck CC, Goulet J-P, Lobbezoo F, et al. Expanding the taxonomy of the diagnostic criteria for temporomandibular disorders. J Oral Rehab 2014; 41: 2-23. Renton T, Durham J, Aggarwal VR. The classification and differential diagnosis of orofacial pain. Expert Rev Neurother 2012; 12: 569-576. Schiffman E, Ohrbach R, Truelove E et al. Diagnostic criteria for temporomandibular disorders (DC/TMD) for clinical and research applications: recommendations of the Inter- national RDC/TMD Consortium Network and Orofacial Pain Special Interest Group. J Oral Facial Pain Headache 2014; 28: 6-27. Schiffman E, Ohrbach R. Executive summary of the diagnostic criteria for temporomandibular disorders for clinical and research applications. J Am Dent Assoc 2016; 147: 438-445. Schiffman EL, Ahmad M, Hollender L et al. Longitudinal stability of common TMJ structural disorders. J Dent Res 2017; 9: 270-276. Sessle BJ. Acute and chronic craniofacial pain: brainstem mechanisms of nociceptive transmission and neuroplasticity, and their clinical correlates. Crit Rev Oral Biol Med 2000; 11: 57-91. Slade GD, Fillingim RB, Sanders AE et al. Summary of findings from the OPPERA prospective cohort study of incidence of first-onset temporomandibular disorder: implications and future directions. J Pain 2013; 14: S116-S124. Slade GD, Ohrbach R, Greenspan JD, et al. Painful temporomandibular disorder: decade of discovery from OPPERA Studies. J Dent Res 2016; 95: 1084-1092. Svensson P, Graven-Nielsen T. Craniofacial muscle pain: review of mechanisms and clinical manifestations. J Orofac Pain 2001; 15: 117-145. Svensson P, Jadidi F, Arima T, Baad-Hansen L, Sessle BJ. Relationships between cranio- facial pain and bruxism. J Oral Rehabil 2008;35: 524-547. Svensson P, Michelotti A, Lobbezoo F, List T. The many faces of persistent orofacial muscle pain. J Oral Facial Pain Headache 2015; 29: 207-208. Svensson P, Kumar A. Assessment of risk factors for oro-facial pain and recent develop- ments in classification: implications for man- agement. J Oral Rehabil 2016; 43: 977-989. Treede RD, Rief W, Barke A, et al. A clas- sification of chronic pain for ICD-11. Pain 2015; 156: 1003-1007. Verkerk K, Luijsterburg PA, Heymans MW et al. Prognosis and course of pain in patients with chronic non-specific low back pain: a 1-year follow-up cohort study. Eur J Pain 2015; 19:1101-1110. Via de la nocicepción trigeminal El dolor experimentado por los pacientes con tras- tornos de la articulación temporomandibular (TTM) está localizado a menudo en dicha articulación, los músculos masetero y temporal, aunque puede pre- sentar la afectación de otros músculos masticatorios (p. ej., pterigoideo medial, digástrico y milohioideo) y la propagación a otros tejidos craneofaciales. Los músculos masticatorios y la articulación temporo- mandibular (ATM) están inervados por ramos del nervio mandibular (V3). Se considera que las fibras amielínicas de pequeño diámetro (fibras C) y las fi- bras mielínicas (fibras Aδ) con terminaciones ner- viosas libres constituyen los principales transductores de los estímulos nociceptivos desde estos tejidos. De hecho, estos tejidos también están inervados por fi- bras A que desempeñan un rol importante en laβ detección de la estimulación mecánica no nociva del músculo y la articulación, y probablemente contribu- yan a la localización del dolor en estos tejidos. Ade- más, los músculos más cercanos a la mandíbula están inervados por fibras aferentes fusales, que desempe- ñan un rol importante en la modulación refleja de la actividad de los músculos mandibulares y en la pro- piocepción. Los músculos que abren la mandíbula generalmente carecen de fibras aferentes fusales y, por lo tanto, la mandíbula no tiene los mismos impulsos reflejos de oposición que otras articulaciones (p. ej., la rodilla) (Capra y cols., 2007). Aunque no participa directamente en la transducción de la estimulación nociceptiva, el dolor de los músculos masticatorios modifica la eferencia de las fibras aferentes del huso, lo que conduce a una alteración de la actividad refleja muscular mandibular como un refuerzo del reflejo de estiramiento maseterino (Capra y cols., 2007). Las fibras aferentes de pequeño diámetro prove- nientes de los músculos masticatorios y laATM se proyectan a través del ganglio trigeminal hacia el tronco encefálico homolateral donde se localizan las neuronas sensitivas trigeminales de segundo orden y de orden superior. El ganglio trigeminal contiene los cuerpos celulares (soma) de las fibras nerviosas que inervan la región craneofacial. Estas neuronas gan- glionares trigeminales son redondeadas y carecen de sinapsis ( ). Se encuentran completamentefig. 3-1 rodeadas por algunas células accesorias pequeñas denominadas células gliales satélite, las cuales se considera desempeñan un rol similar a los astrocitos, un tipo de célula glial, en el sistema nervioso central (SNC) (Ohara y cols., 2009; Takeda y cols., 2009). Se han estudiado las neuronas del ganglio trigeminal que inervan los músculos más cercanos a la mandí- bula y se ha observado que expresan gran cantidad de receptores que incluyen los receptores de N-metil- D-aspartato (NMDA) y los purinoceptores 3 (P 2 X 3 ), asociados con frecuencia con neuronas nociceptivas en el SNC (Kondo y cols., 1995; Sahara y cols., 1997; Quartu y cols., 2002; Dong y cols., 2007; Wang y cols., 2012; Cairns y cols., 2014). Las células gliales satélite funcionan de forma similar a los astrocitos en el SNC, ya que eliminan iones y neurotransmiso- res del espacio extracelular alrededor de las neuro- nas ganglionares y aportan factores neurotróficos y otros factores para mantener la salud y el funciona- miento de las fibras nerviosas trigeminales (Takeda y cols., 2009). Esto es compatible con el concepto de que las células gliales satélite controlan el microam- biente que rodea a la neurona ganglionar (Takeda y cols., 2009; Ohara y cols., 2009; Goto y cols., 2016). Es interesante señalar que las células gliales satélite contienen neurotransmisores, como glutamato y tri- fosfato de adenosina (ATP), que activan los recepto- res de NMDA y P 2 X 3 , lo que puede indicar que existe una comunicación entre las neuronas ganglionares y sus células gliales satélite circundantes en el ganglio trigeminal, que puede modificar las aferencias noci- ceptivas antes de que entren en el SNC. El complejo nuclear sensitivo trigeminal tiene una forma tubular y está compuesto por neuronas que toman aferencias de la región craneofacial. El complejo nuclear sensitivo trigeminal está com- puesto por varios subnúcleos, los cuales parecen tener diferentes funciones en el procesamiento del Capítulo 3 Procesamiento nociceptivo trigeminal Brian E. Cairns 43 Capítulo 3 44 catorios y de la ATM proyectan principalmente a esta región del complejo nuclear sensitivo trige- minal y a la porción rostral del asta dorsal cervical (Nishimori y cols., 1986; Capra y Dessem, 1992). Un subgrupo de neuronas que se encuentra en los subnúcleos interpolar y caudal responden a la estimulación nociva de la región orofacial, que incluye los músculos masticatorios y la ATM. La información nociceptiva asciende entonces, a tra- vés del tracto trigeminotalámico, hasta el complejo ventrobasal, el grupo posterior de núcleos y la por- ción medial del tálamo, donde se encuentran las neuronas talámicas que responden a la estimula- ción nociva orofacial (Sessle, 2005). También exis- ten proyecciones importantes desde el complejo nuclear sensitivo trigeminal hasta los núcleos mo- tores, el núcleo parabraquial y la formación reticu- lar, que participan en el control motor y autónomo respectivamente (Sessle, 2005). Desde el tálamo, la proyección principal de las neuronas talámicas que responden a los estímulos nociceptivos es ha- dolor orofacial. Los tres subnúcleos rostrales se denominan principal (sensitivo principal), oral e interpolar, y desempeñan un rol importante en la coordinación refleja motora y las aferencias sensi- tivas térmicas y mecánicas inocuas provenientes del rostro, los músculos y articulaciones subya- centes, y en la recepción de aferencias inocuas y nocivas desde la cavidad oral ( ). Por el con-fig. 3-2 trario, las neuronas trigeminales que responden a las aferencias nociceptivas desde la región orofa- cial por fuera de la cavidad oral, generalmente se encuentran en el tercio posterior del interpolar y en el subnúcleo más caudal del complejo nuclear sensitivo trigeminal, el caudal (Sessle, 2005). La estructura del subnúcleo caudal se torna organi- zada en láminas a medida que se aproxima a la médula espinal cervical y, por lo tanto, se asemeja a la estructura del asta dorsal medular. En con- secuencia, el subnúcleo caudal a menudo es de- nominado asta dorsal bulbar (Sessle, 2005). Se ha demostrado que las fibras aferentes de pequeño diámetro que provienen de los músculos masti- Figura 3-1 Las imágenes muestran neuronas del ganglio trigeminal que proyectan fibras hacia el músculo temporal y sus células gliales satélite asociadas (imagen principal). Las neuronas ganglionares fueron identificadas mediante la in- yección del colorante fluorescente fast blue en el músculo temporal (imagen superior izquierda). Las células gliales satélite se identifican por su expresión de glutamina sintetasa (imagen izquierda intermedia) y puede observarse que estas células rodean el soma de la neurona ganglionar. La expresión del receptor para fractalina, una citocina quimiotáctica (quemocina), se muestra en la imagen inferior izquierda. Se propone que la fractalina contribuye a la interferencia entre las neuronas del ganglio trigeminal y las células gliales satélite (Cairns y cols., 2017). Procesamiento nociceptivo trigeminal 45 normal de movimiento de la mandíbula (Cairns, 2007). La estimulación mecánica nociva sostenida del músculo o la articulación conduce a descargas prolongadas de potenciales de acción en estas fibras aferentes que, en algunos casos, continúan después del cese del estímulo (después de las descargas). La lesión tisular también conduce a la liberación de algunas sustancias, que incluyen prostaglandinas, neurotransmisores y citocinas, los cuales activan las terminaciones de los nociceptores y conducen a la descarga de potenciales de acción (Sessle, 2005). Muchas de estas fibras también generan respuestas intensas tras la inyección de una o más sustancias algogénicas en el tejido muscular o articular, lo que sugiere que funcionan como nociceptores polimo- dales. Por ejemplo, la inyección de glutamato en los músculos masticatorios, que produce dolor agudo en los seres humanos, causa descargas prolongadas de potenciales de acción que pueden ser atenuadas por los antagonistas de los receptores del NMDA, como la ketamina (Cairns y cols., 2002a; Cairns y cols., 2003; Castrillon y cols., 2007). Además de cia la corteza somatosensitiva primaria, donde se cree que ocurre la percepción del dolor. Características funcionales de los nociceptores de los músculos masticatorios y la articulación temporomandibular y el rol de la sensibilización periférica Las fibras A y C que inervan la ATM y la muscula-δ tura masticatoria responden a los estímulos mecáni- cos y químicos nocivos con descargas de potenciales de acción compatibles con el rol de estas fibras en la nocicepción. Estos nociceptores de los tejidos pro- fundos son activados por estimulación mecánica en la intensidad necesaria para producir reflejos de re- tirada en ratas o reportes de dolor en seres humanos (Cairns, 2007). Los nociceptores mecánicos de la ATM también son activados por la protrusión exce- siva, el movimiento lateral (diducción) o la rotación mandibular de la articulación y comienzan a des- cargar cuando estos movimientos exceden el rango Articulación temporomandibular o músculos masticatorios Oral Interpolar Caudal Médula espinal Corteza S1 VPM (tálamo) Motor V Sensitivo principal Ganglio trigeminal Músculos de la mandíbula Figura 3-2Las fibras aferentes trigeminales que inervan la región craneofacial proyectan fibras a través del ganglio trigeminal hacia el complejo nuclear sensitivo trigeminal, donde se localizan las neuronas de segundo orden que integran la información sensitiva. El subnúcleo caudal recibe a la mayoría de las aferencias nociceptivas provenientes de los músculos masticatorios y la articulación temporomandibular. La eferencia principal del complejo nuclear sensitivo trigeminal es hacia el núcleo ventroposteromedial del tálamo, que proyecta hacia varias regiones de la corteza. Capítulo 3 46 el gen de la calcitonina ( ) y neurotransmiso-CGRP res, como glutamato (Ichikawa y cols., 1990; Kido y cols., 1995; Lundeberg y cols., 1996; Loughner y cols., 1997). Los neuropéptidos producen vasodi- latación y extravasación de proteínas plasmáticas, mientras que la liberación neurógena de glutama- to conduce a la excitación y la sensibilización de la terminación aferente (Gazerani y cols., 2010). Este efecto se denomina inflamación neurógena y, aunque se ha propuesto que contribuye a la cefalea migrañosa, no se sabe si también contribuye signi- ficativamente a la patogenia de los TTM. En otra época se creía que los ganglios trigemi- nales representaban un conducto pasivo de po- tenciales de acción hacia el SNC. Sin embargo, la activación de las neuronas ganglionares conduce a alteraciones en la expresión de las proteínas de los canales iónicos y los neuropéptidos, lo que sugiere que es posible que estas células no sean tan pasivas como una vez se pensaba (Goto y cols., 2016). Ade- más, se ha propuesto que las células gliales satélite modulan la actividad de las neuronas ganglionares al liberar sustancias neuroactivas en una brecha de unos 20 nm entre las membranas de las neuronas y las de las células gliales satélite (Ohara y cols., 2009; Takeda y cols; 2009). Se hallaron receptores de glu- tamato en neuronas de los ganglios trigeminales (Kondo y cols., 1995; Sahara y cols., 1997; Quartu y cols., 2002; Dong y cols., 2007; Wang y cols., 2012; Cairns y cols., 2014) y se ha sugerido que el gluta- mato puede servir como transmisor «neuroglial» en el ganglio trigeminal (Kung y cols., 2013) (fig. 3-3). Las neuronas del ganglio trigeminal y las células gliales satélite liberan glutamato cuando son acti- vadas (Puil y Spigelman, 1988; Kung y cols., 2013; Laursen y cols., 2014). Las neuronas ganglionares que inervan los músculos de la mandíbula dispa- ran potenciales de acción cuando la concentración de glutamato en el ganglio trigeminal está elevada (Laursen y cols., 2014). El aumento de la descar- ga de potenciales de acción en las fibras aferentes que inervan los músculos masticatorios y la ATM podría conducir entonces a un aumento de las con- centraciones de glutamato en el ganglio trigeminal y la descarga ectópica de las neuronas del ganglio trigeminal. Esto puede servir para amplificar más la señal de dolor; y sugiere la posibilidad de cam- bios neuroplásticos en los ganglios sensitivos que producir descargas de potenciales de acción, la in- yección de glutamato también disminuye el umbral mecánico para la activación de la terminación ner- viosa, un efecto denominado sensibilización perifé- rica. En el caso de la inyección de glutamato, esta sensibilización periférica puede durar muchas horas después de una única inyección. La investigación ha demostrado que algunas otras sustancias potenciales que causan dolor, que incluyen serotonina, ATP, prostaglandina E 2 , factor de crecimiento nervioso, factor de necrosis tumoral alfa y potasio producen sensibilización periférica cuando son inyectadas en el músculo masticatorio o en la ATM (Gerdle y cols., 2014). Se ha demostra- do que, por lo menos dos de estas sustancias, gluta- mato y serotonina, están elevadas en los músculos masticatorios de los pacientes con TTM y existe cierta evidencia de que los antagonistas del recep- tor de NMDA y de 5-HT3 pueden atenuar selecti- vamente el dolor en ciertos individuos que padecen estos trastornos (Castrillon y cols., 2008; Chrisditis y cols., 2015). Además, los AINE, que bloquean la síntesis de prostaglandinas, parecen ser analgésicos eficaces para cierto dolor relacionado con los TTM. Se demostrado que la elevación del factor de creci- miento nervioso, que es importante para mantener la salud de los nervios, produce una sensibiliza- ción periférica particularmente prolongada en los músculos masticatorios que puede durar de días a semanas, tanto en animales como en seres humanos (Svensson y cols., 2003; Wong y cols., 2014). El me- canismo del factor de crecimiento nervioso parece involucrar un cambio «fenotípico», donde fibras aferentes previamente no nociceptivas comienzan a comportarse más como nociceptivas (Wong y cols., 2014). El grado en el cual la sensibilización periféri- ca contribuye al dolor progresivo en los TTM sigue siendo un tema de debate; sin embargo, es probable que este mecanismo sea importante no solo para iniciar el dolor en el músculo y la articulación de la mandíbula, sino también para mantenerlo. Las terminaciones de los nociceptores tienen vesículas que pueden, con la excitación de la ter- minación, fusionarse con la membrana celular y liberar sustancias neuromoduladoras en un tejido particular. Estas sustancias incluyen neuropéptidos, por ejemplo, sustancia P o péptido relacionado con Procesamiento nociceptivo trigeminal 47 geminal hacia el tronco encefálico caudal con un anestésico local (Laursen y cols., 2014). Tampoco parece requerir que se generen potenciales de ac- ción en la neurona ganglionar bajo estudio, ya que tanto la inyección intraganglionar de un donador de óxido nítrico como de fractalcina (una molécu- la que se propone media la comunicación neurona ganglionar-células gliales satélite en los ganglios sensitivos) indujeron una sensibilización mecánica prolongada de las fibras aferentes de los músculos masticatorios sin evocar una descarga de potencia- les de acción (Cairns y cols., 2014; Cairns y cols., 2017). Los cambios inducidos por el óxido nítrico parecían estar mediados a través de la liberación de prostaglandina E 2 por las células gliales satélite (Laursen y cols., 2013; Cairns y cols., 2014). Una pueden alterar la transmisión de la información sensitiva desde los tejidos hasta el encéfalo para afectar a la sensación dolorosa. La elevación de la concentración intraganglio- nar de glutamato también disminuye el umbral mecánico de las terminaciones aferentes en los músculos masticatorios (Laursen y cols., 2014). Posteriormente se observó que esta sensibilización mecánica duraba más de 3 horas después de una única inyección de glutamato y estaba mediada a través de la activación de receptores de NMDA. No se ha determinado el mecanismo subyacente de este efecto; sin embargo, no parece involucrar la activación del SNC cuando ocurre incluso cuan- do se bloquean las aferencias desde el ganglio tri- B A Encéfalo Célula glial satélite Neurona ganglionar Músculo GlutamatoReceptor de NMDA D es ca rg a (H z) 25 20 15 10 5 0 –600 0 Tiempo (s) 600 1200 30 Figura 3-3 (A) La imagen muestra el modo en que la elevación del glutamato en el ganglio trigeminal podría inducir la descarga ectópica de potenciales de acción en una neurona del ganglio trigeminal que inerva el músculo temporal. (B) La inyección de glutamato en el ganglio en la hora 0 (cabeza de flecha) produjo una descarga de potenciales de acción breve, pero robusta, seguida por un período prolongado de descarga esporádica de potenciales de acción desde esta neurona ganglionar. Capítulo 3 48 codificar la intensidad de la estimulación mecánica a través de la descarga elevada depotenciales de acción por la estimulación cutánea mecánica inocua a no- civa. Las neuronas específicas nociceptivas, como su nombre lo indica, solo son activadas por la estimula- ción mecánica nociva. Aunque algunas neuronas es- pecíficas nociceptivas y neuronas de rango dinámico amplio que responden a la estimulación nociva de la cavidad oral (p. ej., los dientes) se encuentran en el complejo nuclear sensitivo trigeminal rostral, la gran mayoría de las neuronas específicas nociceptivas y neuronas de amplio rango dinámico que responden a la activación nociva de los músculos masticatorios y la ATM se encuentran en los subnúcleos interpo- lar y caudal (Sessle, 2005). Estas neuronas trigemi- nales nociceptivas son activadas habitualmente por la estimulación inocua o nociva de la piel y los te- jidos craneofaciales profundos. Esta convergencia de aferencias desde tejidos craneofaciales diferentes en una única neurona puede, en parte, explicar no solo el dolor referido, donde la estimulación nociva intensa de los músculos masticatorios o de la ATM hace que el dolor se perciba en otras regiones, sino también la localización generalmente escasa del do- lor proveniente de estructuras más profundas en la región craneofacial (Sessle, 2005). La mayoría de las neuronas nociceptivas trigemi- nales pueden ser activadas por la estimulación de áreas separadas del rostro y tejidos profundos espe- cíficos. El área de un tejido que puede ser estimulada para activar a las neuronas nociceptivas trigeminales se denomina campo receptivo. La lesión tisular in- duce una aferencia nociva sostenida que reduce la intensidad del estímulo, dentro del campo receptivo, necesaria para activar a las neuronas nociceptivas trigeminales y aumentar el tamaño de sus campos receptivos y, en ocasiones, conducir a la aparición de campos receptivos nuevos (regiones del rostro que no generaban descarga de potenciales de acción neuronales antes de la lesión). Estos cambios indu- cidos por la lesión en las propiedades de respuesta neuronal se denominan «sensibilización central» y se manifiestan en los pacientes con TTM, mediante hiperalgesia y dolor referido. Es importante señalar que la sensibilización central puede ser producida en las neuronas nociceptivas trigeminales por la estimulación nociva de la región craneofacial por fuera del campo receptivo de la neurona. El daño explicación del modo en el que la actividad del ganglio trigeminal puede afectar las terminaciones aferentes que están tan alejadas de aquel es que las neuronas o las células gliales satélite son capaces de liberar sustancias neuromoduladoras en la cir- culación sistémica. Si fuera cierto, indicaría que los ganglios sensitivos tienen un rol similar a órganos endocrinos que influyen en la transmisión sensiti- va y tal vez en otras funciones fisiológicas. También se ha sugerido que las neuronas ganglio- nares pueden comunicarse entre ellas a través de células gliales satélite (Takeda y cols., 2009; Goto y cols., 2016). Algunas neuronas del ganglio trigemi- nal y sus células gliales satélite asociadas liberan ATP (Villa y cols., 2010; Goto y cols., 2016). Se ha pro- puesto que el ATP liberado actúa sobre los recepto- res de ATP expresados por las células gliales satélite y hace que estas liberen más ATP; esto puede afectar las células gliales satélite vecinas, las cuales entonces liberan este neurotransmisor para actuar sobre la neurona ganglionar a la que rodean, para pasar la señal de una célula ganglionar a la siguiente (Goto y cols., 2016). La elevación de los niveles de ATP en el ganglio trigeminal también conduce a la sensibiliza- ción periférica. La difusión de un neurotransmisor excitador, como ATP o glutamato, a través del gan- glio trigeminal podría conducir a la activación de las neuronas ganglionares adyacentes que inervan dife- rentes tejidos y llevar a la expansión del dolor y al dolor referido. Tomados en conjunto, estos estudios recientes están sugiriendo que algunas característi- cas del dolor de los TTM, como la hiperalgesia se- cundaria y el dolor referido, pueden ser generadas en parte en el sistema nervioso periférico y en el SNC. Neuronas nociceptivas trigeminales Como sucede en la médula espinal, las propiedades de respuesta de las neuronas en el complejo nuclear sensitivo trigeminal corresponden a tres categorías funcionales: neuronas mecanorreceptoras de bajo umbral, neuronas de rango dinámico amplio y neu- ronas específicas nociceptivas (Sessle, 2005). Las neuronas mecanorreceptoras de bajo umbral son activadas por la estimulación mecánica inocua apli- cada en el rostro o la cabeza y responden de forma máxima a la estimulación que está por debajo del umbral nociceptivo. Las neuronas de rango diná- mico amplio se caracterizan por su capacidad para Procesamiento nociceptivo trigeminal 49 nuclear sensitivo trigeminal. Además, también es posible aumentar la excitabilidad de las neuronas nociceptivas trigeminales al aplicar estimulación nociva por fuera de la región orofacial –fenómeno denominado controles inhibidores nocivos difu- sos–. Se ha especulado que parte de la sensibilidad aumentada al dolor en los pacientes con TTM se debe a una disminución de los mecanismos endó- genos de control del dolor (King y cols., 2009). Procesamiento talámico de las aferencias nociceptivas provenientes de la región orofacial Un subnúcleo de neuronas en el núcleo ventral pos- teromedial (VPM), el grupo posterior y el tálamo medial responden a la estimulación nociva de la región craneofacial (Sessle, 2005). Estas neuronas también pueden ser subdivididas en las categorías de neuronas de amplio rango dinámico y neuronas específicas nociceptivas, similar a las del complejo nuclear sensitivo trigeminal (Sessle, 2005). Sin em- bargo, al contrario de las neuronas nociceptivas en el subnúcleo caudal, es mucho más probable que estas neuronas nociceptivas talámicas muestren una descarga espontánea de potenciales de acción. Las neuronas nociceptivas del núcleo VPM tienen conexiones con la corteza cerebral somatosensitiva compatibles con una función de localización y dis- criminación de estímulos dolorosos. Las neuronas del núcleo VPM también pueden sufrir un proceso de sensibilización central después de la lesión tisu- lar, pero esto solo ocurre cuando el subnúcleo cau- dal está intacto (Park y cols., 2006), lo que sugiere que puede estar impulsado por los cambios en las neuronas del subnúcleo caudal descritos antes. Las neuronas nociceptivas de los núcleos intralaminal y medial del tálamo están conectadas con áreas como el hipotálamo y la corteza cingular anterior, lo que sugiere que pueden estar más involucradas en me- diar las dimensiones afectiva o motivacional del do- lor craneofacial (Sessle, 2005; Sugiyo y cols., 2006). Regiones corticales asociadas con el procesamiento de la información nociceptiva orofacial La principal proyección de las neuronas talámicas que responden a la estimulación nociva del rostro es hacia el área somatosensitiva primaria (SI) de de los tejidos profundos, específicamente de los músculos masticatorios o la ATM, es sustancial- mente más eficaz para producir una sensibilización central que la estimulación nociva de la piel (Sessle, 2005). Se considera que este efecto subyace a la sen- sibilidad aumentada generalizada a la estimulación dolorosa de la región craneofacial y otras regiones del cuerpo presente en algunos pacientes con TTM. En la actualidad se está reconociendo que existe una interferencia considerable entre las neuronas y las células gliales, lo cual contribuye a los cambios prolongados en la excitabilidad del SNC que ocu- rren gracias a las aferenciasnocivas sostenidas desde los tejidos craneofaciales (Ren y Dubner, 2016). Las células gliales (es decir, los astrocitos y la microglía) muestran un aumento de la actividad después de la lesión de la ATM o los músculos masticatorios y se considera que contribuyen a los mecanismos que inician y mantienen la sensibilización central (Ren y Dubner, 2016). Se ha propuesto que la intensa afe- rencia hacia las neuronas sensitivas conduce a la libe- ración de fractalcina, que activa la microglía a través del receptor de fractalcina (CX3CR1) (Ren y Dubner, 2016). Este aumento de la actividad glial está acompa- ñado por niveles elevados de citocinas inflamatorias (p. ej., interleucinas [IL] 1b y 6), así como glutamato y ATP en el complejo nuclear sensitivo trigeminal que aumentan la excitabilidad neuronal. Los inhibidores de la activación glial, como sulfoximina de metioni- na y minociclina, pueden atenuar mucho la sensibili- zación de las neuronas del complejo nuclear sensitivo trigeminal que ocurre después de la lesión tisular, lo que indica un papel importante para los mecanismos de las células gliales en este fenómeno. También es posible modular la actividad de las neuronas nociceptivas en el complejo nuclear sensitivo trigeminal. Algunos centros encefáli- cos participan en la modulación descendente de la actividad neuronal del complejo nuclear sen- sitivo trigeminal, por ejemplo, la sustancia gris periacueductal, el bulbo ventromedial rostral y la corteza sensitivomotora. La activación de es- tos centros puede facilitar o inhibir la actividad de las neuronas de amplio rango dinámico y las neuronas específicas nociceptivas como resultado de los niveles elevados de sustancias neuroquími- cas, como la serotonina, las encefalinas y el ácido gamma-aminobutírico (GABA) en el complejo Capítulo 3 50 Este factor parece inducir un cambio fenotípico en las fibras aferentes no nociceptivas que inervan los músculos, de modo que comienzan a mostrar propiedades de nociceptores (Wong y cols., 2014). También ha sido posible evaluar el efecto de las in- yecciones intramusculares en seres humanos sanos. Los individuos inyectados con NGF comunican un área separada de sensibilidad a la palpación muscu- lar en el sitio de la inyección o, en ocasiones, cuando se abre la mandíbula (p. ej., al bostezar o masticar). Esta sensibilización dura varias semanas después de una única inyección y es mayor en las mujeres que en los hombres. Por lo tanto, este modelo es útil para estudiar áreas localizadas sensibles a la palpación en los músculos masticatorios, característica constante de los TTM miofasciales. La mayoría de los individuos que padecen un TTM y asisten a centros clínicos para el dolor son mujeres. Durante muchos años se ha sugerido que las hormonas sexuales, en particular los estrógenos, pueden ser responsables de las diferencias relacio- nadas con el género en la prevalencia de los TTM (LeResche y cols., 1997; LeResche y cols., 2003). Se han identificado tanto sitios nerviosos periféricos como centrales para la modulación de los nocicep- tores por los estrógenos. Las neuronas del ganglio trigeminal que inervan los músculos masticatorios (Wang y cols., 2012) y las neuronas nociceptivas del subnúcleo caudal (Amandusson y Blomqvist, 2010) expresan receptores de estrógenos. La estimula- ción nociva de los músculos masticatorios o de la ATM evoca mayores descargas de fibras aferentes y actividad refleja de los músculos mandibulares en las mujeres que en los hombres (Cairns y cols., 2002b; Dong y cols., 2007). Este efecto parece estar mediado en parte por los estrógenos, dado que la ovariectomia femenina elimina estas diferencias re- lacionadas con el género, mientras que la terapia de reposición de estrógenos las restablece. Tomados en conjunto, estos hallazgos apoyan el punto de vista de que existe una reactividad aumentada a la lesión de los músculos masticatorios y la ATM en las mu- jeres en comparación con los hombres. El tratamiento farmacológico actual del dolor relacionado con un TTM sigue siendo, en su ma- yor parte, empírico debido a la escasez de ensayos clínicos bien diseñados. Los antiinflamatorios no la corteza cerebral. Al igual que en el tronco en- cefálico y el tálamo, las neuronas corticales en esta región pueden ser excitadas por la estimulación orofacial nociva y mostrar propiedades de respues- ta similares a las neuronas de rango dinámico am- plio y las neuronas específicas nociceptivas (Sessle, 2005; Takeda y cols., 2010). Se considera que estas neuronas corticales codifican la dimensión dis- criminativa sensitiva del dolor. Otras regiones de la corteza, como la corteza cingular anterior y la ínsula, también contienen neuronas nociceptivas. Las neuronas en estas regiones son limitadas en su capacidad para indicar la localización y la intensi- dad del estímulo y, por lo tanto, se considera que contribuyen a los componentes afectivo, atencional y motivacional del dolor orofacial crónico. Procesamiento trigeminal del dolor y dolor por trastornos de la articulación temporomandibular La mayor parte de lo que se conoce acerca del pro- cesamiento nervioso del dolor desde los músculos masticatorios y la ATM se ha obtenido en modelos animales, donde se han realizado lesiones agudas, a menudo inflamatorias. A este respecto, es posible que los mecanismos para el dolor derivados de estos modelos no sean aplicables al dolor por TTM cróni- cos. Se han realizado algunos intentos por crear mo- delos más duraderos de músculos masticatorios y TTM. Por ejemplo, la ligadura unilateral del tendón en la porción anterosuperior del músculo masetero produce más de 8 semanas de sensibilización mecá- nica en esta región (Guo y cols., 2010). Este mode- lo produce sensibilización central que incluye una activación intensa de los astrocitos y la microglía en el subnúcleo caudal. Otro modelo utiliza la in- yección separada de factor de crecimiento nervioso (NGF), que es liberado con la lesión tisular, dentro del músculo masetero. Este modelo es interesante porque produce una región puntiforme de sensi- bilización mecánica muscular que está limitada al sitio de inyección en ausencia de inflamación tisular macroscópica. La inyección de NGF produce una rápida sensibilización de los nociceptores muscula- res a la estimulación mecánica que está mediada a través de la activación del receptor de la cinasa A del receptor de tropomiosina (TrkA), el receptor de una neurotrofina que se une selectivamente al NGF. Procesamiento nociceptivo trigeminal 51 y, en particular, explica por qué algunos de estos pacientes tienen umbrales reducidos para el do- lor en sitios que se encuentran fuera de la región craneofacial. La sensibilización central también puede subyacer al patrón inusual del dolor refe- rido hallado en algunos pacientes con TTM. Por ejemplo, el dolor en el músculo masetero profundo puede ser referido a los dientes maxilares posterio- res, mientras que el dolor proveniente de los mús- culos temporal anterior o masetero medio puede ser referido a los dientes maxilares anteriores. Sin embargo, los síntomas de dolor o sensibilidad a la palpación muscular o articular localizados pue- den reflejar más la sensibilización periférica. La investigación reciente hace probable que incluso algunos de los patrones inusuales del dolor referi- do por TTM puedan ser producidos también por un mecanismo periférico, por ejemplo, a través de interacciones neuronas-células gliales satélite en el ganglio trigeminal. La determinación de las con- tribuciones relativas de los mecanismos periférico y central al dolor en los pacientes con TTM indivi- duales puede ayudar a determinar qué tratamien- tos sean probablementelos más beneficiosos para estos pacientes. esteroideos (AINE) administrados por vía sistémi- ca, local o tópica, como naproxeno, ibuprofeno y diclofenaco, pueden ser útiles para el tratamiento del dolor por TTM. La evidencia también indica que además de inhibir la producción de prosta- glandinas, la administración local de diclofenaco y ketorolaco puede inhibir competitivamente al subtipo NMDA del receptor de glutamato, que se encuentra en los nociceptores de los músculos masticatorios y la ATM (Cairns y cols., 2002b; Dong y cols., 2007). Este mecanismo puede con- tribuir a la eficacia de los preparados tópicos que contienen diclofenaco para el dolor relacionado con un TTM. Conclusión La patogenia del dolor por TTM sigue siendo in- cierta (Cairns, 2010). Existe aún un debate con- siderable acerca de la importancia relativa de los mecanismos periféricos frente a los centrales en el desarrollo y el mantenimiento del dolor muscular y articular en los pacientes con TTM. Está claro que la sensibilización central desempeña un papel crítico en los mecanismos subyacentes de algunas características del dolor relacionado con TTM Bibliografía Amandusson A, Blomqvist A. Estrogen recep- tor- alpha expression in nociceptive-respon- sive neurons in the medullary dorsal horn of the female rat. Eur J Pain 2010; 14: 245-258. Cairns BE. Nociceptors in the orofacial re- gion (temporomandibular joint & masseter muscle). In Schmidt RF, Willis WD (eds). Encyclopedia of Pain. Heidelberg, Germany: Springer-Verlag; 2007. Cairns BE. Pathophysiology of TMD pain: basic mechanisms and their implications for pharmacotherapy. J Oral Rehabil 2010; 37: 391-410. Cairns BE, Gambarota G, Svensson P, Arendt- Nielsen L, Berde CB. Glutamate- induced sensitization of rat masseter muscle fibers. Neuroscience 2002a; 109: 389-399. Cairns BE, Sim Y, Bereiter DA, Sessle BJ, Hu J. Inf luence of sex on ref lex jaw muscle activity evoked from the rat temporoman- dibular joint. Brain Res 2002b; 957: 338-344. Cairns BE, Svensson P, Wang K et al. Activation of peripheral NMDA receptors contributes to human pain and rat afferent discharges evoked by injection of glutamate into the masseter muscle. J Neurophysiol 2003; 90: 2098-2105. Cairns BE, Laursen JC, Dong XD, Gazerani P. Intraganglionic injection of a nitric oxide donator induces afferent mechanical sensi- tization that is attenuated by palmitoyleth- anolamide. Cephalalgia 2014; 34: 686-694. Cairns BE, O’Brien M, Dong XD, Gazerani P. Elevated fractalkine (CX3CL1) levels in the trigeminal ganglion mechanically sen- sitize temporalis muscle nociceptors. Mol Neurobiol 2017; 54: 3695-3706. Capra NF, Dessem D. Central connections of trigeminal primary afferent neurons: topographical and functional considera- tions. Crit Rev Oral Biol Med 1992; 4: 1-52. Capra NF, Hisley CK, Masri RM. The inf lu- ence of pain on masseter spindle afferent discharge. Arch Oral Biol 2007; 52: 387-390. Castrillon EE, Cairns BE, Ernberg M et al. Effect of a peripheral NMDA receptor antagonist on glutamate-evoked masseter muscle pain and mechanical sensitization in women. J Orofac Pain 2007; 21: 216-224. Castrillon EE, Cairns BE, Ernberg M et al. Effect of peripheral NMDA receptor blockade with ketamine on chronic myofas- cial pain in temporomandibular disorder patients: a randomized, double-blinded, placebo- controlled trial. J Orofac Pain 2008; 22: 122-130. Christidis N, Omrani S, Fredriksson L et al. Repeated tender point injections of grani- setron alleviate chronic myofascial pain - a randomized, controlled, double-blinded trial. J Headache Pain 2015; 16: 104. Dong XD, Mann MK, Kumar U et al. Sex- related differences in NMDA-evoked rat masseter muscle afferent discharge result from estrogen-mediated modulation of peripheral NMDA receptor activity. Neuro- science 2007; 146: 822-832. Capítulo 3 52 Gazerani P, Au S, Dong X et al. Botulinum neurotoxin type A (BoNTA) decreases the mechanical sensitivity of nociceptors and inhibits neurogenic vasodilation in a craniofacial muscle targeted for migraine prophylaxis. Pain 2010; 151: 606-616. Gerdle B, Ghafouri B, Ernberg M, Larsson B. Chronic musculoskeletal pain: review of mechanisms and biochemical biomarkers as assessed by the microdialysis technique. J Pain Res 2014; 7: 313-326. Goto T, Oh SB, Takeda M et al. Recent advances in basic research on the trigeminal ganglion. J Physiol Sci 2016; 66: 381-386. Guo W, Wang H, Zou S et al. Long lasting pain hypersensitivity following ligation of the tendon of the masseter muscle in rats: a model of myogenic orofacial pain. Mol Pain 2010; 6: 40. Ichikawa H, Matsuo S, Wakisaka S, Akai M. Fine structure of calcitonin gene-related peptide-immunoreactive nerve fibres in the rat temporomandibular joint. Arch Oral Biol 1990; 35: 727-730. Kido MA, Kiyoshima T, Ibuki T et al. A topographical and ultrastructural study of sensory trigeminal nerve endings in the rat temporomandibular joint as demonstrated by anterograde transport of wheat germ agglutinin-horseradish peroxidase (WGA- HRP). J Dent Res 1995; 74: 1353-1359. King CD, Wong F, Currie T et al. Deficiency in endogenous modulation of prolonged heat pain in patients with irritable bowel syndrome and temporomandibular disor- der. Pain 2009; 143: 172-178. Kondo E, Kiyama H, Yamano M, Shida T, Ueda Y, Tohyama M. Expression of glutama- te (AMPA type) and gamma-aminobutyric acid (GABA)A receptors in the rat caudal trigeminal spinal nucleus. Neurosci Lett 1995; 186: 169-172. Kung LH, Gong K, Adedoyin M et al. Evidence for glutamate as a neuroglial transmitter within sensory ganglia. PLOS One 2013; 8: e68312. Laursen JC, Cairns BE, Kumar U et al. Nitric oxide release from trigeminal satellite glial cells is attenuated by glial modulators and glutamate. Int J Physiol Pathophysiol Pharmacol 2013; 5: 228-238. Laursen JC, Cairns BE, Dong XD et al. Glutamate dysregulation in the trigeminal ganglion: a novel mechanism for peripheral sensitization of the craniofacial region. Neuroscience 2014; 256: 23-35. LeResche L, Saunders K, Von Korff MR, Barlow W, Dworkin SF. Use of exogenous hormones and risk of temporomandibular disorder pain. Pain 1997; 69: 153-160. LeResche L, Mancl L, Sherman JJ, Gandara B, Dworkin S. Changes in temporoman- dibular pain and other symptoms across the menstrual cycle. Pain 2003; 106: 253-261. Loughner B, Miller J, Broumand V, Cooper B. The development of strains, forces and nociceptor activity in retrodiscal tissues of the temporomandibular joint of male and fe- male goats. Exp Brain Res 1997; 113: 311-326. Lundeberg T, Alstergren P, Appelgren A et al. A model for experimentally induced tempo- romandibular joint arthritis in rats: effects of carrageenan on neuropeptide-like immuno- reactivity. Neuropeptides 1996; 30: 37-41. Nishimori T, Sera M, Suemune S et al. The distribution of muscle primary afferents from the masseter nerve to the trigeminal sensory nuclei. Brain Res 1986; 372: 375-381. Ohara PT, Vit JP, Bhargava A et al. Glio- pathic pain: when satellite glial cells go bad. Neuroscientist 2009; 15: 450-463. Park SJ, Zhang S, Chiang CY et al. Central sensitization induced in thalamic nociceptive neurons by tooth pulp stimulation is depend- ent on the functional integrity of trigeminal brainstem subnucleus caudalis but not subnu- cleus oralis. Brain Res 2006; 1112: 134-145. Puil E, Spigelman I. Electrophysiological re- sponses of trigeminal root ganglion neurons in vitro. Neuroscience 1988; 24: 635-646. Quartu M, Serra MP, Ambu R, Lai ML, Del Fiacco M. AMPA-type glutamate receptor subunits 2/3 in the human trigeminal sen- sory ganglion and subnucleus caudalis from prenatal ages to adulthood. Mech Ageing Dev 2002; 123: 463-471. Ren K, DubnerR. Activity-triggered tetra- partite neuron-glial interactions following peripheral injury. Curr Opin Pharmacol 2016; 26: 16-25. Sahara Y, Noro N, Iida Y, Soma K, Naka- mura Y. Glutamate receptor subunits GluR5 and KA-2 are coexpressed in rat trigeminal ganglion neurons. J Neurosci 1997; 17: 6611- 6620. Sessle BJ. Peripheral and central mecha- nisms of orofacial pain and their clinical correlates. Minerva Anestesiol 2005; 71: 117-136. Sugiyo S, Takemura M, Dubner R, Ren K. Demonstration of a trigeminothalamic pathway to the oval paracentral intralami- nar thalamic nucleus and its involvement in the processing of noxious orofacial deep inputs. Brain Res 2006; 1097: 116-122. Svensson P, Cairns BE, Wang K, Arendt- Nielsen L. Injection of nerve growth factor into human masseter muscle evokes long- lasting mechanical allodynia and hyperalge- sia. Pain 2003; 104: 241-247. Takeda M, Takahashi M, Matsumoto S. Contribution of the activation of satellite glia in sensory ganglia to pathological pain. Neurosci Biobehav Rev 2009; 33: 784-792. Takeda M, Takahashi M, Nasu M, Mat- sumoto S. In vivo patch-clamp analysis of response properties of rat primary soma- tosensory cortical neurons responding to noxious stimulation of the facial skin. Mol Pain 2010; 6: 30. Villa G, Fumagalli M, Verderio C, Abbrac- chio MP, Ceruti S. Expression and contri- bution of satellite glial cells purinoceptors to pain transmission in sensory ganglia: an update. Neuron Glia Biol 2010; 6: 31-42. Wang MW, Kumar U, Dong XD, Cairns BE. Expression of NMDA and oestrogen recep- tors by trigeminal ganglion neurons that innervate the rat temporalis muscle. Chin J Dent Res 2012; 15: 89-97. Wong H, Kang I, Dong XD et al. NGF- induced mechanical sensitization of the masseter muscle is mediated through peripheral NMDA receptors. Neuroscience 2014; 269: 232-344. Investigación básica del dolor relacionado con los trastornos de la articulación temporomandibular Durante las últimas cuatro décadas, los pioneros en el campo de la investigación básica del dolor en los trastornos de la articulación temporomandibular (TTM) han disecado el sistema nociceptivo trigemi- nal de manera cuidadosa y sistemática. La investiga- ción en este campo ha caracterizado juiciosamente los nociceptores periféricos, las propiedades de las fibras aferentes, los núcleos sensitivos trigeminales del tronco encefálico, los núcleos talámicos y las re- des corticales (Sessle, 2000; Woda, 2003; Stohler y Zubieta, 2010; Ren y Dubner, 2011). Se ha demostra- do de forma convincente la susceptibilidad del siste- ma nociceptivo, junto con la propiedad intrínseca de neuroplasticidad que conduce a la sensibilización periférica y central, que es, por cierto, un elemento clave en gran parte de esta investigación (Hucho y Levine, 2007; Woolf, 2011; Denk y cols., 2014). La neuroplasticidad en el contexto actual se refiere al cambio en la relación aferencias-eferencias entre los estímulos externos y las eferencias neuronales y con- ductuales. El término «plasticidad» significa esen- cialmente que el sistema (nociceptivo) se mantiene cambiado (es decir, que es irreversible); sin embar- go, varios estudios en animales y seres humanos han mostrado que los cambios «neuroplásticos» pueden ser transitorios y revertir a las condiciones basales (es decir, que son reversibles). Por lo tanto, la pre- gunta es: ¿los modelos de dolor experimentales ac- tuales en animales y seres humanos representan de forma adecuada la «neuroelasticidad» (reversible) por oposición a la «neuroplasticidad» (irreversible)? En el dolor por TTM, la sensibilización periféri- ca puede ocurrir tanto a nivel de los nociceptores musculares como articulares (Cairns, 2010; Sessle, 2011). Para la articulación, la sensibilización perifé- rica puede ocurrir debido a un aumento de la car- ga y el remodelado que conduce a la liberación de sustancias inflamatorias, como sustancia P, péptido relacionado con el gen de la calcitonina ( ), fac-CGRP tor de necrosis tumoral alfa (TNFa) e interleucinas (Alstergren y cols., 1998). Esta mezcla de sustancias se denomina habitualmente inflamación neurógena y es responsable, a su vez, de los signos y síntomas mayores de la inflamación, como rubor, edema, au- mento de la temperatura y dolor (Takahashi y cols., 1998; Sato y cols., 2004; Takeuchi y cols., 2004; Sato y cols., 2007). En relación con el músculo, se conside- ra que el trifosfato de adenosina (ATP) y los proto- nes pueden causar la activación de los nociceptores musculares y, a su vez, liberar sustancias similares a las de la activación de los nociceptores articulares, por ejemplo, sustancia P, , bradicinina, TNFCGRP a y factor de crecimiento nervioso (NGF). A causa de la liberación de estas sustancias, tanto en la articula- ción como en el músculo, los nociceptores se tornan sensibilizados y, como tal, se presenta un umbral más bajo para la despolarización del nociceptor, lo que conduce a hiperalgesia (aumento de la sensibi- lidad a los estímulos que habitualmente producen dolor) (Cairns, 2010; Sessle, 2011). En consecuen- cia, puede producirse una mayor susceptibilidad a los estímulos, por ejemplo, evocados por la función mandibular normal, que produce dolor con la mas- ticación, el bostezo y la conversación. Si este estado de sensibilización periférica per- siste con suficiente intensidad, puede conducir a la sensibilización de las neuronas nociceptivas y las neuronas de amplio rango dinámico del subnúcleo caudado en el sistema nervioso central, lo que se de- nomina sensibilización central. En efecto, la sensibi- lización central podría ser responsable del fenómeno de alodinia (dolor desencadenado por estímulos no nocivos) (Woolf, 2011; Chichorro y cols., 2017). Si esta sensibilización está contenida dentro del siste- ma trigeminal, la hiperalgesia y la alodinia estarán limitadas a las áreas inervadas por el nervio trigémi- no. Si se propaga a las neuronas de tercer orden en el tálamo, esto podría conducir a hipersensibilidad en áreas más difusas que no están inervadas por el ner- vio trigémino (Burstein y cols., 2000; Woolf, 2011). Capítulo 4 Fisiopatología del dolor temporomandibular Abhishek Kumar, Fernando G. Exposto, Hau-Jun You, Peter Svensson 53 Capítulo 4 54 re que la nocicepción periférica evocada por los estímulos mecánicos y de calor puede ser monito- rizada y distinguida por los núcleos mediodorsal y ventromedial del tálamo, respectivamente. Sin embargo, la generación y el control de la modu- lación endógena del dolor –tanto los efectos inhi- bidores como facilitadores organizados por estos discriminadores nociceptivos talámicos están – fisiológicamente inactivos o «silentes». El disparo del proceso de modulación descendente endóge- na requiere suficientes aferentes mediados por las fibras C, en particular las fibras sensibles a la capsaicina, asociadas con efectos de ganancia tan- to por sumación temporal como espacial. Lo más importante es que las actividades mediadas por estímulos mecánicos nocivos podrían estar con- troladas por la facilitación descendente, mientras que las respuestas producidas por el calor podrían estar gobernadas por la inhibición descendente. La importancia de este discriminador nociceptivo talámico es que ayuda a explicar el hallazgo clí- nico de que la hiperalgesia al calor secundaria, al contrario de la hiperalgesia mecánica secundaria, pocas veces se comunica en la literatura. Además, este concepto ayuda a explicar la complejidad de las respuestas observadas en, por ejemplo, pa- cientes con dolor por un TTM, tanto en términos de los resultados psicofísicos (pruebas sensitivas cuantitativas) como de los estudios de modula- ción condicionada del dolor(Lei y cols., 2017). Además, la evidencia experimental ha mostrado que el sistema nociceptivo interactúa tanto con las células gliales (Chiang y cols., 2011) como con el sistema inmunitario (Marchand y cols., 2005). En realidad, se observaron interacciones del sistema nociceptivo y otros sistemas biológicos distintos, que incluyen la función motora (Graven-Niel- sen y Arendt-Nielsen, 2008; Hodges y Smeets, 2015), la función autónoma (Drummond, 2013), el sueño (Lavigne y cols., 2011), las emociones (Tracey y Mantyh, 2007) y la función cognitiva (Moriarty y cols., 2011). Woolf y cols. (1998) publicaron un artículo fun- damental sobre el concepto de la clasificación de los mecanismos del dolor que categorizaba al do- lor en dolor transitorio, inflamatorio, neuropático y funcional, aunque estas clasificaciones pueden Desde el punto de vista clínico, se ha mostra- do que los pacientes con TTM (tanto miógenos como artrálgicos) tienen umbrales reducidos para el dolor en el área dolorosa en comparación con los controles sanos (Svensson y cols., 2001; Vierck y cols., 2014). Esto puede explicarse a través de la sensibilización periférica causada por la liberación de las sustancias algogénicas explicada antes. Por otra parte, los estudios que observan las correlacio- nes psicofísicas de la sensibilización central, como la sumación temporal en los pacientes con TTM, han mostrado resultados mixtos. Se han realizado estudios que mostraron un aumento de la suma- ción temporal del dolor (Sarlani y cols., 2004a; Sar- lani y cols., 2004b) y disminución de los umbrales para el dolor en sitios corporales extracraneales en pacientes con TTM cuando se comparan con con- troles (Ayesh y cols., 2007; Fernández-de-las-Peñas y cols., 2009). Por otro lado, tampoco se pudo de- mostrar en otros estudios un aumento de la suma- ción temporal en pacientes con TTM cuando se compararon con los controles (Pfau y cols., 2009; Garrett y cols., 2013). Esto podría significar que existen diferentes subtipos de pacientes con TTM, donde algunos muestran solo afectación periférica, mientras que otros muestran tanto afectación pe- riférica como central. Pfau y cols. (2009) parecen confirmar esto, ya que observaron que los pacientes con TTM y puntos sensibles a la palpación en todo el cuerpo tienen umbrales reducidos para la presión y el dolor por agentes térmicos, cuando se los com- para con pacientes con TTM sin puntos sensibles o con menos puntos sensibles en todo el cuerpo. Además, se ha demostrado que los sistemas mo- duladores endógenos del dolor, tanto inhibidores como facilitadores, tienen un impacto profundo en la capacidad de respuesta de las células noci- ceptivas y las conductas de defensa contra el dolor en animales (Millan, 2002; Ren y Dubner, 2002) y seres humanos (Bushnell y cols., 2013; Yarnits- ky y cols., 2014). En términos de los mecanismos moduladores endógenos complejos en el dolor y la nocicepción, se ha propuesto una hipótesis no- vedosa: el denominado discriminador nocicepti- vo supraespinal localizado dentro de los núcleos mediodorsal y ventromedial del tálamo (You y cols., 2010). Desde las perspectivas anatómica y fisiológica, este concepto por primera vez sugie- Fisiopatología del dolor temporomandibular 55 clasificación propuesta de los mecanismos del do- lor modificada para la región orofacial. En 1992, Dworkin y LeResche presentaron un artículo fundamental sobre el sistema de ejes do- bles para la clasificación clínica de los TTM. En consonancia, el Eje I era la presentación física del problema y el Eje II la parte de angustia psico- social del problema para el paciente (Dworkin y LeResche, 1992). La importancia de esta clasifica- ción fue que por primera vez el dolor de los TTM era reconocido como un problema biopsicosocial o tal vez más correctamente como un problema «psicobiosocial»; también se reconocía que las cuestiones psicológicas, como la depresión y la an- siedad, pueden contribuir significativamente con el cuadro clínico. Además, la aparición de nueva información relacionada con el dolor por TTM, por ejemplo, sobre los marcadores genéticos, in- ser consideradas como una sobresimplificación de mecanismos complejos y posiblemente super- puestos, y podría estar en juego al mismo tiempo más de un mecanismo. No obstante, desde el pun- to de vista clínico, la clasificación proporciona un marco de trabajo relevante para comprender los diferentes tipos de dolor orofacial. Lo más impor- tante es que el artículo señala hacia un manejo de los diferentes tipos de dolor basado en el mecanis- mo. Por ejemplo, si un síntoma de dolor orofacial surge por un mecanismo inflamatorio sería lógico y racional manejar la inflamación independiente- mente de que el dolor esté localizado en la pulpa dentaria (pulpitis) o en el tejido sinovial (sinovi- tis) de la ATM. En este ejemplo, el enfoque y las herramientas utilizados obviamente diferirían para ambos trastornos, pero la eliminación del componente inflamatorio sería el objetivo final en ambos. La muestra un diagrama de la figura 4-1 A B C D Amplificación Figura 4-1 Resumen simplificado del posible mecanismo del dolor con implicaciones para la clasificación. (Modificado de Woolf y cols., 1998 con autorización). (A) Dolor nociceptivo. (B) Dolor inflamatorio. (C) Dolor neuropático. (D) Dolor funcional. Capítulo 4 56 6. Medidas psicofisiológicas (variabilidad de la frecuencia cardíaca, presión arterial). 7. Medidas de la función mandibular (fuerza de la mordida, rastreo mandibular). Estos biomarcadores fueron evaluados según la invasividad, los costes, la disponibilidad y el poten- cial para estudios a gran escala. Con posterioridad y con la reserva de que están surgiendo muchos biomarcadores potenciales, se consideró que, en la actualidad, las muestras biológicas, las imágenes estructurales de los tejidos, las imágenes encefáli- cas funcionales, las pruebas sensitivas cuantitativas (cap. 6) y la modulación condicionada del dolor cualificarían suficientemente como biomarcadores potenciales (Ceusters y cols., 2015). No obstante, estos biomarcadores no son ideales porque los problemas, como complejidad, coste, consumo de tiempo y también reproducibilidad, obstaculizan su investigación y la consistencia en el uso clínico. Los factores de riesgo pueden ser definidos como variables que se asocian con un riesgo ele- vado de desarrollar una enfermedad, por ejemplo, dolor orofacial y pueden ser expresados como cocientes de probabilidades (odds ratios, OR), según lo explica Szumilas: «El OR representa la posibilidad de que un resultado ocurra dada una exposición particular, en comparación con la po- sibilidad de que el resultado ocurra en ausencia de esa exposición. Los cocientes de probabilidades se utilizan más a menudo en estudios de casos y con- troles; sin embargo, pueden ser utilizados también en diseños de estudios transversales y de cohor- te (con algunas modificaciones o presunciones)» (Szumilas, 2010). Aun cuando la presencia de biomarcadores o factores de riesgo no implica ne- cesariamente causalidad, sigue siendo importante conocer las múltiples variables asociadas con el dolor orofacial y tenerlas en mente cuando se rea- liza una investigación o se evalúa a los pacientes. Una investigación de los términos «factor de riesgo», «cociente de probabilidades», «TTM» y «dolor orofacial» proporciona un largo listado de estudios de investigación originales publicados. La tabla 4-1 muestra el resumen preliminar de estos hallazgos frecuentes. Aun cuando los estudios in- cluidos utilizaron diferentes definiciones de TTM dica un posible tercer eje, que será explicado más adelante en este capítulo. En una urgencia por traducir los hallazgosbá- sicos de la investigación en la región orofacial en conceptos clínicos, los científicos y los investiga- dores han intentado identificar biomarcadores y factores de riesgo para algunos trastornos de dolor orofacial clínico que incluyen TTM espe- cíficos e inespecíficos. Algunos de estos estudios han sido resumidos en los siguientes párrafos y en la tabla 4-1. Biomarcadores y factores de riesgo para los trastornos de la articulación temporomandibular El término biomarcador se utiliza generalmente para referirse a un indicador mensurable de al- gún estado o condición biológica. Según el Insti- tute of Medicine, el biomarcador se define como: «…. características que son medidas y evaluadas objetivamente como indicadores de procesos biológicos normales, procesos patogénicos o en respuesta a una intervención». Un esfuerzo com- binado de la International Research Diagnostic Cri- teria for TMD (RDC/TMD) Consortium Network y el Special Interest Group for Orofacial Pain bajo la International Association for the Study of Pain (IASP) ha señalado varios marcadores potencia- les del dolor orofacial en un simposio en 2011. Se sugirieron los siguientes siete dominios, basados principalmente en las técnicas disponibles: 1. Ensayos basados en tejidos (sangre, saliva, diá- lisis muscular, tejido, etc.). 2. Estudios de imágenes encefálicas (electroen- cefalografía, tomografía por emisión de po- sitrones, magnetoencefalografía, resonancia magnética funcional). 3. Estudios de imágenes no encefálicas (tomo- grafías computarizadas, ecografía, resonancia magnética). 4. Medidas neurofisiológicas (reflejos trigemina- les, microneurografía, electromiografía). 5. Medidas psicofísicas (modulación condiciona- da del dolor, pruebas sensitivas cuantitativas). Fisiopatología del dolor temporomandibular 57 Factor de riesgo Autor y año Trastorno de la articulación temporomandibular 1. Traumatismo Huang y cols. (2002) Choi y cols. (2002)* Ohrbach y cols. (2011)* 2. Mala oclusión Pullinger y cols. (1993) Marklund y Wanman (2010) Miamoto y cols. (2011)* Artrosis, mialgias, desplazamiento del disco Signos y síntomas de TTM 3. Sexo Michelotti y cols. (2010) Marklund y Wanman (2010) Huang y cols. (2002) Chang y cols. (2015)* Pereira y cols. (2010)* Dolor miofascial Dolor miofascial Dolor miofascial con artralgias 4. Bruxismo Marklund y Wanman (2010) Fernandes y cols. (2012) Choi y cols. (2002)* Signos y síntomas de TTM Dolor miofascial y artralgias 5. Cefalea y migraña Akhter y cols. (2013) Stuginski-Barbosa y cols. (2010) Gonçalvez y cols. (2013)* Choi y cols. (2002)* Slade y cols. (2013b)* Clics, dolor de la ATM, dificultad para la apertura bucal Sensibilidad a la palpación en los músculos masticatorios y las articulaciones 6. Apretar o triturar Marklund y Wanman (2010) Michelotti y cols. (2010) Miyake y cols. (2004) Huang y cols. (2002) Signos y síntomas de TTM Dolor miofascial y desplazamiento del disco Ruido y dolor en la ATM, alteración de la apertura bucal Dolor miofascial con artralgias 7. Catastrofización y depresión Velly y cols. (2011) Progresión del dolor en los músculos y la ATM 8. Factores genéticos Smith y cols. (2011)* 9. Tabaquismo Sanders y cols. (2012)* Sanders y cols. (2013)* 10. Obesidad Jordani y cols. (2017) *Trastorno de la articulación temporomandibular inespecífico. Tabla 4-1 Factores de riesgo para los trastornos de la articulación temporomandibular específicos e inespecíficos Capítulo 4 58 partir de los análisis de las variables basales, se determinaron estimaciones de factores de riesgo expresadas como cociente de probabilidades. El estudio OPPERA hasta ahora ha mostrado una amplia gama de factores de riesgo para el desa- rrollo de TTM, como factor de riesgo clínico, en el que un total de 59 de 71 variables demostraron asociaciones importantes entre las características basales y los pacientes con dolor por TTM de ini- cio reciente, por ejemplo: • Antecedentes de traumatismo, conductas para- funcionales y mayor frecuencia de otros tras- tornos dolorosos, incluida la cefalea (Ohrbach y cols., 2011). • Factores de riesgo genéticos, como COMT, re- ceptor de la serotonina HTR2A y más de otros 20 polimorfismos de nucleótidos únicos (de 3295 polimorfismos). • Factores de riesgo autónomos (p. ej., frecuencia cardíaca). • Factores de riesgo somatosensitivos (p. ej., do- lor por presión y dolor por calor), un total de 14 de las 39 variables. • Factores de riesgo psicológicos (p. ej., angustia psicológica, estrés y catastrofización y concien- cia somática) (Fillingim y cols., 2011b). y dolor, se puede observar que muchos factores de riesgo (traumatismo, mala oclusión, género, bruxismo, cefalea, catastrofización, depresión, ge- nética, etc.) son pertinentes y existen con diferen- tes grados de fuerza, como lo demuestran las OR variadas. De hecho, el estudio de Evaluación Pros- pectiva del Dolor Orofacial y Examen del Riesgo (Orofacial Pain Prospective Evaluationa and Risk Assessm ent , OPPERA) es un intento único para identificar factores de riesgo entre varios dominios diferentes: clínico, autónomo, genético, somato- sensitivo y psicológico (Fillingim y cols., 2011a; Maixner y cols., 2011; Slade y cols., 2013a). El término «factor de riesgo» en el estudio OPPERA refleja tanto los acontecimientos como las expe- riencias que pueden conducir al inicio del TTM y también aquellos que pueden conducir a la per- sistencia y la exacerbación del trastorno (Maixner y cols., 2011); en este sentido, es una mezcla de factores de riesgo y biomarcadores. La muestra inicial de participantes para este estudio fue de aproximadamente 3300 individuos sanos. Estos individuos fueron extensamente caracterizados con pruebas somatosensitivas, autónomas y gené- ticas, cuestionarios y examen clínico. Después de estas pruebas, los participantes fueron controlados a intervalos regulares para determinar el número de casos de TTM que se habían desarrollado. A Sensibilidad al dolor Características demográficas Comorbilidades Genética Sueño Estilo de vida Factores psicológicos Traumatismo o sobrecarga Alto Moderado Bajo Figura 4-2 Diagrama de evaluación del riesgo de dolor orofacial (RADOP) (Svensson y Kumar, 2016). Ocho dimensiones globales del dolor orofacial/por trastornos de la articulación temporomandibular se alinean en un gráfico en telaraña donde cada dimensión puede ser categorizada como de riesgo bajo, moderado o alto. Las versiones personalizadas del diagrama permitirán una revisión inmediata del estado actual del paciente. Fisiopatología del dolor temporomandibular 59 y Nagelkerke, 1989). Por lo tanto, asumamos que en un individuo dado existen 100 factores signifi- cativos para determinar si se debería convertir en un paciente con dolor orofacial. Estos factores po- drían ser categorizados como factores de riesgo que facilitan el desarrollo o el mantenimiento del dolor por TTM o factores protectores que inhiben o con- trarrestan el desarrollo de ese dolor. Además, cada uno de estos factores podría tener una potencia diferente, la cual varía entre 0 (neutra) y 100 como enormemente potente. Si estos factores ocurrieran en forma aleatoria, y los factores protectores y de riesgo se compensan, entonces estarían represen- tando básicamente «ruido» en el sistema. Además, si los factores de riesgo tuvieran un efecto aditivo, pero los mecanismos protectores contrabalancea- ran estos efectos, debido al proceso estocástico, estos factores solo oscilarían en un estado sin do- lor y nunca cruzarían un umbral arbitrario para el desarrollo de los síntomas y las manifestaciones clínicas de dolor (fig. 4-3A-C). Así es fácil ver que pueden surgir diferentes patrones y, debido a la variación aleatoria,puede ocurrir un patrón en el cual los factores de riesgo sean aditivos y los facto- res protectores no lo compensen. Si ocurriera esto, el trastorno doloroso podría convertirse en «per- sistente», mientras que en otros casos (pacientes) la interacción aleatoria generaría solo tipos breves y transitorios de dolor, como el experimentado en los trastornos por cefalea. La figura 4-3 muestra algunos de los resultados teóricos de un proceso estocástico simple creado al sumar enteros gene- rados aleatoriamente. El desafío práctico del modelo de variación esto- cástica para el dolor orofacial es, en primer lugar, determinar los factores de riesgo más importan- tes o significativos; en segundo lugar, describir su potencia relativa y, por último, establecer modelos biológicos apoyados por la bioinformática para determinar el curso temporal de las interacciones. Obviamente esta es una tarea desalentadora, pero es posible estimular que la investigación futura aborde este enfoque. También se está explican- do actualmente el principio de la variación esto- cástica en conexión con distintas enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Al- zheimer. El modelo propuesto intenta comenzar una explicación sobre diferentes formas de pensar Como es difícil sacar sentido a toda esta informa- ción proveniente ya sea de los estudios OPPERA o de otros estudios en un contexto clínico, propone- mos un nuevo diagrama de evaluación de riesgos para el dolor orofacial La idea original provino de la periodontología, donde se desarrolló un gráfico en telaraña de seis radios de los factores de riesgo para la periodontitis. Al aplicar esta idea en la periodon- tología se demostró que tiene un impacto positivo sobre el manejo del paciente. Para abarcar los dife- rentes dominios de los factores de riesgo del dolor orofacial, se propone un gráfico en telaraña de ocho radios ( ). Actualmente, la rotulación de losfig. 4-2 diferentes radios es arbitraria, pero puede ser mo- dificada según las necesidades y la nueva informa- ción de la investigación. Por ejemplo, en términos de «sensibilidad al dolor», se podrían utilizar las pruebas cuantitativas sensitivas de biomarcadores y modulación condicionada. En consecuencia, se puede definir que, si una de tres pruebas es positiva, el paciente tiene bajo riesgo en términos de sensibi- lidad al dolor. Por otra parte, si las tres pruebas fue- ran positivas el paciente tendría mayor riesgo y esto indicaría mayor sensibilidad al dolor. Está abierta la propuesta para estudios formalizados que se ocu- pen de la utilidad clínica de este enfoque. Aunque el diagrama de evaluación de riesgos para el dolor orofacial intenta capturar de forma sencilla y fácil la complejidad de los pacientes con dolor orofacial, no proporciona un modelo con- ceptual que explique el modo en que estos diferen- tes factores de riesgo interactúan y el modo en que estas interacciones pueden cambiar en el tiempo. Por lo tanto, para explicarlo presentamos a conti- nuación un nuevo modelo basado en la variación estocástica (Svensson y Kumar, 2015; Svensson y Kumar, 2016). Variación estocástica como modelo para los trastornos de la articulación temporomandibular La inspiración de este enfoque para explicar los sistemas complejos proviene de la microbiología, donde las bacterias con capacidades protectoras del huésped o nocivas para este interactuarían alea- toriamente para determinar si la consecuencia se- ría la gingivitis, la periodontitis o las caries (Manji Capítulo 4 60 oclusión sigue siendo un factor de riesgo relativa- mente bajo y es probable que entren en juego otros factores de riesgo. Esto significa que se deben utili- zar otros enfoques terapéuticos y los estudios han mostrado que los pacientes pueden beneficiarse de enfoques cognitivos conductuales (Dworkin y cols., 1994; Dworkin y cols., 2002). Existen varios tipos de terapias cognitivas conductuales, desde las que proporcionan información básica y aseso- ramiento al paciente hasta la hipnosis y la atención o conciencia plena ( ). Sobre la base del mindfuln ess modelo estocástico y los diferentes tipos de facto- res de riesgo y preventivos, junto con la evidencia de mecanismos neurobiológicos que subyacen a los trastornos con dolor orofacial, puede ser apro- piado considerar también las intervenciones far- macológicas. Sin embargo, se debe tener en cuenta que la eficacia de la mayoría de las medicaciones utilizadas para manejar el dolor crónico ha sido muy baja (Finnerup y cols., 2015). Con excepción de los triptanos, que se utilizan para el tratamiento de las migrañas, se han desarrollado pocas medi- caciones analgésicas verdaderamente revolucio- en la fisiopatología y el manejo del dolor orofa- cial y también alejarse de un modelo univariado y acercarse más a un modelo multivariado. Implicaciones clínicas Si los médicos vinculados con el dolor orofacial piensan en sus pacientes con un modelo univaria- do es probable que no vean el cuadro completo y solo se ocupen de un factor en el plan terapéuti- co. La mala oclusión como origen de los TTM y del dolor orofacial es un buen ejemplo del pen- samiento univariado antes mencionado. En esta forma de pensamiento, un abordaje sencillo del problema, como corregir la mala oclusión a tra- vés de ortodoncia, de la equilibración oclusal o de la rehabilitación oclusal, se considera la curación. Lamentablemente, este enfoque no se ocupa de los muchos factores de riesgo que se han descrito an- tes, como los problemas de sueño y las cuestiones psicológicas. Para una revisión actualizada, remi- timos al lector a artículos en este campo (Turp y cols., 2008; Michelotti y Iodice, 2010). Sobre la base de los mejores estudios epidemiológicos, la Dolor Sin dolor 800 600 400 200 0 –200 –400 –600 –800 1000 –1000 0 20 40 60 80 100 P un to s su m ad os 800 600 400 200 0 –200 –400 –600 –800 1000 –1000 0 20 40 60 80 100 800 600 400 200 0 –200 –400 –600 –800 1000 –1000 0 20 40 60 80 100 800 600 400 200 0 –200 –400 –600 –800 1000 –1000 0 20 40 60 80 100 P un to s su m ad os 800 600 400 200 0 –200 –400 –600 –800 1000 –1000 0 20 40 60 80 100 800 600 400 200 0 –200 –400 –600 –800 1000 –1000 0 20 6040 80 100 A B C D E F Figura 4-3 Modelo de variación estocástica del dolor orofacial. Los diferentes gráficos se generan con la suma de números enteros al azar desde 0 a 100. Los gráficos A-C representan los resultados «no dolorosos», dado que los puntajes sumados nunca exceden un umbral arbitrario (400) para el desarrollo del dolor. Por el contrario, los gráficos D-F representan el «estado doloroso», donde los puntajes sumados en algún punto exceden el umbral y crean diferentes trayectorias sobre la base de la variación estocástica. Fisiopatología del dolor temporomandibular 61 Figura 4-4 Pasos en el manejo individualizado del dolor orofacial. (A) Enfoque de «dos ejes» según Dworkin y LeResche (1992) para comprender el dolor orofacial. El Eje I representa los síntomas físicos y el Eje II, la angustia psicosocial. El Paciente 1 (gris intermedio) puede referir dolor en una escala visual analógica (EVA), como «7», lo que el Paciente 2 (gris claro) también puede hacer, pero con una combinación significativamente diferente de síntomas físicos frente a la angustia psicosocial. (B) También puede ser oportuno considerar un tercer eje que representa distintos biomarcadores: pruebas sensitivas cuantitativas, modulación condicionada del dolor; genes, (catecol-O-metiltransferasa [COMT]); microdiálisis o, por ejemplo, factor de crecimiento nervioso (NGF); actividad encefálica, por ejemplo, en la corteza prefrontal dorsolateral o el líquido sinovial(factor de necrosis tumoral alfa [TNFa]). El Paciente 3 (gris oscuro) puede tener la misma constitución en el Eje I y el Eje II que el Paciente 2, pero puede diferir en uno o más de los biomarcadores identificados en el Eje III. En este ejemplo, el Paciente 3 podría tener niveles elevados de factor de necrosis tumoral alfa (TNFa) en la articulación temporomandibular. (C) Las consecuencias terapéuticas de un abordaje simple del Eje I serían que los Pacientes 1 y 2 serían tratados de forma similar con enfoques de autocuidados, dispositivos orales y antiinflamatorios no esteroideos (AINE). (D) Con el enfoque del Eje II se torna evidente que el Paciente 2, además del tratamiento prescrito, también se beneficiaría de terapia cognitiva conductual y tal vez con dosis bajas de antidepresivos tricíclicos (indicados con*). (E) Con el Eje III propuesto, el Paciente 3, además del manejo ofrecido en el enfoque del Eje II, también sería considerado para el tratamiento la medicación anti-TNF (indicada con *).α narias en los últimos años. Al parecer, un enfoque combinado con terapias cognitivas conductuales, fisioterapia y farmacología sería una solución fac- tible. Teniendo esto en mente, si podemos deter- minar con precisión el fenotipo y el genotipo de los pacientes, entonces un manejo individualizado con múltiples objetivos del dolor sería el siguiente paso lógico. Por último, debemos señalar que la intensidad de la terapia requerida podría variar durante el curso temporal debido a la naturaleza dinámica intrínseca de las interacciones. Conceptualmente, el modelo «biopsicosocial» del dolor y el abordaje original de los Ejes I y II de los Criterios Diagnósticos para Investigación para los Trastornos de la Articulación Temporoman- dibular ha ofrecido un enfoque lógico del mane- jo del dolor orofacial crónico (fig. 4-4A, C, D). E je II Eje I EVA = 7 EVA = 7 E je II Eje I EVA = 7 TNF_6 EVA = 7 TNF_666 Eje III A B Eje III • Pruebas sensitivas cuantitativas/ modulación condicionada del dolor • Genes p. ej., COMT • Microdiálisis • Actividad encefálica • Líquido sinovial p. ej., TNF_ C Manejo del Eje I • Información • Asesoramiento • Fisioterapia • Dispositivo oral • AINE D Manejo del Eje II • Información • Asesoramiento • Terapia cognitivo-conductual* • Fisioterapia • Dispositivo oral • AINE • Antidepresivos tricíclicos E Manejo del Eje III • Información • Asesoramiento • Terapia cognitivo-conductual* • Fisioterapia • Dispositivo oral • AINE • Antidepresivos tricíclicos • Anti-TNF *_ Círculo gris intermedio = Paciente 1 Círculo gris claro = Paciente 2 Círculo gris oscuro = Paciente 3 Capítulo 4 62 canismos y la investigación del dolor por TTM y además ha sugerido caminos futuros para el avance continuo del campo. Conclusión Este capítulo, basado en parte en una revisión reciente (Svensson y Kumar, 2016), proporciona una evaluación breve de los mecanismos bási- cos del dolor orofacial y de algunos factores de riesgo identificados recientemente para el desa- rrollo del dolor por TTM. Se sugiere el diagrama de evaluación de riesgos para el dolor orofacial como una forma de proporcionar una revisión de los muchos factores de riesgo para estos tras- tornos en el contexto clínico. Además, se sugiere un modelo de variación estocástica como forma de explicar las interacciones entre los muchos diferentes factores de riesgo y de protección in- volucrados en el desarrollo y el mantenimiento del dolor orofacial. Pensamos que este modelo puede ayudarnos a conocer los cursos tempora- les individuales y las trayectorias del dolor en el inicio del dolor orofacial/por TTM. Por último, se sugiere que se debe reemplazar el pensamien- to univariado en los modelos conceptuales y los abordajes terapéuticos por un enfoque mul- tivariado o con múltiples objetivos. Existe una necesidad continua no solo de realizar más in- vestigaciones sobre el dolor orofacial/por TTM, sino también de una mejor investigación sobre estos temas antes de alcanzar nuestros objetivos finales de diagnósticos precisos y mecanísticos seguidos por un manejo efectivo y racional del paciente con dolor orofacial. En efecto, la mayor parte de los programas para el manejo del dolor se construyen sobre esta base de farmacología, fisioterapia, programas de autocuidados, más terapia cognitivo-conduc- tual. Se ha demostrado que este enfoque mul- timodal es eficaz en el manejo del dolor, pero pocas veces cura por completo al paciente con dolor crónico (fig. 4-4C, D). Tal vez, la lección más importante a partir del modelo de variación estocástica sería que el manejo del dolor debe ser individualizado y en esta búsqueda de tra- tamientos personalizados puede ser necesario considerar los factores de riesgo y biomarcado- res individuales. Como tal, puede ser necesa- rio considerar un tercer eje además de los dos ejes ofrecidos por los enfoques de los Criterios Diagnósticos de Investigación y los Criterios de Investigación. La muestra este en-figura 4-4B foque que pasa del abordaje de un único eje a un abordaje con 3 ejes y las consecuencias para el manejo (fig. 4-4E). Dado que parece que las estrategias de manejo multimodal del dolor ofrecen mejores resultados que las estrategias de modalidades únicas, los odontólogos y los espe- cialistas en dolor orofacial deben aplicarlas más a menudo y abandonar los antiguos paradigmas y, a su vez, destacar la necesidad de un trata- miento con orientación oclusal permanente. No solo es un desafío futuro para los investigadores seguir revelando la complejidad del dolor oro- facial crónico, sino también para los médicos adoptar nuevas clasificaciones del dolor, nue- vos conceptos y una evaluación exhaustiva de los factores de riesgo. Con esta esperanza, este capítulo ha señalado el estado actual de los me- Bibliografía Akhter R, Morita M, Ekuni D, Hassan NM, Furuta M, Yamanaka R, Matsuka Y, Wilson D. Self-reported aural symptoms, headache and temporomandibular disorders in Japanese young adults. BMC Musculoskelet Disord 2013; 14: 58. Alstergren P, Ernberg M, Kvarnstrom M, Kopp S. Interleukin-1beta in synovial f luid from the arthritic temporomandibular joint and its relation to pain, mobility, and anterior open bite. J Oral Maxillofac Surg 1998; 56: 1059-1065. Ayesh EE, Jensen TS, Svensson P. Hyper- sensitivity to mechanical and intraarticular electrical stimuli in persons with painful temporomandibular joints. J Dental Res 2007; 86: 1187-1192. Burstein R, Yarnitsky D, Goor-Aryeh I, Ran- sil BJ, Bajwa ZH. An association between migraine and cutaneous allodynia. Ann Neurol 2000; 47: 614-624. Bushnell MC, Ceko M, Low LA. Cognitive and emotional control of pain and its dis- ruption in chronic pain. Nat Rev Neurosci 2013; 14: 502-511. Cairns B. Pathophysiology of TMD pain: basic mechanisms and their implications for pharmacotherapy. J Oral Rehabil 2010; 37: 391-410. Ceusters W, Nasri-Heir C, Alnaas D, Cairns BE, Michelotti A, Ohrbach R. Perspectives on next steps in classification of oro-facial Fisiopatología del dolor temporomandibular 63 pain - Part 3: biomarkers of chronic oro- facial pain - from research to clinic. J Oral Rehabil 2015; 42: 956-66. Chang TH, Yuh DY, Wu YT, Cheng WC, Lin FG, Shieh YS, Fu E, Huang RY. The association between temporomandibu- lar disorders and joint hypermobility syndrome: a nationwide population-based study. Clin Oral Investig 2015; 19: 2123-21 32. Chiang CY, Dostrovsky JO, Iwata K, Sessle BJ. Role of glia in orofacial pain. Neurosci- entist 2011; 17: 303-320. Chichorro JG, Porreca F, Sessle B. Mecha- nisms of craniofacial pain. Cephalalgia 2017; 37: 613-626. Choi YS, Choung PH, Moon HS, Kim SG. Temporomandibulardisorders in 19-year- old Korean men. J Oral Maxillofac Surg 2002; 60: 797-803. Denk F, McMahon SB, Tracey I. Pain vulnerability: a neurobiological perspective. Nat Neurosci 2014; 17: 192-200. Drummond PD. Sensory-autonomic inter- actions in health and disease. Handb Clin Neurol 2013; 117: 309-319. Dworkin SF, LeResche L. Research diag- nostic criteria for temporomandibular disorders: review, criteria, examinations and specifications, critique. J Craniomandib Disord 1992; 6: 301-355. Dworkin SF, Turner JA, Wilson L et al. Brief group cognitive-behavioral intervention for temporomandibular disorders. Pain 1994; 59: 175-187. Dworkin SF, Huggins KH, Wilson L et al. A randomized clinical trial using research diagnostic criteria for temporomandibular disorders-axis II to target clinic cases for a tailored self-care TMD treatment program. J Orofac Pain 2002; 16: 48-63. Fernandes G, Franco AL, Siqueira JT, Gon- salves DA, Camparis CM. Sleep bruxism increases the risk for painful temporo- mandibular disorder, depression and non- specific physical symptoms. J Oral Rehabil 2012; 39: 538-544. Fernández-de-las-Peñas C, Galán-del-Río F, Fernández-Carnero J, Pesquera J, Arendt- Nielsen L, Svensson P. Bilateral widespread mechanical pain sensitivity in women with myofascial temporomandibular disorder: evidence of impairment in central nocicep- tive processing. J Pain 2009; 10: 1170-1178. Fillingim RB, Slade GD, Diatchenko L et al. Summary of findings from the OPPERA baseline case-control study: implications and future directions. J Pain 2011a; 12: T102-107. Fillingim RB, Ohrbach R, Greenspan JD et al. Potential psychosocial risk factors for chronic TMD: descriptive data and empirically identified domains from the OPPERA case-control study. J Pain 2011b; 12: T46-60. Finnerup NB, Attal N, Haroutounian S et al. Pharmacotherapy for neuropathic pain in adults: a systematic review and meta-analy- sis. Lancet Neurol 2015; 14: 162-173. Garrett PH, Sarlani E, Grace EG, Greenspan JD. Chronic temporomandibular disorders are not necessarily associated with a com- promised endogenous analgesic system. J Orofac Pain 2013; 27: 142-150. Gonçalves MC, Florencio LL, Chaves TC, Speciali JG, Bigal ME, Bevilaqua-Grossi D. Do women with migraine have higher prevalence of temporomandibular disor- ders? Braz J Phys Ther 2013; 17: 64-68. Graven-Nielsen T, Arendt-Nielsen L. Impact of clinical and experimental pain on muscle strength and activity. Curr Rheumatol Rep 2008; 10: 475-481. Hodges PW, Smeets RJ. Interaction between pain, movement, and physical activity: shortterm benefits, long-term consequences, and targets for treatment. Clin J Pain 2015; 31: 97-107. Huang GJ, LeResche L, Critchlow CW, Martin MD, Drangsholt MT. Risk factors for diagnostic subgroups of painful temporo- mandibular disorders (TMD). J Dental Res 2002; 81: 284-288. Hucho T, Levine JD. Signaling pathways in sensitization: toward a nociceptor cell biol- ogy. Neuron 2007; 55: 365-376. Jordani PC, Campi LB, Circeli GZ, Visscher CM, Bigal ME, Gonçalves DA. Obesity as a risk factor for temporomandibular disor- ders. J Oral Rehabil 2017; 44: 1-8. Lavigne GJ, Nashed A, Manzini C, Carra MC. Does sleep differ among patients with common musculoskeletal pain disorders? Curr Rheumatol Rep 2011; 13: 535-542. Lei J, Ye G, Wu JT, Pertovaara A, You HJ. Role of capsaicin- and heat-sensitive af- ferents in stimulation of acupoint-induced pain and analgesia in humans. Neuroscience 2017; 358: 325-335. Maixner W, Diatchenko L, Dubner R, Fillingim RB, Greenspan JD, Knott C, Ohr- bach R, Weir B, Slade GD. Orofacial pain prospective evaluation and risk assessment study--the OPPERA study. J Pain 2011; 12: T1-2. Manji F, Nagelkerke N. A stochastic model for periodontal breakdown. J Periodontal Res 1989; 24: 279-281. Marchand F, Perretti M, McMahon SB. Role of the immune system in chronic pain. Nat Rev Neurosci 2005; 6: 521-532. Marklund S, Wanman A. Risk factors as- sociated with incidence and persistence of signs and symptoms of temporomandibular disorders. Acta Odontol Scand 2010; 68: 289-299 . Miamoto CB, Pereira LJ, Paiva SM, Pordeus IA, Ramos-Jorge ML, Marques LS. Prevalence and risk indicators of temporomandibular disorder signs and symptoms in a pediatric population with spastic cerebral palsy. J Clin Pediatr Dent 2011; 35: 259-263. Michelotti A, Iodice G. The role of ortho- dontics in temporomandibular disorders. J Oral Rehabil 2010; 37: 411-429. Michelotti A, Cioffi I, Festa P, Scala G, Farella M. Oral parafunctions as risk fac- tors for diagnostic TMD subgroups. J Oral Rehabil 2010; 37: 157-162. Millan MJ. Descending control of pain. Prog Neurobiol 2002; 66: 355-474. Capítulo 4 64 Miyake R, Ohkubo R, Takehara J, Morita M. Oral parafunctions and association with symptoms of temporomandibular disorders in Japanese university students. J Oral Reha- bil 2004; 31: 518-523. Moriarty O, McGuire BE, Finn DP. The effect of pain on cognitive function: a review of clinical and preclinical research. Prog Neurobiol 2011; 93: 385-404. Ohrbach R, Fillingim RB, Mulkey F et al. Clinical findings and pain symptoms as potential risk factors for chronic TMD: descriptive data and empirically identified domains from the OPPERA case-control study. J Pain 2011; 12: T27-45. Pereira LJ, Pereira-Cenci T, Del Bel Cury AA, Pereira SM, Pereira AC, Ambosano GM, Gavião MB. Risk indicators of tempo- romandibular disorder incidences in early adolescence. Pediatr Dent 2010; 32: 324-328. Pfau DB, Rolke R, Nickel R, Treede RD, Daublaender M. Somatosensory profiles in subgroups of patients with myogenic tempo- romandibular disorders and Fibromyalgia Syndrome. Pain 2009; 147: 72-83. Pullinger AG, Seligman DA, Gornbein JA. A multiple logistic regression analysis of the risk and relative odds of temporoman- dibular disorders as a function of common occlusal features. J Dental Res 1993; 72: 968-979. Ren K, Dubner R. Descending modulation in persistent pain: an update. Pain 2002; 100: 1-6. Ren K, Dubner R. The role of trigeminal interpolaris-caudalis transition zone in persistent orofacial pain. Int Rev Neurobiol 2011; 97: 207-225. Sanders AE, Maixner W, Nackley AG, Dia- tchenko L, By K, Miller VE et al. Excess risk of temporomandibular disorder associated with cigarette smoking in young adults. J Pain 2012; 13: 21-31. Sanders AE, Slade GD, Bair E, Fillingim RB, Knott C, Dubner R et al. General health status and incidence of first-onset temporo- mandibular disorder: the OPPERA prospec- tive cohort study. J Pain 2013; 14: T51-62. Sarlani E, Grace EG, Reynolds MA, Green- span JD. Evidence for up-regulated central nociceptive processing in patients with masticatory myofascial pain. J Orofac Pain 2004a; 18: 41-55. Sarlani E, Grace EG, Reynolds MA, Green- span JD. Sex differences in temporal sum- mation of pain and aftersensations following repetitive noxious mechanical stimulation. Pain 2004b; 109: 115-123. Sato J, Segami N, Kaneyama K, Yoshimura H, Fujimura K, Yoshitake Y. Relationship of calcitonin gene-related peptide in synovial tissues and temporomandibular joint pain in humans. Oral Surg Oral Med Oral Pathol Oral Radiol 2004; 98: 533-540. Sato J, Segami N, Yoshitake Y, Kaneyama K, Yoshimura H, Fujimura K, Kitagawa Y. Specific expression of substance P in syno- vial tissues of patients with symptomatic, non-reducing internal derangement of the temporo-mandibular joint: comparison with clinical findings. Br J Oral Maxillofac Surg 2007; 45: 372-377. Sessle BJ. Acute and chronic craniofacial pain: brainstem mechanisms of nociceptive transmission and neuroplasticity, and their clinical correlates. Crit Rev Oral Biol Med 2000; 11: 57-91. Sessle BJ. Peripheral and central mecha-nisms of orofacial inf lammatory pain. Int Rev Neurobiol 2011; 97: 179-206. Slade GD, Fillingim RB, Sanders AE, Bair E, Greenspan JD, Ohrbach R et al. Summary of findings from the OPPERA prospective cohort study of incidence of first-onset temporomandibular disorder: implications and future directions. J Pain 2013a; 14: T116-124. Slade GD, Sanders AE, Bair E et al. Preclini- cal episodes of orofacial pain symptoms and their association with health care behaviors in the OPPERA prospective cohort study. Pain 2013b; 154: 750-760. Smith SB, Maixner DW, Greenspan JD et al. Potential genetic risk factors for chronic TMD: genetic associations from the OP- PERA case control study. J Pain 2011; 12: T92-101. Stohler CS, Zubieta JK. Pain imaging in the emerging era of molecular medicine. Meth- ods Mol Biol 2010; 617: 517-537. Stuginski-Barbosa J, Macedo HR, Bigal ME, Speciali JG. Signs of temporomandibular disorders in migraine patients: a prospec- tive, controlled study. Clin J Pain 2010; 26: 418-421. Svensson P, Kumar A. Trigeminal pain and sensitization: proposal of a new stochas- tic model. In: Kasch H, Turk D, Jensen T (eds) Whiplash injury: perspectives on the development of chronic pain. Philadelphia: Wolters Kluwer Health; 2015, pp. 77-88. Svensson P, Kumar A. Assessment of risk factors for orofacial pain and recent developments in classification. Implications for management. J Oral Rehabil 2016; 43: 977-989. Svensson P, List T, Hector G. Analysis of stimulus-evoked pain in patients with myo- fascial temporomandibular pain disorders. Pain 2001; 92: 399-409. Szumilas M. Explaining Odds Ratios. J Can Acad Child Adolesc Psychiatry 2010; 19: 227-229. Takahashi T, Kondoh T, Fukuda M, Yama- zaki Y, Toyosaki T, Suzuki R. Proinflamma- tory cytokines detectable in synovial f luids from patients with temporomandibular disorders. Oral Surg Oral Med Oral Pathol Oral Radiol Endod 1998; 85: 135-141. Takeuchi Y, Zeredo JL, Fujiyama R, Ama- gasa T, Toda K. Effects of experimentally induced inf lammation on temporoman- dibular joint nociceptors in rats. Neurosci Lett 2004; 354: 172-174. Tracey I, Mantyh PW. The cerebral signa- ture for pain perception and its modulation. Neuron 2007; 55: 377-391. Turp JC, Greene CS, Strub JR. Dental oc- clusion: a critical ref lection on past, present and future concepts. J Oral Rehabil 2008; 35: 446-453. Velly AM, Look JO, Carlson C et al. The effect of catastrophizing and depression on chronic pain-a prospective cohort study of Fisiopatología del dolor temporomandibular 65 temporomandibular muscle and joint pain disorders. Pain 2011; 152: 2377-2383. Vierck CJ, Wong F, King CD, Mauderli AP, Schmidt S, Riley JL, 3rd. Characteristics of sensitization associated with chronic pain conditions. Clin J Pain 2014; 30: 119-128. Woda A. Pain in the trigeminal system: from orofacial nociception to neural network modeling. J Dental Res 2003; 82: 764-768. Woolf CJ. Central sensitization: implica- tions for the diagnosis and treatment of pain. Pain 2011; 152: S2-15. Woolf CJ, Bennett GJ, Doherty M et al. Towards a mechanism-based classification of pain? Pain 1998; 77: 227-229. Yarnitsky D, Granot M, Granovsky Y. Pain modulation profile and pain therapy: be- tween pro- and antinociception. Pain 2014; 155: 663-665. You HJ, Lei J, Sui MY et al. Endogenous de- scending modulation: spatiotemporal effect of dynamic imbalance between descending facilitation and inhibition of nociception. J Physiol 2010; 588: 4177-4188. Introducción El dolor en la región craneofacial puede tener múltiples orígenes. Obviamente, puede surgir por un traumatismo o por la estimulación noci- va de estructuras particulares, por ejemplo, piel, músculo, articulación, tendón, hueso o diente, y conducir a un dolor localizado. Sin embargo, las estructuras extrasegmentarias también pueden inducir dolor craneofacial. Originariamente, en las primeras comunicaciones de sensaciones re- feridas se utilizó el término «sensibilidad referida a la palpación» (Head, 1893), pero ahora se cono- ce como dolor referido. En el sistema espinal, el examen clínico del dolor percibido en la rodilla o en el muslo puede surgir de una artritis en la articulación de la cadera y a menudo se percibe un dolor a distancia con la palpación de puntos gatillo miofasciales (Simons y cols., 1999). En los trastornos con dolor visceral, a menudo se percibe dolor referido (y no dolor localizado) en estructuras somáticas alejadas de los órganos viscerales afectados. Aunque es conocida desde hace muchos años, la definición de dolor refe- rido como aquel percibido lejos de la localiza- ción del dolor no es completamente operacional cuando se trata del dolor que se propaga desde una estructura; por ejemplo, el dolor proveniente del músculo trapecio puede ser percibido como un área grande que cubre el músculo trapecio y también el cuello y la cabeza. En este capítulo se define al dolor referido como el dolor percibido tanto a distancia del origen del dolor como afuera de este. El propósito de este capítulo es presentar la ca- pacidad nociceptiva de distintas estructuras y su capacidad para mediar el dolor referido y produ- cir sensibilización. Los principales hallazgos sobre este tema se originan en estudios de los músculos de los miembros, que serán presentados junto con ejemplos específicos de dolor referido en la región craneofacial. Dolor en la región craneofacial proveniente de los puntos gatillo miofasciales Definición Aunque existen diferentes definiciones de los pun- tos gatillo miofasciales, la más aceptada define al punto gatillo miofascial como un «punto hiperirri- table en una banda tensa de un músculo esquelético que es doloroso con la compresión, el estiramiento, la sobrecarga o la contracción y produce un patrón de dolor referido y fenómenos autónomos» (Simons y cols., 1999). Desde el punto de vista clínico, los puntos gatillo miofasciales se clasifican en activos y latentes. Los activos son aquellos en los cuales el dolor local y referido reproduce cualquier síntoma sensitivo o motor experimentado por el paciente y los síntomas son reconocidos por el paciente como su dolor habitual (Simons y cols., 1999). Los puntos gatillo miofasciales latentes son aquellos en los cua- les el dolor local y referido no reproducen ningún síntoma familiar ni habitual en el paciente (Simons y cols., 1999). La relevancia del «reconocimiento del dolor» se explica en los Criterios Diagnósticos para los Trastornos de la Articulación Temporo- mandibular actuales (Peck y cols., 2014; Schiffman y cols., 2014). Desde el punto de vista clínico, se ha observado que los puntos gatillo miofasciales acti- vos inducen un área más grande de dolor referido y mayor intensidad del dolor que los latentes (Hong y cols., 1997). Además, esta distinción clínica ha sido sustanciada por un estudio que mostró niveles más altos de mediadores químicos y otras sustancias proinflamatorias, por ejemplo, sustancia P, bradi- cinina y serotonina, en la vecindad de los puntos gatillo miofasciales activos en comparación con los latentes (Shah y cols., 2005). Mecanismos de sensibilización de los puntos gatillo El dolor referido evocado por los puntos gatillo miofasciales muy probablemente esté mediado por Capítulo 5 Dolor musculoesquelético referido a la región craneofacial Thomas Graven-Nielsen, César Fernández-de-las-Peñas, Megan McPhee, Lars Arendt-Nielsen 67 Capítulo 5 68 tante, este estudio no incluyó un grupo control y los pacientes no fueron examinados de forma cie- ga (Wright, 2000). Fernández-de-las-Peñas y cols. (2010) llevaron a cabo un estudio ciego y contro- lado, en el cual los pacientes con trastornos miálgi- cos de la articulacióntemporomandibular (ATM) y controles sanos fueron examinados para detec- tar puntos gatillo miofasciales en la musculatura del cuello, hombro y cabeza. Este estudio observó que los puntos gatillo miofasciales en los múscu- los masticatorios (masetero y temporal) eran más prevalentes que los de los músculos del cuello y del hombro (músculos trapecio superior, suboccipital y esternocleidomastoideo) (Fernández-de-las-Pe- ñas y cols., 2010). Estos hallazgos apoyan la idea de que es más probable que los puntos gatillo miofas- ciales de la musculatura masticatoria desempeñen un rol en los TTM, mientras que es más probable que los puntos gatillo miofasciales del cuello y el hombro desempeñen un papel mayor en las cefa- leas. Esta hipótesis fue confirmada por un estudio clínico que mostró que el dolor referido era más pronunciado en la región orofacial en pacientes con TTM, mientras que en pacientes de sexo femenino con fibromialgia era más pronunciado en la colum- na cervical (Alonso-Blanco y cols., 2012). Algunos estudios experimentales sobre dolor también apo- yan esta idea (véase la siguiente sección). Dolor musculoesquelético referido inducido experimentalmente Las inyecciones intramusculares de solución salina hipertónica se han utilizado ampliamente para es- tudiar el dolor referido desde los músculos (Graven- Nielsen, 2006)(fig. 5-1). Otras estructurasprofundas, como tendón, ligamento, disco intervertebral, pe- riostio y estructuras articulares, también pueden evocar dolor referido, aunque estas han sido menos investigadas. Al contrario del dolor superficial expe- rimentado con el dolor visceral referido (Ness y cols., 1990), el dolor muscular o de los tejidos profundos a menudo evoca dolor referido también percibido en las estructuras profundas (Kellgren, 1938). Esto pue- de hacer difícil distinguir qué estructuras profundas son las fuentes de dolor y cuáles simplemente mues- tran síntomas referidos. La investigación experimental del dolor en los músculos pericraneales y las articulaciones, liga- un mecanismo central (véase la sección siguiente), mientras que los puntos gatillo miofasciales por sí mismos probablemente sean el resultado de meca- nismos periféricos, donde agentes sensibilizantes producen un aumento de la sensibilidad al dolor en puntos localizados (Shah y cols., 2005). Los hallaz- gos también indican la presencia de hipersensibili- dad nociceptiva y no nociceptiva en estos puntos (Li y cols., 2009; Wang y cols., 2010b), en la cual puede participar un mecanismo del asta dorsal me- dular (Kuan y cols., 2007). Obviamente, el dolor de los puntos gatillo miofasciales activos es procesado en niveles supramedulares y se ha demostrado que la hiperalgesia de estos puntos excita distintas áreas encefálicas asociadas con la experiencia de dolor (Niddam y cols., 2008; Niddam, 2009). Un estudio reciente observó que los individuos con puntos gatillo miofasciales mostraban anomalías microes- tructurales distribuidas principalmente en el siste- ma límbico y en las áreas encefálicas involucradas en la neuromatriz del dolor (Xie y cols., 2016). Puntos gatillo en los trastornos de la articulación temporomandibular Los patrones de dolor en los trastornos de la ar- ticulación temporomandibular (TTM) pueden estar compuestos por patrones de dolor referido por los puntos gatillo miofasciales musculares lo- calizados en el cuello, el hombro y los músculos masticatorios. Simons y cols. (1999) describieron el patrón de dolor referido de varios músculos y también el modo en que este puede propagarse hasta la cabeza o el rostro (véanse las ilustraciones de los patrones de dolor referido en el capítulo 8). Aunque estos músculos refieren dolor al rostro (área de inervación trigeminal), también pueden referirlo a la cabeza y el cuello (área de inervación cervical), imitando una cefalea. Por lo tanto, se ha sugerido que algunos músculos diferentes partici- pan en la fisiopatología de los TTM (el masetero) y las cefaleas (músculos trapecio superior y suboc- cipitales) (Conti y cols., 2016; Svensson, 2007). Pocos estudios clínicos han investigado la pre- sencia de puntos gatillo miofasciales en pacientes con TTM. Wright (2000) encontró que los múscu- los trapecio superior, pterigoideo lateral y masetero eran las fuentes más frecuentes de dolor referido en las regiones del cuello y craneofacial. No obs- Dolor musculoesquelético referido a la región craneofacial 69 do de dolor referido, en el que algunos músculos, como el tibial anterior y el infraespinoso, dan origen a áreas muy características de dolor, mientras que otros músculos, como el bíceps braquial, dan origen primariamente a dolor local (Graven-Nielsen, 2006). Esto también es cierto en la región craneofacial, como se demostró cuando Schmidt-Hansen y cols. (2006) mapearon el dolor inducido de forma siste- mática, con solución salina, desde los músculos con inervación trigeminal (masetero, temporal anterior, temporal posterior) o cervical (trapecio, esplenio de la cabeza y esternocleidomastoideo) ( ). Estefig. 5-2 estudio observó que los músculos masetero y tempo- ral anterior habitualmente producían dolor referido trigeminal al rostro, la mandíbula y la región parie- tofrontal; mientras que el músculo temporal poste- rior también refería dolor a los territorios cervicales, como la región occipitotemporal y, en ocasiones, la región cervical superior. El músculo trapecio produ- mentos y músculos cercanos en la columna cervi- cal ha puesto de manifiesto que estas estructuras son capaces de producir distintos patrones de dolor referido. Por ejemplo, algunas investigaciones pio- neras han mostrado que la inyección de solución salina hipertónica tanto en los músculos suboccipi- tales (Kellgren, 1938) como en los paravertebrales (Feinstein y cols., 1954) puede provocar un dolor profundo en la región de la frente, similar a la cefa- lea. Asimismo, el dolor inducido con solución salina hipertónica en los músculos de la articulación atlan- tooccipital (Campbell y Parsons, 1944), esplenio de la cabeza (Falla y cols., 2007) y esternocleidomas- toideo también se percibe con frecuencia alrededor del cráneo, en las regiones parietooccipital, oculo- frontotemporal y occipitoparietal, respectivamente. Sin embargo, es interesante señalar que entre los músculos existen diferencias claras en cuanto al gra- C F E B A D Figura 5-1 Áreas típicas de dolor local ampliado (se muestran en gris oscuro) y áreas características de dolor referido (se muestran en blanco) experimentadas después de la inyección intramuscular de solución salina hipertónica (sitio indicado mediante un punto blanco) en los músculos trapecio (A), infraespinoso (B), bíceps braquial (C), braquiorradial (D), vasto lateral (E) y tibial anterior (F). Figura 5-2 Distribución del dolor, según el dibujo en un gráfico del cuerpo, después de la aplicación de inyecciones de solución salina hipertónica en los músculos masetero, porciones anterior y posterior del temporal, trapecio superior, esplenio de la cabeza y esternocleidomastoideo. Las formas gris oscuras representan las áreas de dolor más dibujadas (> 5 individuos), las áreas gris claras representan la extensión combinada de las áreas de dolor (≥ 1 individuo) y los puntos blancos indican los sitios de inyección. Basado en datos originales de 20 individuos presentados por Schmidt-Hansen y cols. (2006). Masetero Temporal anterior Trapecio Esplenio de la cabeza Esterno eido-cl mastoideo Temporal posterior Capítulo 5 70 en el tobillo no evocará dolor en el músculo tibial anterior (Graven-Nielsen, 2006). Por el contrario, existen algunos ejemplos de dolor referido bidirec- cional desde el músculo (Feinstein y cols., 1954),que por cierto se encuentran bien ilustrados en la región craneofacial. Aquí, el dolor experimental en la mandíbula-músculo (masetero) puede referir dolor hacia los dientes (Svensson y cols., 1998) y el dolor odontógenico, a menudo, puede imitar dolor en la mandíbula-músculo y el dolor facial (Falace y cols., 1996). Asimismo, como ya señalamos, las es- tructuras temporomandibulares pueden dar origen a dolor cervical y a síntomas referidos similares a una cefalea, mientras que los músculos temporales y cervicales superiores pueden dar origen a síntomas referidos a la mandíbula y el rostro. Desde el punto de vista clínico, la artrosis de la ar- ticulación de la cadera a menudo está acompañada por síntomas de dolor en la rodilla (y viceversa), que en algunos casos puede ser el único síntoma e ilustra el dolor referido desde una articulación. Sin embar- go, la estimulación de la almohadilla adiposa de la rodilla induce un dolor bastante localizado (Joergen- sen y cols., 2013). Por el contrario, la estimulación eléctrica experimental de la articulación facetaria induce dolor dorsal bajo y dolor referido en la cara anterior de la pierna homolateral, proximal a la ro- dilla, similar a lo que se observa en la manifestación clínica del dolor de la articulación facetaria (O’Neill y cols., 2009). Los patrones de dolor de las articula- ciones cervicales han sido estudiados de manera ex- tensa, habitualmente mediante provocación articular seguida por registros de las áreas de dolor referido. Como ejemplo, se evaluaron los patrones de dolor de las articulaciones cigoapofisarias cervicales median- te la distensión de la cápsula articular en voluntarios sanos con inyecciones de medio de contraste bajo control radioscópico (Dwyer y cols., 1990). Los pa- trones de dolor referido, resultado de la estimulación de las apófisis cigoapofisarias de la columna cervical superior, también fueron descritos por Aprill y cols. (2002). Se utilizó un enfoque opuesto en los pacien- tes, en quienes se eliminaron las áreas de dolor re- ferido del dolor en las articulaciones cigoapofisarias mediante bloqueos nerviosos selectivos (Cooper y cols., 2007). Por lo tanto, es probable que las articu- laciones facetarias cervicales constituyan una fuente de cefalea debido al patrón característico de dolor jo dolor casi exclusivamente en las regiones cervica- les superiores, mientras que los músculos esplenio y esternocleidomastoideo produjeron dolor referido tanto en la región craneofacial como en el territo- rio trigeminal oftálmico, tal como se había supuesto previamente que es comparable al dolor de la cefalea. Estos hallazgos son compatibles con investigaciones anteriores de dolor experimental en la musculatura pericraneana (Jensen y Norup, 1992; Svensson y Gra- ven-Nielsen, 2001). Por lo tanto, parece existir una distinción clara entre los músculos inervados por el trigémino y aquellos que tienen inervación cervical y solo se observa una superposición funcional limita- da, a pesar de una convergencia extensa entre estos sistemas descrita en estudios en animales (Sessle y cols., 1986). Originariamente, se comunicó que el dolor referi- do seguía un patrón segmentario (Kellgren, 1938) y, por lo tanto, estaba limitado al dermatoma, miotoma o esclerotoma del segmento medular que inervaba la estructura dolorosa. Sin embargo, ya no se considera que esto sea exacto. La distribución del dolor referi- do clínico e inducido experimentalmente no siempre sigue un patrón segmentario estricto. De hecho, se ha comunicado dolor referido en áreas que se en- cuentran tres segmentos alejadas de un segmento de la raíz dorsolumbar estimulado eléctricamente (Bogduk, 1980). Consistente con esto, los puntos gatillo miofasciales del músculo temporal (división mandibular del nervio trigémino) pueden referir dolor a los dientes (división maxilar del nervio trigé- mino), mientras que los puntos gatillo miofasciales en los músculos suboccipital (C1) y esplenio de la cabeza (C2-C4) pueden conducir a dolor referido en la región de la sien inervada por el nervio trigémino (Simons y cols., 1999). Por lo tanto, el dolor referido proveniente del tejido muscular muy probablemente se extienda a los territorios inervados por segmentos vecinos al nervio aferente que inerva la estructura dolorosa. Otra característica interesante del dolor referido es la semidireccionalidad de su aparición; es más fre- cuente que en los miembros el dolor se refiera a la articulación distal. Por ejemplo, la inducción expe- rimental de dolor en el músculo tibial anterior con frecuencia evocará dolor referido en el tobillo, pero el dolor experimental fuerte inducido por presión Dolor musculoesquelético referido a la región craneofacial 71 1992). Asimismo, cuando se desarrolla dolor refe- rido además de dolor local, las intensidades de am- bos se encuentran claramente bien correlacionadas (Graven-Nielsen, 2006). Sin embargo, dada la rela- ción entre la intensidad del dolor y el tamaño del área dolorosa, es posible que el dolor local pueda ex- pandirse en el área de dolor referido. En este caso, ya no es dolor referido verdadero según la definición (es decir, el dolor no limitado al área de dolor local) y, por consecuencia, puede subestimarse su preva- lencia. Compatible con esto es la observación de que menos del 50% de las inyecciones intramusculares de solución salina hipertónica parecen provocar do- lor referido verdadero, pero muchos participantes (más del 60%) desarrollan dolor lejos del sitio de la inyección o dolor que se extiende desde el sitio de la inyección hacia regiones típicas de dolor referido (Graven-Nielsen, 2006). La localización de la esti- mulación dolorosa en un músculo también puede desempeñar un papel en el desarrollo y la extensión del dolor referido, y se observa mayor intensidad de dolor y áreas más grandes de dolor referido des- pués de la inyección de solución salina hipertónica en la zona de la placa terminal motora en compa- ración con un sitio control (Qerama y cols., 2004). Sin embargo, esta diferencia no se observó al utilizar capsaicina (Qerama y cols., 2004) y puede deberse a la diferencia en la intensidad del dolor local entre los sitios inyectados con solución salina hipertóni- ca. Por lo tanto, la intensidad del dolor parece ser el determinante primario para la inducción de dolor referido desde el músculo. En algunos casos, los participantes desarrollan solo dolor referido y no dolor local. Este es un misterio interesante, similar a lo observado a me- nudo con el dolor referido desde las vísceras (Ness y Gebhart, 1990) y no está totalmente claro por qué ocurre. Potencialmente sería resultado de la variación anatómica, la excitación de diferentes grupos nociceptivos intramusculares o diferencias en los sistemas moduladores descendentes, aun- que esto no ha sido confirmado aún. Necesidad de información somatosensitiva aferente desde el área de dolor referido En la inducción del dolor referido, las aferencias somatosensitivas desde la periferia participan al referido hacia la cabeza y el cuello. Existe informa- ción limitada a partir de la estimulación de la ATM. Un estudio inyectó glutamato en esta articulación y produjo dolor bastante localizado en la región orofa- cial, con algunos casos de dolor en la región occipital (Alstergren y cols., 2010). Además del dolor, la región de dolor referido tam- bién puede mostrar cambios en la sensibilidad a los estímulos cutáneos y mecánicos profundos. Sin em- bargo, aún se discute la dirección de estos cambios, y los principales estudios experimentales muestran hiperalgesia en la región del dolor referido (Feins- tein y cols., 1954; Kellgren, 1938); los estudios ex- perimentales posteriores mostraronhipoalgesia en la región de dolor referido (Graven-Nielsen y cols., 1998). También es difícil la interpretación de los estu- dios clínicos a este respecto, porque a menudo puede existir hipersensibilidad generalizada, lo que indica que estarán afectados tanto sitios locales como re- motos independientemente de la presencia de dolor referido en la región remota. Características temporales y espaciales del dolor referido El dolor referido habitualmente aparece después del dolor local. Cuando se utilizan inyecciones en bolo de solución salina hipertónica, el dolor referido apa- rece aproximadamente 20 segundos después de la percepción relativamente constante de dolor local (Graven-Nielsen y cols., 1997). Asimismo, la estimu- lación eléctrica intramuscular continua induce acti- vidad nociceptiva local inmediata y constante y, por consiguiente, dolor local relativamente inmediato, pero el dolor referido nuevamente se retrasa y apare- ce aproximadamente 40 segundos más tarde (Laur- sen y cols., 1997). Además, la exposición prolongada al dolor muscular experimental por la infusión de solución salina hipertónica (Graven-Nielsen y cols., 1998) o por estimulación mecánica dolorosa (Gibson y cols., 2006) produce dolor referido con mayor frecuencia que durante la fase inicial o durante un período de exposición dolorosa más breve. En con- junto, esto indica que el dolor referido es, al menos en cierta medida, un proceso dependiente del tiempo. Además, la aparición y el área del dolor referido pueden estar relacionados con la intensidad del do- lor global (Graven-Nielsen, 2006; Jensen y Norup, Capítulo 5 72 menos parcialmente. Esto ha sido demostrado por algunas técnicas de bloqueo nervioso, las cuales han mostrado una intensidad reducida del dolor referido después del bloqueo de los aferentes mie- línicos en el área de dolor referido (Laursen y cols., 1999). Es interesante señalar que el bloqueo de los aferentes amielínicos no confirió una mayor reduc- ción del dolor; esto sugiere que las fibras propiocep- tivas pueden constituir el componente periférico más importante para el desarrollo de dolor referido (Laursen y cols., 1999). Sin embargo, también se ha inducido dolor referido en regiones de pérdida sen- sitiva completa, por ejemplo, después de la lesión de médula espinal, lesión del nervio, amputación o administración de un anestésico regional, con una intensidad de dolor no modificada o solo ligera- mente disminuida (Feinstein y cols., 1954; Harman, 1948; Kellgren, 1938; Whitty y Willison, 1958). Por ende, la cantidad de aferencias somato-sensitivas periféricas necesarias para la inducción del dolor referido varía según la localización, la estructura y los mecanismos facilitadores centrales. Dolor referido experimental en el dolor musculoesquelético y la cefalea La presencia de trastornos con dolor musculoes- quelético crónico y cefalea cambia el modo en que se presenta el dolor muscular inducido por vía experimental. Las inyecciones de solución salina hipertónica en el músculo temporal anterior pro- ducen dolor referido en más áreas en los pacientes con cefaleas de tipo tensional crónicas y episódicas cuando se comparan con los controles sanos (Sch- midt-Hansen y cols., 2007). Estas áreas más gran- des también se obtuvieron con inyecciones en áreas adyacentes y distantes, por ejemplo, los múscu- los masetero ( ) y tibial anterior (fig. 5-3 fig. 5-4) (Schmidt-Hansen y cols., 2007), lo que sugiere una sensibilización generalizada en estos pacien- tes. Estas diferencias se observan también en los trastornos con dolor difuso, como la fibromialgia, con mayor intensidad del dolor y áreas más gran- des de dolor referido en respuesta a la inyección de solución salina hipertónica que en controles sanos (Arendt-Nielsen y Graven-Nielsen, 2003). Los pa- cientes con fibromialgia también mostraron, con frecuencia, dolor referido proximal importante, al contrario de los patrones de dolor referido predo- + C e fa le a – C e fa le a – C e – fa le a + C e fa le a + C e fa le a – C e fa le a e fa le a C e – + C e + fa le a A B Episódica Crónica Episódica Crónica Control Control Figura 5-3 Áreas de dolor inducidas con una inyección de solución salina hipertónica (0,5 mL; 5,8%) en los músculos temporal anterior (A) y masetero (B) en pacientes con cefalea y sujetos sanos. Se evaluó a pacientes con cefalea tensional episódica o crónica tanto con cefalea (+) como sin ella (−), y se observó que presentaban áreas más grandes de dolor que los sujetos sanos, sobre todo para el músculo temporal anterior. Las formas en gris oscuro representan las áreas de dolor dibujadas con mayor frecuencia (> 5 individuos), las formas en gris claro representan la extensión combinada de las áreas de dolor (≥ 1 individuo) y los puntos blancos indican los sitios de inyección. Basado en los datos originales de Schmidt-Hansen y cols. (2007). minantemente distales observados en los controles sanos, lo que también puede indicar mecanismos sensibilizados. También se han observado áreas más grandes de dolor referido después de la inyec- ción de solución salina hipertónica en músculos que Dolor musculoesquelético referido a la región craneofacial 73 lor referido, lo que sugiere que la convergencia de múltiples aferentes en la misma neurona espinal da origen al dolor referido al impedir que las regio- nes encefálicas superiores identifiquen con exacti- tud la fuente original. Sin embargo, esta teoría no explica el inicio retardado del dolor referido. En cambio, el dolor referido puede deberse, en parte, a la hiperexcitabilidad central y al desarrollo de nuevos campos receptivos (Graven-Nielsen, 2006; Mense y Simons, 2001; Neugebauer y Schaible, 1990). La primera, la hiperexcitabilidad central, es apoyada por los hallazgos de una frecuencia redu- cida de dolor referido en individuos sanos cuando son tratados con bajas dosis de ketamina (un anta- gonista de los receptores de NMDA) para antago- nizar la hiperexcitabilidad central (Schulte y cols., 2003). La última, el desarrollo de nuevos campos receptivos, ha sido demostrada en estudios en animales tras una estimulación muscular nociva (Hoheisel y cols., 1993; Hu y cols., 1992). Se asu- me que existe una red extensa y compleja de co- nexiones sinápticas colaterales para cada aferente muscular hacia diferentes neuronas del asta dor- sal (Mense y Simons, 2001), algunas de las cuales son completamente funcionales bajo condiciones normales, mientras que otras son latentes. Las afe- rencias nocivas fuertes continuas pueden activar estas conexiones sinápticas latentes y permitir una mayor convergencia de impulsos aferentes desde regiones cercanas y, por ende, dan origen a la apa- rición tardía del dolor referido. Sensibilización de los mecanismos de dolor craneofacial En el desarrollo y el mantenimiento de los trastor- nos de dolor craneofacial están implicados procesos de sensibilización periférica y central. En general, la sensibilización periférica ocurre con la activa- ción relacionada con una lesión o inflamación de los aferentes nociceptivos musculares o articula- res (Cairns, 2010; Sessle, 2011). Los nociceptores del músculo periférico pueden ser activados por algunas sustancias (Mense, 2009), pero tal vez los dos factores más importantes sean la liberación de adenosintrifosfato (ATP) y protones (H+). La acti- vación neuronal resultante estimula la liberación de neuropéptidos desde la terminación nerviosa libre denominada inflamación neurógena. Las sustancias normalmente no son dolorosos en pacientes con trastornos asociados a latigazo cervical (Johansen y cols., 1999), dolor por TTM (Svensson y cols., 2001), artrosis sintomática de la rodilla(Bajaj y cols., 2001) y dolor lumbar (O’Neill y cols., 2007). Esta mayor superficie de dolor referido sugiere la presencia de un procesamiento central sensi- bilizado del dolor o la pérdida de una inhibición descendente eficiente, potencialmente como con- secuencia de aferencias nocivas continuas. Mecanismos del dolor referido Algunos experimentos en animales, que utiliza- ron registros de neurona única, han mostrado una convergencia extensa en el complejo del núcleo sensitivo trigeminal entre los aferentes cervicales y trigeminales (Sessle y cols., 1986). Esta teoría de las proyecciones convergentes es una de las pri- meras explicaciones neuroanatómicas para el do- Episódica Crónica ControltrolCon (–) (+) (–) (+) Figura 5-4 Áreas de dolor inducido por la inyección de solución salina hipertónica (0,5 mL; 5,8%) en el músculo tibial anterior (TA) en pacientes con cefalea y sujetos sanos. Se evaluaron pacientes con cefalea tensional episódica o crónica frecuente tanto con cefalea (+) como sin ella (−). Las formas en gris oscuro representan las áreas para el dolor más dibujadas (> 5 individuos), las formas en gris claro representan la extensión combinada de las áreas de dolor (≥ 1 individuo) y los puntos blancos indican los sitios de inyección. Basado en datos originales de Schmidt- Hansen y cols. (2007). Capítulo 5 74 puede ser causante de la hiperalgesia (Woolf, 2011). Cuando esta hiperexcitabilidad o sensibilización está limitada a las neuronas de segundo orden, el dolor y la hiperalgesia estarán limitados al campo inervado; pero si esta sensibilización avanza hasta las neuronas de tercer orden, esto puede subyacer al dolor difuso comunicado por grupos de pacien- tes con trastornos de dolor craneofacial (Burstein y cols., 2000). En consecuencia, cuanto más difuso se torna el trastorno de dolor musculoesquelético, más signos de hipersensibilidad generalizada se demues- tran (Carli y cols., 2002). Para los distintos grados de TTM se han obser- vado cambios difusos en los umbrales de detección del dolor mecánico (Ayesh y cols., 2007; Fernández- de-las-Peñas y cols., 2009), junto con un aumento de la sumación temporal del dolor (Maixner y cols., 1995) y postsensaciones (Sarlani y cols., 2004). También se han mostrado cambios locales y difu- sos similares en la sensibilidad al dolor y sumación temporal facilitada en pacientes con cefalea de tipo tensional crónica (Abboud y cols., 2013; Ashina y cols., 2006), migraña (Burstein y cols., 2000), ce- falea en racimos (Fernández-de-las-Peñas y cols., 2011) y, en menor medida, en individuos con cefa- lea de tipo tensional episódica (Bendtsen y Jensen, 2000). Estas observaciones no pueden ser explica- das solamente por la sensibilización periférica o la inflamación neurógena y, en cambio, implican pro- cesos nociceptivos centrales, como hiperexcitabili- dad central y pérdida de la inhibición descendente. (Véanse los capítulos 4 y 6 para más información sobre el efecto de los mecanismos de sensibiliza- ción sobre los TTM). Sistemas moduladores del dolor La evidencia creciente sugiere que los trastornos de dolor crónico se asocian con una alteración del equilibrio entre la inhibición y la facilitación descendente del dolor –fenómeno que puede des- empeñar un papel en el mantenimiento de la sen- sibilización de los mecanismos centrales del dolor (You y cols., 2010) . Para cuantificar la función – inhibidora descendente, se utiliza un paradigma de analgesia por contrairritación, en el que se apli- ca un estímulo doloroso tónico extrasegmentario para alterar la percepción del dolor en respuesta conocidas involucradas en este proceso incluyen: sustancia P (SP), bradicinina (BK), péptido relacio- nado con el gen de la calcitonina (CGRP), seroto- nina (5HT) y prostaglandina E 2 (PGE 2 ) (Xanthos y Sandkühler, 2014) y también factor de necrosis tu- moral alfa (TNF α ) y factor de crecimiento nervioso (NGF), que pueden sensibilizar más los nocicepto- res musculares (Mense, 2009). La inflamación, causada por el aumento de la car- ga articular, el remodelado y, por ende, la liberación de mediadores proinflamatorios (TNF α e interleu- cinas [IL]) puede ser el impulsor más potente del dolor en algunos trastornos (especialmente en los relacionados con las articulaciones). Esta regula- ción positiva de los mediadores proinflamatorios puede producir entonces una mayor liberación de sustancias inflamatorias, como SP, BK, CGRP y PGE 2 , lo que causa inflamación neurógena y los signos inflamatorios característicos: rubor, edema, calor y dolor (Takeuchi y cols., 2004). Las células gliales periféricas también pueden participar en la sensibilización periférica, como se ha observado en algunos modelos animales de dolor orofacial (Zhao y cols., 2015). En estos estudios, las células gliales satélite fueron activadas en respuesta al estrés (un contribuyente conocido para muchos trastornos de dolor orofacial crónico), lo que se asocia con la hiperliberación de mediadores proinflamatorios y con el desarrollo de alodinia mecánica (Zhao y cols., 2015). Como puede esperarse, se ha demos- trado que los niveles plasmáticos de las citocinas proinflamatorias (IL-1β, IL-6, IL-10 y TNF α ) están elevados en pacientes con TTM (Park y Chung, 2016; Takahashi y cols., 1998). Es interesante seña- lar que la magnitud de la elevación de las citocinas en estos pacientes se asoció con el nivel de discapa- cidad y trastorno del sueño (Park y Chung, 2016), lo que sugiere que los TTM pueden representar un trastorno en el cual el proceso inflamatorio es, en efecto, un impulsor potente del dolor y la discapa- cidad, y que esta inflamación puede ser mantenida o exacerbada aún más por factores, como la calidad del sueño y el estrés. La fuerte excitación de los aferentes específicos de las fibras nociceptivas (fibras C) provenientes de los tejidos profundos puede originar hiperexcitabili- dad prolongada de las neuronas del asta dorsal, que Dolor musculoesquelético referido a la región craneofacial 75 que los mecanismos de modulación condicionada del dolor pueden operar eficazmente a través de los sistemas nociceptivos trigeminal y espinal. Se ha implicado a la modulación descendente dis- funcional del dolor como mecanismo pertinente en algunos trastornos de dolor craneofacial, principal- mente en la cefalea tensional y la migraña (Drum- mond y Knudsen, 2011; Sandrini y cols., 2006). Aunque no está claro si este mecanismo participa en la etiología de estos trastornos dolorosos, es pro- bable que la modulación descendente disfuncional del dolor contribuya a la magnitud de los síntomas experimentados. En otros trastornos craneofacia- les, como los TTM, no se demuestran alteraciones en la modulación condicionada del dolor de ma- nera constante, ya que algunos estudios muestran una modulación comparable a los controles y otros muestran deterioros (Garrett y cols., 2013; Kotha- ri y cols., 2015; Oono y cols., 2014). Sin embargo, estas inconsistencias pueden deberse a diferencias en cuanto a la metodología de la modulación con- dicionante del dolor o a heterogeneidad en las etio- logías de los TTM evaluados (Kothari y cols., 2015). No obstante, la modulación descendente disfuncio- nal del dolor puede ser un mecanismo frecuente en distintos trastornos de dolor craneofacial y otro do- lor musculoesquelético, y contribuir potencialmen- te a la propagación de la hipersensibilidad al dolor. Se sabe que existen superposiciones entre los TTM dolorosos y las cefaleas y una alta prevalencia de TTM en los individuos con síndrome de fibromial- gia, trastorno asociado a latigazo y otros trastornos con dolor crónico, para los cuales la modulación descendente disfuncionaldel dolor puede propor- cionar un vínculo mecanístico. Conclusión El dolor craneofacial referido desde los tejidos musculoesqueléticos puede ser evaluado de ma- nera experimental. Estas investigaciones han mostrado distintas distribuciones del dolor para diferentes músculos individuales, lo que puede ser relevante para la percepción del dolor en la región craneofacial. Se han observado patrones de dolor referido expandido, sumación temporal facilitada del dolor y aumento de la sensibilidad al dolor en trastornos craneofaciales y otros tras- a un estímulo doloroso particular. La sensibilidad reducida al dolor que se produce se considera el resultado de la activación de proyecciones inhibi- doras medulares que actúan por vía postsináptica para inhibir las neuronas de amplio rango diná- mico espinales y trigeminales en el asta dorsal (Le Bars y cols., 1975). Este paradigma y el efecto que produce se denominan control inhibidor nocivo difuso en los animales o modulación condicionada del dolor en los seres humanos (Yarnitsky y cols., 2010). La modulación condicionada del dolor pue- de ser evocada experimentalmente al aplicar un estímulo condicionante nociceptivo tónico (como presión tónica o sumersión de un miembro en agua helada) mientras se aplica un estímulo de prueba nociceptivo agudo segmentario de manera simul- tánea o secuencial (como umbral de detección para el dolor por presión o agentes térmicos o estímulo supraumbral definido). Entonces, se cuantifica la magnitud del efecto de la modulación condiciona- da del dolor como la diferencia entre la evaluación del estímulo nociceptivo agudo con condiciona- miento y sin él, esperando normalmente una me- joría durante el condicionamiento (es decir, un aumento del umbral de detección del dolor o una reducción del dolor evocado). Sin embargo, como el efecto de la modulación condicionada del dolor refleja la suma neta de la inhibición y la facilitación descendentes del dolor, en muchos pacientes con dolor crónico suele haber un efecto inhibidor cró- nico (Yarnitsky, 2015). Es interesante señalar que la capacidad de la región craneofacial para impulsar la modulación condicionada del dolor no ha sido extensamente investigada. Está claro que los sistemas nocicep- tivos medulares pueden producir efectos inhibi- dores sobre la percepción del dolor en la región craneofacial y parece ser que también es posible lo inverso, a pesar de que a menudo esto es pasa- do por alto. Un modelo de condicionamiento que ha sido utilizado es el dolor cefálico inducido por compresión, que modula eficazmente la percep- ción del dolor en los músculos masetero y tibial anterior (Sowman y cols., 2011). Asimismo, tam- bién se ha utilizado el dolor cefálico inducido por el frío para modular, de manera eficaz, la percep- ción del dolor en el masetero, cuello, codo y dedos de la mano (Wang y cols., 2010a). Por ende, parece Capítulo 5 76 el objetivo para el desarrollo de estrategias tera- péuticas. Agradecimientos El Center for Neuroplasticity and Pain (CNAP) re- cibe apoyo de la Danish National Research Foun- dation (DNRF121). tornos de dolor musculoesquelético crónico. Asi- mismo, también se ha demostrado el deterioro de la inhibición descendente del dolor en diferentes trastornos de dolor craneofacial. En conjunto, es- tos mecanismos pueden impulsar el desarrollo, el mantenimiento o la progresión de los estados de dolor craneofacial crónico y, por ende, deben ser Bibliografía Abboud J, Marchand AA, Sorra K, Descar- reaux M. Musculoskeletal physical outcome measures in individuals with tension- type headache: a scoping review. Cephalalgia 2013; 33: 1319-1336. Alonso-Blanco C, Fernández-de-las-Peñas C, de-la-Llave-Rincón AI, Zarco-Moreno P, Galán-del-Río F, Svensson P. Character- istics of referred muscle pain to the head from active trigger points in women with myofascial temporomandibular pain and fibromyalgia syndrome. J Headache Pain 2012; 13: 625-637. Alstergren P, Ernberg M, Nilsson M, Hajati AK, Sessle BJ, Kopp S. Glutamate-induced temporomandibular joint pain in healthy in- dividuals is partially mediated by peripheral NMDA receptors. J Orofac Pain 2010; 24: 172-180. Aprill C, Axinn MJ, Bogduk N. Occipi- tal headaches stemming from the lateral atlantoaxial (C1-2) joint. Cephalalgia 2002; 22: 15-22. Arendt-Nielsen L, Graven-Nielsen T. Central sensitization in fibromyalgia and other musculoskeletal disorders. Curr Pain Headache Rep 2003; 7: 355-361. Ashina S, Bendtsen L, Ashina M, Magerl W, Jensen R. Generalized hyperalgesia in pa- tients with chronic tension-type headache. Cephalalgia 2006; 26: 940-948. Ayesh EE, Jensen TS, Svensson P. Hyper- sensitivity to mechanical and intraarticular electrical stimuli in persons with painful temporomandibular joints. J Dent Res 2007; 86: 1187-1192. Bajaj P, Bajaj P, Graven-Nielsen T, Arendt- Nielsen L. Osteoarthritis and its association with muscle hyperalgesia: an experimental controlled study. Pain 2001; 93: 107-114. Bendtsen L, Jensen R. Amitriptyline reduces myofascial tenderness in patients with chronic tension-type headache. Cephalalgia 2000; 20: 603-610. Bogduk N. Lumbar dorsal ramus syndrome. Med J Aust 1980; 2: 537-541. Burstein R, Cutrer MF, Yarnitsky D. The development of cutaneous allodynia during a migraine attack: clinical evidence for the sequential recruitment of spinal and su- praspinal nociceptive neurons in migraine. Brain 2000; 123: 1703-1709. Cairns BE. Pathophysiology of TMD pain— basic mechanisms and their implications for pharmacotherapy. J Oral Rehabil 2010; 37: 391-410. Campbell DG, Parsons CM. Referred head pain and its concomitants. J Nerv Mental Dis 1944; 99: 544-551. Carli G, Suman AL, Biasi G, Marcolongo R. Reactivity to superficial and deep stimuli in patients with chronic musculoskeletal pain. Pain 2002; 100: 259-269. Conti PC, Costa YM, Gonsalves DA, Sven- sson P. Headaches and myofascial temporo- mandibular disorders: overlapping entities, separate managements? J Oral Rehabil 2016; 43: 702-715. Cooper G, Bailey B, Bogduk N. Cervical zygapophysial joint pain maps. Pain Med 2007; 8: 344-353. Drummond PD, Knudsen L. Central pain modulation and scalp tenderness in frequent episodic tension-type headache. Headache 2011; 51: 375-383. Dwyer A, Aprill C, Bogduk N. Cervical zyga- pophyseal joint pain patterns. I: A study in normal volunteers. Spine 1990; 15: 453-457. Falace DA, Reid K, Rayens MK. The inf lu- ence of deep (odontogenic) pain intensity, quality, and duration on the incidence and characteristics of referred orofacial pain. J Orofac Pain 1996; 10: 232-239. Falla D, Farina D, Dahl MK, Graven-Nielsen T. Muscle pain induces task-dependent changes in cervical agonist/antagonist activ- ity. J Appl Physiol 2007; 102: 601-609. Feinstein B, Langton JNK, Jameson RM, Schiller F. Experiments on pain referred from deep somatic tissues. J Bone Joint Surg Am 1954; 36A: 981-997. Fernández-de-las-Peñas C, Galán-del- Río F, Fernández-Carnero J, Pesquera J, Arendt-Nielsen L, Svensson P. Bilateral widespread mechanical pain sensitivity in women with myofascial temporomandibu- lar disorder: evidence of impairment in central nociceptive processing. J Pain 2009; 10: 1170-1178. Fernández-de-las-Peñas C, Galán-del-Río F, Alonso-Blanco C, Jiménez-García R, Arendt- Nielsen L, Svensson P. Referred pain from muscle trigger points in the mastica- tory and neck-shoulder musculature in women with temporomandibular disorders. J Pain 2010; 11: 1295-1304. Fernández-de-Las-Peñas C, Ortega-Santiago R, Cuadrado ML, López-de-Silanes C, Pareja JA. Bilateral widespread mechanical pain hypersensitivity as sign of central sen- sitization in patients with clusterheadache. Headache 2011; 51: 384-391. Garrett PH, Sarlani E, Grace EG, Greenspan JD. Chronic temporomandibular disorders are not necessarily associated with a com- promised endogenous analgesic system. J Orofac Pain 2013; 27: 142-150. Gibson W, Arendt-Nielsen L, Graven- Nielsen T. Referred pain and hyperalgesia in human tendon and muscle belly tissue. Pain 2006; 120: 113-123. Dolor musculoesquelético referido a la región craneofacial 77 Graven-Nielsen T. Fundamentals of muscle pain, referred pain, and deep tissue hyperal- gesia. Scand J Rheumatol 2006; 35: S1-S43. Graven-Nielsen T, Arendt-Nielsen L, Sven- sson P, Jensen TS. Stimulus-response func- tions in areas with experimentally induced referred muscle pain: a psychophysical study. Brain Res 1997; 744: 121-128. Graven-Nielsen T, Babenko V, Svensson P, Arendt-Nielsen L. Experimentally induced muscle pain induces hypoalgesia in het- erotopic deep tissues, but not in homotopic deep tissues. Brain Res 1998; 787: 203-210. Harman JB. The localization of deep pain. Br Med J 1948; 188-192. Head H. On disturbances of sensation with especial reference to the pain of visceral disease. Brain 1893; 16: 1-133. Hoheisel U, Mense S, Simons DG, Yu XM. Appearance of new receptive fields in rat dorsal horn neurons following noxious stimulation of skeletal muscle: a model for referral of muscle pain? Neurosci Lett 1993; 153: 9-12. Hong CZ, Kuan TS, Chen JT, Chen SM. Referred pain elicited by palpation and by needling of myofascial trigger points: a comparison. Arch Phys Med Rehabil 1997; 78: 957-960. Hu JW, Sessle BJ, Raboisson P, Dallel R, Woda A. Stimulation of craniofacial muscle afferents induces prolonged facilitatory effects in trigeminal nociceptive brain-stem neurones. Pain 1992; 48: 53-60. Jensen K, Norup M. Experimental pain in human temporal muscle induced by hypertonic saline, potassium and acidity. Cephalalgia 1992; 12: 101-106. Joergensen TS, Henriksen M, Danneskiold- Samsoee B, Bliddal H, Graven-Nielsen T. Ex- perimental knee pain evoke [sic] spreading hyperalgesia and facilitated temporal sum- mation of pain. Pain Med 2013; 14: 874-883. Johansen MK, Graven-Nielsen T, Olesen AS, Arendt-Nielsen L. Generalised muscular hyperalgesia in chronic whiplash syndrome. Pain 1999; 83: 229-234. Kellgren JH. Observations on referred pain arising from muscle. Clin Sci 1938; 3: 175-190. Kothari SF, Baad-Hansen L, Oono Y, Svensson P. Somatosensory assessment and conditioned pain modulation in temporo- mandibular disorders pain patients. Pain 2015; 156: 2545-2555. Kuan TS, Hong CZ, Chen JT, Chen SM, Chien CH. The spinal cord connections of the myofascial trigger spots. Eur J Pain 2007; 11: 624-634. Laursen RJ, Graven-Nielsen T, Jensen TS, Arendt-Nielsen L. Quantification of local and referred pain in humans induced by intramuscular electrical stimulation. Eur J Pain 1997; 1: 105-113. Laursen RJ, Graven-Nielsen T, Jensen TS, Arendt-Nielsen L. The effect of compression and regional anaesthetic block on referred pain intensity in humans. Pain 1999; 80: 257- 263. Le Bars D, Menétrey D, Conseiller C, Besson JM. Depressive effects of morphine upon lamina V cells activities in the dorsal horn of the spinal cat. Brain Res 1975; 98: 261-277. Li LT, Ge HY, Yue SW, Arendt-Nielsen L. Nociceptive and non-nociceptive hypersen- sitivity at latent myofascial trigger points. Clin J Pain 2009; 25: 132-137. Maixner W, Fillingim R, Booker D, Sigurdsson A. Sensitivity of patients with painful temporomandibular disorders to experimentally evoked pain. Pain 1995; 63: 341-351. Mense S. Algesic agents exciting muscle no- ciceptors. Exp Brain Res 2009; 196: 89-100. Mense S, Simons DG. Muscle Pain: Understanding its Nature, Diagnosis, and Treatment. Philadelphia, USA: Lippincott Williams & Wilkins; 2001. Ness TJ, Gebhart GF. Visceral pain: A review of experimental studies. Pain 1990; 41: 167-234. Ness TJ, Metcalf AM, Gebhart GF. A psychophysiological study in humans using phasic colonic distension as a noxious vis- ceral stimulus. Pain 1990; 43: 377-386. Neugebauer V, Schaible HG. Evidence for a central component in the sensitization of spinal neurons with joint input during development of acute arthritis in cat’s knee. J Neurophysiol 1990; 64: 299-311. Niddam DM. Brain manifestation and modulation of pain from myofascial trigger points. Curr Pain Headache Rep 2009; 13: 370-375. Niddam DM, Chan RC, Lee SH, Yeh TC, Hsieh JC. Central representation of hyperalgesia from myofascial trigger point. Neuroimage 2008; 39: 1299-1306. O’Neill S, Manniche C, Graven-Nielsen T, Arendt-Nielsen L. Generalized deep-tissue hyperalgesia in patients with chronic low- back pain. Eur J Pain 2007; 11: 415-420. O’Neill S, Graven-Nielsen T, Manniche C, Arendt-Nielsen L. Ultrasound guided, pain- ful electrical stimulation of lumbar facet joint structures: an experimental model of acute low back pain. Pain 2009; 144: 76-83. Oono Y, Wang K, Baad-Hansen L, Futarmal S, Kohase H, Svensson P, Arendt- Nielsen L. Conditioned pain modulation in temporo- mandibular disorders (TMD) pain patients. Exp Brain Res 2014; 232: 3111-3119. Park JW, Chung JW. Inf lammatory cy- tokines and sleep disturbance in patients with temporomandibular disorders. J Oral Facial Pain Headache 2016; 30: 27-33. Peck CC, Goulet JP, Lobbezoo F et al. Expanding the taxonomy of the diagnostic criteria for temporomandibular disorders. J Oral Rehabil 2014; 41: 2-23. Qerama E, Fuglsang-Frederiksen A, Kasch H, Bach FW, Jensen TS. Evoked pain in the motor endplate region of the brachial biceps muscle: an experimental study. Muscle Nerve 2004; 29: 393-400. Sandrini G, Rossi P, Milanov I, Serrao M, Cecchini AP, Nappi G. Abnormal modula- tory inf luence of diffuse noxious inhibitory controls in migraine and chronic tension- type headache patients. Cephalalgia 2006; 26: 782-789. Sarlani E, Grace EG, Reynolds MA, Greenspan JD. Sex differences in temporal summation of pain and aftersensations following repetitive noxious mechanical stimulation. Pain 2004; 109: 115-23. Schiffman E, Ohrbach R, Truelove E et al. Diagnostic Criteria for Temporomandibu- lar Disorders (DC/TMD) for Clinical and Research Applications: recommendations of the International RDC/TMD Consortium Capítulo 5 78 Network and Orofacial Pain Special Interest Group. J Oral Facial Pain Headache 2014; 28: 6-27. Schmidt-Hansen PT, Svensson P, Jensen TS, Graven-Nielsen T, Bach FW. Patterns of experimentally induced pain in pericranial muscles. Cephalalgia 2006; 26: 568-577. Schmidt-Hansen PT, Svensson P, Bendtsen L, Graven-Nielsen T, Bach FW. Increased mus- cle pain sensitivity in patients with tension- type headache. Pain 2007; 129: 113-121. Schulte H, Graven-Nielsen T, Sollevi A, Jansson Y, Arendt-Nielsen L, Segerdahl M. Pharmacological modulation of experimen- tal phasic and tonic muscle pain by mor- phine, alfentanil and ketamine in healthy volunteers. Acta Anaesthesiol Scand 2003; 47: 1020-1030. Sessle BJ. Peripheral and central mecha- nisms of orofacial inf lammatory pain. Int Rev Neurobiol 2011; 97: 179-206. Sessle BJ, Hu JW, Amano N, Zhong G. Con- vergence of cutaneous, tooth pulp, visceral, neck and muscle afferents onto nociceptive and non-nociceptive neurones in trigeminal subnucleus caudalis (medullary dorsal horn) and its implications for referred pain. Pain 1986; 27: 219-235. Shah JP, Phillips TM, Danoff JV, Gerber LH. An in vivo microanalytical technique for measuring the local biochemical milieu of human skeletal muscle. J Appl Physiol 2005; 99: 1977-1984. Simons DG, Travell JG, Simons L. Myo- fascial Pain and Dysfunction: The Trigger Point Manual. Philadelphia, USA: Lippin- cott Williams & Wilkins; 1999. Sowman PF, Wang K, SvenssonP, Arendt- Nielsen L. Diffuse noxious inhibitory control evoked by tonic craniofacial pain in humans. Eur J Pain 2011; 15: 139-145. Svensson P. Muscle pain in the head: overlap between temporomandibular disorders and tension-type headaches. Curr Opin Neurol 2007; 20: 320-325. Svensson P, Graven-Nielsen T. Craniofacial muscle pain: review of mechanisms and clinical manifestations. J Orofac Pain 2001; 15: 117-145. Svensson P, De Laat A, Graven-Nielsen T, Arendt-Nielsen L. Experimental jaw-muscle pain does not change heteronymous H- ref lexes in the human temporalis muscle. Exp Brain Res 1998; 121: 311-318. Svensson P, List T, Hector G. Analysis of stimulus-evoked pain in patients with myo- fascial temporomandibular pain disorders. Pain 2001; 92: 399-409. Takahashi T, Kondoh T, Fukuda M, Yama- zaki Y, Toyosaki T, Suzuki R. Proinflamma- tory cytokines detectable in synovial f luids from patients with temporomandibular disorders. Oral Surg Oral Med Oral Pathol Oral Radiol Endod 1998; 85: 135-141. Takeuchi Y, Zeredo JL, Fujiyama R, Ama- gasa T, Toda K. Effects of experimentally induced inf lammation on temporoman- dibular joint nociceptors in rats. Neurosci Lett 2004; 354: 172-174. Wang K, Svensson P, Sessle BJ, Cairns BE, Arendt-Nielsen L. Painful conditioning stimuli of the craniofacial region evokes dif- fuse noxious inhibitory controls in men and women. J Orofac Pain 2010a; 24: 255-261. Wang YH, Ding XL, Zhang Y, Chen J, Ge HY, Arendt-Nielsen L, Yue SW. Ischemic compression block attenuates mechanical hyperalgesia evoked from latent myofascial trigger points. Exp Brain Res 2010b; 202: 265-270. Whitty CWM, Willison RG. Some aspects of referred pain. Lancet 1958; 2: 226-231. Woolf CJ. Central sensitization: implica- tions for the diagnosis and treatment of pain. Pain 2011; 152: S2-S15. Wright EF. Referred craniofacial pain patterns in patients with temporomandibu- lar disorder. J Am Dent Assoc 2000; 131: 1307-1315. Xanthos DN, Sandkuhler J. Neurogenic neuroinflammation: inflammatory CNS reactions in response to neuronal activity. Nat Rev Neurosci 2014; 15: 43-53. Xie P, Qin B, Song G et al. Microstructural abnormalities were found in brain gray mat- ter from patients with chronic myofascial pain. Front Neuroanat 2016; 10: 122. Yarnitsky D. Role of endogenous pain modulation in chronic pain mechanisms and treatment. Pain 2015; 156: S24-S31. Yarnitsky D, Arendt-Nielsen L, Bouhassira D et al. Recommendations on terminology and practice of psychophysical DNIC test- ing. Eur J Pain 2010; 14: 339. You HJ, Lei J, Sui MY, Huang L, Tan YX, Tj0lsen A, Arendt-Nielsen L. Endogenous descending modulation: spatiotemporal effect of dynamic imbalance between descending facilitation and inhibition of nociception. J Physiol 2010; 588: 4177-4188. Zhao YJ, Liu Y, Zhao YH, Li Q, Zhang M, Chen YJ. Activation of satellite glial cells in the trigeminal ganglion contributes to masseter mechanical allodynia induced by restraint stress in rats. Neurosci Lett 2015; 602: 150-155. Mecanismos de sensibilización en los trastornos de la articulación temporomandibular El trastorno de la articulación temporomandibular (TTM) es un importante problema clínico de salud y gracias a la mejor identificación de la sensibiliza- ción periférica y central se han logrado avances en su comprensión, su diagnóstico y su manejo. Aún se discute el papel de los mecanismos de sensibilización periférica y central; es probable que ambos mecanis- mos se encuentren interconectados en los TTM y contribuyan en cierto grado a sus manifestaciones clínicas. La sensibilización periférica se define como una reactividad elevada y un umbral reducido de los no- ciceptores periféricos a la estimulación de sus cam- pos receptivos y se caracteriza principalmente por un aumento de la actividad espontánea, una disminu- ción del umbral de respuesta a los estímulos nocivos o un aumento del tamaño de los campos receptivos. Esto se aplica al dolor neuropático (Meacham y cols., 2017), al dolor musculoesquelético (Mense y cols., 2001; Arendt-Nielsen y cols., 2011) y al dolor visceral (Gebhart y Bielefeldt, 2016). La manifestación clíni- ca de la sensibilización periférica es la hiperalgesia tisular profunda en el área de la lesión o el área do- lorosa; es decir, un aumento de la sensibilidad a los estímulos dolorosos (Graven-Nielsen y Mense, 2001; Graven-Nielsen y Arendt-Nielsen, 2010). Al parecer, diferentes sustancias pueden sensibilizar a las fibras nociceptivas primarias. Los estimulantes particular- mente efectivos para los nociceptores musculares son sustancias endógenas, como sustancia P, glutamato, bradicinina, serotonina, histamina o prostaglandinas en los animales (Mense y cols., 2001) y los seres hu- manos (Babenko y cols., 1999). La liberación de estas sustancias produce la liberación antidrómica de otros neuropéptidos, como el péptido relacionado con el gen de la calcitonina o neurocinina A, desde las termi- naciones nerviosas que reducirán el pH y activarán la cascada del ácido araquidónico (Mense y cols., 2001). De hecho, se ha observado el aminoácido excitador glutamato en las fibras aferentes primarias de los te- jidos craneofaciales profundos (p. ej., los músculos maseteros o temporales, la articulación temporoman- dibular) tanto en animales (Cairns y cols., 2003)como en seres humanos (Cairns y cols., 2007). La sensibilización central en los animales se define como una respuesta aumentada a la estimulación dolorosa mediada por la amplificación de la señali- zación hacia el sistema nervioso central (SNC) y pue- de ocurrir a través de un aumento de la excitación (sensibilización) o una disminución de la inhibición del dolor. En los seres humanos, la actividad del SNC no puede registrarse directamente, por consiguiente, se han utilizado sustitutos. La sensibilización central ocurre en minutos en presencia de nocicepción peri- férica; sin embargo, los estímulos duraderos pueden inducir cambios plásticos prolongados en el SNC. Es interesante señalar que, al parecer, la sensibilización también puede ser revertida en algunos minutos. De hecho, las aferencias nociceptivas desde los tejidos profundos (músculos) son más eficaces para inducir cambios prolongados en las neuronas del asta dorsal que las aferencias desde los tejidos superficiales (piel) (Wall y Woolf, 1984). Durante la sensibilización cen- tral, el asta dorsal se torna hiperexcitable en respues- ta a la estimulación nociva y genera nuevos campos receptivos a distancia desde el origen del dolor que promueve el desarrollo de dolor referido en modelos animales musculoesqueléticos (Mense y cols., 2001). Por lo tanto, la expansión o la creación de campos re- ceptivos de las neuronas centrales explica el dolor re- ferido subyacente asociado con la lesión de los tejidos profundos. En el contexto del dolor orofacial, es im- portante señalar que las neuronas del asta dorsal están integradas en el núcleo caudal trigeminocervical; es decir, la convergencia de los aferentes trigeminales y cervicales en neuronas del tronco encefálico (Goads- by y Bartsch, 2010). Un estudio reciente ha observado que los TTM crónicos se asocian con alteraciones de la anatomía del asta dorsal de la médula espinal y con sus proyecciones aferentes y eferentes (Wilcox y cols., Capítulo 6 Pruebas sensitivas cuantitativas en los trastornos de la articulación temporomandibular César Fernández-de-las-Peñas, Peter Svensson, Lars Arendt-Nielsen 79 80 Capítulo 6 demostraron cambios en el volumen de la sustan- cia gris en varias áreas de la vía trigémino-tálamo- cortical, pero también un aumento del volumen de la sustancia gris en algunas regiones límbicas. Estos cambios parecen estarasociados con la intensidad y la duración de los síntomas dolorosos, lo que sugie- re que pueden existir como consecuencia del dolor (Apkarian y cols., 2009). Pruebas sensitivas cuantitativas En general, las pruebas sensitivas cuantitativas se aplican para la evaluación de la ganancia nocicep- tiva o la pérdida somatosensitiva y pueden incluir: la evaluación de vibración, estímulo térmico, eléc- trico y mecánico (Hansson y cols., 2007). Aunque no representan una prueba diagnóstica para nin- guna entidad patológica particular, han demos- trado capacidades diagnósticas en pacientes con TTM, síndrome de boca ardiente u odontalgia atípica (Svensson y cols., 2011). Existen varios protocolos para evaluar las prue- bas sensitivas cuantitativas. La German Research Network on Neuropathic Pain (DFNS) ha desarro- llado una batería estandarizada de pruebas sensiti- vas cuantitativas para evaluar la pérdida sensitiva (funciones de las fibras nerviosas pequeñas o gran- des), ganancia sensitiva (hiperalgesia, alodinia, hiperpatía) y la sensibilidad cutánea o profunda al dolor (Rolke y cols., 2006a). Este protocolo está optimizado para evaluar los trastornos de dolor neuropático y, por consiguiente, no es óptimo para evaluar el dolor proveniente de estructuras más profundas. En general, el protocolo de pruebas sensitivas cuantitativas lleva unos 30-60 minutos por cada paciente. Este protocolo evalúa las funcio- nes somatosensitivas a través del espectro comple- to de aferentes de fibras nerviosas primarias. Los procedimientos pueden ser utilizados para evaluar: • Las fibras Aβ que utilizan umbrales de detec- ción mecánica mediante los pelos de Von Frey y la vibración. • Las fibras Aδ que utilizan un umbral de detec- ción de frío y un umbral para dolor mecánico a los estímulos táctiles suaves (pinchazo). • Las fibras C que utilizan detección del calor y umbrales de dolor por calor. 2015). Las aferencias nociceptivas de las neuronas del asta dorsal alcanzan las estructuras supraespinales y conducen a un aumento de la excitabilidad de estas neuronas corticales, disminución de la inhibición central del dolor o aumento de la facilitación de la transmisión nociceptiva en el asta dorsal. La sensibili- zación de las estructuras supraespinales se manifesta- rá clínicamente como un aumento de la sensibilidad en las áreas distantes libres de dolor, es decir, una hi- persensibilidad generalizada o difusa al dolor. Como se mencionó antes, la sensibilización central es inducida por la estimulación nociceptiva duradera y prolongada o por una disminución de la inhibición del dolor, es decir, el deterioro del control inhibidor nocivo difuso en los animales, conocido actualmente como modulación condicionada del dolor. De he- cho, la evidencia actual sostiene que el aumento de la facilitación y la inhibición inefectiva del dolor re- presentan una predisposición al dolor crónico en los seres humanos (Staud, 2012). La activación correcta de la modulación condicionada del dolor modula la excitabilidad del SNC, a nivel del asta dorsal y a nivel supraespinal, al promover hipoalgesia transitoria en presencia de un estímulo nociceptivo. Existen prue- bas que sugieren una modulación condicionada del dolor menos eficiente en varios trastornos dolorosos que afectan a la cabeza, como los TTM (King y cols., 2009), la cefalea tensional (Pielstickera y cols., 2005) y la migraña (Sandrini y cols., 2006). Sin embargo, otros estudios no han observado diferencias en la modulación condicionada del dolor entre pacientes con TTM y sujetos sanos (Kothari y cols., 2015). Por último, las técnicas de imágenes también han contribuido a mejorar el conocimiento del procesa- miento central del dolor (May, 2008). Diferentes es- tudios han mostrado la presencia de una morfología encefálica alterada en áreas relacionadas con el dolor en pacientes con TTM (Lin, 2014), cefalea tensional (Schmidt-Wilcke y cols., 2005) y migraña (Kim y cols., 2008). De hecho, independientemente de la na- turaleza de estos cambios encefálicos, se acepta que los pacientes con dolor crónico muestran como ca- racterística frecuente una disminución de la sustan- cia gris y, aunque las localizaciones exactas difieren entre los grupos, parece existir una superposición en algunas áreas que incluyen: la corteza cingular, la ín- sula y la corteza prefrontal dorsolateral (May, 2008). En los TTM miofasciales, Younger y cols. (2010) 81 Pruebas sensitivas cuantitativas en los trastornos de la articulación temporomandibular cedimiento ( ). El umbral de detecciónfig. 6-2 de vibración en el protocolo alemán de pruebas sensitivas cuantitativas consiste solo en el umbral de desaparición-vibración (Rolke y cols., 2006a). Sin embargo, varios estudios han utilizado tanto umbrales de aparición como de desaparición a la vibración. La amplitud de inicio (aparición-ON ) se define como la amplitud (µm) en la cual los individuos son capaces de percibir el estímulo de vibración, mientras que la amplitud de salida (desaparición-OF F) es la amplitud en la cual el individuo ya no percibe la sensación de vibra- ción. Ambos umbrales se repiten tres veces y se calcula la media. Se utiliza la media de las ampli- tudes de inicio y de salida para calcular el umbral de vibración. Umbral de detección mecánica En general, el umbral de detección mecánica se evalúa con pelos de Von Frey (monofilamen- tos de Semmes-Weinstein de punta redondeada y 0,5 mm de diámetro). El filamento se aplica • Las fibras Aδ para el frío para la presencia de sensaciones paradójicas de calor. La fiabilidad intra-examinador e interexamina- dor del protocolo de pruebas sensitivas cuantita- tivas varía desde aceptable hasta excelente (Geber y cols., 2011) e incluye a la región orofacial (Pigg y cols., 2010). Estas pruebas pueden agruparse se- gún se resume en las secciones siguientes (Rolke y cols., 2006a). Umbrales térmicos El umbral de detección del calor se define como la primera sensación de calor, mientras que el um- bral de detección del frío se define como la pri- mera sensación de frío percibida por el individuo. Los umbrales de dolor para calor y frío se definen como el momento en que la sensación de calor o frío cambia a dolor por calor o dolor por frío, respectivamente. Se instruye a los individuos que presionen un interruptor tan pronto como perci- ban un cambio en la temperatura. Se utiliza un equipo diferente para evaluar los umbrales térmicos, dependiendo del área del cuerpo que se está evaluando. Para la región oro- facial, el área recomendada para el termodo de contacto es de 4 cm2 para la región extraoral y de 0,81 cm2 para la región intraoral (Pigg y cols., 2010). Jääskeläinen (2004) recomienda el uso de un termodo de 9 mm2 (fig. 6-1) para examinar la conducción en el nervio trigémino. En general, se calcula una media de tres a cinco pruebas en cada región y se utiliza para el análisis de los datos, con un descanso de, por lo menos, 5 segundos entre las mediciones repetidas. También se pueden evaluar las sensaciones paradójicas de calor, inte- rrogando al individuo durante el procedimiento de límite de sensibilidad térmica (la diferencia de umbral al alternar los estímulos fríos y calientes) (Rolke y cols., 2006a). Umbral de vibración El VIBRAMETER (SOMEDIC, Suecia) es el equipo más utilizado para evaluar el umbral de vibración. El rango de amplitud para el estímu- lo de vibración varía entre 0,1-130 µm, con una velocidad de cambio de 0,5 m/s. El pacienteµ debe mantener sus ojos cerrados durante el pro- Figura 6-1 Evaluación del umbral térmico en la escotadura supraorbitaria. 82 Capítulo 6 bral final es la media geométrica de cinco seriesde estímulos ascendentes y descendentes. Sensibilidad al dolor por presión La sensibilidad al dolor de causa mecánica gene- ralmente se evalúa utilizando un algómetro de presión ( ). En general, se evalúan diferen-fig. 6-4 tes umbrales: el umbral de dolor a la presión, que es la mínima presión percibida como dolorosa, y el umbral de tolerancia a la presión, que es la máxima presión tolerada. El método más frecuen- te para evaluar la sensibilidad al dolor de causa mecánica es el algómetro electrónico (SOMEDIC, Suecia). Se instruye a los individuos para que pre- sionen el interruptor cuando la sensación cambia de presión a dolor (umbral de dolor a la presión) o cuando no pueden tolerar más presión (umbral de tolerancia a la presión). Habitualmente se calcula la media de tres pruebas. Se permite un período de descanso de 30 segundos entre cada medición para evitar la sumación temporal. Se ha observado que el método tiene una reproducibilidad prueba- reprueba de buena a excelente para la evaluación somatosensitiva mecánica de las estructuras mas- ticatorias (Costa y cols., 2017). También se puede utilizar la algometría por pre- sión para determinar la sumación temporal del dolor que imita la fase inicial del proceso de su- verticalmente sobre el área y lentamente se apli- ca presión hasta que este se dobla ( ). El fig. 6-3 estímulo se mantiene aproximadamente durante 1,5 segundos y luego se retira lentamente en 1,5 segundos. Se instruye al sujeto para que cierre los ojos durante el procedimiento y que levante la mano tan pronto como perciba el estímulo en el sitio de prueba. El método de los límites es el más utilizado: se realizan diferentes determinaciones de umbrales utilizando una serie de intensidades ascendentes y descendentes del estímulo. Umbral mecánico para el dolor El umbral mecánico para el dolor se evalúa uti- lizando estímulos de pinchazos con peso indi- vidualizados como un conjunto de diferentes estimuladores mecánicos de pinchazo con intensi- dades fijas del estímulo (área de contacto: 0,2 mm de diámetro). Los estimuladores se aplican a una velocidad de 2 segundos aplicados y 2 segundos sin aplicar en orden ascendente hasta que se al- canza la primera percepción de pinchazo. El um- Figura 6-2 Evaluación del umbral de vibración sobre el mentón. Figura 6-3 Evaluación del umbral de detección mecánica con pelos de Von Frey sobre el músculo masetero. 83 Pruebas sensitivas cuantitativas en los trastornos de la articulación temporomandibular bajos en la región trigeminal que los japoneses (Komiyama y cols., 2009). Por último, la sensibilidad varía dependiendo el área del cuerpo que se evalúa. Varios estudios demuestran que el rostro es más sensible (mues- tra umbrales más bajos) a los estímulos térmicos y mecánicos que la mano o el pie (Rolke y cols., 2006b; Blankenburg y cols., 2010). Además, la sensibilidad es mayor en el rostro y la lengua que en las encías (Pigg y cols., 2010). Es interesante señalar que la sensibilidad al dolor de los diferen- tes estímulos también es diferente dependiendo del territorio del nervio trigémino (Matos y cols., 2011; Yekta y cols., 2010). Yang y cols. (2014) de- mostraron que la variabilidad somatosensitiva era dependiente de la región y del estímulo, donde ciertas áreas eran más sensibles a ciertos estímu- los y otras áreas del cuerpo eran más sensibles a diferentes estímulos. Los factores contribuyentes a la sensibilidad dependiente del sitio incluyen diferencias en la densidad de la inervación, la superposición de los campos receptores, los arte- factos en el tiempo de reacción relacionados con la distancia del encéfalo y el engrosamiento de la epidermis por causas ambientales. Pruebas sensitivas cuantitativas para los trastornos de la articulación temporomandibular El uso de pruebas sensitivas cuantitativas ha ayu- dado a comprender mejor el diagnóstico de dolor orofacial basado en el mecanismo. Varios estudios que investigaron las diferentes pruebas sensitivas cuantitativas en pacientes con TTM y dolor orofa- cial sugieren la presencia de mecanismos de sen- sibilización (La Touche y cols., 2017). De hecho, el 85% de los pacientes con TTM muestran, por lo menos, una o más anomalías somatosensitivas (Kothari y cols., 2015). Existen pruebas que indican la presencia de sen- sibilización periférica y central en individuos con TTM (v. ). En resumen, esto es apoyadocapítulo 4 por la presencia de hiperalgesia al dolor por presión en el área trigeminal, sobre todo en los músculos masticatorios (Maixner y cols., 1998; Farella y cols., 2000) y la asociación entre hipersensibilidad al dolor por presión (Fernández-de-las-Peñas y cols., 2009) o mación (Arendt-Nielsen y Graven-Nielsen, 2008). Para producir sumación temporal se repite el estímulo mecánico a intervalos constantes, por ejemplo, cinco veces con una frecuencia prede- terminada de 1 Hz a una intensidad constante. Se aumenta gradualmente la intensidad de cinco estí- mulos consecutivos hasta que el individuo percibe un aumento de la percepción del dolor durante la estimulación repetida. Consideraciones para las pruebas sensitivas cuantitativas En general, las mujeres son más sensibles que los hombres a muchos tipos de pruebas sensitivas cuantitativas independientemente del grupo étni- co (Komiyama y cols., 2007), el sitio anatómico de evaluación (Matos y cols., 2011) o la edad (Rolke y cols., 2006b). En segundo lugar, los individuos de edad avanzada suelen ser menos sensibles que los más jóvenes (Rolke y cols, 2006b; Blankenburg y cols., 2010). En tercer lugar, el grupo étnico puede determinar la respuesta a los estímulos dolorosos (Campbell y cols., 2005) dado que los caucásicos han demostrado umbrales más altos que los asiá- ticos y los africanos (Komiyama y cols., 2007). De hecho, los caucásicos también muestran umbrales reflejos de supresión exteroceptiva eléctrica más Figura 6-4 Evaluación de los umbrales de dolor por presión sobre el músculo temporal. 84 Capítulo 6 de dolor orofacial tienen mecanismos de dolor di- ferenciales (Kothari y cols., 2016). Algunos estudios han mostrado que los individuos con TTM miofasciales muestran umbrales térmi- cos y sumación temporal térmica anormales sobre los músculos masticatorios (Maixner y cols., 1998; Fernández-de-las-Peñas y cols., 2010a; Carvalho y cols., 2016; Janal y cols., 2016), mientras que otros no encontraron estas diferencias (Svensson y cols., 2001; Raphael, 2009). También se ha observado hiperalge- sia térmica en pacientes con dolor orofacial de origen artrógeno (Park y cols., 2010). Por último, se debe considerar que la presencia de trastornos somatosensitivos en los individuos con dolor orofacial es heterogénea. Pfau y cols. (2009) describieron dos subgrupos de pacientes con TTM, sensibles e insensibles, sobre la base de un mayor recuento de puntos sensibles a la palpación conside- rados en la fibromialgia. El grupo de pacientes con TTM sensibles fue más sensible a la presión y a los estímulos térmicos que el grupo de pacientes con TTM no sensibles y el grupo control (Pfau y cols., 2009). Estos autores sugieren que el TTM puede actuar como precursor de la fibromialgia en un es- pectro continuo que comparte la misma patología subyacente, y apoyan vías nociceptivas comunes para el dolor en los trastornos de dolor crónico. Sin embargo, para la identificación de subtipos especí- ficos de pacientes con dolor por TTM puede ser útil utilizar el perfil somatosensitivo, lo que puede tener consecuencias potenciales para la estrategia de ma- nejo y el pronóstico. Se necesitarán estudios futuros para evaluar esta propuesta, pero es importante des- tacar que el conocimiento y la tecnología(pruebas sensitivas cuantitativas) actuales permitirán que es- tos estudios prospectivos hagan avanzar realmente y optimicen los cuidados de los pacientes con dolor por TTM. A continuación, presentaremos una bre- ve revisión de las aplicaciones clínicas de las prue- bas sensitivas cuantitativas en el dolor por TTM. Aplicaciones clínicas Identificación clínica de la sensibilización central Aunque la investigación en pruebas sensitivas cuantitativas sugiere la presencia de sensibiliza- cambios en la sustancia gris (Younger y cols., 2010) con la intensidad y la duración de los síntomas en pacientes con TTM. Varios estudios también han encontrado que los pacientes con estos trastornos muestran hipersensibilidad difusa al dolor por pre- sión (Maixner y cols., 1995; Svensson y cols., 2001; Sarlani y Greenspan, 2003; Fernández-de-las-Peñas y cols., 2009) como signo de sensibilización central; no obstante, la magnitud de esta sensibilización pa- rece ser mayor dentro del área trigeminal. De he- cho, el estudio de casos y controles más grande, que incluyó 185 pacientes con TTM y 1633 controles sanos, observó que las diferencias mayores eran el umbral de dolor por presión observado en los sitios trigeminales y no trigeminales (Greenspan y cols., 2011). Asimismo, algunos autores propusieron va- lores de corte para los umbrales de dolor a la presión para la identificación de pacientes con TTM y dolor orofacial (Cunha y cols., 2014). Otros propusieron el uso de sensibilización sostenida al dolor de causa mecánica (decrementos lineales importantes en los umbrales de dolor a la presión entre las sesiones de prueba consecutivas) en el músculo masetero para discriminar entre los individuos con TTM y las per- sonas sanas (Quartana y cols., 2015). No obstante, aunque ante el primer inicio de los síntomas los um- brales de dolor a la presión son predictores modes- tos de TTM persistentes, son malos predictores de la incidencia de estos trastornos (Slade y cols., 2014). Es importante señalar que la presencia de sínto- mas de dolor cervical comórbidos (Muñoz-García y cols., 2017), migraña (Pinto Fiamengui y cols., 2013) o de síntomas difusos (Chen y cols., 2012), pero no de cefalea asociada con TTM (Costa y cols., 2016), se asocia con mayor hiperalgesia del dolor a la presión en las regiones trigeminales y no trigeminales. Esto puede estar relacionado con el hecho de que, al parecer, el dolor crónico produce síndromes dolorosos fenotípicamente diferentes según el tejido afectado, lo que posiblemente re- fleje una contribución frecuente de la sensibiliza- ción central (Woolf, 2011). Esto es apoyado por un estudio que mostró que los perfiles de dolor que incluían la función somatosensitiva eran sig- nificativamente diferentes entre los pacientes con artralgia de la ATM y los pacientes con artrosis, lo que refleja que, aunque muestran mecanismos de sensibilización similares, los diferentes trastornos 85 Pruebas sensitivas cuantitativas en los trastornos de la articulación temporomandibular de los tejidos musculares es un signo de sensibili- zación central (Graven-Nielsen y Arendt-Nielsen, 2010). Un estudio observó que los pacientes con TTM miofasciales mostraban áreas más grandes de dolor referido producidas por los puntos gatillo miofasciales en comparación con controles sanos (Fernández-de-las-Peñas y cols., 2010b). Consideraciones sobre el manejo y la sensibilización central El desafío que enfrentan los clínicos es cómo se- leccionar el enfoque terapéutico apropiado para los pacientes con TTM, cuya presentación clínica individual con mecanismos nociceptivos com- plejos potenciales para el dolor es probable que sea algo diferente. De hecho, la selección de un abordaje multimodal apropiado debe considerar las manifestaciones de sensibilización periférica y central (Nijs y cols., 2010). Por ejemplo, habi- tualmente en el contexto clínico se observa que aquellos pacientes que muestran un grado menor de sensibilización central necesitan menos trata- mientos para obtener resultados positivos. Es importante recordar que una fuente continua de nocicepción periférica habitualmente es nece- saria antes de que un estímulo nociceptivo peri- férico pueda promover la sensibilización central (Woolf, 2011). Por lo tanto, es fundamental limitar el curso temporal de la estimulación aferente de los nociceptores periféricos y los programas tera- péuticos tempranos que, en teoría, serían cruciales para prevenir la sensibilización central (Arendt- Nielsen y cols., 2011). La identificación clínica del proceso de sensibi- lización predominante, periférico o central, debe orientar el programa terapéutico. En aquellos pa- cientes mediados por mecanismos nociceptivos periféricos (sensibilización periférica), se debe recomendar el tratamiento de los tejidos sinto- máticos y la aplicación de ejercicios apropiados y una mejora de la actividad funcional. En los pa- cientes mediados por procesos centrales (sensibi- lización central), se debe recomendar un enfoque farmacológico, físico y cognitivo multimodal. Por último, también se debe considerar una respuesta anormal al ejercicio observada en los ción central en los pacientes con TTM, la identi- ficación de los mecanismos de sensibilización en el contexto clínico representa un desafío para los clínicos (Nijs y cols., 2010). De hecho, la identifi- cación de la sensibilización central puede deter- minar algunos parámetros del tratamiento, por ejemplo, intensidad, amplitud y frecuencia, de las intervenciones terapéuticas y también la necesi- dad de tratamientos multimodales que incluyen: fisioterapia, educación en neurociencia del dolor, terapia cognitivo-conductual y ejercicios (Nijs y cols., 2014a). La preocupación principal de los clínicos es que no existe ningún síntoma o signo clínico claro con fuerte valor diagnóstico para la sensibilización central y que no todos los pacien- tes con el mismo trastorno mostrarán sensibiliza- ción central. Se ha propuesto que la clasificación de la sensibilización central comprenda dos pasos importantes: la exclusión de dolor neuropático y la clasificación diferencial de sensibilización no- ciceptiva frente a central (Nijs y cols., 2014b). Por lo tanto, la identificación de los mecanismos de sensibilización en un contexto clínico debe ba- sarse en un conjunto de síntomas y signos (Nijs y cols., 2016). En primer lugar, la historia clínica proporcio- na algunos indicios que señalan potencialmente la presencia de sensibilización central. Por ejem- plo, la presencia de hipersensibilidad a la luz, al sonido o al olor, sensaciones térmicas anormales, hiperalgesia a la presión o alodinia se asocian con sensibilización central. Varias de estas caracterís- ticas están presentes en diferentes cefaleas, lo que explica la superposición entre cefalea y migraña (Svensson, 2007). De hecho, la presencia de áreas sintomáticas espontáneas más grandes se corre- laciona con algunas medidas de sensibilización central, al menos, en los individuos con artrosis de rodilla (Lluch-Girbés y cols., 2016). También se han observado áreas más grandes de dolor en el grupo de pacientes sensibles con TTM (Pfau y cols., 2009). En segundo lugar, el examen físico de un pacien- te con TTM debe incluir las áreas sintomáticas y asintomáticas para determinar la presencia de sen- sibilidad generalizada a la palpación manual. Algu- nos autores han propuesto que la presencia de áreas de dolor referido agrandadas durante la palpación 86 Capítulo 6 Conclusión El uso de pruebas sensitivas cuantitativas ha per- mitido mejorar el conocimiento de la pérdida y la ganancia de función en las vías nociceptivas en los pacientes individuales con dolor por TTM