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417 CAPÍTULO 49 Insuficiencia cardíaca © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos Insuficiencia cardíaca E. ROIG MINGUELL 49 CONCEPTO La insuficiencia cardíaca (IC) se define como la situación en que el corazón es incapaz de suplir las demandas metabólicas del organismo o, caso de lograrlo, es a expensas de un aumento de las presiones de llenado ventricular. Aunque la IC implica el fracaso de la función de bomba del corazón, sus manifestaciones clínicas dependen de la repercusión hemodinámica que determina en otros órganos. ETIOPATOGENIA Recientemente, la Guía de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) 2016 sobre el diagnóstico y el tratamiento de la insuficiencia cardíaca aguda y crónica, divide la IC en tres tipos según la fracción de eyección (FE) (cuadro 49-1). La FE mide el volumen de sangre expulsado en cada latido y se expresa como un porcentaje; se considera normal una FE ≥ 50%. Insuficiencia cardíaca por disfunción ventricular sistólica Cuando la IC se debe a la disminución de la función de bomba del corazón, se dice que es secundaria a disfunción sistólica. En este caso existe un déficit de la contractilidad del miocardio. Este déficit es el resultado de la afección directa del músculo cardíaco, como sucede en la miocardiopatía dilatada o después de un infarto de miocardio, o puede ser secundario a una sobrecarga impuesta al corazón como consecuencia de una lesión valvular o de una hipertensión arterial de larga evolución. La FE estará reducida a 50% Péptidos natriuréticos elevados Al menos un criterio adicional: Enfermedad estructural cardíaca relevante Disfunción diastólica FEVI: fracción de eyección del ventrículo izquierdo; IC: insuficiencia cardíaca; PN: péptidos natriuréticos. Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. shunt derecha-izquierda con maniobras de Valsalva y/o aneurisma del septo interauricular. El procedimiento es similar al del cierre de una comunicación interauricular. El tratamiento de la coartación aórtica sintomática (hipertensión y gradiente significativo transcoartación) consiste en la implantación a través de la arteria femoral de un stent en la aorta en el lugar de la coartación. OTROS TRATAMIENTOS PERCUTÁNEOS CARDÍACOS Los avances de la cardiología intervencionista en el campo de la car- diopatía estructural han sido muy importantes en los últimos años, como ha quedado reflejado en el apartado anterior. Además de los defectos congénitos, mediante técnicas complejas puede llevarse a cabo el cierre de la orejuela de la aurícula izquierda. Las indicaciones de esta técnica se limitan a pacientes con fibrilación auricular no reumática con indicación de recibir tratamiento anticoagulante, pero que tengan intolerancia o complicación del mismo (habitualmente sangrado). El cierre de la orejuela (por ser el origen del 90% de los coágulos que se forman en pacientes con fibrilación auricular) podría permitir suprimir este tratamiento anticoagulante. Otra alteración adquirida es el leak u orificio paravalvular en pacien- tes portadores de prótesis valvulares quirúrgicas. El cierre mediante dispositivos percutáneos está indicado en aquellos pacientes portadores de estos leaks con síntomas relacionas con los mismos (hemólisis, insu- ficiencia valvular sintomática) en los que una reintervención quirúrgica es de muy alto riesgo. Otra posibilidad de tratamiento es la oclusión de fístulas corona- rias que drenen a otras cavidades o estructuras (arteria pulmonar, ventrículo) que condicionen isquemia por robo coronario mediante inserción de coils con capacidad trombogénica. Casos seleccionados de miocardiopatía hipertrófica obstructiva pueden requerir un tratamiento percutáneo mediante la inyección de alcohol a través de la arteria septal que irriga el septo hipertrófico. Con dicha «ablación» septal se produce un infarto localizado del septo hipertrófico que, al dejar de moverse, permite la disminución del gradiente intraventricular. BIBLIOGRAFÍA ESPECIAL Kay IP, Sabaté M, Costa MA. Cardiac Catheterization and Percutaneous Inter- ventions. London: Taylor & Francis Group; 2004. Mack MJ, Leon MB, Smith CR, Miller DC, Moses JW, Tuzcu EM, et al. PARTNER 1 trial investigators. 5-year outcomes of transcatheter aortic valve replacement or surgical aortic valve replacement for high surgical risk patients with aortic stenosis (PARTNER 1): a randomised controlled trial. Lancet 2015;385(9986):2477-84. Mack MJ, Leon MB, Thourani VH, Makkar R, Kodali SK, Russo M, et al. COAPT Investigators. Transcatheter Mitral-Valve Repair in Patients with Heart Failure. N Engl J Med 2018;379(24):2307-18. Sabaté M, Brugaletta S. Percutaneous Cardiac Interventions: Tips and Tricks of New Techniques beyond Stenting. 2nd ed. Toulouse: Europa Edition; 2019. S E C C IÓ N I II https://booksmedicos.org 418 SECCIÓN II I Cardiología la fase de llenado rápido. En esta situación, la contracción auricular es básica para completar el llenado ventricular. En la disfunción dias- tólica la función contráctil está conservada. Las causas más frecuentes de disfunción diastólica son la hipertensión arterial, la miocardiopatía hipertrófica y la miocardiopatía restrictiva. La FE estará conservada ≥ 50% (ICFEc). Para su diagnóstico, además de los síntomas y signos clínicos será necesario demostrar elevación de los péptidos natriuréticos o al menos un criterio adicional, como enfermedad estructural cardíaca relevante (hipertrofia ventricular izquierda o dilatación auricular izquierda) o disfunción diastólica demostrada por ecocardiograma. También pueden observarse diferentes grados de disfunción dias- tólica en la cardiopatía isquémica o asociados a disfunción sistólica. La IC con función ventricular preservada también puede ser secundaria a alteraciones valvulares (insuficiencia, estenosis), malformaciones congénitas o a otras patologías cardíacas como tumores cardíacos o incluso ciertas arritmias rápidas. Insuficiencia cardíaca con función ventricular reducida en rango intermedio En este grupo la FE se halla medianamente reducida, entre el 40% y el 49% (ICFEm), e incluye pacientes con disfunción ventricular ligera, así como pacientes con disfunción ventricular más grave, pero que han recuperado parcialmente la función ventricular con el tratamiento o tras la desaparición del agente causal. Algunos pacientes tienen también características de disfunción diastólica. Para su diagnóstico se exigen los mismos criterios que para la ICFEc. Causas extracardíacas Finalmente, la IC puede darse a consecuencia de causas extracardíacas como la afección pericárdica, la anemia, alteraciones del tiroides o ciertas hipovitaminosis. FISIOPATOLOGÍA Aunquepre- siones de llenado y mejorar el gasto cardíaco. Es importante mejorar la oxigenación y reducir la acidosis metabólica. Aunque la respuesta a los diuréticos puede ser variable, es necesario darlos por vía i.v. para mantener la diuresis. Si la oliguria persiste, puede administrarse en perfusión continua; el más utilizado es la furosemida i.v. (1 g/24 h). La mejoría clínica se asocia a normalización de la presión arterial, aumento de la diuresis y mejoría de la perfusión periférica. (Véase el capítulo 50, Shock cardiogénico.) Fármacos inotrópicos Las aminas simpaticomiméticas tienen su mayor campo de aplicación en los estados de shock cardiogénico, aunque también se han demos- trado útiles en situaciones transitorias de bajo gasto por depresión de la contractilidad (como en la fase aguda del infarto de miocardio o tras una intervención a corazón abierto). Actúan a través de la estimulación de los receptores β-adrenérgicos, y aumentan el AMP cíclico intrace- lular, lo cual favorece la entrada de calcio al interior de la célula, y se eleva así la contractilidad y también el riesgo de arritmias. Dopamina Es un precursor natural de la noradrenalina que en dosis bajas (de los síntomas, no hay datos sobre el efecto de esta intervención sobre el pronóstico. En este caso deberíamos asegurar al menos un 40% de sensado del marcapasos, por lo que se recomienda reducir la frecuencia cardíaca hasta que aparezca el ritmo del marcapasos. Cuando ello no se consigue farmacológicamente, debería considerarse la ablación del nodo AV. Finalmente, en cualquier paciente con importante disfunción ventricular (FEmediado por anticuerpos. La vasculopatía del injerto suele aparecer a partir del primer año con una incidencia anual del 5%. Aunque los factores de riesgo coronario clásicos pueden influir en su aparición, esta se basa en una reacción inflamatoria de origen inmunológico que se inicia en el endotelio y acaba por producir una hiperplasia de la íntima de las arterias coronarias. Las lesiones pueden ser difusas o focales, en este caso puede realizarse revascularización coronaria, aunque es un tratamiento siempre paliativo. A largo plazo suele causar IC, muerte súbita y es la causa más frecuente de retrasplante cardíaco. El rechazo mediado por anticuerpos es menos frecuente, pero suele ser grave, ya que puede deteriorar la función ventricular del injerto. Su tratamiento son bolos de glucocorticoides, recambio plasmático (plasmaféresis) y rituximab. Además del rechazo crónico, a largo plazo puede darse una mayor incidencia de cáncer y, como efectos secunda- rios de la inmunodepresión, siempre existe un riesgo aumentado de infecciones y de insuficiencia renal. BIBLIOGRAFÍA ESPECIAL Ponikowski P, Voors A, Anker S, Bueno H, Cleland J, Coats A, et al. 2016 ESC Guidelines for the diagnosis and treatment of acute and chronic heart failure. The Task Force for the diagnosis and treatment of acute and chronic heart failure of the European Society of Cardiology (ESC). Developed with the special contribution of the Heart Failure Association (HFA) of the ESC. European Heart Journal 2016;37(27):2129-200. Yancy C, Jessup M, Bozkurt B, Butler J, Casey D Jr, Colvin M, et al. 2016 ACC/ AHA/HFSA Focused Update on New Pharmacological Therapy for Heart Failure: An Update of the 2013 ACCF/AHA Guideline for the Management of Heart Failure. A Report of the American College of Cardiology/American Heart Association Task Force on Clinical Practice Guidelines and the Heart Failure Society of America. J Am Coll Cardiol 2016;68(13):1476-88. Yancy C, Jessup M, Bozkurt B, Butler J, Casey D Jr, Colvin M, et al. 2017 ACC/ AHA/HFSA Focused Update of the 2013 ACCF/AHA Guideline for the Management of Heart Failure. A Report of the American College of Cardiology/American Heart Association Task Force on Clinical Practice Guidelines and the Heart Failure Society of America. J Am Coll Cardiol 2017;70(6):776-803. Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos Shock cardiogénico J. LÓPEZ-SENDÓN, E. LÓPEZ DE SÁ 50 CONCEPTO Se define como shock o choque la situación clínica y hemodinámica correspondiente a un estado de disminución general y grave de la perfusión tisular. La falta de aporte de oxígeno y sustratos metabólicos y el acúmulo de metabolitos tóxicos producen daño celular que puede llegar a ser irreversible. Hipotensión y shock no son sinónimos; el shock generalmente se acompaña de hipotensión grave, pero enfermos previamente hipertensos pueden presentar las alteraciones de perfusión tisular características del shock con cifras de presión arterial en límites «normales». Por otra parte, puede existir hipotensión importante con perfusión tisular normal si los mecanismos de compensación son adecuados. ETIOLOGÍA La etiología del shock es múltiple. El aporte de sangre a los tejidos depende del volumen de sangre expulsado por el corazón (volumen minuto) y de las resistencias vasculares sistémicas. Las alteraciones graves de estos dos parámetros pueden conducir a una situación de hipoperfusión periférica grave o shock. En el cuadro 50-1 se señalan las causas principales de shock, que pueden agruparse en cuatro tipos: a) disminución del volumen circulante (shock hipovolémico), como sucede en las hemorragias importantes, en los pacientes con quemaduras graves o en las diarreas graves; b) cardíacas, entre las que se incluyen la pérdida de función contráctil del miocardio (shock cardiogénico), como sucede en el infarto de miocardio (IM) o en las miocarditis, y alteraciones https://booksmedicos.orgen casos especiales el gasto cardíaco puede estar aumentado (anemia, beriberi, hipertiroidismo o fístulas arteriovenosas), en la mayoría de los pacientes con IC el gasto cardíaco está disminuido. Con el descenso del gasto cardíaco se activa una serie de meca- nismos de compensación, de manera que, aun con una afectación importante de la capacidad contráctil, el corazón puede mantener un gasto cardíaco adecuado, al menos en reposo. El primer mecanismo de compensación consiste en un aumento de la precarga, de acuerdo con la ley de Frank-Starling, de manera que el mayor volumen residual y el aumento de la presión telediastólica incrementan la fuerza de la contracción y el volumen de eyección del latido siguiente, aunque ello se consigue a expensas de una congestión retrógrada, según se indica en la figura 49-1. En esta se relaciona el gasto cardíaco (eje de ordenadas) con la presión telediastólica del ventrículo izquierdo como expresión de la precarga (eje de abscisas). La curva superior representa la situación normal y la inferior corresponde a una depresión del estado contráctil del corazón. Cuando esto ocurre, para una determinada presión de llenado ventricular (P1), el gasto disminuye; en la gráfica se ha pasado del punto 1 al punto 1′. En esta nueva situación el gasto sería demasiado bajo para satisfacer las necesidades metabólicas del organismo y aparecerían signos de mala perfusión tisular. El aumento del volumen residual, producto de la disminución de la fracción de eyección y la retención de líquidos, eleva el volumen telediastólico del ventrículo y, en consecuencia, la precarga (P2). El resultado será un incremento del gasto (punto 2) a un nivel próximo al de partida (punto 1). El precio que hay que pagar por ello es la aparición de signos congestivos, disnea e incluso edema pulmonar. La hipertrofia, o aumento de la masa ventricular, es una forma de compensación frente a una sobrecarga mantenida. Cuando el corazón es incapaz de garantizar un gasto cardíaco ade- cuado en reposo, los vasos de resistencia mantienen la presión sistémica y distribuyen preferentemente el flujo sanguíneo a las áreas vitales como el cerebro y el propio corazón. Para ello se ponen en marcha mecanismos neurohormonales de compensación como son el aumento del tono simpático y la activación del sistema renina-angiotensina-aldoste- rona (fig. 49-2). En la IC se ha comprobado, en efecto, un aumento de la actividad simpática que tiende a aumentar la contractilidad y la frecuencia cardíacas y favorece la vasoconstricción periférica. Este aumento de activación adrenérgica, a la larga, es la causa de la reducción del número de receptores β-adrenérgicos del miocardio, de manera que existe una respuesta simpática atenuada, sobre todo durante el ejercicio. Por otro lado, la disminución de la presión de perfusión renal, el mismo aumento de la actividad simpática y la reducción del aporte de sodio a la mácula densa estimulan la secreción de renina. Esta enzima activa el paso del angiotensinógeno, liberado por el hígado, a angiotensina I, que por acción de la enzima convertidora de la angiotensina (ECA) pasa a angiotensina II, un potente vasoconstrictor. Entre otras acciones, la angiotensina II activa la liberación de aldosterona responsable de la retención de Na y agua e interacciona con el sistema simpático para aumentar el tono vascular. Este mecanismo puede causar un exce- sivo aumento de la poscarga, retención de sal y líquidos, alteraciones electrolíticas y arritmias. La vasopresina es una hormona hipofisaria que también se halla activada en la IC y que, al tener un papel importante en la regulación del aclaramiento de agua libre, contribuye a reducir su excreción y, en consecuencia, favorece la hiposmolaridad. Estos mecanismos compensadores se manifiestan en el sistema venoso por un aumento de la presión venosa secundario a la hipervolemia y en el sistema arterial por un aumento de las resistencias periféricas. Para compensar la vasoconstricción debida a la activación simpática y del sistema renina-angiotensina, se estimulan otras hormonas con efecto vasodilatador como son los péptidos natriuréticos. Existen tres tipos de péptidos, el péptido natriurético C o endotelial, el auricular que se libera cuando aumenta la tensión de estiramiento de la aurícula • Figura 49-1 Relación entre el gasto cardíaco (ordenadas) y la presión telediastólica de llenado del ventrículo izquierdo (PTDVI) como expre sión de la precarga (abscisas). (V. explicación en el texto.) • Figura 49-2 Con la disminución del gasto cardíaco se ponen en marcha mecanismos de compensación como son el aumento del tono simpático y la activación del sistema reninaangiotensinaaldosterona, los cuales inducen un aumento de la poscarga y de la precarga, lo que incrementa el trabajo cardíaco y, a la larga, la disfunción ventricular. ADH: vasopresina; FC: frecuencia cardíaca; MVO2: consumo de O2; PA: presión arterial; PNA: péptido natriurético atrial; RAA: renina angiotensinaaldosterona; SNS: sistema nervioso simpático. Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 419 CAPÍTULO 49 Insuficiencia cardíaca © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . derecha y el péptido natriurético cerebral (BNP), que lo hace cuando aumenta la tensión de la pared del ventrículo izquierdo. Ambos dan lugar a vasodilatación y natriuresis, en un intento por contrarrestar los efectos maladaptativos inducidos por la activación neurohormonal. Con el tiempo estos mecanismos de compensación empeoran la función ventricular. Así, el aumento sostenido de la poscarga reduce aún más la fracción de eyección y, en consecuencia, el gasto cardíaco, mientras que el aumento del volumen residual aumenta las presiones de llenado (precarga). En definitiva, la historia natural de la IC congestiva es la de un empeoramiento progresivo. Factores desencadenantes Tan importante como el reconocimiento de la cardiopatía de base es la identificación de las causas desencadenantes de la IC. Una cardiopatía cualquiera, congénita o adquirida, puede existir durante muchos años y acompañarse de escasas o nulas manifestaciones clínicas. Estas pueden presentarse por primera vez en coincidencia con algún proceso agudo intercurrente que sobrecarga un miocardio lesionado de forma crónica. Seguidamente se analizan las causas desencadenantes más habituales. Arritmias Los mecanismos que explican el papel determinante de las arritmias en la IC incluyen: la reducción del tiempo de llenado ventricular y la hipocontractilidad secundaria a taquicardia incesante (taquicardiomio- patía) o fibrilación auricular con frecuencia ventricular rápida, que es una de las causas más frecuentes de descompensación. La disociación de la contracción auricular y ventricular, la pérdida del sincronismo de la contracción ventricular (bloqueos de rama) y los ritmos lentos como en el bloqueo auriculoventricular (AV) también pueden desencadenar IC. Infecciones La congestión pulmonar puede facilitar el desarrollo de infecciones respiratorias, si bien cualquier infección puede desencadenar IC. La asociación de fiebre, taquicardia, hipoxemia y aumento de las deman- das metabólicas es determinante de la sobrecarga. En la endocarditis bacteriana la destrucción valvular puede provocar IC aguda. Hipertensión arterial La elevación brusca y excesiva de las cifras tensionales, como sucede en algunos casos de hipertensión arterial de causa renal o por aban- dono de la medicación antihipertensiva, puede provocar IC aguda. La hipertensión arterial de larga evolución es la causa más frecuente de hipertrofia ventricular, aunque también puede provocar disfunción ventriculargrave; en ambos casos puede causar IC crónica. Tromboembolia pulmonar El gasto cardíaco bajo, la estasis circulatoria y la inactividad física favorecen la trombosis venosa profunda, con el consiguiente riesgo de embolia pulmonar. La tromboembolia pulmonar, tanto aguda como crónica, aumenta la presión de las arterias pulmonares, lo que a su vez contribuye a dilatar el corazón derecho, empeora la disfunción ven- tricular derecha y disminuye el gasto cardíaco. Anemia El descenso de la capacidad de transporte de oxígeno en la anemia determina que el aumento de las necesidades de oxígeno por parte de los tejidos sólo pueda satisfacerse con un incremento del gasto, lo que puede desencadenar IC aun con un corazón normal. Si existe cardiopatía previa, pueden empeorar notablemente los síntomas y se asocia a peor pronóstico, especialmente cuando existe insuficiencia renal concomitante. Fármacos Los AINE pueden empeorar la función renal, aumentar la retención de líquidos y agravar la IC. Los fármacos con acción inotrópica negativa como el verapamilo pueden desencadenar IC en la disfunción ventricu- lar grave. La administración de glucocorticoides, que causan retención de líquido, de algunos antidiabéticos orales, como las glitazonas, o de algunos antidepresivos también puede dar lugar a IC. Infarto de miocardio Un infarto reciente puede desencadenar IC, sobre todo si es extenso. En este caso puede provocar un shock cardiogénico, situación de extre- ma gravedad o un edema agudo de pulmón. También si es pequeño, cuando se asocia a zonas extensas de isquemia periinfarto o determina la rotura del músculo papilar o del septum interventricular. Estados circulatorios hipercinéticos Procesos febriles, el embarazo y la tirotoxicosis pueden desencadenar IC, sobre todo si existe una cardiopatía previa. Formas de presentación La IC puede ser aguda o crónica. La IC aguda se define como la que presenta un inicio o empeoramiento rápido de los síntomas que requiere tratamiento urgente. Las causas más frecuentes son la crisis hipertensiva, el infarto de miocardio, la rotura valvular (mitral o aórtica) o una mio- carditis; la IC crónica sigue un curso más lento y es la más comúnmente observada, se desarrolla en pacientes con valvulopatías, miocardiopatías y cardiopatía isquémica o hipertensiva de larga evolución. Insuficiencia cardíaca aguda El edema agudo de pulmón es la forma más grave de IC aguda y se debe a una elevación importante, generalmente súbita, de la presión capilar pulmonar. Cursa con dificultad respiratoria extrema que se debe al paso de líquido al alvéolo pulmonar; hay abundantes estertores audibles incluso a distancia en ambos campos pulmonares y puede existir broncoespasmo asociado. Si no se trata rápidamente, puede ser mortal. El cuadro clásico es inconfundible: el paciente presenta una ansiedad extrema, necesita estar incorporado, transpira en abundancia, está pálido y frío, la respiración es rápida y se acompaña de tiraje, tos y expectoración rosada. Insuficiencia cardíaca crónica Suele asociarse a signos congestivos que son consecuencia del fallo ventricular derecho aislado o, más frecuentemente, secundarios a fallo izquierdo. La manifestación clínica más importante es la disnea de esfuerzo. Es importante destacar que cuando un enfermo con IC por disfunción izquierda desarrolla una insuficiencia ventricular dere- cha, las formas más graves de disnea tienden a disminuir en intensidad y frecuencia, puesto que la incapacidad del ventrículo derecho para aumentar el volumen minuto evita la sobrecarga de líquido en el pul- món. En este caso, la sensación disneica es menor y suelen predominar los signos congestivos como hepatomegalia, edemas e incluso ascitis. CUADRO CLÍNICO Las manifestaciones clínicas de la IC, como consecuencia del fallo de la función de bomba del corazón, resultan del trastorno ocasionado en la función de otros órganos. Síntomas Disnea Traduce el aumento del esfuerzo requerido para la respiración y es el síntoma más frecuente del fallo ventricular izquierdo. Al principio se observa sólo durante el ejercicio importante. A medida que la IC progresa, esfuerzos cada vez menores ocasionan disnea que, en fases más avanzadas, puede darse incluso en reposo. La disnea es secundaria, como se ha indicado, a la elevación de la presión de llenado ven- tricular izquierdo, que determina un aumento de la presión media de la aurícula y de las presiones venosa y capilar pulmonares. Al elevarse la presión venosa pulmonar por encima del límite máximo de la nor- malidad (12 mm Hg), las venas pulmonares se distienden y, cuando se alcanza la presión oncótica del plasma (25-30 mm Hg), hay trasudación del líquido capilar al espacio intersticial. En estas condiciones puede producirse edema intersticial que reduce la distensibilidad del pulmón. El oxígeno consumido en el acto de respirar aumenta a causa del mayor trabajo realizado durante la inspiración; ello, unido a la reducción del aporte de oxígeno, contribuye a la sensación de falta de aire. S E C C IÓ N I II Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 420 SECCIÓN II I Cardiología Ortopnea El paciente que refiere ortopnea, es decir, disnea de decúbito, utiliza con frecuencia varias almohadas para dormir, y la sensación subjetiva de ahogo disminuye al incorporarse. En los casos de IC avanzada el paciente no puede descansar acostado y debe permanecer semisentado toda la noche. Disnea paroxística nocturna El término disnea paroxística nocturna se refiere a los episodios de disnea aguda que despiertan al paciente. Suele aliviarse cuando el paciente se incorpora y deja las piernas colgando fuera de la cama para disminuir el retorno venoso. Algunos pacientes encuentran alivio al sentarse frente a una ventana abierta. Tos Otros síntomas, como la tos, pueden ser una expresión de IC izquierda, en particular cuando se presenta con el primo-decúbito; en general, esta tos no es productiva. Nicturia Con frecuencia, el sueño es interrumpido por la necesidad de orinar. Hay que tener en cuenta que en la IC la cantidad de orina emitida por la noche es relativamente mayor que la diurna (nicturia). Fatiga o cansancio La sensación de fatiga o debilidad muscular es inespecífica, pero son síntomas comunes de IC que dependen de la reducción del gasto car- díaco y de la disfunción endotelial que limita el flujo a las extremidades durante el ejercicio. La fatiga extrema puede confundirse en ocasiones con cuadros de depresión. Hepatalgia La hepatomegalia congestiva puede producir dolor en el hipocondrio derecho o en el epigastrio, descrito por el enfermo como sensación de pesadez. Esta molestia, atribuida a la distensión de la cápsula hepática, puede ser muy acusada si el hígado aumenta de tamaño con rapidez, como en la insuficiencia ventricular derecha aguda. Exploración física Inspección En reposo, los pacientes con IC ligera o moderada suelen presentar un aspecto normal. Sin embargo, pueden manifestar disnea con el ejercicio o al adoptar el decúbito. En la IC aguda, el aspecto del enfermo es de gravedad, el pulso suele ser rápido y su amplitud está disminuida. Los pacientes con IC avanzada se muestran fatigados y disneicos, y su presión arterial suele ser baja. La reducción del gasto cardíaco ocasiona vasoconstricción, que se manifiesta por palidez y frialdad de las extremi- dades y, por último, por cianosis. En los últimos estadios de la IC puede producirse un estado de caquexia cuyo origen suele ser multifactorial. Auscultación pulmonar En la auscultación pulmonar suelen detectarse estertores de estasis que se producen como resultado de la trasudación del contenido capilar al alvéolo pulmonar. Se trata de estertores húmedos,de carácter cre- pitante, simétricos, que se auscultan durante la inspiración y no se modifican con la tos. Se detectan sobre todo en el plano posterior del tórax y en las bases pulmonares, aunque a veces son más difusos, como en el edema agudo de pulmón. A veces, la congestión bronquial puede determinar la aparición de sibilancias. Signos congestivos En la IC crónica suele haber signos de congestión que se manifiestan cuando se produce disfunción ventricular derecha, tanto aislada como secundaria al fallo izquierdo. El aumento de la presión venosa sistémica se detecta fácilmente mediante inspección de las venas yugulares, cuya distensión es una buena aproximación a la presión de la aurícula derecha. Cuando el fallo ventricular derecho es ligero, el pulso venoso yugular puede ser normal, aunque se eleva al comprimir de forma sostenida (durante 1 min) la región periumbilical (reflujo hepatoyugular). La hepatomegalia de estasis suele preceder al desarrollo de edemas. Si se ha producido rápidamente o es reciente, la palpación del borde hepático, en general liso, resulta dolorosa. En cambio, la palpación del hígado de estasis crónica puede ser absolutamente indolora. La presencia de reflujo hepatoyugular, que es un signo útil en el diagnóstico diferencial de las hepatomegalias, pone a la vez de manifiesto congestión hepática y la incapacidad del ventrículo derecho de asumir el aumento transitorio del retorno venoso. El edema suele ser simétrico y se localiza en las partes declives. Por ello, en el enfermo ambulatorio aparece primero en la región maleolar, en particular al final del día, mientras que en el paciente encamado suele localizarse en la región sacra. En la IC de larga evolución, los edemas pueden generalizarse y aparecer ascitis (con frecuencia exudativa) y, en casos extremos, edema en la pared abdominal y en los genitales. La presencia de ascitis indica en general hipertensión venosa de larga evolución. En los pacientes con lesiones de la válvula tricúspide y en la pericarditis constrictiva, la ascitis es más frecuente que el edema subcutáneo. La retención de líquido puede manifestarse inicialmente por un aumento del peso corporal. El derrame pleural puede ocurrir lo mismo en la IC derecha como en la izquierda, ya que las venas pleurales drenan tanto en el circuito venoso sistémico como en el pulmonar. Manifestaciones cardíacas En general, la IC por disfunción sistólica se acompaña de cardiomegalia, mientras que en la disfunción diastólica o en la pericarditis constrictiva el tamaño del corazón suele ser normal. En el primer caso, dado que el ventrículo izquierdo es el más comúnmente afectado, la palpación revelará un desplazamiento del ápex a la izquierda. El crecimiento del ventrículo derecho se reconoce por la palpación de un latido enérgico junto al borde esternal izquierdo. El ruido de galope ventricular (tercer ruido), aunque no es específico, constituye un valioso dato de IC cuando se detecta. En las sobrecargas de volumen (insuficiencia mitral y aórtica y cortocircuitos de izquierda a derecha), la auscultación de un tercer ruido no debe homologarse necesariamente a IC. El galope auricular (cuarto ruido) es un indicador menos específico de IC. Suele acompañar a las sobrecargas de presión y se origina como consecuencia de una con- tracción auricular enérgica, que ha de vencer la resistencia ejercida por un ventrículo rígido. La presencia de soplos sistólicos, de insuficiencia mitral y tricúspide es secundaria a la dilatación del ventrículo corres- pondiente. La hipertensión pulmonar secundaria al fallo izquierdo es responsable del aumento de intensidad del componente pulmonar del segundo ruido, que puede exceder la del componente aórtico. CLASIFICACIÓN FUNCIONAL DE LA INSUFICIENCIA CARDÍACA La New York Heart Association (NYHA) estableció una clasificación funcional de los pacientes atendiendo al nivel de esfuerzo físico reque- rido para la producción de síntomas. A pesar de sus limitaciones, esta clasificación es útil, pues permite comparar grupos de pacientes, así como un determinado paciente consigo mismo a lo largo del tiempo: • Clase I. No hay limitaciones. La actividad física habitual no produce fatiga excesiva, disnea ni palpitaciones. • Clase II. Limitación ligera de la actividad física. El enfermo no presenta síntomas en reposo. La actividad física habitual produce fatiga, disnea, palpitaciones o angina. • Clase III. Limitación notable de la actividad física. Aunque en reposo no hay síntomas, estos se manifiestan con niveles bajos de actividad física. • Clase IV. Incapacidad de llevar a cabo actividades en ausencia de síntomas. Estos pueden estar presentes incluso en reposo. La clase funcional de un paciente puede variar a lo largo del segui- miento y mejorar en respuesta al tratamiento. CLASIFICACIÓN SEGÚN EL GRADO EVOLUTIVO DE LA INSUFICIENCIA CARDÍACA Se establece la siguiente clasificación: • IC en fase A. Incluye a los pacientes con factores de riesgo de presen- tar IC, como hipertensión arterial, diabetes mellitus o dislipemia. Se deben iniciar medidas de prevención. Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 421 CAPÍTULO 49 Insuficiencia cardíaca © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . • IC en fase B. Incluye a los pacientes con alteración orgánica cardíaca, ya sea disfunción sistólica o diastólica, pero que todavía no han presentado signos ni síntomas de IC. Se ha de iniciar tratamiento para retrasar la aparición de los síntomas. • IC en fase C. Incluye a los pacientes con afectación cardíaca que presentan o han presentado síntomas y signos de IC. Deben recibir tratamiento para mejorar los síntomas y el pronóstico de la IC. • IC en fase D. Incluye a los pacientes con IC avanzada, con síntomas refractarios al tratamiento médico e importante incapacidad para las actividades diarias más comunes. Son candidatos a trasplante cardíaco, asistencia ventricular (AV) o medidas paliativas. La IC avanzada suele asociarse a diversos grados de insuficiencia renal (síndrome cardiorrenal) que es de causa multifactorial. El bajo gasto cardíaco puede reducir la perfusión renal, la activación neuro- hormonal causa vasoconstricción tanto de la arteriola aferente como de la eferente, el aumento de la presión venosa también dificulta la perfusión del riñón y, finalmente, comorbilidades como la diabetes mellitus o la hipertensión arterial pueden contribuir a la aparición de insuficiencia renal. La importancia del síndrome cardiorrenal se debe a que su presencia empeora notablemente el pronóstico y los síntomas de la IC y también dificulta su tratamiento, ya que el aumento de la creatinina sérica obliga a reducir la dosis de inhibidor de la ECA (IECA) y además favorece la resistencia a los diuréticos. La anemia asociada a la insuficiencia renal puede agravar los síntomas de la IC. EXPLORACIONES COMPLEMENTARIAS Examen radiológico La radiografía de tórax permite apreciar el tamaño y la configuración de la silueta cardíaca. Cuando hay cardiomegalia, el índice cardio- torácico está aumentado. La congestión pulmonar se detecta fácil- mente en la radiografía de tórax. En condiciones normales, debido al efecto de la presión hidrostática, las venas de los lóbulos inferiores son más prominentes que las apicales en bipedestación. La relación entre el tamaño de las venas apicales y basales se altera cuando se produce hipertensión pulmonar; en tales circunstancias, las venas de las porciones superiores aparecen distendidas en relación con las de los lóbulos inferiores. El aumento de la presión arterial pulmonar se manifestará por la dilatación de las sombras hiliares correspondientesa cada una de las arterias pulmonares, derecha e izquierda. El ede- ma intersticial se produce por la acumulación de líquido alrededor del capilar pulmonar. Con la acumulación de líquido, los tabiques interlobulillares situados en la periferia del pulmón se hacen visibles, en particular en los lóbulos de la base. Aparecen entonces como densidades lineales bien definidas, en general horizontales, próximas a la superficie pleural y con una longitud de 1-3 cm (líneas B de Kerley). Las líneas más largas que se extienden desde el hilio hacia la periferia en las porciones alta y media del pulmón (líneas A de Kerley) corresponden a las conexiones interlobulares existentes a este nivel. Cuando el líquido se acumula en los espacios interlobulares puede remedar un tumor (imágenes seudotumorales), una neumonía o un infarto pulmonar. La desaparición de estas imágenes con el tratamien- to diurético confirma su origen. El edema alveolar se reconoce sin dificultad, ya que determina la aparición de la imagen característica «en alas de mariposa», constituida por exudados confluentes en los hilios pulmonares. El borramiento de los ángulos costofrénicos o cos- tovertebrales sugiere la existencia de derrame pleural o una elevación del hemidiafragma correspondiente. Exámenes de laboratorio El análisis de orina puede mostrar una proteinuria discreta. El nitró- geno ureico y la creatinina pueden elevarse ligeramente. La disfunción hepática se manifiesta por un aumento ligero de la bilirrubina y de las enzimas hepáticas: aspartato-aminotransferasa (AST), alanina-amino- transferasa (ALT), γ-glutamil-transferasa (GGT) y lactato-deshidroge- nasa (LDH). En casos de congestión hepática aguda las cifras de bili- rrubina y las enzimas hepáticas pueden elevarse muy significativamente. El ionograma es normal, aunque la restricción de sodio y la incapacidad para excretar agua pueden conducir a una hiponatremia por dilución. El tratamiento diurético prolongado y la activación neurohormonal pueden inducir hiponatremia en ausencia de congestión. La adminis- tración de diuréticos también puede causar hipopotasemia, efecto que queda minimizado si se asocia al tratamiento un IECA o antagonista de la aldosterona. Debe también analizarse la tirotropina para descartar hiper- o hipotiroidismo. Las concentraciones plasmáticas elevadas de péptido natriurético cerebral (BNP o NT-pro-BNP) son útiles para el diagnóstico de IC. Los valores en plasma de BNP aumentan cuando aumenta la presión telediastólica ventricular izquierda, por lo que se encuen- tran elevados en la IC descompensada. Una concentración normal o baja de BNP en un paciente sin tratamiento hace poco probable el diagnóstico de IC, por lo que es especialmente útil para establecer el diagnóstico diferencial con otras causas de disnea. Hay que tener presente que pacientes con IC compensada o con tratamiento pueden tener valores de BNP próximos a la normalidad; las cifras de BNP muy elevadas en estos pacientes constituyen un signo de mal pronóstico. Electrocardiograma No hay datos electrocardiográficos específicos de IC, aunque el trazado de estos pacientes suele ser siempre anormal debido a la gravedad de la cardiopatía de base. Ecocardiografía Doppler Es la técnica básica para confirmar y establecer la causa etiológica de la IC, además de ser útil para valorar la gravedad de la disfunción ven- tricular. Permite apreciar la anatomía y la función cardíaca con gran fidelidad y distinguir entre disfunción diastólica y sistólica. Es útil para determinar la presencia de hipertrofia ventricular y valorar si hay obstrucción dinámica del tracto de salida del ventrículo izquierdo en caso de miocardiopatía hipertrófica obstructiva, así como para valorar la infiltración miocárdica típica de la miocardiopatía restrictiva. La existencia de trabeculación ventricular anómala permite diagnosticar la miocardiopatía no compactada. Es, además, la técnica de elección para estudiar cardiopatías congénitas y valvulares. Permite analizar la morfología valvular y establecer el diagnóstico y gravedad de las alteraciones valvulares, tanto en caso de insuficiencia como en caso de estenosis. La vía transesofágica permite detectar verrugas, rotura de cuerdas u otras alteraciones valvulares y es básica para el diagnóstico de endocarditis bacteriana, tumores cardíacos, cortocircuitos y otras anomalías menos frecuentes que pueden ser causa de IC. Además, es imprescindible para la indicación y valoración de técnicas de reparación valvular percutáneas. El diagnóstico de disfunción diastólica se establece cuando la IC se asocia a función ventricular preservada y existe evidencia de alteración de la relajación. Esta se manifiesta inicialmente por una disminución de la velocidad pico transmitral y una disminución del cociente E/A. Cuando la disfunción es grave, existe un patrón restrictivo con ele- vación de la velocidad E pico, un tiempo de desaceleración acortado (de gadolinio, hiperemia y aumento de la permeabilidad capilar, y la presencia de realce tardío, la presencia de necrosis/fibrosis. Ventriculografía isotópica Permite la determinación de la fracción de eyección y los volúmenes ventriculares, aunque es menos precisa que el ecocardiograma y la RM. Cateterismo cardíaco En general, el diagnóstico de IC no requiere la práctica de un cateteris- mo cardíaco. Sin embargo, la introducción de un catéter de Swan-Ganz está justificada en caso de inestabilidad hemodinámica. La posibilidad de medir el gasto cardíaco y las presiones de llenado de ambos ven- trículos es útil en el shock cardiogénico para valorar la eficacia del tratamiento y, en fases avanzadas, para valorar la reversibilidad de la hipertensión pulmonar antes de proceder a un trasplante de corazón. La coronariografía, aunque no suele ser necesaria, puede resultar acon- sejable en pacientes con IC de causa no filiada, ya que permite detectar la existencia de cardiopatía isquémica subclínica susceptible de mejorar con revascularización. La biopsia endomiocárdica suele aportar escasa información diagnóstica y debería reservarse para aquellos casos con IC aguda no filiada con sospecha de miocarditis aguda o miocardiopatía infiltrativa. TC-DMD La TC-DMD, al ser una técnica menos invasiva que la coronariografía, puede ser de utilidad para descartar cardiopatía coronaria, cuando la probabilidad pretest de tener cardiopatía coronaria es baja. Registro de Holter No es de utilidad para el diagnóstico de IC. Puede ser útil para detectar episodios de fibrilación auricular paroxística asintomáticos o arritmias ventriculares graves. TRATAMIENTO El objetivo del tratamiento es doble: mejorar los síntomas y el pronós- tico de la IC. Con las medidas generales de control consideradas clásicas y el tratamiento recomendado en las guías de tratamiento de la IC de la European Society of Cardiology y American Heart Association/American College of Cardiology (AHA/ACC) se consigue mejorar los síntomas y reducir la mortalidad. Medidas generales Ejercicio En los pacientes con IC descompensada se aconseja el reposo hasta la mejoría. Los pacientes estables con IC crónica suelen adaptar la actividad física a sus posibilidades. Actualmente se aconseja mantener un cierto nivel de ejercicio de forma habitual, ya que con el ejercicio mejoran la perfusión periférica y la capacidad funcional del paciente. Es aconsejable caminar (de tres a cinco veces por semana, ∼20-30 min), siempre evitando los esfuerzos isométricos o extenuantes. Son muy recomendables los programas de rehabilitación controlados. Supresión del hábito tabáquico Suprimir el hábito tabáquico debe ser una de las primeras recomenda- ciones, ya que la nicotina aumenta la vasoconstricción periférica y el consumo de oxígeno miocárdico, y puede agravar la disnea. Dieta La reducción de peso del paciente obeso forma parte del tratamiento de la IC, puesto que el sobrepeso aumenta el trabajo del corazón. Por la misma razón, debe reducirse el consumo de alcohol que, además, es un tóxico miocárdico. La disminución de la ingesta de sal en los pacientes con IC ligera puede aliviar los síntomas. En los casos de IC grave, el control de la ingesta de sodio ha de ser estricto, aun cuando se empleen de forma concomitante diuréticos. Tratamiento de la insuficiencia cardíaca crónica Tratamiento de la insuficiencia cardíaca con disfunción ventricular Cuando la IC se debe a disfunción sistólica del ventrículo izquierdo, el tratamiento debe iniciarse cuando la fracción de eyección sea inferior al 45%-50%, aunque el paciente se halle asintomático (fases B y C de IC de la AHA/ACC), los fármacos de elección son un IECA o un antagonista de los receptores de la angiotensina (ARA) en caso de con- traindicación al IECA, acompañado de un bloqueante β-adrenérgico y un diurético. Si a pesar de este tratamiento persisten los síntomas (clases funcionales II a IV), debe añadirse un antagonista de la aldosterona: eplerenona o espironolactona. Inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina Constituyen la primera línea de tratamiento de la IC en pacientes con reducción de la fracción de eyección, tanto asintomáticos como si presentan síntomas de congestión o sólo disnea de esfuerzo. De hecho, todos los pacientes con IC deben recibir tratamiento con un IECA si no existen contraindicaciones para el mismo. Estos fármacos se introduje- ron en el tratamiento de la IC como vasodilatadores, ya que reducen la precarga, la poscarga y aumentan el gasto cardíaco sin aumentar la frecuencia cardíaca. El beneficio más importante se debe a su capacidad para atenuar la actividad del sistema renina-angiotensina-aldosterona, así como para modular la activación simpática. Además, evitan la degradación de las bradicininas, que tienen efectos vasodilatadores y son responsables de la aparición de tos irritativa. En pacientes con depresión de la función ventricular y síntomas de IC, los IECA mejoran la sintomatología, disminuyen el número de hos- pitalizaciones y reducen la mortalidad. Se ha demostrado que mejoran el pronóstico después de un infarto de miocardio, sobre todo cuando existe disfunción ventricular residual. Así, los pacientes tratados con IECA tienen menos ingresos por IC descompensada, menor incidencia de reinfarto y menor mortalidad. Los efectos adversos más frecuentes son la hipotensión, el aumento de creatinina sérica, la hiperpotasemia, el angioedema y la tos. Con frecuencia es difícil diferenciar la tos irri- tativa secundaria a insuficiencia ventricular izquierda de la provocada por los IECA. La tos suele ser bien tolerada por el paciente, aunque en algunos casos puede obligar a la suspensión del fármaco. Debe evitarse la diuresis excesiva asociada al inicio del tratamiento, ya que favorece la hipotensión, y han de vigilarse estrechamente los niveles séricos de Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 423 CAPÍTULO 49 Insuficiencia cardíaca © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . potasio siempre que se asocien a diuréticos ahorradores de potasio. Si surgen efectos adversos, siempre hay que valorar si desaparecen al reducir la dosis, antes de retirar definitivamente el fármaco. Las con- traindicaciones de los IECA son la existencia de estenosis bilateral de la arteria renal y la sensibilización, ya que puede producir angioedema. Los IECA disponibles y su dosificación recomendada se resumen en la tabla 49-1. Antagonistas de los receptores de la angiotensina II Estos fármacos bloquean de forma selectiva el receptor AT1 y evitan así los efectos derivados de la unión de la angiotensina II con el receptor. Al igual que los IECA, inhiben el sistema renina-angiotensina, por lo que tienen efectos similares, aunque a diferencia de ellos no evitan la degradación de las bradicininas. Así se explica por qué la tos no constituye un efecto secundario de los ARA. Comparativamente a los IECA, los ARA no reducen en mayor medida la mortalidad, por lo que los IECA son todavía el primer fármaco que elegir. No obstante, se acepta seguir el tratamiento con ARA si el paciente ya lo tomaba antes del diagnóstico de IC. Están indicados siempre que existan contrain- dicaciones para los IECA. También pueden producir hiperpotasemia e hipotensión arterial, aunque en general son bien tolerados. No es aconsejable (de hecho, está contraindicada en las guías) la asociación de ambos fármacos junto con antagonistas de la aldosterona por el alto riesgo de hiperpotasemia, hipotensión y deterioro de la función renal. Los agentes más utilizados son el valsartán, el losartán y el candesartán cilexetil (tabla 49-2). Recientemente,un nuevo fármaco compuesto por dos agentes, un inhibidor de la angiotensina (valsartán) y un inhibidor de la neprilisina (sacubitril), ha logrado reducir tanto la mortalidad cardiovascular y la mortalidad global como los ingresos hospitalarios por IC des- compensada, comparado con un IECA clásico: el enalapril. Por ello, las guías ya recomiendan el cambio de enalapril por sacubitril/valsartán si el paciente continúa sintomático a pesar del tratamiento de inicio (cuadro 49-2) Bloqueantes β-adrenérgicos Están indicados en la IC por disfunción ventricular izquierda. Reducen los efectos adversos del aumento de la activación simpática, disminuyen la frecuencia cardíaca y el trabajo del corazón. Se ha demostrado que los bloqueantes β-adrenérgicos mejoran la fracción de eyección y limitan el remodelado ventricular, la activación neurohormonal y las arritmias. Cuando se administran conjuntamente con los IECA, se consigue un bloqueo del sistema neurohormonal más completo, por lo que forman parte del tratamiento de primera línea de la IC crónica. Hoy está ampliamente demostrado que los bloqueantes β reducen la mortalidad (tanto la mortalidad global como la muerte súbita), la morbilidad y el número de reingresos por IC descompensada. Los bloqueantes β-adrenérgicos, en general, son bien tolerados incluso en pacientes con IC avanzada, en los que se ha observado una importante mejoría del pronóstico. No obstante, hay que tener cautela al adminis- trar estos agentes en pacientes en los que la retención hídrica no esté totalmente controlada; aún están contraindicados en la insuficiencia ventricular izquierda aguda, en la disfunción valvular grave no corre- gida quirúrgicamente y en los trastornos de la conducción que cursan con bloqueo AV. En pacientes con disfunción ventricular izquierda estable sin signos de descompensación, deben iniciarse en dosis bajas y aumentar hasta la dosis máxima o alcanzar una frecuencia cardíaca de 60 pm (sin olvidar que la mejoría clínica no se hace evidente hasta transcurrido al menos 1 mes de tratamiento). Durante los primeros días pueden (incluso) empeorar los síntomas, lo que en algunos casos hace necesario aumentar temporalmente la dosis de diurético. Las propiedades de los diferentes bloqueantes β-adrenérgicos uti- lizados en el tratamiento de la IC se muestran en la tabla 49-3. El más utilizado es el carvedilol, que no es cardioselectivo y tiene además un cierto efecto vasodilatador. Entre los cardioselectivos, se recomiendan el metoprolol, el bisoprolol y el nebivolol. Los bloqueantes β-adrenérgicos deben iniciarse en dosis bajas para luego aumentar poco a poco según tolerancia hasta la dosis máxima terapéutica (v. tabla 49-3). Cuando un paciente que está en tratamiento con β-bloqueantes presenta una descompensación de su IC, la dosis debe reducirse; se aconseja no retirar el tratamiento totalmente, salvo en casos de IC grave con com- promiso hemodinámico. Diuréticos En la actualidad se dispone de una amplia gama de diuréticos y para su elección debe tenerse en cuenta la gravedad de la IC. Conviene evitar el tratamiento excesivo y, en particular, la hipovolemia resultante que puede reducir el gasto cardíaco y alterar la función renal. Además, los diuréticos estimulan la liberación de renina y, por tanto, aumentan la activación neurohormonal. Por ello, deben asociarse siempre que sea posible a IECA y bloqueantes β-adrenérgicos y, una vez estabilizado el paciente, deben reducirse a la mínima dosis necesaria para evitar la congestión. Aunque son muy eficaces para mejorar los síntomas, con la excepción de los antagonistas de la aldosterona, no se dispone de estudios que hayan analizado su impacto sobre el pronóstico. Las dosis de los diferentes diuréticos se muestran en la tabla 49-4. S E C C IÓ N I II TABLA 49-1 Dosis recomendadas de inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina Fármaco Dosis inicial Dosis objetivo Dosis máxima Captopril 6,25 mg/8-12 h 150 mg/día 300 mg/día Enalapril 2,5 mg/día 20 mg/día 40 mg/día Ramipril 1,25 mg/día 10 mg/día 10 mg/día Quinapril 2,5 mg/día 20 mg/día 40 mg/día Lisinopril 2,5 mg/día 20 mg/día 40 mg/día TABLA 49-2 Antagonistas del receptor de la angiotensina II (ARA-II) Fármaco Dosis diaria (mg) Con efectos documentados sobre reducción de mortalidad/hospitalizaciones Candesartán cilexetil 4-32 Valsartán 80-320 Losartán 50-100 • CUADRO 49-2 Dosis recomendadas de sacubitril-valsartán Fármaco Sacubitril/valsartán Dosis inicial (mg) 24-26/12 h Dosis objetivo (mg) 91-103/12 h TABLA 49-3 Dosis recomendadas de bloqueantes β-adrenérgicos Fármaco Dosis inicial (mg) Dosis objetivo (mg) Carvedilol 3,125/12 h 25/12 h Bisoprolol 1,25/24 h 10/24 h Succinato de metoprolol 25/12 h 100/12 h Nebivolol 1,25/24 h 10/24 h Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 424 SECCIÓN II I Cardiología Tiazidas La clorotiazida y la hidroclorotiazida se emplean a menudo en razón de su eficacia por vía oral que permite, al menos en la IC ligera, menor rigidez en el control de la ingesta de sal. Debido a que favorecen el intercambio sodio-potasio hay que vigilar el riesgo de caliuria aumen- tada. Por ello, la administración de tiazidas, si no se asocia a un IECA, debe acompañarse de suplementos de potasio o de diuréticos ahorrado- res de potasio (tabla 49-5). Las tiazidas disminuyen el flujo renal, hecho que se ha de tener presente cuando la función renal está comprometida. Diuréticos de asa Actúan en el asa de Henle, tienen un efecto diurético muy potente. Su mecanismo de acción consiste en la inhibición de la reabsorción del ion cloro en el limbo ascendente del asa de Henle, con un aumento de la excreción de sodio y agua. Al contrario que las tiazidas, aumentan el flujo renal y, al igual que ellas, inhiben débilmente la anhidrasa car- bónica en el túbulo proximal. También pueden causar hipopotasemia, hiponatremia, hiperuricemia e hiperglucemia. Son eficaces tanto por vía oral como por vía intravenosa y están indicados en cualquier forma de IC; por su rapidez de acción, son particularmente útiles en el edema agudo de pulmón. La furosemida tiene cierto efecto vasodilatador venoso, que se manifiesta ya pocos minutos después de su adminis- tración, y puede ser de interés en el tratamiento de la IC aguda. Este diurético es ototóxico, en particular cuando se administra en altas dosis en pacientes con insuficiencia renal, y también puede ocasionar pancreatitis aguda. La torasemida tiene mejor biodisponibilidad que la furosemida y produce menor urgencia miccional, por lo que se tolera mejor. Cuando hay resistencia a los diuréticos, estos pueden adminis- trarse de forma i.v. continua. Aunque entre los efectos secundarios de las tiazidas y diuréticos de asa hay que mencionar la hipopotasemia, en la actualidad suele ser poco frecuente debido al tratamiento concomitante con IECA, ARA-II o sacubitril/valsartán, que retienen potasio. Con todo, puede aún darse cuando los diuréticos se administran por vía i.v. y en dosis altas o cuando el paciente no recibe IECA o ARA-II. Los suplementos de potasio pueden administrarse por p.o. o i.v. (60-120 mEq de potasio en 500 mL de solución glucosada al 5% en 4 h). Los diuréticos pue- den producir alcalosis hipoclorémica, secundaria a la eliminación de sodio, que acarrea un aumento de la excreción de cloruros y favorece la reabsorción de bicarbonatos, se trata con acetazolamida 0,5 mg i.v. Aunque es poco frecuente, la administración prolongada de diuréticos en dosis altas puede producir hiponatremia, especialmente si se asocia a una restricción drástica de sodio. Por el contrario, la hiponatremia por dilución, presente en algunos casos de IC grave, esun signo de mal pronóstico, que se suele acompañar de oliguria y edemas generalizados; su tratamiento no es fácil, debe procederse ante todo a reducir el aporte hídrico y de sal, al tiempo que se instaura el tratamiento diurético. Antagonistas de la aldosterona Su indicación inicial como diuréticos ha quedado sobrepasada por su importante efecto sobre la reducción de la mortalidad en la IC. El mecanismo por el que ejerce esta acción beneficiosa está poco esclarecido. Inhiben los receptores de la aldosterona y los receptores mineralocorticoides (MC), y la espironolactona inhibe además los receptores de la progesterona, mientras que la eplerenona no. Como diuréticos antagonizan competitivamente la acción de la aldosterona sobre el túbulo distal, lo que favorece la excreción de sodio y agua y la retención de potasio. Se han asociado a reducción de los marcadores de degradación del colágeno y a mejoría del remodelado ventricular, lo cual puede explicar su impacto sobre el pronóstico de la IC. La espironolactona, asociada a los IECA reduce la mortalidad de los pacientes con IC avanzada (clase funcional III y IV). Por su bloqueo no selectivo de los receptores MC, puede producir ginecomastia o mastalgia. La eplerenona, añadida al tratamiento habitual (IECA y β-bloqueantes), ha demostrado capacidad para reducir la mortalidad global en pacientes con diabetes mellitus o disfunción ventricular e IC después de un infarto de miocardio y, recientemente, también se ha confirmado este efecto beneficioso sobre la mortalidad en pacientes con FE inferior al 30%, en clase funcional II, con un ingreso previo de causa cardiovascular. Con la asociación de IECA y antagonistas de la aldosterona hay que vigilar la aparición de hiperpotasemia que puede llegar a ser grave (igual o superior a 6 mEq/dL) en un 2% de los pacientes. Se reco- mienda realizar control del potasio sérico 1 semana después de iniciar el tratamiento, al cabo de 1 mes y cada 4 meses. Antagonistas de la vasopresina Constituyen un nuevo tipo de diuréticos que inactivan los receptores V2 de la vasopresina. El tolvaptán, el agente más representativo de este gru- po, es muy eficaz para reducir los edemas, ya que produce una diuresis importante a expensas de aumentar la excreción de agua libre. Aunque no ha demostrado mejorar el pronóstico de la IC, ha sido aprobado por la Food and Drug Administration (FDA) para el tratamiento de la hiponatremia por dilución refractaria a las medidas habituales. Digitálicos Potencian la acción vagal sobre el corazón y disminuyen el grado de activación neurohormonal. El efecto inotrópico es consecuencia de la inhibición de la ATPasa de la membrana, con lo que se bloquea la bomba de sodio, con un aumento de la concentración intracelular de sodio y también de calcio. La digital alarga el período refractario funcional de la unión AV; gracias a ello disminuye la respuesta ven- tricular en la fibrilación y el flúter. La digoxina no ha demostrado reducir la mortalidad de pacientes con IC que están en ritmo sinusal, aunque sí se reduce el número de reingresos por IC descompensada. En pacientes con disfunción ventricular el beneficio mayor se consigue con concentraciones plasmáticas inferiores a 1 ng/mL para las mujeres y a 1,3 ng/mL para los varones; en concentraciones más elevadas, aunque no lleguen a ser tóxicas, puede aumentar la mortalidad, especialmente en la cardiopatía isquémica. La dosis diaria de digoxina es de 0,25 mg. Cuando se desea un efecto rápido, generalmente para frenar la fibrila- ción auricular, es necesario administrar la dosis de saturación, ya que sin ella no se consigue el efecto terapéutico hasta pasados varios días. Su excreción es básicamente renal, por lo que en caso de insuficiencia renal debe reducirse la dosis. Los valores de toxicidad para la digoxina son superiores a 2 ng/mL. El beneficio de la digital es escaso o nulo en la insuficiencia cardíaca con función ventricular preservada y en la miocardiopatía hipertrófica obstructiva en ritmo sinusal está con- traindicada, así como en el bloqueo AV de segundo y tercer grado. Inhibidores de la corriente I f del nodo sinusal El fármaco representativo es la ivabradina, que es un inhibidor especí- fico de la corriente If del nodo sinusal, por lo que su efecto se basa en TABLA 49-5 Diuréticos ahorradores de potasio Diurético Dosis (mg/día) Efecto máximo Espironolactona 25-100 72 h Eplerenona 25-50 1,5 h TABLA 49-4 Diuréticos Gravedad de la congestión Diurético Dosis (mg/día) Efecto máximo Leve-moderada Hidroclorotiazida 25-50 (p.o.) 4 h Furosemida 20-40 (p.o.) 1-2 h Torasemida 5-10 (p.o.) 2 h Bumetanida 0,5-1 (p.o.) 1-3 h Grave Furosemida 40-100 (p.o. o i.v.) 30 min Furosemida 5-40 mg/h infusión Torasemida 20-100 (p.o. o i.v.) 60 min Bumetanida 1-4 (p.o. o i.v.) 15-45 min Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 425 CAPÍTULO 49 Insuficiencia cardíaca © E ls ev ie r. Fo to co p ia r s in a ut or iz ac ió n es u n d el ito . reducir la frecuencia cardíaca. Con ello se reduce el trabajo del corazón, por lo que también se utiliza como antianginoso. En pacientes con IC por disfunción ventricular izquierda (FEauricular. Se administra en dosis de impregnación de 200 mg/8 h; la dosis de mantenimiento es de 200 mg/día. Tiene múltiples efectos secundarios que deben vigilarse: depósitos corneales, hiperpigmentación cutánea, fibrosis pulmonar e hipo- o hipertiroidismo. Tratamiento anticoagulante Se reserva para los pacientes con fibrilación auricular, paroxística, persistente o permanente (según la escala de CHDS2DS2-VASc), para los pacientes con antecedentes de embolia previa o en los que se ha detectado un trombo intraventricular móvil. Tratamiento de la insuficiencia cardíaca por disfunción diastólica El tratamiento de la IC por disfunción diastólica puede diferir en algunos aspectos del que se recomienda generalmente al paciente con déficit de la función sistólica. Así, aunque en caso de conges- tión pulmonar también deben darse diuréticos y vasodilatadores, la reducción excesiva de la precarga puede determinar en este caso una caída drástica del gasto cardíaco y ocasionar hipotensión arterial. Por lo que se refiere a la etiología, es preceptivo prevenir la isquemia, alcanzar un buen control de la presión arterial en la hipertensión arterial y reducir la hipertrofia. La contribución de la contracción auricular al llenado del ventrículo es fundamental en estos pacientes, por lo que debe mantenerse o, en su caso, restaurarse el ritmo sinusal. Cuando se instaura una fibrilación auricular, es básico mantener frecuencias cardíacas controladas para evitar la aparición de IC. Como parte del tratamiento se deben evitar los factores precipitantes. En el hipertenso mal controlado no es infrecuente la aparición de un edema agudo de pulmón de rápida instauración, complicación grave que se asocia a una alta mortalidad y que puede evitarse con un buen control de la hipertensión. Tanto los IECA como los ARA-II están indicados por su efecto antihipertensivo y porque reducen la hipertrofia ventricular; también mejoran la relajación y la distensibilidad ventricular. Los bloqueantes β-adrenérgicos mejoran la relajación cardíaca y reducen la frecuencia cardíaca, efecto deseable, ya que alarga la diástole y mejora el llenado ventricular. Los antagonistas del calcio también mejoran la distensibilidad, reducen la hipertrofia ventricular y algunos tienen efecto bradicardizante, tres mecanismos que mejoran la disfunción diastólica en el paciente hipertenso. Tratamiento de la insuficiencia cardíaca aguda La IC aguda tiene diferentes formas de presentación en las que se incluye el edema agudo de pulmón, la IC de novo, la descompensación de la IC crónica y el shock cardiogénico. El objetivo del tratamiento es mejorar los síntomas, conseguir una buena oxigenación y restablecer la estabilidad hemodinámica, además de reducir la mortalidad (fig. 49-3). Tratamiento del edema agudo de pulmón El edema agudo de pulmón secundario al fallo ventricular izquier- do constituye una urgencia médica, ya que pone en peligro la vida del paciente. Por ello, el tratamiento debe instaurarse sin dilación. El paciente ha de mantenerse incorporado, lo que tiende a reducir el retorno venoso al corazón. Debe administrarse morfina por vía s.c. (10-15 mg) o i.v. (5 mg inyectados lentamente, en 2-3 min). El efecto beneficioso de la morfina se debe a su acción vasodilatadora pulmonar y sistémica, y a la reducción del trabajo respiratorio y del estrés del paciente. Para mejorar la hipoxemia conviene administrar oxígeno, preferentemente con presión positiva (CPAP o BiPAP); esta reduce el edema alveolar, disminuye el retorno venoso sistémico y, en consecuencia, reduce la presión capilar pulmonar. Si la presión arterial está elevada o es normal, debe iniciarse un vasodilatador i.v. y adminis- trarse un diurético por vía endovenosa (40-60 mg i.v. de furosemida). Si el paciente presenta fibrilación auricular rápida, debe controlarse la frecuencia cardíaca. Vasodilatadores intravenosos Los vasodilatadores por vía i.v. que se utilizan en la IC aguda son fundamentalmente el nitroprusiato y la nitroglicerina. Sus efectos hemodinámicos varían según el territorio sobre el que actúan. Así, los vasodilatadores venosos reducen las presiones de llenado de ambos ven- trículos sin modificar sustancialmente el índice cardíaco ni la presión arterial; los vasodilatadores arteriales actúan sobre las resistencias vas- culares sistémicas, con lo que se eleva el volumen expulsado en cada latido y se reduce la presión de llenado ventricular y, en consecuencia, la presión capilar pulmonar. En el edema agudo de pulmón los vasodilatadores endovenosos deben iniciarse de forma precoz, ya que son muy eficaces para redu- cir las presiones de llenado ventricular. En pacientes normotensos o hipertensos se elegirá el nitroprusiato sódico, un vasodilatador arterial cuyo efecto está mediado por la formación local de óxido nítrico; la nitroglicerina, vasodilatador venoso, se reserva para los casos con pre- sión arterial límite dado su menor efecto hipotensor. El nitroprusiato se inicia a 10-20 µg/min, para aumentar 20 µg/min cada 5-15 min hasta obtener mejoría clínica; la dosis máxima, de 300 µg/min, rara- mente se alcanza. La nitroglicerina i.v. suele iniciarse en dosis bajas, de 20-30 µg/min, y aumentarse 10-20 µg/min cada 5-10 min, hasta la dosis máxima de 400 µg/min. Si el paciente se encuentra hipotenso, pueden asociarse inotrópicos i.v. La nesiritida, un BNP recombinante humano, es un nuevo vasodilatador que reduce la presión del capilar pulmonar, mejora el gasto cardíaco y aumenta la natriuresis. A pesar de sus efectos hemodinámicos beneficiosos, se le ha relacionado con mayor incidencia de insuficiencia renal. Recientemente la serelaxina i.v., una forma recombinante de la relaxina-2 humana, se ha mostrado S E C C IÓ N I II Descargado para Anonymous User (n/a) en National Autonomous University of Mexico de ClinicalKey.es por Elsevier en junio 11, 2020. Para uso personal exclusivamente. No se permiten otros usos sin autorización. Copyright ©2020. Elsevier Inc. Todos los derechos reservados. https://booksmedicos.org 426 SECCIÓN II I Cardiología eficaz en pacientes con IC aguda para mejorar los signos y síntomas de IC al reducir las presiones intracavitarias y mejorar la disnea, sin afectar a la función renal. Tratamiento de la insuficiencia cardíaca crónica agudizada El paciente acusa menos disnea que en el edema agudo de pulmón debido a que el deterioro de los síntomas, por lo general, es progresivo. Suele acompañarse de signos de congestión como ingurgitación yugular, hepatomegalia y edemas maleolares. Para la rápida mejoría de los sín- tomas congestivos debe administrarse un diurético i.v. y seguir con el tratamiento farmacológico previo con IECA/ARA y β-bloqueantes. No es necesario retirar los β-bloqueantes, basta con reducir su dosis, aunque en las descompensaciones con compromiso hemodinámico grave puede ser necesario pararlos. Una vez compensado el paciente debe reiniciarse el tratamiento β-bloqueante con aumento progresivo de las dosis hasta las máximas toleradas. Si el paciente presenta hipotensión intensa y signos de bajo gasto cardíaco pueden administrarse simpaticomiméticos i.v., aunque es aconsejable retirarlos al alcanzar la estabilidad hemodinámica. Las perfusiones intermitentes de inotrópicos positivos están contraindi- cadas, ya que se han asociado a un aumento de la mortalidad. Tratamiento del shock cardiogénico Es la forma más grave de IC, se acompaña de hipotensión arterial y signos de bajo gasto con oliguria, sudación, taquicardia y frialdad acra. El aspecto del paciente es de extrema gravedad, con disnea, de distinta intensidad, hipoxemia y cianosis. Las presiones intracavitarias suelen estar elevadas y el gasto cardíaco gravemente reducido. Para mejorar la perfusión tisular y la presión arterial debe iniciarse tratamiento inotrópico positivo. Simultáneamente, si la presión arterial lo permite, deben administrarse también vasodilatadores i.v. para reducir las